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Bloch Reyes Taumaturgos

Bloch Reyes Taumaturgos

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Cuando se publica una obra como ésta, sería presuntuoso hablar de una segunda edición P r al menos es legítimo prever

l a posibilidad eo de complementos. La principal ventaja que espero obtener de mis investigaaones, es atraer la atención pública sobre un orden de problemas que hasta ahora había sido descuidado. Entre las personas que me leerán, muchas, sin duda, descubrirán con sorpresa errores y sobre todo omisiones; pero si hubiera querido evitar, no sólo las lagunas imprevistas, sino también las que nos acucian sin que las podamos colmar, este trabajo no hubiera salido jamás del cajón de mi escritorio. Les quedaré siempre profundamente agradecido a mis lectores si me señalan carencias u olvidos, de la manera que les parezca más conveniente. Nada sería para m ,adable que ver cómo prosigue de este modo una colaboración i este libro tanto le debe en su forma actual.

MONTESPUIEU, c

Este rey es un gmn mago. a e s P W M , 1, 2, único milagro que ha quedado perpetuamente en religión de los cristianos y en la mua -i de
ancia.

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. Historio
72.

XI, rey di

Marla
rnteceden, al corregir las Releyend.o las líne nto que : , . . ., -.. B p . -. : . 2.. pruebas de este Iibro, no pueao resignarme a aejarias mcambiadas. Faltan en ellas dos nombres, que una especie de pudor sentimental, quizis demasiado sombrío, me impidió incluir. Pero hoy no puedo permitirme pasarlos por alto. Nunca había tenido yo la idea de estas investigaciones sin la es&echa coinunidad intelectual en que he vivido con mi hermano .ga data. 1Médico y apasionado de su arte, él me ayudó a refledesde la1 xionar S,~ b r e c, el aso de los reyes-médicos. Atraído hacia la etnogra2- -. iia ~ u r i i p y la ~ ~ ~ ~ - psimlogia religiosa por un gusto particularmente vivo - e n el inmenso dominio que recoma, como mofándose de sí su infatigable curiosidad, eran estos terrenos predilectos para él-, mi hermano me ayudó a comprender el interés de los grandes problemas que aquí trato largamente. Por otra parte, debo a mi padre lo mejor de mi formación de historiador; sus lecciones, iniciadas en la infancia y que no cesaron jamás, me marcaron con un sello que creo sea imborrable. Este libro sólo fue conocido por mi hermano en estado de esbozo y casi de proyecto. Mi &re llegó a leer el manuscrito, pero no lo podrá ver impreso. Faltaría a la piedad filial y fraternal si no recordase aquí la memoria de estos dos seres queridos, de los cuales sólo el recuerdo y el ejemplo podrán ahora servirme de guía.

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E 27 l J e 1340, el., d. .. . Franciscu, ur ia orden de los rreaicadores, o b i i o de Bisaccia en la provincia de Nápoles, capellán del rey Roberto de Anjou y en ese momento embajador del rey de Inglaterra Eduardo 111, se presentó ante el Dux de Venecia.' Acababa de iniciarse la lucha dinástica entre A-ancia e inglaterra, que daría lugar a la Guerra de los Cien Anos. Las hostilidades habían comenzado ya, pero la campaña diplomática aún proseguía..Los dos reyes rivales buscaban alianzas por todas partes en Europa. El hermano Francisco había sido encargado por su rey de solicitar el apoyo de los venecianos, y su intervención amigable ante los genoveses. Hemos conservado un resumen de su discurso.2 h él encarecía, como era lógico, las disposiciones pacíficas del soberano inglés. " l serenísimo príncipe Eduardo", deseando ardienteE mente evitar l matanza.de una multitud de cristianos inocentes, le había a escrito -si hemos de creerla "Felipe de Valois. que se dice rey de Francia", para proponerle tres medios. a su elección. de decidir entre ellos, sin guerra, la gran disputa. En prime] término, el comb:ate en la r , arena, verdadero juicio de Dios, ya en form: de un diueio entri los dos a pretendientes mismos, ya en un combate más amplio entre doS !3rupos
1 A propósito de este personaje se plantea una pequeña dificultad. El documento vmeeiano (citado infm, n. 2) lo llama Ricardo: "fratri Ricardo Dei gratia Bisaciensis epiroPus, incliti PrinUpis domini regis Roherti capellano et f-iliari dwestieo". Pem en U 0 61 o h h a de Bisaeúa. que era un predicador, y por consiguiente un "hermana", se 4, llamaba F r a n W =f. Eubel, Hkmrchia nrtholkz, Z ded., y Ughelli, Italia sana, 1913 t. VI. en 49, Venecia. 1720. col. 841. Casi no se puede dudar que haya sido este hermano Franúsco quien tomó la palabra delante del dux. Quizás el escribiente veneciano m m e ti6 e n alguna pazie un ermr de escritura o de lectura (¿falsa interpretación de una inic i d ? ) . Yo crei mnveniente reparar ese ermr. ? Venecia. Archivio di Stato, Commemoridi. vol. iii, p. 171: analizado -.el Colendar of State Papers, V m i e e . 1 núm. 25. L a copia de cita curiosa pieza se la debo a la ex. *emada amabilidad del profesor Cantarelli. d e la Universidad de Rama. No se hace mención a la enibajada del obispo de Biraccia en E. Deprez, Les préliminoires de l G u m e a de Cent A%. 1902 (Bibl. Alh-S et R o m e ) . El aoáliUs del Colendnr no está exenta de ermres: *aduce cmitatum de PontVvs in Picnrdinm (el Ponthieu) par the mnties... of Pontobe.

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quienes entre otros s* e que me prestaron, tuviemn a bien, junto con L Febvre. ayudarme en la corrección de pruebas.

d e seis a ocho fieles; o bien, una u otra de las dos siguientes pruebas (y aquí cito textualmente) : "Si Felipe de Valois es, como afirma, el verdadero rey de Francia, que lo demuestre exponiéndose a leones hambrientos, ya que es sabido que los leones jamás acometen a un verdadero rey; o bien que realice el milagro de curar enfermos, como acostumbran hacerlo los otros reyes verdaderos"; aquí debe entenderse, sin duda, los otros verdaderos reyes de Francia. "En caso de fracasar, él se reconocerá indigno de la condición real." Siempre según el testimonio del hermano Francisco, Felipe, "en s u soberbia", rechazó estas pro~osiciones.~ Cabe preguntarse si e n realidad Eduardo 111 las habrá hecho alguna vez. L a relación de las negociaciones anglo-francesas nos h a llegado en bastante buen estado: v e n ella no aaarecen rastros de la carta resumida , por el obispo d e Bisacci;3. Es pro1lable que éste, que:riendo dl?slurnbrar a los venecianoS, la hay: L imaginado de p unta a cabo. Pero ir1cluso su> al pongarnos que 1h e realm ente envi;sda: en t, caso n< habría clue tomar . a ~~. . más en serio i prueoa a e 3~~a s ,-- o ,~ 1 miiagío que la mviraciori i leones ia aei ., ncostumb~ al due!lo, desafíi3 clásico <lue en esta época ; .aban intercambiarse los soberanos en el mo mento de entrar en guerra, aunque jamás, a me~,~ -.. iiaya L.-.% . A. .moria ae iiuniurr, se L-. visto ningún sob~iaiiu riirrar e n la liza. Eran simples fórmul:is diplom:iticas, y en el caso que nos ocupa pare cen habei sido más bien Fialabras 1;inzadas al viento pi3r un dip'lomático riemasiadc> locuaz. . ... ", Sin embargo, "+ DCI meditad&=" ln. .-S historiadores, A pesar de s u aparente insignificancia, arrojan muy viva luz sobre algunas cosas profundas. Comparémoslas mentalmente con lo que sostendría hoy un plenipotenciario, en parecidas circunstancias. La diferencia nos revela el abismo que separa dos mentalidades; pues tales propuestas, formuladas sin duda "para la galería", responden necesariamente a las tendencias de la conciencia colectiva. El hermano Francisco . no convenció a los venecianos: ni las ~ r u e b a sdesoleeadas ante ellos. de1 ~.~ . ~, espíritu pacífico del auei Eduardo 111, según les dijo, había manifestadr> I, ni las Firomesas Inás positivas contenidas m& j hasta el Último los decidieron a allandonar la neutra lidad, qut? adelaii t e en el

ellos consideraron ventajosa para s u comercio. Pero las supuestas proposiciones que se dijeron formuladas por el rev d e Inglaterra a s u rival de Francia, quizás no las encontraron t; símiles como se podía imaginar. Por cierto que no esperarían lipe de Valois descendiendo al foso de los leones; pero la idea a e que . . los leones no puedei1 devorar a un hijo de rey
.' , Ales resultaba familiar m- +'a 13 l<+'.,.~. , . , * ., , , , ,+ca. ,, Sabían muy bien que Eduardo 1 1 no estaba dispuesto a cederle a s u 1 rival el reino de Francia, incluso si éste hubiera realizado curas milagrosas. Pero el que todo verdadero rey de Francia - c o m o todo verdadero rey de Inglaterra- fuera capaz de tales prodigios, era de alguna manera un hecho comprobado que ni siquiera los más escépticos en el siglo XIV se habrían atrevido a poner en duda. En Venecia, como en toda Italia, se creía en la realidad de este singular poder, y hasta lleeado el caso se había recurrido a él: un documento, que por azar se salvó de l a destrucción, nos legó el recuerdo de cuatro buenos veriecianos q ue, en 1307 -treinta y tres años antes de la misión del herm ano Fran< 315co- se trasladaron a Francia para lograr su curación por ia mano de Felipe el Hermoso.' De esta manera, el discurso de un diplomáticc 3 parlanchín viene a recordarnos oportunamente que nuestrus arepasados, en la Edad Media y a ú n e n plenos tiempos moiiernos, se formaban de la realeza una imag:en muy diferente de la n tiestra. E n todos los países, los reyes eran cionsideradi3s por en1:onces personajes S:igrados; y en algunos, 1"" , ..s.UL, ni.- largos siglos, los Y-. -,ante cuando m e n b , , tenía por. +-ir.m.,+.. reyes de Francia y los de Inglaterra "tocaron las escrófulas", para utilizar una expresión e n s u tiempo clásica; debiendo entenderse por tal que ellos pretendían curar a los enfermos afectados por este mal, mediante el solo contacto de sus manos. Y la virtud curativa del soberano era creencia común. Durante u n período poco menos extenso, s e vio a los reyes de Inglaterra distribuir a sus súbditos, y aún más allá de los límites de sus Esta-~ - - ~ ~do:i, anillos (los w m p - r i n g s ) que, por h.aber sido consagraclos por ellos, se pensaba que habían recibidc el poder de devolver la salud a los epilépticos y de calmar los dolore s musculzwes. Estor; hechos r;on perfectamente conocidos por los eruditos y los curiosos, a~ menos en sus grandes iíneas. Pero debe admitirse que repugnan particularmente a nuestro es. , ---, . % .A.* , -.
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". ..ne tanta strager Christianoque ex dicto belo orta e t oritur et oriri in P s t -m ueditur, ipsi serenissimo principi Eudoarda imputaretur aliquaterius, in principio dicte guerre suas literas dicto destinavit Philipo. continentes quod ad e v i t a n d y mala super inocentes ventura eligeret alterum trium: silicet quod de pari ipsi duo 501i duelum inirarent. ve1 eligeret sibi sex ve1 oeto aut quot vele\ et ipre totidem, et si[") questio terminaretur inter paucos. Altissimo de celo justitiam querenti victariam trlbuente: aut si verus rex Francie erseCtl. u t asserit. faeeret p r o b a offerendo se leonibus famelieis qui venun regem nullaetenus lesunt: aut mimeulum de mrandis infimiis, sicul wilent facere e t e r i reges veri, faeeret (TU: facerent): alias indignum se regrii Fraricie reputaret. Que omnia supradicta, ac plures e t diversos (m: diversi) pacis iractatus contewrif se in superbiam elevando".

