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CUENTOS MUNDIALES LISTA DE LOS PRIMEROS CINCUENTA RECOPILADOS POR DR ROQUE DEL ALCAZAR LEON 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 SARAMAGO JOSE AMBROSE BIERCE DURAS MARGUERITE TABUCHI ANTONIO MAHFUZ NAGUIB STERNBERG JACQUES XINGJIAN GAO ASKILDSEN KJELL BLAISTEN ISIDORO CALVINO ITALO CARVER RAYMOND CHACEL ROSA CORTAZAR JULIO FONSECA RUBEN SALINGER JEROME DAVID ZAMBRANO MARIA DIOP BIRAGO PAZ SOLDAN EDMUNDO SCIASCIA LEONARDO YOURCENAR MARGUERITE BORTAGARAY INES GIRONDO OLIVERIO SERRANO LOPEZ ENRIQUE ROZEWICZ TADEUSZ BABEL ISAAC PAPINI GEOVANNI DAUMAL RENE CHIMAL ALBERTO BRADBURY RAY ARREOLA JUAN JOSE DIESTE RAFAEL SAER JUAN JOSE CARVER RAYMOND PONIATOWSKA ELENA VAZQUEZ MONTALBAN MANUEL ALTMAN PHYLLIS BORGES JORGE LUIS YU JAE YONG SARAMAGO JOSE HEMINGWAY ERNEST ESPINOLA FRANCISCO MORAVIA ALBERTO DESQUITE ACEITE DE PERRO EL TREN A BURDEOS LOS MUERTOS A LA MESA JARDIN DE INFANCIA EL EMPLEADO DE CORREO EL TEMPLO COMODIN HISTORIA DE SENCILLO EL PECHO DESNUDO INTIMIDAD FUERON TESTIGOS TORITO CORAZONES SOLITARIOS EL HOMBRE QUE RIE ANTES DE LA OCULTACION FARI LA BURRA LA ESPERA UN CASO DE CONCIENCIA ASI FUE SALVADO WANG A LA MESA MILONGA EL DIA DE LA PARTIDA EL PECADO MAMA,RIMMA Y ALA EL DIA NO RESTITUIDO HECHOS MEMORABLES EL JUEGO MAS ANTIGUO YLIA DE BALISTICA EL REGRESO CON EL DESAYUNO TRES ROSAS AMARILLAS EL INVENTARIO DESDE UN ALFILER A UN ELEFANTE PAPELES EL FIN EL VINCULO EMBARGO UN LIGAR LIMPIO Y BIEN ILUMINADO LOS CINCO EL AMANTE RECHASADO

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43 44 45 46 47 48 49 50 ALLENDE ISABEL MACLAREN-ROSS JULIAN BARON DVORA LANGE NORAH ASKILDSEN KJELL ROA BASTOS AUGUSTO CALVINO ITALO MONTERROSO AUGUSTO EL HUESPED DE LA MAESTRA ATADURA MORTAL PARTICULAS CUADERNOS DE LA INFANCIA COLISION CONTAR UN CUENTO EL OJO DEL AMO LA RANA QUE QUERIA SER UNA RANA AUTENTICA

Desquite
José Saramago (Portugal) El muchacho venía del río. Descalzo, con los pantalones arremangados por encima de las rodillas, las piernas sucias de lodo. Vestía una camisa roja, abierta en el pecho, donde los primeros vellos de la pubertad empezaban a ennegrecer. Tenía el pelo oscuro, mojado por el sudor que le escurría por el cuello delgado. Se inclinaba un poco hacia delante, bajo el peso de los largos remos, de los que pendían hilos verdes de limos aún goteantes. El barco quedó balanceándose en el agua turbia y, allí cerca, como si lo espiasen, afloraron de repente los ojos globulosos de una rana. El muchacho la miró, y ella le miró. Después la rana hizo un movimiento brusco y desapareció. Un minuto más y la superficie del río quedó lisa y tranquila, y brillante como los ojos del muchacho. La respiración del limo desprendía lentas y muelles burbujas de gas que la corriente arrastraba. En el calor espeso de la tarde los chopos altos vibraban silenciosamente y, de golpe, flor rápida que naciese del aire, un ave azul pasó rasando el agua. El muchacho levantó la cabeza. Desde el otro lado del río una muchacha le miraba, inmóvil. El muchacho levantó la mano libre y todo su cuerpo dibujó el gesto de una palabra que no se oyó. El río fluía, lento. El muchacho subió la ladera, sin mirar atrás. La hierba se acababa allí mismo. Hacia arriba, hacia allá, el sol calcinaba los terrones de los barbechos y los olivares cenicientos. Metálica, durísima, una cigarra roía el silencio. En la distancia la atmósfera temblaba.

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La casa era baja, achaparrada, bruñida de cal, con una franja de ocre violento. Un lienzo de pared ciega, sin ventanas, una puerta en la que se abría un postigo. En el interior el suelo de barro refrescaba los pies. El muchacho apoyó los remos, se limpió el sudor con el antebrazo. Se quedó quieto, escuchando los golpes del corazón, el pausado brotar del sudor que se renovaba en la piel. Estuvo así unos minutos, sin conciencia de los rumores que venían de la parte de detrás de la casa y que se transformaron, de súbito, en gañidos lancinantes y gratuitos: la protesta de un cerdo atado. Cuando, por fin, empezó a moverse, el grito del animal, esta vez herido e insultado, le golpeó en los oídos. Y en seguida oyó otros gritos, agudos, rabiosos, una súplica desesperada, una llamada que no espera socorro. Corrió hacia el patio, pero no pasó del umbral de la puerta,. Dos hombres y una mujer sujetaban al cerdo. Otro hombre, con un cuchillo ensangrentado, le abría un tajo vertical en el escroto. En la paja brillaba ya un óvalo achatado, rojo. El cerdo temblaba entero, lanzaba gritos entre las quijadas que apretaba una cuerda. La herida se alargó, el testículo apareció, lechoso y rayado de sangre, los dedos del hombre se introdujeron en la abertura, tiraron, retorcieron, arrancaron. La mujer tenía el rostro pálido y crispado. Desataron al cerdo, le liberaron el hocico y uno de los hombres se agachó y cogió las dos piezas, gruesas y suaves. El animal dio una vuelta, perplejo, y se quedó con la cabeza baja, respirando con dificultad. Entonces el hombre se los tiró. El cerdo los mordió, masticó ansioso, tragó. La mujer dijo algunas palabras y los hombres se encogieron de hombros. Uno de ellos se rió. Fue en ese momento cuando vieron al muchacho en el umbral de la puerta. Se quedaron todos callados y, como si fuese la única cosa que pudiesen hacer en aquel momento, se pusieron a mirar al animal, que se había echado en la paja, suspirando, con el hocico sucio de su propia sangre. El muchacho volvió al interior. Llenó un puchero y bebió, dejando que el agua le corriese por las comisuras de la boca, por el cuello, hasta el vello del pecho que se volvió más oscuro. Mientras bebía miraba fuera las dos manchas rojas sobre la paja. Después, con un movimiento de cansancio, volvió a salir de la casa, atravesó el olivar otra vez bajo el bochorno del sol. El polvo le quemaba los pies y él, sin darse cuenta, los encogía para huir del contacto escaldante. La misma cigarra rechinaba en tono más sordo. Después la ladera, la hierba con su olor a savia caliente, la frescura atontadora debajo de las ramas, el lodo que se insinúa entre los dedos de los pies e irrumpe por arriba. El muchacho se quedó quieto, mirando el río. Sobre un afloramiento de limo, una rana, parda como la primera, con los ojos redondos bajo las arcadas salientes, parecía estar esperando. La piel blanca del buche palpitaba. La boca cerrada formaba un pliegue de escarnio. Pasó un tiempo y ni la rana ni el muchacho se movían. Entonces él, desviando con dificultad los ojos, como para huir de un maleficio, vio al otro lado del río, entre las ramas bajas de los salgueros, aparecer una vez más a la muchacha. Y nuevamente, silencioso e inesperado, pasó sobre el agua el relámpago azul. El muchacho se quitó la camisa despacio. Despacio se acabó de desvestir, y sólo cuando ya no tenía ropa ninguna sobre el cuerpo, su desnudez, lentamente, se reveló. Así como si se estuviese curando una ceguera de sí misma. La muchacha miraba de lejos. Después, con los mismos gestos lentos, se liberó del vestido y de todo cuanto la cubría. Desnuda sobre el fondo verde de los árboles.

Ha sido merecedor de numerosos doctorados honoris causa por las Universidades de Turín.4 El muchacho miró una vez más el río. En sus últimos años de vida. Todos los nombres y Ensayo sobre la lucidez. Nací de padres honestos en uno de los más humildes caminos de la vida: mi padre era fabricante de aceite de perro y mi madre poseía un pequeño estudio. donde se ocupaba de los no deseados. En 1982 publicó Memorial del convento. siendo el primer escritor portugués en conseguirlo. la pieza teatral La segunda vida de Francisco de Asís (1987). Fue miembro del Partido Comunista Portugués y participó en la Revolución de los Claveles que llevó la democracia a Portugal. José Saramago (Portugal) Breve reseña sobre su obra Escritor. mientras el bulto blanco y desnudo de la muchacha se recogía hacia la penumbra de las ramas. Desquite pertenece al libro Casi un objeto editado por Alfaguara. Luego se sucedieron La balsa de piedra (1986). a la sombra de la iglesia del pueblo. En 1947 publicó su primera novela Tierra de pecado. Poemas posibles. en el año 1974. Círculos que se alargaban y perdían en la superficie tranquila. y El año de 1993. Falleció el 18 de junio de 2010. Ha recibido el Premio Camoes. equivalente al Premio Cervantes en los países de lengua portuguesa y. poeta. Sevilla. Manchester. Historia del Cerco de Lisboa (1989) y en 1991 El Evangelio según Jesucristo. El silencio se asentaba sobre la líquida piel de aquel interminable cuerpo. En la . periodista. Entonces el muchacho se metió en el agua y nadó hacia la otra orilla. novelista y dramaturgo portugués nacido en Azinhaga en 1922. A partir de 1995 comenzó la publicación de la trilogía formada por Ensayo sobre la ceguera. mostraban el lugar donde por fin la rana se había sumergido.UU. Aceite de Perro Ambrose Bierce (EE. Entre 1966 y 1975 publicó los libros de poemas Probablemente alegría. novela con la que obtuvo gran popularidad. publicó La caverna (2000) y Caín (2009). en 1998. estudió hasta los 12 años pues pagar una escuela era un lujo que no estaba al alcance de su familia. Hijo de campesinos pobres.) Me llamo Boffer Bings. Castilla-La Mancha y Brasilia. el Premio obel de Literatura.

frotándose las manos con satisfacción. Dentro del caldero el aceite giraba todavía en indolente ebullición y empujaba ocasionalmente a la superficie un trozo de perro. y las pocas muertes que pudiera causar el reemplazo de la incomparable Lata de Óleo por otra especie de aceite no tendrán mayor incidencia en una población que crece tan rápidamente". vi a un policía que parecía vigilar atentamente mis movimientos. no solamente ayudaba a mi padre a procurar perros para sus cubas. di el primer paso en el crimen y atraje sobre mí indecibles penurias arrojando el niño al caldero. nos informó a mí y a mi madre que había obtenido un aceite de una calidad nunca vista por los médicos a quienes había llevado muestras. no puedo sino lamentar que. "Después de todo". aunque los dueños de perros desaparecidos lo miraban a veces con sospechas que se reflejaban. el cuerpo desnudo del niño en mis rodillas. porque todos los agentes de ley de los alrededores se oponían al negocio de mi madre. me dije. ni el asunto había sido debatido nunca políticamente: simplemente era así. Lamentando su antigua ignorancia sobre las ventajas de una fusión de . fui el autor de desgracias que afectaron profundamente mi futuro. y eran de razas ordinarias. ¡Ah. al evocar aquellos días. cualquiera sea su carácter aparente. como socios silenciosos. al conducir indirectamente a mis queridos padres a su muerte. En resumen. un poco para mi sorpresa. sino que con frecuencia era empleado por mi madre para eliminar los restos de su trabajo en el estudio. La única luz del lugar venía de la hornalla. a dos de los médicos del pueblo. Joven como era. Consideré mi obligación explicarlo. y era evidente que muchos de los perros más gordos del pueblo tenían prohibido jugar conmigo. y le acaricié tiernamente el pelo corto y sedoso. A veces. arrojando rubicundos reflejos sobre las paredes. hecho que afligió mi joven sensibilidad y en una ocasión estuvo a punto de hacer de mí un pirata. pero la mayoría de las personas es reacia a realizar sacrificios personales para los que sufren. que rara vez escribían una receta sin agregar lo que les gustaba designar Lata de Óleo. Mi padre ya se había retirado. qué guapo era! Ya a esa temprana edad me gustaban apasionadamente los niños.no hubiese sido mortal. y lo eludí metiéndome en la aceitería por una puerta lateral casualmente entreabierta. mi padre. Para cumplir este deber necesitaba a veces toda mi natural inteligencia. Una noche. Me senté a esperar que el policía se fuera. y lo hice. yo había aprendido que los actos de un policía. Agregó que no tenía conocimiento de cómo se había logrado ese resultado: los perros habían sido tratados en forma absolutamente usual. Mi padre tenía. que ardía con un rojo rico y profundo bajo uno de los calderos. Cerré en seguida y quedé a solas con mi muerto. y mientras miraba al querubín. Es realmente la medicina más valiosa que se conoce. pero esa noche no me atreví a salir de la aceitería por temor al agente. Al día siguiente.5 infancia me inculcaron hábitos industriosos. en mí.era naturalmente menos impopular. Era mi costumbre arrojar los niños al río que la naturaleza había provisto sabiamente para ese fin. La ocupación de mi padre -hacer aceite de perro. Mi padre nunca distinguiría sus huesos de los de un cachorro. No eran elegidos con el mandato de oposición. casi deseaba en mi corazón que la pequeña herida roja de su pecho -la obra de mi querida madre. al pasar por la fábrica de aceite de mi padre con el cuerpo de un niño rumbo al estudio de mi madre. son provocados por los motivos más reprensibles. aunque mi lengua se habría paralizado si hubiera previsto las consecuencias. "no puede importar mucho que lo ponga en el caldero. hasta cierto punto.

Mis pobres padres salieron de la reunión desanimados. En pocas palabras. El pecho de mi padre y el arma de mi madre mostraban pruebas de contacto. como tomándose su tiempo para dejar suelta toda su energía. Mi madre trasladó su estudio a un ala del edificio de la fábrica y cesaron mis deberes en relación con sus negocios: ya no me necesitaban para eliminar los cuerpos de los pequeños superfluos. los combatientes se separaron repentinamente. No sé cuánto tiempo tuve la desgracia de observar ese desagradable ejemplo de infelicidad doméstica. se podría haber esperado naturalmente que me volviera ocioso y disoluto. donde sabía que mi padre pasaba la noche. y mi padre era diácono de la iglesia. consideré prudente no ir con ellos a la aceitería esa noche y me fui a dormir al establo. y los dos. ¡Ay. se enfrentaron. Inmóvil y sin habla por el terror. A eso de la medianoche. malherido. De cualquier manera. ella para herirlo con la aguja. mis padres tomaron de inmediato medidas para reparar el error. ambos peleando como demonios. después de un forcejeo particularmente vigoroso. con el corazón destrozado y creo que no del todo cuerdos. mi pobre padre. maldiciendo el hombre. ni había por qué conducir perros a su destino: mi padre los desechó por completo. que personas tan estimables llegaran por mi culpa a tan desgraciado fin! Al encontrar un doble provecho para su negocio. y tenía en la mano derecha la herramienta de su oficio. De pronto se abrió la puerta del cuarto de mi madre. El fuego ardía tan vivamente como si se esperara una abundante cosecha para mañana. También ella estaba en ropas de noche. Una ambición absorbente y arrolladora se apoderó de sus almas y reemplazó en parte la esperanza en el Cielo que también los inspiraba. Tampoco ella había sido capaz de negarse el último lucro que le permitían la poca amistosa actitud de los vecinos y mi ausencia. algún impulso misterioso me hizo levantar y atisbar por una ventana de la habitación del horno. Tan emprendedores eran ahora. que se realizó una asamblea pública en la que se aprobaron resoluciones que los censuraban severamente.6 sus industrias. nada pude hacer para evitar o advertir. La sagrada influencia de mi querida madre siempre me protegió de las tentaciones que acechan a la juventud. pero por fin. Por un instante se miraron con furia a los ojos y luego saltaron juntos con ira indescriptible. mi madre se dedicó a él con renovada asiduidad. una aguja de hoja alargada. aunque conservaron un lugar destacado en el nombre del aceite. Tan bruscamente impulsado al ocio. la conversión de sus vecinos en aceite de perro llegó a convertirse en la única pasión de sus vidas. sintiendo . enamorado también de la calidad superior del producto. Mi padre no estaba acostado: se había levantado en ropas de dormir y estaba haciendo un nudo en una fuerte soga. pero no fue así. Por un momento se contemplaron con hostilidad. Mi padre. luego. aparentemente sorprendidos. deduje con sobrado acierto sus propósitos. Uno de los enormes calderos burbujeaba lentamente. con un misterioso aire contenido. silenciosamente. él para ahorcarla con sus grandes manos desnudas. Su presidente manifestó que todo nuevo ataque contra la población sería enfrentado con espíritu hostil. llenaba sus cubas con celo y diligencia. Luchaban alrededor de la habitación. Por las miradas que echaba a la puerta del dormitorio de mi madre. la mujer chillando. No se limitó a suprimir a pedido niños inoportunos: salía a las calles y a los caminos a recoger niños más crecidos y hasta aquellos adultos que podía atraer a la aceitería.

y cinismo. Esta experiencia marcará para siempre su misantropía. El tren a Burdeos Marguerite Duras (Francia) Una vez tuve dieciséis años. sumando su aceite al de la comisión de ciudadanos que había traído el día anterior la invitación para la asamblea pública.UU. mis dos hermanos y mi madre. el tren de Burdeos. donde se han escrito estas memorias. Los títulos más importantes de su bibliografía son Cuentos de soldados y civiles (1892). Era al volver de Saigón. A los 71 años cruzó la frontera de EE. la arrastró junto al caldero hirviente. para participar de la revolución mexicana.) Breve reseña sobre su obra Escritor. expresada en relatos breves llenos de ironía. con el corazón lleno de remordimiento por el acto de insensatez que provocó un desastre comercial tan terrible. Fábulas fantásticas (1899). A esa edad todavía tenía aspecto de niña. después del amante chino. La última noticia cierta fue una carta que escribió a un amigo íntimo. escepticismo. me trasladé a la famosa ciudad de Otumwee. fechada el 26 de diciembre de 1913. participando de múltiples batallas durante la Guerra Civil Estadounidense. Libro de las palabras cínicas (1906) rebautizado luego como Diccionario del diablo y El clan de los parricidas. sumándose a las filas de Pancho Villa como observador. Convencido de que estos infortunados acontecimientos me cerraban todas las vías hacia una carrera honorable en ese pueblo. Aceite de Perro pertenece al volumen Aceite de perro y otros cuentos macabros. Debía de ser verano. tomó a mi querida madre en los brazos desdeñando su resistencia. licenciado en periodismo y editorialista estadounidense nacido en 1842. Debía de tener treinta años.UU. Ambrose Bierce (EE. y también había un hombre joven enfrente mío que me miraba. Yo siempre llevaba estos vestidos claros de las colonias y los pies desnudos en unas .7 la mano de la muerte. Realizó sus estudios en la Escuela Militar de Kentucky y en 1861. reunió todas sus últimas energías ¡y saltó adentro con ella! En un instante ambos desaparecieron. editado por Áncora. en un tren nocturno. Yo estaba allí con mi familia. Creo que había dos o tres personas más en el vagón de tercera clase con ocho asientos. hacia 1930. avanzó.

8 sandalias. En aquella época. y la dejé hacer. amenazas y chillidos. Abrí los ojos para sonreírle y darle las gracias. la diferencia con Francia. Vi que miraba a la gente del vagón. apagan la calefacción y de madrugada hace frío". Era salvaje. tan difícil de soportar como si hubiera gritado. salvo el ruido del tren. Y luego. Su mano llegó sobre mí. No tenía sueño. El ruido del tren volvió. En un movimiento muy lento. las verandas. Me desperté por su mano dulce y cálida sobre mis piernas. fulminados. mirarnos más. las caminatas por los bosques. Alrededor del tren. el ruido del tren. debí caer dormida. y de ese modo empezó todo en el mismo momento. de dulzura a veces exasperada por el deseo que vuelve. se pone amable para decir adiós a la niña. luego empezaron a ser cada vez más retardados. Puse mis pies contra él. Se detiene a saltos. Las paradas que despiertan. de conversación habitual en un tren. sienta la cabeza. Él estaba junto a la puerta. de golpe. Luego. tenía miedo. Se los di. salió y volvió con una manta de tren que extendió encima mío. exacta y brutalmente de una sola mirada. en una especie de humor. se quedó lejos de mí durante un largo rato. con el hombre a solas. avancé mi cuerpo hacia él. de nuevo. Si me hubieran oído contar las historias de la familia. la noche. ya no me acuerdo. estaba todavía caliente. las caderas. las lluvias. había adormecido a los otros tres o cuatro pasajeros del vagón. contenidos hasta el final. el calor. Hubo un largo momento en que no ocurrió nada. Con los ojos cerrados seguía todos sus movimientos. en los trenes. cuando uno desembucha toda su historia y la de su familia. De repente. tampoco. no se decía nada de estas cosas. cuando abrí los ojos. temblorosa. En París. que tenía miedo. y yo le contaba cómo se vivía en las colonias. su asiento estaba vacío. Y luego se va. Entre él y yo había un asiento vacío. El silencio de los pasillos en el ruido del tren. Oí que abrían la puerta. No pudimos. doblé las piernas y cerré los ojos. La guardé en la mía. las estiraba muy lentamente y trataba de subir hacia mi cuerpo. resultó soportable. que la vigilaba. Al principio eran lentos. el vientre. Soy yo la que dije que debíamos dormir para no estar demasiado cansados a la mañana siguiente. Luego la solté. Yo hablaba bajo para no despertarlos. Me quedé dormida. Marguerite Duras (Francia) . nos quedamos sin fuerzas. Se puso a ir más deprisa y el ruido se hizo ensordecedor. La mano se retiró. Razona. Está sobre el sexo. sobre todo en tales circunstancias. apagó la luz. me habrían prohibido hacerlo con gritos. Él dijo: "Por la noche. Alrededor de la mano. el abandono al goce. Abrí los ojos apenas. Hablar así bajo. Volvió. nos dimos cuenta de que todo el mundo dormía. y el bachillerato que iba a pasar aquel año. Él los cogió. Este hombre me hacía preguntas sobre mi familia. ardiente de nuevo. no pudimos hablarnos más. cosas así. Mi madre y mis hermanos se habían dormido muy deprisa tras salir de Burdeos. dispuesta a morder. Acaricia el cuerpo entero y luego acaricia los senos. Me estiré sobre la banqueta. al llegar a París. Con lo cual este hombre y yo éramos los únicos que quedábamos despiertos. Bajó durante la noche.

El tranvía se detuvo y abrió sus puertas. una mitad aquí y otra allí. O que lo había tenido. De eso sí que entendía. ¿Lo había tenido? Claro que lo había tenido. el pelo blanco. On avait mis les morts à table.Louis Aragón En primer lugar le diría que de la nueva casa le gustaban sobre todo las vistas a Unter den Linden. ¿Quién era esa persona que iba en tranvía al Pergamon? Se dio un cachete afectuoso. mon amour (1958). Murió en 1996. si eres tú. obtuvo su primer éxito con una novela de inspiración autobiográfica titulada Un dique contra el Pacífico (1950). changer de lit. Es decir. aunque sus novelas no se limitan nunca al mero experimentalismo. mocasines italianos comprados en el centro. el aire de bienestar de una persona de posibles: las ventajas del capitalismo. querido mío. Y que le gustaba haber escogido la Karl Liebknechtsrasse. no: era un apuesto hombre entrado en años. Pero bueno. del Premio Goncourt. sino que dejan traslucir un aliento intensamente personal y vivido. y escribió y dirigió varias películas y obras teatrales. En 1983 la Academia Francesa le entregó el Gran Premio del Teatro. Vete. La gente entró. es la vida. Canturreó: tout est affaire de décor. editada en 1984 y ganadora. . se acercó después a los postulados del nouveau roman. On faisait des châteaux de sable. editado por Plaza y Janés. como cuando su vida tenía sentido. Se reflejó en el cristal de la puerta cerrada. que allí estaba C'était un temps déraisonnable. una chaqueta elegante. la novela. siempre partido en dos. En 1969 apareció Destruir. así me doy un sano paseo. hace un día demasiado bueno para desaprovechar la ocasión. entre otros. Durante la Segunda Guerra Mundial participó de la Resistencia Francesa por lo que fue deportada a Alemania. sobre todo la Gran Estructura. dirigida por Alain Resnais con gran éxito y dirigió ella misma varias películas como India Song y Los niños. prefiero ir andando. inició su intensa actividad en los campos del periodismo. El tranvía arrancó. como si dentro hubiera una persona a la que dijera adiós. No estaba mal. Esperó a que se cerraran. Se despidió con la mano. Tras varias publicaciones. porque ése también era un nombre que tenía sentido. porque eso le hacía sentirse aún como en casa. dice y dos años después El amor. Estás bien así. LOS MUERTOS A LA MESA Antonio Tabucchi (Italia) Para la Ze. changer de corps. . era una casa que le hacía sentirse como en casa. Encuadrada inicialmente en los moldes del neorrealismo de posguerra y afín al movimiento existencialista. Escribió el guión de la célebre película Hiroshima. Una vez terminada la contienda. el teatro y el cine. partido en dos. así es la vida. vete. aunque una tira de goma lo dividiera en dos. Su obra más celebrada será El amante. donde residió hasta 1932.9 Breve reseña sobre su obra Escritora francesa nacida en Vietnam en 1914. se había pasado la vida haciéndolo. El tren a Burdeos pertenece al libro La vida material. On prenait les loups pour des chiens. El semáforo estaba en rojo.

es usted una persona ansiosa aunque aparentemente tranquila. es un equívoco. se preguntó. Pues claro que dormía bien. contestó secamente. ¿sube usted o no sube? Se disculpó: mire. El taxista lo miró desconcertado. nos han tocado a nosotros todos esos vagabundos. doctor? Pero el médico insistía. sufre de insomnio? Qué preguntas. un hijo abogado en Hamburgo y una hija casada con el dueño de una cadena de supermercados?. Claro que estaba bien. qué cara más dura. un magnífico apartamento en el centro. hubiera querido decirle a esa buena persona. pero ¿qué más se me puede pedir?. Menudo gilipollas ese médico vendido a los americanos. un estupendo cigarrillo americano de sabor dulce. ¿pretende que siga durmiendo tranquilo? Y en cambio contestó: duermo bien cuando duermo. y también su Elsa tiene los ojos opacos. una casita de vacaciones en el Wannsee. jovenzuelo. es usted quien lo ha entendido mal. consigue descansar. soy sólo un anciano señor que canturrea las poesías de Aragón. dijo con la mano invitándolo a marcharse. El chico de la motocicleta de Pizza Hut que esperaba a que se pusiera verde lo miró con estupor: un anciano señor elegante que canta como un pinzón en una parada de tranvía. ¿sabe?. ¿duerme o no duerme? Doctor. circulen. Eso es. ¿a usted qué le parece. puisque c'est encore moi qui moi-même me trahis. buenas noches. y cuando no duermo procuro dormir. ojos de Elsa. fiel compañero de los buenos tiempos ya idos. Se encendió un cigarrillo. duerme bien. porque ahora son todos pescados. ¿por qué habría de dormir mal un viejo señor tranquilo. dos de estas pastillas antes de acostarse. ¿pesadillas. Estás bien?. despertares bruscos. doctor. se mira hacia atrás. él también se ha ido. si acaso hacía algo de calor. ¿necesita algo? ¿Qué si necesito algo? No. estaba despidiéndome de una persona. Si no estuviera usted jubilado le diagnosticaría una forma de estrés. declaró el médico. Pues no protesta encima.10 querido mío. su tensión ha alcanzado el nivel de alarma. he vomitado todo el Kirsch posible. hacia las redes que nos han envuelto. era un magnífico día de verano. de turcos y gitanos. hacía algo de calor para su gusto. gracias. Nada de platos salados y nada de esfuerzos. dificultad para conciliar el sueño. nos vamos todos. el gesto no era para usted. en conclusión. explicó el chico en un mal alemán. Esta ciudad está llena de turcos. antes o después. El taxi arrancó. no hay nada que ver. precisamente tú. ¿y para qué?. Cruzó Unter den Linden. pero francamente no es posible. Cuando trabajaba en la Gran Estructura había gente que por un paquete de cigarrillos americanos hubiera denunciado a sus propios padres. doctor. las redes rotas de los que pescaban. después de haber conquistado el mundo. he amontonado todos los libros en la estufa. y con el calor la tensión tiende a subir. eso es. sobresaltos? Sí. a la altura de la Humboldt . que ya se ha puesto verde. Canturreó el final de la estrofa con voz profunda y ligeramente dramática. por lo tanto su tensión alta tiene que deberse a la ansiedad. El taxista sacudió la cabeza en señal de desaprobación. decía el médico. Miró el tranvía que giraba hacia la Friedrichstrasse y dijo adiós a los ojos de Elsa. Ya le he dicho que se ha equivocado. señor. perdone. lleva tu repugnante pizza a su destino. et à quoi bon. replicó con una voz que se iba alterando. pobre Alemania. gracias. pero probablemente sea a causa de la ansiedad. había sentenciado el médico. A ver. como lo hacía Léo Ferré. estoy perfectamente. me estaba despidiendo de una persona. nada de sal en las comidas y a dejar de fumar. ¿no? Venga. ¿hay algo que le preocupa. he hecho todos los solitarios. jovenzuelo. Circulen. con una buena cuenta corriente. pero es que la vida es larga. ¿me entiende? No le entiendo. Debía de ser turco. Sólo le he preguntado si necesitaba algo. para mendigar. como raramente se dan en Berlín. este emigrante. decidían que el humo era dañino. de vez en cuando. a cierta edad vuelve uno a pensar en las personas que ya no están. cómico. y ahora los americanos. para mendigar.

a este lado está el norte. ¿Eran unos nostálgicos o votaban a los socialistas? Vaya usted a saber. Vete al infierno. era una indiecita de mirada oblicua que hablaba un pésimo alemán y que repetía continuamente yes. se sentía perdido. aparentemente. por lo menos sabía a dónde ir. Sir. dijo en voz alta. Porque el Objetivo sabía bien a donde ir. pero cuáles. Pero la ciudad estaba ya sucia. se había pasado la mañana sin hacer nada. ¿Fidelidad?. me voy andando. Al pasar a su lado se puso a silbar Los cuatro generales. principios. Del tipo de la que se le vino a la cabeza: las inclemencias del tiempo y la fidelidad a mis principios. tú eras para él un rostro anónimo como millones de otros rostros anónimos en el mundo. Los periódicos cansan. pues la situación que estaba acostumbrado a dominar en otros tiempos. Tal vez lo mejor fuera coger un taxi. Se dijo: no. Él hizo como si no pasara nada. Carmela. Sintió un arrebato de cólera. Kartoffeln. ahora se sentía cansado. no tenía ganas de llevarlo en el bolsillo. Quién sabe por qué se sentía tan cansado. Es como si trajera recuerdos. Carmela. todo lo contrario. sabes dónde estás. bueno. . el padre. el muro es como un punto cardinal. ¿adónde podía ir. Había turistas por todas partes. El mundo cansa porque está cansado. sólido. daba la seguridad de una pertenencia. de qué principios presumes. pero no ignaro en absoluto. qué nostalgia del Muro. yo de ti lo sé todo. ignaro. pero de qué fidelidad hablas. te dedicabas a lo tuyo. y se sentó bajo las sombrillas cuadradas del quiosco que vendía salchichas. en caso contrario. Ay. Cuando Renate aún vivía. y yendo por su camino te guiaba. sostenía la mujer. Sucede a menudo en Berlín: un día de bochorno y de repente llega un viento fresco que hace que las cosas revoloteen y el humor cambie. aunque ya no existiera el Muro. ay. Le metió bajo los ojos un pedazo de cartón donde estaba escrito: vengo de Bosnia. a la francesa. el mundo cansa. de ti no sabía nada. Él representaba la brújula de tu recorrido. como eran fritas había que pedir Pommes. Escogió un Objetivo. Entonces sí que era un gusto: tu Objetivo que te caminaba delante. has sido el hombre más infiel del mundo. Muy bien el español con sus bigotitos. tranquilo. Estaba allí. cretino. se dijo. También la niña sonrió y se alejó. porque todas las tareas de casa debía hacerlas él. ¿La situación?. observaba el marido. Él era un buen ciudadano. Una niña se le paró delante. De los del Partido nunca quisiste saber nada. en cambio. La mujer se dio la vuelta y lo miró casi alarmada. subrayaba una frontera. Y tú también. Él. pero ¿qué situación?. a tu mujer la cubriste de traiciones. frases perdidas. marcaba la vida. nostalgias. había una familia de españoles. Se dirigió a la papelera metálica y tiró un paquete de cigarrillos vacío y después el periódico de la mañana. bastaba seguirlo. la madre y dos hijos adolescentes. concreto. las noticias cansan. el Muro. de la mujer que venía algunas horas no se fiaba. En fila ante el quiosco. No. Cuando salía de casa siempre necesitaba encontrarse un Objetivo. a ese otro el sur. claro que sí. ahora que el trabajo de siempre había acabado y que Renate estaba muerta? Ah. Se levantó de repente una ráfaga fresca que levantó del suelo servilletas y paquetes de cigarrillos vacíos. Él iba por su camino. Llevaba una faldita que arrastraba por el suelo y los pies descalzos. no quería ensuciar la ciudad. hubieras podido reconocerlo incluso en el patio de butacas de un teatro. porque debías seguirlo. Gracias a un muro uno pertenece a algo. zanganeando y leyendo el periódico.11 Universität. no. y él en cambio no. está a este lado o al otro. Estaban indecisos sobre cómo se pronunciaba el plato. así domino mejor la situación. con la bandeja en la mano. la verdad. perdía la orientación. De tu Objetivo conocías a la perfección los rasgos somáticos por las fotografías que te habían obligado a estudiar. dedicado a lo suyo. Todo estaba sucio. le dijo sonriendo.

La gente le pareció fea. El borde de la terraza tapaba las ruedas de la silla. ¿Quieres un melón. Renate. de esos que tan bien van con el oporto y con el jamón italiano? Te lo traigo también. cerezas. cuánto te he amado. como si les viera por dentro. te los traigo. iba al supermercado. quién sabe por qué estaban tan de moda. para saber cómo va el mundo. desde que Renate ya no estaba. como si se hubieran rociado de aceite solar. o de la Argentina. Bueno. en los días de Objetivos verdaderos. Le parecieron Objetivos ridículos. y te sigo amando. un chico y una chica que iban cogidos de la mano. este vasto mundo que baila tan alegre. sólo pequeñas compras cotidianas. La vida está desfasada. que siempre había sido su semanario. hace falta paciencia. Se lo dejó prácticamente entero en la bandejita de papel. verás. Miró a su alrededor. en el coche. Miró a su alrededor. hoy quisiera hacerte feliz. En primer lugar. Eran untuosos. días enteros. tengo que encargarme de ti. podríamos disfrutar aún de la vida. qué sé yo. quisiera que sonrieras. horrenda negrita estúpida: yes. te los traigo. horas y horas sentado en un café. albaricoques?. ¿contra nosotros.12 incluso cuando la mandaba al infierno. qué lástima todo. Y se dirigía hacia el supermercado. eso pretendía el Americano. ¿o prefieres peras. y en cambio. Compró Die Zeit en el quiosco de al lado. bajo los tilos. El escudo estelar con armas nucleares. con discreción. Sir. el destino ha sido cruel contigo. seguía siendo guapa. Después se sentó en la terraza del quiosco de las salchichas. detrás de un periódico. era una buena manera de pasar el tiempo. te gustarían por ejemplo esas chocolatinas belgas rellenas de licor o prefieres praliné con avellanas? O mejor. seguías siendo guapa. ¿te apetecerían unos hermosos melocotones jugosos en este gris día de diciembre?. tenía todavía el rostro liso y el pelo rubio. iré a la sección de fruta y verdura. era difícil pasar el tiempo. cuidarte como si fueras una niña. un señor anciano vestido de azul. con atención. Al otro lado de la calle se detuvo otro tranvía. y en el fondo no eres tan mayor. ¿es que te has olvidado de tu oficio?. a pesar de la edad. ¿Contra quién?. no puedes imaginarte lo que hay en ese supermercado. mira en lo que te has convertido. Se volvía a mirarla en el sendero del jardín mientras ella le hacía un gesto con la mano desde detrás del ventanal de la terraza. Cada día. ¿sabes?. siempre leyendo el mismo periódico. De él bajaron una señora madura con la bolsa de la compra. parecía una persona normal. ¿contra quién?. sonrió. Incluso los delgados le parecieron gordos. de sitios así. Todavía no era la hora de comer. en el fondo no somos tan mayores. no tanto. ¿o es que ya no te acuerdas?. preguntó el hombrecillo del delantal blanco. ¿Lo prefiere normal o con curry?. eso es. que estamos todos . días de paciencia. que era una palabra que se oía por todas partes. no seas chiquillo. vienen de Chile. aquí se encuentra de todo. eso era. Doblaba por el sendero de casa y entraba bajo los árboles de la gran avenida. meses de paciencia. un auténtico asco. mucha paciencia. Renate le sonreía cansinamente. más que a mi propia vida. amarillo y muy dulce. gordos por dentro. untuosos. por ejemplo. Renate. dispuesto a pasarse allí una buena mañana. pero ahora ¿qué sentido tendría decírtelo?. no puedes ni imaginarte cuánto. no tiene nada que ver con las tiendas de nuestros tiempos. realmente posmoderno. pobre Renate. Renate parecía sentada en un sillón. Qué se le va a hacer. Abrió Die Zeit. Por qué no esperar un buen Objetivo leyendo el periódico. nada llega a su hora. de todo de verdad. Le pareció incluso como si relucieran. pensaba. viajar. Gorda. veamos cómo va el mundo. una novedad absoluta. pero ahora. de verdad. Aunque debería decirte una cosa. pero podía tomarse una buena salchicha con patatas. Vete al infierno. Renate mía. Renate. Renate. Renate. porque no le gustaba hacer compras grandes. Optó por el curry. e hizo que añadieran ketchup. mira. ¿Qué te apetece esta mañana. según los deseos de Renate.

¿cómo?. pero había conseguido acumular unos buenos ahorrillos. Une jolie fleur déguisée en vache. ése era el Objetivo ideal. incluso de los de su nivel. no se puede ser más amable. Era demasiado banal. así. Se encendió un cigarrillo. Ahí estaba. y en dólares.13 muertos? Había una fotografía del Americano encima de un podio. jamás descuidar las viejas reglas. había acumulado unos buenos ahorrillos. como cuando su vida tenía sentido. se lo había prometido la noche anterior. Debía de tener un cerebro no mayor que un dedal. él se había hecho con un precioso chalet independiente en la Karl Liebknechtsrasse. Cruzó la calle. elegante. ¿o es que pensabas tal vez que uno con mi experiencia se dejaría engañar por un truquillo de tres al cuarto así? Se sentó en el pedestal de una estatua y lo esperó con calma. Eso sí que le gustaba: fingir que perdía el tiempo. Había una fila ante la taquilla de la Staatsoper. ¿Y si fuera? ¿Por qué no?. Su francés seguía siendo perfecto. Un señor estaba bajando por las escalinatas de la Biblioteca. siempre es necesario ser previsor. Tenía varias cosas que decirle a ese tipo. sin acentos. Tiró la colilla al canal y se metió las manos en los bolsillos. tenía que hacer una visita. Pero ¿lo había tenido? Claro que lo había tenido. de cien se seleccionaba a cinco. ese Brassens sí que era un tipo curioso. Recordó la canción que tanto le gustaba. como si él no lo hubiera comprendido. La Schausseestrasse le pareció desolada. como decía la cancioncita francesa. Es decir. Qué listillo. calvo. así era como lo había aprendido. Pero no estaba perdiendo el tiempo. Y en efecto entró en él. era la vieja regla. que habían acabado de taxistas. une jolie vache déguisée en fleur. Era una película de espionaje ambientado en el Berlín de los años sesenta. Pero el Objetivo se merecía un cigarrillo. y en Suiza. a la página de espectáculos. la de mayor éxito de taquilla. además. en la escuela especial. neutro como esas voces que resuenan en los altavoces de los aeropuertos. Apenas pasaba algún coche de vez en cuando. que era un nombre que tenía sentido. y él lo había sido. despedidos de un día para otro. El hombre se encaminó hacia Scheuneviertel. Siempre era mejor estar en la otra acera. era realmente un infeliz. Le entraron ganas de marcharse a donde había decidido ir y de no perder más tiempo con ese estúpido profesorucho con el que se estaba entreteniendo. El hombre parecía dirigirse hacia el Pergamon. El médico ya no le toleraba más que cuatro cigarrillos al día. eso era asunto suyo. Sonrió para sí mismo: disculpa. esa noche. había sido previsor. y cuando todo se había ido al garete. En efecto. porque eso le hacía sentirse como en casa. Había una película americana que estaba suscitando el entusiasmo del público. una noche algo agitada. sustancialmente insomne. iba en su misma dirección. Los berlineses estaban en el . Mientras esperaba. si estás aquí en una misión con la apariencia de un profesor universitario. demasiado previsible. echó una ojeada al periódico. lo lógico es que entres en el Pergamon. Qué Objetivo más simpático. a dos pasos de la Unter den Linden. un precioso domingo de finales de junio. sin inflexiones. Lo primero que le diría es que se las había apañado bien. Sintió una fuerte conmoción. A diferencia de muchos otros colegas suyos. Fingió estar inmerso en la lectura del periódico. El hombre pasó por delante de él sin hacerle caso. en aquellos tiempos se estudiaba de verdad. y esos cinco debían ser perfectos. lo vio salir con una bolsa de plástico transparente repleta de catálogos que debían de pesar una tonelada. Un infeliz. él no. junto a una bandera. París había sido la misión más bonita de su vida. nada de tonterías. debía de haber un concierto importante. como si estuviera zanganeando. casi. era una casa que le hacía sentirse como en casa. Dejó que recorriera un centenar de metros y después se levantó. casi sí. dos después de comer y dos después de cenar. él se las había apañado a la perfección. mi querido infeliz. Años lejanos. Era domingo. odiaba la burguesía. Como lo había sido él. con una carpeta debajo del brazo.

pero estaban demasiado distantes. querido mío. yo en cambio me divierto en restaurantes chic. como ostras todas las noches. con algunas frases en una lengua desconocida. con gafitas de intelectual como su querido cabezota. se ve que lo has leído. Se puso a reflexionar. y mira que había seguido él todo el asunto. pero en realidad era una filosofía de vida: el cotilleo. como él lo había sido. para evitar las extrasístoles nocturnas. del tipo María Carrer y esas cosas tardo-expresionistas. El cabezota había colocado en el sótano un sofá y un abat-jour.. con entradas y una calvicie en la coronilla. murmuró. y todo ante los ojos de Helene. ya iba al Café de Paris casi todas las noches. pero al menos en la comida lo había conseguido. por la mañana se había tomado un capuchino a la italiana. felicitaciones. un poco portugués soy yo también. Gracias. Pasó por delante de ellos con un pretexto y dijo: buenos días. Se entretuvo en mirarlas. aunque los vinos aromatizados no le gustaban. aunque con cierto aire de cabaret. Muy pesado. hacía calor ¿Cabrito? ¿Y por qué no cabrito?. venga. Y alguna hasta había ordenado que la sacaran sus ayudantes. y mentalmente hizo un brindis a la memoria de Helene. grandes ojos oscuros. tomándose un aperitivo mientras esperaban una buena comidita. El restaurante era bastante oscuro. preguntó él. y el restaurante respetaba sus gustos. dijo para sí. pero tal vez no fuera buena idea la sopa de patatas. dijo en italiano. demasiada grasa. ahora era una . Durante toda su vida había impuesto la cocina austriaca. los austriacos son más finos. morena. bienvenidos a Berlín. Bebió vino blanco austriaco. ¿Italianos?. más joven que él.. De entradas mejor nada. mi querida primadonna. Vaya: la señora no había sabido imponerse sobre las amantes. redondas. tú te comportaste como un franciscano durante toda la vida. Putañero. con un rostro decidido y franco. un descafeinado. y él cogió al vuelo la cita. a menudo el cabezota recibía allí a una actriz fracasada. El hombre tendría unos cincuenta años. Se había comido un plato de ostras en el Café de Paris. Pero sí. los adornos graciosos. que durante su vida había engullido más malos tragos que bocanadas de aire. guapa. en sus años parisienses. y ¿sabes por qué? Porque no somos eternos. los austriacos son insuperables cocinando cabrito. Por lo demás nunca había sido un admirador de la cocina alemana. Cuando salió de nuevo al patio le asaltó la tentación de visitar la casa. metálicas. un moralista sin moral. las paredes estaban llenas de fotografías. contestó. dijo. Se decidió por un simple Wiener Schnitzel. quizá porque la noche precedente había exagerado un poco. La mujer le sonrió: portuguesa. Decidió comer en el interior. claro. se llamaba Ce qui convient y aparentemente hablaba de teatro. donde una pareja de turistas extranjeros estaban bebiendo una cerveza. se parecía a él. contestó el hombre. Era sobrio. ¿Español? Le pareció español. Por tu piel dura. Para acabar. sí. ¿Me has entendido. Había una de patatas que le gustaba incluso más que la alemana. Es que la Wiener Schnitzel hecha a la austriaca puede ser algo sublime y además con ese pastel de patatas crujientes que hacen ellos. Estudió la carta. Hablaban en italiano. que sea una Wiener Schnitzel. ah. Le gustaba el patio. áspero. Sí. así que más vale comer ostras. ahora se acordaba. era el sótano. el médico no estaría de acuerdo. El hombre abrió los brazos con aire divertido: cambiábamos de país más que de zapatos. Aguzó los oídos. tumbados bajo ese sol tempranero en los balnearios Martin Wagner. Las conocía casi todas. Pero mira que listo mi intelectualillo. Quizá en sus orígenes fuera realmente un sótano. con unas mesitas bajo los árboles. Había que bajar al sótano. Constató que tenía hambre. Pero ¿qué año era? Ya no se acordaba. Las mesas eran de madera sin desbastar. Sección sopas. era un auténtico putañero. una cabrona más vieja que Helene que después había revelado todo en un libro publicado en Francia que se llamaba. cabezota?. habían pasado muchas veces ante sus ojos en los dossieres de su oficina. ya no se acordaba cómo se llamaba. si lo pensaba tenía hambre. cuando no variaba con otros restaurantes chic. Ella.14 Wannsee.

Yo lo sé todo de ti. Hacían nudismo. pero eran órdenes. La mariposa se alzó en vuelo. Quién sabe por qué se me ocurrió que yo también podía estar fichado. Se dio cuenta de que estaba sudando. lloré. yo era tu amigo. pero no se movió. De joven había admirado mucho sus poemas. todo: tus mujeres. con fotografías tomadas con teleobjetivo. Él se inmovilizó y cerró los ojos como si expresara un deseo. La mariposilla sacudió las alas. siempre fuiste un cabezota. Le hacía falta un cigarrillo. y un pelo híspido como un cepillo. carta por carta. escritores: happy few. La eternidad es horizontal. La conocía como nadie: la había violado. aquel agosto de 1956. médicos. Estaba desierto. a orillas de un río. eras un cabezota. Deambulando sin rumbo vio la lápida de Anne Seghers. cuando te estallaron las coronarias. las levantó en perpendicular como si estuviera a punto de levantar el vuelo. hasta tus noches y todos tus pequeños secretos. Había pasado revista habitación por habitación. dijo. quién sabe. ¿te sorprende que te apreciara?. limpio. dijo. La recordaba en una noche de 1954 mientras aquel cretino estaba entre las bambalinas del Berliner Ensemble y miraba el carro de su madre coraje. Se veía a Renate y al jefe del Departamento de Asuntos Internos desnudos bajo el sol. Tomó aliento. Y todos en la misma posición: horizontal. pensó. Cementerio pequeño pero racé. tus viajes. en cambio. me llamo Karl. total los que te sobreviven no te obedecen. De mí. ¿sabes?. y de mí no sabía nada. detallada. Hizo una pausa y se encendió un cigarrillo. una mariposa de la col vagabunda que vagaba por el cementerio. yo lloré. Aunque. Pero no tenía deseos que expresar. pero no te han puesto el epitafio que habías dictado en vida: aquí yace B. tus ideas. Lo siento. me diste un montón de problemas. ¿Qué hacen las personas importantes en un cementerio? Duermen. necesito decirte una cosa.15 casa-museo. lo siento de verdad. día por día. De repente ya no tenía ganas de hablarle de la casa y de lo bien que le iban las cosas en su vejez. Vaciló y después dijo solamente: tú no me conoces. Cuando llegó delante de la tumba dijo: hola. pero no te lo han puesto. adaptado a los turistas inteligentes. B. de alguien que había sido espiado cada día. La mariposa emprendió un breve vuelo para posarse otra vez en el mismo sitio. duermen ellos también. Había muchos árboles. Lo siento por ti. Creía que lo sabía todo. cuando abrieron los archivos. Era un poema terrible y desgarrador. como todos. Al pequeño cementerio que daba a la calle. recitaba todas la noches en un teatrillo del Marais. al igual que los que no fueron importantes. no sabía nada. dijo despacio. incluso los más minúsculos: todo. Salió a la calle y recorrió unos cuantos metros. Karl lloró poco cuando estaba a tiempo. dio dos vueltas alrededor de la cabeza de la estatua y se alejó. Se le vino a la cabeza uno que un actor judío. dijo. y menudos nombres: filósofos. te apreciaba. Necesito decirte una cosa. no es que haya llorado mucho en mi vida. es urgente. la verdad. objetivo. dijo a toda prisa como si estuviera hablándole a la mariposa. La verdad es que tenías una buena nariz. y en cambio por ti lloré. Abrió de nuevo los ojos y vio que la mariposa se había posado sobre la punta de la nariz del busto de bronce que se erguía delante de la lápida. Cretino. Era una ficha completa. Lo siento. se accedía por un callejón lateral. pues entonces escucha. pintado. hacía muchos años. es mi nombre de bautismo. mira que es mi auténtico nombre. protegido por una reja. limpiado de la vida. malvado. La voz "Familiares" era un dossier entero. no hay que hacer nunca epitafios anticipados. tal vez la hubieran restaurado. y no tuvo valor para repetirlo ni siquiera mentalmente. descansaban todos a la sombra. En ese momento llegó una mariposa. Qué divertido.. La mariposa desapareció por detrás de los árboles y él bajó la voz. he venido a verte. tus amigos. Debajo estaba . cajón por cajón. lo sé todo de tu vida. Era una mariposilla común de alas blancas. Que Renate me traicionó durante toda la vida no lo descubrí hasta hace dos años.

era viejo. cuando él murió. Hizo un gesto de saludo con la mano. por ejemplo. pero la vida tiene esas cosas. 1952. que lo había descubierto todo. Scanno y Jean Monnet. es una casa preciosa con todas las comodidades modernas. Réquiem (1993). no tuve valor. ha traducido casi todas las obras de Fernando Pessoa al italiano. En 2004 recibió en España el Premio Francisco Cerecedo de periodismo. pero ¿cómo puedes decirle que has descubierto todo a una persona que tiene la cara torcida y las piernas contraídas?. pero en cambio no se recuperó. no puedes imaginarte cuánto. la verdad es concreta. Hasta 1982. Se sentía cansado. octurno hindú (1984) merecedora del premio Médicis Étranger. No hay otro restaurante en todo Berlín donde se coman langostinos así. En 2009 fue finalista del Premio Príncipe de Asturias de Literatura en el año 2009. Pequeños equívocos sin importancia (1985). todo lo que fue necesario. Quizá fuera hora de irse. Los muertos a la mesa pertenece al libro El tiempo envejece de prisa. Renate tuvo un ictus.16 escrito: Praga. __. Junto a su esposa. Se sentó en el banco de madera. al otro lado del sendero. hubiera querido decírselo a Renate. Estaba empapado en sudor. está Salvatore que me atiende muy bien._. Actualmente vive en Portugal. editado por Anagrama Jardín de infancia . la atendieron muy bien.___ Antonio Tabucchi (Italia) Breve reseña sobre su obra Escritor italiano nacido en Pisa en 1943. sus últimos años se los pasó en una silla de ruedas y tampoco la parálisis facial desapareció._. en 1969 en una playa del Mar Negro. dijo otra vez. La cabeza perdida de Damasteno Monteiro (1997) y La gastritis de Platón (1999). hacia el parque. y en efecto. Después había muchas otras: en 1962 mientras salen de un hotel de Budapest. tal vez cogiera un taxi. Le saltaron las coronarias como a ti. no tuve valor. estudiando no sólo su idioma sino también su cultura y la realidad de su país. María José de Lancastre. tenía veinte años más que Renate. sabe que me gustan los espaguetis con langostinos. Por la noche voy a cenar a restaurantes chic. Se secó la frente con un pañuelo y retrocedió. es un restaurante italiano. Berlín ha cambiado mucho. Es profesor de Lengua y Literatura Portuguesas en la Universidad de Siena. Miró el reloj. cada noche yo me decía: mañana se lo digo. Empezó a recorrer el sendero hasta la verja de entrada. había esperanzas de que se recuperara. dijo para sus adentros. evitando hacer ruido. Cerró la verja con delicadeza. Vaciló un instante y se volvió. Entre sus obras destacan La mujer de Porto Pim (1983). Yo entonces estaba en París. Dijo: de mi nueva casa me gustan sobre todo las vistas a Unter den Linden. Los volátiles del beato angélico (1987). esta noche pienso ir al Sale e Tabacchi. incluso con fisioterapia. la verdad. dijo. Tiene un doctorado honoris causa por la Universidad de Liège. hubiera querido decirle que lo sabía todo. Sabes. en 1974 en Sofía. Sostiene Pereira (1994) que obtuvo los premios Campiello.

Miró a la madre y vio que sonreía.. -¿Y por qué.. -En clase. en el recreo. -No...... eres pequeña. pero sólo en la clase de religión. a la hora de comer.. Contestó: -Porque papá es musulmán.. ya lo comprenderás.. Y dijo. mamá es musulmana. -Pero.. -¿Porque su papá lleva gafas? ... -¿Qué? -Yo y mi amiga Nadia siempre estamos juntas. -¿Y por qué soy musulmana? Debía ser comprensivo y delicado: no faltar a los preceptos de la pedagogía moderna a la primera dificultad. -Pero en la hora de religión yo voy a una clase y ella a otra. -Estupendo. sonriendo también: -Sí..... es una niña buena y juiciosa.. ¿por qué.17 Naguib Mahfuz (Egipto) -Papá. papá? -Porque tú eres de una religión y ella de otra. -Claro.. ¡soy mayor! -No. cariñito. ocupada en bordar un mantel. mujer. papá? -Eres aún muy pequeña.. -¿Y Nadia? -Porque su papá es cristiano y su mamá también.... -¿Y por qué. papá? -Porque tú eres musulmana y ella cristiana.. porque es tu amiga.

cariñito. Trató de cambiar el tema pero la niña preguntó: -¿Cuál es mejor? Dudó un momento antes de contestar: -Las dos. -¿Y cuál es la diferencia. -¿Por qué no esperas a ser mayor? -No ¡Ahora! -Bien.. es mejor que no. Se lanzó sin piedad al cuello de una botella. Tú eres musulmana y ella tiene otro gusto. Siguió con la cadena de antepasados hasta aburrirse. papá? . Por eso tienes que seguir siendo musulmana. -¡Pero yo quiero saber cuál es mejor! -Es que las dos lo son...18 -No.... A ella le gusta más una y tú prefieres la otra. Es porque su abuelo también era cristiano y. -¿Y por qué? Francamente: la pedagogía moderna es tiránica. -¿Nadia tiene mal gusto? Dios confunda a ti y a Nadia.. -¿Y por qué no me hago cristiana para estar siempre con Nadia? -No.. -¿Y por qué yo lo adoro en una habitación y ella en otra? -Porque ella lo adora de una manera y tú de otra.. Lo único imprescindible es seguir siendo como papá y mamá. Digamos que por gusto.. Hay que ser lo mismo que papá y que mamá. -¿Puedo decirle que ella tiene mal gusto y yo no? Salió al paso: -Las dos son buenas: tanto el Islam como el Cristianismo adoran a Dios. Había metido la pata a pesar de las precauciones. -Sobre gustos no hay nada escrito. Las gafas no tienen nada que ver.

-¿Y no lo ha visto nadie? -Nadie.. pero yo no sé. -¿Y dónde vive? -En todo el mundo. papá? Se quedó pensando con sonrisa torcida... -¿Cómo. papá? -Quiere decir que lo ha hecho todo. reflexionó un segundo y preguntó. Luego: -Es el Creador del mundo. -¿Y antes del mundo? -Arriba. extremando las precauciones: -¿Qué les ha dicho Abla? -Lee la azora y nos enseña a rezar.19 -Ya lo estudiarás el año que viene o el otro. -¿En el cielo? -Sí. -¿Qué quiere decir Creador. -¿Y quién es Dios. papá? -Con su Sumo poder.. -Quiero verlo. -¿De todo? -De todo. -¿Ni en la televisión? -No. -No se puede. . Por el momento confórmate con saber que Islam y Cristianismo adoran a Dios. ¿Quién es Dios. papá? Se detuvo.

-¿Y por qué vive arriba? -Porque en la tierra no cabe. es que lo ve todo como si viviese en todas partes. todo lo puede. muy fuerte. -¿Los profetas? -Sí. .. -¿Y por qué. papá? -Por una gracia especial. -¿Tenía los ojos muy grandes? -Sí. -No es eso. papá? Contestó disimulando una sonrisa: -Es incomparable.. papá? Contestó tratando de no perder la paciencia: -Porque puede hacer lo que quiere. como nuestro señor Mahoma. pero lo ve todo.. -¿Y cómo dices que es? -Muy grande.20 -¿Y por qué sabes que está arriba? -Porque sí.. -¿Y cómo. -¿Quién adivinó que estaba arriba? -Los profetas. -¿Como tú. -¿Y por qué. papá? -Porque Dios lo creó así. Se distrajo un momento. pero volvió: -Pues Nadia me ha dicho que vivió en la tierra.

-No. -¿Por qué se murió entonces el abuelo? -Porque cuando se puso enfermo era ya mayor. -¿Cómo? -Se puso enfermo y se murió. Luego pasó la vista de uno a otro azorada. -¿Lo han matado? -No. -Pues Nadia me ha dicho que lo mataron. el abuelo murió.21 -Y también me ha dicho que la gente lo mató. -Entonces ¿mi hermana va a morirse? Frunció las cejas y contestó advirtiendo un movimiento de reproche del lado de la madre: -Ni mucho menos. cariñito. -Pero tú acabas de decir que no lo es. ella se curará si Dios quiere. .. has estado enfermo y no te has muerto! La madre lo miró regañona. -¡Pues tú eres mayor. mi vida.. no ha muerto. -¿Y por qué Dios quiere una cosa que no es bonita? -Todo lo que Dios quiere para nosotros es bueno. -¿Y por qué dispone Dios que nos muramos? -Porque es libre de hacer lo que quiere. creyeron que lo habían matado pero estaba vivo. se murió. está vivo. -¿El abuelo también está vivo? -No. Él dijo: -Nos morimos cuando Dios lo dispone. -¿Es bonito morirse? -Qué va. -Qué va.

por otras mucho mejores. -¿Y lo veremos? -Sí. -¿Y eso es bonito? -Claro. plantar un jardín. -Entonces. papá? -Para que hagamos cosas buenas aquí antes de irnos. -¿Y por qué no. -¿Con Dios? -Sí. . papá? -Porque Él nos ha puesto aquí y Él nos lleva. querida. ¡vámonos! -Pero aún no hemos hecho cosas buenas. -¿Cuáles? -Construir una casa. -¿Y por qué.22 -Me he equivocado. -¿Y por qué mamá se ha enfadado cuando he dicho que por qué no te habías muerto? -Porque todavía no es la voluntad de Dios que yo muera. -¿Dónde están? -Arriba.. -¿Y por qué no nos quedamos siempre? -Porque si nos quedásemos no habría sitio para todos en la tierra.. -¿Y dejamos las cosas buenas? -Sí. -¿El abuelo las había hecho? -Sí.

. aguib Mahfuz (Egipto) Breve reseña sobre su obra . -Pues Lulú el vecino me pega y nunca hace cosas buenas. Se volvió para comprobar si aquellas palabras eran sinceras o irónicas y la encontró enfrascada en el bordado. él dijo bostezando: -Nunca imaginé que fuera posible discutir estas cuestiones a semejante nivel... -¿Y cuándo va a morirse? -Cuando Dios quiera. trad.. Habló la mujer: -Llegará el día en que la niña crezca y puedas razonarle las verdades. -Es que él ha nacido anormal. Suspiró y se quedó callada.. © Naguib Mahfuz (Egipto). Pero la incansable criatura gritó: -¡Yo quiero estar siempre con Nadia! La miró inquisitivo y ella declaró: -¡En la clase de religión también! Se rió estrepitosamente. Los que hacen cosas buenas se van con Dios y los que hacen cosas malas se van al infierno. No sabía si lo había hecho bien o si se había equivocado. Aquel torrente de preguntas había removido interrogaciones sedimentadas en lo más hondo de sí. antes de irse. Echó a la madre furtivamente una mirada desvalida. la madre también rió. Viguera. luego contestó: -Él también había construido una casa. Marcelino Villegas y María J. -¿Aunque no haga cosas buenas? -Todos tenemos que morir. aunque pequeña..23 -¿Y qué había hecho el primo Totó? Por un momento se puso sombrío. El padre se sintió materialmente aliviado.

una razón de vivir. Murió en 2006 en un hospital de su ciudad natal. el empleado no había recibido una sola queja. Luego vendrán Chicos de Gebelawi (1959). que le valió el Premio acional de las Letras Egipcias (1957). vuelve cuanto antes a su hogar. al mundo entero. . a clientes. Con Jan al-Jalilí (1946) y El callejón de los milagros (1947). canjeaba. fue militante del partido nacionalista antibritánico y se desempeñó como funcionario de la administración de su país y presidente del Instituto acional de Cine.24 Novelista y periodista egipcio. cortés. en efecto. a todas las cosas. Jardín de infancia pertenece a La taberna del gato negro. nacido en El Cairo en 1911. sin el menor nerviosismo y siempre afable. Licenciado en Filosofía por la Universidad Rey Faruk I (hoy Universidad de El Cairo). desde las nueve hasta el amanecer.. El ladrón y los perros (1961) y Miramar (1967). firmaba. a él mismo. Caprichos del destino (1939) o Lucha de Tebas (1943). El empleado de correo Jacques Sternberg (Bélgica) En los diez años que había vivido enjaulado detrás de la ventanilla. En 1988 se convirtió en el primer escritor árabe en recibir el Premio obel de Literatura. dio un salto hacia el realismo y luego viró haca la novela psicológica con El espejismo (1948) y Principio y fin (1949). sin escribir una palabra a la ligera. antes de irse. su trabajo. pero soportaba gracias a una pequeña obsesión estrictamente personal. contaba y devolvía. Recibía. a vigilantes. Se las lleva. que el empleado juzgaba una tarea muy fastidiosa. las responde. abordó la novela histórica. entregaba. editado por Martínez Roca. sonriendo sin pausa a vecinos. arroja las cartas sobre la mesa. una por una.. anotaba. sin olvidarse de una sola. al fondo de la vasta oficina de correo. Palacio del deseo (1957) y La azucarera (1957). Con sus primeros escritos. Porque el empleado. las abre con ansiedad y cada noche. Ante todo. Todas las noches introduce en su valija un fajo de cartas escogidas al azar. hace diez años que comete cada noche. Todo lo hacía con una calma perfecta. A su día de trabajo. sellaba. estampillaba. En esa época escribió su afamada trilogía compuesta por Entre dos palacios (1956). lo que se llama un delito cotidiano: un gesto que se ha vuelto obligatorio.

Al año siguiente editó el que sería su último libro: 300 contes pour solde de tout compte. trabajó como embalador. El empleado de correo pertenece al libro Cuentos Glaciales. Luego me dijo. la pasión. El matrimonio es cosa de toda una vida. El 11 de octubre de 2006. Arrabal y Topor. En 2001 publicó su autobiografía. los libros de cuentos Angles morts. dactilógrafo. un tanto cohibido: . Entre deux mondes incertains. La boîte à guenilles. pero también de los Hermanos Marx. Al principio habían anotado dos semanas de vacaciones en la autorización. Fue fundador de la primera revista underground de Francia. mortel. y el ensayo Une succursale du fantastique nommée science-fiction. editado por Tusquets. ¿cómo hubiera sido posible no pedir unos días de más? Pero mi jefe. L'employé con la que ganó el Prix de l'Humour Noir 1961. Durante la segunda guerra mundial.25 Jacques Sternberg (Bélgica) Breve reseña sobre su obra Escritor belga de origen judío nacido en Amberes en 1923. publicista y detective. regateaba hasta el último centavo cada vez que alguien pedía vacaciones. incluido el domingo. tan avaro. donde fue muerto su padre. nada es más importante para nosotros. El templo Gao Xingjian (China) Nadábamos en una felicidad perfecta. el deseo. el cariño y la dulzura del viaje de bodas que había seguido a nuestro casamiento. Entre sus libros publicados se cuenta un relato de su cautiverio. la mer et la nuit (1975). vendedor. titulada Le petit silence illustré y del famoso Grupo Pánico integrado por Jodorowsky. las novelas Le délit (1954). titulada Profession. falleció por un cáncer de pulmón. estuvo detenido en un campo de concentración junto a toda su familia. Cioran o Bierce. y finalizada la guerra. Habiendo logrado escapar. pero mi jefe las convirtió en una. La sortie est au fond de l'espace. a los 83 años. era angustioso. Sophie. Su obra recibe influencias de autores como Kafka. aunque sólo tuvimos un par de semanas de vacaciones: diez días concedidos por la ocasión y una semana de vacaciones normales.

