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La muerte de Bolivar en la prensa sueca

La muerte de Bolivar en la prensa sueca

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La imagen de Simón Bolívar en la prensa liberal sueca en 1831
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Vidales, Carlos (1983), "La muerte de Bolívar en la prensa sueca", en Carlos Vidales, ed., Simón Bolívar 1783-1983: Imagen y presencia del Libertador en estudios y documentos suecos, Monografías N° 9, Instituto de Estudios Latinoamericanos, Universidad de Estocolmo, pp. 11-34. Copia digitalizada proporcionada por el autor.

La muerte de Bolívar en la prensa sueca
Carlos Vidales

Introducción
La reacción de los periódicos suecos ante la noticia de la muerte de Simón Bolívar no ha sido hasta ahora suficientemente investigada. Conocemos un ensayo inédito escrito por una estudiante de la Universidad de Uppsala, bajo la dirección del profesor Magnus Mörner, durante la primavera de 1963 (Inger Sandin, Bolivars död och eftermäle i svensk press), que forma parte de un conjunto de seis ensayos reunidos por el profesor Mörner bajo el título general de Hombres y hechos de la historia iberoamericana reflejados por observadores suecos1. Aparte de este trabajo no tenemos informe de ningún intento sistemático de investigación sobre el tema. El presente artículo no pretende ser un estudio exhaustivo. Nuestro propósito consiste en presentar, por primera vez en español, el texto de los principales artículos publicados en la prensa de Suecia acerca de la muerte del Libertador —así como algunos otros documentos complementarios— y discutir brevemente, tanto las fuentes de información a las que dicha prensa acudió, como las circunstancias políticas que influyeron en la difusión de una particular imagen de Bolívar ante la opinión pública sueca. La selección del material documental que se presenta reunido al final de este artículo (ANEXO), se ha realizado en función de tales propósitos. Dicho material es el siguiente: 1- Artículo del periódico Allmänna Journalen, Estocolmo, 5 de julio de 1822, en el cual se reproduce la carta de un anónimo viajero sueco acerca de la situación reinante en las tierras grancolombianas. 2- Fragmentos de la carta del teniente coronel sueco Fredrik Petré a su tío Samuel Niklas Casström (Lima, 10 de abril de 1825). 3- Artículo de Correspondenten, tidning för litteratur och politik (El Corresponsal, periódico sobre literatura y política), Uppsala, 7 de marzo de 1831, número 38. 4- Artículo de Svenske Medborgaren I Stockholm (El Ciudadano Sueco en Estocolmo), 8 de marzo de 1831, número 11.
Los ensayos son: 1. Mattson, Kerstin, “Ett brev från en svensk regeringsagent i Buenos Aires 1818” (Una carta de un agente del gobierno sueco en Buenos Aires, 1818); 2. Laestedius, Åsa: “En svensk karakteristik av Bolívar i Perú 1825” (Una caracterización sueca de Bolívar en el Perú, 1825); 3. Cederlund, Margoth, “Ett brev från en svensk fartygschef i Cartagena 1825” (Una carta de un capitán de navío sueco en Cartagena, 1825); 4. Sandin, Inger, “Bolívars död och eftermale i svensk press” (La muerte y reputación póstuma de Bolívar en la prensa sueca); 5. Lindquist, Kicki, “Kejsar Maximilians Mexico i svensk press” (El México del Emperador Maximiliano en la prensa sueca); y 6. Holm, Lena, “Castros maktillträde i januari 1959 återspeglat i svensk press” (El ascenso de Castro al poder en enero de 1959, reflejado por la prensa sueca). Debo agradecer al profesor Magnus Mörner la gentileza de haberme facilitado los originales inéditos de estos trabajos, así como muchas de las notas y papeles de su archivo particular. (Nota mía, CV).
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5- Artículo de Svenska Minerva, Estocolmo, 11 de marzo de 1831, número 20. 6- Artículo de Fäderneslandet (La Patria), Estocolmo, 14 de marzo de 1831, número 40. 7- Artículo de Aftonbladet (La hoja de la tarde), Estocolmo, 14 de marzo de 1831, número 60, y 19 de marzo del mismo año, número 65. Los dos primeros de estos documentos han sido escogidos como textos representativos para ilustrar las ideas y sentimientos que los observadores suecos transmitían a sus lectores durante el período 1820-1830. Los demás son noticias y comentarios sobre la muerte del Libertador. La traducción al español de todos los artículos y documentos citados y reproducidos, es de exclusiva responsabilidad del autor de este trabajo.

I. Bolívar como símbolo y como esperanza
Muy diversos factores confluyeron, al finalizar las guerras napoleónicas, para estimular el desarrollo de una gran expectación y una entusiasta simpatía, en todas las clases de la sociedad sueca, hacia las guerras de independencia latinoamericanas, hacia los esfuerzos de los patriotas por construir repúblicas independientes y hacia el hombre que aparecía ante los ojos de Europa entera como el más notable de los héroes de estas revoluciones: Simón Bolívar. Para la nueva dinastía, cuya entronización fue el resultado de la profunda crisis nacional que produjo la guerra contra Rusia y la consecuente pérdida de Finlandia, la independencia latinoamericana representaba una esperanza y un estímulo para la realización de una política de gran potencia. La conquista de nuevos mercados para el hierro y el acero, así como para la industria naval, el establecimiento de sólidas relaciones internacionales que le ayudasen a afianzar su situación en Europa y el propósito de desarrollar una diplomacia que permitiera a Suecia rivalizar con Inglaterra, eran al parecer las más importantes motivaciones del nuevo monarca, Carl XIV Johan, para considerar a las nuevas repúblicas latinoamericanas como un elemento fundamental de su política extranjera. Así, cuando el diplomático colombiano Francisco Antonio Zea inició su misión en Londres, en 1820, se establecieron los primeros contactos entre él y los diplomáticos suecos, “continuando más tarde estas relaciones con Suecia desde París. Ofrecía ventajas comerciales para Suecia [en] caso de recibir Colombia de este país su reconocimiento político. Las negociaciones continuaron también en 1823 cuando Zea había sido sucedido por José Revenga. Un agente secreto sueco, Lorich, fue despachado a Bogotá el mismo año” 2. Si bien los esfuerzos no condujeron a un resultado concreto, debido, principalmente, a que Suecia tenía entonces ventajosos acuerdos comerciales con España (a los que hubiera debido renunciar si reconocía a las nuevas repúblicas) y a que, de hecho, no estaba en condiciones de competir con los productos ingleses en el mercado hispanoamericano, el
Magnus Mörner, Estudios y documentos suecos relativos al movimiento emancipador de Hispanoamérica, Estocolmo, 1960. Informe preparado para la Reunión de Mesa Redonda sobre el Movimiento Emancipador de Hispanoamérica organizada por la Academia Nacional de Historia en Caracas, 1 a 10 de julio de 1960.
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interés oficial por las nuevas repúblicas continuó siendo intenso durante toda la década 1820-1830. Para ciertos sectores de la nobleza, vinculados al oficio de las armas, las revoluciones hispanoamericanas tenían un especial atractivo. Luego de la paz reaccionaria que siguió a la caída de Napoleón, muchos jóvenes oficiales se encontraron sin horizontes y sin perspectivas. La América del Sur era entonces el escenario donde ellos podían ganar gloria y dinero, y las noticias que llegaban acerca del trato espléndido con que Bolívar distinguía a los legionarios europeos, estimulaban más aún estas esperanzas. El Teniente Coronel Fredrik Petré y el joven conde Fredrik Thomas Adlercreutz constituyen dos destacados ejemplos de esta circunstancia, que aquí nos limitamos a mencionar. Para la burguesía, el aliciente de nuevas y más amplias relaciones comerciales con los recién fundados estados era muy importante, aunque no el único motivo de interés. Aquí había, también, una razón política de extraordinario peso: la defensa de las ideas liberales. La política del nuevo monarca apuntaba, en lo interno, al reforzamiento del poder real, en abierta contradicción con los intereses y la tradiciones de la burguesía sueca, que defendía con vigor las prerrogativas y derechos arrancados a la monarquía a lo largo del siglo XVIII. Esta burguesía, en particular, no estaba dispuesta a renunciar a los poderes que había conquistado en la estructura de la organización estatal, en la coparticipación en la toma de decisiones políticas y legislativas de interés nacional, en el manejo de los presupuestos del estado y en el dominio relativo de la opinión pública. Hacía ya tiempo que Napoleón Bonaparte había dejado de ser un símbolo de la revolución liberal para convertirse en un representante de la ambición imperial ante los ojos de Europa; así pues, la burguesía sueca emprendió con ardoroso entusiasmo la tarea de difundir las glorias de los dos acontecimientos históricos que le servían para ensalzar los principios liberales: la revolución norteamericana, con Washington a la cabeza, y la revolución hispanoamericana, cuyo héroe más notable fue Simón Bolívar. En esta batalla política e ideológica la prensa jugó un papel decisivo: al comenzar el siglo existían en Suecia cuatro o cinco periódicos, pero hacia 1820, según informaba Correspondenten, “se publican en la capital aproximadamente 20, y en muchas de las ciudades de provincia del Reino aparecen 2, 3, incluso hasta 6 periódicos” 3. La mayoría de estas publicaciones estaban vinculadas al desarrollo político de la burguesía y a sus diversas manifestaciones e intereses locales, y ya veremos de qué manera apasionada utilizaron la imagen de Simón Bolívar como un instrumento y un arma para librar la batalla ideológica en defensa del liberalismo. Y, por fin, aunque no existe suficiente material documental al respecto, podemos suponer que las clases desposeídas alimentaban también ilusiones y esperanzas frente a las revoluciones del Nuevo Mundo. En el seno de la sociedad sueca se estaban gestando ya las condiciones que habrían de producir esa gigantesca oleada emigratoria que se desató durante la segunda mitad del siglo XIX y que impulsó a un tercio de la población sueca a abandonar la patria para establecerse, precisamente, en el Nuevo Mundo.

