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Hesse, Hermann - El Lobo Estepario

Hesse, Hermann - El Lobo Estepario

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Hermann Hesse

El lobo estepario

El lobo estepario Hermann Hesse

ANOTACIONES DE HARRY HALLER Sólo para locos
El día había transcurrido del modo como suelen transcurrir estos días; lo había malbaratado, lo había consumido suavemente con mi manera primitiva y extraña de vivir; había trabajado un buen rato, dando vueltas a los libros viejos; había tenido dolores durante dos horas, como suele tenerlos la gente de alguna edad; había tomado unos polvos y me había alegrado de que los dolores se dejaran engañar; me había dado un baño caliente, absorbiendo el calorcillo agradable; había recibido tres veces el correo y hojeado las cartas, todas sin importancia, y los impresos, había hecho mi gimnasia respiratoria, dejando hoy por comodidad los ejercicios de meditación; había salido de paseo una hora y había visto dibujadas en el cielo bellas y delicadas muestras de preciosos cirros. Esto era muy bonito, igual que la lectura en los viejos libros y el estar tendido en el baño caliente; pero, en suma, no había sido precisamente un día encantador, no había sido un día radiante, de placer y Ventura, sino simplemente uno de estos días como tienen que ser, por lo visto, para mí desde hace mucho tiempo los corrientes y normales; días mesuradamente agradables, absolutamente llevaderos, pasables y tibios, de un señor descontento y de cierta edad; días sin dolores especiales, sin preocupaciones especiales, sin verdadero desaliento y sin desesperanza; días en los cuales puede meditarse tranquila y objetivamente, sin agitaciones ni miedos, hasta la cuestión de si no habrá llegado el instante de seguir el ejemplo del célebre autor de los Estudios y sufrir un accidente al afeitarse. El que haya gustado los otros días, los malos, los de los ataques de gota o los del maligno dolor de cabeza clavado detrás de los globos de los ojos, y convirtiendo, por arte del diablo, toda actividad de la vista y del oído de una satisfacción en un tormento, o aquellos días de la agonía del espíritu, aquellos días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo; el que haya gustado aquellos días infernales, ése ha de estar muy contento con estos días normales y mediocres como el de hoy; lleno de agradecimiento se sentará junto a la amable chimenea y con agradecimiento comprobará, al leer el periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia especial; con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro; y en el ambiente de tibia pesadez de este aburrimiento medio satisfecho, de esta carencia de dolor tan de agradecer, se parecen los dos como hermanos gemelos, el monótono y adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que entona el salmo amortiguado. Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de

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El lobo estepario Hermann Hesse

los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente. En tal disposición de ánimo terminaba yo, al oscurecer, aquel día adocenado y llevadero. No lo terminaba de la manera normal y conveniente para un hombre algo enfermo, entregándome a la cama preparada y provista de una botella de agua caliente a modo de imán; sino que insatisfecho y asqueado por mi poquito de trabajo y descorazonado, me calcé los zapatos, me embutí en el abrigo, dirigiéndome a la calle rodeado de niebla y oscuridad, para beber en la hostería del Casco de Acero lo que los hombres que beben llaman «un vaso de vino«, según un convencionalismo antiguo. Así bajaba yo, pues, la escalera de mi sotabanco, estas penosas escaleras de la tierra extraña, estas escaleras burguesas, cepilladas y limpias, de una decentísima casa de alquiler para tres familias, junto a cuyo tejado tenía yo mi celda. No sé cómo es esto, pero yo, el lobo estepario sin hogar, el enemigo solitario del mundo de la pequeña burguesía, yo vivo siempre en verdaderas casas burguesas. Esto debe ser un viejo sentimentalismo por mi parte. No vivo en palacios ni en casas de proletarios, sino siempre exclusivamente en estos nidos de la pequeña burguesía, decentísimos, aburridísimos e impecablemente cuidados, donde huele a un poco de trementina y a un poco de jabón y donde uno se asusta, si alguna vez se da un golpazo al cerrar la puerta de la casa o si se entra con los zapatos sucios. Me gusta sin duda esta atmósfera desde los años de mi infancia, y mi secreta nostalgia hacia algo así como un hogar me lleva, sin esperanza, una y otra vez, por estos necios caminos. Así es, y me gusta también el contraste en el que está mi vida, mi vida solitaria, ajetreada y sin afectos, completamente desordenada, con este ambiente familiar y burgués. Me complace respirar en la escalera este olor de quietud, orden, limpieza, decencia y domesticidad, que a pesar de mi odio a la burguesía tiene siempre algo emotivo para mí, y me complace luego atravesar la puerta de mi cuarto, donde todo esto termina, donde entre los montones de libros me encuentro las colillas de los cigarros y las botellas de vino, donde todo es desorden, abandono e incuria, y donde todo, libros, manuscritos, ideas, está sellado e impregnado por la miseria del solitario, por la problemática de la naturaleza humana, por el vehemente afán de dotar de un nuevo sentido a la vida del hombre que ha perdido el que tenía. Y entonces pasé junto a la araucaria. En efecto, en el primer piso de esta casa desemboca la escalera en el pequeño vestíbulo de una vivienda, que sin duda es aún más impecable, más limpia y más lustrosa que las demás, pues este modesto vestíbulo reluce por un cuidado sobrehumano, es un brillante y pequeño templo del orden. Sobre el suelo de parqué, que uno no se atreve a pisar, hay dos elegantes taburetes, y sobre cada taburete una gran maceta; en una crece una azalea, en la otra una araucaria bastante magnífica, un árbol infantil sano y recto, de la mayor perfección, y hasta la última hoja acicular de la última rama reluce con la más fresca nitidez. A veces, cuando me creo inobservado, uso este lugar como templo, me siento en un escalón sobre la araucaria, descanso un poco, junto las manos y miro con devoción hacia abajo a este

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rara vez un libro moderno. y. y a conducirme más adentro en el cielo. por decirlo así. no puedo entender ni compartir todos estos placeres. fiestas familiares alegres con moderación. gracias a Dios. no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos. Triste y. aunque raras. estimulado en lo más íntimo. suceso. lo de hoy. elevación y éxtasis. horas demoledoras. extraviado. estando despierto en la cama. sufrí dolores bienaventurados. por el contrario. No había que lamentar nada de lo pasado. había cruzado los cielos y vi a Dios en su tarea. ¡Ah. aún en otra ocasión volvió a surgir. estaban guardados en mí como la nuez sana y hermosa dentro de una cáscara rugosa y vieja. cuánto me gustaban entonces aquellas noches turbias y sombrías de fines de otoño y del invierno. Era de lamentar lo de ahora. Con fingida alegría me puse a trotar sobre el asfalto de las calles. como una huella de oro. ninguno de cuyos fines comparto. en los grandes lugares de deportes. había de afirmarlo todo y de entregar a todo mi corazón. brillar luego otra vez con chispas de oro. había también horas que traían hondas sacudidas y dones divinos. envuelta casi siempre profundamente en cieno y en polvo. pero lleno de profunda complacencia y de versos. empecé de pronto a recitar versos. de estos hombres! ¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo. ¿Habría que lamentarlo? No. Otra vez tomó la visión con la lectura de un poeta. sin embargo. ni lo ama. en medio de este siglo tan contestadizo. en la sombra sagrada de la araucaria. volvió en sueños aquella noche. surgía radiante alguna que otra vez de un modo furtivo.El lobo estepario Hermann Hesse jardín del orden. es difícil encontrar esa huella de Dios en medio de esta vida que llevamos. a la vista de estas arquitecturas. sin embargo. todas estas horas y días que yo iba perdiendo. miraban a través de la blanda opacidad y absorbían del suelo mojado los difusos reflejos. No duró mucho tiempo. sin embargo. y ya no había de oponer resistencia a nada en el mundo. demasiado singulares para que yo hubiera podido pensar en escribirlos. acaso un cuarto de hora. lo que para mí es delicia. Tocaban una antigua música magnífica. de levantarse temprano y cumplimiento del deber. Ahora ya esto había pasado. estando un día con mi amada. que a mí. que ya no traían ni dones agradables ni conmociones profundas. pareciendo que no había de perderse ya nunca. Había sido en un concierto. ni lo busca el mundo más que si acaso en las 4 . volvían a transportarme junto al palpitante corazón del mundo. de esta política. en las carreras. húmedo por la niebla. correteando hasta media noche por la naturaleza hostil y sin hojas. de estos negocios. me sucede a mí en las raras horas de placer. cuyo aspecto emotivo y ridícula soledad me conmueven el alma de un modo extraño. que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan. con la meditación sobre un pensamiento de Descartes o de Pascal. a través de los días de tristeza. tan burgués. versos demasiado bellos. en las exposiciones universales. divina. Y lo que. barrunto una vivienda llena de caoba reluciente. Las luces de los faroles. procuré acordarme del último suceso de esta clase. perdida pronto de nuevo en los profundos abismos. se me había vuelto a abrir de repente la puerta del más allá. en las conferencias para los necesitados de ilustración. una vida llena de decencia y de salud. y ya no me lo volverían a llenar. Una vez sucedió por la noche que. eso no lo conoce. visitas a la iglesia los domingos y acostarse a primera hora. en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas. Mis años olvidados de la juventud se me representaron. tan falto de espiritualidad. lacrimosas y empeñadas. solo ya en aquella época también. y desde entonces. ni de temer en el mundo a nada ya. no dejaba también de haber excepciones: a veces. que después en mi alcoba escribía a la luz de la vela y sentado sobre el borde de la cama. cuán ávido y embriagado aspiraba entonces el ambiente de soledad y melancolía. Pero. este cáliz había sido apurado. apenas puedo leer un periódico. entre dos compases de un pasaje pianístico tocado por oboes. lo veía a veces cruzar claramente por mi vida durante algunos minutos. embutido en el gabán y bajo lluvia y tormenta. ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine. Detrás de este vestíbulo. versos que a la mañana siguiente ya no recordaba y que. Entonces. en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada. que yo en mi soledad iba sufriendo.

la calle por el centro tenía el piso tan blando y mojado. También han profanado. ¿Por qué ponía en juego sus letras aquí. como consciente de su inutilidad. las letras aparecían con intervalos desiguales. con su puerta oscura de madera. enfrente de mí. Y entonces. me quedé parado mirando atentamente hacia aquella acera. ni su ambiente.. un médico. estas diversiones en masa. Permanecí mucho rato de pie en el lodo y esperé. Entrada no para cualquiera. Con estas ideas habituales seguí andando por la calle humedecida. y todavía hoy servía para lo mismo. sin duda. El juego de las letras había terminado. donde. cos! 5 . De pronto vi en la oscuridad. ya lo logré: conseguí atrapar varias palabras. unas detrás de otras. sólo que no me había dado cuenta de ella. al otro lado de la calle. ya no aparecían más letras. y me pareció que en torno de la puerta había una guirnalda o alguna cosa de colores. vi una pequeña y linda puerta en medio de la tapia con un arco ojival y me desconcerté.. por otra parte. era un lobo estepario. y probablemente había visto yo cien veces la puerta. pues no sabía ya en realidad si esta puerta había estado siempre allí. Había pocas superficies tan calladas. distinguí sobre el hueco de la puerta un escudo luminoso. ni su alimento. era ya de noche. cayeron por delante de mí un par de letras luminosas de colores sobre el espejo del asfalto. esta vieja y buena tapia para un anuncio luminoso. en la calleja más tenebrosa de la ciudad vieja.. había servido de paso hace ya siglos a un soñoliento patio conventual. atravesando uno de los más tranquilos y viejos barrios de la ciudad. Entretanto. si el mundo tiene razón.. El hombre que quería hacer su negocio con esto. pálidas y borrosas.. que decían: Teatro mágico. tristemente. cuando nadie pasa por aquí. y por qué eran tan fugitivas y ligeras las letras. entonces es verdad que estoy loco. eran difíciles de leer y había que adivinarías en parte. tan caprichosas y tan ilegibles? Pero. Sea como fuere. Me quedé en la otra acera. en la vida. el viejo y pesado picaporte no cedía a ningún esfuerzo. no era hábil. un espacio tenuemente iluminado.. tan buenas y tranquilas en el interior de la ciudad. No para cualquiera. sobre esta tapia. probablemente la pequeña entrada cerrada. entre una iglesia pequeña y un antiguo hospital. sin atravesar. a esta hora. en vano. un barbero o un callista. Apliqué con afán los ojos y por fin atravesé la calle. en cada medio metro cuadrado le gritaba a uno a la cara su anuncio una tienda. o la habían puesto recientemente. algo había cambiado en ella.. viejísima. lo. Retrocedí algunos pasos. El juego se había extinguido. Luego. y desaparecían inmediatamente. un inventor. un pobre diablo. Leí: ¡Sólo. volvían a aparecer y se esfumaban. de día me gustaba poner los ojos con frecuencia en su tosca superficie. quizás estaba recién pintada y por eso me llamaba la atención. Y en efecto. y. sin embargo. estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón. allí estaba siempre. aun cuando el convento ya no existiera. Vieja parecía.. Entones vi sobre la puerta. entonces soy yo el que no la tiene. por el que corrían y desaparecían rápidamente letras movibles de colores. en el que me parecía que había algo escrito. lo considera una locura. cuando ya hube renunciado y estaba otra vez sobre la acera. un abogado. descifré algunas de las palabras fugitivas. cesó de pronto.. tan vieja y tan despreocupada. pensé.. para. al esforzarme por ver con más precisión. si esta música de los cafés.El lobo estepario Hermann Hesse novelas. Intenté abrir la puerta. sin embargo. que ya no encuentra ni su hogar. en el verde pardusco y viejo de la tapia. a pesar del lodo y el barro. una vieja tapia parda de piedras. la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible. entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado. me metí en el fango hasta los tobillos. mirando simplemente hacia aquel lado. que siempre me gustaba mirar. También ahora volví a ver a la vieja tapia gozando tranquila de su paz.

ante un escenario. y tenía delante el segundo vaso. un buen vaso. De cada uno de ellos tiraba hacia aquí una nostalgia. ni música. A pesar de todo. Varietés. todos ellos eran bastante taciturnos. goce especialísimo para mí. que en verdes valles de alguna parte buena gente vigorosa cultivara vides y se sacara vino. a todos los cuales conocía yo de vista. el de la escalera junto a la araucaria. pobres altares domésticos con ídolos de buen conformar. y me estaba helando. eran verdaderos filisteos y tenían en sus casas. soñando con aquella huella. aquí podía uno refugiarse. por lo menos no son para todos los días. sólo para locos. recortado del cuerpo de una ternera sacrificada. en la que nada había cambiado desde mi primera estancia en esta ciudad hace unos veinticinco años. que rumia y mastica las palabras de otro. No me gustan los vinos de fuerza. sólo hallaba un lugar de observación. Entré en el modesto cafetín. ni latón dorado!). como en efecto los veía penetrar en grandes grupos por aquellas puertas. Ciertamente que era sólo un refugio como. Ahora ya tenía yo dentro una porción de hígado. quizá también eran mozos solitarios y descarrilados como yo. ni gritería. acaso dos. y ante cada uno. algunos ciudadanos desengañados y que empinan el codo calladamente. Cine.El lobo estepario Hermann Hesse Se me habían mojado los pies. el viejo funcionario. Entretanto había entrado en el barrio del mercado. Quizás este par de parroquianos. un desengaño. la reminiscencia de sus años de estudiante. lobos de la estepa y pobres diablos ellos también. Aquí atraqué. también la tabernera era todavía la de antes. en el cual gente extraña representaba extrañas comedias. Y luego devoré un buen trozo de hígado. por ejemplo. suspirando por la puerta de un teatro mágico. a tierra. y algunos de los parroquianos de hoy estuvieron ya entonces sentados aquí. algunos 6 . ni porcelana. Dancing. sin nombre especial. un resplandor de la huella de oro se había hecho otra vez visible. pero aún permanecí un gran rato en acecho. en el mismo sitio. se puede tolerar mucho de estos vinos. Es maravilloso todo lo que el hombre puede tragar. donde no faltaban diversiones nocturnas. y todos eran bebedores y preferían.» Pero todo esto no era nada para mí. en sus viviendas de filisteos. lo mismo que yo. ligeros. solamente un par de ciudadanos tranquilos ante mesas de madera sin tapete (¡ni mármoles. yo no lo sabía. Prefiero generalmente vinos de la tierra muy puros. mi tristeza estaba un poco aclarada: ¡como que me había tocado un saludo del otro mundo!. Busqué la pequeña y antigua taberna. una necesidad de compensación. y tienen un sabor tan bueno y agradable. Apenas hube tomado un trago del Alsacia. fogosos. de quebrados ideales. lejos de ellos. un par de letras de colores habían bailado y jugueteado sobre mi alma y habían rozado acordes íntimos. estar aquí sentados ante medio litro de vino de Alsacia a oír una orquesta de señoritas. Un vaso de vino de Alsacia y un trozo de buen pan. pero al menos este lugar apacible tenía en sí algo de valor: no había muchedumbre. Cada dos pasos había un anuncio y atraía un cartel: «Orquesta femenina. que se aleja tan pronto y no puede encontrarse. ante los mismos vasos. Durante unos buenos diez minutos estuve leyendo un periódico. toda una columna entera. pero las devuelve sin digerir. aquí se podía aguantar una hora. esa es la mejor de todas las 'comidas. que rara vez como carne. dejando entrar por los ojos el espíritu de un individuo irresponsable. a campo. para que acá y allá por todo el mundo. se me volvió a ocurrir de repente una fracción de mi anterior pensamiento: la alegría de la huella de oro resplandeciente. Esto ingerí. cuando noté que hoy no había comido nada fuera del desayuno. Mientras estuve allí de pie pensando cómo los bonitos fuegos fatuos de las tenues y pintadas letras habían bailoteado sobre la tapia húmeda y sobre el asfalto negro brillante. vinos que atraen con fuertes encantos y tienen sabores famosos y especiales. tranquilos y meditabundos bebedores. era para «cualquiera». ni peluche. Nada más. También esto era maravilloso. modestos. para normales. a cielo y a bosque. Me helaba y seguí andando. un buen vino fuerte. aquí tampoco encontraba yo hogar ni comunidad. ¡Maravilloso! Lo mejor era el alsaciano. el casado buscaba la atmósfera de su época de soltero.

cuando salí a la calle desierta ya. en mi cerebro se habían animado mil imágenes: Coros de ángeles de Giotto. celebrando en su compañía con el diálogo y la música dos horas celestiales 7 . allí estaba en el globo ardiendo el aeronauta Gianozzo y tocaba la trompeta. las tiesas y amarillentas hojas de notas con fosilizados sueños de armonías. ni avergonzarme. era receptor de llamadas de lejanos mundos superiores. todos los tomos manoseados y carcomidos por la humedad. sin embargo. en donde un par de buenos músicos me hubiesen tocado dos o tres piezas de Hándel y de Mozart. algo dentro de mí respondía. Ya no necesitaba más vino. quién se adentraba en su espíritu.El lobo estepario Hermann Hesse incorregibles lobos esteparios pudieran extraer a sus vasos un poco de confianza y de alegría. que la tabernera quería volver a llenarme. y me hubiera sorbido la música noble y serena. Y por mí. unos ojos que las vieran. no necesitaba sufrir tormentos. ¿quién se ponía a tono con ella. ¿Y quién buscaba entre los escombros de la propia vida el sentido que se había llevado el viento. hubiera trepado sin hacer ruido por las revueltas de la escalera y lo hubiera sorprendido. me había hecho recordar lo eterno. quién sufría lo aparentemente absurdo y vivía lo aparentemente loco y esperaba secretamente aún en el último caos errante la revelación y proximidad de Dios? Aparté mi vaso. y los impresos y manuscritos de los músicos antiguos. picarescas y nostálgicas. y me levanté. La huella de oro había relampagueado. ¡que siga siendo tan maravilloso! Estaba bien. y repentinamente volví a acordarme de la olvidada melodía de aquellos dulces compases de oboes: como una pequeña y reluciente pompa de jabón la sentí ascender dentro de mí. para las cuales sólo dentro de mí había un asilo. un amigo en una bohardilla cualquiera. y los libros olvidados por su pueblo de los poetas alemanes de hace doscientos y de hace cien años. a vivir. Y aun cuando todas estas bellas figuras vivieran también en otros mil corazones. Podía volver a respirar una hora. tronchado y partido por una roca desprendida y aferrado. unos oídos que las escucharan. de una pequeña bóveda azul en una iglesia de Padua. incapaz de comprender al mundo que la rodea. Oh. en cuyas grietas y ruinas podía uno imaginarse cientos de frescos. Si había sido posible que esta pequeña melodía celestial echara misteriosamente raíces en mi alma y un día dentro de mí hiciera brotar su encantadora flor con todos los bellos matices. a Mozart y a las estrellas. no dejaba de haber un sentido en mi vida insensata. podía vivir. quién llevaba el corazón lleno de su espíritu y de su encanto a través de una edad tan diferente y tan lejana a ellos? ¿Quién se acordaba ya de aquel pequeño y duro ciprés en lo más alto de la montaña sobre Gubbio. ¡si yo hubiese tenido ahora un amigo. hasta el punto de echar una nueva copa modesta y fragante? ¿Quién hacía justicia a la cuidadosa señora del primer piso y a su reluciente araucaria? ¿Quién leía de noche sobre las aguas del Rin las escrituras que dejaban trazadas en el cielo las nubes viajeras? Era el lobo estepario. se me hubiera presentado al punto un pequeño y lindo salón estilo Luis XVI. ocupado en cualquier cosa a la luz de una bujía y con un violín por allí en cualquier lado! ¡Cómo me hubiese deslizado hasta su callado refugio nocturno. bellas alegorías de toda la tristeza y de toda incomprensión en el mundo. con las miniaturas tenuemente brillantes. ni tener miedo. quién la amaba. ¿podía estar yo irremisiblemente perdido? Y aunque yo fuera una bestia descarriada. La vieja tapia del hospital con el viejo color verde pardo. brillar. reflejar policromo y pequeño el mundo entero y romperse de nuevo suavemente. como los dioses beben el néctar. y junto a ellos iban Hamlet y Ofelia coronada de flores. ¿Adónde ahora? Si hubiese dispuesto en aquel momento de una varita de virtud. Para una cosa así tenía mi espíritu dispuesto en aquel instante. ¿quién escuchaba sus voces espirituales. quién percibía el encanto de sus colores en dulce agonía? Los viejos libros de los monjes. podía existir. La finísima y tenue lluvia impulsada por el viento frío tremaba en torno a los faroles y brillaba con helado centelleo. Atila Schmelzle llevaba en la mano su sombrero nuevo. volvía el buen humor. todavía quedaban otras diez mil imágenes y melodías desconocidas. el Borobudur hacía saltar su montaña de esculturas. entonaba. me salió tardía una carcajada liberadora. A propósito de la ensalada de palabras del artículo del periódico. sucia y ruinosa.

hondamente abismada en su sueño. deseando íntimamente que el encanto volviese a empezar y la inscripción me invitara de nuevo a mí.. en mi interior. caprichosa y enérgica. Me quedé parado un instante: siempre tuvo esta clase de música. era pegajosa. en 8 . era una porquería. sin embargo. pronto me hallaría sentado otra vez en mi sotabanco.. Estuve un rato olfateando. Allí quizás estuviera lo que yo anhelaba. De pronto se me representó de nuevo el suceso de la tarde. sin embargo. pero también era tranquila. los viejos conocedores del mundo antiguo. de la antigua poesía legítima. Y esta música tenía la ventaja de una gran sinceridad. ambas mitades marchaban juntas ingenua y pacíficamente y formaban un todo. maravillosamente tranquila y grande. Y en ninguna parte había una puerta. y aunque no podía contar con una orquesta de cámara y aunque no pudiera encontrarse un amigo solitario con un violín. envuelta en tonalidad gris. y. Tenía algo de los negros y algo del americano. allí tal vez tocaran música. aquella linda melodía seguía. pero de la cual no podía prescindir. yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. pero también esto se me había alejado con el tiempo y estaba privado de ello. años marchitos se habían interpuesto entre aquello y esto. se nos antoja tan infantilmente nuevo y tan aniñado. que no era de mi gusto. si la comparamos con cultura auténtica. muerto hace tiempo y tenido por auténtico y vivo todavía solamente por un par de locos como nosotros? ¿Acaso no habría sido auténtico nunca. Examiné con la mirada la vieja tapia de la otra acera. llegaba con su rudo y alegre salvajismo también hondamente hasta el mundo de mis instintos. ¿Llegaría también Europa a ser así? ¿Estaba ya en camino de ello? ¿Erramos nosotros. la lírica. también se las podía uno arreglar sin música de salón y sin el amigo. ¿era todo un fantasma no más. y yo mismo podía tarareármela con toda claridad cantándola por lo bajo en rítmicas inspiraciones. Tranquila me miraba la oscura pared de piedra. ni con la lluvia. ruda y cálida como el vaho de carne cruda. me levanté el cuello del gabán y apoyé el bastón en el suelo mojado. hermética. ni con la gota. Era fría. Naturalmente que comparada con Bach y con Mozart y con música verdadera. Soledad era independencia. todo nuestro pensamiento. allí estaba la pequeña iglesia. Una mitad de esta música. Lentamente emprendí el camino hacia mi casa. ni con la araucaria. aunque la execraba tanto. El jazz me producía aversión. En la Roma de los últimos emperadores tuvo que haber música parecida. De un salón de baile por el que pasé. con la enigmática placa encima. Esfumada e irreal. salió a mi encuentro una violenta música de jazz. venteé. como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas. Aun cuando quisiera recorrer el camino muy despacio. es cierto. de un negrismo innegable evidente y de un humorismo alegre e infantil. ¿Qué decían sus inscripciones? «Entrada no para cualquiera» y «Sólo para locos».El lobo estepario Hermann Hesse aquella noche! Con frecuencia había gustado esta felicidad antiguamente. que a nosotros los europeos. ni habría estado vivo jamás? ¿Habría podido ser siempre una quimera y sólo una quimera eso por lo que tanto nos afanamos nosotros los locos? El viejo barrio de la ciudad me acogió. con la enigmática puerta de arco ojival. dentro de toda su pujanza. la otra mitad era salvaje. pero me era diez veces preferible a toda la música académica de hoy. ¡en el nombre de Dios! Yo no quería estropearme el buen humor de la noche. con envidia y perversidad. de la antigua música verdadera. con las letras luminosas bailoteando burlescamente. pues para mí había pasado ya el tiempo en que pudiera andar ambulando al aire libre toda una madrugada lluviosa de invierno. Era música decadentista. y era ridículo consumirse en impotentes afanes sociales. aspirando por la nariz esta música chillona y sangrienta. Ea.. alma. espíritu. pero esto mismo era todo nuestro arte. y la pequeña puerta me dejara pasar. loco. que mañana seríamos olvidados y puestos en ridículo? Lo que nosotros llamábamos «cultura». la atmósfera de estas salas. un secreto atractivo para mí. No. y respiraba una honrada e ingenua sensualidad. lo que teníamos por bello y por sagrado. éramos nosotros únicamente una exigua y necia minoría de complicados neuróticos. superazucarada y goteaba sentimentalismo. toda nuestra aparente cultura. en años pasados ya. envuelta en niebla profunda. en mi pequeña ficción de hogar.

cerró la puerta tras de sí y desapareció. ¿Qué es esa velada? ¿Dónde? ¿Cuándo es? Él volvió a su camino: -No es para cualquiera -dijo indiferente. ¿Qué lleva usted en el cajón? Le compraré algo. sin paso. Sin pararse.El lobo estepario Hermann Hesse parte alguna un arco ojival. Mientras me desabrochaba el abrigo. Novalis y Dostoiewski. saludé amable con la cabeza al tapial: «Buenas noches. los esperan la madre o la mujer. y quería llegar cuanto antes a su casa. un solitario que se recogía tarde. cuando vuelven a sus casas. los perros y los gatos. era un librillo mal impreso. igual que los otros. el título en la cubierta de este folleto de feria: Tractat del lobo estepario. vestido de blusa azul y con una gorra en la cabeza. Lo cogí en seguida y me lo guardé. corriendo tras él-. un cajón abierto. donde viven los empleados y los pequeños rentistas en casas de alquiler modestas y limpias. vi. aún eres bella y callada y me gustas. si no. El tiempo vendrá en que te derribarán. Cuando me quité el abrigo mojado. en papel malo. Pasando por la hiedra. con asombro y con la impresión de que de pronto se me abría de par en par la puerta del destino. su anuncio rojo pendiente del palo. que yo leí de un tirón. tras de un poco de césped y de hiedra. por el césped. Se quedó parado y sostuvo el asta un poco más derecha. 9 . En el patio aún resonaron sus pesados pasos. pero iba oscilando. a los hombres verdaderos. -Espere -le grité. sacó un pequeño folleto y me lo alargó. Lentamente iba caminando delante de mí. mecánicamente. Pero cuando me hube acomodado en la butaca y me puse las gafas de leer. Ya iba cansado. las criadas. -He estado buscando a usted -grité radiante-. me asustó un individuo. pero entretanto aún estás ahí. mi pequeña apariencia de hogar. Sonriente.. el tintero y la caja de pinturas. di con la cerradura. abrí mi cuarto.» Surgiendo ante mí de una oscura bocacalle. donde me esperan el sillón y la estufa. No se volvió a mirarme. No para cualquiera Y lo que sigue era el contenido del escrito. sólo la tapia oscura. y apretó el paso. por el pequeño abeto. volví a tocar el pequeño opúsculo. lo hubiera saludado y le hubiese dado un cigarro. Y de pronto también yo me encontré muy cansado y tuve la sensación de que era muy tarde y de que estaría bien llegar a casa. callada. como suelen llevarlos los vendedores en las ferias. hallé la llave de la luz. A la luz del primer farol intenté leer su estandarte. sobre los hombros llevaba un palo con un anuncio y delante del vientre. como aquellos cuadernos El hombre que había nacido en enero o Arte de hacerse en ocho días veinte años más joven. luego ya no oí nada más. te llenarán de codiciosos anuncios comerciales. con paso cansino. tapia. me deslicé junto a las puertas de cristales.. Entonces lo llamé y le rogué que me enseñara el anuncio. torció él por una puerta cochera. metió mano el hombre en su cajón. Lo saqué. para sacar dinero. yo no te despierto. y atravesando la dormida calleja del suburbio llegué a mi barrio de las antiguas murallas. con tensión siempre creciente. no podía descifrarse nada. en aquel momento pude leer letras vacilantes e inseguras: VELADA ANARQUISTA TFATRO MAGICO ENTRADA NO PARA CUAI. los hijos. alcancé la puerta de mi casa. primero sobre losas de piedra. Corrí más de prisa. después subiendo una escalera de madera. pasé por los armarios barnizados y junto a las macetas. con voz de sueño. seguí mi camino. sujeto por una correa.

se ayudaban mutuamente. hubiera sido acaso fiero e indómito y desordenado. a un lobo que en su corazón tenía perfecta conciencia de lo que le sentaba bien. fue más el zorro o el mono que el hombre quien hizo su fortuna. Había aprendido mucho de lo que las personas con buen entendimiento pueden aprender. En esta clase de personas vivían el hombre y el zorro. llevaba vestidos y era un hombre. Se han visto ya muchos hombres que dentro de sí tenían no poco de perro. era otra cosa. y mucho menos se prestaban mutua ayuda. sino un lobo de la estepa. en cuanto a su sentimiento. que sus educadores hubiesen tratado de matar en él a la bestia y precisamente por eso hubieran hecho arraigar en su imaginación la idea de que. y en las épocas en que era hombre. Por ejemplo. ése era su sino. Ahora bien. pues para él era completamente indiferente que el lobo se hubiera introducido en su persona por arte de magia o a fuerza de golpes. por ejemplo. y ninguno de los dos hacía daño a su compañero. Esto no pudo conseguirlo. en su niñez. pero que cuando era lobo. como a todos los seres mixtos. es más. y cuando dos son enemigos mortales y están dentro de una misma sangre y de una misma alma. de pez o de serpiente. y desde el punto de vista del lobo toda acción humana 10 . beber a ratos sangre o cazar una loba. o ejecutaba una de las llamadas buenas acciones. de nombre Harry. dos naturalezas. una humana y otra lobuna. o que se tratara sólo de una fantasía de su espíritu. o si había nacido desde luego hombre. un lobo estepario. y hasta lo que él mismo de ello pensara. sin que por eso hubiesen tenido mayores dificultades en la vida. Acaso ello proviniera de que en el fondo de su corazón sabía (o creía saber) en todo momento que no era realmente un ser humano. No dejaría de ser posible. Pero en fin.El lobo estepario Hermann Hesse TRACTAT DEL LOBO ESTEPARIO No para cualquiera Érase una vez un individuo. Que discutan los inteligentes acerca de si era en realidad un lobo. pero en el fondo era. había sido convertido por arte de encantamiento de lobo en hombre. por el contrario. o el hombre y el pez. cuando Harry en su calidad de hombre tenía un bello pensamiento. llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies. en verdad. y era un hombre bastante inteligente. Mucho e interesante podría decirse de esto y hasta escribir libros sobre el particular. pero dotado del alma de un lobo estepario y poseído o dominado por ella. de zorro. cada uno tiene su suerte. que era trotar solitario por las estepas. Lo que los demás pudieran pensar de todo esto. entonces resulta una vida imposible. otras como hombre. que. cubierta sólo de una tenue funda de educación y sentido humano. en efecto. Pero lo que no había aprendido era una cosa: a estar satisfecho de sí mismo y de su vida. o experimentaba una sensación noble y delicada. se reía y le mostraba con sangriento sarcasmo cuán ridícula le resultaba toda esta distinguida farsa a un lobo de la estepa. entonces el lobo que llevaba dentro enseñaba los dientes. el hombre en su interior estaba siempre en acecho. no tenía valor para el propio interesado. si esta creencia de ser un lobo no era más que un producto de su imaginación o de un estado patológico. que este hombre. vivía naturalmente unas veces como lobo. y fácil no es ninguna. por consiguiente. y cada uno vivía exclusivamente para martirio del otro. en él no corrían el hombre y el lobo paralelamente. observando. Esto lo sabe todo el mundo. enjuiciando y criticando. el uno junto al otro. El lobo estepario tenía. hacía el lobo otro tanto. sino que estaban en odio constante y mortal. era realmente una bestia. y en muchos hombres que han hecho buena carrera y son envidiados. Y puede ser también que este sino no sea tan singular y raro. En Harry. no conseguiría de ningún modo ahuyentar al lobo de su persona. a nuestro lobo estepario ocurría. pero con ello no se prestaría servicio alguno al lobo estepario. o por último. acaso antes de su nacimiento ya. si en alguna ocasión.

que él podía dejar respirar. les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre. pensar y sentir alguna vez al lobo y alguna vez al hombre con libertad y sin molestarse. A propósito de esto. lo conocido. la dicha corta. dos naturalezas. para hacer sitio a lo extraordinario. Pero exactamente lo mismo ocurría cuando Harry se sentía lobo y obraba como tal. Quien no lleva dentro un lobo. inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. está. y de este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad y discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía en contacto. a su vez. Hay bastantes personas de índole parecida a como era Harry. equivocado. no veían nunca en él más que uno de los dos lados. hacían los dos alguna vez las paces y vivían juntos en amor y compañía. de modo que no sólo dormía el uno cuando el otro velaba. peligroso y violento. y a éstos. También el lobo meditaba con frecuencia sobre ella. la sangre materna y la paterna. leer versos y tener ideales de humanidad. aún hay que decir una cosa. tan hostiles y confusos lo uno junto y dentro de lo otro. todo. No sabe (ya que no hay regla sin excepción y un solo pecador es en determinadas circunstancias preferido de Dios a noventa y nueve justos) que en el caso de Harry no dejaba de haber excepciones y momentos venturosos. no obstante. un intervalo aunque fuera pequeñísimo. estúpida y vana. cuando respiraba odio y enemiga terribles hacia todos los hombres y sus maneras y costumbres mentidas y desnaturalizadas. esconder al lobo y repudiarlo. sino que ambos se fortalecían y cada uno de ellos redoblaba el valor del otro. principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho. y es fácil imaginarse que Harry no llevaba precisamente una vida agradable y venturosa. Esto no debiera decirse de ninguna persona. una interrupción. Pues todos los que le tomaban cariño. Pero con esto no se quiere decir que fuera desgraciado en una medida singularísima (aunque a él mismo así le pareciese. la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento. sin embargo. Y esto ocurría también al lobo estepario. a la gracia. como estaban en Harry el lobo y el hombre. ser amado en su totalidad y no podía. Estos hombres tienen todos dentro de sí dos almas. También en la vida de este hombre parecía. los más decepcionados e irritados. ni con mucho. y también podía hacer desgraciados a otros. Por lo general era muy desgraciado. que con frecuencia todo lo habitual. pero intensa de aquellas pocas horas absorbía todo el sufrimiento y aun arrojaba un saldo favorable. no sabe. como por doquiera en el mundo. muchos artistas principalmente pertenecen a esta especie. Algunos le querían como hombre distinguido. en ellos existe lo divino y lo demoníaco. ello es de nuevo una cuestión. o si acaso todavía más. como todo individuo. por lo general. cuya existencia es muy agitada. pues Harry quería. suponga que conoce al lobo estepario y que puede imaginarse su vida deplorable y desgarrada. simple. es más. por lo mismo.El lobo estepario Hermann Hesse tenía entonces que resultar horriblemente cómica y absurda. cuando le enseñaba los dientes a los demás. Si estas horas breves y raras de felicidad compensaban y amortiguaban el destino siniestro del lobo estepario. precisamente a lo espontáneo. Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. eso no puede negarse. indómito. como todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los mayores del mundo). Singularmente éstos eran. 11 . a lo maravilloso. y éstos eran sus días más ociosos e inútiles. salvaje. salvaje y llena de salud. tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart. Así estaban las cosas con el lobo estepario. que en momentos muy raros. sobre la cual la gente ociosa puede meditar a su gusto. Y estas personas. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo. de manera que la ventura y el infortunio en fin de cuentas quedaban equiparados. especialmente si los amaba y ellos a él. no tiene por eso que ser feliz tampoco. lo trivial y lo ordinario no habían de tener más objeto que lograr aquí o allí. Quien. lo llamaba animal y bestia y le echaba a perder y le corrompía toda la satisfacción en su esencia de lobo. Entonces era cuando se ponía en acecho en él precisamente la parte de hombre que llevaba. Y esto era irremediable.

pero en mayor medida de la que es conveniente a los hombres. en sus buenos días. llámense como se quieran sus hechos y sus obras. Así se producen. Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco. médicos. fue cada vez más independiente. un aborto violento y desgraciado de la madre universal. no son héroes o artistas o pensadores a la manera como otros son jueces. como preciosa y fugitiva espuma de felicidad sobre el mar de sufrimiento. no tienen realmente. nunca tuvo buenas ocurrencias ni pudo proporcionarse a sí mismo ni a los demás alegrías en esas horas. no tiene forma. Nunca estuvo verdaderamente contento en una mañana cualquiera de su vida. obedecer a otros. que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento. por lo general. a nadie tenía que ajustar sus actos. y únicamente hacia la noche se mostraba. cada una tiene sus virtudes y sus vicios. después su amargo destino. En su juventud. La mañana era para él una mala parte del día. por un impulso muy íntimo de su ser. fecundo. Le sucedía lo que les sucede a todos. sus sellos. Toda especie humana tiene sus caracteres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia. que este breve relámpago de ventura alcanza y encanta radiante a otras personas. una verdadera vida. activo y a veces fogoso y alegre. someterse a una distribución del tiempo. Pero a esta virtud estaban íntimamente ligados su sufrimiento y su destino. Alcanzó su objetivo. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades. en el servicio. A los caracteres del lobo estepario pertenecía el que era un hombre nocturno. es terrible y no tiene sentido. En esto estaba su fortaleza y su virtud. su vida no es ninguna esencia. está infeliz y dolorosamente desgarrada. buscó y anheló con la mayor obstinación. Entre los hombres de esta especie ha surgido el pensamiento peligroso y horrible de que acaso toda la vida humana no sea sino un tremendo error. el que busca el placer. en las cuales un solo hombre atormentado se eleva por un momento tan alto sobre su propio destino. en el dinero.El lobo estepario Hermann Hesse viven a veces en sus raros momentos de felicidad algo tan fuerte y tan indeciblemente hermoso. si así salvaba un poco de independencia. y lo más terrible que pudo vivir en sueños fue la reclusión en un cuartel. la espuma de la dicha momentánea salta con frecuencia tan alta y deslumbrante por encima del mar del sufrimiento. que le asustaba y que nunca le trajo nada agradable. En un principio fue su sueño y su ventura. lo que él. sino que su existencia es un movimiento y un flujo y reflujo eternos y penosos. El hombre poderoso en el poder sucumbe. más de cien veces tiró y apartó de sí lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas. a veces mediante grandes sacrificios. cada una. aquí era su carácter firme y rectilíneo. nadie tenía nada que ordenarle. Pero también entre ellos es donde ha surgido la otra idea de que el hombre acaso no sea sólo un animal medio razonable. el hombre del dinero. aquí era inflexible. Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran 12 . nunca hizo nada bueno en las horas antes de mediodía. Ninguna idea le era más odiosa y horrible que la de tener que ejercer un cargo. logró obtenerlo. que estaba solo. ideas y obras que irradian por encima del caos de una vida así. que él mismo a sí tampoco. en los placeres. les parece algo eterno y como su propio sueño de felicidad. y a todos aquellos que la ven. Sólo en el transcurso de la tarde se iba entonando y animando. que su dicha luce como una estrella. un ensayo salvaje y horriblemente desafortunado de la naturaleza. Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él. su pecado mortal. si no se está dispuesto a ver dicho sentido precisamente en aquellos escasos sucesos. para conservar en cambio su libertad. siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan. todas aquellas obras de arte. nunca a mujeres ni a poderosos. sólo y libremente determinaba él a su antojo lo que había de hacer y lo que había de dejar. A todas estas situaciones supo sustraerse. hechos. es más. Pero en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cuenta Harry de que esa su independencia era una muerte. un negociado eran cosas para él tan execrables como la muerte. es decir. una cancillería. Una oficina. Todos estos hombres. sino un hijo de los dioses y destinado a la inmortalidad. el servil y humilde. zapateros o maestros. que los hombres no le importaban nada. que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro. prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos.

como si estuviera sobre el pico estrechísimo de una roca. suicidas. Muchos lo querían bien. esto puede darse también sin ser suicida. que casi siempre se manifiesta ya en la primera juventud y no abandona a estos hombres durante toda su vida. es psicología. que llamamos «suicidas». el lobo estepario. que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba. si tuviéramos algo como lo que debiera ser una antropología. sin pertenecer por eso en toda su característica al tipo de los suicidas. sin embargo. a Dios. Este era uno de los caracteres más importantes de su vida. le escribían bonitas cartas. naturalmente. la cuestión está de otro modo y mucho más clara. ni el afán. propenden. no presupone de ninguna manera una. una atmósfera de quietud. Entre éstas hay. quizá la mayoría. un pedazo de física. que se considera siempre muy expuesto y en peligro. brindando solidaridad y unión. pues en este sentido los «suicidas» se nos ofrecen como los atacados del sentimiento de la individuación. Pero así como hay naturalezas que a la menor indisposición propenden a la fiebre. sin sello marcado. lo mismo da con razón que sin ella. en tanto que. pues ven la redención en la muerte. a la superficie. al todo. sin fuerte destino. Lo que hemos dicho aquí acerca de los suicidas se refiere todo. lo invitaban. de la idea de que en todo momento le estaba abierto el camino de la muerte no sólo se hacía una trama fantástica melancólico- 13 . Este temperamento. Pero es peculiar del suicida sentir su yo. Metafísicamente considerada. serían conocidas estas realidades de todo el mundo. Esta clase de hombres se caracteriza en la trayectoria de su destino porque el suicidio es para ellos el modo más probable de morir. y que son siempre muy delicadas y sensibles. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. sino su disolución. algo así como una psicología. Como millares de su especie. Ahora lo envolvía el ambiente de soledad. De estas naturalezas hay muchísimas perfectamente incapaces de cometer jamás el suicidio real. El «suicida» -y Harry era uno. entre los «suicidas» se hallan naturalezas extraordinariamente duras. eran su destino y su condenación. así puede a la inversa el suicida típico hacer a menudo de su aparente debilidad una fuerza y un apoyo. son. como aquellas almas para las cuales ya no es fin de su vida sus propias perfección y evolución. que ya no servía de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad. pero nadie se le aproximaba espiritualmente. esto es. no ponen nunca mano sobre sí en la realidad. tenía muchos amigos. muchos. Aquí debe decirse que es erróneo llamar suicidas sólo a las personas que se asesinan realmente. a la más pequeña conmoción. sin embargo. una incapacidad de relación. ahora lo dejaban solo. por otra parte. un apartamiento del mundo que lo rodeaba. porque han reconocido profundamente su pecado. lo hace en efecto con extraordinaria frecuencia. Entre los hombres sin personalidad. Al contrario. a entregarse intensamente a la idea del suicidio. no en la vida. por ninguna parte surgía compenetración con nadie. Entre estos casos cuenta también el de Harry. están dispuestos a eliminarse y entregarse. tornando a la madre. Para nosotros. en determinadas circunstancias se convierte necesariamente). donde un pequeño empuje externo o una ligera debilidad interior bastarían para precipitarlo en el vacío. a extinguirse y volver al principio. le hacían regalos.no es absolutamente preciso que esté en una relación especialmente violenta con la muerte. ni la nostalgia. Como toda fuerza puede también convertirse en una flaqueza (es más. fuerza vital especialmente debilitada.El lobo estepario Hermann Hesse su afán y su objetivo. incierto y comprometido. entre los hombres adocenados y de rebaño hay muchos que perecen por suicidio. muchas que se hacen suicidas en cierto modo por casualidad y de cuya esencia no forma parte el suicidismo. como un germen especialmente peligroso. de aquellos que por su naturaleza deben contarse entre los suicidas. Otro era que había que clasificarlo entre los suicidas. y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. así estas naturalezas. contra la cual no podía nada ni la voluntad. por el contrario. al menos según su propia idea. Si tuviéramos una ciencia con el valor y la fuerza de responsabilidad para ocuparse del hombre y no solamente de los mecanismos de los fenómenos vitales. ambiciosas y hasta audaces.

según el cariz del tiempo. y acaso lo conmovían hasta los tuétanos. a todos los suicidas les es familiar la lucha con la tentación del suicidio. vivía en muchos aspectos de un modo enteramente burgués. además. al aislamiento y a la depravación de su vida se le agregaban además dolores o pérdidas especiales. Por otra parte. la melancolía. como en todos los individuos de su clase. sino que de la misma idea se forjaba un consuelo y un sostén. el dolor de cabeza y el dolor de estómago dónde se quedaban. con toda clase de armas la había sostenido. hacia las tranquilas y decentes casas de 14 . Aunque le pasase lo que quisiera. con una especie de maligna alegría: «Tengo gran curiosidad por ver cuánto es realmente capaz de aguantar un hombre. La familiaridad con la idea de que aquella salida extrema estaba constantemente abierta.El lobo estepario Hermann Hesse infantil. puesto que ello se ofrece por sí mismo. Tomemos como punto de partida. Consciente. en efecto. Estos luchan. que el suicidio es. con el recaudador de contribuciones y otros poderes parecidos. soportaba ahora con mucha más facilidad muchas incomodidades que antes lo martirizaban más y más tiempo. lo hacía curioso para apurar los dolores y las situaciones desagradables. ya que no conocía ni vida familiar ni ambiciones sociales. toda conmoción. ya como ser extraño y enfermizo anacoreta. procuraba vivir en buena paz con la Policía. una salida. o no utilizarla. En cuanto alcance el límite de lo soportable. le daba fuerza. Esto no obstante. como un individuo de disposiciones geniales y elevado sobre las pequeñas normas de la vida corriente. su relación particular con la burguesía. todo podía a lo sumo durar estos pocos años. aunque se pusiera enfermo. meses. no habrá más que abrir la puerta y ya estaré fuera. llegarían por la mañana las cartas y las felicitaciones. en alguno de los rincones de su alma. perdiese su dinero. Todos saben muy bien. Esta conciencia. así lo convino consigo mismo. sobre todo. podía expresar su sentimiento con feroz alegría. seguro de su navaja de afeitar. Se sentía en absoluto como individualidad aislada. días. esta mala conciencia. pero con decencia y para no llamar la atención. El lobo estepario estaba. refiriendo estos hechos a sus leyes fundamentales. que le producía gran alegría. llegó. En dicho día. y cuando le iba muy mal. despreciaba al hombre burgués y tenía a orgullo no serlo. en efecto. Finalmente. según su propia apreciación. Pero poco a poco se creó de esta predisposición una filosofía útil para la vida. como lucha el cleptómano contra su vicio. a la edad de unos cuarenta y siete años. cuyo origen es el mismo que el de la mala conciencia de los llamados autosatisfechos. entonces podía decirles a los dolores: «¡Esperad dos años no más y seré vuestro dueño!» Y luego se abismaba con cariño en la idea de que el día en que cumpliera los cincuenta años. Aún resta explicar el fenómeno específico del lobo estepario y. experimentara sufrimientos y amarguras. ¡todo estaba emplazado. lo atraía también un fuerte y secreto afán constante hacia el mundo de la pequeña burguesía. Entonces verían la gota en las articulaciones. pero muy vergonzante e ilegal. toda mala situación en la vida. cuyo número iba disminuyendo constantemente! Y. despertaba al punto el deseo de sustraerse a ella por medio de la muerte. mientras que él.» Hay muchos suicidas que de esta idea logran extraer fuerzas extraordinarias. que en el fondo. ya como hipernormal. habría de estar en libertad de utilizar la salida para caso de apuro. Cuando por cualquier motivo le iba particularmente mal. todo dolor. completamente fuera del mundo burgués. tenía dinero en el Banco y ayudaba a parientes pobres. También al lobo estepario le era perfectamente conocida esta lucha. Fijó la fecha en que cumpliera cincuenta años como el día en el cual había de poder permitirse el suicidio. Pero. a una ocurrencia feliz y no exenta de humorismo. se despedía de todos los dolores y cerraba la puerta tras sí. obliga a los suicidas a una lucha constante contra su tentación. Ciertamente que en él. cuando a la desolación. aquella su relación con lo «burgués». es más noble y más bello dejarse vencer y sucumbir por la vida misma que por la propia mano. es verdad que se vestía sin atildamiento.

