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Carlos Alonso Herreros Un poquito de su alma

Exposición: Carlos Alonso Herreros: Un poquito de su alma Coordinación: Colectivo de Artistas de Chinchón (CACH) Comisariado: Raúl Alonso Sáez Diseño gráfico: DeCinti vive! Colaboración: Ayuntamiento de Chinchón © De los textos y las fotografías: sus autores Octubre 2011

Carlos Alonso Herreros Un poquito de su alma

Del 8 al 16 de Octubre de 2011 Acto de inauguración Sábado 8 de Octubre a las 18:30 hrs. Visita guiada a la exposición Sábado 15 de Octubre a las 18:00 hrs. Casa de Cultura “Manuel Alvar” C/ Los Huertos, 36 (Antiguo matadero) 28370 Chinchón (Madrid)

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Presentación
Por Raúl Alonso Sáez El Ayuntamiento de Chinchón, con la colaboración del Colectivo de Artistas de Chinchón (CACh) y con la participación de diferentes coleccionistas privados, rinde homenaje mediante esta exposición al artista Carlos Alonso Herreros, con motivo del quince aniversario de su fallecimiento. La figura de Carlos Alonso Herreros resulta cercana para muchos, pero a la vez, se proyecta en ocasiones difusa por la amplia actividad cultural que desarrolló a lo largo de su vida. Desde que a finales de la década de los sesenta de la pasada centuria llegó a Chinchón, hasta la fecha de su fallecimiento, esta pequeña localidad madrileña fue el epicentro de sus creaciones y en torno a ella giró una buena parte de su producción. En esta exposición nos encontramos con un muestrario de piezas realizadas por él en momentos muy diferentes, con temáticas y asuntos muy variados y con técnicas que van también desde el óleo, al acrílico, la aguada, el dibujo o el collage. Carlos Alonso Herreros comienza su idilio con Chinchón dibujando sus calles a principios de los setenta. Dibujos exactos, fieles a la realidad, rincones congelados en los que el ser humano desempeñaba un papel secundario y era el lugar el que adquiría el protagonismo de la escena. Se trata de obras enormemente populares, reproducidas hasta la saciedad en carteles, diseños publicitarios y folletos hasta la actualidad. Así empieza Carlos Alonso Herreros a mirar a Chinchón, de un modo amable pero a la vez poético; la arquitectura del lugar, la presencia del entorno, la forma de vida de sus gentes. Descubre y

El cuadro representa a una mujer naciendo de una burbuja que flota en un firmamento azul y etéreo.
Felicidad Sáez

le fascina la arquitectura rural y lo que hay detrás de ella, pequeños objetos que poco a poco van adquiriendo preeminencia hasta convertirse en bodegones en los que la presencia del hombre se mide por su ausencia. La versatilidad del lenguaje que utilizó le permitió la mutabilidad de su propia esencia a lo largo de su vida. Las composiciones se van complicando de un modo paulatino, el óleo y las pequeñas esculturas van ganando terreno, será la época de las primeras exposiciones, coincidiendo con la instalación en Chinchón del estudio del Grupo MIJ -Manolo Gómez Zía, Ignacio Cáliz y Javier Vinader-, con los que tantos lazos artísticos y afectivos estableció. La influencia de estos artistas hace que su producción se centre ahora en obras de aire surrealista, como impresiones que van cautivando al artista, quién se deja llevar por ese mundo de sugerencias y emociones que dan como resultado unas obras en las que Chinchón emerge nuevamente de un modo enérgico y robusto. A finales de los ochenta, Chinchón reaparece en su producción, ahora desde sus puertas, sus fachadas desconchadas, sus herrajes y cerraduras. Obras matéricas en las que la superficie rugosa de las paredes se nos presenta como mapas imaginados de un Chinchón que se va perdiendo día a día. Se trata de una reflexión sobre su concepto de patrimonio cultural, que abarca, no sólo lo histórico y artístico, sino que se hunde en lo antropológico, lo etnológico y lo popular. En estas creaciones hay una vuelta al detalle, a la minuciosidad, a lo anecdótico; el óxido de una reja, una pequeña cerradura rota, una madera carcomida, un cajón de melones en la puerta de una casa. Conocedor de las posibilidades del lenguaje, será la escritura la que centre su producción en los primeros años de los noventa. Él decía que se sentía más escritor que pintor. Desde siempre fue un poeta metido a artista plástico o un pintor que gozaba coqueteando con la pluma, que reconocía en el lenguaje una herramienta al servicio de la creación que le resultaba útil para realizar sus creaciones. Escribe junto con Juan Miguel Sánchez Vigil “Toros en Chinchón” y años después realiza “Goya en Chinchón” comienza diferentes investigaciones ,