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Citado por Inger Sandin en su estudio ya mencionado.

En este marco social de expectativas, de conflictos y de esfuerzos por construir un Estado preponderante e influyente, las miradas se fijaban en el Libertador de América: “Bolívar era indiscutiblemente el hombre más notable del Nuevo Mundo y en el Viejo no existía entonces nadie cuyo prestigio pudiera medirse con el suyo”.4 Hay que agregar que toda la política sueca de aquella época estaba profundamente influenciada por la vida política francesa y que en Francia, por razones que no es del caso analizar aquí, se vivía entonces lo que podría llamarse la “fiebre Bolívar”. En las manifestaciones públicas de 1830, en las calles de París, los defensores de las ideas republicanas y liberales cantaban un himno que contenía esta estrofa: El fuego sagrado de las Repúblicas se enciende en torno de Bolívar, las rocas de las dos Américas son el baluarte de los pueblos. El poeta Casimiro Delavigne había compuesto, hacia 1827, poemas que se recitaban en los círculos literarios y en los Clubes republicanos, con textos como el que sigue: L'héroique leçon qu'il offre aux opprimés Sous les feux de midi produit l'Independance; D'autres républicains, contre l'Espagne armés En nommant Bolivar chantent leur délivrance. Es decir: La heroica lección que él ofrece a los oprimidos produce la Independencia bajo los fuegos meridionales; otros republicanos, armados contra España, cuando nombran a Bolívar cantan su liberación. La admiración por Simón Bolívar había trascendido, incluso, más allá de los límites de la ideología y la política: las muchachas elegantes solían llevar, como una moda de distinción, el “sombrero a lo Bolívar”, y se habían acuñado dichos y expresiones en directa relación con la gesta bolivariana y la independencia de los pueblos hispanoamericanos. Tales manifestaciones debían influir de algún modo en una sociedad que tenía tan amplios y profundos contactos con Francia. Si bien en Suecia no se produjeron estas expresiones de entusiasmo popular y de identificación con la figura de Bolívar en la actividad cotidiana de las gentes, sí es cierto, en cambio, que la burguesía liberal exteriorizó, más de una vez, una simpatía tan calurosa hacia el Libertador, que bien podría calificarse de “simpatía a la francesa”.
Aftonbladet, Estocolmo, 14 de marzo de 1831, número 60. Los subrayados son de Aftonbladet. De igual modo, véase la carta de Fredrik Petré, en la cual dice que Bolívar “es quizá más grande que el mismo gran Washington”.
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En efecto, como veremos más adelante, fueron los periódicos liberales de Francia los que sirvieron de modelo a los periódicos suecos para comentar la muerte del Libertador. El hecho de que algunos artículos hayan sido tomados textualmente sin indicar siquiera su origen francés, no indica aquí un acto doloso, de plagio, por parte de la publicación sueca, sino más bien una profunda identificación, una hermandad política muy íntima con la publicación francesa que se usaba como fuente. Tal era una costumbre, un hábito, una norma, en aquellos tiempos, que nos informa con mucha exactitud acerca de las relaciones entre la burguesía democrática de Francia y la burguesía liberal sueca, durante las primeras décadas del siglo XIX. En cuanto a las relaciones entre estas burguesías y las fuerzas políticas actuantes por entonces en Colombia y Venezuela, es bien significativo el hecho de que los periódicos liberales que comentamos acogen como suya la posición del partido bolivarista en los conflictos internos de la política grancolombiana. Es evidente que sus fuentes de información, sus amigos y corresponsales, pertenecen a las filas de los más irreductibles adversarios del general Santander, a quien se le dedican epítetos tales como “conspirador”, “ambicioso”, “envidioso” y “traidor”. Es interesante constatar que, al menos en aquellos momentos, la figura de Simón Bolivar como símbolo y encarnación de los principios liberales tiene una validez internacional muy sólida, en abierta contraposición a las furiosas acusaciones que en ese mismo momento se lanzan contra Bolívar en su propia patria, en nombre de la libertad.