no puede sostenerse. lo que con la otra mitad negaba y combatía. temiendo la entrega de sí mismo.El lobo estepario Hermann Hesse familia. la fuerza por la ley. pero al mismo tiempo pasarlo en la tierra un poquito bien y con comodidad. sino conservación del yo. se comprenderá al punto nuestra alegría. pero también a los placeres del mundo. Además. El otro camino acaba en el libertino. que por razón de sus cualidades no podría representar en el mundo otro papel que el de rebaño de corderos entre lobos errantes. su afán no se dirige ni a la santidad ni a lo contrario. Intensivamente no se puede vivir más que a costa del yo. Nunca habrá de sacrificarse o de entregarse ni a la embriaguez ni al ascetismo. no cosecha sino tranquilidad de conciencia. en vez de libertad. no es otra cosa que el ensayo de una compensación. el de un santo y un libertino. Sin embargo. comodidad. con jardinillos limpios. la incondicionalidad le es insoportable. entre los extremos. al revolucionario o al inductor espiritual perseguido por el Estado y por la sociedad podía estimar como a un hermano. Educado con severidad y buenas costumbres en una casa culta de la burguesía. salteador o asesino no hubiese sabido qué hacerse. Tiene también. Ahora bien. Si tomamos como ejemplo cualquiera de estos dilemas de contraposición. con cuyos hábitos. en los suburbios de la vida. su ideal no es sacrificio. por el contrario. Uno de los caminos acaba en el santo. aunque fuera antagónica y rebelde. bienestar. Al acusado de delitos políticos. Por eso ha sustituido el poder por el régimen de mayorías. en el mártir de los instintos. al ideal de los santos. aunque en tiempos de los gobiernos de naturalezas muy 15 . el burgués trata de vivir en un término medio confortable entre ambas sendas. vemos que. miedoso. ni entre los criminales y mal avenidos con la ley. sí quiere servir a Dios. pero hubiera sido incapaz de tomar en serio personalmente a una prostituta y de considerarla realmente como su igual. trata de colocarse en el centro. en vez de posesión de Dios. escaleras relucientes y toda su modesta atmósfera de orden y de pulcritud. aun existiendo en cantidad tan considerable. aun después de haberse individualizado hacía mucho tiempo por encima de toda medida posible en un ambiente burgués y de haberse libertado del contenido ideal y del credo de la burguesía. El burgués es consiguientemente por naturaleza una criatura de débil impulso vital. en el propio sacrificio en aras de la descomposición y el aniquilamiento. sentirse extraburgués. como no fuera compadecerlos de un modo un tanto burgués. la responsabilidad por el sistema de votación. desde luego. a saber. Al contrario. se había criado en una educación de pequeña burguesía y había conservado desde entonces una multitud de conceptos y rutinas. como ente raro o como genio. sin violentas tempestades ni tormentas. aun a costa de aquella intensidad de vida y de sensaciones que proporciona una existencia enfocada hacia lo incondicional y extremo. normas y ambiente no dejaba de estar en relación. sino que se quedaba siempre viviendo en los dominios de la burguesía. Lo «burgués». El hombre tiene la facultad de entregarse por entero a lo espiritual. pero no habitaba ni vivía nunca. sí quiere ser virtuoso. que el afán de un término medio de avenencia entre los numerosos extremos y dilemas contrapuestos de la humana conducta. Le gustaba tener sus pequeños vicios y sus extravagancias. al intento de aproximación a lo divino. donde no hay burguesía ya. como un estado siempre latente dentro de lo humano. Ni estaba en su elemento entre los hombres violentos y de excepción. en la propia renunciación y sacrificio por amor a Dios. En resumen. una temperatura agradable. en lugar de placer. a los apetitos sensuales y de dirigir todo su afán a la obtención de placeres del momento. nunca será mártir ni consentirá en su aniquilamiento. Es evidente que este ser débil y asustadizo. Teóricamente no tenía nada contra la prostitución. pues. en el mártir del espíritu. fácil de gobernar. De esta manera reconocía y afirmaba siempre con una mitad de su ser y de su actividad. A costa de la intensidad alcanza seguridad y conservación. y esto lo consigue. la facultad de entregarse por completo a la vida del instinto. por decirlo así. en vez de fuego abrasador. en una zona templada y agradable. estaba siempre apegado con parte de su alma a los órdenes de este mundo. Pero el burgués no estima nada tanto como al yo (claro que un yo desarrollado sólo rudimentariamente). pero con un ladrón.

el magnífico invento de los detenidos en su llamamiento hacia lo más grande. ¿Cómo es esto posible? Ni el gran número de sus rebaños. la virtud y el common sense es un adepto forzoso de la burguesía y no puede sustraerse a ella. aunque se sale del marco de la burguesía y estaría llamada a una vida de incondicionalidades. Viven siempre dentro de la burguesía una gran cantidad de temperamentos vigorosos y fieros. y a todos los otros seres absolutos. en cuyo infierno han de cocerse y fructificar sus talentos. Él. ni la virtud. sin duda. tanto hacia la santidad como hacia el libertinaje. Pero a los otros. igual que las tenebrosas alegrías del odio a todo y a sí mismo. pero sí a un infortunio y a una desventura muy considerables. quedando de algún modo sujeta. se aferra de cierta manera a la burguesía. desprecian la burguesía y pertenecen a ella sin embargo. pues toda individuación superior se orienta hacia el yo y propende luego a su aniquilamiento. Esta es su situación en el Universo. todos los demás se resignan o transigen. Al poseído de Dios le es.» Si examinamos en este aspecto el alma del lobo estepario. no pueden vivir en él: a ellos se les ofrece. Los pocos que consiguen desgarrarse con violencia. es poderosa y próspera. grandes sectores de la humanidad. que conoce las delicias de la meditación. el principio de los poderosos: «Quien no está contra mí. la salida acomodaticia al humorismo. son los trágicos. Pues a ésta le cuadra. sin embargo. a los que permanecen sometidos. verdadera y auténtica. Y sin embargo. pero soberano: estos mártires perpetuos. lo burgués. aun cuando el verdadero burgués es incapaz de comprenderlo. Y así acampan en torno de la masa burguesa. logran lo absoluto y sucumben de manera admirable. plegando los polos hasta juntarlos. la robustecen y glorifican. para abrirse camino hasta los espacios siderales. al tener que acabar por afirmaría para poder seguir viviendo. Harry. muchos millares de vidas y de inteligencias. y viceversa. Únicamente los más vigorosos de ellos traspasan la atmósfera de la tierra burguesa y llegan al cosmos. En efecto. ni el common sense. es. la burguesía vive. es un ejemplo característico. que se sienten llamados hacia lo absoluto y. no perece nunca. de los infelices de la máxima capacidad. un mundo imaginario. La inmensa mayoría de los intelectuales. cuyos talentos son con frecuencia objeto de grandes honores por parte de la burguesía. ni la organización serían lo bastante fuertes para salvarlo de la derrota. la mayor parte de los artistas pertenecen a este tipo. Nuestro lobo estepario. les es imposible afirmar aquel término tibio y neutral. a la inversa. sometida y obligada a ella. pero a ambos. Sólo el humorismo. ¿Por qué? La respuesta es la siguiente: por los lobos esteparios. a éstos les está abierto un tercer imperio. cubre y combina todos los círculos de la 16 . a los cuales les es negada la potencia necesaria para lo trágico. y a veces hasta se nos antoja que domina en el mundo. que desprecia la ley. muy posible afirmar al criminal. cuando su espíritu se ha fortalecido y se ha hecho elástico en el sufrimiento.El lobo estepario Hermann Hesse vigorosas el ciudadano burgués es inmediatamente aplastado contra la pared. sólo el humorismo (quizás el producto más característico y más genial de la humanidad) lleva a cabo este imposible. sino sobre las de los extraordinariamente numerosos outsiders que puede contener aquélla gracias a lo desdibujado y a la elasticidad de sus ideales. sino comprender además en la afirmación al propio burgués. la fuerza vital de la burguesía no descansa en modo alguno sobre las cualidades de sus miembros normales. quedando ligado al pesado astro materno de la burguesía. su número es reducido. El humorismo es siempre un poco burgués. No hay medicina en el mundo que pueda sostener a quien tiene la intensidad vital tan debilitada desde el principio. En su esfera imaginaria encuentra realización el ideal enmarañado y complicado de todos los lobos esteparios: aquí es posible no sólo afirmar a la vez al santo y al libertino. éste su atadero. cada una de las cuales. está conmigo. atraída por sentimientos infantiles hacia las formas burguesas y contagiada un tanto de su debilitación en la intensidad vital. Estas numerosas existencias no llegan a lo trágico. se nos manifiesta éste como un hombre al cual su grado elevado de individuación lo clasifica ya entre los no burgueses. Vemos cómo siente dentro de sí fuertes estímulos. pero a causa de alguna debilitación o pereza no pudo dar el salto en el insondable espacio vacío. sin embargo. de los casi trágicos. que se ha individualizado mucho más allá de la medida posible a un hombre burgués.

debe desearle esta salvación. en el cual siente tan terrible necesidad de mirarse y en el cual teme con mortal angustia verse reflejado. Para terminar nuestro estudio queda por resolver todavía una última ficción. pues un arriba y un abajo no los hay más que en el pensamiento. presiente y teme la posibilidad de un encuentro consigo mismo. o bien concertarían un matrimonio de razón a la luz naciente del humorismo. Cuando Harry se considera a sí mismo como hombre-lobo y piensa que está compuesto de dos seres hostiles y contrarios. ficciones. para decirlo pronto. aun cuando no llegue nunca a ver este trozo de su biografía interna. presiente y conoce a los inmortales. La bidivisión en lobo y hombre. perdería la sentimentalidad. y si nosotros también acogimos. renunciar. es una simplificación muy grosera. Es posible que Harry se encuentre un día ante esta última posibilidad. a quien no faltan facultades y disposición para ello. al final. o bien explotarían. bien porque caiga en sus manos uno de nuestros pequeños espejos. lograra en el laberinto de su infierno acabar de cocer y de transpirar esta bebida mágica. de los medios auxiliares. y a mirarse fijamente a los ojos. mirar hondamente en el caos de la propia alma y llegar a la plena conciencia de sí. Todas las «aclaraciones». o porque tropiece con los inmortales. Pero la posibilidad. todos estos individuos al margen de la burguesía viven en la atmósfera de estas posibilidades. Su relación con la burguesía. Harry no es un hombre-lobo. en instinto y espíritu. de 17 . Aún le falta mucho para ello. todos los intentos de comprensión necesitan. y a partir de entonces sería imposible volver a refugiarse una y otra vez desde el infierno de sus instintos en los consuelos filosófico-sentimentales. Cuando digo «arriba» o «abajo». Entonces. en la abstracción. tratando de considerarlo y de explicarlo realmente como un ente doble. Y en caso de que el lobo estepario. una violencia ejercida sobre la realidad en beneficio de una explicación plausible. Y todo esto lo conoce muy bien el lobo estepario. de una sabiduría superior de la vida. pero equivocada. Así es también. su destino las atrae con fuerza irresistible. respetar la ley y al propio tiempo estar por encima de ella. y surge la chispa. El hombre y el lobo se verían obligados a reconocerse mutuamente. Quien lo quiera. y un autor honrado no debería omitir al final de una exposición la resolución en lo posible de estas ficciones. ello es puramente una mitología simplificadora. por la cual Harry procura hacerse más comprensible su sino. poder todavía osar el salto en el espacio. Una insignificancia basta. poseer. sabe de la existencia de aquel espejo. engaño cuya depuración debe intentarse ahora. como lobo estepario. aparentemente sin fijarnos. y su ligadura a este mundo cesaría de martirizarlo constantemente como una vergüenza.El lobo estepario Hermann Hesse naturaleza humana con las irradiaciones de sus prismas. nos aprovechamos de un engaño con la esperanza de ser comprendidos más fácilmente. Mil posibilidades así lo aguardan. en amor y en odio. toda la psicología. como si no se tratara de una renunciación -tan sólo el humorismo está en condiciones de realizar todas estas exigencias. Es posible que un día llegue a reconocerse. pero sus tormentos serían llevaderos y fructíferos. El mundo mismo no conoce ningún arriba ni abajo. sin caretas sentimentales engañosas. una mixtificación fundamental. Presiente su situación dentro del edificio del mundo. Vivir en el mundo. como si no fuera el mundo. una mentira el lobo estepario. entonces estaría salvado. o porque encuentre quizás en uno de nuestros teatros de magia aquello que necesita para la liberación de su alma abandonada en la miseria. existe. desde luego. de modo que se acabara el lobo estepario. y de éstos en el ciego torbellino de su esencia lobuna. teorías. Para alcanzar esto o acaso para. favoritas y formuladas con frecuencia. Ciertamente que de este modo él se quedaría para siempre dentro de lo burgués. por él mismo inventada y creída. tendría un lobo estepario así que enfrentarse alguna vez consigo mismo. su ficción. ya es esto una afirmación que necesita explicarse. Su existencia enigmática se le revelaría al instante en su plena invariabilidad. quien sienta simpatías por él. «como si no se poseyera». disgregándose para siempre. la esperanza. mitologías.

de millares. tan primitiva y brutal. simplificadoras y engañosas .El lobo estepario Hermann Hesse las contradicciones que este hombre encuentra dentro de sí y que le parecen la fuente de sus no escasos sufrimientos. Que cada uno individualmente se afane por tomar a este caos por una unidad y hable de su yo como si fuera un fenómeno simple. un mundo sombrío de instintos. jamás. a lo que parece. como alma. un pequeño cielo de estrellas. no sublimada. cumple con su deber y condena a muerte al asesino. a ser Juez. Pero en realidad ningún yo. como un haz de muchos yos. entre incontables pares de polos. No ha de asombrarnos que un hombre tan instruido y tan inteligente como Harry se tenga por un lobo estepario. de cultura. los especialistas. y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí propio siempre a través del lente de fórmulas muy ingenuas. si ellas. prefieren el drama. sentimientos. hasta en la más refinada. resulta ya casi un genio. a qué expresar cosas cuyo conocimiento se sobreentiende para todo el que piense. que oye hablar todo un rato al criminal con su propia voz (la del juez) y encuentra además en su propio interior todos los matices y capacidades y posibilidades del otro. y a la vez encuentra allí al lado. o el santo y el libertino. ni siquiera el negro primitivo. sino un mundo altamente multiforme. es una unidad. en cada uno de sus actos. ni tampoco el idiota. La ilusión descansa en una sencilla traslación. de crueldad. comprueba esquizofrenia y protege al mundo de que de la boca de estos desgraciados tenga que oír un eco de la verdad. llama en auxilio a la ciencia. se cobija de nuevo rápidamente en la funda de su yo imaginario. rompen el mito de la unidad de la persona y se consideran como polipartitas.¡ especialmente a sí propio!-. de fiereza. durante algún feliz momento. las encierra inmediatamente la mayoría. entonces. lo mismo que el respirar y el comer. vuelve siempre a curar y surgir lozana. alguna vez que por un rato. Como cuerpo. un caos de formas. por consiguiente. con sólo que lleguen a expresar esto. un hombre se adelanta a extender a una duplicidad la unidad imaginada del yo. de naturaleza dominada y sublimada. El juez. Su vida oscila (como la vida de todos los hombres) no ya entre dos polos. de gradaciones y de estados. sin embargó. sentado frente al asesino y mirándolo a los ojos. Pues no hay un solo hombre. se reconcilian el lobo y el hombre. Pues. por ejemplo el instinto y el alma. Pero ¿ a qué perder aquí palabras. ni siquiera el más ingenuo. sino de ciento. como todos los genios. pero que no es costumbre expresarlas? Cuando. cada hombre es uno. Harry encuentra en sí un «hombre». también dentro de sí. al menos en todo caso una excepción rara e interesante. qué participación tuviera el hombre y cuál el lobo. es una necesidad innata fatal en todos los hombres representarse cada uno su yo como una unidad. y con razón. ha comprobado. un mundo de ideas. Harry no está compuesto de dos seres. sino que oscila entre millares. de naturaleza ruda. en cada una de sus sensaciones. Y aunque esta quimera sufra con frecuencia algún grave contratiempo y alguna sacudida. de herencias y de posibilidades. es decir. El hombre no posee muy desarrollada la capacidad de pensar. se viene operando siempre desde tiempo inmemorial con personajes aparentemente completos. se encontraría en un callejón sin salida y se vendría abajo toda su bella teoría del lobo. También en poesía. Si Harry quisiera tratar de determinar en cada instante aislado de su vida. una exigencia de la vida. Y si alguna vez en las almas humanas organizadas delicadamente y de especiales condiciones de talento surge el presentimiento de su diversidad. aparentemente de unidad. esto es. A pesar de esta división aparentemente tan clara de su ser en dos esferas que le son hostiles. es un intento infantil desesperado. sólidamente conformado y delimitado claramente: esta ilusión natural a todo hombre (aun al más elevado) parece ser una necesidad. un «lobo». crea poder encerrar la rica y complicada trama de su vida en una fórmula tan llana. pues ofrece (u ofrecería) la posibilidad máxima de representar al yo como una multiplicidad -si a esto no lo contradijera la grosera apariencia de que cada personaje aislado del drama ha de antojársenos una 18 . tan lindamente sencillo que su naturaleza pueda explicarse como la suma de sólo dos o tres elementos principales. y querer explicar a un hombre precisamente tan diferenciado como Harry con la división pueril en lobo y hombre. En la poesía que hasta ahora se conoce. los competentes. vuelve ya al momento siguiente a su propia identidad.

Si observamos desde este punto de vista al lobo estepario. fiero y caótico. cultivado. claro. partiendo siempre del cuerpo visible. de belleza de la Antigüedad. de un modo tan grosero como en nuestro ingenuo lenguaje. que lleva igualmente en su pecho. a otro. Wagner y todos los demás una unidad. al Fausto de esta manera. y en el «lobo» todo lo instintivo. en retorno a la madre. cree también Harry que sabe muy bien lo que es el ser humano. sin embargo. Cuando Fausto dice aquella sentencia tan famosa entre los maestros de escuela y admirada con tanto horror por el filisteo: Hay viviendo dos almas en mi pecho. que encuentra dentro de sí. magníficos. Pero de un modo tan simple como en nuestros pensamientos. del que el autor apenas si tiene plena conciencia. y Harry comete una horrible violencia con su alma al tratar de explicársela de un aspecto tan rudimentario. Pintoresco y complejo es el juego de la vida: este mito. pero las almas que viven dentro no son dos. Esto lo reconocieron y lo supieron con exactitud los antiguos asiarcas. de la persona. no ocurren las cosas en la vida. a pesar de ser un hombre muy ilustrado. en el cual cada figura aparece como unidad perfectamente destacada y distinta. obtendrá de Fausto. Y es el caso también que la estética ingenua considera lo más elevado al llamado drama de caracteres. se intenta representar una multiplicidad anímica. el hombre es una cebolla de cien telas. y en el yoga budista se inventó una técnica precisa para desenmascarar el mito de la personalidad. por el contrario. Sólo poco a poco. de que nos engañamos al aplicar a nuestros grandes dramáticos los conceptos. lobo. unitario y cerrado-. por ejemplo. la cual. y. Como todos los hombres. es más bien un ensayo y una transición. El que examine. Harry. ya que está metido dentro de un cuerpo solo. Cree. ni cinco. y visto desde lejos. como Fausto. a pesar de los presentimientos contrapuestos de sus sabios. los héroes de las epopeyas indias no son personas. Y en nuestro mundo moderno hay obras poéticas en las cuales. sino nudos de personas. ¡Si no olvidara estas sospechas! ¡Si al menos se las asimilara en todo lo posible! El hombre no es de ninguna manera un producto firme y duradero (éste fue. entonces se olvida de Mefistófeles y de una multitud entera de otras almas.El lobo estepario Hermann Hesse unidad. por lo menos. se produce como. son demasiado poco. el pecho. el ideal de la Antigüedad). no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu. Y es que. hacia la naturaleza. el cuerpo no es nunca más que uno. En el «hombre» mete todo lo espiritual. series de encarnaciones. va surgiendo en algunos la sospecha de que quizá todo esto es una barata estética superficial. nos explicamos por qué sufre tanto bajo su ridícula duplicidad. y por ello se siente ya fuertemente oprimido. es el mismo por cuyo sostenimiento y vigorización ha trabajado el mundo occidental también con tanto ahínco. un salvaje que no supiera contar más que hasta dos. Hacia el espíritu. y únicamente en esta unidad superior. También nuestro lobo estepario cree firmemente llevar dentro de su pecho dos almas (lobo y hombre). y Harry se engaña doblemente al aplicar esta teoría primitiva del lobo. sino innumerables. lo atrae el más íntimo deseo: entre 19 . este concepto es totalmente desconocido. y en cambio al lobo partes de su ser que hace ya mucho se han salido de la fiera. y con ello cree estar al fin de la cuenta y haberse agotado. Quien quiera llegar a conocer esto ha de decidirse a considerar a las figuras de una poesía así no como seres singulares. un tejido compuesto de muchos hilos. En los poemas de la vieja India. Pero. Mefistófeles. Tememos que Harry atribuya ya al hombre regiones enteras de su alma que aún están muy distantes del hombre. es donde se denota algo de la verdadera esencia del alma humana. un hiperpersonaje. sublimado o. por ejemplo. aun cuando lo sospecha con alguna frecuencia en sueños y en otros estados de conciencia difíciles de comprobar. no en las figuras aisladas. tras el velo del personaje o del carácter. no lo sabe en absoluto. A un trozo de silo llama hombre. inventó muy propiamente la ficción del yo. sino sencillamente imbuidos. que dos almas son ya demasiado para un solo pecho y habrían de romperlo. por desenmascarar el cual se afanó tanto la India durante mil años. sino como partes o lados o aspectos diferentes de una unidad superior (sea el alma del poeta). hacia Dios lo impulsa la determinación más íntima. pero no innatos a nosotros.

la mayor parte de las veces. detrás de la bella y austera forma del cuerpo. es el camino más seguro para la muerte eterna. como lobo. y que el camino que a él conduce sólo se va recorriendo a pequeños trocitos y bajo terribles tormentos y éxtasis. con aislamiento doloroso. sino una exigencia del espíritu. por ejemplo a Mozart. Por eso el burgués quema hoy por hereje o cuelga por criminal a quien pasado mañana ha de levantar estatuas. con una larga peregrinación por delante. en fin. en tanto que sabe morir. nuestro lobo estepario ha descubierto dentro de sí. con la «¡Vuelta a la naturaleza!» va siempre el hombre por un falso camino. renunciar al hombre y vivir. Harry no puede volver a convertirse enteramente en lobo. eso lo teme él en lo más profundo de su alma. Se da perfecta cuenta: ello conduce a tormentos aún mayores. que en torno del que sufre y del que está en trance de reencarnación enrarece toda la atmósfera burguesa hasta convertirla en helado éter cósmico. Pero lo que él dentro de sí llama «hombre». el camino a los inmortales. a la proscripción. el desesperado no querer morir. la duplicidad fáustica. una vida uniforme. y lograr vivir en un término medio entre ellos. No. al menos. Quisiera o vencer dentro de sí al lobo y vivir enteramente como hombre o. esta sospecha vive también en el lobo estepario. vería que tampoco el lobo es a su vez nada sencillo y originario. a morir todas estas muertes. Aun teniendo más conciencia del fin de la encarnación que los burgueses. Probablemente no ha observado nunca con atención a un lobo auténtico. sólo se encuentra en camino. en gran parte. conduce a la inmortalidad. no es. y aunque al final de este camino sonríe seductora la inmortalidad. no deja Harry de adivinarlo perfectamente y lo recorre también aquí y allá con timidez muy poco a poco. sino que es necesaria. a aquella encarnación pura y buscada por el espíritu. ha logrado hallar que a la unidad de su cuerpo no le es inherente una unidad espiritual. lleno de penalidades y sin esperanzas. una pequeña porción de espíritu no sólo se permite. rasgar el velo del arcano. al renunciamiento de todo. por su resignación para con aquel extremo aislamiento.El lobo estepario Hermann Hesse ambos poderes vacila su vida temblando de miedo. paciencia en el sufrimiento e independencia frente a los ideales de la burguesía. una posibilidad lejana. quizás al cadalso. un compromiso. y silo pudiera. los ojos y no quiere saber que el apego desesperado al yo. que también en ellos. Ciertos instintos muy rudos son rechazados y prohibidos por este convencionalismo. por el contrario. y tiende a explicarse doctoralmente la perfección de Mozart sólo por sus altas dotes de músico. un tímido ensayo de ingenua travesura para frustrar tanto a la perversa madre primitiva Naturaleza como al molesto padre primitivo Espíritu en sus vehementes exigencias. no está dispuesto a sufrir todos estos sufrimientos. en lugar de por la grandeza de su abnegación. Pero afirmar y aspirar a aquella suprema exigencia. viven una multiplicidad de afanes y de estados. caminar la única senda estrecha hacia la inmortalidad. que también el lobo sufre. Lo que los hombres. parecido al del huerto de Getsemani. Que el «hombre» no es algo creado ya. Por esto permite y tolera el burgués eso que llama «personalidad». entienden bajo el concepto «hombre». El «hombre» de esta convención es. en contraposición a su «lobo». También el lobo 20 . Cuando adora a sus favoritos entre los inmortales. hubiese visto entonces quizá que tampoco los animales tienen un alma unitaria. hacia el ideal de esta armonía. sin desgarramientos. que también el lobo tiene abismos en su interior. sino que. no lo mira en último término nunca sino con ojos de burgués. sin embargo. otra cosa más que precisamente aquel «hombre» mediocre del convencionalismo burgués. cierra. se pide un poco de conciencia. precisamente por aquellas raras individualidades a las que hoy se prepara el patíbulo y mañana el monumento. en el mejor de los casos. pero al mismo tiempo entrega la personalidad a aquel moloc «Estado» y enzarza continuamente al uno contra la otra. Pero. de civilidad y desbestialización. pagando esto con graves tormentos. tan deseada como temida. ir buscando eternamente mutaciones al yo. al menos. sino algo ya muy complicado y complejo. como todo ideal burgués. es siempre no más que un transitorio convencionalismo burgués. El camino al verdadero hombre.

de los inmortales. no debería vivir en un mundo en el que dominan el common sense. por terror de los burgueses. apartamiento de Dios. este completo edén de miles de seres. se te saca de apuro realmente. Tampoco con el suicidio. habrás de multiplicar todavía con frecuencia tu duplicidad. al descanso. Sólo por cobardía sigue viviendo en él. Nacimiento significa desunión del todo. talará los árboles más nobles. entonces se lo apunta a la cuenta del «lobo» y no quiere enterarse de que a veces el lobo es su parte mejor. por el burgués.El lobo estepario Hermann Hesse tiene dos y más de dos almas dentro de su pecho de lobo. a la inocencia. nosotros hablamos aquí del hombre en sentido elevado. No se trata aquí del hombre que conoce la escuela. ser un artista y tener sentidos delicados. lo mismo que el verdadero hombre que hay en él es ahogado y preso por la apariencia de hombre. Y que todo este mundo. de simplificar tu alma. terribles y lindos. la democracia y la educación burguesa. tigre. de todos los sufrimientos. viven otras muchas cosas en su interior. detrás del lobo. tendrás que acoger cada vez más mundo. A todo lo fiero dentro de silo llama lobo y lo tiene por malo. un hombre que tiene noción de los cielos y abismos de la naturaleza humana. del término del largo camino de la encarnación humana. del hombre verdaderamente regio. grandes y pequeños. a nuestro juicio. tendrás que complicar aún más tu complicación. ni del hombre que a millones anda por la calle y que no tiene más importancia que la arena o que la espuma de los mares: da lo mismo un par de millones más o menos. sin embargo. más penoso y más difícil de la humana encarnación. que canta la canción del niño dichoso. y ha olvidado por completo que los niños no son felices en absoluto. sino hacia delante. El camino hacia la inocencia. no es capaz de ver que fuera del lobo. no va para atrás. Pues bien: si el jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo «comestible» y la «mala hierba». y quien desea ser un lobo incurre en el mismo olvido que el hombre de aquella canción: «¡Feliz quien volviera a ser niño!» El hombre simpático. todo lo creado. que son capaces de muchos conflictos. sería genio bastante para intentar la aventura de la encarnación humana. hacia Dios. entonces no sabrá qué hacer con nueve décimas partes de su jardín. cuando la angosta celda de burgués le resulta demasiado estrecha. no hacia el lobo o el niño. unos a sabiendas. que allí habitan además zorro. por peligroso. En el principio de las cosas no hay sencillez ni inocencia. significa limitación. es ya complejo. es tan extraño y entristecedor como que muestren con frecuencia aquella afición cobarde a lo burgués. No. que no es lobo todo lo que muerde. ni hacia el lobo ni hacia el niño. Hacia atrás no conduce. de muchas desarmonías. a los principios. Vuelta al todo. son material nada más. fuertes y delicados. otros inconscientemente. con mil variedades de flores. llegar a ser Dios quiere decir: haber ensanchado tanto el alma que pueda volver a comprender nuevamente al todo. Por este camino marcharon Buda y todos los grandes hombres. es ahogado y apresado por el mito del lobo. en suma. mientras la aventura les salía bien. en lugar de sacar a colación lastimeramente a cada dificultad su estúpido lobo estepario. pero sentimental. y cuando sus dimensiones lo oprimen. El genio no es tan raro como quiere antojársenos con frecuencia. claro que tampoco es tan frecuente. ninguna senda. para llegar acaso algún día al fin. mono y ave del paraíso. 21 . la economía política ni la estadística. dragón. pero él. hasta lo que parece más simple. Que hombres de tales posibilidades salgan del paso con lobos esteparios y «hay viviendo dos almas en mi pecho». pobre lobo estepario. ha sido arrojado al sucio torbellino del desarrollo y no puede ya. con cien especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. hacia lo increado. arrancará las flores más encantadoras. que cree. es ya culpable. tienes que recorrer el camino más largo. quisiera volver también a la naturaleza. cada vez más hondamente dentro de la encarnación humana. El lobo estepario Harry. o los odiará y mirará con malos ojos. penosa reencarnación. Imagínese un jardín con cien clases de árboles. no puede nunca más nadar contra corriente. En lugar de estrechar tu mundo. como se figuran las historias literarias y la historia universal y hasta los periódicos. sino cada vez más hacia la culpa. tendrás que acoger a la postre al mundo entero en tu alma dolorosamente ensanchada. Un hombre capaz de comprender a Buda. anulación de la dolorosa individualidad.

este fiero e irresoluto zigzag de su ruta. así como atribuye al lobo todo lo fuerte y noble sólo porque aún no consiguiera dominarlo. Lo dejamos seguir solo su camino. si ya hubiera llegado allí donde su penosa marcha parece apuntar. con lástima y con complacencia! 22 . censurándolo. Si ya estuviese con los inmortales. ni lo mira siquiera. como no sea muy directamente lobuno. ¡cómo miraría asombrado este ir y venir. Lo que no cabe en las casillas de «hombre» o de «lobo». ¡Y qué de cosas no clasifica como «hombre»! Todo lo cobarde. cómo sonreiría a este lobo estepario. lo cuenta al lado del «hombre». animándolo. Nos despedimos de Harry. todo lo estúpido y minúsculo. todo lo simio.El lobo estepario Hermann Hesse Así hace el lobo estepario con las mil flores de su alma.

Y volviera mi afán a mi amada. un autorretrato en malos versos. del abedul sale un cuervo volando. el uno. en sus muslos mordiendo la carne blanquísima y saciando mi sed en su sangre por mi derramada. el otro. mi poesía melancólica y vacilante y el inteligente estudio de mano desconocida. la encontré y leí: Yo voy. Este lobo estepario debía morir. y no cruzan ni liebres ni corzas el campo desierto. trotando por el mundo de nieve cubierto. triste y receloso como mi propia persona. voy perdiendo la vista. hace tiempo que ya estoy sin hogar y viudo y que troto y que sueno con corzas y liebres que mi triste destino me ahuyenta y espanta. Una liebre bastara también a mi anhelo. en el mundo no hay nada tan lindo y hermoso.El lobo estepario Hermann Hesse SIGUEN LAS ANOTACIONES DE HARRY HALLER Sólo para locos Cuando hube terminado de leer. los dos me hacían daño. Oigo al aire soplar en la noche de invierno. escrito por uno que sabía más y al propio tiempo también menos que yo mismo. me atacan las fiebres. Estuve buscándola en el torbellino de mi revuelta mesa de escritorio. visto desde fuera y desde lo alto. Allí tenía yo. se me ocurrió que algunas semanas antes había escrito una noche una poesía un tanto singular que también trataba del lobo estepario. hundo en nieve mi ardiente garganta. los dos tenían razón. ambos dibujaban con sinceridad mi existencia sin consuelo. ambos mostraban claramente lo insoportable e insostenible de mi estado. para aullar luego solo en la noche tristísima. con mis dientes y zarpas de fiera destrozara su cuerpo sabroso. ¡Ay! ¿Por qué me abandona en letal desconsuelo de la vida la parte más noble y más pura? Vetas grises adquiere mi rabo peludo. dos retratos míos en la mano. debía poner fin con propia 23 . frío y trazado con apariencia de alta objetividad por persona extraña. lobo estepario. pues. Me enamora una corza ligera. y así voy llevando mi mísera alma al infierno. dulce sabe su carne en la noche callada y oscura. Y estos dos retratos juntos.

¡Ah. una nueva vida ascéticoespiritual y un nuevo ideal y de haber logrado cierta tranquilidad y alteza en el vivir. ¿Habría de vivir yo esto ahora otra vez en la realidad? ¿Todo este tormento. como un viejo jugador de Bolsa puede conocer las etapas de la especulación. lo sabía. un extraño en medio de este mundo. nadie podía impedirme la 24 . arrancarse la careta y sufrir otra vez una autoencarnación. un constante descenso. de una a otra de estas sacudidas. todo este terrible miedo ante la derrota. perdiendo en un momento su elevado y noble sentido. llenos de compasión y de desprecio me miraban los vecinos. En el curso de los años había perdido profesión. al cabo de los años. amado de nadie. de nuevo me lanzó por el mundo en fieros y fatigosos viajes. al arrancarme una careta. había saltado roto en pedazos mi yo de cada época. siempre lo habían sacudido violentamente y lo habían destrozado potencias del abismo. más solitaria y peligrosa. de k quiebra. familia y patria. me había arrojado de mi casa y de mis comodidades. ya lo creo. conoce las etapas de una cacería. mi gusto. se me vino abajo también nuevamente esta forma de vida. yo conocía esos trances. de liberación. con todo mi sentir y mi pensar. quitarse de en medio? Ciertamente que era más sencillo y más prudente. caro había tenido que pagarlo. de lo permitido. Entonces empezó mi aislamiento. estos cambios que el destino tiene reservados a sus hijos predilectos y más descontentadizos. que me llevaba a atmósferas cada vez más enrarecidas. lo había vivido ya varias veces. la pedantería de la ciencia. En verdad que no tenía ningún motivo para desear una continuación de este camino. en conflicto amargo y constante con la opinión pública y con la moral. fundido en el fuego mortal de una nueva autoinspección. o debía. toda mi manera de pensar. Mirada desde el punto de vista burgués. Y cada vez. siempre en épocas de extrema desesperación. de las profesiones. en severa soledad y penosa disciplina de mí mismo. el amor y la confianza se habían trocado repentinamente en odio y guerra a muerte. atacada de locura. precedía este horrible vacío y quietud. de la noche a la mañana. pero también algo de soledad. estaba ahora olvidada y en abandono y era sospechosa a la gente. estaba al margen de todos los grupos sociales. todos estos aspectos de la bajeza y poco valor del propio yo. Estado. años amargos y difíciles. de las artes. mis puntos de vista. familia. sin embargo. este triste y sombrío infierno de la falta de afectos y de desesperanza. entregado a ejercicios intelectuales y a una meditación ordenada con severidad. de lo saludable. Cada vez en este trance que me desgarraba terriblemente las entrañas. ¡Ay! Este proceso no me era raro y desconocido. me daba asco. habían perdido su valor para mí y no me importaban ya nada. solo. En una ocasión hube de perder mi buen nombre burgués juntamente con mi fortuna y aprender a renunciar a la consideración de aquellos que hasta entonces se habían quitado el sombrero delante de mí. de profundidad. Otra vez. Aunque en todas mis dolorosas transformaciones hubiera ganado algo invisible e imponderable. transformarse. toda esta angustia de muerte? ¿No era más prudente y sencillo evitar la repetición de tantos sufrimientos. más difícil. como también ahora tenía que volver a soportar. patria. de ser incomprendido. Y más tarde. se me amontonaban nuevos sufrimientos y nueva culpa. con la cual yo en otro tiempo había sabido brillar como un hombre de talento y admirado. aislamiento y carencia de relaciones. Religión. al derrumbamiento de un ideal. algo de espiritualidad. mirado por muchos con desconfianza. y aunque seguía viviendo todavía dentro del marco burgués era yo. mi vida había sido. de desaliento. este mortal acorralamiento. iguales a aquel humo en la canción de otoño de Nietzsche. y de una a otra vez mi vida se había vuelto más dura. eso no podía negarse. toda esta errante miseria. se vino abajo mi vida familiar: mi mujer. de la ganancia. pero desafortunado. demasiado bien los conocía! Los conocía como un cazador ambicioso. de la inseguridad. cada vez me había hecho traición un trozo favorito y especialmente amado de mi vida y lo había perdido para siempre. de la vacilación. después de haberme construido. una distancia cada vez mayor de ]o normal.El lobo estepario Hermann Hesse mano a su odiosa existencia. En todos estos sacudimientos de mi vida salía al final ganando alguna cosa. Y aunque lo que se afirmaba en el folleto del lobo estepario acerca de los «suicidas» fuera así o de otra manera.

la mañana plomiza y condenada a un día lluvioso de invierno. a la grande. aquí no había comedia de nobleza y heroísmo. mi resolución de morir no era el capricho de una hora: era una fruta sana. Al despertar a mediodía. no quedó ningún efecto del veneno. Con esto quedó aclarada la situación: esperar hasta el día en que cumpliera los cincuenta años. por tanto. en donde se hablaba de los «inmortales». vomité todo el veneno sin haber vuelto por completo en mi. en una época en que también me envolvía la desesperación. Fuera de un período de insomnio y de molestos dolores de estómago. cuyo próximo soplo había de hacerla caer del árbol. hube de ingerir una bonita porción. había preferido el honor a la comodidad. No corría prisa. Entonces di a mi resolución la siguiente forma: tan pronto como volviera a encontrarme en un estado en que me fuera preciso echar mano de aquel preparado de opio. criada despacio y bien sazonada. el heroísmo a la razón. el pequeño librito estaba sobre la mesa de noche. En mi botiquín de viaje tenía yo un remedio excelente para acallar los dolores. que en mi interior se despertaba. a la muerte. en lugar de a esta breve redención. y. Y aunque el suicidio fuese estúpido. en el instante de quedarme dormido. no había poder en el mundo que pudiera exigir de mí pasar una vez más por las pruebas de un encuentro conmigo mismo. cuyo amargo dolor había tenido que gustar. eso no me parecía demasiado dilatado. me medio despertaron violentas sacudidas del estómago. un preparado de opio especialmente fuerte. de entre el torbellino de los recientes sucesos de mi vida. Con frecuencia bastante en mi vida tan difícil y tan descarriada había sido yo el noble Don Quijote. Pero a última hora. según la chusca receta del librillo del lobo estepario. no había que contar. con una bala o con la navaja de afeitar. tantas veces y tan hondamente. y. con el cerebro hecho cenizas y vacío y casi sin memoria. afirmada y redondeada durante el sueño. hasta la más ignominiosa. se destacaba mirándome mi decisión. ¡Basta ya y acabemos con todo ello! Por los cristales bostezaba ya la mañana. y con amable frialdad. en ese momento había de serme permitido acudir. cobarde y ordinario. sino siempre nueva autodestrucción. en el último límite de la conciencia. y a menudo durante meses enteros prescindía de él. No. madura. pesado como una montaña. aquí estaba yo colocado ante la sencilla elección entre un pequeño dolor pasajero y un sufrimiento infinito que quema lo indecible. y a esto se unía el recuerdo. podía ser mañana mismo: la puerta estaba abierta. Me quedé dormido y estuve algunas horas tendido en un completo letargo. de una nueva encarnación. cuando por fin me metí en la cama. la navaja de afeitar o la pistola la repetición de un proceso. con todos sus horrores de muerte. sin embargo. de una nueva conformación. era deseable. cuyo término y fin no era de ningún modo paz y tranquilidad. Por desgracia. sacudida suavemente por el viento del destino. cuyo goce no me permitía sino en muy pocas ocasiones. Esto se despertó en mí. no era a propósito para el suicidio. lo suficiente para matar a seis hombres. aún faltaban hasta entonces dos años. brilló como un relámpago ante mí durante un segundo aquel pasaje admirable del librito del lobo estepario. volví a encontrar dentro de mí la situación aclarada. tomaba este grave estupefaciente sólo cuando ya no podía aguantar los dolores materiales. después de pasada la noche. 25 . juntamente con mi poesía. Ya lo había experimentado una vez hacía varios anos. Con este remedio. se posó el sueño sobre mi frente. y me dormí otra vez para despertar definitivamente en el centro del día siguiente. en todo caso nueva autoconformación. para mi tremendo desengaño. no me había matado. en un compás de música antigua. toda su sabiduría serena. de que en alguna ocasión. me había sentido lo bastante cerca de los inmortales para saborear con ellos. esclarecida y sonriente. A la cama llevé conmigo mi resolución.El lobo estepario Hermann Hesse satisfacción de ahorrarme con ayuda del gas. volvió a brillar y se extinguió. pero luego. por todos los diablos. dentro de un mes. Podía ser dentro de un año. y precisamente la última vez hacía muy poco tiempo. aunque fuese una salida vulgar y vergonzante para huir de este torbellino de los sufrimientos. Entonces. pero una muerte segura y positiva. cualquier salida. en efecto.

y como los dos somos personas solitarias y dificultosas. hasta el punto de acabar rendidos de tanta teatralidad y confusión e hipocresía y por hacer el ridículo. Hay que vivir dentro de lo normal y de lo posible para poder saber algo acerca de estas cosas. Al contemplar la cara de los deudos del muerto. de cemento. y siguiendo un capricho. Más hondamente que todo lo demás me preocupaba aquella visión o alucinación de la pared de la iglesia. al tipo. un poco más curioso por lo que se refiere al límite de lo soportable: esto fue todo. el muerto parecía ser innecesario a todos. nos veíamos rara vez. Pero nuestro muerto no fue incinerado.El lobo estepario Hermann Hesse No puedo decir que la «resolución» hubiese alterado grandemente mi vida. tuve este pensamiento: ¿Dónde vive en esta ciudad. sino que su caja fue descargada ante una sencilla fosa hecha en la tierra. sin embargo. afines en algún punto del alma y en la enfermedad espiritual. empleados de una funeraria. dónde vive en este mundo la persona cuya muerte me representara a mí una pérdida? ¿Y dónde la persona a la cual mi muerte pudiera significar algo? Ahí estaba Erica. no estaba yo hacía muchísimo tiempo bastante apartado y loco? Y. después de haber buscado en vano por calles y plazas al hombre del anuncio estandarte y de haber pasado varias veces en acecho por la tapia con la puerta invisible. a arrojar lejos de mí la razón. Pero ¿no respiraría ella quizás y no se sentiría bien aligerada cuando supiera la noticia de mi muerte? No lo sabía. y yo miraba al párroco y a los demás buitres de la muerte. que iban trotando detrás del coche fúnebre. un poco más descuidado en el uso del opio y del vino. pues. que no se podía encerrar en red tan burda. y por aquel entonces hasta ignoraba yo en qué lugar estaría. un cementerio moderno. es verdad. Y cada vez con mayor claridad me hablaba el aviso de aquellas inscripciones: «¡No para cualquiera!» y «¡Sólo para locos!» Loco. Alguna vez volví a leer todavía el tratado del lobo estepario. era una abstracción ingeniosa. ora con devoción y gratitud. me había agregado a la comitiva y fui caminando tras el duelo con dirección al cementerio. en lo más íntimo de mi ser comprendía perfectamente la llamada. Era trabajo perdido. Dios mío. a mi sino propio y peculiar. se refería a la especie. no nos peleábamos. de la existencia y del pensamiento de las personas normales. a mi verdadera alma. y cuando el párroco hablaba a los circunstantes llamándolos una y otra vez «caros hermanos en Cristo». con crematorio y todos los aditamentos. a entregarme al mundo hondamente agitado y sin leyes del espíritu y de la fantasía. en sus manipulaciones. Un día. con frecuencia medité horas enteras profundamente sobre esto. todos los callados rostros de estos comerciantes y 26 . ¿no estaba yo hacía ya muchísimo tiempo bastante alejado de la vida de todos los hombres. poderosamente habían aguijoneado mi curiosidad los ecos de aquel mundo extraño. Me hizo un poco más indiferente para con los achaques. Tampoco con la palabra se podía persuadir a ninguno de que se sintiera en un ambiente de piedad. Entretanto. Lo que allí estaba escrito de lobos esteparios y de suicidas podía estar muy bien y atinado. como si supiera de un mago invisible que estaba dirigiendo sabiamente mi vida. como tampoco sabía nada acerca de la autenticidad de mis propios sentimientos. me encontré en el suburbio de San Martín con un entierro. que coincidía con alusiones del tratado. pero desde hace mucho tiempo vivíamos en una relación muy desligada. en cambio. la invitación a estar loco. el prometedor anuncio de aquella danzante escritura de luces. ora con sarcasmo y desprecio contra la insulsez del tratado. Con mayor intensidad siguieron actuando los otros sucesos de aquella noche. mi querida. Mucho se me había prometido allí. patentado. sin embargo. se me antojaba. no lloraba nadie. que no me parecía entender en absoluto la tensión y el tono específicos de mi existencia. a las cuales trataban todos de dar la apariencia de una alta ceremonia y de una gran tristeza. se conservaba a pesar de todo una relación entre ambos. tenía yo que estar y muy alejado de «cualquiera» si aquellas voces habían de llegar hasta mí y hablarme aquellos mundos. el sentido burgués. Alguna vez me buscaba ella o iba a verla yo. Vi cómo el negro uniforme de su oficio iba flotando de un lado para otro y cómo se afanaban por poner a tono al acompañamiento fúnebre y por obligarlo a rendirse ante la majestad de la muerte. el obstáculo. a mi persona.

