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48385511 Pygmalion George Bernard Shaw Espanol PDF

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George Bernard Shaw

Pigmalión
PREFACIO Como se verá más adelante, Pigmalión necesita, no un prefacio, sino un apéndice, que he puesto en su debido lugar. Los ingleses no tienen respeto a su idioma y no quieren enseñar a sus hijos a hablarlo. Lo pronuncian tan abominablemente que nadie puede aprender, por sí solo, a imitar sus sonidos. Es imposible que un inglés abra la boca sin hacerse odiar y despreciar por otro inglés. El alemán o el español suena claro para oídos extranjeros; el inglés no suena claro ni para oídos ingleses. El reformador que hoy le haría falta a Inglaterra es un enérgico y entusiástico conocedor de la fonética. Por esta razón, el protagonista de mi obra es el tal conocedor. Entusiastas por el estilo han existido en los tiempos pasados, pero clamaban en el desierto. Cuando yo empecé a interesarme por el asunto, el ilustre Alexander Melville Bell, el inventor del lenguaje visible, había emigrado al Canadá, donde su hijo inventó el teléfono; pero Alexander J. Ellis seguía siendo un patriarca londinense, con una cabeza llamativa, siempre cubierto de un solideo de terciopelo, por lo que solía, de un modo muy cortés, pedir perdón en las reuniones públicas. Él y Tito Pagliardini, otro fonético veterano, eran hombres a quienes era imposible no querer. Henry Sweet, entonces un joven, no participaba de su suavidad de carácter; basta con decir que era tan poco tolerante para con las personas convencionales como Ibsen o Samuel Butler. Su gran aptitud como fonético (paréceme que de los tres era el que más valía profesionalmente) debiera haberle hecho merecedor de los favores oficiales, y tal vez haberle proporcionado los medios para popularizar sus métodos; pero lo impidió su satánico desprecio de todas las dignidades académicas y, en general, de todas las personas que tienen en más estima el griego que la fonética. Una vez, en los días en que el Instituto Imperial se había levantado en South Kensington y Joseph Chamberlain estaba atronando el país con su política imperialista, yo induje al director de una principal revista mensual a solicitar un artículo de Sweet por la importancia que había de tener para la política imperante. Cuando leyeron el artículo, vieron que se reducía a un furibundo ataque contra un profesor de lenguas y literatura, cuya cátedra, según Sweet, no podía estar ocupada sino por un inteligente en ciencia fonética. El trabajo hubo de ser rechazado, y yo tuve que renunciar a realizar mi ensueño de poner en candelero a su autor. Cuando le encontré otra vez, más adelante, después de muchos años, vi con asombro mío que él, que había sido un joven muy presentable, a fuerza de llevar adelante su manía, había llegado a alterar su apariencia personal hasta el punto de parecer una caricatura de protesta contra Oxford y todas sus

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Pigmalión

tradiciones. Seguramente con todo el dolor de su corazón se había visto obligado a aceptar algo parecido a una cátedra de fonética en aquel centro. El porvenir de la fonética queda a ciencia cierta en manos de sus discípulos, ya que todas creían firmemente en él; pero nada pudo convencer al hombre a que hiciera algunas concesiones a la Universidad, a la que, sin embargo, quedaba unido, por derecho divino, de una manera intensamente oxoniana. No me cabe duda de que sus papeles, si ha dejado algunos, contienen sátiras que pudieran ser publicadas sin causar demasiados estragos... dentro de cincuenta años. No fue, en ningún modo, persona de malos sentimientos, según creo, sino todo lo contrario; pero no le era posible aguantar con paciencia a los necios. Los que le conocieron se fijarán en la alusión que hago en mi tercer acto a la taquigrafía patentada que usaba para escribir tarjetas postales y que se puede adquirir comprando un manual de cuatro chelines y seis peniques publicado por la Prensa de Clarendon. Las tarjetas postales que la señora Higgins describe son como las que he recibido de Sweet. Quise descifrar un sonido que un londinense representaría por zerr y un francés por seu, y le escribí preguntando con cierta viveza qué demonios significaba. Sweet, con infinito desprecio por mi estupidez, contestó que no solamente significaba, sino que obviamente era la palabra result, puesto que ninguna otra palabra conteniendo aquel sonido, y capaz de encajar en el sentido del contexto, existía en idioma alguno hablado del mundo. El que mortales menos expertos que él necesitaran más explicaciones, no le cabía en la cabeza a Sweet. Por eso, aunque el punto esencial de su taquigrafía corriente está en que puede expresar perfectamente cualquier sonido del idioma, lo mismo vocales que consonantes, y que la mano del que escribe no tiene que hacer trazos que no sean los fáciles y corrientes con los que se escribe m, n y u, l, p y q con la inclinación que más cómodo sea, su desgraciada determinación de hacer servir de signos taquigráficos ese notable y muy legible alfabeto lo redujo en su propia práctica al más inescrutable criptograma. Su verdadero objeto era la creación de un alfabeto completo, exacto y legible para nuestro noble pero mal trajeado idioma; pero no lo logró por haber despreciado el popular sistema Pitman de taquigrafía. El triunfo de Pitman fue debido a una buena organización del asunto. Pitman publicó un periódico para convencer a todos de la necesidad de aprender su sistema. Publicó además libros de texto baratos, ejercicios y transcripciones de discursos para ser copiados por alumnos, y fundó escuelas en las que profesores expertos enseñaban de manera que los alumnos hacían rápidos progresos. Sweet no pudo organizar su mercado de este modo. Era como una sibila que abrió de par en par el templo de la profecía cuando nadie quería entrar. Su manual de cuatro chelines y seis peniques, en su mayor parte litografiado y reproduciendo sus apuntes, que nunca fue anunciado en la Prensa, tal vez algún día sea recogido por un Sindicato y lanzado a la circulación como el Times ha lanzado la Enciclopedia Británica. Pero hasta tanto, seguramente no prevalecerá contra Pitman. He comprado en mi vida tres ejemplares de dicho manual, y los impresores me dicen que les queda un gran número de ellos. Me tomé el trabajo de aprender el método de Sweet, y, sin embargo, para taquigrafiar las presentes líneas el método que empleo es el de Pitman. Y la razón de ello es que mi secretaria no sabe transcribir a Sweet por haber aprendido a la fuerza a Pitman en las escuelas. Por eso Sweet se rió de Pitman tan vanamente como Tersites se rió de Ayax. Con toda su risa, no logró desbancar a su competidor.

