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Clase 11 Rousseau

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Filosofía del Derecho

Rousseau

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Qué: El problema fundamental del cual el contrato social es la solución: “Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual cada uno uniéndose a todos no obedezca por lo tanto más que a sí mismo y permanezca tan libre como antes” (I.6, 360). Voluntad (auto-determinación, moralidad) general (derecho, educación cívica, republicanismo, racional): elegir lo que está bien, la particularización de la voluntad general. Republicanismo (II.8, 385) + soberanía estatal: ¿son reconciliables? “Para que un pueblo naciente pueda gustar las sanas máximas de la política y seguir las reglas fundamentales de la razón de Estado…” (II.7, 383). “la primera intención del pueblo es que el Estado no perezca” (IV.6, 456). Cómo: Regir una sociedad vs. despotismo (I.5, 359). Los hombres como son (pero: I.8, 364, “cambio notable”; II.7, 381, “cambiar, por así decir, la naturaleza humana”) y las leyes como pueden ser (¿Maquiavelo?). Justicia vs. utilidad (I.7, 363; II.4, 374): Cicerón. “[A] menudo ya la primera oración decide sobre el destino de una publicación”, BdP, Prólogo, p. 13): “El hombre ha nacido libre y por todos lados está encadenado”. Sin embargo, todos son esclavos, incluso los amos. Rousseau agrega que si bien no puede explicar dicho cambio sí puede decir qué puede hacerlo legítimo: el derecho de la fuerza, y/o las condiciones en que viven los esclavos, la socialización y no la naturaleza (I.1: el tema del primer libro, no tanto el concepto de libertad sino cómo se llega a esta situación). Fuerza vs. consentimiento. Tesis de la causalidad moral: “El más fuerte no es jamás lo suficientemente fuerte para ser siempre el amo, si él no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber. De ahí el derecho del más fuerte” (I.3). Rousseau parece compartir la tesis de la causalidad moral, pero no el derecho del más fuerte. Contradicción: derecho (“moralidad”, práctica, deber) vs. fuerza (física, superfluo, necesidad natural o prudencia). ¿Tener obligaciones y verse obligado a obedecer?: bandido. Tesis de la igualdad moral natural: ningún hombre tiene autoridad moral sobre sus semejantes (I.4). Igualdad moral y legítima en lugar de la natural (I.9, 367; II.10, 391). “la asociación civil es el acto más voluntario del mundo; todo hombre habiendo nacido libre y dueño de sí mismo, nadie puede, bajo el pretexto que fuera, someterlo sin su consentimiento. Decidir que el hijo de un esclavo nace esclavo, es decidir que no nace hombre” (IV.2, 440). Tesis de la autonomía: “Renunciar a su libertad es renunciar a su cualidad de hombre, a los derechos de la humanidad, incluso a sus deberes” (I.4, 356). Incluso si yo pudiera alienarme eso no vincularía a otros contemporáneos o sucesores. Excursus sobre la guerra. Derecho de la guerra y esclavitud (Grocio): pero en el EN no hay estado de guerra ni de paz porque no hay relaciones permanentes, ni tampoco hay enemistad natural (I.4, 356-7). Pero quizás Rousseau identifica la guerra con los Estados, lo cual era razonable en la época de oro de la estatalidad: Rousseau sostiene que no hay guerra privada en el EN porque no hay propiedad, y tampoco en el estado civil porque todo allí está bajo la autoridad de las leyes. En la Edad Media las cosas eran dfierentes, tal como Rousseau reconoce en el párrafo siguiente (i.e. una institución del derecho feudal, contraria a los principios del derecho natural y a “toute bonne politie”, 357). Acto de guerra (combates particulares, duelos, encuentros) ≠ estado de guerra (de estado a Estado). “La guerra no es pues una relación de hombre a hombre, sino una relación de Estado a Estado, en la cual los particulares no son enemigos sino accidentalmente, ni como hombres ni siquiera como ciudadanos, sino como soldados; ni como miembros de la patria, sino como sus defensores. En fin cada Estado no puede tener por enemigos sino a otros Estados y no a hombres, (…). Este principio está

