1 SENTIDOS DE ‘LO MILITAR’ HOY: HONOR Y PODER COMO DISPOSITIVOS DE CONTROL INSTITUCIONAL DE LOS POLICIAS.

Una mirada para ampliar el campo de los Derechos Humanos. Fernando Pequeño Ragone. Mesa Nº 28.

El objetivo de la presente ponencia es contribuir a establecer un marco de actuación de la institución policial en una sociedad democrática a partir de conceptualizaciones que permitan relacionar la prevención del delito, la seguridad y la historia policial, estableciendo criterios para la construcción de una policía orientada a un proceso de democratización interior; entre sus propios miembros, los funcionarios de los tres poderes del Estado y la ciudadanía en general. Recortaré este vasto campo de discusión intentando tematizar la manera en que el poder y el honor masculino son imaginados por la institución policial, su correlato en los funcionarios políticos; y su ligazón primaria a cierto sentido de militarización1 que intentamos desestabilizar y desnaturalizar. El interés por los sentidos de ‘lo militar’ Existe un punto de intersección en el que todos los seres humanos somos precarios más allá de los derechos de ciudadanía que cada uno pueda ejercer en la desigual distribución de los mismos. Ese punto es la ‘sustituibilidad de los cuerpos’, un mecanismo del poder que convierte a las personas singulares en abstracciones que pueden desaparecer y dejar de existir sin que el sistema social se ponga en riesgo. La sustituibilidad de todos y cada uno de nosotros asegura el poder institucional. Intelectuales, activistas, funcionarios políticos, ejecutivos de grandes corporaciones, policías, todos son sustituibles sin que se produzcan perturbaciones en la dinámica institucional a largo plazo. Sin embargo, todos, como los policías, se vuelven insustituibles y singulares en el sufrimiento que la violencia de sus propias instituciones les produce, consecuencia de la distancia entre lo que desean ser, lo que deben ser y lo que efectivamente consiguen ser. El caso particular del cuerpo de los y las policías está atravesado por lo que les demanda la sociedad civil y el poder político por un lado, y los principios de la propia institución policial; la que no escapa a una lógica de ascenso social en la que operan los mismos mecanismos de corrupción institucional que existen en las corporaciones del poder político, de la academia o del mundo empresarial. Cada institución humana ejerce mecanismos particulares sobre sus miembros para asegurar su sustitución sin que nada ocurra, en el caso de las y los policías, el mecanismo central y más poderoso es la ‘militarización’. Sin embargo existen muchos sentidos de militarización y muchos componentes que la constituyen. El honor, el poder y la construcción de una masculinidad escindida de los sentimientos son componentes de lo militar. El honor se liga al componente verticalista de la militarización. Su análisis en el imaginario de las instituciones militarizadas es un vector para explicar en parte la distorsionada experiencia de la ‘obediencia debida’ entre jefes y subalternos; la que produjo y continúa haciéndolo consecuencias no deseadas en el disciplinamiento y la administración interna de justicia de los sistemas de las fuerzas de seguridad que dejan a
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Por ‘militar’ aludo a modelos militarizados de comportamiento, educación y visión de sí mismos y de los ‘otros no militares’; que caracteriza a todas las instituciones que tienen la facultad de usar legítimamente la fuerza física, delegado por el poder civil representado en las instituciones de gobierno del Estado de Derecho.

2 muchos de sus miembros desamparados frente al poder altamente discrecional de sus jefes, por un lado; y el que daña la relación de confianza entre las fuerzas de seguridad y la ciudadanía. El honor militar tiene un correlato en el honor masculino de la providencia de protección y seguridad, constitutivo tradicional de las estructuras mentales de varones hegemónicos y del imaginario que socialmente produce su sostén. Por otro lado, ese mismo componente verticalista ha facilitado que las instituciones de policías fueran presas altamente eficientes y disciplinadas de diversos grupos de poder político a lo largo de la historia y de una historia bastante reciente en nuestro país, para la tarea de represión que hizo posible la instalación de políticas públicas imposibles sin la eficacia del ejercicio brutal del miedo y de la fuerza. Discutir esos sentidos de la militarización es imperativo para la democratización de la institución policial, una tarea que les excede a los propios policías en el sentido que no es factible solo con la elección voluntaria de sus miembros, ya que la seguridad excede la propia institución de policía. Las trampas del honor y del poder: recuperar lo militar en positivo La policía es una institución que evoluciona y se transforma a sí misma en el tiempo, a partir de su composición interna, de los jefes que la comandan, de su relación con el poder político y la sociedad en general, de las funciones que en cada época sus integrantes tienen y creen tener; en definitiva, de la mirada que sus propios miembros tienen de sí mismos como parte de la institución. Su transformación está íntimamente ligada al cambio que sufre la noción social de ‘seguridad’, y su contrapartida la ‘inseguridad’. En los primeros cincuenta años del siglo xx Salta evolucionó de la aldea a la ciudad moderna. Una parte de su ‘gente decente’ se modernizó también en la continuidad histórica de la construcción de hegemonía política, social, de usos y costumbres, de ciudadanía, de derechos; por parte del Estado; concomitantemente las clases subordinadas se adaptaron y reconstruyeron en un juego simultáneo sus usos y visiones del mundo. En su doble papel de dominador y dominado, la institución policial se adaptó y cambió. Entender ese cambio para poder visualizar lo que sería una policía moderna democrática hace necesario historizar la policía local2 y las concepciones que sobre la misma y la seguridad, tuvo el poder político hegemónico en el país en el siglo xx, sobre todo, en su segunda mitad, por la importancia que tuvieron sobre la institución policial los totalitarismos latinoamericanos de los setenta. La ideología de la sociedad estamental de salta y el país en los primeros cincuenta años —heredada de la época colonial— plasmada en la identidad y la jerarquía social; hacía del honor del género masculino una cuestión prevalente. Se sumaba la rígida lógica racial en la que las diferencias culturales definidas alrededor de la oposición barbariecivilización; fueron los criterios primordiales para determinar el estatus de las personas. Barbarie - civilización, honor masculino - militarización; son ideales concatenados en la estructura de la personalidad de los miembros de las instituciones de seguridad que hacen uso de la fuerza legítima del Estado. Se trata de una ideología de la cultura mediterránea europea importada con la colonia principalmente por los españoles conquistadores y reforzada en Argentina por la gran masa de inmigración italiana de fines del siglo xix.

