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LA ENFERMERÍA EN UN MUNDO DE TRANSFORMACIÓN

Las enfermeras monásticas

Las mujeres de estos monasterios estaban amparadas por la Iglesia,


que proporcionaba libertad y seguridad para seguir estudios
intelectuales o intereses prácticos. Muchas mujeres famosas de la
Alta Edad Media estuvieron relacionadas con la vida monástica.
Hildegarde, cuyos conocimientos médicos y visión política fueron muy
notables. Otras mujeres asumieron la labor médica y de enfermería
en los hospitales.

El cuidado de los enfermos era la tarea principal. Radegunda cuidó


personalmente a los pacientes en el hospital que había fundado. Era
particularmente sensible con los leprosos, que eran marginados
sociales, y se la vio besando sus cuerpos enfermos. No existen
indicios de que hubiera médicos relacionados con este hospital. Al
parecer, los cuidados de enfermería eran la base para la recuperación
de la salud.

Santa Brígida se convirtió en una abadesa famosa en Irlanda, y era


respetada como erudita, educadora, consejera y experta en las artes
de curación. También se conocía por cuidar a los enfermos y haber
curado leprosos. Se le dio el título de “patrona de la curación”.

El islamismo

Las enseñanzas de la mujer y de los niños, aunque tenían licencia


para la práctica de la medicina general.

Los requisitos habituales de la escuela de Salerno eran tres años de


premedicina a nivel de escuela superior para el estudio de la lógica,
filosofía y literatura, cinco años de medicina y cirugía y un año de
práctica con un médico famoso. Hacia el año 1140 se dictó una ley
que prohibía la práctica de la medicina a quien no tuviera licencia. El
Régimen Sanitatis Salernitanum fue el trabajo más famoso de la
escuela de Salerno. Este poema latino, que contenía preceptos
racionales sobre dietética e higiene, ha sido objeto de numerosas
versiones y más de 300 ediciones.

Los hospitales medievales

En la actualidad todavía perduran tres hospitales medievales famosos


que se construyeron fuera de los muros monásticos: el Hôtel Dieu de
Lyon, el Hôtel Dieu de París y el Hospital del Santo Spirito de Roma. La
información más completa sobre las cuestiones de enfermería
procede de los centros de Lyon y París.los primeros hospitales se
establecieron como xenodochiao casas de caridad y atendían a los
necesitados y desvalidos tanto como a los enfermos.

El Hôtel Dieu de Lyon realizaba diversos trabajos caritativos aparte los


propios de la enfermería y estaba diseñado para recoger a peregrinos,
huérfanos, pobres, débiles y enfermos. Sus primeras enfermeras
fueron mujeres laicas reclutadas entre penitentes y viudas. Con el
tiempo los hombres ayudaron en el trabajo de enfermería.

El Hôtel Dieu de París fue construido con una puerta abierta para
todos los que sufrían.comenzó como un pequeño hospital y creció
hasta alcanzar proporciones impresionantes. El Papa Inocencio IV
organizó el grupo originario de mujeres laicas que atendían a los
enfermos como orden religiosa.

Tanto los hermanos como las hermanas tenían asignadas actividades


específicas, entre las que figuraban el trabajo externo, la
administración del hospital, el cuidado de los enfermos y los servicios
religiosos. Parte de la labor de la enfermería la realizaban los
hermanos en los pabellones generales, mientras que en las salas de
mujeres los cuidados de enfermería los impartían exclusivamente las
hermanas. Su función de enfermería incluía la admisión y el alta del
paciente, la responsabilidad sobre las cocinas y las lavanderías y el
entierro de los difuntos. Además, los ritos religiosos eran una parte
esencial de la rutina del hospital, con servicios tanto para los
pacientes como para el personal.

El Hospital del Santo Spirito de Roma probablemente fue el más


grande de los hospitales medievales. Fue construido con el propósito
primordial de cuidar a los enfermos. Se dice que en este hospital
llegaron a prestar servicio más de 100 médicos y cirujanos. El Santo
Spirito pronoto se convirtió en prototipo para el desarrollo de otros
hospitales medievales.

Las órdenes militares de enfermería

Las órdenes militares de enfermería fueron una consecuencia de las


Cruzadas a Tierra Santa. Si mencionan que se construyeron y
equiparon grandes hospitales y que los caballeros cuidaban de los
enfermos. Tan grande fue la influencia de estas órdenes en la
enfermería que Nutting y Dock dedicaron todo un capítulo de su
Historia de la Enfermería al origen y desarrollo de las mismas. Cuidar
a los heridos y enfermos fue importante para la organización y
estructuración de los hospitales europeos y para el modelo de servicio
de enfermería que establecieron y normalizaron. La acumulación de
grandes riquezas y amplias extensiones de tierras provocó a la larga
su caída. Poco después de concluidas las Cruzadas, la devoción a la
llamada de la enfermería disminuyó, las obras de misericordia
empezaron a flaquear y la guerra contra los no creyentes se convirtió
en el único objetivo.

Se formaron grandes ordenes, todas ellas designadas con el nombre


de Hospitalarios. Cuando no estaban en la batalla, ayudaban a cuidar
a los enfermos. Los hermanos sirvientes tenían como principal
responsabilidad atender a los viajeros cansados y cuidar a los
enfermos. Tres de estas órdenes de enfermería sobresalen como las
más famosas e importantes de la historia: los Caballeros Hospitalarios
de San Juan de Jerusalén, los Caballeros Teutónicos y los Caballeros
de San Lázaro.

