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REVISTA CULTURA 105 EDITORIAL 1

SECRETARÍA DE CULTURA
DE LA PRESÌDENCÌA
Héctor Jesús Samour Canán
Secretario
DÌRECCÌÓN DE PUBLÌCACÌONES E ÌMPRESOS
Carlos Alfredo Serpas Saz
Director
Pablo Menacho
Gerente Editorial
DÌRECTOR DE LA REVÌSTA CULTURA
Luis Alvarenga
CONSEJO EDÌTORÌAL
José Luis Escamilla
Sajid Herrera
Carlos Molina
DÌAGRAMACÌÓN
Carlos Benjamín Galdámez
DÌSEÑO DE PORTADA
Juan Marcos Leiva
ÌMAGEN DE PORTADA
Antonio Bonilla: El indio Aquino.
ÌMAGEN DE CONTRAPORTADA
Antonio Bonilla: Autorretrato.
CORRESPONDENCÌA Y CANJE
17 Av. Sur n.
0
430
San Salvador, Centroamérica
DÌRECCÌÓN ELECTRÓNÌCA
revistacultura@cultura.gob.sv
Antonio Bonilla: Que el diablo se la lleve.
Editorial
La emancipación, como proyecto inconcLuso
EspEcial
eL bicentenario como probLema
Entre la espada y la memoria: el Bicentenario del
primer grito de independencia de 1811
Luis Calero
La independencia como problema
Rafael Lara Martínez
El Plan de Iguala y la independencia de Centroamérica
Mario Vázquez Olivera
De cara al Sur: “un centinela de la casa propia”
Marlene Vázquez Pérez
Bicentenario México.
La “celebración” del bicentenario de la independencia:
el discurso desde el poder
Salvador E. Morales Pérez
El sueño de una República Laica: la escuela
y la formación de los futuros ciudadanos.
Reforma Educativa en El Salvador (1883-1889)
Julián González Torres
Celebremos el Bicentenario, pero en serio
Miguel Ángel Chinchilla Amaya
9
27
53
83
97
117
155
7
REVISTA CULTURA 105 EDITORIAL 4
Ensayo
La representación del indio en la generación literaria
del 20 en Guatemala: Carlos Wyld Ospina y Carlos
Samayoa Chinchilla.
Marta Elena Casaus Arzú
El Salvador, 1932: los cofrades insurrectos. Herencia
corporativa colonial en la sociedad salvadoreña
Pablo Benítez
Animación y antiliberalismo en el pensamiento de Óscar
Arnulfo Romero (1962-1965)
René Chanta
poEsía
Poemas de Marta Leonor González
Poemas de Dina Posada
Colaboran en esta edición
161
195
217
243
251
255
Antonio Bonilla: Melancolía.
Antonio Bonilla:
El carrito de la Historia (detalle).
REVISTA CULTURA 105 EDITORIAL 7
La emancipación,
un proyecto inconcluso
Editorial
L
debe mover a plantearse el problema de la emancipación como
una tarea que tuvo una fase importante en los procesos de
independencia del siglo xix, pero que quedó inconclusa en la
etapa republicana.
2011 es el año en que estas conmemoraciones se centran en El Sal-
vador. El año anterior y en conmemoración de las luchas de 1810, la
efemérides se conmemoró en México, Argentina, Colombia, Chile y Vene-
zuela. En 2009, se celebró en Bolivia y Ecuador. Semejante proximidad de
fechas nos debe recordar que los procesos de emancipación que se dieron
en cada uno de los países no fueron actos aislados. Se trató de procesos
continentales, en los que coincidieron factores económicos, sociales, cul-
turales y políticos comunes, coexistiendo con las particulares condiciones
históricas de cada lugar. Esto lo comprendieron aquellos que tuvieron un
enfoque amplio del proceso. La trascendencia de Bolívar, Martí y Mora-
zán, por citar algunos, se debió al entendimiento compartido por ellos de
que la emancipación no se limitaba a la tarea inmediata de sacudirse la
tutela hispana y a decretar nuevas repúblicas. Por el contrario, compren-
dieron que la supervivencia y la maduración de estos procesos liberadores
demandaban una visión de largo plazo (un proyecto de sociedad), pero
también un enfoque continental, o al menos, regional. Las amenazas a la
soberanía de las nuevas repúblicas estaban a la orden del día. Nuevos po-
deres mundiales sucedían a los viejos. Razón de más para buscar formas
conjuntas, entre todos los países, para enfrentarlos.
Doscientos años después nos encontramos ante problemas igualmente
acuciantes para la soberanía de los países latinoamericanos. Una globa-
REVISTA CULTURA 105 EDITORIAL 8
lización excluyente, centrada en la
construcción de una economía de
mercado mundial, pero carente de
una concepción incluyente (y mun-
dial) de ciudadanía; sociedades que,
en su inmensa mayoría, reproducen
dinámicas de exclusión a todo nivel
(económico, de género, cultural, po-
lítico); son elementos que deshacen
cualquier gesto de autocomplacen-
cia por el Bicentenario.
Los retos actuales —que remiten
a antiguos problemas históricos—
demandan nuevas alternativas. Una
nueva emancipación demanda reto-
mar una perspectiva continental, in-
tegral y cultural. Continental, en tanto
no es posible enfrentar los elementos
que excluyen social, política, cultural
y económicamente si no se supera el
nacionalismo exacerbado; integral, por
cuanto la emancipación no se reduce
a cambios en la conducción del Esta-
do o a transformaciones económicas.
Los cambios económicos y los cam-
bios en la conducción del Estado son
de importancia clave, pero no agotan
la problemática de la emancipación. Y
esto nos lleva al último elemento: la
cultura. Una perspectiva cultural de la
emancipación debe llevar a la crítica
de los elementos opresores de nues-
tras culturas, al fomento de aquellos
elementos liberadores y a motivar las
energías creativas, en todos los as-
pectos, de los hombres y mujeres de
nuestros países. Desandar el camino
de sociedades consumistas y retomar
el de las sociedades creadoras, tanto
de bienes materiales como de bienes
espirituales.
En este número, junto a varia-
das y novedosas refexiones sobre
el Bicentenario, traemos una mues-
tra de la obra del maestro Antonio
Bonilla. Sus cuadros ponen el dedo
en la llaga al respecto de las deudas
históricas de nuestras sociedades.
El Bicentenario es un buen momen-
to para volver nuestra mirada a los
cuestionamientos que nos dirige
este gran artista.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 9
Una persona puede llegar a ser libre mediante actos de
desobediencia, aprendiendo a decir no al poder. Pero no sólo
la capacidad de desobediencia es la condición de la libertad;
la libertad es también la condición de la desobediencia. Si
temo a la libertad no puedo atreverme a decir “no”, no puedo
tener el coraje de ser desobediente. En verdad, la libertad y
la capacidad de desobediencia son inseparables; de ahí que
cualquier sistema social, político y religioso que proclame la
libertad pero reprima la desobediencia, no puede ser sincero.
Erich Fromm,
Sobre la desobediencia y otros ensayos (1980)
R
ecordar es un proceso natural dentro
de las sociedades, sobre todo recordar
aquello que se transforma en la justif-
cación de lo que se es ahora, es decir sus
mitos de origen, de ahí que la memoria transforma
los grupos dándoles una explicación a su existencia y
que no son las sociedades las que importan sino que
el motivo del recuerdo por cuanto es ideal y se piensa
en ese pasado que nos dejaron para el futuro; pero el
futuro hecho y vivible de las sociedades no nos atrae,
o en el peor de los casos, nos deprime, así mejor nos
quedamos con esa visión pueril del pasado remem-
brando cómo la sociedad legada fue perfecta e ideal
solo después de haber pasado lo que recordamos o
queremos recordar.
Entre la espada y la memoria:
el Bicentenario del primer grito
de independencia de 1811
Como heCho
históriCo el
movimiento
de 1811 es
signifiCativo
puesto que se
enmarCa en
un periodo
turbulento
en la metrópoli,
y en las
Colonias.
Especial
Luis caLero
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 10
En cualquier parte los “héroes”
nacionales son repensados en la di-
mensión de lo que se construye y
que se tiene, es una especie de limbo
por cuanto estos héroes nunca pen-
saron a nuestra sociedad de ahora,
pero nosotros creemos que ellos nos
delegaron desde su pasado la mi-
sión de mantener una institución;
se piensa en los héroes no como
bandidos, aunque se opusieron al
orden establecido y eso les da el ca-
rácter de rebeldes, y transgredieron
la ley y fueron por tanto desleales.
Aunque lo parezca, este no es un
trabajo de historia, es sobre todo un
trabajo de memoria, un acercamien-
to al recuerdo de un hecho que le
da signifcado a una sociedad, pero
por lo mismo de ser “memoria” se
presenta la tradición o la traición,
como se puede verifcar de su sig-
nifcado latín, tanto tradición como
traición provienen del verbo “trade-
re” que es entregar. Trabajo de me-
moria por cuanto nos atrevemos a
recordar un hecho doscientos años
después de que este ocurriera, con
todo y lo que ello signifca: tradición
y traición, recuerdo y olvido, pero
para este paseo por el recuerdo nos
atrevemos a acercarnos al hecho de
recordar de hace cien años, cómo se
vivió y cuál era la intensión de re-
cordar cien años (antes de nosotros
y después de los hechos mismos),
nos damos cuenta que en esa tra-
dición o traición se forma un carác-
ter, la idea de los patriotas que “lu-
charon” por la “independencia” así
queda registrado en los discursos y
en el espíritu del recuerdo marcado
por el de la época, y las fguras se
construyen y los personajes se al-
zan, pero al mismo tiempo el hecho
(como problema histórico) nos re-
mite a otra dimensión, resulta que
nuestros héroes fueron bandidos, y
fueron al mismo tiempo traidores,
no solo a las instituciones que les
dieron su identidad de casta, sino
que también a las personas quienes
les endosaron su libertad para que
ellos fueran los héroes del futuro,
pero los traidores del presente.
Como hecho histórico el mo-
vimiento de 1811 es signifcativo
puesto que se enmarca en un pe-
riodo turbulento en la metrópoli, y
en las colonias. En el año de 1808
Napoleón I impone en el trono espa-
ñol a José Bonaparte como rey de
España generando la capitulación
de Fernando VII de Borbón, a este
ínterin se procede en España un
hecho político-social que será fun-
damental para el futuro inmediato
de la metrópoli y de las colonias: la
guerra de independencia española.
No solo las colonias de la corona
española tienen que asistir a este
parto, la misma corona española, el
mismo imperio tiene que forjar su
identidad con la independencia de
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 11
Francia, y en 1811 tenemos los re-
sultados en la periferia: “Paraguay
declara su independencia y confor-
ma un triunvirato, en el mismo año
se declara la independencia de Ve-
nezuela, en 1813 Uruguay y Perú.
Pero antes de estos movimientos exi-
tosos tenemos entre 1808-1810 la
instauración de las juntas en Mon-
tevideo (21 de septiembre de 1808);
Chuquisaca (actual Sucre, mayo de
1809), La Paz (julio de 1809), Qui-
to (agosto de 1809), Buenos Aires
(mayo de 1810), Santafé de Bogotá
(20 de julio de 1810) y Santiago de
Chile (septiembre de 1810)”.
1
Dentro de este contexto el movi-
miento salvadoreño de 1811 no po-
see nada de original pero se suma
a una ola creciente de las indepen-
dencias en América, y representa,
sin duda, la inquietud y espíritu
separatista que se verá en Centro-
américa y México hasta 1821.
La intensión del presente trabajo
es recordar el movimiento de 1811
pero no desde una visión cosifcada,
granítica o apolillada del mismo pro-
ceso, sino que es una invitación a su
comprensión desde nuevas perspec-
tivas, alejadas del chauvinismo que
nos permitan hacer reinterpretacio-
nes críticas de un hecho fundamen-
tal y trascendente para la historia
de un país, para la historia de una
sociedad. Es así que se presenta
una selección de imágenes de dife-
rentes fuentes escritas e impresas
que nos plantean el hecho en varias
dimensiones, se presenta por lo tan-
to un documento que no tiene como
espíritu crear posicionamiento inte-
lectual sobre el hecho histórico, sino
que más bien la intensión es presen-
tar una selección de fuentes para
ser vistas en su dimensión contex-
tual, y generar al mismo tiempo un
contrapunto del hecho, por lo que la
estructura que se le presenta al lec-
tor es la siguiente:
1) Presentación del recuerdo ofcial
del centenario. (Cómo y por qué
se recordó el movimiento del 5
de noviembre de 1811, cien años
después).
2) Presentación de las festividades
según lo observó la prensa co-
mercial en el momento, lo que
inspiró y posibilitó en su entor-
no, marcadamente, elitista y los
procederes intelectuales relacio-
nados con las fechas de la cele-
bración del Centenario.
3) Recopilación de fuentes prima-
rias, sobre el movimiento del 5
de noviembre, que presentan el
objeto de las festas en su dimen-
sión histórica, y no en su dimen-
sión de memoria. Es decir es el
proceso en sí, y no el recuerdo,
es la acción y no su celebración,
por lo que se encuentran postu-
ras muy dispares en cuanto a su
apreciación. Esta parte se puede
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 12
dividir en dos puntos: a) la pre-
sentación de las fuentes en sí;
b) las fuentes primarias con un
proceso de construcción discur-
siva orientadas a la generación
de una postura clara en defensa
o en condena.
Esperando que con este ejercicio
las personas puedan acceder a par-
te de los documentos que son muy
difíciles de poder consultar, como es
en el caso del Diario del Salvador, el
cual por su resguardo es muy com-
plicado poder manipularlo.
Antes de fnalizar esta pequeña
parte introductoria quiero agradecer
la cooperación del personal de prés-
tamos de la hemeroteca quienes me
hicieron factible el poder manipular
los documentos, así mismo la con-
fanza depositada por la Sra. Sub-
directora del archivo, y agradecer
de la misma forma, la oportunidad
que los editores de la revista cuLtu-
ra me brindan para difundir estas
imágenes rescatadas del ostracismo
del olvido para ser nuevamente me-
moria.
Parte I:
Cien años desde el recuerdo ofcial: ¿Qué recordaron?
Fuente: D.O., viernes 13 de octubre de 1911,
T. 71, N° 237, p. 2596
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 13
Fuente: D.O., martes 31 de octubre de 1911, T.71,
N° 252, p. 2709.
Fuente:
D.O., martes 31 de octubre de 1911,
T. 71, N° 252, p. 2716.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 13
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 14
Fuente: D.O., jueves 02 de noviembre de 1911,
T.71, N° 254, p. 2725.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 14
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 15
Fuente: D.O., domingo 05 de noviembre de 1911,
T.71, N° 257, p. 2749.
Fuente:
D.O.,
domingo 05
de noviembre
de 1911,
T.71, N° 257,
p. 2754.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 15
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 16
Fuente: D.O., lunes 06 de noviembre de 1911,
T. 71, N° 258, p. 2757.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 16
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 17
Fuente: D.O., martes 07 de noviembre de 1911,
T. 71, N° 259, p. 2765.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 17
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 18
Fuente: Diario del Salvador,
viernes 1° de septiembre
de 1911, portada.
Fuente: Diario del Salvador,
lunes 4 de septiembre
de 1911, p. 3.
Fuente: Diario del Salvador,
martes 5 de septiembre
de 1911, portada.
Parte II:
Recordando cien años desde el Diario del Salvador
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 18
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 19
Fuente: Diario del Salvador,
lunes 12 de septiembre de 1911, portada.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 19
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 20
Fuente: Diario del Salvador,
miércoles 6 de septiembre de 1911, portada.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 20
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 21
Fuente: Diario del Salvador,
miércoles 13 de septiembre de 1911, portada.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 21
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 22
Fuente: Diario del Salvador,
viernes 22 de septiembre de 1911, portada.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 22
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 23
Fuente: Diario del Salvador,
viernes 20 de octubre de 1911, portada.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 23
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 24
Fuente: Diario del Salvador,
miércoles 25 de octubre
de 1911, portada.
Fuente: Diario del Salvador,
viernes 27 de octubre de 1911, portada.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 24
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 25
Fuente: Diario del Salvador,
miércoles 1.
0
de noviembre
de 1911, portada.
Fuente: Diario del Salvador,
miércoles 1.
0
de noviembre de 1911, portada.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 25
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 26
Fuente: Diario del Salvador
miércoles 3 de noviembre de 1911, p.4
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 26
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 27
La independencia
como problema
Siempre se ha hermanado el ideal de la libertad con la sed de
sangre de los vencedores. (J. Dols Corpeño, Revista del Ateneo,
año II, n.
o
14, diciembre de 1913 y 1914: 71).
I. Preámbulo
a independencia como problema” ana-
liza la visión que socios fundadores y
primeros miembros de una organiza-
ción cultural salvadoreña —el Ateneo
de El Salvador (diciembre de 1912)— nos ofrecen de
la doble independencia centroamericana —la primera
emancipación de España (1821) y la segunda de toda
potencia extranjera (1823)— al igual que reseña su
enfoque sobre la vida independiente del istmo. Esta
generación olvidada celebra el primer centenario del
primer grito de independencia (1811), así como el de
la independencia con un mayor decoro que el nues-
tro. Mientras en la actualidad la pompa cívica dispo-
ne la conmemoración patria, los ateneístas y sus con-
temporáneos nos muestran una visión más trágica y
refexiva de la historia.
Si la independencia ocurre por simple contingen-
cia, sin luchas populares ni resolución política frme,
la vida independiente la dictan guerras fratricidas y
matanzas que opacan toda ilusión de libertad. El ar-
tículo rescata la producción cultural de una gene-
rafaeL Lara-martínez
si la
independenCia
oCurre
por simple
ContingenCia,
sin luChas
populares ni
resoluCión
polítiCa
firme, la vida
independiente
la diCtan
guerras
fratriCidas y
matanzas que
opaCan toda
ilusión de
libertad.

L
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 28
ración olvidada, clave para nuestro
presente que se apresta a festejar el
segundo centenario (2011), a la vez
que restituye una conciencia paci-
fsta irreconocida.
La propia existencia de esta ge-
neración pacifsta la destierra una
hegemonía liberal —una “instruc-
ción cívica y moral práctica” guber-
namental— que la considera “anti-
patriótica” (Guzmán, 1914: 194).
En la inventiva histórica liberal, “las
ideas extremas de los partidos socia-
listas y antimilitaristas” —así como
las indígenas comunales— que se
arraigan en “las masas populares”
menoscaban “el sentimiento innato,
el dogma inmortal del amor a la pa-
tria” (Guzmán, 1914: 141 y 167).
En cambio, en “tiempos de paz”,
para los reformadores, la disparidad
entre “20.3% que absorbe la Cartera
de Guerra y Marina” contra el “5.65%
de la Cartera de Instrucción Pública”
requiere construir un “equilibrio eco-
nómico” (Suay, 1911: 7 y 10). “Aspi-
remos para que tengamos cada día
menos necesidad de grandes ejérci-
tos, los que, en realidad, no han te-
nido desde hace 90 años que somos
independientes, más misión que la de
destrozarnos entre hermanos” (Suay,
1911: 12). Más que una nación unida
en su anhelo libertario, “La indepen-
dencia como problema” rastrea las
raíces de un país dividido desde sus
comienzos fundacionales.
II. Del olvido cívico…
Hacia la fundación del Ateneo de
El Salvador sucede un “renacimien-
to intelectual” en el país (año 1, n.
o

I, 1/diciembre/1912: 1). “Después
de un eclipse de varios años, debido
al período de desorganización que
hemos atravesado”, se percibe una
“favorable oportunidad” para discu-
tir la cuestión nacional de manera
seria y razonada. Sus primeros so-
cios creen que “el poder de la cien-
cia” sobrepasará “estériles e infe-
cundas luchas”, políticas sangrien-
tas (año 1, n.
o
I, 1/diciembre/1912:
1; la utopía de una “Nación que
pertenece a todos” por el “auxilio de
la Ciencia” y del “Arte”, inaugura el
Libro Araujo, 1914: 10).
La conciencia de un desastre
histórico intenta revertir su esfuer-
zo hacia la labor conjunta de todos
los “hombres de ciencia, de letras y
de arte, que hasta ahora han vivido
aislados”. “Bajo los nobles auspi-
cios del Jefe de la Nación Salvadore-
ña”, Manuel E. Araujo (1911-1913,
fechas de mandato presidencial),
la utopía consiste en inaugurar un
espacio público de expresión en el
cual la discusión argumentada sus-
tituya confictos armados.
Desde “El Primer Certamen Li-
terario del Ateneo de El Salvador”,
una de las temáticas más reitera-
das interpreta el sentido que posee
la independencia centroamerica-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 29
na en ese principio de siglo (año I,
n.
o
12, octubre/1913: 381-382). La
respuesta más tradicional la expo-
ne la conformación de una religión
laica para uso del Estado y cultura
ofcial.
En esta línea conservadora, el
panegírico reemplaza el pensamien-
to crítico que hace de la indepen-
dencia un problema. Bajo la misma
rúbrica clasifcan varias famosas
poesías que componen Patria de
Francisco Gavidia (versión defniti-
va, 1974: 241-376), odas, biografías
y discursos incluidos en los Juegos
Florales del Centenario de la Insu-
rrección de 1811 (1911) y El libro de
los Juegos Florales (1921), al igual
que la “Oda a Centroamérica” de
Alfonso Espino (poeta doblemente
laureado, 1921; año IX, n.
o
84, sep-
tiembre/1921: 1521-1526 y año X,
n.
os
85-87, 1921: 1598-1601).
A esta tendencia también perte-
necen semblanzas de los próceres,
loas a la libertad, himnos (a la ban-
dera) y un sinnúmero de trabajos
que al reseñar “El Salvador a través
de la historia” le prescriben el título
de “hija predilecta de la Federación”
(Salvador R. Merlos, año VI, n.
os
57-
68, enero-diciembre/1918: 1206;
pero admite que “el Sol del Unionis-
mo” implica “fresca sangre”, saber
“derramar la sangre” (1206-7), sin
osar asociar este hecho a matan-
zas que enturbian ideales). Hay una
exaltación de la patria —un ascenso
glorioso a la libertad— sin más con-
trariedad que célebres “sacrifcios”
de hombres ilustres, los próceres, y
algunos de sus prosélitos populares.
Esta corriente instituye un civis-
mo fervoroso. Pero al proponer una
creencia patriótica ciega, su princi-
pio pasional traiciona “el poder de la
Ciencia” sometido a demostraciones
historiográfcas, al igual que a posi-
bles contra-argumentos (Libro Arau-
jo, 1914: 10). El olvido cívico —lo que
el civismo olvida en sus loas piado-
sas— es exigir razonamientos metó-
dicos y antítesis que deduzcan sus
faquezas. En esta omisión surgen
tres socios del Ateneo —Adrián M.
Arévalo, José Dols Corpeño (primer
presidente; pseudónimo de José Do-
lores Corpeño) y Abraham Rodríguez
Peña— con sus respectivas propues-
tas sobre la independencia como pro-
blema.
A la convención historiográf-
ca republicana en boga —la de una
gesta heroica popular dirigida por
próceres iluminados (José Matías
Delgado, según la historia ofcial,
pero “al lado de los monárquicos” y
sin “destacarse antes de la procla-
mación de independencia” (Durán,
1961: 13))— con atinada lucidez,
los tres miembros no contraponen
la invención de un nuevo mito: bús-
queda de prohombres populares de
izquierda, Pedro Pablo Castillo, cual
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 30
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 31
lo sugiere Alejandro Dagoberto Ma-
rroquín (Apreciación, 1974: 73-76).
Ambas posiciones contrapuestas
—historia conservadora ofcial y re-
visión marxista— mantienen en co-
mún la idea de una gesta heroica por
la fundación de la patria. En cambio,
los ateneístas aducen la ausencia de
todo proceso de independencia y,
peor aún, un descalabro fratricida
subsiguiente a la “fábula liberadora”
de 1821 (la independencia como “fc-
ción deslumbradora”, “espejismo” y
demás sinónimos, la defende Dols
Corpeño, 1914: 10 y 14).
A diferencia de otras regiones
de Latinoamérica, en El Salvador es
imposible reconstruir un transcur-
so incesante de luchas independen-
tistas. Entre el primer grito (1811)
—el segundo intento abortado por
lanzar otro grito de independencia
(1814)— y su doble declaración f-
nal [1821 (independencia de Espa-
ña) y 1823 ( independencia de toda
potencia extranjera)] no existe una
continuidad. Según los ateneístas,
se presenta un hiato infranqueable,
un dilatado letargo independentista
sin líderes obvios ni voluntad po-
pular. Entre esos siete a diez años
de sopor (1811-1814-1821-1823),
forece la indiferencia. El desmayo
patriótico lo comprueban las escue-
tas “anotaciones cronológicas” que
realizan los historiadores Francisco
J. Monterey y Miguel Ángel García
para los años 1815-1820 (el térmi-
no lo aporta el título del trabajo de
Monterey, 1943/1977: 49-60; lo se-
cunda García, 1952: 307-308). Aca-
so la idea de una lucha continua
por la independencia sería un mito
fundacional, republicano y liberal.
La visión más trágica de los ate-
neístas —quizás más realista al
recordar matanzas independien-
tes cuyo año emblemático lo cifra
1863— es irreconocida por una ra-
zón flosófca hegemónica, bastan-
te tradicional. “En nuestro Estado
no podemos admitir otras obras de
poesía [e historia] que los himnos a
los dioses y los elogios de los hom-
bres grandes” (Platón, La República,
Libro X, 1973: 289). El civismo ha-
bita “la ciudad del silencio y del olvi-
do” (Ramírez Peña, 1912: 99).
III. …A la independencia como
problema
III. 1. José Dolores Corpeño
Si no existe proceso de indepen-
dencia y la libertad imprevista ex-
presa “sed de sangre”, Dols Corpeño
(1914: 14) se pregunta por las razo-
nes del “espejismo de mil ochocien-
tos veintiuno” y del “cauce sangrien-
to [que] se abrió en tierra centroame-
ricana” debido a esa “contingencia”.
He aquí resumida su posición crítica
que el propio presidente en turno,
Manuel E. Araujo (“alocución dicha
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 32
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 33
el 3 de julio de 1913”), caracteriza de
“alta aristocracia del talento” (citado
en Dols Corpeño, 1914: 3).
“El espejismo de mil ochocientos
veintiuno —asonada que «casual-
mente», sin un gesto heroico, saluda-
mos como nacimiento de la Patria—
[es una] fcción deslumbradora de
soberanía [cuya] fatalidad [produjo]
matanzas y debates fratricidas [en
pueblos que] jugaban a la libertad,
como jugar a las muñecas [con] sus
manos manchadas de sangre. [Si de-
seamos testimonio vivo], fjemos los
ojos en la huella triste que señala en
los campos el paso de la discordia y
de la matanza. Pidamos una palabra
a esas pirámides de calaveras que
se alzan en las llanuras”. (Dols Cor-
peño, Patria, 1914: 14, 19, 26 y 36;
ensayo laureado; lo secunda García,
5 de noviembre (1914: 49), “nuestras
fratricidas luchas [comienzan en] El
Espinal [con la oposición] de Del-
gado a la incorporación de Centro
América a México”).
“Ya eran eco lejano los aconteci-
mientos reseñados [de 1814] cuan-
do vino intempestivamente el ama-
necer de la Patria soñada […] el acta
de Independencia […] no sintetiza
el ideal supremo de los próceres de
1811, porque no se adoptó la reso-
lución frme y categórica de decla-
rar la forma de Gobierno, sino que
se dejó a la deliberación de un Con-
greso […] los hombres de 1821 no
estaban posesionados de la doctri-
na republicana y abrigaban temor
a la democracia. Tampoco era frme
su propósito de libertad […] el espí-
ritu monárquico vivía latente en la
sociedad […] cuatro meses después
tuvo Centroamérica su primera caí-
da, al consumarse […] su anexión
a México […] y guió ese atentado la
aristocracia monárquica de Guate-
mala […] tras un violento forcejeo el
24 de junio de 1823 se logró sellar
la segunda independencia [la cual]
comprobaba la falta de unidad y la
anarquía en los principios […] la
Constitución Federal decretada el
22 de noviembre de 1824 [estable-
cía] hermosas teorías [al lado de las
cuales] los patriotas pusieron las
bases de la anarquía […] al llegar
como primer Presidente de Centro-
américa, Manuel José Arce en abril
de 1825 [se convirtió] en manzana
de la discordia y quizás causa del
sangriento desbarajuste […] es él
ejemplo de la tiranía y la inconse-
cuencia [del] incremento del san-
griento separatismo [seguido por la
dictadura de] Mariano de Aycinena
[…] éste en su esfera y Arce en otra,
sentaron el precedente de la guerra
civil, de 1827 a 1829, una época
horrenda” (Dols Corpeño, 1914: 53-
57, 60 y 64).
Su visión trágica dibuja una tor-
tuosa línea cronológica de eventos
adversos. Nos conduce de una in-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 34
dependencia accidental que llega
de afuera sin gesta heroica (1821),
recaída en la sumisión imperial
mexicana (1822), segunda indepen-
dencia que titubea en sus princi-
pios políticos rectores (1823), tira-
nía de Arce y Aycinena como pre-
ludio funesto al fratricidio separa-
tista (1825-1829; 5 de noviembre,
1913: 27; véase también, n.º 106,
marzo/1926: 4103-4 que repro-
duce documento de 9/mayo/1829
acusando a Arce de hacer “la gue-
rra […] destrucción y muerte” para
perpetrarse en el poder lo cual se-
ñala “su hora triste” de benemérito
a cuadillo), paréntesis caudillista de
Francisco Morazán quien también
se impone por la violencia guerrera
en Gualcho (1828-1838), ascenso
de Rafael Carrera (1839), sangrien-
ta “agonía” morazánida en el Espí-
ritu Santo y San Pedro Perulapán
(1839) hasta separación inevitable
(1840-1842). Esta cronología la co-
rona “nuestra decadencia” que “de
pueblos de pensadores y patriotas”
descendimos “a pueblo de bárba-
ros” (Dols Corpeño, 1914: 69).
III. 2. Abraham Ramírez Peña
Por su parte, Ramírez Peña es-
tropea la celebración del “Centena-
rio del Primer Grito de Independen-
cia (1811-1911)” al evocar los “es-
tragos” bélicos del período indepen-
diente (Juegos Florales, 1911 y Por
la paz, 1910: 13). Mientras todos
los intelectuales que inventan una
religión laica se visten de gala para
recitar loas a la patria, su postura
pacifsta les recuerda el sino trágico
de la soberanía nacional.
La cronología de Dols Corpeño
—suspendida en el descalabro de
Morazán (1840-1842)— Ramírez
Peña la proyecta dos décadas des-
pués, la cual prosigue el sino fatídi-
co de Centroamérica con matanzas
guatemaltecas y salvadoreñas, bajo
el comando de Rafael Carrera y Ge-
rardo Barrios (1863). El corolario
“colateral” de la independencia son
guerras fratricidas y despiadadas
—“desastrosas carnicerías huma-
nas […] en el transcurso de un siglo
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 35
de vida revoltosa”— en las cuales
con toda honra se descuartiza al
enemigo, al “hermano” centroame-
ricano (Ramírez Peña, 1910: 95 y
182).
«Estamos próximos a cumplir
cien años de vida independiente, y
¿qué hemos hecho durante tanto
tiempo? Destruirnos mutuamente
[…] ¿Cuál será el legado que el siglo
viejo dejará al nuevo? El recuerdo
de tantas guerras sangrientas en las
cuales el hermano mató al hermano,
el padre al hijo y el hijo al padre […]
Nuestra historia patria [es] reseñas
horripilantes de combates que fue-
ron verdaderas matanzas. En el par-
te que el general Santiago González
comunicó al ministro de la guerra
el día 28 de febrero de 1863 se leen
estos párrafos: “el campo de Coate-
peque, al anochecer del día 24 de
febrero era un vasto osario: el cam-
po enemigo cubierto de cadáveres
y heridos, el cielo ennegrecido por
la pólvora, la desolación y la muer-
te por todas partes”. Más adelante
dice: “La mortandad que sufrían las
tropas guatemaltecas era espanto-
sa” […] causaba verdadero horror
el campo de Coatepeque a la vista
no sólo del número de muertos, sino
también por el estado de ellos: por
todos lados se encontraban miem-
bros humanos, ya una cabeza, ya
un brazo, una pierna, hombres di-
vididos en dos partes, estragos cau-
zados por nuestra artillería, que con
tanto acierto dirigieron los ofciales
Biscouby y Vassel dignos de reco-
mendación”». (Por la paz de Centro-
América, 1910: 11-12 y 40-41)
Lo notable de la postura pacifs-
ta de Ramírez Peña contrasta con
posiciones más convencionales que
—en defensa de valores liberales y
unionistas clásicos— olvidan que
1863 representa una devastación.
Si por convenio “patriótico” la ma-
tanza —que despedaza enemigos
conservadores y separatistas— se
percibe como “memorable jorna-
da […] en que quedaron aniquila-
das hordas impositoras”, parecería
que todo valor ideal resulta inmune
a la práctica social, a la violencia,
por la cual se realiza (Juan Gomar,
Año IV, n.º 33, enero/1916: 620).
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 36
“Conquistar laureles inmarcesibles
en los campos de Coatepeque” sig-
nifca coronar al vencedor gracias a
la mortandad del vencido mutilado
(Pedro Flores, Año VI, Nos. 57-68,
enero-diciembre/1918: 1214).
Por ese acto de festejo ante el
estrago guerrero, se empaña la per-
manencia absoluta del concepto de
libertad que tanto se añora. El lega-
do inmediato de esas masacres —or-
fandad generalizada, bandolerismo,
fechoría como medio de ascenso so-
cial y proveedora de servicios legales,
identidad nacional como disfraz— lo
describe la mejor novela de Ramírez
Peña, Cloto (1916).
Las cifras de muertos en com-
bate —sobre cuya “preciosa sangre
[…] como alfombra rojiza […] se ce-
lebra la victoria con la tradicional
diana” (51-52— la estima el ensayo
“El sitio de San Salvador en 1863”
de Gilberto Valencia Robleto (Año
XXXII, n.º 164, diciembre/1944:
50-64). Carrera pierde unos “1600
hombres” el 22 de febrero; “al día
siguiente […] más de 2300 bajas”;
“el día 24, más fatídico para Carre-
ra [se acumulan] cadáveres putre-
factos de 5500 guatemaltecos” (51-
52). Por esa matanza, se cumple
“heroísmo y sagrado deber en aras
de la patria” los cuales se festejan
el “día 29 […] con banquetes y bai-
les […] ocho días de festa” (52). De
sumar tales cifras totalizarían unos
nueve mil cuatrocientos cadáveres
en tres días, “ viéndose doquiera los
miembros de cuerpos; cabezas, bra-
zos piernas, fragmentos de cráneo”
(el mismo autor evalúa en “más de
18.500 hombres” el ejército de Ca-
rrera que invade El Salvador en
julio/1863 (55)). Sobre su “cuadro
horripilante, sombrío, aterrador”,
se erige “gloria y laureles inmarcesi-
bles” de Barrios y sus generales (53
y 51).
Estudios antropológicos pos-
teriores ilustran la tragedia demo-
gráfca indígena que signifcan las
guerras fratricidas las cuales se
extienden por varias décadas del si-
glo XIX. La detallada monografía de
Panchimalco que realiza Alejandro
Dagoberto Marroquín (1959: 97-98)
ofrece información valiosa sobre los
cambios poblacionales en ese mu-
nicipio para los años 1807 y luego
para 1860-1890. Estos únicos da-
tos para el siglo antepasado obligan
al antropólogo a contradecir tesis en
boga relativas a «la famosa “consun-
ción”» de “la población indígena […]
causada por la política de los espa-
ñoles a raíz de la conquista” (Marro-
quín, 1959: 97). Por lo contrario, las
cifras de fnales de la época colonial
demuestran que “no hubo ningún
défcit” poblacional hacia el fnal de
ese período (Marroquín, 1959: 97).
En cambio, el declive estadísti-
co sólo puede documentarlo para
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 37
el período que abarca de 1807 a
1860. Esta reducción demográfca
la explica “el reclutamiento forzoso
de la mayoría de los jóvenes [indíge-
nas] en edad militar [cuyo] destino
era servir de carne de cañón […] en
las guerras fratricidas [lo cual] nos
lo confrma la tradición [oral de] los
ancianos del pueblo” (Marroquín,
1959: 98). En contraste con otras
regiones de Latinoamérica, en El
Salvador, la violenta vida indepen-
diente —“las guerras intestinas que
abundaron tanto durante el siglo
XIX”— ocasiona una disminución
poblacional indígena más adversa
que la provocada por la colonia (Ma-
rroquín, 1959: 98).
III. 3. Adrián M. Arévalo
Arévalo remata esta percepción
crítica de una vida independiente so-
metida a masacres. Su novela histó-
rica Lorenza Cisneros (1912: 20) na-
rra “el nuevo tutelaje que los nobles
guatemaltecos quieren imponerle a
mi Patria”, por lo cual se necesita una
segunda independencia (1823) luego
de la anexión al México monárqui-
co. Relata también el anhelo fallido
que representa Francisco Morazán
(1792-1842) el cual culmina en “la
marcha al Oriente del Estado”, y “la
tremenda carnicería” en la que “rodó
el cuerpo de Jorge Llerena”, prome-
tido de Lorenza (Arévalo, 1912: 60.
¿Se trata de San Pedro Perulapán o
Espíritu Santo, 1839? “La sangre de
San Pedro Perulapán y el Espíritu
Santo en 1839”, la confrmaría Dols
Corpeño, 1914: 67). “Morazán cayó
porque quería la Unión a balazos”
(Arévalo, 1916: 40).
Ella y su padre —“Juan Vicente
Cisneros, Jefe Supremo del Esta-
do”— no conciben más alternativa
que “sepultarse en el fondo del ol-
vido” (Arévalo, 1912: 72). Emigran
a una retirada población —quizás
al mismo Perulapán o por el Espíri-
tu Santo— “lejos de las bajas intri-
gas” capitalinas, luego de que “con
la muerte de la Federación Centro-
americana nace el reinado de los
cuervos” (1840. Arévalo, 1912: 73).
En el in-silio (exilio interior), “la hija
del enemigo acérrimo de la tiranía”
—prometida eterna del “Brigadier
Jorge Llerena”— “llora sus esperan-
zas muertas”. (Arévalo, 1912: 74).
Este autor es el único que le
concede a la mujer un papel acti-
vo en la política, incluso durante la
guerra. Si enlutada Lorenza Cisne-
ros se dedica a velar las tumbas de
su padre y de su prometido, en El
63. Episodios Nacionales Histórico-
Novelescos (1916), la fémina actúa
como consejera, apoyo vital para el
ejército de Barrios y, al cabo, al em-
puñar armas, personal militar dili-
gente en la defensa de la capital sal-
vadoreña liberal contra la invasión
conservadora de Carrera.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 38
Sin embargo, como mentora ín-
tima de Barrios, la mujer nunca lo-
gra una posición administrativa de
prestigio. “Si en mi mano estuviera
a Beatriz [de Dorantes] la nombra-
ría Ministro general del gobierno que
presido”, reconoce el mismo Barrios
(Arévalo, 1916: 22). Aún para la cau-
sa liberal, la esfera política regente
se halla reservada a lo masculino.
Como combatiente ella muestra la
misma crueldad que sus colegas del
sexo opuesto, al quemar vivo al ene-
migo guatemalteco. En nombre de
la autodefensa y de la república li-
beral, unos “veinte soldados” invaso-
res arden borrachos en una cabaña
(Arévalo, 1916: 151). El terror de los
invasores lo combate la barbarie de
las defensoras, cuyo hondo lamen-
to expresa no consumir vivos a más
guatemaltecos en las llamas.
“Achicharrar a los malditos cha-
pines que caigan en la trampa, cuan-
do ya estén bien borrachos. —¡Qué
idea más peliaguda! […] saliendo
bien la cosa, no importa como dices,
pegarle fuego a la tal casa, que por
cierto está bastante vieja, ya que sus
llamas tostarán a unos veinte mi-
serables. Qué lástima que no sean
más […] momentos después, gran-
des llamas se alzaban esparciendo
su luz siniestra por aquellos alrede-
dores en donde los invasores habían
sembrado el terror y el espanto”.
(Arévalo, 1916: 150-151).
Arévalo retoma la interpretación
pacifsta de Ramírez Peña al recor-
dar la misma fecha emblemática del
descalabro independiente en el istmo,
1863. En su segunda novela citada,
El 63 (1916: 87), la vida independien-
te se denomina “la danza macabra”.
Las guerras por la “misión unionista”
—viceversa, por la separatista— con-
cluyen en “fértiles campiñas [en Coa-
tepeque], dando abundantes frutos,
gracias a la sangre guatemalteca de-
rramada en ellas de manera lastimo-
sa” (Arévalo, 1916: 87).
Todo ideal de unión y libertad
se ahoga en la hecatombe, aun sea
por autodefensa. “No es dable pa-
sar rápidamente de la lucha [fratri-
cida] a la unión pacífca y sincera”
(Conferencia de Paz Centroameri-
cana, Washington, D. C., noviem-
bre de 1907, Ramírez Peña, Por la
paz, 1910: 148). El proyecto unif-
cado de nación lo asfxian disputas
homicidas.
1
Tal cual lo confrma el
testimonio de un soldado raso que
lucha hasta el descalabro liberal, el
verdadero ideal consiste en vengar
la muerte de su padre y la tristeza
de su madre al “matar, matar más,
¡matar siempre y sin misericordia el
mayor número de enemigos! “Ven-
garé a mi padre –se decía a sí mis-
mo el intrépido mancebo– ¡Oh sí! lo
vengaré aunque me cueste la vida!
¡Pues qué! Haber fusilado al autor
de mis días esos canallas! ¡un pobre
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 39
viejo!”… en todas mis correrías logré
matar veinte enemigos, herir cinco y
hacer prisioneros seis. Por supues-
to, los últimos fueron pasados por
las armas; los heridos se murieron
a la postre: por todos, pues, ¡sólo
fueron treinta y uno los de mi co-
secha! Estoy satisfecho: mi padre
ha de haber visto desde el cielo que,
si más se me hubieran puesto a
tiro, me los soplo sin remordimien-
tos para vengar cumplidamente la
muerte que le dieron a él, al pobre
viejo, ¡que ya a penas podía con la fe
de bautismo!…” (Roque Baldovinos,
2008: s/p).
Esa matanza afecta no sólo a
dos países hermanos enemigos,
sino a una misma nación dividida
en posiciones políticas en pugna.
“Es verdad que no sólo fueron gua-
temaltecos los que pusieron sitio a
San Salvador, para derrocar al Ge-
neral don Gerardo Barrios y aca-
bar con nosotros: la mayor parte de
los sitiadores fueron salvadoreños
y muy legítimos guanacos” (Roque
Baldovinos, 2008: s/p; la saga mi-
litar de Barrios la restituyen docu-
mentos primarios que reproduce la
Revista del Ateneo (Nos. 111-112,
Año XIII, agosto-septiembre/1926:
4362-4390 y 4429-4458): viaje a
Nicaragua a combatir contra Wi-
lliam Walker (1856), inicio de lu-
cha por el poder a falta de enemi-
go común, intento de insurrección
contra presidente salvadoreño Ra-
fael Campo y enemistad con Due-
ñas (junio/1857), senador durante
presidencia de Miguel Santín del
Castillo (febrero/1858), conficto
entre poder laico y religioso (sep-
tiembre/1861), Misa de gracias y Te
Deum en la capital luego de matan-
za de guatemaltecos en Coatepeque
(1863), etc.).
Desde sus inicios, la nación sal-
vadoreña se halla seccionada en
bandos enemigos que se combaten a
muerte. El ensayo de Valencia Roble-
to revela la división interna de la na-
cionalidad salvadoreña por la alian-
za del “Doctor Dueñas” con Carrera,
quien cuenta con el apoyo de “todos
los demás generales y notables de
Santa Ana, Sonsonate, Santa Te-
cla […] los Guirola, Orellana, Duke,
Gallardo, los Sol, Cáceres, Olivares,
Alcaine, Liévano, Escalón, Dubón y
los generales Choto”, así como por la
traición del general Santiago Gonzá-
lez a cargo de Santa Ana ( n.º 164,
diciembre/1944: 55-57).
“Caudillaje y tiranía” reinan “en
el campo libre, campo de lucha de
la codicia y de la desvergüenza hu-
mana, de la matanza y de los de-
bates fratricidas” (Dols Corpeño,
1914: 19). Ante la mortandad, en
unión borgeana de los opuestos, no
se sabe quién es traidor, quién es
héroe. Y “La Gloria” republicana nos
confesa: “he visto sus manos man-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 40
chadas en sangre. ¿Cuál es Caín?
¿Cuál es Abel? ¿Cuál es Judas?
¿Cuál es Jesús? —No sé… Profun-
do silencio” (Dols Corpeño, 1914:
30). Lo insigne se confunde con lo
villano, ceñidos ambos por una os-
cura violencia bajo la cual hechos
y valores “son pardos” (proverbio
popular, “de noche todos los gatos
son pardos”, léase, “bajo la violencia
generalizada, todos lo valores son
pardos”).
IV. Coda
1811 fue la primera y única
epopeya [independentista]. Centro
América se declaró independiente
sin efusión de sangre, y es por eso
que no fguran acontecimientos trá-
gicos y épicos [en 1821]. El inmortal
Padre Delgado se opuso a la incor-
poración de Centro América a Méxi-
co [1822], enviando una columna de
tropas a Santa Ana y Ahuachapán,
poblaciones que quizás simpatiza-
ban con aquella incorporación, ha-
biéndose entablado un combate en
el Espinal [donde] se derramó la pri-
mera sangre generosa centroameri-
cana […] y empezaron nuestras fra-
tricidas luchas. Miguel Ángel García
(Año I, No. 12, octubre/1913 y 5 de
noviembre, 1913: 46-48)
Bastan esas tres breves anota-
ciones —Dols Corpeño, Ramírez
Peña y Arévalo— para resumir un
pensamiento crítico irreconocido.
En este mes de septiembre cuando
entonamos cantos gloriosos y cívi-
cos a la patria —de nuevo, atavia-
dos de etiqueta— recordamos que al
menos tres intelectuales del cambio
de siglo antepasado —cinco, al aña-
dir a Miguel Ángel García y Salva-
dor Turcios R.— perciben en esta
celebración carencia y olvido. Todos
ellos nos revelan apoteosis exagera-
das e irreverentes en un país recién
fundado y sin proyecto unifcado de
nación.
Celebramos gestas épicas inde-
pendentistas sin documentarlas, a
la vez que acallamos el fratricidio
resultante. Acechada por una his-
toria violenta, la conciencia de una
generación olvidada nos exige una
refexión seria sobre su propio tes-
timonio del siglo xix, época que los
procrea (“Yo, en esa fecha [1863],
era un niño de seis años”, asegura
el testimonio ocular de la huída de
Barrios (Arévalo, El 63, 1916: 166;
la intención testimonial se repite en
las páginas 44, 62, 134 y 139). Al
igual que Arévalo, Caso (s/f: s/p)
justifca su afrmación como testi-
monio ocular: “quien escribe este
relato se encontró en lugar privile-
giado para ver y oír en forma directa
[…] tenía doce años de edad, decía,
quien estas cosas relata, cuando
llegó a la Dirección General de Poli-
cía su padre, don Saturnino Rodrí-
guez Canizales”. De Arévalo a Caso
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 41
hay una conciencia testimonial ol-
vidada).
La violencia fundadora la viven
como presencia continua, ya que
a unas nueve semanas de la in-
auguración del Ateneo (1/diciem-
bre/1913), asesinan a su mecenas,
al “Gran Protector de las Letras Na-
cionales” Manuel E. Araujo, a cuya
memoria se dispone dedicar un nú-
mero entero (el atentado a macheta-
zos ocurrió el 4/febrero; la muerte,
el 9/febrero/1913). A velar su me-
moria de “Gran Hombre y Mártir” se
dedican un número entero de la re-
vista y la edición de una volumino-
sa obra que recopila poesía, ensayo,
discursos, cartas, etc. en su honor
póstumo (Año I, n.º 6, 9/abril/1913
y Libro Araujo, 1914).
El oscuro homicidio “anuncia-
do” —sin autor intelectual (aunque
según el periodista y poeta salvado-
reño Quino Caso (s/f) fue el propio
presidente de Guatemala “Manuel
Estrada Cabrera”)— se alza como
símbolo mortuorio central de esa
década del doble centenario (1911-
1921; el anuncio de su asesinato lo
asienta el Libro Araujo, 1914: 15). Su
cuerpo yaciente se instituye como
hado fatídico que ensombrece la ce-
remonia, al recordar la tragedia, los
asesinatos individuales y en masa
de las repúblicas independientes.
Para múltiples intelectuales de
la época, Araujo representa espíritu
unionista, oposición a la interven-
ción estadounidense en Nicaragua
—que refrenda la verdadera inde-
pendencia— e ideal nacionalista
que se opone al carácter privado
de servicios públicos como ferro-
carriles y electricidad (documenta-
do por Suay, 1913: 16 y secunda-
do por Caso, s/f y Turcios, 1915).
Su muerte sella la disolución de
esa triple alianza: unionismo-anti-
imperialismo-nacionalismo. A este
triángulo político, el Tesorero Ge-
neral de la República, José E. Suay
(1911: 7 y 1913: 7 y 17), añade una
“obra económica” que aumenta “las
rentas” del estado y amortigua la
“deuda pública” (la reducción de la
deuda pública la confrma el Libro
Araujo, 1914: 30).
2
Ante el féretro del “patriota, hé-
roe y mártir” —“prócer mandatario”
(Libro Araujo, 1914: 7)— los escritos
empolvados de esa generación evo-
can la falta de “cruzada libertadora
[—sin] audacia de colocarse por sí el
simbólico gorro frigio” (Dols Corpe-
ño, 1914: 11)— al igual que atesti-
guan el “paso de la discordia y de la
matanza” en “carnicerías humanas”
post-independentistas(Ramírez
Peña, 1910: 95; lo secunda Arévalo,
1912: 60, “tremendas carnicerías”).
Hace un siglo, por esta recolección
en forilegio —“fores que fenecieron
sin huella”— el Ateneo se coloca en
un sitio privilegiado dentro de la
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 42
producción intelectual salvadoreña
(parafraseamos versos náhuatl).
* *
Lejos de todo mito y adulación,
los primeros socios del Ateneo nos
presentan diversas refexiones sobre
“la independencia como problema”.
Otro miembro aludido, Salvador
Turcios, aduce: “que la Independen-
cia fue el resultado de la preparación
y aptitud decidida del pueblo […] es
un absurdo [sin documentación au-
téntica] la paradoja de la indepen-
dencia” señala una “feliz contingen-
cia […] sin partido autonomista [ni]
aptitud decidida del pueblo” (Año I,
n.º 12, octubre/1913: 391-393). Su
consecuencia más patente son “los
sombríos territorios de nuestra His-
toria, del año 1821 al presente” (Tur-
cios, Al margen, 1915: 28).
3
Incluso las versiones más tradicio-
nales que exaltan las glorias sobera-
nas de la patria no olvidan el descala-
bro de las repúblicas independientes.
El festejo queda obligado a reconocer
un sino trágico y asesino que ensom-
brece toda celebración irrefexiva.
“¿No veis cómo se matan hermanos
con hermanos?” (Carlos Bustamante,
poeta laureado, El libro, 1921: 14).
En luchas fratricidas, Patria, después te
aferras;
revoluciones ímprobas y criminales guerras
entre las fauces del terror!
Envilecieron tus republicanos fueros,
Nativas autocracias! Callaron los aceros,
En vez de hundirles su fulgor!
(José Llerena, poeta laureado, El libro,
1921: 22)
A principios del siglo XXI, es para-
dójico el encierro mental de la globali-
zación. Hace un siglo contamos más
versiones sobre un hecho histórico
fundamental que en el presente de-
mocrático. Los ateneístas y sus con-
temporáneos demuestran un mayor
decoro que el nuestro en el homenaje.
Obsesionado por épica independen-
tista, heroísmo y silencio de guerras
independientes, la actualidad empaña
toda versión que no apoye su predomi-
nio político. Para ello, a la víspera del
segundo centenario del primer grito
(1811-2011) —¿de la única epopeya?
— hay que olvidar toda aquella des-
confanza que remuerda la conciencia
histórica del primer centenario.
“Pidamos una palabra a esas pi-
rámides de calaveras que se alzan
en las llanuras” recita una exigen-
cia historiográfca que nuestra (pos)
modernidad no ejerce aún (Dols
Corpeño, 1914: 36). Quizás el “te-
mor a la democracia” —sin “frme
propósito de libertad”— nos em-
barga desde 1821 hasta el presente
(Dols Corpeño, 1914: 54). Quizás…
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 43
notas
1. Si resulta cierto que “el cariño y estimación
que el pueblo salvadoreño, principalmente el
de la capital, profesó al General Barrios y a
su esposa Adela, consistió en que para ellos
no había distinción de clase”, sus presuntos
descendientes traicionaron los principios de
igualdad al anhelar posiciones aristocráti-
cas (Arévalo). En Ricardillo (1961) de Enrique
Córdova, doña María de la Paz organiza una
festa “para dar muestras de su gran linaje y
deslumbrar a la concurrencia”, a quien atien-
de sentada en “sillones forrados de terciope-
lo rojo y brazos dorados. En la pared lucían
dos retratos al óleo: el del General Barrios y
el del fundador de la familia de la engreída
doña María de Paz […] teniendo al lado un
atril con el libro en letras azules que contenía
el árbol genealógico” (Córdova, 1961: 81-82).
Todos los ideales del liberalismo en Barrios
se diluyen en sueños de ostentación conser-
vadora de la familia Paz. La gesta republicana
se reduce a la búsqueda de ascenso social de
los sucesores, quienes deberían conservar su
legado.
2. El éxito fscal de Araujo, Suay lo resume de
la siguiente manera. “No hay Nación que esté
en circunstancias de presentar los mismos
resultados obtenidos en el lapso de un año,
es decir: aumento en el producto neto de las
rentas de $16.28%; una disminución en la
deuda pública general del 9% más o menos.
Si el doctor Araujo pudiera obtener iguales
resultados durante los 3 años que le faltan
de su período presidencial, habría obtenido
[…] nuestra autonomía fnanciera” (Suay,
1912: 13-14). Su asesinato sellaría el fracaso
de esa independencia económica que despega
—luego de “21 años de esclavitud y de pasivi-
dad”— “el 1º de marzo de 1911”, siete meses
antes de la celebración del primer centena-
rio del grito de independencia (5/noviem-
bre/1911) (Suay, 1912: 1912: 9). “De manera
espléndida, los festejos fueron “pagados con
recursos propios de Erario, con un gasto de
poco menos de $300,000” (Suay, 1912: 11).
3. Este autor ilustra una visión liberal republi-
cana bastante hispanocéntrica. A la vez de
denunciar “el imperialismo yanqui” (Año III,
n.º 30, octubre/1915; véase también: Año
IV, Nos. 35-36, marzo-abril/1916) —“acción
de patriota ferviente y luchador por el en-
grandecimiento de Centro América”— decla-
ra “ejidos” — tierras indígenas del común—
causantes de “males y atraso de la industria
agrícola”. “Como consecuencia de la extin-
ción, el 2 de marzo de 1882, cuyo sistema
hacía difícil obtener los benefcio de la mayor
parte de los terrenos del Estado, ha entra-
do toda la propiedad raíz en el caudal de las
especulaciones económicas. Por eso creemos
que El Salvador es una de las Repúblicas de
Hispano América que está menos expuesta
a la conquista territorial por las razas extra-
ñas [¿por la indígena?]. Resuelto el problema
de los ejidos, que engendran los males y el
atraso de la industria agrícola, como lo com-
prueba la Economía Política y Social, no es
aventurado decir que se ha dado un gran
halón en los destinos del país por la ruta
indefnida del progreso” (Año I, n.º 1, 1/di-
ciembre/1912: 24). Acaso anti-imperialismo
hispano y anti-indigenismo —eliminación de
tierras ancestrales indígenas, concedidas por
la propia corona española— correspondan a
dos facetas complementarias de una misma
línea liberal y republicana de pensamiento.
Bajo la misma perspectiva —hispanismo de
“raza ibero-americana”, sino anti-indigenista,
al menos sin opción indigenista— podrían
estudiarse las celebraciones del día de la
raza, el 12 de octubre (Año III, n.º 30, octu-
bre/1915; Año VIII, Nos. 73-74, junio/1919-
noviembre/1920, Castro García, 1922, y Ra-
mírez Peña, 1920). La exaltación de España
—“evocación de un maravilloso canto épi-
co”— deja muy poco lugar para lo indígena en
ese día de la raza (Castro García, 1920: 7, así
como número n.º 96, octubre/1926 dedicado
íntegramente a “rendir homenaje a la Madre
Patria”).
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 44
apéndicE
Batalla del El Espinal, 12 de marzo
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Salvadoreños, Tomo III, 1920.
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REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 45
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1856. Vilacorta, Historia de Amé-
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Batalla de Coatepeque, 24 de febre-
ro de 1863. Gámez G. Barrios
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Batalla de Santa Ana, librada los
días 7, 8, 9 y 10 de abril de 1871.
Inserta en el Boletín Ofcial n.º 3.
Batalla de Pasaquina, 1876. Diario
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Batalla de Pasaquina 17 de abril de
1876. Diario Ofcial, n.º 389 del
19 de abril de 1876.
Batalla de Santo Domingo, San Vi-
cente 1885. Acción de Santo Do-
mingo. J. A. Cevallos, Recuerdos
Salvadoreños, Tomo 1, 1950.
Batalla de Chalchuapa, 1885. Dia-
rio Ofcial, n.º 90 del 16 de abril
de 1885.
La lista de treinta y cuatro bata-
llas durante sesenta y tres años
de vida independiente presupo-
ne un promedio de 1.85. Este
violento legado post-indepen-
dentista se traduce en un estado
de guerra permanente en el cual
cada nueve-diez meses la socie-
dad debe movilizarse para en-
frentar nuevos combates. Toda
energía creadora que anhela un
afán de libertad y de auto-go-
bierno se diluye en beligerancia
fratricida. Esta tragedia comba-
tiva corroe tanto más el tejido
social cuanto que se dirige con-
tra hermanos vecinos, al igual
que contra otros departamentos
y ciudades salvadoreñas en des-
acuerdo con la posición hegemó-
nica de la capital. Basta recordar
que la única “jornada revolucio-
naria” exitosa —la del 5 de no-
viembre de 1811 en San Salva-
dor— nos ofrece la imagen de un
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 46
país dividido y en pugna, ya que
ciudades importantes como San
Miguel, San Vicente, etc. se opo-
nen a la gesta independentista.
En general, los trabajos analíti-
cos sobre la independencia del
país hacen abstracción de este
legado bélico como corolario in-
mediato de una independencia
que llega de fuera y que carece
de hondo arraigo en un proceso
de lucha generalizado. Parecería
que libertad signifcaría derecho
a la batalla.
ii. la victoria dE coatEpEquE
Barrios u el Salvador reprendan
Las doctrinas del Hijo de María;
Y Carrera la hipocresía
La fanática y falsa Religión.
En Coatepeque, teatro sin prestigio
Sus contrarias falanges se avistaron
Y el preludio de guerra ejecutaron
Los estampidos roncos del cañón.
El último domingo de febrero
Comenzaron la cruentas libaciones
Que hicieron de Carrera las legiones
Implorando el auxilio de Satán
El lunes San Pedro dirigieron
Los fuegos de su tren de artillería;
Mas inútiles fueron todo el día
Los esfuerzos tenaces de su afán
Las bombas incendiaron por la noche
Las enramadas secas de su cumbre
Sus fancos inundaba en roja lumbre
De innúmeros fusiles la explosión:
Y entonces aquel Cerro parecía
Con la cima de llamas coronada
De un volcán en magnífca erupción.
De la noche a las nueve suspendieron
Los fuegos de morteros y cañones,
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 47
Y entonces las estrellas a millones
En el cóncavo azul resplandecieron
Las huestes de los beligerantes.
* * *
El sol del 24 de febrero
Resplandeció por fn sobre el Oriente,
Siempre adornando su radiosa fuente
La aurora de eterna claridad
Antes de acometer los invasores
Con sangre humana enrojecen la tierra.
Entonaron cual cántico de guerra
La Salve que es un himno de piedad
Y estas son, oh serviles, las falanges
Que vuestra saña al Salvador envía
A sostener la guerra más impía.
So capa de piedad y Religión
Que diría en los cielos San Bernardo
Al oír la efusión de su ternura,
Sirviendo al fanatismo y la impostora
Para emprender una matanza atroz?
* * *
Llega por fn el lance formidable,
Arrojando furiosos a la arena
Las balas destructoras
Del rife matador parten silbando
y, cual campo de espigas,
Las huestes enemigas
En su curso fatal van derribando,
Las tropas retroceden
Al verse destrozadas,
Mas cobran breve aliento
Y vuelven a la carga reforzadas.
Así durante once horas
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 48
Sostúvose el combate encarnizado,
Y vióse en todas partes
(Cuadro fatal de muertes y horrores!)
Sangre humana brotando
En hirvientes y rojos surtidores,
En eco pavoroso,
Las almas compasivas aterrando,
Doquier allí resuenan,
Todo lo envuelven las columnas de humo
Y horrísona armonía el aire atruena.
En medio de la lucha formidable
Del Salvador los hijos valerosos
Como ansia inexplicable
Miran la faz mudable
De la suerte y sus fuegos caprichosos,
Y dudan por instantes,
Sosteniendo la lid encarnizada,
Del éxito fnal de la jornada.
Mas nunca el Salvador será vencido,
Que le asisten a una
La justicia infexible de los Cielos,
De Morazán los irritados manes
Y de Barrios el Genio y la Fortuna
Con la mirada impávida y serena,
Al instante decisivo,
Por el frente y el fanco al unto ordena
Una carga terrible al enemigo
Y González a un tiempo y Bracamonte
De Barrios a la vez obedecieron
Y cual rayo cayeron
Sobre Carrera haciendo tal matanza
Que sus tropas perdieron
Hasta el último asomo de esperanza;
Y, vencidas entonces, destrozadas,
En todas direcciones
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 49
Huyen al fn dispersas y aterradas.
Un himno de victoria
Del Salvador los hijos entonaron,
Y en sus sienes brillaron
Los rayos inmortales de la Gloria
* * *
Los genios invisibles aquel día
Vieron también surgir por el Oriente
Dejando en pos de sí brillante rastro,
Y desde aquel instante
El clarín de la fama
De Barrios por doquiera le proclama
La estrella afortunada y rutilante
Antonio Aragón
San Salvador, domingo 8 de marzo de 1863.
Este fragmento del poema “La
victoria de Coatepeque” de Anto-
nio Aragón (San Salvador, domin-
go 8 de marzo de 1863) testimonia
la matanza de tropas guatemal-
tecas gracias a la cual se produce
un celebrado triunfo salvadoreño.
Lo incluimos no por sus logros de
factura poética sino por su relación
histórica inmediata de los sucesos.
Recalcamos cómo a la vez de de-
nunciar la intervención guatemalte-
ca —ideología religiosa que anhela
“matanza atroz”— justifca en los
mismos términos devotos —“justi-
cia infexible de los Cielos”— el ex-
terminio que los salvadoreños rea-
lizan contra los invasores. Si “tales
matanzas” fratricidas caracterizan
la vida independiente del siglo XIX
—honran la identidad patria, “him-
no de victoria”— no resulta asom-
broso que el istmo permanezca divi-
dido por siglos.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 50
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El Salvador, 1913.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 52
Antonio Bonilla. De hijos suyos podernos llamar.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 53
E
n el verano de 1821 el avance arrollador
de la sublevación encabezada por el co-
ronel Agustín de Iturbide puso a la orden
del día la independencia de México. Asi-
mismo, propició que el vecino Reino de Guatemala
rompiera sus lazos con la metrópoli española y, más
aún, determinó los tiempos y las formas en que se
produjo esta ruptura. En este artículo examino los
dos componentes fundamentales de aquella coyun-
tura: por un lado, el empeño de Agustín de Iturbi-
de y otros altos dirigentes mexicanos por incorporar
al naciente Imperio la capitanía de Guatemala; por
otro, la adhesión al Plan de Iguala por parte de las
autoridades centroamericanas, la cual tuvo a su vez
diversas variantes.
Desde un inicio los dirigentes mexicanos que
promovieron el Plan de Iguala contemplaron exten-
der su proyecto político a las provincias centroame-
ricanas; ello no obstante que en materia de admi-
nistración y gobierno la audiencia de Guatemala se
diferenciaba claramente del virreinato novohispano.
1