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Pigmalión Higgins no es un retrato de Sweet, para quien la aventura con Luisa Doolitle hubiese sido imposible. Sin embargo, hay en el personaje rasgos que son de Sweet. Con el físico y el temperamento de Higgins puede que Sweet hubiese hecho arder en llamas el Támesis. Tal como fue supo llamar la atención de los fonéticos de Europa lo suficiente para que su oscuridad personal y su fracaso en Oxford sean todavía objeto de asombro y los profesionales estén convencidos de sus grandes méritos. No censuro a Oxford, porque creo que Oxford tiene perfecto derecho de exigir cierta amenidad social de su personal docente (¡Dios sabe cuán exigua es esa exigencia!); porque aunque bien sé cuán difícil es para un hombre genial no apreciado en su valor mantener relaciones amables y serenas con los que le menosprecian, de todos modos, por mucho que sea su rencor y su desdén para con ellos no puede esperar que, demostrándoselo a diario, le paguen sus desplantes con manifestaciones de cariño y de respeto. De las ulteriores generaciones de fonéticos sé poco. En ellos descuella el poeta laureado, al que tal vez Higgins le deba sus simpatías miltonianas, aunque también en esto debo hacer constar que no he retratado a Sweet ni a nadie. Pero si mi obra contribuye a llevar al conocimiento del público que existen realmente personas dedicadas a la fonética y que pertenecen a las clases más ilustradas de Inglaterra en la actualidad, no habrá sido escrita en vano. Puedo vanagloriarme de que Pigmalión ha tenido un extraordinario éxito en los teatros de Europa y de América, lo mismo que en Inglaterra. Es tan intensa e intencionalmente didáctico, y su asunto, al mismo tiempo, es tan árido de por sí, que no puedo por menos de regocijarme ante tales éxitos, al pensar en los corifeos de la crítica, que no cesan de proclamar que el arte nunca debe ser didáctico. Aquí está la prueba de lo bien fundado de mi punto de vista. Finalmente, para animar a los que se apuran por su mala pronunciación, temiendo que ésta les obstruya el camino a altos empleos, añadiré que el cambio maravilloso operado en la pobre florista por el profesor Higgins no es imposible ni descomunal. La hija del portero moderno, que llena su ambición haciendo la reina de España en Ruy Blas, en el Théâtre Français, es uno solo de los muchos miles de personas que se han despegado de su acento nativo y adquirido un nuevo modo de hablar. Pero la cosa debe hacerse científicamente para evitar que el remedio sea peor que la enfermedad. Un acento nativo franco y natural, por malo que sea, es más tolerable que los esfuerzos de una persona fonéticamente ineducada para imitar el vulgar dialecto de los deportistas aristocráticos. Y duéleme tener que decir que, a pesar de la enseñanza de nuestra Academia de Arte Dramático, en los escenarios ingleses quedan todavía demasiados dejes y resabios viciosos, y no florece bastante la noble dirección de Forbes Robertson.

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PERSONAJES

MADRE (SEÑORA EYNSFORD HILL). HIJA (SEÑORITA EYNSFORD HILL). FLORISTA (ELISA DOOLITLE). MISTRESS PEACE. MISTRESS HIGGINS.

Una DONCELLA.
CABALLERO (CORONEL PICKERING). EL DE LAS NOTAS (ENRIQUE HIGGINS). ALFREDO DOOLITLE.

Un DESCONOCIDO. Un GOLFO. Un GUASÓN. Un CIRCUNSTANTE SARCÁSTICO.

ESPECTADORES, TRANSEÚNTES.

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ACTO PRIMERO

Pórtico de la iglesia de San Pablo, en Londres, después de las doce de la noche. Lluvia torrencial, con truenos y relámpagos. Por todas partes, llamadas a los cocheros y chóferes de taxis. Los transeúntes corren a cobijarse en los portales, cafés o en donde pueden. En el pórtico hay varias personas, entre ellas una señora distinguida y su hija, en traje de sociedad. Todos miran mohínos cómo cae el agua, excepto un caballero ocupado en tomar notas en un cuaderno. En un reloj de torre vecino se oyen dar las doce y media.

LA HIJA.—(Malhumorada.)

Nos vamos a calar hasta los huesos. ¡Vaya un chaparrón! ¡Quién lo hubiese esperado, con una noche tan serena cuando salimos de casa! Pero ¿en qué estará pensando Freddy? Ya han pasado por lo menos veinte minutos desde que se fue en busca de un coche. LA MADRE.—No tanto, hija. Pero, en fin, ya podía haber venido. UN DESCONOCIDO.—(Al lado de ellas.) No se hagan ustedes ilusiones. Ahora, a la salida de los teatros, no se encuentra un coche por toda la ciudad. Si sigue lloviendo, no tendremos más remedio que esperar que vuelvan de sus carreras. LA MADRE.—Pero esto no puede ser. Necesitamos un coche a todo trance. No podemos esperar tanto. EL DESCONOCIDO.—Pues no hay más que tener paciencia. LA HIJA.—Si Freddy tuviese dos dedos de frente, habría ido al punto del circo, que allí todavía no ha acabado la función. LA MADRE.—El pobre chico habrá hecho lo posible. LA HIJA.—Otros saben encontrar coches. ¿Por qué no puede él? Ahí viene el tonto, y sin nada. (FREDDY viene corriendo desde una calle lateral, y al entrar en el pórtico cierra su paraguas, que chorrea abundantemente agua. Es un joven de veinte años, en traje de sociedad, y tiene los pantalones hechos una lástima por el agua. Lleva lentes dorados.) LA HIJA.—Bueno; ¿qué hay? Ya me lo figuro. FREDDY.—Nada, no se encuentra un coche por ninguna parte... ni a tiros. LA HIJA.—Tontería tuya. ¿Crees que debemos ir nosotras a buscarlo? FREDDY.—Lo que te digo es que están todos ocupados. La lluvia ha venido tan inesperadamente, que casi nadie llevaba paraguas; de modo que todos los coches se han alquilado en el momento. Primero bajé a Charing Cross, y luego a Ludgate Circus. Y nada. LA MADRE.—¿No fuiste a Trafalgar Square? FREDDY.—Allí no había ninguno. LA HIJA.—Pero ¿tú fuiste allí? FREDDY.—Fui hasta la estación de Charing Cross. Supongo que no querrías que hubiese ido a Hammersmith. LA HIJA.—Tú no fuiste a ninguna parte. LA MADRE.—La verdad, Freddy, es que tú eres muy torpe. Anda, vete otra vez y no vuelvas sin un coche. No podemos pasar la noche aquí.

