DIRECTIVA DE DEFENSA NACIONAL. La Directiva de Defensa Nacional (D.D.N.

) es el documento máximo del planeamiento de la defensa en España y ocupa el lugar principal tras la Ley Orgánica de la Defensa Nacional (5/2005) en la política de defensa española. Ha habido ocho D.D.N. desde la transición (1980, 1984, 1986, 1992, 1996, 2000, 2004 y 2008, coincidiendo con la asunción de los nuevos gobiernos, ya que cada uno ha elaborado la suya al asumir el poder), aunque es imposible encontrar en la red el texto de aquellas previas a la de 1996, ni siquiera en la página web del Ministerio de Defensa (esto habla bien a las claras de que no se favorece el conocimiento íntegro de las políticas de defensa en el estado y que entorpecen hacer análisis de evolución histórica). En la D.D.N. se establecen las líneas generales de la política de defensa y las directrices para su desarrollo. Estas directrices constituyen la base que orienta todo el posterior proceso de Planeamiento de la Defensa. Es pues, el documento máximo en cuanto a fijar objetivos y metodologías en las cuestiones de Defensa, de ahí su importancia y la necesidad de democratizar su elaboración. Una de las primeras medidas que adoptrá Rajoy será, precisamente, firmar una nueva D.D.N. y de ahí nuestra preocupación por intentar evitar que, una vez más, se haga de hurtadillas y sin transparencia ni debate democrático. ¿Cómo se hace?: la falta del mínimo proceso democrático. Desde la primera Directiva de Defensa Nacional en los años 80, el trámite de aprobación de las directivas ha sido bastante asombroso y de bochornosa ausencia de calidad democrática: eran aprobadas por el presidente del gobierno y, más tarde, éste desclasificaba el secreto del documento, parcialmente, para darlo a conocer al parlamento (por donde no pasaba para ser debatido y votado) y a la opinión pública. Nótese bien el hecho: lo daban a conocer, pero no a aprobar (ya lo estaba), ni importaba nada lo que se opinase de él porque ya era un documento oficial firmado por el gobierno. Este sinsentido atravesó los gobiernos de González y Aznar y sólo en 2004, con Zapatero como presidente y Bono como Ministro de Defensa, la DDN se desclasificó totalmente y pasó a ser pública (Europa Press, 10 diciembre 2004). Algo se avanzó, pero no todo lo preciso, porque al Parlamento la seguían llevando ya aprobada, con lo que se continuaba imposibilitando el debate, el control parlamentario, la aprobación de modificaciones, alternativas u otros peros. A pesar de la importancia del documento, ningún partido político ha incluido hasta ahora en sus programas electorales la necesidad de democratizar la metodología de la toma de decisión. Es curioso, y da a entender que todos los partidos están de acuerdo en que el documento máximo en política de defensa no se apruebe de manera democrática, con debates parlamentarios públicos, con un periodo previo de información y participación social, con debates parlamentarios, con presentación de enmiendas, con votaciones, … Lo anterior es totalmente válido para PP y PSOE que han detentado el poder y no han hecho los esfuerzos necesarios en pos de la profundización democrática en este crucial aspecto de la política nacional. También lo serían en muy buena medida para socios parlamentarios de ambos partidos que han sostenido diversos gobiernos (PNV, CiU, Coalición Canaria). Pero se entiende poco por qué los partidos de izquierda han aceptado este sinsentido y tampoco han sido críticos ni propositivos al respecto. Parece que a la mayoría de los partidos les interesa mantener el status quo y los demás se dejan llevar por una cierta desidia que desdice mucho su vocación de oposición o de alternativa.