Si bien el Plan no aludía expresamente a las provin-
cias guatemaltecas, al estipular que el nuevo Estado
habría de ser regido por una “Junta Gubernativa de
la América Septentrional” daba a entender que su
El plan de Iguala
y la independencia de Centroamérica
mario Vázquez oLiVera
la idea de
los jefes
mexiCanos
de anexar al
imperio la
audienCia de
guatemala
tenía Como
base un
planteamiento
geopolítiCo
desmesurado
en su ambiCión
mas no Carente
de sentido.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 54
autoridad podría extenderse allende
el virreinato. Según la Constitución
de Cádiz, la América Septentrional
abarcaba la “Nueva España con la
Nueva Galicia y Península de Yuca-
tán, Guatemala, provincias inter-
nas de Oriente, provincias internas
de Occidente, isla de Cuba con las
dos Floridas, la parte española de la
isla de Santo Domingo y la isla de
Puerto Rico con las demás adyacen-
tes a éstas y al Continente en uno y
otro mar.”
2
Como la posibilidad de
unir todas estas posesiones bajo un
sólo mando político venía siendo ba-
rajada por la propia Corona, aquella
breve alusión supone sus posibles
consecuencias. Esto no sólo era cla-
ro para la jefatura mexicana. Según
hicieron patente los acontecimien-
tos posteriores, también las auto-
ridades y dirigentes guatemaltecos
recibieron el mensaje con bastante
claridad.
La idea de los jefes mexicanos
de anexar al Imperio la audiencia
de Guatemala tenía como base un
planteamiento geopolítico desmesu-
rado en su ambición mas no caren-
te de sentido. En principio obedecía
a preocupaciones relacionadas con
la defensa estratégica y la estabili-
dad interior del Imperio en ciernes,
que se creían en peligro si los gua-
temaltecos guardaban lealtad a la
corona española o bien optaban por
formar una república independien-
te. Al mismo tiempo la anexión de
Guatemala perflaba la intención
de convertir al Estado mexicano en
una potencia continental.
Plan pacífco
En aras de incorporar al Imperio
las provincias de Guatemala, Iturbi-
de conspiró y ejerció diversos tipos
de presiones sobre sus autoridades.
Sin embargo la aceptación del Plan
de Iguala en aquellas latitudes no
fue sólo resultado de dichas accio-
nes sino también, en gran medida,
de la propia convicción y del cálcu-
lo político de los dirigentes locales,
aunque esto varió enormemente de
una provincia a otra.
Desde mediados de 1821 el de-
sarrollo de los acontecimientos en
México tuvo un impacto decisivo
en las provincias guatemaltecas.
Aunque las fuerzas trigarantes no
representaban una amenaza inmi-
nente era claro que el gobierno de
la audiencia carecía de recursos y
respaldo local para enfrentar una
eventual incursión de los rebeldes
mexicanos. Si en México triunfaba
Agustín de Iturbide, la independen-
cia del Guatemala sólo sería cues-
tión de tiempo. ¿Pero, cuál indepen-
dencia? En realidad, según se hizo
evidente en esta coyuntura, una
buena parte de la dirigencia cen-
troamericana no confaba en que el
Reino pudiera subsistir como país
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 55
independiente dada su pobre eco-
nomía y escasos recursos militares
para la defensa del territorio. En este
sentido, para las provincias guate-
maltecas el Plan de Iguala no sólo re-
presentaba la promesa de un gobier-
no representativo, garantías para la
iglesia y las autoridades constitui-
das y seguridad para los oriundos
de la península; también signifcaba
poder contar, en aquellos momentos
de enorme incertidumbre, con la au-
toridad y el poderío de un “herma-
no mayor”, el Imperio Mexicano.
De manera paradójica, la acogida
favorable que tuvo esta opción en-
tre los dirigentes del Reino no con-
dujo a un tránsito pacífco a la vida
independiente. Por el contrario, al
amparo del proyecto mexicano, fac-
ciones y grupos de poder regional
emergieron de manera beligerante a
la palestra política, fracturando paz
y la unidad que hasta entonces, mal
que bien, había preservado el Reino
de Guatemala.
Tempranamente el Plan de Igua-
la contó con importantes segui-
dores en la capital guatemalteca.
Entre ellos destacaban Mariano de
Aycinena y su sobrino Juan José,
el marqués de Aycinena, líderes de
una acaudalada familia criolla (la
única que contaba en la audiencia
con un título nobiliario), en torno de
la cual se congregaba un poderoso
sector de la élite chapina. La identi-
fcación de los Aycinena y sus alle-
gados con el proyecto de Iturbide
era coherente con sus propias con-
vicciones liberales y constituciona-
listas, pero también con sus esfuer-
zos de larga data por tomar en sus
manos la conducción del antiguo
Reino. Lo habían intentado de ma-
nera entusiasta durante el primer
periodo constitucional. Pero cuando
fue restaurado el absolutismo de-
bieron enfrentar la reacción de las
autoridades coloniales, lo que costó
a varios de ellos la proscripción y la
cárcel. La dimisión del capitán ge-
neral José de Bustamante en 1817
y sobre todo el restablecimiento de
la Constitución en 1820 les permitió
fnalmente volver por sus fueros.
3

Sin embargo, a pesar de su consi-
derable poder económico y político,
en realidad los Aycinena y su grupo
carecían de las alianzas económi-
cas, políticas y familiares indispen-
sables para poder consumar sus as-
piraciones hegemónicas.
4
Más aún,
aunque suele llamárseles “oligar-
quía” o “aristocracia”, no eran sino
una fracción de la élite capitalina,
que lejos de integrar un solo grupo
político albergaba en su seno diver-
sos sectores.
En efecto, pese a compartir el ob-
jetivo común de consolidar y exten-
der su predominio sobre el conjunto
de las provincias, no pocos criollos
guatemaltecos, funcionarios, pro-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 56
Antonio Bonilla. El Circo de la Crueldad.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 57
pietarios agrícolas y comerciantes,
desconfaban de la agresiva inclina-
ción hegemónica de dicha “aristo-
cracia” y sostenían posturas diver-
gentes respecto a temas sustantivos
de política y economía, como el libre
comercio, la subsistencia del Con-
sulado, la protección de las manu-
facturas locales, el papel de diputa-
ciones y ayuntamientos e inclusive
la misma lealtad a la corona espa-
ñola. De hecho, aunque el restable-
cimiento de la constitución permitió
que los Aycinena y sus allegados, la
facción de los “cacos”, retomaran un
lugar central en la palestra política,
no obtuvieron los mejores resulta-
dos en los comicios de 1820 y 1821.
Por el contrario la votación para in-
tegrar el nuevo ayuntamiento y la
diputación provincial fue favorable
a los “bacos” o “gases”, facción que
encabezaba el intelectual hondure-
ño José Cecilio del Valle, compuesta
por peninsulares y criollos afnes a
las autoridades españolas.
5
Dadas estas circunstancias, los
Aycinena interpretaron la subleva-
ción trigarante como una oportuni-
dad para retomar la iniciativa y en
consecuencia desde abril de 1821
buscaron establecer comunicación
con Iturbide. Desde luego compar-
tían los principios políticos del Plan
de Iguala,
6
pero también intuyeron
su dimensión geopolítica y antici-
paron que en un futuro próximo el
gobierno mexicano iba a requerir
hombres de confanza entre la “aris-
tocracia” guatemalteca.
Además de suscitar las expecta-
tivas de los Aycinena y otras fami-
lias de la “aristocracia” chapina, el
pronunciamiento de Iguala también
signifcó un aliciente para otros gua-
temaltecos que desde tiempo atrás
deseaban la independencia, como
Pedro Molina, José Francisco Ba-
rrundia y Francisco José Córdova.
Mucho se ha escrito acerca de estos
famosos personajes que publicaban
un periódico político, El Editor Cons-
titucional, y encabezaban un peque-
ño grupo de activistas republicanos.
Asimismo mantenían relaciones es-
trechas con grupos similares en San
Salvador, Nicaragua, Honduras y
Quezaltenango. Ciertamente, a los
republicanos guatemaltecos el Plan
de Iguala les provocaba resquemor
por su carácter monárquico, pero en
principio no percibieron en el pro-
nunciamiento de Iturbide ninguna
amenaza contra su propio proyec-
to de emancipación nacional. En
principio no creían capaz al general
mexicano de ocupar por la fuerza las
provincias de Guatemala; además,
antiguos insurgentes a quienes ellos
admiraban también se habían su-
mado a la sublevación trigarante.
7

Así, Molina y su grupo no dudaron
en sumar esfuerzos con los Aycine-
na para impulsar la independencia.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 58
Lejos de promover el derroca-
miento violento de las autoridades
españolas, los independentistas
guatemaltecos encaminaron sus
pasos a establecer un acuerdo pa-
cífco. Este esfuerzo cristalizó en el
llamado “Plan pacífco de indepen-
dencia para la Provincia de Guate-
mala”, ideado hacia fnales de agos-
to por Mariano y Juan José de Ayci-
nena, Mariano Beltranena, un alle-
gado suyo, y los republicanos Mo-
lina y Barrundia. Este plan seguía
la pauta del manifesto de Iguala
en cuanto a mantener en sus car-
gos a las autoridades constituidas,
proteger la fe católica y proclamar
la alianza “natural” con España. De
hecho en el primero de sus once ar-
tículos se ofrecía la jefatura del mo-
vimiento al propio capitán general,
Gabino Gaínza. En caso de aceptar-
la debía convocar inmediatamente a
una junta general de la ciudadanía.
Una vez acordada la independencia
sería instituida una junta guberna-
tiva compuesta por dos represen-
tantes de cada provincia. Ésta se
ocuparía de convocar un congreso
constituyente. El documento pro-
ponía garantizar pleno respeto para
los peninsulares, a quienes prome-
tía privilegios en materia de comer-
cio. No mencionaba para nada el
Plan de Iguala.
8

El 30 de agosto Aycinena comu-
nicaba a Iturbide que sus “combina-
ciones” no habían logrado mayores
progresos, limitándose a “preparar
por medio de la prensa” la opinión
capitalina y a proponerle el “plan
pacífco” al capitán general. Si sus
paisanos continuaban “inclinados
al quietismo”, decía el guatemalteco,
resultaría indispensable contar con
el concurso de tropas mexicanas
para proclamar la independencia.
9

A esas alturas la ciudad de Oaxaca
ya había sido ocupada por las fuer-
zas trigarantes. Con ello el dominio
colonial en Guatemala tenía los días
contados. Sin embargo ese “quietis-
mo” denunciado por Aycinena per-
mitió que otros actores irrumpieran
de manera intempestiva. El 28 de
agosto el ayuntamiento de Comitán
proclamó la independencia según el
Plan de Iguala. Las demás autorida-
des de Chiapas no tardaron en se-
guir ese mismo camino. El 3 de sep-
tiembre el ayuntamiento de Ciudad
Real, el intendente y demás autori-
dades civiles y eclesiásticas procla-
maron la adhesión de la provincia al
Imperio Mexicano.
10
En la capital guatemalteca se
conoció esta noticia el 13 de sep-
tiembre. A instancias de la diputa-
ción provincial, el capitán general
convocó aquella reunión que según
el “plan pacífco” debía decidir el
destino de la audiencia, la cual tuvo
lugar el día 15 por la mañana. Ese
mismo día el periódico republicano,
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 59
rebautizado como El Genio de la Li-
bertad, informaba que Iturbide pre-
paraba una gran expedición militar
para marchar sobre Guatemala.
11

Con estos elementos a la vista la
asamblea discutió larga y acalora-
damente. El público que abarrotaba
el Palacio de Gobierno vitoreaba a
los oradores que se pronunciaban
en favor de la emancipación. El ar-
zobispo y el líder “gas” José del Valle
propusieron posponer la declarato-
ria hasta contar con más noticias
de Nueva España, pero dicha mo-
ción no fue bien recibida. Poco a
poco el público se fue posesionando
del recinto, exigiendo a gritos que
se proclamara la independencia. Fi-
nalmente las autoridades accedie-
ron. La jornada culminó cuando el
capitán general se dispuso a pres-
tar el juramento respectivo. Según
su propio testimonio, dicho funcio-
nario intentó jurar al mismo tiempo
la adhesión al Plan de Iguala, pero
“el pueblo que ocupaba la sala, la
antesala, las galerías, y el atrio de
Palacio, gritaba sin cesar por la in-
dependencia absoluta, y por que se
quitase del juramento la cláusula
de, en los mismos términos de Méxi-
co”, a lo que Gaínza debió acceder
para evitar un altercado violento.
12
El acuerdo alcanzado ese día es-
tipulaba convocar un congreso gene-
ral de las provincias guatemaltecas
para “decidir el punto de indepen-
dencia” y en caso de acordarla esta-
blecer “la forma de gobierno y la ley
fundamental que deba regir”. Entre
tanto el capitán general debía conti-
nuar al mando de las provincias cen-
troamericanas; asimismo se dispuso
la instalación de una Junta Provi-
sional Consultiva formada por los
miembros de la diputación provin-
cial capitalina más dos representan-
tes de cada provincia (Chiapas, Gua-
temala, San Salvador, Honduras, Ni-
caragua y Costa Rica), los cuales por
lo pronto fueron designados entre
los residentes en la ciudad.
La composición variopinta de la
Junta refejaba las distintas fuerzas
políticas presentes en el escenario
capitalino. “Gases” como el chiapa-
neco Antonio Robles, hasta hacía
poco leal vasallo de Fernando VII y
ahora partidario de la unión a Méxi-
co, o el propio Valle, más bien escép-
tico del Plan de Iguala, compartían
asientos con “aristócratas” liberales
como el marqués de Aycinena y Ma-
riano Beltranena. También formaba
parte de este cuerpo gubernativo el
salvadoreño José Matías Delgado,
republicano intransigente.
El resultado seguía la pauta del
“plan pacífco”. No había que la-
mentar hechos de sangre y por lo
pronto el acuerdo parecía satisfacer
a tirios y troyanos. Los republicanos
se congratulaban porque se había
proclamado la independencia sin
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 60
Antonio Bonilla El Salvador década de las 80
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 61
secundar el Plan de Iguala; pero no
se trataba de un acuerdo defnitivo,
y esto alentaba a los iturbidistas. Al
no producirse cambios drásticos en
las autoridades, el capitán general,
el alto clero y numerosos funciona-
rios respiraron con alivio. Sin em-
bargo faltaba conocer la reacción de
las provincias.
Independencia y separatismo
“Guatemala es un todo hermo-
so”, decía el manifesto con que el
capitán general comunicaba la in-
dependencia a las distintas provin-
cias el mismo 15 de septiembre, y
las invitaba a decidir conjuntamente
el destino del Reino en el congreso
de marzo.
13
Pero los acontecimientos
de Chiapas parecían anticipar que
la unidad de ese “todo” se hallaba
en entredicho. Ciertamente, hasta
entonces el principal elemento que
dotaba de cohesión al Reino de Gua-
temala era el referente común de la
autoridad española. Y una vez per-
dido este referente, el desenlace era
incierto. La restauración del régi-
men constitucional había permitido
que aforaran de súbito y con reno-
vada intensidad antiguos enconos
de los dirigentes provincianos para
con el gobierno de la audiencia, al
que identifcaban con los intereses
y los proverbiales abusos de los co-
merciantes guatemaltecos, cuyos
vínculos con ellos tenían como base
la imposición, el clientelismo, prác-
ticas monopólicas y un leonino sis-
tema de crédito, que no otro tipo de
alianzas familiares o económicas.
14

De hecho, desde mediados de
1821 la autoridad guatemalteca era
impugnada abiertamente en algu-
nas capitales. “No os dejéis enga-
ñar, amadas Provincias y hermanos
míos, de esos ansiosos guatemalte-
cos, cuyas vastas ideas llevan por
objeto la mas escandalosa conju-
ración [de] absorberse el mando de
todo el Reino”, denunciaba un pas-
quín circulado en Honduras unos
meses antes de la independencia,
“volved la vista á los aciagos días
en que en aquella capital sólo rei-
naba para nosotros aquella terrible
ley de: Yo lo digo: yo lo mando... ¿Se
os oculta acaso, que por espacio de
doscientos años han tenido en Gua-
temala fja, y en continuo ejercicio
la cruel mesa del sacrifcio, donde
rara será la familia de provincias
que haya dejado de ser sacrifca-
da?”. El autor de este dramático li-
belo, cierto “Provinciano amante de
la razón”, también anticipaba una
respuesta al “plan pacífco” fragua-
do en la capital guatemalteca: “Si
[los chapines], como dicen, quieren
levantar el grito de la independen-
cia, hagámonos sordos, unámonos
para contrarrestar sus sacrílegas
máximas, y desconozcamos toda
autoridad que emane de ella.”
15
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 62
Dicho y hecho, la demora de las
autoridades capitalinas en adherir-
se al Plan de Iguala fue aprovecha-
da por las autoridades de distintas
provincias como un pretexto ideal
para abrazar las banderas del Impe-
rio Mexicano y a un mismo declarar
su rompimiento con el gobierno de
Guatemala.
Los ayuntamientos de Chiapas
fueron los primeros en tomar este
camino. Entre agosto y septiembre
se adelantaron en secundar el Plan
de Iguala. Luego rehusaron respal-
dar la declaración guatemalteca de
independencia. Todo lo contrario,
tras conocer el acta del 15 de sep-
tiembre se reunieron nuevamente
autoridades, corporaciones y fun-
cionarios de la provincia para for-
malizar su rompimiento defnitivo
con el gobierno capitalino y dispu-
sieron enviar un representante a la
ciudad de México para gestionar di-
rectamente su incorporación al Im-
perio.
16

En Honduras y Nicaragua la
proclamación de la independencia
también siguió la misma pauta. En
Comayagua, capital hondureña,
la diputación provincial, el ayun-
tamiento y demás corporaciones
acordaron el 28 de septiembre sus-
cribir el Plan de Iguala bajo la ex-
presa condición de quedar supedi-
tados al gobierno mexicano en los
ramos militar, político, de hacienda
y eclesiástico. Unos días más tarde
se acordó erigir la intendencia de
Honduras en capitanía general y
le fueron conferidos al jefe político
José Tinoco el rango de teniente ge-
neral y el mando supremo de “los
ejércitos imperiales” en la provin-
cia.
17
También el 28 de septiembre
la diputación nicaragüense dispu-
so el rompimiento con Guatemala
y la independencia provisional del
gobierno español “hasta tanto que
se aclaren los nublados del día”. Fi-
nalmente el 12 de octubre la dipu-
tación provincial acordó promulgar
la independencia según el Plan de
Iguala y “bajo los auspicios del ejér-
cito imperial, protector de las tres
garantías”.
18
En San Salvador las cosas to-
maron otro curso. En este caso el
intendente y las autoridades de las
principales poblaciones mantenían
estrechos lazos con el gobierno gua-
temalteco y la facción iturbidista.
De hecho los Aycinena habían ge-
nerado una importante clientela po-
lítica en la provincia, sobre todo en
las regiones oriental y occidental.
En el centro, en cambio, predomi-
naba una tendencia autonomista
tan acendrada o más que en aque-
llas otras provincias separatistas,
surgida de los levantamientos de
1811 y 1814, pero sus dirigentes
sostenían principios republicanos y
federalistas que resultaban incom-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 63
patibles con el Plan de Iguala. El
acuerdo entre ambos agrupamien-
tos permitió que el 21 de septiembre
se suscribiera el Acta frmada en
Guatemala.
19
El conficto sobrevino
poco después, cuando en las vota-
ciones para integrar la diputación
provincial se enfrentaron la facción
republicana y los partidarios del in-
tendente. La actuación arbitraria de
este funcionario propició disturbios
en la ciudad de San Salvador y le
ganó el repudio de los ayuntamien-
tos de la provincia, los cuales de-
mandaron su remoción inmediata.
La Junta Provisional destituyó al
intendente y nombró en su lugar al
más a propósito de sus miembros,
José Matías Delgado, quien era el
patriarca de los republicanos sal-
vadoreños. Por lo pronto el enroque
contuvo el conficto y evitó por el
momento que también esta provin-
cia rompiera con Guatemala.
20

Lamentablemente, la dislocación
del Reino no ha sido explicada en
su conjunto con el debido detalle.
21

La rebeldía de León y Comayagua,
en un primer momento, y Quezalte-
nango y San Salvador, poco tiempo
después, suele achacarse a los pro-
verbiales abusos de los comercian-
tes guatemaltecos, que controla-
ban sus mercados y expoliaban sus
productos. De manera paradójica,
en la secesión de Chiapas pesaron
más bien la debilidad de los intere-
ses chapines y el relativo abandono
de la provincia por el gobierno de la
audiencia.
22
Cabe puntualizar que
si bien los unía su común aversión
hacia la capital guatemalteca, los
separatistas no formaron un blo-
que político. Lejos de postular una
reforma integral del antiguo Reino,
apuntaban a objetivos inmediatos y
específcos. Con ello su actuación
adquirió un sesgo mezquino. Coma-
yagua, por ejemplo, trató de arreba-
tar a Guatemala el control sobre los
puertos caribeños y la plata de Te-
gucigalpa; León buscaba encabezar
una nueva capitanía. Por su parte,
los quezaltecos pretendían consoli-
dar su propio proyecto hegemónico
sobre la región de Los Altos, y los
chiapanecos se proponían estrechar
sus lazos mercantiles con Oaxaca y
Tabasco. Sólo en el caso de San Sal-
vador el rompimiento con Guatema-
la estuvo asociado a una propuesta
de organización nacional alternati-
va al Plan de Iguala.
Es probable que la expedita
aceptación del Plan de Iguala por las
autoridades de Chiapas, Honduras
y Nicaragua se haya visto favoreci-
da por lo que Jorge Luján Muñoz
califcó como “actitud reaccionaria
y antirrepublicana”.
23
Pero como
muestra el pasquín del “Provincia-
no amante de la razón” lealtad a la
corona, aprecio por la constitución
y repudio visceral a la “chusma de
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 64
El Salvador década de las 80
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 65
chapines” no eran conceptos que
estuvieran reñidos en lo absoluto.
En todo caso debe destacarse cómo
aquellos dirigentes provincianos,
recalcitrantes en efecto, buscaron
adaptarse al cambio de los vientos,
ajustando sus convicciones y con-
ceptos serviles al programa políti-
co del Plan de Iguala. Asimismo es
importante señalar que además de
constituir una revancha contra los
“aristócratas” chapines y una ma-
nifestación del celo autonomista de
los dirigentes provincianos, la irrup-
ción del separatismo fue también
producto de los reacomodos polí-
ticos internos de las distintas pro-
vincias, y en este sentido expresión
de complejos procesos de conforma-
ción hegemónica en distintos nive-
les, provincial, distrital e inclusive
municipal, ligados estrechamente
a las reformas gaditanas, en parti-
cular al establecimiento de diputa-
ciones provinciales y ayuntamien-
tos constitucionales. De hecho, en
septiembre de 1821 la decisión de
secundar el Plan de Iguala varió de
capital a capital, de distrito a distri-
to, y en ciertos casos de un ayunta-
miento a otro, siempre en función
de la perspectiva particular de au-
toridades y dirigentes locales, del
liderazgo que ejercían o pretendían
ejercer facciones y grupos de poder
al interior de las provincias, de su
relación específca con los intereses
chapines y su acuerdo o desacuer-
do con el gobierno de Guatemala.
De manera signifcativa, en las
mismas provincias disidentes se
produjeron importantes rupturas
internas cuando algunas cabeceras
se negaron a secundar los pronun-
ciamientos secesionistas. Tales fue-
ron los casos de Granada, Masaya
y Matagalpa en Nicaragua; Tegu-
cigalpa, Choluteca, Gracias y Lla-
nos de Santa Rosa en Honduras, y
Heredia y San José en Costa Rica.
En San Salvador, cuando el gobier-
no provincial rompió con el gobier-
no de Guatemala, su autoridad fue
repudiada por Santa Ana, San Mi-
guel y otros distritos. En general
la disyuntiva de apoyar la secesión
o seguir reconociendo al gobierno
guatemalteco fue resuelta por cada
cabecera en función de sus lazos
particulares con los intereses ca-
pitalinos y los acuerdos o disputas
con su autoridad inmediata. Sólo
Chiapas se mantuvo unifcada du-
rante esta coyuntura.
“El convite regalado y sabroso
del señor Iturbide”
La secesión de las provincias
“imperiales” representó un duro
golpe para los próceres capitalinos
que promovieron la declaración del
15 de septiembre. Además de rom-
per la unidad del Reino y sustraer
vastas regiones a la autoridad de
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 66
Guatemala, ponía en entredicho
la misma legitimidad de la Junta
Provisional. Ante estas circunstan-
cias, salvando momentáneamente
sus diferencias políticas, “cacos”
y “gases”, republicanos y antiguos
funcionarios de la administración
colonial cerraron flas en torno al
gobierno capitalino. Éste no conta-
ba con los recursos militares para
reprimir la disidencia, sin embargo
conservaba el apoyo de los diversos
distritos de Guatemala, la inten-
dencia de San Salvador y algunas
cabeceras de Nicaragua y Hondu-
ras, es decir, tanto el centro neu-
rálgico como las áreas más ricas y
pobladas del Reino.
24
Ello permitió
que entre octubre y diciembre tro-
pas guatemaltecas y salvadoreñas
frustraran los intentos de Comaya-
gua por ocupar el distrito minero
de Tegucigalpa, así como los puer-
tos de Trujillo y Omoa, que eran los
principales accesos comerciales del
Reino en el litoral atlántico.
A pesar de participar en el go-
bierno provisional, los Aycinena y
su grupo continuaron impulsando
en secreto la adhesión al Plan de
Iguala. Pero anular el Acta de In-
dependencia no era cosa sencilla.
Por principio debían anular a los
antiguos miembros del bando espa-
ñolista, ganarse al arzobispo y de-
más peninsulares, convencer a los
miembros de la Junta Provisional y,
lo más difícil, doblegar la oposición
de sus antiguos amigos republica-
nos. Éstos no tenían mayor presen-
cia en el gobierno pero gozaban de
prestigio y ejercían una infuencia
considerable en la política capitali-
na. Tras la declaración de indepen-
dencia, Molina y compañía se em-
peñaron en una campaña de pro-
paganda nacionalista por medio de
la prensa y una Tertulia Patriótica
que habían organizado con este fn.
Inclusive algunos activistas se tras-
ladaron a pueblos del interior para
agitar en favor de la independencia
absoluta. Asimismo aprovecharon
que en las sesiones de la Junta Pro-
visional se solía conceder acceso al
público y audiencia a particulares
para exponer sus ideas y hacer pa-
tente, por medio de la movilización
del “pueblo”, su peso político.
25
Los alegatos en pro de la inde-
pendencia absoluta que Molina pu-
blicó hacia mediados de octubre
en El Genio de la Libertad fueron el
primer catecismo del nacionalismo
centroamericano. Según sus argu-
mentos, el 15 de septiembre Gua-
temala había adquirido el rango de
nación. Los pueblos que antes ha-
bían sufrido el yugo de la capital
nada tenían que temer; en adelante
cada provincia habría de ser “seño-
ra de sí misma”: libertad e igualdad
eran principios que regirían en lo
sucesivo. Guatemala no estaba en
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 67
deuda con México; ninguna ayuda
había recibido de su parte para ob-
tener la independencia y nada bue-
no podía esperar de quien intentaba
sojuzgarla y convertirla en “provin-
cia de un monarca mexicano”. For-
mar “una nación respetable, aun-
que pobre” constituía su alternati-
va. El antiguo virreinato podría ser
“grande, rico y fastuoso”, pero las
provincias del Centro, ligadas por
un pacto federal, no tardarían en al-
canzar la misma “fuerza invencible”
y la “prosperidad asombrosa” de la
“América inglesa”, y en pocos años
darían “un nuevo ejemplo al univer-
so de la prosperidad y valor de un
pueblo libre.”
26
En la capital mexicana no po-
dían pasar inadvertidas estas ex-
presiones. Sus argumentos eran se-
diciosos por cuanto cuestionaban el
proyecto de anexión de la audiencia
de Guatemala, pero también por-
que ponían en entredicho los mis-
mo fundamentos del gobierno de
Iturbide. No por casualidad algunos
opositores divulgaron en México
los escritos de Molina. “Los mexi-
canos... no intentarán arrebatar la
libertad de los guatemaltecos aun-
que les sobran fuerzas y recursos
para hacerlo”, replicó de inmediato
un publicista imperial, preocupado,
según su propio dicho, por refutar
las ideas “tan peligrosas como bri-
llantes” del tenaz republicano. A
principios de diciembre también la
Gaceta Imperial arremetió contra
Molina: “Los papeles públicos que
allí [en Guatemala] se redactan no
son del Gobierno, ni la expresión de
la voluntad general: son la obra de
dos ó tres alucinados, que no cono-
cen los recursos ni el interés de su
propio suelo, y que por teorías de-
sean un exceso de perfección difí-
cil de adquirir aun en Provincias de
mayor población riqueza y luces”.
27

Con todo, la refutación más
contundente de la propuesta repu-
blicana vino de parte de las auto-
ridades separatistas. “Chiapas ha
estado bajo el Gobierno Guatemal-
teco como tres siglos, y en todo este
tiempo no ha prosperado... Gua-
temala jamás ha proporcionado a
esta provincia, ni ciencias, ni indus-
tria, ni ninguna otra utilidad, y sí la
ha mirado con mucha indiferencia”,
sostenían los chiapanecos, para
concluir tajantemente: “Chiapas en
ningún tiempo podrá volver a estar
bajo el Gobierno de Guatemala, aun
cuando... llegue á poner Rey o Re-
pública”.
28
“El Reino todo de Gua-
temala”, argumentaba por su parte
la diputación nicaragüense, “por
su situación topográfca, por la in-
mensidad del terreno que ocupan
sus poblaciones, por la dispersión
de éstas, por la falta de seguridad
de sus puertos en ambos mares y la
imposibilidad de pronta fortifcación
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 68
y por su pobreza, no puede empren-
der el grandioso proyecto de erigirse
soberana independiente; porque si
se ha de hablar con sinceridad á las
provincias todas unidas de este Rei-
no, no les es dable representar otro
papel, en caso de la independencia,
á que aspira la América Septentrio-
nal, que el de ser partes integrantes
del imperio mexicano”.
29
Expresiones como éstas, de las
que están plagados ofcios y procla-
mas de las autoridades separatistas,
han llevado a concluir a algunos au-
tores contemporáneos que en todos
los casos la adhesión al Plan de Igua-
la fue decidida de manera espontá-
nea por los patricios locales y los
ayuntamientos “soberanos”.
30
Pero
Pedro Molina no bordaba en el aire.
El entusiasmo que generó el Plan de
Iguala entre los disidentes provincia-
nos tenía como premisa el proyecto
geopolítico de la jefatura mexicana,
es decir la intención de incorporar
al Imperio las provincias guatemal-
tecas. Este factor determinó el mo-
mento y el sentido de los pronuncia-
mientos separatistas, en particular
su beligerancia y asertividad. Los se-
paratistas no dudaban del respaldo
mexicano; por eso mismo se pudie-
ron rebelar impunemente.
La conexión entre los promoto-
res del Plan de Iguala y sus seguido-
res en la capital y las provincias del
Reino tuvo diversos canales. Uno
muy importante fue la relación en-
tre Aycinena e Iturbide. Otro fueron
las gestiones del coronel Manuel de
Iruela, a quien Iturbide nombró co-
mandante de Oaxaca con el encargo
particular de promover el proyecto
mexicano en la audiencia de Gua-
temala “por medio de exhortaciones
directas a sus jefes y corporaciones”
o bien “difundiendo cuantas noti-
cias [ayuden] a tan alto objeto sin
perdonar medio alguno.”
31
La labor
de Iruela y otros propagandistas
del Plan de Iguala infuyeron direc-
tamente en los pronunciamientos
de Chiapas, como más tarde en la
secesión de Quezaltenango y fnal-
mente en la propia adhesión de la
capital guatemalteca. Como parte
de esta acción en diversos momen-
tos fueron enviados desde México y
Oaxaca emisarios ofciales y agen-
tes encubiertos, entre otros los an-
tiguos insurgentes Manuel Mier y
Terán y Tadeo Ortíz de Ayala, así
como los ofciales del ejército triga-
rante Miguel Fagoaga, Pedro Lanu-
za y José de Oñate.
32

Además, de acuerdo con los
consejos de Mariano de Aycinena,
Iturbide parece haber contemplado
en un inicio la posibilidad de incur-
sionar con sus tropas en la audien-
cia de Guatemala.
33
Pero semejante
operación no sólo hubiera implica-
do gastos muy considerables sino
que además tardaría algún tiempo
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 69
en organizarse. Puesto que le urgía
apresurar las cosas decidió pulsar
primero la tecla de la diplomacia. A
principios de septiembre encomen-
dó a Mier y Terán dirigirse a Gua-
temala con la misión de proponer
discretamente a Gaínza secundar el
Plan de Iguala y de paso efectuar un
reconocimiento del Reino hasta la
frontera con Panamá.
34
Un retraso
en el camino impidió que el antiguo
insurgente alcanzara su destino an-
tes de ser proclamada la indepen-
dencia en la capital guatemalteca.
Sin embargo el 1º de octubre, sin
conocer aún esta noticia, Iturbide
le escribió al capitán general para
invitarlo abiertamente a sumarse al
Imperio. En contraste con la ambi-
güedad del documento de Iguala, en
este caso no encubría sus plantea-
mientos geopolíticos.
Una vez consumada la indepen-
dencia, aseguraba el futuro empe-
rador, la extensión y riqueza del
Imperio Mexicano le destinaban un
lugar de privilegio “entre las nacio-
nes del Orbe”, afortunada condición
que deseaba compartir con el Reino
de Guatemala. Esta invitación no
debía interpretarse como el prelu-
dio de una conquista. Por el contra-
rio, buscaba proponer un acuerdo
concertado entre ambos gobiernos,
cuyos detalles habrían de dilucidar
los representantes guatemaltecos
en el Congreso Mexicano. Iturbide
no reparaba en zalamerías y como
parte de su proposición le ofrecía a
Gaínza el mando de los ejércitos im-
periales, “en calidad de Generalísi-
mo”, así como nombrarlo presidente
de la Regencia.
35
En una nueva mi-
siva fechada el 10 de octubre Iturbi-
de reiteró tales conceptos, incluido
aquel inusitado ofrecimiento. Asi-
mismo mencionó sus intenciones
de ofrecer una alianza semejante a
la isla de Cuba, que “por su inte-
resante posición para el comercio
de Europa y por la clase de su po-
blación, está muy expuesta á ser la
presa de la ambición marítima de
los ingleses de uno y otro emisferio,
o a despedazarse en divisiones in-
testinas que en ningún otro punto
de América serían más desastrosas
y funestas”.
36
En ninguna de ambas cartas
mencionaba la independencia de
Chiapas. Tal vez no contaba con su-
fciente información, o quizá fuera
un rasgo de sutileza, porque al me-
nos el pronunciamiento de Comitán
era ya conocido en la capital mexi-
cana.
37
De cualquier manera, estas
misivas no alcanzaron su destino
sino hasta fnales de noviembre. Es
probable que tras confrmar el pro-
nunciamiento chiapaneco, o qui-
zás enterado de manera no ofcial
de lo acontecido en Guatemala, el
propio Iturbide haya demorado su
remisión hasta contar con noticias
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 70
Antonio Bonilla. El Salvador década de las 80
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 71
más precisas de aquella capital. La
tercera semana de octubre recibió
respuesta de Gaínza. Junto con el
Acta de Independencia le enviaba
un breve recuento de lo sucedido en
aquella capital y lo colmaba de elo-
gios. Nada mencionaba acerca de la
posible unión a México.
38

Iturbide respondió el 19 de oc-
tubre. Esta vez se trataba de una
grave misiva destinada a incidir de
manera dramática en el curso de los
acontecimientos. En ella el general
mexicano impugnaba el acuerdo del
15 de septiembre, en particular lo
relativo a la instalación del congre-
so, y proponía modifcarla en fun-
ción de “reunir todas las partes de
este vasto continente, para su mu-
tua defensa y protección.” Por lo
pronto el Imperio había reconocido
la agregación de Chiapas. Y aunque
refrendaba su compromiso de res-
petar la voluntad de los guatemal-
tecos, concluía anunciando el envío
de un contingente militar destinado
a “proteger con las armas los pro-
yectos saludables de los amantes
de su Patria.”
39
También envió este
mismo aviso a las autoridades chia-
panecas y a su “apreciable amigo”
en Guatemala, Mariano de Aycine-
na.
40
Con ello daba inicio una gue-
rra de nervios.
El 6 de octubre la Junta Provi-
sional recibió un ofcio del coman-
dante de Oaxaca. En realidad esta
pieza llegaba con cierto retraso. Es-
crita el 11 de septiembre, apenas
informaba la frma de los Tratados
de Córdoba, con lo cual, aseguraba
Manuel de Iruela, quedaba consa-
grada la fundación del Imperio, “y
en estas circunstancias, faculta-
do yo, por el primer Jefe convido a
Vuestra Excelencia para que se re-
úna a él: para que proclame y jure
nuestra Independencia gloriosa”. La
Capitanía de Guatemala, advertía
de inmediato, “dividida de nuestro
Imperio sería una despreciable colo-
nia: quedaría aislada, sus recursos
serían cada día menores, y o bien
habría en fn de ceder á la fuerza
que nuestro Ejército abomina, o re-
sultaría víctima de su indolencia.”
41

La discusión de esta carta ocupó a
la Junta toda la mañana y parte de
la tarde. Naturalmente, acerca de
la separación de España no existía
ninguna duda, pero en cuanto a la
unión a México se acordó responder
“en términos, que pudieran evadir
un comprometimiento”. En la res-
puesta redactada por José Cecilio
del Valle se reafrmó la decisión de
convocar al congreso según lo esti-
pulado en el Acta de Independen-
cia. Desde luego en la capital gua-
temalteca se comenzó a sospechar
que aquellas “insinuaciones” no
tendrían término a pesar de haber-
se proclamado la independencia.
Algunos consideraron pertinente
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 72
cancelar la realización del congreso
y proclamar de una vez la adhesión
al Plan de Iguala. El ayuntamiento
de la capital guatemalteca lo discu-
tió el 2 de noviembre, pero aunque
allí predominaban los iturbidistas,
dicho cuerpo reconoció pruden-
temente que carecía de autoridad
para asumir tal decisión. El mismo
Mariano de Aycinena se manifestó
en este sentido, abogando por la
conveniencia de realizar el congreso
“como buenamente se pueda”.
42

Cuatro días más tarde, en aras
de prevenir una mayor fragmenta-
ción del Reino, la Junta Provisional
acordó adelantar la instalación del
congreso. Asimismo estableció una
comisión para “meditar los medios
de unir a Guatemala las provincias
disidentes”.
43
Pero antes de que es-
tas medidas surtieran algún efecto
tuvo lugar otro pronunciamiento
separatista.
El 15 de noviembre el ayunta-
miento de Quezaltenango decidió
secundar el Plan de Iguala. De in-
mediato los quezaltecos emprendie-
ron una agresiva acción proselitista
en la región de Los Altos, conmi-
nando a los distritos adyacentes a
seguir sus pasos. Esta campaña dio
lugar a serias desavenencias con el
gobierno de Guatemala, e inclusive
continuó después de que la propia
capital sancionó su agregación al
Imperio Mexicano.
44
Totonicapán
se opuso a la sedición quezalteca.
En Chimaltenango, en cambio, los
alcaldes indios decidieron respon-
der al llamado quezalteco y promo-
vieron la destitución del corregidor
chapín Ignacio Batres Asturias.
Otras importantes cabeceras del
occidente, Sacatepéquez, Sololá,
Huehuetenango y Retalhuleu tam-
bién siguieron ese camino.
45
De este
modo la disidencia sentó sus reales
en el corazón de Guatemala, y esta
vez como abierta defección a la cau-
sa capitalina.
Justo entonces también la cri-
sis hondureña estaba en su punto
más delicado. La Junta Provisional
parecía tambalearse. Los republi-
canos de San Salvador le propusie-
ron trasladarse a dicha provincia
en caso “de peligrar en esa ciudad
de Guatemala”.
46
Pero Gaínza y los
iturbidistas no cayeron en el garli-
to. Por el contrario, aprovecharon
las circunstancias para impulsar de
nueva cuenta la adhesión al Plan de
Iguala.
El pronunciamiento de Quezal-
tenango coincidió con el paso por
aquella cabecera del capitán José
de Oñate, comisionado por Iturbide
para entregar aquellas cartas glo-
sadas previamente. Este emisario
arribó a la capital guatemalteca el
27 de noviembre. Al día siguiente,
en la sesión de la Junta Provisional,
Gaínza dio lectura al ofcio del 19
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 73
de octubre en que el jefe mexicano
lo conminaba a secundar el Plan de
Iguala y anunciaba la intención de
respaldar con tropas los pronuncia-
mientos separatistas. La discusión
se prolongó durante toda la ma-
ñana. Finalmente la Junta acordó
responder que carecía de autoridad
para decidir tan grave asunto sin
antes tomar en cuenta la opinión de
las provincias que le seguían sien-
do leales, para lo cual dispuso que
cada ayuntamiento emitiera su voto
en cabildo abierto, contando para
ello con un plazo de treinta días.
Los pueblos debían tomar como
base para la deliberación la carta
de Iturbide y una circular suscrita
por Gaínza en que se instaba abier-
tamente a votar por el sí, alegando
la profunda crisis que atravesaba el
Reino, el desigual contraste entre
la opción de constituir un gobierno
soberano y “la superioridad induda-
ble de Nueva España en población,
fuerza y riqueza”, así como “los ma-
les que podría causar la internación
en nuestro territorio de la División
respetable que se indica en el of-
cio”.
47
De este modo, en fagrante
violación del acuerdo de indepen-
dencia, se descartó de un plumazo
la reunión del congreso.
La noche del 30 de noviembre
una ronda que patrullaba la ciudad
al mando del alcalde José Antonio
Larrave disparó contra los asisten-
tes de la Tertulia Patriótica, matan-
do a dos de ellos.
48
Lejos de castigar
a Larrave la Junta Provisional pu-
blicó un “bando de buen gobierno”
prohibiendo la Tertulia y en gene-
ral cualquier tipo de reuniones noc-
turnas, así como la portación de
armas y dictando también severas
sanciones para todos aquellos que
participaran en reuniones públicas
de carácter político o que fueran
sorprendidos escribiendo letreros
en los muros de la ciudad, medidas
adoptadas a todas luces para evitar
protestas contra la controvertida
consulta a los ayuntamientos.
49