al cual. rara vez había vuelto a tener desde entonces controversias tan emotivas y fecundas con colegas. todo me parecía oler a tierra húmeda y a enterramiento. todo era viejo. -¿Velada? . Miré al hombre amable a su buena cara de sabio. dondequiera que enviase mis pensamientos. pero él pareció no conocerme. el poeta. lo saludé con la cabeza. hallaba la escena verdaderamente ridícula. el hombre que aquella noche llevaba el anuncio y que me había dado el librito. corrí a través de la ciudad gris. seguí mi camino. afectuosamente. se lo agradecí casi. -¿No hay velada esta noche? -pregunté. con quien yo en otro tiempo hablaba alguna vez. el amigo de las musas. esta paralización. que acabó por doblárselos por encima de los zapatos. todo hedía a corrupción manida. yo. Corrí tras él. me dolían las mejillas que ya no estaban acostumbradas a estos esfuerzos. La vida sabía horriblemente amarga. Se lanzó hacia mí con gran efusión. este infierno miserable de la falta de corazón y de la desesperanza? Cuando pasaba por la Biblioteca. En el momento en que creí reconocerlo. en el seco gaznate le fluía la baba. Por fin acabó. junto a mi fosa no había de estar ninguno de estos cuervos. Vaya usted al Aguila Negra. el sorbo de afecto. con su traje talar y su sermoneo sentimental y de hermano en Cristo. yo sentía cómo el asco creciente desde hace tiempo alcanzaba su máxima altura. ¡Si en mi manera de vivir casi había olvidado yo ya el habla! Me di cuenta yo mismo de que sólo había hecho una mueca estúpida. se limpiaron en el primer borde de césped los zapatos llenos del húmedo limo en el que habían colocado a su muerto. le rogué que saludara a su señora.El lobo estepario Hermann Hesse panaderos y de sus mujeres miraban al suelo con forzada seriedad. Y cuando entonces me invitó. si se lo pide el cuerpo. por la vivacidad de las palabras y sonrisas. Furioso. No. Santo Dios. como hacen entre sí los que están en un secreto. adquirieron al instante sus rostros otra vez el aspecto corriente y humano. agotado. ni deberes. y me miró extrañado a la cara-. y que no me encontraba muy bien. en mi estado deplorable. el bocado de reconocimiento. tieso y algo miope. lo alcancé. en parte alguna atisbaba una seducción. acepté agradecido. a pasar aquella velada con él. a putrefacta medioconformidad. Se había alegrado y se animó. este maligno y profundo fastidio. el ardoroso idealista? ¿Cómo había venido esto tan lenta y solapadamente sobre mí. como la vida me repelía y me arrojaba fuera. había llegado hasta a visitar en su casa para conversar con él acerca de mitologías orientales. los dos primeros entre los hermanos en Cristo estrecharon la mano al orador. en contra de su voluntad. engañándolo bonitamente y diciéndole que sólo estaba aquí por una corta temporada. no sabia adónde. pero saboreé la migaja de calor. en parte alguna me aguardaba una alegría ni un atractivo. hombre. de otro modo ya lo hubiera visitado. aseguró que debía mucho a mis estímulos y que había pensado con frecuencia en mí. y sólo me conoció cuando ya estaba a punto de pasar a mi lado. Me preguntó desde cuándo estaba en la ciudad (mentí: desde hacia pocos días) y por qué no lo había buscado. pues. E] erudito venia en dirección opuesta. materia a la que me dedicaba entonces bastante.gruñó el individuo. este odio contra la propia persona y contra los demás. y se alejó rápidamente con un paraguas sujeto debajo del brazo. me encontré con un joven profesor. En realidad yo no sabía si era él. Desilusionado. daba media vuelta y se agachaba para arreglarse los pantalones. salí del paso. ni aspiraciones. Ah. a lo que me figuré. naturalmente. el infatigable viajero. dondequiera que mirara. el joven lleno de entusiasmo. marchito. y a todo esto. en mi última estancia en esta ciudad hace algunos años. y traté de hacerle un guiño. y yo. Pero hacía ya demasiado tiempo desde que tales ejercicios mímicos me eran corrientes. me recordó detalles de aquellas nuestras conversaciones. pardo. hipócritas y confusos. macilento. se apoderó de él. el sentimentalismo. Emocionado abría la boca el lobo estepario Harry. ¿cómo era posible? ¿Cómo había podido yo llegar a tal extremo. Sí. para mi no había objetivos. Y 27 . esta cerrazón de todos los sentimientos. y uno de ellos se me antojó de pronto conocido: era. y movidos únicamente por el deseo de que todo este acto desagradable acabara pronto.

los dos Harrys. rodeados de hipócritas y confusos circunstantes. ¡Sabe Dios por qué se me habría ocurrido aceptar! En fin. vístete y ten una complacencia en tus semejantes! Y mientras me enjabonaba. Mucho tiempo estuve mirando cómo desaparecía por entre los árboles sin hojas del paseo. me tragué con ella mis píldoras para la gota. por fin. Si la vileza era genérica de la humanidad. nombres borrosos sobre lápidas de hojalata llenas de orín. suspiraba por un poco de aroma de humanidad. con las estúpidas palabras confusas del predicador. a mi lado el otro Harry abría la boca también. en lugar de todo. conseguí leer un rato en el Viaje de Sofía. Harry Haller. y cualquier cosa por poder decir aunque sólo fuera una palabra seria y honrada de tristeza y desesperanza acerca de este mundo desaparecido. ¡ah!. sino que así acababa todo. enjabónate. de volver a cambiarme el cuello que acababa de ponerme limpio y no podía explicarme por qué hacía todas estas cosas. ráscate la barba hasta hacerte sangre. pon a un lado tu libro. de sociedad y de charla. toda nuestra cultura. ambas figuras extraordinariamente antipáticas. burlándose uno de otro. me tumbé en el diván e intenté leer. acabé por cortarme la barba en el sitio de costumbre y estuve un rato tratando de arreglarme la herida. ¡levántate. entonces mi desprecio del mundo podía desatarse con pujanza renovada. con el paso bonachón y algo cómico de un idealista. todos nuestros afanes. Violenta. que había cargado con una invitación para comer a las siete y media. mezclé agua con coñac. que hubieran dado cualquier cosa por haber podido creer todavía en las lápidas de latón que en otro tiempo les habían sido sagradas. absurdo e hipócrita era yo. Cuando. en la lucha con la gota que iba trabajando secretamente. o si este egoísmo sentimental. a la vista desconsoladora de todas la cruces y lápidas de mármol y latón. de Memel a Sajonia. aquí era Jesucristo y Sócrates. charla científica y contemplación de dicha extraña. si era solamente flaqueza personal mía. Furioso. no. con los estúpidos rostros confusos de la comitiva fúnebre. y mientras yo cerraba y volvía a estirar los dedos agarrotados. encontró en el fondo muy agradable la idea de 28 . Un cementerio era nuestro mundo cultural. determinación general de la humanidad. eran Mozart y Haydn. pensé en el sucio hoyo de barro del cementerio. toda nuestra alegría y nuestro placer de vivir. esta falta de carácter. en aquel hoyo sucio de barro. con todas estas flores falsas de alambre y de vidrio. Harry. volví a acordarme de pronto de la invitación y de que no estaba afeitado y tenía que vestirme. frente al profesor. y ni siquiera podía reírme de todo ello. azorado y cortés. al primer cándido saludo de un honrado hombre de bien. que estaba tan enfermo y pronto habría de ser enterrado allí también. Me parecía que allí acababa. pero hube. llamaba al profesor un hombre simpático. y ahora. estaba allí en medio de la calle. me fui a casa. esta impureza y contradicción de los sentimientos era solamente una especialidad personal y loboestepariesca. sin embargo. se libraba la batalla en mi interior. y en las caras contraídas de los aburridos hermanos en Cristo. toda nuestra fe. estaba haciendo muecas y pensando qué clase de compañero tan particular. una vez más la cuestión: si esto era sencillamente estulticia y flaqueza humanas. enterrado en el lodo ante la confusión y la hipocresía de los asistentes. y acabaría un día u otro también yo mismo. se me presentaba motivo para una orgía del autodesprecio. sorprendido y adulado.El lobo estepario Hermann Hesse en tanto que yo. que aun dos minutos antes había estado furioso y rechinando los dientes contra todo el maldito mundo. asentía a todo y me revolcaba como un lechón en el goce de un poquito de afecto. como siempre en tales situaciones. hube de confesarme que me había dejado atrapar. Encolerizado. Con la lucha entre los dos Harrys quedó casi olvidado el profesor. Pero uno de los trozos de Harry estaba representando una comedia otra vez. y a los cuales. De este modo se hallaban allí. de un creyente. un delicioso novelón del siglo XVIII. sonriendo al hombre amable y mirando su rostro bueno y miope. y me apresuré a librarme de él. pues no tenía la menor gana de acudir a aquella invitación. se acordó de la bella señora del profesor. con la obligación de cortesías. no sólo el desconocido. observándose mutuamente y escupiéndose al rostro y planteándose. a la primera excitación. Dante y Goethe. de repente volvió a serme molesto. consideración y amabilidad. no les quedaba otra cosa que el confuso y ridículo estar dando vueltas alrededor de una tumba.

que los acuso.El lobo estepario Hermann Hesse pasar una velada junto a amables anfitriones y me ayudó a pegarme a la barbilla un tafetán. donde se cae en la oscuridad sin fondo. la mayor parte de los hombres. Al propio tiempo estaba pensando: lo mismo que yo ahora me visto y salgo a la calle. su insignificancia horrorosamente ridícula. hombre descarriado! Cuando en estas hojas desprecio a veces y hasta ridiculizo a los hombres. Ante la casa de mi conocido me quedé parado un momento. con toda exactitud dónde llevaba mi sombrero y mi abrigo. todo a la fuerza. no ve cómo por todas partes se está preparando la próxima conflagración. en armonía con todo esto. que ya he llegado tan allá que estoy al borde de la vida. Había conseguido dar a este viejo demoníaco. y va haciendo año tras año su labor. sostienen una conversación. con el rostro bellamente dibujado. cometo una injusticia y miento si trato de engañarme a mí mismo y a los demás. Aquí vive este hombre -pensé-. del almacenamiento. su tristeza y su irremediable vanidad. ¡Oh. así hacen. sea de ello lo que quiera. y en vez de musitar una oración o dormitar un poco. cree en el valor de la mera ciencia. los hombres en vivir así. mecánicamente. y al propio tiempo. sin apetecerlo: todo podía ser realizado lo mismo por máquinas o dejar de realizarse. está contento. y representarlo. dentro de todo. viven y actúan un día y otro. y tienen razón. ni el aspecto trágico. falto de ideas. un tinte algo académico y a la vez teatral de autodominio y de probidad. 29 . estima odiosos a los judíos y a los comunistas. a todas horas. en realidad. y me fijé. un anciano lleno de carácter y caprichosamente peinado. ni el rasgo de soledad con un ligero velo de cortesanía. que se concede importancia a sí mismo. seguí un impulso juguetón y cogí en las manos el objeto más próximo que se me ofrecía. Fui conducido a una habitación clara y templada e invitado a esperar. Era un grabado y representaba al poeta Goethe. me puso de todos modos los pelos de punta. alegre. ¡no crea por eso nadie que les achaco la culpa. en jugar sus jueguecitos. obligado a estar de pie con una ligera inclinación por un soporte de cartulina en la parte posterior. infinita razón. de un modo magnífico. es un niño bueno. fui recibido por la criada con delantal blanco. a mí que ya estaba suficientemente excitado y cargado. Era un cuadro pequeño con su marco. Y esta mecánica eternamente ininterrumpida es lo que les impide. busca las relaciones entre las mitologías del Asia Menor y de la India. voy a visitar al profesor y cambio con él galanterías. en la evolución. Me decidí de golpe y entré. todo ello realmente sin querer. pues cree en el valor de su trabajo. en el cual no faltaban ni los célebres ojos de fuego. apóstoles. de que esta mecánica aún sigue funcionando para mí. sin perjuicio de su profundidad. como si yo también perteneciera todavía a aquel lindo mundo infantil del eterno Jugueteo! La noche se desarrolló. cree en la ciencia cuyo siervo es. por no sé qué presentimiento. pero no lobos esteparios. en afanarse por esas sus cosas importantes. esta reproducción vanidosa y complacida de sí misma del viejo Goethe como un desacorde fatal y me hizo ver que no me hallaba en el lugar apropiado. es muy envidiable. en los cuales el pintor había puesto tan especial esmero. como un viejo señor verdaderamente hermoso. hacen visitas. están horas enteras sentados en sus negociados y oficinas. ejercer la crítica sobre la propia vida. que quisiera hacer responsables a otros de mi propia miseria! ¡Pero yo. pues tiene fe en el progreso. héroes. a la fuerza y. genios y políticos producidos por aplicados artífices. que tenía su puesto encima de la mesa redonda. no ha experimentado el estremecimiento debido a Einstein de los fundamentos del pensamiento humano hasta hoy (esto cree él que importa sólo a los matemáticos). Aquí estaban en su elemento maestros antiguos bellamente estilizados y grandezas nacionales. y suavemente me desvió de seguir mi verdadero deseo y quedarme en casa. en lugar de defenderse contra la entristecedora mecánica y mirar desesperados en el vacío. Probablemente este cuadro no era más necio que todos los cuadros de esta clase. igual que a mí. mirando hacia arriba a las ventanas. lee y comenta textos. que podía servir de adorno en toda casa burguesa. reconocer y sentir su estupidez y ligereza. quizá me excitaba de aquella manera sólo por una cierta pedantería virtuosa. todos estos lindos redentores. No estuvo en la guerra. sin quererlo. a su vez. como hago yo. me ayudó a vestirme y a ponerme una corbata a propósito.

Esta vanidad y esta noble actitud. y a la primera disarmonía fueron siguiendo otras nuevas. Afortunadamente llegó el aviso de que la comida estaba dispuesta. aunque había sido colocado a un lado sobre una cómoda. pero los dos no pudieron pensar ni por asomo en la posibilidad de que aquel energúmeno estuviera sentado ante ellos. ¿Por qué nos atormentamos de este modo? Me daba cuenta perfectamente de que mis anfitriones tampoco se sentían bien y de que su animación les costaba trabajo. volví a tomarlo en la mano y empecé a habérmelas con él. que tenía que ser un mal bicho y un socio sin patria. ya porque yo produjera un efecto tan deplorable. el energúmeno era yo mismo. bien silenciosos. Fuimos al comedor. Pasamos a otra cosa. La señora me felicitó por mi buen aspecto. de que ahora había de lograr entusiasmar a mis huéspedes. Mucho se puede tener ciertamente contra él. Nos saludamos. mis incursiones por el campo del humorismo producían un efecto desconcertante. de la más encantadora sentimentalidad. a las cuales no se podía dar una respuesta sincera. que se había burlado del káiser y había expuesto su opinión de que su patria no era en nada menos culpable que los países enemigos en el desencadenamiento de la guerra. No podía desentenderme de él. yo tenía perfecta conciencia de cómo había envejecido en los años desde nuestro último encuentro. y hube de decirle que mi mujer me había abandonado y que nuestro matrimonio estaba disuelto. o por el contrario. un periódico del partido militarista e instigador de la guerra. cuando el profesor hablaba del traidor a la patria. ya al darme ella la mano. y. Pero fue su mujer quien entró y yo me entregué a mi destino. y para variar de rumbo. y a los postres estábamos todos. Por último. sin embargo. ya porque hubiera acaso algún disgusto en la casa. ¡Dios mío! -pensaba-. un publicista Haller. Respiramos cuando el profesor entró. pero di ya por perdida la esperanza de gozar esta noche de nada agradable. no sin oír dentro de mí voces que me anunciaban el peligro. Me preguntaron una multitud de cosas. que un peligro me amenazaba por detrás. Bien. y. en un malestar corporal (en el bajo vientre). los tres. la redacción había dado buena cuenta del mal bicho y lo había puesto en la picota. y después de haberme dado la mano. Yo sentía que algo estaba en acecho contra mí. ¡Vaya un tipo que tenía que ser! Ah. quizás esto viniera un poco en nuestro auxilio. pronto me hallé envuelto en una porción de verdaderos embustes y a cada palabra tenía que luchar con una sensación de asco. Sí. quizás hubiese tenido la suerte de poder llevar a cabo mi retirada con pretextos aceptables.que Goethe en la realidad no haya tenido este aspecto. y en tanto que yo me esforzaba por decir una y otra vez. aunque presintiendo la catástrofe. así era. y no había dejado de aumentar hasta convertirse en una tremenda opresión. y la tiesura y comicidad de la situación encontraron entonces la expresión más deliciosa que puede imaginarse. Volvimos a aquella primera habitación para tomar café y licor. señaló el periódico y refirió que allí se decía algo de un tocayo mío. dentro de mí el lobo estepario se reía a mandíbula batiente. se condensaba en mi el maligno sentimiento de depresión y desesperanza que se había ido amontonando en mi interior desde la escena del cementerio. sin embargo. Traía un periódico en la mano.El lobo estepario Hermann Hesse Si en aquel instante hubiera entrado el dueño de la casa. cuando vio que este tema no me interesaba. en una sensación sofocante y angustiosa de fatalidad. y a continuación me preguntó cómo estaba mi buena mujer. Pero no lograba encontrar el tono. Yo estaba como poseído del sentimiento de que la situación era insoportable. o por preguntar cosas indiferentes. Precisamente en aquel momento. me había hecho recordarlo fatalmente el dolor en los dedos atacados de gota. También él me saludó cordialmente. cada vez nos íbamos apartando más. el diario a que estaba suscrito. también yo tengo a veces 30 . empecé a referir el entierro cuyo espectador había sido. Pero entonces me fijé de nuevo en el príncipe de los poetas. y. -Es de suponer -dije. arrebatarlos y templarlos a mi tono. iba comiendo más de lo que tenía por costumbre y me sentía más deplorable por momentos. pero aquí llevaba el mozo lo suyo. Haller. provocar de una vez la explosión. ¿a qué armar un escándalo e inquietar a la gente? Me reí en mi fuero interno. esta majestad lanzando amables miradas a los distinguidos circunstantes y bajo la máscara varonil de este mundo.

por ejemplo. furioso y lleno de mortal tristeza. más aún. era un último fracaso y un echar a correr. y en segundo término. no. Pues al punto comprendí claramente que esta hora vespertina poco reconfortante tenía para mí mucha más importancia que para el indignado profesor. no de otro modo que el hombre que tiene una úlcera de estómago se despide de la carne de cerdo. una propia declaración de quiebra. eso es ya demasiado. pero que desgraciadamente mi interés por Krichna. Es verdad que este melifluo y almibarado Goethe de salón no hubiese empleado nunca una expresión cruda. no dejó de oponer algunas objeciones. al propio tiempo. Con estrépito aullaba dentro de mi alma el lobo dañino. que hoy le había mentido una porción de veces. lo mismo que mi complacencia en diálogos científicos habían desaparecido por completo y definitivamente. por lo demás. y córtate el cuello! Bastante tiempo has esperado ya. luego salió precipitadamente de la habitación. ¡ Vete a casa. de la burguesía. en miserable estado. es una costumbre. pero yo no podía y no pude de ninguna manera otra cosa. desde la mañana hasta la noche. en vez de instigar ciegos y fanáticos a una nueva guerra. adiós.» -Tiene usted razón en esto -concedí-. ya que la compañía de mí mismo se me había vuelto tan indeciblemente odiada y me producía tal asco. que mis hipótesis acerca de Mitra y de Krichna le habían hecho profunda impresión. era necio y grosero. Le di las gracias y le dije que estas eran palabras muy amables. ¡Qué día tan sin consuelo había sido. si al menos los contados hombres capaces de pensar se declararan partidarios de la razón y del amor a la paz. y su marido me confesó medio turbado. Y era un despedirse vencido y huyendo. porque en primer lugar siempre estoy de muy mal humor y atacado de gota. Lo que por otra parte hacía también Goethe en sus buenos momentos. inmediata. no tiene usted derecho a expresarse tan crudamente. Naturalmente. para él era un desengaño y un pequeño disgusto. etc. pero que hacía una vida para mí solo y que no estaba ya en condiciones de visitar casas distinguidas. «Y aunque objetivamente estuviera usted en lo cierto. pero no de hombre de ciencia. y con ello.El lobo estepario Hermann Hesse muchas cosas contra el viejo lleno de suficiencia. la moral y la erudición. Esto es. Pido a usted y a su señora mil perdones. tan vergonzante. era mi despedida del mundo burgués. Me despedí de mi mundo anterior y de mi patria. Por desgracia. Una formidable escena se desarrolló entre los dos Harrys. Que este «mozo» y socio sin patria Haller era yo mismo. Él había hecho suya la posición estúpida y obstinada digna de un militar sin ocupación. pongo en tela de juicio. tan siniestro. de fingimiento y corrección. lleno de azoramiento. ya que en el vacío de mi infierno me 31 . era una victoria completa del lobo estepario. volvió otra vez a decir.. una despedida inconsolable. ya no podía soportar esta vida dócil. lo que yo. en que se colocaba un periódico reaccionario con respecto a las opiniones de Haller. Además. franca. que no llevaba en la ciudad algunos días. me despedí de Goethe y del profesor. pero representarlo así. desde el cementerio a la escena en casa del profesor! ¿Para qué? ¿Había alguna razón para seguir echando sobre sí más días como éste? ¡ No! Y por eso había que poner fin esta noche a la comedia. pero para mí. pido permiso para despedirme. que este retrato de Goethe pertenecía a su mujer.. moral y erudito. Furioso. para dejar las cosas en su punto y por lo menos no quedar como un embustero. Y ya que por lo visto tampoco podía aguantar la soledad. tenía que confesar al estimado señor que me había ofendido muy gravemente. agarré mis cosas del perchero y salí corriendo. y que también hoy esperaba otra vez. corrí a la luz de los faroles. Y. De un lado para otro corrí por las calles. sino muchos meses. un vicio en mí decidirme siempre por la expresión más cruda posible. y mejor le iría a nuestro país y al mundo. La señora de la casa acabó de servir el café con una cara de profundo sufrimiento. la cual sentía por él una predilección especial. Me levanté.. irreflexiva y sin humor. Harry. medio lleno de censura. borracho la mayor parte de las veces. había sido necio por mi parte manchar a la buena gente el adorno de su salón. tenga la bondad de decirle que soy esquizofrénico. qué hermosos y llenos de estímulo habían sido en otro tiempo nuestros diálogos. El caballero.

Cada vez con mayor claridad se presentaba ante mí este cuadro. no puedo. de trabajos y de afanes de mi vida! Nada de todo ello me quedaba. con gran escote. mejor hoy que mañana. para tomar dos copas. bebí un poco de vino. volvía a correr. -¿Me permite? -pregunté. En una desventurada taberna de las afueras descansé un momento. el último momento. y me senté junto a ella. en amplio círculo alrededor del objeto. luego seguía mi correría. Acá y allá me entretenía en una taberna. siempre con el regreso en la mente. me secaba el sudor de la frente. Cada vez más cerca. Aun cuando no veía otra salida. fuego sagrado lejano de mi juventud. a su lado. para tomar una copa. de la muerte. por la plaza de la estación. vaho de vino y gritería. Sí. aumentada con el desprecio de mí mismo. hasta el diván con el retrato de mi querida colgado encima. no podía escapar al momento en que tuviera que abrir la navaja de afeitar y darme un tajo en el cuello. Así fui a dar. el tener que pararme ante la desesperación. y a subir y a bajar las callejas empinadas y retorcidas de la parte antigua de la ciudad y ambular por los paseos. me horrorizaba sin embargo de un modo indecible la ejecución. el corte tajante y frío en la propia carne. observé su bucle que le caía de la frente hasta junto al oído. oh vosotros. se escapaba. Volvería a coger en la mano la navaja tantas veces y a dejarla después. de la navaja de afeitar. detrás de cuyas ventanas resonaba violenta música de baile. no puedo. ¡Tomar un tren!. con violentos latidos del corazón. ni de proporcionarme una alegría o una esperanza. y al bajar la cabeza. Entré en la estación. el dolor y la desesperación. si es usted tan amable. cada vez más distintamente. ¡Oh. hasta que al fin alguna vez estuviera desde luego consumado. en un restaurante. lleno de mortal angustia. Bruscamente seguí siendo arrastrado a través de la ciudad. ¿Quién eres tú que no te conozco? -Gracias -dije-. La muchacha me miró con atención y amablemente cuando me vio llegar. allí se debatía furiosa la música de danza. algarabía de muchedumbre.» Dentro había ambiente de juerga. sólo asco y dolor. siempre retardándolo. No. aun cuando en torno se amontonaban el asco. pensé. lleno de ardiente deseo de vivir. el retorno a mi cuarto. padre y madre míos! ¡Oh. lleno de gente sencilla. A esto no podía escapar. quiero quedarme aquí. y vi que la flor marchita era una camelia. ni siquiera arrepentimiento. hasta la mesa con los libros. en tanto que detrás. Muerto de cansancio. Empujado por la multitud de un lado a otro por el salón. Razonablemente. Hizo un ademán como si me comprendiera. Era la vuelta a mi casa. no puedo volver a casa. trataba de persuadirme a mí mismo como a un niño miedoso. No veía medio alguno de sustraerme a lo temido. sentía yo la angustia de todas las angustias: el miedo a la muerte. bebí agua con coñac. Si en la lucha entre la desesperación y la cobardía venciera hoy aun acaso la cobardía. en el diván junto a la pared estaba sentada una bonita muchacha pálida. miles de alegrías. en el segundo salón se bailaba. cada vez más distintamente comencé a ver el fantasma que tanto miedo me producía. ¿qué salida podía haber todavía? No había ninguna. pero el niño no escuchaba. Sobre la puerta leí al entrar un viejo letrero: «Al Aguila Negra. estuve sentado varias veces en algún banco. perseguido por el diablo. Del otro 32 . -Naturalmente que te permito -dijo-. me es imposible ir a casa. en el cabello una flor marchita. humo. volví a seguir correteando. aun cuando ya nada estaba en condiciones de seducirme. a la hora ya muy avanzada de la noche y por un suburbio extraviado y para mí casi desconocido. en un guardacantón. en parte vestida pobremente. sonriendo. Me quedé en el primer salón. en la sala de baile.El lobo estepario Hermann Hesse ahogaba dando vueltas. traté de reflexionar. me quedé mirando fijamente a los itinerarios pegados en las paredes. mañana y todos los días habría de tener ante mí de nuevo a la desesperación. en amplios círculos estuve dando vueltas en torno a mi vivienda. aun cuando estuviera corriendo todavía horas enteras: al regreso hasta mi puerta. en el borde de alguna fuente. fui apretado contra una mesa cerca del mostrador. tenía un horrible miedo a la muerte. con un ligero vestidito de baile. quería vivir. se hizo un poco a un lado y me dejó sitio. Nunca como en esta hora me parece que me había hecho tanto daño el mero tener que vivir. se divisaban también figuras elegantes. oía palpitar el corazón. Por eso.

entonces pude verla claramente: la cara pálida bien perfilada. por delante de la oreja. y no ha servido de nada. lisa y serena. Quizás. -¡Oh! -exclamé-.. ¿de dónde sabe usted esto? -No tiene arte. ¿De modo que no sabes bailar? ¿Ni siquiera un onestep? Y al propio tiempo aseguras que la vida te ha costado sabe Dios cuánto trabajo. Ven. -Tú facilitas a una el camino. No. Dios lo sabe. Y luego vas a bailar un shimmy conmigo. ¿Ve usted cómo no todo es tan sencillo como usted se figura? La hermosa muchacha sonrió con sus labios rojos como la sangre y movió la cabeza atusada y peinada a lo garçon. ¿Qué vamos a beber? ¿Borgoña? Me limpió las gafas.cómo yo tenía razón? Nada me molesta más que no poder ejecutar una orden de usted. Usted lo sabe todo. El que se pasa mucho tiempo prescindiendo de ello. Si eso fuera tan sencillo. 33 . no es posible que veas nada. no tenemos necesidad de hablar de ello. y a tu edad ya no está bien. sólo sabía que era algo de la lejana juventud. pero aquélla era morena y con el pelo oscuro. el bucle derecho. Pero vivir es mucho. Vamos a apostar a que hace mucho tiempo desde la última vez que tuviste que obedecer a alguien. y esto me causaba admiración. Ahorcarse es tal vez difícil. Eso es una trola. es demasiado terrible. Y ella era para conmigo precisamente como en este momento me convenía que fuera. Pidió un bocadillo y me ordenó que lo comiera. No. desde luego será porque tenga motivo. No puedo bailar un shimmy. ¿No es verdad que a mí vas a obedecerme tú con mucho gusto? -Con muchísimo. Pero tú lo sabes también. Por algo se empieza. con la boca pintada de rojo desangre. has comido. y entonces no tiene que ocuparse más que de la vida. -Despacio -gritó ella-. límpiate primero las gafas. Así. a ése ya no le importa nada. pidió vino. y tan burlonamente como necesitaba también. dame tu pañuelo. No hay nada más sencillo. Pero ésta no puedo cumplirla. la frente. amigo. has bebido.. de la época de niño. Le haces a una fácil el trabajo. En casa me espera algo. entonces si se ahorca uno.El lobo estepario Hermann Hesse lado tronaba la música. Sí. ¿ no es eso? ¡ Pamplinas! O uno se ahorca. usted ha ganado la apuesta. brindó conmigo y al propio tiempo miró hacia el suelo a mis zapatos. grises claros. pudiera yo decirte también qué es lo que en tu casa te espera y de lo cual tienes tanto miedo. bueno. los ojos. -¿Ve usted -dije animado. Me echó vino y me mandó también beber un trago. Ahora vamos y limpiamos tus pantalones y tus zapatos. Dije que si y que no. se me antojó que se parecía a Rosa Kreisler. la primera muchacha de la que yo me había enamorado siendo un mozalbete. ¿Por qué es por lo que no puedes volver a tu casa? -No puedo. -Eres bueno -dijo tratando de animarme-. Obedecer es como comer y beber. se cuidó de mí. ni una polca y como se llamen todas esas cosas. pues hasta ahora había evitado siempre a esta clase de muchachas y las había mirado más bien con desconfianza. -Sí. si ni siquiera quieres bailar? -Si es que no sé. Yo me he ocupado bastante de la vid a. No he aprendido nunca. Me gustaba mucho. Te has limpiado las gafas. ¡Dios sabe lo difícil que es! -Ya verás cómo es sumamente fácil. Luego alabó mi docilidad... O vive uno. -Entonces déjalo estar y quédate aquí. no lo sé. lo necesitan. delante del mostrador las camareras gritaban con precipitación sus pedidos. nunca en mi vida he aprendido a bailar. y así ha sido siempre conmigo desde aquella hora! Me trataba con tanto cuidado como yo necesitaba. vamos por partes. amigo. realmente no sabía yo a quién me recordaba esta extraña muchacha. Así no se viene a un baile. -Quédate aquí -me dijo con una voz que me hizo bien-. -¡Dios mío! ¿De dónde vienes? Parece como si hubieras llegado a pie desde París. muchísimo más difícil. Al mirarla. reí un poco. no puedo. ni un vals. Pero. ¡ Oh. pero no muy de prisa. la dejé hablar. Bondadosa y un poco burlona. ¿cómo puedes decir que te ha costado tanto trabajo la vida.

Harry. ¿No es eso? -Fueron mis padres -me justifiqué-. a eso no hay derecho. ¿O no? ¡ Ah! ¿Ves? Pero no has podido disponer del poquito de tiempo y de dinero para unas cuantas clases de baile. he viajado. Me pidió otra vez un bocadillo.. vamos! Si tú por obediencia tan sólo no has querido aprender a bailar en tu juventud. no era moda entre nosotros.. todo menos bailar. no. no me vengas con historias. Pero no me hicieron aprender a bailar. vamos. justo como un profesor. Apuesto a que has estado diez o doce años en el colegio y además has estudiado en alguna otra parte y hasta tienes el título de doctor y sabes chino o español. le puso un poco de mostaza. mis padres mismos no bailaron nunca.. ya no estoy acostumbrado a estar sentado así con la gente y charlar. ni siquiera una amiga? -No tengo mujer ya. y en casa de este profesor había allí sobre la mesa un cuadro. Era muy bueno obedecer a alguien. Pero después.El lobo estepario Hermann Hesse Ella se echó a reír. he leído libros. la veo de tarde en tarde. ¡Qué vas a estar loco. ¿No has tenido tiempo? ¿No has tenido ganas? Bueno... 34 . -¡Vaya ideas raras que tienes de la vida! De modo que has hecho siempre cosas difíciles y complicadas y las más sencillas ni las has aprendido. Del baile no digo nada más. está bien. estamos divorciados. en casa de un profesor -yo por mi parte no lo soy-. Eres un muchacho y deberías tener a alguien que se ocupara un poco de ti. Ellos me hicieron aprender latín y griego y todas esas cosas. Bueno. -¡Ah. -Harry -¿Harry? ¡Un nombre de muchacho! Y un muchacho eres realmente. que has andado correteando por el mundo como un alma en pena? ¿Te has arruinado? ¿Has perdido en el juego? Verdaderamente era difícil decirlo. -¿Cómo te llamas? -me preguntó de repente. le echó un poco de sal. Ella siseó un poco por lo bajo.. Ven. vamos. -Verá usted -empecé-. no nos llevamos muy bien. -Anda ya.. he olvidado esto. que me puso de mal humor. Una amiga sí tengo. a pesar de las manchas grises en el pelo. hubiese perdido mucho.. Ha sido en realidad una futesa. Comí. Hubiese hecho todo lo que me hubiera mandado. ¡Pero cómo vas peinado! ¿Es que no tienes mujer. le mandara y le riñera. Ya sé que estoy loco. Entré ya en la casa con la sensación de que no iba a salir bien la cosa. Pero no. Me miró fría y despreciativa. Se me antoja que eres prudente de un modo estúpido. ya que ninguna para a tu lado. Yo estaba convidado. se cortó un trocito para sí misma y me mandó comer. y en verdad no hubiera debido ir. ya no lo sé yo mismo! He estudiado. pero no vive aquí. estar sentado junto a alguien que lo interrogara a uno. -¿Qué cuadro era ése? ¿Por qué te puso de mal humor? -me interrumpió ella.. y cuentas y probablemente también latín y francés y toda clase de cosas de esta naturaleza. dices? ¡Ah. -Pero a leer y a escribir sí has aprendido. -Parece que has de ser un caballero bien difícil. he escrito libros. -No me riña usted -supliqué-. Pero hacer como si hubieses gustado la vida por completo sin encontrar nada en ella. Gracias a Dios no soy tu madre. Después sigues hablando. necio. Si el profesor o su mujer hubiesen hecho esto hace un par de horas. Aunque no creo que entonces fueras un muchacho modelo. van a tener la culpa tus padres! ¿Les has preguntado también si esta noche podías venir al Aguila Negra? ¿Lo has hecho? ¿Que se han muerto hace mucho tiempo. Pero dime ahora: ¿qué pasaba esta noche tan extraordinario. señor profesor! Lo que me resultas es demasiado cuerdo. Cuando colgué mi sombrero pensé que acaso muy pronto tendría que volver a necesitarlo. por mí. ¿qué has estado haciendo luego tantos años? -¡Ah -confesé-. se me habría ahorrado mucho. estaba bien así. hecho música. cómete ahora otro panecillo. y de nuevo vi en su cara algo que me hizo recordar la época de mi primera juventud.

porque eso no le gusta a Harry. voy a decirte una cosa. ¿no es eso? Pero el pintor. a decir verdad. ya lo creo. y luego que tuve que pensar -pensé o sentí sobre poco más o menos esto-: aquí estoy sentado con personas a las que considero mis iguales y de las que yo pienso que también ellos han de amar a Goethe como yo y se habrán forjado de él un retrato semejante al que yo me he forjado. Cuando una muchacha te llama de tú y no te es antipática. les tiraría su Goethe a la cara. niñito. quería ir a casa. El borgoña se bebe despacio. Ella me dio a beber un vaso de vino. y tú sigues diciéndome a mide usted. Sigamos. y en realidad nadie. Pero a ti hay que decírtelo todo. Resulta que Goethe se murió hace cien años y Harry lo quiere mucho y se ha hecho una maravillosa idea de él y del aspecto que tendría. Harry. No sé si comprende usted esto. como casi todos los profesores. -Oh. sí-supliqué complacido-. Pero entretanto iba viendo yo por instantes qué hermosa y joven era. -¡Oh. Por lo demás. y por mí pueden hacerlo si quieren. y este retrato me exasperó y me fue horrorosamente antipático. y ahora. no quieres saber cómo me llamo yo. naturalmente.. Bueno. Me trataba. me lo preguntas de nuevo. siempre lo más complicado posible. ése no tiene derecho. Siempre latín y griego. -Bueno. no lo tolera. ¿Ves? Ya has aprendido algo nuevo. soy contrario a la guerra. da lo mismo. eres un espíritu infantil sin igual. como una verdadera madre. y vi que estaba solo y que nadie me entendía. que también siente su entusiasmo por Goethe y se ha forjado de él una imagen. ¿Comprende usted? -Es bien fácil de comprender. -¿Qué he de decirte yo? -Todo lo que usted quiera. y a esto tiene Harry perfecto derecho. No deje de decírmelo todo. y ahora resulta que tienen ahí de pie este retrato sin gusto. casi me das lástima. porque tiene que vociferar y echar a correr. Pero allí no estaba como en realidad era. -Puedo comprenderlo muy bien.El lobo estepario Hermann Hesse -Sí. con la mejor fe. con mucho gusto querría saberlo! . Tú.¡Es tarde. -Pero allí no te hubieras encontrado a la mamá que consolara o reprendiera al hijo incauto. falseado y dulzón y lo encuentran magnífico y no se dan cuenta de que el espíritu de este cuadro es precisamente lo contrario del espíritu de Goethe. en verdad. Y segundo: desde hace media hora sé que te llamas Harry. Está bien.. Claro que yo no hubiese tenido necesidad de mirar el retrato. no lo sabe nadie con exactitud. un gran patriota y ayudó bravamente durante la guerra a engañar al pueblo. quiero mucho. Al hacer ademán de levantarse. He comprendido muy bien tu historia. amigo! Cuando nos volvamos a ver. es éste. ¡Siga! -Ya antes había estado en desacuerdo con el profesor. voy a bailar. pues. entonces debes llamarla de tú a ella también. y entonces volvería todo a ser como antes había sido. -Vamos a ver -empezó ella de nuevo-. Lo sé porque te lo he preguntado.. Sino que cualquier pintor moderno había representado allí a Goethe tan almibarado y peinadito como él se lo había figurado. tuve miedo de que se fuera y me dejara solo. empecé a lanzar improperios y eché a correr. Aguarda. en efecto. Me puse. Y verdaderamente me pareció comprenderlo así. toda amistad con ellas y todo sentimiento de afinidad y de solidaridad. Hallan maravilloso el retrato. Bueno. ¿Y luego? ¿Les tiraste el retrato a la cabeza? -No. Desde hace una hora estás oyendo que yo te hablo de tú. en cambio. furioso y triste. Hoy no te lo digo ya. era un retrato que representaba a Goethe. se deprimió profundamente mi ánimo.. se va corriendo a su casa y quiere ahorcarse. Su mirada era severa y reprensiva como de una aya de sesenta anos. Harry. -Desde luego que no habías tenido ninguna necesidad. Me hace reír. da mucho calor si no. la amistad no era grande tampoco. murió hace cien años. Yo. a quien yo. ¿sabe usted?. Si fuese prudente se reina sencillamente del pintor y del profesor. Es una historia cómica. Si fuese un loco. al poeta Goethe. no bebas tan de prisa. pero para mí se acabó de una vez toda confianza en estas personas. -Pero en primer lugar me molestaba por el propio Goethe. 35 . y el profesor tampoco. no se preocupe. Claro que esto. en cambio. Pero como no es más que un niño pequeño. pero.

caras extrañas. ¡Dormir en esta feria. pero no estés mucho tiempo por ahí. no había sido anunciado a Matthisson. yo me la imaginaba maravillosa. en efecto. Obediente. Voy a decirte una cosa: cierra los ojos y duerme un poco. sino como corresponsal de una revista. No se vaya usted. . algazara y griterío por doquiera. «Cierra los ojos». pensé también ser presagio de algo agradable. vaya una idea que tienes de mi sueño. musical. sin embargo. Miré en torno mío. una gran placa de condecoración sobre su pecho clásico. su vestido rozó mi rodilla. se presenta otra vez de pronto y quema como el fuego. Ah. algo profunda. Me la había figurado más alta. al lado la música de baile. en lugar de a Goethe. occidental. Era bueno obedecer a esta voz. que seguía constantemente recibiendo audiencias y controlando el mundo desde su museo de Weimar. ¿A quién? No podía acordarme. De nuevo volvió a recordarme a alguien. que acababa de hacerse visible y había intentado gatear por mi pierna arriba. ¡Oh. pero no sabía dónde se había metido después y no osaba echar mano a ninguna parte. me hizo sonreír la idea de dormir en este lugar. al salir se miró en un pequeñísimo espejo redondo de bolsillo. cerveza derramada sobre las mesas de mármol. decidí ir a la puerta del salón y echar una mirada furtiva por el baile -tenía que ver bailar a mi bella muchacha-. Le hice sitio y salió. me saludó con un rápido movimiento de 36 . contra el cual tuve de pronto toda clase de escrúpulos y censuras. cerré los ojos. moví los pies debajo del asiento y hasta entonces no sentí cuán tremendamente cansado estaba del ambular errante horas enteras. entre los tarros de cerveza con sus tapaderas ruidosas! Bebí un sorbo de vino. Claro que puedes bailar cuanto quieras. No te vayas. acaso no fuera tan grave. media hora. suplicante-. fiel a la orden maternal. aquí sentado. Había dicho que me durmiera. me parecía muy posible que tuviera alguna relación con Molly. Dios! ¿Había podido yo olvidar lo que estaba aguardándome? ¿Es que había cambiado alguna cosa? -¡Alto! -grité. que fuera una especie de mensajero suyo o su escudo de armas. pero en realidad no sentía ganas de fumar. Aún parecía que estaba gobernando. ¿No se llamaría acaso Vulpius el animal heráldico? Pero en aquel instante abrió un criado la puerta.El lobo estepario Hermann Hesse Como un dolor de muelas. y me quedé sentado. era esbelta. en el sueño confundía con Bürger. dormí ávido y agradecido y soñé. levantó las cejas. pero no alta. esto me molestaba mucho y no podía comprender qué diablo me había colocado en esta situación. ¡Si no hubiera estado yo allí sentado por encargo de aquella maldita redacción! Mi mal humor por esto aumentaba en cada instante y se fue trasladando poco a poco también a Goethe. pues le atribuía las poesías a Molly. aun cuando peligroso y escondido quizá cerca de mí. eso es lo que necesitas. Se levantó riendo. Por otra parte me hubiera sido muy a propósito un encuentro con Molly. desaparecido por un instante. así se me presentaron al punto otra vez el miedo y el terror. Pues apenas me hubo visto. dejé el cigarro delante de mí sobre la mesa. Yo estaba sentado y esperaba en una antesala pasada de moda. me levanté y entré. luego me di cuenta de que era el señor Goethe. soñé más clara y agradablemente que había soñado desde hacia mucho tiempo. vuelve pronto. esta voz buena. pero puedo tardar un rato. y tenía. se pasó por la barbilla una minúscula borla de polvos y desapareció en el salón de baile. oí zumbar a mi alrededor cien ruidos violentos. busqué las cerillas. apoyé la cabeza en la mano. Dios sabe de dónde tenía la muchacha esta voz. No estaba tampoco seguro de sí por equivocación. Y entonces me dormí en efecto. buena niña. hombres fumando. pequeño y muy tiesecillo. por quien había de ser recibido. en cambio. o acaso una entera. una voz maternal.¿Vuelves? -Vuelvo. ¡Podía resultar bonita la audiencia! El escorpión. Soñé. Yo me había defendido desde luego del pequeño y negro animalejo y me había sacudido. un bonito y peligroso animal heráldico de la feminidad y del pecado. Además me inquietaba un escorpión. ya lo había experimentado. saqué del bolsillo un cigarro. que es más tímido que una gacela. En un principio sólo sabía que había sido anunciado a un excelentísimo señor. me había dicho. Allí estaba el viejo Goethe. blanda. al cual. Desgraciadamente no estaba yo allí del todo como particular.

y. desde luego. la desconfianza de la vida humana: la grandiosidad del momento y su miserable marchitarse. ensalza nuestros sentimientos. Esta es la insinceridad que le echamos en cara. que en el fondo usted sólo lograba momificar. la imposibilidad de corresponder a una elevada sublimidad del sentimiento de otro modo que con la cárcel de lo cotidiano. lo mismo en usted que en Kleist y en Beethoven. sin embargo. sino que predica optimismo y fe. el afán absoluto y terco de querer vivir es el estimulo por el cual han actuado y han 37 . en efecto. ya lo sé! . no está de acuerdo ni con el señor de Kleist ni con el señor Beethoven. en efecto. continuó: -La Flauta encantada representa a la vida como un canto delicioso. me consumió siempre un gran deseo de perdurabilidad. pues me acordé de pronto de la poesía «Bajó de arriba la tarde» y de que este hombre y esta boca eran de donde habían salido las palabras de aquella poesía. Pero el placer que yo en ello tuve. la falta de horizontes y de comprensión y la desesperación agobiante de la naturaleza humana. Cantó sus divinas melodías. demasiado vanidoso y presumido y demasiado poco sincero. No se dio nunca tanta importancia.. el escribir y conservar cartas y toda su dilatada existencia en Weimar fuera. que son perecederos. como todos los grandes espíritus. empecé a sudar por la frente. -El haber llegado yo a los ochenta y dos años puede que sea. ha fingido a sí mismo y a los demás una perdurabilidad y un sentido a nuestros esfuerzos espirituales.. Usted ha rechazado y oprimido a los que profesan una profundidad de pensamiento y a las voces de la desesperada verdad. para mi asombro.El lobo estepario Hermann Hesse cabeza. siempre temí y combatí a la muerte. todo este terrible flotar en el vacío y en la incertidumbre. Creo que la lucha contra la muerte. con toda su vida ha predicado lo contrario. fue sin duda menor de lo que usted puede imaginarse. que es para mí lo más excelso del mundo! Pero Mozart no llegó a los ochenta y dos años. Durante decenios enteros ha actuado como si el amontonamiento de ciencia y de colecciones. En realidad ya en aquel momento estaba yo totalmente desarmado y aplanado. . Me faltaba el aliento. Luego. imperdonable. Pensativo. ¡Sabe Dios por qué se le ha ocurrido a usted La Flauta encantada. para espiritualizar a la naturaleza. en la miseria y mal conocido. me palpitó el corazón de repente.¡Ya lo sé. Tiene usted razón. y me dejó helado su mirada de ministro-. me miró el viejo consejero a los ojos. El hombre chiquitín. a lo incompleto. Pero me mantuve firme y oí de su boca sonriente estas palabras: ¡Ah! ¿Entonces ustedes me acusan de insinceridad? ¡Vaya qué palabras! ¿No querría usted explicarse un poco mejor? Lo estaba deseando: -Usted. como algo eterno y divino. a lo eternamente en ensayo y diletantesco. y en su vida privada no tuvo estas pretensiones de perdurabilidad. Pero Goethe me dijo con mucha amabilidad. anciano. conformes con usted. movió la severa cabeza un poco hacia adelante. Mil cosas se hubieran podido decir en diez palabras. un camino para eternizar el momento. señor de Goethe. a la que sólo conseguía estilizar en caricatura. y con el mayor gusto me hubiera arrodillado ante él. Todo esto lo ha conocido usted y alguna vez se ha declarado partidario de ello. y habló solemnemente: ¿De modo que vosotros la gente joven estáis bien poco conformes con nosotros y con nuestros afanes? -Exactamente -dije. ha expresado fe y optimismo. excelencia. Nosotros la gente joven no estamos. y al distenderse en una pequeña sonrisa su boca dura y plegada a la manera oficial y al animarse de un modo encantador. lo mismo que un viejo cuervo. Esto acaso sea lo esencial: demasiado poco sincero. Usted nos resulta demasiado solemne. viejo señor. fue pobre y se murió pronto. la aspiración ardiente hacia el reino del espíritu que está en eterna lucha a muerte con el amor también ardiente y también santo a la perdida inocencia de la naturaleza. orden y almidonada majestad que usted.grité furioso-. su boca seguía sonriendo. ha conocido y ha sentido perfectamente el problema. me preguntó: «¿Entonces La Flauta encantada de Mozart le tiene que ser a usted sin duda profundamente desagradable?» Y antes de que yo pudiera protestar. en suma. este estar condenado a lo efímero.

bailoteaba para arriba y para abajo. Y el aire en torno nuestro estaba lleno ahora por completo de toda suerte de melodías. impecable y reluciente. y dije a Goethe: «Diga usted. en la mesa del restaurante. y hacía salir a la prímula de su estrella como un cohete. se fue con él y volvió a poco. A nosotros los inmortales no nos gusta que se nos tome en serio. nunca lo hubiera creído posible. parecía como si precisamente hubiese querido y provocado esta profunda inquietud. se produce. sonreía de un modo tremendo. esta brusca lucha de deseo y temor. es más. y esto parecía proporcionarle un gran placer. ¿no está Molly ahí?» Goethe soltó una carcajada. La bella muchacha estaba ante mí. esto por lo menos quiero revelártelo. alegre y ágil. se había vuelto otra vez enteramente viejo. habían desaparecido la tiesura y la violenta majestad del rostro. de Schubert. hube de pensar que este hombre por lo menos no había omitido aprender a bailar. mucha curiosidad y afán de juego. su boca ya enteramente infantil y me susurró quedo al oído: Hijo mío. no se les puede tomar en serio. y su marchito rostro de anciano reía tranquila y calladamente. Por si pudiera servir para mi justificación. con una mano sobre mi hombro. me vio echarme atrás con espanto ante él. Me tuvo el encantador escorpioncillo delante de la cara. mi joven amigo. Fue a su mesa. como ves: la eternidad es un instante. lo he demostrado a los ochenta y dos años de modo tan concluyente como si hubiera muerto siendo niño. pareció que el minúsculo juguete se movía con una pequeña contracción. Cuando desperté. y lo miré lleno de enojo. En la eternidad. En aquel momento se me representó otra vez el escorpión. sólo más tarde volví a darme cuenta de él. Al otro lado he hecho algún consumo. o mejor dicho. sin embargo. y el Llenas el bosque y el valle. puso su boca muy cerca de mi oreja. Molly. Lo hacía maravillosamente. y se me ocurrió de repente la sospecha de que éste podía ser el escorpión. había olvidado el sueño. de un modo impetuoso. oí claramente la Violeta. que ya se han muerto. por dentro. viejísimo. sacó un precioso estuche de piel o de terciopelo.El lobo estepario Hermann Hesse vivido todos los hombres sobresalientes. Mientras daba sus pasos y figuras de baile. me vio desearlo con ansiedad. no hay tiempo. o la iba escondiendo hasta hacerla desaparecer. Que al final hay. Me molestaba que el anciano quisiera sustraerse a mis preguntas y a mis quejas de una manera tan bromista. lo suficiente largo para una broma. lo abrió y me lo puso delante de los ojos. -Dame dos o tres marcos -dijo-. ya no se podía hablar una palabra en serio con aquel hombre. y la placa sobre su pecho estaba formada sólo por flores campestres. con el cabello blanco como la nieve. sin embargo. terminando en punta en los más deliciosos dedos. en medio de la música y de la algarabía. como si fuera su hermano. También yo estimé demasiado en mis días el valor del tiempo. milenario. alegre y plena. un poco doblada por la rodilla. una minúscula pierna de mujer. se produce por una hipertensión del tiempo. Había dormido seguramente como cosa de una hora. una pierna encantadora. es cosa del tiempo. que morir. aún habría que añadir una cosa: en mi naturaleza ha habido mucho de infantil. mucho placer en perder el tiempo. En efecto. Entonces se inclinó un poco hacia adelante. tomas demasiado en serio al viejo Goethe. Allí estaba sobre el oscuro terciopelo. Le di mi portamonedas. A los viejos. pero al ir a tocarla con los dedos. en cambio. Su figura se había agrandado. Y la cara de Goethe era ahora rosada y joven. abrió un cajón. y he tenido que necesitar un poco más hasta comprender que era ya hora de dar por terminado el juego. de Mozart. nos gusta la broma. y reía y se parecía ya a Mozart ya a Schubert. joven. con el pie estirado hacia abajo. pequeña. con el insondable humorismo de los viejos. por eso quería llegar a los cien años. una prímula amarilla se destacaba en el centro. Alargué la mano queriendo coger la pequeña pierna que me enamoraba. de toda clase de canciones de Goethe. Goethe pareció comprenderlo. eso sería no hacerles justicia. Claro. retorciéndose de risa. esto. 38 . Mientras se burlaba de mí con la linda cosita peligrosa. La seriedad. Al decir esto.

