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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

PROGRAMA PARA LA FORMACION SOCIO-POLITICA


MODULO II

“1.806 - 2.006 BICENTENARIO DEL JURAMENTO DEL


GENERALÍSIMO FRANCISCO DE MIRANDA Y AÑO DE LA
PARTICIPACIÓN PROTAGÓNICA Y EL PODER POPULAR”

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Copyright, 2006.

Advertencia

Esta obra es propiedad de Centro de Educación y Adiestramiento de


Recursos Humanos PDVSA Refinación, Asociación Civil y Filial de
Petróleos de Venezuela S. A. y la Cooperativa Armonía. Está protegida por
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Teléfono: (0281) 260.76.00 – 260.76.11.
Cooperativa Armonía. Teléfono: 0416-394.48.63.

Mayo 2006. 1era. Versión

PROGRAMA PARA LA FORMACION SOCIO-POLITICA. MODULO II

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I N D I C E

Pág.
Introducción 4
Características del Taller 6
Tríptico del Taller 8
Por qué un curso de Análisis Sociopolítico 10
Evolución Histórica de las formaciones Económico Sociales de la
Humanidad 18
El Cooperativismo 24
Manifiesto Comunista Ilustrado 30
El Manifiesto Comunista. Prefacio. Burgueses y Proletarios.
Proletarios y Comunistas 78
El Papel de la Preservación del Poder a través de la Ideología 98
¿Quién manda en el Mundo? 113
Glosario de Términos 116
Anexos
Sobre el ALBA
Palabras Anti-Imperialistas

INTRODUCCION

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La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela plantea un
importante reto para interpretar, abordar y ejecutar las demandas regionales,
nacionales e internacionales de la población.

PDVSA, la Empresa más importante del Estado Venezolano no puede


estar ausente de una responsabilidad de tal magnitud. Por tal razón, en el
marco de la Política Social que impulsa el Gobierno Revolucionario, ha
asumido la Formación Socio Política de su Personal y de las Comunidades
del entorno, a sabiendas de que el conocimiento y la organización de la
Sociedad, fundamentada en una sólida educación socio política de sus
miembros es un prerrequisito para llevar adelante la participación ciudadana
promotora de políticas y gestión comprometida con la equidad y la justicia
social. De este modo, la participación ciudadana consciente y la contraloría
social de los sectores excluidos del poder son un instrumento promotor y
formulador de políticas transformadoras. La conciencia y organización del
pueblo en diferentes estructuras sociales permiten sumar fuerzas, clarificar
necesidades y demandas, al mismo tiempo que profundizar los
compromisos, la cooperación y la solidaridad efectivamente en el ejercicio y
control de esas políticas con las cuales se identifica, elevando así los niveles
de protagonismo y poder popular en aras de consolidar su propio proyecto
transformador.

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La Formación Socio-Política propuesta se ha diseñado en tres Talleres
de 24 horas cada uno, los cuales serán administrados a lo largo del año.
Este material corresponde al Módulo II de los Talleres citados anteriormente.
Los mismos pretenden orientar la praxis de los trabajadores de PDVSA, en
tanto en cuanto proveen elementos y categorías de análisis basados en los
principios y valores que rigen el nuevo tejido social, económico y cultural que
se construye en el país, centrado en la búsqueda del Bien Común, que como
pueblo ancestral siempre nos ha identificado y cuya expresión está reflejada
en nuestra CRBV.

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CARACTERISTICAS DEL TALLER

Objetivo General: Valorar la importancia del conocimiento del proceso


histórico de cambios y transformaciones vinculados a la estructura social,
económica y cultural de país, en virtud de elevar los niveles de conciencia y
compromiso de los trabajadores en la construcción de la nueva PDVSA y su
relación con las comunidades.

Dirigido a: Todo el Personal de PDVSA.


Duración: 24 horas.
Modalidad: Presencial.
Estructura del Contenido: Se presenta centrado en 3 áreas
específicas.
1. Análisis de la Evolución Histórica de las Formaciones Económico-
Sociales y las Condiciones que la determinan.
2. Conceptualización y Análisis de Términos Político-Económico-
Sociales y las Transformaciones que de ellos como procesos se
derivan.
3. Promoción de Acciones Organizativas para construir espacios de
Participación en las Estructuras Existentes y Creación de Nuevas
en el marco de la CRBV.
Estrategias Metodológicas: Las estrategias utilizadas deben
contribuir tanto a la formación crítica como a la creativa. La estrategia
pedagógica de talleres de discusión abierta sobre la base de materiales
audiovisuales, previamente observados y/o leídos por los participantes y la
realización de ejercicios y dinámicas experienciales de grupo, permitirán
visualizar en la práctica el conocimiento teórico ofrecido.

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Es muy importante la plena participación de los talleristas para lograr
el aprendizaje significativo y con pertinencia socio cultural.

Recursos Instruccionales: Se utilizarán proyecciones audiovisuales,


lectura – análisis – interpretación y producción de textos en el marco de las
discusiones socializadas. Adicionalmente se utilizará rotafolio y manual del
participante. Se fomentará y estimulará la conformación de equipos de
trabajo, asignación de ensayos, exposiciones y elaboración de propuestas
pertinentes, entrega y discusión dirigida del material formativo y se procurará
la elaboración y exposición de conclusiones en cada sesión de trabajo.

Estrategia de Evaluación: En cada sesión se evaluará el logro


obtenido por los participantes mediante la auto evaluación, coevaluación y
heteroevaluación.

Administración General del Taller: (Se anexa tríptico).

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POR QUÉ UN CURSO DE ANÁLISIS SOCIOPOLÍTICO

Los venezolanos vivimos un dilema: hemos experimentado en muy pocos años el


paso de la Venezuela rural a una Venezuela moderna; de las dictaduras caudillistas y las
autocracias modernizantes hemos ido pasando a una balbuceante democracia con
mayores oportunidades de ejercer las libertades políticas. Pero, sentimos
simultáneamente una insatisfacción profunda por la realidad que cotidianamente
palpamos. Sabemos que hemos recorrido un camino y alcanzado algunos logros, pero la
diaria experiencia de la injusticia y la desigualdad nos lleva a intuir que quizás no es la
senda adecuada para llegar a lo que desde los tiempos de la colonización hemos aspirado
como pueblo: ser una sociedad de hombres libres, en la que la igualdad sea la base de la
justicia y el aporte de cada uno según sus capacidades permita la satisfacción de las
humanas necesidades de todos.

El conocimiento a fondo de ese proceso y de la realidad actual es una exigencia


fundamental de ese sentimiento de insatisfacción. Tenemos que pasar de ese nivel de
percepción a la posesión de los instrumentos de análisis que nos permitan precisar las
verdaderas relaciones que se dan en nuestra sociedad, las razones por las que se toman
unas decisiones y no otras y las alternativas viables para lograr una Venezuela más
cercana a nuestros ideales.

1. CONOCER LA PROPIA REALIDAD NO ES FÁCIL

Normalmente tenemos la conciencia de que conocemos el mundo y la realidad que


nos circunda. Hemos nacido en una situación determinada y nos parece natural que las
cosas sean como nos han enseñado. Por eso, a veces es muy difícil convencernos de la
necesidad de hacer un esfuerzo por conocer la sociedad en la que vivimos pues basta,
decimos, con vivir todos los días en ella.

Sin embargo, en la medida en que hacemos ese esfuerzo por conocer nos damos
cuenta que las cosas no son como aparecen. Nos damos cuenta, poco a poco, de que las
explicaciones que se nos transmiten sobre la realidad que estamos viviendo, más que

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ayudarnos a comprender las raíces verdaderas de ella lo que hacen es esconder esa
situación. Vivimos, pues, en una sociedad con una gran habilidad para esconder a los ojos
del pueblo las verdaderas razones y relaciones por las cuales vivimos como vivimos.

La razón profunda de esta situación reside en el hecho de que los seres humanos
necesitamos para conocer de unas mediaciones, pues no tenemos acceso directo a las
situaciones que queremos conocer. En otras palabras, nuestro conocimiento del mundo,
de la sociedad, de las personas que nos rodean y de nosotros mismos no se da
separadamente, sino que forma parte de ese conjunto de relaciones que nos especifican
como personas que viven en un tiempo determinado y en un espacio determinado. Por
eso decimos entonces, que todo conocimiento humano es mediado por la interrelación de
los hombres entre sí y de los hombres con las cosas.

Pongamos un ejemplo sencillo. El idioma es una de las mediaciones más


importantes de nuestro conocimiento. Porque hablamos en castellano y no en inglés o en
yekuana, expresamos las cosas que vemos y sentimos de una determinada manera que
nos identifica con una cultura y con un universo simbólico determinado. La lengua
española se convierte para nosotros en un vehículo fundamental de nuestro pensamiento
y de cómo nos relacionamos con los demás hombres, y con la naturaleza y hasta de cómo
nos entendemos nosotros mismos.

Por estas razones decimos que nuestro conocimiento ordinario de la sociedad


venezolana está mediado por las relaciones sociales predominantes en ella y que para
conocer realmente esas relaciones es necesario tomar conciencia de la manera en que
funciona el conocimiento humano.

Veamos otro ejemplo. Muchas veces decimos y oímos decir que las cosas están así
porque los venezolanos somos muy flojos, no nos gusta trabajar, preferimos el bonche al
esfuerzo constante... etc. Como argumento demostrativo se nos señala a los extranjeros
que vienen al país y que a fuerza de trabajar mucho progresan rápidamente. O se
compara la situación de Venezuela con la de los Estados Unidos: nuestra flojera, se nos
dice, ha sido el obstáculo fundamental para explicar por qué nosotros, a pesar de ser un

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país rico, seguimos siendo "atrasados". Si no hacemos un esfuerzo por analizar estos
tópicos terminamos convencidos de que eso es así, aún cuando sabemos la cantidad de
horas de trabajo que supone para cualquier campesino venezolano realizar sus tareas, en
un clima difícil y con escasos recursos técnicos. Lo mismo sucede con la dureza del
trabajo obrero, las dificultades de traslado en nuestras ciudades... y así sucesivamente.
Más falaz resulta la explicación de la flojera si nos ponemos a considerar las relaciones
internacionales, las injusticias en el intercambio de bienes, las oportunidades reales de
preparación... En fin, nuestro conocimiento inmediato de la realidad venezolana está
distorsionado por las ideas que manejan los grupos dominantes en el conjunto de
relaciones sociales que sirven de mediaciones a nuestro conocimiento.

En el tipo de relaciones económicas, políticas e ideológicas que se dan en una


sociedad capitalista como la venezolana, las mediaciones del conocimiento funcionan más
bien como mediatizaciones, es decir, encubren la realidad en lugar de hacerla manifiesta.
Y esto no es por casualidad, sino porque es una de las maneras más efectivas de
asegurar el actual estado de cosas en el que unos pocos acaparan todos los privilegios y
recursos de la sociedad, a costa del aporte de todo el pueblo.