La crisis era grave, pero lejos de
conducir a mayores enfrentamien-
tos desembocó en el repliegue de los
republicanos, temerosos de la re-
presión. Una vez acallados éstos, la
consulta se efectuó apuradamente.
En la mayoría de los casos la cele-
bración de cabildos abiertos no fue
sino un mero trámite para cumplir
con la formalidad del procedimiento
estipulado por la Junta. En la ciu-
dad de Guatemala los votos fueron
recogidos casa por casa por alcaldes
y regidores, ya que las reuniones
públicas habían sido prohibidas.
El resultado, en realidad, se daba
por descontado. No cabía esperar
otra cosa atendiendo a la premura
que había por decretar la anexión a
México. De hecho era inconcebible
que la ciudadanía pudiera emitir
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 74
un dictamen ponderado sobre este
asunto en tales circunstancias y en
tan corto plazo. Algunos cuestiona-
ron el procedimiento argumentando
que los cuerpos edilicios no consti-
tuían una legítima representación
nacional y que su función era otra
muy distinta a la de tomar decisio-
nes políticas de tal magnitud, seña-
lando que además no se tomaba en
cuenta el número de habitantes de
los diferentes pueblos al asignarles
por igual un sólo voto a cada uno.
Pero si bien es cierto que la con-
sulta representó a las claras un
“expediente ilegal”, como señaló el
historiador-testigo Alejandro Maru-
re, funcionó efcazmente como un
referendo entre los distintos ayun-
tamientos y su resultado fue con-
secuente con el deseo general de
ver restablecida la unidad política y
moral del Reino.
50
Es interesante que en muchos
casos el voto de los ayuntamientos
no sólo fue comunicado a la ciudad
de Guatemala sino también direc-
tamente a México, y más aún, per-
sonalmente a Iturbide, quien para
muchos pasó a encarnar ese ideal
de unión y orden que a escasos
tres meses de independencia ya se
añoraban. Asimismo, las concisas
declaraciones de numerosos ayun-
tamientos razonando su voto por el
Imperio vinieron a corroborar que
en los pueblos guatemaltecos priva-
ba una gran incertidumbre respecto
a las posibilidades de formar un es-
tado soberano.
“Para que una Nación sea ente-
ramente independiente son del todo
necesarias la ilustración, la riqueza,
la unión, la pericia militar y la mari-
na, en tanto grado, que si una sola
cosa de estas falta ya no se puede
subsistir la Nación. ¿Cómo podrá
pues Guatemala sostenerse sola si
todo esto le falta?”, se preguntaba
el alcalde del pueblo de Santiago
Patzicia, jurisdicción de Chimalte-
nango, para luego dictaminar sin
rodeos: “Guatemala aun no es ma-
yor de edad, Mexico sí: pongámonos
pues bajo su tutela y no compre-
mos cobre con oro”.
51
Por su parte
el ayuntamiento de Usulután, en el
oriente de San Salvador, exhortaba
a los demás ayuntamientos a pro-
bar sin temor “el convite regalado y
sabroso del Señor Iturbide.”
De manera similar una buena
parte de los ayuntamientos consul-
tados aceptaron unirse al Imperio
bajo la sola condición de permitir la
futura independencia de las provin-
cias guatemaltecas en cuanto éstas
alcanzaran la prosperidad sufcien-
te. En otros casos se manifestaron
ideas un tanto peregrinas y aún
contradictorias. Mientras el ayunta-
miento de Mita, en Chiquimula, ur-
gía la pronta presencia del rey Fer-
nando VII en el trono del Imperio, el
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 75
de Apaneca, en Sonsonate, clamaba
“con ansias del corazón” que fuese
justamente Iturbide “el primero que
a sus sienes adorne la Corona de
nuestro Imperio.”
52
En contraste con estas expresio-
nes, el gobierno provincial de San
Salvador declaró que no recono-
cía en Gaínza ni en la Junta ni en
ninguna otra autoridad la facultad
sufciente para derogar el segundo
artículo del Acta de Independencia
que estipulaba la realización del
congreso.
53
Esta postura fue el pre-
ludio de una confrontación inevita-
ble. A partir de este momento San
Salvador le retiró toda obediencia
al gobierno capitalino, agregándose
a la lista de provincias disidentes.
Asimismo, como ya se mencionó,
se produjeron fuertes escisiones in-
ternas en la provincia, con la pecu-
liaridad de que en este caso por lo
menos la mitad del territorio quedó
en manos leales al gobierno de Gua-
temala. Aún así, el gobierno provin-
cial resistió por más de un año los
sucesivos ataques de las tropas im-
periales, hasta que fnalmente fue
derrotado por tropas mexicanas al
mando del general Vicente Filisola.
El 2 de enero de 1822 la Jun-
ta Provisional procedió a computar
el resultado de la consulta. Apenas
había concluido el plazo señalado
y no se contaba con las respuestas
de todos los ayuntamientos, pero
aun así se decidió actuar con pre-
mura, entre otras razones porque
unos días antes se había sabido por
medio de la prensa mexicana que el
arribo de las tropas destinadas al
Reino tardaría bastante tiempo en
poder verifcarse. Esta noticia puso
al descubierto el chantaje implícito
en los ofcios de Iturbide y Gaínza
que se habían circulado a los ayun-
tamientos.
54
Algunos miembros de la
Junta hicieron un último esfuerzo
por impedir aquella decisión apresu-
rada, argumentando defectos en el
mecanismo de la consulta, pero de
nada valieron razones ni alegatos en
contra del procedimiento. Por ma-
yoría se acordó que la Junta debía
limitarse a contar los votos de los
ayuntamientos.
55
Éstos favorecie-
ron la unión a México por un amplio
margen. De los ayuntamientos con-
sultados, 104 aceptaron plenamente
secundar el Plan de Iguala, 11 más
lo hicieron bajo ciertas condiciones
y 32 manifestaron su respaldo a
cualquier resolución que adoptara la
Junta, mientras que 21 insistieron
todavía en remitirse a la decisión del
Congreso según lo acordado el 15 de
septiembre. Sólo dos ayuntamientos
votaron en contra. El consenso entre
las autoridades edilicias era irrecu-
sable. Además, para acallar las críti-
cas al procedimiento, la Junta Provi-
sional constató que según el último
censo los ayuntamientos que habían
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 76
Antonio Bonilla. La masacre de los santos pueblos inocentes.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 77
votado por unirse al Imperio repre-
sentaban la mayoría de la población
que aún permanecía bajo la autori-
dad del gobierno capitalino.
56
El 3 de enero Gaínza comunicó
este resultado a México y un par de
días más tarde se frmó ofcialmente
el acta respectiva. Poco después, pre-
viniendo cualquier posible protesta
en la capital guatemalteca el capi-
tán general emitió un nuevo bando
de buen gobierno que reiteraba sus
anteriores disposiciones para evitar
las protestas de la oposición republi-
cana.
57
De este modo culminó la ma-
niobra de los iturbidistas “chapines”
en la capital guatemalteca. Aycinena
y su grupo habían sabido deshacer-
se de sus incómodos aliados republi-
canos, logrando aglutinar alrededor
del Plan de Iguala al grueso de la élite
guatemalteca y la mayor parte de las
antiguas autoridades españolas, así
como a ciertos sectores provincianos
que lejos de cuestionar el poder ca-
pitalino cerraron flas en torno suyo
para proteger intereses compartidos
y enfrentar a sus rivales comunes.
Una vez alcanzado este objetivo, la
principal preocupación del capitán
general y las autoridades capitalinas
iba a ser retornar al redil a las pro-
vincias disidentes y convertirse en el
enlace principal entre la autoridad
mexicana y el conjunto del Reino.
Por su parte, la jefatura mexicana
veía concretase su proyecto geopolí-
tico antes aún de lo que había calcu-
lado. Tres meses después de haber-
se fundado el Imperio Mexicano, la
Regencia era el único poder superior
que reconocían en común las dis-
tintas fracciones territoriales en que
se hallaba dividida la audiencia de
Guatemala, con excepción de los mi-
núsculos distritos centrales de San
Salvador. Desde el punto de vista del
gobierno mexicano el resultado no
podía ser más halagüeño. Una poca
de presión había sido sufciente para
extender su autoridad hasta la fron-
tera de Panamá. En efecto, las “insi-
nuaciones” de Iturbide, las gestiones
de sus emisarios y la amenaza que
signifcaba enviar tropas a Chiapas,
resultaron decisivas, pues si bien los
pronunciamientos espontáneos en
favor del Plan de Iguala anticiparon
que la anexión del Reino en su con-
junto era una opción que gozaba por
sí misma de amplias simpatías entre
los dirigentes guatemaltecos, la con-
sulta efectuada por la Junta Provi-
sional hizo evidente que para media-
dos de noviembre 170 ayuntamien-
tos no se habían manifestado en
favor del Plan de Iguala, entre ellos
el de la propia capital guatemalteca,
y sólo lo hicieron conminados por el
capitán general tras recibirse desde
México chantajes y amenazas, y no
por medio de declaraciones espon-
táneas ni mucho menos “sobera-
nas” como algunos suponen. En el
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 78
camino, aunque sin proponérselo, la
intención mexicana de extender el
Plan de Iguala a las provincias gua-
temaltecas contribuyó a desatar la
acción atomizadora del separatismo
regional, trastocando el orden políti-
co del antiguo Reino de Guatemala,
propiciando su desmembramiento y
colocándolo a un paso de la guerra
civil.
Desima de Leon glosada en S. Salvador*
(Fragmento)
A una que dicen fue diosa
flis con otras deidades
llenaron de banidades
crellendola generosa:
se bolbio tan orgullosa
que todos dijeron - ¡ola!
ya te haremos la manola
presumida Guatemala
pues solo flis te iguala
quedate con Filis-Sola.
Glosa
[...]
Las pobres Provincias fueron
siempre esclabas obedientes
siendo de ella dependientes
siempre insienzos le ofrecieron
mas su llugo sacudieron
anExo
* Tomado del libro de Mario Vázquez Olivera, El Imperio Mexicano y el Reino de Guatemala, Mexico-
Guatemala, Fondo de Cultura Economica
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 79
y con tropa velicosa
combatio a la muy hermosa
Ciudad de San Salvador
¡como á esta pago su amor
crellendola generosa!
Guatemala proclamaste
tu absoluta Yndependencia
mas con incauta imprudencia
echa esclaba te quedaste:
no a tus pueblos libertaste
y viendo esto, indecorosa
tu amistad buscan anciosas
su libertad proclamando
dicen Guatemala dando
se bolvió tan orgullosa.
[...]
Entran tropas veteranas
de la Columna Ymperial
pintando el Aguila Real
Nopal y Culebra ufanas:
pobres ciudades cristianas
su balor hoy se acrisola
Guatemala nos dice, ola
resiste San Salvador
gritando con gran furor
ya te haremos la manola.
Todo Chapin es ufano
ya el Coche ya el Forlon
ruedan sobre el Corazon
del honrado Provinciano:
su trato es inhumano
su audacia, nadie la iguala
esto mi pecho lo exsala
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 80
y digo á todo Chapin
ya te beremos el fn
presumida Guatemala.
[...]
Adios otra bes os digo
y aunque guerra declaraste
contra mi, experimentaste
que nunca fui tu enemigo
siempre fui tu fel amigo
dejemos rodar la bola
que mi constancia acrisola
pues que tu me despreciaste
y ya la ley quebrantaste
quedate con Filis Sola.
notas
1 Cfr. J.C. Solórzano, “Los años fnales de la do-
minación española (1750-1821)” en Historia
General de Centroamérica v. 3, Madrid, fLac-
so-Ediciones del Quinto Centenario, 1993, p.
13.
2 “Plan llamado de Iguala, y proclama con que
la anunció D. Agustín de Iturbide”, en Lucas
Alamán, Historia de Méjico. Desde los primeros
movimientos que prepararon su Independencia
en el año de 1808 hasta la época presente. 5
v., México, Fondo de Cultura Económica-Ins-
tituto Cultural Helénico, 1985, v. 5, apéndice;
Constitución Política de la Monarquía Española.
Promulgada en Cádiz á 19 de Marzo de 1812.
México, D. Manuel Antonio Valdés Impresor,
1812, artículo 10.
3 Sobre el desarrollo del liberalismo y el cons-
titucionalismo en Centroamérica véanse Ma-
rio Rodríguez, El experimento de Cádiz en
Centroamérica, 1808-1826, México, Fondo
de Cultura Económica, 1984, cap. 8, y Jorge
Mario García Laguardia, Orígenes de la demo-
cracia constitucional en Centroamérica, San
José, educa, 1971; Adolfo Bonilla, “The Cen-
tral American Enlightment, 1770-1838”, tesis
de doctorado, Universidad de Manchester,
1996, e Ideas económicas en la Centroamérica
ilustrada, 1793-1838, San Salvador, flacso,
1999.
4 Arturo Taracena Arriola, “Refexiones sobre la
Federación Centroamericana, 1823-1840”, en
Revista de Historia, núm. 2, Managua, Institu-
to de Historia de Nicaragua, número especial,
1992-1993, p. 6.
5 “A los unos se les llamaba gazistas y a los
otros cacos”, escribió Francisco Hernández de
León, “como si los primeros formaran una par-
tida de borrachos y los otros una legión de la-
drones”, citado en Constantino Lascaris, His-
toria de las ideas en Centroamérica, San José,
educa, 1970, p. 383.
6 Cfr. Juan José de Aycinena, “Otras refexiones
sobre reforma política en Centro América” (El
toro amarillo), en Boletín del Archivo General de
Centroamérica, segunda época, v. 4, Guatemala,
Tipografía Nacional, 1968, p. 121.
7 El Editor Constitucional, núm. 10, 30 de julio
de 1821, en Escritos del doctor Pedro Molina,
Guatemala, Ministerio de Educación, 1969, v.
3, p. 704.
8 “Plan pacífco de independencia para la Pro-
vincia de Guatemala” en Jorge Luján Muñoz,
La Independencia y la anexión de Centroamé-
rica a México, Guatemala, Serviprensa Centro-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 81
americana, 1977, p. 61-64. Manuel Montúfar y
Coronado, Memoria para la historia de la revo-
lución de Centro-América, Guatemala, Tipogra-
fía Sánchez & de Guise, 1934, p. 45; Alejandro
Marure, Bosquejo histórico de las Revoluciones
de Centroamérica. Desde 1811 hasta 1834, 2
v. Guatemala, Ministerio de Educación Pública,
1960, v. 1, p. 62.
9 Aycinena a Iturbide, Guatemala, 30 de agosto
de 1821. agn, Gobernación s/s, caja 9, exp. 1.
10 Matías Romero, Bosquejo histórico de la agre-
gación a México de Chiapas y Soconusco, y de
las negociaciones sobre límites entabladas por
México con Centro América y Guatemala, Méxi-
co, Imprenta del Gobierno en Palacio, 1877, p.
50-53.
11 El Genio de la Libertad, núm. 17, 15 de sep-
tiembre de 1821, loc. cit., p. 773.
12 Manifesto del Gefe Politico a los ciudadanos
de Guatemala y Acta celebrada el 15 de sep-
tiembre, México, Ofcina de D. Mariano Ontive-
ros, 1821; Gaínza a Iturbide, Guatemala, 3 de
noviembre de 1821, en cihmech, núm. 1, San
Cristóbal de las Casas, Centro de Investigacio-
nes Humanísticas de Mesoamérica y el Estado
de Chiapas-unam, 1987, p. 67; A. Marure, op.
cit., v. 1, pp. 64-66; Manuel Montúfar, op. cit.,
p. 47; Pedro Molina, “Memorias acerca de la
revolución de Centro-América, desde el año
1820, hasta el de 1840”, en Revista Centro
América núm. 2-3, vol. xiii, abril-septiembre
de 1921, p. 280.
13 Manifesto de Gaínza, Guatemala, 15 de sep-
tiembre de 1821, en Rafael Heliodoro Valle, La
anexión de Centroamérica a México. Documen-
tos y escritos, 6v., México, Secretaría de Rela-
ciones Exteriores, 1924-1943, v.1, p. 8.
14 Arturo Taracena Arriola, “Refexiones...” op.
cit.
15 Reproducido con el título “Contra la inde-
pendencia” en Documentos relacionados con
la historia de Centro-América, Guatemala, La
República, 1896, p. 60.
16 Matías Romero, op. cit., p. 56; Instrucciones
y poderes otorgados por los ayuntamientos de
Chiapas a Pedro Solórzano, en Romero, 1977,
p. 56-62.
17 “Acta de la Independencia de la Provincia de
Comayagua de acuerdo con el Plan de Iguala”;
Nombramiento de José Tinoco como Teniente
General, en R. H. Valle, op. cit., v. 1, docs. 6,
14, p. 14, 44.
18 “Acta de la Diputación Provincial de León,
proclamando la Independencia...”, en R. H.
Valle, op. cit., v. 1, doc. 7, p. 16. Es usual-
mente conocida como “Acta de los nublados”.
“Acuerdo defnitivo de independencia”, León,
12 de octubre de 1821, en ibid., v. 1, doc. 11,
p. 36.
19 Francisco J. Monterrey, Historia de El Salva-
dor: anotaciones cronológicas, 1810-1871, 2 v.,
San Salvador, Editorial Universitaria, 1977, v.
1, p. 70.
20 Barriere a Gaínza, San Salvador, 1 y 7 de
octubre de 1821; Representación del ayunta-
miento, San Salvador, 4 de octubre de 1821,
agca, b, leg. 61, exp. 1587, leg. 60, exp. 1510,
leg 60, exp. 1452; Carta anónima, San Salva-
dor, 12 de octubre de 1821, agn, Gobernación
s/s, caja 16/1, exp. 30; Arce a Pedro Molina,
Yupiltepec, 11 de octubre de 1821, en Docu-
mentos relacionados..., p. 104.
21 Como interpretaciones generales véase Miles
Wortman “Legitimidad política y regionalismo.
El Imperio Mexicano y Centroamérica” en His-
toria Mexicana, vol. 26, núm. 2, El Colegio de
México, octubre-diciembre de 1976, pp. 238-
262, y Jordana  Dym, From Sovereign Villages
to National States. City, State and Federation in
Central America, 1759-1839, Albuquerque: Uni-
versity of New Mexico Press, 2006.
22 Cfr. Instrucciones del ayuntamiento al dipu-
tado en Cortes, Ciudad Real, 8 de noviembre
de 1820. Instrucciones y poderes otorgados
por los ayuntamientos de Chiapas a Pedro So-
lórzano, septiembre de 1821, en Matías Rome-
ro, op. cit. p. 56-62
23 Jorge Luján Muñoz, op. cit., p. 52.
24 Entre Guatemala y San Salvador sumaban
cerca de 900 mil habitantes, casi dos terceras
partes de la población total del Reino. Desde
luego, en la capital se concentraban las ins-
tancias superiores de administración y go-
bierno, tribunales, gremios y corporaciones,
las principales fortunas y buena parte de los
recursos militares.
25 Patricia Schmit, “Guatemalan political par-
ties: development of interest groups, 1820-
1822”, tesis de doctorado, Universidad de Tu-
lane, 1982, p. 220-231.
26 “Ciudadanos de las Provincias de Goatemala”
publicado en El Genio de la Libertad, núm. 22,
15 de octubre de 1821, loc. cit., y Goatemala
Libre, folleto publicado por encargo de la Jun-
ta Provisional Consultiva, en Boletín del Archi-
vo General de Gobierno, Guatemala, abril de
1939, p. 272-278.
27 J. B., La República de Goatemala. Observa-
ción sobre la proclama inserta en el número
22 del Genio de la Libertad, México, Imprenta
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 82
Imperial de D. Alejandro Valdés, 1821. Gaceta
Imperial de México, 8 de diciembre de 1821. El
Genio de la Libertad y Goatemala libre fueron
reproducidos en Puebla por la Ofcina de Mo-
reno y en México por la Imprenta Americana
de José María Betancourt.
28 Instrucciones y poderes de los ayuntamientos
de Chiapas a Pedro Solórzano, 29 de octubre
de 1821, en Matías Romero, op. cit., p. 56-62.
29 La Diputación Provincial al Jefe Político, León,
29 de septiembre de 1821, en R. H. Valle, op.
cit., v. 1, doc. 8, p. 18.
30 Vg. Jordana Dym, op. cit.; Xiomara Avendaño,
“El gobierno provincial en el Reino de Guate-
mala, 1821-1823”, en Virginia Guedea, coord.,
La independencia de México y el proceso au-
tonomista novohispano, 1808-1824, México,
unam – Instituto Mora, 2001, p. 321-354.
31 Manuel de Iruela a la Audiencia Territorial
de Guatemala, Oaxaca, 11 de septiembre de
1821, agca, leg. 6932, exp. 57394. Celso de
Iruela a Manuel Herrera, Secretario de Rela-
ciones, Oaxaca, 27 de octubre de 1821, agn,
Gobernación s/s, caja 9, exp. 9.
32 Aycinena a Iturbide, Guatemala, 30 de agosto
de 1821, agn, Gobernación s/s, caja 9, exp.
1; Mier y Terán a Iturbide, Ciudad Real, 31
de octubre de 1821, agn, Gobernación s/s,
caja 16/1, exp. 30. Instrucciones de Iturbide a
Tadeo Ortiz. Borrador. México, probablemen-
te 19 de octubre de 1821, agn, Gobernación
s/s, caja 18, exp. 4. Hojas de servicio del co-
ronel Pedro Lanuza (México, 17 de enero de
1827), y del capitán José Oñate (diciembre de
1829), Archivo Histórico, Secretaría de la De-
fensa Nacional, Archivo de Cancelados, exp.
d/iii/4/3391 y d/iii.8/18330. Cayetano Be-
doya a Pedro Molina, Comitán, 3 de octubre
de 1821, en Documentos relacionados..., p. 88.
33 Aycinena a Iturbide, Guatemala, 3 de abril de
1821. agn, Gobernación s/s, caja 9, exp. 1.
34 Mier y Terán a Iturbide, Ciudad Real, 31 de
octubre de 1821, agn, Gobernación s/s, caja
16/1, exp. 30.
35 Iturbide a Gabino Gaínza, capitán general y
jefe político de Guatemala, México, 1 de octu-
bre de 1821, en Boletín del Archivo General de
Gobierno, abril de 1939, Guatemala, Secreta-
ría de Gobernación y Justicia, p. 267.
36 Iturbide a Ramón Casaus y Gabino Gaínza,
Capitán General. México, 10 de octubre de
1821. agn, Gobernación, s/s, caja 9.
37 El acta de independencia de Comitán había
sido publicada el 22 de septiembre en Puebla
por la Imprenta del Gobierno Imperial. “Noti-
cias del Reino de Guatemala” en Boletín del
Archivo General de Gobierno, Guatemala, oc-
tubre de 1938, p. 119.
38 Gaínza a Iturbide, Guatemala 18 de septiem-
bre de 1821, en R. H. Valle, op. cit., v. 1, doc.
4, p. 10.
39 Iturbide a Gaínza, México, 19 de octubre de
1821, en Boletín del Archivo General de Gobier-
no, Guatemala, abril de 1939, p. 279.
40 Iturbide al ayuntamiento de Ciudad Real,
México, 19 de octubre de 1821; Iturbide a Ma-
riano de Aycinena, México, 19 de octubre de
1821, agn, caja 9, exp. 1.
41 Actas la Junta Provisional Consultiva, p. 71;
Manuel de Iruela a la Audiencia Territorial
de Guatemala, Oaxaca, 11 de septiembre de
1821, agca, leg. 6932, exp. 57394; Gaínza a
Iruela, Guatemala, 7 de septiembre de 1821,
en Boletín del Archivo General de Gobierno,
Guatemala, enero de 1939, p. 151.
42 Cabildos extraordinarios, Guatemala, 2 y 4 de
noviembre de 1821, en Boletín del Archivo Ge-
neral de Gobierno, Guatemala, enero de 1939,
p. 163, y abril de 1939, p. 287.
43 Actas de la Junta Provisional Consultiva, pp. 183,
200, 213; Alejandro Marure, op. cit., v. 1, p. 78.
44 Las autoridades de Quezaltenango perseguían
dos objetivos fundamentales, por un lado con-
solidar su posición frente a Totonicapán, con-
siderado tradicionalmente como el centro de la
región de Los Altos, al cual buscó arrebatarle
el control de Huehuetenango y le disputó el
valle de Salcajá, centro de producción texti-
lera; por otro, sustraer del control capitalino
algunos pueblos de Suchitepéquez, buscando
de este modo una salida al mar y un territorio
complementario para sus actividades produc-
tivas. Cfr. Arturo Taracena Arriola, Invención
criolla... op. cit.
45 El secretario del ayuntamiento de Patzizia, Chi-
maltenango, a Iturbide, 15 de diciembre de 1821,
en R. H. Valle, op. cit., v. 1, doc. 49, p. 138.
46 El ayuntamiento de San Vicente a Gaínza, 27
de noviembre de 1821; Delgado a Gaínza, San
Salvador, 24 de noviembre de 1821, agca, b,
leg. 60, exp. 1515 y 1504.
47 Actas de la Junta Provisional Consultiva, pp.
253-258; Circular de Gaínza a los ayunta-
mientos de Guatemala, 30 de noviembre de
1821, y ofcio de Iturbide, 19 de octubre de
1821, Archivo General de la Nación de El Sal-
vador (en adelante agn-es); Alejandro Marure,
op. cit., v. 1, p. 80.
48 Actas de la Junta Provisional Consultiva, p.
267; Cabildo extraordinario, Guatemala, 1 de
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 83
diciembre de 1821, en Boletín del Archivo Ge-
neral de Gobierno, Guatemala, abril de 1939,
pp. 310, 320; Alejandro Marure, op. cit., v.1,
pp. 81-82.
49 Actas de la Junta Provisional Consultiva, p. 267.
50 Cabildo ordinario, Guatemala, 11 de diciem-
bre de 1821, en Boletín del Archivo General de
Gobierno, Guatemala, abril de 1939, p. 343;
Alejandro Marure, op. cit., v. 1, p. 85; Manuel
Montúfar, op. cit., p. 51.
51 Acta del ayuntamiento de Santiago de Patzi-
cia, 9 de diciembre de 1821, en R.H. Valle, op.
cit., v. 1, doc. 43, pp. 123-125.
52 Sinópsis de las condiciones planteadas por
ciertos ayuntamientos para unirse al Imperio,
Guatemala, 12 de enero de 1822, en R. H. Va-
lle, op. cit., v. 3, doc. 66, pp. 128-131.
53 Acta de la Diputación Provincial, San Salva-
dor, 18 de diciembre de 1821, en R. H. Valle,
op. cit., v. 1, doc. 54, p. 145.
54 Cabildo ordinario, Guatemala, 28 de diciem-
bre de 1821, en Boletín del Archivo General de
Gobierno, Guatemala, abril de 1939, p. 355
55 Actas de la Junta Provisional Consultiva, pp.
372-379.
56 Ibid., pp. 384-402.
57 Acta de la Junta Provisional Consultiva acor-
dando la unión al Imperio Mexicano, Gua-
temala, 5 de enero de 1822 y Manifesto de
Gaínza del 5 de enero de 1822, agn, Gober-
nación s/s, caja 17, exp. 3; Gaínza a Filisola,
Guatemala, 3 de enero de 1822; Bando suscri-
to por Gaínza, Guatemala, 9 de enero de 1822,
en R. H. Valle, op. cit., v. 2, docs. 11 y 19, pp.
19, 32.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 84
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REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 85
E
n el año 1920, Gabriela Mistral, escribía
al destacado intelectual dominicano Fe-
derico Henríquez y Carvajal:
1
“Yo he di-
cho siempre en círculos literarios que me
asombra el que en nuestra América austral no se
dé a Martí el signifcado que tiene.”
2
Sabido es que
Martí no visitó nunca el Cono Sur, pero tuvo una
presencia sostenida en los más importantes órga-
nos de prensa de esa región, como La Nación y El
Sudamericano, de Buenos Aires, La Opinión Pública,
de Montevideo, El Mercurio de Valparaíso y La Época
de Santiago. En otros, como La Opinión Nacional, de
Caracas, El Partido Liberal, de México, y en La Amé-
rica, El Economista Americano, y El Porvenir, todos
de Nueva York, publicó incontables textos relativos
a cuestiones sureñas. A su vez, se desempeñó como
cónsul de Argentina, Uruguay y Paraguay en la gran
urbe. Tenemos noticias acerca de cuánto fue cono-
cido y respetado en los países australes, de donde
le vino el elogio en vida de destacadas personalida-
des, como fue el caso del pensador y político chileno
Benjamín Vicuña Mackenna y el argentino Domingo
Faustino Sarmiento, entre otros.
Advirtió profundamente los confictos regionales,
especialmente la Guerra del Pacífco. Supo apreciar
De cara al Sur:
“un centinela de la casa propia”
marLene Vázquez pérez
en el año
1920, gabriela
mistral,
esCribía al
destaCado
inteleCtual
dominiCano
federiCo
henríquez
y Carvajal:
“yo he diCho
siempre en
CírCulos
literarios que
me asombra el
que en nuestra
amériCa
austral no se
dé a martí el
signifiCado
que tiene.”
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 86
sus verdaderas causas, y señalar el
peligro que representaban las con-
tiendas fratricidas para la libertad
futura del Continente. Cuidó con
celo de la soberanía de los pueblos
de la que llamara nuestra América,
y gracias a su labor de previsión y a
su gestión callada no fructifcaron
entonces las tentativas de sojuzga-
miento que emprendiera el Gobier-
no estadounidense cuando la Con-
ferencia Panamericana, celebrada
en Washington en 1889.
Abordar la relación de Martí con
el Cono Sur, en particular, y con la
América del Sur, en general, ahora
que nos aprestamos a celebrar el
bicentenario de nuestras campañas
independentistas, es una atractiva
alternativa de análisis iluminadora
del presente.
3
Debe tenerse en cuenta que
aunque la independencia de Cuba
y de las Antillas estuviera en el cen-
tro de sus preocupaciones, forma-
ba parte de un proyecto continental
mayor, en el que la mirada al Sur
era un componente fundamental.
Valorar esta arista de su quehacer
periodístico implica atender al lugar
de la publicación de sus textos, es
decir, la presencia martiana en los
órganos de prensa meridionales,
pero sobre todo, hay que detenerse
en los temas tratados, por cuanto
casi ningún aspecto de la vida en
el Cono Sur le fue ajeno. También
habría que explorar en textos de
carácter privado, procedentes del
intercambio epistolar con persona-
lidades del área o de sus Cuadernos
de apuntes, que complementan la
información que sí publicó. En esta
ponencia sintetizamos ideas proce-
dentes de un estudio homónimo de
mayor alcance, que servirá de pró-
logo a la selección de textos de Martí
sobre el Cono Sur, actualmente en
proceso.
“A propia historia, soluciones
propias”
La indagación martiana en lo
americano pasa necesariamente
por cuestiones aparentemente des-
lindadas: de un lado, los grandes
hombres, de otro, los problemas
más urgentes de la actualidad ame-
ricana, y el estudio concienzudo de
sus orígenes y desarrollo histórico.
Ellos no pueden entenderse de ma-
nera aislada, sino en el fragor de
esa fuencia interna, tan propia de
su obra, que la recorre en su tota-
lidad.
Iniciaremos nuestro análisis por
“Tres héroes”, artículo publicado en
el primer número de la revista La
Edad de Oro, en julio de 1889. Aun-
que está dirigido a niños y jóvenes,
hay en este texto una profundidad
de juicio que habla en favor del res-
peto que sentía Martí por las nuevas
generaciones. Dentro de su proyec-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 87
to americanista, esos niños estaban
llamados a labrar el futuro del Con-
tinente en las primeras décadas del
siglo xx, serían los encargados de
conducir los destinos de nuestras
repúblicas, y debían ser preparados
para ello. El punto de partida tenía
que ser, necesariamente, el conoci-
miento de nuestra primera indepen-
dencia, es decir, el momento en que
como pueblos empezamos a pensar
y a actuar por y para nosotros mis-
mos.
Se funden en estas páginas la
historia y la literatura, para dar una
imagen hermosa, veraz y humana
de Bolívar, San Martín e Hidalgo. No
se ampara del didactismo frecuente
en la literatura infantil de la etapa.
Pretende enseñar, formar, cimentar
valores como la honestidad, el amor
a la libertad, la solidaridad huma-
na, pero aspira a hacerlo —y lo
consigue— a través del afecto, y se
vale de los códigos adecuados para
ello. Así, los fundadores de nues-
tra primera independencia son vis-
tos como padres, a los que se debe
amar y perdonar, si fuese necesario,
pues la magnitud de su obra y el sa-
crifcio con que la llevaron a cabo lo
merecen.
El tono épico, a la vez que enal-
tece la estatura heroica, refuerza el
proceso comunicativo. Por eso em-
plea también códigos propios de los
cuentos de hadas —tan leídos en
voz alta por padres y maestros—,
cercanos al universo afectivo del
niño, como el “cuentan”. El hecho
histórico, dotado así de halo legen-
dario, se hace más atractivo para la
imaginación pueril.
San Martín es presentado aquí
no sólo como el militar extraordina-
riamente valiente y tenaz, libertador
del Sur, sino como el hombre magná-
nimo y modesto, capaz de renunciar
a los honores personales y cederle
la gloria a Bolívar, en aras de la paz
de los pueblos recién liberados. Des-
taca siempre en él esa grandeza de
alma, más rara que el heroísmo en
campaña, como una virtud digna de
imitación. El cierre del trabajo, luego
de la breve semblanza de cada uno,
se dedicará a una generalización que
deslinda el concepto que del héroe
tiene Martí, siempre asociado al sen-
tido de la justicia, y a la vez establece
una preceptiva de carácter ético, que
debe servir, según queda expues-
to entre líneas, como un patrón de
conducta futura: “Esos son héroes;
los que pelean para hacer a los pue-
blos libres, o los que padecen en po-
breza y desgracia por defender una
gran verdad. Los que pelean por la
ambición, por hacer esclavos a otros
pueblos, por tener más mando, por
quitarle a otro pueblo sus tierras, no
son héroes, sino criminales.”
4
La conexión de “Tres héroes”
con la semblanza biográfca “San
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 88
Antonio Bonilla. El crimen de la noche.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 89
Martín,” publicada en El Álbum de
El Porvenir en 1891, resulta obvia.
Aparece de nuevo aquí, como ha su-
cedido con otras suyas de este géne-
ro tanto de latinoamericanos como
de estadounidenses, su extraordi-
naria penetración psicológica, sus
dotes de narrador, su capacidad
para captar, en tintes de claroscuro,
las virtudes y defectos del retratado,
con lo que produce una imagen ve-
rosímil y justa.
Estudiosos de la retratística
martiana han valorado altamente
esta pieza, tanto por el despliegue
de recursos estilísticos como por la
perspectiva de análisis histórico. En
tal sentido, se conoce que le sirvie-
ron de punto de partida la Historia
de San Martín, de Bartolomé Mitre
y “El general San Martín: organiza-
ción del ejército de los Andes”, en la
Historia de América de Diego Barros
Arana.
5
Aunque le interesan las glo-
rias del héroe, sus méritos ciertos,
su sentido del deber, su férrea vo-
luntad, centra Martí su atención, de
modo más extenso y detallado que
en el texto precedente, en el punto
de giro en su conducta: el tránsito
del autoritarismo, de la autoprocla-
mación como Protector del Perú, a
la renuncia de todos sus cargos y
honores en benefcio de la paz del
Continente. Reiteraba aquí una pre-
ocupación constante en la mayoría
de sus textos de contenido histo-
riográfco: el tema del caudillismo,
un problema aún no resuelto, que
se cernía, según la historia ha de-
mostrado, como un peligro cierto
sobre el futuro político de la región.
La conexión, entonces, de esta pie-
za, con otras similares, escritas en
diferentes fechas, es evidente. To-
das ellas ofrecen diferentes facetas
de un mismo asunto, es por eso que
recomendamos hacer una lectura
comparada de ese escrito sobre el
libertador del Plata con “El gene-
ral Grant” (La Nación, 1885) y “Un
héroe americano” (La Nación,1888).
Salvando las lógicas diferencias que
marcan la distancia entre estos tex-
tos, todos responden a una frase
escrita a propósito de Grant, pero
que devino principio rector de sus
estudios sobre los notables de su
tiempo: “Culminan las montañas en
picos y los pueblos en hombres.”
6

Como han señalado estudiosos
del retrato biográfco del héroe sure-
ño, se articulan aquí la idea de lo su-
blime, la idea del sacrifcio y el deco-
ro, elementos que como se ha venido
reiterando, forman parte de la visión
martiana del hombre —el patriota—
americano. Con nada mejor se le
puede comparar que con la cima an-
dina conquistada, cubierta de nieve
como ahora la cabeza canosa de San
Martín, pero como ella, enhiesta y
esplendente, sobredimensionada en
su contrastación con la naturaleza.
7
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 90
El tema de la independencia
americana es retomado en su dis-
curso conocido como “Madre Amé-
rica”, pronunciado el 19 de diciem-
bre de 1889, en la velada que la So-
ciedad Literaria Hispanoamericana
ofreciera a los delegados de nues-
tra área asistentes al Congreso de
Washington. Es un texto dedicado a
ofrecer dos imágenes paralelas, des-
tinadas a esclarecer las diferencias
en el desarrollo histórico, social y
económico de las dos regiones y a
derrotar el fatalismo político de los
que admiraban desmesuradamente
a Estados Unidos, entonces tenido
como paradigma de progreso por
sus avances tecnológicos y prácti-
ca de la democracia representativa.
No hay afán de censura, como no lo
habrá en sus crónicas para la pren-
sa. Sólo expone los hechos de modo
que el lector —o el escucha, en este
caso— sea capaz de extraer sus per-
sonales conclusiones al respecto,
8
y
con las armas del lenguaje literario
va cimentando lo que ya hemos de-
fnido en estudios precedentes como
discurso de la alerta.
9
A esta velada asistieron los dele-
gados, y en ella alternaron con sus
compatriotas residentes en Nueva
York. Impulsado por la más pro-
funda angustia, pues era conscien-
te del momento de riesgo que vivía
América, cada vez más codiciada
por el emergente imperialismo esta-
dounidense —de lo cual era prueba
la propia Conferencia Panamerica-
na—, sorprende este discurso por
su tono afectuoso. Con él contra-
rresta su propia zozobra, y el texto
crece en méritos literarios. Abunda
en la singular simbiosis entre prosa
y poesía que distingue la mayoría
de sus páginas. La síntesis, no re-
ñida con el tropo oportuno, le per-
mite apresar la historia de ambos
pueblos, y marcar las diferencias
entre la América de Juárez y la de
Lincoln.
Esbozar la independencia de las
Trece Colonias le garantiza indagar
en el origen del expansionismo que
se cierne como una amenaza cada
vez más cierta sobre las repúblicas
americanas, invitadas al cónclave.
Así, alude con elegancia a la falta
de solidaridad de quienes recibie-
ron apoyo para su causa, pero que
no instauraron luego esa práctica
en su ejercicio libre del poder: “El
pueblo que luego había de negarse
a ayudar, acepta ayuda. La libertad
que triunfa es como él, señorial y
sectaria, de puño de encaje y dosel
de terciopelo, más de la localidad
que de la humanidad, una libertad
que bambolea, egoísta e injusta, so-
bre los hombros de una raza escla-
va, que antes de un siglo echa en
tierra las andas de una sacudida.”
10
La independencia americana, en
cambio, adquiere en estas páginas,
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 91
al igual que en los textos ya vistos,
tintes épicos. No se trata del elo-
gio forido, en discurso de ocasión.
Existe el propósito mayor de robus-
tecer la autoestima, ahora en peli-
gro, por las tentadoras y engañosas
promesas norteñas expuestas en la
Conferencia. Está asimismo, por su-
puesto, el reclamo a la unidad con-
tinental, imprescindible para cerrar
flas frente al enemigo común. En
ese llamado el deber ser, es decir, la
unidad deseada, se expresa como si
ya se hubiese conseguido,
11
con lo
que refuerza el carácter perentorio
de esa necesidad:
Surge Bolívar, con su cohorte de
astros. Los volcanes, sacudiendo
los fancos con estruendo, lo acla-
man y publican. ¡A caballo, la Amé-
rica entera! Y resuenan en la noche,
con todas las estrellas encendidas,
por llanos y por montes, los cascos
redentores. Hablándoles a sus in-
dios va el clérigo de México. Con la
lanza en la boca pasan la corrien-
te desnuda los indios venezolanos.
Los rotos de Chile marchan juntos,
brazo en brazo, con los cholos del
Perú. Con el gorro frigio del liberto
van los negros cantando, detrás del
estandarte azul. De poncho y bota
de potro, ondeando las bolas, van, a
escape de triunfo, los escuadrones
de gauchos. Cabalgan, suelto el ca-
bello, los pehuenches resucitados,
voleando sobre la cabeza la chuza
emplumada. Pintados de guerrear
vienen tendidos sobre el cuello los
araucos, con la lanza de tacuari-
lla coronada de plumas de colores;
y al alba, cuando la luz virgen se
derrama por los despeñaderos, se
ve a San Martín, allá sobre la nie-
ve, cresta del monte y corona de la
revolución, que va, envuelto en su
capa de batalla, cruzando los An-
des. ¿Adónde va la América, y quién
la junta y guía? Sola, y como un
solo pueblo, se levanta. Sola pelea.
Vencerá, sola.
12
Celebra el emotivo encuentro
que se produce entre los residentes
y los visitantes. La referencia a los
emigrados tiene lugar en dos oca-
siones. En la primera habla de los
motivos personales, entre los que
menciona, casi como uno más, en
una nota de discreta autorreferen-
cialidad y de alusión a Cuba, a los
que tienen “la determinación de es-
cribir, en una tierra que no es libre
todavía, la última estrofa del poema
de 1810”.
13

También declara que prestan un
servicio a la Patria grande quienes,
aún residiendo en Estados Unidos,
se sientan orgullosos de ella. Estos
ciudadanos no vivirían nunca “como
siervos futuros ni como aldeanos
deslumbrados, sino con la determi-
nación y la capacidad de contribuir
a que se la estime por sus méritos,
y se la respete por sus sacrifcios
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 92
Antonio Bonilla. La noche.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 93
[....] En vano [...] nos convida este
país con su magnifcencia, y la vida
con sus tentaciones, y con sus co-
bardías el corazón, a la tibieza y el
olvido”.
14

Aunque el vínculo más eviden-
te de este discurso se establece con
las crónicas relativas a la Conferen-
cia Panamericana, concebidas en
la misma época, también corona y
varía temas e imágenes recurren-
tes que ya moduló en “Tres héroes”
y “San Martín.” Al mismo tiempo,
adelanta asuntos que crecerían y se
perflarían de manera más acabada
en “Nuestra América” (1891).
El tópico del aldeano, distintivo
de su ensayo mayor, como defni-
ción del apego excesivo a lo local,
tan perjudicial como el servilismo
ante lo foráneo, hace acto de pre-
sencia en el último fragmento citado
para criticar entre líneas el desco-
nocimiento de la época y la pervi-
vencia de elementos retrógrados
dentro de nuestros propios países.
La cruda realidad, concentrada
poéticamente en “Nuestra América”,
da fe de un recurso del verbo mar-
tiano que Cintio Vitier defnió como
“imaginización”, es decir, la capaci-
dad de convertir la realidad en imá-
genes.
15
Como señala el destacado
estudioso,
No se trata de fantasear o inven-
tar cosas que no existen, sino de ver
la realidad, aparentemente azaro-
sa o caótica, bajo especie de ima-
gen poética y plástica, con lo cual
se ofrece estructurada, fascinante y
llena de sentido social, político, hu-
mano. La imagen resulta así, no un
truco supuestamente embellecedor
o sustitutivo, sino, rigurosamente,
un medio e incluso un método de
conocimiento.
16
Gracias al poder de la imagen,
corporeizada aquí en ese gigante vo-
raz y todopoderoso, pero que puede
ser vencido por la inteligencia, como
hizo el Meñique de La Edad de Oro,
se presenta al lector la única alter-
nativa viable para enfrentar la fuer-
za formidable que nos acecha. Y esa
sabiduría tiene que asentarse en un
llamado a la unidad que arranca de
nuestras fuerzas telúricas, de los
orígenes naturales y culturales del
Continente. Esa unidad debe partir
del conocimiento previo, de la vo-
luntariedad, del respeto y del afec-
to, indispensables para ir juntos a
la batalla común.
Hay que perdonar los errores
pasados, entre los que están las
pugnas fratricidas. Un asunto como
la Guerra del Pacífco, que implicó
a Chile, Perú y Bolivia, con grandes
pérdidas para estos últimos, emer-
ge entre líneas cuando alude a los
hermanos celosos. Lo que afora
en este ensayo al respecto tiene un
distinguido antecesor, esta vez de-
clarado explícitamente, en su otro
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 94
trabajo llamado “Nuestra América”,
publicado en 1889 en El Partido Li-
beral, de México, dedicado al elogio
del periódico argentino El Sudameri-
cano. Escribiría entonces:
Allá, al Sur, se vive mucho, por el
río de la Plata. Bolivia misma se sa-
cude, con su presidente de empuje a
la cabeza. Y del Uruguay y la Argen-
tina, de Chile y el Perú, del Paraguay
que nace, de toda aquella familia del
mediodía que se siente mal con el poco
de odio que han puesto en ella los in-
tereses y los celos, basta, para saber
lo que hacen, hojear los números últi-
mos del periódico ilustrado de Buenos
Aires: El Sudamericano. // Lo primero
que se nota, es que les estorba el odio,
que se tienen cariño a pesar de las ro-
zaduras de la vecindad […]. Son sue-
ños de sangre estas guerras entre pue-
blos hermanos. ¿Qué celo de hermano
pequeño, qué desagrado entre vecinos,
qué envidia de aldea se resiste a la cor-
dialidad y a la razón?
17
Valorar estas afrmaciones de
1889 conduce a relacionarlas con
las circunstancias vitales de Mar-
tí en ese momento. Ese fue un año
especialmente arduo para él, de ba-
tallas ideológicas difíciles, y de peli-
gro creciente. El 25 de marzo de ese
año había respondido al director del
periódico neoyorquino The Evening
Post en una carta que ha pasado
a la historia como “Vindicación de
Cuba”, contrarrestando con argu-
mentos sólidos una campaña difa-
matoria contra la Isla, iniciada por
el diario fladelfano The Manufactu-
rer.
18
Además, el 28 de septiembre
escribiría su primera crónica sobre
la Conferencia Panamericana, que
ya se iniciaba. Respecto a ese cón-
clave, desarrollaría con éxito una in-
tensa labor destinada a contrarres-
tar los planes imperiales, valiéndose
de todos los medios a su alcance. El
llamado entonces a la unidad con-
tinental, en el párrafo que acaba-
mos de ver, hablando para México
de confictos regionales que tuvie-
ron lugar en el Cono Sur, responde
también a una estrategia dirigida a
fomentar todo lo posible el conoci-
miento mutuo de nuestros pueblos.
Otro punto de interés en el en-
sayo de 1891 es el conficto entre
civilización y barbarie, entonces de
mucha actualidad. Como es cono-
cido, el término barbarie tiene un
contenido despectivo, y es utilizado
desde la Antigüedad para designar a
pueblos supuestamente “inferiores”,
que se desea someter. Visto desde
esta perspectiva, “Nuestra América,”
a la vez que se contrapone a la te-
sis de Domingo Faustino Sarmiento,
se conecta también con otros textos
martianos, anteriores en fecha, que
aluden en detalles al mismo asun-
to, a los cuales da continuidad. Tal
es el caso de su artículo “La Pampa”
(El Sudamericano, 1890), comentario
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 95
del libro homónimo de Alfredo Abe-
lot. Entre otros recursos, compara en
este juicio crítico la vida errante del
gaucho, considerada bárbara por lo
violenta, con similares en otras zonas
geográfcas, tenidas por más “civiliza-
das”. Luego de la descripción casuís-
tica de varios modos de vida, y del
empleo de localismos caracterizado-
res del habla del gaucho, emerge la
generalización aleccionadora, plena
de justa sabiduría:
Batea su carne el cazador pampero,
lo mismo que el indio del Norte. Sin
ley vive el gaucho de Choel Choel, y el
vaquero yanqui vive sin ley. En cuanto
“se carga” de ginebra en la pulpería,
sale el gaucho a for de aire, a llamar
a pistoletazos a quien le saque el pie
en valor, y el minero de Colorado hace
bailar a balazos en los pies, al petime-
tre de la ciudad, lo mismo que el gau-
cho al “cajetilla”, en cuanto le aloca la
sangre el whisky. El gaucho malo llega
a contar sus muertes como honor; y
el llanero de Upata, allá en Venezuela,
le decía al maestro: “Señor maestro,
me gusta dar una puñalá por detrás,
pa oír el pujío.” El que sabe de árabes
errantes e indóciles, sabe de gauchos.
Y la torre de los fortines del desierto,
¿no es la torre de las tribus africanas?
El hombre es uno, y el orden y la enti-
dad son las leyes sanas e irrefutables
de la naturaleza.
19
Pero volvamos a “Nuestra América”
(1891), que se yergue aún hoy como
texto revelador, anclado en nuestro
tiempo, no como algo transcurrido y
superado. Sigue siendo también, sin
duda, un testimonio y una visión de la
época que lo vertebró, pero sus impli-
caciones y soluciones son alternativas
válidas para nuestras urgencias más
apremiantes. En opinión de Cintio Vi-
tier, son tres “los que pudiéramos lla-
mar objetivos estratégicos de “Nuestra
América”, a saber:
1) la necesidad de “la marcha uni-
da”, de mostrarnos y actuar in-
tegrados “en alma e intento”;
2) la conjugación cultural y políti-
ca, de lo autóctono dominante y
lo mundial asimilado;
3) el hacer “causa común”, radical-
mente, “con los oprimidos”.
20
Estas consideraciones vienen a
ser, a la vez que cierre, punto de par-
tida para análisis futuros, en los que
habría que atender a otros muchos
textos que sin dejar de ser literarios,
ofrecen valoraciones sustantivas
respecto a acontecimientos capitales
para la historia, la política y la cultu-
ra australes, por lo cual ameritan un
examen detenido que no es posible
realizar aquí. Las consideraciones
anteriores dan fe de la mirada vigi-
lante al Sur, el punto más distante
de la patria grande, ejercida desde
su exilio neoyorquino, desde el que
fue “un centinela de la casa propia”.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 96
Antonio Bonilla. El nudo
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 97
E
l programa empezó a armarse desde marzo
de 2006 bajo el gobierno de la derecha con-
servadora de Vicente Fox. Mediante una
consulta entre personalidades diversas le
ofrecieron la coordinación de los Consejos Asesores de
la Comisión Organizadora al ex candidato presidencial
Cuauhtémoc Cárdenas, quien la renunció en noviem-
bre de ese mismo año luego de la amañada elección
que llevó al poder a Felipe Calderón del mismo partido
derechista. Meses después el ejecutivo se hizo cargo
personal de la conducción del programa. De manera
que cuanto se hizo al respecto a partir de marzo de
2007 fue bajo supervisión suya o al menos bajo su
responsabilidad. Desde luego, se rodeó formalmente
de un aparato institucional consultivo bajo la batuta
del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que
tardó hasta noviembre de 2007 en tener montado un
programa base. No obstante, que el 17 de septiembre
de 2007, Felipe Calderón había nombrado a un inte-
lectual del establishment, a Rafael Tovar y de Teresa
como coordinador para la organización de los festejos
del Bicentenario de la Independencia y el Centenario
de la Revolución Mexicana.
En los Estados se organizaron diversas comisio-
nes para iguales propósitos a escala regional. Una
Bicentenario México
la “celebración” del Bicentenario de la
independencia: el discurso desde el poder
saLVador e. moraLes pérez
en los estados
se organizaron
diversas
Comisiones
para iguales
propósitos
a esCala
regional
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 98
agenda de actividades, exposicio-
nes, coloquios, conferencias, desf-
les, publicaciones, fue organizada a
los efectos. El cuerpo intelectual y
político reveló adhesiones, preocu-
paciones e inconformidades acerca
de las perspectivas que tendría la
conmemoración. Algunos portavo-
ces de los pueblos originarios so-
metidos y anulados por la conquis-
ta europea expresaron sus dudas
acerca de su papel en todo el hecho
rememorado.
1
Pese a tan diversos
elementos en liza, la expectativa
de que los aniversarios constitu-
yeran un gran aliciente para arro-
jar nuevas luces sobre tan magnos
acontecimientos que enriqueciesen
los conocimientos y la cultura po-
pular constituda, parecía ser el sen-
timiento predominante. Obviamen-
te, las circunstancias del presente
apuntaban a examinar ese pasado
con las exigencias de los graves pro-
blemas actuales. Todo ello se quedó
en desproporción frente a la avalan-
cha de spots ofciales, gubernamen-
tales, que inundaron las pantallas
chicas de todo México.
Pese a los pronunciamientos del
alto magistrado, de que la historia
de México “no es divisible” y de que
el bicentenario no era para interpre-
tar la historia (SIC), cuando la efe-
mérides del bicentenario se aproxi-
maba ya sabíamos que los medios
ofciales y las grandes corporacio-
nes mediáticas iban a hacer uso y
abuso del aniversario. No sólo por-
que así han sido manipuladas las
fechas destacadas en el calendario
gubernamental latinoamericano,
sino porque la coyuntura contem-
poránea les iba a proporcionar un
estímulo adicional. Los presagios
de que algo sucedería porque cada
cien años se produciría en México
un sismo revolucionario podía calar
masivamente estimulados por la si-
tuación tan crítica que estrangula-
ba al país.
Ciertamente, había sufciente
material infamable para generar un
clima psicológico colectivo de impor-
tancia. Las cotidianas presiones de
una agenda social que al correr de
los años no alcanzaba a vislumbrar
una perspectiva de solución a los
problemas acentuados por el mode-
lo neoliberal de globalización imple-
mentado en el hemisferio en las úl-
timas décadas. Implementación que
ha traído la jerarquización desorbi-
tada del mercado, el consumismo,
y la dinerolatría en detrimento de
la cultura y de formas ideológicas
que lo obstruyan. Por el contrario,
ha exacerbado la exaltación de falsa
conciencia mediante abstracciones
ideológicas dogmáticas que de re-
pente son puestas en duda coléri-
camente.
Uno de esos medios de reexa-
men de conciencia, de alimenta-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 99
ción del espíritu crítico en materia
de políticas públicas es la revisión
de la historia. Creo que se ha temi-
do permanentemente, y ahora con
mayor temor, la recuperación de la
conciencia histórica. Contra esa po-
sibilidad de pensar históricamente
nuestras realidades se han puesto
en práctica diversos expedientes
manipuladores.
Para abordar este fenómeno de
esterilización y neodogmatismo pro-
cederemos a analizar su despliegue,
fundamentalmente en el caso mexi-
cano. Lo hemos seleccionado por
varias razones: en primer lugar por
ser lo más cercano y directo a mi co-
nocimiento; segundo, porque en el
país ha tenido luz verde la difusión
de un revisionismo historiográfco
acorde a las necesidades de expan-
sión y control del sistema capitalista
en su modalidad actual; y en tercer
lugar, porque la presencia omnipo-
tente de dos grandes corporaciones
mediáticas oligopólicas –Televisa y
TV Azteca– que cubren un espectro
informativo que desborda al país
sede para extender su infuencia
a diversas regiones del hemisferio
americano ha coadyuvado a esos
propósitos.
El punto del cual vamos a partir
en el caso estudiado es el siguiente:
algunas instituciones ofciales, em-
presas privadas y los grandes me-
dios y sus factores concurrentes in-
currieron en una impune distorsión
cuando manipularon a la opinión
pública con lemas equívocos como
aquello de 200 años de libertad, 200
años de republicanismo, 200 años
de democracia, 200 años de ser
mexicanos. Todos son falsedades
orientadas a generar una idea de
tradición persistente de un patrón
político falso, inexistente. Estos slo-
gans han sido el martillo con el cual
se ha golpeado insistentemente en
el yunque de un débil y restringido
saber histórico popular. Débil y res-
tringido porque en la última década
la enseñanza de la historia de Méxi-
co en las escuelas ha venido en pi-
cada, tanto desde el punto de vista
de su rango como de la calidad de
los elementos instruidos.
De modo que ese martilleo edul-
corante de un grupo de términos
descolocados de contenido puedan
obtener un éxito rotundo por su sim-
pleza y facilismo signifcante. Se ob-
via que las libertades, la democracia,
la vida republicana, los derechos hu-
manos, la inclusión nacional son un
producto. El resultado de una cade-
na de luchas heroicas, y cuando digo
heroicas, lo digo con pleno respeto a
decisiones de vida sumamente sacri-
fcadas. Y digo heroicas por la mon-
taña de difcultades enfrentadas por
los inconformes con la sobrevivencia
de los problemas y vicios coloniales
en las famantes repúblicas.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 100
Antonio Bonilla. Retrato de Monseñor.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 101
La consigna más reiterada es la
de la libertad, concepto que no es
tan unívoco como quiere darse a
entender. No todos los patriotas, lo
mismo de México como de Venezue-
la, Nueva Granada, Chile o Buenos
Aires entendían lo mismo. La mani-
festación preferida y orientada de la
libertad se entendió por los criollos
blancos de la colonia —por supues-
to no me refero a los blancos de
orilla— como libertad comercial. El
exclusivismo mercantil hispano, es-
tatuido desde el siglo XVI, era una
pesada muralla para los hacenda-
dos americanos que producían para
la exportación. A pesar de la am-
pliación de puertos españoles para
libre comercio con las colonias, las
grandes casas mercantiles de la Pe-
nínsula eran intermediarias de la
mayor parte del comercio externo
de América. Siempre quedaba el re-
curso del contrabando aplicado con
insistencia y cada vez mayor cuan-
tía por la potencia británica. Poten-
cia capitalista en desarrollo que ne-
cesitaba cada vez más materias pri-
mas para alimentar la creciente re-
volución industrial como encontrar
mercados seguros para su creciente
producción. El sueño libertario de
aquellos criollos que ya iban def-
niendo su conciencia de pertenen-
cia al conjuro de sus intereses te-
nía su estrella polar en derribar las
barreras coloniales al comercio. Sin
embargo, para este sector aristocra-
tizante, ilustrado, poseedor, la idea
de una ruptura del vínculo colonial
no era una opción preferente, sólo
unos pocos consideraban la even-
tualidad de la autodeterminación
y la soberanía. Y la razón de estas
dubitaciones se debía a los temo-
res de perder el control interno que
le proporcionaba el poderío militar
de la corona española y la posibili-
dad de caer bajo el dominio de otra
potencia con la cual no guardaran
comunidad de intereses. A partir de
esa noción de libertad económica
fue cobrando sitio la otra noción la
de libertad política para ejercer so-
beranía.
La separación del virreinato de
Nueva España no se produjo efecti-
vamente, en 1810, de manera que la
independencia política no se verifcó
hasta 1821, año en el cual el gene-
ral Agustín Iturbide a la cabeza de
un grupo social “fernandóflo” po-
deroso, llevó a cabo un movimiento
de ruptura con España atemoriza-
dos por los efectos del giro consti-
tucionalista de 1820, encabezado
por Rafael del Riego. Este reposi-
cionamiento de los grupos conser-
vadores, defensores del status quo,
logró, obviamente, la aquiescencia
de los destacamentos insurreccio-
nales primitivos. De ese modo, se
proclamó la independencia, o la li-
bertad, si así se le quiere califcar,
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 102
del virreinato de Nueva España.
Desde ese punto, se contarían 189
años de libertad, no los 200 que fa-
lazmente agitaban los spots guber-
namentales.
La libertad proclamada por la
clase que a la postre comandó la
propuesta de separación de España
no abarcaba la libertad de esclavos
y siervos que consumían sus vidas
en plantaciones, haciendas y minas,
en las mortíferas mitas que ocasio-
naron los levantamientos sociales
del siglo xViii y las sublevaciones de
esclavos. Esa libertad estaba tan ig-
norada por ellos como para los re-
dactores e implementadores de la
constitución de la unión angloame-
ricana. Si tomamos en cuenta el
asunto de la esclavitud, tendremos
en cuenta lo siguiente: don Miguel
Hidalgo, como jefe de la insurrec-
ción revolucionaria, a la cual se
opusieron los oligarcas novohispa-
nos, decretó por tres veces consecu-
tivas en el año de 1810 la abolición
de la esclavitud:
2
“Prevengo a todos los dueños de
esclavos y esclavas, que luego inme-
diatamente que llegue a su noticia
esta plausible superior orden, los
pongan en libertad, otorgándoles las
necesarias escrituras de atalahorria
con las inserciones acostumbradas
para que puedan tratar y contratar,
comparecer en juicio, otorgar testa-
mentos, codicilos y ejecutar las de-
más cosas que ejecutan y hacen las
personas libres; y no lo haciendo así
los citados dueños de esclavos y es-
clavas, sufrirán irremisiblemente la
pena capital y confscación de todos
sus bienes”.
La disposición antiesclavista fue
reiterada en 1813 por José María
Morelos;
3
estos precedentes no tu-
vieron lugar jurídico hasta 1829,
durante la presidencia del general
Vicente Guerrero, que en la práctica
persistió hasta el régimen de Porfrio
Díaz en algunos sectores del país.
De manera que una simple opera-
ción aritmética, diría que la libertad
en su sentido más humano y jurídico
no tuvo su más completa consagra-
ción hasta hace 181 años. Durante
la conmemoración del decreto pro-
mulgado en Guadalajara por Hidal-
go, se levantaron voces apostillando
la trascendencia del acontecimiento
liberador. El edil de la ciudad paran-
gonó los esclavos de la época con los
pobres del siglo xxi.
4
El panorama libertario, en su
cabal expresión no fue muy distinto
en otros parajes de nuestro conti-
nente americano. La cuenta no es
de 200 años de libertad. Para otros
Estados del hemisferio no es menos
indignante la situación de los escla-
vos bajo la república y a la sombra
de las declaraciones: a pesar de la
rogativa de Simón Bolívar en su dis-
curso ante el Congreso de Angostu-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 103
ra, la abolición absoluta de la escla-
vitud no se llevó a cabo en Venezuela
hasta 1854;
5
Perú, también puso fn
a la aberración en 1854; un tiempo
antes, en Nueva Granada concluyó
el lento proceso abolicionista, corría
el año 1852;
6
en ese mismo año le
pusieron fn los gobernantes ecua-
torianos; Brasil, que aun era una
monarquía no liberó a sus esclavos
defnitivamente hasta 1888.
Las cuentas no parecen coinci-
dir tampoco cuando se arguyen los
200 años de práctica republicana.
Quizás en algunos países latinoa-
mericanos pueda sumarse cierta
continuidad a partir de ser efectiva
la independencia. Nunca la suma
va a dar los 200 años tan sopetea-
dos. En el caso de México no sólo
las fechas no cuadran por lo ante-
riormente asentado, sino porque
dos periodos imperiales se interpu-
sieron, más algunas prácticas dic-
tatoriales que eclipsaron toda idea
de república. De república con res-
tricciones que ignoran las prácticas
democráticas. Restricciones por la
edad, la riqueza, el género. La his-
toria política de América Latina está
llena de esas limitaciones hasta los
días de hoy.
Es aquí cuando entramos a con-
siderar otro manido y desvirtuado
concepto. La democracia, es un mo-
delo político, tensado entre el para-
digma y la práctica. Toda la historia
de América —podemos incluir a Es-
tados Unidos muy bien, aunque ha
presumido míticamente de la mis-
ma desde 1776— está transida de
una denodada lucha por ampliar y
hacer cada vez más efectiva la de-
mocracia. La democracia no es un
privilegio de pocos poderosos. A eso
se le llama con mucha precisión
plutocracia. Habrá quien reclame
más precisión y digan timocracia
u oligocracia. Fenómeno vigente.
Si observamos bien los procesos
históricos nacionales, se derramó
mucha sangre —y aun persiste la
hemorragia— para arrancar a los
poderosos nacionales y extranjeros
coludidos, los avances democráti-
cos de los cuales presumen exage-
radamente los poderosos de turno.
Desde 1810, más o menos, la uto-
pía democrática ha sido un ideal
obstruido, sangreado por medio de
innúmeros acontecimientos.
7
Con
avances signifcativos y retrocesos
brutales y palpables. Casi dos siglos
en pos de un ideal aun lejos de ser
tan satisfactorio como se proclama
mendazmente.
Con toda razón el colega y amigo
Oscar Wingartz ha reaccionado a las
invocaciones ofciales y mediáticas
con expresiones cuestionadoras:
“Los motivos para conmemorar
este bicentenario habría que poner-
los en una balanza muy precisa, en-
tre otros aspectos deberíamos rea-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 104
lizar un ejercicio histórico mínimo
de cara a este acontecimiento, si en
verdad deseamos hacerle justicia al
evento que deseamos celebrar, por-
que, parece que a primera vista el
“saldo” no es nada halagüeño. Co-
mencemos por hacer ese recuente
mínimo: Primero, la Revolución de
Independencia Latinoamericana se
da en un contexto determinado, es
decir, al interior de una serie de co-
ordenadas sociales, políticas, eco-
nómicas e ideológicas que proyec-
tan el movimiento en una dirección
muy concreta: la liberación de las
colonias americanas del dominio
español. Segundo, los forjadores
de esta saga fueron hombres con
un impulso, un talante y una for-
mación teórica, política e ideológica
que les permitió levantar la bandera
emancipadora. Tercero, se embar-
caron en una travesía que fue la
conformación del Estado-nacional
latinoamericano con sus virtudes y
limitaciones. El punto es, ¿en qué
condiciones nos encontramos hoy?,
es aquí donde se van matizando
los cuestionamientos propuestos.
Nuestro desarrollo histórico-social
es el resultado de ese proceso ini-
ciado en los albores del siglo xix.
Esto quiere decir que, a pesar de
doscientos años de “vida indepen-
diente”, muchas de las “asignaturas
en materia socio-política” siguen
pendientes, entre otras, la democra-
cia como un complejo de realidades
que no empieza ni concluye con la
“sola emisión del voto”.
8
Como es sabido hasta la sacie-
dad, existe una relación signifcante
entre independencia y dependencia.
En 200 años las realidades econó-
micas han variado cuantitativa-
mente pero desde el punto de vista
cualitativo la situación subordina-
da, dependiente, ha variado muy
poco. Porque ella está muy vincu-
lada al ejercicio de la soberanía,
en su doble carga semántica, como
esencia legítima de poder social, y
desde el punto de vista del derecho
internacional como manifestación
efectiva del grado de independencia
que goza un Estado.
En los tiempos de predominio de
la ideología neoliberal, de un mode-
lo peculiar de globalización puesto
en práctica dentro del sistema mun-
dial, el concepto de soberanía fue
objeto de un sibilino debate. La idea
rectora se orientaba a descalifcar la
pertinencia de esta concepción en
aras de un nuevo sentido de las re-
laciones internacionales. Lo curioso
de este debate descalifcador fueron
los términos en que se manejaba la
desaparición de la validez. La pérdi-
da de soberanía registrada era ob-
servada unilateralmente. La asime-
tría estaba en que la pérdida de tal
entidad jurídica era de un solo lado,
del lado de los países de la periferia
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 105
capitalista dependiente. El territorio
fundamental de la discusión ha sido
el territorio del derecho y muy en lo
particular el derecho internacional.
Recordemos al notable pensador
francés, Jean Bodin, muy conocido
por sus textos sobre flosofía de la
historia y por sus teorías económicas
mercantilistas, Bodin es el autor de
la defnición moderna de soberanía.
Soberanía, en su criterio es el «poder
absoluto y perpetuo de una Repúbli-
ca», recordemos el sentido que tenían
este vocablo en aquel entonces; de
manera que el soberano será quien
posee el poder completo de decisión,
de establecer leyes sin sujeción a otro
poder, salvo la ley de Dios.
Debe tomarse en cuenta que es-
tos planteamientos emergen en el
contexto de las guerras religiosas
protagonizadas en la Francia del si-
glo xVi entre hugonotes, bajo la in-
fuencia calvinista y los católicos,
memorable por las barbaridades de
la masacre de San Bartolomé. En vis-
tas de esa confictividad argumenta
la soberanía de un monarca fuerte,
absolutista, que respeta a las “leyes
de Dios”. De manera que la sobera-
nía se sostenga por un pacto entre
los diversos componentes sociales.
Aunque Bodin rechaza el tiranicidio,
lo aprueba excepcionalmente ante
un gobernante usurpador.
9
En esa misma línea absolutista,
pero soslayando la dependencia de
las llamadas “leyes divinas”, el f-
lósofo inglés del siglo xVii, Thomas
Hobbes proyectó al soberano como
única forma de poder. En su famosa
obra, Leviatán, publicado en 1651,
teoriza flosófcamente la pertinen-
cia del autoritarismo del Estado. Su
pensamiento político, es paralelo a
la emergencia embrionaria del capi-
talismo en algunos reinos europeos.
En el contexto inglés se debatían
dos teorías: la de los tradicionalis-
tas que defendían el origen divino
de la monarquía absoluta y la de los
partidarios de una soberanía com-
partida proporcionalmente entre el
monarca y el pueblo. Hobbes estaba
en un punto intermedio considera-
ba que la soberanía está en el rey,
pero que su poder no procedía de
origen divino.
Jean-Jacques Rousseau, le im-
primió un sesgo al concepto hacia
fnes del siglo xViii. El novedoso
planteamiento del ginebrino dio por
bueno que la fuente de la sobera-
nía residía en el pueblo, es decir en
un arco social que delega autori-
dad. Para Rousseau el pueblo es
centro de una dualidad: como ciu-
dadano soberano y como ciudadano
súbdito a la vez. Delega autoridad
y la acata al mismo tiempo, como
un contrato de estabilidad social.
Así, según Rousseau, la soberanía
reside en la voluntad popular, sin
embargo, años después el conocido
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 106
Antonio Bonilla. La Taberna y otros horrores.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 107
abate Sieyés argumentó otra inte-
resante disquisición: la soberanía
reside en la nación.
10
De la concep-
ción de Rousseau, que en parte da
origen a la ideología asociada a la
revolución francesa y a la construc-
ción del paradigma independentis-
ta/republicano de las emergentes
nacionalidades americanas, infuye
en la aparición del sistema demo-
crático representativo moderno. De-
mocracia, que en la realidad de su
ejercicio deformado por la opresión
de clases, razas y género, modelo
que no impide la perpetración de
atropellos y abusos, en nombre de
la voluntad “general” o pueblo con-
densada en ejercicios eleccionarios
de dudosa limpieza. Tal prototipo de
soberanía, de democracia, interpre-
tada falazmente por las élites domi-
nantes, mediante la cual se legalizó
la violación de numerosos derechos
humanos y la violencia contra cuan-
to se oponía a sus intereses secto-
riales. Tal ejercicio antidemocrático
y complaciente con las presiones fo-
ráneas, cuando no cómplice de las
mismas, generó largas etapas histó-
ricas en donde los principios brilla-
ron por su ausencia. La violación de
tan mitifcados principios liberales
ha sido más bien la normas.
Las constituciones republicanas
modernas de nuestra América se
han nutrido a la par, desde el siglo
XIX hasta nuestra época del concep-
to de soberanía popular, y del de so-
beranía nacional. Ambos conceptos
se han puesto a prueba al calor de
la evolución histórica, de la lucha de
clases, de las contiendas políticas, y
muy particularmente en la segun-
da mitad del siglo xx tomó bastan-
te fuerza el concepto de soberanía
popular como un planteamiento
político más ajustado a los logros,
adelantos, avances de la democracia
alcanzados por las luchas populares
contra la perversión totalitaria del
fascismo. Periodo en el cual la cul-
tura política de las masas manifes-
tó un alto grado de madurez. Perio-
do también en que tales principios
se convirtieron en letra muerta por
el apogeo del imperialismo y de las
dictaduras cuartelarias bajo su am-
paro. Así las cosas, cuando se abre
la boca para proclamar 200 años de
democracia, se realiza una falseado-
ra abstracción. Los poderes fácticos
se atribuyen un resultado histórico
que está condicionado por difíciles
pruebas padecidas por los pueblos,
por los sectores sociales de la pro-
ducción de la riqueza y que menos
la disfrutan.
Otro spot de dudosa veracidad
es el que expresa 200 años de ser
mexicanos. Afrmación que nos con-
duce a una exploración del uso del
gentilicio y sobre todo a una inda-
gación del proceso de constitución
de las nuevas nacionalidades. La
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 108
autoconciencia de pueblo nuevo y
diferenciado de otras agrupaciones
humanas. La formación de naciona-
lidades es el resultado de un proce-
so de larga duración que han vivido
innúmeras comunidades humanas.
Un proceso de asentamiento terri-
torial, de organización económica y
social en acorde a los caracteres del
medio natural en que esos asenta-
mientos y las condiciones natura-
les van estableciendo determinadas
experiencias y patrones culturales.
En ellos intervienen la lengua, la
raza, la vitalidad. No todas las co-
munidades humanas han llevado
iguales formas y ritmos de consti-
tución identitaria. Algunas son más
antiguas que otras. No pocas se han
quedado en estadios de menor evo-
lución. Pero todas son igualmente
respetables a pesar de las diferentes
condiciones que lo integran.
Para el caso americano hay que
partir deun esclarecimiento de par-
tida. Al comenzar la colonización
no existían los pueblos que pre-
dominan en la masa continental
americana actual. Había charrúas
y mapuches, arawakos y aymaras,
aztecas y mayas, pero no existían
uruguayos, chilenos, cubanos, pe-
ruanos, mexicanos, guatemaltecos.
Había mexicas, pero no mexicanos.
La semilla de nuevos productos hu-
manos diferenciados se fue produ-
ciendo del cruce de los nativos, es
decir de los pueblos originarios con
las oleadas humanas inmigrantes,
vinieran estas de Europa, de Áfri-
ca o de Asia, en sus múltiples va-
riedades. A los resultados de esta
miscigenación se les califcó de crio-
llos. Mezcla de indígenas, europeos
blancos, africanos de diverso con-
dimento de negritud, o asiáticos de
piel amarilla, según la percepción
eurocentrista: blancos criollos, ne-
gros criollos, mestizos criollos, mu-
latos criollos y las combinaciones
entre sí que dieron una policromía
de fenotipos.
De tales factores tan heterogé-
neos se fueron formando grupos
humanos que buscaron una res-
puesta ontológica a su condición
novedosa. No eran españoles, no
eran nativos, no eran africanos ni
asiáticos. La califcación de criollos
era demasiado genérica e insatisfac-
toria. Algunas adjetivaciones fueron
abriéndose paso con una fuerte car-
ga regional: mexicanos, (los de la
ciudad de México), caraqueños, ha-
baneros, neogranadinos, cariocas.
El término mexicanos fue aplicado
por los conquistadores al pueblo de
la región México-Tenochtitlán, y por
supuesto no incluían a los purépe-
chas, mayas, tlaxclatecas, otomíes,
totonacas y tarahumaras. Cuan-
do aparecen los primeros esbozos
historiográfcos en el siglo xViii, se
adelantan adjetivaciones acerca de
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 109
los criollos, la más común es la de
españoles americanos, pero esa de-
nominación queda circunscritas a
los criollos blancos. El monje jesui-
ta mexicano, Francisco Xavier Cla-
vijero nos va a dar un ejemplo del
uso denominativo novedoso en su
Historia antigua de México.
En medio de este aniversario
hay buena parte de las sociedades
americanas que parecen situarse en
un limbo. Me refero a los pueblos
originarios, que a través de algunos
líderes comunitarios han declara-
do desafantemente que no tienen
nada que celebrar. La argumenta-
ción más simple es que las condi-
ciones políticas, económicas, socia-
les y culturales de opresión no han
cambiado sustancialmente.
La conjugación analítica de estos
lemas lanzados al martilleo mediático
de 24 horas de propaganda, nos ofre-
cen una visión fragmentada, hueca de
historicidad, simplona y desvirtuadora
del proceso histórico en donde el pue-
blo humilde, trabajador y oprimido ha
sido el factor clave de los avances en
todos los aspectos sensibles de la di-
námica. En la manipulación terminan
por ser despojados del protagonismo
heroico que comportan y sumergidos
en una alienación que los convierten
en consumidores pasivos de un pro-
ducto sin origen reconocible.
Hasta aquí la radiografía de los
contenidos de la propaganda ofcia-
lista. Veamos otros aspectos ilus-
trativos y las reacciones.
Celebrar, conmemorar, se ha
debatido en todo el continente. Los
historiadores han estado casi uná-
nimes en reiterar el sentido correc-
to del aniversario independiente-
mente de posiciones ideológicos.
11

