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Historia corta #10: Daniel en el Juicio

Historia corta #10: Daniel en el Juicio

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Historia corta #10: Daniel en el Juicio

Traducido por:Staff Saga Oscuros Fuente:Books A Million – Lauren Kate Via: Fallen Feller y MonicaGiselt Rivera

Este texto no viola ningún derecho de copyright pues se encuentra totalmente disponible al público en su idioma original.

Todos los personajes y hechos pertenecen a Lauren Kate.

- Ángel, ¡asciende!

Daniel se levantó de su silla y extendió sus alas produciendo un leve golpe. Él estaba flotando a unos metros del suelo, al igual que los nueve ángeles de La Escala en sus siniestras capas negras que se agitaban en la sala común de juntas de los mortales a las afueras de Dayton, Ohio. Dejo las alas al descubierto para mostrarles que estaba desarmado. Los ángeles de edad que estaban presentes se sentaron en los asientos de oro que habían sido especialmente instalados para El Juicio.

Llegada las ocho de la mañana, toda la evidencia de esa reunión habrá desaparecido.

- Es posible que quedes en el exilio - trono la misma voz detrás de él. Un ministro sin rostro al cual Daniel no volvería a ver nunca más.

Aterrizo en la alfombra y se sentósolo, detrás dela larga mesa enfrentando a toda La Escala. Vio el sol saliendo por la ventana, tan increíblemente aburrido como el ritual que se desarrollaba en ese momento. Cada uno de los miembros de La Escala le estaba dando la espalda, echando hacia abajo las capuchas de sus túnicas y dejando al descubierto la insignia de oro marcada en la parte de atrás de sus cuellos: cada uno llevaba tatuada una estrella de siete puntas.

Como si le importara. Como si esa fachada de La Escala de una comunidad altamente exclusiva llegara a interesarle. Era una junta que

debatía simple y llanamente la libertad condicional, era una junta celestial. La Escala estaba compuesta ángeles menores hambrientos de poder. Ángeles tan lejos en los rangos de importancia que, antes de La Caída, el Trono ni siquiera había sido capaz de distinguir a alguno de ellos de otro.

Claro, tenían poder ahora, pero… Daniel jamás se hubiera sentido tan superior a La Escala si ellos no hubieran estado jugando a ser superiores a Él.

- ¿Daniel Grigori? – pregunto un miembro de La Escala que para Daniel tenia cara de sapo

Ninguno de ellos tenía nombre. Era parte del protocolo de La Escala. Una vez un ángel se uniera a la secta, dejaba a un lado su individualidad. El grupo, sentía, que era más importante que un solo ángel. Y de esa manera, los miembros de La Escala se negaban a darse nombres angelicales a ellos mismos. Ahora, eran parte de una gran fuerza, una sola entidad.

- ¿Sí? – Daniel miro alrededor y puso los ojos en blanco como diciendo “¿Quién más si no yo? – Yo soy el que es llamado Daniel Grigori. - tenía que utilizar el protocolo por ahora, pero cada Juicio lo irritaba una y otra vez.

Él había sido llamado ante La Escala muchas veces a través de los años; aunque en un principio eran tantos otros ángeles en la mesa con él, que el procedimiento se había hecho menos doloroso. Ahora que Daniel, junto con otros pocos, no se inclinaba hacia ningún bando, uno de los pocos que no habían elegido ni al Trono ni a Lucifer, La Escala había hecho de él, su

proyecto favorito. Lo llamaban con cualquier excusa. Paso muy poco tiempo con Lucinda y demasiado tiempo en esa burocracia. El los odiaba por eso.

Cara de sapo se puso de pie y leyó en voz alta de un pesado rollo de pergamino

- Usted es acusado de coacción hacia un Huésped establecido del Cielo - ¡Vamos! – dijo Daniel – Eso es ridículo - ¿Acaso no converso con Gabrielle Givens en la noche de Octubre del veintisiete, diciendo, y cito: - en esta parte, la voz de Cara de sapo se convirtió melancólica y afectada – “¿Nunca has sentido como si esto no valiera la pena en absoluto? ¿De verdad ha cambiado en algo el Cielo desde la vez que nos echaron?” – Cara de sapo agudizo la mirada entrecerrando los ojos - Tenemos a muchos testigos que pueden dar fe de esta declaración de herejía.

Daniel trago saliva y dijo

- Lo dije. Yo estaba de mal humor. ¿A quién le importa? Gabbejamás renunciaría a su puesto en el cielo. Si usted no sabe eso entonces debe ser un… - ¿Y porque estaba usted de tan mal humor? ¿Sr. Grigori? - ¡Usted sabe porque! – grito Daniel, levantándose de su silla y alzándose del suelo. Él ya había tenido suficiente. Sus alas eran mucho más altas que las de ellos, empequeñeciendo sus pequeñas, tontas y azules alas y proyectando una sombra de soberanía en sus rostros viejos. Unos pocos miembros de La Escala se echaron hacia atrás en sus asientos.

Uno de ellos se levantó y agito el dedo hacia Daniel.

- Si tanto le disgusta tener que respondernos, hay algo que puede hacer: Aprenda de sus errores, Sr. Grigori. Tome las decisiones que debió haber tomado hace mucho tiempo.

Otro miembro tomo la diatriba

- En lugar de escoger el amor. ¡Que pintoresco!

Un tercero de ellos continuo mientras el resto se amontonaba alrededor de la larga mesa. Incluso restándole importancia a sus alas, que podían doblar el tamaño de las de ellos.

- Usted estaba muy distraído por un loco amor como para tomar la decisión correcta antes. Pero ahora puede corregir sus errores.

Cara de sapo termino

- Ahora usted puede hacer lo que sabe que necesita hacer

Los cuatro llegaron a él desde cualquier lado, cada uno con camisas y ataduras de fuerza, todos ellos sonriendo con anticipación. Esto, también, era

casi parte de sus protocolos. La Escala disfrutaba de los castigos que infligían a los ángeles que no les hacían caso.

De esa manera, no eran muy diferentes a aquellos Caídos que habían sido etiquetados como Demonios - ¡Nunca! – dijo Daniel, aun cuando ellos saltaron hacia él, amarrándolo con esa horrible y negra camisa de fuerza, de la cual no había forma de salir libre. - ¡Nunca! – repitió antes de que lo ataran alrededor de su pecho, sus brazos, su boca.

El no cedería a La Escala. Así lo ataran por un año, o por miles de años, el no renunciaría a Lucinda.

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