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Una tarea de historización de la Policía de Salta ha sido realizada por el policía e historiador Oscar Rojas conjuntamente con el policía Ciro Vais y otros. Actualmente inédita.

3 En esta ideología el honor tanto femenino como masculino tenía dos dimensiones, una natural y otra cultural: la dimensión ‘natural’ de la masculinidad era el machismo, entendido como la capacidad de dominación. El valor, la virilidad, la autonomía y el don de mando eran las bases ‘naturales’ del poder y del honor-predominancia en los hombres. En su dimensión cultural, el honor-virtud masculino estribaba en la socialización de las cualidades ‘naturales’, esto es, en la capacidad de controlar los instintos y pasiones naturales por medio de la razón y la moral3. Esta construcción de la masculinidad estructuraba las relaciones de autoridad y obediencia en las que abrevaron las leyes de policía y los rituales visibles e invisibles de sus miembros como códigos de pertenencia a la institución y como valores centrales en sus vidas: la legitimidad del uso del poder público — y privado— quedó construida sobre un principio contradictorio: la autoridad legítima podía y debía ejercer el mando recurriendo por igual, tanto al consentimiento como a la fuerza física y simbólica. Con esa visión contradictoria del poder, en tanto uno de los componente de la masculinidad, el Estado propició en las instituciones que detentaron desde su nacimiento el uso legítimo de la fuerza, una militarización que vinculaba la reputación y el honor masculinos tanto al valor guerrero de la destrucción del 'enemigo interno y externo', como a la 'protección' y 'provisión' de cuidado de los propios, y por último al sentido de 'pertenecer' al grupo capaz de propiciar esos cuidados y detentar la fuerza física y simbólica como herramienta fundamental para proveerlos. Para comprender las funciones y competencias que la normatividad y el imaginario de los ciudadanos otorgan a la Policía, es preciso recorrer los antecedentes y causas que han dado origen y en muchos sentidos aún sostienen los componentes negativos del proceso de militarización de la Policía. No porque la militarización sea una característica negativa en sí misma, sino por el contrario, para diferenciar los diversos componentes de la misma, y visibilizar en ella algunas consecuencias negativas para la propia función policial; de manera tal que el sentido militar y de honor de las y los policías, contribuya al crecimiento de la institución sin que necesariamente se vuelva en contra de las vidas de sus miembros4. A diferencia de las policías municipales primigenias que surgen como institución en el siglo xvi y xvii en Europa, totalmente distanciadas del sentido militar moderno que comienza a configurarlas en el viejo continente ya a mediados del siglo xviii; las policías latinoamericanas surgieron como empresas con funciones militares5. A lo largo de su existencia, muchos fueron los momentos de reforzamiento de ese sentido. En el país y en la región el proceso de militarización más reciente y también el de sentido más fuerte y belicoso, se gestó en los sesenta; se visibilizó en la década de los setenta, y está indisolublemente ligado a la militarización de la política. El fenómeno consiste, precisamente, en calificar y tratar como militares los problemas políticos y
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El enunciado es una de las tesis centrales en el trabajo sobre la construcción y la transformación militar de los campesinos colonos de la frontera norte de México a fines del siglo xix. Alonso, Ana María ‘Thread of Blood. Colonialism, Revolution and Gender on Mexico’s Northern Frontier. Hegemony and Experience: Critical Studies in Anthropology and History’. Tucson, University of Arizona Press, 1995. (Hilo de sangre. El colonialismo, Revolución, y Género en la Frontera Norte de México) No existe traducción al español. Una reseña bibliográfica del mismo por Patricia Fernández Castro puede verse en Revista FRONTERA NORTE, vol. 9, núm. 18, julio-diciembre de 1997. Versión digital en http://aplicaciones.colef.mx:8080/fronteranorte/articulos/FN18/12f18_Resena_Thread_of_Blood.pdf
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Visibilizados por ejemplo en una importante cantidad de sumarios disciplinatorios internos de la institución policial, o en las causas de violencia familiar en las que uno de los cónyuges es policía. Y evidenciados también en el rechazo de un importante sector de la ciudadanía por la figura policial ligada a casos de ‘gatillo fácil’, ‘abuso de autoridad’ y ‘corrupción’.
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Maldonado Prieto, Carlos. ‘Militarización de la policía: una tendencia histórica chilena’. On line en el Portal de la Dirección de Archivos y Bibliotecas de Chile, http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0018154.pdf

