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Kant: La validez objetiva de los conceptos puros del entendimiento

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Facultad de Filosofía Departamento de Filosofía y Humanidades

Trabajo Final Seminario de Kant: “La validez objetiva de los conceptos puros del entendimiento”

Profesor: Eduardo Molina. Ayudante:. Alumno: Ignacio Sanfurgo. Fecha: Lunes 18 de julio

La estética trascendental en Kant es solo el principio del camino hacia el conocimiento. A la estética le sigue la dialéctica, es decir, al análisis del conocimiento sensitivo le sigue el análisis del conocimiento intelectual. Para este proceso se prepara Kant, la analítica trascendental desentraña mediante un análisis del conocimiento, los elementos a priori del conocimiento intelectual que hace posible los objetos de la experiencia. Sabemos que la intuición sensible para Kant no puede catalogarse aún como conocimiento. Para Kant no puede separarse del entendimiento. Kant dirá:
“Nuestro conocimiento surge básicamente de dos fuentes del psiquismo: la primera es la facultad de recibir representaciones (receptividad de las impresiones); la segunda es la facultad de conocer un objeto a través de tales representaciones (espontaneidad de los conceptos). A través de la primera se nos da un objeto; a través de la segunda, lo pensamos en relación con la representación (como simple determinación del psiquismo)”1

Intuición y concepto son los dos elementos constituyentes de todo nuestro conocimiento, y se relacionan necesariamente entre ellos, es decir, que una intuición sin concepto, ni un concepto sin intuición pueden ser fuente de conocimiento. Estos dos últimos tendrán una función específica cada uno de ellos, la intuición la de receptividad y los conceptos la de producción. También ambos elementos son o bien puros o empíricos; “Son empíricos si contienen una sensación (la cual presupone la presencia efectiva del objeto). Son puros si no hay en la representación mezcla alguna de sensación. (…) La intuición pura únicamente contiene, pues, la forma bajo la cual intuimos algo.” 2 Las dos facultades son dependientes entre sí, y no pueden cambiar sus funciones; el entendimiento intuir nada y la intuición o sentidos pensar nada, el conocimiento solo saldrá necesariamente de la unión o colaboración entre ellos. Si la tarea en la estética trascendental fue la de descubrir los elementos a priori de la sensibilidad que hacen posible la intuición sensible, el trabajo de la analítica trascendental será similar respecto a deslindar aquellos elementos a priori del conocimiento intelectual, los que nos posibilitan el que podamos pensar las representaciones sensibles. Es un nuevo paso en el sistema kantiano, como dirá Colomer: “Del fenómeno al objeto. (…) los
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Kant, Immanuel; Crítica de la razón pura, trad. Pedro Ribas; Taurus; México; 2006. A 50; B 74 Ibid.

fenómenos para convertirse en objetos, deben ser investidos por el entendimiento por nuevas condiciones a priori”3 El conocer un fenómeno como objeto implica asignarle una serie de relaciones y predicados universales y absolutos que desbordan totalmente mi representación empírica. Estas relaciones necesarias constituyen la analítica transcendental. Esta se divide en analítica de los conceptos y analítica de los principios. Los conceptos son ordenadores bajo una unidad superior la multiplicidad de los fenómenos. En cambio, los principios son las proposiciones y leyes universales construidas sobre los conceptos. La analítica se entenderá como el análisis de la facultad del pensamiento con el objetivo de descubrir los conceptos puros que la hacen posible. Kant entrará en la unidad del entendimiento para descubrir estos conceptos que hacen posible espontáneamente esta acción. A este proceso Kant lo denomina: deducción metafísica de las categorías. Para Kant, las variedades de todo juicio posible contendrán en su seno las variedades de toda realidad posible; para el autor el juicio lógico es el acto de poner la realidad. La función intelectual del juicio, es similar a la función ontológica de otorgar realidad. Morente dice:
“Es más; cuando no sabemos si algo es o no es realidad, pero sospechamos que sea realidad, ¿Cuál es nuestra actitud? Nuestra actitud consiste en decir: ¡qué es eso? Si contestamos: eso es esto, o lo otro, queda entonces establecida la realidad de eso, cuya realidad era problemática”.4

Existirán diversas formas de juicios, propias de la lógica formal. Se dividirán en cuatro: según la cantidad, según la calidad, según la relación y por último, según la modalidad. Cada uno de estos juicios se divide en tres tipos de juicios. Los juicios son los siguientes:

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Colomer, Eusebi; El pensamiento alemán de Kant a Heidegger, La filosofía trascendental; Barcelona; Herder; 1986; p.107. 4 Morente, Manuel García; Lecciones preeliminares de la filosofía; Buenos Aires; Losada; 1941; p.281.

