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Identidad y antropología forense

Luis Fondebrider

Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF)

Lo que vamos a contarles tiene que ver un poco con el trabajo de base, que ha sido el
trabajo, la tarea del equipo en la Argentina, que es la exhumación y análisis de 340
esqueletos enterrados en el cementerio de Avellaneda, entre 1976 y 1978. En 1988
comenzamos a exhumarlos y hasta el día de hoy estamos intentando identificarlos
positivamente y restituirlos a sus familiares. Estas son algunas de las conclusiones a las
que fuimos arribando luego de varios años de trabajo, especialmente a lo que hace a la
investigación histórica de este caso.

El EAAF comenzó proponiéndose como objetivo fundamental la identificación -previa


recuperación arqueológica- de restos óseos de víctimas del Terrorismo de Estado en la
Argentina. Ese perfil técnico fue modificándose en contacto con la realidad. El cumplir
de manera exclusiva con las tareas arqueológicas y luego aplicar los conocimientos de
antropología física presupone que alguien, antes de tales trabajos, se ocupó de practi-
car una investigación de la cual el trabajo específicamente forense es el corolario y
ratificación. Lamentablemente en Argentina esa tarea de investigación de base, con
una evidente preeminencia de la investigación histórica, no fue lo suficientemente
detallada como para permitir que el equipo se ocupara solamente de su quehacer es-
pecíficamente técnico. En otras palabras, al no tener hipótesis concretas y afianzadas
de identificación, hubo que plantearse la necesidad de llevar adelante esa índole de la
investigación histórica. Fue así que este componente comenzó a ser protagonista en la
lista de tareas del equipo. Fueron generándose, entonces, más producto de la necesi-
dad que de la previsión, diversos continentes para cada una de las fuentes históricas,
cuya recolección se hacía imprescindible. Pero antes de pasar a las fuentes fue necesa-
rio entender cómo funcionaba la estructura represiva y conocer cada uno de sus mo-
mentos. Desde el secuestro de una persona hasta su destino final: su asesinato o su
liberación.

El primer momento del esquema es la desaparición. Es el momento del ingreso de una


persona determinada en el "circuito clandestino de represión". El dato esencial en este
momento es el lugar y la fecha en que se produce el secuestro, punto en donde se se-
paran cuerpo e identidad. Si hay liberación o legalización, ambos volverán a ser "uno".
Si, como solía suceder, concluye con la muerte igualmente clandestina, la separación
se perpetúa. No obstante ser éste el primer momento, al generar el fenómeno que les
interesa, una vez ocurrido adquiere enorme trascendencia en la historia personal de la
persona secuestrada. Esa historia personal, anterior al secuestro, puede agruparse en
dos subsistemas: uno, que podríamos llamar propiamente "histórico". Relaciones, an-
tecedentes, ámbitos de actuación o de militancia, que debidamente conocido tiene
que poder explicar el porqué de su detención en ese lugar y el momento. Y otro subsis-
tema es el "físico".
Luego de la detención las posibilidades son dos. Bajo este punto se consignan aquellas
detenciones en las cuales, por resistirse el secuestrado o por autoeliminación, la de-
tención no es el promedio de un cautiverio más o menos prolongado, sino de la muer-
te. Son éstas las que llamamos "muerte instantáneas", y las hemos diferenciado por-
que, en general, estos casos resultan más fácilmente identificables que aquellos que
han pasado por la experiencia del cautiverio. La gran ventaja de estos casos es que la
fecha y el lugar del secuestro y fecha y lugar de la muerte, coinciden. La otra forma de
"muerte instantánea" es aquella en la cual la víctima muere en combate. El cautiverio
es un espacio de tiempo durante el cual suceden dos momentos bien definidos: "ex-
tracción de información" y "definición". El cautiverio comienza con la inquisición. La
persona detenida tiene, desde el punto de vista del secuestrador, información operati-
va perecedera, que éste debe conocer. El tormento es la forma de conseguir tal infor-
mación operativa, fuente de todo secuestro. Agotada esta primera etapa, el propósito
del interrogatorio será conseguir información relacionada con la actividad de la perso-
na, base de su "parajuicio". El segundo momento de la privación de la libertad se rela-
ciona, generalmente, con la espera de un veredicto, que se genera en una instancia
"parajudicial" generalmente ubicada fuera de la estructura de mando del Centro Clan-
destino de Detención. Excepcionalmente unos pocos de los secuestrados son despla-
zados del circuito anterior, por guardar alguna utilidad para el desarrollo del Centro
Clandestino de Detención, lo cual prolonga su estadía.