4 sociales más variados, sustituyendo su solución por medidas represivas, que agravan con el tiempo esos problemas y tergiversan el ideal democrático de la ciudadanía en general y de la propia fuerza policial. Esa militarización de las problemáticas sociales y económicas retrasó el desarrollo de la democracia. Así es como un militarismo totalitario en el sentido de una autoridad basada en un código contradictorio de masculinidad hegemónica que entremezcla seguridad —en el sentido de protección— con uso por igual de consentimiento y fuerza física; surgió como pretendida solución a las crisis políticas, sociales y económicas que afectaban al país. Pretensiones que evidentemente nunca pudieron dar soluciones sostenibles en el tiempo y que sumerge a las fuerzas de seguridad en una violencia institucional que perjudica a sus propios miembros. De las observaciones ‘en el campo’ policial La tres tesis que acabamos hemos presentado hasta aquí; la de la sustituibilidad de los cuerpos, la del honor como componente negativo de la masculinidad, y la del militarismo totalitario en el sentido de una autoridad basada en un código contradictorio de masculinidad hegemónica nociva para sus miembros; pudieron ser esbozadas a la vez que guiaron un proceso de observación en la institución policial desde 2007. El mismo está conectado a tres circunstancias que hacen posible y nos despiertan el interés por lo policial: la expansión de una experiencia de trabajo en el Ministerio de Gobierno y Seguridad de la Provincia de Salta desde el año anterior, concomitantemente con la experiencia de impulsar algunos juicios de lesa humanidad desde el propio Ministerio y desde las organizaciones de derechos humanos. A la vez, el trabajo de promoción de derechos con grupos vulnerados desde la experiencia de formación, investigación y trabajo universitario en la Universidad Nacional de Salta y un diálogo constante con la teoría feminista que abrió la búsqueda de conocimiento al campo de las masculinidades. En ese proceso, el género se convirtió necesariamente en una herramienta de explicación e investigación de procesos políticos en el sentido amplio del término. Para expresar el contexto de observación y teorización resulta central la conexión entre el interés por lo policial y el trabajo en el impulso de juicios de lesa humanidad, sin embargo voy a retomarlo más adelante. Durante los últimos cinco años entonces, hemos tenido oportunidad de realizar algunas acciones en el marco de la institución policial, de las cuales voy a recuperar a los fines de esta discusión los siguientes: observación de los ‘cuerpos’ infantiles de la Policía de Salta, talleres con policías de diferentes direcciones de la institución con el objeto de una presentación provisoria del Manual POLICIAS (CON)CIUDADANOS desarrollado por el autor, y una entrevista grupal con todos los policías que desarrollan la materia ‘instrucción policial’ en la escuela de cadetes y en la escuela de sub oficiales de la Policía de Salta. ‘Cuerpos’ Infantiles de la Policía de Salta En 2008, Salta fue centro de una importante discusión en torno a la existencia de organizaciones pertenecientes a la Policía de la Provincia, destinadas a la prevención mediante la contención de niños de diferentes barrios y localidades del interior, organizaciones designadas desafortunadamente por la institución policial como ‘Cuerpos Infantiles de Policía’. A mediados de 2009, desarrollamos un diagnóstico

