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Formación y desarrollo de la cultura moderna, Resumen Sombart: Lujo y Capitalismo

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Werner Sombart - Lujo y Capitalismo
La nueva sociedad A pesar de que la primera gran corte puede situarse en el papado es en Francia donde realmente alcanza su mayor esplendor. Esto se debe a que es allí donde por primera vez se toma en consideración a la mujer, la cuál es fundamental, pues es gracias a ella que cambia el modo de vida noble, y toman importancia los elementos propios de la corte moderna: la moda, los modales, la vida social, etc. Así, poco a poco los nobles abandonan sus feudos y
Werner Sombart - Lujo y Capitalismo
La nueva sociedad A pesar de que la primera gran corte puede situarse en el papado es en Francia donde realmente alcanza su mayor esplendor. Esto se debe a que es allí donde por primera vez se toma en consideración a la mujer, la cuál es fundamental, pues es gracias a ella que cambia el modo de vida noble, y toman importancia los elementos propios de la corte moderna: la moda, los modales, la vida social, etc. Así, poco a poco los nobles abandonan sus feudos y

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Werner Sombart - Lujo y Capitalismo

La nueva sociedad A pesar de que la primera gran corte puede situarse en el papado es en Francia donde realmente alcanza su mayor esplendor. Esto se debe a que es allí donde por primera vez se toma en consideración a la mujer, la cuál es fundamental, pues es gracias a ella que cambia el modo de vida noble, y toman importancia los elementos propios de la corte moderna: la moda, los modales, la vida social, etc. Así, poco a poco los nobles abandonan sus feudos y son atraídos hacia las grandes ciudades, donde vivirán una vida de lujos y amores ilegítimos. Mientras que antes la riqueza era territorial, provista por los feudos nobles, las crecientes incursiones en busca de metales preciosos (sobre todo el oro de Brasil) y la especulación junto con los negocios financieros llevan a los burgueses a constituirse como la nueva riqueza. Debido en gran parte a que la nobleza aristocrática venía en decadencia todos los países de corte capitalista fueron liberalizando el ingreso a la casta dominante. Así, los burgueses enriquecidos fácilmente se convertían en nobles mediante empleos con títulos, compra directa de títulos o adquisición de propiedades feudales, medios todos que podían heredarse, pasando toda la familia y su descendencia al nuevo círculo. Por lo demás, el desprecio que lo nobles sentían hacia el dinero se fue atenuando, y el burgués pasaba a ser respetable en cuanto abandonaba los negocios, minuto en que los nobles de larga tradición aristocrática se apresuraban a casar a sus hijos con las ricas herederas de las familias ennoblecidas, para así mantener el nivel de vida propio de una casa de prestigio mediante una generosa dote. La gran ciudad Durante la época descrita por Sombart se da en toda Europa un crecimiento desmedido de las ciudades para transformarse en grandes urbes y centros de población, a pesar de encontrarse con gran oposición oficial. Esto se debe en gran parte a la concentración del consumo en zonas determinadas, pues los nobles se establecen para gastar sus rentas, reuniendo a su alrededor un séquito de comerciantes, juristas, artesanos y artistas que viven de proveer para los ricos. Esto se prueba con los ejemplos de Roma y Nápoles, que casi desaparecen cuando la corte que las habitaba cambia su residencia, o París, donde menos del 10% del gasto proviene de los ingresos de la producción y el comercio, y el resto proviene de salarios, rentas y bonos dados por el rey que se dilapidan en productos ofrecidos por hordas de artesanos altamente especializados en cosas tan suntuarias como barnizar juguetes o confitar manzanas. Así, el lujo que ofrece la ciudad atrae más nobles dispuestos a gastar en él, y con ello aún más lujo y formas cada vez más refinadas del mismo. La secularización del amor La Edad Media, época en esencia teocéntrica, ligó todas las actividades humanas a una adoración a Dios y a instituciones que las sacralizaran, entre ellas el amor, considerado pecaminoso si se vivía fuera del matrimonio. La Edad Moderna por otra parte poco a poco fue rompiendo con esta tendencia, y con los trovadores comienza una adoración e idealización del amor sensual y la alabanza de la belleza femenina, concentrándose y no en los deberes, sino en los placeres de amar. La cultura fue empapándose de este culto al amor y erotizándose, como puede verse en la gran cantidad de poemas de amor y los desnudos, hasta que se vio al amor como un fin en sí mismo, como un medio para el goce. De esta manera, una vez que los teóricos reflexionaron sobre el amor este aparecía cada vez más opuesto al matrimonio: si el amor es un fin en sí mismo y es en esencia un impulso incontrolable e ilimitado, ¿cómo se va a expresar en una unión

