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El perseguidor 77 - revista de limba spaniola din Tenerife

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Número 77, Miércoles, 21 de diciembre de 2011 * La entrevista de EDUARDO GARCÍA ROJAS * EL VUELO DE ÍCARO / NÚMERO: CLXI/ Coordinación CORIOLANO GONZÁLEZ MONTAÑEZ * Revista în limba spaniola, trimisa în România sub coordonarea lui CORIOLANO GONZÁLEZ MONTAÑEZ
Número 77, Miércoles, 21 de diciembre de 2011 * La entrevista de EDUARDO GARCÍA ROJAS * EL VUELO DE ÍCARO / NÚMERO: CLXI/ Coordinación CORIOLANO GONZÁLEZ MONTAÑEZ * Revista în limba spaniola, trimisa în România sub coordonarea lui CORIOLANO GONZÁLEZ MONTAÑEZ

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Número 77 Miércoles, 21 de diciembre de 2011

El persegu dor
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EL VUELO DE ÍCARO Kostas Kutsurelis. Cinco poemas de Aire augusto por
TRADUCCIÓN Y NOTA DE MARIO DOMÍNGUEZ PARRA

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LIBRO Diálogos en el desierto de Iván Cabrera Cartaya por
SERGIO BARRETO

UNAHISTORIADE LOS CÓMICS EN CANARIAS
REPASO A LAS REVISTAS QUE DESDE LOS AÑOS OCHENTAY HASTA PRINCIPIOS DEL SIGLO XXI QUISIERON SER PLATAFORMAS DE LANZAMIENTO DE DIBUJANTES Y GUIONISTAS NACIDOS O RESIDENTES EN LAS ISLAS

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Miércoles, 21 de diciembre de 2011

EDUARDO GONZÁLEZ /DIBUJANTE Y GUIONISTA DE CÓMICS
El guionista y dibujante Eduardo González presentó hace algunas semanas en la capital de España y también en La Laguna, dentro de las actividades de la I Semana del Cómic, el libro Dentro de la noche, álbum editado por Dolmen y que recoge once historias cortas en blanco y negro tremendamente originales e inquietantes. En la producción de Eduardo González, que ha tocado prácticamente todos los palos del cómic a lo largo de su vida profesional, destaca también sus incursiones en la tira de prensa con las recordadas series La venta de Floro, El caballero y la señora, personajes del humorista canario Juan Luis Calero, así como Becarios, sin olvidar otras experiencias del autor en el universo de la historieta. González revela en la siguiente entrevista algunas de las claves de Dentro de la noche, así como valora la capacidad que tienen los cómics como medio de expresión y vehículo para contar historias.

“EL CÓMIC ES UNA FORMA DE CONTAR HISTORIAS”
EDUARDO GARCÍA ROJAS - Dentro de la noche es una historieta que nace de las tripas pero ¿cuándo comenzó a plasmarla? - Empecé a dibujar Dentro de la noche hace varios años, probablemente la inicié en 2006 pero por aquel entonces aún no tenía una idea muy clara de lo que iba a resultar. En ese momento colaboraba para La Opinión de Tenerife con tres tiras de prensa –La venta de Floro, Becarios y El caballero y la señora-- y una serie de caricaturas que se publicaban en la edición de los domingos que junto a otros dos trabajos fuera del periódico me mantenían muy ocupado pero no era lo que estaba acostumbrado a hacer, así que un día me dije ‘voy a escribir y dibujar una historia’. Una historia que en un principio no iba a superar las cinco o seis páginas y así salió la primera que hoy conforma el volumen. Se la mostré a unos cuatro amigos y pensé que con ella me había quitado el mono de trabajar en lo que realmente quería hacer. Un año más tarde, sin embargo, me volvió a asaltar el gusanillo y salió la segunda. Esta pieza mantenía la misma estructura y estilo que la primera pero la dejé hasta que me hablaron del Salón del Cómic de Avilés y viajé hasta esta encantadora localidad asturiana llevando las dos historietas bajo el brazo para mostrarlas, entre otros, a Jorge Iván Argiz, uno de los responsables del Salón y de la editorial Dolmen que tras ojearla me dijo algo así como ‘vamos a hacer algo con esto’ siempre y cuando, me recomendó, no se tratan de historias cortas porque las historias cortas en cómic no se llevan últimamente. Jorge me animó a que la alargara a unas sesenta u ochenta páginas pero cuando regresé a Tenerife y me puse a trabajar en ello me di cuenta que no tenía un argumento y sí varias ideas cortas y aposté por escribirlas y dibujarlas. Fue un poco tirarme de cabeza a la piscina pero era lo que me apetecía hacer. Y así nació una tercera, una cuarta, una quinta y más historias que me salían de forma automática. Bastante de las ideas se me venían a la cabeza paseando por la calle y si bien se trataban de ideas muy mínimas, todas tenían como una sintonía. Se lo expliqué a Jorge: ‘quiero hacer historias cortas. Todas tienen el mismo ambiente, la misma estructura’ y me dio el visto bueno. Al final Dentro de la noche reúne once historias cortas. - ¿Qué va a encontrar el lector en ellas? - Parto de la base que las escribí y las dibujé para entretenerme y advierto que no hay pensado nada de manera premeditada, así que son once historias que no sé como definirlas. Quizás resulten inquietantes. Un amigo las califica de terror psicológico pero la verdad es que no lo sé muy bien. Son relatos indefinidos. Lo único que espero es que creen cierta inquietud y entretengan al lector. - ¿Se desarrollan en las islas? - Algunas de las historias hacen referencia a Tenerife pero en ningún momento su paisaje está definido. Es decir, que pueden pasar en cualquier sitio. Eso me da hado bastante libertad a la hora de dibujarlas. - Quim Bou firma el prólogo de Dentro de la noche. ¿Qué tal es su relación con él? - Quim es un tío realmente fantástico. Lo conozco desde hace años, de los tiempos del Salón del Cómic de Barcelona, y se caracteriza por su generosidad. Es buena gente. Muy campechano y es de esos que está ahí para echarte una mano. Hemos trabajado, además, en colaboración alguna vez. Y una forma de cerrar este círculo es que a él le debo el guión de mi primera obra. - Si hacer cómic en este país es bastante difícil ¿no es prácticamente imposible intentarlo desde Canarias? - El caso es que yo siempre he querido hacer cómics aunque de un tiempo a acá me he dado cuenta que lo que quiero primero es vivir y luego hacer cómics. Efectivamente, en España es muy difícil mantenerse con esto. Apenas lo han conseguido cuatro y son de El Jueves, así como alguno que ha conseguido vender mucho en otro sitio que no sea España. Pero estoy satisfecho porque con Dentro de la noche he realizado lo que quería hacer, lo que me gusta. Soy consciente que no voy a ganar dinero -a lo mejor si dibujara Spiderman sí que podría ganarme la vida con esto-- pero para mi los cómics son como un juguete. Y como es mi juguete no quiero dibujar cosas que igual no me genera esa satisfacción que siento por ellos. En la actualidad me gano la vida como dibujante y si bien hago muchas cosas que no me gustan asumo que es mi trabajo y me da para vivir. Me gano la vida dibujando. Pero no son cómics, así que cuando preparo una historia es porque sale de dentro porque tengo algo que contar. Es decir, que no me gustaría convertirlo en algo odioso. Conozco casos de gente que ha logrado vivir de esto, que trabaja para grandes editoriales estadounidenses, y todos ellos reconocen que han convertido su trabajo en una rutina y que se aburren al convertirlo en un trabajo de oficina. En mi caso, al contrario y porque no tengo nada que ganar ni que perder con ello, está la satisfacción de narrar una historia con la esperanza de que el lector se entretenga con ella que es lo mínimo que le exijo a una historieta. - España vivió en los ochenta un boom del cómic. La pregunta es ¿soplan hoy buenos vientos para el noveno arte? - Yo creo que actualmente estamos viviendo una buena época. Los noventa si que fueron espantosos, sobre todo al principio, cuando desaparecieron todas las revistas lo que provocó que unas dos generaciones de guionistas y dibujantes se quedaran sin sitios donde publicar. Afortunadamente el panorama mejoró tiempo después por las pequeñas editoriales. Aún recuerdo el fenómeno de la editorial Camaleón. La primera vez que tuve noticia de ellos fue el Salón del Cómic de Barcelona de 1994 y, a mi juicio, lo que representó Camaleón fue de lo más importante que pasó en España en cuanto a cómics se refiere en aquellos tiempos. Descubrí su trabajo junto a Enrique Cichosz. Observa-