5 sobre los mismos6. El acercamiento7 se hizo respetando la jerarquía institucional, con nota inicial dirigida al Jefe de Policía. Así mismo, se relevó y sistematizó toda la información de los debates en los medios de comunicaciones locales y nacionales. A partir de ese primer contacto con la Dirección de Prevención, y de algunas experiencias previas con la Dirección de Relaciones con la Comunidad de la Secretaría de Seguridad; se desarrolló una articulación en algunos trabajos de fortalecimiento de redes sociales encaradas por las instituciones mencionadas, las que nos invitaban para intervenir en el desarrollo de talleres pertinentes a los objetivos mencionados. Los ‘cuerpos’ aparecieron en la institución policial a partir de la estrategia de un comisario conocido por la institución como el ‘Perro’ Miranda hacia fines de los ochenta. Fue una iniciativa personal del comisario en carácter de ciudadano8 en la que arriesgó mucho de su carrera como personal policial. A pesar de ser policía y regirse por el mando superior y sus decisiones, Miranda era también un ciudadano que debía ‘hacer algo’ –para usar sus propios términos– en el barrio en que estaba desempeñándose como Comisario, en función del cuidado de los niños vulnerados, que también eran explotados de diferentes maneras. Las primeras acciones que desarrolló no estaban aprobadas por la Jefatura, si bien sí le permitían hacer uso de las instalaciones para reunir algunos chicos. Corriendo el riesgo de sanciones graves porque su acción podía ser considerada como un acto de insubordinación; u dada la relación personal que había desarrollado con los padres de los chicos con quienes trabajó conjuntamente desde el principio, por el bienestar de los mismos, los hizo ‘aparecer’9 en un desfile de la Policía. Su intención era mostrar la pobreza y la vulnerabilidad que los padres le mostraban a él, demandar acciones que los padres le demandaban a él. En síntesis, su acto fue el más acabado y funcional de un policía en el cumplimiento de su deber: arriesgándose a sí mismo, velar por la protección del ciudadano. Sin embargo, también estaba siendo un ciudadano sensible que no podía desaparecer detrás del mandato policial. Fue un acto ejemplar que sintetiza todo la discusión que sobrevino en los noventa y hasta entrado el nuevo milenio, sobre la obediencia debida, la seguridad y la relación de las bases policiales con la cúpula. El hecho fue que en esa ‘aparición’ la reacción de la gente fue altamente positiva en los acalorados aplausos, lo que fue un claro mensaje que ni el Gobernador ni el Jefe de Policía presentes, podían desatender. Desde entonces la Institución Policial asumió que podía hacer trabajo de ‘contención social preventivo’, no sin demasiadas resistencias por parte de la misma institución. Un trabajo demandado por los padres, es decir por la propia ciudadanía. En síntesis, el trabajo de contención y prevención que la institución desarrolló fue una respuesta a la demanda ciudadana y no la implementación de un plan estratégico de ‘adoctrinamiento’, como es interpretado actualmente por parte de un sector de la ciudadanía que es también ambiguo en sus definiciones sobre demandas de seguridad.
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Fue en base a observaciones en terreno, entrevistas a instructores de los ‘cuerpos infantiles’, a padres organizados en las denominadas ‘direcciones de padres’ y al personal de la Dirección de Prevención y Orientación Comunitaria de la Policía. Se entrevistó también a la persona que aprecia en los relatos policiales como el antecedente más antiguo de los ‘cuerpos’; Comisario ‘Perro’ Miranda, retirado hace más de diez años. Se trabajó en las localidades de General Güemes, Rosario de Lerma, La Ciénaga, y Chicoana.
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La entrada en el campo abre a una discusión metodológica rica para analizar estrategias de disminución de la resistencia de todos y cada uno de los sectores involucrados en el sostén y la dinámica de los ‘cuerpos’. Es en ese sentido que lo introducimos.
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Insistimos en esta conceptualización doble de los miembros de la policía, su carácter de policía y su carácter de ciudadanos simultáneos, porque abre a una discusión en torno a la obediencia debida en la institución. Es en ese sentido que lo introducimos.
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Por entonces el PNUD y el Banco Mundial no habían desarrollado todavía las estrategias de intervención sobre la pobreza que aparecieron en los noventas, y que dieron origen al desarrollo local de la mirada de los jóvenes como sujetos de derechos y de intervenciones de re subjetivación concretas.

6 Por otro lado, en nuestras observaciones de campo y a partir de la posibilidad de la observación participante en el trabajo cotidiano compartido con la Institución policial mencionado más arriba, estamos en condiciones de decir que el trabajo de prevención comunitaria en general, pero concretamente el de los instructores de los ‘cuerpos’ y todo lo relacionado con los mismos, es un trabajo devaluado al interior de la misma Institución, porque los instructores pertenecen al escalafón de seguridad, y se espera de ellos y ellas otra cosa: no es trabajo policíaco entendido en términos lisos y llanos; no es ‘vigilancia’ ni es ‘represión del delito’, y dudosamente es ‘prevención’. A partir de nuestro diagnóstico, nos interesa discutir algunos puntos con el objetivo de construir referencias simbólicas que pongan en debate el tema subaycente a la disusión sobre los desafortunadamente denominados ‘cuerpos de policía infantil’: ¿puede la policía ejercer acciones de ‘contención’10 social? A la vez cada uno de los puntos se convirtió en una recomendación que hicimos a los tomadores de decisiones a nivel de la conducción ministerial y de la jefatura de policía. Pensamos que en la discusión 1.- deben ser los padres quienes tangan una vos central en la interpelación que distintos sectores sociales hacen de los ‘cuerpos’; 2.- es preciso cambiar el nombre de ‘Cuerpos Infantiles de Policía’11; 3.- modificar el uniforme y el desfile policial de los niños12; 4.- que la Policía realice convenios de instrucción para especializar a los instructores13; 5.- Conformar una mesa de trabajo mixta policial y ministerial que estudie el caso14; 6.- es necesario crear un escalafón especial para todo el trabajo de prevención social que realiza la Policía de manera tal que los instructores no pertenezcan al escalafón de seguridad, sino que se cree un escalafón especial para toda la tarea de prevención que aparece como ‘contención’ para algunos sectores sociales. La idea de un nuevo escalafón especial para el trabajo social de prevención se conecta con una línea de pensamiento al interior de la institución a cerca de lo deseable en el ámbito de la educación policial a la luz de las nuevas y modernas demandas sociales sobre la institución de seguridad. Serían las escuelas de policía, creadoras y oferentes de ‘opciones de especialización’ u ‘orientaciones’ para los agentes en formación, los que tendrían desde temprano un bagaje de conocimiento que le sirva en la función. Quienes demuestren condiciones para el trabajo social, en dos años de formación, apoyarlos para este tipo de actividades.