4 Para la creencia relativa a los leones, véase <=*a, p. 238. P r el viaje de los cuatro aa venecianos, p. 108.

pfritu, porque casi siempre fueron pasados en silencio. Los historiadores escribieron ertensos volúmenes sobre las ideas monárquicas sin mencion a r l a jamás. Las páginas que van a leerse tienen como objetivo principal colmar este vacío. La idea de estudiar los ritos de curación, y más genéricamente la concepción de la realeza que en ellos se manifiesta, nació en mí hace algunos aiios, cuando leí e n el Ceremonial de los Godefroy los documentos relacionados con la consagración de los reyes de fiancia. Estaba lejos de imaginar en ese momento la verdadera extensión de la tarea que emprendía; la amplitud y la complejidad de las investigaciones a que me vi llevado, sobrepasaron en mucho mis previsiones. ¿Tuve razón en perseverar, a pesar de todo? Me temo que las personas a las que les confié mis intenciones, debieron considerame más de una vez víctima de uua curiosidad algo extravagante, y en definitiva bastante vana. ¿En qué camino oblicuo me había metido? "This curious by-path of yours", me decía un amable inglés. Sin embargo, pensé que este canuno torcido merecia ser seguido y creí advertir, por experiencia, que llevaría bastante lejos. Consideré que podría hacerse bistoria can lo que hasta entonces no era más que anécdota. Estaría fuera de lugar que e n esta Introducción justificara en detalle mi proyecto. Un libro debe llevar en sí mismo su apología. Simplemente quería indicar aquí, muy brevemente, cómo concebí mi trabajo y cuáles fueron las ideas directrices que me orientaron en él. No e=a cosa de estudiar los ritos de curación aisladamente, separados de todo ese conjunto de supersticiones y leyendas que constituye lo "maravilloso" monárquico. Habría sido condenarse de antemano a no ver e n ellos más que una ridícula anomalía, sin vinculación alguna con las tendencias generales de la conciencia colectiva. Por eso me serví de ellos como de un hilo conductor que me permitiera estudiar el carácter sobrenatural que se le atribuyó por largo tiempo al poder real, sobre todo en Francia y en Inglaterra, lo que se podría denominar la realeza "mística", utilizando un término que los sociólogos han desviado ligeramente de su significación primera. ¡La realeza! S u historia domina i e las instituciones europeas. Casi todos los pueblos d :ntal han sido gobernados DOr reyes hasta nuestros alas. E1 desarrollo uolítico de las sociedadt:S human; s en nuestros paí:ses se ha resumido casi ú i camente a nm y dura nte un p rolongado período, en las v icisitudes del poder de laS grandes dinastías. Mas para comprender lo que fue= )n las monarquíaS ~ 1 -. .. . . ..--. , ae -anrariu, para explicar sobre todo su vasro ascenmenre soore ios nom8 - ~ - A

bres, no basta con aclarar hasta el último detalle el mecanismo de la
organización administrativa, judicial, financiera, que ellas les impusieron a sus súbditos. Tampoco basta con analizar en abstracto, o tratando de deducirlos de algunos grandes teóricos, los conceptos de absolutismo o de derecho divino. F preciso también penetrar en las creencias y hasta k en las fábulad que florecían e n torno de las casas reinantes. En muchos aspectos, todo este folklore nos dice más que cualquier tratado doctrinario. Como escribía acertadamente en 1575 Claude d'Albon.. . iurisconsulto y poeta "delfinés" en si.L tratado 1>e la nzajestad *al ,"lo que ha Uevadc> a los reyes a ser venerzidos de este modo, son p ~ i nipalmente las virtw c des y poderes divinos de que rueron inves;tidos sóloI ellos, y no los d e más hombres".' Por supuesto, Claude d'Albon no creía que esas "virtudes y poderes divinos" fuesen la única razón de ser del poder real. Y no es necesario declarar que yo tampoco lo pienso. Con el pretexto de que los reyes del pasado, incluidos los más grandes -un San Luis, un Eduardo 1, un Luis XIV-, de manera semejante a los curanderos de nuestros campos, pretendian curar las enfermedades por simple tacto, nada sería más ridiculo que no ver en ellos sino unos hechiceros. Fueron jefes de Estado, jueces, comandantes en las guerras. Mediante la institución monárquica, las sociedades antiguas satisfacían un cierto número de necesidades eternas, perfectamente concretas y de esencia absolutamente humana, que las sociedades actuales sienten de modo parecido y que siempre procuran satisfacerlas, generalmente, por otros medios. Pero, después de todo, un rey era algo muy distinto de un simple alto funcionario a los ojos de sus p u e b l a fieles. Lo rodeaba una "veneración", que no tenía su origen Úni;Cómo =~ camente en lm - . ~-nrestados. " - ~ nodríamos com~rendereste -~- .~~ . - ~ servicios - . -- ~-sentimiento de lealtad. out. en ciertas éooeas de la historia alcanzó una tal fuerza v un acento tan narticular. si nos neeásemos. de uronósito. a , ver una aureola sobrenatural alrededor de las testas coronadas? No examinaremos aqiIí esta coincepción ide la realeza "míst ica" en su in origen y en sus comien20s. Sus f uentes se le escap; al hist oriador de la Europa medieval y moaema; s e ie escapan, en rigor, a la bistoria ia a secas. dnicamente la etnografía compara< parecería poder arrojar alguna luz sobre el tema. Las civilizaciones de las que surgió inmediata mente la nuestra recibieron esta herencia de civilizaciones m: is antigua; S . i1. A- reh :. .J . todavía, perdidas en las sombras ur 1. -. historia. ¿Quiere c i r u..Y C C I ~ que sólo encontraremos; aquí, como objet~ de nuer;tro estudio, lo que suele llamarse un poco desdeñosamente wia "super vivencia"?
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D i m ~ particuliores m v e r r icelle, Lyon, 1515, p. 29. V. s

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INTRODWCCI~N

INTRODUCCI~

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palabra no podría aplicarse legítimamente a los ritos de curación considerados e n sí mismos. El tacto de las escrófulas aparece, e n efecto, como una creación de la Francia de los primeros Capeto y de la Inglaterra normanda. En cuanto a la bendición de los anillos por los soberanos ingleses, la veremos ocupar s u lugar en el ciclo de la realeza milagrosa mucho más tarde todavía. Importa, sí, la noción del carácter sagrado y maravilloso de los reyes, dato psicológico fundamental, del que los ritos que van a ocuparnos no fueron más que una manifestación entre varias. M s viejo que muchas de las más antiguas dinastías históricas de Francia á o Inglaterra, se puede decir que ese carácter sobrevivió por largo tiempo al medio social, casi ignorado por nosotros, que por otro lado había condicionado s u nacimiento. Pero si se entiende, como suele hacerse, por "supervivencia" una institución o una creencia de la oue toda vida ver-. dadera se ha retirado y que no tiene más razón de ser que la de haber respondido alguna vez a algo, una especie de fósil, testigo tardío de épocas pasadas, en este sentido la idea que nos ocupa no tuvo nada, e n la Edad Media y hasta el siglo m cuando menos, que nos autorice a caracterizarla con este término. Su longevidad no fue una lenta degeneración. Conservó una vitalidad profunda; siguió dotada de una fuerza sentimental que operó sin cesar. Se adaptó a condiciones políticas, y sobre todo religiosas, nuevas; se revistió de formas hasta entonces desconocidas, entre las cuales, precisamente, los propios ritos de curación. No la explicaremos, pues, en sus orígenes, puesto que para hacerlo tendríamos que saiimos del campo de nuestro estudio; pero la explicaremos en su perduración y en su evolución, lo que es también una parte. y muy importante, de la explicación total. En biología, explicar la existencia de un organismo no es sólo investigar su padre y s u madre; es también determinar los caracteres del ambiente que le permite vivir, a la vez que lo obliga a modificarse. Ocurre lo mismo -mutatis mutand i s con los hechos sociales. En suma, lo que he querido dar aquí es fundamentalmente una contribución a la historia política de Europa eni sentido ;amplio, eii el verdadero significado de esta palabra. Por la fuerza misma de las cosas, este ensa :oria polít ica debió 'r'rancia e adoptar la forma de un estudio de historia cumpzaraaa; pues = Inglaterra por igual contaron con r eyes médiCOS, y en i s a realeza maravillosa y sagrada, ella fue coniiui a tod; la Eurq a ?tal: cir!~~ cunstancia feliz si, como creo, la evoiuiion de las civiiizaciones de las nos herec > se nos presentará más clara el día que sepa~~ ~ ~ ~ ~

Más tarde tendremos ocasión de observar aue.,de todas maneras., esta -

mos considerarlas fuera del marco demasiado estrecho de las tradiciw . nes nacionales.* Pero hay más. Si no temiera hacer más pesado aún un encabezamiento ya demasiado largo: le habría dado a este libro un segundo subtitulo: Historia iEe un milagro. La curación d e las escrófulas o de la epilepsia por la mano de los reyes fue en efecto, tal como se lo recordó a los venecianos el obispo de Bisaccia, un "milagro": un gran milagro, en verdad, que debe contarse sin duda entre los más ilustres, o en todo caso entre los más continuados que nos presenta el pasado. Testigos innumerables dan fe de ello; s u resplandor sólo se extinguió a l cabo de cerca de siete siglos de una popularidad sostenida y de una gloria casi sin opacamiento. La historia crítica de semejante manifestación sobrenatural ¿podría serle indiferente a la psicología religiosa o, por mejor decir, a nuestro conocimiento del espíritu humano?
~

La mayor dificultad que encontré en e l curso de mis investigaciones provino del estado de las fuentes. No es que escaseen los tesiimonios r e lativos al poder taumatúrgico de los reyes, que por el contrario son en s u conjunto bastante abundantes, con la reserva anotada sobre los comienzos. Pero se encuentran dispersos en extremo, y sobre todo son de iiaturalezas prodigiosamente diferentes. Puede juzgárselo por este solo ejemplo: nuestra más antigua información sobre el tacto de las escrófulas por los reyes de Francia se encuentra en una obrita de polémica religiosa titulada Tratado sobre las reliquias. El mismo rito en Inglaterra aparece atestiguado por primera vez, de manera segura, por una carta privada, que no es otra cosa, quizás, que un mero ejercicio de estilo. La primera referrncia que se tiene de las anillos curadores, consagrados por los reyes ingleses, se encontrará e n una ordenanza real. Para seguir la relación fue necesario recurrir a una multitud de documentos de índoles
4 Por otra paN. no quiem o d i a r que m m i investigación no siempre logré alcammr un equilibrio adeeuado entre los dos p a h s cuyos d* e paralelos q u k seguir. Tl a vez se enmnkará a un pro s a d i c a d a Pude estudiar la historia de 1ritos de curación en m pai.tan mmpletamente. o casi, -o en Ptaneia, rrno la historia de la realea s m d a m general. La presente situación europea< poco propicia a los viajes y lar adquiUUoner de libms extranjeros por bibliotpúblicas o privadhace más dificultosas que nunca ks úivestimciones de historia mmoarada. El remedio consisiirh. sin duda, & una buena o&ción de préstamo in&rnacional para los libros y los manuseribs; =o er sabido que especialmente la Gran Bretaña m ha entrado aún por este camino. Mi *bajo no ha sido m i b l e . como Ya lo indim6. sino por la geiierosidad del donador 4 s & e de ~ o t h s c h ü d a &en el &tihito dé . l e debe su C m de Londres. Desgraciadamente, sólo pude h c r una estancia de eshidio ae una Única vez en ingiatem, a1 mmi-o O casi de m s investigaciones: es decir. en un i mwerito Q que los problemas todavia no ap-n m n la amplitud y la mmpl+d que se van descubriendo m i s tarde. De ahi ciertoe ~ c i o s que, a pesar de la buvoluntad de mi. amigos londinense%no logré S-re cc,hnar.