Los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén

Hacia el año 1050, un grupo de ricos comerciantes, fundó dos


hospitales en Jerusalén. Al principio estos hospitales atendieron a
toda persona enferma, pero durante la batalla de Antioquía por
Jerusalén quedaron sobre saturados. Muchos cruzados de noble cuna
dejaron de lado sus armas para colaborar en el trabajo de cuidar a los
enfermos en el Hospital de San Juan. Al principio las mujeres se
encontraron en igualdad de condiciones frente a los hombres: todos
cuidaban a los enfermos, comían y asistían al culto juntos. La
reparación fue total, y las hermanas quedaron subordinadas a la
orden masculina. La orden se enriqueció enormemente debido a las
donaciones de los benefactores agradecidos, lo que permitió la
construcción de nuevos hospitales, hostales y asilos. Se elaboraron
normas que fueron seguidas por los mejores hospitales urbanos de
Europa durante muchos siglos.

El curso de esta orden se distinguió por su labor en el campo de la


enfermería hasta la expulsión de los cristianos de Palestina. La
enfermería se fue dejando de lado, pues las hermanas de San Juan
desaparecieron temporalmente. Con la conquista de Rodas, el
cuidado de los enfermos se convirtió en un objetivo secundario. El
significado de esta organización en la historia de la enfermería fue
enorme.

El más grande e importante de los numerosos hospitales de la orden


fue el fundado en 1575 en la ciudad portuaria de La Valetta, Malta. En
sus primeros tiempos este hospital fue un modelo para toda Europa.
Cuando lo visitó John Howard en 1786 estaba sumido en un estado de
gran deterioro. El hospital, que sigue siendo un magnífico monumento
arquitectónico, acomodó originariamente a algo menos de cien
pacientes. Una estructura organizativa bien definida proporcionaba
jefes de departamento, enfermería, limosnas, distribución de
alimentos a los pobres, remiendo de ropas y cuidado de niños. Los
casos agudos y los pacientes con hemorragia, litotomía y demencia
permanecían aislados. Médicos remunerados ayudaban a los
caballeros en las cuestiones de anatomía y en el cuidado de las
enfermedades.

Los caballeros Hospitalarios intervinieron en Europa durante los


periodos de guerra, conducían ambulancias y llevaban otros servicios
médicos. “Pero sus funciones originarias han sido adoptadas y
ampliadas durante el último siglo por la Cruz Roja”. La orden perdura
en las Hermandades de San Juan y en los cuerpos de ambulancias y
primeros auxilios. Aún pueden admirarse los edificios de los
hospitales que fundaron los Caballeros de San Juan en Rodas y Malta.

La Cruz Maltesa, se convirtió en parte de la insignia de muchos


grupos dedicados al cuidado de los enfermos. Las ocho puntas de la
cruz significan las ocho virtudes que los caballeros debían ejemplificar
en las tareas de caridad de su vida cotidiana:

Goce espiritual.

Vivir sin malicia.

Arrepentirse de los pecados.

Humillarse ante los que te injurian.

Amar la justicia.

Ser misericordioso.

Ser sincero y puro de corazón.

Sufrir la persecución con abnegación.

Los Caballeros Teutónicos

Durante la Tercera Cruzada los peregrinos alemanes instalaron un


hospital provisional junto a las murallas de Acre. Los Teutónicos
siguieron las normas hospitalarias de los Caballeros de San Juan y la
estructura militar de los Templarios. Tomaban los tres votos habituales
de pobreza, castidad y obediencia, pero añadían un cuarto que los
obligaba a cuidar a los enfermos y defender la fe.

En Alemania se fundó una orden de mujeres para realizar


específicamente tareas hospitalarias. Es posible que sus obligaciones
de enfermería se consideraran de poca categoría.

Los Caballeros Teutónicos adquirieron gran poder y muchos hospitales


fueron puestos en sus manos.
Las órdenes seglares de enfermería

Hicieron grandes contribuciones a la enfermería y sirvieron a los


enfermos, los pobres, los abandonados y los huérfanos. También
ejercieron la enfermería hospitalaria. El desarrollo de estas órdenes
marca un hito de suma importancia en la secularización de la
enfermería.

Otra orden fue la de los Antoninos (1095) sus miembros se dedicaron


a los afectos del “fuego de San Antonio”, que probablemente era la
enfermedad del ergotismo. Se erigieron hospitales para las víctimas
de este proceso.

Las Beguinas de Flandes constituyeron una de las órdenes seglares


de enfermería más prominentes.

La organización era extremadamente simple. De dos a cuatro mujeres


vivían juntas en pequeñas casas construidas en un recinto cerrado y
agrupadas alrededor de una iglesia u hospital. Resulta difícil describir
adecuadamente el trabajo de estos beguinajes debido a su gran
diversidad.

Iniciaron un servicio domiciliario de enfermería y fijaron una cuota si


la familia era solvente. El trabajo hospitalario se convirtió en uno de
sus intereses primordiales, lo que dio lugar a la creación de sus
propios hospitales, donde ejercía la enfermería. También servían como
enfermeras en los campos de batalla. En la actualidad las Beguinas
mantienen una existencia corporativa en Bélgica.