Esta es la clasificación clásica de los juicios en la lógica formal, y si como decíamos antes, el acto de juzgar es similar al acto de otorgar realidad, entonces las diferentes formas en que se nos presente la realidad estarán todas simbolizadas en las diferentes formas de los juicios anteriormente esbozadas. Kant dirá: “Existe, por tanto, la posibilidad de hallar todas las funciones del entendimiento si podemos representar exhaustivamente las funciones de unidad en los juicios”.5 De estos juicios pueden desglosarse las categorías, bastará con extraer de cada uno de estas formas del juicio, la forma correspondiente de la realidad, así obtendremos la tabla de las categorías. Que son las siguientes:

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Kant, Immanuel; op.cit. B; 94.

La función que desempeñan estas categorías Kant lo va a resolver en la parte de la Analítica trascendental llamado Deducción trascendental de las categorías. Este pasaje contendría según varios autores, el núcleo central y esencial de la Crítica de la razón pura, y simboliza la raíz mas profunda del pensamiento kantiano; exponer el fondo de su pensamiento filosófico. Habiendo llegado a esta etapa del proyecto kantiano, me gustaría poder detenerme específicamente en el problema de la deducción de las categorías expuesto por Roberto Torreti en su obra; “Estudio Sobre Los Fundamentos De La Filosofía Crítica”6 pero específicamente en su paso anterior, es decir, la deducción metafísica, que versará sobre la fundamentación a la posibilidad de utilizar conceptos puros. Parte el autor haciendo la diferencia entre las ciencias empíricas y las ciencias metafísicas. Estas últimas deberían darle al intelecto un uso puro, desentendido de las representaciones sensibles y de los principios de espacio y tiempo cuya aplicación se ha delimitado exclusivamente a la esfera de la sensibilidad; “el uso puro del entendimiento requiere conceptos a priori”7 Estos conceptos a priori como ya decíamos anteriormente, se nos darán en la medida en que reflexiones respecto al modo de operar que tiene el intelecto. La pregunta que se hace Torreti y que me pareció interesante poder entrarle más profundamente, es la siguiente: “¿Qué garantiza la aplicabilidad de estos conceptos a priori a entes que existen por sí mismos; independientes de las operaciones del intelecto humano?”8 Sabemos que esta problemática, como señalábamos arriba, no trae complicaciones cuando se trata de representaciones empíricas, ya que ellas son fundadas en la representación del objeto. La problemática surge cuando se trata de representaciones a priori, que como sabemos, no pueden estribarse en representaciones efectivas o empíricas de su objeto. Las intuiciones a priori ya fueron resueltas por Kant en la estética trascendental señalando que las representaciones de espacio y tiempo aunque no se estriban en las impresiones sensibles, sí son aplicables a los fenómenos siendo condición de posibilidad para su presentación. Esta solución, le dará el rumbo a Kant para la solución el problema relativo a los conceptos a priori y su aplicación a entes que existen por sí mismos.
6

Torreti, Roberto; Manuel Kant, Estudio sobre los fundamentos de la filosofía crítica; Chile; U. de Chile; 1967. 7 Ibid. 240 8 Ibid. 241

La respuesta a esta problemática, parafraseando a Torreti, estará en demostrar que los conceptos a priori tienen validez objetiva cuando son conceptos de las operaciones intelectuales que confieren a las intuiciones sensibles su referencia a un objeto. Veamos cuál es el camino para esto. Torreti inicia con una crítica al proceso cartesiano de validez del “yo mismo” desde la dinámica de la duda; “Que todo acto supone una sustancia actuante, que todo hecho requiere una causa a lo menos tan perfecta como él, son principios en que Descartes se apoya sin titubeos, sin otro título que la evidencia que exhiben a la conciencia de sí.”9 La pregunta kantiana será ¿Qué garantiza la conformidad de las cosas con estas exigencias del pensamiento? Kant ha descubierto que la manera que tienen los fenómenos o los objetos sensibles de presentársenos está condicionada por los principios de nuestra sensibilidad Según algunos autores Kant trabaja en sentido inverso el tema de los principios y su empleo, es decir, primero busca determinar cuales son los conceptos a priori de los que se derivarían los otros (tabla de las categorías), para luego preocuparse por la posible implementación de estos conceptos en el conocimiento de la realidad;
“Habría ensayado entonces cerciorarse de su número, y sólo una vez que consiguió inventariarlos a partir de un principio único (en la tabla de las categorías), emprendió la deducción (o sea la justificación de la validez objetiva) de estos conceptos, habiéndose asegurad ya de que no procedían de la experiencia, sino que brotaban del entendimiento puro”10

