Extractos del libro “LA ESENCIA DE LA PSICOLOGÍA DE JUNG Y EL BUDISMO TIBETANO”.

- Radmila Moacanin

2. Carl Gustav Jung. Él nació y vivió su vida entera en Suiza, el país que no ha conocido ninguna guerra por muchos, muchos años. Creció como un niño tímido y sensible, con frecuencia en contra de las creencias de sus padres y las exigencias de sus maestros. Encontró refugio en su personalidad Número Dos. Esta personalidad fue su auténtico y verdadero “sí mismo”, alcanzando hasta lo profundo de las raíces de la humanidad en sí misma, quizá antes de que la humanidad existiera. “En algún lugar profundo del fondo siempre supe que yo era dos personas. Uno era el hijo de mis padres que fue a la escuela y era menos inteligente, atento, trabajador, decente y limpio que muchos otros chicos. El otro ya era maduro, -de hecho anciano-, escéptico, desconfiado, alejado del mundo de los hombres; pero cercano a la naturaleza, la tierra, el sol, la luna, el clima, todas las criaturas vivientes, y sobretodo, cerca de la noche, de los sueños y de todo aquel trabajo que “dios” dispusiera en él”. Mientras que su personalidad Número Uno era brillante, su personalidad Número Dos estaba sufriendo de dolor, el dolor de la insatisfacción de la totalidad. Él buscó es totalidad toda su vida. Él escuchó acerca de un profesor de Viena y fue a verlo, ambos se convirtieron en buenos amigos. El profesor se volvió famoso; y en tanto su fama crecía, su amistad menguaba. Sólo más tarde Jung comprendió que no era su amistad la que menguaba, era su personalidad Número Dos la que se estaba transformando en un individuo por derecho. El profesor y Jung se separaron, esto fue el impacto más grande de su vida, le condujo dentro de una oscuridad tal que él nunca había conocido en su vida, pero a partir de allí emergió todo su trabajo. A partir de ese momento, Jung se dedicó completamente a su personalidad Número Dos. A la edad de ochenta y cinco años, su larga y fructífera vida llegó a su fin. Pero su personalidad Número Dos continúa viviendo, porque “no existió el tiempo en que no fuera, y no habrá ningún tiempo en el que dejará de ser”. (“For there was never a time when it was not, and there can be no time it will cease to be”)

1593862_1_Fiscal__Extractos del libro La esencia de la psicología de Jung y el Budismo Tibetano

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“En cierto sentido, mi vida ha sido la quintaesencia de lo que he escrito”, dice Jung en la introducción de su autobiografía. Ningún evento, ningún aspecto externo o interno de su vida es irrelevante o carece de importancia en su trabajo. “Mi vida es lo que he hecho, mi trabajo científico. Uno es inseparable del otro. El trabajo es la expresión de mi desarrollo interno, dado que el compromiso con los contenidos del inconsciente forma al hombre y produce sus transformaciones. Mis trabajos pueden ser referidos como estaciones a lo largo del camino de mi vida”. El período que sigue al rompimiento con Freud fue un tiempo particularmente preñado en la vida de Jung. Tiempo en el que nuevas ideas estaban germinando. Fue un tiempo de confusión, torbellino, aislamiento, soledad, de caos interior. Jung fue asediado por sueños confusos, imágenes, visiones, una oleada de material inconsciente que por momentos le hizo dudar de su propia sanidad mental. Pero fue también una intersección crucial, la estación más creativa a lo largo del camino de su vida. Estos fueron los años de confrontación de Jung con el inconsciente. Aquí aparece la visión de Siddhartha Gautama, el príncipe inocente y bien protegido conmocionado por los vislumbres del lado trágico de la vida. Su determinación de encontrar respuestas –primero sin éxito, al buscarlas en los eruditos-; y finalmente, dentro de sí mismo, en meditación profunda bajo el árbol de Bodhi. De manera similar, Jung no pudo encontrar respuestas, ni de Freud, ni de ningún otro; de ningún libro o teoría. Y como Siddhartha, él dejó atrás todo aquello para buscar las respuestas dentro de su propia psique. Este fue el comienzo de un experimento que duraría muchos años, y que produjo una riqueza de material, su contribución más creativa. Jung observó cuidadosamente, anotó y embelleció con dibujos sus sueños, fantasías y visiones. Todos ellos se convirtieron en parte de su famoso libro Rojo. Él tenía que mostrar que sus experiencias más personales y subjetivas eran potencialmente experiencias de toda la humanidad, porque éstas eran una parte inherente de la naturaleza de la psique. Era un camino revolucionario en la metodología científica, una nueva manera de ver las cosas. Jung tenía que probar que sus propias experiencias eran reales, que el inconsciente era una realidad psíquica demostrable.