II. Bolívar como noticia
La importancia de Simón Bolívar y de la gesta latinoamericana como noticia, en la prensa y en la opinión pública suecas, siguió una curva parabólica cuyo trayecto puede describirse así: entre 1820 y 1825 el interés fue ascendiendo para estabilizarse, en su punto más alto, durante el primer semestre de 1826. A partir de ese momento comenzó a descender, de manera que al producirse la muerte del Libertador, la noticia no fue tratada como de “primera prioridad” por la mayoría de los periódicos suecos. Diversas razones explican esta evolución. En primer lugar, hacia 1825 las ilusiones del gobierno sueco acerca de sus grandes posibilidades comerciales y políticas en Hispanoamérica comenzaron a languidecer y, con ellas, se fueron enfriando también los entusiasmos de la burguesía comercial. En segundo lugar, las grandes convulsiones políticas y sociales acaecidas en Europa entre 1824 y 1830 situaron los acontecimientos hispanoamericanos en el segundo plano del interés público. Y, en tercer lugar, la resonante victoria de las armas patrióticas en los campos de Ayacucho (diciembre de 1824), puso término a la epopeya militar de la independencia e inició un nuevo período que, por su misma naturaleza, ya no concitaba la misma atención en Europa. Por estos motivos, el periódico liberal Aftonbladet iniciaba así su artículo sobre la desaparición del Libertador: “La convulsionada Europa, dividida entre despotismo y libertad y luchando por ambos, concederá poca importancia a la muerte de Bolívar. Hacía

ya tiempo que el gran Jefe de las revoluciones sudamericanas no atraía sino en un mínimo grado nuestra atención”. Cierto es que Aftonbladet, editado entonces por Lars Johan Hierta, representante de la burguesía liberal, dedicó a la noticia un espacio desusadamente generoso para la época (el largo artículo se publicó en dos entregas) y ello convirtió nuevamente a Bolívar en noticia de primera plana en Suecia, ya que este periódico era el más importante y leído en aquel tiempo. El extenso artículo de Aftonbladet no era ciertamente original: la parte introductoria había sido tomada literalmente de un texto escrito y publicado en París por Augusto Mignet; el largo ensayo biográfico procedía, literalmente también, del periódico parisino Le National, del 23 de febrero de 1831; y las líneas finales habían sido copiadas de Le Courrier Français del 21 de febrero del mismo año. El otro periódico que dedicó su primera página a la muerte de Bolívar, además de un espacio importante, fue Svenska Minerva, cuyo editor era J.C. Askelöf, y cuyas orientaciones políticas evidenciaban claras simpatías hacia Rusia5. A diferencia de todos los demás periódicos, Svenska Minerva reconocía explícitamente haber reproducido textualmente el artículo de una publicación extranjera, en este caso el inglés The Atlas.6 La utilización de periódicos extranjeros como fuente de información merece algunas líneas. Svenske Medborgaren i Stockholm, de tendencia liberal, editado por Fr. L. Rosenquist, tomó y reprodujo la nota aparecida en el diario francés Le Tribune el 18 de febrero de 1831, nota que a su vez provenía del corresponsal en Londres, a través del servicio postal. El periódico oficioso Fäderneslandet, publicado por el asesor M. J. Crusenstolpe, usó también una fuente francesa, pero ésta no había originado su información en Londres. Como resultado de estos manejos, el texto de la última proclama del Libertador, publicado tanto por Svenske Medborgaren como por Fäderneslandet, sufrió modificaciones que se pueden constatar fácilmente. Finalmente, los lectores podrán observar que hay dos elementos constantes en el tratamiento de la noticia sobre la muerte de Bolívar: la grandeza del héroe y la defensa de los principios liberales. Particularmente apasionado es el artículo de Le National/Aftonbladet, en el que, incluso, se toma una enérgica y agresiva posición de partido al lado de Bolívar y en contra de Santander y Padilla. Esta circunstancia y el hecho
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Inger Sandin, ensayo citado.

He comparado los textos de los artículos suecos que aquí comento, con las informaciones publicadas por la prensa francesa en febrero de 1831, y cuyas traducciones al español pueden ser consultadas por los lectores en Bolívar, 1830-1980, El libro del sesquicentenario, Comité Ejecutivo del Bicentenario de Simón Bolívar, Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, 1980. Los modos y vías empleados para transmitir en Europa la noticia de la muerte de Bolivar, merecerían un estudio más extenso: ellos forman parte de la historia del periodismo y, además, permiten descubrir las conexiones internacionales de las corrientes liberales europeas que hicieron suya, en aquella época, la causa bolivariana. CV.

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de que tales opiniones fueron difundidas casi simultáneamente en Suecia y en Francia (y quizá también en otros países europeos), indican hasta qué punto Simón Bolívar se había convertido en un símbolo de todos los liberales y republicanos de Europa en su lucha contra el régimen monárquico. Nos viene a la memoria un episodio que, en las tierras de América Latina, no hemos valorado aún en profundidad. Cuando Bolívar se encontraba en Lima, recibió informes acerca de una inminente declaración de guerra de la Santa Alianza contra las repúblicas hispanoamericanas. El Libertador escribió entonces febrilmente al Vicepresidente Santander, ordenándole disponer todas las fuerzas para la guerra e iniciar contactos diplomáticos con las potencias de Europa. Agregaba: “Pero si... los aliados persisten en su plan de hostilidad, y desoyen igualmente nuestras proposiciones políticas, es una prueba evidente que el plan definitivo es librar en una contienda general el triunfo de los tronos contra la libertad”. Frente a la contrarrevolución mundial que la Santa Alianza preconizaba, Bolívar estaba dispuesto a dirigir la guerra mundial por la libertad, guerra “muy prolongada, muy ardua, muy importante”7 entre los ejércitos absolutistas y las huestes republicanas del mundo. No es extraño, pues, que las fuerzas liberales de Europa reconocieran como su Héroe a este hombre que tenía una visión universal de la causa de la libertad.

Bolívar a Santander, Lima, 11 de marzo de 1825. Sobre la concepción estratégica del Libertador frente a la Santa Alianza, véase también Bolívar a Santander. Lima, 23 de febrero de 1825; Lima, 8 de marzo, y Lima 23 de marzo del mismo año. Igualmente la carta de Bolívar al Ministro de Colombia en Londres, Manuel Hurtado, fechada en Lima, el 12 de marzo de 1825. Bolívar, Obras Completas, Editorial Lex, La Habana, 1950, vol. 11, págs. 85 a 108.

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Anexo
1. Allmänna Journalen, Estocolmo, martes 9 de julio de 1822 (N° 156)
ALGO SOBRE EL ESTADO ACTUAL DE LA REPUBLICA DE COLOMBIA Colombia tiene, según un informe oficial, una población de 2.114.600 almas. El Estado se divide en 7 departamentos que eligen a 4 senadores cada uno, y que en conjunto eligen 73 representantes. Si Quito se une a la república, con sus 550.000 habitantes, entonces toda la población alcanzará la cifra de 2.664.000 y el Congreso constará de 44 senadores y 95 representantes. Un viajero sueco describe al país de la siguiente manera: “La República de Colombia se ha consolidado con una rapidez asombrosa. La Constitución está reconocida y las autoridades se encuentran en plena actividad. Uno encuentra aquí todo lo que constituye un estado independiente, con todas las señales de un vigor y una energía que crecen sin cesar. Las medidas que el Congreso ha tomado llevan el sello de una sabia política y de un perfecto conocimiento del país y del espíritu de la época. La opinión pública se ha consolidado perfectamente y ya no existe más ningún partido español. Este Estado llegará seguramente a ser fuerte y, desde el punto de vista del comercio, de gran importancia para Europa, en particular para Suecia, que allí encontrará una ventajosa colocación para sus principales artículos de exportación y mucha facilidad para la obtención de mercaderías coloniales. Parece que aquí se ha decidido conceder ciertas prerrogativas a los gobiernos que se adelanten a reconocer la nueva república y a entrar en tratados con ella. Yo creo haber notado que aquí se tiene una cierta predilección por los suecos y los ingleses. Bolívar es todopoderoso aquí y el pueblo le obedece ciegamente. Se tiene que hacer justicia, también, a su actividad, inteligencia, experiencia y profundo conocimiento del carácter de su nación. Él ha podido colocar a sus amigos en los principales cargos, lo cual aumenta su influencia y le permite tomar un tono de Dictador. El ejército es avezado en la guerra, bien vestido y disciplinado, y tiene buenos oficiales. Consta de una fuerza de más de 30.000 hombres, está imbuido de fervor por la causa que ha defendido, y lleno de orgullo por sus victorias. Los soldados se oponen no solamente a España sino también a toda Europa, y se les ha oído decir: ‘si aquellos que hicieron temblar de espanto a Francia quisieran venir aquí, recibirían una lección bien diferente'. Es preciso conceder que el clima, en este caso, sería un aliado bastante útil”. El General Morales ha desembarcado 700 hombres recientemente (a mediados de abril) en las afueras de Varaguana, y tomado la Bela de Coro, pero las mejores tropas, por ejemplo el Batallón Cabobo [sic; debe decir Carabobo], y otros, han recibido órdenes de combatirlo. El propio General Páez ha iniciado operaciones contra él. La particular naturaleza del país, en sus costas, impide llevar a cabo con suficiente rapidez las operaciones militares de emergencia. Todo el trayecto entre Barquisimeto y Coro es un desierto de arena, donde ni el agua ni las provisiones pueden conseguirse. De aquí que Morales pueda, durante algún tiempo todavía, jactarse de que continuará manteniendo sus posiciones, pero su destino final no es de ninguna manera