Sin embargo, muchos postulan la imposibilidad para un planteamiento de este tipo, es decir que, una posible lista de las categorías, se debería estribar en una cierta interpretación de la naturaleza y función de los conceptos, a la que se llega gracias al ejercicio de la deducción; “El principio para el establecimiento de la tabla de las categorías (…) presupone la doctrina de la deducción trascendental”11 Como ya señalábamos anteriormente, la idea de la separación entre sensibilidad e intelecto se deja de lado, o evoluciona desde una perspectiva de dialogo y comunión
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Ibid p.241 Ibid p.242 11 Ibid. p.244.
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necesaria entre ellas; mediante la primera el fenómeno nos es dado y la segunda pensado. El objetivo de la deducción trascendental era justificar la aplicación a objetos reales de los conceptos a priori del entendimiento humano. La justificación de la validez objetiva de los conceptos a priori se desarrolla –parafraseando a Torreti- a partir de una generalización apropiada del dilema de la referencia de la representación a su objeto. Un objeto para Kant solo puede presentársenos afectando nuestra sensibilidad, pero a su vez, esta vía no es fuente de objetividad; “La conciencia afectad sabrá de las impresiones que modifican su estado, pero estas impresiones, múltiples, pasivamente recibidas, no pueden constituir por sí solas la conciencia de un objeto”12 La objetividad estará dada por una iniciativa de la conciencia, unificadora y ordenadora de la sensibilidad; no puede ser un aporte de los sentidos. La posibilidad objetiva de la experiencia estará dada gracias a esta actividad, que enlaza conforme a ciertas reglas los datos sensoriales y los refiere a la unidad de un objeto. El objeto llega a constituirse en virtud de esta actividad enlazadora. Las reglas o criterios de enlace de esta actividad, son reglas de la constitución del objeto del conocimiento empírico; conceptos de los modos como lo sensible son referidos a su objeto. Estos conceptos son aplicables universalmente ya que son propios de todo objeto empírico, es decir son conceptos de los modos universales de unidad del objeto empírico. Torreti afirmará por tanto: “Los conceptos de que hablamos no pueden proceder de la experiencia, pues la posibilidad de ésta depende de ellos”.13 Son conceptos a priori necesarios para la existencia de conocimiento empírico. Como ya hemos señalado la función específica de estos conceptos será la de constituir el objeto de conocimiento empírico, sistematizando los datos sensoriales unificándolos en la referencia a un objeto. En este sentido, los juicios nos ayudarían a simbolizar este proceso; el juicio es capaz de entregar unidad en la multiplicidad. Esta se podría decir que es lo central que atañe a Kant en la deducción metafísica, es decir, en la reflexión a descubrir los conceptos a priori de validez objetiva. Para asegurarse que esta lista esté completa hay que configurarla a partir de un principio. Este principio es ofrecido por nuestro conocimiento de la naturaleza. Este conocimiento se ha obtenido de los conceptos a priori (deducción trascendental), es decir, de la investigación que busca
12 13

Ibid p.245. Ibíd. p.246.

justificar la aplicación de conceptos a objetos. Como ya hemos señalado, esta investigación se adentra en la constitución propia del objeto del conocimiento empírico; “de actos gobernados por reglas cuyos conceptos tienen que se a priori”14 Estos otorgarán unidad a la multiplicidad fenoménica mediante actos de juicios; una investigación profunda de estos últimos debe entregar necesariamente –parafraseando a Torreti- el inventario completo que buscamos. Cada juicio se establecerá respecto al modo de unidad que facilita o un concepto a priori de validez objetiva; una categoría. Podríamos decir que la solución que encontró Kant para las intuiciones puras e la sensibilidad le permiten analogarlo o desarrollarlo en su proyecto respecto a los conceptos puros del entendimiento. Afirmará por tanto que estos últimos no pueden “ser causa del ser de los objetos”15, si objetividad la entendemos como la cosa en sí. No pueden ser fuente de objetividad en sí misma pero sí causa del modo de presentársenos de un objeto para poder ser pensado. La sensibilidad nos otorga la materia, el entendimiento nos regala la forma. Kant se preguntó por la posibilidad de admitir conceptos a priori como condición de pensar un objeto, lo que significaría que todo conocimiento empírico de los objetos será respecto –necesariamente- a estos conceptos. Por lo tanto hay conceptos de objetos que sirven de fundamento a todo conocimiento. Kant , y con esto volvemos a responder la pregunta que se hacía Torreti sobre la validez objetiva de estos últimos, nos dirá:
“La validez objetiva de las categorías como conceptos a priori residirá, pues, en el hecho de que solo gracias a elas sea posible l experiencia (por lo que hace a la forma de pensar). En efecto, en tal caso se refieren de modo necesario y a priori a objetos de la experiencia porque solo a través de ellas es posible pensar algún objeto de la experiencia”.16

Bibliografía. • Colomer, Eusebi; El pensamiento alemán de Kant a Heidegger, La filosofía

trascendental; Barcelona; Herder; 1986.
14 15

Ibid. p.247. Colomer,Eusebi; op.cit p.114 16 Kant, Immanuel; op.cit. A;93, B;126

Kant, Immanuel; Crítica de la razón pura, trad. Pedro Ribas; Taurus;

México; 2006 • Morente , Manuel García; Lecciones preeliminares de la filosofía; Buenos

Aires; Losada; 1941 • Torreti, Roberto; Manuel Kant, Estudio sobre los fundamentos de la filosofía

crítica; Chile; U. de Chile; 1967.

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