Decía que éramos felices. El tren se había detenido en la estación. invitar amigos. Y aun entre los lugareños son raros los que conocen su nombre. En cuanto a la suerte de nuestra generación. realmente teníamos de qué quejarnos. Pero mejor ni hablar de eso. tal vez estaba esperando que pasara un tren rápido con un leve retraso. no es de ninguna manera un lugar famoso ni muy visitado. La gente de por allí lo conocía simplemente como el Gran Templo. -Claro que sí -le respondí-. Esta capital parecía emanar calma y serenidad. Teníamos dos semanas enteras de vacaciones. No. En pocas palabras. A lo lejos. Pero no queríamos hablar más de esto. lo importante es que en el presente por fin conocíamos la felicidad. Nunca hubiéramos sabido que el templo tenía un nombre si no hubiéramos tratado de descifrar los caracteres borrados en una estela que servía de fondo a un estanque. En nuestra vida tan corta. bajo una bomba. Acabó firmando con un gran trazo de la pluma. habíamos soportado no pocos infortunios. De hecho no era más que un viejo edificio con doble alero. En adelante ya no era soltero. Fue por casualidad que llegamos a esta capital de distrito. Ahora formábamos una familia. Tenía una familia. Tenían algo muy seductor. Al correr del tiempo. y un poco más lejos se veían las cadenas de exuberantes montañas. los campesinos de los alrededores habían ido llevándose los ladrillos y las piedras que se utilizaron en la construcción para hacer sus casas o el cerco de sus pocilgas. los techos grises de las casas yacían en un pequeño valle. Tanto Fangfang como yo habíamos conocido una época en la que tuvimos que arrostrar las tempestades y hacer frente al mundo. y aunque esta luna de miel se había reducido a la mitad. esta felicidad nos pertenece solamente a nosotros. De hecho este viaje lo había preparado con Fangfang desde hacía mucho. de lo que les quiero hablar es del Templo de la Perfecta Benevolencia. La gente que subía o bajaba del tren ya no se apresuraba. la felicidad es de hecho bastante rara. Lo encontramos por casualidad. situado en una elevación cercana a una capital de distrito. Frente a él aún se levantaba una gran puerta de piedra. nuestras familias y nosotros mismos habíamos sufrido bastante. gastar a mi antojo y a finales de mes encontrarme sin un clavo. Durante el periodo de gran catástrofe nacional. donde nadie reza ni quema incienso. ya no podría ir al restaurante al recibir mi salario a principios de mes. pues es un templo desierto. realmente no era un rival de peso. más allá de la estación.26 -Espero que pueda usted regresar en el tiempo requerido. Tampoco hablaré de esta dulzura. el Yuan'ensi. a nuestros ojos no había perdido en nada la dulzura de la miel. el andén estaba desierto y el empleado charlaba. de pie a la entrada del vagón. desde la calle de la capital. es un templo derruido del que nadie se ocupa. Aparte de la gente del lugar. me miraba con dulzura. y lo único que quedaba era el basamento circular invadido de hierbas silvestres. la han conocido y. nuestro pequeño salario no nos permitiría entretenernos en el camino. comparado con el Templo de las Ánimas Ocultas de Hangzhou. pero no volvió a salir a la hora prevista. Sin embargo. El muro que rodeaba el patio se había derrumbado. Se veía de lejos. o con el Templo de las Nubes Azules de Pekín. Las tejas laqueadas de amarillo dorado relumbraban al sol atrayendo la mirada. El nombre de este templo carece de importancia. Inclinó levemente la . de todas formas. Las vacaciones habían sido otorgadas. todos ustedes son gente que ha vivido. nadie sabe de su existencia. en ruinas. De repente me pasó una idea por la cabeza: -¿Y si vamos a dar una vuelta? Fangfang estaba sentada frente a mí. al punto de no poderme comprar un paquete de cigarrillos y verme obligado a hurgar en los bolsillos o a voltear las gavetas para desenterrar algunas monedas.

el agua sucia que aventaban junto a los puestos de legumbres. yo cogí las bolsas de viaje. perfectamente libres. ¿cómo darles las gracias? ¿Acaso con estos pocos dulces y unos cuantos vasos de alcohol en la boda? Les damos las gracias con nuestra felicidad. tranquilamente recogida en este pequeño valle. y también ustedes ya se tomaron muchas molestias por nosotros. el polvo que los camiones levantaban a su paso. era nuestro viaje de bodas. ya los hemos importunado bastante. En la calle principal las carretas de mulas y los camiones formaban embotellamientos. Fangfang se apretaba contra mí cogiéndome del brazo y yo me estrechaba contra ella. las gallinas que los compradores esgrimían cabeza abajo. la felicidad de estar recién casados nos acompañaba a dondequiera. Por eso no podíamos evitar el sentimiento de superioridad propio de los habitantes de la ciudad que van al campo. Hoy éramos visitantes de paso. Claro. melones. Bajo los techos grises. cierto. los cacareos. bajamos súbitamente nuestro equipaje de la rejilla y corrimos a la salida del vagón. Todo lo que experimentábamos en relación con los habitantes de este lugar era una sensación de lujo. nos echamos a reír: -Tomaremos el próximo tren. Ya no había puestos de legumbres. Teníamos la impresión de que todos nos miraban. Fangfang: ¡Basta! Pero ¿qué importa? Precisamente queremos que todos compartan nuestra felicidad. sandías. pero muy bien puesto. Tenemos bastantes preocupaciones. -También podríamos no partir -añadió Fangfang. con las alas desplegadas. Se veía por sus gestos y su forma de caminar. En realidad. pequeño. En ese instante.27 cabeza. los callejones llenos de animación hervían de gente. Hacia nosotros venía un hombre con aspecto de funcionario. Vi mi reloj: nos había bastado media hora para recorrer la calle desde la estación. Hablaba con los ojos. las cáscaras de sandía que cubrían el suelo. la algarabía del mercado había quedado detrás de nosotros. Éramos los más felices del mundo. manzanas recién cortadas y peras que también acababan de llegar al mercado. Sin decir ni una palabra más. ya no tendríamos que pedir auxilio a Juan ni a Pedro y ya no tendríamos que pasar apuros para conseguir autorización de residencia ni de trabajo. . Todavía era temprano. viajeros. Nos aburriríamos esperando el próximo tren. todo esto nos era perfectamente familiar. habíamos salido de otro mundo. pero a nuestras espaldas no se trababa ninguna discusión. ¿qué tiene de incorrecto? Así llegamos a esta pequeña capital de distrito. Ya sé lo que vas a decir. mientras Fangfang se preparaba para pasar la noche aquí. esta pequeña y vieja capital de distrito. Nuestros nervios simpáticos vibraban al unísono. Fangfang me dio el brazo. distaba mucho de ser tan apacible como nos pareció desde la ventana del tren. yo te tengo. Ya no tendríamos que buscar relaciones para lograr cambiar de puesto en la ciudad. los tormentos internos y las penas de la gente ya no eran de nuestra incumbencia. vendían legumbres. ya no teníamos en absoluto el mismo sentimiento que nos embargaba al penetrar en este tipo de capital en la época en que nos enviaron al campo. los transeúntes eran cada vez más raros. tú me tienes. Una vez en el andén. Íbamos adonde se nos antojaba. pero parecía decepcionada. las personas de las que hablaban sólo podían ser gente que les era cercana. Y así llegamos hasta el final de la calle. los chasquidos de látigo y los gritos resonaban sin cesar en medio del ruido incesante del agudo claxon de los camiones. Apenas eran las nueve de la mañana. las plumas revoloteando. También teníamos un cuarto para nosotros solos. Pasábamos junto a ellos. No había dicho nada. Sin embargo. De hecho queríamos provocar la envidia de los empleados del andén y de los innumerables ojos detrás de las ventanillas. Pero el ambiente de esta pequeña ciudad. Considerábamos que teníamos nuestro propio hogar. no éramos gente de aquí.

yo mantenía su mano en la mía y. Durante nuestra luna de miel hasta tener los pies doloridos era una sensación de felicidad. ¿dónde se encuentra el centro de recepción del distrito? Nos echó un vistazo. Le dimos las gracias y nos echamos a andar en la dirección que nos había indicado. ese sería el centro de recepción del comité del distrito. cómo ir de acá para allá. el viejo templo cuyas tejas amarillas relumbraban al sol. luego me indicó la dirección con entusiasmo. Avanzábamos a tientas. no pasa nada. es verdad -añadió Fangfang en seguida-. si me permiten la indicación. cuando me ponga los zapatos voy a sentirme bien. Le di la otra. Me arrepentí un tanto. cómo dar vuelta hacia el este por la izquierda. en la orilla opuesta. ella no quiere que hable de eso. está en la colina hacia el oeste. Y todas las desgracias del mundo parecían escurrirse entre los dedos de los pies. regresemos al Templo de la Perfecta Benevolencia. -Ah. corrimos hacia la colina. muchas gracias. Yo dije . Fangfang se lastimó un pie y yo estaba terriblemente preocupado. De lado y lado crecía maíz en los campos. es un gran templo. Me preguntó a quién íbamos a ver. Luego de reflexionar un poco. -Me basta con estar contigo. riendo y gritando. Una vez que cruzamos el río. Abracé a Fangfang y la besé dulcemente. pero ella me tranquilizó. nos dijo: -Aquí no hay nada interesante que ver. a veces. Entonces nos llevó a la vuelta de la esquina y nos enseñó el viejo templo en la punta de la colina de enfrente. Dijo: -¡Van a tener que meterse al agua para cruzar el río! -¿Está hondo? -pregunté. Se pegó con la mano en la frente. -No importa. sí puedo. -Ha de llegar como a la rodilla. como si lo hubiéramos puesto en aprietos. Pero él veía los zapatos de tacón alto que Fangfang llevaba puestos. -¿Te duelen? -le pregunté a Fangfang. que andábamos de viaje y le preguntamos qué podríamos ir a ver. -Sí. tarareaba una canción. Hacía mucho que no caminaba así. cuando viéramos un edificio de dos pisos de ladrillo rojo. -¡De verdad estás loca! -le dije. qué bien. y luego. descalzos como niños que juegan en el agua. Fangfang saltaba de una piedra a otra. Pero ella caminaba derechamente y con decisión. Llevaba la falda arremangada. -¡Perfecto! -exclamé-. como si quisiera mostrarnos el camino. Hay que escalar un poco y el camino no es bueno. Entre las tejas de color amarillo dorado crecían matas de hierbas silvestres que se distinguían perfectamente. no nos da miedo escalar. El agua del río era cristalina. Entonces caminamos hacia la orilla del río. precisamente venimos a andar en las colinas. más alto que un hombre. Miré a Fangfang. ¿Te acuerdas. no pude dejar de volver la vista a los zapatos nuevos de tacón alto y correas finas que llevaba Fangfang. Un pequeño sendero se perdía entre las hojas verdes. descalzos en el agua. Parecía que hubiéramos regresado a la infancia. Fangfang no quería decepcionarme. Cuando ya habíamos tomado el camino polvoroso. ¿qué pasa? Bueno. Lo único que hay. Fangfang? Lo dijiste apretándote contra mí. Hasta las piedras resbalosas del río se me clavaban en los pies. ¿Eh?. Se encontraba en una ladera de la colina.28 -Perdone -le dije-. -Me gusta -respondiste en voz baja. Le explicamos que estábamos de paso. Cogí en una mano los zapatos de tacón alto de Fangfang y mis sandalias de cuero. No había rastro de nadie ni delante ni detrás de nosotros.

corpulento. El viento gemía entre los viejos pinos ante el templo. Se detuvo ante el brasero y le pegó con la mano. Sólo quedaban algunos recuerdos tristes. Bajo el poblado entrecejo. La puerta estaba cerrada con un candado. que se había derrumbado. Hubiéramos podido seguir embriagándonos en esa calma. Como no había nadie que nos perturbara. Nos tomó por sorpresa cuando nos saludó con un: -¿Andan de viaje? Asentí con la cabeza. como ustedes se han tomado molestias por nosotros. escudriñando los zapatos de tacón alto que Fangfang había arrojado a la hierba. estaba un canal por donde corría un agua cristalina conducida en un tubo desde una estación de bombeo. pero ella dijo que si yo estaba contento. así como nuestras bolsas de viaje. evidentemente había atravesado el . ¿no creen? -tenía ganas de trabar conversación. Seguramente era demasiado pesado. El hombre avanzaba en medio del camino de piedra. Pasando el muro del patio. Se puso a mirarnos nuevamente. una mirada glacial nos contemplaba.. Como ustedes son nuestros mejores amigos. Luego. Esto nos recordó la época en que recogíamos los excrementos. las mejillas invadidas por la barba. El viento gemía entre los pinos. Me incorporé y volví la vista hacia ellos. Fangfang se sentó a su vez. Y era tan macizo que no podía romperse. en el campo. -Hace buen tiempo. teníamos un poco de frío. entrecerrando los párpados. en el gran patio del templo. Está bien. Detrás del muro derruido. El enrejado de la ventana estaba completamente podrido. se puso a contemplar las hierbas silvestres que se mecían al viento entre las tejas laqueadas del techo relumbrantes bajo el cielo azul. ya no voy a decir nada. Era de mediana edad. Seguramente vio nuestras miradas inquisitivas y alzó ligeramente la cabeza hacia el templo. En la otra mano llevaba una vieja bolsa raída de lona negra y brillante. cuya entrada resguardaba. Efectivamente. imposible de mover. Parecía un buen hombre. Sus dedos de grandes articulaciones nudosas parecían tan duros como el metal. No tenía en modo alguno el aspecto de un miembro de la comuna popular que hubiera venido a trabajar en la hortaliza. seguía avanzando hacia nosotros. Ahora el templo debía hacer las veces de granero para el equipo de producción. Bajo el poblado entrecejo. El ruedo de los pantalones estaba mojado. no importa. ella estaba satisfecha y que entonces quería lastimarse el pie. Fangfang se había acurrucado en mi pecho y mirábamos una nubecilla deshilacharse en el cielo azul. Paso a paso. los ojos habían perdido su frialdad. una felicidad perfectamente serena. Así escalamos la colina hasta la puerta de piedra situada frente al templo. Frente al gran templo aún se encontraba un brasero de metal. Así que se había quedado frente al templo en ruinas. Sentíamos una felicidad indescriptible. con suelas recortadas de una llanta. y también quedaba nuestro amor. Llevaba unos zapatos de cuero descosidos de algunas partes. Los pasos resonaban en las baldosas de piedra. un hombre había flanqueado la puerta del templo y se dirigía hacia el sitio donde nos habíamos acostado. De inmediato se elevó una vibración sorda.29 que era mi culpa. Fangfang se puso los zapatos inmediatamente. nos acostamos en la hierba. debemos hacer que compartan nuestra felicidad. una pila de excrementos. había un jardín de hortalizas y. el rostro sombrío. a la sombra de los árboles. En los alrededores ni un alma. Todo estaba en paz. pero se oyó el ruido de un andar pesado. Bajo ese sol brillante teníamos la certeza de que nadie podría interferir en nuestro amor. Ahora esos tiempos difíciles se los había llevado el viento. con el pelo revuelto. El viento de la montaña ahuyentaba el calor del verano y traía bocanadas de frescura. muy cerca. pero también muy dulces.. que ya nadie podría molestarnos.

De inmediato se apoderó de él. -No se levante. apretando entre sus grandes manos el melón que en seguida se abrió con un crujido. Fangfang me sonrió mordiendo el melón que yo había partido. Comprendiendo nuestro asombro. -Está bien. Lo tomé y le hice señas de que se lo devolvería. prosiguió-: Es el hijo de mi primo. En seguida te atraparé un grillo. cerca del camino de piedra. -La voz de un niño nos llegó de más allá de la puerta. -Aquí hay un grillo. Un niñito con una jaula de malla de alambre en la mano apareció en la cuesta de la colina. En el mundo los hombres buenos siguen siendo los más numerosos. en las comisuras de los ojos se le formaron unas profundas arrugas. coman -dijo. Absortos en nuestro festejo. sino que siguió aspirando profundamente el humo de su cigarrillo antes de levantarse y alejarse. -No. que seguramente había crecido en esta capital. lo traje a pasear -respondió. -Yo me apresuré a rechazarlo. -Aquí está fresco y muy bonito -dije poniéndome de pie. -Con eso me basta. así que saqué de la mía un paquete de bollos y se los ofrecí: -Pruebe usted también nuestros bollos. Lo encendió y aspiró una larga bocanada. De inmediato comprendimos que debían ser muchos los sentimientos que se arremolinaban en el corazón de este hombre rudo. Sentimos la frescura del viento. Luego él también se sentó en la hierba. -¡Quiero cinco! -dijo el niño cogiendo el melón.30 río viniendo de la capital. -¿Es su hijo? -le pregunté. -Luego dejó caer de la mano las semillas del melón y gritó en dirección a la puerta del templo-: Ven a descansar. voy a atraparlo -respondió el hombre. -No es mi hijo -dijo. -Están limpios. yo ya me voy. Evidentemente el niño. Quisiera adoptarlo. No me respondió. No podía seguir rechazándolo. -¿Y su esposa? -preguntó Fangfang sin poder evitarlo. -Hoy es domingo. sino que le dijo al niño: -Coge tu melón y vete a jugar. habíamos olvidado en qué día estábamos. El niño se fue corriendo. No respondió. con la jaula en la mano. gracias. Bajo su apariencia severa se ocultaba la ternura de un padre. -No es nada. los lavé en el río. El hombre se quedó viendo la figura del niño. cinco. -¿De vacaciones? Yo también -averigüé acerca de ellos y partí el melón con las manos. veía por primera vez este tipo de bollo. si es que él quiere vivir conmigo. traigo la bolsa llena de melones -dijo sopesando la bolsa de la que sacó otro melón. El niñito se dirigió hacia nosotros brincando y retozando. Cogió un pedazo de un bollo y lo puso encima de su bolsa. ven a comer melón. En el techo de tejas laqueadas . imitándolo. Quería decirme que debíamos hacer algo bueno por alguien. -Come. -Bueno. bajando la cabeza y sacando un cigarrillo. Pero él nos arrojó el melón. Parecía disculparse. te lo regalan estos señores -dijo al niño que miraba el bollo de huevos y leche colocado encima de la bolsa. Abrió su bolsa y nos preguntó: -¿Comen melón? -y sacó uno de la bolsa.

pero lo oíamos perfectamente. Se echaba hacia adelante. Bajó la cuesta. Murmuró-: Sería lo mejor. Esto. una nube blanca pasaba. También ella se había fijado en la teja rota de color amarillo dorado que iba a desprenderse. -No debiste de haberle hecho esa pregunta -le dije. A nuestros pies. la atraje hacia mí. quitándole una aguja de pino enredada en sus cabellos. -Claro. -Todavía puede tardar mucho -le dije. esto es lo que yo quería decirles sobre el Templo de la Perfecta Benevolencia adonde fuimos de viaje para nuestra luna de miel. censurado por el gobierno chino.31 de amarillo dorado. A lo lejos se veían las ondulaciones de una colina. lugar en el que residirá hasta la actualidad. Estudió en escuelas de la República Popular China y se graduó en francés en el Departamento de Lenguas Extranjeras de Pekín en 1962. Fangfang. se apretujaban algunas casas de adobe con las paredes encaladas hasta la mitad. Llevando al niño de la mano. se daba la vuelta y luego regresaba hacia atrás. claro -te dije. -¡Aquí hay un grillo! -La voz del niño nos llegaba desde la colina. . De repente. el muchacho se puso a caracolear como un caballo al que le hubieran soltado la brida. -Déjame. se agitaban al viento. tan altos como las viejas espigas secas. Parecía estar muy lejos. En la punta del alero una teja estaba a punto de caerse. columpiando en el extremo del brazo la pesada bolsa de los melones. Fuimos al terraplén donde se había detenido el hombre. -Se soltó. los brotes nuevos de hierba que habían salido con la primavera. en un rellano. Gao Xingjian (China) Breve reseña sobre su obra Escritor chino de nacionalidad francesa nacido en 1940. el hombre caminaba por la vereda que serpenteaba entre los plantíos. En 1988. dando la impresión de que el universo se ladeaba. -¡Quiero cinco! -dijiste con tono malicioso. En la ladera no se veían ni campos en terrazas ni casas. se instala en París como refugiado político. El sendero que descendía por el valle pasaba cerca de las casas. -Ya no hablemos de ello. columpiando su jaula de malla de alambre en dirección al hombre. -¿Crees que vaya a atraparle grillos? Te acuerdas. con los ojos fijos en el valle que se abría detrás de nosotros. -Tienes pasto en el pelo -le expliqué. El hombre se fue en esa dirección. que esperaban la cosecha de otoño. El pequeño valle estaba cubierto de campos con densos sembrados de maíz y mijo. En 1992. de un verde intenso. inmóvil. El hombre estaba de pie en el basamento del muro en ruinas. Los aleros del techo se dibujaban contra el cielo azul. -Esa teja se va a caer -dijo Fangfang. -Fangfang parecía molesta. no vaya a ser que lastime a alguien. más alta aún que la colina donde estábamos y más escarpada también. que me hiciste esta pregunta. Tomando a Fangfang del brazo. Quizá llevaba años ahí.

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Francia le otorga el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. Ha sido galardonado con el Premio de la Comunidad Francesa de Bélgica en 1994 y el Premio del Año uevo Chino en 1997. En 2000 gana el Premio obel de Literatura. Su carrera literaria se inicia con la publicación de historias cortas, ensayos y dramas en revistas literarias chinas. Entre sus obras se cuentan: Primer ensayo sobre las técnicas de la novela moderna (1981), Señal de alarma (1982), Parada de autobús (1983), El hombre salvaje (1985), Un pichón llamado Pico Rojo (1985), La otra orilla (1986). El templo pertenece al libro Una caña de pescar para el abuelo, publicado por Ediciones del Bronce.

TORITO Julio Cortázar (Argentina) A la memoria de don Jacinto Cúcaro, que en las clases de pedagogía del normal "Mariano Acosta", allá por el año 30, nos contaba las peleas de Suárez. Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la biaba. Andá, andá, qué venís con consuelos vos. Te conozco, mascarita. Cada vez que pienso en eso, salí de ahí, salí. Vos te creés que yo me desespero, lo que pasa es que no doy más aquí tumbado todo el día. Pucha que son largas las noches de invierno, te acordás del pibe del almacén cómo lo cantaba. Pucha que son largas... Y es así, ñato. Más largas que esperanza'e pobre. Fijáte que yo a la noche casi no la conozco, y venir a encontrarla ahora... Siempre a la cama temprano, a las nueve o a las diez. El patrón me decía: "Pibe, andáte al sobre, mañana hay que meterle duro y parejo". Una noche que me le escapaba era una casualidad. El patrón... Y ahora todo el tiempo así, mirando el techo. Ahí tenés otra cosa que no sé hacer, mirar p'arriba. Todos dijeron que me hubiera convenido, que hice la gran macana de levantarme a los dos segundos, cabrero como la gran flauta. Tienen razón, si me quedo hasta los ocho no me agarra tan mal el rubio. Y bueno, es así. Pa peor la tos. Después te vienen con el jarabe y los pinchazos. Pobre la hermanita, el trabajo que le doy. Ni mear solo puedo. Es buena la hermanita, me da leche caliente y me cuenta cosas. Quién te iba a decir, pibe. El patrón me llamaba siempre pibe. Dale áperca, pibe. A la cocina, pibe. Cuando pelié con el negro en Nueva York el patrón andaba preocupado. Yo lo juné en el hotel antes de salir. "Lo fajás en seis rounds, pibe", pero fumaba como loco. El negro, cómo se llamaba el negrito, Flores o algo así. Duro de pelar, che. Un estilo lindo, me sacaba distancia vuelta a vuelta. Áperca, pibe, metele áperca. Tenía razón el trompa. Al tercero se me vino abajo como un trapo. Amarillo, el negro. Flores, creo, algo así. Mirá como uno se ensarta, al principio me pareció que el rubio iba a ser más fácil. Lo que es la confianza, ñato. Me barajó de una piña que te la debo. Me agarró en frío el maula. Pobre patrón, no quería creer. Con qué bronca me levanté. Ni sentía las piernas, me lo quería comer ahí nomás. Mala suerte, pibe. Todo el mundo cobra al final. La noche del Tani, te acordás pobre Tani, qué biaba. Se veía que el Tani estaba de vuelta. Guapo el indio, me sacudía con todo, dale que va, arriba, abajo. No me hacía nada, pobre Tani. Y eso que cuando lo fui a saludar al rincón me dolía bastante la cara, al fin y al cabo me arrimó una buena leñada. Pobre Tani, vos sabés que me miró, yo le puse el guante en la cabeza y me reía

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de contento, no me quería reír, te imaginás que no era de él, pobre pibe. Me miró apenas, pero me hizo no sé qué. Todos me agarraban, pibe lindo, pibe macho, ah criollo, y el Tani quieto entre los de él, más chatos que cinco e'queso. Pobre Tani. Por qué me acuerdo de él, decime un poco. A lo mejor yo lo miré así al rubio esa noche. Qué sé yo, para acordarme estaba. Qué biaba, hermano. Ahora no vas a andar disimulando. Te fajó y se acabó. Lo malo que yo no quería creer. Estaba acostado en el hotel, y el patrón fumaba y fumaba, casi no había luz. Me acuerdo que hacía calor. Después me pusieron hielo, fijáte un poco yo con hielo. El trompa no decía nada, lo malo que no decía nada. Te juro que tenía ganas de llorar, como cuando ella... Pero para qué te vas a hacer mala sangre. Si llego a estar solo, te juro que moqueo. "Mala pata, patrón", le dije. Qué más le iba a decir. Él dale que dale al tabaco. Fue suerte dormirme. Como ahora, cada vez que agarro el sueño me saco la lotería. De día tenés la radio que trajo la hermanita, la radio que... Parece mentira, ñato. Bueno, te oís unos tanguitos y las transmisiones de los teatros. ¿Te gusta Canaro a vos? A mí Fresedo, che, y Pedro Maffia. Si los habré visto en el ringside, me iban a ver todas las veces. Podés pensar en eso, y se te acortan las horas. Pero a la noche qué lata, viejo. Ni la radio, ni la hermanita, y en una de esas te agarra la tos, y dale que dale, y por ahí uno de otra cama se rechifla y te pega un grito. Pensar que antes... Fijáte que ahora me cabreo más que antes. En los diarios salía que de pibe los peleaba a los carreros en la Quema. Puras macanas, che, nunca me agarré a trompadas en la calle. Una o dos veces, y no por mi culpa, te juro. Me podés creer. Cosas que pasan, estás con la barra, caen otros y en una de esas se arma. No me gustaba, pero cuando me metí la primera vez me di cuenta que era lindo. Claro, cómo no va a ser lindo si el que cobraba era el otro. De pibe yo peleaba de zurda, no sabés lo que me gustaba fajar de zurda. Mi vieja se descompuso la primera vez que me vio pelearme con uno que tenía como treinta años. Se creía que me iba a matar, pobre vieja. Cuando el tipo se vino al suelo no lo podía creer. Te voy a decir que yo tampoco, creéme que las primeras veces me parecía cosa de suerte. Hasta que el amigo del trompa me fue a ver al club y me dijo que había que seguir. Te acordás de esos tiempos, pibe. Qué pestos. Había cada pesado que te la voglio dire. "Vos metele nomás", decía el amigo del patrón. Después hablaba de profesionales, del Parque Romano, de River. Yo qué sabía, si nunca tenía cincuenta guitas para ir a ver nada. También la noche que me dio veinte pesos, qué alegrón. Fue con Tala, o con aquel flaco zurdo, ya ni me acuerdo. Lo saqué en dos vueltas, ni me tocó. Vos sabés que siempre mezquiné la cara. Si me llego a sospechar lo del rubio... Vos creés que tenés la pera de fierro, y en eso te la hacen sonar de una piña. Qué fierro ni que ocho cuartos. Veinte pesos, pibe, imagínate un poco. Le di cinco a la vieja, te juro que de compadre, pa mostrarle. La pobre me quería poner agua de azahar en la muñeca resentida. Cosas de la vieja, pobre. Si te fijás, fue la única que tenía esas atenciones, porque la otra... Ahí tenés, apenas pienso en la otra, ya estoy de vuelta en Nueva York. De Lanús casi no me acuerdo, se me borra todo. Un vestido a cuadritos, sí, ahora veo, y el zaguán de Don Furcio, y también las mateadas. Cómo me tenían en esa casa, los pibes se juntaban a mirarme por la reja, y ella siempre pegando algún recorte de Crítica o de Última Hora en el álbum que había empezado, o me mostraba las fotos del Gráfico. ¿Vos nunca te viste en foto? Te hace impresión la primera vez, vos pensás pero ése soy yo, con esa cara. Después te das cuenta que la foto es linda, casi siempre sos vos que estás fajando, o al final con el brazo levantado. Yo venía con mi Graham Paige, imaginate, me empilchaba para ir a verla, y el barrio se alborotaba. Era lindo matear en el patio, y todos me preguntaban qué sé yo cuánta cosa. Yo a veces no podía creer que era cierto, de noche antes de dormirme me decía que estaba soñando. Cuando le

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compré el terreno a la vieja, qué barullo que hacían todos. El trompa era el único que se quedaba tranquilo. "Hacés bien, pibe", decía, y dale al tabaco. Me parece estarlo viendo la primera vez, en el club de la calle Lima. No, era en Chacabuco, esperá que no me acuerdo, pero si era en Lima, infeliz, no te acordás del vestuario todo de verde, con más mugre... Esa noche el entrenador me presentó al patrón, resultaba que eran amigos, cuando me dijo el nombre casi me agarro de las sogas, apenas lo vi que me miraba yo pensé: "Vino para verme pelear", y cuando el entrenador me lo presentó me quería morir. Él no me había dicho nunca nada, de puro rana, pero hizo bien, así yo iba subiendo despacio, sin engolosinarme. Como el pobre zurdito, que lo llevaron a River en un año, y en dos meses se vino abajo que daba miedo. En ese entonces no era macana, pibe. Te venía cada tano de Italia, cada gallego que te daba miedo, y no te digo nada de los rubios. Claro que a veces la gozabas, como la vez del príncipe. Eso fue un plato, te juro, el príncipe en el ringside y el patrón que me dice en el camarín: " No te andés con vueltas, no te vayas a dejar vistear que para eso los yonis son una luz", y te acordás que decían que era el campeón de Inglaterra, o qué sé yo qué cosa. Pobre rubio, lindo pibe. Me daba no sé qué cuando nos saludamos, el tipo chamuyó una cosa que andá a entendele, y parecía que te iba a salir a pelear con galera. El patrón no te vayas a creer que estaba muy tranquilo, te puedo decir que él nunca se daba cuenta de cómo yo lo palpitaba. Pobre trompa, se creía que no me daba cuenta. Che, y el príncipe ahí abajo, eso fue grande, a la primera finta que me hace el rubio le largo la derecha en gancho y se la meto justo justo. Te juro que me quedé frío cuando lo vi patas arriba. Qué manera de dormir, pobre tipo. Esa vez no me dio gusto ganar, más lindo hubiera sido una linda agarrada, cuatro o cinco vueltas como con el Tani o con el yoni aquél, Herman se llamaba, uno que venía con un auto colorado y una pinta bárbara... Cobró, pero fue lindo. Qué leñada, mama mía. No quería aflojar y tenía más mañas que... Ahora que para mañas el Brujo, che. De donde me lo fueron a sacar a ése. Era uruguayo, sabés, ya estaba acabado pero era peor que los otros, se te pegaba como sanguijuela y andá sacátelo de encima. Meta forcejeo, y el tipo con el guante por los ojos, pucha me daba una bronca. Al final lo fajé feo, me dejó un claro y le entré con unas ganas... Muñeco al suelo, pibe. Muñeco al suelo fastrás... Vos sabés que me habían hecho un tango y todo. Todavía me acuerdo un cacho, de Mataderos al centro, y del centro a Nueva York... Me lo cantaban por todos lados, en los asados, por la radio... Era lindo oírse en la radio, che, la vieja me escuchaba todas las peleas. Y vos sabés que ella también me escuchaba, un día me dijo que me había conocido por la radio, porque el hermano puso la pelea con uno de los tanos... ¿Vos te acordás de los tanos? Yo no sé de dónde los iba a sacar el trompa, me los traía fresquitos de Italia, y se armaban unas leñadas en River... Hasta me hizo pelear con dos hermanos, con el primero fue colosal, al cuarto round se pone a llover, ñato, y nosotros con ganas de seguirla porque el tanito era de ley y nos fajábamos que era un contento, y en eso empezamos a refalar y dale al suelo yo, y al suelo él... Era una pantomima, hermano... La suspendieron, que macana. A la otra vez el tano cobró por las dos, y el patrón me puso con el hermano, y otro pesto... Qué tiempos, pibe, aquí sí era lindo pelear, con toda la barra que venía, te acordás de los carteles y las bocinas de auto, che, qué lío que armaban en la popular... Una vez leí que el boxeador no oye nada cuando está peleando, qué macana, pibe. Claro que oye, vos te creés que yo no oía distinto entre los gringos, menos mal que lo tenía al trompa en el rincón, áperca, pibe, dale áperca. Y en el hotel, y los cafés, qué cosa tan rara, che, no te hallabas ahí. Después el gimnasio, con esos tipos que te hablaban y no les pescabas ni medio. Meta señas, pibe, como los mudos. Menos mal que estaba ella y el patrón para chamuyar, y podíamos matear en el hotel y de cuando en

pibe. pensá lo que fue. yo le ganaba con una mano. eso era para ir a verlo. no te abrás mucho y no te cansés de entrada. A la mitad de la pelea la empecé a pasar mal. Una vez en El Gráfico un coso escribió que yo no tenía estilo. qué le vas a hacer. pero a la vuelta era distinto. al rato de empezar ya veía todo colorado y le metía nomás. cómo fajás. Otra que ganar.. se me iba para todos lados. esa fue pelea. che. la tirás muy abierta. si no me salía nada. el trompa no me sacaba los ojos. me decía el trompa. que no dejés entrar así. igualito. con los gringos. Como a Legui. y me daban unas ganas de salir atropellando y no parar hasta el campeón. Te creés que yo no lo sabía. solamente que me salía y si me salía bien para qué te vas a afligir.. Por qué justo tengo que venir a embocarla en esa pelea. dale abajo.. y yo le dije te gané pero para mí que la empatamos. no te puedo explicar. Una cosa que me duele es que no te dejan levantar. y unas ganas de ganar para que vieran que. se me agachaba hasta el suelo y de abajo me zampaba cada piña que te la debo. entendés. guarda la derecha. No te creas que podía divertirme mucho. te agarra descuidado y te dobla. y nada que hacerle. Vos ves cómo fue con Rayito. después no me acuerdo mucho. No te voy a decir que yo era como Rayito. y todos brindaban y era un lío que no te puedo contar. y un estilo. "Ya te vas a dar el gusto.. Y a Mocoroa igual. y me dijo qué fenómeno. Y yo meta a la cara. Vos sabés lo que es toda la barra ahí. Yo le oía todo pero después salíamos y meta biaba los dos. todo de nuevo como antes. Mejor dormirse. Lástima esta tos. pero siempre me quedaba con sed de verde. ahora hay que cuidarse. Pensás y pensás. Me acuerdo cuando la pelea con Mocoroa. Vos sabés lo que es el estilo. qué querés. Y bueno.. no como en Nueva York. che. no te parece. no se achicaba nunca. pibe. ya sé. no como esos que la empiezan a zapallazo limpio. Son cosas que para qué. el patrón menos todavía. y después que yo no estaba bien. y vos sabés cómo pegaba Víctor. Flor de leñada. Menos mal que me dejaba matear un poco. y el patrón ponía los discos de Carlitos y los de Pedro Maffia. está bien que no lo saqué pero lo pude. Y vuelta a empezar todos los días. el patrón me agarraba la cabeza y decía pibe no te abrás tanto. El patrón pensaba que le podía ganar por puntos. No le voy a disparar.. mirá que aquél te va a boxear todo el tiempo.35 cuando caía un criollo y dale con los autógrafos. Pero lo mismo pensaba todo el tiempo en Buenos Aires. Y claro. todo el día en el agua. che. yo aquí era el campeón y él me desafió.. con la barra ahí y todo te juro que tenía un cansancio en el cuerpo. Me dio una bronca. Mejor no acordarse. estás ahí y cuando hay que hacer una cosa vas y la hacés sobre el pucho. y hasta el final que no podíamos más. claro. no te parece. estaba toda la barra y fue lindo verlo al pibe que se reía. siempre con el entrenamiento y la comida cuidada. Como modorra. tenía derecho. mirá que el coso no es macana. mejor no acordarse. qué le vas a hacer. más de una vez lo fui a ver y me gustaba el pibe. Esa vez no sentí nada. No tenía ánimo. Y los sueños igual. y Mocoroa lo mismo. y el tango que me hicieron. Y la barra del ringside. No hablaban más que del campeonato. arriba abajo los tres minutos. te juro que a la mitad ya estábamos con bronca y dale nomás. fue algo grande. pibe". viejo. mucha leche y estar quieto. Yo qué te voy a decir. estaba peleando de nuevo con Peralta. tené cuidado con la derecha. y siempre lo malo. qué te vas a entrenar bien si estás triste. che. dale que va.. yo no sé si sabés que me habían hecho un tango. la otra noche. a las cinco estoy despierto y meta mirar p'arriba. y me cambiaba los sparrings y meta salto a la soga y bife jugoso. Me quisiera olvidar de todo. fue macanudo. Y bueno. pibe. te juro. Y una vez me acuerdo que fuimos con ella y el patrón a una playa. total aunque soñés con las peleas a veces le acertás una . Ya sé. pero no te vas a creer que no me daba cuenta. Vos sabés que dos meses antes ya lo tenía al patrón dale que esa izquierda va mal.. Vos sabés que esa noche después de la pelea nos juntamos en un bodegón. y a ver si me lo fajás bien a ese gringo pa que aprendan cómo somos los argentinos. me tenían fe.. toda la hinchada.

-Mujer no es una de esas publicaciones acarameladas para burguesas que hacen régimen. violencia. Dale un vistazo. el ambiente se volvió irrespirable. titulares en azul. Como cuando el príncipe. pibe. CORAZONES SOLITARIOS Rubem Fonseca (Brasil) Trabajaba yo en un diario popular. Pero ya vendrán. Aquí sólo usamos nombres del agrado de la Clase C. ¿Qué nombre quieres usar? Pensé un poco. con las ventanas cerradas y el aparato de aire acondicionado que no funcionaba bien. -Pero fuera de mi área -le dije. Peçanha me tiró un ejemplar del diario.36 linda y la gozás de nuevo. como reportero de la sección Policiales. -Crímenes así. no es un nombre como cualquier otro. y estás durmiendo que es un gusto y no tosés ni nada.aquí nadie. qué plato. Me gusta más leer libros. Querida Elisa Gabriela. desapariciones. La cosa es cíclica. Peçanha sacó una caja de habanos de dentro del cajón y me ofreció uno.. corrupción. finalmente -la irritación de Peçanha había ido aumentando gradualmente. Y estoy rindiendo dos homenajes. París o Nueva York -decía el editor del diario-. como si estuviese sacando un cierto provecho de ella. Peçanha pitó el habano. corte y confección. -Nathanael Lessa. sexo.. fotonovelas. -Sólo hay pequeños comerciantes que matan al socio. escándalo. pequeños bandidos que matan a pequeños comerciantes. -Bárbaro. no es nombre de Clase C. algunas fotos fuera de foco. Sólo hay que saber esperar. que come arroz con porotos. ambición. policías que matan a pequeños bandidos. cuando menos se lo espera. estábamos en verano. Antes del estallido me despidieron.. Está hecha para la mujer de Clase C. Pero mejor cuando no soñás. y a la que no le importa engordar. esquistosomosis. Formato tabloide. Encendimos los habanos. sorprendido y chocado. -¿Ya leíste Mujer? -preguntó Peçanha. irritado. Admití que no. usa seudónimo masculino. -¿Sería capaz de hacer la sección De Mujer a Mujer. Hacía mucho tiempo que no sucedía en la ciudad un crimen interesante. Está todo podrido. Los habanos eran ordinarios. -Primero. Tercero. mi marido llega todas las noches borracho y. -¿Nathanael Lessa? -dijo Peçanha. De Mujer a Mujer era firmada por una tal Elisa Gabriela. horóscopo. meta dormir nomás toda la noche dale que dale. -¿Qué tiene? Es un nombre como cualquier otro. editor-jefe y propietario del diario Mujer. a punto. -Hay también meningitis.. ni en Roma. dinero. muertes. mentiras. estalla uno de aquellos escándalos que dan material para un año. -Creo que puedo -dije. ni yo mismo. En poco tiempo. ¡Mi .. como si hubiese dicho una mala palabra u ofendido a su madre. nuestro consultorio sentimental? El tipo que la hacía se fue. mal de Chagas -dijo Peçanha. Segundo. estamos en una mala época. Comienzas hoy. entrevistas con artistas de televisión. involucrando a una rica y linda joven de la sociedad. nombres lindos. Cosas pequeñas -le dije a Oswaldo Peçanha. el diario sólo homenajea a quien yo quiero y no conozco a ningún Nathanael Lessa y..

A decir verdad. Nathanael Lessa: Soy bajita. sólo hay hombres diciendo lo que ellas deben hacer. su hija no nació para ser una muñequita. que también tiene veinticinco años de experiencia. pero dice que va a trabajar extra para mandar a Tania Sandra. Dios está con los ojos puestos en ellos y en el juicio final las van a pagar. Enseguida apretó los dientes y golpeó con la uña del pulgar en la dentadura sucia de nicotina. acostumbra decir que está siempre abierto a teorías no comprobadas. Van a pensar que soy marica. ¿Las cartas? No hay ninguna carta. Nosotros no tenemos dinero para eso. marido. por qué? Le pregunté si alguien traía las cartas de los lectores a mi mesa. también conocido como Joáo Albergaría Duval. después cerró la boca. Estimado Dr. Estoy hace veinticinco años en este negocio. comienzas hoy. Fue así como pasé a formar parte del equipo de Mujer. que firmaba la sección Horóscopo. en expedición. la harina de maíz mohosa. nuestra hijita. Nathanael Lessa. Sandra era también conocida como Marlene Katia. ¿Usted no cree que los hijos merecen todos los sacrificios? Madre Diligente. cosas así. Sólo había nombres de mujer. al almacén. mi marido es chofer de ómnibus de la línea Jacaré-Caju. patrón. Mi mesa quedaba cerca de la mesa de Sandra Marina. -Es eso mismo lo que no quiero. está bien. Mujer está revolucionando la prensa brasileña. ¿Crees que la mujer de Clase C escribe cartas? Elisa las inventaba todas. Siempre que voy a la feria. ¿por qué no estudié odontología. -¿No crees que un nombre masculino da más credibilidad a las respuestas? Padre. -Podría agregar dr. Yo solía sufrir mucho pero ahora estoy resignada. ¿No tienes ningún pa- . está bien -masculló Peçanha entre dientes-. mientras me miraba de una manera que debía considerar cargada de significados. Mi primo. Doméstica Resignada. hagas oír tu voz. médico. Me engañan en el peso. Yo sabía que Mujer debía dinero al banco. Nathanael Lessa pega más que Elisa Gabriela. incluso el equipo editorial. por ejemplo. No me vengas con teorías no comprobadas. Peçanha empalideció. como si fuésemos todas comadres. Villa Kennedy. es un diario diferente que no da noticias viejas que pasaron ayer por la televisión. Respuesta: Lave la cabeza de su hijita con jabón de coco y rícele el pelo con pedacitos de papel. Penha. Estaba tan irritado que no le pregunté qué se proponía Mujer. Tú misma eres quien tiene que defenderse. Estimado Dr. al hacer entrevistas. al peluquero. Dr. se burlan de mí. -¡Cuernos!. Machado Figueiredo. a mi nombre. el poroto está podrido. Sugiero que grites. Más tarde o más temprano me lo diría. sacerdote. Dio un mordisco en el habano para controlarse. la hija de nadie. Me dijo que hablase con Jacqueline. Había egresado hacía poco tiempo de la escuela de comunicaciones y vivía lamentándose. Era un muchacho pálido. Yo sólo quería el empleo. Aquí ellas se sienten dueñas de su nariz. haz escándalo. de largos y ralos bigotes. Jacqueline era un negro grande de dientes muy blancos. Agarre el dinero de las extras y compre alguna cosa más útil: comida. Nathanael Lessa: Conseguí una beca de estudios para mi hija de diez años. Todas sus compañeritas van a la peluquería. Respuesta: Dios no está con los ojos puestos en nadie. por lo menos una vez por semana. pareciendo que iba a silbar. gordita y tímida. confían en uno. en una escuela superfina del barrio norte. De cualquier manera. a la frutería. Queda como de peluquería. Queda mal ser el único aquí dentro que no tiene nombre de mujer. y sus labios gordos temblaron como si tuviese un grano de pimienta en la lengua.37 nombre es María de Lourdes! Miré otra vez el diario. en el vuelto. en el Banco del Brasil. Y encima de la mesa de Peçanha había una carta de recomendación de mi primo. Al oír el nombre de mi primo.

Dios mío. esperanza. Fui a almorzar. Pon alegría. en nuestros corazones. eran otros dos homenajes. ¿Cuántos jóvenes ricos y bellos se matan o se pierden en los horrores del vicio? La felicidad está dentro de nosotros. también sirve. pues es un hombre sincero. pero que primero quiere probar. Estaba con mis trabajos en la mano. Trabaja en el Ministerio de Transportes y dice que quiere casarse conmigo. pero puedes llamarme Agnaldo. Elige un nombre. El fotógrafo de las novelas vino a hablar conmigo. Respuesta: Grabe esto en su corazón. Si Norma Virginia o cualquiera fuese su nombre. Si dice que te deja. Le expliqué que Peçanha acababa de comunicarme eso y que necesitaba por lo menos dos días para escribir. No eres grosella ni sopa de verdura para que tengas que ser probada.38 riente en la policía? O si no un bandido amigo. mientras miraba el techo y fruncía la boca-. ¿cómo debo tratar a nuestras lectoras? -No me vengas con dialéctica. Recuerda a aquel lord inglés que dijo que su éxito con las mujeres se debía a que él trataba a las señoras como putas y a las putas como señoras. pero no dije nada de eso a Peçanha. Al día siguiente. ¿Estás con la papa lista? Papa era la novela. pero lo que me preocupa es estar sola. -Está bien. Estimado Dr. vale la pena intentar. que le ladra al dueño. ni un barrio fino dan la felicidad. tranquilidad y seguridad en las cartas. cuando vaya a cobrar su pensión. tengo miedo de lo que me espera. ¿Qué es lo que pensaba de mí ese fotógrafo idiota? El hecho de haber sido reportero de policiales no significaba que yo fuese una bestia. Solitaria de Santa Cruz. no es fumeti italiano traducido. Solitaria de Santa Cruz: ni el dinero. entrégate. Respuesta: Fíjate bien. vieja y viviendo lejos. ¿Qué piensa? Virgen Loca. a los cincuenta y cinco años de edad. haciendo un ruido de perro grande. ronco y domesticado. -¡Ah. Entonces. No quiero que las trates como putas. la idea que la gente se hace de la Clase C! -exclamó Peçanha. encontraremos la felicidad. Norma Virginia escribía la novela en quince minutos. -¿Días? Ja. fea. . Al regreso Peçanha me mandó llamar. sea justa. yo también lo haría. Dr. Nathanael Lessa: Tengo veinticinco años. Él tenía una fórmula. Date una vuelta. Parada de Lucas. Elegí Clarice Simone. Si somos justos y buenos. ni la juventud. -¿Dónde está la gracia? -pregunté. Sea buena. ame al prójimo como a sí misma. Quienes gustan ser tratadas con malas palabras y puntapiés son las mujeres de la Clase A. Virgen Loca. ja -se rió. sonríale al tesorero del Instituto Nacional de Previsión Social. Encontré a este muchacho que dice que me ama mucho. además. -Hay algo aquí que no me gusta -dijo. Fe y mantente firme. Pobre. Peçanha me llamó y me preguntó si podía. soy dactilógrafa y virgen. eso es lo que quiero. escribía una novela en quince minutos. balanceando la cabeza pensativamente. Nathanael Lessa: Mi marido murió y me dejó una pensión muy pequeña. pero. Búscale la vuelta. hombres sinceros quedan pocos. Olvida al lord inglés. gordita. -Mi nombre es Mónica Tutsi -dijo-. -Nosotros producimos nuestras propias fotonovelas. regresa en quince minutos y tendrás tu novela lista. pregúntale qué es lo que va a hacer si no le gusta la experiencia. ni la belleza. escribir la fotonovela. -¿Qué? -pregunté. -Yo también tengo una fórmula.

) Cuando Roberto llega verifica que la Superputa es Betty. Un niño rico es robado por los gitanos y lo dan por muerto. licuadora. ponerme bastante colorete. ¿Dónde voy a conseguir la mansión rica?. (Atención Mónica Tutsi. que es muy trabajador. Respuesta: ¿Equivocado. ¿Y qué es eso de sofocleano? Roberto y Betty están comprometidos y van a casarse.39 Había leído todos los trágicos griegos. por qué? ¿Estás haciendo mal a alguien con eso? Tuve ya otro consultante al que le gustaba vestirse de mujer. Alguien dirá. Los dos jóvenes se retiran para la cámara nupcial. ¡cielos!. enceradora. desesperada. Ah. Uno de los gitanos es baleado por la policía. a mí me toca siempre la peor parte. Se sacan la ropa. otra allí. ¿Dónde voy a conseguir la carreta? Haz otra. los beckets. -Pero no sirve para fotografiar. (Atención Mónica Tutsi: ¿qué tal un final ambiguo haciendo aparecer en la cara de los dos un éxtasis no fraternal? ¿Eh? Puedo también modificar el final y volverlo más sofocleano: los dos sólo descubren que son hermanos después del hecho consumado. ¿Estoy equivocado? Pedro Redgrave. Ya vuelvo. los o'neills. Los millonarios mandan a la policía a apresar a los gitanos. Un amigo de Roberto. rubios de ojos azules. los ibsens.los dos jóvenes rubios esbeltos de ojos azules? Nuestros artistas son todos medio mulatos. Nathanael: Me gusta cocinar. economizó dinero para comprar un departamento y amueblarlo. Ella vive en una fastuosa mansión y tiene muchos automóviles. El gitanillo vive en una carreta. la joven salta por la ventana del convento. El chico crece pensando que es un gitano verdadero. Tiago. los chejovs. Tijuca. plancha automática y secador de cabellos. ¡Oh! -dice la chica-. Un día encuentra a una muchacha riquísima y los dos se enamoran. -Una palabra vale por mil fotografías -dijo Mónica Tutsi-. esbeltos. No tenía más que tomar una idea aquí. Nadie sabe que me gusta hacer esas cosas. tal vez el portero: ¡Crecer es sufrir! Fin de la novela. combinado. Dr. Los dos se abrazan. Ambos son castos. pasarme rimmel en los ojos. sorpresa terrible. Tiago lleva entonces a Roberto a la casa de la Superputa Betatrón. con televisión en colores. ¿los automóviles?. pintoresco y romántico convento en medio de un bosque florido. muchacho. Vuelvo en quince minutos. y listo. Betty también trabaja. ¿el convento pintoresco?. tostadora. -Una pizca de Romeo y Julieta.¡Tú eres mi hermano desaparecido! -grita la joven. Roberto. heladera. su noviecita. Llevaba una vida normal. le pregunta: ¿Vas a casarte virgen? Precisas iniciarte en los misterios del sexo. Las dos familias no quieren que se casen. Tengo que hacer todo en dos horas. Pero por sobre todo me gusta colocarme un vestido largo de baile. Resuelven huir. máquina de lavar platos.) -Me gustó tu historia -dijo Mónica Tutsi. ¿qué es esa cadena de oro con medalla salpicada de brillantes que tienes en el pecho? -¡Ella tiene una medalla igual! ¡Son hermanos!. Son lindos. pintar mis labios con rouge carmesí. Me gusta mucho también bordar y hacer crochet. ¡Oh!. el nombre tiene una pizca de ficción científica. ¿el bosque florido? -¿Dónde voy a conseguir -continuó Mónica Tutsi como si no me hubiese oído. En la fuga encuentran a un monje piadoso y sabio que consagra la unión de los dos en un antiguo. productiva y . los shakespeares. estrellándose allá abajo. las four hundred best televisión plays. muchacho. Surgen conflictos. ¡qué sensación! Es una pena que tenga que quedarme encerrado en mi cuarto. Pero el amor de los dos jóvenes enamorados es mayor que todas esas vicisitudes. romper con sus familias. una cucharadita de Edipo Rey -dije modestamente. Un primo rico de la muchacha es asesinado por los gitanos. La fecha de casamiento ha sido fijada. batidora. lavarropas.

Calma. ¿Lo juras? No sé si decirlo o no. Estoy pensando en usar un vestido de satén e ir al Teatro Municipal. todo. sucios babosos. escribe siempre. la estupidez. sé que ese no es tu nombre. una persona que no perdió su inocencia. Viste tus vestidos largos. ¿qué es lo que crees? -No creo nada -dije. ¿Qué piensas? Ahora voy a hacerte una maravillosa y gran confidencia. pero quiero que mantengas el mayor secreto sobre mi confesión. Respuesta: Pedro. ya tuve oportunidad de conocer una novia de esas bien serias. -¿Crees que sea una broma? -preguntó Peçanha. fui a hacer tu dramón y me dijeron que está calcado en un film italiano. Me hizo preguntas sobre la fotonovela sin interesarse. Nathanael Lessa. enfrentando altanero la envidia y la insidiosa alevosía de los pobres de espíritu. Escribe siempre. voy a fotografiar la historia. -¿Virginia? Mi nombre es Clarice Simone -dije-. no obstante. ¿Qué cosa más idiota es esa de pensar que sólo las novias de los italianos son putas? Pues mira. -Está bien muchacho. Continúa así. déjame pensar. las canalladas. -Extraño. dotado de gran potencial energético y alta velocidad. por las respuestas. era hasta hermana de caridad. pero no importa. En la próxima carta te contaré más. Betatrón es un aparato para la producción de electrones. -Todas las cartas deben ser de mujeres -advirtió Peçanha. -Canallas. Mi sensible Nathanael. pinta tu boca de escarlata. -¡Diablos! Ese es un nombre de puta -dijo Mónica Tutsi con admiración. Virginia. que prometo guardar en las arcas inviolables de mi recóndita conciencia. Pedro Redgrave. Me senté a la máquina. Y puede no ser. Y mi boca ha estado roja como la sangre de un tigre y el despertar de la aurora.40 útil a la sociedad. cuenta conmigo. Peçanha preguntó: -¿Estas cartas también son verdaderas? -Las de Pedro Redgrave lo son. Después añadió: -Agrega en tu carta una frase animadora. muy extraño -dijo Peçanha golpeando con las uñas en los dientes-. Toda mi vida he sufrido las mayores desilusiones por creer en los otros. Soy. activado por la sección de un campo magnético que varía rápidamente -dije. retirándose. escribe siempre. El parecía estar preocupado por algo. Adorna tu cuerpo sediento de sensualidad. Pedro. -Diablos -dijo Mónica Tutsi-. Aguardo tu carta con tus secretos. Comprensivo Nathanael Lessa: He usado gloriosamente mis vestidos largos. Le entregué la carta a Peçanha. me chocan mucho. básicamente. -No lo creo. . pecosa. . La miró poniendo cara de tira que examina un billete groseramente falsificado. sólo porque fui reportero de policiales me llaman plagiario. -Pero ésa es verdadera -dije. pon color en tu vida. Dame tiempo. tal vez. ejerciendo los desafíos de tu corajuda mente. La perfidia. y fueron a ver: resultó que también era puta. como por ejemplo. tanto que llegó a ser obrero modelo. el impudor. ¿La Betatrón puede ser mulata? ¿Qué es Betatrón? -Tiene que ser pelirroja. cómo me gustaría vivir aislada en un mundo utópico hecho de amor y bondad. -Puede ser -dije-. Oh. Peçanha puso cara de reflexión.

¿Frederica puede ser negra? -Buena idea. Quiero enviar una palabra de consuelo a tus lectores. un amor escondido. Soy ciega pero feliz. pero aguantó. Si no puedes casarte. pero las palabras son mías. y juntos enfrentar la vejez. -Eurípides. Amo a otro hombre. Mi querida abuelita está escribiendo la carta por mí. fue desmoralizado. en el pueblo y en el Brasil. Adiós. felicitaciones por tu fuerza moral. humillado. Tesio descubre el amor pecaminoso de los dos. Veamos ahora tu respuesta. si no hago eso los cretinos no me respetan. dedícate. como los otros. casado en segundas nupcias con Frederica. Haz rezar una misa en mi memoria. No tengo fuerzas para resistir y luchar. Hipólito. ¿Cuántos libros crees que leyó Peçanha? -Ninguno. del primer matrimonio. un haz de luz en las noches de tormenta. como los otros. por tu fe inquebrantable en la felicidad. huye de su casa y vaga desesperado por las calles de la ciudad cruel hasta ser atropellado y muerto en la Avenida Brasil. Mírame bien a los ojos. un amor interdicto. bancario. Frederica se enamora de Hipólito. Las almas de aquellos que se desesperan en la adversidad deberían nutrirse de tu edificante ejemplo. tiene un hijo. . acostarnos abrazados en las arenas de las playas. procesado. un amor prohibido. Quedaría mejor que colocaras Camino del Catavento. con Dios y con mis semejantes. para que ellos. Pedro! ¿Vas a renunciar ahora que encontraste el amor? Oscar Wilde sufrió como el diablo. Para un hombre de mi inteligencia y sensibilidad basta con mirar a su alrededor. Cieguita Feliz. Es mejor morir. júntate. pero Camino del Unicornio suena a falso. Hagan testamento. Hipólito pide perdón a su padre. ridiculizado. Respuesta: ¡Vamos. Pero no pienses que soy analfabeta.41 -¿Qué tal la carta de la cieguita? -pregunté. en Lins de Vasconcelos. en el bien. bailar en boites. Peçanha me devolvió los papeles. Frederica se ahorca en el árbol de la quinta de la casa. Me senté a la máquina: Tesio. Voy a contarte una cosa: conozco el alma humana y no preciso a ningún griego viejo para inspirarme. aprende. más despierta? Mónica Tutsi me miró bien a los ojos y dijo: -Creo que estás loco. ¿Has visto ya alguna persona más alerta. besarnos en los jardines y en los cines. vive en la Boca do Mato. no te desanimes. -¿Cuál es el condimento aquí? -preguntó Mónica Tutsi. Leí millares de libros. Continué: -Cito los clásicos apenas para mostrar mi conocimiento. Y él también me ama. estoy en paz. un amor secreto. Peçanha encendió un habano. Aprende. Postdata: Olvidé decir que también soy paralítica. Felicidades para todos. Nathanael: Amo. No podemos casarnos. Pero Tesio e Hipólito tienen que ser blancos. que sufren tanto con pequeñas desgracias. se miren en mi espejo. Peçanha agarró la carta de la cieguita y mi respuesta y leyó en voz alta: Querido Nathanael: No puedo leer lo que tú escribes. como los otros. Soy cieguita. como los otros. Camino del Unicornio. Nueva Iguazú. condenado. Viva el Brasil y su Pueblo. uno en favor . Esta es mi última carta. Esto es de gran escuela.Conmovedor. suda tu camisa. como los otros. la enfermedad y la muerte. Pero no podemos andar por la calle tomados de las manos. o algo así. -Tu futuro está en la literatura. Como fui reportero de policiales. Pedro Redgrave. Cieguita Feliz. pecado y muerte. Mi abuelita adorada me lee todo. como los otros.

colchón el Anatom. sin entender nada. decía ella. era también el rubí. en un gesto grave. -Coincidencia. retirándose con la otra Mónica. una maravilla. coliflor. color el azul. harina de mandioca y longaniza frita. continuaría amándote. esplendorosa y gratificante como la nuestra. -Que tengan el mismo nombre -dije. En la cama ninguna pareja fue presa de tamaña locura. por favor. resplandeciente. Y estábamos intercambiando esos juramentos cuando una voluntad de ser verdadero me golpeó hondo como una puñalada y le pregunté: ¿si no tuviese dientes. Pero. me decía ella. respondía yo. Pero no era sólo eso lo que nos unía. harina de mandioca y longaniza frita. no dejaría de amarte. Si fueras jorobada. como los otros. egoístas. Si fueses viejo e impotente. Mónica Amelia nos observó atentamente. Defiéndanse. pero si hubiésemos estado en un circo y cobrado entrada. disimulados. Es en legítima defensa. no hagas ningún gesto alocado. Entonces me saqué la dentadura y la puse encima de la cama. Si fueses sordomudo. Aquí dentro soy Mónica Tutsi. ¿Sabes lo que son dos personas perfectamente sincronizadas? Esas éramos nosotros dos. film de far-west. Nos quedamos los dos mirando la dentadura. religioso y metafísico. -Qué coincidencia -dije. -Afuera soy Agnaldo. -¿Él se llama Mónica? -preguntó Mónica. ¿Imagina cuál era el de María? Arroz. La de María. -Me dijiste que tu nombre era Agnaldo -dijo. bebida chop. -Cuando me case. continuaría amándote. nos volvíamos ricos. pasatiempo el Amor. decía ella. Usen la Ley y el Sistema en vuestro beneficio. -Mónica Tutsi. no es por ufanarme. ¿También eres Tutsi? -No. Mi piedra preciosa preferida es el rubí. Mónica Amelia. Si fueras bizca no dejaría de amarte. Exploten. muchacho. decía ella. respondía yo.42 del otro. Número de la suerte 7. Si fueses barrigón y feo. ¿valen tanto? Odontos Silva. Lo que nosotros hacíamos en la cama. Veía a dos personas circunspectas. Despojen. Nathanael. yo y María. señalando al fotógrafo. Sean. -Mi nombre es Clarice Simone -dije. mi hijo o mi hija se va a llamar Hei Psiu -dije. desinteresadas por el propio nombre. si no tuvieses dientes continuaría amándote. implacables. Las cartas sólo eran publicadas con su visto. Y lo repetíamos varias veces por día. todo igual entre yo y ella. Hice llegar a Peçanha la carta y la respuesta. libro El Principito. continuaría amándote. imaginativa. -Te estás volviendo nihilista -dijo Mónica Tutsi. lo debes imaginar. yo y María. poroto. -O Fiu Fiu -silbé. Si te faltara una pierna. . Mónica Tutsi apareció con una muchacha. poroto. se colocó el vestido y dijo: voy a comprar cigarrillos. demasiado cansadas para bromas. Mónica Amelia se quedó mordiéndose una uña y mirando a Mónica Tutsi. no dejaría de amarte. Mi plato preferido es arroz. coliflor. original. ¿qué cosa? -preguntó Mónica. míseros pedacitos de marfil. Si estuvieses toda marcada de viruela. obstinada. continuaría amándote. Hasta hoy no volvió. -¿Es un nombre chino? -preguntó Mónica. Nathanael: ¿Sabes lo que es que dos personas se gusten? Eso éramos nosotros dos. hasta que María se levantó. -Esta es Mónica -dijo Mónica Tutsi. día lunes. música el samba. Club el "Vasco da Gama". explícame lo que sucedió. señalando al fotógrafo. intolerantes e hipócritas. ¿El amor acaba de repente? Algunos dientes. encima de la sábana. capaz de desempeño tan hábil. respondía yo. me amarías? y ella respondió.

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Cuando iba a responder, apareció Jacqueline y dijo que Peçanha me estaba llamando. En la sala de Peçanha había un hombre de anteojos y barba. -Este aquí es el Dr. Pontecorvo, que se dedica a... ¿a qué se dedica usted? -preguntó Peçanha. -Investigación motivacional -dijo Pontecorvo-. Como le iba contando, nosotros hacemos un relevamiento de las características del universo que estamos investigando. Por ejemplo, ¿quién es el lector de Mujer? Vamos a suponer que es la mujer de Clase C. En nuestras pesquisas anteriores ya investigamos todo sobre la mujer de Clase C, dónde compra sus alimentos, cuántas bombachitas tiene, a qué hora hace el amor, a qué hora ve televisión, los programas de televisión que prefiere, en fin, un perfil completo. -¿Cuántas bombachitas tiene? -preguntó Peçanha. -Tres -respondió Pontecorvo sin vacilar. -¿A qué hora hacer el amor? -A las 21.30 -respondió Pontecorvo rápidamente. -Y, ¿cómo hacen ustedes para descubrir todo eso? ¿Llaman a la puerta de Doña Aurora, entran en los monobloques del Instituto Nacional de Previsión Social; ella abre la puerta y ustedes dicen, buenos días Doña Aurora, a qué hora se pega su encamada? Oiga, amigo, estoy hace veinticinco años en este negocio y no preciso que nadie venga a decirme cuál es el perfil de la mujer de Clase C. Lo sé por experiencia propia. Ellas compran mi diario, ¿entiende? Tres bombachitas... ¡Ja! -Usamos métodos científicos de investigación. Tenemos sociólogos, psicólogos, antropólogos, estadígrafos y matemáticos en nuestro staff -dijo Pontecorvo, imperturbable. -Todo para sacarles dinero a los ingenuos -dijo Peçanha con mal disimulado desprecio. -Además, antes de venir para acá, reuní algunas informaciones sobre su diario, que supongo serán de su interés -dijo Pontecorvo. -¿Cuánto cuesta? -preguntó Peçanha con sarcasmo. -Esta información se la doy gratis -dijo Pontecorvo. El hombre parecía de hielo-. Nosotros hicimos una minipesquisa sobre sus lectores y, a pesar del tamaño reducido del muestreo, puedo asegurarle, sin lugar a dudas, que la gran mayoría, la casi totalidad de sus lectores, está compuesta por hombres de la Clase B. -¿Qué? -gritó Peçanha. -Eso mismo, hombres de la Clase B. Primero, Peçanha empalideció. Después fue enrojeciendo hasta quedar morado como si lo estuviesen estrangulando, la boca abierta y los ojos desencajados; se levantó de su silla, caminó tambaleante, los brazos abiertos como un gorila enfurecido en dirección a Pontecorvo. Una visión chocante, aun para un hombre de acero, como Pontecorvo, o para un ex reportero de policiales. Pontecorvo retrocedió ante el avance de Peçanha hasta que, de espaldas en la pared, dijo, intentando mantener la calma y la compostura: -Tal vez nuestros técnicos se hayan equivocado. Peçanha, que estaba a un centímetro de Pontecorvo, tuvo un violento temblor y, al contrario de lo que yo esperaba, no se tiró sobre el otro como un perro enloquecido. Agarró sus propios cabellos con fuerza y comenzó a arrancarlos, mientras gritaba farsantes, tunantes, ladrones, aprovechadores, mentirosos, canallas. Pontecorvo se escabulló ágilmente en dirección a la puerta, en tanto Peçanha corría detrás de él tirándole los mechones de cabellos que había arrancado de su propia cabeza. -¡Hombres! ¡Hombres! ¡Clase B! -gruñía Peçanha con aires de loco. Después, ya serenado, creo que Pontecorvo huyó por las escaleras, Peçanha volvió a sentarse detrás de su escritorio y me dijo: -Es a ese tipo de gente a la cual el Brasil está entregado; manipuladores de estadísticas,

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falsificadores de informaciones, bromistas con sus computadoras, todos creando la Gran Mentira. Pero conmigo no la van. Coloqué al hipócrita en su lugar, ¿no es cierto? Dije cualquier cosa, concordando. Peçanha sacó la caja de matarratones de su cajón y me ofreció uno. Nos quedamos fumando y conversando sobre la Gran Mentira. Después me dio la carta de Pedro Redgrave y mi respuesta, con su visto bueno, para que la llevase a composición. A mitad de camino, verifiqué que la carta de Pedro Redgrave no era la que yo le había entregado. El texto era otro: Estimado Nathanael, tu carta fue un bálsamo para mi corazón afligido. Me dio fuerzas para resistir. No cometeré ningún acto enloquecido, prometo que... La carta terminaba ahí. Había sido interrumpida en el medio. Extraño. No lo entendí. Algo andaba mal. Me dirigí a mi mesa, me senté y comencé a escribir la respuesta a Odontos Silva: Quien no tiene dientes tampoco tiene dolor de dientes. Y, como dijo el héroe de la conocida pieza Papo Furado, no hubo nunca un filósofo que pudiese aguantar con paciencia un dolor de dientes. Además, los dientes son también instrumentos de venganza, como dice el Deuteronomio: ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. Los dientes son despreciados por los dictadores. Recuerda lo que Hitler le dijo a Mussolini sobre un nuevo encuentro con Franco: Prefiero arrancarme cuatro dientes. Temes estar en la situación del héroe de aquella pieza Judo legal se no Fim Ninguem se Ferro sin dientes, sin gusto, sin nada. Consejo: ponte los dientes nuevamente y muerde. Si la dentellada no es buena, da gritos y puntapiés. Estaba ya en la mitad de la carta de Odontos Silva cuando entendí todo. Peçanha era Pedro Redgrave. En vez de devolverme la carta en que Pedro me pedía que le mandase rezar una misa y que yo le había entregado junto con mi respuesta en la que hablaba sobre Oscar Wilde, Peçanha me había entregado una nueva carta, incompleta, ciertamente por error, y que debería llegar a mis manos por correo. Tomé la carta de Pedro Redgrave y fui hasta la sala de Peçanha. -¿Puedo entrar? -pregunté. -¿Qué pasa? Entra -dijo Peçanha. Le entregué la carta de Pedro Redgrave. Peçanha leyó la carta y percibiendo el error que había cometido empalideció, como era su costumbre. Nervioso, revolvió los papeles sobre su mesa. -Todo era una broma -dijo después, intentando encender un habano-. ¿Estás enojado? -En serio o en broma, me da lo mismo -dije. -Mi vida serviría para escribir una novela... -dijo Peçanha-. Esto queda entre nosotros dos. ¿Está claro? No sabía bien lo que él quería que quedase entre nosotros dos, si el que su vida sirviera para escribir una novela o el hecho de ser Pedro Redgrave. Pero respondí: -Claro, entre nosotros dos. -Gracias -dijo Peçanha. Y soltó un suspiro que cortaría el corazón de cualquiera que no fuese un ex reportero de policiales. FUERON TESTIGOS Rosa Chacel (España) Había ya pasado un cierto tiempo después del mediodía, en realidad un tiempo enteramente incierto, más difícil de precisar que el que tarda una manzana en bajar de la rama a la tierra, pues en éste eran impalpables bloquecillos de piedra los que estaban bajando lentamente y asentándose en la calle.

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Las máquinas que trabajaban en la demolición de una casa acababan de pararse. Los hombres habían caído rápidamente en el descanso, así como los cierres metálicos de almacenes y depósitos, y sólo habían quedado en el aire, fluctuantes y reacias a sedimentarse, las partículas de diferentes géneros y estructuras que componen el polvo. Entre éstas, de opaca y material pesantez, el incógnito tráfico de los olores: aceites, frutas mustias, cueros. No había un alma viva en toda la calle. Sólo, a veces, dejaba asomar en el quicio de una puerta la mitad de su figura un joven sirio que vendía botones y cintas, ocupando media entrada de una casa con sus mercancías. La otra mitad del portal era oscura, la otra mitad del muchacho quedaba en la sombra. La que se asomaba al quicio de la puerta, afrontaba el tiempo sin oasis del mediodía. A lo lejos, en la calle apareció un hombre. Venía por la acera de enfrente a la puerta del sirio. No había nada de notable ni en su aspecto ni en sus ademanes: era, simplemente, un hombre que venía por la acera de enfrente. Sin embargo, al ir aproximándose, su modo de andar fue dejando de ser natural, fue acortando gradualmente el paso o, más bien, su paso fue haciéndose lento, cada vez más lento a medida que avanzaba, y al mismo tiempo fue inclinándose y tendiendo a caer hacia adelante como una vela reblandecida. Al fin, dos casas antes de llegar enfrente, cayó. El muchacho no reaccionó en el primer momento. Esperó a ver si se levantaba. Pero viendo que no, fue a auxiliarle. Cruzó la calle, y a menos de un metro de distancia alargó la mano con intención de levantarle y tirar de él por debajo del brazo. No llegó a tocarle. Detuvo la mano a un palmo de él, quedó un instante paralizado de terror, y al fin echó a correr hasta el almacén que estaba entreabierto. Había algunos obreros comiendo en las mesas y no quisieron hacerle caso. Le decían: "¿Quién es el que está borracho, él o tú?" Pero el sirio insistía, hasta que uno de ellos miró por la ventana y vio el bulto del hombre caído en el suelo. Entonces fueron detrás del muchacho. Suponían que era un accidentado. Cuando estaban ya cerca, el sirio les retuvo diciéndoles: "¡Fíjense bien en lo que le pasa!" El hombre no estaba enteramente inerte, no parecía tampoco que hiciera por levantarse, pero se removía, agitado por una especie de lucha, en la que se veía bien claro que no podía ganar. Porque al empezarse a ver bien claro lo que estaba pasándole, por esto mismo empezaba a ser totalmente incomprensible, humanamente inadmisible. El terror había paralizado a los cuatro hombres, hasta que uno de ellos logró soltarse de la repugnante fascinación rompiendo la cadena que inmovilizaba sus nervios y que estaba tramada por sus nervios mismos, contraídos, rígidos. Con movimientos convulsos como los de un cable que ha llegado a saltar por excesiva tensión, el obrero que se había destacado del grupo dirigió sus pasos otra vez hacia el almacén, y, una vez allí, hasta el teléfono. Le preguntaron qué pasaba, y respondió, pero su voz no era inteligible. Abrió la guía telefónica. Sus manos hacían temblar las hojas, impidiéndole ver los números. Alguien, una mujer, vino en su ayuda y adivinó, sin comprender sus palabras, lo que quería. Pasó atolondradamente las hojas, no encontró nada. Gritó para que viniese el almacenero a ayudarla y, entre los dos, arrebatando el teléfono de las manos del que estaba aferrado a él, pidieron la información de la central. Pero ninguno pudo retener en la memoria el número de la Asistencia Pública que la central había dado. Así, tuvieron que volver a llamar. Al fin, lograron la comunicación y pidieron una ambulancia, dando torpemente las señas del lugar donde se encontraban. Entonces, todos los que estaban en el almacén fueron a comprobar aquello que se obstinaban en no entender. Fueron todos, y el hombre que había ido al teléfono volvió con ellos. Fueron el almacenero y los mozos, otros obreros con dos mujeres que al principio no habían atendido, y la que había acudido al teléfono que era la que trabajaba

Pero los enfermeros exigían explicaciones. ya no era más que esto: una masa sin contornos. cubriendo un espacio cada vez más grande. separados por el terror. Parecía. y se escurrió por entre las losas de la acera. se perdían sin respuesta. Pero antes de llegar a la boca de la alcantarilla. a una viscosidad que retemblaba y delataba algún vapor encerrado en ella pugnando por escapar en una burbuja. Tenía un sombrío matiz. pasase una sola palabra. este conjunto. . iba pasando del estado sólido. Preguntaban dónde estaba el hombre enfermo. hasta que. Los que llegaban. primero. no se había aplacado enteramente. pero se había ido convirtiendo en un temblor semejante al que agita a una masa espesa cuando comienza la ebullición. buscando la cuneta. Todo ello se unía e iba afectando un carácter de material homogéneo. se oyó la campanilla de la Ambulancia y el coche. Los dos camilleros saltaron al suelo y empezaron a abrirse paso. y naturalmente. se le vio detenerse y empezar a empaparse en la tierra. Miraban aquella mancha que se consumía por sí misma y no la reconocían como mancha de sangre. Rodearon al hombre caído que ya no era un hombre caído: ya no era un hombre. y después. en suma. como meros ademanes de una realidad ineficiente. Pues el hombre. si estaba aún vivo. envuelto en el traje. En aquel momento parecía que volvía a cobrar vida. Antes de que hubiese llegado a desaparecer. empieza a mermar rápidamente por los bordes y desaparece sin dejar huella. empleaban el lenguaje usual. de modo que los dedos de sus manos ya no eran independientes entre sí. filtrarse por las junturas de las losas. y lo único que hicieron fue apartarse un poco para que llegasen y viesen. complejo como la angustia o el poder sin límites. Su ligereza llegó a ser entonces como la de esos líquidos muy volátiles cuya mancha. doblando la esquina. como un suspiro lento. pues traje y calzado sufrían idéntica transformación que el hombre mismo. como las gotas de cera que se mantienen redondas porque el aire las comprime alrededor y les crea una película capaz de contener largó rato su masa sin dejarla extender. al abandonar la solidez. la primera porción que quedaba sobre las planchas de granito empezó a reducirse como sumiéndose por los poros de la piedra. Los que formaban el corro. Se había ido sumiendo en sí mismo. obedeciendo a una ley que el ojo humano no registra. de un ser vivo que aún alienta. que acabó por romperse en aquellos puntos en que el nivel del suelo descendía. esa vida con que los líquidos corren apresurados a ganar las parte más bajas. si se vierten en el suelo. no contestaban nada. Llevaban largo rato sin que entre sus labios. sino que la mano era una masa de color más claro que se fundía con la masa de color oscuro que era todo el cuerpo. Aquella forma quedaba aún acusada sólo por una especie de vetas que tardaban en borrarse del conjunto total. Aquel removerse que en un principio pudo parecer la lucha contra algún mal espasmódico que le sacudía. y poco a poco empezaba a tomar la turbia transparencia de un ágata. Ya no conservaba relieve alguno que correspondiese a la forma que había tenido. se iba aplanando contra las losas. y las preguntas de aquellos hombres. su falta de densidad fue haciéndole irregular el contorno. Ya en el primer contacto con aquellas gentes que habían presenciado el prodigio hubo una ruda extrañeza por parte de unos y otros. que no lograban entrar en la comprensión total del hecho.46 en la cocina. y aquella materia que estaban considerando no tenía el irrevocable carmesí que grita la piedad como razón última. se había ido ablandando. y por eso parecen llenos de una sabiduría o de una voluntad que los conduce. vino a pararse junto al grupo de gente. al fin. tendiendo a volverse líquido. Estaban acostumbrados a encontrar en el sitio donde un hombre había caído la mancha que se vierte de las venas rotas. quién se lo había llevado.

exento de toda ejemplaridad. e intentaron acercarse para tomar un poco. Los del grupo dejaron escapar un rumor. Sólo éste. Nadie les escuchaba. Sólo el hombre que había logrado romper la cárcel de aquel pasmo y había establecido el contacto con los de fuera. viendo que de un momento a otro desaparecería el último resto material del fenómeno. que no tenían valor para juzgar ni para negar. al comprobarlo totalmente extinguido. Desde su puerta. trataban de armonizar lo que sabían cierto e increíble con las leyes de la razón ordinaria y decían que en el porvenir se progresaría lo suficiente como para encontrarle una explicación. en que el último punto en que el grano de la piedra fuese aún afectado por un tinte extraño. hostil a la mente. Entonces. Los hombres del socorro retrocedieron. recobraría su color. a resistencias o repulsiones. semejante a la de un alambre que salta por excesiva tensión. Pero los hombres se resistían. hablaron de llevar algo de aquello para analizarlo. El hombre de la voz que no podía reposar seguía delirando los gritos de su mudez. que habían asistido apenas al desarrollo del fenómeno y que por tanto carecían de datos para dar fe de él. o bien que había que aceptar las cosas vedadas al entendimiento que caían del cielo o de donde fuese. menos éste. Sin querer ceder a la estupefacción. Su sonido no era articulado. se nutría una savia de locura. Querían palpar con la mirada el suelo después que no hubiese en él ni un solo testimonio de la existencia que había embebido. aquellos hombres curtidos en el servicio de socorro temían el engaño. era. imprevisibles desde cualquier punto de vista exterior. conservándole otros con gratitud y temor. combatiendo unos el recuerdo hasta lograr lavarse de él. el joven sirio vigilaba el lugar sin perder la certeza de los . volvieron a sus vidas y faenas habituales. una vibración convulsa. el hombre que creyendo nada más ver gritó para despertarse. No quedó sobre las losas ni un aura que advirtiese a los pasajeros dónde ponían la planta. esperando verles ceder en su desconfianza. Otros. Todos se dispersaron por la ciudad y todos. No querían perder aquel instante en que el último matiz se borraría. una especie de rugido rechazando amenazadoramente aquella intrusión que turbaba los últimos momentos en que el prodigio iba a desaparecer sin dejar rastros. Otros. Entonces comprendieron que tenían que dispersarse. sin saber cómo. los hombres últimamente llegados. habían agotado sus fuerzas soportando el proceso desde el principio al fin y. La voz de aquel hombre sonaba entre las preguntas. a veces el acento de los profetas. había quedado sin poder volver a entrar en él y sin poder volver tampoco a ser libre. enajenó su vida al injertarla en la rama de aquella creencia en cuyo sentido. no porque las contestase. porque sólo obedecían a reacciones químicas. empezaron a anhelar aquella fe. Efectos ilógicos. Querían asegurarse de que no habían sufrido una burla. Era como una campana que moviese el viento. y al fin. amenazando con investigaciones judiciales. exhaló. a veces la azarosa armonía de las arpas colgadas al viento. como ya quedó dicho. sino porque no podía callar. el definitivo y total término del hecho empezó a conformarse a las distintas almas como a recipientes de formas diversas. una de las mujeres se interpuso y gritó o. Los que tenían los ojos fijos en la pálida sombra que apenas se distinguía ya en las losas. y el final. al parecer. más bien. en cambio. hablaban de una mentira acordada entre aquel grupo de gentes para encubrir el delito de alguno de ellos. Así. y con lo poco que habían visto empezaron a gritar su convencimiento. el silencio era una guardia sobre las armas que no podía deponerlas antes de la total consumación.47 Entre los que habían asistido desde el principio. lo más que hicieron fue alzarlos alguna vez hasta sus rostros. y de su garganta parecía a veces partir el mortuorio lamento de la hiena. y perezosamente querían no creer que habían visto. pues su voz era como un soplo lejanísimo: "¡No lo toquen!". se sentían liberados de su inhumana opresión. rompió su orden cotidiano. a fermentos. Y al fin llegó a no haberlo.

apretándole el cordel del tiempo alrededor de la garganta como lo hacen los tugs. o bien. nunca tampoco fue claramente defraudado en su suposición. mientras Sencillo iba colgando los recuerdos. repetidamente observados.Quiero que me hilvanen estos recuerdos para mañana. al llegar ya al límite justo. Y siguió atendiendo a sus mercancías sin que nadie notase el misterio que acechaba. parecía atraído de pronto por cualquier desperdicio que iba a revolver y olfatear frívolamente. Nunca. ninguno llegó a pararse en seco.) . cuando los hombres hablaban en latín. Pero esto siguió observándolo indefinidamente sin que sus ojos errasen en una pulgada. existía en el reino de Ovillar un sastre viudo que tenía tres hijos: Tofillo. HISTORIA DE SENCILLO Isidoro Blaisten (Argentina) Tiempo ha. Siempre. como el hombre necesita mirar para ver. en algunos momentos su certeza era más firme porque la corroboraban ciertos hechos que. Jafetillo y Tofillo no daban pie con bola. el sastre viudo murió.UU. porque todos creían que lo que brillaba en su mirada oriental era esa oscura lámpara de fe que arde en los ojos negros que bebieron la luz en sus fuentes. constituían una respuesta muda. El muchacho veía a diario pasar sobre aquellas losas a los transeúntes ocupados en sus quehaceres y no esperaba de ellos ninguna señal. se había clavado la aguja en la vena cava. aguardaba ansiosamente. No tuvo tiempo de nombrar al primogénito. No llegó nunca a sorprender en el animal un movimiento de retroceso o titubeo que le hiciera decir claramente: al llegar aquí no pasa. Jafetillo quería ahorcar a Sencillo. como unos metros antes. más que muda vaga o ambigua. Y aunque nunca obtuvo una confirmación contundente. La lucha entre los hermanos no tardó en desencadenarse. Un día. Sólo logró sorprender en algunos una ligera crispación de la oreja o bien ese curvamiento rápido del lomo con el cual parece que hacen escurrir el miedo hasta la cola.48 palmos de tierra donde todo había acontecido y. Los tres se dedicaban a hilvanar recuerdos. INTIMIDAD Raymond Carver (EE. Esa respuesta que se tiene al interpelar a aquello que sobrepasa las medidas humanas. nunca estaba cuando ellos tenían que matarlo. siempre en otra cosa. a mirar derecho. Sencillo. Jafetillo y Sencillo. Venía un poderoso y les decía: . aunque nunca llegó a dudar. Nunca logró observar más. tomaban el hilo del tiempo y lo estiraban cuan largo era. se desviaba sin mirar. Jafetillo y Tofillo se ponían uno de cada lado. Sabía que la pureza irracional tenía que ser sensible al magnetismo que se desprendiese de aquel trozo de suelo. El lugar donde el prodigio se había logrado estaba tan bien delimitado en su memoria como la planta de un templo cuyos cimientos no pudieran ser gastados por los siglos. Distraído. Pero cuando veía venir un perro. Y sin embargo era el caso que no pasaba. Tofillo trataba a toda costa de agarrarlo distraído para echarle un recuerdo venenoso en el café con leche.