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muy diferentes: libras de cuentas, piezas administrativas de todas clases, literatura narrativa, escritos políticos o teológicos, tratados médicos, textos litúrgicos, ilustraciones de monumentos, y aún más: el lector verá desfilar ante sus ojos hasta un juego de cartas. as cuentas reales, tanto francesas como inglesas, no podían utilizarse -sin un previo examen crítico; y,o les dediqué un estudio especial, pero referirse a él ahora ser,ía recarg:z inútilrn ente esta Introducción; preferí incluirlo al final del vtdumen. E3 materia 1 iconográfico, bastante pobre, . era relativamente fácil de inventanar: elaboré una información pormenoapéndice. Las otras nrá tambi rizada sobre él, que si o numero erogéneas como para fuentes me parecieron intentar una enumeracion ue roaas eiias; por eso me conformaré con or citarlas y COI nentarlas a medid; i que las utilice. P, lo demás, en este atura de fuentes?; la realidad, tema ¿qué p(d r í a significar una nomencl; 1 P Co más qut:una list; de prue'bas de sol da. Hay pocos documentos de O 1. -. .se purua u e w u r ~ I L C U I ~.I V- - CYII- ill~uli< . .J ,--:- L- , -- -,....--certeza, si aportarán O . 3. --A--. ~ u s que - -. . n o una indicación útil sobre la historia del milagro real. Por lo tanto, hay que proceder meoiante tanteos, confiarse en la buena suerte o en el instinto y perder mucho tiempo para obtener tan sólo u n magro resultado, si al menos todas bs recopilaciones de textos estuviesen provistas de índices: lo que quiero decir, es índices por materias. Pero es de lamentar que en gran parte carezcan de ellos. Estos indispensables instrumentos de trabajo se hacen cada v a más raros a medida que se trata de documentos de fecha más reciente. S u falta demasiado hecuente constituye uno de los vicios más perjudiciales de nuestros métodos actuales de publicación. Hablo de esto quizás con algún encono, porque esta desdichada carencia dificultó a menudo mi trabajo. Por otra parte, aun cuando a veces exisie un índice, ocurre que : autor ha descuidado sistemáticamente incluir en él las referencias re1 tivas a los ritos de curación, sin duda porque se consideró que est vanas prácticas no están a la altura de la dignidad dle la histo na. Muchas n de u n gr a númer ,o de cofres veces tuve la sensación de esta1 tros n oro y o< piedr;3s sin valor, cerrados, algunos d e los cuales i . . . sin que ninguna inscripción me ayudara a diferenciar los tesoros de la 3y muy lejos de p retender haber sido complelto. ganga. O sez s ¡Ojalá este lil :a a los investigado]:es a lanzir s e en po, de nuev09 . descubrimientos! Felizmente, no debí transitar por un terreno erireramente nilevo. Segiín sabía, no existía ninguna obra histórica sobre el tema que me he pr'opuesto, encarada con la amplitud y el carácter critico que y o he procu. .. , rado conferirle a k mía. Pero la "literatura" de las curacibxlsi.-l ..-,as

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por reyes es bastante rica. En rigor, es doble: hay dos literaturas de orígenes diferentes, que van juntas pero casi siempre se ignoran entre sí: una incluye trabajos debidos a eruditos de profesión, y la otra -más abundante- es obra de médicos. Yo me esforcé por conocer y utilizar ambas. Se encontrará más adelante una lista bibliográfica que sin duda parecerá suficientemente extensa. Pero no querría que algunas obras particularmente destacadas, sobre las que me basé continuamente, quedaran perdidas entre esa multitud de títulos. Por eso quiero nombrar ahora a las que fueron mis principales guias. Los estudios ya antiguos de Law Hussey y de Waterton me prestaron grandes servicios. Entre los autores todavía vivos, debo más de lo que podría manifestar a Delaborde, al doctor Crawfurd y a Helen Farquhar. También he contraído una vasta deuda de reconocimiento con mis predecesores de otras épocas. Entre los siglos XVI y xvm se escribió mucho sobre los ritos de curación En esta literatura del Antiguo Régimen es interesante buscar el fárrago, pues pueden recogerse en él informaciones curiosas sobre el estado de espíritu de la época; pero fuera de ese fárrago no se rescata mucho más. El siglo e n particular vio nacer, junto a obras o panfletos de una rara inepcia, algunos trabajos destacables, como las páginas dedicadas a las escrófulas por Du Peyrat en su Historia eclesiástica & la Corte. Y sobre todo debo mencionar encima de las demás a dos tesis académicas: la de Daniel Georges Morhof y la de Jean Joachim Zentgraff; pues no encontré en ninguna otra parte tal abundancia de referencias útiles. Siento un placer muy particular al referir aqui todo lo que debo a la segunda de estas dos disertaciones; pues puedo saludar e n s u autor a un colega. Jean Joachim Zentgraff era de Estrasburgo. Nacido en la ciudad libre, pasó a ser súbdito de Luis XIV, pronunció el elogio de Enrique el Grande e hizo una brillante carrera universitaria en su ciudad natal, incorporada a Francia. El presente libro aparece entre las Publicaciones de nuestra Facultad de Letras resucitada; y me es particularmente grato prolongar en él de alguna manera, aunque con un espíritu que refleja la diferencia de épocas, la obra iniciada en otro tiempo por un rector de la antigua Universidad de Estrasburgo.
fue impreso: Spenrlum boni pneii>ir in H e n r M F~crncioeef Novorroe rege whibihrm erercitatMte politiea Deo annuentc. in "elytn Argentomtpnsium Academia.. . Argentomti, LiteN Joh. Frithci Spoor, plaquei en 40. 54 pp. Esta obrita debe ser muy rara: yo no wnoci okos ejemplares que los a de la Biblioteca Nacional y de la Bibl. Wilhefmitnna en Esirasburga. E n ella se lee. en la p. 12, un elogio del Edicto de Nantes que. a pesar de su brevedad. pudo parecer significativo en su época. Sobre la carrera de Z e i i M ( a d w á s de los s d e u l o s del AlbenMN deutrehe Biosraphie y de la Fvonce protestante). puede verse 0. Berger-Lorraulf Annales des wofesseurs des Aeadmiies et Universités olsocienms, Nancy, 1592, p. 262
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E 17 de mayo de 1591. EL ds i i-

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PRIMEnOS

DE INTER

BAMOS de seguir, hasta aoncle los textos nos la ron, las viaudes seculares del milagro r eal. En e:I transcur i investig; tratamos de esclar ecer las r~ '?presenta, ciones col, as ambiciir . . ~ ~ -: , -~ . n r s individuales que. mezclándose en una especie a e compielo psicoiogico, llevaron a los; reyes d~ Francia y de Inglaterra a reivindicar el poder ! taumatúrgico y a los piieblos a reconocérselo. Hemos procurado explicar --_I-. el milagro en -..- viiacnes y en s u prolongado éxito. Pero la explicacibn sigue estando incompleta: aún queda os, curo un 1 punto en la historia del don maravilloso. L s multitu:des que im otro tii?mpo crejreron en 19 a reaiidad de las curas efectuadar por meiiio del t aicto o de los anilir)S 3. .fin;+;.." ., hecho L ,.-Anmedicinales, veían e n ellas en de...,,.m , C-~S.IIYSIItal, "una verdad clara como el sol", según exclamaba Browne.' Si la fe de estos innumerables fieles no fue más que una ilusión, ¿m co .ó comprender que no haya sucumbido ante la experiencia? En otros términos: jcuraron los reyes? En caso afirmativo, jmediante qué procedimientos? Si en cambio i respuesta debe ser negativa, ¿cómo durante tantos años a s e pudo convencer de que curaban? Por supuesto. la cuestión no se olantearía si admitiésemos la posiblEdadI de recur'rir a causas sobreinaturales; pero, coin o ya lo señalamos, iquijén se atri?vería ho:r a invoc: el mil: tgro en u n caso como el que ar nos ocupa? A! [as, evidentemente, no bastai tampoco con r e dlazar, bajo ----,* . . orra forma de proceomiento, la m r e ~ r e m c i ó n antigua, que repugna a la razón. Hay que tratar de sustituirla por una interpretación nueva que la razón pueda aceptar: tarea delicada, que sería cobardía intelectual eludir. De tal modo, la importancia del problema sobrepasa la historia . de las id, eas monáirquicas. EStamos eri presencia de una especie de expe:riencia cr ucial, donde queda involucr: ida toda 1 psicoloé:ía del mia lagro W. efecto, la, . -" . -, -, an uno de --,.nenas pretendidamente mejor conocidos, de los más fáciles de estudiar y, si así puede decirse, uno de los más seguros que nos ofrece el pasado. Renan ponía de relieve que ningún milagro tuvo lugar jamás delante de la
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1 Chmimna,p. 2: ' i ' P e , Mth hopes to offer. that this no Oiristian so void of Reliigon and Devotion. as to denv the Gift of Healing: A h t h an dear as the Sun, mntinued and maintained by a continua1 Line of Christian Kings aod Governon, fed and nourished with the same C h r i a n Milk:

