Mircea

Eliade

Mitos y
arquetipos*












Mircea Eliade

Mitos y arquetipos*

I . ARQUETI POS Y REPETI CI ON
I I . LA REGENERACI ÓN DEL TI EMPO
I I I . DESDI CHA E HI STORI A.
I V. EL TERROR A LA HI STORI A






http://www.dobleu.com/bin/ir.du?lD=15539
* Tomado de Mircea Elíade: "El mit o del et erno ret orno".

I . ARQUETI POS Y REPETI CI ON



EL PROBLEMA

El obj et ivo del libro es est udiar ciert os aspect os de la ont ología arcaica: las
concepciones del ser y la realidad que pueden desprenderse del comport amient o del
hombre de las sociedades premodernas. El símbolo, el rit o, el mit o, expresan un
complej o sist ema de afirmaciones coherent es sobre la realidad últ ima de las cosas,
sist ema que puede considerarse en sí mismo como una met afísica.

Los obj et os del mundo ext erior como los act os humanos cobran un valor y llegan a ser
reales, porque part icipan en una realidad que los t rasciende. El obj et o aparece como
recept áculo de una fuerza ext raña que le confiere sent ido y valor. Así t ambién los act os
humanos, su significación y valor est án vinculados por ser reproducción de un act o
primordial. Lo que él hace ya se hizo. Esa repet ición conscient e de gest os
paradigmát icos det erminados remit e a una ont ología original. Part icipan de una
realidad t ranscendent e.

Agrupa a los element os en las siguient es cat egorías:

• Los element os cuya realidad es función de la repet ición, de la
imit ación de un arquet ipo celest e.
• Los element os: ciudades, t emplos, casas cuya realidad es t ribut aria
del simbolismo del cent ro suprat errest re que los asimila a sí mismo y
los t ransforma en cent ros del mundo
• Los rit uales y los act os profanos significat ivos que sólo poseen el
sent ido que se les da porque repit en deliberadament e t ales hechos
plant eados ab origine por dioses, héroes y ant epasados.

ARQUETI POS CELESTES DE LOS TERRI TORI OS, DE LOS TEMPLOS Y DE LAS
CI UDADES

El t emplo t enía un prot ot ipo celest e. Por ej emplo en el mont e Sinaí Jehová muest ra a
Moisés la forma del sant uario que deberá t ener. También las ciudades t ienen su
prot ot ipo divino. Por ej emplo las babilónicas que t enían sus arquet ipos en
const elaciones (Nínive en la Osa mayor).

El mundo que nos rodea t iene un arquet ipo ext rat errest re. Ot ras regiones
corresponden a un modelo mít ico pero diferent e, de ot ra nat uraleza. Todas las
regiones salvaj es, incult as, et c., est án asimiladas al caos: part icipan de la modalidad
informe de ant es de la creación. Por est o cuando se explora un sit io se realizan act os
que repit en simbólicament e el act o de creación, así la zona es cosmizada. La
t ransformación del caos en cosmos por el act o divino de la creación, dándoles formas y
normas. Por ej emplo con el crist ianismo al conquist ar erigían una cruz, repit iendo así el
baut ismo. Por el rit ual se le da una forma, se lo conviert e en real, y lo real es lo
sagrado.

EL SI MBOLI SMO DEL CENTRO

EL simbolismo arquit ect ónico del cent ro puede formularse de la siguient e manera: 1)
La Mont aña sagrada, donde se reúnen el cielo y la t ierra, se halla en el cent ro del
mundo. El infierno, el cent ro de la t ierra y la puert a del cielo se hallan en un mismo ej e
y se hacía el pasaj e de una zona a ot ra. 2) Todo t emplo o palacio o ciudad sagrada, es
una “ mont aña sagrada” debido a lo cual se t ransforma en cent ro. Los nombres de los
t emplos y de las t orres sagradas babilónicos son t est imonio de su asimilación a la
mont aña cósmica, por ej emplo “ Lazo ent re el cielo y la t ierra” .3) Es considerado el
lugar de encuent ro del cielo con la t ierra y el infierno. La cima de la mont aña es el
lugar donde la creación comenzó.

REPETI CI ÓN DE LA COSMOGONÍ A

El cent ro es el lugar sagrado y t odos los demás símbolos, como por ej emplo el árbol de
la vida, la fuent e de Juvencia, se hallan t ambién en est e cent ro. El camino que lleva al
cent ro es el camino difícil. El acceso al cent ro equivale a una consagración, a una
iniciación.

