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J Senent Josa - La enseñanza de las Ciencias Naturales en la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia

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La enseñanza de las Ciencias Naturales en la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia

Joan Senent Josa
La ciencia es el ideal del movimiento de la Escuela Moderna. En su proyecto pedagógico, las Ciencias Naturales tienen un papel importante. Se compara el movimiento de la Escuela Moderna y los movimientos del reformismo escolar de la burguesía, a través del laicismo escolar, en relación a la ciencia y a la enseñanza de las Ciencias Naturales. Asimismo, se señalan los libros de texto utilizados y el material creado por el Movimiento de la Escuela Moderna.

Ciencias de la Naturaleza, Escuela Moderna, Francesc Ferrer i Guàrdia, laicismo escolar

El anarquismo es la exacerbación pasional de los malos instintos que anidan en nuestra animalidad, sancionados y legitimados por una desviación cerebral que los eleva a teoría. Cerebros débiles, quemados por pasiones desordenadas, y enfermizas, sin la más elemental preparación intelectual, se encuentran desarmados y se pierden ante la inmensa complejidad de la ciencia moderna. Poco tardan entonces, yendo de mal en peor, en tomar por principios científicos las locuras que leen y por libros de ciencia los libros en que de manera más descarada se reniega contra todo lo que es y lo que ha sido. Prat de la Riba (La Veu de Catalunya, 14-II-1904) La enseñanza de las ciencias, en particular de las situadas dentro del área de las ciencias de la naturaleza, ocupa un lugar destacado, a modo de eje central, dentro del plan de renovación pedagógica del movimiento de la Escuela Moderna de Francesc Ferrer i Guàrdia. Nuestro ideal es el de la ciencia escribe Ferrer i Guàrdia en 1908 (1) en uno de sus escritos de mayor interés teórico-político. Pero ese ideal, que impulsa la lucha de la Escuela Moderna por una enseñanza racional y científica, no es el mismo ideal de racionalidad y de la ciencia que reivindica la sociedad burguesa de la época a través del laicismo liberal y del reformismo escolar (Escola Horaciana, de Pau Vila; Escola de Mestres de Joan Bardina; Escola Vallparadís de Alexandre Gali) que conducirá más tarde a la institucionalización por Prat de la Riba de dicho movimiento, poniéndolo al servicio del proyecto cultural y político-económico de la burguesía catalana. Ambos movimientos de renovación pedagógica tienen en común la voluntad de arrancar de manos de la Iglesia el monopolio que ésta ejerce en la enseñanza. De ahí que la referencia a la ciencia, a la enseñanza científica y a la enseñanza de las ciencias sean unas constantes en los planteamientos y aspiraciones de ambos movimientos. Frente al oscurantismo que ejerce la iglesia en el terreno de la enseñanza que hace que el niño permanezca ignorante de aquellas aportaciones y descubrimientos que parecen entrar en contradicción con los dogmas religiosos (teoría de la evolución, origen del hombre,...), la invocación ideal de la ciencia, la reivindicación de una enseñanza racional y científica, se convierte en una referencia obligada, común a ambos movimientos que, a nivel ideológico entran en contradicción con el dogma religioso y, a nivel político, con una Iglesia que se resiste a ceder el control del incipiente aparato escolar que empieza entonces a edificarse en España. Ambos movimientos de renovación pedagógica se diferencian, sin embargo, tanto por su actitud en relación a la religión y a la Iglesia (en el proyecto escolar de la burguesía catalana cabe perfectamente la enseñanza de la religión, mientras que en el de Ferrer i Guàrdia existe una voluntad de lucha contra la superstición religiosa), como por su concepción dispar de ese ideal de la ciencia del que se reclaman. ¿En qué consisten dichas diferencias en relación a la ciencia y a la enseñanza de las ciencias? Ferrer i Guàrdia, en el artículo citado (1), esboza una crítica al reformismo escolar de la burguesía que, al apropiarse de la ciencia, la utiliza en función de sus intereses de clase:

