Los trabajos domésticos y su campo de acción como constructores directos de su entorno.

Ester Gisbert Alemany Investigadora Independiente ester@arrsa.org commonhworks.wordpres.com

Abstract: Esta investigación, desarrollada para el Proyecto Fin de Carrera de Arquitectura en la Universidad de Alicante, pretende comprobar la repercusión de las acciones cotidianas en la construcción directa del entorno. Cómo el individuo contemporáneo puede reconstruir no sólo su identidad sino también el medio físico en el que las realiza al “performarse” en su vida diaria utilizando las nuevas tecnologías “distribuidas”. En el contexto tecnológico, “inaugurado” por Internet, de hacktivismo, DIY y DIWO, reciclaje social, crowdsourcing,.. aparece la posibilidad de una sociedad empoderada mediante herramientas de fácil acceso. Aquí la práctica artística tiene un papel esencial de “vanguardia experimental” en la instrumentalización de las nuevas prácticas cotidianas, frente a la arquitectura y el urbanismo que, a pesar de haber sido tradicionalmente los encargados de la definición del entorno, cargan ahora con el “lastre” de la mercantilización de lo urbano. Con estos objetivos y contexto la investigación toma como estrategia principal el trabajo doméstico y su “espacio de acción”, con ello abre la caja negra de la vivienda estándar y los binomios privadopúblico, masculino-femenino, trabajo-ocio, individuo-colectivo, que se escondían bajo las faldas del ama de casa. Como referencia y metodología de trabajo se hecho un rastreo de los “agentes materializadores” del estereotipo de ama de casa, principal agente del trabajo doméstico, a través de trabajos sobre el diseño formal de objetos cotidianos en la historia que se centran en la formalización del entorno de la vivienda estándar de clase media, cruzando en el acto doméstico

varias disciplinas: historia, economía, arte, sociología e industria. Esto ha permitido tener un marco conceptual de referencia de los diferentes paradigmas de trabajo doméstico que se han sucedido en la historia, y un marco instrumental en el que se ve cómo los objetos y la tecnología utilizados han modificado la forma de hacer los trabajos y el rol de la mujer y la casa. Además ha permitido descubrir algunas instituciones y agentes materializadores sorprendentes como la cocina-laboratorio de Frederick, el “club privado” de la chicanómada, el anuncio de los 50, y el “patchwork” de Child entre otros. Es aquí donde comienza la investigación prospectiva a través de la aplicación de los métodos y herramientas de diversas experiencias artísticas al campo del trabajo doméstico y el dibujo de un entorno inmediato posible sin vivienda ni ama de casa, sino con individuos que se performan en la realización de los trabajos de cuidado sobre su “cuerpo-hogar”. Usando herramientas de interactividad, des- o relocalización, DIY-kits, reciclaje creativo, rastreo social, pequeña electrónica,..; replanteando conceptos de higiene, privacidad, cuerpo, profesionalidad,..; y recuperando agentes o instituciones olvidados se propone una metodología de proyecto de lo cotidiano multidisciplinar que abre el “campo de acción” del individuo en sus acciones cotidianas.

Keywords: Cotidiano, Performar, Rol, Habilidad, Herramienta, Distribuida, Empoderar, Materialización,