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incluso conforme a las máximas establecidas de todas las épocas y a la práctica constante de todos los pueblos civilizados [policés]” (I.4, 357; pero cf. II.XI, 392: “Restez barbares…”; III.8, 415-16: “Los lugares donde el trabajo de los hombres no rinde exactamente más que lo necesario deben ser habitados por pueblos bárbaros, toda vida civil [politie] sería imposible”). Declaraciones de guerra y la autonomía normativa de la guerra: sin declaración el enemigo en realidad es un bandido. Destrucción de Estados sin matar a nadie. Rousseau acepta en parte el derecho de la guerra (v.g. declaración de guerra, civiles y militares) pero no el derecho de la ocupación o conquista (derecho del más fuerte, esclavitud). Cf. IV.8, 465. Tranquilidad civil al precio de guerras, arbitrariedad de los gobernantes (I.4, 355): Hobbes. II.9, 388: “todos los pueblos tienen una especie de fuerza centrífuga, por la cual actúan continuamente los unos contra los otros y tendiendo a engrandecenderse a expensas de sus vecinos…”. Guerras defensivas y ofensivas: II.10, 389. El problema fundamental del cual el contrato social es la solución: “Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual cada uno uniéndose a todos no obedezca por lo tanto más que a sí mismo y permanezca tan libre como antes” (I.6, 360). “Estas cláusulas bien entendidas se reducen todas a una sola, a saber la alienación total de cada asociado con todos sus derechos a toda la comunidad. (…). En fin cada uno dándose a todos no se da a nadie, y como no hay un asociado sobre el cual no se adquiera el mismo derecho que uno le cede sobre sí mismo, se gana el equivalente de todo lo que se pierde, y más fuerza para conservar lo que se tiene” (I.6, 360-1). Republicanismo moderno (I): republicanismo + libertad positiva. Maquiavelo y el republicanismo “negativo” (cf. Skinner): “se debe poner como guardianes de una cosa a los que tienen menos deseo de usurparla. Y, sin duda, observando los propósitos de los nobles y de los plebeyos [ignobili], veremos en aquéllos un gran deseo de dominar, y en éstos tan sólo el deseo de no ser dominados, teniendo menos poder que los grandes para usurpar la libertad” (Discursos…, I.5, p. 41). “una pequeña parte quiere ser libre para mandar, pero todos los demás, que son infinitos, desean la libertad para vivir seguros” (Discursos…, I.16, p. 80). Republicanismo (pueblo, ciudadano) y soberanía estatal (Estado, súbdito). “Esta persona pública que se forma así por la unión de todas las otras tomaba antes el nombre de Ciudad, y toma ahora el de República o de cuerpo político, el cual es llamado por sus miembros Estado cuando es pasivo, Soberano cuando es activo, Poder al compararlo con sus semejantes. Respecto a los asociados ellos toman colectivamente el nombre de pueblo, y se llaman en particular Ciudadanos como participantes de la autoridad soberana, y Sujetos como sometidos a las leyes del Estado” (I.6, 361-2). Estado = Ciudad (II.4, 372). Libertad positiva: “quien rehúse obedecer a la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo: lo cual no significa otra cosa que se lo forzará a ser libre; porque tal es la condición que dando cada Ciudadano a la Patria le garantiza de toda dependencia personal; condición que hace el artificio y el juego de la máquina política, y la única que vuelve legítimos los compromisos civiles, los cuales sin eso serían absurdos, tiránicos y sometidos a los abusos más enormes” (I.7, 364). “que cada Ciudadano esté en perfecta independencia de todos los otros, y en una excesiva dependencia de la Ciudad; porque no es sino la fuerza del Estado la que hace la libertad de sus miembros” (II.12, 394). “el hombre que no escucha sino su voluntad particular, es el enemigo del género humano; … la voluntad general es en cada individuo un acto puro del entendimiento

