Eloisa James

Cuarteto duquesas 01

Duquesa enamorada

ÍNDICE
Capítulo 1..................................................3 Capítulo 2..................................................8 Capítulo 3................................................14 Capítulo 4................................................22 Capítulo 5................................................27 Capítulo 6................................................34 Capítulo 7................................................45 Capítulo 8................................................51 Capítulo 9................................................58 Capítulo 10..............................................62 Capítulo 11..............................................68 Capítulo 12..............................................76 Capítulo 13..............................................80 Capítulo 14..............................................93 Capítulo 15............................................105 Capítulo 16............................................112 Capítulo 17............................................116 Capítulo 18............................................123 Capítulo 19............................................128 Capítulo 20............................................134 Capítulo 21............................................144 Capítulo 22............................................149 Capítulo 23............................................154 Capítulo 24............................................167 Capítulo 25............................................175 Capítulo 26............................................180 Capítulo 27............................................188 Capítulo 28............................................195 Capítulo 29............................................204 Capítulo 30............................................210 Capítulo 31............................................213 Capítulo 32............................................218 Capítulo 33............................................222 Capítulo 34............................................225 Capítulo 35............................................230 Capítulo 36............................................237 Capítulo 37............................................242 Capítulo 38............................................244 Epílogo...................................................249 Nota de la autora...................................251 RESEÑA BIBLIOGRÁFICA............................................252

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Capítulo 1
Breve conversación en la habitación de la duquesa de Girton. Fiesta en la casa de campo de lady Troubridge, acantilado este

—Bueno, y ¿cómo es? Hubo una pausa. —Tiene el cabello negro, de eso me acuerdo —dijo Gina, dudosa. Se encontraba sentada a la mesa de su habitación, haciendo nudos con una pequeña cinta de cabello. Ambrogina, la duquesa de Girton, rara vez se inquietaba. «Una duquesa es lo que una duquesa hace», le había insistido una de sus institutrices. Pero Gina estaba al borde del pánico. Todas las duquesas sienten pánico alguna vez. Esme Rawlings soltó una carcajada. —¿No sabes cómo es tu marido? Gina frunció el ceño. —Es fácil para ti sonreír. No es tu marido el que regresa del continente para encontrarse con que su esposa está metida en un escándalo. Yo le pedí a Cam que anulara nuestro matrimonio para poder casarme con Sebastian, pero ahora, cuando lea esos odiosos chismes en El Tabloide, pensará que soy una mujer fácil. —No lo pensará, si te conoce. —¡Ése es el problema! Que no me conoce. ¿Qué pasaría si llegase a creer las habladurías acerca del señor Wapping? —Despide a tu tutor y todo se olvidará en una semana. —No voy a despedir al señor Wapping. Vino desde Grecia para ser mi tutor y no tiene adónde ir. Además, él no ha hecho nada malo, y yo tampoco, así que, ¿por qué debo actuar como si lo hubiera hecho? —Que Willoughby Broke y su mujer te vieran con él a las dos de la madrugada es suficiente para que todos crean que vuestro comportamiento no ha sido todo lo decente que hubiera sido deseable… —Sabes que salimos para ver la lluvia de meteoritos. De todas maneras, no has contestado mi pregunta: ¿Qué sucederá si no reconozco a mi marido? —Gina miró fijamente a Esme—. ¡Será el momento más humillante de mi vida! —Por el amor de Dios, hablas como la protagonista de un melodrama barato. Lo anunciará el mayordomo, ¿verdad? Así sabrás quién es. Y cuando entre le dirás: «Oh, mi querido esposo» —Esme contempló a Gina con una mirada de calurosa bienvenida—, «¡qué terrible dolor me ha producido tu ausencia!». —Parpadeó lánguidamente. Gina le hizo una mueca.

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—Supongo que tú usas esa frase con frecuencia. —Naturalmente. Miles y yo siempre somos muy educados cuando nos vemos. Lo que no es frecuente, gracias al cielo. Gina dejó a un lado la cinta del cabello, que ahora tenía unos cincuenta nudos aproximadamente. —Mira esto, mis manos están temblorosas. No conozco a nadie que haya tenido que pasar por la experiencia de un encuentro tan horrible. —Estás exagerando. Piensa en lo mal que se sintió Carolina Pratt cuando tuvo que decirle a su esposo que estaba embarazada cuando él volvió de los Países Bajos… ¡donde había estado más de un año! —Eso debió de ser muy difícil. —Aunque, en realidad, le hizo un favor. ¿Qué habría sido de su propiedad si ella no se las hubiera arreglado para producir un heredero? Llevaban más de diez años casados. En lugar de enfadarse con ella, Pratt debería estarle muy agradecido, aunque dudo que lo esté, con lo bárbaros que son los hombres. —Mi problema es que reconocer a Cam me va a resultar extremadamente difícil —dijo Gina—. Si se parece a Adán quizá pueda reconocerlo… —dijo melancólicamente. —Creía que habías pasado tu infancia junto a él. —Sí, pero era tan solo un niño cuando nos casamos, ahora es un hombre, y habrá cambiado mucho, supongo. —Hay muchas mujeres a las que les gustaría que sus maridos se fueran a vivir al continente —recalcó Esme. —Cam no es realmente mi marido. Cuando éramos niños yo creía que era mi primo… lo creí hasta el día en que nos casamos. —No veo qué tiene eso que ver. Hay muchos primos hermanos que están casados y vosotros, en realidad, ni siquiera sois primos. Tu verdadera madre no tiene ningún parentesco con él, en realidad no tenéis lazos de sangre. —Al igual que mi marido no es realmente mi marido —añadió Gina, prontamente—. Cam saltó por la ventana quince minutos después de que su padre lo obligara a casarse conmigo. Y ahora viene a anular el matrimonio. Ha tardado doce años, pero al fin se ha decidido. —Al menos mi marido se fue por la puerta, como un hombre civilizado. —Cam ni siquiera era un hombre aún. Acababa de cumplir dieciocho años unos días antes. —Estás guapísima con ese traje rosa —dijo Esme, sonriendo a Gina—. Cuando te vea, se arrepentirá de haberse largado saltando por la ventana hace doce años. —Tonterías. No soy guapa. Soy muy delgada y mi cabello parece una zanahoria. —Se paró frente al espejo, al lado de Esme—. Desearía tener tus ojos, Esme. Los míos son del color del barro. —Tus ojos no son del color del barro, son verdes. —Esme sonrió—. Y en cuanto a esa tontería de que no eres guapa… ¡mírate! Hoy pareces una madona del Renacimiento, tan esbelta y serena, y un poco lánguida. Todo en ti es elegante y discreto, excepto tu cabello, por supuesto. ¿Crees que has heredado ese cabello rojo de tu escandalosa maman francesa? —¿Cómo saberlo? Mi padre nunca quiso decirme cómo era mi

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verdadera madre. —De hecho, una madona es una descripción perfecta —continuó Esme dándole a la conversación un tono picarón—. Pobre… ¡Otra virgen casada! De repente, llamaron a la puerta y entró Annie, la sirvienta de la duquesa. —Lady Perwinkle está en el recibidor, ha venido a visitarla, excelencia. —Invítala a pasar —contestó la duquesa. Carola Perwinkle era pequeña y deliciosamente redondeada, con rizos que rebotaban en su pequeña cara en forma de corazón. Dejó escapar un chillido de placer al ver a Esme. —¡Queridas! He tenido que venir porque acabo de enterarme de una noticia verdaderamente asombrosa. Lady Troubridge me ha contado que tu esposo… —miró a Gina con expectación— ¡vuelve a Inglaterra! —Es verdad —interrumpió Gina—. Mi esposo regresa a Inglaterra. Carola juntó las manos en el pecho. —¡Qué romántico! —¿Cómo? Yo no veo nada de romántico en el hecho de que mi esposo vuelva para anular nuestro matrimonio. —Venir desde Grecia sólo para liberarte; para permitir que te cases con el hombre que amas. No tengo ninguna duda de que su corazón está secretamente partido en dos. Esme parecía a punto de desmayarse. —No entiendo cómo soy tu amiga, Carola. Yo creo que el esposo de Gina está escandalosamente contento de quitársela de encima. Tu esposo y el mío saltarían de alegría si tuvieran la oportunidad de librarse de nosotras, ¿verdad? ¿Por qué el esposo de Gina iba a ser diferente? —Prefiero no verlo de esa manera —dijo Carola, rascándose discretamente su pequeña nariz—. Puede que mi esposo y yo casi nunca estemos de acuerdo, pero él jamás anularía nuestro matrimonio. —Bueno, el mío sí lo haría —dijo Esme—. El problema es que su rígida educación no se lo permite. La primera vez que nos separamos, yo hice todo lo posible para molestarlo, quería que se enfadara tanto conmigo que no le quedara más opción que divorciarse de mí. Pero él fue todo un caballero. No va a divorciarse, pero si pudiera anular nuestro matrimonio lo haría sin pensárselo dos veces. —Eres una tonta. —Gina la miró afectuosamente—. ¿Destruiste tu reputación sólo para captar la atención de Miles? Esme sonrió con pesar. —Casi lo hago. No entiendo cómo vosotras, dos duquesas con una reputación intachable, seguís siendo amigas mías. —Yo te necesito porque me voy a casar, naturalmente. ¿A quién le pediría consejos en materia de esposos? —dijo Gina en tono picarón. —Mejor a Esme que a mí —agregó Carola, con una pequeña sonrisa—. Mi esposo y yo sólo vivimos juntos un mes, luego cada uno siguió su camino; pero Esme vivió con su esposo todo un año, tiempo suficiente para aprender muchas cosas… —La verdad es que deberías ser tú quien nos diera consejos a nosotras, Gina —dijo Esme—. Carola y yo no tenemos muy buena

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Sólo quieres oír un cumplido. Casi siempre eran tan brillantes y duros como gemas preciosas. —Eso es sólo un rumor. —¿Recuerdas que lady Troubridge dijo que tu esposo llega hoy? —Ya sé que Miles llega hoy. —¿Acaso no estabas tú buscando un cumplido cuando dijiste todo eso acerca de tus ojos color barro? Gina la señaló. Carola se encontraba en la puerta. él no tardará en llegar. Lady Randolph Childe ya está aquí ¿verdad? Y si ella está aquí. traviesa. Gina se mordió el labio. —Estás loca. No creo que Sebastian opine como tú. miró a su señora. Esme saltó de la silla. A lo mejor él quiere verte. debo ir a vestirme… —Y tras mandar un beso al aire. que aún continuaba en la habitación. Esme gruñó. —No es lo mismo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada reputación. Todos los caballeros que conozco morirían por entrar en tu habitación. pero ahora no tengo tiempo de charlar. y nadie dudaba que Esme podía vencer fácilmente a su competencia. Jeannie va a peinarme al estilo griego y no quiero llegar tarde. frívolamente. ¡Sería terriblemente incómodo que lady Childe tuviera mejor aspecto que yo! —Eso es imposible y tú lo sabes —dijo Gina. Su belleza era reconocida por todos. pero aún no está destruida. Esme sonrió. querida. -6- . en comparación con nuestras destruidas reputaciones… —Habla sólo por ti —dijo Carola—. Annie. —¿Bernie Burdett? Pensé que habías dicho que era un pesado —dijo Gina. —Se agachó y la besó en la mejilla—. —Los rizos negros y sedosos de Esme. convencida—. excelencia. Pero se suavizaron tan pronto miraron la cara de Gina. Debo irme para comenzar a vestirme como una femme fatale. Mi reputación puede estar empañada. Bernie es muy puntual y no me gustaría hacerle esperar. la mía es lo bastante negra para las tres —dijo Esme. sus provocativos labios y sus deliciosas curvas habían forzado a comparaciones con las más hermosas cortesanas de Londres. bueno. —No estoy interesada en su cerebro. —Yo también tengo que irme. Los ojos de Esme eran tan azules que habían sido comparados con zafiros por muchos hombres jóvenes. —Bueno. —Será mejor que me vaya porque estoy a punto de empezar a decir cosas de las que luego me arrepentiría. mientras que yo no soy más que una duquesa delgada y conservadora. —Oh. desde que nos separamos de nuestros maridos nuestra vida es un continuo escándalo. ¡Pero tú siempre te has comportado como una esposa ejemplar! —Me haces parecer tan aburrida… —protestó Gina. se marchó. —Se deslizó por la puerta y salió. —Usted es una persona realmente dulce.

una de las mujeres más hermosas de todo Londres y su esposo no disimula su relación con lady Childe. Al menos Sebastian y ella no serían esa clase de pareja cuando estuvieran casados. —¡Válgame Dios! —dijo Gina. Gina asintió. sobresaltada. Gina encontró su mirada en el espejo. —¿En serio? —No es tan inusual. levantando un cepillo—. eso es lo que es —dijo. Una pena. —Su esposo incluso pidió una habitación contigua a la de lady Childe. eso es lo que es eso. la señora Massey habla libremente delante de mí. Ahí va lady Rawlings. -7- . Pobre Esme. débilmente. Más bien es lo opuesto.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Es una pena. ¿sabe? —añadió Annie. Ahora que soy una sirvienta de mayor categoría. Y usted no se imagina las molestias por las que tuvieron que pasar lady Troubridge y ella durante esa fiesta.

pensó tristemente Camdem Serrard mientras sacudía el agua del ala de su sombrero. tengo que pedirle que saque al cerdo. lo malo era. No permitimos animales de cría en el salón de esta posada. Su empleado Phillipos había llegado antes que él y había conseguido una habitación. —Claro. pero no alcanzó a esquivar al cerdo que salió corriendo en busca de la libertad. En el salón sólo había un cliente más aparte de Phillipos. y que a duras penas levantó sus ojos para mirar a Cam cuando entró. John Mumby. leyendo. Londres podía estar en otro continente. a juzgar por las llanuras salinas y llenas de lodo que se extendían en todas las direcciones. Señor Perwinkle. —Lo que tenga está bien —dijo. se apresuró a atenderlo. El capitán de La Rosa había anunciado tan tranquilo que había cometido un pequeño error de navegación. ¡excelencia! Es un honor. —Buenas tardes. No entendía por qué habían tenido que atracar en ese maldito puerto olvidado de Dios. un verdadero honor. Sí. y él no podía ver el final del camino donde terminaba el muelle. señor —dijo. afirmando que Londres se encontraba sólo a una hora en carruaje. por favor.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 2 El encuentro entre un duque. que el cerdo también lo había acompañado y estaba echando raíces junto a una silla. -8- . Desde el punto de vista de Cam. señor. —¡Cuidado. Mumby se quedó perplejo pero rápidamente se recuperó. hasta donde alcanzaba a ver. malhumorado. El sonido de sus botas italianas era silenciado por ríos de lodo. Y no se refiera a mí como «excelencia». El hombre rubio lo miró apenado. Al ver al aristócrata de pie. Todo pasó con tanta rapidez que casi no alcanzó a darse cuenta. como excusa. en la puerta. en el lado lejano de Riddlesgate. rotundamente—. como descubrió no sin consternación. La lluvia caía con tanta fuerza que el aire se había vuelto blanco. No había duda de que había atracado en Inglaterra. el posadero. Pequeñas y afiladas pezuñas trotaron por encima de sus salpicadas botas. hacia una luz que parecía ser de una posada. señor! Giró sobre sus talones. ya se lo traigo señor. La Sonrisa de la Reina. ¿puedo ofrecerle algo de beber? Cam colgó su abrigo en el brazo listo de Phillipos. Se levantó del suelo y siguió caminando. un cerdo y un abogado. radiante—. Agachó la cabeza al entrar por la puerta y miró el salón. el cerdo y el posadero: un hombre rubio que se encontraba sentado junto al fuego. darle la bienvenida a mi humilde posada.

Y también sírvame un poco de brandy. Por eso ha atracado en el fin del mundo. para empezar —dijo Mumby. cuando Mumby le preguntó a Cam si deseaba contratar un carruaje a primera hora de la mañana. por los azares de la conversación. —Lo maté la semana pasada —afirmó Mumby—. Mumby. Y cuando. «No hay nada como esto». Cam se dejó caer sobre una confortable silla junto al fuego. Era agradable estar de nuevo en Inglaterra. Magnífica cerveza y brandy de contrabando. Una cosa llevó a la otra. Sí. acabas de decirme que dejara a la bestia donde estaba. con varias tormentas cerca de la Costa de Vizcaya. Pero aun así recordaba con afecto el olor a humo y cebada de los pubs ingleses. pensó ociosamente Cam. con irrefutable lógica—. De hecho. Tuppy estuvo de acuerdo con esa decisión. Y tal vez un poco de cerdo fresco después. Mi esposa prepara un delicioso cerdo dulce. y no sentía la necesidad de apresurarse por regresar allí. señor! —contestó Mumby. —¿Qué quiere decir con… fresco? —preguntó Cam. una pasión que Cam compartía. señor. los dos hombres alcanzaron ese raro nivel de intimidad que sólo comparten los que han crecido juntos y compartido las primeras experiencias. el muchacho lo pondrá en el cobertizo. y un muchacho tomó al cerdo en sus brazos y se dirigió hacia la lluvia.» Tomó un largo trago de cerveza. Ha estado esperando. «El insolente pobre diablo se aprovecha del contrabando de brandy. Una de esas cosas fue el descubrimiento de que la posada tenía un blanco de dardos. y no tengo duda alguna de que vendrá a recogerlo en cuanto hayan arreglado el eje de su carruaje. —¿Preferiría usted un trago de brandy? —preguntó el posadero—. el duque negó con la cabeza. ¡usted no se imagina! —Perfecto. Buen brandy. pensó cuando Mumby le puso una espumosa jarra de cerveza en las manos. Mientras la noche avanzaba. cuando tenga un momento. Debo admitir. -9- . y ha alcanzado la perfección.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Diablos. colgado. y con más razón aún porque él mismo había extraviado a su esposa en esa ciudad algunos años antes. Es todo un manjar. lleno de rabia. con una diferencia de tan sólo cinco años. que uno de mis amigos deja una botella en la posada cada cierto tiempo… en la puerta de atrás. ansiosamente—. Había tenido un viaje agotador de cuarenta y cinco días desde Grecia. incluso siendo francés. Había tiempo suficiente para conocer a la persona que lo tenía atado a Londres. —Su cochero pagó por él —dijo el posadero. La última vez que había pisado el continente era un chico inmaduro de dieciocho años. Sabes que esa peste de animal no me pertenece. «Igual que el capitán». resultó que el señor Perwinkle era un experto con los dardos. descubrieron que ambos habían asistido a la misma escuela. Si usted está de acuerdo. viendo un nutrido montón de monedas crecer en su mente. —Estaba pensando en faisán asado. —¡Sí. señor. La vida iba mejorando. y tenía una verdadera pasión por la pesca. señor. No le agradaba la idea de que le sirvieran para cenar al cerdo del señor Perwinkle. eso debe de ser. Perwinkle asintió.

Supongo que no habrá ningún problema. —Y también quiero aprovechar para ir a Bicksfiddle. A decir verdad. Pero las preocupaciones de Phillipos eran innecesarias. no era un hombre insensato. señor Rounton —dijo. duque de Girton. excelencia. y necesito su ayuda. En pocas palabras. —Por su puesto exc… por supuesto —dijo. —Excelencia. no intenté recuperarla y dejé las cosas así —dijo. Pero hizo una reverencia y envió un mensaje urgente a la metrópoli. es un placer verlo tan saludable. pero quiero asegurarme de . aunque eran un poco más alegres. por sus desagradables ojos color hollín y su blanca fisonomía. —Sí. Me alegro de que decidiera regresar a su lugar de nacimiento —dijo Rounton. Había tenido una larga. saltando de su silla. muy larga relación con el padre del duque. Como yo me cansé de sus quejas. mostrando sus musculosos antebrazos. Phillipos admiraba la capacidad que tenía su señor de olvidar. solicitando la presencia del señor Rounton. lo haré con mucho gusto. incómodo a causa de una sensación de nervios en su estómago. El duque padre parecía Belcebú. Y como el hijo no era nada parecido a su predecesor. sus buenas intenciones a la mañana siguiente. ¡No llevaba levita! Y se había recogido las mangas de la camisa. al menos superficialmente. el abogado del duque de Girton. Cerca de las dos de la tarde. —Si hay algo que pueda hacer. Camdem Serrard. el viejo duque era un especialista en idear proyectos cuya ejecución podría poner en duda su lealtad a la ley y explotaba de ira si alguien estaba en desacuerdo. —Buenos días. y nunca lo ha sido.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Se marchó enfadada a casa de su madre. No aguanto las formalidades. Todo el mundo sabe que no era un matrimonio real. puede acompañarme a desayunar. el reluciente y almidonado Rounton descendió de un carruaje. Ni siquiera estaba seguro de que el duque quisiera ver a su abogado por la mañana. bueno —contestó Girton mientras señalaba una silla—. mientras hacía una reverencia. mirando el atuendo informal del duque. mientras el duque continuaba. Le pago lo suficiente. —Quiero anular mi matrimonio —comenzó a decir Girton—. dadas las circunstancias. tal como se está llevando ahora produce enormes beneficios y estoy contento. Las reuniones con el padre del duque habían sido una prueba. No estaré en Inglaterra mucho tiempo. en un desayuno de trabajo con su estimado cliente. por no decir algo peor. dado el brandy que había tomado esa noche y su alegría por haber descubierto a una alma gemela. cuando el hombre estuviera tranquilo y relajado después de una buena comida. Edmund Rounton.10 - . Tenía los mismos ojos oscuros de su padre. tras una noche de alegría. —Dile a mi abogado que venga —le dijo Cam a Phillipos—. No es que quiera hacer cambios en su administración. Rounton no tenía la intención de presentarse hasta la tarde. ¿Cuánto tiempo crees que nos llevará el papeleo? Rounton parpadeó. Rounton encontró esa informalidad poco atractiva. El actual duque no se parecía en nada a su padre. —Pare de llamarme «excelencia» —dijo el cliente—. de Rounton y Rounton.

no he visto a mi esposa desde que ella tenía unos once o doce años. desesperadamente. ¿de acuerdo? No puede haber nadie tan insensato para pensar que ese fiasco se consumó. —Quiere anular su matrimonio. Rounton se puso en pie con lentitud. su esposa —tartamudeó Rounton. —Y… no estoy seguro de haber entendido bien… ¿dice que quiere transferir su propiedad a su primo… el conde de Splade? El duque parecía estar en su sano juicio. con su cabello largo y erizado de esa forma extraña. ni lo necesito. —¿Quiere usted anular su matrimonio. desde luego mucho más de una semana. ansiosamente. el proceso requiere la confirmación del Parlamento y del Regente. en algún momento. —Estoy seguro de que… —anotó Rounton. Ella ha sido extremadamente paciente y amable con todo este asunto. pero ese problema pronto estará solucionado y no tengo la intención de casarme de nuevo. dado que su esposa era tan joven — respondió Rounton—. y jamás he sacado un centavo de ella.ELOISA JAMES Duquesa enamorada que todo está en buenas condiciones para Stephen. Sin embargo. excelencia? —preguntó asombrado. excepto de nombre. —¿Incluso en nuestra situación? Después de todo. —Pero… su padre. Pero el proceso lleva cierto tiempo. su herencia. —No —dijo Girton. Yo no uso el título. —Eso es imposible —respondió Girton rápidamente—. —Preparar los papeles de la anulación es una tarea relativamente fácil. Tengo mucho trabajo en Grecia. excelencia. pensando en los cientos de problemas legales que lo esperaban. El señor Rounton sacudió la cabeza. pero no piensa casarse de nuevo… El duque comenzó a mostrar señales de impaciencia. —Necesitaré verle de nuevo antes de que abandone usted el país — dijo. pero parecía estar sobrio. Y no tengo esposa. —Exactamente. Se podía ver que hablaba en serio—. Quisiera prescindir de la propiedad lo más pronto posible. El abogado se quedó boquiabierto. ¿Por qué no intenta acelerar todos los trámites? Si firmo los papeles inmediatamente. ¿verdad? —Dudo que haya problemas. Estaba descaradamente desarreglado. —Acabo de decírselo. estoy seguro de que usted podrá manejar solo este asunto. —Dispondré una buena cantidad para mi esposa.11 - . aunque era alguien poco convencional. —Mi heredero es Stephen —dijo Girton—. —La propiedad y el título serán de Stephen o de su hijo. por supuesto — añadió Girton—. Le juré a mi padre que jamás tocaría su propiedad. —Creo que me quedaré en esta posada una o dos noches —dijo el . Creo que deberá usted vivir una temporada entre nosotros. lo cual lleva su tiempo. No puedo soportar estar alejado de mi estudio por mucho tiempo. No querrá usted un duque loco andando por las calles de Londres. ¿verdad? —Se puso en pie—.

haciendo una reverencia. Debía de tener treinta y seis años. Rounton se dirigió a su cómoda oficina en los interiores de la Corte. hasta esa misma mañana. No importaba. dejando de pertenecer para siempre a sus legítimos herederos. era un asunto muy serio y él no estaba dispuesto a consentirlo. Splade no era mejor que su primo: no se había casado y jamás lo haría. Él mismo también había fallado en la tarea de producir un heredero. Que un antiguo y honorable ducado pasara a otras manos. El joven duque era como su padre: ambos querían lo imposible y lo querían para ayer. Pero eso no importaba. El doctor había dicho que actividades tranquilas tales como la . reflexionando—. de modo que la antigua y honorable firma de abogados Rounton y Rounton estaba condenada a caer en manos desconocidas cuando se retirara. aunque como representante conservador del distrito de Oxfordshire. De todas maneras. Naturalmente. Rounton podía entender por qué se había marchado el chico al extranjero. Suspiró. lo único que le interesaba era la política. Sintió una punzada de dolor en el estómago sólo de pensar en eso. sólo había sido su prima. ¿Qué más le daba a él lo que Girton hiciera? Que tirara su linaje a la basura. se dijo con amargura. ¿Por qué no hace todo el papeleo y regresa aquí mañana? —Haré lo posible —respondió Rounton. Hasta ahí iría el ducado de Girton. —No puedo permitir que el joven haga esto —murmuró. era más viejo que Girton.ELOISA JAMES Duquesa enamorada duque—. Girton continuaría con su feliz y divorciado libertinaje en Europa y el ducado se perdería para siempre. Ni siquiera cuando su anciano padre estaba a punto de morir. Abrió el periódico recién planchado que estaba esperando en su escritorio. —Que Dios guarde su alma —dijo Rounton. Su padre y su abuelo habían servido a los duques de Girton. No se sorprendió cuando el novio saltó por la ventana en el instante en que la ceremonia hubo terminado. mientras pronunciaba sus votos cuando se casaba con una joven que. Splade se había negado a usar su título. Ese viejo condenado… Además. el único heredero de Girton era el conde de Splade. Muchas gracias por su ayuda —dijo el duque. De vuelta en Londres. —Entonces le espero mañana a cenar.12 - . Podía ver que el duque iba a anular su matrimonio para volver corriendo a los lugares de entretenimiento lascivo de Grecia o a lo que fuera que hubiera estado haciendo durante los últimos doce años de su vida. para no regresar jamás. al que solo le importaba moldear pedazos de mármol y que no entendía la importancia de su título terminara con una tradición de generaciones. Me han dicho que hay muy buena pesca hacia el norte. mientras caminaba alrededor de su escritorio. No podía olvidar su cara. Quedaría condenado al olvido. muerto. y Edmund Rounton estaría condenado si permitiese que un arrogante vividor. roja a causa de la ira. a pensar durante largo tiempo la situación. Cuando Splade cayera muerto en el suelo de la Cámara de los Comunes.

El duque tenía una esposa perfectamente joven andando por ahí. —Conseguiré que lo haga —dijo Rounton. como dicen. para sí mismo. Porque los intereses de sus clientes eran lo primero para él—. No se retiraría hasta lograr salvar el linaje Girton.ELOISA JAMES Duquesa enamorada lectura aliviarían sus recurrentes ataques de dispepsia. leyendo mecánicamente la lista de las frívolas actividades diarias realizadas por las personalidades más frívolas. se quedó observando lánguidamente la sección «Observaciones generales acerca de la ciudad».» Los ojos de Rounton se abrieron de par en par. De repente. Hay rumores de que el tutor es un joven muy atractivo… esperamos que el duque regrese pronto del extranjero para que él mismo entretenga a su esposa. La energía circulaba por sus extremidades. y no le costaría mucho trabajo engendrar un hijo antes de regresar al continente.13 - . Olvidó el dolor de estómago. a quien Dios tuviera en su gloria. dado que recibe invitaciones para cada evento de esta ciudad. fueron incapaces de tener un hijo. quien seguramente no podrá quejarse de aburrimiento. aunque lo intentaron. Durante unos momentos. Por lo menos él había hecho todo lo que había estado en su mano para producir un pequeño abogado que heredara la firma. Él y su esposa Mary. No sería muy complicado hacer que el duque bailara al son que él tocase. un párrafo llamó su atención: «Nos encontramos confundidos por la reciente tendencia de los que están a la moda: la hermosa duquesa de G. de creatividad. lo haré con un poco de tacto. Dios sabía que el viejo duque le había obligado a aprender las formas más creativas de enfrentarse a la ley. . Sería su último acto de lealtad: el último y mejor regalo que la leal familia Rounton haría a los duques de Girton. De hecho. ha llevado consigo a un tutor de historia a la famosa fiesta de lady Troubridge. Su voz tenía el timbre del hombre que está acostumbrado a lidiar con la ley en beneficio de sus clientes.

En Grecia. señor. el conde de Splade. estoy encantado. presentando a un nervioso hombre de unos veinte años—. Rounton se aclaró la garganta discretamente antes de entrar en la conversación. Stephen probó su brandy y miró a su primo. Él actuará como intermediario entre usted y mi oficina. tenía las piernas entumecidas. —¿Desde cuándo das abrazos? ¿Cómo debo llamarte? Excelencia es lo apropiado. Aún soy Cam y tú aún eres Stephen. —Le presento a mi joven socio. estaba seguro de que no le importaría que le pidiera al conde de Splade que me acompañara a venir. —Al diablo con eso. después de más de una hora sentado en el carruaje. la tarde siguiente. —Has envejecido. Medía casi dos metros y. Su primo se defendió: —La edad es una dolencia que todos padecemos. El señor Rounton se aclaró la garganta y comenzó a dar un sermón quisquilloso acerca de los obstáculos legales que traen consigo las anulaciones. el señor Finkbottle —dijo Rounton. los hombres se expresan como quieren. —Excelencia.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 3 Política familiar. —Por supuesto que no. ¡Han pasado ocho años desde tu visita a Nissos! Stephen logró soltarse del abrazo y se sentó. Cam le sonrió inmediatamente a Stephen. ¿Nos sentamos? Hay bastantes sillas por aquí. Ya no creo en toda esa podrida formalidad inglesa en la que mi padre creía tanto. Una leve sonrisa iluminaba sus ojos. No he llevado precisamente la vida de un dandi durante los últimos doce años. La Sonrisa de la Reina. Riddlesgate El resultado de que el señor Rounton tomara la decisión de rescatar el linaje Girton del olvido fue que tres hombres descendieron de un carruaje en la puerta principal de La Sonrisa de la Reina. Es increíble poder verte. Cam enseguida reconoció a su heredero: Stephen Fairfax-Lacy. y el dueño de la posada tiene un excelente brandy. —Un placer conocerlo. levantándose de su silla y arrastrando a su primo hacia sus brazos—. abruptamente. Cam —dijo. Para vivir en . Stephen se sentó y estiró las piernas. —¡Stephen! —gritó.14 - . cerca de las seis.

15 - . Cam estaba extremadamente pálido. pero cuando le pongas la aguja de la punta. Rounton reconoció de inmediato la testarudez de su empleador. el dardo llegaría más rápido al blanco. levantando la mirada. por mínimo que sea. De hecho. a una hora de aquí —declaró. señalando con el dedo—. —¿Sí? El duque había sacado un pequeño cuchillo y había comenzado a pulir la punta del dardo. Me habría gustado conocer a esa malcriada después de tantos años. la pluma no hará contrapeso —dijo Stephen. El señor Rounton pensó que ya era hora de dirigir el tono de la conversación hacia temas más delicados. ¿Ves? El dardo se irá para abajo. pensó Rounton. dándole la vuelta. la había visto a menudo en el viejo duque. como todo lo que Cam hacía. ¿Te acuerdas de todos los botes que tallaste? —Se hundieron casi todos —dijo Cam. a la parpadeante luz del fuego. como siempre que hablaba de algo que tuviera que ver con su trabajo—. —Siempre fuiste malo para los asuntos mecánicos —comentó Stephen—. —Qué lástima. sus cejas parecían cuchilladas de carbón en el pergamino. —¿Podría sugerirle que lo intente con mucho. excelencia. —No se habrían hundido si los hubieras tallado de una manera convencional. mucho empeño? —dijo el duque con tono amable. —Es absolutamente imposible preparar los papeles de la anulación en una semana —declaró.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Grecia. —Estoy listo para iniciar los trámites de la anulación. Su niñez había estado animada por lo que esos largos dedos podían hacer con la madera. Podría volar más rápido. El dardo estaba perfectamente fabricado. Siempre tratas de pasarte de listo. «Parece hijo de su padre». teniendo en cuenta que el duque parecía estar en un estado de ánimo razonable. pero no tengo tiempo de salir de excursión por el país. —Su esposa se encuentra en este momento en una fiesta en una casa en East Cliff. Stephen tomó el delgado pedazo de madera en su mano. Cam lo miró con cierta obsesión. —Probablemente estés en lo cierto —admitió. Los ojos de Cam descansaron en la cara del abogado por un momento para luego regresar al dardo que sostenía en la mano. —¿Qué es eso? —Es un dardo —contestó Cam. Pero sus manos no habían cambiado. Le brillaban los ojos. Tenía una cara de ángulos difíciles e impacientes reflejos de luz. que Stephen detectó rápidamente. Se me ocurrió que si movía la trayectoria del asta. en lugar de volar hacia el frente. Sin embargo. —¿Qué le pasa? —dijo el duque. —Hay otro problema. cayendo en espiral. algo delicado le ha sucedido recientemente a su esposa. Pero tenía un defecto. Podrías intentar hacer la punta más pequeña. Pero tenía planeada la revancha. riendo. . —¿Qué opinas? —Bajará en picado en cuanto le pongas un peso. pensó Stephen con un poco de nostalgia.

Ella es una dulzura. no todo el mundo es de la misma opinión que nosotros. todas jóvenes esposas… —¿Casadas? —Sus reputaciones no son precisamente inmaculadas —agregó Stephen de mala gana. La duquesa ha logrado ponerse en el centro de un escándalo. moviendo la pequeña flecha de un lado a otro entre sus dedos. —Bueno. y debo decir que han sido bastantes. diciendo: . mirando a Stephen—. Estoy de acuerdo con usted en cuanto a las virtudes de la duquesa. la anulación de nuestro matrimonio no cambiaría nada las cosas. Lo conocí en Grecia. Sin embargo. he oído rumores —dijo su primo—. Stephen habló por él: —Rounton cree que deberías aparecer para apoyarla. —¿Un escándalo? —El duque no parecía muy interesado—. Cam movía el dardo de un lado para otro. La gente se pregunta si el marqués de Bonnington querrá casarse con ella después de semejante escándalo. pero creo que su esposa. —Deduzco que la pequeña Gina ha estado «trabajando» de sol a sol —dijo Cam. ¿verdad? El abogado se quedó boquiabierto. buscando con sus dedos imperfecciones en la superficie. Puede que se calmen un poco las cosas si se casan. Me ha pedido que te acompañe a su fiesta.16 - . si ya tiene mala reputación. Cam esperó. Cam apretó los dientes. ¿Sabes tú algo de eso? —No me muevo en esos círculos —contestó Stephen encogiéndose de hombros. Rounton guardó silencio y Cam suspiró. Gina tiene un grupo extravagante de conocidas. —En ese caso. La sociedad la rechazaría. Todos los ingleses que han llegado a Grecia. Rounton asintió. mi señor. Cam miró el dardo con el ceño fruncido. sin saber qué decir. ¿Gina? ¿En qué clase de escándalo podría estar involucrada Gina? Si acaso. no saldría muy bien parada. —Cuando Gina se case con Bonnington cesarán las habladurías. han aplaudido las virtudes de mi esposa con mucho entusiasmo. —Si usted quiere anular el matrimonio en este momento. —Encuentro eso difícil de creer. estoy seguro que podrá hacerlo sin problema. pero ¿qué pasaría si el matrimonio no tiene lugar? —Se rumorea que Gina ha pasado la noche con un hombre… un sirviente llamado Wapping —dijo Stephen—. juzgándola culpable. Wapping es el tutor que le busqué. —Naturalmente. Rounton. la duquesa. una tormenta en una taza de té. ¿Qué se suponía que debía decirle a Gina? ¿Qué importancia tenía que coqueteara con ese marqués? Después de todo iba a casarse con él cuando su matrimonio estuviera anulado. —Lo dudo —dijo Rounton—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —La duquesa está… —titubeó Rounton—. —Tonterías —dijo Cam—.

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—Ahora puede ver lo importante que sería que usted apoyara a su esposa, excelencia. Si fuera usted a pasar unos días a la mansión donde se celebrará la fiesta y dejara claro ante todo el mundo que Wapping es su sirviente y que usted confía plenamente en él, las sospechas terminarían y la buena sociedad volvería a aceptar a la duquesa. Cam apretó los dientes, de nuevo. —Gina me escribió una carta llena de tonterías, diciéndome lo mucho que desea casarse con Bonnington. —Y así es, seguramente —dijo Rounton—. Estoy seguro de que eso es muy importante para ella; por eso tiene usted que ayudarla. Cuando todos conozcan su opinión, volverán a aceptarla en sociedad. Usted es su esposo, después de todo. —No sé. Unos pocos minutos ante el altar hace doce años no alcanzan para hacer valer el título. Ni siquiera me gusta referirme a Gina como mi esposa. Ambos sabemos que no somos realmente marido y mujer. —Sugiero que viajemos al Acantilado Este —dijo Stephen—. Puedo quedarme una o dos noches. Ya sé que no te interesan estas cosas, Cam, pero el Parlamento no abrirá sesiones hasta primeros de noviembre. —¡Claro que lo sé, tonto! Stephen se encogió de hombros, y dijo: —Dado que no has mostrado interés en tomar posesión de tu escaño en la Cámara de los lores… Cam sonrió. —Podrás ser más viejo, Stephen, pero no has cambiado. Siempre fuiste el más responsable de los dos. Yo, sin embargo, sigo huyendo de la responsabilidad —dijo Cam—. No encuentro razón para alterar mis completamente cómodos hábitos en ese punto. Tengo cosas que hacer en casa. —Creo que se lo debes a Gina —insistió su primo. —No lo has entendido. Tengo mucho trabajo. Stephen lo miró de reojo. —¿Por qué no puedes trabajar aquí? Tenemos piedras, cinceles y hermosas mujeres que servirán de modelos. —Estoy trabajando en una hermosa pieza de mármol, del rosa más pálido. ¿Sabes cuánto tiempo he perdido con este viaje? —¿Tan importante es tu trabajo? —dijo Stephen con la insolencia de un político. —Sí, por supuesto que importa —dijo Stephen, bruscamente—. Si no trabajo, bueno… es lo único que importa. —Vi tu Proserpina, la que Sladdington te compró el año pasado. Es muy bonita. —Ah, sí. Es una propuesta un poco arriesgada, ¿verdad? Ahora estoy trabajando en Diana. Una mojigata. Modelada en Marissa, por supuesto. —¡Claro! —murmuró Stephen—. Creo que le debes algo a Gina. Ha estado casada contigo la mayor parte de su vida. No puedes culparla por gozar un poco de la vida mientras tú no vivías en el país. Pero cuando anuléis el matrimonio y deje de ser duquesa será marginada de la buena sociedad. Dudo que ella sepa lo dura que puede ser la gente con una ex duquesa con mala reputación.

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El cuchillo de Cam pasó por entre la madera y rompió la punta del dardo, haciéndolo caer al suelo. —¡Maldita sea! —Iremos juntos —dijo Stephen—. Encontraré un pedazo de mármol y podrás llevarlo contigo. Harás otra Proserpina. —¿Es eso un comentario sarcástico, primo? ¿No te gustan las diosas romanas? —dijo Cam. Stephen no contestó. —Oh, está bien. Abandonaré a mi Diana. Sólo espero que Marissa no engorde mucho en mi ausencia. Verás como cuando vuelva habrá engordado y tendré que obligarla a pasar hambre para que recupere su cuerpo de diosa… —Marissa es su amante —informó Stephen a Rounton y a Finkbottle. —Es mi musa —corrigió Cam—. Una mujer hermosa. La estoy esculpiendo como a Diana saliendo del agua. Stephen le lanzó una mirada oscura. —Piensas que todo esto son tonterías, ¿verdad? —dijo Cam, sonriendo con ironía mal disimulada. —Sí, lo creo —dijo su primo, sin rodeos—. Puesto que realmente son tonterías. —A la gente le gusta. La estatua de una hermosa mujer puede hacer que tu jardín se convierta en el paraíso. Te haré una. —Tú no tienes respeto —dijo Stephen con resentimiento—. Eso es lo que menos me gusta de ti. —En eso estás equivocado —respondió Cam, estirando las manos. Las miró: eran grandes y poderosas, marcadas por pequeñas cicatrices—. Me siento orgulloso de mis diosas. He hecho mucho dinero con ellas. —Ésa no es razón suficiente para seguir imponiendo mujeres desnudas como si fuera la última moda —dijo Stephen con brusquedad. —Ah, pero ésa no es la única razón. Mi talento se expresa en las mujeres desnudas, Stephen. No en los dardos, tampoco en los botes. No puedo fabricar objetos que no tengan valor. Pero puedo crear la curva de una mujer de tal manera que te haga morir de deseo sólo de verla. Stephen levantó una ceja, pero se quedó callado. Cam les pidió disculpas a Rounton y a Finkbottle: —Por favor, excusen la riña familiar, señores. Stephen es el regalo de nuestra familia al mundo, ¿quién lucharía por los veteranos de guerra y los niños alpinistas si no lo tuviéramos a él? —Por lo menos yo hago algo útil. ¿Qué haces tú? Enriquecerte vendiendo mujeres desnudas y rellenitas, moldeadas en mármol rosa, a señores como Pendleton Sladdington. —Marissa aún no está rellenita —observó Cam, ligeramente. Luego se levantó y aplastó a Stephen por los hombros—. Es magnífico poder discutir contigo otra vez. Te he echado mucho de menos, maldito viejo moralista. Rounton se aclaró suavemente la garganta. —¿He de tomar por hecho que acompañará al conde a la mansión Troubridge, excelencia? Cam asintió. —Acabo de recordar que tengo un regalo para Gina, enviado por su madre. Se lo entregaré en persona, si Stephen me consigue un cubo de

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mármol en pocos días. —Si lo conviertes en algo que no sea un cuerpo de mujer, sí —dijo, rápidamente. —¡Un desafío! —dijo Cam, alegremente. —Nada menos —contestó su primo—. Dudo que sepas moldear algo que no sean torsos de mujeres desnudas. —Acepto el reto. Pero prométeme que exhibirás en tu casa la pieza que haga para ti. —Lo prometo. Rounton suspiró. Ahora ya no dependía de él, sino de que la duquesa supiera ganarse el corazón de su marido. Era lo mejor que podía hacer; lanzarlos juntos por un corto periodo de tiempo y dejar que la naturaleza siguiera su curso. La joven duquesa era famosa por la belleza de su pelo rojo y sus ojos verdes. Rounton esperaba que Girton no pudiera resistirse al encanto de su pelo, y algo más. Stephen se hospedó en La Sonrisa de la Reina con su primo. Envió al empleado de Cam a Londres a buscar a su ayuda de cámara, algo de equipaje y un bloque de mármol. Era confortable estar sentado en una posada en medio de la nada, tomando brandy y discutiendo amablemente con el único pariente que tenía. Tuppy Perwinkle los acompañó mientras caía la tarde. Aparentemente, la persona que iba a arreglar su carruaje no iba a poder reparar el eje hasta el día siguiente. —¿Cómo está, señor? —preguntó Tuppy, estrechando la mano de Stephen. Stephen miró inmediatamente los ojos de Tuppy. —Muy bien —respondió—. ¿Reside usted por estas tierras? —No molestes, Stephen —dijo Cam, tras lanzar su quinto dardo sin hacer diana—. Tuppy vive en Kent, fuera de tu jurisdicción. No tienes su voto. Stephen apretó los labios. —Sólo era una pregunta amable, para romper el hielo —contestó—. Soy parlamentario por Oxfordshire —agregó al ver que Tuppy los miraba sin comprender. —Enhorabuena —dijo Tuppy, asintiendo. Stephen se agachó levemente hacia su primo. —¿Cómo estás enterado de mis progresos en política? ¡No me digas que el London Times llega hasta Grecia! —Sí, claro, se puede comprar en Grecia, aunque las noticias ya están muy pasadas cuando lo recibimos… Pero no me enteré por el periódico — dijo Cam—. Gina me lo contó en una de sus cartas. Me hizo tanta ilusión que hasta te conseguí un voto. Stephen lo miró, incrédulo. —¡Es verdad! —protestó Cam—. Conocí a un viejo maniático de Oxford. Lo invité a cenar y prometió solemnemente votar por ti. —Te lo agradezco. ¿Hay muchos ingleses por allí? —Cada vez más —respondió Cam—. Van por curiosidad, supongo. No tienen que pagar para ver al loco duque inglés. Y además, los que tienen el dinero suficiente para pagar el abusivo precio que cobro pueden llevarse una estatua a casa para su jardín.

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Stephen gruñó. —¿Usas tu título para conseguir ventas? —Por supuesto. Es para lo único que me sirve el título. Yo no voy a tener hijos, así que no tengo por qué preservar el título para un heredero. —Cásate de nuevo una vez que hayas conseguido anular este matrimonio —declaró Stephen. —No lo voy a hacer —gruñó Cam. Como no dijo nada más, Stephen cambió de tema. —¿Qué hace por estos lugares, señor Perwinkle? —preguntó. —Voy a visitar a mi tía. Es una mujer muy particular, y siempre está de fiesta en su casa. Quiere que la acompañe y que me muestre como su heredero, aunque yo no vivo a la altura de sus expectativas —dijo Tuppy, riendo burlonamente—. Va a dar un alarido hasta quedarse azul cuando me vea con esta ropa, a no ser que mi empleado me encuentre. Anda por ahí, persiguiéndome con mi equipaje. —¿Qué demonios tiene de malo tu ropa? —preguntó Cam. Tuppy soltó una carcajada. —Nada que no tenga de malo la tuya. Cam llevaba una camisa blanca de lino metida dentro de unos pantalones grises. Ninguna de las dos prendas estaba a la moda, ni tampoco eran nuevas. A cambio, eran cómodas y estaban extremadamente limpias. —¿Quién es tu tía? —preguntó Stephen. —Lady Troubridge, del Acantilado Este. —Te llevaremos nosotros mañana, si tu carruaje no está listo. Ésa es la casa en donde está tu esposa, Cam. Ya sabes, la casa donde se celebra el baile del que te hablé. Cam gruñó y no despegó sus ojos del dardo. Tuppy tembló. —Entonces ambos veremos a nuestras esposas. Cam levantó la mirada. —Pensaba que habías perdido a la tuya. —Eso no significa que no la vea de vez en cuando. Generalmente la veo en esa fiesta. No puedo perdérmela desde que mi tía me amenaza con desheredarme. Paso la mayoría del tiempo pescando. Mi tía tiene un riachuelo con truchas. —Y, ¿cómo es la fiesta? —Cam aún estaba tallando la pieza de madera. —Una verdadera molestia. Mi tía se disfraza de una especie de anfitriona literaria. Hay una tonelada de poetas malos y disolutos actores merodeando por ahí. Torpes chicas, aspirantes a actrices, esperando a ser descubiertas. Y las amigas de mi esposa, por supuesto. Como Stephen levantó las cejas, Tuppy prosiguió: —Jóvenes y casadas, muertas de aburrimiento. Como no saben qué hacer con sus vidas se dedican a exhibir sus pieles y sus joyas sin importarles nada más que su bienestar. —¿Mi duquesa es una de ellas? —preguntó Cam. Tuppy sonrió, arrepentido. —Me temo que sí, excelencia. Creo que es una de las amigas más cercanas de mi esposa.

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—No me llames así —dijo Cam, impaciente—. No aguanto esa formalidad. Llámame Cam, por favor. ¿Por qué no me dijiste ayer que nuestras esposas eran amigas? —No pensé que fuera relevante —respondió, sorprendido. —Gina siempre fue una joven muy traviesa. Stephen, ¿recuerdas aquel día que nos siguió cuando salimos a pescar? —dijo Cam, mirando a Tuppy—. No quisimos llevarla porque era una niña, entonces se escondió detrás de nosotros y mientras pescábamos se llevó nuestro almuerzo. Stephen soltó una carcajada. —Había olvidado eso. —¿Y qué hizo? ¿Lo tiró? —preguntó Tuppy, interesado. —No, eso habría sido muy simple. Le habíamos dicho que no la llevábamos con nosotros porque las niñas no pueden ver gusanos sin dar alaridos. Entonces, ella abrió cada pastel y cada tarta y puso cuidadosamente gusanos entre la masa. Incluso metió gusanos en las cestas. —Cuando nos repusimos del susto —continuó contando Stephen—, fue fabuloso. No teníamos almuerzo, pero teníamos gusanos para pescar durante una semana. Cam sonrió. —Al día siguiente, la llevamos con nosotros. —Pescó más peces que nosotros. —Ahora que lo pienso —dijo Cam—, va mucho con el carácter de Gina llevar esa vida. Nunca fue una chica convencional. —Todo lo que puedo decir es que sus amigas y ella no hacen más que montar escándalos —dijo Tuppy—. A veces creo que mi esposa me dejó sólo porque consideraba que vivir con su marido era un aburrimiento. Stephen lo miró con curiosidad. —Ésa es una razón increíblemente frívola para terminar los lazos maritales —comentó. Tuppy se encogió de hombros. —Ninguna de ellas vive con su marido. Su esposa —dijo, mirando a Cam y asintiendo— lo tiene a usted, y usted vive en el extranjero. Esme Rawlings tiene un esposo, pero hace décadas que no viven juntos. Él hace alarde de sus amoríos. Y la última es lady Godwin. —Oh —dijo Stephen—, la esposa de Rees Holland, ¿correcto? —Su marido llevó a vivir a su casa a un cantante de ópera de Mayfair —agregó Tuppy—. Al menos, eso se decía. Stephen frunció el ceño. —Entonces todas son huérfanas de esposo y libres para proceder a su antojo —dijo Cam, pensativo. El silencio cayó en el grupo, interrumpido tan sólo por el sonido del cuchillo de Cam contra la madera.

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gracias a una explosiva combinación: su fuerza de voluntad y la habilidad de su criada. Hacía aproximadamente veinte años tuvo la suerte de encontrar un hombre cuyas principales características eran su avanzada edad y su enorme fortuna.22 - . pero después se dio cuenta de que no estaba interesada en un compañero de cama a largo plazo ni tampoco. lord Troubridge recorrió rápidamente el sendero de la carne. Muy pronto la sedujo la idea de casarse de nuevo. y Emily entraba con creces en la última categoría. un defecto que se perdona sólo a las mujeres muy guapas o a las muy ricas. ergo no la molestaría durante mucho tiempo. a pesar de que su forma de vestir resultaba algo excéntrica. y eso era lo más importante. Además. lord Peregrine Perwinkle. Como le había comentado su primo segundo la mañana de su matrimonio. Entonces mandó llamar al heredero de su esposo. Para alivio de Emily. también conocido como Tuppy. Emily Troubridge se convirtió en una mujer que ni su difunto esposo habría reconocido. Aunque su edad no fue obstáculo para que se enamorara como un colegial. Después de que Troubridge se declarara cautivado por la joven señorita Emily. ergo tendría empleados en el campo y empleados en la ciudad y más lacayos borrachos de los que pudiera contar. quería que un hombre controlara su dinero. su anciano y fogoso marido sufrió un ataque al corazón tras dos intensos meses de dicha matrimonial. El funeral estuvo seguido por una quincena de tensa espera. cualidades que lo hacían enormemente atractivo. Adoptó un aire de autoridad y orden que la hacía parecer muy respetable. su esposo tenía más arrugas que Matusalén y más dinero que Midas.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 4 Placeres domésticos. Mansión de los Troubridge. era millonario. le aseguró que nunca se casaría y continuó gastando con la mayor alegría la herencia de su queridísimo esposo. lady Troubridge felizmente se tranquilizó y se dedico en cuerpo y alma a la tarea de gastar todo lo que le fuera humanamente posible de sus saneados ingresos anuales. una experta en materia . aunque no destacaba por su hermosura resultaba encantadora. Cuando el tiempo demostró que no. En cuanto a su aspecto. la madre de la muchacha no tuvo escrúpulos en señalarle a su hija las ventajas de semejante unión: Troubridge era viejo. acantilado este Emily Troubridge se consideraba una mujer muy afortunada. pues todos estaban interesados en saber si la fogosidad del anciano marido había tenido consecuencias. Con el pasar de los años.

pintores y artistas que acudían con la esperanza de encontrar un mecenas entre los invitados. con las niñas trotando a su lado. ¿sabes? Y Esme Rawlings es débil ante la belleza. y desde que lady Troubridge se convirtiera en una amante de la naturaleza y jardinera experta. corrió por todo Londres declarando que no había mujer más feliz que ella. En ese momento el señor Austerleigh se atrevió a intervenir en la conversación: —¿La duquesa de Girton? Dime. eran muy conocidas. —Ella dice que estaban observando una lluvia de meteoros. los artistas no daban más trabajo que los amantes. la señora Austerleigh. lady Troubridge siempre invitaba a toneladas de actores. dado que en aquellas reuniones. su casa era una excéntrica proliferación de templetes griegos y cenadores floridos que aseguraban la intimidad necesaria para conseguir cualquier meta hacia la que se quisiera avanzar. por supuesto. Los hombres jóvenes acudían en masa a cazar a los bosques llenos de follaje de lady Troubridge y a coquetear con jóvenes casquivanas sin principios. —Eso es escandaloso —afirmó la señora Austerleigh. —Además está la querida duquesa. músicos. —Porque está Miles Rawlings y lady Randolph Childe —dijo. señalándolos con la mano—. especialmente las que se llevaban a cabo en los aburridos meses de verano. pero lady Troubridge nunca se quejaba. yo sí —dijo la señora Austerleigh—. De hecho. ¿No creerás esa tontería de que está liada con el tutor. ni muchísimo menos. Por supuesto. Querida. Y amantes tenía suficientes. Y a donde hombres solteros iban. mamás con ganas de emparejar a sus hijas iban. la verdad. verdad? —No veo por qué no. como perros entrenados. las invitaciones eran bastante codiciadas. Lady Troubridge no tenía tal debilidad. aunque. Y creo que la esposa de Rawlings anda detrás de Bernie Burdett. después de cerrada la temporada y antes de la apertura del parlamento. no entiendo cómo puede aguantar su compañía.ELOISA JAMES Duquesa enamorada de cosméticos. me dijo ayer que le gustaría hospedarse en el mismo piso de la señora Boylen. después de muchas dudas y rodeos. Es un hombre muy guapo. al menos por ese verano. Como le decía a su amiga. Willoughby Broke afirmó haber visto a la duquesa y a su tutor en el conservatorio a altas horas de la madrugada. —Supongo que entonces aún no sabía lo que le esperaba. la presencia de los artistas era a veces un inconveniente. —Bueno.23 - . ¿quién crees que es su amante? —El marqués de Bonnington. Las fiestas de lady Troubridge. al menos está coqueteando bastante con él. preguntándose . querido. se hacían y deshacían matrimonios: aquellos que buscaban casarse y aquellos que buscaban separarse de su media naranja se encontraban en igualdad de condiciones. A diferencia de la flor y nata de sociedad. por supuesto —continuó la señora Troubridge. que eran el paraíso de los casamenteros. —Oh —titubeó la señora Austerleigh—. ¿Cuántos hijos tuvieron? ¿Cinco o seis? Debió de ser traumático para esa pobre chica. Suspiró apenas y continuó: —El señor Rushwood. recuerdo cuando se casó con el señor Boylen.

Knole se queja de que no conoce su lugar. pero la duquesa se ha paseado en público. es cierto — admitió lady Troubridge—. esa noticia le había afectado bastante. con poca sabiduría: —No hay nada más aburrido que cortejar a una mujer culta. El marqués de Bonnington es alguien muy prudente para ser tan joven. de modales muy afectados. —¿Has oído el rumor que corre por ahí? Dicen que el esposo de la duquesa regresa a Inglaterra. —Era difícil sorprender a la señora Austerleigh.24 - . que estaba horrorizada porque acababa de descubrir que durante el invierno los ratones habían roído la ropa blanca… pero. sí. es un sirviente. Además. —Bueno —dijo la señora Troubridge—. al menos. Porque él… Pero la frase murió en sus labios antes de ser pronunciada porque en ese momento la puerta se abrió de par en par. es un hombre muy pomposo. simplemente no lo creo. Luego añadió. Que Bonnington ha pedido su mano. ¿qué podía hacer la señora? La señora Austerleigh no era la única persona en la mansión de los Troubridge que pensaba que los tutores no debían asistir a las fiestas. —¡No! —De hecho. en mi opinión. al parecer. —Claro que sí. Tiene barba por toda la cara. —Los mayordomos siempre dicen eso. y a altas horas de la madrugada. Y sólo puede haber una razón para su regreso. La señora Boylen es discreta. la duquesa en persona. querida. por si fuera poco. lo que no es de mi agrado. siempre lo está diciendo. —Hay algo bastante extraño en ese señor Wapping. Tal vez sea un hijo menor empobrecido. el ama de llaves. Lluvia de meteoros o no. —Espero que se lo pidiera antes de ese asunto de Wapping —declaró la señora Austerleigh—. pero. El estómago le hacía ruiditos impertinentes y la pobre mujer necesitaba calmarlo antes de que toda la reunión los oyera. dando paso a la señora Massey. es todo muy raro. Unos labios rozando su mejilla. No está bien visto traer al tutor de historia a una fiesta. ¿Lo conocéis? —Claro que no —afirmó la señora Austerleigh—. El señor Wapping es un hombrecillo muy extraño. No me digas que es normal que haya traído a su tutor a tu fiesta. con voz seductora le contestaron: —¿Entonces. querida — le dijo el marqués de Bonnington a su prometida. La verdad. soy aburrida? . —Quisiera que consideraras la idea de despedir a tu tutor. la duquesa debería ser más discreta. después de todo. —La reputación de la duquesa no es peor que la de la señora Boylen.ELOISA JAMES Duquesa enamorada si habría algo de comer por algún sitio. o ésa era la impresión que quería dar. ¿verdad? El mío. ¡Hace mucho que dejé de ir al colegio! —La revista Tatler se tomó la libertad de llamarlo atractivo. o algo así. con un hombre… Un hombre que. mientras le pasaba una pera ya pelada—.

—Sin duda. querida. —No es que no quiera besarte. puede que estés casada. El marqués se puso a la defensiva. Sabes que todos esos cursis están pendientes de ella. no critiques a Esme. Esme ha sufrido bastante a causa de su horrible esposo. con placer. pero no eres adúltera. muy seria. —Gracias a ti —dijo. Sólo intentas escandalizarme hablando como tu amiga lady Rawlings. Me parece antiestético. No me interesa andar por ahí besándote a escondidas. lanzando destellos con la luz del sol. —Por favor. pero puedo asegurarte que no era nada indebido —declaró—. pues debería —dijo él. parece que a esa mujer no le importa nada su reputación. —No eres mi futura esposa. —¿Sabes lo que les hacen a las adúlteras en China? —preguntó Gina. frunciendo el ceño—. Sebastian. No debí acceder a acompañarte a este picnic. en la posada. ¿Sabes. Gina. —¿Por qué no? —lo persuadió—. querido? Tú habrías sido una mujer muy hermosa. Por ejemplo. lo entiendes. —Es un pesado muy guapo. —Las apedrean —dijo. ¿Sabes una cosa. —Esme es mi amiga más querida y. —No hablas en serio. Hawes está lejos. ¡y es muy cruel de tu parte que te dediques a inventar . ¿qué me dices de lo que hizo anoche? ¿Cómo no va a estar su nombre en boca de todos cuando desapareció del salón de baile con ese tal Burdett y estuvieron ausentes durante más de una hora? —No podría decir qué estaban haciendo. Gina. —Nunca entenderé a los hombres —lamentó Gina. puesto que vas a casarte conmigo. —Bueno.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —No hagas eso. Besarse en público es poco aconsejable. Nadie puede vernos. ¿verdad? —No hay nada inapropiado en besar a tu futura esposa —resaltó. Su mala reputación ha sido ampliamente exagerada. no te burles de mí —dijo—. Imagínate que tu madre se entera de dónde estás. —Por favor. Comportémonos como adultos. Sebastian? Tu pelo brilla exactamente como oro de Guinea. —No tengo ni idea. Gina entornó los ojos. —Bueno. dado que aún estás casada —dijo. mientras cortaba puñaditos de hierba y los sopesaba en sus manos.25 - . —Eso será difícil —dijo él—. —No te engañes. —Estás siendo muy insensible. ¿Por qué no me besas? —Este picnic es inapropiado —respondió él—. Qué molesto es casarse con un hombre mucho más guapo que una. nunca le permitiría ningún tipo de familiaridad. tendrás que aprender a ignorar los rumores que corren sobre ella —dijo Gina. —¡Estamos merendando en el campo! No hay un alma en kilómetros. esperando a que dé un paso en falso. Esme cree que Burdett es un pesado. si no procuraría no ser el centro de todas las habladurías. Primero. Después de todo. sonriendo. No diría nada y lo sabes.

poniéndose de pie y sacudiendo su ligero vestido de muselina—. supe exactamente qué buscaba en un esposo: a ti. Gina estaba perdiendo la paciencia. —Desde que heredaste el título —continuó Gina—. ni que tu nombre esté en boca de todos. Supongo que tienes razón con respecto a lo inapropiado de nuestro picnic. ¡Fíjate. Sebastian. pero no entiendo cómo tienes esas amigas. —Yo tampoco —dijo ella. cuando te conocí. —Alcanzar la madurez no es lo mismo que ser mojigato. Son todas unas inmorales… Apuesto a que ninguna de ellas vive con su marido. mirándolo con un destello de malicia en los ojos—. Era evidente que no le gustaba nada recordar ciertos episodios de su pasado. —¿Sabes. No quiero que la reputación de mi futura esposa sufra ningún daño. Estoy empezando a pensar que eres un mojigato. no podías estar menos interesado en las normas sociales… ¿Recuerdas la vez que me escapé de casa y me llevaste a Vauxhall? Sebastian se puso tenso. —Lo paso mal cuando regañamos… —Yo también —dijo Gina.ELOISA JAMES Duquesa enamorada historias sobre ella! —Nunca invento historias —replicó—. cosa que resultaba evidente con sólo fijarse en cómo metía los platos en la cesta. de verdad. Esme. discutimos como si lleváramos años casados! Parecemos un matrimonio de ancianos. tal vez antes de año nuevo. ¡es mi amiga! Sebastian frunció el ceño. vas a ser mi marquesa. Pero él no la besó. pero él no dijo nada. —Yo creo que somos el uno para el otro. porque. Se mantuvo en silencio mientras ella recogía las horquillas que se había quitado y volvía a ponérselas. limitándose a esperar a que pasara la tormenta. rodeándole el cuello con las manos—. Lo lamento. hace años. Después de ver sus matrimonios. —Respetar las normas sociales no es ser mojigato —contestó. contemplándola abatido. Además. Nunca acompañaría a una damisela soltera a un picnic sin una dama de compañía. pensativa mientras metía los platos en la cesta de mimbre—. . aunque todos saben cuál es la situación con Cam. no importa lo que diga la gente sobre ella. ¡Simplemente no puedo entender por qué tus amigas no son tan decentes y recatadas como tú! —Esme es muy decente —dijo Gina—. —Bueno.26 - . Sebastian? —dijo Gina. Su mirada se ablandó y le dio un beso en la frente. —Así es —dijo el marqués. —La única razón por la que he accedido a acompañarte es porque eres una mujer casada. Te amo precisamente porque eres un hombre serio y respetable… y luego me enfado contigo por esa misma razón. —No quiero discutir contigo. Vamos —dijo Gina. Pero podría decirse que gracias a ellas nosotros estamos juntos. —No son unas inmorales. Al fin y al cabo. está bien. Carola y Helena no han tenido suerte en lo que concierne a los maridos. También es graciosa e inteligente y me hace reír.

—¿Por qué lo abandonaste? —Peleábamos continuamente —explicó Carola—. sí. Me facilitaría mucho las cosas. —¿Qué cosas te facilitaría? —Bueno. a quien saludaron con una sonrisa. —Yo también estoy muy nerviosa —confesó Gina—. mucho —dijo Carola. —Recibí una nota de su abogado en la que me decía que probablemente asistiría a la fiesta de hoy —explicó Gina—. Puede que mi esposo también aparezca esta noche. inclinándose sobre la barandilla. me gusta. —Estás preciosa —le dijo a Carola. querida. entonces —dijo Carola. Gina? —Estoy segura. levantando una ceja. y ni siquiera me acuerdo de cómo es. Gina bajó corriendo para alcanzar a su amiga. vivir lejos de él… Pasaron en medio de un grupo de matronas cubiertas de diamantes. salir de compras y visitar a mis amistades. Carola miró hacia atrás y sonrió. te queda de maravilla —le dijo Gina. lo reconozco. —¿Por qué te pone tan nerviosa tu esposo? Sólo lo he visto una vez. —¡Carola! —gritó Gina. —No estoy segura de que el corte de este traje sea apropiado para una mujer tan bajita como yo… —No. y no quiero perderme el primer baile. me gusta mucho. Sabes que me encanta bailar. —Estoy un poco nerviosa porque mi esposo va a venir —susurró Carola—. calmándola—. —Pues yo preferiría no recordar cómo es mi esposo. no pienso tanto en él. —¿Sí? —Pero cuando lo veo. Siempre estábamos discutiendo… por eso lo dejé. —Es muy amable. bueno… ¡me siento culpable! —dijo. con un tono de tristeza—. ¿Estás segura de que me sienta bien el vestido. apretando cariñosamente su brazo. atiborrada de compañía y aturdida de nobleza.27 - . Pasaron junto a lady Troubridge. Pareces un ángel. sonrojándose. Pensé que iría a buscarme a casa de mi . pero el día que lo vi me pareció muy amable. Eso es lo peor de todo. —Creo que la orquesta comenzará a tocar pronto. —Cuando no estoy junto a Tuppy. —Ya está aquí.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 5 Mansión de los Troubridge.

Es como si se sintiera ofendido por el solo hecho de estar hablando con ella. lloré mucho —dijo Carola—. ¿una obligación? —¿Una obligación? —Gina no entendía nada—. El rostro de Carola brilló. No. quien tenía cinco hijas casaderas—. sin saber qué decir. —Pero eres muy feliz sin él.28 - . nadie me obliga. ¡Mira a lady Deventosh! Está tratando de envolver a mi prometido para dárselo a una de sus hijas como regalo. y. El marqués siente devoción por ti. mientras un . moviéndose a un lado. Siempre encuentro difícil la primera noche. mira con qué desprecio trata a lady Deventosh. Camdem y yo casi no nos conocemos. —Estoy bien. El marqués de Bonnington se les acercó con una venia. Así es mucho más entretenido. Los esposos son complacientes cuando no están enamorados. —Oh. Tuppy es rutinario e insensible. Los ojos de su amiga brillaban por las lágrimas. Quizá no sea tan complaciente conmigo como lo era tu esposo contigo… Carola fingió una sonrisa. cualquiera puede verlo. —Es un hombre bastante particular. sobre todo. pero es su forma de ser. —Sí. —¿Te duele que no fuera a buscarte? Pensaba que teníais un arreglo amistoso. —Yo no me preocuparía. Gina notó que los ojos de su amiga estaban empezando a humedecerse. pero pasado el mal trago del primer encuentro Tuppy y yo estaremos muy cómodos en mutua compañía. al principio. desde luego era uno de los hombres más guapos de Inglaterra—. Sí. Es un marqués. pero en privado no lo es. ¿Qué tiene él que el duque no tenga? —¡Es diferente! —exclamó Gina—. —Aquí está —dijo Sebastian. —Mmm —dijo Gina. lo soy —respondió Carola. Acababa de ver a Sebastian hablando con Cecilia Deventosh.ELOISA JAMES Duquesa enamorada madre. nunca quiere salir por la noche. sonriendo titubeante—. —Bueno. querida… —dijo Gina. —Oh. Puede que sea un poco acartonado en público. que se pondría de rodillas y me rogaría que regresara con él… pero no fue. —Porque te ama. pero nunca se te ha ocurrido pensar que el matrimonio con él podría ser… como… no sé. El sonido de violines afinándose llegaba desde el otro lado del salón. te lo prometo. ¡está tratando de endilgarle a una de sus hijas! —exclamó Gina—. —Sí —dijo Carola. En aquella época yo tenía una idea muy romántica del matrimonio. —¿Dónde estará Neville? Me extraña que aún no haya llegado —dijo. Gina la miró con curiosidad. mirando fijamente al marqués de Bonnington. —Puede que sea un poco estirado. —Sí —murmuró Carola. —Una sonrisa traviesa encendió los ojos marrones de Carola —. muy bueno. esa mujer es bastante pretenciosa. y Sebastian es todo lo que siempre he querido en un esposo: tranquilo y seguro.

frunció el ceño. Carola. ¿no te parece? —susurró Esme cuando los hombres fueron a buscar algo de comer. —Si nos disculpan. —Sí. Creo que lady Troubridge ha decidido inaugurar el baile con una polca. lo que más me gusta de él es su perfil. —¡Disculpad mi tardanza! —gritó—. lady Perwinkle desaparecerá si no le encuentro un buen lugar en las filas de baile. De manera que no sabía si su novio tenía los brazos musculosos o no. He tardado más de lo que había calculado en vestirme para la ocasión. Esme y ella compartían una mesa para la cena y Gina tuvo que admitir que Bernie Burdett. Su alteza. ¡Es tan suave como la seda! —¡Esme! ¡No digas esas cosas en voz alta! —Deberías sentir sus brazos —dijo con voz ronca—. excelencia. quiero. —La belleza no es un atributo importante en un hombre —recalcó Gina. tu… —hizo una pequeña pausa— tu guardián supervisa cada sorbo que tomas. aunque bastante aburrido. —Tiene un pelo precioso. Tomó un poco más de champán. y dijo: —Sólo iba a decir que… —… que ese comportamiento no es adecuado para una dama — completó Gina. Gina. mi queridísima lady Perwinkle. a pesar de ella. Un descuidado. Su cara estaba iluminada por las carcajadas—. Su afirmación sorprendió a Esme y la dejó en silencio. no por su perfil. Esta tarde hemos dado un paseo los dos solos y he podido contemplarlo a placer. ¿Por qué su prometido era tan estricto? Después de todo. Ahora parecía contenta. gracias —le dijo al camarero que le ofrecía otra copa de champán. señor Bonnington. Sebastian y ella nunca habían estado solos… él cuidaba demasiado su reputación para permitir algo así. sin poder evitar sonreír. Carola había puesto la mano debajo de la de él. —¿No? —Esme tenía esa mirada picarona otra vez. —No —contestó Gina—. Sebastian será un estupendo padre por su gran carácter. Él hizo una reverencia. .29 - . Sebastian. —Tu Sebastian es extremadamente guapo —señaló Esme. ¡Es puro músculo! Aunque. —Eso es espléndido —dijo Carola. no se puede tener todo. el acompañante de Esme. señor Bonnington. ella ya no era una niña. ¿bailamos? —Cada uno de sus suspiros son órdenes para mí —exclamó—. Nadie podía evitar sonreír con la sonrisa de Neville. que acababa de regresar a la mesa. Sebastian puso la cara que siempre ponía cuando se dirigía a Esme. era un hombre muy atractivo. ¡eso es lo que soy! Gina sonrió. —Pero ésa no es la razón por la que lo amo —dijo Gina. mirando las burbujas de mala gana. pensando. Pero Gina suspiró. —Me siento un poco triste. Tenía el pelo brillante y los ojos muy azules. la verdad. imitando perfectamente su tono de noble altanero.ELOISA JAMES Duquesa enamorada extravagante y elegante caballero salía de la multitud. Pero bueno. Esme no pudo evitar hacer un comentario: —Ten cuidado.

—No nos estábamos burlando de ti —respondió ella. —Cuando sea mi esposo. estabas refiriéndote a mí cuando has dicho eso! Déjame decirte que los que valoran los buenos modales ¡no me ven como acartonado! Tan sólo inteligente.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Gina tomó la copa y bebió. dices? ¿Sabes que hay muchas personas que no recibirían a Esme Rawlings en su casa? —Bueno. —¿No crees que estás siendo un poco severo? —O quieres decir. decidida a hacer que su prometido rompiera alguna de sus reglas esa noche. buscando los ojos de Esme. Gina le tomó del brazo. dios. ¿acartonado? ¡Obviamente. Tú. —¿Vamos a dar un paseo. fríamente—. Entonces Gina se dio cuenta de que se había acercado demasiado a él. en algunos casos. Bernie miraba a todas partes. Gina lanzó una sonrisa a lo largo de la mesa. ¡Está todo tan atiborrado de gente! Él se había puesto de pie a su lado tan pronto ella lo había hecho. Supongo que he bebido demasiado y ahora necesito respirar aire fresco. desconcertado. Es sólo que mis amigas tienen un sentido del humor muy particular. Gina. —¿Particular. Gina se mordió el labio. Creo que tenías razón —dijo. señor Bonnington. Él se soltó y la miró. podrá prohibir el champán en casa. Pero no me gusta nada ser objeto de las burlas de tus amigas.30 - . No sé bien cuánto tiempo vamos a tardar. Me siento terriblemente… ¡acartonada! Carola se atragantó y Esme soltó una carcajada. su voz sonaba suave y calmada. —Ay. con furia—. dulcemente—. Esas mismas personas se deshacen en reverencias cuando ven a su esposo… ¡mientras que a ella la tratan como si fuera una perdida! Los ojos de Sebastian se estrecharon. —No sé qué pretendes —dijo él. Sebastian se detuvo en cuanto se encontraron fuera. eso es todo. lady Perwinkle y esa prostituta de ¡Esme Rawlings! —¡No hables así de Esme! —Hablar claro es una virtud. tenía ganas de provocar a su prometido. eso no es justo —dijo Gina. —¡Mírame a los ojos y dime que no ha intimado con Bernie Burdett más de lo que permite la decencia! . Gina se puso de pie. —Sí lo estabais haciendo —replicó él—. Sebastian? —Para sus oídos. —Continuad sin nosotros —dijo Gina—. aunque sabía que estaba mintiendo—. ¿qué pasa? Bordearon las mesas y bajaron las escaleras atravesado el largo salón hasta llegar a las grandes puertas francesas que daban al jardín. Tus amigas son las mayores coquetas que conozco. de hecho su boca estaba a sólo unos centímetros de la de su prometido. ¡lo que es opuesto a libertino! —¡No me estaba quejando de ti! —dijo ella. Sebastian le lanzó una mirada a Esme y se contuvo en silencio. mientras preguntaba: —¿Qué?.

al igual que Esme lo ha estado perdiendo con Burdett.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¡No ha «intimado». Gina puso firmemente las manos en el chaleco de él y las dejó subir hasta su pecho y su cuello. con Burdett! —gritó Gina. —Aún no —dijo Sebastian apretando los labios—. Gina lo miró fijamente.31 - . —Eres una bruja —dijo él. —¡Entonces yo también soy una prostituta! —gritó—. Él se encogió de hombros y dijo: —Entonces. —Juro que no saldré a pasear contigo después de lo que pasó anoche —dijo él. Sebastian se puso rígido. ese hombre no tiene oportunidad de escapar. Ella dudó un momento y lo miró. querida. —¡Los caballeros no se jactan de la muselina en la que han dormido! —¡Cállate! ¡Cállate! —dijo Gina. Caminaron hasta la línea de sombras que marcaban el inicio de un pequeño bosquecillo de árboles y se detuvieron. rotundamente—. Él inclinó su cabeza y unos labios tibios encontraron los suyos. Porque mi esposo se fue y me dejó. —¡No hagas eso! —dijo. —¿Vamos. No deberíamos permitirnos tales intimidades en esta etapa de nuestra relación. ¿Qué debía contestar él a eso? Gina se acercó más a él. Ella acompaña a sus amigos a la cama y tú. Y he estado perdiendo el tiempo contigo. —Quiero que demos un paseo. ¡Que no quiero oír! —Todo el mundo las dice —dijo él. —No. tajantemente—. Gina pudo ver que sus . desafiante—. Él suspiró profundamente y miró a su alrededor. —Esme no permite que ningún hombre la… la… Los ojos de Sebastian se encontraron con los de Gina en una mirada de desprecio. no… ¡no hables así de Esme! Dirás cosas que… —¿Que qué? ¿Que no quieres oír? —Sí —dijo ella. —¡Ella no hace eso! —contestó rápidamente Gina. Bésame. No tienes derecho a decir esas cosas. respirando profundamente. Pero no hubo brazos que la rodearan y. ofreciéndole el brazo. tal vez los lleva al jardín. —Bésame —susurró Gina—. cuando se retiró. —La típica historia —comentó él. —Es completamente diferente. al igual que el esposo de Esme. Ella alargó la mano sin hablar. estaba pálida. —No me gusta enfadarme contigo. Por suerte. Luego tomó su mano. boquiabierta—. —¿Has oído alguna vez a un hombre decir que ha visitado su cama? —preguntó Gina. Sebastian. por favor. querida? —dijo. nadie los había seguido a la terraza. eres inocente. con sus ojos verdes brillando a la luz de la luna. Es una prostituta y lo sabes. calmadamente. y todo el mundo lo sabe. como tú dices.