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Introduction
Cuando leí hace ya años el texto de Walter Benjamin de 1934, El autor como productor, no entendí casi nada. Pero me quedó una imagen grabada: la función del escritor era conseguir que todo lector se convirtiera en escritor... Para alguien interesado en la participación del usuario en la arquitectura, ese título y esa imagen son muy sugerentes y creo que han estado detrás de todos los trabajos que he hecho en la escuela. En los primeros años tenían que ver con estrategias inmateriales: relacionales, de rutinas y de gestión; o materiales “blandas”, ligeras y efímeras. Poco a poco, y sobretodo en trabajos en zonas urbanas, esto se ha confrontado con, digamos, la realidad del “trabajo del arquitecto”: construir edificios y ciudades. Entonces mis trabajos se dedicaban a los estudios de tipologías flexibles y a valorar elementos locales que pasaban desapercibidos. En estos casos, era inquietante tener esa imagen del lector-escritor porque sólo se la podía satisfacer con imaginaciones que no interesaban a los evaluadores-arquitectos. Al plantearme cuál sería el tema de mi Proyecto de Fin de Carrera (PFC) pensé en instrumentalizar aquella imagen. Es decir, pensar cómo el usuario de la arquitectura, en calidad de experto de su vida, puede convertirse en reconstructor de su entorno. Releyendo el texto de Benjamin, entiendo que para esto ha de plantearse cuál es el lugar ocupa el autor dentro del proceso de producción, qué innovaciones técnicas propone para la transformación de ese proceso y cómo las pone a disposición de otros productores. En nuestro tiempo y, sobretodo, en el contexto tecnológico “inaugurado” por Internet existen muchas prácticas que usan herramientas innovadoras que modifican los modos de producción cultural, que están bastante distribuidas y que, además, replantean el lugar del autor. No sólo tecnológicas sino también herramientas procesuales. Existen experiencias que, utilizando esas nuevas tecnologías cuestionan la ciudad y el paisaje. No suelen ocupar un lugar dentro del modo de producirlos, pero consiguen llegar a las últimas consecuencias de la utilización de las técnicas, que muchas veces distribuyen, y producir objetos reales. Otras prácticas, utilizando redes sociales o con la ética okupa, consiguen involucrar al usuario en la valoración de la ciudad o en su construcción. Muchas veces no adquieren suficiente poder institucional y esto puede desilusionar al ciudadano que hace un trabajo extra para participar, pero tienen gran influencia mediática y ejemplarizante, además de crear organizaciones no localizadas y, por tanto flexibles, y gestionarlas eficazmente. Algunas de estas experiencias sirven como ejemplo en el trabajo y se confrontan con las prácticas convencionales de definición del entorno: la arquitectura y el urbanismo, que con sus leyes, normativas, proyectos, visados, edificios.. participan de un modo de producción mercantilizado y alejado del usuario final. El objetivo es proponer un entorno metodológico para los habitantes-arquitectos, recuperando aquello de lector-escritor, que le permita interactuar con los productores de ciudad convencionales. He tomado como objeto de diseño el Trabajo Doméstico (TD) y su espacio de acción por varias razones: cada persona es experta en su propio trabajo doméstico, lo haga ella misma o no, y lo realiza necesariamente de forma cotidiana, así que no es un trabajo extra; cada persona tiene un derecho reconocido a tener un espacio donde realizar ese trabajo, que se refleja en el derecho a la vivienda, pero que va más allá porque ésta canaliza el derecho a todos los suministros que necesitamos para realizar los trabajos y materializa el derecho a la privacidad individual, que algunos trabajos necesitan. El urbanismo y la arquitectura modernas tomaron como objeto de diseño mínimo la vivienda. Imaginaron un usuario tipo, la familia de clase media y crearon un producto adecuado a ella. Creo que en la sociedad actual tiene sentido pensar la ciudad con las herramientas que permiten hacer el TD, sean tecnológicas o sociales, y no con la vivienda estándar. Así tenemos usuarios diversos y activos que, a través de la realización de sus acciones cotidianas, y según les permitan la herramientas que utilicen, construyen su entorno.
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¿Qué trabajo doméstico?
Para empezar, debería aclarar a qué TD me refiero porque es una materia vaga y desconocida, a pesar de su cotidianeidad. La literatura del tema, desde los manuales para mujeres a los estudios económicos feministas, suele hacer un salto mortal: del cuerpo femenino al sistema político y económico. Porque se entiende que el ama de casa gestiona una unidad familiar dentro de una vivienda y con ella contribuye a la reproducción de la sociedad. Esto hace que, desde la definición de patchwork de Lidia Child 1, unas tareas se superpongan a otras espacial y temporalmente: mientras en la cocina se hornea, se limpia el baño y se cuida de los niños. Resulta un conjunto heterogéneo y subjetivo de tareas cuyo denominador común es su realización dentro del hogar por el ama de casa. Esto hace difícil definir el trabajo doméstico y organizarlo. Los manuales, desde Catherine Beecher, han preferido la organización espacial, dividiendo las tareas por salas y haciendo hincapié en la buena organización de la casa. Los estudios feministas, en cambio, prefieren la temporal porque tratan de la infravaloración social y económica del trabajo o de la situación precaria de los trabajadores domésticos, centrándose en la cuantificación horaria y económica del trabajo. Esto lleva a situaciones paradójicas como el “Criterio de la 3ª persona”: “se considera trabajo doméstico aquella actividad que pueda ser realizada por una persona distinta de la que se beneficiará de su servicio”, que hace que trabajos como la higiene del cuerpo, que en algunos momentos históricos se ha realizado en 2 instituciones sociales, permanezcan invisibles. Algunas urbanistas replantean el urbanismo o la ciudad desde criterios de seguridad o conciliación laboral, pero manteniendo como unidad mínima de diseño la vivienda familiar. En esta investigación he preferido pensar el TD desde las herramientas y espacios que permiten realizarlo, para así poder comparar unas formas de realización con otras y ver cómo construyen diferentes entornos. Entiendo el TD como el conjunto de trabajos que cada persona realiza sobre su cuerpo que he llamado “ownbodywork”, pero que sigue siendo una amalgama de tareas difícil de organizar. Para este propósito ha sido interesante el libro Hágalo usted 3 mismo que, en el desarrollo de un programa docente para el aprendizaje del TD en la escuela, realizó un rastreo experimental en hogares y propuso una división según la escala espacial y temporal de las tareas diferenciando, por ejemplo, el aseo personal diario de la limpieza general anual. A diferencia de otros estudios, incluye trabajos inmateriales como el control dietético o el aprovechamiento del ocio sin la valoración moral de los manuales para amas de casa. He tomado como base esta lista añadiendo algunos otros.