Del mismo modo que han sabido arreglarse cuando se ha presentado la necesidad de la instrucción, para que esta instrucción no se convierta en un peligro, así también sabrán reorganizar la escuela de conformidad con los nuevos datos de la ciencia para que nada pueda amenazar su supremacía. Para Ferrer i Guàrdia este tipo de educación no tiene influencia alguna sobre la emancipación humana, ya que aleja al niño de la naturaleza y de la vida, es decir, de la experimentación científica, de la observación de los fenómenos naturales y de la realidad social, dándole una visión libresca y parcelaria del saber y convirtiendo a la educación y a la ciencia en un nuevo método de dominación del individuo. Este modelo de educación que pregoniza el laicismo liberal de la burguesía parece además ignorar en aquel momento que todo el valor de la educación reside en el respeto de la voluntad física, intelectual y moral del niño. Ferrer i Guàrdia parece vislumbrar, y ello se hace evidente en otros escritos suyos y de sus colaboradores, la existencia de otras etapas en el desarrollo intelectual y moral del niño, etapas que hay que estudiar científicamente para poder aplicar unos métodos pedagógicos y establecer los textos escolares propios para cada etapa del niño: seguiremos atentamente los trabajos de los sabios que estudian al niño, y nos apresuraremos a buscar los medios de aplicar sus experiencias a la educación, en el sentido de una liberación cada vez más completa del individuo (1). En resumen en el movimiento de liberación pedagógica de la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia encontramos en relación a su actitud con respecto a ese ideal de la ciencia, tres elementos esenciales: 1. La ciencia debe contribuir al conocimiento de las diferentes etapas del desarrollo físico, intelectual y moral del niño y al establecimiento de unos métodos pedagógicos y de unos textos adaptados a dichas circunstancias. 2. La enseñanza de las ciencias tiene como objetivo contribuir a eliminar las falsas ideas que existen acerca de la historia, la sociedad y la ciencia, difundiendo las verdades científicas frente a los dogmas religiosos y las supersticiones. 3. Pero esta difusión de los conocimientos científicos a través de la enseñanza de las ciencias no debe constituir un terreno de intervención pedagógica neutral, al margen de la realidad social, sino que, inserta en ella, dicha enseñanza debe ser necesariamente una forma de intervención política en las ciencias. Ello conduce a una crítica del sistema de apropiación social de los conocimientos científicos (separación teoría/práctica, crítica de la utilización de la ciencia contra los intereses colectivos, etc.). LAS CIENCIAS NATURALES EN LA ESCUELA MODERNA En el proyecto pedagógico de la Escuela Moderna destaca el papel otorgado a la enseñanza de las ciencias naturales. Las ciencias naturales son inconciliables con el idealismo y constituyen un alegato contra el mismo en todas sus formas. El extraordinario desarrollo de dichas ciencias durante la segunda mitad del siglo XIX hizo tambalear los cimientos de las viejas concepciones metafísicas y abrió el camino al establecimiento de una concepción materialista de la naturaleza. Ello se hizo particularmente evidente en el campo de la Biología, dominado hasta entonces por las concepciones idealistas y teístas de los actos de creación y por las doctrinas metafísicas de Linneo y Cuvier acerca de la inmutabilidad de las especies animales y vegetales. No es pues de extrañar que la penetración del darwinismo y del pensamiento evolucionista en España suscitara grandes resistencias por parte de la Iglesia y de ciertos sectores de la sociedad (2). Ello se reflejó en el terreno escolar que fue objeto de enconada lucha entre quienes, aferrados a los dogmas religiosos, se oponían violentamente a la difusión de los nuevos descubrimientos científicos y aquellos que, llevados por su afán emancipador, hicieron de los nuevos datos aportados por la ciencia una bandera de combate contra la Iglesia. La Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia se situó en la vanguardia de esta lucha, ligándola además a la problemática social, y ello tanto a nivel local, como a nivel internacional, ya que no hay que olvidar la proyección exterior fue la fundación de la Liga Internacional para la educación racional de la infancia, presidida por Ferrer i Guàrdia y en cuyo comité de dirección figuraba, entre otros científicos eminentes, nada menos que Ernst Haeckel (1834-1919), eminente naturalista germano, gran defensor y difusor del darwinismo (3). Otros colaboradores científicos extranjeros de la Escuela Moderna de Barcelona fueron A. Bloch, Paraf-Javal y sobre todo el gran geógrafo

