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Prometo Que He Vivido

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Después del conclave, no el del Vaticano, resuelto de aquella
manera, tan suya, por Dº. Francisco.
Aquella misma noche mi madre se acerco a mi cuarto,
cuando ya estaba en la cama, se sentó en el borde y me explico,
que ya tenía colegio de mayores en el que iba a estudiar el
bachiller.

-Se trata del mismo colegio al que fue el abuelito Paco.
Tenía que hacer una pequeña prueba de capacitación y que
estaba segura que no tendría dificultades para pasarla.
Recuerdo que fue un dictado de seis líneas, una suma, una
resta y una multiplicación.
-¿Lo recuerda?.

-Hay ciertas vivencias de la infancia que no se olvidad
nunca. Ésta es una de ellas.
Me quedaban, siete años por delante, hasta el 54 del siglo pasado,
en el que aprobé el examen de estado. Pertenezco a la última
promoción del plan del 38. Siete años de bachiller, con latín por un
tuvo y de postres, el examen de estado, ya con catedráticos de
universidad; una primera toma de contacto con los docentes de los
estudios superiores.

De aquellos años, guardo imborrables recuerdos, en todos los
sentidos, buenos, malos y regulares, con una formación, no diré
que espartana, pero casi. De niños consentidos nada. De tuteo,
impensable; de confabulación con los profesores, nada de nada,
confianzas menos, todo lo contrario, trato normal, sin ningún tipo
de favoritismo, y el usted, como primera palabra de contacto.
Pasada de lista todos los días con el Dº por delante, leyendo el
nombre completo aunque fuera compuesto y los dos apellidos, si
estos eran de los largos, daba igual .
El primer año, en ingreso de bachiller un solo profesor, para

30 alumnos.

Al año siguiente, ya en primero de bachiller, un profe por
asignatura y el mismo número de alumnos, por clase. Me parece
recordar que por un ajuste, creo que fue en segundo, llegamos a
los 35.

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Como eran muchos los matriculados, que se corresponden
con el “arduo trabajo” durante los años de guerra; nuestros padres
habían aprovechado bien los momentos de estar juntos,“la
fuchinga a tope”; tenían que recurrir a formar varios grupos del
mismo curso. La solución era aplicar el riguroso orden alfabético,
por lo que a mi, me correspondió el B.
BEEE.........DE BALIDO, pero sin oveja.
El pasó de las monjas a los curas, aunque ambas instituciones
religiosas, un niño de tan pos años, lo nota bastante. Fue mi caso y
el de otros muchos como yo.
Aquel trato tan cariñoso de las hermanas, desapareció por
completo y cambiado al más profesional del maestro.
Ya no se aprendía jugando.
Teníamos que aprender por bemoles.
Se terminaron los lloros, por descontento y las bromas entre
compañeros en clase. Para entendernos, llegamos al cuartel, valga
la metáfora.

Pero es que el salto del ingreso al bachiller todavía lo

acusamos mas.

Se dice aquello de: “cada maestrito con su librito”. Y es
verdad. Cada profesor llegaba al aula, con la puntualidad de un
reloj de los buenos, soltaba su rollo, se preocupaba escuetamente
de su asignatura y se iba, en cuento sonaba la sirena de aviso,
siendo remplazado en el estrado, por otro que traía el mismo
planteamiento, y así: 4 horas por la mañana y otras tantas por la
tarde de lunes a sábado, exceptuando el jueves por la tarde, el
típico día de “churra” (porque era el día de descanso se las chicas
de servicio a quienes se daba ese apodo por su procedencia
mayoritaria de poblaciones castellano parlantes), que dedicábamos
para los deportes; unas veces en los patios – he dicho bien, patios
plural-, y no como ahora que todo lo arreglan con una pista
multiuso; o en la Villa entre Burjasot y Godella. Una finca en la
que se conservaba la casona, trasformada en vestuarios y otras
dependencias para uso saludable de los muchachos y lo que fueron
jardines, convertidos en campos de fútbol, también en plural.
Donde disputábamos partidos del campeonato escolar o ínter
escolar, en el que no hace falta decirlo teníamos que ser los
mejores, si no queríamos que alguno de nuestros curas lo
comentara con una carita, mas bien agria, al regreso, en el trenet
(tren de vía estrecha, actualmente metro), en los patios durante