1. McHugh, Kathleen Anne. American Domesticity. From How to Manual to Hollywood Melodrama. New York, Oxford University Press, 1999, 30. 2. Carrasco, Cristina. “El olvido histórico del trabajo de las mujeres”, Feminismos, http://www.nodo50.org/feminismos/spip.php?article157 3. Fernández Enguita, Mariano. Hágalo usted mismo : la cualificación del trabajo doméstico, la crisis de su aprendizaje y la responsabilidad de la escuela. Madrid : Ministerio de Educación y Ciencia, Centro de Publicaciones, 1991. Page 3 / 19

Sobre esta lista y, basándome en el libro anterior, he ensayado un método de clasificación según el objeto final del trabajo, las operaciones que se realizan y el tipo de trabajo. Estos trabajos podrían valorarse según la complejidad, la prioridad, el valor social atribuido y su estandarización. La tecnificación de los trabajos se clasifica según el grado de sustitución técnica y los suministros necesarios, que dan una idea de la escala espacial y temporal de los trabajos. Cruzando todos estos datos se podrían obtener listas de trabajos clasificados por materiales, tiempos, prioridades, etc. Así se conseguiría un interesante panorama del TD y se podrían comparar objetivamente las diferentes formas de realizar un trabajo concreto y comprobar la tecnificación real y sus implicaciones urbanas y sociales. Además de intuir formas de optimizarlo. Desde que las primeras feministas incluyeron en su agenda el TD y la clase media 4 inventó “el problema del servicio” ha habido muchos intentos de optimizarlo. En los años de la industrializacón masiva se creó el mito de la sustitución del trabajo del ama de casa por los “appliances” y el sueño americano de vivienda unifamiliar totalmente equipada y dedicada al consumo. Este imaginario de liberación a través de la tecnología fue tan bien difundido por la publicidad que consiguió silenciar el debate sobre la centralización del TD con servicios públicos, que pretendía seguir el camino de la industrialización de otras formas de producción doméstica como la agricultura o el textil. Sin embargo algunas investigadoras “sostienen que el auge de las tecnologías domésticas fue acompañado por normas más estrictas de limpieza y cuidado de niños.” Por ejemplo, “Mientras las lavadoras mecánicas reducían la dureza del lavado, se incrementó la frecuencia de la tarea”. En otros estudios se comprueba cómo las 5 horas dedicadas al TD por las amas de casa incluso aumentó de los años 20 a los 60 . En mi lista informal de 24 trabajos, sólo 5 han sido sustituidos técnicamente y sólo para otros 6 existen herramientas técnicas que facilitan el trabajo. Para mí, es significativoque los trabajos de limpieza general (no objetos) hayan sido muy poco mecanizados cuando existen aparatos de limpieza para grandes superficies. Quizá sea porque es el trabajo menos valorado o porque no se han podido industrializar tan bien como otros. No es casual que los trabajos 6 más mecanizados sean los que consumen energía eléctrica , pues las empresas que fabricaban los electrodomésticos eran las mismas que vendían la energía. Creo que con los datos anteriores, estos ejemplos y la experiencia de nuestras vidas cotidianas se desarma ese mito de la tecnología liberadora, y puedo justificar que el objetivo de mi PFC no sea la sustitución técnica total (los robots y la domótica como me sugerían algunos amigos al decirles que trataba de replantear la vivienda desde el TD), sino intentar implementar nuevas herramientas y técnicas distribuidas que en otros campos han contribuido al empoderamiento del individuo en el campo del TD.

4. McHugh, Kathleen Anne. Op. cit., 71. 5. Lupton, Ellen y Miller, J. Abbot. El cuarto de baño, la cocina y la estética de los desperdicios. Madrid, Celeste Ediciones, 1995, 15. 6. Lupton, Ellen y Miller, J. Abbot. Op. cit., 23.