A mi este debate de si el cómic es un arte o no me da, sinceramente, igual, porque no aporta nada y tampoco me quita el sueño. Es decir, que no necesito esa etiqueta, de una justificación culta. El cómic es un medio de comunicación, una forma de contar historias. El cómic es una forma de narrar, como el cine, la literatura, así que me da lo mismo si es o no arte

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mos en el Salón un puesto pequeñito pero repleto de publicaciones de gente que no conocíamos pero cuyo trabajo resultaba impecable. Todas aquellas historias respiraba una sensación de libertad y divertimento que no encontrabas en otros sitios y llamaban la atención porque eran sumamente atractivas y su nivel altísimo. Esos dibujantes, esos guionistas pertenecían además a nuestra generación. Gente con ganas de hacer cosas. Y pensamos, Kiko y yo, queremos hacer esto. Trabajar así. Gracias a la iniciativa de Camaleón comenzó a resurgir el cómic en España hasta que las grandes editoriales imitaron el fenómeno. Incluso Planeta se apuntó con la colección Laberinto, pero estas iniciativas no duraron mucho. Esa dinámica, de todas formas, aún la conservan editoriales como Astiberri, casas que defienden el pundonor del aficionado y de los entendidos al cómic. No, no creo que el cómic esté viviendo malos tiempos porque siempre ha vivido malos tiempos pese al espejismo que supuso los ochenta y mucho tiempo atrás la era Bruguera. Por lo que creo que, pese a todo, ahora mismo no estamos tan mal aunque los cómics hayan terminado por convertirse en un artículo de lujo. Incluso los tradicionales cómics de grapa. - ¿Le molesta que todavía haya gente que mire de reojo el cómic? - Me he encontrado a veces con personas que tienen esa opinión. Incluso de Bellas Artes, facultad en la que estudié, que ven muy raro esto de los cómics o que, como mucho, lo encuentran exótico. Pero a mi este debate de si el cómic es un arte o no me da, sinceramente, igual, porque no aporta nada y tampoco me quita el sueño. Es decir, que no necesito esa etiqueta, de una justificación culta. El cómic es un medio de comunicación, una forma de contar historias. El cómic es una forma de narrar, como el cine, la literatura, así que me da lo mismo si es o no arte. Para mi es una manera de contar historia. Lo irónico del asunto es que cuando estudiaba Bellas Artes mucha gente que renegaba del cómic tiempo después los veía ¡dando clases de introducción al cómic! Gente que no sabe nada de cómics… En fin. - Usted ha cultivado las tiras de prensa y también las historias largas… ¿En cuál se siente más cómodo? - A mí siempre me han gustado los cómics y durante un tiempo dije que nunca dibujaría tiras para prensa porque, la verdad, había leído muy poco. Acaso Mafalda y Calvin y Hobbes que son fantásticas. El caso es que, como te contaba, me propusieron hacerlas y conocí otro mundo gracias sobre todo a Kiko y Patricio Ducha. Las tiras de prensa tienen sus propias limitaciones y reglas, narrativas. El desafío es contar una historia en tres viñetas con su inicio, nudo y desenlace. Hay que estrujarse además la cabeza para conseguir el gag. A mi juicio, la tira de prensa es muy difícil y hasta cierto punto exige más que una página. La página te da aire mientras que la tira, y si es diaria y semanal como las tres que hacía, tremendamente difícil aunque al final encuentras una mecánica, una forma de hacer las cosas. Ahora me encantan las tiras, aprendes a jugar con lo que tienes. La tira es la tira y te impone jugar con lo que tienes. - ¿Cómo lleva lo de trabajar historias ajenas, escritas por otro guionista? - Si existe buena conexión es estupendo porque te planetas cosas que de otra manera sería imposible que te pasaran por la cabeza. La buena relación entre dibu-

jante y guionista se basa en saber ceder porque el guión manada. Me he llevado bien con los guionistas aunque suelo trabajar mis propias historias. Para mi, el dibujo debe estar al servicio de la historia que quieres contar y a mi lo que me gusta es contar historias. A mi modo, sin más pretensiones. Eso es lo que he procurado

hacer en Dentro de la noche, poner el dibujo al servicio de once pequeñas historias. - ¿Color o blanco y negro? - Eso depende de la historia. Las de Dentro de la noche pedían que fuera en blanco y negro aunque cuando estuve en Madrid para la presentación del libro comprobé que mucha gente ojeaba el álbum para

dejarlo después sobre la mesa porque no era en color. - ¿Qué dibujantes canarios de su generación destacaría? - En primer lugar a Enrique Cichosz, Kiko. Es la persona con más talento de mi generación y de él lo aprendí todo. Fue un hombre con una habilidad innata para el dibujo y tenía muchas cosas en su cabeza. Además, fue un formidable amigo. Después están Juan Carlos Mora, Ángel Marrero, que es un poco más joven que nosotros pero un tipo con un gran talento; el grancanario Alberto Hernández, que es un profesional como la copa de un pino y con una técnica y dominio del cómic sencillamente abrumadora; Roberto Burgazzoli, también en la provincia de Las Palmas y Gonzalo Álvarez, un espíritu multifacético que te construye desde un mueble hasta una exposición de cuadros como cualquier otra cosa. Somos varios, y está saliendo gente nueva que está realizando cosas muy interesantes. - ¿Reconoce influencias en su trabajo?, ¿gente que la haya marcado de una u otra forma? - Toda la gente que lees deja huella. En mi caso tengo debilidad por un autor que no se prodiga mucho pero cuya obra me pesa es Brian Bolland. Y eso que mi dibujo no tiene nada que ver con el de Bolland pero aplico soluciones que he conocido a través de él. Otra gente que me ha influenciado son los hermanos Hernández, a quien descubrí gracias a Kiko Cichosz. Cuando leía sus historietas pensaba para mis adentros: ‘¿se puede hacer esto?’ Hay historietas que tengo desde pequeño y que mantendré toda la vida como las firmadas por Jan, el de Superlópez. Jan es uno de los grandes de la historia del cómic en España. Un autor esencial que no ha sido lo suficientemente valorado. Veo sus páginas y pienso que jamás alcanzaré su nivel. - ¿Qué obras se atrevería a recomendar a quien desee iniciarse en los cómics? - Si alguien tiene curiosidad, y es muy difícil escoger, yo recomendaría Guy Delisle. Su álbum Pyongyang, y otros, cuenta experiencias personales muy interesantes. El autor viaja a sitios peculiares del planeta y sus relatos son muy entretenidos de leer. No es intimista, ni pesado, ni está atado a género alguno. En todo caso hay un poco de todo aunque en el fondo se trate de cuadernos de viaje con un dibujo sencillo y muy bien hecho que los hace fáciles y divertidos de leer. Otro autor es Jaime Hernández, aunque hay que meterse en su universo, y, cómo no, Carlos Giménez. Sus historias de Paracuellos y Los profesionales son de obligada lectura. - Nos despedimos pero antes nos gustaría que hablara de la recién constituída Asociación de Humoristas Gráficos de Canarias. - No está mucho en funcionamiento aunque queremos hacer una especie de sitio donde poder estar. Un boletín, una página web. La Asociación surge en 2008 gracias a una iniciativa de quien era por aquel entonces directora de La Opinión de Tenerife, Carmen Ruano, que es una persona que apostó siempre por el humor gráfico. El periódico organizó aquel año unas jornadas de humor gráfico canario en la capital tinerfeña con todo lo que entraña, exposiciones, charlas, conferencias, mesas redondas, y se invitó a los humoristas gráficos de Gran Canaria y aquí nos conocimos todos. Desde el minuto uno hubo buena sintonía y entre otras cosas se planteó hacer algo juntos y surgió lo de crear una página web.