En resumen, el conocimiento ordinario, normal, que tenemos de nuestra propia


realidad es un conocimiento mediatizado por unas relaciones sociales en las que una
minoría, a través del uso de los medios de comunicación, del sistema educativo y del
control de las imágenes, del mundo que se transmiten a los venezolanos, impone a la
mayoría una manera de ver y conocer las cosas que favorecen o protegen los propios
intereses.

De allí que propongamos la necesidad de conocer el fondo de nuestra realidad


venezolana y tratemos de encontrar aquellas mediaciones del conocimiento que nos
lleven a descubrir la verdadera conformación de las relaciones sociopolíticas que vivimos.
Así nos desprendemos también de las mediatizaciones actuales que nos llevan a ver a
Venezuela como quieren que la veamos quienes hoy la controlan (y afianzar así su poder
sobre la mayoría que como vive la realidad desde la injusticia y la opresión, debe verla
desde allí para tratar de transformar su actual forma de vida).

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Este es el objetivo que pretenden conseguir los 30 folletos del Curso de Formación
Socio-Política. No tratan de ofrecer un análisis exhaustivo de la compleja realidad
venezolana sino de proporcionar instrumentos y perspectivas descubridoras de la realidad
para que sean los mismos lectores quienes, así armados, pueden profundizar en el
conocimiento de su propia situación.

2. CONOCER A VENEZUELA: ¿DESDE DÓNDE?

Una consecuencia inmediata de la reflexión que venimos haciendo es que si todo


conocimiento es situado, es decir, se realiza desde una perspectiva determinada que
influye en la manera como se conoce, en las mediaciones necesarias del conocimiento y
hasta en el objeto mismo de lo que se conoce, no queda más remedio que situarse para
conocer y hacerlo conscientemente, escogiendo la perspectiva desde donde se quiere
conocer. Este es el primer paso para salir de las mediatizaciones impuestas por la
situación vigente y colocarse en una perspectiva que permita encontrar las explicaciones
reales de la vida actual del pueblo venezolano.

Ese situarse para conocer no es una acción meramente abstracta o "académica" que
afecta solamente al plano del conocimiento, es ya un primer conocimiento de la realidad y
una primera opción sobre el bando que se toma en esa realidad.

Si nos dejamos llevar por la corriente dominante nos situamos en la perspectiva de


quienes dominan. Es lo que pasa cuando no hemos tomado conciencia de la dominación
misma y de la posibilidad de situarse de la parte de los dominados, puesto que si hay una
manera dominante de entender las cosas, es porque hay dominadores en la realidad y
porque hay dominados que tienen también su manera de conocer y de ver la realidad
aunque no sea reconocida.

En otros términos, decimos que la comprensión de esa realidad de injusticia y


desigualdad que experimentamos todos los días, de esa paradójica situación de un país
con recursos humanos y económicos, que ha avanzado por el camino de la democracia y
que mantiene a gran parte del pueblo en condiciones inhumanas, puede hacerse desde

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un punto de vista distinto al de los que se benefician directamente de ella.

Podemos intentar conocer las raíces de la sociedad venezolana desde la óptica del
pueblo, de la mayoría que sólo percibe una pequeña parte de la distribución de la renta
nacional y su voz no cuenta en las decisiones políticas.

Ver a Venezuela desde la no-vida de las mayorías, desde la experiencia misma de


la injusticia, desde quienes no tienen una mirada y una voz reconocida por el conjunto de
la sociedad, es el esfuerzo al que invitamos a quienes se quieren acercar a conocer a
Venezuela a través de este Curso de Formación Sociopolítica.

Queremos conocer la realidad venezolana desde el pueblo. Pero, ¿quiénes forman


parte del pueblo?

Pueden hacerse infinidad de disquisiciones sobre quienes conforman ese pueblo.

En una primera aproximación pudiéramos decir que todos somos pueblo. Por lo
menos nadie está dispuesto a reconocer que no forma parte. Más aún los dirigentes de la
nación se sienten "representantes" del pueblo y hablan a nombre del pueblo venezolano.
Sin embargo, esa primera identificación se da cuando pueblo significa algo bueno, cuando
se identifica con la nación o con el ser venezolano. Pero esas mismas personas se
empeñan en distinguirse del pueblo cuando se dan cuenta que se trata de gente inculta,
"desordenada", iPobrecita!...

Cuando sugerimos conocer la realidad desde el pueblo nos estamos precisamente


refiriendo a esa gente común, a lo que todo el mundo entiende cuando se dice ¡esa es
una mujer del pueblo! Nos referimos a ese grupo social que todos reconocemos como
popular en una primera intuición, antes de tratar de identificarnos o distinguirnos de él por
razones políticas, económicas o culturales.

Ese grupo social que reconocemos como pueblo no es fruto de una caracterización
caprichosa. Existen condiciones económicas, políticas e ideológicas que hacen que ese

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grupo exista y esté formado por esas personas y no por otras. La sociedad venezolana de
hoy funciona en la forma que funciona porque existe ese pueblo viviendo de esa manera.
Y allí es donde se dirige el esfuerzo de comprensión del presente curso sobre la realidad
venezolana.

Situarnos en la perspectiva del pueblo para conocer a Venezuela, significa salirnos


de la mirada dominante y reconocer que existe otro sujeto de conocimiento, desde el cual
podemos descubrir aquellos aspectos de la realidad que son encubiertos por la
perspectiva en que se sitúa la ideología de los dominantes.

Pero, conocer a Venezuela desde el pueblo no es sólo escoger una atalaya o una
garita distinta para ver la realidad, es también una opción política, es decir, es situarse del
lado de un grupo social con intereses diferentes a los dominantes. Es, también, situarse
del lado de los que son vistos como incapaces de concepciones propias, como inferiores y
atrasados. La invitación es, entonces, a hacerse parte de ese sujeto de conocimiento que
es el pueblo venezolano.

3. CONOCER QUÉ Y PARA QUÉ

El objeto de ese esfuerzo por conocer es Venezuela, esa compleja interrelación de


personas que producen y consumen, que votan y discuten, que trabajan y se divierten,
que se angustian y cantan, que sufren y sueñan dentro de los límites geográficos
venezolanos y unidos alrededor de la identidad de la nación venezolana.

Queremos conocer a Venezuela porque nos sentimos profundamente vinculados a


su gente y su vida. Porque queremos entender el por qué de las situaciones que nos
golpean diariamente, pero sobre todo queremos conocer a Venezuela porque queremos
contribuir a construir una sociedad distinta, más cercana a lo que entendemos por vida
humana para todos.

La razón última del interés por Venezuela está en el impulso que sentimos por su
transformación en la línea de los intereses de ese pueblo que hemos escogido como

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sujeto y perspectiva de conocimiento. Por eso no nos motiva el conocimiento desde la
mirada del grupo dominante que nos enseñaría fundamentalmente los caminos para
hacernos uno más de ellos, para seguir el actual camino de la sociedad, convirtiéndonos
en uno de los que pueden disfrutar más directamente de sus beneficios, o, más
probablemente, en uno que se pasa toda la vida aspirando a disfrutar de esos beneficios
sin lograr otra cosa que garantizar el disfrute de los que ya los tienen. Nos motiva el
conocimiento desde la vida del pueblo porque queremos comprometemos en la
realización de un proyecto de vida para el pueblo, porque queremos que Venezuela sea
una sociedad organizada de tal manera que promueva la vida de las mayorías y la expe-
riencia nos dice que no es esa la actual dirección del proceso.

Por eso, dedicamos una parte de este folleto a la explicación de los principales
instrumentos de análisis que nos van a permitir desentrañar la realidad venezolana.
Intentamos poner en claro cómo la sociedad venezolana es un conjunto determinado de
relaciones entre hombres que abarcan los diversos niveles de la vida humana y cómo
esas relaciones están ordenadas de acuerdo a unos intereses determinados mediante el
poder, categoría que proponemos como elemento básico del análisis de nuestra realidad.
Clarificaremos, también, qué es eso de la estructura de la sociedad y de las diversas
coyunturas que se van presentando. En este folleto explicamos los conceptos que serán
después mejor comprendidos en los diferentes folletos de todo el Curso de Formación
Sociopolítica.

Pero, no podemos quedarnos en el análisis desubicado, pues hemos propuesto una


ubicación precisa desde la que queremos realizar nuestro análisis que sólo encuentra su
pleno sentido en la intención de transformar la realidad, es decir, de luchar para cambiar el
camino por el que transita actualmente la sociedad venezolana, para asegurar un camino
que lleve a la realización de las aspiraciones e intereses del pueblo. De allí que
dediquemos la otra parte de este folleto a dibujar las principales líneas de lo que sería un
proyecto político popular. La parte final se refiere al conjunto del Curso de Formación
Socio política, a las ideas guías que lo conforman y a lo que puede esperarse de él.

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Tomado de: Venezuela: Análisis y Proyectos (Segunda Edición)

Arturo Sosa y otros.


Centro Gumilla. 1.983.

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EVOLUCIÓN HISTORICA DE LAS FORMACIONES
ECONÒMICO-SOCIALES DE LA HUMANIDAD
Ensayo. Marzo de 2006 Aquiles Silva

INTRODUCCIÓN

Para llegar a la comprensión del mundo actual, de la sociedad, sus implicaciones


económicas, políticas, culturales, además del universo de intereses y contradicciones de
cada modo de producción (históricamente determinado en cada sociedad particular), es
necesario realizar un recorrido por las condiciones Sociales y Económicas
determinantes de cada formación económico social; en los distintos momentos de la
historia de la humanidad y en cada contexto particular.

La realidad económica (determinada por los modos de producción) de un pueblo


es la que en definitiva, determina la situación política, el quehacer cultural y las
relaciones que se establecen en cada uno de los individuos y grupos de individuos con
los demás miembros de la sociedad, en atención a la comunidad de intereses de los
grupos y a las dinámicas contradicciones presentes en cada grupo humano.

Es en ese sentido que pretendemos iniciar el recorrido por los espacios y


momentos de la historia, en un vuelo documental inferencial o ejercicio de arqueología
intelecto-reflexiva, que active la discusión sobre evolución histórica de los hombres y
mujeres que formaron y forman los pueblos.

Lógicamente nuestra deliberada actitud, provocadora, pretende generar reflexión


en cada caso, en cada tema discutido de forma tal que concluyamos que: todo lo que
conocemos de nuestra realidad tiene un fondo profundo de antecedentes que no se
exhiben en lo aparente.

Y que la dialéctica es la herramienta que posibilita establecer las relaciones dentro


de la esencia de las cosas, con los procedimientos instrumentales necesarios para
coincidir en que: las contradicciones, en el interior de las cosas y las sociedades, son la

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energía del cambio en evidencia constante; que se mantiene vigente “desde que el
mundo es mundo” antes y mas allá.

APARICIÓN DE LA ESPECIE HUMANA (MUJER Y HOMBRE) EN LA TIERRA.

Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer,


y no se avergonzaban.
Genesis2:24.