Son las nueve de la mañana. me dice. Dice: Y entonces te metiste de lleno en el engaño. No creo habértelo contado nunca. Dice que soy el culpable de su angustia. Mejor persona. yo podría contarles un par de cosas. Dice: ¿Me estás escuchando? Te estoy escuchando. Te despachaste a gusto. Lo eras. Pero también yo era distinta. porque si no . ¿quién te ha pedido que vengas a verme? Yo no. Dice: ¡Lo que he tenido que aguantar. tengo cuarenta y cinco años. Lo que quiero es que me dejes en paz. por esa época. más que una tragedia. pero la dejé pasar. Creo que estás como una cabra. y el pasado nadie puede cambiarlo. o treinta y seis. Dice: ¿Sabes una cosa? Creo que estás enfermo. Al principio al menos no era así. Tu cantinela preferida. por el amor de Dios. Esto último le hace reír. me refiero. hecho está. y tengo la impresión de tener cincuenta y cinco. Quizá tú también lo eras. le envío los recortes. Dice: ¿Sabes una cosa? También yo tuve mi oportunidad. Todo era distinto entonces. sin duda. Entonces eras diferente. Hastiada de oír hablar de ello. mediada la treintena. Mira. Sí. Tan pronto. que he hecho que se sienta desnuda y humillada. Oye. dice. Tenías que ser mejor persona. y mejor persona. Seguro que en tu carcaj han de quedarte otras flechas. no es cierto. Dice: A veces tengo ganas de gritar. Párate a pensar también en los buenos. No. Bien sabe Dios que fue una tragedia. ahora que puedes.49 Tengo unas gestiones que hacer al oeste del estado. Dice: Piensa que estoy muerta. Está harta del dichoso tema. Mira. grandísimo hijo de perra. Pero de cuando en cuando. Luego empieza a decirme lo que piensa. Una tragedia. Pero me deja pasar. ¡Mírame! Échame un buen vistazo. tal vez porque pienso que puede interesarle. ¿Qué diablos quieres de mí? ¿Sangre? ¿Más sangre? Pensaba que tenías ya la panza llena. Llevo apenas unos segundos sentado cuando me trae café. desde luego. ¿no te creerás todas esas cosas que dicen de ti? No te las creas ni en broma. No. siempre que se publica algo mío o escriben sobre mí en revistas y periódicos -una semblanza. No nos damos la mano. Te volviste contra mí. fue después de que cumplieras los treinta y cinco. No nos hemos visto en cuatro años. Que quede claro: me suena tan familiar que no me siento en absoluto incómodo. me dice. sí. Me dejaste tirada como un trapo. Lo hecho. Todas esas viejas heridas. Pero ella nunca me contesta. yo sí que podría contarles algo bueno. ¿O es que no los hubo? Le gustaría que dejase a un lado los otros. Vaya si empezaste. una entrevista-. así que aprovecho para pararme en la pequeña población donde vive mi ex mujer. la dejé pasar. Quiero que me dejes en paz. No la he llamado por teléfono. No parece sorprendida. señor mío! Y además. Pero ¿a qué viene volver sobre ello? ¿Es que no te cansas nunca de desenterrar la vieja historia? Dice: Deja a un lado el pasado. los malos tiempos al hablar de aquella época. Siempre te has sentido bien en el engaño. imagino. o sesenta y cinco. Pero ahora mírame. los malos. Yo río también. Ni que decir tiene que no nos besamos. que me olvides. digo. Déjame hablar con ellos. Cuarenta y cinco. Me hace pasar a la sala. Deberías olvidar los días duros. Entonces empezaste. Dice: En aquel tiempo yo era más joven. Soy todo oídos. pero en mi caso son los nervios. digo. y la verdad es que no sé cómo va a recibirme. Apareces y entras. no sé cuándo exactamente. ¿quieres? Dice: ¿Por qué no borras toda la pizarra y miras luego lo que queda? ¿Por qué no empiezas de nuevo otra pizarra? Hazlo. Así que déjame en paz. No sé por qué lo hago. a lo mejor llegas lejos. Debes de sentirte muy orgulloso de ti mismo.

Si es que ese sentimiento vale algo hoy día. ha estado usted frecuentando gente que no le conviene. la verdad. ni uno solo. Lo digo con el corazón en la mano. De veras. así te quise. lamento no haber llegado a utilizarlo. como ya te he dicho. Dice: Eres un grandísimo hijo de perra. Sí. a veces. Tuve ocasión de hacerlo. Pero vacilé. ¿lo sabías? Un despiadado e insensible hijo de perra. Has salido de pesca. Al menos eso. Dice: Sinceramente. Hasta un pequeño corte habría bastado para dejarte un buen recuerdo mío. Luego te quité el cuchillo. Ni las botas de Dios ni las de nadie. Pero debería haberlo utilizado. Arrepentimiento. No me interesa gran cosa. ¿no? ¿Me equivoco? No. Creo que sé a qué has venido. Dice: Si te interesa saberlo. Miles de veces. Más que a nada en el mundo. Creo que eso es precisamente lo que más extraño se me hace ahora. vergonzosas. No. al menos. aunque quizá tú no lo sepas. y siento mucho no haberlo utilizado. Admito que tengo tendencia a recrearme en el lado oscuro de las cosas. y al diablo con todo. Pero ¿arrepentimiento? No. Sabes por qué estás aquí. digo. tú. ¿Me acerco? ¿He dado en el clavo? Cuéntame lo del cuchillo.50 nunca habría tenido nada que ver contigo. como dijo alguien. En busca de material. Lo digo en serio. Dice: ¿Te acuerdas de aquella vez que te amenacé con un cuchillo? Lo dice como de pasada. si vamos al caso. Además. digo. Pero ¿qué puedo saber yo? Ya ni siquiera sé qué es lo que sé. Arrepentimiento. Dice: Creo que ahora empiezo a entender. . pero no lo recuerdo bien. Nunca he vuelto a tenerla. Bueno. creo que no. Dice: Siempre has tenido suerte. digo. Por eso te has interesado tanto cuando he sacado a relucir lo del cuchillo. No es un vocablo que utilice muy a menudo. Sé por qué estás aquí. ahí está la manzana de la discordia. cuéntamelo. digo. Creí que ibas a darme una cuchillada. ¿quién te has creído que eres? ¿Te crees Dios o algo parecido? Tú no eres digno ni de lamerle las botas. hermano. Recuerdas las cosas bajas. ¿Te lo han dicho alguna vez? Sí. al menos. Pero no lo hiciste. adelante. supongo que en general no siento nada parecido. ¿Te das cuenta? Es para morirse de risa.. Tengo montones de recuerdos. Pero sé que no me gusta lo que has ido repartiendo a manos llenas. me temo. como si se tratara de algo sin importancia. Seguramente me lo merecía. Al menos sé eso. ¿Te imaginas? Estábamos tan íntimamente unidos en aquella época que apenas puedo creerlo. Dice: Amén. Dudé y la oportunidad se perdió. Dice: Te quise tanto. Dice: Vas a darme la razón en todo. Siento mucho no haber utilizado aquel cuchillo. Vamos. Pero eres un viejo zorro.. Dice: Me pregunto si alguna vez te arrepientes de algo. No tienes principios. Eres capaz de cualquier cosa con tal de escurrir el bulto al menor conflicto. Lo he pensado una y mil veces. Aunque eso no viene a cuento. Me lo quitaste y me diste una bofetada. No mucho. Debería haberte dado un tajo en el brazo. pero no lo hiciste. quiero que me dejes al margen de todo de ahora en adelante. Un pequeño corte. Pero en mi opinión. ¿no? Te das por vencido muy fácilmente. Vagamente. Ahí reside todo el problema. Señor mío. digo. Te quise con locura. Ya sabes a lo que me refiero. Y al punto me arrepiento de haberlo dicho. digo. digo. recuerdas lo que no deberías recordar. Siempre has sido igual. Una intimidad tan grande que me dan ganas de vomitar. No me cabe en la cabeza una intimidad así con otra persona. Aunque tú deberías ser ya un especialista en el tema. Por si no te has dado cuenta. El recuerdo de haber tenido tal intimidad con alguien. En absoluto. Sí.

Dirán: «¿Quién era ella. no correría a echarte encima un cubo de agua. querido. digo. ¡Pues claro que no quieres! ¡Y también sabes por qué! Dice: Querido. Muy bien. Luego me exhibiste y ridiculizaste en tu.51 Dice: Yo siempre digo la verdad. ni el que llevé cuando vivía contigo. para nadie. ¿Cómo pude imaginar algo semejante? Debía de estar muy desquiciada. Era como si no supiera qué cataclismo me había fulminado. digo. ya nada me importaba. Me gané ese derecho. Si quieren preguntar a alguien. Tuve mi oportunidad. pero quiero que seas tú quien me lo diga. Claro que se me rompió. Bien. Yo sé muy bien cómo funcionas. No creo que sea un crimen. Dice: ¿Qué diablos haces aquí? ¿Quieres seguir oyendo cosas? Podría seguir así días y días. le conozco muy bien. Lo puse todo en ti: todos los huevos en la misma cesta. ¡Ya ni siquiera tengo el mismo nombre! Ni el que me pusieron cuando nací. Nadie más que yo. señor. Así. la miro a los ojos. Dice: No puedes mirarme a los ojos. Eso es lo que dicen de ti. Dice: ¿Sabes? Si te estuvieras quemando vivo ahora mismo. Puede que así podamos llegar a alguna parte. ¿eh? Dice (y son palabras literales): Ni siquiera eres capaz de mirarme a los ojos cuando te hablo. Sentía que se me iba a romper el corazón. continúa. pero a veces creo que sería capaz de pegarte un tiro y quedarme mirando cómo estiras la pata. no quiero ofenderte. Aunque duela. de acuerdo. Eso es lo que hice. Y sigue roto. pregúntamelo. Ni los niños. Eso fue lo peor. Yo tengo derecho. Siempre te he conocido bien. «Ahora es feliz. una selva oscura. ¿Cómo se explica eso? ¿A qué vienen todos estos cambios? Pues bien. No quiero entrar en eso. Conozco el fondo de tu corazón.. diles que vengan a hablar conmigo. Al ver que no respondo. tampoco valgo nada para mí misma. al fin y al cabo?» Dice: En cualquier caso.» ¿Sabes? ¡Leí todo lo que me mandaste! ¿Pensabas que no iba a hacerlo? Escuche. Dice: A partir de entonces. que sigo allí sentado y quieto. Dice: Así. si de pronto tu cuerpo se pusiera a arder en este mismo instante. ni nada. digo? Se me había roto. Pero ¿sabes otra cosa? Nadie en todo el planeta se atrevería a decírtela. Pregúntame si me importaba. Esa es la pura verdad. «literatura». Tú deja que vengan por aquí: se enterarán de un buen puñado de cosas. puedes saber mucho de la persona con quien hablas. escucha. a partir del día en que te fuiste. Perfecto.. Un cubo de la basura. Yo estaba allí. Si la miras a los ojos. No se detenía sin más. ni Dios. en pocas palabras. pero ya era tarde. Todos sus recovecos. No. No voy a preguntártelo. sin más. Pero su semblante vuelve a ponerse grave en seguida. te crees alguien que no eres. Tengo ganas de llorar a mares. Todos los huevos podridos en la misma cesta. ni el que tenía hace un par de años. Tu corazón es una jungla. Lo sabe todo el mundo. escucha: quiero que me dejes vivir en paz. por si quieres saberlo. pero la dejé escapar entre los dedos. Y ahora eres feliz. Creo que sé por qué has venido. Por favor. Dice: Se me cayó la venda de los ojos hace mucho tiempo. Durante un tiempo llegué incluso a pensar que volverías. al menos. Pensé: si para él no valgo nada. Pregúntame si pasé vergüenza. No lo olvides nunca. si te interesa saberlo. sino con un chirrido horrible. Ríe ante lo que acaba de decir. Nunca podrás cogerme en una mentira. Dice: Encontraste a otra. Era como si de pronto hubiera dejado de vivir. de lo que no hay duda es de que tú sí me has tomado a mí por otra persona. . y de pronto la vida cesaba. ¿no es eso? No te llevó mucho tiempo. Esa es la verdad. Pero ¿qué puedo saber yo? Eso es lo que dirán en los cien próximos años. Había ido viviendo año tras año. Así está mucho mejor. pero no voy a darte ese placer. Entonces y ahora. ¿Qué. camarada. Para que todo el mundo me compadeciera o se permitiera juzgarme. En primera línea. Vamos.

levántate. Dice: Ahora tengo una vida. Bueno. No se mueve. y cojo el dobladillo de su vestido. No hago más que tocarla así. te he dicho que te perdono. Me llevó bastante tiempo. Tengo la impresión de que el corazón me late más despacio. Vamos. ¿no crees? Me acompaña por el pasillo. Así. quién sabe. Pero sé que estoy donde debo estar. Así estaba yo. Alargo la mano y le cojo la manga de la blusa entre el pulgar y el índice. Era una broma. Dice: Bien. Como si no pudiera moverme. ¿eh? Aquí tienes tu sombrero. Dice: Cuéntalo como crees que debes. ahora se siente feliz. un tipo grande como yo. No habíamos estado tan cerca en mucho tiempo. ¿Qué estoy haciendo en el suelo? Me gustaría saberlo. y eso es lo importante. Nunca en la vida te había visto con sombrero. pequeño. No te morirás. Libre al fin. pero al final pude superarlo. De todas formas te sientes mejor. O alguna mujer vieja y cansada. ¿Qué pasa? ¿Quieres algo más de mí? ¿Qué es lo que quieres? ¿Que te perdone? ¿Por eso haces todo esto? Es por eso. bobo? Querido... Mi marido está a punto de llegar para el almuerzo. ¿no es cierto? Por eso te desviaste para venir a verme. dijo un sabio. Dice: Vamos. Se acerca. Hasta te he recordado lo del cuchillo. No tengo que estar en ninguna parte. Pero yo sigo allí. Aspiro el aire entrecortado y quedamente para que no me oiga. Escucha atentamente lo que voy a decirte. Bien. Y lo repito: No. pero logré superarlo. pero no te rías. Una vida diferente de la tuya. Antes nunca llevabas sombrero. . Y he aquí lo que hago luego: me pongo de rodillas. Soy como un terrier. Bien. Ella no se aparta. Llevas tanto tiempo haciéndolo que no te será muy difícil. y es lo menos que puede esperarse de alguien que no es capaz de arrepentirse. y sigo de rodillas aferrado al bajo de su vestido. cariño. y después retiro la mano. Necesitaba airearla. y olvida lo demás. Dice: ¿Has oído lo que he dicho? Tienes que irte. Es mi vida. Ya está hecho. Lo del cuchillo parece que te ha reanimado un poco. Dice: Escucha. Tienes que irte. ¿Eh. Sigues siendo un hombre grande. Mírame. Dice: Durante mucho tiempo mi desconsuelo fue total. ¿Cómo podría explicarle todo esto? Es absurdo. Eres libre. No te olvides el sombrero. No quiero soltarlo. Dice: ¿Satisfecho? ¿Mejor así? ¿Te sientes feliz? Sí. digo. Pero no te sientas demasiado mal. quizá tampoco pase nada porque te sientas un poco mal. Te digo que te levantes. Eres tan tonto a veces. Y eso es todo. muy bien. Se queda inmóvil un instante. Dice: Levántate ahora mismo. tienes que irte. y es como si estuviera pegado al suelo. Pero sabes y sé que todo aquello es agua pasada. Levántate. y espero. pero al momento siguiente dice: Está bien. ¿no es cierto? Al menos piensas que lo eres.52 Dice: ¿No deberías estar en otra parte? ¿No tienes que coger ningún avión? ¿No tendrías que estar en algún sitio a doscientos kilómetros de aquí en este preciso instante? No. date prisa. Dice: Te perdono.. pero sigo de rodillas aferrado al bajo de su vestido. ¿Qué más puedo hacer? Has salido bien parado. El tiempo es un caballero. Anota esa palabra en tu pequeña libreta. ¿Qué creías? ¿Qué me iba a ser fácil? Luego apareces en mi puerta y toda la vieja historia se me viene de nuevo encima. Ya lo he superado. bobo. Puedo decir por experiencia que es la palabra más triste de todo el diccionario. Pero ahí estaba yo para recordártelo. hazme caso. Inconsolable.. si te vas ahora mismo te diré algo. pero supongo que no debemos compararlas. Su cara está apenas a un palmo de la mía. arrodillado. Y entonces hago algo. es de eso de lo que tengo que ser más y más consciente a medida que envejezco. Creí que lo habías olvidado. Venga. Levántate. Como siempre has hecho.

Unos niños se pasan un balón de fútbol al otro extremo de la calle. lo dedicábamos a jugar al rugby. cuando se veía libre de los comanches el Jefe era John Gedsudski. a la salida de la escuela número 165. Y se preocupa por mí. una luna blanca suspendida en el cielo de la mañana. Todos los días de clase. hoy día a nadie le importa un comino nada. Ni hijos de ella. en la calle 109. Dios. a los nueve años. Mire donde mire. lo sabes. confiando a medias en que el Jefe me encontraría. Si nuestros corazones de comanches se sentían inclinados a acampar. No creo haber visto jamás nada tan extraordinario. Recuerdo haberme perdido un sábado en alguna parte de la escabrosa zona de terreno que se extiende entre el cartel de Linit y el extremo oeste del puente George Washington. Es un buen hombre. Trabaja duro para ganarse la vida. Deberían hacer algo al respecto. incluso en las cunetas. UU. EL HOMBRE QUE RÍE Jerome David Salinger (EE. A propósito. Pero me da miedo comentarlo. El Jefe siempre nos encontraba. aunque lagrimeando. abrí mi fiambrera por hacer algo. según la temporada. yo formaba parte. nuestro Jefe nos recogía. Pero no son hijos míos. Hasta podría echarme a llorar. cerca de Amsterdam Avenue. Además. Pero qué importa. íbamos a Van Cortlandt donde los campos de juego eran de tamaño reglamentario y el equipo contrario no incluía ni un cochecito de niño ni una indignada viejecita con bastón. A empujones y golpes entrábamos en el viejo autobús comercial que el Jefe había transformado. Sí. Caen de los árboles a mi paso. Pronto volverás a sentirte mal. pero no nos hemos dado cuenta. Deberían tomarse la molestia de coger un rastrillo y dejar esto como es debido. El resto del día. no quiero saberlo. Pero si es así. El resto de la tarde. de una organización conocida como el Club de los Comanches. Se mira las manos. y esta vez cierra la puerta. me da miedo. oh. si el tiempo lo permitía. Miro hacia el exterior y veo. Le digo adiós. Ella no dice nada. Si nos ponemos a pensarlo.53 Dice: No sé cómo podría explicarle esto a mi marido si apareciera en este momento. íbamos a Palisades y nos hacíamos los robinsones. a los veinticinco comanches. Hay hojas secas por todas partes. de . Si teníamos propósitos decididamente atléticos. Me alejo por la acera. No puedo avanzar sin que mis pies tropiecen con ellas. que ha estado abierta todo el rato. el Jefe nos recogía por la mañana temprano en nuestras respectivas viviendas y en su destartalado autobús nos sacaba de Manhattan hacia los espacios comparativamente abiertos del Van Cortlandt Park o de Palisades. Me acompaña hasta la puerta. Lo de hoy no tardará en borrarse. Siempre nos conducía (según los acuerdos económicos establecidos con nuestros padres) al Central Park. Pero no por eso perdí la cabeza. Sacude la cabeza. No sé lo que podría pasar. luego se las mete en los bolsillos del vestido. Vuelve a entrar en casa. Los sábados y la mayoría de las fiestas nacionales. Durante toda la mañana han estado entrando la luz y el aire fresco y los ruidos de la calle. Simplemente me senté a la sombra majestuosa de un gigantesco anuncio publicitario y. Cuando llovía. al fútbol o al béisbol. A lo mejor consigues una buena historia de todo esto. Dice: Puede que algún día vuelvas a verme o puede que no. las veo a montones. con todo el espíritu de cuerpo posible. creo que todo lo que podía pasar ya ha pasado. O no entender en absoluto mis propias palabras. a las tres de la tarde. el Jefe nos llevaba invariablemente al Museo de Historia Natural o al Museo Metropolitano de Arte. mi marido se llama Fred.) En 1928.

En aquel tiempo. los comanches nos refugiábamos egoístamente en el talento del Jefe para contar cuentos. Cada uno de nosotros. la abominable siniestra abertura debajo de la nariz se dilataba y contraía (yo la veía así) como una monstruosa ventosa. y con su voz de tenor atiplada pero melodiosa nos contaba un nuevo episodio de "El hombre que ríe". y nos peleábamos en el autobús -a puñetazos o a gritos estridentes. A continuación se sentaba a horcajadas en su asiento de conductor. Sólo diré de paso que era un scout aventajado. pusieron la cabecita del niño en un torno de carpintero y dieron varias vueltas hacia la derecha a la manivela correspondiente.por los asientos más cercanos al Jefe. la nariz grande y carnosa. perfectamente amalgamadas. Único hijo de un acaudalado matrimonio de misioneros.54 Staten Island. el "hombre que ríe" había sido raptado en su infancia por unos bandidos chinos. en vez de boca. por ejemplo. (El Jefe no explicaba el sistema de respiración del "hombre que ríe" sino que lo demostraba prácticamente. (El autobús tenía dos filas paralelas de asientos de esterilla. los bandidos le permitían estar en su cuartel general siempre que se tapara la cara con una máscara roja hecha de pétalos de amapola. nuestro interés jamás decaía. exhibía una enorme cavidad ovalada debajo de la nariz. casi había formado parte de la selección nacional de rugby de 1926. Curiosamente. de veintidós o veintitrés años. estudiante de derecho de la Universidad de Nueva York. era un tipo bajito y fornido que mediría entre uno cincuenta y siete y uno sesenta.que llegaban hasta la altura del conductor. A esa hora formábamos generalmente un grupo acalorado e irritable. y un experto en primeros auxilios muy digno de consideración.) El Jefe sólo subía al autobús cuando nos habíamos acomodado. aunque eran estrechos y caídos. sus hombros parecían poderosos. en forma de nuez (pacana) y con una cara donde. sumamente tímido. Ken Maynard y Tom Mix. la frente muy estrecha. cuando oscurecía lo suficiente como para que el equipo perdedor tuviera una excusa para justificar sus malas jugadas. Uno siempre podía llevárselo a casa y meditar sobre él mientras estaba sentado. los bandidos.) Los que lo veían por primera vez se desmayaban instantáneamente ante el aspecto de su horrible rostro. Tenía el pelo renegrido. En la fila de la izquierda había tres asientos adicionales -los mejores de todos. para mí se combinaban en el Jefe todas las características más fotogénicas de Buck Jones. en el agua de la bañera que se iba escurriendo. La misma nariz se limitaba a dos fosas nasales obstruidas por la carne. entre todos los comanches lo hubiéramos convertido rápidamente en gigante. La víctima de este singular experimento llegó a la mayoría de edad con una cabeza pelada. Era un joven tranquilo. Una vez que empezaba su relato. Los conocidos le daban la espalda. Cuando el acaudalado matrimonio se negó (debido a sus convicciones religiosas) a pagar el rescate para la liberación de su hijo. No intentaré exponer aquí sus múltiples virtudes y méritos. lo quería y respetaba. Todas las tardes. un maestro en encender y apagar hogueras. sin embargo. desde el pillo más pequeño hasta el más grande. Con la chaqueta de cuero. Si los deseos hubieran sido centímetros. considerablemente agraviados. siendo como son las cosas. En consecuencia. y una persona memorable desde cualquier punto de vista. La . Aún está patente en mi memoria la imagen del Jefe en 1928. Era un árbitro imparcial e imperturbable en todos nuestros ruidosos encuentros deportivos. Pero. Hasta había alcanzado dimensiones clásicas. y el torso casi tan largo como las piernas. "El hombre que ríe" era la historia adecuada para un comanche. como máximo. cuando el "hombre que ríe" respiraba. Era un cuento que tendía a desparramarse por todos lados. y era público y notorio que lo habían invitado muy cordialmente a presentarse como candidato para el equipo de béisbol de los New York Giants. aunque seguía siendo esencialmente portátil.

Muy pronto sus ingeniosos procedimientos criminales. pero tísico. melodiosamente. donde se divertía ostentando su genio conspicuo pero modesto frente a Marcel Dufarge. Pero la víctima resultó ser la madre del jefe de los bandidos. asesinando sólo cuando era absolutamente necesariose dedicó a devastar la campiña china. apestaba a opio. una de esas personas desagradables y pendencieras. cuya lengua había sido quemada por hombres . se quitaba la máscara y les hablaba dulcemente.55 máscara no solamente eximía a los bandidos de contemplar la cara de su hijo adoptivo. El "hombre que ríe" convertía el resto de su fortuna en brillantes que bajaba despreocupadamente a cavernas de esmeralda. Gran parte de esa fortuna era donada en forma anónima a los monjes de un monasterio local. Los Dufarge se pasaban gran parte del tiempo chapoteando en las alcantarillas de París. en su extrema soledad. Al Jefe le llevó un par de meses llegar a este punto de la historia. Sin embargo. El suceso no hizo más que aumentar la sed de venganza de los bandidos. un gigante mongol llamado Hong. detective internacionalmente famoso y considerablemente inteligente. le valieron un lugar especialmente destacado en el corazón de los hombres. en su propia lengua. De cuando en cuando se escapaban y le causaban algunas molestias. un enano adorable llamado Omba. Cuando se enteraron. Muy pronto el "hombre que ríe" consiguió reunir la fortuna personal más grande del mundo. Con él vivían cuatro compañeros que le eran fieles hasta la muerte: un lobo furtivo llamado Ala Negra. y finalmente el "hombre que ríe" se vio obligado a encerrar a toda la banda en un mausoleo profundo. no los tenía en demasiada estima y no tardó mucho en crear un sistema propio más eficaz. Dufarge y su hija (una chica exquisita. (El "hombre que ríe" tenía una faceta compasiva que a mí me enloquecía. leones. ratones blancos. que llegaba sin tardanza a manos de Dufarge. Sus necesidades personales eran pocas. se pusieron tremendamente celosos. Una y otra vez trataron de atraparlo mediante ardides. y en muy poco tiempo pudo conocer los secretos profesionales más importantes de los bandidos. En pequeña escala. a tono con el gusto de los comanches. Allí se hizo amigo de muchísimos animales: perros. sino que además los mantenía al tanto de sus andanzas. De ahí en adelante los episodios se hicieron cada vez más exóticos. Nada más que por amor al riesgo. al principio el "hombre que ríe" muchas veces simulaba dejarse engañar. al principio -robando. boas constrictor. pero luego desaparecía de pronto. sus padres adoptivos (los bandidos que originalmente lo habían empujado al crimen) fueron los últimos en tener conocimiento de sus hazañas. Ellos no lo consideraban feo. águilas. aunque con algo de travesti) se convirtieron en los enemigos más encarnizados del "hombre que ríe". en las profundidades del mar Negro. pero él no se avenía a matarlos. junto con su especial afición al juego limpio. Todas las mañanas. sin dejar ni el mínimo rastro de su método para escapar. creyendo que habían podido dormirlo profundamente con algunas drogas que le habían dado. además. Además. humildes ascetas que habían dedicado sus vidas a la cría de perros de policía alemanes. Uno a uno desfilaron una noche ante la cama del "hombre que ríe". secuestrando. el "hombre que ríe" se iba sigilosamente (su andar era suave como el de un gato) al tupido bosque que rodeaba el escondite de los bandidos. pero agradablemente decorado. Curiosamente. en las tormentosas costas del Tíbet. y con sus machetes apuñalaron repetidas veces el cuerpo que yacía bajo las mantas. Se alimentaba únicamente de arroz y sangre de águila. Empezó a trabajar por su cuenta. en una pequeña casita con un gimnasio y campo de tiro subterráneos.) Poco después el "hombre que ríe" empezaba a cruzar regularmente la frontera china para ir a París. De vez en cuando enviaba una breve e incisiva nota de despedida por la red de alcantarillas de París. lobos. El "hombre que ríe" era muy hábil para informarse de lo que pasaba a su alrededor.

debido a su intenso amor por el "hombre que ríe" y a su honda preocupación por su seguridad personal. Agregó. Yo acostumbro a considerar al "hombre que ríe" algo así como a un superdistinguido antepasado mío. Lavarme los dientes. fue "Mary Hudson". con todas las virtudes del caso. todavía un poco reticente. siempre esperando el momento para suscitar el terror y la admiración en el corazón del ciudadano común. Veinte pasajeros solicitaron inmediatamente una explicación. no solamente descendiente directo del "hombre que ríe". No desapareció con los paquetes vacíos de chicles ni con los palitos de caramelos. Me dijo que no. había podido ver su cara. lo bastante como para sugerir -me pareció. Le pregunté si trabajaba en el cine o en alguna cosa así. Peinarme. de incógnito por la ciudad. pero podría pasarme horas llevando al lector -a la fuerza. Encima del espejo retrovisor. Su contestación. Una tarde de febrero. Y esperando. a la espera de que cometieran el mínimo error para descubrir preferentemente de modo pacífico. elevando a los ascensoristas a la categoría de enemigos potenciales. No digo que lo vaya a hacer. Seguir la farsa. que el Wellesley era una universidad de alta categoría. yo era el único descendiente legítimo del "hombre que ríe". a la cabeza de los profesores de matemáticas. Al principio fue evasivo. Pero lo más importante para mí en 1928 era andar con pies de plomo.continuó sobre el parabrisas. En 1928 ni siquiera era hijo de mis padres. Le pregunté cómo se llamaba. por qué tenía su foto en el autobús. Para no matar de pena a mi supuesta madre. tras larga reflexión. pero al final reconoció que era una muchacha.de un lado a otro de la frontera entre París y China. cuando me sentía. Me pareció que la foto de una chica desentonaba con la exclusiva decoración para hombres del autobús y. entonces. Durante las dos semanas siguientes. sino además su único heredero viviente. pero de verdadera responsabilidad. en algún puesto indefinido. En el club había veinticinco comanches -veinticinco legítimos herederos del "hombre que ríe"todos circulando amenazadoramente. pensaba emplearla en alguna de mis actividades subrepticias. Y esta ilusión resulta verdaderamente moderada si se la compara con la que abrigaba hacia 1928.mi verdadera identidad. El "hombre que ríe" emitía sus órdenes a sus subordinados a través de una máscara de seda negra. Fue adquiriendo gradualmente la personalidad poco inquietante de un velocímetro. le pregunté al Jefe quién era. Pero un día que íbamos camino del parque el Jefe detuvo el autobús junto al bordillo de la acera de la Quinta Avenida a la altura de la calle 60. aunque podía ser de otro modo.que la foto había sido más o menos impuesta por otros. como un fusil. observé un detalle nuevo en el autobús del Jefe. Disimular a toda costa mi risa realmente aterradora. una especie de Robert E. En cambio. que iba al Wellesley College. Ni siquiera Omba. digamos. enmarcada. mascullando complejas pero precisas instrucciones en la oreja de los cocker spaniel. sino un impostor de astucia diabólica. se limitó a adoptar su posición habitual de . Le pregunté. había una foto pequeña. solía tener una actitud bastante rígida respecto al crimen. apuntando con el dedo índice. sin titubear. Encogió levemente los hombros. pero el Jefe se hizo el sordo. apenas iniciada la temporada de béisbol de los comanches. de una chica con toga y birrete académicos.56 blancos. casi un kilómetro más allá de nuestro campo de béisbol. si fuere necesario. En realidad. el enano adorable. Lee. sobre el parabrisas. y una espléndida chica euroasiática que. Pero los comanches nos fuimos acostumbrando a ella. la foto -le hubiera sido impuesta al Jefe por la fuerza o no.

Con cierta vehemencia. que estaba enfermo en su casa. Mary Hudson. sólo recuerdo haber visto en mi vida a tres muchachas que me impresionaron a primera vista por su gran belleza. la chica del Jefe. Se levantó de un salto. hasta el último hombre. esa chica que hacía un viaje de placer por el Caribe. La segunda. Luego el Jefe se hizo cargo de la situación. Una fue una chica delgada en un traje de baño negro. El Jefe sacudió la cabeza. una belleza difícil de clasificar. Recuerdo que el pomo de la palanca de cambios se le quedó en la mano. Pero apenas había empezado cuando alguien golpeó suavemente en la portezuela del autobús. No sólo no lograba participar en la conversación. Por fin. Vivía en Douglaston. accionó la manecilla de la puerta y en seguida subió al autobús una chica con un abrigo de castor. hacia 1939.dijo-. y los comanches pudieron oír perfectamente su voz. miró a los comanches situados cerca de su asiento y les hizo una seña para que le hicieran sitio. Dije que no necesitaba un jugador para el centro del campo. Mary Hudson declaró con entusiasmo que deseaba jugar. -¡No! -dijo el Jefe. Y.57 narrador y dio comienzo anticipadamente a un nuevo episodio del "hombre que ríe". Mientras volvíamos a nuestro lugar de estacionamiento habitual. hasta entonces oculto. sino que apenas oía lo que le decía la chica. sonriendo. Le cedimos todo el espacio del mundo. para colmo de males. con toda claridad-. -¡Yo también. Era algo desconcertante. cuando otro comanche y yo lanzábamos al aire una moneda para determinar qué equipo batearía primero. Y la tercera. ahora la contemplábamos con irritación. Estoy seguro de que cuando llegamos al campo de béisbol cada rostro de los comanches llevaba una expresión del tipo "hay-chicas-que-no-saben-cuándo-irse-a-casa". y sugirió que Mary Hudson ocupara su lugar. He venido hasta Nueva York para ver al dentista y todo eso. El Jefe dijo que qué mierda era eso de que no necesitaba a nadie que hiciera de centro. revelando su genio para complicar las cosas. El Jefe estaba muy nervioso. Mary Hudson lo interrumpió. ese día los reflejos del Jefe estaban en buena forma. y voy a jugar. y fijó su mirada en mí. los Bravos y los Guerreros. Ella nos sonrió. La respuesta no pudo ser más cortante. alrededor de 1936. Yo era el capitán de los Guerreros. y que arrojó su encendedor a un delfín. Así. de pronto. Así como antes los comanches nos habíamos limitado a mirar fijamente su feminidad. yo también quiero jugar! El Jefe meneó la cabeza y volvió a la carga. Llevó aparte a Mary Hudson. guardaban silencio. Mencionó el nombre de mi centro. Evidentemente. Se aproximó cautelosamente al campo donde estaban esperando los dos equipos comanches. Long Island. Mary Hudson se sentó entre yo y un chico que se llamaba Edgar "no-sé-qué" y que tenía un tío cuyo mejor amigo era contrabandista de bebidas alcohólicas. Señaló hacia el campo. -¿He tardado mucho? -le preguntó. Cuando bajamos del autobús. Mary Hudson se quedó muy cerca de nosotros. Tomó un bate de tamaño reglamentario y le mostró su peso. Los comanches. Mary Hudson se inclinó hacia delante en su asiento e hizo al Jefe un colorido relato de los trenes que había perdido y del tren que no había perdido. que forcejeaba terriblemente para clavar en la arena una sombrilla en Jones Beach. que se veía desigual y borroso. Entonces el autobús se puso en marcha con un acelerón poco hábil. y pareció dirigirse a ella en forma solemne y racional. Era como si hubiera preguntado "¿Soy fea?". Me . -No me importa -dijo Mary Hudson. lo suficiente como para que los comanches no pudieran oír. pero abandonó la batalla.

se acomodó a horcajadas en su asiento y procedió a narrar otro episodio de "El hombre que ríe". Por lo menos tres veces logró robar la segunda base al otro equipo. Era un hombre totalmente feliz. Cuando se lo dije. No habría podido evitarlo. Mary Hudson me saludaba agitando la mano. Le tocó batear en la primera tanda. Le dijo que no perdiera de vista la pelota.y la verdad es que efectivamente apreciamos darnos prisa. El Jefe abandonó su puesto de árbitro detrás del pitcher y se adelantó con impaciencia. pero ella logró tres sin apresurarse. al parecer). Unas tardes llegaba a tiempo al autobús y otras no. como de costumbre. Pero se negaba a sacárselo. daos prisa. y la mandó lejos por encima de la cabeza del fielder izquierdo. ¿quieres?" Con un potente golpe. Su fielding no podía ser peor. después de mi incredulidad. Pero tenía el pelo peinado y reluciente. Cuando le di un bate. El Jefe estacionó el autobús en la esquina a la altura de la calle 60. Lo recuerdo con todo detalle y voy a resumirlo. observé que Mary Hudson me estaba sonriendo. Durante un mes. Envolvía en un maravilloso perfume al que estaba junto a ella en el autobús. hizo una pequeña mueca y dijo: -Bueno. más o menos. Para dominarme. Creo que hubiera sido mejor si hubiese intentado atrapar las pelotas con cualquier otra cosa que no fuera un guante de catcher. por propia iniciativa. miré hacia donde se encontraba el Jefe. Cuando me repuse primero de mi sorpresa. Le dijo a Mary Hudson que apoyara la punta del bate en el hombro derecho. Contesté a su saludo. era una chica que sabía cómo saludar a alguien desde la tercera base. otras veces se limitaba a quedarse sentada. Desde su tercera base. dijo ella. Un día ventoso de abril. Era un espectáculo verdaderamente horrible. Desde mi posición en la primera base. Estaba bien para un doble corriente. La entrometida fue al centro para la primera tanda. sino flotando por encima de él. "No lo haré". "No lo hago" contestó ella. Se quitó el abrigo de castor y el guante de catcher para la ocasión y avanzó hacia su puesto con un vestido marrón oscuro. para matar el tiempo en una forma entretenida para los comanches. Después.. aunque hubiese querido. Durante el resto del partido. Mary Hudson debía ser la novena en batear en el equipo de los Guerreros. No parecía estar de pie detrás del pitcher. y por último de mi alegría. llevaba un abrigo en lugar de la chaqueta de cuero y yo supuse lógicamente que Mary Hudson estaba incluida en el programa. Además de su maestría con el bate. preguntó por qué pesaba tanto. dijo ella. acertó en la primera pelota que le lanzaron. Nosotros entramos primero. jugó al béisbol con los comanches un par de veces por semana (cada vez que tenía una cita con el dentista. Y. Llevaba puesto el guante de catcher. Era la primera vez que le oía decir una palabrota. llegaba a la base cada vez que salía a batear. lo que aún era peor. "Ya está". fumando sus cigarrillos Herbert Tareyton (boquilla de corcho). el Jefe dobló por la calle 110 y tomó como siempre por la Quinta Avenida. entonces. Una adversa serie de circunstancias había hecho que el mejor amigo del "hombre que .58 quedé estupefacto.. después de recoger. cogí una piedra y la arrojé contra un árbol. pero íbamos ganando tantas carreras que no nos importaba.. no había forma de retenerla. Mary Hudson me saludaba alegremente con la cabeza. "Apártate. Le dijo que no sujetara el bate con demasiada fuerza. a sus pasajeros en las calles 109 y Amsterdam. Cada vez que lo hacía. miraba furtivamente de vez en cuando por encima de mi hombro. Por algún motivo parecía odiar la primera base. Decía que le quedaba mono. A veces en el autobús hablaba hasta por los codos. Esa presunción se convirtió en certeza cuando pasamos de largo por nuestra entrada habitual al Central Park.

a la luz de la luna. No obstante. completamente silencioso. inclinó su cabeza para atrás y. conociendo los elevados sentimientos de lealtad del "hombre que ríe". El Jefe se sacó del bolsillo el reloj Ingersoll de un dólar lo miró y después dio vuelta en su asiento y puso en marcha el motor. tiñéndole primero la pata trasera derecha de blanco níveo. casualmente en ese momento le dio un ataque de tos y así se libró del mortífero descubrimiento. Se tapó los ojos con la mano y descargó su pistola hacia donde se oía la respiración pesada. el "hombre que ríe" se quitó la máscara con la lengua y se enfrentó a los Dufarge con la cara desnuda a la luz de la luna. interrumpió al "hombre que ríe" informándole en primer lugar de que no se llamaba Ala Oscura. Quedó convenido que el "hombre que ríe" debía encontrarse con los Dufarge a medianoche en un sector determinado del denso bosque que rodea París. silbante. Eran casi las cuatro y media. Casi todos pensábamos en la situación en que había quedado el "hombre que ríe". Pero a la larga el lobo sustituto comenzó a impacientarse y a cargar su peso primero sobre una pata y después sobre la otra. Los Dufarge. ni Patas Grises ni nada por el estilo. había dos cosas con las que los Dufarge no habían contado: el sentimentalismo del "hombre que ríe" y su dominio del idioma de los lobos. que se hallaba . a quien temían y detestaban. cayera en una trampa física e intelectual tendida por los Dufarge. No es que nos preocupáramos por él (le teníamos demasiada confianza como para eso). Cuando se le pasó el ataque y vio a su hija tendida en el suelo iluminado por la luna. Cuando el autobús se puso en marcha. del "hombre que ríe". le ofrecieron la libertad de Ala Negra a cambio de la suya propia. En la tercera o cuarta entrada de nuestro partido de esa tarde. y en segundo lugar que en su vida había estado en China ni tenía la menor intención de ir allí. Al principio escuchó cortésmente los consejos de último momento personales y profesionales. Lo menos que podía decirse era que la orden resultaba totalmente ilógica. vi a Mary Hudson desde la primera base. y estaba. dijo: -A ver si hay más silencio en este maldito autobús. el lobo Ala Negra. Con la mejor buena fe del mundo. Miré mi reloj. Lógicamente enfurecido. el "hombre que ríe" aceptó dicha proposición (a veces su genio estaba sujeto a pequeños y misteriosos desfallecimientos). ni Ala Negra. quedó impresionado por el dominio de su idioma que poseía ese desconocido. pero nunca habíamos llegado a tomar con calma sus momentos de peligro. y allí. le pregunté al Jefe si no iba a esperar a Mary Hudson. del "hombre que ríe". Así terminaba el episodio. dirigiéndose a todos nosotros. a unos pocos metros de distancia. sino Armand. El lobo sustituto. Estaba sentada en un banco a unos setenta metros a mi izquierda. hecha un sandwich entre dos niñeras con cochecitos de niño. Llevaba su abrigo de castor. Pero los Dufarge no tenían la menor intención de liberar a Ala Negra. el "hombre que ríe" sintió la necesidad de elevar su bella y melodiosa voz en unas palabras de despedida a su presunto viejo amigo. fumaba un cigarrillo y daba la impresión de estar mirando en dirección a nuestro campo. Ala Negra sería puesto en libertad. La noche de la transacción ataron a otro lobo en lugar de Ala Negra. Me emocioné con mi descubrimiento y le grité la información al Jefe. Su padre tuvo más suerte. Bruscamente y con cierta rudeza. y antes de que pudiera repetir la pregunta. Mademoiselle Dufarge se desmayó.59 ríe". bajo la luz de la luna. Dufarge ató cabos. para que se le pareciera. En cuanto la hija de Dufarge pudo atarlo a un árbol con alambre de espino. No me contestó. El autobús había estado.

-¿Ella no va a jugar?-le grité. Fastidiado. sin llegar a correr. Cuando el Jefe alcanzó a Mary Hudson. El Jefe la había tomado de la manga de su abrigo de castor. Que tenía al mismo muchacho jugando en el centro y en el ala izquierda. Me dijo que cerrara el pico. Arrojé mi guante al aire. Me dijo que me metiera la camisa dentro del pantalón. Después Mary Hudson se incorporó y los dos caminaron hacia el campo de béisbol. Le dije que no tenía a nadie que jugara en el ala izquierda. Dijo que no con la cabeza. déjame. probando llaves de lucha libre. salvo de una manera muy somera. El Jefe . Encendió otro cigarrillo y cruzó las piernas. el Jefe ocupó su posición detrás del pitcher. La miré sorprendido.60 detrás del pitcher. Suspendimos el partido y empezamos a recoger todos nuestros bártulos. todos los comanches corrimos los últimos metros hasta el autobús estacionado gritando. Estuvo de pie frente a ella unos cinco minutos. Lo limpié en los pantalones y le pregunté a Mary Hudson si quería venir a mi casa a comer alguna vez. Se me acercó apresuradamente. al parecer hablándole. abriéndose el abrigo y metiendo las manos en los bolsillos del pantalón. luego me fui caminando hacia el banco de los Guerreros. Me acerqué y le pregunté si él y Mary Hudson se habían peleado. alguien dejó caer un jersey y yo tropecé con él y me caí de bruces. Más o menos a la mitad de la línea de foul de la tercera base. que hacía especialmente arriesgado caminar hacia atrás. pero ella lo esquivaba. mirándola mientras desaparecía. Cuando estuvieron en el campo. Otra vez negó con la cabeza. con las manos en los bolsillos de su abrigo de castor. Luego se volvió caminó hasta la base y recogió los dos bates. No hablaron ni se miraron. Cruzando la Quinta Avenida a la carrera. Se limitó a permanecer de pie. aunque todos muy conscientes de que había llegado la hora de otro capítulo de "El hombre que ríe". y por último se sentó en un banquillo mal situado cerca de la tercera base. siempre dejábamos que él llevara las bates. Se alejó lentamente. Toda esta información no encontró eco. después dijo que volvía en seguida y salió del campo. Abandonó el campo y empezó a correr por el caminito de cemento y siguió corriendo hasta que se perdió de vista. me acerqué a su asiento y le pregunté si le gustaría jugar en el ala izquierda. su abrigo estaba abrochado nuevamente y las manos colgaban a los lados. Llegué al autobús cuando ya estaban ocupados los mejores asientos y tuve que sentarme en el centro. Por favor. que cruzaba la Quinta Avenida.dijo-. intuitiva). Le dije que el Jefe iba con frecuencia. por independiente que fuera de la suma de sus factores. -¿Dónde?-preguntó. Volví a señalar con el dedo. le di al chico que estaba a mi derecha un codazo en las costillas y luego me volví para ver al Jefe. Después de una entrada más. giré en redondo y empecé a caminar hacia atrás. No tenía idea de lo que pasaba entre el Jefe y Mary Hudson (y aún no la tengo. sacando entretanto una mandarina del bolsillo y arrojándola al aire. Todavía no había oscurecido. la luz era mala para jugar. Me senté en la primera base y observé. Como siempre. contemplando a Mary Hudson y atrapando la mandarina. empujándonos. Me callé la boca y contemplé a Mary Hudson. tratando de que aterrizara sobre mi cabeza. Era el tipo de certeza total. Miró un segundo en esa dirección. Caminó lentamente por detrás de la base. El Jefe no intentó seguirla. pero cayó en un charco de barro. -Déjame. pero no podía ser mayor mi certeza de que Mary Hudson había abandonado el equipo comanche para siempre. La última vez que vi con claridad a Mary Hudson estaba llorando cerca de la tercera base. y de pronto choqué de lleno con un cochecito de niño. Le pregunté si estaba resfriada. Cuando los Guerreros estaban bateando. pero había esa penumbra de las cinco y cuarto.

podría haber terminado ahí. El efecto de esta hazaña sobre los Dufarge fue tan grande que sus corazones estallaron. Hasta que un día. El primer gesto piadoso de Omba fue recuperar la máscara de su amo. Omba inclinó su cabeza levemente contorsionada y reveló a su amo que los Dufarge habían matado a Ala Negra. Su pelo negro peinado con agua al comienzo del día. Extendió débilmente la mano. nunca se había visto tan cerca de la muerte.) Pasaban los días y el "hombre que ríe" seguía atado al árbol con el alambre de espinos mientras a sus pies los Dufarge se descomponían lentamente. Pero no terminó ahí. Dufarge. Con el maligno corazón latiéndole fuerte corrió junto a su hija y la reanimó. tomó el vaso de sangre de águila y lo hizo añicos en su puño. que no le dejó otra alternativa que ocupar su acostumbrada posición de narrador. sollozando.61 atravesó la calle con el cuello del abrigo levantado y los bates debajo del brazo izquierdo. Los comanches se las podían haber ingeniado para racionalizar la muerte de los Dufarge. Un último suspiro de pena. Les ordenó que trajeran a Omba. se alegró mucho cuando oyó un extraño gemido agónico que salía de su víctima. El . Y así lo hicieron. pidió ayuda a los animales del bosque. lejos de estar muerto. alzó de pronto la cabeza. regurgitó las cuatro balas. Instantáneamente. como de costumbre. que aún se tapaba los ojos con la mano para no verle la cara. basta de ruido. metódicamente. Recuerdo haber deseado que el Jefe tuviera guantes. que había ido a parar sobre el torso cubierto de gusanos de Mademoiselle Dufarge. con avidez. En cambio. Pero el "hombre que ríe" no quiso beberla. por lo menos relativamente silencioso. y. Su cabeza estaba caída como la de un muerto. lanzó una carcajada terrible. concentrado en el cruce de la calle. ahora se había secado y el viento lo arremolinaba. estaba silencioso cuando él subió. Los dos. Cuatro de las balas de Dufarge alcanzaron al "hombre que ríe". dos de ellas en el corazón. lo plegó cuidadosamente en cuatro y volvió a guardarlo en el bolsillo. contraía de un modo secreto los músculos de su abdomen. Cuando al fin se abrieron los pequeños ojos del "hombre que ríe". con limpieza y hasta con minucia. Después nos contó el nuevo episodio de "El hombre que ríe". Ordenó a Omba que mirara hacia otro lado y Omba. extraño y desgarrador. el enano amoroso. el autobús fue invadido por un silencio incondicional. Lo observamos con paciencia y hasta con cierto interés de espectador. En total. y cayeron muertos a los pies del "hombre que ríe". o no hay cuento. pronunció débilmente el nombre de su querido Ala Negra. Sangrando profusamente y sin su dosis de sangre de águila. Pero el viaje de ida y vuelta por la frontera entre París y la China era largo. se atrevieron entonces a contemplar el rostro del "hombre que ríe". lo primero que nos dijo el Jefe fue: -Bueno. El "hombre que ríe". inclinada sobre su pecho ensangrentado. Cuando los Dufarge se acercaron lo suficiente. La poca sangre que le quedaba corrió por su muñeca. (De todos modos. pero elocuente. con voz ronca. El autobús. como un teatro cuando van apagándose las luces de la sala. Cuando terminó con el pañuelo. llenos de regocijo y con el coraje de los cobardes. Entonces sacó un pañuelo y se sonó la nariz. Lentamente. Sin embargo. si el capítulo iba a ser corto. Pero los esperaba una sorpresa enorme. Las conversaciones se extinguieron en un rápido susurro o se cortaron de raíz. obedeció. y cuando Omba llegó con un equipo médico y una provisión de sangre de águila el "hombre que ríe" ya había entrado en coma. Omba acercó afanosamente el vaso de sangre de águila hasta la máscara. padre e hija avanzaron para inspeccionar su obra. sólo duró cinco minutos. un lado cada vez. partió del pecho del "hombre que ríe". La colocó respetuosamente sobre las horribles facciones y procedió a curar las heridas.

se echó a llorar. Una joven tendida en la arena toma el sol con el pecho descubierto. la vida parturiente. que posee porque penetra mientras se desprende de su fuente. al proceder así. es decir._. pues los que van a ella no la poseen nunca. confundida con el gemido de la que nace. por supuesto. las mujeres se apresuran a cubrirse. en una única noche hasta el alba. ANTES DE LA OCULTACIÓN María Zambrano (España) Comencé a cantar entre dientes por obedecer en la oscuridad absoluta que no había hasta entonces conocido. Parecía una máscara de pétalos de amapola.yo. Palomar. se apresura a orientar la cabeza de modo que la trayectoria de la mirada quede suspendida en el vacío y garantice su cortés respeto por la frontera invisible que circunda las personas. en una noche sola. Billy Walsh. hombre discreto._ EL PECHO DESNUDO Italo Calvino (Italia) El señor Palomar camina por una playa solitaria.62 último gesto del "hombre que ríe". apenas el horizonte se despeja. antes de hundir su cara en el suelo ensangrentado. Nunca más apareció. nadie aparecía cuando me asenté en mi soledad última._. Me sentí acunada por este lloro que era también canto tan de lejos y en mí. Yo no sabía que una persona pudiera ser así. me parece . Ahí terminó el cuento. ¿No tendría yo dueño tampoco? La música no tiene dueño. Han sido por ella primero poseídos. Sabe que en circunstancias análogas. __. el amado sin nombre siquiera. Frente a mí al otro lado del pasillo. la vieja canción del agua todavía no nacida. Por eso. después iniciados. porque nunca nada era mío del todo. En esta soledad nadie aparece. Pero -piensa mientras sigue andando y. termino también por reforzar la convención que considera ilícita la vista de los senos. el más pequeño de los comanches. lo primero que vi fue un trozo de papel rojo que el viento agitaba contra la base de un farol de la calle. y eso no le parece bien: porque es molesto para la bañista que tomaba el sol tranquila. En cuanto a mí. por el vislumbre que de él me ha llegado desde los límites de mi campo visual. cuando bajé del autobús del Jefe. fue el de arrancarse la máscara. Nadie le dijo que se callara. recuerdo que me temblaban las rodillas. en vez de libertad y franqueza. Ya nadie más pudo encontrarme. al modo de la música. Se abre la música sólo en algunos lugares inesperadamente. apenas ve perfilarse desde lejos la nube rosa-bronceado de un torso desnudo de mujer. se siente desfallecer sin dueño. o sea. Alguien me había enamorado allá en la noche. el gemido de la madre que da a luz una y otra vez para acabar de nacer ella misma. porque las convenciones respetadas a medias propagan la inseguridad e incoherencia en el comportamiento. cuando errante el alma sola. y me dijeron que me fuera derecho a la cama. Unos minutos más tarde. también en una herida. Llegué a casa con los dientes castañeteándome convulsivamente. manifiesto una negativa a ver. Encuentra unos pocos bañistas. instituyo una especie de corpiño mental suspendido entre mis ojos y ese pecho que.) El Jefe puso en marcha el autobús. al acercarse un desconocido. (Nunca habría de repetirse. recuperando el libre movimiento del globo ocular. entremezclado con el vagido de lo que nace. porque el hombre que pasa se siente inoportuno. vuelve la mirada hacia el horizonte marino. porque el tabú de la desnudez queda implícitamente confirmado.

ésta sigue siendo en el fondo una actitud indiscreta y retrógrada. una desviación.63 fresco y agradable de ver. encallecida con los años en insolencia rutinaria? Gira y vuelve sobre sus pasos. Pero apenas vuelve a acercarse. elusiva. ¿Pero este sobrevolar de la mirada no podría al fin de cuentas entenderse como una actitud de superioridad. por el sol y el cielo. y esta vez mantiene la mirada fija adelante. de modo de rozar con ecuánime uniformidad la espuma de las olas que se retraen. acoge sin embargo favorablemente este cambio en las costumbres. pero se apresurará a integrarlos en un impulso de benevolencia y de gratitud por todo. El peso muerto de una tradición de prejuicios impide apreciar en su justo mérito las intenciones más esclarecidas. De regreso. la henchida luna de piel más clara con el halo moreno del pezón. una depreciación de lo que los senos son y significan. se aleja encogiéndose de hombros con fastidio como si huyese de la insistencia molesta de un sátiro. Da media vuelta. prosiguiendo el camino-. y que mi mirada no pesara más que la mirada de una gaviota o de una merluza. y por un momento se mantiene en mitad del aire. y lo que es peor. ella se incorpora de golpe. Sí -reflexiona. para reanudar después su curso como si no hubiera pasado nada. ¿Pero será justo proceder así? -sigue reflexionando-. pero también protectora. Palomar vuelve a pasar delante de la bañista. considerar objeto aquello que en la persona es específico del sexo femenino? ¿No estoy. Tal interpretación va contra las mejores intenciones de Palomar que. sea porque esa visión en particular le resulta agradable. casi un brinco. pese a pertenecer a la generación madura para la cual la desnudez del pecho femenino iba asociada a la idea de intimidad amorosa. por el cosmos que gira en torno a esas cúspides nimbadas. concluye amargamente Palomar. mi no mirar presupone que estoy pensando en esa desnudez que me preocupa. apenas el pecho de la mujer entra en su campo visual. ¿No es aplastar la persona humana al nivel de las cosas. perpetuando la vieja costumbre de la supremacía masculina. Este estímulo desinteresado es lo que desearía llegar a expresar con su mirada. el perfil de la costa en la calina. considerarla un objeto. Ahora su mirada. sin malentendidos posibles. se cubre.. describiendo una curva que acompaña el relieve de los senos desde cierta distancia. al margen o entre paréntesis? Resulta que ahora vuelvo a relegar los senos a la penumbra donde los han mantenido siglos de pudibundez sexomaníaca y de concupiscencia como pecado. rozando volublemente el paisaje. desliza su mirada por la playa con objetividad imparcial. la toalla extendida en la arena. se note una discontinuidad. por los pinos encorvados y la duna y la arena y los escollos y las nubes y las algas. se retrae. resopla. La mirada avanza hasta rozar la piel tensa.. El comodín . satisfecho de sí mismo. Esto tendría que bastar para tranquilizar definitivamente a la bañista solitaria y para despejar el terreno de inferencias desviantes. sea por lo que ello significa como reflejo de una mentalidad más abierta de la sociedad. En una palabra. gris contra el cielo. he conseguido que los senos quedaran absorbidos completamente por el paisaje. Ahora. hace de modo que. Creo que así mi posición resulta bastante clara -piensa Palomar-. quizá. como apreciando con un leve sobresalto la diversa consistencia de la visión y el valor especial que adquiere. Con paso resuelto avanza una vez más hacia la mujer tendida al sol. un ponerlos en cierto modo aparte. los cascos de las barcas varadas. se detendrá en los senos con cuidado especial.

podrías abrir un poco la ventana. fuera no hacía nada de frío. cuál era la fuente de luz que hacía que la sombra cayera justamente allí. dijo Lucy. y además. allí me paré a sopesar los pros y los contras. que databa de antes de que Lucy heredara la casa. preguntó. De alguna manera me sentía encandilado. pero me . Estuve a punto de contestarle irónicamente. No había rastro de velas sobre la mesa ni restos de papel quemado en el cenicero. Fui hasta el fondo. pero sólo me encontré con el reflejo de la habitación. ¿Ahora?. En la entrada me puse el impermeable y el gorro de lluvia que sólo utilizo para trabajar en el jardín cuando hace mal tiempo. quería trepar la valla y cruzar el bosquecillo hasta la carretera. Me levanté. y sólo me permitía contemplar el techo y la parte superior de las paredes. llevaba algún tiempo haciendo solitarios. y entonces vi la sombra de Lucy en la pared interior y un trozo del techo. contesté. y si yo la tomé como una acusación. Sí. Hace mucho calor. Un rato después. dije. Daba al jardín de la parte posterior de la casa y a un bosquecillo. Tal vez fuera esa la razón. a la altura de la oficina de correos. Cerré la ventana. Me quedé un buen rato en la entrada y cuando llegué al cuarto de estar. incluso me pregunté de dónde procedía el verbo «encandilar». y en una mano llevaba algo que también ardía. Lucy estaba haciendo un solitario. Me senté bajo la lluvia en la oscuridad y me puse a mirar las ventanas iluminadas.64 Kjell Askildsen (Noruega) Una noche de sábado. es como si lo absurdo de la existencia se te deslizara hacia el interior y se extendiera como un inmenso y desnudo paisaje. la lluvia suave y el silencio. Sólo un pequeño paseo. Incluso para ser Lucy era una afirmación muy puntual. Miré hacia el jardín. Tal vez por eso bajé al jardín en lugar de salir a la carretera. Le di la razón en que hacía algo de calor. sin levantar la vista. de manera que abrí la ventana. desde allí podía ver a Lucy sentada junto a la mesa. Me quedé un rato de pie escuchando el suave rumor de la lluvia. sé que era justamente lo que sentía porque la idea me dejó algo perplejo. lo cierto es que sucedió lo que sucede de vez en cuando: se te viene encima un gran vacío. dijo ella. ¿Bueno?. Seguí el sendero y salí al aparcamiento de gravilla que había detrás de la oficina de correos. Ella continuó con su solitario. hacia finales de noviembre. Me subí a la valla por donde podía agarrarme a la rama inferior de un gran roble. sin levantar la vista de los naipes y con una voz completamente cotidiana. preguntándome qué era lo que había quemado. y luego volví por el mismo camino. dijo Lucy. pero ella no volvió. Llueve. y ella estaba sentada junto a la mesa del comedor haciendo un solitario. aunque yo seguía mirando por la ventana. se debía a esa sensación que tenía de haber sido engañado. y enseguida me encontraba otra vez junto a la valla. Pero al llegar a la valla me volví. dije. pensaba que quizá tenía miedo de algo. Al cabo de un rato hacía demasiado frío para permanecer sentado. donde solíamos cultivar col y había un pequeño banco. una sensación que no se había esfumado al volver a casa y comprobar que todas las huellas de lo que había visto desde la valla habían sido borradas. Una leve pendiente del jardín me impedía ver a Lucy. sólo unos doscientos metros. Levantó la vista de los naipes y me dirigió una sonrisa. dijo ella. en ese momento tuve la sensación de que toda la habitación se quedaba en penumbra. contesté. Ya lo sabías. Bajé de la valla de un salto por el lado exterior y me interné en el bosquecillo. Luego la llama desapareció y Lucy se levantó. Al instante. Me preguntaba cómo podía ser. Yo estaba sentado en un sillón junto a la ventana. Ya puedes cerrar si quieres. dijo: Sólo tengo que pellizcarme el brazo para saber que existo. me hallaba solo en casa con Lucy. pero resultaba imposible ver de qué se trataba. y el de Lucy. Delante de ella ardía una vela. y yo no sabía la causa. Voy a dar un paseo. Lucy había desaparecido de mi campo de visión. Me senté junto a la ventana. no era muy largo. Esperé un rato.