Pero bueno. Simplemente. No quiero besarte en el bosquecillo. —¿Qué pasa. en calma—. No una cualquiera que merezca ser tratada como tal. Como si quisieras casarte con su santidad. Él suspiró y volvió a inclinar la cabeza. sonriendo. —Cuando te comportas así —dijo. siento que no me deseas. No se sentiría como un cazador acechando a un venado. Cada vez que el baile acercaba a Gina y a Sebastian. Gina se quedó sola por un momento mientras él hacía un círculo a su alrededor. ¡mirándolo todo el tiempo! Había lujuria en sus ojos. aunque fuera sólo en los confines de la cama matrimonial. ¿qué pasa si alguien te ve? Ella sonrió y Sebastian se dio cuenta de que su prometida había bebido más de la cuenta. Una vez casados.32 - . Por . Se recostó contra su brazo mientras daba una vuelta. pero se la tragó. —Sólo quiero asegurarme de que sepas que me quiero casar contigo —dijo en voz baja. hasta que Gina sintió que la abrazaba apasionadamente. el beso tan sólo era cuestión de labios que se tocaban. Gina. En el momento en que él la tomó en sus brazos. la duquesa de Girton. y no conmigo. entre dientes. Sebastian. No hay nada más indecente que los encuentros furtivos en la oscuridad… ¡deja eso para las perdidas de tus amigas! La rabia se apoderó nuevamente de Gina. Estaba comenzando un baile en el momento en el que entraron en la sala. —Lo sé. —Lo entiendo perfectamente. antes de darle la última vuelta para pasarla a su siguiente compañero de baile. tajante—. no mi querida. —Porque quiero hacerlo. —¡Gina! —dijo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada ojos estaban fríos y libres de deseo. Se acercaron a la casa y él se detuvo un momento. Gina sabía que él estaba impaciente por volver. —¿Por qué tienes que ser tan… seductora? —preguntó Sebastian. una vez estuvieran casados todo sería diferente. —¿Es suficiente? —dijo él. susurrando para que nadie la oyera. —¡Claro que quiero casarme contigo! Pero para mí eres un tesoro. Gina. y ocuparon sus lugares junto a una sonriente y sonrojada Carola. —Bésame —repitió Gina—. —Gina. Al principio. él lo sabía. mi amor? —dijo ella. no quiero dañar tu reputación. —¿Cuál es el problema? —¿Dónde están tus modales? —preguntó él. pero después su cuerpo despertó. ella le sonreía tan provocativamente que las puntas de sus orejas comenzaron a enrojecer. su esposo tendría libertad para expresar su amor. —Por supuesto —respondió Gina—. ¿Regresamos a la casa? —¡Sí! —dijo él. el beso se hizo más profundo. dejando caer los brazos. Quiero que seas mi esposa. Nadie pierde la honra por un beso. Sebastian —dijo ella. Gina dejó caer la cabeza hacia abajo y sus suaves y rojos rizos se deslizaron sobre sus hombros desnudos y sus brazos. gracias al cuerpo que tenía aprisionado y los labios ansiosos bajo los suyos. Lentamente. con una sonrisa de satisfacción. Sus manos sólo escapaban del abrazo para acariciar las mejillas de él. Eres mi futura esposa. acariciándole la mejilla. eso es todo —dijo.

—Me disculpo. bailando con su esposo. —Su esposo eres tú. Gina tenía razón. Pero es escandalosa. ¿verdad? Creo que se va a comer a su esposo ahí mismo. —¿Por qué lo preguntas? —Sería una Afrodita magnífica —dijo Cam. pensando en voz alta—. Se la veía llena de deseo. el duque de Girton. tocando su mejilla con el índice. desafiante. Stephen se enderezó y el humor desapareció de su rostro. no crees? —reconoció. Stephen Fairfax-Lacy. entró en la sala de baile. Tosió y se aclaró la garganta. su comportamiento lo estaba exasperando. Ella sonrió y se arrojó en sus brazos para el giro final. Este vestido no es más atrevido que los que visten las demás mujeres. —Y lo verás… tú solo —dijo Gina. En ese momento. suavemente. Sebastian la agarró con fuerza. atrevida—. acompañado de Tuppy Perwinkle y su primo. Una larga línea de bailarines estaba desplazándose en diagonal. en la pista de baile. —Ése no es su esposo —dijo. —Últimamente estás muy raro conmigo. la verdad —dijo ella—. —Dios mío —dijo Cam. sorprendido—. . Pero no había señal de ella. lo es! —dijo él.33 - . —¡Sí. un delicado vestido de transparente seda con adornos de rosas. Camdem William Serrard. es sólo que tú vas a ser mi esposa. Ella miró su vestido. se abrió una brecha en la línea y pudo ver a una hermosa mujer riendo junto a su esposo. cortante. Stephen se inclinó hacia la izquierda para poder ver y sonrió. Ella movía la cabeza y su cabello parecía seda rosa sobre su espalda. tendremos un encuentro privado. Te lo prometo. —¿El escote es muy profundo. Miró a su alrededor con impaciencia. la escena era tan conmovedora que Camdem sintió una chispa de calor en el pecho.ELOISA JAMES Duquesa enamorada alguna razón. su cuerpo se doblaba hacia el del hombre como un sauce hacia el sol. esperando ver a Gina. —¿No lo es? —No —dijo. —Tonto —dijo. Me gustaría ser el único que puede ver tu pecho. ¿quién es esa hermosa mujer? —¿Cuál? —La que está allí.

¡Tu esposa! Su sonrisa era exactamente la misma inteligente y burlona sonrisa que ella recordaba. éste es mi esposo. Gina me ha escrito muchas cartas sobre usted. uno de esos ingleses que van a Grecia sólo para quejarse de la falta de agua potable y de comida civilizada. claro. Estaba bailando y de pronto vio a un hombre de rostro inteligente y pelo negro. El marqués pareció desconcertado. Gina —dijo él. Sin duda. Cam! Soy yo. ¿puedo presentarte al marqués de Bonnington? Sebastian. Cam. —Sí. No. ¡Estoy tan feliz de verte! ¡Te he extrañado tanto! ¿Por qué no me has escrito más a menudo. —Oh. Ella lo rodeó con los brazos. el duque de Girton. no fue así y cuando llegó el momento ninguno de sus miedos desesperados se hizo realidad. Eres tú. tomando una de las manos de la duquesa entre las suyas—. —No podía igualar tu devoción de esposa —dijo él. para empezar. apretándolo tan fuerte como pudo. leía tus cartas una y otra vez. Era un hombre muy apuesto. tirando del hombre alto que se encontraba detrás de ella—. La cara de la duquesa se iluminó. haciendo una inclinación—. —Deberías haberlo intentado —le reclamó Gina.34 - . Simplemente lo vio.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 6 Un encuentro entre esposos. —Es un honor conocerlo —dijo. Cam se sorprendió al sentir un destello de desagrado en la mirada del marqués. Eran lo único que me unía a casa. Ella no debería haberle comunicado asuntos tan íntimos . Cam! Estaba tan feliz de verte que he olvidado presentarte a mi prometido —dijo. Sin embargo. Hizo una venia a su vez. inclinándose para besar su mejilla. —¡Qué tonta soy. —Espero que la indiscreción de la duquesa no le haya causado ninguna molestia. Gina no sabía qué sentiría cuando se encontrara con su errante esposo por primera vez después de doce años. Gina. ¡Has crecido muchísimo! —gritó—. Y todo fue sencillo… Soltó las manos de su prometido y gritó: —¡Cam! Atravesó la pista de baile corriendo y en un segundo estuvo junto a él. la verdad es que has crecido. Dios. Temía el momento y se lo imaginaba como algo extraño y embarazoso. Cuando me fui de Inglaterra. hombre desalmado? —Tú escribías tantas cartas que yo no podía contestarlas todas —se quejó él. ¡Hola. —Estás igualito.

Cam lo miró. le era difícil creer que no hubiera estado en la cama de la duquesa. Gina —dijo. El marqués echó los hombros hacia atrás y se puso rígido. —Claro que no. Sebastian es un guardián feroz de mi reputación. Siempre es un honor conocer a un miembro de la familia de la duquesa. —¿Usted le dice «duquesa» en privado? —preguntó Cam. pero había desaparecido. creo que Stephen y yo nos retiraremos a la sala de juegos — dijo—. Un mojigato.ELOISA JAMES Duquesa enamorada por correo. inclinándose aún más—. Cam buscó a Tuppy. Le prometí echar con él una partida. —No debes preocuparte por Cam. —¿Sin haber bailado una pieza? —Ni una sola. —Mmm —dijo Cam. ¿ves? —dijo. Gina había metido la mano debajo del brazo de Bonnington y le sonreía de una manera irritante. no le importaba—. —He tenido el placer de trabajar con el señor Fairfax-Lacy en asuntos concernientes al Parlamento —respondió Bonnington. lleno de curiosidad. excelencia. sorprendiéndose de la agudeza de su tono—. como hemos aireado nuestras relaciones en todo el salón. ¿Cómo lo había logrado? Bueno. No debía de ser fácil ser irreprochable y estar comprometido con Gina. ¿saludarías a Stephen? Stephen había bajado un escalón y miraba entretenido por encima del hombro de Cam. Stephen Fairfax-Lacy —le dijo al marqués. pensativo. querida. Cam arqueó una ceja. tal y como lo haría con un hermano.35 - . —Ella me envió esas cartas porque somos amigos de la infancia — dijo. La manera como ella miraba a su marqués en la pista de baile… uno tendría que estar ciego para no darse cuenta de que esos dos se casarían en cuanto su matrimonio estuviera anulado. —Bueno. tonto. Uno tendría que ser un zoquete para no darse cuenta de vuestra intimidad. Bueno. Dio un paso hacia delante y se inclinó hacia la mano de Gina con verdadero aplomo. . Pero no era de su incumbencia saber con quién se casaría Gina. —No hemos tenido ninguna intimidad —anunció—. —Entonces deja de sonreírle tontamente. eso era el marqués. Nada que le pueda causar incomodidad. mirando a Cam—. pobre tipo. Parecía a punto de explotar. El señor Bonnington no había abandonado aún su postura rígida y tenía la mirada más seria que nunca. Cam miró a Bonnington por encima de la cabeza de la duquesa. Pero el comportamiento de Sebastian es siempre irreprochable en público. por eso le escribo cartas sobre todo lo importante. Odia la idea de que alguien pueda hacer deducciones sobre nuestro futuro. Él es el amigo más antiguo que tengo. —Seguro que conoce usted a mi primo. —Es un placer verte de nuevo. esposa. Viendo al marqués. Respeto mucho a la duquesa. Gina sonrió.

siempre puedo contar con que él estará del lado de los buenos. Quiero que se case. Parece una vaca enferma. Pero es un buen hombre. por ejemplo. Se inclinó hacia Cam y él percibió un poco de su perfume. —Así que Bonnington es un maldito santo. mientras entraban en la habitación llena de humo. y creo que he encontrado la mujer perfecta para él. —¿Quién? ¿Bonnington? —Claro. alegremente—. Stephen y él se retiraron hacia la sala de juegos a toda prisa. —Bueno. Lo último que quería era que el marqués tuviera una impresión equivocada de su relación con Gina. Ahora todos sabrían por qué había vuelto a Inglaterra. Heredó el título de su tío. majadero. Cam se encogió de hombros. Listo. irritado. Todo el mundo puede ver que el pobre hombre está acosado. espero que podamos reanudar nuestra relación de amistad —se dirigió al marqués—. él lo sabe. si me preguntas. —¡Qué pesado! —dijo Cam. Pero invadiré el salón de juego y te sacaré de ahí a rastras si tardas mucho en volver. interesado. Eso dejaría sin argumentos a los chismosos. Ella lo volverá loco en un mes. —¿Te importa que fume? —preguntó Stephen. Gina puso cara de sorpresa. pensativo—. —Claro que me importa —dijo. —Ha sido todo un placer volver a ver a la compañera de juegos de mi niñez después de tantos años —dijo en voz alta—. moviendo los dedos sobre la mesa—. Encantado de conocerlo. ¡Vivimos en países diferentes! Cam dejó de sonreír y dio un paso atrás.36 - . —¿Qué estás diciendo? —El tipo está arrepintiéndose —afirmó Cam. arrojándose sobre un cómodo sillón. No es bueno para Gina y. disgustado. —¿Sabes? Creo que es hora de que Stephen siente la cabeza —le dijo Gina a Cam al oído—. —Muy bien —dijo Gina. Cam? Pensaba que no te gustaba ese estado. —¿Quieres casarte de nuevo. Ella se rió con satisfacción. señor Bonnington. He oído que cuida muy bien a sus inquilinos. Se inclinó. —No me ha molestado hasta el momento. Espero que de ahora en adelante nos veamos con frecuencia. Tan pronto como algunos asuntos estén arreglados.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Cam pensó que debía darle al novio caraseria una oportunidad de recuperar la calma. Había dejado muy claro que aprobaba la relación del marqués con su esposa. enamorado de su . Probablemente le propuso matrimonio en un arrebato. sacando su pipa. —Hoy no está muy en forma —dijo Stephen. claro que no ha sido una molestia. —¿Vas a buscarme una esposa a mí también? —le preguntó Cam. Encantador. Cuando necesitamos votos en el Parlamento.

Te has olvidado. —Era verano y estabas de vacaciones en mi casa. Pero ahora está empezando a darse cuenta de cómo es —dijo Cam—. —Yo tan sólo recuerdo estar terriblemente aterrorizado. desde que cumpliste seis años no pasaba una semana sin que te diera una paliza por tu atroz comportamiento. —Eso es horrible. —Entonces estaba acostumbrado. ¿recuerdas? —Y la mitad de la noche. Estaba oscuro y hacía frío. Éste es mi verdadero yo. Dios mío. —¿Por qué estás de tan mal humor? —Brandy —le pidió Cam a un sirviente—. —Y no estoy de acuerdo con lo que has dicho de Bonnington — continuó Stephen. y me castigaría por haber sido malo… —dijo Cam. Por lo que sé. primo. —Bueno. Me sentí muy mal aquel día porque tú no llorabas y yo sí.37 - . Pero aún me horroriza un poco la oscuridad. ¿verdad? Stephen asintió. ¿Qué haces? ¿No te he dicho que no fumaras? —No te he pedido permiso. —Era todo un personaje repugnante. y eso que eras cinco años más joven que yo. Stephen se hundió en su pipa. —No he olvidado nada. Los ojos de Cam se oscurecieron. Stephen bajó la pipa y miró al otro lado de la mesa. con los ojos ensombrecidos y . Siempre has sido un pesado. está completamente enamorado de tu esposa y se considera afortunado por tenerla. sirviéndose una copa del brandy que alguien le ofrecía en una bandeja. Pasamos todo el día encerrados. Cam. ¿Realmente te dijo que tu madre era un fantasma? —Sí. —Creo que sería una buena compañía en el desayuno —dijo. mi padre. Cam se estremeció. Recuerdo que me contabas un chiste tras otro para que no llorara. Sólo te he preguntado si te molestaba. ¿quién iba a pensar que Gina crecería para convertirse en semejante mujer? Stephen no contestó. con una sábana blanca. —Porque no la conocía bien. lo hizo. ¿De mal humor? Estoy muy contento. —¿Qué dices? Pero si era yo quien te zurraba a ti… ¿Es que no te acuerdas de la paliza que te di el día que cumpliste doce años? Stephen se estremeció. Me dijo que el espíritu de mi madre se me aparecería para regañarme cada vez que me portara mal. encendiendo la pipa con un fósforo—. Aun hoy me aterrorizan los lugares oscuros. me molesta.ELOISA JAMES Duquesa enamorada belleza. —No tenía idea. —Mis padres estaban en el continente. Odio tener el maldito humo en mi cara. —Demasiado jovial para mi gusto. Había olvidado esa parte. pensaba que tu padre nunca nos iba a dejar salir de esa capilla. De niño vivía aterrorizado pensando que en cualquier momento el fantasma de mi madre saldría de un armario. Recuerdo que tenía mucha hambre. Y aún cuento chistes para hacerla más llevadera. —¿Recuerdas las consecuencias? Dios. Estaba muy ocupado cargando su pipa.

mirando al otro lado de la mesa—. Y ella. asno. con mucha rabia. Lo único que me importa es de dónde voy a sacar la siguiente pieza de mármol para mi próxima escultura.ELOISA JAMES Duquesa enamorada benévolos. —¿Qué te importa? Probablemente la dejará después de que anuléis el matrimonio. tendrá que irse a vivir a una apartada cabaña. —¿Crees que está bailando con él otra vez? —preguntó Cam. derramando el brandy sobre el suelo pulido. Te casaste con ella cuando tenía once años y hace doce que no la has visto. —Ella no te culpa por no haber regresado —dijo Stephen. que no lo haría. En la vida que se había forjado no había lugar para las mentiras. tomando un sorbo de brandy—. responsabilidades ante ella. con una punzada de culpa. Tanto Gina como yo sabemos que no estábamos casados realmente entonces. después de una pausa. Por alguna razón. Pero ya le había dado esa lección muchas veces un maestro de la moralidad. y no lo he hecho —dijo. pero odiaba aún más las confrontaciones. Porque tenías. Era insolente. Su esposa no era estrictamente hermosa. Le juré al viejo. estaba hablando con un hombre robusto. Puedes intentarlo. Gina estaba fuera del salón de baile. Stephen suspiró. parada como una antorcha encendida en medio de muchos petardos. Ésa había sido la especialidad de su padre. no se sentía cómodo en los apartados confines masculinos del salón de juegos. Marissa tenía la mirada profunda y las mejillas redondas de una . Como él sospechaba. házmelo saber. como las describes. había destruido cualquier respeto por el nombre de su madre y lo había casado con la mujer que. tú lo sabes. —Ella es tu esposa. y las has negado durante años. Tu esposa. avergonzada. hasta el día de su boda. No debería haberle contestado así a Stephen. Salió de la habitación caminando a grandes pasos. aquí estoy. —Muy bien. primo? Ya me he aburrido lo suficiente por el momento. Se reclinó por un momento en la pared para observar. ¿y crees que eres muy hombre porque no has tocado un centavo de su dinero? Cam sonrió. ¿de acuerdo. conocía como su prima. Cam desvió la mirada. —¿Quién? ¿Gina? ¿Por qué debería hacerlo? —Porque eres su esposo. Vivo de las ganancias que me dejan esas gordas estatuas rosadas. Odiaba que tuvieran lástima de él. No hermosa de la misma forma que Marissa. pero nunca podrás inculcarme ese paternal sentimiento inglés de responsabilidad con el que naciste. sereno. a punto de darle mi supuesta esposa al marqués. ¿por qué debía regresar antes de que ella me lo pidiera? —dijo. no estaba bailando con el marqués. su propio padre. En todo caso. ¡Responsabilidad! En nombre de la responsabilidad su padre lo había encerrado en cada armario de la casa.38 - . en lugar de eso. Stephen respiró profundamente. —¿De qué estás hablando? Nunca he sacado un centavo de ella. Cam se puso de pie tan repentinamente que se tropezó con la mesa. tienes. —Cuando decidas dejar de moralizar para poder respirar.

ella sonrió. Ella lo miró nerviosa y lo atrajo hacia sí hasta que quedaron cara a cara. sus curvas. por favor —dijo un hombre viejo—. Gina tenía una boca adorable. con un vestido que apenas tapaba sus curvas. entonces él la llevó hacia delante. ¡suficiente! Sólo tres parejas. Eso también le gustó.39 - . Cam se deslizó hacia la izquierda. No cabía duda: los trajes franceses estaban hechos para mujeres como Gina. y su pelo siempre se salía de las cintas. ¿De quién había heredado esos ojos rasgados? Su espíritu salía tan claramente de ellos que era imposible de reproducir. susurrando—. —¡De bailar. revelaba toda su belleza. Eso le gustó a Cam. ¡deslícense con mucha suavidad! Cam miró a Gina con ojos bajos. —¡Supuestamente tenemos que coquetear. Los dedos le picaban por moldearla en mármol. de ojos verdes. por favor. —¿Ahora qué? —Damos saltitos. Pero aquí estaba ahora. Gina tenía unas curvas muy marcadas para ser una mujer tan delgada. Te deslizas ocho veces. Sonriendo abiertamente. Cam! —¿Cómo? . no! ¡Sígueme! Cam sonrió entre dientes. Las esculturas de Marissa no revelaban a una mujer real. ahora deslízate a la izquierda —dijo Gina. Cuando él llegó. —Bueno. —Hola. Casi se quedó sin aliento. tomándolo de la mano. tonto! —le respondió Gina. —¡Suficiente!. pensó Cam. Estaba mirando alrededor. —¡Sígueme! —dijo ella. Cam —dijo ella—. tomándola del brazo. —¿Saltitos? ¡Yo no doy saltitos! Ella lo empujó repentinamente y él se encontró obedeciéndola tan sólo por el placer de estrecharle la mano. A Marissa no le sentaría bien ese vestido. continuó hasta que se chocó con su cadera. sonriendo. ¿Has venido a bailar conmigo? Porque le he prometido esta danza a… —Es el privilegio de ser el esposo —dijo suavemente. sus largas piernas. ¡No. —¿De qué demonios está hablando? —susurró. Pero como Gina no le había dicho hasta dónde debía deslizarse. luego hacia la izquierda y das una vuelta. —¿Cómo? La música comenzó. disfrutando de la forma en que ella se meneaba al intentar apartar su hombro de la mano de Cam. sería todo un reto. Varias parejas estaban organizándose en un círculo. De hecho. —La cara de la pareja —susurró—. Bueno. ¡Gina sí que había crecido! A los once años era una chica desgarbada. sino la encarnación de la fantasía más increíble del hombre sobre lo que era una mujer: plácida. cuando de pronto ella le habló de nuevo. Gina era como una llama en movimiento.ELOISA JAMES Duquesa enamorada diosa mediterránea. El baile estaba a punto de terminar y Cam se paseó cerca del lugar en donde estaba Gina. sensual. gloriosamente lánguida. Aunque plasmar en la piedra esa dulzura no sería fácil.

—Pareces una mujer fuerte. El mayordomo ha puesto a esos dos hombres en la puerta por si hay una emergencia. —No me gustaría —dijo él rápidamente—. A Cam no le parecía que coquetear con Gina fuera ridículo. divertida al pensar que podía enviarlo a hacer recados. —Eras un chico normal —dijo ella. —Esporádicamente. recuerdo las pequeñas cosas del baile. Era tan distinto al chico con el que se había casado… Como recordaba tan poco de su extraña boda. pensativa—. por favor. por favor. tal vez porque hacía mucho ejercicio. —¡Tú! Tráeme dos copas de champán. Y se parecía mucho a su padre. —Y supongo que no hay muchos bailes en Grecia. aquí estaba: un hombre hecho y derecho. Quiero una copa de champán. Era musculoso. con curiosidad.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Sé que es ridículo. siempre había pensado en su marido como aquel niño larguirucho y desgarbado que tallaba muñecas en trozos de madera. ¿verdad? Pero en este punto del baile deberíamos estar hablando. Ahora. —No encajas aquí —dijo ella finalmente. Él estaba de pie en el elegante salón como una especie de estandarte. Sin embargo. con su risa salvaje y cautivadora. levantando una ceja. pero para ese momento habían regresado al lugar donde habían comenzado. —¿Tú bailas con ellos? Gina miró a su esposo con desconcierto. —No debes hacer eso —dijo Gina. Él miró alrededor y llamó a uno de los sirvientes que se encontraban de pie en la puerta. mientras salían de la pista de baile—. entonces él hizo una reverencia como por décima vez. La sociedad inglesa dando saltitos en círculo. —¿Nunca tuviste profesor de baile cuando eras niño? —preguntó Gina. —¿Para qué? —¿Qué pasaría si alguien se desmayase? Él la miró de arriba abajo. ya lo creo! Todo el pueblo baila. —Bueno. ¿Quieres que me dirija a la mesa de las bebidas? —Me encantaría —dijo Gina. para su alivio. esperando no ofenderlo. Estaba . Gina sabía que le molestaba que estuviera con su esposo. Papá tenía gran dificultad para conservar a los sirvientes. Sebastian apareció. ha sido muy divertido —dijo. aunque sólo fuera traerle una copa de champán—. No había pensado que esculpir fuera una labor física. riendo—. Algo en su mirada le afectó. si recuerdas. —¡Sí. claro que no. pensó. El sirviente miró sorprendido. dado su trabajo.40 - . pero dispuesto a obedecer. ¿Sientes que te vas a desmayar? —No. Ya había dicho que pensaba que el duque debía regresar a Londres para evitar complicar los procedimientos de la anulación. Cam pensó en hacer una reverencia pero decidió saltársela. Hizo una reverencia. pero ahora… Él esperó. de pronto sintió que la sangre se le subía a las mejillas y se mareó un poco.

Gina sintió una corriente de fuego en su estómago. Sebastian cerró la boca como una trampa de acero. tengo mucha sed. Aquí estás. no te dejaría bailar con nadie más que conmigo. en lugar de ser tu esposo. no —dijo Gina—. —¿Nos sentamos? —preguntó él. Gina sonrió. sí lo había hecho. aunque yo quería tomármela toda. lamentamos no tener una copa para usted. Él cruzó la habitación hasta llegar a un rincón. para ser honestos. preguntándose por qué le latía el corazón con tanta fuerza. ¡Diablos! Ahora tendrás que beber de mi copa. Pensó que tenía el deber de defender a su prometido—. Gina se sentó en el sofá de terciopelo. En ese instante el sirviente apareció con las dos copas de champán. después de todo. Aunque Sebastian tiene una norma: sólo tres bailes. ¿Estás dispuesta a desatar un escándalo al bailar con tu prometido por segunda vez? —Oh. casada. —¿Por qué demonios no lo habías hecho? Tienen poco aire y no confío . —Sí —dijo él. tomando otro sorbo de champán. débilmente. casada. No había nada peor que una cara sonrojada con el pelo rojizo. —No quiero beber más champán. Cam miró alrededor y se sentó a su lado. Hizo una reverencia nuevamente y se alejó entre la gente. quitándole la copa de las manos. ¿Recuerdas lo que me decías en tus primeras cartas? —¡No puedo creer que las recuerdes! ¿Por qué? Eso fue hace muchos años. tomándolas y pasándole una a Gina—. No había nada que ella odiara más que levantarse con resaca. —Tengo buena memoria —dijo perezosamente—. azorada. Sebastian.ELOISA JAMES Duquesa enamorada cansado de mirar al suelo. Sacó el abanico y lo agitó suavemente frente a su cara. —¿Cómo diablos puede hacer reverencias sin derramar el champán? —preguntó Cam—. ¿te importaría traerme un vaso de limonada. Cam se apoyó en la pared. por favor? Él asintió.41 - . Sebastian piensa que estamos en una situación muy precaria. Gina se humedeció los labios. Aquí estoy yo. —Nunca había entrado en estas habitaciones. —¿No debería haber algún hombre acosándote por este baile? —Se lo prometí a Sebastian —dijo Gina. Esas reglas son para las niñas que aún van a la escuela. —Oh —dijo. Bonnington. Se acercó. —Pero no puedes bailar dos veces con el mismo hombre —dijo él—. Una pesada seda ocre se mecía detrás de ellos. Sostuvo la copa frente a Gina con tal alegría y perversidad que ella tomó un poco sin pensarlo. —Si yo fuera tu prometido. —Muchas gracias —dijo Cam. al menos eso era lo que siempre le decía su madre. pensativo—. Tal vez las burbujas se le estaban subiendo a la cabeza. Había algo muy íntimo en compartir una copa. Cam giró la cabeza y la miró. le quitó la copa de las manos y tomó un poco. después de todo. —Bueno —dijo Gina. Claramente pensaba que Gina había bebido más de lo que debía y.

—¿No vas a darme la bienvenida a casa? —dijo él. Inglaterra en su mejor momento. Gina? —Estoy muy bien —respondió. antes de que pudiera darse cuenta. Saboreó la sorpresa en sus labios. Su ingle se endurecía. una habitación con cortinas. nos enteramos de que en realidad no éramos parientes y luego te convertiste en mi esposa. un vals de fondo. Los latidos de su corazón eran tan fuertes que sentía dolor en el pecho. Él se inclinó hacia ella. quizá para decir algo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada mucho en el sentido artístico de lady Troubridge —dijo. con voz ronca. ¿cómo estás realmente? —dijo él—. ni tampoco saludos de bienvenida. —Estoy bien —dijo ella. pero él aceptó la invitación y las palabras que iba a decir nunca fueron pronunciadas. Creo que debemos terminar esta copa antes de que Bonnington regrese. No era nostalgia. El juego del apareamiento. ella abrió la boca. El vals. él ladeaba su cara para que ella pudiera estrellar su boca bajo la suya. Excepto porque ella dejó de besarlo y lo empujó de los hombros. su cara parecía tan perfectamente ovalada como la de Marissa. que estaba sobre su cuello. las cortinas y el champán habían desaparecido. aún más azorada. pensó débilmente. Ella levantó la mirada. En un abrir y cerrar de ojos. se dijo. Se acercó más el abanico y lo miró fijamente. Él la miró con franca diversión. evitando encontrar los ojos de Cam. él también estaba sorprendido. pensó él. sorprendida. alcanzándole la copa—. que se debía pintar. La culpa era de sus ojos. muchas gracias. ¿no crees? —No quiero más. De pronto. —Las habitaciones con cortinas no se consideran adecuadas. fuertemente. Tomó entre sus manos callosas su delicada cara ovalada y bebió de ella como si fuera néctar. Sus labios se encontraron y un estremecimiento los recorrió a ambos. Bebe más champán —dijo. —¿Cómo estás. besos dulces. —He pasado mucho tiempo en estas habitaciones y nada ha sucedido. Gina pudo oler su jabón. Posó delicadamente la mano sobre la mejilla de la duquesa y se relajó para el beso. besos ardientes que quemaban el aire entre ellos. Después.42 - . Su boca estaba firme en la de ella. Era extraño que no lo hubiera notado antes. —Gina. sus labios estaban en los de ella. mirando con atención un cuadro de un Cupido apático sentado en un botón de oro. estamos relacionados íntimamente aunque no nos hayamos visto durante doce años. su beso se había transformado en un encuentro de bocas desconcertante y lleno de lujuria. . que habían atraído toda su atención impidiendo que se fijara en otros detalles. La cara de Marissa era un óvalo perfecto. Después de todo. quiero decir. Tenía su pelo en la mano derecha. Cuando los ojos de Gina estaban escondidos en esas largas pestañas. ¿Qué demonios estaba haciendo? De todos modos… los labios de una mujer. también muy importantes. del color de una piscina profunda de agua del Mediterráneo. Fuimos primos mucho tiempo. Sus ojos eran de un verde hechizante. Y luego. Ella estaba acariciando delicadamente con un dedo cada parte del abanico. —No.

Pero algunas veces uno tiene un apetito desmedido y le apetece comer pan negro… a mí me pasa… —añadió. Porque uno puede pasar mucho tiempo sin comer pan negro. —¿Pan negro? —Sí —dijo él—. deslizándole la mano por el codo con un pequeño empujón que acercó su cuerpo a la chaqueta del marqués. Sería un idiota si creía que Gina nunca había estado en una habitación como ésa con alguien. Luego ella sacó una mano y movió las cortinas. con una pausa—. Cam sintió rabia. señor. creo que he perdido el gusto por la escuela de párvulos. Después . —Debes excusarme —dijo Gina—. —Confío en que nos excuse —dijo. Espero que no se ofenda por eso. Cam observó cómo Bonnington automáticamente se alejaba para mantener una distancia apropiada entre sus cuerpos. Y se sonrojó. —¿Vamos al jardín? —le dijo a Bonnington. Gina se quedó sin aliento. se miraron fijamente. —Parece que Bonnington ha evitado que más tarde tengamos que avergonzarnos de nosotros mismos —dijo lentamente. me apetecía un refresco.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Él volvió a su sitio. ¿verdad? De hecho. Creo que por un momento he olvidado quién eras. ¿no es cierto? Él sonrió. Le dedicó a Cam una sonrisa fría. Estaba tan tranquila como él. sonriéndole. —¿Sabes? A las pelirrojas no les sienta nada bien ruborizarse. Seguramente su prometido estaba buscándolos. Como un apetito deshonroso por el pan negro que sirven en la escuela de párvulos. levantando delicadamente la ceja.43 - . La verdad es que esta reunión se está tornando un poco tediosa —dijo ella. —Dime. Respondió a su pregunta sin pensarlo. En el fondo de sus ojos. Pan negro. Puesto que es vergonzoso. —¿Estás avergonzado de algo? —preguntó ella. ninguna. Cam pudo ver un tenue brillo de valiente pánico que le hizo sentirse mucho más amable hacia el hombre. —Gracias. es comida de pobres. Por un momento. querido. Bonnington se acercó. —Entiendo que te avergüences —dijo—. algunos dirán humillante. ¿por qué demonios estás comprometida con ese hombre? — Apuntó con un gesto de la cabeza hacia Sebastian. Tal vez sea el efecto sedante de reencontrarse con los compañeros de la infancia. Ninguna mujer olvidaba quién era él mientras la tenía en sus brazos. experimentar deseo cuando no se es correspondido. Gina caminó hacia el salón de baile. sosteniendo una copa de un empalagoso líquido amarillo. Especialmente su propia esposa. Hubo un instante de silencio mientras Gina interpretaba la metáfora para descubrir que estaba siendo comparada con un trozo de burdo pan. Él tuvo que admitirlo. Ella se enojó un poco. al ver que ella lo miraba como si estuviera loco. —Siempre he pensado que debía de ser desagradablemente embarazoso sentir deseo por la propia esposa. no suele servirse en una mesa civilizada.

—Te he reconocido al instante. —Es un honor conocerlo —dijo. manteniendo el equilibrio como sólo pueden hacerlo los borrachos. Era un pensamiento desconcertante que no armonizaba con la idea que tenía de sí mismo como un inglés que vivía en un país olvidado a quien le gustaba moldear mujeres desnudas en mármol. un hombre que pasaba la mayor parte del día cubierto de polvo de mármol gris. tu primo segundo por parte de madre. Era negro… negro. tratando de desechar una horrible sospecha que estaba entrando sigilosamente en su cabeza. Estaba atrapado. . en esa vida. para una duquesa irritante. —Miró a Cam con recelo—. Para una esposa. los mendigos no pueden escoger. se balanceaba. en manos de su esposa. ¿por qué hay que juzgar a un hombre basándose en su melindrosa conducta en público? Algunos de los hombres más decentes que conocía eran una vergüenza en privado. Tal vez tenía una inclinación por el pelo rojizo. Eso lo silenció. Cam se retiró a la habitación que le había asignado lady Troubridge. se dijo Cam. No hay muchas mujeres con el pelo rojizo. Cam se dio la vuelta. Gina tenía el pelo del color de una naranja madura. definitivamente y para toda la vida. Si tienes una inclinación por los colores. confundido. Modales extranjeros y pelos rojos. Mientras hablaba. Marissa tenía el pelo negro. —Que estoy encantado de conocerlo. él sentiría simpatía por ese pobre tipo. Si algo sucedía. Necesito un brandy. Cam miraba al hombre con gesto desagradable. ¿cierto? ¿Quieres empezar de nuevo el juego con alguna más joven? ¿Por qué no lo intentas con alguna de las hijas de Deventosh? También son pelirrojas. muchacho? —dijo el borracho. Soy Richard Blackton. No había lugar en su vida.44 - . Eres idéntico a tu padre. Vio cómo se alejaban. duque. —Modales extranjeros. De pronto sonó en su oído una voz pastosa y le llegó un ligero olorcillo a cerveza.ELOISA JAMES Duquesa enamorada de todo. bueno. Pronto se encontraría caminando por el pasillo de la iglesia de Saint James y luego se encontraría. ¿sabes? ¿Por qué estás aquí? Claro… Has venido para anular tu matrimonio. —Hola. Negro como la medianoche. Bonnington se había metido en un buen lío al proponerle matrimonio a Gina. Luego se dio la vuelta y se tambaleó hacia el decantador que se encontraba en el aparador sin decir otra palabra. —¿Cómo? ¿Qué estás diciendo.

Y ahora. Tuppy Perwinkle había visto a su esposa Carola bailando al menos tres veces con un hombre elegantemente emperifollado. Eran más sus ojos. acomodándose contra las almohadas—. Debo regresar a Londres inmediatamente. pensó con un escalofrío. por supuesto! —gritó lady Cranborne—. sorprendida—. Estoy aquí. con el mismo tono que hubiera podido usar la alterada Ofelia. ¡He recibido otra! —anunció. es verdad —respondió Gina. El tono histérico de su voz logró captar finalmente la atención de su hija. tratando de recordar cada momento pasado con su esposo la noche anterior. A la mañana siguiente Gina no era capaz de dirigirse a la sala de desayuno. tenían algo desagradable que recordar. por ejemplo. aunque ya podía adivinarlo. como si ella fuera una broma deliciosamente íntima. —¿Otra qué? —preguntó Gina. ya sé que llegaste anoche. En realidad. Muchos. dado que he hecho este viaje sólo para hablar contigo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 7 Las aflicciones de la memoria en el foyer de lady Troubridge. a una reunión de la Organización de Damas de la Caridad. —¡Querida! —anunció su madre—. madre? —Me temo que no —respondió lady Cranborne—. si no no estarías aquí… —murmuró Gina. Se acurrucó en la cama. Gina fue sorprendida en medio de su ensueño por el sonido de la voz de su madre. dándole vueltas a un comentario desagradable que había hecho su esposa después de que él bailara un vals con la hermosa señora Boylen. Abre los ojos. por no decir todos. muchos de los invitados de lady Troubridge sufrían esa mañana los mismos achaques que Gina. Gina esperó. ignorando el cosquilleo que sentía en todo el cuerpo cuando recordaba su beso.45 - . La manera en que sus hombros… pero no. Había algo en su forma de mirarla. Se acurrucó más entre las mantas. Sir Rushwood. ¿Pero qué tiene que ver su muerte con la llegada de esa carta? —¡Todo! —dijo lady Cranborne con angustia. también estaba en la cama. —¡Otra carta. ¿Podemos tener esta discusión más tarde. Él era tan diferente de como lo recordaba… Se había vuelto tan masculino. seguido por una fuerte sacudida. sentado en la sala de desayuno mordía melancólicamente una tostada mientras se preguntaba si un nuevo guardarropa podría hacer que recuperara el afecto de su mujer. —Sí. . ¿Y qué debería hacer? ¡Mi hermano está muerto! —Bueno. llegué ayer por la noche.

él se dio cuenta inmediatamente de que debías casarte con su hijo. ¿Y qué fue lo que pasó? —Nada tan terrible —agregó Gina—. Comprendió la situación en dos segundos y citó a Camdem desde Oxford esa misma tarde. aunque nunca me dijo nada. porque tu padre no fue capaz de hacer nada para evitar que tú fueras reconocida por todo el mundo como una bastarda… Y créeme. pero madre… —Mi hermano simplemente se hizo cargo de todo. que no la oyó. no a Cranborne! —dijo ella. Gracias a Dios. Incluso creo que contrató a un policía de Londres. Tu padre. Ni siquiera mencionando su nombre. —Sí. —¿Por qué no me lo dijiste? Gina vio las señales de advertencia de un ataque de mal genio. Ésa iba a ser. Ahora estamos solas. ¿Has dicho algo. ¡Todo! Yo no tendría que preocuparme por la carta nunca más. —¡Madre! —¿Qué? ¿Qué pasa? —dijo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —La última vez se lo pedí a mi hermano y él se encargó de todo. Cuando llegó la primera carta lo supe porque ¿quién más sabía toda esa historia? Obviamente fue esa mujer quien escribió la primera carta. Y ésta también. Murió el año pasado. ¿verdad? Pero su madre estaba caminando de un lado para otro con tanta preocupación. mi esposo. querida? —La condesa Ligny no puede haber escrito ni esa carta ni ninguna otra. supongo que no tuvo éxito. Le dije: Cranborne. eso habría sucedido. claramente. ¡Era un completo inútil! Gina había oído muchas veces el resumen de las habilidades de su padre. —Madre —dijo Gina. es un hombre de acción. Gina afirmó con la cabeza. Salió de la cama. .46 - . tu… ¿la mujer que te dio la vida está muerta? ¡Imposible! —El señor Rounton me escribió una carta y adjuntó un recorte del obituario del Expreso de París. —¿Me hizo caso? ¿Me escuchó? ¡No! Todo lo que hizo fue murmurar cosas sobre lo distinguida que era esa mujer y sobre cómo jamás traicionaría a su propia hija. una conversación larga. que al parecer habían sido inexistentes. querida. Si hay algo que admiro. ¡saldarás cuentas con esa mujer! Gina suspiró. boquiabierta. sin duda alguna. no fue capaz de arreglar de este asunto. casada al día siguiente. Girton no era como mi esposo —continuó diciendo lady Cranborne sin pausa—. —Tu. Lady Cranborne seguía caminando de un lado para otro. Girton nos ayudó. ¿recuerdas? —¡Gracias a mi hermano. Y ahí estabas tú. —No quería molestarte. —¿Qué? —dijo lady Cranborne. Por fortuna. se puso la bata y se sentó junto al fuego. triunfalmente—. Me convertí en una duquesa. si tienes algo de inteligencia en tu cuerpo. —Cuando te trajeron a casa siendo un bebé intenté hacer razonar a tu padre… —Lloró—. ¡Lo que tu padre no era! —Has recibido otra carta de chantaje. —Gracias a Dios. interrumpiendo su frenética caminata a medio camino y agarrándose la cabeza—.

Por un momento. en letra clara y precisa. el texto saltó hacia ella. Pero por entonces yo ya tenía bien calado a Cranborne. maman. Luego se dio cuenta de sus palabras. La condesa era una ingrata y una tonta. sin embargo… —¡Calla! —interrumpió lady Cranborne. Gina sonrió. Gina! —dijo—. Eres una bendición para mí. querida.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Y qué hiciste? —preguntó lady Cranborne. Le aseguró a tu padre que nadie sabía de tu existencia. ¿quién ha sido? —¿Qué dice la carta? Su madre buscó en su pequeño bolso. —¿Que qué hice? —¡Te conozco. se retiró a su casa de campo. Gracias a Dios que esa mujer no quiso criar a sus propios hijos. lo siento mucho. Tan pronto se dio cuenta de que estaba enceinte. Dios sabrá dónde estará ese hermano que tienes. Fue el día más feliz de mi vida. querida. dándole impulsivamente un beso a su hija—. —Está bien. —El más feliz. ¡Tengo un hermano! —Debe de ser un medio hermano —la corrigió lady Cranborne—. Estaba escrita en papel grueso. aunque su pérdida fue mi bendición. si la condesa Ligny no ha escrito esta carta. como hizo contigo. poniéndole una mano en la boca—. —¿Pero quién demonios ha podido haber escrito esta carta? —Obviamente. Gina bailó sobre las curvas y giros meticulosamente adornados de la nota. —Aquí está.47 - . como de secretaria. Gina respiró profundamente. Puede que yo no te haya dado la vida. Quería saber si había dejado algún mensaje o alguna nota… Lady Cranborne emitió un suspiro de tristeza mientras atravesaba la habitación para acariciar a su hija en la cabeza. No me prestó atención durante su vida. querida —dijo. En realidad. de repente: ¿Podrá el marqués ponerse de mal humor? La duquesa tiene un hermano. —Es verdad. ¡pero te crié! ¿Qué hiciste después de recibir la carta de Rounton? —Escribí una carta a sus abogados —admitió Gina—. que era exactamente igual al de la infame condesa Ligny—. Nunca he conocido mayor tonto que él. Si no lo hubiera tenido controlado habría ido esparciendo su semilla por ahí con . te lo aseguro. Si esa mujer. pero el más molesto. La cuestión es. Se lo debió de dar al padre. dándole un beso en el pelo rojizo pálido. Tú apareciste en nuestra puerta cuando eras un bebé de tan sólo seis semanas —dijo. —No me refería a eso. pero pensé que tal vez… —Se encogió de hombros—. sin poder descifrar su significado. Luego. —Tengo un hermano —susurró—. —Lo siento mucho. la condesa era descuidada. Nunca permití que tu padre volviera al continente después de que ese viaje a Francia trajera tan espantosas consecuencias.

sospechosamente.48 - . incluso podría hacerte mucho más interesante… Pero si dejas de ser duquesa… una ex duquesa. Debe de estar al tanto de que Cam va a anular el matrimonio y pensará que estoy dispuesta a pagar toneladas de dinero para asegurarme de que la propuesta de Sebastian siga en pie. —Cam llegó anoche. El chantajista lleva muchos años esperando. —No le gustará. lentamente —. Pero no soy yo la que se va a casar con él. Procuraré encontrarme con él a la hora del almuerzo. no sería la candidata perfecta para marquesa. ¿verdad? El tío Girton frustró su primer intento de extorsión casándome con Cam. como un secreto por supuesto. La historia que sabía toda Inglaterra. desde que le había confesado la verdad sobre su nacimiento. Particularmente si existe la posibilidad de que quien haya escrito la carta pueda contar la historia. él estaría… Pero las palabras se le atragantaron porque fue incapaz de decir que Sebastian se alegraría mucho por ella. con una sonrisa. se enfadará bastante. —No estoy segura de que eso sea lo más acertado —dijo. —Gracias a Dios. a tu padre nunca le permitimos meter mano en las propiedades. La verdad era que. Sebastian nunca había querido hablar del asunto. Gina se sentó en el borde de la cama. era una historia más aceptable. la carta es una amenaza ¿Cómo crees que se sentirá Bonnington cuando sepa que tienes un hermano ilegítimo? —Oh. —Tal vez escriban de nuevo para decirme dónde puedo encontrar a mi hermano. Gina la miró. arreglándose frente al espejo—. —Como duquesa de Girton no te afectaría mucho un escándalo sobre tu nacimiento. Las palabras «Gracias a Dios» resonaron por la habitación. —Es cierto —dijo lady Cranborne. Gina estaba mirando la carta anónima otra vez. —¿Ah. Claramente. —A ti no te agrada Sebastian. Luego Cam se fue a Grecia y el chantajista ha esperado durante años el momento oportuno para volver a la carga. Luego. —Es más probable que escriban para pedirte dinero —recalcó su madre—. Tal vez deberías dejar al marqués ahora. que era la hija ilegítima de su padre con una condesa francesa.ELOISA JAMES Duquesa enamorada total despreocupación. Es más. y bastarda para más señas. —Él no se lo tomará nada bien —recalcó lady Cranborne. antes de que él tenga la oportunidad de dejarte a ti — sugirió su madre. se las habría jugado o algo así… Pero afortunadamente no le permitimos hacerlo y gracias a eso tú y yo somos lo suficientemente ricas para pagar por el silencio de esta persona horrible. Creo que es una vara. Gina sospechaba que él había preferido hacer como si nunca lo hubiera escuchado. continuó—. sí? ¡Qué alegría! Estoy deseando verlo. que Gina era la hija huérfana de una prima lejana de lady Cranborne. Gina tenía que admitir que eso era cierto. ¿Te he dicho que tengo una reunión de la Organización de Damas de la Caridad esta noche? Puedo decirte. De hecho. que existe una pequeña posibilidad de que me elijan . Lady Cranborne asintió. querida.

—No fue culpa tuya. —¡Felicidades. —Nunca lo he pensado —dijo su madre—. en absoluto. —Más o menos. Si hay algo que me enseñó mi hermano fue a dirigir a las personas que están bajo mis órdenes. Lady Cranborne miró a Gina por encima del hombro con una chispa de regocijo en los ojos. madre. En esa ocasión actuó muy mal. Tener secretos con el esposo es señal de problemas en el matrimonio. La familia Girton adoraba la inteligencia por encima de la humanidad. Cam es mi esposo. Su dureza se debía a su gran inteligencia —dijo lady Cranborne mientras se arreglaba el peinado frente al espejo. —No me importaría contarle a Cam lo de la carta —dijo lentamente.ELOISA JAMES Duquesa enamorada presidenta. creo. —Podía llegar a ser muy cruel. —No es un hombre tímido.49 - . . si mal no recuerdo. aparentado un gran entusiasmo para complacer a su madre—. Mi hermano tenía mano dura. Eso significa que serías la presidenta de cuatro organizaciones. mamá! —dijo Gina. querida. —Bueno. había descubierto que a él no le importaban los convencionalismos. Girton siempre se quejaba de que el niño tenía miedo a la oscuridad y a las armas y quién sabe a qué más cosas. Heredó la inteligencia familiar. Sin embargo. Como tú. ¿Quién era ella para cambiar la manera de pensar de su madre? —Creo que debemos esperar a recibir la próxima carta —dijo. —No. Descarté ser parte del comité los Lisiados de Golspie la semana pasada. —No me sorprendería. —Sí —dijo Gina. recordando las batallas que tuvieron lugar en la casa después de que Cam partiera hacia Italia dejando a su esposa virgo intacta en su lecho matrimonial. Me negaré. a pesar de todas sus dotes de mando. —Él no es mi esposo —dijo Gina bruscamente—. querida. entonces cuéntaselo a Camdem —dijo lady Cranborne. Todo porque no le gustaba la caza. arreglando un mechón suelto para ponerlo nuevamente en su sitio—. Una verdadera dama de sociedad pasaba su tiempo vagando de filantropía en filantropía. claro. —Lady Cranborne miró con afecto en el espejo su semblante aristocrático. Estaba preparándose para ser casi tan inteligente como su padre. —¿Vas a contárselo a Bonnington? —preguntó su madre. Su madre asintió con la cabeza. —Ten cuidado. y se lo dije. Pero yo siempre he pensado que ésos eran síntomas de agudeza temprana. Gina había olvidado recalcar que no tenía relación de sangre con los Girton. son un grupo de viejos patos atolondrados que no entienden el concepto de autoridad. Muy mal. hija —le dijo—. Aunque debo admitir que manejó muy mal al joven Camdem. —No exageres. tras su corto reencuentro con su esposo. Girton pensaba que Camdem era un niño tímido simplemente porque pasaba el tiempo tallando trozos de madera en lugar de estar disparando a los animales. Gina se mordió la lengua. ¿verdad? —Tres —dijo lady Cranborne—.

si eso es lo que quieres. ¡jamás! Ni tampoco permitimos situaciones extrañas en las que la plebe estropee nuestra virtud. Ese pequeño y espantoso… —No es espantoso. Y tú tienes en cuenta los deseos de un sirviente. nadie se atreverá a poner en entredicho la reputación de la esposa de un marqués adinerado. Sólo es un poco extraño. por ejemplo. Si no te veo a la hora del almuerzo. ¡no pagaremos un centavo más! Porque no me interesa lo que piense el que escribió la carta. inquieta—. —¿No? —dijo lady Cranborne. —Nunca entenderé por qué lo has traído a esta fiesta —declaró su madre—. Necesito preguntarte algo: ¿has despedido ya a ese espantoso tutor. verdad? —No —respondió Gina. Y salió con una expresión en la cara que dejaba muy claro que no se calmaría hasta que el tutor de historia se hubiera marchado de la casa con las maletas en la mano. para asegurarnos de que te cases con Bonnington. querida. un poco histérica—. madre. por eso pagaremos. Necesitamos que un hombre entregue el dinero cuando nos lo pidan. No es una molestia. Ahora me voy.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Cualquier ayuda nos será útil. Estaba muy apenada porque acababa de decirle que nuestras clases debían terminar y él expresó tal deseo de acompañarme que no pude ignorarlo. Debo hablar con tu esposo inmediatamente. Después. Cuando estés casada. —Tiene algo muy peculiar. Habla con él lo más pronto posible. —No puedo despedirlo. querida. —Excelente. Las mentes pequeñas deben ser apaciguadas. ¿En qué demonios estabas pensando. mamá. —No me agrada la idea de pagar por el silencio. —Sebastian ya ha conseguido una licencia especial. ¿una visita al Palacio de Buckingham? ¡Ya veo por qué puso su atención en este asunto la revista Tatler! —¡Madre! —¡Los Girton no nos comportamos como la chusma! —dijo su madre. levantando la voz—. Es el empleado de mi esposo. —¡Quería venir! ¡Quería venir! —El tono de la voz de lady Cranborne había aumentado y estaba dando alaridos—. —Él quería venir. au revoir. ¿de acuerdo? —En ese momento dudó—. En la carta que te escribí en el momento en que esa escandalosa columna apareció en el diario te pedía que lo dejaras ¡inmediatamente! En momentos como ése Gina recordaba que lady Cranborne y el padre de Cam eran hermanos. . Tal vez debamos considerar celebrar la boda inmediatamente después de obtener la anulación.50 - . Qué más quería. No he podido entender por qué no lo dejaste en la propiedad si no podías despedirlo. —A mí tampoco me agrada la idea de que tu nombre esté en boca de todos y tu honor se ponga en entredicho. Te dejaré la nota para que puedas mostrársela a tu esposo. Ambrogina? —Fue una tontería —admitió Gina—. —Debe irse —dijo lady Cranborne. Me encanta aprender la historia de Italia. No abandonamos nuestra dignidad.

su cara cambió—. produciendo una respuesta de pequeños gritos entre la manada de debutantes amontonadas en los bancos. Cam hizo una reverencia. Bernie —dijo sonriente—. Lady Troubridge había organizado un picnic al aire libre en la orilla del río Saddler. Gina sintió una puñalada de irritación. Su amiga logró separar los ojos de Cam y saludar a Bernie. ¿Nos sentamos? Cam se dejó caer al lado de Gina. Para su molestia. Cada cierto tiempo se tambaleaba y simulaba estar a punto de caer al río. mi esposo. —Oh —dijo Bernie. Ahí está Burdett. mirando con agrado a Esme. —Qué espectáculo tan nauseabundo —le dijo a Gina al oído una voz lenta y pesada. Gina no logró ver a Cam hasta bien entrada la tarde. besándole la mano. —¿Vas a presentarme? —le dijo. excelencia! Esme le dio el brazo. —Es un verdadero placer —le dijo Cam. El actor estaba cruzando el río brincando de una roca a otra. fríamente—. —Dios mío —dijo Esme. —Ésta es lady Rawlings —dijo Gina—. Esme —dijo.51 - . sus ojos estaban . como si no hubiera estado mirando la puerta del salón de recepción toda la mañana. Esme. que se esparcían como matronas chismosas en la ribera. —Soy el duque de Girton. que corría por los jardines. —Mira. Al igual que Esme. —Es un actor. —Hola. ¿Quién es ese joven? ¡Es guapísimo! Gina miró. desconcertado. —¿Qué tal? —dijo alegremente—. ¡Mucho gusto. Su nombre es algo absurdamente teatral. creo. aunque una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. agarrando manzanas de una rama baja de un manzano y pasándoselas a las jóvenes que esperaban en la orilla. Las mesas estaban dispuestas a la sombra de unos viejos sauces. Cam estaba casado. Reginald Gerard. Gina paseó por la colina acompañada de Esme. que se acercó a ellos brincando con el ansioso paso de un perro bien entrenado.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 8 En el que hombres apuestos hacen travesuras en el río. Esme fue un poco cortante. después de todo. ¿Cómo va todo? Soy Bernie Burdett. mientras se acercaban al río—. Ella se volvió para saludar a su esposo. Luego. esperando su llegada.

valorabas la belleza por encima de todos los atributos. La belleza física no lo es todo. brincó agraciadamente de roca a roca sin dudarlo. con un tono de diversión en su voz—. con el sol brillando en su pelo dorado. —Sí —murmuró Gina. Había algo en la seductora curiosidad de Cam que hacía que hablara con él con total despreocupación. desanimada—. —Y las esposas —dijo Gina. —¿Tú…? —Gina se detuvo. —Por el momento no tengo amante —dijo él. un… —¿Un tonto? —agregó Cam. —Ésa es una decisión común entre los hombres. Luego. estaba al lado de Esme. —A Esme le encanta la belleza —explicó—. que son… —¿Bellos? —Bueno… —dijo Gina. ¿Crees que podrías vivir bajo esos estándares si estuviéramos casados en serio? . Los pantalones grises de Bernie estaban pegados a sus piernas musculosas. Cam se encogió de hombros. siempre parece escoger amigos que tienen. adivinando la pregunta que ella no se había atrevido a formular—. Gina siguió su mirada. sin pensar en lo que debía decir. Bernie le había alcanzado la manzana a Esme mientras le besaba la mano como recompensa. La amante perfecta es hermosa.52 - . —Ajá —dijo Cam. alegre e indolente. pero deben ser aún más obedientes — dijo Cam—. poniendo al joven actor y a sus actos sobredramatizados en ridículo. no entres en trance —dijo Cam. —Suponía que. —Bernie es un. Cam se encogió de hombros. Esme y Bernie habían alcanzado el borde del río. Ya había alcanzado la otra orilla del río y se había alzado para arrancar una manzana. cuando tenía. —¿Cómo soporta estar a su lado? Gina no ignoró el comentario porque no había señales de desprecio en la voz de Cam. pero no podría hacer mucho por su inteligencia. Pero. chasqueando los dedos—. como escultor. Bernie Burdett probablemente estaba más atractivo de lo que lo había estado en toda su vida. Veo la luz. Un segundo después. Seguiría pareciendo un patán. Mientras lo admiraban. ¿sucede lo mismo con ellas? —Menos bellas es aceptable. —Bueno. El lino blanco se estiraba por los hombros hermosamente moldeados. Ella lo miró con curiosidad. —Podría esculpir a Burdett. Por eso. La verdad. —¿Qué demonios hace con ese tipo? —preguntó en voz muy baja para que Esme no lo oyera. Bernie se quitó la chaqueta y la arrojó al suelo de la ribera. Parece que Bernie cumple con los requisitos. tan sólo genuina curiosidad. de mala gana. encajaba perfectamente con los parámetros que acabo de mencionarte.ELOISA JAMES Duquesa enamorada clavados en la esbelta parte de atrás del cuerpo de Esme.

no soy hermosa de la misma manera que lo es Esme — recalcó Gina. si a uno le interesan las actividades en el lecho debe escoger una esposa… —Esos asuntos no me conciernen. Puede decirse que se está divirtiendo. La obediencia no es una de mis virtudes. —¿Tu padre dijo eso? —dijo Gina. dándoles la espalda a Esme y a Cam. Era mejor que no pasara mucho tiempo con su esposo. Cam asintió. su profecía se ha cumplido. como si le estuviera diciendo cosas muy interesantes. interrumpiéndolo. preguntándose por qué demonios estaba diciendo algo así. ¿sabes? Tenía cara de estar riéndose de ella. como su aire de puritano. —¿Cómo se encuentra lady Rawlings esta mañana? —preguntó Sebastian con un tono desagradable—. pero Cam se interpuso en su camino. él me dijo que yo debería estar agradecida por tener un anillo de compromiso que me liberaba de verme obligada a desfilar como una mercancía. De hecho. Su esposo tenía la sonrisa más sugestiva que ella jamás había visto en un hombre—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —No lo había pensado —contestó ella. llamándolos con la mano. lady Rawlings es ciertamente una de las mujeres más hermosas que se hayan visto. —Uno no desea una esposa obediente todo el tiempo. Cam se volvió hacia la belleza clásica. Se deslizó en una silla. —¿Qué quieres decir? —preguntó. —Es cierto —dijo Cam—. —Sí. por cierto. Cam estaba inclinado hacia ella. —Y con razón —recalcó Cam—. airosamente. al menos en Inglaterra. Estoy al tanto de que no me escogiste como tu esposa —dijo Gina. Se dio la vuelta para caminar hacia Sebastian. Recuerdo que mi padre me decía que tú madurarías y te convertirías en una hermosa mujer y. —Además. brillando de placer. Pero lo dudo. entrecortadamente. en secreto. —Estoy segura de que sí lo está haciendo —contestó Gina. —No entiendo por qué estamos discutiendo un tema tan estúpido — dijo Gina. Era un terrible inconveniente que Sebastian estuviera de frente a la . de todo lo que decía había muy poco con lo que uno no podía ofenderse. —Supongo que si ella mantiene ocupado a tu esposo. será mejor para la anulación —recalcó Sebastian. Esme estaba refugiada entre Bernie y Cam. echándole una mirada.53 - . —¡Venid! —les dijo Esme. lanzándole una mirada con los párpados entrecerrados. —La obediencia es un asunto muy complicado —dijo—. —Espero que así sea —murmuró Gina. pero Gina se fue hacia donde estaba Sebastian. Tenía una expresión que ella consideraba. Mi padre era un maestro de los comentarios insultantes. Siempre tomé eso como un insulto. pero ella no sabía por qué. —¿Te sorprende? —Cuando hice mi debut. Por ejemplo. Cam miró a Esme. Sebastian estaba sentado solo a una mesa pequeña.

por un descuidado momento. A veces olvido lo inocente que eres. del que era antes de volverse tan consciente de su título y rango. —¡Oíd! ¡Oíd! —gritaba alegremente lady Troubridge—. —No. Hay algo que no se ha tocado y que es intocable en ti. unas pocas escenas de Shakespeare. insisto en disculparme. Sabía a trapo de secar loza escurrido. El señor Gerard ha accedido a organizar un pequeño acto para el fin de semana. Para desilusión de Gina. Algunas veces creo que ésa es tu palabra favorita. la marca de lo bueno propagándose por tus huesos. además de la anulación de tu matrimonio. ¿A quién le perjudica que Esme y Cam sean amigos? A nadie. como una niña inmadura.54 - . Durante el cordero continuó balbuceando sobre la manera atrevida en que el esposo de Gina seducía a Esme. Gina estaba empezando a sentirse un poco enferma. el semblante de Sebastian se oscureció. Sebastian sonrió. —¡Sebastian.ELOISA JAMES Duquesa enamorada mesa de Esme. seducida. exasperada—. —¿Actuar junto a un actor profesional? ¡Burdamente impropio! —Oh. —Supongo que tienes razón. Es que no me gusta ver cómo es arrastrado un buen hombre… —¡Estás desarrollando una auténtica obsesión! —dijo Gina. —Discúlpame. —No estoy tan desinformada. tu marido va a conseguir que Rawlings se divorcie de tu amiga —dijo desagradablemente. Había olvidado que tienes poca experiencia del mundo. Si alguien quiere participar en la lectura que lo diga. lady Troubridge lo impidió. porque parecía que no podía quitarle los ojos de encima. Sebastian —dijo ella—. . Y. Sebastian se quedó pasmado. Involuntariamente. sin embargo. Estaba aplaudiendo para llamar su atención y Sebastian se volvió inmediatamente hacia la anfitriona. Le dio un mordisco al pollo. Para ser honesta. —Me estoy volviendo muy estirado. Sebastian —comenzó a decir Gina. vio un atisbo del viejo Sebastian. —¿Y qué pasará cuando estemos casados y ya no sea tan inocente? —preguntó con malicia. —Pero. de decirle que había descubierto que tenía un hermano ilegítimo. Él abrió la boca e hizo una pausa. ésa es una de las cualidades que más adoro de ti. ya basta! ¿No crees que tendría que ser yo la que estuviera molesta? Pero no lo estoy. Gina: tu aire de no haber sido tocada por el lado sórdido de la vida. —Los ojos azules de Sebastian le sonrieron tan afectuosamente que ella se sintió más amistosa a pesar de su molestia—. estás siendo un poco descortés al hablar de eso en mi presencia. —Siempre tendrás una belleza inocente. ¿es eso lo que estás diciendo? Ella sonrió con agradecimiento. Gina. con la idea de contarle lo de la carta. Para su inefable alivio. —A este paso.

pero eso asombraría no sólo a Sebastian sino también al resto de los invitados. poniéndose de pie tan rápido que casi tira la silla—. estaba rodeado por un grupo agitado de debutantes que parecían reír y rogar para representar a la heroína. niñas —dijo enérgicamente. me tienes a mí —repitió ella. —No. —Lo siento mucho. cordialmente. Sebastian! —dijo. —Mi padre era una vieja vara. Probablemente esperaba poder escaparse con una heredera. Eso pensaba la otra noche. ¿no es eso encantador? Todos deberíamos ser tan afortunados de poseer a Gina —continuó Cam. Reginald Gerard. partiendo hacia lady Troubridge sin esperar a Esme. su mejor amiga le sonrió tan cálidamente que sintió un poco de vergüenza. Con permiso. —Gina y yo estábamos a punto de presentarnos voluntarios para participar en la lectura de Shakespeare —dijo Sebastian. Parecía horrorizado. Vosotros cuatro sois perfectos —exclamó. —Le vi actuar en el Covent Garden la temporada pasada —dijo . —Sí. ¡No estoy dispuesta a permitir ningún escándalo en mi fiesta! De forma entusiasta ignoraba el hecho de que sus fiestas proveían invariablemente los chismes más candentes de los primeros meses de la temporada. —¡Ven. —Bueno. Gina le dio golpecitos en las manos. —Unas pocas escenas de Mucho ruido y pocas nueces —respondió el joven actor. pero vuestras madres y yo hemos decidido que es un poco atrevido para chicas que aún no están casadas.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Un poco. De hecho. pero lo disimuló bastante bien y se comportó con toda dignidad y educación—. milady —le estaba diciendo Sebastian a lady Troubridge—. Gina. el señor Gerard tendrá que actuar con una mujer casada. El joven actor. —Yo también lo soy. Gina sintió lástima del pobre Reginald Gerard al ver la cara de espanto que ponía. La prosa dramática es muy excitante para las mujeres jóvenes. Esme no tenía derecho a seducir abiertamente a su esposo. mirándola a los ojos. apoyándose sedosamente en el hombro de Gina—. para disgusto de Gina. Se volvió y llamó a Esme con la mano. —¿Cuál es la obra escogida? —preguntó Cam.55 - . Quizá estuviera desilusionado. Estaba claro que no quería pasar las tardes con parejas casadas. también lo soy. deseando poder demostrarle más. —¡Qué bien! Yo también estaba pensando en presentarme para la lectura y sé que lady Rawlings estaría encantada de hacer lo mismo — recalcó Cam. ¿Puedo presentarme? Soy Reginald Gerard. —Te tengo a ti —dijo él. Eso es todo. apartándolas del camino con un pañuelo de color brillante—. En eso tienes razón. —Estoy de acuerdo con usted. Me estoy volviendo un santurrón —dijo. ¡creo que ambos somos igual de afortunados! ¿No es extraordinario? —Soy un hombre afortunado —dijo Sebastian. Pero sus esperanzas fueron desbaratadas por lady Troubridge.

¿verdad? Pero tiene un aire de «no me toques». Era cierto. Sebastian frunció el ceño. Reginald le sonrió al pequeño círculo. —Creo que seremos capaces de realizar una encantadora actuación. Cam rió.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Sebastian. Esme estaba comenzando a mascar ruidosamente la manzana y sus mejillas se habían teñido de rojo. ¿Está seguro de que esta obra es apropiada? —Fue interpretada con gran éxito durante la temporada pasada —dijo Reginald. y el duque de Girton. Después de todo. Ésta es la duquesa de Girton y lady Rawlings. Hero. Cada mujer es diferente. la diosa de la virginidad? —preguntó Gina. Claudio. —¿Diana. le ha sido infiel cuando ve que hay otro hombre en su ventana. —¿Cómo no iba a estarlo? Es hermosa. Parecía como si Sebastian le estuviera dando un sermón mientras ella se comía una manzana. a pesar de su aparente amabilidad… Tal vez quiera posar para mí. Darles nombres de diosas es solo una manera de dar nombre a lo que veo en sus caras. —Eso suena poco adecuado para mí —dijo Sebastian. estamos casados y sería muy desgarrador ver a otro hombre en la ventana de la habitación de mi esposa. —Parece que tú estás también muy preocupado por ella —recalcó Gina. cree que su prometida. —¡No es tan amistosa como dices! —Seguro que Sebastian la está regañando ahora mismo precisamente por su amabilidad con los hombres. milord. Tal vez la duquesa quiera interpretar a Hero y… —No lo creo —interrumpió Cam—.56 - . ése será usted. haciendo una reverencia—. Ah. Estaba mirando a Esme con el ojo crítico de un joyero frente a un diamante. Soy el marqués de Bonnington. Gina miró a su esposo. —Sería una Diana estupenda —dijo Cam. Gina miró de nuevo. con un poco de escepticismo. sólo haremos unas pocas escenas. La duquesa y yo tenemos mejores aptitudes para representar a Beatriz y Benedicto. claro que sí —acordó Reginald. —¿Crees que vamos a sobrevivir a este experimento? —¿Por qué no? ¿Qué quieres decir? —Seguramente habrás notado la preocupación de tu prometido por la hermosa Esme Rawlings. Además. Gina sintió una mano cálida en su cintura por un segundo. —¿Qué significa esto de la ventana de la habitación? —En la obra. —Oh. distraídamente. curvilínea y aparentemente muy amistosa con los hombres. evitaremos esas escenas. Lady Rawlings es . —Pensaba que ya estabas trabajando en una Diana. Sugiero que nos encontremos en la biblioteca antes de la cena para decidir qué partes representaremos. cortésmente—. Si hay algo que con lo que usted o lady Rawlings no se sientan cómodos. ¿No sería un poco aburrido hacer otra figura de la misma diosa? —No. Gina apretó los labios. frunciendo el ceño—. —Movió su cabeza hacia ellos. —Extraño.

¡lo crees! —Esme tenía unos hermosos hoyuelos. Tomó a Gina del brazo. Estoy segura de que está mirando. Sabes que no tengo nada que hacer con los hombres inteligentes. —¡No mires! —susurró—.57 - . Esme y ella caminaban por la colina en silencio. Gina lo miró con un nuevo respeto. ¿o sí? —¿Sebastian? —¡Claro que no me refiero a Sebastian. tonta! —exclamó Esme—. Gina tenía que admitirlo. no creerás que yo… —¡Claro que no! —Sí. Estuvo a punto de volverse para comprobarlo. No seas ridícula. Estoy seguro de que no comparte la cama con Burdett. me alegra que pienses que es apuesto —dijo Gina. de regreso a la casa. ¡por supuesto! —Bueno. Pero al mismo tiempo es distante y reservada. —Pienso que debes conservarlo. —¡Claro que lo pienso! —Luego abrió los ojos ampliamente—. —¿Puedo decir algo más? Gina asintió con la cabeza. Gina. Momentos más tarde. incluyendo a su propio esposo—. hermosa. pero Esme la tomó del codo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada provocativa. Me refiero a tu apuestísimo esposo. pero no querrás que sospeche. agriamente. aunque actúe como si lo hiciera. Ya entendía por qué cada hombre que conocía se enamoraba de ella. Gina estaba anhelando saber si Cam las estaba mirando. . incluso erótica.

Incluso podría ser posible que Esme se prestara para un proyecto tan arriesgado como ser esculpida en mármol rosa como una deidad sentada y medio desnuda. como si de verdad lo hubiera extrañado. La diosa nunca había mirado a un hombre con esos ojos. Nunca le daría la bienvenida a un hombre con placer. ¿cómo iba a hacerlo? Pero ella había estado presente todo el tiempo mientras él leía a Shakespeare. No había duda de que Esme Rawlings. y éste se deslizó por la . Una vez obligó a Phillipos. leía sin parar las obras de Shakespeare. de casa inglesa. Ella era su conexión con Inglaterra. su indomable curiosidad y su aguda inteligencia. Claro que sí. a hacer un viaje de tres días hasta una pensión que habían dejado hacía algún tiempo sólo para recuperar una de sus cartas. que había olvidado. No se le había ocurrido que cuando ya no estuvieran casados. Ciertamente. en esos momentos no era su proyecto de escultura lo que ocupaba sus pensamientos. hacia el libro que tenía entre las manos. frunciendo el ceño. Carente de corazón inglés. No dejaba de mirar la copia de Mucho ruido y pocas nueces que lady Troubridge le había enviado a su habitación. Cam miró la pieza de mármol que tres sirvientes habían depositado cuidadosamente sobre la alfombra Axminster.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 9 Una losa de mármol rosa y un duque contemplativo. Gina no le escribiría más cartas. y por lo tanto a la belleza de una diosa. que podría encontrar en Inglaterra. nunca había pensado en Gina como en una esposa. Sí.58 - . Las cartas era lo que le importaba. Siempre le escribía a Gina antes de mudarse a donde fuera porque no quería perderse ninguna. era la mujer que más se parecía a Marissa. Miró nuevamente el mármol. cuando partió de Inglaterra. no tenía la mirada franca y apreciativa de Gina. y mucho menos que Beatriz sería Gina en esa representación. Miró hacia abajo. Sin embargo. Pensar en eso le incomodó. No tenía nada que ver con su esposa. Arrojó el delgado volumen de obras al suelo. En realidad. corriendo lentamente por Inglaterra con ese cuerpo delgado y ese pelo rojizo y sedoso. Pero nunca pensó que interpretaría a Benedicto. Con su anillo en el dedo. su criado. De hecho. con sus curvas generosas y su cabello brillante. le encantaban esas cartas. Sus cartas lo habían seguido de país en país. En los dolores de la soledad. de frases inglesas y cerveza inglesa. Tenía una mirada muy penetrante. la diosa nunca le escribiría a su esposo cientos de cartas. las cartas y no Gina eran su conexión con casa. nada más. Gina sería una Diana terrible.

Más de sus besos. duque de Girton. ya se sabe que los hombres se caracterizan por pensar con la entrepierna. por supuesto. Conducía a la locura y a la lujuria. puesto que después de esa visita no regresaría a Inglaterra en varios años. Pero esculpir a Gina no era un asunto debatible. era . La próxima vez… la próxima vez ella recordaría quién era él y se quedaría exactamente donde debía estar. ¿Era sensato mentirse a sí mismo? Quería tener más de Gina. Y aunque disfrutara de compañía femenina de vez en cuando. Ahora miraba la piedra y veía cuerpos carnosos y caderas vulgares. Además. No se molestó en encontrarle lógica a ese pensamiento. No habría esposas que le enviaran pulsiones calientes de sangre a sus entrañas con sus inocentes comentarios seductores… Tan sólo es lujuria. los dedos le picaban por intentarlo. Por esa razón miraba las caderas esbeltas de su esposa y la piel cremosa de sus brazos. Su sedosa masa de pelo. En sus brazos. Ni como Venus… muy insípido. habían pasado muchos meses. ni siquiera estaba seguro de poder esculpir a Gina. y mucho menos en piedra. No era que quisiera seducir a su propia esposa. No la esculpiría como Diana. mientras que antes siempre veía el potencial para esculpir una sexualmente atractiva y hermosa mujer.59 - . de sus labios suaves. Cam levantó el libro y navegó entre sus páginas. ¿cómo convertir eso en mármol? Y su forma de moverse… Era imposible imaginarse a Gina quieta durante el tiempo preciso para dibujarla en un papel. Después de todo. a menos que estuviera equivocado… Impaciente por confirmar lo que recordaba. muchas gracias. ¿qué mejor que besar a una que le perteneciera? Volvió a tirar el libro al suelo. Aunque la idea de ver a Gina vestida sólo con un velo transparente era más que suficiente para volver loco a cualquier hombre. pensó. Stephen le había contagiado sus perjuicios. no con el cerebro. Demonios. se dijo. La abstinencia no era buena para el hombre.ELOISA JAMES Duquesa enamorada alfombra para descansar al lado de un mármol obscenamente rosa. Ni siquiera besarla de la forma que un hombre besa a una mujer. de sus curvas dulces y su pelo sedoso. y Camdem Serrard. Después de todo. regordeta y desnuda. bueno. Rosa. debido a la abstinencia. Por esa razón. rodeados de críos producidos con entusiasmo en el lecho conyugal. Sin embargo. No podía dejar de pensar en cómo se había derretido entre sus brazos hasta que recordó quién era y lo empujó para apartarlo de ella. hacía tiempo que Marissa y él habían interrumpido la actividad sexual que habían mantenido durante años. Al menos allí sería el dueño de su destino. No. No tenía sentido regresar para ver a su esposa actual convertida en la esposa de ese estirado marqués. Pero Gina era su esposa… No había nada malo en querer besarla… Si sentía ganas de besar a una mujer. Porque Benedicto besa a Beatriz. insistía en interpretar a Benedicto. ¡Maldito Stephen! Su esposa no querría posar como un miembro del panteón de diosas romanas. él se quedaría en su aldea. Torció los labios. Era que su apetito sexual se había salido de control.

Aunque he oído que la duquesa es un poco rebelde. si entiende lo que quiero decir. —Confío en que la duquesa no tenga que pasar por esa terrible experiencia. Ahora somos mucho más humanos. a su parecer. ¡Meade-Featherstonehaugh tenía tres esposas! Loco de remate. Ni siquiera podía orinar en la dirección correcta. la de la duquesa de Hinton y su esposo. Rounton regresó a su despacho muy desanimado. señor. para casarse de nuevo. La segunda y la tercera no tenían ni idea de lo que pasaba. ¿verdad? Rounton lo miró fijamente a los ojos. Hablaré con el Regente en persona. —Creo que tiene muchos pretendientes —dijo Rounton. podremos prescindir del trámite de la aprobación del Parlamento. sonriendo—. —Claro que no. Tan sólo envíe los papeles a mi oficina. De hecho. la legal. la mejor solución y que debía hacerse efectiva lo más pronto posible. ¿Has oído hablar de ese caso? Rounton negó con la cabeza. y no la concedieron hasta que la pobre mujer demostró que era virgen. La mayoría de los hombres no quieren tener ninguna esposa y a él le da por tener tres. haciendo una reverencia. Es joven y muy hermosa. El año pasado anulamos el matrimonio de los Meade-Featherstonehaugh. No tiene que haber ningún problema con el matrimonio Girton. eso fue en el 89. La anulación no debería ser otro caso más de divorcio. —¡No se ofenda! Habla usted de ella como si fuera de su familia —dijo el hombre viejo. El hombre era absolutamente inútil. Rounton parpadeó. por supuesto. Si un hombre se casa . —¿Cómo lo hizo? —Las llevó a Escocia. Naturalmente. Tardamos meses… incluso hubo juicio. secamente. dadas las circunstancias.60 - . Claro. Todos los abogados con los que consultaba asentían con la cabeza e instantáneamente estaban de acuerdo con que la anulación era. así está ese individuo. —Muchas gracias —dijo Rounton. —Lo mantuvimos en secreto por una buena razón —dijo Colvin—. hijo. la que anuló el matrimonio. —La gente habla demasiado porque tiene celos de ella. y lo tendré todo arreglado en poco tiempo. Creo que. —Antes era mucho más complicado —comentó Don Howard Colvin. —El hombre estaba escandalizado—. estaba un poco horrorizado por lo fácil que le estaba resultando. Edmund Rounton no estaba teniendo ningún problema en sus gestiones para anular el matrimonio del duque de Girton. fue la primera.ELOISA JAMES Duquesa enamorada todo un hombre. El Regente no es estricto con las anulaciones porque cree que son menos escandalosas que los divorcios y no suele poner problemas. —Se levantó de la silla de cuero—. —Debe de serlo. De una en una. —De nada. Recuerdo una anulación que fue dificilísima. Colvin era la mayor autoridad de Inglaterra en los asuntos de anulación—. de lejos.