Es definitivo el hecho de que plantearse una discusión sobre la legitimidad de una


de las dos posturas explicativas (Una idealista otra Materialista) que pretenden explicar la
presencia de la especie humana (Mujer y Hombre) sobre la tierra, es un tema: cuya única
utilidad ha consistido en disociar a los iguales, lanzándolos a los extremos de posiciones
arraigadas; impidiéndose así, la visualización de los aspectos y problemas
fundamentales que habrían tenido tratamiento y respuestas mas eficientes a los fines de
mejorar las condiciones espirituales y materiales de existencia de los pueblos.

Por ello, dedicaremos el empeño especial a la aprehensión de las relaciones


presentes en los grupos humanos en sociedad, los esfuerzos productivos y la distribución
de lo obtenido en el trabajo, los avances y el aprendizaje por descubrimiento.
Dejándole a los arqueólogos y otros especialistas, la responsabilidad del estudio del
mero origen de la especie.

Desde la Perspectiva Materialista histórica se concibe que el hombre fue


desarrollando progresivamente sus habilidades para lograr alcanzar del entorno los
alimentos y condiciones que garantizaran su supervivencia y ulterior desarrollo como
especie. En el ensayo de F Engels. “El papel del trabajo en la transformación del mono
en hombre” se puede observar como el Homo Sapiens comienza a especializar el
manejo de sus manos para asir los materiales, recolectar frutos de la tierra, defenderse
de los depredadores y progresivamente elaborar armas, utensilios y mas adelante
instrumentos y herramientas de trabajo.

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Es harto ilustrativo el titulo del ensayo de Federico Engels en cuanto al
determinante papel DEL TRABAJO en la evolución de la humanidad, su poder
transformador de la materia y de sus componentes espirituales.

La ciencia y el cine han estimulado la abstracción para que podamos situarnos en


los espacios y momentos del transito lento de la humanidad hasta el aquí y ahora, este
día que nos contiene y nos habita.
PERO ¿Cómo vemos a los humanos en esos primeros momentos del poblamiento de
la tierra?.

El ejercicio del presente ensayo nos dará pistas para caracterizarlo, y es posible
que coincidamos en:

-Vive en cavernas.
-Tiene barba y pelos por todo el cuerpo.
-Protegido con pieles.
-Se comunica con sonidos guturales, empujones, garrotazos y gritos.
-Se calienta en fogatas.
-Es omnívoro.
-Es recolector.
-No tiene escritura.
-Es temeroso de la Naturaleza.
-Es nómada.
-vive agrupado en Clanes.
-Constituye comunidades.

Y es que en el vuelo inferencial (inducido por toda la información precedente del


acervo cultural educativo) que realizamos, encontramos que la especie humana es
fundamentalmente gregaria (vive en comunidades). Y a partir de esa condición nos
explicamos como, apoyados cooperativamente, lograron los clanes superar las adversas
condiciones y aprovechar, a la vez, las bondades y beneficios del medio circundante.

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Siempre el trabajo presente.

Siempre el trabajo, ese componente empírico que posibilita la adquisición del


conocimiento permanente, sistemático (no escolar) en los primeros grupos humanos
trashumantes, recolectores y cazadores que durante millones de años hicieron caminos
en los diferentes espacios del planeta azul.

En este primer estadio de desarrollo de la humanidad:

NO EXISTE:

-La propiedad privada.

-El dinero.

-La acumulación Originaria de capital.

-El intercambio Mercantil.

-La explotación del hombre por el hombre.

Este primer periodo esta caracterizado por el trabajo solidario, por la equidad en el
reparto de los productos de la recolección, la cacería y la pesca. Es decir, todos trabajan
para la satisfacción de las necesidades materiales de existencia de la comunidad.

LAS COMUNIDADES PRIMITIVAS.

Las primeras agrupaciones humanas transitan largos periodos, hasta que


comienzan a diferenciarse unas: porque permanecen en clanes nómadas recolectando y
aprovechando lo que la naturaleza les provee. Y otras: que progresivamente se
establecen en espacios aptos para la agricultura, originando asî los primeros

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asentamientos poblacionales y en consecuencia :la Primera Gran División del Trabajo al
dividirse los clanes en: Recolectores y cazadores por una parte, y los agricultores.

LA COMPOSICIÒN DEL CLAN

Desde la interpretación que hace Engels en su trabajo “El origen de la familia, la


propiedad privada y el Estado”; al referirse a los trabajos realizados por Morgan y otros
estudiosos, se desprende que los grupos familiares se organizaban de diferente forma en
atención a los espacios geográficos y a los logros culturales de cada comunidad en
particular:

En unas comunidades el matriarcado, en otras la familia sindiàsmica (iroqueses


Norteamérica), en otras los hijos eran de toda la comunidad y los adultos velaban por su
integridad y satisfacción de necesidades básicas (indígenas Suramericanos).

Entendido, además, que el avance de los grupos humanos, hacia la consecución


de mejor calidad de vida, no operaba uniformemente en toda la parte poblada del planeta
y que el mayor o menor avance en ese sentido; estaba indefectiblemente ligado al mayor
o menor desarrollo de las actividades productivas y las subsecuentes relaciones que de
allí se desprenden.

LA PROPIEDAD PRIVADA

La rabia es mío eso es mío solo mío.


Silvio Rodríguez.

Ahora, a manera de conclusión, podemos discernir, en el ejercicio creativo, sobre


el momento en el cual aparece el concepto de mío, es decir, de la propiedad privada.

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Inferimos que a partir de la primera gran división social del trabajo, de alguna
manera el establecimiento de las comunidades en asentamientos, la ulterior labor
agrícola y la domesticación de animales, dieron a los habitantes de los poblados fijos la
propiedad sobre los productos obtenidos en sus pequeñas huertas y sobre los animales
domesticados.

Esta situación propicio la incipiente aparición de la propiedad familiar sobre los


bienes derivados de la actividad productiva. Sin que la sola aparición del concepto
implicase la acumulación y la explotación de los otros por los primeros propietarios.

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EL COOPERATIVISMO

El Cooperativismo es una doctrina económico social basada en la conformación


de asociaciones económicas cooperativistas en las que todos los miembros son
beneficiarios de su actividad según el trabajo que aportan a la actividad de la
cooperativa. El trabajo que aporta cada socio de una cooperativa se convierte en
beneficio para él mismo y, para todo el grupo de trabajo conformado por todos los
miembros de la cooperativa.

El Cooperativismo promueve la libre asociación de individuos y familias con


intereses comunes. Su intención, es poder construir una empresa en la que todos tienen
igualdad de derechos y en las que el beneficio obtenido se reparte entre sus asociados
según el trabajo que aporta cada uno de los miembros.

A nivel Económico su objetivo es la reducción del precio de venta, de compra,


mejorar la calidad de vida de los participantes, etc.

Como organización social, el cooperativismo promueve la gestión democrática y la


eliminación del beneficio capitalista. Esto, además de defender el trabajo como factor
generador de la riqueza.

El sistema cooperativista tiende a convertirse en centros de formación,


fortaleciendo los valores humanos, sociales, de colectivo y, por supuesto, del
Cooperativismo.

Valores Cooperativistas

El Cooperativismo como propuesta que busca el bien común de un grupo de


personas que se asocian y se organizan en una empresa para el alcance de un objetivo,
se orienta por los siguientes valores:

• Ayuda Mutua: El grupo que asume una cooperativa mantiene una interrelación de
apoyo, de trabajo individual en función de la meta común.

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• Responsabilidad: Todas las personas que conforman un grupo cooperativo están
pendientes de cumplir siempre el trabajo que les corresponde. Nunca se permite que el
logro del equipo se pare por haber pospuesto alguna tarea.

• Democracia: La máxima autoridad dentro de un grupo cooperativo es la reunión en


Asamblea de todos sus integrantes. Las decisiones se toman entre todos.

• Igualdad: Todos los miembros de un grupo cooperativo tienen los mismos derechos y
deberes. La asignación de cargos directivos tiene un fin cooperativo pero no existen
privilegios especiales.

• Equidad: Los cooperativistas se comportan siempre de manera justa y equitativa,


entendiendo que el reconocimiento del trabajo aportado por cada asociado es la base del
buen funcionamiento de una empresa cooperativa.

• Solidaridad: El cooperativista siempre está dispuesto a dar apoyo a otras personas.


Jamás es indiferente a la injusticia ni, al atropello de la dignidad humana.

Principios Cooperativistas

Las Cooperativas ponen en práctica sus valores a partir de los principios básicos
del cooperativismo. Principios en los que se asienta el trabajo de las cooperativas como
líneas maestras de su funcionamiento.

Los principios básicos del cooperativismo están contenidos en el artículo 2 de la


Ley General de Asociaciones Cooperativas.

Estos son:

a) “Funcionar conforme a los principios de libre acceso y adhesión voluntaria, y en


consecuencia, con número ilimitado de asociados que serán más de cinco.”

b) “Funcionar según el principio de control democrático, que comporta la igualdad en


derechos y obligaciones de los asociados, y en consecuencia a cada asociado le
corresponde un solo voto, sea cual fuere su participación económica”.

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c) “No estar sujeta a recursos económicos fijos ni duración predeterminada”.

d) “Distribuir excedentes entre sus asociados a prorrata de los servicios recibidos por
éstos, de la cooperativa o del trabajo personal que le hubieren suministrado.” Esto
significa que las ganancias de la cooperativa, siempre que la Asamblea decida que sean
repartidas, serán asignadas según la participación de cada asociado en la generación de
estos excedentes, según el trabajo que haya aportado o la utilización de sus servicios.

e) “Funcionar de acuerdo con el principio de interés limitado sobre el capital”. Esto quiere
decir, que el reparto del excedente se orienta por el trabajo aportado por cada uno de los
asociados y no por el capital proporcionado.

f) “Realizar sus actividades económicas mediante el esfuerzo propio y la ayuda mutua de


sus asociados, el provecho inmediato de éstos y el mediato de la comunidad”.

g) “Funcionar según el principio de neutralidad política y religiosa”.

h) “Fomentar la educación de sus asociados”.

Historia del Cooperativismo

El Cooperativismo emerge como una iniciativa de socializar la propiedad de la


producción mediante la valoración del trabajo como factor primordial de la producción por
encima del capital. Los primeros registros del cooperativismo datan de mitad de siglo XIX
cuando en Inglaterra nacen las primeras cooperativas de consumo. Posteriormente, en
Francia se originan las de producción. Las de créditos nacen en Alemania. Luego, a
finales de ese mismo siglo, el cooperativismo llegó a Latinoamérica con los torrentes de
inmigrantes europeos a Argentina, Uruguay y Sur de Brasil. En ese momento el
movimiento se bifurcaba en dos grandes tendencias ideológicas. Una, la utópica
representada por Charles Gide y su “República Cooperativa”. Otra, la pragmática, que se
fundamentaba en las cajas Raiffeisen de Alemania y en la herencia de la cooperativa de
Rochadle, modelos estos que buscaban mejorar las condiciones de vida de los
trabajadores a través de cooperativas de consumo, ahorro y crédito.