dudoso. Muy pronto será imposible para él permanecer más tiempo en la costa; tampoco puede avanzar, ya que entonces estaría perdido a corto plazo, pues ¿qué va a hacer él con 1.500 hombres derrotados, desanimados, vagabundos, cuando el mismo Morillo con 12.000 veteranos no fue capaz de hacer nada? Él está rodeado por todas partes, por las mismas tropas que en Carabobo redujeron a la nada el poder armado de España. El General Páez mantiene bajo sitio a Puerto Cabello por tierra, al mismo tiempo que una flotilla de un bergantín de quince cañones, un falucho y 6 goletas, corta las comunicaciones de la ciudad por el mar.

2. Un oficial sueco opina sobre Bolívar
FRAGMENTOS DE LA CARTA DEL TENIENTE CORONEL SUECO FREDRIK PETRÉ A SU TIO SAMUEL NIKLAS CASSTRÖM. LIMA, 10 DE ABRIL DE 1825 8 Es indudable que el gran Bolívar ama y protege a los extranjeros con alma y corazón. Quiero presentar un ejemplo. El consulado de esta ciudad había dictado un decreto, invocando viejos reglamentos, según el cual todos los extranjeros debían poner término de inmediato a todas las actividades de comercio minorista y cerrar sus tiendas. Antes de que la ordenanza entrase en vigor, el Libertador, que ahora está constantemente presente en el sitio del Callao, fue informado acerca de ella. Al instante se mostró indignado y se expresó así: “Nosotros no somos turcos aún. Aquel que carezca de las ideas de la libertad, será siempre un patriota inútil y debe disponerse a viajar para sacrificar el tiempo que sea necesario en las tierras de Colombia” (es decir: aprendiendo allí los principios de la libertad). Por último mandó la siguiente nota al presidente del consulado: “Si el Perú quiere llegar a ser libre, la liberalidad del gobierno debe extenderse incondicionalmente a los extranjeros, y si ustedes carecen de conocimientos sobre las leyes, yo les enviaré una biblioteca”. Al día siguiente estaban las tiendas de los extranjeros abiertas como antes... Después de que, como se sabe, la batalla de Ayacucho decidió la completa derrota de los españoles y el dominio absoluto de Sud-América por parte de los patriotas, la fortaleza del Callao con 1.500 hombres de guarnición se ha mantenido tercamente en sus posiciones. El congreso peruano, reunido en forma permanente, suspendió sus sesiones por tres días, después de haber obligado, unánimemente, al General Bolívar, a gobernar y dirigir sus

Uppsala Universitetsbibliotek, papeles de Hans Jarta, cartas de Fredrik Petré, F. 857 d. Uso el texto tomado del trabajo de Åsa Laestadius “En svensk karaterisktik av Bolivar i Peru, 1825”. Dicho trabajo es uno de los seis ensayos elaborados por estudiantes de la Universidad de Uppsala, bajo la dirección del profesor Magnus Mörner, durante la primavera de 1963. Tales ensayos fueron reunidos por el profesor Mörner bajo el título general de Hombres y hechos de la historia iberoamericana reflejados por observadores suecos, con el propósito de preparar su edición en español. He consultado los originales en sueco, gentilmente facilitados por el Profesor Mörner. La traducción que aquí se publica es de mi responsabilidad, CV.

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asuntos en calidad de Salvador y Padre del Perú, por lo menos por un año. El congreso concedió al General un millón de piastras (pesos) como una prueba de gratitud, pero el General respondió: “Yo sería ruin si aceptase del Perú lo que me he negado a aceptar de Colombia, y estoy completamente recompensado con la medalla que el congreso ha acuñado en mi honor” 9. Cuando el mando supremo fue entregado en manos del Libertador, se levantó un sacerdote y le habló de esta manera: “Si el General Bolívar nos traiciona, entonces juraremos no confiarnos jamás de los hombres”, a lo cual siguió esta respuesta: “El General Bolívar no tiene sino una sola palabra”. Ayer llegó un rumor a oídos del General, según el cual ya habría tenido lugar la declaración de guerra por el lado francés contra toda la América del Sur. El General expresó entonces: “Una sangrienta guerra espera a la América del Sur, si la Santa Alianza emplea toda su capacidad de acción. Es ridículo, dijo, querer disputar la libertad de millones de seres, después de que ellos, protegidos por la mano de la Providencia, lograron sacudirse el yugo de la esclavitud, organizarse independientemente y aprender a conocer sus propias fuerzas”. Después de 14 años de sacrificios los patriotas pueden, creo yo, con su padre y superior a la cabeza, realizar todo lo que desde el punto de vista civil y militar pueda servirles de provecho. Bolívar, quien quizá es más grande que el mismo gran Washington, es, me atrevo a decirlo, completamente digno de la ilimitada confianza que se le ha otorgado. Después de haber sufrido las más inauditas afrentas y contratiempos, entre los cuales el asesinato de su esposa e hijos debería colocarse en primer término10, se le ve mostrar afecto hacia sus más rencorosos enemigos y compasión ante todos. Se ve cómo él juzga todos los delitos con suavidad y lleva la clemencia hasta el extremo, aún en el instante en que las conspiraciones contra su propia vida han sido descubiertas por la siempre alerta policía. Entre las virtudes de este hombre grande se puede señalar su riguroso desinterés. Por el bien general él ha sacrificado toda su fortuna personal. Su economía y austeridad no pueden ser elogiadas suficientemente. En su recámara, en Palacio, no se veía antes más que una simple mesa, un par de sillas y un par de baúles de viaje, pero el Cabildo aprovechó una vez la ocasión de su ausencia en el congreso para cambiar sus simples muebles por otros mejores.