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no hables más. Un relámpago deslumbrador seguido de fuerte trueno ilumina el incidente. Parecía que iba a aclarar. EL CABALLERO. ¡Ay. LA FLORISTA.—Es lo que temo.—(Recogiendo sus flores y volviendo a colocarlas en el canasto. estaría yo ahora en un palco de la Ópera. mi general. viene corriendo a refugiarse en el pórtico.—Vaya. que yo puedo cambiarle.. (Se acerca a la FLORISTA. Pero otra vez no hagas tantas alharacas.—¡Pagarle las flores! No faltaba más. y sea lo que Dios Pigmalión mientras tanto. LA MADRE. EL CABALLERO. LA MADRE. que la chica sale perjudicada.. no vale la pena.—Lo siento.—Pues venga.—Seis peniques tirados.—Bastante lo siento. (Escapa corriendo. LA HIJA. ¡Cuando te digo que no llevo! (Buscando por sus bolsillos. al parecer militar retirado. pero me calaré en tonto. ¡Calla! Aquí tengo seis peniques en plata. pero.—Bueno.—Si os empeñáis.) ¿No lo he dicho?. de aspecto jovial. pero tengo prisa.George Bernard Shaw FREDDY.. LA FLORISTA.—(Al CABALLERO.) ¡Vaya unas maneras que tienen algunos! ¡Moño.) Ya.—¡Vaya un tiempecito! LA MADRE. Su tez atestigua el efecto continuo de la intemperie. Sus pantalones están en el mismo estado que los de FREDDY.) Cuando cae así.—¡Qué buena es la señora! ¡Si toas fuan así!. qué leñe! FREDDY. ¿conque es hijo de usted. Página 6 de 59 .—Muchísimas gracias. en general. LA FLORISTA.—(Trata de entablar conversación con el CABALLERO. Clara. haber tenido usted cuidado. y ya ve usted cómo cae ahora.—Pues sueltos llevo cinco peniques.. LA HIJA. se ve que con un poco de cuidado sería una muchacha muy aceptable. LA FLORISTA. a ver si nos arreglamos. Su calzado se halla en mal estado. chica. LA HIJA. que mi hijo lo hizo sin querer. mujer. No es una muchacha muy hermosa. con fuerza.—Ten juicio.) EL CABALLERO. FREDDY.—Como lo que eres.) LA FLORISTA.) LA FLORISTA. cómpreme un ramiyete.—¡Anda. pero tropieza con una florista que viene precipitadamente para resguardarse de la lluvia. Ocupa el sitio de la izquierda dejado vacante por CLARA. hija. cabayero.—¿No ha de gritar una cuando la pisan un callo? (Un caballero ya entrado en años. es que pronto se acaba. LA MADRE. Su traje modesto está bastante ajado.—¿Un "soberano"? No llevo menos. LA FLORISTA. No vale un penique todo el canasto. EL CABALLERO. Toma. al lado de las señoras elegantes. Tome dos ramiyetes y los cinco dichos. iré.. Pues mire: podrá usted pagarme las flores estropeás. señora.. (Abre su paraguas y sale corriendo. Debajo del gabán lleva traje de sociedad. al lado de la señora. LA FLORISTA. bueno.. no crea usted. no molestes.) LA MADRE.—No sea usted deslenguada. A ti todo te sale por una friolera.) LA FLORISTA. Su gabán chorrea agua. quiera. LA MADRE.—No llevo más que una pieza de seis peniques.—Calla. me parece que hay para rato. Mírese a ver si tiene medio penique.. las tienen de.. ¿Tienes dinero suelto? LA HIJA. No se figure usted que a mí me las regalan. Ande.. Tiene unos dieciséis años.—¡Anda la mar! Si tuviá yo un "soberano". pero no tengo cambio. pasmao! ¡Vaya con el señorito cegato! Nos ha amolao el cuatro ojos.—Anda. ya. no esté limpia y algo cuidada. señora? Bien. después de haberse remangado los pantalones. y cuyo canasto de flores se cae al suelo de modo lastimoso. y que tenga usted mucha saluz. LA FLORISTA.! ¡Y poco barro que hay! ¡Pues ya nos hemos ganao el jornal! (Se agacha y sigue arreglando sus flores lo mejor que puede. por lo que te han estropeado. Sin embargo. que se ha retirado hacia adentro. el contraste es bastante grande.—Por eso no lo deje. EL CABALLERO.—Bueno. No es que.