Así salió de mi vida. ahora ya lo sé. Yo tenía una fuerte sensación de rigidez en el rostro. pero yo no contesté. Lucy mencionó un par de asuntos triviales. Miré el que aún estaba intacto: un bufón guiñando un ojo mientras se sacaba un as de corazones de la manga. Empezó a recoger los naipes. Había pensado decirle que lamentaba el no haber sido capaz de controlarme. ¿Y qué? me dije. Era incapaz de volverme. En ese instante. Lucy ya estaba dormida. es decir. Había un solo comodín. y golpeé el mango con tanta fuerza contra el plato que estalló. Intentaba imaginarme que era una mañana de domingo cualquiera. estaba totalmente encerrado en la sensación de haber sido ultrajado. La baraja aún estaba en la mesa. todo se volvió negro en mi interior. luego sonó la puerta del dormitorio. Las preguntas se enmarañaban en mi interior. Después de ocho años. No dije nada. tal vez varios minutos. Me metí el naipe en el bolsillo con un confuso sentimiento de venganza y luego volví a colocar la baraja en el estuche. estaba seguro de que al cabo de un tiempo se daría cuenta de que me necesitaba tanto como yo a ella. Llovía. tengo que admitirlo. pobre Joachim! Unas horas más tarde volví a casa. Entonces dijo: «no hace falta que te calles por mí». Lo cogí y me puse a darle vueltas. indeciso y confuso. La casa estaba oscura. Quise ir a la cocina y mirar el cubo de la basura. Al principio me negué a creerlo. Lucy. pero vacilé por miedo a que Lucy me sorprendiera. Permanecí mucho tiempo despierto. y a continuación se hizo el silencio. Pero no se dio cuenta. todavía sin levantar la vista. y en el cubo de la basura podía verse la esquina de un naipe quemado. no era la que yo pensaba que era. pero no lo conseguía. Lucy guardó la baraja en el estuche y se levantó lentamente. En la mesa de la cocina había una nota en la que ponía: Sí. Encendí las luces.65 controlé. pero finalmente mis pensamientos tomaron otra dirección. ¿había cogido una vela con el fin de quemar un naipe? ¿Uno de esos naipes con los que hacía solitarios? ¿Por qué una vela? ¿Por qué quemar un naipe? ¿Por qué había vuelto a dejar la vela en su sitio? ¿Qué naipe? A la última pregunta tal vez pudiera encontrar la respuesta. Dejé caer el naipe quemado al cubo de la basura y volví al cuarto de estar. sino que continué mirando su reflejo en el cristal de la ventana. Abrí la puerta del armario de debajo del fregadero. Oí que abría el grifo de la cocina. Estaba tan limpia de cenizas como lo había estado todo el día. ni siquiera me volví hacia ella. Me levanté y me acerqué a la chimenea. saqué los naipes y los conté: cincuenta y tres. Cuando una hora más tarde fui a acostarme. Te llamaré mañana u otro día. no sabe que la he visto. A continuación me levanté y salí de la habitación gritando: ¡pobre Joachim. Me miró. Dijo: Pobre Joachim. Había quemado un comodín. No sé cuánto tiempo permanecí desmenuzando con amargura sus últimas palabras. Kjell Askildsen ( oruega) Breve reseña sobre su obra . y a la mañana siguiente me acordaba de todo. Y se fue. Desayunamos en silencio. Tenía el cuchillo en la mano.

los burros. y por Un vasto y desierto paisaje y el Premio Riksmål 1987 por Un súbito pensamiento liberador. Un día.. lo que ha obtenido con el sudor de su frente? Fari nunca escuchó tal cosa. Si las órdenes de Dakar -impuestos y prestaciones. los mojones que jamás existieran habían sido reemplazados por osamentas dejadas relucientes por los depredadores. pues. En el reino de N'Guer donde vivían los hombres. ¿Pero de qué forma disponer sin riesgos de todas esas cosas buenas que pertenecían a los hombres? Un solo medio tal vez: hacerse hombre. para la humanidad. Ha recibido el Premio de la Crítica en Noruega. -¿Los compadeces tú también? -había contestado Amadou Koumba-. muy antiguos... del Jefe del Pueblo al Jefe de Familia. Tanto estas obras. Es sin embargo su culpa si hoy están como están. 1983 por Últimas notas de Thomas F. las cosechas parecían más bellas que en cualquier otro país. del Comandante de Círculo al Jefe del Condado (sin olvidar al intérprete). de países más abundantes. El comodín pertenece a El Vikingo afeitado: relatos de escritores nórdicos. A la mujer. y cadáveres en todos los estadios de putrefacción. si son los esclavos de los esclavos. una gran sequía asoló el país sobre el cual recayó la hambruna. vivían libres en un país donde nada faltaba. se decidió que la reina Fari y algunas de sus cortesanas partirían en busca de tierras menos devastadas. Fari decidió entonces permanecer hembra y metamorfosearse en mujer. es porque se lo buscaron. así como toda su corle. Yo había dicho: "¡Pobres asnos! Lo que tienen que sobrellevar". del Jefe de Familia sobre su lomo a golpes de palo. Fari la burra Birago Diop (Senegal) A lo largo de la ruta del Sur que habíamos recorrido durante todo el día. nunca se había visto a un macho negarle algo a una hembra o pegarle -a menos que el hombre fuera loco como un perro loco-. desde que se tiene memoria. como Los perros de Tesalónica han sido traducidas al español y publicadas por la editorial española Lengua de Trapo. Cadáveres y osamentas de asnos que llevaban a Sudán el cargamento de árboles de colas de la Costa. de los campesinos a los esclavos de los esclavos. Fari quiso detenerse allí. Como antaño (ya que no creo que algo haya cambiado). de los cuales no han perdido como nosotros la memoria. Si los burros están hoy donde están. después de haber pasado del Gobernador al Comandante de Círculo. En los tiempos antiguos.. Después de consejos y palabras interminables. ¿Pero el hombre cede a su semejante de buena gana lo que le pertenece. . quizá. de Damel el Rey a los Lamanes virreyes. de los Diambours a los campesinos de baja condición. como todos los seres sobre la tierra. de regiones más hospitalarias. Su primer libro se tituló Desde ahora seré yo quien te lleve a casa (1953). del Jefe del Condado al Jefe del Pueblo.recaen. ¿Qué primer error cometieron? Nadie lo ha sabido nunca y tal vez nadie lo sabrá jamás. publicado por Ediciones de la Torre. el hombre no debía rehusarle nada.66 Escritor noruego nacido en Mandal en 1929.

corriendo. Narr el Moro. aún se dice de un alcahuete '"que se tragó un moro". La belleza de una de ellas. Bour acompañó a su moro al lago y trajo consigo a la bella y a su corte. se convertían en burras. Salían luego del agua. el moro del rey de N'Guer. apenas se dio vuelta que el carácter camina detrás suyo. encontró a mujeres bañándose. -¡Bour! ¡Bilahi! ¡Walahi! (¡En verdad! ¡En nombre de Dios!) Si miento. Narr olvidó abluciones y oraciones y fue corriendo a despertar a Bour. una mañana. . Por esta razón. y luego porque no sabía guardar el más mínimo secreto. E hizo de ella su esposa favorita. rodeada por todas las demás. Fari y su corte retomaban sus cuerpos de mujer y regresaban a casa de Bour. El único que hubiese podido hacerlo. Pero Narr se distinguía además de los otros por su color blanco en primer lugar. Fari y sus cortesanas.. ¡Encontré en el lago una mujer cuya belleza no puede ser descripta! ¡Ven al lago. No tenía ningún mérito en ello. dar vueltas en la tierra y dar coces. marmitas y todos los utensilios sucios. había partido en peregrinaje a La Meca. se aburrían cada día más. el único del pueblo que salía al crepúsculo para sus abluciones y la plegaria de Timiss. El hombre no es el único que sufre por esta desdicha. de ir a bañarse al lago todos los días. dando coces y vueltas y tirándose pedos. que me corten el cuello. Así pidieron un día a Bour la autorización. Narr era entonces prácticamente ferviente y nunca fallaba a ninguna de las cinco plegarias del día. Qué sorpresa se llevó cuando. penetraban en el agua cantando: ¡Fari hi! ¡Han! ¡Fari! ¡hi! ¡Han! Fari es una burra. iban. Llevando cacerolas. Les faltaba todo aquello que hace a la felicidad y la alegría de la naturaleza de los burros: rebuznar y tirarse pedos. era tal que el sol naciente se veía opacado. al crepúsculo. con el pretexto de los grandes calores. Y en nuestros días. con las cacerolas y marmitas impecables. la comparten con él. era tal vez el único sujeto del reino en practicar sinceramente la religión del Corán. que deberían haber vivido felices y sin preocupaciones en la corle del rey de N'Guer. Nadie las molestaba. ¿Dónde está Fari la reina de los burros que emigró y no volvió? A medida que cantaban. que les fue concedida..67 Narr. cada atardecer al lago donde. como las otras criaturas. ya que debía mostrarse digno de sus antepasados que habían introducido por la fuerza el Islam en el país. tirando túnicas y paños. dirigiéndose a sus abluciones en el lago de N'Guer. el rey de N'Guer. Los burros. Bour! ¡Ven! Es solo digna de ti. Cuando el hombre dice a su carácter: "Espérame aquí". Cansadas y felices.

le dijo: -Cuando nuestra reina favorita acaricie la cabeza de Bour sobre su muslo para adormecerlo. curioso como todo griot que se respeta. Bour abrió los ojos. Pero. -¿Por qué razón. . Después del almuerzo. que me corten la cabeza. el griot-músico del rey. si Narr hubiera muerto en el camino. su secreto lo ahogaba. -¡No! Pero luego verás el poder de mi canción -respondió Narr el Moro. -Bour-dijo la reina llorando-. ¡inch allah! Te lo probaré. hacia el lago. que hasta entonces cantaba dulcemente rozando su guitarra. las cosas hubiesen durado para siempre. en medio de la noche. Se dirigió. Diali continuó: ¡Fari hi! ¡Han! Fari es una burra. -¿Aprendiste esta canción en La Meca? -preguntó Diali. Bour. viéndolas transformarse en burras. es una burra! -¿Qué estás diciendo. aunque no pudo decir una palabra de lo que había visto. tocarás con tu guitarra y cantarás la canción que te acabo de enseñar. en un reino bambara. Bour estaba somnioliento. por el resto de sus días. cerca de la Kaaba. ya que fue festejado e interrogado sobre su peregrinaje. atravesado entre el couscous y el cordero con los que se había atiborrado. escuchó su canción. si hubiese sido capturado en el Este. Su sorpresa fue mayor a la del día en que las había encontrado.68 Tal vez. o si él hubiese preferido permanecer. Narr llamó a Diali. escondido tras un árbol. cuando. Fue a despertar al rey: -¡Bour! ¡Bilahi! ¡Walahi! Si miento. en vez de cantar la gloria de los reyes difuntos. se puso a cantar: ¡Fari hi! ¡Han! ¡Fari hi! ¡Han! La reina se estremeció. la cabeza apoyada en el muslo de su favorita. Diali. A la mañana siguiente. para estar más cerca del paraíso. ¡tu mujer más querida no es un ser humano. Vio mujeres y. antes de ir a saludar al rey. mañana. mientras Narr contaba nuevamente su peregrinaje. Llegó a casa de Bour. Pero un buen día Narr volvió. impide a Diali cantar esa canción. peul o hausa y mantenido como esclavo. y le enseñó la canción de Fari. y justamente. querida? Me parece muy linda a mí-dijo el rey. al caer la noche. Narr? ¿Los genios te dieron vuelta la cabeza en el camino de la salvación? -Mañana.

salieron en su busca y pasaron por el reino de N'Guer. Luego se dedicó a realizar adaptaciones de los relatos tradicionales del narrador oral Amadou Koumba. corrido la misma suerte que su reina. porque en mi país se la canta durante los entierros. sus orejas se alargaron. -¡Te lo suplico. bajo el sol y bajo la luna. por todos los senderos. Birago Diop (Senegal) Breve reseña sobre su obra Cuentista y poeta senegalés en lengua francesa. Fari.. Recibió una formación coránica y estudió paralelamente en la escuela francesa. editada por el mismo Senghor. Sus primeros poemas fueron publicados en la Anthologie de la nouvelle poésie nègre et malgache. Esos cuentos darían forma a sus libros más conocidos: Cuentos de Amadou Koumba (1947) y Les uevos Cuentos de Amadou Koumba (1957). daba coces en el medio de la choza. -¡Pero no es una razón para hacer callar a Diali! Y Diali cantaba: Fari es una burra ¿Dónde está Fari la reina de los burros que emigró y no volvió? De pronto.. Cuentos y Lavanes (1963) y Contes d´Awa (1977). La otra pata se transformó. Y es desde N'Guer y desde Fari que los burros penan bajo los golpes y trotan. ellas también.69 -Es una canción que Narr aprendió en La Meca -explicó el griot. el Moro. En 1960 publicó una colección de poemas titulada Leurres et Lueurs. Nacido en Ouacam en 1906. y así dio un golpe en la mandíbula de Narr. Como su reina. Se recibió de veterinario en la Universidad de Toulouse. como todos los burros que. Su producción literaria se vio interrumpida. continuó investigando sobe literatura tradicional africana y entre 1978 y 1989 . su hermoso rostro también. Sin embargo. tras la independencia de Senegal. cargados. en el seno de una influyente familia de la etnia Wolof. En las chozas vecinas. Me duele. en el patio. convertida en burra. la pierna de la reina que soportaba la cabeza de Bour se puso tiesa y bajo la tela apareció un casco y luego una pata. Allí conoció los trabajos de los africanistas y se unió a finales de los años 1930 al movimiento impulsado por Léopold Sédar Senghor. en las cocinas. fueron reducidas a golpes y encadenadas. los golpes de cascos y los ¡ni! ¡han! indicaban que las sujetas de Fari habían. por su desempeño como diplomático de su país y su vuelta a la profesión de veterinario. mi amo! -gimió la favorita-. Francia. inquietos por la suerte de su reina y de sus esposas. Detenlo. Empujando a su esposo real.

Edmundo Paz Soldán (Bolivia) Breve reseña sobre su obra Escritor boliviano nacido en Cochabamba en 1967. Alrededor de la torre (1997). mi padre me dijo que iría a pescar y regresaría al atardecer y yo le creí. Sus primeras publicaciones aparecieron en Bolivia. y no me gusta leer. Ha escrito para medios como El País. Fari la burra pertenece a Los cuentos de Amadou Koumba. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas y han aparecido en antologías en diferentes países de Europa y América. Ciencias Políticas en la Universidad de Alabama y obtuvo un doctorado en Lenguas y Literatura Hispana por la Universidad de Berkeley. mi hermana habló de una excursión al Tunari con su novio y tampoco dudé. donde dicta el curso de literatura latinoamericana. el Premio acional de ovela de Bolivia 2002 por El delirio de Turing y la Beca Guggenheim en el año 2006. Un caso de conciencia Leonardo Sciascia (Italia) . En 2003 publicó el libro de crítica literaria. Time y Etiqueta egra. Me he quedado sin teléfono y sin electricidad. Falleció en Dakar. Amores imperfectos (1998). Así que me dedico a esperar sin hacer nada de la mejor manera posible. orte (2011). Los vivos y los muertos (2009). Alcides Arguedas y la narrativa de la nación enferma. Senegal. en el Suplemento Correo del periódico Los Tiempos. Actualmente es columnista de temas de cultura y política en el diario chileno La Tercera y docente de la Universidad de Cornell. el Premio Juan Rulfo por el cuento Dochera. En 1992 recibió el Premio Erich Guttentag por Días de papel. Y tampoco puedo salir de esta casa: me es intolerable la idea de que en el momento en que lo haga ellos regresen y volvamos a desencontrarnos. Sueños digitales (2000). Desapariciones (1994). La espera se incluye en el libro Las máscaras de la nada. En 2011 presidió la primera edición del Premio de las Américas. Mis provisiones se han agotado y cada vez me es más difícil encontrar ratones o gusanos. mi madre me dijo que iría a visitar a mi abuela y yo le creí. Stipe (2010) y las novelas Días de papel (1992). El delirio de Turing (2003). Publicó los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990). Buenos Aires. La espera Edmundo Paz Soldán (Bolivia) Como todos los domingos. The ew York Times. editado por Nuevo Milenio. Han pasado cuatro años y empiezo a sospechar que no volverán. Río fugitivo (1998). imagino que por falta de pago. Palacio quemado (2006). en 1997.70 publicó Plume raboutée y otros cuatro volúmenes de memorias. en 1990. Estudió Relaciones Internacionales en Buenos Aires. publicado por Ediciones del Sol. La materia del deseo (2001).

Y fue así que una noche de verano. Responde el Padre Lucchesini. un pariente mío. Abundaban los anuncios publicitarios. el semanario era voluminoso. una salva de gritos y de consideraciones obscenas que habrían de obligar al marido. o a comprometerse en una acción arrebatada. tan leal y fiel. y ahora lo amo más que antes. Soy muy religiosa. con el tren que ya llevaba cuarenta minutos de retraso al llegar a Catania y era previsible que acumulase las dos horas antes de arribar a Maddá. ¡nada de eso!. Y no es que el abogado fuese. ¿qué consejo me da?'" . Para fortuna suya. tan enamorado de mí. traicioné a mi marido con un hombre que frecuentaba nuestra casa. Por eso. excepto uno (pero éste era un continental). desde las ocho hasta la medianoche. entre los socios del círculo y todos los demás. no pudiendo siquiera dedicarse a ver el campo o el mar. Ese viaje lo efectuaba una vez al mes. y el paso de una mujer vestida de ese modo (amplio escote y falda cortísima) provocaría. Primeramente lo hojeó de cabo a rabo. sólo que ahí no todos eran como él." El abogado se quitó los zapatos. y corría el riesgo de ir a parar. El fugaz interés que tenía por mi pariente ya no existe en absoluto. pero yo seguía amando a mi marido mientras tanto. Pero yo sigo sufriendo. pero me detiene el miedo de perderlo. Pero sufro por haber engañado a un hombre tan bueno. Padre. pero hubiera sido una indecencia vestir así a una esposa. al padre o al hermano de la mujer a sufrir esa afrenta. el abogado se dispuso a leerlo con calma. del cual he estado un poco enamorada desde que yo era muy joven. ciertamente era vivaz y graciosa. como ya le había pasado en una ocasión. Luego encontró la sección titulada "La conciencia. tres rotograbados y una novela policiaca. por cuanto podía descubrir en el cuerpo de las modelos. el abogado se dedicaba a buscar periódicos abandonados por los viajeros. y se sentía a salvo cuando encontraba alguno. con el intervalo de dos comidas. partiendo de Roma a las ocho de la mañana. apoyó las piernas en el asiento de enfrente y empezó a leer. el diario. que debo callar. y a varios sacerdotes les he confesado mi remordimiento. en un momento de debilidad. por lo menos. Con el paso del tiempo. un mojigato que se opusiera al curso de la moda incluso en Maddá. Usted. actualidades. De ida estudiaba y reordenaba los documentos que eran la razón de su viaje. a una hermana. los tres rotograbados y una novela se habían convertido para él en una especie de medida correspondiente a la de un viaje realizado sin retardo. me han dicho que mi remordimiento es sincero y que está intacto el amor que le profeso a mi marido. aunque fuera fascista. casa. Un detalle lo hizo sobresaltarse un poco: "Una lectora de Maddá expone un caso muy delicado y complejo. el alma. el abogado se hundió en la lectura del semanario Usted: modas. Nuestra relación duró cerca de seis meses. de regreso se entretenía con las lecturas ya mencionadas. a una hija. capaces de admirar las gracias femeninas desde un punto de vista solamente estético. El lío era cuando el tren acumulaba el tiempo de retrasos: al acumular el papel impreso. Todos.71 El abogado Vaccagnino acostumbraba hacer el viaje de Roma a Maddá en el tren que. el sueño comenzaba a rondarlo. llegaba a Maddá siete minutos después de medianoche. de modas o humorístico. cuando el tren iba retrasado y casi vacío. deteniéndose a contemplar las imágenes de una moda que. Hay momentos en que siento el impulso de decirle todo. que pasaban entonces en la noche amorfa. a la estación terminal. Todo ese tiempo lo empleaba siempre en la lectura de un diario. 'Años atrás. si se quedaba dormido. una en el carro comedor. Al llegar a la última página. la otra en el transbordador.

es loable el impulso de la conciencia que la ha hecho pensar en confesarle su traición a la víctima. el abogado Vaccagnino pensó de nuevo en la carta de la señora de Maddá. Entrecerró los ojos.que tenían que pasar por el harnero de la perspicaz curiosidad. como usted dice. Restaurado por ocho horas de sueño y por una gran taza de café. justamente la han aconsejado esos sacerdotes que la exhortaron a no revelar su traición. temerosas. de verdad. y que el silencio sea para usted un sacrificio más grande que una confesión al hombre que usted ha traicionado. Rece. pendiente de un "pero". en los corredores del tribunal. o maligna. que le aconsejó lo contrario. esperaban que un hombre como él. fiel y enamorado?" Luego. por medio de los datos que la carta ofrecía. por lo menos. pero el abogado se despabiló de repente. Indignación. El Padre. leal. de maridos. se preguntó a sí mismo. una curiosidad pura." "Qué buena respuesta" -pensó el abogado-. de parientes de las mujeres. pues. pero titubeando. se delineara inmediatamente en la memoria. "Buena. caridad. Esa carta sería la comidilla de todo un mes. con su culpa? ¿Cómo es posible que considere usted como un momento de debilidad una traición que duró SEIS MESES. Centenares de hipótesis por hacer. se zambulló en una especie de gineceo en el que todas las jóvenes y gentiles señoras de Maddá. se impone el deber de callar. es bueno. En cuanto al otro. seguía un racimo dulce y caritativo: "Pero si su arrepentimiento es sincero. como usted misma dice.? Pero ¿quién puede ser?". Callar y sufrir. "¿Quién puede ser. Y el titubeo era tan delicioso. Considerando en abstracto su caso. iniciaba su respuesta en un tono candente: "¿Un momento de debilidad? ¿Un momento que duró seis meses? ¿Por qué es tan indulgente consigo misma. levantó la cabeza hacia la lámpara. Por lo tanto. tantas existencias -de mujeres. ofendiendo a un hombre que. encendiendo un cigarrillo. a un hombre que confía en usted y que la ama." Y después de un largo bostezo. comenzaba a ser como una rosa que había que deshojar pétalo a pétalo. La había recortado y guardado en la billetera. suavemente. la de los demás. de rigurosos principios y aguda inteligencia. descubriera entre ellas a la culpable. sólo inspirada por el chisme y la maledicencia. de que unos cincuenta ejemplares debían circular en el pueblo. buen sentido: ahí está todo. en las reuniones familiares." Finalmente decía: "Usted ha pagado y paga todavía su culpa con la pena del remordimiento. lentamente. aun a sabiendas de que su mujer estaba suscrita a Usted. como la suya. en el círculo. pero no puede ni debe confesarle a un hombre bueno e ignaro cual es su marido. que el sueño también empezó a insinuarse deliciosamente. un continental. era obvio. como buscando una luz que le ayudara en esa búsqueda que. pienso que su incauto consejo se debe más bien a su escaso conocimiento del corazón humano. pero si esta persona nada sabe de ello y la revelación no puede acarrearle sino dolor e inquietud. Tal vez el punto de partida para la investigación debía ser éste: hacer una lista de las señoras del pueblo . casi literaria. mientras se vestía. una traición cuyo conocimiento le provocaría un mal tal vez irremediable. por temor a que la identidad de la señora. a la adúltera. y no al hecho de ser.72 El estado de ánimo que se apoderó del abogado tenía que ver con una satisfacción rayana en el alborozo. si su remordimiento sigue vivo y tenaz el propósito de no recaer en el pecado. al recordar que aún no había leído la respuesta del Padre Lucchesini. rece. Es un hombre de primer orden este Padre Lucchesini.

su mujer podía proporcionarle una buena pista. con un impaciente "¿Qué quieres?". desquitándose así del despectivo tono del marido.73 que estaban abonadas al semanario. Y la llamó. Además. Pero el abogado no quería empantanarse en una discusión de economía doméstica. ¿Por qué? -Léela. las otras me las prestan mis amigas. un tono despectivo e inquisitorio. Ya verás. -¿Leíste la del último número? ¿La leíste? -No. dudando entre preguntar qué cosa había ahí de interesante e irse sin decir nada. naturalmente. se sentiría encantado de poder abrir los bolsones postales durante la noche. La señora pensó que estaba a punto de desencadenarse otra de las acostumbradas discusiones acerca de sus dispendios. ya que éste era su cliente. Al llegar la señora. de sus gastos locos que. según el marido. dándole a entender que no tenía ningún deseo de leer esa sección. erizada de papillotes y brillante de crema. Prevaleció. o que habitualmente se lo compraban al vendedor de periódicos. sin embargo. Operación muy fácil. -Sólo estoy abonada a Usted. -¿Lees todas las revistas que compras? -¿Qué revistas? -Las de moda. Por lo cual el . pero no quiso darle al marido la satisfacción de mostrar asombro o interés por lo que había leído. el abogado adoptó. de sus prodigalidades. La señora se quedó embarullada. puesto al corriente de la cosa. tarde o temprano serían la gota que derramara el vaso. no la he leído. a pesar de que ya la corroía la curiosidad. -¿Lees Usted? ¿La lees? -Claro que la leo. -¿Por qué? -Te digo que la leas. la curiosidad. y el jefe de correos. -Y las otras las compras en el puesto de periódicos. -¿También la sección del Padre Lucchesini? -A veces. -No es verdad.

de entre los que ahí estaban había nueve (alguien los había contado ya) en esas condiciones. misma que devolvió sin decir siquiera una palabra y encaminándose. el abogado preguntó: -¿Ya la leíste? -No -respondió secamente la señora. los viudos. sentándose en un sillón. En el círculo se comentaron las reacciones del abogado Lanzarotta y del juez Rivera. puesto que nadie dudaba de la propia. Porque los solteros. Entre éstos. el hecho de que el abogado Lanzarotta cincuenta años bien llevados pero con una mujer de veinticinco. declaró sin piedad que en las condiciones de Lanzarotta y de Rivera. criptogramas y crucigramas. El abogado se la dio. A la unánime aprobación del esquema siguió inmediatamente una difusa consternación: excluyendo la parte dedicada a la inteligencia.dejase la toga diez minutos después de haber leído la carta y. Y don Luigi las estableció de la siguiente manera: esa mujer tenía entre los veinte y los treinta y cinco años. todos convinieron. le rogara al presidente posponer el juicio que se estaba ventilando. con buena instrucción. -Permítame ver de nuevo la carta -le dijo. hacia su bufete. cosa que evidenciaba la carta. asimismo aquella especie de rigor mortis que invadió la cara del juez Rivera conforme iba leyendo la carta. el primero en tener conciencia de ello fue el geómetra Favara. En el tribunal. "¿Qué condiciones?". no fea. no muy inteligente. Pero sólo acudió la voz de la señora. que estaba en el baño. que quería observar sus reacciones y arrancarle alguna información. fue juzgado por todos en el sentido justo. con maligna compasión. cosa que no debía trascender del grupo de amigos y conocidos.74 abogado. Pero don Luigi Amarú. que frecuentaba o hubiese frecuentado la casa. con la seguridad de que ya la había leído y de que no quería dar su brazo a torcer. más o menos fascinante. con un pariente de unos cuarenta años. como sonámbulo. mostrando un malestar repentino. con un marido de buen carácter. preguntó más de uno. aguda y exasperada: -¿Qué quieres? Tras la puerta cerrada. se estaban . se hundió en la lectura con la misma concentración que a menudo le dedicaba a los acertijos. y Favara. los ancianos y los que tenían la suerte de estar casados con una mujer sin parientes. al abogado Vaccagnino. Pero tuvo mejor fortuna en los corredores del tribunal. que ambos tenían de qué preocuparse. y todo un buen éxito realmente clamoroso en el círculo. por uno de esos caprichos que eran la salsa de su felicidad conyugal. de la atención entre divertida y ansiosa de la cual era objeto. sombría y amenazadoramente. que era soltero. pacífico. -Pero qué cretina eres -dijo el abogado. la llamó de nuevo después de esperar un cuarto de hora. debía haber por lo menos una veintena de ellas. no se daba cuenta del silencio que lo acechaba. de buen aspecto. alguna sospecha.

tiene razón!". de las que se ven en el Castel Sant'Angelo. La mayor parte de ellos dijo "¡Es verdad. se rebeló: -Eso sí que no. Jamás he creído en las cartas que publican las revistas. apartando del pedazo de papel una mirada de náufrago. ¿Que quién soy yo. -¡Sepulcros blanqueados! Gritó Favara poniéndose en pie de un salto. estupideces. provocatorias. por así decirlo. sobre todo tratándose de un caso de conciencia. Se hizo un gran silencio. Luego dijo el doctor Militello: -Yo no sabía que la mujer de Favara tuviese parientes -iniciando así una conversación tan placentera que sólo pudo interrumpir la intervención del camarero. El maestro Nicasio. es una sospecha que yo debo rechazar totalmente. pero ligero. el doctor Militello. Y efectivamente. pero aquí nos hallamos ante una sección a cargo de un sacerdote. pudiera restituirles la seguridad perdida. . trémulo de hilaridad.Y usted ¿quién es? -¿Cómo? ¿Que quién soy yo? -dijo el doctor. con una rabia y un esfuerzo como si se tratara de una antigua bala de cañón.? ¿Me lo pregunta. y en cuanto tal tiene el derecho. y que un sacerdote pueda inventar algo.75 divirtiendo. y antes de que los ofendidos tuvieran tiempo de reaccionar. una vez consumado. preguntándoles con la mirada a los ahí presentes. quien respetuosamente les hizo notar la hora: las dos de la tarde. por irreverente e injuriosa. querido amigo. de los periodistas. Y salió precipitadamente. En cambio. voló en auxilio del doctor: -Es un católico. presidente de la asociación de profesores católicos. pero sonriendo maliciosa y compasivamente. Favara reaccionó tal y como lo deseaban sus compañeros de pena y aun los que se sentían libres de sospecha: -¿Pero qué es esto? Cosas inventadas. agitando las manos como si buscara una identidad que le diera el derecho de refutar la duda de Favara.? ¿Quién soy yo? -agregó. . pero una auténtica ansiedad era manifiesta en la mirada de aquellos que se encontraban en las condiciones establecidas por don Luigi. -¿Usted la rechaza? -dijo Favara con una ironía que dejaba traslucir la rabia que le ardía por dentro. Podrá ser cierto que los periodistas inventen cartas. hizo una bola con el recorte de la revista y la lanzó contra el piano. como si el comportamiento de Favara fuera una especie de sacrificio que. son invenciones de ellos. un hombre con más de tres años de viudez y con fama de ser muy devoto.

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El abogado Vaccagnino halló los spaghetti demasiado blandos y a la mujer enfurruñada. Y comió sin hacerle ningún reproche, pues él tenía la culpa, intentando alegrarla con la anécdota, debidamente aderezada, de lo que había ocurrido entre Lanzarotta, Rivera y dulcis in fundo- Favara. Pero a la señora no le cayó muy en gracia el episodio. -Cuánta inconsciencia. ¿Y si ocurre una tragedia? -¡Qué tragedia ni qué nada! -contestó el abogado. Y aunque así ocurriera, yo me siento con la conciencia tranquila. En primer lugar, porque se trata de una carta publicada en una revista que lee cualquier pelagatos. -Tú también la leíste -constató la señora. -Por pura casualidad -precisó el marido. -Eso quiere decir que yo soy una pelagatos cualquiera, puesto que también la leo aclaró, la señora que, quien sabe por qué, tenía ganas de reñir. El abogado, en cambio, que no tenía ganas de hacerlo, se disculpó con ella y prosiguió: -En segundo lugar, porque nadie, absolutamente nadie, hizo la más mínima alusión a los asuntos personales de ninguno de los tres: a) porque jamás ha circulado, que yo sepa, ninguna maledicencia acerca de las esposas de Lanzarotta, Rivera y Favara; b) porque aun habiéndose dado semejante caso, todos somos caballeros, y yo lo soy hasta el exceso; c) porque si alguien tiene ganas de ser cornudo, es libre de hacerlo como yo soy libre de divertirme con eso. -Ahí está el problema -dijo la señora-: tú quieres divertirte con eso. Irritado por verse interrumpido en pleno despliegue de subdistinciones, en lo que era un maestro, el abogado alzó la voz: -Sí, eso es. Quiero divertirme. Y si tú piensas que no tengo derecho a divertirme con el desarrollo de este asunto, no tienes más que decírmelo -y su tono era ya feroz. -¡Sinvergüenza! -dijo la señora, y corrió a encerrarse en la recámara. El abogado se arrepintió inmediatamente de haber dicho la última frase, más por haber enturbiado la propia tranquilidad que por haber ofendido a su mujer, pues de esa frase brotaba ahora un antiguo episodio, un episodio que resucitaba la inquietud, la duda, la aprensión. El episodio se refería al edicto de Guillermo el normando, que ordenaba a todos los cornudos ponerse un capuchón con encajes, para distinguirse de los que no lo eran, so pena de pagar cien onzas de multa; y un marido particularmente respetuoso de las leyes le preguntó a su mujer si, en conciencia, le convenía o no portar el capuchón con encajes, suscitando con ello las fieras protestas de la esposa, que declaró ser la más fiel defensora del honor del marido. Pero cuando el buen hombre, ya tranquilizado, se disponía a salir con la cabeza descubierta, la mujer lo hizo volver sobre sus pasos y le aconsejó que, por si las moscas, lo mejor era que se pusiera el capuchón.

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"¿Qué puede saber un marido?", pensó el abogado. Y toda una literatura acerca de engaños femeninos, de traiciones consumadas por ellas con diabólica sagacidad, alimentó su instinto de autoconmiseración, abandonándose a ésta con la desesperación de un ciego (el símil relampagueó en su mente) que reflexiona acerca de su propia desventura. Y realmente experimentó una especie de ceguera física, el asedio de la compacta oscuridad que ocultaba los años que su mujer había vivido antes de que él la conociera, el tiempo que la dejaba sola, la libertad de que gozaba, los sentimientos que realmente abrigaba, lo que pensaba en realidad. "Hay que tener filosofía", se dijo. Y la halló en la imagen de Marco Aurelio, alta e inmóvil sobre la fluente y lúbrica desnudez de Mesalina, puesto que, quién sabe cómo, tenía la firme convicción de que Mesalina había sido esposa de Marco Aurelio, y de que éste se había hecho filósofo para librarse de sus desgracias conyugales. La filosofía revoloteó en el círculo durante toda la velada. Ahí estaban el juez Rivera y el abogado Lanzarotta que, era obvio -y era visible en el color de la cara y la mirada dispersa, intranquila-, simulaban serena indiferencia; muchos de ellos hacían lo imposible para ocultar su molestia, su aprensión, su miedo. Muy parecido era el estado de ánimo del abogado Vaccagnino, a pesar de que éste se hallara, a los ojos de los demás, en la feliz condición de tener en la lista de los parientes de su mujer solamente a un primo que vivía en Detroit, que nunca se había parado en el pueblo, y a una tía que era monja. El geómetra Favara lo había hecho todo para librarlos de cualquier preocupación: tan pronto como salió del círculo corrió a su casa para someter a su esposa a un estricto interrogatorio, llegando incluso (se murmuraba) a las manos; y en vista de que la señora negó, desesperadamente negó haber cometido una falta semejante y haber escrito la carta, Favara decidió que sólo quedaba una cosa por hacer, que no era otra sino ir inmediatamente a Milán, hablar con el Padre Lucchesini y pedir que le mostrara la carta. En dado caso de que el Padre Lucchesini no se dejara convencer por las buenas, ya lo convencería él con la pistola que llevaba en un bolsillo. Por tal razón la señora, al ver que se había marchado su marido, le telefoneó inmediatamente al ingeniero Básico, a fin de que salvara de una catástrofe a su socio y amigo; y el ingeniero, se dirigió al aeropuerto de Catania, calculando que Favara, que ya había tomado el tren, como lo constatara el jefe de la estación, llegaría a Milán al día siguiente. Sin embargo, a pesar de la amistad, antes de partir quiso informarle al doctor Militello, es decir: a todos los socios del círculo, de la delicada y secreta misión que se disponía a cumplir. Por tal motivo ahora todos veían con filosofía el caso de Favara, considerando infundadas las sospechas que lo habían trastornado, pero con el intenso deseo de que se revelaran fundadísimas. Llegaron incluso a proclamar que dicha carta la había mandado un bromista de Maddá, para que sucediera lo que había sucedido, que era impensable tal desfachatez por parte de una señora. -Si llego a encontrar al bromista de marras -dijo el profesor Cozzo- le retuerzo el pescuezo, tan cierto como que existe Dios. Puesto que Cozzo era soltero, todos se asombraron. -Y tú ¿qué interés puedes tener en esto?

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-Claro que me interesa -respondió Cozzo, golpeando nerviosamente el puño cerrado de la derecha contra la palma de la mano izquierda. Y le interesaba, desde luego: tenía una cita, la primera, con la señora Nicasio, en un hotel de la capital; pero la señora la había pospuesto, diciéndole que era preferible esperar un poco, que no podía decirle al marido que se iba sola a la ciudad a hacer las compras de costumbre, ya que ese día el profesor había estado intratable durante la comida, lleno de malhumor y sospechas. La actitud de Cozzo suscitó una nueva oleada de sospechas, pero siempre contenidas, siempre ocultas; y también al profesor Nicasio, que estaba presente, le hizo reaflorar el recuerdo de aquel baile de carnaval, en el que casi toda la noche su mujer estuvo bailando con Cozzo, razón por la cual tuvo un pleito con ella al volver a casa. En resumidas cuentas, esa fue una noche muy larga para algunos; para otros, demasiado corta. Como todas las noches, el abogado Zarbo se metió en la cama antes que su mujer. Había tenido un pésimo día a causa de la carta. En el tribunal, en el círculo y, sobre todo, en su fuero interno, azotado por el resentimiento y la piedad, por el amor y el rencor. No como los otros. Él sabía, él ya lo sabía. Tomó un libro y lo abrió en la página doblada. Estuvo leyendo un buen rato, pero entre la mirada y la mente se interponía una especie de catarata. Sus pensamientos andaban en otra parte. Cuando levantó los ojos del libro tuvo un ligero sobresalto: su esposa estaba frente a él, desnuda, con los brazos levantados y la cabeza velada por el camisón que se estaba poniendo. Y le pareció que era el mejor momento para preguntarle, con voz incolora, con toda calma: -¿Para qué le escribiste al Padre Lucchesini? La cara de ella apareció de sopetón, congelada en una mueca de desconcierto, de alarma. Y preguntó, casi gritando: -¿Quién te lo dijo? -Nadie. Desde un principio supe que la carta era tuya. -¿Por qué? ¿Cómo? -Porque lo sabía. La mujer cayó de rodillas, hundiendo la cara en el borde del lecho, como queriendo ahogar un grito. -¡Conque lo sabías! ¡Lo sabías! Y se quedó como estaba, sacudida por los gimoteos casi inaudibles. Él empezó a hablarle del amor que le tenía, de su pena, mirándola con tierno desprecio, con piedad entreverada de deseo y de vergüenza. Y cuando las cosas que decía llegaron al llanto, a las lágrimas, se acercó a ella, para abrazarla.

En el medio la mesa se corta y unas astillas sobresalen del mantel. flores. Las parroquias de Regalpetra. De un lado quedamos nosotros. Tendió hacia él un puño cerrado. una novela policiaca sobre la mafia. entre otras publicaciones. No somos tan ruidosos como una familia italiana ni se hace el gran escándalo ni el borracho da la nota. pero nadie parece notarlo. La mesa se corta en dos entre las dos parcelas. Todos tomamos vino. cucharones. cortada en dos. En 1961 publicó El día de la lechuza. Muerte del inquisidor (1964). Como periodista trabajo. Sobre el mantel hay platos. editado por Tusquets. Simpatizó con el Partido Comunista Italiano del que acabaría apartándose para adoptar una posición independiente. beeeeee. botellas. diputado europeo y diputado del congreso italiano. A cada cual lo suyo (1966) y un libro de relatos ensayísticos titulado La cuerda de los locos (1970). cuchillos. cucharas. Falleció en 1989. lo rasgan antes del ruedo. los parientes. y de su boca salió el balido histérico y lamentoso del cabrón: -Beeeeee. para Corriere della Sera. Leonardo Sciascia (Italia) Breve reseña sobre su obra Narrador. fría. Un caso de conciencia pertenece a El mal color del vino. del otro. como si quisiera arrancarle los ojos. Su primer libro. la familia unida. a la que le siguieron Los tíos de Sicilia (1958 y 1961). los parientes. pero igual somos borrachos. el de boca mojada como un pez y orejas de cera rebosante.79 Pero ella se levantó de golpe al sentir que la tocaba. Estudió magisterio en Sicilia y dedicó parte de su vida a la enseñanza. por ejemplo. periodista y político italiano nacido en Agrigento el 8 de enero de 1921. jarras. La mesa está rota. inmóvil. fuentes. El consejo de Egipto (1963). una narración autobiográfica y ensayística ambientada en un pueblo siciliano. servilletas. migas de pan. apareció en 1956. viene hacia mí desde la otra mesa con gesto de arrojo (tras los cristales . tenedores. Cubre todas las esquinas de esta larga mesa de madera puesta a lo largo del jardín. emergen como púas. Alrededor estamos nosotros. y llega a rozar el suelo. la nuestra y la de los otros. La pequeña esposa de mi primo alto. En sus ojos y en la boca había una risa maligna. A la mesa Inés Bortagaray (Uruguay) El mantel es blanco. Todos sentados a lo largo de esta gran mesa que ocupa dos parcelas de quinta. levantando luego el índice y el meñique. Como político se desempeñó en los cargos de concejal de la ciudad de Palermo.

Rozo con mi dedo sus rodillas y ella se estremece y se ríe. y noto unos minúsculos pelos rosados en las rodillas. Después vamos a los pies de la familia y los olemos a todos. Se lo huele y me lo da para que yo también lo huela. y yo pienso que ya no son de ira esos ojos que ella tiene sino de tormento. la de la lengua ácida). La discusión entre las mesas da comienzo entonces. qué pie más asqueroso. Me molesta más lo de campantes que lo de víboras. que justo está oliendo. Afuera sigue el barullo. Parece haber encontrado el lugar exacto para ella. de momento previo al desencanto) y atraigo a Olinka contra mi pecho como quien aprieta a un niño durante el estallido de una bomba. ¿Un merecido por qué? Vuelve a morderme. ¿Por qué me lo decís ahora. Aunque sí. No nos pelea ni tampoco está jugando. Lo huelo y le digo: ay. y dice. Los pies de mamá huelen rico. como si mordiera: Porque vos y tu madre y tu abuela tienen que tener un merecido. Entonces me arrodillo y ella salta de la silla y nos ponemos a jugar bajo la mesa. Yo había aprendido la palabra puta y la usaba por vanidad. Yo no soy puta. en el borde de piel que queda libre entre las medias caladas y el organdí del traje. Jugamos a hacer caras de las feas y yo le gano.80 gruesos de sus lentes aparecen los ojos de indignación de muchacha provinciana que aún a pesar del encierro se hace temer. Olinka se saca los zapatos y las medias caladas y me muestra su pie. Mi vanidad se debía a haber aprendido a usar con ligereza algo que no parecía tan liviano. Afuera alguien dice: nuestra ensalada es por lejos la mejor. cóncavos. La miro y no sé quién es. mil perdones. Yo sí demoro. Las mueve como si bailara. Hace veintisiete años dije algo. Las piernitas le oscilan sin llegar al piso. Se sienta como señorita entre mi hermana y yo. cuando bien se sabe que son víboras. cuánta amargura me vino encima. Dice que se llama Olinka y que su nombre es ruso como el de algunas princesas. La palabra. las dos la miramos con sorpresa. Mi hermana se rasca el empeine con la punta del zapato. Esta es puta esta no es puta esta es puta. de qué pariente es hija. yo pienso. momentito. Me acurruco entre las piernas estiradas de mi padre (sé que ahora yace satisfecho con la boca casi sonriente. Algunos nos gustan y otros no. Dejo de prestarle atención a la esposa de mi primo el de la saliva y miro a una niña de rizos rojos que se ha venido a sentar a mi lado. puede ser que lo haya dicho. Ella me mira y los ojos que veo son tan grandes. A ella le gustan más que a mí los pies de la familia. Cuando acercamos las narices hace un movimiento brusco y le golpea el mentón a Olinka. de decir: este es un vanidoso. Se para frente a mí y me increpa: ¿por qué dijiste que mi tía es puta? Yo le digo: yo no dije nada. cuando ya pasó tanto tiempo? No demora. Olinka comienza a lloriquear y yo le tapo la boca con mi mano. dije: esta es una puta. qué grandes esos ojos que me miran detrás de los cristales engordados. En la mesa se hace silencio. y esos ojos de ausencia dichosa. en esta mesa. Me cuido mucho de hacerlas. No estar tan campantes. Dije. plácida. amarillentos. Es por eso que lo hago más conmigo que con el resto y entonces me digo: qué vanidosos que estamos hoy. pero se oye apagado por el peso del mantel. mirando la foto de la boda de la tía de la actual esposa de mi primo. Tiene sandalias color café con tiras de cuero que se cruzan adelante. Yo no soy una cualquiera. . oh. Alguien ahoga una exclamación y se oye un zumbido. Yo no siempre salí ilesa de las críticas ajenas. Por qué esperar tanto tiempo para vengar a la tía puta. aquella está llena de amargura. Momentito: estoy recordando.

publicación del Instituto del Tercer Mundo. Junto con el vigilante. Trabajó como cronista en Posdata (revista de publicación semanal). un poquitito de espuma en las axilas. dirigida por Mario Levrero. trabajó en el largometraje argentino Una novia errante. como una rueda de cohetes de bengala. El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso. entra la aurora vestida de violeta. contradice el pelo rojo de la alfombra. Hembras con las ancas nerviosas. botellas decapitadas de "champagne" con corbatas blancas de payaso. . editado por Eterna Cadencia Milonga Oliverio Girondo (Argentina) Sobre las mesas. licenciada en Ciencias de la Comunicación. baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos brazos y espaldas de "cocottes". la jeta hinchada de palabras soeces. y como editora e investigadora en La Guía del Mundo. Las mesas dan un corcovo y pegan cuatro patadas en el aire. Prontos. Su segundo libro. imanta los pezones. la serie de televisión El fin del mundo y la filmación de varias películas de la productora uruguaya ControlZ Films. se reeditó en marzo de 2007. Como guionista. la cabeza hundida entre los hombros. Machos que se quiebran en un corte ritual. De pronto se oye un fracaso de cristales. En 2001 publicó su libro de relatos Ahora tendré que matarte en la colección Flexes Terpines. ya. mientras entre un oleaje de brazos y de espaldas estallan las trompadas. listos. y los ojos demasiado aceitados. A la mesa aparece publicado en la antología El futuro no es nuestro.81 Inés Bortagaray (Uruguay) Breve reseña sobre su obra Escritora y periodista uruguaya. Un enorme espejo se derrumba con las columnas y la gente que tenía dentro. los pubis y la punta de los zapatos.

SÉ ECA Los detalles de la muerte de un hombre siempre son enojosos. Persuasión de los días (1942). Falleció el 24 de enero de 1967. Sus palabras pueden parecer contradictorias a los oídos de los demás y escuchará a su paso a los pedantes tildarlo de loco. salvo un ligero temblor en los labios del filósofo. una mirada.82 Oliverio Girondo (Argentina) Breve reseña sobre su obra Escritor argentino nacido en Buenos Aires en 1881 en el seno de una familia adinerada.. En 1943 contrajo matrimonio con la escritora Norah Lange. El día de la partida Enrique Serrano López (Colombia) El sabio jamás renuncia a su independencia. pero su vigor está . Prisma y Martín Fierro. Su cabello ha encanecido.. Y lo son porque recuerdan a los demás hombres su propia muerte y adelantan algunos trazos generales de lo que será nuestro futuro común. la primera vanguardia argentina. pues conservan la intensidad de esos últimos momentos en los que todo se hace por vez final. editado por Tajamar. Milonga pertenece a Veinte poemas para leer en el tranvía. yo también seré Séneca». Interlunio (1937). Junto a Enrique Molina tradujo también el libro de Arthur Rimbaud Una temporada en el infierno. en medio de la suprema tempestad. Todo. Un gesto. Espantapájaros (1932). I Séneca ha recibido en la mañana la orden de suicidarse. Entre sus obras se cuentan: Veinte poemas para leer en el tranvía (1922). participando en las revistas Proa. Además. Desde niño viajo asiduamente a Europa. Campo nuestro (1946) y En la masmédula (1953). Pero estos detalles son útiles. se diría que la certidumbre de la partida exalta el valor de la vida y produce en el alma de los que aún no mueren un impacto profundo. sus viajes frecuentes le permitieron establecer vínculo con las producciones del cubismo y el dadaísmo. la marca de un sello indeleble que dice: «Yo también seré aquel que hoy muere. estudió en París y en Inglaterra y se graduó como abogado. Calcomanías (1925). una palabra. se comporta como un vir fortis. y su valerosa esposa Pompea Paulina lee en voz alta un trozo de un escrito que su marido ha terminado tiempo atrás. sin perder por ello la tranquilidad de su ánimo. Fue uno de los jóvenes miembros del ultraísmo. El día transcurre normalmente y todo respira una luminosa serenidad. sólido y tenaz en sus propósitos. Aun.

El miedo es poderoso y se mueve solo. Natal y Escevino confesaron. Pero siempre es tarde cuando se es un vasallo. La . todos los hombres son iguales: pueden fingir valor. De una manera o de otra. La conspiración de Pisón fracasó. pregunta una vez más aquel que ya no requiere de ninguna respuesta. los preceptos de la sabiduría.83 intacto. Cuando la vida está perdida. Todos saben que el sabio cordobés no es un conspirador. atormentará a otros. para notificarle la inminencia de su propia muerte. Y el mundo no marchará bien mientras los sabios se encuentren al servicio de imbéciles. donada a Nerón para alegar una fidelidad en la que ya nadie puede creer.» El ventanal de la cámara de estudio de la quinta deja pasar un viento leve hasta la cara de este hombre de sesenta años. Todos los demás fueron descubiertos. dónde la disposición preparada con el discurso de tantos años para oponerse a cualquier accidente y peligro inminente?». es la hora de respirar libremente el aire de la campiña y de despedirse de los placeres que brindan a raudales las anchas fuentes del mundo. II El agua que corre por el patio calma la inquietud de Séneca. Sólo la mujer libertina. Es hora de masticar el opio. y el amor se resiente siempre por una ausencia inevitable. «¿Dónde quedan. distante cuatro millas de la ciudad. ha resistido la tentación de muchas conspiraciones -salvo esta-. El recuerdo de su riqueza. Sin embargo. Pompea Paulina amaba a Séneca. el miedo se transforma en tristeza. como corresponde a un hijo de la soleada Hispania. pero no pueden sentirlo. Cuánto le habría gustado tener tiempo para decidirlo por sí mismo. Lucano. arrastrándolo todo consigo. Un tribuno llegó hasta la quinta. en medio de la desdicha abrumadora. Y luego lloró. la increíble Epicarnis. «Si todos los hombres tuvieran la oportunidad de morir a menudo. y en su alma navega todavía la Dama de la inteligencia. ha soportado la prepotencia de los consejeros griegos y de los innumerables oradores romanos. Lucio Anneo ha podido aguantar una andanada de reproches motivados por su riqueza excesiva. producto de la impotencia. la angustia en desencanto y el dolor se aleja probablemente para siempre. fue capaz de soportar el tormento sin denunciar a los otros: no es raro. El valor es únicamente para los vivos. el escarnio y la soledad. Su pecho sabe lo que es el exilio. Quizá se una al Tíber y llegue al mar. pues. Quinciano y Seneción. No ha perdido el coraje. Más tarde. no habría ninguno que no fuese sabio. siente miedo. ¡Las más grandes hazañas de la tozudez humana han sido realizadas por mujeres! Es el día de la partida. «¿Cómo debo matarme?» Su esposa le contesta: «Derrama el vaso de tu sangre para que fecunde la tierra. tan hondamente como sólo lo hace quien va a perder lo más querido en el mundo. venido de misteriosas montañas perdidas en Oriente. Unas horas más y todo habrá pasado. Puede ser que algunas gotas vayan a dar a Hispania». Todo el lujo sensual y el colorido de los techos artesonados tiene sentido tan sólo para el hombre que no conoce la fecha y la hora exacta de su muerte. Es hora de bañarse en las termas y de probar manjares sutiles y desconocidos. pero también saben que el César lo odia desde hace años y que ha decidido deshacerse de él. y es la hora del tributo de sangre.

entonces irá perdiendo sin remedio la sensatez. La vanidad propia del mundo y la falta de razón que lo rige demuestran una vez más que el filósofo tiene razón cuando desprecia a la lógica como «no procedente para la sabiduría» y la somete a frecuentes y punzantes burlas. en donde no bien la fortuna ha sonreído a alguno. Séneca se da cuenta de todo cuanto sucede. Está sorprendido de la fuerza de su insensata esperanza. saqueador de templos y ladrón de imágenes sagradas. no lo pregunta porque vea correr las lágrimas de su esposa ni porque pretenda enseñar algo a sus discípulos más fieles. Cuando todo se ha dispuesto. Hoy. todo quiere persistir. Con la solemnidad que tienen las cosas de todos los días cuando se hacen por última vez. se ha dedicado a desacreditarle públicamente. Nada de esto turbará la Historia. han ido a buscarlo a su lugar de retiro para hacerle saber que están allí y que no lo dejarán en paz. pero no puede gobernar las fuerzas que lo arrastran a la muerte. después de años enteros de aguardarlo. La desdicha no ha caído de repente sobre el hombre que tanto ha escrito respecto de la firmeza del ánimo. IV Pompea Paulina quiere matarse con su esposo. Uno de ellos. el trozo de cielo que quedaba a Séneca se vuelve un jirón de tinieblas. los esclavos preparan un baño caliente para su señor. Así como este Acrato. queriendo acelerar su muerte. Los que sufren por detestarlo podrán por fin descansar mañana y él también descansará. Todo hombre ruin busca afanosamente una víctima en la cual desahogar sus culpas. cada flecha de otra flecha. Si el hombre sensato no se dedica a esperar cualquier cosa de manos de la suerte. otros más torcidos. un día de despedida. La vida es el conjunto informe de impulsos y arrebatos del destino. y cuya sacrílega mirada se ha posado sin recato en los cuerpos de las vestales. Cada golpe ha venido acompañado de otro golpe. el único día abrumadoramente real en la vida de todos los hombres. No obstante. Muchos años hace que Séneca vive en Roma. un ejército de envidiosos y mezquinos se abate sobre él. y su origen provinciano no ha sido un obstáculo para que su fama crezca y su fortuna aumente. Lo pregunta a Séneca. Unos más rectos. Lentamente. Por fortuna.84 serenidad sincera es el fruto de un desapego que él estaba lejos de poseer. Se lo ha dicho y él no se lo ha impedido. muchos otros enemigos gratuitos le acechan desde hace tiempo. esta vez será la última. y hay muchos que le odian y que se alegran de su desgracia. porque en él todo se resiste a morir. esperando en la sombra para clavar sus garras en la carne del cordobés. De nada ha valido ocultarse. no hay intelecto que los comprenda ni mente que los abarque. Acrato. es un día último. liberto del César. el fantasma de los celos de César ha rondado su cabeza. Y no se rebela. que quiere inventar proyectos y que anoche mismo soñaba con convencer a Estacio Anneo de sembrar uno de sus campos con delicadas frutas de estación. III Roma es un nido de víboras. lo único que puede hacer es no pretender rebelarse en vano. Séneca baja los ojos hacia la afilada cuchilla que sin perturbarse en absoluto vaciará su .

El sol busca ocultarse y sopla un viento fresco venido del mar. La máscara trágica ha caído y sólo resta tener paciencia. Ha escogido esta forma de matarse. no es mucho peor que cualquiera de sus soldados. porque asegura que podrá contemplar su propia muerte y la verá venir despacio. se ha granjeado el desprecio de su pueblo.85 cuerpo de sangre. Lucio Anneo convence a su esposa para que se retire a una habitación contigua. Desde niño. La virtud representada en un hombre. La angustia de no querer morir da paso a la impaciencia por morir pronto. Si Nerón conserva el poder es porque los dioses así lo quieren. La primera gota de sangre es para el arma. lo que no podemos ser. El origen de su alma es oscuro. V César es un hombre doble. La misma que perpetuamente ha hecho. Abraza y besa a quien ha mandado a apuñalar. Séneca empuña el arma y observa que su esposa lo hace también. como se atisba una nave en la distancia. son . de cada impulso del aliento. Cuestionar los motivos que puedan tener para hacerlo así es una tarea inservible. Su inquina contra Séneca se debe a la furia que le produce la sabiduría de los demás y al desprecio que su espíritu siente por sí mismo. No es un mal poeta ni un mal gobernante. No obstante. La inercia de la vida aspira a retar a la muerte. Pese a ello. la cuestión es saber la magnitud del plazo. a decir verdad. Las venas tienden a cerrarse y la sangre que contienen no acierta a desviarse de su rumbo. Pompea Paulina sangra. las legiones. la riqueza y la estupidez de su parte. Séneca pide ayuda a uno de sus amigos para apresurar la obra de la muerte. Pero. pero no han durado tanto en el mando. la autoridad moral o la lucidez. necesaria al cuerpo y a la mente para recibir la llegada de lo inevitable. No hay nada que no llegue. Pero Nerón tiene las espadas. Otros ha habido en el pasado bastante peores que él. no es un buen hijo ni un buen hermano. se trata tan sólo de un hombre ordinario colocado en un lugar extraordinario. su espíritu ha abundado en contradicciones. igual que él. Tras un instante de vacilación. El duelo ha comenzado desde mucho antes de la hora definitiva. Mirándose las venas con calma se hace una incisión profunda en la muñeca izquierda. La visión se hace turbia como para poder describir lo que se ve. y no hay pequeño rincón del mundo que esas cosas no conquisten. Vanidoso y vulgar. El dolor es inútil cuando es definitivo. La muerte hace su obra simple y eterna. Sus muchos crímenes obedecen por igual a la desidia que a la perversidad. así vemos abrirse y cerrarse la boca de una serpiente decapitada o vemos temblar la pierna cortada en la batalla. Una pesadez lánguida se va apoderando de cada músculo. Como hombre es mucho menos que un Catón o que un Pompeyo. de cada movimiento. En tardes así era un placer caminar por las arboledas floridas. Nadie emite un sonido. y en sus ojos apagados se percibe esa dureza que caracteriza a los crueles y esa blandura que pone en evidencia a los pusilánimes. Sólo se puede odiar al que representa lo que no somos. hacer proyectos y abrigar esperanzas. las demás las beberá la tierra con la misma avidez con la que absorbe las lluvias torrenciales de primavera. Séneca siente que su cuerpo delgado y viejo se demora en responder al último llamado.

desea la muerte lúcido y con el talante en alto. No se resigna a los arrebatos de la inconsciencia y no quiere cerrarse todas las puertas. Ve a su padre. Sus manos trepidan. ¡Qué candidez hay en sus ojos. observa los hermosos caballos de la infancia y la espada cartaginesa que poseyó alguna vez. mientras se contempla en su recuerdo como si mirara a otro! Ve a su madre. vomitarlo todo. como arrastrado por una rápida embarcación de vela bellamente calafateada que gozara de viento favorable. porque su alma ya no quiere percibir nada. el estricto rétor Marco Anneo Séneca. Uno de sus esclavos. Resignado a merecer el poder por su virtud. Todavía sumido en la ensoñación. aun la cobardía tiene grados. el deleite y la desgracia de haber sido Séneca. Delira magníficamente. Estacio Anneo. profesor de retórica y de leyes. el ayo de Nerón. gran médico. Séneca tuvo que sufrir la persecución de Agripina y bajar la cabeza ante el arribo de la fuerza bruta. Su mente trabaja ardorosamente para encontrar una solución. Todo esto no ha sido suficiente para arrancar el aliento de su ser y desprender el alma de su cuerpo. precisamente Séneca y no algún otro. Recuerda los lejanos misterios. quiere. VI El anciano de hoy fue el hombre maduro de ayer y el joven de unos días antes. solemnemente dedicado a sus libros. Mañana brillarán los astros en el cielo y correrá alegremente el agua por las fuentes. tan sólo para sus ojos. puede comprobar que se encuentra a medio camino del mundo de los muertos. Recuerda antiguas pasiones y amores desgastados por el tiempo. torpemente. un cartaginés moreno que hacía muchos . Ve a sus hermanos y a sus primos. el sabio y rico comerciante. reclinada en la vieja silla en su casa cordobesa. Los momentos vividos se le arremolinan en la cabeza. Nada ha cambiado: hoy lo hará una vez más. uno de esos mares que se llevan dentro durante años y que se vacían abruptamente en el momento de la muerte. La ignorancia es asesina y mata ingenuamente. Séneca. parecido a la ilustre cicuta de Sócrates. La bañera ensangrentada se disuelve en sus ojos como se alejan las pesadillas. pero terminan por llegar suavemente a su espíritu. Lo traga difícilmente. fue en otro tiempo la gran ventana por la que se asomaba el joven Nerón a un mundo complejo y avaro. cavila dulcemente sobre los errores y torpezas del pasado. Será la última. El corazón avanza en su pecho como si hubiera adquirido pies. antes bien. Se ve a sí mismo y tiene ocasión de volver a amarse intensamente. de gimnasia y de filosofía. Desde su entrañable probidad. le convence de que apresure su agonía ingiriendo veneno seco. Este cordobés. Hace olvidar al grasiento César que su ayo y maestro dedicó años para sentar las bases de su espíritu y que lo vio sonreír cuando era un niño ante el descubrimiento de las primeras letras y la irrupción temprana de la sabiduría. se imagina atravesar un océano de bruma y de silencio. Su amigo. el trágico y el orador. Produce.86 escudos muy frágiles para protegerse del yugo de la ignorancia. y la suya es pequeña: ha comprendido que hasta el miedo puede esfumarse cuando ya no tiene sentido tenerlo. atractiva e inalcanzable como la de una fiera. y bañado en un sudor frío. aunque agotado. en los que creyó ver el alma misma del mundo. la vulgaridad y la intolerancia. por intervalos más o menos regulares. debió servir de pedestal a una familia entera de canallas.

. Había un casco de obús en la mesa de la sala. Era de cobre. El líquido hirviente y vaporoso salta sobre la piel de sus criados.. como él lo había dispuesto en su codicilo. y su alma inicia el tránsito al Tártaro profundo y obscuro. permaneció siempre sobre la mesa. Entra al baño y ya no vuelve a salir. De cualquier modo. Jamás desde entonces he vuelto a sentir tal terror. sin excepción ni perdón. Los soldados del tribuno impiden la muerte de Pompea Paulina. las partículas de polvo. -¿Un casco de obús? -Ni siquiera sé cuál es el nombre apropiado.. pues aquel vapor suspende su aliento. -¿De mí? Muy bien. -Yo te lo he dicho todo. tal tentación. En la segunda ya no se fabricaron estas balas hechas con metales no . Esa fue la única cosa hermosa que tuvimos. Sale para un banquete en las afueras de Roma.. tus ojos.87 años preparaba sus abluciones con hierbas y esencias españolas. En nuestra casa no eran muchos los objetos bellos. Durante muchos años. Enrique Serrano López (Colombia) Breve reseña sobre su obra Escritor colombiano nacido en Barrancabermeja en 1960. Tenía entonces ocho años. -Nada sabemos el uno del otro. al cual todos estamos destinados. En un extremo tenía una abolladura producida por el disparo.. Era el casquillo de una bala de artillería utilizada en la primera Guerra Mundial. No te aburriré con mis recuerdos de guerra. únicamente de ti. El día de la partida aparece publicado en La marca de España. -Háblame de ti. La llamábamos la bomba. Voy a contarte la cosa más terrible que me ha ocurrido. todos los reflejos de luz. Mi mano es tu mano. mientras se oye decir a Séneca: «Consagro este licor a Júpiter librador». Recuerdo cada una de las palabras. era la cubierta o funda de un proyectil de obús. los consejeros griegos sonríen y el Emperador hace una mueca de espanto que termina en una carcajada. la verdad es que no son muy interesantes. La vida no es ese conjunto de sucesos extraordinarios. tal pavor. El cuerpo del cordobés es quemado sin rituales. mis ojos. Ha publicado las colecciones de relatos La marca de España (1997) y De parte de Dios (2000) y las novela Tamerlán (2003) y Donde no te conozcan (2007). brillantemente pulido. y lleva bajo su brazo algunos libros escritos por su maestro. lo transporta a un aposento donde hay un baño de agua caliente. Es ganador de la XII edcion del Concurso Juan Rulfo de Cuento.. editado por Seix Barral. El pecado Tadeusz Rozewicz (Polonia) -Somos un solo cuerpo. Cuando la noticia llega a oídos de Nerón. ¿No lo sientes también así? Empiezo a creer que marido y mujer son una persona.

Es un vaso de porcelana. la retiré inmediatamente. por favor. de cualquier manera no se había inventado aún una aleación más barata para sustituir el cobre. Cabezas. mi madre se sentaba en la sala y zurcía. Continué observando el jarrón de porcelana un buen rato. Nosotros éramos pobres. Muy caro. no es para flores. aunque no los recuerdo. Luego extendí la mano y lo acaricié. Sin flores. Pero el vaso apareció como por arte de magia. Era blanco. platos. -¿Para qué. Pero nuestro cuarto se ve ahora mucho mejor. No me fijé en el obús. Mantuve la mano sobre el vaso. un molino de carne. Aun el casco de obús había sido en otra época un proyectil. angulares. Puse la mano en él y sentí en la palma su convexidad. entonces? -Para nada. advertí un objeto en la mesa. -¿Para qué es? ¿Es un florero? -No -dijo mi madre-. mi padre leía el periódico..88 ferrosos. no vayas a moverlo. Me acerqué a la mesa. Fría. Había aparecido en nuestra casa de repente. y comencé a mirar aquel vaso. No se podía llenar de agua y poner flores en él. que no tenía una función especial y que se resumía en su propia forma. Lo acaricié suavemente con los dedos. Lo que mejor recuerdo es la luz del vaso. y después de un buen rato sentí cómo se calentaba la superficie. La mesa quedaba iluminada. un espejo. Era bello por sí mismo. En ocasiones. Enormes manos. La luz en la habitación era semejante a la que existe bajo la fronda de un gran árbol. y salió. supongo que ya lo había olvidado. aunque seguramente eran de latón o de estaño. su redondez. al abrir la puerta. En cambio. un reloj. En la habitación siempre sombría. La vida era difícil después de la primera guerra. que colgaba en la pared de la cocina. Nunca había sido otra cosa. Sé que había árboles frente a la casa. Palpé delicadamente su fría superficie. cumplían una función determinada. Extendí la mano. cucharas. Como un huevo puesto por un ave gigantesca y desconocida.. Por las noches. Tu padre seguramente va a enojarse conmigo por haberlo comprado. Era parecido a un gran huevo. pero al escuchar los pasos de mi madre. El vaso permanecía en medio de este mundo. Mi madre jamás había hablado de que deseara comprar un vaso. Me acerqué a la mesa y contemplé el vaso. una plancha. Fueron necesarios casi diez años para que mi padre pudiera comprar un gran espejo ovalado. Naturalmente había sillas. Había una lámpara de aceite en la mesa. Un día me encontraba solo en el apartamiento. En la anterior se podían dar el lujo de balas costosas. Antes habíamos tenido sólo uno cuadrado. La superficie era fría. mesas. como reflejada en un pozo. de vez en cuando. En las paredes se deslizaban las sombras. -¿Por qué? -Porque las cosas hermosas no se tocan -dijo mi madre. Siempre he confundido el cobre con el bronce. Sirve sólo de adorno. que no teníamos suficiente dinero por el momento y cosas por ese estilo. una estufa. verdosa. En realidad no era propiamente un vaso. aquel hermoso vaso no tenía ninguna utilidad. Casi todos los objetos de nuestra casa eran cuadrados. mi madre adornaba aquel casco de obús con flores de papel rizado. Siempre hemos dicho moneditas de cobre. Pero todos aquellos objetos servían. Retiré la mano y me dirigí a la cocina donde guardaba mis soldados de plomo en un . El espejo y la nueva mesa fueron discutidos durante meses: decían que había que comprarlos. pero todos los rincones de la habitación se sumergían en la penumbra. Como si el agua fluyera a través de los muros. huidiza. Un día. Sencillamente es hermoso. Era como si estuviese modelando una bella forma. a pesar de que hacía calor. luminoso y casi transparente. En invierno. utensilios. de cuerpo abultado y brillante. tiene una forma preciosa. Era la primera cosa hermosa que había en nuestra casa. jamás daba el sol. Mortecina. Mi madre me preguntó con una sonrisa: -¿No es verdad que es muy hermoso? Pero no lo toques. pero no lo toques. una cubeta.

encendida de la mañana a la noche. El hielo se quebraba. pero de un tono bastante parecido. ajeno. Permanecía allí extraño.89 cajón bajo la mesa. Pero el demonio me sujetó las manos. Comencé entonces a rezar: "Ángel Santo de mi guarda. Antes había estado solo. dos veces. Los rompíamos con piedras o con los clavos de nuestras botas. Sí. El vaso. Algo no de nuestra casa. Aunque no había nadie en casa. . El vaso rodó unos cuantos centímetros y se detuvo en el borde. en el último momento. Ahora ya no creo en él. Puse el oído sobre el vaso y lo golpeé delicadamente. de puntillas. ¿Era realmente bello? Ahora ya no lo sé. pero entonces fue el demonio quien se me apareció. no me desampares ni de noche ni de día".. pero algo me impulsaba.. Sabía lo que iba a suceder.. pero con los ojos de la imaginación contemplaba el vaso en la mesa. se relacionaban con nosotros y entre sí por lazos invisibles. muebles.. Había algunos periódicos en la mesa. las obras de teatro El informe (1959). detener el vaso. Esa vez fue la única que el "demonio" logró tentarme. pero ahora estaba con el vaso. Pero debe haber sido bello. Estaba terriblemente. Pude aún. Ya no me sentía solo en el cuarto. Bueno. Los volví a meter en la caja y regresé a la sala. El calor llegaba de la estufa de carbón. Ampollas de aire fluían en las ventanas como en los tubos de cristal de un alambique. no del todo rosa. Al margen de todo lo existente. Tiré del mantel y el vaso se tambaleó. Pasaron varias semanas. Ahora puedo ya reírme. Un día se me inflamó una amígdala y no fui a la escuela. en cambio era algo único. Todos los objetos... Como venas que conducen la sangre. era intocable. A partir de entonces. cayó muy lentamente. Los charcos estaban cubiertos con capas de hielo. me acerqué sigilosamente. cuadros. siempre que he pecado lo he hecho por mi cuenta. le había dicho ese mismo día: -Adorna la sala mejor que el mueble más fino. Pero ni siquiera entonces me parecía bello. Desde su interior brillaba el azul. Seguía yo con la mirada las peripecias de La mosca. aquel objeto extraño en nuestra casa. Y sobre todo. y blancas líneas como cabellos aparecían en la superficie. perfecto e intocable. Una. El vaso cayó de lado. Mi sentimiento hacia él era igual al del salvaje que adora un ídolo. Yo realmente no quería hacerlo. Permanecí en cama. y volví a tirar del mantel. mi dulce compañía. Era ya invierno. pude haberlo detenido en el aire. Irrumpí en el silencio en que el vaso se envolvía como entre algodones. Pero el juego no logró entretenerme. Tiré más fuerte. Tadeusz Rozewicz (Polonia) Breve reseña sobre su obra Escritor polaco nacido en Radomsk en 1921. fue el demonio quien movió mi mano y me hizo tirar del mantel. asustado. Adornaba la sala sin servir para ningún propósito especial. Era misterioso. Los espaguetis y la espada (1967) y El matrimonio blanco (1975) y el libro de relatos La muerte en los viejos decorados (1970). Entre sus obras más destacadas se cuentan los libros de poesía Angustia (1947) y Formas (1958). pues recuerdo la cara de mi madre cuando dijo: -¿No es verdad que es muy hermoso? Y hablando con mi padre. Los coloqué en columnas. leyendo una historieta ilustrada en papel color de rosa. pues giró sobre su eje y muy lentamente cayó al suelo. Una figura milagrosa llegada del cielo.

el tiempo se cerraba al revés ( y los ojos de carne sólo veían un sueño. Acuérdate de que el amor triunfó cuando ella y tú supisteis someteros a su fuego ansioso. el alarido visible y negro de la máquina te negaba). y de tu primera mentira cuyo indiscreto olor se arrastra por tu memoria. con la certidumbre de ser devorado por el infinito. el ruido. cogido siempre por el mismo instante inmóvil. todo pureza. te tapabas ambos ojos para ver. resplandeció la fisura quebrando la unidad de la noche. el sí. era ya demasiado tarde para pagar por adelantado. Acuérdate de los anocheceres de terror en los que el pensamiento de la nada te arañaba el vientre. Y acuérdate sobre todo del día en que querías arrojarlo todo. palacio de espejos construido en un sótano. repetido. te hizo tocar tu propia carne. Acuérdate del amigo que te tendía su razón para recoger tus lágrimas brotadas de la fuente helada que violaba el sol de primavera. y el tiempo no daba sino una vuelta. vigilaba mientras dormías. de ser aniquilado por la existencia única de lo Absurdo. sólo existía el silencio devorador. Acuérdate de tus cómplices y de los fraudes en común y de ese gran deseo de salir de la jaula. pero cuando te trituraron el corazón. todo centro. todo giraba en tres sentidos innumerables. y volvía sin cesar para picotearte como un buitre. inmovilizado ahí mismo en la batahola de bataholas de las ruedas que giran sin girar. de los venenos y de los sueños tenaces -querías ver. Y tú no renacías a cada instante sino para ser negado por el gran círculo sin límites. Y acuérdate de los días que siguieron. el no. te hizo recoger tus andrajos. Acuérdate del día en que desgarraste la tela y te apresaron vivo. de cualquier modo. Y acuérdate del hombre que vino y lo rompió todo. y de las palabras conmovedoras. Y acuérdate de que no sabes recordar. Hechos memorables René Daumal (Francia) Acuérdate de tu padre y de tu madre. Acuérdate de la noche de liberación en la que. Pero un guardián vigilaba en tu noche. al caer tu cuerpo suelto como un velamen. pero no sabías abrir el otro. cuando marchabas como un cadáver hechizado. y el ruido. Acuérdate de tu guardián. el grito silencioso "Yo soy" que el hueso oye. acuérdate también de los animales pegajosos que te han vuelto a aprisionar. rogando morir en la misma llama. todo pureza salvo tú mismo. publicado por Ediciones Era. Acuérdate de las magias. contigo adentro. acuérdate de tu felicidad. te hizo recordar a los tuyos. Acuérdate de tu primer insulto a los que te engendraron: la semilla del orgullo quedó sembrada. te arrancó de tus sueños y te obligó a sentarte sobre las espinas del pleno día. las palabras eran pieles secas. te tomó con su tosca mano. . respiraste un poco del aire incorruptible.90 El Pecado aparece recopilado en Antología del cuento polaco contemporáneo. Acuérdate de que todo se paga. por el cual muere la piedra. repetido. por el cual cree morir lo que nunca fue. Acuérdate del hermoso espejismo de los conceptos. acuérdate también de las mañanas de sol en el cuarto.

de que en tu corazón de carne no hay nadie. Entre sus ensayos publicados citamos Bharata. Daumal murió sin haber concluido su obra más conocida. Hechos memorables aparece recopilado en Antología de la poesía surrealista. Le siguieron El gran festín (1936). Y acuérdate del placer equívoco de la caída. sumiso. En 1936 publicó su primer poemario. El origen del teatro. y la recopilación póstuma Poesía negra. junto al poeta Roger Gilbert-Lecomte. publicado por la Editorial Argonauta. Acuérdate. así como la obra del maestro zen japonés Daisetz Teitaro Suzuki. publicada en 1952. a través de tus jornadas. Acuérdate de la voz que te decía: no caigas. . René Daumal (Francia) Breve reseña sobre su obra Escritor. Aprendió sánscrito de forma autodidacta y tradujo al francés algunos escritos budistas. poesía blanca (1945). de que el sol no pertenece a nadie. Acuérdate de las mañanas en que la gracia era como una vara amenazadora que te conducía. En 1928 fundó. Y de su metal único. pobre memoria mía.91 Pero acuérdate de que el amor no es de nadie. el grupo surrealista Le Grand Jeu y la revista homónima donde publicó sus primeros poemas. ¡bienaventurado el ganado bajo el yugo! Y acuérdate de que entre sus dedos entumecidos tu pobre memoria dejó escapar el pez de oro. Su interés por la espiritualidad lo acercaron al tradicionalismo de René Guénon y las enseñanzas de George Gurdjieff. Acuérdate de los que te dicen: acuérdate. ruborízate al contemplar el cenegal de tu corazón. La evidencia absurda (1972) y Los poderes de la palabra (1972). de las dos caras de la medalla. Te estás siempre engañando (1970). filósofo y poeta francés nacido en Boulzicourt en 1908. galardonado con el Premio Jacques Doucet. la música y la poesía en la India (1970). El Contracielo. Murió de tuberculosis en 1944. La montaña análoga.

de horror o maravilla. la otra Bondur. La causa no es tan importante: los conflictos de los poderosos son los nuestros. y que allí. igualmente distantes.___ __. de arrastrar pueblos y naciones. que permite a sus adeptos mudar de apariencia y de naturaleza._._. igual de terribles o de mezquinos. . Eran expertas en sus artes y sobre todo en el de la transformación. y no dijeron nada. lejos de cualquiera que pudiese sufrir daño. en un cruce de caminos. Se miraron. y decidido: que ninguna podía tolerar más la existencia de la otra.92 __. Cuando estuvieron cerca. y se odiaban. Una se llamaba Antazil. resolverían sus diferencias de una vez._.___ El juego más antiguo Alberto Chimal (México) Y pasó que en la tierra de Mundarna._. se encontraron dos brujas. a unos palmos de tierra fría la una de la otra. una tarde de invierno. por más que ellos se empeñen en pintarlos dignos de más atención._.___ __ __. Venían de lugares lejanos. lejos de miradas indiscretas. por medios mágicos. Una llegó por el norte. Básteme decir que habían conversado._. La otra por el sur. caminando. se detuvieron.

y así Bondur y Antazil fueron animales. Pero quien juega casi nunca lo hace más que con palabras. y se arrojó sobre Bondur para sacarle los ojos. pues Finor. hasta que los caminos que se cruzaban bajo la batalla. de piel gruesa y verde. y se enroscó en el águila para estrangularla. comenzó a disolver el hechizo. pero se convirtió en la espada Finor. al mirarse fuera de su cuerpo. y en cambio la lombriz se transformó en gato y atacó al pájaro. en magia pura de muerte y ruina. se convirtió en hechizo. la que corta la piedra y seca la carne y es amiga de la desolación. el tiempo se convirtió en piedra para romper la clepsidra. como bruja. que se convirtió en pico para romper la piedra. con furor cada vez más grande. la hoja terrible. Bondur apenas pudo transformarse de nuevo. como a veces lo llaman. que se volvió perro y persiguió al gato. no exagero. de garras y pico de acero. pues no cambiaba con sus formas. y Bondur se volvió tierra para absorber el agua. Y Antazil se volvió agua para escapar de la serpiente. que cura o que mata. Y hasta que Bondur. se transformó en Bondur. Luego Bondur se volvió pájaro para comerse a la lombriz. el que Yuma de Haydayn mandó hacer cuando fue rey y en el que estaba. cuando no puede hallar una nueva forma. para su goce y el espanto de su pueblo. ninguna estratagema servía. y se arrojó sobre su enemiga. plantas. Así combatieron durante mucho tiempo. Antazil asumió su verdadera forma y. todas las cosas que tienen nombre. pudieron confundirse con los que llevaban al Templo de las Maravillas. que se volvió rabia e hizo enfermar al perro. Pensó que Bondur vacilaría. ideas. cuando la hoja estaba por atravesarla. con la imaginación. y cada vez más rápido. y el que juega pierde cuando no atina a repeler un ataque. que se volvió hacha para cortar el mango del pico. se detuvo. cuando demora demasiado. al Eterno. la que en la Gesta mató sin piedad al mismo Endhra. la de la Gesta de Alabul. en verdad o en imagen. y vaciló. y Antazil se volvió lombriz para devorar la tierra. Ninguna bruja superaba a la otra. objetos. Y Bondur se volvió una serpiente constrictora. La rabia se convirtió en clepsidra para aprisionar al tiempo. . furiosa más allá de toda prudencia. todo: lo creado y no creado. grande y majestuosa.93 Pero Antazil se convirtió en águila. que se volvió tiempo. Era el juego más antiguo. lo inconcebible. en efecto. porque en verdad se disipaba en el poder de Antazil. Y he aquí que Antazil. categorías.

