Fedor Dostoiewski EL JUGADOR Capítulo 1 Por fin he regresado al cabo de quince días de ausencia.

Tres hace ya que nuestra gente está en Roulettenburg. Yo pensaba que me estarían aguardando con impaciencia, pero me equivoqué. El general tenía un aire muy despreocupado, me habló con altanería y me mandó a ver a su hermana. Era evidente que habían conseguido dinero en alguna parte. Tuve incluso la impresión de que al general le daba cierta vergüenza mirarme. Marya Filippovna estaba atareadísima y me habló un poco por encima del hombro, pero tomó el dinero, lo contó y escuchó todo mi informe. Esperaban a comer a Mezentzov,

al francesito y a no sé qué inglés. Como de costumbre, en cuanto había dinero invitaban a comer, al estilo de Moscú. Polina Aleksandrovna me preguntó al verme por qué había tardado tanto; y sin esperar respuesta salió para no sé dónde. Por supuesto, lo hizo adrede. Menester es, sin embargo, que nos expliquemos. Hay mucho que contar. Me asignaron una habitación exigua en el cuarto piso del hotel. Saben que formo parte del séquito del general. Todo hace pensar que se las han arreglado para darse a conocer. Al general le tienen aquí todos por un acaudalado magnate ruso. Aun antes de la comida me mandó, entre otros encargos, a cambiar dos billetes de mil francos. Los cambié en la caja del hotel. Ahora, durante ocho días por lo menos, nos tendrán por millonarios. Yo quería sacar de paseo a Misha y Nadya, pero me avisaron desde la escalera que fuera a ver al general, quien había tenido a bien enterarse de adónde iba a llevarlos. No cabe duda de que este hombre no puede fijar sus ojos directamente en los míos; él bien quisiera, pero le contesto siempre con una mirada tan sostenida, es decir, tan irrespetuosa que parece azorarse. En tono altisonante, amontonando una frase sobre otra y acabando por hacerse un lío, me dio a entender que llevara a los niños de paseo al parque, más allá del Casino, pero terminó por perder los estribos y añadió mordazmente: «Porque bien pudiera ocurrir que los llevara usted al Casino, a la ruleta. Perdone -añadió-, pero sé que es usted bastante frívolo y que quizá se sienta inclinado a jugar. En todo caso, aunque no soy mentor suyo ni deseo serlo, tengo al menos derecho a esperar que usted, por así decirlo, no me comprometa ... ». -Pero si no tengo dinero -respondí con calma-. Para perderlo hay que tenerlo.

-Lo tendrá enseguida -respondió el general ruborizándose un tanto. Revolvió en su escritorio, consultó un cuaderno y de ello resultó que me correspondían unos ciento veinte rublos. -Al liquidar -añadió- hay que convertir los rublos en táleros. Aquí tiene cien táleros en números redondos. Lo que falta no caerá en olvido. Tomé el dinero en silencio. -Por favor, no se enoje por lo que le digo. Es usted tan quisquilloso... Si le he hecho una observación ha sido por ponerle sobre aviso, por así decirlo; a lo que por supuesto tengo algún derecho... Cuando volvía a casa con los niños antes de la hora de comer, vi pasar toda una cabalgata. Nuestra gente iba a visitar unas ruinas. ¡Dos calesas soberbias y magníficos caballos! Mademoiselle Blanche iba en una de ellas con Marya Filippovna y Polina; el francesito, el inglés y nuestro general iban a caballo. Los transeúntes se paraban a mirar. Todo ello era de muy buen efecto, sólo que a expensas del general. Calculé que con los cuatro mil francos que yo había traído y con los que ellos, por lo visto, habían conseguido reunir, tenían ahora siete u ocho mil, cantidad demasiado pequeña para mademoiselle Blanche. Mademoiselle Blanche, a la que acompaña su madre, reside también en el hotel. Por aquí anda también nuestro francesito. La servidumbre le llama monsieur le comte y a mademoiselle Blanche madame la comtesse. Es posible que, en efecto, sean comte y comtesse. Yo bien sabía que monsieur le comte no me reconocería cuando nos encontráramos a la mesa. Al general, por supuesto, no se le ocurriría presentarnos o, por lo menos, presentarme a mí, puesto que monsieur le comte ha estado en Rusia y sabe lo

se olvidó de dar instrucciones. Sin embargo. Pero es hombre muy agradable y flemático. De vez en cuando el general se atrevía a objetar algo. Le saqué conversación cuando nos encontramos por primera vez en Prusia. más tarde volví a encontrarle cuando viajaba por Francia y por último en Suiza dos veces en quince días. tímido hasta lo increíble. pero el encuentro con mister Astley salvó la situación y acabé formando parte del grupo. pero discretamente. el general. el general me miró con extrañeza. y he aquí que inopinadamente topaba con él de nuevo en Roulettenburg. Cuando llegué. Confieso que me presenté en la comida sin haber sido invitado. Cuando ella entró se le encendió a él el rostro con todos los colores del ocaso. al menos en apariencia. un tutor. Habló por los codos de finanzas y de política rusa. me considera ya como amigo entrañable. Tropecé por primera vez con este inglés excéntrico en Prusia. La buena de Marya Filippovna me señaló un puesto a la mesa. pues. Ignoro cómo trabó conocimiento con el general. A la mesa el francesito galleaba más que de costumbre y se mostraba desenvuelto y autoritario con todos. Me dijo que había estado ese verano en el Cabo Norte y que tenía gran deseo de asistir a la feria de Nizhni Novgorod. En mi vida he conocido a un hombre más tímido. Recuerdo que ya en Moscú soltaba pompas de jabón. Se me antoja que está locamente enamorado de Polina. y él sin duda lo sabe porque no tiene un pelo de tonto. . Mostró alegría cuando me senté junto a él a la mesa y. para no verse privado por entero de su autoridad. esto es. en un vagón en que estábamos sentados uno frente a otro cuando yo iba al alcance de nuestra gente.poquita cosa que es lo que ellos llaman un outchitel. me conoce muy bien. por lo visto. al parecer. porque de otro modo me hubiera mandado de seguro a comer a la mesa redonda.

Yo estaba de humor extraño y, por supuesto, antes de mediada la comida me hice la pregunta usual y sempiterna: «¿Por qué pierdo el tiempo con este general y no le he dado ya esquinazo?». De cuando en cuando lanzaba una mirada a Polina Aleksandrovna, quien ni se daba cuenta de mi presencia. Ello ocasionó el que yo me desbocara y echara por alto toda cortesía. La cosa empezó con que, sin motivo aparente, me entrometí de rondón en la conversación ajena. Lo que yo quería sobre todo era reñir con el francesito. Me volví hacia el general y en voz alta y precisa, interrumpiéndole por lo visto, dije que ese verano les era absolutamente imposible a los rusos sentarse a comer a una mesa redonda de hotel. El general me miró con asombro. -Si uno tiene amor propio -proseguí- no puede evitar los altercados y tiene que aguantar las afrentas más soeces. En París, en el Rin, incluso en Suiza, se sientan a la mesa redonda tantos polaquillos y sus simpatizantes franceses que un ruso no halla modo de intervenir en la conversación. Dije esto en francés. El general me miró perplejo, sin saber si debía mostrarse ofendido o sólo maravillado de mi desplante. -Bien se ve que alguien le ha dado a usted una lección -dijo el francesito con descuido y desdén. -En París, Para empezar, cambié insultos con un polaco -respondí- y luego con un oficial francés que se puso de parte del polaco. Pero después algunos de los franceses se pusieron a su vez de parte mía, cuando les conté cómo quise escupir en el café de un monsignore. -¿Escupir? -preguntó el general con fatua perplejidad y mirando en torno suyo. El francesito me escudriñó con mirada incrédula.

-Así como suena –contesté-. Como durante un par de días creí que tendría que hacer una rápida visita a Roma por causa de nuestro negocio, fui a la oficina de la legación del Padre Santo en París para que visaran el pasaporte. Allí me salió al encuentro un clérigo pequeño, cincuentón, seco y con cara de pocos amigos. Me escuchó cortésmente, pero con aire avinagrado, y me dijo que esperase. Aunque tenía prisa, me senté, claro está, a esperar, saqué L’Opinion Nationale y me puse a leer una sarta terrible de insultos contra Rusia. Mientras tanto oí que alguien en la habitación vecina iba a ver a Monsignore y vi al clérigo hacerle una reverencia. Le repetí la petición anterior y, con aire aún más agrio, me dijo otra vez que esperara. Poco después entró otro desconocido, en visita de negocios; un austriaco, por lo visto, que también fue atendido y conducido al piso de arriba. Yo ya no pude contener mi enojo: me levanté, me acerqué al clérigo y le dije con retintín que puesto que Monsignore recibía, bien podía atender también a mi asunto. Al oír esto el clérigo dió un paso atrás, sobrecogido de insólito espanto. Sencillamente no podía comprender que un ruso de medio pelo, una nulidad, osara equipararse a los invitados de Monsignore. En el tono más insolente, como si se deleitara en insultarme, me miró de pies a cabeza y gritó: "¿Pero cree que Monsignore va a dejar de tomar su café por usted?". Yo también grité, pero más fuerte todavía: " ¡Pues sepa usted que escupo en el café de su Monsignore! ¡Si ahora mismo no arregla usted lo de mi pasaporte, yo mismo voy a verle!". »"¡Cómo! ¿Ahora que está el cardenal con él?, exclamó el clérigo, apartándose de mí espantado, lanzándose a la puerta y poniendo los brazos en cruz, como dando a entender que moriría antes que dejarme pasar.

»Yo le contesté entonces que soy un hereje y un bárbaro, que je suis hérétique et barbare, y que a mí me importan un comino todos esos arzobispos, cardenales, monseñores, etc., etc.; en fin, mostré que no cejaba en mi propósito. El clérigo me miró con infinita ojeriza, me arrancó el pasaporte de las manos y lo llevó al piso de arriba. Un minuto después estaba visado. Aquí está. ¿Tiene usted a bien examinarlo? -saqué el pasaporte y enseñé el visado romano. -Usted, sin embargo... -empezó a decir el general. -Lo que le salvó a usted fue declararse bárbaro y hereje -comentó el francesito sonriendo con ironía-. Cela n'était pas si bête. -¿Pero es posible que se mire así a nuestros compatriotas? Se plantan aquí sin atreverse a decir esta boca es mía y dispuestos, por lo visto, a negar que son rusos. A mí, por lo menos, en mi hotel de París empezaron a tratarme con mucha mayor atención cuando les conté lo de mi pelotera con el clérigo. Un caballero polaco, gordo él, mi adversario más decidido a la mesa redonda, quedó relegado a segundo plano. Hasta los franceses se reportaron cuando dije que dos años antes había visto a un individuo sobre el que había disparado un soldado francés en 1812 sólo para descargar su fusil. Ese hombre era entonces un niño de diez años cuya familia no había logrado escapar de Mosni. -¡No puede ser! -exclamó el francesito-. ¡Un soldado francés no dispararía nunca contra un niño! -Y, sin embargo, así fue -repuse-. Esto me lo contó un respetable capitán de reserva y yo mismo vi en su mejilla la cicatriz que dejó la bala. El francés empezó a hablar larga y rápidamente. El general quiso apoyarle, pero yo le aconsejé que leyera, por ejemplo, ciertos trozos de las Notas del general Perovski, que estuvo

-Por supuesto. y tengo que agenciármelo sea como sea. si no más. por supuesto. -¿Así es que aquí todos están a la expectativa? -pregunté. Polina. -Necesito dinero -dijo-. Marya Filippovna habló de algo para dar otro rumbo a la conversación. Nuestra conversación tuvo lugar durante el paseo. todos y todo. -Nada de particular. Había estado segura de que. le habría traído de París por lo menos dos mil. se encolerizó cuando le entregué sólo setecientos gulden. A la caída de la tarde. El general estaba muy descontento conmigo. salvo dos noticias que llegaron de Petersburgo: primero. Pero a mister Astley. empeñando sus brillantes. Todos fuimos al parque del Casino. desde hace medio año no se espera más que esto. le agradó mucho mi disputa con el francés. que la abuela estaba muy mal. Para empezar tratamos. Yo empecé a preguntarle qué había sucedido durante mi ausencia. la definitiva. porque el francés y yo casi habíamos empezado a gritar. por lo visto. sin más. Polina se sentó en un banco frente a la fuente y dejó a Nadyenka que jugara con otros niños sin alejarse mucho. y dos días después que. Finalmente. por lo visto. Se levantó de la mesa y me invitó a tomar con él un vaso de vino. como era menester. que es hombre de crédito. De lo contrario estoy perdida. -¿Usted también? -inquirí. logré hablar con Polina Aleksandrovna un cuarto de hora. de negocios. .prisionero de los franceses en 1812. Estamos esperando la última noticia. estaba agonizando. Esta noticia es de Timofei Petrovich -agregó Polina-. Yo también solté a Misha junto a la fuente y por fin quedamos solos.

-Sí. la baboulinka? ¡Qué relaciones tan íntimas y amistosas! -Sí. -Es hombre tímido y enamoradizo y.¡Anda. ¿no está nuestro marqués iniciado en todos los secretos de la familia? -¿Y a usted qué le va en ello? -preguntó Polina mirándome seca y severamente. Ahora bien. Tan pronto como sepa que en el testamento se me deja algo. ya está enamorado de usted. el general ya ha conseguido que le preste dinero! -Sus sospechas están bien fundadas. ¿Pero por qué tiene usted esa impresión? -Dígame -respondí yo con una pregunta-. irritada-. ¿Dónde conoció usted a ese inglés? -añadió tras un minuto de silencio. me tenía afecto. -¡Claro! ¿Le daría dinero si no supiera lo de la abuela? ¿Notó usted a la mesa que mencionó a la abuela tres veces y la llamó «la abuelita». -Tengo la impresión de que heredará usted mucho -dije con énfasis. tiene usted razón.~¡Pero si yo no tengo ningún parentesco con ella! Yo soy sólo hijastra del general. . sé que seguramente me recordará en su testamento. por supuesto. está enamorado de mí -repuso Polina. Sí. Le relaté mis encuentros anteriores con mister Astley durante el viaje. ¿No es esto lo que quería usted saber? -¿Sólo que pide su mano? Yo creía que ya la había pedido hacía tiempo -¡Usted sabe muy bien que no! -dijo Polina. -Ya sabía yo que me preguntaría usted por él. pide mi mano. . porque si no me equivoco.

y eché de ver que quería enfurecerme con el tono y la brutalidad de sus respuestas. -Sí. Tiene un cháteau o algo por el estilo. dijo usted que a la primera palabra mía estaba dispuesto a tirarse de cabeza desde allí. me considero con derecho a hacer a usted toda clase de preguntas -respondí con calma-. según parece. Así se lo dije al momento. -¿De veras? -Como lo oye. A Polina le desagradaban mucho mis preguntas. es diez veces más rico que el francés. pero el francés es marqués y más listo -respondió ella con la mayor tranquilidad. pero es un granuja. Me es usted odioso. no lo es. ¿Pero es que el francés tiene de veras algo? ¿No es eso motivo de duda? -No. -La última vez. y el inglés. Polina rompió a reír. Bueno. además de ser honrado. justamente porque le he . desde una altura. -El francés es mejor mozo. ¿qué? ¿Está usted satisfecho? -Yo que usted me casaría sin más con el inglés. y muy positivamente. en el Schlangenberg. en efecto. de mil pies. precisamente porque estoy dispuesto a pagar por ellas lo que se pida. es diez veces más rico -dije con brusquedad. Alguna vez pronunciaré esa palabra.-Y. sin ir más lejos. -Es que yo. claro. Ayer. y puede estar seguro de que seré inflexible. aunque sólo sea para ver cómo paga usted lo que se pida. y porque estimo que mi vida no vale un comino ahora. Tiene que pagarme de algún modo el que le permita hacer preguntas y conjeturas parecidas. -¿Por qué? -preguntó Polina. -De veras que me divierte verle tan rabioso. me hablaba el general de ello.

gáneme cuanto pueda a la ruleta. -Permítame preguntarle: ¿qué clase de persona es mademoiselle Blanche? -dije. Cosa rara. No hay por qué añadir nada a lo que se sabe hace tiempo. Se dispuso a levantarse. últimamente. saben muy bien que estamos arruinados. de verdadera furia. es decir. aunque todavía en el camino desatinaba como un loco. y a veces hasta en sueños la veía. necesito ahora dinero de la forma que sea. La orden de jugar a la ruleta me produjo el efecto de un mazazo en la cabeza. cada vez que hablaba conmigo. terminaba el coloquio en una nota de enojo y furia. por lo visto. -¿Y el general está perdidamente enamorado? -No se trata de eso ahora. en el día de mi regreso. Escuche y tenga presente lo que le digo: tome estos setecientos florines y vaya a jugar. sin embargo. deseando que no se fuera sin una explicación. tenía bastante de qué preocuparme y. metido a analizar mis sentimientos hacia Polina. pensativo y perplejo. Hablaba con irritación. donde se reunió con el resto de nuestro grupo.permitido tantas cosas. me dormí en el vagón y. porque mademoiselle Blanche. aquí estaba ahora. llamó a Nadyenka y se encaminó al Casino. tendré que ponerle a buen recaudo. tomé por la primera vereda que vi a la izquierda. si se confirman los rumores sobre la muerte de la abuela. lo mismo que su madre y que su primo el marqués. Cierto era que me había sentido mejor durante estos quince días de ausencia que ahora. Dicho esto. Una vez (esto pasó en Suiza). respingaba como un azogado. y más odioso aún porque le necesito. empecé a hablar con . Mademoiselle Blanche será probablemente esposa del general. Yo. -Usted mismo sabe qué clase de persona es mademoiselle Blanche. Pero mientras le necesite.

le producía extraordinario deleite. muchas veces me consideraba como sí no fuese hombre. por su parte. Juro que si hubiera sido posible hundirle un cuchillo bien afilado en el seno. permitirse tales intimidades y revelaciones conmigo? Se me antoja que hasta entonces me había mirado como aquella emperatriz de la antigüedad que se desnudaba en presencia de un esclavo suyo.Polina en voz alta. en los últimos quince días habían entrado en juego nuevos factores. sólo el pensarlo. Ella. adentrarse en muchas cuestiones . considerando que no era hombre. De una manera u otra había que resolver aquello. Y ahora. mejor dicho. Yo lo sabía. no obstante. por centésima vez. me hubiera tirado en el acto. Sí. de la imposibilidad de convertir mis fantasías en realidades. me hubiera dicho efectivamente: «¡Tírese!».. Además. de lo contrario. y hasta con gusto. Sí. ¿cómo podría. había recibido su encargo: ganar a la ruleta de la manera que fuese. lo comprendía perfectamente. creo que lo hubiera hecho con placer. de los cuales aún no tenía idea. en esa cumbre tan a la moda. me era odiosa. Era preciso averiguar todo ello. Había momentos (cabalmente cada vez que terminábamos una conversación) en que hubiera dado media vida por estrangularla. tan discreta e inteligente como es. o. juro por lo más sagrado que si en el Schlangenberg. una vez más. en fin. me contesté que la odiaba. me hice la pregunta: ¿la quiero? Y una vez más no supe qué contestar. una vez más. dando mucho que reír a mis compañeros de viaje. No tenía tiempo para pensar con qué fin y con cuánta rapidez era menester ganar y qué nuevas combinaciones surgían en aquella cabeza siempre entregada al cálculo. y sólo el pensar que yo me daba cuenta justa y cabal de su inaccesibilidad para mí. estaba seguro. Pero. Y..

No me gustó lo que vi allí a la primera ojeada. Pero de momento no había tiempo. No hay esplendor alguno en estas salas cochambrosas. Porque en definitiva. aunque hubiera estado solo. que de Roulettenburg no saldría como .y cuanto antes mejor. no sólo no hay montones de él en las mesas. y pierde o gana sumas muy considerables. Cierto es que alguna vez durante la temporada aparece de pronto un tipo raro. sin embargo. se ven en las mesas. no se les paga por ello. del extraordinario esplendor y lujo de las salas de juego en las «ciudades de la ruleta» del Rin. y sencillamente lo dicen por puro servilismo. Cuando entré en la sala de juego (por primera vez en m vida) dejé pasar un rato sin probar fortuna. Sin embargo. y. y entré en las salas de juego con ánimo muy desabrido. Además. Confieso que me latía fuertemente el corazón y que no las tenía todas conmigo. y la cantidad que aparece en la mesa es por lo general bastante modesta. en las que cada primavera los que las escriben hablan de dos cosas: primera. siguen jugándose unos míseros gulden. creo que en esa ocasión me hubiera marchado sin jugar. segunda. como sucedió este verano. y sobre todo las de nuestros periódicos rusos. Capítulo 2 Confieso que el mandato me era desagradable. un inglés o algún asiático. y había decidido tiempo atrás. No puedo aguantar el servilismo que delatan las crónicas de todo el mundo. Tenía que ir a la ruleta. muy probablemente sabía. Hasta me sacó un tanto de quicio. y en cuanto a oro. según dicen. de los montones de oro que. porque aunque había resuelto jugar no había previsto que empezaría jugando por cuenta ajena. la muchedumbre era agobiante. los demás. sino que apenas se ve. un turco.

No me refiero. que «al fin y al cabo estaba apostando cantidades pequeñas». y de ese modo me dispuse a apostar. Lo que para Rothschild es poco. por vía de justificación. sino en cualquier transacción. pues el afán de lucro también será mezquino». que algo radical y definitivo iba a ocurrir en mi vida. el comercio? Una cosa es cierta: que de cada ciento gana uno. por ejemplo. ¿Y por qué el juego habrá de ser peor que cualquier otro medio de procurarse dinero. quien. ¡Como si ese afán no fuera el mismo cuando se gana poco que cuando se gana mucho! Es cuestión de proporción. Francamente. Tenía. sería de improviso. decidí desde el primer momento observarlo todo con cuidado y no intentar nada serio. algo así como moralmente sucio e indecente. Si algo había de ocurrir esa noche. que aprender el juego mismo. oyendo decir a alguien. donde uno le saca a otro lo que puede. entonces no es sólo en la ruleta. en esa ocasión. más ridícula aún es la opinión corriente de que es absurdo y estúpido esperar nada del juego. hasta a centenares. contestó: «Tanto peor. todo me parecía muy sucio. no veo nada sucio en el deseo de ganar lo más posible y cuanto antes: siempre he tenido por muy necia la opinión de un moralista acaudalado y bien nutrido. Así tenía que ser y así sería. la verdad es que no sabría nada de su funcionamiento hasta que no lo viera con mis propios ojos. Pero eso ¿a mí qué me importa? En todo caso. En primer lugar. y nada del otro jueves. ni mucho menos. para mí es la riqueza. Que las ganancias y las pérdidas sean en .había llegado. se agolpan alrededor de las mesas de juego. Por ridícula que parezca mi gran confianza en los beneficios de la ruleta. y si de lo que se trata es de ingresos o ganancias. ya que a pesar de las mil descripciones de la ruleta que había leído con tanta avidez. por añadidura. a esas caras ávidas e intranquilas que a decenas.

por ejemplo.general algo repulsivo es otra cuestión que no voy a resolver aquí. puede. cuando entré en la sala. ¿Y de qué sirve engañarse a sí mismo? ¡Qué menester tan trivial y poco provechoso! Repelente en particular. convenientes y. pero no por el deseo plebeyo de ganar. para estudiar y calcular las probabilidades. a la pata la llana. Nada más agradable que cuando puede uno dejarse de cumplidos en su trato con otro y cada cual se comporta abiertamente. en toda esa chusma de la ruleta era el respeto con que miraba lo que se estaba haciendo. sino un entretenimiento organizado exclusivamente para su satisfacción. es esa distinción! Un caballero. Los vaivenes de la suerte. sólo por divertirse. pero sólo por jugar. Hay dos clases de juego: una para caballeros y otra plebeya. En suma. toda esa codicia y toda esa porquería codiciosa me resultaban. si es muy rico. He aquí por qué en estos casos se distingue con esmero entre los juegos que se dicen de mauvais genre y los permitidos a las personas decentes. No estaría mal que se figurara. propia de la canalla. Puesto que yo mismo sentía agudamente el afán de lucro. la seriedad. no debe siquiera sospecharlos. por así decirlo. puede hacer una puesta de cinco o diez luises. la deferencia con que se agolpaba en torno a las mesas. hacer un comentario a cualquiera de los concurrentes. mercenaria. por ejemplo. ¡y qué vil. Si gana. que . en realidad sólo para observar el proceso de la ganancia o la pérdida. por ejemplo. ruletas y trente et quarante. rara vez más. Aquí la distinción se observa rigurosamente. pero sólo por curiosidad. mejor dicho. familiares. a primera vista. pero de ningún modo puede mostrar interés en la ganancia misma. que no debe ver en todas estas mesas de juego. incluso apuntar de nuevo o doblar su puesta. soltar una carcajada. o puede apostar hasta mil francos. en realidad. en que se apoya y se justifica la banca.

La señorita ganaba o perdía sonriendo y se marchaba tan satisfecha. Sería muy aristocrático. Por otra parte. a toda esa chusma. A veces. un francés. por supuesto. con mucha lentitud. como si dijéramos. Se retiró sonriendo y sin perder la dignidad. pero él ni siquiera le vio. no debe alterarse. Y cuando la tercera vez salió el rojo. jovencitas inocentes y elegantes de quince o dieciséis años. ganó y perdió hasta treinta mil francos. en mi presencia. por supuesto. El caballero auténtico.todos los demás jugadores. un espectáculo organizado . los apuntó al negro y ganó. típicos de la más refinada aristocracia. examinar con impertinentes. no darse cuenta de la cochambre de toda esa chusma y esa escena. observar con cuidado. El dinero está tan por bajo de la dignidad de un caballero que casi no vale la pena pensar en él. y les daban unas monedas de oro para enseñarlas a jugar. esta ingenua visión de lo que es la gente. de él. es decir. Vi que muchas mamás empujaban adelante a sus hijas. pero sólo viendo en esa cochambre y en toda esa muchedumbre una forma especial de pasatiempo. Salió el negro otra vez y tampoco recogió lo ganado. son. alegre y tranquilamente. Yo estaba seguro de que por dentro iba consumido de rabia y que si la puesta hubiera sido dos o tres veces mayor. hubiera perdido la serenidad y dado suelta a su turbación. sin embargo. no es menos aristocrático y refinado el darse cuenta. Este desconocimiento completo de la realidad. Nuestro general se acercó a la mesa con aire grave e imponente. son en realidad tan ricos y caballerosos como él y que juegan sólo para divertirse y pasar el tiempo. extrajo trescientos francos en oro. toda esa chusma que tiembla ante un guiden. Con mucha lentitud sacó el portamonedas. perdió de un golpe mil doscientos francos. Un lacayo corrió a ofrecerle una silla. aunque pierda cuanto tiene. No recogió lo ganado y lo dejó en la mesa.

pero con el pleno convencimiento de que. Noté. ya que al fin y al cabo el espectáculo no merece ser observado larga y atentamente. ¡qué le vamos a hacer! Hablo sólo para desahogar mi conciencia. No ando lejos de pensar que a la mesa de juego misma se dan casos del más vulgar latrocinio. a menudo se oye una gritería. especialmente cuando venía aquí no sólo para observar. Uno puede abrirse paso entre el gentío y mirar en torno. sino para «hacerme al juego».. sentados a los extremos de la mesa. Pero una cosa sí haré notar: que últimamente me ha sido -no sé por qué. Para los crupieres. por otro lado. sino para formar parte. sincera y conscientemente. para saber cómo conducirme en el futuro. Era otro patrón el que me guiaba. ¡Ésa es otra chusma! Franceses en su mayor parte. Pero. Se produce un altercado. uno es sólo observador y de ningún modo parte del grupo. ¡y vaya usted a buscar testigos para probar que la puesta es suya! . yo observaba y estudiaba no para describir la ruleta. de esa chusma. a mí me parecía que todo esto merecía la atención más solícita. observar y liquidar las apuestas es trabajo muy duro. en rigor. que nada es más frecuente que ver salir de detrás de la mesa una mano que se apropia lo que uno ha ganado.para divertir a los caballeros. no se debe observar con demasiada atención.profundamente repulsivo ajustar mi conducta y mis pensamientos a cualquier género de patrón moral. Sin embargo. y sabido es que pocos espectáculos son dignos de la cuidadosa atención de un caballero. por ejemplo. es claro que no hallan acomodo en el presente razonamiento. pues ello sería actitud impropia de un caballero. En fin. Es verdad que la chusma juega muy sucio.. Por otro lado. En cuanto a mis convicciones morales más íntimas.

Así. esto es. ¿No es verdad que es imposible acercarse a una mesa de juego sin sentirse en seguida contagiado por la superstición? Empecé sacando cinco federicos de oro. En esta ocasión no estaba presente el francés. me entregaron otros ochenta federicos. y el general se despachó a sus anchas: entre otras cosas juzgó necesario advertirme una vez más que no le agradaría verme junto a una mesa de juego. Me pagaron el triple. salió el quince y perdí. Del dinero de Polina Aleksandrovna decidí arriesgar esa noche cien gulden. Giró la rueda. puse los ochenta federicos una vez más a los pares. Puse los diez federicos. salió otra vez el rojo. a pares y nones y al color.Al principio todo me parecía un galimatías sin sentido. Se me antojaba que empezando con Polina daba al traste con mi propia suerte. Sin embargo. La idea de entrar a jugar y no por propia incumbencia me tenía un poco fuera de quicio. Salió el rojo. sólo para liberarme de algún modo y marcharme. Pensaba que le . Esta vez salió el cuatro. Me parecía que de ningún modo jugaría así si estuviera jugando por mi propia cuenta. puse otros cinco federicos al rojo. y poniéndolos a los pares. cincuenta gulden. Cuando recibí cuarenta federicos puse veinte en los doce números medios sin tener idea de lo que podría resultar. Todos se habían ido de paseo al parque y no conseguí verla hasta después de la cena. Con una sensación de ahogo. y cogiendo el montón de ciento sesenta federicos de oro salí a buscar a Polina Aleksandrovna. y volvió a salir el rojo. La extraña e insólita sensación que ello me produjo se me hizo tan insoportable que decidí irme. mis diez federicos de oro se habían trocado de pronto en ochenta. Lo puse todo al rojo. Sólo adiviné y distinguí no sé cómo que las puestas eran al número. pues. Era una sensación sumamente desagradable y quería sacudírmela de encima cuanto antes.

-Y. -Porque quiero jugar por mi propia cuenta -respondí mirándola asombrado. Con esto se apartó de mí sin escuchar mis ulteriores objeciones. proponiendo que en el futuro continuásemos el juego sobre esa base. como era costumbre suya. sin acabar la frase. Yo respondí secamente que tenía muy poco dinero y.pondría en un gran compromiso si perdía demasiado.. quizá fuera absurdo. Polina Aleksandrovna insistió en que fuera a medias con ella en las ganancias de hoy. yo también. por supuesto. pero que me dejaran en paz.. pero usted mismo estará de acuerdo en que . tiene usted que seguir jugando conmigo a medias. de acuerdo. sino porque probablemente perdería. por estúpido que parezca. lo hará. Ahí se quedó. . y me ofreció ochenta federicos de oro. «pero aunque ganara usted mucho. Cuando subía a mi habitación logré entregar a Polina sus ganancias y le anuncié que no volvería a jugar más por cuenta de ella. cifro mis esperanzas casi únicamente en la ruleta -dijo pensativa-.. ».y esto me lo impide. de plano y sin ambages. Por supuesto que no tengo derecho a dirigir sus actos. Yo volví a contestar muy seriamente que sí. no porque no quisiera hacerlo. en cuanto a mi convencimiento de que ganaría sin duda alguna . -¿Y eso por qué? -preguntó alarmada. Yo rechacé la oferta. sin embargo... Por consiguiente. quedaría yo también en un compromiso -añadió con intención-. por lo tanto. y. bueno. no podía perder cantidades demasiado llamativas aun si llegaba a jugar. -¿Conque sigue usted convencido de que la ruleta es su única vía de salvación? -preguntó irónicamente. y declaré que no podía jugar por cuenta de otros.

sin embargo. Por lo común no procura ocultar su aversión hacia mí. tampoco me oculta que le soy necesario y que me reserva para algo. aunque Polina misma ve que sufro y me inquieto por -causa de sus propios sufrimientos e inquietudes. sean los que sean». por ejemplo. Entre nosotros han surgido unas relaciones harto raras. ni más ni menos que si fuese su esclavo o recadero. jamás se dignará tranquilizarme por completo con una franqueza amistosa. pero nunca con entera franqueza. Su previa manera de tratarme no se alteró. que yo la amo hasta la locura. habida cuenta del orgullo y la arrogancia con que se comporta con todos. evitó en general hablar conmigo. me da venia incluso para que le hable de mi pasión (aunque. en sus desdenes para conmigo hay cierto refinamiento: sabe. pero me contará sólo aquello que necesita saber un hombre que va a servir de recadero) y aunque la pauta entera de los acontecimientos me sigue siendo desconocida. Ella sabe. en gran medida incomprensibles para mí. esa completa despreocupación en su actitud cuando nos encontrábamos. confiándome a . con un matiz de odio y desprecio. más aún. incluso ella misma me contará algo de sus asuntos si necesita servirse de mí para algún fin particular. y eso que. No obstante. ayer no me habló del juego en todo el día. Además. que conozco alguna circunstancia de su vida o alguna cosa que la trae muy inquieta.Capítulo 3 Polina. nada expresa mejor su desprecio que esa licencia que me da para hablarle de mi amor sin trabas ni circunloquios: «Quiere decirse que tengo tan en poco tus sentimientos que me es absolutamente indiferente que me hables de ellos. esto lo veo yo mismo. por ejemplo. De sus propios asuntos me hablaba mucho ya antes. por supuesto.

participa con gusto en los paseos por el parque y en las cabalgatas y excursiones al campo. un ser demasiado insignificante. por otro lado. ¡Así están las cosas entre nosotros! Ayer se habló mucho del telegrama que se mandó hace cuatro días a Petersburgo y que no ha tenido contestación. de la abuela. debería. sin ir más lejos. aunque ella me permite hacerle preguntas. no tiene motivo para ofenderse de mi ruda curiosidad. ¿Qué significaba para ella el dinero en sí mismo? Ahí había un propósito. sino hasta arriesgados. no las contesta. Hasta con Polina se muestra desembarazado hasta la grosería. de que también yo estoy inquieto y de que quizá sus inquietudes y desgracias me preocupan y torturan tres veces más que a ella misma? Desde hacía unas tres semanas conocía yo su intención de jugar a la ruleta. pero que hasta este momento ignoro. También el francés está agitado. El tono que emplea el francés con todos nosotros es sumamente altivo y desenvuelto. Hasta me había anunciado que tendría que jugar por cuenta suya. ser franca conmigo. Se trata. pero. Por el tono de sus palabras saqué pronto la conclusión de que obraba a impulsos de una grave preocupación y no simplemente por el deseo de lucro. en mi opinión. por lo visto. ni que decir tiene. El general. estuvieron hablando largo rato después de la comida. Pero ¿por qué habría de ocuparse de mis sentimientos. Claro que la humillación y esclavitud en que me tiene podrían darme (a menudo me dan) la posibilidad de hacerle preguntas duras y groseras. Desde hace bastante . Aquí se da lo del refrán: «les das la mano y se toman el pie». está pensativo e inquieto.menudo encargos no sólo engorrosos. Dado que no soy para ella sino un esclavo. Ayer. Hay veces que ni siquiera se da cuenta de ellas. porque sería indecoroso que ella misma jugara. alguna circunstancia que yo quizá pudiera adivinar. Pero es el caso que.

como si quisieran dar ejemplo de finura y delicadeza. por lo tanto. Yo ya noté anteayer cómo mister Astley miraba a mademoiselle Blanche y a la madre de ésta. pero ahora. efectivamente. Y. por supuesto. ¿Quién es mademoiselle Blanche? Aquí. reservado y taciturno que es casi seguro que no lavará en público los trapos sucios de nadie. sin embargo. Además. el general está en sus garras. Por lo pronto. conozco por casualidad parte de un secreto de familia: el francés. Ahora. Esto se comprende. había sacado de apuros al general el año antes. pero éste es tan tímido. cabalmente ahora. Me pareció también que nuestro francés había tropezado previamente con mister Astley. quien desempeña el papel principal en este asunto es mademoiselle Blanche.tiempo conozco algunas de las circunstancias que ligan al francés y al general. Tuve la impresión de que las conocía. amistad y parentesco parecen menos delicados y más íntimos. se dice que es una francesa de noble alcurnia y fortuna colosal. su relación. Quizá estiman que nuestros asuntos van por tan mal camino que no tienen por qué mostrarse demasiado corteses con nosotros o guardar las apariencias. el francés apenas le saluda y casi no le mira. En Rusia proyectaron abrir juntos una fábrica. entre nosotros. Se dice que hasta mi viaje a París el francés y mademoiselle Blanche se trataban con bastante más ceremonia. a quien acompaña su madre. dándole treinta mil rublos para que completara cierta cantidad que faltaba en los fondos públicos antes de presentar la dimisión de su cargo. ¿Pero por qué mademoiselle Blanche tampoco le . lo que quiere decir. con nuestro marques: prima segunda o algo por el estilo. pero no sé si el proyecto se malogró o si sigue todavía en pie. aunque muy remoto. También se sabe que tiene algún parentesco. y en esto estoy seguro de no equivocarme. que no le teme.

pero no sé si se me comprenderá si digo que tiene uno de esos semblantes de los que cabe asustarse. una desgracia. ya está perdido por completo! Enamorarse a los cincuenta y cinco años y con pasión tan fuerte es. Bien se comprende lo que puede significar para él el telegrama con la noticia de la muerte de su tía. El blanco de sus ojos tira un poco a amarillo. Tendrá unos veinticinco años. terminados en ángulos rectos. conversar conmigo. pero con gusto exquisito. Es trigueña de piel. En consecuencia. con chic. Es alta y ancha de hombros. pero por lo común su expresión es taciturna y descarada. Mademoiselle Blanche es bella. huele a almizcle. Sus manos y pies son una maravilla. no recuerdo con qué motivo. dijo en conversación general que mister Astley es colosalmente rico y que lo sabe de buena fuente. ¡Buena ocasión era ésa para que mademoiselle Blanche mirara a mister Astley! De todos modos. Su voz es un contralto algo ronco. tiene el pelo negro como el azabache y en tal abundancia que hay bastante para dos coiffures. sus deudas. como de propósito. De vez en cuando ríe a carcajadas y muestra todos los dientes. la mujer de quien le ha tocado en suerte enamorarse. la mirada es insolente. Yo al menos les tengo miedo a esas mujeres. Agréguese a ello su viudez. sus hijos.mira? Tanto más cuanto el marqués reveló anoche el secretode pronto. Viste con ostentación. los labios los lleva siempre pintados. ayer y hoy he concentrado principalmente mi atención en mademoiselle Blanche. Aunque estaba casi seguro de que Polina evitaría. para acabar. ¡Pobre general. El cuello y el pecho son espléndidos. al menos en . los dientes son de blancura deslumbrante. la ruina casi total de su hacienda. en ropa de alto precio. y. el general estaba intranquilo. por supuesto. yo también me mostré frío e indiferente. pensando que ella acabaría por acercárseme.