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Miércoles, 21 de diciembre de 2011

UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS EN CANARIAS
La fiebre por los colorines, los tebeos, la historieta o los cómics también la hemos sufrido en Canarias. El fallecimiento reciente de uno de los más extraordinarios dibujantes y guionistas nacidos en el Archipiélago, Enrique Cichosz, nos obliga a preparar este artículo orientativo para que el lector se haga una idea de lo que se labró desde los ya lejanos años ochenta del pasado siglo XX hasta inicios del XXI. Desgraciadamente, todas las revistas que se mencionan en este artículo han desaparecido y hoy son prácticamente inencontrables, pero sirvan estas línea a modo de pequeño homenaje, de pequeño tributo, a la tribu de comiqueros nacidos o residentes en las islas que intentaron desde esta remota y desvertebrada geografía aportar su granito de arena a lo que muchos consideran como el noveno arte.
PORTADA DE UN FANZINE LLAMADO CAMELLO, REVISTA EDITADA EN GRANCANARIA EN LOS 80.

EDUARDO GARCÍA ROJAS odo comenzó a principio de los años ochenta cuando un grupo de estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de Tenerife integrado por Héctor Vera, Juan Saturno, Ignacio Manuel, Paco Acosta y Luis Cañete unieron esfuerzos y entusiasmo para editar Hormiga de pan, una fanzine tirado a fotocopias y con una tirada de cien ejemplares que, según relataba Cañete en la sección Gotham Cómics de La Gaceta de Canarias (domingo 13 de diciembre de 1992) “se vendieron el mismo día, lo que nos obligó a reeditar otros cien que se pusieron a la venta al día siguiente.” Ante el éxito de público, los responsables de Hormiga de pan en colaboración con Marcelo Pinto, responsable de la librería especializada Tótem, editan el número dos en imprenta, así como el tercero y el cuarto --que alcanzó una tirada de quinientos ejemplares-- en el mismo formato profesional aunque el efecto Hormiga de pan desaparece en 1982, para formar parte de la leyenda. Paralelamente a la aparición de Hormiga de pan había nacido en Gran Canaria Un fanzine llamado Camello, una revista de cómics de temática de ciencia ficción que llegó a incluir en sus páginas la historia completa de Thunda del legendario Frank Frazetta. Las diferencias más llamativas entre estas dos pioneras experiencias --al margen también de sus temerarias coincidencias-- es que mientras La hormiga se vuelva más por la historieta en clave undergound, los Camellos apuestan por otros géneros. Vistas desde la distancia, ambas revistas se han convertido en codiciados objetos de culto y sorprende aún que bastantes de sus historietas continúen respirando una desarmante frescura. La fecha que supone un punto y aparte hacia una posible profesionalización de las revistas de cómics en Canarias es 1985, cuando aparece Punto Kaliente, publicación de carácter bimensual dirigida por Luis Cañete. Punto Kaliente contó con el respaldo del Gobierno de Canarias y otras instituciones que aportaron “una teórica cantidad” a esta experiencia. Entre otras condiciones, relataba Cañete en La Gaceta de Canarias, su promotor impuso que se pagara a cada colaborador que participase en la revista la nada desdeñable cantidad de tres mil pesetas de aquel entonces. El primer número de Punto Kaliente

T

estuvo respaldado por Alternativa ’85. Gobierno de Canarias, la Consejería de Cultura, la Dirección General de la Juventud, el Cabildo Insular de Tenerife, el Ayuntamiento de La Laguna y el Parlamento de Canarias aunque, como razona Cañete, el milagro de la revista fue conseguir que distintas administraciones “se comprometieran a dignificar esta profesión” aunque la inevitable demora en los pagos y el continuo ir y venir por los despachos de las instituciones implicadas reclamando seriedad ante el compromiso alcanzado anunció su temprana desaparición tras sacar a la calle el segundo número. Otras experiencias comiqueras de aquellos años fue McGuffin, publicación que apoyó el Cabildo de Gran Canaria.

fueron Patricio G. Ducha, Roberto Burgazzoli, Eduardo González y Ana de Belén González, quienes pretendieron que Cocainc se convirtiera en algo así como una plataforma de lanzamiento para dibujantes y guionistas canarios o residentes en Canarias. La revista, en formato americano y blanco y negro, fue nominada por el Cabildo de Tenerife al premio a la mejor publicación en Canarias en el año 2001, galardón que finalmente recayó en la editorial tinerfeña Baile del Sol por un libro de narrativa encuadernado a mano. Esta fue la primera ocasión en que un cómic resultó seleccionado para un premio de estas características. Ducha explicaba en un artículo publicado en Diario de Avisos: “Cocainc es un proyecto consolidado. Tenemos cuatro publicaciones en el mercado y coincidiendo con el Salón del Cómic de Barcelona presentaremos dos nuevas revistas. Incluso nos estamos planteando otros formatos para editar. Es difícil y complicado, porque no nos sobra el dinero, pero hemos contado con el apoyo de muchos organismos que insertan publicidad en las páginas, lo que nos permite abaratar los costos. Además, con estos anuncios estamos consiguiendo que el precio esté al alcance de todo el mundo. Depende luego de la gente que guste o no.” Desgraciadamente, y no fue por una cuestión de gustos, la iniciativa terminó por frustrarse y como las experiencias que brotaron en los ochenta, terminó cerrando.

diendo con el Bicentenario de la batalla. Este trabajo fue un encargo del Museo Militar de Santa Cruz de Tenerife al dibujante, quien en ese entonces había publicado dos historietas en la legendaria revista El Víbora. En una entrevista con el autor y reproducida en la sección Gotham Cómics de La Gaceta de Canarias (domingo 28 de abril de 1996), Mora reclamaba que las instituciones canarias apostasen por los dibujantes canarios. “Hay muchos y muy buenos pero nadie les ha prestado la atención que se merecen.” Recientemente, Juan Antonio Martín y Jonay Martín, naturales de La Orotava y licenciados en Bellas Artes, son los responsables de un cómic sobre la conquista de Canarias que ellos mismos se han autofinanciado. El primer número, Vientos de guerra, lo presentaron en septiembre en el marco de la feria de Pinolere y ya trabajan, informa el periódico El Día, en el segundo capítulo, que se titula Pactos de sangre. “Tuvimos la idea cuando estudiábamos en la Facultad. Hace un año nos pusimos manos a la obra con la ayuda de otro amigo historiador, Zebensui López, que supervisa los guiones. Tomamos como base el libro Historia del mundo guanche, de Bethencourt Afonso, y nació la primera entrega, Vientos de guerra”.