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3. MÉTODOS EN LA PSICOLOGÍA DE JUNG Y EL BUDISMO TIBETANO La cura de las almas. La cura de las almas, dice Jung en sus Memorias, Sueños y Reflexiones, es su tarea. A diferencia de la mayoría de las metodologías de psicoterapia convencionales, cuyas metas fueron básicamente el ajuste de la personalidad y la curación de los síntomas, y para cuyo fin eran aplicadas las técnicas terapéuticas de manipulación. El propósito de la psicoterapia de Jung es la curación del alma, un acercamiento a lo numinoso. La meta no es solamente la curación de la patología, sino sobretodo, la realización de la totalidad del individuo, o la autorrealización. Dentro de cada ser humano está escondida la semilla de su futuro desarrollo, que en su significado último es una semilla de divinidad. Y la tarea profunda de la psicoterapia de Jung es ayudar a esa semilla a abrirse y madurar hasta su completo potencial. ¿Cuáles son los métodos que Jung desarrolla para alcanzar esta meta? Jung nos dice que en el proceso natural de individuación encontró un modelo y un principio guía para su método de tratamiento. El proceso de individuación es esencialmente un proceso autónomo e inconsciente, en el que la psique en su impulso natural y espontáneo hacia la totalidad está esforzándose por armonizar sus contenidos concientes e inconscientes. De esta manera, explica Jung, el terapeuta debe seguir la naturaleza como su guía. Y su intervención es menos una cuestión de tratamiento, que de desarrollo de las posibilidades creativas latentes dentro del mismo paciente. Jung observó que aquellos de sus pacientes que tenían éxito en liberarse de la esclavitud de los problemas de su vida y alcanzaron más altos niveles de desarrollo psíquico e integración, en esencia no hicieron nada más que permitir que las cosas sucedieran. Permitieron que su subconsciente les hablara en silencio y ellos escucharon sus mensajes pacientemente y les dieron la más grave y completa atención. En otras palabras, ellos establecieron una relación con sus procesos inconscientes. “El arte de dejar que las cosas pasen, acción a través de la inacción, dejarse ir uno mismo como decía el Maestro Eckhardt, se convirtió para mí en la llave que abría la puerta al camino. Debemos dejar que las cosas sucedan en nuestra psique. Para nosotros este es un arte del que

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mucha gente no sabe nada. La conciencia siempre está interfiriendo, ayudando, corrigiendo, y negando, nunca deja que el proceso psíquico crezca en paz”. Cuando al proceso psíquico se le permite crecer en paz, el inconsciente fertiliza la conciencia y la conciencia ilumina el inconsciente. La interfusión y la unión de los dos opuestos resultan en una actitud creciente de despertar y un ensanchamiento de la personalidad. Jung postulaba que esto puede lograrse de mejor manera, cuando el proceso no está regulado desde afuera y el terapeuta no interfiere con la operación de la naturaleza. Mientras una personalidad más amplia se está creando, la conciencia se incrementa se transforma, y un nuevo centro de la personalidad emerge –el Sí mismo-, mientras que las tendencias del ego disminuyen. El nuevo centro como un imán, atrae hacia sí todo lo que auténtica y genuinamente pertenece a la unicidad de la personalidad. La integridad y la unidad del individuo se establecen gradualmente por sí mismas, fuera del plan de su terreno original. Y todo lo que no es esencial, lo superfluo se desprende. El ego que se ha desarrollado en respuesta a las presiones y los dictados del mundo externo y el ambiente cultural, se inclina y da paso a los impulsos del mundo interior del individuo, su ser interno, su alma, su Sí mismo. De este modo, el ego ha sido sacrificado a favor del Sí mismo. La existencia mundana ha adquirido un significado, el individuo se ha puesto en contacto con lo numinoso. Su condición inicial inconsciente se ha transformado en una consciencia más elevada. Y el redondo de la personalidad, cuyo símbolo es el mandala, ha sido llevado a cabo. Cómo sucede la armonización entre los contenidos concientes e inconscientes; nadie lo sabe, porque es un proceso de vida irracional. En la psicoterapia de Jung no hay métodos de tratamiento fijos; los métodos se desarrollan naturalmente, en la medida en que el trabajo progresa y en respuesta a las necesidades del individuo en particular. Cada individuo es único e impredecible y por esto Jung disfruta que los terapeutas se liberen ellos mismos de todos los preconceptos y presunciones teóricas y abandonen todos los métodos y técnicas. Jung nos dice que él es deliberadamente poco sistemático, y solamente el entendimiento individual es el método, por decirlo de alguna forma. “Necesitamos un lenguaje diferente para cada paciente”. De cualquier forma dos métodos diferentes fueron utilizados por Jung en su práctica, consistentemente: el trabajo con los sueños y la imaginación activa. En tanto la interpretación de los sueños tiene una larga historia que se remonta a la antigüedad, la imaginación activa es un producto original del trabajo artístico de Jung. Visualiza el proceso de