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El Trabajo Doméstico y su campo de acción
Esta paradoja tecnológica puede entederse con el concepto de “espacio de acción” en el 7 que una práctica se realiza. Tomando la definición de Otto Von Busch, en su tesis , el espacio de acción consiste en las “verdaderas oportunidades prácticas que nos ofrecen la combinación de habilidades, herramientas y materiales... una zona de potencialidad distribuida relacionada con nuestra capacidad de interactuar con el mundo... un área en la que nos movemos y tomamos decisiones sobre nuestra vida, nuestro entorno cotidiano... en la que nos sentimos cómodos para tomar esas decisiones y actuar.” Para esta propuesta es muy importante la posibilidad de toma de decisiones y hay que diferenciarla de las consecuencias espaciales que tienen los trabajos. Por ejemplo, cuando el supermercado y la nevera sustituyeron al trabajo de cultivar y hacer conserva para resolver el problema de abundancia de productos en una estación y escasez en otra, se ampliaron las consecuencias espaciales de nuestro trabajo. Los alimentos los cultiva una empresa agroalimentaria de mucha mayor escala que nuestro huerto y la nevera necesita una energía producida en grandes centrales eléctricas y distribuida por grandes infraestructuras. Ésto no significa que el campo de acción de ese trabajo haya aumentado, al contrario ha encogido, esas herramientas nos convierten en consumidores pasivos que sólo pueden elegir entre un producto y otro, o entre una tarifa de luz u otra, pero no nos permiten decidir sobre los fertilizantes y el agua, ni sobre la posible instalación de una central nuclear. Von Busch habla de las herramientas como armas en el frente de la lucha por ampliar nuestro espacio de acción y utiliza el concepto “híbrido” de Bruno Latour para referirse a las asociaciones que hacemos con ellas. Cada nueva herramienta establece una nueva distribución de competencias entre la red de entidades que deben actuar juntas para realizar un 8 trabajo. En el intento de definir esa distribución de competencias en el TD he hecho un rastreo por algunos trabajos sobre el diseño de objetos cotidianos en la historia, que se ocupan de la formalización del entorno de la vivienda estándar de clase media desde varias disciplinas. La redistribución suele ser del tipo “emancipatorio”, con ella “cedemos nuestro campo de actividad por uno preenvasado” y las herramientas técnicas del tipo “ejecutable”. Esto significa que para la utilización de las herramientas tenemos que variar nuestras rutinas de acción y nuestros estándares y adaptarlos a los propuestos por la herramienta a cambio de tener más tiempo para otras cosas. Un gran ejemplo de esto son los robots de cocina que nos indican los pasos 9 a seguir según sus propias recetas en un “test de disciplina y no de habilidad”, difícilmente podremos apropiarnos de la tecnología de ese robot para cambiar estos procesos. Todas la herramientas suponen, en realidad, un adiestramiento, pero las que funcionan como “instructables” son más adaptables y amplían el espacio de acción por apropiación permitiéndonos “estar orgullosas de nuestro trabajo”.

7. Von Busch, Otto. FASHION-able: Hacktivism and Engaged Fashion Design. Gothenburg, Intellecta Docusys, 2008, 41. 8. Von Busch, Otto. Op. cit., 43. 9. Von Busch, Otto. Op. cit., 44.

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Las instituciones del Trabajo Doméstico
Hasta ahora el campo de acción del TD lo ha definido la institución de la vivienda con sus muebles técnicos y electrodomésticos. Aquí se plantea la posibilidad de traspasar esa frontera a través de herramientas, que aunque distribuidas, estén organizadas en otro tipo de instituciones, y que sean estas instituciones las que den forma a la ciudad. Las formas de ampliar el espacio de acción no tienen que ser necesariamente productos o técnicas, las experiencias contemporáneas basadas en Internet y el DIY y la historia del diseño para el TD nos enseñan que puede ampliarse mediante manuales, planes de gestión, herramientas compartidas,... Sin embargo, sin ser productos manufacturados a cuya tecnología no tenemos acceso, pueden actuar también encogiendo nuestro espacio de acción y esto puede ser una decisión que nosotros tomemos en favor de ampliar otro espacio. Quizá se trate de que cada persona pueda realizar sus trabajos cotidianos dentro de un espacio decidido por ella misma. Esta persona participaría de algunas instituciones y no de otras y la suma de espacios de acción que las herramientas de esas instituciones le ofrecen sería su campo de acción.