Ese color de pelo era culpa del ron. Tu trabajo. —Haz como si no tuvieras los papeles. —Ahora —dijo bruscamente—. bajando la voz—: tengo una tarea especial para ti durante tu estancia en Kent. El hombre saltó varios centímetros sobre el suelo. te enviaré a Kent hoy mismo. es retrasarlos.61 - . Retrasar. Finkbottle. Su pelo insistió en quedarse como si hubiera tenido una pelea con el cepillo. ¿Entiendes? Una mirada familiar de pánico y confusión presidió el rostro de Phineas Finkbottle.ELOISA JAMES Duquesa enamorada con tres mujeres debería acabar en la cárcel. Usa la sutileza —dijo Rounton. Finkbottle. Tengo los primeros papeles de la anulación para los Girton. Empujó la puerta para abrirla y llamó a su asistente. y el resto será enviado en pocos días. . pensó Rounton. sin darse cuenta de que estaba sentado a su lado.

la misma cama vacía y amenazante se asomaba desde las tinieblas. Simplemente. la cuadrilla y el vals. No había necesidad de que se preocupara por encontrarse con Tuppy: allí estaba. no. Se soltó el lazo de pelo y comenzó a peinarse. Y cada año que pasaba era más consciente de lo tonta que había sido. La joven se mordió los labios y las lágrimas brotaron de sus ojos. Gina tenía un esposo y un prometido y. También tenía un aire de ligera duda y Carola pensó que era un detalle. Pronto sería una tonta de treinta años y. pero él ni siquiera se había molestado en saludarla. —Claro que sí —dijo Carola inexpresivamente. en cuestión de minutos. a menos que estuviera equivocada. había pasado la velada anterior bailando con Neville. —Milady. estaba encantadora. —¿Estás enferma? ¿Puedo ayudarte en algo? —De hecho.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 10 Los frutos del arrepentimiento. lo cual era lógico teniendo en cuenta la suerte que tenía. la misma cara de cansancio la miraba a su vez desde el espejo. con el pelo recogido por un lazo. Y no era la primera vez que lo hacían durante esa tarde. ambos la querían. Cincuenta. Las lágrimas se amontonaron con la autocompasión y tuvo que tragar con fuerza. Ella. . Era la misma habitación en la que había dormido durante una semana. se acercó la criada pero ella la paró con un gesto de la mano. la duquesa de Girton quisiera saber si puede visitarla un momento. no puedo abandonar la habitación — dijo Carola. Gina entró en la habitación. Se mordió los labios con fuerza hasta que el dolor hizo que la presión que quemaba sus ojos retrocediera. mejor estar muerta para entonces. Ella lo había visto de lejos. estaba a punto de llorar. Se sientan a las mesas para mirar a sus hijas. sería una tonta de cuarenta. tres veces. Mujer con suerte. que durante algún tiempo fue la esposa de Tuppy Perwinkle. Dentro de unos días cumpliría veinticinco años. Nadie quería a Carola. mucho más delicadamente que los demás. Un pequeño golpe sonó en la puerta y apareció su criada. Bailaron el ridotto. Carola Perwinkle. No era la cura perfecta ver a su tan perfecta amiga la duquesa. Automáticamente. o se sientan a las puertas de las habitaciones para susurrar cuentos sobre las extravagancias de sus hijos. excepto si no tienen hijos de los que hablar.62 - . Gina era probablemente la mujer que mejor se comportaba con ella. en esencia. Las mujeres de cincuenta años no galantean por el salón de baile al ritmo del vals. Sentada en su tocador.

—No me hagas caso —dijo Carola. Me parece que. Gina se sentó a su lado en el banco acolchado y le pasó un brazo por encima del hombro. Gina. puesto que es muy difícil imaginarse a lord Bonnington representando una obra de teatro.63 - . Una batalla perdida. y deberías agradecérselo. finalmente—. como fuiste tú la que abandonaste a tu esposo en lugar de haber sido al revés. si es necesario. Carola se rió de eso. Y cada año las posibilidades de reconciliación son más remotas. —¿Por qué? —repitió Gina. Tup… Tup… ¡Tuppy me miraba de esa manera! Y ahora ella estaba inmersa en desconsolados sollozos. casi soy yo misma. ¡oh sorpresa! Él ha estado de acuerdo en que sí lo era. quizá si habláis… —Imposible. deseando poder estar tan segura como su amiga del amor que Sebastian le profesaba. si aún amas a tu esposo tienes que reconciliarte con él. Sí y no. —¿Por qué? —Porque es imposible. Gina esperó. pero. limpiándose las lágrimas—. Cortéjalo. Aunque no era su amor lo que le preocupaba. claro —dijo Gina. alegremente—. —¿De qué has discutido con lord Bonnington? —Le he dicho que era un estirado —dijo Gina. De hecho. . Y. aunque sólo levantó levemente los labios. —Bueno. Llevo así todo el día. Tú estás con un prometido que te mira como si fueras una diosa. —¿Por qué no? Tendrás que ser más clara. No entiendes. Lo que sugieres es imposible. —Me sentía así también. —¡Eso no es cierto! —Sí que lo es —su voz era aguda—. —Querida. —Reconozco la mirada en los ojos de un hombre. —Sí. como he asistido a un picnic y he tenido otra riña con mi prometido. como recompensa.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Gina se sentó en una silla a la izquierda del tocador. —No entiendes nada —dijo Carola—. se dijo Gina. —Sí —dijo Carola. Y ahora debemos actuar en una obra de Shakespeare. con una sonrisa de disculpa. —Debe de quererte mucho —dijo Carola. —Cada año empeora. es tu responsabilidad hacer posible el primer acercamiento. Lo hace por ti. bastante impropia por cierto. —¡No puedes entenderlo! Gina estaba comenzando a exasperarse. —¿Estás llorando debido a la llegada de tu esposo? Hubo un momento de silencio en el que Gina se preguntó si debería haber planteado la pregunta con más tacto. Cada año me arrepiento más y más. Es todo lo que debes hacer. sorprendida—. y ahora tu esposo llega y te mira de la misma manera. Carola estaba luchando contra las lágrimas. Moqueó desconsoladamente. Soy una mujer adulta que alguna vez fue una esposa.

no lo fue. —¿Cómo puedes decir que mi esposo me ama? Si casi no nos conocemos… —Bueno. Puedes escoger a cualquiera de los dos. al principio no me importaba. y comenzó a llorar de nuevo. Iba a ser muy difícil hacerle cambiar de opinión. No importa cuál. bueno. está claro que te quiere. él… él toma mi mano y me pregunta cómo he estado y… y… ¡esto es tan humillante! —No es humillante —dijo Gina—. Honestamente. —Tú no me entiendes. lo buscaba sólo para que viera lo feliz que era sin él. Pero en ese momento. No estoy llorando por Tuppy.ELOISA JAMES Duquesa enamorada deberías intentar que volviera a enamorarse de ti. justo al final de la temporada. Es interesante. Carola respiró profundamente y se limpió las lágrimas. Gina. no lo volví a ver. que habría ido a buscarla después de… después de la primera noche. Sólo lo vi unas cuatro veces antes de que pidiera mi mano. me dijo que si dejaba a un lado mi vanidad podría lograr que Tuppy disfrutara conmigo como con su yegua favorita. Dos hombres te miran de esa manera. presintiendo que Gina estaba a punto de interrogarla nuevamente—. y Bonnington te ama. puesto que eso significaba que mi madre tenía razón. dos veces. porque tú no has cometido errores. Pero nunca lo admití. no realmente. Y ahora no hago más que pensar en él. de repente. Estaba convencida de cada una de sus palabras. miserablemente—. —Cuando nos casamos no estaba enamorada de él.64 - . En cuestión de un mes estábamos casados. eso es todo. Mi madre me obligó a casarme porque fue la mejor oferta que tuve. —Estaba tan enfadada —dijo Carola—. un poco perpleja por la descripción. —No sabía que te sentías así por tu esposo —dijo Gina. —No es tan sencillo. Gina le alcanzó un nuevo pañuelo. y ahora debo vivir con eso. Como él no fue a buscarme para llevarme de nuevo a casa. Tan sólo sigo viviendo. Pero lo vi anoche. eso es todo —continuó hablando. Quiero decir que no sabía que aún estabas muy enamorada de él. ¿Qué rayos has estado haciendo? ¿Por qué finges que te gusta estar separada de tu esposo? —No finjo —dijo Carola. Usualmente. —No estoy tan enamorada. para ponerlo celoso. Carola tragó saliva y se indignó de nuevo. Tuppy apareció — hizo una pausa—. Ella no quería financiar otra temporada porque ya era el turno de mi hermana menor. —Oh —dijo Gina. se dijo Gina. Cometí un error. Pero. Mi esposo no me quiere ni tampoco me ama —dijo. Ella me dijo —otro sollozo la sacudió—. Ni siquiera se molestó en saludarme. Estoy llorando porque no puedo recuperar lo que perdí. Elijas al que elijas. vivirás con un hombre que te ama y te desea. decidí disimular delante de él. ¿Entiendes lo que quiero decir? . un terrible error. —¡No lo estoy! —Pues hablas como si lo estuvieras. —¿Estar casada fue tan terrible? —No. abrazando a su amiga—.

—¿Cómo…? —interrumpió Gina. Y sí me dolía. —Creo que embellecí el comentario de mi madre. —¿Penélope Deventosh? Carola asintió. He oído conversaciones sobre el tema. —Pero tal vez la señorita Deventosh pueda ganar su corazón. . no he roto mis votos matrimoniales —dijo Carola—. —Eso empeora las cosas. También el matrimonio. —No entiendo dónde cabe la responsabilidad. Carola se encogió de hombros. ¿por qué debería hacerlo? Casi no estuve en su casa y en su cama antes de irme gritando a casa de mi madre. Sólo uno entre diez tiene sentido de la responsabilidad.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Claro que sí. Lo amo. ahora tendrías una familia. Vas a tener que cortejarlo. —Tendrás que hacerlo si no quieres que se case con la señorita Deventosh. —Primero la mataría —dijo. Gina y. —Había parado de llorar y tan sólo miraba su sombría cara en el espejo—. —No. No da un centavo por mí. realmente encontraba todo el asunto doloroso y sucio. por supuesto. Probablemente no te encontró en medio de tus admiradores. —Oh. Yo creo que has herido su orgullo. —¿Le dijiste eso también? —Y más —dijo Carola. Si hubiera ido a buscarte y hubiera demostrado su constancia y fidelidad. aunque es muy alto para bailar y sólo le interesan los peces.65 - . Entonces volví a casa y discutí de nuevo con Tuppy. exasperada—. ¿Le dijiste que habías hablado con tu madre sobre la noche de bodas? —¿Te refieres a la parte del jinete torpe? Gina asintió. —¡Cortejarlo! —Sí. —Él podría divorciarse de mí basándose en el abandono. —Lo vi. tensamente—. —Estoy segura de que quería hacerlo. Pero nadie me dijo que ese dolor cesaría. no arriesgaría su reputación por algo que no fuera placentero. Verás. y antes de que pudiera darme cuenta había regresado a casa de mi madre y él nunca. nunca fue a buscarme. Mira a Esme. ¿no te parece? Y ahora… ahora sólo quiero vivir con mi esposo. anoche. hablando con esa joven pelirroja que de repente está tan de moda. No sé por qué. si tú lo logras primero. Tuppy es como el esposo de Esme. pero nunca quise romperlos. —Dios mío. —No sé cómo cortejar a alguien —lloriqueó desconsoladamente. Dijo que él era un jinete torpe y que yo debía intentar ser una dócil yegua. —Los hombres son así —dijo Gina. Creo que es mejor que le pidamos consejo a Esme. Carola se quedó callada por un instante. y él ni siquiera me saluda. asintiendo. ¿sabes? —Ya lo habría hecho si hubiera querido. La carilarga esa. Todo lo que hice mientras estuve con él fue quejarme y dar aullidos diciendo lo que me dolía. —Y todo lo que ella dijo fue una tonelada de metáforas sobre caballos y establos y establecerse y echar raíces.

y en cómo insistía en su inocencia. Gina pensó cuidadosamente la respuesta. No creo que Tuppy sea de esa clase de hombres. Si cree que voy a gritar como un pavo real cada vez que intente acostarse conmigo no querrá que volvamos a vivir juntos. sí —exclamó Carola—. —¿Así de mal? —Era joven y estúpida. Prefiero morir. —Creo que deberás permitir que él lo sepa. Sería una victoria para él. —Generalmente se queda unas tres semanas. —Tienes razón —dijo Carola con desaliento—. Gina tragó saliva. —Espero que no lo sea —murmuró Gina. aunque todo evidenciara lo contrario.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Crees que ella sabe cortejar a los hombres? Gina pensó en cómo brillaban los ojos de su esposo cuando Esme le sonreía. Lo he visto una y otra vez. ahora debía ayudar a su amiga. ¿Por qué querría un hombre vivir con una mujer que no…? —Pero en ese instante recordó a Sebastian. Haz la más pequeña insinuación a un hombre de esa calaña y ellos te regañarán duramente porque te has bajado de tu pedestal y has manchado tu inocencia. Seguramente no sería así con Sebastian. —¡No me atrevería a hacer algo así! ¡No podría hacerlo. no sería capaz! . Debe quedarse. Sintió un extraño malestar que no supo cómo explicarse—. Era más que una creencia. —Pero no quiero ser seductora —susurró Carola—. Los ojos de Gina se encontraron con los de su amiga en el espejo. —No me cabe la menor duda —su tono fue un poco sombrío. ¿Cuánto tiempo crees que se quedará Tuppy en la fiesta? —dijo. no. ¿Crees que Tuppy será uno de ésos? —Sé a lo que te refieres —respondió Carola—. porque ella es la encargada de asignar los puestos durante las comidas. Se casan con una mujer por su pureza y luego se enamoran de otra que no es en absoluto inocente. Sebastian estaba convencido de que ella no tenía deseos. —Oh. —He oído a muchas mujeres quejarse de eso —continuó Carola—.66 - . más tarde analizaría sus sentimientos. —Primero. No sabía cómo evitar el hecho de que Sebastian era de esa clase. o lady Troubridge lo amenazará con desheredarlo. hablaremos con lady Troubridge —dijo Gina—. Su amiga suspiró. con una mirada traviesa en los ojos. Pero creo que los hombres que piensan así en realidad no están enamorados. —¿Ella nunca ha intentado convencerte de que te reconcilies con él? —Nunca me ha dicho nada. —¡Las habitaciones! —Solamente lo usaremos como último recurso. Prefiero morir antes que permitir que mi esposo piense que me quiero acostar con él. ¡Podría sentarme al lado de Tuppy! —Y también asigna las habitaciones —dijo Gina. —A algunos hombres no les agrada la idea de casarse con una mujer que admita abiertamente su deseo sexual —dijo Gina—.

calmándola —. se habría sentido orgullosa: en los ojos de Gina brilló la marca indiscutible de una Girton. Si lady Cranborne hubiera visto a su hija en ese momento.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Si tenemos suerte no tendrás que hacerlo —dijo Gina. Gina? —Solamente si el hombre está más allá del punto razonable —le prometió Gina. Después de todo. así que no puede ser tan difícil. los hombres cortejan a las mujeres todo el tiempo. .67 - . Y tenemos a Esme para que nos dé consejos. Carola parpadeó y susurró: —¿Habitaciones.

Gina caminó hacia la luz. «nada lo hará. La única lámpara encendida estaba al final de la habitación. El joven actor. —Escucha esto. Cam escuchaba cortésmente. y no le parecía mal presumir de ellos. «Si no enciende el corazón de Sebastian».» Puesto que a lady Troubridge no le interesaba leer. Se cambió de vestido tres veces. menos quería verse a sí misma en un pedestal toda su vida matrimonial. las paredes estaban repletas de estantes llenos de libros y las ventanas eran altas y estrechas. Era una habitación oscura y tranquila. y ella se proponía comprobar si los impulsos de Sebastian funcionaban perfectamente. Gina se vistió con mucho esmero para la velada. por supuesto. pero podía verse un vestigio de diversión en sus ojos negros. Sus tobillos eran uno de sus mayores atractivos. no paraba de hablar sobre algo. hasta que finalmente estuvo lista para bajar las escaleras con un vestido azul de seda que parecía hecho para mostrar su cuello y sus hombros.68 - . sus sandalias no hacían ruido sobre la gruesa alfombra. pero. en una posición ideal para que su escote revelara todo a quien le interesara echar un vistazo. Pero la mayor cualidad del vestido. en la biblioteca. con el pelo brillando por la luz de la chimenea detrás de él. como una moneda de bronce recién pulida. Gina caminó hacia el círculo de luz. El resto del grupo ya se había reunido. Sebastian estaba leyendo concentrado su libro. pensó Gina. donde una ancha franja de luz se acercaba a ella y luego caía en la penumbra. Había decidido poner a prueba a Sebastian. querida: ¡el señor Gerard me ha escogido para interpretar a una pobre mujer que se desmaya y casi muere cuando la acusan de mal comportamiento! . Durante el día recibía la luz del sur. Reginald. de altos techos con arcos. mientras su esposo coqueteaba con una amante lasciva y vivaz. era que dejaba al descubierto sus sandalias de satén. las ventanas no eran más que sombras de un gris más oscuro entre los estantes. Esme estaba sentada en un taburete bajo al lado de Cam. En suma. El sentido común dice que el hombre apenas puede mantener a raya su apetito sexual. Porque. Se recogió el pelo y dejó que unos sedosos bucles cayeran sobre sus hombros desnudos. y Esme sonrió desde su puesto. al atardecer. Los hombres la miraron. desde el punto de vista de Gina. la habitación no había cambiado desde principios del siglo XV. y casi nunca frecuentaba la biblioteca.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 11 Shakespeare indecoroso. cuanto más lo pensaba. ese vestido era el más atrevido que tenía.

Mira esto —señaló una frase —. Me amenazas con arañarme la cara. Sus ojos estaban iluminados por la risa y algo raro. más convencida estaba de que ése era su comportamiento cotidiano. desde la cabeza hasta la punta de las sandalias. Parte de su plan consistía en utilizar a su marido para demostrarle a Sebastian que ella no era digna de ser puesta en un pedestal. su rostro. Sebastian se había sentado de nuevo después de saludarla. —¿Elegante? —murmuró Cam mientras Gina se sentaba en una silla a su lado. —Claro que estoy de acuerdo —contestó—. —Tal vez deberíamos intercambiar personajes —continuó Esme—. —¿Qué? ¿Yo digo eso? —Gina abrió su libro—. Cuanto más pensaba en la manera en que su marido la había besado. Por eso le parecía el hombre perfecto para inspirarle celos a su remilgado prometido. Beatrice. sin dejar de ser elegante. Preferiría escuchar a mi perro ladrar a un cuervo que a un hombre jurar que me ama. —Sí —dijo seriamente—. Cam era un hombre sensual. algo que Gina no podía identificar exactamente. ¿Dónde? —Deduzco que no estás muy de acuerdo con esa frase —intervino Cam. y cambiaba las páginas de su libro. como hojas silvestres al aire libre. . Podían decirse muchas cosas sobre Esme.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Gina no pudo contener una sonrisa. —Supongo que este despliegue no es sólo para mi beneficio —le dijo a Gina en un susurro. frunciendo el ceño—. Bonnington está leyendo el primer acto. siempre lo había hecho. dudosa. Beatrice parece ser una mujer animada. pero desde luego no podía decirse que se engañara a sí misma sobre su carácter. Cam observó su pierna esbelta y luego. Se inclinó hacia ella y tomó el libro en sus grandes manos—. incluso cuando eran niños. Levantó la ceja y la inspeccionó lentamente. rápidamente. que probablemente deseaba a cualquier mujer que tuviera cerca. señalando una página abierta. Su personaje. Simplemente estoy intentando encontrar el texto. —Somos una pareja conflictiva —dijo—. parecía tener algo de arpía. Por supuesto él la entendió perfectamente. no usaba perfume. —Déjame ayudarte —dijo. confundiéndola. Sus mejillas ardían cuando se alejó. La propia Esme fue la primera en ver la gracia de ese disparate. —No estoy de acuerdo con esa sugerencia —respondió Sebastian. Bastante apropiado. —¡Cállate. Un personaje mucho más apropiado para la duquesa. Cam tenía un olor indefinible. Cam se inclinó de nuevo hacia su hombro. A diferencia de la mayoría de los hombres. desgraciado! —le susurró Gina muy bajito para que sólo él la oyera. ruborizándose un poco. Tienes más derecho que yo a representar un personaje sin defectos. Limpio y otoñal. Se sentó con elegancia y miró con satisfacción cuando su vestido se abrió sobre su tobillo.69 - . Posó una mano sobre el libro. Ella miró el texto. Pienso que el papel de Beatrice es bastante apropiado para la duquesa.

Pero. y estoy casi seguro de que los veo abrazarse. prometedores y maliciosos. Una tos inquieta la llevó de nuevo de regreso a la habitación. sino que siempre se comportó con ella como un hermano con su hermana. Por un momento sus ojos se encontraron con los de él. y conozco el… ¿Cómo lo has llamado? —preguntó Esme. ¡Qué presumido! Todas las mujeres. ¿No está de acuerdo. —¿Qué es absurdo? —preguntó Sebastian haciendo una mueca—. Al parecer. Una villana ha convencido a otra mujer para que actúe y se pare frente a la ventana de su habitación. mirando su libro—. eso le pareció a Gina. no me caso con ella. hay fuego. así que. —Qué típico de un hombre lanzarse a una conclusión tan absurda — dijo ella. Volvió la cabeza y contuvo una sonrisa de satisfacción. que se sintió como una niña que desobedece a su profesor. Por alguna razón. representada por lady Rawlings —explicó—. creo haber visto a un hombre en la ventana de la habitación de mi prometida. concentrados. mi personaje nunca se alejó de los límites del comportamiento virtuoso. Está en el cuarto acto. Parecía que Sebastian había mordido el anzuelo. —De la actitud de mi personaje hacia su esposa. Gina se repuso. O. Sebastian? —Gina se negó a dirigirse a él con la misma formalidad con que él la trataba. bajo esas circunstancias —dijo con satisfacción. Sebastian apretó la boca. —Puedes estar segura de ello —dijo.70 - . el nivel acostumbrado de tensión entre Sebastian y Esme parecía particularmente alto esa noche. la repudio. —¿De qué estás hablando? —preguntó Gina. estaban entre amigos. indicando que se había dado cuenta de su gesto de rebeldía. tan suavemente que ella apenas podía oírlo—. —Yo digo grandes verdades —dijo Sebastian. ¿Esme es tu prometida? ¿La mujer a la que rechazas? —Sí —dijo Sebastian. —¿Qué tal es tu papel. muestra tímida sinceridad y amor fraternal. —Entonces soy yo quien se comporta como una virgen pero no lo soy. —El calor de una cama lujosa —repitió Sebastian. Tendremos que seguir leyendo para ver si me rindo ante ti o no. como un hermano a su hermana. Pero Gina estaba confundida. —¿Pero no está tu prometida traicionándote realmente? Reginald Gerard tomó la palabra: —No lo está traicionando. Naturalmente. naturalmente. lady Rawlings? Gina los miró. sin duda. —Mi papel es el de un hombre común y corriente. . Donde hay humo. Su rostro estaba tan cerca del de ella que podía sentir su aliento en la mejilla. cuando digo: Ella conoce el calor de una cama lujosa… Por supuesto. al menos. oscuros. después de todo. —Nunca he leído esta obra.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Tú pareces ser una especie de fanfarrón —y recitó burlonamente—: Pero estoy seguro de que soy amado por todas las mujeres excepto tú.

y se sintió triunfante. Y después. Estaban cubiertos de una fila tan gruesa de pestañas que casi perdió el hilo de la conversación. lord Bonnington. ¿Cómo se atrevía a sermonearla? Cerró el libro de un golpe. Él se acercó a ella. no te preocupes tanto. tú estás versada en este tipo de cosas. Gerard estaba hablando. mi señor. se dijo. —Zorra —gruñó. —Le dio un golpecito en la mano—. dado que estás desprestigiando a mi futuro marido. pero tú seguramente le habrás dicho a ese pobre diablo de allá que lo amas y adoras —dijo Cam dulcemente. —Sólo puedo pensar —continuó— que tienes miedo a volver a ser soltero. Benedicto. —¡Ay. los ojos de él se dirigieron por un segundo hacia la esbelta pierna. ¿no es así? Ella parpadeó y miró sus ojos. —Tienes parlamentos interesantes —dijo su marido. —¡Lo dudo! —dijo ácidamente—. Bajó la voz—. —¿Debo entender. —Yo estoy deseando llamar cotorra a mi esposa —dijo Cam—. ¿Qué tal si ensayo con Gina la escena del primer acto en donde salimos? —¡Está bien! —dijo Reginald. tal vez. ¡Va a ser muy difícil jurarle amor eterno a una bestia presumida como tú! —Se lo dirás al personaje de Shakespeare. Ella emitió una risita. Él encontró los ojos de su esposa con tal destello de regocijo que la joven sintió una sacudida en el estómago.71 - . Estoy segura de que podremos encontrar a alguien que se case contigo. —Yo sugiero que hagamos el cuarto acto completo —interrumpió Cam. —En realidad. El corazón de Gina latía tan rápido que casi . —Estoy seguro de que no te costará trabajo. Gina aspiró profundamente como si la indignación manara de ella. —Por supuesto —acordó Reginald. Gina entrecerró los ojos. —Es una buena obra.ELOISA JAMES Duquesa enamorada ¿Había alguna intención oculta en sus palabras? Gina le lanzó una mirada interrogante. no a mí —la corrigió Cam. ésta es mi primera actuación teatral. —Ah. después de todo. —¿Qué pasa? —exigió ella. cómo puedo decir tal mentira! —dijo dramáticamente. Por alguna razón. Tal vez no era capaz de seducir a su prometido. Por favor. juras amarme para siempre. lo vas a pasar muy bien. Había un toque de duda en su tono. Por ejemplo. —¿Sí? —Así es. otra escena. pero ciertamente tenía influencia en su marido. que tus sentimientos hacia mí han cambiado? Fue su turno de parpadear. Obviamente se había dado cuenta de los preocupantes problemas que había entre los miembros del reparto—. Claramente. Cam parecía muy satisfecho de sí mismo. Gina puso su mano en el corazón. Pero. Gina. balanceando un poco el pie. Sebastian era un engreído. —Lo dudo —dijo ella. Y podremos hacer la escena que tú tanto admiras.

Su prometido. Reginald aplaudió de nuevo. Pero me gustaría que no fuera tan pedante. Miles pasó gentilmente su mano por la mejilla de lady Childe. Claro. lo que le dio una satisfacción inmensa a Gina. Sus ojos encontraron los de Gina. Y Sebastian no se había enterado de nada porque seguía discutiendo con Esme. —Señoras y señores —dijo—. Nos reuniremos de nuevo dentro de tres días. pero respiró hondo.72 - . Gina se levantó y se sacudió la falda. Para mí eso sería el paraíso. Tienen una semana. rogando atención. y les estaré muy agradecido si memorizan sus papeles desde el primer acto hasta el cuarto. resultaba descorazonador que Sebastian pareciera no inmutarse. —Prefiero que no lo hagas. —¿Deberíamos unirnos al resto del grupo? —Claro que sí —dijo ella.ELOISA JAMES Duquesa enamorada no podía oír lo que estaba diciendo. —Siento mucho que Sebastian y tú tengáis que estar siempre discutiendo —dijo Gina. —¿Demasiada presión para un cerebro viejo? —murmuró Gina. Sugiero que cada uno de ustedes se lleve un libro y que memoricen sus papeles. Simplemente tiene… tiene confianza en sus convicciones. y apretó los labios. Creo que él no puede evitar ser tan crítico. Lady Troubridge había organizado un juego de cartas para esa noche. Dado que su plan era darle celos a su prometido. —Por supuesto —murmuró Gina—. no como otras —contestó Cam. —¿Quieres que hable con él? Esme tomó a su amiga del brazo. deliberadamente. Luego. —Sí —dijo Esme. No me gusta que se comporte contigo de esa manera. —No es pedante. se quitó el chal de cachemira que llevaba puesto sobre los hombros. Con una rápida mirada vio a Cam contemplando la prominencia de sus senos. Lord Bonnington es un hombre muy honorable y no concibe que los demás no sean tan honorables como él. —¡Muy bien! —dijo Reginald—. al parecer. y dejó a Sebastian en medio de una frase. —Mejor un pedante que un sinvergüenza —dijo Esme amargada—. . Cuando se dio cuenta de que ella lo había visto. —Sí —respondió. Entraron al salón de juegos. Frente a ellos había una mesita decorada por el marido de Esme. —¿Que memoricemos nuestros papeles? —Cam parecía sorprendido. sin embargo. mientras ellos discutían acaloradamente. y salieron antes que los hombres. Lady Troubridge ha sugerido que actuemos este fin de semana. dejó de mirarla. seguía hablando con Esme. ajeno a todo lo que no fuera la joven que. tanto lo exasperaba. Había cierta desesperación en su mirada. Había arrastrado su silla hasta el banco de ella y sus cabezas estaban sobre el libro. Mientras miraban. muy juntas. —Por lo menos yo me he leído el libro antes de acudir al ensayo. Bonnington nunca te humillará en público. Esme se retiró sin decir palabra. Miles. y se puso triste—. No podía inspirarle celos si él ni siquiera se daba cuenta de que estaba coqueteando con otro hombre.

Qué agradable verla de nuevo. No es así. Cuando uno lo miraba de lejos parecía un hombre musculoso. Charlaron amablemente durante un momento hasta que los dedos de Esme estrecharon el brazo de Gina. Y si la sociedad . se había dedicado a compartir cama con diversos hombres. A Gina le dio la impresión de que el hombre se alegraba de ver a su esposa. pero debo volver con mi marido. Esme. por favor? —Claro. gracias —respondió Esme. —Bastante bien. en absoluto. Bueno. Ha tenido la suerte de encontrar a alguien a quien ama de verdad. Y no quiero decir que lo desee. ¿lo saludamos? Anoche logré evitarlo. pero visto de cerca sus fuertes músculos se volvía flácidos. Gina guardó silencio. verdad? Esme caminaba cada vez más deprisa. —Por favor. Decididamente no lo quiero en mi cama. Por lo menos tu marido y tú no vivís en un estado de guerra permanente. tenía un hoyuelo extrañamente femenino en medio de la barbilla. eso es todo. pero creo que será la última. de figura corpulenta. —La única razón por la que no estoy agradecida es porque soy una persona celosa y horrible —dijo Esme con vehemencia. y se le notaba. Está enamorado. lady Childe. —¿Eso debería importar. —¿Cómo estás. —Pero no importa. soltando sus manos y haciendo una reverencia—. ¿sabes? —No es la primera vez que le pasa —señaló Gina. Estoy convencida. no lo eres! —Lo soy. cariño? —preguntó Rawlings. —Ah. El marido de Esme era un hombre grueso. sonriendo a la pareja—. La besó en cada mano con mucha coquetería. Hasta que conoció al esposo de Esme. Somos el epítome de una pareja civilizada. ¿me acompañas al comedor? —Creo que podría ser mucho peor… —empezó a decir Gina. Además.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Miles Rawlings levantó la vista y les hizo señas para que se sentaran a la mesa. El matrimonio es… difícil. sus pasos cada vez más ligeros. así que debería estarle agradecida a lady Childe. Era una matrona amante de los caballos que le había dado a su esposo dos niños y después del segundo parto. ¿Está disfrutando de su estancia en el campo? Lady Childe era cerca de quince años mayor que Esme. —¡No. mientras se alejaban.73 - . discúlpenme —dijo Gina. según se rumoreaba. —¿Podemos cambiar de tema. pero Esme la interrumpió. sonriéndole a su esposa. —Es muy amable —comentó Gina—. Lady Childe también había subido y murmuraba una bienvenida que tenía el tono de una disculpa. —No. ¿Estás bien? —Sí. Gina asintió con la cabeza: —Tú eres cuatro veces más guapa que ella —dijo firmemente.

rodeada por su habitual círculo de jóvenes. Estaría tan elegante vestido de uniforme… —No hay almidón en el campo de batalla —señaló Gina. Gina contempló el almidonado pañuelo que Neville llevaba al cuello con bastante interés: —¿Sería eso tan terrible? —No hay razón para vivir si uno no tienen cada mañana un pañuelo perfectamente almidonado para ponérselo al cuello —contestó Neville. —Está bien. ¿qué pasa? —Ella tiene hijos. y por eso quiere contar con la ayuda de la deslumbrante y seductora lady Rawlings. que siempre he deseado estar en uno de esos grupos. —Supongo que sí —acordó Esme tristemente. —Déjame adivinar. de modo que pasó su brazo alrededor de la cintura de su amiga y entraron juntas en el comedor. Él asintió. Carola tragó saliva. Esme. —¿Puedo? —intercedió Gina. Mi lady Perwinkle quiere ganar de nuevo la mano de su mal vestido marido. Pero Neville sonrió tan seductoramente que ella se rindió. Se fueron tres gruñendo. necesito tu ayuda. pongámonos serios —dijo Carola—. Sólo se quedó Neville. —Por favor. Pero ésta es una conferencia secreta. ¿entiendes? —dijo Carola. queridas. es mejor que te vayas. y si no puedes ser serio. Carola le dio un golpe en la mano con su abanico. —¡Guerra! ¡Siempre he querido participar en alguna! —gritó—. Me encantan los grupitos de brujas que formáis. lady Rawlings. puedes quedarte. Bailaré contigo más tarde. Carola asintió. Pero los ojos de Neville brillaban de afecto cuando miraba a Carola. —Carola necesita tu consejo. e hizo una reverencia a Esme y Gina—. —Que todo el almidón de Inglaterra se convierta en mantequilla antes de que yo diga una palabra —dijo fervientemente. —Éste es un consejo de guerra. En cuanto las vio. Los hijos de lady Childe sufrirían mucho si su madre diera ese paso. —¡Neville! —dijo Carola—. —No me iré —dijo. Carola estaba sentada ante una mesa. —Eso lo dudo —dijo Gina después de pensarlo un momento—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada fuera distinta. Duquesa. no estoy segura de que no lo hagan de todos modos. vivirían juntos el resto de sus vidas. . —¿Mi consejo? Esme se dejó llevar hacia la mesa. Carola entornó los ojos. Neville se enderezó de inmediato. Tu ayuda en… en… —parecía reacia a formular su petición. y ya sabéis. —Querida.74 - . y le lanzó una intensa mirada. Gina no podía pensar en nada que decir a eso. De hecho. —Hábilmente las dirigió hasta dos sillas y se sentó de nuevo—. Carola se levantó y espantó a sus admiradores: —¡Marchaos! Tengo que hablar con estas damas.

¡Sería muy humillante! —No pasará nada. Es probable que se quede en la casa de huéspedes dos o tres semanas.75 - . . Carola asintió. No puedes tomar seriamente sus afirmaciones de independencia. Lord Perwinkle parece ser el tipo de hombre que responde a… bueno. —Los hombres son como niños. ¿El primer minueto? Ella asintió y él se fue. —Yo no veo ningún problema en particular en cortejar a tu marido — dijo Esme. Creo que vais a tener una horrible conversación. y sé que todavía quieres a tu marido. No estoy segura de que recuerde que existo. —Tengo que decirte que Tuppy no me presta atención en absoluto. Esme. —¿Tú puedes… podrías seducir a quien quisieras? —preguntó Carola. ni siquiera me saludó cuando llegó anoche.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Tanto se me nota? —¿Soy tu mejor amigo? —preguntó Neville. bastante sorprendida. Carola hizo caso omiso. —Hizo una inclinación y besó las puntas de los dedos de Carola—. Gina asintió. De hecho. que sumiría a cualquier hombre en la desesperación y el terror. nunca has demostrado ningún interés por mí —continuó Neville—. —Me marcharía aunque no me lo hubieras ordenado —dijo burlonamente—. —Ay. esto es lo que vamos a hacer —se detuvo y miró a Neville—. va a saberlo pronto —dijo Esme segura—. para decirlo sin rodeos… a una mujer que lo desee. ¡Vete! ¡Has oído suficiente! Él obedeció a una autoridad mayor y se levantó de su asiento. —Si no sabe que existes ahora. —Eso es lo que Carola y yo pensamos. Bien. Neville. Neville rió: —Sabía que encontraría alguna verdad si me quedaba. —No puedo hacerlo —susurró Carola—. —Además. Él ni siquiera se dará cuenta —explicó Esme—. de modo que no tenemos mucho tiempo. —Carola sonrió. —La cuestión es —interrumpió Gina— que Carola necesita cortejar a su marido.

—Ya lo sé. —Estoy muy seguro de que eso no es asunto tuyo —señaló Cam—. Bonnington se puso muy serio cuando lo vio avanzar hacia ellos. tal vez debamos discutirlo más adelante. Pero. Estaba tocando la madera de su abanico con impaciencia mientras el marqués la sermoneaba sobre alguna cosa. Cam frunció el ceño. Aunque comparto tu preocupación. pero Bonnington interrumpió con el ceño fruncido. Cam miró al marqués a los ojos con una ceja levantada. —El divorcio no es corriente en Inglaterra —comentó Bonnington—. Luego se volvió hacia su esposa—. aparte de mi difunto padre —dijo. Gina se rió. —No os aconsejo que paséis mucho rato juntos. a pesar de ser su esposa. Quería a la jovencita. nunca habría enviado a un donjuán para que hiciera compañía a mi esposa —dijo Cam.76 - . Estoy seguro de que no querrás que la reputación de tu esposa se vea afectada por desagradables chismorreos. cuando ya Stephen había partido de regreso a Londres. Ella rió. Es el hombre más tímido que he conocido. era inalcanzable. arruinando su reputación. El rostro de Gina se iluminó mientras él se acercaba. Gina. no os conviene. naturalmente. —Todo fue un error. Primero. y aquí estás tú. —Creo que eres el tipo más impávido que he conocido. se propuso atormentarla por ser tan deseable. la jovencita. ¿qué diablos le hiciste al pobre Wapping? El hombre no podría enredarse con ninguna mujer ni aunque le pagaran.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 12 Donde el marqués de Bonnington sufre un insulto. —Eso me recuerda… —dijo Cam—. De hecho. Por desgracia. dice que son tan corrientes como el divorcio. Rounton me ha dicho que las anulaciones son muy fáciles de conseguir. ¿Qué demonios le pasa a tu tutor. Enseguida vio a Gina junto al hombre impávido con quien quería casarse. —¡Cam! —exclamó. y no tuvo problema en identificar esa sensación. Gina? Rounton me contó un cuento absurdo… me dijo que estuviste coqueteando con el pobre hombre. —Eso les he dicho a todos los que me han preguntado sobre nuestros supuestos coqueteos. —Tales asuntos son inapropiados para los oídos de la duquesa —dijo muy serio—. publicaron algo sobre nosotros en una horrible columna de chismes. y luego el señor Broke y su esposa nos . perversamente. Cam entró en el Gran Salón después de cenar con Tuppy. Cam sintió que le hervía la sangre.

Primero había discutido. —Me complace decirte —dijo. Bonnington —señaló—. —Me aburriría si todo lo que hiciera fuera bailar y cambiarme de ropa —dijo. Eres hija natural de una condesa francesa. Tengo una cosa de tu madre para ti. por eso te lo envié —dijo—. y se volvió hacia Gina. —Sebastian —dijo ella conciliadoramente—. Aunque sé que Gina ni teje. como otras mujeres. mirando la nariz patricia de Cam—. El duque lo miró. ni nos ocupamos constantemente en las frívolas actividades que describes. —Pensé que Wapping lograría interesarte por la historia y el estudio. señor. cuando intentó explicar su actitud completamente justificada. Él asintió. Ella jadeó. Al verte nunca pensaría que podrías casarte con una mujer ilegítima. Eres uno de los lirios del valle. Gina estaba discutiendo sobre su tutor con su marido. ¿puedo hablar contigo un momento? La furia estaba creciendo dentro de Cam. a veces una se aburre. —¿Tienes una cosa? —dijo Gina. El señor Wapping pensó que yo debería verlos para hacerme una idea del efecto que la lluvia de meteoritos había causado en la opinión pública de aquella época. Finalmente. —Bueno. querida? Gina miró a su futuro esposo. Pero el almanaque donde lo leyó estaba equivocado y al final no hubo lluvia… Cam torció la boca. . quien estaba inmóvil al lado de su prometido—. En tus cartas a veces me decías que tu vida era insulsa. ¿no es así. Bonnington. Luego. arrastrando las palabras—. He estado tratando de decirte una cosa… —dijo. ¿no. ni se ocupa en realizar labores de aguja. como si él no existiera. como siempre.77 - . que la duquesa y yo no nos dedicamos a pasar el tiempo de baile en baile. que lucía un peligroso rubor en las mejillas. su futura esposa estuvo en desacuerdo con él. Esme Rawlings. No usaba guantes como el resto de los hombres en la habitación. e hizo caer sus manos. Gina lo miró y encontró comprensión absoluta. con esa bruja de mujer. El marqués de Bonnington no estaba teniendo una tarde agradable. no es ningún caballero por mencionar tal cosa en público! —Ya veo —dijo Cam—. Estás tratando de pretender que es un rumor. creía que necesitarías un acicate. —Es admirable que seas un tipo tan moderno. ¿Por qué diablos fuiste a ver una cosa de ésas? —Hubo una lluvia de meteoritos la noche en que los Médicis tomaron Florencia —explicó Gina—. ¿no es así? Pues no lo es. —Me alegro —dijo. Gina? Los ojos de Bonnington se estrecharon. —¡Y usted. eso sí. ¿Tú no te aburres nunca? Cam desplegó sus grandes manos y las miró brevemente.ELOISA JAMES Duquesa enamorada vieron cuando fuimos a contemplar la lluvia de meteoritos… —¿Lluvia de meteoritos? —Cam la miró con incredulidad—. de tu madre verdadera. Y como si a nadie le importara lo que él opinara del tutor.

supongo que por su estado cometió un error. tomándolo de la manga—. Los dedos le temblaban ligeramente. Pero. —Y le ofreció la mano. Voy a traerlo ahora mismo. Recuérdame que te lo dé mañana —dijo. así que olvidé mencionarlo. La pregunta es si me dejó algo. pero miró a Gina justo antes de que otra lágrima resbalara por sus mejillas y se contuvo. Es una caja pequeña. —¿Estás bromeando. Miró a su prometido con sus profundos y furiosos ojos azules y se dio cuenta de que él sabía que ella estaba furiosa. condesa o no! Gina tragó saliva. aún tenía ganas de golpear a ese pretencioso y . Estiró el brazo. verdad. No le darás a mi futura esposa el objeto que envió esa mujer de mala reputación. y se volvió para marcharse. —¿Es una carta? —repitió. ¿Qué es? ¿Una carta? Cam encontró los ojos de ella y se estremeció. delante de otras personas! Cam miró rápidamente a Gina. ¿te parece? —¡No! —dijo Sebastian—. ¡Y me parece de muy mal gusto que tengamos esta conversación en un salón. —En mi opinión. Veo que no estoy tan serena como quisiera. Se miró la mano. a punto estuvo de saltar. Gina lo miró incrédula. —¡Espera! —dijo Gina.78 - . No pensé que te importara tanto el regalo. Actúa responsablemente por una vez. Dos lágrimas resbalaban por sus mejillas y sintió un acceso de rabia contra ese pretencioso egoísta. Cam se alejó y otra vez hizo una inclinación. —Será un placer —dijo. Gina comprendió que si se hubiera ido con Cam su compromiso habría acabado. deséchalo como la basura que es. —Puede haber una carta dentro —dijo Cam—. Debería haber sabido que el regalo sería significativo para ti. Pero ella no la tomó. ella renunció a su título de madre el día que te abandonó en la puerta de tu padre —dijo fríamente—. Sebastian? ¿Nunca me habrías ocultado un regalo de mi madre? —Tu madre —dijo con los dientes apretados— es lady Margaret Cranborne. ¡sí! ¡Ningún marido permitiría que su esposa recibiera cartas ni regalos de una infame arpía. —Bonnington… Gina. Gina —dijo—. En ese momento. —La pregunta no es si mi madre fue una condesa. ¿Me acompañarías a dar un paseo por los jardines? Ni siquiera un destello de triunfo apareció en su rostro. Hizo una inclinación para despedirse. la voz le temblaba—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —No tengo idea por qué me lo envió a mí. Y naturalmente nunca limitaría ninguna correspondencia entre tú y tu madre. Luego se quedó mirándolos hasta que la esbelta y desnuda espalda de Gina desapareció entre una multitud de elegantes aristócratas. —Lo siento. —Sebastian —dijo. Sebastian. Soy un ingrato egoísta. —E indicó el tamaño con las manos—. en cuanto a esa mujer.

Cam apretó la mandíbula y cerró nuevamente el puño. . Y no le importaban ni ella ni su estirado marqués. sin ni siquiera mirar atrás. se dijo a su mismo. Y el esfuerzo de contenerse lo ponía muy nervioso.79 - . ¿Su Gina? Sólo legalmente.ELOISA JAMES Duquesa enamorada rígido esnob con quien su Gina se quería casar. Gina se había ido con él por propia elección.

—Está lloviendo. Gina sintió un impulso de rabia en su pecho y a punto estuvo de darle . —Claro que sí —contestó él con rudeza. Miraron por un momento cómo el agua oscurecía la terraza y hacía temblar a las robustas rosas con pequeños ventarrones. una pequeña reacción instintiva. el aire está tibio. pronunciando cada palabra con mucho cuidado. no estaba tan segura de la verdad en esa afirmación.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 13 Saboreando la lluvia. Ella abrió la boca pero él no había terminado. para ser honestos. Gina escuchó una voz claramente. se corrigió y dijo—: Gina. —Es decir —añadió—. —No saldremos con esta lluvia —dijo despaciosamente. Gina sintió una pequeña agitación en el brazo. Una ligera lluvia de verano comenzó a caer justo cuando Gina y Sebastian salían por las puertas del salón. Lógica era lo que se necesitaba. Aunque. —Te resfriarías. no. Él la miraba con una preocupación especulativa que la ponía nerviosa. No creo que tenga aún veinticinco años… —¿Te gustaría ir a pasear? —preguntó Gina mirando a Sebastian. ¡Está todo mojado! Todas se rieron y se resguardaron rápidamente en la tibieza del salón. con sólo una o dos miradas curiosas a la duquesa y su acompañante. —Oh. Gina tomó aliento y trató de calmarse.80 - . creo que no he estado enferma ni un solo día desde que era niña. «Él sabe que he estado a punto de dejarlo. así vestida. Sebastian cambió su peso de una pierna a la otra. si todavía me quieres. pensó Gina. —Llueve —dijo. —No es tan vieja.» —Todavía quiero casarme contigo —dijo ella. Te lo prometo. Y luego. duquesa —dijo. «No está seguro de mí». De verdad. mirándola a los ojos. más alta que lo que pretendía quien hablaba. Él frunció el ceño. nunca me resfrío. —¿No es una pena? —gritó una de las chicas—. Se movieron para permitir que un grupo de damiselas con vestidos transparentes miraran las gruesas gotas que caían al suelo. yendo directamente al asunto. Oyeron las voces de un grupo de personas que se acercaba a ellos y callaron. Augusta.

—Pienso que sería lo mejor —parecía preocupado—. y recordó las cartas que había escrito con esperanzas y había enviado a Francia. una tarea difícil cuando uno quiere gritar su rabia al cielo. tan impávido. Sebastian. Es una situación muy delicada y a él parece que no le importa. ¿actúas siempre como deberías? La miró como si le hubiera preguntado una obscenidad. El fuego se había apagado. le había ofrecido consejos en los años difíciles cuando era una joven mujer casada sin marido. resignada a no salir.81 - . —Vergonzoso. —Estoy disgustado porque tu marido sacara esa conversación en público. Claro que quería casarse con él. Tal vez no haya nada malo en que aceptes su último regalo. Gina. pensó Gina. a la mente de Gina acudió el recuerdo inoportuno del comentario de Cam. Y también era guapo. Gina se acercó a su prometido y alzó las manos para posarlas ligeramente encima de su abrigo negro. era un placer verlo. Es una cualidad que heredó de su padre. —Debería retirarme por esta noche. Los sirvientes de lady Troubridge se están aprovechando de ella porque es viuda. casi de desprecio—. Él se volvió y le ofreció el brazo. . Gina suspiró. Quería casarse con Sebastian. Y está muerta. —Se te estropeará el vestido —dijo—. Había estado a su lado.ELOISA JAMES Duquesa enamorada una bofetada. Ahora estaban en la biblioteca. Tomó una baraja de naipes y le dio un golpe a los palos negros. de una moral tan rígida… Y era tan absurdo que insistiera en que rechazara el regalo de su madre… «Tal vez sea mejor que la condesa Ligny haya muerto antes de que me case con Sebastian». Gina intentaba pensar con lógica. —¿Sebastian? Dejó la baraja sobre la repisa de la chimenea. Él se quedó allí quieto. tal vez tres gotas de lluvia plateadas. —Y tú. —Por lo que yo sé. Pero ella había seguido escribiendo hasta el día en que Rounton le informó de la muerte de la condesa. tan rígido. era tu madre. el duque actuaba exactamente como debía en cada situación. Él asintió. Ninguna de ellas había sido contestada. Él intuyó sus pensamientos por la expresión de su rostro. —Gracias —dijo. Sebastian había extendido el brazo y en su mano había dos. Él sería un marido responsable y un excelente padre de familia. —Sebastian tenía una mirada de desdén. bajo el brillo de las antorchas que iluminaban la terraza mojada. —¿De verdad esperas que rechace el regalo de la condesa Ligny? — preguntó. Pero era tan estricto. Sin embargo. Caminaron hacia la biblioteca sin decir palabra. Sebastian? Tengo que recoger el libro para estudiarme la obra. Gina emitió un suspiro de alivio. El agua mancha la seda. —Cam siempre dice lo que piensa —explicó Gina—. Él era un hombre tranquilo y estable. ¿Me acompañas a la biblioteca.

Luego pareció recordar dónde estaba y miró a Gina a los ojos—. y sus ojos azules miraron firmemente los de ella—. Sólo una mujer con tu extraordinaria castidad habría podido preservar su virtud intacta. sola. Pero intenté arrastrarte a un comportamiento feo antes de que Cam llegara. Él es responsable de dejar a una hermosa y joven mujer a merced de frívolos como Bernie Burdett. Eres una mujer inusual. —Cam llegó ayer. —Estamos solos —dijo ella con un toque de desdén en su voz—. —No estoy segura de que éste sea un tema apropiado —dijo Gina. Cualquier otra. No hay razón para que te preocupes por tu reputación. Gina. De verdad. mostrando mucha más pasión de que la que había visto nunca en él. —Creo que sí. ¿no lo recuerdas? Así lo llamaste: «comportamiento feo». Asintió. —Yo culpo a Rawlings. —La situación de Esme es completamente… Sebastian la interrumpió.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Las esperanzas que aún albergaba se extinguieron de repente. finalmente. —Me preocupo por tu reputación. Si no fueras una mujer tan virtuosa. Mira a lady Rawlings. Y el amor entre ellos quedó suspendido en el aire. él abandonó la cama de ella un mes después de su matrimonio. Odiaría verte castigada por la sociedad por la infantil falta de consideración de tu marido. siendo una mujer casada. Él vaciló y miró rápidamente sobre su hombro. —Quieres decir que te he provocado para que me beses —dijo con fuerte y clara para ocultar las lágrimas que se aglomeraban en su garganta—. Muchas mujeres no tienen ese aire inocente y puro que tú tienes. Si los rumores son ciertos. —Gina. Al menos comprendía más por qué Sebastian repudiaba cada esfuerzo que hacía para avanzar en su intimidad. —Tu reputación es frágil. —Es lo que pensaría cualquier hombre cuerdo. Gina suspiró. Y por eso no presto atención a los rumores sobre tu . en tu lugar. —Y no has sido la misma: no eres la Gina que yo conozco. Ese tipo es un canalla irresponsable que te abandonó y te ha dejado sola durante años a merced de cualquier libertino que pasara por delante de ti. Dejó que sus brazos se deslizaran del pecho de él. viviendo sin la guía de un marido… —¡No tuve necesidad de una guía masculina! —Estoy de acuerdo —dijo él. Lo que vio en sus ojos la desarmó e hizo que su rabia se disolviera. —Rawlings debería ser colgada en la horca —gruñó. Lo último que Gina quería era otra discusión sobre su amiga. no sé qué habría pasado… Una mujer tan joven. —Desde que tu marido regresó no has sido la misma. Los ojos de Sebastian brillaban. ¿te sientes bien? —preguntó. habría acabado en la cama de algún hombre. —Por eso no me preocupa —dijo y bajó la voz— que tu madre no estuviera casada.82 - . No había nada más que amabilidad y afecto en su mirada. —¿Así piensas de Cam? —preguntó sobresaltada.

—Me siento mejor después de esta pequeña discusión —dijo él—. Él no pareció darse cuenta. por lo que no te afectan las bajas y disolutas emociones que gobiernan a tantas mujeres. eso es muy lógico —dijo Sebastian. pero falló. Él hizo una inclinación y le besó una mano cubierta por un guante. Estaré orgulloso de hacerte mi marquesa. —¿Pero tú me amas. Debes perdonarme por mi falta de comprensión. Gina trató de sonreír. Por un momento pensó en llamar a Annie. ¿Ése es el problema? ¿Has estado preocupándote de que no te ame? Pues sí que te amo. se lo quitó de un tirón y lo puso al lado del gemelo. Pero estaba tan nerviosa en ese momento que podría gritarle a la pobre chica en un ataque de nervios. Sentía una presión en el pecho. recostada en la puerta de su habitación. Un botón de perla salió volando y cayó al suelo. no tuvo duda de que él iba a hacer exactamente eso. Se quitó el guante y lo tiró sobre la cama. creando un contrapunto con las salpicaduras de lluvia que golpeaban las ventanas. Se detuvieron en la entrada de la habitación de Gina. —Claro. Había olvidado cuán sentimentales y nerviosas sois las mujeres. —No tengo ninguna virtud extraordinaria —dijo Gina—. ¿No lo he dicho siempre? —sus ojos brillaron—. Porque estar casado con una mujer tan sensible y nerviosa iba a ser difícil. Con pasión era como el marido de Esme tocaba la mejilla de lady . De ahora en adelante me aseguraré de que mis sentimientos por ti estén absolutamente claros y no te avergüences en el futuro. «Él es afectuoso». El segundo guante se atascó. Gina tocó la manga de su chaqueta. Lord Bonnington claramente sintió el alivio de un soldado que es liberado de la batalla y habló alegremente de planes para el día siguiente.83 - . ¿Qué había estado pensando? Caminó hacia la ventana y cerró las pesadas cortinas de terciopelo. —Sonrió y la miró como si fuera a entregarle la luna y las estrellas. una extraña emoción que la sacaba de sí y le impedía relajarse lo suficiente como para dormirse. Estaba comprometida con un impávido marqués que hacía precisamente lo que debía en cada situación.» Pasión era lo que ella veía en los ojos de Esme cuando hablaba del brazo musculoso de Bernie.ELOISA JAMES Duquesa enamorada tutor. Ahora podemos estar cómodos otra vez. «Es sólo que no es… no es apasionado. Cuando se casaran. ¿Que Sebastian se volviera afectuoso una vez que el anillo estuviera en su dedo? Quitó el pasador. —¡Eso es! —dijo—. Y Gina. le diría que la amaba cada mañana antes del desayuno para preservar la armonía conyugal. —Claro que te amo. Luego la tomó del brazo. pensó. Y continuaría actuando exactamente igual cuando estuvieran casados. Sebastian? ¿Me amas a mí o amas la idea que tienes de mí? Él la miró. Eres una verdadera dama. Simplemente nunca he querido parecerme a mi madre. Gina subió las escaleras sin decir nada. así que se resignó a estar despierta durante un buen rato.

La pregunta era: ¿cómo encontrar a Cam? Annie entró como una flecha en la habitación antes de que ella tuviera tiempo para cambiar de opinión. yo podría hacer lo mismo. siempre lo había querido. Sin embargo.» Annie reapareció. que el aire ya se había enfriado. —Tenemos algunos asuntos legales que discutir —le dijo a Annie. —Espero que Phillipos no haya cobrado una cuota por esta información. Para que viviera con ella y tuvieran hijos y fuera el duque de su duquesa: nunca. Tal vez sí había leído las cartas. pensó Gina. La joven rió. Una carta sería maravilloso». tan ligera. —Phillipos es su criado —explicó la joven con una sonrisa traviesa en su rostro—. —¡Buenas noches. Gina se sentó y esperó pacientemente el regreso de Annie. a ese hombre de ojos oscuros y fuertes manos. le preguntaré a Phillipos dónde está. Gina alzó una ceja y miró las mejillas rosadas de su criada. señora! —dijo—. señora. Es la cuarta puerta a la izquierda. pensó de nuevo. Tal vez la quería… aunque sólo fuera un poco. eso estaba claro. Cortejarlo. Gina se echó encima su chal de cachemira y se paró en la ventana. «Carola está cortejando a Perwinkle. señora. —Por supuesto. Aparentemente. La lluvia estaba cayendo de una forma tan perezosa. ¿para qué? Para que la llevara a la cama: eso seguro que lo haría. ella iba a recibir afecto en vez de pasión. ¿Podría averiguar dónde se encuentra su habitación? Los ojos de la criada se abrieron como platos. Había sido muy doloroso pensar que no le importaba a su madre y que ni siquiera le había dejado una nota en su lecho de muerte.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Childe. cree él. Si no está abajo. Se pararon sobre sus hombros como un ángel bueno y un ángel malo: Deseo y Responsabilidad.84 - . El jardín respiraba un aroma soñador de rocío sobre las rosas y la tierra mojada. pensó Gina de repente. sin importar lo que su futuro esposo pensara. . «Me gustaría que fuera una carta». ¿Quiere que vaya a ver si su señoría sigue abajo? Creo que la mayoría de las damas y caballeros ya se han retirado a sus habitaciones —dijo y fue hacia la puerta—. Cam y Sebastian. y no la deseaba. Gina miró a Annie con curiosidad. «O un retrato. «Una carta personal de mi madre. Seguramente el regalo quería decir que a la condesa Ligny sí le importaba su hija. Por supuesto. ¿Quiere retirarse ya? —Todavía no —respondió Gina—. —Su señoría se ha retirado hace unos minutos. Me gustaría visitar a mi esposo.» Un golpe de emoción bajó por su espalda: cortejar a Cam. —Una cuota es una buena manera de decirlo. Para que la amara: eso lo dudaba mucho. Sebastian era responsable. sensato. «Podría cortejarlo». ¡todo un personaje! Un ser encantador. «Creo que quiero tener el regalo de mi madre». Phillipos ya estaba abajo. Es griego. pensó. Mejor quedarse con Sebastian y tratar de atraerlo hacia el deseo. señora. su señoría nunca requiere asistencia para prepararse para ir a la cama.

La puerta se abrió. caminando hacia la piedra—. Resultaba fuera de lugar. ¿Y si Annie había cometido un error y la puerta de Cam era la tercera y no la cuarta? ¿Podría haber mayor humillación que golpear en la puerta equivocada? Su buena reputación moriría irremediablemente. Llegó a la cuarta puerta y tocó con suavidad. Gina sintió cómo se aceleraban los latidos de su corazón a medida que contaba las puertas. El largo pasillo estaba oscuro. Sin embargo. —Tal vez haga una escultura de una de tus manos —dijo. yo no cincelo piedra en mi habitación. como la de ella. con miedo de que él viera envidia en sus ojos. ¿por qué estás aquí? Se detuvo y tocó una parte recortada de la piedra con la punta rosada de su dedo. el mármol de ese tamaño es muy difícil de moldear.85 - . Gina. Tomó una de las manos de Gina y la miró especulativamente. Nina? Desde que entré en esta casa. Oyó unos pasos que se acercaban a la puerta. iluminado únicamente por candelabros que colgaban de la pared. —¿Entonces qué hace aquí esta piedra? —Stephen me la dio. Respiró hondo y salió de la habitación.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Volveré en cinco minutos. La habitación de Cam estaba decorada con flores y seda. —¿Es eso? —preguntó traviesa. —¡Hola. Habría sido bastante embarazoso encontrarlo en pijama. era peligrosamente íntimo estar sola con un hombre que vestía solamente una camisa de lino blanco y pantaloncillos. Estaré de vuelta en Grecia mucho antes de que la piedra esté preparada. Para alivio de Gina. —He venido a hacerte una visita. había algo diferente. ¿Qué diablos estás haciendo aquí? Gina sonrió de nuevo. Evidentemente. Probablemente tenga que cortarla en varios trozos. —¿Sin guantes. Experimentó un sentimiento de peligrosa intimidad… Sí. Cam! —¡Por Dios! —dijo toscamente y miró hacia ambos lados del pasillo. —¿Es agradable vivir fuera de Inglaterra? —Tocó otra vez la piedra. Cam caminó por la habitación. —No. Luego la tomó del brazo y la metió en la habitación—. —¿Qué rayos es eso? —dijo. Se quedó sin aliento. Descansando en un rincón había un trozo de piedra. ¿Vas a hacer una escultura en tu habitación? Se volvió y lo encontró inclinado sobre la pared. El temor de Gina desapareció y sonrió con genuino placer. había olvidado cómo son las manos de las mujeres. Los dedos de Gina eran largos y muy delgados. Iré directamente a la cama cuando vuelva. lady Troubridge había decorado todas las habitaciones de huéspedes igual. él todavía estaba vestido. No tienes que esperarme. Gina trató de hacer caso omiso del cosquilleo que sintió en las manos. Annie. . un polvoriento y grueso bulto sobre la delicada alfombra de flores. Allí estaba él.

pero no lo miró a los ojos—. —Para una mujer de tan extraordinaria virtud como yo. pero sin elegancia. —Ah. —Sus manos se deslizaron desde su barbilla hasta su cuello. —Es un alabastro muy fino —dijo. Cam la soltó y se llevó la mano hacia su grueso cabello negro. extrañamente suaves. Era una mujer. simplemente lo miró y su boca formó una pequeña «o». Todo lo que podía ver era un satén color rojo amapola. Una sonrisa se dibujó en sus labios. —La miró por un momento y luego fue hacia el armario—. no lo aprobaría. y quiso cogerla. según Sebastian. —No. verdad? Desconcertada. Además. Bonnington nunca estaría dispuesto a hacer tonterías con la esposa de otro hombre. —Perdóname. Sus manos automáticamente rodearon la cintura desnuda de la mujer para protegerla de la vista de Cam. Gina tembló. —¿Ha sido tan difícil para ti vivir sola. Cam se acercó a mirar. Aquí está. Gina se encogió de hombros. —Yo no la he abierto. Gina respiró profundamente y abrió el cerrojo. —No te conoce muy bien. un trozo arrugado de tela. ¿Por qué has venido a visitarme en mitad de la noche? Estoy seguro de que Bonnington no lo aprobaría si lo supiera. —Lo sé. La verdad es que yo pensaba que tu madre te estaba cuidando… Bueno. Una caja de madera con un cerrojo normal y corriente. Ella había estado mirando la pesada y sensual línea de sus labios y perdió el hilo de la pregunta. tengo una rara y extraordinaria virtud para ser una mujer —dijo despreocupadamente. Era una caja de madera. maciza y bien hecha. Gina la sacó. Te preguntaré otra vez. Gina parecía haberse congelado mirando al brillante trozo de tela. —Arpía. ¡Hace años que somos muy buenos amigos! Cam la tomó del mentón. lo cierto es que no he pensado mucho en ello. esposa. He venido a buscar el regalo de mi madre.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Qué estás haciendo aquí? —repitió. tiró de la capa de satén. Los ojos de Cam se estrecharon. Gina tomó la caja. Por supuesto. sin marido? Cuando oigo hablar a Bonnington me siento como un verdadero villano. sus largos y callosos dedos. —No —dijo Gina—. —¿No habrás confundido mi habitación con la de Bonnington. La mirada de Cam hizo que su piel se calentara como por los rayos del sol. estar casada y abandonada por su marido no representa ninguna tentación.86 - . —Pesa mucho. —Bastante chillón —dijo. ¿cierto? —Claro que me conoce. Dentro había una estatua. pero los dedos de . Entonces Cam dijo: —¿Puedo? —Y al asentir ella. —Cam nunca abriría un regalo de otra persona. —Por un momento no podía recordar por qué estaba allí—.

—¿Qué te pasa? —dijo ella.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Gina se apretaron sobre la estatuilla impidiéndoselo. Cam no podía ver más que la cabeza y las piernas de la estatua—. Las lágrimas rodaron por sus mejillas. Cam había visto mujeres enfurecidas antes. —Me has empapado. Se fue sólo un segundo. Era una lástima: le habría gustado examinar la figura más de cerca. pensó. bastante desnuda. La clase de mujer que manda a su hija a un país extranjero sin pensar si el padre la aceptará. Para consternación de Cam. El rostro se parece a un pintura de Tiziano. Gina deseó que se levantara una fuerte ventisca: cualquier cosa para calmar la agitación en su pecho. con desinterés en su voz. ¿Vienes? —dijo con voz impaciente. ligeramente alterado. El vestido de Gina estaba salpicado de oscuras manchas. ¿Mi madre creía que me sentiría agradecida por tener una figura de una mujer desnuda en mi habitación? —Cerró la tapa de un golpe y la puso a un lado. Es sólo lluvia en mis mejillas. No era de extrañar que creyera que una estatua lasciva era un regalo apropiado. —Por supuesto. una degenerada.87 - . Cam. Gina le dio un golpe a la rama caída de un manzano. —No es sólo una estatua desnuda —dijo rápidamente—. . un sonido triste y melancólico. pero la que estaba ante él destilaba rabia. Gina se mordió el labio y volvió a poner la figura boca abajo en su cama carmesí. —No —dijo Gina temblorosa—. de Afrodita emergiendo de las olas. —Escucha… Gina se detuvo por un momento y escuchó el trino líquido de un pájaro. Podría ser Afrodita —dijo curioso—. —¿Estás llorando? —dijo Cam. Gina parecía estar a punto de llorar. —No importa. Su madre era justo como Sebastian había imaginado. una mujer perdida. —Está lloviendo. —Voy a dar un paseo —dijo. Caminaron por el oscuro y vacío salón hacia el jardín mojado sin decir una palabra. Una suave brisa esparcía con indolencia gotas de lluvia un lado a otro. como si cantara sobre el amor perdido y la vida impura. —Un ruiseñor —dijo él. Cam esperó mientras Gina llevaba la estatua a su habitación. con la voz de un hombre que odia las lágrimas femeninas. He heredado de mi madre una estatua desnuda. —Se dirigió hacia la puerta—. Cam carraspeó. que caminaba detrás de ella. Está bastante. «Probablemente la ha tirado a la chimenea». —Parece que Sebastian estaba en lo cierto —dijo con voz fuerte—. El alabastro rosa es muy valioso. ¿Está vestida? —No —susurró Gina—. visibles gracias a la luz de la luna. El ruiseñor continuó cantando. maldijo en voz baja.

Cam arqueó las cejas. —¿La carta pedía dinero? ¿Se la has mostrado a Rounton? —No pedía dinero. Tuvo una hija fuera del matrimonio. Siento que esto haya pasado otra vez. —Era una sinvergüenza —dijo Gina de manera estridente—. La carta fue enviada a la casa de mi madre y Rounton no la ha visto todavía. ¡Y pensaba que yo era así también! —¿Una mujer de placeres? ¿La condesa Ligny? —Una ramera.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Lluvia tibia. su cuerpo tan cerca del de ella… —Siempre quise tener un hermano —dijo él. La primera carta estaba escrita en francés. —Tal vez la redacción era extraña porque la escribió un francés. —¡Ésa no es la cuestión! —dijo ella irritada—. —¿Dos? —Cam la alcanzó. tragándose el tono histérico de su voz. Había luna llena y brillaba a través de las hojas. —¿Qué tiene de disparate? No tuvo sólo un hijo ilegítimo. pero decía claramente que tengo un hermano. ¡Una prostituta. bajo un peral. justo donde sus pequeñas mangas terminaban. —Supongo que mi madre no te ha contado que ha recibido otra carta chantajeándola. ¿Por qué estás tan alterada? —Parecía perplejo. —Se paró frente a ella y le tocó la mejilla con el dedo—. pero ¿quién sino un francés podía saber tantas cosas de la condesa? Quiero decir. —Mi madre me envió una estatua desnuda —dijo. ella cayó en cuenta de la inquietante presencia de Cam. Una mujer de placeres —casi escupió las palabras—. Todo su cuerpo resonaba con confusión. De repente. —Creo que tu padre se lo comunicó a la policía la otra vez. —¿Había algo en la carta que pueda servir de pista? ¿Estaba escrita en francés? —No. Había envuelto sus manos alrededor de los antebrazos de Gina. que tenía otros hijos. —No lo creo.88 - . Gina empezó a caminar de vuelta por el camino oscuro. —La redacción era muy extraña. Empezó a frotar sus dedos en suaves círculos sobre la fría piel de ella. —¿Qué dices? —Que tengo un hermano —explotó. Cam se paró en el camino y bloqueó el paso de Gina hacia la casa. Maldición. Cam todavía estaba acariciando los brazos de Gina. ¿Quién querría tener un hermano ilegítimo? . La luz bailaba en sus hombros. —Qué curioso —dijo él—. Tendré que contratar un detective. en inglés. Gina frunció el ceño. Él tomó el brazo de ella y la detuvo. Él se quedó parado en el camino. pero eso no la convierte en una ramera. por lo que yo sé! —Eso es un disparate —dijo Cam—. y eso estaba causando temblores en todo el cuerpo de la joven. Tuvo dos. —Hablaré con él —dijo Cam—. arrastrando la seda mojada contra sus piernas.

mirándolo. —Ah. Seda. —Ah. sí —dijo él—. Gina trató de no pensar sobre ella misma en esos términos y lo consiguió. Sus manos apretaron los hombros de Gina y sus labios tocaron los de ella. Por supuesto. y fuerte. Cam se encogió de hombros. agradable. Sabe Dios lo que yo descubriría si me diera por eso. No estaba besando a Sebastian. en la curva de su blanco hombro. placentero y en general acordado. generalmente porque lo había arreglado para que eso pasara. Tenía alrededor de quince años cuando descubrí en cuántos asuntos ilegales estaba metido. en esas circunstancias algunos hermanos ilegítimos no me habrían molestado. Una gran mano reemplazó el frío sendero de agua con un roce embriagador. Gina abrió la boca para protestar y él. los labios de Cam rozaron los de ella. Estoy segura de que no tienes hermanos ilegítimos. No hubo reverencia. Podía sentir el fuerte cuerpo de Cam contra el suyo. que brillaba con la luz de la luna como el alabastro más fino que pudiera haber. ella sintió su aliento. y no tenía la sensación de estar haciendo nada inconveniente. No hubo dulce encuentro de labios. Una gruesa gota de agua aterrizó en la espalda de Gina. pero sí jugó. Ni siquiera se dio cuenta cuando sus propios brazos alcanzaron el cuello de su esposo para agarrarlo e impedirle escapar. —El duque era muy correcto. una vez. Ella estaba conmocionada y en silencio. dos veces. Estaba besando a su marido. no se metió en el infierno del juego. —Sí —dijo en un tono poco animado—. la seda azul de su vestido era . y tembló. duros y exigentes. Y sólo apostaba cuando sabía que podía hacer una pequeña fortuna. cobrando antes de que las empresas pudieran sospecharlo siquiera. Es un milagro que lograra morir sin ser descubierto. Arriba. Gina —señaló. La boca de Cam era salvaje. Como comprenderás. Pero él no paró. descaradamente. —Tal vez. No era jugador. ¿Nunca te preguntaste de dónde venía todo ese dinero que gastábamos en casa? Ella negó con la cabeza. —Lo siento —dijo Gina. Gina estaba muy sorprendida. Cuando Cam se agachó. —No he querido ser grosero —dijo Cam—.89 - . tomó lo ofrecido: ella lo saboreó y lo olió de inmediato. —No somos los guardianes de nuestros padres. y ciegamente consciente cuando las manos de Cam se deslizaron por su espalda desnuda hasta la cintura. —Dinero ganado por usar su título para atraer a inversores en planes fraudulentos. En cambio. Pero nunca he visto mucho sentido en preocuparse por los errores de los padres de uno. en los negocios.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Tú eres ilegítima. Pero se consideraba más allá de la ley —señaló Cam—. —Soltó las manos de los brazos de Gina—. —De las apuestas. estaba mojada y hambrienta.

Finalmente. saboreando el calor. embrujado. Ella se acercó. algo molestaba a Cam. Sin embargo. Sus brazos todavía estaban alrededor del cuello de Cam. Cuando ella alejó su cabeza. —Te he saboreado. Cam miró. Él respondió a su suspiro con una especie de gruñido satisfecho y la atrajo más estrechamente hacia su cuerpo. Una voz irritante. Sus labios estaban manchados por los besos. y lamió la curva de su delicada oreja—. la necesidad y el hambre que latía entre ellos. Ella intentó hablar y su voz salió ronca. —¿No? —preguntó. ¿Sabes?. presionaba cada curva contra el movimiento brusco con el que respondía su cuerpo. tuvo que abrir los ojos. Estaba robando algo que sólo a él le pertenecía. conmocionada. cuando la lengua de ella tocaba su labio inferior. —No me gustan los besos mojados —dijo Gina dudosa. la soltó. no era barrera para sentir. Él emitió un sonido ronco. —Dios —dijo con voz ronca. Sus lenguas y corazones cayeron en un ritmo que latía a través de la sangre y el hueso y enceguecía sus sentidos a cualquier cosa excepto la intoxicación de sus brazos y sus labios. y lamió la curva de cisne de su cuello—. Cam tomó los labios de Gina con la crudeza de un hombre que saborea agua en el desierto. Ni una palabra salió de esa boca que indicara disgusto por los besos mojados. y lamió su mejilla mojada por la lluvia hasta su boca abierta. —¿Me estás lamiendo la oreja? —preguntó Gina. suyos. mientras respondía a la arrogancia de sus labios con una pequeña ondulación que revelaba su inocencia. Mojados —dijo.90 - . Entonces se apartó. Eran más tentadores que cualquier cosa. Yo creo que sí te gustan —dijo. ¿Eran tus ojos así de verdes cuando me casé contigo? Gina abrió la boca para contestar. Su pecho rugía mientras ella temblaba contra su cuerpo. pero él se entregó al instinto de nuevo. Cam miró sus ojos verdes.ELOISA JAMES Duquesa enamorada muy suave. del color del pino. y pareció perder el hilo de su pensamiento—. —Se meció hacia Cam y puso sus brazos en torno a su cuello—. Mojados —dijo. Las manos de Cam moldearon las esbeltas curvas de Gina hacia su cuerpo. Luego lamió los labios de Gina descaradamente. lascivos. —Mmm —dijo Cam—. Sus labios eran carmesí. El placer ardía en las entrañas de Cam mientras una lengua inocente y fogosa se encontraba con la de él. esposa? —dijo una voz. Ardía por sus piernas mientras las manos de Gina sujetaban su rostro y lo acercaban a ella. La abrazó con más fuerza—. su voz estaba llena de necesidad y diversión. repitiendo una y otra vez: «Ella es tu esposa. Gina se soltó. —¿Decías algo. Ella es tu esposa. Mojados —dijo. molesta y machacona martilleaba en su cabeza. El corazón de Gina latía con más fuerza en su pecho.» . tímidamente. me encantan los besos mojados. Ahora estaban más oscuros. Sabes maravillosamente bien —le susurró en la boca. pero mucho más su deseo. La lengua de Gina encontró la de él.

. las mejillas de Gina se ruborizaron. podía sentir sus músculos bajo el delgado lino: calor. Los dedos le temblaban. adquiriendo un color que nunca podría ser reproducido por pinturas al óleo. No le demostraría ninguna reacción. El pelo se le puso de punta. y la besó en los ojos. fuerza embriagadora bajo las yemas de sus dedos. cuando alzó la cabeza. no es… —Tener relaciones sexuales —dijo Cam. Cam se hizo a un lado y se pasó las manos por la cabeza. Cam inclinó la cabeza y deliberadamente rozó con su lengua los bellos labios color cereza oscura de Gina. Estaba descubriendo precisamente por qué los ojos de Esme brillaban cuando la veía en los brazos de Bernie. Tenía una mirada irónica en sus ojos. He besado a otros hombres. Gina no estaba escuchando. —Sólo nos hemos dado un beso —dijo Gina. Se abrieron. con apenas el toque justo de impaciencia en su voz—. Ella sonrió. Y. y él aceptó la invitación. —No más besos —dijo. Se había quedado quieto. iluminado por la luz de la luna. —Un beso mojado. Después de todo. Él se pasó la mano por el pelo una vez más y empezó a caminar. Eres mi esposa. El hecho de que estemos casados no cambia la situación. Gina se llevó un mechón de pelo mojado detrás de la oreja. Pero mantuvo la compostura. Pero Cam. —Tengo frío —afirmó Gina. Tenía la voz ronca. —Besarse es sólo besarse. y alejó sus manos como si hubiese tocado hierro caliente—. La tocó y ella se detuvo. Su corazón latía con fuerza en su pecho y le resultaba difícil pensar con coherencia. Besarse no es. —No más besos —dijo Cam. Ella no respondió. He besado a Sebastian muchas veces. sólo un par de centímetros. A la luz de la luna. Finalmente. Gina —dijo suavemente.91 - . Dios —dijo. Sólo ha sido un beso. —No me parece que ésta sea la forma más adecuada de llevar nuestra separación —dijo secamente. La idea de Bonnington besando a Gina lo llenó de rabia. —¡Y has sido un magnífico esposo! —dijo Gina y echó a andar en dirección a la casa. Parecía triste e indefensa. Gina miró atrás y vio que él no se había movido del camino. y miró a Cam con la cabeza en alto—. pero pudo controlarse para tener la voz firme. —¡Casada conmigo! —ladró Cam. Cuando pasaba sus manos por el pecho de Cam.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Tú eres mi esposa —repitió. Él la miró de reojo bajo sus largas pestañas. vida. Y a mí me ha gustado —dijo. la sangre le latía por todo el cuerpo a un ritmo vertiginoso. —Ay. al decirlo en voz alta. un traslúcido color rosa que había visto solamente en el interior de una gran concha de mar. Su voz estaba peligrosamente baja. —Yo la encuentro muy placentera. soy una mujer casada. mirándola con sus ojos negros e inescrutables. después de todo. la había despertado a la verdad. no hay nada de malo en besarse.

ELOISA JAMES Duquesa enamorada Esta vez ella no parecía tan desinteresada. De alguna manera pudo controlar sus deseos de besarla de nuevo. que le sonaban como burdas mentiras. Dejaría de besar a su esposa… cuando no fuera su esposa. Cam —repitió ella. —Su señoría… —dijo ella. No más besos. —No lo olvidaré —dijo dulcemente y le tocó la barbilla con un dedo—. indiferente. Él hizo una reverencia. Un brillo de diversión iluminó el rostro de Gina. por lo menos. como muy bien había dicho Gina.92 - . —Buenas noches —dijo. Cam se reprochaba sus palabras. Lo miró y asintió. Después de todo. No más besos: era como si su padre le prometiera no engañar a nadie. Caminaron juntos hacia el salón. un beso no es más que un beso. Al bajar la cabeza. —Buenas noches. su rostro quedó a la altura del escote de Gina y pudo ver sus pezones. La mano se le movió como si tuviera voluntad propia. Gina se sintió muy complacida. pues fue evidente que sus palabras molestaron a Cam. Le pareció ver un destello de decepción en su rostro. . —Es mejor que te vayas a tu habitación —dijo. fríos y perceptibles a través de la delgada seda. de mi marido. Y cerró la puerta de su habitación en la cara de su esposo.

