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Ca r l os Rafa e l Landi

Encuentros en el mar

Landi, Carlos Rafael Encuentros en el mar – 1ª edición – Buenos Aires: Plustard Ediciones, 2011 Narrativa – Cuento Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor.

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ENCUENTROS EN EL MAR

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Encuentro en el mar I

En una playa desierta, un hombre y una mujer se encuentran y, como si el viento les soplara las palabras, se miran. En los ojos de uno se reflejan los del otro. Cuatro luces en la oscuridad, y una distancia enorme que los separa. Ellos lo saben. Conocen los sueños incumplidos y los oscuros paisajes de la nada en donde todo es silencio. Suaves palabras rompen el espacio monótono. Se reconocen por el aire que aspiran sus narices y sale exhalado como un lento suspiro. El encuentro es cauteloso: hay demasiadas historias en cada una de sus vidas y dos vidas por vivir. Los dos están tan cerca, que sus sentidos se crispan con los latidos palpitantes de sus corazones que permiten que la sangre corra desesperadamente, sin detenerse ni un segundo, abriéndose al acecho de grandes misterios.

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Tengo sed ―dice él. Yo también ―responde ella. Y así se sumergen en un océano límpido y cristalino digno del más hermoso y solitario de los recuerdos.

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Encuentro en el mar II
Dos jóvenes convergen a la orilla del mar. Una va en dirección norte; el otro, al sur. Al final del día, se encuentran en el mismo lugar. Estás triste. Sí, pero la tristeza es por haberte conocido y enamorarme en un solo instante. La flecha de Cupido está clavada en tu cuerpo, no en el mío. Vas a morir de amor antes de que salga el sol; así descansarás de tu locura. Yo estoy muy feliz; pero puedo ver cómo se te va la vida. Tu herida se agranda, tus palabras huyen. Tu corazón se detiene, enamorado. ¿Enamorado de mí? No era una flecha cualquiera… nunca antes habían sentido amor por mí. El silencio de la noche resalta entre el oleaje suave, dividiendo las aguas. Se miran, y comprenden. Una camina la puesta del sol; el otro, hacia el amanecer.
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Encuentro en el mar III
Los enamorados se sientan bajo el sol implacable y sus pies se hunden en la arena seca. Tienen sed. Saben que morirán si no encuentran agua dulce para tomar, una lluvia tenue los sorprende en la mitad de la noche.

Encuentro IV
Ella está triste. ¿Qué tendrá? En cada árbol ha escrito su historia de nombres y amores imposibles. Cuando la luna se eleva en su locura, los amores perdidos pesan un montón y su mente imagina un diálogo: “Somos un sueño parecido a un libro infinito”. ¿Vos leíste “El
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libro de arena de Borges?”. “No, solo pensé en lo infinito”. ¿De dónde surgen estás palabras? ―se pregunta el otro del diálogo imaginario―. Y no comprende que ella es parte del sueño, que en esos muchos pensamientos que los distancian hay puntos suspensivos que se tejen como telarañas de Aracne hundiéndose en los vericuetos de un universo soñado.

Encuentro V
Los enamorados en la noche imaginan muchas cosas. Susurran historias increíbles, degustan palabras, destruyen metáforas. El mar los protege de los envidiosos que disparan separaciones en mensajes de Facebook. Y en la oscuridad sienten la angustia de ser finitos, hasta separarse en la
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rebeldía del fuerte viento.

¿Cuándo te veré de nuevo? Cuando no dejemos huellas en la arena. Aumenta la ventisca. Ahora dos enamorados huyen ante los destellos de luz del naciente sol y el acoso constante de la realidad.

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Diálogo de enamorados VI
Llueve en Santa Teresita, y los amantes esperan una sola palabra que ponga fin a esa sensualidad que llevan en la piel, con ese espacio monótono y sin palabras que agobia todo y termina poniéndolos de mal humor. Y ahora, ¿qué hacemos? Esperar a que deje de llover ¿Y si eso no sucede? Tal vez el amor se termine. Los enamorados están tan mojados que sus rasgos comienzan a desaparecer. Casi invisibles, siguen esperando, sin saber que la palabra amor vino y se fue, de la mano de un diálogo absurdo.