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la imaginación activa de manera equivalente al de la operación alquímica. En esencia involucra un diálogo entre dos opuestos, esto es la conciencia y el inconsciente, en el curso del cual todos los aspectos de un ser son integrados gradualmente. Este es el trabajo de la reconciliación y de la unión de los opuestos que conlleva a la transformación psicológica. Hay varios pasos en el proceso. Inicialmente, la tarea es inducir a un estado calmado de la mente, libre de pensamientos, meramente para observar de forma neutral, sin juicio, sólo para contemplar el surgimiento espontáneo y el desdoblamiento de los contenidos del inconsciente y los fragmentos de la fantasía. Esta parte es muy similar a las prácticas básicas de meditación. La experiencia se archiva, bien de forma escrita, o dándole cualquier otra forma tangible, como un dibujo, una pintura, una escultura, un baile, o cualquier otra variedad o expresión simbólica. En el siguiente estadio, la mente conciente empieza a participar de manera activa y deliberadamente en una confrontación con el inconsciente, el significado del producto inconsciente y su mensaje tiene que ser comprendido y conciliado en relación con la posición y las exigencias de la mente conciente. Como Jung establece: “Es exactamente como si tuviera lugar un diálogo entre dos seres humanos con los mismos derechos, cada cual de ellos da al otro crédito por un argumento válido y lo considera valedero para modificar los puntos de vista por medio de una comparación minuciosa y una discusión o cualquier cosa que pueda distinguirlos claramente uno de otro”. Finalmente, una vez que el ego y el inconsciente han llegado a un acuerdo el uno con el otro y uno tiene ahora la capacidad de vivir concientemente, una actitud ética y una obligación tienen que seguir; uno ya no puede continuar conduciendo su vida ignorante de los trabajos ocultos del inconciente. Debe hacerse hincapié en que, los principios de la psicología de Jung no son aplicados como método de tratamiento médico, sino más bien, de auto-educación. La psicoterapia como dice Jung: “Trasciende sus orígenes médicos y deja de ser meramente un método para el tratamiento de la enfermedad. Ahora trata la salud, o tiene tanto un derecho moral para la salud psíquica, cuya enfermedad es, como mucho, el sufrimiento que nos atormenta a todos. Por esta razón la psicología analítica puede autoproclamarse como servidora del bien común”. En su psicoterapia Jung apunta a llevar a sus pacientes hacia un estado de fluidez en el que sus experiencias cambien y crezcan sin quedar atrapados a ninguna condición fija. Al mismo tiempo

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él procura hacer surgir en ellos un sentido de sus conexiones supra-personales, para ampliar sus capacidades de conciencia, más allá de la conciencia personal. Esto es particularmente importante para el hombre moderno, cuya actitud racional ha frustrado y reprimido la dimensión de su vida espiritual. Jung hace hincapié en que lo espiritual o en el reino de la experiencia religiosa no se refiere a ningún crédito, dogma o metafísica. (…) 4. SÍMBOLOS ARQUETÍPICOS Como se discutió en el capítulo anterior, la visualización es uno de los métodos principales de meditación en Vajrayana. Los principales tipos de deidades visualizadas son expresados aparentemente en forma personificada en la iconografía tántrica, mientras que internamente corresponden a diferentes estados psicológicos. Mediante la identificación con la variedad de deidades del panteón budista tibetano, la conciencia profana trasciende hacia el conocimiento de lo sagrado, y de este modo las imágenes se convierten en símbolos de transformación. Las imágenes antropomórficas tántricas se refieren a arquetipos que ya son reales para el meditador. De acuerdo con Jung, los arquetipos cobran vida cuando son significativos para el individuo. Como todos los símbolos poderosos, las imágenes tántricas, cuando son infundidas con emoción, ganan luminosidad y proveen al meditador de una energía que les lleva un paso por delante hacia otro reino psicológico – el transpersonal, espiritual. ¿Cuál es el papel de las imágenes en la práctica budista, cuyos fundamentos psicológicos y metafísicos están basados en el concepto de la vacuidad? En las palabras de Lama Govinda: “Lo abstracto de los conceptos filosóficos y las conclusiones requiere ser constantemente corregido por la experiencia directa, por la práctica de la meditación y por las contingencias de la vida diaria. El elemento antropomórfico en el Vajrayana no nace pues, de una carencia de entendimiento intelectual (como en el caso del hombre primitivo), sino por el contrario, del deseo conciente de penetrar desde una actitud meramente teórica e intelectual, hacia la conciencia directa de la realidad. Esto no puede ser logrado mediante la edificación de convicciones, ideales y objetivos basados en el razonamiento, sino únicamente a través de la