El crecimiento de los hospitales

La idea de los hospitales urbanos fue acogida con apoyo y


aprobación, y en algunos casos los hospitales pasaron de forma
amistosa del control eclesiástico al seglar. Aumentó rápidamente el
número de hospitales. Varios factores contribuyeron a la demanda de
más hospitales: los hospitales existentes se habían organizado como
orfanatos, hostales para viajeros y enfermos y casa de caridad; las
enfermedades contagiosas eran incontrolables. En general, los
hospitales se edificaban para cuidar a los enfermos pobres.

Las prácticas de administración e higiene variaban de un hospital a


otro; a veces eran buenas y otras no. Los cuidados de enfermería se
dispensaban las 24 horas al día. Con el paso de los siglos, no siempre
hubo una dotación suficiente de enfermos. Se generalizó la práctica
de emplear a individuos de poco carácter para aumentar la dotación
de personal de enfermería... Era el primer atisbo de decadencia en la
enfermería, decadencia que acabaría por producirse y que persistía
durante un largo y terrible periodo.

El primer hospital británico fue el de York. También era una casa de


caridad y tenía un pabellón para leprosos. La enfermería de estos
hospitales la ejercían mujeres de noble cuna, que además practicaban
la enfermería vecinal en los hogares de los pobres. La organización de
estos incluía ambos tipos de servicio de enfermería.

Las epidemias y las placas

Durante el siglo XIV, una enfermedad catastrófica, la Muerte Negra, la


peor fue la de 1348. Se cree que se originaba con la picadura de un
parásito infectado. Aunque en principio se trata de una enfermedad
de roedores, las ratas, puede ser transmitida al hombre por pulgas
alimentadas por roedores. El contacto directo con una persona
infectada también puede transmitir la enfermedad. Las ratas de
barcos diseminaron la enfermedad por la mayor parte de Europa. El
nombre de Muerte Negra se justificaba por que debajo de la piel
aparecían unas hemorragias oscuras. El brote de peste bubónica se
considera como una de las crisis más devastadoras que haya azotado
jamás a la humanidad. Hizo cundir el pánico entre la gente.

Por esa misma época se inició la enfermedad del sudor. Se cree que
esta virulenta enfermedad pudo ser la gripe. Gran número de
personas moría al día o a las pocas horas de haber experimentado los
primeros síntomas. Su aparición se acompañaba de escalofríos,
fiebre, jaqueca, estupor, dolor precordial, vómitos, fatiga y sudación
profusa. Algunos de los cuidados aceleraban el fin del paciente. Se
cerraban puertas y ventanas, se encendía fuego y se le cubría con
pieles. A tal efecto se utilizaban diversas técnicas, como azotar el
cuerpo con ramas o dejar caer gotas de vinagre en los ojos. El
paciente era “cocido hasta la muerte”.

LA ENFERMERÍA EN TRANSICIÓN

Los hospitales y los reformadores

El resultado inmediato de la disolución monástica fue que la gente se


quedó sin hospitales y posadas de los que había dependido durante
muchos años. Siguió un periodo de rápido deterioro en el cuidado de
los enfermos y de los pobres. Se produjo un declive en la calidad del
servicio público, en particular para los enfermos. En esta época de
insensibilidad y brutalidad, ni los gobernantes ni los médicos se
preocuparon lo más mínimo por elevar la enfermería o mejorar las
condiciones de los hospitales.

La decadencia de los hospitales

Las pugnas religiosas no tuvieron un efecto directo sobre los


hospitales en los países católicos, como España e Italia. Sin embargo,
en los protestantes se cerraron numerosas instituciones pequeñas al
suprimirse las órdenes de la enfermería. Un utilitarismo austero
sustituyó a la belleza que anteriormente había prevalecido en la
construcción de los centros para enfermos.

Las condiciones insalubres predominantes en estos hospitales dieron


lugar a grandes brotes epidémicos. No era extraño que se echara a
los enfermos en camas ya ocupadas por otros pacientes; los muertos
y los delirantes, posiblemente juntos, al lado de los que todavía vivían
y conservaban la razón. Las camas estaban tan próximas entre sí que
la limpieza se hacía casi imposible. Debajo se podía encontrar todo
tipo de inmundicias. El aseo de los enfermos ni se intentaba; las
sangrías y las purgas eran los tratamientos habituales para cualquier
dolencia. Las mujeres perdieron el control de la enfermería. Éste fue
uno de los periodos de la historia de la enfermería en que la
supremacía masculina fue más absoluta y generalizada. Las
enfermeras típicas eran la escoria de la sociedad, personas inmorales,
alcoholizadas y analfabetas.

Se requería ayuda para salir de la situación en la que se encontraba


la enfermería, y el interés público por su progreso empezó a hacerse
patente entre diversos grupos. Esta preocupación de la sociedad dio
como resultado el inicio de una serie de cambios significativos que
llevarían a la reforma estable de la enfermería.

El nacimiento de la enfermería moderna

Las órdenes de las diaconisas que habían existido en la época de


Cristo fueron reavivadas por las iglesias protestantes durante el s.
XIX. El cuidado de los enfermos se convirtió en su principal deber.
Kaiserswerth se le atribuye la creación de la primera orden moderna
de diaconisas.