Est a repet ición de la cosmogonía se observa en los rit os de const rucciones, como por
ej emplo de la const rucción de un t emplo. El prot ot ipo del rit o de const rucción es el
sacrificio que se hizo al fundar el mundo. Para asegurar la realidad y la duración de
una const rucción se repit e el act o divino de la const rucción ej emplar. Se consagra el
t erreno, así se t ransforma en un “ cent ro” . Todo espacio consagrado coincide con el
cent ro del mundo, y el t iempo de un rit ual coincide con el t iempo mít ico del “ principio” ,
el t iempo concret o se proyect a al t iempo mít ico, así se desarrolla en un espacio y
t iempo sagrado.

MODELOS DI VI NOS DE LOS RI TUALES

Todo rit ual t iene un modelo divino, un arquet ipo. Se considera que los act os religiosos
han sido fundados por los dioses, héroes civilizados o ant epasados mít icos. El
calendario religioso del hombre conmemora en el espacio de un año t odas las fases
cosmogónicas que ocurrieron ab origine. Los rit os mat rimoniales t ambién t ienen un
modelo divino y el casamient o humano reproduce la hierogamia, la unión del cielo y la
t ierra. En t odos los ej emplos de est os rit os mat rimoniales los result ados es la creación
cósmica. El rit o cosmogónico se suelo relat ar en est os rit os pero t ambién sirve de
modelo ej emplar en t odas las ceremonias que t engan como finalidad la rest auración de
la plenit ud int egral ,como por ej emplo en curaciones, t rabaj os agrícolas. La
cosmogonía represent a la creación por excelencia.

La asimilación del act o sexual con el t rabaj o de campo es frecuent e. La mayoría de las
orgías colect ivas encuent ran j ust ificación en la promoción de las fuerzas veget ales.
Est as manifest aciones t ienen un prot ot ipo suprahumano y t endían a inst aurar la
fert ilidad y la opulencia universales. Lo import ant e es la legit imación de los act os
humanos por un modelo ext rahumano.

ARQUETI POS DE LAS ACTI VI DADES PROFANAS

Son profanas aquellas act ividades que no t ienen significación mít ica, que carecen de
modelos ej emplares. En el mundo arcaico podemos decir que ignora est as act ividades
porque t oda acción dot ada de un sent ido preciso (ej emplo cazar) part icipa en lo
sagrado. Da ej emplos de danza, guerra. En est e últ imo caso muchas veces t ienen una
causa y una función rit uales. El valor mágico y farmacéut ico de ciert as hierbas se debe
t ambién a un prot ot ipo celest e de la plant a o al hecho de que ést a fue usada por
primera vez por un dios.

LOS MI TOS Y LA HI STORI A

La realidad se adquiere por repet ición o part icipación, repet ición de un arquet ipo. Se
produce abolición del t iempo profano, de la duración, de la hist oria y el que reproduce
el hecho ej emplar se ve t ransport ado a la época mít ica en la que sobrevino la
revelación de esa acción ej emplar. Est a suspención del t iempo profano corresponde a
una necesidad profunda del hombre arcaico: no soport a la “ hist oria” y se esfuerza por
anularla en forma periódica.

Transformación del hombre en arquet ipo mediant e la repet ición. Por ej emplo los
soberanos se consideran como los imit adores del héroe primordial. Transfiguración de
la hist oria en mit o. Es frecuent e t ambién la mit ificación de los personaj es hist óricos.
Muchas veces deben luchar con dragones y serpient es porque son ident ificados con los
señores del lugar, represent an la modalidad preformal del universo. Así los
conquist adores deben formar, crear los t errit orios ocupados.

En la memoria popular, el recuerdo de un acont ecimient o hist órico o de un personaj e
aut ént ico no subsist e más de dos o t res siglos. Est o se debe a que funciona por medio
de cat egorías en lugar de acont ecimient os, arquet ipos en vez de personaj es hist óricos.
El personaj e hist órico es asimilado a su modelo mít ico (héroe) mient ras que el
acont ecimient o se incluye en la cat egoría de las acciones mít icas.

La memoria colect iva es ahist órica. Podría decirse que la memoria popular rest it uye al
personaj e hist órico de los t iempos modernos su significación de imit ador del arquet ipo
y de reproduct or de las acciones arquet ípicas. A veces ocurre rarament e que se t iene
la ocasión de presenciar en vivo la t ransformación de un acont ecimient o en mit o.
Recalca el caráct er ahist órico de la memoria popular y la impot encia de la memoria
colect iva para ret ener los acont ecimient os y las individualidades hist óricas sin
t ransformarlos en arquet ipos, sin anular sus part icularidades hist óricas y personales.
Compara las concepciones diferent es de la exist encia después de la muert e. La
t ransformación del difunt o en ant epasado.


