PERCEPCION

La percepción como construto social.

La psicología ha definido a la percepción como el proceso cognitivo de la conciencia que consiste en el reconocimiento, interpretación y significación para la elaboración de juicios en torno a las sensaciones obtenidas del ambiente físico y social, en el que intervienen otros procesos psíquicos entre los que se encuentran el aprendizaje, la memoria y la simbolización. (Luz Maria Vargas Melgarejo, Pág. 87). La elaboración de juicios, es tenida en cuenta tanto para psicólogos como filósofos como una de las características básicas de la percepción (Luz Maria Vargas Melgarejo, Pág. 87). La percepción ha sido tratada dentro del ámbito de los procesos intelectuales conscientes, en un modelo lineal en donde el individuo es estimulado, tiene sensaciones y las intelectualiza formulando juicios u opiniones sobre ellas, circunscribiendo a la percepción en el ámbito de la mente consciente en donde el individuo se da cuenta de que percibe ciertos acontecimientos y repara en el reconocimiento de estos. Por otro lado, en el plano inconsciente de la percepción se llevan a cabo los procesos de selección (inclusión y exclusión) y organización de las sensaciones. Esta mediación impulsa a evaluar lo que en determinado momento interesa de entre todas las posibles manifestaciones sensibles del ambiente permitiendo la adaptación de los miembros de una sociedad. La adaptación de este modelo de percepción al ámbito social proviene de la impronta moderna que posee la psicología social de la actualidad. Hoy en día las bases del conocimiento se fundamentan en la epistemología de este y de su impacto en el ámbito social. La civilización moderna en el campo de las ideas nace con la distinción entre naturaleza material y espiritual, entre naturaleza y conciencia, “por la distinción del pensamiento con las cosas”. En el pensamiento moderno se da una coincidencia entre progreso social y personal (Eduardo Crespo, Pág. 84) Según Heider, quien reconoce que para el estudio de las interacciones sociales es necesario que el individuo acepte la “teoría de otras mentes”, reconoce que existen dos principios en los que se apoya el conocimiento y que motivan las acciones sociales. Por un lado, el conocimiento es generado de una manera fenomenológica, es decir, que se da a través del contacto entre la persona y el medio generador de la experiencia. En segundo lugar, el conocimiento puede surgir de forma causal, en donde el individuo analiza las

condiciones que hacen posible que se produzca la experiencia perceptiva. Este autor se plantea como objetivo el desarrollo de una psicología de las relaciones interpersonales, suponiendo el uso de una psicología cotidiana y común donde los sujetos perciben e interpretan las situaciones en función de la teoría de las mentes, como mencionamos anteriormente. Cabe resaltar aquí a uno de los elementos importantes que definen a la percepción, el reconocimiento de las experiencias cotidianas, porque permite evocar experiencias y conocimientos previamente adquiridos a lo largo de la vida con los cuales se comparan las nuevas experiencias, lo que permite identificarlas y aprehenderlas para interactuar con el entorno. De esta forma, a través del reconocimiento de las características de los objetos se construyen y reproducen modelos culturales e ideológicos que permiten explicar la realidad con una cierta lógica de entre varias posibles, que se aprende desde la infancia y que depende de la construcción colectiva y del plano de significación en que se obtiene la experiencia y de donde ésta llega a cobrar sentido. Se podría llegar a decir que la percepción es biocultural, ya que depende de los estímulos físicos y sensaciones involucrados. Las experiencias sensoriales se interpretan y adquieren significado moldeadas por pautas culturales e ideológicas específicas aprendidas desde la infancia. La selección y la organización de las sensaciones están orientadas a satisfacer las necesidades tanto individuales como colectivas de los seres humanos, mediante la búsqueda de estímulos útiles y de la exclusión de estímulos indeseables en función de la supervivencia y la convivencia social. La percepción como mecanismo social de adaptación, si se lo considera de esta forma, depende de la ordenación, clasificación y elaboración de sistemas de categorías con los que se comparan los estímulos que el sujeto recibe con estímulos adquiridos en una experiencia pasada, pues conforman los referentes perceptuales a través de los cuales se identifican las nuevas experiencias sensoriales transformándolas en eventos reconocibles y comprensibles dentro de la concepción colectiva de la realidad. Es decir que, mediante referentes aprendidos, se conforman evidencias a partir de las cuales las sensaciones adquieren significado al ser interpretadas. Este proceso de formación de estructuras perceptuales se realiza a través del aprendizaje mediante la socialización, de manera implícita y simbólica en donde median las pautas ideológicas y culturales de la sociedad.