PRLMEROS ENSAYOS DE INTERPRETACI~N ~ C I O N A L I S T A

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Academia de Ciencias; pero a l menos éste fue observado por numerosos médicos que no carecían, todos, e n alguna medida, del método científico, En cuanto a las multitudes, creyeron apasionadamente en estos hechos, de modo que nos han quedado gran cantidad de testimonios de origen extremadamente variado. Y en particular, ¿qué otra manifestación de este géne'ro se pued e citar, que se haya desarrollado con tanta continui. dad y r egularidad durante cerca de ocho siglos de historia? "El único milagro I Iue se ha mantenido invariable en la religión de los cristianos - ,y en la monarquia de Francia", escribía ya en 1610 un buen católico y monárquico, el historiógrafo Pedro Mathieu.? bien, por un azar feliz este milagro, perfectamente notorio y u+. aumrable continuidad, es uno de esos hechos en los que hoy nadie cree; de manera que, al estudiarlo a la luz de los métodos críticos, el historiador no m r r e el riesgo de molestar a las almas piadosas: raro privilegio que conviene aprovechar. Y cada uno será libre, después, de tratar de transportar a otros hechos de esta misma naturaleza las conclusionec a las que puede conducir el estudio de éste. No es de hoy la necesidad de dar a las curaciones atribuidas por tanto tiempo a los reyes por la mentalidad popular una explicación basada e n la razón, se ha impuesto a los espíritus que, por el conjunto de su filosofía, se inclinaban a 1 obrenatural. Si el historiador experimenta hoy una necesidad jcuántos pensadores de épocas anteriores, para quienes el milagro real era una especie de experiencia cotidiana, no deb'ie:ron sentirla aún con mayor vigor? e A decir verdad, el caso dL los cramp-rings jamás fue muy discutido; en buena parte, zd parecer ,, porque dejaron de fabricarse lo bastante ..-. temprano como para que el pensamiento libre de las épocas modernas nu&o tiempo para ocuparse de ellos. Sin embargo, el francés r e los mencionó en un pequeño tratado contra los "sortilegios" que escribió e n 1622. Sin duda que en s u medio no se había perdido todavía el hábifq atestiguado trece anos antes por Du Laurens, de atesorarlos mmo tatismanes. El autor no niega la virtud de estos anillos, pero se niega a ver en ella algo milagroso. Y no porque la incredulidad fuese en él una actitud filosófica, sino porque el orgullo nacional le impedía admitir mmo auténtico un milagro inglés. A su manera <le ver, estos "aros de curación" obtenían su eficacia de algún remedio !secreto ~nie",por ejemy m& o menos mágico -"pied d'élan" o "racine de P ~ I .. plo- que los reyes de Inglaterra introducían subrepticiamenw en el
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metal.s h suma, la pretendida consagración no seria más que una superchería. Enseguida encontraremos explicaciones del mismo tipo, ahora aplicadas al milagro de las escrófulas. En efecto, la interpretación del tacto, a diferencia de la de los anillos medicinales, fue frecuentemente discutida. Como ya hemos visto. fue entre los primeros "libertinos" italianos donde la cuestión se ; igitó antes. Más tarde, algunos teólogos protestany tes de Alemania se a nderaron del tema -Peucer a fines del siglo XVI. , . Morhof y Zentgraff ai sigto siguiente- con un espíritu muy semejante, pues aunque no pretendían. como sus antecesores italianos, negar todo lo sobrenatural, no estaban dispuestos más que ellos a atribuir poderes milagrosos ni al rey católico de Francia ni a la dinastía anglicana. Parece que el enigma de las curaciones reales se convirtió en el siV glo X I en materia corriente para estas disertaciones públicas que animaban la vida un tanto monótona de las universidades alemanas. Al m-nos, los opúsculos de Morhof, de Zentgraff, y también, sin duda, de nkhusius - c u y o título no conozc-, nacieron de tesis sostenidas ante mbleas académicas de Rostok, Wittemberg o Jena' :omo es comprensible. hasta entonces las discusiones se desarrollaron en primer término fuera de los dos reinos directamente interesados por la taumaturgia real. En Francia y e n Inglaterra 106 escépticos se vieron reducidos a la política del silencio. Sabemos que fue en la Ingladeiaron los reyes de hacer s u preterra del siglo xvxn donde ~ r i m e r o tendidas curaciones. 5[a mencicmé la po Iémica que sostuvieron a este oecto los whigs y 1<s iacobik1s. El debate tuvo sólo un interés politi1 pero el célebre Ensayo sobre el milagrio, publicado en 1749 por Hume, .> riiosoiico o ..-..firió al tema dignidau *:,-.!e-. reoiogica. Y no prirque en sus páginas, tan intensas y plenas, se encuentre ninguna alusión a los pretendidos privilegios de la mano real. Hume habla allí como un teórico puro Y no se demora en el examen crítico de los hechos. S u opinión sobre este punto hay que buscarla en su Historia de Inglatewa; como era de esperar, y como ya hemos visto, esa opinión suya es resueltamente escéptica, y presenta ese matiz de desdén que la "superstición" inspiraba a los hombres del siglo xvm. Pero el Ensayo, al dirigir su atención a t0di> u n orden de problemas, otorga a los milagros en general una especi e de actualidad intelectual, en el que tuvo su parte el viejo rito moriárquico.

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CMatihieu], H-e de Louya Xl rw de Fvanee. fol., lGlO. p. 412 La expresión fue retornada despub por Du Peyraf Histoire eeclésioslique de "Mlagro b Cow. p 8% y asimismo por Balthasar de Ria. L'innrmpttroble pieté des tres-chre. tkru mis de Fronce, 9 l6lZ. P. 151.
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Lincredulité et mesmeonce d u sortilege. p. 164: "que s'il y amit dans sa bague de eerison du pied d'élan. ou de la raeine de Peonie. pourquoy atribuera-ta-on a Ee miracle. qui peut advenir Par un agent naturel". Para l abras d e Morhof, Zentgraff, Trinkhusiut;. v é a e la Bibliografía; pa-a Peua
=e=. veme infia, p. 318,

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19.

r o anglicano, Juan Douglas, publicó con e l título En 1754, l e Criterion, - - - ~ t a c i ó nal Ensayo de Hume, donde se sitúa resuel, lamente en el terreno histórico. Este pequeño tra tado, Ueno de observa50juiciosas y finas, merece ocupar un isgar kionorable en la hisr:aria de los métodos críticos, independientemente de lo que pued a pensarse de . s conclusiones. No se presenta como una defensa a e toaos los Ienb les. Douglas s e dedica enos calificados sin distincir - a refutar como 10 aclara expresament
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¿A qué se debe que hayan adoptado esta posición? ¿No habría sido más cómodo para ellos afirmar Únicamente la inexistencia del don de
curar? Su espíritu cívico, todavía aguzado en forma insuficiente, no era capaz de acometer semejante osadla. La voz pública afirmaba unánimemente que gran número de escrofulosos se libraban de su mal por obra de los reyes. Se habría requerido una audacia fuera de lo común para rechazar como irreal un hecho proclamado por mulititud de testimonios o pretendidos testimonios; una audacia qut? sólo pue?de otorgar, y justi8 . ficar, un conocimiento serio de los resultados oorenidos a través del estudio del testimonio humano. Pero la psicología del testimonio 1 hoy una ciencia demasiado joven. En los tiempos de Pompor cluso de Douglas, se hallaba todavía en el limbo. A pesar de las apariencias, el procedimiento intelectual más simple y quizás más sensato, era por entonces aceptar el hecho que se consideraba como probado por la experiencia corriente, sin perjuicio de buscarle causas diferentes de las que le atribuía la imaginación popular. Hoy no podemos damos cuenta de las dificultad' que e icontraron es x algunos espíritus, aun cuando estuvieran relativar nente emancipados, ante la imposibilidad de rechazar deliberadamente como falsas las afirmaciones universalmente aceptadas. Por lo menos V., v --.,f --ando se lc V rli presentaban los prodigios cumplidos por presuntos santos que comprometía, a sus ojos, su participación en las riquezas de la Iglesia, podía responder atribuyéndoles su origen a los demonios, capaces como se sabe de imitar las gracias divinas." De igual modo, el jesuita Delrío insinuaba que el diablo pudo haber intenrenido de alguna manera en las curas efectuadas por la reina Isabel, :si estas curas hubiesen sido . .. reales.s Y los protestantes franceses, según el testimonio de Josué Barbier, preferían considerar a veces a su rey como un ;agente de:I Maligno, antes que reconocerle el don del milagro? : Pero este fue un rr:curso del que no querían abusar los propios teólogos Ireformadc1 y que escapaba s irrevocablemente a los filósofos naturalista S. Las primeras explicaciones del tacto que dieron lo res italianos del Renacimiento nos parecen hoy muiy singula ra decirlo claramente, a veces bastante descabelladas. iuos cuesta comprenaer en primer lugar que hayan significado algún con respecto a la explicación mediante el milagro. Es que en1 lombres y nosotros 7 De pzw. c 6: Ewlish w k s o f Wyclif... ed. F . D. Matthew. Early English T e l t s , 1880. p. 469; d.B e m r d lani Manning, The People's Foith in the Time af Wyclif, p. 82. n s. n b m -. m ~.

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isiones I de los que quieren, comparar los Poderes milagrosos las preter; Lt ue relatad- en el N. vo Testaniento con los que se dice que han subsistido ltirnos tiernpos; y a mostrar la grande y fundamental hasta casi en los 6 aifnrpriri~ P,.+~D t An. cla .. .-se5 de milaeras. desde el unto de vista del testimonio: v de allí surge que los pru - . ~. - ros y los segundos :falsos.
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>- --l..-.. En suma, se rraw u r iuroii --. .-a --pudiando toda vinculación entre eU'os y otra!; manifestaciones más recientes, a las que definitiva,ente se niegó a pre starles fe la opinión ilustrada de la época. -> . : >Entre esos rasos prouigius ur los tiempos presentes, y junto a las curae ones que se efectu:aron sobr, la tumba del diácono Paris, figuran "las te a median- el tacto real". Para un hombre del siiras de lai escrófui ,los más familiares de una acción que el o xvm,€:ran los <los ejemx . . - ~ = vuleo ConsideraDa milagrosa. ' tos Todos es< escritc,res, desde los más antiguos pensadores naturalistas 1 3mo Calcsignini o F'omponaz ci, hasta eb alemán Zentgraff o el dt? Italia, c* . -. . z- c. - : : . .. inglés B u g ~ a s , aaoptan una misma pusicioii irente al poder taumatúrgico de los reyes. PLunque por razones diferentes, todos coinciden en a l negarle un origen S(~brenatur , pero sin descalificarlo e n si mismo. LO os único que cuestionari es que 1' reyes realicen efectivamente curaciones. . . Actitud baBtante incómoda para ellos mismos, ya que los obliga a buscar a estas curaciones ci L d admiten, a estos "juegos sorprendentes a cer? unas explicaciones de orden natural, de las cosas", como o supuestamente tales, que tienen gran dificultad en encontrar.

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8 Para d titula completo del libro de Daugla. 4 e donde se tomó le cita incluida antes-, "°ase la Bibliografia. p. 453. La obra está dedicada a un escéptico anenima, que no es otro que Adam Smith. L a interpretación del milagm real es prechazada,~ como the E U M ~ iri en H - ~ . en téminos despreciativos: " ~ h Si O ~ U ~ ~ O ~ perhaps. ~ Age of Polydor Virgil, i that of M. Tooker. or in that or Mr. Wisemnn, but ane who n wauld aceount for them so, at this Time of Day, wouid be exposed. and desemdy S , to miver& Ridicule.' (P. 2W). En cuanto a los milagros del diácono Par=! H-e lm diide también en su Ensayo; y es casi el solo ejemplo concreto que menciona. . -.-~ . e "Mirifiea eveniuum ludibria"; véase inffa, p. 318. n. 19

8

Diaquisitiaum, p. M; cf. arfra, p. 352, n. U. o C f . mpra, p. 335.

Peueer parJí8. n. 1'9.
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rediazar claramente la hipótesis demoniaca: texto citado ;*fra. p.