Este instituto dejó una huella indeleble en toda la enfermería. Influyó


a Florence Nightingale. El pastor Fliedner, en 1828 se casó con
Friederike Münster. El matrimonio centró su atención en el cuidado de
los enfermos y abrió un pequeño hospital con una escuela de
formación de diaconisas. Su primera diaconisa, Gertrude Reichardt,
hija de un médico, ingresó en 1836. A finales del primer año otras seis
mujeres se le habían unido para recibir formación. Se las enviaba a
cumplir tareas de distrito, hospitales o privadas, o bien a lejanos
campos de misión.

El movimiento del instituto se extendió rápidamente que se tuvieron


que adquirir otras dos casa anexas, e incluso tuvo que reconstruirse
el propio instituto, que resultaba demasiado pequeño para albergar a
las diaconisas. El programa de enfermería incluía una rotación por los
servicios clínicos hospitalarios, formación de enfermería domiciliaria,
aprendizaje teórico y práctico del cuidado de los enfermos,
conocimientos de ética y doctrina religiosa y un nivel suficiente de
farmacia para superar los exámenes estatales para farmacéuticos.
Duraba tres años. El principio de que las enfermeras debían cumplir
exactamente las órdenes del médico y que éste era el único
responsable del resultado.

La estructura de organización evolucionó, se dividieron en cuatro


áreas: enfermería, ayuda a los pobres, cuidado de los niños y trabajo
de auxilio a las mujeres presas y las “Magdalenas”. Friederike falleció
en 1842. Fliedner se casó con Caroline Bertheau (1811-1892), quien
había ejercido durante 3 años como superintendente del
departamento de cirugía de mujeres del Hospital de Hamburgo. Su
experiencia de enfermería resultó muy valiosa para la continuación
del trabajo del instituto.

La revolución Nightingale

Biografía. Florence Nightingale nación en 1820, en Hampshire, hija de


una familia terrateniente adinerada. A los 23 años, dijo a sus padres
que quería convertirse en una enfermera y se encontró con una sólida
oposición de ellos, ya que la enfermería se asociaba con mujeres de
clase trabajadora.

En 1851 Florence recibió permiso para entrenarse como enfermera.


Entonces, con treinta y un años se fue a trabajar al hospital de
Kaiserworth en Alemania.

En 1852 escribió pero nunca publicó:

“Se supone que las mujeres no deben tener una ocupación


suficientemente importante para no ser interrumpida... Ellas se han
acostumbrado a considerar la ocupación intelectual como un
pasatiempo egoísta, y es su “deber” dejarlo para atender a cualquiera
más pequeño que ellas”.

Dos años más tarde, fue nombrada directora residente del hospital
para mujeres inválidas en Harley Street, Londres. El año siguiente,
Florence Nightingale fue autorizada para llevar a 38 enfermeras a
cuidar a los soldados británicos en la guerra. Allí encontró que las
condiciones del hospital militar Scutari eran alarmantes. Los hombres
eran mantenidos en cuartos sin sábanas ni comida decente. En estas
condiciones no era sorprendente que en los hospitales militares,
heridas de guerra era sólo la sexta razón de defunción. Enfermedades
como el tifus, cólera y disentería eran las tres causas principales por
las cuales la proporción de muertos era tan elevada.

Durante este tiempo, Florence Nightingale recolectó datos y


sistematizó la práctica del control de registros. Inventó un gráfico de
área polar (lo veremos más adelante), donde las estadísticas
representadas son proporcionales al área de una tajada en un gráfico
circular. Esta información fue su herramienta para promover la
reforma. Sus cálculos sobre la tasa de mortalidad mostraron que con
una mejoría en los métodos de sanidad, las muertes descenderían.

Florence Nightingale recibió muy poca ayuda de los militares, hasta


que utilizó sus contactos con el Times, para reportar la información.
Entonces se le encomendó la tarea de organizar las barracas del
hospital después de la batalla de Inkerman y al mejorar las
condiciones de sanidad, logró reducir la proporción de muerte de sus
pacientes.

En 1856 Florence Nightingale regresó a Inglaterra como una heroína


nacional, y decidió empezar una campaña para mejorar la calidad de
la enfermería en los hospitales militares. Su evidencia en la Comisión
de Sanidad de 1857 resultó en la formación de una universidad
médica militar.

Para dispersar sus opiniones sobre la reforma, publicó dos libros:


Notas de Hospital (1859) y Notas de Enfermería (1859). Con el apoyo
de amigos adinerados y The Times, Florence Nightingale pudo reunir
£59,000 para mejorar la calidad de la enfermería. En 1860 utilizó este
dinero para fundar la Escuela y Casa para Enfermeras Nightingale en
el Hospital St. Thomas. También se involucró en el entrenamiento de
enfermeras que trabajaban en “casas de trabajo”, como resultado de
una ley en protección de los pobres, de 1834.

Nightingale tenía fuertes opiniones sobre los derechos de las mujeres.


En su libro Sugerencias para pensar para los buscadores de las
verdades religiosas (1859), argumentó fuertemente para que se
eliminaran las restricciones que prevenían a las mujeres de tener
carreras.

Posteriormente en su vida, sufrió de mala salud, y en 1985 se volvió


ciega. Luego perdió otras facultades, lo cual significó que tuviera que
percibir cuidados a tiempo completo. A pesar de estar completamente
inválida, vivió otros 15 años antes de su muerte en 1910.

