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Karl R. Popper - La logica de la investigacion cientifica

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Pdf de imágenes del libro "La lógica de la investigación científica" de Karl. R. Popper. Escaneo y edición: Legeh. MD5 (Message Digest algorithm - 5): c4924a37276c6f7c0d9cb7a2cb9e70d4.
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La utilización más importante de los enunciados de probabilidad
en la física es la siguiente: se interpretan ciertas regularidades físicas
o ciertos efectos físicos observables como «macro-leyes)); esto es, se
los interpreta o explica como efectos masivos, o como los resultados
observables de «mici"o-eventos» hipotéticos y no directamente obser-
vables. Las macro-leyes se deducen de estimaciones probabilitarias por
el método siguiente : hacemos ver que las observaciones que estén de
acuerdo con la regularidad observada en cuestión deben esperarse con
una probabilidad muy próxima a 1 (es decir, con una probabilidad
que discrepe de 1 en una cantidad que se puede hacer tan pequeña
como se quiera); y decimos entonces que mediante nuestra estima-

Es posible considerar con justeza como advertencias (intensionales) de esta ín-
dole, tanto al axioma de aleatoriedad como al de unicidad. Por ejemplo, el primero
nos previene de que no tratemos a las sucesiones como aleatorias si suponemos (por
las razones que sean) que ciertos sistemas de jugar tendrán éxito con ellas. En cuanto
al de unicidad, se cuida de precavernos para que no atribuyamos la probabilidad q
(siendo q ^- p) a una sucesión que suponemos poderse describir aproximadamente por
medio de la hipótesis de que su probabilidad es igual a p.
" Schlick ha objetado al axioma del limite basándose en escrúpidos parecidos (Die
Natiirwissenschaften
19, 1931, pág. 158).
" El positivista tendría que reconocer en esta ocasión una jerarquía completa de
«carencias de sentido». Para él, las leyes naturales inverificables son «carentes de
sentido» (cf. el apartado 6 y las citas indicadas en las notas 1 y 2 del mismo), y,
por tanto, aún más lo son las hipótesis probabilitarias, que no son ni verificables ni
falsables. En cuanto a los axiomas, el de unicidad —que no tiene significación exten-
sional— tendría menos sentido que el axioma (carente de sentido) de irregularidad,
que, ni menos, poseo consecuencias extcnslonnlea; y todavía menos sentido cabría al
axioma del límite, que ni siquiera tiuno significucíón inlonsioonl.

184 La lógica de la investigación científica

ción probabilitaria hemos «explicado» el efecto observable a que nos
referíamos como un macro-efecto.
Pero si emtpleamos de esta manera las estimaciones probabilitarias
para «explicar» regularidades observables sin tomar precauciones es-
peciales,
podemos vernos inmediatamente complicados en especula-
ciones que —de acuerdo con el uso general— cabe perfectamente
indicar que son típicas de la metafísica

especulativa.

Pues, como los enunciados probabilitarios no son falsablcs, siem-
pre será posible «explicar» de este modo, mediante estimaciones de
probabilidad, cualquier regularidad que nos venga en gana. Sea, por
ejemplo, la ley de la gravedad. Podemos arreglárnoslas para que cier-
tas estimaciones probabilitarias hipotéticas «expliquen» esta ley del
modo siguiente. Elegimos unos eventos de cierto tipo para que hagan
de eventos elementales o atómicos: por ejemplo, los del movimiento de
una pequeña partícula. Elegimos también qué ha de ser una propie-
dad primaria de tales eventos: así, la dirección y velocidad del movi-
miento de la misma.: Asumimos luego que tales eventos presentan
una distribución azarosa, y, finalmente, calculamos la probabilidad
de que todas las partículas dentro de cierta región espacial finita —y
durante cierto período de tiempo finito, o «período cósmico»— se
muevan accidentalmente (con una exactitud especificada) del modo
que exige la ley de la gravedad. La probabilidad calculada, natural-
mente, será muy pequeña: en realidad, será despreciable, pero no
igual a cero. Podemos entonces plantear la cuestión acerca de la lon-
gitud que ha de tener un segmento-n de la sucesión —o, de otro modo,
de la duración que es preciso asumir para la totalidad del proceso—
de modo que podamos esperar con probabilidad próxima a 1 (o que
discrepe de 1 en una cantidad no mayor que un valor e arbitrariamen-
te pequeño) la aparición de semejante período cósmico, en el que
•—como resultado de una acumulación de accidentes— nuestras obser-
vaciones estén de acuerdo con la ley de la gravedad : para cualquier
valor próximo a 1 que elijamos obtenemos un número finito, aunque
enormemente grande. Podemos decir, por tanto : si suponemos que el
segmento de la sucesión tiene esa grandísima longitud —o, dicho de
otro modo, que el «mundo» dura el tiempo suficiente—, entonces al
asumir la aleatoriedad estamos autorizados a esperar que aparezca
un período cósmico en el que la ley de la gravedad parezca tener va-
lidez, aunque, «en realidad», no haya sino dispersión aleatoria. Este
tipo de «explicación» por medio de la asunción de aleatoriedad es
aplicable a cualquier regularidad que escojamos; realmente, podemos
«explicar» de este modo el conjunto de nuestro mundo, con todas las
regularidades que en él se observan, como una fase de un caos alea-
torio —o sea, como una acumulación de coincidencias puramente ac-
cidentales.

Para mí está claro que las especulaciones de esta índole son «me-
tafísicas», y que carecen de importancia para la ciencia; e igualmente
claro parece estar que este hecho va unido a su infalsabilidad, es
decir, al hecho de que siempre y en todas las circunstancias podemos
entregarnos a ellas. Por tanto, mi criterio de demarcación tiene aire

La probabilidad

185

de estar francamente de acuerdo con el uso general de la palabra
«metafísico».

Por consiguiente, las teorías que incluyen la probabilidad no de-
ben considerarse científicas si se aplican sin adoptar precauciones es-
peciales. Hemos de eliminar su empleo metafísico para que puedan
tener alguna utilidad en la práctica de la ciencia empírica *^.

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