¿Conoces el «Odeón»? A partir de media noche. además. quédate aquí. -¡Oh. el dinero. -¿No hay tiempo? ¿Es que se necesita tiempo para eso? -Oh. el tiempo. Se te ha adelantado uno. una mano en perfecta armonía con su voz. Adiós. pequeño Harry. se reía burlona. oye. ¿Quieres que te pida una? Me pareció bien y le pregunté dónde podría volver a verla. vamos. pero lo he sido ya una vez y volveré a serlo. Que no tenía más que buscarla un poco y ya la encontraría. sillones. y pienso: ¡Ah! ¿Para qué ha vivido y sufrido tan tremendamente. Lo digo solamente para demostrarte que puedo entretenerte. así me pasa a mí algunas veces con los santos. que también mi imagen del Redentor o de San Francisco es hechura humana y no alcanza al original. -Comprendo. pues? -inquirí de prisa. no. De ellos veo algunas veces cuadros. luego tengo que irme: tengo una cita. Vosotros los sabios y artistas tenéis toda clase de cosas raras dentro de la cabeza. mejor dicho. que al propio Redentor mi imagen suya habría de resultarle tan necia y tan insuficiente como a mí aquellas imitaciones dulzonas. en eso tienes razón. y los puedo sufrir tan poco como tú a aquel cuadro de Goethe. ya lo creo. Hay habitaciones para forasteros. pero sois 39 . pensé que no me dejarías solo! -Para eso habrías tenido que ser tú el que me hubieras convidado. ¿qué era eso de los santos? -Si. y también del Redentor y de la Virgen. con eso ahorras algo. No hay tiempo para ser devota. a propósito de Goethe. tus historias! ¿Aún no has terminado con Goethe? (En este momento se me presentó nuevamente el sueño de Goethe. linda y plena. No contaba con esto. toma todavía un trago. -¿No me permites que te invite? -¿Adónde? -Adonde te plazca y cuando quieras.) Pero si verdaderamente no quieres ir a tu casa. inteligente y bondadosa. que no has podido soportar su retrato. Prométemelo. Te lo acabas de beber y te vas luego bonitamente a casa y duermes. El martes. sólo champaña. ¡No te preocupes más! Ven. el «Bar Odeón» y todas estas cosas. -¿Con quién. ¿Dónde vivía? Esto no me lo dijo. he aceptado y tengo que ir. para ser devoto se necesita tiempo. San Francisco y otros. -No. No te digo esto para darte la razón en tu mal humor y furia contra el retrato de Goethe. aún tenemos vino en la botella. por desgracia. -¿Con los santos? ¿Eres tan devota? -No. a casa no puedo ir. Pero. una palabra es una palabra. tomarla en serio. Cuando veo uno de estos Redentores o San Franciscos dulzones y necios y me doy cuenta de que otras personas hallan bellos y edificantes estos cuadros. -Bien. ¿no nos hemos hecho amigos? Déjate invitar adonde tú quieras. Me ha invitado al «Bar Odeón». No puedes ser seriamente devoto y a la vez vivir en la realidad y. lo mismo que te ha pasado a ti con Goethe. cuadros hipócritas. Nada. a cenar en el «Viejo Franciscano». -Eso está muy bien por tu parte. Cuando le besé la mano. ahora puedo estarme sentada contigo todavía un ratito. -¡Ah -dije suplicante-. en el primer piso. Mira. falsos y condenados. te lo ruego. deja que yo te invite! Me pareció que esto se sobreentendía. hay algunos santos a los que quiero especialmente: San Esteban. orquesta de negros. -¡Ah. Me asusté. -Con un caballero. se necesita algo mas: independencia del tiempo.El lobo estepario Hermann Hesse -Bueno. entonces siento como una ofensa del verdadero Redentor. Y todavía en el último momento se volvió de nuevo hacia mí y dijo: -Aún tengo que decirte una cosa. y ahora fue cuando me fijé en esta mano. a pesar de esto. si a la gente le basta de él un estúpido cuadro así? Pero yo sé. Pero mira. Me dio la mano. muy distinguido. no soy devota.

con interés. ¡y ahora. a veces se me antoja que soy en ella como un cuerpo extraño. y también nosotros tenemos nuestros sueños y nuestros juegos en el magín. Saludé y quise pasar de largo. Al volver a mi casa. Y por eso he querido hacerte ver que no necesitas esforzarte. he dormido en un hotel. yo sólo me burlo de mí mismo! -Precisamente eso no debería usted hacerlo. que entre el mundo a mi alrededor se había roto un velo. por una vieja escalera siniestra. acaso pudiera volver a ser un hombre. En mi casa no debe usted sentirse como cuerpo extraño. ni nos ha molestado menos que usted. Usted viva como le plazca y haga lo que quiera. a la que yo rara vez me echaba a la cara. mejor dicho. Acaso pudiera vivir de nuevo. y hube de reírme también-. sin peinar y sin afeitar. me sirvieron té. Hubiera dado cualquier cosa por una camisa de dormir. me encontré con la «tía». pero ninguno era más tranquilo. beber. me había demostrado amabilidad. hube de pagar por anticipado lo que él llamó precio de la cama. esta noche ni siquiera ha deshecho usted la cama. Otras veces respetaba ella siempre mi afán de quedarme solo y de pasar inadvertido. y cuando oyó que no había ninguno. lleno de cansancio. dormir. Pronto una puerta abierta. El encuentro no me fue muy agradable. adormecida de frío y casi yerta. Sonrió y se quedó parada. sino que tenía hermanos y que alguien me entendía. otra vez cosas que me importaban algo. en las que podía pensar con alegría. una persona viva que rompe la turbia campana de cristal de mi aislamiento y me alarga la mano. con el recuerdo de algo horroroso del día anterior en la cabeza.. una mano cálida. ¿quiere usted una taza de té? No me opuse. Yo te entiendo ya. y ponía 40 . Al menos había agua y una pequeña toalla. además una corona marchita. -¡No se burle usted. Habían dado las diez cuando desperté. tenias que esforzarte por hacer comprensibles tus cosas ideales a una muchacha tan sencilla. Mi consideración para con la tranquilidad y respetabilidad de su casa es grande. y a mí me condujo un anciano camarero al segundo piso. Y la maravillosa amiga me había referido también cosas de los santos y me había demostrado que hasta en mis más raras extravagancias no estaba yo solo e incomprendido y no era una excepción enfermiza. pero cuya amable manera de ser me complacía mucho. -Ha estado usted de diversión. Era magnífico que hubiera venido hasta mí en sueños. Goethe estaba conmigo. con preocupación. señor Haller. Porque observé. Y ahora. En su salón. «Una palabra es una palabra... aleteaba soñolienta con débiles alas minúsculas. se había reído de mí y me había llamado joven y tonto. Allí había una miserable cama de madera. primero me preguntó por el equipaje.» Y así volví a dormirme. se había derrumbado una barrera. punto! Te está esperando la cama. de estas y las otras cosas de mi vida y de mis pensamientos. cinco horas. realmente sin preguntarlo. dormí cuatro. En la escalera. De repente. mi casera. Y esta maravillosa muchacha. lleno de esperanzas y de buenos pensamientos. de la fiesta de alguna Asociación. a una habitación de arriba y me dejó solo. y charlamos un poco. deshecho. Mi alma.El lobo estepario Hermann Hesse hombres como los demás. «Bueno. con Goethe estaba yo ahora en orden. pero hoy parecía. señor Haller! -¡Oh. en efecto. Se fue. He tenido ya muchos inquilinos muy respetables. por la cual la vida entraba hacia mí. como que yo estaba en estado un poco lastimoso y con las huellas de haber trasnochado. Bueno. joyas de respetabilidad. dejé la luz encendida y tuve tiempo de meditar. con el traje arrugado. ¿Volvería a verla? Sí. Luego me llevó. ¡Estará usted muy cansado! -Sí -dije. señor sabio. la amable señora se enteró.. pero animado. Esta noche ha sido un poco animada. con los hermosos cuadros y muebles de los abuelos. y de la pared colgaba un sable y un retrato en colores de Garibaldi. Una muchacha me había hecho comer. ya no sentí nada del miedo que este regreso había tenido ayer para mí. era de fiar. pude lavarme y me eché en la cama vestido. volvía a respirar. ¡Si yo hubiese sabido al menos su nombre! De pronto un ser humano. que te apurabas un poquito al ir a contarme tu historia de Goethe. seguramente. pequeña y dura. buena y hermosa. más arriba de la araucaria. y como no quería turbar las costumbres de su casa.

Veía ante mí a este tipo. Para el martes por la noche había invitado a la hermosa y admirable muchacha del «Aguila Negra». Hablamos de esto. tenía tan plena conciencia de él. lo esperaba todo de ella. adorando de rodillas al dios de la técnica. se me había hecho clara. arrebatado por la idea de la transmisión sin hilos. y que nosotros seguramente un buen día. sino que todo lo que alguna vez haya existido quede de igual modo registrado por completo y existente. y los diálogos sobre religión no le son desagradables. ella. entonces veía claramente lo que pasaba por mí. Lo principal de aquella idea antigua. el camino de la liberación. además daba igual. No necesitaba más que imaginarme que quebrantaría nuestra cita. me envolvería de nuevo la quietud totalmente horripilante y el aniquilamiento. Ella era la pequeña ventanita. para que al contacto de la vida floreciera o se deshiciese en cenizas. oiremos hablar al rey Salomón y a Walter von der Vogelweide. temía a la muerte con una resistencia tan tenaz. Y cuando por fin llegó el martes. a este animal 41 . como si yo hubiera sido el hombre de más salud del mundo y mi vida un paraíso. verbigracia. de todo ello estaba ya supersaturado. sólo servirá al hombre para huir de sí mismo y de su fin y para revestirse de una red cada vez más espesa de distracción y de inútil estar ocupado. no había perdido nada de su horror. la importancia de mi relación con la muchacha desconocida. Y que todo esto. Esto era precisamente lo terrible. tan decidida y terca. Pero yo dije estas cosas. Era la redención. con o sin hilos. y no habría otra salida de este infierno callado más que la navaja de afeitar. y la tía sonreía. que después de millares de años había conseguido descubrir y representar. la linda bailarina del «Aguila Negra». yo sentía un miedo profundo y angustioso del corte a través de mi garganta. Ella tenía que enseñarme a vivir o enseñarme a morir. la irrealidad del tiempo no ha sido observada aún por la técnica. como por ejemplo se puede oír en Francfort o en Zurich la música de París o de Berlín. pero al fin será «descubierta» naturalmente también y se les vendrá a las manos a los laboriosos ingenieros. que no sólo nos rodean constantemente las imágenes y los sucesos actuales. para mí corrientes. entonces se quedaría para mí el mundo otra vez vacío. del momento. me hallaba dispuesto a sacrificarle todo y ponérselo todo a los pies. por qué razones misteriosas había adquirido para mí esta profunda significación. Y la navaja de afeitar no se me había hecho más agradable en este par de días. Me daba cuenta de mi estado con una claridad completa y absoluta y reconocía que la insoportable tensión entre no poder vivir y no poder morir era lo que daba importancia a la desconocida. tan firme. no con el tono acostumbrado de irritación y de sarcasmo contra la época y contra la técnica. yo no tenía el menor interés en saberlo. y no me costó poco trabajo pasar el tiempo hasta entonces. hasta darme miedo. ni meditar nada. tomamos té y estábamos contentos. y estuvimos así sentados con seguridad una hora. sin estar enamorado de ella en lo más mínimo. sobre esto no me era posible reflexionar. tenía que tocar mi corazón entumecido. sino en broma y jugando. de dónde le venía la magia. o que pudiera olvidarla. Sólo pensaba en ella. lo mismo que hoy los primeros pasos de la radio. También se habló de su sobrino. Le dije que la omnipresencia de todas las fuerzas y acciones era bien conocida de los antiguos indios y que la técnica no había hecho sino traer a la conciencia general un trozo pequeño de esta realidad. un aparato de radio. y me enseñó en la habitación de al lado su último trabajo hecho en una tarde de fiesta. aunque muy imperfectamente.El lobo estepario Hermann Hesse atención con esa mezcla de respeto y de indulgencia maternal que tienen las mujeres inteligentes para las complicaciones de los hombres. Se descubrirá acaso ya muy pronto. en que me daba cuenta tan exactamente de mi propio estado. cosas que cualquier pensador ha sabido de siempre y ha utilizado con mayor inteligencia. volvería a ser un día tan gris y sin valor como otro. con o sin ruidos perturbadores. un receptor y un transmisor al principio todavía terriblemente imperfectos. precisamente estaban para mí el tormento y la vergüenza más agudos y mortificantes. construyendo para ello. para las ondas sonoras. Ya no me importaba en absoluto saber nada. Allí se sentaba el aplicado joven por las noches y armaba una de estas máquinas. el minúsculo agujero luminoso en mi sombría cueva de angustia. con su mano segura y bonita. De dónde ella sacaba estas fuerzas. pues la tía tiene un poco de inclinación a la religiosidad.

y. que para ti no había nada más agradable que obedecerme. el milagro se había realizado de que yo hubiera encontrado una persona y un interés en la vida. si. sin embargo. fuera cualquiera el modo de haber llegado a esta relación conmigo. y nuevo fue para mi. ¿no es verdad?. maravilloso fue correr de un lado para otro este día entero. ¡Momento inolvidable cuando la vi de nuevo! Yo estaba sentado en una pequeña mesa del viejo y confortable restaurante. y había colocado en la copa para el agua dos hermosas orquídeas que había comprado para mi amiga. sólo en un par de días? -Naturalmente. aún no has aprendido a bailar? -¿Se puede hacer eso tan de prisa. Aun cuando durante aquellos dos días de espera no dudé un instante de que mi amiga cumpliría su palabra. la conversación. y no sabías bien qué elegir. no faltaban las distancias. estudiaba la lista. que yo me entregase a esta atracción. no dejé de estar el último día muy agitado e incierto. pero el tango no te hace falta. ¡y lo sostengo! Era en serio. y ahora eres casi otra vez una persona. imaginarme por anticipado el encuentro. 42 . de miedo y de violencia y expectante ansiedad. camisa nueva. cómo colgaba enredado e indefenso de la tela. tengo que saber tu nombre. el desencantado. pero me sentía seguro de su llegada y ya no estaba excitado. jamás en toda mi vida he esperado con mayor impaciencia la noche de ningún día. ¡cómo te has transformado! Ya no te conoce una. Fuese quien quisiera esta muchachita inteligente y misteriosa. Desconfiado. afeitarme con este fin y vestirme (con cuidado especial. Yo vivo de los hombres. Importante era sólo que esto continuara. -Ahora. por lo que suspiraba tan desesperadamente. gracias a Dios no había familiaridad. Por otra parte. ella estaba allí. me era igual. hermoso sobre toda ponderación. Bueno. sin embargo. por fin. no quiero dejar de decirte en seguida: no quiero que me regales nada. Tú querías hacerme un regalo. al fin. Tuve que esperar un gran rato. el fox puedes aprenderlo en una hora. sacudimiento e impulso. la mecánica me era transparente. él era intachablemente correcto. Y llegó. cómo la araña estaba preparada para picar.El lobo estepario Hermann Hesse de lobo estepario. pero de ti no quiero vivir. ¿has cumplido mi mandato? -¿Qué mandato? -¿Tan olvidadizo? Me refiero a que si sabes ya bailar el fox-trot. Pero. No. Y conforme se me iba haciendo insoportable la tensión y la impaciencia. Cuando le di las orquídeas. Hubiese podido decir las más prudentes y atinadas cosas acerca de las relaciones y causas de mi sufrimiento. son bien caras. el boston en dos. Me dijiste que no deseabas cosa mejor que recibir órdenes mías. los sucesos de la noche. de mi embrujamiento y neurosis. Pero lo que más me hacía falta. cómo surgió a la misma distancia la mano salvadora. el tango requiere más tiempo. que desde hacía mucho tiempo no había aguardado nada. me puse a observar cómo se conducía con ella el camarero. y has comprado orquídeas. se conocían. me producía al mismo tiempo un maravilloso bienestar. un rato. esto no son más que unas flores. decisión. como una mosca en las redes. Harry. cordones nuevos en los zapatos). -Es muy bonito por tu parte. corbata nueva. Me miró. ¿Te acuerdas? -Oh. El otro día parecía como si acabaran de librarte de la horca. mesa que sin necesidad había mandado reservar previamente por teléfono. de la enfermedad de mi alma. ella lo llamaba Emilio. siguiera a esta estrella. no era saber y comprender. no sabías así con seguridad hasta qué punto estabas realmente autorizado para hacerme un obsequio sin ofenderme. no se había alegrado por nada. -¿Y. lleno de inquietud. sino vida. y notaba cómo su sino lo empujaba a la decisión. se quedó parada en el guardarropa y me saludó sencillamente con una atenta e investigadora mirada de sus claros ojos grises. silenciosa. Y. se puso contenta y río. sin embargo.

llena de grave seriedad. sabe Dios por que. Por eso te hablé y por eso nos hemos hecho amigos. de pronto toda esta cara no expresaba ya sino circunspección y sentido trágico. bajo una fuerte presión del alma. ¡ah!. cual si fuesen saliendo a la fuerza las palabras. al mirar en este momento fijamente su rostro. Y al tomarme un minuto de tiempo.. elogió con ardor la comida. no olvides lo que me has dicho. Y si uno de estos pájaros vuelve a encontrar así de pronto una cara que lo mira verdaderamente y en la que nota algo como respuesta y afinidad. nos pusimos a comer. dijo: -Tú. que para ti sería una alegría obedecer todas mis órdenes. sin embargo. y viceversa. Ahora estuvo un rato contenta. y eso es bueno. tú eres tan completa y absolutamente diferente a mí. hasta el punto de que yo no podía seguirla y traté de tranquilizarla y de desviaría. que mi cara te da respuesta. que se llamaba Armando. una densa nube de seriedad. ¿Cuál habrá de ser tu última orden para mí? Sin embargo. sin inmutarse ni descomponerse en absoluto. era como un niño extraordinario. éste se consume porque yo le dé órdenes. como si mirara de los ojos vacíos de una máscara. -Quién sabe. Y al final habrás de cumplir mi última orden también. -Tú lo sabes todo. todo eso lo has hecho tú mismo! ¿No comprendes. En aquel momento llegó la sopa. que en efecto me era como un espejo mágico. 43 . No lo olvides. Ella se desentendió con una contracción de las cejas. sólo que esté disfrazado -dijo ella juguetona. tienes todo lo que a mí me falta. Y ahora cruzó por su rostro. Y. Lentamente. yo la presentía ya. quizá lo sea. empezó la cara a hablarme y a recordar mi propia infancia y a mi compañero de entonces. y ya no les importa nada de nada. pero aún hubo de criticar muchas cosas en mi exterior. Por un momento me pareció ella completamente transformada en aquel Armando. te será un placer obedecerías. que algo dentro de mí sale a tu encuentro y te inspira confianza. se burló de mí con el fox-trot. tuve que darle la razón. -¿Te llamas Armanda? Asintió radiante. observó que había puesto yo gran cuidado en mi indumentaria. Armanda -exclamé asombrado-. órdenes agradables. entonces experimenta naturalmente un placer.. hasta me dio con los pies. amigo. sin fondo. lo más delicioso y particular era ver cómo podía pasar completamente de pronto de la más profunda seriedad a la jovialidad más encantadora. Entretanto. exactamente lo mismo me pasa también a mí contigo. ahora? Sí. Cuando el otro día te vi entrar en el «Aguila Negra». me miró imperativa y continuó con una voz de entera frialdad: -Has de cumplir tu palabra. le pregunté: -¿Cómo te las has arreglado para parecer de pronto un muchacho y que yo pudiera adivinar tu nombre? -¡Oh. señor erudito. Has de saber. y ella derrochó una infantil alegría. Fíjate un momento y mírame bien. -Así te lo parece -dijo lacónicamente-. -La cumpliré -dije medio inconsciente-. -Si fueses un muchacho -le dije con asombro. Me sería muy agradable que lo adivinaras.El lobo estepario Hermann Hesse -Tal vez puedas adivinarlo. tan cansado y ausente y ya casi fuera de este mundo. porque en mi interior hay algo que responde a tu ser y te comprende? En realidad todos los hombres debían ser espejos así los unos para los otros y responder y corresponderse mutuamente de esta manera. Y he de hacerlo. Harry. De todo lo que en ella me gustaba y me encantaba. De este modo habló ella. pero los pájaros como tú son todos personas extrañas y caen con facilidad en un encantamiento que les impide ver y leer nada en los ojos de los demás. ¿No has observado todavía que yo alguna vez tengo cara de muchacho? ¿Por ejemplo. pequeño Harry.tendrías que llamarte Armando. entonces presentí al punto: éste ha de obedecerme. porque yo lo hubiera adivinado. que yo te gusto y represento algo para ti. órdenes deliciosas. que lo mismo que a ti te pasa conmigo. o ha de pesarte. Recibirás muchas órdenes mías y las acatarás. era una cara de muchacho. Es exactamente tal como estás diciendo. Eres mi polo opuesto. Has dicho que yo te mande.

Pero te necesito. estos ojos parecían haber sufrido ya todo el dolor imaginable y haber dicho amén a todo. pero enamorado de mí no lo estás. en tanto que los ojos aún continuaron un momento inmóviles y fascinados. de eso me doy cuenta. te he recogido precisamente ante la puerta del infierno y te he despertado de nuevo. Tú me necesitas actualmente. y sin embargo. Una parte de mi alma aspiraba sus palabras y las creía. sin embargo. y ya no me asustó con él «me matarás». para aprender a vivir. de allí. y ello será bueno para ti y para mí. era para mí todo sin verdadera realidad ni para tomarlo en serio. íntimo afán de placer. de momento. y de pronto se pintó en sus labios una sonrisa encantadora. que sólo rara vez se hacía visible. Esto es todo. No preguntes nada. fue libertándose de la tensión y el peso. su rostro perdió la violencia. Luego sacudió la cabeza con el pequeño mechón varonil. también te necesito a ti.El lobo estepario Hermann Hesse Ella se estremeció como bajo los efectos de un ligero escalofrío y parecía que lentamente despertaba de su letargo. algo así como se habla cuando a uno le ha paralizado la cara un frío terrible. en las comisuras de la boca. y tú obedecerás. -Yo te gusto -continuó ella-. y quiero enseñarte mis cartas boca arriba antes de que empecemos a jugar. antes de que ella la expresara. ¡Qué hermosa era su cara. Harry. sana y segura. Lleno de angustia estaba escuchándola. Apenas hubo resonado su última palabra. volvió a darse cuenta de pronto de que estábamos comiendo y cayó con alegre apetito sobre los manjares. de poder hacer que los hombres se enamoren de mí. de ese rincón de la frente con el bucle irradiaba de cuando en cuando como hálito de vida aquella ola de parecido a un muchacho. lo olvidarás otra vez. otra parte de mi alma asentía bondadosa y comprendiendo que esta Armanda tan inteligente. cuando decía esto! En los ojos flotaba serena y fría una tristeza de hielo. -Sería prudente en mí no decírtelo. escucha. Yo había escuchado con toda claridad palabra a palabra su siniestro discurso. más que dulce y juguetona sensualidad. Harry. Cumplirás mi mandato y me matarás. en contraposición con la mirada y con la voz. como que vivo de eso. y tú me estás agradecido. tan poco enamorada como tú de mí. llegando hasta a adivinar su «última orden». Atiende. de magia hermafrodita. tenía por lo visto también sus fantasías y sus estados crepusculares. como tú me necesitas. esto pertenece a mi profesión. se extendió por toda la escena un velo de irrealidad y de ineficiencia. bebió un trago de agua. Me necesitas para aprender a bailar. -No te ha de ser cosa fácil. pero lo harás. En la frente callada y serena pendía un corto bucle. como aturdido. Pero quiero de ti más. te hará llorar. como presente sólo a medias. Te gusto mucho. yo no podía dar el salto a lo probable y real con la misma ligereza equilibrista que Armanda. Sus ojos no se apartaban de mí. qué supraterrena. Como un capullo que se abre. mucho más. Yo. déjame hablar. con sus fibras verdosas. no fluía. No estoy enamorada de ti. Pero no quiero ser prudente. 44 . no hoy. para algo muy importante y hermoso. por el motivo que ya te he dicho: he roto tu soledad. Pero entre los labios. No. Te daré mi última orden cuando estés enamorado de mí. para aprender a reír. inclinó su rostro un momento sobre ella y estuvo mirando fijamente la flor. Atiende. y. De todos modos. esta vez no. más adelante. Pero entérate bien: no hago esto porque te encuentre francamente encantador. hermanito. Con los ojos fijos aún en la orquídea. no me contradigas. a pesar de la terrible severidad con que había hablado. Quiero hacer que te enamores de mí. La boca hablaba con dificultad y como impedida. porque estás desesperado y te hace falta un impulso que te eche al agua y te vuelva a reanimar. De pronto se puso aún más sombría. en cambio. en el jugueteo de la punta de la lengua. Quiero precisamente todo lo contrario. lo aceptaba y no me defendía contra ello. pequeño. Voy a jugar contigo a vida o muerte. Todo lo que iba diciendo me sonaba convincente y fatal. se quedó callada. Levantó un poco en la copa una de las orquídeas de color violeta oscuro. te reirás de ello. Yo voy a hacer que lo estés. Lo oirás.

entonces eres verdaderamente un pobre diablo. -Se llama Tractat del lobo estepario. . sé amable y pídeme todavía un poco de ensalada. No pude resistirme a empezar en seguida. -Armanda -dije-: el otro día me sucedió algo maravilloso. esto es un muslito de pato. no me parecía posible tener nunca ya un secreto para ella. de conversación y de fantasía. y se hacían objeto de alegría y de crítica. soñando en voz baja. éste estaba por encima de todo y no le importaba nada la vida. Ahora estaba comiendo. mientras ella volvía a su risa y trinchaba con afán su ración de ave. con tanta gravedad y tan terriblemente. todos mis otros problemas personales. que parecía saber de la vida más que todos los sabios. Cuando un plato era retirado. ¿Me has entendido? ¿No? eres un borrego. es magnífico! ¿ Y el lobo estepario eres tú? ¿Eso eres tú? -Sí. Atiende. Podía ocurrir que ella acaso no hubiese comprendido del todo mi vida espiritual. tú. nunca calculable de antemano. en esto era Armanda como la vida misma: siempre momento. Esta mujer. pero también esto era muy dudoso. ¿qué quedaba ya de mi «vida espiritual»? ¿No había saltado todo en astillas y no había perdido su sentido? Todo lo demás que me importaba. y allí estaba descrita con exactitud toda mi historia y todo lo que me importa. Así. como de paso-. con un arte que me convirtió desde luego en su discípulo. de tantas y tantas cosas que hasta entonces sólo habían existido para mí y de las cuales nunca había hablado una palabra con persona humana. de expectación y de gratitud como un enamorado cuando ayuda a su amada por primera vez a quitarse el corpiño. ¿Tú no tienes apetito? Voy creyendo que has de empezar por aprender todo lo que en los demás hombres se sobreentiende por sí mismo. o que al menos se lo figura así. se entregaba sencillamente al momento de tal suerte. en mis relaciones con la música. Oh. Y aunque así fuera. lobo estepario. que me había penetrado tan perfectamente. es hora de comer. voy a darte un trocito de este bello muslo de pato.El lobo estepario Hermann Hesse -¿De manera que un día he de matarte? -pregunté. Cada vez más irreal iba haciéndose la anterior escena. Pero si para divertirte necesitas el permiso de los demás. la tarta y el licor se tomaban en serio. del tratado. Esta Armanda. con su buen apetito. No. quien vivía de este modo tan actual y sabía estimar tan cuidadosa y amablemente toda flor pequeña del camino. Pronto hablaría con ella del lobo estepario. pues. Quien sabía vivir de esta manera el momento. se dedicaba a ser niña. Yo soy un ente. todo minúsculo valor sin importancia del instante. para comprobar que no lo ven coger un bocado de mi tenedor! No tengas cuidado. Un desconocido me dio un pequeño librito impreso. entonces es una delicia. soy yo. sabía todo lo mío. a la que hoy veía yo por segunda vez. también a todo fugitivo y negro horror de lejanas profundidades del alma y lo gustaba hasta el fin. no mas. y cuando uno desprende del hueso la magnífica carne blanca. Di. lo mismo que a toda ocurrencia placentera. cada vez más increíble que estos ojos hubiesen podido mirar tan desencajados y fijos hace aún pocos minutos. algo así como un cuaderno de feria. y uno se siente tan lleno de apetito. al pequeño juego de la vida del momento. ya verás. empezaba un nuevo capítulo. ¿era al propio tiempo una soñadora y una histérica que se deseaba la muerte. Y esta alegre criatura. hijo perdido. con su buen gusto retozón. probablemente tampoco le costaría trabajo. 45 . con Goethe. o una despierta calculadora que. Y lo mismo da que fuese todo ello alta sabiduría o sencillísima candidez. éstos sí había de comprenderlos. Harry. que es medio hombre y medio lobo. que estaba abierta por entero.¡Oh. y el muslo de pato y la ensalada. conscientemente y con toda frialdad quería enamorarme y hacerme su esclavo? Esto no podía ser. -Naturalmente -asintió ella. ¡Abre la boca! ¡Qué estúpido eres! Pues no ha tenido que mirar a hurtadillas a los demás comensales. en ello no tenía yo duda. Mira. no te pondré en evidencia. con Novalis o Baudelaire no podría acaso seguirme. ¿no es asombroso? -¿Y cómo se llama el librito? -preguntó indiferente. hasta la alegría de comer. basta ya de eso.

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Ella no respondió. Me miró a los ojos con atención investigadora, miró mis manos, y por un momento volvió a su mirada y a su rostro la profunda seriedad y el velo sombrío de antes. Creí adivinar sus pensamientos, a saber, si yo sería bastante lobo para poder ejecutar su «última orden». -Eso es naturalmente una figuración tuya -dijo ella, volviendo a la jovialidad-; o si quieres, una fantasía. Algo hay, sin embargo, indudablemente. Hoy no eres lobo, pero el otro día, cuando entraste en el salón, como caído de la luna, entonces no dejabas de ser un pedazo de bestia, precisamente esto me gustó. Se interrumpió por algo que se le había ocurrido de pronto, y dijo con amargura: -Suena esto tan mal, una palabra de esta clase como bestia o bruto. No se debería hablar así de los animales. Es verdad que a veces son terribles, pero desde luego son mucho más justos que los hombres. -¿«Qué es eso de «justo»? ¿Qué quieres decir con eso? -Bueno, observa un animal cualquiera: un gato, un pájaro, o uno de los hermosos ejemplares en el Parque Zoológico: un puma o una jirafa. Verás que todos son justos, que ni siquiera un solo animal está violento o no sabe lo que ha de hacer y cómo ha de conducirse. No quieren adularte, no pretenden imponérsete. No hay comedia. Son como son, como la piedra y las flores o como las estrellas en el cielo. ¿Me comprendes? Comprendía. -Por lo general, los animales son tristes -continuó-. Y cuando un hombre está muy triste, no porque tenga dolor de muelas o haya perdido dinero, sino porque alguna vez por un momento se da cuenta de cómo es todo, cómo es la vida entera y está justamente triste, entonces se parece siempre un poco a un animal; entonces tiene un aspecto de tristeza, pero es más justo y más hermoso que nunca. Así es, y ese aspecto tenias, lobo estepario, cuando te vi por primera vez. -Bien, Armanda, ¿y qué piensas tú de aquel libro en el que yo estoy descrito? -Ah, sabes, yo no estoy en todo momento para pensar. En otra ocasión hablaremos de esto. Puedes dármelo alguna vez para que lo lea. O no, si yo algún día hubiera de volver a leer, entonces dame uno de los libros que tú mismo has escrito. Pidió café y un rato estuvo inatenta y distraída, luego, de repente, brillaron sus ojos y pareció haber llegado a un término con sus cavilaciones. -Ya está -exclamó-, ya lo tengo. -¿El qué? -Lo del fox-trot, todo el tiempo he estado pensando en ello. Dime: ¿tú tienes una habitación, en la que alguna que otra vez nosotros dos pudiéramos bailar una hora? Aunque sea pequeña, no importa; lo único que hace falta es que precisamente debajo no viva alguien que suba y escandalice porque resuene un poco sobre su cabeza. Bien, muy bien. Entonces puedes aprender a bailar en tu propia casa. -Sí -dije tímidamente-; tanto mejor. Pero creía que para eso se necesitaba además música. -Naturalmente que se necesita. Verás, la música te la vas a comprar, cuesta a lo sumo lo que un curso de baile con una profesora. La profesora te la ahorras; la pongo yo misma. Así tenemos música siempre que queramos, y, además, nos queda el gramófono. -¿El gramófono? - ¡Naturalmente! Compras un pequeño aparato de esos y un par de discos de baile... -Magnífico -exclamé-, y si consigues en efecto enseñarme a bailar, recibes luego el gramófono como honorarios. ¿Hecho? Dije esto muy convencido, pero no me salía del corazón. En mi cuartito de trabajo, con los libros, no podía imaginarme un aparato de éstos, que no me son nada simpáticos, y hasta al mismo baile había mucho que oponer. Así, cuando hubiera ocasión, había pensado que se podía acaso probar alguna vez, aun cuando estaba convencido de que era ya demasiado viejo y duro y de que no lograría aprender. Pero así, de buenas a primeras, me resultaba muy atropellado y muy violento, y notaba que dentro de mí hacía oposición todo lo que yo tenía que echar en cara como viejo y

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delicado conocedor de música a los gramófonos, al jazz y a toda la moderna música de baile. Que ahora en mi cuarto, junto a Novalis y a Jean Paul, en la celda de mis pensamientos, en mi refugio, habían de resonar piezas de moda de bailes americanos y que además, a sus sones, había yo de bailar, era realmente más de lo que un hombre tenía derecho a exigir de mí. Pero es el caso que no era «un hombre» el que lo exigía: era Armanda, y ésta no tenía más que ordenar. Yo, obedecer. Naturalmente que obedecí. Nos encontramos a la tarde siguiente en un café. Armanda estaba allí sentada ya cuando llegué; tomaba té y me enseñó sonriendo un periódico en el que había descubierto mi nombre. Era uno de los libelos reaccionarios de mi tierra, en los que de cuando en cuando iban dando la vuelta violentos artículos difamatorios contra mí. Yo fui durante la guerra enemigo de ésta, y después, cuando se presentó ocasión, prediqué tranquilidad, paciencia, humanidad y autocrítica y combatí la instigación nacionalista que cada día se iba haciendo más aguda, más necia y más descarada. Allí había otra vez un ataque de éstos, mal escrito, a medias compuesto por el redactor mismo, a medias plagiado de los muchos artículos parecidos de la Prensa de su propio sector. Es sabido que nadie escribe tan mal como los defensores de ideologías que envejecen, que nadie ejerce su oficio con menos pulcritud y cuidado. Armanda había leído el artículo y había sabido por él que Harry Haller era un ser nocivo y un socio sin patria, y que naturalmente a la patria no le podía ir sino muy mal en tanto fueran tolerados estos hombres y estas teorías, y se educara a la juventud en ideas sentimentales de humanidad, en lugar de despertar el afán de venganza guerrera contra el enemigo histórico. -¿Eres tú éste? -preguntó Armanda señalando mi nombre-. Pues te has proporcionado serios adversarios, Harry... ¿Te molesta esto? Leí algunas líneas; era lo de siempre: cada una de estas frases difamatorias estereotipadas me era conocida hasta la saciedad desde hace años. -No -dije-; no me molesta; estoy acostumbrado a ello hace muchísimo tiempo. Un par de veces he expresado la opinión de que todo pueblo y hasta todo hombre aislado, en vez de soñar con mentidas «responsabilidades» políticas, debía reflexionar dentro de sí, hasta qué punto él mismo, por errores, negligencias y malos hábitos, tiene parte también en la guerra y en todos los demás males del mundo; éste acaso sea el único camino de evitar la próxima guerra. Esto no me lo perdonan, pues es natural que ellos mismos se crean perfectamente inocentes: el káiser, los generales, los grandes industriales, los políticos, nadie tiene que echarse en cara lo más mínimo, nadie tiene ninguna clase de culpa. Se diría que todo estaba magníficamente en el mundo..., sólo yacen dentro de la tierra una docena de millones de hombres asesinados. Y mira, Armanda, aun cuando estos artículos difamatorios ya no puedan molestarme, alguna vez no dejan de entristecerme. Dos tercios de mis compatriotas leen esta clase de periódicos, leen todas las mañanas y todas las noches estos ecos, son trabajados, exhortados, excitados, los van haciendo descontentos y malvados, y el objetivo y fin de todo esto es la guerra otra vez, la guerra próxima que se acerca, que será aún más horrorosa que lo ha sido esta última. Todo esto es claro y sencillo; todo hombre podría comprenderlo, podría llegar a la misma conclusión con una sola hora de meditación. Pero ninguno quiere eso, ninguno quiere evitar la guerra próxima, ninguno quiere ahorrarse así mismo y a sus hijos la próxima matanza de millones de seres, si no puede tenerlo más barato. Meditar una hora, entrar un rato dentro de sí e inquirir hasta qué punto tiene uno parte y es corresponsable en el desorden y en la maldad del mundo; mira, eso no lo quiere nadie. Y así seguirá todo, y la próxima guerra se prepara con ardor día tras día por muchos miles de hombres. Esto, desde que lo sé, me ha paralizado y me ha llevado a la desesperación, ya que no hay para mí «patria» ni ideales, todo eso no es más que escenario para los señores que preparan la próxima carnicería. No sirve para nada pensar, ni decir, ni escribir nada humano, no tiene sentido dar vueltas a buenas ideas dentro de la cabeza; para dos o tres hombres que hacen esto, hay día por día

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miles de periódicos, revistas, discursos, sesiones públicas y secretas, que aspiran a lo contrario y lo consiguen. Armanda había escuchado con interés. -Sí -dijo al fin-, tienes razón. Es evidente que volverá a haber guerra, no hace falta leer periódicos para saberlo. Por ello es natural que esté uno triste; pero esto no tiene valor alguno. Es exactamente lo mismo que si estuviéramos tristes porque, a pesar de todo lo que hagamos en contra, un día indefectiblemente hayamos de tener que morir. La lucha contra la muerte, querido Harry, es siempre una cosa hermosa, noble, digna y sublime; por tanto, también la lucha contra la guerra. Pero no deja de ser en todo caso una quijotada sin esperanza. - Quizá sea verdad - exclamé violento-, pero con tales verdades como la de que todos tenemos que morir en plazo breve y, por tanto, que todo es igual y nada merece la pena, con esto se hace uno la vida superficial y tonta. ¿Es que hemos de prescindir de todo, de renunciar a todo espíritu, a todo afán, a toda humanidad, dejar que siga triunfando la ambición y el dinero y aguardar la próxima movilización tomando un vaso de cerveza? Extraordinaria fue la mirada que me dirigió Armanda, una mirada llena de complacencia, de burla y picardía y de camaradería comprensiva, y al mismo tiempo tan llena de gravedad, de ciencia y de seriedad insondable. -Eso no lo harás -dijo maternalmente-. Tu vida no ha de ser superficial y tonta, porque sepas que tu lucha ha de ser estéril. Es mucho más superficial, Harry, que luches por algo bueno e ideal y creas que has de conseguirlo. ¿ Es que los ideales están ahí para que los alcancemos? ¿Vivimos nosotros los hombres para suprimir la muerte? No; vivimos para temerla, y luego, para amarla, y precisamente por ella se enciende el poquito de vida alguna vez de modo tan bello durante una hora. Eres un niño, Harry. Sé dócil ahora y vente conmigo, tenemos hoy mucho que hacer. Hoy no he de volver a ocuparme de la guerra y de los periódicos. ¿Y tú? ¡ Oh, no! También yo estaba dispuesto a no preocuparme de nada. Fuimos juntos -era nuestro primer paseo común por la ciudad- a una tienda de música y vimos gramófonos, los abrimos y cerramos, hicimos que tocasen algunos, y cuando hubimos encontrado uno de ellos muy apropiado y bonito y barato, quise comprarlo, pero Armanda no había terminado tan pronto. Me contuvo y hube de buscar con ella todavía una segunda tienda y ver y oír allí también todos los sistemas y tamaños, desde el más barato al más caro, y sólo entonces estuvo ella conforme en volver a la primera tienda y comprar el aparato que nos había gustado. -¿Ves? -dije-. Esto lo hubiésemos podido hacer de modo más sencillo. -¿Dices? Y entonces acaso hubiésemos visto mañana el mismo aparato expuesto en otro escaparate veinte francos más barato. Y, además, que el comprar divierte, y lo que divierte, hay que saborearlo. Tú tienes que aprender todavía muchas cosas. Con un criado llevamos nuestra compra a mi casa. Armanda observó atentamente mi gabinete, elogió la estufa y el diván, probó las sillas, cogió libros en la mano, se quedó parada bastante rato ante la fotografía de mi querida. Pusimos el gramófono sobre la cómoda, entre montones de libros. Y luego empezó mi aprendizaje. Ella hizo tocar un fox-trot, dio sola, para que yo los viera, los primeros pasos, me cogió la mano y empezó a llevarme. Yo marchaba obediente, tropezaba con las sillas, oía sus órdenes, no las entendía, le pisaba los pies y me mostraba tan inhábil como aplicado. Después de la segunda pieza se tiró sobre el diván, riendo como un niño. -¡Dios mío, pareces de palo! Anda sencillamente, de modo natural, como si fueras de paseo. No es necesario que te esfuerces. Hasta creo que te has acalorado. Vamos a descansar cinco minutos. Mira, bailar, cuando se sabe, es tan sencillo como pensar y de aprender es mucho más fácil. Ahora comprenderás un poco mejor por qué los hombres no quieren acostumbrarse a pensar, sino que prefieran llamar al señor Haller un traidor a la patria y esperar tranquilamente la próxima guerra.