No obstante, lo que se ha impues-
to, lo que ha dominado el espectro
comunicacional ha sido la banali-
zación. La mercadotecnia ha hecho
su agosto con una inundación de
banalidades, desde la celebración
de partidos de fútbol, teletones,
recetas de cocina, calaveritas re-
volucionarias, conciertos rockeros,
historietas, galerías, torneos de-
portivos, encuentros empresaria-
les, bautizo de hotel en San Miguel
Allende, como Hotel Bicentenario,
a un puente en Veracruz, hos-
tales, reality show de TV Azteca,
modelos de automóviles VW, can-
ciones
12
, un parque en Querétaro,
relojes conmemorativos de 50,000
dólares. El punto culminante, fue
el acto ejecutado la noche del 15
de septiembre en Ciudad México,
comparado por algunos críticos
con los espectáculos realizados por
la frma Disney, aunque a mí me
pareció más bien inspirado en las
puestas en escena de mardi-grass
en Nueva Orleáns. La factura, ob-
viamente era extranjera y dio lugar
a la más acerba crítica:
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 110
La contratación de la empresa es-
tadounidense Autonomy para or-
ganizar la festa del Bicentenario
de la Independencia, dada a cono-
cer por Proceso la semana pasada,
parece un contrasentido. Pero más
sorpresa, y hasta incredulidad,
causa el anuncio hecho por su
fundador, Phil Green, con Adam
Burke, de que cobrarán 60 millo-
nes de dólares por un espectáculo
para el cual contratarán “al menos
20 mil artistas”: “¡Es una barbari-
dad!”, “es ridículo”, “¡qué despilfa-
rro!”, “qué falta de sensibilidad en
estos tiempos”, “es una bofetada a
la pobreza”, “está fuera de lugar”,
expresan la historiadora Patricia
Galeana, el sociólogo Héctor Casti-
llo Berthier, el politólogo José An-
tonio Crespo y el historiador En-
rique Márquez al conocer el gasto
planeado para el 15 de septiembre
de 2010, revelado por Green al co-
rresponsal en Los Ángeles, J. Je-
sús Esquivel. Y coinciden en que
valdría más invertir en la refexión
que gastar en fuegos artifciales y
parafernalia.
13
Los discursos ofciales, como era
de suponer, constituyeron un alar-
de de malabarismos retóricos, fáci-
les de tragar para una gran parte
de la población sin un conocimien-
to histórico y con defciente cultura
política. El ejecutivo dijo:
Estoy convencido de que la digni-
dad de una Nación se expresa en la
forma en que se conoce, reconoce
y respetan las ideas y los ideales.
La forma en que se reconocen las
obras y las hazañas de los ante-
pasados individuales o colectivos.
Conmemorar el nacimiento de una
Nación es hacer vigente su pasa-
do, es mantener viva la memoria,
es tener presentes los valores so-
bre los cuales esa Nación se edi-
fcó: libertad, igualdad y justicia.
El 2010 será, sin duda, tiempo de
júbilo y alegría; en cada hogar, en
cada escuela, en cada barrio o pla-
za pública viviremos intensamen-
te el orgullo de ser mexicanos, el
orgullo de provenir de ese pasado
nuestro, rico en complejidad, dra-
matismo y gloria, pero celebrare-
mos también el orgullo de nuestro
futuro. Un orgullo que construi-
remos juntos, con la frme deter-
minación de engrandecer cada día
nuestra Patria, como fue el ideal
de nuestros libertadores; porque
fnalmente la Patria es de todos, la
Patria es para todos.
14
A la misma vez que el presidente
Calderón hacía uso de la palabra,
un pequeño grupo según CNN se
manifestaba con gritos de “espurio”,
“asesino”.
15
Un par de jóvenes mos-
traron pancartas con la leyenda:
“Por respeto a los restos de los hé-
roes resguardados en el Ángel”. El
discurso, reproducido en You Tube
tenía al pie la siguiente advertencia:
No se pueden añadir comentarios
sobre este vídeo. En otros sitios
web aparecía otra advertencia como
la reproducida aquí: este conteni-
do ha sido bloqueado. Desde luego,
este silenciamiento parcial no quie-
re decir que no existan comentarios
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 111
de dominio público. Más que por la
prensa por la red de Internet:
— “La “generación del Bicentena-
rio” quedará marcada por la con-
tradicción de estas palabras res-
pecto a las reglas del sistema: una
suma órganica y organizada de
signos, la mayoría de ellos conser-
vadores y neoliberales (y lo neoli-
beral, como sabemos, no tiene ya
nada de revolución ni de liberal).
Como todo discurso lo exige, aun-
que en primera instancia lo nie-
gue, sus palabras son el colapso
de la realidad con su propuesta
establecida para frenar el tiempo
y el espacio: sus palabras son su
propia caída. “Nosotros somos la
generación del Bicentenario”. Una
sola frase trae consigo problemas
lingüísticos, culturales y jurídicos.
¿Quiénes son esos “Nosotros” para
Felipe Calderón Hinojosa? Así
como el nacionalismo elimina la
contradicción de clases, el “Noso-
tros” equilibra –similar a las leyes
de la oferta y demanda– un proyec-
to de nación sometido a la lógica
de la dominación. La pregunta es:
¿quiénes son los “Ustedes” para
Felipe Calderón Hinojosa y, por
supuesto, para los Estados Uni-
dos de América y las dos caras de
Obama? (que deben ser muchas
por las cuerdas que vemos en sus
manos, pero esas caras tal vez no
le pertenecen). Hay un segundo
detalle en esta misma frase: “la ge-
neración del Bicentenario”. Tanto
se ha escrito ya acerca del término
generación –periodo de 30 años en
algunos casos– que Felipe Calde-
rón Hinojosa acaba de formalizar
con este acto que generación pue-
de abarcar de tres a cuatro gene-
raciones y, no solo generaciones,
sino sociedades civiles, tribus ur-
banas, grupos étnicos, magnates
que están por privatizar la segu-
ridad y el gigante que mueve los
hilos capitalistas del títere que so-
mos. Conclusión: los ciudadanos
mexicanos no son la generación
del Bicentenario. Son el proyecto
del Bicentenario.”
16
— “La celebración del Bicentenario
fue un gran espectáculo mediático
carnavalesco, un buen negocio para
las televisoras y para los creativos
del desfle de marionetas y fuegos de
artifcio. Calderón puede presumir
que la celebración se llevó en paz.”
17
— “A todos los grupos indígenas
siempre se les margina de cual-
quier evento y solo se les incluye
cuando a los políticos les interesa
llamar la atención a costa de ellos.
Lo que yo sigo sin entender es qué
festejamos los mexicanos, cele-
bramos la independencia de los
españoles cuando estamos igual
de fregados por nuestros pésimos
políticos y somos esclavos de los
maleantes y de la inseguridad que
acosa a nuestro país; una vez más
nos distraen con el discurso ba-
rato en lugar de hacer algo por el
país que según ellos tanto quieren.
La cantidad de dinero que se gas-
tan en dicho festejo bien lo pueden
emplear en otro tipo de programas
que apoyen la educación y el de-
porte como un medio para que la
juventud encauce su vida.”
18
No toda la sociedad se caló sin
digestión la campaña efectuada por
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 112
Antonio Bonilla. El rey culo.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 113
los medios ofciales y privados. No
cabe duda de que una buena par-
te del auditorio, estimulado por las
circunstancias críticas del país y del
mundo, se dio a la tarea de analizar
con detenimiento.
En fn, la lluvia de spots, el des-
pilfarro de fondos, la carnavalización
del aniversario del Grito, dejaron un
mal sabor entre quienes esperaban
mayores esfuerzos en el rescate y di-
fusión de una historia gloriosa y sig-
nifcante para México y la América
Latina. Las distorsiones acometidas
no son mensurables con precisión,
pero sin lugar a dudas fortalecieron
mitos ofciales de ingrata validez.
Pasada la principal efemérides,
agotados los fondos, saciados los ob-
jetivos de manipulación mediática,
queda a los historiadores, comuni-
cadores y maestros honestos, con los
medios a su alcance, proseguir gra-
nito a granito con la noble empresa
de escarbar aun más en el pasado de
luchas y difundir con la mayor hon-
radez y respeto, el signifcado y ali-
ciente de estos jalones dramáticos
en los procesos de estas formaciones
nacionales y su difícil inserción en un
orden mundial marcado por enormes
asimetrías y condicionamientos.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 114
1 Tlacatenco Julio/Atenco Vidal, “¿Qué inde-
pendencia festejaremos los indios de Méxi-
co?”, Quito, América Latina en movimiento,
septiembre, 2009, p. 34.
2 El Intendente Mariano Anzorena, el 19 de
octubre de 1810, en Valladolid, dispuso por
instrucciones de Hidalgo, la abolición de la
esclavitud y de los tributos. Reiterado el 6 de
diciembre, en la ciudad de Guadalajara: “To-
dos los dueños de esclavos deberán darles
la libertad dentro del término de 10 días, so
pena de muerte”.
3 Abolición de la Esclavitud, Octubre 5, 1813.
Don José María Morelos, Siervo de la Nación
y Generalísimo de las Armas de esta América
Septentrional por Voto Universal del Pueblo,
etcétera. “Porque debe alejarse de la América
la esclavitud y todo lo que a ella huela, man-
do que los intendentes de provincia y demás
magistrados velen sobre que se pongan en
libertad cuantos esclavos hayan quedado, y
que los naturales que forman pueblos y re-
públicas hagan sus elecciones libres, presi-
didas del párroco y juez territorial, quienes
no los coartarán a determinada persona,
aunque pueda representar con prueba la
ineptitud del electo a la superioridad que ha
de aprobar la elección, previniendo a las re-
públicas y jueces, no esclavicen a los hijos de
los pueblos con servicios personales que sólo
deben a la Nación soberana y no al individuo
como a tal…”
4 “La esclavitud no ha sido abolida: alcalde ta-
patío. El primer edil equiparó a los esclavos
con los pobres”, Guadalajara.- “En el país
aún persiste la esclavitud, opinó durante
su discurso el alcalde de Guadalajara, Jor-
ge Aristóteles Sandoval, quien se reunió esta
tarde en sesión solemne con los regidores e
invitados en el Palacio Municipal, a propó-
sito de las celebraciones del bicentenario de
la independencia: “Hidalgo decretó la aboli-
ción de la esclavitud en Guadalajara. A unos
cuantos pasos de donde nos encontramos
declaró el principio de igualdad, que a 200
años lamentablemente sigue siendo un an-
helo sin cumplir por millones de mexica-
nos”. A la sesión asistió el gobernador, Emi-
lio González Márquez, el diputado Alfredo
Argüelles, en representación del Congreso
local, y el magistrado Federico Hernández
Corona, quien asistió por parte del Poder Ju-
dicial. Fue que el alcalde cuestionó la abo-
lición de la esclavitud decretada por Miguel
Hidalgo en 1810 en Guadalajara: “¿Qué abo-
limos con el decreto de Miguel Hidalgo? ¿Es
que realmente los más de 110 millones de
mexicanos que habitamos estas tierras nos
sentimos libres? [...] ¿De qué independencia
hablamos si en 1810 se luchó por liberar a
más de diez mil esclavos y hoy el país tiene
sumidos en la pobreza a más de 30 millones
de mexicanos?”. Milenio, 15/09/2010.
5 El Reglamento de la Ley de Abolición, fue
promulgado por el Presidente José Gregorio
Monagas, el 30 de marzo de 1854.
6 Interesante el discurso del gobernador de
la provincia de Cartagena, Juan José Nieto,
pronunciado en la plaza pública para feste-
jar la abolición el primero de enero de 1852.
Cerró su discurso con estas exclamaciones:
“¡Viva la Nueva Granada! ¡Viva la libertad!
¡Viva la República¡ ¡Viva la democracia! ¡Viva
la administración López!”
7 Por ejemplo, dice un colega en clara alusión
en la era de Pinochet: en Chile la exaltación
independentista bicentenaria vino asociada
con el Ejército nacional sobre el cual caen
manchas indelebles”.
8 Oscar Wingartz Plata, “A propósito del Bi-
centenario”, México, 16 marzo 2009 | Desde
nuestra América, http://www.libertaddepa-
labra.com/2009/03/a-proposito-del-bicen-
tenario/
9 Autores islámicos intentan destacar que el
concepto de soberanía elaborado por el pro-
feta no es sólo anterior sino más avanzado
que el enunciado en la constitución inglesa.
Interesantes planteamientos pueden en-
contrarse en la red: http://www.webislam.
com/?idt=1337 El concepto de soberanía en
el Qurân: Pensamiento - 21/06/2005 0:00
- Autor: Abdullah Bartoll Ríus - Fuente: We-
bislam.
10 Frente a estas ideas, el abate Sieyès postuló
la soberanía de la nación como una totali-
dad.
11 “Las celebraciones del Bicentenario han co-
menzado hace meses y han dado pie para
todo tipo de usos y abusos de la Historia.
Desde sesudos estudios y profundas inves-
tigaciones académicas que muy pocos leen
y que reevalúan y cuestionan hitos y mitos
del proceso independentista, hasta la popu-
larización y el mercadeo del chisme histórico
fomentado por los medios masivos de comu-
notas
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 115
nicación, el Bicentenario ha dado para todo.
Desafortunadamente, también está siendo
utilizado por políticos y sus ideólogos, quie-
nes manipulan el discurso independentista
tratándolo de actualizar para usarlo como
justifcante de sus exabruptos y excesos.”
Julián López de Mesa Samudio, “¿Qué es ser
colombiano en el año del Bicentenario?”, El
Espectador.com, 17 de febrero, 2010.
12 “Hoy se dio a conocer la canción del bicente-
nario, con música de Aleks Syntek y letra de
Jaime López. Obra a pedido, para los festejos
que el Gobierno de este país ha decidido ha-
cer para conmemorar el bicentenario de la in-
dependencia y el centenario de la Revolución,
sin duda que cuenta con todos los elementos
de lo que supuestamente nos identifca como
mexicanos: el tipo de música, una especie de
huapango, una letra por demás diseñada con
frases comunes a la historia mexica como la
de “Nacimos en el lugar/Del Cielito lindo”,
que no deja de ser de lo más cursi, pero que
sin duda, cuando se le ocurrió al autor de
la letra, pensó que habría dado en el clavo y
que haría felices a los que le encargaron se-
mejante bodrio”, La canción del Bicentenario:
http://la-morsa.blogspot.com/2010/08/la-
cancion-del-bicentenario.html
13 http://kikka-roja.blogspot.com/2009/09/
reloj-bicentenario-felipe-calderon.html. Se-
cretaria técnica ad honorem de la Comisión
del Senado de la República para los Festejos
del Bicentenario y Centenario, Galeana no
concibe que sean extranjeros quienes “vayan
a interpretar nuestra historia”, pues si se
celebran 200 años de México, debieran ser
mexicanos los organizadores. Le parece que,
en momentos de crisis, hacer “espectáculos
tan caros, suena a aquello de que a falta de
pan, circo”. Tras señalar que en la comisión
del Senado han reducido programas por fal-
ta de recursos y se centrarán básicamente
en publicaciones, propone gastar en asuntos
que sí son fundamentales, como volver a en-
señar la historia que se eliminó del primer
grado de secundaria; construir un edifcio
para albergar el Archivo General de la Na-
ción, acorde a las normas internacionales
de preservación de documentos; y crear el
Museo Nacional de las Mujeres, impulsado
por ella, para reconocer la aportación de las
mujeres a la construcción del país
14 h t t p : / / w w w . b i c e n t e n a r i o . g o b .
mx / i n d e x . p h p ? c a t i d = 6 8 : a r c o -
bicentenario&id=259:discurso-del-presi-
dente-felipe-calderon-hinojosa&option.
15 Referidos su elección y a las muertes de los
niños de la guardería incendiada y jóvenes
muertos por errores de las fuerzas represivas
gubenamentales.
16 http://www.deliberacion.org/?p=2393
17 El Bicentenario y los milagros de Felipe Cal-
derón, http://pijamasurf.com/2010/09/
el-bicentenario-y-los-milagros-de-felipe-cal-
deron/
18 Pregunta resuelta. ¿Por qué Feli-
pe Calderón discrimina a los indíge-
nas del festejo bicentenario?http://
mx . ans we r s . y aho o . c o m/que s t i o n/
index?qid=20100902095304AACl3w8
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 116
Antonio Bonilla. La ira.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 117
Había que oponer al dominio de la Iglesia sobre la mente
de los niños el de la escuela pública, laica, gratuita y
obligatoria.
François Dubet
2
Introducción
a independencia de la Corona española
por parte de las Provincias de Centroamé-
rica dejó muchas tareas pendientes a las
que, después del fracaso de la Federación
centroamericana, conformarían las cinco
Repúblicas del Istmo. Una de esas tareas se mani-
festó en el sueño de educar un tipo de ciudadano
acorde a los nuevos principios políticos que regirían
en la región. La reivindicación de la soberanía po-
pular llevaba consigo el tema de la elección de los
representantes del pueblo.
3
Tanto electores (votan-
tes) como elegidos (representantes) debían ser ciu-
dadanos. De ahí que el tema de la formación de los
futuros ciudadanos no era baladí. Inmediatamente
después de la independencia se planteó la necesidad
de educar a un futuro ciudadano ilustrado, respon-
sable y amante de su Patria.
4
No obstante, el cami-
no por delante no sería nada fácil. Este ensayo hace
una breve incursión a la reforma de la educación
El sueño de una República Laica:
la escuela y la formación de los futuros ciudadanos.
JuLián gonzáLez torres
L
Reforma Educativa
en El Salvador (1883-1889)
1
Cuando
se quiere
Cambiar la
mentalidad y
las ConduCtas
de quienes el
día de mañana
serán los
Ciudadanos
eduCados
que tanto
anhelamos,
entonCes
se piensa
en innovar,
Cambiar o
reformar
el sistema
eduCativo
vigente.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 118
primaria anunciada a fnales del se-
gundo período presidencial (1879-
1883) de Rafael Zaldívar y ejecutada
durante el Gobierno (1885-1890) de
Francisco Menéndez, con el objeti-
vo de descifrar qué tipo de futuros
ciudadanos se buscaba crear en El
Salvador a partir de la implementa-
ción de la reforma.
Nuestra hipótesis principal es-
triba en afrmar que el cambio edu-
cativo operado signifcó una ruptu-
ra en el modo como se había veni-
do concibiendo la formación de los
futuros ciudadanos en las escuelas
públicas primarias. En primer lu-
gar, haremos una breve reseña de
lo que fue y signifcó la reforma de
la educación primaria. En segun-
do lugar, introduciremos un análi-
sis que nos permita comprender, a
grandes rasgos, qué tipo de ciuda-
dano salvadoreño se había preten-
dido construir desde 1861 hasta el
momento de la reforma. Por últi-
mo, a partir del estudio de algunos
de los textos escolares destinados
para uso docente, mostraremos
la nueva dirección que tomaría la
educación de los futuros ciudada-
nos de la República en las escuelas
públicas primarias. Creemos que
con la reforma educativa los teóri-
cos de la educación y la ciudadanía
soñaban con construir una Repú-
blica Laica, en oposición a la tradi-
cional República Católica.
5
1. Breve historia de la reforma
educativa zaldivariana-menendista
(1883-1889)
Cuando se quiere cambiar la
mentalidad y las conductas de quie-
nes el día de mañana serán los ciu-
dadanos educados que tanto anhe-
lamos, entonces se piensa en inno-
var, cambiar o reformar el sistema
educativo vigente. Al ser la escuela,
después de la familia, el primer y
más importante espacio de aprendi-
zaje y socialización de niñas y niños,
los cambios que en ella se operen
—a criterio de los reformadores—
serán trascendentales a mediano
y largo plazo para la sociedad y el
Estado. En El Salvador, así pensa-
ban algunos funcionarios públicos
durante el segundo y tercer man-
dato presidencial de Rafael Zaldívar
y durante el Gobierno de Francisco
Menéndez. Uno de ellos fue Teodoro
Moreno, quien fungió como alcal-
de del municipio de Santa Ana en
1877 y era presidente de la Cámara
de Senadores del Salvador en 1883.
Según relata el Diario Ofcial, el día
9 de febrero de 1883:
Púsose á discusión… El dictamen
de la comisión de Instrucción Pú-
blica, en un proyecto del señor
Senador [Teodoro] Moreno, sobre
que se convoque un concurso de
pedagogos á fn de que escriban
una obra relativa á los principios,
métodos, materias y programas
más adecuados para la enseñanza
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 119
primaria de la República; habién-
dose aprobado la parte resolutiva
que dice: “La comisión opina: que
le deis vuestra aprobación”.
6
Como resultado, la Cámara
de Senadores emitió un decreto me-
diante el cual ordenaba al Ejecutivo
la apertura de un concurso de “ciu-
dadanos competentes” a fn de que
presentasen a concurso sus respec-
tivas obras de pedagogía y que el
Gobierno eligiera la mejor. El decre-
to autorizaba al Ejecutivo “para que
del mismo Tesoro haga los gastos
para reglamentar y establecer la en-
señanza primaria conforme el mé-
todo que proponga la obra escogida
como primera”.
7

No era la primera vez que en tiem-
pos de Zaldívar se buscaba mejorar
la calidad de la educación primaria.
En 1879 fueron creados el Colegio
Normal de Señoritas y la Escuela
Normal de Varones. Se esperaba que
en dichos centros de estudios se gra-
duaran profesoras y profesores com-
petentes, capaces de elevar la cali-
dad de la enseñanza en las escuelas.
No obstante, la apertura del concur-
so, premiación y publicación de las
obras ganadoras (primero y segundo
lugar) son acontecimientos que for-
maron parte de una reforma educa-
tiva que provocó rupturas y cambios
importantes en el sistema de educa-
ción primaria de El Salvador.
La premiación tuvo lugar hasta
el 23 de mayo de 1886, tres años
después que el proyecto de Moreno
recibiera la venia de sus colegas en
la Cámara. Para ese entonces, Zal-
dívar ya había sido derrocado por
la revolución acaudillada por Fran-
cisco Menéndez; los funcionarios de
este nuevo mandatario acusaban
una y otra vez de corrupto y des-
pilfarrador al gobierno derrocado; y
Menéndez había disuelto la consti-
tuyente de 1885.
8

El primer lugar lo ganó Elemen-
tos de pedagogía, de Francisco Es-
teban Galindo; el segundo lugar fue
para De la organización de la instruc-
ción primaria en El Salvador, escrita
por David J. Guzmán.
9
El Jurado se
expresó así de la obra ganadora:
La Comisión cree que esta obra
se ha concretado al decreto… de
1883 y correspondido á los fnes
que el legislador se propuso. Co-
menzando por los principios gene-
rales del arte de educar, ha tenido
presente su objeto, lo ha dividido
convenientemente y ha defnido
sus preceptos, en los más de los
casos, según las exigencias de la
ciencia. Al ocuparse de la educa-
ción bajo su triple aspecto [física,
intelectual y moral], la desenvuel-
ve y aplica de una manera gradual,
clara y precisa (…).
10

Preguntémonos: ¿Qué buscaban
los gobiernos de Zaldívar y Menéndez
al promover dicho concurso? ¿Qué
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 120
clase de nuevos principios, métodos
y contendidos de aprendizaje busca-
ban introducir en la educación pú-
blica primaria? En una sola: ¿Qué
relevancia tuvo dicho concurso para
el tema que nos ocupa?
Tendremos buena parte de las
respuestas si abordamos a conti-
nuación tres hechos que están es-
trechamente ligados con la realiza-
ción del concurso.
a. Julio de 1880: una circular
que prohibió la enseñanza del
catecismo de Ripalda
El primer hecho tuvo lugar en ju-
lio de 1880, dos años y medio antes
que Moreno presentara su propues-
ta del concurso. El protagonista del
hecho, Domingo López, Ministro de
Instrucción Pública y Benefcencia
en aquel entonces, lo narra de la si-
guiente manera:
Con fecha julio 15 se dirigió circu-
lar á todos los Gobernadores pro-
hibiendo a las escuelas ofciales la
enseñanza del catecismo de Ripal-
da. Tal disposición es un corolario
lógico y preciso del artículo 4.° de
nuestro Código fundamental. El
Ejecutivo, reconocida la libertad
de cultos, no puede sin violar esa
garantía constitucional, imponer
el estudio de determinada religión;
y respetuoso á los principios del
gobierno representativo, ha debido
conformarse á las prescripciones
de la ley, al propio tiempo que obe-
decer á su propia convicción.
11
Dos años atrás, en abril de 1878,
el periódico semanal Boletín Munici-
pal publicaba las materias o ramos
de enseñanza que se impartían en
las escuelas del municipio de San-
ta Ana. En las treinta y tres escue-
las —30 rurales y 3 urbanas— se
impartía: Lectura, Escritura, Moral
y Doctrina.
12
Respecto de la última
materia, sin duda se trataba de la
Doctrina Cristiana, pues estaba
contemplada en el plan de estu-
dio de las escuelas primarias des-
de 1861. Al mismo tiempo, es muy
probable que el texto en el que ni-
ñas y niños memorizaban los man-
damientos de la ley de Dios y los de
la Santa Madre Iglesia Católica fue-
se el Catecismo del Padre Jerónimo
De Ripalda, el mismo que menciona
López.
13
Santa Ana era, por tanto,
sólo una muestra de que en toda la
República se enseñaba la Doctrina
de la Iglesia Católica. ¿Por qué, en-
tonces, a sólo dos años de la publi-
cación del Boletín Ofcial, López es-
taba prohibiendo la enseñanza del
Catecismo del Padre Ripalda, con
amenaza de “pena severa”, como
dirá un año más tarde? ¿Por qué lo
legal se había convertido en ilegal?
La clave estaba en la Constitu-
ción política decretada en febrero de
1880. Su artículo cuatro, citado por
el mismo López, garantizaba “el libre
ejercicio de todas las religiones…”,
aunque añadía que “siendo la reli-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 121
gión católica, apostólica, romana la
que profesan los salvadoreños, el
Gobierno la protejerá”.
14
En térmi-
nos constitucionales, El Salvador
había dado un paso importante ha-
cia la consolidación de una socie-
dad plural y un Estado secular. Las
Constituciones precedentes —la de
1871 y 1872— declaraban que la
Religión Católica “es la del Estado
y el Gobierno la protejerá”; se tole-
raría “el culto público de las sectas
cristianas”, siempre y cuando no
atentaran contra el orden moral y
público.
15
Estas Constituciones res-
pondían a un Estado confesional,
tolerante con otras manifestaciones
religiosas del cristianismo, pero que
había asumido como suyo el credo
de la Iglesia Católica. En este punto
ambas aún se parecían mucho a la
constitución de Cádiz.
16
Se trataba
de un Estado Católico en una Repú-
blica Católica.
Por supuesto, en la nueva Cons-
titución el Gobierno siempre se
comprometía a proteger a la Iglesia
Católica, pero ya no como la religión
del Estado, sino como “la que pro-
fesan los salvadoreños”. El cambio
de lenguaje no era baladí. Decir “los
salvadoreños” equivalía a decir “los
individuos de El Salvador”, con lo
cual se acentuaba aún más la visión
liberal de corte lockiano que entien-
de la sociedad como asociación de
individuos.
17
Cualquiera pensaría que, en
realidad, esa idea de “los salvado-
reños” es equivalente al concepto
de Nación salvadoreña y que, por
lo tanto, ver en esa expresión un
ensanchamiento de la concepción
liberal de la sociedad no sería más
que un espejismo. Pero cuando Ló-
pez envió aquella circular a los go-
bernadores no lo hacía para prote-
ger a una religión, mucho menos
para defender la religión de una
nación, la salvadoreña en este caso.
Jurídicamente, López estaba dando
la batalla para que directores y pro-
fesores de escuela respetasen lo es-
tablecido por la Constitución; en la
práctica, no hacía más que abonar
a la construcción de una sociedad
más plural y al ensanchamiento de
las libertades individuales, en este
caso la libertad de culto. El Estado,
como él dice, no podía “imponer el
estudio de determinada religión”.
Ni el Estado ni mucho menos una
corporación como la Iglesia debían
imponer un dogma o un credo a los
futuros ciudadanos. Más tarde Da-
vid J. Guzmán dirá: “Un solo niño
protestante que hubiese en una de
nuestras escuelas tiene derecho á
ser respetado en su creencia; por-
que toda violencia contra la con-
ciencia es inicua y odiosa”.
18
En principio, los salvadoreños
abrazarían la religión que su libre
conciencia les dictase. Por ello en las
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 122
Antonio Bonilla. La gula.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 123
escuelas públicas primarias debía
desecharse toda enseñanza del Ca-
tecismo Católico. Pero esto era sólo
el principio. Si los gobiernos querían
ver un cambio sustancial en la futu-
ra educación de niños y niñas, no
bastaba entonces con ordenar que
ya no se enseñara la Doctrina Cris-
tiana en las aulas, sería necesario
hacer una reforma. Y una reforma
educativa implicaba replantear mé-
todos de enseñanza, contenidos de
aprendizaje, tecnologías de aprendi-
zaje, reglamentos, etc. A juzgar por
los hechos, de la necesidad de estos
cambios era consciente el Ministro
López y el mismo Teodoro Moreno.
b. Domingo López: la necesidad
de una reforma educativa “am-
plia y efcaz”
El segundo hecho al que quere-
mos hacer referencia fue protagoni-
zado también por López. A principios
de 1884 aún seguía al frente del Mi-
nisterio de Instrucción Pública. De
tal manera que en la presentación
de la memoria de trabajo correspon-
diente a 1883, ante la Cámara de Di-
putados, manifestó lo siguiente:
En las evoluciones incesantes de
la historia, cada época, cada siglo
ha marcado una fase en el des-
envolvimiento de la civilización,
desarrollando algunos de los ele-
mentos del progreso, aquel que se
ha tenido como el móvil más con-
ducente á la perfección humana.
Pues bien, el móvil en que se inspi-
ra nuestro siglo, la fase que lo ca-
racteriza es la enseñanza popular,
medio único de la realización de
los derechos y de las libertades so-
ciales y políticas; pero para que su
desarrollo sea completo, menester
es que aquella sea gratuita y obli-
gatoria: gratuita, para que pueda
penetrar hasta las más desvalidas
clases de la sociedad; obligato-
ria, porque como vosotros sabéis,
nuestros pueblos aún se resienten
de la mala educación colonial, en
que ahogaron todas sus energías
y actividades que son peculiares
á nuestra emprendedora raza la-
tina…. Hay además, otra razón de
grande entidad, por la cual el Eje-
cutivo ha mirado con tanto interés
el desarrollo de la instrucción pri-
maria en el país, y es porque en
la escuela es únicamente donde
pueden formarse ciudadanos, ele-
mento indispensable en países re-
publicanos como el nuestro.
19
El texto de López admite, por un
lado, que en el siglo en curso la edu-
cación es el mejor recurso en la ardua
tarea de perfeccionar al ser humano.
Además, la educación ha de ser “po-
pular”, lo cual signifca que el Estado
debe educar a todo el pueblo,
20
sin
distinciones de raza y statu social;
por eso sugiere el autor que la edu-
cación debe ser gratuita y obligato-
ria. También advierte que “nuestros
pueblos”, incluido El Salvador, aún
arrastran efectos de la “mala educa-
ción colonial”. Es muy probable que
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 124
aquí López esté atacando el dogma-
tismo religioso que había predomi-
nado en la enseñanza desde tiempos
coloniales. Por último, señala con
claridad la importancia de la escue-
la como formadora de ciudadanos en
países de corte republicano. Por eso,
de acuerdo al Ministro López, el Go-
bierno había decidido llevar a cabo
una reforma educativa del sistema de
educación primaria. Si a los deseos
de una nueva educación se oponían
viejos obstáculos y si la escuela era
para el Gobierno un escenario indis-
pensable para forjar nuevas ciuda-
danías, entonces era urgente echar a
andar una reforma educativa. Sobre
todo, teniendo en cuenta que a esas
alturas de la historia salvadoreña
una nueva Constitución, promulga-
da en diciembre de 1883, ya había
garantizado tanto “el libre ejercicio
de todas las religiones, sin más límite
que el trazado por la moralidad y el
orden público”, como el carácter laico
de la educación primaria.
21

El espacio público era propie-
dad del Estado, es así que el orden
de aquél le competía sólo a éste. Al
ser las escuelas no privadas espa-
cios públicos, le concernía al Esta-
do legislar sobre aquellas. Allí ya no
habría chance para la Iglesia Cató-
lica. Los límites del Estado eran los
mismos que él se trazaba. De ahí
que haría cumplir en las escuelas
los principios educativos, los méto-
dos de aprendizaje y los contenidos
de enseñanza que considerara más
apropiados para los nuevos tiem-
pos. Con estas medidas constitu-
cionales, el aprendizaje del credo
católico se desplazaba de la escuela
a la casa, a la familia; del ámbito
público al ámbito privado; se en-
sanchaban los medios conducentes
a una sociedad más plural; se res-
petaban las libertades individuales
y tanto la sociedad como el Estado
ganaban en materia de tolerancia
religiosa. Al menos en términos de
legislación educativa, ahora era un
Estado Laico que buscaría forjar
una República Laica. Pero todavía
faltaba camino por recorrer. Y un
grave escollo era el reglamento de
instrucción primaria que aún es-
taba vigente. Éste contemplaba en
su artículo veinticuatro la enseñan-
za de la Doctrina cristiana. Por eso
para López era de urgencia refor-
mar la enseñanza primaria: “… el
Gobierno tiene pensado hacer una
reforma amplia y efcaz, encamina-
da á remover obstáculos y á extir-
par vicios que han impedido que la
enseñanza llegue en nuestro país, á
la altura que reclama el siglo”.
22
c. Febrero de 1884: el proyecto
de reforma de Rafael Reyes
El autor del tercer hecho fue el
profesor e intelectual Rafael Reyes,
quien también mostró honda pre-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 125
ocupación por el estado de la educa-
ción primaria de El Salvador duran-
te los años que estamos estudiando.
Fue tal su preocupación que el 27 de
febrero de 1884 presentó al sucesor
de López en el Ministerio de Instruc-
ción Pública, Luciano Hernández,
un proyecto de reforma educativa.
Entre otras cosas, Reyes se lamen-
taba de la falta de: “idoneidad de los
profesores”, “un método de enseñan-
za” y “un programa bien combina-
do”. Pero su propuesta se centró en
atacar este último problema:
La falta de un programa bien com-
binado es una de las causas que
más han contribuido al atraso que
hoy se nota en la enseñanza po-
pular. Los alumnos que han cur-
sado las materias de enseñanza
primaria y han sufrido el examen
anual, vuelven á estudiar las mis-
mas materias al año siguiente, sin
plan alguno; es decir en las clases
de enseñanza primaria se confun-
den los de primero con los de se-
gundo y tercer año, y de ahí viene
el entorpecimiento que se nota en
los estudios. De ahí viene que no
se pueda apreciar el progreso de
una escuela. Es, pues, de suma
necesidad fjar un programa y di-
vidir ordenadamente por años las
materias que se deben estudiar, y
hacer en dos ó tres años el estudio
de ramos extensos ó importantes
como la Gramática, la Aritmética,
la Historia &. (…).
23
Es así que Reyes lanzó su pro-
puesta. La educación primaria, en
principio, comprendería tres años
(o cursos) y las escuelas se clasif-
carían en escuelas de primera, se-
gunda y tercera clase. Las de pri-
mera (ubicadas en las cabeceras
departamentales) y segunda clase
(situadas en las cabeceras de dis-
trito) ofrecerían los tres años de es-
tudio. Mientras que las de tercera
clase (“las que correspondan á las
demás poblaciones”, en palabras de
Reyes) solamente impartirían pri-
mer y segundo año. Por motivos de
espacio, omitimos presentar el cua-
dro de materias o ramos de estudio
propuesto por Reyes.
Con el relato de estos tres he-
chos —(1) la circular enviada a los
Gobernadores, (2) el anuncio de re-
forma educativa por parte de López,
y (3) el proyecto de reforma de Re-
yes— hemos querido situar la ini-
ciativa del Senador Moreno en un
contexto histórico en el que los go-
bernantes y algunos funcionarios
públicos de El Salvador demanda-
ban una reforma de la educación
pública primaria; era urgente, a cri-
terio de ellos, renovar contenidos y
métodos de enseñanza. Esta prome-
sa de cambio, no cabe duda, esta-
ba ligada a los cambios en materia
educativa que las nuevas Constitu-
ciones habían logrado.
Toca ahora exponer una breve
síntesis que compendie algunos de
los principales logros de lo que aquí
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 126
hemos llamado reforma educativa.
En otras palabras, debemos com-
pletar la respuesta a las preguntas
formuladas justo antes de narrar
los tres hechos anteriores.
d. ¿Qué hizo la reforma educa-
tiva? Algunos de los principales
logros
Podríamos decir que espiri-
tualmente la reforma nació con el
decreto del concurso (febrero de
1883), pero formal o legalmente no
arrancó sino hasta 1887. ¿Por qué
1887? Dos acontecimientos nos
permiten situar el arranque de la
reforma en ese año. El primero de
ellos tuvo lugar el 23 de diciembre
de 1886, cuando el entonces Secre-
tario (equivalente de Ministro) de
Instrucción Pública, Baltasar Estu-
pinián, emitió un decreto median-
te el cual ordenaba la creación de
una ofcina de Inspección General
de escuelas primarias, junto con su
respectivo Inspector General y un
profesor auxiliar a su servicio. Esta
nueva ofcina se encargaría, entre
otras cosas, de:
“[1] Dar completa organización á
las escuelas de ambos sexos en
toda la República… proponer mé-
todos, sistemas y reformas moder-
nas en la enseñanza, á fn de darle
la mayor uniformidad posible y el
más amplio desarrollo, adoptan-
do textos adecuados é informando
sobre los que hayan dado mejores
resultados en otros países. [2] Te-
ner á su cargo los libros, útiles,
enseres y demás elementos de en-
señanza, para distribuirlos en las
escuelas, según las necesidades
comprobadas, y dar cuenta rigu-
rosa de las entregas que se hagan.
[3] Dirigir una revista mensual de
Instrucción Pública primaria, que
sirva de órgano de la Secretaría y
de la Inspección, dando á conocer
los adelantos que se realicen, y es-
timulando el buen desarrollo de la
enseñanza”.
24
Fue así que en enero de 1887 se
nombró Inspector General de edu-
cación primaria a Víctor Dubarry y
como Profesor Auxiliar a Justiniano
Rengifo Núñez, ambos de naciona-
lidad colombiana.
25
Y el autor del
segundo acontecimiento fue el mis-
mo Dubarry, quien el 14 de mayo de
ese año lanzó el primer número de
la revista La Nueva Enseñanza, la
cual, salvo algunas interrupciones,
se publicó en forma continuada
hasta 1890. Así rezaba el Editorial
del primer número:
Deseaba de tiempo atrás el Poder
Ejecutivo de la República, organi-
zar perfectamente la instrucción
primaria; deseaba completar en
la escuela por la enseñanza, la
regeneración que en los campos
de batalla había iniciado con las
armas... Nosotros hemos sido lla-
mados á colaborar en la alta em-
presa de la instrucción popular; y
aún cuando carecemos de fuerzas
poderosas, hemos aceptado... En
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 127
las páginas de esta Revista procu-
raremos reunir los mejores y más
modernos datos sobre sistemas de
enseñanza; los textos más bien re-
cibidos y aceptados en otros paí-
ses; las noticias referentes a las
reformas que aquí se establezcan
y a los progresos que aquí se al-
cancen; y pasando de lo puramen-
te didáctico y ofcial, a la región del
arte y de la ciencia, procuraremos
también presentar muestras de lo
que han escrito y escriben grandes
pensadores y eminentes moralis-
tas… La enseñanza moderna, pro-
gresiva en sus medios y flosófca
en sus fnes, tendrá en nosotros
convencidos defensores.
26
En efecto, la revista se convirtió
en vocera de la reforma. Además de
informes de cómo iba avanzando
la reforma; los maestros disponían
de algunos números en los que se
publicaron lecciones de pedagogía;
por su parte, los estudiantes encon-
traban en ella lecciones de física,
astronomía, geografía, cálculo oral,
economía práctica, lectura y escri-
tura, ciencia y literatura, ejercicios
de gramática, piezas de literatura
y lecciones objetivas o de objetos.
Para la época encontramos publi-
caciones similares en Colombia y
México.
27

En términos generales, al igual
que otros países como Argentina,
Costa Rica y México, El Salvador
hacía esfuerzos encomiables por
modernizar su sistema de educa-
ción primaria.
28
¿Pero qué logros
podríamos enumerar al respecto?
Señalaremos algunos de los más
importantes.
a. Promulgación, en junio de 1889,
de un nuevo reglamento de edu-
cación pública primaria, el cual
ya no contemplaría la enseñanza
de la Doctrina Cristiana. De ahí
la razón de colocar al año 1889
como fecha de corte en nuestra
investigación.
b. Reglamentación de la educación
primaria en base al sistema de
grados progresivos. Esto signi-
fcaba que el alumno iría avan-
zando por grados respectivos (de
primer hasta el segundo, cuarto
o sexto grado, según el tipo de
escuela). A medida que avanzara,
aumentaría el número de mate-
rias y la complejidad de las mis-
mas.
c. La introducción de nuevos conte-
nidos de aprendizaje sustentados
en los avances de ciencias como
la Geografía, Fisiología, Botánica
y Física.
d. Introducción de nuevos textos es-
colares en función de los nuevos
contenidos de aprendizaje y los
nuevos métodos de enseñanza.
e. Mayor control de la educación pri-
maria por parte del Estado a tra-
vés de Inspectores de escuelas y
Gobernadores departamentales.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 128
Estudiosos como Héctor Lindo-
Fuentes han señalado con bastante
dureza que a lo largo de todo el siglo
XIX los gobiernos salvadoreños poco
o casi nada se preocuparon por ele-
var la calidad de la educación pri-
maria; el argumento principal de la
crítica descansa en el señalamiento
de que aquellos gobiernos invertían
más en el Ministerio de Guerra que
en el de Instrucción Pública.
29
Apar-
te de que ya en aquella época era
una crítica que el propio David J.
Guzmán hacía,
30
no es el momento
para discutirla con los estudiosos
contemporáneos. Por de pronto, a
la luz de lo expuesto hasta el mo-
mento, diremos que en términos de
querer construir un nuevo tipo de
futuro ciudadano, con la reforma
educativa el Estado salvadoreño sí
estaba dando un avance signifcati-
vo. Desarrollaremos esta idea en los
siguientes apartados.
2. La educación de futuros ciu-
dadanos católicos para una Re-
pública Católica
Voy a situarme en el mes de no-
viembre de 1861. ¿La razón? En ese
mes el Gobierno de Gerardo Barrios
sancionó un nuevo reglamento de
instrucción primaria. Después del
decreto de octubre de 1832 que es-
tablecía la reglamentación necesa-
ria para las escuelas de primeras
letras, todo apunta a que era la se-
gunda ocasión que un Gobierno del
Salvador decretaba un reglamento
de instrucción primaria.
31
El nuevo reglamento signifcó un
cambio más que interesante en el
plan de estudios. Las disposiciones
reglamentarias de 1832 declaraban
que en las escuelas “se enseñará á
los niños á leer y escribir, los prin-
cipios de aritmética, de moral, y las
constituciones de la República y
del Estado”.
32
Este plan de estudios
mostraba una impronta de Cádiz.
En dos sentidos.
En primer lugar, porque orde-
naba la enseñanza de los principios
de la constitución del Estado salva-
doreño y de la República. Si hace-
mos memoria, en su artículo 366 la
constitución gaditana señalaba que
en las escuelas de primeras letras
“se enseñará a los niños a leer, es-
cribir y contar, y el catecismo de la
religión católica, que comprenderá
también una breve exposición de las
obligaciones civiles”.
33
Si relaciona-
mos este contenido con el artículo
368 de la misma carta magna (“El
plan general de enseñanza será uni-
forme en todo el reino, debiendo ex-
plicarse la Constitución política de
la Monarquía en todas las universi-
dades y establecimientos literarios,
donde se enseñen las ciencias ecle-
siásticas y políticas”), no es desati-
nado pensar que la reglamentación
de 1832 llevaba esta impronta ga-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 129
ditana. En segundo lugar, porque
Cádiz estableció la enseñanza del
“catecismo de la religión católica”.
Ciertamente, el decreto de 1832 no
estableció clara y explícitamente la
enseñanza del catecismo católico;
allí se habla de enseñar “principios
de moral”. No obstante, existe un
elemento para pensar que lo que en
realidad se enseñaría sería la moral
de la Iglesia Católica, que tenía en
el Catecismo de la doctrina cristiana
una de sus versiones más popula-
res.
34
Ese elemento es el artículo
quinto del citado decreto:
Para la mejor dirección de las es-
cuelas de primeras letras habrá
en cada cabecera de departamen-
to una Junta, que se denominará
de Educación Pública, compuesta
del Jefe Político, del Rejidor deca-
no, del Padre Cura y de dos veci-
nos honrados y de conocidas ideas
a favor del progreso de las luces,
que nombrará el Gobierno. Nin-
guno puede escusarse, sin causa
justifcada, de este cargo, ni dejar
de asistir á las juntas que se cele-
bren. El Jefe Político los estrecha-
rá en uno y otro caso con multas
de cinco á veinticinco pesos.
35
En otras palabras, considera-
remos que la presencia del Padre
Cura en la Junta de Educación
Pública aseguraba, por lo menos,
el respeto a la religión católica en
toda enseñanza que se impartiera a
los niños. No sabemos con exacti-
tud qué tipo de moral se enseñaría,
pero con seguridad que no se trató
de alguna que pusiera en peligro los
principios y dogmas de la Iglesia Ca-
tólica. Aquí encontraríamos, enton-
ces, la segunda impronta de Cádiz.
Además, similar al código gaditano,
la constitución de 1824 del Salva-
dor establecía que “La Religión del
Estado es la misma que la de la Re-
pública, á saber: la C. [Católica] A.
[Apostólica] R. [Romana], con exclu-
sión del exercicio público de cual-
quier otra”.
36
En ese sentido, si no
podemos hablar con contundencia
de una educación de futuros ciuda-
danos católicos; al menos diremos
que se trataba de una educación de
futuros ciudadanos pro-católicos.
Ahora bien, ¿qué cambios intro-
dujo el reglamento aprobado por el
Gobierno de Barrios? Dicho código
le abrió las puertas a la Iglesia Ca-
tólica para que ésta llevara la en-
señanza de la Doctrina Cristiana
hasta los salones de clase. Parecía,
entonces, que la Iglesia Católica
Salvadoreña había recobrado fuer-
zas en el ámbito educativo nacional,
mientras que el Estado se debilitaba
en cuanto ente forjador de ese “ciu-
dadano moderno” (entendiendo a
éste como aquel individuo llamado
a representar la soberanía política
de su pueblo y no los intereses par-
ticulares de una corporación, como
la Iglesia, por ejemplo) del que nos
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 130
Antonio Bonilla. La pereza.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 131
habla François-Xavier Guerra.
37
¿Por
qué?
Porque el reglamento avalado
por Barrios estableció el siguien-
te plan de estudios: “La enseñanza
que se de en las escuelas públicas
deberá reducirse estrictamente á
los siguientes ramos: lectura, escri-
tura, aritmética práctica, ortografía,
y doctrina cristiana”. Además, la
séptima obligación de los precep-
tores consistiría en “conducir á sus
discípulos á misa todos los domin-
gos y días festivos”.
38
A esto habría
que sumar el artículo tercero del
Concordato que al año siguiente fr-
marían Barrios y el Papa Pío IX:
En consecuencia la enseñanza en
las Universidades, Colegios, Escue-
las y demás Establecimientos de
Instrucción será conforme á la doc-
trina de la misma Religión Católica,
al cual efecto los Obispos y Ordi-
narios locales tendrán la dirección
libre de las Cátedras de Teología,
de Derecho Canónico y de todos los
ramos de enseñanza eclesiástica,
á mas de la infuencia que ejerce-
rán en virtud de su Ministerio sa-
grado en la educación religiosa de
la juventud, velarán porque en la
enseñanza de cualquiera otro ramo
nada haya contrario á la Religión ni
á la moral; y verifcándose este caso
los Obispos y Ordinarios llamarán
la atención del Gobierno para que
ponga remedio á ello.
39
Nada dijo el nuevo reglamento
sobre la enseñanza de los principios
de la Constitución de la República
del Salvador. ¿Era aquello señal de
un avance signifcativo del Ultra-
montanismo? Es muy probable que
así haya sido; por de pronto no te-
nemos más elementos a considerar.
Lo que sí podemos decir, sin temor
a equivocarnos, es que con el nuevo
plan de estudios el Estado formaría
a futuros ciudadanos creyentes, es
decir, católicos. Esto es lo que yo lla-
mo la educación de futuros ciuda-
danos católicos para una República
Católica. Ahora sí se tornaba clara
la otra herencia gaditana. Aunque,
en realidad, en honor a la precisión,
se trataba de una herencia colonial-
gaditana.
En 1873, bajo la presidencia de
Santiago González, un nuevo regla-
mento vendría a modifcar este plan
de estudios de la enseñanza prima-
ria. Lo interesante de este docu-
mento es que introduciría una ma-
teria que, en buena medida, reivin-
dicaría el reglamento de 1832. Esa
materia fue La Cartilla del Ciudada-
no. En dicha asignatura los niños
aprenderían los principios políticos
que fundamentaban al Estado sal-
vadoreño, así como los derechos y
los deberes de todo ciudadano. Con
todo, la enseñanza de la doctrina
cristiana, para alegría de la Iglesia
Católica, no fue eliminada.
40