Y entonces se vieron. también se conoció. Actualmente se desempeña como maestro en Literatura Comparada por la Universidad acional Autónoma de México. desde afuera. Y cada una comprendió a la otra. y cuando se miró desde esos otros ojos. publicado por el Fondo de Cultura Económica. Sí. pero también con los pensamientos de la otra. imparte cursos en la Universidad Iberoamericana y la Escuela de Escritores de la SOGEM y es coordinador del Taller de Narrativa Virtual de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue columnista del suplemento dominical del diario Excélsior y ha colaborado con diversas publicaciones. Bondur con la de Antazil. Éstos son los días (2004).94 Pero luego. sus motivos para la vida y el arte y el combate. Se graduó como Ingeniero en Sistemas Computacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y como Maestro en Literatura Comparada por la Facultad de la Filosofía y Letras de la U AM. El rey bajo el árbol florido (1997). el Premio de Cuento Benemérito de América y el Premio acional de Cuento del Instituto acional de Bellas Artes. Gente del mundo (1998). en Antazil. Bondur se transformó. El ejército de la luna (1998). Vecinos de la tierra (1996). para hacerla pagar por el horror de verse a sí misma. En 2002 su libro Éstos son los días fue ganador del Premio acional de Cuento San Luis Potosí. . para estrangularla con sus propias manos. a su vez. Desde 2007 participa como jurado del concurso literario Caza de letras. La ciudad imaginada y otras historias (2009). Ha sido merecedor de la beca para jóvenes creadores del Fondo acional para la Cultura y las Artes. organizado por la Universidad acional Autónoma de México. En 2009 publicó la novela Los esclavos. Grey (2006). Alberto Chimal (México) Breve reseña sobre su obra Escritor mexicano nacido en Toluca en 1970. El juego más antiguo pertenece a El país de los hablistas. sus recuerdos. Ha publicado los libros de cuentos YYZ (1991). como nunca había comprendido nada en la existencia. en aquel instante. Antazil con la carne de Bondur.

sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. incesantemente. que se fundían en una cera amarilla. caía suavemente sobre ella y refrescaba el aire abrasador. surgía un canto. Pero no. en la sala de las conversaciones. habían nadado en los canales. Y deseó en silencio que él volviera a abrazarla y a tocarla. al contacto de los dedos. Se dejó caer en una silla. El matrimonio nos avejenta. se podía ver al señor K en su cuarto. El señor K y su mujer vivían desde hacía ya veinte años a orillas del mar muerto. una casa de columnas de cristal. Un momento después se incorporó. nos hace rutinarios. Los dedos morenos temblaron y se alzaron. de pie entre las columnas. Nada ocurría.UU. en la misma casa en que habían vivido sus antepasados. pasando tanto tiempo junto a ella como el que ahora dedicaba a sus increíbles libros. pasear entre las columnas era como pasear por un arroyo. una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas. Unos frescos hilos de agua brillaban sobre los pisos de la casa. crispándose en el aire. Algo iba a suceder. desde hacía diez siglos. y en el distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle. El señor K y su mujer no eran viejos. los ojos amarillos y rasgados. Cansada de esperar. como una flor. En otro tiempo habían pintado cuadros con fuego químico. Tenían la tez clara. cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio. como si en cualquier momento pudiera encogerse. Y tuvo el sueño. avanzó entre las húmedas columnas. Meneó la cabeza y se encogió imperceptiblemente de hombros. sin que los dedos se le cansaran jamás de las antiguas canciones. pensó. Miraba el cielo azul de Marte. o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido.) Tenía en el planeta Marte. cuando corría por ellos el licor verde de las viñas y habían hablado hasta el amanecer. a orillas de un mar seco. Miró vivamente a su . escuchaba el hervor de las arenas del desierto. y cerró fuerte y nerviosamente los ojos. y arrojar sobre la arena algo resplandeciente y maravilloso. la señora K.95 Yllia Ray Bradbury (EE. Los párpados se le cerraron suavemente sobre los ojos amarillos. un poco parda. y parecían fluir hacia el horizonte. contraerse. y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal. Una lluvia suave brotaba de los acanalados capiteles. que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve. las voces suaves y musicales. En estos días calurosos. y que giraba y seguía el curso del sol. A lo lejos oía a su marido que tocaba el libro. como a una arpa pequeña. A la tarde. que se curvó para recibirla. Ahora no eran felices. de casi todos los marcianos. bajo los azules retratos fosforescentes. sobresaltada. Y del libro. La señora K esperaba. en su silla. y las viñas se erguían tiesamente en los patios. Aquella mañana.

Un gigante. ¡tenía los ojos azules! -¿Ojos azules? ¡Dioses! -exclamó el señor K. la Tierra...." -Un nombre estúpido.. -Pues a mí me gustó -dijo la señora K reclinándose en su silla-.. como si el sueño. La señora K seguía sentada. Además me dijo: "Este es el primer viaje por el espacio.. Y en un costado de ese objeto de plata se abrió una puerta y apareció el hombre alto. El hombre me miró y me dijo: "Vengo del tercer planeta. No me lo imaginé deliberadamente. ¡Cabello negro. -¿Llamaste? -preguntó. Vestía un uniforme raro. Bajó del cielo y me habló amablemente. -¿Bajó del cielo? ¡Qué disparate! -Vino en una cosa de metal que relucía a la luz del sol -recordó la señora K.. -¿Cómo lo adivinaste? -preguntó la señora K excitada.. pero muy hermoso.¿Qué soñarás la próxima vez? Supongo que los cabellos eran negros. El señor K apareció en una puerta triangular. -Creí oírte gritar. -Si trabajaras un poco más no tendrías esos sueños tan tontos. -Soñé con un hombre -dijo su mujer -¿Con un hombre? -Un hombre alto. inmóvil. Pero no fue un sueño. Nunca creí tener tanta imaginación. -No -dijo la señora K. Sin embargo yo lo entendía con la mente. y cerró los ojos evocando la escena-. Evidentemente.96 alrededor. No había nadie entre las columnas. de un metro ochenta de estatura -Qué absurdo... El señor K respondió fríamente: -Elegí el color más inverosímil. se me apareció mientras dormitaba. es estúpido porque es un sueño -explicó la mujer suavemente-. yo y mi amigo Bart. -Seguramente tú ideal. así se llama nuestro planeta. -Eres antipático. tan distinto. -Un sueño extraño. -Naturalmente. bueno.. -¿Grité? Descansaba y tuve un sueño. Somos dos en mi nave. muy extraño -murmuró. Yo miraba el cielo y algo brilló como una moneda que se tira al aire y de pronto creció y descendió lentamente. -¡Pues eran negros! -exclamó su mujer-. Me llamo Nathaniel York. ojos azules y tez blanca! Un hombre extraño. El señor K se volvió para alejarse. -replicó la señora K buscando las palabras-. ¡blanquísima! Era muy extraño." -Otro nombre estúpido. irritado." Eso dijo. pero. largo y extraño. si vivirá alguien en el tercer planeta? . Y la piel. -Ah. -Y luego dijo: "Venimos de una ciudad de la Tierra. No es un nombre. y pareció decepcionada. el señor K quería volver a su libro. pero su mujer lo detuvo. ya sé que creerás que soy una tonta.. Y. como si esperara ver a alguien. un gigante deforme. fue algo tan inesperado. le hubiese golpeado el rostro. supongo. -¿Yll? ¿Te has preguntado alguna vez. Era un aparato plateado. Telepatía. llamándolo con una voz muy suave. -Sin embargo. Y hablaba en otro idioma. -¿Descansabas a esta hora? No es tu costumbre.

ya sabes que detesto los desvaríos sentimentales. No sé -titubeó la mujer-. el radiante pozo de lava plateada se cubrió de burbujas. ya cocida. En la mesa de fuego.97 -En el tercer planeta no puede haber vida -explicó pacientemente el señor K-. unos trozos de carne en el pozo de lava. muy lentamente. mientras se acercaba para sentarse a la mesa de fuego. Un viento sopló entre las columnas de cristal. ¿Quieres ir o no? La señora K miró el pálido desierto. -¿Hablas seriamente? -le preguntó su mujer-. El viento movió el pelo rojizo de la señora K y le murmuró suavemente en los oídos. ¿Es tuya? -le preguntó el señor K mirándola fijamente. Cerró los ojos y susurró moviendo muy levemente las manos. en silencio. ¿Te sientes bien? -¿Por qué te sorprendes? -No vamos a ninguna parte desde hace seis meses. las melliza lunas blancas subían en la noche. La señora K se quedó mirando en silencio. Ylla. No sé por qué. El señor K se incorporó bruscamente y salió irritado de la habitación. el señor K terminó de cenar. y mientras se paseaba por entre las susurrantes columnas de lluvia. -¿Qué idioma? La señora K dejó caer. Nuestros hombres de ciencia han descubierto que en su atmósfera hay demasiado oxígeno.. -De pronto eres muy atento. -Brinda por mí con tus ojos y yo te prometeré con los míos -cantó lenta y suavemente. O deja un beso en tu copa y no pediré vino. con ojos amarillos. -Yo. La casa se cerraba. Se levantó de la mesa. Sólo la encendida lava de plata iluminaba los rostros. -No sé. -Es una tontería que he inventado. Se estremeció levemente. -Creo que es una buena idea. inundando a la pareja y las columnas. Sigamos trabajando. miró a su mujer y dijo bostezando: -Tomemos los pájaros de fuego y vayamos a entretenernos a la ciudad. en voz baja y en otro idioma-. ¿no sería fascinante que estuviera habitado? ¿Y que sus gentes viajaran por el espacio en algo similar a una nave? -Bueno. La señora K tarareó otra vez aquella canción extraña. sin moverse. Observó cómo su mujer echaba unos trozos de carne en el pozo de fuego siseante. y se la sirvió a su marido.. supongo. -Te hará bien -insistió su marido. -Pero. se desperezó. Vamos. como una flor gigantesca. Lenta. -No digas esas cosas -replicó el señor K disgustado-. El sol se ponía.. distraídamente. Más tarde. -Nunca oí esa canción. la señora K se puso a cantar. el agua fresca y silenciosa le corría alrededor de los pies. Sí. llegó la noche y llenó la habitación. . -No. La canción le rozó la mente. Caía la tarde. como si recordara algo. Quería quedarse sentada. Son de otro idioma. hasta que ocurriera lo que había estado esperando todo el día. interrumpiéndola. como una ráfaga. pero tal vez ocurriera. -¿Qué canción es ésa? -le preguntó su marido. como un vino oscuro que subiera hasta el techo. El sol se había ido. una y otra vez. Ni siquiera comprendo las palabras. lo que no podía ocurrir. La mujer alzó los ojos y sorprendida se llevó una mano a la boca. Era una canción muy hermosa. solo. El señor K no replicó. -No lo sé. Repitió la canción. húmedos y dulces al lejano y pálido fondo del mar.. Un momento después sacó la carne.

-¿Cuándo quieres ir? -He pensado que podríamos salir mañana por la mañana -respondió el señor K negligentemente-. Ylla se tendió de espaldas en la barquilla. -¿Qué? . y dijo: -No. ni los viejos canales de sueño y soledad. -El señor K sonrió-. Su mujer no lo miraba.. que crujieron suavemente. no más.. No salimos desde hace meses. -Estaba pensando. y a una palabra de su marido. -No sabía que fueras amante de la naturaleza. se movía suavemente en el viento de la noche. Las colinas azules desfilaron. la barquilla se elevó deslizándose sobre las arenas. Su marido le habló. -¿No me oíste? -¿Qué? El señor K suspiró. las húmedas columnas. ¿Acaso has proyectado alguna otra cosa? Iremos. ¿no es cierto? Ylla tomó aliento. -Ah -murmuró la señora K para sí misma. Nos levantaríamos temprano. desfilaron. -¡Pero nunca hemos salido en esta época! -Sólo por esta vez. Los pájaros de fuego esperaban. los libros sonoros y los susurrantes arroyuelos del piso quedaron atrás. Quisiera preguntarle si podemos pasar unos días.. Es sólo una idea. esperó. -¡En las montañas Azules! Gritó Ylla tomándose con una mano del borde de la barquilla y volviéndose rápidamente hacia él. Ylla no miraba las antiguas y ajedrezadas ciudades muertas. las flores enjauladas. es sólo una idea.. unida a los pájaros por mil cintas verdes. que arrastraban el pétalo de flor de la barquilla. Otra noche. volaban sobre ríos secos y lagos secos. -Tú has ido dos veces por semana a la ciudad de Xi -afirmó. Ylla sólo miraba el cielo. Como una sombra de luna. Nos hará bien. en las montañas Azules. -Es hermosísimo. como una antorcha encendida. los pájaros de fuego se lanzaron ardiendo. -Podías prestar atención... y la casa. Del frasco brotó un líquido que se convirtió en un neblina azul y envolvió en sus ondas el cuello de señora K. como diez mil chispas calientes. Ylla se estremeció. pero indudablemente el cielo te interesa mucho esta noche. La flotante barquilla blanca. como fuegos artificiales en el cielo. como brillantes brasas de carbón. Oía sus órdenes mientras los pájaros en llamas ascendían ardiendo en el viento. -Negocios.98 -Estoy cansada. amarillos y rojos. -Oh. una semana. -Aquí tienes tu bufanda -insistió el señor K alcanzándole un frasco-. Las cintas se estiraron. sobre la fresca y tersa arena. Ylla no miraba a su marido. Ylla miraba el cielo. hacia el cielo oscuro. Tendremos paz y tranquilidad. -Me gustaría llamar a Hulle -dijo el marido lentamente-.

Nathaniel York. halagándolo.. Creo realmente que debes ver a un médico. El frío desapareció de la habitación. -Y descendía esta tarde. de vuelta a su planeta. se posaba en el suelo y el hombre salía y me hablaba. El frío del amanecer entraba en la habitación. Ylla le volvió la espalda. . como diez mil teas al viento. divertida. me dijo que me llevaría en la nave.99 El grito sobresaltó a los pájaros.. -¿Qué soñaste? Ylla reflexionó unos instantes y luego recordó. ¡No debes ocultarme nada! -Nunca te vi así -dijo Ylla. Ahora el calor disipaba la niebla. Sin saber por qué. -La nave. y la bruma descendió hasta depositar a Ylla en la costa del despertar. la observaba como si hubiera estado junto a ella. -Sólo fue un sueño -dijo Ylla. -¿Sí? -dijo Ylla. impasible. flotando suavemente en la blanda alfombra de bruma que brotaba de las paredes cuando ella se abandonaba al sueño. -No será nada. ¿no es cierto? -Sí. -¡Sí! ¡Ridículo! -gritó el señor K-. -No -dijo Ylla firmemente-. El señor K. Al amanecer. Ylla apartó los ojos. Fuentes de vapor y agua caliente brotaron del cristal. Descendía otra vez. -¡Dímelo! -exigió el señor K inclinándose hacia ella con una expresión sombría y dura-. bromeando.. el sol que atravesaba las columnas de cristal disolvió la niebla que había sostenido a Ylla mientras dormía. -Has soñado otra vez -dijo el señor K-. Una luz gris le bañaba el cuerpo. -¡Ah! -exclamó su marido.. tocó una columna. Abrió los ojos. -Hablaste mucho mientras dormías. Los pájaros volaban. de pie. ¡Oh. dioses! ¡Si te hubieras oído. -Recuerdo algo más -confesó. No iré. y yo estaba contenta. Está decidido. -¡Qué importa la voz! ¿No soñaste -dijo el señor K inclinándose rígidamente hacia ella y tomándola de un brazo. Había dormido toda la noche en ese río callado. la barquilla se sacudió. incorporándose. El señor K. riéndose. -Bueno. Ylla había pasado la noche suspendida entre el techo y el piso.. Un momento después se echó a reír. Ese Nathaniel York me dijo.. ¿qué es. inmóvil. ese hombre de nombre tan raro. y me besó. -Luego -dijo Ylla-.que la nave descendía en el valle Verde? ¡Contesta! -Pero. pero fue sólo un sueño. El señor K la miró y no hablaron más. no alces la voz. como un bote en una corriente silenciosa. me dijo que yo era hermosa y. Realmente es ridículo. Bueno. qué es? -Tienes muy mal carácter. durante horas y horas. -¡Guárdate entonces esos estúpidos sueños de mujer! -No seas niño -replicó Ylla reclinándose en los últimos restos de bruma química. si. creo que sí. cantando con él toda la noche! ¡Si te hubieras oído! -¡Yll! -¿Cuándo va a venir? ¿Dónde va a descender su maldita nave? -Yll. dándole la espalda. Hablabas en voz alta y me desvelaste. sorprendida e interesada a la vez-. hablándole.

. -¿Al doctor Nlle? -dijo Ylla volviéndose. -Un momento nada más. Nada más que un sueño. Mencionaste el valle y la hora. querida. y además es tarde. te cuento lo de Uel y olvidamos este asunto.. Olvidemos esto. correr. y el doctor Nlle estará encantado de verte.. Lo lamento. Al mediodía. ¿no es así? Además hará mucho. y tomándola de un brazo la arrastró hacia adentro. -Por supuesto -dijo el señor K. -No fue más que un sueño.100 -Bueno -dijo el señor K soltándola-. las colinas resplandecían bajo el sol abrasador. Oí todo lo que dijiste mientras dormías. ¿qué dices? Ylla no contestó. -Lo siento. Le dije al doctor Nlle que viniera esta tarde. volvió lentamente las manos. -Pero Pao. -Ylla -susurró: -No me pasa nada. lo siento mucho. -¿Hoy? -Hace mucho que no la veo. no es así? -Sí. y después el canal y descender una colina. -La acarició torpemente. nada más. -¿No vas al pueblo? -preguntó Ylla. -No -dijo el señor K con una sonrisa débil y forzada-. -El señor K corrió detrás de su mujer. Hace demasiado calor. preparas el desayuno. No vive lejos.. Soy un niño. Quería gritar. Ylla. -¡Te excitaste de una manera! -Ahora me siento bien. -Sí -respondió su marido. como cegado por un rayo. Me ha invitado -contestó Ylla. Perdóname. El señor K cerró su libro. Quería escaparse. es sólo un paseo -respondió Ylla alejándose de prisa. En seguida vuelvo -añadió. -Ah -exclamó Ylla. por lo menos eres sincera. -No. Si te parece. Terminó de acomodar las flores y fue hacia la puerta-. Pero se sentó. Su mujer lo observaba como si se hubiera vuelto loco. y la besó mecánicamente en la mejilla-.He trabajado demasiado en estos días. Ylla acomodó una jaula de flores en su pedestal. -Pao puede esperar. Tenemos que obsequiar al doctor Nlle. ¿A dónde vas? -A casa de Pao. Jadeante. muy bien -suspiró-. Ayer me dijeron algo de Uel que quiero contarte. El señor K arqueó ligeramente las cejas. Voy a acostarme un rato. -¿No? El señor K sacudió la cabeza. dio unos pasos entre las columnas. como preocupado por un olvido. Hay que cruzar el valle Verde. -No -dijo-. y se las miró inexpresivamente. Poco a poco recuperó el aliento. Bueno. . -¿En el valle Verde. -Espera un momento.No sé cómo he podido olvidarlo. mucho calor. -No. ya casi fuera de la habitación. Además la casa de Pao está muy lejos. Las flores se agitaron abriendo las hambrientas bocas amarillas. -Estás enfermo. -¿Al pueblo? -Pensé que irías hoy. Al fin se levantó y se acercó a él.

el señor K escuchaba el terrible zumbido del fuelle-. Amenazaba. y caían sin vida. atención. fue hacia un armario y sacó de él un arma de aspecto siniestro. ¿no es cierto? La máscara de plata brillaba intensamente. para siempre. Ylla caminó por la casa silenciosa y sofocante. . como semillas en la arena. En seguida vuelvo. Era como esos días en que se espera en silencio la llegada de una tormenta. no es cierto? -Sí -dijo Ylla al cabo de un momento-.. Iba ya a correr colina abajo cuando se contuvo. burlándose de sí misma-. un tubo largo y amarillento que terminaba en un gatillo y unos fuelles. y luego silencio. Todo había pasado. -Dile al doctor Nlle que volveré pronto. pasos en el sendero. que sólo he ido a cazar. inmóvil. Tú no saldrás. cascadas de agua oscura y truenos negros.". Doradas. esperando. Contuvo el aliento. Examinó el arma amenazadora que tenía en las manos. con energía y rapidez. Los pasos de Yll se apagaron en la colina. y ella correría a la puerta. Se acercaba. El marido de Ylla no parecía muy sorprendido. El rayo caería en cualquier instante. ¿Por qué te permites estos desvaríos? Y entonces ocurrió. pero no había una nube. La puerta triangular se cerró. con una voz muy débil. -No. Se esperaban rayos.. un golpe en los cristales. más allá de las columnas de cristal. la máscara con que ocultaba sus sentimientos. horribles abejas que clavaban su aguijón envenenado. habría un trueno. una máscara de plata. pero el cielo estaba claro. un poco de humo. y el cielo se transforma en ráfagas.. las montañas parecen de hierro. Los oídos zumban. Limpió las habitaciones con el polvo magnético y arrancó los nuevos frutos de las paredes de cristal. Resplandores eléctricos. Pasaba el tiempo y el doctor Nlle no había aparecido aún.101 -Ylla -dijo el señor K en voz baja-. murmuró algo. cuando de pronto una especie de sopor se apoderó de ella y se encontró otra vez cantando la rara y memorable canción. Voy a cazar un rato. Un zumbido penetrante. como si un incendio atravesara el aire. Y luego. En algún lugar de la casa el reloj parlante dice: "Atención. Ocurriría en cualquier momento. Estaba trabajando. Me quedaré aquí. la barbilla y la frente. -Loca Ylla -dijo. Así era ahora. Las flores enjauladas emiten débiles suspiros de advertencia. El cielo se cubre de manchas y cambia de color. Cuando ya caía el sol. Calor. Luego se puso una máscara. y la presión de la atmósfera cambia imperceptiblemente. El arma disparaba hordas de chillonas abejas doradas. un resplandor metálico en el cielo. empieza uno a temblar. Los fuelles zumbaban constantemente con un zumbido de insecto. con los ojos fijos en el cielo. Uno siente un leve estremecimiento en los cabellos. Ylla observó cómo se alejaba bajo la luz del sol y luego volvió a sus tareas. -¿Qué dices?. atención. -¿Toda la tarde? -Toda la tarde. cerrándose. las nubes se oscurecen. ¿Te quedarás aquí. miró hacia las montañas.. como gotas que caen sobre terciopelo. atención. sombras y vapores. inexpresiva. -¿A dónde vas?-preguntó Ylla. El doctor Nlle se ha retrasado y no tengo ganas de seguir esperándolo. la máscara flexible que se ceñía de un modo tan perfecto a las delgadas mejillas. Corrió entre las columnas y abriendo las puertas de par en par. Ylla dio un grito. la tormenta.

lentamente. se preguntó. -¿Qué te pasa? -le preguntó su marido sin mirarla. -¿Qué estuviste haciendo? -preguntó. ¿Vino el doctor Nlle? -No. La puerta se abrió. Se incorporó y aguardó. Luego un segundo disparo. vagó por las habitaciones adornadas de columnas. -Estaba cazando. Se sentaron a la mesa. No podía salir. ¿Hablaría? ¿Gritaría: "¡Entre. -Quisiera recordar -dijo Ylla rompiendo el silencio y mirando a lo lejos. y lejano. cinco minutos. intenso. ahora recuerdo. Su marido se enojaría muchísimo si se iba mientras aguardaban al doctor. quitándose la máscara. con las manos inmóviles. El sol se puso. muy pálida. No iba a venir hoy. mientras sumergía en la lava unos trozos de carne. Se oyó un disparo. Corrió apresuradamente por la casa y abrió otra vez la puerta. de espaldas. sin moverse. anhelante. Venía de muy lejos. Oí dos disparos. Se estremeció nuevamente y sin haber por qué se incorporó gritando. Una mano hizo girar el picaporte. Un disparo. Era su marido. Luego. Ylla trataba inútilmente de recoger los trozos del vaso. el arma. Ylla dejó de sonreír. gritando. entre!"?. -Pero. -No sé. erguido.. No quisiera olvidarla. Se sentó. aquella dulce y hermosa canción.102 Debía quedarse allí. acariciando los objetos. inmóvil. Qué tonta soy. Ylla esperó en el jardín. pensó mientras se volvía hacia la puerta. De vez en cuando me gusta cazar. No ha sido más que un pájaro. El señor K entró y miró a su mujer sólo un instante. frío. como si no fuera a callarse nunca. No tengo apetito. una hoja. Se adelantó. El zumbido de las abejas distantes. en el centro de la habitación silenciosa. Con un borde de su chal se puso a frotar un vaso de ámbar. con los labios temblorosos. Los ecos morían a los lejos. se oyó un ruido de pasos en la grava. Un disparo. más allá de la figura de su marido. El vaso se le cayó de los dedos y se hizo trizas contra el piso. el ruido de la terrible arma de insectos. Esperó en el umbral. Sonrió a la puerta. con la mano extendida. Cerró los ojos y tarareó algo. preciso y frío. eso es todo. de mirada amarilla. y la habitación pareció de pronto más fría y pequeña. -La he olvidado y no sé por qué. Mientras. Descansa. a lo lejos. Claro. sino mañana. No sé por qué. Trató inútilmente de alcanzar con la vista el valle Verde. -Nada -respondió él. . Y entonces. Claro. pero no la canción. Alguien subía por la rampa. Se apagaron. -¿Por qué? -No sé. Los pasos titubearon ante la puerta. Sacó luego del arma dos fuelles vacíos y los puso en un rincón. Ylla miraba la comida. La máscara de plata tenía un brillo opaco. -Aquella canción -respondió Ylla-. Siéntate. El viento se levantó en las alturas. Qué tonto soy. y se sentó a esperar en el ya oscuro cuarto del vino. cabizbaja. en cuclillas. el viento o un pez en el canal. Ylla se estremeció. -Déjame pensar -el señor K castañeteó fastidiado los dedos-.. -¿Qué quisieras recordar? -preguntó el señor K bebiendo un poco de vino.

no sé. De balística Juan José Arreola (México) . -Mañana te sentirás mejor -le dijo su marido. Icarus Montgolfier Wright (1956). Yllia pertenece al volumen Crónicas Marcianas. como el de la película Moby Dick. al salir de la escuela secundaria no pudo asistir a la universidad por razones económicas. llevada al cine por François Truffaut. un Emmy por el guion televisivo de El árbol de las brujas. y se echó a llorar. La muerte es un asunto solitario (1985). reunidas bajo el título The Anthem Sprinters. Premio Reino de Redonda para autores no españoles y una Mención Especial del Premio Pulitzer. Entre sus libros de relatos figuran Crónicas marcianas (1950). Remedio para melancólicos (1960). En 1963 se publicaron sus obras teatrales. Algo más en el equipaje (2003) y El signo del gato (2005). publicado por Editorial Planeta. Escribió también guiones de cine. Estoy triste y no sé por qué.UU. como si el ritmo pudiera ayudarle a recordar la canción. El ruido de un Trueno (1990). Le siguieron El vino del estío (1957). Lloro y no sé por qué. Luego se recostó en su silla. Ha recibido los premios Benjamin Franklin a la excelencia en la publicación independiente. Fahrenheit 451. por lo que comenzó a trabajar como vendedor de periódicos. Las maquinarias de la alegría (1964). Premio Seiun. El hombre ilustrado (1951). -No sé. los hombros sacudidos por los sollozos. Premio Gandalf de Fantasía.) Breve reseña sobre su obra Escritor estadounidense nacido en Illinois en 1920. Lloraba con el rostro entre las manos. estremeciéndose. Ray Bradbury (EE. La bruja de abril y otros cuentos (1994). Vive actualmente en California. El verano de la despedida (2006) y Ahora y siempre (2009). En 1953 publicó su primera novela. Cerró los ojos. Premio Balrog. Premio Mundial de Fantasía. Premio Jules Verne. El árbol de las brujas (1972). -¿Por qué lloras? -le preguntó su marido. Ylla no lo miró. mañana me sentiré mejor. en una revista de aficionados. De formación autodidacta. Publicó su primera historia en 1938. y a lo lejos se oyó el ruido creciente del viento y de las aguas frías que se agitaban en los largos canales. -No puedo acordarme -dijo. -Sí -dijo-. no puedo contenerme.103 Quisiera recordarla siempre. Movió las manos. Cementerio para lunáticos (1990). Miró únicamente el desierto vacío y las brillantísimas estrellas que aparecían ahora en el cielo negro. de John Huston y guiones para series televisivas como Alfred Hitchcock presenta y La dimensión desconocida.

-Dígale que no se desanime. otro mecánico florentino. -¡Por favor! No olvide usted que yo he venido desde Minnesota.. y le falló el jonrón. Es la quinta vez que le hacen quedar mal sus catapultas. a quien estimo mucho por carta. -No olvide usted. cómo y a cuál distancia disparaban las balistas. y redactar algunas conferencias. Espera que yo le lleve algunos datos que lo pongan en el buen camino. basada en las descripciones de Ammiano Marcelino. fracaso en 1915 con una máquina estupenda. vagas cicatrices entre los campos de labor.. el profesor Burns prometió volarse la barda del estadio de Minnesota. y se halla bastante decaído. A primera vista se tiene la impresión de haber dado en el clavo. -Me extraña y ofende. en cuanto devoto de la mecánica. Pero el desencanto no tarda en abrirse paso a través de sus intransitables descripciones y errores. Para mí. -Pide usted un imposible. Lea usted por favor sus libri decem con algún detenimiento: a cada paso se dará cuenta de que Vitruvio está hablando de cosas que no entiende. las gracias de mi parte y un sincero pésame por su optimismo. Lo que hace es trasmitirnos valiosísimos textos griegos que van de Eneas el Táctico a Herón de Alejandría. de Minnesota. -Ignoro la opinión que usted y su profesor Burns tengan de este hombre nocivo. Y Gatteloni. construyendo unas ballestas enormes. Déjese ya de frases y dígame qué. pero usted. el lenguaje que usted emplea para referirse a Vitruvio. -Es la primera vez que oigo tal desacato. pero en materia de balística es incapaz de calcular una parábola sencilla. Más allá se alzan los emplazamientos militares de Castillejo. Mi profesor Burns. que sabía más que el profesor Burns. Ante un público numeroso. que a mi regreso debo preparar una tesis doctoral de doscientas cuartillas sobre balística romana. son las ruinas del campamento de Nobílior. sin orden ni concierto. y probablemente que yo. perdió el tiempo. uno de los genios primordiales de nuestra ciencia. ¿qué ha pasado con sus experimentos en materia de balística romana? -Un completo fracaso. Vitruvio es un simple aficionado. no vaciló en darme su nombre y su dirección como un norte seguro. ¿En quién puede uno entonces depositar sus esperanzas? ¿Acaso en Sexto Julio Frontino? -Lea usted su Stratagematon con la mayor cautela. por favor. de Renieblas y de Peña Redonda. atarjeas y cloacas. El malogrado Ottokar von Soden consumió los mejores años de su vida frente al rompecabezas de una ctesibia machina que funcionaba a base de aire comprimido.. Yo no . -Dé usted al profesor.104 Esas que allí se ven. según las extraviadas indicaciones del célebre amateur Marco Vitruvio Polión. A propósito. -Pero usted es reconocido como una autoridad universal en antiguas máquinas de guerra. Frontino sabía mucho de acueductos. Unos cuatro siglos antes. De la remota ciudad sólo ha quedado una colina cargada de silencio.. llamado Leonardo da Vinci.

punto clave en la marcha sobre Numancia. una doríbola y una palintona? En materia de máquinas antiguas. Las pseudobalistas de Justo Lipsio y de Andrea Palladio son puras invenciones sobre papel. -Concluya usted su anécdota. -Le voy a contar una anécdota que lo pondrá en vías de comprensión. Lo que usted ignora con toda seguridad es que la pérdida de la ciudad. más bien dicho. -Bueno. monancona. llenos de repeticiones y de salidas por la tangente. -Permítame felicitar desde aquí al profesor Burns por su gran fidelidad. Aquí tiene usted estos títulos para un mismo aparato: petróbola. No poseemos ni un dibujo contemporáneo. en las doscientas cuartillas de mi tesis. -El cónsul Nobílior. Cíteme usted. Sólo en sentido figurado. acrobalista. -Se refiere a la toma de Segida. -Entonces ¿qué hacer? Piense usted. Estoy seguro de que volveré a Minnesota sin poder decir nada positivo. En las dos mil palabras de cada conferencia en Minnesota.. Nobílior tomó Segida en 153. Diodoro. y su famoso profesor de Minnesota. Arriano. Le voy a hablar claro. me parecía innecesario hacer a usted semejantes precisiones. Josefo. -Permítame. -Empiece usted. algunas autoridades antiguas sobre el tema. quiso abrir el ataque con un gran disparo de catapulta. Polibio. -¿Antes de Cristo? -Me parece innecesario. Usted recuerda naturalmente que esta ciudad fue ocupada por el cónsul Nobílior en 153.. Vegecio y Procopio. . carentes en absoluto de realidad..105 quiero sufrir una vergüenza como la de mi maestro en el estadio de Minnesota. políbola.. ni un solo dato concreto. Veo que no ha hecho otra cosa sino transmitir a usted la visión caótica que de la balística antigua nos dan hombres como Marcelino. por favor. ya lo ha dicho don José Almirante. pedrera o petraria. -¡Qué respiro! Una balista eficaz. -Y usted. -Usted perdone. litóbola. ni la ortografía es fija ni la explicación satisfactoria.. -Dispénseme. pero estamos hablando de balistas. que era un hombre espectacular. se debió a una balista.. se lo ruego. ¿pueden decirme acaso cuál es la diferencia que hay entre una balista y una catapulta? ¿Y entre una fundibula. Y también puede llamar usted onagro. El profesor Burns ha llenado mi mente de confusión con sus relatos.

antes de que yo decida cambiar el asunto de mi tesis doctoral... Los habitantes de Segida se rindieron en el preciso instante en que la balista. -No saldrá. estallaron los arcos de madera. ¿no acabará usted de contarme su anécdota? -Sí. pero a condición de que evacuaran la ciudad para que Nobílior se diera el imperial capricho de incendiarla. plegadas todas sus palancas. ante el regocijo de tan módica victoria. generalmente locomóviles. desgajado. las cuerdas se rompieron. Veo que el tiro me ha salido por la culata. y el brazo poderoso que debía lanzar la descomunal pedrada. Acabo de hacer una variante significativa.. es el disparo de Nobílior. retorcidas las cuerdas elásticas y colmadas las plataformas de contrapeso. se aprestaba a lanzarles un bloque de granito. -A usted. Mientras los habitantes de Segida firmaban su derrota. pero no hay disparo. le falla la memoria. que era un hombre espectacular. C. Nadie sabe cómo se templaba la madera. -Nobílior. quedó en tierra exánime. torsión o contrapesación. de crin o de tripa.. cómo se adobaban las cuerdas de esparto. Se les perdonó la vida. y expulse a mis imaginarios oyentes de la sala de conferencias. para evitar una nueva interrupción por parte de usted. por donde sea. soltando el canto de su puño. -¿De veras? -He dicho balista en vez de catapulta. -Qué. enviaron mensajeros y pactaron.. -Veo que tiene usted sus anécdotas perfectamente memorizadas. -Lo cierto es que el secreto que animaba a estos iguanodontes de la guerra se ha perdido. les corresponde con justicia el título general de carrobalistas. Y como todos estos aparatos eran desde el siglo IV a. quiso abrir el ataque con un gran disparo de balista. Hicieron señales desde las murallas. -Siga usted con su anécdota. cómo funcionaba el sistema de contrapesos.. -Lo que yo quiero que salga. -¿Y la balista? -Se estropeó por completo.106 quirobalista. incluso los artilleros. -. Todos se olvidaron de ella. -¿Cómo así? . en cambio. toxobalista y neurobalista a cualquier máquina que funcione por tensión. La repetición ha sido literal.

107 -¿Pero no sabe usted acaso que una catapulta que no dispara inmediatamente se echa a perder? Si no le enseñó esto el profesor Burns. como su nombre lo indica. Pero volvamos a Segida. -¿Grajos? -Déjeme contarle otra anécdota. y las monedas que acuñó llevan por un lado su perfil. pero también haces de flechas. esto es. barriles con mixtos incendiarios. bueno. haces de leña ardiendo. yo sé de una balista que arrojaba grajos. es muy bonita. Piedras de todos tamaños. pues arrojaban piedras. Nobílior recibió además mil ochocientas libras de plata como rescate de la gente principal. que inmediatamente hizo moneda para conjurar el inminente motín de los soldados sin paga. mejor. En fin. Mañana podrá usted verlas en el Museo de Numancia. Seré breve. ¿a qué se debe la diferencia de los nombres si se alude siempre al mismo aparato? -Tal vez se trata de diferencias de tamaño. Los comentaristas van desde las veinte o treinta libras hasta los ocho o doce quintales. Una errata del que hizo los cuños.. Las doríbolas enviaban. que pedían catapultas por docenas. Los talleres del imperio no se daban abasto para satisfacer las demandas de los jefes militares. El único particular que posee monedas de la época es el profesor Adolfo Schulten. Se lo prometo. que se pasó la vida escarbando en los escombros de Numancia. permítame que dude mucho de su competencia. -Pero dígame algo positivo. la fama de la balista. Y las neurobalistas. Las políbolas. etimológicamente. Lo que sí puedo conseguirle es una tarjeta postal con el anverso y reverso de la susodicha moneda. -Veo que me he equivocado de arqueólogo y de guía. pues vaya usted a saberlo. Casi poética. -¿No podría usted conseguirme una de ellas como recuerdo? -No me haga reír. las litóbolas o petrarias. levantando planos. pero en forma de metralla. parece que también arrojaban piedras. Esas monedas sonaron muchísimo en Roma. -Nobílior supo sacarle mucho partido a la toma de Segida.. -Sigamos adelante. -¿Y por qué Segisa y no Segida? -Averígüelo usted. Según usted. Y mientras más complicadas. . tal vez se debe al tipo de proyectiles que los artilleros tenían a la mano. -Por favor. nubes de guijarros. Vea usted. y por el otro la silueta de una balista y esta palabra: Segisa. adivinando bajo los surcos del sembrado la huella de los emplazamientos militares. dardos enormes. Y todavía más. cadáveres y grandes sacos de inmundicias para hacer más grueso el aire inficionado que respiraban los infelices sitiados. Se conservan algunas de esas monedas. y cada vez más grandes.

Se encerraron a piedra y cal en sus cabañas. echaron suertes para saber quién iría en la mañana siguiente a inspeccionar el misterioso armatoste. en la ruta de Centóbriga. Cayó muerto al pie de la balista. Añada que todo el Imperio Romano no era más que eso. Los chicos de la escuela infligían a sus maestros verdaderas lapidaciones. El sol cae ya sobre Numancia. Cuente que el oficio de magíster llegó a ser en las ciudades romanas sumamente peligroso. atacándolos con aparatos de bolsillo que eran una derivación infantil de las manubalistas guerreras. -¿Volvió con vida el jovenzuelo? -No. No sabían nada de catapultas. Hable con detalle acerca de la formación de un tren legionario. La población pasó la noche despidiéndolo y dándole fortaleza. Tocó la suerte a un jovenzuelo tímido y apocado. pero husmearon el peligro.. -¡Santo Dios! Una balista que rinde la ciudad de Segida sin arrojar un solo disparo. las municiones. con las doncellas que ceden sus cabelleras para suplir las crines en la elaboración de cuerdas balísticas.. Discúlpese usted diciendo que fue un arma de la decadencia. Otra que mata un pastorcillo con un puñado de volátiles. A la mañana siguiente. se encontraron frente a aquella amenaza que había brotado del suelo. durante tres días. Sea pintoresco. ¿Esto es lo que yo voy a contar en Minnesota? -Diga usted que las catapultas se empleaban para la guerra de nervios. pero el muchacho temblaba de miedo. -¿Tendré éxito con eso? -Describa usted con amplitud el fatal apogeo de las balistas.108 -Cuente usted y vámonos. llena de palancas antagónicas. -¿Tendré éxito con eso? -Sea poético. -Un cuerpo de artillería abandonó una noche la balista más grande de su legión. que se quitaban fuerza unas a otras. . Deténgase a considerar sus dos mil carruajes y bestias de carga. pero sin salirme de la región. C. la balista debió de tener un tenebroso aspecto de patíbulo. un centenar de pastores inocentes. bajo una descarga de grajos que habían pernoctado sobre la máquina de guerra y que se fueron volando asustados. sobre una eminencia del terreno que resguardaba la aldehuela de Bures. -¿Tendré éxito con eso? -Sea imponente. los habitantes de Bures. que se dio por condenado a muerte. me remonto otra vez al siglo II a..C. una enorme máquina de guerra complicada y estorbosa. Antes de salir el sol en la mañana invernal. Refiera el conmovedor episodio del sitio de Cartago en 146 a. Como no podían seguir así indefinidamente. Como usted comprende.

Sea generoso en las cifras. Hable sin cesar de las grandes concentraciones de balistas. y póngala sobre su mesa de conferenciante. una idea de fuerza. que iba cociendo el pan por el camino. critique el auge de comerciantes y cantineros. El ejército romano.. Diga que en tiempos de Demetrio Poliorcetes llegaron a acumularse ochocientas máquinas contra una sola ciudad. yo le proporciono las fuentes. y he aquí lo que el destino le ofrece. el arqueólogo vio en el suelo una piedra que le pareció muy apropiada para poner punto final a su enseñanza. a razón de mil piezas por kilómetro. está usted seguro? -Llévese esta piedra a Minnesota. -¿Usted cree? . haga hincapié en las prostitutas. copado entre el denso maderamen de sus agobiantes máquinas guerreras. Describa también el gran horno portátil de piedra hasta las ruedas. Hable de los innumerables mozos y esclavos. Desenterrándolo con grandes muestras de entusiasmo.) -¿Pero.) -¡Tiene usted suerte! Quería llevarse una moneda de recuerdo. incapaz de evolucionar.109 utensilios de fortificación y de asedio. La corrupción moral. sufría retardos desastrosos. (El estudiante recibió el regalo. grueso y redondeado. Era un guijarro basáltico.. -¿Tendré éxito con eso? (En este momento. -¡Qué atrocidad! -Sea pertinaz. disparado sin duda alguna por una de esas máquinas que tanto le preocupan... una metáfora aplastante. y que no hacía más de tres kilómetros diarios. Causará una fuerte impresión en el auditorio. -¿Tendré éxito con eso? -Concluya usted diciendo que la balista era un arma psicológica. de unos veinte kilos de peso. un tanto confuso. el peculado y el venéreo ofrecerán a usted sus generosos temas. -¡Qué portento! -Tome usted en cuenta que el horno pesaba dieciocho toneladas. lo puso en brazos del alumno. -¿Pero qué es esto? -Un valioso proyectil de la época romana. debido al talento del ingeniero Cayo Licinio Lícito.

y estrechó afectuosamente la piedra contra su pecho. En el cauce seco del Merdancho brillaba una nostalgia de río. Varia invención en 1949 y en 1952 el segundo. . De balística aparece en Confabulario. en la que satiriza la vida de un potentado. el estudiante de Minnesota se quedó pensativo. Allí debutó en el escenario de la Comedia Francesa. eternizados por un instantáneo recogimiento. esta piedra. anticipa unos dos mil años su viaje a Numancia. arrojado de un posible paraíso. -¿Pero está usted seguro de que esta piedra es un proyectil romano? (La voz del arqueólogo tuvo un exasperado acento sombrío. Realizó estudios de teatro en México y en París. la vieja Resenda tiene fijo el pensamiento en lejanos recuerdos. (Ante aquella respuesta contundente.) -Tan seguro estoy de que lo es. México. Los serafines del Ángelus volaban a lo lejos. Publicó su primer libro de cuentos. le habría aplastado la cabeza. Y maestro y discípulo se quedaron inmóviles. editado por Planeta. a los 83 años de edad. sobre invisibles aldeas.110 -Yo mismo le obsequiaré una documentación en regla. como queriendo borrar. El regreso Rafael Dieste (España) Sentada al amor de la lumbre. donde un pequeño fuego todavía se esfuerza en hacerle compañía. que lo consagró definitivamente y cuyo título repetirá en sucesivas recopilaciones. como dos bloques erráticos bajo el crepúsculo grisáceo. Publicó sus primeros cuentos en las revistas Eos y Pan de Guadalajara y en los periódicos El Occidental y El Vigía. se pasó la mano por la frente. Arreola refleja su imagen del hombre moderno como un extranjero perdido en el caos existencial. de una vez por todas. Confabulario. adonde viajó en 1945. Fue autor de la novela La Feria (1964) en la que intenta enlazar con la corriente indigenista tradicional de la narrativa mexicana. en vez de venir ahora.) El sol se había puesto ya sobre el árido paisaje numantino. el fantasma de la balística romana. En su farsa teatral La hora de todos (1954). Murió el 3 de diciembre de 2001 en su casa de Jalisco. México. Juan José Arreola (México) Breve reseña sobre su obra Nacido en Zapotlán (hoy Ciudad Guzmán). en 1918. para que las autoridades le permitan sacarla de España. que si usted. Soltando por un momento uno de sus brazos. disparada por uno de los artilleros de Escipión.

.. regalo de la casa. A veces se mueve un poco. Pero de repente se cerró y batió violentamente en el marco de perpiaño. Todo enmudece en la casa a no ser las pisadas blandas. de cautivos. otros aguantando la sed en la cumbre de un cerro. Con aquellas historias la ansiedad de los viejos se entretenía. El resplandor del pequeño fuego. sola. y pronto el viejo perdió los ánimos y aquel amor a la tierra que levanta a los labradores. según rumor corrido por la aldea. sin ningún deseo de hablar. se deslizó por el piso de arriba. Otros (tiempo después) que un mendigo forastero. mozos. murmuró: o vuelve.. el rostro perdido en no se sabe qué lejano amanecer. infinito reposo. Era el de siempre.. En fin. que en aquel instante se avivó de súbito. ¿Quién habla de muerte? Se sabría.. Millares y millares de hombres. Pero en su espíritu una palabra única se levantó para nunca más ser derribada. de aquella soledad. conjeturas: casos de los que se pierden.111 y puede que en algún presagio que esa noche le espantó el sueño. como para dar tiempo a la madre para serenarse. encima de un emparrado. de los que andan en secretas encomiendas. sospechoso. Con los ojos encendidos levantó la cabeza y se puso a escuchar. erguido y alegre.. Allí.. amortiguado. su Andresiño. Y su propia voz sin respuesta la llenó de extrañeza. y en seguida retorna a su embeleso. para ver dónde escondía la vieja unas onzas de oro que. Unos yendo hacia adelante.. silencioso y cauto. Para una corteza de pan que ha de encontrar en el horno es capaz de estrangularme. Entonces comenzó a llamar al hijo como si estuviera allí adormilado. sintió gritar a la vieja el nombre de su hijo. muy bajo. y hasta canturrear mientras iba y venía. relampagueó en su rostro. a tierras de Morería. y como pasmada. Pero el tiempo corría. Pero. El viejo agonizante había dicho: o vuelve. Estuvo encamado una temporada. Un andar suave. Aún trabajaba el viejo cuando el mozo gallardo. Un día sintió frío y se encogió en el lecho con el deseo de un largo. tenía costumbre de contar diciendo: Las guardé para ti. se dejó de hablar del asunto. Se sintió sola por vez primera. Después el portón de la cocina se abrió un poco.. debéis tener en cuenta. leves. Sí. y también como un modo de guardarle respeto. Ella.. Alguien parecía ahora empujar la puerta desde fuera con esa lentitud astuta de los gatos o del viento tramposo. deteniendo el paso. perezoso. mordían todavía el clavel.. Alguna mujer que pasó volando junto a la casa. Aquella noche el viejo moría. o duró mucho. mordiendo un clavel. dijo: ¡Vuelve! Y esperó a lo largo de muchos inviernos. o transportando los víveres. pero también para sentirse menos desamparada: -¡Despierta. con la mira de espantar al ladrón. Poco supieron decir de él los otros. -¿Quién anda ahí? -gritó. y la puerta quedó franca.. hijo . Un día llamó a la compañera a su lado. Y venía entonces el tejer y destejer sospechas... con una seguridad hecha de anhelos y presentimientos. Chirriaron de improviso los goznes. había estado espiando un ventanuco de la casa. el hijo de la vieja Resenda. Los sueños de la anciana huyeron. que anda gente por la casa! Coge esa hacha y corre a ese lobicán que viene a robar a los pobres. La vieja Resenda quedó sola. Allá no es como aquí. le apretó la mano y. La voz se le ovilló. se fue en grey con otros. lo habían visto por allá. escucha. Los dientes. estaba. todavía más que atemorizada. Otros dicen que la sintieron hablar a deshora. Le quedó el nombre de Resenda porque su difunto marido era el señor Resende. una romería impresionante... con un lamento de pereza importunada.

En 1938 fundó la revista Hora de España. cuando lo deportaron a un campo de concentración. Destacan en teatro la trilogía dramática Viaje. duelo y perdición y los ensayos La vieja piel del mundo (1936). Emprendió su labor como periodista en Vigo en la redacción de El pueblo gallego. El regreso integra el volumen De los archivos del trasgo. Todos dicen que fue comido por los cuervos en tierras de Morería. Muy pronto dieron con la vieja Resenda.los vecinos llamaron hasta hartarse en la puerta de la casa silenciosa. y los alemanes pretendían ganar la guerra gracias al trabajo de los más vigorosos de sus . De 1950 a 1952 fue lector de Lengua y Literatura Española en Cambridge University. fue nombrado director literario del departamento editorial de Atlántida. Galicia. en 1899 y muerto en 1981. En 1935. residiendo ya en Buenos Aires. Finalmente decidieron. cargo que desempeñó hasta 1948. puesto que se inicia en vísperas de la guerra civil para ser continuada en el exilio. Y se dice que ese mendigo nada pudo decir de semejante oro.. prácticamente desconocida en España. Al día siguiente -ya no calentaba el sol. escribiendo cotidianamente tanto en español como en gallego. ¿Qué es un axioma? (1967) y Testamento geométrico (1975). con los ojos tan abiertos que no parecía que estuviese muerta. comunista y miembro de la Resistencia. De su producción. pero aquí están. después de hablar en grupo con la alegría inconfesada de las alarmas insólitas. donde se dedicó a estudiar problemas literarios y técnicos inherentes al teatro. viajó a Francia y Bélgica. Con el desayuno Juan José Saer (Argentina) Goldstein tenía 21 años en 1943. A poco trecho del hogar la encontraron tendida en el suelo. y que fue a confesarse muy arrepentido. empezó a trabajar en las Misiones Pedagógicas de la República. Rafael Dieste (España) Breve reseña sobre su obra Escritor español nacido en Rianxo. por el triple motivo de ser judío. Tras una breve estancia en Londres y París.112 mío. Por el hueco que abrieron los empujones del más corpulento se colaron todos. De Andrés nunca se supo. cabe mencionar las novelas De los archivos del diablo. No lo mataron. y Rojo farol amante (1933) en poesía. echar la puerta abajo. porque es sabido que los campos nazis eran en principio campos de trabajo. Pasé malos años. enviado por la Junta de Ampliación de Estudios. publicada durante la Guerra Civil.. Sí del terrible acontecimiento. Luchas con el desconfiado (1948). editado por Espasa Calpe. Posteriormente se trasladó a México donde se desempeñó como profesor en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. En 1940. La ventana vacía e Historias e Invenciones de Félix Muriel.

que le pasan una renta mensual. de modo que esta mañana. se casó con un catalán y se quedó a vivir en Barcelona. dos medialunas. siempre el mismo: café con leche azucarado. y un rato más tarde. se concentran con mayor facilidad y acogen con nitidez imágenes y pensamientos. sus relaciones con ella son un poco más difíciles que con la mayor.113 enemigos. bajo el televisor apagado. tiene setenta y seis años y todavía sigue yendo a la librería. Por fin las domina y se concentra en las noticias políticas nacionales e internacionales. enfermos. al entrar en el local. depositando las medialunas y el jugo amarillo sobre la mesa. es un momento de actividad. por la manera en que se había organizado el trabajo de los prisioneros. un cafecito solo. a causa de algunas diferencias políticas. dura un buen rato. sin esperar el pedido mientras el dueño. piensa Goldstein. puesto que el efecto energético de las vitaminas no ha tenido tiempo de actuar todavía. Negro. absorbiéndolo poco a poco. y los viernes. ancianos. chicos. Cada mañana. tiene poco tiempo libre los días de semana. la última junto al ventanal que da a Pueyrredón. sobre todo interior. ha empezado a prepararle el café. A los que no les servían. como incluye la lectura del diario. Es por lo tanto el día. ya que cinco años atrás le dejó el negocio a sus dos empleados. los asesinaban inmediatamente. Por lo tanto. que tuvo que irse del país con el golpe de estado del 76. sentándose en el rincón de cara a la entrada. representan un ejemplo avant la lettre de lo que podría llegar a ser la última etapa de la llamada desregulación del mercado laboral. Por ahora. cuando justo llegaron los aliados (que no encontraron ni un solo soldado alemán en todo el campo). su partida de poker semanal. que el placer en sí mismo es un estímulo en la vida. desplegando el diario. Su hija mayor. lo más difícil de llenar. Después de la vacilación matinal. lo que podría probar. así que únicamente ciertas noches y a veces ciertos domingos pueden verse para comer juntos. le responde al mozo con jovialidad distraída y con el ligerísimo acento de los viejos judíos aporteñados del Once y de Balvanera. bastará una seña casi imperceptible de Goldstein en dirección a la caja para que el cafecito cuidadosamente preparado. El desayuno es. pero a los más jóvenes los hacían trabajar. ante las interminables horas que se avecinan. La mesa es casi siempre la misma. El jugo fresco. lo que lo incita a engullirlas rápido. menos por avidez que porque quiere tener las manos libres para poder manipular con más facilidad las grandes hojas de papel impreso que se pliegan y se despliegan. concentrado y amargo. En cierto sentido los campos nazis. entrando. más para distraerse que otra cosa. acompañado por el vaso de agua. ya que la memoria y la inteligencia. aterrice sobre la mesa. Goldstein está convencido de que fue su condición de mano de obra barata lo que le salvó la vida. desde la mañana bien temprano cuando se despierta hasta que anochece. Sopar las medialunas en el café. Media hora más tarde más o menos. en Córdoba y Pueyrredón. le dificulta la lectura del diario. pero de todos modos. desde hace unos doce años más o menos. ácido y dulce a la vez. que es psicoanalista. . -Qué querés. indóciles y ruidosas. jugo de naranja. La menor. -¿Siempre apechugando a la matina. le da una pequeña sacudida de optimismo cuando toma el primer trago. Los jueves a la noche tiene una reunión en la Mesa de Derechos Humanos. recién exprimido. reverdecidas por las horas de sueño y por la ducha tibia que relaja el cuerpo atenuando los pequeños dolores óseos y musculares que lo tironearán durante el resto del día. el desayuno que. don Goldstein? -le dice el mozo catamarqueño. Los nazis estaban a punto de fusilarlo por tentativa de evasión. Su mujer murió hace tres años. detrás del mostrador. saluda al dueño que está detrás de la caja y se encamina a su sitio. me opio si no en la cama. a la derecha. mientras desayuna en el bar Tobas. y un vaso de agua. después de haber leído buena parte del diario.

en los que ningún interés razonable entraba en juego.000) o los irakíes durante la guerra del Golfo (170. sin embargo. puesto que las víctimas siempre tenían algo en común para los asesinos. serbios. todas rubias. vestido con sencillez y que. Después vuelve atrás y lee con atención los artículos de fondo de los columnistas.000). hace una seña para que le traigan el cafecito y el vaso de agua.000. y únicamente porque eran rubias las . todas las mañanas. Él las contabiliza y a medida que se producen otras nuevas las va agregando a la lista. hasta terminarlos. Esa ceremonia que se repite todas las mañanas desde hace tantos años es en realidad el preámbulo a los minutos de meditación que le suceden. No: contabilizaba únicamente todos aquellos que habían sido exterminados no por su peligrosidad. cristianos.000). después del desayuno. todas las masacres del siglo.. varios millones de los espectros que. cierto peinado. por alguna razón que ellos solos consideraban legítima. Para Stalin. o se habían suicidado. entre veinte y treinta años de edad). Por dentro. o incluso habían sido ejecutados por los crímenes que habían cometido. durante unos pocos minutos. y sólo porque eran armenios los exterminaban. y lo ocupan por completo durante un rato. se instalan en su interior. lo acechaban en ella. cuando ya no le quedan más que unos pocos minutos de lectura. echa una ojeada a las novedades deportivas y al estado del tiempo. los armenios eran todos armenios y sólo armenios. de tal manera que cuando las evoca y las enumera. Visto desde fuera. del mismo modo que el asesino en serie norteamericano mataba rubias y únicamente rubias. en una tarde. mujeres (un asesino en serie había matado cerca de sesenta en Estados Unidos. de cierto peso. ch'i' non averei credutto que morte tanta n'avesse disfatta. y en su caso sólo se trata de mecanismos asociativos autónomos. no los toleraban en este mundo: indios. que nunca hubiese creído que la muerte deshiciera a tantos: y de esa muchedumbre de fantasmas. o centenas o miles de personas morían en manos de sus verdugos quienes. para terminar con las historietas y los programas de televisión. toma su desayuno en un café de Buenos Aires. y por último. y era por eso que las mataban: para los turcos. como tantos otros habitantes de la ciudad. en las que. porque una meditación presupone cierta voluntad consciente de pensar sobre temas precisos.000) para los hutus. sus asesinos decidieron que no debían vivir: los armenios para los turcos por ejemplo (1. es un anciano apacible y limpio. Tal cantidad de gente. los gitanos (600. Para los norteamericanos. los habitantes de Hiroshima y Nagasaki (300. por razones inexplicables.114 en las páginas de economía y en las de cultura. bosnios.venía si lunga tratta di gente. cada mañana. todos eran crímenes en serie.000). o de enfermedad. los opositores de Suharto en Indonesia (500. según en él. Pero tal vez es una licencia poética llamar a ese estado una meditación. viejos. Y después esas masacres locales. De tanto en tanto ha ido tomando un trago de café con leche o de jugo. en la zona clara de su mente. o los judíos (6.000)..300. varias decenas. casi mecánicos que. musulmanes. los tutsis (800. negros. estaban excluidos los que habían muerto en los campos de batalla. o por accidente. real o imaginaria.000) y los enfermos mentales (cifra desconocida) para los nazis. que percibía la totalidad de lo Exterior como una amenaza. Bien mirado. cierta silueta. sino porque. En Rwanda. en una semana. no puede evitar que le vengan a la memoria los versos de Dante: . se dan cita. a algunos de los cuales conoce personalmente porque son clientes de la librería. las cartas de los lectores y los editoriales. a causa de esa asociación inconsciente a cuya repetición puntual ya se ha resignado después de tantos años.

aunque parezca mentira. resignado: "el primer término de la asociación es mi vida". Los dos años que pasó en el campo de concentración. Aunque se definía a sí mismo como ateo y materialista. con los cambios de sus adoradores. lo que hubiese sido casi deseable. "¡Que no haya eternidad. y una buena mañana terminó por comprender. definían mejor a la especie humana que el arte. su . ante el interminable desfile de fantasmas. porque la indiferencia con la que abandonaban sus creyentes a la crueldad de sus verdugos. que persiste todavía y cierra el episodio cada mañana: la increíble sensación de estar vivo. Pero tantos meses. Ante sus interlocutores perplejos.115 mataba. fragilísimo. perdiendo su identidad o sus atributos más importantes. se dejaba envolver por el rumor de las cosas. se borraban para siempre con el universo que habían creado y con las criaturas que lo habitaban. Era probable que muchas veces hayan huido aterrados. que se fue acostumbrando a su presencia. ya sea que sus fieles estuviesen en el campo de las víctimas o de los verdugos. El crimen. con el desayuno. era a decir verdad abominable. ficticio. y se jactaba con frecuencia de serlo. los dioses sufrían los efectos perversos de esa carnicería. y su precariedad misma hace bailar. con cada serie que desaparecía -tal tribu del Matto Grosso por ejemplo. mezclándose al tumulto del presente. como si se tratara de un problema de álgebra. Su argumento es el siguiente: a los 21 años. duró esa posesión obstinada. cuya causa precisa (el primer término de la asociación) no podía descubrir. hasta gastar la angustia que la acompañaba. sino que se ridiculizaban y. con el desayuno. si bien fueron en su momento una intolerable pesadilla. En otros casos. cambiaban de signo. que habían concebido. por no decir ligeramente chiflado) afirmaba que. y en la mayoría de los casos. Por otra parte. en manos de los grandes propietarios-. Muchos desaparecían o. en esos primeros meses. empezó a considerarlos como un azar favorable en su vida. seguían adorando a los dioses que habían permitido que tales cosas sucedieran. A la angustia de los primeros tiempos. después de lo que le había sucedido a la inmensa mayoría de la serie a la que pertenecían. La asociación mental como infierno: para Goldstein. y si hay. sus prejuicios optimistas hubiesen seguido distorsionando su percepción de la realidad. Goldstein (que algunos consideraban un poco excéntrico en sus opiniones. tenía una visión demasiado optimista del mundo. esa expresión hubiese debido ser el título de un imprescindible tratado. las instituciones. la ciencia. y no lo abandonaba hasta que salía a la calle y. la tortura. asociaciones!". engendrado y organizado el universo para ofrecérselo como regalo a los hombres. tantos años. Si al final de la guerra se hubiese encontrado sin esa experiencia. no solamente profanaban la memoria de los que habían desaparecido. que no haya. al universo entero en el filo del abismo. montones de dioses. que muchas veces cambiaban de papel según las circunstancias. empezó a repetirse en secreto Goldstein. la suplantó una impresión extraña. también volvían ridículos a sus dioses. en ella. se apoderaba de él todas las mañanas. en los primeros meses en los que esa asociación inconsciente y autónoma. cuando los asesinos los invocaban como pretexto para sus masacres. Goldstein. al poco tiempo de salir. durante una fracción de segundo. Los cálculos más absurdos agitaban sus pensamientos. o bien los tergiversaban o bien los desenmascaraban: no había otra explicación posible. Goldstein pensaba también que los dioses no salían indemnes de ese carnaval que desfilaba en su mente todas las mañanas. por esa misma razón. las masacres. al menos. y consideraba todos esos crímenes no desde el punto de vista de la compasión o de la ética. El hecho le parece improbable. ese odioso teatro matinal. sino en cuanto a la cantidad de víctimas en relación con la extensión en el tiempo de las masacres. Y si los sobrevivientes. en tanto que hombre. y otros revelaban aspectos ocultos en los que hasta ese momento nadie había reparado.