PRI~UEROS ENSAYOS

DE I N ~ R P R E T A C I ~ N RACIONALISTA

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,e interponen casi todas las ciencias físicas y naturales. Pero debemos e r justos con estos precursores." El progreso consistió, como lo hice iotar anteriormente, en hacer entrar en la disciplina de las leyes de a naturaleza -unque estuvieran concebidas de manera inexacta- un enómeno que hasta entonces estaba considerado como fuera del orden iormal del mundo. La torpeza de estos esfuerzos inseguros era la de os primeros pasos de la infancia; y la propia diversidad de las interpre. taciones que se propusieron, delata las vacilaciones de sus autores. El astrónomo florentino Junctinus, que fue capellán ordinsrio del duque De Anjou, cuarto hijo de Catalina de Médicis, buscaba la razón de las curaciones reales --según se dice- en no se sabe qué misteriosa nfluencia de los a ~ t r o s . 'Esta fantasía, por extraña que nos pueda pare~ =r, era muy del gusto de la época; pese a lo cual no parece que haya ilcanzado mayor éxito. Cardan, por s u parte, cree en una especie de impostura: según él, los reyes de Francia se alimentaban con plantas aromáticas provistas de una virtud medicinal que se comunicaba a sus per~onas.'~ Calcagnini supone de una su~erchería otro orden: dice aue Francisco 1 fue sorprendido en 1 Bolonia hiumedecieiido s u pu lgar con saliva; y sería en 1 saliva donde a Ipsidiría e,l poder c urativo d e los Cap~eto, sin duda comc> una cualidad . f isiológica propia a e s u linaje!.14 Vemor; aparecer aquí unai idea que casi

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1% Sobre la escuela naturalista italiana, se encontrarán iniomaciones Útiles en J. R Charbonnei, Le -éo italienno a u XVI sieelo et L emrrant Libmin, 1919; ef. también e H-i Bn -, Les sources ef le développement du RatMidiame dons b Littérohrn

f m n q i s e de b Renoksanee (1533-1601). 1922. pp. 29 as. y 731 ss. iz La opinión de Junctinu. aparece citada por Morhof. P"nMedi(DiaMn&es Acodemicae). p. M1. Sólo conozco de -te autor: Franeiseus Junctinus, Florentinus. un Speeulum AafroLagiae. 2 vols. en 8 , Lyon. 1581, donde no enmntré nada que se refiriera al milagro real. 1 s Pasaje del Contnidicentium nredicorum libri duo, citado en varias oeasioneg es7 pecialmente por Delria, Dkquisitimum, ed. de 1624, p. 2 (falta la indicación en la ed. de 1 m ) ; por Du Peyrat. HGtaire errlénostique de L Cuur, p. 797: wr Gas~l>ard n A. Reies, Elygiua j-ndnr~m. p. 215: pera por faltar tablas apropiadas en esta obra yo no la pude encontrar. Según Delrío, lac. cit., Cardan habria sido "dignum m t i c a Ioann. Bmdaei, lib. S mirellan. c. 10". La Unica edición de los Miseellaneontm de Juan Brodeau que posee la Biblioteca Nacional. Basilea, 1555, sólo menta con seis Xbrm. 14 Caelio Caleagnini Opera, Bodteo. fol. 1544, E & t o l i c a ~ m quaerfionum, lib. 1 p. 7: , carta a n sobrrno. Tomás Calcagriini: '*Quod Bononiae videris Franciseum Gallisrum i regem saliva tan* polliee h decussem allita strumis mederi. id quod gentilitium et peculiare Galloregibus praedieant: non est quod mireris. aut ulia te rapiat superrtitio. Nam et saliuae humanae. ieiunae praesertim. ad multas maxlmasque semitudines remedium inest." Calcagnini 11479-1541) no perieneee a l mirmo grupo que P o m p ~ n a u i .por ejemplo. o que Cardan. ni tampoco a la misma generación. Pero era ciertamente un librepensador: tomó partido por el sistema de Capérnim; Erasno habló de é l con elogio. Véme sobre 61 a Tiraboschi. Storia dello letteratura itnliann, Vn, 3, Modena, 1192. pp. 870 SS. En cuanto a la idea del poder curativo de la saliva. era una antigua noción popular: ef. C. de Mensignae. Reeherches ethnagmphiques s u r b s o l i ~ ee l le m h o t (Eztrait des bulletins de b Soc. a n t h m ~ l o g i q u ede Bmdeaul r t du Sud-Ouest, aíio 1mO. t. Vi). Burdws, 1892: y Marignan. ttudes nrr ia eivilkation

inevitablemente debía acudir al espíritu d!e los hombres de esta época: k de un poder de curación que se translmitiese por la sangre. ;Había por entonces en Europa tantos charlatanes que se decian capaces de - - - ., r curar tales o cuales males por vocacion Iamiuar! '" ' Como ya tuvimos ocasión de señalar, el canonista italiano E dei, muerto en 1503 - q u e con gran escáridalo de 1n o de los .. 3 3~ aauser, se negaba a .. guos apologistas de los Valois, Jaime Boiiaua ue ,n reconocer el privilegio taumatúrgico de los monarcas franceses como milagros-, le asignaba como origen "la fuerza de la parentela".'" El más ilustre representante de la escuela filosófica paduana, Pedro Pomponazzi, se valió de la misma hipótesis pero depurándola definitivamente de toda explicación maravillosa: ' A í como determinada hierba 4 e 's cía-, o tal piedra o tal animal.. . puede poseer la virtud de curar una cierta enfermedad.. . de igual manera algunos hombres, merced a un atributo personal, pueden poseer una virtud de esta clase." En el caso de los reyes de Francia, este atributo era, a s u manera de ver, el privilegio no de un individuo aislado, sino de una estirpe entera; y compara con bastante irreverencia a estos grandes príncipes con los "parientes de San Pablo", curanderos italianos que, como se sabe, se hacían pasar por médicos de las mordeduras venenosas. Y Pomponavi no pone en duda la capacidad de unos y otros, pues en s u sistema tales predisposi-'-?S hereditarias son absolutamente naturales, como si se tratara de iedades farmacéuticas de las especies minerales o vegetales.la modo parecido pensaba Julio César Vanini.17 Pero aqiuí aparece . ..-. ~c -mezclada con la teoría de la herencia que le e> cumun con Pom~

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~5rincoke.U. Le nilte des s i n t s anui les MémvingieM, p. 190. uirioi.u?a. hijos los séptimos, antes d e tocar. se humedecían los dedos m n saliva: F o l k - h e , 1895, p. 205. Sobre la idea de una impostura real. d. la hipótesis de Delrío sobre las "emplastos" secretos de los reres de Inglaterra, uéose airpra. p. 352. 1 5 Texto de Sandei citado ruprn, p. 139, n. 108. Jasques Bonaud de Sauset, obra y Pasaje indicados en la Bibliografía. p. 450. El milagro real francés era considerado tarnbién como efecto de una "virtud hereditaria" por el italiano Leonardo VaLo. que no era un racionalisia: L Vairuz. De fascino libti trea. 1583. lib. 1, c. XI, p. 48. 1s P e t , Pornponatti, Mantuani, ...de noturalium effeetuum eauN. ed. de Basilea (123). cap. q p. 43: "Secundo modo hoc contingere posset, quoniam quemadrnadum dictum est in suppositionibuq ricuti contingit aliquan esse berbam, ve1 lapidem. ve1 animal. aut aliud. quod progrietatem sanandi aliquam eegritudinem habeat. .. ita mntingit aliqxem hominem ex proprietate individuali habere talem virtutem" y p. 48, en la enumeración de ejemplos: "ILeger Gallorum noMe dieunhir rtrumas curasse." Sobre Pomp o n a u i y su actitud m n respecto a lo sobrenatural. véase una pápina penetrante de L. Bhndief Companelb, 1922. pp. 208-M9. Es euriom comprobar que Canpanella, queriendo aparentar que defiende los milagros contra los ataques de Pamponarzi -milagros en loa que él m i m o no parece haber creído en el fondeligió entre otros ejemplos el milagro real: De s renim, IV. e. 4. en 4*, Francfort, 1620. pp. 210-211: cf Blanchet. p. 218. x 7 Julii Caewiris Vanini. . De odmimndis Nnhirae Regime Deoeque Mortalium A,mnk. Parir, 1616. PP. 433 y 441: por lo demás, el pasaje es bastante oscura. sin duda por prudencia. y está entremezclada con elogios a los reyes de Francia.

po & una explicación de género diferente, que encontraremos Mseguida en Beckett y en D ~ u g l a s . 'Según estos autores, las curas serian ~ x t o de k "imagina ición". El1los no ení;endían piJr tales a cosas imaginas, es dl'cir irreal.es; pensa ban, e n cambio, qule los enfermos, impre*nadaspoi: la solerrmidad de la cerem,onia, por la pompa real y sobre -1T",^T.., -. .L . d o por la capcL-ua . "S ISCU~SI151 -UU, rían una sacudida nerviosa capaz por sí sola de Uevarlos a la curación. En suma, el tacto era una especie de psicoterapia, y los reyes otros tantos Charcot sin saber1o.l~ Nadie cree hoy en k influencia fisiológica de los astros, en el poder medicinal de la saliva, en la fuerza comunicativa de un alimento aroma. tizado, en las virtudes curativas innatas transmitidas por la descendencia familiar. Pero la explicación psicoterapéutica del milagro real parece tener todavía adeptos; no, claro está, con las formas simplistas de aquella época -¿quién podría sostener hoy, como Beckett, que la sangre, puesta en movimiento por la imaginación, va a forzar los canales obstruidos de las glándulas?-, sino con las vestiduras que le prestan las doctrinas neurológicas más sutiles y de aparienc 'ente. De ahí que debamos decir algo al respecto. : Antes que nada, conviene dejar de 1rdo aquí a los anillos medicUia, . " . e l e s La hipótesis de Vanini y de Dougla-, . 1s .+lita

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18 Douglas también incluye d c m de la coincidencia: "m those I n s t a n ~ ~ ¡ when B c nefit was r-ived, the Concurrenee of the Cure with the Tauch might have been quite accidental. while adequate Causes operated and brought about the Effecf' (p. 202). Entre lcs autores mntemporáneos. Ebstein, Heilkroft d e KGnige, p. 1106. piensa que el tacto era. en realidad, una especie de masaje, eficaz como tal. No me parece n e e sario n i siquiera discutir esta teoria 1s P e u c e ~s inclina a considerar la creencia en d e don taumatúrgin, mmo uns supersticion, pero no se pronuncia entre las diferentes hipótesis que <e presentaron en m época pa" explicar las curas: De ineontotiaibua, en el Comm~ntorivs proeeide puú dioimtionum genetibus, ed. d e 1591. pequeño en S, Zerbst. p. 192: "Regibus Francick alunt familiare ese. rtrumis mederi aut muti illitione..~ aut. ahnaue hac. solo con, tactu. cum pronunciatione paucorum et solerui;um verbo-: quam medieationem ut f i e r i sine Diabolicis incantatianibus manifestis. faeile arsentior: sic. ve1 ingenita vi aliqua. mnstsre, q u e a maioribus propagetur c m seminum natura, ut marbi pmpaganhir. et similitudines corpcrum ac mor-. ve1 singular¡ munere divina. quod mns-tione regno ceu dedicatis [siel contingat in eerto communicatum loco. et aberse superstitionis orr~nk hanpersuazionem q u a w e chan saneiunt mirifica eventuum ludibtia. non faciie uediderim: etsi. de re non satis explarata. nihil temere afiirmo." En cuanto a las disertaciones de Morhof y de Zentgraff. casi tienen s6la el valor de eompilaeiones: como tales son muy precisas, pero en cuanto a pensamiento, no tienen mucho de original. la actitud de Morhof es muy dificil de precisar: p a r e e considerar e l poder taumatúrgim de los reyes mma una gracia sobrenatural mncedida por Dios <p. 155). pero la mnclusión es de un t o w ligeramente escéptico (p. 151). Zentgraff se propone simplemente demostrar que es posible una explicación de orden natural. Entre las que se l e presentan. no se cree obligado a elegir: parece inclinarse por la idea de una e r p e i e de impostura (los reyes se recubrian lar manar con un bálsamo especia», pero sin insistir mucho en ello. Y Ilesa a la conclusión. aunque m n prudencia. de que "Ita mristat Pharaanb Magorum sementes. quos Moses miraculose produxi\ per causas naturales productos esse, etsi de modo produetionis n o n d m rit res plane expedita" (p. Ba, v ) .
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a esta manifestación del don taumatúrgico, n o está desprovista de verosimilitud Se la puede considerar apta para emlicar. si no todos los . . casos, al menos un cierto númerio de elloa8. En efecto, recorclemos que afecciones curriban los aros de orcI o de plaim consagrados el di a de Vier-7 'es nes Sianto: la e!pilepsia y el calamlbre, esto r?S, espasmos o do101 muscu1 ..-:, - i i r -lares. OrguraiririiLr, -l2 ia r p i i ---:. i r a -. -rii r i giupu L.-..-L~ . u rp uiularire mal determinado de los ''dolores''el reumatismo o la gota, por ejemplo, son pasibles de un tratamiento psiquiátrico. Pero, ¿cómo perder de vista lo que era antaño la medicina, incluso la científica? ¿Cómo olvidar lo que fue en todas las épocas la medicina popular? No se podía esperar ni de una ni de oira demasiada precisión en las definiciones clínicas, ni tampoco diagnósticos seguros. En los tiempos en que los reyes de Inglaterra bendecían los mmp-rings, se confundían con facilidad bajo el rótulo de epilepsia o de cualquiera de sus sinónimos -mal conitial, mal de San Juan, etcétera- muchas otras alteraciones nerviosas tales como crisis convulsivas, temblores, coniracturas, etcétera. que son de origen puramente emotivo, o que la neurologi:a moderna incluirí;i dentro de ese grupo dt? fenómenios nacidos de la sirgestión o de la autosugestión que designa con el n ombre de "pitiáticos' '. Y son to,dos accidtmtes que un choque .. , . .. psíquico o ia mtiuencia sugestiva de un taiisman pueden perfectamente hacer d e s a p a r e ~ e r . ~ ~ i neuropás Asimismo, entre los Clolores. lot hay algunos de 1 tica, sobre los cuales Duede ouerar a veces la L'imag~nauon". el senen i tido en que lo: antiguo: ; utilizaban esta pa labra. h tre quienr!S llevar01 s 1 anillos, algunos debieroin s u cura ción, o al menos 1;i atenuaciión de su:9 males, muy s implemente a la ro busta fe que hahí:rn deposii:ado en e1 amuleto real. Yero volvamos a la más antigua, a la mas espectacular l e esta clase de m y mejor conoc :1 tacto de las escrófulas. Los partidarios del carácter sobrenatural de la realeza en el siglo XVII, protestaron en vanas ocasiones contra la idea de que las curaciones que se atribuían a la mano sagrada de los reyes, pudiesen ser efecto de la imaginación. El argumento que daban corrientemente era que con isecuencia se los veía curar a niños muy pequeños, incapaces por tanto de sufrir efectos sugestivos, ya que carecían de la debida comprensión:

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zo Sobre 10s trastornos de origen emotivo o pitiático. "6-e e-ialmente J. Babinski. Démembrement de t.hystitie ~loditio7iell~. Pithuitimze; S m i n o rnédicole, X X X , 1909. no. 3 8s. Es una mnfusi6n dinica del misno tipo que la que explica, se&n Gaidoz, un &e-rto número de las curaciones aparentes de ia rabia. observadas entre los peregrinos de San Huherto. "Les convulsions et les fureurs de la rage ressembleut 2 eelles de diverses maladies nerveuses et mentales" La Taoe et Snint Hubert. p. 103.

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una observaeón que no deja de tener s u valor, pues, ¿por que negar & de niiios de cort;i edad si se admite la de adultos, que no se m de otra manera:) 2, rero e i principal motivo que aeDe impedimos aceptar la interpretación psíquica del milagro real es de otro orden. Hace alrededor de mos cincuenta aiios, tl interpretación habría encontrado pocos contradictoa res entre neurólogos y psiquiatras; pues, siguiendo a Charcot y s u escuela, se acordaba a ciertos trastornos nerviosos calificados de "hist& ricos", el poder de producir heridas o edemas; y era obvio que las lesiones a las que s e atribuía este origen se consideraban, inversamente, capaces de ceder ante la influencia de otra acción de igual naturaleza. Si se acepta esta teoría, ¿qué más simple que suponer que cuando menos una cierta cantidad de los tumores o heridas supuestamente escrofulosas presentados al tacto real, tuvieron en rigor un carácter "histérico"? Perg estas concepciones están hoy casi unánimemente rechazadas. Ciertos estudios efectuados con mayor rigor han demostrado que los fenómenos orgánicos atribuidos en otro tiempo a la acción de la histeria, deben ser referidos más bien, en todos los casos que pudieron someterse a observaciones orecisas. ya a la simulación, ya a afecciones uue nada tienen de estión p uede producir la ~ nerviosas :E QU& i por pre;guntarse si la sug, curación de la eserófula pri>piamente dicha, e:n decir de! la adenitis tuberculosa , o de lari adenitis en general. Desconfiando, ciomo era lógico, . . J < . 3 . ue mi - - ~ ~ uicurnprrericia en la materia, crei ae - : deber plantear propia mi esta pregunta a v a r i a médicos o fisiólogos, y sus respuestas variaron en la forma, según sus temperamentos individuales, pero en el fondo fueron semejantes y se resumen con exactitud en una irase de uno de ellos: SOStener tal tesis sería tanto como defender una "herejía fisiológica".

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En suma, los pens;adores del Renacimiento y sus sucesores inmediatos , jamás lograron dar al milagro real una explicación satisfactoria. S u error nlent -31 el problema. Poseían un conocimiento demasiado in-

suficiente de la historia de las sociedades humanas como para poder medir la fuerza de las ilusiones colectivas; pero hoy apreciamos mejor su asombroso poder. Se trata una vez más de la vieja historia que Fontenelle relató con tanta gracia. En la boca de un niño de Silesia apareció -decíaun diente de oro. Los sabios adujeron mil razones para explicar este prodigio. Hasta que a alguien se le ocurrió examinar la mandíbula maravillosa y se descubrió una hoja de oro aplicada hábilmente sobre un diente absolutamente corriente. Cuidémonos de imitar a estos doctores mal advertidos: antes de investigar cómo curaban los reyes, no dejemos de preguntamos si curaban realmente. S echamos una ojeada al informe clínico de las dinastías milagrosas, i no tardará en quedarnos aclarado este punto. Los "príncipes médicos" no eran impostores; pero así como el niño silesiano no tenía un diente de oro, ellos jamás devolvieron a nadie la salud. El verdadero problema será, entonces, comprender cómo, puesto que no curaban, se pudo llegar a creer en s u poder taumatúrgico. También en esito nos ilustrará la i n formación clínica.23 Antes que nada, salta a la vista que la eficacia 1 real pasó 0 por eclipses. Sabemos a través de ejemplos nume.~,,, ,, , muchos de los enfermos se hacían tocar en varias ocasiones: prueba evidente de que la primera tentativa no habia bastado. Así, bajo los reinados de los últimos Estuardo. un eclesiástico se presentó dos veces ante Carlos 11, tres ante Jacobo II.?* Browne no dudó en reconocerlo: algunas personas "recién se curaron al segundo tacto, puesto que no obtuvieron la primera vez este beneficio".'" En Inglaterra se forjó una superstición según la cual el contacto real no producía efecto si no se repetía; pero ella sólo pudo nacer porque el primer contacto habia sido inútil.% Igualmente, en Beauce, en el siglo xxx, los clientes del "marcou" de Vovette, cuando no encontraban alivio la primera vez, multiplicaban sus visitas a l rústico médico." O sea que ni los reyes ni los hijos séptimos lograban éxito en todos los casos.
2 Esta facilidad de aceptar mmo real una acción milagrosa. aun cuando este des" mentida en forma persistente por h experiencia. re eneuenm en todas los "primitivos" Y hasta puede considerarse una de las earaeteri^,tiens fundamentales de la mentalidad llamada justamente "primitiva". Véase, en-= otros. un ejemplo curioso en L. LévyBnUil. La mentolité primitive. 19P. p. 343 (islas Fidji). ?* Craamird, p. 1üS. ? J Adenoehoirirdelogia. p. 106: "Others again having been healed u w n Í i Is second Toueh, whieh could not remive the e benefit the first time." EF sabido que en Inglaterra, dequés de Carlos 1, se exigía a las eniemor u n certificada que p r a k que no habian sido toeadas todavia. 2 Véare Browne, p. 91. quien. por supuesto, combate e t creencia ' sa 2 7 Garene dos hópitouz, lü54, D 498. .

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1 1 Por W i a n . Severo11 Chirurpicol Treatkea, 1. p. 396; Heylin. en su réplica a Fuller que citamos m i s adelante, p. 385. n. 37; Le Brun. Hintoire mitigue des pratiques s u p d t i e r r s e s . 11. p. 121. Es curioso comprobar que en 1853. monsefior Causet. arzobispo de Reims. creyente tardio en el milagro real, penraba que ''de nos jours, d e enfants sont plus fecilement guéris". porque no es posible curarse sin tener f e (declararacione referidas por e l barón de Damas. Mémoires, iI. p. 3 6 . 0) 1 2 Cf. espedalmente Déjerine. SerMialogie du syrteme nenieur. 1W4. PP. 1110 s . J. s: Babinski, Démembremcnt de I'hystérie hnditionnelle, S e m i n e médicale. 1909; J. Babinsk y J. Froment. Hw-. i Pithiatiet houbles nerveur d'mdre réflere en neurologie de g u e n e . ? d 1918. pp. 73 SS. .

pero hay más. h los buenos tiempos de la fe monárquica, sus creyen. & de Francia o de inglaterra no habían admitido jamás a ningún pre que sus reyes nunca curaron a nadie; pero la mayoría de ellos nc tenían dificultad en confesar que los reyes no curaban a todo el mundo, ni siquiera tocándolos varias veces. Douglas lo subrayó con acierto: di^ Pretendió jamás que el tacto real fuera benéfico en todos los 1 casos e n que se recurría a él." 26 Ya e n 1593, e l jesuita Delrío, para atacar al milagro inglés, recurrí;a a argurrlentos obtenidos de las confesiones q de Tooker: lo q u e é l quería era p erjudicar las pretensiones de una princesa herética. Para pasa1. A- .,m= actitud desaprensiva a una conclu-.- . sión t n grave, había que estar movido por la pasión religiosa. Por lo a común, como lo demuestran el ejemplo del propio Tooker, y luego de Browne, se era más acomodaticio. Eccucbemos la respuesta de Josué gionarios protestad Barbier a las duda:E de sus t?x correli:

Uos.. . Dios no ha otorgado este poder a nuestra Lanera tan absoluta como para que lleve las riend; delte o las sujete según su capricho.

real de una manos y las

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.nmh*. e-...l-- ;obre esta virtud milagrosa, que hay Vosotros decís, p. .iT"i"r a, muy pocos escmfulosos tocados que curasen.. . Pero aunque se os conceda ~úrnero los curados es más pequeíio que el de los que siguieran de ,S, no se deduce de ello que la curación de los primeros no sea a y admirable, tal como lo fue la curación del que entró primero . , , ,lberca purificadora de Betsaida, después del movimiento del agua i por el ministerio d e l Aneel aue descendía una vez al aii o a este efecto. ; r curaron : todos los; enfermos, no dejai-on de Y aunque los ap< 'e los que si se sanaron. operar milagrosar
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Siguen otros ejemplos extraídos de los Libros Santos: "Naamán el Sirio", el único "limpiado" por Elíseo a pesar de que hubiera, según la frase del propio Jesús, "varios leprosos en Israel"; Lázaro, el único muerto resucil:ado por el Cristo; la hemonragia curaida por sólo haber tocado el borde del manto del Salvador, mir:ntras qur? "jcuántos otros lo tocaeeibir ningún fruto!"?"> ron sin r, a,. , d . . . , sim mismo, en Inglaterra, un teólog, - -.\_.ada ciencia y de perfecta adhesión a la monarquía, Jorge Bull, escribió-:

Después de todo, los mismos ; apóstoles recibieron de Cristi3 el don de curar las enft:medade: 3 "de tal : iuerte qui2 estuvo : Ziempre a su disposi3;c.,.--=3c,-1 n*"-. . J. 1- consideraba . ,,u S ,-11"" 1,. , ción, pero s ó k "-..> apropiad^".^' En la actualidad tenemos una idea del r ,masiado intransigen-.. .ndividuo disfruta de te. Pareciera que, desde el momento en un poder sobrenatural, tiene que ejercerlo todo el tiempo. Pero 'las époc:as de fe pensaban a este respecto con mayor simplicidad: para que las manifestaciones de este orden formasen parte del cuadro familiar de 1 existencia, no reclamaban a los taumaturgos, muertos o vivos, a sanros O reye:E, una eficacia constante. P,3 lo deniás, si el enfermo a quien el milagro real había fallado r hub:iese sido tan mal educado como para quejarse, los defensores de --,--.ir la rrairia 1. habrían respondido sin ninguna dificultad: Dor ejemplo, se le habría replicado, como dijeron Browne en Inj y el canónigo Regnault en Francia, que esta vez le faltó fc mo, esa fe que, como escribió Regnault, "ha sido siempre una aisposición hacia las curas milagrosas"." O en todo caso se le diríaI que huEm error de diagnóstico. Durante el reinado de Carlos VIII, un 1>obre dial>lo llamado Juan 1'Escart se hizo tocar por el soberano en Tolo:ia y no se! curó. Más :z. tarde, San Francisco de Paula lo liberó de su mal, a~uimr~andole prácticas piadosas y un caldo de hierbas. En el proceso de canonización del

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Se dice que algunas personas, después de haber intentado este remedio soberano, tuvieron que regresar sin que ninguna curación se operara en
=a Critaimi, PP. al-a)~: never m p~etendedth *'it efiUal in every InsBnee when trid". Cf.en la. M sobm el tacto, p. 305: 'TI0 todos se t 1 la i n f 0 m a e i 6 ~ 1 re' Di<quMtimium P. 61 f. -p.p. 352): e g ú n Tooker, Cho&,

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ae, Adenoehoiradebh,

p. 106. Cf. BrowP. 11L so L ~ X miraculeul effeets, pp. VI a i3. Citas biblieas: Naamh el Cirio. LucIV,8; piscina probática de Bethsnida. JuaR V. 4.

31 Some I m m n t Points of P"mitive Chriainniw Maintained and Defended ; n Seueral S - m . . . , Oxford, 1816, p. 136: "And yet they say some of those diseased Perra- return from that sovereign remedy r e infecta. without any m e done "pon them. .. God hath not given this gift of healing so absolutely to our roya1 line. but he still keeps the reinr of it i his a n hand, to let them loose. or rertrian them. as he pleaseth." Y en la p. l 4 la exposici6n sobre San Pablo y los apóstoles que reci3. bieron de Cristo d don de curar, "as not t be at their o o absolute disyiosal. but to be dispensed by them. as the Giver sould think fit". Véase también lo que dice Regnault, Dissertatimr hisewique, 1722, p. 3: "Se seay bien que b u s les Malader ne son1 pas guérin: a-i evoüons nous, que nos Rois n'ont pas plus de pouvoir que le. Prophetes et les AMtres. qui ne guerisroient pas taus les Malades qui imploraient leur semurs." " Ad-choimdelogia, 2 p. llk Thus every unbeliwing Man may res1 satisfied, that without he hring. Faith enough with him. and in him, that His Msjesty hath Virtue enough in His Touch to Heal hh,his ezpectation M11 not be ansarered.'' S" Dissertatien, p. 4. Cf. lo expuesta por manreñor Gousset anohispo de Reims. =gún testimonio del harán de Damas. Mémoires, 11. p. 306: "Ces guérisons doivent étre mnsidérées eomrne des grñces privilégiées.. . qui dépendent en mDme temps et de la foi du roi qui buche e t de la foi du malade qui est touché!' la m i m a explicación que daban los fieles de Sen Huberto de Ardenes -y que dan todavía hoy-. para justificar el que ciertos enfermos. a pesar de su peregrinaje a la tumba del santo. hubieran sucumbido a la rabia: Gaidoq L mge et Soint Hubert. p. 88.

PRIMEROS ENSAYOS D , INTERPRF~ACI~N RACION-A r

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santo, se le tomó declaración a Juan; y parece que él mismo aomiti6 que si había recurrido sin éxito a s u príncipe, ello h e porque no pade1 la enfermedad que éste c ~ r a b a . ~ ' Después de todo, el rey Sólo podía rar el mal reaL siempre daba m sí, la "mano sagi los "príncipes méd ,-L. -:. sultado. Es kmentaoie que no podamos establecer ia rriauvii riumé. :a entre f +acaso5 y éxitos. Los certificados expedidos después de la nsagracióio de Luis XVI lo fueron completamente al azar, sin ningún an de con.junto. Después de Carlos X se intentó un esfuerm u n poco . . . elor coordinado. Las hermanas del Hospicio de San Marculfo, bien tencionadas pero quizás imprudentes, pensaron en seguir la evolución :los enfermos y reunir algunas informaciones sobre su marcha poste. Dr. Había habido alrededor de 120 a 130 personas tocadas. En total, se registraron ocho casos de curación, pero tres de ellos sólo se conocieron por t e s t i m o ~ o s muy poco seguros. La cifra es tan baja que Cuesta creer que responda a la proporción habitual. El error de las religiosas fue sin duda haberse apresurado demasiado. Los cinco urimeros casos, los únicos e seguros, se comprobaron recién a los t r t:S meses 3r medio d, cumplida la ceremonia. Transcurrido este plazo, part:ce que la investiga,ción no siguió adelante. Habría sido indispensable peimever? Seguramente si se hu. . biera seguido observando a estos pacientes toeaaos ei SI de mayo de 1825, habría sido posible registrar máS curacio nes." La paciencia en este punto era la muy sabia regla de 1los tiemp,S verdadi'ramente me. yentes. En efecto, no tenemos que creer que alguna v a se obtuvo iir. éxito u bruscan>ente las heridas o desinmediato. Nadie esperaba ve: o con la mano maravillosa. Lw aparecer los tumores al mer .. hagiógrafos sólo atribuveron tnumos s u ~ l t o sa Eduardo el Confesor. e contaba el caso de Carlos 1, ante quien Y más próximo a n o izquierd o, afectado por la escrófula, había compareció una jove
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dejado de ver, y que se hizo tocar por el monarca: en to mismo recobró el uso, bastante imperfecto por lo demás, de En la vida cotidiana no se exigía tal prontitud. Se consideraba satisfactorio que la curación tuviese lugar algún tiempo después de efectuarse el rito, o incluso mucho tiempo después. Es por ello que el historiador i n- l é Fulier. oartidario muv tibio de la realeza taumatúrgica, sólo ~ s veía en el poder curado1 de los soberanos un mil;agro "parcial"; pues a l e g ;aba- "un i milagro completo opera al instante? Y de modo perfecto, mit?ntras qut: esta cur,a procede: por lo general :por grados y poco a --..-,S m.-.,,~ . - ~ : - ~7~ ,~ . r e r o P. . era, como uecunos, un esceprico. a medias. Los verr uuer s fieles no tenían e n esto tantos remilgos. Los ]3eregrinos; de Corio dejaban nunca de dirigirle su acción de gracias a San Marculfo .:> .. . s PYIIYYZ se curasen bastante tiempo después de su ''viaje . ~ . esmofau losos tocados por el príncipe se consideraban como objeto de un milagrg si tenía lugar alguna vez la curación, sin importar en qué momento. Bajo el reinado de Luis XV, D'Argenson creyó congraciarse con el monarca destacando un resultado que se obtuvo después de tres meses. El médico de Isabel, Guillermo Clowes, relató con admiración la historia de un enfermo que se vio libre de sus males cinco meses después de haber sido tocado por la reina." Ya leímos a n t a la conmovedora carta que escribió un señor inglés, lord Pouiett, con el júbilo paterno de ver a s u h ija sana dlespués de haber sido tocada, y, según él creía, curada, : iu por Cairlos 1: " salud - d i c e aludiendo a su pequeña- mejora día n > " 5 rnesa salud que le era tan cara no estaba todavía recuS:
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AASS. -lis, 1, p 155. núm. SS. . acta fechada e l 8 d e octubre de 1825. %eatestiguarsn cinco ~ a y n -ciOa. de El certificado se expidió de dos maneras: p r h e r o . e l testimonio de las religiosas del Hospicio de San Marculfo; después. e l testimonio de un médim, el dador Noel: Ami de la Rsligion. 9 d e noviembre de 1825: reproducido por Cerf. D u toueher des écroucller, p. 246. En 1867, una religiosa - q u e recién habia entrado a l hospicio e n 1826- testimonió de o t m s tres de lar que tuvo ~ a r q u i g n ~ . a f f a r c h e m m tdu mi ~' de Fmnce ~umissait-il des écrareller?. p. 389, n. 1 Las cinco curaciones que re abser. en 1825 se refieren n%os. pero también es ~ r ~ ~ i quei se hayatocado a a m l lar hermanas seguir la evolulución pítetior de $us =-S? Seria ¿NO un motivo más para considerar que la estadbtica no refleja la pmporción habitual. En 1 8 3 el barón de Damas, quien sólo conocía cinco casas, escribió: " a m p é r i e m 15, L de P h ~ m i c e cmit qu'il y en a eu un plus grana nombre. mais qu'on a néglige de le m-ter." YO no sé d e dónde sacó . Aubinwu, Notiee aur M. Demenettes, P. 1% 1 sue 'les o praniers malades touchés du rai furent guéris".
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. Eduardo e l Confesor , textos citados supro, P. 139. n. 108. Para Carlos 1, fraga le1 diario de Oudert, c:itado por Edward Waiford. OId and New Landon, 111, ~ u i i u i . ~ . . . . 352. c s.f.. o " E n su Chureh Hbtory of Blitoin. aparecida en 1655, Fuller ~e e x p d m n altibieza can respecto al milagro -era en la época de CmmweU-: "Otherr ascribe it to the power af faney and an exalted imagination" (fol. 145). E n este ponto. como en Otms. fue violentamente atacado por Peter Heylin, E ~ n m e n Historieum o a Discovev r ond Emminaiion of the Misiakes.. . in some Modern Histories, pequeño en P. Londres. 1659. FuUer. en una réplica titulada The A m o 1 of Injured Inmeenee. en 44 Londres. 1659. respondió en 10s siguientes términos: "though 1 conmive fancy may much mnduee. i Adultb. thereunto. yet 1 believe it panly Miranrlars . . 1 say portly, n because a complete Mirade is done vesently and p-fectly, whereas thií n i r e i s generally a d v a n e d by Degree and some Dayes interposed". Ya en 1610. Th. Morton -anglicano y buen monárquico, pero de una tendencia que hoy calificariamos de Laui Chuvch- e n n obra titulada A Catholike Appeaie for Pmtestanfs. en 4*, Londres, i P. 428. se negaba a considerar las curaciones reales como propiamente milagrosas: l . porque no eran instantáneas: F. porque el tacto era seguido con heeuencia por * un tratamiento médico. Según el barón de Damas (Mémoires. 1 , p. 306). monseñar 1 Gousset. a m b i s p o de Reims. tampoco consideraba las curaciones eumu milagro en sentido estricta. pero por una razón diferente: porque en el hecho de que re curasen bs euráfu\as n o hay nada d e ''coniraire aux lois générales qui gouvement le monde''. El barón d e Damas, informado par el arzobispo. sabia muy bien que "les guérisonr ne sont iristantanées" (ibid.. la misma p.). Ja Texto citado Dor Crawfurd, King's E-ir, p. 77.