El Diagrama de Área Polar. De acuerdo con la imagen que se muestra


a continuación y en función del texto que se localiza en la esquina
inferior izquierda, cada una de las áreas azules, rojas, y las secciones
negras, están medidas utilizando el centro como vértice común. Las
secciones azules medidas desde el centro del círculo representan,
área por área, las muertes por enfermedades Zymoticas, desde
prevenibles hasta mitigables.

Las secciones rojas medidas desde el centro representan las muertes


de heridas. Las secciones negras medidas desde el centro
representan las muertes por otras causas.

La línea negra que cruza el triángulo rojo en Noviembre de 1854


marca el límite de las muertes debidas a todas las otras causas
durante ese mes.

En octubre de 1854 y abril de 1855, el área negra coincidió con el


rojo. En enero y febrero de 1855, el azul coincidió con el negro.

Las áreas completas pueden comparase siguiendo las líneas limítrofes


del azul, el rojo y el negro.

El nacimiento de la Cruz Roja

Otro estímulo para la reforma de la enfermería culminó con la


creación de la Cruz Roja internacional. Su fundador fue J. Henri
Dunant. Deprimido al comprobar la falta de servicios médicos reclutó
a gente de la localidad para que proporcionara la ayuda o cuidados de
enfermería que le fuera posible. A continuación hizo un llamamiento a
varios gobiernos europeos para crear un organismo internacional que
brindara ayuda voluntaria de enfermería en los campos de batalla.

En 1862 publicó el famoso Recuerdos de Solferino, que contenía la


idea embrionaria para el nacimiento de la Cruz Roja.

Todos los gobiernos acordaron honrar a las enfermeras de la Cruz Roja


como no combatientes y respetar sus hospitales y demás
instalaciones.

El escenario cambiante de la enfermería

El descubrimiento de nuevos fármacos, nuevas técnicas y tecnologías


han acrecentado las responsabilidades de las enfermeras y ha
obligado a introducir modificaciones radicales en los cuidados de
enfermería. El cuidado del paciente de hoy plantea retos diferentes a
los que tuvo que afrontar Florence Nightingale, puesto que a las
enfermeras actuales se les exige efectuar tareas que antaño
realizaron los médicos. Antes de la década de los años treinta la
mayor parte de los cuidados de enfermería corrían a cargo de los
estudiantes. Incluía una gran variedad de tareas que nada tenían que
ver con la profesión. A los estudiantes se les dejaba poco tiempo para
poder proporcionar un cuidado de enfermería adecuado.

Hacia los años cuarenta las enfermeras ya llevaban a cabo muchas


más tareas y procedimientos como resultado de la introducción de
profundas innovaciones en los cuidados de salud. Cada vez eran más
las personas ingresadas en los hospitales para someterse a nuevos
tipos de pruebas, ya que estas instituciones se habían convertidos en
lugares seguros y eficaces. En Enfermería para el futuro, se realizaban
más de cien tipos de prácticas diferentes.
A lo largo dl siglo XX hubo periodos de escasez dentro de la
enfermería. Muchas se negaron a participar en una estructura laboral
que ofrecía pocas recompensas, muchas horas, trabajo físico arduo y
salarios muy bajos.

A esta situación se sumaron otros acontecimientos significativos que


llevaron al desarrollo paulatino de un nuevo modelo de organización
para los cuidados hospitalarios. El éxito demostrado de las salas de
reanimación en el frente durante la II Guerra Mundial se tradujo en la
creación de unidades especiales para el cuidado de los pacientes. Se
establecieron salas de posanestesia y recuperación para prevenir las
complicaciones del posoperatorio. De esta forma fue posible
establecer una progresión de la unidad de cuidados intensivos a la
intermedia, a la de autocuidados, a la de cuidados a largo plazo y la
de cuidados a domicilio. Este desarrollo de unidades de tipo específico
obliga a contar con algún tipo de enfermería especializada y alteraba
la razón enfermera-paciente en algunas áreas, lo cual contribuyó a
acentuar todavía más la carencia de profesionales.

La calidad de los cuidados de enfermería y la satisfacción del paciente


fueron decreciendo, ya que cada vez eran menos las enfermeras
profesionales tituladas que atendían directamente a los enfermos. El
trabajo estaba coordinado, pero el cuidado de enfermería estaba
fragmentado. Tuvo consecuencias graves debido a los continuos
avances dentro de los procedimientos diagnósticos y terapéuticos y al
desarrollo de tecnología cada vez más sofisticada. Los años cincuenta
y sesenta supusieron una época de revolución para los cuidados de
salud.