Cómo debería hacerse: A nuestro juicio no hay que inventar nada: simplemente hacer como en tantos otros aspectos de la política pública española: con el suficiente y plural debate social y político, lo que incluye disponer no sólo de los obscuros “expertos” militares y de la influencia de los lobbys del “complejillo militar-industrial” español, sino con la opinión de las organizaciones sociales, académicas, políticas, etc., que componen la complejidad de nuestra sociedad; y mediante una oportuna, democrática y transparente tramitación parlamentaria. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, sustraer de estos requisitos la política educativa, o hacerla de espaldas a la comunidad educativa o al Parlamento. O, por poner otro ejemplo, para elaborar la planificación de la política de ciudadanía e integración en España, se ha contado previamente con un amplio trabajo de administraciones, organizaciones sociales, mundo académico, etc., de elaboración de propuestas y se ha generado un debate y una deliberación cualificada antes de elaborar dichas lineas maestras. Qué suelen decir las directivas: Hemos tomado como referencia la DDN de 1996, la primera de Aznar en el poder, porque no disponemos de otra más antigua pública y porque en esa legislatura se dieron los pasos básicos de nuestra actual (y continuista) política de defensa: pasó al ejército profesional, hito destacado en la evolución de la Política de Defensa y se emprendió el ciclo armamentista de adquisición de grandes (y costosos) programas de armamento español (justo los que ahora lastran el presupuesto de defensa y hacen inviable su pago). También porque, casualmente, en aquel entonces era protagonista principal, como Secretario de Estado de Defensa el que hoy es Ministro del ramo y es importante juzga en sus términos los “logros” de la política de defensa promovida desde el PP. De las 4 directivas disponibles desde entonces (dos del PP y dos de PSOE) hemos entresacados los aspectos que figuran (como mantras que se repiten) en ellas y que les dan uniformidad sea cual sea el color del gobierno. No hay que olvidar que para los dos partidos que se turnan en el poder, la defensa es un asunto de Estado (con ello entienden que ambos partidos están de acuerdo en que todo permanezca igual: secretismo, militarismo, violencia, armamentismo, comercio de armas, favorecer a la industria militar, …). En todas las DDN es necesario: 1. Actualizarlas por las variaciones en los últimos acontecimientos nacionales e internacionales. Siempre son necesarios los planteamientos novedosos y los cambios de mentalidad, por ello siempre se está buscando un nuevo concepto de seguridad y defensa: ya en 1996 se cita a la OTAN para hablar de un nuevo concepto de seguridad y defensa. Además, desde el año 2000 se busca realizar una Revisión Estratégica de la Defensa, donde se aborden de manera global y conjunta las cuestiones orgánicas, funcionales y operativas. Es curiosa esta necesidad de constante actualización cuando ambos partidos están de acuerdo en todo y salvo cuestiones de redacción nada cambia de una DDN a otra. 2. Lo militar porque siempre existen conflictos que son amenazas potenciales, siempre son un riesgo la proliferación de armas nucleares, biológicas o químicas, que según las Directivas son los

elementos que configuran la novedad del escenario mundial.. También parece imprescindible esconder cuál es nuestro posible enemigo militar en frases confusas: “el escenario estratégico actual caracterizado por la ausencia de amenaza clara y definida a nuestro territorio y por la aparición, sin embargo, de riesgos asimétricos, crisis y conflictos que comprometen la paz, la seguridad y la estabilidad en muchas regiones del mundo que pueden afectar a nuestra propia seguridad y, en consecuencia, requerir una respuesta por parte de España” (DDN 2000). A partir de la DDN de 2004 (con Zapatero en el poder) también se tiene en cuenta “el terrorismo de carácter transnacional y alcance global, con gran capacidad de infligir daño indiscriminadamente”. 3. Reconocer como coartada los grandes ideales: se busca un orden internacional estable y seguro, basado en la convivencia pacífica, en la defensa de la democracia y de los derechos humanos y en el respeto a las normas del derecho internacional. También es necesario recurrir a las funciones clásicas del ejército: proteger la soberanía, la independencia, la integridad territorial, el ordenamiento constitucional, proteger la vida, la paz, la libertad y la prosperidad de los españoles y los intereses nacionales. Aunque desde hace décadas ya se reconocen a los ejércitos otras funciones más expansionistas e intervencionistas y, por lo tanto, siempre es necesario que más allá de las tradicionales misiones de disuasión y defensa del territorio nacional, que constituyen la razón de ser de las Fuerzas Armadas, se avance en utilizarlas como instrumento de la acción exterior del Estado, de nuestra presencia en Europa y del cumplimiento de nuestros compromisos. Por ello, las FAS actúan, cada vez con mayor frecuencia, en tareas de ayuda humanitaria o en operaciones proteger los intereses estratégicos españoles allá donde se encuentren. En consonancia, siempre es necesario consolidar la presencia de España en las organizaciones internacionales de seguridad y defensa. También asumir las responsabilidades y compromisos que de ello se derivan. Por ello, siempre es necesario que los ejércitos tengan capacidades conjuntas para la proyección del potencial militar (eufemismo de invasión) más allá de nuestras fronteras. Además, en los 90 había una búsqueda de fomentar el pilar europeo de la OTAN y la propia estructura y política europea de seguridad y defensa (Política Europea de Seguridad y Defensa). Este concepto ha ido decayendo en los discursos y sobre todo en las prácticas. Por otro lado y como mero papel mojado se usan argumentos más pacíficos como que la política exterior española deba basarse en “el respeto escrupuloso a la legalidad internacional como medio para la resolución de conflictos; en el reconocimiento de las Naciones Unidas como organización responsable de velar por la paz y seguridad internacionales, y hará hincapié en una utilización más eficaz de los instrumentos políticos, diplomáticos, económicos y sociales para el arreglo pacífico de controversias y prevención de conflictos, de modo que la acción militar se contemple como un último recurso”. También se suele señalar que siempre es necesario contribuir en las iniciativas de control de armamento y desarme. ¿Cuáles de estos objetivos se plasman en políticas concretas y cuáles no dejan de ser tinta en el papel? 4. La modernización y mejora de las FAS, la mejora de su eficacia, la necesidad de que sean menores sus efectivos, pero a cambio de mayor operatividad y disponibilidad operativa (sobre todo para las actuaciones fuera de nuestra frontera en “intervenciones de paz”). Siempre es necesario mejorar su estructura y funcionalidad: potenciar los sistemas y actuaciones conjuntas de los tres ejércitos, hacerles más móviles, flexibles y más aptos para la acción conjunta e interoperables con las de nuestros aliados. También es necesario evitar duplicidades y racionalizar las estructuras, organización e infraestructuras (por ejemplo, las sucesivas