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que razona en el silencio de las pasiones sobre aquello que el hombre puede exigir de su semejante, y sobre aquello que su semejante tiene derecho de exigirle; … esta consideración de la voluntad general de la especie y del deseo común, es la regla de la conducta relativa de un particular respecto a otro particular en la misma sociedad; de un particular respecto a la sociedad de la cual él es miembro, y de la sociedad de la cual él es miembro respecto a las otras sociedades” (Diderot, “Derecho natural”, X, Enciclopedia, Paris, Flammarion, 1986, I, p. 338). Estado civil y moralidad: “Este pasaje del estado de naturaleza al estado civil produce en el hombre un cambio muy notable, sustituyendo en su conducta el instinto por la justicia, y dando a sus acciones la moralidad que les faltaba antes. Es entonces solamente que la voz del deber sucede al impulso físico y el derecho al apetito, el hombre, que hasta acá no había considerado sino a sí mismo, se ve forzado a actuar sobre otros principios, y a consultar su razón antes de escuchar sus inclinaciones. Aunque se priva en este estado de muchas ventajas que tiene de la naturaleza, él gana otras tan grandes, sus facultades se ejercitan y se desarrollan, sus ideas se amplían, sus sentimientos se ennoblecen, su alma entera se eleva a tal punto que si los abusos de esta condición nueva no lo degradaran con frecuencia por debajo de aquella de la que ha salido, el debería bendecir sin cesar el instante feliz que lo arrancó de ella para siempre y que, de un aminal estúpido y limitado, hizo un ser inteligente y un hombre. (…). Lo que el hombre pierde por el contrato social, es su libertad natural y un derecho ilimitado a todo lo que le tienta y que puede alcanzar; lo que él gana, es la libertad civil y la propiedad de todo lo que él posee. (…). Se podría agregar a lo que precede a la adquisición del estado civil la libertad moral, que sólo convierte al hombre verdaderamente en dueño de sí mismo; porque el impulso del mero deseo es esclavitud, y la obediencia a la ley que uno se prescribe a sí mismo es libertad” (I.8, 364-5). Rousseau aclara inmediatamente que el “sentido filosófico de la palabra libertad” no es aquí su tema. Cláusulas rousseaunianas: I.9, 366. Republicanismo moderno II: No hay ley fundamental obligatoria para el cuerpo del pueblo, “ni siquiera el contrato social” (I.7, 362; III.18, 436). La república como Dios: teología política. Pascal, Malebranche… Rousseau: transformación de la idea teológica por la cual la voluntad general de Dios salva a todos los hombres en la idea política por la cual la voluntad general del ciudadano de ubicar al bien común de su ciudad por sobre su voluntad particular como una persona privada y de ese modo “salvar” el orden civil (P. Riley). “El Soberano, por el solo hecho de serlo [par cela seul qu’il est], es siempre todo lo que él debe ser” (I.7, 363; cf. III.6, 412 sobre el Príncipe). Poder soberano: absoluto, sagrado, inviolable: II.4, 375. Libro II: ¿sobre la soberanía? La soberanía es el ejercicio de la voluntad general. La soberanía no se representa. Pueblo como soberano (II.1, 369). El derecho político (II.2, 370; II.12, 394: “leyes políticas”). Grocio sólo defiende al monarca soberano, no al pueblo (II.2, 370). Voluntad general es siempre correcta y tiende a la utilidad pública (II.3, 371): ¿moral y utilidad? Pero las deliberaciones del pueblo pueden ser incorrectas, no porque sea corrupto (JJR vs. NM) sino porque se equivoca, quiere lo que está mal. La voluntad de todos (interés privado) y la voluntad general (interés común). De una deliberación lo suficientemente informada por parte del pueblo, y si los ciudadanos no tienen “comunicación” entre sí (II.3, 371), de las pequeñas diferencias resulta la voluntad general. “Si no hubiera intereses diferentes, apenas se sentiría el interés común que no encontraría obstáculo alguno: todo marcharía por sí mismo, y la política cesaría de ser un arte” (II.3, 371, n.; cf. “Toda pretensión de una decisión debe ser malvada para el