y revolucionario francés, combatiente en la Comuna de París, Elisée Reclus, quien escribió numerosos artículos y textos para la Escuela Moderna y cuyas obras fueron traducidas y publicadas en Barcelona por la editorial de la Escuela. Dentro de España, Ferrer i Guàrdia recibió también la colaboración para su obra de científicos de relieve, como Santiago Ramón y Cajal que escribió un prólogo al libro de Enrique Lluria: Evolución super-orgánica (La Naturaleza y el problema social), publicado en 1905. Colaboración de la que años más tarde, al parecer, se arrepintió, considerándola un pecado de juventud». Sus colaboradores científicos más próximos fueron el Dr. Martínez Vargas, catedrático de enfermedades de la infancia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona y autor de un pequeño libro para la Escuela Moderna: Botiquín Escolar (1905, 2ª ed. 1908), y sobre todo el Dr. Odón de Buén (1863-1945), primer catedrático de Ciencias Naturales de la Universidad de Barcelona y luchador político en el movimiento popular de la época y aún posteriormente. Odón de Buén, de cuyo pensamiento científico y político nos ocuparemos en otra ocasión, puede ser considerado como uno de los grandes difusores, sino el más destacado, del darwinismo en España (Fue ya en Barcelona donde en 1876 se había publicado la primera edición española de una obra de Darwin (2). Ello le valió ser considerado por la Iglesia de la época como un enemigo acérrimo, siendo excomulgado por el Obispo de Barcelona, el Cardenal Casanyes, que declaró heréticos sus libros de texto, intentado expulsarlo de su cátedra, lo que originó numerosos mítines y gran agitación estudiantil (4). Los partidarios de Odón de Buén protagonizaron además, en 1904, una importante escisión en la Institució Catalana d’Història Natural que fue acusada de conservadurismo y convertida en Institució Catalana de Cièncias naturals, nueva entidad que, sin embargo, sólo tuvo unos meses de existencia (5). Martínez Vargas y Odón de Buén no se limitaron a escribir libros para la Escuela Moderna de Barcelona y a revisar ciertas traducciones, sino que además fueron los animadores de las famosas conferencias dominicales de la Escuela Moderna, iniciadas el 15 de diciembre de 1901 y a las que -cuenta Ferrer i Guàrdia (6)- acudían los alumnos, sus familiares y gran número de trabajadores deseosos de aprender. Allí, el Dr. Martínez Vargas explicaba fisiología e higiene y Odón de Buén, geografía y ciencias naturales. Su objetivo declarado era el de llegar a crear una auténtica universidad popular, paralela a la oficial, que se encontraba en una situación calamitosa. Entrando ya en el análisis de los libros de ciencias naturales, de simbólicas tapas rojas, publicados por la Editorial de la Escuela Moderna, podemos establecer de ellos la siguiente clasificación: 1. Libros de texto para uso de las escuelas 1.1. Libros destinados al niño Se incluyen dentro de este apartado aquellos libros que constituyen un instrumento pedagógico destinado a la alfabetización del niño y, en general, al aprendizaje de la lectura. En la Escuela Moderna se utilizaron cuatro libros de lectura, correspondientes a otros tantos niveles. Son los siguientes: —Primer libro de lectura: (Cartilla. 1903, 2ª ed. 1906 (existe una 3ª ed.). —Segundo libro de lectura: Las aventuras de Nono, de Jean Grave. 1902. El niño y el adolescente, de Michel Petit. 1906. —Tercer libro de lectura: Patriotismo y Colonización. 1904. —Cuarto libro de lectura: El Origen del Cristianismo, de Malvert. 1902 (dos ed.). En estos libros de lectura se aprecia ya la preocupación de la Escuela Moderna por la enseñanza de las ciencias naturales en una perspectiva materialista. Así, en la Cartilla, que corresponde al primer libro de lectura del niño, figuran fragmentos de la doctrina evolucionista de Darwin expuestos por Paraf-Javal y con citas de E. Haeckel (ver ilustración). En Patriotismo y colonización (tercer libro de lectura) figura un prólogo de E. Reclus en el que se hace una crítica de la enseñanza burguesa de la geografía como reflejo de la concepción idealista de la historia. No hay que olvidar sin embargo, y dicho sea de paso, que la ignorancia de la ciencia de la historia, el materialismo histórico, de la que hacen gala sin excepción todos estos científicos, les hace caer con frecuencia en una actitud biologista, transfiriendo principios y conceptos biológicos al terreno de la historia. El Origen del Cristianismo de Malvert (cuarto libro de lectura) es en realidad un resumen del libro del mismo autor titulado Ciencia y Religión, que constituye un ataque al dogmatismo religioso desde el campo de las ciencias naturales.