Entre las definiciones posibles está la liberación desde el lugar clandestino, la legaliza-
ción de la detención, mediante puesta a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y la
muerte. Esta última asumió, en el período que estudiamos: '76/'83, dos formas: la eje-
cución podía llevarse a cabo previo adormilamiento del secuestrado y su embarque en
un avión, por el cual era arrojado al río o al mar. Este método parece haber sido el uti-
lizado, preferentemente, en los Centros Clandestinos de Detención dependientes de
los comandos de subzona Capital Federal y "Zona 4". Las posibilidades de recuperación
de los cuerpos en estos casos son remotas y se relaciona solamente con algunos pocos
casos en que aparecieron los cadáveres en las costas uruguayas o en el sur del gran
Buenos Aires. La otra de las principales formas de aplicación de la "pena capital clan-
destina" fue la ejecución extrajudicial. Mediante ellas, a veces aduciendo un inexisten-
te enfrentamiento y otras no, las personas son sacadas de sus lugares de cautiverio y
ultimadas. Los centros de cautiverio clandestino dependientes de la "Subzona 11", esto
es Sur y Oeste del gran Buenos Aires, parecen haber practicado este método. Aquí la
posibilidad de recuperación es mucho mayor. El cuerpo aparece en determinado para-
je y se cumple a su respecto, con excepción de la identificación, con una serie de ritua-
les burocráticos, como registro de un acta e inhumación administrativa. Con la muerte,
el artefacto represivo expulsa un cuerpo sin identidad. Así esquematizado, el fenóme-
no de la desaparición asemeja a un sistema de ingreso y egreso. Su desbaratamiento, a
través de un proceso de identificación, se logra consiguiendo aislar las características
que permanecen constantes a través del paso por el sistema. No serán los rasgos más
evidentes de la identidad: nombre, documento, historia, ya que estos se pierden en el
sistema, sino otros caracteres menos degradables, físicos, odontológicos, ostiológicos y
genéticos.
Las fuentes. La dispersión de la documentación escrita en relación al Terrorismo de
Estado en Argentina y su falta de sistematización han dado como consecuencia lógica
tres aspectos negativos: a)La falta de acceso a la misma, con la consecuente escasez de
información sobre dicho período; b)La ausencia de la sistematización de documentos,
aún hoy significa que casos de desaparición forzada u otros delitos no son esclarecidos
total o parcialmente; c) El riesgo de pérdida de la documentación siempre está latente,
ya que de la enorme mayoría de fuentes de datos no hay copias y los originales se en-
cuentran en condiciones precarias de seguridad o mantenimiento.

A lo largo de los últimos años hemos aprendido a reconocer y diferenciar la variedad


de tipos de fuentes pudiéndolos clasificar entre "escritas" y "orales". Si bien ambas son
muy importantes, las fuentes escritas tienen un valor mayor, ya que poseen informa-
ción oficial y bastante certera.

Dejando por ahora de lado las "fuentes indirectas" u orales, será útil mencionar a las
más relevantes fuentes directas en base a dos criterios de discriminación. Un criterio
cronológico las divide en "contemporáneas" y "posteriores" y, a su vez, entre "estata-
les" y "no estatales". En cualquier caso casi todos ellos participan de un defecto co-
mún: su carácter estanco. Se supone que todo archivo tiene un doble propósito: la
guarda pasiva y el uso activo del mismo, sin embargo, en el caso que nos ocupamos,
este último aspecto se halla casi sin desarrollar.

Vayamos a las fuentes. El archivo de la CONADEP, hoy en custodia de la Subsecretaría


de Derechos Humanos, es el mayor intento "post factum" estatal de recolectar infor-
mación relacionada con el fenómeno de la desaparición. Es el archivo conformado,
básicamente, por relatos de los familiares de personas víctimas de desaparición, aun-
que haya también denuncias de "liberados". Y el primer ordenamiento que permitió
conocer los alcances aproximados del fenómeno. De consulta esporádica y no sistemá-
tica cuenta con más de 10.000 legajos. Cada legajo corresponde a una denuncia de
desaparición o testimonio de una persona liberada, luego de haber sido detenida. Otra
fuente. Las causas de la Cámara Federal de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
de Capital Federal. Son las causas judiciales tramitadas entre 1984 y l987. También
posteriores a los hechos y en muchos aspectos tributarios de la información recolecta-
da por la CONADEP, su criterio de unidad ya no es personal. Así la causa 13/84 reunió
711 casos de todo el país imputados a los Comandantes en Jefe de las tres Primeras
Juntas Militares. La causa 44/85 se refirió a hechos ocurridos bajo la responsabilidad
de la Policía de la provincia de Buenos Aires y la 450/86 se ocupó de hechos atribuidos
a personal dependiente del primer cuerpo del ejército, con excepción de lo ocurrido en
la Escuela de Mecánica de la Armada, que se ventiló en causa por separado.

