LOS NUEVOS PILARES DE LA DEMOCRACIA

Guillermo Flores González

“Más que un programa de gobierno, la democracia es una filosofía que se caracteriza por su elasticidad, por su flexibilidad.” El significado de la democracia siempre suele ser confundido, frecuentemente malintencionadamente, para usos e intereses que están totalmente apartados de su concepción original. La doctrina nos sugiere que la Democracia está sujetada a cuatro pilares esenciales: El voto o sufragio, un Estatuto Constitucional, la División de los Poderes dentro del Estado y la adopción de Principios Fundamentales (Derecho a la Vida, Igualdad y Propiedad). El experimento de la Democracia no es nuevo, con intermitencia entre éxitos y fracasos, ha transcurrido su participación en la historia de los últimos sesenta años. ¿Es siempre la decisión de la mayoría la correcta?, ¿Tiene el mismo valor de un hombre honorable, culto y consciente de sus responsabilidades, que el voto de un ignorante e irresponsable?. El espacio es corto y, probablemente, el tiempo es escaso para formular todas las preguntas producto de las frustraciones de los “procesos democráticos”. Sería muy egoísta de mi parte señalar las “fallas” de la democracia y sería más saludable señalar que las fallas no son ideológicas sino humanas. Una idea se piensa, es nuestra decisión materializarla. Democracia con Conciencia Todo cambia. Y la democracia no se escapa del cambio; porque está obligada a actualizarse e ir al ritmo de la sociedad. Cuando hablo de “Democracia con Conciencia”, me centro en tres pilares: la Educación, la Participación y la Lucha contra la Demagogia y el Populismo. La Educación de las personas es una necesidad y condición irrebatible para la sostenibilidad de la Democracia. Participar, aprender a escuchar a los demás, pensar antes de hablar, interesarte por quienes te rodean y por el ambiente, eliminar cualquier miedo, conocer y exigir tus derechos, no oponerse por oponerse, saber perder, pedir rendición de cuentas a tus representantes, un robustecido pensamiento crítico, desconfiar de promesas,

mesías, charlatanes y “rápidos cambios socioeconómicos”; son algunos de los síntomas de una buena educación. En palabras de algunos: una “buena educación política”. La Participación, un desvirtuado concepto. No basta solo llamar a votar masivamente el día de las elecciones, con el respeto de quienes lo hacen. El proceso de escoger a un representante tiene que ser producto de una preparación individual, por eso se deben exigir que se presenten programas, planes de acciones; para muchos el día de las elecciones es un día de cola, para otros un día de suspenso, para otros un día de cobro; y al día siguiente todos temprano que hay que trabajar. La Democracia Representativa, es un juego de azar, escogemos candidatos sin saber cómo serán, sin saber si en el camino se desviarán. En un intento de darle la ilusión al pueblo de que participan en las cuestiones públicas, se inventa la “Democracia Participativa”; que aunque idea dentro de todo buena, en lo particular la considero una broma cruel. Siempre me ha parecido que el artículo cinco de nuestra Constitución, ya sea casual o deliberadamente, está perfectamente cuidado. La soberanía o poder reside en el pueblo, quien la ejerce de manera directa según lo establecido en la Constitución. De manera que la participación sigue estando atada, tipificada y sujeta a la Ley. Las formas de participación directa (Iniciativas de Ley, Referendos, otras) siempre llevan a la forma indirecta: el sufragio. La extensión de esa “soberanía” es también dudosa, aunque el art. 5 establece la no transferencia de ésta, este poder desaparece en el instante de designar a su representante, o a caso ¿Usted opina en la distribución del presupuesto nacional?, ¿Recomienda o postula candidatos a puestos públicos?. Por supuesto el mismo art. 5 le responde que su soberanía la ejerce cuando vota, debiendo suponer que el representante elegido actuará sometido a la soberanía del elector. Personalmente, veía en la iniciativa de los “Consejos Comunales” una manera de resolución de conflictos más visible, más creíble y más rápida para las personas, porque proponía una participación más activa y real de los ciudadanos; pero generalmente se convirtieron en germinadores de prospectos a corruptos, en fin más de lo mismo. La Participación Ciudadana, no solo debe ser desde la política; pues toda ayuda a la consolidación de una nación sana, segura y estable es una manera de participar. La idea de participar es ayudar. Por esto, los académicos, los sabios y los intelectuales son un engranaje vital en la construcción de esa nación. Generalmente ignorados por la política,

pues sus recomendaciones no son políticamente viables. Se prefiere retener el poder que una solución razonada. La Demagogia y su hermano, el Populismo, dos tumores de la política que siempre están al acecho del “fracaso” de la Democracia para destruir el organismo social. Frustración, crisis, recesión y calamidades son el caldo perfecto que generan el verbo demagógico, el pueblo cansado, alucina su salvación y deposita su confianza en este nuevo ideal; entonces aparece el gobierno populista tapando agujeros y vociferando una virtual estabilidad socioeconómica, tanto que se la llegan a creer. Ante la agravada ineficiencia, se vuelve a la conciencia democrática, es el ciclo de la Democracia. Bienvenidos a América Latina. Por esto la preparación, educación y formación de líderes políticos y sociales es indispensable para la salud de la Democracia. Soy de los que creen en que los partidos políticos, organizaciones políticas, movimientos sociales y afines, deben ser instituciones dedicadas a la formación de estas personas, a la protección de la Democracia, al fortalecimiento de los Poderes Públicos, particularmente el Congreso donde pueden converger todas las corrientes ideológicas, pues todas buscan afanosamente ese final democrático; el punto es que solas no lo lograrán, se necesitan de todas las ideologías para llegar a esa sociedad que todos queremos, al fin y al cabo en este país hay liberales, socialistas, comunistas, apolíticos, blancos, negros, homosexuales, cristianos, ateos y mientras todos no se sientan identificados, la Democracia es imposible. Dice un refrán del argot político: “El buen político crea oposición donde no la hay”. Gobierno-Oposición es la perfecta combinación para un buen desarrollo de la Democracia; “La oposición tiene, pues, una responsabilidad tan grande como la del gobierno en la preservación del orden democrático”. Siempre y cuando exista el debido respeto de ambas partes. Esto es la Democracia para mí, el intento más cerca que ha tenido la humanidad de ese futuro donde todos cabemos, donde no vendemos el planeta y nuestra propia sobrevivencia por dinero, joyas o papel sellado, donde no nos creemos dueños del mundo, donde los medios de comunicación en vez de contaminarte te educan, donde el amor finalmente le gana al odio. Decía Winston Churchill “La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes.”