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San Hilario (hacia 315-367) obispo de Poitiers, doctor de la Iglesia

Tratado sobre los misterios; SC 19

“Todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan


profetizaron.” (Mt 11,13)

Así como el propietario en el evangelio de Lucas va a ver por tres


veces la higuera estéril , así la Santa Madre Iglesia señala cada año el
advenimiento del Señor por un período distinto de tres semanas. “Pues
el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.”
(Lc 19,10) Vino antes que la Ley ya que por la razón natural da a
conocer lo que cada uno tiene que hacer o seguir. “Porque lo invisible de
Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través
de sus obras” (cf Rm 1,20) Ha venido bajo la Ley en los ejemplos de los
patriarcas y en la voz de los profetas. Ha confirmado a la descendencia
de Abrahán los decretos de la Ley. Ha venido una tercera vez después
de la Ley, por la gracia, para llamar a los paganos, para que “de la salida
del sol hasta su ocaso, sea loada el nombre del Señor.” (cf Sal 112, 1-3)

En efecto, todo lo que se anuncia en los libros santos por las


palabras, revela por los hecho y establece por los ejemplos la venida de
Jesucristo, Nuestro Señor... Por prefiguraciones auténticas y manifiestas
–por el sueño de Adán, por el diluvio de Noé, por la justificación de
Abrahán, por el nacimiento de Isaac, por la servidumbre de Jacob—en
los patriarcas es el mismo Señor quien engendra, lava, santifica, elige o
rescata a la Iglesia. En una palabra, el conjunto de profecías, la
manifestación progresiva del plan secreto de Dios, nos ha sido dado
para conocer su encarnación futura... Cada personaje, cada época, cada
hecho proyecta como en un espejo la imagen de su advenimiento, de su
predicación, de su pasión, de su resurrección y de la asamblea en la
Iglesia... Comenzando por Adán, punto de partida de nuestro
conocimiento del género humano, vemos anunciado desde el origen del
mundo aquello que llega a su plenitud total en el Señor.