Kathleen McHugh dice que su libro American Domesticity no es una excepción a la tendencia recurrente en los discursos domésticos producidos por mujeres de usar el TD como una estrategia. Cada vez que alguien ha planteado el paradigma del ama de casa o lo ha cuestionado, ha movilizado todas las instituciones que lo contienen intentando responder a la 11 pregunta de Benjamin: ¿Para quién escribe usted? O mejor, ¿A quién sirvió esa técnica? Este trabajo tampoco es una excepción, y para visualizar estas estrategias he realizado este diagrama que representa diferentes "ideales" de ama de casa. Cada una ha perfilado el paradigma de habitante doméstico (femenino) en un momento histórico pero, al cambiar el paradigma, los valores que ese personaje había representado no se pierden, sino que se suman y se confunden hasta formar la amalgama de significados que tiene hoy el ama de casa.

10

10. McHugh, Kathleen Anne. Op. cit., 11. 11. Benjamín, Walter. El autor como productor. México, Itaca, 2004.

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Entre esos significados (casualmente) el trabajo doméstico en sí mismo desaparece. Así que la investigación ha ido rastreándolo para encontrar qué trabajadora se propone, en qué espacio trabaja y qué identidad política, económica y social se le supone. A través de los textos, películas o investigaciones donde aparecen los personajes, he dibujado un "mapa" de identidades, funciones e instituciones, donde seguro no estarán todas las que son, pero que sirve para encontrar algunas definiciones, instituciones y herramientas clave para la ampliación de los campos de acción que estaban escondidos bajo la vivienda estándar: como el 12 "patchwork" de Child, el "club" de la chica nómada de Toyo Ito en Tokio , la “cocina13 laboratorio" de Frederick o los "equipamientos colectivos" de Peirce . También sirve para tener un espacio histórico donde colocar a las nuevas trabajadoras y visualizar los cambios en el rol de la mujer y la casa. La “chica nómada” y su club no podrían entenderse sin la ciudad de Tokio, ni la “material feminist” y sus equipamientos colectivos sin el movimiento sufragista americano, aunque tengan su influencia fuera de esos contextos. En cambio la amalgama central de electrodoméstico- consumo-mercado-privado-familia-nación se ha expandido por todo el mundo con el mercado liberal global.

12. Ábalos, Iñaki. La buena vida: visita guiada a las casas de la modernidad. Barcelona, Gustavo Gili, 2000. 13. Hayden, Dolores. The grand domestic revolution. Cambridge, The MIT Press, 1981, 183.

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12. Ábalos, Iñaki. La buena vida: visita guiada a las casas de la modernidad. Barcelona, Gustavo Gili, 2000. 13. Hayden, Dolores. The grand domestic revolution. Cambridge, The MIT Press, 1981, 183.

Childʼs “Frugal Housewife”

Beecherʼs “Domestic Economist”

Frederickʼs “Domestic Engineer”

Friedanʼs “Mechanical Bride”

Itoʼs “Nomadic Girl”

Peirceʼs “Material Feminist”

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Relocalización del Trabajo Doméstico
En este panorama tan abstracto y global parecería que se puede esperar poca repercusión de la realización del TD. Para ello recupero el concepto de la teoría literaria de 14 signifyinʼ que da una clave a las minorías en su búsqueda de un lenguaje propio, y por extensión, de su identidad. Importa la consciencia del lenguaje propio, del dialecto, pero sin permanecer en él insistiendo en la diferencia. Signifyinʼ es atreverse con el lenguaje del otro, del dominante, pero no sometiéndose a él, como hasta ahora ha hecho el TD en la vivienda estándar, sino haciéndolo propio. Como en las fábulas para niños en las que el más pequeño es el más listo y consigue engañar al más fuerte con sus propias armas, se trata de significar sobre las herramientas de la tradición arquitectónica (urbana, blanca, masculina y experta), que tiene un mayor campo de acción, con las herramientas más ligeras de la tradición del TD y de las tecnologías distribuidas. En la búsqueda de las herramientas propias que amplíen nuestro campo de acción influyen todas las identidades. No es lo mismo realizar trabajos de ocio en un ambiente rural que en uno urbano, o trabajos de cocina en un zona de secano que en una de huerta, o darse un baño turco que ir a un gimnasio. El contexto en el que realizaremos los trabajos hará que unas herramientas sean más efectivas que otras, tendremos que buscar cuáles son las herramientas que se utilizan para la construcción de ese entorno y significar sobre ellas para conseguir un empoderamiento real de nuestra acción cotidiana. De la misma forma que “el que habla no saca las palabras del diccionario, éstas existen 15 en boca de otras personas, en su contexto y sirviendo a sus intenciones” , en mi PFC he localizado los trabajos en tres situaciones urbanas actuales y específicas: la Baixa de Lisboa, centro histórico abandonado de una capital europea; la huerta de Mutxamel, en la periferia del entorno metropolitano de Alicante y el bosque de La torre de les Maçanes, “la perla escondida” de la montaña alicantina. Cada uno tiene una situación doméstica y urbana diferente, y también diferentes actores sociales. Son escenarios- parlamento en los que esos actores proyectan sus deseos y ejercen los poderes desiguales que tienen sobre ellos. Los trabajos domésticos se intentan apoyar en los elementos urbanos más patrimoniales, y por tanto, más obligados a la negociación y representación de todos. En cada uno de estos lugares la valoración de los elementos y el espacio de negociación son diferentes. Mi teoría es que a través de una nueva instrumentalización y relocalización del TD en estos espacios “procomunes” los usuarios que los realizan pueden ampliar su campo de acción y adquirir mayor representación y poder en la construcción de su entorno 16 que la que tenían en la vivienda privada .