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penetración conciente en esas capas de la mente que no pueden ser alcanzadas o influenciadas por los argumentos lógicos y el pensamiento discursivo. Esa clase de penetración y de transformación es posible únicamente a través del irresistible poder de la visión interna, cuyas imágenes primordiales o arquetipos son los principios formativos de nuestra mente. Como semillas ellas se hunden en el suelo fértil de nuestro subconsciente, con el fin de germinar, crecer y revelar sus potencialidades… La subjetividad de la visión interna no disminuye su valor real. Tales visiones no son alucinaciones, porque su realidad es aquélla de la psique humana. Son símbolos, en los cuales se incorporan el conocimiento más elevado y el esfuerzo más noble de la mente humana. Su visualización es el proceso creativo de la proyección espiritual, a través del cual la experiencia interna se traduce en forma visible, comparable al acto creativo de un artista, cuya idea subjetiva, emoción o visión son transformadas en una obra de arte objetiva, que ahora toma una realidad por sí misma, independiente de su creador”. De manera similar, Jung nos dice que inicialmente los arquetipos son formas vacías, pero que contienen la posibilidad de ciertas percepciones y acciones; y cuando estos son activados se convierten en una fuerza poderosa en la vida y en el comportamiento de un individuo. Sin duda, el arquetipo puede tomar una realidad autónoma propia y tomar control sobre toda la personalidad. La visión puede guiar hacia la creación artística o los descubrimientos científicos, como el famoso caso del descubrimiento del anillo de benceno de Kelule. Pero las visiones también pueden guiar hacia la demencia si no son integradas en la conciencia. La línea divisoria entre estos dos caminos es frecuentemente muy fina. Los budistas Tibetanos, al igual que Jung son concientes del daño que implica y, por tanto, exhortan a que se tomen las salvaguardas apropiadas. La visualización tántrica y la, de algún modo comparable, técnica de la imaginación activa de Jung, ambas requieren la guía de un maestro calificado o un analista. Además, en la práctica Vajrayana cada visualización va precedida y terminada mediante la meditación en la vacuidad y en la disolución de las imágenes, lo cual actúa como una protección en contra de la identificación continua con los símbolos: el meditador se hace conciente de que las deidades son productos de su imaginación. Una de las más importantes (y en el Tíbet, una de las más populares) deidades es Tara. Ella es el aspecto femenino del Buda. En el Tíbet ella es reverenciada como la madre de todos los Budas.