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Debemos aclarar que el concepto de ‘contención’ no nos resulta adecuado en la formulación de políticas públicas. Sin embargo lo usamos provisoriamente en función del imaginario social al que estamos haciendo referencia.
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inicialmente se denominaba ‘brigadas de policía’– por el de ‘Centros Integradores Infantiles’ o ‘Clubes Infantiles’

El tema del uniforme y el desfile tienen una alta aceptación social, diríamos que es central. Se trata de una marca identitaria, de una condición de pertenencia a un grupo que otorga seguridad subjetiva, de la materialización de un ritual institucional. En el psiquismo de los grupos interesados aparece como una necesidad de… ‘conservarte como algo y separarte de lo que nunca van a poder estar cerca’… de la institución policial por diferentes motivos. Sin embargo el más marcado es el estigma de ser pobre, ‘negro’, de ‘vivir en la villa’. Es de ese estigma que los padres quieren separarse. El estigma de ser pobres y por tanto casi automáticamente sospechados de ‘peligrosos’ es la mayor preocupación de los padres. En el uniforme y en el desfile se está diciendo: los chicos son ‘esto’ y nunca ‘aquello’; se genera una separación de la sospecha automática que produce la pobreza. El desfile y sus atributos policiales interesan porque da un sentido de pertenencia y de identificación separada de aquello con nunca quisieran ser: sospechosos potenciales delincuentes. La eliminación del actual uniforme y la suplantación por otro que otorgue la misma funcionalidad es una tarea compleja de encontrar otros elementos simbólicos que no sean tan controvertidos. Ellos pueden ser la realización de encuentros regionales, donde también pueden haber símbolos como el escudo de los ‘cuerpos’, pero que no apelen a lo que un gran sector social percibe como netamente policial o castrense, militar.
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Por ejemplo, con universidades e instituciones del medio, especializadas en la problemática del niño y del adolescente. No se trata de suplantar la educación policial sino complementarla.
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Un estudio en función del conocimiento específico que la Institución policial tiene de su propio trabajo. Es decir, recurrir a la conducción policial y a la planificación estratégica del poder civil representado por el gobierno, áreas que manejan conocimientos fácticos diferentes e información también diferente.

7 La creación de este nuevo escalafón diferente al escalafón de seguridad, posibilitaría revalorizar la tarea de los y las policías que actualmente cumplen funciones más preventivas, de instrucción o cualquiera que no se relaciones específicamente con la seguridad entendida como uso de la fuerza y la autoridad. Estamos convencidos que en función estratégica del orden y el disciplinamiento institucio-nal, la tarea de ‘seguridad’ entendida en su sentido más duro recién enunciado, no puede ni debe cruzarse con la tarea de ‘contención’. Retomaremos el punto cinco que acabamos de plantear. Constitución de la mesa de trabajo policial o mesa de enlace Actualmente, estamos en la última etapa administrativa para la implementación de una mesa de trabajo policial que retoma entre sus variados objetivos el punto cinco, sobre la estrategia de conformar una mesa de trabajo mixta policial y ministerial que estudie el caso. La misma es producto de un largo tiempo de trabajo que implicó un acercamiento de nuestra parte a la propia lógica de conducción policial a nivel de la institución por un lado, y a las ansiedades que esa conducción genera entre los funcionarios de más alto rango en los tres poderes del Estado, en Salta. De ese proceso solo mencionaremos el resultado de la experiencia de presentación a diferentes direcciones de la institución policial, de un manual que busca recuperar entre los miembros policiales su memoria, su pertenencia de clase y su condición de ciudadanos15. Volveremos sobre el mismo en el siguiente apartado. Del trabajo interno con la institución desde 2007, se logró la apropiación de la propuesta de la mesa policial y la enunciación en un largo expediente 16 consensuado entre varias áreas policiales, de los motivos los motivos de su creación:
“FUNDAMENTOS: La conformación de la mesa de trabajo se sostiene en la convicción que existe la posibilidad de revitalizar la imagen policial a partir del conocimiento y reconocimiento tanto de las funciones específicas como de la historia institucional, ambos considerados el cimiento sobre cual se sostiene nuestra identidad. Es necesario impulsar una variación con respecto a la manera en la cual la sociedad y los propios miembros de la institución perciben “lo policial”; considerando los cambios en el escenario político el necesario proceso de modernización y democratización de las instituciones de seguridad que implicarán siempre el planteo de nuevas misiones. De esta manera, la experiencia educativa se centra en la memoria, en los orígenes policiales y en la instrumentación democrática de la profesión policial, como la guía conductora para intervenir en la gestación de acciones pertinentes para optimizar el ejercicio de la función policial a través de la mejora integral del personal en concordancia con las variaciones de la complejidad social y las exigencias tecnológicas. Por lo tanto, no sólo es importante solidificar la memoria institucional en los miembros activos del cuerpo policial sino también en aquellos que están en etapa de formación y en quienes se encuentran en situación de retiro”.