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los recreos e inclusive al inicio de alguna clase, puede que de
manera esporádica, hasta en los comedores, casos gravísimos.
-Ya. ¿Que los curas les amenazaban?.
-No, no, no. Pero mejor ganar el siguiente partido. ¿No se si

me explico?.

-Comprendo, estaban bajo una fuerte presión.
-Digamos que nos entraban unas ganas de guerra, que ni al
mejor de los comanches, en una del oeste.
-Compri de ja.
Mejor que ponga un ejemplo, puede servir el del comedor.
Imaginen el comedor del colegio, a la hora del almuerzo.
Todo el mundo de pie y en silencio.
Cura, bonete en mano, cabeza inclinada y mirando por
encima de las gafas, la mala leche no hay que suponerla, se ve, se
nota, se siente. Rezo del Deo Gracias, al finalizar todos se
persignan y se baja de la tarima de madera.
Comienzan las conversaciones entre los alumnos.
El cura con el bonete colocado a la “guerrera”, es decir justo
en el cogote, va pasando entre las mesas mirando a vándalos y
alanos y sonriendo. De repente, se para ante una mesa, acentúa la
sonrisa ( la transforma en bélica pura) y dice:
-El partido del otro día, muy mal. Y perdimos contra San José
de Calazas. Claro que eso no es lo peor, es que vamos a tener que
oír el resultado unas cuantas semanas.
Señores ¿dónde está el orgullo del San José. Nuestro amor
propio?. No estaría de mas que esta noche se acercaran a la capilla
y meditara ante la Inmaculada.

(Este texto, tiene su traducción que hay que hacer

rápidamente y es la que sigue:
-El otro día jugamos contra los salesianos y perdimos, eso ya

me jorobo bastante.

Pero aguantar las chinitas de esos curitas, me da por donde

cargan los carros.

Así que ir pensando como cojones ganáis el próximo partido,
o me voy a cagar en la madre de alguien, con el correspondiente
riesgo en el examen de griego.)

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¡Buen provecho!.
Cura, que rectifica la colocación del bonete y se va entre las
mesas con la sonrisa beatifica en su cara.
-González, ponga bien los brazos sobre la mesa. Gutiérrez,
utilice correctamente la pala de pescado. Pérez Labrador, no haga
de su segundo apellino en el comedor. Segundo, cómase la carne y
sin rechistar, Ferrando, la mantequilla para el inicio de la comida
o para el desayudo, no sea zote. Monfort, la comida se mastica, no
se traga, parece Vd una grulla. Sevilla, cuando beba levante la
copa y no los codos, parece un helipaparo ..............
El paseíto de todos los días, entre las mesas y corrigiendo
continuamente. A todos ellos, poquísimos detalles se les
escapaban.
Cada vez que pasaba algo parecido que eran las menos de las
veces a Dios gracias y cuando los veíamos venir con su sonrisita
conejil, nos entraban unos sudores y a la vez unas ganas de
venganza; era como si fuéramos soldaditos y oyésemos sonar el
tronpetin del Quinto de Caballería.
Además de lo del griego que en absoluto pasábamos por alto,
porque conocíamos al personal.
Era prefecto el padre Monforte al que tuve de profesor de
historia, el tío que más fechas de batallas de la historia universal
se sabía de memoria y las genealogías de la monarquía española,
ítem más.

Si necesitabas hablar con él para algo y queríamos saber
donde estaba, bastaba con seguir el rastro que iba dejando de tíos
de rodillas por los pasillos.
Ya tienen una pincelada, que para empezar no está mal.

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