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Ya me lo había figurado yo hace mucho tiempo. No. más bien espirituales. no celos de amor. traté de invitarla a una botella de vino bueno. el cual. al que desprecio tan profundamente en este mundo rutinario y pulido de las mesitas de mármol. le presenté pastas. sin saber todavía absolutamente nada. con la rubia melena corta y vigorosa y con los brazos plenos y femeninos. pues de amor no existía absolutamente nada entre Armanda y yo. En el hotel Balances al otro día tocaba una pequeña orquesta. se tomaba té y whisky. Yo pensaba de otra manera y estaba muy desilusionado por mi inhabilidad y torpeza. que estaba precisamente cerca de nosotros y daba una impresión encantadora con su bonito vestido de terciopelo. del que he huido hasta ahora con tanto cuidado.¡Si al menos fuera un buen mozo joven y guapo! Pero un pobre hombre endurecido y viejo. que me es tan extraño y repulsivo. de origen español o sudamericano. pero permaneció inexorable. me riñó. asegurándome que la próxima vez habría de resultar mejor. Aquella noche estuve sentado en casa queriendo leer y no pude. se reina de mí. me asustó terriblemente y me defendí con calor. que ella mostraba por él. pues. Y confieso que me reí de mí mismo y me avergoncé en mi interior. en la próxima vez fue la cosa. que tocaba alternativamente.. Entonces apareció Armanda de nuevo y se mostró descontenta conmigo. sino que tenía que mostrarme allí entre extraños como bailarín. que no conocía a nadie? Eso no hacía falta tampoco. en efecto. -¡Pero si no puedo! -decía yo en toda mi desgracia. mientras que sus ojos negros y relucientes estudiaban atentos y alegres a los bailarines. Con toda tranquilidad me recordó mi voto de obediencia y me citó para el día siguiente al té en el hotel Balances. en mi callado cuarto de estudio. que ni siquiera sabe bailar. tenía ante sí dos saxofones de diferente tamaño. pero cuando sacó de esto la consecuencia de que al día siguiente tenía que ir a bailar a un restaurante. escuché la música. en esta clase no había aprendido absolutamente nada. cuando solo. inocencia.El lobo estepario Hermann Hesse Al cabo de una hora se fue. que ser introducido aquí y sentirme en mi elemento. Tuve que bailar con ella dos o tres veces. Es clase de baile. tímido y sensible solitario. alegres y seguras. Yo me defendía desesperado. no sólo había de visitar uno de esos modernos y antipáticos salones de té y de baile con música de jazz.. de la música de jazz. yo tenía ahora que darme un impulso y bailar. Pero mira. Luego fue Armanda solicitada una y otra vez para bailar. 49 . Tenía miedo al día próximo. a las que con admiración y envidia había ido siguiendo con la vista. cómo bailaban elásticas. Para mi propio asombro. ahora tengo. me quedé sentado solo ante el té. Yo no estaba aquí. sorbí mi té y miré fijamente a la multitud pseudoelegante. A lo que me parecía. sabía tocar todos los instrumentos y hablar todos los idiomas del mundo. un hombre moreno. sentí contra este bello músico inofensivo algo como celos. Armanda insistió en que yo fuera inmediatamente y la solicitara. mejor. una especie de música que yo hasta entonces no había podido aguantar. y no creía que otra vez hubiera de ir mejor. no me parecía tan justamente digno del interés y de la distinción sorprendente. joven y bello. Voy a tener que hacer aquí conocimientos raros. para bailar había que tener condiciones que me faltaban por completo: alegría. di cuerda al aparato y lo puse en marcha y despacio y en zapatillas repetí los pasos de mi fox. pensé descorazonado. viejo. y al final de la clase afirmó Armanda que el fox-trot lo sabía yo ya. las dos buenas bailarinas. para poner esta cara y estar sentado junto a la mesa de té sin moverme. y en un intermedio me presentó al que tocaba el saxofón. -Tú no estás aquí hoy por gusto. y hasta empezó a divertirme. Este «señor» parecía ser muy conocido y amigo de Armanda. Intenté sobornar a Armanda. pero unos celos de amistad. ¿Cómo. puede decirse veneración. hermosas. ¡Santo Dios. la más hermosa. impulso. como ella dijo. pensé. de las cocotas y de los viajantes de comercio! Entristecido. ¿No había muchachas allí que me gustaran? Le mostré una de aquellas dos. ligereza. Dos bellas muchachas atrajeron mis miradas. me era terrible la idea de que yo. en este mundo de los juerguistas y los hombres dedicados a los placeres.

lindo y gracioso. Arriesga. sólo palabras como perdón. Bailaba maravillosamente. confieso. Era lindo. llevar los cuellos y corbatas de última moda y también muchas sortijas en los dedos. y yo me dejé llevar. y mientras que yo. Su ocupación era tocar el saxofón en la orquesta del jazz. que efectivamente sabía en varias lenguas. gracias a Dios. y probablemente le era enteramente desconocido que antes y además del jazz había habido alguna otra clase de música. y cuando acabó la música. y en el peor de los casos deja que se ría de ti. Esa es la entrada. y me miró llena de curiosidad con sus grandes ojos frescos-. emprendía algo así como una justificación teórico-musical del jazz. sonreímos. las rodillas raudas y flexibles de mi danzarina. hermoso de estatura y de cara. Cuando hubo terminado el baile. ho. ningunos problemas. Su conversación consistía en estar sentado con nosotros. ho. y dentro de tres semanas hay baile de máscaras en los salones del Globo. me levanté y me dirigí a la bella muchacha. nos quedamos los dos parados y aplaudimos hasta que la pieza volvió a repetirse.El lobo estepario Hermann Hesse Armanda me miró despreciativa. También aquello de los muchos idiomas le resultaba una futesa. en aquel primer encuentro no acababa de gustarme en absoluto este señor. Bueno. No. nos habíamos sentado y entonces acudió también el lindo y joven señor Pablo. el del saxofón. bravo! El fox ya lo sabes. mirar a su reloj de pulsera y liar cigarrillos. gracias. Pero por lo demás no estaba evidentemente en el mundo más que para ser bello. Había un intermedio. sentía las caderas apretadas. y tampoco parecía pensar precisamente mucho este lindo «caballero». seguía entusiasmado los movimientos de sus piernas. Yo apretaba la mano derecha por encima de su talle. en el preciso momento en que volvía a empezar la música. Harry. desde luego. no con palabras. demasiado pronto. nos saludó con la cabeza y se sentó junto a Armanda. de sus brazos. de sus hombros: para mi admiración no le pisé los pies ni una vez siquiera. como «¡hooo. se retiró la hermosa muchacha de terciopelo. y yo ejecuté otra vez el rito. pero otras prendas no pude descubrir en él. si no. de maneras agradables y nada más. admirado todavía de que no me hubiera despedido de su lado. sino con callados movimientos expresivos. 50 . en lo que era muy diestro. ¿Has descubierto que las piernas de mujer no son patas de una mesa? ¡Bien. lleno de afán. iba nadando sencillamente. -Y si yo me río de ti ¿no te importa entonces? ¡Qué cobarde eres! El ridículo lo aventura todo el que se acerca a una muchacha. Lleno de angustia. Me pareció ser muy buen amigo suyo. se acabó mi fe en tu obediencia. notó pronto cómo andaba yo en esto del baile y se apoderó de la dirección. Ella sonreía y me animaba y contestaba a mis miradas de éxtasis y a mis frases lisonjeras de un modo maravillosamente insinuante. alguna vez salía aplaudiendo de pronto durante el número o se permitía otras expresiones de entusiasmo. enamorado y con devoción. soltaba algunas palabras cantadas en voz alta. Sus ojos de criollo. no hablaba nada el «señor» Pablo. ciertamente. Pero mi pareja parece quedarse allá arriba en el bar. y a esta ocupación parecía entregado con cariño y apasionamiento. no podía negarse. no hablaba absolutamente nada. gustar a las mujeres. por momentos olvidaba todos mis deberes y reglas de baile. por cortesía hacia él. -Realmente no estoy libre -dijo. le miraba la cara joven y radiante. que nos había estado mirando. ningunas ideas. o más verdaderamente hacia Armanda. mañana la emprenderemos con el boston. Hablé con él de su instrumento y de tonalidades en la música de jazz. halo!». haló y otras por el estilo. se sonreía inofensivo de mí y de mis esfuerzos. Hermoso era. que nos aproximaban de un modo encantador. Pero a mí. Pero él no abordaba en modo alguno estas cuestiones. le confesé que bailaba hoy por primera vez en mi vida. y de repente hallé junto a mí a Armanda. ¡venga usted! La cogí por el talle y di los primeros pasos. visto desde cerca era el bello semidiós exótico un joven alegre y un tanto consentido. No cedía. -¿Vas notando algo? -preguntó en son de alabanza-. sus negros bucles no ocultaban ningún romanticismo. bellos y oscuros. en efecto. él no pudo por menos de darse cuenta de que tenía que habérselas con un viejo catador y conocedor de cosas musicales.

Harry. del que te he hablado. Armanda? ¡Dímelo! -Porque yo soy como tú. Armando. ¿O no quieres bailar más? También con ella bailé ahora más fácil. eres una artista de la vida. -¡Tú. -Lo sé -dijo ella después. después de aquella conversación. pobre hombre. ¿ Por qué crees tú. Primero. Yo he de hacer desde luego todavía que te enamores de mi. a pesar de todo. acaso. Y. pues. también su baile cantaba delicada e íntimamente la atrayente canción deliciosa del sexo. y también en ella encontré y sentí ahora todas aquellas delicias que unas veces venían a mi encuentro y otras se me alejaban. saliendo de tu tormento y de tu soledad. muchacha! En todo me comprendes y te me adelantas. sí. Tú te las arreglas con la vida jugando. en el arte. Te comprendo. y tú me enseñas tus ideas y algo de tu ciencia. amigo mío. -Así no me gusta oírte. eres para mí un enigma. le dijo acerca de mi que ella debía tener mucho cuidado con este hombre. no podía olvidarme y entregarme por completo. Armanda me estaba demasiado cerca. ¡Qué persona tan extraordinaria eres. lo somos. algo para ti? ¿No te resulto aburrido? Ella miraba al suelo con la vista nublada. sin embargo. en eso tengo experiencia. te interpusiste en mi camino y te hiciste mi compañero. Ahora queremos los dos aprender el uno del otro y jugar uno con otro. Armanda dejó que yo la llevara y se plegaba a mí delicada y suavemente. Por eso nos hemos atraído mutuamente. también ella olía a mujer y a amor. nada de lo que para él venía a resultar importante y sagrado. tú sabes muchísimo más que yo. en eso no hay mucho que enseñar. mi hermana. el soñador. hay algo acerca de que es sólo una 51 . y. sin embargo. sin embargo. el compañero de mis ejercicios y correrías espirituales. ¿Soy yo. (Pero más tarde me contó Armanda cosas maravillosas. oh. dijo: «Pobre. Siempre hay alguna de esas personas que pide a la vida lo más elevado y a quien no puede satisfacer la insulsez y rudeza de ambiente. El diablo es el espíritu. Pero sufrir por la vida. Armanda. cuando hablamos de esto-. por eso somos hermanos. Y yo. nadie te comprende como yo. en el pensamiento. era mi igual. tienes esa maravillosa consideración ante las cosas y los goces minúsculos. más libre y más alegremente. somos camaradas. Nos hemos salido de la naturaleza y pendemos en el vacío. podía serlo también para mi. Y aprenderé de ti a pensar y a saber y a no estar satisfecha. Mira sus ojos. No sabe reír. Piensa en la noche en que maltrecho y desesperado. -Ahora podrías volver a bailar conmigo. te enseño a bailar y a ser un poquito alegre y tonto. Yo te enseño mi pequeño teatro. Refirió que Pablo. camarada. hallándote en tu elemento precisamente en las cosas más bellas y profundas. somos personas que esperan llegar a ser amigos. Y al preguntarle ella de dónde lo deducía. el poeta.El lobo estepario Hermann Hesse sonreía de modo encantador con sus grandes ojos vacíos. aun cuando no tan ingrávido y olvidado de mi mismo como con aquella otra. porque nos hemos conocido mutuamente. era mi camarada. -Ah. se parecía a mi mismo y se parecía a mi amigo de la juventud.») Cuando aquel día el de los ojos negros se hubo despedido y la música volvió a tocar. nosotros veníamos de partes del mundo opuestas. que pude entonces conocerte y comprenderte? ¿Por qué. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo? -Sí. tú! -exclamé hondamente admirado-. como la hoja de una flor. en el espíritu. Porque estoy precisamente tan sola como tú y como tú no puedo amar ni tomar en serio a la vida ni a las personas ni a mi misma. nosotros sus desgraciados hijos. no teníamos una sola palabra común en nuestros idiomas. Harry. se levantó Armanda. pero no hay prisa. Pero ahora se me ocurre una cosa: en el tratado del lobo estepario. me admiro de que tú estés tan desengañado del mundo. pero entre él y yo parecía no haber nada común. ¿Cómo puedes sufrir con el mundo? ¿Cómo puedes desesperar? -No desespero. Tú te asombras de que yo soy feliz porque sé bailar y me arreglo tan perfectamente en la superficie de la vida. a todo esto no podía yo responder con plena libertad y alegría. que era el pobre tan desgraciado. lo sé bien. Yo te enseñaré a bailar y a jugar y a sonreír y a no estar contento.

Puedes hacerlo. te han servido las lecciones. de cien. Y lo mismo que eras muy comodón para aprender a bailar. una muchacha muy hermosa. ¿y qué te ha parecido por lo demás esta música de aquí? . lobo estepario. inexpertos e incautos como él. -¿Ves? Esto es ya un progreso.. lo espiritual está altamente desarrollado. no lo dudo. consta de diez. la quimera de mi personalidad anterior. mírame bien. Es muy bonita y baila tan bien. eso lo sabes con seguridad de un modo magnífico. El pensador Harry tiene cien anos.El lobo estepario Hermann Hesse fantasía de Harry el creer que tiene una o dos almas. temido. ya se te puede dejar pronto ir a un baile. Pero de lo que yo tengo que cuidar es de que aprendas las pequeñas y fáciles artes y juegos de la vida un poco mejor. Por lo demás. a lo que pude ver. y un poco enamorado de ella sí que estás. así eras también muy comodón para aprender a amar. y ahora has visto que no es preciso tomarla en serio. -¡Bah! Y eso es todo. no es esa mi ambición. Había dejado valer 52 . diariamente se mostraban en mí. y estoy contento de que haya sido tan indulgente con mi baile. En ti. El tratado del lobo estepario y Armanda tenían razón con su teoría de las mil almas. Amar ideal y trágicamente. -Ahora mientes un poquito. Sonriente. oh amigo. descuida. y a cambio de eso te has quedado muy atrás en toda clase de pequeñas artes de la vida. Harry. nos conocemos muy bien. en este terreno soy tu profesora y he de serte una profesora mejor que lo ha sido tu querida ideal. -¿Es que la conoces? -Oh. Debieras hecerle un poco la corte. que consiste en una o dos personalidades. te resultaba demasiado poco seria y poco profunda. me miró ella. como los bailes americanos irrumpían extraños y perturbadores. como una imagen ante mi vista. -Ah. Pero ahora has de aprender a amar también un poco a lo vulgar y humano. Tú tienes una gran necesidad de volver a dormir una noche con una muchacha bonita. eso es cosa tuya. pero el bailarín Harry apenas tiene medio día. ¿te ha gustado Mana? -¿María? ¿Quién es María? -Esa con la que has bailado. ya lo creo. Como el gramófono echaba a perder en mi cuarto de estudio el aire de ascética espiritualidad. sin Pablo no sería nada toda la orquesta. Yo voy a las tres. Es muy bonito por tu parte que quieras guardar fidelidad a esta amiga maravillosa. con la voz alterada: -Y dime. no tomes esto tan completamente en serio. todo mi respeto ante ello. Ya tengo de ti la sospecha de que tomas el amor terriblemente en serio. pero que puede ser muy linda y encantadora. hasta el punto de que casi ya era tarde. Creo que tendrás un éxito. así penetraba de todos lados algo nuevo. Todo hombre. Hasta ahora no podías sufrir toda esta música de baile y de jazz. junto a todas las antiguas. armaban ruido. que son tan chiquitines. -Armanda -exclamé martirizado-. dice. -Eso me gusta mucho -exclamó Armanda-. y a todos sus pequeños hermanitos.. en mi cuidado mundo musical. Una muchacha hermosa. -Un joven muy niño eres. tenían aspiraciones. hasta destructores. soy un viejo. la caldea. y yo veía ahora claramente. Yo ya sé que en alguna parte del mundo tienes una querida y que la ves cada medio año para pelearte con ella. ¿Te importa mucho? -Me ha gustado. algunas nuevas almas más. El primer paso ya está dado. A éste vamos a ver ahora silo sacamos adelante. El boston tienes que aprenderlo antes todavía. mañana empezamos con él. disolvente en mi vida hasta entonces de trazos tan firmes y tan severamente delimitada. de mil almas. por ejemplo. Estabas un tanto entusiasmado con ella. Y preguntó bajito. puedes amar a tu manera ideal cuanto quieras. pero permíteme.Excelente. de eso. El la lleva. Bueno.

le molestaban las noches desperdiciadas en el restaurante y los duros malgastados allí mismo. pero durante la guerra no se había dejado poner junto a una tapia y fusilar. al bailar mis onesteps en cualquier restaurante de moda entre todos los elegantes hombres de mundo y caballeros de industria. música y filosofía. a este algo tímido y cómico diletante de los salones de baile. además. donde todo estaba templado a otros tonos tan distintos. sino por el contrario. no era en modo alguno sólo una aventura agradable y divertida. lo mismo que de brillantina. Y alguna vez. el viejo Harry había sido un Goethe así burguesmente idealizado. el autor de observaciones dignas de ser leídas sobre la metafísica del arte. todo el restante caos de facultades. Es verdad que este inteligente e interesante señor Haller había predicado buen sentido y fraternidad humana. sonriente. porque ello era más cómodo que sacar consecuencias de lo sufrido. de anacoreta lastimero y de iracundo profeta. que en realidad no era más que un especialista. un compromiso. en la cual. A pesar de todo. era. Diablo. dirigido. siempre era yo observado. yo me aferraba a él y a su larva que ya iba disolviéndose. sobre el genio y sobre lo trágico. pero de todas formas. el melancólico ermitaño en su celda abarrotada de libros. esta conversión de mi quimera. había protestado contra la barbarie de la guerra. daba asco este señor Haller! Y. lastimosamente había sido desmontado el ideal señor Haller. esta disolución de mi personalidad. y le remordía la conciencia y suspiraba no precisamente por su liberación y perfeccionamiento. cuando sus jugueteos espirituales aún le divertían y le habían proporcionado renombre. a su miedo burgués a lo desordenado y casual (entre lo que había que contar también la muerte) y comparaba con sarcasmo y lleno de envidia al nuevo Harry que se estaba formando. a su coqueteo con lo espiritual. a este lindo retrato le habían hecho. Pero Armanda estaba siempre ahí. y emocionado casi de su propia nobleza de alma. ¡Ah. grandes agujeros. radiante de sublimidad. anhelos. todo lo demás de mi persona. Parecía un 53 . me resultaba yo a mí mismo un traidor de todo lo que durante la vida entera me había sido respetable y sagrado. de poesía. el conocedor de Mozart y de Goethe. hasta mis furiosas ideas de rebeldía y de huida me las leía ella. sino que había encontrado alguna clase de acomodo. sin embargo. me hubiese vuelto a escapar muy pronto de estos penosos y ridículos ensayos de mundología. encontraba reprobable una vida como la de Armanda. Exactamente lo mismo los lectores de periódicos desdeñados y despreciados por él suspiraban por volver a la época ideal de antes de la guerra. afanes. iba siendo entregado por momentos a la autocrítica y no resistía por ninguna parte. pero en el fondo era un burgués. con aquella imagen de Harry antigua y pseudoideal. a pesar de toda la desesperación. pero guardaba en el Banco varios valores de empresas industriales. cuyos intereses iba consumiendo sin remordimientos de conciencia. de mi cara. a veces amargamente dolorosa. por el contrario. sancionado por ella. formado muy a la ligera. sin duda. había tenido que temer de modo tan terrible a la muerte. como hubiera sido la consecuencia apropiada de su ideología. Era. Con la progresiva destrucción de aquello que yo había llamado antes mi personalidad. Ciertamente que Harry Haller se había disfrazado en forma maravillosa de idealista y despreciador del mundo.El lobo estepario Hermann Hesse exclusivamente el par de facultades y ejercicios en los que por casualidad estaba fuerte y me había pintado la imagen de un Harry y había vivido la vida de un Harry. demonio. aunque no la veía todos los días. Este señor Haller de hasta entonces. aunque no hubiera sido más que una semana. el escritor de talento. de espíritu y de sentido humano. entretanto. había descubierto todos los rasgos fatales que tanto le habían atormentado entonces cuando el grabado de Goethe en casa del profesor. Si Armanda me hubiera dejado solo. Y así pasaba con todo. un héroe espiritual de esta clase con nobilísima mirada. El gramófono sonaba a menudo de una manera verdaderamente endiablada en medio de este ambiente. con frecuencia casi insoportable. empecé también a comprender por qué. un acomodo naturalmente muy digno y muy noble. me resultaba molesto y le había puesto el nombre de «lobo estepario». suspiraba con afán por volver a los tiempos cómodos. custodiado. y empecé a notar que también este horrible y vergonzoso miedo a la muerte era un pedazo de mi antigua existencia burguesa y fementida. El mismo. enemigo de todo poder y explotación.

que hubiese debido aprender ahora el papel de andrajoso. de que se tenga gusto y educación y todas esas cosas. probablemente había algo de cocaína en polvo. me miró consternado y triste a la cara. que continúa viviendo. que recibía clandestinamente y que a veces los ofrecía a los amigos y en cuya mezcla y dosificación era maestro: remedios para aletargar los dolores. con ello no se hace un servicio a nadie. de hacer música tan bien. iba jugando con un bastoncito delgado. Muchas veces he intentado hablar con usted de música. ¡cómo brillan entonces los ojos. como mis teorías musicales. pero que llevaba sus andrajos como si aún colgaran órdenes de ellos y siguiera pretendiendo lastimeramente conservar la dignidad perdida. Armanda me contó que Pablo poseía muchos de estos remedios. su juicio. con los pantalones hechos jirones. 54 . entonces. la hay también espiritual. ésta me dijo que sí con la cabeza y yo lo tomé y aspiré por la nariz. Se esforzaba ostensiblemente por agradarme y por demostrarme su amabilidad. yo soy músico y no erudito. Me miró riendo cordialmente. me escuchaba siempre sonriente. aun cuando no se toque. Cortés y amable. había yo excitado su interés. No hay sólo aquella que se toca precisamente para el momento. Pero si yo cojo mi tubo y toco un shimmy de moda. y no creo que en música el tener razón tenga el menor valor. que toca con placer su trompeta de feria y es fácil de gobernar con unas palabras de elogio y con chocolate. Yo me había pintado a Pablo en mi imaginación como una bonita nulidad.El lobo estepario Hermann Hesse dignatario saqueado en la calle por bandidos. ha de alegrar sin duda a la gente. -Muy bien. para enamorarse. como un pequeño Adonis un tanto vanidoso. para producir bellos sueños. y en esta ocasión no me dejó a deber la contestación. Pero no hay sólo música sensual. a pesar de todo. Cuando una vez. Observe usted en un salón de baile las caras en el momento en que se desata la música después de un largo descanso. y me ofreció de una pequeña cauta dorada algo para aspirar. -Señor Pablo -le dije. Pero Pablo no preguntaba por mis juicios. -Bien. para dormir. como un niño alegre y sin preocupaciones. se ponen a temblar las piernas. en el malecón. pronto me refresqué y me puse más alegre. En cambio. porque a Armanda le gustaba y buscaba con afán su compañía. empiezan a reír los rostros! Para esto se toca la música. Si yo tengo en la cabeza todas las obras de Bach y de Haydn y sé decir sobre ellas las cosas más juiciosas. Esta vez logré por fin hacerlo hablar. Pero he de decir que usted no me hace la conversación precisamente fácil. En música no se trata de que uno tenga razón. pero. para ponerse de buen humor. Pregunté con los ojos a Armanda. Esto es. Cualquiera puede estar solo tendido en su cama y despertar en sus pensamientos una melodía de La Flauta encantada o de la Pasión de San Mateo. en uno de estos diálogos sin resultado. negro y con adornos de plata-. En efecto. ¿de qué se trata? -Se trata de hacer música. pero no daba nunca una verdadera respuesta. señor Pablo. se les entra en las piernas y en la sangre. y tuve que revisar mi juicio acerca de él. monsieur. parecía que. entonces se produce música sin que nadie sople en una flauta ni rasque un violín. éste es el motivo por el cual yo me intereso por usted. tanta y tan intensiva. señor Haller. y se me agregó en seguida... lo mismo da que sea bueno o malo. me hubiera interesado oír su opinión. sus contradicciones. me irrité y casi me puse grosero. el músico. me cogió la mano izquierda y me la acarició. Usted es amigo de Armanda. ¿Qué hubiese podido responderle yo a sus palabras tan inteligentes y apropiadas? Usted tenía tanta razón en todo lo que decía. sino también música inmortal. Una y otra vez hube de coincidir con Pablo. De esto se trata nada más. como sea posible. Yo no hablo nunca de música. pero usted ha desdeñado darme ni siquiera la más pequeña respuesta. Un día lo encontré en la calle. diciéndome que me sentaría bien. sino que dijo con toda tranquilidad: -¿Ve usted? A mi juicio no sirve de nada hablar de música. le eran indiferentes. Pero vea usted.

Por excepción aquella tarde no había estado con Armanda. de los músicos. sea el Yearning o La Flauta encantada o el Valencia. a la bella María acostada en mi cama. al entrar una noche en mi alcoba. sin embargo. En otras horas cogía el nuevo Harry al viejo por el cuello y le apretaba valientemente. A mí me es enteramente lo mismo. acariciándome. Pero.El lobo estepario Hermann Hesse -Ciertamente. Tan pronto estaba yo en el cielo como en el infierno. pequeño y joven. pocos días después de mi primer ensayo público de baile. De todas las sorpresas a las que me había expuesto Armanda hasta entonces. estos hombres su música solitaria y silenciosa? La toman de nosotros. El viejo Harry y el nuevo vivían juntos ora en paz. y el Valencia acaso dentro de dos ya no se toque. a las comarcas del Harry ideal. de Bach y de Haydn. me pasó la mano por el brazo. En el alto espacio gótico de la iglesia. había grandes alaridos. Con este hombre no se podían atar cabos. antes hay que tocarla y oírla y tiene que entrar en la sangre. sino que había ido a la catedral a oír una buena audición de música religiosa. a los campos de mi juventud. ora en la lucha encarnizada. Sin embargo. Cuando Pablo percibió la excitación en mi voz puso en seguida su rostro más delicioso. Pero con frecuencia se agolpaban sobre mi en una misma oleada la dicha y el sufrimiento. con los planos puede que tenga usted razón por completo. triste y abismado estuve sentado en el elevado coro de la 55 . muerto y sepultado. yo no soy quien ha de decidir en esto de los planos. mucho pensar en la navaja de afeitar. fue ésta la más violenta. encontré. También el Yearning y el Valencia son reproducidos calladamente todas las noches por personas solitarias y soñadoras. callaba y se dejaba apretar contra la pared. y surgir luego de pronto dando órdenes tiránicas y sabiéndolo todo mejor. para poder luego uno en su casa pensar en ella en su cámara y soñar con ella. todos estos seres solitarios. se avergonzaba. había sido una bella excursión melancólica a mi vida de otro tiempo. Pero nosotros los músicos tenemos que hacer lo nuestro. Y no es lo mismo que toque usted a la gente música divina y eterna. y el Harry nuevo. hemos de tocar precisamente lo que la gente pide en cada momento. cuyas hermosas bóvedas de redes oscilaban de un lado para otro como espectros vivos en el juego de las contadas luces. caro señor. delicias y entusiasmos de la juventud. había oído piezas de Buxtehude. Un momento así fue aquel en que. a mí no han de preguntarme sobre el particular. para mi inenarrable asombro y extrañeza. En algunos instantes aparecía revuelto de una manera enteramente extraña lo antiguo y lo nuevo. lo que constituye nuestro deber y nuestra obligación. y dio a su voz una dulzura increíble. Suspirando. una lucha a muerte. la mayoría de las veces en los dos sitios a un tiempo. Porque no dudé ni un instante de que era «ella» la que me había enviado este ave del paraíso. había marchado otra vez por los viejos senderos amados. -Ah. señor Haller. creo que esto se lo podemos dejar tranquilamente al buen Dios. y lo hemos de tocar tan bien. su infinita grandeza y santidad me habían despertado todas las sublimidades. Los ecos de la vieja música. ¿de dónde han sacado. no es posible colocar en un mismo plano a Mozart y al último fox-trot. hasta la más pobre mecanógrafa en su oficina tiene en la cabeza el último onestep y teclea en las letras llevando su compás. tan bella y persuasivamente como sea posible. de Pachebel. De cuando en cuando el viejo Harry parecía estar totalmente inerte. o barata música del día. que es justo y tiene en su mano la duración de la vida de todos nosotros y la de todos los valses y todos los fox-trots y hará seguramente lo más adecuado. había vuelto a oír la magnífica voz de una cantante de obras de Bach. yo les concedo a todos la música muda. A Mozart quizá lo toquen todavía dentro de cien años. el dolor y el placer. -Conformes -dije secamente-. Usted tiene razón. para mi temor y mi encanto. Yo no tengo ciertamente nada en contra de que usted coloque a Mozart y a Haydn y al Valencia en el plano que usted guste. el temor y la alegría. hube de desistir. que había sido amiga mía en otro tiempo y me había hecho vivir muchas audiciones extraordinarias.

que refleje lo irrepresentable. olía ligeramente a perfume. Me voy otra vez.. -He venido -dijo ella en voz baja-. No hay duda de que su intención había sido buena y cordial. Y mi primer pensamiento fue que mi casera me despediría cuando se enterara de esto. Pero siempre acababa en la resignación. el sometimiento a la naturaleza en forma de una hegemonía de la música. lleno de tristeza. sino también contra Armanda. por eso también era tan deplorable el papel del espíritu en nuestra realidad alemana. como no lo ha conocido nunca ningún otro pueblo. la luz de mi gabinete. con el corazón agobiado por la tristeza y por el desesperado afán de vida.. de que era una maravilla de criatura. se ha consumido voluptuosamente el espíritu alemán. en las maravillosas y benditas obras musicales. Y en la música. diablo! ¡La navaja de afeitar! Saturado así de pensamientos y del eco de la música. el alemán espiritual ha vituperado siempre a la palabra y a la razón y ha mariposeado con la música. en la sumisión a la fatalidad. Y en este estado de ánimo apagué. huésped durante una hora de este mundo noble y bienaventurado que fue un día mi elemento. -¡María! -dije. había encendido la luz en mi gabinete e intentado en vano leer un poco. en lugar de dedicarme siempre sólo a la estética y a oficios artísticos espirituales. sonriendo algo asustada con sus grandes ojos azules. tras las ventanas de los restaurantes tocaban orquestas de jazz las melodías de mi existencia presente. no esperé el fin del concierto. Los señores generales y los grandes industriales tenían razón por completo: no servíamos para nada los «espirituales». En un dúo de Haydn se me habían saltado de pronto las lágrimas. Ya sé que Armanda le ha dado a usted la llave. en qué siniestro torbellino se había convertido mi vida. usted se ha enfadado. entonces me llamó la atención un aroma desusado.El lobo estepario Hermann Hesse iglesia. sin responsabilidad alguna.. busqué la alcoba. vi acostada dentro de mi cama a la hermosa María. en nuestra historia.. raro y agitado. en el cual yo de todos modos habría de ser siempre un extraño y donde lo mejor de mi ser se derrumbaba y sufría horriblemente. en los maravillosos y elevados sentimientos y estados de ánimo. no sin sentir a veces un violento deseo de producir realidad también en alguna ocasión. Bien esta. Nosotros los hombres espirituales todos no nos hallábamos en nuestro elemento dentro de la realidad. y ha descuidado la mayor parte de sus verdaderas obligaciones. éramos una gente inútil. y había sentido rencor y amargura no sólo contra mí mismo. en donde aquí y allá. en lugar de atraerme hacia el interior y hacia la profundidad de este mundo de la broma. le éramos extraños y hostiles. me escurrí de la catedral y anduve corriendo hasta cansarme por las oscuras callejas. no. En el espíritu alemán domina el derecho materno. confuso. que no fueron impelidos nunca a una realización. cuántas noches radiantes había pasado yo en otro tiempo con los artistas después de conciertos así!). lleno de tristeza. había pensado en la cita que me obligaba a ir al día siguiente por la noche al bar Cecil a tomar un whisky y a bailar. empecé a desnudarme lleno de tristeza. -Oh. en nuestra política. En lugar de tocar su instrumento lo más fiel y honradamente posible. al logos. ¿Se ha enfadado usted conmigo? -No. de actuar alguna vez seriamente y con responsabilidad. las personas espirituales. al verbo. había vuelto al fin a casa. Nosotros. renuncié a volver a ver a la cantante (¡oh. de ingeniosos charlatanes. extraña a la realidad. y reconocí una vez más que esta relación tan emotiva como fatal para con la música era el sino de toda la intelectualidad alemana. y al volverme. ¡Ah. de realidad. Con frecuencia en otras ocasiones había yo meditado sobre estas ideas. que diga lo inexpresable. había subido mis escaleras. 56 . en nuestra opinión pública. ¡Oh.! Mucho tiempo estuve reflexionando también durante aquel paseo nocturno acerca de mi extraña relación con la música. de sentido y de las cosas irremisiblemente perdidas. soñamos todos con un lenguaje sin palabras. pero hubiera sido preferible que aquel primer día me hubiese dejado sucumbir. en lugar de defendernos virilmente contra ellos y de prestar obediencia y procurar que se preste oídos al espíritu.

El lobo estepario Hermann Hesse -No. a veces vivían con abrigos de pieles en hoteles lujosos y con autos. Les gustaba un champaña o un plato especial en el grill-room. estaban extraordinariamente dotadas para lo erótico y necesitadas de cariño. Lentamente fui levantando la sábana de la bella mujer. -No es preciso que estés alegre -dijo-. hasta llegar a sus pies con mis besos. acaso mañana pueda volver a estarlo. esperando lo suyo de la suerte y del buen tiempo. y en un nuevo baile de moda o en la canción sentimental y pegajosa de un cantante de jazz ponían y derrochaban ellas el mismo entusiasmo. pero dormí profundamente y bien. era para María. Estas muchachas. no dormí mucho tiempo.muchas cosas. Sólo que yo precisamente esta noche estoy muy triste. recibían propinas y regalos. En ocasiones se pasaban un par de meses tras una máquina de escribir. no sólo lindos jugueteos desconocidos para mí y arrobamientos de los sentidos. estabas muy entusiasmado. de los cines. la atrajo hacia sí y me dio un beso largo. quédese usted. pues no debían oírnos. Ya puede una hacerse cargo. ya me ha dicho Armanda que tienes penas. Algunas de ellas no ponían en el amor grandes afanes y sólo daban sus favores de mala gana y regateando el elevado precio. sino también nueva comprensión. de los bares y de las rotondas de los hoteles. hermosa María. Afanosas y ocupadas. semiartistas. ni odiado ni apetecible. y al lado del amigo oficial. ¡Qué extraña y maravillosa descansaba allí sobre mi almohada. en él estaban ellas en su elemento y tenían experiencia. sólo en el teatro había encontrado antes alguna vez existencias semejantes. Aquella noche. y a ellas pertenecía María. hombres y mujeres. que para mí. al bailar. Cuando me acosté a su lado. otras de sus gracias y de su amabilidad. Y ahora tenía en mis manos su presente y estaba agradecido. Y entre los ratos de sueño sorbí su hermosa y alegre juventud y aprendí en la conversación a media voz una multitud de cosas dignas de saberse acerca de su vida y de la de Armanda. y le miré a la cara hermosa y plena. inocentes de una manera rara y de un modo raro pervertidas. ¿te gusto todavía? La otra noche. nuevos horizontes. no en venta para cualquiera. en la boca. sencillamente el mundo. la 57 . en otras épocas en buhardillas. La besé en los ojos. Las caricias de María no hacían daño a la música maravillosa que había escuchado yo aquella tarde. en el cuello y en los pechos. El mundo de los locales de baile y de placer. Armanda y sus compañeras. vivían estas mariposas su vida tan pueril como refinada. pobres la mayor parte por su casa. pero en general no llevaban esa idea. Otras. dispuestas siempre a seguir a su castillo a un príncipe de hadas y ciertas siempre de manera semiconsciente de un fin triste y difícil. con independencia. Luego me senté en la cama a su lado. Oye. llenas de preocupaciones y al mismo tiempo ligeras. que respiraba tranquilamente. Precisamente hacía poco había estado pensando en Armanda con amargura y en son de queja. enamoradas de la vida. María me enseñó -en aquella primera noche singular y en los días siguientes. prohibido y degradante. vivían exclusivamente para el amor. hoy no puedo estar alegre. sin embargo. Sabía muy poco de esta clase de criaturas y de vidas. me sonreía omnisciente y bondadosa su cara de flor. como a uno de nosotros puede gustarnos un compositor o un poeta. alguna temporada eran las entretenidas de hombres de mundo con dinero. entonces cogió mi cabeza con sus dos manos grandes y firmes. inteligentes y a la vez inconscientes. Ahora por vez primera miraba yo un poco en estas vidas extrañas. cogí su mano. amor nuevo. la mayoría experimentadas también en el trato con los dos sexos. mucho menos apegadas a ella que los burgueses. le rogué que hablara bajo. semimundanos. que pagaba. ni bueno ni malo. vivían todas ellas unas veces de trabajos ocasionales. y para el matrimonio podía alguna vez ganárselas por medio de algún gran ofrecimiento. eran dignas de ella y como su realización. junto a María. Me había inclinado un poco hacia ella. seguía teniendo siempre algo de inferior. como una flor grande! Lentamente llevó mi mano a su boca. la metió debajo de la sábana y la puso sobre su cálido pecho. y. en este mundo florecía su vida breve y llena de deseos. sostenían florecientes aún otras relaciones amorosas. demasiado inteligentes y demasiado bellas para estar toda su vida entregadas a cualquier ocupación mal pagada y sin alegría. como un niño. solitario y estético.

amable y especial. al hermoso Pablo. Me desperté de nuevo. Y de pronto. a la cabeza de todo Mozart. en un intermedio. los conocedores y críticos. y un rato tuve ante mí su imagen. enloquecida y enferma. con Wagner. poco y escogido. no debes ser de otra manera más que como eres. deseado y cantado. Es completamente natural. Constantemente estaba ésta detrás. venían flotando los retratos de muchas mujeres.. que no soy bello y tengo ya canas y no sé tocar el saxofón ni cantar canciones inglesas de amor? -No hables de esa manera tan fea -corregía ella-. que yo había amado. y hablaba de esto con un arrobamiento. y de su song americano. se destacó profundo y rico el manantial de las antiguas imágenes. y 58 . Mi niñez y mi madre me miraban tiernas y radiantes como desde una alta montaña lejana y confundida con el azul infinito. al frente el legendario Armando. cuán llena de altos astros y de constelaciones había estado el alma del pobre lobo estepario. que él les había cantado alguna vez. -Es guapo -decía yo-. Pablo. al pensar qué abundante había sido la galería de mi vida. pero ¿dónde estaba el límite? ¿No habíamos ensalzado de jóvenes todos nosotros. También apareció mi mujer. Yo estaba dispuesto a entusiasmarme con ella. entonces me doy cuenta de que me quieres. Esto me gusta mucho. a pesar de toda su incomprensión personal. y volvió a esfumarse en el sueño. mi lejana y malhumorada querida. me gusta precisamente lo contrario. que me emocionaba y conmovía mucho más que los éxtasis de cualquier gran erudito sobre goces artísticos elegidos con exquisito gusto. Ciertamente que había algo bello. María. el hermano espiritual de Armanda. alumbrado mágicamente por Eros. a muchos hasta con Beethoven? ¿No era la floreciente emoción infantil de María por el song de América una impresión artística tan pura. tan fuera de toda duda como la emoción de cualquier profesor por el Tristán o el éxtasis de un director de orquesta ante la Novena Sinfonía? ¿Y no se acomodaba todo esto a los puntos de vista del señor Pablo y le daba la razón? A este Pablo. con la que había vivido varios años y la cual me enseñara camaradería. en lejanía medio deplorada. ¡Y qué extraño! Siempre la hermosa flor seguía siendo el regalo que me había hecho Armanda. que parece no importarle yo nada y me besa como si fuera una merced por su parte. Nos volvimos a dormir. las frases amorosas de María. clara y dolorosa. como húmedas flores marinas que sobresalían de la superficie de las aguas. un poco así como tímidamente. y esto me dice: te quiere. y en algunos momentos se me paraba el corazón de arrobamiento y de tristeza. tan hermosa. metálico y claro resonaba el coro de mis amistades. me abandonó en repentina huida y fiera rebelión. Y otras veces. llevada tanto tiempo de una manera pobre y vacua y sin recuerdos. que soy un tipo viejo y aburrido. Ahora. ¿cómo puedes al propio tiempo quererme a mí también. que nos resultaban hoy muy dudosas y absurdas? ¿No nos había ocurrido esto con Liszt. en olvido. te está agradecido porque eres bonita. No hace falta hablar de estas cosas ni pedir cuentas de todo esto. También tú me gustas. vaporosos y supraterrenos. de que te gusto. mi pobre amiga. también tienes tú algo bonito. también a mí me gusta mucho. pensé en Erica. cuando me besas el cuello o las orejas. hermosísima flor. una admiración y un cariño. muchísimo. conflicto y resignación y hacia quien. Y de este mismo modo surgieron ante mí en esta noche hermosa y delicada muchas imágenes de mi vida. amada y entretegida tan hondamente con mi destino. sabes besar de una manera. aun cuando no tan floreciente y fresca y más pobre en pequeñas y geniales artes amatorias.. su mirada voluptuosamente radiante abrían amplias brechas en mi estética. Pero dime. sin haber dejado de tener abrazada a mi hermosa. había quedado viva en mí una profunda confianza hasta el día en que. a obras de arte y artistas. que me parecía por encima de toda duda y discusión. fuese como quisiera el song. encerrada en ella como una máscara.El lobo estepario Hermann Hesse misma emoción y ternura que uno de nosotros en Nietzsche o en Hamsun. Apenas era menos bonita que María. con otro hombre. Mira.. parecía también querer mucho María. de las cuales sólo a pocas hube conseguido e intentado hacerlas mías. María me hablaba de aquel guapo tocador de saxofón.

Conseguir tanta ventura sensual y amorosa como fuera humanamente posible con las dotes que le habían sido dadas. la omnisciente. sin embargo. no podía destruir. altiva y señorial. Mi profesora de baile. Su aroma y todo su sello era estival. y durante algunos instantes volví a presentir ardientemente que no tenía más que juntar el mundo disperso de imágenes. Y aunque el poquito de camino hasta el fin la desfigurase por entero de un modo tan lamentable. con y sin nombre. Y aún seguía estándome prohibido visitarla o saber dónde vivía. ¿No era éste. que tampoco había sido por casualidad por lo que Armanda. tuve que sacarla de contrabando de la casa. 59 . al delicadísimo modelado de su cuerpo. tenía clase y dignidad. hasta la más espiritual y la relativamente más ilustrada. y volví a darme cuenta de lo que en mi miseria hacía tiempo había olvidado. destinado sólo para nuestras citas. Pero aquella noche fue cuando de nuevo por vez primera desde la época de mi derrota me miraba mi propia vida con los ojos inexorablemente radiantes. Armanda. con su figura singular. me negaba toda noticia. había aspirado este perfume de una sensualidad genial y encantadoramente refinada y había sido fascinado por ella. errabunda y desventurada. y me hubiese parecido de todo punto imposible amar más de una hora a una muchacha que no había leído un libro.El lobo estepario Hermann Hesse conocí cuánto tenía que haberla amado y cuán profundamente había tenido que confiar en ella. la levadura de esta vida era noble. para penetrar a mi vez en el mundo de las figuras y ser inmortal. hallar y producir en el amante respuesta. que ellas constituían la propiedad y el valor de mi existencia. era rosado. mis ojos veían otra vez. Aun en el mismo día alquilé para ella y para mí en sitio próximo de la ciudad un cuartito. era lo que constituía su arte y su cometido. sus problemas surgían todos de un modo inmediato de los sentidos. no necesitaba estos rodeos y estos mundos de compensación. María me parecía que era la primera querida verdadera que yo hubiera tenido en mi vid a. hasta en la miseria una vida regia. acerca del cual. elevar a imagen el complejo de mi personalísima vida de lobo estepario. Ya hace de esto nuevamente una temporada. después de compartir conmigo mi desayuno María. que seguían viviendo indestructibles. Mi alma respiraba de nuevo. el fin hacia el cual toda mi vida humana significaba un impulso y un ensayo? Por la mañana. yo les llevaba a las mujeres mis problemas y mis ideas. pero había sido rica. su cabello. fugaces claridades de estrellas al despertar del pesado sueño de la extenuación amorosa. sucesos eternizados como estrellas que había olvidado y. Ciertamente. fue extraordinariamente hermosa. sino que en todo momento estaba en contradicción con él. Era severa e inexorable y no me perdonaba ni una lección. no respondía jamás al logos dentro de mí. había sido amarga por la sal del destino de todo lo humano. sólo puedo recordar algunas concretas de aquella noche. que apenas sabia lo que era leer y no hubiese podido distinguir a un Tchaikowski de un Beethoven. a la flexibilidad de sus líneas. Ya en aquel primer tímido baile con ella había yo sentido esto. me había escogido a esta María. unas tres semanas. espiritualidad e ilustración. subían jóvenes y nuevas del pozo de esta noche de amor. Mi vida había sido penosa. sin darme cuenta por completo nunca de que la mujer. Estas imágenes -eran cientos. y lo logré. comprensión y contrajuego animado y embriagador a todas sus facultades. sus colores. y hube de aprender el boston. era cuestión de mundos siderales. muchas cosas han ocurrido desde entonces y se han modificado. y volví a reconocer a la casualidad como destino y a las ruinas de mi vida como fragmento celestial. sin embargo. cuya serie era la leyenda de mi vida y cuyo brillo astral era el valor indestructible de mi ser. para que su abuso de confianza me hubiera podido alcanzar de un modo tan grave y para toda la vida. no era cuestión de ochavos. Me había pedido dinero para su disfraz. su voz. Siempre había exigido de las mujeres. compareció fiel a su obligación. a las que amara. acaso. Esta temporada hasta el baile de máscaras. momentos y detalles eróticos de profunda ternura. palabras sueltas cambiadas entre los dos. pues estaba convenido que yo había de ir con ella al próximo baile de máscaras. María no tenía ninguna ilustración.surgieron todas otra vez. su piel y su temperamento. conducía a negación y a renunciamiento.

y dotarlo de un modo mágico de nuevos órganos amatorios. temblando de delicia. Aprendí ante todo que estos pequeños juguetes. nobles y melancólicas. caprichoso y pasivo en el amor. Nos dio a beber un licor misterioso. una noche entera. y a mí mismo me proporcionaba alguna vez estos goces. o mejor dicho. pero no se molestó. variados. mezclado de tres botellitas. Era muy bonito. No hay que ser así. objetos de moda y de lujo. Una vez me lo dijo sin circunloquios. desde la sortija a la pitillera. el fulgor de sus ojos y me di cuenta de su pena por mi renuncia. Yo rehusé con brusquedad. arma y grito de combate. sin embargo. pero era una antigualla. María. pocas veces. a quien María quería mucho. en efecto. Harry tiene muchos escrúpulos morales. Pero sabia perfectamente que era de él. desde los polvos y el perfume hasta el zapato de baile. Eso no está bien. el abanico no era abanico. sino justificados. un pequeño. nos propuso con las pupilas brillantes celebrar una orgía erótica los tres juntos. 60 . inteligente. sentí sobre cada uno de los párpados como el aliento de un beso fugitivo. me dio unas gotas de una medicina. para ver qué actitud adoptaba. Pablo sufrió una decepción con mi negativa. Y si le regalaba un nuevo portamonedas pequeño de piel roja acharolada. A menudo empleaba ella también sus remedios clandestinos. Una vez organizó una «fiesta» en su cuarto. animar el mundo muerto que nos rodea. en ese tiempo. de las cuales yo entendía y sabía hasta entonces menos que de cualquier lengua esquimal. y sentados inmóviles. de muchachas y de hombres de nuestro medio ambiente. vi bajo la superficie relaciones y enemistades. vi. maravilloso. un gran mundo de cosas. desde la hebilla del cinturón hasta el bolso de mano. No quería tomar dinero de mí. Pero ahora me reunía con frecuencia preferentemente con el señor Pablo. pero María me aseguró que. asistía él a mi enamoramiento de María. podía poner dentro también dos o tres monedas de oro. cuando me hube puesto de muy buen humor. Con alguna frecuencia aceptaba yo alguno de sus remedios. No había allí más que una silla. todo era materia plástica del amor.. que en esta clase de mundo había sido un cuerpo extraño completamente sin conexión). sólo muy lentamente se conseguía ponerlo al rojo. con sus negros ojos perdidos y las manos alargadas. Por lo demás. supe toda suerte de secretos. aniñado y a la vez insondable. También aprendí muchas cosas referentes a Armanda.. de la magia. Muchas veces pensé a quién querría María realmente. tan hermosísimo! Pero tengo un sustitutivo. y al cerrar yo por algunos minutos los ojos. aprendí mucho de María. cambiaba continuamente.. pálidas. Tomamos cada uno una chupada de opio.. era mensajero. no sólo son bagatelas y una invención de ambiciosos fabricantes y comerciantes.El lobo estepario Hermann Hesse No tuve la fortuna de ser el amante único o preferido de María. que todas tienen la única finalidad de servir al amor. Lo admití como si creyera que me lo había dado María. -Es lástima -dijo-. No se puede con él. del músico del jazz. se burló bien de mí. sin embargo. vivimos los tres la escena por él sugerida. y aunque inmediatamente asintió a mi negativa. Maria y yo tuvimos que sentarnos en la cama. Pero regalos. y siempre se mostraba Pablo especialmente servicial. a causa del bolsillito encarnado. tan hermoso. intermediario. una hora por la tarde. Y de esta manera aprendí y supe secretos de muchos individuos. a mí no me era posible una cosa así. Mi juicio sobre este hombre alegre. aceptaba con gusto. -Usted es tan desgraciado. del actor. A veces no tenía tiempo para mi. mas a pesar de todo miré un momento a María. pasado de moda. con los ojos abiertos. Yo hubiera tenido a este Pablo por un poco soporífero. fui haciéndome poco a poco confidente e iniciado (yo. Este bolso no era bolso. Y luego. pero que entonces era más pujante. detrás de esto se conocía a Armanda. la buhardilla de un hotel de las afueras. Cuando al cabo de un rato me sentí un poco mareado. el portamonedas no era portamonedas. me colocó Pablo en la cama. de más de cuatro mujeres. las flores no eran flores. de la seducción. En estas cosas. Más que a ninguno creo que quería al joven Pablo del saxofón. ¡Hubiera sido. más fuerte y varonil y más retador que cualquier as de boxeo o maestro de equitación. refinar los sentidos. Un tanto divertido. Me da mucha pena. Fúmese usted una pequeña pipa de opio. nos hicimos amigos. yo era uno de varios. bellos. algunos días.