¿Pero qué signifcaba realmente
esa coexistencia del Catecismo y la
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 132
Cartilla del Ciudadano en el salón
de clases, puesto que ya no pode-
mos repetir sin más que se trataba
de una herencia gaditana (enseñar
la doctrina de la Iglesia junto con
contenidos constitucionales)?
Por de pronto, diremos que esa co-
existencia es la prueba más eviden-
te que a esas alturas de la historia,
el Estado salvadoreño quería seguir
formando en las escuelas futuros
ciudadanos católicos. Por supuesto,
la introducción de la materia La Car-
tilla del Ciudadano —cuyo texto de
apoyo llevaba el mismo nombre y fue
escrito por Francisco Esteban Galin-
do—
41
signifcaba un avance impor-
tante, no sólo porque los ciudadanos
del mañana tendrían nociones más
claras de los fundamentos socio-po-
líticos de la República del Salvador,
sino porque con dicha asignatura en
las escuelas ganaban más terreno
las ideas modernas de corte liberal.
Por el librito Cartilla del ciudadano el
niño debía aprender que: “el hombre
es libre por naturaleza y fundamen-
talmente igual á los demás hom-
bres”; la sociedad salvadoreña era el
producto de un supuesto “pacto so-
cial”, cuyo objetivo y fn último con-
sistía en salvaguardar los derechos
naturales de cada individuo; la so-
beranía política reside en el pueblo
y éste “manda, prohíbe ó permite” a
través de la Constitución de la Re-
pública; El Salvador es un gobierno
republicano, popular, representativo
y alternativo; todo ciudadano debía
contribuir con sus bienes a los gas-
tos del Estado; ciudadano es aquel
“individuo de la sociedad, cuya ca-
pacidad para el manejo de las cosas
públicas está califcada por la ley y
en tal concepto se halla encargado
especialmente para ejercer el sufra-
gio”; etc. En pocas palabras, el día
de mañana el niño sería un ciudada-
no conocedor de sus deberes y dere-
chos políticos así como de los funda-
mentos sobre los que se asienta su
República, una República Católica.
Mientras la Doctrina Cristiana
siguiera estando presente —y así lo
era— a la par de todo eso el niño de-
bía aprender en las escuelas a rezar
el credo de la Iglesia Católica, guar-
dar sus mandamientos y memorizar
todo un conjunto de proposiciones
y prescripciones como verdades in-
falibles. A lo mejor —similar al caso
de Chile— para buena parte de la
Iglesia Católica salvadoreña, y para
algunos políticos de la época, no
había ningún problema con ser ca-
tólico, republicano e, incluso, ultra-
montano. Sol Serrano relata que en
el desarrollo del Concilio convocado
por el Papa Pío IX, en el momento
de argumentar a favor de la apro-
bación de la infalibilidad papal, el
obispo chileno Hipólito Salas llegó a
decir: “Yo vengo de una república,
yo soy republicano, pero católico,
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 133
apostólico, romano y también, per-
donadme, ultramontano”.
42
La Cartilla del Ciudadano se-
guiría siendo materia de estudio
después de la reforma educativa
zaldivariana-menendista, mas no la
Doctrina Cristiana. Se había opera-
do, entonces, un cambio trascen-
dental en los contenidos de apren-
dizaje que debían modelar la men-
talidad y conducta de los futuros
ciudadanos de la República. De ese
cambio nos ocuparemos en el tercer
y último apartado.
3. Por una República Laica. La
educación de los futuros ciuda-
danos en un Estado Laico
“No existe —decía Durkheim—
pueblo alguno donde no haya un cier-
to número de ideas, de sentimientos
y de prácticas que la educación deba
inculcar indistintamente a todos los
niños, independientemente de la ca-
tegoría social a la que pertenezcan
éstos”.
43
A juzgar por los contenidos
de enseñanza y los textos escolares
que entraron en vigencia a raíz de la
reforma, todo parece indicar que el
Gobierno del Estado salvadoreño ha-
bía decidido propagar nuevas ideas,
sentimientos y prácticas en la pobla-
ción salvadoreña a través de las es-
cuelas públicas primarias.
Y es que —digámoslo ahora— a
lo largo del siglo xix, tanto en Eu-
ropa como en América, la escuela
pública se convirtió en un escena-
rio indispensable para formar a los
futuros ciudadanos de los Estados
nacionales. En palabras de la inves-
tigadora María Luz Morán, la escue-
la es:
El espacio por excelencia en donde
se lleva a cabo la educación formal
de los futuros ciudadanos; diseña-
da y controlada por el Estado para
la transmisión de aquellos conte-
nidos básicos de las identidades
ciudadanas y de las capacidades
que permitirán la implicación en
la vida en común.
44
En El Salvador, a partir de la
reforma educativa cambiaría parte
importante de los “contenidos bá-
sicos” de enseñanza y se esperaba
forjar nuevas “capacidades” en los
ciudadanos del mañana.
Comencemos recordando que el
reglamento decretado en junio de
1889 eliminó del plan de estudios
la enseñanza de la Doctrina Cristia-
na. Domingo López podía estar más
tranquilo. Aquel sueño de forjar
desde la educación pública una Re-
pública Laica se acercaba más a la
realidad. ¿Pero qué argumentos dio
el Estado en torno a la decisión de
ya no enseñar más los dogmas de la
Doctrina Cristiana? No disponemos
de sufciente espacio para desarro-
llar esa cuestión. Pero citaremos un
hecho clave para hacernos una idea
de la respuesta a esta pregunta.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 134
Como era, y sigue siendo cos-
tumbre, cada año los ministros o
secretarios del Órgano Ejecutivo
presentaban su informe anual de
labores ante el Congreso de Diputa-
dos. En marzo de 1890 fue el turno
de Julio Interiano, Ministro de Ins-
trucción Pública, Fomento y Benef-
cencia. Ante el Congreso expuso lo
siguiente:
Las escuelas ofciales, señores
Diputados, han tenido que soste-
ner y sostienen aún una lucha te-
naz con un elemento poderoso de
nuestra sociedad: la intolerancia y
fanatismo de una parte de nuestro
clero. Este, valido de los medios
que pone en sus manos su minis-
terio y posición social, ha procura-
do desprestigiarlas entre las clases
ignorantes, tomando como arma
de combate la enseñanza laica
que se dá en ellas, en obediencia á
nuestra Constitución Política.
Desde que el Estado, reconociendo
un derecho inherente á la persona-
lidad humana, lo hizo práctico en
la libertad de cultos, debió hacer
abstracción de toda secta religio-
sa y limitarse á enseñar la religión
natural, como base y fundamen-
to de la moral universal que debe
ser á su vez base y fundamento de
toda secta, cuya práctica y ense-
ñanza no puede sinó estar enco-
mendada á los padres de familia o
encargados.
Una escuela es un compendio de
la sociedad. Esta es heterogénea:
no hay en ella unidad de creen-
cias. El Estado, pues, que recono-
ce los derechos de todos y garanti-
za la realización de ellos, no puede
enseñar práctica de ninguna secta
determinada y menos de muchas,
ni inculcar creencias dogmáticas
que están fuera del alcance de la
razón. El Estado es una entidad
colectiva y heterogénea. La fe le
es incompatible, y quien carece de
ella no puede comunicarla.
45
Era de esperarse que muchos
sectores de la Iglesia Católica salva-
doreña no recibieran con bombo y
platillo el broche de oro que el Es-
tado le había colocado a la consti-
tucionalmente educación laica: el
nuevo reglamento, que había dejado
fuera del plan de estudios la ense-
ñanza de la Doctrina Cristiana. Nue-
vamente: no se trata de un cambio
insignifcante. Se había desechado
un conjunto de contenidos que ha-
bía estado presente en la educación
de los niños desde tiempos colonia-
les. No era poca cosa lo que había
conseguido el Estado salvadoreño;
fruto, en buena medida, del proceso
secularizador iniciado por el Presi-
dente Santiago González. Tomándo-
le prestadas las palabras a François
Dubet: había llegado el momento de
“oponer al dominio de la Iglesia so-
bre la mente de los niños el de la
escuela pública, laica, gratuita y
obligatoria”.
Tenía razón esa “parte de nues-
tro clero” que menciona Interiano
en oponerse a la nueva educación.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 135
Pero a través de Interiano el Gobier-
no mostraba con mucha lucidez su
frmeza al respecto. Al defender el
carácter heterogéneo de la sociedad
salvadoreña el Estado estaba apos-
tando por una sociedad pluralista
y tolerante. Si la sociedad era he-
terogénea, el Estado también debía
serlo, tenía que dejar en el pasado
su confesionalidad. Aparte de que
sería inconstitucional abrazar un
credo religioso, impartir uno en las
escuelas sería irrespetar la plura-
lidad de sus habitantes. En esto el
Estado era sabio. Y David J. Guz-
mán lo sabía:
Para zanjar tantas difcultades
creadas por la diversidad de opi-
niones, el espíritu moderno ha
propuesto un medio razonable
que deja en paz á las conciencias
y á la libertad en pleno desenvolvi-
miento, es: la secularización de la
escuela. Es decir, la escuela laica,
institución del estado laico. De la
enseñanza primaria se excluye la
enseñanza del dogma. El precep-
tor se limitará á la difusión de la
ciencia humana. El sacerdote en el
templo enseñaría la ciencia divina.
Con esta transacción se salva la
ley, no se viola la libertad de cul-
tos, ni se hiere ningún credo.
46
Si el Estado ya no puede enseñar
la fe del cristiano católico, ni ningu-
na otra, ¿qué enseñará, entonces,
aparte de los contenidos tradicio-
nales (Lectura, Escritura y Aritmé-
tica)? ¿Qué nuevos conocimientos
debían aprender en la escuela los
futuros ciudadanos de la Repúbli-
ca? En una sola: ¿Cómo debía ser
el ciudadano del mañana a partir
de lo que los niños debían aprender
en las escuelas, según lo registrado
por algunos textos escolares de uso
docente? La respuesta se desglosa
en cuatro partes.
a. “La tolerancia es un dogma
establecido por la fuerza de la
razón”: por un ciudadano tole-
rante
Hemos apuntado ya la apuesta
de los gobiernos salvadoreños por
respetar la heterogeneidad y plura-
lidad de creencias de los salvadore-
ños. Esto signifcaba, en otras pala-
bras, fomentar el valor de la toleran-
cia entre los ciudadanos. Un Estado
confesional difícilmente toleraría la
práctica religiosa de credos distin-
tos al suyo; pero al interior de un
Estado declarado aconfesional los
ciudadanos debían aprender a ser
tolerantes. Refriéndose a la intole-
rancia religiosa, David J. Guzmán
escribía lo siguiente:
La intolerancia en materia de reli-
gión es la más cruel é inmoral de
las legislaciones. Por ella el hom-
bre, orgulloso, maligno é interesa-
do manda al hombre de parte de
Dios; sólo él es capaz de compren-
der lo justo é injusto, lo malo de
lo bueno. Examinar sus órdenes
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 136
es un crimen; impiedad oponerse
á ellas. Las revelaciones contradic-
torias se sobreponen á la razón y
á la conciencia reducidas al silen-
cio por la censura ó la maldad. Los
pueblos no tienen en esa legisla-
ción ideas fjas de los derechos del
hombre y de ella se han originado
calamidades, matanzas y trastor-
nos.
47
Cuando en un pueblo impera la
intolerancia en materia religiosa,
examinar, criticar o disentir de las
proposiciones de los que mandan en
nombre de Dios puede convertirse
en un crimen. Triunfan el dogmatis-
mo y el fanatismo por sobre la razón.
De acuerdo a lo que hemos mos-
trado en el apartado 2., desde 1861
la enseñanza de la Doctrina Cristiana
fue una de las obligaciones del Estado
salvadoreño. Entre otras cosas, los ni-
ños debían leer una y otra vez el Credo
del cristiano hasta que lograran me-
morizarlo. Reproducimos a continua-
ción la forma como se enseñaba:
P. Decid el Credo.
R. Creo en Dios, etc.
P. Qué hemos dicho ahora?
R. El Credo.
P. Quién hizo el Credo?
R. Los Apóstoles
P. Para qué?
R. Para informarnos en la Fe.
P. Y nosotros para qué lo decimos?
R. Para confesarla, y confrmarnos más en
ella.
P. Qué tan ciertas son las cosas que la Fe
nos enseña?
R. Como verdades infalibles, dichas por Dios,
que ni puede engañarse, ni engañarnos.
P. De dónde sabeis vos haberlas dicho Dios?
R. De nuestra Madre la Iglesia regida por el
Espíritu Santo.
P. Qué tan necesario es creerlas?
R. Tanto, que sin Fe de ellas nadie puede
ser justo, ni salvarse.
P. Y podrá con Fe sola?
R. No, padre, sin Caridad y buenas obras.
P. El Credo y Artículos, son una misma cosa?
R. Sí, padre.
48
Las “verdades infalibles” no ad-
miten crítica alguna. Esas verdades
que la escuela enseñaba tenían en la
Iglesia a su frme defensora; la auto-
ridad de ésta en materia de dogmas
era, y sigue siendo, incuestionable.
La Iglesia nunca toleraría la herejía.
Por eso Rafael Reyes en su obra Mis-
celánea, que fue destinada en 1889
como texto escolar para uso docen-
te, enflará sus críticas contra la in-
tolerancia de la Iglesia. Miscelánea,
como su nombre lo indica, constitu-
ye una recopilación de diversos artí-
culos que Reyes publicó en distintos
periódicos del país en el último ter-
cio del siglo XIX. Quiero ahora des-
tacar un artículo que sobresale por
su defensa de la tolerancia religiosa.
El texto lleva por título “Los Herejes”.
Allí el autor narra una conversación
iniciada entre una madre y su hija.
Ésta pregunta quiénes son los here-
jes, a lo que recibe por respuesta:
… son esas personas irreligiosas
que niegan la existencia de Dios
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 137
y la divinidad del redentor de los
hombres. —Tengo entendido ade-
más, que los masones son de ese
número y su único propósito es
destruir la religión y todo lo que en
el mundo haya digno de veneración
y respeto. —Huye, hija mía, huye
de esos hombres que han nacido
para castigo de las personas devo-
tas y verdaderamente cristianas
.49
La hija queda convencida de las
palabras de la madre y concluye lo
siguiente: “Aborrezco, pues, á esos
malvados indignos de la luz del sol;
gritaré siempre contra ellos, los mal-
deciré y les haré todo el mal posible;
pediré á Dios por su ruina y, Dios me
debe oír porque lo haré de todo cora-
zón y obraré en defensa de su cau-
sa”. De pronto, el padre ingresa a la
casa e interroga a la hija al respecto.
Esta explica al padre su enojo contra
los herejes, ya que no puede tolerar a
quienes se declaran enemigos de Dios
y de la religión católica. El padre le
advierte que ha hecho mal en consul-
tarle a su madre sobre cuestiones tan
delicadas y comienza a corregir lo que
la hija ha captado sobre la existencia
de los herejes. Primero le aclara que
“Herejía signifca elección, es decir, el
hecho de adoptar una opinión entre
dos o más que versan sobre un pun-
to de fé sin atender á la opinión de la
Iglesia Romana. —Solo á los cristia-
nos interesan esas cuestiones, y son
los únicos que se mantienen dispu-
tando sobre ellas”. Luego le hace ver
que “no todos son cristianos. —Exis-
ten en el mundo muchas religiones,
siendo las principales el cristianismo,
el judaísmo, el islamismo, el brahma-
nismo, el budhismo, el nankeismo,
el feticismo y el sabeísmo, sin contar
con la religión natural cuyos princi-
pios sirven de base á las demás…”. A
lo que ella responde si es permitido
tomar partido por dos religiones a la
vez, y la respuesta de él es: “—Eso no
es posible, porque cada una tiene el
don de exclusivismo y cree poseer la
verdad, y de aquí ha venido la nece-
sidad de respetarlas todas en tanto
que no pugnen con la moral ni con
el orden público. La tolerancia es un
dogma establecido por la fuerza de la
razón”.
50
A modo de corolario, afrma
el padre:
Explicado esto, por demás está de-
cirte que no es inmoral criticar los
abusos del clero.—Los clérigos son
hombres y pueden abusar como
los demás.—¿Quién será más cul-
pable, el que abusa ó el que critica
el abuso? Es evidente que el prime-
ro.—Por otra parte, no todos son
malos, y de ahí viene precisamente
el deseo de las personas honradas
de que los clérigos sean un modelo
en virtud y de tolerancia. —Criti-
car los abusos de la persona del
clero no es atacar la religión—, y,
por el contrario, el que abusa de
ella la ataca por su base.
Desde el ámbito de la legislación
educativa pública primaria, el Esta-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 138
Antonio Bonilla. La envidia.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 139
do salvadoreño estaba desafando
seriamente a la encíclica Quanta
cura y al Syllabus. La educación
pública se tornaba laica; el Catecis-
mo de la Iglesia se iba expulsado de
las escuelas; se proclamaba la liber-
tad de cultos y tanto David J. Guz-
mán como Rafael Reyes apelaban
a la tolerancia religiosa como prin-
cipio establecido por la fuerza de
la razón. Como liberales que eran
creían que el orden social y la bue-
na marcha de la cosa pública tenían
su fundamento en el respeto a las
libertades del individuo, y una de
ellas consistía justamente en adop-
tar, sin imposiciones ni coacciones,
el credo religioso que uno quisiese.
Se partía del supuesto —sustentado
en la Constitución de 1883 y en la
de 1886— que en las escuelas ya no
se enseñarían “verdades infalibles”
de un credo religioso en particular.
Mas bien se buscaría forjar desde
las aulas a futuros ciudadanos to-
lerantes y respetuosos de las leyes
de la República, de una futura Re-
pública Laica.
b. Conocer y amar la Patria: del
“cielo” y del “inferno” al conoci-
miento de la grandeza de la Nación
El Catecismo de Ripalda era uno
de los medios por los que los niños
tenían noticia del inferno, como tam-
bién del cielo. Con el aprendizaje y
el fel cumplimiento de los preceptos
establecidos en el Catecismo, los fu-
turos ciudadanos debían vivir para
ganarse el cielo y temer y rechazar el
inferno. Por el Catecismo el niño de-
bía creer que Jesucristo “descendió á
los infernos, y sacó las almas de los
Santos Padres que estaban esperan-
do su santo advenimiento… creer que
subió á los cielos, y está sentado á la
diestra de Dios Padre todopoderoso”.
51

El cielo era la promesa para el buen
cristiano. Para ganárselo debía, entre
otras cosas, evitar los siete pecados
capitales (soberbia, avaricia, lujuria,
ira, gula, envidia y pereza) poniendo
en práctica siete virtudes (humildad,
largueza, castidad, paciencia, absti-
nencia, caridad y diligencia).
¿Pero qué imagen del inferno se
les inculcaba a los niños? El Padre
Ripalda dibuja esa imagen cuando
explica los artículos de fe relativos a
la santa humanidad de Jesucristo:
P. Decís que bajó á los infernos: qué enten-
déis vos por infernos?
R. Cuatro senos ó lugares de las ánimas que
no van al cielo.
P. Cuáles son?
R. El primero, el de los condenados, que
mueren en pecado mortal. El segundo, el
de los niños, que mueren sin Bautismo.
El tercero, el purgatorio de los justos, que
tienen que purgar. El cuarto, el que ha-
bía de los justos, después que no tenían
que purgar, donde estaban como deposi-
tados”.
52
Inferno era sinónimo de no-
cielo. La Iglesia era la encargada de
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 140
hacer que las almas obtuviesen la
gracia del cielo. Para ello debía lu-
char contra tres grandes enemigos:
el mundo, el demonio y la carne.
Por sobre todo, pues, en la mente
y conducta del niño debía imperar el
primer mandamiento: “amar a Dios
sobre todas las cosas”. Esto lo apren-
día el niño en las escuelas, junto con
los principios de Aritmética y algunas
nociones de Gramática Castellana.
Pero como hemos demostrado hasta
el momento, la enseñanza del Cate-
cismo fue expulsada de las escuelas,
al mismo tiempo que nuevos conteni-
dos fueron incorporados al currículo.
Fue así que entró en escena la ma-
teria Historia Patria. La asignatura
como tal no era enteramente nueva,
pues ya el reglamento de 1873 regis-
traba la materia Nociones Elementa-
les de Historia (principalmente la del
país). Pero con el nombre de Historia
Patria era la primera vez que apare-
cía. Como texto escolar se destinó a
partir de 1888 el libro Nociones de
Historia del Salvador, escrito por Ra-
fael Reyes. La enseñanza de dichos
contenidos sería de fundamental im-
portancia para crear/recrear el ima-
ginario de una nación en la mente de
los futuros ciudadanos. Como bien lo
apunta Carolyn P. Boyd al analizar el
caso de España:
La historia en las escuelas tenía
como objeto ofrecer a los niños
una memoria colectiva, compues-
ta de mitos y símbolos que repre-
sentaban el carácter y el espíritu
de la comunidad nacional y, al
menos implícitamente, defnía las
responsabilidades de los buenos
ciudadanos… Los liberales consi-
deraban esencial el conocimiento
del pasado para el desarrollo de
ciudadanos responsables y patrio-
tas.
53
Por cuestiones de espacio no
entraremos al estudio del texto de
Rafael Reyes; nos limitaremos a de-
sarrollar algunas ideas de aquellos
textos escolares que insistían en la
importancia de conocer y amar la
Patria salvadoreña.
Cuando David J. Guzmán está
justifcando su plan de estudios
para las Escuelas Normales del país
señala lo siguiente:
Se habrá notado también que en
el primer año, primer curso, he
colocado el estudio de la historia
y geografía de Centro-América y
especial del Salvador. Esto me pa-
rece lógico á toda luz: necesario
es al niño conocer primero la tie-
rra en que nació, donde se meció
su cuna, donde respiró el primer
aire, donde contempló las monta-
ñas, los lagos y ríos magestuosos
y los azulados horizontes perdidos
en un mar de verdura, donde co-
menzó á iniciarse en los primeros
actos de la vida civilizada, donde
comenzó á amar y á conocer ese
pedazo de tierra que se llama pa-
tria y que ya grande, ya pequeña
se ama bajo todas las latitudes.
54
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 141
Guzmán estaba pensando en
la educación de quienes serían los
futuros profesores de los futuros
ciudadanos de la República. Nóte-
se el tremendo contraste al pasar
de un texto —el Catecismo— que
prescribía amar a Dios por sobre to-
das las cosas a otro que insiste en
que los niños “deben conocer bien
y amar con todo el cariño que ins-
pira la cuna y la tierra de nuestros
mayores”.
55
Se había operado aquí
un cambio importante: del miedo
al inferno y la promesa de un cielo
pasamos al imperativo de conocer y
amar nuestra Patria. No es que la
enseñanza de lo religioso haya des-
aparecido, de eso se ocuparían los
curas y padres de familia, pero la
escuela pública enseñaría un nuevo
amor, el amor a la Patria. A partir
de un primer análisis de la obra que
estamos citando, es claro que Guz-
mán toma Patria y Nación como si-
nónimos. Por tanto: la enseñanza de
la materia Historia Patria vendría a
crear nuevos vínculos y lealtades en
los ciudadanos; ya no para con una
corporación en particular, la Iglesia
Católica, sino para con la Nación.
A este hecho pueden aplicarse las
palabras de Carlos Gregorio López
cuando éste —al analizar el surgi-
miento de los estados-nación— se-
ñala que “los vínculos tradicionales,
como aquellos relacionados con la
religión, la etnia o la familia, son
desplazados y de ser posible anula-
dos por una lealtad suprema hacia
el Estado-nación”.
56

Ahora bien, ¿qué hechos o acon-
tecimientos deberá aprender el ciu-
dadano del mañana? Así responde
Guzmán:
Las primeras lecciones deben refe-
rirse al conocimiento de los prin-
cipales personajes de la nación y
de los hechos que ellos cumplie-
ron ó en que tomaron parte; los
rasgos más característicos sobre
los acontecimientos que más han
infuido en la gloria, poderío, ri-
queza, abatimiento ó pobreza del
país: independencia nacional, fe-
deración de los Estados, desarro-
llo del comercio, de la industria, de
la agricultura, guerras, batallas,
luchas intestinas, actos de heroís-
mo y de abnegación, vicisitudes,
calamidades con que ha expia-
do sus errores la nación; hechos
culminantes que han infuido en
el progreso moral y físico, en las
leyes é instituciones; tratando á
la vez de despertar y robustecer
el sentimiento profundo de amor
al suelo que forma la patria ó en
donde está contenida, á los hom-
bres que la han ilustrado ó servido
con el talento, con su actividad y
patriotismo, con el valor y la espa-
da, recordando ejemplos dignos de
hacer nacer en los alumnos el estí-
mulo, el honor y la gloria.
57
La Patria, entonces, es una idea
que reúne la tierra, el suelo, los
acontecimientos y personajes que,
en positivo o negativo, han marca-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 142
do la historia del país. Es, a su vez,
el conjunto de leyes e institucio-
nes que se han logrado consolidar.
Y esto lo debe conocer, respetar y
amar el niño. Para Rafael Reyes
La idea de Patria… envuelve los in-
tereses morales y políticos de un
pueblo, su honra, su riqueza, su
gloria, el respeto que el Gobier-
no verdaderamente paternal que
debe existir, tenga por los dere-
chos individuales (sic), la ingeren-
cia legal que los ciudadanos ten-
gan en los negocios públicos y el
celo decidido que debe tener por
todo lo que afecté á los intereses
de la nación.
58
Como puede apreciarse, Patria
era un concepto político bastante
amplio, iba desde la idea de tierra
o suelo, pasando por los aconteci-
mientos y personajes más relevan-
tes, hasta el “celo decidido” que debe
sentir el ciudadano por las cuestio-
nes e intereses de su Nación. Para
aquellos que creían en una nueva
educación, enseñar a los niños —
ciudadanos del mañana— el celo y
el amor por la Patria era una cues-
tión de primera importancia.
c. Formar futuros ciudadanos
conocedores de la Ciencia
Aquellos ideólogos de la educa-
ción como David J. Guzmán, Fran-
cisco Esteban Galindo y Rengifo
Núñez sabían de la importancia de
educar a los ciudadanos del mañana
en el manejo de los conocimientos
científcos. Que los estudiantes de-
sarrollaran habilidades de carácter
científco sería de gran importancia
para el progreso nacional que tanto
se ansiaba. En este punto jugó un
papel crucial la introducción de los
nuevos métodos de enseñanza. Uno
de los obstáculos a remover era la
enseñanza memorística. La idea era
“despertar” en el estudiante nuevas
habilidades. Para ello se echó mano
de las ideas pedagógicas de raigam-
bre pestalozziana. En una crítica a
los métodos memorísticos y elogian-
do a la vez las innovaciones de Pes-
talozzi, Rengifo Núñez señalaba que:
La enseñanza antigua, sujeta al
capricho del individuo, descansa-
ba en el empirismo y la mecánica
rutina. Sin métodos y sin princi-
pios para alcanzar el perfecto y
armónico desarrollo, la escuela no
era el foco luminoso de los pueblos
donde se encendía el pensamiento
de las generaciones, se formaban
hombres razonadores, indepen-
dientes, dueños de sus acciones,
sinó ciegos repetidores, cotorras
sin sentido, cuyo ruido de pala-
bras dejaba sólo cansancio nocivo
y fatiga abrumadora en el espíritu
de los niños. Hoy, la escuela civili-
zada, debido á tantos apóstoles de
la educación y en particular á Pes-
talozzi, quien en las escuelas de
Iverdon y Stanz llamó la atención
general de la Suiza y la Alemania,
poniendo en práctica las teorías
de Juan Jacobo Rousseau, es el
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 143
crisol donde se funde la inteligen-
cia, se aquilata el sentimiento; el
ayunque en que la idea luminosa,
incandescente, salta al golpe del
maestro hábil é ilustrado en odas
de luz, que disipan palabras, que
vivifcan el alma, y á cuyo calor se
educa el ciudadano sólida y prác-
ticamente, se levanta la sociedad
hasta su ideal y se engrandecen
las naciones.
59
En efecto, en el entendimien-
to de los reformadores había llega-
do la hora de enseñar a partir de la
observación; más que memorizar o
repetir el niño debía aprender ob-
servando y practicando. Por eso el
nuevo plan de estudios introdujo la
materia Enseñanza Objetiva desde
el primer grado. En dicha materia,
antes que aprender a memorizar
palabras o conceptos el niño apren-
dería a observar las cosas, los obje-
tos; debía empezar a familiarizarse
con la forma, el tamaño, el color, la
contextura, etc. de las cosas y luego
pasar al terreno de las defniciones,
de las teorías. En este sentido, edu-
car científcamente signifcaba, por
un lado, que el niño debía aprender
a observar, experimentar y escrutar
su realidad; por el otro, asegurarse
de que el niño llevara un aprendiza-
je progresivo desde el primer hasta
el último grado. Si recordamos, esta
era una de las exigencias que plan-
teaba Rafael Reyes en su propuesta
de reforma. Galindo afrmaba que el
buen maestro debe educar los senti-
dos del niño poniéndolos en contac-
to con los objetos que le rodean, esto
con la fnalidad de que aprendan a
observarlos, describirlos y, poste-
riormente, comprenderlos. No se
debe entrar en razonamientos dema-
siado elevados con los niños, puesto
que en esta edad de su infancia lo
propio de ellos es la observación y la
experimentación. Por tanto, deben
aprender a usar la vista, el oído, el
gusto, el olfato y el tacto.
60
Al referirse a la materia Ense-
ñanza Objetiva, Guzmán se expre-
saba en los siguientes términos:
Las lecciones objetivas no son una
enseñanza científca por sí, pero
no queda duda que abren el cami-
no para llegar más tarde á la cien-
cia. Ver bien. Observar, distinguir
y juzgar son ya elementos precio-
sos en el desenvolvimiento de toda
instrucción.
Las lecciones objetivas son la for-
ma más práctica, fexible, inteligi-
ble del método natural; es decir,
de ese sistema gradual en el de-
sarrollo de las intuiciones que se
desenvuelven desde los rudimen-
tos hasta los más elevados conoci-
mientos.
61
Qué mejor manera, entonces, de
entrar al conocimiento de las cien-
cias naturales a través de las Lec-
ciones Objetivas. A criterio de Guz-
mán, la enseñanza por medio de
la observación era el mejor método
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 144
para aprender de la fsiología, zoo-
logía, física y la botánica (materias
enteramente nuevas a partir del re-
glamento de 1889).
62
Con lo cual se
ganaba por partida doble: el niño
aprende los primeros principios de
las ciencias y el maestro perfeccio-
na el método de enseñanza. Con esa
formación el niño quedaría habilita-
do para aplicar los conocimientos
en su futuro trabajo o en los futuros
estudios, en caso de que continuara
la enseñanza secundaria y superior.
Por supuesto, el Gobierno tenía
frente así una tarea ardua y com-
pleja. No obstante, a juzgar por las
fuentes consultadas, el Gobierno de
Menéndez estaba dando pasos im-
portantes en el mejoramiento de la
calidad educativa. A principios de
la década de 1880, el Ministerio de
Instrucción Pública apenas conta-
ba con tres inspectores para todo
el país; mientras que al cierre de
la década disponía de un inspector
por dos departamentos, el avance
era signifcativo.
63
A partir de 1889
la revista Nueva Enseñanza llevó un
registro exhaustivo de los textos y
útiles escolares que se enviaban a
las escuelas, y no era poca cosa lo
que se despachaba.
64
Los reglamen-
tos de la Escuela Normal de Varo-
nes y Colegio Normal de Señoritas
también fueron actualizados, se pu-
sieron en sintonía con la reforma de
la escuela primaria.
65
A esto habría
que agregar las buenas noticias que
los mismos reformadores daban al
respecto.
66
Todo parece indicar que
sí había nacido una promesa de
cambio para la educación primaria
de El Salvador.
El interés por forjar futuros ciu-
dadanos tolerantes y amantes de su
Patria encajaba perfectamente con
la promesa de formar un ciudada-
no hábil en el manejo de algunos
conocimientos científcos. Con el
Catecismo en el aula, mañana ten-
drían a un ciudadano dogmático e
intolerante, incluso, fanático; con
el aprendizaje del saber científco,
los niños aprenderían a observar,
experimentar e indagar su realidad,
a la vez que irían asimilando cada
vez más las explicaciones científcas
de los fenómenos naturales. Era la
vía adecuada para cosechar ciuda-
danos pensantes, críticos y toleran-
tes. El cielo y el inferno se habían
borrado del horizonte escolar; ha-
bía llegado el turno de la física, la
geografía y la zoología, entre otras.
Por otro lado, conocer a través de la
escuela la digna historia de la Pa-
tria signifcaba, en cierta medida,
entrar en el aprendizaje de otro tipo
de ciencia, la Historia. El niño no
sólo conocería los orígenes, progre-
sos, retrocesos y estado actual de
su Patria, sino que a la vez tendría
contacto con otra forma científca
de estudiar la realidad: la Historia.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 145
El nuevo docente debía abandonar
los viejos métodos afncados en la
mecánica repetición de las lecciones
por parte del estudiante. Los nue-
vos métodos pedagógicos exigían li-
berar el cuerpo del educando, éste
necesitaba observar, medir, cuanti-
fcar, pensar, en suma, aprender de
la realidad.
d. “Mens sana in corpore sano”:
ciudadanía y el cuidado del
cuerpo
Así como la Iglesia Católica por
larguísimos años había impuesto
infnidad de restricciones al cuer-
po, a la corporalidad humana; así
también, aquel Estado salvadoreño
que se ensanchaba en su poder y
funciones introduciría preceptos
para la vigilancia del cuerpo en las
escuelas. Por supuesto, ahora el
Estado ya no compartiría el mismo
interés de la Iglesia en el tratamien-
to del cuerpo. En un apartado de
la enseñanza de la Doctrina Cris-
tiana, el profesor debía preguntar
a los niños “¿Cuál es la insignia y
señal del cristiano?”, a lo que de-
bían responder: “La santa Cruz”.
Nuevamente, el maestro debía in-
terrogar: “¿Cuándo es bien usar de
la señal de la Cruz?”, y los niños
debía responder al unísono: “Siem-
pre que comenzáremos alguna obra
ó nos viéramos en alguna necesi-
dad”. Hacerse la señal de la Cruz
sobre la frente (sede de los buenos
y malos pensamientos), la boca (que
bien puede hablar con la verdad o
levantar falsos testimonios) y el pe-
cho (donde está la fuerza que nos
empuja a las buenas o malas accio-
nes) signifcaba santiguar el alma y
el cuerpo. Al santiguarse, el futuro
ciudadano confrmaba su fe, invo-
caba el poder del Dios Trino y ponía
“a salvo” su cuerpo y alma. Al pri-
mero, de acciones y malas palabras;
a la otra, de malos pensamientos.
Para el sistema educativo que
la reforma estaba dejando atrás el
cuerpo debía cuidarse para servir a
Dios. Así los señalaba el Catecismo:
P. Sobre el primer Mandamiento os pregun-
to: A qué nos obliga el amor de Dios?
R. A adorarle á él solo como á Dios, con Fe,
Esperanza y Caridad.
P. Cómo se ha de adorar?
R. Con reverencia de cuerpo y alma.
P. Pues siendo Dios espíritu, no bastará la
del alma?
R. No, padre; que hubimos de él también el
cuerpo.
67
Era claro el poder ideológico que
aún conservaba la Iglesia Católica.
Pero la reforma educativa vendría a
darle otra dirección a la formación
del cuerpo. El Estado exigirá la for-
mación de cuerpos sanos, vigorosos
y bien disciplinados, ya no para ser-
vir a Dios, sino para que sirvan al
progreso y la defensa de la Patria.
Así lo planteó Guzmán:
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 146
Antonio Bonilla. La soberbia.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 147
Es de suma infuencia esta edu-
cación física en un país en donde
todos los ciudadanos pueden ser
llamados en un momento dado á
prestar sus servicios á la nación
y á defender la integridad de la
patria. De aquí la utilidad de las
maniobras militares en las escue-
las, como la posición natural del
cuerpo, el aire marcial, el conti-
nente grave, los movimientos en
el pelotón, de frente, de fanco, en
diferentes pasos, acompañando si
posible es el manejo de pequeños
modelos de armas. Esto acostum-
bra á las reglas y á la disciplina.
68
Tanto Guzmán como Galindo
pensaron en una educación cor-
poral de tipo militar. Hasta cierto
punto, podría hablarse de la forma-
ción de un futuro ciudadano cua-
si soldado. El reglamento de 1889
instituyó a partir del primer grado
de estudios la práctica de Ejercicios
Militares. Galindo, antes de que se
decretara el nuevo reglamento, llegó
a afrmar que:
Los maestros, todos los días deben
obligar á los niños á hacer ejerci-
cios moderados y bajo su vigilan-
cia. Deben siempre establecer or-
den en estos ejercicios: la marcha
debe tener la forma de la militar:
el salto ha de subordinarse á un
sistema; lo mismo debe decirse del
baile; y en cuanto á la calistenia,
solo reinando el orden se pueden
hacer los graciosos movimientos y
las evoluciones que la constituyen.
Lejos de reputar las horas de re-
creo como tiempo perdido é inútil,
deben los maestros aprovechar-
las para darles á los alumnos la
educación física que necesitan y
considerar la dirección de los ejer-
cicios como una de tantas clases
de la escuela y como una de sus
principales é importantes obliga-
ciones.
69
Los conocimientos científcos
debían ponerse al servicio de una
nueva escuela que buscaba disci-
plinar el cuerpo de los futuros ciu-
dadanos, ya no para servir y honrar
a Dios, sino para servir a la Patria.
En cualquier caso, esto último sería
lo principal.
En realidad, el interés por disci-
plinar el cuerpo de los ciudadanos
del mañana se justifca por distin-
tas tradiciones. En primer lugar,
hay una clara alusión a los valores
del ciudadano de la Antigüedad. Al
respecto, Guzmán señala que:
los legisladores, desde remotos
tiempos, no [han] descuidado dar
leyes para fomentar la educación
física de los ciudadanos por medio
de la gimnástica, convencidos de
que si hay un medio efcaz para
regenerar y robustecer las razas
es dando salud, fuerza y belleza al
cuerpo. Así los comprendieron los
griegos y los romanos cuyos gue-
rreros sobresalían en fuerza, agili-
dad, belleza, disciplina, moralidad
y entusiasmo, elementos preciosos
que les permitieron alcanzar gran-
des y heroicas conquistas.
70
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 148
En cierta medida, quienes soña-
ban la República Laica de El Sal-
vador soñaban, a la vez, con forjar
ciudadanos saludables, vigorosos y
ágiles, capaces de defender a la Pa-
tria y darles a los conciudadanos he-
roicas batallas. Por supuesto, este
interés por la formación de carácter
militar tampoco debe entenderse de
espaldas a las continuas guerras
que se desataron en el Istmo cen-
troamericano a lo largo de todo el si-
glo XIX. La historia indicaba que la
República se debatía en permanen-
te amenaza, por tanto el Estado de-
bía disponer de ciudadanos capaces
de defenderla. En segundo lugar, se
hizo presente un discurso científco
higienista. Discurso que, a juzgar
por las fuentes, tuvo más arraigo en
Guzmán. Este afrmaba que “El ob-
jetivo capital de la educación física,
en el entender de sabios higienistas
y pedagogos, es, disminuir la irrita-
bilidad nerviosa, vigorizar el sistema
muscular, robustecer la digestión,
dar tono á la imaginación y aptitud
para el trabajo”.
71
Esta perspectiva
de disciplinamiento del cuerpo co-
braría más fuerza hacia fnales del
XIX y principios del XX.
72
La bue-
na educación del cuerpo se pondrá
en relación con el estudio del clima,
la importancia de la vacunación, la
alimentación y la buena ventilación
de los estudiantes en las escuelas.
En tercer lugar, el interés en la bue-
na formación del cuerpo formaba
parte de los principios pedagógicos
de corte Pestalozzi-frobeliano que
los reformadores habían asumido.
Principios que también señalaron
Rousseau y Condorcet, y el mis-
mo Herbert Spencer. Nos referimos
a la educación intelectual, moral
y física. A modo de crítica al viejo
dualismo antropológico occidental,
estos autores insistieron en enten-
der al ser humano como un ser in-
tegral portador de tres facultades:
intelectual, física y moral. La bue-
na educación, en ese sentido, debía
atender de modo íntegro a las tres
facultades. Así lo entendía Galindo:
Educar es mejorar al hombre, di-
rigiendo bien y desarrollando ar-
mónicamente sus facultades. La
educación se divide en física, in-
telectual y moral. La primera tiene
por objeto desarrollar, vigorizar y
perfeccionar el organismo. La se-
gunda habitúa á la observación y
á la atención, da exactitud al ra-
ciocinio y enriquece y desarrolla
todas las facultades intelectuales.
La tercera forma el carácter, dirige
las pasiones y habitúa á la prácti-
ca Moral.
73
Esa visión integral del ser hu-
mano será asumida también por el
flósofo alemán Enrique Krause y
tendría impacto en España en krau-
sistas como Francisco Giner de los
Ríos.
74

REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 149
Refexiones fnales
Con la reforma educativa el Go-
bierno salvadoreño le estaba apos-
tando a una nueva educación física,
intelectual y moral. Respecto de lo
físico, en lugar de santiguarse, el
futuro ciudadano debía aprender a
cuidar su cuerpo a través del ejerci-
cio: vía calistenia, gimnasia o ejerci-
cios militares. La buena disposición
moral y el excelente rendimiento in-
telectual estarían en estrecha rela-
ción con un cuerpo saludable y vigo-
roso. Además, estaría en condicio-
nes para defender esa Patria que en
la misma escuela debía aprender a
amar. Por el otro lado, la nueva edu-
cación intelectual demandaba forjar
mentes hábiles en la observación, la
auscultación y experimentación de
las cosas. La educación memorís-
tica y dogmática era un obstáculo
serio. El país demandaba ciudada-
nos pensantes, críticos y abiertos a
los nuevos conocimientos del saber
científco. Finalmente, se necesita-
ba una nueva moral. No la moral del
fanatismo y de la intolerancia, sino
la moral de la laicidad, que supie-
ra respetar la libertad de cultos y la
pluralidad de ideas en la sociedad.
Si la Iglesia Católica imponía por la
fuerza que las verdades de fe eran
“infalibles”, Rafael Reyes increparía
que la fuerza de la razón nos empu-
ja hacia la tolerancia. Y como el Es-
tado de ahora en adelante tendría
su asidero en la sola razón —pues,
como dijera Julio Interiano: al Es-
tado la fe le es incompatible, de ahí
que no hay forma de comunicar-
la—, entonces no había otro camino
más que promover la tolerancia en-
tre los ciudadanos. Ahora el Estado
Laico soñaba con forjar una Repú-
blica Laica. La Iglesia continuaría
su misión de formar católicos, para
ello contaba con el trabajo de sus
ministros y los padres de familia.
Los cultos seguirían abiertos a todo
el público; pero una vez expulsado
el Catecismo de la Iglesia Católica
de las escuelas primarias, el Esta-
do salvadoreño se encaminaba a la
tarea de formar futuros ciudadanos
laicos.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 150
1 Este ensayo forma parte de una investigación
mucho más amplia que actualmente está en
curso.
2 “Mutaciones cruzadas: la ciudadanía y la es-
cuela”, en Jorge Benedicto, María Luz Morán,
Aprendiendo a ser ciudadanos. Experiencias
sociales y construcción de la ciudadanía entre
los jóvenes, Instituto de la Juventud, Madrid,
2003, p. 219.
3 Al respecto, ilustrativas son las palabras de
Marta Irurozqui cuando analiza el caso de Bo-
livia: “Dado que la soberanía de la nación resi-
día en el pueblo, éste se manifestaba como tal
eligiendo a sus representantes en las urnas.
Las elecciones eran, entonces, el mecanismo de
legitimación periódica de un gobierno popular
y el momento en que el pueblo se manifesta-
ba soberano”, en Marta Irurozqui, “Los mil y
un senderos de la ciudadanía. Refexiones y
propuestas historiográfcas sobre el desarrollo
de la ciudadanía en América Latina”, en Pilar
García Jordán (Ed.), Estado, región y poder local
en América Latina, Siglos XIX-XX, Publicacions i
edicions de la Universitat de Barcelona, Barce-
lona, 2007, pp. 82-114.
4 Véase: Marta Elena Casaús Arzú, Teresa
García Giráldez, Las redes intelectuales cen-
troamericanas: un siglo de imaginarios nacio-
nales (1820-1920), F y G Editores, Guatema-
la, 2005, p. 45; Sonia Alda Mejías, “El debate
entre liberales y conservadores en Centro-
américa. Distintos medios para un objetivo
común, la construcción de una república de
ciudadanos (1821-1900)”, Espacio, Tiempo y
Forma. Serie V, Historia Contemporánea, Año
2000, n. 13, pp. 271-311; Héctor Pérez Brig-
noli (Ed.), Historia general de Centroamérica.
Tomo III: De la ilustración al liberalismo (1750-
1870), Sociedad Estatal Quinto Centenario y
FLACSO, Madrid, 1993, p. 10. Para el resto
del continente sugiero el Diccionario político y
social del mundo iberoamericano. Iberconcep-
tos I, Fundación Carolina, Sociedad Estatal
de Conmemoraciones Culturales y Centro de
Estudios Políticos Constitucionales, Madrid,
2009. Un análisis interesante de México y los
Estados Unidos se encuentra en: Erika Pani,
“La calidad de ciudadano. Pasado y presente.
Los ritmos del sufragio en México y en los Es-
tados Unidos: 1776-1912”, en: http://www.
istor.cide.edu/archivos/num_15/dossier4.
pdf
5 Al aplicar el concepto de República Católica al
caso de El Salvador me inspiro en el libro de
Sol Serrano: ¿Qué hacer con Dios en la Repú-
blica? Política y secularización en Chile (1845-
1885), Fondo de Cultura Económica, Chile,
2008. En un momento de su análisis, la auto-
ra señala lo siguiente: “La Independencia ha-
bía socavado las bases del Antiguo Régimen,
pero, al contrario de la Revolución Francesa,
el catolicismo siguió siendo uno de los pilares
de la nueva República. Lo había sido en toda
América y lo era para toda la población. Cada
texto constitucional lo consagró y esa unidad
era tan natural para católicos y legisladores
como lo era para el cura párroco que las ban-
das militares acompañaran la procesión del
santo patrono… Mucha agua había corrido en
la historia europea y eran precedentes funda-
mentales para América, pero este continente
construía a su vez un nuevo camino, el de
las Repúblicas Católicas” (p. 61. Las cursivas
son mías). En esta misma línea interpretativa,
cuando Annick Lempérière analiza la primera
Constitución (1824) de México independiente
señala que ésta “implicaba el reconocimien-
to de la identidad católica de la república”
mexicana. Véase: Annick Lempérière, “X. De
la República corporativa a la Nación moder-
na, México (1821-1860)”, en Antonio Annino,
François-Xavier Guerra (Coords.), Inventando
la nación. Iberoamérica siglo XIX, Fondo de
Cultura Económica, México, D. F., 2003, pp.
316-346.
6 “Acta de la Cámara de Senadores. Vigési-
ma novena sesión de la Cámara de Senado-
res, celebrada el día nueve de febrero de mil
ochocientos ochenta y tres”, Diario Ofcial, 40,
Viernes 16 de Febrero de 1883, p. 158.
7 Diario Ofcial, 55, Martes 6 de Marzo de 1883,
p. 233.
8 Detalles de la Constituyente de 1885 pueden
verse en: Roberto Armando Valdés Valle, “Ma-
sones, liberales y ultramontanos salvadore-
ños: debate político y constitucional en algu-
nas publicaciones impresas, durante la etapa
fnal del proceso de secularización del Estado
salvadoreño (1885-1886)”, Tesis para optar al
grado de Doctor en Filosofía Iberoamericana,
Universidad Centroamericana “José Simeón
Cañas”, 2010.
9 Las obras “perdedoras” fueron las siguientes:
La Instrucción pública primaria del Salvador;
notas
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 151
Instrucción Pedagógica Centro-Americana; Sis-
tema general de Pedagogía y Un nuevo sistema
de Pedagogía. El Jurado no proporcionó los
nombres de los autores de estas obras. Exis-
ten fundadas sospechas para creer que el au-
tor de Instrucción Pedagógica Centro-America-
na es Agustín Gómez Carrillo, libro publicado
en San Salvador en 1883. A diferencia de ésta
y de las obras ganadoras, se desconoce el pa-
radero de las otras.
10 “Cartera de Instrucción Pública”, Diario Of-
cial, 123, Martes 1 de Junio de 1886, p. 590.
El Jurado evaluador quedó compuesto de la
siguiente manera: Presidente: Ricardo Morei-
ra; Vocales: Andrés Van Severen, José María
Cáceres y Francisco Castañeda; Secretario:
Rafael Reyes. Véase: Diario Ofcial, 227, Sába-
do 3 de Octubre de 1885, p. 305.
11 “Memoria del Ministerio de Instrucción Públi-
ca y Benefcencia”, Diario Ofcial, 67, Sábado
19 de Marzo de 1881, pp. 282-283. Cursivas
en el original.
12 “Cuadro que demuestra el estado de las es-
cuelas rurales de primeras letras existentes en
los cantones de la comprencion Municipal de
Santa Ana, i de las establecidas últimamente
en la Ciudad”, Boletín Municipal, 62, Abril 17
de 1878, p. 3.
13 Dicho Catecismo se publicó en varias ocasio-
nes; no obstante, su contenido doctrinal fun-
damental siempre fue el mismo. Por eso aquí
y en adelante nos referiremos a la siguiente
edición: P. Jerónimo De Ripalda, Catecismo y
exposición breve de la Doctrina Cristiana, Im-
prenta de Francisco Rosal, H. de J. Gorgas,
Barcelona, 1880.
14 Miguel Ángel Gallardo (Recopilador), Cuatro
constituciones federales de Centro América
y las constituciones políticas de El Salvador,
Tipografía La Unión, San Salvador, 1945, p.
183. Las cursivas son mías.
15 Ibid., p. 164. Las cursivas son mías.
16 El artículo 12 de la Constitución gaditana es-
tablecía lo siguiente: “La religión de la Nación
española es y será perpetuamente la católica,
apostólica, romana, única verdadera. La na-
ción la protege por leyes sabias y justas y pro-
híbe el ejercicio de cualquier otra”.
17 Véase: John Locke, Tratado del gobierno civil,
Claridad, Buenos Aires, 2005.
18 David J. Guzmán, De la organización de la
instrucción primaria en El Salvador, Imprenta
Nacional, San Salvador, 1886, p. 104.
19 Memoria de Instrucción Pública y Benefcen-
cia, Imprenta Nacional del Dr. F. Sangrini,
San Salvador, 1884, p. 4.
20 Es lo que —al analizar el caso argentino— Lu-
cía Lionetti llama “la educación del soberano”.
Véase: Lucía Lionetti, La misión política de la
escuela pública: Formar a los ciudadanos de la
república (1870-1916), Miño y Dávila, Buenos
Aires, 2007.
21 Miguel Ángel Gallardo, op. cit., pp. 201 y 202.
La gratuidad y obligatoriedad de la educación
primaria se estableció desde la Constitución
de 1871.
22 Memoria de Instrucción Pública y Benefcen-
cia, op. cit., p. 3. Las cursivas son mías.
23 “Instrucción pública”, Diario Ofcial, 153,
Viernes 3 de Julio de 1885, pp. 9-10.
24 Diario Ofcial, 299, Miércoles 29 de Diciembre
de 1886, pp. 1385-1386.
25 Diario Ofcial, 5, Jueves 6 de enero de 1887,
p. 17.
26 “Ideas y propósitos”, La Nueva Enseñanza, 1,
Mayo 14 de 1887, pp. 1 y 3.
27 Véase: Luis Alarcón Meneses, Jorge Conde
Calderón, Adriana Santos Delgado, “La cues-
tión de los métodos pedagógicos en el estado
soberano del Magdalena: un discurso moder-
nizador”, en VIII Anuario de Historia Regional
y de las Fronteras, Escuela de Historia-Uni-
versidad Industrial de Santander, Bucara-
manga, 2002, pp. 130-131; Luz Elena Gal-
ván, “Un encuentro con los niños a través de
sus lecturas en el siglo XIX”, en María Esther
Aguirre Lora (Coord.), Rostros históricos de la
educación. Miradas, estilos, recuerdos, Centro
de Estudios sobre la Universidad, de la UNAM
y Fondo de Cultura Económica, México, D.F.,
2001.
28 Véase: Iván Molina Jiménez, “Educación y
sociedad en Costa Rica: de 1821 al presente
(una historia no autorizada)”, Diálogos, Revis-
ta Electrónica de Historia, 2, Agosto 2007-Fe-
brero 2008; Lucía Lionetti, op. cit.; Juan Ra-
fael Quesada Camacho, Un siglo de educación
costarricense: 1814-1914, Editorial Universi-
dad de Costa Rica, San José, 2005; Mílada
Bazant, Historia de la educación durante el
porfriato, El Colegio de México, México, D.F.,
1993.
29 Héctor Lindo-Fuentes, La economía de El Sal-
vador en el siglo XIX, Dirección de Publicacio-
nes e Impresos, San Salvador, 2002, pp. 117-
126.
30 Decía Guzmán: “Instruir y difundir las luces
debe ser, pues, la principal función del poder
público y su gasto principal. Los miles que
se gastan en ejércitos deben reservarse para
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 152
construir escuelas y pagar maestros; porque
la instrucción del pueblo es la obra verdadera-
mente nacional y digna de la República”. Op.
cit., p. 18.
31 “Reglamento de escuelas de primeras letras,
decretado por el Supremo Gobierno”, Gaceta
Ofcial, 7, 6 de noviembre de 1861, pp. 1-2.
32 Isidro Menéndez, Recopilación de las leyes
del Salvador, en Centro-América, Imprenta de
L. Luna, Guatemala, 1855, Libro Sesto, Título
1, Ley 3, p. 4.
33 Las cursivas son mías.
34 Véase: Juan Rafael Quesada Camacho, op.
cit., pp. 97-98.
35 Isidro Menéndez, op. cit. Las cursivas son
mías.
36 Miguel Ángel Gallardo, op. cit., p. 105.
37 François-Xavier Guerra, “El soberano y su
reino. Refexiones sobre la génesis del ciu-
dadano en América Latina”, en Hilda Sabato
(Coord.), Ciudadanía política y formación de
las naciones. Perspectivas históricas de Amé-
rica Latina, El Colegio de México y Fondo de
Cultura Económica, México, D. F., 1999, pp.
33-61.
38 “Reglamento de escuelas de primeras letras,
decretado por el Supremo Gobierno”, op. cit.,
pp. 1-2.
39 “Concordato concluido entre el Supremo
Gobierno de la República del Salvador y su
Santidad el Papa Pío IX”, Gaceta Ofcial, 17,
Jueves 29 de enero de 1863.
40 “Copia del primer reglamento completo de
Instrucción Pública decretado en El Salvador
en el año de 1873”, Revista del Departamento
de Historia y Hemeroteca Nacional, 3, 1939, p.
82.
41 Francisco Esteban Galindo, Cartilla del ciuda-
dano, San Salvador, 1874.
42 Sol Serrano, op. cit., p. 197.
43 Emile Durkheim, Educación y Sociología, Po-
pular, Madrid, 2009, p. 55.
44 María Luz Morán, “Espacios y ciudadanos:
los lugares de la narración clásica de la ciu-
dadanía”, Revista Española de Investigaciones
Sociológicas, 119, 2007, p. 14.
45 “Memoria de Instrucción Pública, Fomento
y Benefcencia”, Diario Ofcial, 118, Miércoles
21 de Mayo de 1890, pp. 605-606.
46 David J. Guzmán, op. cit., p. 104.
47 David J. Guzmán, op. cit., p. 107.
48 P. Jerónimo De Ripalda, op. cit., pp. 21-22.
Las cursivas son mías.
49 Rafael Reyes, Miscelánea, Imprenta del Co-
meta, San Salvador, 1887, p. 53.
50 Las cursivas son mías.
51 P. Jerónimo De Ripalda, op. cit., p. 10.
52 P. Jerónimo De Ripalda, op. cit., p. 26.
53 Carolyn P. Boyd, “El debate sobre «la Nación»
en los libros de texto de historia de España,
1875-1936”, en Juan José Carreras Ares,
Carlos Forcadell Álvarez (Eds.), Usos públicos
de la Historia, Prensas Universitarias de Za-
ragoza y Marcial Pons, Ediciones de Historia,
Madrid, 2003, pp. 146-147. Similares ideas
encontramos en: Patricia Cardona, “Nación
y narración: la escritura de la historia en la
segunda mitad del siglo XIX colombiano”, Co-
herencia, 12, Enero-Junio 2010, pp. 161-179.
54 David J. Guzmán, op. cit., p. 50. El libro de
Guzmán se introdujo como texto escolar en
1888.
55 David J. Guzmán, op. cit., p. 75.
56 Carlos Gregorio López Bernal, Tradiciones
inventadas y discursos nacionalistas: El ima-
ginario nacional de la época liberal en El Salva-
dor, 1876-1932, Editorial e Imprenta Universi-
taria, San Salvador, 2007, p. 20.
57 David J. Guzmán, op. cit., pp. 76-77.
58 Rafael Reyes, Miscelánea, p. 3.
59 Rengifo Núñez, “Conferencias pedagógicas”,
La Nueva Enseñanza, 1, Mayo 14 de 1887, p.
4. Las cursivas son mías.
60 Véase: Francisco Esteban Galindo, Elementos
de pedagogía, Imprenta Nacional, San Salva-
dor, 1887.
61 David J. Guzmán, op. cit., p. 85.
62 Los ramos de enseñanza aprobados por el re-
glamento anterior (el de 1873) son: (1) Lectura,
(2) Escritura, (3) Aritmética Elemental, (4) Ele-
mentos de Gramática Castellana, (5) Nociones
Elementales de Geografía, (6) Religión y Moral,
(7) La Cartilla del Ciudadano, (8) Elementos de
Cosmografía y Nociones de Geografía Física y
Política, (9) Nociones Elementales de Historia
(Nacional), (10) Dibujo lineal y (11) Nociones de
Partida Simple y Doble.
63 La Nueva Enseñanza, 4, Marzo de 1890, pp.
1-7.
64 La Nueva Enseñanza, 20, Abril 1 de 1889, pp.
1-10.
65 La Nueva Enseñanza, 10, Septiembre 1 de
1888, pp. 4-14; La Nueva Enseñanza, 18,
Enero 15 de 1889, pp. 2-19.
66 Memoria de Instrucción Pública, Fomento y Be-
nefcencia, Imprenta Nacional, San Salvador,
1889, pp. 3-4.
67 P. Jerónimo De Ripalda, op. cit., p. 35. Las
cursivas son mías.
68 David J. Guzmán, op. cit., p. 95.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 153
69 Francisco Esteban Galindo, op. cit., p. 8.
70 David J. Guzmán, op. cit., pp. 96-97.
71 David J. Guzmán, op. cit., p. 96.
72 Al respecto, sugiero la tesis de Mario Daniel
Ernesto Oliva Mancía, “Ciudadanía e higienis-
mo social en El Salvador, 1880-1932”, Tesis
para optar al grado de Doctor en Filosofía Ibe-
roamericana, Universidad Centroamericana
“José Simeón Cañas”, 2011.
73 Francisco Esteban Galindo, op. cit., p. 3.
74 Véase: Francisco Giner de los Ríos, “Instruc-
ción y educación”, disponible en: http://www.
ensayistas.org/antologia/XIXE/giner/giner2.
htm
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 154
Antonio Bonilla. La avaricia.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 155
urgando en los libros que por falta
de espacio tengo encajonados en un
meandro de mi casa, me he encontra-
do con uno muy vetusto de portada
carcomida y tres agujeritos notorios que dan fe del
paso de las polillas, el cual data de 1954 y fue publi-
cado por la Facultad de Humanidades de la Univer-
sidad Nacional, que así se llamaba entonces dicho
centro de estudios superiores.
Me interesa y lo releo especialmente porque su
contenido tiene que ver con el próximo Bicentenario
del Primer Grito de Independencia en Centro Amé-
rica, su título es precisamente: “Primera Indepen-
dencia de El Salvador. La Revolución de 1811, 4 de
noviembre - 3 de diciembre, y el Primer Gobierno
Autónomo”, su autor es el doctor Manuel Alfonso Fa-
goaga y este trabajo fue su discurso de ingreso a la
Academia Salvadoreña de la Historia, en marzo de
1950. Más que libro se trata de un opúsculo de 40
páginas, en las cuales revela cosas interesantes que
hoy día deberían rescatarse en el marco de la cele-
bración de esta importante efemérides regional.
Comienza el Dr. Fagoaga increpando al licencia-
do Manuel Valladares, acusándolo de falsedad his-
tórica, a propósito de los hechos publicados por Va-
Celebremos
el Bicentenario
pero en serio
migueL ángeL chinchiLLa amaya
H
el tumulto en
movimiento.
la protesta
dudosa, nadie
manda, nadie
obedeCe y solo
el desorden
reina; la
Confusión se
esCulpía en los
habitantes de
san salvador”
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 156
lladares respecto a 1811 y 1814. Lo
mismo dice de Francisco Gavidia,
“por desconocer los Procesos por
Infdencias —anota— no esclareció
toda la verdad sobre los sucesos
políticos que conmovieron a San
Salvador en noviembre de 1811”.
Dichos Procesos fueron publicados
hasta en 1940 por Don Miguel Án-
gel García.
En tales documentos —según el
Dr. Fagoaga— queda claro que la f-
gura de Pedro Pablo Castillo corres-
ponde a los sucesos de 1814 y no
a 1811 como sostiene Valladares (y
han seguido repitiendo los demás),
y al mismo tiempo asegura que el
prócer don Leandro Fagoaga “nada
tiene que ver en 1814 como lo cita
Valladares, sino que su actuación
es en 1811, pues precisamente es
el Jefe del Gobierno Revolucionario
que derrocó al Gobierno Español
durante un mes”.
Cuenta el Dr. Fagoaga que el 4
de noviembre de 1811, se conoce en
San Salvador “como reguero de pól-
vora” la noticia sobre la captura en
Guatemala del presbítero salvado-
reño Don Manuel Aguilar, además
se habla de que el Capitán de Dra-
gones, Santiago Rentería “pretende
matar al presbítero Dr. José Matías
Delgado”. En Guatemala se decía
que los curas de San Salvador eran
subversivos y en la Capitanía Ge-
neral no había confanza para ellos.
Cunde entonces la indignación en
todo San Salvador y comienzan los
ánimos a caldearse.
Manuel José Arce y Miguel Del-
gado son los encargados de captu-
rar a los chapetones, entre ellos el
Intendente de San Salvador, Don
Antonio Gutiérrez y Ulloa, quien
ante la presión de los revolucio-
narios es capturado y encarcelado
en el convento de Santo Domingo,
obviamente respetando su digni-
dad, antes de ser desterrado hacia
Guatemala. Manuel José Arce que
tenía entonces 23 años de edad, de
pie sobre una silla en los corredores
del Cabildo, grita a todo pulmón “No
hay más rey, ni alcaldes, ni tributos,
ni terrajes, ni demás impuestos...”.
Así las cosas se establece el pri-
mer Gobierno Autónomo de San
Salvador, presidido por don Lean-
dro Fagoaga, como Alcalde Prime-
ro y Corregidor, acompañado de
diez ciudadanos conspicuos entre
quienes se cuentan a don Bernardo
Arce y a Don Juan Manuel Rodrí-
guez, quien era el Secretario.
“El nuevo Gobierno de San Sal-
vador —dice el Dr. Fagoaga— pre-
sidido por don Leandro Fagoaga,
instala sus ofcinas en casa de su
hermana doña Manuela Antonia
Fagoaga de Arce, esposa de don
Bernardo y madre de Manuel José
Arce y Fagoaga”. Este primer Go-
bierno Autónomo nombra como
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 157
nuevo Intendente a Dn. José Maria-
no Batres.
En aquella Proclama de 1811, se
lee: “El día cinco, siendo de cabildo
ordeo, incautamente se tocó aque-
lla campana, cuio sonido reunió no
más pocas gentes, como la noche
antor. Sino todas las personas ca-
paces, de sostenerse en pie ¿cosa
rara? Los ánimos indispuestos, el
tumulto en movimiento. La protesta
dudosa, nadie manda, nadie obede-
ce y solo el desorden reina; la con-
fusión se esculpía en los habitantes
de San Salvador”.
Al analizar el fragmento de dicha
Proclama, quedan en claro algunos
aspectos:
1- Que el 5 de noviembre era día de
cabildo ordinario, es decir que no
se convocaba al pueblo;
2- Que sin previsión alguna (sin
cautela) se tocó la campana pero
no dice cuál ni quién la tocó. Po-
demos inferir que se trata de la
campana del cabildo, no la cam-
pana de la Merced;
3- Que aquel sonido reunió a más
personas que la noche anterior, y;
4- Que los habitantes de San Sal-
vador estaban confundidos y pro-
pensos a la anarquía.
Además, casi al fnal de la Procla-
ma, aquellos revolucionarios “Juran
solemnemente ciego obedecimien-
to, a este cuerpo instalado baxo la
superioridad de las Cortes en todo
lo justo, y bajo la religión cristiana,
baxo las leyes municipales baxo el
nombre de ntri. amado Fernando
Séptimo...”
Bien entendido entonces, el
mentado Primer Grito fue apenas
un conato de emancipación, una es-
caramuza política en la cual al fnal
se termina rindiéndole obediencia
a Fernando VII, que como sabemos
había sido depuesto por el empe-
rador francés Napoleón Bonaparte,
quien había colocado en el trono es-
pañol a su hermano José Bonapar-
te, conocido como Pepe Botella, y es
que Guatemala y sus provincias te-
nían jurada lealtad al rey depuesto a
través de la Junta Central, aunque
ello signifcara erogar grandes canti-
dades de pesos como ayuda econó-
mica al derrocado gobierno de los
Borbones.
El Dr. Fagoaga relata que el lu-
nes 11 de noviembre de 1811, aquel
primer Gobierno Autónomo acuer-
da suspender el cobro de los tribu-
tos en Zacatecoluca por “estar ro-
deados según dicen de seis pueblos
de indios temibles por su carácter
insolente e insubordinado”. Segura-
mente los planes independentistas
de estos criollos revolucionarios, no
tomaban en cuenta a estos indios
temibles e insubordinados, y es que
en aquella época, los negros y los
mulatos gozaban de mejor estatus
que los indios, como se puede co-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 158
Antonio Bonilla. La lujuria.
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 159
legir en el siguiente párrafo del Dr.
Fagoaga: “Para saber si vienen tro-
pas de Guatemala se manda al ne-
gro Amaya con el pretexto de buscar
una mula, pero realmente como es-
pía...” Por la misma razón el perso-
naje principal en el drama de Fran-
cisco Gavidia, titulado Júpiter, es
un negro.
Al respecto, Paul Lokken, en
su artículo “Presencia Africana en
Siete Comunidades Salvadoreñas,
1671-1711”, publicado en la revis-
ta Repositorio del Archivo General
de la Nación, julio 2006, sostiene
que “las personas que fueron iden-
tifcadas con base a su origen afri-
cano puede que hayan superado en
número a los españoles y mestizos,
combinados entre 1671 y 1711”.
Un siglo después, 1811, es posible
que la presencia de negros era mu-
cho menor “como resultado de un
colapso —dice Lokken— en las im-
portaciones de esclavos después de
la tercera década del siglo XVII, la
manumisión, y las relaciones entre
hombres esclavos y mujeres libres”.
Pero bien, volviendo a nuestro
asunto, aquel agitado mes de Go-
bierno Autónomo tuvo repercusio-
nes en otras poblaciones de la pro-
vincia, como fueron San Miguel,
Usulután, Santa Ana y Metapán,
lugar este último donde el levan-
tamiento degeneró en vandalismo.
Queda claro entonces que los revo-
lucionarios criollos en aquella co-
yuntura no fueron capaces de ma-
nejar la situación, de tal manera
que el 3 de diciembre de 1811 hace
su ingreso a San Salvador el nuevo
Intendente, coronel José Aycinena,
acompañado por su ayudante José
María Peinado, ambos funcionarios
criollos y autorizados debidamente
por la Capitanía General. Sostiene
el Dr. Fagoaga que en aquella oca-
sión, uno de los principales curas
revolucionarios, presbítero y doc-
tor José Matías Delgado, sale a en-
contrar al nuevo Intendente “hasta
muy lejos” y “le ofrece en su casa un
almuerzo suculento haciendo circu-
lar tarjetas de invitación, dicen los
documentos”.
Más adelante, el Dr. Fagoaga nos
hace inferir por medio del Coman-
dante del Escuadrón de Dragones,
teniente coronel José Rossi, que el
único culpable de aquel conato de
gesta independentista fue el mismo
Intendente Gutiérrez y Ulloa, “por
su mal genio y excesiva confanza,
al no atender las prevenciones que
reiteradamente le hizo este jefe mi-
litar”, dando a entender que el le-
vantamiento no fue contra España
sino contra la negligencia de aquel
funcionario.
No obstante el principal reclamo
que hace el Dr. Fagoaga en su dis-
curso, es la rectifcación que el Es-
tado salvadoreño está obligado a sa-
REVISTA CULTURA 105 ESPECIAL 160
tisfacer, con respecto a los nombres
que aparecen indebidamente en la
placa empotrada en la base del mo-
numento erigido en la plaza Libertad
de San Salvador, dedicado a la glorio-
sa revolución de 1811. “Desafortu-
nadamente —anota el autor— como
antes ha quedado expuesto, cuando
en 1911 se erigió ese monumento se
desconocían los Procesos por Inf-
dencias, y natural resultado fueron
los errores que se cometieron”. Es
por ello que hogaño, los encargados
de la celebración del Bicentenario del
Primer Grito de Independencia en
Centro América, deberán tomar en
cuenta estos asuntos casi olvidados
para revisar y enmendar los erro-
res históricos cometidos y no caer
en las mismas aberraciones de hace
un siglo. Yo sugiero por ejemplo, en
honor a la verdad histórica, reeditar
este opúsculo del Dr. Manuel Alfon-
so Fagoaga, ya que punto y aparte el
hombre era además descendiente de
aquellos próceres. ¡Abur!
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 161
Introducción
E
l objetivo básico de esta ponencia es in-
dagar otras narrativas y aproximaciones
de repensar la nación en América Latina,
en esta ocasión de repensar la nación en
Guatemala, en un momento en que el estado se des-
morona y la nación no acaba de perflarse por una
incompatibilidad de hacer coincidir los límites de la
nación pluricultural con el estado y buena parte de
esa incompatibilidad es la que se produce debido a
la falta de reconocimiento histórico de las culturas
indígenas y de otras identidades étnicas que fueron
invisibilizadas o denigradas en el pasado.
Coincido con Babha, Anderson, Unzueta, Som-
mer
1
que una aproximación a la refexión sobre la
nación tiene que ver con las narrativas literarias, en
cómo la nación fue percibida y escrita desde la nove-
la, pero también desde el cuento y la poesía. Resulta
interesante para el caso de Guatemala explorar cómo
la nación fue pensada, escrita y leída desde la litera-
tura y cómo se fue generando esa conciencia nacional
a través de la novela histórica, la novela sentimental
y las revistas como Juan Chapín. Son escasos los es-
tudios realizados desde esta óptica en nuestro país,
2