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El grupo más desarrollado en lo que a cooperativismo se refiere está constituido
por los países del sur: Argentina, Uruguay, Sur de Brasil y Chile. En éste último, el
cooperativismo fue desarticulado durante la dictadura del ex presidente, Augusto
Pinochet.

El segundo grupo esta conformado por: México, Costa Rica y Puerto Rico, cuyo
cooperativismo consiguió ciertos niveles de crecimiento.

El tercer grupo está integrado por los países Andinos: Colombia, Venezuela, Perú,
Ecuador y Bolivia. Estos, aparte de los centroamericanos, exceptuando a Costa Rica y
los países del Caribe, con omisión de Puerto Rico. En estos países el cooperativismo
llegó a partir de 1930 por lo que se hace un sistema aún nuevo, además de que,
básicamente se ha limitado al ahorro y crédito y al consumo como áreas de producción.

Vale la pena destacar el caso de la Guyana, antigua colonia inglesa, en donde


algunos mandatarios progresistas han intentado impulsar un modelo socialista,
fundamentado en cooperativas. De ahí que su nombre oficial sea República Cooperativa
de Guyana. No obstante, su falta de estabilidad política y la carencia de reformas, en
este ámbito, al igual que en el social y económico han abolido la implementación del
cooperativismo.

La historia del movimiento cooperativo latinoamericano se divide en cuatro


grandes momentos:

• De finales del siglo XIX a 1930

En esta etapa se inicia y se desarrolla el cooperativismo en los países australes:


Argentina, Brasil, Uruguay y Chile promovido por inmigrantes europeos. Especialmente
franceses, alemanes y suizos.

• A partir de la gran depresión de 1930 a 1960

Como resultado de la gran depresión económica iniciada en la bolsa de Nueva


York a finales de 1929, sus repercusiones se materializaron en América Latina desde los
comienzos de 1930. Fue entonces, bajo la orientación del gobierno norteamericano y las

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uniones de crédito cooperativas estadounidenses, cuando los gobiernos
latinoamericanos se propusieron fomentar el cooperativismo.

Es a raíz del fenómeno de la gran depresión de 1930 cuando se inicia el


cooperativismo en la mayoría de los países andinos: el Caribe y Centro América. Bajo
ese primer aliento nacerían cooperativas de consumo y ahorro y crédito promovidas por
el Estado, patronos y organizaciones religiosas.

En 30 años, los resultados fueron inconsistentes y precarios con pequeñas


cooperativas carentes de principios doctrinarios y de ideología cooperativa, con poco
radio de acción y menor dominio sobre comunidades. Finalmente, escasa contribución de
otras actividades cooperativas.

• Fomento de Cooperativas Agrarias (1960-1970)

En este lapso se promueven iniciativas tendientes a impulsar programas de


reforma agraria con base en cooperativas de producción, suministro de insumos y
comercialización.

Durante esta época, se plantearon programas de reforma agraria que


circunscribían la viva participación de cooperativas en la mayoría de los países
latinoamericanos. Dichos programas fueron de tipo secundario. Es decir, no apuntaban a
quebrar la estructura latifundio-minifundio imperante pues recaían sobre: tierras
excedentes de los grandes latifundios con presencia de conflictos sociales, regiones
marginales o de colonización o sobre territorios atrasados con presencia predominante
indígena.

• El período Neoliberal

Esta etapa comenzó entre las décadas de 1970 y 1980 con la admisión del
neoliberalismo como propuesta para la Modernización de Estados y Sociedades. Esto,
gracias a la globalización económica y al poder regulatorio de las leyes del mercado con
la consecuente apertura de las economías nacionales hacia el mercado mundial y la libre
circulación de capitales y mercancías.

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Durante la implantación del modelo neoliberal, el cooperativismo fue uno de los
medios sociales más afligido. Esto se debe, en primer lugar, por su debilidad doctrinaria
e ideológica. En segundo lugar, a la agresiva competencia entre cooperativas por ganar
clientela, y por último, la falta de cambios estructurales para institucionalizar al
cooperativismo.

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PREFACIO A LA EDICION ALEMANA DE 188312

Desgraciadamente, tengo que firmar solo el prefacio de esta edición. Marx, el


hombre a quien la clase obrera de Europa y América debe más que a ningún otro,
reposa en el cementerio de Highgate y sobre su tumba verdea ya la primera hierba.
Después de su muerte ni hablar cabe de rehacer o completar el Manifiesto. Creo,
pues, tanto más preciso recordar aquí explícitamente lo que sigue.

La idea fundamental de que está penetrado todo el Manifiesto – a saber: que la


producción económica y la estructura social que de ella se deriva necesariamente en
cada época histórica, constituyen la base sobre la cual descansa la historia política e
intelectual de esa época; que, por tanto, toda la historia (desde la disolución del
régimen primitivo de propiedad común de la tierra) ha sido una historia de lucha de
clases, de lucha entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas,
en las diferentes fases del desarrollo social; y que ahora esta lucha ha llegado a una
fase en que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse
de la clase que la explota y la oprime (la burguesía), sin emancipar, al mismo tiempo
y para siempre, a la sociedad entera de la explotación, la opresión y las luchas de
clases -, esta idea fundamental pertenece única y exclusivamente a Marx*.

Lo he declarado a menudo; pero ahora justamente es preciso que esta


declaración también figure a la cabeza del propio Manifiesto.
F. ENGELS
Londres, 28 de junio de 1883.

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* "A esta idea, llamada, según creo - como dejé consignado en el prefacio de la
edición inglesa -, a ser para la Historia lo que la teoría de Darwin ha sido para
la Biología, ya ambos nos habíamos ido acercando poco a poco, varios años
antes de 1845. Hasta qué punto yo avancé independientemente en esta
dirección, puede verse en mi “Situación de la clase obrera en Inglaterra”. Pero
cuando me volví a encontrar con Marx en Bruselas, en la primavera de 1845,
él ya había elaborado esta tesis y me la expuso en términos casi tan claros
como los que he expresado aquí". (Nota de F. Engels a la edición alemana de
1890.)


I
BURGUESES Y PROLETARIOS.

La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros


días** es la historia de las luchas de clases.

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos,


maestros*** y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se
enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y
otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación
revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases
beligerantes.

* Por burguesía se comprende a la clase de los capitalistas modernos, propietarios de los


medios de producción social, que emplean el trabajo asalariado. Por proletarios se
comprende a la clase de los trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios
de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir.
(Nota de F. Engels a la edición inglesa de 1888.)
** Es decir, la historia escrita. En 1847,.1a historia de la organización social que precedió a
toda la historia escrita, la prehistoria, era casi desconocida. Posteriormente, Haxthausen ha
descubierto en Rusia la propiedad comunal de la tierra; Maurer ha demostrado que ésta fue
la base social de la que partieron históricamente todas las tribus teutonas, y se ha ido
descubriendo poco a poco que la comunidad rural, con la posesión colectiva de la tierra, es
o ha sido la forma primitiva de la sociedad, desde las Indias hasta Irlanda. La organización
interna de esa sociedad comunista primitiva ha sido puesta en claro, en lo que tiene de
típico, con el culminante descubrimiento hecho por Morgan de la verdadera naturaleza de la
gens y de su lugar en la tribu. Con la disolución de estas comunidades primitivas comenzó
la división de la sociedad en clases distintas y, finalmente, antagónicas. He intentado
analizar este proceso en la obra "Der Ursprung der Familie, des Privateigenthums und des
Staats" ["El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado".] 2a ed., Stuttgart,
1886. (Nota de F. - Engels a la edición inglesa de 1888. La última frase de esta nota ha sido
omitida en la edición alemana de 1890.)

*** Zunftbürger, esto es, miembro de un gremio con todos los derechos, maestro del mismo,
y no su dirigente. (Nota de F. Engels a la edición inglesa de 1888.

En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes


una completa división de la sociedad, en diversos estamentos, una múltiple
escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos
patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores
feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y, además, el casi todas
estas clases todavía encontramos gradaciones especiales.

La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la


sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha
sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas
formas de lucha por otras nuevas.

Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por


haber simplificado las contradicciones de clase. . Toda. la sociedad va
dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos
grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.

De los siervos de la Edad Media surgieron los villanos libres de las


primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos
de la burguesía.

El descubrimiento de América y la circunnavegación de África


ofrecieron a la burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad. Los
mercados de las Indias y de China, la colonización de América, el intercambio
con las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y de las
mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a la
industria un impulso hasta entonces desconocido, y aceleraron, con ello, el
desarrollo del elemento revolucionario de la sociedad feudal en
descomposición.

El antiguo modo de explotación feudal o gremial de la industria ya no


podía satisfacer la demanda, que crecía con la apertura de nuevos mercados.
Vino a ocupar su puesto la manufactura. La clase media industrial suplantó a
los maestros de los gremios; la división del trabajo entre las diferentes
corporaciones desapareció ante la división del trabajo en el seno del mismo
taller.

Pero los mercados crecían sin cesar; la demanda iba siempre en


aumento. Ya no bastaba tampoco la manufactura. El vapor y la maquinaria
revolucionaron entonces la producción industrial. La gran industria moderna
sustituyó a la manufactura; el lugar de la clase media industrial vinieron a
ocupado los industriales millonarios - jefes de verdaderos ejércitos industriales
-, los burgueses modernos.

La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el


descubrimiento de América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el
desarrollo del comercio, de la navegación y de todos los medios de transporte
por tierra. Este desarrollo influyó a su vez en el auge de la industria, y a
medida que se iban extendiendo la industria, el comercio, la navegación y los
ferrocarriles, desarrollábase la burguesía, multiplicando sus capitales y
relegando a segundo término a todas las clases legadas por la Edad Media.

La burguesía moderna, como vemos, es por sí misma fruto de un largo


proceso de desarrollo, de una serie de revoluciones en el modo de producción
y de cambio.

Cada etapa de la evolución recorrida por la burguesía ha ido


acompañada del correspondiente éxito político30. Estamento oprimido bajo la
dominación de los señores feudales; asociación armada y autónoma en la
comuna*; en unos sitios, República urbana independiente; en otros, tercer
estado tributario de la monarquía31; después, durante el período de la
manufactura, contrapeso de la nobleza en las monarquías feudales o
absolutas y, en general, piedra angular de las grandes monarquías, la
burguesía, después del establecimiento de la gran industria y del mercado uni-
versal, conquistó finalmente la hegemonía exclusiva del Poder político en el
Estado representativo moderno. El gobierno del Estado moderno no es más
que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase
burguesa.

La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente


revolucionario.
Dondequiera que ha conquistado el Poder, la burguesía ha destruido
las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras
feudales que ataban al hombre a sus "superiores naturales" las ha desgarrado
sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío
interés, el cruel "pago al contado". Ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor
religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño
burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad
personal un simple valor de cambio. Ha sustituido "las numerosas libertades
escrituradas y bien adquiridas por la única y desalmada libertad de comercio.
En una palabra, en lugar de la explotación; velada por ilusiones religiosas y
políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal.