3. Correspondenten, tidning för litteratur och politik, Uppsala, lunes 7 de marzo de 1831 (N° 38)
La parte pertinente del mensaje del Libertador al congreso peruano, rechazando el obsequio de un millón de pesos (no de piastras), dice así: “Jamás he querido aceptar de mi patria misma, ninguna recompensa de este género. Así sería de una inconsecuencia monstruosa, si ahora yo recibiese de las manos del Perú, lo mismo que había rehusado a mi patria. Me basta Exmo. Señor, el honor de haber merecido del Congreso del Perú su estimación y su reconocimiento. La medalla que ha mandado grabar con mi busto, es tan superior a mis servicios que ella sola colma la medida de mis más ilimitados deseos. Yo acepto este galardón del Congreso con un efusión de gratitud, que ningún sentimiento puede dignamente expresar” (Bolívar al Congreso del Perú, Lima, 12 de febrero de 1825). Magnus Mörner comenta: "Aquí fantasea Petré, como es evidente. La esposa de Bolívar murió en junio de 1803 sin dejar hijos" (Åsa Laestedius, ensayo citado, pág. 6, nota 5).
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NOTICIAS SUELTAS El 17 de diciembre murió Bolívar. En su último mensaje a los habitantes de Colombia, expresa que ha sacrificado sin cesar y desinteresadamente sus mejores fuerzas, su fortuna y su tranquilidad personal en bien de ellos; que sus enemigos han querido destruir su reputación, de tal forma que han sembrado la duda sobre su amor a la libertad; y que él ha sido víctima de perseguidores que lo han llevado hasta el borde de la tumba, pero que él los ha perdonado. Finalmente insta a sus conciudadanos a la concordia y a la confianza en el actual gobierno.

4. Svenske medborgaren i Stockholm, martes 8 de marzo de 1831 (N° 11)
DEL EXTERIOR LONDRES, febrero 18. Aquel que durante tan largo tiempo estuvo a merced de la censura, y con toda probabilidad fue aún más cruelmente maltratado, BOLÍVAR, ha terminado su trayectoria el 17 de diciembre pasado. Es difícil, bajo la todavía reinante pasión de partido, extraer alguna conclusión segura con respecto a las cualidades morales y cívicas de este hombre famoso; sin embargo, el hecho de que hubiese sido llamado nuevamente a la más alta dirección de los asuntos de Colombia, desmiente, en no pequeña medida, las calumnias rencorosas con las que tan profusamente fue abrumado. Pocos años debieran ser suficientes para plantar su personalidad en el lugar moral y político que finalmente debe conservar; y cualquiera que sea la altura que él alcance en la historia, las dificultades de su situación deben ser siempre tomadas en consideración. El escrito de despedida del moribundo Libertador pone al descubierto una profunda emoción, y si él verdaderamente ha sido la víctima de rencores partidistas y de injustas sospechas, los sentimientos de aquellas personas que contribuyeron a precipitar su fin no deben ser de ningún modo envidiables. El documento es del siguiente contenido11: “El Libertador a los habitantes de Colombia! Colombianos! Me habéis ayudado a concentrar mis fuerzas en defensa de la libertad, en una tierra en que la tiranía había establecido su morada. Constante y desinteresadamente he empleado mis mejores fuerzas para vuestro bienestar. Por vuestro bien me he privado de mi propia dicha y de mi tranquilidad personal. Mis enemigos abusan de vuestra credulidad y buscan aniquilar mi reputación presentando mi amor a la libertad como objeto de dudas; y, conciudadanos, me duele decir que soy una víctima de mis perseguidores, que me han traído hasta el borde de la tumba, pero yo los perdono. Mi amor a la patria no me permite

Aquí traduzco literalmente del sueco, sin tener en cuenta el texto español del original. Esta versión de la última proclama del Libertador procede de una traducción inglesa y se trata, por tanto de una doble traducción. Al revertirla al español de un modo literal, se ponen de manifiesto las transformaciones que el contenido y el mensaje de la proclama han sufrido. Compárese, por ejemplo, esta versión, con la que ofreció el periódico Fäderneslandet, cuatro días más tarde (nota mía, CV).

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consentir con un funeral extraordinario12. Mi último deseo, mi última esperanza, son los de ver a mi amada patria consolidada. Todos deben asociarse para el bien de la unión, el pueblo debe abrigar confianza en los esfuerzos del actual gobierno para librarlo de la anarquía, los sacerdotes deben elevar sus oraciones al cielo y los soldados considerar sus espadas como la mejor garantía para la conservación de los derechos de su patria. Colombianos! Yo os dejo, pero mis últimos ruegos están destinados a la felicidad de Colombia, y si mi muerte puede contribuir a este deseable objetivo, mediante el cese de las luchas partidistas y la consolidación de la unión, yo bajaré con tranquilidad al sepulcro que pronto estará dispuesto para mí. SIMON BOLÍVAR. (Fechado en el Sitio de Haicendo [sic], a una legua de Santa Marta, el 10 de diciembre).13

Esta frase no existe en la proclama original; en cambio, y en su lugar, hay una frase que se omite en la traducción y que es la siguiente: “Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos”. Como se sabe, el Libertador no se refirió a sus funerales en esta proclama (testamento político), pero sí lo hizo en su testamento privado, cuya fecha también es del 10 de diciembre, y en el cual puede leerse: “10a. Es mi voluntad que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal”. Esta disposición testamentaria de Bolívar se cumplió el día 17 de diciembre de 1842, exactamente doce años después de su muerte, y los actos funerarios se convirtieron en una apoteosis de veneración y de homenajes multitudinarios que se prolongó durante ocho días. (Nota mía, CV). El diario francés Le Tribune publicó, el lunes 21 de febrero de 1831, un artículo prácticamente idéntico a éste que acabamos de transcribir. Del mismo modo que el Svenske Medborgaren I Stockholm, Le Tribune fecha el despacho en Londres, el 18 de febrero. Se trata, pues, de una información periodística distribuida desde Inglaterra a varios suscriptores en Europa. (Nota mía, CV).
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5.- Svenska Minerva, Estocolmo, viernes 11 de marzo de 1831 (N° 20)
CARACTERIZACION DE BOLÍVAR * (Tomado de The Atlas)
* Hemos elegido para conocimiento de nuestros lectores la presente caracterización, en razón de su brevedad. Si ella acierta en todos sus puntos de vista, es algo que debe dejarse a la consideración de la posteridad, juez natural de las personas históricas. Por ahora parece, sin embargo, que la memoria de Bolívar habrá de compartir en el futuro la misma gloria de Milciades y de Escipión, y esto es bastante para aquel que verdaderamente ha vivido para la inmortalidad. (Nota de Svenska Minerva).

El carácter de Bolívar era extraordinariamente adecuado para el tiempo y las circunstancias que indujeron su desarrollo. Su alma era activa, fuerte y resuelta. El comprendía sin esfuerzo los sentimientos del pueblo y por eso pudo, con facilidad, despertar y dirigir su fervor. Fue esta capacidad, y su innato amor a la libertad, lo que le proporcionó aquella preponderante influencia que él, para la suerte de Colombia, ejercía sobre sus compatriotas. Los otros generales que lucharon en las revoluciones de la América del Sur eran inferiores a él en todas las cualidades que constituyen los elementos de la grandeza moral. Bolívar era quizá tan rudo de costumbres y tan atrevido en sus decisiones como ellos; pero esto era suavizado por el hecho de que él tenía puntos de vista más claros y vocación más noble. Jamás fue dominado por aquellas bajas pasiones, ambiciones ilícitas y sed de venganza que caracterizaron a los otros. Nunca aspiró al poder despótico ni se embriagó jamás con el éxito. La liberación de la patria era su único objetivo. Fue toda su vida un patriota, pero se sospechó de él y se le pagó con la ingratitud: murió pobre y olvidado. Tal es su epitafio; y esto significa mucho en esta época sedienta de dinero y codiciosa de poder. Él estuvo en el centro del conflicto entre la civilización y la barbarie, entre la libertad y la esclavitud, y se mantuvo incorrupto hasta el final, libre de culpas y de perversiones. Fue un hombre grande para una época como ésta; un hombre hecho para crear una república a partir de elementos incompatibles y poco apropiados, y después alejarse de ella para que fuese gobernada por otros.