La necesidad de un enfoque distinto de los cuidados de enfermería,


uno que proporcionara tanto calidad como atención integral al
enfermo. En los años setenta se acorta las distancias entre la
enfermera profesional y el paciente. En el Hospital de Nueva York su
finalidad global es proporcionar cuidados de enfermería continuos y
de calidad con el fin de favorecer la curación, prevenir las
complicaciones, promover la salud y evitar las recaídas y las nuevas
enfermedades. Los cuidados de enfermería los imparten
exclusivamente enfermeras profesionales en un contexto que
fomenta el traslado del paciente del hospital general al hogar. La
enfermera es el factor primordial en el cuidado de los pacientes y
coordina los esfuerzos combinados del enfermo, la familia y los suyos
propios para resolver los problemas que pudieran obstaculizar la
recuperación total. La medicina se consideran como un tratamiento
secundario. En esta estructura se da por supuesto que se necesitan
menos cuidados médicos y más cuidados y formación de enfermería.
Se iniciaron hospitales de cuidados agudos. Las enfermeras vieron
frustrados sus esfuerzos por un personal inadecuado, el énfasis
puesto en la eficiencia y la falta de consideración hacia las tendencias
del paciente.
En los años setenta empezó a hacerse realidad la meta combinada
del cuidado de enfermería por parte de enfermeras profesionales y el
cuidado integral del paciente con la aparición de la enfermería
primaria. La enfermera primaria es responsable 24 horas al día, siete
días por semana. Los cuidados de enfermería primaria asumen la
responsabilidad de toda la gama de funciones incluyendo la
educación, consultas, cuidados exhaustivos y continuos, planificación
y valoración de los cuidados, documentación del progreso,
planificación del alta y remisión a los servicios e instituciones
secundarias. Las enfermeras pueden actuar como abogadas del
paciente, responder de su propia práctica y tomar decisiones
basándose en los datos disponibles.

La enfermería primaria ha ido ganando popularidad, su éxito depende


de la existencia de personal suficiente, del apoyo de la administración
y de concurso de enfermeras preparadas técnica y educativamente.

Algunas enfermeras primarias se dedican actualmente a la práctica


privada o comparten una consulta con un médico.

Aunque se han dado grandes pasos en la enfermería, los problemas


siguen vigentes. Las condiciones de trabajo y los entornos siguen
siendo fuentes de conflicto. Las enfermeras están expresando sus
preocupaciones por la falta de personal, los bajos salarios, las largas
horas de servicio, las prácticas peligrosas, la imposibilidad de utilizar
los propios conocimientos, juicios y tomas de decisiones y otras
circunstancias que les impiden proporcionar unos cuidados de
enfermería de alta calidad.

De las enfermeras actuales se esperan que sean demasiadas cosas


para tanta gente y que funcionen en una gran variedad de contexto.
Deben ser excelentes cuidadoras, investigadoras capacitadas,
eruditas y pensadoras basadas en el razonamiento científico y lógico.
Se ven envueltas en avances científicos y técnicos y en nuevos
papeles, que han ampliado sus oportunidades pero que al mismo
tiempo han multiplicado en alcance de sus responsabilidades.

Investigación y teoría de la enfermería

Las “escuelas de formación” estadounidenses no favorecían el


desarrollo del pensamiento crítico ni la resolución de problemas. No
se daba a las mentes inquietas una disciplina rígida y una obediencia
incuestionable. En la escuelas de enfermería, reducían el
individualismo, la creatividad, el pensamiento crítico y la confianza.
Servían para colocar a las estudiantes y enfermeras graduadas en un
papel de sumisión, y así permanecieron durante muchos años.

La enfermería no era propicia para la investigación, como tampoco


había enfermeras preparadas para emprenderla. La necesidad de la
investigación de enfermería ya fue reconocida por las primeras
dirigentes, que se comprometieron con el método científico de
recoger e interpretar datos para generar nuevos conocimientos
tendentes a mejorar los cuidados de enfermería.

Una serie de acontecimientos acabaron por conducir al compromiso


firme de incorporar la investigación de enfermería a la estructura
global de la profesión. La Association of Collegiate Schools of Nursing
(ACSN) patrocinó un foro especial sobre investigación de enfermería
en 1941. La Cámara de Delegados de la ANA aprobó un programa de
investigación en 1950. Este programa estaba diseñado como un
proyecto a largo plazo para estudiar:

Las funciones de la enfermería en distintos contextos y zonas


geográficas.

La relación de las enfermeras con sus compañeros de trabajo y


asociados.

El lanzamiento de la revista Nursing Research en 1952 fue un reflejo


de la promoción y la comunicación de la investigación en enfermería.
En 1955 se creó la American Nurses' Fundation como corporación
miembro de la ANA. Esta fundación proporciona becas de
investigación a las enfermeras graduadas para proyectos científicos y
educativos; llevar a cabo estudios, revisiones e investigaciones;
proporcionar becas a las instituciones educativas públicas y privadas
sin fines lucrativos, y publicar trabajos científicos, educativos y
literarios.

Entre 1940 y 1956, el Departamento de Salud, Educación y Bienestar


concedió pequeñas becas a múltiples personas por diversos proyectos
de investigación. En 1956, en la División de Recursos de Enfermería
de los Servicios de Salud Pública de los Estados Unidos se formó un
programa externo de becas para la investigación de enfermería. Se
concedieron premios en metálico a los investigadores cualificados por
sus proyectos. Fue la primera vez que ponían becas con fondos
federales para la investigación de enfermería. También en otros dos
ámbitos: a través de unas ayudas especiales de predoctorado creadas
por la División de Recursos de Enfermería, y a través de becas de
formación de enfermeras-investigadoras graduadas. En los años 70 se
logró la integración de la investigación de enfermería en todos los
programas colegiados de formación.

El valor de la investigación de enfermería se irá haciendo cada vez


más importante conforme la enfermería siga avanzando hacía la
condición de profesión y de excelencia de ejecución. La investigación
tendrá como resultado el asentamiento de la calidad de los cuidados.
Las formas más eficientes y eficaces de la enfermería se pueden
identificar a través de la investigación.

La necesidad de contar con teorías de la enfermería y poderlas


desarrollar fueron cuestiones destacadas en la década de los 70.