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En esencia, Tara simboliza la sabiduría que trasciende la razón, totalmente desarrollada. Ella es la buda de la actividad iluminada, la liberadora; quien, a través de la autoliberación de la esclavitud de las pasiones egocéntricas guía desde la orilla de la implicación mundana en lo profano (samsara) hasta la otra orilla de la iluminación (nirvana). Tara aparece en una variedad de aspectos: la Tara verde, la Tara roja, la Tara blanca, etc., veintiuna de ellas y cada una corresponden a una imagen arquetípica ligeramente diferente de la psique. En la terminología junguiana ella representa el arquetipo de la Madre. De cualquier forma, ella es la imagen de la madre que ha integrado en sí misma todos los opuestos, lo positivo y lo negativo. De este modo, para Eric Fromm, discípulo de Jung, Tara simboliza “la forma más elevada, la culminación del arquetipo de lo femenino. Ella es la gran Diosa, quien, en la totalidad de su despliegue, llena el mundo, desde su fase primordial más baja hacia su suprema transformación espiritual”. Además, las deidades pacíficas y airadas, otra categoría de seres, juegan un importante papel en el Budismo Tibetano. Son las denominadas dakinis, que poseen cualidades divinas o demoníacas, y pueden representar el impulso inspirador humano. Ellas son la encarnación del conocimiento y los poderes mágicos, y son descritas como “genios de la meditación y ayudantes espirituales”, capaces de despertar las fuerzas ocultas en la oscuridad del inconsciente. La palabra dakini o en tibetano khandroma significa “espacio” y “éter”, refiriéndose a aquello que hace posible el movimiento. Uno obtiene el sentimiento de la naturaleza fluida de la dakini; ella mueve la psique y causa la fluidez de todo lo que es rígido y concreto, cualquier cosa que esté encapsulada en pensamientos y dogmas conceptuales, cualquier formulación fija. En este sentido ella simboliza el principio del movimiento y refleja las fuerzas dinámicas, que son las mismas en el cosmos que en la psique del individuo. La dakini de más elevada categoría es Vajrayoguini. Ella es la figura divina de la musa inspiradora que “redime los tesoros de eones de experiencia, que yacen dormidos en el subconsciente y los levanta hacia el reino de la conciencia más elevada, más allá de nuestro intelecto”. Los budistas tibetanos dicen que Vajrayoguini siempre ha existido dentro de lo profundo de nosotros mismos, en nuestro inconsciente, pero está sofocada por el ego. Cuando el concepto del ego es “agujereado” permitimos aparecer a Vajrayoguini. (Cuando pienso en

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Vajrayoguini siempre me recuerda a la Bella Durmiente). Vajrayoguini siempre es descrita en la iconografía tibetana con una curiosa expresión que es simultáneamente, amorosa y sonriente, pero también airada, de manera que revela la ambivalencia esencial de cada arquetipo. En el contexto de la psicología de Jung, Vajrayoguini sería una imagen primordial, y como tal puede actuar como mediadora, probando su poder liberador1, un poder que siempre se ha poseído en varias religiones”. El símbolo tántrico de la dakini algunas veces ha sido comparado en Occidente con el concepto de Jung de uno de los mayores arquetipos, denominado anima. El anima se refiere usualmente al aspecto femenino de la psique masculina. Aparece en muchas formas diferentes, y posee ambos aspectos, demoníaco y benevolente. Ella puede ser guía y mediadora, guiando al hombre hacia su transformación o su perdición. Pero la noción de anima es mucho más compleja. Primero que nada el anima no se aplica exclusivamente a la psique masculina: como figura arquetípica ella puede funcionar en la psique de cada género. En el mundo occidental orientado hacia lo masculino, el concepto de anima como la contraparte femenina y la integración apropiada de ambos aspectos, es crucial para el equilibrio psicológico…

5. CONEXIONES, SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS Introducción En este capítulo propongo primero discutir los equivalentes conceptuales y metodológicos entre los dos sistemas e identificar los puntos donde confluyen, donde son similares o paralelos y donde ellos difieren. En el próximo, examinaré la visión de Jung acerca de las tradiciones orientales, en términos de su relevancia con respecto al mundo occidental. Y su visión, tanto como la del budismo tibetano, en relación a los posibles peligros inherentes a la práctica del Tantra. Finalmente, me gustaría comentar el tema de la ética y su impacto potencial en la comunidad mundial, el cual es un aspecto importante e integral en ambos sistemas. Conciencia e Inconsciente
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Redeeming Power: se puede traducir como redentor o liberador.