6.- Fäderneslandet, Estocolmo, lunes 14 de marzo de 1831 (N° 40)
NOTICIAS SUELTAS DEL EXTERIOR Bolívar, quien murió a consecuencia de una enfermedad que contrajo a fuerza de las fatigas de una existencia gloriosamente dedicada al cuidado de la patria, vio aproximarse su fin con tranquilidad y resignación. Cerca de sus últimos momentos dictó el siguiente mensaje a sus compatriotas: "Colombianos! Habéis sido testigos de mis esfuerzos para poner los cimientos de la libertad, donde antes reinaba el despotismo. He procedido desinteresadamente. He sacrificado mi tranquilidad y mi fortuna. Me he separado del mando tan pronto como mis intenciones despertaron la menor sospecha. Mis enemigos han abusado de vuestra credulidad y atacado mi amor a la libertad. Mis calumniadores me han conducido al borde del sepulcro, y muero como su víctima. Yo los perdono. En el momento en que os dejo para siempre, mi cariño me induce a expresar mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de la independencia Colombiana. Todos los conciudadanos deben unir sus esfuerzos en esta grande obra: el Pueblo mediante su obediencia al Gobierno, los Sacerdotes a través de sus oraciones al Todopoderoso, los Militares por medio de sus espadas. Colombianos! Mis últimos ruegos son por la prosperidad de mi patria. Si mi muerte puede contribuir a restituir vuestra unidad, entonces bajaré tranquilo y resignado al sepulcro".14

Véase la nota (11) del artículo del Svenske Medborgaren i Stockholm. Puede observarse en esta versión, no solamente una gran fidelidad al contenido y a la forma del texto original sino, además, una elegancia y fluidez de estilo que permite al traductor expresar en forma sintética y vigorosa el pensamiento bolivariano (nota mía, CV).

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7.- Aftonbladet, Estocolmo, lunes 14 de marzo de 1831 (N° 60)
BOLÍVAR15 La convulsionada Europa, dividida entre despotismo y libertad y luchando por ambos, concederá poca importancia a la muerte de Bolívar. Hacía ya tiempo que el gran Jefe de las revoluciones sudamericanas no atraía sino en un mínimo grado nuestra atención. Combatiendo contra las dificultades más abrumadoras, consumiéndose lentamente a sí mismo en una lucha que ya no ofrecía al mundo el esplendor de sus primeras hazañas, él experimentaba el dolor de no ser correctamente juzgado, a una distancia tan larga, por el mundo civilizado, de entregarse sin recompensa y de sacrificarse por la opinión de Europa. El ya no existe más, y ha sido necesaria su muerte para hacer patente ante el mundo toda la grandeza de un alma a la que se habían imputado tantas vulgares ambiciones. ¡Cuántas veces hemos alejado con tristeza nuestra mirada de esta Sud-América, que tanto había prometido y que tan poco había cumplido, esta América donde siempre nos parecía ver un brazo de soldado dispuesto a levantar su espada contra la libertad, derribarla de su alto sitio y ocupar su lugar! Esperad, esperad –nos gritaban los enemigos de la libertad–, sólo unos pocos meses, y vuestros amados ideales serán renegados una vez más. La América del Sur pronto encontrará su Bonaparte; oiréis a Bolívar, con la corona en la cabeza y el cetro en la mano, demostrándoos que no es con vuestros principios como se gobierna a los hombres. Ahora está Bolívar muerto, sin embargo, y ha dejado a su patria libre. Ha sucumbido al dolor; ha preferido las penas y las desilusiones antes que la usurpación. Ha querido más estar rodeado de ingratos que de esclavos. Menos afortunado que Washington, no pudo ver a su país tranquilo. Dudó de la bondad de su propia obra; también su nombre inmaculado será tocado en la historia con algo de melancolía y de tristeza. Sud-América, algún día tranquila y floreciente, repetirá la despedida de Bolívar como la más noble y bella herencia que jamás el patriotismo haya legado a un pueblo. Y no obstante, dichoso él: Grande en la guerra, tuvo en su mano todas las fuerzas unidas de su patria en su tiempo y se mantuvo hasta el último instante como un hijo sumiso de la libertad! Ahí tenéis, pues: del mismo modo que en la patria de Washington, los principios de la libertad se han mantenido. ¡Qué lección para nuestra vieja Europa, siempre lista a calificar de quimeras estas gloriosas ideas, tan pronto como ellas encuentran la menor
Este artículo es, en realidad, una pieza compuesta con fragmentos de varias publicaciones francesas de la época. Las frases iniciales son tomadas de un artículo que Augusto Mignet escribió y publicó en París en febrero de 1831. Otros pasajes proceden de las notas necrológicas y biográficas sobre Bolívar aparecidas en los siguientes periódicos: el Journal du Commerce, del lunes 21 de febrero de 1831; Le National del miércoles 23 de febrero, y Le Courier Français del mismo mes y año. Es interesante anotar que los periodistas franceses reconocen explícitamente que “hemos tomado de los diarios ingleses” lo que ellos llaman “los interesantes pormenores” biográficos sobre Bolívar. En cambio, los redactores de Aftonbladet no mencionan fuente alguna y dejan la impresión de ser los autores del artículo. Lo importante aquí es que Aftonbladet asume por entero una definida posición política en favor de Simón Bolívar y que se apoya en la figura del Libertador para defender las ideas liberales y los principios democráticos. (Nota mía, CV).
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oposición! Por dos Cromwell que la historia nos echaba en cara, tenemos ahora dos Washington. De modo que no es cierto que la libertad conduzca invariablemente a la discordia civil, ni que esta discordia induzca siempre el regreso del despotismo. El ejemplo de los dos grandes fundadores de la libertad americana derriba estos axiomas misantrópicos y pesimistas. Si la vida de Washington no los hubiese refutado suficientemente, la muerte de Bolívar los ha aniquilado. ¿Es el vigor del principio de la libertad, es la virtud de Bolívar lo que ha triunfado sobre el excitante encanto del poder absoluto? No pretendemos ensalzar al hombre a costa de la idea que lo ha hecho grande. Nada importa lo que ha mantenido incólume la virtud de Bolívar. Debe bastarnos el hecho de que la América no haya visto cumplirse la siniestra predicción de tiranía que por tan largo tiempo ha resonado desde el otro hemisferio. La idea de la libertad ha ganado una victoria inapreciable; y tenemos un motivo para no desesperar del porvenir. Simón Bolívar nació en San León de Caracas [sic], capital de la Capitanía General de Venezuela, el 24 de julio de 1783. Don Juan Vicente Bolívar y Ponte, su padre, y su madre, Doña María Concepción Palacios y Sojo, pertenecían a dos familias criollas de gran prestigio. El empleo de Regidor Alférez en Caracas, ejercido durante largo tiempo por su padre, era hereditario en la familia, la cual emigró desde el comienzo de la insurrección; esta disposición realista de sus parientes cercanos, sirvió solamente para encender aún más el fervor patriótico de Bolívar y le otorgó una mayor notabilidad. Bolívar perdió sus padres a muy temprana edad y fue confiado a los cuidados del noble Doctor Carreño Rodríguez, quien siempre ha sido honrado por aquél como un maestro y un amigo. En la escuela se distinguió entre sus compañeros por su bulliciosa vivacidad y por una precoz inteligencia. Muchos de ellos lo nombran todavía con el diminutivo amistoso de Simoncito. Los años y el raciocinio perfeccionaron más y más sus ideas, y el joven Simón no tardó mucho en sentirse constreñido en la tierra de sus padres, donde el genio y el pensamiento estaban reprimidos por tan duras cadenas. Decidió entonces a adquirir conocimientos útiles a través de extensos viajes, para poder servir un día a su patria como el Czar Pedro había servido a la suya. Luego de obtener pasaporte para España, visitó de paso México y Cuba, y recorrió después toda la parte meridional de Europa. Durante su estadía en París pudo contemplar de cerca la Revolución Francesa, y se dice que a partir de ese momento tomó su decisión de romper algún día las cadenas de América. En Madrid había contraído matrimonio con la hija de Don Toro, tío del Marqués Toras [sic], aquel que después hospedaría en su casa al célebre Humboldt. De regreso en su patria, Bolívar se entregó al goce de una vida doméstica pacífica y feliz. Dividía su tiempo entre los estudios, el cuidado de un considerable patrimonio y el mejoramiento de sus haciendas. Por aquella época fue nombrado Jefe [Capitán] de las Milicias del Valle de Aragua, y los ejercicios militares ocuparon a partir de entonces una parte de su tiempo y le dieron conceptos sobre los fundamentos esenciales de esta profesión. Pero esta dicha de la vida retirada no iba a durar mucho. La fiebre amarilla le arrebató a su amada esposa, y esta pérdida inesperada lo hundió en una tristeza tan honda que solamente nuevos viajes pudieron disiparla. Se puso nuevamente en camino hacia Europa y se vio transportado, en dos semanas, de una retirada plantación colonial a las espléndidas festividades que caracterizaron la coronación de Napoleón.