La mesa estará integrada por los jefes de diez direcciones17 de la policía y sus representantes, el capellán policial, y dirigida y coordinada por el coordinador general del Plan de Desarrollo Territorial del Ministerio de Gobierno. Inicialmente se limitará a

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El mismo puede verse en línea en http://es.scribd.com/doc/54046543/Policias-Con-Ciudadanos.

La lógica del expediente es un proceso interno importante que organiza la manera de percibir el mundo de los miembros policiales, como parte de la doxa en sentido bourdiano.
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Director General de Seguridad, Director General de Drogas Peligrosas, Director General de Planeamiento, Director de Instrucción Policial, Director de Escuela de Cadetes, Director de Escuela de Sub-Oficiales y Agentes, Director de Asesoría Letrada Gral., Directora de Prevención y Orientación Comunitaria (a propuesta), Jefe de División Asesoramiento y Planeamiento Educativo Policial, Jefa de la División Psicosocial y Laboral.

8 la convocatoria intra-institucional con el objeto de propulsar un trabajo inductivo18 que pueda proyectarse a posteriori a dar participación en su integración a otros organismos involucrados en la seguridad, en especial organizaciones intermedias como colegios de profesionales, ong’s y universidades. Esos organismos no se piensan actualmente como vinculados, de manera que es preciso un trabajo paralelo desde la sociedad civil, el que es encarado desde el Ministerio y desde algunas ong’s. En una primera etapa, se busca instalar el debate en la ciudadanía y entre los funcionarios del Estado, de maneras más complejas de visualizar y efectivizar la articulación de sectores sociales hasta ahora no pensados en la problemática de la seguridad. Una estrategia de convocatoria a la participación: la discusión del manual POLICIAS (CON)CIUDADANOS Dadas las características verticalistas de circulación del poder en la institución policial y en el mismo Ministerio de Gobierno, en los términos más tradicionales de la comprensión del poder de gobierno en cada uno de sus miembros, era necesario encontrar una manera de poder hablar con las bases de manera más o menos directa y con cierta autoridad que no viniera solo de la conducción política ni de una decisión del mando policial. Es en ese sentido que se encaró la tarea de divulgación del texto Policías (con)ciudadanos entre personal de varias direcciones de la policía. En el anexo adjunto nos extendemos en algunos detalles estadísticos sobre la experiencia. Se prolongó en encuentros de alrededor de cuarenta personas durante varios días, en un salón de la Escuela Superior de la Policía. En la experiencia encontramos que las tres tesis en clave de género que presentamos a aquí fueron enunciadas a nivel de la experiencia fáctica de sus vidas, por los policías que se abrieron al dialogo no sin dificultad y desconfianza, a saber: la de la sustituibilidad de los cuerpos, la del honor como componente negativo de la masculinidad, y la del militarismo totalitario en el sentido de una autoridad basada en un código contradictorio de masculinidad hegemónica nociva para sus miembros. En los encuentros, se observó un sentimiento de desprotección en materia de derechos entre el personal policial. Una recurrencia entre los miembros es la mención a la posibilidad de revisión de la Ley Orgánica Policial 6.192 promulgada en octubre de 1983 19; y el sentimiento de vulneración de derechos que la aplicación de la ley en la administración interna de justicia policial, produce. Existe una tendencia entre los miembros, a visibilizar la administración de justicia interna, como un proceso que comenzaría con la separación del cargo de manera arbitraria al momento del inicio de la investigación sin la constatación de cargos. A nuestro entender, el hecho produce la individualización y exposición de los supuestos infractores, lo que deriva en el desvío de responsabilidades de la institución sobre las faltas observadas. Así, el sentimiento es de vulneración de
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Para una primera etapa, se espera desarrollar los objetivos de la mesa de trabajo a lo largo de un año, tras lo cual se evaluarán las acciones conseguidas para el planteo de una segunda iniciativa. Tres serán las etapas de desarrollo en el primer año: 1.- inicialmente se expondrán los temas que son objeto de la experiencia educativa para la intervención, de tal modo que puedan ser apropiados por los miembros del grupo de trabajo. 2.- En una segunda etapa se discutirán estrategias y acciones a seguir para la intervención concreta en la institución y fuera de ella. En esta se buscará profundizar los lineamientos enunciados mediante la redistribución de los integrantes en subcomisiones que tendrían a su cargo, de acuerdo con sus competencias, la revisión de conceptos, la recomendación y elaboración de actividades de intervención específica. 3.- Se espera que la tercera etapa sea la más prolongada, efectivizándose e implementándose las estrategias de intervención definidas en las etapas anteriores. Se busca que en esta tercera etapa la experiencia educativa se traduzca en actos concretos de mejora de la calidad institucional y de la relación policías con ciudadanos y viceversa.
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(on line en http://policiaonline.wordpress.com/2008/04/10/ley-organica-de-la-policia-de-la-provincia-de-salta/ )

