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Victor Manuel Fernández. Quince motivaciones para ser misioneros. Cap. 3

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A la luz de Aparecida

Víctor Manuel Fernández Editorial Claretiana

Citas: DA (Documento de Aparecida. Brasil. 2010)

Iluminar las necesidades más profundas de la gente
Motivación 3. “Lo que ustedes adoran sin conocer es lo que les vengo a anunciar” (Hch 17, 23)
A veces, creemos que el Evangelio es hermoso, pero sentimos que la gente quiere otra cosa, que tiene otros intereses. Por lo tanto, perdemos el entusiasmo por la misión. Olvidamos que, en realidad, el Evangelio es lo que los demás necesitan para ser felices, para crecer, para realizarse

el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque han sido creadas para lo que el Evangelio nos propone: la
como seres humanos. Nosotros creemos que amistad con Jesús y el mandamiento del amor. Cuando se logra expresar adecuadamente y con belleza el contenido esencial del Evangelio, seguramente ese mensaje responderá, de alguna manera a las necesidades más hondas de los corazones. Porque el Evangelio,

Dios, que se ha revelado en conoce mejor que nadie lo que el ser humano necesita

escuchar. Por eso, el anuncio cristiano está orientado a hacer resonar la invitación más preciosa que alguien
puede recibir:

EXISTE ya en las personas y en los pueblos por acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte. El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esta esperanza”. (Redemptoris Missio, 45)
“El misionero está convencido de que

El misionero puede presentar su anuncio con gozo porque sabe que no está hablando de algo INÚTIL, sino de lo más NECESARIO para vivir bien. No está presentando un mensaje completamente oscuro, sino algo que, en lo más profundo del corazón,
El entusiasmo por predicar a Jesucristo se fundamenta en esta convicción. Tenemos lo que la gente necesita. cualquiera puede comprender. No es algo que no responde a las inquietudes más profundas de la gente, sino por el contrario es la mejor respuesta. Está anunciando precisamente lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar, porque es la respuesta que cae en lo profundo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no se desgasta ni pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde, más allá de las circunstancias, el ser humano necesita siempre lo mismo: llama a la fraternidad. Es verdad que, a veces, las personas no pueden reconocer que ese mensaje es lo que les hace falta, porque están muy atontadas con las cosas del mundo, con las ofertas comerciales, con la basura de la televisión, con los entretenimientos de la sociedad de consumo. Pero nosotros sabemos que, aunque por el momento no lo puedan ver, el anuncio cristiano es lo que más les conviene recibir, y

EL AMOR DE JESUCRISTO que libera y que

es lo que

en lo más profundo

están

esperando.
Por eso no cave la excusa de los que dicen que no son misioneros porque sienten que eso es imponer a los demás algo que no les interesa. Los demás necesitan recibir el anuncio de Jesucristo aunque todavía no lo puedan reconocer, y nosotros se lo ofrecemos aunque por ahora nos rechacen, porque “es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como sal de la tierra y luz del mundo” (DA, 110). Ya llegará el momento oportuno en que el corazón se abrirá y reconocerá que Jesús tiene las respuestas que necesitan. Hoy ya no decimos que sólo los cristianos se van a salvar, o que en el cielo no hay lugar para los que no son católicos. Muchas personas pertenecen a otras religiones porque han nacido en otro lugar del planeta y han bebido esas convicciones desde pequeños. Ellos se sienten seguros de que eso es lo que Dios les pide, y la gracias de Dios puede actuar en sus corazones más allá de todo. Otras personas, quizás vecinos nuestros, no llevan una práctica cristiana por la educación que recibieron o porque han pasado por malas experiencias que les han cerrado el corazón o las han alejado de la Iglesia. Pero muchas veces el Espíritu Santo hace su obra en medio de esos límites. Entonces, ¿Para qué anunciarles a Cristo? ¿Qué necesidad hay de predicarles el Evangelio? Alguna vez te habrás preguntado eso.

Lo que sucede es que nosotros no les anunciamos a Jesús sólo para que no se condenen y SE SALVEN. Hay otras razones. Queremos que se encuentren con Jesús y que su vida SE TRANSFIGURE gracias a la

amistad con Él. Queremos que disfruten del diálogo con Él, que experimenten lo que es dejar la propia vida
en sus manos y contarle lo más profundo del corazón. Queremos que lo conozcan cada vez más, que lo celebren en comunidad, que se alimenten con su Palabra, que prueben la esperanza que brota del encuentro con Él. Todo eso, tan bello y tan grande, es lo que viene a responder a lo que su corazón les está pidiendo, a las inquietudes que bullen de ellos, a sus angustias ya sus sueños más valiosos. Nosotros queremos que alcancen esa plenitud en esta vida, no nos basta que se salven y vayan al cielo. Por eso les anunciamos el Evangelio. Queremos que Jesús brille de un modo más claro y pleno en sus vidas, como la gran respuesta que les hace falta. No hay que olvidar nunca esto: no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo; no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas; no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su palabra; no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que

Sabemos que la vida con Él se vuelve mucho más PLENA y con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso, somos
hacerlo sólo con la propia razón. misioneros. Es cierto que nosotros tenernos todo este tesoro y estamos tan acostumbrados que a veces dejamos de valorarlo y de disfrutarlo. Tenemos la respuesta y seguimos buscando otras. Por eso perdemos el ardor misionero y perdemos de tanta luz para vivir.

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