institucional, cuyos fines son de ordenar, enriquecerse y tener descendencia, y que es por definición controlada y limitada? Así, el amor en el matrimonio pasó de ser el único amor aceptado a un imposible. En este contexto, luego de un ascenso increíble en el número de adulterios y de prostitutas en las grandes ciudades, surge una capa intermedia entre la esposa y la prostituta, entre el deber puro, y el placer puro: la cortesana, encarnadora del ideal del amor. Esta era la mujer que se hacía experta en el amor y que generalmente especialista en un arte (cantante de ópera, actriz, bailarina o simplemente pintora o poetisa en privado) y con un barniz de cultura, pero sobretodo centrada en realzar su propia belleza, seduce a los ricos y nobles y se hace mantener por ellos. Esta costumbre de mantener una cortesana además de la propia esposa no sólo es tolerada sino que bien vista, y se va traspasando a otras clases sociales. Así, las cortesanas fueron ganando en poder e influencia pues eran elevadas por sus amantes que las veían como símbolo del amor. En este escenario las mujeres nobles no tuvieron más remedio que competir con las cortesanas, que día a día ganaban en distinción y estilo, y pasaron a imitar sus costumbres lujosas. La alta sociedad francesa se vio imbuida por los gustos de las cocottes, los largos baños impuestos por ellas, sus modales y talentos sociales y sus gustos en moda. El desarrollo del lujo El lujo podría definirse como todo aquello que va más allá de las necesidades básicas, pero con esta definición prácticamente todo sería lujoso (no necesitamos una mesa), por lo que es más exacto definirlo en términos culturales, con lo que lujo será lo que supere una medida relativa de bienes propia del nivel cultural (en nuestra época no sería lujoso tener un computador, por ejemplo). Este tipo de lujo puede darse tanto en cantidad (lujo personal: acumulación de objetos o exceso de ellos, tener 100 criados) como en calidad (objetos ricamente trabajados, raros y valiosos, como tapicerías de seda y oro). Para que se de este último tipo de lujo, propio de la corte francesa y de la sociedad que ésta dio a luz, es necesaria una vida de lujos, que justifique la adquisición de estos ricos objetos para sobresalir. Es, a su vez, requisito de una vida de lujos la exaltación del amor, del amor sensual que se describió anteriormente. La razón para esto es que las sociedades poco erotizadas traducen la ambición en acumulación (monedas de oro, territorios), pero allí donde toma importancia capital el goce, se buscará sobresalir con objetos que exalten los sentidos, que produzcan placer: olores, colores, texturas, todo aquello que además de mostrar la propia riqueza, seduzca. Toda esta última situación es la que llevó a la ruina de las grandes familias francesas, pues mientras que el lujo personal o de cantidad sólo acumula, el lujo sensorial conlleva gastos ridículos y destruye fortunas. Las cortes europeas, especialmente la francesa, hacían gastos enormes en vestuario, muebles, porcelana, platería y todo aquello relacionado con el embellecimiento suntuario de las personas y los lugares. En la época se construyeron decenas de palacios con gigantescos jardines, y las fiestas y banquetes descomunales eran cosa de todos los días. En la gran mayoría de los casos estos gastos superaban con creces el presupuesto real de la corte. Lo más interesante aquí es analizar el papel concreto de la cortesana en esta cultura del lujo. Las cortesanas no sólo eran dueñas de considerables sumas para sus gastos personales, sino que sus ricos amantes les construían palacios y las dejaban influir en su modo de vestir, en las fiestas que organizaban, en la decoración de sus casas, etc., con lo que esta influencia terminaba por alcanzar a toda la alta sociedad que asistía a estos banquetes, veía la moda impuesta o visitaba la casa recién redecorada. Versalles, sin ir más lejos, fue construido para una de las amantes de Luis XIV. Otra de sus amantes impuso una corriente de moda con su nombre – Pompadour – que imitaba su estilo en todo, desde carruajes hasta vestidos. Es en este sentido que Sombart argumenta que el amor ilegítimo fue impulsor