—Se me olvidó contártelo —dijo Gina—. Yo fui a mi habitación y supongo que él se iría a la suya. —Tienes una madre. Esme le sonrió a su amiga. Pero sí fue desconcertante. —¿No te gusta la estatua? —No. La verdad es que no es precisamente el regalo que una madre haría a su hija en su lecho de muerte. —¿Herencia? ¿De tu madre? Gina asintió. Una estatua de una mujer desnuda. ¿Qué habría sido de tu vida si se hubiera quedado contigo? —Habría tenido una madre. así que lo mandó a Grecia. .ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 14 La verdad a veces es desagradable. —¿Qué pasó luego? —Nada. pero no parecía muy convencida de sus propias palabras y Esme no le prestó atención. Recibí una herencia de la condesa Ligny. por supuesto. —¿Es sensual? Ella asintió. —Cam me lo dio anoche. y lo dijo sin más. sintió fastidio otra vez. Una noche de sueño le había quitado la rabia y la vergüenza. Es increíblemente difícil para una mujer soltera criar un niño. Eres una duquesa. —No estoy diciendo que fuera humillante.93 - . —¿Qué es? —Una estatua —dijo—. —Rosada y pulida. ¿no es así? —Puedes quedártela —dijo Gina. una sonrisita de complicidad. —Eso mismo creo yo —señaló Gina. La tuya no lo fue. Eres feliz. —Sebastian no es una persona chapada a la antigua —dijo. amiga mía. Mírate. Lady Cranborne te quiere mucho. —Una lástima —dijo Esme. —Necesitabas ese beso. No querrás volverte una persona chapada a la antigua como tu prometido. La mujer no lleva nada de ropa encima. —Hay que reconocerle a tu madre una cualidad: murió como vivió. Como era de esperar. Esme soltó una risita. así que no me cuentes historias sobre infancias infelices. Esme sonrió. —No la juzgues tan mal —dijo Esme—. El abogado debió de pensar que yo vivo con mi marido.

no podría controlar su indignación. nos vamos a almorzar? Esme sonrió con un pequeño titubeo. Esme se miró en el espejo. ¿También tú quieres cortejar a tu esposo? Esme le lanzó una mirada de terror. —Había tensión en su voz—. Si supiera que estás ocultando estatuas escandalosas en aparadores. si fuera tú. que está tratando de recuperar a su marido. Eso es lo que me molesta realmente. Pero natural.94 - . que no deberías. Gina se levantó y le rodeó el cuello a Esme con el brazo. Esme se levantó y le dio un beso en la mejilla. —¿Me sienta muy mal este vestido? —No. Gina suspiró. Lo sé. estás preciosa. —Sus ojos se encontraron en el espejo—. —Yo no soy tú. —Todo el mundo sabe qué cama frecuentas tú también —señaló Gina sin poder detenerse. estoy de acuerdo. pero no tomo parte. No soporto que todo el mundo sepa qué cama frecuenta mi marido. —Gina le apretó el brazo—. —Tú sabes que yo raras veces frecuento camas —contestó ecuánime —. ¿Qué dices si nosotras. —De todos modos. Y era verdad. —Lady Childe está muy guapa últimamente. —Está vieja. —Lo sé. —No era mi intención molestarte. Yo lo pondría al lado de mi cama. dos brujas sin hijos. Y no es ni la mitad de guapa que tú. Gina se ruborizó. cariño. por supuesto. Disfruto. Gina. Probablemente se pondría tan rojo como un tomate y le saldría humo por las orejas. —Lo puse en el aparador. —¿Por qué por supuesto? A no ser que le tengas miedo a la competencia. —Terrible. —¡Por supuesto que no! Sólo estoy desconcertada porque esta vez está enamorado. ¿Por qué te molesta ahora? Te pareces a Carola. —Ella tiene hijos. —Soy una bestia competitiva. Esme se quedó mirando el reflejo de las dos en el espejo. ¿Por qué no te llevas Mucho . —Nunca te ha molestado que Miles tenga amantes. —¿Dónde está el escandaloso desnudo? —Esme miró alrededor de la habitación. ¿Qué pasaría si Bonnington la viera? ¡Qué desastre! —Él no entra en mi habitación. Ya sé que es terrible pero no lo puedo evitar. Hiciste bien en ponerla ahí. pruebo. especialmente herencias de tu madre soltera. Esme suspiró. —¿El santo varón estará en el comedor? —¡Puede que Sebastian sea un poco estirado pero no es un santo varón! —Es un presumido —replicó Esme—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Probablemente tienes razón —admitió Gina.

De hecho. ¿no? —dijo Gina—. —No digas bobadas. —Esme suspiró y se arregló el vestido por última vez—. si lo tienes cerca lo suficiente. ¡Pero no logro reunir el valor para hacerlo! De hecho. Carola se precipitó a su encuentro y susurró en un tono angustiado: —Tuppy está aquí. Siempre que está cerca me quedo en silencio. —Ni siquiera tengo valor para acercarme. En cualquier caso. No podré estar mucho tiempo ensayando porque el señor Wapping y yo todavía estamos trabajando en el Médicis. Esme rió. —Ah. —Que hablarán griego. ¿no? En el momento en que Gina entró en el salón. —En cuanto termine el libro que está escribiendo. —Es como una ardilla. —Si te gustan bajitos y algo peludos. Demuestra interés en todo lo que te diga. ¿por qué tuvo que enviarte a un profesor de historia? La verdad es que no sé cómo se le ocurrió esa idea. Gina. Yo coqueteo y tú aprendes historia. —Por Dios. —… una mujer muy pequeña y tendrán pequeños bebés peludos. está claro quién entrará en el cielo. vamos. y se supone que tengo que empezar a cortejarlo. —Creo que tenía la impresión de que mi vida era un poco vacía y pensó que las clases con Wapping me ayudarían. Ése es el estilo de Cam. Gina reflexionó. Debería alegrarme de tener semejante pretendiente. Recuerda las lecciones de Esme. Algún día se casará con una pequeña… —… muy pequeña —dijo Esme. Y no me importa porque me gustan sus clases. —¿Qué haces con él? —Creo que Cam lo encontró en un templo griego en alguna parte. —Está bien —Gina estuvo de acuerdo y cogió el volumen de tapa de cuero—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada ruido y pocas nueces? Podríamos ensayar después de la comida. . estoy segura de que lo invitarán a enseñar en Oxford o Cambridge. Esme entornó los ojos. —No entiendo cómo puedes pasar tanto tiempo con Wapping. ve a hablar con él. bueno. ¿Por qué lo haces? ¿Qué ganas con ello? Casi pensaría que estás teniendo una aventura con él excepto por… —¿Excepto qué? —Excepto porque el señor Wapping es… ¡el señor Wapping! —La revista Tatler lo describió como un joven extremadamente guapo —dijo Gina con altivez—. podría enseñarles a tus hijos a hablar griego. envió a Wapping para que yo lo alimentara. si no tienes otros planes.95 - . de verdad. creo que tengo más probabilidades de desmayarme que de hablarle. Estuve de acuerdo en ser su alumna porque Cam se empeñó en que yo necesitaba desarrollar alguna actividad intelectual y lo envió a Inglaterra únicamente con ese propósito. Y la verdad es que me gustan sus clases. Tiene unas ideas muy innovadoras sobre la situación política en el Renacimiento italiano —dijo Gina.

—Gina le dio un golpecito en el brazo—. No puedo explicarlo. —Estás estupenda. se reía de sus propios chistes. —Milord —dijo y sonrió ampliamente—. lord Perwinkle y ella habían tenido una conversación muy interesante sobre el ciclo de vida de la trucha. tampoco dijo nada. Entonces Gina se convirtió automáticamente en una duquesa. Un momento después se encontraban junto a lord Perwinkle. aunque Carola no había dicho una palabra. Gina se alegró de ver que Carola no se desmayaba. Éste ha sido un gran. —Y se fue rápidamente. A mí me parece que tiene mucho escote… ¿Crees que debo cambiarme? —Absolutamente no. Anda.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —No te creo —dijo Gina—. Yo empiezo una conversación y tú entras a hablar cuando quieras. Confío en que podamos volver a hablar de sus fascinantes experimentos en un futuro próximo. y hacía un movimiento como de cangrejo hacia los lados. Ahí está. Muy interesante. —Debo saludar a mi marido —dijo Gina—. mírame a mí y finge que estamos teniendo una conversación fascinante.96 - . Tiene volantes alrededor del dobladillo. Y Gina había tenido suficiente de la vida marina. Venga. Carola dudaba. era un hombre muy atractivo. pero Esme dijo que éste es más elegante. Tú no eres una persona tímida. —¡Despacio! —susurró Gina—. vamos. Carola. se decía a sí misma. Acaba de entrar. su señoría —parecía más alegre. vamos con Tuppy. lo agarró del brazo y lo apartó un poco para que todos pudieran ver que estaban hablando. —Voy contigo. después de media hora. —No. De hecho. —¿Cómo estoy? Gina asintió. —¡Shhh! Cam empezó a volverse pero ella no lo dejó. —¿Qué diablos estás haciendo? —preguntó Cam. Me vuelvo una ostra y no hablo. Claro que. Cuando se encontró con Cam. Yo quería ponerme uno amarillo que es más alegre. ¡No querrás que todos se den cuenta de tus intenciones! Ella se detuvo por el pánico. gran placer. «Anda». —Con Tuppy es diferente. Incluso más interesante fue el hecho de que su marido se quedó mudo como una piedra. ¿Esme ha escogido el vestido? —Sí. Gina se tragó una risita. contaba uno o dos chistes simpáticos. Gina entendió por qué le gustaba a Carola. —Me encantaría. . ya lo veo. dejando a Carola y a Tuppy mirándose. Él hizo una inclinación. Carola asintió y empezó a empujar tan rápido a Gina por la habitación que un hombre mayor casi derrama el vino. aunque Carola no se desmayó. Estás encantadora. Sonrió animadamente y le hizo preguntas a Tuppy hasta que el hombre empezó a hablar con cortesía. El efecto duquesa funcionaba de maravilla con gente que estaba incómoda: contaba historias.

—Qué sacrificio —señaló Gina con un tinte ácido en la voz. —¡Mira! Han debido de encontrar un nuevo tema de conversación. del deseo. —¿Estás mirando a Tuppy Perwinkle? —Por fin Cam había logrado localizar el punto de interés de su esposa. por supuesto. Haría una Afrodita encantadora. De hecho. Gina asintió con algo de satisfacción. como el de la estatua que le había regalado a Gina su madre. Inusual para una Afrodita. Tuppy y Carola parecían mantener una agradable conversación. Los ojos de Gina se abrieron como platos. ¿No es maravilloso? —¿Ella sabe algo sobre truchas? . —Pensaba que había perdido a su esposa hace tres años. sólo que la había perdido.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Bueno. —Demasiado tarde —dijo ella. —¿Sabes? —dijo Cam—. la diosa del eros. Era más delgada que el modelo normal y su rostro era más inteligente.97 - . —Sí —admitió. Las Afroditas que invocaba en su mente tenían rostros sensuales e indolentes. y miró sobre su hombro —. Había estado despierto la mitad de la noche. ser indolente? ¿Por qué no podía tener precisamente esa mirada inocente combinada con un toque de curiosidad erótica. Mientras el rostro de Gina era delgado con una mirada de curiosidad. y cuando finalmente se durmió. Entonces ella volvió la cara. Un grupito de viudas se rieron entre ellas disimuladamente. La mayoría de los presentes parecían estar atraídos por la intimidad que el duque y la duquesa de Girton demostraban. ¿Debería esculpir a Gina como una Afrodita rosada y desnuda? Un pensamiento placentero. Y después había pasado la mañana observando el trozo de mármol que había en su habitación. Estaban muy juntos. —Todos nos están mirando. Eso mitigará la ansiedad que sienten las señoras por la anulación de nuestro matrimonio. Aun más placentero cuando la duquesa misma se detuvo ante él. esto es muy interesante —dijo Cam y empezó a disfrutar de la situación. —¿Te dijo que su esposa había muerto? —Oh. El de las truchas ya estaba muy trillado. ¿Pero por qué debía Afrodita. y Carola hablaba con gran énfasis. Piensan que estoy a punto de lanzarme sobre ti. ¿A esa mujer que está pintarrajeada hasta en los ojos? —No —dijo Gina ausente. sus sueños estaban llenos de una esposa seductora que se había transformado en una estatua desnuda. Parecían contentos. —¿Por qué demonios? —Está hablando con su esposa. —No creo que ahora piense que la ha perdido. no. la mirada de los ojos de su esposa? —¿A quién estás mirando? —preguntó Cam. no estoy seguro de que Tuppy quiera encontrar a su esposa. —Voy a coquetear con esa hermosa amiga tuya —ofreció Cam—.

sintiéndose intimidado. tuvo suerte. pues la silla que había al lado del seductor amigo de Gina estaba desocupada. El sonido de la bofetada de Carola pudo oírse por toda la habitación. Carola está bien. encontró una feroz mirada del marqués. Cam se sentó. Necesitaba uno más vulgar para impresionar a Gina. —¿Cómo está la histérica de su amiga? ¿La que le ha dado una paliza a Perwinkle? —preguntó Cam mirando a su esposa al otro lado de la mesa. lady Rowlings —dijo con un atisbo de placer mayor de lo que pide la cortesía. Era una sonrisa lenta y calurosa. «Presumido» sonaba casi como un cumplido. Para su conmoción. Le gustaba. Cam le sonrió y se aproximó a lady Rawlings. Luego se acordó de mirar al prometido de Gina. Miró apresuradamente los ojos sobresaltados de su esposa. Durante el almuerzo. Su esposa no llevaba ni la mitad del escote que la señorita de al lado y sin embargo… sin embargo… Se acercó a Esme. Un leve rubor color cereza cubría sus mejillas. Tenía un aire pedante aunque aburrido.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Gina jadeó. ya lo había usado. «Impávido». Interesante. Por un momento. su esposa se sentó al lado de su prometido. pero por alguna oscura razón necesitaba un respiro. Cam se dio cuenta de que ciertas partes de su cuerpo se despertaron con una atención ardiente. Me temo que no he sido consciente de su presencia inmediatamente —dijo y sonrió con una especie de sonrisa indolente. muy acogedora. «Estrafalario» era bueno. —Bonnington —le saludó. Se sentía más alegre al sentarse al lado de un pecho tan encantador como el de ella. Fue tranquilamente hacia la mesa donde estaban sentados. —Eso es lo que pasa cuando se encuentra a una esposa perdida —dijo Cam animadamente—.98 - . A Bonnington no le gusta que los hombres lancen a Esme miradas lujuriosas. Se inclinó sobre la mesa y le dedicó a su esposa la sonrisa que reservaba para sus encuentros ocasionales con una bailarina exótica llamada Bella. Llevaba un perfume picante que le sentaba muy . Estrafalario Bonnington. que vivía en la villa vecina a la suya. Para su sorpresa. —No le ha dado una paliza —dijo Gina bruscamente—. Cam había empezado a confeccionar una lista de epitafios para el marqués. pensó Cam. esos ojos en forma de almendra se encontraron con los de él y se tornaron de un verde más oscuro y ardiente. —Hola. Lo que debería hacer ahora era mirar el pecho de lady Rowlings. con una inclinación de cabeza—. Decidió hacer un pequeño experimento. Te dije que él no la quería. —Creo que sería más exacto decir que ella no lo quiere a él — contestó Gina. Sólo para entretenerse. El Estrafalario se puso tieso pero se limitó a asentir fríamente como respuesta. un nivel de atención que la lujuriosa Bella nunca había recibido. El viejo Estrafalario estaba muy tranquilo y parecía que no se había dado cuenta de nada.

ella sabía qué estaba pensando Cam. es muy conocido en Londres. —¿Diana? ¿No es ésa la diosa que odiaba a los hombres? Él reflexionó. —¿Cómo vas con la obra? ¿Te has aprendido ya tu papel? —Había calidez en el tono. la verdad. Ella se quedó muy sorprendida. Cam sonrió. Estaba rojo y apretaba los dientes. . Ciertamente. bueno.ELOISA JAMES Duquesa enamorada bien a su aire sensual. Esme le lanzó una mirada vigilante. Y también muy hermosa. señoría? Él parpadeó y recordó mirar a Bonnington. Había más que un reflejo de risa en sus ojos.99 - . Probablemente te esculpiría como Diana —decidió de repente. La buena sociedad se escandalizaría. —Yo creo que al marqués estrafalario no le gustaría nada la idea. no había ningún brillo invitador en ellos. —Pienso en ella como la diosa que tentaba a los hombres bañándose en el bosque y los convertía en animales si sucumbían al impulso de la carne. le dio una sensación de vértigo. como sí había sucedido con Gina. pensó de repente. su pecho era demasiado carnoso. —Tú no eres tan ciego como la mayoría de los hombres. Cam se acercó. se acercó aún más y dibujó en sus labios la sonrisa que reservaba para Bella. —¿Me harías el honor de permitirme hacerte una escultura? — preguntó impulsivamente. —Eso creo —dijo Cam. Si Sebastian hubiera visto la muerte en los ojos de otro hombre. Una buena chica. Tomó aliento. En los civilizados ojos de Estrafalario había una promesa de asesinato: rápido y sin remordimiento. Esme levantó una ceja. Pero Esme se le adelantó antes de que pudiera formularle la pregunta que quería hacerle. habría sido en los ojos del marqués. ¿verdad? — dijo en voz baja para que no la oyeran. —¿Te gustaría que te esculpiera en mármol rosa? —se ofreció—. —¿Y por qué estaría yo interesada en ser el centro de un nuevo escándalo? Te aseguro que para eso me basto y me sobro. y se alejó un poco de lady Rowlings. Era un poco aburrido. no tan lujuriosa amiga de Gina. Esme se inclinó y le preguntó con voz ronca: —¿Se está divirtiendo. —¿Esculpes a gente de verdad? He oído hablar de tu trabajo. Aunque no pensaba dejarla. Y cuando sus ojos se encontraron con los de ella. No sabía que esculpías gente de verdad en lugar de figuras mitológicas. Estrafalario parecía estar a punto de explotar de ira. como cuando uno se lanza a un abismo. Te garantizo que causarías sensación. Le gustaba la lujuriosa. Leal a Gina. No tuvo mucho éxito. —No lo hago. pero no iba a admitirlo. Por un lado. Obviamente. y no sé si al final compensa. en comparación con Gina. pues tenía una o dos preguntas que hacerle.

tengo náuseas. y se inclinó hacia delante hasta que su pecho rozó el brazo de Cam—. —Por favor. . —En absoluto —gritó el marqués—. Hacía sólo una hora había decidido esculpir a Gina como Afrodita. ¿Qué significaba esa mirada? ¿No estaría celosa? Maldición. —Se dio la vuelta y se fue. Algo brilló en los ojos de Gina. Bonnington se fue detrás de su prometida. Estaba esperando a regañar a lady Rawlings. —Estás jugando con fuego. Tu turno. si las miradas mataran. pero en cambio se volvió hacia Cam. —No. Vi una pieza suya en la entrada de Sladdington. con Diana. Ha debido sentarme mal algo. toda aquella gente era nueva para él. —Estoy emocionada —dijo Esme. señora —miró a Esme—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Shhh. El duque me ha sugerido Diana en el baño… pero pienso que sería demasiado escandaloso. —Pensaba que era usted especialista en estatuas poco respetables. Bonnington resopló de una forma muy poco elegante. —¡Touché! —susurró—. lord Bonnington? Cam pensó que. con algo de curiosidad. probablemente debería haberlo pensado antes de haber hecho una oferta tan precipitada. ¿usted no. parecía que a Gina todo aquello la había tomado por sorpresa pues miraba a todos con cara de no creerse lo que estaba pasando. Cam miró a su compañera de mesa con una ceja levantada. Pero antes de que pudiera hablar se oyó el agudo chirrido de una silla deslizándose por el suelo. —Oh.100 - . —Esme será una diosa magnífica. y allí estaba. Cam sintió el cuerpo de Esme rígido a su lado. Le dio un codazo para animarla. esta conversación no me parece nada apropiada. —¿Estás casada? —preguntó Cam. parecía mareada—. —¡Touché! Tu turno. Cam asintió. Como llevaba tanto tiempo fuera. sí —dijo Esme con una sombra de amargura en la voz. De hecho —dijo Cam—. Lo que pasa es que… Bueno. —En realidad no —dijo—. —Lady Rawlings acaba de aceptar ser la modelo de mi próximo trabajo —dijo. Sladdington usa la estatua para dejar los sombreros. la mitad de la mesa estaría tratando de enterrarlo. Sería maravilloso que lady Rawlings pudiera convertirse en algo tan… útil. Me parece muy apropiado. ¿sabes? Cogió el tenedor y revolvió la fricasé de champiñones. lady Rawlings será una estupenda Diana. pero enseguida desapareció. Bonnington parecía más almidonado que nunca. Cam miró hacia arriba para encontrar a su esposa y a su prometido contemplándolos con el ceño fruncido. Esme gruñó. discúlpenme —dijo. en cambio. ¿Ha decidido ampliar su repertorio? —el tono indicaba que no lo creía posible. Cam miró hacia arriba donde estaba su esposa. Estoy seguro de que disfrutará le encantará ser esculpida en mármol.

¿me ayudarías a memorizar mi papel? —preguntó en un tono patético. También sabía con absoluta seguridad de quién era la culpa. Y el hecho de que de repente le doliera la cabeza no tenía nada que ver con lo que acababa de presenciar. El señor Wapping la estaba esperando. Es el que está roncando sobre el hombro de lady Childe. Su marido y su mejor amiga estaban muy juntitos frente a la chimenea en la biblioteca. «Esme merece algo de felicidad». Y así fue como Gina los encontró. ya se había metido en suficientes escándalos. ¿Quieres que le llame la atención y luego ronque en tu hombro? —No. por lo que ella había perdido todo el interés. Cualquier mujer sucumbiría a su bien formado cuerpo y a sus ojos risueños y seductores a los que tan difícil era resistirse. todavía tiene un poco —dijo y miró por encima del hombro —. se dijo a sí misma igual de segura. por eso ninguno de sus difamadores había probado sus acusaciones y lo único que enturbiaba la reputación de su amiga eran habladurías sin fundamento. desanimada. Cuando llegó al tercer piso.101 - . Pero tenía la impresión de que el público que Esme quería que presenciara sus coqueteos ya no estaba allí. además. con los ojos sobre una edición de Shakespeare. —Roncando es una palabra que define perfectamente lo que está haciendo —dijo Cam pensativo—. treinta minutos después cuando entró buscando a Esme. «Cam no merece nada». gracias —dijo Esme y comió una cucharada de fricasé.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Está aquí? —Naturalmente. No tenía sentido dejar que la mujer se pusiera melancólica. . —¿Cuál es? —Aquel de allí… el que tiene el pelo castaño —dijo. Cam no tendría tal problema. Ella se estaba riendo. pensó. Su degenerado marido había decidido seducir a su mejor amiga. jovencita —dijo Cam—. Esme suspiró y estuvo de acuerdo. —Bueno. Recitaré esa frase de nuevo: ¿Qué. todavía vives? Gina salió de la biblioteca sin molestarlos. mi adorada lady Disdain. Sin importarle que Esme estaba casada y que. Aunque Gina sabía que el desparpajo de su amiga era una pose y que Esme no solía irse a la cama con los hombres con los que coqueteaba. —Para de reírte. —En ese caso. ¿Cómo sería la escultura? ¿La representaría desnuda? El señor Wapping se limpió el bigote y la barba y puso un montón de libros sobre la mesa. dispuesta a aprender todo lo que pudiera sobre las ciudades en el siglo XIII. —Hizo un gesto con la cabeza señalando la mesa de la izquierda. —Querrás decir el que tuvo el pelo castaño. Los rizos negros de Esme parecían seda brillante al lado de los mechones despeinados de Cam. estaba segura de que no había sufrido un dolor de cabeza tan terrible en toda su vida. Cam pensó que podía haberle hablado con más coquetería.

Era porque no quería que su mejor amiga cayera en la trampa del primer duque perezoso y degenerado que llegara. Ésa era la única razón. Estaba teniendo problemas para respirar. —Señor Wapping —dijo. duquesa —dijo pavoneándose—. ¿Recuerdas lo que hablamos la semana pasada. ¿qué sabe usted de Afrodita? A él le salió un sonido ahogado. No era mi intención interrumpirlo. era un gran estratega. ¿Retomamos el tema? Maquiavelo. interrumpiendo al hombre en lo más interesante de su discurso—. —Es que hoy la noto como ausente. El pensamiento hizo que se sintiera mejor y lo contempló durante la hora siguiente hasta perfeccionar finalmente su estrategia en un plan para matar a su marido con la Afrodita rosa. su señoría. «Iré a su habitación y lo golpearé con el pedazo de mármol». Los Médicis tomaron Venecia y Maquiavelo fue exiliado. Entonces Wapping lo hizo él mismo. y no por culpa de Maquiavelo. Contundente. —Hizo una pausa. señor Wapping. fuerte y efectivo. lo que él denominaba «llamamiento indirecto de seda». Simplemente estoy preocupada por algo. —¿Y era infiel? . —Sí. Pero claro que también señalaba que algunas situaciones requieren un ataque fuerte y contundente. —Lo siento —gritó Gina—. por supuesto. pensó. Nada le venía a la cabeza más que el ataque. —¿Señoría? ¿Señoría? ¿Se siente bien? —Por supuesto —dijo Gina bruscamente. que era hasta el momento su método favorito de enseñanza. ¿Qué quieres saber? —¿Es una diosa casada? —Exactamente. Abrió los libros de un golpe. Afrodita. Ella necesitaba estrategia.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Tengo información muy emocionante que compartir hoy con usted. especialmente cuando se refería a la guerra. Estaba a favor de un acercamiento indirecto. —Ahora estoy seguro de que encontrará la discrepancia entre la hipótesis de Sandlefoot y Simon sobre el intento de Maquiavelo por ganar un lugar en el concejo de Médici tan interesante como yo.102 - . —Luego fue consciente de a quién le estaba hablando—. Afrodita estaba casada con Hefesto. se arregló el bigote y se echó para atrás—. verdad? —A veces el señor Wapping olvidaba que no estaba dando una clase de párvulos y la tuteaba olvidándose de su rango. Florencia —dijo el señor Wapping con un tono reprobatorio. Gina sonrió débilmente. Tenía oscuros pensamientos sobre su marido. El señor Wapping parpadeó. —¿Le gustaría recapitular la hipótesis de Sandlefoot sobre Maquiavelo? —De momento no. —En absoluto —dijo—. El ataque tenía una resonancia suave e indirecta que encontraba inmensamente tranquilizadora. Gina asintió. por supuesto —dijo Gina obediente—. Creo que mi investigación va a aportar un nuevo e interesante enfoque sobre el papel de Maquiavelo en el gobierno florentino. —Venecia no.

Estoy en el pasillo. ¿Hay alguna razón particular por la cual le interese Afrodita? Gina negó con la cabeza. ¿puedo entrar? Ella se echó para atrás. —Si tienes que hacerlo… —dijo. y una belleza de dioses. La estatua era sin duda hermosa. Después de una hora tomó la Afrodita de la caja.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Homero dice que Afrodita se acostó con Ares. Tomó un baño y se sentó en una silla cerca de la chimenea con un montón de periódicos que habían repartido esa tarde. Lo decía bien claro en el capítulo diez de su obra El príncipe. «No vale la pena». Él carraspeó. Ninguno de ellos tendría el pelo alborotado y ojos negros y brillantes. Cuando un golpe sonó en la puerta. Tenía una sonrisa secreta e irritante. Él era un hombre demasiado atrevido y dulce para vivir. Alargó la mano para ponerse la bata. Pero tuvo otros amantes. De ninguna manera es respetable. a menudo confundida por académicos insulsos con la diosa romana Venus. pero se dio cuenta de que la había dejado en la cama. . Y no tenía a mano la Afrodita. incluyendo dos mortales. Gina envió sus disculpas al comedor y comió en su habitación. dorado como el sol. Más tarde. Y Gina no tenía deseos de ver a Cam lanzándole sonrisitas tontas a Esme. Gina tomó otro trago de brandy. Uno debía confraternizar con el enemigo solamente bajo condiciones de extremo peligro. pero tal vez había olvidado algo. Era inusual que Annie volviera una vez que se había retirado. ella no podía hacerle ningún daño a su marido. del amor físico.103 - . antipática. —¿Gina? —dijo—. su cuerpo entero quedó invadido por una ola de sensaciones tan calientes como una llamarada y tan vergonzosas como calientes. Gina se había dado cuenta antes. Sería injusto para las mujeres casadas de todo el mundo. —¿Entonces Afrodita no es una diosa muy respetable? Wapping sonrió.» En el momento en que vio quién era. Estaba empezando. Afrodita es la diosa de eros. se apresuró a meter la Afrodita en el borde arrugado de la silla. en la cama de su marido. aunque lo golpeara con todas sus fuerzas. su señoría.» Ella iba a ser una marquesa y criaría cientos de niños que tendrían cabello rubio. Gina se levantó y dijo: «Entre. de una manera lasciva y depravada. a renunciar al sueño de matar a su marido. apenas empezando. se dijo. —¿Puedo entrar? Hubo un silencio mientras ella contemplaba su plan de golpearlo con la Afrodita. dado que en ese caso podía producirse un ataque por sorpresa. Adonis y Anquises. Era el mismo razonamiento complicado que Maquiavelo habría deplorado. —En eso tendría que estar de acuerdo con usted. aunque no le diría a Gina qué había dicho Tuppy para llevarla a la violencia. Había declarado que prefería morir antes que sentarse al lado de su marido. «Deja que se vaya a su isla a esculpir estatuas desnudas durante el resto de su vida. Carola tampoco fue al comedor. dios de la guerra. Después de todo.

la duquesa de Girton no había podido leer más que hasta el capítulo cinco. .ELOISA JAMES Duquesa enamorada Desgraciadamente. con el tumulto de los últimos días. «Las virtudes del ataque contundente».104 - .

no se le ocurrió ningún comentario agudo. ¿Puedo felicitarte por tu gusto en bebidas? ¿Por qué diablos tienes sólo una copa? Cam inspeccionó la habitación. No necesito más. —¿Has visto algo en mí que te guste? —preguntó. —He venido porque quiero ver la nota del chantaje —dijo. El pedazo de . —Si insistes. —Bien —dijo Cam. a quien. por eso quizá ni sabía qué lo causaba. Pero claro que él no tenía ningún interés en eso. Gina era evidentemente virgen. excepto la excitación normal que siente cualquier hombre por una mujer medio vestida en su presencia. su atención resultaba incluso descarada y Can sintió que la sangre corría más deprisa por sus venas. dado el sentido de propiedad de Bonnington. Un momento después. —Pasó al lado de él hasta llegar a la cama. Todos saben que las vírgenes no tienen conocimientos prácticos sobre el físico masculino. Gina levantó una ceja y tomó un sorbito de brandy. Gina dejó de mirarle los pantalones y lo miró a los ojos sin un atisbo de vergüenza. Él la miró hasta que ella se levantó y se encogió de hombros. por desgracia. —Tengo sólo un vaso porque duermo sola. —Se está calientito aquí y tú eres mi marido. Gina estaba mirando la chimenea sin sonrojarse. y se acercó a la mesita donde había una botella de brandy—. Miraba como si no tuviera ninguna preocupación en la vida. ¿Qué había pasado con los días en los que las vírgenes gritaban de miedo al ver a un hombre excitado? No había vivido tanto tiempo fuera de Inglaterra. De la misma manera en que se le asegura a una mujer que no ha subido de peso cuando la mujer está embarazada o se ha comido media vaca. Cam se sirvió brandy y pensó en la queja que se escondía en esas palabras. Ese tipo de comportamiento podría llevar a un hombre sin principios a aprovecharse de la situación. Luego asintió satisfactoriamente y cogió un vaso que había detrás de la cama. cuando se dio cuenta de que ella lo miraba con mucho interés.105 - . revisó agudamente su suposición sobre la inocencia virginal. De hecho. Parecía fascinada por sus pantalones. Cam se dijo a sí mismo que el abultamiento de sus pantalones en la entrepierna no era un problema. —¿No podías ponerte una bata? —preguntó.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 15 Una duquesa en traje de casa. —Por supuesto que sí —dijo educadamente.

Wapping y cientos de hombres más. «La muy zorra está tratando de distraerme deliberadamente».106 - .ELOISA JAMES Duquesa enamorada tela que vestía estaba hecho de la seda amarilla clara más fina y transparente que Cam jamás hubiera visto. Gina se atragantó con un sorbo de brandy. —Tomó un sorbo de brandy—. entreteniendo a hombres mientras estás medio vestida? —Su tono era ácido. —¿Siempre te sientas por ahí como un ave en el paraíso. —Se acercó al aparador y lo abrió. Cam cerró otra vez las piernas. El sonido apenas perceptible que se produjo cuando ella pasó por detrás de la silla fue uno de los sonidos más seductores que nunca hubiera oído. Su manera lánguida de caminar no era la de una virgen. Encuentro el brandy muy tranquilizador. lo había llamado a Grecia para que pudiera informarle a todo el Parlamento de que ella todavía era virgen. Ella era la antítesis de una virgen. dadas las circunstancias. No escondía nada. «Pero a este juego también pueden jugar dos. Así que. tratando de disipar el latido de sus entrañas. señoría. Te advierto que mi habitación estaba muy caliente y yo me encontraba sola. Claro que la bata tampoco tenía mucha más tela. si tengo la fortuna de casarme. —¡Ah! Se me olvidaba la carta. Cam se encontraba en un peligroso estado de excitación. —¡Válgame Dios! —dijo Gina. Cam maldijo su cuerpo caprichoso y miró fijamente las llamas. cruzan las piernas en los tobillos y se ruborizan con sólo pensar en la idea de tener a un hombre en su habitación. Te has ruborizado. Menuda virgen estaba resultando ser su esposa. Hablaba de piel suave y curvas femeninas. Todos sabían que las vírgenes aprietan las rodillas. pensó Cam. me quedo muy relajada y lista para una pasar una buena noche. me alegraría quitarte algo de la carga de tus hombros. Después de tomar un poco. —¿Qué clase de trabajo realizas. Y Cam se quedó callado. insistiré en que mi . Pero ahí estaba su esposa. Probablemente se acostaba con Bonnington. ¿tú no? —dijo casi en un susurro—. Volvió sosteniendo un papel doblado. querida mía? Como tu marido. sobre todo si se comparte a la hora de dormir. —¿Hacer qué? —Había una mirada inquisitiva en su rostro. bebiendo brandy. Ella rió. —¿Haces esto cada noche? —preguntó Cam con resentimiento. Su esposa estaba jugando con él.» Le lanzó una mirada descarada que era un beso en sí misma. Encuentro la carga compartida más relajante que el licor. Le caía sobre la larga línea del muslo de una manera que hacía burla de las estatuas desnudas. y aquí por supuesto me refiero a un matrimonio consumado. aparentando sorpresa por la actitud de Cam—. ¿No se daba cuenta de que la luz nebulosa de la chimenea resaltaba el contorno de sus piernas? Hasta podía ver una tierna curva en la parte de arriba de sus muslos. Pero en respuesta a tu pregunta te diré que suelo hacerlo: suelo bañarme por la tarde y mientras se me seca el pelo trabajo y tomo una copita de brandy. —Por ejemplo —continuó—. tomaba brandy y vestía una prenda que los chipriotas estarían orgullosos de llamar suya. Aquello se estaba volviendo ridículo. Ella saltó de nuevo.

Todas necesitan atención inmediata. ¿Recuerdas que tu propiedad incluye dos villas. el próximo párroco. Pensé que Bicksfiddle consultaba contigo una o dos veces al año. Cogió una hoja. ¿Serás tú quien administre los negocios de bienes raíces. —Qué mujer tan afortunada será. Cam parpadeó. creo que hay dos o tres Camden en la villa. Entonces fui a hacerle una visita a mi nuevo ahijado. ¡Fue una tarde muy graciosa. nació. —Ay. —¡Maldición! —exclamó Cam. Cam no sabía qué decir. Bueno. ¿Por qué rayos te están molestando con eso? —Bicksfiddle no puede tomar decisiones importantes por él mismo. Si tú les cobraras impuestos morirían de hambre. Debes saber que yo administro la mayoría de tus bienes raíces. —Pensaba que Rounton y Bicksfiddle se hacían cargo de todo eso. Era el bebé más lindo que he visto en mi vida. —Tus propiedades. dependen de ti para su supervivencia. Te he escrito sobre varios asuntos en diversas ocasiones. Una sonrisa cristalina. Las preguntas de Bicksfiddle de los últimos meses. Luego frunció el ceño. Cam! Él vio los ojos verdes de ella. naturalmente dejaré de hacerlo. Lo llamamos James. insistiré en ayudarla personalmente en esa tarea. Henry. del alto Girton. Miró otra vez la hoja. Cam. Ella resopló. acababa de llegar a la casa cuando la señora Polderoy volvió a sentirse mal y nació el segundo hijo. Ella sonrió. que yo administro actualmente. —¿Es una sirvienta de la casa? —No. Bessie debe de estar embarazada otra vez. —Pero no creía que estuvieras trabajando en esos asuntos. que bailaban al ritmo de la copa. contando a Camden Webster. Cuando nuestro matrimonio esté anulado. Tiene tres hijos pequeños. son gente que vive en la villa. Eric Horne y Bessie Mittins del bajo Girton. —¿Una o dos veces al año? —Señaló el banco—. Veamos. Si dejaras de darles fondos.ELOISA JAMES Duquesa enamorada esposa se relaje cada noche. pero sufrió una lesión en el brazo derecho el invierno pasado y no ha podido continuar con su trabajo. y aún no habíamos acabado de bañarlo cuando llegó Camden. O mejor aún. ¿Quiénes son éstos? Henry Polderoy y Albert Thomas. se encontrarían en la pobreza total. Y por suerte. Era una nota de Bicksfiddle pidiendo fondos—. —¿Camden? Gina asintió. —¿Y por qué diablos le ponen mi nombre a sus hijos? —Ponen tu nombre a sus hijos porque tú eres el dueño de la tierra. amontonados desordenadamente en un banco al lado de su silla. estaba en la villa cuando el primer bebé. Es tuya la tierra donde ellos viven. Dios —dijo Gina—. verdad? Henry Polderoy era el herrero. o será ella? Él la miró con un brillo de placer. todos nacidos el mismo día. . —Lo llamaron así por ti. —¿A qué negocios de bienes raíces te refieres? Ella señaló una alta columna de papeles. —La señora Polderoy me había pedido amablemente que fuera la madrina.107 - .

estuve en el de James y Camden. He sido la duquesa durante doce años. Soltó las cartas que sostenía y cayeron al suelo. Cam sonrió. A mi padre no le habría gustado nada. —Hizo un gesto levantando elegantemente los hombros—. Me temo que es una mujer perdida. —Soy la duquesa —afirmó—. —¡Ya sé cuánto tiempo llevamos de casados! —Cogió una segunda hoja del banco—. —Antes vivía en Londres. Esa gente no le importa un rábano. —Si tu padre no hubiera extraído cada centavo que podía sin devolver . Mis instrucciones fueron claras. Necesitan una duquesa. —Yo soy la duquesa de Girton —repitió—. —Se rió—. — Se terminó el brandy de un trago. —Yo pensaba que nosotros éramos terratenientes ausentes —dijo Cam anonadado—. Dice que no puede resistir un par de buenas piernas. por lo menos no en el sentido verdadero! Gina lo miró. —¿Quieres decir que estuviste presente en el nacimiento de los hijos de Henry Polderoy? —Llegué cuando acababa de nacer el primero. y yo soy la duquesa. Morirían de hambre si no los ayudáramos. ella no tiene marido —contestó Gina alegremente—. —Estás llevando ese asunto como si fuera una cuestión de caridad — dijo—. En ese sentido.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Qué le pasa a Bessie Mittins? —No le pasa nada. aparte del hecho de que sigue teniendo bebés. Estaba pensando. Pero los últimos cinco años he estado por lo menos la mitad del año en Girton. le ordené que se encargara de todo. —¡Mucho han cambiado las cosas desde que me fui de Inglaterra! Podría jurar que antes las jóvenes vírgenes no podían atender un parto. Llevamos varios años padeciendo sequía. Y afortunadamente la tierra es bastante próspera. —Maldita sea si no despido a Bicksfiddle —gritó Cam—. —¿En qué trabaja el marido? —Ah. ¿Qué es todo esto sobre paño? —Estoy tratando de revivir la sencilla industria de paño en la villa. y supongo que los hombres en el bajo Girton están bien dotados. Para Bessie Mittins o la señora Polderoy no importa si te marchaste de mi habitación la noche de nuestro matrimonio o la siguiente. Después de que mi padre quedó postrado en cama. Yo pensaba que tú vivías en Londres. Pero sí. —¡Pero tú no estás casada. y he administrado las propiedades durante ocho años. Cam miró otra vez la hoja. —Es probable que una mujer soltera no pueda —estuvo de acuerdo Gina. desde que tu padre quedó incapacitado. Encuentro muy difícil mantener la propiedad funcionando sin atención de cerca. Cam se sintió terriblemente culpable de repente. —¿Por qué pagamos por la parroquia vecina? ¿Esa tierra no es de Stafford? —Es un terrateniente ausente —explicó ella—. y las ovejas necesitan buenas cosechas… Por eso hay que abrir nuevos negocios.108 - .

Marissa. Vertió un líquido dorado. señoría? —¿Por qué me llamas señoría? —preguntó irritado—.109 - . no tendría tantos inquilinos pobres. Él nunca se disculpaba. y eso fue todo lo que ella dijo. Me has llamado Cam hace un momento. está desnuda. conmovida. una gota. Luego se volvió y buscó el vaso de él. qué estabas haciendo en la casa de Sladdington? —Quería admirar la pieza de arte de mi marido. Cam esperó con una ceja levantada. ¿Puedo darte otro poco de brandy. está sosteniendo unas flores. Pero si a Marissa no le importa ser moldeada en un útil elemento del armario. Cam estuvo a punto de disculparse pero se contuvo. y por eso no me preocuparé mucho por ello. El único consejo útil que le había dado su padre había sido ése: nunca admitas tu culpa. Proserpina no debía ser un sombrerero. —Tienes razón. —¿No te importa un pepino si Marissa es mi amante o no? Gina reflexionó. —Mi carta de amenaza —dijo y se levantó de la silla—. Afortunadamente. era un maestro en no prestar atención a sentimientos incómodos. Nunca debí dejar que un inepto como Sladdington la comprara. Una sonrisita se dibujó en la boca de Gina. ella le entregó otro pedazo de papel. —Estoy segura de que así es —dijo Gina con tono compasivo. y deliberadamente se la sacó de la cabeza. Cam sintió otra punzada de culpa. por ejemplo. Cuando volvió a mirar hacia arriba. Gina! ¿De todas formas. se queja mucho. le echó una dosis generosa de brandy y se sentó. Como tu esposa. —Supongo que es la señorita de pechos grandes que ha servido como modelo para tus diosas —respondió. Cam sintió una conmoción de incredulidad que le llegaba hasta las puntas de los dedos. —Yo creo que se encuentra muy cómoda en ese recibidor. —Nunca debí venderle esa pieza a Sladdington.ELOISA JAMES Duquesa enamorada nada a la tierra. —No. Debe de ser una amiga cercana tuya. me desagradaría mucho que hicieras un sombrerero con la forma de mi cuerpo. ¿quién soy yo para objetar? —¡Maldita sea! ¡No todas mis esculturas se usan para colgar sombreros! —gruñó Cam—. Había oído hablar . Pero nunca se me ocurrió que la transformaría en un sombrerero. Me atrevo a decir que es un sentimiento que tus conocidos más cercanos sufren diariamente. —Me temo que tu sombrerero ha alcanzado mucha más notoriedad en Londres que todas tus obras juntas. en su copa. —¿La has visto? ¡Maldición. Gina lo miró. y dejó que sus ojos observaran desde los labios escarlata de Gina hasta su largo y esbelto cuello. —¿No quieres saber quién es Marissa? —exigió él finalmente. ¿sabes? Si miras debajo de los sombreros. Estiró las pantuflas amarillas hacia el fuego y movió los dedos cómodamente—. Sólo una de ellas cumple esa labor. Mis conocidos suelen estar molestos conmigo casi siempre —dijo—. Él esperó. —Estoy molesta contigo —dijo serenamente—.

Y estaba en francés. ¿Qué diablos es esto? —La carta de amenaza. ¿no crees? —Pensé que era divertida. Echó las últimas gotas en su copa y lo miró—. Esta carta no se parece nada a la primera. No está desnuda —lo corrigió Gina. eso es una estupidez si querías mantener en secreto tu nacimiento! —No me gusta que me llamen estúpida —señaló Gina. —¡Bueno. —No te enfades. —Nunca vi la primera. pero estoy un poco cansada. —¿No? Gina sacudió la cabeza. —Pero debe de ser de la misma persona —objetó Gina—. —¿Le ha puesto un trapito a Proserpina? —No es un trapito. Ha sido una visita encantadora. Recuerdo que mi padre llegó a la conclusión de que la había escrito un sirviente de la condesa. Y a propósito. Dicen que Sladdington viajó a Grecia sólo para comprar una de tus estatuas. Cam estaba callado. No importa a cuánta gente le haya contado que la condesa Ligny era mi madre. por eso no tienes que preocuparte. a su casa en Londres. Se la mandaron a mi madre. —Le ha puesto algo sobre la cintura. Es más un… un… —se detuvo porque no encontraba la palabra exacta. No la recuerdo exactamente. —Bastardo —dijo Cam—. y desde luego le ha sacado mucho partido. Gina se apoyó en la chimenea. Cam fingía estudiar la carta mientras . —Perfecto —dijo Cam tristemente—. ninguno de ellos tiene idea de que tengo un hermano. —Si tienes un hermano. ¿Cuántos chantajistas hay que conozcan esta información en particular? Cam se encogió de hombros. Soy conocido en Londres como el escultor de Proserpina con un pañal. —Muy raro —dijo Cam frunciendo el ceño—. Cam la miró. ¿por qué está exponiendo a tantas mujeres jóvenes a estatuas desnudas? —Oh.110 - . —¿El marqués puede ofenderse? —leyó Cam en voz alta—. ¿A quién le has hablado de tu verdadera madre? —Sólo a mis amigos más cercanos. ¿El marqués puede ofenderse? La primera carta estaba escrita de una forma rara. —A eso me refiero. —Podrían ser muchos. —Lo siento —se disculpó. pero creo que la caligrafía era distinta. La duquesa tiene un hermano. consternado. —Mi padre me la enseñó. —Tu comentario es absurdo. La gramática es extremadamente extraña.ELOISA JAMES Duquesa enamorada mucho de ella y sentía curiosidad. Gina disimuló con dificultad un bostezo.

meditaba sobre lo mucho que quería tener esas piernas enroscadas en la cintura. . No quería irse.111 - . Después de un rato carraspeó. al mismo tiempo. —¿Has visto algo que te guste? —preguntó ella delicadamente. ojos burlones femeninos y ojos oscuros y lujuriosos masculinos. Eran largas y esbeltas. Tenía las piernas más bonitas que había visto. Miró hacia arriba. Sus ojos se encontraron. Cam dio un paso al frente.ELOISA JAMES Duquesa enamorada observaba la línea de sus muslos. desde las puntas de sus elegantes dedos hasta las puntas de sus delgados pies. Así que continuó fingiendo que estaba mirando al papel y.

Ni siquiera menciona a los tritones. pasa —dijo. había cometido un pecado mortal. pero él ni siquiera mencionó las lagartijas! —No estás siendo justa contigo. —Pues así es. —¿De verdad? ¿De quién? —miró interesada. Nadie además de mí lo querría. Seguramente estaba reclinada en su cama. Cuando Gina se fue se puso a hablar de lo inteligente que es. pero sin preocuparse. —Sobre truchas —repitió Esme. Y unos rizos adorables. ¿sabías que es una entendida en truchas? —El tema nunca ha surgido. —No tiene remedio.112 - . —Luego la cara se le arrugó otra vez —. —¡Desalmado! —dijo muy bajito para que la criada. —Leí un libro sobre tritones porque a él le gustan. —Por favor. Pero estaba apretando los dientes y temblando de ira. —Carola la miró con angustia—. Pareces un querubín. He visto luz bajo tu puerta y he pensado que quizá quieras que repasemos nuestro plan. ¡Y yo soy aburrida! . no sólo había olvidado saludarla o despedirse. desagradable demonio de su marido— no sólo no le había hecho caso. —Pues con Gina no tiene nada que hacer. A Gina le encantaría tener el pelo corto. Tienes una piel hermosa y cremosa. ¡Satán! ¡Demonio! Se calló y miró el canapé de seda que había junto a la cama. Tuppy se ha enamorado. que estaba en la otra habitación. No está interesado en mí porque no sé nada sobre truchas. tendría una oportunidad —aulló Carola—. no la oyera—. —Esme se enroscó un suave rizo de pelo en el dedo—. Carola Perwinkle no estaba descansando tranquilamente. Gina empezó a hablar con él del ciclo de vida de la trucha. —¡De Gina! Esme resopló. —Buenas noches —dijo Esme mientras entraba en la habitación—. Hubo un leve golpe en la puerta.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 16 La habitación de una mujer rechazada. En cambio. a ese réprobo deplorable y asqueroso. Su marido —el despreciable. Es porque soy una estúpida. Pero Carola reconoció la voz y se sentó derecha. Si yo tuviera una mirada dramática y supiera de truchas. —¡Claro que no! —gritó Carola—. ¡Mira esto! Eres el sueño de un peluquero. ranas y lagartijas. —Lo señaló en la mesa—. Ni siquiera me ve. —No importa —dijo malhumorada—. La criada corrió a abrir y se situó ante la puerta para cubrir a su ama. ¡Yo estaba lista para hablar de tritones. algo anonadada. Guía de cocina para tritones.

—¿Por qué? —Me insultó. —¿Cuál? —Me preguntó si me había cortado el pelo. No es propio de Tuppy ser tan grosero. No eres una ciruela pasa. ¡Debería darle una bofetada y luego una patada! —Me pregunto en qué estaría pensando. —Traté de tener una conversación en el salón. Dije que no. Y seca como una ciruela pasa. Eres como una ciruela lasciva. —Sí.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. —Todos son unos desalmados. —Hiciste lo correcto. Creo que voy a rendirme. —¡Carola Perwinkle! —dijo Esme sonriendo. —Esme sacó uno de los rizos de Carola y luego lo soltó—. Pero me estaba mirando el pecho. y mucho más elegante. Lady Troubridge ha recolocado los asientos. Esme respiró profundamente. pero es mío. Y gorda. y obviamente exponía mucho más mis g-g-gordos…! —Lloraba. ¿verdad? —No creo. Después. —Quizá dijo la verdad. ¡Porque me dijiste que me pusiera el vestido carmesí. —A mí me gustaría más ser como tú. Me estoy haciendo vieja. como si eso no fuera insulto suficiente. que no había subido de peso. —¿Qué dijo? —Primero habló sobre Gina. Pero sólo hablaba de lo interesante que era Gina porque lo sabe todo sobre las truchas. y yo terminé dándole una bofetada. —Que discute sobre tritones. —Te miró el pecho.113 - . ¿no? Y después te preguntó si habías subido de peso. —Tomé la iniciativa. —Debería haberle dado una patada. Carola. ¡Desalmado! —repitió furiosa. —No has subido de peso. Yo parezco una empanada. ¡Sólo para oír sus sosas historias sobre tritones! ¿Y qué hace él? Siente lujuria por mi amiga. Las lágrimas bajaron por las mejillas de Carola. —¡Ya es suficiente! Todo eso son ridiculeces. Ahora que lo pienso. es culpa tuya. Yo le dije que sí. Hay una silla libre a su lado. hizo un comentario horrible. me acerqué a él para hablarle. —¡Pero yo lo amo! Es un desalmado aburrido. ¡Y quiero que vuelva conmigo! —Entonces debes ir a las comidas. y luego él dijo que el pelo de Gina era una de las cosas más maravillosas de ella. —¡Qué desconsiderado! —Luego me preguntó si había subido de peso. Esme frunció el ceño. Está claro que no le importo un rábano. . Y él dijo que debía de estar cambiando mi figura a medida que envejecía. toda dulce y sabrosa. Eres más alta que yo. Se merecía una bofetada. —Carola se ahogó—. Ojalá yo tuviera tu hermoso cabello. —Que discute sobre tritones… —dijo Esme.

Le mandaré una nota directamente. Esme le besó la mejilla. y puedes contar con él para que no te tome muy en serio. . Tiene una risa simpática. Bernie piensa. —Se dirigió hacia la puerta. —¿Lord Bonnington? —había perfeccionado el arte de la mirada marchita.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Un rábano —repitió firmemente. —Luego se le iluminó el rostro—. Sebastian nunca había demostrado el más leve signo de que ella lo intimidara. Es bastante guapo. hueles a melocotón. Esme se apoyó en la pared. —No quiero —dijo Carola—. —De hecho. —Ay. Él puso un brazo para impedirle pasar. ¿Lo ha pasado usted bien? Esme tenía una mirada fría que le había resultado muy útil a través de los años. pero es una dulzura. —Coquetearé con Neville. Se tropezó con un cuerpo masculino. ¿no crees? —Supongo. Y asegúrate de que Tuppy te vea. —Mmm. Eso es. que es demasiado tonto para que yo lo considere como pareja sexual. —Claro que eres buena coqueteando. él ya conoce el plan. Luego se enderezó e hizo una leve reverencia. —¿De quién es esa habitación? —gruñó—. Mañana quiero que coquetees con otro hombre. —¿No es tuyo? —No. No soy muy buena coqueteando. y no conocía esa mirada. —De maravilla —dejó colarse un poco de amabilidad en el tono—. —¡Gracias! —Un placer —contestó. ¿Quieres que te preste a Bernie? Responde al coqueteo tan bien como un pedazo de madera. y que te pongas un vestido aún más escotado. ¿Qué habría pasado si alguno de esos chismosos te hubiera visto saliendo de la habitación de un hombre? Tu reputación ya pende de un hilo. ¿Con quién te gustaría coquetear? —Con nadie.114 - . milord. —Deberías dejar de visitar las habitaciones de los hombres. Demasiado hermosos para un hombre. Esme —dijo Carola con disgusto—. si piensa. Tal vez con el marido de Gina. —Perdón —dijo una voz fuerte. y salió al pasillo. y podemos empezar en el desayuno. —Esme hizo una pausa—. ¿Por qué tenía que tener unos ojos tan hermosos? Eran azul cobalto. iba distraída. creo que estamos progresando. con razón. Es un don innato femenino. —No hay necesidad de disculparse. Bernie está limitado definitivamente en sus actividades mentales. ¡No sé cómo tienes esa reputación! Parece que no notas nada de un hombre aparte del ancho de los brazos. —He descubierto que los brazos de un hombre lo dicen todo de él — dijo Esme con un brillo travieso—. — Carola parecía más animada. Ha sido culpa mía. Sólo espero que puedas experimentar tal felicidad algún día —dijo y empezó a mirar su gran cuerpo. Después de todo.

sin dejar de mirarla. lentamente la acercó hacia él. Sólo ella sabía cómo le temblaban las piernas. un hombre o una mujer? Él apretó los dientes. Parecía difícil controlar su boca. Finalmente. —No lo hagas. —Por favor. Malditos ojos azules. la tomó de los hombros y lentamente. Después se arregló el escote con un movimiento perezoso de los hombros que hizo que se deslizara incluso más abajo de lo que ya estaba. El brillo seductor de sus ojos había desaparecido.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Esme estaba furiosa. —Debo irme —dijo Esme sin mirarlo. No tema. —¿Un hombre o una mujer? —¿Qué dices? —¿Quién sería peor que me descubriera. El estómago le hervía pero ni una llama de ira se reflejó en su rostro. Hubo un momento de silencio en el corredor. —¿Puedo tomar eso como que considera cancelada mi deuda. —Yo sé convencer a los hombres… y siempre pago mis deudas. —Debería disculparme —hizo una pausa— por entretenerla… — terminó. Luego se encontraron las lenguas. Se alejó tan rápidamente que se golpeó la cabeza contra la pared.115 - . No es necesario. . Un rato después. —¿Que no haga qué? —No hagas eso. Y ella fue. Y luego la cogió. no trataré de seducirlo. Pero no le daría la satisfacción de hacérselo saber. Sonrió y estaba tratando de hacer otro comentario provocativo cuando él le agarró la mano y le tocó la cara. lo justo para cubrirle los pezones. fue como una liebre hacia los ojos encantados de una serpiente. como si todo el ruido del mundo se hubiera consumido. pestañeó con coquetería. señor. Tenía una boca suave y ella abrió la suya. no. Y corrió por el pasillo. —Tenía la voz temblorosa y grave. sus ojos se encontraron. sólo por un momento. Sólo esperaba que estuviera sonriendo. tratando de quitarle la furia. Que Dios la ayudara. el sentido común volvió a ella. Lo miró. y la boca de él ya no era tan delicada. —¡Un hombre! Lo miró por un momento y contó silenciosamente hasta cuarenta. Otra vez estaba ese extraño sentimiento. milord? Hizo una venia y se aseguró de que sus senos se vieran mientras se agachaba. Estaban suplicándole. fue cuando se dio cuenta de que había gemido y estaba temblando. —Si me disculpa… Algo se desvaneció de los ojos de Sebastian y volvieron a ser sólo azules. cuando Esme sintió las manos de él sobre sus senos. Un pinchazo de ira reemplazó los latidos del corazón de Esme. —Ha dejado muy claros sus sentimientos. Por el contrario.

de pronto. por favor. Sus grandes manos se desenroscaban de la copa de brandy para rodear su cintura. —Como suele suceder —dijo su marido—. No usaba perfume. Gina se relajó en esos brazos pensando: «Por favor. —No he estado haciendo bocetos de una diosa. —Tienes un pelo precioso —susurró—. tratando de apoyarse más en el cuerpo de Cam. Pero eso no era lo que ella quería. No era eso. —¿Puedo tomarla? Por un momento ella no entendió su pregunta. Estaba pasando sus dedos por los mechones de pelo de su esposa. un olor a bosque con un toque de tiza. —Antes de empezar a hacer una escultura. tratando de no pensar en su pregunta—. lo atrajo hacia su cuerpo. trabajo sobre papel. —Así que has estado haciendo bocetos de diosas —dijo Gina desesperada.116 - . Podía sentir los músculos por toda su espalda. —¿Por qué hueles a tiza? —preguntó para dilatar el tiempo. con un matiz de sorpresa en su voz. Cam se acercó hasta quedar de pie justo a su lado. Entonces levantó los brazos y los deslizó por la espalda de Cam. Esa verdad le quitó un poco del placer que sentía. Mucho. Ella temblaba. extendió los dedos por los músculos de la espalda de Cam y. La besó otra vez. Tenía los labios suaves y persuasivos. Él le estaba besando el cuello con tanta adoración como si fuera una diosa. En la chimenea.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 17 Cuando el deseo surge. El placer iba y venía por el estómago de Gina. Brilla a la luz de la chimenea como si fuese fuego. Cam era musculoso. Enroscó los dedos alrededor de la copa vacía de brandy. yo no soy ninguna diosa —admitió Gina. no era lo mismo.» Él parecía haber olvidado la pregunta del todo. a . —Bueno. Tenía la garganta seca. he estado haciendo bocetos de ti —señaló. crujió un tronco. Él le estaba besando delicadamente una mejilla y empezó a besarle la oreja. ¿Esme…? Él interrumpió sus palabras con un beso: su boca dulce contra los labios de ella. por favor. rozando sus labios con los de ella. sólo su olor natural. —Muy poético —dijo ella. —Eres mejor —dijo él convencido. veo algo que me gusta.

yo lo haré. palpitantes y tormentosos. bésame. señora esposa? — susurró. La soltó. —Gina. ¿Sólo besos? —¿Por qué su voz era tan suave cuando la de ella rugía de deseo? Ella asintió. apasionado y desgarrador. De repente. —No —jadeó. Cada vez. una mirada de lujuria que a Gina le dio miedo. —¡No! —dijo Gina. ella empujó y se restregó contra las caderas de él. Gina hundió los dedos en ese cabello oscuro y revoltoso y se retorció debajo de él. sus ojos negros y sus oscuras pestañas le hacían marearse de deseo. Suplicó para que él supiera lo que quería sin tener que decir algo tan humillante. Finalmente. Cam emitió un sonido ronco y abrió la boca: besos grandiosos. Tenemos que parar ahora. Cerró los ojos contra lo que vio en el rostro de Cam. Ella cerró los ojos y suplicó en silencio.ELOISA JAMES Duquesa enamorada través del fino lino de la camisa. Él se detuvo. y se meció hacia abajo. sintiendo el latido del océano en sus oídos. Ella gritó. Él se rió y ella abrió los ojos. Sin pensar. El sentimiento hizo que le latiera más rápido el corazón y que la apretara cada vez con más fuerza contra su cuerpo. Pero él espero con una ceja levantada. Ella fingió no haber oído. . Su mano mantuvo un movimiento perezoso sobre el seno de Gina hasta que ella lo atrajo hacia sí otra vez. sólo con la tela de sus pantalones y el pedazo de tela del camisón roto entre ellos. Sus ojos buscaban los de ella—. —¡Cam! —Abrió los ojos y lo vio mirándola. Las manos de Cam se deslizaron hasta los senos de Gina. —Volvió la cabeza para atrapar su boca y lamer sus labios hasta que él tuvo que abrir la boca y besarla. Pero él no podía acercarse más. Lamió sus labios con un beso perezoso. Luego la llevó a la cama y le quitó el corpiño. gritaba y se arqueaba contra el peso de la rodilla de Cam mientras abría las piernas. —Si tú no aguantas —dijo Gina con voz ronca—. Su boca se cerró en el seno de Gina. Lo abrazó lo más fuerte que pudo. cada vez que él le chupaba los senos. Asintió.117 - . —¿Quieres experimentar nuevas sensaciones. —Tenía la voz muy controlada. besarla como lo había hecho el día anterior. rompiendo el camisón por las costuras y haciendo saltar las cintas de la bata. Cam metió un brazo entre las piernas de Gina y la acunó contra su pecho. Su sabor era amargo y delicioso. Cam se movió y se acostó sobre ella. agarrándose a sus hombros. Gina no podía detenerse. —Maldito —susurró Gina—. la boca de Cam arremetió contra la de ella. —Gina. —La duquesa está diciendo groserías —se rió el duque. Ella gritó contra su boca y se arqueó hacia sus manos. Tenía el pelo hacia un lado.

rojos cereza. su boca. él no hizo ni un sonido. lascivos. —Los hombres también tienen pezones. Gina —dijo. Gina podía oír el aire que se estremecía en el pecho de Cam. Se montó sobre las rodillas de él. sólo un poco. si eso es lo que estás preguntando. Cam podía sentir que le iba a doler la cabeza.118 - . Me estás volviendo loco —dijo y movió la cabeza. La mordió. —Maldición. se sentía diferente a como era hacía sólo una hora. frustración y deseo. —Tenemos que parar este disparate —dijo—. como monedas en su pecho musculoso.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Cómo te puedes reír? —Te deseo. Él continuó respirando agitado. Pasó un dedo por encima para hacer un experimento y él tembló. Gina! —¡El duque está diciendo groserías! —se burló—. Él se alejó y se sentó en el borde de la cama. Ella pensó que no le iba a prestar atención hasta que recobrara el aliento. Parecía una reacción involuntaria. ¡Llamen al ejército! ¡Llamen a las milicias! Él entornó los ojos. —Lo traicionaría si perdiera mi virginidad —dijo Gina—. La besó y la besó y ella… otra vez. Ella suspiró y arqueó la espalda. así que ella le quitó la camisa. diferente. la voz se le enredaba en la garganta—. —Si te beso ahí. Ahora él tenía ambos senos. todo mezclado. pensó trémula al escuchar el eco de su propio grito un segundo después. —¿No puede una esposa besar a su marido? Sus labios eran llenos. —Hasta una novicia podía escuchar su voz ronca. bellos y planos. Y otra vez. Tenía al descubierto un seno que se movía con su respiración. como si hubiera tocado la superficie de un lago. Un poco más y habrás traicionado a tu marqués. Miró hacia arriba buscando los ojos de su marido. —¡Maldición. Un momento más tarde una mano oscura cubrió su seno firme. mirando al techo. Cada centímetro de su cuerpo temblaba de placer. Era hermoso. Ella se enderezó para tomar aire y él la empujó. ¿no? Él parecía estar tratando de recobrar el aliento. Eso era un sonido. —Quédate quieta. Pero no . disfrutando de la manera en que su camisón caía en pedazos sobre su piel cremosa. y ella se retorcía contra sus manos. sus ojos verdes brillantes y traviesos. Y mucho. la deslizó bajo la camisola rota y le acarició delicadamente la piel desnuda. Así que hundió la cabeza y continuó con su experimento. ¿gemirás? —Desde luego que no —dijo Cam. Pero su cuerpo tembló y le puso una mano en el hombro. Sin darse cuenta comenzó a gritar hasta que una mano le cubrió la boca. Sí tenía pezones. Gina lo siguió. tomó la cabeza de él en sus manos y posó sus labios en un beso exagerado. Ella se inclinó. y cayó pesadamente sobre las manos de él. Su respiración era salvaje y sus ojos más aún. Ella miró el camisón desgarrado. Para su decepción. el suave cabello que rozaba su piel. hinchados. Ya es suficiente.

Incluso mientras miraba cómo ella mecía las esbeltas piernas para bajarse de la cama y tiraba de su bata. Sólo de pensar en ello.119 - . la gente habla de esas cosas delante de mí y he asistido a muchas conversaciones sobre asuntos de alcoba. Pensé que tal vez… —La voz se le fue apagando. —Así lo describe Esme. que eran de mi edad o un poco mayores. En Grecia. la mayoría de mujeres se casan con más de veinte. pero tenía los ojos serios. —No. —¿Estás tratando de decirme que te sientes seca? —Tenía la voz llena de asombro. Sólo conozco este mundo. he sido capaz de llevar a un hombre al borde de la desesperación. tembló. —Bueno. Brazos blancos le entrelazaban el cuello. querida. Ella se estaba riendo. —Yo no conozco el mundo real. Ella sonrió. No había duda de eso. es sólo que… —Jugó nerviosamente con el cinturón de la bata y finalmente volvió a mirarlo—. la simple y vieja Ambrogina. Nunca pensé que sería capaz de llevar a un hombre… —Al borde de la desesperación —concluyó Cam. —¡Eso piensas! —gritó. Sólo ver a Gina sentada en la cama era suficiente para llevar al borde de la desesperación a cualquier hombre. Cam. Soy vieja para casarme por primera vez. —Estoy de acuerdo. —No. —¿Vieja? ¿Cuántos años tienes? ¿Veintidós? —Veintitrés. Una sonrisa se dibujó en la boca de Gina. —A veces siento que he envejecido sin ser nunca joven. Todavía podía ver un bello seno medio descubierto. —Yo creo que sí —dijo Gina—. Una voz dulce y tibia le acarició en el cuello: —Gracias. Como estoy casada. —La verdad es que hablan casi siempre sobre lo que les gusta a ellos. —Se levantó y se alejó. puede que no esté tan alejada de la realidad —admitió Cam. Muy agradable. Si no se marchaba de esa habitación haría suya a Gina. Pero no podía porque ella estaba prometida a ese pomposo marqués. Ha sido muy… agradable. —No seas tan presumida. —Yo no lo llamaría el borde de la desesperación —contestó rígido. Empezó otra vez—. Cam. La soltó. Después ella saltó sobre él como toda una femme fatale. en el mundo real no. no has hecho nada del otro mundo — murmuró. Yo. y he oído a muchas mujeres que han sido llamadas viejas criadas secas. Pero yo no tenía… —No iba bien. Pero cuando encontró los ojos de ella no pudo mantener su mal humor.ELOISA JAMES Duquesa enamorada estamos cerca de ese punto. —Lo supongo. Está claro que a los . Lo miró sorprendida. Mujeres hablando sobre lo que les gusta en la cama. —No te puedo decir qué bien me siento.

Cam deslizó un pulgar sobre un pezón rosado y un grito se le escapó. De pronto. —Dejó que sus manos se deslizaran por el sedoso cabello de ella. su vello . más jóvenes aún. —Gina. Gina? Tu marido probablemente aún seguirá deseándote cuando tengáis ochenta y cinco años y apenas podáis moveros. voluntariamente. La lengua de Cam se deslizó dentro de la boca de Gina y su cuerpo hizo presión contra el de ella. si no la más sensual —reconoció en silencio. Él sonrió y decidió avergonzarla un poco más. ni mayor. las curvas de los hombros. nunca querría a nadie más. hinchada. Gina lo empujó hacia la cama. —¿Muy mayor para el sexo? ¿Estás bromeando. sin advertencia. Así que él simplemente puso los labios de nuevo. No podía detenerse y la acercó a su cuerpo con fuerza. la mano tocó el montículo más dulce que hubiera sentido. —Esos hombres no están casados contigo. y se quedó quieto y ansioso. Si un hombre estuviera casado contigo. Él lo hizo otra vez. chupó uno de esos pezones lascivos. rozó los senos—. Cam se movió desde su boca hasta sus senos.ELOISA JAMES Duquesa enamorada hombres les gustan las mujeres muy jóvenes. la mano en su suavidad. Cuando quitó la boca de sus pezones ella empezó a alejarlo diciendo «No» y otras tonterías. estaban ahí esperando a ser besados. Y no le importaba. Dejó que la mano derecha se deslizara por el sedoso frente de su camisón. Apretó el brazo derecho alrededor de su cintura. Dios. que no oponía resistencia. Se le doblaron las rodillas. colgada de él. Abrió el roto del camisón para que pudiera verse todo su cuerpo. confundida. diciendo cosas que él no podía entender. Ella tembló—. Lo miró con los ojos llenos de lujuria y vergüenza al mismo tiempo. ese hermoso cuerpo estaba dispuesto para él. Pequeños gritos salían de la boca de Gina. ¿qué sientes? —insistió. mojada. hundiendo la lengua. Las esposas y sus maridos rara vez duermen juntos. si te toco aquí —la tocó—. Ella saltó cuando la tocó. y los maridos tienen amantes jóvenes. Ella jadeó otra vez. gritando ahogada. Se agachó para besarla y sus manos bajaron… bajaron. —Eres una gritona —dijo con satisfacción—. ella se movió contra su cuerpo y gritó. y Cam apenas logró sostener su peso con un brazo. Ella gritó. Después. —¿Seca? —le dijo suavemente al oído. Incluso a través de la seda podía sentir su calor. todo dulce crema y piel sedosa. qué suave era. un gemido. Tenía los ojos cerrados y ella se agarraba de los hombros de él. Si fueras más sensible —dijo Cam con voz ronca— un hombre nunca te dejaría irte de su habitación. Dulce. Ni más joven. Cam la abrazó y ella se ruborizó. cuando quería hacerle lo mismo a su cuerpo. Después de todo. diría sin dudarlo que eres una de las mujeres más sensuales que he tenido el placer de besar.120 - . De hecho. No de mi edad. —Se arriesgó a mirar a Gina y descubrió que la bata se le había abierto otra vez. Y ahora él tenía su lujurioso cuerpo donde lo quería. entre sus dedos. —Algo maravilloso —susurró. La mente de Cam se inundó de deseo y tomó la boca de Gina. tan bajo que apenas la oyó. —¿No piensas que soy muy mayor? —Sus ojos encontraron los de él. pulcra.

Era una voz destilada del odio hacia su padre. devoró su dulzura… La besó una vez. el placer le pesaba en las piernas. entonces cerró los ojos otra vez. ¡Magnífico! Movió la cabeza como una hoja que cae del árbol. —Sus labios vagaron sobre los senos de Gina. crearon de esos senos algo más bello que el mero mármol. Sería obligarla a casarse contigo. y él era Cam. se arqueaba contra los dedos imperiosos de Cam.121 - . —Oh. Gina trató de incorporarse pero se sintió sacudida por una ola de satisfacción. debes parar! —Shh —dijo—. —No volveré a visitar tu habitación —decía Cam—. palpitaban las entrañas. Se alejó de repente. Esto no está bien. de sentir hasta lo último en su cuerpo. la besó dos veces.ELOISA JAMES Duquesa enamorada entre las piernas del color del oporto. odio por su propio matrimonio forzado. Yo… —No te disculpes —murmuró. Gina. Ella era inocente. Cam dejó que sus manos cogieran una cadencia rítmica que conocía tan bien como su nombre. Pero Cam murmuraba: —Debo irme. «Poséela». «Ella es mía. mientras que tú… Cam sonrió. gruñía la voz en su cabeza.» «Poséela». Shh. Él apretó los dientes por la necesidad de entrar. hacer lo que debía hacer. lo agarraba. Cam… por favor… por favor. su amigo de la infancia. le urgía el corazón. —Tenía la voz gruesa. pensó. —No había pensado en ello. Sólo una voz de la consciencia le decía: ella no te quiere. Le brillaba todo el cuerpo. Los besos la excitaban. Estaba comprometida con otra persona. Le dieron leves escalofríos. su esposa de siempre. ¿Debería? Gina sonrió. tenía los ojos borrosos. Besarla ahí… levantó la cabeza. Ella estaba jadeando. para reemplazar el vacío con él. . «Mi esposa». así de fácil. su propia Gina. Cam —jadeó. Claro que no estaba bien. podía verlo. temblorosa. Su cuerpo se movía contra los dedos de Cam. Sin conocimientos y a la vez… con tantos. Lloraba en su hombro. Gina se apoyó contra la pierna de él. Instantáneamente se agarró del brazo de Cam y dijo con voz ronca: —¡Cam. tibio y desbordante. suplicaba: —Por favor. Era una gritona. les dieron forma. Así que no volverá a repetirse este… este incidente. —Algunos hombres se han disculpado después de un solo beso. una cadencia palpitaba por sus entrañas y apenas se mantenía a raya. Luego rozó un pulgar contra un pezón y… así. Ella abrió los ojos otra vez. Quiere al marqués petulante. Él ansiaba acostarse con ella. tenía el control suficiente para detenerse… Hundió la boca y la besó. No le prestó atención a la voz y siguió acariciándola. se arqueaba contra él. Cam pasó una mano por su cabello. Gina abrió los ojos pero no tenía ganas de despertarse.

cosa que Gina había empezado a dudar. Luego estaba la opción número dos. por supuesto. gracias a ti. si hubiese tenido cerebro. Gina estaba volviendo a ser ella misma. —Te agradezco mucho que me hayas permitido «ensayar» contigo. No le daría la satisfacción de que pensara que su «interludio» le había afectado. ¿y él le llamaba a eso besarse? Cam empezó a meterse la camisa en el pantalón. Y se fue. se haría mucho más difícil la anulación de nuestro matrimonio. Ahora podré ir a la cama de Sebastian mucho más segura de mí misma. Si alguien me viera saliendo de tu habitación. sabía exactamente qué debería haberle dicho. Y no hemos hecho más que besarnos. —Por el momento.122 - . —El momento es todo lo que importa. Le llevó un momento ser consciente de la realidad: ella era todavía anulable para él. La opción número uno habría sido muy efectiva: «Estoy particularmente agradecida por saber que iré a la cama de mi amado Sebastian con un entusiasmo que igualará el de él. Él se quedó quieto y la miró. muy contento de haberte ayudado —dijo. Un momento después estaba tan arreglado y pulcro como cuando había entrado. Nunca había considerado seguir casado con ella. que variaba según el momento en que se la plantease. y tenía la respiración agitada. Para cuando llegó la madrugada. —Yo estoy. De hecho. de todas formas. Era algo así: «Me gustaría que volvieras a la cama ya. Se cerró la bata. —Es mejor que me vaya —señaló—. Me preocupaba que se sintiera decepcionado… Pero. había dos opciones. . Y a veces dejaba que el camisón roto se le cayera mientras lo decía.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Pero estamos casados. Gina sintió una punzada de ira. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? Muy bien. También ella se tranquilizaría.» La opción número uno implicaba que Sebastian la deseaba. Gina estuvo toda la noche pensando que podría haberle dicho mejores frases de despedida. ¿Más que besarnos? Gina tenía las piernas temblando. ahora sé que podré estar a la altura de las circunstancias.» A veces añadía «por favor». Luego hizo una inclinación.

Cuando Gina entró en la sala de estar. —Hay planes para la tarde —dijo un tiempo después. La sopa ya estaba servida cuando llegó Cam. Los Chaplin van a hacer una demostración de esgrima a las tres de la tarde. demasiado flaca. —Me encantaría ir a ver el bebé —dijo Gina. De verdad. Lo cual estaba bien. Demasiado rígida. De todas formas. Porque ahora no tenía que sentirse nerviosa por la noche de bodas. con Sebastian. Tenía experiencia. Había desaparecido la mujer lujuriosa de la noche anterior. Ciertamente. porque era importante mantener esas experiencias en su lugar. Había sido delicioso y placentero. No era el recuerdo del placer lo que la alegraba. Pero eso era por su carácter. se dijo a sí misma. Él siempre evitaría las responsabilidades que conlleva tener una esposa. Era el recuerdo de los ojos salvajes de Cam y la forma en que su respiración latía en su pecho. Debería darle las gracias a su marido. Todavía… Un secreto. con la sensación de ser ella misma otra vez. —Ay. se había disipado su miedo secreto a que su marido no la deseara porque era muy vieja. mientras peinaba a su señora—. Al menos. finalmente. Cam no parecía pensar que ella fuera demasiado flaca.123 - . No estaba muy . Pero la cantidad de papeles. una sonrisa se dibujaba en su cara. Lo importante era que Cam la había querido la noche anterior. Algo de experiencia. la noche de bodas real. apenas tuvo tiempo de saludar a Sebastian antes de que lady Troubridge aplaudiera y todos fueran a almorzar. pero hay que responder esas cartas. tengo mucho trabajo que hacer. Va a visitar la villa en el coche del poni porque hay un nuevo bebé. —¿Le gustaría vestir el traje de mañana de media manga. Annie apareció en su habitación. se sintió desarreglada más que atractiva con su camisón roto. Las señoritas están invitadas a practicar el tiro con arco en el ala oeste. demasiado duquesa. Gina se levantó muy tarde.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 18 Los invitados no necesitan levantarse antes de mediodía. se lo ató como pudo y se puso una bata. ¡Ah! Y lady Troubridge ha preguntado si le gustaría ir con ella. decidió. Cuando se miró al espejo a la luz más cruel de la mañana. Todo ese trabajo no es bueno para un espíritu. Pero no puedo. —Trabaja demasiado —dijo Annie—. Y ahora sabía cómo hacer que también Sebastian la quisiera. todavía desordenados sobre su mesa de trabajo llamó—. señora? — Annie sabía perder una discusión cuando la empezaba. todavía quería la anulación.