Cocainc
El panorama de revistas prácticamente desapareció en los años siguientes hasta que a principios del siglo XXI un grupo de entusiastas por los tebeos presenta bajo el nombre de Cómic Canarios Incorporados (Cocainc) una revista con el mismo nombre. La idea era convertirse también en editorial aunque no pudo ser. Se editaron dos número de Cocainc, que incluyeron historietas firmadas por Alberto Hernández, Roberto Burgazzoli y Enrique Cichosz, entre otro otros, y más tarde La papelera, una historia larga de Eduardo González pensada para ocho número que, lamentablemente, se quedó en dos, así como la divertida Las chicas de Perry Polla de Ángel Marrero. Los responsables de este curioso invento

Cómic histórico En unos tiempos como fueron los noventa en los que la Dirección General de la Juventud del Gobierno de Canarias organizaba un concurso de cómics, el por aquel entonces Organismo Autónomo de Museos del Cabildo de Tenerife patrocinó La historia de Canarias en Cómic, un lujoso volumen editado por Turquesa y obra del holandés Pieter Van Arkel, un autor del que no se supo nada más. Publicado en tapa dura, esta Historia de Canarias iba dirigida a un público infantil y estaba narrado en clave de humor. A la espera de que Juan Carlos Mora culmine la serie sobre guanches que está realizando para Ediciones Idea (Beneharo, Mencey de Anaga; Bentor, el heredero; Beneharo, el Mencey de Taoro y Dácil la Princesa, son sus títulos), este excelente ilustrador presentó a finales de los noventa una interesante versión en cómic de la derrota del contralmirante Nelson en Santa Cruz de Tenerife a finales de julio de 1797coinci-

Salones Paralelamente a las revistas de las que apenas se conservan sus cenizas y de dibujantes y guionistas que han dejado sus herramientas de trabajo para dedicarse a otras cosas con las que ganarse la vida -aunque el grancanario Javier Pulido-- ha logrado hacerse un hueco en Marvel y DC , el archipiélago ha contado con varios salones de cómics en las dos capitales canarias, así como en Santa Cruz de La Palma y cuya memoria se pierde en el tiempo. Afortunadamente, han recuperado en la actualidad la bandera por los tebeos los responsables de las librerías Krypton Cómics y la Cómic-Sería a través del Salón del Manga de TenerifeLanParty, un encuentro que ha oxigenado el panorama comiquero con interesantes exposiciones y mesas redondas. Cabe destacar, además, la I Semana del Cómic de La Laguna, que se desarrolló del 5 al 9 de diciembre en el Café 7 y en el que participaron, entre otros, Manuel E. Darias, quien ha convertido su página dominical en Diario de Avisos en la decana de la prensa española dedicada a informar sobre cómics, tebeos, historieta o colorines.

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HASTA PRONTO, KIKO
La temprana desaparición de Enrique Cichosz (o Ike Janacek o simplemente Kiko para quienes lo conocieron) ha supuesto un brusco mazazo no solo para su familia y amigos sino también para el mundo de la ilustración y el cómic en Canarias. Cichosz, que falleció a principio de este mes de diciembre tras soportar como pudo una canalla enfermedad, nos ha dejado un poco más huérfanos y sin la posibilidad de saber hacia donde iba a escorar su prodigioso talento en los últimos tiempos. Para rendirle un modesto pero emocionado homenaje, publicamos a continuación algunos de los textos recogidos en blogs y páginas web especializadas en las que se ha hecho eco de la triste noticia de su muerte. Añadimos, además, una emotiva reflexión que el guionista y dibujante canario Eduardo González publico aún estando vivo Cichosz y en la que el autor de Dentro de la noche reconoce el profundo magisterio y la influencia que ejerció Kiko --o Ike Janacek como firmaba en los últimos tiempos-- en su carrera como profesional del llamado noveno arte.

Jamás, jamás, jamás te olvidaré, Ike
PAOLA VAGGIO (*) Mi amigo Ike, compañero del alma, Enriquito, mi hermano mayor, una parte de mí: Hoy he ido a trabajar pensando que era el primer día que no estabas en el mundo y todo me ha parecido extraño, ajeno, de otros. Pero te he sentido muy cerca, como cuando caminabas a mi lado por las calles de la Alfama. Me enseñaste tantas cosas. Compartimos muchas noches en vela. Nos gustaba un montón hablar de las chicas que no nos hacían caso. Ellas se lo pierden, decías. Y yo añadía, "¡y nosotros, también!" Me cuesta escribirlo todo, es como cuando quiero nadar todo el mar, no se puede. Ahora me pasa lo mismo, que no puedo escribírtelo todo y me gustaría poder hacerlo. Aunque ya no puedas leerme, sé que lo hacías siempre. Sé que nos conocimos gracias a este lugar, que para mí es una habitación más de mi casa. Te dije hace menos de dos meses que cuando pasaras miedo pensases que yo estaba ahí contigo, a tu lado, porque te llevaba en el corazón. En mi corazón desde aquella noche que te conocí en Barcelona y tomamos unas cañas en Paseo de Gracia. Pocos meses después nos encontrábamos en nuestra imaginada Lisboa. Allí lo planeamos todo. Tal vez, tú planeaste que yo conociera a Carol, sabías que era lo mejor que podía pasarme. Nos fuimos a soñar a Lisboa juntos, ya lo tengo claro, y siempre, cada día, me he sentado y me sentaré contigo en aquel mirador, por encima de los tejados. ¿Qué buscábamos? ¿Qué encontramos? Yo te encontré a ti. Todo ha vuelto a mi memoria de golpe. Todos los cómics que me regalaste, el bolso en forma de guitarra, las cartas portuguesas, las cartas de Pessoa, la comida en casa de mis padres con María, todos tus dibujos, tu canción de cumpleaños feliz, el piano, tus mails de todas las mañanas, el infarto de mi padre, el hospital, la película de Kar Wei en el cine, tu amigo Eduardo, la cena en casa de Merche y Eli para desbloquearnos los chakras, las llamadas de teléfono, el tranvía, las caipirinhas, las braguitas tendidas en el balcón, tus perros, tu hermana, tus amigos –de los que tanto me hablaste–, el tipo de la pensión, el ascensor de la pensión, nuestro tatuaje, mis trenzas, tu risa, tus palabras, tu abrazo. Tu compañía. Siempre te querré, amigo, siempre. Y te

lo dije mil veces. Te lo digo otra más. Y ojalá pudiera volver atrás y convencerte de algunas cosas, Ike. Y ojalá pudiera estar más contigo de lo que estuve. Maldita sea. Desde hoy, una parte de mí ya no está porque te la has llevado contigo, lo siento así. Como aquella Lisboa a la que ya jamás podremos volver juntos. Pero siempre estaremos ahí, Ike, tú y yo, haciendo planes, camarada. Estás en mí. Amigo Ike, no quiero irme de este post, no quiero despedirme de ti. Caminaremos siempre juntos. Te quería mucho. Lo sabías. Lo sé. (*) Paola Vaggio es responsable del blog Qué mala soy dosificándote

me consume; quiero conjurarlas, dibujarlas para que no hallen más cabida. Sé que no hubieras querido que lloráramos, pero no se puede esconder tanto dolor cuando ha habido tanto amor. No te pido disculpas por haber llorado tanto. No te pido disculpas por habernos quedado otra vez tres amigos- recordándote: tu humor negro, tu mala leche, nuestras especiales celebraciones de Semana Santa,... Ocurre algo, Kiko: que, aunque no hayas sido el primero de nosotros en partir, no me acostumbro a las pérdidas; que, aunque sé que el tiempo mitiga el dolor, las cicatrices siempre duelen. Y yo, amigo, hermano, anhelo tu presencia siempre necesaria. (*) Coriolano González Montañez es escritor y poeta y autor del blog El viajero insomne