del capitalismo, pues fueron las cortesanas las grandes patronas del lujo y las que contagiaron la tendencia a toda la sociedad. Sin embargo, de haber sido las cortesanas las únicas propulsoras de este nuevo modo de vida, no se habría crecido tan rápido en los niveles de lujo propios del momento histórico. Es por eso fundamental el papel que juegan los burgueses enriquecidos: poseedores de enormes sumas de dinero y poco capital cultural, los nuevos ricos estaban deseosos de pertenecer a su nuevo círculo y reemplazaban la falta de tradición con exceso de gasto. Los nobles, por su parte, no podían arriesgarse a perder el prestigio cuando fueran comparados con lo burgueses, y se lanzaron a competir contra ellos en la tendencia al gasto indiscriminado. Se dio así una mezcla nueva, pues los nobles imprimieron su sello aristocrático en la nueva forma de gasto, haciéndolo fijarse en cierto ideal de la belleza más allá de la pura ostentación, lo que dignificaba el gasto y justificaba los matrimonios más “vergonzosos” para evitar la ruina. Pero además de esta dignificación del gasto, la influencia aristocrática en el lujo causó paralelamente el desprecio a ganar y ahorrar dinero, por lo que era de buen tono mostrar cierta indiferencia hacia él, traducida en el crecimiento de los juegos de azar, la deuda, las actitudes que directamente mostraban desprecio hacia él y el cuidado excesivo en el vestir, especialmente, en el espíritu erótico de la época, en la ropa interior. En todo este panorama general que traza Sombart se destacan ciertos triunfos femeninos en el estilo que prepararon aún más el terreno para el surgimiento del capitalismo: 1. Características generales del lujo a. Interiorización  El lujo vivido hacia afuera de la Edad Media, propio de fiestas colectivas, pasa a ser parte de cada hogar, territorio esencialmente femenino, y por ello necesariamente estable, lo que implica un gasto constante para mantenerlo. b. Objetivación El lujo cuantitativo pasa a ser cualitativo: la mujer prefiere un hermoso vestido de terciopelo y perlas a bóvedas llenas de montañas acuñadas. Económicamente es fundamental, pues el lujo improductivo de la Edad Media se vuelve productivo al necesitars mayor elaboración en los bienes. c. Sensualidad y refinamiento Los anteriores ideales artísticos de belleza pasan a ser cánones establecidos por la mujer y referidos a placeres sensoriales, por lo que el negocio del lujo se traspasa de manos de los artistas a los artesanos, que no sólo deben especializarse y diferenciarse, sino que usar materiales mucho más caros. d. Condensación temporal La época trae una individualización profunda y le da protagonismo a la impaciencia de la mujer y del amante deseoso por complacerla. Si en la Edad Media un hombre encargaba un templo que probablemente nunca llegaría a ver, ahora los ricos exigen plazos cortos para terminar los encargos y poder regalárselos a sus amantes. Las fiestas, antes ocasionales, pasan a ser cosa de todos los días, y con más refinamiento que antes. Así la producción debe adaptarse y ser más constante y más rápida. 2. El lujo en la casa a. Comida Sumada a la importancia que adquiere el arte culinario, la capacidad de preparar exquisiteces y los modales en la mesa, la mujer introduce el gusto por el azúcar, y con ella los dulces y licores, pero por sobre todo el té, café y cacao que después serían bienes fundamentales en el mundo capitalista. b. Casa Un ejemplo más de cómo la riqueza personal o cuantitativa pasa a ser cualitativa es ver cómo, al irse a vivir a las ciudades, los nobles cambian sus enormes palacios feudales por casas más