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anarquista, porque lo correcto resulta de sí mismo [sich von selbst ergibt] si no se interfiere con la inmanencia de la vida con tales pretensiones” (TP, 84).). Pero si se forman intrigas, asociaciones parciales, la voluntad de estas asociaciones se vuelve general respecto a sus miembros y particular respecto al Estado. Rousseau parece distinguir entre intereses privados que pueden ser transformados en generales y facciones o intrigas. O en realidad entre diferencias inter-individuales e inter-grupales. La voluntad general es compatible con las primeras pero no con las segundas. “Importa pues para tener bien el enunciado de la voluntad general que no haya sociedad parcial en el Estado y que cada Ciudadano opine por sí mismo. (…). [S]i hay sociedades parciales, es necesario multiplicar el número y prevenir la desigualdad, como hicieron Solón, Numa, Servio” (II.3, 372). Rousseau cita en la nota a Maquiavelo, Historia de Florencia, VII.1: Vera cosa è che alcune divisioni nuocono alle republiche, e alcune giovano: quelle nuocono che sono dalle sette e da partigiani accompagnate; quelle giovano che senza sette e senza partigiani si mantengono. Non potendo adunque provedere uno fondatore di una republica che non sieno inimicizie in quella, ha a provedere almeno che non vi sieno sette. ¿Rousseau = Maquiavelo sobre el conflicto como motor de la república? Cf. III.9, 420. Bajo estas condiciones la voluntad general será esclarecida y el pueblo no se equivocará. ¿La deliberación pública declara o constituye la voluntad general? “aquello que generaliza la voluntad es menos el número de los votos [voix], que el interés común que las une” (II.4, 374). En un Estado bien gobernado, cuando hace falta sancionar una ley se advierte la necesidad casi unánimemente o universalmente (IV.1, 437): “el primero que lo propone no hace sino decir lo que todos ya han sentido, y no hace falta intrigas ni elocuencia para hacer pasar como ley lo que cada uno ya ha decidido hacer tan pronto como esté seguro que los otros lo harán como él”. “cuando los intereses particulares comienzan a hacerse sentir y las pequeñas sociedades a influir sobre la grande, el interés común se altera y encuentra opositores, la unanimidad no reina más en las votaciones, la voluntad general no es la voluntad de todos, se alzan contradicciones, debates, y la mejor opinión no pasa sin disputas” (IV.1, 438). “cuanto más se acercan las opiniones a la unanimidad, más dominante es también la voluntad general; pero los largos debates, las disensiones, el tumulto, anuncian el ascendente de los intereses particulares y la declinación del Estado” (IV.2, 439). Sin embargo, Rousseau parece decir que a veces los conflictos ayudan a la república, como los que tuvieron lugar entre Patricios y Plebeyos. Y a veces la unanimidad misma es desaconsejable, cuando los ciudadanos esclavizados no tienen libertad ni voluntad, el temor y la adulación “convierten en aclamación los sufragios; no se delibera más, se adora o se maldice. Tal era la manera vil de opinar del Senado bajo los Emperadores” (IV.2, 439). “¿cómo puede un hombre ser libre, y forzado de conformarse a las voluntades que no son las suyas? ¿Cómo los oponentes son libres y sometidos a las leyes a las cuales no han consentido? Yo respondo que la cuestión está mal planteada. El Ciudadano consiente a todas las leyes, incluso a aquellas que han sido sancionadas a pesar de él, e incluso a las que lo castigan cuando el osa violar alguna. La voluntad constante de todos los miembros del Estado es la voluntad general; es por ella que ellos son ciudadanos y libres. Cuando se propone una ley en la asamblea del Pueblo, lo que se les pregunta no es precisamente si aprueban la proposición o si la rechazan, sino si ella es conforme o no a la voluntad general que es la suya; cada uno dando su sufragio dice su opinión sobre ello, y del cálculo de los votos se saca la declaración de la voluntad general. Cuando entonces la opinión contraria a la mía prevalece, eso no prueba otra cosa que yo

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me había equivocado, y que lo que yo estimaba ser la voluntad general no lo era. Si mi opinión particular hubiera prevalecido yo habría hecho otra cosa de lo que hubiera querido, y es entonces que yo no habría sido libre. Esto supone, es cierto, que todos los caracteres de la voluntad general están todavía en la pluralidad: cuando dejan de estarlo, cualquiera sea el partido que se tome no hay más libertad” (IV.2, 441). Obligación política: contractualismo, tácito (residencia: IV.2, 440). Pena de muerte: violación del principio de universalización (II.5, 376). Rousseau equipara aquí al criminal con el rebelde, traidor a la patria o enemigo público, aunque en otro lugar distingue entre el individuo y el Estado (enemigos sólo son los Estados), y entre el bandido y el enemigo. República: “todo Estado regido por las leyes, bajo cualquier forma de administración que pueda ser: porque entonces gobierna sólo el interés público, …. Todo Gobierno legítimo es republicano” (II.6, 379-80). Autoridad del legislador: II.7, 383. Libro III: gobierno, leyes políticas. Separación del Estado (y soberano) del gobierno (cuerpo intermedio entre el Soberano y los súbditos encargado de la ejecución de la ley y del mantenimiento de la libertad). El gobierno es una “comisión, un empleo en el cual, simples oficiales del soberano, lo ejercen en su nombre el poder del cual él los ha hecho depositarios, y que él puede limitar, modificar y retomar cuando le plazca” (III.1, 396). “Si el Soberano quiere gobernar, o si el magistrado quiere legislar, o si los súbditos rehúsan obedecer, el desorden sucede a la regla, la fuerza y la voluntad no actúan más de concierto, y el Estado disuelto cae así en el despotismo o en la anarquía” (III.1, 397). El gobierno tiene que tener un “yo particular, una sensibilidad común a sus miembros, una fuerza, una voluntad propia que tiende a su conservación” (III.1, 399), distinta de los otros cuerpos del Estado (¿y del soberano?): autoridad, diferencia que hace el gobierno (III.16, 432: “ese derecho, indispensable para hacer vivir y mover al cuerpo político, que el Soberano da al Príncipe instituyendo el Gobierno”). Cf. III.5, 406 (sobre la aristocracia): “el Gobierno puede regular su política interior [police intérieure] como le plazca, él no puede jamás hablarle al pueblo de otro modo que no sea en nombre del Soberano, es decir en nombre del pueblo mismo”. El problema es cómo reconciliar la idea del ciudadano como soberano y súbdito, la república con la soberanía del Estado. Democracia (III.4, 404): asamblea “incesante” del pueblo y sorteo de las magistraturas. Es la que más tiende a la guerra civil (405). Un gobierno para dioses. La aristocracia hereditaria es la peor forma de gobierno, la electiva es la mejor: la aristocracia propiamente dicha (III.5, 406). Esta permite que se elijan la probidad, las luces, la experiencia, y “las asambleas se hacen más cómodamente, los asuntos se discuten mejor, se despachan con más orden y diligencia, el crédito del Estado está mejor sostenido en el extranjero por senadores venerables que por una multitud desconocida o despreciada” (III.5, 407). Los sabios gobiernan a la multitud. El soberano actúa sólo mediante leyes, las cuales son actos de la voluntad general, y que proviene de la asamblea del pueblo (III.12, 425). El pueblo debe reunirse regularmente, pero sólo en asambleas “jurídicas” convocadas por los magistrados (III.13, 426); en III.18, 435, asambleas periódicas sin convocatoria formal. La asamblea hace la ley, y sólo la ley puede dar legitimidad a la asamblea. “En el instante en que el Pueblo está legítimamente reunido como cuerpo Soberano, toda jurisdicción del Gobierno cesa, el poder ejecutivo es suspendido, y la persona del último Ciudadano ese tan sagrado e inviolable como la del primer Magistrado, porque donde se halla el Representado no hay ya Representante” (III.14, 427-8). El pueblo puede ser representado en el gobierno o poder ejecutivo, no en el legislativo (III.15, 430). El pueblo romano ejercía la soberanía y el gobierno (III.12, 425-6).