Amigo, hermano
CORIOLANO GONZÁLEZ MONTAÑEZ (*) Hace treinta años tres adolescentes caminaban en una tarde lluviosa y oscura de invierno en busca de un dibujante que colaborara en un fanzine de tintes lovecraftianos que llevaba por título Historias Extrañas. Avanzábamos inseguros y perdidos por las calles de una ciudad, La Laguna, entonces desconocida. La distancia desde la parada de la guagua que nos había llevado desde Santa Cruz hasta la casa nos parecía inmensa. Equivocamos nuestro camino muchas veces hasta que tropezamos con aquella inmensa mansión mágica. Nos recibiste, nos recibieron tu madre y tus hermanas. Aquel fue el comienzo de tardes inmensas rodeados de meriendas, de charlas, de juegos sobre el tapete, de búsquedas esotéricas. Como afirmaba aquella película que vimos más de una vez, fue el comienzo de una larga amistad. Quince años más tarde, bajabas la calle que conducía a una clínica junto a un parque de Santa Cruz. Llevabas un peluche en la mano e ibas a conocer a mi hija recién nacida. Tú fuiste su primera visita y aquel su primer peluche. Hoy, quince años más tarde, te has ido definitivamente y solo quiero evocar momentos de nacimiento, de vida, en un intento inútil de sortear la muerte traicionera, aunque me vengan las imágenes a borbotones, a cientos, a miles y no sepa cómo ordenarlas para darle una coherencia al recuerdo, a tantos años y tantos recuerdos. Sé que no puedes oírme ni leerme, pero necesito apalabrar el dolor, la rabia que

El jefe
EDUARDO GONZÁLEZ (*) Sé que esta entrada le va a jorobar, lo siento. Hace una semana les hablaba de la mascota de Cocainc y de paso de aquellas cambiadas de colorines en las taquillas de la facultad. Empezaré por ahí. Cuando entré el la facultad de Bellas Artes, en el 88, siendo un pipiolín de dieciocho añitos tuve la inmensa suerte de capear todo un alud de bobería y frivolidad haciendo piña con una serie de gente fantástica, compañeros y amigos de los que siempre me acordaré. En realidad mi suerte fue asombrosa, ya que toda mi promoción fue un cúmulo (vale, con sus más y sus menos, como en todas partes) de gente especial en el buen sentido. Allí estaban entre otros Martina, Lidia, Tonidavi, Leocadio, Sisa, Kiko, Bea, Nico (del cual

no hay día que no me acuerde)… y el maestro. Nos reuníamos en las taquillas los lectores y dibujantes de tebeos para prestarnos esas revistas de monigotes (decía el otro día como me cambió mi percepción de ese mundo aquellos días) y para ver los dibujos de los compañeros. Aprendí más allí que en todo un año de aulas. Recuerdo con envidia los dibujos de todos pero había alguien que nos dejaba sistemáticamente boquiabiertos, mirabas aquellos folios en silencio siendo consciente de encontrarte delante de alguien con un talento inmenso, realmente poco común. Enrique (Ike) con una humildad enorme y sincera y una gran generosidad y paciencia me ayudó siempre. Han pasado ya una morterada de años. Sigo acordándome de aquellos dibujos cada vez que me pongo delante de un folio. Sigo diseñando personajes tal y como él lo hacía. Utilizo las plumillas porque él me las recomendó, entinto con pincel porque él me enseñó. A día de hoy aquellos dibujos de aquel amigo de veinte años siguen siendo para mí una referencia insuperable. Es para mí (y no soy el único en tener esta certeza) el mejor dibujante que conozco ¡Y los conozco realmente buenos! Además de muchas otras cosas. Y no es justo que no lo conozca todo el mundo. Ojalá que en un futuro su suerte cambie. Lo merece de sobra. Pero eso es secundario. Ike es también y sobre todo mi amigo. Juntos hemos pasado de todo. La hemos pasado putas y nos hemos reído lo que nos ha dado la gana. Nunca hemos perdido el contacto, que por mi dejadez he perdido tan a menudo con otros amigos, nunca que recuerde hemos tenido un enfado, porque es muy difícil enfadarse con alguien como él. Su propia familia es muy querida para mí. Este texto viene a cuento de que esta muy mal hablar y perderse siempre en uno mismo. Que de vez en cuando viene bien acordarte de los amigos, a los que como en este caso, tanto debes y que a veces alguna circunstancia te hace ser consciente de que están ahí. De que son necesarios. Veintitrés años espalda contra espalda compañero. A por los próximos veintitrés. Un abrazo. Les dejo algunos de sus dibujos, también el que abre este post, para que ustedes juzguen. Es una muestra muy pequeña sacada de su página de Flickr http://www.flickr.com/photos/ikejanacek/ (¡Visítenla!) pero se harán una idea. (*) Eduardo González es guionista y dibujante de cómics así como responsable del blog Tirón de ojeras.

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Miércoles, 21 de diciembre de 2011

DIÁLOGO EN EL DESIERTO DE IVÁN CABRERA CARTAYA
SERGIO BARRETO iálogo en el desierto: aparente contraposición de términos desde la cual se despliega, tras una lectura atenta y meditada del corpus total de la obra, un abanico de connotaciones que logra descontextualizar el concepto mismo de diálogo en el desierto como forma de comunicación baldía, convirtiéndolo en aproximación a un tipo de conocimiento muy determinado; una forma de conocimiento que florece de la confrontación y la asimilación; confrontación con la arena, el malpaís, el páramo y todo ese conjunto de abigarrados secarrales que, impregnados en el libro de una peculiar moralidad (que no personificación), componen el paisaje oriental de unas islas que nuestro autor asimila para reforzar o reconstruir, al modo de Dante, una cartografía de su condición como hombre. Asimismo no olvidemos que esta dialéctica planteada por Cabrera Cartaya es EN el desierto y no CON el desierto, por lo que el medio se torna, a través de dicha preposición, en escenario y no en entidad interpelada. Las preguntas, entonces, se imponen: ¿Con qué o quién dialoga el poeta en tal ámbito? Es más: ¿Cuál puede ser el contenido de un diálogo así? Desde mi punto de vista y, claro está, sosteniéndome en la nota final del libro, sólo puedo entrever una respuesta: El creador habla con el sí mismo a través del texto poético, siendo los escenarios de Fuerteventura y Lanzarote los idóneos para que silencio y soledad se cosifiquen y emerjan de manera insólita. De tal ejercicio, que no puedo dejar de vincular con el movimiento eremítico iniciado por San Antonio, surgirán demonios o, rememorando las experiencias de silencio que el escritor judío Edmond Jabés buscaba en el desierto egipcio, divergencias perceptivas capaces de conceder sabiduría. No viene de más recordar algunas frases del genial escritor egipcio como: Del alma, el desierto es el despertar; o, He venido del desierto como se viene de más allá de la memoria; o, Toda claridad nos vino del desierto. Libro éste, por tanto, regido por las múltiples posibilidades estéticas que la contemplación extrema propicia a un creador. Y es que sin dejar de beber de un asépticamente reformulado conceptismo gongorino (y digo gongorino para referirme a la cuidada cadencia que impregna cada verso) Diálogo en el desierto atraviesa el filtro rupturista de las vanguardias y desemboca en un terreno en el cual se funden sobriedad técnica y elevada pulsión imaginaria, es decir: la indiscutible y personalísima voz del poeta. Sobriedad y pulsión, insisto, que al enlazarse con sumo cuidado acaban por construir un mapa de tensiones plásticas capaz de arrastrarnos a la magnitud telúrica, no