Es curioso y divertido lo que puede expresar a veces la mirada tímida y mórbidamente casta de un hombre enamorado. ¡Oh. cómo me repugna todo esto! ¡Con qué placer mandaría a paseo a todos y todo! ¿Pero es que puedo apartarme de Polina? ¿Es que puedo renunciar a huronear en torno a ella? El espionaje es sin duda una bajeza. En cuanto al marqués. es decir. Sí. sin embargo. (Rumor extraño: Marya Filippovna regresa a Rusia. Si. de si el general puede mostrarles dinero bastante. pero por otra parte es suspicaz y astuta. según ésta se entiende. en Moscú o en cualquier parte de Alemania. En resumen. todavía no sé a ciencia cierta si entre mademoiselle Blanche y el general se ha dicho algo decisivo. Se me antoja que en su vida no han faltado las aventuras. es evidente que pertenece a la buena sociedad. se dice que tiene un cháteau. Pero hay prueba de que en Berlín. pero ¿a mí qué me importa? Interesante también me ha parecido mister Astley ayer y hoy. aunque sigo dudando de que sea marqués. ella y su madre tenían amistades bastante decorosas. puede ser que el marqués no sea pariente suyo y que la madre no tenga de tal más que el nombre. Para decirlo todo. adonde fuimos con ellos. No sé qué será en Francia. quizá incluso no sea inteligente. A mí mismo me sorprende y divierte lo chismorrero que he llegado a ser. por ejemplo.presencia de Polina y de Marya Filippovna. llegara la noticia de que la abuela no ha muerto. todo depende ahora de nuestra situación económica. por ejemplo. sobre todo cuando ese hombre preferiría que se lo tragara la .) Sospecho que mademoiselle Blanche carece de instrucción. He pensado que en estos quince días han pasado muchas cosas y. tengo la seguridad de que está enamorado de Polina. estoy seguro de que mademoiselle Blanche desaparecería al instante.

-¿Cómo? ¿Que no lo sabe? -gritó presa del mayor asombro. Pero tenía aspecto satisfecho. -No lo sé.basta levantar los ojos y mirar en torno para ver indefectiblemente -en la vereda más cercana o tras un arbusto. junto al quiosco de la música o junto a la fuente. Estoy sentado en mi cuchitril y hago inventario . Si le invitan. en el Casino. y dondequiera que estemos -en el parque. feo. A veces habla de manera sumamente inconexa. no tengo idea. -Inclinó la cabeza y prosiguió su camino. así es la vida. se instala siempre no lejos de nuestro asiento. ¿Le gustan mucho las flores a mademoiselle Polina?». Sospecho que busca ocasión para hablar conmigo a solas. Son ahora las once de la noche. devorado sin duda por el deseo de unirse a nuestro grupo. Esta mañana nos encontramos y cambiamos un par de palabras. porque cuando le pregunté «¿y eso qué significa?». Sin darme los «buenos días» me dijo: -¡Ah. Se quita el sombrero y pasa de largo. mirándome con intención. Estuvimos hablando en un francés de lo más abominable. rehúsa al instante. o en lo alto del Schlangenberg. mademoiselle Blanche! ¡He visto a muchas mujeres como mademoiselle Blanche! Guardó silencio. No me he fijado -repetí riendo. sacudió la cabeza y añadió: «En fin. -No sé.tierra a decir o sugerir nada con la lengua o los ojos. absurdo. -Hmm. sonrió astutamente. Mister Astley se encuentra con nosotros a menudo en los paseos. en el bosque. En los lugares de descanso. No sé lo que quiso decir con ello.a mister Astley en su escondite. Capítulo 4 Hoy ha sido un día chusco. Eso me da que pensar.

una especie de pauta en las probabilidades. que no jugaría a medias con ella. por ejemplo. Mientras tanto observaba y tomaba nota mental de lo que veía. es muy extraño. existe no obstante. lo que. para algún fin especial. Prometió explicármelo y me dirigí al Casino. cae en ellos una vez y vuelve a desplazarse para caer tres veces en los números . pasa de nuevo a los doce primeros. que jugamos sin «combinación». ¡Qué insolentes y codiciosos eran todos! Me abrí camino hasta el centro y me coloqué junto al crupier. la importancia que le dan algunos jugadores. en efecto. ni con mucho.la bola cae en estos doce últimos y vuelve a los doce primeros. dos veces -digamos. Yo. Sin embargo. Es evidente que lo necesita. Tomé sus ciento sesenta federicos de oro. y lo más pronto posible. calculan. pero bajo dos condiciones: primera. Una vez que ha caído en los doce primeros. apuntan los aciertos. Empezó con que por la mañana tuve que jugar a la ruleta por cuenta de Polina Aleksandrovna. que esa noche Polina me explicaría por qué le era tan urgente ganar y exactamente cuánto dinero. vuelve otra vez a los doce medios. luego empecé cautelosamente a «probar el juego» en posturas de dos o tres monedas. y segunda.de lo acaecido. En las salas de juego la muchedumbre era terrible. es decir. simples mortales. que después de los doce números medios salen los doce últimos. que si ganaba no aceptaría nada. en todo caso. no puedo suponer que sea sólo por dinero. hacen cuentas. y de ahí. por fin realizan sus puestas y. me pareció que la «combinación» no significa gran cosa y no tiene. sistema. deducen las probabilidades. por supuesto.. Ocurre. pierden igual que nosotros. cae en ellos tres o cuatro veces seguidas y pasa de nuevo a los doce últimos. Se sientan con papeles llenos de garabatos. después de salir un par de veces. saqué una conclusión que me parece exacta: aunque no hay.

Para empezar puse veinte federicos de oro a los pares y gané. que el rojo va seguido del negro y viceversa en giros consecutivos de la rueda sin orden ni concierto.medios. Durante la comida estuve tan animado como lo había estado tres días antes. saqué todo lo que me quedaba. Por lo visto. Mientras tanto estuve vagando por el parque. En cuanto a mí. puse cinco y volví a ganar. uno. hasta más de veintidós veces seguidas. de sacarle la lengua. Luego. ocurre. una especie de reto a la suerte. Otro día. Otro día u otra noche no sale más que el rojo. u otra mañana. Apunté con la puesta más grande permitida. llegando. y así dos o tres veces más. tres y dos. enardecido. Uno. por ejemplo. tres y dos. hasta el punto de que no se dan más de dos o tres golpes seguidos en el rojo o en el negro. Creo que tuve entre manos unos cuatrocientos federicos de oro en unos cinco minutos. En esta ocasión habló conmigo más atentamente que de costumbre. Ni siquiera entendía lo que me había pasado y no expliqué mis pérdidas a Polina Aleksandrovna hasta poco antes de la comida. y perdí. y así continúa infaliblemente durante un día entero. Es muy divertido. El francés y mademoiselle Blanche comían una vez más con nosotros. quien pasó toda la mañana junto a las mesas de juego. Me aparté de la mesa como atontado. lo apunté al mismo número y volví a perder. un afán de mojarle la oreja. y así sucesivamente durante la hora y media o dos horas. Mucho de esto me lo explicó mister Astley. por ejemplo. pero en mí surgió una extraña sensación. Debiera haberme retirado entonces. El francés se fue derecho al grano y me preguntó sin más si el dinero que había perdido . cuatro mil gulden. mademoiselle Blanche había estado aquella mañana en el Casino y había presenciado mis hazañas. aunque no hizo una sola puesta. perdí hasta el último kopek -y muy deprisa-.

y esta mañana temprano vino de nuevo a ver al general. le era penoso escuchar cómo un majadero manirroto como yo había ganado y perdido en un cuarto de hora ese respetable montón de oro. diciendo que el dinero era mío. y que seis o siete aciertos seguidos. El general quedó muy asombrado. Habiendo oído hablar de mis pérdidas. Acaso. Todo esto. ahí había gato encerrado. .era mío. Sospecho que anoche tuvo con el francés una acalorada disputa. probablemente para proseguir la conversación de ayer. era verosímil. que era menester ser más prudente. está obligada a darme una explicación. pero guardó silencio. por su cara. El francés se fue por lo visto irritado. Sin embargo. con malicia. noté. el francés me hizo observar con mordacidad. que estaba agitado e intranquilo. no son siquiera. doblando las puestas. No sé por qué agregó que. sin embargo. dados sus apuros económicos. En una palabra. y que después lo había perdido todo en dos golpes. me habían proporcionado cinco o seis mil gulden. pensé para mis adentros. En todo caso. me había dejado mentir y no me había corregido. aunque los rusos juegan mucho. más aún. ¿De dónde había sacado yo tanto dinero? Expliqué que había empezado con diez federicos de oro. diestros en el juego. de ello saqué la conclusión de que tenía que mentir y encubrir el hecho de haber jugado por cuenta de ella. Contesté al momento con una mentira. por supuesto. pero no pude leer nada en su rostro. Mientras lo explicaba miraba a Polina. Yo pensaba que el general me haría alguna observación. porque estuvieron hablando largo y tendido a puerta cerrada. y poco antes había prometido revelarme algo. Me pareció que sospechaba de Polina. a su parecer.

-Yo prefiero con mucho vivir en tiendas de lona como un quirguiz a inclinarme ante el ídolo alemán. por ejemplo. sin esfuerzo. eso no es verdad. por lo tanto. y cuando el francés sonrió desdeñosamente al oír mi dictamen. . sin esfuerzo.-En mi opinión. -¿Qué ídolo? -gritó el general. -Perdón -le respondí-. -En que en el catecismo de las virtudes y los méritos del hombre civilizado de Occidente figura histórica y casi primordialmente la capacidad de adquirir capital. y. es posible creerme. por consiguiente. nos atraen y cautivan aquellos métodos. Tenía unas ganas locas de azuzarlos. sino que lo derrocha sin sentido. Esto es para nosotros una gran tentación. -Eso es hasta cierto punto verdad -subrayó el francés con fatuidad. -¿En qué funda usted su opinión? -preguntó el francés. -No. el ruso no sólo es incapaz de adquirir capital. en realidad no se sabe todavía qué es más repugnante: la perversión rusa o el método alemán de acumular dinero por medio del trabajo honrado. y como jugamos sin sentido. cuando hablo de los rusos como jugadores. pues perdemos. en dos horas. lo hago para insultarlos y no para alabarlos. Ahora bien. la ruleta. la ruleta ha sido inventada sólo para los rusos -observé yo. como. que ya empezaba a sulfurarse en serio. Yo me reí. -¡Qué idea tan rusa! -exclamó el francés. dije que yo llevaba razón porque. con los cuales puede uno enriquecerse de repente. -¡Qué idea tan indecorosa! -exclamó el general. y debería darle vergüenza hablar así de su patria -apuntó el general en tono severo y petulante. indecorosamente. Lo que no quita que el dinero también nos sea necesario a los rusos -añadí-.

Todo ello se hace por pura honradez. Puesta de sol.. que en paz descanse. vamos. Así pues. Permítame contar algo todavía más conmovedor.. No llevo aquí mucho tiempo. a ese fin. Así sucede aquí. Cada uno de esos Vater tiene su familia. puedo juzgar con tino. hasta el punto de que el hijo menor cree que ha sido vendido por pura honradez. que es ideal cuando la propia víctima se alegra de que la lleven al matadero. pero lo que hasta ahora vengo observando y comprobando subleva mi sangre tártara. Tan honrado es que da miedo acercarse a él. en cada casa. terriblemente virtuoso y extremadamente honrado. Todos trabajan como bueyes y todos ahorran como judíos. ¿qué . y todo es sumamente poético y conmovedor. Pues bien. ¡Juro por lo más sagrado que no quiero tales virtudes! Ayer hice un recorrido de unas diez verstas. también bajo los tilos.-El método alemán de acumular riqueza. cada familia de aquí se halla en completa esclavitud y sumisión con respecto al Vater. Sobre la casita murmuran los olmos y los castaños. a ese fin. -No se enfade. me he enterado. hay un Vater. y durante las veladas toda ella lee en voz alta libros de sana doctrina. general. Bueno. por la más rigurosa honradez.. se vende al hijo menor como siervo o soldado y el dinero obtenido se agrega al capital doméstico. en el jardín. no se da una dote a la hija y ésta se queda para vestir santos. Yo recuerdo que mi padre. Yo no puedo aguantar a las personas honradas a quienes no puede uno acercarse sin miedo. cigüeña en el tejado. Aquí. Ahora bien. Supongamos que el Vater ha acaparado ya tantos o cuantos gulden y que piensa traspasar al hijo mayor el oficio o la parcela de tierra. todo coincide exactamente con lo que dicen esos librillos alemanes con estampas que enseñan moralidad. solía leernos a mi madre y a mí durante las veladas libros parecidos.

un capital considerable que lega a su hijo.. El Vater bendice a su hijo mayor. señores. Bueno. Por fin. que ha llegado a la cuarentena. pronuncia una homilía y muere. este otro al suyo. efectivamente. y con ese criterio los alemanes empiezan a juzgar a todos los que son un poco diferentes de ellos. En tal ocasión echa unas lagrimitas. Yo. así es la cosa. fuerza de voluntad. y al cabo de cinco o seis generaciones sale un barón Rothschild o una Hoppe y Compañía. prefiero armar una juerga a la rusa o hacerme rico con la ruleta. éste al suyo. No me interesa llegar a ser Hoppe y Compañía al cabo de cinco generaciones. paciencia. vuelta a las andadas. Sé que he dicho un montón de tonterías.. no dirán que no es un espectáculo majestuoso: trabajo continuo durante uno o dos siglos. al cabo de cincuenta o sesenta años. señores. los dos esperan honesta y sinceramente y van al sacrificio con la sonrisa en los labios. por mi parte. ¡y una cigüeña en el tejado! ¿Qué más se puede pedir? No hay nada que supere a esto. Así pues. inteligencia.queda? Pues que incluso para el hijo mayor las cosas no van mejor: allí cerca tiene a su Amalia. cálculo. honradez. . enflaquece. De este modo. pero. El hijo mayor se convierte en virtuoso Vater y. y a Amalia. al cabo de veinte años aumenta la prosperidad. en fin. a la que ama tiernamente. se han ido acumulando los gulden honesta y virtuosamente. A Amalia se le hunden las mejillas.. Necesito el dinero para mí mismo y no me considero indispensable para nada ni subordinado al capital. Bueno. y a castigarlos sin más. ¿qué se le va a hacer? Ésas son mis convicciones. o algo por el estilo. pero no puede casarse porque aún no ha reunido bastantes gulden. constancia. el nieto del primer Vater junta. que con treinta y cinco años a cuestas tiene el pecho hundido y la nariz colorada.

Hasta ahora. No había entendido casi nada de lo que yo había dicho. El francés escuchaba distraídamente. Recogimos a los niños y nos dirigimos a la fuente del parque. nuestro francés. -Porque es un canalla -fue la extraña contestación. pero lo que sí sé es que empieza a bufonear de modo inaguantable en cuanto se le da la menor oportunidad.. Si nuestro general se ponía a hablar de un tema algo más importante que la conversación cotidiana. -¿Ha notado que hoy no se llevaba bien con el general? -¿Quiere usted saber de qué se trata? -respondió con tono seco y enojado-. nunca la había oído hablar en esos términos de Des Grieux. sino que ni hablaba con ella durante días enteros. por temor a comprender su irritación. Guardé silencio. con los ojos algo saltones. Usted sabe que el general lo tiene todo hipotecado con el francés. toda su hacienda es de él. y si la . Capítulo 5 Estaba más absorta que de ordinario.-No sé si lleva usted mucha razón en lo que ha dicho -dijo pensativo el general-. no sólo no la acompañaba ahora cuando iba a algún sitio. no acabó la frase.. Parecía no haber oído mis palabras ni nada de lo que se había dicho a la mesa. Según costumbre suya. Polina miraba la escena con cierta indiferencia altiva. pregunté estúpida y groseramente por qué el marqués Des Grieux. Como me encontraba sobremanera agitado. nunca terminaba sus frases. pero no bien nos levantamos de la mesa me mandó que fuera con ella de paseo.

pero no lo sabía de cierto. -Pues sí. ¿Sabe? Me parece que el general está tan enamorado que puede pegarse un tiro si mademoiselle Blanche le da esquinazo. adiós a mademoiselle Blanche -dije yo-. ¿hay algo más grotesco e indecente que mandar telegrama tras telegrama preguntando: ¿ha muerto? ¿ha muerto?¿Qué le parece. todo ha ocurrido sin ceremonia alguna. Dígame. No hay manera más burda de demostrar que iba a casarse con él sólo por dinero. ¿le duele haber perdido tanto dinero? ¿Para qué necesita tanto? -¿A qué vienen estas preguntas? -¡Pero si usted misma prometió explicarme . En tal caso no será generala. Obedezco en todo aquello que usted me mande. Ya le advertí que no resultaría nada positivo. el francés entrará en posesión de todo lo hipotecado.. -Si es así. ¿Por qué está contento? ¿No será por haber perdido mi dinero? -¿Por qué me lo dio para que lo perdiera? Ya le dije que no puedo jugar por cuenta de otros y mucho menos por la de usted. Enamorarse así a sus años es peligroso. estoy plenamente seguro de que ganaré en cuanto empiece a jugar . Polina Aleksandrovna? -Todo eso es una tontería -respondió con repugnancia.. -¡Y qué estupendo sería! -exclamé-. Aquí ni siquiera se han observado las buenas maneras. interrumpiéndome-. Pero me asombra que esté usted de tan buen humor. ¡Cosa más rara! Y en cuanto a la abuela. -¡Ah! ¿Conque es verdad que todo está hipotecado? Lo había oído decir. -A mí también me parece que algo le ocurrirá -apuntó pensativa Polina Aleksandrovna. pero el resultado no depende de mí.abuela no muere. ! Mire.

Estoy tan convencido de que no soy nada para usted. -Es cierto -repliqué pensativo-. ¿Hablaba usted en broma entonces? Recuerdo que hablaba usted con tal seriedad que era imposible creer que era guasa. Además. He tenido la idea extraña y temeraria de que aquí ganaría irremisiblemente al juego. Me lanzó una rápida ojeada y. es decir. Confieso que me lleva usted ahora a hacerme una pregunta: ¿por qué la pérdida estúpida y vergonzosa de hoy no ha dejado en mí duda alguna? Sigo . No sé por qué he tenido esta idea. interrumpió de nuevo la conversación. es que tengo deudas. y trató de persuadirme de que no le tuviera por loco. -No se enfade conmigo -proseguí. -O porque era absolutamente necesario ganar. -No hay nada que pueda interesarle en mis circunstancias. no creería que una paja es una rama de árbol. que puede usted incluso tomar dinero de mí. de que no soy nada a sus ojos. Todavía tengo la certeza absoluta de que ganaré. Por lo mismo que el que se ahoga se agarra a una paja. -¡Cómo! -exclamó-. Polina se mostró sorprendida. Confiese que si no se ahogara. He pedido prestado y quisiera devolverlo. No tiene usted por qué ofenderse de un regalo mío. he perdido su dinero. notando que yo hablaba en tono irritado y sarcástico. pero he creído en ella porque no me quedaba otra alternativa. Entonces pídame cuanto necesite.por esa propuesta. ¡Pero si usted también pone sus esperanzas en lo mismo! Hace quince días me dijo usted con muchos pormenores que estaba completamente convencido de que ganaría aquí a la ruleta. Hizo un gesto de desdén.por mi cuenta (y tengo doce federicos de oro). Si quiere saberlo.

-Es decir. o así me lo parece. decía usted que necesitaba pagar una deuda.creyendo a pies juntillas que tan pronto como empiece a jugar por mi cuenta ganaré sin falta. que también es necesario para usted. ¡Bonita deuda será! ¿No es con el francés? -¿Qué preguntas son éstas? Hoy está usted más impertinente que de costumbre. -Diga sin rodeos. si está tan fanáticamente seguro. -Me es igual -contestó Polina en voz baja e indiferente-. ¿por qué quiere saberlo? . -A propósito -interrumpí-. ¿por qué necesita dinero? -Y usted. Dudo que nada serio le traiga a usted de cabeza. no lo sé. ¿Para qué quiere el dinero? Entre las razones que adujo usted entonces. un esclavo no puede ofender. que ésta es también mi única salida. -Apuesto a que duda de que soy capaz de sentir una necesidad seria. ¿No está borracho? -Ya sabe que me permito hablar de todo y que pregunto a veces con la mayor franqueza. Sólo sé que me es preciso ganar. He aquí quizá por qué tengo que ganar irremisiblemente. Además. -¿Por qué está tan absolutamente convencido? -Si puede creerlo. Usted puede atribularse. Es usted un hombre desordenado. pero no en serio. -¡Tonterías! No puedo aguantar esa teoría suya sobre la «esclavitud». Bueno. inestable. si quiere. sí. -Fíjese en que no hablo de mi esclavitud porque me guste ser su esclavo. no encontré ninguna seria. Hablo de ella como de un simple hecho que no depende de mí. Repito que soy su esclavo y que no importa lo que dice un esclavo.

Dígalo sin ambages. El marqués Des Grieux me mira alzando las cejas. qué deliciosa es esa ingenuidad suya! ¡Conque sí. hasta el fatalismo. y no un esclavo. En ello hay algo. Pero quizá quiero probar otra clase de placer. Hoy. usted mira mi esclavitud como un placer. Sólo que con el dinero seré para usted otro hombre. -Usted decía que consideraba esa esclavitud como un placer. esa sorpresa. Porque usted llega hasta el frenesí. -Así lo pensaba usted -exclamé con extraño deleite-. -Claro que hay un motivo -dije-. pero exige esclavitud: «¡Responder y no razonar!». ¿Quién sabe? Quizá lo haya también en el knut cuando se hunde en la espalda y arranca tiras de carne. -No puede usted aguantar la teoría de la esclavitud. ¿Por qué necesito dinero. -Comprendo. Hay placer. pregunta usted? ¿Cómo que por qué? El dinero es todo. pero temo no saber cómo explicarlo. Lo quiero. algún motivo especial. Bueno. ¡Ah. As! lo pensaba yo también. a la mesa. -¿Cómo? ¿Cómo conseguirá usted eso? -¿Que cómo lo conseguiré? ¿Conque usted no concibe siquiera que yo pueda conseguir que no me mire como a un esclavo? Pues bien. cuando se llega al colmo de la humildad y la insignificancia -continué en mi delirio-. el general me predicó un sermón a cuenta de los setecientos rublos anuales que ahora puede que no me pague. sí. sea. Empezaba por lo visto a enfadarse y a mí me agradaba mucho que me preguntara con acaloramiento.. pero no hasta el punto de caer en tal locura por el deseo de tenerlo. y ni .-Como guste -respondió con un movimiento orgulloso de la cabeza.. esa perplejidad. eso es lo que no quiero. en presencia de usted. sí.

De ahí la afición de nuestras mocitas rusas a los franceses. un insulto auténtico y directo. -Palabras propias de un mocosuelo. yo no comprendo eso porque no soy mujer. todo. La mayoría de nosotros. porque en general se da raramente. sino sólo «gallo». Sí. Está visto que estoy desbarrando y que no me para usted los pies. Es decir. todos los rusos son así y le diré por qué: porque los rusos están demasiado bien dotados. porque los modales de éstos son impecables. Pierdo todo . pero no tolerará un papirotazo en la nariz. sin pestañear. Comprendo que quizá sea verdad. -Eso viene derechito de un manual de caligrafía. por mi parte. porque ello es una violación de la forma recibida y consagrada de la buena crianza. todo. Sólo entre los franceses y quizá entre algunos otros europeos. Si hay lucha. Interrúmpame más a menudo. estamos tan bien dotados que necesitamos genio para lograr una forma de la buena crianza. De ahí que la forma signifique tanto para ellos. En toda situación es posible comportarse con dignidad. Ahora bien. para encontrar de momento una forma de la buena crianza. Quizá los gallos tienen también buenos modales. El francés aguanta un insulto. Cuando hablo con usted quiero decirlo todo.me ve siquiera. que sea noble y no humillante. Usted supone sin más que no sé portarme con dignidad. quizá tenga un deseo vehemente de tirar de la nariz al marqués Des Grieux en presencia de usted. los rusos. son demasiado versátiles. que podré ser un hombre digno. Y yo. no tienen buena crianza. lo que más a menudo falta es el genio. sin embargo. Pero claro. A mi modo de ver. pero que no sé portarme con dignidad. le coq gaulois. Es cuestión de forma. está tan bien definida la buena crianza que una persona puede tener un aspecto dignísimo y ser totalmente indigna.

-Se le ha ido la lengua y ha perdido el hilo. Ahora en mí todo está como detenido. me basta sólo recordar e imaginar el rumor del vestido de usted y ya estoy para morderme las manos. Dondequiera que estoy sólo veo a usted. ¿Y por qué se enfada conmigo? ¿Porque me llamo su esclavo? ¡Aprovéchese. Se lo explicaré. Usted misma sabe lo que me ha sorbido el seso. No sé por qué ni cómo la quiero. me da lo mismo que se enfade usted. no tiene nada de hermoso y acaso sea usted innoble de espíritu. Como no abrigo ninguna esperanza y soy un cero a los ojos de usted. aprovéchese de ella! ¿Sabe que la mataré algún día? Y no la mataré por haber . Usted misma sabe por qué. huelga decirlo. de ningún modo! Ya le he dicho que me cuesta trabajo explicarme. sino ni dignidad siquiera. Usted me abruma. No me preocupo en lo más mínimo de las cualidades morales.. sí piensa comprar mi respeto con dinero. ni en Rusia ni aquí. He pasado por Dresde y ni recuerdo cómo es Dresde. No tengo en la cabeza un solo pensamiento humano. hasta convengo en que no sólo no tengo buenos modales. Hace ya mucho que no sé lo que sucede en el mundo. y lo demás me importa un comino. ¿Porque no cree en mi nobleza de espíritu? -¿Cuándo he pensado en comprarla con dinero? -grité. Figúrese que ni tengo idea de si es usted hermosa de cara. Si no comprarme a mí misma. -¿Es por eso por lo que quiere usted comprarme con dinero? -preguntó-. ¿Sabe? Quizá no tiene usted nada de guapa. -¡Que no. en mi cuchitril. Allá arriba. No se enfade con mi cháchara. Pero. aprovéchese de mi esclavitud. por otra parte. Su corazón.sentido de lo que son los buenos modales. hablo sin rodeos. Usted comprende por qué no Vale la pena enojarse conmigo: estoy sencillamente loco.

lo que es casi imposible. ¿Y cree usted que las cosas no llegarán a ese extremo? Usted me lleva hasta el arrebato. más de una vez he sentido el deseo irresistible de golpearla. ¿Sabe usted una cosa increíble? Que con cada día que pasa la quiero a usted más. Sepa que hay peligro en que nos paseemos juntos. Se detuvo. señor -dijo indignada-. la mataré sencillamente porque siento ganas de comérmela. . por lo que a menudo me agradaba provocar su enojo. Usted se ríe. hablar. Y después de esto. le dije en el Schlangenberg que con sólo pronunciar usted una palabra me arrojaría al abismo.. no. y hablo. -Me da igual que sea estúpida o juiciosa -respondí-. -Me es igual -proseguí-. ¡Por Dios vivo que no sé si era hermosa! Lo que si sé es que me gustaba mirarla cuando se encaraba conmigo así. con el aliento entrecortado por la ira. . Ante usted pierdo por completo el amor propio y todo me da lo mismo.. Se lo dije. ¿Cree que temo el escándalo? ¿El enojo de usted? ¿Y a mí qué me importa su enojo? Yo la quiero sin esperanza y sé que después de esto la querré mil veces más. -No me río.. Lo que sé es que en presencia de usted necesito hablar. hablar. Le mando que se calle. Si algún día la mato tendré que matarme yo también (ahora bien. de estrangularla. retrasaré el matarme lo más posible para sentir el dolor intolerable de no tenerla).¡Qué porquería! -exclamó con repugnancia. Quizá ella misma lo notaba y se enfadaba de propósito.dejado de quererla. provocado por usted. de desfigurarla. ¿No cree usted que lo hubiera hecho? -¡Qué cháchara tan estúpida! -exclamó. ¿cómo puedo dejar de ser fatalista? Recuerde que anteayer. Si la hubiera pronunciado me habría lanzado.. ni por celos.

¡me hubiera tirado entonces! -No. ha usado usted esa magnífica expresión «ninguna utilidad».. casi palabra por palabra. -Si yo le dijera: «mate a esa persona». Mis ojos estaban inyectados de sangre. que si me hubiera mandado que me tirara ¡me hubiera tirado! Aunque ella sólo lo hubiera dicho en broma. -¿Al francés? . es también una forma especial de placer.. -¿Y con qué razón le mandaría tirarse desde el Schlangenberg? Eso para mí no tendría ninguna utilidad. con tal desdén. De propósito. -¡Magnífico! -exclamé-. Recuerdo todavía que nuestra conversación de entonces fue en efecto. Usted lo es en alto grado. expresaba en ese momento todos mis sentimientos absurdos e incoherentes. . pero de la manera en que a veces ella se expresa. con tal altivez. Mi rostro. Ella cortejaba el peligro. juro por mi honor. aun en este instante. por desprecio. quizá lo sea. -No sé. Para mí es usted transparente. Y en lo tocante al Schlangenberg. por lo visto. -¿Usted no es cobarde? -me preguntó de pronto.. Yo tampoco mentía al decírselo. Recuerdo que me miraba con atención reconcentrada. con tal rencor. como aquí queda descrita. aunque sea sólo sobre una mosca. No sé . para aplastarme. ¿la mataría usted? -¿A quién? -A quien yo quisiera. y el poder feroz sin cortapisas. ¿Dice que «ninguna utilidad»? La satisfacción es siempre útil. En las comisuras de mis labios espumajeaba la saliva. escupiendo las palabras. hace tiempo que no he pensado en ello. que vive Dios que podría matarla en ese momento. pero sí le creo -concedió. El ser humano es déspota por naturaleza y muy aficionado a ser verdugo.

Opinar . pero vendría a matarme a mí por haberme atrevido a dársela.. ¿Aguantará eso? ¡Claro que no podrá aguantarlo! Puede que matara usted cumpliendo la orden. A quien yo le indicara. Usted es hijastra de un hombre loco y arruinado. Blanche. -Aguardaba la contestación con tal seriedad e impaciencia que todo ello me pareció un tanto extraño. Tales palabras me dejaron casi atontado.-No pregunte. que tuviera tales derechos sobre mi persona. me asombró que se expresara así. Por supuesto. yo pensaba que me hacía la pregunta medio en broma. a quien ha envenenado la pasión por ese diablo de mujer. que consintiera en ejercer tal ascendiente sobre mí y que dijera tan sin rodeos: «Ve a tu perdición. Luego está ese francés con su misteriosa influencia sobre usted y he aquí que ahora me hace usted seriamente una pregunta. Le he hecho una pregunta y espero contestación. Porque. insólita. para provocarme.. ¿qué opinión tenía de mí? Esto rebasaba los límites de la esclavitud y la humillación... dígame qué es lo que pasa aquí! -exclamé-. Por lo menos tengo que saber qué hay. pero ¿es posible que. Conteste. es posible que usted mande tal cosa? -¿Qué se cree? ¿Que le tendré lástima? Se lo mandaré y escurriré el bulto. Quiero saber si hablaba usted en serio hace un momento. pero había hablado con demasiada seriedad. que yo me echaré a un lado». -Claro que mataría a quien me mandara usted -exclamé-. ¿O es que le da a usted vergüenza de honrarme con su franqueza? ¿Pero es posible que tenga usted vergüenza de mí? -No le hablo a usted en absoluto de eso. De todos modos. ¿Es que me teme usted? Veo bien la confusión que reina aquí. vamos a ver. En esas palabras había tal cinismo y desenfado que la cosa pasaba de castaño oscuro. -¡Pero acabemos. de lo contrario me haré un lío y meteré la pata.

Estábamos sentados en el banco. ¿Recuerda cómo nos miraba anteayer? Vaya usted al momento. Usted jura que está dispuesto a matar si se lo ordeno. Y a pesar de lo absurdo e inverosímil de nuestra conversación.así de un hombre es ponerlo al nivel de quien opina. bueno. voy. y. Quiero ver cómo le apalea a usted el barón. -¿Ve usted a esa baronesa gorda? -preguntó-. De pronto soltó una carcajada. por el general. aunque es un capricho absurdo. Llegó hace sólo tres días. que seguían jugando. no hay pero que valga. En lugar de muertes y tragedias quiero sólo pasar un buen rato. ¿Y qué antojo es éste de ir a insultar a una mujer? -Ya veo que se le va a usted la fuerza por la boca -dijo con desdén-. acérquese a la baronesa. sino por usted . pero quizá sólo porque había bebido demasiado vino con la comida.. Es la baronesa Burmerhelm. Hace un momento tenía usted los ojos inyectados de sangre. Así lo quiero. el corazón me temblaba. Mire a su marido: ese prusiano seco y larguirucho con un bastón en la mano. Hala. de cara al lugar donde se detenían los carruajes para que se apeara la gente en la avenida que había delante del Casino. le provoco. -Usted me provoca. Sólo una cosa: ¿qué hacer para que el general no se lleve un disgusto o no se lo dé a usted? Palabra que no me preocupo por mí. ¿Cree que no lo haré? -Sí.. ¿Cree que no me doy cuenta de que esto es estúpido y grosero y que el general se va a enfadar? Quiero . -Perdone. junto a los niños. vaya. -¿Para qué? -Usted juró que se tiraría desde lo alto del Schlangenberg. quítese el sombrero y dígale algo en francés. Vaya.

Sin ella no hubiera habido esas travesuras. escándalo. lo es. pero recuerdo que cuando me acercaba a la baronesa algo en mí mismo parecía azuzarme. Tengo la impresión de que puede hacerse un nudo con ella o plegarla en dos. pero otras creo que soy un chicuelo no muy lejos todavía del banco de la escuela. Me sentía totalmente desquiciado. qué embrollo. fuera de mí o simplemente me salí un momento del carril y me porté como un patán merecedor de que lo aten? A veces me parece que estoy ido de la cabeza. Su pelo tiene un ligero tinte rojizo. no comprendo en qué consiste su atractivo. Alta y bien plantada. qué necedad. auténticamente . Capítulo 6 Han pasado ya veinticuatro horas desde ese día estúpido. en efecto. y que lo que hago son sólo burdas chiquilladas de escolar. y por supuesto no sabía cómo evitarla. una tortura-. eso es. todo ello ha sido obra de Polina. sólo que muy delgada. de todo lo cual he sido yo la causa! A veces. lo quiero y basta. No consigo explicarme lo que me sucedió: ¿estaba. algo así como la picardía de un colegial. ¡y cuánto jaleo. ¡Quién sabe! Acaso lo hice por desesperación (por muy necio que parezca suponerlo). igual que si estuviera borracho. En cuanto a hermosa. No comprendo. Ha sido Polina. debe de serlo. qué ordinariez ha habido en esto. Los ojos. a mí por lo menos. sin embargo. Su pie es largo y estrecho -una tortura.sencillamente reírme. ¿Y para qué insultar a una mujer? Para que cuanto antes le den a usted una paliza. bulle-bulle y aspaviento! ¡Qué confusión. me parece cosa de risa. Giré sobre los talones y en silencio fui a cumplir su encargo. Sin duda era una acción estúpida. porque vuelve locos a otros hombres.

a raíz de mi llegada. estaba ella hablando una noche en la sala con Des Grieux. La conversación era acalorada. Recuerdo que la baronesa llevaba un vestido de seda de mucho vuelo. Mi inclinación de cabeza y mi sombrero en la mano atrajeron poco a poco la atención de la pareja. El barón contrajo ligeramente las cejas. con una papada gruesa y colgante que impedía verle el cuello. Caminaba como si tuviera derecho a todos los honores. Tendría unos cuarenta y cinco años. gris oscuro. acentuando cada palabra-.. Desde esa noche la quiero. Ufano como pavo real. señal de casta. Las piernas casi le empezaban en el pecho mismo. Y ella le miraba de tal modo. Su rostro era de un rojo subido. -Madame la baronne -articulé claramente en voz alta. Como ocurre a menudo entre los alemanes. Por una vereda entré en la avenida. los ojos eran pequeños.. Estaba de pie ante él y mirándole. Un tanto desmañado. El marido era alto y seco. con volante de crinolina y cola. que más tarde. malignos e insolentes. j'ai I'honneur d'étre votre esclave. me planté en medio de ella y me puse a esperar al barón y la baronesa.felinos ¡y con qué orgullo y altivez sabe mirar con ellos! Hace cuatro meses. Era mujer pequeña y de corpulencia poco común. Había algo de carnero en la expresión de su rostro que alguien podría tomar por sabiduría. Usaba lentes. saqué la conclusión de que acababa de darle una bofetada.. cuando fui a acostarme.. tenía la cara torcida y cubierta de un sinfín de pequeñas arrugas. La baronesa navegaba derecha hacia mí. Cuando estuvieron a cinco pasos de mí me quité el sombrero y me incliné. Todo esto cruzó ante mis ojos en tres segundos. . Pero vamos al caso.

graznó el barón. por lo visto. sin dejar de mirarle y sonreír. -Sind Sie rasend? -gritó enarbolando el bastón y empezando por lo visto a acobardarse. El diablo sabe lo que me impulsó a hacerlo. hasta con atildamiento.Me incliné. estaba perplejo y alzó desmesuradamente las cejas. -Hein! -gritó o. me puse el sombrero y pasé junto al barón. . De los circunstantes. Polina me había ordenado que me quitara el sombrero. -Ja wohl -dije yo arrastrando las sílabas sin apartar mis ojos de los suyos. volviendo mi rostro hacia él y sonriendo cortésmente. giraron sobre sus talones rápidamente y casi salieron huyendo. Su rostro se iba entenebreciendo. Fue sencillamente un patinazo. quienes a cada instante introducen en la conversación las palabras ja wohl. -Ja wo-o-ohl! -exclamé de pronto a voz en cuello. pero la inclinación de cabeza y el resto de la faena eran de mi propia cosecha. Yo estaba vestido muy pulcramente. como hombre de la mejor sociedad. El barón y la baronesa. con redoblado graznido y redoblada furia. mejor dicho. Pero no lo recuerdo bien. algunos hacían comentarios y otros me miraban estupefactos. Yo también me volví y me detuve en respetuosa espera. alargando más o menos la o para expresar diversos matices de pensamiento y emoción. atemorizados. La baronesa se volvió también hacia mí y me miró asimismo con irritada sorpresa. arrastrando la o a la manera de los berlineses. Otros hasta se detuvieron. Quizá le desconcertaba mi atavío. Él. -Heín! -graznó de nuevo el barón. Algunos de los transeúntes se pusieron a observarnos. volviéndose hacia mí con mortificado asombro.

y en el centro de ella me estaba esperando éste de pie. llegué a un principado vecino. señor. que es el gabinete del general. general. -Los ha asustado usted. que me dijera sin rodeos lo que tiene que decirme. En una cabaña tomé unos huevos revueltos y vino. -Desearía. ¿Usted probablemente quiere aludir a mi encuentro de hoy con cierto alemán? -¿Con cierto alemán? Ese alemán es el barón Burmerhelm.Yo di la vuelta y a mi paso acostumbrado me dirigí a Polina Aleksandrovna. En seguida vinieron a buscarme porque me llamaba el general. -He llevado a cabo . un personaje importante.. señor mío. Eran ya las once cuando regresé a casa. volviéndose hacia mí. en actitud majestuosa. ¿y qué? Ahora arrégleselas como pueda -respondió sin mirarme y se dirigió a la escalera.. Nuestra gente ocupa en el hotel dos apartamentos con un total de cuatro habitaciones. señor mío. Por este idilio me cobraron nada menos que un tálero y medio. Toda esa tarde estuve paseando por el parque. amplia. La primera es grande. nada de eso. Des Grieux estaba arrebañado en un diván. Atravesándolo y atravesando después un bosque. Usted se ha portado groseramente con él y con la baronesa. . qué ha hecho usted -dijo para empezar el general. -Bueno. un salón con piano. la payasada -dije cuando estuve a su lado. Junto a ella hay otra. -Permítame preguntarle. La alcancé en la escalinata. -No. pero aún no había cubierto cien pasos de la distancia que me separaba de su banco cuando vi que se levantaba y se encaminaba con los niños al hotel.