-¿Te ha enseñado ya esto? -me preguntó Armanda una vez. todo rápida y delicadamente y bien hecho. que aquella noche dispusiera de María en su lugar. Por ella he adquirido también algunos conocimientos. y mi dinero se ha acabado también ya. en lo que María sabe. y pensé en las mil almas del tratado del lobo estepario. Ceder su querida a otro por dinero. pero ella rehusó con seriedad-. de la cual se hablaba más cada día. señor Harry? Bien. sino que me daba cuenta claramente de que todo era preludio y preparación. ya se lo devolveré sin falta. aún no soy tu querida. no tiene un céntimo. de sus caderas. y si me equivocaba. entonces me ayudaría ella. Le pregunté de qué conocía las artes del beso en María y algunas otras secretas particularidades de su cuerpo. en cambio. se empeñó en no revelarme con qué disfraz iba a presentarse. Usted no hace más que proporcionarse dificultades a sí mismo. y deme usted el dinero. me contó que necesitaba veinte francos y me rogaba que le diera este dinero. esas son otras cosas que no entendería ella.El lobo estepario Hermann Hesse Y una tarde me sorprendió aún más. indirectos. eso es entre nosotros lo más indigno que cabe. Del baile había aprendido ya tanto que me parecía posible concurrir a la fiesta. Yo le pedí que me lo enseñara ella misma. fui con él a casa de Agostino. de sus manos. Cuando volví a reunirme con María. de bailar. y me describió un juego especial de la lengua al dar un beso. y nadie se ocupa de él. Pablo. si así lo prefiere. has atrapado una hermosa muchacha. Me es absolutamente preciso. de su manera de reír. Pero comprenderte. estoy al corriente acerca de ti. pero entre tú y yo hay cosas de las cuales ella no tiene ni noción. Entonces no duerma usted esta noche con María. En aquella corta temporada entre mi conocimiento con María y el gran baile de máscaras. -¿No quiere usted. sin embargo. sólo conocidas del hombre amante. le aireó la habitación y le puso en la cabeza calenturienta una artística compresa. Le he dicho muchas cosas acerca de ti. -¡Oh! -exclamó-. de sus hombros. Ante mi surgían relaciones y nexos nuevos. que había palpado. amigo. complicados. -Pablo -dije asustado-. ¿Crees acaso que nosotras tenemos secretos entre las dos? He dormido y he jugado bastantes veces con ella. Por curiosidad y un poco también por autocastigo. Le llevó a la buhardilla leche y unas medicinas. María es maravillosa. usted no sabe lo que está diciendo. Aquella misma noche lo vi tocar la música en el City-Bar hasta la madrugada. Pensaba que yo ya la reconocería. me importaba seducirla para ti. le arregló la cama. gustado y probado sus miembros. Armanda. Me ofrecía. Con Armanda hablaba yo a menudo larga y objetivamente acerca de María. No he oído su proposición. ni ninguna otra. Armanda tenía un secreto. Somos amigas. Eso viene después -dijo-. me resultaba extraño y misterioso saber que ella había tenido a Armanda junto a su corazón lo mismo que a mí. que aún tendréis algunos secretos entre vosotras. Ya te conozco casi tan perfectamente como si hubiéramos dormido juntos con frecuencia. puedes estar satisfecho. -¿Para qué lo quiere? -Para Agostino. una lograda bienaventuranza. Tienes suerte. ¿sabe usted? Es el pequeño del segundo violín. besado. pero que con anticipación. que sabe más que otras. -Creo. de besar. sus cabellos. como una buena hermana de la Caridad. nuevas modalidades de amor y de vida. Apareció en mi casa. su piel exactamente igual que los míos. una bien miserable buhardilla. era yo francamente feliz. yo no debía saberlo. Lleva ocho días enfermo. como yo te comprendo. naturalmente mucho más de lo que a ti te hubiera gustado entonces. ¿O le has dicho también acerca de milo que sabes? -No. no te comprenderá María nunca. pero no tenía por ello el presentimiento de que aquello fuera una redención. Me miró compasivo. 61 . de que todo se afanaba con violencia hacia adelante y que lo verdadero venía ahora.

También esta dicha es estéril. que se organizaba todos los años por elementos artísticos en los salones del Globo. Adormece al lobo estepario. Pero me doy cuenta de que no puede durar. y yo me di cuenta un poco descorazonado de que iba a tener que ir solo a la fiesta. desde hace años no me he encontrado tan perfectamente. sin embargo. poseía ya en efecto una entrada. -Bien. En aquellos días veía poco a Armanda. no es mi sino. . realmente. La desventura que necesito y anhelo. Sí. Soy verdaderamente feliz. Pero era una desventura estúpida. Era el baile de trajes más distinguido de la ciudad. la quiero. Ahora te digo lo que sé acerca de ti y de mi y de nuestra suerte. no hubiese debido tener aquel miedo a la muerte. pero la satisfacción no es alimento para mí. pero la víspera del baile estuvo un rato en mi casa. lo sacia. Es hermosa como un día de sol en medio de una primavera lluviosa. sino en volver a sufrir. y tú también lo sabes ya. alegre. Esa también es un regalo tuyo. -¿Por qué? -Porque de otro modo. no he sido creado para ello. cuando a causa de la navaja de afeitar no podías ir a tu casa. Armanda. me declaró que para esta fiesta tenía ya un caballero. ¿qué más quieres? -Quiero más. un amable consuelo. joven.asentí-. Si no tuvieras que compartirla con otros. terribles! Lentamente. Armanda me miró con ternura a los ojos. -No.. y sin que puedas disponer de ella todos los días. Esto proviene todo de ti. Bonita. ¿hay que morir. pero quizá no te lo has dicho a ti mismo todavía. es de tal clase que me hiciera sufrir con afán y morir con voluptuosidad. y yo resolví no disfrazarme. No estoy contento con ser feliz. -Entonces. aún puedo soportarla durante una temporada. apenas te reconocería. de la que yo me había encargado. Mi determinación es lo contrario. que. Armanda.. me estaba deseando. algo que sé hace ya tiempo. se trata de otra cosa. Pero ¿qué tienes contra la dicha que has encontrado ahora con María? ¿Por qué no estás contento? -No tengo nada contra esta dicha. muy inteligente en amor. Pero cuando la dicha me deja alguna vez una hora de tiempo para estar despierto.Sí . estéril. en voz tan baja. no es así. le estoy agradecido.El lobo estepario Hermann Hesse Así tampoco tenía ella curiosidad por mis planes de disfraz. Tú. y estuvo sentada conmigo pacíficamente en mi cuarto. todo lo que necesitas? -No. concedido. Satisface. un hombre lleno de alegría y de fe. vino para recoger su entrada. Pero no es felicidad para morir por ella. y allí se llegó a un diálogo que me fue muy singular y me produjo una impresión profunda. -Ahora estás realmente muy bien . -Es la amiga que necesitabas. no irían las cosas tan bien. Entonces era yo muy desdichado. una gran alegría. no!. que tuve que esforzarme para oírlo: -Voy a decirte hoy una cosa.. te prueba el baile. ¡Ojos magníficos. siempre tras la huella de lo grande y de lo eterno. dijo. Quien no te haya visto desde hace un mes. -Oh. Tengo algo muy bello y delicioso. -Entonces. Armanda. ¡oh.dijo ella-. lobo estepario? -¡Creo que sí! Yo estoy muy satisfecho de mi ventura. es otra. ¿no de tu hermosa María? -No. lobo estepario. nunca satisfecho 62 . has sido un artista y un pensador. Es maravilloso. En esto somos hermanos. entonces todo mi anhelo no se cifra en conservar por siempre esta ventura.. para sentir anhelos íntimos. Harry. eligiendo una a una las palabras y colocándolas con cuidado. también esto tenía que concedérselo. con la sombría mirada que tan repentinamente podía aparecer en ella. entonces. si no fuese para ti siempre un huésped fugitivo. María. aunque más bella y menos miserablemente que antes. -Entonces. ¿tienes ahora. Esa es la desventura o la felicidad que espero. cuando quise invitarla al baile. -Te comprendo. ¿es ser desdichado? ¡Ah! Esto ya lo has sido con exceso antes.

el mundo te rechaza. en ti. lo heroico y bello. tú me enseñaste el fox-trot. En mí era la miseria quizá más material y moral. El que en lugar de chinchín exija música. habrán sido necios mis sueños. solitario. o si no. ha de tener al fin razón siempre. tienes para él una dimensión de mas. la veneración de los grandes poetas o la veneración de los santos. la madre de un mártir. ¡ya esto solo se ha hecho bastante difícil! Así me ha sucedido. Para este mundo sencillo de hoy. eso era tan poco justo como que un hombre como tú tenga. en vez de jugueteo pura pasión. toda tu antigua fe en los hombres y en nuestro alto destino. El que hoy quiera vivir y alegrarse de su vida. Ella miraba al suelo meditando. Tienes razón. que echar mano de la navaja de afeitar. La vida. receloso y desesperado. se construye. ni sacrificios. Y como yo tenía buenos ojos. la hermana de un genio. hombres con una dimensión de más. Y la vida no me ha permitido más que llegar a ser una cortesana de mediano buen gusto. lo mismo que los tuyos. en donde uno está perfectamente satisfecho con la comida y la bebida. medio centenar largo de personas y de destinos. no ha de ser un hombre como tú ni como yo. a sufrimientos y sacrificios. Que una mujer de mi especie no tuviera otra opción que envejecer pobre y absurdamente junto a una máquina de escribir al servicio de un ganadineros. y no habrán tenido razón.El lobo estepario Hermann Hesse con lo bonito y 10 minúsculo. la senda era la misma. más espiritual. se celebran fiestas. una desdicha momentánea. en lugar de dinero alma. Y la asfixia es una muerte muy dura. no la tenía. me fijé con todo interés en la llamada vida. amigo mío! Yo era una muchacha de buenas disposiciones y destinada a vivir con arreglo a un elevado modelo. tu repugnancia hacia los bares y los locales de baile. se hace música. Bueno. mil veces razón. pensé. ¿ Cómo te explicas esto. sino una buena habitación burguesa. no ha podido ayudarte.. y todo lo que tú en otro tiempo has conocido. que sólo sea una enfermedad. se promueve la cultura. y durante mucho tiempo busqué en mí la culpa. ¿Es exacto Harry? ¿Es ésta tu suerte? Yo asentía y asentía. con el juego de tarot y la música de la radio. tu desesperación por la guerra. en vez de loca actividad verdadero trabajo. la querida de un revolucionario.. Y el que ama y lleva dentro de silo otro. hermana! ¡Qué ojos tan buenos tienes! Y. ¿Crees que no soy capaz de comprender tu terror ante el fox-trot. ni nada de eso. por la manera cómo hoy se piensa. y si la vida se burlaba de mis hermosos sueños. Pero esta consideración no servía de nada absolutamente. ése es un necio y un quijote. Harry. -Tú llevabas dentro de ti una imagen de la vida. amado y venerado como hermoso y santo. o casarse con uno de estos ganadineros por su posición. has de sucumbir. cómodo y satisfecho con tan poco. Podía tomar sobre mí un gran papel. que sólo sea nuestra época. estabas dispuesto a hechos. en mis vecinos y en mis amistades. y buenos oídos y era además un tanto curiosa. y entonces vi. en lugar de placer alegría. ha perdido su valor y se ha hecho añicos. con el café y la calceta. y lo mismo tu aversión a la política. tu tristeza por la palabrería y el irresponsable hacer que hacemos de los partidos y de la Prensa. por la pasada y por la venidera. que hombres como nosotros. se lee. temor y desesperanza. que mis sueños habían tenido razón. más ha ido aumentando tu miseria y tanto más hondamente te has sumido hasta el cuello en pesares. lobo estepario. Pero la vida. y. ¡Y a mí me ha ocurrido exactamente lo mismo. sin embargo. que la vida no es una epopeya con figuras de héroes y cosas por el estilo. mil veces razón. la realidad. -¡Armanda -exclamé conmovido-. Tu fe ya no tenía aire para respirar. eres tú demasiado exigente y hambriento. sin embargo. tu resistencia contra la música de jazz y todas estas cosas? Demasiado bien lo comprendo. Los jefes trabajan con ahínco y con 63 . Pero cuanto más te ha despertado la vida y te ha conducido hacia ti mismo. Quiero admitir en honor del mundo. para ése no es hogar este bonito mundo que padecemos. decía yo. y entonces fuiste notando poco a poco que el mundo no exigía de ti hechos ningunos. no podamos vivir aquí? ¿En qué consiste? ¿No pasa esto más que en nuestra época actual? ¿O fue siempre lo mismo? -No sé. convertirse en una especie de meretriz. a tener para conmigo grandes exigencias. ser la mujer de un rey. a cumplir dignos cometidos. Estuve una temporada inconsolable.

y por eso anhelamos la muerte. -¿Fuera de eso. Por eso han establecido los santos y lo que ellos llaman la «comunión de los santos». Te vas a reír. Es el reino más allá del tiempo y de la apariencia. con todo pensamiento audaz. que hicieron milagros y sufrieron el martirio y dieron un gran ejemplo a los hombres. grandes acciones y sentimientos. da lo mismo. el dinero y el poder. Los místicos lo llaman el reino de Dios. si además del tiempo no existiese también la eternidad. Además. ¿Tiene ésta. la fuerza de todo sentimiento puro. Y acaso haya sido siempre igual. con todo amor. quién daba el tono y representaba algo: Mozart o los negociantes. -Por consiguiente. no hubiese también otro aire. hacia ella tiende nuestro corazón. ¡Ah. arrivistas. La comunión de los santos. pertenecen a los mediocres y superficiales. nosotros los de los anhelos. La fama no lo es. Harry. nos vemos precisados a taconear por tanta 64 .. acaso. pienso yo que ha sido acaso siempre y que siempre será lo mismo. los de la dimensión de más.. Pero también pertenece del mismo modo a la eternidad la imagen de cualquier acción noble. allí está nuestra patria. naturalmente que no. también el pecado puede ser un camino para la santidad. La fama sólo existe también para la ilustración. Mozart o los hombres adocenados y superficiales? ¿Y cómo murió y fue enterrado? Y así. no les pertenece nada. que el tiempo y el mundo. no. más amplios. la fama. Siempre ha sido así y siempre será igual. -¿Quieres decir el nombre. más ricos. a los verdaderos hombres. ganamos dinero y comemos pralinés. a San Cristóbal. y yo a mis santos. con todos los héroes. Pero yo pienso ahora en tu favorito. no podríamos vivir en absoluto si para respirar. algún valor? ¿Y crees tú por ventura que todos los hombres realmente verdaderos y completos han alcanzado la celebridad y son conocidos de las generaciones posteriores? -No. ni lo vea. hermosa y apacible. no hay más que presente. no! Lo es lo que yo llamo la eternidad. además del aire de este mundo. Esperamos que otros tiempos hayan sido y vuelvan a ser mejores. ¿Qué ocurriría con él? ¿Quién gobernó el mundo en su época. ni lo escriba. los demás bailamos fox-trots entretanto. los hermanos menores del Salvador. y sin aire para las personas? -No lo sé. en una época así ha de presentar el mundo un aspecto bien modesto. es un asunto de los maestros de escuela. que en otro tiempo era representada por los pintores dentro de un cielo de oro. la fama no es. Los santos son los hombres verdaderos. la eternidad. ¡ oh. genios. Pero con eso no vamos ganando nada nosotros. y ésta es el reino de lo puro. Nada más que la muerte. En lo eterno no hay futuro. camareros y vividores. Allí volverás a encontrar a tu Goethe y a tu Novalis y a Mozart. Hay muchos santos que en un principio fueron graves pecadores. Allá pertenecemos nosotros. inventada por los maestros de escuela. eso es sencillamente una superchería. a él pertenecen también los santos. lobo estepario. no es otra cosa que lo que yo antes he llamado la «eternidad». aun cuando nadie sepa nada de ello. con toda buena acción.son los que han sabido más de estas cosas. Yo me imagino que nosotros los hombres todos. más profundos. del cual me has referido a veces muchas cosas y hasta que has leído sus cartas: de Mozart. radiante. y lo que en los colegios se llama «Historia Universal» y allí hay que aprendérselo de memoria para la cultura. la fama para edades futuras? -No. -Tienes razón -dije. -Los místicos -continuó ella con aire pensativo. para fines de ilustración y para que los niños durante los años prescritos tengan algo en qué ocuparse.El lobo estepario Hermann Hesse resultado preparando la próxima guerra. A él pertenecen la música de Mozart y las poesías de los grandes poetas. pero yo me imagino con frecuencia que acaso también mi amigo Pablo pudiera ser un santo. Hacia ellos vamos de camino nosotros durante toda nuestra vida. los de mayores exigencias. a Felipe Neri y a todos. nadie lo sabe. amigo mío. ni lo conserve para la posteridad. nada en absoluto? -Si. lobito. el pecado y el vicio. -¿Siempre así como hoy? ¿Siempre sólo un mundo para políticos. quién se llevó la espuma. y a los otros.

esta música era algo así como tiempo congelado y convertido en espacio. nuestro único guía es nuestro anhelo nostálgico. y por encima. su retransformación en espacio. de usureros. transpira santidades y pasiones groseras. la humanidad con sus ansias y temores. Cogí en mis manos la cabeza de Armanda. sin esa idea no podía vivir. estuve sentado allí. flotando. el sol estaba en el ocaso y hacía brillar las letras doradas en el lomo de los muchos libros de mi biblioteca. Los inmortales. Me pareció que todos estos no eran tal vez sus propios pensamientos. Y la «eternidad» no era otra cosa que la liberación del tiempo. era lo que queda cuando un hombre verdadero ha atravesado 105 sufrimientos. una alegría sobrehumana. infinita. eso era. de Mozart. lo que está fuera del tiempo. oí reír a los inmortales. busqué papel. Busqué a María en el sitio en donde solíamos comer en nuestras noches. y a esto se acomodaba tan perfectamente el viejo Goethe de mi sueño! Y de pronto oí en torno mío esta insondable risa. desplazados. ¡Oh. escribí versos. me parecieron tan profundamente familiares. del Piano bien afinado. 65 . de santos. que al día siguiente me los encontré en el bolsillo. con mis ideas todavía en nuestro diálogo. Sí. espantos. no era más que luz y claridad. flotar este etéreo resplandor. de Bach. a la vez que sus cálidos y pútridos olores. en la forma en que viven en el espacio sin tiempo. se me había prometido María. ni morir tampoco. que la clarividente había leído y aspirado y me devolvía. el mundo del valor imperecedero. en la imagen del viejo sabio. haciendo que ahora se concretaran y surgieran nuevos ante mí. radiante y sidérea de este mundo extraterreno. encantado. las pasiones y las equivocaciones del género humano y penetra en lo eterno. Todas estas ideas que habían surgido allí entre Armanda y yo. en el espacio universal. hallé la carta de los vinos ante mí. Así hubiera deseado quedarme y no salir aquel día a la calle. así nos quedamos un momento. tan sacadas de mi más íntima mitología y mundo de imágenes. ¿de dónde me era todo esto tan familiar? Medité y se me ocurrieron trozos de las Casaciones. saqué mi lápiz del bolsillo del chaleco. los errores. los vicios. La necesitaba. que se había reído de un modo tan sobrehumano y me había hecho objeto de su broma inmortal. le di media vuelta y escribí al dorso. de la sustancia divina me había sido regalado hoy por mi amiga y profesora de baile. El sagrado más allá. la risa de los inmortales. tan conocidas de siempre. y por doquiera en esta música me parecía brillar esta serena claridad de estrellas. la última antes del gran baile. sino los míos. Sus últimas palabras las pronunció otra vez en voz muy queda. Pero para esta noche. y luego hubo un silencio apacible en la estancia. era en cierto modo su vuelta a la inocencia. afanes. y la alegría serena. hechos imágenes.El lobo estepario Hermann Hesse basura y por tanta idiotez para poder llegar a nuestra casa! Y no tenemos a nadie que nos lleve. Encantado. espasmos de deleite. y la eternidad cristalina como el éter en torno de ellos. manos de criminales. Pero en el camino no iba pensando en María. En el callado cafetín del suburbio estuve sentado esperando ante la mesa preparada. vaho sangriento de mil fúnebres festines. la besé en la frente y puse fraternal su mejilla junto a la mía. Hube de pensar en mi sueño de Goethe. Decían: LOS INMORTALES Hasta nosotros sube de los confines del mundo el anhelo febril de la vida: con el lujo la miseria confundida. Por haber expresado la idea de la eternidad le estaba especial y profundamente agradecido. No tenía objetivo esta risa. pero aún no había llegado. sino en lo que Armanda había dicho. Ahora es cuando comprendí la risa de Goethe. una eterna risa divina.

de un modo más violento que en aquella noche víspera del baile. Quizá sea mañana ya. Al dragón celeste nos une amistad perdurable. a todos les resurge radiante y renovada. sin horas ni días. -María -dije-. lleno de anhelos. Estuvo en esa noche más hermosa. aquel doble estado de ánimo deliciosamente agridulce. y después de una comida alegre me fui con ella a nuestro cuartito. y adorna de ilusión la casa en llamas del pecado. vivimos las frías mansiones del éter cuajado de mil claridades. lleno de angustia. que mañana es el baile de máscaras. de tensión y de fatalidad. se retuerce y consume y degrada en los goces de feria de su mundo infantil. corriendo impetuoso como un corcel bravío. mi querida florcilla. mirando en silencio girar los planetas. Y. y lo mismo que había sentido pánico ante la belleza riente y dispuesta a entregarse de María. Hoy me quieres casi como se quieren los buenos amantes en el momento de la despedida.El lobo estepario Hermann Hesse se devora ella misma y devuelve después lo tragado. Ella oprimió los labios fuertemente a mi oído y susurró: -¡Calla. Así como todavía hace poco me defendía con temor y espanto de la alegre frivolidad del amor exclusivamente sensual. sin embargo. el gozar. nuestra eterna risa. Luego llegó María. y me dio a gustar delicadezas y juegos que consideré como el límite del placer humano. más ardiente y más íntima que nunca. gozamos del gélido invierno espacial. nadando al parecer en tibia ventura. Viendo silenciosos vuestras pobres vidas inquietas. que yo había conocido tan tarde. pero un miedo consciente de que ya pronto habría de convertirse en total entrega y redención. en cambio. Y vuestros pecados y vuestras pasiones y hasta vuestros crímenes nos son distracciones. Mientras nosotros estábamos abismados calladamente en los juegos afanosos de nuestro amor. sin sexos ni edades. entregado con complacencia a la muerte. como hombre ya de cierta edad. es nuestra existencia serena. y en tanto yo estaba ocupado amable y delicadamente con las dulces y emotivas pequeñeces del amor. cara al abismo. ¿Qué clase de pareja va a ser la tuya en la fiesta? Temo. así sentía yo ahora también miedo a la muerte. Lo que sentía era felicidad: la belleza y el abandono de María. no volverás más a mi lado. Cuando Armanda te haga suyo. el respirar cien delicadas y amables sensualidades. por dentro estaba todo lleno de significación. en la vez postrera. incuba nobles artes y bélicas quimeras. se despedía mi alma de María y de todo lo que ella me había significado. esto no era más que la cáscara. No nos mates por completo a los dos. cara al precipicio. inmutable. serena y astral. el chapoteo en una suave y ondulante ola de placer. el palpar. perteneciendo el uno al otro más íntimamente que nunca. igual y único es para nosotros el menor momento. Por ella aprendí a entregarme 66 . y al final se les trueca en polvo vil. me daba cuenta dentro del corazón de cómo mi destino se afanaba atropelladamente hacia adelante. eres pródiga hoy como una diosa. Nunca percibí el sentimiento característico de aquellos días. Nosotros. Harry! Cada vez puede ser la última. que sea un príncipe de hadas y te rapte y no vuelvas ya nunca a mi lado.

Ahora. la olvidé otra vez. seguir purgando la culpa infinita de la vida. a Armanda y al baile de máscaras. olvidé a María. luego a casa. que me dominaba en aquella época. Era el primer baile de máscaras al que yo concurría. un estado que en mi vida anterior sólo había conocido como excepción rara. a ser niño y bestia en la inocencia del sexo. donde los hombres desengañados perdían sentados las noches. Quizás 'esto fuera el fin. excitantes más fuertes. Una vida fácil. Por alusiones de la muchacha deduje que para el baile del día siguiente. pisé el viejo local y fui recibido por el saludo de la hostelera y una inclinación de cabeza de los silenciosos parroquianos. quizá tuviese razón María con su presentimiento. pero cuya solución estaba ahora a punto 67 . ante la cual debe ponerse en guardia un hombre espiritual. un fácil amor. me cebé una vez más en la dulce fruta del árbol del paraíso. pero timorato. el vino nuevo de la Alsacia corrió claro en el vaso rústico y de un dedo de grueso. Armanda y María me habían enseñado este jardín en toda su inocencia. ávido y ebrio. y nosotros estábamos acostados aquella noche juntos por última vez. del que me alegraba con impaciencia y no sin miedo. iba aumentando dentro de mi este sentimiento de marchitez y de fiesta de despedida. el gusto dulce. Es verdad que en otros tiempos había visitado acá y allá estas fiestas. para ir primeramente a comer en cualquier lado. Cuando a la tarde me levanté. me acosté inmediatamente. hasta que no estaba afeitándome no me volví a acordar de que una hora después empezaba ya la fiesta y yo tenía que sacar una camisa para el frac. recorrí una vez más. a veces hasta encontrándolas bonitas. al desnudarme encontré en el bolsillo mi poesía. y dormí durante todo el día. Y en tanto yo comía y bebía. donde no ha mucho aún contaba yo entre los parroquianos y donde todavía hace poco bastaba el narcótico primitivo de una botella de vino de la tierra para poder irme por una noche más a mi cama solitaria y para poder aguantar la vida por otro día más. ya no se adecuaba al estilo de mi vida presente. y me agarré fuertemente y con fiereza a María. no eran cosas para mí. Al Casco de Acero. de fatalidad y despedida. libaban su vino y jugaban a los solteros. Como no tenía que llevar a ninguna señora. Me recomendaron y me sirvieron un pequeño pollo asado. a buscar las alegrías más fugaces. En el estado de ánimo. muerto de cansancio. esto me lo había recomendado también Armanda. adquirían todos los pasos y lugares de mis recuerdos una vez más el brillo dolorosamente hermoso del pasado. ¿Acaso empezaba mañana la nueva senda del destino? Yo estaba lleno de anhelos ardientes. este sentimiento dulce e íntimamente doloroso de mezcla con todos los escenarios y cosas de mi vida anterior. De buen humor acabé de arreglarme y salí. Por la mañana tomé un coche y fui a darme un baño. resultaba demasiado bonito y demasiado confortante este jardín. Seguir aspirando a la corona de la vida. Sonriente. de la fruta prohibida. una muerte fácil. y así también el pequeño cafetín lleno de humo. había sido yo su huésped. iba yo ya rara vez en la última época. Recuperé al día siguiente el sueño perdido aquella noche. y siempre me había resultado cómico el entusiasmo con que oía hablar a otros de estas fiestas y hallar en ellas una diversión. estaban planeados voluptuosidades y goces especialísimos. todos los senderos y malezas de su jardín.El lobo estepario Hermann Hesse infantilmente una vez más en el último instante al jugueteo de la superficie. lleno de angustia sofocante. Pero esta noche me sentí de nuevo atraído hacia allí como cosa enteramente natural. amablemente me miraban las limpias y blancas mesas de madera. la vieja vajilla gualda. decidí no ir hasta tarde. que no había sido resuelta nunca por completo. puse a oscuras mi alcoba. pero pronto se hacía tiempo ya para mí de seguir andando. mi refugio de otros tiempos. era lo que me estaba reservado. agradecido. había injerido venenos más dulces. Desde entonces había gustado otros remedios. Pero en el día de hoy era el baile también para mí un acontecimiento. pero no había bailado nunca y había sido tan sólo espectador. o a continuación de él. pues la vida sensual y el sexo habían tenido para mí casi siempre el amargo sabor de culpa. a un tiempo alegre y temeroso.

camellos.El lobo estepario Hermann Hesse de madurar. peinado un poco según el modelo de Walt Whitman. un héroe sombrío en un sombrío páramo de piedras. una timidez escolar ante la atmósfera extraña. Eran sentimentalidades burguesas las que yo sentía aquí. un desfiladero entre altas montañas de agua (los catecúmenos llevados por el párroco a este film religioso podían discutir largamente sobre la manera cómo los directores de la película habían operado esta escena). Sólo cuando fui a pagar y busqué en vano el bolsillo acostumbrado. con su largo báculo y con pasos como Wotan. delante de los judíos. ante el baile. un magnífico Moisés de guardarropía. encontré un sitio y de pronto estuve en medio del Antiguo Testamento. no ama ya las cosas. me gustaba la familiaridad con todo y con todos en este lugar. dispuesto a morir. a mi apego a las viejas y toscas sillas. se portará a las mil maravillas en la próxima guerra. de algunos obstáculos y resistencias. Apaciblemente estuve sentado. las caras de los bebedores acurrucados y soñadores. me gustaba el sabor fresco y las frutas del alsaciano. pasé de largo unos metros. en donde se canta magistralmente este acontecimiento. en tanto que su pueblo indigno al pie de la montaña erigía el ternero de oro y se entregaba a placeres bastante 68 . sano. cuando el café. ligeramente salpicadas con un perfume de romanticismo pasado de moda. El despedirse es hermoso. Correteando. estaba contento y agradecido de notar en mi abrasado corazón todavía algo así como sentimientos. y al cual. caminando por el desierto. Me gustaba el asiento duro y mi vaso rústico. ni siquiera lo que le es más sagrado. Llegó un vendedor ambulante con castañas asadas y le compré un puñado. me di cuenta nuevamente de que iba de frac. como me había ocurrido en los últimos tiempos con todas estas diversiones. al sentido esfumado del hábito. me había salido de la época y seguía adelante acercándome a la muerte. entona dulcemente. yo no era un hombre moderno ni tampoco enteramente pasado de moda. Allí podía yo estar sentado bonitamente en la oscuridad hasta eso de las once. no podía decidirme a ir a los salones del Globo. y vi cerrarse los montes de agua sobre el magnífico Faraón con su armadura de oro y sobre todos sus carros y guerreros. No tenía aversión a sentimentalismos. volví otra vez y entré. Lo vi junto al mar Rojo implorando a Dios y vi separarse al mar Rojo dejando libre una calle. palacios. el vino y el cigarro eran aún cosas prohibidas. sereno y austero. Conducido por el botones con la linterna. sino con fines nobles y santos. un tipo admirable. tropecé con las cortinas y di en el salón en tinieblas. vi atravesar por el desfiladero al profeta y al pueblo temeroso. no sin acordarme de un dúo para dos bajos de Händel. vine a pasar por un cine. vi brillar haces de rayos y gigantescos anuncios de colores. cuyo hermano había sido yo mucho tiempo. Este hombre moderno es decidido. le compré un par de claveles y se los regalé a la hostelera. El hombre «moderno» llama a esto sentimentalismo. hasta escolares eran llevados por sus profesores de religión. extrañas y magníficas. de los desengañados. Allí se representaba la historia de Moisés y de los israelitas en Egipto con un enorme aparato de hombres. Llegó una vieja con flores. ¡Baile de máscaras! ¡Armanda! Pero aún era excesivamente temprano. Vi a Moisés. el automóvil. relámpagos y truenos. ante el mundo de los elegantes. Vi después con transparencia a Moisés subir al Sinaí. repletos de gente y bulliciosos. por las tardes. de calor y de semejanza de hogar que tenía para mí todo aquello. vi vacilar y con miedo a los egipcios a la orilla del mar y luego aventurarse dentro valerosamente. una aversión a entrar en locales grandes. El film era uno de esos que se dicen producidos con gran lujo y refinamiento no para ganar dinero. por la débil radiación de un astro que acababa de ponerse. me entregué al vaho de humo y de vino. que espera poder cambiar lo antes posible por otra marca mejor. pompa faraónica y fatigas de los judíos en la arena abrasadora del desierto. Pero no se alzó ningún lobo estepario para rechinar los dientes y hacer jirones mis sentimentalismos. caballos. inflamado por el pretérito. fogoso y sombrío. No me importaba nada. También me daba cuenta. y presencié cómo allí Jehová le transmitía los diez mandamientos por medio de tempestad. activo. procedente de la época de muchacho. aparecer detrás de ellos a los carros del Faraón. De esta manera me entregué a los recuerdos del viejo cafetín.

me hice servir vino y encontré que el asistir a estas fiestas bulliciosas no era cosa para un hombre viejo como yo. antes de quitarme el abrigo. el hombre cortés del otro lado alargaba ya la 69 . pensando que acaso ya pronto lo necesitase otra vez. y la alegría bulliciosa y zumbante. para evitar esta repugnancia hubiese sido preferible que sucumbieran también entonces. desde el radiante gran salón principal. en todos los salones se bailaba. periodistas. me escabullí hacia atrás al guardarropa. Había ido con la mejor intención. además. Empujado por el gentío. sus héroes y milagros. Por fin estuve de pie ante el mostrador. cuando estuviera harto del bullicio. En vano. logrando una muerte violenta y digna. de carcajadas y barullo. Resignado bebí mi vaso de vino. Hacia media noche aún no había encontrado a nadie. fui empujado sin miramientos. un lindo ejemplo minúsculo del gigantesco saldo y liquidación de cultura de esta época. ver cómo. las historias sagradas. de algo sobrehumano. por los bares. toda la gente de viso de la ciudad. me llevara un coche a los salones del Globo y entrar. Así sucedió que a eso de la una. Se había hecho tarde y el baile estaba en marcha hacía tiempo. Todo el mundo estaba allí. mi miedo inconfesado al baile de máscaras. Dios mío. artistas. Formando en una de las orquestas estaba sentado míster Pablo. pero me perdía siempre o me hallaba de cara con la corriente de la multitud. sino que habían crecido de un modo desagradable. pero tampoco el vino me hacía bien. profesores.El lobo estepario Hermann Hesse impetuosos. y yo. que derramaron sobre nuestra infancia el primer presentimiento de otro mundo. en lugar de esta afrentosa muerte aparente y mediocre que hoy sufrimos nosotros. Decidí infundirme algo de valor y de humor bebiendo. un pasillo en el sótano había sido dispuesto por los artistas como infierno. no se habían aminorado con el cine y sus estímulos. cuando me conoció. y cuando me dieron el número lo guardé con gran cuidado en el bolsillo. me vi envuelto al punto. fui pasando por diversos aposentos. todos los pasillos y escaleras estaban abarrotados de máscaras. hasta los buffets y los cuartos del champaña. por si veía a alguna de las amigas. muchachas me invitaban a visitar los cuartos del champaña. por sólo el dinero del billete. hombres de negocios. Era una derrota. hasta en el sótano. Me resultaba tan extraño e increíble presenciar todo esto. «Viejo oso gruñón». vi pasar flotando innúmeras máscaras grotescas. soplando con entusiasmo en su tubo arqueado. No les hacía caso. por los pasillos y escaleras. ¡Mil veces preferible! Mis secretos obstáculos. me lanzó con estrépito su saludo musical. apenas pude apurar el segundo vaso. miré absorto los brazos y las espaldas desnudas de las mujeres. me tiré en la silla más cercana. subí y bajé escaleras. me esforcé varias veces por penetrar en el salón principal. No se podía hacer nada conmigo. yo estaba allí en falso lugar. hube de hacer un esfuerzo para que. En todas las estancias del gran edificio había fiebre de fiesta. para ponerme el gabán y marcharme. se representaba. a empujones me abrí camino trabajosamente por los locales sobrellenos hasta llegar al guardarropa. En la mayor parte de las paredes pendían las fieras y alegres pinturas de los artistas modernísimos. ya tenía calor y me sentía mareado. ante un público agradecido que calladamente devoraba sus panecillos. traté de encontrarlas. y no sé si Armanda me lo perdonaría. clowns me daban golpes en la espalda y me llamaban de tú. por último. además de los egipcios. desengañado y de mal talante. gritó una. Pero yo no podía hacer otra cosa. de baile. los judíos y todo el género humano. entre gente extraña toda. de música. las risotadas y todo el frenesí en torno mío se me antojaba necio y forzado. en un violento torbellino de máscaras. Apretujado me fui deslizando por entre la multitud. había vuelto a mirar con cuidado a todas partes. y una murga de demonios armaba allí una frenética algarabía. aun cuando todavía no me había decidido a bailar. desde la orquesta de negros hasta la murga de aldea. Y poco a poco fui sintiendo cómo el lobo estepario estaba detrás de mi y me sacaba la lengua. pensando en Armanda. Tímido y perplejo. naturalmente. En el penoso camino a través de las apreturas hasta el guardarropa. pero no podía animarme. Luego empecé a buscar con la vista a Armanda y a María. me dejé dar empellones y sin decir una palabra hice seguir su camino a un par de muchachas que querían sentarse sobre mis rodillas o bailar conmigo. un retroceso al lobo estepario. y tenía razón.

había desaparecido el ágil diablejo. por el compás del baile. María. joven y afanoso al tumulto. Despedida era. compañero -y me la alargó efectivamente-. llevado por el mágico alambre. Pero cuando hube levantado hasta los ojos la redonda moneda de cartón. lámparas chillonas y malignas. por el perfume de los hombros de las mujeres. del cual acababa de escaparme cansado. Fui oprimido contra la pared por el torbellino del baile. dije. con los labios todavía juntos. Allí decía. sino era. fui mecido y llevado por el calor. Todo se me ponía mal. Hace un instante me habían apretado los zapatos de charol. con disgusto solté a María de mis manos. Diablo. Pero un beso tuyo me lo llevo con gusto». Como un polichinela cuyo alambre se le hubiera escapado de las manos por un momento al artista. Allí ardían en los muros.» «No puede ser». Ahí puedes quedarte con la mía.El lobo estepario Hermann Hesse mano esperando mi número. Rogué al hombre del guardarropa que esperara. -¿Has perdido la contraseña? -me preguntó con voz chillona un pequeño diablo rojo y amarillo. difíciles de leer. ¡déjamelo todavía un momento! Pero. estoy enamorado de tu hermoso brazo. Está en el infierno. y pasamos bailando cerca de Pablo. lo que me había dejado el perfume de la rosa de verano tan plena y tan fragante. La apreté en mis brazos. y sólo entonces. por la embriaguez de cientos de personas. Y ahora había desaparecido. negros como la pez. como una fragante rosa de verano florecía su boca plena. otoño era. Varias veces. en el beso. unas veinte parejas bailaban en el pequeñísimo espacio. embriagado por su calor-. por el vértigo de colores. sin gana y viejo. algo borrosas: Esta noche. a partir de las cuatro. yo busqué en el bolsillo del chaleco -¡el número no estaba allí ya!-. durante mis tristes correrías por los salones. -Me hubiese gustado bailar contigo otra vez -dije. Se despidió. éste pendía enamorado de su tubo acústico que aullaba tiernamente. toma parte de nuevo en el juego. por la risa. cuando estuve sentado ante el vino insulso. Pero antes de que hubiésemos dado veinte pasos de baile. no faltaba más que esto. ahora corría de prisa sobre mis pies alados. claro está. pero ninguna era 70 . por el brillo de todos los ojos inflamados. sigue conmigo unos pasos. a mi lado-. había metido la mano en el bolsillo. yo sigo queriéndote. mira. por toda la música zumbona. Y luego bailamos. así yo también. radiante y semiausente nos acogió su hermosa mirada ininteligente. En una alta silla del bar había sentado un joven bello sin careta. camino del infierno. La entrada cuesta la razón. Armanda está en el infierno. vuelve a revivir tras una muerte corta y un estúpido letargo. Una bailarina española voló a mis brazos: «Baila conmigo. para ver el número. luchando con la resolución de volver a marcharme. me había aplanado el calor. me había repugnado el aire perfumado y denso. y siempre había notado en su sitio la contraseña plana y redonda. Seguí corriendo a través de los largos pasillos llenos de tiernas apreturas y por las escaleras abajo hacia el infierno. Armanda me ha llamado. algunas me miraban riendo. Ávido y temeroso observé a todas las mujeres. de frac. la mayoría aún llevaban antifaz. allí no había número alguno. La boca roja bajo el antifaz vino a mi encuentro. Harry. se interrumpió la música. y la orquesta de diablos tocaba febril. por todos los salones. «voy al infierno. fui bajo la lámpara más próxima y leí. en el compás de onestep. Mientras yo la tomaba de un modo mecánico y le daba vueltas en los dedos. Teatro Mágico -sólo para locos-. Jamás ha tenido más prisa un pecador por llegar al infierno. sentía el aire lleno de encanto. sino unos garabatos de letra pequeña. bailotea y funciona otra vez. el cual me pasó revista brevemente con una mirada burlona. -Me lo figuré. reconocí a María. en minúsculas letras vacilantes. Adiós. No para cualquiera. volví a correr elástico.

Mientras bebía. nos inflamaba más al uno para el otro. que estaba embutido en un rincón de la pequeña estancia baja de techo. que únicamente a los elegidos y a los poetas les retorna a veces en las últimas épocas de la vida. Armando bailó con ella. aquellos años anteriores a la madurez sexual. asomándose a su cuello tieso de moda. se me convertía en un desenfrenado paraíso de ensueño. me enamoré muy pronto de ella. mi amigo de la infancia! -¡Armando! -dije a media voz. de qué forma tan divertida y embrujada me daba a beber el dulce veneno! Estuvimos sentados charlando y bebiendo champaña. El baile acabó. una y otra flor me seducían con su perfume. hicimos la corte los dos un rato a la misma mujer.El lobo estepario Hermann Hesse Armanda. me iba envolviendo en miradas. con una nueva significación. lo material y lo espiritual. Fui a ponerme junto a la silla del jovencito y me hice servir whisky. con todos los encantos de su feminidad. sólo un poco alterado el peinado y ligeramente pintada. y todo dotado de la magia del amor y de la fabulosa capacidad de transformación. todo estaba enriquecido con una dimensión de más. la puso hecha un ascua. en aquel momento sufrí una sacudida! ¡Sí. Ella me mostraba mujeres con las que me incitaba a bailar. todo se transmutaba en linda seducción al pasar a mis sentidos. agachados sobre nuestras altas sillas del bar. poco a poco. Pasé al otro lado. llamativamente pequeñas. era un poco hermafrodita. sucumbí a su encanto. Así lo hicimos. sin embargo. como descubridores aventureros. en tanto que a nuestro lado continuaba el baile y se hinchaba la cálida y violenta música.sólo he enamorado a algunas señoras. con el que quieres hacer que me enamore de ti? -Hasta ahora -asintió ella. esta ebria multitud de máscaras. vi el perfil del joven. con la magia de Lesbos. Burlón miraba el bello jovenzuelo hacia abajo desde su alta silla barera. Sin haber llegado a tocarla siquiera. a menudo un poco burlona. y me daba consejos acerca de las artes de seducción que había que emplear con ésta y con aquélla. sino a todo y a todas las cosas. con una fruta y con 71 . sino como mujer. no podía permitirme ninguna caricia. ¿me has encontrado? Era Armanda. la mía y la suya propia. en los cuales la capacidad de amar abarca no sólo a los sexos. todo esto no era más que juego de máscaras. Y. Pero a mí. Pero ahora te toca a ti el turno. todo era juego y símbolo. tratando los dos de conquistarla. muy hermosa. ¡Qué bien y qué exactamente había creído yo conocer a Armanda y cuán nueva del todo se me revelaba en esta noche! ¡De qué manera tan dulce e imperceptible me tendía la anhelada red. Ella representaba perfectamente su papel de mozalbete. era Armando. -Harry. parecía tan conocido y encantador como un retrato de tiempo muy remoto. se la llevó a un quiosco de champaña. -¿Es éste el traje. surgían sus manos de las amplias mangas negras del frac y de los puños blancos. una vuelta por los salones. y me contó después que había conquistado a aquella mujer no como hombre. Como iba vestida de hombre. estuvimos observando diversas parejas y acechamos sus juegos de amor. era sólo una diversión entre nosotros dos que nos enlazaba a ambos más estrechamente. Pues ella estuvo conversando conmigo acerca de Armando y de la niñez. todo este palacio bullicioso lleno de salones en los que zumbaba el baile. y mientras aparecía alejada y neutral en su disfraz masculino. curiosos. Vimos a una mujer joven. en palabras y gestos. ningún ataque. Bebamos antes una copa de champaña. ¡Oh. Su rostro inteligente me miró de un modo singular con toda su palidez. que parecía algo apenada y descontenta. El sonrió. pero todo estaba impregnado por Eros. Nos presentamos como rivales. pero no vino nadie. bailamos alternativamente con ella. Armanda. Pensé que en el próximo intermedio del baile llegaría ella y me llamaría. valioso por el silente velo polvoriento del pasado. y esta misma magia seguía en su papel. Dimos. fumaba cigarrillos y charlaba ingeniosa y con soltura. Y sin que Armanda pareciera esforzarse en absoluto por lograrlo. no podíamos bailar. al bar. Todo era cuento de hadas. y llamativamente lindos surgían sus pies en botines de seda blanca y negra de los negros pantalones largos.

muchos que no había aprendido nunca. era conocido de toda criada de servir. en la misma música. aquella sonrisa y aquel decaimiento medio extraviado del que se deshace en el torbellino de la comunidad. feliz. Una y otra vez tocaron este Yearning. la embriaguez de la comunidad en una fiesta. al tambor o al hombre con el banjo. desaparecía de nuevo en el tumulto. Bailé sin interrupción con todas las que encontraba en mi camino. a todas pertenecía yo. respiraba yo mismo este dulce sueño y esta embriaguez de comunidad. Una y otra vez aparecía a mi lado Armando.. cuyo elogio en la referencia de un baile dada por cualquier estudiante había escuchado yo tantas veces con un poco de soma y con aire de pobre suficiencia. o miraba arrobado y en éxtasis al director. también que nadaban conmigo en el mismo salón. y. En esta noche de baile se me logró un acontecimiento que me había sido desconocido durante cincuenta años. Pero hoy. titulado Yearning. se levantó entusiasmado de su asiento en la orquesta. y cuyas caras radiantes flotaban delante de mi vista como grandes flores fantásticas. todos los bailes. Aquel brillo en los ojos ebrios de un desplazado. en el mismo baile. de vino y de placer sexual. de la unio mystica de la alegría. Y reconocí a la que horas antes me había llamado «viejo oso gruñón». lo mismo que en grandes artistas en el entusiasmo de representaciones solemnes. sopló con violencia en su cuerna. conquistador. y aun en época recentísima había admirado. Yo ya no era yo. con muchachas jovencitas. de un redimido de sí mismo. irradiaba yo mismo. se apoderaba del mundo aquel invierno. dichoso en el estruendo de la música. cuando él. todos estábamos impregnados de él y embriagados. un fox-trot. el lobo estepario Harry. Bailé dos horas o aún más. examinándolas con los dedos. amado. me saludaba con la cabeza. en reclutas y en marineros borrachos. mientras flotábamos en lo irreal.. esta sonrisa. nadaba yo mismo en esta felicidad honda. sin parar. Un baile nuevo. de pronto: -Estás desconocido. A veces había pensado que esta sonrisa. sus aspiraciones mis aspiraciones.El lobo estepario Hermann Hesse otra estuve jugueteando. también en ellos estaba yo. en ejemplos nobles y plebeyos. riendo. mi personalidad se había disuelto en el torrente de la fiesta como la sal en el agua. estaba pendiente de su saxofón en la orquesta. la flor del loto se alzaba espiritual sobre el negro cieno. todos participábamos unos de otros. serpientes me miraban seductoras desde verdes sombras de follaje. infantil. a quien había tenido siempre por un pobre diablo muy digno de lástima. Ahora creyó haberme conseguido. con otras en plena madurez estival y con las que empezaban a marchitarse melancólicamente: por todas ellas encantado. sonriente. lo había visto cien veces en la vida. la arrastré al vértigo y a la embriaguez. A primera hora te encontrabas tan tonto y tan insípido. todo me invitaba cada vez más con afán ardiente hacia la única. todo no hacía más que llevarme al fin anhelado. y. todos íbamos tarareando su melodía. y con frecuencia había visto brillar los ojos del narrador y siempre me había sonreído un poco con aire de superioridad. Y cuando Pablo me vio entusiasmado de este modo. Un momento bailé con una muchacha desconocida. ridiculizado y envidiado este fulgor y esta sonrisa del que se encuentra felizmente fuera de lugar. Bailé con muchas mujeres. y desde allí arriba soplaba hinchando los carrillos y balanceándose con el 72 . mis deseos los suyos. su sonrisa era la mía. aun cuando lo ha experimentado cualquier tobillera y cualquier estudiante: el suceso de una fiesta. dijo ella. pero al baile siguiente era ya otra la que me enardecía. se subió de pie encima de la silla. sin embargo. no sería posible más que a personas muy jóvenes y a aquellos pueblos que no podían permitirse una fuerte individuación y diferenciación de los hombres en particular. y no menos en soldados jóvenes al ir a la guerra. a mi. y no dejaban de pedirlo nuevamente. con señoras jóvenes florecientes. el secreto de la pérdida de la personalidad entre la multitud. entusiasmado. pájaros encantados incitaban desde la enramada. de fábula. el joven sonriente. Con frecuencia había oído hablar de ello. de música y de ritmo. todas me pertenecían. entonces me miró venturoso con sus ojos de fuego. en esta bendita noche. Y hasta los hombres había que contarlos también. radiante. en mi amigo Pablo. este fulgor infantil. un poco con envidia. tampoco ellos me eran extraños a mí.