La enfermería comienza a ser reconocida como una ciencia legítima,


aunque sigue siendo necesario un impulso continuado para alcanzar
esta meta. Los esfuerzos unidos de las estudiantes y de las
practicantes de la enfermería son indispensables para poder
identificar la base de conocimientos de la enfermería y formular una
teoría o teorías que sustancien la práctica profesional.

Los avances en la formación

El desarrollo de los programas universitarios de enfermería se inició


con los estudios de diplomado. La falta de enfermeras preparadas
para puestos de docencia y administración era evidente. La Dra.
Louise Fitzpatrick (1983) describe las siguientes cuatro fases:

Orígenes: 1939-1952. Esta fase se relaciona con la dificultad de


rastrear el desarrollo de los programas de formación de las
enfermeras. Sin embargo, se estaban produciendo varios
acontecimientos importantes. Los programas de diplomado de
diferentes tipos iban en aumento.

Etapa de transición: 1953-1964. Fue durante estos once años cuando


la licenciatura fue reconocida como el nivel avanzado de la formación
de enfermería. Se formularon unas pautas de organización,
administración, plan de estudios y examen y se creó un Subcomité de
Formación de Graduación de Enfermería (de la NLN). En los años 80
se está volviendo a producir una nueva tendencia al ir ganando
importancia la posición favorable a doble preparación.

Regionalización. La planificación regional de la formación de


diplomados se inició en la década de los 50 con la creación de dos
organizaciones: el Southern Regional Educational Board (SREB) y la
Western Interstate Commission on Higher Education (WICHE). Ambas
se dedicaron a conseguir una mejora de la enfermería mediante
programas de licenciatura más fuertes para preparar al profesorado.

Maduración de la licenciatura: 1964-1975. La licenciatura de


enfermería maduró y se convirtió en una acreditación importante para
las enfermeras que ostentaban puestos directivos en aquellos años.
Interés por la investigación y una expansión del número de
programas de diplomados dentro de las especialidades clínicas. El
Acta de Formación de Enfermeras de 1964 proporcionó una
asignación financiera amplia para la construcción, desarrollo del
profesorado, becas para las estudiantes y préstamos.

El grado de licenciatura se ha asentado firmemente en la estructura


de la formación de enfermería. Es evidente la revaloración de la
formación, ya que el número de enfermeras que obtiene el grado de
licenciatura está aumentando rápidamente.
Hubo otros factores que inhibieron el crecimiento rápido de la
preparación de doctorado para las enfermeras: la enfermería se
percibía exclusivamente como una disciplina práctica; existía temor a
que las enfermeras fueran eruditas y supusieran una amenaza para
las jerarquías médicas; el crecimiento retardado de los programas de
licenciatura dio lugar a una promoción inadecuada de candidatas al
doctorado hasta los años 60; la naturaleza, orientación y dirección del
doctorado de enfermería no se habían definido claramente, y faltaba
un cuerpo de conocimientos científicos.

El primer Doctorado en Ciencias de la Enfermería dentro de la rama


de enfermería psiquiátrica se inició en la Boston University en 1960.
La pedagogía era la disciplina más popular.

Los argumentos de Grace (1978) sobre la evolución de ciertos tipos


específicos de programas de doctorado dentro de la enfermería. El
primer tipo era el de la especialidad funcional, que subraya la base de
metodologías y conocimientos necesarios para la enseñanza y la
administración. El segundo tipo implicaba la preparación dentro de
disciplinas científicas básicas sobre las que se apoyan la ciencia y el
arte de la enfermería.

En la actualidad se ofrecen dos programas de doctorado en


enfermería: el Doctorado Médico, o doctorado académico, que hace
hincapié en la investigación de enfermería, y el Doctorado en Ciencias
de la Enfermería, o doctorado profesional, que se centra
especialmente en la práctica de la enfermería.

La era de la especialización

El concepto de especialidades de enfermería era literalmente


desconocido antes de la influencia de Florence Nightingale y el
surgimiento de la enfermería moderna. Se esperaba que cada
enfermera se ocupase del paciente sin tener en cuenta el tipo de
enfermedad que justificaba los cuidados. Los enfermos no fueron
separados por enfermedades hasta las primeras décadas del siglo XX.
Puede que este cambio fuera el factor desencadenante del
movimiento del movimiento de la especialización, ya que los
pacientes eran colocados en áreas específicas de acuerdo con los
diagnósticos médicos. Sin embargo, hasta la II Guerra Mundial la de
las enfermeras trabajaba como personal de enfermería general en los
hospitales, como enfermeras de salud pública o como enfermeras de
instituciones privadas.

Con el tiempo, la tendencia hacia las unidades de cuidados


especializados fue cobrando importancia, y con ella evolucionaron
dos papeles de enfermería: El papel extendido: se refiere a un médico
extensor con una orientación de practicante; el médico mantiene la
autoridad y el poder de tomar decisiones. El papel ampliado: es un
ensanchamiento de la enfermería orientado a los cuidados en el cual
la enfermera colabora con el médico cuando está indicado.

Las primeras especialidades de enfermería surgieron a finales del s.