pequeñas pero llenas de adornos lujosos y ricamente amobladas. Abundan los tapices, cristalerías, alfombras, espejos, flores, etc. Esto va muy de la mano con el amor sensual, pues es un impulso proveniente de las cortesanas, pues cada una en su petit maison establecía el estilo de la época y lo cambiaba cada pocos años, lo que se traduce en el “nido” que construye la mujer para retener al hombre. No es de extrañar que, en esta misma línea, la cama haya sido siempre el mueble de mayor valor y que se haya introducido en esta época la ropa blanca. 3. El lujo en la ciudad La ciudad es fundamental pues es en ella donde el lujo termina exteriorizándose y así extrapolándose a toda la sociedad, incluso la rural. En ella se da el lujo colectivo, la posibilidad de ostentación y sobretodo el escenario para las relaciones entre sexos. Los principales centros de lujo eran los (1) teatros y óperas, (2) salones de baile, (3) restaurantes, (4) hoteles y (5) tiendas, todos los cuales estaban decorados y construidos con el mismo lujo que distinguía a sus clientes. El lujo, elemento generados del capitalismo El pensamiento económico de la época que estudia Sombart se fija detenidamente en el concepto de lujo, y unánimemente lo considera un mal vicio que sin embargo beneficia al comercio y con ello a la mayoría de la población. Pero los economistas le dieron al lujo una mirada ética y atribuyeron al mercado el surgimiento del capitalismo, sin llegar nunca a profundizar en la conexión directa entre lujo y capitalismo. Sombart señala que al ser el lujo el que (1) por fuerza asentaba el comercio interlocal (una pequeña provincia francesa podría mantenerse por siglos autoabasteciéndose de pan, vino o telas burdas, pero en el momento en que quiera pijamas de seda no le quedará más remedio que comerciar con la India o con importadores parisinos) y además (2) permitió, a través del endeudamiento por productos suntuarios, el paso de riqueza de manos de nobles feudales improductivos a burgueses que luego se convertirían en los primeros capitalistas, es esta conexión (lujo-capitalismo) la de verdadera importancia económica. 1. Lujo y comercio a. Al por mayor Quizás el padre del capitalismo es el comercio de Ultramar, que obligó a desarrollar métodos de producción capitalistas. Así, el comercio internacional de grandes exportaciones se basaba ya fuera en productos de lujo (guantes, muebles, especias, telas) o en esclavos, que rápidamente se usaban en la producción de estos mismos bienes lujosos. Aquellos mercados que proveían de bienes primarios, salvo contadas excepciones, no superaron las barreras locales ni adoptaron medios capitalistas de transporte o producción. b. Al por menor Partiendo con las tiendas de sedas, el lujo comienza a imponer nuevas exigencias a aquellos que proveen este tipo de artículos. La popularización de los mismos hace crecer el nivel de demanda y con ello también el nivel de oferta, con lo que (1) los comerciantes se diferencian entre detallistas y almacenistas, y aquellos con tiendas de trato con clientes deben dejar de exportar para concentrarse en sus ventas al detalle, (2) se ven obligados a competir entre ellos para acaparar clientes, con lo que las tiendas deben volverse más y más elegantes, lo que implica grandes gastos. (3) Los negocios se van especializando cada vez más para satisfacer necesidades crecientemente suntuarias, y aparecen así jugueterías, dulcerías, mueblerías, etc., y (4) crecen enormemente, desapareciendo así el trato personalizado entre dueño y cliente y reemplazándose el regateo por el precio fijo. (5) Todas estas características cambian el perfil del comerciante, que ya no puede depender de los pequeños ingresos para hacer caja, sino que debe poseer