Esto es muy desagradable. Es mejor que me vaya. Sebastian. Después de todo. cuando cualquier criada podía haberlos sorprendido. ¿No estás histérica. no me gustaría que me vieran en tu habitación. —Se volvió—. Han tenido mucho valor para hacer esto de día. —Una precaución sabia —observó—. Había ropa tirada por el suelo y libros por donde mirara. Lady Troubridge insistió en que las joyas se guardasen en la caja de seguridad. Han destrozado tu tocador… pensarían que si había algo de valor lo habrías dejado aquí. Tu criada te arreglará la habitación. apoyado contra la pared. ¿A ti te han robado alguna vez? —Varias veces. —Han estado registrando tu habitación. Probablemente querrá hacer algunas preguntas a los sirvientes. Sebastian la miró horrorizado. —Alzó un pedazo de vidrio y volvió a dejarlo caer. Mi habitación fue saqueada el año pasado en casa de los Foakes. Voy a decírselo a lady Troubridge. Puesto que no había nada que robar. La cama estaba desnuda. Me pregunto si habrán intentado robar en más habitaciones. apenas has sufrido un inconveniente. Ella miró para otro lado. ¿Tus joyas están a la vista? —No. el robo durante fiestas se ha vuelto una epidemia. La habitación era un caos. Las puertas del armario estaban abiertas y las cintas del pelo de Gina estaban tiradas por todas partes. Le estaba haciendo una inclinación de despedida cuando Gina abrió la puerta y suspiró. —Y . —¡Sebastian! —dijo. la brisa cuando pasaba hacía que pilas de chifón se agitaran y se inflaran. y la escoltó de vuelta a su cuarto. y miró con disgusto su tocador—. pero tenía una mancha de tiza en el hombro. No le importó que Cam fuera a sentarse junto a Esme como una abeja va hacia una rosa. —No te han robado —contestó Sebastian—. Luego se agachó y tomó dos corsés del suelo—. verdad? —Ella negó con la cabeza—. Dudo que se hayan llevado mucho. —¡Era una broma! —protestó. Una mirada de fastidio atravesó la cara de Sebastian.ELOISA JAMES Duquesa enamorada despeinado. con un pequeño temblor en la voz. Es muy común esconder objetos preciosos entre la ropa interior. no hay una razón particular para que ataquen la tuya. —Será un honor —dijo. ¿Pero me acompañarás esta tarde? Él asintió. Habían retirado el espejo y lo habían dejado en el suelo. quiero retirarme a un rinconcito tranquilo en la biblioteca para escribir algunas cartas. La habitación era un revoltijo de objetos por el suelo y puertas de armarios y cajones abiertos. De hecho. Gina se movió despacio por la habitación. Annie las deja allí todas las noches. las sábanas tiradas sobre la alfombra. Ahora no puedo salir. —Estaban buscando tus joyas.124 - . —Cruzó la habitación a grandes zancadas. —Nunca me habían robado —dijo. inspirada—. —No creo que nadie pensara que tú has hecho todo esto en un arrebato de pasión. y se llevaron un par de pesas. Es como si hubieran entrado a robar. —¿Y dejaron tu ropa… todo tirado como aquí? Sebastian miró la delicada onda de algodón y cinta que Gina tenía en la mano y rápidamente miró hacia otro lado.

Demasiado sorprendida para protestar. No podía moverse. La levantó con delicadeza y la sentó en su regazo. A Gina le empezó a temblar la barbilla. Me gusta llevarte en brazos. La acompañaré a la biblioteca mientras ordenan la habitación. —¡Qué barbaridad! ¿Qué ha pasado aquí? Cam estaba parado en el umbral de la puerta. Gina recostó la cabeza en el pecho de él y lo oyó maldecir. Pero los brazos de él eran grandes y la sujetaban con fuerza. Gina miró a su alrededor. por supuesto. —Una excelente idea —dijo lady Troubridge. Los mataría. —Su señoría está. con un brillo especulativo en los ojos. Gina dejó que un par de lágrimas mojaran su chaqueta negra. ¡Odio a los ladrones. fuerte y masculino. —¡Ay Dios. bájame. ¿puedes dejarme en el suelo? —suplicó Gina—. Gina se echó a llorar. los odio! ¿Estás bien.ELOISA JAMES Duquesa enamorada desapareció. Gina empezó a luchar: —Déjame en el suelo. —¡No es verdad! —Con ojos rojos y todo —asintió. —No creo que quiera volver a ponérmelos. —¿Se han llevado alguna cosa? Ella negó con la cabeza y alzó los corsés que tenía en la mano. —Creo que han entrado a robar. Debes bajarme. Salió de la habitación sin decir palabra. ay Dios! —chilló—. Al verlo. Cam entró a toda prisa y fue hacia ella. Afuera. Esto es vergonzoso. Cam le frotó el brazo de arriba abajo de una manera consoladora y le dio un pañuelo blanco. Cam. . —No. Recogió una media de seda del suelo pero no encontraba la pareja. —¡Cam! —Mmm —dijo—. —La miró con un divertido brillo. —¡Cam! —Casi se muere del susto. Continuó caminando. —¡Mira! —Desgraciados —gruñó. Por favor. preocupada —dijo Cam. Se levantó —.125 - . —Pareces un conejo asustado. —¡Desgraciados! —gruñó—. Finalmente se sentó en el colchón desnudo para esperar a Annie. —Y le dio un apretón. Los papeles de Bicksfiddle estaban por todos lados. mirando al suelo más que a su alrededor. Finalmente se calmó. en el corredor. Me encanta llevarte en brazos. Puedo tocar lugares de tu cuerpo que jamás estarían a mi alcance si fueras andando a mi lado. a sus pertenencias arrugadas. querida? Gina supo que debería bajarse de las rodillas de su marido. ¡No me quiero caer! —¡No te caerás! —Soy demasiado grande para que bajes las escaleras llevándome en brazos. Lady Troubridge llegó ante la puerta. indignado. —Por favor.

¿Cómo podría olvidarlo? —Se me había olvidado —rió Cam—. Le preocupaba que alguien subiera las escaleras y los sorprendiera allí. ¿no? . Habían llegado al pasillo. sin corsé serías… —Perdió el hilo de lo que estaba diciendo porque los labios de ella estaban tibios sobre los de él. Ella lo estaba mirando. llevaré a mi esposa al bosque azul. y aunque hubiera tres o cuatro capas de ropa. Duró sólo medio segundo. —Ay… Él le quitó las palabras de la boca con sus labios. —Tú sabes a qué me refiero. Algún día cuando esté casado de verdad y viva en Girton. Ella era una duquesa maravillosa. —¡Qué rápido olvidas! ¿Recuerdas esos corsés? Estaba imaginándome qué aspecto tendrías sin ellos debajo de tu vestido… Sólo tu dulce piel bajo la fina tela. mirando a su esposa. —Y la soltó. ¿Acaso estaba decepcionada? No. a ella le dio la impresión de que estaba preocupado. Habían llegado al descansillo donde dijo—: Tienes razón. Mientras bajaban las escaleras. ¡Ya está! Ni se nota. con la boca abierta y los ojos distraídos. —No podemos hacer el amor aquí —le susurró al oído. Gina vio un destello sugestivo en esa mirada. —¿Qué pérdida? —dijo Gina. Tenía que hacerte olvidar tu pérdida. qué va…. con su modo orgulloso de andar y la manera calmada de hablar. Y luego hizo algo con lo que había soñado toda la noche: puso una mano sobre el seno de Gina.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Quién está avergonzada? —Inclinó la mano hacia delante y respiró con fuerza. —Tienes razón —repitió Cam.126 - . —Te estoy imaginando sin corsé —dijo con satisfacción. Él apenas la oía gemir. dijo: —¡Vaya! Eres mejor doncella que Annie. Él se rió. Cam se ajustó la chaqueta. La besó otra vez. mirándola a los ojos. a Cam le entraron unas irresistibles ganas de despeinarla. —Si estuviera casado contigo… —dijo. se dijo. Miró a Gina y decidió rápidamente salir afuera a tomar el aire. Stephen y yo nos escapamos. pero fue suficiente. —Ay. Cam puso los brazos sobre ella y deslizó las manos por su espalda y la deliciosa curva de su trasero. De repente. ella arqueó la espalda hacia su mano y abrió la boca. así que la apartó de sí con delicadeza y le estiró el vestido—. antes de que Cam pudiera contestar. —Lo he hecho por tu bien —dijo—. —¿No recuerdas el bosque azul? —le dijo al oído. Gina lo miró. —¿De qué hablas? Pero. —Lo estás —dijo ella. Necesitaba parar esa conversación o acabaría haciendo el ridículo. —¡Claro que recuerdo el bosque! Me abandonaste allí a medianoche.

Cam hizo una inclinación y se fue. parecía que lo atraía aún más. Su esposa lo estaba volviendo loco. Además. llevaba mucho tiempo sin una mujer. Se dijo que era lógico. La compañía masculina de los establos le parecía más agradable que lo que estaba allí reunido. ¿había un bosque azul en esa propiedad? . Pero no tenía por qué perder la virginidad… Si su esposa quería experimentar con él antes de saltar a la cama de su rígido marqués. —Teníamos que llevarte al lugar del mundo al que pertenecías. Eso lo explicaba todo.127 - . A medianoche se le había ocurrido que la clave para la anulación era la virginidad. La recibió el ruido de tanta conversación que sonaba como un panal de abejas. Era evidente que todos habían sido informados del percance que había sufrido la duquesa. y abrió la puerta de la sala de estar. Y desde que Gina era la única mujer en el mundo con quien no se podía acostar. dado que el acto terminaría con el proceso de anulación.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Primero me dijiste que había vampiros en el bosque —dijo Gina indignada. ¿no? —Bah —dijo Gina. Por ejemplo. ¿quién era él para quejarse? Deambuló por el establo pensando en varias preguntas que tenía que hacerle a lady Troubridge. eso era todo. Caminó hacia los establos. te rescatamos cinco minutos después.

—Y con un movimiento rápido le retiró el pañuelo que su doncella había tardado media hora en ponerle. —¿Aunque te prometa que nunca desearé tu pecho grande y seductor? Nunca me permito desear cosas imposibles. Estaban casi llegando a la desembocadura del río cuando él se detuvo. —Ya piensa que soy gorda. ahora estás más redondita que cuando te conocí. Ciertamente. —La talla de mi ropa es información privada. eres el mejor amigo que una mujer podría tener. —Oh. —Neville —gritó finalmente. Ella lo miró. después de que le dieras aquella magnífica bofetada. No. Esa prenda debe irse. Estaba azul. —No me sonrías de esa forma o cambiaré de opinión —dijo él. Carola. como uno de esos peces que tanto ama. echándole una última mirada crítica—. Lo vi observándote. Ella miró con horror sus senos inflados. no se fijaría en mí aunque fuera vestida con un saco! —No te subestimes —dijo él. Carola rozó su brazo con el de él y sonrió. No habían llegado al río. ¿Por qué lo preguntas? —Creo que tu pecho ha crecido en ese tiempo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 19 Una conversación sobre pesca a la orilla del río. Neville. ¡Te aseguro que Tuppy no se fijará en mi ropa. exasperada—. Ella le apretó el brazo. —¡Ahí está! —Un momento. —¿Enamorado? ¡En absoluto! —Enamorado —respondió él—. Carola se agarró a él inútilmente. Si aún tenía alguna esperanza de que llegaras a ser mía la di por perdida en ese momento. Neville era tan crítico que Carola deseaba que hubiera elegido a Esme para cortejarla en lugar de a ella. Carola entornó los ojos. Ella lo empujó hacia delante. Ahora estás a la moda —dijo satisfecho. . Pero pienso que es muy probable que tu pobre y enamorado marido sí. porque él continuaba ajustando detalles de su vestuario y dándole más y más instrucciones sobre cómo ser más coqueta. ¡Neville! ¿No entiendes que debo tapar toda esta piel? ¡Ahora pensará que he aumentado al menos dos tallas! —¿Cuándo te casaste con el pobre hombre? —Hace cuatro años.128 - . —¡Este vestido tiene un escote muy bajo sin este pañuelo! ¡No pueden verme así! —Claro que pueden.

Jamás en su vida se había sentado en el regazo de un hombre. Ella lo apartó de un empujón. con la caña entre las manos. —Le levantó la cabeza con su mano fuerte. Lo que vio en sus ojos la dejó espantada. rió suavemente y miró a Neville. Carola finalmente miró a Tuppy. Carola tuvo la precaución de no mirar a su esposo. Neville Charlton! —La próxima vez que alguien te haga esto dale una buena patada — le aconsejó—. Era realmente asombroso cómo su dulce rostro podía transformarse de esa manera. ¡No debes comportarte de esta manera salvaje. —Jamás podría soñar con algo más delicioso que tú sobre mis piernas —dijo con sentimiento. indignada. pensó ella. Carola. Ahora. —¡Tú!. Seguramente había escuchado el comentario de Neville. acuérdate de mirarme a mí. Luego arremetió contra su boca rosada. Dos hombres viejos estaban sentados al lado de Tuppy. Probablemente había pedido la silla para salvar a Neville de su peso. pescando tranquilamente. y delicadamente se sentó en el final de sus rodillas. Comenzó a moverse en esa dirección.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Necesitas pensar en mí. Él se sentó y la miró provocadoramente. —Lo hago. Él estaba atento a su labor. Sin darle importancia. Los hombres se pusieron de pie al verlos. Los ojos de Carola se abrieron. —Relájate. Ella caminó hacia él. —¡No es un pescador! —dijo Carola. A menos que vea usted algún problema… Neville tenía una mirada lasciva. no al pescador. Neville puso su mano sobre la de ella y le enseñó cómo debía sujetar la caña. Los dos ancianos estaban nuevamente hablando de truchas sin prestarles atención.129 - . pequeña idiota —le susurró al oído. pero sí notó que la única silla disponible estaba a su lado. señora —dijo con una malicia inconfundible. Carola entendió con horror que él estaba pensando que era demasiado regordeta para sentarse en el regazo de un hombre. Él volvió a poner su mano sobre la de ella. Carola le lanzó a Tuppy una mirada. De hecho. Maldición. ¡tú! —balbuceó—. Ella asintió. señor. —No. —Estoy muy cómoda. —¡Estoy relajada! —dijo ella. La miraba con desdén. Pero allí estaba Neville. cómo envidio a ese pescador —murmuró Neville. —¡Buenas tardes! —dijo Neville. —Siéntese sobre mi regazo. Ella lo miró con sus inocentes ojos color café—. sonrojándose aún más. invitándola a hacerlo. cuando Neville le cortó el paso. pensar en mí en serio. —He enviado a un sirviente para que busque una silla —resonó una voz a su derecha. . Él hizo un ademán de poner las manos alrededor de su cintura y mostrarle cómo manejar la caña que el pescador le había entregado.

Tuppy los estaba observando. recordando sonreír inmediatamente a su compañero de pesca. Neville. ¡Me ha caído agua en los pantalones! Debo cambiarme inmediatamente. Justo en ese momento. —¡Diablos! —gritó—. Neville sacudió un poco el hilo de pesca. para que su pecho no subiera y bajara demasiado y así no pareciera más grande de lo que ya era. —Recuéstate sobre mí —le susurró a Carola. Y. —Volveré en un parpadeo —anunció. —¿Has dicho algo? —preguntó.130 - . Mantuvo la mirada fija en el río y no en Tuppy. sólo lo suficiente para que el gancho saliera del agua. Probablemente a causa de las miradas que había dirigido a esos pechos celestiales que jamás tendría. Entonces Neville miró con admiración la ropa de Carola. Tenía un hambre atroz. Todo lo hacía en nombre de la amistad. Le echó un vistazo al esposo de Carola. Sin esperar una respuesta. No veo nada. Deja que los tórtolos se embelesen por una hora.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Jamás podría negarte nada que desearas —dijo ella claramente. Se movió para acomodarse. Carola se recostó con cautela en la silla y levantó su caña de pescar. empujándola gentilmente hacia el respaldo de la silla y entregándole la caña de pescar. —Estoy al tanto de mi estatus marital —dijo ella. salpicando cuando volvió a introducirlo en el agua nuevamente. —Aún eres mi esposa. aunque parezca que lo has olvidado. Se arriesgó a mirar nuevamente a Tuppy. Neville sonrió para sí mismo. se dirigió rápidamente a la casa. —Se agachó para mirarle los pantalones. haciendo ímprobos esfuerzos por no respirar. Después de resolver el pequeño problema de Carola. —¿Entonces por qué actúas como una prostituta? —preguntó él enojado. eso dejó sus senos a la altura de su nariz. Oyó un ruidito a su lado y se volvió para mirar a Tuppy. Un simple panecillo sería suficiente. —¿Agua de río? —dijo Carola sorprendida—. Estoy seguro de que esta excursión ha sido agotadora. tratando de contener el aire en su estómago para que su pecho no llamara la atención de él. Él se quedó mirándola con los ojos entornados. Y él. Sí que tenía senos seductores. con una mirada maliciosa—: Y entonces te acompañaré a tu casa. los dos ancianos se levantaron y se dirigieron a la casa. Carola se olvidó de su pecho. naturalmente. —Te aseguro que he sentido una gota de agua de río. —Vas muy bien —le susurró Neville en su oreja izquierda. sería el primero en morir. Quizá tres o cuatro. lady Perwinkle. —Se puso de pie. no puedo dejar que me vean con la ropa sucia. el hombre estaba planeando una masacre. —¡No soy una prostituta! . Quizá necesites descansar. Obviamente. Nada mancha más que el agua de río. Y añadió. por supuesto. podría ofrecer sus servicios como rompehogares. A menos que él estuviera muy equivocado. maldición.

roto solamente por la canción suave de un pescador en la orilla opuesta. pero no podría negarle nada a Neville! —dijo. Sería estupendo que pescara algo frente a Tuppy. y se había llevado no uno. ¡Jamás podría negarte nada que desearas! —E hizo un sonido de burla. Pero Tuppy no parecía considerar eso como una cualidad necesaria para ser pescador. —Un pez muy pequeñito —dijo él. sostener la caña con estilo. Es un pescador muy hábil — anunció—. pero lo superó. el plan de Esme estaba dando frutos. echándole una mirada insondable. sino dos libros de pesca de truchas? Tragó saliva y mintió. Y después leí su libro. Carola casi tembló ante su mirada indiferente. Me pareció muy interesante hasta que empezó a describir cómo sacar las vísceras del pobre pescado —se estremeció—. —¡Oh. —Miró su caña de pescar. —¡Yo también! —replicó instantáneamente Tuppy—. Es vox pópuli que la mancha de agua de río no se quita. sacudiendo el hilo de pesca con la esperanza de atrapar algo. Nosotros los pescadores no soportamos que el agua del río nos salpique el pantalón. —Eso es evidente. ¿Era peor perder a su esposo para siempre o humillarse al dejarle saber que se había metido a escondidas en la biblioteca de lady Troubridge la noche anterior. —Ah. Ahora la pesca se ha convertido en mi deporte favorito en todo el mundo. —¿Hecho con pelo de ciervo? —Madera —dijo él. Flinker dice que son las más útiles. Carola se sentó más derecha.131 - . —¿Estás usando una carnada? —preguntó ella. madame —dijo con tono frío. Hemos sido muy amigos durante este último año. —¿Y desde cuándo te interesa la pesca? Carola estaba empezando a perder el valor. ¡Sostiene la caña con mucho estilo! —Eso era algo de lo que Flinker había hablado en su lectura. —¿Qué diablos sabes tú de Flinker? —preguntó él.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Pues ciertamente actúas como una de ellas. . No sabes cuántos pantalones he tirado a la basura porque me ha caído una gotita. Hubo un momento de silencio. —No es sólo un pescador competente —respondió—. —Flinker es un idiota. —Confío en que sabe lo que dice. A menos que ella estuviera muy equivocada. —Neville me enseñó. mirando de reojo a Tuppy—. —Yo prefiero una carnada de pelo de ciervo. —Resulta que he asistido a alguna de sus conferencias —dijo. Eso me pareció muy desagradable. Era el momento de cambiar el tema. sí —dijo Tuppy fríamente—. Se fabrica sus propias carnadas. —Neville es un buen pescador —dijo con la nariz levantada—. Es lo que cualquier pescador competente hace. En realidad había asistido a las conferencias con la esperanza de que Tuppy fuera—. Puedes darte cuenta de ello por su excelente forma de agarrar la caña. gracias a él.

sujetando firmemente su caña de pescar. ¿Y por qué no me informaste de que estaba en un concurso de pesca? Carola parpadeó. Pero entonces su boca estaba sobre la de ella. —No —dijo al final. —No es un concurso. bajando las pestañas. y sus ojos se quedaron allí por un instante. Había olvidado tomar pequeñas inhalaciones. —Se levantó y arrojó su caña al suelo. Carola se armó de valor y levantó la cabeza. ¡Neville sujeta la caña mucho mejor que tú! —No sabía que nos estabas comparando. Se podía ver que sus mejillas carmesí estaban ardiendo. suavemente. Luego. Otro pescador está siempre atento para robarte tu pez. ¡Y tú. El pecho de Carola se movió con esfuerzo mientras ella intentaba recobrar el aliento. Ella se quedó desconcertada. —Veo que aún no he perdido el concurso. Carola sintió un instante de humillación cuando sintió sus senos oprimidos contra el pecho de él. y era tan dulce… que se derritió… Y subió los brazos para abrazarle el cuello.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¡Claro que lo sé! —¿Cómo se atrevía a cuestionar su conocimiento sobre pesca después de que se hubiera pasado la noche leyendo?—. en lugar de pescar. —Entonces tendré que sostener mi caña con más estilo —dijo él—. no? ¿Qué pasó con lord Perwinkle? —Caminó hacia ella. —No necesariamente —susurró ella. Y actuó como si besar. Estaba muy claro que él pensaba que sus pechos eran demasiado grandes. Se sintió desesperadamente avergonzada y echó de menos su pañuelo. . Tuppy… —¿Ahora soy Tuppy. —¡Pescar trucha en un estanque! —se burló Tuppy—. Tal como dice Flinker que se debe hacer. madame. Cambió la expresión de sus ojos. Confieso que no recuerdo esa parte. —Debo admitir. Él esperó. Su cara se había puesto completamente pálida. milady. Su boca estaba tan apretada que tenía una pequeña línea blanca alrededor. Se sentía mareada con el olor y el sabor de Tuppy. Carola bajó la mirada. Había una pequeña curva en su sonrisa. Carola se puso de pie también. e intentó pensar en qué decir. Pero se negó a lanzarse estrepitosamente en sus brazos como una trucha moribunda. que lo di por perdido hace tiempo. —Debe de haber pasado mucho tiempo desde que leí ese libro. —Creo que esto aún es mío —dijo él con tanta violencia en su voz que ella tembló.132 - . pareces ser el estanque en cuestión! —Sus ojos bajaron hasta su pecho. —Abarca todo un capítulo —dijo Carola—. y sus senos se veían monstruosamente hinchados desde ese ángulo. —Pero. con los ojos echando chispas—. vacilante. Un dedo tocó su mejilla. —También dice que a los peces hay que cortejarlos. dio un paso adelante y la envolvió con sus brazos. Sus ojos estaban ardiendo. Hasta que él la apartó y miró abajo con una mirada oscura. fuera su deporte favorito en el mundo.

madame. No tienes que acompañarme. ¿No es algo milagroso? Lady Troubridge me ha dicho esta mañana que había cambiado a Neville para que se sentara a mi izquierda. Carola le dijo adiós con la mano y regresó a la casa.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Ah —dijo Tuppy—. Respiró profundamente y no se tomó la molestia de ver si sus senos habían roto su corpiño y estaban libres. Se puso un poco pálida. con sus rizos color café enredados. —Esta excursión de pesca me ha cansado mucho —dijo ella—. Mis dos pescadores favoritos —hizo una pausa—. —Te veré esta noche —le dijo él. Decididamente. tendré que considerar mi ciencia más de cerca. tan guapo que todo lo que ella podía hacer era no correr cuesta abajo y saltar a sus brazos. Tomaré un descanso. —En la cena —concluyó. Él estaba de pie allí. Él estiró su mano. así que se dio la vuelta después de unos cuantos pasos. ¡Qué cena tan encantadora! Él la miró con estupor. uno a cada lado. Echó a andar hacia la casa. He estado equivocado. y Carola hizo un ademán de despedida. tan dulce. Podía sentir sus ojos en su espalda. .133 - . —Sí —dijo ella—. Carola se sentía mucho mejor.

—Al otro lado. —Pero estoy segura de que está ahí —susurró—. —Quédate quieta. Lady Troubridge había arreglado un recital de piano para algunas de las jóvenes invitadas. —Dios. Margarita estaba llegando a una tumultuosa conclusión con un fuerte golpeteo en los pedales. pero él no le prestó atención. —Shhh. Debemos ir a ver si está la Afrodita. Margarita terminó la canción con un fuerte énfasis en el pedal. La señorita Margarita Deventosh estaba tocando cuando Cam se sentó al lado de Gina. Esta vez Gina puso atención a lo que dijo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 20 En el que surgen las preguntas de camas maritales y recámaras. Gina no volvió a ver a Cam hasta la tarde. cualquiera podría darse cuenta de que tienes las joyas bajo llave.134 - . Todo el mundo sabe que las damas de edad duermen con el dinero debajo del colchón. No se sentía cohibido por las miradas de desaprobación de la gente. —¿Has visto la Afrodita desde que saquearon tu habitación? — preguntó. Anoche me di cuenta. ¿Quién la querría? —Yo. señorita. Gina le frunció el ceño y volvió a prestar atención a la música. —Esa chica tiene hoy más granos en la cara que hace tres días — susurró Cam. entre muchos. pero mi estatua está pegada. Gina sonrió. —¿La pegaron? Sebastian le dio un golpecito en el brazo. aunque hubiera sido mucho más lógico que robara a una señora mayor. esa escultura fue esculpida por el mismo Cellini. —Tu habitación es la única que ha visitado ese peculiar ladrón. —¿Qué? Sebastian estaba mirando a Cam con un gesto de furia. —¿Has visto la Afrodita? —preguntó. Negó con la cabeza. . Para que lo sepas. Ella frunció el ceño. Se pueden ver las líneas donde la pegaron. —Tenemos que asegurarnos de que no la han robado. ahora en voz más baja. —¡Gracias a Dios! —Cam arrastró a Gina—. ¿quién le enseñó a tocar? —gruñó Cam en el oído de Gina. Sebastian se ponía más rígido. Gina se despidió de Sebastian con la mano. —No tengo idea quién es Cellini. Sólo con mirarte.

No me gusta tener tela entre mí y el mundo. No cayeron estrellas. —Oh. yo la metí aquí debajo anoche. —No. aunque el almanaque anunciaba que caerían. —Entonces recordó algo—. Las mujeres siempre los lleváis. duquesa. Él resopló. La semana pasada fui al conservatorio a las tres de la mañana. muy digna. El pedazo de satén rojo ya no arropaba una mujer desnuda.135 - . —Suelo levantarme muy temprano. ¿no os resulta molesto? Gina miró sus guantes grises. aunque sí me molestan cuando tienen demasiados botones. como si nada hubiera ocurrido. —Nadie sabe que tengo la Afrodita excepto Esme y tú —señaló—. —Los dedos de Gina taparon a la . —¿Dónde está? —exigió Cam. —¿Dejaste una estatua de tanto valor debajo de una silla? —dijo Cam. ¿verdad? —Eso no era lo que quería decir. yo estoy seguro de que saben precisamente lo que me pasa. Comer con guantes es bastante complicado. Tú no se lo has dicho a nadie. Estaban ante la puerta de Gina. gracias al oficio de las criadas de lady Troubridge. no. —Ven —dijo. Estoy segura de que lady Troubridge y sus invitados se estarán preguntando qué rayos te pasa. —¿Alguna vez te has deslizado en las sábanas desnuda? ¿Has salido sin lavarte los dientes? ¿Has bailado en el patio descalza? —Muchas de tus fantasías parecen involucrar desnudez y suciedad — contestó. y le cogió la mano. —¿A ver la lluvia de meteoritos que os llevó al señor Wapping y a ti a mantener una supuesta relación pasional fuera del matrimonio? —Sí —dijo—. Dios —dijo Gina—. —¿La Afrodita? En la caja. Cam! No puedo imaginar por qué tenemos que ir tan deprisa. —Ah —dijo ella. —¡Dios Santo. —Entonces ven. sintiéndose tonta. Él se rió y empezó a subir las escaleras. —Ay. La han robado. La habitación estaba impecable.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Qué quieres decir con sólo con mirarte? —exigió Gina. —¿Alguna vez te pones guantes? —Nunca. Cam cruzó la habitación y abrió la caja. pero… —¿Alguna vez te has metido en la cama sin lavarte la cara y echarte cremas y Dios sabe qué otros cosméticos? —Yo no me echo cosméticos para dormir. Tengo dedos de mantequilla y no puedo quitarme el de la mano derecha sin una criada. —¿Alguna vez has dejado una cadena de esmeraldas por ahí mientras dormías? —Bueno. Gina se detuvo de pronto y se apoyó en la pared para recobrar el aliento. —Se agachó y sacó la figura de debajo de la tapicería de la silla. —Yo no sabía que tenía tanto valor. No.

Cam no dijo nada. —No las contestó. —Parece avergonzada. —Sí. —Está extrañamente hecha. hubieras dejado la estatua debajo de una silla. Se negaba a ser una llorona frente a su marido. Gina la volvió a coger. No reconozco las iniciales del artista: F. se habría molestado en mojar una pluma de tinta y decirlo ella misma. —Eso es aún más improbable. Miró la cara de la Afrodita mucho tiempo. Puedes ver por ti mismo que no la han robado. nunca había visto un acabado tan bueno. —Tal vez… ¿Puedo ver la estatua? Al principio. pero supongo que sí las leería —dijo Cam—. En general. ¿cómo podía saber el ladrón que soy dueña de la estatua? —Tal vez la estatua y la carta de chantaje están vinculadas. Aunque está muy bien hecha. tu habitación fue la única donde buscaron. —¿Es invaluable? —No creo —admitió Cam—. —A mí me gusta el cuerpo. —¿Puedo sostenerla por un momento? —No me interesa su valor —dijo Gina—. ¿Por qué mi madre me iba a dar una estatua invaluable? Nunca se molestó en contestar mis cartas. como has visto. No creo que a Afrodita le guste estar desnuda. Le picaron los ojos pero Gina se mordió el labio. —Le mostró dónde estaban marcadas en la base—. —Había amargura en su voz—. los ladrones entran en varias habitaciones cuando roban en una casa. En primer lugar. descubierta en un momento de . Excepto que nunca se le ocurrió que tú. —La condesa fue una tonta por no contestar tus cartas —dijo rotundamente. De hecho. —Creo que se está escapando de la cama de Vulcano. Acaba de ser descubierta por su marido y está mirando por última vez a su amante. —No la dejé.ELOISA JAMES Duquesa enamorada mujer desnuda instintivamente. Y creo que tu versión es muy improbable. ¿Ves el brazo que casi le esconde los ojos? ¿Y la manera en que el pelo le cae por la espalda? Es muy difícil moldear el alabastro con tanto detalle. Como he dicho. Afrodita casi siempre es esculpida saliendo de las olas o escapando de la habitación de Vulcano. pero estoy seguro de que su objetivo era robarla. ¿Por qué me dejaría algo de tanto valor? —Miró a la Afrodita. No hay ninguna muestra de la unión. —Eso es maravilloso.136 - . —Yo sabía que no tenía valor —dijo Gina. Aquí el artista está pensando en la segunda situación porque ella está mirando hacia atrás. sobre su hombro. y luego la examinó una y otra vez. El ladrón tenía que estar buscando la Afrodita. Gina lo acompañó en la ventana. —¡Eso es absurdo! Si hubiera estado agradecida. Finalmente. Fue hacia la ventana y examinó la figura a la luz del sol. Mi madre me mandó la estatua de una mujer desnuda. sus dedos suavizaban las curvas. Puede que te dejara la estatua para expresarte su agradecimiento. Parece que la hubieran esculpido con dos trozos de piedra distintos. —Me gusta la cara. que nunca dejarías un collar de esmeraldas en la mesilla de noche. F.

—Se volvió. dentro de la tela de la tapicería. Cam frunció el ceño. ¡Por Dios santo. La mano grande de Cam cogió la de ella y empujó la estatua hacia la luz del sol que entraba por la ventana. Resulta raro que ambos decidan mandarme estatuas desnudas. Una sonrisa irónica le iluminó la cara. —Señaló los senos—. Pero yo creo que está triste porque ha traicionado a su marido. Así tendría una estatua de cada una de las personas que… —se contuvo. Cuando hablaba lo hacía en un tono de curiosidad casual. Y aquí. —No quiero que ella sepa que la tengo. Tócala. si quieres. Creo que deberías meterla en la caja fuerte de lady Troubridge junto a tus esmeraldas. El ladrón podría regresar.137 - . No decía «nuestra» por ti y por mí. así que Cam se agachó y metió la estatua debajo de la silla. —Marissa tiene una figura mucho más exuberante aquí. Ella se encogió de hombros. Luego se ruborizó—. En cualquier caso. Gina apretó los labios. Quedaron mirándose por un momento. —Piensas que está mirando hacia atrás porque extraña a su amante. Brillos del sol jugaban sobre el mármol y hacían brillar el alabastro rosado como si la sangre danzara bajo la superficie de la piel de Afrodita. desenrosca los dedos! —Le tomó la mano—. ¿Vienes? —No podemos dejar la Afrodita. tendré una pareja. —Ésta es mi pequeña duquesa moralista. Tiene unas hermosas caderas. —No era eso lo que querías decir —observó Cam. —Tocó los muslos de la figura. Cam negó con la cabeza. —Nuestra habitación —lo corrigió. Tu habitación parecerá un burdel. Es un pecado cubrirlas. fingiendo que no tenía las mejillas ardiendo—. No había ningún otro lugar donde esconder la pieza. —A tu futuro marido le encantará. mujer. —Tal vez podrías hacerme una Afrodita —señaló—. —¿Cuándo habéis decidido Bonnington y tú que dormiríais en la . Caminó silenciosamente por el pasillo. Y preferiría que tú no añadieras epitafios insultantes al nombre de mi prometido. —¿Has hecho tú Afroditas como ésta? —preguntó Gina. ¿No crees que ya deberíamos volver al recital? —¿Quieres decir que el marqués y tú vais a compartir la habitación? —Ciertamente. —¿Qué qué? —Que están relacionadas conmigo —dijo. ¿Te acuerdas del Cupido desnudo que me mandaste cuando cumplí veintiún años? Si me mandas una Afrodita saliendo de las olas.ELOISA JAMES Duquesa enamorada adulterio. —Puedes ponerla otra vez debajo de la silla. estaba pensando en Sebastian. —Tengo una madre y un marido ausentes. —Cam arrastró las palabras—. —Tu madre te regaló un objeto de gran belleza. supongo que el ladrón pensará que no la tengo y no volverá.

encontró un lacayo y lo mandó a recoger sus papeles. Era muy agradable. —La mayoría de las parejas duermen en habitaciones separadas. —Había algo en su tono que no le gustaba a Gina —. Después de todo. uno debe producir un heredero. se encontraban y hablaban como si fueran los mejores amigos. Le dio un golpe en el hombro. Esme se estaba riendo.138 - . Esparció los papeles en la mesa de roble y escribió cartas durante una hora. Luego se retiró a la biblioteca con una bandeja de té. tal vez debería advertirle al marqués que despida a su amante y se ponga en forma antes de que la anulación se lleve a cabo. —Sebastian y yo tendremos un tipo de matrimonio distinto —gritó Gina empezando a bajar las escaleras—. quiero saber cómo lograste que el rígido marqués accediera a compartir una habitación contigo. Los ácaros bailaban en los rayos del sol. si no en casas separadas. saltaban sobre los papeles. Gina parpadeó. Lo sabes. —Dado tu comportamiento de anoche. Sebastian todavía estaba sentado en mitad del salón. La luz del sol se posaba en sus hombros desde los grandes ventanales que estaban detrás de ella. Había prometido ensayar la obra con Sebastian. Hasta la siguiente pelea. ella debía volver a trabajar en sus papeles. . —¿Qué te hace pensar que tu matrimonio será diferente? —¡Porque Sebastian y yo estamos enamorados. Le pega más hacerlo una vez al mes… con su esposa. Gina suspiró. sola en la sala silenciosa. Sebastian agachó la cabeza y le susurró algo al oído.ELOISA JAMES Duquesa enamorada misma habitación? Conscientemente. giraban en el aire cuando ella levantaba la pluma y la dejaba sobre la mesa. por supuesto. Eso siempre ocurría. salió de la sala. —Empezó a bajar las escaleras antes que ella. claro. Con su amante ya sería distinto… —¡Él no tendrá una amante! —¿No? Bueno. el marido golpea cortésmente la puerta de su esposa y le pide la satisfacción de las funciones maritales. Ésta es una conversación muy indecorosa. —Será un arreglo inusual. pero todavía no había leído los capítulos de Shakespeare que el señor Wapping le había asignado. —¿Ponerse en forma? Entraron en la gran sala de estar mientras ella seguía dándole vueltas en la cabeza a la última frase de Cam. sin entender lo que él quería decir. Gina vació toda la irritación de su voz. Y luego. Tenía muchas cosas que hacer. ¿ya ha terminado el interrogatorio? —No. En cualquier caso. sin importar que la tarea resulte desagradable. ¿verdad? —Claro que soy consciente de ello. Él le tomó la muñeca. —Me temo que ése no es asunto tuyo. Mientras observaba. Silenciosamente. Justo cuando empezaba a pensar que esos dos se odiaban tanto que nunca volverían a hablarse. una vez al mes o algo así. tú sabes más. pero el puesto de ella había sido ocupado por Esme. idiota! Y bien.

139 - . Sebastian no podía haber dejado más claro que tenía mejores cosas que hacer que sentarse con su futura esposa. —Ha venido un hombre de la oficina de Rounton que quiere hablar con nosotros —dijo sin saludar. —Las vigas se están pudriendo. —Creo que ya he logrado memorizar mi papel —dijo Gina—. —¿Puedes esperar un momento? Estoy contestando a las preguntas del administrador de las propiedades sobre la crianza de ovejas. —Yo también he memorizado mi parte —dijo. —¿Me viene bien? —repitió Gina. ¿Éste es el coste estimado para hacer uno nuevo? —Sí. Hizo una inclinación y fue hacia la puerta—. soy de tu talante por eso: habría preferido oír a mi perro ladrarle a un cuervo que a un hombre jurar que me ama. Lentamente. Tenía un arco precioso. —Qué lástima. —Tu sentido de la responsabilidad es admirable. Nada como mi duquesa. Puesto que su trabajo se refiere a la anulación. Me temo que soy una administradora. Le diré al lacayo que te traiga muchas velas. Tal vez. Te viene bien. —¿Ensayamos? —Caminó hacia el sofá. Cam leyó sobre el hombro de Gina: —¿Bicksfiddle quiere derribar el puente sobre el Charlcote? Ella asintió. —En ese caso. caminó de vuelta hacia la mesa de la biblioteca. Sin embargo. —Puedo ver por qué —dijo Sebastian—. Es tan distraída que no me sorprendería que no se aprendiera el papel si no la dirijo. Pero necesitas más luz —dijo Sebastian saltando del sofá y tocando la campana. —Le sonrió—. —Ah. lady Rawlings me dijo durante el recital que ella ni siquiera ha empezado a trabajar su papel. Gina se quedó pasmada. hojeando las escenas finales—. caminando hacia donde Gina estaba sentada—. —Tú maravilloso aire de independencia —explicó Sebastian. ¿Podrás soportarlo? Él hizo una inclinación muy galante. . —¿Por qué rayos no hace tu marido ese trabajo? —Me gusta hacerlo a mí. Ella le sonrió. le dije que se encontrara con nosotros aquí. escribiré algunas cartas más. Gina suspiró. —Debo advertirte que tengo la suerte de tener dos excelentes administradores.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Estaba oscureciendo justo cuando Sebastian entró en la biblioteca. ¿Querría reparar el puente o demolerlo? Gina estaba calculando el costo estimado del proyecto cuando entró Cam. debería buscarla. Ésta es mi línea favorita: Le agradezco a Dios y a mi sangre fría. y sacó otra hoja de papel. ya que tú te sabes el tuyo. se sentó. Bicksfiddle le había escrito que el puente sobre el arroyo Charlcote estaba a punto de desplomarse. Disfruto administrando las propiedades. Sebastian la acompañó y abrió su libro de Shakespeare.

—¿Por los horribles hábitos de los habitantes? —preguntó Cam. —¿Sabías que los habitantes de la villa estaban tirando la basura al río? ¡Y el río fluye directamente por la casa Girton y cerca de nuestro pozo! El año pasado descubrimos que todas las truchas se estaban muriendo. —Durante estos años he logrado reconstruir la mayoría de las cabañas. Invirtamos algunas de esas libras en un puente nuevo. fascinada. Cam estaba terminando el dibujo.140 - . Cam asintió. —No veo por qué no. Ahora que lo pienso.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —No dice si el puente tendrá la misma altura. pero bueno… —Cam —interrumpió Gina—. Todas las cabañas estaban en un terrible estado cuando murió. —No exactamente. —Me temo que tu padre no le prestó ninguna atención a la villa. Tomó la pluma y empezó a garabatear en el dibujo. Gina observó. Recuerdo haber mirado las cifras que Bicksfiddle me dio. ¿No rentaron las tierras cerca de once mil libras el año pasado? —Eso fue hace dos años —dijo—. Rasgó un pedazo de papel. No podemos gastar los fondos en un puente de piedra. Ésta es una reproducción de un puente de Florencia. Él le sonrió. Vamos a tener que hacerlo a escala más pequeña. Sacamos catorce mil libras en rentas y propiedades solamente. El año pasado fue incluso mejor. Lo mejor será que un arquitecto nos presente un proyecto. —¡Claro que no! Utilizamos muy buenos materiales y la reparación llevó cuatro meses. Ya di todo el dinero que no se necesitaba para la casa de Londres y para construir alcantarillado en la villa. vertían los desechos al río y . No podemos gastar tanto en un puente de piedra este año. Él la miró con dureza. Lo peor era la mina. —Espero que no hayas reemplazado la estrella del centro con gravilla o alguna abominación. creo que debemos hacer el nuevo de piedra. —Querido padre —señaló Cam. Cam acercó una silla. —No hace falta un arquitecto. —Quizá no —dijo Gina—. cómo el puente crecía bajo las manos de Cam. —El orgullo tiñó la voz de Gina. —¿Esas rayitas son las piedras? —le preguntó. Y ahora lo más importante es construir la red de alcantarillado. me gustaría que el puente tuviera un arco así… —Empezó a hacer un boceto con rapidez. Luego ya veremos. —¿Catorce mil libras en alcantarillado? Imposible. Le mandaré un dibujo yo mismo. Ella le dio un golpecito. Gina! —Miró otra vez el dibujo—. —Si tenemos que tirar el otro puente. Se elevaba con un hermoso arco. —No podemos. El puente se estaba volviendo cada vez más un adorno. ¿Sabes cuánto cuesta? Gastamos casi mil libras reparando el juzgado el año pasado. o al menos repararlas hasta un estado digno. —¡Buen trabajo.

Y no quiero que cambie nada. Gina. Ahora tiene un artístico parche de algas en la cintura. Unas cuantas estatuas desnudas animarán la villa. —Tú nunca conociste a mi madre.141 - . Era malvado. —¿Quieres convertir el viejo puente de madera sobre el río en un puente de piedra con ninfas desnudas? ¿Supongo que el Neptuno también está desnudo? Cam miró hacia delante a su propio dibujo. ¿Qué piensas? —empujó el papel para que pudiera ver. Diablos. Y éstas son dos ninfas. hay una estatua de Neptuno aquí. —La pluma rasgó el pergamino por un segundo—. Tu padre casi no la dejaba salir de la casa. El duque dijo que . volvimos a echar truchas. yo apenas conocí a mi madre. burlándose de ella de esa manera. De todos modos. así que tal vez sea asunto de… Él la besó. —¿Sabes que te pones muy guapa cuando hablas de truchas? —No. por lo que recuerdo. malvado. Nunca llevan corsé y guantes… —Sonrió. —Oh —dijo Gina con desgana—. ¿Por qué toda esta pasión por el jardín? Gina se detuvo. así que… Cam puso la pluma en la mesa. —Estoy segura de que ella nunca habría permitido que las cabañas se cayeran. —Pues sí —dijo—. Ella detuvo el aliento y parpadeó. Tú conoces a las ninfas. —Cuando tú te fuiste. Girton es una bella propiedad.ELOISA JAMES Duquesa enamorada los peces estaban muriendo —explicó—. Es precioso. Y otras dos allí. por supuesto. pero murieron. —¡Claro que no! —gritó Gina. construida en… —Construida en 1570. yo no… yo estaba muy sola. Cuando el río estuvo descontaminado. —Tú no lo entiendes —dijo—. —Como si le hubiese importado —dijo Cam. Cam frunció el ceño. Tu madre lo diseñó antes de morir y quedó como un monumento en homenaje a ella. —¿Están vestidas? —preguntó y estrechó los ojos. —Señaló con la pluma—. ¿Todavía está en pie ese espantoso jardín? —¡Sí! —gritó Gina—. Era un lugar muy aburrido. —Había sacado otro pedazo de papel y estaba haciendo un boceto. —¡Sí le habría importado! —¿Cómo lo sabes? —Porque ella pasaba mucho tiempo paseando por ese jardín. Bicksfiddle me ha dicho que todavía hay peces vivos en el lago Charlcote. —¿Qué quieres decir con que estabas sola? ¿Dónde estaba tu madre? —Ella volvió a casa y me dejó allí —dijo Gina—. —Mira. Gina se mordió el labio. Pero… —¿Ves?. —Por supuesto —dijo—. El señor Rounton consiguió que los mineros interrumpieran los vertidos. —Yo era muy joven para darme cuenta. Lo sé.

Ella tragó saliva. trazando la forma del labio inferior de Gina con el dedo—. —¡Yo no te miro! —gritó. Estaban muy cerca… Así que él la sentó en su regazo. No lo permitiré. ¿Quieres saber cómo? Ella negó con la cabeza. Gina. Debería haberte llevado conmigo. Venus desnudas en las fachadas. Gina… La voz de Cam se fue apagando. ¿verdad? Antes de que le pusiera las algas. Cómo te sentirías si yo cambiara… Pero Gina no estaba escuchando. —Tu padre era difícil. —No puedes decorar Girton con gente desnuda —dijo Gina—. —Imposible. —Y sus manos seguían a . Los habitantes se horrorizarían. inclinándose hasta tocarle el hombro a Gina—. —Me siento como un canalla. Duró mucho tiempo como empleada de tu padre. ¿no? Pegwell o Pegworthy. Cam. Yo le supliqué que la dejara visitarme con más frecuencia. —No por Neptuno y sus ninfas —dijo Cam. Nunca pensé que tu madre te dejaría a merced de Girton. Adorables senos. —Se llaman contrafuertes —explicó Cam—. Se inclinó hacia ella. ¿Por qué temblaba cada vez que él la tocaba? Todo el cuerpo le temblaba sólo por estar a su lado… Entonces Cam habló y rompió el encantamiento: —Si cambiamos estos arcos. —No sé de qué estás hablando —dijo. mortificada. Por entonces yo tenía quince años. la edad apropiada para dejar de tener una institutriz. Pero no quería. Eso significaría que debajo de ese vestido de algodón que llevas puesto no hay nada más que curvas cremosas y piel suave. —Estaba adornando sus palabras con besos—. —No difícil: un desgraciado. claro. —Pues eso es lo que estoy planeando. creo. De ti y de la forma en que me miras. —Cuando te miro me imagino que has tirado esos corsés esta mañana. ¿no? Gina asintió.ELOISA JAMES Duquesa enamorada tenía que empezar mis labores inmediatamente. Sombrereros desnudos en cada habitación. —Estoy hablando de ti —dijo. Debía bajarse de las rodillas de Cam. Podemos poner figuras aquí y aquí. Gina arrugó la nariz. ¿Qué son estos bloques? —Señaló el puente. pero se negó. —Yo estaba bien. —Maldición —dijo Cam—. —La señora Pegwell era una mujer muy buena. —Era un dibujo de Neptuno. —Claro que no quiero —añadió. maldita sea si no tienes los senos más hermosos de Inglaterra.142 - . —Igual que yo te miro a ti. Los ojos de Cam estaban iluminados con una diversión profunda y pecadora. Cupidos desnudos en el comedor. Apartó las manos de él. cuatro años. y tú sabes cómo solían discutir él y tu madre. Pero tenías una institutriz.

Y si hubiera oído abrirse la puerta de la biblioteca. loco de deseo. Siguió acariciándola. . si no hubiera estado tan ocupado en disfrutar de esos gemiditos. claro que la duquesa nunca habría sido tan grosera. no los habrían pillado mirándose como si estuvieran consumando su amor vestidos. fascinado por los ruiditos que ella emitía con cada una de sus caricias. él y su esposa no habrían sido descubiertos besándose por uno de los notarios que trabajaban en la anulación de su matrimonio. hizo bien en callarse porque así pudo oír los ruiditos que ella emitía y que lo volvían loco. Y cuando descubrió que había hecho lo que él sospechaba y había tirado los corsés. En cualquier caso. Es decir.ELOISA JAMES Duquesa enamorada sus palabras. Pero paró de hablar porque su esposa le había cogido del pelo y murmuraba algo sospechoso como «Cállate». habría oído que alguien abría la puerta de la biblioteca.143 - . Claro que. se sintió exultante.

señor Finkbottle —dijo Cam—. algo que una verdadera duquesa jamás haría. no. sin saber qué decir ni cómo reaccionar. Las rodillas aún le temblaban. Pero su corazón. al tanto de que usted necesita seguir con los asuntos que dejó pendientes en Grecia —murmuró Phineas Finkbottle. Lady Troubridge estaría encantada de tenerlo aquí. Sus palabras sonaron como si lo estuviera culpando. —¿Pero por qué están tardando tanto en darnos la anulación? La duquesa quiere casarse por segunda vez inmediatamente. No nos gustaría que se hospedara ni un minuto más en una aburrida . Cam. —Regresaré en un… un momento más conveniente. —Olvide lo que ha visto —le aconsejó Cam al abogado. —Disculpe. Soy el aprendiz del señor Rounton. tome asiento. Tuvimos el placer de conocernos la semana pasada en La Sonrisa de la Reina. Por favor. Debe de ser la excitación del momento. Pero la orden del señor Rounton había sido clara: retrasarlo todo lo posible—. El mayordomo de lady Troubridge había abandonado la escena. no —dijo Gina—. Insistió en sus disculpas para no dar una mala impresión—. Los papeles de la anulación del matrimonio del duque y la duquesa estaban haciendo un hoyo en su pecho mientras hablaban. —El señor Rounton quería que le informara de que su plan de quedarse sólo una semana en Inglaterra no es aconsejable. No era bueno para adornar la verdad. como castigo o. por supuesto. Gina quería que se la tragara la tierra. Por favor. Rojo como un tomate. Estoy esperando un comunicado del señor Rounton que no tardará en llegar. estaba tan tranquilo. —Mi nombre es Finkbottle —dijo el abogado—. —Bueno. ¿Puedo tener el placer de presentarle a mi esposa? Gina hizo una extraña reverencia. caer muerta al suelo. Y yo necesito regresar a Grecia —dijo Cam. Me imagino que ha venido a hablar sobre… nuestra anulación. sin embargo. —El señor Rounton está. no estaba avisada de su llegada —dijo ella. haciendo una inclinación—. señor —dijo. Parecía una antorcha. desobediente. Pero he olvidado por completo su nombre.144 - . al menos. —¿Quieren que regrese en otro momento? —No. discúlpenos.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 21 Un abogado escandalizado. Me hospedo en la aldea más cercana y estaré… —Oh. continuó latiendo con pulso firme. —Discúlpeme.

es que son asombrosamente civilizados. dándole palmaditas en el brazo—. querido —dijo Esme—. Lady Troubridge le pidió disculpas al explicar que estaba teniendo serios problemas para acomodar a sus invitados. no se preocupe por mí —le aseguró Esme. —¿Sergeant? —En el continente. El vicario me ha escrito que el campanario se está cayendo a pedazos. aceptando una toalla caliente que le alcanzaba uno de los sirvientes—. como si estuviera a punto de tropezarse con sus propios pies. sí. Pero no quiero que se encuentre incómoda. en lugar de un trote indecoroso. Por eso los he sentado juntos. ¿Cómo estás? Él le sonrió. poniéndose de pie—. querida. por verte a ti. pero no podía recordarla con exactitud. pero tenía un aspecto muy agradable. ¿En Lincoln? —Por desgracia no —respondió el señor Finkbottle.145 - . se encontró codo a codo con su esposo. especulando. —No tengo ningún problema en sentarme junto a Miles. Atravesó la habitación sin cruzar la mirada con ninguno de los dos caballeros. y salió a un paso que ella pensaba que era digno. Había algo extraño en la manera en que se movía. Después de todo. —Me encuentro muy bien —respondió—. es mi esposo. —Por favor. —¿Tanto? Sabía que era una suma sustancial. Era un ejemplo de la bondad innata de Miles que se hubiera tomado . —Lo bueno de usted y lord Rawlings —le confió a Esme—. Entonces. Ahora mejor. De hecho. —Es usted muy amable —dijo lady Troubridge. Hablaré con lady Troubridge ahora mismo. Estudié en el continente. Cam lo vio partir con el ceño fruncido. Sería una pena que el campanario desapareciera — recalcó Esme. —Ay. Miró el pelo rojo de Finkbottle. Había algo en ese hombre que no encajaba con su atuendo de abogado. —¿Dónde estudió? —preguntó Cam—. señor Finkbottle. Insisto —dijo. —Ah —exclamó Cam. Esme no estaba particularmente feliz de que la hubieran sentado junto a su esposo a la hora de la cena. entonces? —Yo creo que sí. quería preguntarte lo que piensas sobre lo que debemos hacer con la iglesia local.ELOISA JAMES Duquesa enamorada posada por nuestra culpa. pero parecía no querer continuar con la conversación. No se podía decir que Miles fuera guapo o particularmente dotado. Creo que el año pasado le dimos ochocientas libras para reconstruir la pared del cementerio. No hubo señales de vacilación en su rostro cuando vio junto a quién lo habían sentado. —¿Por casualidad es francés? —Entre mis antepasados hay franceses. —¿Y trabaja con Rounton hace mucho tiempo? —No. ¿Deberíamos arreglar el campanario. —Buenas tardes —le dijo. no mucho —respondió Finkbottle muy cortésmente.

Miles. Así podrías vivir en casa sin renunciar a ella. Tú y yo tendríamos que vivir juntos. —Oh. pero te tengo mucho cariño. Esme? —preguntó—. Miles. De hecho. —Pero… tú… tú… tú estabas… —Lo sé. Tendré que vivir en la casa y dar un buen ejemplo. querida. no hay nada menos interesante que una pareja de casados manteniendo una conversación civilizada. Tú siempre estás animada. Ella bajó la voz hasta susurrar. —Puede que no haya sido el mejor de los esposos. —Tal vez si conservamos la casa de Porter Square. ése ha sido mi deseo más profundo. querida? Cuando lo miró y vio su cara y su cuerpo regordetes se dijo que no estaba nada segura. —¿Te encuentras bien. Después de todo. —A decir verdad. tengo diez años más y soy más consciente de mis responsabilidades. no —dijo Miles—. Pero era muy joven cuando nos casamos. No tengo derecho a negarte un heredero. —¿Todavía quieres tener un heredero. tú podrías… mmm… visitar a lady Childe allí. no sabía cómo continuar. Ella estrechó su mano debajo de la mesa. ¿Pero cuántas veces serían necesarias? Seguramente no harían falta más que dos o tres encuentros incómodos y luego ella tendría un hijo. Las lágrimas asomaron a sus ojos. —¿No podemos seguir viviendo como ahora? —Oh. Miles tenía los ojos más bondadosos que ella jamás hubiese visto. Ambos tendremos que ser más discretos. ¿Hay algo que pueda hacer por ti? —Tengo una pregunta —dijo ella. En realidad. Aunque sabía cómo abordar el tema. Ahora. . No te preocupes. Excepto que —dijo. No estaría bien para la criatura. mordiéndose los labios—… Tendré que discutir este asunto con lady Childe. estoy bien. Sus mejillas se sonrojaron un poco. dándole golpecitos en la mano.146 - . y claramente podía verlo en esa conversación. Ella se estremeció. Miles? Los ojos de Miles se abrieron ampliamente y comenzó a balbucear. pero hoy pareces decaída. —Quisiera reparar el daño que te hice con mis payasadas hace mucho tiempo. —¿Estás segura. —¿Es necesario? —Un hijo cambiaría mucho nuestras vidas. hacer una pregunta tan delicada allí. —Estoy para servirte —le aseguró. dije muchas cosas. Tendría que dejar mi casa de Porter Square. Durante estos últimos años he sentido con amargura la ausencia de un hijo. rodeados de gente… Pero con una mirada rápida pudo darse cuenta de que nadie les estaba prestando atención. Esme no era de esas personas que dejaban pasar el absurdo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada la molestia de preguntarle su opinión. Cualquier otro ya le habría pedido el divorcio. por ejemplo. Él le tomo la mano por debajo de la mesa. era todo un detalle que siguiera casado con ella.

Suspiró y volvió su mirada hacia Miles. sino que también fuera perceptivo. Tendré que mencionarle el tema con mucha delicadeza — dijo. Ella reía deleitada. Muy perceptivo. Miles se puso rojo y murmuró algo. Miles —dijo ella—. De hecho. la vida doméstica comenzaría cuando lady Childe hubiera dado su aprobación. Esme se volvió hacia Bernie. para ser un hombre. Su pelo brilló a la luz del candelabro.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Sería una situación delicada. la besó en la mejilla. Nunca llego tarde. —Cuando nos casamos me daba igual —admitió—. Pero ahora que estoy envejeciendo. cada vez lo deseo más. querida. Finalmente. nunca. Pero ni siquiera el hombro de Bernie . querida —dijo silenciosamente. —Estoy segura de que lady Childe lo entenderá —dijo Esme—. eso no será nada comparado con la felicidad de formar una familia —dijo Miles. —Eres una buena persona. ella se dio el lujo de mirarlo. a ningún lado. Es increíble que seas tan sincero con lady Childe. Esme sonrió. Viviría con su esposo y sería un buen ejemplo para la juventud. Ella también tiene hijos y debe saber lo importante que esto es para ti. —¿Dentro de dos días? —preguntó Miles. —Dios mío —dijo Esme. Lady Childe es una mujer increíble. ¿Por qué? ¡Di un discurso en el Parlamento el año pasado! Ella lo escribió. y sin pensarlo comenzó a apretar la mano de Esme tan fuerte. Le hizo sonreír con ese comentario. No tenía idea de lo mucho que te gustaba la idea de tener hijos. consciente de que su vida había cambiado. Estaba doblando la cabeza para escuchar algo de lo que Gina estaba diciendo. Aparentemente. entendió el significado de sus palabras. Y no creas que no lo sé. por supuesto. por supuesto. —Eres una buena mujer —le dijo él—. Esme dejó que sus ojos vagaran por la larga mesa. Y Sebastian… por un momento. —Lo siento mucho. incluso sería una matrona. sonriéndole otra vez y dándose la vuelta hacia su abandonada compañera de la derecha. mirando a su esposo más de cerca—. que le hizo daño. —Aunque me abandone. Odiaba el hecho de que Miles no sólo fuera extraordinariamente amable. Ya no sería una mujer casada escandalosa. estaba a punto de ser un ama de casa.147 - . —Esto significa mucho para mí. Ella logró sonreírle débilmente. Sebastian estaba sentado al lado de su prometida. ella ha cambiado mi vida. que la contemplaba con ojos angustiados. Por un momento. —Así tendré tiempo de discutir el asunto con lady Childe. —Dudo que alguien en esta mesa esté de acuerdo contigo. Esme no tenía idea de lo que su esposo estaba hablando. —Entonces es que todos están equivocados —dijo. Su corazón latió con fuerza. De repente.

si usted quiere.ELOISA JAMES Duquesa enamorada tenía algún atractivo. Él había luchado para mantenerse a flote en la pista de baile. Quería tener un bebé más de lo que quería seguir siendo la escandalosa Esme Rawlings. —¡Lo digo! —dijo él. —¿Podré tener el primer baile de esta noche? Una imagen fugaz de la última vez en la que ella y Miles habían bailado juntos cruzó por su cabeza. Mientras le oía hablar sobre la desaparición de tres gansos. La verdad era que cambiaría todo eso por una cabeza dulcemente suave. se había equivocado. Ella sacudió la cabeza para dejar a un lado el evidente paralelo. Quería un bebé a quien mimar. Esme se estremeció. como un pez a punto de morir. Bernie brilló. acunar. Pensándolo bien. formando con los labios una sonrisa. abrazar y besar.148 - . Era imposible. una gallina y dos conejos. Esme intentaba imaginarse en la cama junto a Miles. Hacía diez años que estaban casados y sólo durmieron juntos la primera semana… ¿Qué había hecho? ¿Por qué había sido tan impulsiva? Sabía por qué. Últimamente había tenido la idea de que lady Rawlings era mucha mujer para él. También el segundo baile. Esa mano había acabado de ser aplastada por su esposo. Era literalmente imposible de imaginar. le sonrió a Bernie de tal manea que el joven olvidó su recién descubierta creencia de que lady Rawlings tan sólo estaba jugando con él. presionándole la mano. obviamente. —Estaré encantada de bailar con usted. . —¿Qué tal ha estado la cacería hoy? —preguntó. Estaba cansada de brazos musculosos y miradas seductoras.

Sería un amortiguador en este capullo de relación. —Helena. —¡Buenas tardes. y nuestra Esme te ha dado tan buenos consejos que el pobre hombre está fuera de sí. confundiendo las palabras. Esme! ¡Qué placer verte. Tenía el pelo recogido de nuevo. Carola se rió con ganas. Espero que la lluvia no sea un pronóstico para mañana. con mejillas tan prominentes que daba la impresión de ser poco saludable. por quién sabe qué razón. cariño. con una combinación de nerviosismo y alegría. Estaban en el baño de señoras.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 22 Lady Helena. Esme se volvió. Carola Perwinkle estaba fuera de sí. querida —dijo. tratando de inyectarle un poco de calidez a su voz—. Me alegro de que Tuppy esté viendo la luz por fin. —Sí lo es. —Ay. y una sonrisa genuina se dibujó en su rostro. Tuppy y tú temblando en la orilla del río mientras intercambiáis miradas calientes bajo la lluvia. —La lluvia hace que los peces salgan a la superficie —dijo Carola. la condesa Godwin. Soy una experta. sonriendo—. Una no puede imaginarte pescando. de lo delgada que parecía. pero luego me he acordado de que… La interrumpió la puerta que se abría. ¿No es eso grandioso.149 - . No me iba a poner esto porque tiene mucho escote. y su toca se tambaleaba lamentablemente hacia los lados. Helena. Esme? ¿No es simplemente fabuloso? Esme pretendía estar muy ocupada ajustándose algo para no darse la vuelta. escapa de una experiencia desagradable en la ciudad. ¡es un placer verte! No tenía la menor idea de que planeabas visitarnos. repleto de lujuria. —Se detuvo por un momento—. riéndose de la exuberancia de Carola. —Qué buena imagen —respondió Helena—. a la griega. Creo que… él me besó. Has decidido que quieres volver con tu esposo. Sólo el pensamiento hace que sienta alegría de no ser pescador. —A ver si lo entiendo —dijo—. alisando el frente de su vestido de baile de crepé—. Era alta y esbelta. —Creo que el plan está funcionando. Helena se sentó relajada en una silla. ¡Eres muy elegante . —Tal vez me bese de nuevo durante la velada —dijo Carola. después de salir de pesca. Carola! Carola se apresuró a ir hacia ella como un gatito. La condesa Godwin era rubia y tenía el pelo liso y recogido en un arreglo complicado en la cabeza.

de hecho. —Entiendo lo que quieres decir. Helena no dijo nada. Carola: recuperaré a mi esposo. con un poco de dicha en los ojos. —Bueno. Carola se dejó caer en una silla. El sentimiento es tan fuerte que no me importa Bernie. Tan sólo quiero un bebé. Bueno. Esme frunció la nariz. quiero decir. estoy a punto de lanzarlo al mar. —Ya estoy cansada de niñatos. —Vaya… eso es increíble… Yo. ¿y cómo está nuestra rompecorazones? ¿Es Dudley tan atractivo como lo describías en tu carta? —No Dudley. Pero quiere un heredero. —¿En serio? Pero yo pensaba que —sonrió con picardía—… todavía no estabas cansada de él. Miles tiene suerte de poder acercarse cinco metros a su esposa. —En absoluto —contestó Esme. —Miles es un hombre bueno —dijo Esme—. —No tengo la menor idea de lo que hay en la cabeza de Bernie. Pero entrecerró los ojos. —Ya no lo está —dijo Esme. —Quiero tener un bebé. No creo que Esme se deba reconciliar con Miles. hasta la fecha. —¡Yo no! —dijo Carola—. con un toque de desilusión en la cara. Gina a punto de casarse con el marqués… . Carola estaba arreglándose el peinado en ese momento. —¡Miles! ¡Quieres recuperar a Miles! —Es mi único esposo. Ama verdaderamente a lady Childe. Pero. Un hombre bondadoso. riendo—. Helena afirmó con la cabeza. pero. Y sí. Esme —dijo Carola—. —No hay necesidad de usar ese tono de sorpresa —dijo Helena.ELOISA JAMES Duquesa enamorada para eso! —Gracias al cielo —respondió ella. A Esme casi le da un ataque de risa. Carola se quedó sin aliento. no me importa. es delicioso. —Se encogió de hombros—. Interrumpió su tarea y miró a Esme con curiosidad. ¡Dios mío! No puede ni compararse con Bernie… Esme recogió el abanico del tocador y lo agitó frente a su cara. al menos eso espero. para seguir con las referencias acuáticas. la verdad es que nunca he visto que no consigas al hombre que quieres. —¿No extrañarás a Bernie? —preguntó Carola. Y está completamente amarrado a lady Childe. mirándola. —¿La ha dejado por ti? —exclamó Carola. ni sus músculos o los músculos de cualquier otro hombre. y Miles es el hombre que puede hacer que mi sueño sea una realidad. Sólo que no puedo imaginarte al lado de Miles. a punto de reconciliarme con Tuppy. ¡es Miles! Está muy gordo. volviéndose hacia Esme—. —Os habéis quedado como si os hubiera invitado a un funeral. y él lo sabe. No tenía sentido tratar de adornar la verdad.150 - . Tomaré prestada una de las páginas de tu libro. negando con la cabeza. —Quiero terriblemente tener un bebé —respondió Esme—. Bernie. sea lo que sea. al menos no ante sus amigas. —Es todo un sacrificio —dijo Helena.

¡No me digas que fueron al palco! Helena se sentó muy rígida. no lo creo —dijo Helena—. Ya no seremos el grupo más escandaloso de Londres. y si mi esposo fuera la mitad de respetable y bondadoso que el tuyo le exigiría mis derechos maritales. Él cree que es lo mejor para el bebé. viendo el perezoso movimiento del abanico—. Esme dejó de mover el abanico. . Dios mío! —gritó Carola.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Tal vez —la interrumpió Esme.151 - . —El alcalde Kersting estaba ahí para apoyarme. cuidándose de no mirar a su amiga. —Él anoche asistió a la ópera —dijo Helena—. —No lo soy —dijo con fingida indignación—. —Debió de ser horrible —dijo Carola. degenerado… —… libertino —se unió Esme. ¿verdad? —No. pero sí difícil. Helena! Eres la antítesis del escándalo. presionándole la mano a Helena. Esme sonrió irónicamente. Helena! ¿Difícil? ¡A mí me suena a espantoso! Una sonrisa se dibujó en los labios de Helena. —Puedes decir perro —añadió Esme. Carola sonrió abiertamente. —Yo estaba sentada con el alcalde Kersting —dijo Helena—. dignamente. ¿Pensáis vivir juntos? —Sí. Carola hizo un sonido de rechazo. —No la describiría como horrible. no vivo con mi esposo y como no puedo estar a su lado porque no lo soporto no voy a acompañaros en vuestras felices aventuras maritales. Hubo una pausa. Después de todo. Pero como están las cosas… —¿Cómo es que has venido? —preguntó Esme. —¡Déjalo ya. Helena levantó una ceja. Fue una situación muy embarazosa. Tres de nosotras estaremos viviendo con nuestros esposos. No entiendo por qué te gusta salir con él. —¡Ay. sorprendida. Esme puso mala cara. Y yo estoy de acuerdo con él —dijo Esme. —¡Lord Godwin es un cerdo! No puedo creer que haya llevado a esa ramera a la ópera. —Piensas que estoy haciendo un pacto con el diablo. —O ruin —dijo Helena. —Qué extraño —exclamó Carola—. —Y tú a punto de tener un hijo con Miles. con los dientes apretados. —¡Sí entraron! —¡Oh. —Yo iba a decir tramposo —dijo Carola. pero Carola continuó la conversación. —Y supongo que esa vieja vara hizo poco. Con una mujercita colgada de su brazo. Me encantaría tener un hijo. —Tendré que ser yo quien mantenga viva nuestra llama —agregó Helena. —Ese disipado. Esme gruñó. —Ruin es muy poco para él. Pensaba que estabas decidida a permanecer en Londres este mes.

repugnante… —Te estás volviendo repetitiva —dijo Esme. —No digo que no lo sea —recalcó Esme—. lo recuerdo. el alcalde Kersting me ayudó mucho. Eso fue antes de que debutaras. Esme la reprimió con la mirada. —No lo está —dijo Esme—. eso dijeron los sirvientes. —Dice que quiere presentársela a todo el mundo. con un tono de disgusto—. Dice que ella también tiene voz. abriendo unos ojos como platos. Por qué todos creen que… Y cortó la frase. Luego nos fuimos. Y. Esa es la cuestión.152 - . asombrada. Una voz que… —He llegado a la conclusión de que no hay que culparla por la situación. —¡Oh! —dijo Carola. —¡No puedo creer que os parezca divertido! —dijo Carola—. —¡Pero no por mucho tiempo! —anotó Esme. —A su manera —continuó Helena—. Fue después de que abandonaras la casa. Se despidieron todos a la vez y se encargaron de contarle a todo Londres el porqué. Esme asintió. El esposo de Helena es un degenerado. —No entiendo por qué tu esposo disfruta tanto atormentándote. pensativa—. —¡Estoy segura de que sí! —dijo Esme. Y no le interesa ir más allá. —Yo diría que es anterior… porque antes de llevarse a la joven ramera como tú dices. tal vez se sentía solo —dijo Helena. ¿no es cierto? —Sí. Él prefiere la compañía masculina. Esme abrió nuevamente el abanico. —Eso lo sabemos todos desde que se llevó a su joven ramera a vivir a su casa.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Sabe lo que quiere —respondió Helena—. Fue un mal momento para la mansión de sus antepasados. una vez invitó a tres miembros femeninos de un grupo de cantantes rusas a vivir con él —dijo Helena. —Tú también vives en la casa de tu madre —señaló Helena—. con un poco de agudeza en su tono. Las chicas estaban bailando desnudas sobre la mesa del comedor cuando el mayordomo entró. Él habló… se puso a hablar con ella hasta que el teatro se quedó vacío. —¡Catorce! ¡Tu esposo es repugnante! —chilló Carola. —¿Creen qué? —preguntó Carola—. Me dio la impresión de que era una adolescente. por fortuna. —¡No es un asunto para risas! Aquí está la pobre Helena. ¿Cómo es que has decidido . —Háblame de Tuppy —pidió Helena—. —¡Debo negarme rotundamente! —dijo Esme—. —Pero Tuppy no ha convertido nuestra casa en un burdel. Carola. adoro a mi madre. Nunca he oído que el alcalde Kersting estuviera enamorado de ninguna mujer en particular. Tengo la sospecha de que tiene tan sólo catorce o quince años. —Es un encanto de hombre —dijo Helena. viviendo en la casa de su madre mientras que su esposo convierte su casa en un burdel. Kersting me gusta. por supuesto. con un poco de ironía. —Sí.

No puedes. sonriendo—. —No debes permitir que tus sentimientos sean tan evidentes. truchas y mechones marrones.153 - . tal vez podría… —No —dijo Esme—. —Tal vez debamos concentrarnos en el salón de baile —sugirió Helena. Da la impresión de que Tuppy te echa de menos cuando no estás. —Lo sé —dijo Carola. pero no debes. —Bueno —dijo Carola—. Esme arregló a Carola para llamar la atención. permitir que Tuppy sepa que lo prefieres a Neville. ¡no puedes!. . Te lo pongo así: debes asegurarte de que el pez está en la orilla antes de retirar el anzuelo. suspirando.ELOISA JAMES Duquesa enamorada volver con él? Carola comenzó entonces un incongruente discurso sobre bailes. con ningún gesto o parpadeo. Está bien que los confieses ante nosotras.

—Yo soy muy delgada. Aunque a mí eso ya me da igual. —Pero rechacé la idea rápidamente. con Neville columpiándola en círculos con su elegancia usual. Primero. No hay hombres esta noche. Pero ¿con quién me casaría? No soy como tú. —También he pensado en eso —respondió Helena—. —Está enamorado de su amante. Helena se encogió de hombros. —¡Eso es absurdo! —No. Helena no era una persona expresiva. Neville y Carola pronto estaban bailoteando por la pista. —Tengo pelo de sobra para ambos. con una sonrisa efímera—. quién sería el padre? —¿Por qué no le pides el divorcio a Rees? Ambos tenéis tanto dinero que seguramente sería posible. —Helena continuó. Así nunca te molestará pidiéndote muestras de cariño que no estás dispuesta a darle. puesto que sólo los invitados de la casa estaban presentes. Soy una persona aburrida. no lo es. El salón de baile estaba escasamente poblado. ¿Así que. Esme. He llegado a valorar la bondad por encima de todas las cosas. —¡Caramba! —dijo Esme. —Una gran ventaja.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 23 Un desafío descarado y una mandíbula lesionada. Una pequeña orquesta tocaba el vals en una de las esquinas. pero le dio a su amiga un beso fugaz en la mejilla. Hace años que ningún hombre se ha acercado a mí con interés. —No me importaría casarme con tu Miles —admitió Helena. —¿En serio? ¡No me imaginaba que quisieras un hijo! —No tenía sentido mencionar el tema. —Lo he considerado. —¡Tonterías! Eres una mujer muy hermosa y cuando encuentres a la persona indicada caerá a tus pies. —Es un regordete.154 - . —Y tú no eres el tipo de mujer que tendría un hijo ilegítimo. —Se está quedando calvo. . —Daría lo que fuera por cambiar de lugar contigo. mirando a su alrededor—. —¡Helena! Ésta realmente ha sido una noche llena de sorpresas. con miles de bellezas marchitándose a tus pies. y lo único que me gusta es la música. Mi esposo y yo jamás nos reconciliaremos. No querrías casarte con ninguno de los tontos con los que yo coqueteo. no tengo ningún interés en los cuerpos musculosos como el de tu Bernie.

ELOISA JAMES Duquesa enamorada Esme miró a su amiga con curiosidad. te compré —repitió él—. Al menos. con cansancio—. —Me pediste que me fuera. —Yo era una pequeña y horrible bestia. Por esa temporada te llamaban Afrodita. te presentaré a Bernie —dijo Esme. debió haber esperado hasta que nos conociéramos. Me sentí mal desde el momento en el que te vi llorando. Te encontraremos un hombre esbelto. Esme no podía recordar haberlo visto de mal humor alguna vez. tomándola del brazo—. Pero sonreía tan feliz y era tan amable con ella que fue una experiencia muy agradable. Tu padre fue muy exigente contigo. y de verdad lo lamento. no había otra respuesta diferente al sí. Debes de estar loca para considerar un destino tan horroroso. Era considerado. al verlo caminar hacia ella—. te pedía demasiado. Él se sorprendió. —Debería haber hablado antes contigo. sorprendida—. al que le guste la música y que sea bueno y familiar. Por desgracia. Ella recordaba la cita para bajar a la biblioteca. —No lo eras —respondió él—. impulsivamente. Lo recuerdo. —¿Me viste llorar? Él asintió.155 - . Como su padre había dado el consentimiento. para conocer a un barón rubio y regordete que acababa de pedir su mano en matrimonio. —Lo había olvidado —dijo Esme. Yo era aburrido. Sólo podía pensar en pedir tu mano en matrimonio antes de que cualquier otro lo hiciera. De hecho. —No deberían ser así. —Entonces. —Mientras tanto. El baile se acabó y caminaron hacia las sillas que se encontraban en uno de los lados de la habitación. Déjame los hombre regordetes y calvos a mí. Esme suspiró. Nunca fruncía el ceño. Momentos más tarde. —Así son las cosas. antes de la boda. —No estuvo bien. haberte cortejado. —Pobre amiga mía —dijo. Helena sonrió. —Había algo en su voz que hizo que Esme lo mirara. pensando en la estatua de Gina. Me siento como si te hubiera comprado. no tiene ninguna de las cualidades que tanto respetas. No debí hacerlo. me presenté ante tu padre a la mañana siguiente y… —Sí —dijo Esme. . te vi bailando y tenía que tenerte. —No pedías más de lo que una esposa debe darle a su marido —dijo Esme. por lo tanto tuvo que darla. querida. Esme se encogió de hombros. —Pero normalmente las esposas conocen a sus maridos —recalcó él —. pero estaba anonadado por tu belleza. Te obligó a casarte con un hombre al que apenas conocías. Esme estaba bailando con su esposo. Miles? —preguntó. Miles no era un buen bailarín: tendía a rebotar en las puntas de los pies y a limpiarse repetidamente la cara con un pañuelo. —¿Por qué nos separamos.