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“El Príncipe de Maquiavelo es el libro de los republicanos” (III.6, 409). “la paz que se goza entonces bajo los reyes es peor que el desorden de los interregnos” (III.6, 411). Holanda, Suiza contra la casa de Austria: III.13, 427. Violación del contrato social: pérdida de la libertad “convencional” y recuperación de la libertad natural (I.6, 360). “Se sabe bien que hay que sufrir un mal Gobierno cuando se lo tiene; la cuestión sería encontrar uno bueno” (III.6, 413): ambigüedad de “sufrir” o “padecer”. ¿Tolerar? ¿O simplemente un mal gobierno es algo que experimenta como una enfermedad y por lo tanto hay que padecerla? “Como la voluntad particular actúa sin cesar contra la voluntad general, así el Gobierno hace un esfuerzo continuo contra la Soberanía. Cuanto más aumenta este esfuerzo, más se altera la constitución, y como no hay aquí otra voluntad de cuerpo que resistiendo a la del Príncipe haga equilibrio con ella, debe suceder tarde o temprano que el Príncipe oprime finalmente al Soberano y rompe el tratado Social. He aquí el vicio inherente e inevitable que desde el nacimiento del cuerpo político tiende sin relajo a destruirlo” (III.10, 421). “La disolución del Estado puede suceder de dos maneras. Primeramente cuando el Príncipe no administra más el Estado según las leyes y usurpa el poder soberano. (…). [E]l gran Estado se disuelve y se forma otro dentro de él, compuesto solamente de miembros del Gobierno, y que no es más para el resto del Pueblo que su amo y su tirano. De modo que en el instante en que el Gobierno usurpa la soberanía, el pacto social está roto, y todos los simples Ciudadanos, vueltos de derecho a su libertad natural, son forzados pero no obligados a obedecer” (III.10, 422-3). Cf. III.1, 399 (dos soberanos, uno de derecho y otro de hecho, cuando el Príncipe o gobierno se aparta del soberano). Tiranía: III.10, 423. “estos cambios son siempre peligrosos, y que es necesario jamás tocar al Gobierno establecido a menos que se vuelva incompatible con el bien público; pero esta circunspección es una máxima de política y no una regla de derecho, y el Estado no está más obligado [n’est pas plus tenu] a dejar la autoridad civil a sus jefes que la autoridad militar a sus generales. Es verdad también que en semejante caso no sería posible observar con excesivo cuidado todas las formalidades requeridas para distinguir un acto regular y legítimo de un tumulto sedicioso, y la voluntad de todo un pueblo de los clamores de una facción” (III.18, 435). Pero en cada apertura de la asamblea se pregunta al soberano si quiere mantener la forma de gobierno y si quiere dejar la administración en manos de los ocupantes actuales (III.18, 436).

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