* "Comunas" se llamaban en Francia las ciudades nacientes todavía antes de arrancar a sus
amos y señores feudales la autonomía local y los derechos políticos como "tercer estado". En
términos generales, se ha tomado aquí a Inglaterra como país típico del desarrollo económico
de la burguesía, y a Francia como país típico de su desarrollo político. (Nota de F. Engels a la
edición inglesa de 1888.)

Así denominaban los habitantes de las ciudades de -Italia y Francia a sus


comunidades urbanas, una vez comprados o arrancados a sus señores feudales los primeros
derechos de autonomía. (Nota de F. Engels a la edición alemana de 1890.)

La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones, que


hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al
médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al sabio, los ha convertido en
sus servidores asalariados.

La burguesía ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo


que encubría las relaciones familiares, y las redujo a simples relaciones de
dinero.

La burguesía ha revelado que la brutal manifestación de fuerza en la


Edad Media, tan admirada por la reacción, tenía su complemento natural en la
más relajada holgazanería. Ha sido ella la que primero ha demostrado lo que
puede realizar la actividad humana; ha creado maravillas muy distintas a las
pirámides de Egipto, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y
ha realizado campañas muy distintas a los éxodos de los pueblos y a las
Cruzadas.

La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar


incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las
relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La
conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera
condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una
revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las
condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la
época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y
enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante
siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido
osificarse. Todo lo esta mental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es
profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente
sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.

Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus


productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas
partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un
carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con
gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base
nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están
destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya
introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas,
por industrias que .ya no emplean materias primas indígenas, sino materias
primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no
sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En
lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales,
surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de
los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo
aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban a sí mismas, se
establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las
naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la
producción intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en
patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales
resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas
nacionales y locales se forma una literatura universal.

Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción


y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra
a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras.
Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que
derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más
fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no
quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a
introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una
palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.
La burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad. Ha creado
urbes inmensas; ha aumentado enormemente la población de las ciudades en
comparación con la del campo, substrayendo una gran parte de la población al
idiotismo de la vida rural. Del mismo modo que ha subordinado el campo a la
ciudad, ha subordinado los países bárbaros o Semibárbaros a los países
civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al
Occidente.

La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios


de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la población,
centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos
de unos pocos. La consecuencia obligada de ello ha sido la centralización
política. Las provincias independientes, ligadas entre sí casi únicamente por
lazos federales, con intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras diferentes,
han sido consolidas en una sola nación, bajo un solo Gobierno, una sola ley,
un solo interés nacional de clase y una sola línea aduanera.

La burguesía, con su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo


de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más
grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de
las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la
química a la industria y a la agricultura, la navegación de vapor, el ferrocarril,
el telégrafo eléctrico, la adaptación para el cultivo de continentes enteros, la
apertura de los ríos a la navegación, poblaciones enteras surgiendo por
encanto, como si salieran de la tierra. ¿Cuál de los siglos pasados pudo
sospechar siquiera que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno
del trabajo social?

Hemos visto, pues, que los medios de producción y de cambio, sobre


cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en la sociedad feudal.
Al alcanzar un cierto grado de desarrollo estos medios de producción y de
cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, toda
la organización feudal de la agricultura y de la industria manufacturera, en una
palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las
.fuerzas productivas ya desarrolladas. Frenaban la producción en lugar de
impulsarla. Se transformaron en otras tantas trabas. Era preciso romper esas
trabas, y se rompieron.

En su lugar se estableció la libre concurrencia, con una constitución


social y política adecuada a ella y con la dominación económica y política de
la clase burguesa.

Ante nuestros ojos se está produciendo un movimiento análogo. Las


relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de
propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan
potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no
es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus
conjuros. Desde hace algunas décadas, la historia de la industria y del
comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas
modernas contra las actuales relaciones de producción, contra las relaciones
de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y su dominación.
Basta mencionar las crisis comerciales que, con su retorno periódico,
plantean, en forma cada vez más amenazante, la cuestión de la existencia de
toda la sociedad burguesa. Durante cada crisis comercial, se destruye
sistemáticamente, no sólo una parte considerable de productos elaborados,
sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas. Durante las crisis,
una epidemia social, que en cualquier época anterior hubiera parecido ab-
surda, se extiende sobre la sociedad la epidemia de la superproducción. La
sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de barbarie
momentánea: diríase que el hambre, que una guerra devastadora mundial la
han privado de todos sus medios de Subsistencia; la industria y el comercio
parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee
demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria,
demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya al
desarrollo de la civilización burguesa y, de las relaciones de propiedad
burguesas; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas
relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada vez que
las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a toda
la sociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad burguesa. Las
relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las
riquezas creadas en su seno. ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una
parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de
otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los
antiguos. ¿De qué modo lo hace, entonces? Preparando crisis más extensas y
más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.

Las armas de que se sirvió la burguesía para derribar al feudalismo se


vuelven ahora contra la propia burguesía.

Pero la burguesía no ha forzado solamente las armas que deben darle


muerte. Ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: Los
obreros modernos, los proletarios.

En la misma .proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el


capital, desarróllase también el proletariado, la clase de los obreros modernos,
que no viven sino a condición de encontrar trabajo, y lo encuentran
únicamente mientras su trabajo acrecienta el capital. Estos obreros, obligados
a venderse al detal, son una mercancía como cualquier otro artículo de
comercio, sujeta, por tanto, a todas las vicisitudes ae1a competencia, a todas
las fluctuaciones del mercado.

El creciente empleo de las máquinas y la división del trabajo quitan al


trabajo del proletario todo carácter substantivo y le hacen perder con ello todo
atractivo para el obrero. Este se convierte en un simple apéndice de la má-
quina, y sólo se le exigen las operaciones más sencillas, más monótonas y de
más fácil aprendizaje. Por tanto, lo que cuesta hoy día el obrero se reduce
poco más o menos a los medios de subsistencia indispensable para vivir y
para perpetuar su linaje. Pero el precio del trabajo, como el de toda
mercancía, es igual a su coste de producción. Por consiguiente, cuanto más
fastidioso resulta el trabajo más bajan los salarios. Más aún cuando más se
desenvuelven el maquinismo y la división del trabajo, más aumenta la
cantidad de trabajo bien mediante la prolongación de la jornada, bien por el
aumento del trabajo exigido en un tiempo dado, la aceleración del movimiento
de las máquinas, etc.

La industria moderna ha transformado el pequeño taller del maestro


patriarcal en la gran fábrica del capitalista industrial. Masas de obreros,
hacinados en la fábrica, están organizadas en forma militar. Como soldados
rasos de la industria, están colocados bajo la vigilancia de una jerarquía
completa de oficiales y suboficiales. No son solamente esclavos de la clase
burguesa, del Estado burgués, sino diariamente, a todas horas, esclavos de la
máquina, del capataz y, sobre todo, del patrón de la fábrica. Y este despotismo
es tanto más mezquino, odioso y exasperante, cuanto mayor es la franqueza
con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.

Cuanto menos habilidad y fuerza requiere el trabajo manual, es decir,


cuanto mayor es el desarrollo de la industria moderna, mayor es la proporción
en que el trabajo de los hombres es suplantado por el de las mujeres y los
niños. Por lo que respecta a la clase obrera, las diferencias de edad y sexo
pierden toda significación social. No hay más que instrumentos de trabajo,
cuyo coste varia según la edad y el sexo.

Una vez que el obrero ha sufrido la explotación del fabricante y ha


recibido su salario en metálico, se convierte en víctima de otros elementos de
la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.

Pequeños industriales, pequeños comerciantes y rentistas, artesanos y


campesinos, toda la escala inferior de las clases medias de otro tiempo, caen
en las filas del proletariado; unos, porque sus pequeños capitales no les
alcanzan para acometer grandes empresas industriales y sucumben en la
competencia con los capitalistas más fuertes; otros, porque su habilidad
profesional se ve despreciada ante los nuevos métodos de producción. De tal
suerte, el proletariado se recluta entre todas las clases de la población.

El proletariado pasa por diferentes etapas de desarrollo. Su lucha


contra la burguesía comienza con su surgimiento.

Al principio, la lucha es entablada por obreros aislados, después, por


los obreros de una misma fábrica, más tarde, por los obreros del mismo oficio
de la localidad contra el burgués aislado que los explota directamente. No se
contentan con dirigir sus ataques contra las relaciones burguesas de
producción, y los dirigen contra los mismos instrumentos de producción:
Destruyen las mercancías extranjeras que les hacen competencia, rompen las
máquinas, incendian las fábricas, intentan reconquistar por la fuerza la
posición perdida del trabajador de la Edad Media.
En esta etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el
país y disgregada por la competencia. Si los obreros forman en masas
compactas, esta acción no es todavía la consecuencia de su propia unidad,
sino de la unidad de la burguesía, que para alcanzar sus propios fines
políticos debe - y por ahora aún puede - poner en movimiento a todo el
proletariado. Durante esta etapa, los proletarios no combaten, por tanto,
contra sus propios enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, es
decir, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los propietarios
territoriales, los burgueses no industriales y .los pequeños burgueses. Todo el
movimiento histórico se concentra, de esta suerte, en manos de la burguesía;
cada victoria alcanzada en estas condiciones es una victoria de la burguesía.

Pero la industria, en su desarrollo, no sólo acrecienta el número de


proletarios, sino que los concentra en masas considerables; su fuerza
aumenta y adquieren mayor conciencia de la misma. Los intereses y las
condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida
que la máquina va borrando las diferencias en el trabajo y reduce el salario,
casi en todas partes, a un nivel igualmente bajo. Como resultado de la
creciente competencia de los burgueses entre sí y de las crisis comerciales
que ella ocasiona, los salarios son cada vez más fluctuantes; el constante y
acelerado perfeccionamiento de la máquina coloca al obrero en situación cada
vez más precaria; las colisiones individuales entre el obrero y el burgués
adquieren más y más el carácter de colisiones entre dos clases. Los obreros
empiezan a formar coaliciones38 contra los burgueses y actúan en común
para la defensa de sus salarios. Llegan hasta formar asociaciones
permanentes para asegurarse los medios necesarios, en previsión de estos
choques circunstanciales. Aquí y allá la lucha estalla en sublevación.
A veces los obreros triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero
resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más
extensa de los obreros. Esta unión es favorecida por el crecimiento de los
medios de comunicación creados por la gran industria y que ponen en
contacto a los obreros de diferentes localidades. Y basta ese contacto para
que las numerosas luchas locales, que en todas partes revisten el mismo
carácter, se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases. Más
toda lucha de clases es una lucha política. Y la unión que los habitantes de las
ciudades de la Edad Media, con sus caminos vecinales, tardaron siglos en
establecer, los proletarios modernos, con los ferrocarriles, la llevan acaba en
unos pocos años.

Esta organización del proletariado en clase y, por tanto, en partida


política, es sin cesar socavada par la competencia entre los propias .obreros.
Pera surge de nuevo, y siempre más fuerte, más firme, más potente.
Aprovecha las disensiones intestinas de las burgueses para obligarles a
reconocer por la ley algunos intereses de la clase .obrera; por ejemplo, la ley
de la jornada de diez horas en Inglaterra.

