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VALE LA PENA…….?

Recuerdo el día que aprobé el examen de admisión en el cuerpo de


bomberos, con tanta claridad y emoción , como el científico que recibe la
máxima graduación académica o aquel ciudadano que es condecorado
por un acto importante de su vida.-

Cuando me enteré de que había aprobado el curso, colmaron mi vanidad


visiones románticas: madres bañadas en lágrimas que me besaban por
haber salvado a sus hijos, periodistas que me ensalzaban en sus
editoriales, gobernantes que me condecoraban...

Ahora, 35 años después, se ha desvanecido toda visión romántica. He


trepado por escaleras de incendios miles de veces;, sabiendo que en
cualquier momento el techo podía desplomarse sobre mí, o el piso
hundirse, o estallar un explosivo oculto. Me he arrastrado por infinidad de
pasillos llenos de humo asfixiante y calor abrasador , he visto de
desaparecer cientos de hectáreas de bosques ante el avance implacable
de las llamas. He visto morir a amigos y he llevado muertos en mis
brazos.

He dejado sola a mi familia en fechas muy especiales e irrepetibles , he


pasado navidades y fines de año , al lado de mis compañeros , negros de
humo y hollín , compartiendo el dolor de esa familia que perdió su
vivienda, he ido cientos de veces a mi trabajo , sin dormir , cansado, y
muchas veces recibir reprimendas por no estar atento en el mismo a
causa del sueño, He dejado incontables ocasiones el tibio calor del
hogar ,en frías madrugados, dirigiéndome presuroso al cuartel al llamado
de la sirena .

Justa es la razón de haber escogido al fuego como metáfora del infierno.


¿Qué podría ser más espantoso que la lenta agonía de la piel que se
chamusca hasta que se obstruye la garganta? Estar tan cerca de la
muerte no me parece nada interesante, nada romántico.

Después de cada incendio el interior de mi nariz queda cubierto de hollín


y escupo las flemas negras de mi oficio tengo. 53 años, me siento
como si tuviera 80.

A veces, después de un siniestro, alguien me pregunta como me


encuentro. Me limito a menear la cabeza. Me siento como si hubiese
ascendido a una montaña, y gozo de la muda y personal satisfacción de la
victoria. , del haber podido servir a mi comunidad.-

Pienso entonces en el precio que los bomberos tenemos que pagar por
esa victoria. ¿Vale la pena ese constante ingerir veneno, ese agotamiento,
ese envejecer? En lo económico, no lo vale. Sin embargo, comprendo que
no podría desempeñar ningún otro trabajo que me diera una sensación
tan grande de paz interior, de sentirme útil a los demás ,y de poder aliviar
, aunque sea en parte , el dolor, de mis semejantes .-

Hace poco, después de un accidente ,vi sentados a mis compañeros en la


cocina del cuartel , habían podido atender y rescatar a dos personas con
vida pero una joven mujer y su hijito habían fallecido , pude ver en sus
rostros toda la desazón, y la tristeza de la impotencia y con los ojos
enrojecidos , una joven recién egresada como bombero rompió en llanto
, no soportando mas la tensión vivida , preguntándose si podría seguir
con ese trabajo, vi. en esos ojos, a los que las lagrimas le daban un brillo
especial a la mirada, todo el dolor y toda la ternura que solamente
sienten aquellos que hacen de la solidaridad una forma de vida.-

Nos somos superhombres, ni seres especiales, somos solamente vecinos


comunes y corrientes , que hemos tomado un camino de servicio, y de
solidaridad, que tenemos como todos, familias, problemas , cosas
buenas y cosas malas, fortalezas y debilidades, en definitiva somos seres
humanos , que tratamos humildemente de ser útiles a nuestra
comunidad.-

Pero a veces, situaciones, como la vivida una noche de invierno de hace


dos años , nos hacen dudar de seguir con esta forma de vida.
En esa fecha la sirena nos convoca con urgencia , un incendio ya fuera
de control consumía una vivienda en una parte alta del pueblo, 12
minutos tardo la primera unidad en llegar al lugar ,desde el momento en
que se recibió el llamado, en 12 minutos mis compañeros, salieron de sus
casas, corrieron presurosos al cuartel, tomaron sus equipos y
llegaron….. , pero cuando quisieron iniciar las tareas de combate , fueron
recibidos con insultos, pedradas, amenazas, vilipendiados y agredidos,
por vecinos, a los que siempre tratamos de proteger y ayudar y que
creiamos nos tenian , aunque sea , un poco de respeto y consideración .
Los jóvenes bomberos debieron refugiarse en la auto bomba, luego con el
correr de los minutos intervino personal de seguridad, y recién allí se
pudo comenzar con la lucha, ya demasiado desigual ,contra el fuego;
esos bomberos pese a la agresión y a los insultos que gratuitamente
estaban soportando , no abandonaron el lugar, concientes de su
responsabilidad, MAS MORAL QUE LEGAL,sino que por el contrario
culminaron su tarea.-

Entonces vuelvo a hacerme la pegunta…VALE LA PENA?

Pero no todo acabo allí, con el correr del tiempo , llega a nuestro cuartel
una demanda judicial, patrocinada por un letrado de la localidad , donde
nos acusan de no tener agua en nuestros móviles, que nuestros equipos
no funcionaron, en definitiva poniendo en duda nuestra idoneidad y
capacidad operativa , pero nada dice esa demanda , de las agresiones,
que no permitieron iniciar nuestro trabajo en tiempo ni oportunidad,
PORQUE : SI TENIAMOS AGUA ,Y SI FUNCIONABAN NUESTROS
EQUIPOS, nada dice de las pedradas cuyas marcas quedaron en la auto
bomba , nada dice de los insultos y las amenazas , en fin, hoy nuestro
cuartel corre un riesgo de tener que perder bienes materiales, que no son
ni mas ni menos , que las herramientas para cumplir con nuestra misión .
PERO contra este tipo de actitudes , DE nada vale el sacrificio, la
dedicación , el altruismo o las ganas de ser útiles a nuestra comunidad.-
De nada sirven las 30 voluntades de hombres y mujeres que cada, día y
cada noche velan por sus vecinos .-

Por eso hoy , con mucha tristeza y un gusto amargo en la boca …. sigo
preguntándome al igual que mis 30 Camaradas : ¿VALE LA PENA?

Comandante HECTOR HUGO FERNANDEZ


Jefe Cuerpo Bomberos Voluntarios
De El Bolson

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