Con criterio más propiamente judicial, que permitió conocer muchos nombres de res-
ponsables directos e indirectos, la información fue incorporándose en los expedientes.
No recibió hasta el presente ningún tratamiento sistemático. Al igual que la fuente
anterior es esporádicamente consultada y para zanjar una cuestión relacionada con
algún caso en particular. Sin embargo, el hecho de que el criterio de reunión de la in-
formación no sea personal ha redundado en una dispersión informativa mucho mayor
que la fuente anterior. Se trata de aproximadamente 60 metros cúbicos de papeles, sin
más orden que la incorporación a las causas. Una suerte de depositación burocrática.
Así, encontrar toda la información relacionada con la persona en todas las causas allí
obrantes es una tarea impracticable. Tercer tipo de fuente. El padrón general de casos
del EAAF. Creado en base a la nómina de casos denunciados en la CONADEP. La prácti-
ca fue ampliándolo con la incorporación de casos no denunciados ante la Conadep y
profundizándolo, con la información de fuentes orales. En rigor, ésta es para nosotros
una experiencia práctica de un archivo activo. Con las limitaciones propias de la enver-
gadura de nuestra institución, incorporó información con base personal. La formateó
en una única plataforma y la entrecruzó. Una parte importante de las identificaciones
logradas por el EAAF se originaron en la utilización de este archivo. Obviamente su
tamaño es incomparablemente más reducido, síntesis y codificación mediante que los
antes vistos, lo cual permite una operatividad mayor. Hoy es paso de consulta inevita-
ble para las personas interesadas, personal o profesionalmente, en el destino de los
desaparecidos.

Originariamente habíamos tenido acceso a la causa judicial relacionada con irregulari-


dades en la inhumación de cadáveres en el cementerio de Avellaneda, en la que fui-
mos nombrados "Peritos", lo cual nos permitió llevar a cabo la recuperación de los
esqueletos allí enterrados. Como parte de la mínima investigación desarrollada en di-
cha causa se recolectaron las partidas de defunción de todas las personas que fueron
inhumadas en ese sector, que son 255 registros. A su vez, la recuperación arqueológica
de los esqueletos, permitió conformar otra base de datos. Al mismo tiempo existe una
tercera base llamada "pre-mortem". Cada vez que se toma contacto -a veces espontá-
neo y otras veces generado por el EAAF- con familiares de personas desaparecidas, los
mismos nos suministran información física. Por otra parte en estas mismas entrevistas,
así como en otras con viejos compañeros de militancia de las víctimas y con otras per-
sonas que los conocieron, surgía información variada sobre cada una de ellas. La ma-
yoría de esa información es transcripta en algún archivo de procesador de texto.

Por último, en orden de aparición pero no de importancia, queda agregar el "registro


genético". Como veremos a continuación, será mejor hablar de los dos registros. La
comparación del ADN mitocondrial extraído de los restos óseos con la información
obtenida de la sangre de familiares de la línea materna ha permitido completar algu-
nas identificaciones. Se remitieron muestras óseas a los laboratorios de la doctora M.
C. King, en Estados Unidos; Erika Hagelberg, en Inglaterra; el doctor Daniel Corach, en
Argentina; la doctora Ana María Di Lonardo, también en Argentina. En conjunto se
consiguió extraer información genética de más de veinte esqueletos. El avance regis-
trado en los mecanismos de expresión de ADN mitocondrial en huesos ha llevado a
comenzar una campaña sistemática de extracción de sangre de familiares de víctimas
de desaparición. Se entenderá ahora por qué hablamos de dos registros. Por una parte
se encuentra la información genética extraída de un esqueleto determinado; por el
otro, la obtenida de la sangre de los familiares. El ADN mitocondrial es el código co-
mún a ambos órdenes, que permite llevar a cabo las comparaciones y lograr la identifi-
cación.

Hasta aquí las fuentes "post-factum", gubernamentales las dos primeras, no guberna-
mental la última. De las tres puede decirse que están relativamente bien conservadas,
aunque las dos primeras son inutilizables sistemáticamente y podrían calificarse en su
actual estado, de consulta restringida. Pero aparte de éstas, contamos con fuentes
estatales y no estatales contemporáneas. Entre las últimas -las no estatales- los diarios
de la época guardan gran cantidad de información que debe ser aprendida entre lí-
neas. Uno de ellos ya ha sido analizado y se ha informatizado toda la información per-
tinente. Pero el fenómeno más interesante que hemos encontrado es que, mientras el
Estado juzgaba y mataba clandestinamente, su burocracia no dejaba de registrar fe-
nómenos directamente derivados de aquella actividad secreta. Dos son, pues, las prin-
cipales fuentes estatales contemporáneas:

1) registro de defunciones. En el área que nos ocupa, todas las muertes por causa vio-
lenta ocurridas en la provincia de Buenos Aires con aparición del cadáver, se encuen-
tran documentadas en el Registro Provincial de las Personas. Por imperativo legal, al
hallazgo de un cuerpo debía seguir su registro mediante acta de defunción. Cuando se
trataba de personas no identificadas, debe constar una mínima descripción corporal.
Esto significa que hay un registro por cada una de las personas que fueron ejecutadas
extrajudicialmente. Excepción hecha del caso, el que dicha ejecución extrajudicial haya
sido acompañada por la ocultación del cadáver mediante su precipitación en el mar. Si
bien el EAAF se halla abocado hace seis meses a la investigación de dichos registros
esta tarea debería extenderse a todo el país.