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El concepto básico de conciencia y de inconsciente en el sistema junguiano tiene una variedad de connotaciones y por esto, es objeto de muchos malentendidos y distorsiones. Para agravar el problema, los conceptos de Jung son confundidos con frecuencia con aquellos de Freud, que son enormemente distintos. Trataré de revisar algunos de ellos, siendo conciente de que mi investigación es extremadamente inadecuada. Toda una vida –o como los budistas dirían, incontables vidas-, de estudio y práctica difícilmente nos capacitarían para comprender plenamente estos conceptos en ambos sistemas. La visión de la conciencia y el inconsciente de Jung son de igual importancia. La conciencia es, de cualquier manera, un último vástago de la psique inconsciente. Lo que significa que la anterior aflora de la última. En este caso equipara a la conciencia con el ego. Él postula que: “La conciencia necesita un centro, un ego para el que hay algo conciente. No conocemos ningún otro tipo de conciencia, ni siquiera podemos imaginar una conciencia sin un ego. No puede haber conciencia donde no hay nadie para decir: yo soy conciente”. Jung cree que la conciencia, “la más extraordinaria de todas las curiosidades de la naturaleza”, existe y tiene el impulso de ser ampliada, por la simple razón de que sin ella “las cosas saldrían menos bien”. Por otra parte, Jung habla acerca de, “una conciencia más elevada”, la cual es una conciencia más profunda y más receptiva, que se relaciona con el reino transpersonal. Y parafraseando a Ignacio de Loyola, poniéndolo en el contexto de la terminología psicológica, Jung afirma: “La conciencia del hombre fue creada hasta el fin, de manera que pueda (I) reconocer… su descendencia desde una unidad más elevada;… (2) pagar tributo y relacionarse prudentemente con esta fuente;… (3) ejecutar sus órdenes inteligente y responsablemente;… (4) Y, de este modo, apoyar a la psique como un todo, en un grado óptimo de vida y de desarrollo”. De acuerdo con Jung los símbolos de la totalidad, los cuales resuelven y trascienden los opuestos, podrían ser llamados “conciencia”, también “Sí mismo”, “alto ego”, o cualquier otra cosa. Para él “todos estos términos son simplemente nombres para hechos que por sí solos llevan peso”.

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El desarrollo y la extensión de la esfera de la conciencia es lo que Jung llama individuación. Pero él postula que la mente conciente ocupa una posición relativamente central, mientras que la psique inconsciente lo rodea todo. El inconsciente es el área psíquica con un ámbito ilimitado, es la matriz de todas las potencialidades. Y se imagina mejor como un estado fluido que tiene su vida propia, y cuya actividad es autónoma e independiente. El inconsciente percibe, tiene propósito e intuiciones, siente y piensa como lo hace la mente conciente. Jung define el contenido del inconsciente como sigue: “todo lo que sé, pero en lo que no estoy pensando en el momento; todo de lo que una vez fui conciente pero ahora he olvidado; todo lo que percibo por mis sentidos pero que no nota mi mente conciente; todo lo que involuntariamente y sin prestar atención yo siento, pienso, recuerdo, quiero y hago; todas las cosas futuras que están tomando forma en mí y en algún momento vendrán a la conciencia…” Así pues, el inconsciente incluye los contenidos del futuro de la psique conciente, y anticipa los procesos futuros de la conciencia. Pero en suma, el inconsciente contiene depósitos ancestrales acumulados desde tiempos inmemoriales. De este modo, para Jung el inconsciente tiene una especia de rostro de Jano: un lado de éste apunta hacia atrás en la prehistoria, el mundo de los instintos rudos; y su otro lado apunta hacia el destino futuro del hombre. Ésta es una paradoja, porque el inconsciente “es visto como un factor creativo tanto como un audaz innovador; y aún es, al mismo tiempo, el fuerte sostenedor del conservadurismo ancestral”. Como mercurio, -la personificación del inconsciente-, es dualista y contiene todos los aspectos de la naturaleza humana; la oscuridad y la luz; el mal y el bien; la bestia y el superhombre; lo demoníaco y lo divino. Uno puede concebir al inconsciente como una especia de Casa del Tesoro, que es la fuente de toda inspiración, creatividad y sabiduría. Como un sistema psíquico autónomo, el cual habla en el lenguaje de los símbolos, uno de cuyos roles es corregir las tendencias de la mente conciente y compensar su rigidez con una percepción más amplia, imaginativa y no racional, que restaure el equilibrio y muestre un significado más comprensivo. Las motivaciones del inconsciente son, con frecuencia, más sabias y más objetivas que el pensamiento conciente. Por esto el inconciente podría ser un valioso guía que apunte el camino hacia nuestro verdadero destino propio.