El entenado (1982). los ensayos El río sin orillas: tratado imaginario (1991) y El concepto de ficción (1997). -Oiga. -Un cuadro de la escuela de Greuze. al camión! Vocea: "¡Una mesa con las patas flojas. el libro de poemas El arte de narrar (1977) y las novelas Cicatrices (1969). en tanto que pensador. Juan José Saer (Argentina) Breve reseña sobre su obra Escritor argentino nacido en Serodino. muchachos. esos dos años representaban para él su diploma "con felicitaciones del jurado" en antropología. -¡Una tela grande rayada. representando probablemente menos de los que tiene. publicó los libros de relatos Unidad de lugar (1967). La mayor (1976) y Lugar (2000). una!". es un viejo limpio y jovial. no parece haberle ido tan mal en la vida. publicado por Editorial Planeta El inventario Elena Poniatowska (México) -Esta mesa es Chippendale. . El limonero real (1974). Goldstein deja sobre la mesa dinero suficiente para el desayuno y la propina. Cuando termina el café y pliega el diario. La ocasión (1987). provincia de Santa Fe. que lo observan con curiosidad fugaz. en 1937. y a quien a juzgar por su aire enérgico y satisfecho. La pesquisa (1994) y La grande (2005). En 1962 abandonó sus estudios de derecho y comenzó a enseñar Historia del Cine y Crítica y Estética Cinematográfica en el Instituto de Cinematografía de la Universidad acional del Litoral. país en el que residió hasta la fecha de su muerte en 2005. yo creo que estos muebles son del tiempo de don Porfirio. Entre otras obras. y lanzando un "¡Hasta mañana!" afable y general. porque mire nomás el polillero. bien conservado a pesar de los años. En 1968 viajó a Francia con una beca. -¡A ver. una! -Una consola Louis Philippe.116 cuerpo y su mente habían sufrido en el campo de concentración pero que. adie nada nunca (1980). sale al sol de la esquina y al estruendo de las dos avenidas que se cruzan: para los clientes de paso. Con el desayuno pertenece a Cuentos Completos.

estilo Regency. -¡Ya me voy señorita! -¿Qué te pasa Ausencia? -Es que me voy antes de que se me haga tarde. -Por Dios. Todo de puros cachitos. patas para arriba. Se arrodilló junto a la cama. así es. Voy a deletreárselo. dos! -No está percudida. Ése me lo regaló su abuelita. viejo. -Una mañana subió Ausencia. mandamos restaurar. -¿Cómo dice usted? -Wedgewood. -No entiendo. -Es que nosotros tenemos la obligación de poner cómo están. -Pues también se le van a apolillar. también son para la bodega. -Y si no es indiscreción. ¡ya está todo agujereado! Y está chistoso el cajoncito. (En la calle estaba la camioneta muy pequeña con todos los pobres muebles apilados. Ausencia. Y todas esas mesitas redondas. -¿No quiere usted revisar lo que me llevo? Allá abajo está la camioneta. Mire este cajón. Me llevo el ajuarcito de bejuco. cosas de familia. si no luego nos reclaman. grueso.117 -Dos vitrinas de Wedgewood. ¿por qué mejor no las vende? -Son de mis tías. ¿qué haces? -Es que las cosas ya no son como antes. ¿Cómo las voy a vender? Nosotros no vendemos. -¡Salen dos vitrinas! ¡Mira ésta no cierra. Mire nomás cuánto tiempo gastaban los antiguos en estas ocurrencias.! ¡Dos sillones con la tapicería percudida. a la altura de mi cabeza sobre la almohada y desperté con el rostro de la cocinera esperándome. son de mi familia. ¿también nos las llevamos? -Sí. Allí amarraron al perro. ese rostro gris.) .

las mejillas azules por ese vello negro. sales ganando. el aire estaba lleno de residuos que nos unían y había la posibilidad de que el día menos pensado nos dijéramos: "Oye. Allí está Ausencia implacable. y herederos de a poquito. En el fondo de cada uno de nosotros había una taza rencorosa. monjil como el plumón de los pollitos. pues? Ausencia con su suéter y su chal cruzado sobre los hombros. pero en compensación le daremos a Inés las dos sillas de pera y manzana. Mire. un pastorcito de Niderwiller "que yo quería y estaba en otro lote". a pesar de que nos espiábamos con envidia. caen las escamas.) -Por favor. el frío de toda esa vida con nosotros. a mi ajuarcito de bejuco. Se están llevando la primera capa de mi piel. Toda mi vida he estado prendida en estos muebles. marco dorado. la nariz amoratada en la mañana fría. ya no sanan. señorita. tan implacable como los muebles. a la Blanquita.. Son de adorno. -Oye ¿a quién le tocó el esquinero de marquetería poblana? -A tía Pilar. una! (Me están despojando de algo. Era bueno hablar de los muebles. . pongan más cuidado. -Como usted mande. Hablar de ellos era ya poseerlos. el arbolito chino ¿no me lo cambiarías por aquella bicoca de Chelsea que tanto me gusta?. y la de mis nueve primas a la deriva. -Así son esas lunas venecianas. al Rigoletto. Ausencia con su boca muy cerca: -Me voy para San Martín Texmelucan. Parecen momias y se nos desbaratan en las manos. A pesar de que todos éramos herederos. ¿Cómo le hacemos. siempre en las lunas del espejo. ¡Sale una luna rajada. -¿Cómo que sin espejo? -Es que está empañado. ¡Cómo me miran! Invadieron mi alma como antes invadieron la de mi abuela y la de mis tías. un plato codiciado de Meissen. No es cosa nuestra." -Una luna sin espejo. la de mis siete tías infinitamente distraídas y desplazadas. No son para verse. Me llevo a la Dickie. Siempre hubo muebles. siempre extranjeras. parecían confesionarios en donde nos vaciábamos de piedritas el alma. al Chocolate y. su chal para taparla del frío de todos estos años no vividos. no podemos ni tocarlos.118 En el principio fueron los muebles. Vale más el arbolito. Son para borrar los recuerdos. -Es que el mal ya está en los muebles.

los que entraban a verla hacían el mismo comentario: "Parece que está dormida. Después te dio mucho coraje ver los sillones en su casa igualitos a los tuyos. Cuando el censo le preguntaron a Ausencia: -¿Casada señora? -¡No he conocido hombre! Y no quiso contestar ya nada. a todos mis buenos perros callejeros. "¡Por favor no me saquen de aquí!" Pero ella se va porque ya acabó de estar. volvía a moquear. -Levántate Ausencia. por favor. al menos no hizo aspavientos como las otras.) -Ausencia. sorbía sus lágrimas. al Seco.119 -Qué quiere usted. ¡Que no se vayan a meter a la basura! ¡Que no les vuelva a dar roña! Ausencia asintió con su nariz esponjosa de poros muy abiertos. Se me hinca encima para que yo sienta toda la vida el peso de sus rodillas de mujer que trapea el piso. Moqueaba. a la Violeta. cuando mi abuelita estaba para morir. Ninguno podía subir a ver a mi abuelita a su recámara. Hágase a un lado que todo esto no es para usted". ¿Qué no se dio cuenta? ¿O es que usted no está al pendiente? Se la voy a embodegar pero fíjese bien que todo está chimuelo. Vamos a llorar. Maximina se tiró en la escalera y se acostó a lo largo de seis peldaños. también con los años se va agrietando el carácter. a la Blanquita. a ver lo bella que había quedado acostada sobre su blanca cama. Lo contaste durante más de una semana. ¿o será un banquito al que le añadieron el respaldo? Pero le rompieron el brazo y allí mal que bien se lo pegaron con resistol. empapaba la alfombra con lágrimas que le salían de todas partes. a todos mis pobres animalitos. de quién sabe dónde. mire qué clavote tan burdo. ¡Qué tranquilidad! ¡Qué paz!" Yo le hablaba bajito: "Abuelita: ¿corremos a esta visita que no te cae bien? Es la que te copió tu par de silloncitos Directorio ¿te acuerdas? Tomó las medidas mientras le servías el té y el pastel de mil hojas. hasta el nombre de sus padres. es como sillón ¿verdad? Más bien parece mecedora. Se la fastidiaron de plano. Cueva cerrada. todo cojo todo medio dado al cuas. no es silla. plomiza. ¡No te hinques. plañidera muda. Pero no. . secreta. La tía Veronique no quiso que la metieran en la caja y la velamos en su cama toda una noche y media mañana. que la señora la mandaba llamar." Maximina se pasó toda la noche en la escalera zangoloteándose porque Ausencia le había ordenado: "Hágase a un lado. A esa silla le clavaron el brazo. Ausencia. porque le dijeron que ya no había tiempo. Bueno. Impedía el paso. subió a verla una sola vez. Hubo que inventarlo todo. No lloró. sus hermosas manos cruzadas sobre el camisón bordado y amplio que había sido de su madre. con todo el pelo gris destrenzado sobre los hombros. mujer. Esto parece telenovela con lanzamiento. Dios mío! (Lo ha hecho a propósito. como la virgen. así es la vida. le encargo a mis perros. Al contrario. ella nunca llora. Ella sonreía. ¿La corro abuelita? Trae su cinta metro. Ni te diste cuenta. con las puntas de sus pies vueltas hacia dentro y su viejo pelo canoso cayéndole como cortina sobre la cara y los hombros. Véalo todo bien para que luego no diga. Otro mueble viejo que sacamos a empujones. las cosas se van deteriorando. Hasta abrimos las cortinas en la madrugada porque a ella le gusta ver el sabino. arrodillada.

también de la salud. muebles cuello de cisne. quizá a la tiznada. hay que reconocerlo. Sólo entonces. Sucios parecían de Rembrandt. nada más con el plumero ¿entiendes? Hasta una franela resulta demasiado tosca. Los libros tienen tus flores prendidas. Me volteaba hacia el bastidor. Y hay lavanda entre las sábanas." Dos sillas. bastidor de nuestras entretelas: "Estás ojerosa. -Detrás de este enrejado se ven puros cristales rotos. bordadas a mano. No falta una sola pieza en los inventarios. ¿En qué estás pensando? Siempre pones esa cara de distracción cuando te estoy hablando. nuestros hijos. Podría herirlos. "es bonito el encaje pero no tan ancho" reía Maximina. y cuadros. hacia el tejido de paja y espiaba a través de los agujeritos. Miento abuelita. Todos discurrían acerca de ellos con ahínco. Nos hacíamos recomendaciones.120 -Abuelita. Todo está en su lugar y nosotros posamos como en una fotografía antigua. como una menina verdaderamente descongraciada. relojes de Audemars Piguet. ni una cucharita de sal. miento. la consola. edelweis de los Alpes. abuelita. hexágonos de panal que podía mover a mi antojo. tachando y añadiendo. Por la ventana entran unas estrellas que se equivocaron de puerta. A cada uno nos tocaron dos pares. Repasábamos los muebles una vez al día. entre más negros y menos se veían decían que eran mejores. Eran una constante. Los hacía danzar y todo lo descomponía. cuadros. astillas de muebles. chiquita. lo son aún. encaje de a medio metro. "Cierra bien las persianas. todo ha quedado igual como tú lo querías. astillas de piel blanca. sólo las ponemos cuando nacen niños. no tenían depositario. Y yo también me estoy yendo. Me gusta que todo se divida en dos. poniendo crucecitas. porcelanas de Sajonia y de Worcester. Estás pálida. no sé a dónde. de callejón del crimen. corrigiendo las faltas de ortografía. que haya dos de cada uno. etapas superpuestas de oscuridad. Si los hubiéramos limpiado. el de los quesos. La penumbra con estas caras de conspiradores. Quítales el polvo con el plumero. Ausencia se fue. Las cosas no siguen igual. Los revisaba con su lápiz en la mano. en ese momento. ¿Cómo amaneciste? Te veo mala cara. Son unos vándalos. que nada sea único e irremplazable. Pero como son muy antiguas y no resisten las lavadas. astillas de abuelita. Siempre se habló de los muebles. la cara de mi abuelita. nada era de nadie. ¿O de veras quieres romperla? Tal parece que sí. Los jóvenes de ahora son tan irrespetuosos. eran mis preferidas por su alto respaldo. de ronda nocturna. "Hablábamos de los muebles y. volvían como la marea a humedecernos los ojos. Que no les dé el sol. ¡No te mezcas en la silla! La vas a romper. de nuestra conversación. contéstame. creo. una frente a otra. encajes de Brujas para brujas desencajadas. teteras de plata firmadas por el orfebre escocés William Aytoun. Las cosas perdían peso. La detentadora de los inventarios era la tía Veronique. astillas de luz. túneles de sombra. nada pierdes con pasarte el día en la cama. estatuillas de Bow análogas a las que pueden verse en el "Victoria and Albert Museum". Tus retratos amarillentos de Wagner y de Goethe se encuentran en el librero de siempre. . Podrías volver a acostarte. El cuarto se veía entonces fragmentado. cuadros. Pareces un Greco. grabados de rosas de Redouté. aparecería la firma de la más tenebrosa escuela holandesa del señor Van Gouda. con encajes. nada tenía dueño. todo era mil pedacitos.

Claro. ¡ah!. no puedo estar encerrada con ellos toda la vida. . a lo de antes? ¿No sabe que uno siempre llama a su mamá a la hora de la muerte? ¿No sabe usted que los círculos se cierran en el punto mismo en el que se iniciaron? Se da toda la vuelta y se regresa al punto de partida. En esta casa no pasa nada. Aquí todo dura demasiado. siempre supo ensartarlas en el hilo lógico e irrompible. esta cómoda aunque no tenga jaladeras. -Sí. Además si tanto le gusta salir ¿por qué no cabalga en el brazo de este sillón? ¿Acaso no sabe usted que uno siempre regresa a lo mismo. ella los repartió. a usted ¿no le gustan los muebles? Y el restaurador se ponía y se quitaba un monóculo invisible. luego la papa se ennegrece de la pura mugre. Y el anticuario restaurador se puso por última vez su monóculo y se me quedó viendo con la ceja levantada para siempre. ¿O es que a usted no le gustan las antigüedades? Cuando se cuidan las cosas el tiempo no transcurre. Después se fríen a la hora de comer y quedan muy ricas. "Esta polilla es del siglo XVII. -Es que yo no puedo con tantos cachivaches. con aceite Singer. su tía. aunque el proceso sea lento y apenas perceptible. Su abuelita. sus cuadros. también. sí. sabe usted. que se desparramaban y se iban rodando por todos los rincones y que nosotros recogíamos con prontitud y reverencia para que las criadas no fueran a barrerlas por la mañana." Ah. Pero nos han durado mucho tiempo. Una cosa es la vida. Estos muebles debió usted lubricarlos. ¡Cómo venían a verme apenas había alguna congoja en un mueble. -¡Uy.121 reconstruyendo en la memoria viejos muebles inexistentes. Y entonces verá el consuelo que le proporcionan estas sillas. su dominio era tan evidente. buena conocedora podía distinguirlos. Hacen mucha compañía. el de las máquinas de coser. que le conferíamos todos los derechos. Con eso no se oscurecen. yo en su lugar qué más quisiera que estar aquí viendo estas piezas de época! ¿Qué va usted a hacer afuera? Lo único que va a sacar es que algún día le den un mal golpe." Con las palabras ganó. cómo cuidaban sus cosas. junto a su cama con una taza de infusión tiempo perdido. -Y eso qué tiene. estilo por estilo y época por época. Ella bautizó los muebles. todo entra en descomposición. usted que es un experto. Renacimiento en plena decadencia. Todos callaban cuando ella hablaba. sabía ordenarlas. nada. -Sabe usted. las domó. Tres generaciones. ¡papas a la francesa! Hay que tallar toda la tela hasta el más recóndito rincón. La tía Veronique expresaba tan bien sus exigencias. ni siquiera un ratón del comedor a la cocina. Además. sus veredictos eran inapelables. "¿Te acuerdas de aquel biombo de dieciocho hojas de la época de Kien-Long" De su boca surgían las palabras como un collar de perlas amarillas. sí. algunas amas de casa prefieren limpiarlos con una papa partida por la mitad y luego. la señora grande. Ojalá y siempre pueda encontrar a su regreso esta preciosa mesita. como un inmortal. un fatal agorero. otra son los muebles. apenas se despostillaba alguna de sus pertenencias! "Maestro. cómo amaban los muebles. Entonces surgen detalles que hacen batir palmas.

sus vidas inconclusas. La tía Veronique respiraba fuerte como si su cuerpo rozara algo vivo y demandante. a todas las maderas. hasta creo que olvidaba a lo que había ido. prensados para siempre con su amor. tan mullidos los asientos. No en balde tenían regazo. sus ansias. Pero él no se daba cuenta. esas fotos café con leche de sus tíos y sus tías yodados. El dedo y la hendidura se correspondían suavemente. no sé. sus agujas sin hilo. también añorantes. Pero volteaba las hojas de los álbumes porque soy morbosa y me detenía en algún rostro.122 Cuando acompañé a la tía Veronique a ver al señor Pinto en su taller oloroso a aguarrás. y a cada hoja le dejé algo de mi sangre y ahora la tengo espesa. Husmeaba agitada y se escondía tras el rumor del serrucho. la tía me comunicaba su propia excitación. como tablas de salvación. de cristales apagados. en su banquito. sus jardines sin gente. y sin saber cómo ni por qué. tablas de perdición. algo que no eran sus palabras habituales. la vista baja. pesaban sobre la conciencia. tránsfugas. a todos los bosques del mundo. El señor Pinto. sabes. sus letanías inhábiles! Que no me hicieran voltear las hojas de álbumes de fotos ya viejas. había rincones llenos de una luz secreta y una fuerza animal surgía inconfundible de la madera. de ancestros que jamás conocí y llevo a todas partes con tierna cautela a pesar de mí misma. Lo único que sé es que ellos están muertos y yo estoy viva. de costados esculpidos. . de pétalos marchitos. amor-olor a ácido fénico. Entonces me di cuenta de que los muebles están hechos para recibir nuestros cuerpos o para que los toquemos amorosamente. con sus lentes de arillo redondo. lo tuvimos en el departamento de la Rue de Presbourg. hambrientos de amor. Entonces daba indicaciones con una morbidez vaga. lomos y brazos acojinados para hacer caballito. parecía envuelto en esa emanación de olores y su cara y sus manos tenían la textura de sus tablones. delatada por sus labios hinchados. llena de barnices corrosivos. sus actos fallidos. de remotos abolengos. En cambio la tía Veronique dejaba de dar órdenes. ¡Que no me llegaran todos sus recuerdos! ¡Que no me pasaran su costal de palabras muertas. no eran muebles vírgenes o primerizos. sus bordados que llevan de una pieza a otra." Yo no quería concretar sus memorias ni vivir de esas cosas a las que se aferraban en su naufragio. uní por primera vez los muebles con los árboles. no en balde eran tan anchos los respaldos. no sé. enfermos de esperanza. los muebles. guardados en formol. Recorría las esquinas de una mesa despacio. Los muebles eran la materialización de todos sus recuerdos: "Este taburetito. algo que nunca se iba a consumir y que subía con ella a medida que su respiración se hacía más anhelante. Percibía por vez primera algo desconocido y misterioso. metía sus dedos muy finos en algún intersticio y abandonaba uno de ellos allí con indefinible placer. ¡Que no me hicieran entrar al amo ató matarile rile ro de los que juegan a no irse! Más tarde a la tía Veronique le dio por examinarme genealógicamente: -Oye y ¿cómo se llamaba la mamá de tu bisabuela rusa? -No sé. de resquicios. despacito. de comisuras resbaladizas. se sumergían el uno en el otro. al contrario. manchadas de humedad. Todos estaban cubiertos de miradas. con los ojos saciados y de ella salía no sé qué.

Lo único que puedo decirte es que ese señor no hace juego con nuestros muebles. conocer otro ambiente. ir a la montaña para la tuberculosis del espíritu y de la voluntad. Le sentaría. cambiar de aire. Nunca he tenido la certeza de nada. Eso es. "Rápido muchachos. un pullman viejo con sus cortinas polvosas." a la hora del té. Hoy a las diez de la mañana vinieron por los muebles. En realidad.123 Una tarde le dije: "tía. el aire puro de las alturas.) -Bueno. tú sabrás. Los mexicanos nunca son puntuales. Llegaron tarde. -Tía. insegura y nerviosa. (Le expliqué. su deshilacherío. -No quiero. La tía Veronique tenía su mirada perdida. la cara enharinada sobre la mugre. oxigenar el alma. No quiero ver viejas señoritas con sombreros atravesados con un alfiler de oreja a oreja para que no se les vuele. -A esta niña le haría bien un viaje a Europa. Huele feo. Yo no sabía que habíamos acumulado tanto trique pero fueron necesarios dos camiones. me quiero casar. sus flecos desdentados. ver otras caras. dejarle una tarjeta con la esquina doblada a la Duquesa Marina de Kent. hay que aprovechar el tiempo" y en la puerta se paró el señor Madrigal con su tablero para apoyar el papel en que iba aumentando la lista y el lápiz para apuntar que se llevaba a la . sus asientos de peluche color vino. ¡Ya se le pasará! ¡Ya no regresará! Ya decía yo que no debía salir tanto de la casa. Mil veces África con sus gorilas evangélicos. Podrías entrar a Buckingham. -No quiero ver a esos imbéciles de plomo con sus borregos en la cabeza rellena de tradición. sus amistades la han trastornado. sus cuerdas y sus hombres que se tapan la cabeza con un costal abierto a la mitad. -¡Déjala! Eso no es ella. sus perillas de bronce. sus cordeles raídos. -Podrías ver el cambio de guardia ante el Palacio de Buckingham. ¡No quiero! Prefiero África. como que regresaba de quién sabe dónde y su voz era la voz de todos los regresos. Europa es como un pullman viejo. Era una hora propicia. borrosa. como árabes sin turbante.) -Un viaje a Europa. eso es. -¿Qué dices? -Sí. Una luz difusa entraba. No quiero ver viejas pelucas rizadas de viejos jueces. Se estacionaron frente a la puerta dos camiones de mudanza "Madrigal" con sus colchonetas. (Mi familia ha resuelto siempre los problemas con viajes a Europa. irme a evangelizar gorilas. se derretía blanda por la recámara.

Después arrancaron como dos paquidermos. "Lo hace a propósito. No podían ni con su alma. hueca. Ahora ustedes se van ¡y muy bien. hice mal (las consecuencias vendrán más tarde). siempre he sido precipitada. la Revolución. Yo ya no sentí nada. No quieran asaltarme. Hubiera querido que se rompiera la realidad pero la realidad jamás se rompe. a mis tías. como se observa en la novela La noche de Tlatelolco (1970)." De pronto ya no eran muebles sino seres cálidos y vivientes y agradecidos y yo los estaba apuñalando por el respaldo. Los cargadores los vejaban al empujarlos en esa forma irreverente. ¡No protesten contra lo irreversible! Me dejé impresionar sólo un momento. Allá fue a dar el señor Pinto. Siempre he tenido miedo a equivocarme. Nunca agradeció nuestras visitas ni levantó la vista. permitiendo alcanzar dimensiones inexploradas del alma mexicana. Recordé aquel asilo de ancianos: Tepexpan. completamente vacía. Moletíques y pasiones (1987) y La flor . Ahí acabó el pobre. los ofendían. o en ada. Siempre enseñando su carajadita. Ha publicado los libros de relatos Querido Diego. como una forma de protesta. A diario hace lo mismo. Les vi la cara. Se dejaban. sobre los terremotos que asolaron la ciudad de México en 1985. los culimpinaban. para mortificarme. idos!". Los habían sorprendido de pronto en las posturas más infortunadas y dislocadas. donde el testimonio colectivo reconstruye la masacre del 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas. ¡Qué torpes son los camiones de mudanza. De pronto sentí que estaba arriesgando mucho más de lo que había supuesto. Dios mío! En su interior asomaban los objetos. y me quedé parada en la acera un largo rato. te abraza Quiela (1979) y De noche vienes y las novelas Gaby Brimmer (1979). El libro refleja vicios y virtudes de todo un pueblo. "¡Tontos! ¡Inútiles! Ya perdieron. Quise gritar: "¡No. A los pies de su cama de fierro pusieron una plaquita: "José Pinto. no. como se le pegaron a mi abuelita. con más de una veintena de ediciones en México. Puse mi nombre con firmeza en cada uno de los recibos extendidos sobre el tablero. se impuso en 1969 con la novela Hasta no verte. para pegárseme como lapas. Ellos no se dejaban. donde la larga narración de la india Jesusa Palancares es pretexto para la evocación de todo un período atormentado de la historia mexicana. Elena Poniatowska (México) Breve reseña sobre su obra Esta singular narradora mexicana nacida en París en 1933. Una enfermera me explicó enojada. Jesús mío.124 boca y se la pintaba de violeta. Su labor como periodista orienta en algunos casos su producción narrativa hacia relatos próximos al reportaje. todavía se debatieron con sus patas sueltas. Ebanista" y de su cuello colgaba la misma etiqueta. Los subieron penosamente al camión. en que se sometía a los inválidos a toda clase de vejaciones a las que no podían oponerse. sus ojos ya velados. ¡Tontos! ¡Ridículos! Éste es sólo un desfallecimiento pasajero. los hacían grotescos. ¿Ya qué más daba? Ya ni vergüenza. Recuerdo que a su lado un viejecito se tapaba con las cobijas todo equivocado y dejaba tristemente al descubierto sus ijares resecos y enjutos. deténganse. nadie (1987). Siempre a propósito". muy largo. nunca prudente. La novela fue traducida a numerosas lenguas. También ahora los muebles lo hacían a propósito. no se los lleven! ¡No toquen nada!. cansada.

El inventario pertenece a De noche vienes. dos mil ochocientos ochenta de alquiler. baño y aseo. Montesinos hundió en mis ojos una preciosa estampa de Portofino: el Aga Khan felizmente reinante tripulaba una motora de fabricación alemana. ¿un yate. vuelta hacia mí. una motora y un cartelón con hermosa bañista practicando el esquí acuático. La misma firma que exhibía el analizador electrónico sugería que compraras máquinas de afeitar de su fabricación. cincuenta mil de entrada a descontar cada mes del alquiler. pregonaba: Afeitado con. quizás? Lamenté no haberle dicho a Juliana que me planchara mejor los pantalones para estar a la altura del ofrecimiento de Montesinos y traté de recordar si me había peinado con cuidado. que podríamos compartir. provista de . cuando ya estaba instalado en mi piso de renta limitada (cuatro habitaciones. publicado por Ediciones Era. mientras. y. Vacilé. Jesucristos portabolígrafos. Archivé la imagen en algún rincón de mí mismo y meses después. entre columnas metálicas. un precioso surtido de máquinas de afeitar. sin extrañarme lo insólito del método.125 de lis (1988). porque siempre vacilo. . las letras y el papel moneda. cortinas de tergal. entre el montón de necesidades que se nos plantearon a Juliana y a mí.. En todo caso.. porque asistí a una Feria Internacional de Muestras.. ni creo que exista una motivación correcta de mis vacilaciones. y lo sugería una mujer a punto de ser besada por un hombre. Recordaba una película vista cuando niño: El bazar de las sorpresas. Un burócrata de ojo fijo me miró con insolencia y. la contundencia del slogan Afeitado con. . yo soy el señor Montesinos.Bien. se esparcían unas cuantas mesas donde los burócratas perseguían los rectángulos de las cuartillas. ollas a presión. contra lo que prometía su aspecto. comedor living. una audaz y sólida conexión entre Tradición y Revolución. En el escaparate. No es éste el momento de explicar por qué vacilo. a partir de este momento su guía y servidor. portera incluida). Al fondo. escopetas de caza. muebles nórdicos y funcionales. El "Bazar Millet" era un bazar a nivel europeo. Me empujó amablemente hacia una habitación acristalada y derramó sobre una mesa centenares de catálogos. en donde rezaba la leyenda: Desde un alfiler a un elefante. -¿Quiere usted una lancha motora?.. Desde un alfiler a un elefante Manuel Vázquez Montalbán (España) Todo empezó porque quise comprarme una máquina de afeitar o. de nariz aplastada como la de un boxeador. Columnas y estucados liberty. mejor dicho. no advertí que alguien dejaba en mi mano un prospecto de propaganda. da gusto besar. Yo tenía una imagen ensoñada de un bazar. En el departamento de electrónica exhibían un analizador. Y un buen día pasé ante "Establecimientos Millet".. cortinas de arpillera.¿Su nombre? Le dije mi nombre espontáneamente.. se me impuso y penetré en el establecimiento. apareció la máquina de afeitar. señor Millares. plenamente reconfortante. Montesinos me estrechó la mano y no me hizo daño. me entregó a la solicitud de un hombre de aspecto atlético e importante. da gusto besar. y evocaba imágenes cinematográficas de policrómicos bazares orientales. embobado en la contemplación de la larga lengua blanca que salía de la boquita del monstruo. haciendo un gesto con la cabeza.

pero no lo exterioricé. aparte del piso de renta limitada. una caja de latas de espárragos y una suscripción al París-Hollywood. Usted es el hombre adecuado para este producto y usted lo necesita. Cuando el Primer Ministro está a punto de fecundar un mulato. Para mayor seguridad me enseñó la urna. agarrándome por un brazo. pero la muchacha se me sentó en las rodillas y acompañó mi mano en las restantes firmas.. tocadiscos. me enfrentó a un televisor. me tranquilizó.126 mechero. condena humana es la vida. Después firmé las letras del televisor. además. En el estómago Ilevaba un tatuaje con la lancha de Karim. Firmé dos o tres e intente decir algo. -¡Suyo es! -gritó Montesinos. El consejo de ministros pretende violar a la inglesa. sonriendo. de hombre con cultura que conoce las asechanzas de una ideología dominante neocapitalista e incapaz de hozar en la charca de la socialdemocracia. Inmediatamente después compré un batiscafo y unas zapatillas árabes. un elefante de carne ante mí. Aseguró que. Cuando ya estaba recordando mi necesidad de comprar una máquina de afeitar y de acostarme con la muchacha. Un barbero electrónico que.. y mata a patadas y trompazos a los congoleños. se lo conté todo y él se marchó unos instantes. Lo peor es que alcé la voz y entonces Montesinos empezó a pegarme . No tuve valor para rechazar la oferta de un lote compuesto por un gato persa. que queda ferozmente semidesnuda en la selva. Pero Montesinos ya volvía con un muñeco metálico cuyos ojos luminosos me sonreían. Montesinos habló: -Tengo una oferta especial para usted. En su lugar penetró un trovador cuya ideología me fascinó inmediatamente: ¿Qué se hizo de Chevalier y de John Fitzgerald Kennedy? Muerte y desolación. entusiasmado. Pero Montesinos había configurado en su rostro una mueca siniestra y abrió una portezuela por la que se metió en el despacho una mujer desnuda. ¡oh maravilla!. Sentí entre mis dedos la consistencia de un bolígrafo y Montesinos empujó cincuenta letras de cambio hacia mí. médico misionero al que se han comido en un consejo de ministros congoleños. Amancio había conseguido el segundo tanto de la selección española ante Checoslovaquia y Montesinos y yo gritamos y bailamos alborozados. que me dejó mi abuela materna. apenas si era propietario de unos cuantos muebles. Algo más fuerte que mi educación y mi castración cultural se reveló dentro de mí. hasta entonces. Yo también callé abarcando con mi mirada todo lo que había adquirido. En aquel momento. nada. Firmé y me besó con limpieza de enfermera especializada en microbiología. Me indignó. rey prehistórico de España. Me sentó cariñosamente en una silla y se apagaron las luces. Le pedí la jaula y Montesinos. ella desapareció por la portezuela y Montesinos. Una bella inglesa llega a África en busca de su marido. Fin. catre con vibraciones electrónicas para suscitar cachondez a asépticos sexuales y bañera de color rosa con un mosaico de Chagall y un autógrafo del general De Gaulle. Se encienden las luces y. los americanos habían fabricado una urna de plástico para el barbero. en caso de cansancio podía sustituirme en las obligaciones sexuales para con mi mujer. unos cuantos libros (la mayoría prohibidos por la censura) y un duro de plata con la efigie de Alfonso XII. y en seguida pensé en la necesidad de una jaula para el barbero mientras yo no estuviera en casa y Juliana se quedara sola. Rechacé la imagen con una sonrisa universitaria. en previsión de las necesidades del español medio. En una pantalla imprevista empezó a proyectarse un film sobre un safari. mientras pensaba en la máquina de afeitar. y me levanté indignado. Antes de que Montesinos tomase la iniciativa. pero no me dejó solo. en paz descanse. Yo. Montesinos cesó unos instantes en su actividad y se quedó silencioso. aparece un elefante vestido con una fajita con la bandera americana.

a la que le siguieron. Tatuaje. a un gusanillo. que me las pasa por entre las patas traseras del elefante. un poder oculto me agitó como. Obtuvo los premios Vizcaya por Movimiento sin éxito. En el transcurso de su condena se dio a conocer con un estudio sobre los medios masivos titulado Informe sobre la información. . La soledad del manager y Asesinato en el Comité Central. La motora languidece en la calle. y el Premio de ovela Policíaca por El balneario. Planeta 1979 y Prix International de Littérature Policiere 1981 por la novela Los mares del sur. Editó los poemarios Una educación sentimental (1967) y A la sombra de las muchachas en flor (1973). Juliana. en parte por sus principios anticonsumistas y en parte por una elemental prudencia alimenticia. cuentos como éste. La única visita que recibo es la del cobrador de las letras. el libro de relatos Recordando a Dardé (1969). Y para pagarlas debo traducir libros sobre ardillas y flores del inglés. Todo se llenó de agua y. donde Montesinos ya tenía preparado el saludo de despedida. después. a donde nunca salgo. Me estrechó la mano y me aseguró que a partir del dia quince empezarían a pasar las letras. Es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona y graduado en Periodismo por la Escuela Oficial de Madrid. acional de Literatura 1983 por Los pájaros de Bangkok. expresando abiertamente su oposición al franquismo. En 1962 fue condenado a tres años de prisión como militante del Partido Unificado de Cataluña. iniciada en 1970 con Yo maté a Kennedy. los ensayos Manifiesto subnormal y El libro gris de la TVE (1973) y la colección de novelas policiales cuyo protagonista es el detective Pepe Carvalho. que me pagan poco y tarde. El elefante lo ocupa todo y para ver la televisión debo subirme a su lomo. Un peine y unas varillas de aluminio me hicieron cosquillas. editado por Seix Barral. La Calle y Triunfo. me abandonó y vivo en un cuartucho de las afueras. Firmé las letras y entonces me introdujeron en una lavadora gigante. Fue colaborador de las publicaciones Siglo XX. Un aire cálido me secó y chorrillos de alcohol cerraron mis heridas. Los burócratas se movilizaron. Manuel Vázquez Montalbán (España) Breve reseña sobre su obra Escritor periodista y analista político español nacido en Barcelona en 1939. penetraron en la cabina rompiendo los cristales y me pegaron con vergajos. Hube de dejar mi piso de renta limitada. corregir galeradas y compaginadas y escribir. de vez en cuando. Uno de ellos me introdujo los dedos en un enchufe eléctrico. Desde entonces mi historia es muy simple. Desde un alfiler a un elefante pertenece a Recordando a Dardé. Entonces una catapulta me arrojó sonriente fuera de la máquina y fui a parar a la puerta de la calle.127 puñetazos y a dar voces. entre otras.

De vuestro pueblo tomé mi mujer.. en este vasto país. Ransouli tenía pocos conocimientos del mundo. para sembrar.. guardaba sus zapatos y las escasas pertenencias. El Este portugués." La indignación del empleado crecía. Ese papelito decretaba que él debía irse al lugar de donde había venido. era un negro frágil. " o puede quedarse aquí. La contempló largo rato como si de ella estuviera extrayendo una renovada seguridad. -"Usted tiene que irse" -decía el empleado con una indignación extraña y torcida. Cuando miró hacia atrás. Lo pronunció vacilando. Tiene que irse. para apacentar. y contra el arrebol no parecía mucho más que una araña o una cucaracha. vio su sombra -alargada y grotesca. conferían a su rostro una severa dignidad." -"¿Por qué?" -"Porque ésta es la ley. los dos hijos de la hija muerta." -"¿Qué es la ley? ¿Puede hacer que un niño retorne al vientre de la madre? ¿Es un remedio que pueda tomar para que mi cara vuelva a ser lisa y mis piernas jóvenes para que pueda volver a pararme a las puertas de la vida? Este es mi hogar. ¿Qué puede hacer un hombre cuando renglones escritos en el papel rompen el esquema del mundo? Había sostenido el papel con manos temblorosas mientras el empleado de la Oficina de Pases le explicaba. desprenderlo de su mujer y de Sipho y Thabo. Debe volverse a donde nació. cuando vino a este lugar a construir su vida. Por plena majestad de la ley. viviendo tan tranquilo en su casita de dos cuartos y un taller. y al verlo le resultó tan odioso que era necesario sacarlo de escena. Ahora sus ojos. Usted viene de afuera y allá se tiene que ir." -"Todo esto es charla inútil. El empleado hizo a un lado el pase. lo hacían parecer más viejo que sus reales 60 años. Luego giró y anduvo por el camino que no había transitado desde su juventud. para guiar los bueyes. Era incapaz de entender el poder de la autoridad. y menos aún entender. Ahora estaba deshecha. su don y alegría. viene del Este portugués y no puede quedarse aquí en Sudáfrica. Una ley nueva. Por un papel que él escasamente podía leer. Habían usado su fuerza para cavar la negrura de la tierra. Los pies desnudos hacían extraño contraste con el traje oscuro y la blanca camisa. Pero su nariz aguileña y la barba. Le infundía gran pavor la palabra escrita por que sólo sabía firmar su nombre." -"Pero mi pase está en orden". que portaba en un palo sobre el hombro derecho. recortada en un pequeño "imperial". -" ingún pase suyo puede estar en orden ahora. Un hombre viejo y simple. Un lío envuelto en tela roja. en letras grandes y desmañadas. La barba y el cabello estaban salpicados de gris. esperanzado. El ojo lo había visto a él. sastre autodidacta que ya había hecho su vida. su ojo lo había descubierto. Ignoraba cómo.128 Papeles Phyllis Altman (Sudáfrica) Ransouli partió al amanecer. hormiga en una comunidad congestionada y turbulenta. Sudáfrica. casi ciegos a causa del trabajo.estirada en el sendero. rodeados por arrugas. Había caminado muchos amaneceres hasta este país. adie le había dicho que no tenía derecho a venir. ada se escribió cuando . como un chico.

Los empujó ligeramente y ellos volaron a la calle. Se le acercaron suavemente. interrogó travieso. mi esposo". padre mío. te tienen miedo . fue a hablar con Mokele. hasta que Sipho. murmuró. dejándolo impotente? Cuando ella se dio cuenta que no había esperanza. Estaba listo cuando Foulane volvió. se echó el delantal sobre la cabeza y lloró el llanto de la muerte. con manos carentes de amor tocaban las cosas que él amaba. un sastre analfabeto. agilizó sus dedos. su mujer? Se lo dijo con la cabeza baja. " o te vayas. Estaba claro para los dos que no se volverían a ver más. De pie. cuando sus telas. Los delgados billetes representaban cuarenta años. entonces". -"Sí. " o me dejes". sólo para ser atrapado como un perro y llevado en un furgón policial en momentos en que su mujer yacía en el lecho de parto. porque ignoraba qué mal había hecho. -"Te tienes que ir porque te tienen miedo. se dio vuelta para mirar al abuelo." Ransouli lo miró con asombrada incredulidad. cuñado de Majunga. viejo y agobiado. ¿Cómo podía él lograr que ella aceptara que bastaban unas palabras sobre un papel para despojarlo de su hombría. muy cohibidos. y rieron con la idea de que todo marchaba bien. Majunga. Ellos. Mientras ella estaba ausente. se convirtieron en una magra pila de billetes. su anticuada máquina de coser. miró en derredor. el vecino. Ahora había terminado. Los hombres desaparecían. sus carreteles de hilo. aquí y allá. Ransouli llamó a Sipho y a Thabo. casi ciego. su vara de medir. Mokele volvió a reír ásperamente. porque había una gran tristeza en la casa que ellos no entendían. -"Vayan. y ella le llevó la mitad a la esposa de Majunga para el recién nacido. apretándose contra su pecho. Le dio todo menos uno a Foulane. tomó mujer y engendró un hijo. Los dos quedaron apabullados -" o tenemos nada" contestaron. no le estaba dirigida. les haces aflojar el vientre" Fueron estas palabras las que dieron una corteza a su pena. Él la había amparado y protegido siempre desde que estaban juntos. ¿cómo podría organizar una nueva vida para ella y los muchachos? El rostro de la mujer estaba tenso de dolor mientras le acomodaba el cuello -su último . sus dioses y sus fusiles. un viejo. La mordió con fuerza para que lo mantuviera durante la venta de su taller. con su educación. al tiempo que Sipho y Thabo se aferraban gimiendo a su vestido.a ti. -"Y. igual que el enojo del empleado. Pero el abuelo sonreía como siempre había sonreído. que también había hecho enojar a los que escribían los papeles. nadie sabía dónde. Se miraron y supieron que no podrían hablar. y ellos la recibieron gozosos poniendo las manos en forma de cuenco. hasta tú. Bah. repentinamente preocupado. en la casa vecina. hombre valiente y orgulloso.129 enderezó la espalda. Abrumado. a dos cuadras. Mokele rió y esa risa. ¿qué tienen ustedes para mí?". ya que a su edad. el rostro inmóvil. sus tizas. sus mujeres e hijos envejecían de hambre. Dio una codiciada moneda a cada uno. Las familias. parecían golpeadas como por una epidemia. Ransouli no era el único al que el ojo había encontrado. Por lo que Ransouli sabía que no había escapatoria. sus edificios. había desafiado a la ley. la totalidad de su vida adulta. escupo sobre ellos. erguido. ¿Cómo podía explicarle a Foulane. esforzán-dose por atajar las lágrimas que con tanta facilidad podían haberse deslizado por las profundas líneas de su cara. Ransouli saludó con la mano al muchacho que ahora sería el hombre de la casa. los haces temblar. al tiempo que otros. Tal es su miedo que tú.

El fin Jorge Luis Borges (Argentina) Recabarren. un interrogante persistente turbaba su mente preocupada. El ejecutor era un negro que había aparecido una noche con pretensiones de cantor y que había desafiado a otro forastero a una larga . había dormido.. Cuando se detuvo para tomar el hatillo. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil. Luego acercó su mano a la mejilla de él. tendido. Tomó rumbo hacia el norte para ir a vivir entre extraños. lleva el título The Law of the Vultures y fue censurada poco tiempo después de ser editada. Papeles forma parte de la antología Sudáfrica en el cuento. del otro lado de la puerta seguían llegándole los modestos acordes. ¿Era verdad lo que había dicho Mokele. se dilataban la llanura y la tarde. Phyllis Altman (Sudáfrica) Breve reseña sobre su obra Escritora. activista y sindicalista sudafricana nacida en 1919. la novela volvió a publicarse en 1987 cuando uno de los volúmenes originales fue hallado en la biblioteca de la Universidad de KwaZulu. entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. de sus ojos casi ciegos? Pero le bailaba en la cabeza. El susurró: -"Foulane" y echó a caminar. una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente. cuya lengua ya no sabía hablar. A mediodía se recostó en un árbol.atal en Sudáfrica. pero aún quedaba mucha luz en el cielo. en busca de aliento. ¿Qué podían temer de su frágil cuerpo. el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. hasta dar con un cencerro de bronce que había al pie del catre. escrita en 1952. publicada por Editorial Convergencia. De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra. Se desempeñó como Directora Ejecutiva del South African Congress of Trade Unions (SACTU) en Johannesburgo.130 gesto de esposa-. organismo recaudador de fondos para la defensa de las actividades políticas víctimas del régimen del apartheid. más allá de los barrotes de la ventana. Afuera. En 1964 tuvo que exiliarse en Inglaterra donde se desempeñó como secretaria del International Defence and Aid Fund (IDAF). él la tomó y la retuvo por una fracción de segundo. Por fin miró hacia atrás y le pareció que el cielo y la tierra se esfumaban juntos. pues el chacal siniestro del dolor estaba ahí para devorarle el corazón. Con el brazo izquierdo tanteó. que los grandiosos blancos le temían tanto que lo habían hecho marcharse? Quiso descartar el pensamiento con un encogimiento de hombros. Su novela más conocida. Con la abolición del apartheid. Andando. y que la oscuridad se había cernido sobre el país que iba dejando atrás. Una o dos veces lo agitó. Falleció en Londres en 1999. rápidamente. ella miró a otro lado.. las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Recobró poco a poco la realidad. no quería disiparse.

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payada de contrapunto. Vencido, seguía frecuentando la pulpería, como a la espera de alguien. Se pasaba las horas con la guitarra, pero no había vuelto a cantar; acaso la derrota lo había amargado. La gente ya se había acostumbrado a ese hombre inofensivo. Recabarren, patrón de la pulpería, no olvidaría ese contrapunto; al día siguiente, al acomodar unos tercios de yerba, se le había muerto bruscamente el lado derecho y había perdido el habla. A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de las novelas concluimos apiadándonos con exceso de las desdichas propias; no así el sufrido Recabarren, que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y las soledades de América. Habituado a vivir en el presente, como los animales, ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia. Un chico de rasgos aindiados (hijo suyo, tal vez) entreabrió la puerta. Recabarren le preguntó con los ojos si había algún parroquiano. El chico, taciturno, le dijo por señas que no; el negro no contaba. El hombre postrado se quedó solo; su mano izquierda jugó un rato con el cencerro, como si ejerciera un poder. La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Un punto se agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir, a la casa. Recabarren vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del hombre, que, por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas dobló. Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y entrar con paso firme en la pulpería. Sin alzar los ojos del instrumento, donde parecía buscar algo, el negro dijo con dulzura: -Ya sabía yo señor, que podía contar con usted. El otro, con voz áspera, replicó: -Y yo con vos, moreno. Una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido. Hubo un silencio. Al fin, el negro respondió: -Me estoy acostumbrando a esperar. He esperado siete años. El otro explicó sin apuro: -Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos. Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas. -Ya me hice cargo -dijo el negro-. Espero que los dejó con salud. El forastero, que se había sentado en el mostrador, se rió de buena gana. Pidió una caña y la paladeó sin concluirla. -Les di buenos consejos -declaró-, que nunca están de más y no cuestan nada. Les dije, entre otras cosas, que el hombre no debe derramar la sangre del hombre. Un lento acorde precedió la respuesta del negro:

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-Hizo bien. Así no se parecerán a nosotros. -Por lo menos a mí -dijo el forastero y añadió como si pensara en voz alta-: Mi destino ha querido que yo matara y ahora, otra vez, me pone el cuchillo en la mano. El negro, como si no lo oyera, observó: -Con el otoño se van acortando los días. -Con la luz que queda me basta -replicó el otro, poniéndose de pie. Se cuadró ante el negro, y le dijo como cansado: -Deja en paz la guitarra, que hoy te espera otra clase de contrapunto. Los dos se encaminaron a la puerta. El negro, al salir, murmuró: -Tal vez en éste me vaya tan mal como en el primero. El otro contestó con seriedad: -En el primero no te fue mal. Lo que pasó es que andabas ganoso de llegar al segundo. Se alejaron un trecho de las casas, caminando a la par. Un lugar de la llanura era igual a otro y la luna resplandecía. De pronto se miraron, se detuvieron y el forastero se quitó las espuelas. Ya estaban con el poncho en el antebrazo, cuando el negro dijo: -Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano. Acaso por primera vez en su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió como un acicate. Se entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro. Hayuna hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música... Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó, perdió pie, amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda, que penetró en el vientre. Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó. Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.

Jorge Luis Borges (Argentina) Breve reseña sobre su obra

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Nacido en Buenos Aires en 1899, estudió en su ciudad natal y también en Suiza, donde obtuvo el título de Bachiller por el Collége de Calvin de Ginebra. Permaneció con su familia en Ginebra hasta 1919, año en que se trasladaron a España. En Madrid, Borges asistió a las tertulias del grupo ultraísta, del que se convirtió en emisario y adalid a su regreso a Buenos Aires, en 1921. Con un grupo de amigos poetas publicó las revistas vanguardistas Prisma y Proa que, con otros artículos y manifiestos aparecidos también en otras revistas como Martín Fierro, definieron y propagaron el nuevo credo poético. Alternó sus actividades literarias con un empleo en el Municipio; al caer el gobierno peronista, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional. Ejerció también la cátedra de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, literatura que dominaba a la perfección. Fue merecedor de honores, reconocimientos académicos e importantes premios nacionales e internacionales como el Premio acional de Literatura en 1957, el Premio Internacional de Editores en 1961 y el Premio Cervantes en 1979. Hacia 1955 fue quedándose ciego, por lo que se vio obligado a dictar relatos, poemas y ensayos. Falleció en Ginebra en 1986. Si bien su obra poética es de un valor inestimable, con libros como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1926), El otro, el mismo (1969), Elogio de la sombra (1969), La rosa profunda (1975) y Los conjurados (1985), han sido sus cuentos y ensayos los que lo han consagrado. Entre estos últimos, destacamos Inquisiciones (1925), El idioma de los argentinos (1928), Evaristo Carriego (1930), Historia de la eternidad (1936), Antiguas literaturas germánicas (1951), Leopoldo Lugones (1955), Introducción a la literatura inglesa (1965), etc. Los relatos de Jorge Luis Borges están recogidos en los siguientes volúmenes: Historia universal de la infamia (1935), Ficciones (1944), El Aleph (1949), El informe de Brodie (1970) y El libro de arena (1975). El fin pertenece a El informe de Brodie, editado por Emecé.

El vínculo
Yu Jae-yong (Corea del Sur) No creo que sean muchos los que hayan cambiado de trabajo tanto como yo. No me alcanzan los dedos de las manos y de los pies para contarlos. Y, claro está, en todos esos lugares me han pasado infinidad de cosas -cosas extrañas, cosas absurdas, cosas increíbles. Lo que me ocurrió en la casa del señor Chang Hyeon-sam es una de ellas. Estaba de nuevo sin trabajo ese verano y como al viejo de la inmobiliaria le dio lástima verme holgazaneando y dando vueltas por allí me hizo señas para que me acercara. -Oye, Man-bok, ya que estás sin hacer nada, ¿no te gustaría entrar a trabajar en una casa, aunque sea por algunos días? Al menos, te darán de comer. -¿Se trata de cuidar una casa yacía mientras están de vacaciones? -No te pases de listo. No intentes juzgar por ti mismo; sólo di si quieres trabajar o no. Contesté que aceptaría el trabajo con tal de que me dieran de comer por algunos días.

la bancarrota o que el trabajo en sí tuviera una fecha límite de duración. me sentía más capaz que nadie de lograrlo. Me parecía que el verdadero jefe iba a aparecer por alguna parte y me diría algo así como: -Hyeon-sam es mi hijo y te pido que lo atiendas bien. Pero el asunto era que todo el que entraba a trabajar en esa casa no aguantaba mucho tiempo y salía corriendo. Añadió que el trabajo consistía en atender a alguien con las dos piernas paralizadas. Cuando vi por primera vez al señor Chang Hyeon-sam. te podrás quedar varios años. y también porque trabajar de mozo en una casa ajena no les agradaba para nada.134 -Ya que dices que vas a aceptar el trabajo. El señor Chang Hyeon-sam era pequeño y delgado. Mi única fortuna era mi cuerpo fuerte y la paciencia que tenía. Si era eso lo que había que hacer. te adelanto que todavía no están determinados con precisión los días que vas a trabajar. A los pocos días de haber enviado a alguien ya le pedían de nuevo que les consiguiera otra persona. Es cierto eso de que anduve cambiando de trabajo sin cesar. no tuve la impresión de que fuera él la persona para la que tenía que trabajar. la emigración. Si llegas a complacer los gustos del dueño. La verdad es que no sé por qué no se quedan más tiempo tratando de complacer al dueño y se precipitan a salir de allí. Tampoco se ha dado el caso de que me echaran los jefes porque se hubieran disgustado por mi causa. porque el anterior ya se había marchado. que estaban al descubierto por el calor. Todo lo que tienes que hacer es obedecer dócilmente sus órdenes y. -Yo también soy malísimo en eso de complacer a alguien. te aguantas con mucha paciencia. -De cualquier manera. Al fin y al cabo. eran tan pálidos y delgados que daba lástima verlos. Su cuello. pero ninguna de las veces fui yo el que lo abandonó. -No sólo te dan de comer y donde dormir. Siempre fue por algo irremediable. -Eso de complacer a alguien no es gran cosa. Yo no tenía talento alguno para percibir los dolores de los demás y satisfacer sus necesidades. ya fuera en fábricas o en construcciones. como por ejemplo la muerte del patrón. aunque te fastidie o te irrite alguna cosa. . totalmente sumergido en su sillón. vete a trabajar a esa casa y si no resistes. Supuse que podría ser porque se podían conseguir fácilmente trabajillos por ahí. sino que además te proporcionan un buen sueldo. te sales así no más. Se veían tan frágiles que causaba la impresión de que incluso le costaba trabajo estar sentado cómodamente en el sillón. brazos y piernas. y estaba sentado. ¿acaso no eres de esos que abandonan el trabajo fácilmente? Decía eso porque no estaba bien informado.

El señor Chang Hyeon-sam me preguntó de paso: -¿Cuánto le dio al de la inmobiliaria de comisión por conseguirle el trabajo? -Quedé en invitarle a unas copas cuando recibiera el primer salario. Tiene usted un nombre muy fácil de memorizar. Además del señor Chang Hyeon-sam y yo. -Si me considera de alguna utilidad. una empleada de hogar de unos cincuenta años. El trabajo que yo hacía. y desapareció al momento. no se sentirá decepcionado.. Téngalo en cuenta. antes que yo.135 -Señor Lee Man-bok. Había oído decir que cuando a alguien le faltaban fuerzas en las piernas.. de brazos y piernas al señor Chang Hyeon-sam. además de una voz firme y solemne. Tenía. habían estado aquí algunos días y se habían ido. surgió de sus ojos una luz fría como el hielo. Al escuchar su voz. Pero. pero sus dos manos y brazos sanos también estaban como si permanecieran atados. Como estamos a quince de julio.. Lo dije muy respetuosamente. como la sombra de una ondulación. con la cabeza inclinada. unos ojos fríos e incisivos. estoy seguro.! Claro que le pagaré su salario. No sé por qué pero dejé inconclusa la frase. Desde que se despertaba por la . Pensé en las personas que. ¿Se habrían ido por voluntad propia o los habría echado? -Vamos a ver si el señor Lee Man-bok llega a tener en sus manos el primer salario. dice. era servir de manos y pies. ¿cuánto tiempo permanecerá en nuestra casa? A diferencia de su apariencia física. En los extremos de sus ojos. se reflejó en sus ojos por unos momentos y desapareció. tal como me lo habían explicado. hablaba con firmeza y en tono solemne. le aumentaban las de los brazos. que sólo se ocupaba de los quehaceres de la cocina. -Me quedaré hasta que me diga que me vaya porque ya no me necesita. estaba la señora Park. Quizá por la frialdad en el resplandor de sus ojos. se vislumbró en las comisuras de sus labios. Al desaparecer la sonrisa. -¡Salario. me pareció que el señor Chang Hyeon-sam podría desempeñar muy bien su papel de jefe. le daré el primer salario el quince de agosto. Es preferible que un jefe inspire respeto antes que menosprecio. se traslucía una mirada gélida como el hielo. se movía silenciosamente como si fuera una sombra y no hablaba mucho... Lo que en realidad tenía inutilizado era únicamente las dos piernas. Volvió de nuevo a las comisuras de sus labios y a sus ojos esa sonrisa parecida a la sombra de una ondulación. La señora Park no molestaba a nadie. Será una suma con la que. pero el señor Chang Hyeon-sam tampoco tenía mucha fuerza en los brazos.. Pero me pregunto. como si quisiera penetrar en el fondo de mi corazón. de donde se había borrado la sonrisa. ¡quién sabe si el señor Lee Man-bok aguantará hasta tener en sus manos el primer salario! El resplandor de los ojos del señor Chang Hyeon-sam era muy agudo. Una ligera sonrisa. Me enderecé en el asiento.

sin haber cumplido los treinta años. Sin embargo. eran entre las cinco menos veinte y las cinco de la mañana. No más escuchar la orden. lo llevaba en brazos para sentarlo sobre el orinal. en el mismo sitio. pero esperaba las órdenes. -Parece usted un autómata. le cogía entre mis brazos para trasladarlo a otra silla de ruedas que solía usar al aire libre. me parece estupendo. Cuando me despertaba. El señor Chang Hyeon-sam se levantaba de madrugada. El señor Chang Hyeon-sam decía: -Orinal. rodando como un escarabajo. El día empezaba a aclarar. y se dejaban ver como irguiéndose. pero el señor Chang Hyeon-sam se levantaba una hora antes que yo. Era muy extraño que. esperaba hasta que terminara de hacer sus necesidades para llevarlo de nuevo a acostar en la cama.136 mañana hasta que se dormía por la noche tenía que estar a su lado. Es la hora de tomar el aire fresco de la mañana en el jardín. Yo sabía lo que debía hacer. ¿Es necesario que se lo repita para que se mueva? -Disculpe. al lado de la cama. como si quisiera penetrar en el fondo de mi corazón. como estaba. se levantara tan temprano. Yo. La puerta de la habitación del señor Chang Hyeon-sam había que abrirla siempre con llave. Cada vez que levantaba ese cuerpo tan liviano sentía que disminuían dentro de mí el miedo y el respeto que me producían el tono de su voz y su fría mirada. asustado por el sonido estruendoso del timbre instalado en mi habitación. Un día el señor Chang Hyeon-sam dijo con fastidio: -El orden ya está casi establecido. me acerqué y. El señor Chang Hyeon-sam hacía girar las ruedas y se movía lentamente por el jardín. Habló mirándome con dureza. le bajaba el pantalón del pijama. lo senté en la silla de ruedas. La luz de la habitación estaba encendida. La silla de ruedas se paraba antes de llegar a la puerta principal. Entre la puerta y el jardín había unas escaleras. Era la hora de dar un paseo por el jardín. Si está dispuesto a servirme como una máquina. desde la habitación hasta el salón. pacientemente. tapaba el orinal y regresaba para estar parado. yo esperaba de pie la orden siguiente. después de quitarle el pijama y vestirlo con el traje de diario. Su cuerpo era tan ligero como una sábana. como siempre había vivido trabajando en casas ajenas. Levantaba la tapa del orinal. Me vestía apresurado y salía de mi pieza con la llave de la habitación contigua que tenía guardada debajo de la manta sobre la que dormía. dos pastores . Me ponía al lado de su cama y esperaba de pie. Las plantas y árboles del jardín parecían despertarse y bostezar. Con sus propias manos movía las ruedas de la silla e iba. sirviéndole de piernas y brazos. me había acostumbrado a salir de la cama a las seis de la mañana. Levantaba con fuerza la silla de ruedas en la que el señor Chang Hyeon-sam estaba sentado y la trasladaba escaleras abajo. Le respondí parado. Sus riñones debían estar inflamados. colocada al lado de la puerta.

a veces. El tiempo que el señor Chang Hyeon-sam pasaba en el jardín antes del desayuno era como una hora y media. brazos y lo sentaba encima del retrete. tomate y. sentado. que a ratos leía y a ratos pensaba. La batidora zumbaba dando vueltas para hacer zumo de zanahoria. Después de cenar. le pasaba el líquido muy despacio. Yo la ayudaba con gusto. pudiera moverse con facilidad. le fastidiaba el agua fría. lo trasladaba entre mis. pero lo hacía amablemente. Al terminar de comer sentía ganas de ir al servicio y decía: -Ahora me toca el enema. Aun así. La silla de mimbre. Después de comer. Me daba tareas. Se ponía una toalla grande en el cuello. la toalla se empapaba totalmente cuando se lavaba la cara. sumergido totalmente en la mecedora que tenía encima un cojín y un respaldo de verano. A pesar de la cantidad de líquido que tomaba defecaba con dificultad. que no podía valerse por sí mismo. Al rato. pero su órgano sexual era diminuto. se ponía el sol y la brisa de la noche acariciaba las hojas de los árboles del jardín. Picaba la comida. y acercaba la silla hasta el borde del lavabo. regresaba de nuevo a la mecedora al lado de la ventana y. Por su garganta pasaba sin cesar todo tipo de líquidos. Nunca se lo había visto erecto. La altura del lavabo era la adecuada para usarlo sentado en su silla de ruedas. Todo estaba arreglado para que el señor Chang Hyeon-sam. A pesar del calor que hacía. permanecía como una hora en el jardín y se iba . su rostro se veía en paz. Le introducía la cánula en el ano. Permanecía recostado. se aprovechaba de mí. completamente sumergido en ella. cuando había pasado alrededor de una hora. Luego lo llevaba al interior de la casa. Después yo lo llevaba en brazos para ponerlo en la silla del comedor. Tenía vello esparcido por el pubis como un joven adolescente. Era una silla que tenía una traviesa de madera a la altura del pecho para que le sirviera de apoyo cuando inclinaba el cuerpo hacia adelante para comer y también para que se pudiera sostener con las manos. ¿podría ayudarme un poco? La señora Park. al cuarto de baño. Era como si se comiera el cuenco de arroz a la fuerza. no le gustaba porque era dura. Yo traía la medicina del armario. Como había defecado hacía unos momentos.137 alemanes marchaban junto a él mientras yo regaba las plantas y empezaba a hacer la limpieza. La empleada de hogar Park me ponía a trabajar sin cesar. penetraba en la profundidad de la tarde que pasaba lentamente. el señor Chang Hyeon-sam se daba un baño. Junto al señor Chang Hyeon-sam. como el de un niño. para cumplir una responsabilidad impuesta. Parecía un gato cuando estaba comiendo. Luego trasladaba al señor Chang Hyeon-sam desde el retrete a la mecedora junto a la ventana. el líquido ya estaba diluido en el recipiente. de ginseng. Me daba lástima ver ese cuerpo todo huesudo sin carne en ninguna parte. yo esperaba a que me ordenaran algún trabajo o un mandado. la revolvía y la comía sin ganas. como cuando uno va al barbero. Llegaba la hora de la comida. El señor Chang Hyeon-sam se despertaba de madrugada y se iba a la cama muy temprano. Metía el cuerpo desnudo en la bañera llena de agua tibia. fresa. Al terminar de bañarse. aunque era fresca. de esa manera. La empleada de hogar aprovechaba estos momentos para darme alguna tarea o para enviarme a un mandado. -Joven Lee. También era uno de mis quehaceres mirarle el ano para limpiarle con papel higiénico cuando terminaba de hacer sus necesidades.

Regresaba al servicio. llenaba el vaso hasta el borde y lo ayudaba a sentarse. -Orinal-. Podría decir que era la capacidad de adaptación que se había establecido en mi cuerpo mientras vivía de un lado para otro. apretaba el botón situado en la pared. llenos de zumo hecho en la batidora. No podía morir así no más. Para prevenir ése desastre.138 directamente a dormir. mientras dormía solo. Me llamaba varias veces en la profundidad de la noche. me dejaba tranquilo diciéndome: -Vaya a dormir ya. decía. no podría hacerlo. tenía que reponerlo de nuevo. pero no por eso se me otorgaba libertad. puede caer en estado de coma. Cogía el vaso y pasaba el zumo por la garganta. Me llevaba el orinal. se cercioraba el señor Chang Hyeon-sam. por favor. Me despertaba asustado. El señor Chang Hyeon-sam alzaba su cabecita para apretar el botón y entonces el timbre de mi habitación empezaba a sonar ruidosamente como si tuviera una pesadilla. Sacaba la botella de zumo del frigorífico. de los grandes de cerveza. y al deshidratarse. . acostado. Cuando el sonido se detenía y sentía que había derramado hasta la última gota. Para dormir yo ocupaba una habitación diferente. Cierre la puerta con llave al salir. Cuando el señor Chang Hyeon-sam. Me ponía detrás como respaldo para que no se cayera y escuchaba. Cuando sentía que había ingerido suficiente líquido. Si entrara en coma durante la noche. Cuando alguien tan delgado como él suda mucho puede deshidratarse. Tenía la costumbre de beber agua antes de dormir. el timbre de mi habitación sonaba con tanto estruendo que me rompía el sueño por completo. sin tener todavía un descendiente que le heredara. lo cogía en brazos y lo acostaba en la cama. Como había expulsado líquido del cuerpo sudando y orinando. -Agua-. Esa cantidad de líquido que ingería. Lo levantaba en brazos y lo sentaba en el orinal. Por suerte. Abría con llave la puerta de su habitación y entraba. Transpiraba mucho mientras dormía. -Enjuague. cuyo motor producía un gran ruido. me decía el señor Chang Hyeon-sam. vertía el contenido en el retrete y lo enjuagaba. cuando el mundo entero estaba sumergido en un pacífico sueño. Iba a la cama después de tomar dos vasos. -¿Se ha lavado las manos?-. tenía que ingerir líquido. a la cabecera de su cama. recobraba el sueño inmediatamente. aunque en dos o tres horas lo eliminaba parcialmente con el sudor. Una persona que al despertar a media noche necesita estar una o dos horas dando vueltas y vueltas para dormirse de nuevo o alguien que no puede del todo conciliar el sueño de nuevo. buscaba las llaves debajo de las mantas y salía de mi cuarto. cambiando constantemente de patrón. al regresar a mi habitación a acostarme. hacía que se le hinchara la vejiga. el orinal-. reteniendo entre dientes el bostezo que estaba por salir. eso podría significar su muerte. En mi habitación habían instalado un timbre que sonaba estrepitosamente. el chorro de orina que caía dentro del orinal. me lavaba las manos con jabón desinfectante y regresaba. agregaba echando un vistazo a mis manos.

se lo voy ingresando en una cuenta bancaria a su nombre? Creo que no le vendrá mal por ser todavía soltero-. -Señor Man-bok. me preguntó como para verificar mi parecer. sacaría la botella de zumo para llenar el vaso. mis fuertes piernas abrió de nuevo la boca: . al entregarme el sobre con el salario del primer mes. apretaría el botón de su cabecera y haría que el timbre se espantara de la pesadilla y sonara estrepitosamente como si estuviera dando alaridos. el señor Man-bok y yo bajo el mismo techo. Podría ser que en nuestra vida anterior el señor Man-bok no pudiera usar las dos piernas y yo recibiera de él un salario a cambio de ayudarle en sus necesidades. Además de las órdenes que me daba. parecida a una ondulación. -Si es así. Acariciando. -Mi determinación es la misma que cuando le dije que no me iría de aquí hasta que me dijera usted mismo que me fuera porque ya no me necesitaba. aprovechándose del tiempo libre. dijo. usted merece una reconsideración-. Lo dijo con cierto recelo. ¿podrá permanecer para recibir el segundo salario?-. sin poder aguantar. El señor Chang Hyeon-sam se mostraba mucho más afectuoso. pregunté humildemente.139 En dos o tres horas volvería a hincharse la vejiga del señor Chang Hyeon-sam. iría corriendo a la habitación contigua. Podría también haber algunos que no soportaron el trabajo de meterle en el ano la jeringa para el enema. enjuagaría el orinal. no hay duda de que tuvimos alguna relación en la vida anterior. Me despertaba dos o tres veces por noche con el sonido del timbre y repetía la faena. Habría otros que se habrán enfadado por los trabajos que les daba la empleada de hogar Park. lo acostaría de nuevo en la cama. Un día me dijo lo siguiente: -Considerando el hecho de que estamos viviendo así. ¿qué le parece si. le bajaría los pantalones. en vez de darle el salario mensual-mente. habría algunos que lo hicieron por no soportar el timbre por la noche. presenciaría que el zumo le atravesara la garganta y regresaría a mi habitación para recuperar el sueño por tercera vez. lo sentaría en el orinal para que hiciera sus necesidades. me hablaba de diferentes cosas y hasta bromeaba conmigo. Pero. -Me parece muy bien-. Pienso que entre los que habían pasado antes que yo por esta casa y se habían marchado a los pocos días. incluso después de que se le hubiera borrado la sonrisa. Me despertaría asustado. me lavaría las manos con jabón desinfectante. Sin embargo. En las comisuras de los labios y en los ojos del señor Chang Hyeon-sam se vislumbró una sonrisa tenue. Ha llevado bastante bien el trabajo de servirme de brazos y piernas. le respondí devolviéndole sin más el sobre del salario. -Claro que no. -¿No he cometido errores que le hayan molestado?-. no apareció aquella mirada gélida como el hielo.

probó sólo unos bocados y dejó los palillos. murmuró para sí: -En mis tiempos. Para cuando llegó la fecha de ingresar en la cuenta el segundo salario. no es gran cosa-. -Pues entonces. El pollo se derretía en mi boca. Pienso que realmente podría haber sido así. -Hacía mucho que no comía un pollo tan sabroso-. al llegar el otoño habría recobrado el apetito. y en octubre. como si estuviera soñando. y yo le cambiaba la ropa interior empapada de sudor y le suministraba el líquido que había perdido. Para mí. En un abrir y cerrar de ojos. las noches comenzaron a refrescar bastante. yo comía en la misma mesa que el señor Chang Hyeon-sam.Señor Man-bok. deslizándose dentro de mi estómago. dijo el señor Chang Hyeon-sam chasqueando la lengua. Seguía transpirando un. Al día siguiente dijo que tenía ganas de comer pollo por lo que envió a comprar uno y ordenó que lo cocieran en su caldo. Tal vez porque el señor Chang Hyeon-sam sudaba ¡menos.140 -Podría ser que en la vida anterior el señor Man-bok envidiara mis fuertes y enérgicas piernas y¡ con frecuencia las acariciara así con las manos. le respondí muy decididamente. Sin embargo. cuando la empleada de hogar Park cocinó el pollo y se lo puso entero en la mesa. en la vida anterior éramos una misma persona. cómaselo. después de quitarle los huesos. le cobro el precio del pollo. si apenas lo ha probado?-. al verme devorar ruidosamente la comida. comenté como respondiendo a su broma. no. Un día. sudor frío y por eso tocaba el timbre al menos una vez. Si no lo hace. Luego. ese pollo grande desapareció. Desde entonces. que nunca tenía ganas de comer y apenas probaba la comida. . a una sola vez. ¿No sería así? Los ojos del señor Chang Hyeon-sam parecían adormecidos. y puede que hayan reencarnado en dos personas diferentes. señor Man-bok? Yo no le hice mucho caso. Lo dijo como dándome ánimo. el sonido del timbre a medianoche se redujo de dos o tres veces a una o dos. ¿no le parece. dos almas que habitaban en un mismo cuerpo. preguntó: . -¿Cómo dice que se lo ha comido. yo también gozaba de gran apetito. -No. -Puede que haya sido así. ¿es usted capaz de comerse el pollo entero de una sola vez? -Un pollo. no era gran cosa acabármelo. A lo mejor. Pensé que hasta el señor Chang Hyeon-sam.

-A mí también me parece extraño. De esa manera pasó un año y volvió la primavera y. el señor Chang Hyeon-sam decía que tenía ganas de comer algo especial. una corbata. al momento.. siempre de la mejor calidad. el señor Chang Hyeon-sam me dijo. decía que comiéramos del mismo plato y entonces fingía que lo comía con la cuchara y los palillos y. hizo que me compraran una bicicleta y que yo anduviera en ella. Se quedaba observando. No sólo era con la comida.. si sólo ha estado viéndome comer. siento como si lo estuviera haciendo yo. me mandé hacer un traje de primera calidad. un día. Siento que formamos un solo cuerpo y que la comida entra por mi boca. -Pues bien. me da la impresión de que mi cuerpo penetra sin darme cuenta en el cuerpo del señor Man-bok y que su cuerpo y el mío se convierten en uno solo. el señor Chang Hyeon-sam. repentinamente: -Señor Man-bok ¿podría ir usted en mi lugar a encontrarse con una mujer?' -¿Que qué?-. Siento el sabor y siento también que se me llena el estómago. Cuando veo al señor Man-bok comer con tantas ganas. . fui con él a la autoescuela y aprendí a conducir. Entonces. y cuando la comida estaba ya dentro de mi estómago decía como si eructase: -¡Qué bien he comido! ¡Me siento tan lleno! -Pero. hacía que se lo prepararan en casa u ordenaba que se lo trajeran de algún restaurante. pero. pero apenas lo probaba y después de dejar los palillos. no sabía lo que debía hacer en este caso. Un día.141 -No es broma. me decía que me lo comiera. Cuando veo comer al señor Man-bok. dejaba que me lo comiera yo solo. Dejé la frase en suspenso porque a diferencia de otros asuntos. el deleite y la satisfacción con que yo comía. empecemos a hacer los preparativos. como si ya todo estuviera acordado. No hice más que sonreír. después de pasar por una tienda en la que compramos una camisa. en realidad. pregunté sorprendido. tragando saliva. Desde entonces. un cinturón y otros accesorios. -Si insiste en que yo vaya en su lugar podría hacerlo. que me observaba sentado en su silla de ruedas. después de ver una competición de ciclismo. no. -Me van a presentar a la que será mi esposa y quisiera que el señor Man-bok fuera en mi lugar. Entré en una sastrería de alta categoría del centro y en presencia del señor Chang Hyeon-sam. Otro día dijo que quería aprender a conducir y por esa razón. Visitamos una zapatería para encargar unos zapatos de primera clase y regresamos a casa. Lo dijo muy decididamente. No que lo sirvieran en un plato aparte. El señor Chang Hyeon-sam y yo montamos la silla de ruedas en un taxi y nos fuimos al centro.