I I . LA REGENERACI ÓN DEL TI EMPO


AÑO, AÑO NUEVO, COSMOGONÍ A

En t odas part es exist e una concepción del fin y del comienzo de un período t emporal,
fundado en la observación de los rit mos biocósmicos, que se encuadran en un sist ema
más vast o, el de las purificaciones periódicas (purgas, ayunos, confesiones de pecados,
consumición de la nueva cosecha) y de la regeneración periódica de la vida. Exist e una
necesidad de una regeneración periódica. Una regeneración periódica del t iempo
presupone una creación nueva, una repet ición del act o cosmogónico, una abolición de
la hist oria.

Divide en dos grupos las ceremonias periódicas: 1) expulsión anual de los demonios ,
enfermedades y pecados; 2) rit uales de los días que preceden y siguen al Año Nuevo.
Describe y ej emplifica cada una de ellas. Casi en t odas part es, la expulsión de los
demonios, de las enfermedades y de los pecados coinciden o coincidió en ciert a época,
con la fiest a del Año Nuevo. En est e período asist imos al cese de ciert o int ervalo
t emporal, a la abolición del año pasado y del t iempo t ranscurrido. El sent ido de las
purificaciones rit uales es una combust ión, una anulación de los pecados y de las falt as
del individuo y de la comunidad en su conj unt o. La regeneración es un nuevo
nacimient o. Por lo t ant o est a expulsión de demonios, enfermedades y pecados es en
realidad una t ent at iva de rest auración del t iempo primordial y puro. Todo Año nuevo
es volver el t iempo en su comienzo, una repet ición de la cosmogonía.

Los combat es rit uales ent re los dos grupos de figurant es, la presencia de los muert os,
las sat urnales y la orgías son ot ros t ant os element os que denot an que al fin del año
Nuevo se repit en los moment os mít icos del pasaj e y del Caos a la Cosmogonía



LA PERI ODI CI DAD DE LA CREACI ÓN

La creación del mundo se reproduce cada año. Permit e el ret orno de los muert os a la
vida y mant iene la esperanza de los creyent es en la resurrección de la carne. En est os
casos esa resurrección se producirá al comienzo del año, al principio de una nueva era.
Exist en lazos est rechos ent re las ideas de la creación por el agua (diluvios, lluvia), el
nacimient o y la resurrección.

REGENERACI ÓN CONTI NUA DEL TI EMPO

Necesidad de mant enerse sin cesar en el “ paraíso de los arquet ipos” . También la
necesidad del hombre de librarse del recuerdo del pecado, de una secuencia de
acont ecimient os personales cuyo conj unt o const it uye la hist oria.

Fuera de las ceremonias periódicas de abolición de la hist oria, las sociedades conocían
y aplicaban ot ros mét odos para lograr la regeneración del t iempo. Por ej emplo los rit os
de const rucción represent an la react ualización de la cosmogonía. En las ceremonias de
ent ronización del rey, un nuevo reinado ha sido considerado como una regeneración
de la hist oria del pueblo e incluso de la hist oria universal. Con cada nuevo soberano
comenzaba una nueva era.

Diversos en sus fórmulas, t odos est os inst rument os de regeneración t ienden hacia la
misma met a: anular el t iempo t ranscurrido, abolir la hist oria mediant e un regreso
cont inuo por la repet ición del act o cosmogónico.

La idea de que la vida no puede ser reparada sino sólo re-creada mediant e la
repet ición de la cosmogonía, se ve clarament e en los rit uales de curación. En muchos
pueblos primit ivos la curación lleva implícit a como element o esencial la narración del
mit o cosmogónico. Tant o en el ant iguo orient e como en las t radiciones médicas
europeas, un remedio es eficaz si se conoce su origen y si su aplicación es
cont emporánea con el moment o mít ico de su descubrimient o.

Describe algunas caract eríst icas de las creencias relacionadas con el ciclo lunar han
desempeñado un papel import ant ísimo en la elaboración de las concepciones cíclicas.
Encont ramos analogías en las concepciones apocalípt icas y en las ant ropogonías
arcaicas: el diluvio o la inundación pone fin a una humanidad agot ada y pecadora. Se
regenera una nueva humanidad, en general de una ant epasado mít ico, salvado de la
cat ást rofe o de un animal lunar. El rit mo lunar revela int ervalos cort os y nos revela
consecuencias opt imist as. Ese opt imismo se limit a a la conciencia de la normalidad de
la cat ást rofe cíclica, a la cert eza de que t iene un sent ido, y de que j amás es definit iva.
Son necesarios para que la humanidad se regenere. En t odos est os concepciones
lunares domina la concepción del et erno ret orno, de la vuelt a cíclica de los que ent es
fue.