¿Qué es lo que he hecho yo? Yo no he quitao naa a nadie.) LA MUCHEDUMBRE. quieren que se calle o se vaya con la música a otra parte.—(Con súbito interés. Un grupo. que yo no he hecho naa. LA FLORISTA. No lo sé decir d'otro modo. diga usté la verdá. pelucha. ¿a qué viene el tomar apuntes? ¡Yo qué sé lo que habrá escrito ahí! Enséñemelo a ver..—Es verdad. que pa eso pago mi licencia. (Da un grito.. Me paece que el poli aquel te está apuntando.—¡Cállate la boca. chica! ¡Pero qué pamemas son ésas! ¡Qué escandalosa es la criatura! ¡No le da poco fuerte a la niña! (Óyese decir por varios. (El de las NOTAS abre su cuaderno y se lo pone debajo de las narices. pero protestando contra sus alharacas. LA FLORISTA. que en paz descanse. y grita desaforadamente. de la Página 7 de 59 . (Explicando al de las NOTAS. entonces.—(Cada vez más apurada.) Aquí la gachí le ha tomao por otro.) Pues le diré: un guiri es. calma. (Lee reproduciendo exactamente la fonética.) Tóquese usted las narices. EL DE LAS NOTAS. Algunos hombres le dan golpecitos en los hombros de modo protector.) LA FLORISTA. marrano! ¿Qué ties tú que pellizcarme? (Restregándose el brazo. que nadie se mete contigo. caramba! ¡Calma.: que a las floristas os está prohibido molestar al público..) Cállate.) Pues. ¿tengo yo facha de policía? LA FLORISTA... fuera de sí. ¡"La Nación"! (Se aleja a través de la lluvia. Tengo derecho a vender flores. Ya se sabe cómo las gastan esas chicuelas..—Yo.) Yo no he hecho naa malo. y a ese cabayero sólo le dije que me comprase unos ramiyetes. que yo no he hecho naa malo.—Ustedes... malhumorados. No hay más que ver su calzado. UN GUASÓN.—(Arrimándose. que no me gusta naa. EL GOLFO. que allí detrás hay uno de la ronda. EL DE LAS NOTAS.—¿A mí que me cuentas? Por lo que puá tronar.—Cállate..—(Muy asustada. acaba de pellizcarla en el brazo. por más que la presión de los que tratan de leer por encima de sus hombros daría en tierra con un hombre menos fuerte que él. LA FLORISTA.) Oiga usté. tonta.) ¿Qué dice? Yo no sé leer eso. y hazme caso a mí.—(Yendo hacia ella seguido de todos.—¡Pues ni que fuás el Padre Santo! ¡Mira que anunciarse con cardenales! EL GOLFO. LA FLORISTA. son testigos.—Es pa anunciarme.George Bernard Shaw Pigmalión Le sale a medio penique ca ramiyete. LA FLORISTA. Ya comprendo. Me paece que..) Vaya. sí. Habrá querido meter la mano en el bolsillo de alguien.—(Muy nerviosa.) Servidorito no tiene inconveniente. se precipita a través de los circunstantes hacia el CABALLERO de marras.) ¿Un guiri? ¿Qué es? EL DESCONOCIDO. de unos doce años. en su mayoría expresando simpatía por la FLORISTA. Yo soy una chica honraa.).—(Altanero. calma. un guiri.) ¡Golfo. escucha. ándate con cuidao. trata de acercarse y aumenta la confusión con sus empujones y preguntas).. A ver si vas a la Comi (Bajando la voz. que no se ha enterado de lo sucedido.. (Tumulto general. Manos a la obra.—(Lejos de tranquilizarse.—(Dándole un golpe en la mano que acercaba. que me pones nervioso. vaya.) Juro por la saluz de mi madre. ¿Por quién me has tomado a mí? EL DESCONOCIDO. EL DE LAS NOTAS.—(Que no tiene aptitudes para las definiciones. señores.. pues un vendedor de periódicos. S'ha figurao qu'era usté un guiri.. Que me registren. EL DE LAS NOTAS.) ¡Qué animal! EL GOLFO. pero de muy buen humor. cabayero. no es poli: es un caballero. Eso es. ¿Qué demonios pasa? ¿Qué le sucede a la muchacha? ¿Dónde está él? ¿Un policía ha tomado notas? Ya se supone lo que habrá sido. Ya sabes lo que dice el bando. si puedes. Otros.