-¡Oh. Me quité el sombrero y cortésmente (le aseguro que cortésmente) le dije: Madame. de repente me dieron ganas de gritar ja wohl. -¿Se ríe usted de mí? -exclamó el general. insistía en dar un escándalo. no ha sido bonito. pero nada más. y lo reconozco con toda franqueza. Des Grieux se rió desdeñosamente y se encogió de hombros. tres veces ya. irritado. de manera corriente. Confieso que quedé muy contento de esta explicación propia de un mozalbete. señor. Y sepa usted. antojadizo. sin duda. de ese ja wohl! y el recuerdo me irritó. no estoy bien: me siento enfermo. arrastrando la frase lo más posible. que me arrepiento de todo corazón. algunas veces he sentido el deseo vehemente de abalanzarme . una travesura de colegial. como si yo fuera un gusano que se puede aplastar con el pie. a mi modo de ver. general. Pero en ello hay una circunstancia que. Cuando el barón se volvió y gritó hein!..-Repito que no. Eso es todo. Recientemente. por supuesto. tiene la costumbre de venir directamente hacia mí. Cabe incluso decir que ha sido una majadería. Sin contar que la baronesa. Se volvió al francés y le dijo en francés que yo. casi me exime del arrepentimiento. Cuando estuve en Berlín me chocó oír constantemente tras cada palabra la expresión ja wohl! que allí pronuncian arrastrándola de una manera desagradable. nervioso. Deseaba ardientemente alargar esta historia de la manera más absurda posible. mi proceder. y en más de una ocasión pierdo por completo el dominio sobre mí mismo. no lo crea! ¡No es así ni mucho menos! -exclamé-. en estas últimas dos o tres semanas. Convenga en que yo también puedo tener amor propio. Lo grité dos veces: la primera. Cuando tropecé con ellos en la avenida me acordé de pronto. j'ai l'honneur d'être votre esclave.. A decir verdad. al encontrarse conmigo. y la segunda. no sé por qué.

ha tenido una conversación conmigo en el Casino. ¿Se da usted cuenta de la situación en que me ha puesto usted a mí. dejará usted de pertenecer a mi casa. que últimamente se ha empezado a abusar de esta circunstancia en el campo jurídico. no hay por qué acabar la frase. hoy mismo. No sé si la baronesa Burmerhelm tomará en cuenta esta circunstancia cuando le presente mis excusas (porque tengo la intención de presentarle mis excusas). en fin. sin contar que son junker prusianos y terratenientes.. son síntomas de una enfermedad... general? -¡Basta.y no recuerda nada». al enterarse de que pertenece usted a mi casa. de una ofuscación pasajera en que el individuo no recuerda casi nada. No presentará usted sus excusas a la baronesa y el barón. a mí. y confieso que faltó poco para que me pidiera una satisfacción. podría ofenderse. Toda relación con usted. no acepten mis explicaciones. En las causas criminales. aunque sea sólo para pedirles perdón. lo que bien pudiera ser una especie de enfermedad: «Asestó el golpe -dicen. que efectivamente corrobora la existencia de tal enfermedad. por lo tanto. . será humillante para ellos. Pero el barón y la baronesa son gentes chapadas a la antigua. o recuerda la mitad o la cuarta parte de lo sucedido. Y figúrese. Sospecho que no. general. los abogados tratan a menudo de justificar a sus clientes alegando que en el momento de cometer el delito no se acordaban de nada.sobre el marqués Des Grieux y. ¡Basta ya! Voy a intentar de una vez para siempre librarme de sus chiquilladas. En suma. El barón. que la medicina les da la razón. caballero! -dijo el general en tono áspero y con indignación mal contenida-. Lo probable es que todavía ignoren ese progreso en el campo de la medicina legal y que. señor mío? Yo. yo mismo he tenido que pedir perdón al barón y darle mi palabra de que en seguida. ¿Qué piensa usted.

un momento. poseo el título de licenciado. usted mismo tiene la culpa de ello. No soy hijo de usted. Soy persona jurídicamente competente. además. por supuesto. . Servidor de usted. no estoy bajo su tutela y no puede usted ser responsable de mis acciones. según el cambio vigente. el asunto no puede acabar así. Sólo la profunda estima que profeso a su dignidad me impide exigirle ahora una satisfacción y pedirle. De ahora en adelante somos extraños uno para el otro. señor mío. Siento mucho que haya tenido usted un disgusto con el barón. con perdón. Nos vamos a separar. nada más. Tengo veinticinco años. ¿conque ha sido él mismo quien ha exigido que yo deje de pertenecer a la casa de usted. general. Salvo inquietudes y molestias no le debo a usted nada más.-Un momento. pero yo mismo me consideré obligado a darle esa satisfacción y. pero. Aquí está el dinero y un papel con la cuenta. puede usted comprobar la suma. para usar la frase de que usted se sirve? -No. me incliné ante el general y le dije muy seriamente: -General. Voy a llamar al hotelero para informarle que desde mañana no respondo de los gastos de usted en el hotel. soy de familia noble y enteramente extraño a usted. ¿Por qué se le ocurrió responder de mí ante el barón? ¿Qué quiere decir eso de que pertenezco a la casa de usted? Yo soy sencillamente un tutor en casa de usted. A usted le corresponde percibir de mí estos cuatro federicos de oro y tres florines. se volvió de repente al francés y apresuradamente le hizo saber que yo casi le había retado a un duelo. el barón quedó satisfecho. El francés lanzó una estrepitosa carcajada. Adiós. Tomé el dinero y el papel en que estaba apuntada la cuenta con lápiz. El general quedó tan estupefacto que puso los brazos en cruz. que explique por qué se arrogó el derecho de contestar por mí al barón.

por así decirlo. me pasó por alto para tratar con otra -como si yo no fuera digno o no pudiera responder por mí mismo. al oír esta nueva majadería. en una palabra... siendo yo la persona con quien tenía que tratar. yo. general. señor mío. Sólo deseo esclarecer la suposición. . en mi propio nombre. se ha convertido. de que me encuentro bajo la tutela de una persona que tiene dominio sobre mi libertad de acción. tengo el honor de informarle que mañana por la mañana a lo más tardar exigiré del barón. sin embargo. no es posible detener a nadie por alboroto hasta que el alboroto mismo se produzca. y ya que usted. pues.. sin hacer el menor caso de la risa de M. que lo detendrán a usted y que la policía le expulsará de aquí para que no alborote.. y el barón también .. Dios mío! ¿Pero qué hace usted conmigo? ¡No se atreva usted.. o le juro que.. no se atreva. que estimo injuriosa para mí. Des Grieux-. estaba terriblemente acobardado. También aquí hay autoridades y yo... ¡Ay. por qué preocuparse o alarmarse. una explicación en debida forma de por qué. No tiene usted.. -General -respondí con calma que le resultaba intolerable-. -¿Cómo? ¿Es posible que se empeñe todavía en prolongar este condenado asunto? –exclamó-. por mi posición social. al acceder hoy a escuchar las quejas del barón y tomar su partido. Sucedió lo que había previsto. no pienso soltarle así como así -proseguí con toda sangre fría.-Al barón. Todavía no he iniciado mis explicaciones con el barón y usted no sabe en absoluto de qué manera y sobre qué supuestos pienso proceder en este asunto. en partícipe de este asunto. se acobardó horriblemente. El general.. ¡Téngalo presente! -Y si bien hablaba con voz entrecortada por la ira.

todas mis circunstancias! Cuando nos vayamos de aquí estoy dispuesto a contratarle de nuevo. viven como encorsetados. cambiando súbitamente su tono airado en otro de súplica. A veces los rusos que están en el extranjero se muestran demasiado pusilánimes. en fin. Y como. sin duda. me había puesto en situación tan estúpida que .. sobre todo ahora!. Polina me había tratado tan cruelmente.-¡Por Dios santo. me era preciso tomar precauciones. ¡sobre todo ahora!. Por otra parte. e incluso cogiéndome de las manos-. Yo lo observé y tomé nota mental de ello. sobre todo cuando aspiran a distinguirse. yo en realidad no quería enfurecer al general. en las reuniones. temen sobremanera el qué dirán. y se preguntan si es decoroso hacer esto o aquello. en los paseos. no conoce.. en fin. desde la puerta. Hablaba sólo de ahora. que aplican servilmente en los hoteles. pero sí quería enfurecer a Polina. al general se le escapó sin querer el comentario de que. usted conoce los motivos! -gritó desesperado¡Aleksei Ivanovich. establecida de una vez para siempre. ¡Ay. abandone ese propósito insensato! -murmuró el general. usted no conoce. Aleksei Ivanovich! Una vez más. Lo que más les agrada es cierta pauta preconcebida. Ahora bien.. Aleksei Ivanovich. de que le era preciso «conducirse de manera algo especial».. cuando van de viaje... ¡Imagínese lo que puede resultar de esto! ¡Más disgustos! ¡Usted mismo convendrá en que debo conducirme aquí de una manera especial. además de eso. había otras circunstancias particulares. por pura necedad. la manera cómo la gente los mira. le prometí que todo se haría pulcra y decorosamente. le dije con voz firme que no se preocupara. él podía apelar mañana a las autoridades. y me apresuré a salir.. por Dios santo.. De ahí que se apocara tan de repente y cambiara de tono conmigo.

eso no significa que sea un «gallina» ante otras gentes. porque si ante ella me veo reducido voluntariamente a la nada. (Noticia sorprendente. Contaba con diecisiete federicos de oro. ¡Que mirasen bien! Quizá ella se asustaría y me llamaría de nuevo.. ¿Qué significa esto? La niñera dice que venía preparando el viaje desde hacía tiempo. en el tren de esta noche. Acaba de decirme la niñera. Mis travesuras Podían llegar a comprometerla. que Marya Filippovna ha salido sola. pero ¿cómo es que nadie lo sabía? Aunque bien pudiera ser que yo fuese el único en no saberlo. Mi habitación no era lo bastante cara para alarmarme y obligarme a abandonar el hotel. La niñera me ha dicho. con quien he tropezado en la escalera. ni por supuesto que pueda el barón «darme de bastonazos». vería de todos modos que no soy un «gallina». Lo que yo deseaba era reírme de todos ellos y salir victorioso en este asunto. y allí. sin duda.quería obligarla a que me pidiera ella misma que cesara en mis actos. sin contar que en mí iban surgiendo otras emociones y apetencias. además. pero sentía.) Capítulo 7 Al día siguiente llamé al hotelero y le dije que preparase mi cuenta por separado. allí estaba quizá la riqueza. pensaba y obraba como hombre rico y no podía imaginarme de otro modo. Sí. .. Lo curioso era que todavía no había ganado. El tema. algo decisivo va a ocurrir aquí. Y si no lo hacía. que anteayer Marya Filippovna tuvo una disputa con el general. para Karlsbad con el fin de visitar a una prima suya. Lo comprendo. fue mademoiselle Blanche.

y en particular las jovencitas rusas. Esto no había sucedido nunca antes. sólo las gentes sin experiencia. caviló. mezquino y cotidiano. A toda persona como Dios manda le es familiar e inaguantable este convencionalismo. juzga indispensable ser fantasioso. y su rostro reflejó la más aguda preocupación. en una palabra. le detestaba. Si. de la desenvoltura y de la jovialidad. pongamos por caso. como si dijéramos. por cálculo. y fastidioso hasta más no poder cuando ser festivo y amable deja de ser necesario. me disponía a ir a ver a mister Astley en el Hotel d'Angleterre. mejor dicho. cercano al nuestro. cuando inopinadamente se presentó Des Grieux. por exigencia. a saber. tenía mis razones para no manifestarle aprecio. Entró muy amablemente y me dijo algo lisonjero acerca de mi habitación. festivo y amable cuando serlo es necesario y provechoso. me preguntó si salía de paseo a una hora tan temprana. A mi juicio. su fantasía resulta sumamente necia y artificial y reviste formas aceptadas y gastadas por el uso repetido. Des Grieux era como todos los franceses.. Raras veces es el francés naturalmente amable. El francés natural es la encarnación del pragmatismo más angosto. más aún. es el ser más fastidioso de la tierra. mis relaciones con este caballero habían sido últimamente harto raras y tirantes. Él no se recataba para mostrarme su desdén. original. por mi parte. se esforzaba por mostrármelo. Su llegada me llenó de asombró.A pesar de lo temprano de la hora. extravagante. lo es siempre. Al oír que iba a visitar a mister Astley para hablar de negocios. pensó un instante. se sienten cautivadas por los franceses. Al verme con el sombrero en la mano. esta forma preestablecida de la cortesía de salón. . Me percaté en el acto de que sucedía algo especial. y yo. En una palabra.

o. como mediador. El general me envía a rogarle que desista de lo que proyectaba ayer. Pero ilumíneme: ¿es que es usted ahora. No le agradó mi pregunta. Usted ha aceptado en este asunto el oficio de mediador. pero el general me dio explicaciones detalladas. por . Lo que usted urdía era. en parte. no comprendí casi nada anoche. con toda seguridad.. miembro de la familia? Porque como veo que toma usted una parte tan activa en todo. también. Dígame. en definitiva. Convenga en que es así. que. y.. le repondrá a usted en su puesto en la primera ocasión oportuna y que hasta esa fecha le abonará sus honorarios. Yo. pues. -Me ligan al general.-Vengo a hablarle de un asunto -empezó diciendo con excesiva soltura. monsieur Des Grieux -le interrumpí-. sin duda.. algunas circunstancias personales -dijo con sequedad-.. Le resultaba demasiado transparente. claro. por lo tanto..mejor dicho. pero el general me ha pedido expresamente que indique a usted que no logrará su objeto. ciertos asuntos. muy ingenioso. que es indefectiblemente mediador en tantas cosas. vos appointements. ¿no le parece? Yo le repliqué con calma que se equivocaba un tanto. Por añadidura. de qué sirve persistir. y confieso que. soy un outchitel y nunca he aspirado al honor de ser amigo íntimo de esta familia o de establecer relaciones particularmente estrechas con ella. Esto es bastante ventajoso. cuenta con medios de librarse de toda futura importunidad por parte de usted. del general. el barón no le recibirá. con todo rigor. en parte. -Escuche.y no le ocultaré que vengo como embajador. El general promete que. y. Como conozco el ruso muy mal. aunque con amabilidad. y no quería irse de la lengua. que bien podía ser que no me echasen de casa del barón. no conozco todas las circunstancias.

tanto más cuanto que últimamente me sentía de veras indispuesto. con un evidente y manifiesto gesto de ironía en el rostro. De ordinario me miraba muy por encima del hombro. etc. en primer lugar. y le pedí que confesara que había venido probablemente para averiguar qué medidas pensaba tomar yo en este asunto. en segundo. no quería aventurarme a una chiquillada más. desquiciado y. a fin de ser repuesto en mi cargo. y con sobrado motivo. se dispuso a escucharlas. por así decirlo. Yo hacía todo lo posible por fingir que ponderaba el caso con toda la seriedad que requería. me había hecho perder mi colocación. me había puesto en situación de no poderles ya ofrecer a él y a la baronesa mis excusas. me había tratado como persona incapaz de responder por sí misma y con quien ni siquiera valía la pena hablar. (y aquí apenas podía contener la risa). ofensiva para mí. claro que le gustará saber qué hará usted y cómo lo hará. etc.. Eso es natural.el contrario. como sería exigir satisfacción directamente del barón o incluso sencillamente sugerir que me la diera. y. -¡Por Dios santo! Puesto que el general está tan implicado. y todo el mundo pensarían de seguro que lo hacía por miedo. y su empeño en que el general me privase de mi empleo. De aquí que yo estimase necesario . quizá me escuchasen. a la baronesa en particular. pero. del nivel social. No obstante. el barón. me juzgaba con derecho a ofrecerle mis excusas. en consideración de la diferencia de edad.. con su apelación de ayer al general. etc. Por supuesto que me sentía ofendido. y la baronesa. ladeando la cabeza un poco hacia mí. antojadizo. arrellanándose cómodamente. Yo me dispuse a darle explicaciones y él. Dije que puesto que el barón se había quejado de mí al general como si yo fuera un criado de éste. De todos modos. puesto que él. etc.

reconozca. pardon.. -¿Y qué le va al general? ]Él dijo algo ayer de que tenía que conducirse de cierta manera.. que no había querido ofenderme en absoluto. historias.... monsieur. En suma -dije en conclusión-. aquí hay efectivamente una circunstancia personal -dijo Des Grieux con tono suplicante en el que se notaba cada vez más la mortificación-.. ¿a usted qué le va en ello? -Mais le général.. monsieur. en los términos más moderados. le presentaría cordial y sinceramente mis propias excusas. enfin. -¡Uf. yo por mi parte.... -Aquí hay. y que cuando el barón lo dijera.. -Pero le baron est si irascible.. por ejemplo. sólo pedía que el barón me ofreciera una salida.. n'est-ce pas? -Pero.. diciendo.. il fera une querelle d'Allemand. ¿Usted conoce a mademoiselle de Cominges? -¿Quiere usted decir mademoiselle Blanche? -Pues si. pero yo no comprendí nada.pedir ahora al barón que fuera él quien primero me ofreciera excusas. como sin darle importancia. qué escrupulosidad y qué finura! ¿Y por qué tiene usted que disculparse? Vamos.. mon cher marquis.. un caractère prussien.. mon cher monsieur.. . perdón.. para decirlo de una vez. vous savez. y que estaba inquieto .. y quizá con otras miras personales. et madame sa mère. -No veo escándalos ni historias que tengan relación con la boda. qué el general está enamorado y que hasta es posible que se celebre la boda aquí... mademoiselle Blanche de Cominges. j'ai oublié votre nom. Imagínese que en tal ocasión hay escándalos. monsieur Alexis ?. que lo hace usted adrede para molestar al general. reconozca que el general .

querido. lo haría usted por una familia en la que fue recibido como pariente.. ¿De veras cree usted. de veras. . -En fin -interrumpió-... monsieur Des Grieux...-Pero a mí y no a ustedes. créame. perdón. aquí nadie le teme a usted. en su tacto . ah! ¡la baboulinka! Des Grieux me miró con encono. pero para salvar las apariencias deja que te tire de ellas . es que todavía no está por completo . que el barón no mandará a un lacayo que le eche a usted a la calle? -¡Pero si no soy yo quien irá! -respondí con insólita calma-. al fin y al cabo... sin embargo. respetado. Si he venido a suplicarle ha sido por cuenta propia.... por lo menos de nosotros. . pero reconozca que si le dicen a uno: «No quiero. un blanc-bec comme vous desafiar a un personaje como el barón! ¿Cree usted que le van a dejar en paz? Y. la gente de la casa? -A usted no puedo. -¡Perdone. tirarte de las orejas. .. permítame asegurarle que se tomarán ciertas medidas. confío plenamente en su congénita amabilidad.. porque ha molestado usted al general. ¿No es lo mismo? -Pues si es así. por supuesto. Aquí hay autoridades que le expulsarán hoy mismo. si ninguna súplica influye sobre usted -dijo con severidad y arrogancia-. ¿ya está resuelto que mademoiselle Blanche se casa con el general? ¿A qué esperan? Quiero decir.) Pero.. ¿a qué viene ocultarlo.. que diablel. en su inteligencia. puesto que yo ya no pertenezco a la casa... ». Se equivoca usted. usted sabe que esperan noticias de Rusia. el general necesita arreglar algunos asuntos. -¡Ah.. (Yo trataba adrede de parecer lo más torpe posible. he sido despedido! Usted afirma ahora que fue por salvar las apariencias. Todo esto se arreglará mucho más decorosamente de lo que usted piensa.

Calcule usted ahora que puede pasar algo distinto de lo que piensa. de un lord auténtico. Está usted enfadado y empieza a hacer travesuras. sin embargo. A usted le agradaría que ocurriera algo desagradable. decía así: «Me parece que se propone usted continuar este asunto. he venido a entregarle estas dos palabras de cierta persona. mi second. lord Pibrock. Puede usted estar seguro de que el barón se mostrará cortés con mister Astley y le escuchará. y ese lord está aquí. No es una satisfacción lo que usted busca. El francés quedó claramente sobrecogido. En fin -terminó diciendo al ver que me levantaba y cogía el sombrero-. porque se me ha encargado que aguarde contestación. Dicho esto. efectivamente. Él irá a ver al barón y el barón lo recibirá. Ya he dicho que todo esto es divertido y aun ingenioso que bien pudiera ser lo que usted busca. por consiguiente yo podía muy bien provocar un disgusto. circunstancias especiales que quizá le explique más tarde. y aunque en definitiva carezco de protección. mister Astley lo considerará como un insulto personal (ya sabe usted lo tercos que son los ingleses) y enviará a un amigo suyo al barón -y por cierto tiene buenos amigos-. Aunque yo soy sólo un outchitel y parezco hasta cierto punto un subalterne. -Le imploro que deje todo -dijo con voz verdaderamente suplicante-. mister Astley es sobrino de un lord. desista y deje el camino franco. sino una contrariedad. Y si no le escucha. todo esto tenía visos de verdad. sacó del bolsillo un papelito doblado y sellado con lacre y me lo alargó. Del puño de Polina. Hay.Ahora mismo voy a ver a mister Astley para pedirle que sea mi segundo. Léalas. ¡Cuántas . Por favor. Ese señor me tiene aprecio y probablemente no rehusará. todo el mundo lo sabe.

si es preciso. creo que debiera usted haber comenzado con esto. » Cuando leí estos renglones me pareció que se me iba la cabeza. se lo mando.. hacerle una pregunta -añadí con aspereza-. Permítame. todo esto es tan insólito que usted perdonará mi natural impaciencia.. tomando un aire muy comedido y dirigiéndome una mirada algo peculiar. -Ah. perdóneme. Tuve la impresión de que llevaba una sonrisa burlona en los labios. en efecto. pensé que no corría prisa en dársela. si. -Bien -respondí-. Recuerde Schlangenberg. ¿Acaso cabía esperar otra cosa? . diga a mademoiselle que no se preocupe. -Comprendo. A usted sencillamente le mandaron que la entregara sólo como último recurso. yo quería. vino con este encargo. personalmente. Su P. Le pido que sea obediente y... ¿por qué ha tardado tanto en darme esta nota? En lugar de decir tantas nimiedades.. Pero como no conozco el contenido de esa nota. Mejor hubiera sido que se hubiera reído de mí abiertamente. P S. él hizo una inclinación de cabeza y salió. Yo quería enterarme por mi cuenta. Mis labios perdieron su color y empecé a temblar. no obstante. monsieur Des Grieux! -Peut-étre -dijo.bobadas hay en esto! Le necesito y usted prometió obedecerme. Cogí el sombrero. El maldito francés me miraba con aire de intensa circunspección y apartaba de mí los ojos como para no ver mi zozobra.. de cuáles eran las intenciones de usted. y que no la entregara si lograba su propósito de palabra. Si está enojado conmigo por lo de ayer. ¿No es así? ¡Hable con franqueza.

El aire me refrescó un poco. Es decir. por algún motivo.-Tú y yo. hacia él. Nadie habla de ello. ¿qué clase de ascendiente tenía este francés sobre Polina? Bastaba una palabra suya para que ella hiciera cuanto él necesitaba: me escribía una nota y hasta me suplicaba. y segundo. habían sido siempre un enigma para mí. -¡Oh. que de unas naderías. esto es. Yo lo había notado. cuando apenas había empezado a discurrir con claridad. era su cautiva. había resultado un desasosiego general. lanzadas anoche al buen tuntún. y él. . como aquí la llaman. Capítulo 8 En la promenade. de unas cuantas amenazas inverosímiles de escolar. por supuesto. en la avenida de los castaños. surgieron luminosos en mi mente dos pensamientos: primero. no! Todos lo ignoran y no tienen por qué saberlo. Un par de minutos después. tenemos todavía cuentas que arreglar. la trataba con la grosería más descarada. yo iba a verle a usted y usted venía a verme a mí. Sus relaciones. Polina misma me había hablado de aversión. por su parte. Mediremos fuerzas -murmuré bajando la escalera. ahora se le escapaban revelaciones harto significativas. que ella. franchute. ¿Conque se ha separado usted de los suyos? -Primero. dígame cómo lo sabe -pregunté asombrado-. por no decir desprecio. ¿o es que ya lo sabe todo el mundo? -¡Oh.. que él sencillamente la tenía en su poder. Aún no sabía qué era aquello que había causado tal mareo. desde el principio mismo. tropecé con mi inglés. en estos últimos días había notado en ella una evidente aversión. oh! -dijo al verme-. desde que empecé a conocerlos.. apenas se fijaba en ella. Sin embargo.

-¿Entonces, cómo lo sabe usted? -Lo sé, es decir, que me he enterado por casualidad. Y ahora ¿adónde irá usted desde aquí? Le tengo aprecio y por eso iba a verle. -Es usted un hombre excelente, míster Astley -respondí (pero, por otra parte, la cosa me chocó mucho: ¿de quién lo había sabido?)-. Y como todavía no he tomado café y usted, de seguro, lo ha tomado malo, vamos al café del Casino. Allí nos sentamos, fumamos, yo le cuento y usted me cuenta. El café estaba a cien pasos. Nos trajeron café, nos sentamos y yo encendí un cigarrillo. Míster Astley no fumó y, fijando en mí los ojos, se dispuso a escuchar. -No voy a ninguna parte -empecé diciendo-. Me quedo aquí. -Estaba seguro de que se quedaría -dijo mister Astley en tono aprobatorio. Al dirigirme a ver a mister Astley no tenía intención de decirle nada, mejor dicho, no quería decirle nada acerca de mi amor por Polina. Durante esos días apenas le había dicho una palabra de ello. Además, era muy reservado. Desde el primer momento advertí que Polina le había causado una profunda impresión, aunque jamás pronunciaba su nombre. Pero, cosa rara, ahora, de repente, no bien se hubo sentado y fijado en mí sus ojos color de estaño, sentí, no sé por qué, el deseo de contarle todo, es decir, todo mi amor, con todos sus matices. Estuve hablando media hora, lo que para mí fue sumamente agradable. Era la primera vez que hablaba de ello. Notando que se turbaba ante algunos de los pasajes más ardientes, acentué de propósito el ardor de mi narración. De una cosa me arrepiento: quizá hablé del francés más de lo necesario... -Míster Astley escuchó inmóvil, sentado frente a mí, sin decir palabra ni emitir sonido alguno y con sus ojos fijos en los míos; pero cuando comencé a hablar del francés, me

interrumpió de pronto y me preguntó severamente si me juzgaba con derecho a aludir a un terna que nada tenía que ver conmigo. Míster Astley siempre hacía preguntas de una manera muy rara. -Tiene usted razón. Me temo que no -respondí. -¿De ese marqués y de miss Polina no puede usted decir nada concreto? ¿Sólo conjetura? Una vez más me extrañó que un hombre tan. apocado como míster Astley hiciera una pregunta tan categórica. -No, nada concreto –contesté-; nada, por supuesto. -En tal caso ha hecho usted mal no sólo en hablarme a mí de ello, sino hasta en pensarlo usted mismo. -Bueno, bueno, lo reconozco; pero ahora no se trata de eso -interrumpí asombrado de mí mismo. Y entonces le conté toda la historia de ayer, con todos sus detalles, la ocurrencia de Polina, mi aventura con el barón, mi despido, la insólita pusilanimidad del general y, por último, le referí minuciosamente la visita de Des Grieux esa misma mañana, sin omitir ningún detalle. En conclusión le enseñé la nota. -¿Qué saca de esto? -pregunté-. He venido precisamente para averiguar lo que usted piensa. En lo que a mí toca, me parece que hubiera matado a ese franchute y quizá lo haga todavía. -Yo también -dijo míster Astley-. En cuanto a miss Polina, usted sabe que entramos en tratos aun con gentes que nos son odiosas, si a ello nos obliga la necesidad. Ahí puede haber relaciones que ignoramos y que dependen de circunstancias ajenas al caso. Creo que puede estar usted tranquilo -en parte, claro-. En cuanto a la conducta de ella ayer, no cabe duda de que es extraña, no porque quisiera librarse de usted exponiéndole al garrote del barón (quien, no sé por qué, no lo utilizó aunque lo tenía en la mano), sino porque semejante

travesura en una miss tan... tan excelente no es decorosa. Claro que ella no podía suponer que usted pondría literalmente en práctica sus antojos... -¿Sabe usted? -grité de repente, clavando la mirada en míster Astley-. Me parece que usted ya ha oído hablar de todo esto. ¿Y sabe quién se lo ha dicho? La misma miss Polina. Míster Astley me miró extrañado. -Le brillan a usted los ojos y en ellos veo la sospecha -dijo, y en seguida volvió a su calma anterior-, pero no tiene usted el menor derecho a revelar sus sospechas. No puedo reconocer ese derecho y me niego en redondo a contestar a su pregunta. -¡Bueno, basta! ¡Por otra parte no es necesario! -exclamé extrañamente agitado y sin comprender por qué se me había ocurrido tal cosa. ¿Cuándo, dónde y cómo hubiera podido míster Astley ser elegido por Polina como confidente? Sin embargo, a veces en días recientes había perdido de vista a míster Astley, y Polina siempre había sido un enigma para mí, un enigma tal que ahora, por ejemplo, habiéndome lanzado a contar a míster Astley la historia de mi amor, vi de pronto con sorpresa mientras la contaba que de mis relaciones con ella apenas podía decir nada preciso y positivo. Al contrario, todo era ilusorio, extraño, infundado, sin la menor semejanza con cosa alguna. -Bueno, bueno, desbarro; y ahora no puedo sacar en limpio mucho más -respondí, como si me faltara el aliento-. De todos modos, es usted una buena persona. Ahora a otra cosa, y le pido, no consejo, sino su opinión. Callé un instante y proseguí. -En opinión de usted, ¿por qué se asustó tanto el general? ¿Por qué todos ellos han hecho de mi estúpida picardía algo que les trae de cabeza? Tan de cabeza que hasta el propio Des Grieux ha creído necesario intervenir (y él interviene sólo en

-En efecto. Aquí se trata sólo de mademoiselle Blanche. salvo eso. por no decir escandaloso. Des Grieux. ¡Quizá despertaran a miss Polina para ello! Salvo deducir de esto que miss Polina es su esclava (¡porque hasta a mí me pide perdón!). fue escrita?. de esto creo saber mucho más que usted -apuntó-. Mademoiselle Blanche no se llamaba todavía mademoiselle de Cominges y. me ha requerido y suplicado. -Se me antoja que en el momento presente mademoiselle Blanche tiene especial interés en evitar a toda costa un encuentro con el barón y la baronesa. y que la nota de miss Polina ya estaba en sus manos. ¿Qué piensa usted? Por lo que me dicen sus ojos estoy seguro de que de esto sabe usted más que yo. ¿qué le va a ella. personalmente. mademoiselle Blanche estuvo ya aquí. durante la temporada. a mí! Por último. Al menos. me ha visitado (¡hay que ver!). -¿Qué me dice usted? -El año antepasado. madame veuve Cominges. en Roulettenberg. cabe preguntar. observe usted que ha venido a las nueve. pues. en este asunto? ¿Por qué está tan interesada? ¿Por qué se asustaron tanto de un barón cualquiera? ¿Y qué tiene que ver con ello que el general se case con mademoiselle Blanche de Cominges? Ellos dicen que cabalmente por eso necesita conducirse de una manera especial. no había . él. Míster Asdey sonrió y asintió con la cabeza. ¡a mí. pero convenga en que esto es ya demasiado especial.los casos más importantes). por el mismo motivo. -¿Pero por qué mademoiselle Blanche? -grité impaciente (tuve de pronto la esperanza de que ahora se revelaría algo acerca de mademoiselle Polina). tanto más cuanto que el encuentro sería desagradable. Yo también andaba por aquí. y estoy seguro de que es la pura verdad. ¿Cuándo. tampoco existía su madre.

Conozco aquí a un individuo que le conocía bajo otro nombre. y por cierto de buena ley. Des Grieux. de ello estoy seguro por una circunstancia. desapareció todo. que tenía un nombre histórico. un príncipe o algo así. si mal no recuerdo. sino que ni siquiera se conocen de antiguo.. Chillaba y gemía por todo el hotel. Tengo la profunda convicción de que no sólo no hay parentesco entre ellos. y de rabia hizo jirones su vestido. Me acuerdo de que una noche perdió una cantidad muy elevada. Iban y venían en un espléndido carruaje. Tampoco empezó hace mucho eso de marqués Des Grieux. En el hotel debían una suma enorme. Barberini o algo por el estilo. Pero lo peor de todo fue que un beau matin su príncipe desapareció sin dejar rastro. a resultas de una queja de esta misma baronesa.. con aquello de rasgar su vestido y arañarse el rostro como una . sin embargo. y mademoiselle Blanche. Iba cubierto de sortijas y brillantes. Cabe incluso suponer que empezó a llamarse Des Grieux hace poco. tampoco había Des Grieux. -¿Pero no es cierto que tiene un respetable círculo de amistades? -¡Puede ser! También puede tenerlo mademoiselle Blanche.mención de ella. Desaparecieron los caballos y el carruaje. Mademoiselle Zelma (en lugar de Barberini empezó a llamarse de pronto mademoiselle Zelma) daba muestras de la más profunda desesperación. Mademoiselle Blanche jugaba con éxito a trente et quarante. Hace dos años. fue invitada por la policía local a abandonar la ciudad y así lo hizo. Había entonces en el hotel un conde polaco (todos los viajeros polacos son condes). -¿Cómo fue eso? -Se presentó aquí primero con un italiano. pero después su suerte cambió radicalmente.

mirando al barón con la consabida sonrisa. sepa que. dan fuertes codazos a los jugadores para procurarse un sitio. Entró sin más en esa clase de señoras que. y a la hora de la comida ella había recobrado la calma. se considera eso como especialmente chic. Pero cuando dejan de cambiar billetes se les pide al momento que se vayan. -No vale la pena notarlo. En dos días perdió cuanto le quedaba. -Sí. Observe que muy a menudo estas señoras juegan con éxito. que la observaba atentamente y muy indignado. desapareció el conde. Pero mi historia toca a su fin. A la noche se presentaron del brazo en el casino. aquella noche fue invitada a no presentarse más en el Casino. Usted lo habrá notado. al igual que el príncipe. produjo en él alguna impresión. Por desgracia para las personas decentes. entre tales damas. según su costumbre. Conversaron. Como consecuencia de esto y por queja de la baronesa. saben dominarse de manera asombrosa. le pidió que le pusiera diez louis dor al rojo.gata con sus manos bellas y perfumadas. Mademoiselle Zelma se presentó una noche a jugar sola. los oí de labios . miró a su alrededor y vio junto a sí al barón Burmerhelm. pero la fortuna le fue aún más adversa. por lo menos las que todos los días cambian a la mesa billetes de mil francos. Mademoiselle Zelma. en versión definitiva. reía con estrépito y en sus ademanes se notaba mayor desenvoltura que antes. Mademoiselle Zelma seguía cambiando billetes. estas damas no desaparecen. Si le extraña a usted que me sean conocidos estos detalles nimios y francamente indecorosos. Aquí. al acercarse a la mesa de la ruleta. Llegó un momento en que. Pero mademoiselle Zelma no notó la indignación y. ocasión en que nadie se presentó a ofrecerle el brazo. Cuando hubo arriesgado su último louis d'or y lo hubo perdido. sin duda.

En una palabra. El general es un infeliz. tanto más cuanto ella se presenta a diario en público del brazo del general o acompañada de miss Polina. sabe al dedillo qué clase de persona es mademoiselle Blanche de Cominges. Esto es mucho más prudente. en fin de cuentas. Quizá también se lo debe Des Grieux. que se presentaba aquí en el Casino. se pasea con ella y con miss Polina. por otro lado. a miss Polina. ya que usted no podía hacer nada -replicó tranquilamente míster Astley-.de míster Feeder. luego al general y. al menos hasta la boda. por consiguiente. ¿avisarle de qué? Puede que el general sepa de mademoiselle Blanche todavía más que yo y. del brazo de mademoiselle Blanche? ¿Cómo es posible? -No tenía por qué avisarle a usted. Y. según todos los indicios. y las acciones de usted podrían causar ese escándalo. Ayer vi que mademoiselle Blanche iba montada en un . pero es porque. en público. acudió corriendo. Quizá ella y Des Grieux trabajan juntos. Ya no juega. sobre todo. Ahora mire: mademoiselle Blanche quiere ser generala. seguramente para no recibir en adelante invitaciones como la que recibió hace dos años de la policía del Casino. un pariente mío que esa misma noche condujo en su coche a mademoiselle Zelma de Roulettenburg a Spa. ella no quiera atraerse por ningún motivo la atención del barón y la baronesa. -Diga. asustado. ¿cómo es que no me avisó usted. si usted ya conocía toda esta historia y. tiene ahora un capital que da a usura a los jugadores locales. Comprenderá usted que. Usted está vinculado a ese grupo. que en su situación nada sería menos provechoso que un escándalo. ¿Ahora lo entiende usted? -No. no lo entiendo -exclamé golpeando la mesa con tal fuerza que el garzón. a mí al menos. míster Astley -dije con arrebato-. Yo hasta sospecho que el infeliz general le debe dinero.

hijos del general. tiene un hermano y una hermana de corta edad. ¡Y pensar que fue ella la que me azuzó contra el barón! ¡No hay demonio que lo entienda! -Usted olvida. que miss Polina. Por la mañana decía que le dolían las piernas. hijastra del general. Pues bien. mientras que el general iba tras ellos en un caballo de color castaño. nada de eso tiene que ver conmigo.. pero se tenía muy bien en la silla. Por otra parte (dijo míster Astley reportándose). a pesar de que le tengo a usted verdadero aprecio. ha despojado de sus bienes. sí.. sin embargo! ¡Ah. ya le he advertido que no reconozco su derecho a hacer ciertas preguntas. sin embargo. en primer lugar. Además. en ese momento me vino la idea de que ese hombre está completamente arruinado. Tenga usted la seguridad de que ninguna otra influencia la haría pasearse con mademoiselle Blanche y suplicarme en una nota que no toque al barón. -Basta -dije levantándome-. que mademoiselle de Cominges es la prometida del general. y sólo desde hace poco tengo el honor de conocer a miss Polina. sí. ahora entiendo por qué todos se interesan por la abuelita! -¿Por quién? . todo eso es cierto! ¡Y. según parece. y en segundo. ahora para mí está claro como el día que también miss Polina sabe todo lo referente a mademoiselle Blanche. ¡Sí. a quienes este hombre chiflado tiene abandonados por completo y a quienes. quedarse significa proteger sus intereses y quizá también salvar un jirón de la hacienda.espléndido caballo junto con míster Des Grieux y ese pequeño príncipe ruso. eso es! Apartarse de los niños significa abandonarlos por completo. -¡Sí. Ésa cabalmente debe de ser la influencia ante la que todos se inclinan.

pensativa. no es otra cosa lo que espera aquí.-Por esa vieja bruja de Moscú que no se muere y acerca de la cual esperan un telegrama diciendo que se ha muerto. Espera también la herencia porque Polina recibirá una dote y. lo que quiere decir que acaba de llegar el tren. ¡Ahí tiene usted mi opinión de ella! Mírela usted. Polina sólo es capaz de amar con pasión y nada más. le echará los brazos al cuello. Una voz de mujer. Hacía rato que.. es. sí. y Des Grieux.. -Pues yo sí. maldita! Es capaz de echarse encima todos los horrores de la vida y la pasión . ¡Así son todas las mujeres! Aun las más orgullosas acaban por ser las esclavas más indignas. miss Polina queda libre. . habíamos salido del café... Todo depende de la herencia.. Y en ruso. Ahora veo de dónde vienen -señaló míster Astley-. sin notarlo apenas. Se anuncia la herencia y el general se casa.. Es aquella mujer la que grita. en cuanto tenga el dinero. ¿pero quién me llama? -exclamé de repente-. -He oído gritos de mujer. -Y Des Grieux... yo sí -repetí con ira-. ¡es como si estuviera predestinada. ¡Oiga. la que está sentada en aquel sillón que los lacayos acaban de subir por la escalinata.. es. -¡Ah. sobre todo cuando está sentada sola. pero no sé a quién llamaban. -Míster Astley guardó obstinado silencio. oiga! Para entonces habíamos llegado ya a nuestro hotel. ¿qué? -Y a Des Grieux se le pagará su dinero. Tras ella están subiendo maletas. sentenciada. -¿Sólo eso? ¿Cree usted que espera sólo eso? -No tengo la menor idea. claro! Todos los intereses convergen en ella. ¿Quién grita? He oído gritar en ruso «¡Aleksei Ivanovich!»..

moribunda pero no muerta. con sus setenta y cinco años a cuestas: Antonida Vasilyevna Tarasevicheva... autoritaria y con todos regañona. transportada peldaños arriba en un sillón. Me había visto a cien pasos de distancia cuando la llevaban en el sillón. que había salido al encuentro de una destacada visitante que llegaba con tanta bulla y alharaca. acerca de la cual se expedían y recibían telegramas. en un sillón. en presencia del Oberkellner. marrullera. quien de repente aparecía en persona entre nosotros como llovida del cielo. ella misma. briosa. Sí. muy tiesa en su asiento. La traían. en fin. pagada de sí misma. como siempre en estos últimos años. terrateniente y aristocrática moscovita. sentada como reina en su trono estaba. Y cuando llegué al descansillo se me cayeron los brazos de estupor y las piernas se me volvieron de piedra. Fuimos casi corriendo al pórtico. acompañada de su propia servidumbre y de un sinfín de baúles y maletas. rodeada de criados. también como siempre. Mire. vociferante. -¡Aleksei Ivanovich! ¡Aleksei Ivanovich! ¡Ay. Como es de suponer. pero.-¿Pero por qué me llama a mí? Ya está otra vez voceando. la baboulinka. me quedé ante ella paralizado de asombro. Capítulo 9 En el descansillo superior de la ancha escalinata del hotel. nos está haciendo señas. exactamente como yo había tenido el honor de verla dos veces desde que entré como tutor en casa del general. formidable y rica. la abuela. por fallo de las piernas. doncellas y el numeroso y servil personal del hotel. me había reconocido con sus ojos de . Dios. se habrá visto mastuerzo! -llegaban gritos de desesperación desde la escalinata del hotel.

a esta hora están todos de seguro en casa.lince y llamado por mi nombre y patronímico.. vivita y coleando! -Por Dios.. de calva sonrosada. -Esto es bonito -dijo la abuela mirando en torno-. ¿por qué estás plantado ahí con esos ojos saltones? -continuó gritándome la abuela-. ¿y cómo no maravillarse cuando tan inesperadamente . el aire es tibio y los árboles son hermosos. que la acompañaba cuando iba de viaje-. me he llegado al Casino. ? -¿Y qué hay de maravilla en ello? Me metí en el tren y vine. ¡Me han dicho que tienen . En el vagón va una muy cómoda.. su mayordomo.. amigo. «¡Y a ésta –pensé. Me gusta. Era sólo la sorpresa. Potapych? -dijo volviéndose a un viejo canoso. ¿Está la familia en casa? ¿El general? -En casa. Antonida Vasilyevna. ¿por qué había yo de desearle nada malo? -respondí alegremente cuando volví en mi acuerdo-. Han estado mandando un telegrama tras otro: ¿ha muerto o no ha muerto? ¡Pero si lo sé todo! ¡Y yo. como ves. santo Dios. también según costumbre suya.esperaban verla en un ataúd. ¿Has estado de paseo? -Sí. detalle que. ¿oyes? ¡No me reconoce! Me han enterrado. sí. ¿qué será de nuestra gente ahora? ¿qué será ahora del general? ¡Va a poner el hotel patas arriba! » -Bueno. -¿Y qué? ¿Lo hacen aquí todo según el reloj y con toda ceremonia? Quieren dar el tono. enterrada y dejando tras sí una herencia! ¡Pero si es ella la que nos enterrará a todos y a todo el hotel! Pero. sin traqueteo ninguno. recordaba de una vez para siempre. ¿Es que no sabes dar la bienvenida? ¿No sabes saludar? ¿O es que el orgullo te lo impide? ¿Quizá no me has reconocido? ¿Oyes. vestido de frac y corbata blanca.

dile a ese mentecato de Kellner que me preparen una habitación cómoda. ¿Pero por qué quiere toda esta gente llevarme? ¿Por qué se meten donde no los llaman? ¡Pero qué gente más servil! ¿Quién es ése que está contigo? -preguntó dirigiéndose de nuevo a mí. Aleksei Ivanovich. Todos los que topaban con ella se paraban y nos miraban con ojos desorbitados. enseña el camino y vamos derechos allá. -Éste es mister Astley -contesté. Yo iba delante por la ancha escalera del hotel. Nuestro hotel era considerado como el mejor. -¿Y el franchute? En fin. amigo también del general. sin embargo. les seigneurs ruses! Se gastan lo que tienen y luego se van al extranjero. Éste. A mí. me gustan los ingleses. Antonida Vasilyevna. levantadme y arriba.coche. ¿Praskovya está también con ellos? -Sí. une russe. yo misma los veré a todos. respondía que era una extranjera de alto copete. Muchos pedían informes abajo al Oberkellner. Por eso me mira de hito en hito y no abre los labios. En la escalera y en los pasillos se tropezaba de continuo con damas espléndidas e ingleses de digno aspecto. Polina Aleksandrovna está también. y lleva las cosas allí en seguida. que se instalaría en los mismos aposentos que una semana antes . Bueno. también hondamente impresionado. -¿Y quién es mister Astley? -Un viajero y un buen amigo mío. -Un inglés. Potapych. bonita. el más caro y el más aristocrático del balneario. -Tú. ¿Por dónde cae? Cargaron con la abuela. derechos al cuarto del general. baja. así. une comtesse. grande dame. Nuestra procesión era muy vistosa. ¿Lo pasas bien aquí? -Así. por supuesto.