en donde se desarrolle la conexión entre literatura y
La representación del indio
en la generación literaria del 20 en Guatemala:
Carlos Wyld Ospina y CArlos Samayoa Chinchilla
marta eLena casaus arzú
resulta
interesante
para el Caso
de guatemala
explorar Cómo
la naCión fue
pensada,
esCrita y
leída desde la
literatura
Ensayos
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 162
Antonio Bonilla. Sin título (mariposas).
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 163
proceso de formación nacional y de
construcción de una identidad na-
cional plural y no solo monoétnica.
Por ello nos interesa indagar en esa
especial articulación entre nación y
narración desde perspectivas cultu-
rales diferentes y desde diferentes
perspectivas étnicas en un a rela-
ción dialógica entre iguales.
Nos interesa centrarnos en
aquellos momentos claves en que se
repensó la nación étnico-cultural y
analizar cuáles son los rasgos con
los que se imaginó que debería de
ser defnida la nueva identidad na-
cional y quiénes y de qué modo se
formaron esta nación y en qué con-
diciones, ¿como comunidades ima-
ginadas?, ¿cómo invenciones nacio-
nales?, ¿ a través de la diferencia-
ción étnico-cultural o mediante el
conocimiento narrativo, del discur-
so y de la cultura escrita?.
3
En nuestra caso, resulta intere-
sante analizar la construcción de las
identidades étnicas y de la nación a
través de los cuentos de algunos au-
tores de la generación de 1910 y 20
en Guatemala por considerar que es
un momento fundacional de repen-
sar la nación y debido a que Guate-
mala es un país de larga tradición
cuentista con literatos tan célebres
como Jose Milla, Wyld Ospina, Fla-
vio Herrera y más recientemente,
Tito Monterroso y Dante Liano, con
el fn de comprobar cómo, en este
género literario, ya están presentes
todos los elementos de construcción
o reconstrucción de la nación y de
formación de la identidad nacional.
4
La construcción de la identidad
nacional en la narrativa literaria
de Carlos Wyld Ospina
Carlos Wyld Ospina (1891-
1947), era miembro de una de las
familias de la oligarquía guatemal-
teca, descendiente por parte de su
madre —Soledad Ospina— de aque-
llos promotores del café en Colom-
bia, que emigraron a Guatemala y
adquirieron las primeras planta-
ciones del producto; y por línea pa-
terna, de la familia Wyld de origen
inglés que había emigrado a media-
dos del siglo xix y emparentado con
las familias alemanas cafetaleras de
Alta Verapaz.
Nació en la Antigua Guatemala
y se educó en la Escuela Normal de
la Antigua Guatemala y más tarde
en el Colegio de Infantes. Casó con
Amalia Chévez, escritora y poetisa
que cambió su nombre por el de Ma-
lín d´Echevers y con quien tuvo tres
hijos.
5
Fundador de la Sociedad de
Geografía e Historia; dedicó su vida
a actividades comerciales y fnan-
cieras. Fue director del Banco de
Occidente (1928-31) de propiedad
familiar, y periodista, su pasión;
6
a
pesar de que se le conoce más como
poeta y ensayista. Vivió en Cobán y
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 164
en Quetzaltenango; era catedrático
de Literatura Castellana en la Fa-
cultad de Derecho de Occidente y,
durante la época de Ubico, fue di-
putado nacional de la Asamblea Le-
gislativa de 1932-35 y 1937-1942.
Al igual que Juárez Muñoz fue so-
cio fundador de la Sociedad de Geo-
grafía e Historia y miembro de la
Real Academia Española. Junto con
otros miembros de la generación de
1910 y 20 fundan la primera logia
teosófca en Guatemala y publican
una serie de periódicos y revista de
corte teosófco en donde escriben
buena parte de la red espiritualista
teosófca.
7
Sus principales obras eran Las
dádivas simples, (poemas), El solar
de los Gonzaga y La Gringa, (una no-
vela criollista que refexiona sobre la
nación), La tierra de las Nahuyacas,
una serie de cuentos en donde a tra-
vés de un personaje central, un indí-
gena kekchí, va narrando la vida y las
costumbres de este grupo étnico, así
como las injusticias y la explotación a
la que estaban sometidos los indíge-
nas en Alta Verapaz. Coincidimos con
Seymour Menton en la importancia
de Wyld Ospina para la novela criolla
guatemalteca, el equivalente al vene-
zolano Rómulo Gallegos, y por consi-
derársele uno de los precursores del
indigenismo en la literatura.
8
Nos interesa centrarnos en su fa-
moso ensayo sobre la personalidad
y vida de Estrada Cabrera, El Autó-
crata, ensayo político-social (1929).
Este ensayo lo publicó nueve años
después del derrocamiento de Es-
trada Cabrera e iba dirigido a uno
de los espiritualistas más reconoci-
dos del momento, Henri Barbouse.
Confesaba que su propósito no era
solamente perflar la personalidad
de aquél como un autócrata más de
la historia de Guatemala, sino dejar
constancia, como en su momento lo
hiciera Octavio Bunge, de los males
del caudillismo y los procedimientos
autocráticos en América Latina. Así
la fnalidad de esta obra era contri-
buir a «la regeneración de Guatema-
la», colaborar en la formación de la
patria, proclamar la verdad y forjar
una «verdadera nacionalidad».
9
Pre-
tendía que fuera un testimonio para
los jóvenes de las luchas que se ha-
bían librado contra el autócrata, así
como una refexión sobre los medios
para regenerar a la ciudadanía.
El Autócrata empezaba lamen-
tándose de los obstáculos con que
se enfrentaban Guatemala y Cen-
troamérica para formar «nuestra
nacionalidad». En parte la incapaci-
dad se debía a los males propios de
la colonización española, especial-
mente al catolicismo oscurantista,
pero consideraba aún más respon-
sables a los liberales por su falta de
patriotismo y por el caudillismo que
había heredado el país desde los
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 165
tiempos de Justo Rufno Barrios. El
liberalismo, a juicio de Wyld Ospi-
na, dejó de ser progresista, se ancló
en el poder e implantó sobre unas
constituciones liberales una serie
de dictaduras que permitieron la
reelección indefnida, la corrupción,
los recortes de libertades y el fraude
electoral. El colmo de estas prácti-
cas fraudulentas, a juicio del autor,
había sido la dictadura de Estrada
Cabrera.
10
En la línea de Bunge, Bulnes o
Rómulo Gallegos, en su disquisi-
ción sobre los caudillos planteaba
que los pueblos hispanoamerica-
nos tenían la tendencia “propia de
la cultura mediterránea” a caer en
este tipo de regímenes. Comparaba
a Estrada Cabrera a Justo Rufno
Barrios y Porfrio Díaz; todos ellos
—decía— dejaron “una escuela de
corrupción y violencia políticas que
ha causado inmensos e irreparables
daños a la nacionalidad”.
11
Si bien
reconocía que Barrios había llevado
a cabo importantes reformas —el
reparto de tierras, la construcción
de redes viales y la creación de nue-
vas zonas de producción— y se ha-
bía logrado una relativa moderniza-
ción del país; sin embargo como to-
das las dictaduras liberales su lado
oscuro había sido “la muerte de las
libertades públicas hasta no quedar
rastro efectivo de ellas, se corrom-
pió la administración de justicia y
de la hacienda y se gobernó a punta
de vergajo y bayoneta”.
12
Analizaba las causas de la au-
tocracia de regímenes y llegaba a
la conclusión de que la revolución
mexicana y el unionismo en Guate-
mala no habían sido nada más que
reacciones populares a esta serie de
abusos desmedidos y falta de liber-
tades.
A pesar de su marcado antiim-
perialismo y de su crítica a la co-
lonización española, no planteó que
fuera responsable de estos males
actuales una única potencia ex-
tranjera; su minucioso análisis de
los factores endógenos que la ha-
bían provocado destacaba especial-
mente el papel de las oligarquías y
su escaso sentido de «nacionalismo
patriótico» y principalmente la igle-
sia católica a la que acusaba de re-
trógrada, de ser la responsable del
atraso y de la falta de formación de
“una nacionalidad autónoma cen-
troamericana”.
13
Y, por último, res-
ponsabilizaba a los partidos políti-
cos, tanto conservadores como libe-
rales, no sólo por su escasa ideolo-
gía sino su débil acción política una
vez fnalizada la contienda electoral.
Creía que los principios del libera-
lismo habían sido desvirtuados y
que lo que existía en Centroamérica
era un «liberalismo feudalista» que
estaba regido por una «plutocracia
extranjera y nacional». De ahí que
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 166
A
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REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 167
abogase por un movimiento conti-
nental centroamericano de regene-
ración moral del individuo y de la
sociedad y que viera en la teosofía la
solución de los males de la nación.
Sin obviar las responsabilidades
internas de las élites económicas y
políticas y de las instituciones como
la iglesia y los partidos, mantenía
también una posición muy crítica
con la política norteamericana en la
región. Como la mayoría de los au-
tores de su época, criticaba dura-
mente el juego de Estados Unidos en
la región —el Canal de Panamá y la
invasión por William Walker Nicara-
gua—. Pensaba que Guatemala ha-
bía cedido su soberanía “al capital
yanqui”, al concederle las principales
fuentes de producción, la tierra, los
ferrocarriles, los puertos y la banca.
Consideraba que la ausencia de na-
cionalismo de las élites había permi-
tido ese saqueo y por eso planteaba
la necesidad de crear un verdadero
nacionalismo que se fundase en “que
la nación conserve el dominio político
y económico sobre el propio territorio
y que el capital extranjero no sea el
capital pirata, el oro que corrompe y
esclaviza a los pueblos centrales”.
14
De ahí su llamamiento a los
pueblos centroamericanos para que
se unieran y lucharan contra la po-
tencia extranjera, «yanquilandia» y
evitaran que las tiranías liberales
continuasen vendiendo el suelo pa-
trio. Recurriendo a Rodó, Masferrer
y Unamuno, defendía el hispanismo
como posición contraria a la nor-
domanía y consideraba necesario
buscar los valores morales propios
y aquellos valores espirituales que
devolvieran al individuo su digni-
dad. Como vimos, todos los congre-
sos espiritistas planteaban el unio-
nismo y apoyaban el pacto de la Fe-
deración Centroamericana.
Finalizaba su ensayo con una
propuesta de actuación dedicada a
los gobernantes. Proponía una se-
rie de medidas que los gobiernos de
Centroamérica deberían tomar: ex-
tirpar el caciquismo rural, libertad
de intercambio comercial, poner fn
a los monopolios extranjeros y fun-
dar un crédito agrícola con capital
nacional para mejorar la producti-
vidad del campesino. Todo ello lo
resumía en lo que él llamaba una
«nacionalización del país».
15
Infuido
por Henry George al que citaba en
varias ocasiones, era partidario de
aplicar el impuesto único sobre la
tierra para que la nación conserva-
se su territorio y no fuera enajenada
por otra potencia.
Sin embargo, a nuestro juicio la
aportación más novedosa y hasta el
momento apenas conocida de Wyld
Ospina, fue su defensa de la igualdad
de los grupos étnicos, la falacia de la
idea de la pureza de razas y la defen-
sa de la supremacía de la raza aria.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 168
Wyld Ospina, a raíz de un fuerte
y virulento debate sobre la natura-
leza del indio en el diario El Impar-
cial de Guatemala a lo largo del año
1937, iniciado entre Ramón Aceña
Durán, Carlos Samayoa Chinchi-
lla, José Arzú y Antonio Goubaud
y seguido más tarde entre Carlos
Gándara Durán, Pedro Pérez Valen-
zuela y José Calderón Salazar, para
encontrar una explicación científca
y plausible de la inferioridad del in-
dio actual y su escasa relación con
su pasado histórico, respondía des-
de Quetzaltenango escribiendo en
octubre de 1938, tres artículos en
el diario El liberal Progresista titu-
lados: “El indigenismo en la litera-
tura”, “El Mito de las razas” y “El lío
de las razas”.
16
En ellos desarrollaba
una dura crítica a la falacia nazi de
la superioridad e inferioridad de las
razas o a la existencia de las razas
puras, argumentando que dichas
teorías carecían de fundamento
científco y que no las habían in-
ventado ni biólogos ni matemáticos,
sino que “es producto de la supers-
tición, de la ignorancia y del aisla-
miento de los hombres primitivos”.
Ponía de manifesto que del mito de
las razas puras, “surge la ilusión de
los pueblos elegidos” —por Jehová
o por Hitler— y que sin duda era
“una falsa visión racista” lo que ha
mantenido vivas esas ideas con el
fn de tener a los pueblos sujetos a
la sumisión y a la esclavitud. Consi-
deraba que mientras no se destru-
yera el mito del racismo y “se abata
la superstición racista, los puntos
cancerosos de la humanidad no
podrán ser exterminados”, ya que
“El mito de las razas puras es un
cuento de niños. Así de infantil, ar-
bitrario y pintoresco”, porque lo que
no debían de olvidar los supuestos
“Pueblos elegidos”, fueran los arios
o los judíos, era que, “lo que ellos
han catalogado como «razas inferio-
res», son los pueblos que han gober-
nado muchas veces al mundo con
los árabes, romanos o los iberos”.
De todos los autores de las gene-
raciones de 1910 y 1920, estudiados
hasta el momento, Wyld Ospina era
el único que denunciaba el racismo
como una construcción cultural y
una falacia que pretendía justif-
car, de manera pseudo-científca,
un sistema de discriminación, de
exclusión y de dominación, basán-
dose en la creencia de que existían
razas superiores y pueblos elegidos.
Fue el único que percibió la tram-
pa de la conexión entre las teorías
raciales, la superioridad blanca y
la expansión colonial. El único que
enmarcó el concepto de raza como
una construcción social, política y
científca, como un mecanismo de
blanqueamiento de la nación y por
ello describió en su novela La Grin-
ga, al personaje femenino de Mag-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 169
da Peña, como una mujer mestiza-
ladina, con todas las cualidades y
los fundamentos de la nación, ya
que para él la nación guatemalteca,
como para Masferrer la salvadore-
ña, “no se ha consolidado todavía,
solo vive el país y la comarca”.
17
Por último hay que resaltar que
su discurso nacionalista y antiim-
perialista no era tan explícito en
sus escritos como el de otros auto-
res centroamericanos de la época
–Masferrer, García Monge y Augus-
to Sandino– y no era tampoco una
propuesta política tan renovadora y
novedosa como la de Juárez Muñoz
en relación a la incorporación ple-
na del indígena a la nación. Sin em-
bargo su valor radica en que, desde
una posición de clase dominante y
de intelectual orgánico, se unió a
la lucha contra la tiranía, contra
el racismo y la exclusión del indí-
gena como único medio para forjar
una, «auténtica nacionalidad», con
el fn de contribuir a la formación y
emancipación de los indígenas y las
mujeres.
Si bien la propuesta de incorpo-
ración ciudadana de los indígenas
no estaba tan elaborada como la de
Juárez Muñoz, ni era tan radical
como la de Masferrer en el ámbito
social y de emancipación femenina
por vía de la educación y del su-
fragio de ambos colectivos, tuvo el
mérito de abrir el debate en los es-
pacios de sociabilidad de las élites
intelectuales y políticas y de ser el
precursor de la novela indigenista
y de protesta social que una gene-
ración posterior tendría su máxima
expresión en Miguel Angel Asturias
y Mario Monteforte Toledo.
Podríamos concluir que, estos
autores de las generaciones de 1898
y 1910, infuyeron notablemente en
el pensamiento de la Generación de
1920 en Guatemala y en El Salva-
dor, sentaron las bases de legitimi-
dad de un nuevo discurso y un nue-
vo modelo de nación socio-cultural
y dotaron de un contenido diferente
al concepto de nacionalidad real, po-
sitiva y verdadera, sobre el funda-
mento de búsqueda de nuevos va-
lores de lo autóctono, del retorno a
lo hispano y del intento de ampliar
la ciudadanía a los indígenas y a las
mujeres.
Tal vez lo novedoso de estos au-
tores vitalistas, que constituyeron
un movimiento político y social muy
coherente, crítico y vigoroso, que no
se ha estudiado todavía lo sufciente
y que su tema central de preocupa-
ción fue que se respetase a los sec-
tores más desfavorecidos no sólo el
derecho a la diferencia sino que ello
debía ir acompañado de una igual-
dad económica, igualdad que pasa-
ba por el reparto de las tierras labo-
rables que —como opinaba Juárez
Muñoz— “les permita convertirse
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 170
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REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 171
en propietarios y miembros de ple-
no derecho de la nación guatemal-
teca, elemento fundamental para el
progreso de las naciones”.
18
O como
sostenía Masferrer, el derecho a la
tierra era un derecho inalienable del
ser humano y formaba parte intrín-
seca de lo que denominaba el Míni-
mum vital.
19
Así pues la nacionalidad posi-
tiva para Wyld Ospina, como para
otros autores del espiritualismo na-
cionalista, Asturias Morales, Juárez
Muñoz, y Masferrer, pasaba inde-
fectiblemente por la adquisición de
la ciudadanía plena y diferenciada,
por el reparto de la tierra y de la ri-
queza y por el pleno reconocimiento
de los derechos individuales, socio-
económicos y culturales de todos
los grupos sociales que habitan la
nación y la adquisición de derechos
sociales.
A nuestro juicio, esta fue la co-
rriente de nacionalismo espiritua-
lista o vitalista de los años Veinte,
que abrió una ventana nueva en
el pensamiento de la época y que
fue interrumpida violentamente en
la década de los años Treinta, por
la emergencia de las dictaduras en
toda la región a partir de 1932, pero
que volvió a tener mucha audien-
cia a partir de 1940 tanto en Gua-
temala como en El Salvador. Estas
ideas fueron retomadas por los in-
telectuales de la Revolución de Oc-
tubre, Roltz Benett, Carlos Gándara
Durán, Edmundo Vázquez, Arévalo
Martínez, sobre todo en lo concer-
niente a las propuestas de reforma
agraria, de educación y de incorpo-
ración de las mujeres e indígenas a
la ciudadanía política y social.
El juego de las identidades étni-
cas en La tierra de las Nahuyacas
de Carlos Wyld Ospina
Nos interesa hacer una lectura
de los cuentos de Wyld Ospina y de
Samayoa Chinchilla desde la pers-
pectiva bajtiana, entendida, como
lo hace Arias, como sistemas de re-
presentación simbólicas que con-
forman las culturas y como modos
específcos de apropiarse de la na-
turaleza y relacionarse con ella; en
otras palabras, como una metáfora
de formación de la identidad social
mediado por las formaciones dis-
cursivas de otros grupos y sectores
sociales.
20
En éste contexto el concepto de
cultura como cosmovisión de un
grupo determinado y no exclusi-
vamente como cultura de elite ad-
quiere una enorme importancia a la
hora de analizar las culturas subal-
ternas al mismo nivel que las cultu-
ras letradas.
Los cuentos de Wyld Ospina tie-
nen un profundo sentido espiritua-
lista en la medida en que intenta va-
lorizar el pasado indígena pero tam-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 172
bién el presente e intentan mostrar
al indígena no solo como un vestigio
del pasado o como parte del folklore
literario y turístico del país, sino al
indígena en su contexto histórico,
con sus cualidades espirituales y
sus grandes aportaciones a la civili-
zación occidental, pero también con
sus defectos. El autor lo advierte en
la introducción de este conjunto de
cuentos
21
que no quiere hacer una
estilización o un arquetipo del indio
guatemalteco, sino que quiere des-
cribir al indígena «de carne y hue-
so», con su polimorfsmo religioso.
Tal vez lo más relevante de este
autor sea las matizaciones en cuanto
al prototipo de indígena «puro», in-
dígena «aladinado», ladino y blanco
sobre los que construye una nueva
práctica discursiva, una nueva forma
de construir o de repensar la alteri-
dad y la nación, con los Otros y des-
de los Otros, no sin los Otros o con
los Otros, simplemente, como objetos
retóricos o folklóricos. Esos nuevos
actores, protagonistas y antagonistas
literarios, se insertan en una nueva
matriz orgánica de las identidades y
de la etnicidad, con otras dimensio-
nes relacionales, con nuevos códigos
binarios que intentan representar
un nuevo tipo de prototipo nacional
identitario y que están redefniendo
las fronteras entre los diferentes gru-
pos étnicos y su inserción en la cons-
trucción de la nación.
22
El autor plantea a lo largo de to-
dos estos cuentos un enorme cono-
cimiento de la región de Alta Vera-
paz, de su historia de los orígenes de
Tezulutlán, debido, en buena parte
a que vivió durante muchos años en
Alta Verapaz y después pasó a re-
sidir en Quetzaltenango, en donde
dirigió el Banco de Occidente hasta
su muerte. Durante su estancia en
esta ciudad, participó en los clubs
unionistas y, por lo que sabemos
por sus artículos de prensa y por
otros testimonios, continuó tenien-
do trato frecuente con los chama-
nes de la región. De ahí que conoz-
ca bien las diferencias y matices del
pueblo quiché o kékchí y que esos
matices se refejen en sus cuentos
e historias.
En el primer cuento de La tierra
de las Nahuyacas, intenta relatar
la vida cotidiana y la espiritualidad
a través de tres personajes Sebas-
tián Ax, el indio de carne y hueso
que sufre y padece la explotación
y la arbitrariedad legal del hombre
blanco y ladino y también del in-
dio aladinado, José Cul, personaje
al que describe con gran realismo y
crudeza y el Chaman Ilonel que re-
presenta la espiritualidad del Pue-
blo kekchí.
En la descripción del personaje
central del cuento, Sebastián Ax, le
hace transitar por todas las facetas
dolorosas de su vida, su infancia,
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 173
su trabajo en el campo, la siembra
y la importancia del maíz, el despo-
jo de sus tierras, pero también hace
hincapié, en todos aquellos aspec-
tos que representan su cultura y su
espiritualidad, los dioses, el sincre-
tismo entre la cofradía y la Semana
Santa,
La narración más que un cuento
parece la descripción etnográfca de
la vida, las costumbres, la cultura y
la espiritualidad de los kekchíes, tra-
tada con respeto y una cierta admira-
ción por la cultura maya,
23
en la que
permanentemente se están enfren-
tando o contraponiendo dos visiones
del mundo y de la vida, dos cosmovi-
siones diría Gramsci, dos maneras de
ver el mundo que tienen como punto
de confuencia, el sometimiento, la
opresión y la dominación.
Por un lado la del conquista-
dor, descrito con todos los tópicos
de blanco, barbudo ambicioso, al
que sólo le interesaba el oro y las
riquezas. Wyld los describe: “El ex-
tranjero vivía en el desprecio de lo
divino y en el despojo de lo legítimo.
Intruso en la tierra kekchí, ladrón
del esfuerzo ajeno”.
24
Frente a la visión del indio como
un hombre espiritual, descendiente
de los mayas, que poseía un alma
Atlante que sentía un amor por la
tierra y el sol. “A la Divinidad So-
lar le debía amor sobre todas las
cosas… no hacía diferencia entre
los buenos y los malos dioses todos
eran espíritus superiores a su hu-
manidad”.
25
En cuanto a la caracterización
psicológica, Wyld Ospina no logra
huir del estereotipo del indio que es
descrito como desconfado, miedo-
so, vengativo, temeroso del blanco
y del ladino por los permanentes
intentos de arrebatarle la mujer, la
tierra y la vida.
Frente a estos dos personajes
enfrentados y que viene en total in-
comunicación socio y cultural, de
espaldas uno del otro, emerge un
tercer tipo como el intermediario
entre ambos mundos y que Wyld
describe como el de «peor calaña»,
el indio aladinado aquel que, “habla
con desprecio de su lengua nativa”
y que trata con desprecio “a los her-
manos de raza”, que a su vez odia
al ladino por ser mas que él y estar
en mejor posición frente al blanco
al cual admira y se somete de for-
ma servil. Ante éste personaje que
representa las fuerzas del mal de
la traición y de la intermediación
entre el blanco y el indio surge la
contraposición del Chaman el Ilo-
nel, «El bueno hombre», el hombre
sabio que vive en contacto con la
naturaleza y al amparo de los dio-
ses y que también juega el papel de
intermediario, pero en esta ocasión
entre los indígenas, su pueblo y los
espíritus o los dioses y que en cierto
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 174
modo los protege de los malos espí-
ritus y de las arbitrariedades de los
blancos y de los indios aladinados.
Esta nueva contraposición bina-
ria ente el indio aladinado y el indio
espiritual, que vertebra una nueva
matriz orgánica de las identidades
étnicas, rehuyendo a la clásica de
civilizado/ bárbaro y que abre otras
dimensiones relacionales entre no-
sotros/ ellos, se establece como una
nueva forma de enfrentar la domi-
nación y opresión colonial y reapa-
rece como una dicotomía entre los
indígenas sometidos a la coloniza-
ción y a la opresión y que asumen
la traición a su raza y la subalter-
nidad, como una forma de vida y el
otro camino de aquellos que, como
el personaje de Asturias, Gaspar
Ilom en Hombres de maíz o como
Ilonel y Sebastián Ax, se enfrentan o
se elevan al mas allá para conectar
con los espíritus y proporcionar paz
y consuelo espiritual a su pueblo.
Estas dos alternativas, estos dos
caminos, van a estar presentes en
toda la literatura nacional, a partir
de los años 20, diseñando un com-
plejo arquetipo de elementos mítico-
simbólicos específcos de cada iden-
tidad nacional.
26
Algunos fragmentos del discurso
de estos personajes, evidencian es-
tas profundas oposiciones binarias
que, de algún modo aun siguen es-
tando presentes en el imaginario de
las relaciones interétnicas de Gua-
temala y que refejan dos modos de
ver la realidad y de percibir al Otro
diametralmente opuesta y que si-
guen formando parte de los tópicos
y estereotipos de la construcción de
la identidad nacional.
Cuando describe al «indio ala-
dinado» José Cul, lo hace con los
peores epítetos, “hipócrita, mañero,
servil con los superiores y déspota
con quienes estaban por debajo de
él, singularmente si eran hombres
de su raza”
.27
Esa relación de intermediación y
de ambivalencia frente a sus herma-
nos de raza y frente al ladino, está ní-
tidamente expresada en otro párrafo
que, en buena medida ha sido lo que
ha llevado a otros autores posterio-
res a describir al ladino como un ser
fcticio, que se niega a sí mismo y
que vive en una permanente traición
a sí mismo y a los de su raza y que
rehúye de su identidad étnica def-
niéndose por lo que no es.
28
Por el valor de este lenguaje dis-
cursivo ambivalente hemos preferi-
do transcribir la cita íntegra, porque
refeja, en buena parte la descrip-
ción de los que posteriormente la
sociología postmarxista guatemalte-
ca va a retomar como los rasgos bá-
sicos o típicos del ladino que están
más cerca del indio aladinado que
del ladino en su descripción primi-
tiva de los años 20.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 175
“el indio aladinado no cabía en
sus calzones. Pisaba recio en
sus zapatones de suela gruesa;
escupía con insolencia la nico-
tina de su tabaco ruin y habla-
ba con desprecio en su lengua
nativa a «los hermanos de raza»,
mientras procuraba dar a su
castellano bárbaro, melosidades
humildes cuando se dirigía al
mestizo pudiente o investido de
autoridad. Odiaba no obstante
al ladino, aunque sentía afción
supersticiosa por el extranjero
rubio, dueño de las mejores tie-
rras de Alta Verapaz”.
29
En este fragmento discursivo
está afrmando claramente la je-
rarquía socio-racial basada en tres
prototipos que se perciben como
enemigos y rivales, pero que están
condenados a entenderse por medio
de la opresión y de un sistema com-
plejo de dominación que, nosotros
preferimos llamarle de subalternida-
des cruzadas y que de alguna ma-
nera está refejando buena parte de
las identidades ambivalentes que se
producen en América Latina y que
en Guatemala son aún mas percep-
tibles cuando se cruzan las variables
de raza, etnia, género y clase.
Por una parte está el indio puro
que es descrito como un hombre
robusto, de costumbres sanas, cre-
yente de los espíritus y respetuoso
a sus ancestros “su sangre estaba
sana, sus miembros robustos y en
su corazón moraba, inalterable la
paz”.
30
La percepción de Sebastián Ax
hacia el indio aladinado refeja per-
fectamente esa relación de ambiva-
lencia entre el temor y la descon-
fanza y un cierto deseo de vengan-
za por la traición hacia su raza y así
lo expresa en un fragmento discur-
sivo, “Sebastián Ax, que odiaba el
comercio con los intrusos ya fuese
criollos o germánicos y que descon-
faba de José Cul porque los miraba
por encima del hombro a despecho
de su compadrazgo”.
31

Resulta interesante descubrir
cómo el personaje más delezna-
ble del cuento no es el criollo ale-
mán que le despoja de sus tierras,
ni el mestizo-ladino que pretende
quedarse con su tierra, sino el in-
dio aladinado que es un traidor a
su raza y que lo describe como un
oportunista y un ladrón.
Wyld no escapa a la pigmentocra-
cia racial de la época para describir a
sus personajes según el color y asig-
narles un puesto en la escala social.
Atribuye a las diferentes razas blan-
ca, cobriza o roja una serie de cuali-
dades físicas, morales o psicológicas
de las que carecen otras razas espe-
cialmente la blanca. Como los positi-
vistas considera que la mezcla o mo-
licie es lo peor, de ahí que asigne al
indio aladinado los peores atributos
de todas las razas.
32
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 176
El último personaje de la escala
racial de dominación es el «blanco»,
español o extranjero al que le asig-
na una serie de caracteres propios
de su raza como su avaricia, codi-
cia, latrocinio y falta de espiritua-
lidad con frases realmente expresi-
vas como, a los blancos españoles
vivían en “el desprecio de lo divino y
en el despojo de lo legítimo. Intruso
en la tierra Kecchi, ladrón del es-
fuerzo ajeno, no podía alegar ni al
amparo de sus dioses propios, cuya
ley el mismo quebrantaba”.
33
Imputa a los blancos españoles,
una serie de responsabilidades his-
tóricas de haber sido los causantes
de la situación actual del indio y del
país, les acusa del despojo de la tie-
rra y la explotación del indio. Cuan-
do Sebastián Ax cree que le van a
arrebatar sus tierras con la conni-
vencia del ladino y del indio aladi-
nado, siente un profundo deseo de
venganza y pide, con “lágrimas en
los ojos el exterminio de su enemigo
al menos el fracaso de sus planes”.
La refexión fnal de Wyld, sobre
los sentimientos de Sebastián Ax
ante el despojo de su tierra, expresa
el distinto rasero que se le aplica a
un hombre blanco y a un indio por
expresar dichos sentimientos con
una frase genial de la doble moral.
“Si Sebastián Ax hubiera sido un
hombre blanco, a su petición le ha-
brían llamado justicia”.
34
El desenlace del cuento tiene lu-
gar en un diálogo entre Sebastián
Ax e Ilonel, en el que el chaman le
advierte de las difcultades que va a
padecer si se queda en este mundo
y le invita a participar en una gran
compaña de espíritus que cami-
nan de forma fantasmagórica sobre
la tierra; cuando Ax le pregunta a
Ilonel que quienes son, éste le res-
ponde se encuentra en el mundo
de los espíritus, de “los dioses de la
tierra”, y utiliza una metáfora muy
hermosa que refeja plásticamente
ese mundo espiritual y fantasmagó-
rico que forma parte de la cosmovi-
sión maya kekchí. Ilonel dice de los
espíritus que son seres que “vivían
sin vivir y eran sin ser” y que ade-
más forman parte de aquellos que,
“todos lo son todos lo fueron, pero
ninguno lo es”.
35
Con éste lenguaje
críptico, tan propio del espiritualis-
mo de la época y de la teosofía, ter-
mina el cuento con la transfgura-
ción de ambos personajes al mundo
de los espíritus.
36

Del indígena forjador de una nue-
va identidad espiritual y nacional
al indio irredimible, embrutecido
y alienado de Samayoa Chinchilla
El escritor Carlos Samayoa Chin-
chilla, (1899-1978), de la Generación
de 1920, por edad y origen, aunque
Epaminondas Quintana no lo consi-
dera miembro de la Generación del
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 177
20 por desavenencias personales y
por su vinculación con el gobierno
de Ubico. Es escritor consagrado,
autor de varios cuentos y novelas in-
digenistas, Madre milpa (1934), Cua-
tro suertes, subtitulado Leyendas
de Guatemala, (1936) y periodista y
editorialista del Imparcial. A pesar
de ser un autor que los críticos lite-
rarios le catalogan como respetuoso
del mundo indígena y con una pro-
funda devoción por el conocimiento
de las culturas indígenas, su obra
periodística y la lectura detenida de
sus textos literarios permiten pensar
que no se le puede catalogar como
un autor indigenista en absoluto.
37
Pertenencia a la corriente de
pensamiento opuesta al espiritua-
lismo nacionalista de Wyld Ospina
y de los teósofos de la generación de
1910 y 1920, su infuencia principal
es la del liberalismo decimonónico,
el pensamiento racial y la eugenesia
y los autores más mencionados en
su obra son Le Bon Taine y Goubi-
neau y de autores latinoamericanos,
José Ingenieros y Carlos Octavio
Bunge. A nuestro juicio, Samayoa
Chinchilla, es uno de los máximos
exponentes del pensamiento racial
de la época y queríamos analizar
como se expresa esta corriente de
pensamiento en su narrativa litera-
ria. Coincido con la opinión de Artu-
ro Arias cuando sostiene que llama
la atención su ignorancia de otros
temas que no fueran los literarios y
sus escasos conocimientos en mate-
ria de antropología y etnología, muy
rEd dE carlos Wyld ospina
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 178
Antonio Bonilla. Historia de amor en tiempos de guerra.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 179
por debajo de la media intelectual
de su generación que manejaban
otro utillaje conceptual propio de la
comunidad epistémica de su época.
En cuanto a la narrativa literaria
representa la versión contrapuesta
a Wyld Ospina en cuanto al discur-
so de las identidades étnicas y a la
visión del indio la encontramos en
los cuentos de Samayoa Chinchilla,
Madre Milpa, cuentos y leyendas
38
de
Guatemala que en un principio pa-
reciera que va a tratar de revalorizar
el pasado indígena retomando textos
del Popol Vuh o del Chilam Balam,
en los que se deja ver un cierto inte-
rés acerca del pasado de los mayas,
en sus primeros cuentos: “El naci-
miento del Maíz”, “La profecía de los
Channes”, “La Leyenda del Popol
Vuh”, hay una cierta recreación de
los personajes mítico-mágicos, que
le sirve de inspiración y de recursos
literarios para escribir sus cuentos,
sin que vaya mas allá de un cierto
exotismo romántico y de una moda
literaria.
39
El indio como paisaje o como ele-
mentos decorativo o literario, está
expresado en un texto de Samayoa
Chinchilla:
El indio de Guatemala es un va-
lioso elemento decorativo, forma
parte de nuestros paisajes y en lo
que respecta a su condición mere-
ce nuestro respeto humano... Pero
el indio, cargado de conocimientos
y favorecido por todas las circuns-
tancias imaginables será siempre
indio, es decir un ser huraño ante
toda idea nueva, impenetrable y
como sonámbulo entre el enjam-
bre de inquietudes que acosan al
hombre en su marcha hacia la
conquista del futuro....
40
Sin embargo, en cuanto se va
adentrando en el “indígena de carne
y hueso”, como dirá Wyld, en la vida
cotidiana de los indígenas actuales
allí empiezan a emerger todos los
tópicos, estereotipos y su profundo
desprecio hacia el indígena actual
como ser irredimible, bruto, borra-
cho, apegado a la costumbre y a la
tradición y además condenado a vi-
vir así el resto de su vida.
Me voy a referir a la tercera parte
de su libro de cuentos Madre Milpa,
“cuentos de la época actual”, por ser
aquí en donde más se refeja su pen-
samiento racialista hacia el indio,
no solo como incapaz de construir o
de forjar patria sino incapaz de redi-
mirse y forjar parte de la nacionali-
dad, ni siquiera de tener una iden-
tidad propia. Dado que los tópicos
se repiten en casi todos los cuentos,
así como los códigos binarios sobre
civilización / barbarie, moderniza-
ción/ atraso, costumbre/ moderni-
dad, idolatría /religión, pensamien-
to mágico/ pensamiento racional,
voy a abordar el lenguaje discursi-
vo en general, haciendo referencia
puntual al cuento de referencia.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 180
Lo primero que nos llama la
atención son los fnales de los cuen-
tos, en casi todos ellos, por no decir
en todos aquellos en donde se ha-
bla de los indios, el fnal es siempre
catastrófco e irredimible, “no volvió
a ser cofrade de su pueblo nunca”.
“así no mas, así no mas que se va
a hacer”. “Ah la suerte del indio sin
suerte”. “Pobrecito el hombre de la
Candelaria, ya no vio sus pantalo-
nes nuevos”. “Y la máscara del gran
Iztayup volvió a quedar olvidada so-
bre la mesa”. “El famoso sabueso de
pura raza...se perdió para siempre
en ese memorable día persiguiendo
al venado con piedra”.
41
Otro fnal de esta naturaleza
fatalista es el de Madre milpa: “¡la
madre muerta! ¡la milpa muerta! ¡el
perro perdido!, ¡hombre sin mujer!,
¿para qué sirve? ¡hombre sin milpa!
¿para qué sirve?”.
42
Pareciera como que una fuerza
inexorable los empujara indefecti-
blemente a un fnal desgraciado, en
donde no hay culpables ni respon-
sables, son ellos, su raza, sus cos-
tumbres ancestrales y sus vicios los
que les conducen siempre a un fnal
fatal, irreversible.
Del relato se desprende clara-
mente que el indio haga lo que haga,
siempre va a salir mal parado y ade-
más, está condenado a que todo le
salga mal, ya sea por la fuerza del
destino, por su propia incapacidad
o por el «costumbro», de la cual no
puede ni quiere salir o por los vicios
inherentes a su raza. En todos ellos
se describe al indio como un perde-
dor nato. La frase hecha de “El cos-
tumbre es el costumbre”,
43
se repite
a lo largo de todo el texto cada vez
que quiere enfatizar, la incapacidad
que tienen los indígenas de salir de
su estado de «abyección».
Este último fragmento de dis-
curso expresa muy bien la irreversi-
bilidad de su condición fatal de raza
inferior.
“¡Ah malhayahombres! Ay malhaya
mujeres ¡Ay malhaya niños indios que
nacen ríen y bailan, lloran y mueren
envueltos en esa recóndita y ancestral
angustia de aquellos que ni quieren ni
pueden escapar de las jaulas de sobra
en las que les encerró su destino”.
44
Esa misma idea de sombra agóni-
ca del destino, llamada a desapare-
cer o a ser exterminada se manifesta
en el debate del 37 en los siguientes
términos: “el indio... es una sombra,
un ser agónico, un sonámbulo, cu-
yas energías gastadas le impiden se-
guir viviendo”, “es un obstáculo para
el desarrollo, un muerto en vida al
que hay que ayudarle a morir”.
45
En todos los cuentos relacio-
nados con los indios, no hay uno
sólo en donde no se refeje, en tres
o cuatro ocasiones la embriaguez
y alcoholismo de los indios, como
algo inherente a su personalidad
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 181
degenerada y como el causante de
su retraso e incapacidad de triunfar
en la vida.
Los indios “curtidos en aguar-
diente,... ya toda la concurrencia
estaba embriagada.... tomó aguar-
diente… el señor cura lo encontró
tendido en el suelo de la fonda ba-
beante y lamentable.... su verdade-
ro y único enemigo era el aguardien-
te”.
46
“Miguel se separó de su gente
dedicándose a beber sin medida”.
47