—Nada. ¡Qué hombre! ¡Lo sabe todo! LA FLORISTA. no crea usté. si me he propasao en algo.) Usté dirá.—Claro que no. acercándose a la entrada del pórtico. con fuerza.—¡Qué voz pone! Pero vamos a ver: ¿es un crimen el que yo haya llamao general al señor cuando tal vez no sea más que coronel? (Dirigiéndose al CABALLERO. Ese señor no es policía.—Anda.—Pero. sí.—(Juntándose en su poca simpatía por la Policía. EL CIRCUNSTANTE SARCÁSTICO.) Pero. (Alzando más la voz.—(Animados por esta apariencia de legalidad.—(Sin vacilar.. (Risas. señor. Reacción a favor del tomador de NOTAS. EL DE LAS NOTAS. serénate. (Gran risa general.—No es una razón para meterse conmigo. Para que la ilusión sea completa. (Sensación. que enseñe la insignia.) Si es usted de la secreta.) EL DESCONOCIDO.George Bernard Shaw Pigmalión muchacha. al tratar de vender sus flores.. LA FLORISTA. Es Onofrof. musiú: díganos de dónde es aquel caballero al que llamó general la muchacha. LA FLORISTA. que se aparta cortésmente. es que pronto se acaba. ALGUNOS. Estudió en Cambridge y ha vivido últimamente en la India. Ande.—Sí.—No. A ver si resulta un policía "ful"." LA FLORISTA.. etcétera. mi general.) Eso es: que enseñe la insignia.) Oiga usted. la misma actriz puede hablar. EL CABALLERO. cabayero.—Es de Cheltenham.) En la de Hoxton. Exclamaciones de asombro.—Si todo lo adivina. en aquel barrio nací. empujando bruscamente al CABALLERO. (La chica.) ¡Claro! ¡Qué ganas de meterse donde nadie le llama! Esto no se ve más que en este país.) "Cuando cae así. ¡Caramba! EL CABALLERO.) ¿Cómo lo sabe usted? EL DE LAS NOTAS.. (Empieza nuevamente a lamentarse.) ¡Pues sí que lo entiende! ¡Hay que ver! ¡Parece mentira! Dispense la pregunta. se engríe y mira retadora a su supuesto enemigo.—(Atónito. Está en su perfecto derecho. creo yo. Esto supongo que no es un crimen.—¡Qué listo es usted! Bien se ve que ha nacido usted en Whitechapel. EL DE LAS NOTAS.) Por un pajarito que me lo dice todo.) Pues es verdad. que no lo volveré a hacer.) ¡Vaya un cabayero.—Totalmente cierto.) LA FLORISTA. que nadie se mete contigo. EL CABALLERO. (Al de las NOTAS. caballero: ¿es usted artista de "varietés"? EL DE LAS NOTAS..) EL DE LAS NOTAS.. pero cesa de gimotear.—(Queriendo seguir haciéndose la interesante. ¡Que se vaya a tomar el fresco!. no lo puedo negar. ni con nadie que no haya cometido falta alguna.—No saben ustedes distinguir. el adivinador de pensamientos. pero no digo que no lo sea algún día.—(Atónito. que se mete con una pobre muchacha! ¿Si creerá que yo era gitana y le iba a hacer competencia? LA HIJA. pero no me vaya usted a multar por ello.. EL CIRCUNSTANTE SARCÁSTICO. (La lluvia cesó y las primeras filas comenzaron a alejarse. Si no.) Soy una muchacha honraa. ¿qué ha sido de Freddy? ¡Voy a Página 8 de 59 . EL DESCONOCIDO.) También tú eres de por allí. dígame: ¿en qué calle me he criado yo? EL DE LAS NOTAS. mujer. señores. ¡ Si creerá que con esas chinchorrerías se va a ganar el ascenso! Le digo a usted que ni en la Papuasia. ¡si está visto que ese señor no es de la Policía! A mí me parece que es un guasón que quie tomarnos el pelo.—(Todavía quejumbrosa.—(Sonriendo.—(Impaciente.. le diré que la muchacha no ha faltado ni a mí ni a nadie. cómpreme un ramiyete.) Ahora vivo en Lisson Grove.) Vive donde te dé la gana. al ver que tantos toman su defensa. cabayero. muchacha. El interés por los conocimientos del tomador de notas aumenta. Le he visto trabajar en el circo. (A la FLORISTA. Los CIRCUNSTANTES.—(Sonriendo. ¡por Dios!. haciéndose creer al público que es el presunto imitador.) EL CIRCUNSTANTE SARCÁSTICO. EL DESCONOCIDO. en voz baja.

—¡Buenos pulmones. EL CABALLERO.) Me interesa mucho lo que acabo de oír. (Se aleja. no seas así! Vaya un genio que se te ha puesto! (La HIJA la rechaza con un movimiento brusco y se retira altanera.) LA FLORISTA.. y hasta podría decirse que cada familia tiene dejos y expresiones que le son peculiares. caramba! LA FLORISTA. Estamos aquí haciendo los tontos. Podemos ir a tomar un autobús. lamentándose a media voz. con esos charlatanes que le entretienen a uno. menos el de las NOTAS. y luego me he dedicado al estudio de la fonética. que está muy nerviosa. mamá. caballero. anotando aprisa. (Se remanga las faldas y echa a andar. Esto es mi profesión y mi afición. Porque ya se sabe.—(Con aspereza. por bien que lo hablen.—La gente sigue pasando con los paraguas abiertos. LA MADRE. cada población presenta en su vocabulario y en el modo de pronunciarlo matices característicos.. También es fácil conocer el origen de los extranjeros que hablan inglés.—Habré pensado en voz alta.) Dispénsela.—(Acercándose al de las NOTAS. a uno de Yorkshire.—(Para sí. CLARA no tiene más remedio que apretar el paso detrás de ella. lo que quiere es un coche de punto.—Me alegro de haber acertado.. Anda.) Earls-court. Estuve dudando si era usted de Croydon. el coche de punto. Como usted sabe. Fue sin querer.) Hágame usted el favor de guardar para sí las observaciones impertinentes.—¡Por Dios. ¿verdad? LA HIJA. sencillamente.) EL DESCONOCIDO.) Nada.. por coación.—Me lo figuré.) LA HIJA.) ¿A usted qué le importa? LA MADRE. a lo mejor. señorita. LA HIJA. (El de las NOTAS da un silbido fuerte.) ¡Qué cosa más curiosa! Es verdad que me crié en Lagerlady Park.) Usted.—Pero..George Bernard Shaw Pigmalión coger una pulmonía en este maldito pórtico! EL DE LAS NOTAS. LA MADRE.) LA FLORISTA. (Vase precipitadamente.) ¡Qué fastidio! (Todos se van. pero cuando yo tenía siete años se trasladaron a la vecina población de Epson. Clara. — (Extendiendo la mano para ver si llueve. con una diferencia local de seis millas. en estas apreturas. ¡Dichoso el que tiene una profesión que coincide con su afición! Lo corriente es distinguir por el acento a un irlandés. (Dirigiéndose a la HIJA. nada. Pues yo todo esto Página 9 de 59 .. cerca de Epson. UNO DE LOS CIRCUNSTANTES. el CABALLERO y la FLORISTA. (El de las NOTAS avanza hacia la calle y grita con voz estentórea: "¡Cocheroo!") EL DESCONOCIDO. Pero mi especialidad es distinguir los miles de acentos que hay dentro de Inglaterra.) ¡Recontra! ¡Si ya no cae! Claro.—Debiera denunciarle.—¡Yo lo que digo es que no tié derecho a molestarme! ¿Soy acaso una mendiga? EL DE LAS NOTAS. que está arreglando su canasto. (La MADRE ya está fuera del alcance de su voz. Hasta distingo los acentos de los diferentes barrios de Londres. EL DE LAS NOTAS. EL DE LAS NOTAS. y eso que ya hace diez minutos que cesó la lluvia.—(Acercándose. LA MADRE. tengo buen oído y buena memoria.—¡Vaya una vida perra la que tiene una! ¡Cuánto hay que sudar para ganarse un triste piri! Y encima la amuelan a una de todas las maneras. ¿Cómo hace usted? EL DE LAS NOTAS. Clarita.—De Croydon eras mis padres. (Se tienta de repente para cerciorarse de que no le han quitado el reloj.—Pues es verdad.—Pues. Su señora madre es de Epson. no hay duda. EL DE LAS NOTAS. vamos. Yo le agradecería a usted mucho que nos encontrara un coche. Perdone. no ha pasado nada. caballero.—Ya escampó.) Muchas gracias.—(Con aspereza.