Un ejemplo más provechoso esperaba a Bolívar en los Estados Unidos. Allí vio una nación ya poderosa continuar, en la calma de la paz, la construcción de ese edificio de incalculable grandeza y bienestar, cuyos cimientos son un fértil e inconmensurable territorio e instituciones no menos grandes y fecundas. Con el corazón y el alma rebosantes de esos grandes recuerdos, Bolívar estaba de regreso en Caracas cuando se supo el apresamiento de la familia real española y la vil abdicación que fue su consecuencia. Poco después llegó uno de los viejos amigos de Bolívar, el General español Vicente Emparán, promovido por el Rey José a Capitán General de Venezuela y confirmado en este empleo por la Junta Central de la Península. Emparán se mostró de inmediato dispuesto a hacer reconocer la nueva dinastía por todo el país. Bolívar, que le observaba de cerca, no vaciló un instante entre el deber y la amistad; denunció ante sus compatriotas las intrigas del nuevo Capitán General; una efervescencia general se apoderó de los ánimos, y el efecto fue tan rápido que la revolución estalló en Caracas el 19 de abril de 1810. Sería superfluo agregar que Bolívar fue uno de sus más ardientes promotores. Los enemigos del Libertador le han lanzado frecuentemente el cargo de no haber apoyado un movimiento insurreccional que poco antes se había intentado sin éxito. Sus amigos, y la marcha de los acontecimientos, han mostrado a la luz del día que esta precipitada empresa sólo podía ser de provecho a la política de Inglaterra. Ni el tiempo ni los espíritus estaban entonces maduros para semejantes movimientos. La Junta Suprema de Venezuela fue rápidamente organizada y Bolívar recibió de ella el título de Coronel y, poco después, la comisión de anunciar al gabinete de St. James el cambio producido en Colombia. El resultado de su viaje a Londres fue una declaración por la cual Inglaterra se comprometía a no inmiscuirse de ningún modo en los asuntos internos de Sud-América mientras ésta no tomase el partido de Francia. Concluidas las negociaciones de esta manera afortunada, Bolívar se apresuró a regresar a Caracas, donde comenzó a trabajar incansablemente por la completa emancipación de su patria. Esta fue proclamada por fin el 5 de julio de 1811, pero para cumplirla y consolidarla se necesitaron 15 años de una guerra de vida o muerte y la sangre de muchos ejércitos. Escribir a partir de ese momento la biografía del Libertador, es escribir una historia de Colombia. Él no cesó desde entonces, ni un solo instante, de desarrollar, en la lucha por la causa de América, esa multitud de talentos y esa infatigable actividad que lo fueron elevando gradualmente sobre todos sus compatriotas. Tuvo que luchar con un enemigo superior en número y disciplina, contra las agitaciones internas que finalmente hicieron estallar la guerra civil, contra el ánimo vacilante de los suyos, contra la derrota, el hambre, el destierro, contra la naturaleza misma que parecía levantarse en favor de la metrópoli. Un espantoso terremoto destruyó parcialmente, el 26 de marzo de 1812, las principales ciudades de Venezuela. El fanatismo religioso no dejó de ver en esta devastación una prueba irrebatible de la ira del cielo. Un temor supersticioso se apoderó del ánimo del pueblo, y las furibundas declamaciones del clero ayudaron poderosamente a las armas españolas. Venezuela fue conquistada y reconquistada varias veces en el transcurso de los dos años siguientes. Fue durante esas empecinadas campañas cuando el héroe colombiano sentó las bases de su vasta obra política, induciendo a la Nueva Granada a precipitarse en