En general, las colisiones en la vieja sociedad favorecen de diversas


maneras el procesa de desarrollo del proletariado. La burguesía vive en lucha
permanente; al principio, contra la aristocracia; después, contra aquellas frac-
ciones de la misma burguesía, cuyas intereses entran en contradicción can las
progresas de la industria, y siempre, en fin, contra la burguesía de todas las
demás países. En todas estas luchas se ve forzada a apelar al proletariado, a
reclamar su ayuda y a arrastrarle así al movimiento político. De tal manera, la
burguesía proporciona a las proletarias los elementos de su propia educación,
es decir, armas contra ella misma.
Además, como acabamos de ver, el progreso de la industria precipita
en las filas del proletariado a capas enteras de la clase dominante, o al menos
las amenaza en sus condiciones de existencia. También ellas apartan al pro-
letariado numerosos elementos de educación.

Finalmente, en las períodos en que la lucha de clases se acerca a su


desenlace, el proceso de desintegración de la clase dominante, de toda la
vieja sociedad, adquiere un carácter tan violento y tan patente que una
pequeña fracción de esa clase reniega de ella y se adhiere a la clase
revolucionaria, a la clase en cuyas manos está el porvenir. Y así como antes
una parte de la nobleza se pasó a la burguesía nuestros días un sector de la
burguesía se pasa al proletariado, particularmente ese sector de los ideólogos
burgueses que se han elevado teóricamente hasta !a comprensión del
conjunto del movimiento histórico.

.... Dé todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía sólo el
proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases
van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el pro-
letariado, en cambio, es su producto más peculiar.

Las capas medias - el pequeño industrial,- el pequeño comerciante, el


artesano, el campesino -, todas ellas luchan contra la burguesía para salvar de
la ruina su existencia como tales capas medias. No son, pues, revolucionarias,
sino conservadoras. Más todavía son reaccionarias. ya que pretenden volver
atrás la rueda de la Historia. Son revolucionarias únicamente cuando tienen
ante si la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así
no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, cuando abandonan sus
propios puntos de vista para adoptar los del proletariado.
El lumpenproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las
capas más bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al
movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus
condiciones de vida está más bien dispuesto a venderse a la reacción para
servir a sus maniobras.

Las condiciones de existencia de la vieja sociedad están ya abolidas en


las condiciones de existencia del proletariado. El proletariado no tiene
propiedad; sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen nada de
común con las relaciones familiares burguesas; el trabajo industrial moderno,
el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterra que en Francia, en
Norteamérica que en Alemania, despoja al proletariado de todo carácter
nacional. Las leyes, la moral, la religión son para él meros prejuicios
burgueses, detrás de los cuales se ocultan otros tantos intereses de la
burguesía.

Todas las clases que en el pasado lograron hacerse dominantes


trataron de consolidar la situación adquirida sometiendo a toda sociedad a las
condiciones de su modo de apropiación. Los proletarios no pueden conquistar
las fuerzas productivas sociales, sino aboliendo su propio modo de
apropiación en vigor, y, por tanto, todo modo de apropiación existente hasta
nuestros días. Los proletarios no tienen nada que salvaguardar; tienen que
destruir todo lo que hasta ahora ha venido garantizando y asegurando la pro,,:
piedad privada existente.

Todos los movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o
en provecho de minorías. El movimiento proletario es el movimiento
independienté1 de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría. El
proletariado, capa inferior de la sociedad actual, no puede levantarse, no
puede enderezarse, sin hacer saltar toda la superestructura formada por las
capas de la sociedad oficial.

Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado


contra la burguesía es primeramente una lucha nacional. Es natural que el
proletariado de cada país debe acabar en primer lugar con su propia
burguesía.

Al esbozar las fases más generales del desarrollo del proletariado,


hemos seguido el curso de la guerra civil más o menos oculta que se
desarrolla en el seno de la sociedad existente, hasta el momento en que se
transforma en una revolución abierta, y el proletariado, derrocando por la
violencia a la burguesía, implanta su dominación.
Todas las sociedades anteriores, como hemos visto, han descansado
en el antagonismo entre clases opresoras y oprimidas. Mas para oprimir a una
clase, es preciso asegurarle unas condiciones que le permitan, por lo menos,
arrastrar su existencia de esclavitud. El siervo, en pleno régimen de
servidumbre, llegó a miembro de la comuna, lo mismo que el pequeño
burgués llegó a elevarse a la categoría de burgués bajo el yugo del
absolutismo feudal. El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse con
el progreso de la industria, desciende siempre más y más por debajo de las
condiciones de vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria, y el
pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es,
pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el
papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley
reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de
dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia ni siquiera
dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle decaer
hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él. La
sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale a decir que la
existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la
sociedad.

La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase


burguesa es la acumulación de la riqueza en manos de particulares, la
formación y el acrecentamiento del capital. La condición de existencia del
capital es el trabajo asalariado. El trabajo asalariado descansa exclusivamente
sobre la competencia de los obreros entre sí. El progreso de la industria, del
que la burguesía, incapaz de oponérsele, es agente involuntario, sustituye el
aislamiento de los obreros, resultante de la competencia, por su unión
revolucionaria mediante la asociación. Así, el desarrollo de la gran industria
socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre las que ésta produce y
se apropia lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios
sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente
inevitables.

II
PROLETARIOS Y COMUNISTAS

¿Qué relación mantienen los comunistas con respecto a los proletarios en


general?
Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos
obreros.
No tienen intereses algunos que no sean los intereses del conjunto del
proletariado.
No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento
proletario.
Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en
que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios,
destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado,
independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las
diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la
burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.
Prácticamente los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los
partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a
los demás; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su
clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del
movimiento proletario.
El objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los
demás partidos proletarios: constitución de los proletarios en clase,
derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del Poder político por el
proletariado.
Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en
ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del
mundo.
No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una
lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está
desarrollando ante nuestros ojos. La abolición de las relaciones de propiedad
existentes desde antes no era una característica peculiar y exclusiva del
comunismo.
Todas las relaciones de propiedad han sufrido constantes cambios
históricos, continuas transformaciones históricas.

Tomado de Manifiesto del Partido Comunista


C. Marx / F. Engels
Ediciones en Lenguas Extranjeras. Pekín (1.975)
5ta Impresión
EL PAPEL DE LA PRESERVACIÓN DEL
PODER A TRAVÉS DE LA IDEOLOGÍA

Agradeciendo los aportes que legara Louis Althusser, intelectual marxista


francés, 1918

Ensayo. Aquiles Silva F.


Mayo 2006.

LA IDEOLOGÍA

La ideología es la categoría que sustenta las orientaciones políticas,


espirituales, económicas, sociales y culturales de un Estado constituido, en
función de la preservación de su esencia, el desarrollo de sus preceptos y la
neutralización o erradicación definitiva de posiciones (ideológicas) contrarias
que amenacen o tiendan a erosionar el equilibrio del Estado.
A la ideología la podemos concebir como la forma superior de dominación
de la conciencia de los pueblos; pero también su liberación, lo que significa
que la calificación de la bondad o maldad de la ideología dependerá del
servicio que preste al Estado o proyecto político social, particular.

¿SE PUEDE PENSAR EN UN SER HUMANO O GRUPO SOCIAL SIN


IDEOLOGÍA?

ESTADO E IDEOLOGÍA

ESTADO
Podemos comprender al Estado como la entidad institucional que
define el orden: social, económico, político, cultural de una sociedad;
estableciendo normas, reguladoras de todos los procesos, y atenuando las
amenazas que pudieran lesionar su estructura.
No se puede pretender encontrar en ninguna época o contexto
humano la existencia de un Estado “natural” sin Ideología, ya que, la
ideología deviene en una especie de energía invisible que motoriza la acción
de la sociedad; y que, mimetiza, maquilla su apariencia de forma y
discurso, en el cotidiano transcurrir de los pueblos; en las acciones
realizadas por los humanos.

LOS APARATOS IDEOLÓGICOS DEL ESTADO

La estructura política, económica, social, cultural, religiosa, educativa,


comercial, etcétera; de un Estado, está sostenida por fundamentales bases
y columnas ideológicas.

La estabilidad del Estado, también depende de la “Buena salud” de


que gocen sus aparatos ideológicos: La familial la escuela, los partidos
políticos, medios de comunicación, las religiones, entre otros; de la
efectividad de su acción sobre la sociedad.

Por esto, los aparatos ideológicos se revisan, mutan y perfeccionan


permanentemente para ponerse a tono con las exigencias del momento
histórico, en cada contexto concreto que delimite al Estado en cuestión.

LA FAMILIA

Concebida la familia como “la célula fundamental de la sociedad”,


reproduce los patrones sociales establecidos desde una perspectiva de un
Estado reducido; de un laboratorio donde se ensaya la reproducción de la
esencia del estado dominante. Por ejemplo la división familiar del trabajo, el
papel de sumisión de la madre y el peso sobre sus hombros de las
responsabilidades familiares, bajo la tutela de la figura patriarcal; las
libertades concedidas a los varones y las restricciones impuestas a las
hembras.

Expresiones como: “eso no se hace”, “eso no se dice”, “eso no se


toca”; son frecuentes para la pervivencia de la autoridad y el dominio
ideológico impuesto por el Estado, a través de la familia.

LA ESCUELA

La escuela es el medio, por excelencia, de la reproducción de la


esencia ideológica del Estado. En la institución escolar se conciben, desde la
planificación y la ejecución de las clases, cada una de las acciones que van a
perpetuar el discurso ideológico del Estado. La escuela positivista
predominante sostiene las riendas de la conducción en la formación de niños
y jóvenes; definiendo los contenidos programáticos, las estrategias, horarios
y espacios de desarrollo de la currícula hacia la reproducción de los modos
de hacer y reproducir la ideología. Por ejemplo: En Venezuela, mediante
contenidos de historia, se rindió un desmedido culto al colonialismo,
exaltando el heroísmo de los conquistadores españoles y justificando a favor
del proceso civilizatorio la masacre de los pueblos indígenas y la destrucción
de sus culturas.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Mediante los medios de comunicación, el Estado logra mantener viva


en el conciente colectivo la imagen de la historia del día a día, destacando
los contenidos informativos teñidos de la esencia ideológica. De ahí que, el
Estado constituido (el Estado Capitalista, dependiente petrolero, como es el
caso de Venezuela), sostenga, mediante los medios de comunicación, una
campaña sistemática de información de contenidos ideológicos.

Los medios de comunicación, básicamente los audiovisuales y


telemáticos, forman, además, permanentemente estereotipos orientados
hacia el desmedido consumo de productos del mercado capitalista.

LA RELIGIÓN

De tiempos inmemoriales
que se ha inventado el infierno
para asustar a los pobres
con sus castigos eternos,
y el pobre que es inocente
con su inocencia creyendo.