XIX y principios del XX: la enfermera partera y la enfermera
anestesista. La formación de las enfermeras parteras fue una
respuesta directa a la necesidad de mejorar los cuidados materno
infantiles, a la práctica incontrolada de comadronas sin preparación y
a la falta de tocólogos en las zonas rurales más pobres. El papel de
enfermera anestesista surgió como parte de la creciente sofisticación
de la cirugía, cuando se reconoció que se necesitaban ayudantes
preparados para administrar los anestésicos. Ya no resultaba seguro
ni satisfactorio tener a estudiantes de medicina o ayudantes sin
preparación administrando la anestesia. En la actualidad siguen
vigentes los mismos tipos de luchas por la especialización de
enfermería.

Ya desde un principio otra enfermera especialista que merece


mención: la enfermera de empresa. Esta especialidad surgió como
respuesta a los riesgos y condiciones anormales de salud de las
tiendas, fábricas y demás campos del trabajo industrial. Ado Mayo
Stewart fue la primera enfermera de esta especialidad. El crecimiento
de la enfermería de empresa fue lento hasta el auge repentino de la
industria de defensa durante la II Guerra Mundial. Entonces se
empezó a contratar rápidamente enfermeras para todo tipo de
plantas de fabricación, una práctica que, en la mayoría de los casos,
se continuaría después de la guerra.

La década de los sesenta, fue testigo de otro período de notable


crecimiento de la especialización de la enfermería, que ha continuado
hasta la actualidad. En los hospitales se desarrollaron todo tipo de
campos de especialidad (unidades de cuidados coronarios, unidades
de cuidados intensivos quirúrgicos y médicos, unidades de
quemaduras, unidades de diálisis, unidades de oncología), que
obligaron a un cambio en los papeles de le enfermería. Determinaron
que la enfermería empezase a experimentar con el papel de
“especialista clínica” o “enfermera clínica”. Este nuevo concepto
permitió que las enfermeras utilizaran su saber para la práctica de la
enfermería avanzada. De nuevo, los esfuerzos de la enfermería se
vieron parcialmente coartados, ya que a menudo las administraciones
de los hospitales no estaban dispuestas a pagarpor dichos servicios y
asignaban tales responsabilidades a la supervisora o a la enfermera
de plantilla especializada. De estas forma se prohibía o impedía que
la especialista ejerciera un papel clínico. Todavía no se han podido
vencer todos los obstáculos interpuestos a esta función, aunque
actualmente las especialistas clínicas ya operabaan en diversos tipos
de emplazamientos, incluyendo hospitales, instalaciones
ambulatorias, junto con médicos independientes o en grupos y en
consultas privadas o conjuntas con otras enfermeras especialistas y/o
médicos. En 1954 Hildegard E. Peplau desarrolló el primer programa
con nivel de graduación para la preparación de especialistas clínicas
en la Rutgers University; el área de especialidad del programa era la
enfermería psiquiátrica.

En este periodo también se introdujo la “enfermera práctica” como


resultado de una demostración específica subvencionada por la
Fundación Commonwealth en la University of Colorado en 1965. El Dr.
Henry Silver, pediatra y la Dra. Loretta Ford, enfermera de salud
pública de dicha universidad, colaboran en la empresa. Este proyecto
de demostración dio lugar a la creación de un programa de
enfermería práctica en pediatría que capacitaba a las enfermeras
para impartir cuidados generales a los niños sanos en un contexto
ambulatorio. Además, a las enfermeras se les enseñaba a emitir juicio
sobre las enfermedades graves o crónicas de los niños y a ejercer
como practicantes en urgencias infantiles. Uno de los efectos de estas
innovaciones fue el desarrollo de numerosos nuevos títulos dentro de
la enfermería, como enfermería clínica, especialista en enfermería
clínica y enfermera práctica. Todos ellos diferían en su significado, en
los requisitos de formación y en las funciones a desempeñar. Es
evidente que falta una estandarización de los títulos, como demuestra
la lista de más de 80 titulaciones de enfermería práctica
confeccionada por Gripando. Además en la actualidad existen unas 27
organizaciones que representan a diversos tipos de práctica
especializada de enfermería, y la lista sigue aumentando.

...En conclusión

A lo largo de toda la historia los líderes de la enfermería se han


referido a ella como un arte y al mismo tiempo como una ciencia. Sin
embargo, en este contexto el arte es algo más que un concepto lineal
y estático. Supone un tipo de percepción activa, dinámica y en
continuo desarrollo. Una calidad emocional guía de la transformación
del material en arte, pero refuerza el papel de la inteligencia o del
pensamiento. Así, el arte es una forma de interrogación cualitativa
que extrae su sustancia de la intuición estética. Isabel M. Stewart
calificada a menudo la enfermera como un arte. Hacía hincapié en
que la enfermera, como “verdadera artista”, era esencial para el
progreso de la enfermería hacia algo más que un oficio altamente
cualificado. Miss Stewart comprendió que muchas personas veían el
arte y la técnica como una entidad única, pero siempre explicaba que
un trabajo podía ser técnicamente perfecto y, sin embargo, carecer
de arte. La técnica, el alma, la mente y la imaginación eran
esenciales para la formación del verdadero artista.

La herencia de la enfermaría es rica. Su historia es un relato de


descubrimientos que reflejan los nuevos avances realizados en cada
generación. La historia de la enfermería que se ha representado a
través del arte muestra sus aspectos más valiosos: cuidado y entrega.
El cuidado es la esencia de la enfermería: cuidado por, cuidado de,
cuidado hacia... nadie podrá captar jamás totalmente el verdadero
arte o el espíritu de la enfermería. ¡Ambos desafían a la expresión!

Autora: Cristina

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