—¡Qué casualidad! Yo he venido de la India para verle a usted.—Déme usted sus señas. y si no.—¿Es posible? (Dándole la mano. ahora quiere hacerse pasar por ventríloco..—¡Y una siempre hecha la pascua! ¡Cuando se nace con mala pata.. los labios. etcétera. enseñar la pronunciación de cualquier idioma. creo haber dicho bastante. Hago furor.—¿Y da para vivir esa habilidad? EL DE LAS NOTAS. sobre todo. PICKERING. poseo grandes conocimientos lingüísticos y tengo el don de imitar cualquier voz. Con decirle a usted que me dedico a desbastar a millonarios advenedizos.—Yo también me ocupo de lenguas. PICKERING.—(Con vivacidad. tan sonoro. HIGGINS. por la mañana. a nuevos ricos..) Mujer. Digo más: le podría proporcionar una colocación como dama de compañía o como de vendedora en una tienda elegante. para lo que se exigen mejores modos de expresarse. de "snobismo". como quien dice. Además. A.—¡Ya lo creo! Estos tiempos son. tan eurítmico! LA FLORISTA.. sí. me tiene usted a su disposición.George Bernard Shaw Pigmalión lo apunto y lo guardo en la memoria. PICKERING. HIGGINS.—Cabayero.—Una mujer que chincha tanto como tú no tiene derecho a estar en ninguna parte. puedo fácilmente. mejor que los propios nacionales respectivos. EL CABALLERO. el alemán. yo me comprometería a hacerla pasar por una duquesa en la "soirée" o en la "garden-party" de una Embajada. vete con la música a otra parte. ¡Vaya con la chicuela! LA FLORISTA.. si puedes. La FLORISTA. (El de las NOTAS repite estas palabras con la misma entonación. y.. viajan mucho y quieren estudiar idiomas extranjeros y. EL DE LAS NOTAS. Cállate. LA FLORISTA. lo mismo las burguesas que las aristocráticas.) A este hombre le falta un tornillo. EL CABALLERO.—(Sonriendo. Con lo que me pagan prosigo mis trabajos científicos en fonética y lingüística. no cargues tanto. qué sonidos! ¡Y éste dicen que es nuestro idioma. veintisiete. indicando la posición que hay que dar a la lengua. riéndose involuntariamente por la perfecta imitación. tal.) ¡Ya lo creo que le conozco! ¡Como que soy yo el tal coronel! EL DE LAS NOTAS. EL DE LAS NOTAS. el autor de "El sánscrito hablado"? EL CABALLERO. No doy lecciones a menos de dos libras por hora.! EL DE LAS NOTAS. pronunciarlos bien. LA FLORISTA. el autor del "Alfabeto fonético universal". pero a mí no hay quien me quite que es de la secreta. cenaremos y Página 10 de 59 . habiendo analizado exactamente los fenómenos de la fonética.. ¡Pa chasco! EL DE LAS NOTAS. Hoy las personas de viso pronuncian el francés. primero.—Sí.—En Wimpole Street.—Y yo pensaba marcharme a la India para verle a usted. que tendremos que hablar detenidamente. Creo que tengo el mismo derecho a estar aquí que usté. y tengo que rechazar discípulos. Pues bien: yo. He estudiado los dialectos de la India y.. usted l'ha tomao conmigo.) ¡Hombre! ¿Conoce usted al coronel Pickering. ese lenguaje que no la dejará salir del arroyo en toda su vida? Pues bien: si fuese cosa de apuesta.) ¡Cielos. aunque no los entiendan.—(Perdiendo la paciencia.) ¡Ay qué gracia! EL DE LAS NOTAS. como usted sabe.—(Con voz aguda. tan hermoso. atónita: luego. LA FLORISTA. Véngase ahora conmigo. Vaya usted mañana mismo.) ¡Cuánto me alegro de conocerle personalmente! Soy Enrique Higgins.—¿Ve usted a esa muchacha con su lenguaje canallesco y estropeado.—¿Pa que quedrá que yo me vaya? ¡Pues no me sale del moño! ¡No faltaba más! También tengo yo mi diznidá y. cualquier acento..—Yo estoy en el hotel Carlton. Las clases ricas.—(Sacando su cuaderno de apuntes. cualquier entonación. Mis discípulos se quedan atónitos de sus propios progresos.

¡Me he divertido! TELÓN Página 11 de 59 . PICKERING.—(Con grandeza. diciendo al chófer:) Drury Lane.—(Recogiendo una pieza de media corona.) ¡Que siempre usted me ha de salir en contra! (Arrojando el canasto a sus pies. A mí precisamente me hace falta el taxi para ir a casa.) ¡Vaya. (El reloj de la catedral da la media.George Bernard Shaw Pigmalión charlaremos.—¡Y me dejaron colgado con el taxi! ¡Estoy listo. LA FLORISTA. (Prosigue su camino. de plata y de cobre.) ¡Aaayyy! (Esta exclamación es una especie de hipo prolongado.) HIGGINS. Usted lo pase bien. yo a patita a casa. lo siento. señorito.—Hija. No tengo donde dormir.—¿Las dos señoras? Pues se marcharon a coger un autobús en cuanto dejó de llover. que en ella es peculiar. que todos somos de Dios! (Le tira un puñado de monedas en el canasto y se va con PICKERING.. ¡Arrea. LA FLORISTA. (Se sube al coche.) Por fin logré uno. esquina de la tienda de aceite de Micklejohn. chica.) Tome usted todo el canasto por seis peniques.—Ahora.—(Bajando de un taxi. para acabarlo. toma.—(Desesperada.—(Enfadado por la pedigüeñería de la chica. ¡Hola!.) FREDDY.) LA FLORISTA..—De acuerdo.) No se apure por eso. FREDDY.) ¿En dónde están las dos señoras que estaban aquí antes? LA FLORISTA.. HIGGINS.) HIGGINS.) Cómpreme una flor.) ¡Aaayyy! (Recogiendo medio "soberano".. que habrá propi! (El taxi se aleja a todo correr.—(A PICKERING. No tengo nada suelto.) ¡Embustera! Acabas de decir que tenías cambio de media corona. (A la chica.—(Oyéndole como a una advertencia del Cielo que le reprocha su dureza para con la pobre chica.) ¡Aaaaayyyy! FREDDY. sin un cuarto en el bolsillo! LA FLORISTA. Recogiendo varias monedas más. al pasar éste delante de ella.