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Sobre la base de la conciencia individual separada y el inconsciente tras ella hay un inconsciente colectivo, el legado común de toda la humanidad y la fuente universal de toda la vida conciente. En lo profundo del inconsciente colectivo no hay diferencias individuales ni culturales, ninguna separación. Es el reino de la unidad primordial, la no-dualidad, y a través de él cada persona está conectada con el resto de la humanidad. El budismo tibetano dice que la mente conciente cuando está clara, sin oscuridades, libre de proyecciones –la conciencia pura-, es la raíz de la felicidad y la liberación; y se experimenta como un estado de bendición. Éste es el estado más elevado conocido como luz clara. De cualquier forma, hay varias clases y grados de conciencia y estos son descritos en diferentes términos. De manera similar, hay varios niveles de conciencia y del inconsciente en la estructura de la psique, como los conceptualizados por Jung. Desde la visión de una de las escuelas acerca de los principios budistas, hay seis clases de conciencia: aquellas que derivan de la vista, el oído, el olor, el gusto, el tacto y la conciencia mental. En el tope de estas seis está la conciencia afligida o engañada, responsable de la idea equivocada del ego. Y subrayando todo esto, está la conciencia de almacén (alaya-vijnaya), la fuente de toda conciencia; donde están almacenadas todas las experiencias del individuo desde tiempos sin principio. Sus contenidos latentes aparecen a las otras clases de conciencia cuando surgieron por medio de las asociaciones y condiciones correspondientes. La noción de la conciencia de almacén corresponde claramente al concepto de Jung sobre el inconsciente. Como la descripción de Jung acerca del inconsciente, lama Govinda arguye que alaya-vinaya “contiene cualidades demoníacas tanto como divinas; crueldad tanto como compasión; egoísmo tanto como altruismo… 6. CONCLUSIÓN Para perfilar un cierre, debería tocar un par de puntos par resaltar las conclusiones alcanzadas en mi intento por comprender y encontrar posibles paralelismos entre el budismo y la psicología de Jung. Ambos sistemas nacieron y se desarrollaron en dos áreas ampliamente separadas una de otra geográficamente, históricamente y culturalmente y estaban separadas en el tiempo por un lapso de dos milenios y medio. Con todo, ambos, a pesar de todas sus diferencias aluden hacia los

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mismos problemas humanos y han encontrado que las soluciones están para ser avistadas únicamente dentro de la psique de cada individuo. Lo primordial en lo que concierne al budismo es la culminación del sufrimiento. La principal tarea de Jung fue la curación de las heridas de la psique del hombre. De cualquier manera, el budista cree que la total liberación del sufrimiento es posible; la visión de Jung es que el sufrimiento está en la naturaleza de la vida y que es incluso un ingrediente necesario que no puede ser nunca completamente eliminado. La meta última en ambos sistemas es que nosotros nos convirtamos en lo que somos en realidad. Para el budismo Mahayana esto significa alcanzar la budeidad; cada ser sin excepción tiene este potencial. Para Jung esto significa alcanzar la totalidad, realizar el “sí mismo” de uno, el cual es un impulso inherente de la psique. El camino hacia la budeidad es extremadamente largo, pero se cree que mediante la práctica de los métodos del Tantra se puede alcanzar en una sola vida. Para Jung, la realización del Sí Mismo es un proceso sin fin. El desarrollo progresivo de la conciencia a través de la introspección es la meta inicial de ambos, budismo y la psicología de Jung. Pero los budistas sostienen que la conciencia puede ser desarrollada completamente, de forma que ningún contenido inconsciente puede perturbar a la mente, y consecuentemente adquirir un perfecto control, -el estado de conciencia pura-. La conciencia para los budistas está asociada con la bendición2: el conocimiento es felicidad, la ignorancia es sufrimiento. Jung no cree que una conciencia pura, descontaminada del inconsciente pueda ser alguna vez alcanzada. Además la integración del inconsciente en la conciencia, la reconciliación de los opuestos supone la no eliminación del inconsciente o el control de éste, sino una concesión de ambos aspectos de la psique. El principio y uso de los opuestos es fundamental en el modelo de Jung, como lo es en el budismo, y se enfatiza particularmente en las prácticas de Tantra. Ambos sistemas requieren que cada aspecto del individuo esté envuelto en el proceso, nada es rechazado. El conocimiento y el entendimiento intelectual son importantes, especialmente en los estadios iniciales del camino, pero tienen que ser complementados por el sentimiento y la
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Bliss: bendición.