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sólo de los lugares referenciados, sino también a la del interior del creador. Veamos, como ejemplo, este fragmento de LAS OLAS HABLAN CON LA MUERTE: ¿No se aburre el mar de sí mismo? Como yo, ¿no se hastía de llegar siempre a una playa? Mirar el mar es desolarse llenarse de vacío y plenitud y también de un invierno transparente. Anoto el diálogo del viento. Las olas hablan con la muerte y yo escucho el murmullo de la tierra. Lugares concretos, enclaves que tienen su situación en espacios por todos conocidos y que nuestro autor menciona y transforma a través de una estructura de pensamiento que, me atrevo a afirmar, linda con lo mítico. Estructura que desplaza el lastrante raciocinio ingenioso, tan en boga en la poesía actual, y se arriesga hacia lo abierto, lo no dicho, el enigma. Misteriosofía, pues, que permite extraer de la tierra la esencia visionaria, a veces tórrida y violenta y otras veces límpida y equilibrada, que articula este periplo organi-

Y es que sin dejar de beber de un asépticamente reformulado conceptismo gongorino (y digo gongorino para referirme a la cuidada cadencia que impregna cada verso) Diálogo en el desierto atraviesa el filtro rupturista de las vanguardias y desemboca en un terreno en el cual se funden sobriedad técnica y elevada pulsión imaginaria, es decir: la indiscutible voz del poeta

zado como díptico. En la primera parte, Azul de Fuerteventura, encontramos poemas de la talla Noche primera en el jable, donde el autor, amparado por una reinante oscuridad délfica (oscuridad de conocimiento que conecta con la noche clara -- de San Juan de la Cruz) se convierte en receptor del lenguaje del mundo, como si el conócete a ti mismo entrara en un movimiento interrogativo cuya solución se encuentra en el silencio construido por todas las palabras de este mundo. Otro poema de impactante intensidad es, a mi juicio, el que lleva por título un gorrión, ya que el autor, al aprovechar la frágil y discreta naturaleza de dicha criatura como espina vertebradora de una búsqueda vital, desvinculándola de cualquier idealismo bucólico y uniéndola a un espacio concreto como es el pequeño pueblo de Tetir, (lugar de nacimiento, por cierto, de mi madre), obtiene una imagen precisa de su compromiso ético con la realidad. Y es que algo tan sencillo como un gorrión catapulta a nuestro poeta hacia la esperanza. En el que lleva por título Paula, Nottinghan, deslumbra la penumbrosa belleza que destila cada palabra, engastadas, cada una, mediante sutiles pespuntes de fuego nocturno. Belleza cuya carga erótica me recuerda a los planteamientos estéticos fijados por el japonés Junichiro Tanizaki en su Elogio de la sombra, concretamente cuando escribe: Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fosforescencia de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra. Con respecto a esta primera parte también quiero sacar a colación, si me lo permiten, el poema titulado Fabiola, 3 de agosto, con el cual (corrígeme Iván si me equivoco) incursionas en un oscuro suceso de actualidad que provoco un considerable estruendo mediático en el año 2007; me refiero al lamentable asesinato de la niña de quince años Fernanda Fabiola Urzúa en el sur de esta isla. Al margen de la repercusión emocional que un tema como el susodicho puede causar en nuestro interiores, he sacado a colación este poema con una intención diferente: la de evidenciar una coyuntura que, lejos de menoscabar el corpus poemático, lo refuerza, alimentando el mapa de tensiones que es este libro. Y es que se trata de una aparente contradicción con respecto al aislamiento absoluto que puede, en determinados momentos, sugerirnos la obra. Pero no, ya que esta incursión en lo actual no hace más que reforzar el lazo entre poesía y tiempo. Agranda, pues, el marco del libro y nos dice directamente que el hombre actual se encuentra imbuido en la información constante o, en palabras del escritor estadounidense

Alvin Toffler, infoxicación, por lo que el aislamiento efectivo de su propio ser ya no es posible. La segunda parte, Cuaderno Mínimo de Lanzarote, contiene a mi modo de ver, algunos de los versos más certeros y elaborados que he leído de nuestro autor. Encabezada por una cita del infierno de Dante que, indirectamente, nos recuerda de dónde provienen todas esas presencias que recorren como una corriente eléctrica el libro y que van de lo ígneo a lo etéreo, pasando por lo espectral y la fisicidad más cercana, esta segunda parte, digo, comienza con un poema que me atrevo a clasificar de crepitante. Bebiendo del Rilke más órfico y del Wallace Stevens de poemas como La realidad es un asunto de la más augusta imaginación o El poema que ocupó el lugar de una montaña, nuestro autor ha sido capaz de tejer fragmentos tales como: Ser la parte infinita de un fragmento que se suma a la completud de todo. Hundir la mente en las estrellas. No puedo evitar, tras haber reflexionado largamente el mencionado poema y en especial ese Hundir la mente en las estrellas, recordar al Novalis de Himnos a la noche. No obstante, y aunque sea latente la presencia del imaginario del poeta alemán, la contención psicológica y lingüística que Cabrera Cartaya nos concede, se desgaja de cualquier efectismo romántico y se adentra un paso más allá de la modernidad, donde el sujeto se disuelve en la duda, hace del ojo un síntoma de la luz y del cuerpo un orden confuso de valores que se enfrentan a un telón donde realidad y apariencia son indiscernibles. Ilustrativo ejemplo de esta apreciación es la magistral película de Bergman, Persona, donde identidad y entidad acaban confundiéndose en un desconcertante y perverso juego que pone en tela de juicio, incluso, la confianza que el espectador deposita sobre los personajes en la primera mitad de la cinta. En poemas como un Palimpsesto sobre el sol más lúgubre, cuya fúlgida potencia y concreción devolvió mi retina las pinturas telúricas del mejicano José Luis Bustamante, o Diálogo acerca de la esfinge o los tres poemas que copan las páginas de la 61 a la 64, se hace patente todo un imaginario violento que, especialmente en los últimos poemas mencionados, acaba por erigirse tal arquitectura negra que sólo puede cobijar el encuentro con el demonio o quién sabe qué dios órfico y desconocido. Sí, diálogo, éste de Iván Cabrera Cartaya, con el sí mismo. Diálogo que reverbera en la cartografía convulsa de un escenario tan sugerente como desconcertante, tan hermoso como extraño. Pocos autores han sabido captar con tal lucidez las abigarradas formas que danzan sobre el plano de los sueños.