Llevaba alta la cabeza. sino que sencillamente la abrí de par en par y por ella metieron a la abuela en triunfo. Amén del general. Nuestra gente estaba instalada en el tercer piso. de Polina con los niños y de la . pero por lo visto no sabe todavía mucho de mademoiselle Blanche. y yo iba en cabeza con singular alegría. transportada en un sillón. «Ya sabe lo de los telegramas -pensaba yo-. se presentía al mirarla que era de elevada estatura. Llevaba un vestido negro de seda y una cofia blanca. en el gabinete del general. Cuando se encontraba con una nueva persona la medía con una mirada de curiosidad y en voz alta me hacía preguntas sobre ella. proyectaban una excursión: unos irían en coche. -Me interesa extraordinariamente -murmuró mister Astley. como de propósito.» Informé de esto a mister Astley. que subía junto a mí. La abuela era de un natural vigoroso y. Todo el mundo. y estaba claro que tanto esa mirada como sus gestos eran perfectamente naturales. Eran las doce y. aunque no se levantaba del sillón. Había en su modo de mirar algo arrogante y provocativo. otros a caballo. El aspecto imperioso e imponente de la abuela. Conoce también a Des Grieux. y además habían invitado a algunos conocidos. ¡Pecador de mí! En cuanto me repuse de mi sorpresa inicial me alegré sobremanera del golpe feroz que íbamos a asestar al general dentro de un instante. Mantenía la espina tiesa como un huso y no se apoyaba en el respaldo del asiento. Era como un estimulante. A pesar de sus setenta y cinco años tenía el rostro bastante fresco y hasta la dentadura en buen estado. al parecer. de fuertes y acusados rasgos. estaba allí. toda la pandilla. que era grande y canosa. Yo no anuncié nuestra llegada y ni siquiera llamé a la puerta. era lo que causaba el mayor efecto.había ocupado la grande duchesse de N.

con las cejas enarcadas y la boca abierta. Fijó en ella los ojos desencajados. mister Astley. observaba atolondrada a la abuela. y no se sabe por qué motivo. nunca olvidaré la impresión que ello produjo! Cuando entramos. inmóvil. El príncipe y el erudito. el general estaba contando algo. el pequeño príncipe y un erudito alemán. A la vista de la abuela el general perdió el habla y se quedó en mitad de una frase con la boca abierta. Blanche hacían la rueda abiertamente al pequeño príncipe à la barbe du pauvre général. aunque quizá con estudiado esfuerzo. era una catástrofe para todos! Yo no hacía más que pasear los ojos desde la abuela hasta los concurrentes y viceversa.niñera. provocativa y burlona! Así estuvieron mirándose diez segundos largos. ¡Sí. Blanche. que estaba de viaje. Colocaron el sillón con la abuela en el centro del gabinete. y que el grupo. pero de súbito se quedó más blanco que la cera. se mantenía aparte. mlle. tenía un aire de cordial familiaridad. a quien yo veía con ellos por primera vez. a tres pasos del general. y Des Grieux le corregía. ambos presa de honda confusión. ¡Dios mío. Des Grieux y mlle. ante el profundo silencio de todos los circunstantes. ¡pero con qué mirada triunfal. su madre mile. pero en su rostro empezó pronto a dibujarse una inquietud inusitada. Blanche. estaban en el gabinete Des Grieux. como hipnotizado por la mirada de un basilisco. El rostro de Polina reflejaba extraordinaria sorpresa y perplejidad. una vez más en traje de amazona. tranquilo y digno. Es menester indicar que desde hacía dos o tres días. según su costumbre. Des Grieux quedó al principio estupefacto. . Mlle. La abuela también le observó en silencio. contemplaban la escena. veuve Cominges. un momento después la sangre volvió de golpe y coloreó las mejillas.

. tu buen dinero te habrán costado.. ¡No me fío de ti ni tanto así! -y le enseñaba el dedo meñique-. madame -confirmô Des Grieux. -¿Está casada la hija? -preguntó la abuela sin pararse en barras. porque desde aquí no son baratos. Ya te conozco. -Mademoiselle de Cominges es soltera -respondí lo más cortésmente posible y. Blanche. en traje de amazona y con el látigo en la mano. c'est un miracle. ¿quién es? -dijo volviéndose y señalando a mile.... une surprise charmante. sí. ¿Para qué sirve el ferrocarril? ¿Y vosotros pensabais que ya había estirado la pata y que os había dejado una fortuna? Ya sé que mandabas telegramas desde aquí.. La llamativa francesa. Si la abuela no le hubiera hablado.. en unos segundos más le habría dado quizá una apoplejía. charmante. farsante. . ¿Es éste el francés? ¿Monsieur Des Grieux. ¿Qué. Se hospedan en este hotel -dije yo. madame de Cominges. aquí estoy! ¡En lugar de un telegrama! -exclamó por fin la abuela rompiendo el silencio-. vous voir ici. ¿Es de aquí? -Es mademoiselle Blanche de Cominges y ésta es su madre. no me esperabais? -Antonida Vasilyevna. Me eché las piernas al hombro y aquí estoy. ? -balbuceó el infeliz general. a media voz.et croyez je suis si enchanté. -¿Es alegre? Yo no alcancé a entender la pregunta..~¡Bueno. -Sí. tía. Y ésta. de propósito. votre santé. ¿pero cómo . -¿Cómo que cómo? Me metí en el tren y vine.. -¿No se aburre uno con ella? ¿Entiende el ruso? Porque cuando Des Grieux estuvo con nosotros en Moscú llegó a chapurrearlo un poco.... por lo visto? -Oui. evidentemente la impresionó-.

. y como cuando se ofrecía ocasión sabía hablar bien. Ya había recobrado en parte su presencia de ánimo.. . mientes! -interrumpió al momento la abuela...Le expliqué que mlle. ... Hemos recibido telegramas que daban tan poca esperanza. Blanche. ¿Estás contento o no? -¡Oh. Estoy abajo. tonterías como de costumbre. decidió usted emprender un viaje como éste? Reconozca que a sus años y dada su salud. -Bonjour! -dijo la abuela encarándose bruscamente con mlle. -¡Pues mientes.. de todos modos ha sido tan inesperado que no es de extrañar nuestro asombro. es amanerada y artificiosa! Ya se ve qué clase de pájaro es: una actriz de ésas. con toda la expresión de su rostro y figura. a pesar de todo. con gravedad y cierta pretensión de persuadir. ha bajado los ojos. -Bonjour.. y todos nosotros (y aquí inició una sonrisa afable y seductora) haremos todo lo posible para que su temporada aquí sea de lo más agradable. levantando la voz y tratando de no reparar en ese «mientes»-. el asombro extraordinario que le causaba una pregunta tan extraña y un comportamiento semejante. Blanche. de satisfacción -dijo el general cogiendo al vuelo la pregunta. hizo una leve reverencia.. de Cominges no había estado nunca en Rusia.. madame! -Mlle. cháchara inútil. yo sé bien cómo pasar el tiempo. basta. Pero estoy tan contento. tía! Puede creer en mi sentimiento sincero. -¡Ah. Bajo la desusada modestia y cortesía se apresuró a manifestar. Hemos estado tan afectados y alarmados con las noticias sobre su estado de salud. en este hotel -dijo dirigiéndose de pronto al general-.. -Bueno. -¿Pero cómo es -interrumpió a su vez en seguida el general. Pero no te tengo inquina. y de pronto. Seré vecina tuya. se preparó a declamar ahora también-.. cómo es que.. con elegancia y ceremonia.

conque mandé a paseo a los médicos y llamé al sacristán de Nikola. Pues mira: me tenían en cama día tras día. ¿De dónde has sacado el dinero.no guardo rencor. Luego tuvieron otra consulta mis médicos alemanes.. en un día lo dispuse todo. sin ir más lejos? ¡Si lo sé todo. en vez de soltar tantos «ohs» y «ahs». pensé yo. Esos tontos de los Zazhigin se escandalizaron: «¿Hasta dónde va a ir usted?». y me daban medicinas y más medicinas. tía .. Bueno. ¿Tú qué haces aquí? -Hola. me preguntaban. . me sorprende.. Preguntas que cómo he venido... sin contar que mis gastos no exceden de mis medios. -apuntó el general todo confuso-. ¿Y por qué no?. Pues a mí también me sentó bien. y hay mozos en todas las estaciones que por veinte kopeks te llevan adonde quieras. lo sé todo! -Yo. y a Fiodor el lacayo (pero a Fiodor le mandé a casa desde Berlín porque vi que no lo necesitaba). y nosotros aquí. ¿Pero qué hay de extraordinario en esto? De la manera más sencilla.. expulsaría esa obstrucción que tiene». Tomé un vagón particular.. abuela -dijo Polina acercándose a ella-. y me vine solita. amigo? Porque lo tienes todo hipotecado. No veo por qué todos se sorprenden. Hola. Praskovya. tía.. ¡Vaya habitaciones que tenéis! -dijo en conclusión mirando alrededor-.. me parece que puedo sin fiscalización de nadie . se calaron los anteojos y dijeron en coro: «Si ahora va a un balneario extranjero y hace una cura de aguas. ¿Cuántos cuartos le debes a este franchute. que le había curado a una campesina una enfermedad igual con polvos de heno.. A los tres días tuve un sudor muy grande y me levanté.. y a Potapych. ¿Ha estado mucho tiempo en camino? -Ésta ha hecho una pregunta inteligente.. y el viernes de la semana pasada cogí a mi doncella.

-¿De la ruleta? ¿Yo? Con mi categoría. -intervino el general con indignación.-¿Que no exceden de tus medios? ¿Y así lo dices? ¡Como guardián de los niños les habrás robado hasta el último kopek! -Después de esto. están llenos de mocos. la niñera. -¿Y suben sillas a la montaña? No podrán subirlas. después de tales palabras.. nada de besos! No me gusta besar a los niños. apunta todos los sitios adonde hay que ir. no es un bosque.. con una cúspide. Desde allí se descubre una vista sin igual. mientes. voy a ver qué es eso de la ruleta. no sabes! Seguramente no te apartas de la ruleta aquí. quizá sigue usted indispuesta. es una montaña.ya no sé qué. ¿verdad? . ¿Qué es lo que se visita aquí? -preguntó volviéndose a Polina. a saludar a la abuela. con los hijos del general. Y tú. -¡Bueno... ¿cómo lo pasas aquí? .. Pues yo. Tú. y tú. de seguro que no pueden arrancarte de ella. Praskovya. hoy mismo. luego hay el Schlangenberg. cuéntame lo que hay que ver por aquí... ¿yo? Vuelva en su acuerdo. ¿Te lo has jugado todo? El general quedó tan desconcertado que estuvo a punto de ahogarse en el torrente de sus agitados sentimientos.. -Bueno.¡Oh. Aleksei Ivanovich me lo enseñará. En este momento entró Fedosya. -¿Qué es ese Schlangenberg? ¿Un bosque? -No. -Aquí cerca están las ruinas de un castillo. se pueden encontrar cargadores! -contesté yo.. mientes con toda la boca. Fedosya. Potapych. un lugar con una barandilla alrededor.. tía. -¿Qué es eso de una cúspide? -El punto más alto de la montaña. -¡En efecto. mientes.

¡no tienen comparación con los franchutes! Venga usted a verme -dijo de nuevo a mister Astley-. La abuela miró atenta y complacida a Polina de pies a cabeza. mister Astley se inclinó en silencio.-Bien. tú eres un alma sencilla. me han gustado siempre los ingleses. ¡Muy buenas! -y se volvió de repente hacia él. Tradúcele eso. Mister Astley quedó muy satisfecho de la invitación. Tradúcele eso y dile que estoy aquí abajo -le repitió a mister Astley señalando hacia abajo con el dedo. y con un genio que ¡vaya! Pero yo también tengo mi genio ¡Da la vuelta! ¿Es eso que llevas en el pelo moño postizo? . -¿Qué me dice usted de bueno? Dígame algo. -¡Qué bien contestan siempre los ingleses! -subrayó-. Polina lo tradujo. ¿Y éstos qué son? ¿Más invitados? -dijo encarándose de nuevo con Polina-. -Que estoy mirándola con grandísimo gusto y que me alegro de que esté bien de salud -respondió mister Astley seriamente. Praskovya. Eres una buena chica. -¿Conque ruso? ¡Y yo que pensaba que no me entendería! ¡Quizá no me haya oído! A mister Astley ya le he visto. Trataré de no molestarle demasiado. abuela -susurró Polina. pero con notable animación. -Yo te quería mucho. señora? ¡Aquí hemos estado tan preocupados por usted! -Lo sé. no sé por qué. ¡Ah. la mejor de todos. aquí está otra vez! -la abuela le vio-. muy bien. Antonida Vasilyevna -replicó Fedosya-. ¿Y a usted cómo le ha ido. Praskovya -le dijo de pronto-. Se tradujo a la abuela lo que había dicho y a ella evidentemente le agradó. ¿Quién es este tío menudillo de las gafas? -El príncipe Nilski. A mí.

.-No. ¿Me prestas a Aleksei Ivanovich? -inquirió la abuela del general. en grupo.... y todos. ¿Por qué no te casas? Pero ya es hora de que me vaya. sí. fueron siguiendo el sillón por la escalera abajo.. abuela. Tras ella salió en seguida el príncipe. Ahora. Me haces reír. -Cette vieílle est tombée en enfance -me dijo en voz baja Des Grieux. -Ah. El general iba aturdido. para todos nosotros será un placer acompañarla. Des Grieux iba cavilando alguna cosa. ¿Bueno. -Mais. Mademoiselle Blanche hubiera preferido quedarse. Eres muy guapa. como quiera.. Me apetece dar un paseo después de tanto vagón.. quedaron sólo el alemán y madame veuve Cominges. qué? ¿Sigues todavía enfadado? -preguntó mirando al general. y arriba. levantadme! Levantaron de nuevo a la abuela. Si fuera un señorito me enamoraría de ti. es mi propio pelo. en las habitaciones del general. y Polina y monsieur Des Grieux.. pero por algún motivo decidió irse con los demás. plaisir.. Comprendo que a sus años. tía. -Sí. pero yo mismo. Pero lo que es dinero no te doy -añadió dirigiéndose inopinadamente al general-. no me gustan las modas absurdas de ahora. como si le hubieran dado un garrotazo en la cabeza. -¡Por favor.. a mis habitaciones. amigo. ¡Hala. no diga tal! -exclamó el general rebosante de contento-. Capitulo 10 . madame. Es preciso echarles un vistazo y después salir a ver todos esos sitios. cela sera un plaisir -insinuó Des Grieux con sonrisa cautivante. -Bien. -Quiero ver todo lo que hay por aquí.

pero. según parece. a la abuela le señalaron un alojamiento tan espléndido que se pasaron de rosca. no tanto por los requerimientos y preferencias de éste cuanto por la propia opinión personal que de él se forjan. autoritaria. Su propia servidumbre. aunque jamás había sido princesa. como «madame la générale princesse de Tarassevitcheva». le granjearon el respeto general. en suma. y el sillón. señalaba algún objeto en el mobiliario y dirigía insólitas preguntas al jefe de comedor. su vagón particular. maletas. hechas con gran desenvoltura y en tono que no admitía réplica. brusca. sus preguntas excéntricas. Era verdad que estas habitaciones las había ocupado la semana anterior una grande duchesse. sin más.mejor dicho. dependencias para la servidumbre.En los balnearios -y al parecer en toda Europa. etc. Ahora bien. cuarto particular para la camarera. medio calvo.los gerentes y jefes de comedor de los hoteles se guían. Ignoro por quién tomaron a la abuela. y conviene subrayar que raras veces se equivocan. Durante la inspección la abuela mandaba de cuando en cuando detener el sillón. tiesa. etc. con baño. hombre ya entrado en años. La inscribieron en el registro. lo que es más importante. no se sabe por qué. la acompañó respetuosamente en esta primera inspección.. Condujeron a la abuela. por persona sumamente encopetada y. El jefe de comedor. ni que decir tiene. . la transportaron. cuatro habitaciones magníficamente amuebladas. y aun arcas que llegaron con ella. el timbre agudo de la voz de la abuela. todo ello sirvió de fundamento al prestigio. que sonreía atentamente pero que ya empezaba a amilanarse.. hecho que. al dar acomodo al huésped. por todas las habitaciones y ella las examinó detenida y rigurosamente. se comunicaba a los nuevos visitantes para ensalzar el alojamiento. riquísima. toda la figura de la abuela. la multitud innecesaria de baúles.

Una vez más asedió al jefe: ¿cuánto costaron las alfombras del dormitorio y dónde fueron tejidas? El jefe prometió informarse. -Menos mal que no hay chinches. Por ejemplo. ¡Todo esto es demasiado elegante! ¿De qué me sirve a mí. -¡Qué cielo de cama tan suntuoso! Separad las cortinas. -¡Vaya un asno! -musitó la abuela y dirigió su atención a la cama.La abuela formulaba sus preguntas en francés. -¡Más. aunque bien es verdad que las preguntas de la señora no venían a cuento y nadie sabía a santo de qué las hacía. La misma historia se repitió ante una estatuilla sajona que la abuela examinó detenidamente y que mandó luego retirar sin que se supiera el motivo. más! ¡Abridlo todo! ¡Quitad las almohadas. generalmente. ¡Fuera toda la ropa de cama! Poned la mía y mis almohadas. Pasaron adelante. Abrieron la cama. por lo que yo. Las respuestas del jefe de comedor no le agradaban en su mayor parte y le parecían inadecuadas. -¡Vaya mentecato! -comentó la abuela en ruso. -¿Cómo es que no lo sabes? ¿Vives aquí y no lo sabes? ¿Por qué está aquí? ¿Por qué es bizca? El jefe no pudo contestar satisfactoriamente a estas preguntas y hasta llegó a atolondrarse. las fundas. vieja que soy. lengua que por cierto hablaba bastante mal. un . La abuela lo examinó con cuidado. tenía que traducir. copia bastante mediocre de un conocido original de tema mitológico: -¿De quién es el retrato? El jefe respondió que probablemente de alguna condesa. se detuvo de improviso ante un cuadro. levantad el edredón! Dieron la vuelta a todo.

que yo sé atender a mis propios asuntos. quiero decir? Aunque si lo insultaste. -¿Y tú lo aguantaste sin más? -me preguntó a mí. amigo. -Y tú. Aleksei Ivanovich no ha hecho una relación muy fiel del caso. Vivo en el hotel por mi cuenta. cuando hayas terminado de dar lección a los niños. -Yo quería retar al barón a un duelo -respondí lo más modesta y sosegadamente posible-. ¡y como si eso no bastara le has despedido! ¡Veo que todos sois unos pazguatos. ya no estoy al servicio del general -respondí-. tía -replicó el general con un dejo de altiva familiaridad-. -Y eso ¿por qué? -El otro día llegó de Berlín un conocido barón alemán con su baronesa. márchate y ven cuando se te llame ordenó dirigiéndose al jefe de comedor-. volviéndose de pronto al general-. ¿y qué? -Él lo consideró como una insolencia y se quejó al general. desde ayer.alojamiento como éste? Me aburriré sola. -Yo. Aleksei Ivanovich. -Oh. ven a verme a menudo. Además. no. No tienes por qué estar aquí con la boca abierta. -Bueno. Ayer. Y tú. Fue el barón el que me amenazó con su bastón. hablé con él en alemán sin ajustarme ala pronunciación berlinesa. ¿permitiste que se tratara así a tu tutor? -dijo. No puedo aguantar esa jeta de . -¿Por qué te opusiste? -preguntó de nuevo la abuela al general-. no importa. -¿Es que tú le insultaste? ¿Al barón. Al contrario. en el paseo. pero el general se opuso. baboso. todos unos pazguatos! -No te preocupes. y el general me despidió ayer.

porque describirlo era demasiado difícil. . -¿Y por qué no habrá de serlo? Los hombres son todos unos gallos. -El jefe se inclinó y salió sin haber entendido las finezas de la abuela. Aleksei Ivanovich. ajústalos y llega a un acuerdo con ellos. A ver qué clase de von-barón es. Menudearon las preguntas: ¿Había muchas? ¿Jugaba mucha gente? ¿Se jugaba todo el día? ¿Cómo estaban dispuestas? Yo respondí al cabo que lo mejor sería que lo viera todo con sus propios ojos. pon cuidado en que haya siempre dos cargadores disponibles. No sabéis defender a vuestra propia patria.Nuremberg. donde cabía esperar que cometiera alguna excentricidad. aunque sea sólo para echarle un vistazo. en las salas de juego. por eso tienen que pelearse. tía? ¿No va usted siquiera a descansar del viaje? -interrogó solícitamente el general-. señálame a ese barón en el paseo. -Bueno. pero esta vez en público. sólo tienen que levantarme en las escaleras. y tú. Tú siempre estarás junto a mí. tía. ¡Vamos. díselo así. Parecía un tanto inquieto. pueden empujarme. ¡Tú ve delante. lo que no impidió que todos se ofrecieran a acompañarla. Aleksei Ivanovich! -Pero ¿cómo. ¿acaso es permisible el duelo? -inquirió el general con ironía. Y págales de antemano porque así estarán más atentos. vamos derechos allá. Y esa ruleta. Seguramente les parecía algo delicado. levantadme! Potapych. acaso humillante. en realidad todos ellos reflejaban cierta confusión y empezaron a cambiar miradas entre sí. ir con la abuela directamente al Casino. -Perdón. ¿dónde está? Le expliqué que las ruletas estaban instaladas en el Casino. en lo llano. No hacen falta más que dos. Ya veo que sois todos unos pazguatos. en la calle.

pero al parecer tenía algo entre ceja y ceja y quizás su esperanza había vuelto a rebullir. abuela -dijo Polina esforzándose por decir algo. -Elle est tombée en enfance -repitió Des Grieux al general-. ¿Y qué más hay por aquí? -Hay muchas cosas que ver. quédate en casa.. ¿cómo decías que se llamaba eso.-¿Y qué falta me hace descansar? No estoy cansada. tía? -interrumpió afanosamente el general-. -Pero abuela. ¿Con quién habría de verlo sino conmigo? Sola no se atrevería a asomar la nariz a la calle. pues cúspide.. Hemos estado una semana viaja que te viaja. -No pude oír lo demás que dijo... bueno.. no? -Cúspide. ¿Y por qué viene toda esa caterva tras de mi? Me basta con Aleksei Ivanovich para verlo todo. ? ¿Cúspide. Luego iremos a ver qué manantiales y aguas medicinales hay por aquí Y dónde están. -¿Es que te da vergüenza ir conmigo? Nadie te lo exige. ~¿Pero por qué ella. Y después.. y además llevo sentada cinco días seguidos. -Cúspide. Praskovya . Y. ~¡Qué tontería! ¡Dejarla en casa porque es criada! Es un ser humano como otro cualquiera.. tú también irás conmigo -dijo a su doncella. etc... yo también soy generala. Pero Des Grieux insistió vivamente en que todos la acompañarían y habló con frases muy amables del placer de ir con ella. . Todos nos pusimos en marcha. que no lo sabes! Marfa. -¡Vamos. seule elle fera des bêtises. etc. y ella también quiere ver algo. quizá sea imposible. ¡Pues anda con el general! Si a eso vamos. de todos modos. abuela. Puede ser que ni a Potapych le dejen entrar en el Casino.

Nuestra ruta seguía la avenida de los castaños hasta la glorieta. Quizá quería alentar al general y al parecer le estaba aconsejando.Hasta el Casino había un tercio de milla. aunque harto excéntrica. sin embargo. porque nuestra comitiva. se veía obligada a contestar a las numerosas y frecuentes preguntas de la anciana: «¿Quién es el que ha pasado? ¿Quién es la que iba en el coche? ¿Es grande la ciudad? ¿Es grande el jardín? ¿Qué clase de árboles son éstos? ¿Qué son esas montañas? ¿Hay águilas aquí? ¡Qué tejado tan ridículo!». pero con gorra. hasta tal punto que ésta acabó por hablar de ella con elogio. ella -una cuarentona sonrosada pero que ya empezaba a encanecer. La abuela se volvía a ellos muy a menudo y les daba conversación. Mister Astley caminaba juntó a mí y me decía por lo bajo que esperaba mucho de esa mañana. era digna y decorosa. mostraba una alegría modesta y a veces hasta bromeaba amablemente con la abuela. Des Grieux y el general iban algo rezagados y hablaban de algo con mucha animación. y una vez dada la vuelta a ésta se llegaba directamente al Casino. Des Grieux hablaba con aire enérgico. vestido de algodón estampado y botas de piel de cabra que crujían al andar. El general se tranquilizó un tanto. Nada tenía de particular que apareciera por el balneario una persona de salud endeble imposibilitada de las piernas. Potapych y Marfa marchaban inmediatamente detrás de la silla: él en su frac y corbata blanca. se veía que el general le tenía miedo al Casino: ¿por qué razón iba a las salas de juego una persona tullida de las piernas y vieja por más señas? Polina y mademoiselle Blanche caminaban una a cada lado junto a la silla de ruedas. Acaso esta noticia le . La abuela. Sin embargo. había pronunciado poco antes la frase fatal: «lo que es dinero no te doy». Mademoiselle Blanche reía. al otro lado. Polina.en chapelete. El general estaba muy alicaído.

eran pocos los jugadores que se sentaban. Aunque había sillas dispuestas alrededor de la mesa. aprobando algunas cosas. El lacayo que estaba de centinela ante la puerta cerrada la abrió de par en par presa de asombro. Miraban. mostrando completa indiferencia ante otras. La abuela ordenó. Yo noté que Des Grieux y mademoiselle Blanche seguían haciéndose señas. ya que no se permitía a los mirones permanecer allí ocupando inútilmente un puesto de juego. se apiñaban quizá un centenar y medio o dos centenares de jugadores en varias filas. sin embargo. observando y aguardando su turno. La aparición de la abuela ante la mesa de ruleta produjo gran impresión en el público. pero el general conocía a su tía. El conserje y los lacayos dieron prueba del mismo respeto que la servidumbre del hotel. pero en su impaciencia alargaban a veces la mano por entre la primera fila para hacer sus puestas. porque de pie les era posible estar más apretados. Las filas segunda y tercera se apretujaban contra la primera. Llegamos al Casino en triunfo.parecía inverosímil a Des Grieux. Hasta los de la tercera fila se las arreglaban de ese modo para hacerlas. Los que lograban llegar a la mesa misma solían agruparse apretadamente y no cedían sus lugares mientras no perdían. y preguntando sobre todas. sobre todo cuando había gran afluencia de público. de aquí que no pasaran diez minutos o siquiera cinco sin que en algún extremo de la mesa surgiera alguna bronca sobre una . ahorrar sitio y hacer las puestas con mayor comodidad. Llegaron por último a las salas de juego. como primera providencia. con curiosidad. donde se hallaba la mesa de trente et quarante. que la llevaran por todas las salas. Al príncipe y al viajero alemán los columbré al extremo mismo de la avenida: se habían detenido y acabaron por separarse de nosotros. En torno a las mesas de ruleta y al otro extremo de la sala.

llevaban las cuentas. Efectivamente. a la vista de todos y con desparpajo. temeroso de un escándalo. Los agentes andaban también desparramados por la sala en traje de paisano. lo que . y cuando surgían disputas las resolvían. Resultaba. por el contrario. se marcha. Si la manipulación se hace con destreza y los testigos parecen dudar. ponerse a jugar. Si surge una disputa el bribón jura y perjura a voz en cuello que la puesta es suya. En casos extremos llamaban a la policía y el asunto se concluía al momento. Pero si se logra desenmascarar a un ladrón. imposible evitar las apreturas. por supuesto. pero ocho crupieres sentados alrededor de la mesa no quitaban el ojo de las puestas. Le agradó mucho que se llevaran a unos ladronzuelos. Todo esto lo observaba la abuela desde lejos con apasionada curiosidad. El trente et quarante no la sedujo mucho. lo que si fracasa puede resultar muy molesto. Pero la policía del Casino se mostraba bastante eficaz. motivo de satisfacción para los administradores. Aquí. por supuesto si la cantidad no es de mayor cuantía. Pero si la cantidad no es grande el verdadero dueño a veces decide sencillamente no continuar la disputa y. echar mano de la ganancia ajena y metérsela en el bolsillo propio. por lo ventajosa. en cualquier otro sitio hay que desvalijar el bolsillo ajeno o forzar cerraduras. basta con acercarse a la mesa. por algún otro jugador. el ratero logra muy a menudo apropiarse el dinero. se le saca de allí con escándalo. y de pronto.puesta de equívoco origen. la afluencia de gente era. mezclados con los espectadores para no ser reconocidos. porque de lo contrario es probable que haya sido notada por los crupieres o. por el contrario. incluso antes. Vigilaban en particular a los rateros y los caballeros de industria que abundan mucho en las cercanías de la ruleta por las excelentes oportunidades que se les ofrecen de ejercitar su oficio.

Des Grieux y mademoiselle Blanche también se situaron a un lado. Yo también me acerqué a la mesa y me coloqué junto a la abuela. le brillaban los ojos y le temblaban las manos.entre la gente. baldada de las piernas y deseosa de jugar no era cosa de todos los días. Una muchedumbre de visitantes que no jugaban. Los crupieres comenzaron a acariciar esperanzas: en efecto. había ganado ya hasta cuarenta mil francos. inconexas: ¿quién es ése? Le agradaba en particular un joven que estaba a un extremo de la mesa jugando fuerte y que. le arrimaron un sillón. Apostaba ahora sin contar el dinero. pero que estaban observando el juego a cierta distancia (en su mayoría ingleses y sus familias). Potapych y Marfa se quedaron a un lado. . No sé cómo. según se murmuraba en torno. La abuela comenzó por observar a los jugadores. en el centro mismo de la mesa. bastante apartados. Expresó por fin el deseo de ver el juego más de cerca. pero es el caso que los lacayos y otros individuos entremetidos (en su mayor parte polacos desafortunados que asediaban con sus servicios a los jugadores con suerte y a todos los extranjeros) pronto hallaron y despejaron un sitio para la abuela.más la cautivó fue la ruleta y cómo rodaba la bolita. El general. una jugadora tan excéntrica parecía prometer algo inusitado. Polina. y allí trasladaron su silla. entre los espectadores. Hacia ella apuntaron los impertinentes de numerosas personas. Los lacayos se movían solícitos a su alrededor. y a pesar de ello seguía ganando y amontonando dinero a más y mejor. junto al crupier principal. no obstante la aglomeración. A media voz me hacía preguntas bruscas. despejaron un espacio en torno suyo para que estuviera . cuanto podía coger con la mano. amontonados ante él en oro y billetes de banco. se acercaron al punto a la mesa para mirar a la abuela desde detrás de los jugadores. Estaba pálido. Una anciana setentona.

. también cuanto con la mano podían sacar del bolsillo. Estaba claro que no se daba cuenta de lo que hacía. le decía algo por lo bajo. que él mismo quiere. dile que pare de jugar. pero sin parar. me revuelve las entrañas. Algunos jugadores con suerte daban a los lacayos generosas propinas. gozosos.. Lo perderá. lo perderá todo en seguida! -me apremió casi sofocada de ansiedad-. ¿Dónde está Potapych? Mándale a Potapych. Y díselo. que recoja su dinero cuanto antes y que se vaya. pero ¿dónde está Potapych? Sortez. vamos. que ni siquiera estaba permitido hablar alto porque ello estorbaba los cálculos. sin contar el dinero. seguramente indicándole qué puestas hacer. no puedo mirarle. díselo -y me dio otra vez con el codo-. Yo me incliné y le dije en voz baja pero firme que aquí no se gritaba así. es decir. asesorándole y guiando el juego. Pero el jugador casi no le miraba. ¡Qué pazguato! -y acto seguido la abuela dirigió su atención a otro sitio. al otro lado del centro de la mesa entre los jugadores.. -Dile -me indicó de pronto agitada. y que nos echarían de allí en seguida. sortez -empezó ella misma a gritarle al joven-. junto al joven estaba ya instalado un polaco muy servicial.más a sus anchas y no sufriera apretujones -todo ello con la esperanza de recibir una amplia gratificación-. Allí a la izquierda. que cortésmente. por supuesto. Ya había notado yo antes a esa señora: se presentaba ante la mesa de juego todos los días a la una de la tarde y se iba a las dos en . La abuela le observó algunos minutos.¡Qué lástima! Ese chico está perdido. se veía a una dama joven y junto a ella a una especie de enano. hacía sus puestas al buen tuntún y ganaba siempre. también con la esperanza. No sé quién era este enano si pariente suyo o si lo llevaba consigo para llamar la atención. tocándome con el codo-. de recibir más tarde una dádiva.

así. -¡Ah. con sangre fría. Ya la conocían y le acercaron un sillón. se conoce al pájaro por su modo de volar! Se ve que tiene buenas garras. y habiéndolos ganado se iba. pair et impair. gritar zéro? ¿Y por qué recogió todo lo que había en la mesa? ¡Y qué montón ha cogido! ¿Qué significa eso? -El zéro. dos o cuando más tres mil francos. de ésas -murmuré. pues.. todo cuanto hay en la mesa pertenece sin más a la banca. el principal. rouge e noir. -¡Bueno. cada día jugaba sólo una hora. bueno. de modo que podía aprender y recordar con facilidad y rapidez. con cálculo. La abuela quedó muy satisfecha. abuela. pero la banca no paga nada. Es verdad que cabe apostar para no perder el dinero.punto. Si la bola cae en zéro. significa que ha ganado la banca. ésta no pierde! ¡Ya se ve que no pierde! ¿De qué pelaje es? ¿No lo sabes? ¿Quién es? -Será una francesa de . Explícame ahora lo que significa cada giro y cómo hay que hacer la puesta. Apostaba sumas considerables. Ella escuchó con atención. dentro de lo posible.. -¿Y qué es eso del zéro? ¿Has oído hace un momento a ese crupier del pelo rizado. . manque et passe. por último. Sacó del bolso un poco de oro y algunos billetes de mil francos y empezó a hacer posturas con calma. apuntando con lápiz cifras en un papel y tratando de descubrir el sistema según el cual se agrupaban los «golpes». los diferentes matices en el sistema de números. Para cada sistema de posturas era posible mostrar al instante un ejemplo. La abuela estuvo observándola largo rato. fijó en la mente lo que le dije. hizo nuevas preguntas y se lo aprendió todo. y. Ganaba todos los días uno. Le expliqué a la abuela. lo que significaban las numerosas combinaciones de posturas.

Perdieron también el tercero. -¡Qué tontería! ¡Potapych. -¡Tontería. Con él no va a salir nunca. aquí está! -Sacó del bolso un portamonedas bien repleto y de él extrajo un federico de oro-. pero quizás no salga hasta la noche. el zéro acaba de salir -dije yo-. con ojos ardientes seguía los saltos de la bolita por los orificios de la rueda que giraba. La abuela estaba fuera de sí. -¡Ahí lo tienes! -exclamó enfadada-. ¿pero no va a salir pronto ese maldito cerillo? ¡Que me muera si no me quedo aquí hasta que salga! La culpa la tiene ese condenado crupier del pelo rizado. ¡Hala. pon eso en seguida al zéro! -Abuela. no podía parar en la silla. que yo también llevo dinero encima. pusieron un tercero. por lo tanto tardará mucho en volver a salir. abuela. abuela. Perderá usted mucho dinero. Perdieron el segundo federico de oro. -¡Tontería! Ponlo. Espere todavía un poco. ¿Qué? ¿Has perdido? Pon otro. si antes de ello hubiera apostado usted al zéro y saliera el zéro. -Está bien. ¡Aleksei .-¡Pues anda! ¿Y a mí no me darían nada? -No. podría usted poner hasta mil y puede que no saliera. La abuela apenas podía estarse quieta en su silla. -¡Cómo! ¿Treinta y cinco veces? ¿Y sale a menudo? ¿Cómo es que los muy tontos no apuestan al zéro? -Tienen treinta y seis posibilidades en contra. y hasta golpeó la mesa con el puño cuando el banquero anunció «trente-six» en lugar del ansiado zéro. tontería! Quien teme al lobo no se mete en el bosque. Potapych! Espera. le pagarían treinta y cinco veces la cantidad de la puesta. No sería la primera vez.