Y eso hace la diferencia. querida… Eh. según todos. Él sacudió la cabeza. Carola asintió. poniéndose aún más rojo—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Pasé por la iglesia y estabas llorando abrazada a tu madre. ¿has hablado con lady Childe? —preguntó ella. Ya estoy muy viejo para comportarme como un niño. Él también sonrió. Quiero disculparme antes de que intentemos tener una vida juntos. Pero él se negó rotundamente a bailar conmigo durante el año que estuvimos casados. —En ese caso. presionándole la mano—. Esme? —Claro que sí. Y desde entonces no he dejado de sentirme así —le dijo. Sus ojos eran azules y extremadamente redondos. Sólo Miles sería capaz de sonreírle al hombre que. durante el primer año de nuestro matrimonio. —¿Crees que Tuppy me sacará a bailar? —¿Alguna vez ha bailado contigo? —Creo que sí. Mi opinión sobre mí mismo ahora significa mucho para mí. poniéndose de pie y señalando a Bernie Burdett. —Entonces. —Eso también sería mezquino. de forma vacilante. sonriendo abiertamente—. si tú… si tú… —Eso me encantaría. —Sí —dijo él.156 - . —Hay muchas personas que actúan como niños todos los días de su vida. Es muy comprensiva. Quiero decir —dijo Carola un poco confundida—. Debimos bailar cuando nos conocimos. Miles. a menos que esté equivocado —dijo. Esme lo tomó de la mano. muy segura. Me sentí mezquino. mirándolo fijamente a los ojos. —Gracias. Me siento orgullosa de afirmar que el padre de mis hijos no será uno de ellos. Carola aún bailaba con Neville cuando Tuppy entró en el salón de baile. Tenía unas manos finas y suaves. en lugar de mi padre. para evitar mirar a . muy generosa. lo entenderé. podría ir a visitarte a tu habitación pasado mañana. —¿Estás segura? —Muy. —Si estás de acuerdo. puede ser una mala señal. Él se sonrojó. a diferencia de su cuerpo falto de gracia. aquí está tu siguiente compañero de baile. era su amante. Esme sofocó una sonrisa. —Déjame adivinar: Perwinkle ha llegado —dijo Neville. te he escogido yo. Verás —dijo Esme. —Recuérdame que no sea tu pareja si jugamos a las cartas. —¿Cómo lo sabes? Él torció los ojos. —Si alguna vez cambias de parecer y quieres que lady Childe esté en tu vida —le dijo con voz clara—. Esme se inclinó hacia él y le dio un beso en la boca. ¿Me perdonarías. El hecho de que esa sea tu actividad favorita. muy comprensiva… Y dejó arrastrar la voz. La joven se estremeció y le dedicó a su acompañante la más sensual de las sonrisas. espero que no le guste bailar.

pero no. con reflejo especulativo en su mirada—. es un placer verlo de nuevo. quiero que pienses solamente en mí. —Lo intentaré —contestó ella. —¿Estás segura de que quieres recuperar a tu aburrido esposo? Porque yo bailo muy bien y me encanta.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Tuppy. bésame ahora. por favor. su dignidad se había dado un golpe mayor. —Tal vez deberías hacerlo —dijo ella. fue interrumpido por un choque sólido de un puño contra una mandíbula. Lord Perwinkle. ¿Tuppy está mirando? —Carola. —No te esfuerces. . Ella le sonrió tan dulcemente que parecía una pintura. se paró frente a sus víctimas tratando de averiguar qué demonios había sucedido. yo jamás te he besado —señaló. Levántate del suelo. —Soy diez veces más guapo. Arruinaría tu reputación. Por eso me veo en la obligación de hacértelas notar. intentando inconscientemente no perder el equilibrio. Voló hacia atrás. Tu esposo viene hacia aquí. Peor aún. hacedor de sus propias cañas de pesca y un hombre resignado a la soltería. incluso más rápido que Neville y aterrizó aún con más fuerza. —Gracias. —Solo lo haré si la violencia es inminente —dijo cortésmente—. Neville. Pero ella había aterrizado fuertemente. Por ejemplo. ella gritó. besarnos en la pista de baile es una forma de declarar que estamos comprometidos en una relación extramarital —dijo Neville. sucumbiendo a un ataque de timidez—. En los labios de Carola se dibujó una mueca de terquedad. Y Carola. voló por el aire. ¿Quieres que termine este baile cerca de tu marido para que bailes con él? —Creo que no —dijo Carola. La orquesta dejó de tocar y los invitados estiraron el cuello para no perderse nada. Él gruñó. —Es que me parece que no te has fijado en mis múltiples cualidades —se quejó—. Moriría de humillación si él llegase a sospechar mis intenciones. Cómo estuvo el… Pero cualquiera que fuera el comentario amable que Neville estaba a punto de hacer. Neville desaceleró el paso hasta quedar casi inmóvil y se inclinó. al contrario. —Cuando te bese. —¿Dañaría tu reputación? —le dijo. ¿No te besó? —Cualquiera habría podido besarme. con una pequeña sonrisa. tal vez irremediablemente. tan pequeña como era. —Pero él ya sospecha. —Raras veces los hombres besan a las mujeres si ellas no quieren.157 - . —Creo que hemos logrado lo que nos proponíamos sin necesidad de perjudicar demasiado tu reputación. —¡No me sueltes! —susurró. —Carola —gruñó—. Lo ignoró y se arrodilló junto a Neville. —Entonces. Tuppy Perwinkle. agarrándose del soporte más cercano: Carola. objetando—. —No. Debes actuar con naturalidad. Él miró por encima de su hombro. dejando su cara a un centímetro de la de ella.

Carola ignoró la mano que le extendía su esposo y se puso de pie sin ayuda. Pero Carola estaba fuera de sí. Helena se acercó y tomó a Carola del brazo. —¡Has tenido el atrevimiento de pegarle al hombre que amo! ¡Debes disculparte ahora mismo! Hubo un espantoso momento de silencio. podría llegar a ser un buen actor. Neville la apartó. Miró risueña y fijamente a los ojos fascinados de las mujeres que los rodeaban. Después de decir eso. Los hombres son agotadores. Helena sacó . —Preveo un pequeño problema… —Al igual que yo —interrumpió Neville. —¿Estás bien? Neville se agarró la mandíbula. inquisitivamente. —Creo que sobreviviré —dijo. —Lady Perwinkle debe refrescarse —anunció—. con el puño cerrado. Dejó caer la mano y levantó una ceja. intentando aparentar que la cosa no iba con él. Neville aún se encontraba frotándose la mandíbula. ¿Te importaría exponerme las razones de este asalto? —dijo.158 - . masajeándose la mandíbula. ¡Sólo una mujer tan bella y casta como ella podría provocar tanta pasión! Lady Troubridge asintió y todos imitaron a su anfitriona. que aún se encontraba en el suelo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¡Querido! —gritó. —Puedes quedarte con ella —dijo Tuppy—. Por otro lado. Pero Carola estaba jadeando de la rabia. como si se hubiera caído de un árbol—. a su derecha. Llévatela. —¡Debes de estar loco! —dijo. Los mirones comenzaron a retirarse en silencio mientras él salía. volviéndose a su víctima. No pienso darte explicaciones. —No —contestó Tuppy—. —¡Ay! —dijo. Volvió al lado de Neville y lo tomó del brazo. cerró el puño otra vez al ver que Carola revoloteaba alrededor de Neville. Los presentes asintieron con la cabeza. ¿verdad? Tanta pasión. limpiándole el abrigo. —No provoquemos al toro enfurecido. ¡Al hombre que amo más que nada en el mundo! Tuppy palideció. Todos miraron a Neville. giró sobre sus talones y salió de la habitación. No entiendo por qué he tratado de proteger su reputación. llorando—. el señor Reginald Gerard cerró los ojos con indignación. Neville Charlton mantenía una calma envidiable. en el mejor tono posible. llena de rabia y humillación. Aunque la provocación había sido notable no se correspondía con el castigo. Estaban de acuerdo con ella. No la quiero. ¿Estás bien? De pie. Tuppy comenzaba a sentirse como un estúpido. Las actrices jóvenes sobreactuaban invariablemente y lady Perwinkle no era la excepción. me disculpo —dijo Tuppy. —Está bien. A pesar de lo sucedido. Logró ponerse de pie sin prisa y comenzó a arreglarse el cuello de la camisa. —¿Cómo te atreves a asaltar de esa manera a mi futuro esposo? —le gritó a Tuppy—.

no te besaré… de momento. Se rodeó de calma con un manto frío de terciopelo y desafió a los mirones a hacer algún comentario. Y yo no soy tan educado como Neville. tomándola de la mano. con D mayúscula. Bailaba de la misma manera en que hablaba y vivía: en osados y atrevidos destellos y giros seductores. Una Duquesa. Tal vez haya algún asunto urgente que debamos discutir. Tenía los ojos del color de un trozo de vidrio pescado en el océano de Grecia y el pelo del color del atardecer. —Más de lo que debería. Gina sintió la presencia de su esposo antes de que él dijera nada. Consideró la idea por unos segundos. —No podemos —protestó Gina—. podría sentirse su hermanito de honor e intentar proteger tu reputación tirándome al suelo. El baile se convirtió abruptamente en un vals. lanzándole una moneda al director de la orquesta que brilló tan pronto vio al oro brillar en el aire. es mejor que bailes. gracias. Entonces la miró y se quedó sin respiración. Sería una pena no contestar las cartas a Bicksfiddle. —¿Qué sabes tú de la agonía de la pasión? —dijo ella. no debía haber… —No. Estaba encantadora. —Bailemos —dijo. ¡Diablos! ¿Por qué había dicho eso? A menos que quisiera suscribirse de por vida a supervisar los barcos del arroyo Charlcote. porque no creo que a Bonnington le agrade que te bese. —¿Quieres ir a la biblioteca a retomar lo que dejamos? —dijo él—. —Si no bailas conmigo. si bailas conmigo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada a Carola de la habitación. mirando a su esposo—. en la pista de baile. Su sonrisa se transformó en algo más misterioso y seductor. El pequeño cuerpo de Gina estaba tan rígido como una . Sintió un hormigueo en los hombros. —Buenas noches —le dijo—. no bailando juntos. La gente hablará. Con la piel blanca y el pelo rojizo parecía una reina. —En sus ojos hubo un destello de luz—. te besaré aquí. Cam sintió el cambio en su cuerpo y miró hacia abajo para encontrarse con que tenía a una Duquesa entre los brazos. —No creo que haya sido una buena idea —dijo Gina. Gina sabía que la gente los miraba.159 - . —Prefiero no continuar con los papeleos de la propiedad en la biblioteca. levantando el brazo como si estuviera declamando. Él no podía recordar sobre qué hablaba ella. ¿Has visto el numerito que ha montado tu amigo Perwinkle? —Ríete de la agonía de la pasión —dijo. —¿Qué? —Por otro lado. Ya lo haremos mañana. Entonces. Gracias al ejemplo de Tuppy. Deberíamos estar esperando nuestra anulación. —¿Y cuándo fue la última vez que defendiste la virtud de una mujer? —preguntó. Cam hizo una mueca. —Es un vals —dijo. Es una roulade y lady Troubridge no ha formado aún las parejas. La orquesta ya había comenzado a tocar de nuevo. burlándose.

—¿Por qué no? —¿Y si fue tu hermano quien envió la carta de chantaje? Perdone — dijo. Cam pensó en besar ese cuello. ¿Cómo está. Escasamente como corresponsal. ruborizándose un poco—. Entonces vio los ojos interesados de lady Troubridge clavados en ella. al tropezar con otra pareja. Su pregunta había sonado como una proclamación real. —No me quieres como esposa —recalcó.160 - . Prefería a su esposa sonrojada y sonriente. dado que quieres deshacerte de mí —dijo. —¿Por qué demonios piensas eso? —Porque sí.ELOISA JAMES Duquesa enamorada tabla. Él no quería más que hacerle olvidar esa compostura y hacer que volviera a ser de nuevo la niña impulsiva y escandalosa que alguna vez abandonó. —No sé qué es lo que crees que estás haciendo —susurró Gina. Estamos en medio de una anulación. Nadie podría haber interpretado su baile como algo sugestivo. Nuestro matrimonio se está acabando. —Creo que tu hermano podría ser alguno de los invitados a esta fiesta —dijo. duquesa? Soy su hermano ilegítimo. con suavidad. —Un razonamiento extremadamente pobre. con deliberada condescendencia—. Había perdido la compostura. Nuestro matrimonio está… —Estoy de acuerdo —la interrumpió. —¿Acaso estás diciendo que ya no quieres deshacerte de mí? Ni siquiera tenemos un matrimonio real. me gusta leer tus cartas. descubriendo que la sonrisa de su esposo tenía la habilidad de hacer que su sangre se calentara—. y una oleada de lujuria blanca lo inundó. —Sólo porque no soy de ese tipo. Te estoy seduciendo. de los que tienen esposa —replicó . por Dios Santo. Sintió una oleada de aburrimiento extremo. Vamos a anular nuestro matrimonio. se habría identificado. Sus ojos nunca habían sido tan dominantes y su tono tan extremadamente exigente. en tono pensativo. Si mi hermano estuviera aquí en la fiesta. —La seducción sería una tontería. su frialdad e indiferencia parecían propias de una esposa decente. El seducirme no hará que me anime a escribirte cartas. —Creo que no debemos hablar de este asunto en público —susurró. —Fuiste tú la que me pidió la anulación. se convirtió en una duquesa extraordinaria. bueno. La música se acabó. Existe una diferencia entre las dos cosas. Hubo una pequeña pausa. —Vayamos a la biblioteca y discutamos ese asunto libremente —dijo. sí? ¿Qué habría dicho? —Había un poco de desprecio en la voz de Cam—. —¿Entonces por qué estás cortejándome? Cuando Gina estaba aún indecisa. de hecho. Me gusta tenerte cerca. —No te estoy cortejando —dijo él. Un mechón de pelo se le había salido del complicado arreglo de su cabeza y estaba rebotando contra su cuello. Gina. —¿Ah. por encima de su hombro. Cam. No quieres que sea tu esposa.

Siento que nuestro matrimonio no es muy convencional. Alcanzo a entender que me convertiría en una esposa que lleva la administración de las propiedades y educa a sus hijos sola mientras su esposo retoza en un país extranjero. di algo —demandó Gina. El marqués Bonnington hizo una inclinación ante Cam. —Bueno. Si cambias de opinión y decides no casarte con tu marqués de hielo. se arrepintió—. —¿De verdad? ¡Qué bien! Seguiría siendo la esposa invisible que no da problemas y que. —Está bien… —dijo él. además. Una pequeña debilidad descansaba abajo. Si permanecemos casados. sintiendo un baño de alivio. ¿no crees? —¡Aún mejor! —dijo ella con un chillido. —Quiero saber a qué te refieres cuando hablas de modificaciones. parece que quieres que cancelemos la anulación. Entonces. —Tan sólo era una sugerencia —dijo Cam. Su sentimiento debió de ser visible en su cara. —Su cara era un poema.161 - . Abrió la boca para decir algo. ella le dio un punzante toque en las costillas. realiza un buen trabajo como administradora de las propiedades. Nadie puede quejarse del trabajo que has hecho en Girton. por un hombre que admira mis cartas y mis habilidades administrativas. tratando de suavizar el tono de su voz—. De hecho. pero ¿qué? Una voz sonó detrás de ella. había dicho eso. pero podríamos tener mucho placer antes de que partiera. Creo que el hecho pertinente aquí es que tú no me quieres como tu esposo. —Las modificaciones se refieren a los asuntos de la cama — respondió. como todos los hombres. — Gina tenía los ojos entrecerrados. ¿Realmente había dicho eso? Seguro que no. estaré feliz de seguir casado contigo. con algunas modificaciones… —¿De qué estás hablando? —De nuestro matrimonio —explicó. Luego se preguntó qué demonios estaba diciendo. Cuando él no contestó. en la semilla de su estómago. Y te visitaría muy a menudo. creo que deberíamos compartir el lecho… al menos mientras yo esté en Inglaterra. —Ah. Yo sería feliz si siguiéramos como estábamos. pero ella se sentía como si la estuviera acariciando. Sus ojos se ahogaron en los hombros y el cuello cremosos y delicados de su esposa. Sus mejillas se marcaron con parches de carmín. ¿De qué modificaciones hablas? Por tu forma de expresarte. Cam sintió que la sangre se drenaba de su cabeza. —La velada se ha convertido en una desagradable exhibición —dijo .ELOISA JAMES Duquesa enamorada él—. No la estaba tocando. —No te vayas por las ramas. tratando de ignorar la pequeña voz de su cabeza que parecía encantada con la idea de compartir la cama con Cam—. Qué espléndido. —¡Cam! Él tenía esa apariencia divertida y somnolienta que la ponía tan nerviosa. Debería dejar plantado a un hombre que me ama y que quiere que tenga sus hijos con él. Sí. sin fijarse en si alguien estaba escuchando—. con la voz tan afilada como una de las heroínas de Shakespeare.

—Ése es el espíritu —dijo Cam. —Será mejor que te quites los guantes —dijo Cam. —No podemos sentarnos así —recalcó Cam—. —Cuanto menos se comente ese incidente.162 - .ELOISA JAMES Duquesa enamorada él. Propongo que nos retiremos a la biblioteca a ensayar nuestros papeles en Mucho ruido y pocas nueces. en un tono ácido. Frunció el ceño cuando vio los innumerables y pequeños botones a un lado de su muñeca. Sus ojos se encontraron con los de ella. y añadió cuidadosamente—. —¡Había prometido que sólo sería una pequeña obra satírica para los invitados de la casa! —Aparentemente. —Soy perfectamente capaz de leer con los guantes puestos. con tanta energía en la voz que la boca de Gina se curvó hacia arriba. a pesar de que aún estaba molesta con él. Gina tenía la horrible sospecha de que Cam se estaba riendo silenciosamente de su prometido. —Podéis empezar cuando gustéis —dijo. mi querida lady Desdémona! ¿Ya estás partiendo? —dijo Cam. Tendremos que hacerlo . —¡Comenzad. chasqueando los dedos y dirigiéndose hacia la biblioteca. pero Sebastian le estaba sosteniendo el brazo—. —Eso es de Hamlet —dijo Cam. en tono alegre. negros y risueños y el corazón le dio un vuelco en el pecho. Gina abrió los ojos. entregándole un libro a Gina. Sebastian hizo un gesto de irritación y se sentó junto a Esme. mejor —dijo Sebastian. ha cambiado de parecer. Cam le quitó a Gina ambos guantes y los lanzó a un lado sin mirar a Sebastian. Si debemos hacer el ridículo. Tenía la mano de Gina en las suyas. —¿Comenzamos con el primer acto? —Esos somos nosotros —dijo Cam. dónde está la hermosa Ofelia? Sebastian frunció el ceño. —Estamos listos —dijo. —En realidad es: «¿Dónde está la hermosa majestad de Dinamarca?» —dijo Sebastian. Se detuvo cuando llegaron a la habitación. hasta los codos. vamos. ¿Dónde. Si permites que Benedicto y Beatriz se sienten. mejor que ensayemos nuestra humillación. —Entonces. pues! —gruñó su prometido desde el sofá opuesto. Se dio la vuelta y miró toda la habitación—. oh. Ella vio cómo él inclinaba su negra cabeza sobre su muñeca y luego comenzaba a soltar con destreza los pequeños botones de perla. en un tono tan íntimo que Gina se sintió como si hubiera sido transportada a la cama matrimonial. —Estoy de acuerdo —respondió Cam. —Espero que no esté esperando que igualemos las aptitudes dramáticas de lord y lady Perwinkle. —¡Qué. Esme se sentó en la posición opuesta a ellos: estaba animada. Llevó a Gina hacia el sofá. Cam se rió entre dientes. Lady Troubridge me acaba de informar de que ha invitado a mucha gente a ver la representación pasado mañana. tan frío como el hielo—. Me refería a la más que hermosa Esme. otra obra de Shakespeare.

Y. Sebastian gruñó. —Cam decidió que no tenía por qué mencionar que la pasión de Marissa estaba reservada para su esposo. y tú podrás regresar junto a tu agradable diosa doméstica. no amo a ninguna —recalcó. —Ay. mirando hacia el otro sofá—. si estás frente a ella! —Entonces la cortesía es una veleta —respondió Cam—. Gina frunció el ceño y siguió recitando su parlamento. —¿Por qué estás provocando deliberadamente a Sebastian? — preguntó Gina. —¿Por qué no? Es bastante pertinente. —Tonterías —dijo Gina—. —No la llamaría solamente agradable. apretando los dientes—. —¿Es posible que Desdémona muera teniendo toda la comida para alimentarse como el señor Benedicto? —dijo Gina. excepto a… la Venus Griega. Benedicto dice que no ama a nadie. si vamos a tener más audiencia. Esme había logrado entablar conversación con el contrariado y futuro esposo. Gina hervía de indignación. Milagro de milagros. ¿Por qué no continúas recitando? Ibas por lo de la sangre fría. Gina sabía perfectamente a qué tipo de castigo se refería. Gina —protestó él—.163 - . en persona. Prefiero oír ladrar a mi perro que oír que un hombre me diga . eso es lo que eres. Las equivocaciones en el teatro tienen un castigo cuando los actores no se han aprendido sus líneas correctamente. —En realidad. Cam estaba feliz de ver que Bonnington estaba absorto en una discusión con lady Rawlings. con una sonrisa irreverente y burlona—. —Estoy agradecida a Dios y a mi sangre fría —dijo Gina. creo que te he hecho un favor al desdibujar a ese perro de caza al que llamas tu futuro esposo. —Quiero a Marissa. intentando ignorar el hormigueo en su mano. Intentó retirar la mano bruscamente. por cierto. Es una mujer apasionada y amorosa. El rostro de Cam perdió un poco de su cualidad seductora insolente. excluida tú. Te insulto y tu respuesta es un chiste. se puso a acariciarla de una manera que la joven pensó que iba a gritar. —No es necesario que seas tan ferviente. —Haz el favor de seguir el libro. Estás jugando con sus sentimientos de la misma manera que juegas con todo. Cam? —Es cierto que soy el amor de todas las damas. Me casaré con Sebastian —dijo. —Eres un fresco. —¿Se te ha olvidado el resto del parlamento? —preguntó Cam. tú eres Benedicto. tengo una memoria excelente —dijo Gina—. qué encantador —dijo Gina—. No amas a nadie. Le tomó la mano y la besó en la palma. —Por fortuna. pero él no se lo permitió. Marissa es una persona tan cálida que llena la casa de risas. ¿Al menos es en serio. por el contrario. ¡La cortesía debe ser para Desdémona.ELOISA JAMES Duquesa enamorada muy bien. —Así eres tú —chilló—. —Felicidad para las mujeres: no ser molestadas por un pretendiente pernicioso.

sí? —contestó Cam. quedándose sin aliento. tan pronto cerraron la puerta. —¿Adónde vamos? —dijo ella. Antes de darse cuenta de la situación. Cam asintió. herméticamente. Sus manos vagaron codiciosamente. Cam hizo una pequeña reverencia burlona con la cabeza. Él se quedó quieto y la detuvo. Él sintió que una inesperada ola de lujuria lo recorría de la cabeza a los pies. atrayéndola hacia él. pero luego su cuerpo se derritió contra el de él. buscando los senos redondos y constreñidos por la seda apretada y el corsé. —Lord Bonnington y yo vamos a tomarnos un pequeño descanso en el jardín. Haz el favor de leer tu parte —los ojos le brillaban de placer por la batalla. moldeando las curvas dulces. —Vamos a tu habitación. Regresaremos dentro de cinco minutos. —A tu habitación. —He cambiado de opinión. —Cam le puso las manos en los hombros. Ojalá esa sangre fría te ayude durante tu matrimonio con el gélido marqués. Es Beatriz en carne y hueso. a menos que… —Sus mejillas estaban rosadas y le . Ambos miraron involuntariamente hacia el sofá opuesto. —¿Has olvidado tu parlamento? —dijo Gina. —¡Cómo te atreves! —dijo Gina. Él se dio la vuelta. con los labios bajos los suyos. con tono dudoso. —Dicho con gracia. —No podemos. —Entonces yo soy la encargada de resaltar las consecuencias del olvido y poner el castigo —dijo ella. Gina.164 - . Creía que odiabas los corsés. —¿Ah. —Creo que sí. —¿Qué? —dijo ella. él la estaba sacando de la habitación. siguiendo con el dedo un cordón de barba de ballena—. Esme los interrumpió. Se balanceó por un momento. —Adjudiqué el castigo antes de que empezara. con delicadas y cremosas curvas. —Ajá —dijo ella. confundida. —Eso no es de la obra. Él intensificó el beso. Él la tenía exactamente donde la quería: en su regazo. Ahora. pero Esme y Sebastian no estaban prestándoles atención. deteniéndose. mientras veía cómo sus labios descendían hacia los de ella.ELOISA JAMES Duquesa enamorada que me ama. —Su voz era un murmullo ronco. —Que Dios guarde a la señora en sus pensamientos —dijo Cam—. Ella se quedó inmóvil. —Las heridas no podrán empeorarlo. Las rodillas de Gina estaban débiles. Para que otros caballeros o cualquier otro puedan escapar a ese rostro predestinado a ser herido. perfectamente esbelto. —¿Qué es esto? —murmuró.

—Pero no confío en mí. acariciándolo todo. Todo en él. Cam. Las palabras salieron de su boca y sus mejillas enrojecieron aun más. dos peniques en el bolsillo. actuando. Parecía una joven y majestuosa reina Isabel. En que. Ella gritó. sin saber cómo. consciente del nuevo . Él sintió como si le hubiera lanzado un cubo de agua fría. con un toque de sus labios. —¡No! Yo confío en ti. Como no dijo nada. sino por lógica y por un fuerte deseo de supervivencia. —Oh. encerrándole la cara entre ellas y estrelló la boca contra la de ella. desde sus ojos negros hasta sus manos llenas de callos. se encontró de rodillas frente a una joven e imponente reina.ELOISA JAMES Duquesa enamorada faltaba el aliento—. ella se dio la vuelta. Él dejó que su mano corriera por el corpiño. de hecho. pensó Gina. Hasta ese momento. con la mirada severa. Alzó las manos. Excepto que Cam sabía que. Cam sonrió y le arregló el cuello del vestido. incapaz de contenerse. Él esperó. Su otra mano bailó. Cam —susurró ella. Gina se inclinó hacia atrás y miró fijamente a su esposo. Sé que no harías… eso. Estaba impasible. Cuando él la tocó. retorciéndose de la satisfacción que no podía conseguir. ¿verdad? Sintió cómo el cuerpo de su esposo se ponía en tensión como si fuera su propia piel. Sus manos recorrieron su cuerpo hasta que ella estuvo desesperada. pensó. Debo llegar virgen a mi cama de casada. literalmente. en la habitación de la duquesa. —Se sentó y abrió el libro como si fuera el mejor documento que había visto jamás. duque de Girton. Cuando la besó. haciendo un pequeño sonido erótico y se movió en sus brazos. por los impedimentos de la seda. Hasta que un ruido al otro lado de la puerta les recordó a los poco prudentes duque y duquesa que no estaban solos ni. tocara la curva de los senos y caminara con los dedos por la seda. —¿Seguimos ensayando? Tu siguiente línea es: Bueno. Sus ojos brillaron con satisfacción. no había vuelto a dejarse llevar por el instinto desde el día en que había saltado por la ventana de su padre con. Camdem Serrard. es usted una extraña maestra de loros. Había sobrevivido usando sus encantos. gimiendo en su boca. Tenía el pelo recogido en la cabeza y dos diamantes le brillaban en las orejas. Ella suspiró. llenaba su pulso con deseo.165 - . su aliento se tornó fuego sedoso en su pecho. el tafetán y el corsé. no por instinto. —Realmente crees que soy un patán irresponsable. «No debo volver a hacer esto». ligeras plumas sobre la suave ropa. «Nunca sentiré esto por nadie más». Las manos grandes se mecieron por su cara como si ésta fuera la estatua más hermosa que se hubiera hecho jamás. Se puso muy serio. se volvió una descarada. Él la besó de nuevo para poder saborear el grito ahogado en su boca. esa reina sería suya. como si hubieran pasado el tiempo leyendo a Shakespeare.

La segunda vez ya lo hacían bastante bien. «No debo volver a tocar a este hombre: no me pertenece. Si lo olvido. Benedicto. consciente de sentirse frustrado cada vez que miraba a su deleitosa esposa.» La actividad de la tarde se desdibujó. con su prometido actuando como director. sólo encontraré desengaño. Beatriz le habló a su Benedicto con apasionado énfasis. y nunca me pertenecerá. Ensayaron la obra unas tres veces. En el último ensayo. le contestó con tal intensidad que hizo que incluso el marqués de Bonnington percibiera algo y se preguntara qué pasaba.166 - .ELOISA JAMES Duquesa enamorada descubrimiento de su corazón. .

¿A quién reemplazará Carola? —Ésa es la pequeña dificultad —admitió Esme. —No entiendo cómo puedes comer en un momento como éste. El problema es que. él comparte ese sentimiento —anotó Gina. según he podido saber. Carola la miró con los ojos brillantes. —El hecho es que Carola tiene razón. dado que mañana representaremos la pequeña obra de Shakespeare. estallando de nuevo en llanto. —Imposible —dijo Carola llorando desconsolada—. —De hecho. Él no quiere dormir . Sus obras están llenas de trucos de cama. de verdad. ¡Debes tener un plan para salvar mi matrimonio! Esme levantó una ceja. puesto que ella había vuelto a negarse bajar a cenar. —¿Qué demonios es un truco de cama? —Un truco de cama es la sustitución de una persona por otra — explicó Gina—. Carola bajó el pañuelo lo necesario para parpadear desesperadamente. —El número de uvas que consuma no tiene nada que ver en este asunto. Helena se sintió afligida. Las cuatro mujeres compartían la cena en la habitación de Carola. —Creo que un truco de cama es necesario —dijo Esme—. escogiendo cuidadosamente una uva antes de metérsela a la boca—. — Estaba algo histérica—. Gina miró el pañuelo que Carola tenía contra la cara y decidió que aguantaría unos dos o tres llantos más. —No creo que lo hayas destruido todo —dijo Esme. Un sollozo se escuchó desde el otro lado de la mesa y Gina automáticamente sacó un pañuelo. Necesitamos un plan de acción —recalcó Gina. comiéndose una uva. —Siento mucho decir esto —añadió Helena—. Tuppy no ha invitado a nadie a su cama. Pero ciertamente lo has puesto mucho más difícil. Carola se estremeció. te lo aseguro. —No deseo casarme con Neville.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 24 El segundo consejo de guerra.167 - . Y tal vez tenga que hacerlo si… ¡si Tuppy decide pedirme el divorcio! —dijo. pero lady Troubridge me ha dicho que lord Perwinkle se va mañana a primera hora. —Se casaría conmigo si yo se lo pidiera. —Creo que es hora de tomar medidas radicales —dijo Esme. Es muy apropiado.

está muy enamorado de ti. De hecho. —La pregunta es: ¿quién quedará con él? —Esme miró a sus dos amigas—. y de que estás dispuesta a hacer cualquier cosa para lograrlo. —Una de nosotras tendrá que seducirlo y quedar con él. no se irá —dijo Esme—. Él no la espera. Y créeme. Pero será Carola quien lo esté esperando. Por otra parte. Ésta es mi última noche en la comodidad solitaria de mi cama. Todas sois más hermosas que yo y más expertas en la materia. disgustado. —¡No puedo! Ya estoy… —¿Estás qué? —No lo permitiré —interrumpió Carola—. Ella sonrió abiertamente. Debes convencer a Tuppy de que quieres estar en su cama. Yo creo que es lo mejor. y sería una sorpresa agradable. con la cara roja—. —No lo sé… —respondió Esme—. —¿Y por qué no se mete Carola en la cama de Tuppy? —preguntó Gina—. —Pero creo que mi madre no lo aprobaría. Gina le gusta mucho a Tuppy. ¿No sabes nada sobre los trucos de cama? Carola negó con la cabeza. Si yo fuera Tuppy. Entonces tres pares de ojos se clavaron en Gina. le has dejado muy claro que quieres acabar tu matrimonio. no! —dijo anonadada. no podemos arriesgarnos. —Y Tuppy se irá. no me acercaría a mi esposa por muy enamorado que estuviera de ella. con afecto—. —Lo que pasa es que he quedado con mi esposo mañana por la noche. No quiero ver a ninguna de vosotras coqueteando con mi marido. a coro. Pero si no quieres que nadie seduzca a Tuppy. os aseguro que yo no podría hacer que él quedara conmigo.168 - . ya le agradas a Tuppy. —Pues no hay otra solución. demasiado en mi opinión. Esme. ¿Gina? ¿Helena? —Tú —contestaron ambas. Tuppy ha sufrido una gran humillación esta tarde. si te . No tengo la menor idea de cómo lograrlo. querida. dado que Miles podría hacerme dormir en el suelo. —¡Ah.ELOISA JAMES Duquesa enamorada conmigo. Porque estará oscuro. no me gusta nada este plan. —Eres una tonta —dijo Esme. —No. que así sea. y debe de estar muy avergonzado. Tuppy tiene razones suficientes para creer que tú detestas su manera de comportarse en la cama. dejando la tarta a un lado— ¡Yo no podría! —¿Por qué no? —preguntó Esme—. gracias a tus conocimientos sobre las truchas. Sin embargo. ¡No lo permitiré! Las tres mujeres altas la miraron con afecto. que estaba comiéndose un trozo de tarta con total despreocupación. Su pelo brillaba con la luz del sol y estaba tan bonita que parecía un ángel bajado del cielo. Aparentemente. —No estoy de acuerdo —intervino Esme—. —No puedo creer que estemos involucradas en esta conversación de mala reputación —dijo Helena. Pero bueno.

Deberás estar cómodamente instalada en su cama cuando él llegue a la habitación. Tendrá que desvestirse sólo. mirando apresuradamente al reloj de la mesa y poniéndose en pie. Cam se hará cargo de administrar la propiedad cuando anulemos nuestro matrimonio. y después nosotras… —Esme miró fijamente a Gina y a Helena—. Lo haré. —¿Te vas? —preguntó Helena—. —Pero ¿una vez ahí. —Bien. Helena la tomó por la muñeca y le dijo. —He quedado con Cam en la biblioteca esta noche —dijo Gina. va a hacerse cargo de todo. Esme la miró con admiración. No le permitiremos partir antes de esa hora. con voz clara y suave: —Es un buen hombre. no podría! —gritó Carola—. Viviendo en Grecia. —Nada. Y eso te incluye a ti — dijo. —Eso no es justo —protestó Gina—. —¿Qué diré cuando él entre en la habitación? ¡Ay. ¿Qué ha sido de la estirada duquesa? —Las duquesas somos unas personas muy inteligentes y aprendemos muy deprisa. mirando a Helena. Carola. qué le diré? —Nada —dijo Gina. Nosotras distraeremos a lord Perwinkle en el salón de baile hasta el momento indicado. lo es. —¡Bueno. en absoluto. La sonrisa de Gina estaba cargada de picardía. Le diré a mi criada que soborne al ayuda de cámara. Ambrogina Serrard. Su ayuda de cámara se queda hasta que él se acuesta. —¿Y cuál sería ese momento? —Las once en punto. eso es una mejora! —dijo Esme—. Bueno. —Él no es mi marido —replicó Gina. —¡Oh! —dijo Esme—. Tal vez esté dejando finalmente la niñez a un lado. El apuesto marido. —Nosotras no somos simples chicas —anunció Esme—. Cam no podía saber cuánto trabajo requiere una propiedad. He llegado a la conclusión de que cualquiera de nosotras podría llevar a cualquier hombre indefenso a su cama sin mucho esfuerzo. —Ya lo veo —dijo Esme. —Estás cambiando ante mis ojos. Esperaba poder dar un paseo contigo. Le he prometido explicarle las cartas de Bicksfiddle. —Bueno —dijo Carola—.169 - . señalando la cama con velos pesados de Carola—. No se dará cuenta de que estás ahí hasta que esté desnudo en la cama. Todas las habitaciones de invitados de lady Troubridge son iguales —dijo. agudamente—. —Disculpadme —dijo Gina. pero no por mucho tiempo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada encuentra sin tener que ir a buscarte… —No puede estar tan enamorado. lo que significa . —¿Nada? —Carola abrió los ojos. —Lo sobornaremos —afirmó Esme—. ya que tú piensas que podría invitar a su cama a cualquiera de vosotras. ligeramente cohibida.

—Entonces estaríamos en un verdadero embrollo. Sospecho que no tendrás tiempo para administrar propiedades. Gina entró en la biblioteca con la firme convicción de que no habría más coquetería con su marido. —¿Vamos a dar un paseo a caballo? ¿Vamos. —Últimamente. Alguna vez tendrás que comportarte tontamente como nosotras. tocándole la mejilla a Esme. espero.170 - . Pero ella no había pasado la mayor parte de su vida esperando ser una verdadera esposa y ser parte de una gran familia. Helena. sonriendo. traviesa—. Lo que más la mortificaba era que los besos de Cam habían resultado ser irresistibles. querida? Esme se mordió los labios. ¿verdad? ¡Tuppy persiguiendo la trucha de Gina y tú y yo persiguiendo a Tuppy! Helena se puso de pie. Si yo estuviera en tu lugar no dejaría de controlarlo. Estarás incapacitada para la noche si te quedas deprimida en tu habitación todo el día. firmemente—. En cuanto te des la vuelta olvidará todas sus obligaciones. —Vamos a pasear. Yo mejoraré mi mal temperamento. Helena miró a Esme con preocupación. Esme sonrió. Me gusta. estoy consumida por los celos —confesó Esme—. —Extrañaré ese trabajo —admitió Gina—. pero yo era tan sólo una niña. —Soy una arpía. Os veré a la hora de la cena. —Te daría a Tuppy si lo quisieras —dijo Carola. Carola saldrá de su estado de abatimiento y Helena seguirá teniendo la misma calma… —dijo Esme. ¿cierto? —No tanto. —Yo no estaré —dijo Helena. —Me voy. Esme. —No recuerdo al esposo de Gina —dijo Helena—. Carola tragó saliva. Gina tomó sus guantes. —Cada vez que pienso en esta noche me siento enferma. ¿Qué haré con mi tiempo libre? Sebastian dice que él ya tiene dos administradores excelentes. Me siento como una niña de cinco años que quiere un pastel que le han dado a una amiguita. —Pobrecita —dijo Helena. Se pierde mucho tiempo intentando estar a la altura del bueno de Bonnington. y yo estaré ahí para celebrarlo. —Sabía que el marqués tendría dos cuando uno es más que suficiente —dijo Esme—. Ya había tenido suficiente. Después de que Gina saliera. Carola? Ella apartó la mirada desconsolada de su pañuelo. antes de que comencemos a discutir. —Bah —resopló Esme—. Creo que lo conocí antes de de que se fuera. Quiero desesperadamente algo que no es mío.ELOISA JAMES Duquesa enamorada que no es tan alocado como creías. —¿Por qué tanta agudeza. ¿Es muy guapo? —No es el duque —respondió Esme. —No podría. —Claro que sí —dijo Helena. La idea de volver a la casa Girton sola mientras su esposo . para caer presa de unos pocos besos. entre sofocos.

Después de todo. —¿Tú? —¡Yo no salgo de caza! —Ay. deben ser bajos.171 - . Él asintió. Mi padre era un gran cazador. estaba esculpiendo a Esme. Cam frunció el ceño. —¿Quién caza en nuestras tierras? Gina levantó una ceja. Ella no sabía si realmente quería que Cam le siguiera contando cosas sobre su trabajo. otras son de él. 1803 fue un año terrible para las cosechas —dijo Gina—. Gina alimentó esa envidia durante al menos un año. serenamente: —Permití que los setos crecieran después de que tu padre quedara postrado en cama. se sentó a su lado y tomó una de las cartas—. y por lo tanto envía una petición anual para cortar los setos. Helena y su esposo eran el ejemplo perfecto. Éstas son preguntas sobre el cuidado de la tierra y la granja. —He tenido unas cuantas ideas para el mármol de Stephen. —¿Has estado dibujando de nuevo? —le preguntó. —¿Preguntas de Bicksfiddle? Ella asintió. Después de todo. Entonces instituí los comedores y abrí las salas de juego. Cam revolvió los papeles que Gina dejó sobre la mesa. sin un esposo y sin hijos ni un día más. —Algunas son preguntas de otros. Cam la esperaba en la mesa. Tenía un poco de carboncillo en las sienes. Quería lo que Sebastian le ofrecía: una familia. Su sonrisa hizo que ella parpadeara y luego pasara a la siguiente hoja rápidamente. Las he ordenado en dos grupos —levantó un tercio de los papeles del montón—. —No recuerdo ninguna cosecha —dijo Cam. éstas tienen que ver con la casa y éstas son de variada índole. estabilidad. en 1802. —Bueno. la aterraba. y si van a ser sorteados por los cazadores de lobos. No podría vivir esa vida solitaria de duquesa.ELOISA JAMES Duquesa enamorada navegaba por los mares. Acercó una silla para ella. Recordaba cuánto había envidiado a su amiga cuando Helena se fugó a Gretna Green con un apuesto noble. Lo disfrutaba más si podía pisotear los jardines de la cocina de alguien mientras perseguía a alguna pequeña y salvaje criatura. ¿Los setos han sido cortados para permitir a los cazadores pasar por encima de ellos? Gina dudó por un segundo y luego dijo. —Éstas son plantas para la cosecha en la aldea. ya había visto muchos matrimonios que comenzaban llenos de pasión y terminaban con nada. ¿Por qué quiere cortar los setos? ¿Por qué no dejarlos crecer? —Los campos están separados por setos —explicó Gina—. supongo que . tu padre era… —Ya lo sé —dijo con tono cansado—. No dijo nada más y Gina no le preguntó. hasta que la condesa se mudó de la casa de su esposo y él la reemplazó rápidamente por un grupo de cantantes y bailarinas rusas. —Revisemos las de variada índole primero —dijo Cam. Bicksfiddle está en desacuerdo con esa medida. lealtad y amor. No podría hacerlo.

Seiscientos galones me parece excesivo. Cam se puso en pie y estiró los músculos. Los guardabosques se fueron en 1802. —Gina —repitió—. La sonrisa de Cam hizo que ella sintiera calor hasta en los pies. —¿Por qué habría de hacerlo? —Bicksfiddle tiene ideas claras sobre el papel de un duque —explicó Gina—. Pero. que casualmente fue el año en el que mi padre cayó enfermo. un sirviente les llevó té. apretando los labios cuando vio que él se acercaba. Ella levantó la mirada. Eso terminaría en una cama vacía. y se sorprendió al ver que los pequeños halos de luz que entraban por los parteluces de las ventanas habían desaparecido. Nunca le agradó que yo permitiera que los guardabosques se fueran. —¿Qué usan como luz en Grecia? —Velas… el sol… la piel de una hermosa mujer. ¿podría acompañarte a tu habitación? . Pero él se estaba moviendo. pero me encanta besarte —dijo su réprobo esposo. En algún punto. —Por Dios. —Aún no puedo creer que la casa consuma tanto aceite —resaltó Cam—. La besó en la boca y su cuerpo tembló. —Comencemos con la casa.172 - . atrayéndola hacia sí. ellos continuaron trabajando. Podía sentir que un pequeño rubor le cubría las mejillas. La intimidad de la situación estaba poniendo nerviosa a Gina. —Cam —dijo suavemente—. a revisar una larga pila de papeles. en realidad. Cam la miró por un momento y luego asintió. Podríamos considerar la posibilidad de poner lámparas de gas en la casa de la ciudad.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Bicksfiddle se quejará la próxima vez que hables con él. —Ah. no había ningún motivo para retenerlos puesto que yo no pensaba permitir las fiestas de caza en nuestras tierras. Gina. poniéndole un dedo en la nariz por un instante—. —No sé nada de esas cosas —dijo él. —Gina… —Su voz era profunda llena de pasión. Tengo la espalda hecha puré. Deberíamos continuar con esto mañana. ¿qué pasaría si explotaran? Alguien me dijo que el gas era extremadamente peligroso. —Déjame adivinarlo —dijo él. el duque y la duquesa. —Hay muchísimas lámparas de aceite —dijo Gina—. Se dobló hacia delante para besarle la mejilla con tanta rapidez que ella casi no sintió la huella de sus labios. Miró hacia otro lado. —Por supuesto —dijo. Debemos ponerle fin a… este comportamiento. Se las había arreglado para mancharse con tinta la muñeca. Gina se miró las manos por un momento. atendiendo a todas las cartas de Bicksfiddle mientras su esposo se bañaba en los océanos griegos. Finalmente. —¿Qué comportamiento? —Besarnos. Las salas de banquetes del pabellón Brighton son de gas pero. Gina tembló. Y se sentaron juntos.

aunque he tenido la impresión de que… Ella lo interrumpió. dándole besos por las mejillas. Marissa esperándolo… Ella se empujó hacia atrás con las manos. Quiero vivir junto a mi esposo y tener hijos con él. Nunca me pediste que regresara a casa hasta que pediste la anulación. Siempre hacía el chiste de ser el que se había casado temprano entre los destinados a no casarse. Él arrastró su boca. —Tú quieres obtener placer y partir sin daños. Sus mejillas estaban sonrojadas. Cam se puso serio. —No le veo nada malo a eso —peleó por mantener su posición. —Ésa es una afirmación un poco moralista. cosa bastante natural. ¿Puedo recordarle. señora esposa. ¿Habrías dejado a Marissa si te lo hubiera pedido? Él tan sólo la miró. estatuas desnudas y el sol griego. Eres muy bueno para ignorar las verdades desagradables. Todo estaba mezclado en la cabeza de Gina: las estatuas. —¿Por qué no? Podemos tener placer siendo prudentes. Las duquesas nunca interrumpen. —Me gusta besarte —dijo. —¿Qué más quieres? —preguntó él. —Soy una mujer de veintitrés años. Cam frunció el ceño. con una voz pulida y oscura. —No es una buena idea. Cam. y los derechos legales. una voz que hablaba de risas. boquiabierto. bajándose las mangas y arreglándose la chaqueta—.173 - . veterano de un centenar de desagradables batallas familiares. con voz agitada—. —¿Habrías regresado si te lo hubiera pedido? —Esperó. Se repuso rápidamente. de tomar su cuerpo cada vez que se me antoje? Pero he escogido ignorar las señales de su tan dispuesto carácter. me gusta cómo me… cómo… Él la miró fijamente. —Su voz fue cruelmente amable—. pero ésta estaba perdiendo la paciencia Estaba sonrosada de vergüenza. como que tuviste una esposa sentada en casa durante doce años mientras perdías el tiempo con tu amante griega. Ella lo miró con desdén. —Nunca dijiste que te importara dónde estuviera. las mujeres desnudas.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Ella tembló en sus brazos como un pájaro atrapado después de su primer vuelo. Eso es típico de ti. —Tal vez no haya nada malo en eso —dijo ella—. —Creo que el matrimonio no está en mi naturaleza. sus labios temblorosos. —Esto no tiene nada que ver con el matrimonio —recalcó. encontrando su mirada. silenciado por su sinceridad. Es simplemente un asunto de . irresponsabilidad. pero no hubo respuesta—. Cam siempre había dicho que no era del tipo de los que se casaban. Lo que me ofreces es sólo placer. que tengo todas las oportunidades. sinceramente desconcertado. Pero ahora ya no estaba muy seguro de nada… salvo de que la deseaba. Pero su voz era firme. desde tu punto de vista. —Pero sólo hablas de placer y de nada más —dijo ella. —Te deseo —le dijo.

Gina. —El deseo es una emoción humana normal —dijo Cam—. en ese instante. entre mucha otra gente. —Oh —suspiró ella. Dejó caer las manos. —Pero no es necesario que me insultes. pero yo… podríamos… Parecía no saber lo que decía. —No tengo derecho a preguntar. No el futuro. No es justo que me critiques por romper los votos que hizo mi padre. Su tono fue bajo pero claro. una esposa escogida por mí. Gina. y ella no quería nada más que estar entre sus brazos decirle: «Ven. Ambos somos víctimas de mi padre.ELOISA JAMES Duquesa enamorada deseo. Él estaba de pie frente a los últimos rayos de sol y tenía carboncillo en el pelo. Pero me gustaría ser tuyo. o cómo decirlo. . Él encontró su mirada. sólo el presente.» Esas palabras vagaron por su boca. Lo entenderé si me dices que prefieres esperar para hacerlo con tu futuro esposo… No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que ella y Sebastian jamás compartirían tal sentimiento. Bésame. pero bailé en su boda hace unos tres años. Pasamos ratos agradables. —Y sé que tú también. Estaba de pie con esa sonrisa ladeada tan suya. Como has sido honesta. Llévame a tu habitación. —Seré un esposo de medio tiempo. ¿Podría llevarte a tu habitación? Gina respiró profundamente. Gina lo miró y supo. Ámame. Ella miró hacia otro lado para escapar a la intensidad de sus ojos negros. pero no pudo pronunciarlas. —Me temo que puedes hacerlo —dijo ella. Él la había tomado de las manos otra vez. Se aclaró la garganta. Y sabía que lo importante era el amor. su amor por él.174 - . que lo amaba. Él la tomó de la barbilla. —No hay nada por lo que debas disculparte. yo también lo seré: te deseo. forzándola a mirar hacia arriba. El cuerpo de Gina cantó cuando él la tocó. no la dejaré durante doce años ni tendré una amante. Gina. Si algún día tengo una verdadera esposa. Gina no contestó. Ella sintió una oleada de culpa. La miró por unos segundos y luego se inclinó para besarla. pero nuestra amistad no repercutió significativamente en ninguno de los dos. —Marissa está casada con un pescador —dijo él—. Él pasó un brazo por su cintura y caminaron hacia las puertas de la biblioteca. incapaz de soportar la humillación que sentía al reconocer para sí la verdad de lo que él estaba diciendo. —Lo siento —susurró. A los dieciocho años no tenía deseos de casarme contigo. Fue mi amante.

Phineas Finkbottle no estaba teniendo una velada agradable. cuando entró en la biblioteca y vio al duque besando a su esposa. No lloró mucho. Él no podía imaginarse diciéndole con quién debía casarse. Aunque no lo creo de su madre. era mejor sentarse silenciosamente en su habitación que sentarse silenciosamente a cenar con todos esos duques y marqueses. parecía consternada—. Esas señoras habían sido muy maleducadas ignorándolo de esa forma. tampoco conocía a nadie allí.175 - . Dos horas. Excepto que la duquesa tenía todos los modales de una duquesa. y Dios sabía que necesitaba acceso inmediato al duque y a la duquesa para llevar a cabo las instrucciones del señor Rounton. como pudo comprobar un poco más tarde. cuando bajó al comedor. —Claro que sí. sólo unas pocas lagrimitas… Y sólo llevó luto dos semanas… Phineas respiró profundamente. Lady Troubridge había sido muy amable invitándolo. No estaba vestido a la última moda y sólo era un abogado. En cualquier caso. La conversación de las señoras llamó su atención de pronto. a su derecha —. miserablemente consciente de que debía convencer a la duquesa de que cesara en sus planes de anulación.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 25 En donde el señor Finkbottle demuestra ser un buen empleado. Difícilmente podía ir a decirle que visitara la habitación de su esposa. ¿Pero cómo diablos se aseguraría de que el duque y la duquesa continuaran casados? Había pasado la mañana encerrado en su habitación. . cuyo nombre Phineas no pudo recordar. excepto a los duques y a la anfitriona… aun así era una grosería ignorarlo de ese modo. después del día anterior. queridas amigas. El duque era al menos diez años mayor que él y mucho más sofisticado y experimentado. Las tres ancianas de la mesa a la que lo había llevado el sirviente respondieron a su saludo con el más indiferente movimiento de la cabeza y siguieron conversando entre ellas con risitas ahogadas como si él no estuviera presente. Si el hombre quería que sus clientes se acostaran juntos. Algunos dicen que fue su madre quien echó el cerrojo a la puerta… —¡Qué escándalo! —La mujer de amarillo. De todas maneras. ¿por qué no podía él hacer que eso sucediera? Las orejas de Phineas se pusieron rojas sólo de pensarlo. Comió unas lonchas de jamón y sintió cierto rencor hacia el señor Rounton. La piel se le erizó sólo de pensarlo. —¡Estuvieron juntos en esa habitación al menos durante unas dos horas! —chilló la mujer regordeta llamada señora Flockhart. tenía fe en que el hombre se encargaría del asunto. queridas —dijo una anciana llamada lady Wantlish—.

chico? Él comenzó a ponerse morado de la vergüenza. chico? —dijo la señora Flockhart. aparentando desinterés. Lo que estás pensando es muy arriesgado. Las risas estallaron. Sufrió un accidente en su carruaje hace unos años. Nosotras ya estamos comprometidas. —La habitación —dijo él—. Los tres pares de ojos agudos lo miraron. —Mi padre me lo prohibió —admitió lady Wantlish—. —¿La jovenzuela de pelo rojizo? Si ella es una rica heredera. Él fue uno de mis primeros amores. ¿estarían obligados a permanecer casados? Seguramente el marqués descartaría el compromiso si la duquesa pasaba la noche con otro. —Creo que es probable que su madre los dejara solos en la habitación a propósito. —Bien —dijo la señora Flockhart. —¿Finkbottle? ¿Eres el hijo de Phineas Finkbottle? —Para su asombro. Eso fue antes de que perdiera todo su dinero. No creo que necesitara ayuda de su madre.ELOISA JAMES Duquesa enamorada ¿Por qué se iba a molestar en encerrar a su hija en la habitación? No. —¿Eres bueno con tus padres. Phineas entrecerró los ojos. —¿Quieres cazar a alguna rica heredera? —No te lo recomiendo. —Ah —dijo él. por supuesto. Hay otras formas de conseguir una esposa — dijo lady Wantlish. Por lo menos tenía un poco de humor—. Ha heredado la propiedad de su tía. Además. no en la habitación de una casa. Si el duque y la duquesa estaban encerrados juntos en una misma habitación. —Sí —murmuró—. ¿por qué viste esos horribles trajes? Parece un nabo arrugado. Phineas sintió una punzada de simpatía por la desconocida señorita Deventosh. Al menos eso creo.176 - . Mi madre murió en el accidente. Cazaron a ese muchacho sin duda alguna. —¿Quiénes son tus padres. —¿Qué habitación era? —preguntó. —Pero la señorita Deventosh es un buen partido —intervino lady Wantlish—. —¿De qué demonios hablas. de todos modos. comenzando a sonrojarse. chico? —Mi padre se llama Phineas Finkbottle —dijo Phineas. aunque se tropezó con la cola de su vestido el día que debutó al hacer la reverencia frente a la reina. volviéndose hacia él. Se sentía como un nabo. ácidamente—. Y puedo asegurarte que no está comprometida. —Menos mal que no lo aceptaste —observó la señora Flockhart. En la que estuvieron durante dos horas. —No quiero casarme —aclaró Phineas. esa chica es muy lista. no. ¿Cómo está él? —Está cojo. . señora —contestó Phineas—. con dignidad. insistiendo—. para obligarlos a casarse —dijo la señora Flockhart. —La pareja de la que hablábamos se quedó encerrada en una habitación del conservatorio. Phineas sintió que sus orejas se tornaban color carmesí. que es muy distinto —comentó lady Wantlish. lady Wantlish se suavizó y lo miró como si fuera mantequilla—.

tragándose un trozo de algo. ¿verdad? —preguntó el hombre. La biblioteca cerraba. Como usted dijo. ¿Has visto el baño de inmersión? Phineas negó con la cabeza. ¿No lo creéis. pero estaban tan sucias que no podía imaginarse a la elegante duquesa entrando en ellas.177 - . se viste como un nabo y también es infeliz como un nabo. y cuando le preguntó discretamente a uno de los jardineros por las llaves del templo romano. ¿Qué llave? Partió del salón con renovado vigor. Luego encontró un almacén que parecía una pequeña casa desde la distancia. las mujeres estaban recogiendo sus bufandas y sus pequeños y ridículos bolsos.ELOISA JAMES Duquesa enamorada La anciana asintió. El problema era que ninguna de las pequeñas edificaciones del jardín y sus aledaños tenía llave. El color morado en la cara de Phineas se intensificó. Por fortuna. quedaron sólo dos posibilidades: la sala de billares y el aparador del armario del baño. Tendría que buscar una habitación de la casa que tuviera una llave. Finalmente. Le presentaré a un joven abogado. —Creo que estás en lo cierto —dijo la regordeta de la derecha. aunque olvídate —dijo. ¿qué harían los duques durante horas? Era extremadamente difícil imaginarlos sentados pacíficamente sobre excrementos. Media hora más tarde. decidió. eso fue hace años… me enteré. y eso era algo que no podía suceder. Phineas pensó que la sala de billares era la mejor opción. a decir verdad. . después de todo. —Interesado en las instalaciones. Es una buena chica y tiene ideas avanzadas. Me dijo que no se quería casar con un aristócrata inútil. Lo haría esa misma noche. Lo cual. el hombre lo miró con desconfianza y no le contestó. ¡Yo también lo estoy! ¡También lo estoy! Estoy pensando en instalar uno de éstos en mi casa. ¿no es cierto? Tienes un aire agradable. mirando a Phineas con agudeza— de encerrarte con ella en una habitación. Merodeando en la oscuridad. chicas? Todas lo miraron fijamente con ojos malvados. Fue unos años después de que Finkbottle se arruinara. Al final. al estar encerrados justo en las narices de todos los invitados. Sería fácil: todo lo que debía hacer era mandar a los duques individualmente. había encontrado dos edificaciones en el jardín. con un poco de sorpresa—. Para su horror. al menos el señor Rounton no podría negar que lo había intentado. Mi esposa quiere uno en su vestidor. jovialmente—. Tendría que encerrar al duque y a la duquesa en una habitación. Pero olía mal en el interior y. Si eso no funcionaba. junto al salón de baile. preparándose para partir. pero sólo desde dentro. Es mi hija. un caballero estaba de pie afuera. Phineas se puso pálido. señora Flockhart. seguirlos y encerrarlos. En cuanto a la llave… la llave. Pero se encontró con el mismo problema. —Se lo presentaré a la jovenzuela Doventosh —anunció lady Wantlish —. Quería dar media vuelta y marcharse a Londres pero no podía hacerlo porque perdería su trabajo. Es un joven muy agradable. «Encerraré al duque y a la duquesa en el edificio del jardín». —Sí. Phineas estaba desanimado. regresó a la casa. Él hizo varias reverencias mientras se marchaban. sonaba mejor porque así el escándalo sería mayor.

¿Un pequeño chapuzón en agua calentita? ¡Aunque supongo que no era eso en lo que pensaba lady Troubridge al instalar esta delicia! —se rió de su propio ingenio y comenzó a bajar las escaleras—. el duque sí se detuvo y lo saludó cortésmente. y sonrió.178 - . inyectando urgencia a su voz. soplándose los bigotes—. Phineas estaba seguro de que esa conversación llevaba un doble sentido. —No pienso permitir que descanses. no podía confiar en el duque. El duque le sonreía abiertamente a su esposa. —¿Por qué no saludas a lady Troubridge de mi parte? Quiero descansar un poco. . finalmente. Mientras caminaba de regreso por el corredor. ¡Ven! —le dijo a Phineas—. No. ¿no crees? —le dio un codazo amistoso a Phineas—. bien. El mayordomo me dijo que la escalera que lleva a ese baño viene del pórtico este. persiguiéndolo. Phineas lo siguió a paso lento. Salió caminando vigoroso y Phineas detrás. Debe de ser por aquí. —Lady Troubridge quiere verlos —dijo Phineas. Bien. Sin embargo. ¿quieres? —dijo el hombre. Subieron por unos desgastados escalones hasta llegar a una especie de cuarto recubierto de ladrillos. El siguiente interrogante era cómo convencerlos para que fueran al baño de inmersión. No debemos llegar tarde al baile. ¡Mira esto! Wimpler sonrió tontamente. Tal vez estaba cometiendo un error. Si pudiera persuadir al duque y a la duquesa de visitar el baño. calor de vapor. Lady Troubridge me dijo que era caliente.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Ven. Por un momento Phineas vaciló: ¿Iría el duque a arreglar el asunto por su cuenta? Pero después se imaginó la cara furiosa del señor Rounton. —Es un lugar encantador para una cita. después de todo. al menos durante mucho tiempo. El duque tenía una mano en la cintura de la duquesa. y el señor Wimpler se había ido a buscar a su esposa. —Su anfitriona desea verlos inmediatamente —dijo. podría dejarlos encerrados. bien. recuperando el aliento. Lo que más le llamó la atención de ese espacio fue la llave. supongo. Puso una mano sobre la manga del duque. señora duquesa! La duquesa había comenzado a subir las escaleras y no giró la cabeza inmediatamente. como la entrada era por el pórtico este. La duquesa se volvió. —¿Qué opinas? —gritó Wimpler—. Pero eso resultó ser fácil. no había peligro de que lo descubrieran. —¡Bien! —exclamó el señor Wimpler—. Además. De alguna manera… ¡Ah! Vapor. —Yo soy Phineas Finkbottle —respondió el joven haciendo una reverencia. vio que el duque y la duquesa salían de la biblioteca. acompáñame y te lo mostraré. —¡Señor duque. Me llamo Wimpler. Era por su propio bien.

sin ni siquiera mirarlo. cerró la puerta tras ellos y giró la llave. Había hecho lo que era necesario hacer. Él tuvo que correr tras ellos para encaminarlos hacia el baño. Inmediatamente se sintió aliviado. era un hombre de acción. Seguramente la gente notaría la ausencia de la duquesa durante el baile. .ELOISA JAMES Duquesa enamorada Pero el duque y la duquesa comenzaron a caminar rápidamente por el corredor. Phineas Finkbottle. Por suerte. Un hombre al que se le había ocurrido un plan para satisfacer a su jefe. Regresaría con testigos en tres horas. Él dudó. parecían no darse cuenta de adónde se dirigían y aceptaron su lamentable explicación de que lady Troubridge estaba en las escaleras del pórtico. Sonrió lleno de confianza. Él. Cruzó la puerta del salón de baile repleto de confianza.179 - . Al final de la velada. Phineas pudo darse cuenta de que sus mejillas estaban rosadas. El duque susurraba cosas en el oído de la duquesa.

—¡Va a robar la Afrodita! Su esposa lo miró y le sonrió. por seguridad. —Tenía la mirada tan triste que Cam sintió que parte de su enfado se disolvía. Sólo tu hermano podría saber que tienes la estatua. —¿Qué diablos ha hecho ese tipo? —Cam golpeó la puerta. —¿Por qué habrá hecho esto? ¿En qué estaría pensando ese hombre? —preguntó Gina. le habría entregado la estatua. —Cam estaba lleno de la ira que siente un hombre incapaz de rescatar a su amada.180 - . Creo que tienes razón y que el ladrón puede volver a completar su tarea. si me lo hubiera pedido. En el peor de los casos. . —Quizá Finkbottle no sabe que lady Troubridge es adicta a los baños —evidenció Cam. —No es un calabozo. Creía que el ladrón era tu desconocido hermano y no pensé en otras posibilidades. sino que además Phineas Finkbottle. por razones que sólo él conocía. los había encerrado. —Tiene el pelo rojo. no me la pidió? —Porque es un criminal —dijo. —De todas maneras. No puede estar pensando en asesinarnos porque lady Troubridge me dijo que ella tomaba un baño todas las mañanas. Cam y Gina tardaron unos minutos en darse cuenta de que lady Troubridge no sólo no estaba en la bañera. Qué tonto he sido. —Se retiró a las escaleras—. buscando la Afrodita. nos encontrarán mañana por la mañana. rápidamente. Cam lo comprendió todo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 26 Refugiados. De pronto. Ella se quedó inmóvil por un momento. —¿Por qué. —No parece un asesino. tal y como Hamlet lo señala. Y ha intentado robar la Afrodita. —¡No pensará durante mucho tiempo cuando yo logre salir de este calabozo! —gruñó Cam. —Se la he dado a Esme esta mañana. intentando entender el motivo de su encierro. —Maldito sea. Estaba hecha de un roble tan sólido que su golpe no tuvo ningún efecto. encerrados y confinados. —¿Piensas que el señor Finkbottle es mi hermano? —jadeó Gina. Estudió en el continente. Ahora mismo debe estar registrando tu habitación. pensando: ¿El señor Finkbottle es mi hermano? —Es la única explicación que tiene sentido. a pesar de que ella no estaba en peligro. simplemente.

de todas maneras —observó Gina—. ya que está ubicada al este. en tono patético—. No querría que Finkbottle tuviera éxito congelándome hasta morir. —¿Bueno? Su esposo parecía molesto pero la estaba abrazando tan suavemente que casi. Mi padre siempre maldijo el hecho de que estuviera tan alejada del comedor. —Son lo último —dijo ella—. —Qué tonto. casi. Hizo un gesto de desesperación. —Al menos Finkbottle no quiere que nos congelemos hasta morir — dijo Cam. Es bastante inteligente.181 - . —Oh. goteando a su paso—. Ése es el baño. bien podríamos experimentar la creación de lady Troubridge. — Subió las escaleras. —¡No te desnudarás frente a mí! —Ten piedad —dijo él. ¿Para qué querrías que el tonto de tu hermano se presentara adecuadamente. por Dios. escribirle o conocerla. Inmediatamente eliminó ese pensamiento de su cabeza y pensó: una duquesa es lo que una duquesa hace. Gina se rió. —Señaló el agua que caía en el baño—. ¿Qué pensabas que saldría? ¿Aire? Cam la ignoró. de todas maneras? Gina se mordió el labio inferior y no dijo nada para evitar llorar. Cam bajó los escalones de la bañera y estaba curioseando cuando de repente un gran chorro de agua salió de la tubería. Que no se preocuparan por hablarle. Quizás sea mejor que me quite esta ropa mojada. Quizá deberíamos instalar un baño en Girton. pero supongo que un baño de agua tibia es mejor que una comida fría. —¿Tomar un baño de inmersión contigo? Hay que bañarse sola.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Los dos han sido unos tontos —dijo él. con un tono más amable—. . Pero ya era tarde: estaba completamente empapado de la cabeza a los pies. Sería muy sencillo enviar el agua a través de la cocina. —Ésa es una forma optimista de ver la ubicación de la cocina. Ella se retiró de sus brazos y señaló la enorme bañera. Me congelaré si me quedo con esta ropa mojada. Además creo que después de todo lo dicho y hecho. Esto es muy ingenioso. —¿Qué es un baño de inmersión. —Lady Troubridge está en lo cierto: el agua está bastante tibia. Gina cerró los ojos. saltando a las escaleras. mirando el techo de ladrillos en forma de bóveda. —La tomó en sus brazos—. —Tenemos las comidas frías. Bien podríamos tener un baño tibio. Y se puede calentar más si das a este interruptor. de todas formas? —preguntó Cam. compensaba el hecho de que ni su madre ni su hermano quisieran conocerla. una duquesa es. —Se entra por aquellas escaleras. Tu madre no contestó a tus cartas y tu hermano no se presentó apropiadamente. Las duquesas nunca lloran frente a otras personas. —¡Maldita sea! —se quejó. así que llega tibia al baño. lo que una duquesa hace. —Lo he pensado —dijo ella—. mientras caminaba para revisar las tuberías—. El agua es transportada a través de la pared de la cocina.

La sujetó con los brazos. Delicadamente. Ella lo miró: miró su sonrisa salvaje y sus mejillas pronunciadas. Él sonrió y se desabrochó los pantalones. Estaba temblando. Y después. se quitó la otra bota y decidió que le daría una buena propina a Phineas Finkbottle cuando salieran del baño. Por supuesto. pero otra parte se derritió cuando él lo dijo. —Estoy bastante cómoda. Él comenzó a desabrochársela. Él tomaría lo que quería y se iría a Grecia. Aunque antes le daría una paliza. La bañera se encontraba en una pequeña habitación.182 - . El borde de su boca se curvó un poco. abrazándola con fuerza. Presiento que estaremos aquí bastante tiempo. No era una idiota. te habría desvestido. duquesa. estaba completamente seguro de que ella sabría lo que tenía mente—. Lo dejó justo al lado y ella le ofreció el otro tobillo. Se sentó en el primer escalón y se quitó las botas. se levantó las faldas y le señaló el zapato. Pero antes de irse… y la había llamado «mi amor». —Gina. Gina. supongo que emprenderá la huida. duquesa —le susurró al oído y a la suave piel de su cuello. no con esos labios tan rosados y carnosos. Su mano se deslizó alrededor de su delgado tobillo y le quitó el zapato. Puedes ponerte cómoda. Su esposa elevó la mirada y zapateó con fastidio. lo que llenó el estómago de Gina de calor. No podía detenerse. Mientras lo pensaba. y se estaba poniendo agradablemente tibia por el agua que caía dentro. ¿qué pensabas que íbamos a hacer en nuestra habitación? Ella lo miró con esos encantadores ojos verdes. Ella suspiró y él le puso las manos en los hombros para calmarla. Pero desvestirnos… te habría desvestido. Él pensó que era la mujer más encantadora que jamás había visto. . tardará por lo menos una hora. Sin pantalones.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Su sonrisa era secreta. tentadores y apasionados. por supuesto. Cam se arrodilló ante ella. —¿Puedo retirar las zapatillas de su alteza? El corazón de Gina cantaba. y el esbozo picarón en su mirada. todo al mismo tiempo. Finkbottle está registrando minuciosamente tu habitación. —No siempre. —¿Realmente vas a desvestirte? ¿Qué pasaría si viene alguien? —No va a venir nadie. era pura alegría. —¿Tomar un baño? —No. Su sonrisa no tenía ni pizca de complacencia. Luego la besó. su camisa era lo suficientemente larga. —No debes hacer eso. mi amor. Gina lo observaba con fascinación. ni se puso a dar golpes en la puerta. gracias. tentadora y apasionada al mismo tiempo. Reprendió a su corazón. se los bajó y los arrojó a un lado. Se levantó y puso las manos en sus pantalones. —¡Cam! Dijo su nombre en un grito ahogado. secretos. Él se detuvo y caminó hacia ella. La había llamado «amor». Ella no se estremeció.

No: Gina lo observó con una mirada franca y sedienta. y ella pensó que hablaba de su pierna. Él no se movió inmediatamente. Apresuradamente. Su pecho era grande y musculoso. muy diferente a ella. Ella no sabía qué decir o adónde mirar. —¿Bueno? Él se aclaró la garganta. arrodillado. Ella tembló. caminó hacia su esposo con los pies descalzos. Ve despacio. y lo dejó a un lado.183 - . rápidamente. No había nada pulcro en él. Sus manos regresaron a sus tobillos y se deslizaron hacia arriba por la suave y tersa piel. Gina tembló ante la caricia gentil. —¿Qué estás haciendo? —le preguntó. Ambrogina Serrard. una media se deslizó hasta su tobillo. esposa obediente. Se apartó. ¿Se había dado cuenta la duquesa de que él la había engañado para que se desvistiera? Había descubierto que Gina nunca.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Hermosa —dijo él. —No es más que una caricia gentil. hija obediente. No olvides que es virgen. Pero no lo miró con el aire recatado de una virgen que observa por primera vez el cuerpo desnudo de un hombre. —Esculpir es un trabajo duro. La miró. —Sus manos iban subiendo. y le sonrió. retirándose un poco de cabello de la cara. Le quitó la otra zapatilla y la dejó a un lado. Él se puso de pie y le quitó la falda por encima de la cabeza. —No es más que una caricia. Echó la cabeza para atrás. Ella estaba ardiendo. duquesa de Girton. —¿Por qué eres tan musculoso? —preguntó. —Su tono fue una orden—. nunca había pedido ayuda con nada. hasta llegar a la curva de la rodilla. Pero no podía dejar de observar. se advirtió a sí mismo. Obediente. Luego subió las manos muy lentamente por su pierna. Yo trabajo el mármol. Pero él era como una montaña. sus brazos larguísimos. La miró detenidamente y rodeó con los dedos el otro tobillo. Se detuvo en la liga. Ella lo miró. Él era hermosísimo. deshizo el nudo. como la que se le hace a un niño. adorándola. —¡No! —Lo empujó. o a un cordero. Y ella obedeció. Gina podía sentir cómo temblaban sus rodillas. Cam sintió su sangre correr. Tenía la idea de que la mayoría de los hombres de su círculo social no tenían músculos. duquesa obediente. Cam sonrió. Y señaló un punto frente a él. subiendo hasta la curva de su muslo. Era puro músculo con un leve pelo negro. El pensamiento logró calmarlo un poco. Parecía pensar que podía ir por la . —Duquesa. Cam se encogió de hombros. ella le permitió que le quitara la liga y la media. —Acariciarte. Tenía la pierna y el tobillo desnudos bajo el vestido. Pero un primitivo sentido femenino de defensa la impulsó a rechazarlo. muy masculino. —¿Puedo quitarte las prendas? —Yo puedo hacerlo —dijo ella. Y ahí estaba: un muslo fuerte que se veía a través de la luz parpadeante de la lámpara de gas. Aquí.

le permitió que lo guiara por las escaleras. Por lo menos mientras estuviera cerca de su esposa. finalmente dijo: —Sí. excepto en lo que se refería a su guante derecho. Él sostuvo la mirada en sus ojos y saboreó su muñeca. —Claro que no. no podía tener objeción alguna a bañarse en ropa interior. con gotas que caían de su pecho hacia la bañera. una sonrisa como melaza líquida. tenía el presentimiento de que ése sería su estado normal durante los próximos cuarenta años o más. Su vestido tenía dos botones en el cuello. Se inclinó hacia atrás. con una pequeña sonrisa. Cam respiró profundamente.ELOISA JAMES Duquesa enamorada vida sin ninguna ayuda. Para no quedarse atrás. y sólo la sonrisa de sus ojos traicionó la gravedad de su tono. piel suave y blanca incluso en la penumbra del baño. Sus mejillas estaban encendidas. —No quiero hacer esto en el suelo. Ella estiró la mano. —¿Podemos entrar en el baño. —He encendido el interruptor para entibiarla —dijo Cam. Cam se zambulló en el agua. La duquesa de Girton estaba descubriendo los múltiples placeres de la seducción. —Hay un sillón largo —dijo Cam. un poco desesperada. . Lo llevó a un lado de su cabeza y luego. Pero él no le permitiría guiarlo por las escaleras hacia la bañera. En el fondo. —Sí. alteza? —le dijo. ¿probamos el baño. ¿Sabía ella lo que le pasaría a su delicada ropa interior al empaparse? ¿Le importaba? Su remilgada duquesa se había ido. Gina hizo lo mismo. —Quizá debamos apagar las lámparas de gas —dijo. Realmente. y había sido reemplazada por un duendecillo seductor. Pero ella no lo estaba haciendo muy bien. se bañe en camisón? Gina se mordió el labio. paso a paso adentrándose en el agua hasta que se paró frente a él. riendo. duquesa? ¿Puedo sugerir que se quite el vestido y —se adelantó a su objeción con un rápido beso—. Cam miró hacia abajo. En lugar de eso. Quiero verte. en un segundo. con el agua salpicando sus senos. Cam se sumergió bajo el agua y emergió como un animal marino brillante. la besó. —Exacto. De hecho. Tenía el agua hasta la cintura.184 - . la fría tela amarilla pasó ante sus ojos y desapareció. Finalmente. acicalado y oscuro. Él quiso decir algo pero tuvo que aclararse la garganta. con cierto tono de burla en su voz. —Pero un duque y una duquesa jamás harían el amor en otro sitio que no fuera la cama ducal —dijo Gina. No era como si estuviera desnuda. No había nada que pudiera hacer con respecto al estado de su cuerpo. Gina se detuvo en el último escalón encima del agua y sumergió un dedo. está tibia —dijo con deleite. la mujer que lo había recibido en seda amarilla y con brandy en la mano. —En ese caso. Ella caminó lentamente.

Él se quedó en su cuerpo. Deja en paz a una mujer sin experiencia. Una vez que la duquesa de Girton decidía hacer algo. ella se sintió verdaderamente hermosa por primera vez. el padre de Cam. con satisfacción. ella lo tocaba. lanzándola a un lado. Ella dio un paso atrás y se quitó la ropa interior empapada por la cabeza. Ignoró el calor abrasador en su estómago y la inestabilidad de sus extremidades y salpicó un poco de agua en dirección a él. eres tan hermosa —dijo. Dejó de reírse y tuvieron una pequeña . Se retorció. dadas las circunstancias. —Me había oscurecido las pestañas. El señor Bicksfiddle. Y. con la respiración entrecortada. mi ropa interior ha perdido su… Él detuvo su diversión con su boca. Gina jamás había sido una cobarde. su duquesa. —Pensaba que lo habías hecho —dijo él. Ella miró sorprendida y se rió. Donde él la besaba. siempre había estado de acuerdo con el viejo duque. —Hay pintura en tus mejillas —dijo. Donde él la tocaba. y con mucho trabajo. moldeando su dulce figura con los dedos. Su esposa resultó ser una sirena risueña propensa a caer hacia atrás dentro del agua. A pesar de todo. El viejo duque. Ella no se tendía bajo su mano. él las hizo a un lado cuidadosamente. y él inclinó la cabeza hacia sus labios. La llevó hasta el sillón largo de lady Troubridge. La mirada en la cara de Cam era todo lo que una mujer esperaba ver. Sus largas manos la tocaron como si fuera una escultura de mármol esculpida por el propio Miguel Ángel—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¡Ésta es la primera vez que me baño en una bañera tan grande! ¡Es glorioso. Y se rió. la delicada curva de las costillas. no sólo tomó. Se entregó. Sus ojos siguieron los de él. Se reía tontamente cuando le besaba la curva de los senos. Son hermosas sin pintura. lo mejor de todo. Cam! —Glorioso —dijo él. —Te encantaría bañarte en el Mediterráneo —dijo juguetón. sino que también dio. había descubierto muy pronto que la joven esposa de su hijo tenía demasiado coraje para su edad. Gina se acercó con un pequeño suspiro que le aceleró el pulso. Oh. Era una coqueta nata. una deslumbrante combinación entre inocencia y conocimiento innato. rogó y lloró. y las limpió con su pulgar. el administrador de la propiedad. rogando… Cam salió de la bañera sosteniendo a su esposa en los brazos. —Mmm —dijo ella—. logró convertirla en una verdadera duquesa. Y en la sorpresa de su voz. Había tiras de cabello mojado atrapado en sus mejillas. Tuvo que castigarla con besos hasta que se aferró a él temblorosa. ella lo besaba. Era su mujer. Como rayos de sol.185 - . Luego la acarició con sus grandes manos mojadas. Ella tomó sus manos. Al parecer. Dio un paso hacia ella. como sucedía con otras mujeres de acuerdo con su experiencia. no había cielo ni tierra que pudiera impedirlo. quitándole el rímel—. memorizando la deliciosa curva de sus caderas. Dios.

Él lo sabía. le besó las mejillas y los labios. Por favor. —No dolerá mucho tiempo —le dijo al oído. Su cuerpo se puso rígido como una tabla mientras ella lo besaba. Ella estaba durmiendo. No se había equivocado. demandando.» Cam era consciente de ello. no lo sé. Él confió. del color del Mediterráneo al atardecer. Ella era de las que gritaban. Ella iba a reírse todo el tiempo mientras hacían el amor. —Él no te puede tener. y hasta besarla como deseaba. Ella tenía los ojos cerrados. serpenteante. Me siento hambrienta. Él los beso. pero esperó. y estaba en lo cierto. que Gina abrió para él.186 - . ¿Estás bien? Gina abrió los ojos. besándole la cabeza. —¿Crees que podrías hacer eso de nuevo? —dijo ella. se dio cuenta de que su cuerpo estaba extasiado. pensó. Había una risa reluciente en sus ojos y en el temblor de su boca. Sus dedos quedaron atrapados en su pelo sedoso y mojado y un pequeño gemido salió de su pecho. su duquesa. —Pero no duele. No le pareció que fuera un grito de dolor y la penetró aún más. Gina se recostó en la curva de su cuello y él le acarició la larga línea de la espalda y pensó placenteramente en nada. Él ganó al distraerla cuando permitió que una de sus manos se perdiera en uno de sus senos. así que alcanzó la manta de lady Troubridge y la puso sobre su suave piel. Cam. Y empujó una y otra vez. no quería hacerle daño e iba muy despacio. Cam se sumergió más profundamente en ella.ELOISA JAMES Duquesa enamorada riña mientras él continuaba. Cuando la atrajo hacia arriba. Lo que él no sabía era que lograría que él también gritara. . Lo más sorprendente de todo fue que ella llevó la iniciativa: lo empujó y demandó sus derechos. Y esperó. Sutilmente. «Eres… eres… más grande que yo. me siento… Ah. Ellos estarían… dejó de pensar. bajo su estómago—. verdad? —Un poco —contestó ella—. y ella se retorció y gimió y lloró en sus brazos. Gina… —Pero ella no le prestó atención. te deseo… ¡te deseo! Sus manos se aferraron a sus hombros. Esta vez ella lo encontró a mitad de camino. Su Gina no podía contenerse cuando él tocaba sus senos. Le dio la vuelta sobre su espalda y pasó una mano por sus sedosas piernas. Él siguió el dulce camino hacia donde deseaba. Cada pulgada de su cuerpo se lo decía. Probablemente nunca lo haría. —¿No duele. —Su voz era fuerte y sus manos estaban temblando. La risa desapareció y Gina jadeó. —¡Gina! —susurró—. cubrió esos labios rojos con los suyos y cerró los ojos ante su cara de deleite. Ya no había risa. que pedía más. La puso encima de él como si fuera una manta. tal como un niño no puede dejar de reír cuando le hacen cosquillas. levantando a su esposa. —Lo sé. siguiendo un pequeño camino. Una pequeña sonrisa se asomó a los labios de Cam. Cam se acostó sobre la espalda. Pensó en quedarse en la bañera para siempre. —Puedo ayudarte con eso —dijo él contra sus labios. —Las damas no hacen este tipo de cosas —le advirtió él.