reestructuraciones del Estado Mayor de la Defensa, reestructuración de los servicios de inteligencia, puesta en marcha del Mando de Operaciones de las FAS). 5. Que la sociedad española comprenda, apoye y se sienta comprometida con los objetivos de la D.D.N. Siempre es necesario promover una mayor implicación del sistema educativo general el conocimiento de la defensa y el compromiso de la sociedad con ella. Por lo tanto, siempre es necesario avanzar en el objetivo de que la sociedad española en su conjunto ha de estar involucrada en la cuestión de la defensa. 6. Son necesarios recursos, alcanzar un punto de equilibrio entre inversión y sostenimiento, estrechar los lazos con la industria militar, mejorar la tecnología. 7. Potenciar la defensa civil que haga posible la aportación de los demás ministerios a la defensa en caso de emergencia. Qué se supone que dirá la directiva de Rajoy: No hace falta ser un lince para asegurar el continuismo retórico de la nueva directiva de defensa con las anteriores. Seguramente describirá el contexto internacional actual como cambiante, inseguro, complejo y lleno de incertidumbres que, en esencia, no son de carácter militar y en la mayoría de los casos ocurren fuera de nuestro contexto y perspectivas, y absolutamente fuera de nuestras capacidades de intervención, pero que, asombrosamente, son tan preocupantes que por sí justifican la existencia del ejército y su uso indiscriminado para asegurar nuestro bienestar, seguridad, independencia, etcétera. Del mismo modo se referirá a la nueva doctrina española de Seguridad elaborada por Solana a la que muy probablemente habrá que hacer pequeños retoques para que todo siga igual. Siguiendo con la retórica al uso, será necesario establecer directrices para no escatimar esfuerzos en la seguridad de nuestros soldados repartidos por los diversos conflictos internacionales (ya no se recordará la seguridad de las poblaciones a las que queríamos ayudar) donde no se nos perdió nada, lo que supone hacer una pequeña (pero no la única) excepción a las políticas de austeridad presupuestaria prometidas por Don Mariano. Igualmente nos indicará que aunque la actual coyuntura económica no permite alegrías, se debe seguir profundizando el proceso de modernización y profesionalización de los ejércitos, lo que a la larga equivale a “mantener el esfuerzo inversor” del ministerio y el gasto militar (segunda excepción a las políticas de austeridad). Probablemente no se dirá nada acerca de cómo afrontar la enorme e impagable deuda de 36.000 millones de euros por adquisición de programas de armamento creada desde que Morenés fue secretario de estado de defensa hasta nuestros días en que es Ministro de Defensa. Habrá recorte, pero al alza, fórmula mágica que ya ha aplicado el PP en su anterior etapa de gobierno disfrazando el gasto militar en partidas de otros ministerios. Se señalará que se debe iniciar por tanto un nuevo ciclo de adquisición de programas de armas sin preguntarse si ese tipo de armas sirven en realidad “para la defensa” o están pensadas para el ataque y la agresión de otros pueblos, lo que a la larga e esencial para saber qué es lo que en realidad se quiere defender.