Potapych! -Más tarde. Mire. ¡Ya te lo dije. dándome fuertes codeos. messieurs! Faites lejeu. No es tuyo. hazla! -me apremió la abuela-. Potapych está a la puerta porque no le permiten entrar aquí. Yo. ¡pum! -Zéro! -anunció el banquero. ¿pero dónde están? ¿Adónde ha ido nuestra gente? ¡Potapych. Marfa. ¿cuánto me darán ahora? ¿Pero por qué no me lo dan? Potapych. no pierdas tiempo! -dijo fuera de sí. los amontoné ante la abuela.Ivanovich. al zéro! ¡Otra vez al zéro! ¡Pon lo más posible! ¿Cuánto tenemos en total? ¿Setenta federicos de oro? No hay por qué guardarlos. pon dos federicos a la vez! Porque si pones tan poco como estás poniendo y sale el zéro. ves? -prorrumpió la abuela al momento. volviéndose hacia mí con cara resplandeciente de satisfacción-. . ~¿Ves. abuela? -¡Al zéro. -¡Dios mío. no ganas nada. Vamos a ver. pon veinte de una vez. -Faites le jeu. de prisa. La bola volteó largo tiempo por la rueda y empezó por fin a rebotar sobre los orificios. ya te lo dije! Ha sido Dios mismo el que me ha inspirado para poner dos federicos de oro. nos hemos retrasado! ¡Van a darle a la rueda! ¡Haz la puesta. Aposté dos federicos de oro. me apretó la mano y. le entregan el dinero. cójalo. ¡Hala. -¿A qué lo pongo. -¡Abuela! -Pon ese dinero. abuela. sirviéndome del rastrillo. -Le alargaron un pesado paquete envuelto en papel azul con cincuenta federicos de oro y le dieron unos veinte sueltos. ponlo. de pronto. La abuela se quedó inmóvil. abuela -le dije al oído-. messieurs! Rien ne va plus? -anunció el banquero invitando a hacer posturas y preparándose para hacer girar la ruleta.

según el reglamento no está permitido apostar al zéro más de doce federicos de oro a la vez. Eso es lo que he puesto. Pon doce. -¡Otra vez. ~¿Cómo que no está permitido? ¿No me engañas? ¡Musié musié! -dijo tocando con el codo al crupier que estaba a su izquierda y que se disponía a hacer girar la ruleta-. -Abuela. así como suena. -¡Tontería. Giró la ruleta y salió e treinta. Me temblaban los brazos y las piernas. siguiendo sus vueltas. -Su agitación llegaba hasta el frenesí. -Oui. La rueda giró largo tiempo. -Le jeu estfait -gritó el crupier. Combien zéro? douze ? douze? Yo aclaré la pregunta en francés. abuela! A veces no sale en doscientas veces seguidas. la positiva anticipación de que al instante gritarían: zéro! -Zéro! -gritó el banquero. Habíamos perdido. no hay nada que hacer. madame -corroboró cortésmente el crupier puesto que según el reglamento ninguna puesta sencilla puede pasar de cuatro mil florines -agregó para mayor aclaración. Yo ya no la contradije y.-¡Pero serénese. otra vez! ¡Pon otra vez! -gritó la abuela. Le aseguro que todo el dinero se le irá en puestas. La abuela temblaba. . me martilleaba la cabeza. -Bien. puse otros doce federicos de oro. tontería! ¡Haz la puesta! ¡Hay que ver cómo le das a la lengua! Sé lo que hago. En su rostro brillaba la inquebrantable convicción de que ganaría. Lo sentí en ese mismo instante. -¡Ya ves! -exclamó la abuela con frenético júbilo. Yo también era jugador. «¿Pero de veras cree que ganará otra vez con el zéro? -pensaba yo mirándola perplejo. volviéndose a mí. encogiéndome de hombros.

ocho mil. Giró la rueda. no era eso lo que ocupaba su atención. pero en ello tampoco había nada asombroso. Dámelos. de un caso infrecuente: en unas diez jugadas había salido el zéro tres veces. como a cualquiera que ganaba una cantidad muy considerable. le liquidaron sus ganancias atenta y respetuosamente. -Rouge! -volvió a proclamar el banquero. A la abuela. por lo tanto. Esta vez. -Dame cuatro -decretó la abuela. Toda ella estaba concentrada en algo. lo que en una apuesta de cuatro mil florines venían a ser. Le tocaba cobrar cuatrocientos veinte federicos de oro. si así cabe decirlo. Yo mismo había sido testigo dos días antes de que habían salido tres zéros seguidos. Ni siquiera daba empujones ni temblaba visiblemente. -En total. esto es. Le entregaron los veinte federicos en oro y los cuatro mil florines en billetes de banco.y pon de nuevo cuatro al rojo. De nuevo aposté cuatro mil. y uno de los jugadores. ni que decir tiene. sin embargo. entonces toma y pon estos cuatro mil al rojo -ordenó la abuela. -Rouge! -anunció el banquero. que asiduamente apuntaba las jugadas en un papel. doce mil. Mete el oro aquí en el bolso y guarda los billetes.Se trataba. cuatro mil florines y veinte federicos de oro. . absorta en algo: -¡Aleksei Ivanovich! ¿Ha dicho ese hombre que sólo pueden apostarse cuatro mil florines como máximo en una jugada? Bueno. Era inútil tratar de disuadirla. temblaba por dentro. la abuela ya no llamaba a Potapych. Ganó otra vez. observó en voz alta que el día antes el zéro había salido sólo una vez en veinticuatro horas.

La abuela iba radiante. madame. sentados sin hacer nada! Potapych. no es eso? Yo indiqué que pasaba de siete y que al cambio actual quizá llegase a ocho. -Quelle victoire! -exclamó. él también estaba pasmado. y el general ya no temía que le comprometieran en público sus relaciones de parentesco con la extraña señora. -¡Como quien dice una broma! ¡Y vosotros aquí. Algunas damas de alto copete que habían presenciado el juego la observaban con la mayor perplejidad. Empujad la silla. desviado del grupo. -Mais. ¿Cuánto es esto en dinero nuestro? ¿Seis mil. Blanche con sonrisa seductora. como todos los demás espectadores. daba explicaciones acerca de ella a dos ingleses conocidos suyos. ¿Qué digo doce mil? ¿Y el oro? Con el oro llega casi hasta trece mil. Su triunfo había eclipsado mucho de lo excéntrico de su conducta. Felicitó a la abuela con una sonrisa indulgente en la que había algo familiar y festivo.-Basta. Marfa. ¿habéis visto? . todos señalaban a la abuela y hablaban de ella. como cuando se entretiene a un niño. Por otra parte. que me puse a ganar y he ganado doce mil florines. Des Grieux se deshizo en sonrisas y enhorabuenas. Capítulo 11 Empujaron la silla hasta la puerta que estaba al otro extremo de la sala. c'était du feu! -añadió mlle. Muchos pasaban junto a ella para verla más de cerca. Alrededor. como si fuera un bicho raro. era evidente que. pazguatos. -Pues sí. Mister Astley. A casa. Toda nuestra gente se congregó en torno suyo para felicitarla.

Éste estaba abochornado y se puso muy contento cuando llegamos a la avenida. ¡Levantadme y andando! Praskovya -dijo volviéndose a Polina Aleksandrovna-. y a ésa. -Dale también un federico de oro. que nos miraba. basta. aquí tenéis cada uno de vosotros cinco monedas de oro! Potapych y Marfa se precipitaron a besarle las manos. Aleksei Ivanovich.. mañana te compro un vestido. -Fedosya.. torciendo la boca en una sonrisa irónica que cambió con Des Grieux y el general.. Dáselos en oro. y haciendo aspavientos con la gorra y con una sonrisa servil en los labios.. Tradúcele eso. dale algo a ese mendigo! Por el camino venía un pelagatos. con eso nos lo quitamos de encima. ¿pero cómo ha hecho eso? ¡Ocho mil rublos! -exclamó Marfa retorciéndose de gusto. ... no es eso?. Aleksei Ivanovich. -Merci. bueno. ¿Por qué se inclina este lacayo? ¿Y este otro? ¿Me están felicitando? Dadles también a cada uno un federico de oro. ¡Eh. lo que es Fedosya sé que va a quedar asombrada -dijo la abuela acordándose de la niñera del general. No. dale dos.-Señora. -Madame la princesse. -¡Ea. Blanche con una amable reverencia. les princes russes sont si généreux -murmuraba lisonjero en torno a la silla un individuo bigotudo que vestía una levita ajada y un chaleco de color chillón. un pauvre expatrié. conocida suya-. ¿cómo se llama? ¿Mademoiselle Blanche. madame -dijo mlle.. encorvado de espalda. -Y entregad a cada uno de los cargadores un federico de oro.. le compro otro. También a ella hay que regalarle un vestido. Praskovya. malheur continuel.. Aleksei Ivanovich.

añadiendo luego a la frase una decena de juramentos. Aleksei Ivanovich. abuela. -Y vete derecho al zéro. ¡Ya verás! ¿Cuánto dinero tienes? -En total.-¡Dale un gulden. dáselo! Me llegué a él y se lo di. abuela? -grité. Aleksei Ivanovich. -¿Pues qué pensabas? ¿Que porque vosotros estáis aquí mano sobre mano y alicaídos. que vestía una especie de levita azul de ancho vuelo y que llevaba un largo bastón en la mano. un pobre. abuela. -¿Quiere usted jugar otra vez. cest une terrible vieille! -dijo entre dientes al general. Tenía aspecto de veterano del ejército. Esta vez se trataba de un viejo canoso. Tengo hambre. -Más tarde probaré sin falta. yo debo pasar el tiempo mirándoos? . te presto cincuenta federicos Tómalos de ese mismo rollo. Des Grieux frunció las cejas.Was ist’s der Teufel! -gritó. Pero cuando le alargué el gulden. pero tomó el gulden en silencio. con una pata de palo. no esperes. Ahora mismo a comer. -¿Y tú. sólo veinte federicos de oro. pero guardó silencio. ¡Y tú. dio un paso atrás y me miró amenazante. abuela. -¡Idiota! -exclamó la abuela despidiéndole con un gesto de la mano-. . -Pues vi que te ardían los ojos. Si quieres. amigo. Olía a vino. Él me miró con vivísima perplejidad. Sigamos adelante. Fue para éste un rudo golpe. -¡Un pobre. que no te doy nada! -dijo dirigiéndose de pronto al general. otro pobre! -gritó la abuela-. -Que diable. -No es mucho. no has probado fortuna todavía? -No. dale un gulden a éste también. luego me echo un rato y después volvemos allá.

Durante ésta. -La miré a usted. Y pensé: ¡Que la mismísima Madre de Dios la proteja! Recé por usted. y ya ve usted que el Señor se lo concedió. y le dije a Potapych ¿qué es lo que quiere hacer nuestra señora? Y en la mesa. sigo toda temblando. les chances peuvent tourner. Y no te olvides de mandarme un mediquillo. señora -dijo Marfa en un arranque-. surtout avec votre jeu. toda temblando.concédeselo. Blanche. lo llamó y empezó a hablar con vanidad de sus ganancias.-Mais. después de la comida. madame -dijo Des Grieux acercándose-. Fedosya y Marfa se desvivieron por atender a la señora. Es un hombre tan bueno.. -¿Y eso qué les importa a ustedes? No será su dinero el que pierda. ¿Dónde está ese mister Astley? -me preguntó. así como lo digo. -Aleksei Ivanovich. señora. y estaba temblando. Dios mío -pensé. a eso de las cuatro. ¡santos benditos! En mi vida he visto tanto dinero. Una vez en el hotel la abuela. Pero adiós por ahora. le regaló tres federicos de oro y le mandó que sirviera la comida. Procuraba imaginarme lo que sería ahora de nuestra gente y qué giro tomarían los acontecimientos. prepárate y vamos. dinero y más dinero. Y a lo mejor se te olvida. nada más que señorío. porque tengo que tomar las aguas. Me alejé de la abuela como si estuviera ebrio. -Se quedó en el Casino. abuela. une seule mauvaise chance et vous perdrez tout. encontrando en la escalera al Oberkellner. señora... con el corazón en la boca. Todavía sigo temblando. sino el mío.Vous perdrez absolument -gorjeó mlle. Y alrededor todo era señorío. ¿Pero de dónde viene todo este señorío? le pregunté a Potapych. Luego llamó a Fedosya. Veía claramente que ninguno . c'était terrible! . -Lo siento.

Mientras tanto. cada federico de oro que la abuela acababa de apostar había sido de seguro una puñalada en el corazón del general. con evidente atolondramiento y algo así como pasmo que los contagió a todos. comprometido en todos los asuntos del general. Un detalle más: a pesar de las ganancias y el regocijo. como un niño. presenciaron las ulteriores hazañas de la abuela en la ruleta. No la había perdido Des Grieux. este segundo factor era casi tan importante como el primero. La aparición de la abuela en vez del telegrama esperado de un momento a otro anunciando su muerte (y. porque aunque la abuela había repetido dos veces que no daría dinero al general. Dios mío. que Dios me perdone. acabaría por perder hasta las pestañas. Pero ahora. había hecho rabiar a Des Grieux y puesto a mademoiselle de Cominges al borde del frenesí. porque estaba contenta.de ellos (y. con hilaridad rencorosa). que también andaba en ellos (¡cómo no! generala y con una herencia considerable). tampoco perdería la esperanza y usaría con la abuela de todos los hechizos de la coquetería. de «haber dado el golpe» y. la herencia) quebrantó el esquema de sus designios y acuerdos hasta el punto de que. pensaba yo (y. en contraste con las rígidas y desmañadas muestras de afecto de la altanera Polina. cuando la abuela repartía dinero entre todos y tomaba a cada . porque para ella era como quedarse con la miel en los labios. Yo estaba seguro de que mademoiselle Blanche. ahora que la abuela había realizado tales hazañas en la ruleta. Dios mío. ¿quién podía asegurar que así fuera? De todos modos no convenía perder aún la esperanza. ahora quizá todo estaba perdido. como sucede en tales casos. ahora que la personalidad de la abuela se dibujaba tan nítida y típicamente (una vieja testaruda y mandona y tombée en enfance). por lo tanto. el general) se había repuesto todavía de la primera impresión. en particular.

lejos de la propia. pero confieso que no era su suerte lo que me traía de cabeza. ¡Ah. que no conocía todas las trazas y secretos del juego. sin embargo. ocultaba muchas cosas! En todo caso. apenas me preocupaba de lo que podía pasar. implicado también en todo ello. Todo ello me preocupaba hondamente. casi siempre después de tales confidencias. sin trabajo y sin medios de subsistencia. sin esperanza. me hallaba en tierra extraña. peligroso! Yo llevaba la cabeza llena de cavilaciones de esta índole cuando desde la habitación de la abuela subía por la escalera principal a mi cuchitril. los más gruesos. no me sentía inquieto. Pero Polina me inquietaba. Yo quería penetrar en sus secretos. no te doy nada!». me hubiera entregado sin más al interés cómico en el próximo desenlace y me hubiera reído a mandíbula batiente. pero si . yo había notado que con frecuencia. mejor dicho. que se había prometido a sí misma mantenerse en sus trece. lo cierto era.transeúnte por un mendigo. sin embargo. Yo deseaba que viniera a mí y me dijera: «Te quiero». presentía que su suerte iba a decidirse. que enlazaban a los actores. Una conmoción más y todo quedaría concluido y al descubierto. seguía diciendo con desgaire al general: «¡A ti. en el último piso. me descubría su corazón. o lo tergiversaba y le daba de propósito un tono de embuste. Si no hubiera sido por Polina. sin embargo. como a regañadientes. y. Polina nunca se había sincerado plenamente conmigo. Aunque ya antes había podido vislumbrar los hilos principales. sin posibilidades. que no cambiaría de actitud. se burlaba de lo dicho. Era raro mi estado de ánimo: en el bolsillo tenía en total veinte federicos de oro. yo presentía que se acercaba el fin de esta situación misteriosa y tirante. Ello suponía que estaba encastillada en esa idea. Aunque era cierto que de cuando en cuando. En cuanto a mí. ¡Era peligroso.

corriendo a buscar a mister Astley. acabo de sentir como un empellón en el costado.. Es como si usted exhalara algo así como un fluido eléctrico. No terminó la frase.. Ni siquiera deseaba averiguar sobre qué . formando parte de una cabalgata de ingleses de ambos sexos. ~¿A mister Astley? -pregunté con asombro.. pero sospecho que mister Astley. conque cartitas tenemos! -Fui. Cuanto antes. Pero Polina ya había cerrado la puerta. adrede. donde recorrí todas las salas. por supuesto. en su aureola. por último. sólo ambicionaba estar junto a ella. toda la vida. Iba a caballo.. me sentía deshecho de ánimo. -¡Hola. Le hice una seña. Miro a mi alrededor y ahí estaba usted.. No hace falta contestación. irritado. Se diría que me había estado esperando y al momento me hizo seña de que me acercara. primero en su hotel. ¿Y acaso podía apartarme de ella? En el tercer piso.. y. ¿Me atormentaban los celos? En todo caso. se lo ruego. sentí algo así como un empujón. desesperado. Me volví y a veinte pasos o más de mí vi a Polina que salía de su habitación. ¿qué cabía desear? ¿Acaso sabía yo mismo lo que quería? Me sentía despistado. tropecé con él inopinadamente. eternamente. -Polina Aleks.eso no podía ser. Fuera de eso no sabía nada. No tuvimos tiempo ni para mirarnos. -¡Más bajo! -me advirtió. camino ya de casa. donde no lo hallé. probablemente sin haber oído lo que le había dicho. -Tome esta carta -dijo Polina pensativa y ceñuda. entonces. si era una locura inconcebible. se detuvo y le entregué la carta.y en seguida entréguesela en propia mano a mister Astley. Él mismo. -Figúrese -murmuré-. en su nimbo. en el corredor de ellos. espoleó en seguida a su montura. luego en el Casino. siempre.

utilizada sólo para cubrir las apariencias. ¡Con que él era su confidente! «Amigo. esa sonrisa francesa repugnante. y hasta la puerta del gabinete estaba cerrada. aunque un tanto maquinalmente. El asunto se complicaba de modo desagradable. Sin contar que la madre apenas sabía nada de los negocios de su supuesta hija. Apenas entré en el hotel cuando el conserje y el Oberkellner. pero cuando era cosa de bregar con un asunto de verdad. los tres parecieron serenarse y dominarse. que tanto detesto. Al entrar yo. que salía de su habitación. El acongojado y decaído general tomó un aire digno. también esto quedaba por aclarar. por sí solo. Cuando me acerqué a la puerta oí voces destempladas -las palabras insolentes y mordaces de Des Grieux. De todos modos. que se me andaba buscando y que se había mandado tres veces a averiguar dónde estaba. sin la madre. Des Grieux y mademoiselle Blanche. Des Grieux se alisó los cabellos y de su rostro airado sacó una sonrisa. se estaba disculpando de algo-. Sólo mademoiselle Blanche mantuvo . abusivos y furiosos de Blanche y la voz quejumbrosa del general. los gritos descarados. ahora bien. Estaba claro que la madre era postiza. sola. oficialmente cortés. lo que se dice amigo -pensaba yo-.se escribían. Yo estaba de pésimo humor. además de éste. y me pidieron que me presentara cuanto antes en la habitación del general. está claro que lo es (pero ¿cuándo ha tenido tiempo para llegar a serlo?). ¿hay aquí amor? Claro que no» -me susurraba el sentido común. Pero el sentido común. quien. por lo visto. no basta en tales circunstancias. lo cual nunca había ocurrido antes. entonces mademoiselle Blanche se las arreglaba sola. En el gabinete del general se encontraban. Los tres estaban discutiendo acaloradamente de algo. me hicieron saber que se preguntaba por mí.

Calló.. entonces. sin contestar siquiera a mis saludos.. mejor dicho.. advertirle.. -¡Y entonces -corroboró el general-. ¡Usted mismo vio cómo juega.. -Eh! ce n'est pas ça! -interrumpió Des Grieux irritado y desdeñosamente. Uso de propósito esa expresión. -Perdone. en una palabra.. Usted mismo sabe algo de ello.. porque no tiene parientes más allegados. y en tales circunstancias nunca se recobra lo perdido. Le diré a usted con franqueza que mis asuntos van mal.inalterada su fisonomía. por porfía. -¿Pero qué puedo yo hacer? ¿Qué puedo? -interrumpí. en una palabra. rematadamente mal. notre cher général se trompe.. Debo apuntar que hasta entonces me había tratado con la más absoluta indiferencia. como si no se percatara de mi presencia.. al adoptar ese tono -continuaré sus comentarios en ruso-. Si ella pierde una suma considerable o ¿quién sabe? toda su hacienda (¡Dios no lo . y entonces.. que somos sus herederos. y seguirá jugando y jugando. pero es que va a perder. pero él quería decirle. perderá hasta la camisa. que no le arruine). que chispeaba de cólera. permita que le indique que es extraño. sumamente extraño. su conducta conmigo y con mi familia. Mon cher monsieur.. por terquedad. entonces arruinará usted a toda la familia! A mí y a mi familia. -Aleksei Ivanovich -dijo el general en un tono de suave reconvención-.. usted se propone ser el guía (¿o cómo llamarlo?) de esa vieja. sumamente extraño. que.. fijando en mí su mirada con impaciente expectación.. o. cette pauvre terrible vieille -el propio Des Grieux perdía el hilo-.. rogarle encarecidamente que no le arruine (eso. es decir... usted mismo fue testigo de ello! Si empieza a perder no se apartará de la mesa.. (Estaba claro que era él quien llevaba la voz cantante)-.

-¿Y cómo voy a hacer eso? Si usted mismo se ocupase de eso. ¡Qué demonio! Ese rostro diabólico sabía transfigurarse en un segundo. general. algo revelador que no pudo reprimir.. como último recurso. Si por acaso. Por la cara de éste pasó fugazmente algo peculiar. Des Grieux lanzó una mirada rápida y significativa a mademoiselle Blanche. -agregué con la mayor inocencia... pero al menos amonéstela.. sálvenos! -Pero dígame. me cogió ambas manos y me las apretó con fuerza. ? ¿Qué papel hago yo en esto? -¡Niéguese. distráigala de algún modo. ¡En ese momento tomó un aspecto tan suplicante. se diría que . ardiente e inquisitiva que mademoiselle Blanche dirigió a Des Grieux. de mis hijos? (el general volvió los ojos a Des Grieux).. que diable! No. ce n’est pas ça -atajó de nuevo Des Grieux-. cómo puedo . soyez si bon -la propia mademoiselle Blanche dio un paso hacia mí sonriendo encantadoramente. no la abandone.. sálvenos usted. -¡Ahí está la cosa. niéguese a ir con ella! ¡Déjela! -¡Encontrará a otro! -exclamé. a hurtadillas de los demás. ¿cómo puedo yo..quiera! ). no la deje perder demasiado. que por ahora no me aceptará! -exclamó Des Grieux gesticulando con la mano-. trate de persuadirla. y.) ¡Aleksei Ivanovich. monsieur Des Grieux. se sonreía de manera tan candorosa y aun tan pícara! Al terminar la frase me hizo un guiño disimulado. -O mon cher monsieur Alexis... tan atrayente. apártela del juego. ¿qué será entonces de ellos. En ese momento noté una mirada rápida.. más tarde. ¿qué será de mi? (Miró a mademoiselle Blanche que con desprecio le volvió la espalda. -Ce n’est pas la.

quería rematarme allí mismo. Y no salió del todo mal, sólo que todo ello era grosero y, por añadidura, horrible. Tras ella vino trotando el general, así como lo digo, trotando. -Aleksei Ivanovich, perdóneme por haber empezado a decirle hace un momento lo que de ningún modo me proponía decirle... Le ruego, le imploro, se lo pido a la rusa, inclinándome ante usted... ¡Usted y sólo usted puede salvarnos! Mlle. Blanche y yo se lo rogamos... ¿Usted me comprende, no es verdad que me comprende? -imploró, señalándome con los ojos a mademoiselle Blanche. Daba lástima. En ese instante se oyeron tres golpes leves y respetuosos en la puerta. Abrieron. Había llamado el camarero de servicio. Unos pasos detrás de él estaba Potapych. Venían de parte de la abuela, quien los había mandado a buscarme y llevarme a ella en seguida. Estaba «enfadada», aclaró Potapych. -¡Pero si son sólo las tres y media! -La señora no ha podido dormir; no hacía más que dar vueltas; y de pronto se levantó,,pidió la silla y mandó a buscarle a usted. Ya está en el pórtico del hotel. ~Quelle mégére! -exclamó Des Grieux. En efecto, encontré a la abuela en el pórtico, consumida de impaciencia porque yo no estaba allí. No había podido aguantar hasta las cuatro. -¡Hala, levantadme! -chilló, y de nuevo nos pusimos en camino hacia la ruleta. Capítulo 12 La abuela estaba de humor impaciente e irritable; era evidente que la ruleta le había causado honda impresión.

Estaba inatenta para todo lo demás, y en general, muy distraída; durante el camino, por ejemplo, no hizo una sola pregunta como las que había hecho antes. Viendo un magnífico carruaje que pasó junto a nosotros como una exhalación apenas levantó la mano y preguntó: «¿Qué es eso? ¿De quién?», pero sin atender por lo visto a mi respuesta. Su ensimismamiento se veía interrumpido de continuo por gestos y estremecimientos abruptos e impacientes. Cuando ya cerca del Casino le mostré desde lejos al barón y a la baronesa de Burmerhelm, los miró abstraída y dijo con completa indiferencia: «¡Ah!». Se volvió de pronto a Potapych y Marfa, que venían detrás, y les dijo secamente: -Vamos a ver, ¿por qué me venís siguiendo? ¡No voy a traeros todas las veces! ¡Idos a casa! Contigo me basta -añadió dirigiéndose a mí cuando los otros se apresuraron a despedirse y volvieron sobre sus pasos. En el Casino ya esperaban a la abuela. Al momento le hicieron sitio en el mismo lugar de antes, junto al crupier. Se me antoja que estos crupieres, siempre tan finos y tan empeñados en no parecer sino empleados ordinarios a quienes les da igual que la banca gane o pierda, no son en realidad indiferentes a que la banca pierda, y por supuesto reciben instrucciones para atraer jugadores y aumentar los beneficios oficiales; a este fin reciben sin duda premios y gratificaciones. Sea como fuere, miraban ya a la abuela como víctima. Acabó por suceder lo que veníamos temiendo. He aquí cómo pasó la cosa. La abuela se lanzó sin más sobre el zéro y me mandó apostar a él doce federicos de oro. Se hicieron una, dos, tres posturas... y el zéro no salió. « ¡Haz la puesta, hazla! »-decía la abuela dándome codazos de impaciencia. Yo obedecí.

-¿Cuántas puestas has hecho? -preguntó, rechinando los dientes de ansiedad. -Doce, abuela. He apostado ciento cuarenta y cuatro federicos de oro. Le digo a usted que quizá hasta la noche... -¡Cállate! -me interrumpió-. Apuesta al zéro y pon al mismo tiempo mil gulden al rojo. Aquí tienes el billete. Salió el rojo, pero esta vez falló el zéro; le entregaron mil gulden. -¿Ves, ves? -murmuró la abuela-. Nos han devuelto casi todo lo apostado. Apuesta de nuevo al zéro; apostaremos diez veces más a él y entonces lo dejamos. Pero a la quinta vez la abuela acabó por cansarse. -¡Manda ese zéro asqueroso a la porra! ¡Ahora pon esos cuatro mil gulden al rojo! -ordenó. -¡Abuela, eso es mucho! ¿Y qué, si no sale el rojo? -le dije en tono de súplica; pero la abuela casi me molió a golpes. (En efecto, me daba tales codazos que parecía que se estaba peleando conmigo.) No había nada que hacer. Aposté al rojo los cuatro mil gulden que ganamos esa mañana. Giró la rueda. La abuela, tranquila y orgullosa, se enderezó en su silla sin dudar de que ganaría irremisiblemente. -Zéro -anunció el crupier. Al principio la abuela no comprendió; pero cuando vio que el crupier recogía sus cuatro mil gulden junto con todo lo demás que había en la mesa, y se dio cuenta de que el zéro, que no había salido en tanto tiempo y al que habíamos apostado en vano casi doscientos federicos de oro, había salido como de propósito tan pronto como ella lo había insultado y abandonado,, dio un suspiro y extendió los brazos con gesto que abarcaba toda la sala. En torno suyo rompieron a reír.

-¡Por vida de ... ! ¡Conque ha asomado ese maldito! -aulló la abuela-. ¡Pero se habrá visto qué condenado! ¡Tú tienes la culpa! ¡Tú! -y se echó sobre mí con saña, empujándome-. ¡Tú me lo quitaste de la cabeza! -Abuela, yo le dije lo que dicta el sentido común. ¿Acaso puedo yo responder de las probabilidades? -¡Ya te daré yo probabilidades! -murmuró en tono amenazador-. ¡Vete de aquí! -Adiós, abuela -y me volví para marcharme. -¡Aleksei Ivanovich, Aleksei Ivanovich, quédate! ¿Adónde vas? ¿Pero qué tienes? ¿Enfadado, eh? ¡Tonto! ¡Quédate, quédate, no te sulfures! La tonta soy yo. Pero dime, ¿qué hacemos ahora? -Abuela, no me atrevo a aconsejarla porque me echará usted la culpa. Juegue sola. Usted decide qué puesta hay que hacer y yo la hago. - ¡Bueno, bueno! Pon otros cuatro mil gulden al rojo. Aquí tienes el monedero. Tómalos. -Sacó del bolso el monedero y me lo dio-. ¡Hala, tómalos! Ahí hay veinte mil rublos en dinero contante. -Abuela -dije en voz baja-, una suma tan enorme... -Que me muera si no gano todo lo perdido... ¡Apuesta! -Apostamos y perdimos. -¡Apuesta, apuesta los ocho mil! -¡No se puede, abuela, el máximo son cuatro mil!... -¡Pues pon cuatro! Esta vez ganamos. La abuela se animó. «¿Ves, ves? -dijo dándome con el codo-. ¡Pon cuatro otra vez!» Apostamos y perdimos; luego perdimos dos veces más. -Abuela, hemos perdido los doce mil -le indiqué. -Ya veo que los hemos perdido -dijo ella con tono de furia tranquila, si así cabe decirlo-; lo veo, amigo, lo veo -murmuró

a la entrada de la avenida. ¡Llama a esos gandules! Aparté la silla. Pero en la glorieta. de prisa. -¡Bueno. y encima doce mil gulden de su propio dinero.. todo el que usted quiera! Pero de lo que perdería usted en el cambio se asustaría un judío. aparecieron los cargadores y salimos del Casino. abuela. ¿Queda lejos? -Está a dos pasos. Des Grieux se me acercó. «¡De prisa. -¿Hay aquí agencias de cambio? Me dijeron que podría cambiar todo nuestro papel -preguntó la abuela sin pararse en barras. pero no hay dinero. Des Grieux y mlle. bueno.mirando ante sí. de prisa!» -ordenó la abuela-. ¡Ay. .. inmóvil y como cavilando algo-. Aleksei Ivanovich. Ahora vamos a cambiar unos certificados del cinco por ciento -le dije rápidamente por lo bajo. Llévame. Polina Aleksandrovna no estaba con ellos. abuela.¡Oh. salió a nuestro encuentro toda nuestra pandilla: el general. ni tampoco mister Astley. abuela. En la cartera hay unos certificados rusos del cinco por ciento y algunas libranzas. Pero ¿qué queréis? ¡No tengo tiempo que perder con vosotros ahora! Yo iba detrás.. Enseña el camino. y llévame por el más corto. ! ¡Pon otros cuatro mil gulden! -No queda dinero. Blanche con su madre. bueno! ¡No hay que detenerse! -gritó la abuela-. . que me muero si no . -¿Y en el bolso? -Calderilla.. -Ha perdido todo lo que había ganado antes. -¡Tontería! Voy a ganar todo lo perdido.

como es sabido.. sur l'herbe fraîche -agregó Des Grieux con vivacidad brutal..Des Grieux dio una patada en el suelo y corrió a informar al general. La abuela les miró con ira y ellos tomaron el camino del Casino. -¡Hemos llegado. ahora mismo.. -¡A ver quién es el guapo que la detiene! -le contesté también con un susurro. -¡Y tú también.. -¡Quítate allá con tu cúspide! -le dijo con enojo la abuela.. He dicho que no tengo tiempo que perder. dile al cambista que venga aquí. Nosotros continuamos nuestro camino con la abuela. Entré a cambiar y la abuela se quedó a la puerta. ¡En fin. ¿Y por qué me importunáis? -gritó la abuela-.. -¡Tía! -dijo el general acercándose-. en esto consiste.. de I'herbe fraiche -esto es lo que un burgués de París considera como lo más idílico. casualmente ahora mismo.. tía. tomaremos el té. su visión de «la nature et la vérité». -¡Deténgala. . Espera. Me propusieron una tarifa de cambio tan atroz que no me decidí a aceptarla y salí a pedir instrucciones a la abuela. quítate allá con tu leche! ¡Bébetela tú mismo. veníamos a invitarla a usted. deténgala! -me susurró el general con frenesí. Una vista espléndida. el general y mademoiselle Blanche se mantuvieron apartados sin saber qué hacer. -le temblaba la voz y se le quebrabaíbamos a alquilar caballos para ir de excursión al campo... -Allí hay árboles.. -prosiguió el general.. -¡Qué ladrones! -exclamó levantando los brazos-.. una cúspide. -Nous boirons du lait.. indicándole con un gesto que se apartara.. Du laít. Des Grieux. presa de la mayor desesperación. Llegamos a la casa donde estaba la agencia de cambio. abuela! -dije-.. no hay nada que hacer! ¡Cambia! -gritó con resolución-. Es aquí. que a mí me da dolor de vientre.

no hay tiempo que perder. pero era horrible. Por último. No recuerdo con exactitud la tarifa que fijaron. le reprochó largo rato y en voz alta por lo que consideraba una estafa y estuvo regateando con él en una mezcla de ruso. Si en lugar de diez hubiéramos apostado cuatro mil. -¡Bueno. muy enojada. a cuya traducción ayudaba yo.. de prisa! Nunca más volveré a apostar a ese condenado zéro. bueno. Pero estaba tan impaciente que. tú solo! . fue del todo imposible refrenarla a la hora de jugar. dalo mismo. Me dieron un total de doce mil florines en oro y billetes. si bien accedió al principio. no hay tiempo para contarlo -gesticuló con los brazos-. de prisa.-¿Uno cualquiera de los empleados. sacudiendo en silencio la cabeza. -El empleado dice que otros darán menos. para persuadirla de que cuando cambiara la suerte habría tiempo de apostar una cantidad considerable. se puso a darme con el codo: -¡Bueno. La abuela. ya ves! Hemos ganado. ¡Ojalá se le atragante mi dinero! Que te lo cambie Aleksei Ivanovich. ya ves.. Esta vez hice todo lo posible para que apostara cantidades más pequeñas. empezó a sonreírse. ¿Y ahora qué? ¡Tú tienes la culpa. ¡Qué ladrones! El empleado consintió en salir cuando supo que quien lo llamaba era una condesa anciana e impedida que no podía andar. No bien empezó a ganar posturas de diez o veinte federicos de oro. y además habría que ir a otro sitio. A la abuela la observaba con una curiosidad tan intensa que rayaba en descortesía. -Bueno. abuela? -Cualquiera. Tomé el paquete y se lo llevé a la abuela. ¡de prisa. francés y alemán. ni al rojo tampoco -dijo cuando llegábamos al Casino. andando! -exclamó la abuela-. El empleado nos miraba gravemente. habríamos ganado cuatro mil.

-Madame.. ¡Pobre general! Empalidecía. no. empezó a citar cifras. Blanche y el principito se fueron por fin y el general salió corriendo tras ellos. fuera! ¡No dices más que tonterías! «Madame. uno a uno o en . dijo que era preciso anticipar las probabilidades. decidí por fin callarme y no darle más consejos.. Yo había notado que mademoiselle Blanche se hallaba un poco aparte con su madre y que coqueteaba con el príncipe.Y aunque irritado por su manera de jugar. -Bien. fuera. madame» y ni él mismo entiende jota de esto. La abuela acabó por perder la paciencia. Madame. Los tres estaban allí al lado. madame -murmuró Des Grieux. Des Grieux quería disuadirla de hacer posturas grandes. no es posible. apuntaba a la mesa y señalaba algo con el dedo. enséñeme! -contestó la abuela. volviéndose a él. la abuela no entendía nada. El general estaba claramente en desgracia. cogió un lápiz y se dispuso a apuntar unos números en un papel. aunque él revoloteaba en torno a ella a más y mejor. Vamos a ver: quizá salga en efecto. De pronto Des Grieux se puso a parlotear rápidamente en francés. haz una puesta como dice -me ordenó la abuela-. a dar consejos. casi pegándose al oído de la abuela-. empezando de nuevo a empujar y apuntar con el dedo. ¿cómo entonces? ¡Vamos.. casi postergado.. madame -murmuró Des Grieux con voz melosa. -¡Vamos. temblaba y hasta apartaba los ojos del juego de la abuela. a agitarse. De pronto se acercó Des Grieux. ¡Fuera! -Mais. Blanche ni siquiera le miraba. enrojecía. por último. esa apuesta no resultará. ¡no! -Bueno. Sugería que se apostase a dos números. -dijo chapurreando el ruso-. Él se volvía continuamente a mí para que tradujera. no...

. -¿Y a ti qué te importa? Cada mochuelo a su olivo. fuera! ¡No entiende jota y se mete donde no le llaman! Des Grieux. miró despreciativamente a la abuela y se fue. cinco federicos de oro en los números del doce al dieciocho y cuatro del dieciocho al veinticuatro. lo perdimos todo. ¡Vaya franchute asqueroso! ¡Y el monstruo se las da de consejero! ¡Fuera.grupos. A él mismo le daba vergüenza de haberse entrometido. En ella. todo el equipaje. Lo perdimos todo. ~¡A casa! -gritó la abuela. «Zéro» -gritó el banquero. terriblemente ofendido. En total aposté dieciséis federicos de oro. prepáralo todo. tratando probablemente de ayudar en algo. levantando los brazos con gesto conmovedor. prorrumpió en exclamaciones: -¡Qué imbécil! ¡Qué mentecata! ¡Eres una vieja. Al cabo de una hora. y cuando ya llegábamos al hotel. Siguiendo sus indicaciones puse un federico de oro en cada uno de los doce primeros números impares. se encogió de hombros. Giró la rueda. una vieja idiota! No bien llegamos a sus habitaciones gritó: « ¡Que me traigan té. -¡Valiente majadero! -exclamó la abuela dirigiéndose a Des Grieux-. ¡Nos volvemos a Moscú! He despilfarrado quince mil rublos. que nos vamos!». señora! ¡Dios mío! -exclamó Potapych. a pesar de nuestros esfuerzos. Potapych. y a prepararse en seguida. -¿Adónde piensa ir la señora? -se aventuró a preguntar Marfa. No dijo palabra hasta llegar a la avenida. pero no había podido contenerse. -¡Quince mil.

hala! -El próximo tren sale a las nueve y media. Pongamos. bueno. -Elle vivra cent ans! -le gritó al general desde la puerta. pero de pronto lanzó una carcajada y se marchó. Cuando volví al hotel media hora después encontré a toda la pandilla en la habitación de la abuela. qué necesitas? -dijo dirigiéndose a mademoiselle Blanche-. De lo contrario no habrá con qué pagar el viaje. abuela -indiqué yo para poner fin a su arrebato. que su fortuna se salvaba con ese regreso. pronto. Se hallaban todos ante la anciana. -¡Qué fastidio! En fin. . -¿Y qué hora es ahora? -Las siete y media. Ve corriendo al mismo sitio y cámbialos también. mademoiselle Blanche no esperaría hasta que muriera la abuela y escurriría el bulto con el príncipe o con otro cualquiera. La abuela les increpaba con furia. pero ¿qué iba a ser ahora del general? ¿Quién iba a pagar a Des Grieux? Por supuesto. ¿Y tú. Aleksei Ivanovich. -¡Dejadme en paz. tonto! ¡Ya ha empezado a lloriquear! ¡Silencio! ¡Prepara las cosas! ¡La cuenta. consolándola y tratando de persuadirla. Aquí tienes estos dos billetes. ¿A qué viene ese mariposeo? -¡Diantre! -murmuré mademoiselle Blanche con los ojos brillantes de rabia. demonios! ¿A vosotros qué os importa? ¿Qué quiere conmigo ese barba de chivo? -gritó a Des Grieux-.-¡Bueno. no me queda un kopek. sí. Tampoco esta vez estaba Polina presente. La noticia de que ésta salía inmediatamente para Moscú pareció inquietarles aún más que la de las pérdidas de juego que había sufrido. Salí a cambiarlos. pájara. es igual.

