EXILIADOS

Escribe María Cecilia Sánchez

Hay violencia en una cuerda que se tensa desde sus extremos, hasta romperse. Pero hay mucha más violencia en una cuerda que se tensa desde sus extremos sin llegar a romperse nunca. Ese es el tipo de violencia que se encuentra en la obra dramática Exiliados, de James Joyce. De una frase a otra, de un gesto a otro, tensiones que implican un tiempo que se expande, indeterminado, palabras llenas de la mordacidad de la experiencia, que implican otra experiencia para alcanzarlas, para que su tiempo se cumpla, palabras que llenan de un sentido irónico y frío cualquier gesto. Se podrá decir que el telón de fondo de Exiliados es la lucha por la liberación de Irlanda, la libertad en el amor, la inutilidad de la rebeldía sin un verdadero espíritu revolucionario, la sustancia gris en que desembocan los heroísmos. Y tantas otras referencias que Joyce mismo apunta y enriquece. Veo también como telón de fondo los Cantos de inocencia y Cantos de experiencia, de William Blake. Escritura literal, no únicamente en el sentido de la vida personal de James Joyce. Por cierto, un tic agobiante para la lectura es encontrarse a cada paso en las notas de pie de página de sus obras todas las alusiones personales posibles, extraídas con morbo de sus cartas, sus visitas, sus despliegues: “Frase que Joyce le escribió a Nora…., lugar donde Joyce encontró al amigo…, etc. etc. etc.” Es un mecanismo socorrido que se convierte en obstáculo cuando se quiere simplemente leer, ver, esa letra que punto por punto, sigue y escribe, fiel a la vida, a lo que deseamos y lo que logramos ser. Escritura literal. Método que se puede llamar hasta paranoico, pero que en sustancia implica que cada experiencia está marcada por palabras, y que la literalidad está en decirlas, más que en repetirlas, y en nombrar lo que vemos en lo más inmediato, sin búsqueda de capas o estratos más y menos profundos… Exiliados es eso, tal cual: gentes que están por fuera de la patria, de la política y del amor. Sólo en ese momento, cuando los personajes se encuentran por fuera de estas tres condiciones, pareciera que les es posible tomar decisiones. Las pueden pensar, y las pueden enmarcar en la libertad. Antes, estaba el ser impulsivos, el huir de una patria que persigue y expulsa como la madre de Richard Rowan, antes estaba el “irse haciendo por el otro” como en Bertha, la mujer de Richard, antes estaba la “espera” a que llegara su momento, como en Robert Hand. Antes

estaban todos los personajes en el reino de la necesidad, donde se lo intenta todo y hasta los más elevados ideales pueden naufragar. Ese tiempo que se establece de palabra a palabra y que tiene que ver con la vida, de acción en acción, es lo que encuentro de Blake. ¿Naufragaron los ideales de Richard Rowan? Richard Rowan descrito por Robert Hand: tú has caído aquí procedente de un mundo superior, y te sientes lleno de fiera indignación cuando descubres que la vida es cobarde e innoble. Robert Hand se describe a sí mismo: yo he ascendido desde un mundo inferior, y me llena de asombro descubrir que la gente tiene la más mínima virtud capaz de redimirla. Robert y la mujer de Richard, como eco de una época de la cual Richard intenta extraer un saldo moral. Robert ve a Bertha como la obra de su amigo, fascinante y extraña. Pero Richard la ve… muerta. La ha llevado hasta el punto de usarla en un juego para descubrir la traición de su amigo, que la desea. A Robert y su pasado libertino y desenfadado, les sigue este corolario: Esta piedra, por ejemplo. Es tan fresca, tan pulida, tan delicada, como la sien de una mujer. Es silenciosa, soporta nuestra pasión; y es hermosa. Puestos a realizar las operaciones lógicas para decidir, los personajes deben descubrir y descubrirse. Es por eso que las operaciones se enredan. Después de leer la obra, no sabemos nada de un punto final. Se dicen las palabras más graves: traidor, muerta, alto, bajo, ladrón, mentiroso, alevosía. Pero cada acción y cada palabra de Richard Rowan apela y es invocación de un ideal: la mujer es libre. Sólo que al parecer en la conquista de esa libertad ha perdido el amor. Aún así, reconoce que junto a él Bertha ya no podría vibrar. Quizá al lado de Robert sí, y por eso considera que Bertha lo necesita. Richard parece capaz de tensar la cuerda hasta que ella pueda o quiera irse con su amigo. Pero no sabemos si en verdad así lo hace. Aunque gusta de Robert, su desconcierto es el mayor de todos, y por eso va y viene de un amigo a otro, reprochándoles el juego y a la vez alimentándolo, e inquiriendo a Beatrice, amiga íntima de Richard en la última época. Están el hijo de Bertha y Richard, Archie, quien pasa por la obra, como todos los niños, perdido en el mundo de los adultos, y Brígida, que pasa por todas las escenas con un dejo de ironía impreso en el respeto que les debe a sus amos. La inocencia nos hace calificar, incluso a nuestros padres. Richard Rowan habla de su madre: Mientras vivió, yo luché contra su espíritu hasta el amargo final. Aún sigue luchando contra mí…

aquí adentro. Ella me echó. Por culpa de ella pasé años en el exilio y la pobreza, o casi. (…) En cualquier caso, una mujer notable. (…). Pero pasa la experiencia y la conclusión de su discurso sobre ella termina así: Lo que necesito es el espíritu de ella. Robert describe los gestos de las estatuas (después de una explosión de motivos heroicos sobre su amigo Richard): Todas las estatuas pertenecen a una de estas dos clases. (Cruza los brazos sobre el pecho.) La estatua que dice ¿cómo me bajaré de aquí? O la otra clase (descruza los brazos y extiende el derecho, volviendo la cabeza), la estatua que dice: en mis tiempos, el montón de estiércol llegaba hasta aquí. Bertha participa del juego entre ambos amigos, pero al final parece que una certeza la invade y la hace protestar amargamente: Puede que la desprecien, pero jamás la humillarán. ¿Qué cree que soy? ¿Una piedra? Experiencia que descubre la verdad, y que por más lealtad que intenten mantener los personajes con sus afectos y compañeros de la vida, imprime un tono sarcástico o una acusación a la más leve mención del otro. Así, Robert escribe en un periódico: Aquellos que abandonaron Irlanda en su hora más crítica… para hablar del regreso de su amigo. Richard duda del deseo por la belleza, aunque sea ésta la que nos conduce al deseo. Se usan palabras graves, pero no hay una sola palabra que apele a la vulgaridad, o al franco insulto. Y quizá en ello reside toda la violencia de Exiliados: uno puede ver cómo se traza el mapa de la vida de los personajes, con esas cuerdas que se tensan y se tensan sin romperse, pero que acogen en sus palabras, en cada frase, un punto de vista que están dispuestos a examinar. Apostaron por algo que al parecer no encontraron y van a saber cuál fue el precio que pagaron.