El señor Chang Hyeon-sam vino detrás y se sentó un tanto alejado. Hablaba mirándome fijamente. empezó a entrarme miedo cuando se celebró la ceremonia de compromiso. Tuve un hijo. Un mes después me casé con aquella mujer. Cerré los ojos. mi cuerpo era absorbido por sus ojos y que se unía en uno solo con el cuerpo del señor Chang Hyeon-sam. sino Chang Hyeon-sam dentro del cuerpo de Lee Man-bok. Aunque fui presentado ante la familia de la novia con el nombre. -Si hasta en la ceremonia de compromiso voy yo de novio. míreme. y el sonido que producía la cámara al tomarnos fotos cuando el novio y la novia intercambiamos los regalos. no me preocupaba pensando en lo que haría si se descubría la verdad o si se complicaba el asunto. nada de eso. Tuve la impresión de que. con unos ojos penetrantes. sino Chang Hyeon-sam. Le miré también con la misma intensidad. sentado cerca de nosotros. Ahora. estrenando aquel atuendo de la mejor calidad. piense que no es Lee Man-bok quien lo hace. -No. entonces sí que puede complicarse. Por lo tanto. acudí a la cita.. pregunté preocupado. -No hay de qué preocuparse. -Como lo ha recibido el señor Man-bok. desde donde observaba el encuentro que yo sostenía. de pronto. no Lee Man-bok. Sin embargo. En el registro . ¿no se complicaría el asunto?-. sino al señor Chang Hyeon-sam. abracé su cuerpo desnudo y juntamos nuestras carnes. Ya sea en la ceremonia de compromiso. repitiéndome constantemente: soy Chang Hyeon-sam. si era bonita o fea no me concernía a mí. Fuimos de luna de miel y la primera noche. El apellido del niño. un mes después de que me presentaran a la novia. La mujer era bastante bonita y atractiva. En realidad. en la boda o haciendo algo más importante. hacía que me diera la impresión de que estaba sumergiéndome en un profundo pozo. puede usted ponérselo-. comentó devolviéndomelo. era Chang y el nombre también se lo puso él.142 Por fin. Piense que ya no es usted Lee Man-bok sino Chang Hyeon-sam. El señor Chang Hyeon-sam participó en aquella formalidad como miembro de la familia del novio. siguiendo al señor Chang.. Esa fue su respuesta. la edad y la posición del señor Chang Hyeon-sam. Si el señor Man-bok no va de novio. no. -¿Qué hacemos si se descubre? Mi voz temblaba. Al regresar de la ceremonia puse delante del señor Chang Hyeon-sam el reloj de pulsera que había recibido como regalo de compromiso. Esa extraña vida matrimonial se extendió por un año. no pude evitar ser el novio en la ceremonia de compromiso.

el señor Chang Hyeon-sam y mi mujer eran cónyuges. por lo que mi hijo lo era de Chang Hyeon-sam y de mi mujer. Tres meses después del nacimiento del niño murió la madre por complicaciones posteriores al parto. Terminada la Guerra de Corea abandonó su pueblo natal y se dirigió a Seúl. De haberlo querido. Cuando regresé al cabo del mes. Me dio un mes de vacaciones para que al regreso hiciera un viaje turístico. Interesado en la literatura. . Sin embargo. fácilmente podría conseguir su nueva dirección. incluido en la publicación Chosun Ilbo. Su debut en la literatura se produjo en 1965 con el cuento El globo del gigante. Yu Jae-yong (Corea del Sur) Breve reseña sobre su obra Escritor surcoreano nacido en 1936. Aunque no hubiera sido nada grato para la fallecida. en 1980 recibió el Premio Literario Hyundai Munhak y el Premio Yi Sang y en 1982 el Premio Literario de la República de Corea. Fue merecedor del Premio a los uevos Artistas del Ministerio de Información 1968 en la categoría de ficción. junto a la ventana en la que el señor Chang Hyeon-sam solía sentarse para ver el jardín. Dos de sus novelas han sido traducidas al inglés bajo los títulos Sanctuary (1980) y Gone into the Wind and Rain (1982). dejó a medias sus estudios de bachillerato y decidió dedicarse a escribir. contuve el impulso de salir en busca de ellos. el señor Chang Hyeon-sam me dijo: -Deseo que vaya a mi pueblo natal y se ocupe de los sepulcros de mis antepasados.143 civil. Me esperaba la libreta de ahorros que marcaba los ingresos mensuales de mi salario de todo ese tiempo y una carta en la que me decía que la casa la había registrado a mi nombre. después de haber superado la tristeza por su muerte. Emprendí el viaje alegremente. Un día. sumergiendo mi cuerpo en la silla mecedora. El vínculo aparece recopilado en Cuentos coreanos del siglo XX. Repentinamente me asaltó la soledad. empecé a recuperar mi propia persona. El verano comenzaba a madurar en el jardín. Bajo aquella soledad todo mi cuerpo quedó invadido por la dolorosa añoranza de mi hijo. la familia del señor Chang Hyeon-sam se había mudado. editado por Verbum. Sentía que la muerte de la mujer me había salvado de la oscura cárcel en la que me encontraba. A mi hijo lo cuidaría una niñera y ya tenían a la persona que ayudaría al señor Chang Hyeon-sam en mi ausencia.

pensó. temiendo el insomnio matinal. y se escurrió hacia el aire frío. estaba convencido de que no volvería a ver el coche si lo dejase en cualquier extremo de la ciudad. La finca parecía más silenciosa que de costumbre. como restos olvidados de una mudanza a otra casa o a otro mundo. Le faltó sin embargo el ánimo para levantarse. Cerró la puerta y bajó rápidamente la escalera. En el bordillo de la acera. el ojo encuadrado de la madrugada que entraba. pasadas dos horas. Allí. Con los cristales empañados era una caverna translúcida hundida bajo un diluvio de agua. cortado en cruz y escurriendo una transpiración condensada. Fumó el primer cigarrillo mientras se afeitaba y el segundo con el café. Había adquirido la superstición de que el peligro de que lo robasen sería tanto mayor cuanto más lejos lo hubiese dejado por la noche. El automóvil estaba cinco casas más abajo. Después se vistió a oscuras. mirando fijamente las dos cabezas posadas en la almohada. verificó de paso que la antena no estuviese partida y abrió la puerta. para cubrir la ventana: prefirió cubrirse la cara con la sábana y volverse hacia la mujer que dormía. Pensó que su mujer se había olvidado de correr las cortinas al acostarse y se enfadó: si no consiguiese volver a dormirse ya. detenido en la puerta. que aprovechase un poco más de la mañana. de cuarzo. El automóvil aparecía cubierto de gotitas. Un olor fresco a agua de colonia avivó la penumbra. de las toallas del cuarto de baño. Tosió como todas las mañanas. y eso hizo que la mujer suspirase de placer cuando el marido se inclinó sobre la cama para besarle los ojos cerrados. En el último tramo de la escalera ya podría ver la calle y saber si había acertado. Pensó que habría sido mejor dejar el coche en un sitio desde el cual pudiese hacerlo deslizarse para arrancar más fácilmente. la habitación estaba clara. lívido. tenía confianza. Encendió el coche y en el mismo instante el . Sin haberlo dicho nunca en voz alta. Pero después le vino la idea del capullo tibio que era la cama y la presencia laberíntica del cuerpo al que se aproximaba y. que escupió por encima del animal. Al final había una luz aún grisácea. como le habían enseñado y siempre veía hacer. pasó un chico embozado. disolviéndolos. Si no hiciera tanto frío. podría decirse que transpiraba como un cuerpo vivo. Tal vez por la niebla. haciendo de ellos lo que hacía con las imágenes. casi deslizándose en un círculo lento de imágenes sensuales. refugiarse en su calor y en el olor de su pelo suelto. sin encender la luz de la habitación. El interior del coche estaba helado. volvió a caer en el sueño. Dijo a su mujer que no se levantase. Miró los neumáticos según su costumbre. que entretanto se había enfriado. tan cerca. una gran rata muerta. El ojo ceniciento del cristal se fue azulando poco a poco. acabaría por tener un día fastidiado. con gorra.144 Embargo José Saramago (Portugal) Se despertó con la sensación aguda de un sueño degollado y vio delante de sí la superficie cenicienta y helada del cristal. Se había dado cuenta de que la niebla era como una campana que ahogaba los sonidos y los transformaba. Y susurró que no volvería a comer a casa. los cristales cubiertos de humedad. Habría niebla. Una gran suerte haber podido dejarlo allí. No quería despertar a su mujer. de los picaportes de las puertas. inquieto. Estuvo todavía unos minutos esperando. Y mientras encendía el tercer cigarrillo. pero dura y brillante. hacia la humedad indefinible de las paredes. Cuando el despertador sonó.

en colas de decenas y decenas de coches. con todas las vueltas que tenía que dar ese día antes de ir a la oficina. Buena idea. Si encontrase una gasolinera funcionando. Pero. El cuentakilómetros dio un salto repentino a noventa. Hora y media más tarde estaba llenándolo y tres minutos después arrancaba. dentro del automóvil. Sonrió. ¿Qué haría? ¿Ir directamente a la oficina o pasar primero por casa de un cliente. Cuestión de buena disposición esta agilidad de reflejos de hoy. que no habría allí gasolina antes de quince días. inquieto. aún no había mirado el contador de la gasolina. Por seguridad. de tan repetida la información. El puntero indicaba precisamente medio depósito. siempre se había considerado mucho mejor conductor que los demás. triturando la basura esparcida. No era ninguna exageración. aprovecharía. satisfecho de gusto. el depósito estaba lleno. Un poco preocupado porque el empleado le había dicho. estirarse como un fluido para sobrepasar a los que estaban delante. Otros andan a esta hora con mucho menos. se lanzó por una subida empinada sin esfuerzo. Como un perdiguero que acude al olor. mejor de más que de menos. Paró en un semáforo rojo. El coche tomó una curva balanceándose y. El automóvil de delante avanzó un poco. a ver si le daban el pedido? Escogió el cliente. al lado. de lo malo malo. El tiempo había enfriado mucho. Casi diría que le habían cambiado el motor por otro mucho más potente. hacía un calor agradable. Curioso. el coche se insinuó entre el tráfico. sin ninguna expresión particular en la voz. velocidad de suicidio en la calle estrecha y bordeada de coches aparcados. fumando mientras esperaba. ¿Qué sería? Retiró el pie del acelerador. decía uno de los titulares. sintiendo el coche vibrante y tenso en sus manos. Miró el reloj. al acordarse de su mujer aún enroscada en la cama a aquella hora y se recostó mejor en el asiento. El periódico no prometía nada bueno. en verdad.. con una torsión de gato voluptuoso. Debían de estar por delante unos veinte coches. Bajó el cristal para llamar a un vendedor de periódicos que pasaba. Con la luz verde el automóvil pareció serpentear. el periódico anunciaba restricciones rigurosas. Es fácil. Basta que el tacón del zapato no asiente en el lugar habitual para que se altere el movimiento y la presión. Distraído con el incidente. En fin. Medio depósito. Pero pensó que lo mejor sería ir primero a la oficina y dejar las vueltas para la tarde. Pisó con cuidado el acelerador y dominó el coche. Allí cerca había un surtidor poco conocido. El pánico. El embargo se mantenía. En el asiento. Medio depósito. Este estúpido embargo. pero si fuese posible llenarlo. tal vez tuviese suerte.. ¿La habrían robado durante la noche. A veces no se controla bien el balanceo del pie. Curioso. Pero él aún disponía de medio depósito y no tardaría en tenerlo lleno. ya lleno el depósito. Pero allí.145 motor roncó fuerte. con el periódico abierto sobre el volante. rozando el asfalto como un animal de cascos. con el mismo movimiento. El día empezaba bien. dobló dos esquinas y fue a ocupar un lugar en la cola que esperaba. Hizo que se movieran los músculos de la espalda. como el de las sábanas. Una navidad oscura y fría. Nunca había reparado en esta especie de palpitación animal que recorría en olas las láminas de la carrocería y le hacía estremecer el vientre. Era preferible justificar el retraso con la visita que tener que decir que había pasado hora y media en la . quizá excepcional. Bien. Se dice que la industria va a sufrir las consecuencias. como no sería la primera vez? No. Calle arriba el automóvil arrancó. sin preocupaciones. con una sacudida profunda e impaciente. las horas de espera. Nada de importancia.

Nunca se había sentido tan bien conduciéndolo. al fondo de la calle por la que bajaba. Ahora una avería. Con tantas dudas. ¿Valdría la pena visitar al cliente? Con suerte encontraría el establecimiento aún abierto. el depósito estaba lleno. prácticamente lleno. estaba pegado a ella. . El automóvil de delante avanzó. El demonio de coche tenía siete vidas. Suspiró de alivio. Gasolina quemada sin provecho. El coche estaba mejor que nunca. Pero ¿cómo estaría la marcha atrás cuando volviese a necesitarla? Cerca de media hora después ponía medio litro de gasolina en el depósito. al final de la cola. con todo el aire de ir a colocarse en la fila. Tal vez por causa de toda esa confusión del embargo. Sonrió de gozo y aceleró. Estos árabes. Pero el caso de la marcha atrás daba que pensar. y salió por el otro lado. Encendió la radio y se oyó un diario hablado. En una plaza. Y al ver una transversal descongestionada desistió de visitar al cliente. sintiéndose ridículo bajo la mirada desdeñosa del empleado de la gasolinera. Una marcha atrás que funciona ahora sí y ahora no es un peligro. Dio una propina absurdamente alta y arrancó con un gran ruido de neumáticos y aceleramientos. Y he aquí que tuvo realmente que pensarlo. Qué disparate. a veinte metros. no había tenido tiempo. Pero el coche. ¿Qué tendría el coche? Necesitaba llevarlo al taller. ¿Qué diablos había sido aquello. como si suspirase.146 cola de la gasolina cuando le quedaba medio depósito. y se detuvo. se había desviado mucho del centro. En fin. y en esta sucesión de gestos movió el retrovisor y se miró en el espejo. Si el tránsito ayudase. Noticias cada vez peores. Giró el volante hacia la izquierda. si tenía el depósito lleno? Se quedó mirando los diversos contadores. Respondía a sus movimientos como si fuese una prolongación mecánica de su propio cuerpo. Intentó forzarla. palpando el volante. tendría tiempo. Ahora al cliente. ¿Qué había sido eso? Tenía el depósito lleno. Mejor sería dar cualquier explicación en la oficina y dejarlo para la tarde. sí. Tendría gracia. No se acordaba de que la caja de cambios hubiese reaccionado de esa manera antes. cuando tenía el depósito lleno. todo ese pánico. Pero el tránsito no ayudó. los servicios desorganizados hubiesen hecho meter en los surtidores gasolina de mucha mayor potencia. suelto. Miró el reloj. De repente el coche dio una cabezada y se dirigió a la calle de la derecha hasta parar en una cola de automóviles más pequeña que la primera. decidido a pasar resoplando contra los ateridos automovilistas que esperaban. para estorbar a quien necesita trabajar. si el tránsito ayudase. suavemente. metió la primera. con una agilidad de animal. Este estúpido embargo. Vio que estaba perplejo y consideró que tenía razón. pero la caja de cambios no le obedeció. Diablos. por qué este demonio de idea. pegado a la camioneta. o será una mañana perdida. En época navideña. Otra vez con miedo movió la palanca y la marcha atrás entró con un ruido suave de succión. Otra vez por el retrovisor distinguió un automóvil que bajaba la calle. sí. si no había decidido poner más gasolina? ¿Qué diantre era. Qué demonio de idea. Un segundo después se encontraba aprisionado entre sus dos vecinos. No podía contornearla. movió rápidamente la palanca para dar marcha atrás. aceleró y con un solo movimiento el automóvil subió a la acera. costándole reconocer el coche. Perfecto todo. vio otra cola de automóviles esperando su turno. por sí mismo. Movió la palanca de las velocidades para poner marcha atrás. Recelosamente. El coche resistió y la palanca le huyó de las manos. todo el mundo sale a la calle. Una gran camioneta averiada tapaba todo el centro de la calle. pero los engranajes parecían bloqueados. incluso faltando la gasolina. El coche estaba espléndido. tiró hacia la izquierda. Preocupado con la idea de quedarse allí inmovilizado. contando con lo peor.

que había abierto hacia la calle.147 Habían pasado más de veinte minutos cuando hizo avanzar el coche hasta el surtidor. Ni siquiera sintió dolores. e hizo otro movimiento. temió no estar bien de la cabeza. eran ya los suburbios. No rígidamente. Volvió a mirar el espejo y adivinó lo que debía hacer. que la niña se puso. hizo un movimiento brusco. pasados pocos segundos. sin ninguna prisa por salir. hasta que llegó delante de la oficina. sacó la llave y abrió la puerta. metió una rápida primera y arrancó. ¿O estaría perdiendo sus cualidades de conductor? ¿O estaría enfermo? Había dormido bien a pesar de todo. dejó lentamente abrirse la puerta otra vez. sin dejar de mirar. Lo mejor sería desistir por ahora de clientes. No quiso pensar en el coche. Debo estar enfermo. En ese mismo instante hizo una tentativa para huir de la vergüenza. sin saber por qué. Maniobró para separarse de la acera. agarrándose con ambas manos al volante. respirando pausadamente. inclinarse un poco hacia la derecha. hacia la acera. ¿Qué era lo que estaba sucediendo? Movió hacia abajo el retrovisor y se miró. Pero no allí. Inútil. en el motor. En vano. fue a pedirle el dinero de un litro que guardó refunfuñando. Fue dando vueltas. Sólo reparó en la gasolinera cuando casi iba a pasar por delante. El coche no se movió. sin disminuir la velocidad. al mismo tiempo intrigada y divertida. gente que le conocía. Había personas mirando. en los cambios. pero la espalda se adhería al respaldo del asiento. echando mano a la puerta para cerrarla. no pensar en ellos durante el resto del día y quedarse en la oficina. Tenía un designio. Cuando el otro coche pasó. Incluso buscó el cinturón de seguridad. sino en el interior del acero. hacia la guantera. El cinturón estaba colgando a un lado. sin una mínima desviación. no tenía más preocupaciones que en cualquier otro día de su vida. Al volver la cara hacia la derecha. rápidamente. violento. dio en trazar mentalmente un itinerario que le apartase de otras gasolineras. Empezaba a llover cuando detuvo el automóvil. Qué disparate. y cuando notó lo que hacía se asustó. y el coche siguió. pensó. y tanto que se dejó ir con una sonrisa que a poco le suavizó la aflicción. Si no consigo salir es porque estoy enfermo. Alguna cosa no iría bien en el automóvil. estaba cerca el sitio que buscaba. hasta un sendero desierto. Tenía un letrero que decía «agotada». tiró el cigarrillo fuera y. Sonrió más. Creyó que el faldón de la gabardina se había enganchado. vio a una niñita mirándolo. mirar hacia atrás. que la pierna había quedado sujeta por el eje del volante. Se metió por una calle en construcción. para ver si se lo había puesto sin darse cuenta. El respaldo del asiento le sujetó dulcemente y le mantuvo preso. Vio acercarse al empleado y la voz se le estranguló al pedir que llenase el depósito. Un toque violento de claxon le hizo cerrar la puerta. alargando y acortando camino. mientras la mujer arreglaba el cuello y el pelo de la niña. el diablo sabrá. El hombre de la gasolinera le miró desconfiado. Pudo aparcar el coche y suspiró de alivio. la primera entraba sin ninguna dificultad y el coche avanzaba. entre vallas. sino como un miembro se adhiere al cuerpo. Al principio. giró a la izquierda y a la derecha. flexionar ligeramente el tronco de acuerdo con las maniobras. Tan sólo una aflicción imprecisa que apenas se dominaba. de repente. en cualquier sitio. . A su alrededor las estructuras del coche vibraban profundamente. y bajó la calle lo más deprisa que podía. Se sentía inquieto. dentro del coche. tripa negra y blanda. elástico. Ninguna diferencia en la cara. no en la superficie. Apagó el motor. fumando. Podía mover libremente los brazos y las piernas. abrió el depósito y. Acto seguido. No. se preocupó por lo que diría el jefe si se asomase a una ventana y le viese allí instalado. Y las dos se alejaron. Encendió un cigarrillo y. Estaba saliendo de la ciudad. y el motor trabajaba con aquel rumor inaudible de pulmones llenándose y vaciándose. llenándose y vaciándose. un objetivo muy definido que ya le tranquilizaba. No fue capaz de salir. A continuación surgió una mujer con un abrigo de invierno en las manos.

Y a continuación. Nunca nadie se había quedado preso de esta manera en su propio coche. oscilaban con un ruido seco. con los triángulos rojos colocados . De lejos le llegó el pitido de una fábrica. de la misma manera que a la chaqueta. apareció un hombre pedaleando una bicicleta. sin movimientos bruscos en el asiento. tal como hace la culebra cuando abandona la piel. Cuando sintió todo esto empezó a llorar bajito. los fotógrafos y sería exhibido dentro de su coche en todos los periódicos del día siguiente. con un gañido. Eran más de las dos y el día había oscurecido mucho. sin embargo. en la lluvia. Con las dos manos se cogió al techo e intentó levantarse. que sin querer había puesto en movimiento en medio de la agitación. sacandolos brazos y el cuerpo. atento a los semáforos. iba viendo automóviles abandonados en posiciones anormales. lejos la ciudad que se escondía por detrás de la lluvia. Desesperado. llegado de la lluvia. Consistía en salir de dentro de la gabardina. por su propio coche. ¿Tal vez en un taller? No. E irían los periodistas. con un desierto alrededor. Pero ¿quién podría ser? No quería asustar a su mujer. no conseguía arrancarse del asiento. A la fuerza no podía ser. Apagó el motor y sin interrumpir el gesto se lanzó violentamente hacia fuera. Tenía que buscarse otra forma. Volvió a entrar en la ciudad. A medida que penetraba en la ciudad. y el dolor le causó un vértigo que se prolongó. lleno de vergüenza como un animal trasquilado. Lo que estaba pasando era absurdo. Ante sus ojos los limpiaparabrisas. Quizá ella consiguiese descubrir la solución. Fue esto lo que pensó sin pensarlo cuando diez minutos después se retorcía dentro del coche gritando. pero allí. quizá decepcionado o intrigado al ver a un hombre solo y no la pareja que de lejos le había parecido. de metrónomo. sin convicción. Se hirió en la frente y en la mano izquierda. en la curva del camino. Vio tres gasolineras. Ningún resultado. en no dejar que la situación se le representase en el entendimiento. esforzándose en no pensar. Se echó encima del volante. Todas tenían el letrero de «agotada». Se había equivocado. nada más fácil. pero el coche no reaccionó. como quien ataca por sorpresa. Al menos no se sentiría tan desgraciadamente solo. mientras la autoridad evidentemente tiraría de él por un brazo y pediría ayuda a los presentes. aterrorizado. a los huesos. cubierto con un gran pedazo de plástico negro por el cual la lluvia escurría como sobre la piel de una foca.148 Su idea era sencilla. como si quisiese apaciguar los poderes que le sujetaban. ¿Cómo lo explicaría? ¿Llamar a la policía? ¿Y después? Se juntaría gente. a la piel. Tenía que haber un procedimiento cualquiera para salir de ahí. liberando interminable el líquido caliente que se vertía y escurría entre las piernas al suelo del coche. y sería inútil. fue a ladrarle. La gabardina se adhería al respaldo del asiento. Delante de la gente no se habría atrevido. miserablemente. El hombre que pedaleaba miró con curiosidad dentro del coche y siguió. Estaba preso en el coche. mientras una súbita e irreprimible gana de orinar se expandía. a la camiseta interior. a la camisa. todos mirando. a la puerta del coche. deslizándose fuera de ella. hacia la abertura de la puerta por donde la lluvia entraba empujada por ráfagas súbitas y frías. a la chaqueta de punto. a los músculos. Por más que girase el cuerpo hacia fuera. y avanzó por el sendero. De un modo vago sabía que tendría que buscar a alguien que le ayudase. Era como si quisiese levantar el mundo. solo. llorando. Embragó despacio. por más que afirmase los pies en el saliente de la caja de cambios. con los movimientos pesados de un sueño de las cavernas. pero no quedaba otro remedio. gimiendo. y así estuvo hasta que un perro escuálido. porque el respaldo del asiento dulcemente lo sujetaría.

un poco irritada contra el marido que la había hecho bajar sin motivo. iba a buscar ayuda para que saliese. y tampoco pudo moverlo de allí. dijo que la señora ya venía y se apartó corriendo. Y vio al marido. Esperó que sucediese el milagro de que su mujer bajase por obra y merecimiento de su silenciosa llamada de socorro. Que acudiese deprisa. el automóvil ya había desaparecido y la rata se había escurrido del bordillo de la acera. él no pudo aguantar la espera y las imaginaciones. el caso no tenía importancia. casi siempre. al hospital. precipitándose para huir de la lluvia. bajo la lluvia que no había parado todavía. Puso la mano en el picaporte. falta de gasolina. Pero el marido llamaba con gestos desde dentro del coche y ella se asustó y corrió. cuando podía muy bien haber subido a decirle lo que quería. Cautelosamente. La mujer bajó como siempre andaba en casa. Cuando la mujer volvió a bajar. la fotografía en los periódicos. Cuando finalmente llegó a la calle donde vivía. poniéndose en colas de espera sin haberlo decidido. y ahora estaba en el umbral. con el pelo erizado. y encendió el motor. que no tardaba nada. señal que en otras ocasiones sería de avería. la vergüenza de haberse orinado por las piernas abajo. cuando ella desapareció en la escalera. Hasta el anochecer el hombre circuló por la ciudad. desorientado. para llevarlo a donde se tratan las locuras. volvió a imaginarse rodeado de gente. arrastrada por el agua que corría delos desagües. Tenía que ir a llamar a alguien para que lo examinase. ansioso porque el . ni siquiera se había acordado de coger un paraguas. y cuando por fin abrió la puerta vio delante de su rostro la mano del marido abierta. pasando ante gasolineras sin existencias. y esperó todavía unos minutos. hasta que un niño curioso de la vecindad se aproximó y pudo pedirle. pero él le gritó que no. Pero. en el coche. casi al borde de otra crisis nerviosa. y le contó lo que sucedía. con muchas palabras. indecisa. mientras ella. empujándola sin tocarla. Se atrevió a cogerlo por un brazo y tiró. Y mientras arriba su mujer hacía llamadas telefónicas a todas partes. Porfió y quiso entrar. recibía en la espalda toda la lluvia que caía y el pelo se le desarreglaba y el horror le crispaba toda la cara. y la marca. que era muy urgente. tuvo que imaginarse cómo iba a llamar a su mujer. y así incluso podían comer juntos y ella llamaría a la oficina diciendo que estaba acatarrado. ahora. habiendo hecho el día. que era peligroso. y rodaba por la calle inclinada. El niño subió y bajó.149 en la ventanilla de atrás. y el color del coche. desviando sin querer los ojos hacia una rata muerta en el bordillo de la acera. La mujer gritó. Dos veces vio grupos de hombres empujando automóviles encima de las aceras. retorcerse entero en el asiento para salir del coche sin conseguirlo. pero las personas tardaron en aparecer y fue muy difícil de explicar. por fin. pero que significaba. que subiese al tercer piso y dijese a la señora que allí vivía que su marido estaba abajo esperándola. con el argumento de na moneda. incrédula. y la matrícula. dudando en cruzar la acera bajo la lluvia. con grandes gestos de irritación. luchando para que creyesen en ella y no en su voz. inclinada. Y no iría a trabajar por la tarde. que no tardaría. Detuvo el coche enfrente del portal. Esperó muchos minutos. hasta que ella pensó que su marido estaba loco y fingía no poder salir. le dijo a su marido que esperase un poquito. Como aquello era demasiado horrible para ser creído. en aquel capullo caliente y empañado que lo aislaba del mundo. dando su nombre y el de su marido. se quedaron callados mirándose. Que se tranquilizase. a la policía. hacia la rata blanda.

demasiado humillado para avergonzarse. Sentía hambre. dio un ronquido. en ciega desesperación. La mañana abrió por completo. y cuando la noche cerró no había señales de ellos y el automóvil rodaba por otra carretera. cuando le adelantaba. donde el agua de la lluvia se juntaba en charcos erizados en la superficie. Pero el coche. por dos veces. La lluvia había empezado a caer de nuevo. Un lugar limpio y bien iluminado . de madrugada. No se detenía porque no sabía para qué iba a parar. sin que el sol llegara a mostrarse. Dos veces habló bajito cuando el asiento le sujetó. El motor roncaba poderosamente. en un ejercicio inconsciente y obsesivo que le defendía de la realidad. aproximó el coche al bordillo e intentó salir despacito. hizo y deshizo lazos y desenlazos de curvas. Se había orinado otra vez. Se escurrió un poco más y quedó echado sobre las piedras. simplemente. Atientas. cada vez más lejos. Las heridas de la cabeza y de la mano volvieron a sangrar. llegado de no sabía dónde. ¿Dónde estaba el mundo? Ante los ojos estaba la sierra y un cielo asombrosamente bajo. La carretera aparecía otra vez más allá. como si mientras tanto el coche y él hubiesen llegado a un acuerdo de paces y fuese el momento de dar la prueba de buena fe de cada uno. Dio un grito y golpeó con los puños cerrados el volante. porque fuese a morir o porque el motor se había muerto. hacia el acceso a una autopista. Pero tuvo otra vez miedo y no paró. y cuando la mañana empezó a nacer estaba en cualquier parte. donde la lluvia no paraba. Pero. continuó conduciendo el coche. hacia delante. un velo le cubrió tres veces los ojos. un arranque poderoso. La policía le seguía de lejos. Iba declinando sucesivamente. parecía perderse entre piedras. dos veces en el descampado nocturno y helado. un coche de la policía aceleró y le adelantó y. Atravesó poblaciones de las que no vio el nombre. Y deliraba un poco: humillado. sin saber por dónde. pero la lluvia se detuvo de repente. El motor pareció arrancarse a sí mismo y arrastró el coche veinte metros más. gimiendo como un animal aterrorizado. recorrió largas rectas. a cada momento. arrancando las ruedas al lodo. en una carretera arruinada. En una avenida muy larga y ancha. y entonces lo mejor era huir para no encontrar gasolineras aún abiertas. abrió la puerta para liberarse de la sofocación que le llegaba y. dos veces intentó convencer al automóvil para que le dejase salir por las buenas. Oyó detrás de sí la sirena de la policía y vio también. de un salto. el cuerpo colgó hacia el lado izquierdo y se escurrió del coche. un guardia le hizo señas para que se detuviese. alternando las consonantes y las vocales. para no tener que parar. en aullidos. Y sollozando. porque todas las gasolineras empezaron a cerrar y las colas de espera que aún se veían tan sólo aguardaban al día siguiente. Una náusea se apoderó de él y le sacudió de la cabeza a los pies. con ese movimiento. Dejándose conducir. subió y bajó montes. Toda la noche viajó. Fue en ese momento cuando vio que el puntero del depósito de gasolina estaba encima del cero. y toda la estructura del coche vibraba.150 dinero se le acababa y no sabía lo que podría suceder cuando no tuviese más dinero y el automóvil parase al lado de un surtidor para recibir más gasolina. La frente se le cubrió de sudor frío. en lágrimas. explotó en gritos. himollado. un motociclista uniformado casi alcanzándolo. casi sin otro tránsito. pero la gasolina se había acabado. con un sonido inquietante. sofocado. La carretera se transformaba en un simple camino que adelante. y salió. Eso no sucedió. su coche.

pero por la noche el rocío asentaba el polvo y al viejo le gustaba sentarse allí. -¿Por qué? -Por nada. cerca de la puerta del café. y miraban hacia la terraza donde las mesas estaban vacías. tarde. Una muchacha y un soldado pasaron por la calle. excepto la del viejo sentado a la sombra de las hojas. -¿Cómo sabes que era por nada? -Porque tiene muchísimo dinero. El viejo sentado a la sombra golpeó su platillo con el vaso. Estaban sentados uno al lado del otro en una mesa próxima a la pared.151 Ernest Hemingway (EE. La muchacha iba descubierta y caminaba apresuradamente a su lado. -Otro coñac -dijo. -¿Qué desea? El viejo lo miró.UU. de modo que lo vigilaban. porque aunque era sordo y por la noche reinaba la quietud. él notaba la diferencia. Los dos camareros del café notaban que el anciano estaba un poco ebrio. El camarero se fue. -La semana pasada trató de suicidarse -dijo uno de ellos. -¿Por qué? -Estaba desesperado. -Se emborrachará usted -dijo el camarero. . iluminado por la luz eléctrica. que el viento movía ligeramente. -Los guardias civiles lo recogerán -dijo uno de los camareros. aunque era un buen cliente sabían que si tomaba demasiado se iría sin pagar. -¿Y qué importa si consigue lo que busca? -Sería mejor que se fuera ahora. La luz del farol brilló sobre el número de cobre que llevaba el hombre en el cuello de la chaqueta. Los guardias han pasado hace cinco minutos y volverán. El viejo lo miró.) Era tarde y todos habían salido del café con excepción de un anciano que estaba sentado a la sombra que hacían las hojas del árbol. El camarero joven se le acercó. De día la calle estaba polvorienta.

-¿Por qué quería suicidarse? -¿Cómo puedo saberlo? -¿Cómo lo hizo? -Se colgó de una cuerda. Nunca puedo acostarme antes de las tres. El anciano hizo un movimiento con el dedo. El camarero terminó de llenar la copa hasta que el coñac desbordó y se deslizó por el pie de la copa hasta llegar al primer platillo. -Gracias -dijo el viejo. -¿Quién lo bajó? -Su sobrina. Puso el platillo sobre la mesa y llenó la copa de coñac. -Debe tener ochenta años. Debería haberse suicidado la semana pasada. -¿Por qué lo hizo? -Por temor de que se condenara su alma. yo también diría que tiene ochenta. -Sí. Tengo sueño y nunca puedo irme a la cama antes de las tres de la mañana. -¿Cuánto dinero tiene? -Muchísimo. El camarero tomó la botella de coñac y otro platillo del mostrador que se hallaba en la parte interior del café y se encaminó a la mesa del viejo. -Debía haberse suicidado usted la semana pasada -dijo al viejo sordo. El camarero volvió con la botella al interior del café y se sentó nuevamente a la mesa con su colega.152 -Se quedará toda la noche -dijo a su colega-. -Ya está borracho -dijo. -Un poco más -murmuró. -Me gustaría que se fuera a su casa. ¿Qué hora es ésa para irse a la cama? . -Se emborracha todas las noches.

contó lentamente los platillos. -Ahora una mujer no le serviría de nada. Este hombre es limpio. Todavía no son las dos y media. -Otro coñac -dijo. -¡No! ¡Terminó! -limpió el borde de la mesa con su servilleta y meneó la cabeza. No más esta noche. -Quiero irme a casa.153 -Se queda porque le gusta. Dijiste que le había cortado la soga. Yo no. Aun ahora que está borracho. El viejo miró desde su copa hacia la calle y luego a los camareros. . El viejo se puso de pie. No tiene ninguna consideración con los que trabajan. Cerramos. -Su sobrina lo cuida. El camarero lo miraba mientras salía a la calle. Se le acercó el camarero que tenía prisa por irse. Bebe sin derramarse el líquido encima. Podría estar mejor si tuviera una mujer. dejando media peseta de propina. El viejo caminaba un poco tambaleante. -¿Qué significa una hora? -Mucho más para mí que para él. hablando con esa omisión de la sintaxis que la gente estúpida emplea al hablar con los beodos o los extranjeros-. -No quiero mirarlo. -Una hora no tiene importancia. -Otro -dijo el viejo. Quisiera que se fuera a su casa. Un viejo es una cosa asquerosa. -Él está solo. sacó del bolsillo un monedero de cuero y pagó las bebidas. aunque con dignidad. Estaban bajando las puertas metálicas-. -¡Terminó! -dijo. -No puedes asegurarlo. míralo. señalando su copa. -¿Por qué no lo dejaste que se quedara a beber? -preguntó el camarero que no tenía prisa. -No siempre. Tengo una mujer que me espera en la cama. -Él también tuvo una mujer. -No me gustaría ser tan viejo. -Lo sé.

-No. Bien puede comprar una botella y bebérsela en su casa. Tengo confianza. Definitivamente no quieres música. Este es un café limpio y agradable. Sólo tenía prisa. Está bien iluminado. las hojas hacen sombra. -¿Y tú? ¿No tienes miedo de llegar a tu casa antes de la hora de costumbre? -¿Estás tratando de insultarme? -No. -Tú no entiendes. Deja de decir tonterías y cierra. con todos los que necesitan luz por la noche. menos el trabajo. No quería ser injusto. -No es lo mismo. qué te falta? -Todo. No quieres música. pero es necesario que el lugar esté limpio y sea agradable. Continuó la conversación consigo mismo mientras apagaba las luces. Es la luz por supuesto. La luz es muy buena y también. confianza y un trabajo -dijo el camarero de más edad-. No es sólo una cuestión de juventud y confianza. -Vamos. -Yo quiero irme a casa y a la cama. -¡Hombre! Hay bodegas abiertas toda la noche. -Somos muy diferentes -dijo el camarero de más edad. Lo tienes todo. -¿Y a ti. aunque esas cosas son muy hermosas. -No -el camarero que tenía prisa se irguió después de haber asegurado la puerta metálica-. no lo es -admitió el camarero que tenía esposa-. hombre*. Tampoco puedes estar frente a una barra con dignidad aunque eso sea todo lo que proveemos a estas . con todos aquellos que no desean irse a la cama. -Tienes juventud. -Buenas noches -dijo el otro. Se estaba vistiendo para irse a su casa-. -Tienes todo lo que tengo yo. -Buenas noches -dijo el camarero más joven. -No.154 -Hablas como un viejo. ahora. -Soy de aquellos a quienes les gusta quedarse hasta tarde en el café -dijo el camarero de más edad-. sólo quería hacerte una broma. Todas las noches me resisto a cerrar porque puede haber alguien que necesite el café. Soy todo confianza. Nunca he tenido confianza y ya no soy joven.

El barman se la sirvió. Recibió el Premio Pulitzer por El viejo y el mar y el Premio obel de Literatura. -Una copita. pues nada. -No. se dijo. con la luz del día.dijo el camarero. ada nuestra que estás en nada. ¿Qué temía? No era temor. Danos este nada nuestro pan de cada nada y nada nuestros nada como también nosotros nada a nuestros nada y no nos nada en la nada mas líbranos de nada. -¿Quiere otra copita*? -preguntó el barman. no era miedo. y salió.preguntó el barman. Un café limpio. Por quién doblan las campanas (1940). nada sea tu nombre nada tu reino nada tu voluntad así en nada como en nada. Era sólo eso y todo lo que se necesitaba era luz y una cierta limpieza y orden. La quinta columna y los primeros cuarenta y nueve relatos (1938) y las novelas Fiesta (1926). era algo muy distinto. . .UU. Ave nada llena de nada. y en 1958 volvió a los EE. Sonrió y estaba frente a una barra con una cafetera a presión brillante. nada está contigo. Trabajó como reportero de diversos diarios en su país y fue conductor de ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial. Muchos deben sufrir de lo mismo. Era demasiado tarde para comenzar una conversación. Entre sus obras se cuentan las colecciones de relatos En nuestro tiempo (1925). bien iluminado.) Breve reseña sobre su obra Escritor y periodista estadounidense nacido en Oak Park en 1899. Le disgustaban los bares y las bodegas. Era una nada que conocía demasiado bien.UU. finalmente. Al otro lado del río y entre los árboles (1950) y El viejo y el mar (1952). Era una completa nada y un hombre también era nada. volvería a su cuarto. Después de todo. El cantinero lo miró fijamente pero no respondió.155 horas. probablemente sólo sea insomnio. se dormiría. Hombres sin mujeres (1927). Algunos vivieron en eso y nunca lo sintieron pero él sabía que todo eso era nada y pues nada y nada y pues nada. -La luz es bien brillante y agradable pero la barra está opaca -dijo el camarero. -Otro loco más -dijo el barman y le dio la espalda. Ernest Hemingway (EE. Tener y no tener (1937). Verdes colinas de África (1935). Finalizada la contienda vivió en París y en Cuba. Yacería en la cama y. gracias -dijo el camarero. Ahora. Falleció en 1961.ada. Un lugar limpio y bien iluminado aparece recopilado en Cuentos editado por Lumen. El ganador no se lleva nada (1933). -¿Qué le sirvo?. Adiós a las armas (1929). sin pensar más.

Allí. que se echan atrás por cualquier cosa levantando nubes de polvo.las cosas allí no son juguete . A fuerza de "¡Bah!. los cinco. ya agotada la paciencia. cruzan. ¡Bah!..muy ansiosos después de largo aguardar ya prontos aparecen los cinco jinetes por el camino del pueblo. sombreros en mano . que se sujeta con un cordón desde los hombros y pende al nivel de la cintura. camino del pueblo. entre ellas. Y al airoso galopito avanzan hacia las canteras que bordean el camino. en ocasiones.. a veces sólo con paciencia consiguen que sus cabalgaduras avancen. El poncho del hombre cae alrededor y oculta los alambres y sostenes. de lado a lado del camino. que insinúa las formas del animal. Espantadizas hasta de la sombra." El caballo lo constituye una tramoya de alambres en forma de sección horizontal de equino. Porque son botes arteros. Y los parejeros saltan locos de furia. eso sí. con brincos. porque los fletes se asustan. ¡Caballo!. del boliche de Pantaleón. Las colas. Y a golpe y grito obligan a adelantar a sus pingos que.156 Los cinco Francisco Espínola (Uruguay) El primer sábado de Carnaval.. los de estas bestias de cola casi dura y completamente rígidos cogote y testa. aviesamente. Queda.. -¡Flor de jinete! -¡A qué no lo voltea! Y al que marcha adelante .. que el flete ya se va a precipitar con él en las aguas de la cantera.aunque permitiendo ciertos recelos a las bestias. hasta cuyos bordes llegan en brincos. profundas. sale la gente por ver. punitivos.. serias las caras. Así vienen. En la puerta de la taberna azuzan con gritos. abajo. O. el armatoste por la mitad del cuerpo. redomones. peor. mantiene una tela de arpillera que llega hasta el suelo y oculta los pies. gente.. Y otra vez hay que recurrir al rebenque. Entonces. que caracolean al llegar y sólo a fuerza de "chupadas" pacientes. .parece que ya lo va a tirar su parejero. abajo es una cosa tremenda. los brazos armados de rebenque se alzan y se abaten. dejan ver alpargatas y piernas. Caballos más bien ariscos. Con crin y todo. Y si bien los pescuezos y las cabezas permanecen tiesos. pues. A los otros cuatro también los traen mal. En seguida aflojan riendas.. A su vez.patrón o jefe . El polvo arde en las narices. De trapo bien forrados son el cuello y la cabeza. en vano hacen por librarse de los crueles emponchados. Arriba. Y los jinetes también rabian. Como de bestia estimada. inesperados. exactamente a la hora desde la que se permite el disfraz doce de la mañana . Pasan el camposanto. el armazón. Los corcovos. caballos. llenas de agua. copiosas.

con la cara trágica. -¡Sí.protestan. también. Con engorro acomodan sus caballos paralelamente al borde de la cantera y. flota el caballero y emergen la cabeza y el cogote de su indesprendible cabalgadura..y se precipita en el agua. de pronto. ¡Pero mire qué cosa! . -¡Consigan una piola!. -¡Hepe! ¡Hepe! ¡Hepe! ¡Hepe! . los compañeros del accidentado. -¡Eso está mal! ¡Eso está mal! . está empapado! -¡Pero mire qué cosa! . bien echados a un costado.hace descender uno. que somos los compañeros de él. pero qué cosa! ¡Pero. Cuando sube un "¡Pero qué cosa!".157 Nadie vio quién fue. corre entre llamaradas hacia la cantera. Y hace pie. -Bueno. ellos sueltan. dejando el inquirir y la venganza para después. -¡Si se corre más acá. un fósforo arrojado con malhadada puntería enciende el poncho y el arnés del que va adelante. pero lo cierto es que. sujetando el sombrero que se le cae por un costado. hacia abajo: -¡Pero.. -¡Bueno! Y se corre. pues! -¡Pero mire qué cosa! Para ver. hace pie. a cinco metros. los compañeros deben asomarse de lado. imposibilitados de apearse. Y mientras los otros cuatro se paran en seco.grita con voz lastimera. pero qué cosa! -¿Se mojó el caballo? . Se corona de gente el ancho pozo. al galope hacia la profunda cantera y dejando lo otro también para después. ¿y van a traer piola? -¡Síiii! ¡Pantaleón fue a traer la del pózoo! -¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Déjennos pasar a nosotros. Abajo. sacan la cabeza. Del despacho de bebidas salen todos. aquél. don! -¿Para dónde? ¿Para allí? -Síiii.

-¡Viene el sargento! ¡Ahí viene Mansilla! En efecto: ya pasa frente al camposanto un indiazo uniformado. Todavía con dificultades.. sin sombrero y hecho sopa. de costado. Aquélla. Son brasas los ojos del caballo policial.... . lo estorba. La bestia. Porque. dándose vuelta para atender a sus espaldas. ya cerca. Es que se oye ruido de cascos a todo lo que dan. Y por la boca le asoma como una espuma. Y chasquea abajo un violento chapoteo. Pantaleón. largo tranco desgarbado. se hace un arco. don!. ¡Y con los pies vaya ayudándoo! -Sí. como cabalgando a lo mujer. En seguida. el caballo del sargento se asusta de los otros cuatro caballos y se sienta en los garrones. -¿Cómo? ¿Así? Nadie responde. Los dos. corcovea.158 -¡Guarda! ¡Den paso! ¡Guarda! Son Pantaleón y su cuerda. Clava espuelas. El caballo del sargento se para de manos. Castiga el policía. que pesa una barbaridá por el agua!. Revuelve los ojos. volviendo a atender a la piola. bien sujeto a los hombros. -¡Agárrese. -¿Y para dónde? -¡Retirensén para atrás del montecito! A extraño. Es que ya vienen subiendo cabalgadura y jinete. grita a los amigos del caído: -¡Retirensén para que se acerque el señor!. a chorros.. Pantaleón. vuelve a atender al foso porque hacen fuerza en la piola. El caballo. bufando. ¡y no ve! . la cabeza y el cogote de su martirio. Y suelta la piola. En eso asoma el jinete. éste... el sargento llega al borde de la cantera. los cuatro atraviesan media cuadra y se ocultan entre unos sauces. provocando otra sentada y nuevos bufidos.. Abre la boca con horror.. -¡Ayude uno.sube del fondo. que ha tornado la cabeza. pero. mientras al frente los otros cuatro jinetes se arremolinan sin saber dónde meterse. rígidos cuello y cabeza. -¡Ladéelo para el costado! Échele el cogote para el costado y usted córrase para el otro costado!..

Cada aguda pitada produce a su bestia el efecto de un espolazo. Y dispone el poncho en torno al armazón en cuyo medio está. . ¡a mí que no hice nada!. Se acerca a pie.. porque esto ya se aleja demasiado de la forma equina. otra vez al camposanto. amigo! -Bueno. el sargento talonea hacia el montecito de sauces. -Yo creo que si no nos entregamos va a ser peor. Y desde allí.159 -¡Pero retíresé. el sargento pudo acercarse casi sin dificultades. pues. -¡Pero qué cosa. El sargento descabalga en este momento para poner las riendas en manos de un negro cuya marcha detiene con imperio. del monte donde echando sus pingos para un costado conseguían los cuatro amigos asomar medio cuerpo. Por eso. contra su voluntad. -¡Pero qué cosa. no! ¡Para ahí. Junto a la cantera. tienen que llevarnos a todos nosotros! Y salen del sauzal a galope tendido. Se arremolina la gente. Y allá. hasta que este otro acabe de salir! Ante lo imperioso del tono. hacen retroceder entre grandes botes al sargento. El incendio ha sido abajo. surge un clamor. Se escurre el agua. sacando el silbato. Su cabalgadura apenas si resopla entre un brillar de ojos siempre desconfiados. mientras el sargento se afirma en las crines para contrarrestar nuevas costaladas y saltos. bajo bufidos. Se le ven las piernas casi hasta las corvas. -¡A mí. -Sí. ¡por Dios bendito! Sus movimientos.. Tiembla y se arquea como si le sangrasen los ijares. -¡Para ahí. Va a dar el policía. los otros cinco de a caballo conferencian en voz baja. Le resuena el sable. ahora tiene que acompañarme hasta la comisaría. usté también. toca llamada de auxilio. -¡Para llevarlo a él. cuyo caballo vuelve a dar miedo con esos ojos y boca. no. vamos a entregarnos. amigo! Ya ha pisado en firme el emponchado. fatalmente acompañados por el armatoste que pende de sus hombros. que están los otros! Desvía el policiano y va a apostarse junto al cementerio.

sudorosos. corre solícito y la entrega al de pie en el suelo. llegan. empiezan a caminar con dificultad. -¡Vamos! ¡Vamos! ¿Ahora se van a quedar toda la tarde? ¡Si se cae que se caiga. Pero cuando el otro. costalando. A trechos se detienen y afirman el pie en el suelo. no más! Se asoma gente a la calle. ellos. Este la agarra. Sin entender la causa. Y llama alborozada para que acuda más. por el medio de la calle. En la puerta está un soldado de guardia. el sargento también se detiene. Nadie reconocería en éste al mismo grupo que. detrás. advirtiendo el abandono de la alpargata. a la distancia: -¡Oh! ¿Y ahora vuelven a creerse que están de fiesta? ¿Se creen que esto es chacota? Los arreados. con tanta fogosidad se aproximaba al cementerio. la falta de equilibrio lleva al descalzado. abrumado. estorbado por su propio caballo. De estatura tan pequeña que el más pequeño traje policial de todo el Departamento le quedó grandísimo. Los armatostes siguen sus movimientos. de que retornan por sus arisqueces. como marchan al tranco. A los otros. Pero de un despacho parten pullas. Y como de la otra acera también los befan. contra una casa. gracias a la cual mantiene tranquila a su cabalgadura. Hasta que se halló otro más chico que también le quedó grande. Es que se les ha aflojado una alpargata. ellos dan el frente a un lado y a otro. se aleja corriendo al recordar que dejó el despacho a solas y con parroquianos. cuando el jinete delantero. los señores. . el sargento grita. restregándolo. Por conservar la distancia. consigue tocarla. él y su caballo. con ojos de brasa. Se echa atrás el casco para observar a los cinco. El sargento decide emprender la marcha. Pantaleón. el sargento. -¡Pero mire qué cosa! Delante. de ya más tranquilizada cabalgadura. acentuándolos. mudos. Este saca el pie hacia atrás. mira y la apoya sobre el duro cuello de trapos retorcidos de su parejero. Ya entran en el pueblo. no se les ve nada. con la alpargata que cuelga ya casi suelta. Los cinco han perdido bríos. es decir. Dan la sensación de que se reaniman. Uno de los compañeros se aparea al del engorro. Los caballeros se enardecen. Un niño.160 -Tienen que marchar a prestar declaración. Al accidentado se le ven claramente los pantalones y las alpargatas. la piola de rastras. Nadie ha acudido a las pitadas. casi cojeando. con los párpados entornados. ratos antes.

retomaron y revitalizaron al tradicional cuento oral. tan igualito. También póstumamente apareció Veladas de fogón (1985).grita el sargento. A la izquierda. Delante de los cinco. La novela Don Juan el Zorro fue publicada íntegramente en forma póstuma en 1984. En 1950 apareció El rapto y otros cuentos. despavoridos. escribió historias rurales. En 1926 publicó su primer libro. En ellos. cierta vez. van detrás de un cogote y de una cabeza rígidos. inexorablemente. Porque derribándolos entre un brusco estrépito. Sus relatos. Francisco Espínola (Uruguay) Breve reseña sobre su obra Aunque casi desconocido en el exterior. como en los libros siguientes. Los cinco aparece en Raza ciega y otros cuentos. Es un corredor largo. un tío suyo se disfrazó así. los demás están insuperables. por lo tanto. Conocido entre sus amigos y alumnos como un notable contador de cuentos. apenas. nacido en San José en 1901 y muerto en Montevideo en 1963. Francisco Espínola. Se asoman. derribando también al embelesado.se dice tornando la cabeza de vez en cuando. fue el creador de una de las obras narrativas más estimables de la literatura uruguaya. que a la vez. -¡Páselos! .161 Salvo uno. Fue autor también de un cuento infantil Saltoncito (1930) que han leído generaciones en el Uruguay.. Escribió también el ensayo sobre estética Milón o el ser del circo. Pero no tan. De 1933 es la novela Sombras sobre la tierra que causó escándalo por situar la acción en un burdel pueblerino. . hacia la calle. están los calabozos. -¡Qué colosales! . publicado en 1954. con encanto. su profundo conocimiento de Homero. provincianas pero tamizadas por su formación clásica. saltan sobre ellos tres caballos. deteniendo su caballo a quince metros. Raza ciega. no hacia los calabozos sino hacia el portón de las caballerizas. Espínola los narraba una y otra vez hasta llegar a gastarlos es decir que en muchos casos no llegaban ni siquiera a ser trasladados al papel. Se descubren los jinetes y entran circundados por el suave rumor de las zapatillas. E indicando.. Recuerda al instante que. Esquilo y Hesíodo. dice: -¡Adentro! Se asoman los caballeros. editado por el Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social de la República Oriental del Uruguay. el arrobado soldadito pasa sin detenerse frente a las pequeñas puertas y sigue hasta llegar al fondo.

pero sabía que si hubiese tenido un dolor aquellos colores tan fuertes me habrían hecho sufrir. porque él de veras cree ser un hombre positivo por los cuatro costados. la ha fascinado. zapatos. con esa cara de buey.. que se acumulaba ante la punta en un montón resistente que yo sentía adherido al asfalto por una película adhesiva de agua de lluvia... en su pérfida ingenuidad. futuro constructor de su desprovisto guardarropa.. pero ¿por qué inventar todas esas mentiras? Roberto es un constructor. Un bruto.. joyas.. observando el bordado elegante de las hojas que sobre las aceras se aglomeraban alrededor de los árboles hasta formar una alfombra. con un tono suplicante. Yo no padecía. cuando la he interrumpido y . -En fin -dijo Livio con un furor contenido-. a lo largo de aquellos troncos en el aire ahumado y azulado del crepúsculo otoñal. con esos discursos. Diciendo esto. daban la ilusión de un oro copioso vomitado por la rotura de un cofre. Sostenían esta nube de hojas otoñales determinados árboles cuyos troncos eran de una negrura violenta y como carbonizada... tanto es así que... me pidió que no lo dejara: quería estar conmigo algo más. en cambio. es que él es rico y yo soy pobre. constructor.. mezclándose y reluciendo por el agua. que Silvia era una de esas mujeres que no saben reconocer la verdad y necesitan siempre creer que están justificadas por razones de orden moral.. me los ha ofrecido tal cual. mejor dicho. casi digna de ser deplorada como una gran riqueza inexplicablemente abandonada y despreciada. Me miró como si no hubiese entendido. eso era todo.. con la punta del paraguas yo restregaba la tierra entre la hojarasca. el verde y el amarillo. esos discursos sobre la construcción y destrucción no son cosa suya.. ja... una persona muy simple. en cuanto salimos de la casa. como todo detalle de excesiva evidencia al que una sensibilidad herida atribuye inmediatamente un significado. constructor de vestidos. son de Roberto. Empezamos a caminar delante y atrás sobre aquellas hojas.. tú un destructor. en mi ausencia. eso es lo que es. Innumerables hojas verdes y amarillas derribadas por el agua sobre el pellejo negro y graso del asfalto habían quedado adheridas haciéndolo parecer manchado como la piel de la pantera. esa frente estrecha. y después prosiguió: -La verdad. Así... En un sitio se había formado un gran montón de esas hojas..... un constructor. ja. como un papagayo..162 El amante rechazado Alberto Moravia (Italia) La calle se mostraba como una especie de túnel bajo una bóveda de diminuto y plumoso follaje verde y amarillo.. Pero ¿qué le iba a hacer? Se había ilusionado acerca de esa mujer. Por lo menos ésta sería una razón clara. y ella... ¿Has oído con qué tono ha dicho: estoy cansada de vivir entre estrecheces? Dije que lo había notado todo. que parecían empapados por toda la lluvia de los días anteriores.. le hice notar a Livio el color de esas hojas y de esos troncos. sí. Pero él meneó la cabeza y contestó que no tenía la mente como para eso.. Dulcemente le contesté. claro que lo es. o. paciencia. y era una extraña visión. Livio dijo: -Ella es una boba. esos ojos redondos..... si me hubiese dicho: amo a Roberto y a ti ya no te amo.. A continuación. Roberto un constructor. precisamente.

eso es todo.. la ciudad nos miraba desde detrás de la barrera de sus puentes. -Ah.... le importase demostrar su propia superioridad y la poquedad de esos dos... como hoy. de excursiones. Cuando la conocí ella creía que la vida fuese una cuestión de dinero. hubiese de tener para ella más valor que los halagos que le prodigaban Roberto y sus demás pretendientes. ¿y qué destruía. se ha quedado con la boca abierta y no ha sabido decir nada. Le dije que razonar de esa manera era en vano. habrá hecho con aquel pobre Santoro lo que ha hecho hoy conmigo.. con la cabeza a pájaros. por favor? Tal vez sus malas costumbres. ¿no crees que habrá sido . más que dolerse por la forzada separación de la amante. y entonces. de vestidos. ¿no se debería pedir nada a la gente? Yo sólo le había pedido que fuese una persona decente. la verdad es que ella andaba a cuatro patas. por algún tiempo. parecido a una frente pensativa y fruncida. al principio me amó precisamente porque le decía esas verdades.. y para siempre.163 le he preguntado qué entendía por constructor. inclinados o erguidos. que yo la hacía volverse fea.. allí donde desemboca en la avenida a lo largo del río.. tendida y mortecina.. Como un rostro detrás de un brazo... no era cosa de ella.. y ¿te acuerdas? Al principio conseguí que abandonase a ese Santoro.. -Sin embargo -dijo Livio como acordándose-. con las ramas elevadas hacia lo alto. malcriada. como si no hubiese ni pudiese haber en el mundo nada más. diantre. En determinados puntos las hojas muertas formaban altos montones. le habrá dicho que tú eras un constructor y él un destructor.. A lo largo del parapeto se alineaban unos plátanos que habían crecido hasta gran altura.... pero ahora ha vuelto a caer en cuatro patas.. Livio me indicó que nos acercásemos al parapeto y después prosiguió: -¿Yo destructor?...... en el gran espacio entre ambas orillas.... la he hecho caminar erguida. aunque amarga... se descubría el cielo pesado de nubes oscuras e inmóviles. me agradecía que lo hiciese.. y para lograrlo le dije que ante todo tenía que reconocer la verdad de sus propias condiciones. verdaderas tribus que murmuraban y bullían según el viento. en cambio ya has oído lo que ha dicho. para abandonarlo le habrá repetido punto por punto las mismas frases que tú en aquel momento le ibas propinando.. Mientras tanto. ella se había esforzado por seguirlo. aun discurriendo. de automóviles. Me eché a reír y le dije que las mujeres querían dulces frases y no sermones. Por encima de las defensas del río. de manera que al pasear no se veía otra cosa que troncos y más troncos. de cenitas y diversiones. que mentía constantemente ante sí misma y ante los demás. Contesté a Livio que él no podía juzgar sobre cuántas patas había de caminar la hermosa mujer que no quería tener más nada que ver con él. la cara en el comedero.... y yo.. Pero desde la cima de las copas el viento arrancaba a puñados grandes hojas muertas que caían. tenía que darse cuenta de que era pobre... habíamos llegado al final de la calle.. hasta reunirse con sus compañeras esparcidas en abundancia sobre las aceras.. -Tal vez no la halagabas lo suficiente -dije..... lo creía con ingenuidad.. yo pensaba que la verdad. me explicaba que nadie la había hablado jamás de esa manera. ¿has oído con qué tono de obstinada desolación lo ha dicho? Nadie pasaba por la avenida junto al río...... después le habían fallado las fuerzas y había vuelto a su vieja vida. una tras otra. a menos que. Probablemente le había pedido demasiado. Livio repuso: -¿Para qué sirven los halagos? Yo quería que se convirtiese en una persona. ignorante.. desagradables y duras. no podía contestarme que por constructor entendía un hombre rico y nada más. Yo volví a reír:-Probablemente..

como si todo se hubiese producido según un orden preestablecido y superior. la sensación de hacer algo sin esperanza. sin verlas... se comprende que termine por creerle sucesivamente a cada uno de ellos.... al mismo tiempo.. Tenías que pensar que nada es más fácil que un moralista revele después ser inmoral. Las hojas se elevaban del suelo girando hacia lo alto.. pero era la verdad. Yo había entrado en un gran montón de hojas. precisamente por eso. . Livio añadió: -Así que se acabó.. y. sentía que era en vano. De pronto nos encontramos en un remolino de viento.... como dice Silvia.. -Acaba con eso -dijo Livio-. y que el constructor de ayer se vuelva el destructor de mañana. y se hizo la noche. ¿qué te ha dado? Yo tenía las hojas hasta la mitad de la espinilla de tan altas y tupidas. lo hizo hundirse con toda su bruma.. que anhelabas de corazón. has obtenido lo que deseabas. en una explanada de la cual bajaban dos escalinatas hacia el río. Contestó: -Eso es verdad.. había que hacerlo. la sensación de la imposibilidad de dicho cambio. y ella lo sabe. Dije: -Tu error ha sido tomarte demasiado en serio tu papel de moralista.. y casi experimentaba placer moviendo los pies y haciendo el mayor ruido posible. Caminando en la oscuridad. -Eso. yo era el único que podía hacerle bien.. y que pese a todo.. ¿Qué frenesí es el vuestro? Esta Silvia me parece una mujer a la que no se acercan sino hombres que la quieren salvar..... Me sentía incapaz de tomarme en serio el disgusto de mi amigo. no menos querida. experimentaba una especie de sentimiento de hilaridad.. De ella. Meneó la cabeza y contestó: -Será como dices tú. ella te ha inspirado la voluntad de cambiarla... pero lo que hace que yo sea distinto de los demás es que durante todo el tiempo. contesté: -Entonces no te quejes. El crepúsculo se había ya convertido en una penumbra casi nocturna. mientras hacía toda clase de esfuerzos de cambiarla. Me reí: -Cuántas cosas querrías -dije...... más no podías esperar.. tal vez tú nunca hayas experimentado esa sensación.. de constructor... La masa gris de un autobús de rojos faroles encendidos...... se acabó -dije como un eco arrastrando los pies entre las hojas. pasando y desapareciendo por una calle transversal. y por eso está tan empecinada contra mí. pero esa sensación de fundamental vanidad era justamente lo que me hacía persistir y me hacía amar a Silvia.164 así? Él dijo con estupor: -Así ha sido. pero no quita que perderla sea muy amargo.. me parecía estar entregado a una empresa que no tenía ninguna posibilidad de éxito.. Más aún.

En 1933 funda junto a Mario Pannunzio. L´Europeo e Il corriere della será. Vuelve a Roma con el anuncio de la Resistencia italiana. Desde 1984 hasta su muerte en 1990 fue representante de Italia ante el Parlamento Europeo. turco. Su primera y gran novela fue escrita durante la larga convalecencia de sus años de adolescencia y publicada en 1929 bajo el título Los indiferentes. críticas de cine y relatos en los periódicos Il Mondo. no pudo cursar estudios regulares y apenas obtuvo título secundario. que a esa hora estaba sin clientes. -¿Está muerto? -Por supuesto. En 1953 funda la revista literaria uovi Argomenti. El conformista (1951). desde donde publica reportajes. Le seguirán La mascarada (1941). El desprecio (1954). Enfermo de tuberculosis ósea y obligado a guardar cama durante cinco años. Inés? -Lo que oíste. -¿Y ahora qué vas a hacer? . I Racconti (1952) por el que obtuvo el Premio Strega.165 Alberto Moravia (Italia) Breve reseña sobre su obra Escritor y periodista italiano nacido en Roma en 1907 en el seno de una familia burguesa acaudalada. El comerciante sacó su pañuelo blanco y se tapó la boca. Sus obras han sido adaptadas al cine y traducidas a varios idiomas. -¿Cómo dices. El huésped de la maestra Isabel Allende (Chile) La Maestra Inés entró en La Perla de Oriente. las revistas Caratteri y luego Oggi. Durante ese período se instruyó con numerosas lecturas. En 1930 inicia su colaboración con La Stampa y Gazzetta del Popolo. La mujer de Ciociara (1959). reflexiones. aprendió francés y alemán y comenzó a escribir. Desde 1927 publica sus primeros cuentos en la revista 900. Su lucha contra el fascismo lo obliga a refugiarse en el interior de su país. Editorial Alianza. uevos cuentos romanos (1960) y la novela El aburrimiento (1960) El amante rechazado aparece publicado en Relatos II. La romana (1947). se dirigió al mostrador donde Riad Halabí enrollaba una tela de flores multicolores y anunció que acababa de cercenarle el cuello a un huésped de su pensión. Cuentos romanos (1954).

formándolo. consolando a la madre. peregrino del comercio. que transformó la vivienda en un fósil de dimensiones prehistóricas. entonces cedió el paso a otras maestras llegadas de la ciudad con nuevos silabarios y ella se retiró. le disparó un tiro de fusil con intención de asustarlo. de grupa firme y hombros recios. aplicándole las mismas normas de disciplina que a los otros niños de la escuela. volvió a casarse y siguió vendiendo. Por su parte Inés educó a varias generaciones de criaturas con el mismo cariño tenaz que le hubiera dado a su hijo. turco. sin brújula ni rumbo fijo. hasta que la venció la fatiga. cansado. que reventó en un jugo espeso. la única maestra de la aldea. y ella era una mujer todavía joven. se encontró en el centro del suceso. -Ando aturdida. enviudó. organizando el funeral como si fuera un miembro de la familia y sujetando a la gente para evitar que despedazara al responsable. impregnando las paredes de una sangre dorada de un pus dulzón. La muerte del niño. atormentada por la infinita diligencia de las larvas y los mosquitos de la descomposición. Se casó. nacido de un amor fugaz. Olvidó su ancestro de nómada y se quedó en la aldea. La misma tarde en que Riad Halabí entró en Agua Santa por un extremo. En pocas semanas el sol fermentó la fruta. en cambio. el papel que le tocó jugar en esos días y la acogida que tuvo en Agua Santa determinaron la existencia de Riad Halabí. de pensamiento claro y corazón bondadoso. solitario. Entretanto. con el paladar partido como un conejo y unas ganas insoportables de sentarse a la sombra. En ese momento el comerciante descubrió su vocación de jefe y sin saber cómo. Se había metido en un terreno ajeno a recoger un mango y el propietario. Allí instaló su almacén. El hijo era el centro de la vida de la maestra. La Perla de Oriente. Todos los habitantes de Agua Santa pasaron ese día acarreando mangos. Él era entonces uno de esos vendedores viajeros que van por los caminos ofreciendo sus mercaderías. que lanzaron por las ventanas hasta llenarla casa por completo. el asesino comprendió que le sería muy difícil salvar la vida si se quedaba allí y escapó del pueblo dispuesto a no regresar jamás. desde el suelo hasta el techo. -Será mejor que cierre la tienda -suspiró Riad Halabí. Se conocían desde hacía tanto. lo cuidaba con una dedicación inflexible y apenas lograba disimular su tendencia a mimarlo. Me estoy muriendo sin darme cuenta -comentó. mientras crecía su prestigio de hombre justo. que ninguno podía recordar el número de años. . para que nadie pudiera comentar que lo malcriaba y para anular la herencia díscola del padre. Al dejar las aulas sintió que envejecía de súbito y que el tiempo se aceleraba. una enorme bestia en proceso de podredumbre. un inmigrante árabe con un falso pasaporte turco. aunque ambos guardaban en la memoria cada detalle de ese primer día en que iniciaron la amistad. un afuerino a quien nadie conocía por esos lados. por el otro un grupo de muchachos trajo el cuerpo del hijo de la Maestra Inés en una improvisada angarilla. marcándole la mitad de la frente con un círculo negro por donde se le escapó la vida.166 -Eso mismo vengo a preguntarte -dijo ella acomodándose un mechón de cabello. A Riad Halabí le tocó a la mañana siguiente encabezar a la multitud que marchó del cementerio hacia el sitio donde había caído el niño. madre de un niño de doce años. los días pasaban demasiado rápido sin que ella pudiera recordar en qué se le habían ido las horas.

sólo descansaba en la sala un huésped bebiendo cerveza con la vista perdida en la televisión. preso a causa de una borrachera. con la vista fija en el suelo. -¿Dónde está? -susurró el comerciante árabe. con trinitarias moradas trepando por las columnas y maceteros de helechos colgando de las vigas. Nada la detenía en el ejercicio de ese poder. era consejera. -Una cama limpia y un desayuno caliente son bendiciones para los viajeros de paso. Inés se quedó de pie. tratando de controlar el sobresalto de su estómago. La Maestra Inés era la matrona más respetada de Agua Santa. pasó por delante del Teniente sin saludarlo. con los brazos cruzados sobre el pecho. Riad Halabí se sentó en la única silla del cuarto. Inés. Así fue. calculando que necesitaría dos días para lavar las manchas y por lo menos otros dos para ventilar el olor a mierda y a espanto. -Tampoco hay turistas -alegó ella. En una ocasión se metió en el retén. porque la conocía demasiado. los esposos la consultaban en sus peleas. Era una de las mejores construcciones del pueblo. como si estuviera pidiendo disculpas por tanto alboroto y sangre y por el lío tremendo de haberse dejado asesinar. El día en que Inés fue a anunciarle que había matado a un cliente.167 -Estás tan sana como siempre. Las persianas estaban corridas y necesitó unos instantes para acomodar los ojos y ver sobre la cama el cuerpo de un anciano de aspecto inofensivo.-En este pueblo no hay hotel. la del médico o la de la policía. pero ella le dio un empujón y se llevó al muchacho cogido por el cuello. todos unidos por un largo corredor techado. alrededor de un patio donde crecían nísperos y plátanos. . A esa hora parecía vacía. árbitro y juez en todos los problemas. de adobe y madera. con un porche amplio donde se colgaban hamacas en las siestas más calurosas. no debes estar ociosa -replicó Riad Halabí y le dio la idea de agregar unos cuartos en su casa y convertirla en pensión. -En una de las piezas de atrás -respondió ella sin bajar la voz. Lo condujo a la hilera de cuartos de alquiler. un forastero decrépito. La tomó del brazo y caminó con ella las dos cuadras que separaban La Perla de Oriente de la casa de ella. principalmente para los camioneros de la Compañía de Petróleos. Riad Halabí no tuvo ni la menor duda de que hablaba en serio. lo cual le daba autoridad para intervenir en las vidas de cada uno y tirarles las orejas cuando lo consideraba necesario. su autoridad era más sólida que la del cura. cogió las llaves que colgaban de un clavo en la pared y sacó de la celda a uno de sus alumnos. Lo que pasa es que te aburres. con los pantalones manchados de excrementos. la cabeza colgando de una tira de piel lívida y una terrible expresión de desconsuelo. Había educado a todos los niños del lugar durante varias décadas. El oficial trató de impedírselo. Las muchachas le llevaban sus novios para que los aprobara. nadando en el charco de su propia muerte. Una vez en la calle le propinó un par de bofetones y le anunció que la próxima vez ella misma le bajaría los pantalones para darle una zurra memorable. baños con agua corriente y ventiladores en todos los cuartos. que se quedaban a pasar la noche en la pensión cuando el cansancio y el tedio de la carretera les llenaban el cerebro de alucinaciones. Inés abrió la última puerta y Riad Halabí entró en la habitación en sombras.

cómo se te ocurre. Ha cambiado mucho. segura de que vendría. Vino a pasar unas horas aquí mientras el italiano del garaje le conseguía otro de repuesto. diente por diente. según parece. todos hemos envejecido. pero lo reconocí al punto. así es la vida. que fueron repitiendo de casa en casa como un incontenible rumor. -Alá nos ampare -murmuró Riad Halabí. vuelvo en la noche. pero aún conservaba el mismo vigor de la juventud y el mismo espíritu que lo colocó a la cabeza de la muchedumbre el día que llegó a Agua Santa. -Bueno. este viejo no pensaba detenerse en Agua Santa. Inés. Salió de la casa de la Maestra Inés y se encaminó con paso rápido a la primera de varias visitas que debió hacer esa tarde.168 -¿Cómo lo hiciste? -preguntó por fin Riad Halabí secándose el sudor. tiene que manejar hasta la capital. Antes de la puesta del sol ya se sentía en el aire esa alborozada inquietud que en los años . ¿Cuántos huéspedes hay en la casa? -Sólo un camionero. entonces podemos acomodarlo un poco y decir que se suicidó. -No lo toques. excitados por la más fantástica noticia. él mató a mi niño. En las horas siguientes un cuchicheo persistente recorrió al pueblo. Ni cuenta se dio. iba cruzando el pueblo y una piedra le rompió el vidrio del carro. -Con el machete de picar cocos. -¿Qué vas a hacer? -Voy a arreglar esto a mi manera. Es el hombre de los mangos. -Estoy en mi derecho. Se irá apenas refresque. -¿Por qué? -Tenía que hacerlo. Me vine por detrás y le di un solo golpe. Riad Halabí tenía sesenta y cinco años. tarde o temprano. una noticia que pujaba por estallar en gritos y a la cual la misma necesidad de mantenerla en un murmullo le confería un valor especial. -No lo entendería. -Bien. -Ojo por ojo. pobre diablo. cuyos habitantes se sacudieron el sopor de años. Lo esperé muchos años. no recibas a nadie más. -¿Te parece que debemos llamar al Teniente? -Ni de vaina. Cierra con llave la puerta de esta pieza y espérame. Inés. turco. ¿No dice así tu religión? -La ley no funciona de ese modo. Mira qué mala suerte.

el sendero y hasta los despojos de la casa. había quemado la ropa de cama. En el resplandor de la luna vieron la propiedad invadida por la hierba maligna del abandono. la Maestra Inés le tomó las manos y las retuvo un instante entre las suyas. unos jugando dominó. sino sólo un villorrio insignificante. donde depositaron el saco de lona. La camioneta se dirigió al lugar donde muchos años antes el hijo de la Maestra Inés se inclinó por última vez a coger una fruta. las mujeres salieron a las aceras con sus sillas de cocina y se instalaron a tomar aire. Atravesaron todo el pueblo por la calle principal. porque se había quedado la ventana abierta y era la hora de los mosquitos. abriéndose paso a machetazos. al borde de la selva. pero nadie andaba con ánimo para ese tipo de devociones. En la puerta. las frutas se caían de las ramas y se pudrían en el suelo. incomprensible para los forasteros de paso. pero menos bárbaro que las corridas de toros. Cuando consideraron que ya habían avanzado bastante. alegaron los hombres. otros bebiendo ron y fumando en las esquinas. Riad Halabí fue el último en despedirse. bárbaro deporte. de la cual sólo quedaba un rastro casi imperceptible de olor a mermelada. las abuelas husmeando por las puertas abiertas. Algunos les devolvieron el saludo con exagerado entusiasmo. Los hombres encendieron sus lámparas de queroseno y echaron a andar bosque adentro. riéndose con disimulo. donde encontraron el cadáver cubierto de insectos. Metieron al infeliz en un saco de lona. lo sacaron en vilo hasta la calle y lo echaron sin mayores ceremonias en la parte de atrás del vehículo de Riad Halabí. los jóvenes acudieron en masa a la plaza como si fuera domingo. se sentía viejo. La comida transcurrió con alegría comentando las últimas riñas de gallos. ventilado la casa y esperaba a sus amigos con la cena preparada y una jarra de ron con jugo de piña. mientras otros fingieron no verlos. dando nacimiento a otras matas que a su vez engendraban otras y así hasta crear una selva hermética que se había tragado los cercos. las madres correteando a sus hijos. que celebraban un cumpleaños. Antes de cubrirlo de tierra. El cura encendió los faroles de la parroquia y echó a volar las campanas llamando a rezar el novenario de San Isidoro Mártir. cavaron un hoyo profundo. según dijeron. . por primera vez en su vida. Entretanto la Maestra Inés había lavado con agua y jabón las paredes y los muebles del cuarto. saludando como era la costumbre a las personas que se les cruzaron por delante. a los pies de un gigantesco árbol abrumado de fruta. Desde temprano empezaron a llegar los hombres a la taberna. uno de ellos señaló el suelo y allí.169 siguientes sería una característica de la aldea. que no podían ver en ese lugar nada extraordinario. El Teniente y sus hombres dieron un par de vueltas de rutina y después aceptaron la invitación de las muchachas del burdel. cada uno ocupado en lo suyo con tan aparatosa diligencia que parecían estar posando para una película. porque no conocía otras. el médico del pueblo y cuatro jóvenes que ella había educado desde las primeras letras y eran ya unos hombronazos de regreso del servicio militar. Al anochecer había más gente en la calle que un día de Todos los Santos. como tantos otros. las luces continuaban encendidas en todas las ventanas y por las calles transitaba la gente. según la Maestra. Regresaron al pueblo a medianoche y vieron que todavía nadie se había retirado. Riad Halabí los condujo hasta el último cuarto. deteriorada por la decrepitud y los malos recuerdos. algunas parejas paseando de la mano. A las nueve y media se reunieron en la casa de la Maestra Inés el árabe. Esa noche. como niños sorprendidos en alguna travesura. donde un matador colombiano acababa de perder el hígado. una colina enmarañada donde los mangos crecían salvajes. Riad Halabí dijo una breve oración musulmana.