auxilio de Venezuela, sistema que completo cuando condujo a esta última nación a la lucha por la causa de [Nueva] Granada y de Quito. El sistema federativo cayó de este modo en descrédito; él sólo había generado disensión y discordia; y sobre las ruinas de 5 ó 6 miserables repúblicas, siempre en armas las unas contra las otras, se levantó bien pronto el majestuoso edificio de un estado cuyas bases eran la cordillera de los Andes y cuyos límites estaban formados por los dos océanos y por los lagos de Guatemala. Una circunstancia generalmente muy poco conocida, a pesar de que sin duda merece serlo, es que, a propuesta del General Bolívar, el Congreso de [Nueva] Granada decidió enviar dos delegados al congreso reunido en Chatillon después de la caída de Napoleón, con el encargo de defender en la tribuna de la asamblea de Europa los derechos de las nuevas repúblicas americanas. La voz de estos enviados no pudo hacerse oír en medio de las tormentas de una época agitada y funesta para tantas naciones; pero la sola presencia de esa misión demuestra qué pensamientos ocupaban ya la mente del hombre excepcional que, 10 años más tarde, habría de convocar a todos los pueblos del Viejo y Nuevo Mundo a una nueva y verdaderamente santa alianza en Panamá. La guerra civil que estalló en 1814 entre los gobiernos de Cundinamarca y Cartagena, condujo al General Bolívar al destierro y lo privó de los recursos para servir a la patria a la cabeza de sus ejércitos. Decidió ausentarse a Jamaica, donde su pluma no permaneció inactiva y contribuyó a los ulteriores triunfos de la libertad. Librado como por milagro del puñal de los españoles (uno de sus hermanos de exilio fue asesinado en la habitación de Bolívar una noche en que él mismo estaba ausente por casualidad), se fue a Santo Domingo, donde lo esperaba el Almirante Brion: fue allí donde organizó la pequeña expedición de 200 hombres con la cual emprendió la reconquista de Venezuela, ocupada por 15.000 españoles, durante la ausencia de Morellos [sic. Se trata del Pacificador Morillo], quien estaba sitiando la fortificada Cartagena. Bolívar se encontraba entonces en una situación muy parecida a la que Napoleón sufría, casi al mismo tiempo, en Elba. Pero el destino había dispuesto que aquél sobreviviese más de un Waterloo. Después de muchos éxitos, seguidos de tropiezos aún más numerosos, fue traído nuevamente por su inconmovible tenacidad, desde las riberas ardientes del Orinoco hasta las altas mesetas de la cordillera, donde la jornada memorable de Guaxaca [sic. Se trata de la batalla de Boyacá] decidió para siempre el destino de su patria victoriosa. La Constitución Colombiana fue decretada bajo su amparo tutelar por el Congreso de Cúcuta, que le reconoció los títulos honoríficos de Libertador y Padre de la Patria. La campaña del Perú fue para los colombianos una fuente casi ininterrumpida de victorias, coronadas por el espléndido triunfo de Ayacucho, donde 9.000 independientes derrotaron y aprisionaron un ejército español de 20.000 hombres. Este fue el golpe de muerte para el señorío europeo en el Nuevo Mundo. La nación liberada jugaba entonces en América el mismo papel que hoy parece estar reservado a Francia en Europa. Bolívar era indiscutiblemente el hombre más notable del Nuevo Mundo y en el Viejo no existía entonces nadie cuyo prestigio pudiera medirse con el de él. En el año de 1826 comenzaba para América una nueva época de grandeza y prosperidad: España no poseía ya ni un pie de tierra en esos dilatados territorios que ella había dominado durante trescientos años con el talante de una madrastra envidiosa. El Congreso de Panamá convocaba a los representantes de toda la humanidad. Desgraciadamente para su patria y para muchas otras, Bolívar estaba demasiado adelantado con respecto a su época; el pensamiento del grande hombre fue mal comprendido. América

fue tratada frívolamente en Europa, y este Congreso, en el cual hubieran podido las más distantes naciones del globo sentar las bases de vastas y profundas relaciones políticas y comerciales, sólo permanece en la historia y en el recuerdo como un modelo, o un proyecto, que puede servir como ejemplo en épocas más esclarecidas y dichosas. (Concluirá próximamente).

Aftonbladet, Estocolmo, viernes 19 de marzo de 1831 (N° 65)
BOLÍVAR (Conclusión del artículo iniciado en el N° 60) El alzamiento de Páez obligó a Bolívar a abandonar a su plan favorito: la gran federación entre Colombia, Perú y Bolivia. Dejó el Perú, que lo amaba como a un Inca, en manos torpes o pérfidas, y la constitución que había preparado para su última creación, la República de Bolivia, ni siquiera se concretó en un intento; tantas fueron las temerarias conmociones que el espíritu de reacción, las intrigas y las discordias supieron producir. El envidioso Santander, Vicepresidente de Colombia, conspiraba en secreto contra el Libertador, a quien consideraba un obstáculo para sus planes ambiciosos. El encuentro de Ocaña [se refiere a la Convención de Ocaña de 1828], obediente a los infames proyectos del traidor, se esforzó por atizar nuevamente el fuego de la discordia que, en las provincias orientales, la presencia del héroe conciliador había apagado. El feroz Padilla incitaba a la insurrección en Cartagena a la población de color contra la supremacía de los blancos. Un odioso complot, tramado en Bogotá a la vista y con el consentimiento del traidor Vicepresidente, amenazó la vida de Bolívar. El Perú, recientemente salvado por su mano, volvió las armas contra su benefactor. Bolívar estuvo presente en todas partes, como César; parecía tener la capacidad de decuplicar su existencia para despedazar en todas partes la cabeza de hidra de la anarquía que intentaba reproducirse una y otra vez. Como vencedor de los peruanos, se acordó que había sido su padre; amo del destino de los miserables que habían querido acortar sus días, dejó sin embargo a la mayoría de ellos en poder de una vida y de una riqueza que, según él sabía de antemano, serian usados para hostilizarlo. La segunda rebelión de Venezuela, ese país que había sido la cuna y el teatro de sus más grandes hazañas, colmó el vaso de los sufrimientos de este hombre grande que a lo largo de una vida luminosa y consagrada sembró paz y concordia en todas partes, y en todas partes cosechó odio y disensión. Cansado de un poder que se había convertido en eterno pretexto para los ataques de la furia y la calumnia, tuvo sin embargo fortaleza suficiente para conservarlo hasta el momento en que lo dejó en manos de una nueva Asamblea Constituyente. Sus palabras de despedida fueron tan amargas como elocuentes. Una profunda melancolía, una congoja sublime se traslucían en este adiós doloroso de un patriota que, después de 20 años de sacrificios, luchas y sufrimientos, no podía dejar a su amado país más herencia que la emancipación política. Después de esta solemne ceremonia se proponía partir para Europa, para quitarle a la intriga y al odio partidista hasta el más mínimo pretexto que su presencia les pudiese dar. Una salud destruida, los ruegos insistentes de sus amigos, y los siempre crecientes peligros de la república, lo retuvieron algunos meses en la playa del océano que debía separarlo para siempre de una patria ingrata. Insistentemente le suplicaron todos los hombres íntegros que una vez más se presentase como pacificador y conciliador en medio de los partidos que despedazaban a

Colombia. Moribundo se arrastró, a la cabeza de un grupo de valientes hermanos de armas, hasta las playas del río Magdalena. En esos tristes parajes estaba señalado el fin de su carrera. Sintió la proximidad de la muerte, reunió las últimas fuerzas de una vida que se estaba extinguiendo, y habló todavía palabras de paz y de amor a los ingratos cuya iniquidad había causado su muerte. (En la autopsia de Bolívar se encontró el pulmón atacado por la enfermedad, pero los demás órganos sanos. Él, que tuvo una disposición ilimitada sobre las rentas de Colombia, Perú y Bolivia, no dejó ni siquiera un chelín de propiedad personal. Pero tampoco ha dejado deudas, a pesar de haber empleado las nueve décimas partes de su rico patrimonio para satisfacer las necesidades de su patria, y de haber liberado 1.000 esclavos que tenía. Al morir, él ha dispuesto que los obsequios y medallas de distinción que recibiera de muchas naciones, sean devueltos como un recuerdo de su amistad y cariño hacia esos pueblos).

8.- La última proclama de Simón Bolívar
EL LIBERTADOR A LOS PUEBLOS DE COLOMBIA*
* Según el texto de la primera publicación impresa, Cartagena, diciembre de 1830, Imprenta de Manuel M. Guerrero, por orden del Prefecto del Departamento.

COLOMBIANOS: Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la LIBERTAD donde reinaba antes la TIRANÍA. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiábais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad, y hollaron lo que me es más sagrado – mi reputación y mi amor a la Libertad. He sido víctima de mis perseguidores que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono. Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis de trabajar por el bien inestimable de la UNION: los pueblos obedeciendo al actual Gobierno para libertarse de la anarquía; los Ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al Cielo; y los Militares empleando su espada en defender las garantías sociales. COLOMBIANOS! Mis últimos votos son por la felicidad de la Patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.

Simón Bolívar
Firmado en la Hacienda de campo llamada San Pedro, una legua distante de Santa Marta, a 10 de Diciembre de 1830.

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