Durante todo este tiempo Polina había permanecido en su cuarto con los niños y. ¿cómo se llama. y de lo pasado tampoco quiero acordarme. esa mujerzuela. Cinco minutos después Marfa volvió con Polina. porque a él.-¡Ah!. Dicen que ella tiene un montón de dinero que da a usura y que ha amasado una fortuna. -Praskovya -comenzó diciendo la abuela-. Yo. sin dinero. triste y preocupado.. Está muy pagado de su generalato (al que le ascendieron de coronel cuando pasó al retiro) y no hace más que pavonearse. ¡una avispa! que picas hasta levantar verdugones. Lo comprendo todo. se inclinó y salió. al parecer. Sé que tienes un humorcillo ruin. a juzgar por lo que dice la propia mademoiselle Blanche. Esperaban la herencia. lo sé todo. -Llama a Praskovya -ordenó la abuela a Marfa. había resuelto no salir de él en todo el día. y siempre le he tenido por hombre superficial y liviano. Su rostro estaba grave.. Aleksei Ivanovich! ¿A ellos qué les importa? ¡Me he jugado lo mío. ¿es verdad? -No sé nada de ello con certeza. A ti. pero. que no estima necesario ocultar nada. Siempre he pensado que le sucedería algo así. -¡Basta! -interrumpió la abuela con energía-. saco la impresión. Praskovya. querida. no? ¿O algo peor todavía? Dime. mayormente cuando tiene dientes postizos. Des Grieux se fue tras él. no lo vuestro! El general se encogió de hombros. ¡Fuera de aquí! ¡Échalos a todos. de Cominges? no le aceptaría ni como lacayo. pero te tengo lástima porque . que ese imbécil de padrastro tuyo quiere casarse con esa gabacha frívola? ¿Es actriz. ¿conque contabas con mi muerte? -aulló la abuela al general-. no te culpo. no fuiste tú la que mandó los telegramas. abuela -respondió Colina-. ¿es cierto lo que he oído indirectamente. cómo enviasteis un telegrama tras otro a Moscú preguntando «si la vieja estiraría pronto la pata».

Bueno... como. ¡y créame ... -Lo que significa que no quieres. por supuesto. vino usted a beberlas. -¿Es que estoy bromeando. Tengo casa en Moscú. que no he acabado todavía! No te exigiré nada. Lo haces adrede. como efectivamente puede ocurrir que queden abandonados.. y no puedo decidirme en este instante mismo. importantes... pues . quieres o no? -Permita que le pregunte primero si de veras quiere usted irse en seguida. si nos recoge usted a los pequeños y a mí. al fin y al cabo. una iglesia de madera. me voy a construir esa iglesia. pero ahora de momento hay motivos.. abuela. Hoy he despilfarrado quince mil rublos en vuestra condenada ruleta. y como. no puedo dejar a mi hermano y mi hermana.. y en lugar de eso me he jugado el dinero aquí. entonces sí. Hace cinco años hice la promesa de reedificar en piedra. en las afueras de Moscú. el refugio que me ofrece. ¿te animas? Deja todo esto de aquí y vente conmigo. un palacio donde puedes ocupar un piso entero y no venir a verme durante semanas y semanas si no te gusta mi genio. -¿Y las aguas. abuela? Porque. y ahora es indecoroso que estés con ellos. Si se quedara usted un par de semanas más. abuela -dijo Polina emocionada-. ¡Espera -interrumpió la abuela cuando Polina iba a contestar-. ¿no es verdad? Dime. que en paz descanse. créame.. como sabes. ¿te vienes o no? -Le agradezco mucho.. Praskovya. Ahora nina. -¡Quítate allá con tus aguas! No me irrites. iré a reunirme con usted. Le estoy tan agradecida que. iré a reunirme con usted y quizá pronto. En parte ha adivinado mi situación. -Lo que significa que no puedo. ¿Qué. En todo caso. pero mucho. En realidad no tienes donde meterte. .quería a tu madre Katerina. además.. niña? He dicho que me voy y me voy.

pero me da vergüenza. abuela. ten cuidado de que no ocurra nada malo. ya encontraremos también sitio para esos polluelos: un gallinero grande. cuando andes sin colocación. -Muy agradecido. me daría lástima de ti. la acompañaré a usted -dijo Polina. Yo por mi parte me sobresalté. ya es hora de que estén en la escuela. -Bueno. No voy a cotillear. Más hubiera valido no haberos visto a ninguno de vosotros. pero en tono tan enérgico y amenazador que no me atreví a objetar y tomé el dinero.que haré merecimientos para ello! -añadió con ardor-. vamos! -gritó la abuela. -Bueno. vaya. no gimotees (Polina no pensaba en gimotear y no lloraba nunca). -¡Vamos.. Al pasar junto a mí. Pienso que te habrás cansado de mi compañía. vete! ¡Adiós! -Abuela. Praskovya. déjame en paz. Ese franchute no procurará tu bien. toma estos cincuenta federicos de oro. no frunzas el entrecejo. Polina besó la mano a la abuela. pues. Sólo falta una hora para la salida del tren. ¿entiendes? Eres una chica lista. ¡Ahora. ven a verme.. Ahora bien. pues sé por qué no te vienes. Aleksei Ivanovich. Vamos. el único que no sabe nada!). basta. adiós a ti también. Creo que pasé media hora boca arriba. -No es preciso. Praskovya. mira. fuera de aquí! Fui a mi habitación y me eché en la cama. Además. pero sin los niños no puedo. con las manos cruzadas bajo la . Bueno. pero ésta retiró la mano y besó a Polina en la mejilla. te deseo buena suerte. Lo sé todo. (¡Todos lo saben! ¡Yo soy. -Vaya. -En Moscú. todos vosotros me fastidiáis. ¿De modo que no te vienes ahora? Bueno. ¡Anda..Polina me lanzó una rápida ojeada y en seguida apartó los ojos. Te recomendaré a alguien. Polina enrojeció.

la señora pide que vaya usted a verla. -Aleksei Ivanovich. ve tú delante. Sacaban ya a la abuela al pasillo. -¿Qué pasa? ¿Se va. «¡De prisa. Antonida Vasilyevna! Aquí tiene sus cincuenta federicos de oro. ¡andando! -¿Adónde. -Aleksei Ivanovich. es decir. qué pareja! Todo ello era sencillamente increíble. y no quiero hacerlo. Decidí hablar en serio con Polina al día siguiente. no puede estarse quieta. ¡Ah. de prisa! ». De pronto di un salto y salí como loco en busca de míster Astley para hacerle hablar fuera como fuera. era verdad! ¿Pero qué podía haber en ello? ¿Polina y Des Grieux? ¡Dios. No quiero ser ni testigo ni participante. -Está intranquila.cabeza. y nada de preguntas! ¿Allí se juega hasta medianoche? Me quedé estupefacto. Miré y era Potapych. abuela? -¡Que me muera si no gano lo perdido! ¡Vamos. el franchute! ¡Así. Antonida Vasilyevna. -¿Y eso por qué? ¿Qué hay de nuevo ahora? ¿Qué mosca os ha picado? -Haga lo que guste. Por Dios santo. Se había producido ya la catástrofe y había en qué pensar. no se retrase. pero después yo mismo me reprocharía. pensé un momento. -Haga lo que le plazca. ¡No me eche usted esa carga encima. en marcha. Tenía el bolso en la mano. Por supuesto que de todo ello sabía más que yo. y en seguida tomé una decisión. ¡Adiós! –y . no? Faltan todavía veinte minutos para la salida del tren. que viniera a buscarle a usted. pues. pero yo no voy. ¿Míster Astley? ¡He ahí otro misterio para mí! Pero de repente alguien llamó a mi puerta. Bajé corriendo al momento.

levantadme y andando! No hallé a míster Astley y volví a casa. y quien estuvo continuamente dirigiendo su juego. lo vi con mis propios ojos. y todo el mundo alrededor se echó a reír. que quizá yo misma encuentre el camino. señor. Para mayor desdicha. Estaba rendida. Lo perdió todo. y se durmió en un tris. así como lo oye usted. éste entendía el ruso e incluso chapurreaba una mezcla de tres idiomas. Perdió todo lo que poco antes yo le había cambiado. diez mil rublos más en moneda rusa. -¡Valiente tontería! -exclamó la abuela tras mí-. pero pronto lo despidió.poniendo el paquete con el dinero en la mesita junto a la silla de la abuela. En el casino se pegó a sus faldas el mismo polaquillo a quien antes había dado dos federicos de oro. mandó hacer las posturas a Potapych. claro. ¡Potapych. que no miento. de modo que hasta cierto punto se entendían. -Pero ¿cómo compararle con usted. Trajimos aquí a la señora.estuvo robándole lo que estaba allí mismo en la mesa. aunque él decía de continuo que «se ponía a los pies de la señora». pues no vayas. ella misma le cogió con las manos en la masa dos veces. Más tarde. supe por Potapych cómo acabó el día de la abuela. Al principio. con todas las palabras habidas y por haber. estas tierras . La abuela no paraba de insultarle sin piedad. que me quede en el sitio si miento. ¡Que Dios le haya mandado sueños de ángel! ¡Ay. Le puso como un trapo. y fue entonces cuando asomó el polaco. pidió de beber sólo un poco de agua. mientras que ése -mire. todo lo que usted había cambiado. saludé y me fui. hasta que se presentó el polaco. es decir. a la una de la madrugada. Aleksei Ivanovich? decía Potapych-. se santiguó. A usted la señora le trataba exactamente como a un caballero. ven conmigo! ¡A ver. todo lo que tenía. y a su camita. y hasta le tiró del pelo una vez.

sin embargo. Ahora me hallo enteramente solo. ¡Hasta ahora no he logrado comprenderme a mí mismo! Todo ello pasó flotando como un sueño. lo más prodigioso fue mi propia actitud ante estas peripecias. ¿qué ha sido ahora de ella? Es verdad que de vez en cuando cruza por mi mente la pregunta: «¿No estaba loco entonces? ¿No pasé todo ese tiempo en algún manicomio. sobre todo. En todo ello había algo extraño. pero. incluso mi pasión. ¡Ya decía yo que traerían mala suerte! ¡Cómo me gustaría estar en nuestro Moscú cuanto antes! ¡Y como si no tuviéramos una casa en Moscú! Jardín. flores de las que aquí no hay. se produjo efectivamente. hasta tal punto que todo eso me pareció que pasaba y aun ahora sólo me parece que pasó?». ruin y hasta trágico. aromas. La catástrofe.de extranjis! -concluyó Potapych-. pero cien veces más devastadora e inesperada de lo que había pensado.. o así los he considerado desde entonces. las manzanas madurándose. ¡Pues nada: que teníamos que ir al extranjero! ¡Ay. cuya inminencia presentía. mucho sitio.. quizá ahora quepa decir solamente que no fueron del todo ordinarios. Llega el .. He recogido mis cuartillas y he vuelto a leerlas (¿quién sabe si las escribí sólo para convencerme de que no estaba en una casa de orates?). ay. donde quizá todavía estoy. Me ocurrieron algunos lances casi milagrosos. aunque bien mirado y. Para mí. por lo menos en lo que a mí atañía.. a juzgar por el remolino de sucesos a que me vi arrastrado entonces. que fue pujante y sincera. ay! Capítulo 13 Ha pasado ya casi un mes desde que toqué por última vez estos apuntes míos que comencé bajo el efecto de impresiones tan fuertes como confusas.

.. ¡Cosa rara! Para ocuparme en algo. vivo influido por mis recientes sensaciones. Pero pudiera echar raíces en algún sitio y dejar de dar vueltas si. No podía ser de otro modo: cuando una persona así se aventura una vez por ese camino es igual que si se deslizara en trineo desde lo alto de una . Al día siguiente perdió todo lo que le quedaba. Se diría que este sueño repulsivo. pues. me es tan amable que no permito que nada nuevo lo roce por temor a que se disipe en humo. qué tristes son los poblachos alemanes!).otoño. pero las leo y me maravillo de mí mismo: es como si temiera destruir con un libro serio o con cualquier otra ocupación digna el encanto de lo que acaba de pasar. saco prestadas de la mísera biblioteca de aquí las novelas de Paul de Kock (¡en traducción alemana!). dentro de lo posible. y que en cualquier momento la tormenta volverá a cruzar rauda. En primer lugar. sin duda lo es. consigo explicarme cabalmente lo ocurrido este mes. Estoy en este triste poblacho (¡oh. Una vez más me atrae la pluma. amén de que a veces no tengo otra cosa que hacer durante las veladas. me pongo a escribir.. -A veces se me antoja que todavía sigo dando vueltas en el torbellino. y que seguiré dando vueltas y vueltas y vueltas. arrastrándome consigo. Sin embargo. Quizá lo recordaré todavía dentro de cuarenta años. por esa tolvanera aún no lejana que me arrebató en su giro y de la cual acabé por salir despedido.. de medida... decir lo mismo de las impresiones. que perderé una vez más toda noción de orden. Así. por mis recuerdos aún frescos. todo ello se puede contar ahora parcial y brevemente: no se puede. y en lugar de pensar en lo que debo hacer en adelante. que casi no puedo aguantar. en absoluto. con las impresiones que ha traído consigo. acabemos con la abuela. ¿Me es tan querido todo esto? Sí. amarillean las hojas.

la abuela acabó por desesperarse del todo. hasta las ocho de la noche. En seguida. me lo contó todo esa misma noche. No paraban de reñir y se insultaban con motivo de las puestas y el juego. y tomó otro. Estuvo jugando todo el día. El infeliz Potapych. uno. El segundo polaco. le sacaba a la abuela . pero éste resultó casi peor. De esta manera acabaron por marear y sacar de quicio a la abuela. al rojo y otro al negro. tampoco quería irse por nada del mundo. Potapych pasó con ella en el Casino todo el día. por ejemplo. decía que él mismo había visto cómo lo robaban descaradamente y se lo embolsaban a cada instante. Cuando despidió al segundo y volvió a tomar el primero -que no se había marchado sino que durante su ostracismo había seguido empujando tras la silla de ella y asomando a cada minuto la cabeza-. rogó al viejo crupier que la protegiera echándoles de allí. Ella empezó mandando a paseo al polaco del día antes. y se quejaba de que los polacos se llenaban los bolsillos de dinero. por ejemplo. al que había tirado del pelo. con lágrimas en los ojos. cada uno hacía puestas por su cuenta. los expulsaron a pesar de sus gritos y protestas. Más tarde hicieron las paces. Yo no presencié el juego y sólo sé lo que he oído contar a otros. casi llorando. hasta que ésta. uno se colocó a la derecha de la señora y otro a la izquierda. Cuando se peleaban. llamándose mutuamente laidak y otras lindezas polacas por el estilo. Los polacos que dirigían el juego de la abuela se relevaron varias veces durante la jornada. movían el dinero sin orden ni concierto y apostaban a la buena de Dios. efectivamente. ambos chillaban en coro y perjuraban que la abuela les debía dinero. que los había engañado en algo y que los había tratado indigna y vergonzosamente. a quien había despedido. después de la pérdida del dinero. Uno de ellos.montaña cubierta de nieve: va cada vez más de prisa.

con enormes bigotes y mucha arrogancia. A reemplazarlos en su servicio surgió un tercer polaco. Ésta. que desde el primer momento se instaló no como sirviente.cinco federicos de oro por sus servicios y los ponía junto por junto con las apuestas de la abuela. que hablaba el ruso muy correctamente. sino como amo de la abuela. gozó durante ese día de indudable prestigio entre los crupieres y los empleados del Casino. Cuando los expulsaron. Una hora más tarde los otros dos polaquillos . con cada jugada. La abuela ganaba y él exclamaba que era su propia puesta la que había ganado y que la de ella había perdido. hasta que lo perdió todo. se apiñaban para ver a une vieille comtesse russe. y aunque los dos polacos se pusieron a alborotar como gallos apresados. en efecto. la gente ordinaria lo mismo que la de más campanillas. Todos los visitantes del balneario. se presentó la policía y en un dos por tres vaciaron sus bolsillos en provecho de la abuela. Pero como al principio el pan pareció. sin embargo. que había perdido ya «algunos millones». se volvía a ella y juraba con terribles juramentos que era un «pan honorable» y que no tomaría un solo kopek del dinero de la abuela. no sacó mucho provecho de que la rescataran de los dos polaquillos. la abuela misma ya no quiso deshacerse de él. Poco a poco su fama se extendió por toda la ciudad. de todas las naciones. mejorar el juego de ella y empezó a ganar. La abuela. Potapych se adelantó y dijo que llevaban los bolsillos llenos de oro. en suma. pero con los circunstantes se mostró altivo y se condujo despóticamente. Iba vestido como un gentleman aunque parecía un lacayo. tombée en enfance. A cada instante. Repetía estos juramentos tan a menudo que ella acabó por asustarse. Inmediatamente la abuela pidió al crupier que tomara las medidas pertinentes. También él besó «los pies de la señora» y «se puso a los pies de la señora».

Al final de la jornada. aunque sólo fuera para hacer mandados. Yo me maravillaba de que hubiera podido aguantar esas siete u ocho horas. nunca antes vistos u oídos. y el honorable pan casi dejó de acordarse de la existencia de la abuela.expulsados del Casino aparecieron de nuevo tras la silla de la abuela. En realidad. Todos sus billetes -todas las obligaciones de la deuda interior al cinco por ciento. tomaban decisiones. los dos no hacían más que ir y venir. Así llegaron hasta el mismo hotel. había detrás de su silla hasta seis polacos. cuando ya todo el mundo veía que la abuela iba a perder hasta el último billete. todas las acciones que llevaba encima-. sentada en su silla y casi sin . se deslizaban junto a ella para llegar a la mesa. gritando a voz en cuello y perjurando en un rápido guirigay que la abuela les había engañado y debía resarcirles de algún modo. después de perderlo todo. hacían puestas. por añadidura. sino que ni la tomaban en cuenta. cogían ellos mismos el dinero. Según cálculo de Potapych. de donde por fin los echaron a empujones. charlaban con el «honorable pan» como con un compinche. les alargaba algo. no sólo dejaron de escucharla. serle útil: corrió al comedor del Casino. sin contar lo que había perdido la víspera. había aún tres o cuatro polacos que no se resignaban a dejarla. que estaba allí al lado. todo ello lo había ido cambiando sucesivamente. corriendo en torno a la silla y a ambos lados de ella. uno de los polacos quiso. en ese solo día había perdido su señora hasta noventa mil rublos. Hasta cuando ésta. discutían y gritaban. en efecto. Cuando la abuela ya perdía sus últimas monedas. ofreciendo una vez más sus servicios. y le trajo primero una taza de caldo y después té. Como la abuela no había comido y casi no se había movido de la silla. Potapych juraba que el «honorable pan» cambiaba guiños con ellos y. volvía a las ocho de la noche al hotel.

El general. víctima de la senilidad. que había escandalizado a toda la ciudad y por último.. señora -exclamaba. esto es.. pero Potapych me dijo que en tres ocasiones empezó a ganar de veras sumas considerables. no pudo abandonar el juego. es decir. En suma. y que. de admitir sus deudas y hasta su pasión por mademoiselle Blanche (no daba en absoluto pie con bola). el general adoptó de pronto un tono amenazador y hasta se puso a chillar a la abuela y a dar patadas en el suelo. todos ellos (salvo Polina) fueron en cónclave a verla para hablar con ella de manera definitiva y sin rodeos. He aquí. habían acordado dar el último paso. llegó a sobrepasarse: al cabo de media hora de ruegos y súplicas y hasta de hacer confesión general. que una infeliz.apartarse de la mesa. Pero bien saben los jugadores que puede uno estar sentado jugando a las cartas casi veinticuatro horas sin mirar a su derecha o a su izquierda. La abuela lo arrojó por fin de su lado con un bastón (con un bastón de verdad). volvía al Casino. ¿no se podía encontrar un medio de vigilarla o contenerla?. el general y Des Grieux. nuestra gente. En ese mismo día. aunque respetable anciana. Decía a gritos que deshonraba su nombre. cuando la abuela estaba todavía en casa. trepidante y con el alma en un hilo. decían. Pero Des Grieux se limitaba a . mientras tanto. se había jugado todo su dinero. ocurrieron también en nuestro hotel incidentes muy decisivos.y para casos así está la policía! ». deslumbrada de nuevo por la esperanza. El general y Des Grieux tuvieron una o dos consultas más esa mañana sobre si efectivamente era posible recurrir de algún modo a la policía.. etc. Antes de las once de la mañana.. Habiéndose enterado de que la abuela ya no pensaba en marcharse. etc. por último: «¡Deshonra usted el nombre ruso. por el contrario.. habida cuenta de las consecuencias tan terribles para él. sino que.

Blanche. ni ella ni madame veuve Cominges le reconocieron. después de haber tenido una conversación grave y secreta con mademoiselle Blanche. En la mañana de ese mismo día fui a ver a míster Astley. pero no detuvo el paso y continuó su camino apresuradamente. mejor dicho. Despidió sin más al general y ni siquiera le permitió que se presentara ante ella. Además. o. tomó medidas definitivas a partir de esa misma mañana. El príncipe tampoco le saludó. Des Grieux acabó por encogerse de hombros y escurrir el bulto. pero se las arregló de tal modo para contestarme que no tuve tiempo de preguntarle nada. No estaba en casa. Todo ese día mademoiselle Blanche estuvo trabajando al príncipe para que éste acabara por declararse (sin ambages). Esta pequeña catástrofe sucedió también esa noche. De pronto se descubrió que el príncipe era más pobre que Job y que. que ya desbarraba abiertamente corriendo de un extremo al otro del gabinete. ni en el parque. ¡ay!. Cuando el general corrió a buscarla en el Casino y la encontró del brazo del príncipe. Emparejé con él. volvía de la estación del ferrocarril al Hótel d'Angleterre. se equivocó cruelmente en sus cálculos. contaba con pedirle dinero a ella. ni en el Casino. No comió en su hotel ese día. indignada. A la noche se supo que había abandonado definitivamente el hotel. por su parte. le mandó a paseo y se encerró en su habitación. Iba de prisa y estaba muy preocupado. Me alargó cordialmente la mano con su exclamación habitual: «¡Ah!».encogerse de hombros y se reía en las barbas del general. por añadidura. por no sé qué razón. . pasé toda la mañana buscando a míster Astley sin poder dar con él. aunque era difícil distinguir en su rostro preocupación o pesadumbre. Pero. Mademoiselle Blanche. Eran más de las cuatro de la tarde cuando tropecé con él. previa firma de un pagaré. y probar fortuna a la ruleta.

¿qué más tenía que preguntarle? Sin embargo. cuando al volver al hotel después de hablar con míster Astley. ¡no tenía nada que preguntarle! ¡Sí. Si tengo tiempo iré al Casino a echar un vistazo porque se trata de un caso curioso. de negocios. sí -respondió-.me daba muchísima vergüenza hablar de Polina.. porque fue a jugar cuando yo salía y después me enteré que lo había perdido todo. como si sólo ella hubiera . seguía caminando junto a él. -He estado en Francfort. -Lo perderá todo -dije. -¿A dónde ha ido usted? -grité.. es decir. que estaba en el camino. tropecé con Polina y los niños. Sin embargo. Hacía ya tiempo que evitaba encontrarse con el general y casi no hablaba con él de nada. por lo menos de nada serio. que era imposible que no hubiese una importante conversación entre ellos sobre asuntos de familia. pero de improviso torció hacia el «Hotel des Quatre Saisons». asombrado de no haber preguntado antes. me escuchó atenta y gravemente y se encogió de hombros. por supuesto! No sabía formular mis preguntas.. Él tampoco dijo una palabra de ella. Yo ya había notado esto mucho antes. -¿Viaje de negocios? -Sí. me hizo una inclinación de cabeza y desapareció. Todo ese día lo pasó Polina errando por el parque con los niños y la niñera o recluida en casa. así era yo. Pero conociendo la situación en que ahora estaba el general pensé que éste no podría dar esquinazo a Polina. Cuando regresaba a casa me di cuenta de que aun si hubiera hablado con él dos horas no habría sacado absolutamente nada en limpio porque. -Oh. Le conté lo de la abuela. Ahora bien. el rostro de ella reflejaba la más plácida tranquilidad..

había evitado hablar con ella y no la había visto (apenas) desde mi aventura con los Burmerhelm. lo hacía en broma. su confidente. hasta ella misma me incitaba alguna vez a hablar y . no obstante. cosa de dos meses a decir verdad. Yo. había comenzado yo a notar que quería hacerme su amigo. Cierto es que a veces me había mostrado petulante y bufonesco. pero dicho propósito.que.. Cuando poco antes la encontré en el Casino.salido indemne de todas las broncas familiares. me empezó a martillar el corazón de tal modo que perdí el color. y en su lugar habían surgido las extrañas relaciones que ahora teníamos. sabía que no podía vivir sin ella. Aunque no me tuviera ni pizca de cariño. claro. y que hasta cierto punto lo había intentado. Desde hacía ya bastante tiempo. lo que me llevó a hablar con ella como ahora lo hacía.. pero a medida que pasaba el tiempo sentía rebullir en mí verdadera indignación. Ella bien sabía que la amaba de verdad. me parecía que no debía pisotear así mis sentimientos ni recibir con tanto despego mis confesiones. Cierto es que ello había surgido entre nosotros de modo extraño. Habían pasado ya tres días desde el incidente con el barón y yo ya no podía soportar nuestra separación. naturalmente. ¡Pero es que ella tampoco podía vivir sin mí! . Y. Volví a casa presa de malignos sentimientos. Sé de cierto -lo he notado bien. no sé por qué motivo. le gustaba desconcertarme con alguna expresión de suprema indiferencia y desdén. A mi saludo contestó con una inclinación de cabeza.. no cuajó entonces. después de haberme escuchado hasta el fin y soliviantado hasta el colmo. Pero si le repugnaba mi amor. y me toleraba y consentía que le hablara de mi amor. ¿por qué no me prohibía sencillamente que hablase de él? No me lo prohibía.

y. Mil veces la había instado a ser sincera conmigo y sabía que estaba de veras dispuesto a dar la vida por ella. el asunto se volvía absolutamente incomprensible. y mientras tanto. Su conversación con la abuela fue para mí una dolorosa punzada en el corazón. ello era evidente.» Sellé la nota y la envié con el camarero de servicio. Repito por última vez: ¿necesita usted mi vida o no? Si la necesita. con . y no iré a ninguna parte. la afectará a usted también. pero al cabo de tres minutos volvió el camarero con el recado de que se me mandaban «saludos». veo claro que ha llegado el desenlace. Si es necesario. con orden de que la entregara en propia mano. Éste se hallaba en su gabinete.. siempre me tenía a raya. y en lugar del sacrificio de mi vida que le ofrecía me exigía una travesura como la de tres días antes con el barón. por supuesto. ¡ay. No esperaba respuesta. qué sufrimiento el mío! Cuando llegué a casa. Eran más de las seis cuando me avisaron que fuera a ver al general. Mientras tanto esperaré en mi habitación.. disponga de ella. ¿No era esto una ignominia? ¿Era posible que todo el mundo fuese para ella ese francés? ¿Y míster Astley? Pero al llegar a este punto. sin embargo. que. ¿pero es posible que sólo como bufón o hazmerreír? Tenía un secreto. al menos la mayor parte del tiempo. casi con desprecio. en un acceso de furia cogí la pluma y le garrapateé estos renglones: «Polina Aleksandrovna. para lo que sea. escríbame o llámeme. vestido como para ir a alguna parte. Al entrar me pareció que estaba en medio de la habitación. Dios.Me necesitaba y. En el sofá se veían su sombrero y su bastón.

hablar y hablar. -Perdón. entre nosotros -comenzó. inútil objetar. hablando consigo mismo en voz alta. tenga piedad!». en un país con todos los adelantos. mas no bien me vio se arrojó sobre mí casi gritando. pero de manera muy inconexa. Acabé por sospechar que lo que de mí esperaba era algo así como un consejo. donde hay autoridades. hablar. señor mío. adoptando de pronto un tono . que. general -exclamé-. sin embargo. sí -continuó. abandonado de todos. juntaba las manos y parecía dispuesto a arrodillarse ante mí para que (¿lo adivinan ustedes?) fuera en seguida a ver a mademoiselle Blanche y le pidiera. en su angustia y zozobra se había acordado de mí y me había llamado sólo para hablar. entre nosotros. no entendía lo que se le decía.las piernas abiertas y la cabeza caída. al punto de que involuntariamente di un paso atrás y casi eché a correr. Seguía aferrado a la idea de llamar a la policía. sálveme. pero me cogió de ambas manos y me llevó a tirones hacia el sofá. o. sálveme. hablar. tenga piedad! Durante algún tiempo no logré comprender nada. le implorara. Empezó a hablar también de la abuela. Él no hacía más que hablar. ¡pero si es posible que mademoiselle Blanche no se haya fijado en mí todavía! ¿Qué es lo que yo puedo hacer? Era. Sí. mejor aún. en una palabra. temblorosos los labios y con las pestañas brillantes de lágrimas. Desvariaba. o por lo menos estaba muy aturdido. En él se sentó. -Entre nosotros. me dijo con voz suplicante: -¡Aleksei Ivanovich. repitiendo sin cesar: «¡Tenga piedad. que volviese y se casara con él. hirviendo súbitamente de indignación-. hubieran puesto inmediatamente bajo tutela a viejas como ésa. hizo que yo me sentara en un sillón frente a él ya sin soltarme las manos.

pero parecía no comprender y quizá ni siquiera me había oído. sí. pero en seguida volvió a hablar del príncipe. volviéndose de pronto a mí-. ¿y después qué hará usted? Me miraba pensativo... ¿ha visto usted ingratitud semejante? ¿No es verdad que es ingratitud? -Por último. de los niños.. se apresuró a decirme que mademoiselle Blanche no se casaba con él porque en lugar de un telegrama había llegado la abuela y ahora estaba claro que no heredaría. qué demonio! Y se lanzó de nuevo al sofá. logré librarme de él.. Él creía que yo no sabía aún nada de esto. casi sollozando y sin aliento. Empecé a hablar de Des Grieux. y en cuanto al futuro . De todos modos. no sé. se disolvió en un torrente de lágrimas... y entonces.. pero un minuto después. Dejarle solo era también peligroso. y. señor. en cintura.. ¿qué voy a hacer. sí. eso es todo..de reconvención. quien me prometió vigilar también por su parte. señor. parece que quedan setecientos francos. a decir que Blanche se iría con él y entonces.. Nada cabía hacer con un hombre así.. señor mío -dijo dirigiéndose a un imaginario señor suyo en el rincón-. -'Juro a Dios que no lo sé! ¿Qué voy a hacer? Dígame. saltando de su sitio y dando vueltas por la habitación-. pues ahora lo sabe usted. Todo lo mío lo tengo hipotecado con él: ¡me he quedado en cueros! Ese dinero que trajo usted.. no sé cuánto era. hizo un gesto con la mano: «Se ha ido. en cintura. -¿Cómo va a pagar usted el hotel? -pregunté alarmado-. Aleksei Ivanovich? -preguntó. pero advertí a la niñera que fuera a verle a menudo y hablé además con el camarero de servicio.. no sé». en nuestro país a tales viejas se las mete en cintura. usted todavía no sabía esto. me respondió con premura: «¡Sí. bueno. ¡Oh. Probé a hablar de Polina Aleksandrovna.. podía ocurrirle algo. ese dinero.. chico despierto. sí! ». .

-Y tú vete también ahora. -Dios te guarde. casi cien mil rublos. En adelante no acusaré a la gente joven de liviandad. No mostró recelo alguno y no habló mucho. amigo Aleksei Ivanovich -dijo con lentitud e inclinando gravemente la cabeza-. pues no me lo traje todo. con esta vieja imbécil. y ésta acababa de regresar del Casino después de haberlo perdido todo. Marfa le daba una taza de té y la obligaba a bebérselo casi a la fuerza. Falta hora y pico y quiero acostarme. Lo he dejado allí todo. Todavía. Tengo tres fincas rurales y dos urbanas. No seas duro conmigo. vieja imbécil. pues. perdona a una mujer vieja. Acabado el asunto. Lamento volver a molestarte. Al momento le contó tres mil francos bajo pagaré que la abuela firmó. Eran las ocho. Aleksei Ivanovich. He mandado un recado a ese inglés tuyo. sin contar el dinero. con todo. de que no tiene nada que temer y de que no me lo rehúse. ¡Ah. soy bastante rica. La voz y el tono de la abuela habían cambiado notablemente. Astley. completamente agotada y. La anciana estaba en su silla. no le daré dinero a pesar de sus deseos. Digo esto para que no tenga recelo alguno. aquí viene! Bien se ve que es un hombre bueno. que me duelen los huesos. Ahora no tengo dinero.. amigo mío. ni un ochavo. Hiciste bien en no ir conmigo ayer.Apenas dejé al general cuando vino a verme Potapych con una llamada de la abuela. amigo. sólo que yo. . Míster Astley vino así que recibió la primera llamada de la abuela.. No quiero quedarme aquí un minuto más y me marcho a las nueve y media. y hasta me parecería pecado acusar a ese infeliz general vuestro. saludó y se marchó de prisa. Convéncele. a juzgar por las trazas. enferma. porque en mi opinión es un necio. Pero. no tengo más seso que él. Fui a verla. ¿no es eso? y quiero pedirle prestados tres mil francos por una semana.

decidió consolar a éste y entró a verle un momento. No podía parar en mi habitación. Bueno. El general. Salía al pasillo. aguardando que de un momento a otro sucediese algo. definitiva. Mademoiselle Blanche y el general. sin embargo. por lo visto. Marfusha. Más tarde supe por la propia mademoiselle Blanche que. decidí entrar un momento. Yo. «Gracias. por tu afecto desinteresado -me dijo al despedirse. y . y hasta erré un momento por la avenida. El pobre general no sabía que ya en ese momento estaba echada su suerte. adiós. sentada en el sofá. Al pasar junto a las habitaciones del general tropecé con la niñera y pregunté por él. pero me detuve a la puerta del gabinete presa del mayor asombro. estaba loco de alegría. Le sería útil. ¡cómo no! A la hora de la salida del tren corrí a la estación y acomodé a la abuela. levántame. después de mandar a paseo al príncipe y habiéndose enterado del llanto del general.Verdad es que Dios pide cuentas y castiga la soberbia incluso en la vejez. amigo. estaba un poco a la expectativa. En fin de cuentas.y repite a Praskovya lo que le dije ayer: que la esperaré. Todos tomaron asiento en un compartimiento reservado. No obstante. Además. pues me necesitaba aunque sólo fuera para hacer mandados. cotorreaba toda clase de sandeces y se deshacía en una risa larga y nerviosa que le encogía el rostro en una incontable multitud de arrugas. quería despedir a la abuela. Mi carta a Polina era clara y terminante y la presente catástrofe. por supuesto. señor» -me respondió abatida-. estaban riendo a carcajadas. si me rechazaba como amigo quizá no me rechazase como criado. «Va bien. entre las que desaparecían los ojos.» Fui a casa. La veuve Cominges se hallaba también allí. En el hotel oí hablar de la marcha de Des Grieux. a cual mejor.

Encienda una bujía. En el umbral del gabinete del general cambié de parecer y me escurrí sin ser visto. -¿Cómo que qué pasa? ¿Usted? ¿Aquí en mi cuarto? -Si vengo. miré. Capítulo 14 Lancé un grito. pero aquí va. si no palabra por palabra. sin duda. ¡ésta es la letra de Des Grieux! -exclamé tomando la carta.. Estaba pálida y su aspecto era sombrío. Ésa es mi costumbre. vengo toda. He olvidado los términos exactos de la carta. Me temblaban las manos y los renglones me bailaban ante los ojos. -Lea -me ordenó. que he evitado adrede tener con usted una explicación definitiva mientras no se aclarasen esas circunstancias... Lo verá usted pronto. junto a la ventana. Se levantó. Encendí la bujía.que Blanche había empezado a hacer las maletas para irse volando a París en el primer tren del día siguiente. No se levantó cuando yo entré. y se me cortó el aliento: era Polina. abrí la puerta y en la semioscuridad noté de pronto una figura sentada en una silla. Me acerqué.. El embrollo en que se hallan mis . en el rincón. se acercó a la mesa y me puso delante una carta abierta. -Ésta. al menos pensamiento por pensamiento. La llegada de su anciana pariente (de la vieille dame) y su absurda conducta aquí han puesto fin a mis dudas. -¿Qué pasa?. ¿qué pasa? -me preguntó en tono raro. Subí a mi cuarto. «Mademoiselle -escribía Des Grieux-: Circunstancias desagradables me obligan a marcharme inmediatamente Usted misma ha notado.

tal como están ahora las cosas. Espero. Si llegaba el telegrama sobre la herencia. así.. pues. pero con una punta de temblor en la voz-. -No esperaba nada -respondió con sosiego aparente. que. le hubiera tirado a la . Leía sus pensamientos y supe lo que pensaba.. y sin terminar la frase se mordió el labio y guardó silencio).» -¿Bueno.. que insistiría. Habiendo perdido casi todo mi dinero en préstamos a su padrastro. mademoiselle. Sabiendo. me encuentro en la extrema necesidad de utilizar con provecho lo que me queda..propios asuntos me impide alimentar en el futuro las dulces esperanzas con que me permitió usted embriagarme durante algún tiempo. este acto mío le resulte altamente beneficioso. he decidido perdonarle cincuenta mil francos y a este fin le devuelvo la parte de hipoteca sobre sus bienes correspondiente a esta suma. reclamándoselo por víajudicial. Créame que el recuerdo de usted quedará para siempre grabado en mi corazón. ¿Esperaba usted otra cosa? -añadí indignado. Hace ya tiempo que tomé una determinación. pero espero que en mi comportamiento no haya usted encontrado nada indigno de un caballero y un hombre de bien (gentíl-homme et honnête homme). tiene usted ahora la posibilidad de recuperar lo que ha perdido. Él pensaba que yo procuraría. y qué? Esto está perfectamente claro -dije volviéndome a Polina-. Lamento el pasado. que el irresponsable de su tío ha malversado el propio dinero de usted. De propósito redoblé el desprecio que sentía por él -prosiguió de nuevo-. y aguardaba a ver lo que haría. sin embargo. Con él espero asimismo cumplir plenamente con el deber de un hombre honrado y un caballero. Ya he hecho saber a mis amigos de Petersburgo que procedan sin demora a la venta de los bienes hipotecados a mi favor. (se detuvo.

cara el dinero que le debía ese idiota (el padrastro) y le hubiera echado con cajas destempladas. cómo puede usted querer a Des Grieux? ¡Oh. no era el mismo hombre de antes.. -¡Basta una palabra de usted y mañana mismo voy allí en el primer tren! -dije con entusiasmo un tanto pueril. ahora . No puedo ir a ella. pero ¿dónde. ¡Qué tontería! -Bien. lo mato en duelo! ¿Dónde está ahora? -Ha ido a Francfort y estará allí tres días. con qué gusto le tiraría ahora a su cara infame esos cincuenta mil francos! ¡Cómo le escupiría y le restregaría la cara con el escupitajo! -Pero el documento ese de la hipoteca por valor de cincuenta mil francos que ha devuelto lo tendrá el general. Tómelo y devuélvaselo a Des Grieux. ¿Y para qué batirse con él?. es verdad. es verdad que no es eso! Y ahora. -¿Qué hacer? -exclamé-. Oiga. ¿Cómo.. y ahora. canalla! ¡Si usted lo desea. muchísimo tiempo.. como si hubiera sido posible recoger el dinero del suelo-. -¿Y qué? Puede que diga que se le devuelvan primero los cincuenta mil francos.. y no voy a pedirle perdón a nadie -agregó exasperada. sí. Le centellearon los ojos. ¡Ah..... no es eso! -¡Sí. ! ¡Oh. canalla. ¿de qué es capaz el general? ¿Y la abuela? -¿Por qué la abuela? -preguntó Polina con irritación-. -¡Oh. . mil veces no. ¿y míster Astley? -pregunté dirigiéndome a ella con el chispazo de una idea peregrina. Me era odioso desde hacía mucho. dónde agenciarse esos cincuenta mil francos? -repetí rechinando los dientes. Ella se rió. no es eso.