Miércoles, 21 de diciembre de 2011

El perseguidor 7

EL VUELO DE ÍCARO /
Número: CLXI

Coordinación: Coriolano González Montañez

KOSTAS KUTSURELIS. CINCO POEMAS DE AIRE AUGUSTO
TRADUCCIÓN Y NOTA: MARIO DOMÍNGUEZ PARRA

I.
AIRE AUGUSTO. Las hojas en sopor al hombro del austro apenas se asen. Más allá, el aroma del mar. El temblor de un motor que palpita donde no cubre. En caída libre la lente del sol escanea cuerpos boca abajo en desorden. Sobre la arena perdidas huellas ubicuas. Ojos entreabiertos. Desnudos vítores infantiles. Aire augusto. En la espera de occidente envuelve el césped, tul celestial, el horizonte. Un lagarto, invisible en las nupcias del fulgor, hacia la calma umbrátil se arrastra. De los grifos del bar gotean primicias: Europa. Tercer Milenio. Grecia. Ecos de una vida ignorada. Aire augusto. Aire de ascuas.

Pero de súbito una mala noticia en los dientes del buen locutor tropieza y, filántropo, antes de contarla recela. Y sepamos todos cuánto nos hechiza la fatal noticia, invencible, violenta. Que tanto más fuerte cuanto más remisa, tanto más purificadora nos aniquila. Como la lluvia de agosto. Como la nieve primera del invierno en las estribaciones. Cuando silabean de nuevo las emociones algo de la oculta métrica de la naturaleza. La nieve. El dolor. La lluvia. Lo que vive y vivos nos revela. La mirada que creíamos inhumada será vidente. Una Grecia indeleble. Más allá de la ceniza.

un chiquillo que ondea una sábana o un estandarte – del todo no se distingue; un auditorio que aclama; alguna señora bien conservada que hace muecas mientras su boca prueba inefable a adquirir un semblante algo húmedo. Espectáculo simple, común. Es decir, baladí. El mismo mundo, el antiguo, que resuella. Cual viejo roquero en escena, baldío.

NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA
El poeta, traductor y crítico Kostas Kutsurelis nació en Atenas en 1967. Estudió traducción y derecho. Vivió un tiempo en Alemania. Ha publicado dos libros de poemas: Historias del sueño (Istoríes tu ipnu, Atenas, Ekdosis Nefeli, 2000) y De arte amandi (Atenas, Ekdosis Nefeli, 2004). Desde el verano de 2008 ha ido publicando regularmente en su página web, http://www.koutsourelis.gr/index1.php?, poemas de Aire augusto, secuencia poética de 33+2 poemas. Hasta ahora ha publicado 30 de ellos. También ha publicado traducciones de textos de Novalis (Himnos a la noche); de Octavio Paz (Piedra de sol); de Shakespeare (una selección de los sonetos); de poemas de Rilke, Larkin y Heine; de la novela de Martin Walser La defensa de la infancia; de textos teóricos de Karl Marx, Werner Sombart, Hans Freyer y otros. Participó en varios números especiales en revistas, dedicados a Gottfried Benn y a la poesía alemana tras la caída del muro de Berlín. María Victoria Reyzábal, en la Revista «Zurgai» (Bilbao, diciembre 2002) escribió sobre él lo siguiente: «KOSTAS KOUTSOURELIS (1967) representa a una generación de intelectuales cosmopolitas, formados en Europa (en su caso en Alemania) e interesados por traducir al griego obras fundamentales de otras literaturas occidentales y que, sin embargo, se sienten profundamente comprometidos con la evolución reciente de su país hacia la modernización». En la revista digital 3:am magazine se puede leer una entrevista en inglés a Kutsurelis (de SJ Fowler): http://www.3ammagazine.com/3am/maintenant-22kostas-koutsourelis/. Se puede leer traducciones de su poesía a diversas lenguas en la siguiente página de Internet: http://lyrikline.org/index.php?id=162&L=1&author=kk00&sh ow=Poems&cHash=027700285b. La poeta Sofía Koloturu y Kutsurelis editan el blog Nuevos sonidos en agua antiquísima: poesía griega contemporánea escrita en metros tradicionales: http://pampalaionero.wordpress.com/.

IV.
FRENTE A MÍ EL MAR: reverberante; ríe sin ninguna arruga. Hasta el Ática desde las playas de Creta un territorio inerte y tranquilo. Como la vida en el Edén de los primeros hombres bajo las salmodias de los ángeles

II.
HORA: DIEZ y media. Yaciente. Los ojos se niegan a levantar el telón. Tras las persianas amarillo y rebosante se inquieta el sol. Una alegoría bellísima: la humanidad narcotizada que desde siempre se conforma con la lobreguez. Y no obstante, se desarrolla el mundo sin mezclarse cada mañana. Cortés cual invitación. Cual tapiz. O cual bofetada de una mano rauda cuasi castrense. Él mismo estandarte a ritmo de marcha nos invita a un eterno izamiento, sin arriada. y el desvelo azulino del Cielo. Vida pulida; brillante como el cristal; nimia como el mar que se ha privado hasta de su última ola. Frente a mí el mar: oneroso como en los dedos de Midas los caudales; como atleta boca arriba tirado al que su aliento traicionó en el alambre. Frente a mí el mar: tedioso cual poema al que privaron de rima.

V.
Unos dicen: en definitiva caerá lo que sube. Otros: se elevará hacia la luz lo que cae. Hora: once y diez. Aquí dentro la Sombra. Fuera el cielo ciclópeo y el día. DESDE EL BALCÓN de la primera planta en una habitación sobre la arena el mundo en verdad parece simple: una pantalla gigante, tridimensional, noble donde continuamente palpitan azarosas imágenes en serie. Como la que imito desde la esquina:

III.
COMIENZOS DE AGOSTO y la lluvia vacila.

8 El perseguidor

Miércoles, 21 de diciembre de 2011

¡Ay cultura!
PABLO MARTÍN CARBAJAL (*) Me costó sumergirme en el concierto del Cigala, antes retazos de Yukali, el país que alguien soñó, un magnífico solo de guitarra, uno de esos que te ponen los pelos de punta, hasta por fin llegar a «Lágrimas negras», sufro la inmensa pena de tu extravío, siento el dolor profundo de tu partida…, donde la banda al completo (percusión, caja, piano, guitarra, contrabajo y violín), bordó una interpretación extraordinaria que se mantuvo ya hasta el final; salimos del auditorio con una placentera sensación de paz y de alegría, una especie de plenitud capaz de hacer olvidar cualquier anterior estado de ánimo; ¡ay cultura! Al día siguiente teníamos entradas para el teatro Guimerá, Anto-

nia San Juan estuvo intermitente, con monólogos más pobretones pero también con otros ingeniosos, en los que nos acercaba a personajes de mujeres —algunas solas, otras maltratadas—, con la habilidad para provocar carcajadas a una parte del público, pero también, reflexión, empatía, un necesario entendimiento de otras realidades, de otras vidas; ¡ay cultura! Quedamos para recorrer Foto Noviembre en La Laguna, tomarnos una caña entre exposición y exposición, y después cenar rematándolo con unas copas, también habíamos visitado días antes las exposiciones de Santa Cruz, acercarnos en la Recova a la curiosa vestimenta de reivindicativos jóvenes urbanos de Sudáfrica; introducirnos en el Cabrera Pinto en las cocinas de distintas familias europeas y ver sus vestimentas, sus muebles, sus expresiones, su economía, sus comidas; observar en