14. Fry, Paul. 15. Íbidem. 16. Jaque, Andrés y Hurlé Pablo. “Arquitectura Parlamento”, Archfarm, 13, 2009.

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Herramientas del nuevo Trabajo Doméstico
El siguiente diagrama es un resumen de las herramientas, diseños e instituciones que he movilizado en las propuestas para el PFC, con referencias a los proyectos “artísticos” o de uso de nuevas tecnologías en los que se basan las propuestas. Éstas son ejemplos de cómo se podría conseguir alguno de los objetivos planteados hasta ahora: la innovación en la formas de realización del TD, la instrumentalización para aumentar el campo de acción y para conseguir más poder en la negociación pública. Me gusta referirme a estas experiencias porque, a diferencia de la arquitectura convencional, consiguen estos objetivos sin pasar necesariamente por un proyecto previo que tenga que ser validada por otros expertos, que no sean los propios usuarios, para ser realizado.

Por ejemplo, los mapas de diagnóstico del proyecto 22@ en Poble Nou del colectivo 17 rotorr_, realizados entre 2001 y 2004 son también mapas de aventura, de acción. En las rutas (con saltos de valla, accesos a zonas restringidas lejos de los puntos de vigilancia, escaladas,...) se descubría cómo las diferentes constructoras e inversoras iban colonizando el barrio y sustituyendo a sus pobladores anteriores. Actualmente existe ya una tradición de cartografía ciudadana de conflictos, con software tipo wiki que permite la edición colectiva de los mapas. El caso de Poble Now! es especial porque además de hacer visible, consigue desarrollar herramientas específicas para la aventura urbana en zonas en construcción. Con talleres de escalada en esculturas y terrazas y de construcción de los materiales necesarios para ello, aumentan el espacio de acción del ciudadano, que se desplaza por la ciudad por sitios a los que no hubiera llegado sin ellos. Con su señalética, la elección de lugares polémicos y cargados de ironía consiguen llevar la mercantilización urbana, difícilmente accesible, a un terreno donde interactuar con ella. Esto es lo que he intentado hacer al mapear las localizaciones del PFC.

17. http://rotorrr.org/

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Rotorr Colective Images from their project Poble Now

Sus herramientas para la aventura tienen que ver con técnicas constructivas de reciclaje social, DIY y con la ética ocupa, de las que también existe ahora una gran tradición. En el caso de Santiago Cirugeda, consigue engañar a las autoridades urbanísticas y construir dentro de sus regulaciones a precios mucho menores y directamente con proyectos de ejecución. En el 18 vídeo presentado recientemente ¿Cuánto quieres? se ve cómo la crisis actual de la industria 19 de la construcción, ha llevado sus Recetas Urbanas a ser una alternativa real a la construcción convencional. En él un constructor le pide al artista que dé salida a los materiales que tiene en su almacén con las subvenciones que consigue para sus obras por ser experimentales. En los mapas del PFC se ve que la reconstrucción de la Baixa Pombalina estará en manos de una Sociedade de Rehabilitaçâo Urbana que valora los edificios desde el precio de rehabilitación y venta y que permite opinar a otros organismos sobre la imagen urbana, muy valorada patrimonialmente aunque mal conservada. Todo bastante alejado de la vida cotidiana del lisboeta. Sin embargo, en Lisboa existe un Programa Local de Habitaçâo que es algo más participativo y público. Al mapear la estrategias del PLH, aparecen los equipamientos de proximidade, las casas vazias municipales, y los hotéis sociais para la población en transición por procesos de realojamiento y rehabilitación. Lugares donde alojar el TD recuperando la antigua idea de baño público o institución termal e investigar nuevas tipologías entre lo colectivo y lo privado. En el mapa patrimonial he identificado los edificios que están abandonados y en muy mal estado de conservación, y que son de propiedad municipal.