9 derechos por parte de la misma institución en la que se desenvuelven y en la que confían a priori. Respecto del conocimiento sobre derechos humanos, se perciben como una cuestión que pertenecería a la historia más que a la contundencia cotidiana del trabajo, como algo que se debe memorizar y no se registra vivencia de la incorporación de la utilidad de los mismos a la vida policial. El personal tiene una visión sesgada de los derechos humanos y se percibe una falsa oposición entre los derechos humanos de los 'delincuentes' y los del personal policial. Se trata de una oposición que reparte el mundo en dos categorías: delincuentes y policías. Se observó, sin embargo, en un grupo reducido la disposición a percibirse como ciudadanos a pesar de la transformación operada en la vida y educación policiales. Es en el reforzamiento de ese grupo, en el respaldo, al que apostamos pretendiendo generar las condiciones de posibilidad que les permita la elaboración de un discurso propio y contra hegemónico al interior de la misma institución, en un trabajo de respaldo interno, paralelo y simultáneo a un trabajo entre los funcionarios del poder legislativo y la introducción del debate en la ciudadanía a partir de las instituciones intermedias, por una policía acorde a nuevas maneras de concebir y actuar el poder masculino y la militarización. Proposiciones El debate resultará efectivo solo si se complementa poniendo en movimiento distintos tipos de activismos sociales por la democratización policial y por los derechos de los policías con los consecuentes cambios en la Ley y en las conciencias. Para que el debate se produzca, es preciso trabajar en el doble sentido de disminuir el prejuicio de las organizaciones sociales hacia las policías y de discutir la necesidad de apertura de la institución a la vida civil en la mente de muchos miembros de la cúpula policial. Para ello es de vital importancia la recuperación del saber policial como un conocimiento autorizado. A modo de cierre: el lugar de la enunciación Cuando la energía vital innovadora y creadora; de pensadores, funcionarios, activistas, militantes, dirigentes; va quedando alienada en las redes sociales por las que circula el poder que sostiene a todos y cada uno; las personas se paralizan, sus ideas y actos devienen solo en declamaciones, perdiendo la capacidad transformadora. Creyendo pensar el mundo en que viven, son pensados por un poder abstracto, hegemónico, deshumanizado y difícilmente identificable. De una amalgama de discursos de diferentes personas e instituciones reconocidas en disímiles campos de saber y de acción en relación a la historia, la seguridad y los derechos humanos, nos hemos servido en esta experiencia de conocimiento entretejiendo una actitud vital: circular entre círculos cerrados, continuidad de una marca fantasmática de los desaparecidos en sus familiares; como una característica de la existencia que nos hace no estar nunca del todo en ningún sitio. Sin embargo, cuando se transita de la revictimización recurrente de los discursos y las luchas políticas que se libran sobre nuestros cuerpos, al protagonismo que podamos desarrollar en esos estados inconclusos, ambivalentes; la existencia misma nos puede colocar en una posición de observadores privilegiados de lo social. Lo que ocurre es que dentro de un círculo

10 cerrado, dentro de una región única, nosotros representamos una exterioridad, representamos un afuera y la capacidad crítica de ese grupo del exterior. Nuestra experiencia vital, nuestro psiquismo; crea una frontera única desde la que se designa un afuera que representa una capacidad crítica. Transitamos por el afuera entre muchos círculos cerrados. En la experiencia de conocimiento reflexivo lo que intentamos hacer, con esfuerzo, es ganarnos el derecho a movernos a través de círculos cerrados que tienen un afuera. Se trata de un recorrido en múltiples direcciones, entrando y saliendo de los contornos que definen varios grupos académicos universitarios, así como las visiones diversas de grupos activistas de derechos humanos en la provincia; como también vidas y actividades de funcionarios públicos en distintos niveles de decisión política, y de la vida política partidaria de muchos partidos; al igual que las problemáticas de policías de todos los rangos en diferentes tiempos de la institución policial. Con la mirada del afuera entre círculos cerrados, no es tanto lo que conozco y la posibilidad de enriquecer y potenciar un debate sobre el necesario cambio institucional de organizaciones estatales que hacen a la seguridad pública como una contribución al afianzamiento de la vida democrática; tanto como lo que podría seguir conociendo del acercamiento e intercambio con las instituciones armadas; al poner en consideración de su vasta experiencia técnica profesionalizada, el conjunto de ideas e ideologías aquí reunidas. Es otra forma de conocer que no implica el discurso cerrado y convencido de quien dice saber, sino la capacidad de seguir aprendiendo de la singularidad de la experiencia de las y los policías a partir de su recepción de ideas surgidas en los afueras de las instituciones que de varias maneras intervienen en el debate sobre seguridad. En el mundo de los familiares de desaparecidos es un conocimiento común el dolor que ha costado poder llegar a hablar, a narrar la propia experiencia para poder reclamar justicia primero, y también el dolor de la imposibilidad de acceder a la justicia; una comunidad en la que la naturalización de ese dolor produce la ilusión que grupos con otras problemáticas de explotación y dominio podrían más fácilmente acceder a la Justicia. Se conoce de los ‘muchos baches’ que hubo que vencer y del camino sin ninguna prisa del sinsentido cuando lo único sentido era la soledad. Se conoce del incremento de las dificultades para acceder a la justicia cuando las luchas políticas por los privilegios se radicalizan. Y se conoce de la parálisis que eso causa en los cuerpos singulares de todos y cada uno. De la experiencia crítica de esos afueras construidos entre las líneas que cierran y definen al poder político, a la Justicia, a la propia policía; sabemos que todos los ciudadanos tenemos que ser ‘nuestras propias garantías’ frente a un sistema de poder abstracto y difícilmente identificable que trabaja como una maquinaria cada vez más aceitada para sustituirnos a todos, sin que nada cambie sustancialmente. Las y los policías son antes ciudadanos comunes y corrientes. En ese punto todos somos las garantías de seguridad de todos. Y nunca mundos contrapuestos donde alguno de los grupos pudiera atribuirse una moralidad superior en base a ninguna característica, lo que repercutirá siempre en desconfianzas mutuas y en la imposibilidad de la construcción de espacios de expresión conjunta de todos los sectores interesados en la Seguridad.