enormes sumas de dinero (capital) para que su negocio sea efectivamente competitivo, esto último porque (a) los productos son caros de por sí al ser lujosos, y debe tener un stock importante de ellos y (b) la clientela noble no es amiga del pago al contado, y suele endeudarse y pagar a plazos, con lo que el dueño de una tienda sin una contundente base de capital no tardará en quebrar. Todas estas características son, por supuesto, propias de negocios dedicados a la nobleza, y por ello proveedoras de artículos de lujo. 2. Lujo y agricultura a. Europa La demanda ya por vestidos de lujo, reflejada en lana, ya por mejores alimentos, reflejada en el notable aumento en el consumo de carnes y vinos, transformaron la estructura agrícola, volviéndola capitalista. La gran cantidad de ovejas causó que los campos se dedicaran a pastura, desplazando así a los pequeños labradores y dejando grandes terrenos en manos de propietarios de importancia. Así también zonas enteras se especializaron en la producción de bienes muy específicos (el condado del vino, el condado del queso, etc.) con lo que los métodos de producción se fueron perfeccionando y mejorando el nivel de las cosechas a la vez que se encarecía la tierra, volviéndose inaccesible paro los agricultores de antes y con ello cada vez más capitalista tanto en sus formas de producción como en sus dueños. b. Colonias Las plantaciones coloniales son quizás la primera forma pura de capitalismo, con las 5 características que le son propias [1. Trabajo forzado (en principio de esclavos, luego de un proletariado explotado y mal pagado), 2. Principio de ganancia, 3. Racionalismo económico (maximizar las ganancias haciendo la producción cada vez más eficiente) 4. Amplitud de explotación y 5. Diferenciación jerárquica entre jefes o supervisores y obreros]. Ahora bien, estas plantaciones fueron dispuestas casi por entero a la satisfacción del lujo Europeo: las plantaciones coloniales importantes eran productoras de azúcar, café, té, cacao, algodón y especias fundamentalmente, todos ellos bienes suntuarios. 3. Lujo e industria Industrias de lujo serán todas aquellas que produzcan objetos de alto valor, ya sea directa (sastrería) o indirectamente (fábrica de hilos de seda). a. Puras Las industrias que no pueden sino proveer artículos con fines de lujo (seda, porcelana, cristales, encajes, etc.) desarrollaron estructuras capitalistas: grandes dependencias con a veces hasta 300 operarios al servicio del dueño y estructuras jerárquicas diferenciadas entre maestros, aprendices, supervisores, etc. b. Mixtas Prueba aún más concluyente de la tesis de Sombart es que aquellas industrias que producían objetos que podían ser o no ser lujosos según la calidad de su fabricación (lana, cuero, construcción, sombreros) eventualmente se dividieron según esta categoría, y mientras que los trabajos burdos se mantuvieron dentro del oficio manual hasta muy entrada la época capitalista, los lujosos desarrollaron rápidamente estructuras capitalistas: los sombreros, por ejemplo, cuando estaban orientados a las clases bajas eran obra de un maestro que trabajaba solo y con costumbres bastante gremiales. Por el contrario las sombrererías de la clase alta eran grandes tiendas lujosamente decoradas y con empleados encargados de tomar las medidas, cortar, coser, todo diferenciado. A la luz de esta evidencia se podría argumentar que es una coincidencia dada porque las industrias de lujo suelen ser exportadoras, pero el caso es que incluso aquellas de naturaleza

local (zapaterías, sastrerías) tienen la misma estructura capitalista. Por otro lado existen muchas industrias que aunque son exportadoras, no son lujosas y no se organizan capitalistamente. Finalmente se puede concluir que el lujo es el generador del capitalismo, y esta relación causal se da por 4 razones generales: 1. La materia prima es cara con lo que sólo el poseedor de un gran capital puede generar negocios de lujo, grandes capitales que tenderán a ocuparse en una organización capitalista que maximiza la ganancia, y donde la división del trabajo da óptimos resultados al ser producción especializada. 2. El lujo es susceptible al cambio y sólo los grandes capitalistas podrán soportar y sacar provecho de los embates de la moda y los cambios de costumbre, pues los negocios organizados de otra manera serán menos capaces de adaptarse y quebrarán. 3. Las industrias de lujo solían ser artificialmente creadas por extranjeros, ya que era fácil crear una nueva necesidad al ofrecer una novedosa forma de ostentación. Así los dueños de las empresas de lujo no estaban sujetos por limitaciones gremiales nacionales y sólo pensaban en maximizar ganancias, lo que se logra de mejor modo con estructuras capitalistas. 4. El valor de los objetos permitía despachar por grandes capitales, lo que era muy beneficioso para aquel que quisiera enriquecerse en una época en que aún no se daba el comercio en masa de objetos más simples, y que con vender un solo objeto de lujo ya obtenía considerables ganancias.

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