Quizá haya en ello más: una cierta combinación de presentimientos. predestinado. a veces la idea más delirante. en un hotel. fijando sus ojos en los míos con mirada penetrante y sonriendo amargamente. De pronto se sentó en el sofá como si estuviera agotada. ¿Y por . como algo que es imposible que no sea. Pero esa noche (que en mi vida olvidaré) me sucedió una maravillosa aventura. se le clava a uno en la cabeza con tal fuerza que acaba por juzgarla realizable. Por primera vez en la vida me tuteaba. Más aún. . un autoenvenenamiento de la propia fantasía. es indispensable! ¡Ya verás! ¡Quédate aquí. pero no me volví. Aunque puede ser justificada por la aritmética.. la que parece más imposible.. No daba crédito a mis ojos ni a mis oídos.. de pie ante ella. necesario... una muchacha. Se diría que en ese momento tenía trastornada la cabeza por la emoción que sentía. ¿Pero qué? Estaba claro que me amaba. Una idea delirante me cruzó por la mente..-¿Pero qué? ¿Es que tú mismo quieres que me aparte de ti para ver a ese inglés? -preguntó.. ella sola. quédate aquí! Y salí corriendo de la habitación sin responder a su mirada inquisitiva y asombrada. había venido a mi cuarto. -¡Polina. Gritó algo tras de mí. que volveré! ¡Es... Fue como si un relámpago me hubiera alcanzado. dame sólo una hora! ¡Espera aquí sólo una hora . que no ocurra.. lo cierto es que para mí sigue siendo todavía milagrosa. Sí. o quizá otra cosa. comprometiéndose con ello ante los ojos de todo el mundo . si esa idea va unida a un deseo fuerte y apasionado acaba uno por considerarla a veces como algo fatal. y yo. un cierto esfuerzo inhabitual de la voluntad. ¡Había venido a mí y no a míster Astley! Ella.. no sé. no comprendía todavía.

anuncia: Les trois derniers coups. estaba trazada la palabra Passe. de modo que muy pronto encontré lugar. los desesperados. sobre el paño verde. sino como sobre algo que tenía que producirse irremediablemente. messieurs!. La primera serie. Yo me acerqué a la misma mesa a la que la abuela había estado sentada poco antes. antes del cierre de la sala a las doce. que han venido sólo por ella. de pie. en realidad. Siempre se dispersan con enojo cuando se cierra la sala de ruleta a medianoche. ni siquiera oí en qué número había caído la última . por qué se arraigó en mí tan honda y fuertemente esa convicción y sigue arraigada hasta el día de hoy? Cierto es que ya he reflexionado sobre esto -repito-. por lo tanto. junto a ella. No había muchas apreturas. los individuos para quienes el balneario existe sólo por la ruleta. están a veces dispuestos a arriesgar en esas tres últimas posturas todo lo que tienen en los bolsillos -y. que puede no ocurrir entre otros). se llama Manque. aunque sólo la mitad del que había habido por la mañana. no cómo sobre un caso entre otros (y. Y cuando el crupier más antiguo. En las salas de juego había todavía bastante público.lo pierden en la mayoría de los casos-. hasta el amanecer si fuera posible. Directamente frente a mí.qué. ¿Pero a mí qué me importaba nada de eso? No hice cálculos. Este passe es una serie de números desde el 19 hasta el 36 inclusive. los que apenas se dan cuenta de lo que sucede en torno suyo ni por nada se interesan durante toda la temporada sino por jugar de la mañana a la noche y quizá jugarían de buena gana toda la noche. Entre las diez y las once se encuentran junto a las mesas de juego los jugadores auténticos. Entré en el casino con una firme esperanza y con una agitación como nunca había sentido hasta entonces. Eran las diez y cuarto. del 1 al 18 inclusive.

sacudido por un temblor de brazos y piernas. Y sólo una vez en toda esa velada. aposté el oro que tenía además de los ochenta federicos de oro y perdí. sin pensar. helado de frío. durante toda esa partida. Toda mi vida dependía de esa apuesta. -Trente et un! -anunció el crupier-. Saqué mis veinte federicos de oro y los apunté alpasse que estaba frente a mí. sin embargo. ¡Había ganado otra vez! Tenía. -Rouge! -gritó el crupier-. como lo hubiera hecho cualquier jugador prudente. me sentí poseído de terror. Estaba como febril y empujé todo el montón de dinero al rojo y de repente volví en mi acuerdo. Recuerdo que luego volví a apostar dos mil florines a los doce números medios y perdí. Me pagaron en billetes de banco: en total cuatro mil florines y ochenta federicos de oro (aun en ese estado podía hacer bien mis cuentas). pues. y volví a respirar. giró la rueda y salió el veinticuatro. y no lo pregunté cuando empecé a jugar. a lo que cayera. Gané y volví a apostarlo todo: lo anterior y lo ganado.suerte. Me puse furioso: cogí los últimos dos mil florines que me quedaban y los aposté a los doce primeros números al buen tuntún. Me entregaron tres paquetes de cincuenta federicos cada uno y diez monedas de oro. junto con lo anterior ascendía a doscientos federicos de oro. . en total ochenta federicos de oro. -Vingt-deux! -gritó el crupier. Hubo. Ardientes estremecimientos me recorrían el cuerpo. un momento de expectación parecido quizá a la impresión que me produjo madame Blanchard en París cuando desde un globo bajó volando a la tierra. Presentí con espanto y comprendí al momento lo que para mí significaría perder ahora. Puse los ochenta a los doce números medios (triple ganancia pero dos probabilidades en contra).

y después de ello gané cuatro veces seguidas. vacío de pensamientos) y volví a ganar. me infundía temor. Me acuerdo sólo de que recogía el dinero a montones. Aparecían con bastante regularidad. se diría que mecánicamente. y he aquí por qué desbarran los jugadores experimentados que hacen cálculos lápiz en mano. Sólo recuerdo. como en sueños. y que como la banca no respondía de mayor cantidad en una sola sesión se suspendería la ruleta hasta el día siguiente. ¡Y qué crueles son a veces en este terreno las burlas de la suerte! Pienso que no había transcurrido más de media hora desde mi llegada. otros nueve individuos apostaron también al negro. Esta insólita regularidad se presenta a veces en rachas. seguidamente perdí doce mil de ellos en tres apuestas desafortunadas. tras mí. me lo metí en el bolsillo. y también que los doce números medios a que apunté salían más a menudo que los demás. agolpada. y coloqué cuatro mil florines al negro. ahora nada. Los crupieres se miraban y cuchicheaban entre sí.-Quatre! -gritó el banquero. En torno. donde había otra mesa de ruleta. tres o cuatro veces seguidas. luego desaparecían un par de veces para volver de nuevo tres o cuatro veces consecutivas. Salió el negro. lo que se dice nada. Tras de mí. Con la apuesta anterior resultaba de nuevo un total de seis mil florines. Luego puse los últimos cuatro mil a passe (pero ya para entonces no sentía casi nada. se vino toda la gente. que por lo visto gané dieciséis mil florines. Ya no recuerdo ni el número ni el orden de mis posturas. De pronto el crupier me hizo saber que había ganado treinta mil florines. estaba sólo a la expectativa. Eché mano de todo mi oro. Al instante me despejaron un lugar y . recogí los billetes y pasé seguidamente a otra sala. Yo tenía ya aire de vencedor. la gente hablaba y esperaba.

En ese momento estaba yo atiborrándome el bolsillo de billetes. muy distraído. Tenía las sienes bañadas en sudor y me temblaban las manos. ¡No sé qué fue lo que me salvó! Pero de vez en cuando empezaba a hurgarme un conato de cautela en el cerebro. por lo visto. Sentí entonces grandísimo deseo de hacer eso. vestida muy modesta y decorosamente. bravo!». me había ayudado de vez en cuando en mi juego. pero yo no escuchaba a nadie.empecé de nuevo a apostar sin orden ni concierto. Estaba. De pronto se oyó a mi alrededor un rumor sordo y risas. Era la de un judío de Francfort que había estado a mi lado todo ese tiempo y que. . La suerte no me volvió la espalda. al parecer. y recuerdo que los crupieres corrigieron mi juego más de una vez. de palidez enfermiza. «¡Bravo. y recogía el oro que quedaba en la mesa. váyase! -me susurró la voz de alguien a mi derecha. arrugándolos al hacerlo. por amor de Dios! -murmuró a mi izquierda otra voz. ~¡Váyase. Me aferraba a ciertos números y combinaciones. Recogí allí también treinta mil florines y la banca fue clausurada hasta el día siguiente. de rostro fatigado. Al levantar el último paquete de cincuenta federicos de oro logré ponerlo en la mano de la pálida señora sin que nadie lo notara. Vi en una rápida ojeada que era una señora al filo de la treintena. y recuerdo que sus dedos finos y delicados me apretaron fuertemente la mano en señal de viva gratitud. Todo ello sucedió en un instante. gritaban todos. y algunos incluso aplaudieron. pero pronto los dejaba y volvía a apuntar inconscientemente. pero que aun ahora mostraba rastros de su peregrina belleza anterior. -¡Váyase. Cometí errores groseros. También vinieron trotando los polacos con su oferta de servicios.

que después de salir el rojo dieciséis veces. En realidad. Lo que sentía era un deleite irresistible de atrapar billetes de banco. son cartas.000 táleros de una vez. por ejemplo. Pero ninguno de los jugadores experimentados tampoco apuesta entonces al negro. Como era de esperar. En torno a ella estaba sentado un público aristocrático. Esto no es ruleta. como de propósito. continué apostando a él. A tal conclusión se lanzan casi todos los novatos. A ellos me adherí. Anteayer oí decir que el rojo había salido veintidós veces consecutivas la semana pasada. a saber. lo que no se recuerda que haya sucedido en la ruleta y de lo cual todo el mundo hablaba con asombro. era como si la suerte me empujase. la suerte en. por ejemplo. Cae. hasta quince veces seguidas. sin embargo. el rojo y sigue cayendo en él diez. La banca responde de hasta 100. se repite con alguna frecuencia en el juego. de ver crecer el montón de ellos que ante mí tenía. quienes doblan o triplican las posturas y pierden sumas enormes. El jugador avezado sabe lo que significa esta «suerte veleidosa». La postura máxima es también aquí de cuatro mil florines. la decimoséptima saldría necesariamente el negro. Estoy convencido de que en ello terció un tanto el amor propio: quería asombrar a los mirones con mi . una circunstancia que. Todo el casino se agolpó en torno. Ahora bien.Una vez embolsado todo el dinero me dirigí apresuradamente a la mesa de trente et quarente. salvo el rojo y el negro. que también existen en él. todos abandonaron al momento el rojo y al cabo de diez veces. no sé por qué extraño capricho. No recuerdo si pensé una sola vez en Polina durante ese tiempo. cuando noté que el rojo había salido siete veces seguidas. En esta ocasión se produjo. casi nadie se atrevía a apostar a él. Yo no sabía nada de este juego y casi no conocía las posturas.

tanto que me era imposible distinguir mis propias manos. Quizá después de experimentar tantas sensaciones. extraño sentimiento!. de lo contrario lo perderá todo. De pronto volví en mí. La avenida estaba oscura. ni siquiera cuando era pequeño. recogí todo el oro. pero márchese sin falta mañana por la mañana. los metí a puñados en los bolsillos. Creo que pesaba bastante más de veinte libras.recuerdo con toda claridad que. me sentí de repente arrebatado por una terrible apetencia de riesgo. ¿Cómo? ¡Había ganado esa noche cien mil florines! ¿Qué más necesitaba? Me arrojé sobre los billetes. No les hice caso. hasta el agotamiento final.arrojo insensato y -¡oh. cada vez más fuertes. sin provocación alguna de mi orgullo. que el rojo había salido por decimocuarta vez. tenía la cabeza vacía de pensamientos. efectivamente. no recuerdo en qué iba pensando durante el camino. -¡Es usted audaz! ¡Muy audaz! -me dijeron-. Nunca he tenido miedo a los ladrones ni a los atracadores. sin contarlos. y salí corriendo del casino. Tampoco pensaba ahora en ellos. Sólo sentía un enorme deleite: éxito. sino sólo azuzado por ellas. En torno mío gritaban que esto era insensato. A decir verdad. Y. a puñados. Había media versta hasta el hotel. pero todo.. Varias manos se alargaron hacia mí. . lo más temprano posible. victoria. todos los fajos de billetes. Dos judíos me detuvieron a la salida. los hubiera apostado seguramente.. Yo repartía cuanto podía coger. de veras que no miento: si las reglas del juego me hubieran permitido apostar cincuenta mil florines de una vez. mi espíritu no estaba todavía saciado. y exigía todavía más sensaciones. -Monsieur a gagné déjà cent mille florins -dijo una voz junto a mí. En torno mío la gente reía al verme atravesar las salas con los bolsillos abultados y al ver los trompicones que me hacía dar el peso del oro.

poderío. Durante algunos minutos olvidé por completo a Polina. vetusto. Ora empezaba a poner orden en este cúmulo de billetes de banco juntándolos en fajos. todas esas sensaciones recientes. Capítulo 15 Recuerdo que me miró cara a cara. le mostraría . me parecían ahora algo sucedido tiempo atrás.000 francos -exclamé. porque ahora todo empezaría de nuevo. Me miró con asombro y. Con cada paso mi temor se redoblaba. ni por qué yo había salido. Yo no podía apartar los ojos de ella. de que le contaría. Polina estaba allí. La ingente masa de billetes y paquetes de monedas de oro cubría toda la mesa.. Iba corriendo. Me planté frente a ella y empecé a arrojar sobre la mesa todo mi montón de dinero. ¡Gracias a Dios. arrojando el último envoltorio. algo superado.. ora ponía el oro aparte en un montón especial. algo que ya no recordaríamos. de hora y media antes. sentada en el sofá y cruzada de brazos ante una bujía encendida. por supuesto. de que pronto estaría con ella. pero sin moverse de su sitio para cambiar de postura. con terrible fijeza. estaba en casa! Subí corriendo a mi piso y abrí de golpe la puerta. ora lo dejaba todo y me ponía a . -He ganado 200. no sé cómo expresarlo. Recordé y me di plena cuenta de que iba a su encuentro. Cuando ya llegaba casi al final de la avenida me sentí de pronto sobrecogido de espanto: «¿Y si ahora me mataran y robaran?». pero apenas recordaba ya lo que me había dicho poco antes. Pasó ante mí también la imagen de Polina. mi aspecto debía de ser bastante extraño en ese momento.. Pero al final de la avenida surgió de pronto nuestro hotel. rutilante de luces innumerables.

¿por qué no? -No tomo dinero de balde. Tómelos y tíreselos mañana a la cara. Luego me detuve. yo mismo se los llevo mañana temprano. como si hubiera recobrado el juicio. -Polina. Esa risa era muy semejante a aquella otra frecuente y sarcástica con que siempre recibía mis declaraciones más apasionadas. y esa expresión no me gustaba. luego volvía a acercarme impulsivamente a la mesa y empezaba a contar de nuevo el dinero. No me contestó. Le ofrezco a usted mi vida. ¿Qué dice? De pronto se echó a reír y estuvo riendo largo rato. -Se lo ofrezco como amigo. Me miraba con severidad. cincuenta mil francos. -No tomaré su dinero -dijo con desprecio. más todavía.pasear rápidamente por la habitación. pero me observaba fijamente. Me dirigió una mirada larga y escrutadora como si quisiera atravesarme con ella. de quien me acordé de pronto. sumido en mis reflexiones. en el mismo sitio. La amante de Des Grieux no vale cincuenta mil francos. -¿No convendría quizá meterlo en la maleta hasta mañana? -pregunté volviéndome a Polina. Cesó de reír por fin y arrugó el entrecejo. o sea. -¿Cómo? ¿Qué pasa? -grité-. Había algo raro en la expresión de su rostro. De pronto. Ella seguía inmóvil en su asiento. No me equivoco si digo que en él se retrataba el aborrecimiento. -Si quiere usted. delante de mi pequeña maleta. me abalancé a la puerta y la cerré con dos vueltas de llave. a ratos reflexionaba. Me acerqué de prisa a ella. ceñudamente. Polina. Yo la miraba asombrado y apenado. . aquí tiene veinticinco mil florines. -Usted paga mucho -dijo con una sonrisa irónica-.

De repente se abalanzó a abrazarme. Recuerdo que empezó a contarme algo.. Quería por lo visto leer algo en mi rostro. la besé las manos.. ¡Conque querías batirte con el barón por mí! -Y soltó una carcajada.. y una sonrisa confiada afloró a su cara. como si quisiera contarme cosas lo más de prisa posible. . Me escuchaba. ¿cómo es posible que hable usted así conmigo? -exclamé en tono de reproche-. pero al parecer sin oír lo que le decía. ! No le quiero a usted más que a Des Grieux -exclamó con ojos relampagueantes. como si de improviso se hubiera acordado de algo a la vez ridículo y simpático. un delirio entrecortado por la risa más alegre. y caí de rodillas ante ella. Yo corrí a su lado. pero una vez más. Algo como ansiedad y preocupación se reflejaba en su semblante. Comprendí que le había sucedido algo en mi ausencia. porque se me antojaba que de veras iba a perder el juicio. Aquello era una especie de delirio. de garrulidad. inesperadamente. Yo la cogí en mis brazos. sí .. -¡Cómprame! ¿Quieres? ¿Quieres? ¿Por cincuenta mil francos como Des Grieux? -exclamaba con voz entrecortada por sollozos convulsivos. Pero yo ¿qué podía hacer? Yo mismo estaba como febril. De pronto empezó a atraerme suavemente hacia sí. Me causaba sobresalto. -¿Conque me quieres? ¿Me quieres? -decía-. Me puso ambas manos en los hombros y me miró con fijeza.. Y en ese instante se cubrió la cara con las manos y tuvo un ataque de histeria. Parecía no estar enteramente en su juicio. que acabó por atemorizarme. Se le pasó el acceso de histeria.-Polina. ¿Soy yo acaso Des Grieux? -¡Le detesto a usted! ¡Sí . Lloraba y reía a la vez. me apartó de sí y se puso a escudriñarme con mirada sombría. pero yo apenas pude entender nada.

¿qué te parece? Creo que la alcanzaremos en Berlín. mira. ¿sabía yo que de seguro estaba ahora mismo debajo de la ventana? « ¡Sí... habló de míster Astley sin interrupción (sobre todo cuando trató de contarme algo de esa velada). ja! Dice que nosotros los rusos no podemos hacer nada sin los europeos y que no somos capaces de nada.. ése no se tirará desde lo alto del Schlangenberg. abre.. pues alcanzamos a la abuela.. Por supuesto. Pero oye. Bueno (y se puso a pensar). ¿no? -idea que se le metió de repente en la cabeza-. Yo no apartaba los ojos de ella.. ¡Tú eres mi amigo fiel! -y volvía a ponerme las manos en los hombros.. Parecía incluso que se reía de él. se derretía de risa y yo permanecía junto a ella y ella se lanzaba a abrazarme. sí. de veras pensabas matarlo? . que si la pasión. debajo de la ventana. oye. Bueno. y sin embargo . que está ahí. no. era un delirio. ¡Pero él también es bueno! ¿Sabes que disculpa al general? Dice que si Blanche.. mira... Bueno. tú eres bueno. anda. Repetía sin cesar que la estaba esperando. pero no pude enterarme de lo que quería decir exactamente. tú eres bueno! -repetía-. empezó de pronto a sonreír con picardía. nunca antes había visto en ella estos arrebatos de ternura y amor. ahí! » Me empujaba hacia la ventana. ¡ja. ¿Qué crees que dirá cuando nos vea? ¿Y míster Astley? Bueno. ¡Son pobres! ¡Qué lástima me da de ellos! Y la abuela. ¿me querrás?».. ¿sabes adónde va el verano que viene? Quiere ir al Polo Norte a hacer investigaciones científicas y me invita a acompañarle.. me miraba y seguía repitiendo: «Tú me quieres.. ¿no crees? (soltó una carcajada). me quieres. ¿tú no habrías matado a Des Grieux? ¿De veras. Oye.. Inopinadamente se puso a hablar de míster Astley. -¿Nos vamos? Porque nos vamos mañana. pero no sé.. pero no bien hacía yo un movimiento.-¡No. Notando mi mirada apasionada. ja. no sé -repitió de pronto como perdiendo el hilo-.

-¿O es que lo has pensado mejor? ¡ja. Yo no pensaba en nada ni nada oía. Creo que eran las siete de la mañana. pasó tres minutos sin volverse hacia mí ni escuchar lo que le decía. poco mas o menos. como si estuviera saliendo de un letargo y ordenando sus recuerdos. El día naciente se anunciaba encapotado. A mí me pesaba y dolía la cabeza. ¡Y de qué mala gana fuiste cuando te mandé! ¡Cómo me reí. . Se acercó a la ventana. También ella acababa de despertar y miraba atentamente la mesa y el dinero.. Polina estaba sentada junto a mí y miraba en torno suyo de modo extraño. vuelta de nuevo a apretar su rostro contra el mío con pasión y ternura. El sol alumbraba la habitación. la abrió. Quise coger a Polina de la mano. ja. asomó la cabeza y el pecho y. Y vuelta de nuevo a besarme y abrazarme. Me pregunté con espanto qué pasaría ahora y cómo acabaría esto. La cabeza me daba vueltas. pero ella me rechazó y de un salto se levantó del sofá. De pronto se apartó de la ventana. qué divertido estuviste entonces con el barón! Os estaba mirando a los dos desde el banco. cómo me reí entonces! -añadió entre carcajadas.¡Tonto! ¿De veras podías creer que te dejaría batirte con él? Y tampoco matarás al barón -añadió. apoyándose en los brazos. se acercó a la mesa y. ¿otra vez? ¿otra vez? -empecé a decir. con los codos pegados a las jambas. había llovido antes del alba. riendo-. ja! ¿Quizá ahora te arrepientes? En la mesa había veinticinco mil florines contados ya la noche antes. ahora dame mis cincuenta mil francos! -Polina. Los tomé y se los di.. mirándome con una expresión de odio infinito con los labios temblorosos de furia. ¡Ay. cuando desperté. me dijo: -¡Bien.

Pienso que su propia vanidad tuvo parte de la culpa. Acaso no me lo pueda perdonar ahora. sigue enferma. quería desembarazarme de ella regalándole cincuenta mil francos? Pero no fue así. que en ese momento no estaba en su juicio. de que. En tal caso.-¿Con que ahora son míos? ¿No es eso. también es verdad que yo sabía que se hallaba en estado delirante. no es eso? -me preguntó aviesamente con el dinero en las manos. Sí. y . Estaba seguro de que se había ido corriendo a casa. Sé. ahora. su vanidad la incitó a no creerme. Cierto es que aun hoy día. -¡Pues ahí tienes tus cincuenta mil francos! -levantó el brazo y me los tiró.. ¿y entonces? ¿Es que su enfermedad y delirio eran tan graves que había olvidado por completo lo que hacía cuando vino a verme con la carta de Des Grieux? ¡Claro que sabía lo que hacía! A toda prisa metí los billetes y el montón de oro en la cama. sobre todo. Hecho esto. de esa salida? ¿El amor propio lastimado? ¿La desesperación por haber decidido venir a verme? ¿Acaso di muestra de jactarme de mi buena fortuna. Es verdad que era sólo un delirio. claro. no lo tomé en cuenta. -¡Siempre fueron tuyos! -dije yo. yo pagué por Des Grieux y resulté responsable. por supuesto. al igual que Des Grieux. aunque no comprendo esa perturbación temporal. lo sé por mi propia conciencia. ¿Pero cuál fue la causa de ese estado suyo y. aunque quizá sólo tuviera una idea vaga de ello. pero entonces?. lo cubrí todo y salí diez minutos después de Polina. ¡Cuál no sería mi . a injuriarme. un mes después. El paquete me dio un golpe cruel en la cara y el dinero se desparramó por el suelo. Polina salió corriendo del cuarto. aunque quizá no en demasía. y yo quería acercarme sin ser notado y preguntar a la niñera en el vestíbulo por la salud de su señorita.

Salí disparado para el Hotel d'Angleterre. Por otra parte. Pero yo no tenía humor para atenderlos. Decían. fue el primero en darme la enhorabuena. había perdido aposta todo su dinero a la ruleta para que no heredase nada. pero cuando supo que era yo. de Cominges y que si éste desobedecía.asombro cuando me enteré por la niñera. Se sabía ya lo de mis ganancias. salió al pasillo y se me puso delante. ¿Dónde podrá haberse metido? La niñera me miró con reproche. y como efectivamente había desobedecido. Le pregunté al instante por Polina. que Polina no había vuelto todavía a casa y que la niñera misma iba a la mía a buscarla! -Hace un momento -le dije-. hace diez minutos. mirándome de hito en hito con sus ojos color de estaño y esperando a ver lo que yo decía. la condesa. «Diesen Russen!» -repetía el Oberkellner meneando la cabeza con indignación. que la abuela era su madre. . el camarero de mi piso. hace sólo un momento que se separó de mí. Y mientras tanto salió a relucir todo el lance.'ante los propios ojos de su hijo. que había venido ex professo de Rusia para impedir que su hijo se casase con mlle. Otros reían. que ya circulaba por el hotel. con dirección al Hotel d'Angleterre. le privaría de la herencia. a quien encontré en la escalera. Era todavía temprano y míster Astley no recibía a nadie. En la conserjería y entre las gentes del Oberkellner se murmuraba que la Fráulein había salido corriendo del hotel. además. Por sus palabras y alusiones me percaté de que ya todo el mundo sabía que había pasado la noche en mi cuarto. bajo la lluvia. hablaban ya de toda la familia del general: se supo que éste había perdido el juicio la víspera y había estado llorando por todo el hotel. El Oberkellner preparó la cuenta. Karl.

sí! Lo he notado. -¿Por qué? . -¿Conque usted también sabe eso? -Lo sé..-Está enferma -respondió míster Astley. .Oh. Ella iba a venir aquí anoche y yo iba a llevarla a casa de una pariente mía. -Pues es preciso ponerla en tratamiento. me hace usted pensar en algo. -Vaya. y se reía a carcajadas. rníster Astley. pero como estaba enferma se equivocó y fue a casa de usted. Se irá usted. pues. ¿No pasó usted la noche bajo nuestra ventana? Miss Polina me estuvo pidiendo toda la noche que la abriera y que mirase a ver si estaba usted bajo ella. esta mañana a París. -¿De veras? No. ¿qué es lo que quiere usted? -¿Es cierto que ganó usted ayer 200. eso no puede ser. no estuve debajo de la ventana. y si muere. pero sí estuve esperando en el pasillo y dando vueltas.. -Vamos. -Míster Astley. sí! Tengo esa intención.Oh. -¿De modo que está con usted? -¡Oh. eso provocaría un escándalo. míster Astley. -¡Hay que ver! Bueno. y ya he dicho que está enferma. está enferma de verdad. hombre. le felicito. Míster Astley. Además.000 táleros? -Sólo 100. sí! Ya he llamado al médico. quien seguía mirándome con fijeza y sin apartar de mí los ojos. ¿No lo ha notado usted? -¡Oh. que usted tiene la intención de retenerla consigo? . -¿Así es que usted. A propósito. le haré a usted responsable de su muerte. sí! Está conmigo. Si no lo estuviese no habría pasado la noche con usted.000 florines. Me quedé perplejo.

Me fui. entonces me sucedió-un lance extraño y ridículo. y ahora esta aventura con miss Polina. Además. la sigo amando en este instante. Piense.. «Con todo. Iba de prisa a ver al general cuando no lejos de sus habitaciones se abrió una puerta y alguien me llamó. que el general no piensa en eso y que le trae sin cuidado. pero. toda la ciudad.-Todos los rusos que tienen dinero van a París -explicó míster Astley con la voz y el tono que emplearía si lo hubiera leído en un libro. cosa rara. Esto lo digo ahora.si mademoiselle Polina muere. Creo. sin embargo. míster Astley. Cuando me separé de míster Astley y fui a casa. -¿Qué haría yo en París ahora. sufría de verdad y me culpaba a mí mismo.. -Pues bien. desde el momento en que la víspera me acerqué a la mesa de juego y empecé a amontonar fajos de billetes. pero entonces no me daba cuenta cabal de ello. bien lo sabe Dios. En cuanto a esa familia. adiós. -Sí. amaba a Polina de modo tan extraño? No. Era . adiós. miss Polina tiene el perfecto derecho de vivir donde le plazca.. porque lo sabrá toda la ciudad. pero no iré a París. mi amor pareció desplazarse a un segundo término. Bueno. Además. el general. usted mismo lo sabe. riéndome del extraño convencimiento que tenía este inglés de que me iría a París.. en lo que ahora será de nosotros. míster Astley. -¿De veras? Estoy convencido de que no.. Pero. ¡vaya complicación! » Juro que sentía lástima de Polina. cabe decir que en rigor ya no existe. Estoy completamente seguro de que irá usted a París hoy.. en verano? La quiero. quiere matarme de un tiro en duelo -pensaba. ¿Soy efectivamente un jugador? ¿Es que efectivamente. En una palabra. si se queda usted aquí lo perderá probablemente todo y no tendrá con qué ir a París.

je te prends à Paris. acércate. bête! Es cierto que tu as gagné une montagne d'or et d'argent? J'aimerais mieux l'or. compuesto de dos habitaciones. si tu n’es pas trop béte. quand tu étais outchitel! ¿Dónde están mis medias? ¡Pónmelas. -Ah. ¿Sabes? Me voy en seguida. Entré en la habitación de ésta. as-tu du coeur? -gritó al verme y soltó una carcajada. -Pues mira. Oí la risa y los gritos de mademoiselle Blanche en la alcoba. de los que quizá sólo se ven en sueños. -Mon fils. -Bibi.. Sí. c'est lui! Viens donc. que no oigo nada. Se retorcía bajo la colcha de raso color de rosa. y me llamaba por orden de mademoiselle Blanche. Dis donc. Se había servido el café hacía ya rato. estaba hecho el equipaje. morenos y robustos. -empecé a decir parafraseando a Corneille. n'est-cepas? Me acerqué a ella. y. Se levantaba de la cama. Su alojamiento era exiguo. En efecto.. vois-tu -parloteó de pronto-. de debajo de la cual surgían unos hombros maravillosos. -¿En seguida? -Dentro de media hora. medio cubiertos por un camisón de batista guarnecido de encajes blanquísimos que iban muybien con su cutis oscuro. en primer lugar. en segundo lugar. qu'est-ce que c'est qu'un outchitel? Tu étais bien bête. anda! . comme tu es béte. -La he ganado -dije riendo. anda. Todas las maletas y los efectos estaban listos. búscame las medias y ayúdame a calzarme. -Eh. Se reía siempre con mucho alborozo y a veces con sinceridad -Tout autre. -¿Cuánto? -Cien mil florines. Nous ferons bombance.madame veuve Cominges. bien! ¿quieres? Tu verras Paris.

. mon outchitel. -Eh bien. Ya ves que je suis bonne enfant y que te lo digo de antemano. prefiriera míster Astley a mí. -Eh bien.. que sais-je? No cabe duda de que en dos meses nos gastaremos esos ciento cincuenta mil francos. además. Verás mujeres como no las has visto nunca. Acabó por echarme de la habitación. Me los darás en Francfort. como lo son por lo común esos piececitos que lucen tan bien en botines. ¿qué es lo que me queda a mí? -Et cent cinquante mille francs. Cuando volvía a mi cuarto me sentía como mareado. pequeño. no tengo yo la culpa de que mademoiselle Polina me tirara todo el dinero a la cara ni de que ayer. Los recogí. Escucha. si te doy cincuenta mil francos. -Espera. por añadidura. Ella lo retiró y con la punta de él comenzó a darme en la cara. pero no pude contenerme y le besé el pie. je t'attends. Mademoiselle Blanche mientras tanto parloteaba sentada en la cama. ¡dentro de un cuarto de hora me voy! -gritó tras mí. al fin y al cabo. Nous allons à Paris. Pero.. si tu veux. vete de aquí.. vil esclave! ¿Pero no sabes que un mes de esa vida vale más que toda tu existencia? Un mes. ¿lo has olvidado? y. mais tu verras des étoiles. riendo.Levantó un pie verdaderamente admirable. que fais-tu? En ese momento estaba yo poniéndole la otra media. va! ¡Vete.. que feras-tu si je te prends avec? Para ernpezar je veux cinquante mille francs. Yo. que no lo vales! Aïe. me puse a estirarle la media de seda. moreno. estoy dispuesta a vivir contigo un mes. dos meses. et aprés le déluge! Mais tu ne peux comprendre. Allí viviremos juntos et je te ferai voir des étoiles en plein jour. perfecto de forma. Algunos de los billetes estaban aún desparramados por el suelo. -¿Cómo? ¿Gastarlo todo en dos meses? -¿Y qué? ¿Te asusta eso? Ah.

. Pues sí. yo misma te haré el nudo de la corbata y te presentaré a Hortense. mais tu seras heureux. Un cuarto de hora después estábamos. y tú la tienes. pero. ocupado hasta poco antes por el conde V. dentro de un mes estaré aquí. en efecto. míster Astley. casi al borde de la histeria. yo diré que estaba alegre. Me voy al instante. por lo que recuerdo ahora ya entonces me sentía terriblemente triste. Quizá. me mudara abajo. de pie. Peut-étre. a un aposento soberbio. y efectivamente es cierto. madame veuve Cominges y yo. a París» -pensé para mis adentros.. si me parecía bien. qué bobo! -chillaba Blanche. ¿Qué te dijeron los judíos? Lo importante es la audacia. je ne demandais pas mieux. Es evidente que ello está escrito. ~¿Pero qué tienes? ¡Qué bobo eres! ¡Oh. comme un petit roi.. Me parecía que por algún tiempo -pero sólo por algún tiempohabía cambiado la decoración. Veuve Cominges la secundaba. Y cuando nos gastemos todo nuestro dinero vuelves aquí y una vez más harás saltar la banca. «Ahora bien. y más de una vez me . nos gastaremos tus doscientos mil francos. -¡La cuenta! -exclamé-. reflexioné. pero ya estaba acostumbrado desde el día antes a arriesgarlo todo a una carta.. ese dinero era demasiado para mí y me había trastornado. sí. y entonces. Mademoiselle Blanche me miraba riéndose. pues sí. interrumpiendo su risa y riñéndome en serio-.» No. Mi vida se había partido en dos. Yo.En ese momento se abrió la puerta y apareció el Oberkellner (que antes ni siquiera quería mirarme) con la invitación de que. en diez minutos. los tres sentados en un compartimiento reservado: mademoiselle Blanche. y entonces nos veremos las caras. «Pues si ha de ser París. aunque rivalizaba con la tonta de Blanche a ver quién soltaba las mayores carcajadas.

Es difícil imaginarse nada en este mundo más mezquino. Nos seguirá a toda prisa. ja! ¡Qué contenta estaré con él! En París me será útil. y al cabo de tres días en París le entregué cincuenta mil más. Pero esto en cuanto a su propio dinero.. . Y he aquí cómo fui entonces a París. «et les cent mille francs que nous restent tu les mangeras avec moi.. al menos así lo tengo proyectado» -añadió. ja. esto es. -El general. fue una locura y estupidez. Cuando vuelva el pobre. me dijo más tarde. Yo. En total permanecí en París algo más de tres semanas y en ese tiempo se volatilizaron por completo mis cien mil francos. ¡Ja. ya habrá volado el pájaro. viene ahora a verme todos los días con un ramo de flores. ya veras. -¿Y el general? -le pregunté. Hablo sólo de cien mil. sin embargo. Esta vez le he mandado de propósito a que me busque flores muy raras. en un pagaré. tutor.. je veux cinquante mille francs de rente et alors. Capítulo 16 ¿Qué diré de París? Todo ello. Míster Astley pagará aquí por él. En lo tocante a mis cien mil francos. casi no vi esos cien mil francos. Me llamaba siempre «outchitel». por el cual me sacó también dinero al cabo de ocho días. Quant à moi. como bien sabes. sin rodeos que los necesitaba para su instalación inicial en París: «puesto que ahora me establezco como Dios manda y durante mucho tiempo nadie me quitará del sitio. por supuesto. más avaro más ruin que la clase de criaturas a que pertenecía mademoiselle Blanche.llevarás dinero a París. los otros cien mil se los di a mademoiselle Blanche en dinero contante y sonante: cincuenta mil en Francfort.. mon outchitel».

y en mi faltriquera. lo que ya es decir. de lo más mercenario. mejor dicho. inaguantables por su ignorancia y descaro.» Recurrí muy a menudo al champaña porque a menudo me sentía horriblemente triste y aburrido. Il a gagné deux cent mille francs y no sabría gastárselos sin mí. -¿Pero para qué necesitas dinero? -me preguntaba de vez en cuando con la mayor sinceridad. recibir y entretener a comerciantes ricos e imbéciles. a cincuenta mil francos. con guantes pajizos. a escritorzuelos miserables y a insectos del periodismo. Se les ocurrió incluso reírse de mí. «C'est un outchitel -decía de mí mademoiselle Blanche-. Todo esto me resultaba repugnante en alto grado.Era ella la que siempre guardaba el dinero. En esas dos veladas me vi obligado a desempeñar el estúpido papel de anfitrión. en Petersburgo. Ahora bien. amén de lo cual dimos dos bailes. a varios tenientes del ejército. mujeres notables por muchos conceptos y hasta bastante guapas. Con los cincuenta mil restantes se procuró un carruaje y caballos. en el que se calculaba y se llevaba cuenta de cada . ni más ni menos. sin embargo. Esa miseria ascendía. que llegaban vestidos de frac muy a la moda. Vivía en un ambiente de lo más burgués. y cuando más tarde me condujo al nuevo domicilio me decía enseñándome las habitaciones: «Mira lo que con cálculo y gusto se puede hacer aun con los medios más míseros». dos veladas a las que asistieron Hortense y Lisette y Cléopátre. ¿No sabe aquí nadie dónde colocarlo? Hay que hacer algo por él. en la que ella misma huroneaba todos los días nunca había más de cien francos y casi siempre menos. y yo no disputaba con ella. y dando muestras de un orgullo y una arrogancia inconcebibles aun entre nosotros. Más tarde volverá a ser tutor. pero yo me emborraché de champaña y fui a tumbarme en un cuarto trasero. con ese dinero iba amueblando y decorando su apartamento bastante bien.