1.2. Libros-guía para el educador Son libros de texto pensados como instrumento pedagógico para los maestros pero que eran también utilizados en muchos casos por los alumnos de la Escuela Moderna y por sus familiares, y difundidos en amplios sectores populares. Dentro del área de ciencias de la naturaleza, se editaron los siguientes títulos: -Odón de Buén: Las Ciencias Naturales en la Escuela Moderna (5 volúmenes, publicados a partir de 1905). - Odón de Buén: Nociones de Geografía Física. 1905, 2ª ed. 1914 (prólogo de E. Reclus). -Elisée Reclus: El hombre y la tierra. 6 volúmenes publicados en fascículos desde 1906 (revisión de Odón de Buén). -Georges Engerrand: Nociones sobre las primeras edades de la humanidad. 1905 (prólogo de E. Reclus). De estas obras, todas ellas de gran interés y sobre cuyo detalle no podemos entrar ahora, destacaremos la serie de textos: Las Ciencias Naturales en la Escuela Moderna escritos por Odón de Buén. Son cinco libros, de lenguaje claro y sencillo, que constituyen un buen ejemplo de enseñanza de las ciencias naturales en una perspectiva materialista. Los dos primeros volúmenes de la serie están dedicados a la Historia Natural (geología, botánica, zoología), el tercero a la Mineralogía, el cuarto se titula Petrografía y vida actual de la Tierra y el quinto, Edades de la Tierra. En todos ellos, la exposición de los problemas científicos se hace siempre a partir de la práctica, ya sea mediante la referencia a la experimentación científica o bien recabando del alumno y del maestro la observación de fenómenos naturales familiares para él (referencias, por ejemplo, a los fósiles de Montjuic o a la montaña de sal de Cardona). En todos los textos está presente una concepción dinámica y evolucionista de los fenómenos naturales, insistiendo en la idea de que todo cambia y de que es posible también transformar la realidad. La relación con la política se establece con frecuencia. Las inexactitudes científicas que contienen en algunas ocasiones estos textos (como por ejemplo el atribuir las erupciones volcánicas a las filtraciones marinas) son atribuibles al desconocimiento que existía en la época del origen de ciertos fenómenos naturales. 1.3. Enciclopedia de Enseñanza Popular Superior. Bajo este título, la editorial de la Escuela Moderna empezó a publicar hacia 1910 una serie de libros de divulgación científica dentro de un ambicioso proyecto de difundir los conocimientos científicos a nivel popular. En la Exposición de los principios y plan de la Enciclopedia Popular Superior, leemos: La ciencia es todavía privilegio de algunos elegidos. Al obrero encorvado sobre su tarea le está negado explorar el patrimonio de la humanidad. Los mismos institutores, fuera de los elementos de los programas, no pueden seguir la marcha de las ciencias; por ende, sus discípulos no pueden seguir sino desde muy lejos la evolución de los conocimientos. La Enciclopedia consta de 15 volúmenes bajo el siguiente plan: I. Evolución de los mundos, II. Historia de la tierra, III. Origen y evolución de la vida, IV. Evolución de los seres vivos, V. Factores de la evolución de los seres, VI. Origen y evolución del hombre, VII. El pensamiento, VIII. Historia de las civilizaciones, IX. Las religiones, X. El Derecho y la Moral, XI. Las organizaciones sociales, XII. Los sistemas económicos, XIII. Evolución de la tecnología y del arte, XIV. Los factores de la evolución social y XV. El hombre y el mundo. Los libros de esta serie que hemos podido consultar (creemos que tan solo se publicaron los primeros títulos) corresponden todos ellos al área de ciencias de la naturaleza. Son: La evolución de los mundos, de M.J. Nergal; La Historia de la Tierra, de Charles Sauerwein y el Origen de la Vida, de J.N. Pargame. Se trata de textos de conocidos científicos materialistas franceses de la época, de cuya traducción se encargo Cristóbal Litrán. Los libros incluyen una cuidada bibliografía. 2. Ensayos y obras de divulgación científica Incluimos dentro de este apartado todos aquellos textos publicados por la editorial de la Escuela Moderna que no constituían libros de texto para uso en las escuelas pero que tenían una función de divulgación científica y de lucha ideológica, tanto dentro como fuera de la escuela. Dentro del área de ciencias de la naturaleza y en un sentido amplio, podemos citar: A. Bloch y Paraf-Javal:

La sustancia universal. ed. 1904 (Trad. de A. Lorenzo y prefacio de Paraf-Javal); Georges Engerrand: Las razas humanas. ed. sin fecha (Trad. de A. Lorenzo); Enrique Lluria: Evolución Super-orgánica. 1905 (prólogo de Santiago Ramón y Cajal); Enrique Lluria: La humanidad del porvenir. 1906 (Epílogo de C. Malato); Antonio Pellicer Paraire: Análisis de la cuestión de la vida. sin fecha (folleto). Podemos incluir también dentro de este apartado la serie de textos de la Biblioteca Popular Los grandes pensadores que publicó obras de Flammarion (La vida y Fisiología de los seres), Darwin (El hombre y su origen), Reclus (fragmentos de El hombre y la Tierra), Renan y Berthelot (Las ciencias históricas y las ciencias naturales) y Spencer (Creación y Evolución), textos todos ellos que parece tuvieron una gran aceptación popular y que iban acompañados de un esbozo bibliográfico del autor. Como detalle curioso señalamos para terminar que la editorial de la Escuela Moderna publicó una serie de retratos de hombres eminentes. Entre muchos otros figuraban: Darwin, Haeckel, Reclus, Servet, Galileo y Giordano Bruno. A MODO DE CONCLUSIÓN La experiencia pedagógica de la Escuela Moderna en el terreno de la enseñanza de las ciencias naturales y en el de la didáctica de las ciencias en general (en el área de la enseñanza de las matemáticas hubo también experiencias muy valiosas), tiene hoy para nosotros gran actualidad. El enseñante en ciencias vive una doble contradicción: no solamente forma parte de un sistema de enseñanza, de un aparato escolar, destinado a reproducir las relaciones de producción, sino que además está integrado de algún modo dentro del vasto complejo científico y tecnológico que sirve para mantener la distribución actual del poder económico-político y a difundir la concepción dominante del saber. Ferrer i Guàrdia pareció ya darse cuenta en 1908 de que la ciencia podía convertirse en un instrumento de mixtificación, de alienación y de dominación o bien en un arma de liberación del pueblo. Todo depende de saber ligar los conocimientos científicos a la realidad social. Y vincular la ciencia a la realidad social supone no únicamente contemplar de manera crítica la utilización negativa de la ciencia, en contra de los intereses colectivos sino además y sobre todo luchar contra la concepción de una ciencia, que ignora la experiencia cotidiana, que establece un divorcio entre teoría y práctica y que contribuye en definitiva a consolidar un sistema establecido del saber. Las posibilidades de una alternativa a la enseñanza actual en el terreno de la didáctica de las ciencias y en función de los criterios ya señalados, son hoy muy grandes y se sitúan a nivel de la práctica concreta. Como en los tiempos de Ferrer i Guàrdia, vivimos un momento en el que las ciencias de la naturaleza, particularmente la biología, están conociendo grandes avances y son objeto, aún más que ayer, de todas las mistificaciones posibles. Los enseñantes en ciencias tienen ante sí una grave responsabilidad y también la oportunidad de luchar por una alternativa pedagógica que, como la de la Escuela Moderna, vaya en la línea de poner la escuela y la ciencia al servicio del pueblo.

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La renovación de la escuela. Bol. de la Escuela Moderna (segunda época). Barcelona 1 de mayo de 1908. Págs. 6-11 Joan Senent-Josa: Darwin en España. Triunfo. N.º 503. 20 de mayo de 1972. Ver la reciente reedición de El origen del hombre de Haeckel. Cuadernos Anagrama. Serie ciencias. Barcelona, 1972. Lluis Solé i Sabarís: L’ensenyament de les ciències naturals a Catalunya, mig segle enrera. En volumen de homemaje a Mª de los Angeles Ferrer Sensat. Instituto Nacional de Enseñanza Media Infanta lsabel de Aragón, Barcelona, 1974. Ramón Folch i Guillèn: A propòsit de la represa del «Butlletí de la Institució Catalana d’Història Natural». But. de la ICHN. Vol. 38. Barcelona, 1974. Francesc Ferrer i Guàrdia: La escuela moderna. Edición ciclostilada. Valencia, sin fecha. págs. 70-74.

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