El histórico deseo de los humanos de trascender después de la vida a


otros espacios de extremo disfrute y placer; ha dado espacio a las diversas
organizaciones religiosas que orientan las inclinaciones espirituales de los
pueblos en la búsqueda de nexos dialógicos con lo superior, lo desconocido.

El Estado capitalista dominante, ha emplazado en el continente


americano empresas de dominación ideológica transnacionales de la fe
(Testigos de Jehová, Pare de sufrir, Mormones, y otras), que adecuan sus
rituales a las características de los diferentes grupos humanos donde actúan.
La religión en cada espacio y en cada situación histórica concreta
permanece gravitando sobre todas las acciones desarrolladas por la
sociedad, dejando ver su influencia en gobiernos, la educación, la manera de
vestir, etcétera; siempre con la amenaza del castigo supremo a quienes
transgredan el orden establecido por el Estado.

Dios, el supremo (benefactor, justificador), es el argumento utilizado


para mantener la “paz” de lo pueblos que esperan la realización de su infinita
bondad.

LA SOCIEDAD DE CONSUMO

La sociedad capitalista tiene un Estado conducido y regido en todos


sus estamentos por el capital. La economía de mercado y la acumulación de
capital son los signos de identidad del Estado capitalista. Se estimula el
consumo de mercancías marcadas por la obsolescencia, en la cual una
mercancía es sustituida en brevísimo tiempo por otra del mismo valor de uso,
pero con similar o superior valor de cambio.

La sociedad de consumo, estimula el consumismo al conferirle estatus


a la adquisición de bienes u objetos modernos vistosos, curiosos, atractivos
al gusto de los voraces compradores.

En el capitalismo es normal observar grandes vallas publicitarias,


incitando al consumo de alcohol, cerveza, autos, etcétera; utilizando como
señuelos la figura de mujer, frases con contenidos subliminales y otros
valores, a fin de estimular el consumo.
Los centros comerciales y las grandes tiendas estimulan también el
consumo, generando expectativas de vida, generalmente inalcanzables por
las mayorías. Todo esto implica una domesticación de la conciencia colectiva
y, desde luego, es reflejo inequívoco de la ideología.

Es importante, como conclusión, que los hombres y mujeres adultos


de nuestro mundo bolivariano y socialista, agudicemos los sentidos
perceptivos y podamos contribuir a desnudar ante nuestros semejantes las
implicaciones maquilladas de inocencia de los aparatos ideológicos de
dominación.

No hay en ellos inocuidad posible, no existe en la elaboración del


discurso ausencia de ideología.
¿POR QUÉ SOCIALISMO?

Albert Einstein

Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.

¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales


opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista


del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias
metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos
en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un
grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos
fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad
estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes
generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de
fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son
difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha
acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia
humana --como es bien sabido-- ha sido influida y limitada en gran parte por
causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su
origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia
debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se
establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país
conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de
la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los
sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la
sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de
valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de
forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte


hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó "la fase
depredadora" del desarrollo humano. Los hechos económicos observables
pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no
son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del
socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase
depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado
actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social.


La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos,
inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con
los que lograr ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos por
personas con altos ideales éticos y --si estos fines no son endebles, sino
vitales y vigorosos-- son adoptados y llevados adelante por muchos seres
humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta
de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos


científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que
los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las
cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han
afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una
crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal
situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el
grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme
recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un
hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi
opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y
subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección
frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me
dijo: "¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la
raza humana?"

Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan
ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre
que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene
más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la
soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la
actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con


seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy
muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a
menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas
fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser


solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más
cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus
capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el
afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para
confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida.
Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios
objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica
determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio
interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la
fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada
hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está
determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se
encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que
crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos
particulares de comportamiento. El concepto abstracto "sociedad" significa
para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e
indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de
generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y
trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia
física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo,
fuera del marco de la sociedad. Es la "sociedad" la que provee al hombre de
alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y
la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo
y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que
se ocultan detrás de la pequeña palabra "sociedad".

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la


sociedad es un hecho que no puede ser suprimido -- exactamente como en
el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida
de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño
detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los
seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad
de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible
progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades
biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y
organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles;
en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede
influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento
consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una


constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo
los impulsos naturales que son característicos de la especie humana.
Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la
sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de
influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede
cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el
individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con
la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el
comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente,
dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de
organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se
están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus
esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución
biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por
ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud


cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan
satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del
hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como
mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los
efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y
demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí
para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes
que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del
trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente
necesarios. Los tiempos -- que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos --
en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente
autosuficientes se han ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir
que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de
producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que


para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la
relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que
nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como
un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino
como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia
económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus
pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus
pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran
progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición
en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a
sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del
disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede
encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la
sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy


es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una
comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente
privándose de los frutos de su trabajo colectivo -- no por la fuerza, sino en
general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este
respecto, es importante señalar que los medios de producción --es decir, la
capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de
consumo tanto como capital adicional-- puede legalmente ser, y en su mayor
parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré


"trabajadores" a todos los que no compartan la propiedad de los medios de
producción -- aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los
propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la
fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el
trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del
capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que
produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En
cuanto que el contrato de trabajo es "libre", lo que el trabajador recibe está
determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus
necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de
trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar.
Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está
determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte


debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo
tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de
unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El
resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme
poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada
políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los
cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados
en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes,
para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura.
La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen
suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población.
Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados
inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes
principales de información (prensa, radio, educación). Es así
extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos
absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones
objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad


privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios
de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios
disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato
de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en
este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de
luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma
algo mejorada de "contrato de trabajo libre" para ciertas categorías de
trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se
diferencia mucho de capitalismo "puro". La producción está orientada hacia el
beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen
capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre
un "ejército de parados". El trabajador está constantemente atemorizado con
perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no
proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo
está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso
tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la
carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con
la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la
acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada
vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme
de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que
mencioné antes.

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del


capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca
una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para
adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar


estos graves males, el establecimiento de una economía socialista,
acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En
una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y
utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la
producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a
realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a
cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover
sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de
la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación
del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es


todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la
completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar
algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con
una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la
burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos
los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de
la burocracia?
¿Q U I É N MANDA EN EL M U N D O?

Por: Leonardo Boff. Koinonia


Publicado el domingo, 29/01/06 08:43am

Con la autonomización de la economía y el debilitamiento de los


Estados-nación es ilusorio pensar que los presidentes elegidos sean quienes
tienen el mando del país. Quien decide los destinos reales del pueblo no es
el Presidente. Él es rehén del Ministro de Hacienda y del Presidente del
Banco Central que, a su vez, son rehenes del sistema económico-financiero
mundial, a cuya lógica se someten. Cuando el Presidente Bush habla a la
nación, seguramente mucha gente lo escucha. Cuando habla el presidente
de la Reserva Federal (FED) toda la nación se para. Lo que él tenga que
decir significa la vida o la muerte de muchos empleos y el destino de
empresas.

Los dueños del mundo están a la sombra de los bancos. Son los que
controlan los mercados financieros, las tasas de interés, las infovías de
comunicación, las tecnologías biogenéticas y las industrias de la información.

Inmensos consorcios privados actúan a nivel planetario. Sin preguntar


a nadie y sin ningún tipo de control dilapidan el patrimonio común de la
humanidad en beneficio propio. En pocos años deforestaron 800.000
hectáreas de las islas de Borneo, Java, Sumatra y Sulawesi (Célebes). Los
incendios proyectaron una humareda del tamaño de medio continente. Esos
mismos grupos mancomunados con los nuestros actúan ahora en la selva
amazónica. Las leyes de protección ambiental son inoperantes frente al
ansia de conseguir dólares, vía exportación, para que el país haga frente a
los compromisos de la deuda externa e interna. El agronegocio implica
deforestar, liquidar la biodiversidad, homogeneizar la producción en escala.

Esta lógica funciona en el sistema globalizado mundial, creando


desigualdades y devastaciones ecológicas allí donde se implanta. Para el
2010 se prevé que las selvas hayan disminuido un 40%. En el 2040 el
aumento de los gases de efecto invernadero puede provocar un
calentamiento de 1ºC a 2ºC elevando el nivel de las aguas oceánicas de 0,5
a 1,5 metros, afectando a millares de ciudades costeras. Seis millones de
hectáreas de tierras fértiles desaparecen al año bajo el efecto de la
desertización.

Enfermedades infecciosas de todo tipo viajan a la velocidad de los


mercados. El sida en África es una pandemia. La esperanza de vida del
África subsahariana ha disminuido 7 años, y en otros países como Uganda,
Zimbabwe y Zambia ha retrocedido diez años. El año pasado la producción
económica de Kenia por causa del sida cayó un 14,5%. África es un
continente abandonado a su propia desgracia, que ni siquiera merece ser
explotado. El Papa hace discursos irresponsables.

Si hubiera un poco de humanidad y compasión entre los humanos


bastaría con retirar apenas un 4% de las 225 mayores fortunas del mundo
para dar comida, agua, salud y educación a toda la humanidad. Estos son
datos de la ONU del 2004. En cuanto a esto, todavía mueren de hambre 30
millones de personas y dos mil millones están anémicas.

¿Tendremos tiempo para que la desintegración se muestre creativa?


Una leve esperanza se anuncia un poco en todas partes del mundo, en
Seattle, en Génova, en Porto Alegre y en los Foros Sociales Mundiales. Ahí
surge un anti-poder que pide una nueva justicia planetaria, una tasación
significativa de los capitales especulativos, la introducción de una renta de
existencia para todos los habitantes de la Tierra (no para que subsistan sino
simplemente porque existen), la aplicación rigurosa de la ética de la
precaución y del cuidado en las cuestiones ambientales. Esperanzas. Que
tengan la fuerza de la semilla.
GLOSARIO DE TÉRMINOS

Socialismo: El socialismo es una denominación genérica de un conjunto


de teorías socio-económicas, ideologías y prácticas políticas que postulan la
abolición de las desigualdades económicas, sociales y políticas entre las
clases sociales.

Capitalismo: Es la doctrina económica basada en la idea de que la


propiedad privada de los factores de producción, unida a un sistema de
libertad del mercado y de precio, es la forma más eficiente para lograr la
óptima asignación de recursos en una economía.

Marxismo: Es el conjunto de doctrinas políticas y filosóficas derivadas de


la obra de Kart Marx, filósofo, economista, periodista y revolucionario del
siglo XIX y de su amigo Friedrich Engels. Marx y Engels se basaron en la
filosofía de Hegel y de Feuerbach, ambos alemanes, la economía política de
Adam Smith, la economía ricardiana y el socialismo francés del siglo XIX
para desarrollar una crítica de la sociedad que es tanto científica como
revolucionaria.