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Enamorados VII

Los enamorados pelean con ferocidad. Muerden, rasguñan, gritan. Llevan muchas horas de gran nerviosismo. Retroceden y embisten nuevamente. La mujer tiene un rasguño en el cuello; una lágrima brota del ojo del hombre. Se juegan una vida juntos. La lucha continúa en el espacio que es de ellos, cercenado por algunas traiciones, acorralados por mentiras, herido por un silencio que lastima la soberbia. Caerás pronto enamorada. Caeremos los dos, enamorado. Al abismo insondable del deseo. Al misterio del desamor. Los enamorados dan la última estocada, y el vacío les parece el más apetitoso de los bocados. En sus cabezas llevan atada la frustración de lo que muere, de lo que ya no va ser.

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Diálogo de enamorados VIII
Caen los primeros copos de nieve. Los enamorados tienen frío, y el calor del amor ya no está con ellos. El almendrado de sus ojos ha empalidecido de tanta soledad. Sólo el oído los guía hacia un precario refugio entre árboles caídos por el viento. Quedémonos así juntitos Como el Chac Mool milenario de los aztecas. Como un recuerdo sin identidad. El eco de una palabra. El final de una historia. Te doy mis recuerdos. Y yo, mi mirada. Aquí está mi mal carácter. Estos son mis sueños. Así, los enamorados duermen plácidamente, y la nieve los cubre. Ahora, nadie podrá decir que no se aman.

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No diré… IX
No diré que es dulce esperar el ritual de acicalamiento que realizan las mujeres cuando insisten en concurrir, más allá de las pasiones que las motivan, a una fiesta de amigos. Cuando el macho descubre la huella que la hembra ha dejado, sabe que primero debe simular un ataque en el centro exacto de la noche. Ella se quedará de espaldas susurrando viejas historias; irá de un lado a otro mostrando sus atributos: suave la cadencia, su rostro maquillado y producido. La próxima vez, no te dejaré vivo ―dice ella. Ya estás muerta por mí ―piensa él, orgulloso. Despacio, el baile frenético se alza sobre las palabras y sus ecos. El espacio del seductor queda reducido a algunas muecas que sucumben al ritmo, la música mueve al mundo, masca chicle y trata de alcanzar a la hembra que se aleja al son del ritmo vertiginoso. El amor, la obsesión por la mujer –una mujer- como aspiración tenaz, insatisfecha hace que la hembra aparezca 13

como si fuera un objeto, que casi obliga a la renuncia, para dar un contenido humano a la posibilidad de relación. Al final el deseo, la súplica final, implica la posibilidad de una inserción vital. El macho sabe que la mujer no le gusta, pero no tarda en descubrir que no hace más que esperar la hora de verla, luego la considera indudablemente hermosa. El proceso es rápido y constante, siente necesidad de acercarse, de hablarle, le compra regalos, siente celos de la compañía de otros machos, comprende que se ha enamorado. Luego descubre que persigue una imagen idealizada y la única posibilidad que le queda es encontrar a su verdadero amor. Busca desesperadamente – si la encontrara, cómo la haría reír, contándole todas las veces que he implorado y sollozado por ella. Finalmente se da cuenta de la verdad completa y el amor lo lleva a tomar la decisión de morir. Los restos de esperanza sucumben en el esfuerzo de esclarecer, de develar el secreto humano, intenta pensar en ella con tranquilidad, pero ya es tarde. Quiere hacer una trasposición del culto a la dama de la literatura romántica. Con tristeza verifica el proceso de su disolución corporal y en el momento final, un extenso y patético diálogo destruye la hermosura y fluidez del lenguaje.
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Oraciones cortas mezclan nostalgias y recuerdos, sin decirlo proporciona la justificación que había vislumbrado en un principio: No diré que es dulce esperar el ritual de acicalamiento que las mujeres…

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Relato final X
El muro es alto, empinado y rocoso. En la parte superior está la abadía de Saint Michel; la inferior es de lodo. También hay instrumentos de tortura, cinturones de castidad y fantasmas que aparecen y desaparecen. Arriba, pululan los turistas abajo se estampan todos los recuerdos. Es el muro de la historia, y los que intenten salvarse deberán saltarlo. Al fin podremos salir de aquí. Ya estaba aburrida ―dice ella. Al otro lado nos espera la libertad ―dice él. ¿Eso significa que no hablaremos más? Exacto. Volveremos a estar solos.

¿No significa eso la libertad?

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