mejillas. Plena de aroma. se habían fundido y estaban convertidas en una sola y única que florecía en mis brazos. sentimos una vez más. apretadas unas parejas junto a otras. se agitaba todavía el abigarrado frenesí de la fiesta. «¡Ah pensaba yo entretanto-. con grandes risotadas y desesperados otra vez en el baile. en la música. vimos la pálida luz tras las cortinas. un instante se plegó a mí todo su cuerpo hasta abajo a las rodillas. Me sentí atraído hacia ella. gritaban. presentimos próximo el cansancio y nos precipitamos ciegos. en los salones de arriba. sonrió aquella boca con un aire superior y de antigua familiaridad. una hermosa y fresca muchacha. dichosos. reconocí la firme barbilla. Entonces vi de pronto. estaba la negra Pierrette rozagante y pulcra con su rostro blanco tras la careta. un niño!» Había perdido la noción del tiempo. ya puede sucederme lo que quiera. Tampoco me daba cuenta de que la fiesta. cambiada de traje. Y en aquel momento percibimos todos la mañana. llena de deseo y de abandono. Y de pronto. Dos y tres veces enmudeció la orquesta. en las miradas. los codos. nos dimos cuenta del cercano fin del placer. en los besos. todas a las que había mirado con ansias de amor. únicamente en el salón principal y en el infierno. respondía su cuerpo mórbido y juvenil a mis movimientos. se separó el pianista del teclado. pechos y brazos desconocidos. el jovenzuelo. ya no era Armando. hostigaban a la agotada orquesta para que repitiera el Yearning. con más delicadeza y con mayor intimidad que cualquiera otra bailarina de esta noche. saludado por ojos extraños. perfumada ligeramente y con muy pocos polvos en la cara. la única cubierta con un antifaz. en un vestido impecable. Yo flotaba disuelto en el embriagado torbellino del baile. movió la 73 . Mucho tiempo duró este baile de boda. entre los últimos huéspedes que aún quedaban llenando ahora uno de los salones pequeños. Todas las mujeres de esta noche febril. no sé cuántas horas o cuántos instantes duró esta dicha embriagadora. desligado de mí mismo. cogimos frenéticos el compás. Era Armanda. dejaron caer los músicos sus instrumentos. y jugueteando obligaba. un hermano de Pablo. aplaudían. su gola me hacía cosquillas en la barba. reconocí feliz los hombros. Y ella se entregó en el baile. en la marea de luz. y estaban apagadas muchas de las luces. Ya no había pensamientos. en los pasillos se había hecho el silencio. En este baile abandonó Armanda su superioridad. los trajes en desorden. la cogí por el talle y nos pusimos a bailar. sino también al pensamiento. el último en el que aún resonaba la música. Cuando acabó la música nos quedamos de pie. Ardientes se juntaron nuestros labios. se comprimía en un espacio tanto más reducido. que nos tragaba el inmenso oleaje.El lobo estepario Hermann Hesse instrumento fiera y dichosamente al compás del Yearning. perfumes. inflamado. sólo habíamos podido volver a encontrarnos y a saludarnos rápidamente en los intermedios del baile. enardecidas a nuestro alrededor. rodeado de rostros. al inclinarme durante el baile buscando su boca con la mía. su frialdad: sabía que ya no necesitaba hacer nada para enamorarme. suspiros. rodillas. todas aquellas con quienes yo había bailado. todas las parejas. La mayor parte de la gente se había ido ya. cada vez a nuevos contactos. me rozó la cara su cabello. una orquesta tras la otra había enmudecido y se había marchado. entonces vi de pronto una negra Pierrette con la cara pintada de blanco. arrojado de un lado para otro por la música como en un oleaje acompasado. todas las que yo había inflamado y las que me habían inflamado a mí. allá abajo. radiante. con la gola intacta. Como no podía bailar con Armanda. y yo y mi pareja le tirábamos besos con la mano y acompañábamos la música cantando a grandes voces. aquellas a las que yo había solicitado y a las que me había plegado lleno de ilusión. una figura encantadora que yo no había visto aún en toda la noche. las manos. luego me retiró su boca y bailó muy discreta y huyendo. Yo era suyo. los evitaba. en un momento de medio lucidez. no sólo a la vista. alcanzado por notas. la escalera estaba desierta. que aumentaba en ardor constantemente. los puños de pico brillantes y con un peinado recién hecho. ya he sido yo también feliz por una vez. cuanto más al rojo se iba poniendo. abrazados. Mientras que a todas las demás se les conocía lo tarde que era en los rostros encendidos. su burla. los cuellos y las chorreras arrugados. en la sonrisa. daban golpes en el suelo con los pies. y últimamente se me había eclipsado en absoluto. seductora. labios.

que realmente eran ojos irracionales. Allí estábamos los dos. Seguimos su seña. la que me miraba por sus ojos negros. pero inexorable y fría. hasta la realidad de mi deseo sensual hacia ella. alumbrada de azul desde arriba y casi completamente vacía. el ave temerosa y perdida. a Armanda a la derecha. en una capa de realidad que se había hecho muy tenue. Tenía puesto un batín de seda de colores sobre cuyas vueltas encarnadas aparecían notablemente marchitos y descoloridos el cuello reblandecido de su camisa y su rostro sobrecansado y pálido. se embutieron escalofriantes en sus abrigos y se subieron los cuellos. horrible y extraña. Lejana y elevada resonó aquella extraña risa en espacios desconocidos. una carcajada extraordinariamente clara y alegre y. a mí a la izquierda. ¿Está usted dispuesto? De nuevo asentí. Todo el mundo se dispersé con horror y como espectros. estaba dispuesto! Ahora apareció en la puerta Pablo. Poco a poco levantó los brazos y se echó para atrás el cabello. Asentí. -¿Estás dispuesto? -preguntó Armanda. y el tocador de flauta guiñó los ojos y guardó el instrumento en su funda. ¡Oh. tocaban de una manera más salvaje. En alguna parte. todos los jugueteos y posibilidades de su hermoso cuerpo. y su risa los convertía en ojos humanos. quien hablaba por él? ¿No era acaso también sólo mi propia alma. brilló a la luz su axila. pálida. pero sonriente. todos sus encantos. lo borré una mirada de Armanda. cuesta la razón. pero siempre fueron enardecidos de nuevo por tocaban más de prisa. sentí que por la espalda me invadía un enorme cansancio. cayeron cansados nuestros brazos como los de los trompeteros y violinistas. estaba sentado en la habitación redonda iluminada de azul. y en la puerta me dijo a mí en voz baja: -Hermano Harry. los bailarines. Ante su mirada. invito a usted a una pequeña diversión. una tenue sombra infinitamente delicada corría desde allí hacia el pecho oculto. Con toda su cordial amabilidad nos hizo una seña. oí cerrar una puerta. ¿Dónde estábamos? ¿Estaba yo durmiendo? ¿Me encontraba en mi casa? ¿Iba sentado en un auto caminando? No. el músico. no había dentro más que una pequeña mesa redonda y tres butacas. Por un momento me desperté y volví a tener plena conciencia de las cosas. los últimos en el salón. se abrieron las puertas y entró a torrentes el aire frío. romperse una copa. aparecieron unos camareros con manteles y el encargado del bar apagó la luz. se derrumbé toda la realidad. Allí estábamos los dos mirándonos. ya lo creo.El lobo estepario Hermann Hesse cabeza negativamente el primer violín. pero los negros ojos radiantes borraban esto. lo mismo que se había disipado la sombra sobre su pecho. Armanda estaba allí de pie. oí resonar una carcajada. en las que nos sentamos.se cerró de un golpe seco la tapa del piano. ¡Amable sujeto! Delicada y cuidadosamente nos cogió del brazo. por la cual parecía estar mirándome mi propia alma. mirándonos. Luego -nosotros aún estábamos abrazados y respirando penosamente por el último baile afanoso. y se disipé su sonrisa. a una distancia y a una altura imprecisas. ¿Por qué estaba Armanda tan pálida? ¿Por qué hablaba Pablo tanto? ¿No era acaso yo mismo quien le hacía hablar. Encantados nos miramos el uno al otro. Entrada sólo para locos. sin embargo. En alguna parte. también me encantaban. y nos llevó por una escalera a una pequeña habitación redonda. y la pequeña línea ligera de sombras me pareció abarcar. vi sobresalir de los puños arrugados y reblandecidos por el sudor mis manos encarnadas y con las venas gruesas. abajo. perderse unas risas ahogadas. una risa como de hielo y de cristal. me miré a mí mi pobre alma pequeña. que hasta entonces estaban enardecidos con calor. en una atmósfera enrarecida. Pero inmediatamente pasó esto otra vez. lo mismo que por los ojos grises de Armanda? 74 . como una sonrisa. y nos deslumbré con sus ojos alegres. los últimos en el edificio. También borraban la realidad. luminosa y radiante. mezcladas con el estruendo maligno y raudo de los automóviles que arrancaban. pero los ojos de los animales están siempre serios. y los suyos reían sin cesar. sentí en mi cuerpo desagradablemente húmedas y tibias las ropas resudadas. ¿De dónde me sonaba a conocida esta risa extraña? No podía darme cuenta.

este mundo. sacó de su batín de seda un encendedor y nos ofreció fuego. cuyo humo era espeso como el incienso. con su voz buena y cálida: -Amigos. con la que ha soñado muchas veces. ¿Estáis conformes? Nos levantamos. y dentro de este Harry. No puedo dar a usted nada: sólo la ocasión. descorrió una cortina y nos encontramos en el pasillo redondo. hablaba mucho y largamente. y probablemente estamos todos algo cansados. es de esperar que encontréis toda clase de cosas para reír. y que lo que usted busca es el mundo de su propia alma. lo mismo que en un río un afluente de otro color enturbia y remueve. -Ya hemos descansado -dijo Pablo-. -Vea usted: así se ha visto usted hasta ahora. y que. hablaba Pablo amortiguadamente con su cálida voz: -Es para mí una alegría. la clave. en un mundo sin tiempo. como si lo llenasen a uno de gas y perdiera su gravedad. Cada uno de nosotros. nos hemos fortalecido y hemos charlado un poco. 75 . De un nicho que había en la pared tomó tres vasitos y una pequeña botella singular. un lobo hermoso y farruco. un retrato siniestro que se agitaba. en forma de herradura. El. y entrar en otra realidad más adecuada a usted. a quien yo apenas concedía una idea. Si ya no os sentís cansados. Triste. en lucha penosa. estaba hablando ahora. poder hacerle a usted hoy un poco los honores. Hágalo usted. sonriente. y a pequeños y lentos sorbos bebimos el líquido agridulce. trabajaba y fermentaba dentro de sí mismo: vi a mi propia imagen. a medio conformar. esto es todo. cerré los ojos y tomé un sorbito del elixir. Metió otra vez la mano en el bolsillo de su batín policromo y sacó un espejo redondo de mano. Yo he de ayudar a hacer visible su propio mundo. en efecto. pero con una mirada descarriada y temerosa. a Harry Haller. y esta figura de lobo fluía en incesante movimiento por el interior de Harry.El lobo estepario Hermann Hesse Con toda su bondad amable y un poco ceremoniosa nos miraba Pablo y hablaba. Yo no puedo presentarle ninguna otra galería de cuadros que la de su alma. un número increíble de estrechas puertas de palcos. espejito en mi mano»). y a ambos lados el corredor. Además. en forma de arco. largos y amarillos. al lobo estepario. Usted sabe muy bien dónde se oculta ese otro mundo. ofrecía un número grandísimo. a ratos fiero y a ratos triste. Por eso vamos a descansar aquí antes y a fortalecernos. descansando y saboreando los vasos. el impulso. -Así se ha visto usted siempre -repitió Pablo dulcemente. Así estuvimos sentados fumando a pequeñas chupadas. abrió una puerta. se puso entonces a fumar lentamente su cigarrillo. actuaba animando extraordinariamente y haciendo feliz. ¿no es verdad? Anhelaba abandonar este tiempo. llenó de la botella los tres vasitos. que Harry está deseando hace ya mucho tiempo. un teatro divertido. triste me miraba el lobo deshecho. a quien yo no había oído hablar seguido. Únicamente dentro de su mismo interior vive aquella otra realidad por la que usted suspira. Me tuvo el espejito delante de los ojos (se me ocurrió un verso infantil: «Espejito. de un teatro exactamente en el centro. infiltrándose el uno en el otro. a quien no interesaban las disputas ni los formalismos. usted se afanaba por salir de aquí. que sabía a algo extrañamente desconocido y exótico. con los ojos brillantes. -Este es mi teatro -explicó Pablo-. Yo no puedo darle nada que no exista ya dentro de usted. algo esfumado y nebuloso. os he invitado a una diversión. cogió de la caja tres cigarrillos delgados. querido amigo. recostado en su butaca. Agradecido. entonces voy a llevaros ahora a mis vistas y a enseñaros mi pequeño teatro. y volvió a guardar el espejo en el bolsillo. yo le invito a ello. charlaba corrientemente y sin faltas. Muchas veces ha estado usted muy cansado de la vida. esta realidad. Un poco tarde es. querido Harry. Pablo iba delante. sentimos que nos aligerábamos y que nos poníamos alegres. llenos de afán incumplido de concreción. con sus tímidos ojos hermosos. Sacó una cauta exótica de madera de colores. y vi.

por fin. Harry. sólo un par de notas. de ensancharse el pecho y al mismo tiempo de admiración porque no haya dolido. Usted está aquí en una escuela de humorismo. Haz el favor. -Mi teatrito tiene tantas puertas de palcos como queráis: diez. de irte por ahora detrás de la cortina. o mil. nunca me has gustado tanto como hoy. como nostalgia. Usted. La borrosa imagencita del espejo hizo unas contracciones y se esfumó. muy bien. pasando por delante de un gran espejo que cubría la pared posterior desde el suelo hasta el techo. Ya. finalmente. muy hondos. que se perdió rodando por el suelo del pasillo sin fin. voy a iniciar primeramente a Harry. donde volverá a tenerla a su disposición en el momento en que lo desee. tal como está. Harry. -Así. pero no le serviría de nada recorrerlo así como está usted. todo a través de las viejas gafas del lobo estepario. el Tractat del lobo estepario y. hasta el punto de que hube de soltar una carcajada liberadora. no representan otra cosa que el deseo de desprenderse de su llamada personalidad. como recuerdo. una sensación de aligeramiento. se había vuelto gris y basta y opaca. Ponerlo de buen humor. Basta con que usted. Riendo arrojó Pablo aquel tiesto. Pues todo humorismo superior empieza porque ya no se toma en serio a la propia persona. ¿no es eso? ¿Sí? ¿No tendrá usted miedo? Está bien. calladamente. aún aprenderás a reír como los inmortales. Con navajas de afeitar no se consigue esto. va usted a entrar en nuestro mundo fantástico. lo habrán preparado sin duda suficientemente. Ahora. un cuadro que me era bien conocido y que en verdad no me resultaba simpático. tiene que aprender a reír. Usted se encuentra perfectamente. Miré con fijeza en el espejito. Armanda desapareció hacia la derecha. la pequeña superficie redonda del cristal estaba como si de pronto se hubiera quemado. como es costumbre. Por eso se le invita a que se desprenda de sus gafas y a que tenga la bondad de dejar esa muy honorable personalidad aquí en el guardarropa. caro amigo. En la próxima ocasión beberemos fraternidad. espejito en la mano. entrase en el teatro. Volvió a sacar otra vez el pequeño espejo del bolsillo y me lo puso delante de la cara. querido. Luego cedió la ligera opresión a un sentimiento nuevo. o ciento. tiene usted ahora que extinguirla. observe esta imagen con una risa sincera. cuando su humor lo permita. parecido a aquel que se nota cuando se extrae un diente enfermo de la mandíbula anestesiada con cocaína. Es una bonita galería de vistas. ¡Cuídate de que permanezca muerto! En seguida podrás abandonar la necia realidad. sin temor y con cordial alegría. La preciosa noche de baile que tiene usted tras sí. De nuevo me miró el Harry desconcertado y nebuloso e infiltrado de la figura del lobo que se debatía dentro. pero ellas me atravesaron violentamente. has matado al lobo estepario. pero dolorosos. empezando. Armanda. Sin duda ha adivinado usted hace mucho que el dominio del tiempo. reía él con estrépito. Por un instante sentí yo también unos sacudimientos dentro de mí. enseñarle a reír. era otra vez la risa clara y extraña que ya antes había oído resonar desde arriba. Y si usted. cuya destrucción no me daba cuidado alguno. como arrepentimiento. Y si luego le das aún algo de valor. el pequeño excitante que acabamos de tomarnos. en el cual el lobo Harry ejecutaba sus sacudidas. Esta es la cárcel que lo aprisiona. podemos también filosofar juntos y disputar y hablar 76 . en el interior pueden ustedes volver a encontrarse cuantas veces quieran. el derecho. Armanda. por un pequeño suicidio aparente. es la finalidad de todos estos preparativos.El lobo estepario Hermann Hesse Y al decir esto. -Esta imagen. Se encontraría atado y deslumbrado por lo que viene usted llamando su personalidad. otra cosa no hace falta. y detrás de cada puerta os espera lo que vosotros vayáis buscando precisamente. yo espero que usted se abrevie el camino. -Bien reído -gritó Pablo-. la redención de la realidad y cualesquiera que sean los nombres que haya dado a sus anhelos. Y a este sentimiento se agregaba una rozagante satisfacción y una gana de reír irresistible. venga usted y esté muy contento. de la que ya se puede prescindir. después de quitarse su respetable personalidad. lo vería todo con los ojos de Harry. tendrá a su disposición el lado izquierdo del teatro. caro amigo.

colegiales. Elígete cuadros bellos y alegres y demuestra que realmente no estás enamorado ya de tu dudosa personalidad. echó a correr como un rayo por el pasillo. La inscripción ¡A cazar alegremente! Montería de automóviles me atrajo. hacia la izquierda. calvos y con grandes melenas. ja! (De nuevo volvió a reír de un modo tan hermoso y tan terrible. Ahora comprenderás por qué antes no era posible.El lobo estepario Hermann Hesse acerca de música y acerca de Mozart y de Gluck y de Platón todo cuanto quieras. la antigua y sabia sentencia: «Un espejito en la mano. Mas si. leí el letrero: Todas las muchachas son tuyas. completamente jóvenes. aquí no hay más que fantasías.) Así. 77 . una décima. se dispersaron en todas direcciones. preparada. Tú conoces. Pero apenas lo hube reconocido. se puso a leer. de modo que quedé frente al espejo gigante de la pared. niños. los aplastaban horrorosamente contra las paredes de las casas. bien vestidos y harapientos y hasta enteramente desnudos. de treinta años y de cinco. también el espejo parecía que se había disipado y con él todas las numerosas imágenes de Harry. Yo corrí tras él. saliéndose de él. se desplomó. durante un pequeñísimo momento. Comprendí al punto: era la lucha entre los hombres y las máquinas. Entre risas y pequeñas caricias extravagantes me hizo dar media vuelta. y cada uno fue visto y reconocido por mí con la rapidez del relámpago. una promesa. un jovenzuelo de dieciséis o diecisiete años. mozalbetes. contra mi costumbre. nosotros estamos aquí en un teatro de magia. a cada uno de los cuales sólo vi y reconocí un momento brevísimo. Uno. más viejos. otros. algunos. que me gustaba a mí singularmente. tu suicidio no es definitivo. También Pablo había desaparecido. y todo el enorme espejo se llenó por todas partes de Harrys y de trozos de Harry. ahora ven y mira en un espejo verdadero. lo abrazó y echó a correr con él. En él me vi. Te hará pasar un buen rato. se quedó parado ante una. y fui pasando curioso de puerta en puerta. abrí la puerta estrechita y entré. un tipo joven y elegante. Algunos estos Harrys eran tan viejos como yo. Me di cuenta de que ahora me encontraba abandonado a mí mismo y al teatro. muchachos. de cabeza se arrojó por la ranura y desapareció detrás de la puerta. los atropellaban haciéndolos papilla. no hay realidad. naturalmente. hacia dentro en el fondo de espejo. y ahora no falta por ejecutar más que una muy pequeña ceremonia y muy divertida. radiante y risueña. al Harry que yo conocía. es mejor quedos en la pared. Porque. Me encontré arrebatado. Échese un marco. segregándose de él una segunda figura. desde luego. Has tirado ya las gafas de tu personalidad. El simpático joven se incorporó de un salto. a pesar de todo. serios y joviales. en un mundo agitado y bullicioso. y todos eran yo. no necesitas más que mirarte de nuevo en el espejo que ahora voy a enseñarte. Y otro. Es de esperar que consigas por hoy deshacerte del lobo estepario. saltó riendo al pecho de Pablo. respetables y ridículos. de numerosos Harrys. hacia la derecha. y desapareció. la volvieras a desear. una vigésima. ávido.» ¡Ja. hacia fuera. Por las calles corrían los automóviles a toda velocidad y se dedicaban a la caza de los peatones. las inscripciones de todas las puertas. arrapiezos. pero con una cara placentera. y en cada una leía una inscripción. una seducción. Vi. una tercera. Harrys de cincuenta y de veinte años corrían y saltaban atropellándose.

de la cultura. y dentro de mí mismo florecían estas salvajes flores rojas. del derecho. vamos a ver si corregimos aquello ahora un poquitín. saltó listo como un mono al volante. -Hola. del cual no había vuelto a saber nada en tantos decenios. enteramente como en la infancia. que conducía hacia arriba en curvas atrevidas. El caso es que lo principal estaba claro: había guerra. claro y sincero. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación. Pero lo más hermoso de todo fue que junto a mi surgió de pronto mi compañero de colegio. por todas partes también automóviles apedreados. el más fuerte y el más sediento de vida entre los amigos de mi primera niñez. Me hizo una seña y le seguí inmediatamente con alegría. pastos. de la propiedad. de fruslerías en el fondo. praderas. y. pero ahora. un tanto inquieto por el tiroteo bastante vivo. me quedé parado ya ante uno. ya no hay más teología. Yo soy teólogo. su lógica aplastante. con cuya ayuda habríamos de convertirnos en dioses. y subiendo luego lentamente por una enorme montaña. fuera de la ciudad y del suburbio. más bien decorativas y teatrales. a través de una gran llanura. arroyos y marismas. una guerra violenta. sin embargo. espera. De un pequeño automóvil. racial y altamente simpática. para que pudiera volver a salir la hierba y surgir otra vez del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques. Maldito coche. hondamente convencido. ¡cuánto me place volver a verte! ¿Qué ha sido de ti? Furioso. ya lo pensaremos luego. y también a éstos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y con ametralladoras. y que en otro tiempo había sido el más fiero. afortunadamente. en cambio. Anda. Se me alegró el corazón cuando vi que sus ojos azules claros me miraban de nuevo moviendo los párpados. -¡Bárbaro! ¿No hay que hacer más que empezar a preguntar ya y a perder el tiempo en palabrería? Me hice teólogo. Por todas partes yacían muertos y mutilados. ya lo sabes. en donde no se trataba de emperadores. bien vestidos y perfumados. y mi antecesor Lutero ayudó en su tiempo a los príncipes y poderosos contra los campesinos. a asesinar por fin a los ricos opulentos. que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles. Pensativo y admirado leí los anuncios. ni de banderas y colores y otras cosas por el estilo. en el cielo engendrado. y ensalzaban las máquinas como la más alta y última conquista del hombre. en letras gigantescas que ardían como antorchas. Rápidos como el viento. Con alegría me incorporé a la lucha. distante cuatro millas. -¿Qué dices? Eso es cuestión de gusto. entre balas de fusil y coches volcados. fronteras. Vi cómo a todos les salía risueño a los ojos. muchacho. sino guerra. salimos de allí crepitantes hasta llegar a un paisaje verde y tranquilo. -¿Tú estás al lado de los fabricantes? -pregunté a mi amigo. del trabajo. echó abajo de un tiro al conductor. y no reían menos. de un modo extraño me impresionó su inflamada oratoria. empezó a reír. Gustavo. sino en donde todo aquel a quien le faltaba aire para respirar y a quien ya no le sabia bien la vida.El lobo estepario Hermann Hesse esperada y temida desde hace mucho tiempo. retorcidos. cantaban con verdadera emoción la bendición del orden. a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada. medio quemados. ya ante el otro. en colores más finos y menos infantiles. es de esperar que aún aguante todavía un par de kilómetros. entre una 78 . y. tenían razón. sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos. grandes y lozanas. ven. Aquí hicimos alto en una carretera lisa y reluciente. que no cesaban de toser. lo hizo parar y me mandó subir. a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas. los rojos y los verdes. de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal. aun cuando en el fondo es perfectamente igual. Gustavo -grité feliz-. el afán de destrucción y de exterminio. prevenían con afán a todos los propietarios y a todos los circunspectos contra el caos amenazador de la anarquía. que en aquel momento venía hacia nosotros resoplando. la que por fin había estallado. Otros anuncios. es preferible que escojamos el otro partido. luego corrimos rápidos como el diablo. daba persuasiva expresión a su malestar y trataba de preparar la destrucción general del mundo civilizado de hojalata. redactados en una forma muy inteligente y espiritual. Pero no. repúblicas.

79 . volcó hacia atrás. Al dar la vuelta al coche se habían caído dos de los muertos. El próximo me toca a mí. en realidad. El hombre se desplomó. Fue un momento de tensión maravillosa. nada se movía. siguiendo el ejemplo de grandes predecesores. a trabajar! Arrojamos a los muertos en pos del coche. Le hicimos fuego en seguida desde la misma carretera. -A otra cosa -dijo Gustavo riendo-. Cogí una y leí en ella las palabras Tat twam asi. Esperamos un momento. quién sabe si la más linda cara de mujer reía bajo aquel velo. Gustavo me miró riendo claramente. aquí han de saltar. chocó gravemente y con furia como un abejorro gordo y grande contra el muro de contención. ¡Ea. de la cabeza de una mujer ondeaba un trozo de velo rígido y horizontal. La saludamos amables y le ofrecimos nuestros servicios. el coche siguió zumbando. y arriba. dio el coche un salto contra la roca vertical. cayendo sobre la carretera con las ruedas hacia arriba. al tiempo que el pesado coche cruzaba corriendo por debajo de nosotros. rápidamente. Son pobres diablos como nosotros. pero una bonita muchacha se apeó ilesa. quizás hubiese sido más justo y más bonito. aún estuvo crujiendo un rato al chocar con los matorrales. se estrelló luego y quedó tendido jadeante. pon atención. -Ea. en la copa. Apenas nos hubimos refrescado un poco y acomodado en aquel puesto de caza. Santo Dios. Se quemó por completo. Descendimos y estuvimos contemplando aquella hoguera. más de cuatro ejes. dentro. Ya llegaba corriendo otro coche pequeño. y que dominaba desde lo alto un brillante lago azul. ocultándonos en la atalaya que nos gustó mucho. Pero Gustavo ya había disparado. pistolas. cajas con cartuchos. los ocupantes bajo su coche. en los asientos venían dos o tres personas. presos como en una ratonera. que venía caminando crepitante a gran velocidad por la reluciente carretera de la montaña. hechos pedazos. Allí encontramos fusiles. Junto a la carretera había un pino grande. una atalaya y mirador. no extender a las bellas damas nuestro bravo afán de matar. aunque pálida y temblando violentamente. no podía hablar y un rato nos miró con los ojos desencajados. guiñando astuto sus ojos azules. en silencio yacían allí. y nosotros con él. Uno tenía el traje todavía bastante bien conservado. cuando ya resonó por la curva más próxima. es indiferente cómo se llamen las personas que asesinamos aquí. entretanto preparamos unos troncos de madera y lo empujamos hacia un lado. ronco y dominador. -Hermosa comarca -dije. y allí estaban tendidos. un velo azul claro. El chófer hizo unas contracciones. Estaba demasiado asustada. y allí pudimos respirar a nuestras anchas. Este zumbaba y se movía aún y hacía dar vueltas a las ruedas en el aire de un modo cómico. Podemos llamarla la carretera de los ejes. Tenemos que bajarnos y dejar otra vez la carretera libre. -Tiene gracia -dijo Gustavo-. Siguió un rato. Este mundo tiene que ser destruido. registré sus bolsillos por si encontrábamos quién hubiera sido: una cartera de piel apareció. Ya teníamos las escopetas en la mano. Ya se acercaba bocinando un nuevo auto. el ruido de un gran coche de lujo. como loca. con las ropas quemadas en parte. dio la vuelta y cayó por encima con ruido seco en el abismo.El lobo estepario Hermann Hesse escarpada roca y un pequeño muro de protección. Diez minutos debajo del agua seria la solución menos dolorosa. realmente me daba lástima de él. se desplomó. Y ya apuntaba yo y disparé a la gorra azul del conductor. Pero. los nombres no hacen al caso. vamos a cuidarnos primeramente de aquel pobre señor anciano -dijo Gustavo. chocó contra la roca. -Un Ford -dijo Gustavo-. hacia atrás. había tarjetas de visita. Harrycito. si estuviésemos jugando a los bandidos. echándolo por encima del borde de la carretera al abismo. rebotó hacia atrás. uno que iba dentro permaneció sentado en el interior. y presurosos nos bajamos de nuestro coche y gateamos por el tronco. -Muy bonita. -Apunta al chófer -ordenó rápidamente Gustavo. vimos construida de tablas como una especie de cabaña. pero de repente dejó escapar un terrible estampido y se halló envuelto en llamas luminosas. vacilante como un borracho.

sin embargo. tenía abiertos los inteligentes ojos grises claros. como si quisiera escupir. hubiera preferido hacer siempre lo contrario. pobres diablos. yo era profesor de Teología. a pagar impuestos para armamentos. sino por gusto. ya no lo es hoy. -Lo que ayer era normal. Sólo que nosotros no matamos por obligación.. por lo general. -¿Y tiran ustedes a todo el mundo.. ya estoy condenado a vivir. yo ayudo con gusto. -Tanto mejor. Ustedes no han asesinado sólo a mi chófer. Y ahora haga usted el favor de apearse. mi nombre es Gustavo. a ser soldado. pero fue perceptible la buena intención. No lo consiguió de un modo muy brillante. Usted mismo se ha encargado. Lo mismo que la profesión de verdugo es matar a los condenados por mí. Hoy somos de opinión que cualquier velocidad a la que pueda marchar un auto es excesiva. siento que esto se acaba. como antaño en la guerra. Por ejemplo. Por haberme traído al mundo una madre. 80 . ¿No es así? -Así es. todo ello no era bueno de verdad. acaso son los dos la misma cosa. Probablemente mañana o pasado estaremos liquidados todos. Usted vive de acusar y de condenar a otras personas. señor fiscal. -Como guste. -Exacto. y las demás máquinas también. Pero no salió más que un poco de sangre que se quedó pegada a su barbilla. Tenga la bondad de terminar su cometido. Usted no ignora que nuestro continente estaba horrorosamente sobrepoblado.El lobo estepario Hermann Hesse Y se dirigió al viajero. -Permita usted. por lo menos le salía sangre de la boca y el cuello lo tenía horrorosamente torcido y rígido. ¿No le ha divertido a usted nunca matar? -Me está usted fastidiando. en este momento. ¿Se puede saber por qué han disparado contra nosotros? -Por exceso de velocidad. Nunca he llegado a comprender cómo un hombre puede ser fiscal. la culpa de vivir me ha llevado otra vez. -Espere usted -dijo cortésmente Gustavo-. La noción del deber ciertamente que no la conozco.. Ahora ya va a sobrar aire. es mi mecanógrafa. a lo que se ve. -Prefiero que me destruyan ustedes con él. Era mi profesión. matar nos proporciona cierta diversión. el de la culpa. y con gusto sucumbo yo mismo a la vez. Permita todavía una pregunta: usted es fiscal. no la conozco ya. ¿Es seguramente su hija? -No. -Soy el fiscal Loering -dijo lentamente-. sino a mí también. Pero aun cuando no conozca ya el concepto del deber. Calló y contrajo los labios. ¿Podemos preguntar con quién tenemos el honor. Yo cumplía con mi deber.. Era un señor con el cabello gris. me he rendido a la culpa. En otro tiempo me dio mucho que hacer por razón de mi oficio.? El viejo miraba fría y tristemente con sus pequeños ojos grises. Por eso. Lo que me parecía que era el deber y lo que me fue ordenado en toda ocasión por las autoridades y los superiores. El fiscal hizo un gran esfuerzo para sonreír un poco con sus labios llenos de sangre coagulada. por desesperación del mundo. por la dama joven y bella lo hubiera sentido mucho. Si la noción del deber le es a usted desconocida. -Nosotros veníamos con velocidad normal. ¿También sus escopetas? -También a ellas ha de llegarles su turno. o permita usted que lo saquemos del coche. Y ahora. de idéntico oficio. estoy obligado a pertenecer a un Estado. sin distinción? -Claro. Y en esta ocasión no mato con repugnancia. no tengo nada en contra de que este mundo sobrecargado y necio salte en pedazos. Por algunos puede sin duda que sea una lástima. Además fui soldado y estuve en la guerra. ya soy culpable. si aún nos queda tiempo. Nos hemos tomado la libertad de pegar un tiro a su chófer. por disgusto. o mejor dicho. pero parecía estar gravemente herido. anciano. pues el coche ha de ser destruido. a tener que matar. Nosotros destrozamos ahora los autos todos. que aún continuaba pegado a su Sitio detrás del chófer muerto. conozco. Usted mata también.

Pero Gustavo le explicó que estábamos en la guerra y que ella tenía que mostrar que era una muchacha valiente. obedientes. -¡Abajo del coche! -ordenó Gustavo-. ¡Séanos un buen camarada! Ea. y echó abajo de un tiro al conductor. levantaron las manos. es una niñada. Pero ahora. y luego aceleró inmediatamente su velocidad. Claro que lo que hacemos no es razonable. y quedó tumbado. -Dora -dije-. Pronto se va a estar aquí poco confortablemente. lo hundió en parte y se quedó pendiente. ahora es cuando lo notamos precisamente. -Señorita -dijo Gustavo-. -¡Pretencioso! -dijo riendo Gustavo. O nos quedamos aquí arriba tranquilamente y hacemos fuego contra todos los coches que quieran pasar. ¡Vamos. Al principio estaba torpe y se hizo sangre en un dedo. -No lo sé -dijo Gustavo-. -Es cómico -dije. ha perdido usted a su jefe. o tomamos a nuestra vez un coche. está gravemente herido. Al poco tiempo ya había llegado abajo un nuevo coche. Entretanto había vuelto en si nuestra mecanógrafa y había estado presenciando los acontecimientos. como también la guerra era una niñada monstruosa. -Entonces tengan ustedes la bondad de sacar con cuidado de su asiento a este señor. Antes no se notaba tanto. Nosotros podemos elegir. Así se calmó. Y luego llévenlo en el coche que han traído ustedes hasta la ciudad más próxima. dio un salto contra el muro. que cada uno no sólo quiere respirar el aire que le corresponde. sino hasta tener un auto. lloró y pidió un tafetán. la humanidad tendrá que aprender alguna vez a 81 . ¿Sabe usted gatear. -Pero van a venir con policía y soldados y nos matarán. Dijeron que no. Yo estoy porque nos quedemos aquí. Es de suponer que por lo demás no tuviera mayores vínculos con usted. Pronto se dio cuenta de él. La señorita se puso mala arriba. es que hay demasiadas personas en el mundo. sin pararse. señor colega. nos apretamos contra las rocas y dejamos al coche que llegaba chocar contra los restos del otro. La cogeremos entre los dos y la ayudaremos. Tenga la bondad de cumplir ahora con su deber. el tiempo apremia. Rápidamente cogimos nuestras escopetas y apuntamos a los recién llegados. pero tomó una copa de coñac y pronto estuvo tan repuesta que pudo apreciar la magnífica perspectiva sobre el lago y la montaña y hacernos saber que se llamaba Dora.que divierta tanto el pegar tiros. Abajo había ya otro coche. pero se quedó parado indemne. Gustavo sonreía. -Pero ¿qué va a ser de nosotros? -preguntó ella luego. señorita? ¿Sí? Pues vamos allá. Bailó un poco el coche. salimos corriendo y dejamos que otros nos tiroteen. el cual pasó con precaución junto al auto destrozado. resonando hacia arriba su bocina. Y eso que yo era antes enemigo de la guerra. pero le enseñamos a cargar un fusil. ¡Manos arriba! Tres hombres bajaron del auto y. -Ya no hay policía ni cosas de ésas. somos.El lobo estepario Hermann Hesse -Está bien -dijo-. Sí. A mi amigo Harry le gustan las mujeres bonitas. Dora. ¿sabe usted manejar escopetas? No sabía. Queda usted contratada por mí. con las ruedas en alto. La linda muchacha se había sentado entretanto en el borde de la cuneta y estaba desmayada. -¿Es médico alguno de ustedes? -preguntó Gustavo. Frenó violentamente y se encalabrinó hacia lo alto. inclinado sobre el abismo. Gustavo dio la orden y todos partieron precipitadamente. pues. En este momento se oyó de nuevo la bocina de un coche que venía zumbando a toda marcha. manos a la obra! Prontamente fue acomodado el viejo señor en el otro coche. Trepamos a nuestra cabaña del árbol los tres todo lo rápidamente posible. Retiramos a la muchacha un poco a un lado. él será su amigo de usted. Me gustaba haber hecho este precioso botín. compañeros. Andando el tiempo. Da igual tomar un partido u otro.

Entretanto pasaba por abajo un caminante. es probablemente bueno y necesario. Dora lloraba un poco. bebió en la botella. no hay más remedio que tener balas en el cañón. -Váyase usted ya o disparo -gritó Gustavo hacia abajo. al otro lado. El hombre le apuntó y disparó aún otra vez. tan laudable y necesaria. sin embargo. -¿Es que vamos a perecer todos? -preguntó. a éstos no podemos matarlos con filosofía. empezaron a tocar las campanas a rebato y con angustia. Un superviviente. -Sí -dije-. No está bien que la humanidad esfuerce excesivamente la inteligencia y trate. yo acaricié sus húmedas mejillas. con la sombrilla apretada debajo del brazo. Aún llegaron dos coches. porque la simplifican de una forma tan pueril. Por el momento. se sentó apaciblemente en el muro. vino corriendo dando grandes voces y disparó contra nosotros muchas veces hacia lo alto con un revólver. Riendo. y pronto vimos cómo el fuego se propagaba de uno a otro tejado. lo que hacemos es acaso una locura y. anduvo rebuscando en ellos. Nos dispusimos al descenso. Tuvimos tiempo de observar el hermoso panorama. La carretera estaba interceptada. 82 . Con seguridad encontraremos en los coches algo que comer. En aquel momento cedieron las estacas y los dos nos precipitamos en el vacío. está a punto de convertirse en un cliché. Pero haz el favor de cargar de nuevo tu escopeta. al punto nos pareció tonta y repulsiva toda nuestra conducta. Pero es fama que en la guerra alguna vez los mismos generales han tenido una sensación así. respondió Gustavo: -Muchacho. y yo le dije a Gustavo: -¿Te sería ahora posible disparar a este tipo simpático y hacerle un agujero en la cabeza? Dios sabe bien que yo no podría. en la ciudad ardiendo. Al otro lado del lago había en el fondo una pequeña ciudad. Y quizá tengas hasta un poquito de razón. un hombre gordo y con la cabeza colorada. diablo. Se marchó pacíficamente. sin embargo.. Entonces lo abatimos con dos tiros. Nosotros los locos acaso la ennoblecemos otra vez. un bolso de señora y una botella de vino. pacífica e infantilmente. allí empezó a elevarse una columna de humo. De aquí que surjan esos ideales como el del americano o el del bolchevique. vio en el suelo los automóviles destrozados. es un placer y da gusto prestar atención a este pozo de ciencia.. reaccionamos contra el insufrible estado de cosas de una manera bastante poco razonable. de poner orden en las cosas. Luego se quedó silenciosa y vacía la carretera. la noticia de su peligro parecía haberse extendido. con la ayuda de la razón. Cuando ayudé a Dora a trepar por encima del parapeto. vamos a bajarnos. que aún están lejos de ser accesibles a la razón misma. en otro tiempo un alto ideal. Pero también a él le había entrado en el ánimo cierta desazón. Vino un auto y cayó en seguida. descubrió nuestra guarida. sacó una sombrilla de colores. pero en el fondo hacemos lo justo: reducimos el número. le di un beso en la rodilla. Apenas nos hubimos echado a la cara a una persona que se conducía todavía cándida. que aún vivía en el estado de inocencia. vació por completo la botella y continuó alegre su camino. ¡Ah. A cada momento pueden aparecer corriendo otra vez un par de cervatillos. metió la cabeza dentro de uno. Nadie le dio respuesta. tanta sangre! Nos avergonzamos. que tendimos por tierra. hablas de un modo extraordinariamente sensato. bolcheviques? Allá abajo. Ella se echó a reír. ¿Es que vosotros no tenéis hambre. -No permanezcamos más tiempo aquí -gimió Dora-. La imagen del hombre. -Tampoco se nos exige -gruñó mi amigo. que los dos son extraordinariamente razonables y que. me resultas algo soñador de más.El lobo estepario Hermann Hesse contener su multiplicación por medios de razón. comió algo liado en platilla que había en el bolso. violentan y despojan a la vida de un modo tan terrible. gesticulaba fiero junto a las máquinas destrozadas. buscó por todas partes con los ojos muy abiertos. También se oían disparos.

Plena compensación para todo sentido de sociabilidad. Resultado garantizado. Y por doquiera. Todavía insuperada. Quintaesencia del arte. allí estaba sentado en el suelo. Gabinete de humorismo. La lágrima riente. en las innumerables puertas. Precios reducidos. La transformación del tiempo en espacio por medio de la música. -¿Es usted Pablo? -pregunté. un hombre que tenía ante sí una cosa parecida a un tablero grande de ajedrez. sin silla. atraían las inscripciones: Mutabor.El lobo estepario Hermann Hesse De nuevo me encontré en el pasillo circular. ¿ Quiere usted espiritualizarse? Sabiduría oriental. Lecciones de arte amatorio indio. Cuarenta y dos métodos diferentes de ejercicios amatorios. por lo menos llevaba el hombre un batín de seda multicolor por el estilo y tenía los mismos ojos radiantes oscuros. 83 . Una decía: Instrucciones para la reconstrucción de la personalidad. En el primer momento me pareció que era el amigo Pablo. Me acogió una estancia a media luz y en silencio. ¡Suicidio deleitoso! Te mueres de risa. ¡Quién tuviera mil lenguas! Sólo para caballeros. Juegos de anacoreta. Transformación en los animales y plantas que se desee. al uso oriental. Kamasutram. Decadencia de Occidente. Esto se me antojó interesante y entré en aquella puerta. Curso para principiantes. La serie de inscripciones continuaba ilimitada. excitado por la aventura cinegética.

cogió mis figuras. jóvenes. con distintos juegos y perspectivas. otra vez vi allí la unidad de mi persona descompuesta en muchos yos. -Entonces tenga la bondad de poner a mi disposición un par de docenas de sus figuras. su número parecía haber aumentado más. cogió unas docenas de ellas y las puso en el suelo junto al tablero. Ante mis ojos arrobados hizo moverse un rato al pequeño mundo lleno de agitación. los motivos estaban subrayados de otra manera. Nosotros completamos por eso la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto de lo que llamamos arte reconstructivo. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables. como comprometidos al mismo origen. En cambio. y al mismo tiempo tan en orden. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad puede dominarse sin dirección. El segundo juego se parecía al primero. artista complicado. ¿Desea usted una lección acerca de la reconstrucción de la personalidad? -Sí. Luego pasó la mano con un gesto sereno por el tablero. y hasta por representar un gran valor social. y a la inversa. se lo suplico. Y así construyendo el inteligente artífice con las figuras. y que con ellos se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. era en efecto un drama de muchos personajes. cada una de las cuales era un pedazo de mí mismo. reflejando al mundo en miniatura. con situaciones eternamente renovadas. Yo soy un jugador de ajedrez. con grupos. enteramente nuevo. aproximadamente como figuras manejables de ajedrez. interesante y movido. tumbó suavemente todas las figuras. las situaciones. era el mismo mundo. férreo y para toda la vida. niños y mujeres. cada uno. tienen a muchos por locos. colocadas de otro modo. así construimos nosotros con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos. sin embargo. todos parecidos entre sí desde cierta distancia. en juegos y en luchas. le es a usted conocida. el compás era distinto. pero la tonalidad había variado. que son genios. Aquí no tenemos nombres. numerosos juegos. sin un cierto orden y agrupamiento. lo hizo jugar y luchar. relaciones y nexos diferentes en absoluto. todas las piececillas alegres y las tristes. casarse. en amistades y en bandos enemigos. todos como pertenecientes al mismo mundo. Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por «normales».? -Las figuras en las que ha visto usted descomponerse su llamada personalidad.El lobo estepario Hermann Hesse -No soy nadie -declaró amablemente-. Sin figuras no me es posible jugar. estaba compuesto del mismo material. con las mismas figuras un juego completamente nuevo. ¡Vea usted! Con los dedos silenciosos e inteligentes. con sus dedos silenciosos y seguros. la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. de muchísimos yos. 84 . todos los ancianos. comprometerse entre si. no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único. Lo mismo que los poetas crean un drama con un puñado de figuras. Me puso un espejo delante de la cara. de los muchos sub-yos. en la que aquéllas se reunían al punto en grupos y familias. su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan el pensar y la experimentación. concertar alianzas y librar batallas. multiplicarse. y el jugador.. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura.. que están irremisiblemente locos. También sabe que el hombre consta de una multitud de almas. Al que ha experimentado la descomposición de su yo> le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera. las ordenó con rapidez sobre el tablero formando una combinación. las juntó en un montón y fue construyendo. Luego habló como el hombre que repite un discurso o una lección dicha muchas veces: -La idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente. Pero las figuras eran ahora muy pequeñas. las vigorosas y las débiles. las ágiles y las pesadas. -¿De mis figuras. aquí no somos personas.