Esclavismo: Es la organización política social y económica basada en la


explotación del ser humano, utilizado como manera de producción. La
esclavitud (del latín medieval sclavus < slavus) designa la condición de las
personas (los esclavos) que deben servir a un amo sin remuneración alguna
y que no disponen de derechos sobre su propia persona. Los esclavos deben
obedecer todas las órdenes de su amo desde su nacimiento o su captura
(paso de la libertad a la esclavitud) hasta su muerte o su liberación (paso de
la esclavitud a la libertad).
Feudalismo: Se denomina feudalismo a la organización social, política y
económica basada en el feudo que tuvo la Europa Occidental entre los siglos
IX y XV. Era una propiedad de tierra o gran parte de ella, que era cultivada
principalmente por los vasallos y la mayor parte del producto que se obtenía,
debía ser entregado al dueño, casi siempre un caballero leal del rey.

Liberalismo: El liberalismo es una ideología (o una corriente que agrupa


ideologías distintas) basada en la primacía del individuo sobre el colectivo y,
por tanto, en el obligatorio reconocimiento de las libertades individuales como
inalienables. Esas libertades incluyen la de pensamiento, expresión y religión
pero también las económicas, bajo la base de la libre disposición de la
propiedad legítimamente adquirida.

Comunismo: Es el sistema político, económico y social, basado en la


comunidad de bienes y en la abolición de la propiedad privada, esta doctrina
es propia de los partidos marxistas.
Democracia: La democracia es la doctrina política favorable a la intervención
del pueblo en el gobierno. En este régimen político la soberanía reside en el
pueblo y es ejercida por éste de manera directa o indirecta.

Democracia: El término democracia fue inventado en la Grecia clásica


(500-250 a.d.C.). Originaria y etimológicamente significa gobierno del pueblo,
donde el pueblo (demos) se refería a los ciudadanos. Hoy en día cabe
distinguir dos sentidos en los que se emplea la palabra democracia: uno
procedimental y otro estructural. En cuanto a la primera acepción, el término
refiere a una forma de votación por medio de la cual se toman decisiones
colectivas para la elección de gobernantes. En base a la segunda acepción,
democracia describe unas cualidades particulares que una sociedad debe de
cumplir, como la participación popular, la libertad, la división de Poderes, la
igualdad, o el derecho de las minorías, para considerarse democrática.

Solidaridad y Equidad: Implica un compromiso de los ciudadanos entre


sí y del Estado para con ellos y con la justicia social, a fin de remediar
desigualdades y asegurar que cada persona tenga acceso a un medio
ambiente saludable.

Autocracia: Sistema de gobierno en el cual la voluntad de una persona


sola es la suprema ley. Se refiere generalmente a la monarquía absoluta,
pero especialmente al régimen zarista ruso, cuyo dirigente asumía el título de
"Autócrata de Todas las Rusias".

Dictadura: es la forma de gobierno en la que se concentra en las manos


de una sola persona (denominada dictador) como además o también en un
grupo de personas a fines a una ideología o movimiento, los cuales poseen
el poder absoluto, controlando éste los tres poderes del estado: el legislativo,
el ejecutivo y el judicial. Aunque muchos dictadores han obtenido el título de
Presidente, ciertos sectores opositores a una dictadura consideran que esto
trae el único propósito de aparentar una legitimidad que no poseían, por el
contrario, los grupos afines de una dictadura en particular consideran que
afianzan la calidad de legítimo a tal tipo de gobierno, y en particular, a
quienes posean el poder del Estado. Las dictaduras se caracterizan por
ostentar poderes extraordinarios, a menudo no constitucionales, o de facto,
degenerando por lo general regímenes déspotas y tiránicos, a menudo
violentos.
Globalización: La globalización es el proceso por el que la creciente
comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unifica
mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones
sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. Así, los
modos de producción y de movimientos de capital se configuran a escala
planetaria, mientras los gobiernos van perdiendo atribuciones ante lo que se
ha denominado la sociedad en red.

Sociedad: Agrupación natural o pactada de personas, que constituyen una


unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir mediante
la mutua cooperación todos o algunos de los fines propuestos.

Ideología: Doctrina basada en un conjunto de ideas fundamentales que


caracteriza el pensamiento de una persona o comunidad.

Capital: El capital es factor de producción constituido por inmuebles,


maquinaria o instalaciones de cualquier género, que, en colaboración con
otros factores, principalmente el trabajo, se destina a la producción de
bienes. Es la cantidad de recursos, bienes y valores disponibles para
satisfacer una necesidad o llevar a cabo una actividad definida. Estos
recursos, bienes y valores pueden generar una ganancia particular
denominada renta.

Gobierno: (del griego κυβερνάω "pilotar un barco") es el órgano colegiado


formado por un Presidente o Primer Ministro y un número variable de
Ministros al que la Constitución o la norma fundamental de un Estado
atribuye el poder ejecutivo y la cúpula de la Administración.
República: Forma de gobierno preferida por los pobres a la monarquía, ya
que los gobernados creen que sus dineros serán para personas como ellos;
los desposeídos no tienen sangre real.

País: La palabra país puede referirse a una nación o a una región. Es el


principal sinónimo de estado nacional: un área geográfica y una entidad
políticamente independiente con su propio gobierno, administración, leyes, la
mayor parte de las veces una constitución, policía, fuerzas armadas, leyes
tributarias y un grupo humano.

Nación: Grupo humano unido por vínculos especiales de homogeneidad


cultural, histórica, política, económica y lingüística, que comparten un
territorio y están regidos por un mismo gobierno.

Estado: Máxima forma de organización jurídica de los individuos que


integran un conglomerado social o una colectividad, en donde cada uno de
sus integrantes cede una parte de su libertad, para conformar un organismo
denominado Estado; el cual se subdivide en poderes Ejecutivo, Legislativo y
Judicial a fin de garantizar un orden social.

Poder: Es la capacidad de un individuo o persona de persuadir, convencer,


manejar y dirigir una o varias personas para que cumplan una función
especifica, o tarea asignada.

Equilibrio: Situación de una economía en la cual las proporciones de las


cantidades globales permiten el ajuste armónico de los flujos, la estabilidad
de los precios y el funcionamiento satisfactorio del conjunto económico.
Estructura: Especifica la provisión de recursos. Pueden referirse al
personal, equipos, suministros, edificios, políticas, procedimientos, sistemas
de información y sistemas de financiamiento.

Identidad: El sentido de seguridad que da pertenecer a un grupo refuerza


los valores y certidumbres que componen una comunidad; esto a su vez
estimula la apertura al resto del mundo, la aceptación de la diferencia y una
vívida curiosidad por las culturas ajenas.

Sueño: Soñar es la representación mental de imágenes, sonidos,


pensamientos o sensaciones durante el sueño, generalmente de forma
involuntaria. El acto de soñar se produce durante una fase del sueño llamada
fase REM (Movimiento Rápido de los Ojos, por sus siglas en inglés Rapid
Eye Movement) que tiene lugar en el último tramo del ciclo del sueño.

Utopía: En términos usuales, un proyecto irrealizable, imaginario aunque


existe una revaluación crítica de su estructura como horizonte de
autosuperación que indica al límite de las posibilidades humanas.

Humanismo: es una corriente filosófica, educativa y filológica europea


estrechamente ligada al Renacimiento cuyo origen se sitúa en el siglo XIV en
la península Itálica (especialmente en Roma, Venecia y Florencia).

Organización: Las organizaciones son sistemas diseñados para lograr


metas y objetivos por medio de los recursos humanos y de otro tipo. Están
compuestas por subsistemas interrelacionados que cumplen funciones
especializadas.
Maquila: Empresas internacionales, generalmente fronterizas, que operan
por subcontratación por parte de empresas de otro país donde los productos
finales son reimportados sin el pago de derechos de aduana.

Expoliación: Proceso mediante el cual se priva, saquea, expropia…a los


Pueblos de sus recursos, bienes, trabajo…que le pertenecen por derecho y
pos causas de la naturaleza.

Explotación: Maltrato, aprovecharse de alguien, utilizar a alguien de


manera egoísta. Como hacer que una niña o niño trabaje para pagar las
deudas de sus padres u obligarlo a realizar un trabajo peligroso o ilegal para
beneficio de otra persona.

Liderazgo: Característica de un individuo que crea un compromiso


generado y la credibilidad, que éste transmite a las personas que lo rodean.
Un líder es aquel que hace lo apropiado por su capacidad, dirección, acción y
opinión.

Política: La política es un modo de actividad que intenta resolver conflictos


y promueve ajustes. Así como promueve el orden, es también fuente de
conflicto al presentarse " conflicto de intereses entre las partes". Entre
quienes conforman una misma organización política así como los que
pertenecen a otra y difieren entre sí en sus concepciones, misión y visión.

Participación: Toma conjunta y solidaria de decisiones en pos de un


objetivo común; responsabilidad compartida.
Comunidad: Una comunidad es un grupo o conjunto de personas (o
agentes) que comparten elementos en común, elementos tales como un
idioma, costumbres, valores, tareas, visión de mundo, edad, ubicación
geográfica (un barrio por ejemplo), estatus social, roles, etc.

Materialismo: Término que se aplica a la posición adoptada por los


sistemas filosóficos que afirman que todo lo que existe es materia, o es
reductible a materia. Sobre lo que sea la materia se han defendido distintas
posiciones, por lo que, al margen de este acuerdo inicial de que todo lo que
existe es materia o se reduce a materia, las filosofías materialistas pueden
dar lugar a interpretaciones de la realidad diferentes, e incluso divergentes.
El atomismo antiguo de Leucipo y Demócrito se ha presentado
tradicionalmente como la expresión más propia de una filosofía materialista.
El materialismo resurge con fuerza en la filosofía moderna (con Hobbes, por
ejemplo) y se afianza con los filósofos de la Ilustración, ocupando un lugar
preferente en el pensamiento contemporáneo.

Materialismo Histórico: El materialismo histórico, obra de Marx y


Engels, se propone explicar la historia desde la producción práctica de la
existencia, invirtiendo la relación, tradicional en la época de Marx, entre la
existencia real y la idea que los seres humanos se hacen de su existencia, (o
los ideales que conciben en torno a su realización). La historia no es, así, ni
una colección de hechos, como parecían concebirla los empiristas, ni una
sucesión de categorías, como la concebían los idealistas; tampoco el
resultado de la acción aislada de los considerados "personajes históricos". La
historia es el resultado del modo en que los seres humanos organizan la
producción social de su existencia.
Materialismo Dialéctico: El materialismo dialéctico, obra de Marx y
Engels, considera que no existe más realidad fundamental que la materia;
pero la materia no es una realidad inerte, sino dinámica, que contiene en sí la
capacidad de su propio movimiento, como resultado de la lucha de los
elementos contrarios, (siendo la contradicción la esencia de la realidad), que
se expresa en el movimiento dialéctico. El materialismo dialéctico nos
propone, pues, una interpretación de la realidad concebida como un proceso
material en el que se suceden una variedad infinita de fenómenos, a partir de
otros anteriormente existentes. Se opone al Idealismo, (en el que el
movimiento de la realidad va de la idea a la cosa y a su reconciliación); y se
opone al materialismo mecanicista, al concebir la materia como una realidad
dinámica.

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