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Pensó que deberían vestirse… el rescate podría llegar en cualquier momento. Envolvió con los brazos a su preciosa esposa y tomó una decisión: no permitiría que se fuera hasta que lo hicieran de nuevo, quizá mil veces más. Dos mil veces. Cerró los ojos.

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Capítulo 27
El baño de inmersión de lady Troubridge: un hábitat oscuro pero placentero.

Gina se despertó en la absoluta oscuridad, tan espesa y silenciosa, que literalmente no podía ver nada. Por un instante, estuvo muerta del susto. Pero luego se dio cuenta de que aunque no podía ver sí podía sentir. Y escuchar. No era un silencio absoluto. Podía escuchar a Cam respirando. Más aún, cuando su corazón dejó de latir frenéticamente en sus oídos, pudo escuchar su pulso firme, no muy lejos de su oído. Y pudo sentir su cuerpo desnudo y satisfecho. Una sonrisa se asomó en su boca. No había sentido un dolor insoportable, como se lo habían descrito. Había oído muchas conversaciones sobre las relaciones matrimoniales y sabía que daban placer, en las condiciones adecuadas, y que algunas mujeres no disfrutaban mientras que los hombres siempre lo hacían. Volvió los labios contra la suave piel debajo de ella. Gina presentía que aquellas mujeres no eran tan afortunadas como ella. Cam se levantó como un gato, inmediatamente del sueño a la vigilia. Su cuerpo se puso rígido. —¿Qué diablos ha pasado con la luz? —Creo que la lámpara de aceite se ha acabado —le dijo, mientras le besaba el cuello; sabía a sal. Él no dijo nada y su cuerpo no se relajó. —¿Cam? —Encontró sus labios. Un escalofrío involuntario le recorrió todo el cuerpo. Quizá, pensó ella, su cuerpo no volvería a ser el mismo. La sangre bailó bajo su piel. Él la besó, pero no fue más que un beso superficial. —Pediré la cabeza de Finkbottle por esto —dijo él; parecía muchísimo más enfadado de lo que estaba cuando quedaron encerrados en el baño. —La lámpara estaba condenada a terminarse —resaltó ella—. ¿Tienes alguna idea de cuánto tiempo hemos dormido? Quizá ya sea por la mañana. —Deben de ser entre las diez y las once de la noche. Llevamos aquí unas tres horas. —¿Cómo diablos puedes saberlo? —preguntó ella, buscando su cuello con los labios. —Discúlpame —dijo Cam, levantándola y poniéndola a un lado. Un instante después, le cubrió los hombros con la manta. —¿Cómo puedes ver lo que estás haciendo? —le preguntó—. ¿Y cómo sabes qué hora es?

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—He tenido experiencias similares. —Su voz no reflejaba ni un poco del placer que acababan de disfrutar. Gina se acurrucó en la manta. Le oyó andar. Forzó los ojos, pero no pudo ver nada. —¡No te caigas en el agua! —gritó asustada, de repente. —No lo haré. —Su voz provenía de la derecha—. ¿Quieres vestirte? La voz venía de atrás y las enaguas cayeron en su regazo. Gina se las puso. Tardó algún tiempo en comprobar que lo había hecho correctamente. —He encontrado tus medias —dijo la voz débilmente—, pero no logro localizar una de las zapatillas. —La tiraste a la derecha. Un instante después, Gina se estaba poniendo las medias, una labor mucho más complicada en la oscuridad que con luz. Luego, estuvo tan vestida como le fue posible. Se estremeció al pensar en el aspecto que tendría su pelo. Lo único que pudo hacer fue peinarse con los dedos. —¿Cam? —preguntó. —¿Sí? —¿Para qué me molesto en vestirme? ¿No es muy probable que pasemos aquí la noche? Me parece que Finkbottle ya habría regresado si ésa fuera su intención. —Dudo mucho que alguna vez haya pensado en regresar —dijo, con voz muy enojada—. Pienso estar dándoles patadas a esa maldita puerta hasta que alguien me oiga. Gina se quedó pensando un momento. —Cam —lo llamó—. ¿Podrías venir, por favor? Escuchó sus pasos. —¿Te sentarías conmigo? Él dudó. —Por supuesto —dijo, sentándose a su lado. —¿Qué te pasa? ¿Cuál es el problema? —dijo ella, en un tono cuidadosamente limpio de culpa o reproche. —Ninguno —respondió él, igual de calmado—. Aparte del hecho que no me gusta estar encerrado en una mazmorra por culpa de un abogado que seguramente ha robado una obra de arte de incalculable valor. Se sujetó a su brazo, para impedirle escapar. Quizá los hombres se volvían un poco irritables después, se dijo. Entonces se le ocurrió una razón mucho peor… Quizá Cam estaba enfadado porque al haber tomado su virginidad ya no les concederían la anulación. Una punzada de angustia recorrió su cuerpo. —¿Estás molesto porque ya no puedes pedir la anulación? —le preguntó, antes de pensar nuevamente la pregunta. —No —dijo Cam brevemente, con falta de interés—. Eres mía ahora. Gina sintió un vacío de emoción en su estómago. Ella nunca le había pertenecido a nadie antes. Ni siquiera su madre era realmente su madre, y su esposo no había sido realmente su esposo. Había algo extrañamente reconfortante en la ligereza con la que él anunció ese hecho. —¿Entonces qué te pasa? —repitió ella. —Por Dios, acabo de decirte que no me pasa nada —rugió, poniéndose de pie. Gina lo acompañó. Detestaba la idea de tropezarse detrás de él en la oscuridad.

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Pero él retiró la mano y se alejó. —Solamente está oscuro, Gina —dijo duramente—. No hay motivo para que estés nerviosa. —Pero no lo estoy. —Gina se detuvo. Era él quien estaba asustado, qué extraño que no lo hubiera notado inmediatamente. Él no se había ido lejos, así que Gina simplemente caminó en la dirección de su voz, hasta que chocó con un cuerpo tibio. Estaba recostado contra la pared. Su cuerpo estaba rígido. Gina puso la cara de Cam en sus manos y lo besó. Al principio él no respondió, pero luego se relajó. Llegó a pensar que lo había logrado, cuando él la empujó y le dijo secamente: —Que Dios me libre de una mujer insaciable. Gina se mordió el labio y contó hasta diez. —Se suponía que era un chiste —dijo una voz frente a ella. Volvió a contar hasta diez. Tal como le había dicho a Carola, el silencio era a veces extremadamente útil. Sus brazos la alcanzaron y pasó sus labios por su cabello. Al principio ella no lograba comprender lo que decía. Entonces él lo repitió. —¿Sabes el chiste del predicador, el puritano y la hija del vinatero? —No —dijo Gina. —Te puedo decir una adivinanza, si quieres —vociferó él. —Preferiría que no. Nunca he sido buena para las adivinanzas. —¿No le tendrás miedo a la oscuridad? —Había rabia en su voz—. Pediré la cabeza de Finkbottle por ponerte en esta situación intolerable. —No tengo miedo —dijo Gina, rotundamente—. ¿Sería más sencillo si yo te dijera a ti algunas adivinanzas? Lo malo es que no siempre logro recordar la respuesta correcta. Hubo un momento de silencio interrumpido por el sonido de dos gotas de agua que cayeron de las tuberías al baño. —¿Estoy temblando? —dijo finalmente él. —Estás angustiado. Personalmente, las serpientes me ponen histérica. Estás advertido. Un beso aterrizó en su nariz. —Sospecho que si fuera capaz de ponerme histérico, éste sería el momento adecuado. —¿Deberíamos dormir con una lámpara encendida? —No. Sólo me ponen enfermo las habitaciones sin luz y sin ventanas —dudó—. Mi padre solía encerrarme en armarios y aparadores para castigarme. —¡También intentó encerrarme a mí! De hecho, lo hizo una vez. Me encerró en la bodega de vinos. Pero le describí el castigo en una carta a mi madre. El duque nunca recobró la audición en su oído derecho después de que ella lo visitara. Al menos a eso le echaba él la culpa de su sordera. Los brazos de Cam se tensionaron alrededor de ella. —Lamento que te hiciera eso. Nunca se me ocurrió que podría hacérselo a alguien que no fuera su propio hijo. Cada vez estoy más convencido de que debí haberte llevado conmigo a través de esa ventana. Ella se rió. —¡No habrías podido! Imagina lo desesperante que habría sido tener

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que cargar con una esposa de once años. —Bueno, si hubiera sabido que te iba a encerrar en la bodega, te habría sacado de allí —dijo él. —Honestamente, la bodega no me molestaba tanto. Soy una persona tan práctica, que ni siquiera a los once años tenía mucha imaginación. Pero si a ti te lo hizo cuando eras un niño, debió de ser horrible. —La primera vez que me encerró fue el día del funeral de mi madre. Pensó que no había mostrado el respeto adecuado, porque no me quedé quieto durante las oraciones. Cerró las puertas de la capilla y me encerró adentro con el cuerpo. —¡Eso es horrible! —dijo entrecortadamente—. Era un viejo espantoso. ¿Tenías ocho o nueve años, verdad? —Cinco —dijo Cam—. Después de eso me encerraba con frecuencia. Me gusta pensar que no me habría convertido en un cobarde de no ser por las cosas que me decía. —¡No eres un cobarde! Ya estaban de nuevo en el sillón largo y Gina tenía los brazos alrededor de su cuello. —¿Qué cosas te decía? —Le pareció que su cuerpo estaba ligeramente menos tenso que hacía un rato. —Que el fantasma de mi madre se me aparecería. Yo le creía, por supuesto. Él podía ser bastante gráfico con lo referente a carne putrefacta y lombrices. —Viejo cruel —chasqueó Gina. —Sí. Tardé algunos años en comprender que mi madre no era un fantasma. Pero, cobarde o no, no me siento cómodo en la oscuridad, ni siquiera ahora, que han pasado tantos años. —Fue despreciable lo que dijo de tu madre —dijo Gina—. Ella te amaba mucho. —¿Cómo puedes saberlo? —Había un tono divertido en su voz. —Porque lo sé —contestó ella. Él se encogió de hombros. —No tengo recuerdos de ella en absoluto. Espero que fuera una mujer convencional que felicitaba a su hijo y heredero con una palmadita en la cabeza una o dos veces por semana. —No —dijo Gina—. Ella no era ese tipo de mujer. Me dieron su habitación después de nuestra boda, ¿sabes? —¿Su habitación? Estuvo cerrada durante toda mi niñez. —Cuando descubrió que habías huido, tu padre cerró tu habitación y me empujó a la de tu madre. Sentía la tibieza de los labios de Cam en su oreja. —¿También intentó aterrorizarte a ti, verdad? —Al principio fue muy extraño —admitió Gina—. Toda su ropa estaba en el armario, y sus cepillos estaban en la mesa, tal como los dejó cuando murió. Pero a mi institutriz no parecía importarle que las cosas de tu madre no hubieran sido tocadas durante más de diez años. En lugar de ello, comenzamos a doblar todos los trajes, para guardarlos. Y en el bolsillo de uno de ellos había un pequeño libro: era el diario de tu madre. Él había comenzado a acariciar su cuello de una manera interesante, pero se detuvo al escuchar eso.

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—Ella escribió mucho sobre ti. Su mano había comenzado de nuevo a acariciarla. pero se quedó en donde pudiera dejar la mano sobre su piel sedosa. —Tu madre te amaba más que a nadie en el mundo y… Pero había olvidado lo que iba a decir. Él estaba trazando un camino hacia arriba en su muslo. atrayéndola hacia sí. en algún punto entre un gemido y un grito. todas las noches. . besándole los párpados. lo que hizo que el cuerpo fuerte de Cam cayera sobre el de ella. por si quería bajar su mano un poco. —Tu madre estaba contigo en esas habitaciones oscuras. eso. qué agradable… Él la empujó hacia el gran sillón y le apartó la ropa.192 - . Estaba sentada a tu lado. y su mano comenzó a bailar sobre su traje. Entonces él hizo algo diferente y levantó sus piernas. —¿Por qué has vuelto a ponerte este trapo? —preguntó. Cam le lamió el dedo y ella lo llevó a su boca. Gina lo ignoró. —Mmmm —dijo ensoñadoramente—. ella se escapaba a tu cuarto para poderte cantar hasta que te durmieras. ella las enredó alrededor de su cintura y… Esta vez él no la puso encima de su cuerpo. levantando el cuerpo hacia su mano. Cam. Su deliciosa esposa había tomado demasiado de él. pero ella sabía que él estaba escuchando. —Pruébame —dijo él. Gina lo agarró con fuerza e intentó recuperar el ritmo. incluso de adulto. Él hizo un ruido sonoro en su garganta. con una voz divertida—. Las lágrimas le asomaron a su rostro ante este pensamiento. retirando su peso de ella. No se dio cuenta de que su cabeza había descendido a sus senos. Cam. te cantaba hasta que te quedabas dormido. Estiró los brazos y atrapó con las manos su cara. acabando con la poca capacidad de pensamiento que le quedaba. Preferiría que estuviéramos solos en este momento en particular. —Espero que su guardia haya cesado —dijo desde la oscuridad. Sabes muy dulce. Estaba demasiado cansado. Tenías una sonrisa especial sólo para ella. Él resbaló hacia dentro. justo debajo de su seno. —Oh. Decía que eras el bebé más dulce que había nacido en Inglaterra. Así que habló muy deprisa. Incluso cuando tenían visitas. gritando. como si hubiera nacido para responder a la sensación vibrante que se había apoderado de sus muslos. Su pulgar estaba haciendo… algo—. Escocía o Gales. Me temo que te avergonzarías. retorciéndose. —No me atrevo a decirte cómo te llamaba —dijo ella con extremada timidez—. —Tenías los ojos grandes y negros y el labio inferior grueso. y tu primer diente estaba justo aquí. tú… —dijo Gina con enfado fingido. Te llamaba su Botón de oro porque tú… Oh. — Puso su dedo en los labios de él. Así que simplemente se deslizó a un lado. encima de ella. Ella se derritió. entendiendo lo que sucedía. llorando porque no podía hacer nada para rescatar a su pequeño Botón de oro. —Botón de oro —dijo Gina.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Gina se recostó en su brazo.

Phineas puso en el piso su linterna para irse sin hacer ruido. con un lento y dulce beso—. La oscuridad era perfecta para el escultor que había en él. Tenías unos adorables rizos negros. gracias a su extraordinaria visión nocturna. Luego se detuvo porque no quería romperse una pierna. en él y en ella. Él la abrazó y la besó. —Espero que no seas ese tipo de persona que se queda dormida tan pronto recibe algo de placer. ¡Eso sí era agua fría! Se levantó con un chillido y. Y atacaba sin advertencias—. La levantó y se dirigió al baño.193 - . . Pero Cam se sentía como si todo su cuerpo fuera una gran sonrisa. en el mismo aliento. pero ella era tan delgada que parecía desaparecer de sus manos. pero jamás había visto una tan apasionada como su propia remilgada y decente duquesa. qué estás haciendo? —Gina enterró la cara en su cuello. Él dejó que los labios le resbalaran por sus mejillas. Que esperara a que la dejara caer en el Mediterráneo en diciembre. Pero él estaba presionando su boca contra la suya. Estaba sintiendo sus huesos en lugar de verlos. Un momento antes de irse observó la espalda blanca y delgada de la duquesa y las manos del duque en su curva inferior. Tenía ventaja. deseó tener arcilla en sus manos. —¿Dijo mi madre si tenía pelo cuando nací? —Por supuesto que tenías —dijo ella—. una vez sus latidos bajaron a un ritmo razonable. La tubería que entibiaba el agua de la bañera de lady Troubridge estaba funcionando perfectamente. No podía permitir que sus testigos vieran a la duquesa desnuda.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Entonces. Se sentía complacido al darse cuenta de que había caminado sin problemas hasta el primer escalón de la bañera. —No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Cam unos instantes después. Gina tenía unas mejillas pronunciadas y hermosas. de qué color era mi pelo cuando nací? —dijo él. ¿No querrás poner en peligro a nuestro futuro y pequeño Botón de oro? Le tomó un instante recordar. Pensar en botones de oro. Ella gritó lujuriosamente cuando cayó en el agua. ella contraatacó utilizando todas las partes del cuerpo generalmente ignoradas en los círculos sociales. —Mmmm —dijo su esposa con un gran bostezo. —Dejándote caer —dijo animadamente. ¿qué podía hacer ella? Era la segunda vez que Phineas Finkbottle veía al duque y a la duquesa enredados en un abrazo apasionado. riendo y jadeando al mismo tiempo. ¡No lo harás! — repitió Cam con un grito alegre. En ese momento él tenía el agua hasta las rodillas. pensando que esa respuesta sería suficiente. antes de que él se diera cuenta. y tomar un cincel. realizando un ataque que tendría serias consecuencias. Le había dado placer a unas cuantas mujeres. —¿Ah? Gina parecía aturdida y Cam sonrió para sí. Él le sonrió en el cuello. y si su tonto corazón se derretía más… bueno. Cam pensó que no había razón para ello. —¿Cam.

194 - . —Lo siento —dijo. La señora Flockhart dijo lo que muchos estaban pensando: —¡Bueno!. —He visto una rata —dijo tembloroso—. Me temo que éste no es el momento apropiado para visitar las instalaciones. —¿Y por qué no? —chilló la señora Flockhart—. ¿qué nos los impide? Estuvo a punto de echarse a temblar. pobre. espero que lady Troubridge. ¡se horrorice al saber que ha estado compartiendo su baño con ratas! ¡Insiste tanto en los beneficios de bañarse a diario! —se rió. pero enderezó los hombros y se calmó un poco. Él era un hombre de recursos. Phineas Finkbottle. había evitado que la anulación se llevara a efecto. Por todos los cielos. No es un lugar apropiado para unas damas tan delicadas como ustedes. cerrando la puerta a su espalda y observando el círculo de matronas a la que les habían prometido escoltar hacia el baño de inmersión—. . Él.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Pero su corazón se llenó de regocijo. un hombre que llevaba las cosas a cabo.

evitando que el hecho de que estaba completa y absolutamente enamorada del tonto de su marido entrara en su cabeza. lentamente. Ni siquiera le importaba. Supongo que la puerta ya no está cerrada. se convertiría en una de ellas. No ha querido interrumpirnos. —Y te esculpiré con ese pedazo de mármol. ¡Puedo ver tus pestañas! Ella volvió la cabeza y miró las escaleras que conducían a la casa. Ella se volvió para recoger su vestido del suelo. Botón de oro. Ella no pudo responder. Ahora se convertiría en la dama desnuda del guardarropa. —¿Sabes qué es lo que amo de tus ojos? —dijo Gina en tono soñador —. la atrajo de nuevo hacia él. Fantástico. me refiero a ese negro exactamente. Su cuerpo sentía punzadas y protestaba. Su sonrisa era renuente. La dejó ir y buscó sus pantalones. Puso un pie sobre el sillón y. Estando agachada. Qué considerado. —Acompañaré a milady a la cama esta noche —dijo él. —Mira esto —dijo Cam—. Luego. y sin embargo. Sólo necesitabas que te recordaran cuánto te quería. Y se vuelven puntiagudas cuando están mojadas. Gina miró abajo y sintió que el cuerpo entero se le ruborizaba. dulce. —Señaló sobre su hombro—. se subió la media. —Parece que ha dejado de importarte la oscuridad… —¿Piensas que me has curado. Me encantaría tener pestañas negras. La sangre galopaba tan fuerte en sus oídos que ni siquiera estaba segura de que hubiera escuchado correctamente. Su corazón cantaba. —Gina se puso de puntillas para poder mirarlo a los ojos—. Gina lo miró y le dedicó una sonrisa de gato soñador. . sosteniéndola de la cintura para abajo. no? —No necesitabas una cura. Gina se quedó de pie un momento. hasta ponerla de pie. He trabajado en los bocetos durante los pasados dos días. —Quizá estés en lo cierto —dijo. Sintió calor entre las piernas y sus rodillas se doblaron. Todos esos besos que te dio tu madre estaban en tu memoria. Viviría entre esculturas desnudas. dejó que se resbalara por su cuerpo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 28 El señor Rounton defiende su patrimonio. arrastrando las palabras. La levantó y cruzó la tina a zancadas hasta que encontró las escaleras. El negro de tus pestañas. Alguien ha venido y nos ha dejado una lámpara.195 - . —Sí. —Me gustan las tuyas como son. —Debo vestirme —dijo. Son… —Cam se interrumpió—.

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Él ya se había vestido y apagó el interruptor que calentaba el agua. —Cam —dijo—. ¿Ves una liga por ahí? La recogió del suelo y caminó hacia ella. Gina la tomó y se la puso. —Esculpiré tu cabeza y tus hombros —dijo, siguiendo una línea recta hasta su cuello—. No estoy seguro de poder hacerle justicia a tus ojos. Pero esta belleza de aquí —acarició con el pulgar la parte de atrás de su cuello—, esto es encantador y sé que puedo hacerlo. Su alivio se debió de notar. —Pensabas que te iba a convertir en una Diana desnuda, ¿verdad? Ella asintió. —Que me lleven todos los demonios si permito alguna vez que otro hombre vea tu cuerpo. En piedra o en carne y hueso. Tú eres mi esposa, Gina. Realmente mi esposa. Aunque eso no significa que no vaya a esculpir otros cuerpos desnudos —agregó. Entrecerró sus ojos. —¿Marissa? —¿Quién más? No te venderé en el mercado. Estarás desnuda en mi habitación, y en ningún otro lugar. Entonces, sintiéndose un poco tonta, se dio cuenta de no sabía qué estaba diciendo Cam realmente. ¿Quería decir que la llevaría a Grecia? ¿O que la dejaría en casa en Girton? Olvidó ese pensamiento. En realidad le daba lo mismo. Al menos en ese momento. —¿Puedo escoltarla hasta su habitación, alteza? Ella hizo una reverencia perfecta. —Sería un honor. En el camino de la bañera a las escaleras, Gina intentó convencer a su esposo de que le soltara el brazo, pero él la ignoró. —Continúa, Gina —dijo él, con afabilidad. —Deberían detenernos —dijo ella sin entusiasmo, mientras Cam empujaba la pesada puerta de roble—. No le he dicho a mi prometido que no me casaré con él. —Bonnington no es un idiota. O quizá sí. De todas formas, no importa. —Sostuvo la puerta abierta, y Gina entró en el corredor. —Cam —dijo ella, secamente y con voz de alerta. Él miró sobre su cabeza. —Vaya… El bueno de Phineas Finkbottle… Puso a Gina detrás de él y caminó lentamente hacia el abogado, mirándole las manos. Frente a un noble verdadero, Phineas comenzó a balbucear. —Espero no haber metido la pata… lo siento mucho, pero las instrucciones del señor Rounton… de verdad, señor duque, fueron tan claras… no puede pensar en otro lugar… porque ese almacén no era… Cam se detuvo intentando entender el caótico discurso de Finkbottle. El hombre se había equivocado, pero nada de lo que decía tenía mucho sentido. —¿De qué diablos estás hablando? ¿Qué dices de un almacén? ¿Y qué te dijo Rounton que hicieras? Una risa nerviosa escapó de la boca de Gina. —Si he entendido bien, el señor Finkbottle casi nos encierra en un almacén en lugar de en el baño de inmersión.

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Cam rodeó a su esposa con los brazos y la apretó fuertemente contra sus hombros. Finkbottle respondió algo sobre unas llaves y un jardinero, pero Cam lo interrumpió bruscamente. —Vamos al grano, ¿está bien? ¿Dónde diablos has escondido la Afrodita? Finkbottle tembló. —¿La qué? —¡La Afrodita, grandísimo idiota! —Yo sólo seguí las órdenes del señor Rounton. No dijo nada de una Afrodita. —No culpes de esto a Rounton. Él nunca te diría que robaras la preciosa estatua. Es muy fiel a nuestra familia. —No creo que el señor Finkbottle tenga idea de qué es la Afrodita — resaltó Gina—. De hecho, pienso que la Afrodita está a salvo, en las manos de Esme. Finkbottle se quedó ahí, tan asombrado como era posible para un hombre de aspecto tan joven. Su rostro estaba tan colorado como su cabello. —¿Eres entonces el hermano ilegítimo de la duquesa? Los ojos de Finkbottle se agrandaron. —¿Qué? —El hermano ilegítimo de la duquesa —repitió Cam—. ¿Eres tú? —¡No! —No entiendo cómo has podido ver alguna semejanza entre nosotros —interpuso Gina. —Él también es pelirrojo. —No soy ilegítimo —tartamudeó Phineas—. Soy pobre, pero eso no es lo mismo que ser ilegítimo. Mi padre es el hijo más joven de un conde. Y mi madre es una mujer perfectamente respetable, hija de un escudero. ¡Y estaban casados! La indignación pareció darle algo de entereza. —Me ha acusado de ser un ladrón y de ser ilegítimo, milord, pero todo lo que he hecho ha sido encerrarlos en un baño de inmersión durante algunas horas. Cam se puso rígido de nuevo. —Bueno, ¿por qué diablos lo has hecho? —dijo suavemente. Phineas retrocedió un paso. —El señor Rounton —balbuceó. —El señor Rounton le dijo que lo hiciera —dijo Gina—. Rounton envió al pobre señor Finkbottle a la fiesta de la casa y le dijo que nos comprometiera. Supongo que el señor Rounton estaba pensando que protegía el linaje ducal. —¿Comprometernos? Bueno, eso ya lo veremos —dijo su esposo en un tono de voz frío—. Él piensa que puede arreglar mi vida para su beneficio, ¿no? Bueno, quizá le complazca saber que absolutamente nadie sabía que estábamos en el baño de inmersión. Hacen falta más de dos personas para comprometerse de esa manera. Hacen falta testigos. No hay nada, absolutamente nada, que le impida a Su Alteza casarse con el apestoso de Bonnington mañana. ¡Y puede decirle al señor Rounton eso

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de mi parte! —Cam —dijo Gina. Finkbottle asintió con la cabeza. —Lo haré, milord, se lo diré inmediatamente. —Se movió a un lado, a punto de correr a decírselo. —Pensándolo bien, se lo diré yo mismo —dijo Cam. Su voz reflejaba su ira—. No creo que quiera tener un abogado que se toma la libertad de organizar mis encuentros sexuales. Rounton se ha pasado de la raya. El señor Finkbottle se puso aún más pálido, si eso era posible. —Si puedo rogar por su indulgencia, milord —rogó—. Fue un error de interpretación de las órdenes del señor Rounton lo que… Pero una voz clara los interrumpió a los dos. —Cam. —Sí, querida —dijo volviéndose hacia ella. Sus ojos bailaban y su cabello largo le caía enredado sobre los hombros. Posó las manos sobre los hombros de su esposo y le sonrió; y eso fue suficiente para que la ira de Cam se desvaneciera. —No estoy de acuerdo contigo. —¿Sobre qué? —preguntó Cam, tratando de pasar por alto que los labios de ella estaban hinchados y rojos a causa de los besos. —Creo que sí estoy comprometida. Estoy muy, muy segura de que todos en la fiesta sabían que estábamos en el baño de inmersión. De hecho, creo que mi reputación está definitivamente arruinada. Lo observó mientras sus ojos se aclaraban. —¿Lo crees, amor? —dijo, levantando la mano hasta sus labios. —Eso me temo —afirmó ella—. No quisiera pensar que estás jugando con mis sentimientos. Él se inclinó y le habló al oído. —Definitivamente quiero jugar, esta misma noche. Ella levantó una ceja. —¿Habrías sentido lo mismo si hubiéramos estado en un almacén polvoriento? —Te habría sentado en mi regazo —dijo él con un guiño. Ella se sonrojó, y él le dio la espalda a Finkbottle—. Está bien. Rounton ha ganado. Estamos comprometidos. Puedes decírselo tú mismo. Finkbottle les hizo una reverencia temblorosa. —Por favor, acepten mis humildes disculpas por el acto impertinente de encerrarlos en el baño. —Me alegra haberme salvado del almacén —dijo Gina. —¡Oh!, casi lo olvido —dijo Finkbottle—. Tengo estos papeles para usted, señoría. —Sacó un gran paquete de su chaqueta y se lo entregó. Cam los tomó. —¿Papeles para la anulación? —preguntó, pensando en romperlos. —Oh no, es su anulación —dijo Finkbottle, más bien alegremente—. El señor Rounton no tuvo ningún problema en obtenerla. Dadas las circunstancias, el Regente exigió la aprobación del Parlamento. No había duda de que… —se detuvo. —De que nunca consumamos nuestro matrimonio —intervino Cam—. Y teniendo en cuenta que los papeles fueron firmados hace dos días, nunca consumamos nuestro matrimonio.

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Gina sintió un escalofrío. Ella podría ser ya una marquesa. Se movió un poco más cerca de su esposo y puso la mano dentro de su brazo. Finkbottle dudó por un momento. —Espero que comprenda que aunque me sentiría muy honrado de ser su hermano, milady, no puedo dejar pasar por alto que mis padres estaban casados. Gina casi se rió pero se contuvo. —Por supuesto que entiendo, señor Finkbottle. Sus amables deseos casi calman mi desilusión. Él hizo una reverencia y se fue. Cam miró a su esposa. —¿Si Finkbottle no es tu hermano, entonces quién? Gina comenzó a caminar por el corredor. —¿No te parece extraño que no hayan vuelto a escribirnos pidiendo dinero? Después de todo, la anulación está lista. Podría casarme con Sebastian con una licencia especial y el chantajista se quedaría sin nada. —¡Licencia especial! —gruñó Cam—. Definitivamente muy romántico para la excéntrica marquesa. —Sucede que Sebastian lleva una licencia especial en el bolsillo. La pidió cuando anunciaste tu regreso. —Bueno, él no te tendrá. —Abrió la puerta de su habitación y Gina se encontró dentro sin ningún pensamiento consciente—. No puedo pensar en nadie que se parezca a ti —dijo Cam, observando a su esposa—. No hay muchos pelirrojos en esta fiesta. —No hay razón para sospechar que mi hermano está en la fiesta — señaló Gina—. O que tenga cabello rojo, si a eso vamos. —Si tu hermano no está aquí, ¿quién revolvió tu habitación buscando la Afrodita? Gina arrugó la nariz. —No hay nadie aceptable en la fiesta —digo concluyente—. La única persona de cabello rojo en la que puedo pensar es lord Scotborough, y él tiene cuarenta y cinco años. Pero Cam estaba observando la pared, y obviamente no prestaba atención. —¿Cuándo murió tu madre, Gina? —¿La condesa Ligny? Murió hace casi dos años, en el mes de marzo. Aunque yo no me enteré hasta mucho después. —¡Maldición! —dijo Cam en un tono bajo y malicioso—. ¡Maldición! — Se levantó de la silla. —¿Qué pasa? —preguntó Gina, asombrada. —Yo lo envié personalmente aquí. Qué descuidado soy. —Se pasó una mano por la cabeza. —¿De qué estás hablando? —Es Wapping —dijo Cam—. Me encontré con Wapping justo un mes después de la muerte de tu madre. Debió de pensar que estábamos viviendo juntos. Y lo envié contigo sin pensarlo dos veces. Estúpido, descuidado… —Sé razonable, Cam. Wapping no puede ser mi hermano. —¿Por qué no? Apareció en Grecia en el momento justo. —Por un lado, él tiene el pelo castaño, y por el otro, él no tenía idea

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de que la Afrodita… —¡Tú se lo dijiste! —adivinó Cam. —No, pero sí le pregunté sobre Afrodita, la diosa. Cam estaba en la puerta. —Ven conmigo, entonces. ¿Sabes dónde puede estar? —Arriba. Trabaja en el antiguo salón de clases, si no está dormido — dijo Gina, uniéndose a él—. Pero Cam, ¡él no puede ser mi hermano! Estoy segura de que lo sabría si conociese a mi hermano. Es decir, sería mi propia carne, ¿no es así? Wapping es un erudito, no un ladrón… Prosiguió con su discurso todo el camino hasta el cuarto piso, y se detuvo sólo cuando Cam dio un golpe seco en la puerta. —Discúlpenos, señor Wapping —dijo ella, mientras entraban en el salón. Estaba sumergido en una pila de libros. —¿Es usted el hermano de mi esposa? —demandó Cam. Wapping levantó la cara con una mirada abstraída. —Si me disculpan un momento —dijo, y siguió subrayando una frase. Gina suspiró, ella sabía que, cuando se encontraba absorto en las complejidades eruditas, el señor Wapping se concentraba asombrosamente. Pero Cam no sentía respeto por las extravagancias del tutor. Caminó hasta la mesa y le quitó la pluma; la tinta se derramó. Wapping abrió la boca. —¿Qué está haciendo? —gritó—. ¡Estoy trabajando en algo importante! Estoy llegando al final del cuarto capítulo de mi tratado de Maquiavelo. Estaba en un momento bastante delicado, refutando los cargos erróneos de Pindlepuss, y usted… —¿Es usted el hermano ilegítimo de la duquesa? —dijo Cam, inclinándose y poniendo las manos sobre el tratado y la delicada refutación del trabajo de Pindlepuss. Sus palabras eran espaciadas y su voz estaba llena de peligro. —Sucede que lo soy —dijo Wapping sin emoción alguna. Golpeó la muñeca de Cam con una regla. Parpadeando, Cam se enderezó y retiró las manos de la mesa. Wapping comenzó a limpiar las manchas de tinta meticulosamente, murmurando por lo bajo. No miró a su hermana, que estaba de pie, rígida, en medio de la habitación. Hubo un momento de silencio, roto únicamente por los murmullos de Wapping mientras limpiaba la tinta derramada. Por otro lado, Gina acababa de descubrir algo que nunca había sabido porque había sido hija única: los hermanos menores no son necesariamente lo más alegre de la familia. —¿Por qué no te descubriste ante mi? —dijo ella, caminando hacia él como un ángel amenazante—. ¿Por qué registraste mi habitación? ¿Por qué arrojaste mis cosas al suelo? Wapping la miró. Algo en los ojos de ella le pareció mucho más amenazante que las amenazas de Cam. Se puso de pie y se echó para atrás. —Estaba buscando el legado de mi madre —dijo—. No hay necesidad de estar tan agitados. Simplemente estaba estableciendo que no tenías la estatua… —¿La Afrodita? —preguntó Cam.

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Wapping parecía no inmutarse ante su agudeza. —Bien —dijo él—. ¿Por qué no te presentaste tú mismo en lugar de andar a escondidas y pretendiendo enseñarme historia italiana? Wapping parecía verdaderamente indignado. impaciente. —Ya te he dicho que sí —resaltó Wapping. sólo una vez. el hombre que la hizo. —¿Es tan extraño que tuviera esa esperanza? Después de todo. él era simplemente extraño. Sin embargo. y que te la iba a enviar a ti. y el de él era del color de una ardilla. —Eso no fue muy amable de su parte. —Puedes quedarte con lo que está dentro. no la quiero. es un artista muy cotizado en París: es muy bueno haciendo figuras articuladas. ¡De hecho. Pero la similitud familiar era inconfundible. Gina se mordió el labio. Su cabello era del color de la puesta del sol. Sugiero que nos reunamos mañana por la tarde para abrir la . si fueras más inteligente y más trabajadora ya sabrías tanto como yo! Cam retrocedió y se apoyó en la pared. —¿La tiene usted? —No. en su lecho de muerte. con una risa sofocada. —Aún no estoy seguro de lo que hay dentro de la estatua —admitió—. Cam dice que no vale mucho. —¡Yo no pretendía enseñarte! Para tu información.201 - . —La estatua como tal no vale mucho —reconoció Wapping—. de manera que pudiera completar mi libro. El orgullo y el excelente trabajo deben de correr por las venas de la familia. ella era alta. necesitaba desesperadamente más tiempo para investigar. —¿Entonces quieres lo que está dentro de la estatua? ¿Joyas? —dijo Gina automáticamente. ella era mi madre y parecía haberse ahorrado cualquier esfuerzo en educarme. Me dijo que su posesión más preciada en el mundo se encontraba dentro de la Afrodita. Hermano y hermana se miraban cada uno a un lado de la mesa. Estaba debajo de una silla cuando saqueaste la habitación. ¿Te molestaría que vuelva a mi trabajo? Tengo al menos una hora de escritura por delante para poder terminar este capítulo. Ella era extrañamente hermosa.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Wapping giró su cabeza y lo miró. Vi a mi… nuestra madre. recibiste educación de primera sobre las políticas de Maquiavelo. pensó Cam. esperabas que ella te dejara una herencia —dijo Cam. Gina la ha tenido todo el tiempo. Él era pequeño. Aunque Franz Fabergé. Bueno. Gina se mordió los labios. —No quiero la estatua —dijo él. Afortunadamente. —¡Articuladas! —respiró Cam—. —Puedes quedarte con la Afrodita. —¿Por qué quieres la Afrodita? —preguntó ella—. Claro que está articulada. —Entonces. he progresado notablemente en el último año mientras te enseñaba. Él se encogió de hombros. —¿Y tú… tú eres mi medio hermano? —preguntó Gina. —No estaba buscando amabilidad. —¿Por qué no me la pediste? —gritó ella—.

eso no podemos negarlo… Sólo espero que se acuerde de mí —agregó dudosa. . —Tenéis la misma expresión —dijo Cam burlonamente—.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Afrodita. pero lo es. Le entregaré las joyas que hay en la estatua. Cam dio un paso adelante y tomó del brazo a su esposa. el mismo! debo escribirle una carta y rogarle que le dé trabajo a mi hermano. Su cabeza estaba ya sumergida en el escritorio. Seguros de que estáis haciendo lo correcto. Es un magnífico profesor. —¿Y qué quieres decir con eso? —Los dos sois mandones. —No puedo creer que sea mi hermano —susurró. —Por supuesto —agregó Gina sin pensarlo—. —Nada. —Se parece a ti. Él suspiró.202 - . indignada. —¡No me parezco en nada a él! —dijo Gina. —¡Tengo una idea! —gritó ella—. —No tenemos nada en común. —¿Qué más podría tener? Después de todo. Me cuesta mucho creer que esa estatua esté llena de esmeraldas. de la forma correcta. Él podía ver que se había quedado muda y que probablemente se convertiría en piedra mirando a su peculiar hermano. ¿por qué te la envió a ti y no a él? —Porque la miraría de esa forma tan condescendiente que siempre mira —dijo Gina—. —Se rió—. Yo tampoco le habría dejado nada. —¿Qué? —Estaba muy pensativa. —¿Por qué? —Porque cuando era estudiante reemplacé el Mercurio Alado del patio central de nuestra facultad con una estatua de Bradfellow. ocupado pasando el texto manchado de tinta a un papel en blanco. Gina. Wapping —dijo sobre su hombro. arrugando una ceja—. se acordará de mí —dijo Cam. —Sé que no esperabas que fuera tu hermano. Cam la miró con compasión. recostándose contra la puerta. Quizá si le pido… —Gina. Creo que era director de una de las facultades… —Thomas Bradfellow —añadió Cam. Cuando Cam condujo a Gina de nuevo a su habitación. —Te veremos mañana entonces. Su padre debió de ser un pomposo insoportable. —Me pregunto. —Si no se acuerda de ti. y eso será todo. Y recuerdo haber conocido a un hombre muy amable. ella no protestó. Me pregunto si… —Tenemos que pensar en algo —la corrigió Cam. Tendré que pensar en qué hacer con él — dijo Gina. Hace años inauguré un hospital en Oxford. La verdad es que os parecéis mucho. la condesa Ligny dijo que contenía su más precioso tesoro. —¡Sí. Y dudo que haya muchas joyas dentro de la Afrodita —dijo—. El hombre ni siquiera gruñó para responder. Sus labios se tensaron. Sois como dos gotas de agua.

203 - . ¿puedo pedir su ayuda para buscar los papeles de Bicksfiddle mañana? Él caminó hacia ella.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Lamentablemente. mi estatua sólo llevaba una peluca —dijo Cam. —Supongo. Luego regresé al curso siguiente y actuó como si nada hubiera sucedido. Y comenzó a reírse—. —¿Convencerte? ¿Cómo podría. Puedes tratar de convencerme. Me castigó. Su boca descendió a la de ella. No soy incapaz de llevar los asuntos de la familia. ¿Era el señor Bradford… era él tan importante entonces como lo es hoy? —No lo sé. —Entonces le escribiré… —Yo le escribiré. —En tal caso. Bradfellow fue un modelo sorprendente. Wapping se convertirá en mi cuñado. ¿sabes? Una pequeña sonrisa asomó en la curva de su boca. aquí mismo. —Oh —dijo Gina. Gina. —Bueno. Sólo sé que le hice una estatua encantadora. pero creo que puso la estatua en su jardín privado. Sus ojos se abrieron más. Tendré que echarte de mi habitación o te poseeré de nuevo aquí. Ella se lamió los labios. milord? —Maldición Gina —gruñó él—. —Contra la puerta —dijo él con voz ronca. Ella lo miró perpleja. —Estaba tan cerca de ella que se puso muy nerviosa—. . sería maravilloso que lo hicieras. —En cuanto nos casemos de nuevo. señor duque. Él tomó su silencio como un acuerdo.

No podía resistir el impulso de ser verdaderamente ruda. lord Bonnington —dijo Esme. pero él se le adelantó. —Pese a que odio interrumpirte. ¿Qué derecho tenía Sebastian para juzgar su amistad con Bernie? No podía estar más claro que la consideraba una prostituta. —Y lanzó una feroz mirada a Bernie Burdett—. —Rozó la mano de Esme con sus labios y salió raudo hacia el lado opuesto del salón. Se sintió mal. Bajaron de regreso.» Ella nunca había encontrado ningún motivo para engañarse a sí misma sobre las consecuencias de sus actos. si me lo permites. Él hizo una venia. creo que habíamos acordado ensayar Mucho ruido… Abrió su boca para negarse. «Oh. . Pero la representación es mañana por la noche. «mi madre se pasaba la vida quejándose de mí: ¡Vean cómo se comporta esa hija mía! ¡Con tan solo cinco años y ya está coqueteando con el hijo del jardinero otra vez!» Lo miró de reojo. —¿Te comportabas así cuando eras joven? —preguntó ella. Algo le decía que haría muy bien marchándose de allí. —Supongo que puedes tener otros planes. Ella lo dejó en el pasillo y tomó su libro del tocador. Era tan alto y tan. —Tendré que buscar mi copia de Mucho ruido. allí va mi pequeño hijo.204 - . —Lady Rawlins —dijo una áspera voz en su oído.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 29 Baile informal seguido de intoxicación privada. De veras que era una pena que tuviera una boca tan primorosa. Él prefirió no responder nada. —Te acompañaré. continuaba pensando. Esme no sabía cuánto tiempo podría él caminar en silencio. Iba a su lado sin decir palabra. Bernie soltó el brazo de su acompañante. Lady Troubridge ha dispuesto un gran telón a lo largo del salón de dibujo. —Como un póquer viviente. Apenas se dibujó una insinuación de sonrisa en sus labios. Esme se sintió perdida. —Volveré al salón de baile. Amenazador. «Claro». pensó ella. debía de ser muy desconcertante para tu madre. «De hecho». —¿Perdón? —contestó con énfasis glacial. Subieron las escaleras sin intercambiar palabra alguna. tan imponente. Acababa de salir del salón de baile cuando una mano la tomó del codo. «Soy una prostituta. ¡qué pena que nunca sonría!» —Esme le sonrió afectadamente.

Esme supo con total claridad que deseaba al prometido de su mejor amiga más que a cualquier otro hombre que hubiera conocido en toda su vida. Su muerte me hizo cambiar de opinión sobre tener hijos. siempre estaba tallando maderas. —Aún no me he acostado con ninguna mujer. Abrió su libro. que tu conversación siempre ha resultado bastante impropia —afirmó él. aunque estaba ardiendo en su interior. Los hombros de él se relajaron imperceptiblemente. y sintió pena de sí misma y también se sintió mal por tener semejantes fantasías. Bueno. —Puedo decir. Pero no podía. Así de sobrios eran. —No sabía que tuvieras un hermano. Ella lo miró fijamente. Finalmente. Frunció el ceño. deberíamos ensayar allí? Como respuesta. Se sentó junto a ella. Él puso su mano en la frente de ella y con su dedo pulgar deshizo las líneas que se lee habían formado tras fruncir el ceño. Mi hermano siempre tenía los bolsillos repletos de pedazos de madera que decían que eran patos o botes. Supongo que. —Su . Sus ojos eran tan azules como los pensamientos. no lo hago. Por mucho que lo intentara ya no podía ignorar por más tiempo sus ridículos sentimientos hacia él. de niño. estaba tan apuesto que el corazón de Esme sufría leves arritmias. «En mi desaprovechada vida». tratando de recomponerse. consciente del hecho de que estaba comportándose como una tonta. así que Esme continuaba charlando. —Pensaba que te interesaba —le dijo ella con tono tranquilo. Había algo en su expresión que le hacía seguir hablando. —¿Estás compartiendo el lecho con Burdett? —Su voz tenía un tono áspero. ¿quieres saber sus nombres? —En absoluto. ¿O prefieres darme una lista de todas tus amantes? Hubo un silencio. —Sufrió una hipotermia.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Entraron a un pequeño salón próximo al salón de los billares. Me he acostado con otros hombres que no son mi marido. Pero no la miraba. Puso las manos en su regazo—. Él se detuvo frente a la chimenea. —¿No deseas tener un hijo? ¿Por eso estás separada de tu esposo? —Ésta es una conversación bastante impropia —respondió ella. Por mucho tiempo tuve miedo de tener niños propios. —Girton seguramente gastaba su tiempo tallando figuras de su nana sin su delantal. Sebastian aún no respondía. se dijo. Deberíamos ponernos a ensayar. —Mi pequeño Benjamin —dijo ella—.205 - . —¿Oh. casada o soltera. sólo eran fantasías. ¿Por qué tenía la voz tan profunda? De pronto. Sebastian entró y encendió las lámparas. ella tuvo que mirarlo. —Pero sólo porque Bernie no me atrae —agregó ella—. por experiencia. Murió cuando tenía cinco años. —¿A Gina no le molesta que seas tan estirado? Su esposo no se parece nada a ti. —Quitó la mano de su frente. —No. aun cuando ella jamás hablaba sobre Benjamin.

Ella no sería su prostituta. Ella emitió un profundo suspiro. —¡Oh! —No sabía qué más decir—. —Te deseo buena suerte para que alcances el nivel necesario de locura. ya es hora de retirarse para descansar. —Jamás rompería mis votos matrimoniales. —¿No? —No. él no sentía la necesidad de decir nada más. Él fue detrás. —Te has acostado con otros hombres —comenzó él. no he seguido sus ejemplos. entonces.206 - . —¿Debo entender cuando dices «demostrar» que esperas que te invite a mi habitación? . Era muy traicionero y tentador a la vez. —Sin embargo. Esme se quedó pasmada. Ella no lo miró. sus ojos y su belleza. que no has encontrado una prostituta capaz de tentarte a un comportamiento ligero? —logró afirmar. No podía simplemente quedarse ahí en silencio. No la volvió a tocar. ¿Deberíamos comenzar con nuestro ensayo del tercer acto de Mucho ruido…? La ignoró. —Estaba esperando que pudiéramos demostrar nuestra atracción mutua sin involucrar a otras personas. confusa. —Muy propio de ti —respondió Esme.ELOISA JAMES Duquesa enamorada voz era baja y tranquila. Sus ojos eran muy peligrosos. La tomó de la muñeca tan pronto como se dio la vuelta. o podríamos prolongar esta interesante conversación. Él parecía impaciente. ocasionalmente. Ella se soltó de su mano. Amigos míos han arruinado sus votos matrimoniales y malgastado sus fortunas en cantantes de ópera. —Exacto. pero no podía… Miles iba a volver con ella… Miles iba a ser el padre de sus hijos… —¿Debo entender. Desafortunadamente. Ella esperó. —Al parecer. Debí decirte primero lo hermosa que eres… Ella no pudo evitarlo y miró por encima de su hombro. Esme tragó saliva. Ella se puso en pie. —La diferencia radical es que cuando lo he hecho ocasionalmente. —Se dirigió hacia la puerta. Nunca he conocido a ninguna mujer que me haya tentado a seguir esos tontos comportamientos. —No me he expresado bien. Parece haber ignorado ese hecho importante. es porque he deseado a esos hombres. —No tenía idea… ¿acaso eres un puritano? —No. Supongo que me lo dirá mañana. he llegado a la conclusión de que Gina va a volver con su esposo. si los tuviera. —¿Por qué razón? —Porque todavía no estoy casado. Sugiero que continuemos nuestro ensayo mañana. —Nunca he entendido a aquellos que tienen amantes. mi señor.

se quitó la corbata y la tiró a un lado. No tenía por qué contarle que hacía años que no se acostaba con ningún hombre. Es ridículo. No hay nadie en el salón de billares de al lado. Muy a su pesar. Ella permaneció en silencio. Esme no podía dejar de admirar su cuerpo. Él tiró su camisa sobre una silla. un cuerpo de jinete. Ninguna mujer había tocado ese cuerpo. No estoy casado y no creo que esté realmente comprometido. por la manera como ponía sus manos en las de ella y le hacía estremecerse. De manera que creo que has perdido la oportunidad. Me disgusta pensar que has estado con otros hombres en esa misma cama. cuánto lo deseaba! —Los músicos estaban tocando la última pieza cuando Burdett y tú salisteis del salón de baile. ¿verdad? Con sus ojos puestos sobre ella. —¿No? Lo maldijo por su belleza. pese a que trates de parecer frívola. Ella comenzó a protestar pero se detuvo. —Eres una mujer muy inteligente. A su pesar. ante lo cual él se adelantó y cerró la puerta. Esme lo deseaba. en cuanto a mí. —Se estaba quitando la bota derecha. Te deseo como nunca había deseado a una mujer… Y tú estás… disponible. —Voy a volver con mi marido —dijo ella repentinamente—. Prostituta hoy. —Volver… pero ¿cuándo? Aún estás libre. —Ésa no es la cuestión. y estoy lo suficientemente seguro de que los ocupantes de la casa se preparan para dormir. Sus manos se posaron en su cintura y su boca se secó de súbito. Eso a él no le importaba. no estoy disponible. Abrió su boca pero antes ella intervino.207 - . ¿Y si entrara alguien? —Nadie entrará. —No lo creo. ¡Oh. por la emoción en sus ojos. Cada hueso de su cuerpo le pedía que aceptara lo que le ofrecían—. Protestó una última vez. —Y. . —¿Estoy en lo cierto si pienso que no te has reconciliado aún con el amable lord Rawlings? Ella asintió ligeramente. —No debería… —Pero estaba decidida. Él la tomó de la mano y le dio la vuelta para que lo mirase.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Él asintió. —No puedes desnudarte en el salón de lady Troubridge. ¿Por qué no me invitas a tu lecho? Te aseguro que soy más inteligente que Burdett. —Te has vuelto loco. ¿No estarías más cómodo si fuéramos a mi habitación? Él la miró profundamente. —¿Cuál es la cuestión entonces. pero así es. ni que vaya a casarme. —Pero estás a punto de casarte con Gina. esposa mañana. éste no eres tú… Su cuerpo era grande. Esme? Te deseo. —Sería un tonto si no aprovechara esta pequeña oportunidad que tengo.

Se detuvo por un momento. estoy seguro que no te defraudaré en el campo. algo indecente que hiciera a Esme estremecerse y traer hacia sí todos los gloriosos músculos de su cuerpo. —Una sonrisa asomó a sus labios—. su voz le hizo sobresaltarse: —Eres la mujer más exquisita que he visto. —No. Su vestido era de apenas unos ligeros lazos. ¿por qué no lo iba a ser para mí? La parte que me corresponde a mí no parece difícil o complicada. conocido ampliamente como el «caballero más caballeroso» de todos. Todo el proceso parece sencillo para la mayoría de hombres. pensaba Esme. Era una aficionada a las prendas francesas y en ese momento vestía como una cortesana parisina. Se recostó contra la puerta. milord? Esme temblaba y sentía una combinación de excitación y vergüenza. El marqués de Bonnington. cada vez más cerca. los atletas aprenden muy deprisa. Ella se topó con su pecho y él llevó sus caderas y muslos contra su cuerpo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Él estaba medio desnudo y Esme sintió cómo sus rodillas se debilitaban. Pero eso no parecía molestar ni siquiera al propio marqués. había perdido la compostura. Y como Esme descubrió encantada. Sus ojos se oscurecieron. Peor aún. «Esto es lo más peligroso que he hecho en mi vida». —La atrajo a sus brazos. Esme dejó su chal sobre una silla y se dio la vuelta para verlo de frente.208 - . Él se aproximó y Esme sintió cómo la sangre subía a su rostro. Esme. De repente. estaba a medio vestir. él no la refrenaba. En cambio. no significaba que no tuviera que aprender aún muchas cosas. Nunca había hecho el amor en un lugar público. tan seguro de sí mismo… —¿Te sientes incómodo porque es la primera vez que haces el amor? —preguntó ella con curiosidad. Ella caminó hasta un sofá. Besó su cuello con delicadeza y ella sintió su lengua tocando su piel por un momento. Ésa era sin duda la seducción más extraña en la que hubiera participado. cuando su compañera reía y le decía algo pícaro al oído. —Eres exquisita. Pero sus ojos eran tan azules como un cielo de verano. Una vez ahí. soltó las hebillas que sostenían su peinado y dejó caer sus cabellos. Estiró su mano y dijo: —¿Va a acompañarme. Era tan perfecto en su desnudez. —Puso una mano en su garganta y la deslizó hacia su hombro. Sebastian logró espantarlo. Esme. Él le quitó el resto de su ropa hasta desnudarla por completo. Tengo buena reputación en los deportes. Ella se aclaró la garganta. El hecho de que fuera un gran atleta. le decía algo más fuerte aún. un criado quiso entrar en el salón para atizar el fuego para la noche. algo impropio. —¿No vas a desnudarte? —preguntó él. Cuando habló. Pero un gran atleta es un gran atleta. y .

.ELOISA JAMES Duquesa enamorada como son tan fuertes pueden hacerlo… una y otra vez.209 - . Más aún. sólo para demostrar que las extraordinarias e innatas habilidades atléticas son un apreciable atributo en todos los deportes. hasta las primeras horas del alba.

El corazón de Carola latía con tanta fuerza que retumbaba en sus . Llevaba el corsé debajo del camisón para tener sus carnes en su sitio. Esme había sido lacerantemente directa en su análisis. Era la única manera de que Tuppy creyera que era un buen jinete. No le gustó cuando Tuppy lo provocó en su noche de bodas y seguía sin gustarle dos semanas después. no le gustaba el acto matrimonial. estaba contemplando la fuga. «¡Qué maravilla…!» ¿Maravilla. Por supuesto. menos su decisión.210 - . Debía ser entusiasta. presumiblemente desnudándose. ¿La habría oído jadear? Se moriría si él la descubriera. ella no había hablado de eso con sus amigas. La predicción de su madre de que se acostumbraría pronto jamás se hizo realidad. Si no. Lo que debía recordar era que ella quería ser la esposa de Tuppy. «¡Ha sido maravilloso. de qué…? ¿Ritmo? ¿Cadencia? «Qué buenas habilidades tienes». «¡Qué buenas habilidades tienes. De hecho. Él debía ir al lecho completamente desnudo y después de apagar la lámpara. Se sonrojó de sólo pensar en besar a Tuppy y en Tuppy besándola. Debía ser condescendiente y felicitarlo. Hubo ruidos sordos en la habitación a medida que Tuppy caminaba en torno a la cama. Tuppy!». Todo estaba en su lugar. estando él completamente vestido. Había dispuesto las cortinas de manera que no se colara ni el más nimio rayo de luz.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 30 La valentía es necesaria: las habitaciones de lord Perwinkle. No debía hablar como su madre cuando inauguraba algún bazar de caridad. Para ella la humillación era inevitable. a pesar de que no le gustaran mucho sus deberes conyugales. Debía pretender que disfrutaba. Pero besar no era suficiente. escuchó un ruido en la puerta y ésta se abrió. No era un pensamiento leal. Carola emitió un sonido de angustia y hundió la cara en la almohada. Pero sí le gustaba besarlo. decidió. Se había dado cuenta de que había una cosa importante que estaba mal en el plan de Esme. Recogió las piernas hasta tocar sus rodillas y enrollarse como una bola. Carola. A ella. Justo en ese momento. Estaba tan avergonzada que realmente creía que se desmayaría cuando estuviese en el lecho. El problema era que Tuppy no era bueno en esos menesteres. repetía casi sin aliento para practicar. se horrorizaría al ver sus enormes pechos. Carola yacía enrollada bajo las sábanas de lino de la cama de Tuppy. y cuánto lo estoy disfrutando!» Eso estaba muy bien. Carola debía convencer a Tuppy de que lo deseaba tanto que no le importaba humillarse para estar con él.

No escuchaba nada. Entonces se hizo más a un lado y vio… A Tuppy. Todo el mundo sabe que los criminales son seres desesperados por naturaleza y que regularmente golpean a la gente con objetos contundentes en la cabeza. El ladrón la asesinaría si la veía. O… ¿quizá no era Tuppy? Los ojos de Carola se agrandaron. Después de un momento. miraba los leños que desfallecían. tal vez no le haría salir de la habitación. Regresó con sutileza y nuevamente se asomó. por supuesto. Carola se quedó sin aliento cuando vio que se quitaba la camisa. comparado con otros hombres. a un baile. Tuppy no era atlético. Tal vez esté meditando sobre el matrimonio. No parecía que fuera a ir a acostarse después de todo. Pero ella la había enrollado y escondido debajo de la cama. No hacía trabajos como el caballero Jackson. y un sobresalto movió su corazón. Estaba rígida en la cama. se puso en pie. Finalmente. Con mucho cuidado. Estaba junto a la chimenea con un brazo apoyado sobre la repisa de la chimenea y removiendo lánguidamente el leño con un atizador. Primero no pudo ver nada. se echó hacia atrás dejando caer las cortinas. Luego hubo silencio. lentamente. «Parece triste». Quizá esté preocupado por mí. pensó Carola.ELOISA JAMES Duquesa enamorada oídos y escuchaba con dificultad los ruidos externos. Simplemente. . se estiró y comenzó a desabrocharse la chaqueta. «Parece solitario». ¿Cómo lograba tener esos músculos bien definidos si se pasaba las horas sentado viendo el río pasar? Tuppy lanzó sus pantalones sobre una silla y miró alrededor de la habitación. Luego dos minutos. sin embargo. «Quizá no quiera partir mañana. y. Nerviosa. Ni siquiera había avivado el fuego. sólo un rincón de la habitación. lentamente. como un holgazán. Tal vez esté llorando. Tuppy se había sentado ahí. aún mejor. Sus piernas estaban estiradas y su rostro enjuto parecía cansado. separó un poco las cortinas. sentado. A Carola se le escapó una risita nerviosa. Había pensado que si estaba completamente desnudo. Carola sintió un poco de enfado. Había esperado al menos diez. Un momento. desistió de la búsqueda. pensó Carola. Pero Tuppy jamás había demostrado ningún signo de lágrimas y Carola admitía que no parecía que se fuera a desplomar en ese momento precisamente. cuando había cosas importantes por hacer. ¿Por qué estaba tardando tanto? Algo chirrió. se aproximó a las cortinas. Nada de lo que ella sabía de él explicaba cómo tenía un cuerpo esbelto.» Tuppy entonces se dirigió al lecho. Nada ocurrió. No se trataba de ningún ladrón. Siempre quería sentarse y leer un libro cuando ella quería ir a alguna obra o. Al parecer había decidido revivir el fuego agonizante. Tampoco se iba de cacería cuatro de cinco días. Estaba buscando su camisa de dormir. Era Tuppy.211 - . Simplemente estaba ahí. El hombre que había entrado en la habitación de Gina había ido a robar. Los hombres son tan extraños… Sintió un inquietante ardor por todo su cuerpo mientras lo contemplaba. Entonces se arrodilló y. Carola lo miraba fascinada. no participaba en carreras.

ELOISA JAMES Duquesa enamorada Era hora de alzar el telón.212 - . .

Ella se sobresaltó como si él ha hubiera golpeado. esperando que ella dijera la verdad. No puedo imaginar una sola razón por la cual tú vendrías a mi lecho. e incluso una tarea dolorosa. consideras nuestro sexo desordenado. Olvidarse de todas las mujeres. supongo. —¿Es posible que te hayas equivocado de habitación? —preguntó él. Carola se había convertido en una fabulosa actriz o realmente estaba desconcertada: —¿Qué otra cosa puedo pensar? —Sus ojos buscaron su rostro—. acaso. totalmente tedioso.213 - .ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 31 A petición del público. la sutil mano de lady Rawlings en este ardid? —¿De verdad… de verdad piensas eso de mí? —dijo con voz trémula. A menos que alguien más hubiera cambiado tu manera de pensar. ¿Qué demonios estaba haciendo ahí Carola? No quería estar con él. pero todo lo que hizo fue poner su pequeña mano sobre su brazo y decir. —No creo que ese plan se te haya ocurrido a ti sola. —¿Creíste que ésta era la cama de Charlton? La miró fijamente. teniendo en cuenta aquel último pensamiento: —¿Qué haces en mi cama. Carola estaba tapada hasta el cuello. Por favor dime si te estoy citando mal. Sería uno de esos «niños de los seis meses». ¿Veo. En efecto. Lo único que él podía ver era sus rizos desordenados y sus ojos brillantes. oprimido instantáneamente. Habían discutido desde el primer día y había llegado a la penosa decisión de poner fin a su matrimonio. Carola? Ella se mordió el labio y no pudo decir nada. Su tono fue más frío que de costumbre. Pero no era suya. . Ella podría casarse con el impecable bailarín y así él podría olvidarla. Tuppy corrió las cortinas de la cama y levantó las mantas antes de darse cuenta de que ya había alguien antes que él en aquel lecho. Sintió una instintiva pérdida en su pecho. eso lo había dejado muy claro el día anterior. Sintió cómo la rabia crecía en su pecho. Por un momento los dos se miraron a los ojos fijamente en la penumbra de la media luz que una lámpara de aceite irradiaba. casi suplicante: —¿Tuppy? De inmediato lo sorprendió un pensamiento: —Estás embarazada y cargas al hijo de Charlton y esperas seducirme para que reconozca a la criatura como mía. Era encantadora su esposa.

—Te daré el divorcio. Instantáneamente. Le gustaba. Él tiró suavemente del rizo que tenía entre sus dedos. Tuppy sintió claustrofobia por un momento y aspiró ampliamente. —Ah. déjame ir. si es lo que tú quieres —dijo desesperado—. Para su desaliento. lo que confirmó sus suspicacias. Nuevamente se le aproximó y esta vez lo arrinconó contra la cabecera de la cama. ¿recuerdas? Puedes decírmelo. Había descubierto en Cara a una de las personas más incomprensibles que hubiera conocido jamás. Tener esperanzas no es lo mismo que tener expectativas. no merece la pena. de súbito. tu irritante y viejo esposo. jamás. Era como si ella no lo oyera. no tienes que humillarte o humillarme. puedes casarte con Charlton o yo reconoceré al niño. Entonces. —Su otra mano apareció espontáneamente y acarició los rizos que daban en el cuello. avergonzado por el recuerdo de su propia idiotez. Lo besó. No llores. Ella sacudió la cabeza. Ella negó con la cabeza y musitó algo que él no pudo oír. —Por favor. Reconoceré a la criatura. —Retiró una lágrima que se deslizaba por su mejilla—. La tomó del brazo: —Cara. —El apelativo cariñoso que utilizaba para referirse a ella durante su breve matrimonio se deslizó de sus labios inconscientemente.214 - . ¿Realmente le importaba si ella estaba embarazada de otro hombre? No rechazaría a su esposa jamás. Yo no… yo no esperaba permanecer casto para siempre. No hay necesidad de llorar. No te humillaría así jamás. — Le secó las lágrimas. Él parpadeó. ella introdujo su lengua buscando la suya y se convirtió en un hombre que se . las lágrimas siguieron brotando y de repente un sollozo estalló de su pecho. Han sido cuatro años y dos meses. Carola. ahora estaba decidido a saber qué era lo que ocurría. —Soy tan sólo yo. —Era casi cierto. Cara. Me haré cargo del niño. Y tú no tienes que acostarte conmigo. —Como te dije. él cambió de opinión. Eran suaves y su cuerpo era tan suave… La separó. —No me importa lo del bebé. —¿Qué? —Cuatro años. en ese instante. No tienes que acostarte conmigo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Lo mejor es que me vaya —dijo ella. que seguían cayendo de tal forma que no podía detenerlas con sus dedos. Tuppy sintió un repentino malestar en su estómago. Nunca volveré a hacerte eso. Hemos estado separados tres años. La tomó del brazo. —Lo miró y sus ojos se llenaron de lágrimas—. Ella aún no lo miraba. lo suaves y rubios que eran en ese punto—. solía gustarle. Se sentía como si hubiera perdido la capacidad de entender el idioma inglés desde el mismo momento en que puso el anillo en su dedo. Su voz se quebró un poco. sea el problema que sea. Comenzó a moverse hacia el otro lado de la cama. ella se entregó a sus brazos y llevó sus labios hacia los de él.

¿verdad? Supongo que para asegurarte de que nadie ponía en duda la paternidad de tu hijo. a través de sus dientes apretados. La lengua de Carola encontró la suya con ansia y. con cierto pesar. la apartó de él y gruñó: —Carola. Ciertamente no lo había experimentado con su frustrante amante anterior. Dos cosas le ocurrieron a Tuppy durante ese largo beso: dos hechos se cristalizaron en medio de esta agitada marea de lujuria. —Así que querías que la gente nos vea juntos. Pero no hubo rabia en su corazón. Pero alejó ese pensamiento de su mente y la besó. Sintió una punzada en su estómago y su decisión siguió avanzando: —Sé que no es la verdad —dijo con la mente fija en el corsé—. ¿ves? —estiró la fina tela del camisón contra su cuerpo. La segunda cosa fue que. ¿dime qué diablos estás haciendo en mi cama? Ella abrió la boca pero no salieron palabras.215 - . peligrosamente. Esto se parece al libreto de una vieja comedia. —He venido para hacerte… para seducirte —afirmó ella con vocecita trémula. y él pudo ver claramente que el corsé terminaba justo debajo de la cintura. pero entonces. La tripita de Carola tenía una suave curva que lo encendía en deseo pero no parecía la de una mujer embarazada. Enrojeció. ¿por qué llevas un corsé? Yo creo que es para que nadie se dé cuenta de que estás embarazada cuando nos descubran. No estoy embarazada. tan sofisticada. —¿Entonces por qué estás aquí? —Tenía el tono frustrado de un . —Carola —dijo. Era tan adorable que Tuppy sintió otro embate de lujuria y pronto su razón sucumbió nuevamente. Su piel era tan blanca como la porcelana y ahora era tan roja como una peonía. No había experimentado con nadie una sensación erótica como la que sentía con su joven y obstinada esposa. Su cara de sorpresa confirmó sus sospechas. si no pensaba quitarse esas prendas… ¿para qué demonios se había metido en su cama? Desde el fondo de su mente agitada por la lujuria. —¿Ah sí? Entonces. sin embargo. reconoció que Neville Charlton le había enseñado algunas cosillas a su esposa. una viuda mayor y experimentada. —No quería que te enfadaras. solo una inmensa tristeza. La primera era que dudaba que su esposa estuviera fingiendo ese entusiasmo sólo para disfrazar un embarazo no deseado. —No sé por qué estás empeñado en que voy a tener un bebé. Tuppy —dijo ella con voz firme—. No decía nada. no era propia de la naturaleza de Cara. por alguna extraña razón.ELOISA JAMES Duquesa enamorada hundía. —¿Por el bebé? —preguntó Tuppy incómodo. —¿Y bien? —preguntó. pero no había equivocación sobre su rubor. el momento de la trampa de la cama. La luz era tenue. lo que implicaba que ella quería estar bien arreglada. ella había ido a su cama con el corsé debajo del camisón. Él se sobresaltó. Tal mentira. que lo admitió en su casa con un entusiasmo mesurado que alcanzaba para ambos. —¡No hay ningún bebé! Este corsé ni siquiera cubre mi vientre.

He cambiado de parecer. y su voz tenía una resonancia tan profunda que casi lloró al oírla. ¿Te molestaría mucho si te quito el corsé? Ella se estremeció de deseo y se ruborizó cuando se dio cuenta de lo que le estaba diciendo. parado frente a la puerta. —Estabas en lo correcto cuando te diste cuenta de que mi… mi talla de vestido ha cambiado desde que nos casamos. Tuppy podía sentir una llamarada en el pecho tan profunda y caliente que podría morir. Él la miró estupefacto. pero donde fuera que la tocara. —¿Qué? Carola cruzó los brazos sobre su pecho. Pero ahora era diferente. —La tomó de los hombros. —Cometí un error viniendo a tu cuarto. arrastró las manos de sus hombros . atrayéndola hacia él. Le arrancó la bata porque no podía desatar el lazo. Las manos buscaban a tientas. Seguía sin entender la actitud de Carola. Abrió los ojos para encontrarlo encima de ella. Carola tembló y arqueó la espalda contra él. feroz… y un poco lerdo. gran zoquete! Y no te atrevas a mencionar al bebé otra vez. ¡Yo no tengo un bebé. que era justo el tipo de detalle brusco y nada sofisticado que debería haberse ahorrado. —¿Querías seducirme? Ella lo miró. —Quería. —¡Pero ya no te quiero. —Porque quería seducirte —chilló.ELOISA JAMES Duquesa enamorada hombre que nunca había entendido a su esposa desde el primer arrebato de lágrimas de la noche de bodas. el mechón de pelo que caía sobre sus ojos era tan encantador que tuvo que acariciarlo y besarlo. y no está bien que creas que yo… que yo sería capaz de acostarme con un hombre que no es mi marido! Se paró en frente de él y sus rizos dorados se tornaron en un aura difusa alrededor de su cabeza. Él le acarició el mentón. Cuando estuvieron acostados sobre la alfombra y Tuppy logró quitarle el camisón por la cabeza fue cuando Carola entró en razón. ¡Esto es absurdo! —Y esta vez se movió tan rápido que estaba fuera de la cama en un parpadeo. Él se puso frente la puerta justo cuando ella sacaba una bata de detrás de la silla. No había nada de sofisticado en Tuppy: era directo. Claramente. el corsé era una de esas cosas femeninas que no tenía sentido descifrar. Su beso era tan torpe como ella recordaba. no has cambiado.216 - . —¿Carola? Ella respiró profundamente. Cuando la abrazó no se le ocurrió que no mostraba ninguna delicadeza. —Cara —dijo. Él la empujó contra la puerta. mortificada. Carola se llevó las manos a las mejillas. Entonces él la miró a los ojos. —No. así que concentró su atención en sus palabras—. ella ardía en placer líquido. Tímidamente. —¿Por qué estabas en mi cama? —dijo. Pero él estaba hablando. Se derritió en sus besos torpes como si fueran más sofisticados que el propio Byron.

Él cerró los ojos por un segundo cuando sus senos se derramaron libremente. o con alguna de las cosas que su madre le había dicho. Carola repetía su nombre y se aferraba a él a medida que él se movía dentro de ella. Se trataba de moverse juntos como en una danza. —¿Duele? —preguntó él. aunque esta vez fue cuidadoso. —¿Qué ocurre? —susurró él. recostado a su lado y acariciando su cuello. Y descubrió. —No —susurró ella. Pero ella se acercó a sus manos. —¿No crees que tengo demasiada carne? Una vez me dijiste que yo estaba gorda. Solamente cuando ambos estuvieron desnudos y él se posó encima de ella. sus maravillosas manos y después a su boca. —¿Gorda? Carola comenzó a sonreír. Nuevamente se puso un poco rígida cuando lo sintió entre sus piernas. recordó lo que ella le había dicho. en efecto. —No importa —dijo Carola con un leve sobresalto. La experiencia no tenía nada que ver con ser o no un buen jinete.217 - . Nunca la había tocado así en el tiempo que llevaban casados. para sorpresa suya que. Por primera vez Carola pensó que tal vez ella lo había interpretado mal y que en realidad no le disgustaban sus senos. Y no dolía. . fuerte y rápido. Se sentía como si entre sus piernas se derramara oro fundido.ELOISA JAMES Duquesa enamorada y empezó a desabrocharse el corsé. no le importaba. —¿Preferirías estar durmiendo? No he apagado la luz… ¿Quieres que lo haga? Recuerdo que no te gustaba hacer el amor con la luz encendida. Y Carola logró moverse con él… —Los franceses lo llaman petit mort —le dijo luego Tuppy. sin delicadeza alguna. Su voz era todo lo que sus manos no lograban ser: delicadas. —Eres tan hermosa… —dijo él. Pero su mano se deslizó hasta su cintura. Gimió cuando él la penetró. —Es absurdo —contestó Carola. No podía evitarlo. reverentes y ágiles. pero su boca estaba sobre su pecho y luego ya no le importó lo que hubiera dicho. Sus dedos jugueteaban por su cuerpo. Él nunca le contestó. Alivió la rigidez y espantó cualquier temor. y su voz profunda se agitó. Pero sus dedos seguían su danza sobre su piel.

218 - . aunque la mantuvo muy cerca de él. ella… Gina estaba consternada ante su propia agresividad. Por haber dormido con Cam. tratando de decidir si era peor casarse con Sebastian. Eso significaba que ella pasaría el resto de su vida en la especie de matrimonio nebuloso que ya había experimentado. incluyéndola a ella. Él tan sólo respiró pesadamente contra su cuello y. ella se despertó. Quitó la mano de Cam de su cadera y miró fijamente a ningún lado bajo la luz gris. En la oscuridad. que le mostraría su amante a todos. Sebastian creció como una figura grande en su mente: una figura de paternidad. no dejó de pensar en que Cam ni una sola vez. Ella ignoró su sospecha de que Sebastian pasaba casi todo el tiempo montando a caballo. Cam era una de esas personas que dormía tan profundamente. ni una sola. Que no pasaría el tiempo moldeando mujeres desnudas en piedra. pero había descubierto que era el tipo opuesto de persona a ella en ese sentido. En todo caso. No pasó nada. había descartado sus deseos de casarse con el responsable y bondadoso marqués. ¿En qué estaba pensando? Era más seguro que Cam regresara a Grecia y no volviera durante otros doce años. Ese pensamiento hizo que su mano se enrollara en un puño. que tendría una amante pero nunca se permitiría que ella se enterara. Gina se quedó con los ojos abiertos en la oscuridad. si a eso se le puede llamar dormir. Estaba irritable. Cuando su gran mano se posó sobre su cadera y empujó su trasero y lo ajustó cómodamente contra él. que parecía que su espíritu había salido de visita. seguro que no roncaba. después de un tiempo. le había dicho que la amaba. Mientas las horas de sueño avanzaban. Cuando amaneció. Gina estaba muerta de sueño. aunque no la llamara «amor». como un hombre que viviría en Inglaterra y se encargaría de cuidar a su familia. Gina tuvo tiempo para deleitarse con sus propios pensamientos mientras él dormía. . Sebastian era demasiado correcto para roncar. preguntándose qué pasaría después. Cuando Cam giró. Mataría a esa mujer. sino haciendo cosas responsables y organizadas. Gina se despertó de un sueño en el que Cam le presentaba a una mujer pechugona que él llamaba «la encantadora Marissa». Gina nunca lo había pensado. Cuando finalmente llegó la mañana. Sobre todo. agotada y deseando decirle a su esposo que por su culpa no había podido pegar ojo en toda la noche.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 32 El arrepentimiento siempre llega por la mañana. o con Cam. comenzó a roncar. Un hombre que la amaría. Y como secretamente pensaba que era un pésimo esposo decidió que debía hacérselo saber.

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Por el contrario, él se despertó muy contento, con la alegría de un hombre que al despertar se da cuenta de que su mano está sobre el muslo de una mujer exquisita. Hasta que ella habló. —Te has pasado la noche roncando —dijo ella, quejándose. Cam trató de parecer inocente. —¿Sí? —Sí. ¡Roncando y manoseándome! Cam seguía manteniendo la mirada inocente. —¿Lo he hecho? Si lo he hecho es porque eres muy hermosa. Ella lo miró desdeñosamente y él cerró la boca. —No he podido dormir, ¡nada! Si no estabas roncando o manoseándome, estabas dando patadas o destapándome para taparte tú. —Lo siento. ¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor? Comenzó a besarle el cuello cuando ella se sentó en el borde de la cama. Ella sólo sentía una profunda irritación. Él saltó a sus pies, tan rápido que casi se cayó hacia un lado. —Absolutamente no. Me voy a vestir y regresaré a mi habitación. Creo que tendremos que tener habitaciones separadas, para que yo pueda dormir. —¡Qué vergüenza, Gina! Tú, que insististe en compartir una habitación con el marqués. —¡Estoy segura de que Sebastian no interrumpirá mi sueño como lo haces tú! —contestó ella, mientras comenzaba a ponerse el vestido—. Asegúrate de que no haya nadie en el pasillo, por favor. No me gustaría que alguien me viera saliendo de tu habitación. Cam se puso los pantalones y pensó por un momento. —¿Por qué? —¿Qué quieres decir con «por qué»? ¡No creo que sea necesario que te lo explique! —Yo creo que sí. —Nuestro matrimonio fue anulado hace tres días —recalcó ella—. El hecho es que, aunque no nos hubiéramos enterado, ya no estamos casados. —Suena como si te estuvieras arrepintiendo de haber consumado nuestro matrimonio. Ella evitó su mirada. —En absoluto. ¿Tu sí estás arrepentido? —¿Por qué demonios debería estarlo? —dijo en un tono pesado y perezoso. Gina tragó saliva. Obviamente, planeaba llevar a cabo el plan que le había propuesto en el salón de baile, que continuarían como estaban en las pocas ocasiones que él visitara Inglaterra. —No serás tan libre —afirmó ella. —¿Libre? —Si realmente estamos casados, no puedes regresar a Grecia. —¿No podré? —No. —La voz casi le flaqueó pero se controló—. Si estamos casados, debemos vivir juntos.