< Mujer burbuja
1986 Óleo sobre lienzo

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Paso de peatones con aparición de Chinchón entre cipreses
1983 Óleo sobre tabla

sobre el monasterio de monjas Clarisas, los condes de Chinchón, la Sociedad de Cosecheros, las fiestas y tradiciones etc. Publica un buen número de artículos y participa activamente en la recuperación de la revista Fuentearriba, dirigiendo los primeros números en su nueva etapa. En su última etapa creativa se produce un nuevo salto y alterna de un modo frenético, casi febril, la pluma y el carboncillo, son ahora las gentes las que saltan a la palestra, los retratos adquieren protagonismo como escenas complejas que ahondan en la personalidad de los retratados. Será el dibujo el que mejor le ofrezca las posibilidades técnicas de un género que demanda inmediatez. Ningún retrato por encargo, todos por placer. Pinta a sus amigos, a su familia, a sus seres queridos. El retrato es el pretexto, la composición y el discurso,

Ajos de Chinchón
1980 Óleo sobre tabla

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Subida a la torre
ca. 1978 Óleo sobre lienzo

el contexto. El retratado se enmarca en un mundo de sensaciones y es tratado como ámbito social. Así realiza, entre otros, los retratos de Vicente Vela, Juan Miguel Sánchez Vigil, Luis Lezama, José Menguiano, Teresa Rojo etc. Ahonda también en el género del autorretrato, pero nunca sólo, siempre en compañía de sus seres queridos. Durante todos esos años desarrolló una intensa labor como comunicador y gestor cultural, participó en todos aquellos proyectos a los que fue requerido, colaboró con asociaciones, instituciones y particulares, impulsó una infinidad de iniciativas de carácter cultural y convirtió su pequeño “Rincón del Arte” en punto de encuentro de artistas, escritores y pensadores. Todo aquel que llegaba a Chinchón con alguna inquietud, antes o después, terminaba cruzándose con él. En 1993 fue reconocido por el Ayuntamiento de Chinchón por su labor

Subida a la torre
ca. 1990 Óleo sobre lienzo

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Chinchón dividido sobre fondo verde
ca. 1978 Técnica mixta sobre tabla

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en pro de la cultura y en 1998, ya a título póstumo, el Ayuntamiento de Chinchón le concede un nuevo reconocimiento por su contribución al desarrollo social y cultural de Chinchón. Carlos Alonso Herreros fue siempre una persona inquieta, de espíritu libre, de fuertes ideales y convicciones, pero ajeno a modas e ideologías. Chinchonete de adopción, o sería mejor decir, chinchonete por vocación. Durante toda su vida tuvo una fuerte necesidad de crear, con independencia de la disciplina, técnica o el soporte utilizado. Fue pintor, escultor, dibujante, cartelista, fotógrafo, escritor, investigador, comunicador, gestor cultural. Decenas de óleos y esculturas, cientos de dibujos y fotografías, innumerables textos, artículos, reseñas y poemas, un inmenso archivo gráfico y documental. Daba igual la forma, lo importante era lo que estaba detrás, la idea y el concepto. Su obra fue una herramienta que él utilizó con maestría, a modo de plataforma, para mostrar lo que él nos quería contar de una manera serena pero contundente y rotunda.

Pan sobre servilleta
1980 Óleo sobre tabla

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“…Chinchón noble de Castilla muy dentro de mí te siento, Chinchón hermosa y querida ciudad dormida en el tiempo. ”
Carlos Alonso Herreros