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intuición, y la comprensión3 ganada en el curso de la contemplación o la meditación tiene que ser traducida en acción y convertirse en una vida significativa4. El camino comienza y termina en la psique, la mente. Jung proclama que él no hace declaraciones filosóficas o metafísicas, y que su trabajo está basado únicamente en la evidencia empírica. El budismo, en contraste, por ser una religión, lidia necesariamente con categorías metafísicas y filosóficas. De cualquier forma, el Buda mismo se negó a responder preguntas pertinentes a la naturaleza de lo Absoluto, sabiendo que los argumentos filosóficos originan discordia y confusión y no añaden nada a la solución del sufrimiento, el problema fundamental. En lugar de esto, enseñó el camino del medio, para ser elaborado más tarde por la escuela Madhyamaka, cuya actitud básica es la libertad frente al dogmatismo y el acercamiento dialéctico, en una tentativa por resolver conflictos teóricos mediante el ascenso a un punto de vista más elevado. De esta forma es el acercamiento de Jung a su propio trabajo y su práctica. No hay teorías definitivas o métodos terapéuticos indiscriminadamente aplicables para todo el mundo, puesto que cada individuo es único en su situación específica. (…) EPÍLOGO Mi religión es muy simple. Mi religión es la amabilidad. - Su Santidad el Décimo Cuarto Dalai Lama. El mundo pende de un hilo muy delgado, y esa es la psique del hombre. – C.G. Jung Desde que las guerras comienzan en la mente de los hombres, es en las mentes de los hombres donde la defensa de la paz debe construirse. –Preámbulo a la constitución de la UNESCO Jung realizó un salto cuántico en la psicología. Cualquier cosa que se escriba acerca de Jung sólo puede ser un pálido intento para describir la magnitud de su trabajo, que va mucho más lejos de los campos de la psiquiatría y la psicología: sus descubrimientos tuvieron un considerable impacto en el arte, la literatura, la ciencia, la ecología, la teología y en el entendimiento de la importancia de la religión en nuestras vidas. Mucho de su trabajo es
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insight Moral duty, o deber moral, no es una visión acertada de “meaningful life”, una de las seis paramitas que se traduce como “una vida significativa”.

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visionario, profético y eminentemente relevante para la situación presente del mundo. La psicología de Jung es una obra de arte; no únicamente porque algunos de sus escritos son bellamente poéticos pero sobretodo, porque es capaz de inspirarnos individualmente en diferentes formas y transformar nuestra conciencia, tal y como lo hace una magnífica pieza de arte. Además, cada vez que leemos a Jung nos sorprendemos con nuevos descubrimientos, algo escondido se nos revela mientras crecemos, profundiza nuestro entendimiento, y toca los más sutiles niveles de nuestra conciencia. Esto también es el sello distintivo de las grandes obras de arte. Mientras nos acercamos al trabajo de Jung y algunas de sus ideas originales concernientes al inconsciente colectivo, la alquimia o la psicoterapia, el significado del mandala, o del “Sí Mismo”, -todos, representaciones del proceso de individuación-; uno descubre lugares desconocidos en uno mismo, hace nuevas conexiones y alcanza comprensiones frescas. Pero uno debe pisar lenta y gradualmente, permanezcamos en la superficie y ganaremos meramente una comprensión intelectual poco profunda. Jung nos recuerda repetidamente, que sólo la experiencia directa tiene valor. Todo lo que se puede decir acerca del encuentro con el trabajo de Jung, se aplica igualmente a las enseñanzas del budismo tibetano. Ambas tradiciones nos dicen que debemos permanecer tranquilos y en silencio, la mente limpia de la contaminación interna y externa y permitir al inconsciente hablar mientras nosotros escuchamos nuestra sabiduría interna, que es nuestro verdadero Guru. La naturaleza y los trabajos de la mente son tópicos básicos en las enseñanzas budistas, tal y como lo es la psique/mente en el trabajo de Jung. El entendimiento de la mente está cercanamente relacionado al entendimiento de la experiencia del sufrimiento. El budismo tibetano discute en profundidad los varios aspectos del inevitable sufrimiento humano, del que nadie es inmune, pero que nosotros en occidente preferimos ignorar; acentuando en su lugar, un entendimiento estrecho de la “persecución de nuestra querida felicidad”. A pesar de esta persecución millones de personas sufren de depresión, alcoholismo y otras adicciones; el suicidio y la violencia están ampliamente extendidos entre las personas de todas las edades y caminos de la vida. Existe una plétora de emociones aflictivas, como los budistas se refieren a ellas; o, aflicciones del alma, como Jung denomina a tales conflictos internos.

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Aquellos individuos cuyas vidas están fragmentadas o carentes de sentido están muy lejos de la libertad para perseguir la felicidad; ellos sólo pueden buscar escapar del sufrimiento, la soledad y la desesperación a través de cualquier medio destructivo que tengan a su disposición. Trágicamente ellos se convierten en la tierra de reproducción de la ira, el odio y la violencia hacia ellos mismos y los otros. Aprendemos de Jung que la salud psicológica requiere una vida significativa. (…)

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