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Negri Hardt Imperio

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Como resultado del proyecto de reforma económica y social iniciado bajo la
hegemonía de Estados Unidos, las políticas imperialistas de los países capitalistas
dominantes se transformó en el período de posguerra. La nueva escena global fue
definida y organizada principalmente alrededor de tres mecanismos o aparatos: (1) el
proceso de descolonización que recompuso gradualmente al mercado mundial a lo
largo de líneas jerárquicas ramificadas desde los Estados Unidos; (2) la
descentralización gradual de la producción; y (3) la construcción de una red de

Libro “Imperio” - Michael Hardt y Toni Negri

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relaciones internacionales que distribuyen por todo el planeta el régimen productivo
disciplinario y la sociedad disciplinaria en sus sucesivas evoluciones. Cada uno de
estos aspectos constituye un paso en la evolución del imperialismo al Imperio.

La descolonización, el primer mecanismo, fue ciertamente un proceso amargo y
feroz. Ya lo hemos tratado brevemente en la Sección 2.3, y vimos sus momentos
convulsivos desde el punto de vista de los colonizados en lucha. Aquí debemos
historizar el proceso desde el punto de vista de los poderes dominantes. Los
territorios coloniales de los derrotados, Alemania, Italia y Japón, fueron, por
supuesto, completamente disueltos o absorbidos por las otras potencias. Sin embargo,
en este tiempo los proyectos coloniales de los vencedores (Gran Bretaña, Francia,
Bélgica y Holanda) también habían llegado a un alto. 11 Además de enfrentar a los
crecientes movimientos de liberación en las colonias, se hallaban obstaculizados por
la división bipolar entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. También los
movimientos de liberación se vieron atrapados en las quijadas de esta guerra fría, y
aquellos que se habían abocado a su independencia fueron forzados a negociar entre
los dos campos. 12 Lo que dijo Truman en 1947, durante la crisis de Grecia siguió
siendo cierto para las fuerzas decolonizadoras y postcoloniales durante la Guerra
Fría: "En el actual momento de la historia mundial toda nación debe elegir entre
modos de vida alternativos". 13

La trayectoria lineal de la descolonización fue así interrumpida por la necesidad de
elegir un adversario global y de alinearse detrás de uno de los modelos de orden
internacional. Los Estados Unidos, que eran muy proclives a la descolonización, se
vieron forzados por las necesidades de la Guerra Fría y la derrota de los antiguos
imperialismos a asumir el papel primario de guardianes internacionales del
capitalismo, y con ello, ambiguos herederos de los viejos colonizadores. Así, tanto
del lado de los Estados Unidos como del de los sujetos anticoloniales la
descolonización fue distorsionada y desviada. Los Estados Unidos heredaron un
orden mundial, pero cuyas formas de gobierno entraban en conflicto con su propio
proyecto constitucional, con su forma imperial de soberanía. La Guerra de Vietnam
fue el episodio final de la ambigua herencia por parte de Estados Unidos del viejo
manto imperialista, y corrió el riesgo de bloquear toda apertura posible de una "nueva
frontera" imperial (ver Sección 2.5). Esta fase fue el obstáculo final a la maduración
del nuevo diseño imperial, que se construiría eventualmente sobre las cenizas del
viejo imperialismo. Poco a poco, tras la Guerra de Vietnam, el nuevo mercado
mundial fue organizado: un mercado mundial que destruyó los límites fijos y los
procedimientos jerárquicos de los imperialismos europeos. En otras palabras, la
terminación de los procesos de descolonización señaló el momento de llegada de una
nueva jerarquización mundial de las relaciones de dominación-y las claves estuvieron
firmemente en manos de los Estados Unidos. La amarga y feroz historia del primer
período de descolonización se abrió a una segunda fase en la cual el ejército de
comando ejerció su poder menos por las armas militares que mediante el dólar. Este
fue un enorme paso adelante hacia la construcción del Imperio.