Las experiencias perceptuales proporcionan la vivencia para la construcción de las evidencias; al mismo tiempo, que son confrontadas con el aprendizaje social donde los modelos ideológicos tienen un papel importante en la construcción de elementos interpretativos que se conciben como la constatación de la realidad del ambiente. A través de la vivencia la percepción atribuye características cualitativas a los objetos o circunstancias del entorno mediante referentes que se elaboran desde sistemas culturales e ideológicos específicos construidos y reconstruidos por el grupo social, lo cual permite generar evidencias sobre la realidad (Luz Maria Vargas Melgarejo, Pág. 89,1995). Así, la habilidad perceptual real queda subjetivamente orientada hacia lo que socialmente está “permitido” percibir. Entonces, a partir de la percepción se pone de manifiesto el orden y la significación que la sociedad le asigna al ambiente. Según Berkeley, exponente del modelo constructivista, la percepción de la tercera dimensión seria producto de la experiencia. Proponía que las sensaciones visuales se asociaban con las sensaciones kinestesicas (movimiento de brazos y piernas) en los intentos de querer asir el objeto, y con las sensaciones de convergencia y acomodación que ocurren para mantener en foco el objeto. Dada esta combinación de variantes perceptuales el individuo es capaz de poder evocar en él mismo el recuerdo de experiencias kinestesicas pasadas para captar el objeto. Al igual que en los párrafos anteriores la capacidad de percibir objetos se basa en poder recurrir al recuerdo de experiencias anteriores en las que aprendimos y adquirimos hábitos y conocimientos que son socialmente aceptados, a través de los cuales podemos otorgar de significado la realidad en la que nos movemos y a la vez comprenderla. Percibir no es experimentar una multitud de impresiones que conllevarían unos recuerdos capaces de complementarlas; es ver cómo surge, de la constelación de datos, un sentido inmanente sin el cual no es posible hacer invocación ninguna de los recuerdos (…), es penetrar el horizonte del pasado y desarrollar progresivamente sus perspectivas encapsuladas hasta que las experiencias que aquél resume sean vividas nuevamente en su situación temporal. Percibir no es recordar. (Merleau-Ponty, 1975: 44) La percepción es la puerta de entrada del mundo a la mente. A través de los sistemas perceptuales la mente captura la información proveniente del ambiente a la par de que los provee de sentido para actuar de un modo adaptativo en el medio. Comprende la

habilidad para la producción del pensamiento simbólico, que se conforma a partir de estructuras culturales, ideológicas, sociales e históricas que orientan la manera cómo los grupos sociales se apropian del entorno. Según Sternberg la percepción como el conjunto de procesos por medio de los cuales nuestra mente organiza y dota de significado a las sensaciones generadas por los estímulos ambientales (1999) No sólo desde la perspectiva psicológica la percepción es vista como mecanismo social, ya lo demuestran los diccionarios enciclopédicos que definen a la percepción como” la sensación que resalta de una impresión material hecha en nuestros sentidos” El modelo de la percepción no solo es dominante en el ámbito de la psicología sino que además funciona como paradigma de lo que es la relación de conocimiento. Tomar a la percepción como prototipo de conocimiento supone entender el conocimiento como la relación entre un sujeto y objeto claramente diferenciados: el sujeto que percibe y el objeto percibido (Eduardo Crespo, Pág. 85).

Introducción En el siguiente trabajo se expondrá el concepto de percepción tratado desde una perspectiva social. En la actualidad el hombre es entendido desde su aspecto individual en relación con los otros., es decir, que se estudia como influyen las decisiones personales en el entorno en el que se maneja el sujeto, o sea en el ámbito social. La percepción es vista como un mecanismo que nos da la posibilidad de captar los estímulos de nuestro entorno para otorgarle significado a nuestras experiencias. Como todo mecanismo social depende de las normas que rigen dentro de la comunidad, que determinan la aceptación o el rechazo de comportamientos o acciones especificas. Mediante el proceso perceptual se adquieren conocimientos universales, dentro de la sociedad, que luego utilizaremos en el día a día para darle significado y validez a nuestras acciones. La percepción de los estímulos nos permite la creación de conocimientos basados en las experiencias perceptuales por las que atravesamos cotidianamente. La capacidad de percibir el mundo que nos rodea nos ofrece la posibilidad de desenvolvernos en la comunidad, de sobrevivir y adaptarnos a los cambios constantes por los que atraviesan las sociedades de la actualidad.

Bibliografía

Fernández Humberto. Lecciones de psicología cognitiva. Cap I. Págs. 12-13. Enciclopedia universal Espasa Calpe. Volumen 30, Pág. 9150. Buenos Aires. Argentina 2005. Editorial planeta S.A.I.C. Melgarejo Luz Maria. “Sobre el concepto de percepción” .1994. Pág. 47-53. Eduardo Crespo. “De la percepción a la lectura: el conocimiento como practica social”. Vol. 5. Universidad de Oviedo. España. Págs. 83-90.

Conclusión

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