I I I . DESDI CHA E HI STORI A.


“ NORMALI DAD” DEL SUFRI MI ENTO

Habla del sufrimient o en cuant o acont ecimient o en cuant o a hecho hist órico, del
padecimient o provocado por una cat ást rofe, invasión o las inj ust icias sociales, et c. El
primit ivo lo relaciona a ciert as influencias mágicas o demoníacas cont ra las cuales el
bruj o o sacerdot e disponen de armas. Los Seres Supremos celest iales no int ervienen,
en los pueblos primit ivos, sino en últ ima inst ancia, cuando t odos los int ent os para
alej ar los sufrimient os han fracasado. Sin embargo, cada moment o del t rat amient o
mágico-religioso del “ sufrimient o” ilust ra con limpidez el sent ido de est e últ imo:
proviene de la acción mágica de un enemigo, de una infracción a un t abú. El primit ivo
no puede concebir un “ sufrimient o” no provocado, ést e proviene de una falt a personal
o de la maldad del vecino, pero siempre hay una falt a en la base, o por lo menos una
causa. En general puede decirse que el sufrimient o es considerado como la
consecuencia de un ext ravío con relación a la norma.

LA HI STORI A CONSI DERADA COMO UNA TEOFONÍ A

En el caso de los hebreos, los acont ecimient os hist óricos obt enían una significación
religiosa, aparecían como los cast igos infligidos por el Señor a cambio de las
impiedades de I srael. Est os acont ecimient os se t ransfor-maban en t eofanías negat ivas,
en la ira de Yahvé, y develan una única volunt ad divina. Así los profet as valoran la
hist oria, consiguen superar la visión t radicional del ciclo y descubren un t iempo de
sent ido único. Por eso es posible afirmar que los hebreos fueron los primeros en
descubrir la significación de la hist oria como epifanía de Dios, y est a concepción fue
seguida y ampliada por el crist ianismo.

El mesianismo no llega a superar la valoración escat ológica del t iempo: el fut uro
regenerará al t iempo, le devolverá su pureza y su int egridad originales. Se coloca así
no sólo en el comienzo sino al final de los t iempos. El Mesías asume el papel
escat ológico del Rey-dios o del represen-t ant e de la divinidad en la t ierra, cuya misión
era regenerar periódicament e la nat uraleza. La diferencia reside en que no se proyect a
cada año sino en un t iempo fut uro y mesiánico.

La hist oria aparece fiscalizada por la volunt ad de Yahvé, aparece como una sucesión
de t eofanías negat ivas o posit ivas, cada una de las cuales t iene su valor int rínseco.
Pero no hay que olvidar que est as concepciones son creación de una elit e religiosa.

Como ya no puede ignorar o abolir periódicament e la hist oria, el hebreo la soport a con
la esperanza de que cesará definit ivament e en un moment o más o menos lej ano. La
irreversibili-dad de los acont ecimient os hist óricos y del t iempo es compensada por la
limit ación de la hist oria en el t iempo. En la concepción mesiánica, la hist oria debe ser
soport ada porque t iene una función escat ológica. La hist oria es abolida en el fut uro. La
regeneración periódica de la creación es reemplazada por una regeneración única. Pero
la volunt ad de poner fin a la hist oria es, al igual que las ot ras concepciones
t radicionales, una act it ud ant ihist órica.

LOS CI CLOS CÓSMI COS Y LA HI STORI A

Las t eorías del “ Gran t iempo” van casi siempre acompañadas por el mit o de las edades
sucesivas, encont rándose siempre la “ edad de oro” al principio del ciclo. Esa edad de
oro es recuperable, es repet ible, una infinidad de veces en la doct rina del t iempo
cíclico y una vez en la del t iempo finit o fragment ado ent re dos infinit os at emporales

Tant o en los iranios como ent re los j udíos y los crist ianos, la “ hist oria” que se at ribuye
al universo es limit ada, y que al fin el mundo coincide con el aniquilamient o de los
pecadores, la resurrección de los muert os y la vict oria de la et ernidad sobre el t iempo.
Como se t rat a de una experiencia religiosa t ot alment e diferent e de la t radicional,
puest o que se refiere a la “ fe” , la regeneración periódica del mundo se t raduce en el
crist ianismo en una regeneración de la persona humana.