mostrando en sección los órganos vocales. Es una habitación exterior en el primer piso. hacia el rincón. por esta mañana ya tengo bastante. me considero vencido por las ciento treinta de usted. es de un hombre robusto. Más adelante. La puerta.) ¿Se ha cansado de escuchar sonidos? PICKERING. a las once de la mañana. el taburete del piano y dos sillas ante la mesa del fonógrafo. una figura de cartón representando la mitad de una cabeza humana en tamaño natural. en la que están colocados un fonógrafo. HIGGINS. un velador para los periódicos. contra la pared. se halla al foro. Su interés por todas las cuestiones científicas. una chimenea con un cómodo sillón forrado de cuero junto al hogar. la mayor parte. Al principio no se percibe la diferencia entre ciertas vocales afines. ordenando unas tarjetas y un diapasón que acaba de usar. Y eso que no he examinado ni la mitad.) Pues ya ha visto usted toda la colección. dos enormes estantes formando un ángulo recto. pulcramente vestido de color oscuro. pero es francote y no tiene pizca de malicia de modo que.George Bernard Shaw Pigmalión ACTO SEGUNDO Al día siguiente. otra de tubos de quinqué con sus válvulas de gas para producir llamas sonoras. se halla un mueble de muchos cajoncitos. de unos cuarenta años. Sobre el piano se ve una bandeja de frutas y dulces. y una carbonera al otro. El centro de la habitación está desocupado. HIGGINS.—(Colocándose a su izquierda. a la izquierda del visitante. delante de la cual se coloca de espaldas. una serie de tubitos de órgano con un fuelle. PICKERING. es muy vivo y le hace olvidar muchas veces las cosas y las personas que le rodean. De las paredes cuelgan varios grabados. Yo. comete travesuras. HIGGINS está en pie a su lado. Entre ésta y la mesa del fonógrafo.—(Sonriéndole satisfecho y yendo hacia el piano a comer dulces.—Es una cosa sorprendente. Su modo de ver es el de un niño impetuoso que. de espaldas a la puerta.—Siga usted. Gabinete de trabajo de HIGGINS. hay una silla de rejilla cerca de la chimenea. PICKERING está sentado a la mesa. Es irónico y punzante cuando está de buen humor.—¡Claro! Es un ejercicio muy absorbente. a la luz de la mañana. HIGGINS.—(Levantándose y acercándose a la chimenea. HIGGINS. un laringoscopio. y una caja llena de cilindros de cera para el fonógrafo. Al otro lado de la puerta.) No. con buena salud. Su aspecto. Hay un reloj encima de la chimenea. y arrebatado cuando se halla ante una contrariedad. Además del sillón de cuero. pero Página 12 de 59 . que estaba orgulloso por saber pronunciar veinticuatro vocales distintas. sin mala intención. que normalmente debiera ser la sala. Contra la pared lateral. Encima de él penden un teléfono y una lista de abonados. no es antipático. de dos hojas. aun en los momentos en que más se deja llevar por su temperamento. del mismo lado. cerrando unas carpetas del estante que se hallaban abiertas. de chocolate. en su mayoría copias de retratos. un piano de cola: tiene un taburete delante del teclado. y las personas que entran encuentran en el rincón a su derecha. y sobre todo por aquellas en que se ocupa especialmente.—(Cerrando la última carpeta. En muchos casos no percibo la más ligera diferencia entre ellas. diferentes diapasones. en Wimpole Street. PICKERING. si gusta. muy amplia. En este rincón hay una mesa de escribir plana.) ¡Oh! Eso viene con la práctica.