Inés? -Porque tú eres la persona que más quiero en este mundo y porque tú debiste ser el padre de mi hijo. En 1989 fue designada miembro de la Academia de la Lengua Chilena. los libros de relatos La gorda no es de porcelana (1984) y Cuentos de Eva Luna (1989). Eva Luna (1987). ew York State University. Ha recibido los premios Mejor Autor y ovela del Año en Alemania en 1984. En 1975 y a raíz del golpe de estado encabezado por el general Pinochet. Perú. y diversas publicaciones autobiográficas y obras teatrales. el Grand Prix d'Evasion.. Florida Atlantic University. Isabel Allende (Chile) Breve reseña sobre su obra Escritora chilena nacida en Lima. el Premio Literario Colima en México en 1986.UU. en 1942. realizó colaboraciones para la revista infantil Mampato y trabajó en la televisión chilena. Al día siguiente los habitantes de Agua Santa volvieron a sus quehaceres de siempre engrandecidos por una complicidad magnífica. Columbia College Chicago y Università di Trento. De amor y de sombra (1984). El huésped de la maestra pertenece a Cuentos de Eva Luna. residiendo especialmente en Bruselas y Suiza. Retrato en sepia (2000). Inés del alma mía (2006) y La isla bajo el mar (2009). el XV Premio Internazionale I Migliori Dell'Anno en Italia en 1987. Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2003 en Chile. se autoexilia con su familia en Venezuela donde trabajará para el diario El acional. en Francia en 1984. por un secreto de buenos vecinos. hasta que la muerte de la Maestra Inés nos liberó a todos y puedo yo ahora contarlo. el Grand Prix de la Radio Television Belge en 1985. Entre sus publicaciones se cuentan las novelas La casa de los espíritus (1982). El plan infinito (1991). Ha sido nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad de Chile. pasándoselo unos a otros por muchos años como una leyenda de justicia. publicados por Ediciones De Bolsillo. La ciudad de las bestias (2002). Pasó largas temporadas en Europa. el Premio acional de Literatura de Chile 2010 y el Premio Hans Christian Andersen de Literatura 2010 en Dinamarca.170 -Gracias. . tomó parte en la redacción de la revista Paula. Independent Foreign Fiction Award 1993 en Inglaterra. Trabajó para la Organización de las aciones Unidas. turco -le dijo. Hispanic Heritage Award for Literature 1996 en EE. que habrían de guardar con el mayor celo. -¿Por qué me llamaste a mí.

esperaba encontrarlos a todos dormidos como troncos.171 Atadura mortal Julian Maclaren-Ross (Inglaterra) Esa noche yo estaba de guardia. Eran cerca de las diez y. En punto. llenó el cuarto por entero con su volumen. Algún plan. -¡Malditos hijos de puta! -llegó el grito-. Todos tenían un aspecto de tanta expectativa que dije: -¿Qué pasa?. Pero estaban levantados. avance. El aullido se apagó y se transformó en palabras. Pero era evidente que estas ocultaban algún tipo de hombre. -Todo un circo -dijo el cabo Weemes. atención! -surgió de debajo de las mantas-.. los bomberos y todo. recién había dejado el puesto.. como el aullido de un lobo. hacia aquello que yo había interpretado como una pila de mantas tiradas. -Las diez -dijo-. A los gruñidos les sucedió un sonido espantoso. porque mientras las miraba comenzaron a moverse y retorcerse: al mismo tiempo salieron una serie de gruñidos por debajo de ellas. a medida que estas se caían y surgía una cabeza. sentado arriba de la misma mesa. Está por empezar. malditos! ¡Maricones de mierda! -Está bien. tenía buena voz para el mando-. ¡Presenten armas! ¡Descansen! -De algún modo. El cabo Weemes miró su reloj. Caga a gritos a esos maricones. -¿Kelly? Señalaron un rincón del cuarto. el jefe de guardia. Compañía. Espera que entre en acción. retorciéndose de risa. algunos de pie por ahí. Los compañeros saltaron en el banco. algunos sentados en los bancos junto a la mesa y el cabo Weemes. cuando entré en el cuarto de guardia. -¡Compañía. junto a la mesa con el teléfono. aterrador. algunos aplaudieron con alegría. Es Kelly. Al principio estaba amortiguado por las mantas pero. -No. . -Empezó -dijeron. Kelly -gritó alguien desde el banco-. -Empieza -dijeron-. ¡Les enseñaré. ¡A la derecha! -Pero ¿está dormido? -dije. Siempre comienza a las diez. no -dijeron-. Ininteligibles al principio. ¿Está enfermo? -¡Shh! -dijeron-. se convirtieron en un claro grito: "¡Malditos hijos de puta!". -¿Qué le pasa? -dije-.

de alrededor de veinte años. Kelly! -gritaron-. desgraciados! -Un sargento mayor con todas las letras. entró apurado. ¡Vamos. Lo tienes entre las cuerdas. Se incorporó. Kelly. Estaba confundido. -Joan -susurró-. Aquí viene el sargento mayor del Regimiento. dando saltos con un pie y con el otro-. apretándola fuerte. -¡Cuidado. Se cayó y rodó. -Está bien entonces. cabo. La mochila -en su cabeza.172 -Seguro --dijo el cabo Weemes-. Abandonó el boxeo por la lucha libre y le dio un mordisco a la pomada para los zapatos que estaba en el bolsillo de la mochila. ¡Te busca. -¿Me he perdido algo? -preguntó-. -El cabo interino Staines se sentó junto a la mesa con el teléfono.evidentemente le devolvió el golpe: se balanceó a un lado y a otro y se cayó. La transición de la revista de tropas a una chica era demasiado para que contestara de inmediato. La metáfora del boxeo está justificada porque la mochila. muchacho Kelly -gritaron-. ¿Hace cuánto que empezó? -Está a tiempo. uno casi se cae del banco-. todavía dormido. ahora. -¿Joan? -masculló Kelly. con todo el equipo puesto. Los compañeros estaban encantados-. y al mismo tiempo susurró "Querida". Pero el golpe no lo hizo volver en sí. Luchó cuerpo a cuerpo con ella y lanzó un puñetazo corto a las correas. que antes había representado a su chica. pero por fin logró sacársela de encima. Kelly. Una se quedó enganchada con sus botas. Está soñando. se había transformado aparentemente en un enemigo mortal. ¿no? -dijeron con admiración. Abrazó la mochila y. Así es. en el sueño de Kelly. se subió a ella. -¡Vamos. bien cerca de Kelly. ¡Joan! ¡Despierta! -Joan es su chica -me explicaron. Pero la idea de Joan evidentemente predominaba en su cabeza. amigo! Kelly tiró de una patada todas las mantas. Kelly! -gritaron los jóvenes-. Los compañeros se desternillaron de risa. ¡Lo calaste bien! -¿Dónde está Joan? -le preguntaron luego-. Te está buscando. Junto al cuadrilátero. mi corazón. Joan! -gritaron. ¡Dile todo! Esto alentó a Kelly a volverse apasionado. Hasta ahora sólo llegó a Joan. El cabo interino Staines. moreno. el suboficial a cargo de los bomberos. Lo dejaste "grogui". musitando "¡Desgraciado hijo de puta!". amigo! Kelly hizo todo lo que pudo. -Al carajo el sargento mayor del Regimiento -respondió Kelly. . Kelly. -¡Sí. ¡Levanten los pies. -Y besó la mochila. se quedó boca arriba murmurando "Querido corazón" y buscando la mochila a ciegas. golpeándose ruidosamente la cabeza contra la puerta. ¿ves? -¡Peguen la vuelta! -gritó Kelly en sueños-. y quedó al descubierto que era un joven pequeño. Kelly! -gritó alguien-. ¡Dale y noquéalo.

-Seguro que se despertará -dije. recién salió del calabozo. esquivándolo ágilmente. Comenzó a cantar con una voz espantosamente desentonada-. -No lo creas -dijo uno de los tipos-. sacudía la cabeza. un chorro de obscenidades salió de la boca de Kelly. A veces tenemos que apurarlo un poco. Luego volvió a decir-: ¡A la mierda con el ejército! -En un tono tan estridente que el cabo interino Staines se levantó de un salto de la silla. retrocedió. tres. de los tiradores del pantalón y lo colocó vertical. En esta postura tenía un aspecto tan raro que todo el mundo explotó de nuevo en una carcajada.. ¡Vamos. -Y los compañeros se palmearon las rodillas y comenzaron a bailar encantados a su alrededor. Algo escurridizo a su manera. con la cara pegada a los tablones del piso. -No sé -dijo el cabo Weemes-. Kelly! -dijo con voz de mando-. -¿La bayoneta? . Tampoco putea a menos que esté soñando. -¿No le gusta el ejército? -pregunté. no es un mal tipo. Con la otra mano le propinó una linda bofetada en la oreja.. que se balanceó con suavidad. Denme mi ropa. -¿Alguna vez lo metieron tras las rejas? -Muchas. Uno de los tipos comenzó a contar en voz alta:-Uno. No siente nada. -Ya está -dijo Staines. Ya es suficiente. De hecho. Kelly se cayó de cara al piso y quedó tendido. experto en lucha libre. Staines. la sangre que le salía de la mano herida chorreaba sobre las mantas. cuatro. Si lo miras durante el día pensarías que es incapaz de matar una mosca. Una vez. no de verdad.. Pero los ojos de Kelly permanecían obstinadamente cerrados y. -¡Vamos. -No puedo levantarme -susurró Kelly con voz perpleja. y estaba parado sobre la cabeza con las rodillas dobladas. Lanzó un golpe al aire y no dio en el blanco. Como liberado por estas palabras. fue bastante fuerte como para que la cabeza de Kelly se estremeciera sobre sus hombros. Sin embargo. y lo soltó. ¡Al carajo la policía militar! ¡Al carajo con todos ellos! Denme mi ropa de ciudadano. aturdido por los golpes.173 deslizándose junto a la pared. muchacho. -¡Al carajo con el ejército! -gritaba Kelly en sueños-. Pronto quedó claro que sus insultos no estaban dirigidos a nadie en particular sino al ejército en general. como si estuviera a punto de hacer una vuelta carnero. Aunque no fue violenta. despierta! Tomó a Kelly.. dos. En su lugar le dio a la puerta y se lastimó la mano. una de sus botas pateó a Staines en la rótula. Hammond le pegó con una pala en el coco y no lo despertó. pero al mismo tiempo desenvainó la bayoneta de la funda y la arrojó sobre la mesa del teléfono. Pero Kelly continuó lanzando palabrotas. Nada lo despierta cuando empieza con el show. O sentía que su apreciación de la disciplina se veía ultrajada o bien temía que el oficial de turno escuchara. -¿Qué hace cuando no duerme? ¿Es boxeador? -Al contrario. Lo habían declarado vencido. sabes. como si fuera un acto reflejo. Anoche. Vago.

Después de cerca de un cuarto de hora. -Ajá. No te acusan de nada. -Lanzó una risita ahogada-. Así que la escoba quedó abandonada. la bayoneta de vuelta en la funda. tendido en el piso. No con la escoba. -¿Crees que al viejo Kelly también le darán la baja? -No. todo mientras dormía. piensa que estamos bromeando. No te hagas problema. Hoy pidió licencia. miramos y allí estaba. Los sollozos se acallaron y fugazmente recorrió su entero repertorio: "Querido corazón". no está loco. Está bien. ¡Me acusan y no he hecho nada! ¡No le he hecho nada a nadie! -Su cuerpo se estremecía por los sollozos. Armó el fusil con la bayoneta. . -Está bien. Caramba. Luego dejó caer la cabeza pacíficamente hacia atrás y de inmediato comenzó a roncar. No cree que lo hace.. "Atención Compañía". Debería ver al doctor o al psiquiatra. se pone complicado.174 -Sí. -¿Por qué no lo licencian por enfermedad. -¡Nah. Un tipo singular este condenado Kelly. -¡Qué te parece! -dijo Williams-. Todos estábamos muertos de miedo. ¿Recuerdas. -Pero no debería casarse si sufre estos ataques. Pero ahora Kelly comenzó a llorar. "¡Malditos hijos de puta!". Su noviecita. Le dieron de baja y todo a Wiggs. -No serviría de nada -dijo Weemes-. amigo Kelly. finalizando con el decisivo "¡A la mierda con el ejército!". esa vez que caminó dormido? En la Compañía DON. Mientras tanto uno de los compañeros había tomado una escoba y bailaba alrededor de Kelly y lo golpeaba en las costillas con la punta. era evidente. De inmediato los compañeros se reunieron a su alrededor.? -le pregunté al cabo Weemes. -¿Psiquiatra? ¿No es ese el tipo que cuando llevaron a Wiggs dijo que estaba loco? -Ajá. dormido como una piedra. Williams. realizaba débiles esfuerzos para quitarle la escoba. Ha visto al cura. no hay duda. déjalo tranquilo! ¡Baja esa escoba! -No es justo fastidiarlo así. No recordará nada cuando se despierte. y empezó a correr por la barraca. Kelly. ¿no te parece? -¿Se casa? -dije. El espectáculo. había concluido. Kelly se convenció. -Se casa la semana que viene -dijo otro hombre-.. Luego volvió a la carga. -Y poco a poco. La sorpresa que le espera la primera noche. -Me agarraron de nuevo -sollozaba-. Joan. -Salimos corriendo y cerramos la puerta. amigo. -¿Qué hicieron? -pregunté. No me olvidaré mientras viva. Esta cómica escena originó un mar de protestas por parte de los demás. A veces. Dos compañeros se adelantaron y lo cubrieron con las mantas. ¿sabes? Cuando le contamos. El pase firmado y todo.

The Funny Bone (1956) y Until the Day She Dies (1960). Fue vendedor de aspiradoras a domicilio. editado por La Bestia Equilátera. Al catre. Tranquilo como una seda. El cabo Weemes miró su reloj. guionista de cine y de documentales para la BBC. muchachos. Partículas Dvora Barón (Israel) Cuando murieron sus padres la trajeron al pueblo desde la aldea de Bijov. A menos que suene la alarma. vigoroso. Atadura mortal pertenece a Tostadas de Jabón y otros cuentos. como un objeto indeseado. . y en el transcurso de pocos días fue pasando de mano en mano. Bitten by the Tarantula (1946). The ine Men of Soho (1946). El aldeano que la trajo se la entregó a unas mujeres en el vecindario del valle. sentado en el banco con una novelucha de suspenso. ¡marche rápido! Sonó. sin sueños ahora. cuentista. Todos nos dirigimos a la cama y bien pronto estábamos dormidos por completo: incluso Kelly. No se despertará hasta la diana. un casco de acero. la puerta se cerró detrás de ellos. Ya basta. novelista.175 -¿Estará bien ahora? -pregunté. Su única posesión era un atado que contenía alguna ropa de cama y los resabios del calor de la mano materna. acurrucado entre las mantas con la sangre que se secaba en la mano herida. Falleció en 1964. El cabo interino Staines se puso de pie y dijo con su voz de revista de tropas: -Vamos. que se esfumaron rápidamente en medio del frío de ese lugar que le era ajeno. Sólo el cabo Weemes se quedó despierto. Julian Maclaren-Ross (Inglaterra) Breve reseña sobre su obra Escritor inglés nacido en Londres en 1912. El bombero de guardia de turno. -Bien. volvió a Inglaterra para alistarse en el ejército aunque fue expulsado al poco tiempo. Diez y cuarenta y cinco. roncaba feliz para sus adentros. Entre sus trabajos se cuentan The Stuff to Give the Troops (1944). porque un jefe de guardia no debe dormir cuando está de servicio. -Bien. Educado en el Sur de Francia. un rifle al hombro.

Continuó ganándose la vida igual que antes. desnudándolas y golpeándolas sin consideración. A la edad de ocho años. pero cuando llegaba la víspera del sábado Jaie Frume se encargaba de que volvieran a reinar allí el orden y la limpieza. Y esa apariencia suya hacía que se viera privada aun de esas pequeñas muestras de simpatía que la gente está dispuesta a brindar a cualquier criatura que deleite sus ojos. Y la ropa. una vez tronchado el árbol a cuyo abrigo crecía. era tan aterrador que atrajo a los fieles que se congregaban a esa hora para rezar en la sinagoga cercana. ya que su cuerpo había engordado por la abundante alimentación que había recibido durante su convalecencia. ayudando en sus quehaceres a las mujeres del valle. pero sus músculos habían ganado vigor. Pero no bien estuvo en condiciones de levantarse y de sostenerse sobre sus piernas. debido a su pierna resentida y a su pesadez. de modo que generalmente lograba satisfacer a los que requerían sus servicios. pero finalmente. A los doce años ya sabía pulir un samovar. Su llanto sobre el suelo cubierto de hielo. con su vestido de aldeana. bajo la fría luz del alba. Sus movimientos habían perdido agilidad. En su orfandad se sentía como una planta que. encender el hogar y acarrear agua del pozo. como la niña siempre tenía hambre. mientras en un frío amanecer caminaba hacia la casa en la cual le habían prometido el desayuno. La trasladaron a una casa e incluso llamaron a un médico.176 Aquellos que le permitían pernoctar en su casa le asignaban de mala gana un lugar encima de un banco o un rincón junto al hogar. había quedado expuesta al embate de los vientos. que entonces tenía cinco años. la envió nuevamente al valle. y los dueños de casa no pisaban el suelo que ella lustraba sin antes quitarse los zapatos1. encandilaba con su blancura. fracturándose una pierna. después que la restregaba enérgicamente en la tina. resbaló y cayó. Jaie Frume volvió pues a andar por ahí. Una anciana que vivía en la comarca de la montaña la recogió en su casa por compasión. Los vidrios de las ventanas que lavaba reflejaban la luz del mundo. Muchos se ocuparon de ella durante un tiempo con la diligencia característica de los benefactores. Jaie Frume. observaba con ojos muy abiertos cómo manos extrañas retiraban las fundas de sus almohadas. con su cabello ralo y desteñido en desorden y con su cara poco agraciada. Rentaron para ella una habitación en una hostería y le traían sopa y pan. pero previamente se aseguraban de que no padecía ninguna enfermedad de la piel y revisaban las cosas que traía en el atado para constatar su higiene. todos desaparecieron y ella volvió a ser una "niña de la calle". . En las viviendas modestas la sala era utilizada también frecuentemente como taller o como tienda para la venta de diferentes artículos. pero ahora lo hacía con menos presteza.

con la mirada gacha. el cálido vapor de los manjares sabáticos y la buena disposición de la dueña de casa junto a la cual trabajaba despertaban en su interior la ilusión de sentirse protegida y de formar parte del ambiente de placidez que la rodeaba. mezquinándole incluso el saludo que la gente intercambia entre sí espontáneamente. Pero su madre. entre los objetos inanimados. Entonces Jaie Frume extendió hacia ella sus dedos temblorosos. Se marchó entonces y ya no volvió a esa casa. se hubiera topado con una pared. desparramó en la penumbra de la cocina la mata de su cabello rubio y sedoso. . al igual que todos aquellos a quienes a veces dirigía una mirada implorante o expectante. que suelen rechazar a todo aquel cuyo aspecto no les resulta placentero. y entonces ella componía su ropa. renqueando en medio del vacío que percibía a su alrededor. Su piel era muy blanca. como en busca de ayuda. Ella se alejaba entonces. Sacudía los almohadones de pluma hasta que éstos se hinchaban y se erguían como capiteles en la cabecera de la cama. -¡¿Cómo te atreves a acercarte a ella con tus patas de palo?! Por un momento miró con tristeza sus manos empapadas con el agua del fregadero y buscó con la vista los ojos de la vecina que en ese momento se encontraba allí. tratando de hacer su trabajo alejada de todos. y para que los candelabros volvieran a refulgir como el oro. tomaba la cesta y se retiraba. Un viernes por la tarde. amarillo brillante como la yema de huevo.177 Bastaban unos pocos movimientos de sus manos para que los bancos de madera recuperaran su color original. que se encontraba junto al horno. Prefería aislarse en el fondo del patio o en un rincón de la cocina. como ante algo sagrado. Pero la mujer. y los leños del fogón. Este tenía una hija cuya presencia despertaba en Jaie Frume sentimientos que hasta entonces sólo el recuerdo de su madre le había inspirado. se abalanzó iracunda sobre Jaie Frume blandiendo el palo de amasar. mientras se lavaba la cabeza. La niña recogió su cabello y sólo atinó a retroceder sorprendida. y cuando sonreía sus ojos se llenaban de reflejos cálidos como el sol. a partir de entonces. simulaban no verla. A veces trabajaba en lo del bedel de la sinagoga. Pero no bien finalizaba las tareas que le habían encomendado le entregaban su paga. ya que la fuente que lustraba le devolvía su brillo amistoso. A veces su propia vitalidad. Y en todas las otras anduvo. no reaccionó. la alegraban con sus llamas juguetonas. -¡Ahí va la renga Jaie Frume! -exclamaban a su paso los niños que jugaban en la calle. Fue como si en lugar de hallar un espejo en el cual esperaba reflejarse. Era una niña afable. cuando los encendía. Y los adultos.

en la casa del panadero. Trajeron a la novia. Pero la ceremonia se llevó a cabo con toda solemnidad y en medio de un clima festivo. -Podrás hornear tu propio pan -la alentó. que esta vez eran más significativos que nunca. Y las mujeres del valle apoyaron sus palabras: -Seguramente no desearás continuar hurgando por siempre en los desperdicios de los demás -dijeron. Pero el sábado al mediodía. mientras ella trabajaba la masa en la artesa. toda ella pareció ir cubriéndose de moho. en dirección a Kaminka. su habla se volvió con el tiempo lenta y dificultosa. en lo del panadero que la había contratado últimamente.3 Después de la ceremonia los chicos de la calle la escoltaron. de tanto callar. ya se bamboleaba en lo alto del carro atestado. Con los escasos ahorros que le había permitido reunir su trabajo le hicieron un vestido de lana y un delantal de colores vivos. y con retazos confeccionaron fundas para los almohadones que había traído de la casa de su madre. mientras estaban sentadas afuera -esto sucedía en primavera. Sus ojos vagaban por la extensa planicie. como era habitual. en la casa. bajo la cúpula del cielo.que hiciera la presentación. Y en todo le parecía oír el eco de la voz de su madre. . Luego. En uno de los días de feria se presentó el granjero para fijar la fecha del casamiento. donde le parecía descubrir cierto reflejo de su aldea natal: el mismo verde luminoso derramándose por los campos y el mismo canto melodioso de los pájaros elevándose en el silencio azul. responsabilizándolos por la incomodidad que sentía. como esos compartimientos abandonados y cerrados que se van llenando de sombras y de desolación. vistió su ropa de trabajo y puso manos a la obra. La fiesta se llevaría a cabo.le comentó la propuesta. Y de tanta agua y jabón.178 Y así. y en las habitaciones reinaba el abandono. por pedido de los familiares. Un granjero de la aldea de Kaminka la vio una vez. anduvo de acá para allá sin poder encontrar un lugar adecuado para su baúl. Habría bebidas y manjares que se hornearían especialmente para la ocasión. con un pañuelo en la cabeza4. Y como aún faltaban varias horas para que concluyera el día. El día de la boda. Se quitó los zapatos acordonados. que era viudo y tenía hijos casados. En el patio. se emplazó la "jupa"2 de raso. La mujer lo consideró una buena idea y accedió. El hombre. con sus gritos de "¡Hurra!". A la mañana siguiente Jaie Frume. el hombre sorprendió a sus parientes llegando en su carro cargado de verduras. vestida de blanco y exhausta por el ayuno. le pidió a la dueña de casa -parienta suya. Para que su empleada no descuidara sus tareas se abstuvo de hablarle del asunto durante toda la semana.

como dispuesta a tomar su cesta para retirarse. se acostaba en un extremo del banco o en un rincón junto al hogar. Los edificios a lo largo de la calle la enfrentaban con sus paredes ciegas. el viejo le anunció un día que había comprado una vaca lechera. igual que cuando la recogían por caridad. sin apoyo ni sostén. Y ella. Pulía nuevamente las cafeteras de cobre y volvía a frotar los bancos de madera. mientras discutía con los verduleros de las aldeas. Cuando él se marchaba y ella salía de la casa. Cuando Jaie Frume emergía desde la cocina trayendo la comida. Entonces Jaie Frume apoyó una mano sobre su lomo y musitó algunas palabras cariñosas que recordó de su infancia. después de trajinar todo el día. tratando de liberarse. El viejo la ató a uno de los postes del establo y ordenó a su mujer que no se le acercara. igual que cuando concluía sus tareas en el valle. Al mediodía engullía su almuerzo rápidamente. simplemente. Al poco tiempo trajeron a un animal joven. desenrollaba sus mangas y extendía su mano. esperando algún gesto amable. ya que la bestia estaba nerviosa e irritable. sino que. Salía por la mañana. sólo contemplaba los campos a través de la ventana. estaba siempre ocupado con sus asuntos. sentado en su silla. alzaba su mirada hacia la mesa. como suspendida de un hilo apenas perceptible. y sus moradores le volvían la espalda. junto a la casa. sin ventanas. no pudo contenerse y se acercó para observarla. Y finalmente. cuyos vidrios ahora brillaban. La vaca forcejeaba con los que intentaban sujetarla. mientras emitía voces volviendo su cabeza en dirección a su granja natal. sintiéndose también ahora. para poder vigilarla desde la cocina. sentía que también en ese lugar todo le era extraño. Cuando llegó nuevamente la primavera. No le pareció nerviosa ni irritable. hacia los campos. Pero el hombre. después de rezar apresuradamente. Le trajo paja fresca para su lecho y luego la llevó a pastar afuera. Así transcurrió un año. Recién había parido y el ternero había quedado con el dueño anterior. encendía su pipa y abría los libros de contabilidad. después de la cena. para calmarla. Y no era porque el hombre con quien había venido a vivir le faltara el respeto. y por la noche.179 La oscuridad y la desolación continuaron extendiéndose en su interior como en un compartimiento que nadie abre y al cual nadie accede. y cuando entró al establo el animal la miró como en busca de comprensión. . Pero más tarde. cuando Jaie Frume oyó desde la casa la voz de la vaca -un mugido que más bien parecía un gemido-. Entonces entraba a la casa y buscaba entre los utensilios hasta encontrar alguno que todavía no reluciera lo suficiente.

Sus tres hijos vivían en los alrededores y su hija en el pueblo vecino. Se retiraba cuando surgía alguna discusión. La mujer sintió en ese momento que su interior se distendía en una blanda sonrisa. junto al molino. Jaie Frume la rentó y transformó una mitad en vivienda y la otra mitad en establo. Uno de esos días el granjero. Se quedó en la casa hasta que llegaron los nuevos dueños. enfermó y murió. Bajaba hasta la orilla del río o se encaminaba hacia los . Ocurrió un día en que la lluvia lo había forzado a quedarse en casa. Al final de la calle del puente. que no sabía lo que era reír. Luego. en su casa entreveraba todo eso con sal y agua caliente y. Después envió sus pertenencias al pueblo con uno de los granjeros y se dirigió hacia allí. La presentó y. Un sábado por la noche. mientras ella salía a trabajar. con el cubo listo para ordeñarla. había una barraca que nadie habitaba por temor a las inundaciones. Despertó sentimientos de gratitud en el corazón de los hijos. al hacerlo. descalza también ella por el duelo y entre plegaria y plegaria servía algún refrigerio. El molinero que vivía cruzando el río venía todos los días con sus hijos para completar el "Minian"7. Limpiaba pisos. y entretanto juntaba en su canasta restos de pan y de vegetales. Ese era para ambas un momento de intimidad que les permitía compartir el placer de dar y de recibir. layaba platos o amasaba. mientras estaba sola.fue perdiendo su mirada mustia y se hizo evidente que su pena se había apaciguado. y por eso caminaba con ella hasta el terreno baldío que se extendía detrás del puente. Jaie Frume les vendía la leche fresca y luego salía a dar un paseo con Rishke. sobre todo por su actitud correcta respecto de la herencia. Y su corazón desolado se llenó de infinitas partículas de luz. Experimentó una especie de fatiga. pidieron ver la Ketuvá8. Los clientes venían con sus recipientes. que era robusto a pesar de sus años. y simulaba no ver cuando alguno introducía a escondidas algún objeto en su bolso. mientras ella se sentaba en su escabel.180 Durante los primeros días temía llevarla a campo abierto. la vaca se volvió hacia ella y le lamió la mano con su lengua áspera. cuando llegaba la vaca. La vaca -que era roja y se llamaba Rishke5. caminando junto a su vaca. Todos se reunieron para la semana de "Shivá"6. Cuando finalmente llegó su turno. preguntó si en lugar de dinero podía conservar a "Rishke". se recostó y ya no volvió a levantarse. Jaie Frume se desplazaba silenciosamente. donde los pastos eran tiernos. ella. Y a Jaie Frume le pareció que se aliviaba el peso que la oprimía y que el enmohecimiento de tantos años desaparecía bajo el influjo del sol y de la brisa primaveral. sentada a la entrada del establo. le ofrecía la aromática mezcla. Por la mañana dejaba la vaca con el pastor. Accedieron.

envuelta en su chal y casi sin rastros de renquera en su andar.181 terrenos en las afueras del pueblo. la amenaza de las inundaciones cuando el río crecía. con muchos pliegues. sino a los tamberos. Éstas agradaban mucho a los niños de los "jadarim"9 y también a los campesinos que llegaban para las ferias. . se admiraban: ¿ésa es Jaie Frume? Ignoraban que también la tierra árida y salobre. el temor al final de la preñez -generalmente en primavera. Y su cara. Vestía un delantal amplio. Aquellos que la veían descendiendo al valle para realizar sus obras de bien. En los almácigos. -¿La has traído de Kaminka? -le preguntaban a Jaie Frume los que pasaban. y en lugar de trabajar afuera horneaba en su casa pan y masitas. y el temor ante las epidemias que se declaraban a veces entre los rebaños de la zona. pero proviene de la granja de la condesa. había también preocupaciones. como las madres de familia. -De la aldea -respondía ella-. que siendo un hombre sabio podía percibir lo que se ocultaba en el alma de esa mujer. No le vendía los terneros al matarife. Pero de todos modos sintió un escalofrío al verlo. Una vez salió y encontró a Moti el carnicero parado. de modo que además de la leche vendía también quesos y mantequilla. ya que ese día solía comer en casa de Jaie Frume el ciego piadoso.y la tristeza por el ternero que se iba. resplandecía como el candil vacío en el cual finalmente se ha colocado una vela encendida. para que los criaran. Las tormentas de verano. Naturalmente. midiendo la vaca con su mirada. -¡Ah. mientras el ganado se encontraba en el campo. Con lo que fue obteniendo por la venta de los terneros compró los elementos necesarios para elaborar productos lácteos. se vuelve finalmente fértil. Gracias a él Jaie Frume comenzó a frecuentar la sinagoga y a ayudar a los pobres del lugar. enmarcada por el pañuelo de colores. Los sábados el aroma se mezclaba con las melodías de las "zemirot"10. ya despuntaban en verano las hojas de las cebollas y de los rábanos. es un bello animal! -decían con esa simpatía que ella había añorado toda su vida. y su corazón se paralizó. Y estaban también los días de "la espera". ya que en el establo no había lugar para dos. y un fresco aroma de granja envolvía todo el lugar. junto a la barraca. gran conocedor de la Tora". Para ese entonces también construyó un horno. donde la vaca lamía su postre -el pasto que crecía junto a las verjas. Bajo los rayos del sol poniente. Era un día de fiesta y el hombre sólo se había detenido aquí camino de la sinagoga. si se le deparan cuidados y se la riega con agua de manantial. su piel relucía con matices dorados.

cuyo establo -según ella sabía. La arrendataria vino y concluyó la transacción personalmente y sin regateos. -Les va a dar satisfacciones -atinó a murmurar débilmente Jaie Frume. Se volvió después para contemplar el sendero en el que habían quedado impresas las huellas de ambas -su último paseo compartido. Allí ya las esperaba una muchacha aldeana.182 Al cumplirse ocho años desde que se mudara a la comarca del puente. 3). los sedantes que le había recetado el médico. una vez casada. Cuando llegó el mes de Elul13. la luz maravillosa que les está reservada a aquellos que en este mundo se han templado en el sufrimiento.era una sólida construcción. bordeando los campos de pastoreo. para que ellas disfrutaran de su propia luz y no sólo del reflejo proveniente del sector de los hombres. 3 De acuerdo con la tradición judía la novia debe ayunar el día de sus esponsales. Juntamente con el sueño la envolvió una gran claridad que parecía provenir de algún sol invisible. planificaba todo con la debida anticipación. Tomó. Al día siguiente ya no tuvo que levantarse para el ordeñe. y además perdió el apetito y adelgazó. le pareció oír un llamado o un aviso. Ese mismo día Jaie Frume se puso su mejor vestido y. robusta y jovial. Sólo vendía la leche. 5 Significa "roja" en ruso. El dolor se agudizaba en su interior y la laceraba como la sierra que penetra el tronco del árbol. Pero cuando el dolor se repitió. . 4 La mujer. porque el lugar en el que estás parado es tierra sagrada" (Éxodo 3. 2 Palio nupcial. cuando oye la voz de Dios diciendo: "No te acerques aquí. y el tiempo que ahora le quedaba libre lo destinaba a obras de bien y a escuchar al anciano erudito. que la contempló y mugió como asintiendo. Transfirió a un vecino el negocio de la panadería y dejó de preparar los productos lácteos. y por eso. Nunca había sabido de enfermedades. Los compradores habían oído elogiar al animal y aceptaron de buen grado la propuesta. Jaie Frume se acercó para observar el establo. Así pues decidió un día revisar y ordenar sus asuntos. que estaba dispuesta a venderles la vaca. la aquejó súbitamente un dolor. También hizo instalar una lámpara de varios brazos en el sector de las mujeres12. cuyas palabras le revelaban mundos nuevos. Luego cruzó el patio y salió por la entrada principal. en un primer momento no le prestó atención. llegó con la vaca hasta la entrada trasera de la finca del arrendatario. Supo entonces que esa claridad era la que le había descripto el sabio ciego. y el eco del "shofar"14 comenzó a resonar en el aire. comprendió que se trataba de un mal serio. Pidió que le transmitieran a la familia del arrendatario. Como buena administradora que era. pues. quita el calzado de tus pies. debe cubrir su cabeza. Por esos días donó una balaustrada para las escaleras en la sinagoga del valle. El dolor cedió rápidamente. cuando la barraca y el terreno ya eran de su propiedad y la vaca había dado a luz el séptimo ternero. algo así como un gusano que se aposenta en el corazón de una manzana y la carcome lentamente. Apoyó la mano con su anillo de brillantes sobre el lomo dorado de la vaca. Hizo entonces lo que sabía que no debía posponer más. 1 En el original hebreo la expresión alude a la escena bíblica que describe a Moisés frente a la zarza ardiente.

debía recurrir al almacén o pedir permiso para utilizar el nuestro. Si alguno del barrio lo necesitaba. 13 Último mes del año según el calendario judío. personalmente. con un sujeto que observaba las habitaciones. que le brindó acceso a la Biblia y a las fuentes talmúdicas que en esa época estaban vedadas a las mujeres. Dvora Barón (Israel) Breve reseña sobre su obra Escritora israelí nacida en Lituania en 1887. 14 Cuerno de carnero que se hace sonar en ciertas fechas conmemorativas o festivas para llamar al recogimiento y a la reflexión.Relato LX Norah Lange (Argentina) Durante mucho tiempo fuimos la única familia que poseía teléfono en la calle Tronador. a partir del siglo XVII aproximadamente. sin decidirme a comunicar. Partículas forma parte de la antología Lengua de Tierra publicada por Adriana Hidalgo. 10 Cánticos sabáticos. pero sólo acudían a mi memoria sus gestos más . que al cruzar la sala tropezáramos. Tradujo al hebreo las obras de Flaubert. despertándonos sobresaltadas. la noticia o enviar a otro que lo hiciera con mayor habilidad. los cinco primeros libros de la Biblia. como si premeditara un asalto. por tal motivo. en que decidimos negarnos a ello. sin que se enterasen las demás. 8 Contrato matrimonial. 9 Nombre que se le daba al lugar en el cual se impartía la enseñanza de nivel primario. El "Jeder" funcionaba casi siempre en casa del maestro o adjunto a la sinagoga. Cuadernos de infancia . alguna de nosotras accedía. pero esto siempre nos desagradó porque temíamos que llegase el momento de comunicar algo grave y no supiésemos hacerlo. 12 En la sinagoga tradicional los hombres y las mujeres se ubican en sectores separados. Pero. alguna frase rodeada de tristeza. Chejov y Jack London y en 1933 recibió el Premio Bialik por su obra literaria. Una tarde me pidieron que llamase al Hospital Español para averiguar cómo seguía el hijo de un vecino. sin embargo. intenté rememorar algo de su vida. o que una voz hosca irrumpiera en los cuartos. Falleció en 1950. Muchas veces ocurría. Otras. algún ademán. 7 Diez personas que conforman el número mínimo imprescindible para la oración en grupo. Llegó un momento. Con el propósito de sugestionarme. en Europa oriental. 11 El Pentateuco. inopinadamente. con frecuencia. Estimulada por su padre rabino.183 6 Los siete días de duelo de acuerdo al ritual judío. de reojo. permanecí junto al teléfono. En 1911 emigró a Israel. Al enterarme de que había fallecido. comenzó a escribir cuentos en hebreo a los doce años y a los dieciséis ya era requerida por editores de libros y revistas. al pedido de algún desconocido. nos brindábamos a transmitir un mensaje. debido a que la gente más extraña penetraba en nuestra casa. donde durante muchos años se desempeñó como editora de la sección literaria en el semanario Hapoel Hatzair que dirigía su esposo.

Al enterarla de la muerte. así de fácil. Cruzó la calle en busca de la sombra de la acera de . Susana adivinó. debido a que le desagradaba el agua fría. él mismo era una acera completamente vacía. la expresión de mi rostro jamás alcanzaría a traducirla. El presente relato forma parte de Cuadernos de Infancia. Cuadernos de infancia (1937). y cuando su mujer. sin embargo. El salió a la entrada. Anton. de no saber expresarnos en los momentos graves -que habría de perseguirnos hasta en las ocasiones en que el dolor actuaba en nosotras con una fuerza profunda y verdadera. Personas en la sala (1950). inmediatamente: -"¿Te acuerdas cuando bebía agua? ¡Te exasperaba tanto!" En el acto lo vi sentado a la mesa. y recordé que. Discursos (1942). Me he marchado.184 risibles. y al cerrar la puerta le oyó decir: «Anton. como he visto hacer después con el cognac. Traté de ensayar un aire acongojado. desde el sillón al fondo de la habitación. Estaba vacía. le preguntó algo que sólo requería un sí o un no por respuesta. con un vaso de agua frente a él. era domingo a primera hora de la tarde. Los dos retratos (1956) y Estimados congéneres (1968). permanecía largo rato calentando el vaso entre las manos. él no contestó. 45 días y 30 marineros (1933). y decidí ir en busca de Susana. ¿qué te pasa?». lo que yo pensaba y me dijo. Colaboró con las revistas de tendencia ultraísta Prisma. Salió de la habitación sin mirarla. Su obra se compone de los libros La calle de la tarde (1925). los contornos de su figura desgarbada y torpe. No contestó. y también él se sentía vacío por dentro. Bastó ese detalle para que me sintiera segura de mí misma y me decidiese a comunicar la noticia. pensó. publicado por Editorial Losada. bajó los cuarenta y ocho desgastados escalones de la escalera y se adentró en el terrible domingo. Murió en 1972. que compartíamos las cinco. Proa y Martín Fierro de las que participaban autores como Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal. orah Lange (Argentina) Breve reseña sobre su obra Escritora argentina nacida en Buenos Aires en 1905. como si lo desierto de la acera hubiese penetrado en él. pero me convencí de que aunque mi pesadumbre fuese auténtica. Antes que mueran (1944). La colisión Kjell Askildsen (Noruega) Llevaba un rato junto a la ventana abierta mirando la acera. En 1958 recibió el Gran Premio de Honor y Medalla de Oro otorgado por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Los días y las noches (1926) y El rumbo de la rosa (1930) en poesía. El miedo. Retardé en lo posible la noticia. Fue esposa del escritor argentino Oliverio Girondo. y en prosa: Voz de la vida (1927). Entonces se percató del calor y de la intensa luz solar.me impedía abrigar muchas esperanzas sobre la ayuda que ella me brindaría.

por lo demás. luego subió por la escalera. te marchaste sin más. hombre! ¿No sabes mirar o qué. pensó. Anton. Se desplazó al otro asiento y logró salir del coche. Pero que no diga nada hasta que me haya duchado. Ni siquiera he frenado. Antón. ¿No puedes abrir la puerta? -No. Echó a andar. joder. Resultó cómico. Los dos coches iban muy despacio. Le parecía que tenía polvo en la cara. y el blanco. Antón Hellmann ya no podía oír lo que decían. Allí se detuvo. pero no he podido remediarlo. Voy a darme una ducha. -Pero. al girar hacia la izquierda. se detuvo en un cruce para dejar pasar un coche blanco. por Dios. chocaron. Me preocupas. Fue a contemplar los desperfectos. no sé qué pensar. Tendré que darme una ducha. Ella estaba en la entrada. No me contestaste cuando te hablé antes. -Por favor. a la sombra de los edificios de cuatro plantas. . Y porque hace mucho calor. por favor.185 enfrente. Miró la acera bajo sus pies. joder. Hizo como si no la viera. Tras unos cien metros. apenas había tráfico. no la vio. Anton? -Nada. El conductor del coche gris empezó a soltar improperios por la ventanilla bajada. Levantó la vista y miró hacia las ventanas. Reconozco que soy culpable. se ha bloqueado. Vio a su mujer asomada a la ventana mirando. El coche gris giró hacia la derecha. -¡Me cago en Dios. -Pues no pienses nada. -Sí. -Inténtalo con la otra. Sudaba. Sal y compruébalo. ¿crees que soy tan idiota como tú o qué? -Te he dicho que no te he visto. No me he fijado. algo tiene que pasar. Se golpeó la cabeza con el puño. Voy a ducharme. Pero que no grite. El otro conductor se le acercó. Al llegar los dos coches al cruce. En dirección contraria se acercaba un coche gris. Cruzó la calle y se metió en el portal. pensó. -¿Que no me has visto? ¿Pero cómo cono has hecho para no verme? -No lo sé. joder? -No te he visto. -¡No he podido remediarlo! ¿No has podido remediarlo? Pues no estarás bien de la cabeza. golpeó la puerta trasera izquierda del coche gris. -¿Qué pasa. -No es nada. No hay rastro de huellas de frenos. No me ha hecho nada. pensó. Será porque es domingo. Dime lo que pasa. Se puso a desandar el camino por el que había venido. La pobre no puede remediarlo.

lo he hecho -dijo él. -Sabes muy bien cómo me siento algunos domingos. -No sirve de nada. Su mujer había hecho café y se había puesto pinzas en el pelo. y de mí te marchaste sin una palabra. pensó. Lo miró y le sonrió infeliz. No hay nada que decir. -Pero si no te lo has tomado. pensó. pensó. Él recapacitó. -Son los únicos días en que estamos solos. Sí. La miró. -Sólo tiene que ver conmigo. Él no contestó. Puedo poner como pretexto que es domingo. luego se secó el pelo y se vistió. Ella echaba el café en las tazas mientras decía: -¿Te has cansado de mí? -Pero. No te lo has tomado. qué susceptible eres. Fue a mí a quien no contestaste dos veces. -Tiene que ver conmigo. . No tiene nada que ver contigo. Vera. Luego ya no pudo aguantar más. Cerró los grifos y se sentó sobre la tapa del váter. Ella lo miró a él. por favor. Gracias por el café. Se quedó de pie bajo el chorro hasta que tuvo tanto frío que fue incapaz de pensar en otra cosa que en aguantar un poco más. -No contestas -dijo ella. Y se levantó. no tiene ningún abismo dentro. Se desnudó. ella no lo entendería. conmigo y con estos jodidos domingos. -Sí. -Pero Anton.186 Se metió en el baño. en ese caso sí tendría que ver contigo. -Sí que me lo he tomado. Abrió los grifos y los reguló hasta que el agua salió casi fría. -No digas palabrotas. no seas infantil. -Me ha venido bien -dijo. y se sentó. Permaneció sentado inmóvil durante unos minutos. -¿Hay otra? -No.

Su primer libro se tituló Desde ahora seré yo quien te lleve a casa (1953). Contar un cuento Augusto Roa Bastos (Paraguay) a Olga Blinder -¿Quién me puede decir que eso no sea cierto? -farfulló pausadamente. reunidos nada más que por la fuerza de la costumbre. Claro. para la humanidad y Un vasto y desierto paisaje) y el Premio Riksmål 1987 por Un súbito pensamiento liberador. -dijo haciendo sonar las uñas con el gesto irrisorio de matar una pulga-. La gente quiere ver. sino de aguijonearlo un poco. el bosque que nos impide ver el árbol. como Los perros de Tesalónica han sido traducidas al español y publicadas por la editorial española Lengua de Trapo. despectivamente-. con su habitual tono entre sarcástico y circunspecto. Una cebolla. -¿Cómo? -se hizo repetir la frase apantallándose la oreja con la mano.187 Kjell Askildsen ( oruega) Breve reseña sobre su obra Escritor noruego nacido en Mandal en 1929. ¿Quién puede adivinar los móviles de los actos más simples o más complicados y desesperados? El que estemos aquí como moscas friolentas esperando algo que no se produce. ¡Ahí los quiero ver! ¿Alguien ha vivido demasiado para saber todo lo que hay que saber? ¿Y qué es lo que al final le queda al que más sabe? Esto. Usted le . Para mí la verdad es la que queda cuando ha desaparecido toda la realidad. cuando se ha quemado la memoria de la costumbre. Sólo podemos aludirla vagamente.. Tanto estas obras. eso que la gente satisfecha llama la verdad de las cosas. oler. ¿Locura de amor. tocar. de celos? ¿Aberraciones de un paladar cansado del guisote casero? Ahora está de moda hablar de la realidad. pinchar la burbuja de su soledad.. publicado por Ediciones Lengua de Trapo. La colisión pertenece a Cuentos reunidos. o imaginarla. Ha recibido en dos ocasiones el Premio de la Crítica en oruega (Últimas notas de Thomas F. -Pero hay una realidad que no se puede falsear impunemente -apuntó alguien no con ánimo de rebatirle. de incertidumbre. ¿Pero qué es la realidad? Porque hay lo real de lo que no se ve y hasta de lo que no existe todavía. adelantándose a una improbable objeción sobre lo que acababa de decir y que resultaba increíble aun contado por él. El de ese hombre de barrio de emergencia que comienza a devorar a su mujer a dentelladas ante un centenar de vecinos aterrorizados a los que amenaza con un revólver. o soñarla. desde luego. Típico reflejo de inseguridad.

de nuestras frustraciones. -su expresión volvía a ser apacible. y tras una pausa.. por igual. pero aún trataban de contradecirse. como los animales -¿no se dan cuenta qué libres son ellos?-. en la comisura de los labios. La ronca y monótona voz servía sin embargo a uno y otro. Shakespeare. un viejo alcahuete que supo andar en la lluvia sin mojarse. Aun en el momento de hablar y mover unas manos pálidas y blanduzcas de pianista en relâche. Obeso y enorme. Lo que no quiere decir que un ciego sea precisamente el testigo de lo invisible. Pónganle la firma. -¿Saben lo que pasa? Se habla demasiado. de ignorarse. por dentro y por fuera. Encerrados en la masa de tejido adiposo parecía haber dos hombres que no querían saber nada entre sí. fofa irrealidad. y mejor todavía un lenguaje de silencio en el que nos podamos comunicar por levísimos estremecimientos. desbordaba el sillón en que se había arrellanado. la indiferencia. tan aburridos e ilegibles ya. Ahora mismo sus ojillos semicerrados desmentían. desnudos de veras. al menos el uno en el otro. era lo único que resistía la devastación. inerte.. Es muy cierto eso de que empezamos a morir por la boca como los peces. sardónicos. que no había perdido del todo su bello dibujo. hinchándolo y deshinchándolo desde adentro en la respiración. se habían fundido finalmente. La palabra es la gran trampa. el odio. Un pliegue de labios.. o por lo menos un tufo picante que nos hace lagrimear los ojos. solía decir mi abuelo. El mismo aire que se cernía sobre él parecía aplastarlo. El mundo está envenenado por las palabras. Habían crecido juntos. que ese sonido que vibra un momento y se apaga?. sin favoritismos. y ¿qué es lo que queda? Nada. todo Dante. El amor sería aún más simple: una mirada y en esa mirada. Goethe. Nos miramos disimuladamente: era muy raro que el gordo se pusiera patético o sentimental. pero esa nada es todo.. En esta carrera nadie tiene la precisa. Un pestañeo apenas visible resumiría todos los cantos de la Ilíada.188 saca una capa tras otra. Son la fuente de la mayor parte de nuestros actos fallidos. ¡Qué sé yo! No se sabe nada de nada.. aunque a veces.. neutra-.. un hombre y una mujer desnudos. Cervantes. o una tecla en el piano. Toquen la punta de esta mesa. quítate el otro.. semblanteándonos fijamente uno por uno-: Ya Séneca decía hace dos mil años: "¿Con quién podríamos comunicar?" ¿Y qué corno sé yo. sus palabras. Yo mismo hablo y hablo. ¿Hay algo más fantástico que el tacto de la madera en la yema de un dedo. ¿Para qué? Para sacar nuevas capas a la cebolla. Habría que encontrar un nuevo lenguaje. y ya ninguno de los dos tenía remedio. Los gestos más largos expresarían los hechos más simples: el hambre. ¿Y la vida de un hombre? ¿Pero es que alguien sabe de ese condenado a muerte algo más que los garabatos que deja arañados en las paredes de su celda? Y a veces esos borrones despistan todavía más porque los cargamos con nuestra propia agonía o indiferencia. se interrumpió como si de pronto se le hubiese escapado la idea que quería expresar. En el semblante apoplético la boca.. Y tenía razón. por leves alteraciones de esta acumulación de ondas congestionadas que hay en nosotros como un forúnculo a punto de reventar. incluso los que se perdieron. pero conservando todo su misterio. -el picor de la acidez se le demoró un instante en el fruncimiento del ceño. Su cuerpo estaba anclado en algo más que en el peso de la carne y su invencible molicie. por qué no se lo preguntan a Mongo? El mismo tenía un aire de apacible. -se puso los dedos sobre los labios para desinflar despacito la pompa de un eructo-. Si en el país de los ciegos te falta un ojo. de nuestros reflejos. . deformarlo.. Por ahí no se va a ningún lado.

Pero nunca conseguimos hacerle contar por qué había dejado su carrera de concertista de piano. tras los cuales hacía girar la copa con una especie de rítmico tecleo de sus uñas en el vidrio. Pero uno de nosotros descubrió una vez. esos silencios cargados de astuta intención. No porque fuera incapaz de escuchar a su vez sino porque uno lo sentía impermeable a las opiniones. Lo que se sabía era vago e incierto. El gordo se reiría en sus adentros de nosotros. Pero él saltaba así de un tema a otro sin transición. no tenía ninguna relación con lo que anteriormente estaba diciendo. . que parecían no tener iris. una indiferencia parecida a la desesperanza. ya olvidados del cuento que había comenzado a relatar a propósito de unos emigrados que consiguen asesinar al embajador de su país con la ayuda de un ciego. en la que llegó a alcanzar cierto renombre. atormentándonos con su endiablada.. que él trataba de disimular con el humor de un sarcasmo vuelto otra vez inocente. era casi seguro que a él no le cupo otra culpabilidad que la que la confabulación de las circunstancias pudieron atribuirle. a la incredulidad de los demás. Era un desinterés. se quedaba callado. completando esas frases que se comía. No era quizás egoísmo o infatuación. El atentado y el crimen eran absurdos e increíbles. Lo que acababa de decir. Creo que los inventaba y olvidaba adrede. esas palabras que eran inentendibles gorgoteos. la fotografía de una hermosa mujer con una dedicatoria un poco cursi e ingenua que delataba a la dama provinciana de la historia. Más de una vez sospeché que era un poco sordo y que se defendía de esa manera de la humillación de admitirlo. voluble. explicar nada -agregó tras una pausa en la que estuvo mordisqueando la despachurrada punta del cigarro-. -pero volvió a callarse. pero el irregular balanceo de su abdomen lo disimulaba muy bien. Sobre la cara abotagada jugaba una sonrisa muerta. de largos e impenetrables silencios. Daba algunos pasos. Cuando alguien insinuaba la cosa. o buscándonos el "palpito" en medio de bruscas interrupciones. y se quedaban amodorrados un largo rato. casi indescifrable manera de contar. para irrisión de futuras indiscreciones. luego de aquella gira por las ciudades del interior en la que se vio envuelto en un absurdo lío con la esposa de un gobernador. si bien casi siempre teníamos que imaginar y reinventar lo que él imaginaba e inventaba. Un tiempo después la fotografía desapareció también. entre sorbo y sorbo de ginebra. sentenciado desde hacía mucho tiempo por sus actos de sevicia y por haber organizado y dirigido el aparato de represión del régimen. Lo escuchábamos impacientes y ávidos porque siempre podíamos aprovechar algo en nuestras colaboraciones para las revistas. "despellejando la cebolla". Nunca se sabía cuándo decía un chiste o recordaba una anécdota. Y ese león. Los ojillos enrojecidos. ni en qué momento concluía un cuento y empezaba otro sacándolo del anterior. y a pesar del escandalete que adobaron en su momento algunos diaruchos de provincia.189 -Para qué entonces preguntar. Leonardo hizo un león. Pero a él no se le podían refutar sus ocurrencias. El se divertía a nuestra costa. entre las páginas de un diccionario de música. parpadeaban lacrimosos. El gordo sostenía que el ciego había apuñalado al militarote. Él nunca quiso hablar de eso. Nosotros traficábamos con su desmemoriada prodigalidad. por ejemplo. Su repertorio era inagotable. Habían pasado muchos años. eso era seguro. luego se abría el pecho y lo mostraba lleno de libros. No teníamos más remedio que aguantarlo.. Jamás repetía sus cuentos. según el relato del gordo. y en su lugar el gordo colocó una obscena viñeta recortada de cualquier revista de pornografía barata. abiertos a toda clase de pistas falsas y contradictorias alusiones. renuentes. Creo que ninguno de nosotros pensaba en alguna objeción en ese instante. Había que oírlo simplemente.

Roa Bastos inició su actividad literaria como poeta. El hombre vio en sueños el lugar donde había de morir. No había nadie en el hueco de la puerta. A partir de 1947 vivió. Sólo hizo estudios primarios. Los pies sobre el agua (1967). Moriencia (1969). pero por un instante yo sentí en la nuca una ráfaga fría. Contó varios cuentos. sin más interrupciones ni digresiones. El húmedo cigarro se le había caído sobre el pecho que ahora ya no se hamacaba en el blando jadeo. donde vivió en contacto con la naturaleza y la vida campesina. Quizá fueran uno solo. Contó el sueño a varios amigos. La voz del gordo se quebró en un ronquido. Paraguay. en 1917. Me parece estar viéndolo todavía. Señaló algo con la mano. contra su costumbre. Contó que el hombre vivió después temblando de encontrarse en la realidad con el sitio predestinado y fatal. Pero su reconocimiento vendra a través de sus cuentos: en 1953 apareció publicado El trueno entre las hojas al que le seguirán El baldío (1966). desdoblado en hechos contradictorios. Vigilia del Almirante (1992). Falleció el 26 de abril de 2005. durante muchos años. Estaba más lúcido e inerte que de costumbre. Se pasaba la mano. Pero el gordo. ganador del Festival de Santa Margarita en Italia (1961). Hacía calor. exiliado en Argentina. y Alias Gardelito. Lucha hasta el alba (1979). desgajado capa tras capa y emitiendo su picante y fantástico sabor. viscosa. Cabe destacar también su trabajo como guionista de cine por el que obtuvo sendos premios para Shunko en 1960. pero las puntitas volvían a brotar en seguida. Madera Quemada (1968). Contravida (1994) y Madame Sui (1996). delante de sí. En el año 1989 recibió el Premio Cervantes de Literatura. La contó de un tirón. Tenía la cara pálida. Era su propio cuarto en su casa. La gruesa nariz y la frente que se extendía hacia la calva orlada de ralos cabellos grises estaban punteadas de incontables gotitas. Todos coincidieron en que no debía darse importancia a los sueños. empezó a relatarnos la historia del hombre que había soñado el lugar de su muerte. Los ojillos vidriosos se hallaban clavados en nosotros con una burlona sonrisa. Augusto Roa Bastos (Paraguay) Breve reseña sobre su obra Augusto Roa Bastos nació en el pueblo de Iturbe. Participó en la Guerra del Chaco y fue corresponsal en Europa y África durante la Segunda Guerra Mundial. Una noche recordó bruscamente el sitio del sueño. . Pensamos en alguna nueva ocurrencia del gordo. como siempre. En 1942 publicó El ruiseñor de la aurora y otros poemas. Acudió a un psicoanalista que sólo consiguió aterrarlo aún más. Acabó encerrándose en su casa. Entre sus novelas se cuentan Hijo de hombre (1960) y Yo el Supremo (1974). Sólo cuando nos volvimos hacia él comprendimos de golpe: lo que el gordo había descrito punto por punto era el cuarto en que estábamos. sin comprender todavía. Hablaba. Tres o cuatro a lo sumo. Al principio no se entendía muy bien dónde era. borroneaba la floja piel. Luego de la alusión a la realidad insondable y al león lleno de lirios de Leonardo Da Vinci.190 Esa noche no éramos muchos. bebía y callaba. Dieciocho años después aparece El naranjal ardiente. se explayó al final en una prolija descripción. Giramos la mirada siguiendo el gesto torpe y pesado.

-Voy -decía. . -Voy -respondió el hijo y se alejó sin prisa. un ojo viejo entre los párpados ajados. el verde que se va atenuando en franjas por el valle de mis tierras. subía por atajos la pendiente desnuda: desde los trigales los hombres ya lo habían visto subir y comentaban su llegada. editado por Losada. En el trigal estaban los hombres y las hoces moviéndose. -Sí -dijo el hijo y siguió sentado en el borde de la mesa tosca. Las gallinas picoteaban los restos de un higo aplastado en el suelo. las manos en los bolsillos. el viejo sentía que su furia iba multiplicándose: sacaba a rastras unos sacos del depósito. el ojo del amo engorda el caballo. a la sombra de la gran higuera. y no se movía. redondo como el ojo de un pájaro-. Cada vez que venía a su tierra se quedaba como en espera de un milagro: volveré y esta vez todo tendrá un sentido. -El ojo del amo -dijo el viejo. Caminaba por el sendero de la viña. con una brizna de hierba entre los dientes. plantado debajo de la higuera con las piernas separadas. El hijo del patrón no se movía ni sacaba las manos de los bolsillos. señalándose un ojo. y dos cipreses negros. Cada vez que regresaba a sus pagos.191 Contar un cuento aparece en El Baldío. ve a los trigales y vigila la siega. En algunos bancales el trigo crecía a duras penas en la pendiente pedregosa. Sabía lo que los hombres pensaban de él: el viejo será loco pero su hijo es tonto. rectángulo amarillo en medio del gris de las tierras yermas. los gestos siempre iguales de los hombres que trabajan. asestaba órdenes e imprecaciones a los hombres agachados. como se adueñó de mi padre. las grandes manos anudadas a la espalda: varias veces estuvo a punto de gritarle algo. después de languidecer seis meses en ciudades lejanas. hasta no poder despegarme de aquí. como desaprobando semejante despilfarro de fuerzas. el amarillo iba desapareciendo poco a poco como borrado. Viendo a su hijo abandonado a la indolencia como una caña al viento. que parecían montar guardia. de cada rama. Una vez más el hijo iba viendo los colores del valle. seguía con la mirada clavada en el suelo y los labios como silbando. sin pestañas. sin levantar demasiado los tacones. -Entonces -dijo el padre. la pasión de esta tierra se adueñará de mí. uno arriba y otro abajo. amenazaba al perro encadenado que gañía bajo una nube de moscas. y abajo reaparecía el gris. El ojo del amo Italo Calvino (Italia) -El ojo del amo -le dijo su padre. escuchando el zumbido de los abejorros en los árboles frutales. el crecimiento de cada planta. redescubría el aire y el alto silencio de su tierra como en un recuerdo de infancia olvidado y al mismo tiempo con remordimiento. mezclaba abonos. El hijo tenía las manos hundidas en los bolsillos. El padre se quedó mirándolo un momento. un soplo de viento le agitaba la espalda de la camisa de mangas cortas. pero se quedó callado y se puso a mezclar de nuevo puñados de abono. siempre con el dedo debajo del ojo-. El hijo del patrón.

separado de todo? Ni siquiera ve. Nanín era joven. con el párroco. . cada año menos. Espigar: eso sí podía hacerlo. tal vez lo odiaban. No se acordaba de nada. ¿Recuerda qué sequía? -Todo abril -dijo el hijo del patrón. sobre una mujer del valle.dijo U Pé. Él no. Y el hijo del patrón respondió: -Buenas. -Sí. su padre que era uno de ellos. este año? -preguntó. -Buenas -dijo el hijo del patrón. -Eso decían -dijo la vieja Girumina-. mordisqueando una brizna de paja. por eso seguían trabajando sin darse prisa. erguido como un ciprés. él era un extraño que comía gracias al trabajo de ellos. su padre que hacía plantar y recoger el grano en aquellas cuestas para cabras. un trabajo de mujeres. habría encontrado el trabajo mal hecho. -Menos -dijo U Qué-. El hijo del patrón se sentó de nuevo en el borde. separado de las vicisitudes de la tierra. El ojo del amo. mintiendo siempre. un pelirrojo desgarbado: el sudor le pegaba la camiseta y una parte de la espalda desnuda aparecía y desaparecía con cada movimiento de la hoz. -Buenas -dijo una voz desde el bancal de más arriba: era Franceschina que estaba espigando. velludo y achaparrado. «Ahora». Al hijo del patrón le daba vergüenza estar allí haciendo de vigilante. ¿para qué sirve un ojo. -¿Más que el año pasado. En marzo. sí -dijo U Pé-. como cuando se ve a alguien que dispara y se siente la necesidad del estallido en los tímpanos. -Buenas -dijeron los otros. Pero no se acordaba. Se agachó. acuclillada en el suelo como una gran gallina negra. un ojo solo. U Qué era de edad mediana. -Cuidado con pisotear donde todavía no he espigado -dijo la vieja.192 -Buenas -le dijo U Pé al verlo llegar. Él no les gritaría nunca a los hombres. -Fue. lento. las arrojó en el mandil negro de la vieja Girumina. De todos modos no sería capaz de manejar la hoz y haría un triste papel. Él dijo una vez más: -Buenas. Ahora los hombres reanudaban una conversación iniciada antes de que él llegara.la helada de febrero.» Pero seguía callado y quieto mirando el terreno erizado de tallos amarillos y duros de espigas cortadas. y los hombres lo sabían.el granizo de marzo. ¿se acuerda? -Cayó granizo -dijo el hijo del patrón. la cosecha arruinada. Cada vez que se agachaba se le descubrían las piernas hasta las corvas.fue la sequía de abril. ocioso en medio de los que trabajaban. Pero. La vieja Girumina espigaba. ¿Se acuerda de la helada de febrero? -Sí -dijo el hijo del patrón. «digo que me den un momento una hoz y pruebo un poco. las manos en los bolsillos. Sin embargo era seguro que preferían a su padre. El hijo del patrón se sentó en el borde de un bancal. -Fue -dijo la vieja Girumina. Ahora los hombres habían empezado a discutir de la lluvia y el hielo y la sequía: el hijo del patrón estaba fuera de todo ello. pensaba. Casi se sentía la necesidad de los gritos de su padre por aquellos bancales. U Pé era un viejo de piel amarilla que le caía arrugada sobre los huesos. -Para mí -dijo Nanín. Él era sólo un ojo. Los hombres segaban en silencio. Franceschina estaba en el bancal más alto y cantaba una canción de la radio. El párroco le dijo: Si vienes te doy dos liras. Bien: todo lo que tenían que decirse estaba dicho. su padre que los hacía sudar. Claro que si su padre hubiera estado allí habría cubierto a los hombres de insultos. recogió dos espigas. sabía que lo despreciaban.

-Tiene buenas piernas la Franceschina -dijo Nanín. quién sabe cómo irá a terminar. Nanín? -dijo Girumina. -Norteamérica -dijo el hijo del patrón.dijo y se calló. Una guerra larga. Norteamérica y Japón. perplejo. -¿Dos mil? -gritó. descubriendo la piel blanca de las corvas.193 -¿Dos liras? -preguntó Nanín. -Yo no voy ni con curas ni con «civiles» -gritó Franceschina. Los otros las miraron y estuvieron de acuerdo. Ahora espigaba en el bancal más alto. El hijo del patrón empezó a subir por los bancales mordisqueando la brizna de paja . en dirección de los pinos. El hijo del patrón las miró como si no las hubiera visto antes e hizo un gesto de asentimiento. -¿Y nosotros? -Será una guerra larga -dijo el hijo del patrón-. Tal vez ahora podría decir algo-. también es fuerte. Si la guerra no termina. -De las de entonces -dijo U Qué. -Al que le toca le toca -repitieron los otros. -Cuando la otra guerra -dijo U Pé-. con mi insuficiencia torácica. y cada vez que se agachaba la falda se le subía más. ¿sí? -gritó U Qué. mirándoselas. -Caray. pero no entendía bien el sentido de esas historias. -Dos liras -dijo U Pé. Todos reían de la historia de la mujer. -Bah -dijo U Qué-. -Buenas y rectas -dijeron. -¿Es fuerte Inglaterra? -Eh. ¿Qué más podía decir? -¿Quién es más fuerte: Norteamérica o Japón? -Los dos son fuertes -dijo el hijo del patrón. Pero sabía que no eran bonitas. -Hostia. -¿Cuánto serían hoy dos liras de entonces? -preguntó Nanín. dice dos mi l-dijo Nanín a los otros. me llamarán a mí también. con el manojo de espigas apretado contra el pecho. Franceschina también llegaría a ser así. -¿Alemania? -Alemania también. había en el bosque una cueva con diez desertores-. -Si dura un poco más -dijo Nanín. el hijo del patrón también sonrió. con sus músculos duros y velludos. Y señaló arriba. -¿Y Rusia? -Rusia también es fuerte. -Ni con militares -contestó y se puso a recoger espigas de nuevo. depende de que quieran examinar otra vez a los eximidos -dijo Nanín-. le toca. cantando una canción de la radio. -No poco -dijo U Qué.yo digo que nosotros también terminaremos metidos en las cuevas. -Caray -dijo Nanín. -Franceschina -le gritó Nanín-. amores de mujeres huesudas y bigotudas y vestidas de negro. ¿irías con un cura por dos liras? Franceschina estaba de pie en el bancal. -Con militares. -¿Cuándo haces el servicio militar. sí. -¿Es cierto que Norteamérica ha entrado en la guerra? -preguntó U Qué al hijo del patrón. -Todas las guerras terminan así: al que le toca.

al cine. Era un modo estúpido de iniciar una conversación. Unas veces parecía encontrarla y otras no. -¿Vas alguna vez a la ciudad. De 1954 hasta 1956 vivió en Chile. me gusta. Augusto Monterroso (México) Breve reseña sobre su obra Nació en Guatemala en 1921. Hacia los 15 años inició su formación autodidacta. se imaginaría que le hacía la corte. No era eso lo que él quería. y los otros se las comían. -Claro -dijo él mordiendo la brizna. especialmente sus piernas. Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo. de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores. Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente. si no. y comprendía que él le sería siempre desesperadamente ajeno. Franceschina? -le preguntó. cuando vuelves. que parecía Pollo.194 hasta llegar a Franceschina. El mar altísimo con respecto a las colinas empezaba a teñirse de violeta del lado del ocaso. si no. le hicieron abandonar los estudios. qué te ha quedado. Desde 1944 residió exiliado en México. La rana que quería ser una rana auténtica Augusto Monterroso (México) Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica. Tal vez con ella sería más fácil. y te fue como te fue. Le miraba la piel blanca de las corvas cuando se inclinaba a recoger las espigas. donde trabajó como secretario de Pablo Neruda. Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que. Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. vuelta a empezar. El origen modesto de su familia y el "miedo a los exámenes". Había dejado de trabajar. y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana. Dio media vuelta y bajó. ¡si su padre lo viera! En vez de montar la guardia. se dejaba arrancar las ancas. Ahora había que dejarla en paz. y todos los días se esforzaba en ello. Falleció en México en . no volvería a trabajar. En 1988 recibió la condecoración del Aguila Azteca de México por su aporte a la cultura de este país. -¿Te gusta ir a la ciudad? -Sí. alternaba sus visitas a la Biblioteca Nacional con el trabajo en una carnicería. y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica. según el humor de ese día o de la hora. Si hay feria. El hijo del patrón miraba su tierra. vamos a la feria. pura piedra y paja dura. -A veces bajo los domingos por la tarde. hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl. Pero en el fondo. dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica. como él dice. hacía hablar a las mujeres que trabajaban. En los bancales de abajo los hombres casi habían terminado y Nanín envolvía las gavillas en lonas para bajarlas cargadas sobre las espaldas. El lunes. y sentía que todos la aplaudían. por la noche.

. Obras completas (y otros cuentos) es el irónico título con el que se dio a conocer en 1959. Movimiento perpetuo (1972). Es autor también de La oveja negra y demás fábulas (1969). La letra e (1987).195 febrero de 2003. Sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas. editado por Punto de Lectura. Lo demás es silencio (1978). La palabra mágica (1983). El reconocido escritor italiano Italo Calvino. alabó la brevedad de sus cuentos en su obra Seis propuestas para el próximo milenio. La rana que quería ser una rana auténtica aparece publicado en La oveja negra y demás fábulas.

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