Usted. de la abandonada realidad. un pedazo de carne. Y. toda clase de angustias y de violencias de mi vida anterior. Era un tormento presenciar hasta qué grado tan fantástico había aprendido este lobo a renegar de su naturaleza. tan feo y a la vez tan íntimamente divertido. más fuertes que yo. Y resultaba tan repulsivo como interesante. en una serie de trucos y escenas sensacionales. Le deseo que se divierta mucho. no osó. comía de la mano del hombre una tableta de chocolate. tenía que cogerle del suelo al domador el látigo que aquél había dejado caer y llevárselo en la boca. reaccionaba como un perro a todo grito y zumbido de látigo. Un anuncio flameaba llamativo ante mis ojos: Maravillosa doma del lobo estepario. Le pusieron delante un conejo y luego un cordero blanco. convirtiéndola en un comparsa insignificante. haciendo de coco insoportable. al juego siguiente. mi maldita caricatura. puede hacer una princesa de la pobre y simpática figurilla que durante toda una combinación parecía condenada a irremediable desventura. abrazó a ambos con las patas de delante. se hacía el muerto. obediente y gracioso. sino que a la voz de mando saltaba con elegante destreza por encima de ellos. caballero. agradecido ante este inteligente jugador de ajedrez. un hombre de aspecto algo charlatán y pretencioso. a mí se me ponían los pelos de punta. es el principio de toda ciencia. allí vi una verja de hierro que me separaba del mísero escenario. en un grado superior. un panecillo. Una pluralidad de sentimientos excitó dentro de mí esta inscripción. Y en éste estaba un domador. y con todo ello. llevaba en sus fauces. hermoso. El hombre aquel. pero terriblemente demacrado y con una mirada de esclava timidez. En realidad me había figurado que al momento me sentaría en el suelo en el corredor para jugar con las figuras horas enteras. 85 . Este hombre forzudo conducía -espectáculo deplorable. está en su mano. mañana podrá usted degradarla. en el cual el trabajo penoso y aplicado de un sabio es ennoblecido por la cooperación genial de una multitud de artistas locos y encerrados en manicomios. había amaestrado a su lobo ciertamente de una manera portentosa. y al propio tiempo tan ignominiosamente sumisa. el cual.de una cadena como a un perro a un lobo grande. tocar a ninguno de los animales. imitaba a las personas. Me incliné profundamente y. caía de rodillas. como puede comprobarse. que temblorosos estaban agazapados en el suelo. me apartaron de esto. ver a este hombre brutal presentar a la fiera tan noble. El animal obedecía atentamente a toda orden. aquel libro encantador. el juego le proporcionará placer aún muchas veces. una cestita. formando con ellos un tierno grupo de familia. toda una eternidad. a pesar del bigote grande. Así como la locura. La figura que hoy. además. me oprimieron el corazón. por ejemplo. en El cuerno maravilloso del príncipe. moviendo el rabo a la par con una zalamería insoportable. un huevo. guarde usted para sí sus figuritas. Con mano temblorosa abrí la puerta y entré en una barraca de feria. usted mismo puede ya de aquí en adelante seguir conformando y animando. se me parecía a mí mismo de un modo muy ladino y antipático.El lobo estepario Hermann Hesse -Esto es arte de vivir -dijo doctoralmente-. complicando y enriqueciendo a su capricho el juego de su vida. sin embargo. guardé las figuritas en mi bolsillo y me retiré por la puerta angosta. así es la esquizofrenia el principio de todo arte. Hay sabios que se han dado cuenta ya de esto a medias. pero apenas estuve otra vez en el pasillo luminoso y redondo del teatro. de toda fantasía. y aunque es verdad que enseñaba los dientes y se le caía la baba con ávido temblor. Tome. le eche a perder el juego. los brazos de abultados músculos y del traje de circo. es más. y hasta se echó entre el conejo y el cordero. cuando nuevas corrientes.

todos los infiernos se ocultaban bajo su linda superficie. Espantado. se acercó al hombre domesticado. movió la cabeza y empezó a enseñarle los dientes a la hermosa muchacha. a encogerse y a adquirir un aspecto miserable. puso su cara junto a la de él. ebrio y cerrando los ojos de gusto. deseaba ardientemente escapar de este turbulento oleaje. tan bárbaras y tan insensatas dentro de mí mismo. ningún general. Lo que acababa de hacer y de pensar y de ser. después de desarrollar aquel refinado programa de doma. no estos acordes!». correr tan impetuosamente al lindo mozalbete. corrí de un lado para otro. Vi que este teatro mágico no era un puro paraíso. Hacía una 86 . Oh. un enemigo de la guerra. haciendo muecas. resonaba dentro de mí. y volví a ser joven. sin embargo. se tornaron los papeles. dejaba caer la lengua colgando. dejaba al lobo que cabalgara encima de él. puso de pronto su látigo con una reverencia a los pies del lobo y empezó a temblar. A una orden cayó el hombre de rodillas. el espasmo y la hipocresía se esfumaron. Y. acomodaba su fantasía a toda humillación y a toda perversidad. según lo ordenaba el domador. con los dientes empastados se arrancaba los vestidos del cuerpo. que se habían visto a veces durante la guerra. masticó. Hoy sabía que ningún domador. ningún ministro. que me horrorizó. igual que antes la bestia. y con espanto me acordé de aquellas tremendas fotografías del frente. lo uno tan repugnante como lo otro.El lobo estepario Hermann Hesse De este tormento fue.me salió al paso aquí el aroma de mi juventud. al indignarme por aquellos cuadros. inteligente. notaba en la boca el gusto a sangre y el gusto a chocolate. salí huyendo por la puerta. y el dócil hombre dio de sí todo lo que sabía y representó el papel de lobo que era un encanto. al final tan amenazador y lobuno. tras de la cual había visto antes. compensado el agitado espectador en la segunda parte de la representación. parecido a Harry. se derrumbó detrás de mí. seguía siendo bestia. En efecto. hacia el lobo. su carne viva. «¡Oh. y bebió con delectación. por último. de aquellos montones de cadáveres apelotonados unos contra otros. todo su cuerpo adquirió vigor y floreció en su recuperada fiereza. tan salvajes y perversas. iba detrás llevándole el látigo. y por mi corazón volvió a correr la sangre de entonces. acarició su barbilla. Dios. luché con fervor dentro de mí mismo por imágenes más agradables y más llevaderas. su mirada brillaba. la atmósfera de mis años de niño y de adolescente. y una vez que el domador se hubo inclinado triunfante con dulce sonrisa sobre el grupo del cordero y el lobo. que no vivieran tan espantosas. con ideas filantrópicas. Iba marchando con dos o con cuatro pies. ningún loco era capaz de incubar en su cerebro ideas e imágenes. que despectivamente olisqueó y tiró a un lado. de aquella inscripción que decía: Todas las muchachas son tuyas. Y ahora era el lobo el que mandaba. y me pareció que en fin de cuentas no había realmente nada tan codiciable como esto. volvieron a sacar al cordero blanco y al conejo gordo y con manchas albas. ¿es que aquí tampoco había redención? Atemorizado. pero éste continuaba a cuatro patas. su sangre caliente. yo. les sacó tiras de pellejo y de carne. Cuán necio e infantil había sido yo entonces. Una bella muchacha vino a la escena. y el hombre tenía que obedecer. Extraño -tan encantador y a la vez tan hondamente familiar. al empezar el teatro. Le trajeron chocolate. Pero el lobo se relamía riendo. que ella huyó. El domador. cuyos rostros estaban transformados en sarcásticas muecas infernales por efecto de las caretas contra los gases. Servil. imitaba al hombre. entré. amigos. Al tomar aire para respirar me acordé de aquella inscripción. Contento por poder abandonar de nuevo al maldito mundo lobuno. se hacía el muerto. Con los dedos y con los dientes agarró a los animalitos que no cesaban de chillar.

de la más íntima redención y del más hondo sentido de la culpa. que aún no habían besado a ninguna muchacha. ¡ Oh. pero mucho más hondo. tenía a ambos lados de la cara bucles sueltos que jugueteaban y ondeaban al viento. vi su 87 . este afán atrayente y poderoso. Me encontré en pie sobre una roca dominando a mi pequeña ciudad natal. repuesta en seguida. hacía unos momentos. la intuición de lo femenino.. y empecé a mordisquearía. este ardiente fuego vivo. serena y con aire de superioridad. resonaba y olía tan armoniosamente. había mirado su cabello recogido en grandes trenzas y que. En aquella ocasión había estado yo contemplando lleno de expectación temerosa a la hermosa muchacha que venía subiendo la montaña.. qué hermosa era esta muchacha. sentía al viento acariciarme el largo cabello. perdido en amoroso anhelo soñador. llenos de afán y de ambición. y me parecía que jamás había vuelto a querer en mi vida como entonces quise a Rosa. anhelos y homenajes que yo le enviaba. Había visto. de indecibles delicias. el presentimiento arrollador y emotivo de posibilidades y promesas enormes. qué hermoso y fantástico este jugueteo del viento en su cabello delicado. cómo me quemaba la lengua el acre sabor de la primavera! ¡Oh. el viento primaveral y el aroma de capullo. sin embargo. había creído saber muy bien lo que era amor. enrojeció suavemente un instante y volvió la vista. y se veían también las ventanas de mi casa paterna. y lo que sentía dentro de mí. esta pasión disolvente como el viento de deshielo en el mes de marzo. y lo mismo que me había saturado el dulce y tímido placer y la angustia de la primavera con el sabor a especies amargas del capullo masticado. Rosa y su cabello castaño. era joven. cómo flameaba hirviente en la sangre. cómo gritaba y cantaba dentro de mi alma! Yo era un muchacho. irradiaba con colores tan acusados y ondeaba al viento primaveral de modo tan sublime y transfigurado. qué hermosa e incitante la caída de su fino vestido azul sobre los miembros juveniles. Y a este sabor fuerte y de amargo aroma me di cuenta de pronto con exactitud de lo que pasaba por mí: todo estaba allí otra vez.El lobo estepario Hermann Hesse hora todavía. Vi cómo se ponía encarnada al reconocerme. cómo se inflamaban otra vez los fuegos olvidados. Ahora era joven otra vez. mis fantasías. con la cara levantada. ¡Oh. mis pensamientos. llenas de ensueños artísticos. anhelos inflamados y dulces angustias de muerte. saludó un poco señoril y circunspecta. nuevo y puro. aquel día en el cual en mi paseo solitario encontré a Rosa Kreisler y la saludé tan tímidamente y me enamoré de ella sin remedio. un domingo. y Rosa. hace treinta y cinco años. así también a la vista de la muchacha se apoderó de mí toda la concepción mortal del amor. Pero esta vez me había sido dado recibirla de otro modo que en aquella ocasión. y todo lo de entonces había vuelto en este instante: la colina y la ciudad. Volví a vivir una hora de mis últimos años de adolescente. después cogí jugando la pequeña florecilla verde entre mis labios. más fuerte y más terrible que todos estos fuegos abrasadores ardía y se agitaba dentro de mí el fuego del amor. Todo era como antaño. envuelta en los miles deseos amorosos. Así había sido en otro tiempo. mi cabeza estaba llena de latín y griego y de hermosos versos. por vez primera en mi vida. de turbaciones. pero todo ello habían sido amor y anhelos de un viejo. temores y sufrimientos imaginables. el presentimiento devorador de la voluptuosidad. levantó los ojos y me reconoció. un domingo por la tarde de la temprana primavera. lo que eran deseos y anhelos. después la saludé yo con mi primer sombrero de hombre. olía a viento de primavera y a las violetas tempranas. En pie sobre la colina. de quince o dieciséis años. sola y ensoñadora. como yo había visto al mundo en otro tiempo durante las horas más plenas y poéticas de mi primera juventud. el hambre sexual. y todo ello miraba. arranqué del arbusto que empezaba a verdear un capullo nuevo medio abierto. desde allí arriba se podía ver el reflejo del río al salir de la ciudad. y aún no me había visto. cómo resonaban hinchados y graves los tonos de antaño. con mano vacilante. lo estuve examinando. cómo soplaba el viento juguetón por entre el cabello suelto junto a sus mejillas encarnadas! Luego llegó muy cerca de mí. lo oh (y ya al olerlo se me volvió a aparecer ardiente todo lo de antes). y pasó lentamente. tan nuevo y tan extasiado ante la creación.

durante toda esta primavera. Rosa se detuvo. ¿De veras me quieres?» Y al decir esto. pero ni Rosa ni Irmgard llegaron a ser mías. de todas y cada una podía recibir una dádiva. empezando por Rosa y las violetas. Volvimos a vernos acá y allá. Volví a querer a todas las muchachas a las que había querido antaño en mi juventud. y con todo tímido contacto. pero de mí hasta ella corría un lazo. pero ya teníamos ambos un secreto entre los dos. pero todo era nuestro. hice lo que la sangre me mandaba hacer. no sabíamos lo que decir ni lo que hacer. pero no quise reconocerlo. Yo me quedé arriba entre las rocas. brillaban de su cara vigorosa los ojos oscuros. Nos quedamos parados y respiramos. Pero era lo que nosotros. y yo me di cuenta: toda mi vida y mis amores pasados habían sido falsos y difusos y llenos de necia desventura desde el momento en que aquel domingo había dejado marchar a Rosa. bajo estrellas más venturosas. un día! 88 . Deseos. y sólo muy suavemente me atreví a acariciar los sueltos tirabuzones al lado de sus orejas. Así volví a vivir otra vez. aprender mucho. a todas podía darles algo. vosotras todas las flores fragantes. aprendíamos una nueva dicha. aquel domingo no llegamos siquiera a un primer beso. y que andaba allí por las estancias. sueños y posibilidades. y entonces nos pusimos los dos muy tristes. Y entonces ya sabía que había llegado a la casa de su padre. me miró y se puso aún más encarnada que antes. y más tarde habríamos de casarnos. ¡Oh. me tumbé en el suelo al borde de un precipicio. a las que en otro tiempo amé todo un verano. hermosa. tuve que volver a perder a Irmgard también y también a Ana. y dijo: «Dios te guarde. Luego dijo Rosa que olía a violetas. Ida y Lore. y. nos sentamos en la hierba y yo acaricié su mano. peldaño a peldaño hube de ir ascendiendo. y luego nos volvimos a levantar y medimos cuál de los dos era más alto. Nos cogimos de las manos y así seguimos andando despacio. nos pusimos a trotar hasta que nos quedamos sin aliento y hubimos de pararnos. y exclamé: «¡Rosa! Gracias a Dios que has llegado. toda mi vida de amoríos. Y en lugar de quitarme otra vez el sombrero y quedarme descubierto e inmóvil hasta que hubiera pasado. a pesar del temor y del azoramiento. flotaba un secreto. pero a cada una de ellas podía inspirar amor. que antes solamente en mi fantasía habían vivido. se haría todo bien. con la cara sobre el abismo y estuve mirando hacia abajo a la ciudad y atisbando hasta que su dulce y pequeña figura apareció allá muy abajo y pasó presurosa junto al pozo y por encima del puente. por azoramiento empezamos a correr más de prisa. pero fuimos enormemente felices. Rosa se esfumó y apareció Irmgard. nos dimos el primer tímido beso. y el sol se hacía más ardiente. y esto era lo más delicioso que poseíamos. vosotras todas. y ella me pasó tímidamente la otra suya por el cabello. pero aquí no hacía falta ninguna el espíritu. Pero ahora se corregía el error. sino que hice constar que éramos exactamente iguales y que Dios nos había determinado aluno para el otro. que para ella este encuentro significaba lo mismo que para mí. hube de vivir muchas cosas. las estrellas más embriagadoras. eran ahora realidad y tomaron vida. podíamos darnos. y. aspiré el perfume de las violetas de Rosa. Aún estábamos los dos en la niñez y no sabíamos bien lo que hacernos el uno con el otro. bastaba aquello perfectamente. era yo un dedo más alto. sobre las rocas. en realidad. pero sin soltarnos de la mano. muy azorados. con toda temerosa espera. ¡Te quiero tanto!» Esto no era acaso lo más espiritual que en aquel momento pudiera decirse. un mes entero.El lobo estepario Hermann Hesse esfuerzo para ocultar su turbación y comprendí al punto que le gustaba. y nos pusimos de rodillas sobre la pequeña hierba primaveral y buscamos y encontramos un par de violetas con el tallo muy corto. junto a las bardas del jardín. pues acompañarla no podía. con toda frase de amor sin madurar. dijo Rosa que tenía que regresar a su casa. niños. y cuando refrescó y la luz caía ya oblicua sobre las rocas. indefectiblemente felices. subíamos un pequeño peldaño en la escala del amor. y todo se hacía de otra manera. ahora. se extendía una corriente. todo aquello de que éramos capaces en amor y alegría. Harry. hermosísima muchacha. y yo estaba tendido aquí arriba lejos de ella. y nuestro beso era todavía sin ardor ni plenitud. cuando las lilas empezaban a florecer. y cada uno regaló al otro las suyas.

de complicaciones. en el que alguna vez. Muchas cosas sucedieron. fue la primera que en una tarde de otoño.El lobo estepario Hermann Hesse Comprendí que yo ahora era el lindo y ardiente jovenzuelo. Hallé mujeres. había pasado por encima de ellas. la corriente me las traía. y la más hermosa. me arrastraba hacia ellas. Como última figura en mi mitología de miles de seres. maduro para Armanda. Venían y se marchaban. llameante voluptuosidad. Había desperdiciado y evitado casi todas las ocasiones. me inflamara una mirada femenina. me hundí en su abismo vagamente rosado. mortales. anteriores. muchos juegos se jugaron que no son para expresarlos con palabras. no respiraba ninguna otra ventura ni ninguna otra pena que la del amor. bajo el follaje de los olmos mecidos por el viento. volvió a surgir de nuevo todo rincón incierto de mi vida. cada una a su manera. exhalaba el aroma de su tierra natal. tremendas. y otras. mucho desasosiego también y desazón me fue dado a gustar. Todas las muchachas que en alguna ocasión había amado. mi vida de lobo estepario aparentemente tan pobre y sin cariño. Y ahora las vi. Muchas cosas viví en el pequeño teatro de Pablo. Armanda. y ahora se ganaba todo el tiempo perdido. vivas flores ardientes. era un flotar juguetón e infantil en el flujo del sexo. en redenciones había sido mi vida. besaba y reía a su manera. que en su época yo ni siquiera comprendía del todo. pues a ella no quería encontrarla yo aquí en el claroscuro de un espejo mágico. y de nuevo me encontré en el silencioso pasillo del teatro. Emma. una milésima parte de ella. yo reconstruiría ahora mi juego de figuras. Y la china lisa y silenciosa del puerto de Marsella. las había olvidado inmediatamente. volvía yo a surgir callado. todo el amor desperdiciado de mi vida floreció de una manera encantadora en mi jardín durante esta hora de ensueño: castas flores delicadas. sin que faltara una. saturado de ciencia. ¡Oh!. Mucho amor. me sedujera el resplandor de una piel nacarada de mujer. tranquilo. que yo ahora dejaba vivir y crecer a este trozo de mi persona. no martirizado por el lobo estepario. cada una me dio lo que sólo ella podía dar. Ida a besar. por el moralista. les abrí mi pecho. también ella sabía cosas inauditas. no hablaba una palabra. me entregué a ellas. y ni una milésima parte de ello puede expresarse con palabras. a cada una le di yo lo que sólo ella podía tomar de mi. me dio a besar sus pechos morenos y a beber el cáliz del placer. con gran experiencia. por el soñador. igníferas melancolías. Del torrente infinito de seducciones. oscuras flores en trance de marchitez. ahora no era yo sino amador. animado. aunque sólo hubiera sido por un minuto. También volvió aquella tentación que Pablo un día me brindara. Ya Irmgard me había enseñado a bailar. mucha ventura. sabio. no turbado por el pensador. lleno de peligros. hondamente oscuros bajo el cabello claro como el lino. fueron ahora mías. a ella no le pertenecía solamente aquella figura aislada de mi ajedrez. sin cohibir por el poeta. ¿Qué hacer ahora? Fui a sacar las figurillas de mi bolsillo. lleno de sorpresas. Allí estaba la señora con los ojos extraños. el cabello negro como el azabache y laso y los ojos flotantes. como último nombre en la serie inacabable. surgió ella. angustiosos desfallecimientos. tenía su modo especial de ser pudorosa y su modo especial de ser impúdica. de vicios. a centenares. y al punto recobré la conciencia y puse fin al cuento de amor. me apartaba. junto a la cual estuve un día durante un cuarto de hora al lado de la ventana en el pasillo de un tren expreso y que después muchas veces se me había aparecido en sueños. y otras. Todas fueron siendo mías. me llamara la voz del sexo. Y me asombré de cuán rica en amoríos. pero me enseñó artes eróticas insospechadas. jugueteos fantásticos entre tres y cuatro personas me arrastraron sonrientes en su cadencia. que sólo llenaba una décima. No. mucha voluptuosidad. le pertenecía el Harry entero. El torrente me había arrojado a la playa. tiernos delirios. pero aquí estaban todas guardadas. libre de todas las otras figuras de mi yo. radiante renacer. pero al 89 . a las que sólo apresuradamente y en raudo torbellino se podía conquistar. con el fin de que todo se refiriera a ella y caminara hacia la realización. Cada una tenía su secreto. a este pedazo de mi naturaleza y de mi vida. al que sabía visto correr poco antes hacia la puerta del amor. con su sonrisa de cristal. a las que era delicioso pretender durante mucho tiempo y con ternura. en propicios instantes. lleno de encanto.

En vez de las figuras saqué del bolsillo un puñal. de todos modos alguien. me rodeaba este mundo de las puertas. con quien poder hablar. -¿Dónde estamos? -pregunte. En el espejo estaba yo. Desesperado. decía allí. estaba quieto. Mozart estaba junto a la barandilla del palco. tinieblas llenaban el espacio sin límites. con una terrible serenidad en la mirada. se dirigió sereno y con paso menudo a una de las puertas de los palcos. ¡Mozart! -pensé. y me miré en él. Cómo se mata por amor. me guiñaba los ojos. ciertamente. Aun cuando tiene todavía toda clase de matices humanos dentro de si. -¿Ve usted? -dijo Mozart-. me paré de pronto frente al espejo gigantesco. -¿Y dónde está la muerte? -pregunté. no quisiera acercarme mucho a este famoso instrumento. la risa. de las inscripciones. aquella música del Don Juan. una carcajada clara y glacial. Flameante. Horribles retumbaban los compases de hielo por la casa espectral. Y a través de las estancias vacías del interior del teatro oí resonar una música hermosa y terrible. de modo que al entreabrir por un momento las fauces. y entonces llegó andando Mozart. ¿no? -Es la última música grande que se ha escrito -dije solemnemente.El lobo estepario Hermann Hesse momento se desvaneció el impulso. surgida de un mundo de sufrimientos y de humorismo de dioses que los hombres desconocían. y tampoco debo 90 . -Ya viene -dijo el otro. Di media vuelta. un hombre. -Harry -dije-. Nos podemos pasar sin saxofón. pasando por delante de las puertas. de los inmortales. del teatro no se veía nada. Yo había estado tonto. Una escena magnífica. La música seguía sonando. Ya no estaban las figuras. reía un poco. procedentes del otro mundo. y yo seguí ávido al dios de mi juventud. relampagueaba recelosa su mirada intranquila. Con angustia de muerte me puse a correr por el pasillo. se manifiesta ya el otro mundo. ¿qué haces ahí? -Nada -dijo el del espejo-. Ciertamente que vino todavía Schubert. ¿Dónde estaba Pablo? ¿Dónde estaba Armanda? ¿Dónde estaba el tipo inteligente que había charlado de modo tan delicioso de la reconstrucción de la personalidad? De nuevo miré al espejo. que acompaña la salida del convidado de piedra. evocando con ello las imágenes más amadas y más sublimes de mi vida anterior. la abrió y entró. abandonado de todos los juegos. con la sangre helada y como transportado a otras esferas por aquella risa. como yo de alto. que vino después Hugo Wolf. vaya. al perenne ideal de mi amor y veneración. Con un rápido estremecimiento se alzó por un segundo dentro de mí la imagen de un recuerdo: Armanda junto a la mesa de un restaurante. con su rostro gris. se podía ver la lengua encarnada. como un profesor. Aunque yo. para ser muerta por mi mano. Inconscientemente leí el letrero más cercano y me horrorice. Detrás del alto cristal no había lobo ninguno que estuviera dando vueltas a la lengua dentro de la boca. Entonces se oyó detrás de mí una carcajada. cuando me dijo que sólo iba a hacer que me enamorara de ella. estaba Harry. cruzó sonriente a mi lado. Una pesada ola de angustia y de tinieblas pasó sobre mi corazón. Leporrello está ya de rodillas. Inagotable. metí la mano al bolsillo para sacar las figuras y hacer un poco de magia y permutar el orden de mi tablero. horriblemente pálido. abstraída un momento del vino y de los manjares y perdida en un diálogo sin fondo. En el espejo estaba. fatigado de todos los vicios. Espero a la muerte. de repente volví a sentir de nuevo en lo más íntimo de mi ser la tribulación y la fatalidad. de los espejos mágicos. y hasta la música se puede oír. pero de todos modos. No hago más que esperar. -Estamos en el último acto del Don Juan. un hermoso lobo enorme.

pero aún le queda un buen rato.¿ Cómo? ¿Y por qué han de hacer una penitencia tan tremenda? -exclamé en tono de acusación. maestro. -Naturalmente que no. debajo de nosotros se extendía inmensa una llanura semejante al desierto. suelen ir pareciéndose cada vez más estos contrastes. caminar errante por los desiertos del más allá. . Sólo cuando hayan lavado la culpa de su tiempo. Parecía afligido y sin esperanza. que todo esto había que purgarlo. Me veía a mí mismo. ¡Oh. a la cabeza de otro ejército tan grande. ya estoy retirado. lo vimos arrastrarse a él también. Tampoco tiene usted la culpa de que Adán devorara la manzana. -Pero ninguno de los dos tiene la culpa. Nosotros no tenemos la culpa y somos responsables. a Ricardo Wagner.Excesiva instrumentación. -No se esfuerce usted -reía Mozart de una manera terriblemente burlona-. según el juicio divino. -En mi juventud -observé con tristeza. Mozart se echó a reír. yo ya he dejado la profesión. cansino y con resignado andar. En esta llanura vimos a un anciano de aspecto venerable con luenga barba. los ávidos roedores? ¿Piensas en tus cajistas y linotipistas. o un astro pálido por el estilo. ha de purgarlo también. Usted tiene que haber recibido una mediana enseñanza de Religión. y una luna. el cual. ¿Usted mismo es seguramente músico. juego sin sentido no más en el torrente de los sucesos. una obra tan perfectamente acabada no se ha vuelto a hacer ya por los hombres desde el Don Juan. por muy hermoso que sea. desde luego! También está ahí Beethoven. y sentimos cómo los millares de taciturnos acompañantes lo abrumaban. un peregrino muerto de cansancio. Me había ido sumiendo en un estado de ánimo verdaderamente lastimoso. cargado con los muchos libros inútiles que había escrito. también él es maravilloso. y Mozart dijo: -Vea usted: ése es Brahms. algo propio. se demostrará si queda algo personal todavía que valga la pena hacer el balance. Por otra parte. Son los trámites. tenuemente se divisaban los montes y las playas. sin embargo. purgatorio infinito. E inmediatamente vimos caminar. y no dices ni pío. con todos los folletones.pasaban estos dos músicos por lo más antitético imaginable. . si no sabe esto. la excesiva instrumentación no fue defecto personal de Wagner ni de Brahms.El lobo estepario Hermann Hesse olvidar al pobre y magnífico Chopin. demasiado material desperdiciado -asintió Mozart. iba conduciendo una enorme procesión de varias decenas de millares de hombres vestidos de negro. de disolvente. -Pero eso es terrible. o si todo mi trabajo y sus consecuencias no eran más que espuma vacía sobre la superficie del mar. Es decir. con cara melancólica. Luego me gritó a la cara: -Je. Pero todo esto. por lo visto? Bueno. eso pasa siempre. del ejército de lectores que habían tenido que tragarse toda mi obra. Vistos desde alguna distancia. Se nace y ya es uno culpable. Supe que los millares de enlutados eran todos los artistas de las voces y notas puestas de más en sus partituras. ¿Piensas en tus lectores. nubes y nieblas cruzaron por ellos. ¡Dios mío! Y Adán. salió en alguna parte. y toda la restante culpa hereditaria estaban además allí. te estás haciendo un lío. cuando vio mi cara larga. con todos los ensayos. Mozart empezó a reír con estrépito. sufridos pecadores. fue de su tiempo. Levantó las manos como si estuviera dirigiendo. Sólo por broma me dedico todavía alguna vez al oficio. -Sí. hijo mío. por encima de la barandilla extendí la vista sobre inmensos abismos espaciales. Va en pos de la redención. Arruga usted la frente. sin embargo. -Naturalmente. y entonces surgiría la cuestión de si detrás de todo esto existía todavía algo personal. herejes y 91 . De risa daba saltos en el aire y empezó a hacer cabriolas con las piernas. y. -Es verdad. seguido del ejército de cajistas que habían tenido que trabajar en ellos. la vida es siempre terrible. y la manzana. tiene ya algo de fragmentario en sí mismo.

En una ola sombría iba yo nadando. y de modo tan supraterreno. Pero de esto hacía mucho tiempo. ¡Oh. había encontrado a Goethe y a Mozart. te sientes en ridículo. cizañeros y trapisondistas. había bebido vino de Alsacia en el «Casco de Acero» y había discutido acerca de Krichna con honrados eruditos. desde entonces había envejecido unos cuantos cientos de años. con la tinta de imprenta. desgraciado. no tenía un aspecto muy diferente del de aquella noche de la visita al profesor y del baile en el Aguila Negra. y a zurrarte y a apalearte. Harry se había hecho viejo. había oído reír a Mozart. había visitado teatros mágicos. yo esclavo. pero el diablo vendrá a llevarte. por tu literatura y arte. y fui lanzado a dar vueltas por el mundo. se había dedicado a la música y a la filosofía hasta hartarse. durmiendo profundamente. la trenza se fue estirando como la cola de un cometa. A esto había que ponerle término. Y. Rosa. No era un buen lugar. le di un golpe con el pie y lo hice añicos. con tu pena violenta. ¡Ah. como que todo lo has apandado en cualquier parte. que aún lo apresaba. Lo que encontré al otro lado de la puerta fue un cuadro sencillo y hermoso. del tiempo y de la aparente realidad. ¡es para morirse de risa y como para hacérselo en la camisa! Veo tu lucha incruenta. Pero daba gusto este aire de hielo. Armanda estaba esperando. había amado a Erica y a María. Allí me había llevado ~ ola de melancolía. la luz blanca del pasillo se reflejaba en el suelo brillante. todavía no. llevado por la tristeza. no era una mansión agradable. aún lo conocía bien. Cogí a Mozart por la trenza. Pronto ya no habrá años. Pero en el mismo instante me quedé sin hálito y sin conocimiento. ya no había inscripción en ninguna. como lo había hecho Mozart. Mucho tiempo estuve mirando a Harry en el espejo. Y si había vuelto a perder sus lindas figuras de ajedrez. con los enigmas. una gana de reír tan clara y fieramente. tenía en cambio un buen puñal en el bolsillo. siglos. Con Dios logres quedarte. Esto. reluciente como el acero y helada. observé con atención las puertas que tantas lindezas habían prometido. Me di cuenta de ello en los breves segundos antes de perder el sentido. los sufrimientos. que resonaba a mis pisadas. Algo había que hacer aún. Confuso y maltrecho volví en mí. y hecho algunos desgarrones en la red. viejo y cansado compañero! ¡Ah. salió volando. de mujeres ni de navajas. hacía frío en este mundo! Estos inmortales aguantaban un aire helado horrorosamente tenue. Me invadió una alegría amarga y punzante. que un domingo de marzo se encontró entre las peñas a Rosa y se quitó ante ella su primer sombrero de hombre. demonio! Ante la última puerta me quedé parado.El lobo estepario Hermann Hesse anabaptistas. Hasta una inteligencia mediana adquiere madurez si ha andado correteando un par de siglos. aún seguía pareciéndose un poquito al Harry de quince años. y por evitarte la afrenta. viejo Harry. diablo. qué amarga sabía la vida! Escupí a la cara al Harry del espejo. Sobre tapices en el suelo hallé tendidas a dos personas desnudas. ¡Adelante. En el gran espejo de la pared estaba Harry frente a mí. la ira no me dejaba tiempo de seguir entregado a la melancolía. se había hecho amigo de Armanda. Goethe y Mozart! Abrí. y dormido con la escurrida chinita. Lentamente fui dando la vuelta por el pasillo. Seguía estando aún al lado de acá. ya no tenía miedo de bailes. la bella Armanda y el bello Pablo. era ya demasiado fuerte para mí. tu torpe sonrisa. Despacio fui recorriendo todas las cien entradas del teatro mágico. muy juntos. No me encontraba entre los inmortales. en cuyo extremo colgaba yo. y estás en evidencia y condenado y ante tus propios ojos menospreciado! No sabes lo que hacer ni qué emprender. voy a hacerte de un cirio la ofrenda. ¡Vaya un galimatías que te has armado. oh. y disparado a los automóviles. hondamente agotados por el juego 92 . años. aunque sea una broma tremenda. oh. en cambio. sin embargo. yo lobo estepario. No tenía buen aspecto. había aprendido a bailar. ¿No había estado yo en un baile de máscaras? Cien años habían transcurrido desde entonces. los lobos esteparios. las complicaciones atormentadoras. Iba a ser una boda singular. y no más que medianos artistas? Me da mucha risa tu angustia imprecisa. juventud lejana. ¡Diablo.

inmutable. Nunca ha de ponerse serio este tipo. Así había sido toda mi vida. En aquel momento se abrió la puerta del palco y entró. sacia tan pronto. Corrió la sangre sobre la delicada y nívea piel de Armanda. como si despertara de mi letargo. El frío que irradiaba de ellos era mortal y. sin horas ni días. Debajo del pecho izquierdo de Armanda había una señal redonda y reciente. Mozart. ¿Es que había yo apagado el sol? ¿Había matado acaso el venero de toda vida? ¿Irrumpía el frío de muerte del espacio universal? Estremecido estuve mirando la frente petrificada. había yo matado a mi amada. inclinarse sobre la hermosa muerta y sonreír. un espanto y una soledad invernales. Desde la axila hasta el pecho vi juguetear una sombra delicada y tenue. lo vi abrir los ojos. Luego creí que debería cerrarle los ojos. vivimos las frías mansiones del éter cuajado de mil claridades. Sobre su pálida frente pendía el mechón varonil. Y ahora no lo hice. como un cardenal. sin zapatos de hebilla. tiempo atrás. Vinieron a mi mente unos versos que una vez. así había sido mi poquito de felicidad y de amor. Es nuestra existencia serena. qué diría Pablo? Yo no sabía nada. o lo contrario. este estremecimiento. y luego me arrodillé y estuve mirando con los ojos fijos. sin calzón corto. de manera que ya no se veía la herida. un escalofrío. con la muerta para mí tan querida y tan envidiada. todo le produce una sonrisa. sin sexos ni edades. su cabello exhalaba un delicado aroma y dejaba medio traslucir la minúscula oreja. pensé. Pero éstos volvieron a cerrarse por sí mismos. Sin haber llegado a ser enteramente mía. con Mozart. al mismo tiempo. Tipos hermosos. ¡era música! ¿No había sentido yo ya una vez. y luego se salió del palco sin hacer el menor ruido. Y esta cara muerta. lo vi estirarse. que era a la par como una felicidad? ¿No había escuchado yo ya otra vez esta mús¡ca? Sí. Consumado estaba.. si todo hubiese sido de otra manera. Entonces vi a Pablo revolverse. hermosísimos. estos hombros y estos brazos blancos muertos exhalaban. Allí donde estaba la huella introduje mi puñal. en otra época pretérita. sin que yo lo conociera hasta la segunda mirada que le dirigí. sin saber lo que aquel hecho significaba. había encontrado en alguna parte: Nosotros. ¿Por qué se admira?. ¿Adónde iba? ¿Me dejaban solo todos? Solo me quedé con la muerta a medio tapar. cuerpos de maravilla. Por último sentí un estremecimiento. Hizo un ligerísimo movimiento sobre el costado. Había ejecutado lo inconcebible. 93 . Con cuidado dobló Pablo una esquina del tapiz y cubrió a Armanda hasta el pecho. ascendiendo lentamente. si se hubiese producido de otro modo. sin saber siquiera si había sido bueno y justo. sólo estuve mirando cómo corría la sangre y vi abrirse sus ojos un momento. como esta boca rígida: un poco de carmín sobre una cara de muerto. Mucho tiempo estuve mirándola. nuestra eterna risa. era hermoso: vibraba y sonaba maravillosamente. ¿Qué diría de esto el inteligente jugador de ajedrez. plenos de dolor. Con mis besos hubiera absorbido aquella sangre. todo lo larga que era la hoja. el pálido resplandor helado del pabellón de la oreja.El lobo estepario Hermann Hesse de amor que parece tan insaciable y sin embargo. profundamente admirados. serena y astral. el mechón rígido. Ya estaba cumplido su deseo. con los inmortales. un frío poco a poco en aumento que empezaba a congelarme los dedos y los labios. y quise marcharme. imágenes magníficas. ¡Todo olvidado! Luego quedó tendida inmóvil.. pensé. un mordisco amoroso de los dientes brillantes y bellos de Pablo. la boca se destacaba roja de toda la cara exangüe y estaba un poco entreabierta. sin trenza. que quería recordarme alguna cosa. en cambio. Cada vez más roja ardía la boca pintada en el rostro que iba apagándose. no estaba en condiciones de reflexionar. vestido a la moderna.

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Se sentó muy cerca de mí, estuve por llamarle la atención y sujetarlo para que no se manchara con la sangre del pecho de Armanda que había corrido por el suelo. Se sentó y se entretuvo con unos pequeños aparatos e instrumentos que había por allí; le daba a aquello mucha importancia; anduvo dando vueltas a tornillos y clavijas, y yo estuve mirando con asombro sus dedos hábiles y ligeros que con tanto gusto hubiera visto alguna vez tocar el piano. Pensativo, lo miré, o mejor dicho, pensativo no, sino alucinado y como perdido en la contemplación de sus dedos hermosos e inteligentes, y reconfortado y a la vez un poco sobrecogido por la sensación de su proximidad. Y no puse el menor cuidado en lo que realmente hacía ni en lo que andaba atornillando y manipulando. Era un aparato de radio lo que acababa de montar y poner en marcha, y luego conectó el altavoz y dijo: -Se oye Munich, el Concerto grosso en fa mayor, de Händel. Y en efecto, para mi indescriptible asombro e indignación, el endiablado embudo de latón empezó a vomitar al punto esa mezcla de mucosa bronquial y de goma masticada que los dueños de gramófonos y los abonados a la radio han convenido en llamar música, y detrás de la turbia viscosidad y del restañeo, como se ve tras una gruesa costra de suciedad un precioso cuadro antiguo, podía reconocerse verdaderamente la noble estructura de aquella música divina, la armadura regia, el hálito amplio y sereno, la plena y majestuosa melodía. -¡Dios mío! -grité indignado-. ¿Qué hace usted, Mozart? ¿Pero en serio nos hace usted esta porquería a usted mismo y a mí? ¿Nos dispara usted este horrible aparato, el triunfo de nuestro siglo, la última arma victoriosa en la lucha a muerte contra el arte? ¿Está bien esto, Mozart? ¡Cómo se reía entonces el hombre siniestro, cómo reía de un modo frío y espectral, sin ruido, y, sin embargo, destrozando todo con su risa! Con placer íntimo observaba mis tormentos, daba vueltas a los malditos tornillos, manipulaba en el embudo de latón. Riendo, dejó que la música desfigurada, envenenada y sin espíritu, siguiera infiltrándose por el espacio. Riendo, me contestó: -Por favor, no se ponga usted patético, vecino. ¿Ha oído usted por lo demás el ritardando? Un capricho, ¿eh? Si, pues deje usted, hombre impaciente, deje entrar en su alma el pensamiento de este ritardando... ¿Oye usted los bajos? Avanzan como dioses; y deje usted penetrar este capricho del viejo Händel en su inquieto corazón y tranquilizarlo. Escuche usted, hombrecito, por una vez siquiera sin aspavientos ni broma, cómo detrás del velo en efecto irremediablemente idiota de este ridículo aparato, pasa majestuosa la lejana figura de esta música divina. Ponga usted atención; algo se puede aprender en ello. Observe cómo esta absurda caja de resonancia hace en apariencia lo más necio, lo más inútil, lo más, execrable del mundo y arroja una música cualquiera, tocada en cualquier parte, la arroja necia y crudamente, y al propio tiempo, lastimosamente desfigurada, a sitios inadecuados, y cómo a pesar de todo no puede destruir el alma prístina de esta música, sino únicamente poner de manifiesto en ella la propia técnica torpe y la fiebre de actividad falta de todo espíritu. ¡Escuche usted bien, hombrecito; le hace falta! ¡Ea, atención! Así. Y ahora no sólo oye usted a un Händel oprimido por la radio, que, sin embargo, hasta en esta horrorosa forma de aparición sigue siendo divino; oye usted y ve, carísimo, al propio tiempo una valiosa parábola de la vida entera. Cuando está usted escuchando la radio, oye y ve la lucha eterna entre la idea y el fenómeno, entre la eternidad y el tiempo, entre lo divino y lo humano. Precisamente, amigo, igual que la radio va arrojando a ciegas la música más magnífica del mundo durante diez minutos por los lugares más absurdos, por salones burgueses y por sotabancos, entre abonados que están charlando, comiendo, bostezando o durmiendo, así como despoja a esta música de su belleza sensual, la estropea, la embadurna y la desgarra y, sin embargo, no puede matar por completo su espíritu; exacta mente lo mismo actúa en la vida la llamada realidad, con el magnífico juego de imágenes ofrece a continuación de Händel una disertación acerca del modo de desfigurar los balances en las Empresas industriales al uso, hace de encantadores acordes

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orquestales un bodrio poco apetecible de sonidos, introduce por todas partes su técnica, su actividad febril, su miserable incultura y su frivolidad entre el pensamiento y la realidad, entre la orquesta y el oído. Toda la vida es así, hijo, y así tenemos que dejar que sea, y si no somos asnos, nos reímos, además. A personas de su clase no les cuadra criticar la radio ni la vida. Es preferible que aprenda usted antes a escuchar. ¡Aprenda a tomar en serio lo que es digno de que se tome en serio, y ríase usted de lo demás! ¿O es que usted mismo lo ha hecho acaso mejor, más noblemente, más inteligentemente, con más gusto? No, monsieur Harry; no lo ha hecho usted. Usted ha hecho de su vida una horrorosa historia clínica, de su talento una desgracia. Y usted, a lo que veo, no ha sabido emplear a una muchacha tan linda, para otra cosa más que para introducirle un puñal en el cuerpo y destrozarla. ¿Considera usted justo esto? -¿Justo? ¡Oh, no! -grité desesperado-. ¡Dios mío, si todo es tan falso, tan endiabladamente tonto y malo! Yo soy una bestia, Mozart, una bestia necia y malvada, enferma y echada a perder; en eso tiene usted mil veces razón. Pero, por lo que atañe a esta muchacha, ella misma lo ha querido así; yo sólo he cumplido su propio deseo. Mozart reía en silencio, pero, en cambio, tuvo ahora la excelsa bondad de desenchufar la radio. Mi defensa me sonó a mí mismo, de pronto, bien estúpida; a mí, que hacía un momento nada más había creído sinceramente en ella. Cuando en una ocasión Armanda -así volví a acordarme de repente- me había hablado del tiempo y de la eternidad, entonces había estado yo dispuesto inmediatamente a considerar a sus pensamientos como reflejos de los míos propios. Pero que la idea de dejarse matar por mí era el capricho y el deseo más íntimo de Armanda y no estaba influido por mí en lo más mínimo, me había parecido indudable. ¿Por qué entonces no sólo había aceptado y creído esta idea tan terrible y tan extraña, sino que hasta la había adivinado de antemano? ¿Acaso porque era mi propio pensamiento? ¿Y por qué había asesinado a Armanda precisamente en el momento de encontrarla desnuda en los brazos de otro? Omnisciente y llena de sarcasmo, resonaba la risa callada de Mozart. -Harry -dijo-, es usted un farsante. ¿No había de haber deseado de usted realmente esta pobre muchacha otra cosa que una puñalada? ¡Eso, cuénteselo usted a otro! Vaya, y, por lo menos, ha tenido usted buen tino; la pobre criatura está bien muerta. Acaso sería ya hora de que se diese usted cuenta de las consecuencias de su galantería hacia esta dama. ¿ O querría usted esquivar las consecuencias? -¡No! -grité-. ¿Es que no comprende usted nada? ¡Yo esquivar las consecuencias! No anhelo otra cosa más que expiar, expiar, expiar, poner la cabeza debajo de la guillotina y dejarme castigar y destruir. Insoportablemente burlón, me miraba Mozart. -¡Qué patético se pone usted siempre! Pero aún ha de aprender usted humorismo, Harry. El humorismo siempre es algo patibulario, y si es preciso, lo aprenderá usted en el patíbulo. ¿Está usted dispuesto a ello? ¿Sí? Bien, entonces acuda usted al juez y sufra con paciencia todo el aparato poco divertido de los agentes de la Justicia, hasta la fría decapitación una mañana temprano en el patio de la cárcel. ¿Está usted realmente dispuesto a ello? Una inscripción brilló, de repente, ante mí: Ejecución de Harry y yo di con la cabeza mi asentimiento. Un patio desmantelado entre cuatro paredes, con ventanas pequeñas de rejas; una guillotina automática bien cuidada; una docena de caballeros en trajes talares y de levita, y en medio, yo, tiritando en un ambiente gris de madrugada, con el corazón oprimido por un miedo que daba compasión, pero dispuesto y conforme. A una voz de mando avancé; a una voz de mando me puse de rodillas. El

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juez se quitó el birrete y carraspeó; también los otros señores carraspearon. Aquél desenrolló un papel solemne y leyó: -Señores, ante ustedes está Harry Haller, acusado y responsable del abuso temerario de nuestro teatro mágico. Haller no sólo ha ofendido el arte sublime, al confundir nuestra hermosa galería de imágenes con la llamada realidad, y apuñalar a una muchacha fantástica con un fantástico puñal; ha tenido, además, intención de servirse de nuestro teatro, sin la menor pizca de humorismo, como de una máquina de suicidio. Nosotros, por ello, condenamos a Haller al castigo de vida eterna y a la pérdida por doce horas del permiso de entrada en nuestro teatro. Tampoco puede remitírsele al acusado la pena de ser objeto por una vez de nuestra risa. Señores, atención: A la una, a las dos, ¡a las tres! Y a las tres prorrumpieron todos los presentes con impecable precisión, en una carcajada sonora y a coro, una carcajada del otro mundo, terrible y apenas soportable para los hombres. Cuando volví en mí, estaba Mozart sentado a mi lado como antes; me dio un golpe en el hombro y dijo: -Ya ha escuchado usted su sentencia. No tendrá más remedio que acostumbrarse a seguir oyendo la música de radio de la vida. Le sentará bien. Tiene usted poquísimo talento, querido y estúpido amigo; pero así, poco a poco, habrá ido comprendiendo ya lo que se exige de usted. Ha de hacerse cargo del humorismo de la vida, del humor patibulario de esta vida. Claro que usted está dispuesto en este mundo a todo menos a lo que se le exige. Está dispuesto a asesinar muchachas, está dispuesto a dejarse ejecutar solemnemente. Estaría dispuesto también con seguridad a martirizarse y a flagelarse durante cien anos. ¿O no? -¡Oh, sí con toda mi alma! -exclamé en mi estado miserable. -¡Naturalmente! Para todo espectáculo necio y falto de humor se puede contar con usted, señor de altos vuelos, para todo lo patético y sin gracia. Sí; pero a mí eso no me gusta; por toda su romántica penitencia no le doy a usted ni cinco céntimos. Usted quiere ser ajusticiado, quiere que le corten la cabeza, sanguinario. Por este ideal idiota sería usted capaz de cometer diez asesinatos. Usted quiere morir, cobarde; pero no vivir. Al diablo, si precisamente lo que tiene usted que hacer es vivir. Merecería usted ser condenado a la pena más grave de todas. -¡Oh! ¿Y qué pena sería esa? -Podríamos, por ejemplo, hacer revivir a la muchacha y casar a usted con ella. -No; a eso no estaría dispuesto. Habría una desgracia. -Como si no fuese ya bastante desgracia todo lo que ha hecho usted. Pero con lo patético y con los asesinatos hay que acabar ya. Sea usted razonable por una vez. Usted ha de acostumbrarse a la vida y ha de aprender a reír. Ha de escuchar la maldita música de la radio de este mundo y venerar el espíritu que lleva dentro y reírse de ¡a demás murga. Listo, otra cosa no se le exige. En voz baja, y como entre dientes, pregunté: -¿Y si yo me opusiera? ¿Y si yo le negara a usted, señor Mozart, el derecho de disponer del lobo estepario y de intervenir en su destino? -Entonces -dijo apaciblemente Mozart- te propondría que fumaras aún uno de mis preciosos cigarrillos. Y al decir esto y sacar del bolsillo del chaleco por arte de magia un cigarrillo y ofrecérmelo, de pronto ya no era Mozart, sino que miraba expresivo, con sus oscuros ojos exóticos, y era mi amigo Pablo, y se parecía como un hermano gemelo al hombre que me había enseñado el juego de ajedrez con las figuritas. -¡Pablo! -grité dando un salto-. Pablo, ¿dónde estamos? -Estamos -sonrió- en mi teatro mágico, y si por caso quieres aprender el tango, o llegar a general, o tener una conversación con Alejandro Magno, todo esto está la vez próxima a tu disposición. Pero he de confesarte, Harry, que me has decepcionado un poco. Te has olvidado malamente, has quebrado el humor de mí pequeño teatro y has cometido una felonía; has andado pinchando con puñales y has ensuciado nuestro bonito

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desgraciadamente. tenía el propósito de empezar otra vez el juego. Pablo me estaba esperando. barruntaba su significación. podrá corregirse. entre sus dedos. A esta figura. se achicó al punto hasta convertirse en una figurita del juego. En fin. Aroma agradable exhalaba el humo dulce y denso. de gustar sus tormentos otra vez. Cogió a Armanda. Alguna vez aprendería a reír. comprendí a Pablo. Oh.El lobo estepario Hermann Hesse mundo alegórico con manchas de realidad. no has sabido manejarla. cuando nos viste tendidos a Armanda y a mí. Es de esperar que lo hayas hecho al menos por celos. oí en alguna parte detrás de mí su risa terrible. me sentí aligerado y dispuesto a dormir un año entero. Mozart me estaba esperando. Esto no ha estado bien en ti. sabía que estaban en mi bolsillo todas las cien mil figuras del juego de la vida: aniquilado. Fin 97 . y la guardó en aquel mismo bolsillo del chaleco del que había sacado antes el cigarrillo. Alguna vez llegaría a saber jugar mejor el juego de las figuras. creí que habías aprendido mejor el juego. lo comprendí todo. comprendí a Mozart. la cual. de estremecerme de nuevo y recorrer una y muchas veces más el infierno de mi interior.

......2 NO PARA CUALQUIERA .................................................................................................10 TRACTAT DEL LOBO ESTEPARIO ...................................................................... 10 SIGUEN LAS ANOTACIONES DE HARRY HALLER ........................................................................................................ 2 SÓLO PARA LOCOS ................................ANOTACIONES DE HARRY HALLER ........... 23 SÓLO PARA LOCOS .............................................................................................................................................23 .............................................................................................................................................................

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