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Carlos Alonso
Por Alberto Gil Martínez “En ocasiones, cuando el presente traiciona, el futuro recompensa. ” Esa es la frase que se me viene a la cabeza una vez tras otra, al imaginarme la exposición sobre la obra de Carlos Alonso. El que aquí escribe, incapaz de contemplar las joyas de un museo sin su guía explicatoria correspondiente, se dejaba atraer hace años por extraños dibujos, retratos, bodegones, bocetos de puertas y otras maravillas de difícil clasificación para un profano en la materia, algunos colgados a la vista y otros semiescondidos en una paralela a la madrileña calle de Alcalá, esperando ser descubiertos por los ojos adecuados, acostumbrados a descifrar formas imposibles y sueños que se me antojaban robados al mismísimo Dalí, quién sabe si a la sombra de una siesta de agosto en la Villa de Chinchón. Raúl, mi amigo, confidente y hermano, hijo del genio e incansable verdugo del olvido de la figura de su padre, me habló de una colección dispersa entre amigos, conocidos, amantes anónimos de arte y expertos aficionados en contemplar obras sin catálogo, como extraños poseedores de piezas únicas e intransferibles que multiplicasen el valor de su propia existencia. Su reconocida tenacidad y empeño, le llevaron a buscar en rincones habitados por el recuerdo, momentos voluntariamente olvidados y conversaciones padre-hijo, que hoy, más que nunca, encontraban respuestas a preguntas imaginadas durante tantos años de ausencia. Porque más allá de la indiscutible calidad de la obra en cualquiera de sus vertientes, se encuentra la búsqueda de respuestas, los diálogos con susurros, las sonrisas y sorpresas que enriquecen la historia fa-

< Explosión del mundo con Chinchón en el horizonte
ca. 1978, Óleo sobre lienzo

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Cestillo con puntilla
1980 Óleo sobre tabla

Cesta con pañuelo de encaje. Una imagen aparentemente sencilla, con aroma daliniano. Una cesta de finas cañas entrelazadas emerge de las sombras, ingrávida, casi etérea, como sobrevolando la nada. Encima un pañuelo blanco, límpido, doblado con displicencia, casi como dejado caer. En los bordes un encaje que se presume bordado por unas delicadas manos de niña. Todo blanco; pañuelo y encaje, posiblemente de bolillos, pintado entre alfileres con parsimonia, sin prisas pero con amor. Carlos lo pintó también con cuidado, con primor, con cariño; como él hacía las cosas, y entre pincelada y pincelada, se le fue escapando un poquito de su alma, también blanca y también con ribetes de encaje.
Manuel Carrasco

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miliar, y la cara desconocida de alguien que se fue demasiado pronto para no llegar a irse nunca. El 8 de Octubre se abre el desván del genio vivo, recordándonos que la imaginación es el motor de la vida, la autopista de las ideas y el despertar de las sensaciones. Pasen y sientan a través de la contemplación de un mundo real, la obra atrapada en un imaginario personal. Acaricien los trazos imperceptibles e imaginen los falsos pliegues de la materia, la amenaza a las leyes de la física mediante la exaltación del arte. Sean testigos de la realidad de lo irreal. Sentencien el olvido a cadena perpetua. Disfracen de propio lo ajeno y expriman la experiencia hasta dejar seca la imaginación. Bienvenidos a un genio del presente con vocación de eternidad.
Paño en cestillo
1980 Óleo sobre lienzo

Abran sus sentidos a Carlos Alonso.

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Música, madera, pintura, sonido, sol, color y camino. Las palabras se unen en unas pinceladas que evocan la melodía resultante de tan poderosos elementos.
Lorena López

Árbol violín

ca. 1981 Óleo sobre tabla

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Árbol vivo

ca. 1981 Óleo sobre tabla

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Cuando era un niño conocí a Carlos, ahora que soy un “artista” pienso cuanto de bueno dejamos, a veces sin saberlo, en la vida de los demás. Carlos dejó muchos recuerdos y consejos en mi. Gracias Carlos donde estés.
Mariano Pintado

Candado MIJ

ca. 1980 Óleo sobre lienzo

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Suma imperfecta
1983 Óleo sobre tabla

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En el año 1982 se concede el Premio Nadal a Fernando Arrabal por su novela “La torre herida por el rayo” Este cuadro . refleja a la perfección la síntesis entre pintura y narrativa: un tablero de ajedrez, una torre y dos mundos enfrentados, pero ambos presentes. Chinchón emerge nuevamente mediante la presencia totémica de la Torre de Santa de María de Gracia.
Raúl Alonso

Torre herida por el rayo
1984 Óleo sobre tabla

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Lo conocí de niño, cuando gané el primer premio de pintura de Chinchón siendo niño. Él me recomendó que me dedicara al Arte, que me hiciera pintor. Ahora lo soy, en gran parte gracias a él. Siempre te recordaré Carlos allá donde estés.
Raúl Martínez

Retrato con reloj blando y olivos de Chinchón
1984 Óleo sobre lienzo

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No hay metas, sino camino. No hay curiosidad, sino pasión. No hay silencio que apacigüe el estruendoso ruido de la vida interior.
Alberto Gil Martínez