El marido dio en beber fuerte los sá-
bados. Mas tarde, hinchado y em-
brutecido murió cuando menos se
esperaba”.
48
El otro factor que les condena al
fracaso, es el apego a la costumbre y
a tradiciones que les impide pensar
y eso les sume en la más completa
ignorancia e incapacidad para salir
adelante, el mismo se hace la pre-
gunta en uno de sus cuentos “¿es
el fatalismo, ignorancia y abandono,
en que vegetaban los descendientes
de los hombres que, en otros siglos
fueron grandes astrónomos, canto-
res, pintores y oradores?”
49
y resul-
ta curioso porque el que se hace la
pregunta en el cuento es “El Primer
magistrado de la Nación”, al cual
él solía acompañar en sus viajes,
como secretario de la Presidencia
de Ubico.
50
En esa pregunta está refejan-
do claramente su visión romántica
del indo del pasado y su pesimismo
irreversible del indio del presen-
te que, no solo es irredimible, sino
que, está condenado a fracasar o a
desaparecer, recordemos sus dis-
cursos en el debate del año 37 sobre
“Algo más sobre el indio”.
Para Samayoa Chinchilla el indí-
gena tiene una incapacidad psicológi-
ca para evolucionar porque “no ha po-
dido evadirse de su mundo mental...
son pueblos milenarios cuyas ener-
gías primitivas, por una u otra causa
se agotaron y todo esfuerzo por volver-
les a su antigua vida sería vano”.
51
La incapacidad de redimir al in-
dio se encuentra en una frase que
pronuncia en el cuento, “La llama-
da” y que posteriormente repite en
su debate en el Imparcial en 1937
“Algo más acerca del indio”, cuan-
do está hablando de la incapacidad
del indio milenario y de su atavismo
debido a su sangre india, dice una
frase que lo condena para siempre
al bando de los perdedores y al fata-
lismo irreversible, propio del racia-
lismo teórico.
“Cada uno es cada uno y cada uno
es lo que es..... la desgracia está en
querer salirse del molde que señala su
propia condición.... así es, así es”.
52
En el debate mencionado ante-
riormente afrma de manera con-
tundente que,
“el indio será siempre indio, por-
que el alma de su raza ya murió,
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 182
porque carece de energía a causa
de su mala alimentación, el maíz y
porque es irredimible por natura-
leza… dime lo que comes y te diré
lo que será tu descendencia”.
53
En cuanto a los tópicos que utiliza
para describir a los indígenas ac-
tuales son siempre los mismos, “in-
dios tristes y andrajosos, raquíticas
y sucias mujeres, envueltas en fal-
das desteñidas y niños degenerados
por el abuso que ellos y sus mayo-
res hicieron del aguardiente”.
54
“Los
niños eran huraños e impenetrables
como sus padres”.
55
Otro de los códigos binarios y ca-
tegorías antinómicas en el mundo in-
dio y el mundo del blanco, es la de
que los indios tienen un pensamiento
mágico, no racional y además que los
indios no piensan con la razón sino
con las vísceras, con el corazón, o la
pasión y que el instituto salvaje les
traiciona. “¡Así son los indios!”, “Con
los indios nunca puede uno farse”.
“¿Quien dice que los indios no pien-
san? Lo que pasa es que piensan en
molde y por instinto de defensa, son
haraganes”.
56
Otra frase para des-
cribir a los indígenas camineros que
construyeron la carretera desde Co-
bán hasta Petén dice de ellos, “Como
todos los hombres primitivos, esos
pioneros tienen la intuición muy des-
pierta a lo extraordinario”.
57
Lo que viene a decir en este len-
guaje discursivo es que los indíge-
nas no piensan, sienten y se mue-
ven por pasiones o por intuiciones,
pero son incapaces de tener un pen-
samiento racional y por eso son ig-
norantes, tradicionalistas y no pue-
den progresar en la vida, porque
sus sangres están gastadas.
En otro cuento el protagonista
se lamenta, Ah malhaya, “los indios
deben saber algo – No. ¡Qué van a
saber los indios!”
En el contexto de este pensa-
miento mágico-mítico, herencia del
pasado y de la “sombra agónica del
indio”, nos encontramos en más de
cinco cuentos la fgura del brujo,
curandero o Chiman,
58
refriéndose
a estos personajes de una forma te-
merosa y despectiva a la vez.
En María Candelaria, aparece el
curandero que no cura a la niña, en
el Brujo de Chitzajay, el persona-
je central es un brujo que ataca al
acompañante del «patrón», un “indio
joven de pura raza”, que lo describe
en situación de subalternidad como
“su sirviente” y a quien el brujo, lo
ataca convertido en un león colora-
do y lo mata a dentelladas.
Las relaciones a lo largo de todo
el cuento entre el patrón y su acom-
pañante son de absoluta subalter-
nidad patrón/sirviente y curiosa-
mente el brujo no ataca al patrón
que era el que iba a apoderarse de
las minas de oro y azogue, mercu-
rio, sino al indígena por acompa-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 183
ñarle. Pero el patrón mata al brujo
y salva a los indios del curandero,
porque los brujos aparecen siempre
como, malvados, supersticiosos, se
les mata para salvar a los pobres
indígenas, enfermos de miedo y
de supersticiones, atrapados en el
pensamiento mágico, por eso deben
de morir.
Qué gran diferencia de trata-
miento le da al mismo personaje
Wyld Ospina a Ilonel, en la Tierra de
la Nahuyacas o a Banonel en, Lares
apagados,
59
en donde los Chamanes
aparecen como hombres sabios, que
protegen a su pueblo y que lo con-
ducen hacia su salvación colectiva o
personal y que les enseñan aquellos
conocimientos espirituales, morales
y materiales que les permiten sobre-
vivir en un mundo hostil del blanco-
ladino, que les enseña la historia
de su pueblo de su pasado, cuando
aún, “no estaban en situación de
servidumbre bajo el dominio del ex-
tranjero”. Los chamanes, para Wyld
Ospina, son aquellos que conservan
la memoria colectiva de su pueblo
como, Juan Matalbatz, que salvó a
su región del yugo extranjero e impi-
dió la conquista de los españoles.
Qué diferencia de papel y de fun-
ciones entre los dos autores, para
Wyld Ospina, los Chamanes o Ajkik,
son los guías espirituales de su pue-
blo los hombres sabios a imitar, que,
cuando ya no pueden contribuir a
mejorar a sus congéneres, se produ-
ce una transfguración y los condu-
cen al mundo de los espíritus para
que no sufran más. ¡Qué diferencia
la descripción de respeto a sus dio-
ses y a sus ritos mayas!, respecto de
la visión de Samayoa Chinchilla.
¿Qué sucedía entonces, habían
dos tipos de brujos o chamanes,
unos eran sabios y guías espiritua-
les y poseían un profundo cono-
cimiento espiritual y de medicina
natural, mientras que otros eran
malvados, ignorantes y poseían un
conocimiento mágico, idolatra y
supersticioso, en la misma época,
en las mismas regiones, o era dos
concepciones de ver a los Otros o
de percibir a los indígenas, uno con
respeto y reconocimiento de su cul-
tura, sus conocimientos y saberes
y la otra con desprecio, discrimina-
ción, intolerancia y racismo?.
En esa medida la incorporación
del indígena a la nación y la cons-
trucción de sus identidades étnicas
cambia sustancialmente, en la na-
rrativa de Wyld Ospina, al indígena
se le incorpora a la nación y se le
dota de ciudadanía desde el respe-
to pleno e incluso admiración a su
cultura y espiritualidad y la otra, se
le excluye a la nación, se plantea
incluso su exterminio y, en el caso
de que no quede más remedio que
incluirle como sirviente, como peón,
campesino, como subalterno desde
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 184
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1
.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 185
el desprecio, la degradación y el ra-
cismo.
Vemos pues que en la propia na-
rrativa literaria también se pueden
observar estas dos visiones contra-
puestas del Otro que, van a marcar
dos formas de incorporar al indíge-
na a la nación y de construir sus
identidades de forma dicotómica o
complementaria, así como de esta-
blecer una jerarquía social y racial
diferente, una va a ser a través del
respeto, del reconocimiento a su
cultura y de su aportación a la na-
ción en pie de igualdad y la otra va
a ser desde el servilismo, la subal-
ternidad, la humillación del Otro al
que nada se puede hacer para sal-
varle o redimirle porque es un ser
agónico llamado a desaparecer.
60
Los dos modelos de nación y de
inclusión/exclusión y exterminio
están fjados en el imaginario co-
lectivo y en la forma de repensar
la nación ya desde 1930 y se van a
expresar de forma diametralmente
opuesta en la narrativa literaria del
país y en la construcción de la iden-
tidad nacional y lo que es más dra-
mático, es que se sigue repitiendo
esas dos visiones en la actualidad.
Epílogo
El trágico suceso acaecido el 12
de mayo en Guatemala, el asesina-
to e inmolación de “un ciudadano
de bien”,
61
Rodrigo Rosemberg, que
decide inmolarse por todos los gua-
temaltecos, para que no sigamos
guardando silencio y para que de-
nunciemos las enormes atrocida-
des, asesinatos y violaciones que se
siguen cometiendo en nuestro país,
es un llamado de atención a todos
los guatemaltecos, sobre la incapa-
cidad que tiene el estado de brindar
protección y derechos elementales
a sus ciudadanos y la incapacidad
histórica que hemos tenido de re-
fundar nuestra nación con el aporte
del conjunto de ciudadanos de to-
dos los grupos étnicos.
Por eso hago un llamado gene-
ral para que hagamos un nuevo es-
fuerzo de repensar nuestra nación o
de imaginarla en otros términos, en
donde todos y todas nos sintamos
incluidos e incorporados y en don-
de no nos callemos y denunciemos
aquellos abusos de poder que resul-
tan intolerables.
Que refexionemos el por qué la
construcción nacional de Guatema-
la ha estado precedida de rasgos
simbólicos y singularizadores de la
nación que, en nuestro caso, sólo
representaba el imaginario nacional
de unos pocos, poseedores de una
sola herencia cultural.
En este momento, de profundo
shock ante la muerte de “un ciuda-
dano de bien”, valdría la pena hacer
un esfuerzo de singularizar nuestra
nación con referentes comunes, re-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 186
cuerdos consensuados, como po-
drían ser: una bandera con otro
escudo, una nueva letra del him-
no nacional, unos mitos de origen
más reales, una narrativa literaria,
una memoria histórica, con los que
todos nos sintiéramos representa-
dos, con el fn de contribuir a me-
jorar nuestra cultura cívico-política,
nuestro nivel de participación polí-
tica, de compromiso y de pertenen-
cia identitaria.
Deberíamos también abrir al de-
bate sobre: quién es el sujeto his-
tórico de la ciudadanía; qué quere-
mos ¿una nación de ciudadanos, de
pueblos o de naciones indígenas?
¿Queremos pasar de un Estado ase-
sino y un narco-estado vinculado a
bandas de gangsters a un Estado
democrático-plural? ¿Cómo y cuá-
les deberían ser las bases jurídico-
constitucionales de ese Estado plu-
ral en donde la represión, el asesi-
nato y la impunidad dejen de ser los
rasgos característicos del estado?,
¿podemos permitir no formar una
nación pluricultural y que nos arre-
baten el estado?
Para todo ello se hace necesario
pensar en un pacto fundacional, un
esfuerzo común, un deseo expresa-
do colectivamente, en donde explici-
temos claramente nuestra voluntad
y nuestro consentimiento para con-
tinuar existiendo como una nación
plural e intercultural. Una nación
que, como hemos podido ver posee
un rico legado de recuerdos, memo-
rias, historias, narrativas literarias
y además de la voluntad de seguir
luchando para vivir juntos y en paz,
pero en otros términos y condicio-
nes, en donde podamos compartir y
reconocer todas las culturas e iden-
tidades nacionales, en donde poda-
mos hacer valer nuestros derechos
y nuestras protestas y en donde no
nos tengamos que inmolar ni dejar-
nos asesinar para demostrar al pue-
blo en general y al ámbito interna-
cional que estamos en manos de un
gobierno asesino y narcotrafcante.
Por ello, se hace necesario bus-
car rasgos comunes y singulari-
zadores que identifquen nuestra
«nueva nación». No se trata —como
dice Anderson— de reinventar co-
munidades imaginadas, sino de do-
tarlas de un nuevo contenido que
permita una construcción colectiva
de la misma. Para ello hace falta vo-
luntad, esfuerzo e imaginación, pero
sobre todo diálogo y consenso entre
todos los actores comprometidos
con ello, para que todos aquellos que
queramos participar en esta tarea y
queramos contribuir a la creación de
una nación solidaria, democrática y
participativa podamos hacerlo con
libertad y sin miedo.
Estamos en la coyuntura preci-
sa para hacer este esfuerzo: tam-
bién lo estábamos hace diez años
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 187
y no lo hicimos porque le dimos
mucho más importancia al Estado
que a la nación y nos lanzamos a
la toma del estado y olvidamos una
vez más la importancia de la na-
ción. Todos hemos podido obser-
var que no es ni ha sido sufciente,
hagamos un esfuerzo por refundar
la nación y establezcamos un com-
promiso colectivo, un pacto funda-
cional en donde un grupo plural de
la sociedad guatemalteca lance este
proyecto al conjunto de los ciuda-
danas y las ciudadanas y a los pue-
blos indígenas. Empecemos con un
pequeño grupo muy representativo
de jóvenes, mujeres, indígenas, in-
telectuales, empresarios, literatos,
periodistas, artistas, religiosos, mi-
litares comprometidos con un mo-
delo de democracia plural. En esta
tarea debería colaborar el conjunto
de la sociedad, dado que las visiones
y los imaginarios de toda la ciuda-
danía deberían estar representados
o se deberían reconocer al menos,
para que no volviera ahora a pasar
lo que sucedió en el pasado: que un
buen número de ciudadanos y pue-
blos no se sintieron reconocidos ni
representados por el Estado o como
el lamentable y dramático asesinato
de Rodrigo Rosemberg que se niega
a permitir “que se apoderen del Es-
tado y que silencien su voz”.
No podemos seguir guardando un
silencio cómplice y no hacer nada, ni
por su memoria, ni por la memoria
de tantos de nuestros compatriotas
muertos ni por el futuro del país, de-
bemos de empezar una larga marcha
de acciones, refexiones, manifestos,
desobediencia civil a un estado co-
rrupto que conduzca a la expulsión,
dimisión o sanción de nuestros go-
bernantes.
No es la primera vez que los aca-
démicos, intelectuales y el pueblo
guatemalteco en general acometen
esta hazaña con éxito. Lo hicieron
nuestros antepasados con Estrada
Cabrera, personajes del ámbito de
la literatura, de las artes, como Aré-
valo Martínez, Wyld Ospina, Alberto
Velásquez, José y Manuel Batres, el
obispo Piñol y Batres con sus homi-
lías, los clubs unionistas de obreros,
indígenas y campesinos. Lo hicimos
también en la revolución del 44, con
los hermanos Guillermo y Jorge To-
riello, Juan José Arévalo, Fortuny y
muchos otros jóvenes que se tiraron
a la calle y derrocaron a dos dicta-
dores, represivos y corruptos como
Estrada Cabrera y el General Ubico,
lo volvimos a intentar en la época de
los regímenes militares y de las orga-
nizaciones revolucionarias y también
se logró con Jorge Serrano Elías, ¿por
qué no lo vamos a lograr ahora?.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 188
Antonio Bonilla. Tríptico de cotidianeidad 2.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 189
1 Homi K. Bhanha (ed), Nation and Narration,
London: Routledge, 1990; Benedit Ander-
son, Comunidades Imaginadas, México:
FCE; Doris Sommer, Foundational Fictions:
The national Romances of Latin America,
Berkeley: Unversity of California,1991; Fer-
nando Unzueta, “Escenas de lectura: Nacio-
nes imaginadas y el romance de la historia
en Hispanoamérica”, en Ramón Maíz (comp),
Nación y literatura en América latina, Buenos
Aires: Prometeo, 2007.
2 Seymur Menton, Historia crítica de la nove-
la guatemalteca, Guatemala: EDUCA-USAC,
1985; Arturo Arias, La identidad de la pala-
bra, narrativa guatemalteca a la luz del si-
glo XX, Guatemala: Artemis & Edinter, 1998
Dante Liano, Visión crítica de la literatura
guatemalteca, Guatemala, USAC, 1997; del
mismo autor, Miguel Angel Asturias, La Ar-
quitectura de la Vida Nueva, estudio intro-
ductivo y edición facsimilar, Roma, Bulzoni
Editore, 1999. Esta última obra es una inte-
resante aportación sobre la vinculación de la
literatura y la formación nacional.
3 Este debate acerca sobre la vinculación en-
tre cultura, narración y nación y de la rela-
ción entre etnicidad y nacionalismo, forman
parte de los principales debates teóricos de
la actualidad acerca de la nación. Sobre este
tema véase la compilación de artículos de
Alvaro Fernandez Bravo, La invención de la
nación, Lecturas de la identidad de Herder
a Homi Bhabha, Buenos Aires, Manatial,
2000.
4 Sobre el valor del cuento como género lite-
rario, Carlos Pacheco y Luis Barrera Lina-
res (comps), Del cuento y sus alrededores,
Caracas, Monte Avila,1993; Peter Frohlicher
y Georges Gunter (eds), Teoría e interpre-
tación del cuento, Frankfurt, Peter Lang,
1995. Walter Benjamin, “El narador”, en W.
Benjamin, Para una crítica de la violencia
y otros ensayos. Iluminaciones IV, Madrid,
Taurus,1991 pp:111-134
5 Su mujer era una poetisa y escritora de gran
relevancia, escribió Mah- Rap, novela crio-
llista de protesta social con tintes costum-
bristas que describe la vida y el ambiente de
los kekchíes. Estuvo vinculada al movimien-
to feminista, se relacionó con la Sociedad
Gabriela Mistral y colaboró en la formación
de la Universidad Popular.
notas
rEd dE carlos samayoa chinchilla
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 190
6 Wyld Ospina se trasladó a México en 1913
y allí conoció y escribió en el diario El Inde-
pendiente con el maestro de teosofía Porf-
rio Barba Jacob, (1883-1942), pseudónimo
del poeta Miguel Angel Osorio, de origen co-
lombiano que por consejo de Vasconcelos se
trasladó a Guatemala para fundar la Univer-
sidad Popular y colaborar en la difusión de
las sociedades teosófcas centroamericanas.
Al ser expulsado de Guatemala se trasladó a
Honduras y El Salvador y murió en México.
Wyld Ospina, colaboró en múltiples perió-
dicos, El Heraldo, La República, Electra, El
Nacional, Diario de Centroamérica; fundó el
Diario de los Altos de Quetzaltenango y fue
redactor de El Imparcial 1922-1925. F. Al-
bizúrez Palma y C. Barrios y Barrios, Histo-
ria de la literatura guatemalteca, Guatemala
Editorial Universitaria, 1999.
7 El 27 de octubre de 1922 se funda la pri-
mera logia teosófca y se publica El Quetzal
Ilustrado que va a ser uno de los diarios en
donde escriba todo el grupo, en el primer
número aparecen artículos de Flavio Gui-
llen, Carlos Wyld Ospina y Alberto Velás-
quez, posteriormente Wyld Ospina fundaría
la revista Estudio, de claro corte espiritista,
magnetista y teosófco. El 6 de noviembre de
1922, se funda el primer círculo teosófco.
8 Seymur Menton, Historia crítica de la nove-
la guatemalteca, Guatemala: EDUCA-USAC,
1985. Albizúrez Palma y Barrios lo catalogan
como muestra de la novela criollista guate-
malteca y como precursor del indigenismo
temprano con tinte de denuncia social, ante-
cedente de la narrativa de Mario Monteforte
Toledo. Albizúrez Palma y Barrios, Historia
de la Literatura op. cit., p. 106. Dante Liano,
Visión crítica de la literatura guatemalteca,
Guatemala: usac, 1997. Juan Fernando Ci-
fuentes, Las generaciones literarias en el si-
glo xx, I. El cometa, la Generación de 1910,
Guatemala, Palo de Hormigo, 2002.
9 La obra de C. O Bunge, Nuestra América,
Madrid: Espasa Calpe, 1929, causó un gran
revuelo en América Latina e infuyó gran
parte de los pensadores de la época, no sólo
por su concepción de determinismo psico-
biológico, sino por su enorme crítica al cau-
dillismo como causa de los males de la na-
ción.
10 A partir de 1903, Estrada Cabrera impuso
una serie de mecanismos para que “las elec-
ciones presidenciales se sucedieran perió-
dicamente, como una crisis morbosa a que
debía resignarse la República sin protesta
y sin remedio”, utilizando la frase famosa
“Después de mí los gringos”. C. Wyld Ospi-
na, El Autócrata, op. cit., p. 154.
11 C. Wyld Ospina, El Autócrata, pp. 40 y 175.
12 C. Wyld Ospina, op. cit., p. 41.
13 C. Wyld Ospina, op.cit., p. 132.
14 C. Wyld Ospina, op.cit., pp. 188 y 190. El
antiimperialismo era una posición muy co-
mún en el modernismo latinoamericano,
empezando por Rodó y Darío, y continuan-
do con un antiimperialismo más militante
con Palacios, Ugarte, Ingenieros, Soto Hall y
Masferrer. J.L. Calvo Carrilla, La cara oculta
del 98, místicos e intelectuales en la España
del fn de siglo, 1985-1902, Madrid: Cátedra,
1998. Y. Acosta, “Ariel de Rodó, un comienzo
de la flosofía latinoamericana y la identidad
democrática de un sujeto en construcción”,
en Cuadernos Americanos, nº 88, 2001, pp.
199-221. Analiza la función ideológica y utó-
pica de Ariel en la construcción de la iden-
tidad latinoamericana y la proyección en las
generaciones posteriores de intelectuales.
15 Su concepto de auténtica nacionalidad, ver-
dadera nacionalidad o nacionalidad positiva
era similar a otros autores vinculados a la
teosofía como Vasconcelos, Juárez Muñoz,
García Monge y Masferrer. Se estaba opo-
niendo al concepto de nación homogénea de
los liberales, un nacionalismo cultural y es-
piritual, que consideraba que la nación no
debía estar fundada en símbolos patrios y en
conceptos abstractos, como el de ciudadano,
sino en valores espirituales y culturales, en
la regeneración moral del individuo y de la
sociedad y en la búsqueda de una identidad
propia de raíces hispanas. En otros términos
estaban oponiendo el concepto de nación cí-
vico-política al de nación étnico-cultural.
16 Carlos Wyld Ospina, “El indigenismo en la
Literatura”, El Liberal Progresista, 13 de sep-
tiembre, 1938, “El mito de las Razas”, 1 de
octubre, 1938 y “El lío de las razas”,22 de
octubre,1938.
17 Carlos Wyld Ospina, La Gringa. Novela Crio-
lla, Guatemala: Tipografía Nacional, 1936,
pp. 301. Son escasos los autores nacionales
que han dado importancia a la novela criolla
de Wyld Ospina como novela fundacional de
la nación étnico-cultural guatemalteca. Ar-
turo Arias, en el capitulo II de su tesis La
Gringa de Wyld Ospina y la Tempestad de
Flavio Herrera ya plantea la importancia de
la gringa como una novela criolla con pro-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 191
yección social, pero no la vincula a la cos-
trucción nacional en la linea de Sommer o
Menton. Arturo Arias,
18 En este sentido la infuencia de los pensa-
dores mexicanos es indudable, sobre todo
la de Molina Enríquez para quien resultaba
necesario la elaboración de un nuevo pacto
social que revalorizara la cultura indígena,
ya que, “la nacionalidad y la patria implican
acompañamiento en un ideal por los hijos de
un mismo país y cohesión en la defensa de
los propios intereses”. A. Molina Enríquez,
Los grandes problemas nacionales, México,
ERA, 1981.
19 Carlos Wyld Ospina escribe un artículo “ A
proposito de la obra apostólica de Masferrer”,
en la que alaba su obra como educador y
hombre de acción y ataca a la literatura mo-
dernista como literatos farsantes y retóricos.
Orientación 27 de octubre de 1929 p.3. Véase,
Marta Casaús Arzú, “La infuencia de Alberto
Masferrer en la creación de redes teosófcas
y vitalistas en América Central (1920-1930)”,
en Cuadernos Americanos, Nueva Época, no.
99, Mayo-junio, México: unam, 2003.
20 Arturo Arias, La identidad de la palabra,
narrativa guatemalteca a la luz del siglo XX,
Guatemala: Artemis Edinter, 1998.
21 Junto con este primer cuento de las Na-
huyacas, se encuentran otros con temáti-
cas similares como “la Mala Hembra”, “Los
dos”, “Las Palomas” y Felipe de Esquipulas.
Carlos Wyld Ospina, La tierra de las Nahu-
yacas, Guatemala: Ed Ministerio de Educa-
ción,1957.
22 Sobre éstos temas véase Homi Bahba, Na-
tion and Narration, op. cit., Ramón Maíz,
(comp) Nación y Literatura en América Lati-
na, Buenos Aires: Prometeo, 2007.
23 Coincido plenamente con Cifuentes de que
La tierra de las Nahuyacas es uno de los pri-
meros libros de narrativa sobre el tema de la
etnicidad, porque lo hace con respeto, admi-
ración y amor. A su juicio plantea innume-
rables formas de hacer una literatura nacio-
nal. La visión de Wyld Opsina se contrapone
sustancialmente con la visión del indio en
la narrativa de Flavio Herrera y de Samayoa
Chinchilla. Cifuentes, “Las generaciones lite-
rarias…”, op cit., p. 121.
24 Wyld Opina, La tierra de las … op cit., p.22.
25 Wyld Opina, La tierra de las … op cit., p.20.
En este pasaje un poco críptico está clara la
enorme infuencia de la teosofía en la medi-
da en que está hablando de la procedencia
de los Mayas de la Atlántida, teoría teosófca
desarrollada por Besant y Blavatski y está
planteando que su Dios era la tierra y el sol,
por la infuencia de la heliosofía. Sobre este
tema véase, Marta Casaús, “La creación de
nuevos espacios públicos en Centroamérica
a principios del siglo xx; La infuencia de las
redes teosófcas en la opinión pública,”, en
Universum, n.17, 2002, pp. 297-331.
26 Ramón Maíz, Nación y Literatura, op cit., p. 13.
27 Wyld describe al indio aladinado como “ he-
cho a las maneras del mestizo o del blanco
(ladino)” en La tierra de la Nahuyacas, op
cit., p.34.
28 Véase la defnición de Carlos Guzmán Boc-
kler como el ladino un ser fcticio en, Guate-
mala: Interpretación histórico social, México:
Siglo XXI, 1974.
29 Wyld Ospina, La tierra de la Nahuyacas, op
cit., p.35.
30 Esta descripción aparentemente “neutra”
sobre Sebastián Ax, sobre “sus miembros
robustos y su sangre sana”, está claramente
referida a los partidarios del degeneracio-
nismo y de la eugenesia, que consideraban
que la sangre del indio ya estaba gastada
que era impura y que debería morir o mejo-
rar la raza. Véase Casaús Arzú,“El binomio
degeneración regeneración en las corrientes
de pensamiento positivistas y racialistas de
principio de siglo XX”, en, Mesomaérica, Ju-
nio, 2009.
31 Wyld Ospina, La tierra de la Nahuyacas, op
cit., p. 34.
32 Los autores del positivismo racialista que
más infuyeron en esta generación fueron Hi-
polytte Taine, que sostenía que el origen de
la raza no era otra cosa que la adaptación al
medio: “un clima y una situación diferentes,
determinan en el animal y en el hombre, ne-
cesidades distintas”. Gustave Le Bon consi-
deraba que era la herencia y la sangre lo que
decidía la inferioridad o superioridad de las
razas. Gobineau, consideraba que “es la raza
la que lo decide todo [...]”, por ello, sólo el cru-
zamiento de sangres puede mejorar la especie
y evitar su degeneración. Tzevetan Todorov,
Nosotros y los Otros, México, Siglo xxi, 1991,
pp. 189 y ss. Un repaso sobre éstas infuen-
cias racialistas en América Latina, podemos
encontrarla en la obra de Richard Graham,
(ed), The Idea of Race in Latin America, 1870-
1940, Texas, University of Texas Press,1990
33 Wyld Ospina, La tierra de la Nahuyacas, op
cit., p. 22.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 192
34 C. Wyld Ospina, La tierra de las Nahuya-
cas… op cit.p.37.
35 C. Wyld Ospina, La tierra de las Nahuya-
cas… op cit.p.54.
36 Recordemos la pertenencia de Wyld Ospina
a varias sociedades teosófcas y fue el fun-
dador de una de las revistas teosófcas más
importantes, Estudio. Por otros artículos y
testimonios de otros Ajkik, tenemos cons-
tancia de que Wyld Ospina defendió a un
Chaman de Quetzaltenango, Santiago Coyoy
que fue condenado a muerte y Wyld Ospina
estuvo a su lado hasta el fnal de sus dias.
Lo cual nos da a entender la estrecha rela-
ción que había entre estos dos tipos de espi-
ritualismo. Marta Casaus Arzú, “El Binomio
degeneración-regeneración en las corrientes
positivistas y racialistas de principios del si-
glo XX en Guatemala” en, Revista Mesoamé-
rica, junio,2009
37 Carlos Samayoa Chinchilla (1899-1978),
Aunque pertenece cronológicamente a la ge-
neración del 20. Sus colegas de generación
le excluyen por no haber participado en el
derrocamiento de Estrada Cabrera, por no
haberse formado en la escuela de varones
y haber sido el Secretario de la Presidencia
durante la dictadura de Ubico. Es escritor,
periodista de varios medios, especialmente
El Imparcial.
38 Samayoa Chichilla, Madre Milpa, cuentos y
leyendas,Guatemala, Ministerio de Cultura
y Deportes,1998.
39 Nos referimos a la segunda etapa del indi-
genismo o de la novela pre indigenista, en
donde al indígena se utiliza como objeto es-
tético literario, pero que poco tiene que ver
con su vida y sus costumbres o que no logra
rehuir de ese indio mítico del pasado o del
indio exótico o folklórico. No coincidimos con
la opinión de Albizúrez Palma y Barrios que
consideran a Samayoa un precursor del in-
digenismo porque “recoge una actitud respe-
tuosa de las creencias, formas de vida, dolor
y miseria de. los antiguos dueños de estas
tierras”. Todo lo contrario su obra rezume
desprecio, desconocimiento y racismo. Fran-
cisco Albisurez Palma y Catalina Barrrios,
Historia de la Literatura Guatemalteca, tomo
2, op cit.
40 Carlos Samayoa Chinchilla, “A propósito del
Indio, y en la Carta de Samayoa Chinchilla a
Ramón Aceña Durán, El Imparcial, 26 y 28
de enero pag 3 y 6.
41 Sólo en uno de los cuentos “Mas allá de
Chirreacte”, se vislumbra alguna esperanza
para el pueblo indígena y sus futuras gene-
raciones “Sobre esta niña vuela el aliento de
las futuras generaciones” p. 340.
42 Madre Milpa, p.149.
43 El Zchicolaj p.175, En esta ocasión lo dice
en un contexto de que el indio `Sangay, no
puede aspirar a casarse con alguien que no
es de su raza ni de su clase social p.175 Se
repite en cuatro ocasiones, dos veces en la
llamada (211 y 223).
44 Maria Candelaria p. 189.
45 Carlos Samayoa Chinchilla, “A propósito del
Indio”, y en la Carta de Samayoa Chinchilla
a Ramón Aceña Durán, El Imparcial, 26 y 28
de enero pp. 3 y 6. Samayoa pensaba, como
otros intelectuales de esta corriente, en que
regenerar a los indígenas era inútil porque,
“sus energías se agotaron y es improductivo
luchar para devolverles a la vida”. Como di-
rían los neo-racistas actuales su mundo era
tan diferente, tan inasimilable que no mere-
cía la pena hacer el esfuerzo, “porque su es-
píritu está agonizando y hay que ayudarlos
a morir”.
46 “El enemigo”. p.168. Curiosamente el ene-
migo no es la pobreza, el estado, los fnque-
ros o el ladino, ni siquiera el pueblo, sino el
aguardiente que lo embrutece y que resulta
una condición inherente a su raza agotada.
47 “La llamada”. p. 222 y 223.
48 “Serrín de cariño”. p. 320.
49 La Máscara de Iztayup, p.238
50 Carlos Samayoa Chinchilla, El dictador y
yo, verídico relato sobre la vida del General
Ubico, Guatemala, Ministerio de Educación
“Pineda Ibarra”,1967
51 C. Samayoa Chinchilla, “Algo más acerca
del indio”, El Imparcial, 28 de enero de 1937.
En este párrafo el proyecto eugenésico está
muy claro, resulta la única forma de integra-
ción a la nación. Sobre estos temas véase,
Marta Casaús Arzú, “De la Incógnita del in-
dio al indio como sombra: El debate de la an-
tropología guatemalteca en torno al indio y
la nación,1821-1938”, en Revista de Indias,
2005 vol LxV, num 234 pp. 375-404.
52 “La llamada” en Madre Milpa, Cuentos y le-
yendas de Guatemala, op.cit., p. 227.
53 Carlos Samayoa Chinchilla, “Algo más
acerca del Indio, Nuestros aborígenes a la
llegada de los españoles.- efectos de la con-
quista.- errores y fantasías.- la alimentación
defciente.- otros tópicos”. Carta de Carlos
Samayoa Chinchillla al Señor Don Ramón
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 193
Aceña Durán, El Imparcial, 25 de enero de
1937.
54 La Máscara, p. 238.
55 El Brujo de Chitzajay, en Madre Milpa
op.cit., p.194.
56 Mas allá de Chirriacté p. 331 y 332.
57 “Mas allá de Chirriacté”. 331.
58 Hacemos notar que si bien emplea, de vez en
cuando el témino “Chimán”, como lo emplea
Wyld Ospina que siempre se refere con respe-
to y admiración a los chamanes o ajkik, como
seres con una enorme espiritualidad y poderes
especiales, Samayoa Chinchilla siempre está
denigrando a estos personajes. Véase, Wyld
Ospina, La Tierra op cit. p. 34 y Los Lares Apa-
gados, Guatemala, Ed. Universitaria, 1958.
59 Carlos Wyld Ospina describe al Banonel o
chaman como, “curandero iniciado en la
mística Kecchí” y lo describe en su libro
como el anciano que instruía a Yat como
un padre enseña a su hijo la sabiduría de
la vida y le muestra el gran espíritu del sol.
Todas sus referencias al chaman son de res-
peto y admiración por sus conocimientos y
su sabiduría.,. Wyld Ospina. Los Lares Apa-
gados, op. cit. pp. 18 y 19.
60 Debate del 37 o El dictador y Yo. op.cit., En
el primer capítulo de su ensayo sobre El Dic-
tador y Yo, ya pone de manifesto su opinión
acerca de los indios y de los pueblos lati-
noamericanos que son “Pueblos indolentes
y fatalistas, no solo por razones de clima y
alimentación, sino porque sus antecesores,
indios y españoles lo fueron en grado y for-
ma superlativa”. p. 45
61 Es el término que Margalit emplea para re-
ferirse al modelo de ciudadano que debería-
mos de ser con valores como la honradez,
la tolerancia, el respeto y reconocimiento de
los otros y de nosotros mismos. Un concep-
to muy similar en su tiempo al que empleó
Benjamín Franklin, El buen ciudadano.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 194
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3
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REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 195
El Salvador, 1932:
los cofrades insurrectos
pabLo benítez
Las cofradías en el entramado corporativo de la
sociedad colonial
a estructura básica de la sociedad colonial
en la América hispánica era la corporación.
Las corporaciones marcaban la pauta de
comportamiento social en prácticamente
todos los ámbitos de la vida pública, poseían lazos
de diverso origen, fundamentalmente familiares, étni-
cos, económicos, políticos y religiosos.
Algunas de las unidades corporativas más im-
portantes eran la parroquia, el gremio, la familia y
la municipalidad. En estas corporaciones, los be-
nefcios y las responsabilidades se asignaban y se
ceñían a los intereses del grupo. Las relaciones so-
ciales se originaban y desarrollaban al amparo de
las corporaciones. El derecho, las instituciones pú-
blicas y la sociedad en general no consideraban a los
individuos por sí mismos, los concebían como inte-
grantes de colectivos y los ubicaban en el eslabón
jerárquico-social correspondiente, de acuerdo con el
estamento al que pertenecieran.
Este modo corporativo de proceder es el que en-
trará en combate con el imaginario individual que
las reformas ilustradas pretenderán establecer al f-
nal del periodo colonial.
herencia corporativa colonial en la sociedad salvadoreña
LAS
CORPORACIONES
MARCABAN
LA PAUTA DE
COMPORTAMIENTO
SOCIAL EN
PRÁCTICAMENTE
TODOS LOS
ÁMBITOS DE
LA VIDA PúBLICA
L
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 196
Estudios como el de Marta Elena
Casaús demuestran que estos lazos
corporativos pervivieron y que ac-
tualmente poseen gran relevancia en
el estudio de los procesos históricos
latinoamericanos. Casaús pone de
manifesto que el parentesco consti-
tuyó un “elemento clave” en la for-
mación de la sociedad colonial “en
casi toda la región latinoamericana”.
Para el caso centroamericano,
aclara que el análisis de las relacio-
nes de poder entre familia y Esta-
do se vuelve un punto de rigor si se
quiere estudiar periodos como “el
momento de la formación de los Es-
tados nacionales y del surgimiento
de las oligarquías centroamerica-
nas”.
1
Otro tipo de corporaciones des-
empeñaron un papel importante
para fortalecer tejidos sociales. Los
ejidos y las cofradías, por ejemplo,
fueron útiles para alimentar los me-
canismos de resistencia cultural y
de integración entre las comunida-
des indígenas.
Este tipo de corporaciones ade-
más cumplieron funciones políticas
y económicas. Consta en archivos
municipales que las cofradías tuvie-
ron capacidad de compra-venta de
tierras. Esas tierras se adquirían de
acuerdo con los intereses de la co-
lectividad. El titular de la propiedad
pasaba a ser la cofradía toda. El do-
cumento de propiedad se entregaba
“a manos” de los “cofrades”, “alcal-
des” y “fscal” de la corporación.
2
Las cofradías estaban exentas
de alcabalas por privilegio real. El
patrimonio de estas corporaciones
estaba conformado por dinero, ga-
nado, tierras y, aunque rara vez,
por especies que podían servir de
mercancía. Los ingresos los obte-
nían por medio de limosnas, esquil-
mos y usura pupilar.
3
En el campo de las representa-
ciones sociales, las cofradías tam-
bién incidieron notablemente.
La pertenencia a una cofradía
otorgaba al individuo el acceso a
una institución que brindaba for-
mas de sociabilidad, de represen-
tación, protección y prestigio (…)
ser miembro, entonces, equivalía
a poseer un timbre de honor y dig-
nidad.
4
Enrique Florescano señala que
en la América hispánica colonial
cada estamento hacía valer sus
diferencias con respecto a los de-
más. Los confictos que desataba
ese “hacer valer” provocaban la re-
afrmación de las diferencias. En la
presencia de esas distancias y esos
alejamientos radicó la estabilidad
de aquella sociedad, “pues creó una
suerte de pesos y contrapesos entre
los grupos”.
5
Sin embargo, esos pesos y con-
trapesos no obedecían a diferencias
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 197
en un solo aspecto diferenciador. Por
ejemplo, en las cofradías, las dife-
rencias étnicas no eran en modo al-
guno un punto único diferenciador.
Por el contrario, las cofradías fueron
organismos estamentales que se de-
sarrollaron en grupos sociales muy
diversos. Desde el siglo xVi “las había
de indios, negros y mulatos libres, o
de grupos de comerciantes blancos
ricos y de artesanos pobres”.
6
La complejidad del entramado
social que componían las cofradías
se manifestaba aun con mayor fuer-
za en las ceremonias públicas de la
sociedad colonial hispanoamericana.
Puede tomarse por caso la ceremonia
de las reales exequias para el señor
don Carlos III, rey de las Españas y
Américas, y real proclamación del se-
ñor don Carlos IV, su heredero.
7
En tal ceremonia, los cuerpos
que conformaban la sociedad co-
lonial ocupaban lugares absoluta-
mente predefnidos. Tal sitio ser-
vía especialmente para dibujar el
esquema jerárquico-estamental de
aquella sociedad y para asignar un
lugar en el imaginario social a cada
una de las corporaciones.
Don Pedro Ximena ha legado
una descripción en suma intere-
sante y muy valiosa de tales actos
públicos. En el primer día de cele-
braciones, las autoridades marcha-
ban por la ciudad. Iban de la plaza
a la catedral para bendecir el pen-
dón real, “señal auténtica de jurar
y proclamar por su Rey y Señor D.
carLos iV”, y luego de la catedral a
la plaza, para colocar el pendón “al
lado de las reales estatuas”.
8
En la descripción de ambos mo-
mentos del recorrido, se pone de
manifesto la importancia del sitial
que cada corporación debe ocupar
en las marchas.
(…) se formó el paseo en la forma
siguiente: el navío con velas tendi-
das, maniobrando los marineros y
haciendo saludos a nuestros Reyes
a uso de la mar y disparando de
rato a rato coetes voladores rom-
piendo el concurso de gentes, como
si dividiera las aguas, daba princi-
pio a el que seguían los cinco bay
les de los indios, después las mili-
cias con pausada y vistosa marcha.
Sucedían gallardamente montados
a caballos los indios alcaldes y regi-
dores de los pueblos, y seguían to-
dos los vecinos principales, cerran-
do tan lucido y magnífco aparato
el Alférez Real con el Pendón.
Otra ceremonia pública que de-
muestra la voluntad de represen-
tación de la sociedad colonial es la
de las honras fúnebres o reales exe-
quias por Felipe IV, en el año 1666.
Enrique Florescano cita un estudio
de Clara García Ayluardo en el cual
se expone con detalle la composi-
ción y el orden en que se desarrolla
la procesión en la Nueva España, en
honor del monarca muerto.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 198
Iniciaban el cortejo 18 cofradías
de negros, mulatos, flipinos e
indios tarascos. Cada grupo lle-
vaba al frente las insignias que
representaban a sus respectivas
devociones. Seguían luego las 89
cofradías de las comunidades in-
dígenas de los barrios urbanos y
de los pueblos de vecinos. Este
numeroso contingente compues-
to por 4000 individuos terminaba
con los caciques, principales, al-
caldes y gobernadores indios, ves-
tidos con sobrias túnicas negras.
Luego de estos dos primeros gru-
pos seguían las cofradías de españo-
les, que sumaban 19; continuaba un
grupo de estudiantes de los principa-
les colegios, que agregaba 1.000 per-
sonas a la procesión; la archicofradía
del Santísimo Sacramento encabeza-
ba a 1.325 miembros del clero dioce-
sano, que se integraban a los grupos
de las demás órdenes religiosas y sus
cruces respectivas. La segunda sec-
ción correspondía a las autoridades
civiles, los tribunales reales y las cor-
poraciones civiles. Por último, desfla-
ban los ministros de la Real Hacienda
y la Audiencia, los más altos jueces y
magistrados, para cerrar con la per-
sona de autoridad suprema de la mo-
narquía en la Nueva España: el virrey.
Hay muchos ejemplos más de
los mecanismos que la sociedad co-
lonial utilizaba para representarse
a sí misma públicamente, desde la
pintura y la distribución de los es-
pacios urbanos hasta la paraferna-
lia ritual consignada anteriormente
y que concierne a los actos públicos
de fe católica. La sociedad colonial
hispanoamericana gustaba retra-
tarse y hacerse respetar por medio
de esas representaciones.
Pero lo que interesa poner de ma-
nifesto, fnalmente, es la dimensión
y la incidencia que poseía el fenóme-
no de las cofradías en esa sociedad
estamental de la que venimos ha-
blando, y cómo ese peso propio de las
cofradías permanece a lo largo de la
colonia y continúa después en la vida
republicana como una herramienta
de resistencia cultural y lucha polí-
tica en las comunidades indígenas.
9
Aunque puede alegarse que la
ceremonia de las honras fúnebres
por Felipe IV data de 1666 y que en
aquella época la población indígena
era mucho más numerosa, no deja de
ser sorprendente que las cofradías de
las comunidades indígenas abarcaran
casi el 70% del total de cofradías men-
cionadas en el documento y que en la
procesión sumaran 4.000 personas.
Los límites del presente ejercicio
investigativo
Antes de continuar, es necesa-
rio discernir con rigor los límites del
esbozo investigativo que practicaré
en el presente texto, especialmente
porque la expresión “sociedad colo-
nial en la América hispana” remite
a un espacio y a un tiempo suma-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 199
mente extensos. Sin embargo, no se
trata de un callejón sin salida. Serge
Gruzinski, por ejemplo, resuelve este
obstáculo teórico-metodológico con
dos propuestas claras: a) partir de
una “base local” y “cuasi microscó-
pica” o b) partir de horizontes mucho
más vastos, tomando en cuenta los
“conjuntos políticos con ambiciones
y extensiones planetarias” que apa-
recieron durante la época colonial.
10
Tomaré la primera de las ru-
tas que ofrece esa solución dual de
Gruzinski. Partiré de un espacio geo-
gráfco y cultural reducido, “una base
local”, el Reino de Guatemala, espe-
cialmente la provincia de Sonsonate;
me ubicaré en un periodo cercano al
que he señalado con los ejemplos de
las reales exequias, es decir los siglos
xVii y xViii. Luego moveré el punto de
enfoque hacia los siglos xix y xx en
El Salvador, con mayor énfasis en la
década de los treinta del siglo xx, con
el fn de traer hacia el presente la re-
fexión sobre el carácter corporativo
de la sociedad colonial y vincularla
con el análisis historiográfco de los
sucesos de 1932.
Las cofradías en el Reino de Gua-
temala: resistencia cultural y ac-
ción política
Los datos traídos a cuenta acerca
de la participación de los indígenas
en las ceremonias públicas reconfr-
man que, a pesar de ocupar casi el
último peldaño de la jerarquía social
colonial, las corporaciones indígenas
sí poseían un papel reconocido; tam-
bién demuestran que tales estruc-
turas, me refero a las cofradías en
específco, contaban con redes orga-
nizadas que garantizaban su funcio-
namiento y su representación social
con toda solvencia.
No obstante, si se comparan los
datos de participación de las cofradías
indígenas en las ceremonias públicas
con los datos de la participación de
los indios en los rituales católicos más
cotidianos, como la misa o los sacra-
mentos, los contrastes son muchos.
En su Descripción geográfco-
moral de la diócesis de Goathema-
la, informe de visita realizada desde
1768 hasta 1770 a los curatos que
conformaban la diócesis, monseñor
Pedro Cortez y Larraz se queja cons-
tantemente de la “repugnancia a oir
misa” y a “la explicación de la doctri-
na cristiana” por parte de los indios.
Respecto a lo que ambos curas di-
cen [el de San Juan Sacatepequez
y el de Izalco] de la repugnancia
a oir misa y la explicación de la
doctrina cristiana, es cosa que me
espanta ciertamente en esta y to-
das las parroquias y creo que (sin
peligro de engañarme) en toda la
América…
11
Esta y otras afrmaciones de
Cortés y Larraz ponen de manifesto
la pugna religiosa y cultural que se
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 200
Antonio Bonilla. Pompas fúnebres.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 201
libraba entre autoridades católicas
e indígenas. Instituciones tan im-
portantes para el catolicismo como
el matrimonio no eran signifcati-
vas para los indios. Se rehusaban a
enviar a sus hijos a la escuela para
aprender castellano y doctrina cris-
tiana. Los ya adoctrinados incum-
plían los sacramentos de la confe-
sión y la eucaristía.
¿Cómo se explica entonces la
participación indígena masiva y or-
ganizada en actos de representación
social vinculados a la religión católi-
ca?, ¿cómo se explica la “repugnan-
cia” fuerte de los indios hacia los ri-
tos más cotidianos de la fe católica?
Se explica en función de las re-
laciones de poder, de la vida política
colonial. Las cofradías constituyeron
un mecanismo de resistencia cul-
tural de parte de las comunidades
indígenas. Esa resistencia implica-
ba una pugna por el poder político
local. Los indígenas, ya inmersos en
la dinámica política que la conquis-
ta les había impuesto, luchaban por
conservar el poder de las localidades.
Por medio de las cofradías favore-
cían la cohesión social e impulsaban
sus prácticas culturales, hasta don-
de fuera posible. Esas prácticas se
mezclaban con la ritualidad católica,
y esa mezcla producía fnalmente un
híbrido que no gustaba nada a las
autoridades eclesiales, quienes las
veían como “un puro pretexto para
deshonestidades, embriagueces y
desórdenes”.
12
A pesar de las solicitudes de
clausura que algunos personajes
difundieron tanto en América como
en España, las cofradías fueron to-
leradas por las autoridades, gracias
a que procedían de una tradición
religiosa europea que se trasladó a
América, y que implicaba la acepta-
ción de ciertos moldes eclesiales que
benefciaban a no pocas corporacio-
nes. El caso más cercano de ese be-
nefcio lo hallamos en los sacerdo-
tes encargados de los curatos. Las
cofradías, a pesar de que muchas
declaraban nulo movimiento eco-
nómico, es decir cero capital y cero
bienes, sostenían en gran parte el
funcionamiento de las parroquias,
organizaban las festividades de los
santos (que llamaban guachivales),
construían altares y sufragaban la
“subsistencia” del cura párroco.
Las cofradías contribuyen para
ornamentos, cera, vino, hostias,
y cuanto es necesario para las
Parroquias, y no solamente para
esto, sino para edifcar, y reparar
los Templos (…). Las Cofradías es
casi lo único, con que se puede
contar para la subsistencia de los
Curas, y Ministros necesarios para
el servicio de las Parroquias.
13
Las cofradías pasaron a ser es-
pacios propicios para que las comu-
nidades indígenas se organizaran
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 202
políticamente y consolidaran sus la-
zos identitarios y culturales. El as-
pecto religioso también se prestaba
para esos fnes. Los indios amolda-
ron la ritualidad católica a su pro-
pia mentalidad religiosa, desgarra-
da y oculta, pero que había sido he-
redada junto con la lengua náhuat,
todavía viva a fnes del siglo xix.
Esta organización y esta cohesión
aportaban mayores posibilidades de
participación en la vida pública de
la localidad, incluso en las eleccio-
nes municipales.
Con toda seguridad, las cofra-
días permitieron la construcción de
redes sociales muy fuertes, que fa-
cilitaron la organización de acciones
políticas rebeldes. Son muchos los
levantamientos indígenas ocurridos
durante los siglos xViii, xix y xx. Y
los pactos tampoco estuvieron fuera
de las prácticas políticas de las co-
munidades indígenas.
Virginia Tilley registra 43 re-
beliones indígenas entre 1771 y
1918 en diferentes localidades, es-
pecialmente en las zonas occiden-
tal y central del país. Se trataba de
afrentas contra el poder establecido
y protestas contra los abusos de las
autoridades.
14
Erik Ching analiza el
caso de un municipio en el cual las
comunidades indígenas llegaron a
poseer el control del gobierno mu-
nicipal gracias a las elecciones en
varias oportunidades: Nahuizalco.
15

Tilley termina su conteo de rebe-
liones indígenas con el registro de
un pacto político coyuntural entre
las comunidades y la Liga Roja, or-
ganismo represivo montado por los
Meléndez Quiñónez.
El Salvador, 1932: los cofrades
insurrectos
Ya en la cuarta década del siglo
xx, puede analizarse un caso que
ha tenido tratamiento diverso por
parte de los historiadores: la parti-
cipación indígena en la insurrección
de 1932 en El Salvador. Gracias a
los hallazgos documentales de la
década de los noventa a la fecha, es
posible determinar que las comuni-
dades indígenas desempeñaron un
papel principal en los sucesos de
1932. Las disonancias se encuen-
tran más bien cuando se intenta
explicar de qué modo estas comu-
nidades se vincularon con las orga-
nizaciones comunistas y cuál fue la
manera en que estos grupos coor-
dinaron la ejecución del plan insu-
rreccional. ¿El Partido Comunista
de El Salvador ganó la confanza de
las comunidades gracias a la labor
de agitación y organización? ¿Las
comunidades indígenas se levan-
taron espontáneamente, sin plan
defnido y sin mediación ideológica
comunista?
Para Héctor Pérez Brignoli, pa-
rece “indiscutible” que la actividad
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 203
política de las cofradías religiosas
indígenas fue fundamental, antes
y durante la insurrección. Califca
tales corporaciones como “institu-
ciones de solidaridad étnica y cul-
tural”. Pérez Brignoli concluye que
fueron las cofradías las que “pro-
porcionaron el marco organizativo
para la movilización de los ‘natu-
rales’”. Fueron esas redes sociales
y políticas las que “remarcaron los
elementos propiamente indígenas
de la rebelión”.
16
En este punto, como él mismo
lo señala, Pérez Brignoli concuerda
con otros autores: Thomas Ander-
son y Evert Allan Wilson. Y como
también lo aclara Pérez Brignoli, los
tres siguen la línea argumentativa
de Jorge Schlesinger en cuanto a
este aspecto de la insurrección.
Schelsinger asevera que “fue-
ron las cofradías religiosas las que
abrieron la puerta y robustecieron
las ideas comunistas entre las ma-
sas indígenas”. Una vez abolidos los
cacicazgos, según Schelesinger, “la
costumbre” fue imponiendo los vie-
jos liderazgos en otro tipo de prác-
ticas culturales. Schlesinger de-
nuncia “un lazo de unión por medio
del nexo religioso” entre los indios.
Señala con especial énfasis que en
cada una de las localidades más
“afectadas por el movimiento co-
munista” hay una cofradía (“Izalco,
Juayúa, Nahuizalco, Sonsonate” y
otras). Especialmente la Cofradía de
Jesús a Gatas, la Cofradía del Señor
del Rescate y la Cofradía de los Siete
Dolores, todas bajo jurisdicción de
la Cofradía del Espíritu Santo, con
sede en Izalco. Finalmente, revela
que el “jefe” de la mencionada co-
fradía es José Feliciano Ama, diri-
gente indígena ejecutado en Izalco
por participar en la insurrección, es
decir, por “comunista”.
17
No cabe duda de la presencia e
importancia de las cofradías duran-
te la colonia y durante la vida re-
publicana en los países centroame-
ricanos. Tampoco cabe duda de las
sólidas redes sociales, culturales y
políticas que constituyeron. En ese
sentido, no es difícil darle la razón a
Schlesinger.
Además, las cofradías siempre
fueron espacios de disidencia con
respecto al poder político y al poder
religioso. Para las autoridades de
la Iglesia Católica, las cofradías re-
presentaban un problema de doble
flo. El primer flo era su “extrema
autonomía de la religión ofcial”; el
otro flo se refería a las “profundas
diferencias de creencias y ritos”.
En el ámbito político, las cofradías
aprovecharon sus redes para hacer-
se con el poder local, es decir que la
plataforma religiosa poco a poco fue
derivando en plataforma política y
electoral. Esas plataformas les per-
mitieron afanzar poder, y controlar
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 204
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.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 205
algunas municipalidades, como ya
se sugiere en el apartado anterior.
18
La defensa de las cofradías y
del poder local se convirtió enton-
ces en la principal reivindicación de
las comunidades indígenas. Un in-
forme del gobernador de Sonsonate
fechado en el año 1913 expresa que
“la población indígena de Izalco era
pacífca excepto cuando los ladinos
desafaban sus creencias y prácti-
cas religiosas”.
19

Pero no es el carácter altamen-
te político y organizado de las co-
fradías lo que está en discusión. El
punto que se encuentra en la mesa
de debate es si el Partido Comunis-
ta de El Salvador auténticamente
hizo labor organizativa en las pobla-
ciones insurrectas; si planifcó y di-
rigió junto con ellas la insurrección
de 1932.
Los mencionados hallazgos do-
cumentales (especialmente el que
Erik Ching dio a conocer al abrir-
se los archivos de la Komintern en
Moscú) condujeron a restarle pro-
tagonismo al Partido Comunista, a
conjeturar acerca de la no-partici-
pación de tal organización en la ges-
ta insurreccional.
En uno de sus más recientes
trabajos publicados, Ching afrma
que los agitadores comunistas no
pudieron haber tenido éxito al tra-
tar de acercarse políticamente a las
cofradías debido, entre otros aspec-
tos, al ateísmo profesado por el co-
munismo (digamos) clásico.
La desconfanza tradicional entre
indígenas y ladinos generó sospe-
chas entre los primeros, cuando
los segundos se presentaron como
portadores de promesas de reden-
ción política y económica. Es más,
el ateísmo propio del comunismo
estaba muy reñido con el papel
destacado que jugaban las cofra-
días en la vida de los indígenas.
20
En esa misma línea argumental,
Ching asegura que el pcs decidió
“no formular una estrategia espe-
cífca” para atender organizativa-
mente las comunidades indígenas
en cuanto tales. La “heterogeneidad
étnica” habría sido desestimada. La
labor política se habría basado en
la idea de “homogeneidad de clase”,
según la interpretación de Ching.
Para reforzar y rematar su análisis,
el historiador cita a un miembro del
pcs que delata “la falta de trabajo
entre los indios nativos”. Finalmen-
te, Ching acepta que el pcs logró
“infuencia en algunas comunida-
des campesinas” gracias a que se
concentró en atender las reivindica-
ciones que planteaban “los mismos
campesinos”.
21
Ching contradice fehaciente-
mente la línea interpretativa que
vincula a los comunistas con las
cofradías y pareciera desechar la
idea de que esa relación es caldo de
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 206
cultivo para el trabajo organizativo
insurreccional.
Sin embargo, hay dos cabos
sueltos en la interpretación de
Ching. En primer lugar, la militan-
cia comunista salvadoreña difícil-
mente puede califcarse como atea.
A pesar de que reniegue de la reli-
gión en general y de que responda
duramente a los sermones de pre-
dicadores conservadores, es imposi-
ble negar que la formación cultural
y el origen social de los militantes
impedían que se desligaran absolu-
tamente de las creencias religiosas.
El famoso sobreviviente de la
matanza entrevistado por Roque
Dalton, Miguel Mármol, afrma que
desarrolló “sentimientos religiosos”
y “devoción” por la Virgen María y
por San Francisco de Asís desde
su infancia, por infuencia de su
abuela. Agrega que su “fe católica”
se fortalecía por las soluciones que
con frecuencia tenían las “necesi-
dades más extremas” de su familia,
gracias a los rezos de su madre.
22

En varias ocasiones, más adentrado
en sus relatos, hará hincapié nue-
vamente en su formación religiosa.
No obstante, Mármol también hará
un matiz importante: desde sus pri-
meras experiencias de trabajo en
San Salvador, específcamente en
la zapatería La Americana, comenzó
a dudar de la fe por infuencia de
otras personas. Ya para ese momen-
to, recuerda Mármol, “advertía que
problemas como los de la existencia
de Dios, el diablo o de la mismísima
ciguanaba, no eran fundamentales,
ni mucho menos”. Puede inferirse
que para los militantes comunis-
tas salvadoreños de los años veinte
y treinta la fe religiosa dejó de ser
prioritaria, pero no por eso pasa-
ron a declararse ateos. Al contrario,
Mármol utiliza un término intere-
sante para referirse a su condición
de no creyente: “descreído”.
23
Su ac-
titud es la de un desengañado, no la
de un ateo. En ningún momento se
atreve a declararse como tal.
En otro texto, escrito por Már-
mol en 1981, titulado “La Regional
va a las masas del campo”, el viejo
militante hace una recapitulación
breve y superfcial sobre las tareas
organizativas de la Federación Re-
gional de Trabajadores Salvadore-
ños (FRTS) fuera de las zonas ur-
banas. Este repaso contiene una
declaración sumamente importante
para comprender la relación entre
comunistas e indígenas-cofrades.
Para contrarrestar la denuncia del
clero, de que se era ateo, irreligio-
so, los propagandistas y organiza-
dores de la Federación Regional
participaban en la construcción
de los altares, y en muchas otras
actividades relacionadas con la
festividad de tal o cuál santo. Y re-
zaban como todos. Por lo tanto no
hubo una actitud de dogmatismo
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 207
anti-religioso sino [que] se mos-
tró a la población quiénes eran
los verdaderos enemigos, los ricos
y la necesidad de pelear por sus
derechos, por encima de banderas
religiosas.
24
Los altares y las festividades de
santos a los que se refere Mármol,
sobre todo si se tienen en mente las
localidades en donde caló más hon-
do la agitación, son seguramente
las vinculadas a la actividad religio-
sa de las cofradías, especialmente
los guachivales. Probablemente, ese
tipo de colaboración fue la que abrió
brecha para ganarse la confanza
de dirigentes indígenas que admi-
nistraban cofradías o participaban
activamente en ellas, como José Fe-
liciano Ama, sin desdeñar el amplio
rodaje político de los dirigentes de
las cofradías y la calidad de inter-
locución que ofrecían, como se ad-
vierte fácilmente al referir el nivel de
alianzas políticas que vienen esta-
bleciendo desde fnes del siglo xix.
Podría aducirse que Mármol, pa-
sados casi cincuenta años, tal vez
esté cargando las tintas para favore-
cer la idea de que la insurrección sí
fue producto de la labor política de
los comunistas. No obstante, exis-
te otra fuente que verifca el fuerte
lazo entre trabajo de agitación co-
munista y las manifestaciones re-
ligiosas populares. Se trata de dos
estampas católicas decomisadas a
Mármol cuando fue capturado en el
año 1934. La primera de ellas pre-
senta una imagen de la Santa Cena
(ver fgura 1 en anexos). La segunda
estampa presenta una imagen de
Jesús predicando (ver fgura 3 en
anexos). En ambos casos, lo intere-
sante es que en el reverso se leen
textos escritos con máquina de es-
cribir que vinculan la fe cristiana
con la lucha revolucionaria. “Cristo,
el descamisado de Nasareth, el pri-
mer revolucionario que supo conva-
tir a los poderosos y a los explota-
dores”, se lee en la primera estampa
(ver fgura 2 en anexos). En la otra
imagen se lee: “Los comunistas,
únicos verdaderos discípulos de
cristo en la actualidad, merecen el
respeto a sus doctrinas” (ver fgura
4 en anexos).
Además de aquellas estampas,
en el archivo judicial fgura también
correspondencia entre sobrevivien-
tes de la masacre fechada principal-
mente en 1933. No resulta extra-
ño inferir entonces que ese tipo de
propaganda decomisada a Mármol
haya sido utilizada para cooptar co-
frades y ganar simpatías entre gru-
pos religiosos.
En cuanto a las declaraciones
citadas por Erik Ching, en donde
un militante del PCS acusa “la falta
de trabajo entre los indios nativos”,
se trata de una afrmación que debe
contrastarse. En rigor, la estructura
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 208
Antonio Bonilla. La historia de un pueblo.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 209
partidaria comunista se montó so-
bre una base organizativa ya exis-
tente: la base construida por la frts
y por el Socorro Rojo Internacional
(sri) algunos años antes de la fun-
dación del pcs.
25
Tal y como lo se-
ñala Ching, la labor de organización
que el pcs pudo llevar a cabo antes
de 1932 debió ser mínima. Fue la
estructura ya constituida la que sir-
vió de apoyo al Partido. Nótese, para
el caso, que Mármol no habla de
“propagandistas y organizadores”
del pcs, sino de “propagandistas
y organizadores de la Federación
Regional”. Existen contrastes que
Ching no toma en cuenta, que bien
podrían resumirse así:
a El pcs en cuanto tal solamente
pudo tomar decisiones estratégi-
cas entre 1931 y 1932, cuando se-
guramente la estructura ya estaba
montada por la frts y las comuni-
dades indígenas cooptadas.
b La frts fue fundada en el año
1927, su estructura abarcaba
gran parte del territorio nacio-
nal. Tan sólido fue el apoyo orga-
nizativo que la correspondencia
decomisada a Mármol en 1934
da cuenta de la pervivencia de
grupos comunistas ubicados en
la zona oriental (Usulután y La
Unión) y la zona occidental del
país (Santa Ana). En el informe
judicial consta que le fue deco-
misada “correspondencia comu-
nista [fechada] desde el mes de
octubre del año retro-próximo”,
es decir desde octubre de 1933,
y menciona entidades como el
“Consejo Ejecutivo Sindical” o el
“Consejo Federal Ejecutivo Sindi-
cal”. Tal y como evidencia el infor-
me, los cargos y las estructuras
mencionadas siguen remitiendo a
la organización sindical montada
por la frts, pero el sello que cal-
za varios de los escritos es el del
Partido Comunista de El Salvador
(ver fgura 5 en anexos).
c En el testimonio de Miguel Már-
mol que nos traslada Dalton y en
los mismos documentos estudia-
dos por Ching provenientes de la
Komintern es claro que el pcs no
fue una organización granítica,
con un solo criterio de lucha. La
división fnal ocurre antes de ene-
ro de 1932, cuando Farabundo
Martí fnalmente asume el control
del Comité Central, y quienes lo
apoyan son facciones que perte-
necen principalmente a la Juven-
tud Comunista y el SRI. La mili-
tancia restante se replegó.
En defnitiva, hay mucha tela
que cortar en cuanto a los testimo-
nios que pueda aportar uno de los
sobrevivientes de la matanza que no
apoyó el ala insurrecta que dirigía
Martí, como trasluce en la trans-
cripción que cita Ching.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 210
Estas fuentes dan pistas sufcien-
tes como para no descartar la línea
argumental abierta por Schlesinger
en cuanto que las cofradías sí fueron
un vehículo organizativo cooptado
por el pcs. Las fuentes presentadas
apuntan a que no solamente hubo
un fuerte trabajo de agitación entre
las cofradías, sino que, en efecto, pro-
bablemente fueron el mayor bastión
del plan insurreccional.
El hecho de que las cofradías
constituyeran en 1932 un espacio
clave para la lucha político-insurrec-
cional, gracias a su sólida estructura
social y a su tradición de resisten-
cia cultural y política, también ha-
bla elocuentemente de las herencias
corporativas que la sociedad colonial
insufó a la sociedad salvadoreña.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 211
ANExOS
Fig. 1. Cara frontal de la imagen de la Santa Cena.
Archivo MUPI: SV/MUPI/F001/005/HS/F5.02
Fig. 2. Reverso de la imagen de la Santa Cena
transcripción LiteraL
Cristo, el descamisado de Nasareth, el
primer revolucionario que supo conva-
tir a los poderosos y a los explotado-
res,arroja de en magnifco gesto a los
mercaderes, del templo, ni siquiera sos-
pechaba que en su ultima cena se sentó
a su mesa un traidor.
Camaradas guerra a muerte a Los traido-
res. a Los Judas de nuestra causa redentora.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 212
Antonio Bonilla. Candidatas festas de Ayutuxtepeque, San Sebastián.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 213
Fig. 3. Cara frontal de la imagen de Jesús predicando.
Archivo MUPI: SV/MUPI/F001/005/HS/F5.03
Fig. 4. Reverso de la imagen de Jesús predicando
transcripción LiteraL
Si los actuales mercaderes de la relig-
gión predicaran con la misma sa[n]tidad
del alma con que Cristo predicaba su
doctrina de igualdad,por otros sende-
ros anduviera el mundo.
Los comunistas, únicos verdaderos dis-
cípulos de cristo en la actualidad,
merecen el respeto a sus doctrinas y
no las actitudes infamantes del los
perros que calumnian sus doctrinas
por congratularse con los que mandan.
camarada: saLud y trabaJo
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 214
Figura 5. Sello del PCS que aparece en la correspondencia decomisada a Mármol
1 Casaús, Marta Elena. Op. cit., p. 4.
2 Venta de tierras a cofradías. Archivo Muni-
cipal San Juan Sacatepéquez, 1777. AFECH:
transcripciones. http://afehc.apinc.org/in-
dex.php?action=f_aff&id=1087http://afehc.
apinc.org/index.php?action=f_aff&id=1106.
Consultado el martes 9 de junio de 2009.
3 Montes, Santiago. Etnohistoria de El Salva-
dor. El guachival centroamericano. San Salva-
dor: Dirección de Publicaciones del Ministe-
rio de Educación, 1977, p. 22.
4 Citado por Florescano, Enrique. Etnia, esta-
do y nación. México: Aguilar, 1997, p. 233.
5 Ibíd.
6 Florescano, Enrique. Op. cit., pp. 232-233.
7 Ximena, Pedro. reaLes exequias, por eL
señor don carLos iii. rey de Las españas,
y américas. y reaL procLamación de su au-
gusto hiJo eL señor don carLos iV, por La
muy nobLe y LeaL ciudad de granada, pro-
Vincia de nicaragua, reyno de guatema-
La. Managua: Banco Central de Nicaragua,
1974.
8 Ximena, Pedro. Op. cit., pp. 124-125.
9 Florescano, Enrique. Op. cit., pp. 235-236.
10 Gruzinski, Serge. “Mundialización, globaliza-
ción y mestizajes en la monarquía católica”,
en Chartier, Roger y Feros, Antonio (directo-
res), Europa, América y el Mundo. Tiempos
históricos. Madrid: Marcial Pons, 2006, p.
220.
11 Larraz y Cortés, Pedro. Descripción geográ-
fco-moral de la diócesis de Goathemala. San
Salvador: Dirección de Publicaciones e Im-
presos, 2000, p. 82.
12 Cortés y Larraz, Pedro. “Quaderno 2. Razón
del Instituto, y advocación de las enunciadas
Cofradías, y Hermandades, del aprovecha-
miento y perjuicio, que resulta a los feles, y
de si deben reformarse en todo, o en parte, y
que terminos”; en Montes, Santiago. Etnohis-
toria de El Salvador. Cofradía, hermandades y
guachivales, tomo II. San Salvador: Dirección
de Publicaciones e Impresos, 1977, p. 84.
13 Cortés y Larraz, Pedro; en Montes, Santiago.
Op. cit., pp. 85-86.
14 Tilley, Virginia. Seeing Indians. A Study of
Race, Nation and Power in El Salvador. Al-
buquerque: University of New Mexico Press,
2005, pp. 123-127.
15 Ching, Erik; Tilley, Virginia; López, Carlos
Gregorio. Las masas, la matanza y el marti-
nato en El Salvador: ensayos sobre 1932. San
Salvador: UCA Editores, 2007, pp. 81-91.
16 Pérez Brignoli, Héctor. “La rebelión campesina
de 1932 en El Salvador”, en Anderson, Tho-
mas. El Salvador, 1932. San Salvador: Direc-
ción de Publicaciones e Impresos, 2001, p, 37.
NOtAS
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 215
17 Schlesinger, Jorge. Revolución comunista.
Guatemala: Unión Tipográfca Castañeda
Ávila y Cía., 1946, p. 27.
18 Cardenal, Rodolfo. El poder eclesiástico en
El Salvador: 1831-1931. San Salvador: Direc-
ción de Publicaciones e Impresos, 2001, pp.
229-230.
19 Citado en Gould, Jeoffrey y Lauria-Santiago,
Aldo. 1932: rebelión en la oscuridad. San Sal-
vador: Museo de la Palabra y la Imagen, s/f,
p. 159.
20 Ching, Erik et al. Op. cit., p. 61.
21 Ibíd.
22 Dalton, Roque. Miguel Mármol. Los sucesos
de 1932 en El Salvador. San José: Educa,
1972, p. 43.
23 Dalton, Roque. Op. cit., p. 77.
24 Mármol, Miguel. “La Regional va a las masas
del campo”, Perspectivas y Fundamentos. Pu-
blicación teórica del Partido Comunista de El
Salvador. San Salvador: diciembre, 1981, n.º
4, año i, p. 50.
25 Esta aseveración se verifca fácilmente a par-
tir de los datos que aportan las diversas fuen-
tes de la época, incluso las descubiertas por
Erik Ching en el archivo de la Komintern.
Expediente judicial de caso de cap-
tura Miguel Mármol, 1934
Archivo mupi: SV/mupi/F001/005/
hs/F5.02
Archivo mupi: SV/mupi/F001/005/
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de la segunda mitad del siglo xix con una
serie de excomuniones del clero. Sin em-
bargo, un siglo más tarde, este conficto no estaba
concluido, prueba de ello son diversos artículos en
contra de la masonería presentes en la prensa cató-
lica del momento. En base a lo anterior, el presente
artículo será un análisis a una serie de textos anti-
masónicos escritos por Monseñor Romero entre los
años de 1962 y 1965, cuando era vicario episcopal
en la diócesis de San Miguel. Estos textos apare-
cieron en el periódico católico El Chaparrastique del
cual Romero era director. A pesar de que este ensayo
es una primera aproximación al tema, su intención
radica en abrir nuevas perspectivas de análisis so-
bre la masonería salvadoreña en el siglo xx.
Por eso y por muchas otras razones que el espacio
no nos deja escribir: un masón no es digno de con-
fianza. La Iglesia Católica no se la tiene y por eso en
su canon 2335 lo declara “Excomulgado”.
(Padre Oscar Romero 29 de febrero de
1964 en Chaparrastique).
Antimasonería y antiliberalismo
en el pensamiento
de
Óscar Arnulfo Romero
(1962-1965)
rené chanta
el presente
ensayo quiere
ser una
aproximaCión
al pensamiento
antimasóniCo
expresado por
ósCar arnulfo
romero en los
años sesenta.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 218
Los que fueron sorprendidos haciendo el amor.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 219
El presente ensayo quiere ser
una aproximación al pensamiento
antimasónico expresado por Óscar
Arnulfo Romero en los años sesen-
ta. Cabe advertir de entrada que
este escrito no pretende realizar un
tratamiento exhaustivo sobre este
tema ya que para eso sería necesa-
ria una investigación más profunda
y prolongada. Más bien, este artícu-
lo quiere hacer un análisis a algu-
nas frases y expresiones antimasó-
nicas escritas por este clérigo en el
período de tiempo comprendido en-
tre 1962 y 1965,
1
cuando era secre-
tario episcopal en San Miguel.
2
Se
ha tomado como corpus central de
este trabajo el periódico Chaparras-
tique,
3
del cual Monseñor Romero
fue director desde 1961 hasta 1967.
Como es sabido, Monseñor Ro-
mero es uno de los principales per-
sonajes eclesiales del siglo xx salva-
doreño. Sus acciones en favor de los
grupos más pobres y desprotegidos
le han dado un lugar primordial en
muchos sectores del ámbito nacio-
nal e internacional. Su fgura ha sido
fuente de inspiración para muchos
cristianos y personas solidarias. En
efecto, es muy conocida su trayec-
toria pastoral y homilética cuando
estuvo al frente de la diócesis de San
Salvador, es decir, desde 1977 hasta
1980, año en que fue brutalmente
asesinado mientras celebraba misa
en el hospital Divina Providencia.
4

Sin embargo, la labor que Romero
realizó en San Miguel entre los años
cuarenta y sesenta es muy poco co-
nocida a pesar de haber sido la más
larga de todo su accionar.
5
De hecho,
es fácil constatar que varios textos
sobre Romero dedican muchas ho-
jas a su etapa como Arzobispo pero
pasan casi de largo su trayectoria
como sacerdote.
6
A mi criterio, la escasa investiga-
ción sobre los primeros años pasto-
rales de Monseñor Romero se debe
a que se ha visto esta etapa de su
vida como “de menor importancia”
ya que se cree que él era un clérigo
conservador, aliado con la burgue-
sía salvadoreña y que huía hablar
de los confictivos temas sociales
del país. No obstante, al hacer una
exploración a los escritos de Rome-
ro en esta época, se puede encon-
trar un valioso material que abor-
da diferentes temáticas teológicas,
sociales, morales, etc. También en
muchos textos se dedica a criticar
ciertos grupos que a su juicio eran
peligrosos y dañinos para el catoli-
cismo en ese momento, entre ellos,
los masones y los comunistas.
En base a lo anterior, la produc-
ción escrita y homilética de Rome-
ro durante sus primeros años como
sacerdote no ha recibido el trata-
miento adecuado desde el ámbito
académico. Es por eso que mi deseo
con este trabajo es que sea fuente
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 220
Antonio Bonilla. Ricardo humano.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 221
de nuevas investigaciones y deba-
tes sobre este ilustre clérigo salva-
doreño y sobre las relaciones de la
Iglesia Católica y la masonería en el
siglo XX salvadoreño.
un sacerdote muy popular
en San Miguel
Óscar Arnulfo Romero nació el 15
de agosto de 1917 en Ciudad Barrios,
territorio localizado en las cercanías
de la ciudad de San Miguel. Según
sus biógrafos, ingresó al Seminario
menor a la corta edad de trece años.
Sus estudios teológicos los realizó en
Roma y en esta ciudad recibe su or-
denación sacerdotal en 1942.
7
Fue fnalmente el 4 de enero de
1944 cuando Romero regresó a su
ciudad natal. Luego de un tiempo
de reposo y descanso, ejerció sus
labores pastorales durante un poco
más de veinte años en la diócesis
migueleña. La primera parroquia a
la que fue destinado fue Anamorós
8
.
De acuerdo a varios textos, Romero
fue un sacerdote muy trabajador y
piadoso. Nos dice un escrito: “Traba-
jó mucho en promover la construc-
ción de la Catedral de San Miguel y
la devoción a la Virgen de la Paz. El
Padre Romero, se hizo muy conocido
y querido en San Miguel. Sus predi-
caciones eran muy escuchadas”.
9
Jesús Delgado, en su obra Mon-
señor Romero, biografía, nos explica
que este sacerdote realizó muchas
tareas pastorales en su diócesis y
muy pronto, el Obispo de San Mi-
guel, Monseñor Machado y Escobar,
lo llamó para que fuera su secreta-
rio. De acuerdo a Delgado, a pesar
de ser un clérigo muy trabajador y
muy amado entre los laicos, el pa-
dre Romero tenía frecuentes tensio-
nes con los sacerdotes de su dióce-
sis, a la vez, siempre tuvo facilidad
de palabra y era un amante de las
predicaciones. Nos dice Delgado:

La popularidad del padre Romero
entre los laicos era evidente y con-
trastaba con sus tensiones con los
demás sacerdotes; tal popularidad
se debía a que tenía una facilidad
sorprendente para predicar y un
verbo caluroso y emotivo que llega-
ba fácilmente al corazón de sus fe-
les […] Era tan grande el amor que
el padre Romero tenía a la pastoral
de la palabra de Dios predicada, que
a veces parecía demasiado exclusi-
vista en el uso de la misma durante
las celebraciones litúrgicas.
10
Romero también se enroló en la
palabra escrita a través de los medios
de comunicación. Así, él fue director
del rotativo semanal católico Chapa-
rrastique desde 1961 hasta 1967 año
en que se trasladó a San Salvador al
ser elegido Secretario de la Conferen-
cia Episcopal de El Salvador.
11
textos antimasónicos
El primer escrito antimasónico
de 1962 que yo he encontrado en
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 222
Chaparrastique, apareció el día 7
de septiembre en el editorial titula-
do “¿Cuál patria…?.”. Fue escrito en
ocasión de la proximidad de las cele-
braciones del 15 de septiembre. Ahí,
Romero hace alusión a los desfles
cívicos y denunciará la riqueza mal
distribuida. A la vez, critica dura-
mente a los malos gobernantes que
se aprovechan de la patria para su
propio benefcio. Nos dice el texto:
¿Cual Patria? La que sirven nues-
tros gobiernos no para mejorarla
sino para enriquecerse? La de esa
historia cochina de liberalismo y
masonería cuyos propósitos son
embrutecer el pueblo para manio-
brarlo a su capricho? La de las ri-
quezas pésimamente distribuidas
en que una “brutal” desigualdad
social hace sentirse arrimados y
extraños a la inmensa mayoría de
los nacidos en su propio suelo? La
de los profesionales y obreros y
padres de familia, etc. Sin pizca de
sentido de responsabilidad?
12
Es evidente el carácter antima-
sónico del texto al afrmar que esta
sociedad lo que pretende es embru-
tecer a las personas y manejarlas a
su capricho. A mi juicio, es intere-
sante detenerse en la referencia que
hace Romero a “la historia de libera-
lismo y masonería” ya que en efecto,
la sociedad masónica había jugado
un rol fundamental en muchos go-
biernos salvadoreños. Hoy en día,
es sabido que algunos gobernantes
del siglo XIX, tuvieron muchos fun-
cionarios públicos que eran miem-
bros de las diferentes logias. Por
ejemplo, varios textos mencionan
que el presidente Rafael Zaldívar
fue miembro de la logia “Excelsior
17”.
13
También, reconocidos maso-
nes de esta época como Rafael Re-
yes o Antonio J. Castro jugaron pa-
peles centrales en los gobiernos de
Mariscal González, Rafael Zaldívar y
Francisco Menéndez.
14
Un año más tarde, Romero vuel-
ve a mencionar la masonería en un
texto de bastante amplitud titula-
do: “¿Son verdaderamente católicas
nuestras escuelas?” En este escri-
to, Oscar Arnulfo criticará los falsos
educadores que hay dentro de las
instituciones cristianas y mencio-
nará su deseo de que en un futuro
cercano se funden Universidades
Católicas y Escuelas Normales Ca-
tólicas en el territorio nacional. Nos
dice el texto:
¿Podrá enseñar catóLicamen-
te en un colegio católico, un ma-
són, un libre pensador, un ateo?...
Y desgraciadamente algunos de
estos asientan cátedra en algunos
colegios nuestros... me dirán en
Matemáticas... etc... Pero solo el
hecho que fguren en la planilla de
profesores, no honra el estableci-
miento Católico.
15
El padre Romero lanzó en este
escrito una dura advertencia a los
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 223
que dirigen los colegios católicos
para que en ellos no se mezclen
docentes que tengan una ideolo-
gía contraria a la Iglesia ya que a
la larga esto perjudica la enseñan-
za religiosa. Claramente puede ver-
se, que Romero no concebía que un
miembro de la masonería fuera par-
te del grupo de profesores en una
institución católica aunque su labor
sea la de enseñar una ciencia tan
neutral como las matemáticas. Des-
de el punto de vista del director de
Chaparrastique, el solo hecho de ser
masón es un asunto de gravedad y
es un impedimento para dar ense-
ñanza en estos colegios ya que es-
tas personas jamás podrán educar
católicamente a los demás.
Casi en esa misma línea, en la
edición del 29 de febrero de 1964,
se puede encontrar lo que a mi jui-
cio es uno de los escritos más anti-
masónicos de Romero. El texto lleva
por título “¿Por qué un masón no
es digno de confanza?” Aquí, hace
referencia a la encíclica Humanum
Genus escrita por León XIII en 1884
en donde se llega a afrmar que la fe
católica es incompatible con la ma-
sonería. También, citará el canon
2 335 del Código de Derecho Ca-
nónico en donde se menciona que
toda persona que pertenezca a esta
institución mundial está excomul-
gada de la Iglesia Católica. En este
editorial, Romero siguiendo en gran
medida el documento Humanum
Genus detallará cinco razones para
desconfar de los masones:
16

1) Porque oculta secretos peligrosos.
17
2) Porque pretende destruir el orden cris-
tiano.
18
3) Porque es esclavo de poderes asesinos.
4) Porque es un hombre sin religión.
5) Porque es un cooperador de la corrup-
ción social.
Este texto acaba afrmando que
la peor desgracia que puede ocurrir-
le a las personas católicas es tener
gobernantes masones. Nos dice Ro-
mero “El peor baldón y peligro para
un pueblo católico sería procurarse
autoridades masónicas”.
19
En efec-
to, el director de Chaparrastique es-
taba muy en sintonía con la encí-
clica Humanum Genus ya que este
documento pontifcio también se-
ñala que la masonería es altamente
peligrosa tanto para el Estado como
para los cristianos. Nos dice el Papa
León XIII: “Esta Sede Apostólica
denunció y proclamó abiertamente
que la masonería, constituida con-
tra todo derecho divino y humano,
era tan perniciosa para el Estado
como para la religión cristiana”.
20
Por otro lado, Romero en sus es-
critos también hizo referencia a re-
conocidos masones del área centro-
americana. En un texto menciona
a Lorenzo Montúfar, guatemalteco
que perteneció a la logia Caridad
en Costa Rica y que fue uno de los
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 224
miembros fundadores del Supremo
Consejo Centroamericano del grado
33.
21
Nos dice Romero:
Muy a tono con la mentalidad libe-
ral del siglo pasado, nuestra histo-
ria todavía no es la búsqueda since-
ra de la verdad, sino la defensa ce-
rrada de prejuicios e ideas políticas
y fanáticas. Al estilo de D. Lorenzo
Montúfar, servidor incondicional y
víctima de una tiranía, los historia-
dores liberales que siguen enseñan-
do de nuestras escuelas, no hacen
de la historia una ciencia, sino un
anecdotario heroico en el que pri-
va más que el amor a la verdad, el
fanatismo por héroe que como si
no fuera un humano, expuesto al
error… Cuántos pedestales libera-
les quedarían vacíos y cuántos hé-
roes auténticos ocuparían sitiales
si un día se escribiera la verdadera
historia de la Patria!
22
En este escrito, Romero no men-
ciona la masonería explícitamen-
te pero sí puede evidenciarse una
fuerte crítica al liberalismo al afr-
mar que la historia que se enseña
en el país está llena de prejuicios y
fanatismo al estilo de los liberales.
En base a estos textos antimasóni-
cos, se podría intuir sin duda, que
la masonería sería uno de los pe-
destales liberales que quedaría va-
cío si un día se llegara a mostrar la
verdadera historia salvadoreña.
Es digno de apuntar, que esta
crítica que ha realizado Romero a
la enseñanza de la historia en las
escuelas salvadoreñas por no ser
ésta una búsqueda auténtica de
la verdad, también se había hecho
a fnales del siglo XIX cuando va-
rios gobiernos habían impulsado la
educación laica en el país. Esta ini-
ciativa gubernamental produjo un
fuerte rechazo de algunos sectores
católicos de la época.
23
Por poner
un ejemplo que ilustre lo anterior,
en 1885 salió publicado el libro “No-
ciones de Historia del Salvador, pre-
cedidas de un resumen de historia
universal” de Rafael Reyes (masón
miembro de la logia Excelsior), per-
sonaje que fungió como formador
de maestros en la Escuela Normal
durante el gobierno de Rafael Zal-
dívar. Ahora, bajo la administración
de Menéndez, el supremo gobierno
le encargó un libro que fuera el tex-
to base en la enseñanza de histo-
ria en los centros de educación del
país. Ante este suceso, el periódico
El Católico redactó una serie de artí-
culos criticando la reciente obra de
Reyes y refutando la concepción de
historia que tenía este intelectual
salvadoreño.
24
Teniendo en cuenta todo lo ante-
rior, fácilmente hemos podido dar-
nos cuenta que estos cuatro textos
muestran fuertemente la antimaso-
nería en los escritos de Óscar Ro-
mero en el periódico católico Cha-
parrastique. Dicha actitud negati-
va, estará presente hasta fnales de
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 225
1965 en donde seguirá presentando
a esta organización mundial como
peligrosa y enemiga de la Iglesia Ca-
tólica.
“Revolución masónica”
En múltiples ocasiones, Romero
hizo referencia al Concordato que
estableció El Salvador con la Santa
Sede durante el gobierno de Gerardo
Barrios
25
. Eso se dio en 1862 cuando
estaba gobernando la Iglesia el Papa
Pio IX
26
. Nos dice un editorial:
En 1862, es el Presidente Gerardo
Barrios quien frma con el bonda-
doso Papa Pío IX, el primer con-
trato que era expresión de armo-
nía y comprensión entre la Iglesia
y nuestra Patria. Por desgracia se
desataron también sobre nuestro
suelo los fatídicos vientos de revo-
lución masónica que hicieron caer
en el incumplimiento la seriedad
de aquel compromiso internacio-
nal.
27
Aquí Romero prácticamente le
echa la culpa a la masonería de
ser la responsable de que el Estado
salvadoreño rompiera el Concorda-
to con la Santa Sede. Como puede
verse, él habla de una revolución
masónica aunque no precisa en qué
momento se dio. Más adelante, hay
otro editorial en donde dirá de ma-
nera exacta cuál fue esa revolución
que causó tantos estragos a los in-
tereses de la Iglesia Católica.
Fue precisamente el triunfo de la
“Revolución” de 1871 el que echó
por tierra la efcacia del Concor-
dato de Barrios. La Constituyen-
te consignó principios que prác-
ticamente anulaban las bases de
aquel convenio internacional. Ló-
gicamente siguieron atropellos a la
Iglesia como una expulsión de los
Jesuitas en junio de 1871, y la de
los Obispos Ortiz Urruela guate-
malteco asilado, y Monseñor Cár-
camo y Rodríguez.
28
En esa revolución a la que hace
alusión Romero, se puso fn al gobier-
no de Francisco Dueñas y asumió la
presidencia de El Salvador Santiago
González. Posterior a esto, se erigió
una Asamblea Constituyente con el
objetivo de reformar la Constitución
salvadoreña de 1864. Varios puntos
de esta nueva Constitución fueron
muy chocantes para la Iglesia sal-
vadoreña de ese momento ya que se
proclamaba la libertad de cultos e im-
pedía a los clérigos acceder a los car-
gos públicos. También, tal como dice
Romero, en el país se dio la expulsión
de los jesuitas y del obispo Ortiz acu-
sando a este último de desafección al
gobierno. A la vez, se suspendió el pe-
riódico La Verdad que en ese momen-
to era la voz del catolicismo ofcial.
29

Curiosamente, el golpe de Estado con
el que se puso fn al gobierno de Due-
ñas coincide con el establecimiento
de la primera logia masónica en El
Salvador.
30
Afrma Roberto Valdés:
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 226
A
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t
o
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Á
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a
z
u
l
.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 227
Debo confesar que el tema de la
Masonería fue adquiriendo tanta
relevancia en esta investigación a
partir de una inicial constatación
empírica de la gran cantidad de
textos publicados en algunos pe-
riódicos salvadoreños desde 1871
en los que reiteradamente se hace
mención a esta organización mun-
dial y al papel que sus miembros
supuestamente estaban desem-
peñando en el país desde la ins-
talación ofcial de la primera Logia
masónica en El Salvador en 1871;
año que coincidió con la insta-
lación del gobierno de Santiago
González que sentará frmemente
las bases del Estado laico en un
lapso de 14 o 15 años.
31

Esta secularización del Esta-
do salvadoreño va a concluir con la
Constitución de 1886 que marcará
un hito en la historia constitucio-
nal salvadoreña al ser considerada
como la Carta magna más liberal de
su historia y que permanecerá prác-
ticamente sin muchas alteraciones
hasta la Constitución de 1839. En
efecto, la Iglesia jamás volverá a re-
cuperar el lugar que tenía. Incluso
hoy en día, se celebra el matrimonio
civil sin necesidad de haber recibido
el matrimonio religioso, los cemen-
terios son dirigidos por las munici-
palidades y la educación pública es
laica. Por lo tanto, Romero nueva-
mente no estaba haciendo hipótesis
incorrectas sino que había revisado
detenidamente la historia salvadore-
ña. En 1871 se había dado realmen-
te una revolución liberal masónica.
La historia de conficto entre la
masonería y la Iglesia salvadoreña
era muy conocida no solo por Ro-
mero, sino por muchos clérigos ca-
tólicos del momento. Prueba de ello
es un escrito que salió publicado en
Chaparrastique y que está muy re-
lacionado con este tema del Concor-
dato que frmó Barrios con la Igle-
sia. El texto fue escrito por el pres-
bítero José Abdón Arce y su con-
tenido es altamente antimasónico.
Ahí se muestra la fecha exacta del
establecimiento de la primera logia
en el país y las absurdas pretensio-
nes que tuvo en ese tiempo el emba-
jador de El Salvador ante la Santa
Sede de querer hacer creer al pueblo
que el Papa Pío XI había censurado
al Obispo Pineda y Saldaña. Tam-
bién afrma que fue tonta la idea de
los masones de querer presentar
a Pío IX como masón cuando este
pontífce condenó más de veinte ve-
ces a este grupo. Un dato relevante
de este artículo es que el presbíte-
ro Arce opina que es ridículo que
los masones salvadoreños afrmen
que el Capitán Gerardo Barrios fue
miembro de esta institución mun-
dial. Nos dice José Abdón Arce:
Se nos ocurre preguntar sabiendo
ya la fecha exacta de la fundación
de la masonería en El Salvador y
habiendo muerto el Capitán Ge-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 228
rardo Barrios 7 años antes, ¿Por
qué ese insólito afán de quererlo
hacer aparecer afliado a la maso-
nería, llamándole venerable her-
mano Gerardo Barrios?
32
En base a esto, para los escrito-
res de Chaparrastique, Gerardo Ba-
rrios nunca fue masón y para jus-
tifcar esta postura se van a la his-
toria argumentando que Barios ya
había muerto cuando se estableció
la masonería en el país.
33
Es más,
si el texto continúa leyéndose, mos-
trarán que aunque es cierto que Ba-
rrios persiguió durante un tiempo a
la Iglesia, al fnal, él fue un férreo
defensor del catolicismo al frmar el
Concordato. También dirán que Ba-
rrios murió como un gran católico
con todas las asistencias sacramen-
tales y espirituales de la Iglesia.
Por tanto, la visión de Barrios de
este semanario católico será la de
un personaje que jamás se enroló
con la masonería y que ayudó mu-
cho a la Iglesia Católica hasta que
la instalación de las logias en el país
echara por tierra todo lo que se ha-
bía construido con este gobernante.
Romero y su conficto con el
Ministro del Interior
El padre Romero entró en dis-
cusión con el coronel Fidel Sánchez
Hernández
34
quién en este tiempo
se desempeñaba como Ministro del
Interior. El tema de la discordia fue
el matrimonio civil. Es así como en
el número 2904 del Chaparrastique,
Romero escribe un editorial criti-
cando al Ministro por su preferencia
del matrimonio civil en detrimento
del religioso. Dice el texto:
Sigue la absurda intransigencia
del Señor Ministro del Interior
acerca de la prioridad del matri-
monio civil? Será verdad que hasta
proyectada del archivo parroquial
de San Miguel donde dicen que el
Ministro constan miles de matri-
monios religiosos sin matrimonio
civil? Con qué derecho la podría
hacer? Exponemos en forma de
interrogaciones esas ideas porque
francamente no quisiéramos creer
que el Coronel Sánchez dada su
cultura con ribetes europeos, ten-
ga esta mentalidad de trasnocha-
do liberalismo.
35
Si se continúa leyendo este tex-
to, Romero llega a acusar a Sánchez
Hernández de querer controlar a la
Iglesia y por eso felicita al obispo de
San Vicente por haberse pronuncia-
do en contra del Ministro
36
. Como
en anteriores oportunidades, tam-
bién criticará a la masonería. Afr-
ma Romero: “Es vergonzoso que la
Iglesia tenga que usar este lenguaje
de persecución en un país que tanto
cacarea democracia y libertad. Es-
tamos seguros que en su intimidad
el Señor Presidente Rivera no com-
parte esta ideología liberaloide ma-
sónica”.
37
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 229
En el texto que se acaba de citar,
puede verse que a juicio de Óscar
Arnulfo, la idea de Sánchez es tan
inimaginable que ni siquiera cree
que esté respaldada por el presiden-
te Julio Adalberto Rivera
38
. Es muy
llamativo que en este conficto con
el Ministro del Interior, Romero en-
fatice que el dar prioridad al matri-
monio civil sobre el religioso es una
postura “liberaloide masónica”.
Si nos vamos nuevamente a la
historia, Romero no estaba tan equi-
vocado ya que en el siglo xix hubo
un conficto entre la Iglesia Católi-
ca salvadoreña y la masonería en la
prensa escrita.
39
Varias veces salió a
relucir el tema del matrimonio civil.
Por poner un ejemplo de lo anterior,
en el periódico universitario La Dis-
cusión
40
, se editó un artículo muy
extenso que tenía por título “El ma-
trimonio civil y el doctor Aguilar”.
41

Los autores de este escrito respon-
den al presbítero Aguilar en relación
al escrito que éste envió al congreso
ante la reciente aprobación del ma-
trimonio civil en la Asamblea. Cri-
tican que el doctor Aguilar afrme
que el matrimonio civil es fuente
de inmoralidad ya que promueve el
amancebamiento entre parejas. Si
se lee la totalidad de este artículo se
podrá ver que es una completa apo-
logía al matrimonio civil. Hoy en día
se sabe que este periódico era escri-
to por estudiantes de la carrera de
derecho de la Universidad Nacional
bajo la dirección del masón Antonio
J. Castro.
42
Pero este conficto de Romero con
el Ministro del Interior subió de tono
en 1964 cuando Sánchez Hernández
envió una carta al Obispo de San Mi-
guel, Monseñor Machado y Escobar,
para manifestarle su malestar sobre
algunas actuaciones del P. Romero
al haber infringido el artículo núme-
ro 56 de la ley electoral.
Para su estimable conocimiento y
lo que tenga a bien disponer sobre
el particular, comunico a usted
que este Ministerio tiene informes
de que el Padre Oscar A. Romero,
en contravención a las disposicio-
nes expresadas del Art. 56 de la
Ley electoral, está tomando parte
activa en la política partidarista
pues con frecuencia se le ha vis-
to participar en reuniones y otros
actos efectuados con fnes prose-
litistas.
Aprovecho la oportunidad para
renovar a usted las demostracio-
nes de mi respetuosa considera-
ción y aprecio.
43
En efecto, el artículo 56 de la ley
electoral prohibía a los clérigos rea-
lizar propaganda política y también
rechazaba el uso de los templos o
los actos de culto religioso para lan-
zar críticas a las leyes del Estado o
a funcionarios del gobierno.
44
Unos
días más tarde, el Chaparrastique
publicaba un extracto de la carta
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 230
Antonio Bonilla. Los hijos de la noche.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 231
que Fidel Sánchez Hernández había
enviado al obispo migueleño. Tam-
bién aprovechó la ocasión para de-
fender abiertamente a Romero. Los
ataques a la masonería vuelven a
aparecer. Nos dice el texto:
Por su parte el presbítero Rome-
ro ha hecho públicas aclaraciones
de que es cierto que ha hablado
de política, pero en cumplimiento
del deber de la Iglesia de orientar
la conciencia del pueblo acerca de
sus deberes de ejercer su acción
política conforme a su conciencia
y no por momentáneas convenien-
cias demagógicas. También de-
claró que en cumplimento de su
deber sacerdotal ha recordado los
graves peligros de la masonería y
su incompatibilidad con la con-
ciencia católica.
45
Contextualizando un poco lo an-
terior, hay que decir que en 1962 se
había redactado una nueva Consti-
tución de la República la cual en su
artículo número 157 conservaba in-
tacta la formulación que había he-
cho la Constitución de 1950
46
en la
cual se prohibía a los clérigos reali-
zar propaganda religiosa. Nos dice
el artículo 157:
Se garantiza el libre ejercicio de
todas las religiones, sin más lí-
mite que el trazado por la moral
y el orden público. Ningún acto
religioso servirá para establecer
el estado civil de las personas. No
se podrá hacer en ninguna forma
propaganda política por clérigos o
seglares, invocando motivos reli-
giosos o valiéndose de las creen-
cias religiosas del pueblo. En los
templos, con ocasión de actos de
culto o propaganda religiosa, tam-
poco se podrá hacer crítica de las
leyes del Estado, de su Gobierno
o de los funcionarios públicos en
particular.
47

Por tanto, la acusación contra
Romero era grave si se considera
que se no solo se trataba de una vio-
lación al Código Electoral sino a la
Carta Magna de la República. Con-
viene apuntar, que la Constitución
de 1962 permaneció sin cambios
hasta 1982 cuando se redactó un
nuevo texto constitucional al aca-
barse la era de gobiernos militares
en el país. Por otro lado, en el año
de 1964 se celebraron elecciones le-
gislativas y municipales en territo-
rio salvadoreño. En las legislativas,
el Partido de Conciliación Nacional
(pcn) fue el gran ganador con el 58
por ciento de los sufragios. Así, lo-
gró hacerse con 34 escaños frente a
14 de su más cercano rival, el Par-
tido Demócrata Cristiano (pdc)
48
. El
trece de marzo de ese mismo año,
Romero escribe un editorial sobre
la elección del nuevo Alcalde de San
Miguel:
Y en cuanto a San Miguel, salu-
damos a las electas autoridades
edilicias. Y en nombre de todo un
pueblo auténticamente católico,
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 232
auguramos que el nuevo alcalde,
a pesar de estar excomulgado de
nuestra fe por ser masón contu-
maz, sabrá mostrar su hombría
en no dejarse manejar por las te-
nebrosas consignas de la logia an-
ticastrista, sino que comprenderá
que gobernar es servir a los autén-
ticos sentimientos del pueblo go-
bernado.
49
En ese texto puede verse que
Romero aparte de felicitar al nuevo
alcalde Luis Neftalí Cardoza
50
, afr-
mará que está excomulgado de la
fe católica por pertenecer a la ma-
sonería. Cabe recordar que en este
tiempo estaba vigente el Código de
Derecho Canónico de 1917 el cual
establecía que toda persona perte-
neciente a la masonería estaba ex-
comulgado ipso facto. Citaré a con-
tinuación el canon número 2335 del
Código de Derecho Canónico: “Los
que dan su nombre a la secta masó-
nica o a otras asociaciones del mis-
mo género, que maquinan contra la
Iglesia o contra las potestades civi-
les legítimas, incurren ipso facto en
excomunión simplemente reservada
a la Sede Apostólica”.
51
Como ya se ha afrmado líneas
atrás, Romero temía que en El Sal-
vador hubieran autoridades masóni-
cas al haber dicho que el peor baldón
para un pueblo católico es llenarse
de gobernantes miembros de esta
sociedad secreta. Ese temor se vol-
vió realidad y en su propia ciudad, al
ser elegido en San Miguel un alcalde
miembro de esta institución mun-
dial.
52
Un año después, en 1965,
Romero constata un tanto alarma-
do, que en El Salvador hay muchos
funcionarios públicos masones. Esto
apareció en la edición del 13 de fe-
brero de 1965 con el título “El es-
cándalo de la democracia” en donde
Óscar Arnulfo critica duramente el
comunismo a la luz de la visita del
Padre Alagiagián a la diócesis de
San Miguel.
53
Nos dice el director de
Chaparrastique: “Allá ese escándalo
del siglo veinte se llama comunismo,
aquí es escándalo de una democra-
cia infcionada de masonería”.
54
Refexiones fnales
Ante estos textos antimasónicos
de Romero una pregunta brota in-
mediatamente, ¿Por qué tanto ata-
que a la masonería? A lo anterior, se
pueden dar dos respuestas. Prime-
ro, hay que decir que Romero está en
sintonía con la jerarquía católica que
continuamente lanzó advertencias y
documentos condenatorios contra
esta institución mundial. Así, en este
largo conficto entre la Iglesia Cató-
lica y la Masonería ya desde el año
1738 se pueden hallar documentos
pontifcios condenatorios de esta so-
ciedad secreta.
55
Además, casi todo
el siglo xix estuvo lleno de condenas
y excomuniones a los masones por
parte de la Iglesia.
56

REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 233
El Salvador no fue la excepción
en el conficto Masonería-Iglesia Ca-
tólica ya que las autoridades ecle-
siásticas continuamente condena-
ron a dicha sociedad a través de
cartas pastorales o publicaciones
impresas. Así, Tomás Pineda y Zal-
daña en marzo de 1872 redactó una
carta pastoral en donde condena el
establecimiento de la masonería en
territorio salvadoreño ya que consi-
dera a esta sociedad como enemiga
de la Iglesia.
57
A la vez, en la segunda mitad del
siglo xx, también se pueden encon-
trar textos eclesiales antimasóni-
cos.
58
Un ejemplo de ello es la circular
del Arzobispo de San Salvador Luis
Chávez y González en 1950 en la cual
excomulgaba a los miembros que
pertenecieran a las logias masónicas
y que de acuerdo a J. Ponte pretendía
opacar las festas solsticiales que la
Gran Logia Cuscatlán iba a celebrar
en junio de ese mismo año. Decía
Monseñor Luis Chávez y González:
Nuestro último Sínodo diocesa-
no (Ley de nuestra diócesis), dice
en el número 446: “A las tenidas
blancas no se puede asistir; ni aún
a los bailes, festas de caridad,
etc., que organicen como tales los
masones. Y en esto difícilmente se
podrá uno excusar de pecado mor-
tal…
59
Como en épocas pasadas, la ma-
sonería no se quedará quieta ante
los ataques que le hacía el catoli-
cismo ofcial y también respondió a
las críticas. Incluso reconocía abier-
tamente a la Iglesia Católica como
uno de los enemigos de esta insti-
tución mundial. El texto de clausu-
ra en el congreso general de logias
simbólicas de Centroamérica del
año de 1921 dice lo siguiente:
La masonería tiene enemigos. ¡Oh,
hermanos! Son todos aquellos de
buena fe que no la entienden, y,
los peores, aquellos de mala fe,
que quieren a su favor privilegios
del pasado y del presente y odian
el porvenir. Entre ellos la Iglesia de
Roma, no en sus dictados cristia-
nos y religiosos que respetamos,
sino en la estrinsecación política
de su actividad…siempre tenemos
frente de nosotros el mismo obs-
táculo sistemático: la idea clerical.
¡He ahí el enemigo!
60
Como puede verse, la masonería
también consideraba como enemiga
a la Iglesia Católica. Sin embargo, a
la luz de esta cita se puede deducir
fácilmente que los principios cristia-
nos no eran considerados como ad-
versarios por esta institución mun-
dial. Más bien, sus enemigos eran
el clericalismo y la actividad política
de la Iglesia ya que la consideraban
intolerante. Por tanto, el conficto
entre la Iglesia y la masonería ha
sido una constante a lo largo de la
historia salvadoreña y a mediados
de los años sesenta, en algunos me-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 234
Antonio Bonilla. La barca de oro.
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 235
dios escritos esta tensión continua-
ba viva sin muchas señales claras
de una reconciliación. Las publi-
caciones antimasónicas en Chapa-
rrastique son una prueba fehaciente
de esto.
En segundo lugar, a mi juicio,
estos ataques a la masonería esta-
ban fundamentados en una preocu-
pación muy honda que estaba pre-
sente en algunos sectores católicos
del momento. Esta preocupación
era que El Salvador estuviera go-
bernado por masones. Tal como se
ha mostrado, desde las últimas tres
décadas del siglo xix en El Salva-
dor han habido gobernantes y fun-
cionarios públicos miembros de las
diferentes logias masónicas, lo cual
nunca fue visto con buenos ojos por
parte de la jerarquía católica. Ahora
en plena segunda mitad del siglo xx,
probablemente se temía que hubie-
ra una nueva conspiración formada
por comunistas y masones. De ahí
que Chaparrastique esté lleno de
muchas hojas cargadas de un fuer-
te discurso anticomunista y anti-
masónico.
61
Esto explicaría también
la fuerte desconfanza de Romero
ante personas que se postulaban a
las elecciones y eran miembros de la
masonería. En efecto, desde el Vati-
cano se aconsejaba que siempre en
la medida de lo posible los católicos
dieran su voto a los candidatos que
fueran de una fe católica segura.
Por poner un ejemplo de lo anterior,
de acuerdo a ciertas referencias, el
papa Pío XII en un discurso pronun-
ciado el 10 de marzo de 1950 pedía
que siempre que fuera posible, era
un deber cristiano dar el voto a las
personas católicas y nunca darlo a
los que fueran apóstatas o que tu-
vieran doctrinas contrarias a la fe.
62
Pasando esto al contexto salva-
doreño, la década de los sesenta
inició con un dato muy relevante: el
nacimiento de dos partidos políticos
que van a marcar un hito en la vida
política nacional. Estos institutos
políticos son el Partido Demócra-
ta Cristiano (pdc)
63
y el Partido de
Conciliación Nacional (pcn).
64
En
efecto, se puede decir que las vo-
taciones para alcaldes y diputados
de 1964 fue la segunda vez en que
estos institutos se vieron frente a
frente en la contienda electoral. De
hecho, aunque a nivel nacional el
pcn fue el gran ganador de las elec-
ciones, el pdc pudo adjudicarse el
triunfo en el departamento de San
Salvador ganando la alcaldía capi-
talina. En el caso de San Miguel, tal
y como se ha visto, resultó ganador
el pcn con su candidato Luis Nef-
talí Cardoza. Todo esto lleva a que
surjan una serie de interrogantes:
¿Por qué Romero está criticando la
elección de un alcalde pertenecien-
te al pcn y que supuestamente era
miembro de la masonería? ¿Cuáles
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 236
eran los intereses de Romero con
esta crítica? ¿Será que Romero de-
seaba en el fondo que ganara otro
candidato que no perteneciera a
esta institución y que estuviera en
comunión con la fe católica? Y en el
conficto con el Ministro del Interior,
¿Cuál habrá sido la actividad políti-
ca de Romero que tanto escandali-
zó a los informes de inteligencia de
esta ofcina ministerial? ¿Habrá el
obispo migueleño llamado la aten-
ción de Romero sobre su actuar?
Todas estas interrogantes se de-
jan planteadas y están abiertas para
ser respondidas en futuros estudios.
Sin embargo una constatación es cla-
ra: que contrario a las creencias, Ós-
car Romero no fue un personaje pa-
sivo ante los cambios nacionales que
se estaban gestando en los inicios de
la década de los sesenta. Más bien,
Romero respondió continuamente a
la realidad que le tocó vivir e inclu-
so fue un elemento de confictividad
para el gobierno de la época.
1 Conviene advertir que hay evidencias de es-
critos antimasónicos del padre Romero des-
de fnales de los años cuarenta que no serán
tomados en cuenta en este ensayo. Analizar
esa etapa sería acercarnos forzosamente a
otro contexto que escapa a este esfuerzo aca-
démico. Por tanto, este artículo se centrará
exclusivamente en los textos antimasónicos
de Romero en los años sesenta (1962-1965)
cuando él iniciaba su etapa como director de
Chaparrastique.
2 San Miguel es una ciudad de El Salvador
situada a 138 kilómetros de la capital, San
Salvador. Es la cabecera del departamento
del mismo nombre.
3 Chaparrastique fue un semanario católi-
co migueleño publicado el día sábado. De
acuerdo a Ítalo López Vallecillos se fundó
bajo la dirección del presbítero Dr. Vicente
de Jesús Gómez el 4 de noviembre de 1915.
Este rotativo también fue dirigido por Mon-
señor Rafael Valladares y Argumedo. La voz
Chaparrastique proviene de la lengua Lenca
(grupo indígena salvadoreño) que signifca
huerto forido y que designa a un Volcán de
la zona migueleña. Véase: Ítalo López Valle-
cillos, Periodismo en El Salvador, bosquejo
histórico-documental precedido de apuntes
sobre la prensa colonial hispanoamericana,
San Salvador, UCA editores, 1987, pp.294-
295. Cuando Romero asumió la dirección de
Chaparrastique, en 1961 este semanario lle-
vaba más de 40 años de estar en circulación.
4 Entre las múltiples publicaciones sobre Mon-
señor Romero se pueden mencionar: Jon So-
brino, Monseñor Romero, (San Salvador, UCA
Editores, 1990); Thomas Greenan, El pensa-
miento teológico-pastoral en las Homilías de
Mons. Romero, (San Salvador, Publicaciones
del Arzobispado de San Salvador, 1998);
Jesús Delgado, Oscar A. Romero, Biografía,
(San Salvador, UCA editores, 1990); Martin
Maier, Monseñor Romero maestro de espiri-
tualidad, (San Salvador, UCA editores, 2005);
Miguel Cavada Diez, “Predicación y profecía,
Análisis de las homilías de Monseñor Rome-
ro”, (Tesis Maestría en teología, 1993); Igna-
cio Ellacuría, “Monseñor Romero, enviado de
Dios para salvar a su pueblo”, Revista Lati-
noamericana de Teología, pp. 5-10; JR. Broc-
kman, La palabra de queda. Vida de Mon-
señor Óscar Arnulfo Romero, (San Salvador,
1987); Yves Carrier, Le Discours homilétique
de Mgr. Ósar A. Romero, Les exigences his-
toriques du Salut-liberation, (L´Hammartan,
2003).
NOtAS
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 237
5 A pesar que las labores de Romero antes
de ser Arzobispo de San Salvador han sido
poco estudiadas, sí se pueden hallar algu-
nas publicaciones sobre este periodo, una de
ellas sería: Diez, A. y Macho; Mons. Romero.
(1975-1976). En Santiago María me topé con
la miseria, (Costa Rica, 1994). Más reciente-
mente se ha publicado un libro de Jesús Del-
gado: Así tenía que morir ¡Sacerdote! Porque
así vivió Mons. Óscar A. Romero, (San Sal-
vador, Ediciones de la Arquidiócesis de San
Salvador, 2010).
6 También hay mucha producción audiovisual
sobre Monseñor Romero que puede consul-
tarse. Véase: Monseñor Romero, Audiovisua-
les (San Salvador, UCA, 2003); Monseñor Ro-
mero, 1980, (San Salvador, Fundación Mon-
señor Romero, Audiovisuales UCA, 2001);
Resucitaré en mi pueblo, (San Salvador, Au-
diovisuales UCA, 2005), entre otros. Todos
estos videos se han consultado en la sección
multimedia de la Biblioteca Florentino Ideoa-
te, UCA. Estos audiovisuales al igual que los
libros se centran casi en exclusividad en la
etapa de Arzobispo de Óscar Romero. En al-
gunos de ellos, la etapa de la vida de Romero
previa a su investidura Arzobispal es inexis-
tente.
7 Para mayor información sobre toda la vida
de Romero véase: Jesús Delgado, Oscar A.
Romero, Biografía.
8 Ibid., p. 27. Anamorós es un municipio del
departamento de La Unión, y pertenece a la
diócesis de San Miguel.
9 Monseñor Romero, Su vida, su testimonio y
su palabra, San Salvador, Equipo Maíz, año
2000, p.7.
10 Delgado, Oscar A. Romero, op. cit. p. 33.
11 La vida de Óscar Romero es bastante amplia.
Aquí solo me he limitado a exponer de ma-
nera muy sintética su labor pastoral en San
Miguel. Luego de más de veinte años al ser-
vicio de su diócesis natal, en 1967 Romero
fue trasladado a San Salvador. En 1970, el
Papa Pablo VI lo nombra obispo auxiliar de
San Salvador. En 1974 fue designado obispo
de Santiago de María (Departamento de Usu-
lután). Finalmente Pablo VI lo nombró Arzo-
bispo de San Salvador en 1977, cargo que
ocupará hasta 1980, cuando fue asesinado.
Para más detalles consúltese: Jesús Delgado,
Óscar A. Romero, Biografía.
12 Óscar Romero, “¿Cuál Patria?”, Chaparras-
tique, 7 septiembre de 1962, 1. Subrayado
míos. La gran mayoría de ediciones que se
citarán de este semanario católico se con-
sultaron en el Archivo Histórico del Arzo-
bispado de San Salvador. Este texto de sep-
tiembre no se halló en dicho Archivo pero
está disponible en la página web de la Of-
cina de Canonización de Óscar Romero. Se
puede acceder a este artículo en: http://
www.romeroes.com/monsenor-romero-su-
pensamiento/prensa-escrita/semanario-
chaparrastique?start=150. (Fecha de acceso:
19 de septiembre de 2010).En las citas a este
periódico se respeta la sintaxis original de
los textos. Por otro lado, este editorial, a mi
juicio, es muy signifcativo en la trayectoria
de Romero ya que está denunciando la mala
distribución de la riqueza y la desigualdad
social, antes de la celebración del Concilio
Vaticano II y de las reuniones del episcopado
latinoamericano de Medellín y Puebla.
13 Francisco J. Ponte, Historia de la masonería
salvadoreña, (Sonsonate: Imprenta Excel-
sior, 1962), 29.
14 Para más amplitud, Cfr. Roberto Armando Val-
dés Valle, “Origen, miembros y primeras ac-
ciones de la masonería en El Salvador (1871-
1872)”, REHMLAC, (San José, Costa Rica) 1
(2009). www.rehmlac.com/recursos/vols/v1/.../
rehmlac.vol1.n1-543Ro.pdf (Fecha de acceso: 1
de julio de 2010); Roberto Valdés, “La Masonería
y el gobierno de Rafael Zaldívar, (1876-1885)”,
AFECH, boletín 37, (2008), http://afehc-histo-
ria-centroamericana.org/index.php?action=f_
aff&id=1976 (Fecha de acceso: 5 de agosto de
2010).
15 Romero, Chaparrastique, “¿Son realmente ca-
tólicas nuestras escuelas?”, 15 de marzo de
1963, p. 1; en Subrayado mío. Disponible en:
http://www.romeroes.com/monsenor-romero-
su-pensamiento/prensa-escrita/semanario-
chaparrastique?start=165 (Fecha de acceso: 19
de septiembre de 2010).
16 Romero, ¿Por qué un masón no es digno de
confanza?, Chaparrastique, 29 de febrero
de 1964, p.1.
17 El número 7 de Humanum Genus denuncia el
secreto masónico. Véase: http://www.homilia.
org/NewAge/humanumGenus.pdf. (Fecha de
acceso: 21 de septiembre de 2010).
18 Muy en relación a esto que afrma Romero
de que los masones quieren destruir el orden
cristiano, Humanum Genus en el número 2
de este documento papal nos dice: “Maqui-
nan abiertamente la ruina de la santa Iglesia
con el propósito de despojar enteramente, si
pudiesen, a los pueblos cristianos de los be-
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 238
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REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 239
nefcios que les ganó Jesucristo nuestro Sal-
vador” en http://www.homilia.org/NewAge/
humanumGenus.pdf. (Fecha de acceso: el 21
de septiembre de 2010).
19 Romero, ¿Por qué un masón no es digno de
confanza?, 1.
20 Humanum Genus, número 4, en http://
www.homilia.org/NewAge/humanumGenus.
pdf (Fecha de acceso: 10 de septiembre de
2010).
21 Véase: Ricardo Martínez Esquivel, “Un es-
tudio comparado del establecimiento de lo-
gias masónicas en Costa Rica y Guatemala
(1865-1903)”, 7; http://www.supremocon-
sejocentroamericano.org/historia_ma.html
(Fecha de acceso: 3 de agosto de 2010).
22 Romero, “Historia no adulación”, en Chapa-
rrastique, 20 de agosto de 1965, 1.
23 Para más detalles consúltese: José Araujo
Lozano, “La Iglesia Católica salvadoreña y
la laicización de la educación en 1881: ¿Un
proyecto liberal frente a una respuesta ultra-
montana?”, (Tesis Maestría en flosofía ibero-
americana, UCA, 2009).
24 Estos textos críticos de la obra de Reyes apa-
recieron en la sección llamada “Historia pa-
tria” y los artículos se titulan “Observaciones
sobre la obra del Sr. Dr. Rafael Reyes, titula-
da: “Nociones de Historia del Salvador, prece-
didas de un resumen de Historia Universal”
y están frmados por José María López Peña.
Aparecieron en las ediciones de El Católico
comprendidas entre el 19 de julio al 13 de
septiembre de 1885.
25 Gerardo Barrios fue un militar salvadoreño
que ejerció la presidencia de la República en-
tre 1859 y 1863.
26 Para más amplitud de las relaciones entre la
Iglesia salvadoreña y el Estado en el siglo XIX
véase: Maurizio Russo, “Relaciones entre Es-
tado e Iglesia católica en El Salvador (fnales
del siglo XIX , comienzos del siglo XX) (Cui-
culco, México, Escuela nacional de Antropo-
logía e Historia, septiembre-diciembre 2007),
273-289.
27 Romero, “Fiesta de la transfguración, regalo
de la providencia a nuestra patria”, Chapa-
rrastique, 6 de septiembre de 1963, p.1.
28 Romero, “El Concordato de Barrios y las re-
laciones de El Salvador con la Santa Sede”,
Chaparrastique, 27 de agosto de 1965, p.1.
29 Rodolfo Cardenal, El poder eclesiástico en El
Salvador 1871-1931, (San Salvador, El Sal-
vador, CONCULTURA, 2001), pp. 59-100.
30 Roberto Valdés “Origen, miembros y prime-
ras acciones de la masonería en El Salvador”,
p.1
31 Roberto Valdés, Masones, liberales y ul-
tramontanos salvadoreños: debate político
y constitucional en algunas publicaciones
impresas, durante la etapa fnal del proce-
so de secularización del Estado salvadoreño
(1885-1886), p. 6. (Tesis Doctoral en flosofía
Universidad Centroamericana José Simeón
Cañas, 2010).
32 José Abdón Arce, “Curiosidades históricas”,
en Chaparrastique, 30 de octubre de 1965, 6.
33 Aquí conviene apuntar que también hay in-
dicios de que había presencia de masones en
el país desde tiempos de Gerardo Barrios. En
este punto se puede consultar el artículo de
Roberto Valdés en el que citando a Miguel
Ángel Gallardo muestra la correspondencia
entre J.C. Bulnes y José María Cáceres, en
donde se evidencian símbolos y frases masó-
nicas en los saludos. Véase: Miguel Angel Ga-
llardo, Papeles históricos Volúmen III (Primera
parte) (Santa Tecla: Tipografía Atlas, 1971),
307.
34 El coronel Fidel Sánchez Hernández era un
político y militar salvadoreño que fue sucesor
de Julio Adalberto Rivera en la presidencia
de la República en el año de 1967. Concluyó
su mandato en 1972. Antes, se había desem-
peñado como Ministro del Interior en el go-
bierno de Julio Adalberto Rivera. Cfr. Rodolfo
Cardenal, Manual de historia de Centroamé-
rica, 393. Por otra parte algunas fuentes po-
nen a Fidel Sánchez Hernández como masón,
véase: Ernesto Rivas Gallon “La masonería
en la política nacional”, netorivas.blogspot.
com/.../la-columna-del-domingo-l-masonera-
en-la.html (Fecha de acceso: 28 de julio de
2010). Sin embargo, no hay una fuente más
fable para verifcar su auténtica pertenencia
a la masonería.
35 Romero, “Matrimonio civil vrs Matrimonio
religioso”, en Chaparrastique, 5 de junio de
1963, 1 http://www.romeroes.com/mon-
senor-romero-su-pensamiento/prensa-es-
crita/semanario-chaparrastique?start=165
(Fecha de acceso: 15 de septiembre de 2010).
36 Ibid.
37 Ibid.
38 Julio Adalberto Rivera era un teniente coro-
nel que perteneció al directorio cívico militar
de 1961 luego del golpe de Estado a José Ma-
ría Lemus. Ganó las elecciones presidencia-
les de 1962 al presentarse como candidato
único. Véase Rodolfo Cardenal, Manual de
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 240
Historia de Centroamérica, (San Salvador,
UCA editores, 1996), 390-391.
39 Ciertamente, este conficto se dio en muchos
países centroamericanos. Por ejemplo en
Costa Rica hubo una fuerte tendencia anti-
masónica en el discurso ofcial del catolicis-
mo. Véase: Ricardo Martínez Esquivel “Docu-
mentos y discursos católicos antimasónicos
en Costa Rica”, (1865-1899). http://www.re-
hmlac.com/recursos/vols/v1/n1/rehmlac.
vol1.n1-543rich.pdf (Fecha de acceso:l 5 de
agosto de 2010).
40 La Discusión, Órgano de las clases de dere-
cho teórico y práctico se empezó a publicar
semanalmente en 1880 bajo la dirección de
Antonio J. Castro, Esteban Castro y Balta-
sar Parada; y en cuyas páginas se evidencia
una fuerte postura anticlerical y una clara
defensa a las ideas masónicas. Véase: Rene
Chanta, “Francmasonería, Iglesia y publi-
caciones impresas: La Discusión, 1881; en
http://afehc-historia-centroamericana.org/
index.php?action=f_aff&id=2003 (Fecha de
acceso: 14 de septiembre de 2010).
41 Este artículo fue uno de los más largos pu-
blicados por La Discusión. Fue publicado por
entregas desde el día 25 de abril hasta el 7 de
junio de 1881.
42 René Chanta, “Francmasonería, Iglesia y pu-
blicaciones impresas: La Discusión, 1881”.
43 Texto encontrado en el Archivo General de la
Nación (AGN) en la sección Asuntos del Clero,
año 1964.
44 El Artículo 56 de la ley electoral dice así: “No
se podrá hacer en ninguna forma propagan-
da política por clérigos o seglares, invocando
motivos religiosos o valiéndose de las creen-
cias religiosas del pueblo. En los templos,
con ocasión de actos de culto propaganda
religiosa, tampoco se podrá hacer crítica de
las leyes del Estado, de su gobierno o de los
funcionarios públicos en particular”. Véase:
Ley electoral, (San Salvador, Casa Presiden-
cial, 1961), artículo 56.
45 “El Padre Romero acusado de “Político” en
Chaparrastique, 29 de febrero de 1964, p.1.
46 Ya desde la Constitución de 1939 se afr-
maba en el artículo 27 que: “En el ejerci-
cio de sus funciones deberán abstenerse
los ministros de los cultos religiosos, de
poner su autoridad espiritual, al servi-
cio de intereses políticos “. Véase: http://
www.cervantesvirtual.com/servlet/Sir -
veObras/02438376436132496754491/
p0000001.htm#I_1_ (Fecha de acceso: 18
de octubre de 2010). Sin embargo un dato
curioso es que la Constitución de 1945 no
menciona que los clérigos no pueden ha-
blar de política en actos religiosos. Cfr. Ar-
tículo 12 de la Constitución de 1945, en:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/
SirveObras/07035285611881673087857/
p0000001.htm#I_1_ (Fecha de acceso: 18 de
octubre de 2010). Esto muestra que el tema
de si los clérigos o seglares podían hablar de
política en los templos fue un tema muy de-
batido en la década de los cuarenta e inicios
de los años cincuenta a nivel constitucional.
47 Artículo 157 de la Constitución de la República
de 1962 en: http://www.cervantesvirtual.com/
servlet/Sirveras/12271650831256051876213/
p0000001.htm#I_2_ (Fecha de acceso: 18 de oc-
tubre de 2010).
48 http://pdba.georgetown.edu/Elecdata/El-
Sal/saleg64.html (Fecha de acceso: 4 de sep-
tiembre de 2010)
49 Óscar Romero “Después de las elecciones”,
en Chaparrastique 13 de marzo de 1964, p.1,
las cursivas son mías.
50 Resultó ganador de estas elecciones para al-
calde de San Miguel, Luis Neftalí Cardoza.
Terminó su período en 1965. Al respecto
consúltese: http://www.conetur.com/arti-
culo.php?id=629&PHPSESSID=9a90f15020e
fe72739070e799460088c (Fecha de acceso:
27 de julio de 2010). Pertenecía al Partido de
Conciliación Nacional (PCN). Véase también:
“Muchas obras proyecta el alcalde electo de
San Miguel”, en La Prensa Gráfca, 19 de
marzo de 1964, p.2.
51 Código de Derecho Canónico, (Madrid, Bi-
blioteca de Autores Cristianos, 1949), canon
2235. En el Nuevo Código de Derecho Canó-
nico del año 1983 no se menciona la exco-
munión a los miembros de la masonería con
lo cual algunos opinan que se ha dado una
evolución en el conficto entre la masonería y
la Iglesia Católica.
52 Paradójicamente, un año después, cuando
el Nuncio Apostólico visitó San Miguel, este
rotativo católico habló muy bien del alcalde
migueleño. Se afrma que el Obispo migue-
leño junto con las autoridades civiles repre-
sentadas en el gobernador de San Miguel Dr.
Charlaix y el Alcade Cardoza asistieron a la
eucaristía celebrada por el Nuncio. Consúl-
tese: “Representante de su Santidad en su
visita ofcial a San Miguel”, Chaparrastique,
29 de marzo de 1965, p.1.
53 De acuerdo a Chaparrastique en su edición
REVISTA CULTURA 105 ENSAYOS 241
del 9 de enero de 1965 el Padre Alagiagian
era un sacerdote perteneciente a la Compa-
ñía de Jesús que recorrió América Latina.
Fue condenado en Rusia 17 veces y estuvo
preso 12 años en las cárceles soviéticas. Este
rotativo católico lo presenta como una víc-
tima de la crueldad del sistema comunista
ruso.
54 Romero, “El escándalo de la democracia”, en
Chaparrastique, 13 de febrero de 1965, 1.
55 Bula de Clemente XII In Eminenti, en http://
www.buenanueva.net/NewAge/inEminenti.
htm, (Fecha de acceso 22 de septiembre de
2010).
56 Para mayor detalle de las múltiples condenas
de la Iglesia a la masonería se puede con-
sultar: J. Ferrer Benimelli, La masonería des-
pués del Concilio, Barcelona, Editorial AHR,
1968., p. 23 ss.
57 Tomás Pineda y Zaldaña “Pastoral”, La Ver-
dad, sábado 23 de marzo de 1872, 1-3.
58 Ferrer Benimelli afrma que si bien, en el si-
glo XX los últimos Papas poco han hablado
sobre la masonería, sin embargo hay todavía
muchas declaraciones colectivas o privadas
de algunos episcopados en contra de esta
institución. Cfr. Ferrer Benimelli, La maso-
nería después del Concilio, Barcelona, 1967,
p.91.
59 Francisco J. Ponte, 273-274.
60 Francisco J. Ponte, 270.
61 En efecto, conviene apuntar que el Santo Of-
cio el primero de julio de 1949 había prohibi-
do colaborar con los comunistas.
62 ht t p: //www. bi ogr af i as yv i das . c om/
biografa/p/pio_xii.htm (Fecha de acceso: 29
de septiembre de 2010).
63 De acuerdo a las referencias, el Partido De-
mócrata Cristiano de El Salvador nació el
25 de noviembre de 1960 frmándose el acta
de inauguración en el colegio Panamericano
“Francisco Gavidia”. Véase: http://www.pd-
celsalvador.com/index.php?option=com_con
tent&view=article&id=57&Itemid=72 (Fecha
de acceso: 30 de septiembre de 2010). Cabe
mencionar que la democracia cristiana era
un gran protagonista político a nivel mundial
tanto en Europa como en Suramérica.
64 El Partido de Conciliación Nacional se consti-
tuyó el 30 de septiembre de 1961, es decir, un
año después de haberse fundado el PDC. Véa-
se: http://www.asamblea.gob.sv/GruposParla-
mentarios/PCN.aspx (Fecha de acceso: 30 de
septiembre de 2010). Una fuente afrma que al
inicio Julio Adalberto Rivera quería elegirse pre-
sidente como candidato del PDC pero estos se
opusieron a toda alianza con los militares. Ante
este suceso se produjo una división en el PDC y
varios de sus miembros participaron en la crea-
ción del PCN. Véase: http://es.wikipedia.org/
wiki/Partido_de_Conciliaci%C3%B3n_Nacional
(Fecha de acceso: 30 de septiembre de 2010).
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Poemas
de
Marta Leonor González
Poesía
FAMILIA GRANDE
Una casa es fruta de pan ¿quién lo niega?
fchas y tréboles sobre la mesa
una familia de ases que gana y pierde
que se temen devorados por su propio cielo.
Todos guardan adioses
en el mar de su cólera
los abismos de sus pesadillas
en la pintura de sus años.
Todos tienen una casa en llamas
aunque no la nombren
un travesaño podrido
el infernito que los quema
una carta de despedida
como único recuerdo de sus padres.
Un alacrán que los persigue
todo el ardor de sentirse solos
con el sosiego que los envejece
miel corroyendo acero.
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 244
LA NIñA DE LA HIERBA
Mi hermana fuma marihuana.
Imagino las volutas
y pinto su retrato en poemas
que no imagina
la esculco
la pellizco
la muerdo
la golpeo
con mis versos
invento un paraíso de amigos
hermanos con cangrejos en el pecho
el azul más azul
lodo que la tiñe de hombre
con cabeza de toro y cuerpo de mujer
que la envuelve,
pero más triste
mi hermana fuma la hierba
adherida a esa piedra que inmoviliza
que la arpilla pescado
seco y detenido
con los ojos fjos
sobre el frío más frío
de la vida.
La llamo hermana
para que muerda mi anzuelo
y me abrace.
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 245
GULF KING EL BARCO DEL POETA
A Ricardo Castrorrivas
primera traVesía
Fuma.
Ella huemeante como el poeta.
Volutas en el aire
en el fumadero
—el gran barco del poeta—
en su casa de altamar.
Las ramas de los árboles verdeazules en tinta,
una gota le salpica el rostro,
está teñida de lila,
su lengua azul,
los colmillos salidos,
perra retadora —dispuesta—,
las manos hepáticas superiores a su estatura.
Una voluta más
y la marea arrastra su cuerpo,
navega con el viejo
porque sus sueños no se dejan ver,
reman cansados, piden ¡Auxilio!
otros les traen noticias de travesía.
Cubiertos de helechos salados
se enseñan espejos, pedernales
cuadernos deshojados.
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 246
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REVISTA CULTURA 105 POESÍA 247
En altamar elevarán piscuchas
para llegar a nuevas rutas,
irán con el hilo enredado entre sus cuerpos,
casi inmóviles,
pero remarán cansados,
casi dormidos.
Ha cesado de llover.
Garzas sobre cubierta
sobrevuelan los cuerpos húmedos,
abatidos por la tormenta.
A lo lejos —tierra— sin tocarla, solo deseándola.
Ahí, la niña incendiada por el fuego del hombre,
solo de ella ha quedado carbón
que el poeta mojara con su lengua para dar vida.
El viejo del barco,
viéndola sintiéndola hija,
vieja compañera,
enciende su churro,
antes enrola,
su lengua moja el papel,
él piensa en el humo,
que hará de la mujer marinera,
madre del barco,
augurándole a la niña viejas oquedades,
pasados triunfos.
Y frotará los dedos sobre las plantas de sus pies,
pero ella sueña,
inmóvil.
No despierta.
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 248
SEGUNDA TRAVESÍA
El viejo ha llorado por ella
sus lágrimas han humedecido
su vestido teñido en algas.
Sobre cubierta
está tendida,
rodeada de ostras,
adheridas a los troncos viejos, duerme, húmeda.
Pájaros en manadas picotean al viejo,
sobre él ven hasta sangrarle un ojo,
nubes de chayules huyendo,
graznar de patos en el cielo anuncian,
agua.
Vida para la mujer en cubierta.
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 249
TERCERA TRAVESÍA
Al despertar bailará desnuda.
Él roza sobre ella
los calamares que le preceden
entre sus piernas frías
—un adjetivo para decir húmedas bastaría—.
El poeta avanza,
atraído por el ácido que desprende
la mujer convertida en agua.
Starfsh —dice el poeta—
como estrellas —soles aplastantes—.
Más voluta,
humo que los cubre
fuego y ceniza en sus cuerpos.
Las medusas trepando por ellos
en círculos por la piel negra,
áspera dejada por la arena.
El viejo vuelve
enrola
esta vez apurado por la lluvia
que mojará su pito.
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 250
Antonio Bonilla. Alicia frente al espejo 1.
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 251
EQUIPAJE
Me estoy despidiendo
He empacado el verde olor del limonero
y la pulsación efusiva del horizonte
También me llevo algunas quejas
y muchas tardes enfermas de tormentas
Abrazo a los futuros fantasmas
y cierro la puerta y las certidumbres
Atrás las ataduras y su terror
Y aunque no quiero partir
porque enfrento al mundo con talón ingenuo
la suerte me empuja a la intemperie
sin espada y sin escudo
De hoy en adelante
debo colgar una etiqueta en mi nombre:
Extranjera
Poemas
de
Dina Posada
Del libro inédito provisionalmente
titulado Equipaje de mano
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REVISTA CULTURA 105 POESÍA 252
Antonio Bonilla. Alicia frente al espejo 2.
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 253
LA INCÓGNITA
Sin patrimonio ni domicilio
descifro mi nombre
en el tropiezo de los mapas
El color de mi voz es un riesgo
y una espiral que me lanza
al suburbio de los proscritos
No consigo sanar mis distancias
Y aunque quisiera coger
el timón del olvido
he de seguir
bajo los puentes rotos
rescatando
adioses inservibles
única posesión de los vagamundos
El poema formó parte de Exilio, exposición mural, Canadá 2004
REVISTA CULTURA 105 POESÍA 254
MIGRACIONES
Yo tuve una ciudad
—me consta—
Instante geográfco
donde tardes abrasadoras
se enterraban en breves calles
Generosa estancia
de paredes resistentes
al gobierno del miedo
Manso útero
anclado a madrugadas
de húmeda respiración
Me desprendí
cuando la ausencia
me ofreció sus pies
áspero viaje sin abrigo favorable
Ahora soy
el injerto de una planta
que no se adapta a ningún sitio
Yo tuve una ciudad
—me consta—
REVISTA CULTURA 105 255
Colaboran
en esta edición
Las obras pictóricas del maestro ANTO-
NIO BONILLA que acompañan esta
edición de Cultura fueron tomadas
del catálogo de la exposición Genio y
fgura, la cual estuvo expuesta al pú-
blico en la Sala Nacional de Exposi-
ciones “Salarrué”, del 9 de diciembre
de 2010 al 30 de enero de 2011
Las fotos fueron tomadas por BRENDA
SANTOS y nos fueron facilitadas
gracias a la amabilidad de ROMEO
GALDÁMEZ, Coordinador de Artes
Visuales de la Secretaría de Cultura
de la Presidencia.
LUIS CALERO, historiador salvadoreño.
La editorial de la Universidad Don Bos-
co publicó recientemente el libro
Mitos en la lengua materna de los
pipiles en El Salvador, del ensayista
e investigador salvadoreño RAFAEL
LARA MARTÍNEZ.
El historiador mexicano MARIO VÁZ-
QUEZ OLIVERA es catedrático en la
Universidad Autónoma de México.
Siglo XXI publicó su libro El imperio
mexicano y el reino de Guatemala.
Proyecto político y campaña militar,
1821-1823.
MARLENE VÁZQUEZ PÉREZ, profesora y
ensayista cubana, ha publicado: Mar-
tí y América: permanencia del diálogo
(2004), Martí y Carpentier: de la fábu-
la a la historia (2005) y la Antología
martiana norteamericanos. apóstoles,
poetas, bandidos (2009). Artículos
suyos han aparecido en revistas es-
pecializadas en Cuba y en el extran-
jero. Es investigadora del equipo que
realiza en el Centro de Estudios Mar-
tianos la edición crítica de las obras
completas de José Martí. el artículo
que incluimos en esta entrega fue
publicado en Anuario del Centro de
Estudios Martianos del 2010
El historiador SALVADOR MORALES
PÉREZ, de nacionalidad cubana,
se desempeña como catedrático en
la Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo. Es autor, en-
tre otros libros, de José Martí: vida,
tiempo, ideas.
JULIÁN GONZÁLEZ TORRES, catedrá-
tico de la UCA de San Salvador.
MIGUEL ÁNGEL CHINCHILLA AMAYA,
poeta y dramaturgo salvadoreño.
MARTA ELENA CASAUS ARZú, Doc-
tora en Ciencias Políticas y Socio-
logía por la Universidad Autónoma
de Madrid. F&G Editores publicó
recientemente su libro Guatemala:
Linaje y racismo.
PABLO BENÍTEZ, escritor e investiga-
dor salvadoreño, dirige la Cátedra
Roque Dalton de la Universidad de
El Salvador gracia a su gestión ob-
tuvimos el texto de Eduardo Galea-
no, publicado en el número 102.
RENÉ CHANTA, estudiante del posgra-
do en Filosofía Iberoamericana de la
UCA de San Salvador.
MARTA LEONOR GONZÁLEZ, poeta y
editora nicaragüense, dirige la histó-
rica revista cultural La Prensa Litera-
ria. Huérfana embravecida y La casa
de fuego son algunos de sus poema-
rios. Es autora de antologías de la
poesía contemporánea nicaragüense.
DINA POSADA, poeta salvadoreña re-
sidente en Guatemala, escribió el
poemario Fuego sobre el madero.

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