18. http://colectivosenlared.org/blogs/2010/04/19/¿cuanto-quieres/ 19. http://www.recetasurbanas.net/

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La propuesta plantea rehabilitarlos con elementos auxiliares de andamiaje y refuerzo de estructuras para convertirlos en un equipamiento súper tecnificado que pueda albergar todas las necesidades de baño del barrio. Esto permitiría que los edificios que no están en tan mal estado puedan ser habitados sin costosas obras que destruyen el patrimonio para poder instalar el equipamiento de una vivienda estándar y que dependen de megaempreitadas de grandes empresas constructoras.

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En el caso de la huerta de Mutxamel hay un reconocimiento patrimonial por su historia de 20 gestión procomún del agua a través de la red de acequias que sigue en uso . En el mapa de actores vemos que la red pertenece a la Comunidad de Regantes que cada vez tiene menos miembros y que está dirigida ahora por una gran empresa agroindustrial. Por derecho, controla la venta de las aguas de la EDAR para la agricultura, pero las últimas actuaciones propuestas la reconvertirán al riego de jardines de los “bungalows” que urbanizan la huerta.

Al mapear este proceso urbanizador he localizado los lugares de encuentro de lo urbano denso con la huerta, donde habría numerosos comensales potenciales para unas cocinas gestionadas por amas de casa. Se construyen con contenedores y equipo reciclado y se sitúan junto a unas infraestructuras de reciclaje de residuos de bajo coste. Como no existe un plan de recuperación, el objetivo es colonizar esa red a través de la venta de los deshechos a los agricultores y la demanda de productos locales de los comensales, para reactivar ese espacio y adquirir poder en la toma de decisiones.

20. Ostrom, Elinor. Governing the commons: the evolution of institutions for collective action. Cambridge, Cambridge University Press, 1991, 78. Page 13 / 19

En el caso del bosque de La Torre existe un Plan Forestal autonómico que regula los usos y las protecciones de especies singulares, además de la valoración ciudadana como espacio de ocio. El TD se sitúa en un espacio híbrido digital añadido en el que realizar juegos, relaciones sociales, paseos y refugiarse, a través de la gestión de una red social digital. Como la valoración patrimonial es muy difusa el objetivo es crear un mapa y un catálogo colectivos con la realización de esos trabajos.

La Conselleria de Medio Ambiente, el Ayuntamiento y Fundaciones de Custodia del Territorio establecen una reglas bastante flexibles en espacios forestales no protegidos y abandonados. Esto se entiende como una oportunidad para la reconstrucción del paisaje con normativa que la red social vaya creando.

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En el campo de los mapas de acción, es muy interesante el trabajo de visibilización de 21 redes de poder y producción del Bureau dʼétudes . Me interesa especialmente un trabajo de 2008 llamado Self economy, en él se ve cómo las industrias globales utilizan al individuo que realiza sus actividades cotidianas e íntimas. “Me muevo, rechazo usar mis piernas, viajo en coche, uso petróleo, financio y provoco guerras por petróleo, así la industria del petróleo usa mi coche”. La focalización en el individuo hace que no se vea el mundo globalizado como una red de poder en la que no participo, sino como una extensión de mi persona (self) que por mis elecciones es usada por la industria. Esto no supone en sí mismo una ampliación del espacio de acción, sino la oportunidad de la decisión relacionada con el consumo.

21. http://bureaudetudes.org/

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Esta visión ampliada del self se convierte en una ampliación del ecosistema del cuerpo en la 22 instalación drink.pee.drink.pee.drink.pee de Britta Riley and Rebecca Bray . El visitante es invitado a sentarse en un inodoro frente a una fuente en la que beber su propia orina tratada con un sistema casero de depuración, que aprovecha los nutrientes extraídos de la orina para fertilizar una planta. Esto no queda en una reflexión, además se reparten kits personales para el reciclaje de la orina en casa que explican la influencia de los productos que ingerimos (alimentos y medicamentos) al volver a la naturaleza a través de la orina. También explica cómo las infraestructuras centralizadas necesitan procesos intensivos para eliminar esas sustancias. Aquí hay una ampliación del espacio de acción instrumentada y que sale ganando en la comparación con el costoso sistema convencional.