Del mismo modo se dirá que hay que completar la legislación de derechos y deberes de los militares y dignificar esta carrera militar (léase ofrecer atajos y privilegios para la posición de los militares, para que puedan opositar a futuro, para la formación académica, para el prestigio social del ejército, etc) y hacer un sobreesfuerzo para que nuestros militares tengan la máxima preparación y puedan participar en igualdad de condiciones en misiones internacionales y en los centros de decisión y planificación militar internacionales (es decir, saber inglés). Se hará un canto de ferviente europeísmo y atlantismo, y de compromiso de España, como cola de león, donde haga falta para establecer la paz y el respeto de los derechos humanos mancillados. Se dictarán directrices para favorecer la creación de una agencia de armamento española y ensamblarla en los planes internacionales de creación de la agencia europea de armamentos y en las otras estructuras similares, así como para favorecer la exportación de armas y tecnología militar. Se seguirá insistiendo en la necesidad de buenas relaciones de vecindad con el norte de África, así como del interés español por Europa y la OTAN, por América Latina, por Asia, el África subsahariana y, en fin, el planeta en su conjunto. Y se acabará haciendo énfasis en la necesidad de que el pueblo adquiera una cultura de la defensa suficiente que le permita comprender el enorme sacrificio de las fuerzas armadas, apoyar las iniciativas y misiones de ésta (osea, pagar sin opinar) y quererlas más. Una especie de adhesión fideísta como la que se profesa a los equipos de fútbol pero sin necesidad de una mentalidad informada, de criterios propios y de preferencias y mecanismos democráticos de participación. Asombrosamente, la nueva directiva nacerá vieja, porque no dirá sino lo que lleva diciendo desde que PP y PSOE acordaron hacer de esta política un tema de negociación de mesa camilla, y nacerá de espaldas a la ciudadanía y al parlamento, que ni siquiera tendrá la oportunidad de aclamarla (dada la inmensa mayoría de PP y PSOE en el Parlamento y el inmenso desinterés del resto de fuerzas políticas por estos temas) o de disimular. Temas críticos de la política de defensa para una izquierda comprometida Ahora bien, para una oposición eficaz a la inamovible política de defensa española, se le podría pedir que tomaran algunas banderas: a) Criticar la falta de debate y democracia en materia de política de defensa y el secretismo con que se pronuncia ésta. Ello conlleva criticar la falta de control real, la falta de protagonismo del parlamento y la falta de mecanismos sociales de debate y deliberación. b) Criticar el enorme gasto militar y exigir su reducción real y la congelación de los programas de armamento. No sólo criticarlos por su carestía, sino, sobre todo, porque hay que redefinir qué se quiere defender y si para esa defensa elegida son necesarios y oportunos programas de armamentos como portaaviones y barcos de proyección, misiles de medio y largo alcance, aviones de combate como los F18 y similares, etc.

c) Exigir una nueva definición política de la defensa: qué hay que defender, cómo hay que defenderlo, incluya la defensa de la sociedad y sus derechos y no sea secuestrado a la voluntad popular y al pluralismo. Los objetivos generales deben ser fruto del consenso social real y no sólo del consenso de las oligarquías políticas y económicas. d) Replantear las políticas de alianzas y las intervenciones, aún cuando se revistan de un humanitarismo poco o nada creíbles. e) Exigir la gradual desmilitarización de la defensa y la construcción de alternativas a ésta, lo que pasa por el empoderamiento de la sociedad y de sus grupos, por el énfasis y apoyo a los grupos sociales que luchan por los derechos y la solidaridad como medio alternativo de abordar los problema del mundo y de defender lo que la sociedad quiere defender. f) Exigir transparencia en las políticas de desamortización de bienes y terrenos militares y que los resultados de este proceso reviertan en la sociedad y no en el ejército. g) Luchar por el control efectivo de la venta de armas y prohibir que desde las industrias militares o desde el poder se exporten conflictos a otros pueblos. h) Exigir responsabilidades personales y políticas a quienes han dirigido la política de defensa desde 2004 a la fecha por la impagable deuda militar de 36.000 millones de euros. i) Luchar contra los privilegios de cualquier índole de los militares y prohibir por ley la confusión de intereses civil-militar. j) Establecer políticas de cooperación basadas en la equidad y la justicia con los pueblos limítrofes y con los pueblos empobrecidos para luchar de forma estructural por el cambio de orden mundial y contra la pobreza.

Colectivo Utopía Contagiosa Enero 2011

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