2) Los archivos penales. La jurisdicción de los jueces penales y civiles se mantuvo du-
rante el período de mayor represión para los casos de hallazgos de cadáveres. Así, son
frecuentes en los juzgados penales del conurbano bonaerense las carátulas calificadas
"múltiple homicidio". Cada una de estas causas, alguna de las cuales guardan fotogra-
fías y hasta huellas dactilares, siguió su curso hasta los archivos judiciales de cada cir-
cunscripción y hoy día siguen allí. Nunca se ha hecho un valoramiento detallado de
estos expedientes. Sabemos que están allí, que no es sencillo acceder a ellos. En algu-
nos casos están siendo destruidos por el simple paso del tiempo. Finalmente los "ar-
chivos federales". La jurisdicción de los jueces federales también se mantuvo. Así como
se explicara en el punto anterior, algunos casos de hallazgo de cadáveres, en lugar de
ser derivados por las autoridades policiales hacia los juzgados penales comunes eran
remitidos al juez federal con competencia territorial en el lugar del hallazgo. Estas cau-
sas se encuentran archivadas en los distintos juzgados federales del conurbano, toda
vez que no fueron solicitadas por la Cámara Federal de Capital Federal.

El diagnóstico. La rápida descripción anterior permite comprobar la existencia de un


sistema que, generado por las necesidades de formación que fueron presentándose
con sus defectos y sus virtudes, no resulta armónico. Tal característica queda reflejada
de manera evidente por la dispersión de la información, su eventual repetición, el ca-
rácter aleatorio de las conexiones entre los registros y la pérdida de hipótesis interme-
dia.

Para explicar solamente uno de estos puntos -la repetición- será de utilidad un ejemplo
concreto: el padrón general de casos de una nómina remite a los actores; es decir, to-
das las personas cuya desaparición fue denunciada en algún momento, entre 1974 y
1984; el muy diverso origen de cada denuncia hace que haya casos denunciados dos
veces, con alguna diferencia mínima en los nombres denunciados en una y otra oca-
sión. A los fines de la determinación exacta de cuántas personas fueron denunciadas
como desaparecidas, estas mismas repeticiones implican un factor distorsivo que per-
judica al sistema.

Por todo lo expuesto, desde el principio de este año el equipo está trabajando sobre
tres ejes en la Argentina: recuperación de fuentes escritas oficiales, en su clasificación
y análisis; recolección de muestras de sangre de familiares y análisis de restos óseos
con fines genéticos y profundización de la investigación histórica.

Las conclusiones. El destino de la información.

Creemos que, como hemos volcado en las páginas anteriores, queda en claro cuál es el
universo de información a recuperar. A fuerza de ser sinceros, es imposible conocer a
priori la envergadura total de la información a colectar. Por ejemplo, la cantidad de
causas judiciales que va a deparar un archivo determinado. Sin embargo, puede supo-
nerse que la cantidad de información será enorme. En ese caso el criterio rector será,
inicialmente, abarcativo. Si no es factible la recuperación en el soporte más adecuado
en los plazos programados y, tratándose de información en peligro de destrucción, lo
primero que deberá ser garantizado es su preservación, a riesgo de no profundizar su
análisis en el mismo momento. Ahora bien, la pregunta que surge es: ¿Quiénes serán
los destinatarios de la información? Una respuesta formal sería decir que los archivos
no tienen destinatarios específicos, lo cual es parcialmente cierto. Sin embargo, tra-
tándose de información relevante no sólo en términos históricos, es imperativo brin-
dar la información que se vaya acumulando a los familiares de personas desaparecidas.

De hecho, hace varios años el EAAF es el lugar donde son derivados, previo paso por
un organismo o por la Subsecretaría de Derechos Humanos, los familiares, que por el
tiempo transcurrido, en general son hijos de desaparecidos que desean averiguar algo
sobre el destino de sus allegados. La posibilidad de centralizar la información redunda-
rá en una mejor información al familiar. También, como es práctica común desde el
corriente año, los familiares son invitados a dejar una muestra de sangre que pasa a
conformar nuestro Banco de Datos Genéticos.

Muchas gracias.

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