DESTI NO E HI STORI A

Un rasgo común relaciona a t odos los sist emas cíclicos difundidos en el mundo
helenist a-orient al: el moment o hist órico cont emporáneo represent a una decadencia
respect o de los moment os hist óricos precedent es. Tendencia a la desvalorización del
moment o cont emporáneo. El caráct er común es que la hist oria ea soport ada porque
era necesaria en últ imo análisis. Ya sea que la hist oria est é regida por la marcha de los
ast ros o por el proceso cósmico o somet ida a la volunt ad de Dios, el result ado es el
mismo: ninguna de las cat ást rofes que la hist oria revelaba era arbit raria.


I V. EL TERROR A LA HI STORI A


LA SUPERVI VI ENCI A DEL MI TO DEL “ ETERNO RETORNO”

Compara al hombre “ hist órico” que se sabe y se quiere creador de hist oria con el de
las civilizaciones t radicionales, que la anula, la desvaloriza y no le concedía al
acont ecimient o hist órico ningún valor en sí, no lo consideraba como una cat egoría
específica de su propio modo de exist encia. Sin embargo el mundo moderno no est á
ganado por el hist oricismo, aún asist imos al conflict o de dos concepciones: la arcaica y
la moderna, post hegeliana, hist órica.

Analiza las soluciones que ofrece la perspect iva hist oricist a para que el hombre
moderno pueda soport ar la presión de la hist oria cont emporánea. Las sociedades
agrícolas y las capas populares europeas no han conseguido abolir ni la t eoría del
arquet ipo ni las t eorías cíclicas y ast rales.

LAS DI FI CULTADES DEL HI STORI CI SMO

La reaparición de las t eorías cíclicas en el pensamient o act ual corresponde a un deseo
de hallar un sent ido y una j ust ificación t ranshist órica a los acont ecimient os hist óricos.
Desde Hegel int ent os de salvar y valorar el acont ecimient o hist órico. El concept o de
necesidad hist órica gozará de una act ualidad. Todas las crueldades, aberraciones y
t ragedias de la hist oria han sido y siguen siendo j ust ificadas por las necesidades del
“ moment o hist órico” . Hegel se sent ía obligado a ver en cada acont ecimient o la
volunt ad del espírit u universal, era la manifest ación. Pero con Marx la hist oria se
despoj a de t oda significación t ranscendent e, no es que la epifanía de la lucha de
clases. El marxismo coloca la edad de oro exclusivament e al final de la hist oria.

Cuant o más se agrave el t error a la hist oria, cuant o más precaria se haga la exist encia
debido a la hist oria, t ant o más crédit o perderán las posiciones de hist oricismo.

LI BERTAD E HI STORI A

Diferencia capit al ent re el hombre moderno y el arcaico reside en el valor crecient e
que el hombre moderno concede a los acont ecimient os hist óricos, a esa “ novedades”
que para el hombre t radicional const it uían hallazgos carent es de significado
infracciones a las normas.

La libert ad de hacer la hist oria de que se j act a el hombre moderno es ilusoria para casi
la t ot alidad del género humano. A lo sumo le quedan la libert ad de elegir ent re
oponerse a la hist oria que hace la minoría (libert ad de elegir ent re el suicidio o el
dest ierro) y refugiarse en una exist encia subhumana o en la evasión. La libert ad que
implicaba la exist encia “ hist órica” pudo ser posible al principio de la época moderna,
pero t iende a volverse cada vez más inaccesible a medida que es época se t orna más
“ hist órica” . El marxismo y el fascismo deben llevar a la const it ución de dos t ipos de
exist encia hist órica: la del j efe (el único verdaderament e libre) y la de los adept os. Así,
para el hombre t radicional, el hombre moderno no const it uye el t ipo de un ser libre ni
el de un creador de la hist oria.

DESESPERACI ÓN O FE

Ninguna de las filosofías hist oricist as defiende al hombre del t error de la hist oria. El
horizont e de los arquet ipos y de la repet ición sólo puede ser superado mediant e una
filosofía de la libert ad que no excluya a Dios. La fe const it uye la más alt a libert ad, la de
poder int ervenir en el est at ut o ont ológico mismo del universo. Solo semej ant e libert ad
es capaz de defender al hombre moderno del t error a la hist oria: una libert ad que t iene
su fuent e y halla su garant ía y su apoyo en Dios.

El crist ianismo es la religión del hombre moderno y del hombre hist órico, del que ha
descubiert o simult áneament e la libert ad personal y el t iempo cont inuo.

* Bibliografía: Mircea Elíade "El mit o del et erno ret orno".

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