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—Grecia es mi casa. —Girton también es tu casa. Si insistes en irte a Grecia, pues… —se apresuró a decir—, le informaré a Finkbottle que no estamos casados, después de todo. Hubo un momento de silencio. —No me gusta el chantaje, querida duquesa. —No pretendo chantajearte —respondió Gina—, simplemente creo que… —Simplemente crees que soy el holgazán que toma lo que le place, incluyendo la virginidad de mi esposa, y regresa bailando a Grecia sin ti, como si nada hubiera pasado. Ella tragó saliva. —Me considero un hombre comprometido —dijo—. Estoy comprometido por la situación y por mi deseo hacia ti. La verdad es que no soy la clase de hombre que descuida sus responsabilidades. ¿Pero tú no crees lo mismo, no? —Hubo un tono de repugnancia por sí mismo que punzó el corazón de Gina—. Después de todo, creíste fácilmente que moldearía tu cuerpo desnudo en mármol rosado y lo vendería en la plaza pública. —No quería insultarte. Pensaba que me moldearías en mármol porque eso es lo que tú haces… —Tienes razón —dijo, y ahora su voz estaba llena de rabia—. Eso es lo que hago. Esculpo a mujeres desnudas para ganarme la vida. Además, lo hago en Grecia. Eres una duquesa, y vives en Inglaterra. Por tanto, somos incompatibles, ¿no es así? No necesitas un esposo que se relacione con ese oficio de mala reputación. Verás, Gina, no dejaré de esculpir mujeres desnudas. Eso es lo que hago. Stephen no pudo detenerme, y tampoco podrás hacerlo tú. Ella frunció el ceño. —No te he pedido que dejes de esculpir mujeres desnudas. Él sonrió. —Si debo quedarme en Girton y modelar puentes sin ninfas, dejar mi casa de Grecia y convertirme en un duende filantrópico, ¿cuándo tendré tiempo para mis esculturas de mala reputación? —No lo había pensado —dijo ella, agarrándose las manos. —No necesitas pensarlo. Puedo verlo. Después de todo, tu idea del esposo ideal es ese marqués tieso. Pero es imposible que yo sea como Bonnington, Gina. No funcionará. La tierra no se vuelve oro. Deberías aceptar ese hecho y considerar si deseas o no seguir en este matrimonio. Tal vez fue una suerte que no estuviéramos comprometidos. Tu marqués está esperándote entre bastidores. —¡Al menos él me ama! —dijo Gina. Él la miró fijamente. —Él me ama —repitió, en un tono estridente—. Él no ronca y vive en Inglaterra. Para su asombro, los ojos se le llenaron de lágrimas. —Tú me vas a dejar en Girton para regresar con tu amante. —Marissa no es mi amante. —Estoy segura de que tienes una amante en algún lugar de esa isla —contestó Gina.

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Cam abrió la boca, pero después recordó a Bella. No era estrictamente una amante, pero Gina habló antes de que él pudiera articular una frase. —¡Pensaba que la tenías! Tal vez Sebastian tenga una, pero al menos nunca me enteraré. —El pensamiento de Cam durmiendo con otra mujer le hizo sentir un dolor punzante en el corazón—. Creo que no lo soportaría; no puedo, no puedo. —No crees que quieras casarte conmigo —dijo él. Su voz era gentil, dadas las circunstancias. Ella bajó la cabeza al sentir que un gran sollozo iba a estallar en su pecho. Él se puso la ropa. Ella seguía llorando y Cam le acarició la cabeza. Ese gesto de ternura hizo que llorara aún más fuerte. —Tendrás que decidirlo tú sola. Si quieres casarte con el marqués, no tienes que decir nada más. Regresaré a Grecia. Los papeles de la anulación están aquí —dijo, apuntando hacia la mesa con la cabeza—. Bonnington y tú podríais estar casados esta misma tarde, si eso es lo que deseas. Se puso un abrigo. —Discúlpame, tengo que ir a Londres a hablar con el señor Rounton. Creo que un abogado tan descarado se merece una buena reprimenda, ¿no crees? Ella apretó los dientes. —Hay que regañar a Finkbottle por haber tardado tanto en darnos los papeles de la anulación. Sus ojos eran negros y firmes. —Nadie sabe lo que ocurrió en el baño, Gina. Siéntete libre de decirle a Bonnington que puede usar su licencia especial inmediatamente. Ella sintió pulsiones aterrorizantes y tristes debajo de los huesos. —Cam… Pero él ya había salido. Se puso de pie y corrió por el pasillo. —¡Camdem! —gritó, pero él ya estaba casi al final del corredor—. ¡Regresa! Él se dio la vuelta. Sus ojos estaban ardientes de rabia. —¿Querías algo? —dijo—. ¿Algo que yo pueda darte? No tenía sentido quedarse de pie en el corredor. Pero Gina se quedó ahí hasta que el sonido de los pasos de Cam se perdió en la distancia.

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Capítulo 33
La creatividad de un abogado es condenada a la tarde siguiente.

—¿Usted le escribió esa carta a mi esposa? ¿Usted, mi abogado, escribió una carta de chantaje y se la envió a la madre de Gina? ¿Se ha vuelto loco? —No estoy loco —respondió Rounton—, pero sí, escribí la carta. Cam miró a Rounton, incrédulo. —No lo entiendo… ¿Por qué? ¿Para que tuviera un heredero que continuara el linaje Girton? ¿A usted qué diablos le importa, de todas maneras? Rounton no parecía afectado. —Me parecía una cosa lógica. —¿Lógica? —Cam alzó la voz—. Fue una maldita imposición, ¡y usted lo sabe tan bien como yo! Es como si se le hubieran contagiado los despreciables métodos de mi padre. Una cosa es que me obligara a casarme… —Se detuvo. Su cara tenía una expresión tan amenazadora que Rounton retrocedió en su silla—. Dígame que mi padre le dejó instrucciones de que se asegurara de que consumara mi matrimonio, dígamelo y lo mataré. —No lo hizo —respondió Rounton—. Después de que usted abandonara el país, no volvió a mencionar su nombre. —Yo siempre había pensado que usted no estaba de acuerdo con la decisión de mi padre de casarnos a Gina y a mí. Recuerdo que le dijo que estaba cometiendo un error. Rounton asintió. —Está en lo cierto, señor. Creí que su padre estaba cometiendo un error al obligarlo a casarse. —¿Entonces, por qué se comporta ahora como él? Al menos sus demandas eran francas. Me sacó de Oxford, obligándome a casarme con la chica a la que consideraba mi prima, amenazándome con matarme si no lo hacía. Usted alcanzó casi el mismo resultado por medios más solapados y enrevesados. ¡Escribir una carta anónima amenazando a mi esposa con descubrir su verdadero origen! ¡Enviando a Finkbottle para que nos encerrara en una habitación! Es despreciable, Rounton. —No estoy de acuerdo —dijo el abogado, fríamente—. Pensé que mi carta era ingeniosa. Por supuesto, lo que esperaba era que el marqués retirara su proposición al enterarse de que su futura esposa era ilegítima y que tenía un hermano ilegítimo también. La reputación es una cosa que Bonnington se toma muy en serio. Parece que la duquesa no le mostró la carta. Debería haberle enviado la carta a él mismo.

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—¿Cómo sabía que Wapping era el hermano de Gina? —No sabía su nombre, pero los investigadores de su padre descubrieron que la condesa Ligny también había dado a luz a un niño. Aún más, había hecho arreglos para entregarle ese niño a su padre, un filósofo de la Sorbona, al igual que lo hizo con su esposa. El duque no le encontró un uso práctico a esa información, pero yo me di cuenta de que era interesante. No tenía ni idea, por supuesto, de que Wapping había viajado a Inglaterra después de la muerte de la condesa, ni de que estaba interesado en el legado de la condesa Ligny. Cam negó con la cabeza. —No lo entiendo… ¿Por qué se tomó tantas molestias para que Gina y yo consumáramos nuestro matrimonio? —Permítame señalar que yo no le obligué a consumar tu matrimonio. Sólo le facilité la labor creando las condiciones oportunas. —Si mi padre no le pidió que lo hiciera… ¿por qué lo ha hecho? El abogado se puso muy digno. —Intentaré explicárselo, a ver si lo entiende. Mi padre y el padre de mi padre sirvieron a los Girton. El duque, su padre, era un hombre muy complicado, para trabajar con él, quiero decir, pero nunca lo abandoné. — Miró a Cam—. El matrimonio de la condesa a los once años fue uno de sus muchos actos ilegales. —Si pretende que tenga lástima de usted, está muy equivocado. Si no le gustaba su forma de hacer las cosas, ¿por qué siguió trabajando para él? —Porque los Girton eran mis clientes más importantes, la base de mi sustento. —No entiendo por qué cree que no puedo comprender sus motivos — dijo Cam, en tono cínico—. Para no perder a su mejor cliente cumplió sus órdenes, a pesar de que eran repugnantes. —Pude buscar otros clientes —dijo Rounton—. Me quedé junto a su padre porque me enseñaron que la lealtad era importante. Y es eso precisamente lo que creo que usted no entiende, excelencia. A Cam le hervía la sangre. —¿Cree que no sé lo que es la lealtad? Rounton lo miró calmadamente. —Su padre enfermó en 1802. No regresó a Inglaterra a llevar la propiedad. Murió en 1807. No regresó a Inglaterra hasta tres años después. Cuando se marchó, era un hombre joven, pero ahora es un adulto. Sin embargo, no ha demostrado interés en el porvenir de su esposa ni de la propiedad. —Juzgo que la duquesa es una excelente administradora, mucho mejor de lo que usted lo será jamás. Escogí hacer lo mejor para el linaje Girton y las tierras. —No se confunda, excelencia, yo ganaría mucho más si trabajara para un aristócrata que se tomara en serio sus asuntos que trabajando para un duque que desperdicia su tiempo en una isla griega. Cam se vio forzado a respirar calladamente entre la niebla roja de rabia que nublaba su visión. Rounton no había dicho nada que él no hubiera pensado muchas veces desde su llegada a Inglaterra. Había descuidado su tierra y a su esposa. Se había entregado al profundo

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—Tiene algo de razón —dijo finalmente. Rounton no se regodeó. —Necesito una licencia especial. —Regresaré a la casa de lady Troubridge mañana mismo. Hay que embalar las estatuas con mucho cuidado. Y alguien deberá ir a la isla de Nissos a cerrar mi casa. Después de obtener la licencia especial. —Lamento haber alcanzado mi cometido por medio de artimañas.224 - . le daré más información sobre mi casa de Grecia. Si me acompaña a Kent. Usualmente él no se encargaba de esos asuntos.ELOISA JAMES Duquesa enamorada sentimiento de la creación y se había olvidado de que su nacimiento conllevaba desagradables responsabilidades que no tenían nada que ver con esculpir mármol. —Puedo hacerme cargo de todo eso. . Rounton parpadeó. pero tal vez en ese caso podría estar dispuesto a hacerlo. —Preferiría que lo hiciera personalmente. —Cam se levantó—.

Estamos casados. El problema era… el problema era la noche anterior. un sueño. La noche anterior había sido una fantasía. Jamás volvería a suceder. aunque eran menos de los que se le atribuían. Un bebé no la llevaría de regreso a su habitación sin musitar palabra alguna. Hasta la noche anterior. justo a tiempo para evitar que se disolviera en llanto. las aborrecía. tienes razón. Pequeñas cabezas redondas y dulces aromas. Esme —susurró. Miles se aclaró la garganta. Ella tendría tantos bebés que el recuerdo de la noche anterior se convertiría en nada. pensó. por supuesto… Se quedó en silencio y apartó la mirada de los ojos de ella. pensó tristemente. después de todo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 34 Lady Rawlings espera a su esposo. —Pasa. Apretó los dientes. —¡Qué buen fuego! —dijo al cabo de unos segundos. Miles. No era que quisiera reconocimiento por parte de Sebastian. por supuesto. Su esposo le había dicho que la visitaría esa noche. —Por supuesto. De hecho. Se había casado a los diecisiete años y en los diez que llevaba separada de su marido había invitado a su cama a muy pocos. temblando de deseo… Bebés. Apretó el cordel alrededor de su bata. en los últimos seis años. Con esfuerzo. Después de todo. Ella no era del tipo de mujer a la que los Sebastianes del mundo le decían adiós. ni la evitaría durante el día. Hubo un sonido en la puerta. Los bebés eran una realidad. estaba a punto de casarse con su mejor amiga. Abrió la puerta y le sonrió a su marido. él había disfrutado la noche anterior.225 - . y aún no había señales de él. Se sentó frente al fuego. Un bebé la amaría y se quedaría con ella. —No hay necesidad de susurrar —dijo ella—. Él había disfrutado… y luego se había marchado sin pronunciar una palabra. Ella no era la única que temblaba. pensó mientras se levantaba. Pensó en bebés. Odiaba las lágrimas. Le había dicho a su criada que se retirara hacía dos horas. Él entró de puntillas y esperó a que su esposa cerrara la puerta para hablar. —Buenas noches. no había deseado a nadie lo suficiente como para correr ese riesgo. Ah. Esme se había acostado con más hombres que la mayoría de las damas de su círculo social. . sacó de su mente la imagen de su cuerpo. Parecía avergonzado y a Esme le pareció un gesto muy simpático. Pero un «adiós» habría sido agradable. Bebés.

nunca acabaría. Miles! . —Por eso quieres que vivamos juntos —adivinó ella. —Entonces los dos valoramos el civismo en la paternidad —prosiguió ella. claramente. Un tono rosa le llegó hasta el cuello. eres tan hermosa. Verás… —dijo él. no sé nada más sobre paternidad —confesó Miles—. Me gustaría que viviéramos en el campo con los niños. ¿Por qué no nos sentamos. Él asintió. dándole un vistazo a la cama y sonriéndole a su esposo. querida. y luego retiró lo pensado. —Sí. más información de la que él esperaba. —¿Entonces. retadora —. me gusta mucho el campo. querida —dijo él. —Contra toda razón. Se tocó el estómago. así que nunca vi mucho a mi padre o a mi madre. —¿Somos amigos. Yo… bueno. bebiendo un sorbo de vino. Miles? —Parpadeó—. Mis padres pasaron la mayoría del tiempo en la corte y nos dejaban en el campo. —¿Vamos? —Se puso de pie. nuestra amistad es aun más importante. —Esto es muy difícil. y se sonrieron con el alivio de encontrar algo en común. Tengo la intención de amamantar a mis propios hijos. verdad? Ella asintió. Él la miró asombrado. Ésa era. Miles? —Sí… un poco. Tomó el resto del vino. Esme se sentía mucho mejor—. y ya somos amigos. estamos a punto de convertirnos de nuevo en amantes. no quería hablar de ella… —Oh. —Muy cierto —dijo Miles—. no deberíamos engañarnos. —Creo que seré una buena madre. de todo. —Los míos tampoco lo fueron —dijo Esme. Después. —¡Estamos casados. que sin duda era bastante grande. Miles. —Y ahora que vamos a ser padres. Y aquí estoy. El deseo de que su esposo no tuviera papada atravesó la mente de Esme. y luego contento. De hecho… —Lo observó. encontrando nuevamente su mirada —. —Aparte de eso.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —¿Estás incómodo. Él se levantó pero no se movió. Me temo que mis padres no eran agradables entre ellos. Discúlpame. —Lo que quieras. Luego Esme miró a su esposo. Si comenzaba a ser crítica. y mi niñez fue muy dolorosa.226 - . Me siento como un depravado por llevarte a la cama. Era realmente uno de los hombres más agradables que había conocido. Creo que debemos ser honestos el uno con el otro. tomamos una copa de vino y charlamos como la pareja de esposos sensibles que somos? Los dos sucumbieron ante la pequeña ceremonia de verter el vino y acomodarse. lady Childe admira tu estómago. —Con lady Childe… —se interrumpió—. Lo mejor sería que no se permitiera tener pensamientos negativos con respecto a Miles.

Él parpadeó. ¿no es ridículo? Tú eres mi esposa y ella no lo es. pero lo hizo bien. sonriéndole—. Miles apartó la mirada. No soy un buen adúltero. Tú eres la mujer más adorable de esta ciudad. Luego se retiró. Miles? —Ella me dijo que lo hiciera. el hombre con quien estaba casi cayó muerto a sus pies. ¿podrías decirme cuál es el problema? —intentó que su voz pareciera normal. Esme desvió la mirada. Finalmente. pero todo lo que hizo fue darle unas palmaditas en la mano. Ella comenzó a quitarle el cinturón. el camisón francés. Podría hacerlo. —Le apartó las manos y desató él mismo el cinturón. querido? —¡No! No. de la forma más paternal. Se había puesto un modelo francés diseñado para que los hombres murieran de deseo. prácticamente salía volando de su cuerpo. prácticamente hasta las rodillas. a medida que hablo. como si estuviera avergonzado. Me siento culpable —dijo de repente. discúlpame. —Pero ella notó que él todavía no era capaz de mirarla—. Esme caminó hacia él y le puso las manos en el pecho. Pero él no la besó. Esme sabía exactamente el aspecto que tenía. ¿Debería quitarse el camisón? A diferencia de la ropa de él. Se sentó en el borde de la cama. —¿Por qué?… ¿Pasa algo? —Eres encantadora. somos amigos. Él peleó con los pantalones. —¿Necesitas ayuda. Cortésmente. Miles usaba el tipo de camisa que colgaba. Esme no pudo evitar notar que su esposo parecía triste. se desabrochaba fácilmente. Esme se recostó y le dio un beso en la mejilla. como amigo. De hecho. ¿Preferirías no hacer esto. que se alegraba . —¿Quieres venir a la cama? El color se apoderó de sus mejillas. obviamente su ayudante lo hacía normalmente. era toda una proeza quitarla por encima de su cabeza. ahí estaba. Dijo que debía hacerlo. Se sentó al lado de ella en la cama. —Sí. Siento que estoy siendo infiel. y todos lo saben. gracias. se desató la bata y la dejó caer. luciendo únicamente la ropa interior. —Sí.227 - . —Miles. Miles? —Se agachó y le dio un beso suave en los labios. La pregunta en realidad era: ¿podría él? Él no parecía muerto de deseo. por supuesto. Libre de botones. —Lo siento —dijo él—. querida. Miles no movió un dedo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Pero no estamos… me siento como un cerdo. No era tan malo como había pensado. Pero… —Ella es la esposa de tu corazón —dijo Esme. Después. cuando lo había utilizado en una ocasión anterior. Sus ojos eran tan tristes como los de una vaca enferma—. —A lady Childe —dijo Esme. parecía otra labor complicada agacharse para quitarse las botas. Esme respiró profundamente. su estómago parecía expandirse en todas las direcciones. —¿Me acompañarías a nuestro lecho. No estoy completamente seguro de poder hacer esto. Por eso.

Sí. —Aquí… —Se puso de pie y caminó a través del cuarto hasta la licorera—. —Miles. tratando de sonar muy sensible —. a la vista del intruso. y nadie saldrá herido. respiraba fuerte. Miles se levantó. La cama crujió cuando él se acostó. Luego.228 - . Bueno. La tenía en su mesilla de noche. Silenciosamente. que no había otra opción. recordó la estatua que Gina le había dado. en realidad. Él movió su cabeza. La cama rechinó cuando se sentó. Lo sirvió en su copa y sopló las velas hasta que no quedó más luz en la habitación que la del fuego. Toma un poco más de vino. Nunca creí que fuera una posibilidad real. que aún estaba en la mesilla. Lo dijo exactamente como si le exigiera que la acompañara. Pero se encontró con sus manos a medio camino. Esme corrió las cortinas de la cama para que quedara en completa oscuridad. Se levantó. lo que era buena señal. Quizás tendría que hacerlo cuatro o cinco veces. se dijo a sí misma. —Eres muy bueno. —Podrías haberte divorciado de mí —señaló ella. Nuestro matrimonio fue una unión fallida. Quisiera hacer un heredero ahora. —¡Tonterías! Ella se mordió el labio. y comenzó a caminar . Ella podría hacerlo de nuevo. No había estado tan mal. pero el ladrón no pareció darse cuenta. —¡Despierta!. decididamente había alguien en la habitación. —No.ELOISA JAMES Duquesa enamorada mucho por mí. me acompañas? —dijo ella. fue a la cama y se metió debajo de las mantas. Miles —dijo rápidamente—. ¡hay un ladrón en la habitación! Él se despertó sin hacer sonido alguno y la empujó hacia atrás. Esperó un momento. pero regularmente. seguramente tardaría algún tiempo en quedarse embarazada. como si alguien arrastrara los pies. somos amigos. Acercó la boca al oído de Miles. Eso debería hacer mucho más sencillo este asunto. Lo habían superado con un mínimo de gracia y con mucho humor. De pronto le pareció oír un ruido. se oía un ruidillo. —Sí hay otra opción. —Estoy avergonzado. Cogió la Afrodita. Quiero hacerlo. Ninguno de los dos es virgen. —He pasado una absurda cantidad de tiempo durante los últimos años pensando en tener un heredero. Puedes ponerte la ropa y regresar a tu habitación. ¿Había hecho Miles algún sonido? No. Luego. con un tremendo vacío en el estómago. Esme. entonces suspiró y se acercó a él. de ser necesario. porque en cierto momento su respiración se había vuelto tan forzada que ella había pensado que iba a darle algo. Dejó caer su mano desde su hombro hasta su seno y luego más abajo… Al cabo de tres horas Esme se despertó. —¿Miles. No te merezco. pero él no se movió. pero las cortinas aún estaban cerradas y no podía ver nada.

Dios mío! ¡Sebastian! . el ladrón no huyó de inmediato. Esme oyó un ruido y asomó la cabeza entre las cortinas. que cayó al suelo con un sonido pesado—. Podía escuchar a Miles gruñir con esfuerzo. Con un movimiento suave el ladrón se arrodilló a su lado. De repente gritó.ELOISA JAMES Duquesa enamorada de puntillas alrededor de la cama. El fuego ya se había apagado. Los dos hombres luchaban y el más grande se tambaleó y cayó de rodillas. corriendo hacia él. —Luego miró más de cerca a su esposo y arrojó la estatua. Ella le señaló la Afrodita. —¡Oh. agarrándose el pecho. ¡Que alguien nos ayude! ¡Hay un ladrón en la habitación! Un segundo después se escuchó un sonido confuso a través del pasillo. Hizo un extraño sonido. ¿Miles. —¡Miles! —gritó.229 - . y todo lo que ella podía ver desde donde estaba eran dos sombras peleando en la oscuridad. Extrañamente. Pero todo ocurrió tan rápidamente que ella no pudo describir bien lo que había sucedido. —Te romperé la cabeza con esto si te acercas. estás bien? Él estaba desmayado. —¡Auxilio! ¡Auxilio! —Esme tiró del cordón de la campana con todas sus fuerzas—.

La puerta se abrió de golpe y un grupo de personas entró en la habitación. Solo quédate con nosotros hasta que el doctor llegue. Miles. —¿Se ha recuperado lord Rawlings? —Su cara estaba absolutamente pálida. recordó a Sebastian. Miles. háblame. La habitación estaba tan silenciosa. Ella retrocedió. Remotamente. pero no lo pudo mover. Ella trató de empujarlo hacia atrás para que pudiera recostarse. —¡Necesitamos un médico! —dijo ella furiosa—. —Miles —dijo lady Childe con una voz más profunda—. Cerró la puerta con un golpe seco. ¡Ve a buscar uno! —Ya han ido a buscarlo —dijo Sebastian—. cómo Helena ordenaba que todos salieran de la habitación. la luz proveniente de las velas que traía la gente llenó la habitación. Esme saltó y abrió la puerta. Miles miraba de nuevo a lady Childe.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 35 Justo antes del amanecer. —Que alguien me ayude —dijo con una voz ronca—. No te preocupes por eso. Esme vio cómo su cuerpo mustio se estremecía y sintió un vuelco en el corazón. querido. Unas manos fuertes la empujaron a un lado. Sebastian estaba esperando afuera. Al abrirse a puerta. Puedo… Pero ella no soportaba escucharlo. Esme vio que todo el color de su rostro había desaparecido. por favor. Abre los ojos. Los ojos de Esme se llenaron de lágrimas.230 - . desde la distancia. Respiraba lentamente y con mucho esfuerzo. y se veía tan sombrío como un centinela. Lady Childe le puso una mano en la mejilla. —¿Qué haces aquí? —dijo entre dientes. Había silencio a su alrededor. Lady Childe abrazó a Miles e hizo descansar su cabeza sobre su pecho. El rostro de Miles tenía un tono entre verde y gris. Miró por un momento a lady Childe y el aliento de Esme quedó atrapado en su garganta cuando vio esa mirada. Se acomodó para estirarle las rodillas. pero Esme no les prestó atención. . su mano tocó su mejilla—. —William —dijo con un susurro. que Esme comenzó a contar sus respiraciones. pero su esposo había abierto los ojos. Y luego Esme escuchó. —¿William? ¿William qué? —preguntó Esme. —El bebé —dijo lady Childe. —Ve a decir que llamen a un médico —susurró lady Childe. —No hables. Llamaremos a tu bebé William. corazón.

Ella era más pequeña que Esme. —Era importante para Miles —insistió Esme—. —Es muy probable. Lo llevaré conmigo a donde vaya. Te amo. —No estoy segura de haberme quedado embarazada. Lady Childe estaba sentada en el suelo. por la dulzura de Miles. No era una cosa sencilla. no había dejado caer una sola lágrima. la humillación y el dolor. dándole la espalada a la pareja que estaba en el suelo. bien. quería acostarse con ella… En su pecho. como resultado. cariño —dijo. muy temprano. estaba muerto. —Anoche… —dijo ella titubeante. ¿Por qué había entrado Sebastian en su habitación? Cerró los ojos. —Está bien. —No importa —dijo lady Childe. Levantó la cortina y miró hacia afuera.231 - . Miles parecía dormido. —Su garganta estaba llena de lágrimas—. su voz era tan suave como agua cayendo—. —Lo sujetó con más fuerza contra su pecho—. alguien llamó a la puerta. Lo normal es que hagan falta unas cuantas noches. Miles. —Nunca dejaré que William vaya solo al campo ni que vaya a Londres. cuando lady Childe y ella se las habían arreglado para ponerle a Miles sus pantalones y su camisa. por Miles. Te amaba mucho. Ella giró su cara y le dio un beso en la frente. Podía escuchar gritos confusos.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Él no está… no está… Miles había apoyado la cabeza en el pecho de lady Childe. Algún tiempo después. Era temprano. — Las lágrimas cayeron sobre sus mejillas—. así que al poco tiempo se levantó y se dirigió a la ventana. El cielo tenía un encantador tono rosado cuando lady Childe se levantó y se paró a su lado. lo sé. por el amor de Miles. cariño. y Esme vio la primera grieta en su compostura —. Su rostro parecía calmado. Obviamente. —Esme puso las manos sobre su estómago y deseó con todo su corazón que estuviera allí el pequeño William. Su amante había irrumpido en la habitación y su esposo. Y yo te amo. —Sí. el rocío caía sobre los arbustos de rosas mientras esperaban que saliera el sol. La neblina bailaba sobre el prado de lady Troubridge. arreglándole el pelo a . —Sé que me amas. Y yo… yo también a él. Le contaré todo sobre ti. Lo llamaremos William. palpitaban con ritmo alternado la angustia. Miles. Esme se aferró a la mano que estaba sosteniendo. Esme dio un vistazo rápido sobre su hombro. Él parecía estar haciendo un esfuerzo para decir algo. pasos y voces fuertes provenientes de la casa. Entonces Esme la abrazó y sollozaron juntas. No pudo saber si él la había oído y no le pareció bien quedarse con ellos dos. cuyos ojos estaban hinchados. Lo sé. y a diferencia del de Esme. —Sí —dijo lady Childe. y me aseguraré de que te conozca. Él se sentía adúltero… no podía… tuvimos que estar a oscuras. Ella le hizo callar.

¿Cómo debo proceder. La miró sin decir palabra. Después de una hora. lady Rawlings? —¿Proceder? ¿Qué quieres decir? —Sé que no es el momento ideal para una propuesta de matrimonio. —Muy clara —dijo él. sin ceremonia alguna. —¿Tú?… ¿Todos te han visto? —Sí. Sebastian seguía allí. retorciendo las manos sobre su regazo. lo hizo. De todas formas. ¡No aceptaría tu mano en matrimonio ni aunque dejaras de ser un pesado.232 - . Sólo puedo ofrecer… —¡Tu mano! —bufó ella—. Ella dio un paso atrás y esperó a que se fuera. —Vete. y después de un rato. Él se quedó completamente quieto. pero… —¿Estás loco? ¿Crees que me casaré contigo? ¿El hombre que ha asesinado a mi esposo? —Habló desde las profundidades de su ira y su odio. para referirse a ella por su nombre. pero lo hizo. —Me disculpo desde lo más profundo de mi corazón. querida? Esme regresó al corredor y casi se estrella con Helena. —Este es el doctor Wells —dijo lady Troubridge en voz baja. se sentó. —¿Lo sabe ya todo el mundo? —preguntó. y su estómago daba vueltas por el odio que sentía por sí misma. aburrido y virgen! Ella no se habría imaginado que fuera posible que Sebastian se pusiera más blanco. Esme salió al corredor y se enfrentó a Sebastian. —No quiero que tu reputación… De nuevo ella lo interrumpió. más o menos. Se sentó. pensó. El doctor se inclinó sobre Miles un segundo. Esme caminó hasta la puerta y la abrió ligeramente. pues tenía los labios rígidos. Helena era conocida en la ciudad como una mujer de mucha . Tenía que obligar a las palabras para que salieran. Lo único que puedes darme es la promesa de no volverte a ver. ¿He sido clara? Sus ojos buscaron los de ella. Era lo último que podía hacer por Miles. —¿Puedo hablar con Lucy? Esme se dio cuenta entonces de que no conocía el nombre de pila de lady Childe. lady Troubridge miró a Esme y dijo: —¿Te molestaría pedirle a un sirviente que llame a mi criada. a pesar que de que era muy poco y muy tarde. Pero ella no debía estar allí. Ella asintió. Jamás. Ése era el lugar de lady Childe. Lady Troubridge debía ser una amiga cercana. —Me temo que es muy tarde.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Miles. Quiero que te vayas. Lady Troubridge y un caballero de edad se pararon a su lado. Regresó a su habitación y se sentó al lado de su difunto esposo. habló brevemente con Esme y lady Childe y se fue.

Y el tonto de Bonnington. —Le ha dicho a todo el mundo que Gina y él se habían casado ayer por la tarde. Por un instante. Sé que no hay nada que pueda decir. He matado a mi esposo. débilmente—. —Sí. nunca había demostrado una pizca de emoción. —Pero ella está enamorada de su esposo. —No tengo idea de sus sentimientos —la voz de Helena había recobrado el tono plano—. —¿Lo sabe Gina? —susurró Esme. Al parecer iba a meterse en tu cama. —Bonnington estaba parcialmente vestido —dijo ella—. ¡Esme! ¿No te vas a desmayar. ¿Dices que le ha dicho a todo el mundo que él y Gina se han casado? Helena también se sentó. Esme se puso de pie. Se había quitado la camisa cuando Miles lo atacó. verdad? —Nunca me desmayo —murmuró. Pero sí tomó asiento—. Nunca debería… —su voz se cortó. Enfrentada a las peores depravaciones de su marido. —Que los buitres piensen lo que quieran. —¿Cómo has podido? ¿Cómo has podido hacerle esto a Gina? —Jamás lo habría hecho si pensara que Gina estaba enamorada de Sebastian. Hay. pero lo siento mucho. Esme y Gina sólo se miraron. ¿Deseas casarte con Sebastian? . —¿Qué? —Está diciendo a todo el mundo que iba a la habitación de su esposa. —No puedo decir que no me importa —dijo Gina finalmente—. Helena asintió. —¿Su esposa? —dijo Esme en voz alta. Helena la llevó a través del corredor a su habitación.ELOISA JAMES Duquesa enamorada compostura. Aún no han negado la versión de Bonnington. por supuesto. Ha dicho que se equivocó de habitación.233 - . Pero su rostro la delataba ahora. Supongo que está abajo aceptando felicitaciones por su boda. Ya les han concedido la anulación. pero se fue antes de que pudiera decirle que mi esposo iba a visitar mi habitación esta misma noche… —No deberías haberlo hecho —dijo Helena—. —Lo siento —dijo ella con voz entrecortada—. Esme hizo un gesto impaciente. Salvo que contó mal el número de puertas y terminó en tu habitación por equivocación. ¡los hombres son tan tontos! —Todo es culpa mía —dijo Esme. —¡Eso es imposible! Gina sigue casada con su marido. —Bonnington está protegiendo tu reputación —dijo Helena—. por medio de una licencia especial. todos están horrorizados por la muerte de tu esposo. He matado a Miles porque soy una prostituta. ¿Dónde está Gina? —No la he visto. —No. Porque sí me importa. Naturalmente. y que iba a la habitación de su esposa. pero anoche ya estaba muy claro que Gina iba a volver con su marido… Sebastian sabía que me estaba reconciliando con Miles. Muchas personas se están marchando de la casa por respeto. una gran especulación con respecto a la presencia de tu esposo en tu habitación. Hubo un ruido en la puerta y entró Gina.

Gina se hundió en su silla. pero sí lo quería. Así lo haré yo tan pronto como baje las escaleras. Pretendo abandonar la casa de inmediato. El rostro de Esme estaba enrojecido e hinchado. le dije que planeaba casarme con Sebastian. Gina estiró la mano y ella la tomó. —No lo sabía. Gina agregó. Él no estaba bien. Supongo que debo acostumbrarme a compartir a Sebastian. pero Helena puso una mano sobre su brazo. estaba lejos de ser la mujer más hermosa de Londres. más bien tristemente—: Y a él no pareció importarle. Él quería un bebé pero no lo tengo. Nuevamente rodaban las lágrimas por la cara de Esme y su voz era áspera.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Una mirada de asco se asomó en al rostro de Esme. —Si no lo hago.234 - . He sido yo. la reputación de Esme estará acabada —dijo Gina—. y…. —Ahora todos piensan que estoy casada con él —dijo con un tono austero—. Soy su esposa y ni siquiera sabía que estaba enfermo. Gina dile a Sebastian que sea sincero. ¿Por qué estás siquiera pensando en mi reputación? Los ojos de Gina estaban tirantes y grises. No nos despedimos en los mejores términos. Debería haberme quedado con él. —La reputación de Esme ya está hecha un asco de todos modos — señaló Helena. . Debí de estar loca para acostarme con él. Ella le había dicho que fuera al médico… Habría podido suceder en cualquier momento. Era tan bueno y verdadero. —¿A hacer qué? —dijo Helena cariñosamente—. —Nadie cree que lo quisiera. Miles ha muerto de un ataque al corazón. —La mayoría de los esposos tienen una amante —dijo ella—. Si saben que Sebastian venía a su habitación será expulsada de la sociedad. Entonces deduzco que seré yo la próxima que duerma a su lado. Esme tragó saliva. Yo he asesinado a Miles. —Sebastian debe decir la verdad —dijo ella—. —Luego. y ahora tendríamos hijos. De hecho. —No debes permitir ser parte de esa historia —sentenció Helena. ¡Si no hubiera sido tan estúpida! Helena le dio unas palmaditas en el hombro. —¿Dónde está el duque? —Está en Londres aunque es probable que regrese pronto. Traicioné tu confianza y me acosté con tu prometido. Me retiraré al campo. porque piensa que estrenaremos la obra hoy. Por favor. ¿Cultivar judías? —Estaré de luto. En ese momento. —Absolutamente no. No me importa lo que la gente piense de mí. y nunca debí hacer que se fuera. —Todo es culpa mía —gritó Esme—. —¡Y no me importa! —dijo Esme—. Lady Troubridge me ha dicho que ya había sufrido dos ataques muy fuertes esta semana. —Se desplomó en sollozos compulsivos—. Me importa un pepino mi reputación. —Tonterías —dijo Helena con voz sofocante—. —Él no es de ese tipo —comenzó a decir.

Lo siento… Acabo con todo lo que toco. Debe de haber otra forma. la estatua es un legado de la condesa Ligny —dijo Gina al tiempo que desataba el cordón que sujetaba el rollo de papel—. . Está rota. ¿No os había dicho que el señor Wapping también es hijo de la condesa Ligny? —¿El señor Wapping es tu hermano? —preguntó Esme. Sólo papel. —Es mi medio hermano. nunca volveré a dormir con otro hombre. ¿Tu tutor? ¿Te dio él la estatua? —No. Me importa un bledo lo que la gente piense de mí. Me la llevaré. Miles debe ir a su casa. Gina. Ha debido de romperse cuando la he tirado. Esme. Él querría ir a su casa. Las cartas que le escribí. Sebastian y tú tenéis mi bendición… Solo quiero que sepas. Helena fue detrás de ella. —¿El señor Wapping? —repitió Helena. —El coche… —Se tropezó al ponerse de pie. que no lo habría hecho si no hubiera pensado que querías seguir casada con Girton. —¡Tu hermano! Gina miró los ojos asombrados de sus dos amigas. quiero estar casada con Sebastian y otras quiero estar casada con Cam. mirando el pequeño paquete de papeles nuevamente. La Afrodita —la levantó—. —Es precisamente eso —gritó Gina—. —Seguirás el coche de tu marido. dio una patada a algo—. —¿Saben adónde llevarlo? —preguntó Esme—. Todo lo que quiero es que me dejen en paz. —La sociedad te crucificará. Lo llevarán a la capilla por el momento. Dios no lo permita. y la segunda. nada de joyas.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Gina tragó saliva. —No te preocupes —dijo Gina—. —Son mis cartas. ¡No sé qué es lo que quiero! A veces. ¿Por qué me devuelve mis cartas? —¿Hay algún mensaje? Gina negó con la cabeza. —No la hay.235 - . Caminó a través del pasillo y se dirigió a la habitación. Se oyó un ruido en el pasillo y Esme abrió la puerta justo a tiempo para ver a cuatro hombres sacando a su esposo de la habitación. con la mano en el corazón. Nunca. —Te acompañaré. La última carta que escribí antes de que muriera. Se quedó de pie en el umbral de la puerta. Al entrar. ¡Vaya. si así lo quieres. —El señor Wapping —dijo. sorprendida—. Gina sacó un rollo de papel del centro de la Afrodita. de hecho. —Hay tiempo suficiente —dijo Helena—. vaya! ¡Qué peculiar! Las dos miraron sorprendidas. en el campo. Aquí está la primera. Solo hay papel aquí —dijo—. con una sonrisa inconstante y tomó de las manos de Esme la Afrodita—. ¿Tienes un traje negro? Esme no respondió. El coche saldrá esta tarde. —Quizá olvidó que las cartas estaban dentro —sugirió Helena. —Sería muy amable de tu parte —dijo débilmente. tengo que dársela a mi hermano.

—Jamás lo pensé. tristeza o amor. tu hermano. —Sí. Gina se mordió el labio. interrumpiéndose con un pequeño suspiro. Pero tus cartas eran su bien más preciado. que tenías la Afrodita? — preguntó Helena. Al principio estaba agradecida… pero luego sentí rabia. . —No lo diría en serio. Una sonrisa pasó por la cara de Esme. Cada mujer vio algo diferente en su rostro. Los dedos de Gina la sujetaban por la mitad. —Pensaba que era como Cam. ¿no es así? —dijo Esme—. alzando las cartas—. Sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —El señor Wapping va a llevarse una gran desilusión —dijo Gina—. Él esperaba que fueran esmeraldas. Pensaba que me había dado una estatua desnuda porque creía que yo era una mujer fácil cómo… —Te envió la estatua porque era hermosa y porque quería que supieras que tus cartas eran preciosas —dijo Esme. Ciertamente la Afrodita lo es. Todas miraron la Afrodita.236 - . ¿verdad? La Afrodita permaneció en lo alto con el brazo extendido sobre la cabeza. mirando hacia atrás con miedo. pena. Era tan diferente a mí… —Supongo que el Cupido es muy hermoso. —La condesa le contó que la Afrodita contenía su más importante posesión —respondió Gina. —¿Qué pasa con Cam? —Él también me envió una estatua desnuda. Cuando cumplí veintiún años me envió un Cupido desnudo. lo hizo —dijo Helena. La boca de Gina tembló. —Su posesión más preciada —dijo suavemente. —¿Cómo rayos sabía tu tutor. —Gina armó de nuevo la Afrodita y la observó—. Ahora soltó su mano y levantó a la diosa con la otra mano. —¿Y entonces por qué nunca me escribió? —¿Quién sabe? —dijo Esme—. Eso es encantador. —Es hermosa.

¿Entonces por qué estaba tan sorprendido? Si yo hubiera sabido esto hace quince días… —¿Hace quince días? ¿Llevan casados quince días? —preguntó la criada. la señora Massey—. Annie lo miró boquiabierta y luego dijo: —No. ella se ha ido a la aldea con… con… —¿Con quién? —¡Con su esposo! —confesó la pequeña criada. Debió decirle que pensaba casarse de nuevo. Todos sabían que su matrimonio estaba anulado. sólo porque le dije que mi señora se había casado con otro hombre. . Media hora más tarde. ¡Una víbora! Mi señora está mejor sin ese gigantón griego. ahogada. asintiendo con la cabeza en medio del círculo de caras alrededor de la mesa del mayordomo. su señora. Su madre era una de las hijas de lord Fairley —dijo una criada de la casa. —El duque tiene derecho a enfadarse —afirmó el ama de llaves. estridentemente—. —El duque de Girton no es griego. ahora la notoria marquesa Bonnington. la escandalizada criada hablaba con otros sirvientes: —Me dijo que era una arpía. señoría? —Estoy buscando a mi esposa. —Casados no.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 36 A veces una esposa es difícil de encontrar. Estaba disfrutando del poder que le daba tener noticias de primera mano.237 - . al ser la criada de la notoria duquesa de Girton. Ha sido emocionante y muy romántico. Lady Bonnington era su esposa. Alzó la mirada. la duquesa. comprometidos —dijo Annie. ¿no es cierto? Allí son todos unos asesinos. —¿Perdón. El duque me miró como si fuera a matarme. —Vivir en Grecia ya es bastante raro. Su voz era más suave y cincuenta veces más pausada. haciendo alarde de ser una lectora ávida de los ecos de sociedad. señor —dijo Annie. sólo vive en Grecia. —¿Mi esposa está abajo? La criada de Gina estaba guardando la ropa en un baúl. Cam se quedó congelado en la puerta de la habitación. después de todo. —¿Quieres decir que mi… que tu señora se ha casado con el marqués de Bonnington? —Se casaron por medio de una licencia especial.

con una licencia especial. le había dicho el médico. milord. no le quedarían clientes cuando regresara a casa. Se puso el papel en el bolsillo y salió de la habitación sin decir nada. Me temo que su pequeño esquema falló. El diablo sabía que ya no se podía confiar en nadie.238 - .» Ahora Girton quería que fuera a Grecia y cerrara su casa. señor? Sabe que el carboncillo no resiste tanto —dijo Phillipos. —¿Y el mármol? —Phillipos apuntaba con la cabeza hacia el bloque. Por supuesto. Cam rasgó metódicamente los papeles en pequeños pedazos sin decir nada. el nuevo era mucho peor. —Bueno. El duque no parecía oírlo. cortándole las palabras—. Era casi providencial. abandonado en el rincón. listos para zarpar. pues su ayuda de cámara está haciendo el equipaje en este momento —recalcó el mayordomo—. a pesar de todas las cosas horribles que había hecho el viejo. El ayudante dispuso la última camisa en una maleta. Me despediré de lady Troubridge y le rogaré que nos preste uno de sus carruajes. —¿Qué debo hacer con estos papeles. con lady Rawlings de luto… Cam observaba cómo Phillipos metía sus pertenencias en un baúl. Pero el diablo sabía que él le había dado instrucciones a ese tonto de Finkbottle de que encauzara las cosas en la dirección correcta. sosteniendo unos dibujos de Gina. —Transmítele nuestro agradecimiento al mayordomo por todos los inconvenientes y pídele el favor de que se deshaga de él como lady Troubridge disponga. Que quizá fuera lo mejor. La duquesa se casó con Bonnington ayer. —¿Y el señor Rounton? —preguntó Phillipos. —Estoy preparado… —Quiero tomar el primer barco disponible de Dover hacia Grecia — dijo Girton. ausente. En la biblioteca. Los Girton eran un problema. Supongo que el duque va a regresar a Grecia inmediatamente. Rounton estaba caminando de un lado para otro y dándose un pequeño discurso en silencio. Cam miró la habitación por encima. —Ah. el duque tenía razón al decir que se había salido de sus límites. —El señor Rounton lo está esperando en la biblioteca. ya no se puede hacer la representación.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Creo que él no quería anular el matrimonio —dijo Annie. en su estómago. un dibujo de la mano de la duquesa. Presionó la palma de su mano contra el lugar que le dolía. Pero. «Ve a un país cálido. sí —dijo Cam. Estaba mirando el fragmento de papel que tenía en la mano. —Cuanto antes estemos en Dover. Tal vez debería seguir los consejos del médico. «Haz un viaje». Rounton jugueteó con su reloj de bolsillo. no que metiera la pata de esa manera. mejor. Ordené a los sirvientes quitaran el escenario. Dadas las aptitudes del joven Finkbottle. Se abrió la puerta. . Phillipos se aclaró la garganta. Rounton estaba sorprendido.

—Dado que mi antigua esposa se casó ayer. Causó la muerte de un hombre con su entusiasmo marital. Y endósele la propiedad a Stephen lo más pronto posible. el marqués se metió por equivocación en otra habitación en mitad de la noche. Cam estaba saliendo por la puerta cuando sintió una mano sobre su hombro. —¡Imposible! ¿El marqués de Bonnington. y una visión de la práctica duquesa le atravesó la mente. —Buenas tardes —dijo Cam. Se dio la vuelta para encontrarse a Tuppy Perwinkle detrás de él.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Debió de correr hacia él en cuanto yo salí de la casa —continuó Girton. un poco más corta de lo esperado. —No tanto como lo estoy yo —admitió Girton. tal vez. El estómago de Cam se endureció instintivamente. El viaje a la costa fue lento pero sin inconvenientes. Ahora. De otra manera no… —Mi esposa —interrumpió Tuppy— dice que la duquesa te ama. —Estoy desilusionado —dijo Rounton—. No lo negaré. —¿Qué? —Peleó con Rawlings en la oscuridad y a Rawlings le dio un ataque al corazón —dijo Girton con impaciencia—. casándose de esa manera tan apresurada? —Lady Troubridge acaba de confirmarlo. Me temo que regresaré a Grecia inmediatamente. —Sí —murmuró Rounton. con un tono lastimero.239 - . Había algo extraño en todo ese asunto. abogado y duque se habían mirado de hombre a hombre en lugar de empleado a cliente. No estaba en posición de dar consejos. tratando de encontrar la cama de su nueva esposa. Rounton. haciendo una reverencia—. —Me es difícil creer que la duquesa haya hecho algo así —dijo. creo que el asunto está fuera de mi alcance —dijo Cam. —Despaché a mi esposa como a una causa perdida. El amplio vestíbulo estaba repleto de personas de buena familia despidiéndose con entusiasmo. La fiesta de la casa de campo de lady Troubridge había sido. Haga una donación de una cátedra en Estudios italianos y dígale que contrate a Wapping —dijo el duque desde la puerta—. —No logro entender por qué ha decidido compartir las divagaciones de su esposa sobre el tema conmigo. Me han dicho que los recién casados se han ido a la aldea. Varios días . que estaba de pie en el vestíbulo con todo su equipaje y le dio a lord Perwinkle una cálida despedida. —No hay nada de apresurado en eso —dijo el duque—. —Quiero que contacte con Thomas Bradfellow. gélidamente—. Lleva meses comprometida con ese hombre. si es tan amable de excusarme… Le hizo un gesto a Phillipos. Pero Rounton se volvió. pero había sido más divertida de lo que todos esperaban. no querría que cometiera el mismo error. Aparentemente. No le gustó lo que vio en los ojos de Girton. Hubo silencio en la habitación. El abogado apretó los labios. Confío en que pueda expresarles mis felicitaciones y despedirme de ellos. Por primera vez. Tuppy frunció el ceño.

y había sido la correcta. Gina había tomado una decisión. No hacía falta un genio para darse cuenta de que pasaría los próximos tres meses junto a un cantante de himnos y su malhumorada y arpía esposa. quedó fascinado mientras miraba por la barandilla de un pequeño bote llamado El Molly y se obligó a apartar la mirada del muelle. pensó Cam. construyendo grandes puentes y supervisando cosechas. pero no terribles. podía oír a la mujer parloteando. Phillipos miró en la cabina alrededor de una hora después de que la nave hubiera zarpado. no podía dejar de desearlo. Incluso desde la distancia. había dicho el capitán. —Dice el capitán que la costa está libre. Era absurdo pensar que esa nube de polvo. llamando al párroco patán y mentecato. vivía en Inglaterra. Sabía por experiencia que los primeros días que pasaba en un barco eran fatales para su estómago. Diez minutos después. señor. Cam lo miró con el ceño fruncido. Quiere que los pasajeros lo acompañen a tomar un jerez. Y sin embargo. ¿Y miraba a Esme Rawlings de la misma manera que un perro hambriento mira un hueso? Sería discreto. ¿Crees que debo cambiarme de ropa para la cena? —Sin duda alguna. Sus pensamientos siempre terminaban con una imagen de sí mismo llevando a su esposa en brazos… y… Apartó la mente de esos pensamientos. con unas irreprimibles ganas de tirar a su antigua esposa al mar. logró ver que un párroco rechoncho estaba sentado pesadamente en el interior con una mujer incluso más gorda que él. Cam suponía que no tendría a la mejor amiga de su esposa como amante. Cam respondió con un gruñido mientras se remangaba la cómoda camisa de tela de batista y comenzaba a lavarse. Tres pasajeros. no. —Dios mío —dijo Phillipos con deleite—. colocando la diosa con pelo de serpiente a un lado y lavándose las manos—. Cam caminó hacia la cabina del capitán con una salvaje desesperación. milord. Phillipos luchó contra su melancólico señor para que vistiera una chaqueta negra y se declarara satisfecho. ¿Quién es esa mujer? —Es Medusa —dijo Cam brevemente. pudieran disfrazar a su errante esposa. Más aun.ELOISA JAMES Duquesa enamorada después. Algún día dejaría de importarle el hecho de que jamás volvería a . sólido. a la esposa de Bonnington. además de ser infernalmente guapo. Parecía como si dentro de ese gran carruaje estuviera la duquesa. Durante el camino a la costa había intentado imaginarse viviendo en la campiña inglesa.240 - . Me gusta mucho ese boceto. Forzando los ojos. Estaba haciendo rápidos dibujos en carboncillo. regulares. Parece que el capitán Brackit es un caballero formal. Más absurdo aun era pensar que su esposa lo había seguido porque había cambiado de opinión. «Yo no sería respetable». o ese carruaje. Se negó a mirar al párroco mientras el hombre y su esposa subían al barco. Era una imbecilidad esperar que todo eso fuera una pesadilla y que despertaría para encontrarse siendo acusado de roncarle en la oreja y manosearle el cuerpo mientras dormía. Bonnington era un buen hombre. Su ayuda de cámara me contó que tenía un chico cuyo único trabajo era almidonar la ropa del capitán.

ella era aún su esposa. —Pido disculpas. Ali Pasha no es refinado. corriendo como un cobarde cuando se enteró de su boda. desde sus pestañas pintadas a su cabello rizado. —El duque esculpe mármol en las islas —le dijo al párroco—. Ninguna isla era lugar para una lady inglesa. —Y la próxima —agregó ella. las islas son un lugar espantoso. ofreciéndole una mano. ¿Va a permanecer mucho tiempo en Grecia. Hizo una reverencia y levantó su mano hacia sus labios—. Cam bebió jerez intentando contener la voz que estaba a punto de cantar dentro de su cuerpo. Seguramente se derretiría con el calor. Ella le sonreía como si nada hubiese pasado. —A mi hermana le pasó lo mismo cuando nos despedimos —dijo Quibble. ¡Varios años! Él podría garantizar que el duque tendría que acompañar a su esposa de vuelta a Inglaterra después de una semana. La vida pesada no es para un pimpollo de rosa como tú. ¡El tribunal de Tepeleni no ha organizado ni un baile! La duquesa tenía exactamente el aspecto que Quibble se imaginaba que debía tener una duquesa: exquisita y elegante. Tengo que ser firme. O sería su esposa de nuevo. nunca más sin… Algún día. Abrió de un empujón la puerta del capitán y golpeó al párroco regordete con ella en la espalda. Cada centímetro de ella era como el de una duquesa.ELOISA JAMES Duquesa enamorada leer una carta de Gina. se ofendería hasta la muerte con los nativos. Le estaba diciendo a su adorable esposa que… El párroco siguió hablando pero su voz se desvaneció de la mente de Cam. —No pasa nada —dijo el párroco. para ser exactos. Como si ella no se hubiera casado con un hombre mejor. no tiene cultura. Cam se agachó para ayudarlo a levantarse. Aparentemente. de inmediato—. —Ya puede ver que el duque se ha quedado pasmado con la sorpresa. ni tiene modales. Como si él no hubiera enloquecido en la campiña. El párroco se había caído de rodillas. resplandeciente ante Cam con la dicha de un inglés que acaba de descubrir que está compartiendo momentos con la aristocracia—. . Mi última duquesa. señor —exclamó Cam. Se equivocó por algunos meses. Ya el continente es lo suficientemente feo. Él tan sólo podía sonreír. cada centímetro práctico y administrador. o peor aún. Probablemente se derretiría con ese calor. Puesto que para una delicada dama como usted. Seguramente viviremos allí al menos varios años. párroco Quibble. interrumpiendo la conversación del párroco.241 - . Mi querida hermana me ha preguntado cientos de veces si ella debe venir a vivir conmigo y alivianar la carga. —Ah —dijo Cam. Ella se volvió hacia el párroco y lo golpeó suavemente en el brazo. Estaba exquisitamente vestida y peinada. le dije. Lloró como si yo me estuviera yendo a las antípodas. —¡Un sacrificio! —dijo Quibble—. señor duque? Gina miró pensativa la copa de jerez.

calmadamente—. —¿Por qué? —Vamos a regresar —dijo. —El escándalo es de Bonnington. firmemente —. por el escándalo. sujetándose el vestido por encima de los tobillos mientras saltaba alrededor del fuego. Cualquiera podría darse cuenta.242 - . Poesías de amor. Gina parpadeó. ¿Pensabas que no era capaz de organizar un viaje por el océano? —Pero… qué… —¿Qué creías que hacía en la cantera todos los días? Gina le sonrió. un brillo cristalino y perlado que baila por la piel y hace brillar el oro puro de los cabellos. como el de Gina Serrard. La besó en los labios. —La miró con una expresión de extrema inocencia—. —¿El abogado? —terminó con un pequeño chillido. Él bailaba detrás de ella. no nuestro —dijo Cam. Tomaremos el Starlight de vuelta a Londres el mes que viene. Suficiente para hacer Dianas desnudas durante el resto de mi vida. —Eres una pluma —dijo él. tal vez. —¿Recoger piedras? Me estás levantando como si fuera una pluma. para poderla tocar siempre. la duquesa de Girton. saludó a los aldeanos reunidos con un movimiento de cabeza y comenzó a subir los escalones de piedra hacia la casa en la colina. —Oh —suspiró Gina. Gina gruñó. Había llegado a apreciar a su indolente y tierna amante. había muchos que se preguntaban qué le decía con tanta ternura al oído. su traje negro contrastaba con la blancura del vestido de ella. —Pero Sebastian pensó que era mejor que no volviéramos a Inglaterra en algún tiempo. —¿Qué? —Rounton llegará esta semana —le repitió su esposo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 37 En el que una duquesa baila de alegría. Fue él el que escogió jugar al idiota galante. —Lo primero que haré será poner a las Marissas de mármol por todos los jardines. Cuando él la atrapó en sus brazos. El crepúsculo en la isla de Nissos tiene una extraña calidad azul. sacrificando su reputación . Su esposo y ella estaban dirigiendo la danza de la cosecha. El inglés era un tonto enamorado. Llegaron al final de las escaleras y él la puso de pie con destreza—. cada vez más rápido. —Hará los arreglos para vender la casa y enviar mis estatuas a Inglaterra. Rounton enviará toneladas de mármol a Girton. Ella se reía.

—Han pasado varios meses —resaltó él—. Pero esos tontos se lo creyeron. Gina puso una cara extraña. Gina. —Bueno. Probablemente Bicksfiddle está enterrado en una pila de investigaciones. Cam. bueno. está exiliado en el continente e injuriado como un desagradable réprobo que trató de acostarse con una duquesa sin el beneficio del matrimonio. —Pero me gusta Grecia. llevándola a la habitación. siendo la duquesa que eres. Sin embargo. su destino infeliz no debería afectar a nuestras decisiones.243 - . Él se detuvo en la puerta y tomó la cara de su esposa entre sus manos. Seguramente habrá cortado nuestros setos hasta la raíz. . —Ya no necesito vivir en una isla. Y tú debes estar en Inglaterra. Ahora puedo caminar en la oscuridad —le dio un beso rápido y fuerte. a ti se te considera afortunada por haber escapado de su malvada vida: la reputación de Esme está a salvo. no hay quien se la trague. ¿Le estaría diciendo que la amaba? —Eres mi luz —dijo él. Gina contuvo la respiración. Tu hermano estará languideciendo en Oxford por falta de familia. Es un exiliado. Bessie Mittins sigue teniendo apuros económicos. y no creo que Bicksfiddle sea tan comprensivo con ella como tú. pobre cabrón.ELOISA JAMES Duquesa enamorada para salvar la de Esme. Sebastian dijo que si nos quedábamos al margen sería… —Su táctica funcionó. Ésa fue su elección. poniéndola frente a la suya. La historia que tejimos sobre usar una licencia especial falsa para engañarlo hacia tu cama. amor. Bonnington.

Claro que ella siempre se apoyaba en la barandilla mientras subía las escaleras. Había pasado gran parte de su vida evitando los riesgos. Gina? —¡Claro que la he pedido! —¿Con algo importante? ¿Por qué no me escribiste cuando vivía en Grecia. como lo hacían ocasionalmente. —Esperando —respondió él con voz amable. Le puso un dedo al final de la mano. Gina dijo que él nunca pensaba en el futuro. —¿Qué estás haciendo? —le preguntó. Una mano grande y masculina se posó sobre la suya. Mirándolo aún. dedo a dedo. Cam dijo que ella debería haberle pedido consejo antes de decirle a Bicksfiddle que modificara las escalas del alcantarillado. . obstinada. Él estaba allí. Se quitó el guante y lo tiró por las escaleras. eso que nunca pides. Cayó unos cuatro o cinco escalones más abajo. retirando la mano de la barandilla.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Capítulo 38 La gran escalera de la casa Girton. ¿Qué pasaría si se caía? ¿Qué pasaría si se tropezaba y caía? ¿Entonces qué? Nada. ¿Quieres que te ayude? —¿Ayudarme? Él asintió. ¿Alguna vez has pedido ayuda. —Sí. contándome cuánto trabajo demandaba la propiedad? ¿Por qué no me pediste que regresara? ¿Por qué nunca me pides ayuda? —Estoy acostumbrada a ser independiente —dijo ella. Se miró la mano enguantada mientras descansaba livianamente sobre la barandilla de la escalera. Un pequeño ruido llamó su atención y se detuvo. Puedo ayudarte. mirándola fijamente. subiendo por las escaleras. —Una vez me dijiste que era muy difícil quitarse los guantes. Se desabrochó los botones del guante derecho. —¿Esperando a qué? —Podrías cambiar de parecer. Ella era una duquesa aburrida. Gina se fue. ella comenzó a desabrocharse el guante izquierdo.244 - . Habían discutido. Él le quitaba el guante. Cam dijo que los alcantarillados eran aburridos. en el pulso. Ambos miraron la pequeña pieza de tela arrugada. pero que de todos modos debería haberle preguntado. Sabía lo que él había querido decir realmente. Ella miró hacia arriba para encontrar la mirada de su esposo bailando y sonriendo. Él habría podido asignar algo de dinero para construir barandillas de piedra en el vivero.

—Me gustaría desvestirme. liso y suave que olía a manzana. —Lo que quieras. sería recompensada con un duque perfecto. Las columnas de las escaleras iban a ser retiradas de sus lugares para ser reemplazadas por las estatuas. . —¡Desvestirte! —dijo. Ya lo conocía y sabía lo que sus sonrisas escondían. Luego. balanceándose sobre los pequeños tacones de las zapatillas. —Me han dicho que tengo una esposa —susurró—. con voz ronca. ¿Sabes dónde puedo encontrarla? Gina vio la pista de algo detrás de esa sonrisa. en los buenos tiempos y en los malos? Ella tragó saliva con fuerza. en el bien y en el mal. —¿Necesitas ayuda para encontrarla? —La mujer a la que amo está aquí. contra el mármol. en las escaleras de su casa. Después de los miedos no contados de que jamás tendría una familia. tras tantos años de deseos silenciosos y cartas que no había escrito. pedir ayuda significaba desechar la idea de que si era una duquesa perfecta. Produjeron un sonido metálico suave contra la barandilla pulida. Era muy difícil. Sus dedos estaban cubiertos por una ráfaga de pelo rojizo. La vasta escalera de caracol de la casa Girton se perdía debajo de ellos. Gina comenzó a quitarse las horquillas del pelo y a arrojarlas descuidadamente a un lado.ELOISA JAMES Duquesa enamorada —Pregúntame. —¡Gina! —dijo en tono de protesta. mirándolo fijamente a los ojos. limpiándose la garganta. sonriendo. uno por uno. —Yo… yo quisiera… —Se detuvo. para dejar en evidencia la larga línea de botones elegantes que corrían por su espalda. sus dedos comenzaron a desabrocharle los botones. Entonces él la ayudó. Luego dobló su cabeza y muy gentilmente la besó en los labios. Un recuerdo le vino a la mente: su padre se detenía en mitad de esas escaleras como un señor feudal. sin sostenerse de la baranda. —Necesito ayuda —dijo ella. ¿Te casarías conmigo. Porque él era un duque perfecto. Ambrogina? ¿Serías mía. —Lo seré —su voz se cortó—. Ella no dijo nada.245 - . con esa sonrisa que la volvía loca. ¿Te casarías conmigo. sólo se quedó de pie de espaldas a él. Algo menos cierto que la alegría. ¿Qué escondía? ¿Necesidad? ¿Necesidad por ella? La sangre le corría más rápido con el solo toque de sus dedos contra su muñeca. Él estaba sonriendo. Los dedos de Cam vacilaron. No había nadie y era tarde. Sus manos temblaron y él comenzó a desabrocharle el vestido con frenesí. gritándoles con furia a los sirvientes porque no podía esperar a llegar abajo para comenzar a hacerlo. abandonando a las demás. mirando alrededor. a pesar suyo. Él le besó el cuello… le olía a manzana. hasta que la muerte nos separe? —Lo haré —dijo. Ella se volvió. con el cuello doblado suavemente. Camdem William Serrard y vivirías conmigo. cayeron en todas las direcciones. Gina.

ELOISA JAMES Duquesa enamorada Cuando alcanzó el último botón. estamos en las escaleras!». vestida con sólo unas delicadas enaguas. Hasta que ella le dedicó una sonrisa seductora que prometía retribución. que su boca le quedaría justo en la unión de sus piernas. medio escondidos por un mechón de pelo rojo. y él dijo: —Hermosa chica silenciosa. Se le escapó de los brazos y subió dos escalones. Ignoró sus protestas y después de un tiempo ella dejó de menearse. Necesito… —Aquí estoy. desnuda excepto por las delicadas medias de seda. el liguero y las zapatillas. Gina se hizo a un lado y empujó la prenda. Con sus ojos en los de él. mientras se movía contra su ingle. y después relajándose en una exhibición de maestría. quitándola del camino. Cuando ella finalmente se derritió en sus brazos. implorando piedad. movió el vestido hacia delante. Se recostó nuevamente en la barandilla. Luego él descubrió que si descendía un escalón más… bueno. deshizo el pequeño nudo y las enaguas se abrieron. no sé si esta silla va a ser muy cómoda… Hay una protuberancia en ella. disfrutando mientras veía cómo los dedos de su esposo buscaban a tientas sus botas. recuperando un sentido de propiedad. Cam sintió un ardor en el pecho que jamás se iría. justo cuando él podía sentir que a Gina le temblaban las piernas. Exploró ese hoyo interesante en medio de sus caderas. respirando profundamente para conseguir aire. Gina. La escuchó volver en sí. La piel bajo sus senos era tan suave como la piel de un melocotón. ¡Terrible! A Gina no le interesaba. su esposa. —Mmm —ronroneó Gina—. —Algo se rompió mientras él le quitaba las enaguas por los hombros cremosos y hermosos senos. sin importar cuántas noches durmiera a su lado. La prenda cayó al suelo. Él la besó ahí hasta que pequeños jadeos y gemidos se escaparon en la oscura penumbra que rodeaba las escaleras. Olvidó que era una duquesa y se recostó en la barandilla. —Y dejó que sus manos descansaran en las deliciosas curvas de su trasero. se detuvo. sacando los brazos de las mangas. —Habrías sido una marquesa terrible —dijo él—. bajando por su vientre. pero más porque no podía detenerse. con una sonrisa que era mitad lujuriosa y mitad juguetona. Y en ese momento. él le sonrió abiertamente. —Todavía necesito ayuda —dijo su esposa—. sin importar cuántas veces la tuviera en los brazos. diciendo: «¡No puedes! ¡Cam. Relajándose en la unión de esos encantadores muslos y convirtiéndola en una temblorosa y gritona esposa. Mientras miraba a su esposa. él se arrancó una de las botas y la dejó caer . Gina sonrió mientras su lengua paseaba por su vientre.246 - . Él se arrancó la camisa de un tirón mientras ella lo observaba con esa mirada franca y hambrienta que nunca le quedó bien a la duquesa mojigata de Girton. Ella ayudó. Ahí estaba ella. Él aspiró su aliento. Cuando ella dejó caer un dedo perezoso por sus senos. Se retiró y le dio un pequeño mordisco en el muslo. Cam llegó muy tarde. sin importar cuántas veces ella le pidiera ayuda. como lo haría alguien acostumbrado a estar desnudo en lugares públicos. Luego se volvió. Se arrodilló frente a ella porque parecía que la adoración era necesaria.

sin tocar su cuerpo. Cam. finalmente. —Gina —dijo él. guíate por mi voz. Cam dejó encendida la vela que había justo al lado de ella y continuó subiendo por las escaleras. Cuando miró desde la cima. como la descarada cortesana que se imaginaba que era su maman. . tan explosiva. —No es la oscuridad lo que me asusta. no te dejaré caer.247 - . eres tú. y ahí. hacia sus manos. con esas piernas largas y hermosas enroscadas alrededor de su cadera. Se sentó en un escalón y estiró los brazos. Una a una. crecían las sombras fundiendo las escaleras con la oscuridad. pero esa noche no había luna. Pero ella no podía verlo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada descuidadamente por las escaleras. El pequeño y ahogado sonido del fondo de su garganta era todo lo que él quería en la vida. él tenía una belleza como Gina nuca hubiera imaginado. Ven aquí. Y luego. Su personalidad era tan vivida. Él sonrió. su voz estaba repleta de promesas roncas—. Él levantó una ceja. Subió con los dedos por ese tobillo y tiró suavemente de la pierna. sin hacer nada contra la barandilla. Gina le acarició las mejillas. —Mi pequeña duquesa… ¿Ya me curaste de mi miedo a la oscuridad. amaba… Gina amaba con una fuerza feroz. Las altas ventanas con parteluz dejaban entrar un poco de luz cuando había luna llena. había un tenue brillo de vela en mitad de la negrura. la fuerza de sus brazos mientras apagaba las velas de las escaleras. Ella pronunciaba su nombre con voz suave y temblorosa. —No. hizo lo que había querido hacer durante la última hora. —Mi pulso es firme —dijo él. La besó. Ella puso los labios en su cuello y presionó hacia delante. —¿Dónde estás? —Aquí. una hermosa figura que él sabía cremosa de pies a cabeza: un cuerpo que sonreía sin aliento. la tensa belleza de su trasero. Apagó la última vela. no es firme —le dijo. —Su voz era callada. al lado. —Siento un poco de vergüenza —dijo. —De hecho. —Buscó en la penumbra y encontró un tobillo esbelto. me gustaría que apagaras las velas. Y después la tuvo sentada en su regazo. lo sabías? —Se movió para quedar de pie justo frente a ella. Se recostó contra el mármol frío y se encontró deliberadamente debajo de un pezón. arrastrando las palabras. Sus dedos se movieron y ella gritó contra su boca. Desnudo. No te preocupes. —¿De verdad? —Estaba ya casi desnudo. Ahora ambos estaban desnudos. besaba con lujurioso regocijo. —¿No hay bromas? —susurró. Nunca miraba su cuerpo cuando estaba vestido. tan atractiva… Pero sin ropa podía admirar las largas líneas de sus muslos.

nada pulcro. En algún punto Gina se incorporó y atrapó el vestido para que Cam pudiera ponérselo detrás de la espalda. —Su voz comenzó siendo un sollozo que se convirtió en un jadeo y luego en un gemido. No había nada de aplomo en ella. Y en la escalofriante oscuridad. Lo haré. —Oh. . si así lo querían. sólo para oír su grito estremecido. Eres mi esposa. tan calmada como la de un bebé. No necesito contar chistes… tenerte es dicha suficiente. Y Gina olvidó el dicho: «Una duquesa es lo que una duquesa hace. Su cabeza yacía en su hombro. Creo que siempre te he amado. mi duquesa mojigata. Y lo hizo. mi amor desnudo. su suavidad. la agarró por la cadera y se movió dentro de ella con fuerza. Se rió. Cam. regodeándose con la sensación. y su respiración se fue tranquilizando. Gina lo necesitaba para que la sujetara al suelo al igual que él la necesitaba para alumbrar la oscuridad. la suspendió en el aire por unos segundos y la dejó caer encima de él: peso delicioso. frotando los senos contra su pecho. —Te amo —le dijo—. besos y lágrimas se derretían contra su cara. —Sus manos trajeron su cuerpo hacia el suyo—. un placer exuberante que se desentendía de las convenciones. con una pizca de vergüenza. y sin preocuparse por el desorden de ropa desparramada por las escaleras.» Su esposo la levantó. Cam tomó a su esposa. La cama de su padre. —Venga aquí. Ella abrió los ojos. Gritó de placer. nada correcto. La sujetó con fuerza y empujó hacia arriba… Ella gritaba con cada empujón. de su abuelo. hasta que sus dedos rastrearon más abajo. La puso sobre la cama. No estaba seguro de que Gina lo hubiera oído porque estaba muy ocupada tratando de ir al lugar donde solo él podía llevarla. la llevó a la habitación. Muchos de ellos. —Gracias. Se rió cuando le hizo cosquillas. el fogoso calor y los gemidos de su duquesa. Encendió unas velas para poder verla.248 - . en medio del calor. lo besaba sin parar. Lo abrazó con una clara y feroz alegría. Cam podía sentir cada centímetro de su sedosa piel. Él olvidó que estaba oscuro. Todo lo que le importaba era sentir las curvas sedosas y redondas. señoría —le dijo. Entonces. Ella gritó y lo agarró por los hombros y gritó de nuevo… Estaban juntos en una tempestad de oscuridad. así era su duquesa. soñolienta. Finalmente pararon de reír.ELOISA JAMES Duquesa enamorada aterciopelada—. La cama donde su propio hijo nacería. puesto que él juró que el mármol lo iba a dejar incapacitado de por vida. Pero se negó a abandonar las escaleras y él no podía ni pensar en levantarse sin ella. Empujó con más fuerza.

—No necesita una manta —dijo Cam—. —Mmmmaaaaaammmm —dijo Max. pequeña migaja. para llevársela a la cama. Mientras él miraba. Había aprendido a tenerles afecto a las amigas de su esposa.249 - . con sus lenguas agudas y sus matrimonios desastrosos. sonriendo. pensó Cam con satisfacción mientras su esposa besaba y le decía tiernas palabras al bebé. Aquí está. de todas maneras. —¡Y está hablando! Ya sabe mi nombre. su esposa y su amiga Helena estaban sobre el pequeño bulto. una figura esbelta y solitaria. envuelto en lazos y telas. Conoce a su padre. Gina tomó al bebé entre sus brazos y lo llenó de besos por toda su dulce y suave piel y por los negros y salvajes mechones que cubrían su cabeza. Levantó la mano y tomó la pequeña cabeza de su hijo.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Epílogo El césped. «Es mi hijo». Gina se inclinó en su pecho. La niñera me dijo que no hablaría hasta que tuviera un año. Ella no sabía lo maravilloso que eres. sentía una punzada de ternura. Él le devolvió la sonrisa. Y Esme no estaba casada. colgada de su brazo. Pero Esme se fue al campo. Helena se levantó cuando él regresó del paseo. La visión de Cam se nubló. hace algo de frío. mientras miraban cómo Max bostezaba. —Voy a buscar la mantita de Max. Sebastian había salvado su reputación al anunciar que había intentado engañar a Gina con un certificado de boda falso. Cada vez que él miraba a esa pobre y diminuta criatura. —Maximiliano es hermoso —le dijo. Y juró que no necesitaba a nadie más que a su bebé. Incluso ahora. casa Girton. Cam se sintió invadido por una oleada de ternura. —¿No es el bebé más inteligente que has visto nunca? —dijo Gina. Ven aquí. Helena le tocó el hombro a Gina. que se balanceaba en las rodillas de la duquesa. ¿no. botón de oro? Ella pensaba que eras como los otros bebés. un pequeño y ondeante muñeco se las arreglaba para agarrar unas pocas tiras de pelo rojizo y tirar de ellas vigorosamente. Max gorjeó lleno de risa y alzó los brazos hacia su padre. para poder ver la cara de su bebé—. No había por qué negar que la duquesa besaba al bebé demasiado. con un gran bostezo sin dientes. —Y salió caminando hacia la casa. Dobló su pequeño dedo sobre el de su . hablando con cuatro meses.

querida —dijo él—. —Claro que sí —dijo Gina. La besó. ¿Quién dice que soy el único con imaginación en esta familia? Ella se mordió los labios. distraídamente. Parecía no poder parar de besar a ese pobre bultito. Como los de nuestro pequeño Max. . futuro duque de Girton. —Creo que quiere un poco de leche —observó Cam. mientras se arreglaba el vestido para amamantar a su bebé. demostrando la posibilidad de que toda la inteligencia familiar estaba solo en el lado masculino. Estaba jugueteando con los mechones crespos de Max alrededor de los dedos. y no era que él se estuviera quejando. demostrando que toda la inteligencia de la familia no le pertenecía solo al bebé. Parecía incapaz de dejar de besarla.ELOISA JAMES Duquesa enamorada padre y volvió la carita inquisitivamente hacia su madre. —¿La parte en la que escribe sobre mis crespos negros? —Ajá —dijo ella—.250 - . Fui calvo hasta los dos años. Él se arrodilló ante su hijo y tocó las mejillas de su esposa. incluso a la luz del día. —Mi pequeño botón de oro —dijo la madre de Max. —Yo era calvo. —¿Te acuerdas de lo que me contaste sobre el diario de mi madre? — preguntó Cam. y frente a una audiencia dócilmente interesada conformada por Maximiliano Camdem Serrard. Era tan sólo el beso número diez mil que el duque le daba a su esposa durante los últimos dos años.

especialmente entre la aristocracia. éstas tenían lugar. Franz fabricaba estatuas articuladas de alabastro. Franz. El nieto de Peter. que emigró a la provincia Báltica de Livonia en 1800. Además. el quinto Conde de Berkeley se casó y luego anuló su matrimonio. pues tenía once años cuando la ley estipulaba que una joven no podía casarse antes de los doce años. En mi reconstrucción. volviendo a contraer matrimonio con la misma mujer en 1796.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Nota de la autora Nota sobre la más extraña de las sorpresas maritales: el reconocimiento de la anulación. A finales de 1590. los Essex anularon su matrimonio después. por el hecho de ser una hija ilegítima. Me he tomado la libertad ficticia de otorgarle a Peter Fabergé. . y los matrimonios era invalidados por esa precisa razón.251 - . Sin embargo. La anulación del matrimonio de Gina con Cam habría podido sustentarse en dos hechos: la ilegitimidad de Gina y la edad de la joven cuando se celebró el matrimonio. mientras su hermano Peter soñaba con huevos articulados de alabastro. Al entrar en un salón de baile. Por ejemplo. Los Fabergé eran una familia de orfebres. Carl. Según la ley. que se quedó en París. habría perfeccionando el más precioso de los objetos articulados: el huevo de Fabergé. vio a una mujer extremadamente bella bailando. un hermano. En 1785. Le preguntó a alguien su nombre: era su esposa. La mayoría de los esposos en 1810 reconocían a su esposa y la mayoría no quería la anulación de su matrimonio. cuando dos jóvenes se casaban siendo menores podían anular su matrimonio al llegar a la mayoría de edad. el conde de Essex regresó a Inglaterra de un viaje por el continente que duró varios años. se consideraba que el nombre que lady Cranborne le había dado a su hija adoptiva no era legalmente válido.

Una mujer en el centro de todo Ahora ella es una de las mujeres más conocidas de Londres. es catedrática de Literatura Inglesa y vive con su familia en Nueva Jersey. su apestosa rana y de su desastrosa casa. Puedes escribirle a: eloisa@eloisajames. el duque de Girton. deseada por muchos hombres. Lo cual deja a Cam en la incómoda posición de darse cuenta de que ha tenido la mala educación de enamorarse. pero resistiéndose a todos.com o visitar su página web: www. Duquesa enamorada La retirada del duque Gina se vio forzada a contraer matrimonio con el duque de Girton a una edad en la que mejor hubiera estado en las aulas de una escuela que en los salones de baile. Ha debido de escribir todos sus libros mientras dormía.ELOISA JAMES Duquesa enamorada RESEÑA BIBLIOGRÁFICA Eloisa James Autora de cinco series galardonadas y número uno en la lista de ventas del New York Times con regularidad. Las cartas de sus lectores son una buena vía de escape para Eloisa. La duquesa enamorada Finalmente. que no dejan de lloriquear. viviendo al límite del escándalo.eloisajames. de su cerdo vietnamita. Directamente después de la boda su atractivo marido se fue volando al continente.... Camden.252 - .com.. pues durante el día está ocupada cuidando de sus dos hijos. ¡de su propia mujer! *** . para descubrir que su inocente mujer se ha convertido en el centro del universo. ha vuelto a casa. dejando el matrimonio sin consumar y a Gina bastante indignada.

Santillana Ediciones Generales. L. S. Diseño de cubierta e interiores: Raquel Cané Primera edición: junio de 2009 ISBN: 978-84-8365-142-1 Depósito legal: M-14.ELOISA JAMES Duquesa enamorada Título original: Duchess in Love ©2002.253 - .722-2009 . María Natalia Paillié © De esta edición: 2009. Eloisa James © De la traducción: 2009.