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perada totalmeiite M es1e momento. Vamos a suponer que la niña ter. minó wr curarse compietamente; aún asi, que es el mejor de los casos, tacto no se hizo sentir, como lo subnéfica de la infl oco a poco". Esta acción sobrenaturd io "por g raya 1 retardado, cuando e n verdad ocurria. no- umenre solo r e u a uii r i c r ; ~ P r otro lado, muchas veces el resultado fue sólo parcial. Parece claro o que con frecuencia se aceptó el éxito a medias dándolo por completo, cuandlo en rigo:r sólo había sido un éxito aparente. Por ejemplo, el 25 de . 2- leen dos médicos de Auray, en Bretaña, expidieron sin pesta, Gear Iun certificado de curación de un hombre aquejado de varias úlceras escrofulosas y que se había hecho tocar por el rey; e incluso después, ,,mayor precaución, fue en peregrinaje a San Nlarculfo d e Corben~. ,, Toda(; sus úice!ras desaparecieron.. . salvo una.= La ciencia moderna, nanifestaciones del mal, perr) ante iun caso así, diría: cedieron algunas n no el mal misn10, que sigue estando allí, pironto a manifestarse en otro:3 P= lugarc-. Hubo tambié;n casos d e recaída:S, que tanlpoco par,ecen habe'r sorprenuna muje r llamada Juana Elugain fue n dido ni escand alizado. 1C 1654, i :nte de si:L consagraición. Tra:s eUo, "redía siguif tocada por Luis XIV al 1 . -2,. . . . , , . _.-l-il alivio". Dero aespues ia enrermeuau reapareciu y ruiu cedió defii cibió BS un peregrinaje ; Corben: a tiicado que expidi6 nitivc ldea atestigua esto' i hechos: ' ira de campaña que el cui .. .:--LA . . =-,,erse de ello conclulo reisacro no supuso por uri LU que pudie.,, siones irrespetucsas para el monarca. Es que una fe sólida no se contraría tan fácilmente. Antes mencioné a un tal Cristóbal Lovel, de We&, en Somerset, quien habiendo ido a buscar al Pretendiente Estuardo n A Vignon, en 1716, resultó curado por éste, según dijo. Y este hermoso triid o despertó gran t:ntusiasmo en los ambientes jacobitas y fue la caiisa de las desventui:as del historiador Carte. Sin embargo, parece -1 pud cornprobado que ri --L. e Lovel volvió a caer enfermo y entonces partió ?; lleno de fe en un segun!do viaje 4que debía conducir!lo hasta s pero murió eni el camin1 0 . ~ 1 nes e n foi Por último, conviene tomar en cuenta n innrinsir i ..* a. iii-rrii-- l e xirerenre, que ia -.-.,:-:-- . -irsJ rriruiciiia ur -..a--

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detectar. Hoy sabemos que el mal al que nuestros padres daban el nombre de escrófuias, era casi siempre una adenitis tuberculosa, esto es, una de las localizaciones posibles de una afección de naturaleza bacilar, que puede afectar a diferentes órganos. Hasta puede ocurrir que, una vez que cedió la adenitis. la tuberculosis resista v adopte otra forma, con frecuend a más 5ive. El 27 de enerc : se lee en el Compendio de los A7d e s de La CompañIía de Jes rtugal, publicado en 1726 por el parIre Antonio Franco , que mur rnbra ..., rvrarrin. Lnviaao a rrancia para obtenerel "profesor de teo. , logía Miguri X".~~.. la curación de sus escrófulas mediante el tacto del cristia *y, regresó curado.a Portugal, pero sucumbió de otro mal, vi una lentzI consunc, .c' iónv' En suma, sólo una parte de los enfernius recooraron la sama -aigunos en forma incomple,ta o monientánea- - y l a m ayoría de las curas sólo tuvieron lugar desp u b de 1ranscurri, un tiempo apreciable desde el do rito de curación. Recordemo: lo que e!ra este nial, sobre el aue se creia S e, . . -e ", . = ieyes de Francia e Inglau que podían actuar m- , , d e r milag,,,,. terra. En la época en que los reyes ejercían este maravilloso talento, los médicos no tenían a su disposición ni una terminología rigurosa, ni m& todos de diagnóstico seguros. Tal como surge con claridad de la lectura de los tratados antiguos, como el de Ricardo Wiseman, solía incluirse ~. dentro de1 nombre de escrófulas a un número bastante considerable de lesiones diversas. e! ntre las cuales las había benignas, y algunas de éstas, después de un plazo que podía ser bastante corto, desaparecían naturalmente por sí solas.q Pero dejemos estas falsas escrófulaS y consideremos sólo las verdaderas, de origen tuberculoso , que constituyerorI la gran mayoría de los ,", -, casos presentados al tacto reai. h a escroruia no es una enfermedad que se cure fácilmente; puede rtlgresar al cabo de mucho tiiempo, a veces casi indefinidamente; pero eni cambio rIebe ser 1, enferme!dad que meior a

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r de Saint-=mi. legaja 223, i . d núm. T. ndos de Saint-Rémi, legajo 221. núm U (29 de abril de
4 % C . a d m d , p. 15'7. Nuestms informes sobre el final de Iavel pmvienen Únicamente de una c a r ~ dirigida al Gmerol Eaening Poat el 13 de enem de 1747 por un corresponsal de Bristol que firma AmiVeritatis íed. Gentleman's M a g M w L i b m w , I a p. 161); testimonio poco seguro en si mimo; pero lo que parecería demostrar su veracidad es aue no se sabe que haya sido dementido por los Tanes. En el asunta Carte. ~ U ~ D Sm&,", PP. m-3s. P

2 Antonius Franeo, Syio~sUi Anmliunr Soeirtatis Jesu in Lusitanio. Augsburgo. ' en 44 1726, p. 319: ..Miebael Martirius. scholasticus. a longo morbo probatus est. Ad sanandas rtrumss in Galliam misnis. ut a Rece Christianissirno manu contingeretur. aalvus in Lusitaniam rediif sed alio malo lentac tabis mnsumptu~." *J Crawfurd. PP. ID-123; d. sobre estas confiisiones. Ebstein, Die Heilkrnft, p. 1104, n. 2. Sobre el abceso dental que se tamó Por un caso de "kinc'r evil.' y confiado con este e?rácter e los cuidados de ta séptima hija de una Gptima hija. quien naturalmente fracaso: A. G. Faicher. en The Falk-Lare, W (1896). PP. 235-296. Cabe observar ~ u e el pueblo consideraba que el mal real era bartante dificil de remnoeer: la prueba el curioso procedimiento de diagnóstico indicado por una pequena recopilación de recetas médicas del sido m, publicada por The Folk-Lore. XWII (1912>,p. 494. Conviene señalar también que en ocasiones podin agregarse otro tratamiento al del tacto. al fue el casa. al menos. de los cinm niños "curados" por Carlos X; el certificado del doctor Noel, d e fecha 8 de octubre de 1825,dice asi: "Je eertifie ... qu'il n'a été employé pour leur guérison que le traitement habituellement en usñge" (Cerf, Du toueher des éermielles, p. 246). En tales condiciones. ¿a quién atribuirle la curación? ¿Al rey? ¿O al "tratamienta habitual"? Cf. también a r p a . p. 385. n. 37. las obcervacioner de Morton.

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~ N T S F I P ~ U ~ T A C I ~CRÍRCA -CRO N DEL

REAL

PRlMXROS ENSAYOS DE -PRKTACI~N

RACIONALI??TA

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puede producir la ilusión de haberse curado, pues sus manifestaciones -tumores, fistulas, supuraciones- suelen desaparecer de una manera espontánea, sin perjuicio de reaparecer más tarde e n el misma lugar o en otro. Y una desaparición transitoria de esta clase, incluso alguna verdadera curación (porque ésta no es imposible, aunque sea rara), bastaron para justificar la creencia en el poder taumatúrgico de lo. reyes. Los súbditos fieles de los monarcas de Francia y de Inglaterra, como vimos. no exigían mucho más. Por cierto que nadie habría pensado en pi '1 milagro si de antemano no se estuviese habituado a espera yes precisamente milagros. Y todo inclinaba a los espíritus .mpos a esperarlos. La idea de la realeza santa, legado de de ac edades prlmiuvas, fortalecido por e l rito de la unción y por la gran expansión de la leyenda monárquica hábilmente explotada por algunas políticos astutcs -tanto más hábiles en utilizarla cuanto que muchos de ellos compartían e l prejuicio común- teminó dominando la conciencia popular, Además, no había santos ni hazaiias milagrosas; ni había personas o cosas sagradas que no estuviesen dotadas de un poder sobrenatural. Por otra parte, en el mundo maravilloso donde creían vivir nuestros antepasados, ¿qué fenómeno no se explicaba por causas que sobrepasaban el orden normal del universo? Algunos soberanos, en la Francia capeta y en la Inglaterra normanda, concibieron un día la idea de probarse en el papel de taumaturgos, inducidos acaso por sus consejeros, a fin de fortalecer su prestigio un tanto frágil. Convencidos como estaban de la santidad que les conferían su función y s u linaje, probablemente consideraron muy simple rcivindicar semejante poder. Quizás se advirtió un día que una temida enfermedad a veces cedía, o parecía hacerlo, después del contacto con sus manos, que casi unánimemente se consideraban sagradas. ¿Cómo no iban a ver en ello una relación de causa a efecto, y por ende el prodigio previsto? La que creó la f e en el milagro fue la idea de que tenía que tratarse de un milagro. La que le permitió sohrevivir fue también, a medida que transcurrían los siglos, el testimonio acumulado de sucesivas generaciones que creyeron en tales hechos, en los que no se podía dudar y que aparecían basados, según se decía, en la experiencia. Y en cuanto a los casos, que debemos suponer bastante numerosos, en que el mal resistió al tacto de los augustos dedos, se los olvidaba rápido. Tal es el feliz optimismo de las almas creyentes. En suma, es difícil ver en la fe en el milagro real otra cosa que el resultado de un error colectivo; error más inofensivo que la mayoría de los que llenan la historia de la humanidad. El médico inglés Carr comprobaba ya, en tiempos de Guillermo de Orange, que al menos había

uua ventaja en creer en la eficacia del tacto real: que éste no podía ser nocivo." ¡Gran superioridad sobre buen número de remedios que la antigua famacopea prescribía a los escrofulosos! Pues la posibilidad de recurrir a este tratamiento maraviiioso, considerado universalmente eficaz, evitó seguramente que muchos enfermos usaran procedimientos más peligrosos. Desde este punto de vista puramente negativo, tenemos el derecho a pensar que más de un desdichado debió al príncipe s u curaci&n.

R Cam. E ~ . t o b emdi&a&s, P. . "Verbo itamie apedinm quod -tia: unh c h ~ regiu. potest e ~ s e (si olim fuit). pmfieu-is; rolet mbinde imtuq nequit u"miam e =mi-." Cf. Qaumud. KiWa Eoil. P 18; y sobre todo ~ b ~ t e i , D ; ~ . ,
Heilkafc, P. 1106.

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