Raúl observando el movimiento de traslación de la tierra iluminado por No hay metas, el faro del mundosino camino. No hay curiosidad, sino pasión. No hay

silencio que apacigüe el estruendoso ruido de la vida interior. Alberto 1985 Gil Martínez Óleo sobre lienzo

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“ ...este acrílico de Carlos Alonso llama la atención como su personalidad, sencilla y discretamente, pero con una gran fuerza interior que ha dejado huella en todos los que tuvimos la suerte de conocerle. ”
Iciar de la Peña

Óleo, acrílico y emplaste

Puerta con ventanuco ca. 1986

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“ Este cuadro fue ... donado por su autor a la Hermandad de Ntra. Sra. de la Misericordia para que fuese vendido mediante subasta en la almoneda que cada año celebra dicha hermandad con objeto de recaudar fondos. De ese modo, una tarde del mes de Septiembre y en la Plazuela del Pozo, fue adquirido por sus actuales propietarios. ”
Jesús Panadero Pastrana

Puerta con cajón de melones

ca. 1986 Óleo, acrílico y emplastes

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“…Cada encierro, capea, corrida o festival tiene su cuento, entendido como la narración particular de quien asistió al festejo. ”
Juan Miguel Sánchez Vigil Carlos Alonso Herreros

Toro-torero en Chinchón
ca. 1989 Litografía iluminada

Aire surrealista, túmulo daliniano. Todos sus símbolos reunidos: dos apóstoles de la última cena, las manos creadoras de la Sixtina, la mujer orante del ángelus de Millet, AVIDA DOLLARS, el huevo-reloj, la flor y el pincel. Todos flotando, nada se toca. La firma fechada: 23 de enero de 1989, día de la muerte de Dalí.
Raúl Alonso

Memoria de Dalí
1989 Óleo sobre lienzo

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No hay billetes

ca. 1990 Collage y acrílico sobre tabla

Repuesta ya del sueño de la noche, abro los ojos y descubro a un Chinchón que mira recordándome que empieza un nuevo día. Gracias Carlos por regalarme el lujo de ver cada mañana tu “Ojo Pixelado” que no se olvidaba de Chinchón ni en un solo parpadeo.
Lorena López

< Abro los ojos y veo Chinchón
1991 Óleo sobre tabla

Torre de Santa María de Gracia (Sombrero de Carnaval)
1991 Escultura en cartón piedra

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“… Hablaron horas y horas sin darle tregua al silencio, y hartos ya de conocerse sin haberse visto nunca acordaron otro encuentro. Y el tiempo pasó volando. Comulgaron en ideas, en sueños, miedos y también en los lamentos, y de tan común aliento nació el amor y el respeto. ”
Juan Miguel Sánchez Vigil

< Escritógrafo y torero
1993 Lápiz sobre cartulina

Collar de perlas
1993 Lápiz sobre papel

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Ajos de Chinchón
1993 Lápiz sobre cartulina

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Ajos de Chinchón con mortero
1994 Lápiz sobre cartulina

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Boceto para la Madonna de Chinchón
1994 Lápiz sobre cartón

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Cinco

1994 Lápiz sobre cartulina

Algo me recuerda a Marilyn con alegría
1994 Lápiz sobre cartulina

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Entre santos y guerreros
1994 Lápiz sobre cartulina

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Las cuerdas

1994 Lápiz sobre cartulina

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< Patio de Chinchón
1995 Lápiz sobre cartulina

Puerta de Chinchón
1995 Lápiz sobre cartulina

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Los actos de recuerdo y homenaje a Carlos Alonso Herreros no se podrían haber realizado sin el apoyo, dedicación y valiosa ayuda de diferentes instituciones, colectivos y personas que han prestado su generosa colaboración: Ayuntamiento de Chinchón Colectivo de Artistas de Chinchón (CACH) DeArtibus.com DeCinti&Villalón Academia de Pintura - arteDV.com Familia De la Peña Argacha Familia Panadero Barroso Alberto Gil Martínez Alejandro Decinti Juan Miguel Sánchez Vigil Juan Vázquez Manuel Carrasco Óscar Villalón José Zumel Rosario Rolland Y a todas las personas que amablemente han prestado obras y han aportado textos e ideas para la exposición y el catálogo, muy especialmente a Felicidad Sáez y a Lorena López por su infinita generosidad. Gracias a todos, Raúl Alonso Sáez Comisario de la Exposición

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Carlos Alonso Herreros