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El segundo mecanismo se define por un proceso de descentralización de los sitios y
flujos de producción. 14 Aquí, como en la descolonización, dos fases dividieron el
período de posguerra. Una primera fase, neocolonial, involucró la continuidad de los
viejos procedimientos jerárquicos imperialistas y el mantenimiento, si no la
profundización, de los mecanismos de intercambio desigual entre regiones
subordinadas y Estados-nación dominantes. Este primer período, sin embargo, fue
una breve fase transicional, y, efectivamente, en el arco de veinte años la escena
cambió radicalmente. Para fines de los ´70, o, en verdad, en el final de la Guerra de
Vietnam, las corporaciones transnacionales comenzaron a establecer firmemente sus
actividades en todo el planeta, en cada rincón del mundo. Las transnacionales se
volvieron el motor fundamental de la transformación económica y política de los
países postcoloniales y las regiones subordinadas. En primer lugar, sirvieron para
transferir la tecnología que era esencial para construir el nuevo eje productivo de los
países subordinados; en segundo lugar, movilizaron la fuerza de trabajo y las
capacidades productivas locales en aquellas naciones; y, finalmente, las
transnacionales colectaron los flujos de riqueza que comenzaron a circular cada vez
más por todo el mundo. Estos múltiples flujos comenzaron a converger esencialmente
hacia Estados Unidos, que garantizó y coordinó, cuando no comandó directamente, el
movimiento y la operación de las transnacionales. Esta fue una fase constituyente
decisiva del Imperio. Mediante las actividades de las corporaciones transnacionales,
la mediación y ecualización de las tasas de ganancia fueron desvinculadas del poder
de los Estados-nación dominantes. Más aún, la constitución de los intereses
capitalistas unidos a los nuevos Estados-nación postcoloniales se desarrolló en el
terreno de las propias transnacionales y tendió a formarse bajo su control. Mediante la
descentralización de los flujos productivos, nuevas economías regionales y una nueva
división mundial del trabajo comenzó a ser determinada. 15 Aún no había un orden
mundial, pero se estaba formando un orden.

Junto con el proceso de descolonización y la descentralización de los flujos, un tercer
mecanismo involucró a la diseminación de las formas disciplinarias de producción y
gobierno por todo el mundo. Este proceso fue muy ambiguo. En las naciones
poscoloniales, la disciplina requirió, primeramente, transformar la movilización
popular masiva para la liberación en una movilización para la producción. En todo el
planeta los campesinos fueron arrancados de sus campos y villas y arrojados a la forja
ardiente de la producción mundial. 16 El modelo ideológico que era proyectado desde
los países dominantes (en especial desde los Estados Unidos) consistió en regímenes
salariales Fordistas, métodos Tayloristas de organización del trabajo, y un Estado de
Bienestar que podía ser modernizante, paternalista y protector. Desde el punto de
vista del capital el sueño de este modelo era que eventualmente cada trabajador en el
mundo, suficientemente disciplinado, sería intercambiable en el proceso productivo
global-una sociedad-factoría global y un Fordismo global. Los altos salarios de un
régimen Fordista y la asistencia estatal fueron señalados como las recompensas de los
trabajadores por aceptar el disciplinamiento, por entrar a la factoría global. Sin
embargo, debemos ser cuidadosos en señalar que estas relaciones de producción
específicas, desarrolladas en los países dominantes, nunca fueron realizadas en las

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mismas formas en las regiones subordinadas de la economía global. El régimen de
altos salarios que caracterizó al Fordismo y la amplia asistencia social que caracterizó
al Estado de Bienestar fueron realizados sólo en forma fragmentaria y para
poblaciones limitadas en los países capitalistas subordinados. Todo esto no iba a ser
realizado: su promesa funcionó como la zanahoria ideológica que debía asegurar
suficiente consenso para el proyecto modernizador. La verdadera sustancia del
esfuerzo, la marcha hacia la modernidad, que de hecho se logró, fue la diseminación
del régimen disciplinario en todas las esferas sociales de la producción y la
reproducción.

Los dirigentes de los estados socialistas acordaron básicamente con este proyecto
disciplinario. El conocido entusiasmo de Lenin con el Taylorismo fue más tarde
superado por los proyectos de modernización de Mao. 17 La receta socialista oficial
para la descolonización siguió también la lógica esencial dirigida por las
transnacionales capitalistas y las agencias internacionales: cada gobierno poscolonial
debía crear una fuerza de trabajo adecuada al régimen disciplinario. Numerosos
economistas socialistas (especialmente aquellos que estaban en posición de planificar
las economías de los países recientemente liberados del colonialismo) sostuvieron
que la industrialización era el camino ineludible al desarrollo 18 y enumeraron los
beneficios de la extensión de las economías "Fordistas periféricas". 19 Los beneficios
eran en realidad una ilusión, y esa ilusión no duró demasiado, pero ello no alteró
significativamente el curso de estas naciones poscoloniales en el camino de la
modernización y el disciplinamiento. Este pareció el único camino abierto ante ellas.
20 El disciplinamiento era en todas partes la regla.

Estos tres mecanismos-descolonización, descentramiento de la producción y
disciplinamiento-caracterizaron al poder imperial del Nuevo Acuerdo, y demostraron
cuan lejos se había ido más allá de las viejas prácticas del imperialismo. Ciertamente
los formuladores originales de las políticas del Nuevo Acuerdo en los Estados
Unidos, en la década de 1930, nunca imaginaron una aplicación tan extensa de sus
ideas, pero ya alrededor de los ´40, en medio de la guerra, los líderes mundiales
comenzaron a reconocer su papel y poder en el establecimiento del orden económico
y político mundial. Para la época de la asunción de Harry Truman, él entendió que,
finalmente, el imperialismo en el viejo estilo europeo ya no podía entrar en sus
planes. No. La nueva era escondía algo nuevo en la trastienda.

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