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Anexo Resultados de las Jornadas de Presentación provisoria Del Manual POLICIAS (CON)CIUDADANOS
Desarrolladas entre el miércoles 19 y el viernes 28 de enero de 2011 en el Salón de la Escuela Superior de Policía

Se trabajó con 229 personas de la institución policial, lo que constituye la muestra sobre la cual elaboramos el presente informe. Objetivo general El mismo tiene como objetivo una aproximación al pensamiento, la disposición emotiva, y la visión que de sí mismos y de la institución tiene el personal policial en relación a la libertad, la igualdad y la dignidad de las personas, entre todos los ‘ciudadanos’ que se desempeñan en la fuerza de policía; con la especial intención de recuperar la dimensión del ciudadano en cada uno de los integrantes policiales, con la finalidad superior de re-enfocar la tarea policial en al ámbito de la Seguridad Pública, desde el punto de vista y la condición de existencia institucional de los y las policías en su propia institución. Conformación de la muestra. El análisis de situación aquí presentado tiene como herramienta un cuestionario anónimo respondido por todas las personas que concurrían a los encuentros. Adjuntamos el mismo.

12 El universo de la muestra El siguiente cuadro muestra la cantidad de personal asistente por área policial.

Opiniones sobre la utilidad y el tiempo de trabajo

El 95% de los concurrentes opinaron que el tema era de interés y solo el 5% que no lo era. Sobre el tiempo en el que la presentación se realizó, casi el 70% (68,6) opinó que no era suficiente y el 30% (27,9) pensó que sí lo era.

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La antigüedad de los policías asistentes La mayor antigüedad en el desempeño de la función entre los asistentes se registró alrededor de los 7 y 8 años con un promedio de 10%, mientras que la menor corresponde para quienes han permanecido en la institución por más de 20 y hasta 25 años, con un promedio de 1% entre los asistentes.

14 Las opiniones sobre los temas en relación a la Vida Institucional y la Seguridad

Los dos cuadros anteriores sintetizan los temas más relevantes según el personal policial que asistió a los encuentros, en relación a la vida policial y la democratización institucional. Se procedió re-tabulando las preguntas abiertas en 11 ejes principales. El primero de los cuadros exhibe las opiniones sobre las cantidades de personal por área en cantidades absolutas. El siguiente, muestra las frecuencias considerando todo el personal asistente, sin diferenciación de áreas. Casi el 30 % (28,8) de los concurrentes opinó que es importante el trabajo sobre diversidad de cuestiones que hacen a la relación entre los derechos humanos del personal policial y la vida institucional. No es el interés de este informe ahondar sobre el tema, pero solo para ganar claridad sobre el ítem aquí mencionado, diremos que es concebido en los siguientes términos: 1. 2. 3. 4. 5. El crecimiento social y su relación con la policía La articulación entre policías y civiles El reconocimiento de derechos por parte del Estado Las familias del personal Los grupos subalternos, etc.

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El 17 % de los asistentes consideró que hablar sobre la policía democrática es un tema urgente. El mismo es conceptualizado como las especiales relaciones entre policías y ciudadanos y el modelo de trabajo policial. 1. El pensamiento que la policía tiene de la ciudadanía 2. La relación y la comunicación con la sociedad, imaginada como una cuestión de integración 3. Los policías y civiles como iguales y sujetos de derechos. 4. Que se concibe por vida democrática Con un 11 % del interés aparecen dos temas relacionados: la esperanza de tener derechos y el valor de la educación. Sobre el primer tema es necesario destacar que la ‘esperanza’ aparece asociada a la decisión de un factor externo, principalmente de decisión y voluntad política para mejorar las condiciones de vida del personal. El segundo punto, ‘la educación’, es imaginada como la herramienta fundamental para cualquier cambio posible, poniendo el acento en la capacidad de la propia transformación institucional por encima de otras intervenciones. Solo el 3% de los asistente manifestaron interés en relación a temas como la memoria de la institución policial imaginado en dos sentidos fundamentales. El primero como una cuestión relacionada a la identidad para mejorar el trabajo actual. El segundo como una cuestión conmemorativa de personalidades ejemplares para la institución. En el mismo 3% se ubican las preocupaciones alrededor de los derechos humanos y su tratamiento interno en relación a la vida policial, como una herramienta que contribuiría a un ‘mejor servicio’ del personal, para con su comunidad. Con el rubro ‘importancia institucional’, sobre el que se refirió un 6,1% de los asistentes, se apela fundamentalmente a los cambios deseados y esperados dentro de la institución, con un fuerte componente de ayuda externa, principalmente de la voluntad política.

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