la Casa Lercaro con una especie de sorpresa, tal vez de irrespetuosa burla, la decoración barroca de las casas de algunas familias de Rumania, introducirnos en el Ateneo en la preciosa expresión ensimismada de una chica sentada en una silla. No fue la mejor de las Foto Noviembre, pero su visita nos hizo volver a recordar algo que olvidamos a menudo, que el mundo es mucho más amplio que los límites de estas islas; ¡ay cultura! Eso mismo también lo pudimos comprobar en la presentación del libro de Paloma López Reillo, «Jóvenes de África reinventando su vida» en donde la autora cuenta la experiencia de un grupo de menores inmigrantes que una vez cumplida la mayoría de edad tienen que hacer precisamente lo que dice el título, reinventarse su vida, como si fuesen un lienzo en blanco que ellos mismos tuviesen que dibujar. La cena posterior en la

calle de la Noria hablando con los chicos fue una lección de superación, de otras realidades y necesidades, de optimismo; ¡ay cultura! Ya no nos gusta ir al cine doblado, y afortunadamente el soplo de aire fresco que es el TEA proyecta todos los fines de semana películas en versión original, «Black Heaven» fuimos a ver el sábado, un trepidante thriller francés en el que se combina la vida real con la vida virtual, una virtualidad quizás tan necesaria en la que podemos jugar a ser otras personas, a sentirnos otros; ¡ay cultura! Y acabamos el domingo en el Teatro Victoria, un curioso teatrito que gracias a su adhesión a una red nacional de teatros nos permite ser espectadores en primera línea de propuestas sugerentes; esta vez programaban «El teatro no es el territorio», una obra densa e interesante (que es necesario ver varias veces) en donde se diser-

taba, entre otras cosas, sobre la utilidad del teatro, sobre la utilidad de la cultura, sobre la necesidad de la ficción, sobre la necesidad de acudir a ella para explicar la realidad, o de acudir a ella cuando la realidad no es suficiente, cuando en la realidad no encontramos la respuesta a la pregunta, tan humana, de si esto que vivimos es todo, de si no hay nada más que este insuficiente día a día. Durante la obra el actor principal explicaba una visita por una exposición de robots, de cada uno sus movimientos y sus utilidades, a él el que más le gustaba era uno que estaba en el suelo e intentaba levantarse y se caía, intentaba levantarse y se caía, intentaba levantarse y se caía…; hay cultura, pero también ¡ay cultura!, cuánto te necesitamos…

(*) Pablo Martín Carbajal es escritor

PULP FICTION / EDUARDO GARCÍA ROJAS

PORTADA DE LA LEYENDA DE FUKAERI.

LECTURAS (CANARIAS) DESCONCERTANTES

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os títulos aparentemente opuestos aunque coincidentes en sus ambiciones literarias: Ninguna. Y no es una crítica negativa diseñada para hacer daño sino todo lo contrario: una conclusión saludablemente positiva. A mi juicio La nación de los olvidados (antología de escritores universalmente desconocidos) y La leyenda de Fukaeri, de Omar Salle y Antonio Lorenzo Gómez Charlín, respectivamente, son dos curiosas propuestas gamberras que rinden, a su manera, homenaje a la literatura.

I.- UNA FELIZ ANOMALÍA La nación de los olvidados es una recopilación de textos con sus reseñas biográficas sobre supuestos escritores cuyo nombre hasta la aparición de este libro solo pertenecían al monopolio de Salle, Omar, pseudónimo tras el que se camuflan varios poetas y narradores que han querido ser unidad en este ¿experimento? en el que se mezcla un poquito de aquí y otro poquito de allá. Entrañable rareza, en La nación de los olvidados hay textos mejores y otros peores. A mi me tocó las entrañas Tislitt Unzar y Zacarías Sherlock, entre otros. Cosas mías. Explica Salle en el prólogo (Purgatorio): “No hay escritores olvidados, sino escritores mal leídos. Hay autores que han escrito sin pretender serlo y hay inventores que solo han sido de la naturaleza. La biblio-

teca es un cementerio donde es posible exhumar cadáveres hermosos y necesarios. Mis visitas a la biblioteca me han permitido extraviarme entre una selva de condenados, de heréticos, de traductores inverosímiles de lenguajes imposibles, de maestros en géneros ínfimos y despreciados.” O lo que es lo mismo: el condenado sueño de todo lector condenado. La nación de los olvidados (antología de escritores universalmente desconocidos) no tiene otra pretensión que la de imaginar -a veces, es verdad que con una chirriante ironía-- la vida y obra de hombres y mujeres inexistentes que ahora viven gracias a la generosidad de Omar Salle. Leyendo este librito, que cuenta con sencillas, casi naïf ilustraciones, fue inevitable que se me viniera a la cabeza un texto hoy enterrado pero que a los idiotas de mi generación marcó al rojo vivo. Tan vivo que aún me emociono al recordarlo. Su título es Vidas imaginarias, y lo firma Marcel Schwob, una historia fabulada de personajes reales como Pocahontas, el Capitán Kid o Empédocles, entre otros. De estas vidas, que inspiraron a Jorge Luis Borges su magistral Historia universal de la infamia, quiero pensar que bebió también Omar Salle cuando cerró esta antología de textos y bios de escritores que nunca existieron pero que hoy están, afortunadamente vivos. Libro sin otra pretensión que la de fabu-

lar, La nación de los olvidados (antología de escritores universalmente desconocidos) me sabe así a una obrita de culto. A una delicada y feliz anomalía en el inquieto y tontorronamente egomaníaco universo de las letras canarias.

II.- OJO AVIZOR La leyenda de Fukaeri me sabe también a divertida rareza. Lástima que el profundo amor que siente su autor –Antonio Lorenzo Gómez Charlín– por la literatura resulte a la postre más un lastre que una feliz inspiración para encontrar orden en un desorden ora atractivo, otra chispeantemente divertido y ora desarmante al advertir que el autor no tuvo la intuición de salir de su presunto laberinto narrativo. Con todo, La leyenda de Fukaeri se lee bastante bien y, algo insólito en las letras escritas en y desde Canarias, hacer sonreír en más de una ocasión. El escritor de origen gallego juega con distante ironía con los géneros, y sabe darle la vuelta como un calcetín. Solo que el par le sale con distintos colores. El mayor mérito de este relato, relato cuyas raíces se multiplican y se enredan, es que está escrito con ganas de ser escrito. Y esas ganas se mantienen con un eficaz tempo a lo largo de este supuesto “thriller crepuscular y existencialista.” La recomendación que podría darles a quienes se atrevan a sumergirse en esta extravagante aventura es que se dejen

atrapar en ella sin mapas ni brújulas. Que no busque coherencia –que la tiene, pese a todo aunque muy en el fondo– en este texto en el que se mezcla aparente realidad con ficción. Por eso hay que dejarse llevar. Sobre todo cuando detectas que no hay inicio, nudo y desenlace sino narración que, como el Guadiana, aparece y desaparece sin que el autor dé explicaciones. La leyenda de Fukaeri, que cuenta con una llamativa portada que me hizo recordar una viñeta de una fotonovela que tiempo a… leí en la legendaria revista de cómics El Víbora, es un divertimento en el que, entre otros tantos papanatas de la vida real, aparece quien ahora firma estas líneas. No habrá quien entienda esta La leyenda de Fukaeri pero se trata de una novela que pese a sus excesos se mastica bien y se deja leer aunque no te lleve a tierra. Y a mi me hizo sonreír y leerla en unos tiempos donde desesperadamente quiero buscar cosas que me hagan más soportable este sendero de luces y sombras que es la puñetera existencia.

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