Britta & Becca Images from their project drinkpeedrinkpee

El conocimiento técnico se democratiza en la utilizacón de estos kits cotidianamente y hace que los usuarios sean expertos en su propia orina y en las tecnología que utilizan. En la actualidad hay muchas experiencias que desarrollan este concepto de “ciencia ciudadana” y que crean bases de datos científicas sobre fauna y flora urbana entre otros temas, enrolando a los ciudadanos en su realización siguiendo el ejemplo pionero del Wikipedia. Quiero comentar el 23 proyecto OOZ de Natalie Jeremijenko que me parece da un paso adelante en este campo. Es un zoo sin jaulas en el que se da a los humanos un set de acciones que provocan reacciones en los animales que se almacenan e interpretan en un archivo colectivo. Para la interacción con los gansos se ha fabricado un robot-ganso que es dirigido por los visitantes mediante una silla interfaz, pueden hacer que el robot siga a otros patos e incluso “hablarles”. El robot graba las interacciones y el visitante las añade a la base de datos con su interpretación. El resultado es la creación colectiva de un nuevo lenguaje humano-ganso, no dirigido por expertos científicos. Esto hace que la autoridad sobre qué quieren decir los patos esté distribuida.

22. http://brittaandrebecca.org/ 23. http://www.nyu.edu/projects/xdesign/ooz/

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Siguiendo este ejemplo, en las propuestas del PFC he incluido dispositivos de monitorización y bases de datos colectivas que se crean al realizar los TD. El espacio de acción de los trabajadores domésticos se amplía enormemente dentro de su propia comunidad porque no tienen que traducir sus necesidades ni su conocimiento sobre el propio trabajo a otras disciplinas que no controlan. Esto es así en el caso de La Torre, en el que el enfoque lúdico del proyecto consigue enrolar a visitantes digitales y físicos. La valoración que hagan de los espacios y especies naturales construye una base de datos colectiva, que tiene una función recopiladora y formativa, consiguiendo que cada vez haya un número de visitantes expertos mayor. A partir de ella, se realizarían las burocracias del catálogo que permiten acceder a financiación y que muchas veces sólo dependen de la valoración social y de la aceptación de los propietarios. Allí a se han realizado algunas experiencias de este tipo como el Catálogo de 24 árboles Monumentales. .

Finalmente, aparece el tema de la colectivización de los trabajos. Estar dentro de una comunidad de usuarios supone compartir conocimiento y tecnología pero también herramientas. Compartir los espacios y los equipos ha sido uno de los grandes tópicos del diseño para el trabajo doméstico. Las comunidades utópicas del s.XIX lo llevaban hasta sus últimas consecuencias, las viviendas sin cocina vinculadas a cocinas centrales en apartamentos o ciudades jardín intentaban realizarlas manteniendo la privacidad del dormitorio 25 . En estos casos se encontraban con el problema de la uniformidad y de la difícil gestión del equipo común. En mi propuesta se intenta centralizar las opciones de realización del TD, de forma que cada persona vea aumentado su campo de acción a través de la elección y el conocimiento, y a través del campo de acción que adquiere la comunidad de usuarios por su mayor escala. Pero, al mismo tiempo, propone sistemas y herramientas que el usuario individual controla ampliando directamente su espacio de acción.

24. http://somdepoble.com/wiki/index.php?title=Catàleg_d'Arbres_Monumentals 25. Hayden, Dolores. Op. cit.

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La centralización de las cocinas en Mutxamel hace que el reciclaje de aguas y residuos tenga mayor repercusión y que se pueda colonizar la red de riego compitiendo con otros aportes de agua. El sistema de suscripción permite personalizar la dieta dentro la oferta culinaria y decidir si queremos productos orgánicos, locales o ambos. Pero el sistema de cocina diferida, las cocinas satélite y las máquinas expendedoras hacen que cada persona pueda cocinar y aumenta sus posibilidades con el conocimiento que entre todos han organizado en un libro de recetas.

En la Baixa el sistema de módulos y la escalera redundante permiten crear recorridos de regeneración del cuerpo personalizados. Al mismo tiempo permite cortar tramos al paso y usar módulos individualmente para crear zonas de privacidad. Compartir los módulos hace que haya más posibilidades de baño para todos, pero el privatizar unos tramos de la escalera amplía otros y los convierte en espacios más públicos. Así que la escalera es un objeto claro de negociación entre los habitantes y los usuarios de equipamiento. Sin embargo, la dependencia de la industria para la fabricación de los módulos de baño y la mecanización de la limpieza, hace que se encoja el campo de acción. Se propone que el equipamiento funcione como un 26 Living Lab , donde los usuarios y los productores innovan conjuntamente. A través del sistema de monitorización de gastos, temperatura y humedades se crea una comunidad de expertos usuarios que colabora con las innovaciones de la industria pudiendo dirigirlas.

26. http://www.openlivinglabs.eu/aboutus

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