Entonces se iba. no hay por qué explicarle nada. no sé por qué se había figurado que durante nuestra convivencia yo iría tras ella con papel y lápiz. es verdad que me vistió con elegancia y que todos los días me hacía el nudo de la corbata. llegué a adquirir cierta fama en tal quehacer. pensando probablemente para sí: «Pero si es tonto. empecé a frecuentar el «Cháteau des Fleurs». Bibi? -dijo acercándose a mí. gastos muy por encima de nuestros medios: por ejemplo. -Bueno. se deshizo de los caballos que tenía y compró otro tronco en dieciséis mil francos). .. apuntando todo lo que había gastado. con regularidad.tantes. pero volvía diez minutos después (esto ocurría en ocasiones en que estaba haciendo los gastos más exorbi. Para cada una de las embestidas mías que había imaginado de antemano tenía preparada una réplica: pero viendo que yo no embestía empezó a objetar por su cuenta. me embriagaba y aprendía el cancán (que allí se baila con la mayor desvergüenza) y.acabó por sorprenderse. cosa que noté. Aburrido Y melancólico. puesto que ni se entera». y se limitaba a poner fin a sus explicaciones. ¿conque no te enfadas. «un outchitel». en consecuencia. pero en su fuero interno me despreciaba cordialmente.sou. Algunas veces se arrancaba con ardor. estaba segura de que por cada diez francos se armaría entre nosotros una trifulca. lo que había robado y lo que aún había de gastar y robar. y. pero al notar que yo guardaba silencio -porque lo corriente era que estuviera tumbado en el sofá mirando inmóvil el techo. Por fin Blanche llegó a calar mi verdadera índole. Al principio pensaba que yo era simplemente un mentecato. donde todas las noches. Blanche no me quería mucho en los primeros quince días. lo cual me traía sin cuidado. por supuesto.

Te va bien. ¡hay que ver cómo eres! Mais tu as I'esprit pour comprendre! Sais-tu. c'est magnifique! Y yo sé que los ganarás y que los traerás aquí. -¿Entonces no estás enfadado? -¿Por qué había de estarlo? Haces bien en adquirir las cosas que estimas indispensables. mon garçon.. Lo menos que Blanche esperaba de mí eran tales razonamientos en vez de gritos y reproches. dis donc? -Aprés. Se pueden revender en veinte mil francos. de otro modo no llegarás a millonaria. mais dis donc.. voy a Homburg y vuelvo a ganar cien mil francos. si he decidido pagar tanto es porque los vendían de lance. Los caballos son soberbios. por ser como eres te voy a querer todo este tiempo y no te seré infiel ni una sola vez. -Pero tú. ¿Conque no lamentas que el dinero se nos acabe pronto? -Cuanto antes. -Sin duda. una gota de agua en el mar. aunque sólo eres un outchitel. -Mais.. no te he querido hasta ahora parce queje croyais que tu n'es qu'un outchitel (quelque chose .. ¿es que eres rico? Mais.-¡Noooo! Me fastidias -contesté apartándola de mí con el brazo. sais-tu. Bueno. Eh bien. -Oui. oui! c'est ça. Dis donc. sais-tu.. Nuestros cien mil francos son nada más que el principio. -Mira. Esto le pareció tan curioso que al momento se sentó junto a mí. vas a hacer que te quiera. mejor. Qu'est-ce que tu feras après. para ella fue como caer del cielo. sin duda.. Yo veo que. necesitas establecerte bien. Ahora tienes un magnífico tronco. Todo te será de utilidad más tarde. basta. Ya ves. deberías haber nacido príncipe. desprecias el dinero demasiado. efectivamente.

a su modo. parce queje suís bonnefille. il faut que jeunesse se passe. no le des dinero. una mujer admirable y a quien en nuestro círculo llamaban Thérésephilosophe. pero a pesar de ello te he sido fiel. fue bastante. como ya he dicho. con ese oficialito moreno? -Oh. en efecto. De esta suma. casi para un mes.. sais-tu? Un vrai philosophe! -exclamó con entusiasmo-..comme un laquais. desde ese momento se mostró conmigo muy apegada. -Vamos. No debes despedirlo si fue mi predecesor y tú le quieres. tu seras content! Y. pero en ciertos particulares cumplió de veras su palabra. Pero con nuestros cien mil francos hubo bastante. que en los últimos días era ya casi sincera conmigo (por lo menos no me mentía en algunas cosas). confesó que al menos no recaerían sobre mí las deudas que se veía obligada a contraer. Blanche. Ahora bien. Por añadidura. tu verras. se portó hasta con afecto. me presentó a Hortense que era. pero ¿piensas que me enfado? Me importa un comino. ochenta mil francos por lo menos los invirtió Blanche en comprarse cosas: vivimos sólo de veinte mil francos y. n'est-ce pas?). mientes. ¿me oyes? ~¿Conque no te enfadas por eso tampoco? Mais tu es un vrai philosophe. todo esto podría constituir un relato especial. sin embargo. je t'aimerai. Lo que quiero subrayar es que deseaba con toda el alma que aquello acabara lo antes posible. que mientes! ¿Es que crees que no te vi la última vez con Albert. No vi las «estrellas» prometidas. bien. je t'aimerai. «No te he dado a firmar cuentas y pagarés porque .. mais tu es. -¡Anda. y así pasaron nuestros últimos diez días. mientes. con un colorido especial que no quiero intercalar en esta historia.. Eh. Oh. Pero no hay por qué extenderse en estos detalles. lo que de veras me maravillaba.

tuvimos una boda. y es preciso admitir que en ella se fueron los últimos residuos de mis cien mil francos. y en vista del cariz diferente que habían tomado las cosas. con su estatura relativamente elevada. al teatro y a visitar a los amigos. estado . Con alguien así no sólo era posible. sino hasta recomendable. sus patillas y bigote teñido (había servido en los coraceros) y su rostro agradable aunque algo adiposo. y hasta se precipitó a abrazarlo. efectivamente. creyendo que Blanche prorrumpiría en gritos y mandaría que lo echaran.me ha dado lástima de ti. circular por el bulevar. si se permite la expresión. no sé dónde. porque no contaba con ello cuando vino a vernos a su llegada a París. Con ello se terminó el asunto. Por tales motivos el bueno e inútil general estaba que no cabía en sí de gozo. con carcajadas y chillidos. Para estos fines el general era todavía útil. Blanche le recibió gozosamente. Tenía. pero otra lo hubiera hecho sin duda y te hubiera llevado a la cárcel. Sus modales eran impecables y vestía el frac con soltura. es decir. Se celebró al final mismo de nuestro mes. es cierto. su propio domicilio. Entonces se presentó casi temblando de miedo. Vino directamente a ver a Blanche y desde la primera visita casi se alojó con nosotros. Ello ocurrió del modo siguiente: ocho días después de instalarnos en París se presentó el general. estaba rebosante de entusiasmo y pasó todo ese mes en un estado de absurda exaltación. pues tenía un porte bastante impresionante y decoroso. ¡Ya ves. la cosa llegó al punto de que ella misma era la que no le soltaba y él hubo de seguirla a todas partes: al bulevar. con ello se terminó nuestro mes y pasé formalmente a la condición de jubilado. ya ves. cómo te he querido y lo buena que soy! ¡Sólo que esa endiablada boda me costará un ojo de la cara! » Y. a los paseos en coche. En París empezó a llevar sui condecoraciones.

se metió en el tren y se vino a París. a hacer memoria. cuando se acurrucaba en un rincón. que ésta había ido a algún sitio sin llevarle consigo o que se había ido sin hacerle alguna caricia. Después de permanecer sentado una hora o dos (noté esto un par de veces cuando Blanche estuvo fuera todo el día. Le pusieron en tratamiento. pero de repente lo dejó todo. persistieron durante largo tiempo los síntomas de la enfermedad. era ya poco lo que recordaba. como si quisiera encontrar alguna cosa. llegó a ser escandalosamente distraído y adquirió la costumbre de hablar consigo mismo. significaban sólo que no había visto a Blanche en algún tiempo. ni él mismo hubiera podido decir qué quería y ni siquiera se daba cuenta de que estaba triste y decaído. a despecho de su estado alegre y exaltado. pero.en que seguía cuando yo le dejé. que tenía algo de carcajada. con lo que salía del paso. le había dado esa misma mañana algo así como un ataque. en tal caso se limitaba a mover la cabeza y a decir «¡hum!» a cada palabra. Blanche era la única que podía animarle. Por otra parte. Por añadidura. hablando sin cesar. Me enteré en detalle de que después de nuestra repentina partida de Roulettenburg. volvía a caer en la distracción hasta que se presentaba Blanche. Le era imposible razonar o incluso mantener una conversación si era un poco seria. tétrico como la noche. a veces también permanecía sentado horas enteras. frunciendo sus pobladas cejas. Reía a menudo con risa nerviosa. . Ni que decir tiene que el recibimiento que le hizo Blanche fue la mejor medicina para él. los accesos de depresión y taciturnidad. en realidad. a aguzar la mirada. probablemente con Albert). enfermiza. alegre. Cayó al suelo sin conocimiento y durante toda la semana siguiente estuvo como loco. empezaba de pronto a mirar a su alrededor. a agitarse. pero al no ver a nadie y al no recordar siquiera lo que quería preguntar. y.

¡sólo lamento que seas tan pazguato! ¡Nunca harás fortuna!» «Un vrai Russe. de lo cual quedé maravillado.. por lo demás. En resumen. lo llevaba al teatro. solté una risotada. del que se prendó en el Palais Royal y que a toda costa quería regalar a Blanche.. esto es. En cierta ocasión tuve casi que recurrir a la fuerza para impedir que comprase un broche en setecientos francos. aunque el general tenía el suyo propio y gustaba de tirar de cartera en presencia de la gente. se ponía a zarandearlo y hasta lo besaba. A este fin Blanche facilitaba el dinero. galardón. por otra parte. «Eres bueno y listo -me decía hacia el finaly. emperifollada. primero me tomó por un imbécil. Recurrió incluso a la elocuencia. con su risa sonora. Blanche se puso a abogar su causa ante mí. pero al final quedó con la impresión de que era hombre bueno y acomodaticio. Por fin. Yo. por último. que raras veces le otorgaba. era en efecto una chica excelente. que había sido casi prometida suya. que yo había servido en casa de él y debía recordarlo. ? Yo me limitaba a callar mientras ella hablaba como una cotorra. En una ocasión el general llegó a tal punto en su regocijo que hasta se echó a llorar.vivaracha. que tuve la suerte de acabar mereciendo el absoluto beneplácito de esta digna señorita (Blanche. con lo que terminó aquello. yo no la aprecié como tal al principio). me recordaba que le había engañado por mí.. ni más ni menos que como un lacayo sacaría de paseo a una galguita. y que ¿cómo no me daba vergüenza . quien iba corriendo a él. que por ella había él abandonado a su familia y. al Bal-Mabille y a los restaurantes. claro que en su género.. un calmouk!» Algunas veces me mandaba sacar al general de paseo por las calles. y. sin embargo. que le había dado su palabra. ¿Pero qué representaba para ella un broche . Tan pronto como el general apareció en París.

En tal estado se puso a hablar conmigo un par de veces. que se puso a despotricar sin ton ni son. sí! Los niños.. Muchas veces noté. aunque sin explicarse claramente. ¿por qué?. En cuanto a cómo me consideraba durante todo este tiempo. hasta este momento sigo sin enterarme. Sólo una vez se mostró . tiene usted razón. que sentía lástima de algo o de alguien. puesto que éste había pagado lo que el general debía en el hotel. su hacienda. No era hombre susceptible al agravio. Al menos me hablaba siempre con altivez. creo que ni siquiera sospechaba mis relaciones con Blanche. Intenté hablar con él de sus hijos.. y la repetía cien veces al día. Se le ocurría una frase y se entusiasmaba con ella. y de vez en cuando hasta me echaba una filípica. hasta que por fin lograron tranquilizarle no sé cómo y lo sacaron a dar un paseo. Nadie pudo entender nada. y he aquí que de pronto se ofendió conmigo. sus propiedades. los niños. sin embargo. incluso cuando Blanche estaba presente. trajo a colación sus años de servicio. que me haría comprender. los niños». gritaba que yo era un pilluelo... Supongo que procedían de míster Astley. Aunque había oído vagamente que yo había ganado una fortuna. que digamos. etcétera. igual que antes. etcétera. En resumen. que se ponía triste. que iba a darme una lección . pero dio esquinazo al tema con el consabido trabalenguas y pasó en seguida a otro: «¡Sí. en tono autoritario. probablemente suponía que en casa de Blanche yo era algo así como secretario particular o quizá sólo criado.de setecientos francos? Al general no le quedaban más que mil francos y nunca pude enterarme de cómo se los había procurado. a su difunta esposa. à bátons rompus. Por supuesto que él mismo lo ignoraba. En cierta ocasión nos dio muchísimo que reír una mañana a Blanche y a mí. aunque no correspondiera ni por asomo a sus sentimientos ni a sus ideas. Blanche se partía de risa..

no puedes negar que a pesar de todo es su heredero. Yo seré "mádame la générale". pero si empieza a tener celos. una terrateniente rusa.. cuando empecé a hablar de Polina.. ¡No se atreverá! -Bueno. me ha perdido! ¡Ha sido mi pesadilla durante dos años enteros! ¡Se me ha aparecido en sueños durante meses y meses! Es. Fue Blanche la primera en explicármelo. tiene su pensión. Míster Astley ha telegrafiado. Y luego. justamente ocho días antes de separarnos. ¡Oh.. es.. la babouchka está ahora enferma de veras y se muere sin remedio. ¿entiendes? -¡Oh. me ha robado. Y aunque no lo sea. sí!». no es ningún estorbo para mí. señor. luego llegaré a ser. Una vez. «Il a du chance -chachareó-.conmovido. En primer lugar. durante la velada repitió varias veces las palabras «niños infelices».. j'aurai un château.. montó en cólera: « ¡Es una desagradecida! -gritó-. cuando iba con nosotros al teatro: «¡Son unos niños infelices!». des moujiks. preguntará. y en segundo lugar. Ya le he hecho firmar algunos pagarés en nombre de Albert. vivirá en el cuarto de al lado y estará más contento que unas pascuas. non! ¡No se atrevería! He tomado mis medidas.. cásate con él. De Des Grieux ni siquiera podía escuchar el nombre. no te preocupes. et puis j'aùrai toujours mon million!» -Bueno. no vuelva usted a hablarme de él!» Vi que traían algo entre manos... sabe Dios qué cosas. non. Entraré en la buena sociedad (Blanche soñaba con esto continuamente). ya la ataría yo corto! ¡Sí. «Me ha arruinado ~decía-.. es . ¡es mala y desagradecida! ¡Ha deshonrado a la familia! ¡Si aquí hubiera leyes. Al menor paso en falso será castigado en el acto. pero guardé silencio como de costumbre. non. no. .

mais vois-tu. El novio se interesó enormemente en su situación. su madre no era la veuve Cominges-. No sé por qué ambas se habían hecho pasar por de Cominges hasta entonces. que participé en todo ello como espectador indolente.imagínate que todavía no he podido aprender mi nuevo apellido: Zagorianski.La boda se celebró sin especial festejo. y hasta prefería du Placet a de Cominges. Pero el general también quedó contento de ello. En la iglesia. Yo. sino hasta orgulloso. Sólo recuerdo que el apellido de Blanche resultó no ser «de Cominges» -y. no he pensado en una cosa horrenda. donde se sirvió un refrigerio. Algo les había ocurrido a los dos. La propia Blanche le anudó la corbata y le puso pomada en el pelo. Cléopátre y las demás quedaron excluidas sin contemplaciones. sino «du Placet». saliendo de la habitación del general. Entre los invitados figuraban Albert y algunos de los íntimos. ya enteramente vestido. me enteré de tan pocos detalles que he olvidado mucho de lo que sucedió. claro. «¡Mademoiselle Blanche du Placet! ¡Blanche du Placet! ¡Du Placet!». Zagozianski. madame la générale de Sago-Sago. -Il est pourtant trés comme il faut -me explicó la misma Blanche. en familia y discretamente. La mañana de la boda. porque también Blanche revelaba una particular dignidad. se estuvo paseando de un extremo a otro de la sala. Hortense. como sorprendida de que éste fuera en efecto trés comme il faut. se mostró no sólo alegre y satisfecho. Y en su rostro brillaba cierta fatuidad. Con su frac y chaleco blanco ofrecía un aspecto trés comme ilfaut. -Es menester que ahora me conduzca de manera enteramente distinta -me dijo con seriedad poco común-. en la alcaldía y en casa. repitiendo en voz baja con seriedad e importancia nada comunes. .

et tu seras heureux!» A mí me quedaban todavía quinientos francos. Y al darme el último apretón de manos exclamó de pronto: Attends!. En efecto. y Blanche. hasta derramó unas lagrimitas al despedirse de mí: «Tu étais bon enfant -dijo gimoteando-. sin contar un magnífico reloj que valdría mil. y en Homburg se juega en serio. las he vuelto a leer por casualidad...ces diables de noms russes. Por nada del mundo te daré más de dos mil. quizá como outchitel seas muy listo. la tonta de Blanche. pero como hombre eres terriblemente tonto. Me enteraré de todo. Capítulo 17 Ya hace un año y ocho meses que no he echado un vistazo a estas notas. pero sobre todo para esperar a míster Astley. desalentado y melancólico.. quizá el año que viene. No iré a Roulettenburg. ¡Bueno. ¡Nunca lo hubiera creído! «Esto te vendrá bien. y sólo ahora. un par de gemelos de brillantes y alguna otra cosa. en fin madame la générale à quatorze consonnes! Comme c'est agréable. fue corriendo a su gabinete y volvió al cabo de un minuto para entregarme dos billetes de mil francos. y después. He sabido que probablemente pasará por aquí en viaje de negocios y se detendrá. con la intención de distraerme. dicen que es de mal agüero probar suerte dos veces seguidas en la misma mesa de juego.. Vine a instalarme de propósito en este villorio para hacer inventario de mí mismo. adiós! Nous serons toujours bons amis. y si ganas otra vez ven a verme sin falta. pero eso te sienta bien». je te croyais bête et tu en avais l'air. con lo que podría ir tirando bastante tiempo todavía sin preocuparme de nada. . después me iré derecho a Homburg. porque los perderías al juego. n'est-ce pas? Por fin nos separamos.

En efecto.. no con qué ligereza. estoy mucho peor que un mendigo! ¿Qué digo mendigo? ¡Nada de eso! Sencillamente estoy perdido. ¿qué pueden decirme que yo no sepa? ¿Y acaso se trata de eso? De lo que se trata es de que basta un giro de la rueda para que todo cambie. . ¡Dios mío! ¡Con qué ligereza de corazón. escribí entonces esas últimas frases! ¡Mejor dicho. como lo hacen ahora.serán entonces los primeros en venir a felicitarme con chanzas amistosas. ¿Qué puedo ser mañana? Mañana puedo resucitar de entre los muertos Y empezar a vivir de nuevo. hablando relativamente. y de que estos moralistas -estoy seguro de ello. a mi modo de ver.Me quedé entonces en el punto en que salía para Homburg. ¡Oh. mientras viva. adonde fui como ayuda de cámara del Consejero Hinze. hombres satisfechos de sí mismos! ¡Con qué orgullosa jactancia se disponen esos charlatanes a recitar sus propias máximas! Si supieran cómo yo mismo comprendo lo abominable de mi situación actual. estuve también en Spa. con qué firmes esperanzas! ¿Tenía acaso alguna duda de mí mismo? ¡Y he aquí que ha pasado algo más de año y medio y. fui entonces a Homburg. Nada sería más estúpido que moralizar ahora. también serví de lacayo ¡nada menos que cinco meses! Eso fue recién salido de la cárcel (porque estuve en la cárcel en Roulettenburg por una deuda contraída aquí. Un desconocido me sacó de ella. ¿Quién sería? ¿Míster Astley? ¿Polina? No sé. Sí.. pero . Pero no hay nada con qué compararlo y no tengo por qué darme a mí mismo lecciones de moral. sino con qué presunción. ¡Que se vayan a freír espárragos! ¿Qué soy yo ahora? Un cero a la izquierda. Aún puedo. más tarde estuve otra vez en Roulettenburg. un bribón que fue mi amo aquí. rescatar al hombre que va dentro de mí. estuve incluso en Baden. no se atreverían a darme lecciones. Porque vamos a ver. Y no me volverán la espalda.

o bien: quatre. se asombrasen de mí. todas estas magníficas damas de Baden hablasen de mí.que estoy por encima de todos estos necios reveses del destino. rouge. no era el dinero lo que me atraía.. impaire et passe. con qué desfallecimiento del corazón escucho el grito del crupier: trente et un. ¡Oh. pero acabé como verdadero lacayo. Como yo no tenía adonde ir. porque la verdad es que no soy avaro. y yo sé hablar y escribir tres idiomas. contasen mi historia. ¡Oh. federicos y táleros. le dije que quería dejar su servicio. amante de la ociosidad. creo que soy un manirroto. con treinta gulden al mes. Es éste un hombre joven y voluble. en Baden. En su servicio no comí ni bebí lo suficiente.. quizá tropezaría con Polina y le contaría -y ella vería. me quedé. con un tronco de mis propios caballos valorados en dieciséis mil francos. porque llegó el momento en que sus medios no le permitieron tener un secretario y me rebajó el salario. me colmaran de alabanzas y rindieran pleitesía a mis nuevas ganancias. y fui puesto en libertad). Al principio entré a trabajar con él en calidad de secretario o algo por el estilo. cómo me martilleaba el corazón! No. por decisión propia. doscientos táleros en total. me convertí en lacayo. con lo que en cinco meses ahorré setenta gulden. ¡con qué temblor. cubierta de luises. Lo único que entonces deseaba era que todos estos Hinze. las columnas de . y de esa manera. no era el dinero lo que me tentaba! Seguro estoy de que lo hubiera despilfarrado una vez más en alguna Blanche y de que una vez más me hubiera paseado en coche por París durante tres semanas. y esa misma noche me fui a la ruleta. pair et manque! icon qué avidez miro la mesa de juego. Y sin embargo. Todo esto son quimeras y afanes pueriles. todos estos Oberkellner. antes bien. ¿quién sabe?. pero. ¿En dónde iba a meterme? Y entré al servicio de ese Hinze.pero la deuda fue pagada. noir. Una noche.

Perdí. ni que decir tiene. contando lo anterior hacía un total de mil setecientos gulden. una vez más enpasse. como brasas candentes.. los doscientos al rojo. A la mañana siguiente. y perdí centenar y medio de florines. esas columnas o los altos rimeros de monedas de plata en torno a la rueda. allí no había servido como lacayo ni había estado en la cárcel.oro. No había sentido tal alegría ni siquiera aquella vez que gané cien mil gulden. Me quedaban sesenta gulden en plata.. Ah. paso días enteros junto a la mesa de juego . Comencé a apuntar al zéro cinco gulden por puesta. y salió. sólo dos. en tales momentos se olvidan todos los fracasos anteriores. y me pude contar de nuevo entre los hombres. Media hora antes de la salida del tren fui a hacer dos apuestas. ¡y en menos de cinco minutos! Sí. y a la tercera salió de pronto el zéro. juego cantidades muy pequeñas y estoy a la espera de algo. esa noche en que llegué a la mesa de juego con mis setenta gulden fue también notable. el rastrillo del crupier que desmorona en montoncillos. ya no era lacayo. los ochocientos al manque. A pesar de ello me trasladé a Homburg y hace ya un mes que estoy aquí. me atreví a arriesgar.. casi siento un calambre al oír el tintín de las monedas desparramadas. aunque haya dos habitaciones de por medio. Empecé con diez gulden. Vivo. Decidí irme a Homburg ese mismo día. Tomé habitación en un hotel. seguidamente aposté cien gulden al rojo. y salió. me encerré en ella y estuve contando mi dinero hasta la tres de la madrugada. cuando me desperté. y salió. Todavía. en perpetua zozobra. hago cálculos. cuando me acerco a la sala de juego. y salió. reflexioné y me decidí por el zéro. casi desfallecí de gozo cuando me entregaron ciento setenta y cinco gulden. los cuatrocientos al negro.. Porque conseguí esto arriesgando más que la vida.

me hace usted pensar en algo: ¿no fue usted quien Te sacó de la cárcel de Roulettenburg donde estaba preso por una deuda de doscientos gulden? Fue un desconocido quien me rescató. Al notar en él cierta gravedad moderé al momento mi regocijo.observándolo. Le honra a usted el hecho de que no se olvida. No se moleste en contarme nada: lo sé todo. tendré que meterme a lacayo otra vez. Fui a los jardines y calculé que estaba casi sin dinero pero que aún tenía cincuenta gulden. ~¡Conque está usted aquí! Ya pensaba yo que iba a tropezar con usted ~me dijo-. pero sólo una vez. A veces me paseaba así hasta cuatro horas y volvía a Homburg cansado y hambriento. -¡Bah. podré continuar el juego.. amén de que tres días antes había pagado en su totalidad la cuenta del hotel en que tengo alquilado un cuchitril. He aquí cómo sucedió eso. Llego a esta conclusión por la impresión que me ha producido tropezar con míster Astley. Pero.. iba yo dando mi paseo diario por el parque y por el bosque en el principado vecino. si pierdo. Pensando así. si gano algo. Me senté junto a él. conque espía usted a los viejos amigos! -respondí-. Por lo tanto. como hundiéndome en agua estancada. Él fue el primero en verme y me llamó a voces. No nos habíamos visto desde entonces y nos encontramos por casualidad. Me es conocida toda la vida de usted durante los últimos veinte meses. y de todo esto deduzco que voy como insensibilizándome. . hasta lo veo en sueños. me queda la posibilidad de acudir a la ruleta. pero aun así me alegré muchísimo de verle. a menos que se presenten en seguida algunos rusos que necesiten un tutor. todo. espere. Apenas hube pasado d( los jardines al parque cuando de repente vi a míster Astley sentado en un banco.

Ésta es una vieja verdad conocida de todo hombre inteligente. listo y entusiasmado al par que único. pero cuando comprendió se sonrió. pero sí sabía que estaba usted en la cárcel por una deuda de doscientos gulden. Pero le aseguro a usted que esta vez me alegra de veras que no haya perdido el coraje. sin embargo. No soy conocido de ninguno de nuestros rusos. No comprendió al instante. que está usted rabiando por dentro porque no me ve deprimido y humillado -dije yo. Allí en Rusia es otra cosa: los ortodoxos rescatan a los ortodoxos. no puedo decir que sepa quién le sacó. Es cierto. -Es decir. -Me gustan sus observaciones. Pensé que algún inglés estrambótico podría haberlo hecho por excentricidad. no! Yo no le saqué de la cárcel de Roulettenburg donde estaba usted por una deuda de doscientos gulden. Diga. -Me alegra mucho. Los rusos son los únicos que pueden reconciliar en sí mismos tantas contradicciones a la vez.. ver que conserva plenamente su independencia espiritual y hasta su jovialidad -dijo con tono algo desagradable. -Cosa rara. Por lo visto esperaba encontrarme triste y abatido. oh.-¡No. Reconozco en esas palabras a mi antiguo amigo. . -¿Quiere decir eso. que sabe usted quién me sacó? -Oh no. y en gran medida la amistad se funda en la humillación. a uno le gusta ver humillado a su mejor amigo. riendo. y quizá aquí los rusos no rescatan a nadie.. ¿no tiene intención de abandonar el juego? -¡Maldito sea el juego! Lo abandonaré en cuanto. de todos modos. Míster Astley me escuchó con cierto asombro.

apenas había echado un vistazo a los periódicos. a sus deberes como ciudadano y como hombre. sus ambiciones de ahora. -Se ha anquilosado usted -observó-.. Le apuesto que se lo recordaré a usted en este mismo banco.. etcétera. por consiguiente ha dicho la verdad. no sólo ha renunciado a la vida. Estoy seguro. a sus amigos (porque los tenía usted a pesar de todo). pero estoy seguro de que ha olvidado todas sus mejores impresiones de entonces. Sepa que no he olvidado absolutamente nada. a sus intereses personales y sociales. Diga. -Basta.-¿En cuanto se desquite? Ya me lo figuraba. Sus ilusiones. ¿no se ocupa usted en nada? -No. no van más allá del pair et impair. y para demostrarle que no me he olvidado tanto del pasado. ¡entonces ya verá usted cómo resucito de entre los muertos! -Estará usted aquí todavía dentro de diez años -dijo-. Entonces. No he tenido noticia ninguna de ella desde aquel tiempo. si vivo todavía. por favor. ya lo sé. y durante todo ese tiempo ni siquiera había abierto un libro.. etcétera.. noir. aun las más apremiantes. . incluso los recuerdos. basta -interrumpí con impaciencia-.. no haga memoria -exclamé con enojo vecino al rencor-. Yo le recuerdo a usted en un momento ardiente y pujante de su vida. fuera del juego. permita que le pregunte: ¿dónde está miss Polina? Si no fue usted quien me sacó de la cárcel sería probablemente ella. en nada. rouge. sino que por el momento he excluido todo eso de mi mente. los doce números medios. no siga . Yo no sabía nada. sino que ha renunciado incluso a sus recuerdos.. por favor.. -Bueno.. no sólo ha renunciado usted a todo propósito que no sea ganar en el juego. míster Astley. lo ha dicho usted sin querer. Empezó a hacerme preguntas. hasta que mejore mi situación de modo radical.

En la actualidad miss Polina viaja en compañía de la familia de mi hermana.. Durante algún tiempo estuvo viviendo con mi madre y mi hermana en el norte de Inglaterra. lo está todavía. Su hermano y su hermana menores también llevaron su parte en el testamento de la abuela y están en colegios de Londres. y me haría usted un gran favor si dejara de preguntarme por miss Polina -dijo sin ambages y hasta con enfado. a ella personalmente. Mademoiselle Blanche se portó bien con él.. bienes por valor de siete mil libras.. -Eso quiere decir que le ha herido también a usted mucho -dije riendo involuntariamente.. . Eso puede decirse en dos palabras. -¡Conque ahí estamos! Pero se equivoca usted. Me interesan sólo. Pero no se preocupe. Hace medio año su abuela -usted se acuerda. y considero insultante a mi sentido moral oír su nombre en labios de usted. murió de apoplejía en París hace un mes. usted y yo. Está ahora en Suiza. -Bueno. El general. si no de eso? Porque en eso consisten todos nuestros recuerdos. sólo su situación aparente en la actualidad. me parece que eso es todo. aquella mujer tan loca. oh no! No creo que fuera ella quien le sacara. -Miss Polina es la mejor de todas las criaturas más dignas de respeto.-¡No. por así decirlo. que no me hace falta conocer ninguno de sus asuntos íntimos o confidenciales. pero le repito que me hará un gran favor si deja de preguntarme por miss Polina.. ¿De qué cree usted que hablaríamos.murió y le dejó. para que todo quede concluido con esas dos palabras: miss Polina estuvo enferma largo tiempo. Usted no la conoció nunca. las condiciones externas de miss Polina. aunque consiguió apoderarse de todo lo que le dejó la abuela . su padrastro. que ahora está casada.

Usted. del parisiense. También yo lo encuentro artificial. -Le pido mil perdones. pero es delicioso. porque de nada culpo a miss Polina. puede no estar conforme con este aserto.-¿Y Des Grieux? ¿No está viajando también por Suiza? -No. es probable que ni siquiera aguante su lectura. lo que es aún más importante. -Si no menciona usted el nombre de Des Grieux en relación con otro nombre. El francés. Pero es largo de contar míster Astley. míster Astley. La forma nacional del francés. -¿Cómo? ¿A pesar de nuestras relaciones amistosas de antes? -Sí. es una forma bella. míster Astley. como ruso. yo. amanerado y relamido. le pido que me explique qué quiere usted dar a entender con la expresión «un francés y una señorita rusa». perfecta. es una cuestión importante. Por lo demás. le prevengo por última vez que desista de tales alusiones y conexiones innobles de nombres. y no sé dónde está Des Grieux. es decir. míster Astley. a pesar de nuestras relaciones amistosas de antes. aunque parezca ridícula a primera vista. Des Grieux no está viajando por Suiza. por lo demás. amanerado y relamido. que ni a usted ni a mí nos es dado calibrar ni entender por completo. aunque quizá por envidia. tampoco lo estoy. Habría mucho que saber de antemano. o tendrá usted que vérselas conmigo. como británico. hablando en términos generales. querámoslo o no usted y yo. y. pero nuestras damas Pueden opinar de manera muy distinta. Amén de que un francés y una señorita rusa. pero permítame decirle que nada injurioso o innoble hay en ello. es un gran poeta. hasta ridículo desde cierto punto de vista. míster Astley. forman una conexión. Usted puede juzgar a Racine artificial. ¿Qué conexión es ésa? ¿Por qué precisamente un francés y necesariamente una señorita rusa? -Ya veo que se interesa usted. adquirió su finura cuando .

presentándose en un papel cualquiera. y la señorita creerá que esa forma es la índole real del caballero. Miss Polina. presentándose enmascarado. le hago saber ahora que no hay criatura en este mundo más crédula y sincera que una mocita rusa que sea buena. pues. míster Astley. sin que haya contribuido a ello ni con su iniciativa. le abrirá su corazón. todo ello lo tiene por herencia. mucha más libertad de la que tienen nuestras mujeres. Todas . los franceses pueden ser fatuos e infames hasta más no poder. la forma natural de su ser y su sentir. Por muy desagradable que a usted le parezca. le dará su amistad. Pero para reconocer la belleza espiritual y la originalidad de la persona se requiere mucha más independencia. necesitaba mucho. Y esto será incluso consecuencia. míster Astley. por así decirlo. juiciosa y no demasiado afectada. de un liberal desilusionado. que se había arruinado por lo visto tratando de ayudar a la familia de ella y al mentecato del general. sobre todo las jovencitas. los rusos. pero en él seguirá reinando ese odioso canalla. Hoy día el francés más vulgar tiene maneras. ni con su espíritu. puede conquistar su corazón con facilidad extraordinaria. Bueno. La revolución fue heredera de la aristocracia. Des Grieux. y no la tomará por un disfraz que ha adquirido por herencia. expresiones y hasta ideas del mayor refinamiento.nosotros éramos osos todavía. posee una forma refinada. de la terquedad y el orgullo. ya que este mismo Des Grieux se presentó tiempo atrás ante ella con la aureola de un marqués elegante. En sí mismos. saben reconocer con bastante tino la belleza y son sensibles a ella. por su parte. debo confesarle que la mayoría de los ingleses son desmañados y toscos. ese Des Grieux mezquino. y en todo caso más experiencia. ni con su corazón. ruin y mercenario. muchísimo tiempo para darle a usted la preferencia sobre el canalla de Des Grieux. Le estimará a usted.

. aunque el de antes existía sólo en su imaginación.. soy socio de la conocida fábrica de azúcar Lowell and Company. lo que seguramente conoce miss Polina porque al parecer tiene una policía excelente. usted y yo no hemos sacado nada en limpio. de sus pensamientos. pero lo terrible del caso. al parecer por primera vez en m vida. lo que dice no tiene nada de original. Yo ni siquiera soy fabricante de azúcar. míster Astley.. porque. de sus esperanzas y. de los sentimientos de usted.estas bribonadas salieron a la luz más tarde. tanto más echa de menos al de antes. En fin. y se me saltaron las lágrimas. Además. es que todas estas acusaciones mías. porque. -De acuerdo. -Está usted furioso y por eso dice esas tonterías -comentó míster Astley con calma y en tono pensativo-. -Eso es una tontería repugnante. hombre innoble e indigno. sepa usted -dijo míster Astley con voz trémula y un relámpago en los ojos-.. que he venido a Homburg por encargo de ella para verle a usted. son verdad. pero no importa que hayan salido. sepa usted. ¿Es usted fabricante de azúcar. pues ya ve. y para dar a ella cuenta de todo. ¡de sus recuerdos! ~¿De veras? ¿De veras? -grité.. -Bueno. y de otro el Apolo de Belvedere. Devuélvale usted ahora al Des Grieux de antes -eso es lo que necesita-. chabacanas y grotescas que sean. noble amigo mío. no soy más que un insignificante jugador de ruleta y hasta he servido de lacayo. Estas dos cosas me parece que no tienen relación entre sí. por trilladas. No pude contenerlas. De un lado un fabricante de azúcar. míster Astley? -Sí. para hablarle detenida y seriamente. . Y cuanto más detesta al Des Grieux de ahora. hombre mezquino y desgraciado.

. así son todos los rusos o así tienden a serlo. un carácter vivaz y era hombre bastante bueno. se ha destruido usted. después de todo lo que se ha dicho. es otra cosa por el estilo. La ruleta es un juego predominantemente ruso. permanecerá usted aquí y con ello acabará su vida. adiós! Supongo que necesita usted dinero. Si no es la ruleta. . En mi opinión. Hasta ahora ha sido usted honrado y ha preferido ser lacayo a robar.. da lo mismo. Aquí tiene diez louis d'or. Pero no le doy mil libras y sí sólo diez louis d’or porque a decir verdad mil libras o diez louis d'or vienen a ser para usted. basta. estaría dispuesto a darle a usted inmediatamente mil libras para que empezara una nueva carrera. pero me aterra pensar en lo que puede pasar en el futuro. -¡Oh.. míster Astley. pero. de que se iría de Homburg y volvería a su país. hasta hubiera podido ser útil a su país. -Lo tomaré si me permite un abrazo de despedida. Sí. ¡Bueno. porque usted se quedará aquí.. Tome el dinero y adiós. -¡Tó-me-los! -gritó-. si le digo que aún ahora le quiere.. ella le quería a usted. en fin. Estoy convencido de que es usted todavía un hombre honrado y se los doy como un amigo puede dárselos a un amigo de verdad. en su situación presente. No le echo la culpa. que tan necesitado anda de gente útil.-Sí. no le doy más porque de todos modos se los jugará usted. Usted tenía ciertas aptitudes. Más aún. No es usted el primero que no comprende lo que es el trabajo (y no hablo del pueblo ruso). pero.. ¡Tómelos y adiós! ¡Tómelos.... con gusto! Nos abrazamos sinceramente y míster Astley se marchó. Las excepciones son raras. vamos! -No. y puedo revelárselo porque es usted ya un hombre perdido. desgraciado. Si pudiera estar seguro de que al instante dejaría de jugar. exactamente lo mismo: se las jugaría usted.

de verás que soy un chicuelo! ¿De veras que no me doy cuenta de que estoy perdido? Pero. pensé. Basta sólo con mantenerse firme una sola vez en la vida y en una hora puedo cambiar todo mi destino. aunque sólo sea una vez en la vida. ¡oh. antes de mis pérdidas definitivas en el juego... basta sólo con ser prudente y perseverante.. ¡pero de veras.. al menos me queda con qué comer! ». palabras y palabras. Recordar sólo lo que me ocurrió hace siete meses en Roulettenburg. así como suena. hay algo especial en esa sensación.. ¡Oh tengo un presentimiento.¡No. claro. ¡Ah. ahora. no se trata de eso ahora. y lo que hace falta son hechos! ¡Ahora lo importante es Suiza! Mañana. lejos de su patria. ése fue un ejemplo notable de firmeza: lo perdí todo entonces. pero cien pasos más adelante cambié de parecer y volví al casino. eso es lo importante. cuando está uno solo.... y en el del chaleco me quedaba todavía un gulden: «¡Ah. me registré los bolsillos... ¡Así sucedió. él se mostró áspero y estúpido con respecto a los rusos.. todo. en el extranjero. ¡Todo eso son palabras. y no puede ser de otro modo! Tengo ahora quince luises y empecé con quince gulden. Firmeza de carácter. resucitar. Hay que demostrarles. ¿por qué no puedo volver a la vida? Sí. De mí mismo no digo nada. el último de todos. y eso es todo.. salí del casino.. sí! ¡Eso es lo que a veces .. sin saber si va a comer ese día. y apuesta su último gulden. de sus amigos. Aposté ese gulden a manque (esa vez fue a manque) y. pero mañana.. es tarde. sin embargo. Sin embargo. no tiene razón! Si bien yo me mostré áspero y estúpido con respecto a Polina y Des Grieux. Basta sólo con .. si fuera posible irse de aquí mañana! Regenerarse.. Gané y al cabo de veinte minutos salí del casino con ciento setenta gulden en el bolsillo. Que Polina sepa que todavía puedo ser un hombre.. Si comenzara con cautela.. es cierto.

mañana acabará todo! FIN .puede significar el último gulden! ¿Y qué hubiera sido de mí si me hubiera acobardado entonces. si no me hubiera atrevido a tomar una decisión? ¡Mañana.