como quien dice. que revela a primera vista que más bien que de los talleres de alguna gran modista. (A la muchacha. el ama de llaves de HIGGINS. ¿l’ha dicho usté que he venío en taxi? MISTRESS PEARCE. hombre! Un griyo sólo vale medio penique y se l'oye. Entéres'usté tan siquiera del ojezto de mi vesita. procede de una prendería. con no disimulada desilusión.—Pues dice que usted se alegrará de verla cuando se entere del objeto de su visita. ¡qué! ¡Si ésta es la muchacha cuya pronunciación transcribí anoche! No me sirve para nada.—¡Una joven! ¿Qué quiere? MISTRESS PEARCE.. evidentemente perpleja. entra en materia sin más preámbulo..—(A PICKERING. a fuerza de aguzar el oído. Sus botas apenas si tienen tacón.—No se apure. y tan amigos como antes. HIGGINS. Pues yo quiero aprender a prenunciar correztamente. usted me dispensará.—¡No se ponga tan bufo. (Va a su mesa de trabajo y coge un cilindro para colocarlo en el fonógrafo.) Señora. La haremos hablar y.—(Vacilante. Lleva una blusa de color chillón. (Se retira. muy ordinaria. En cuanto a HIGGINS para quien las personas sólo tienen interés desde el punto de vista de sus estudios fonéticos. No quiero gastar un cilindro en ello. que se ha quedado en la puerta esperando más órdenes.) Dígale que pase. Su falda de percal. da leciones de prenunciación. HIGGINS.—No hable tonterías.—(Volviendo. deplorablemente patética. se las encuentra tan diferentes como la "a" y la "b".) HIGGINS.—Pues es una feliz casualidad.. según le oí decir anoche.—(Brusco. Con ir a otro profesor. así como suena. decirlo d'una vez. Espero que no habré cometido una falta. lo fijaremos en el fonógrafo.) ¿Qué pasa? MISTRESS PEARCE. Fíjese que estoy dispuesta a pagar las leciones. MISTRESS PEARCE. HIGGINS.—Allá usted. asunto acabao. azul oscura y colorada.—El tonto será usted si desperdicia la ocasión. LA FLORISTA. (La FLORISTA entra vestida de gala. cuidadosamente remendada.—(Moviendo la cabeza.) Aquí tiene usted a la muchacha. Ahora le voy a mostrar a usted cómo registro las voces.—¡Anda Dios! Aquí toos a una. señora. cualquiera. ¿tiene un acento interesante? MISTRESS PEARCE. (MISTRESS PEARCE. ¿Qué s'habrán figurao? Pues sepan ustés que s'equivocan de medio a medio.. Con media docena de frases de su jerigonza me basta y me sobra. de modo que podamos oír sus palabras siempre que se nos antoje.—Yo de eso no entiendo.) MISTRESS PEARCE.) HIGGINS.) Ha venido una joven que desea verle a usted. Yo me lavo las manos. ¿Qué le importa a un caballero como míster Higgins si usted ha venido en taxi o a pie? LA FLORISTA. con su inocente presunción. tie con qué pagar.) No haces falta. ¡Tiene unas expresiones!.George Bernard Shaw Pigmalión luego. De modo que al trigo. ¡Bendito sea Dios! HIGGINS.—Pero ¿qué está diciendo la tonta? LA FLORISTA. a veces no sabe una lo que debe hacer. luego ampliaré todo en el Romie y. Lo que más llama la atención es su sombrero de paja con tres plumas de avestruz: amarilla.. tal como la ven. Parece una muchachuela ordinaria.) La mandaremos pasar. El señor aquí.. pero pensé que tal vez la necesitase usted para impresionar algún cilindro. finalmente. mientras tanto. ¿no le parece? (A MISTRESS PEARCE. Creo que mi dinero vale tanto como el de otros. Aquí menda. al reconocerla.). PICKERING queda conmovido ante aquella figura. Lo que a mí me parece es que es una. y si no. Y esa joven. está casi limpia. Yo la hubiese despedido. llamado de sonidos visibles. haré funcionar el aparato Bell. (A MISTRESS PEARCE. asoma la cabeza por la puerta. Página 13 de 59 .) Pero. Su peinado está muy cuidado. puedes retirarte.

Página 14 de 59 .) Vamos.—¡Aaaaayyyyy. pero que mi manera de hablar no era bastante fina.) ¡A esa pílfora la tiro por el balcón! (Avanza amenazador. amigo Pickering: un chelín. Yo le ofrezco un chelín.—Gracias.) ¡Y me ha llamado pílfora. he venido a ver si nos entendíamos. hija mía.—(Se pasea. La muchacha lanza gritos de terror y se refugia detrás del piano.. HIGGINS....—(Muy cortés.. LA FLORISTA.—(Imperioso.George Bernard Shaw Pigmalión HIGGINS. muchacha. hija. Supongo que usté no se atreverá a exigirme lo mismo para enseñarme mi propia lengua. amiga mía.—¿Cuánto pagarías? LA FLORISTA. HIGGINS. (Dúctil. PICKERING le retiene. ELISA. ¿qué más? LA FLORISTA. (Le acerca la silla de rejilla. ¿no? HIGGINS.—Pero. Como el señor se dedica a enseñar a hablar..) Tome usted asiento. Es un francés de Francia.) ¿Quién le ha dicho que yo sólo. tiene un profesor de francés al que paga un chelín y medio por hora..) Pues mire usté: yo querría entrar de vendedora en una tienda elegante de flores.—(Con voz de trueno. Vamos a ver: ¿qué es lo que desea usted? LA FLORISTA. No me pegue.) Ella me ofrece dos quintas partes de su ingreso diario. en comparación con los ingresos de esa muchacha. Ella cobra al día media corona. cuando ofrezco pagar como una señora! PICKERING.) Siéntate.—Elisa.—(Altanera. verá usted: un millonario tiene un ingreso diario de ciento cincuenta libras. vamos a ver.—Pues sí. (Con confianza.—(Acercándose al piano.) Sí. Ruperta! (MISTRESS PEARCE. vamos! Ya sabía yo que bajaría usté los humos al ver la probabilidad de recoger algo de lo que tiró anoche.—(Divertido.) Sí. quiere contestar. ¿está usted loca? ¿Cómo va usted a pagar las lecciones? LA FLORISTA. ¿eh? ¡Vaya.—(Con voz temblorosa. HIGGINS. que no he hecho nada.) HIGGINS. parece que se ablanda. Es la oferta mayor que me han hecho hasta ahora.) No se asuste.. Yo. es enorme.) HIGGINS.—¿Cómo? HIGGINS. muchacha. ¡ Aaaayyyy! HIGGINS.—¿Cómo te llamas? LA FLORISTA. pero a HIGGINS le ha hecho gracia la cosa.—Elisa. chúpate ésta. Estoy dispuesta a pagar lo que pidan en razón.—Ande. PICKERING..—Vamos. que mi amigo no es tan fiero como parece. Pues dime ahora: ¿cuánto piensas pagarme por lección? ELISA.—Yo quiero irme.? HIGGINS.) Siéntate. Dos quintas partes del ingreso de un millonario vienen a ser unas sesenta libras.—¡Nos ha amolao! Sé yo tan bien como usté lo que valen las leciones. se dirige a la muchacha.. ni un penique más.) HIGGINS. te digo. Me han dicho que mi tipo no les disgustaba. aaaaayyyyy!.. (Se queda en pie. no se crea usté. equivale a sesenta o setenta guineas pagadas por un millonario. MISTRESS PEARCE.—(Prosiguiendo. (Llorando. vaya! LA FLORISTA.) PICKERING. medio reacia. medio asustada. haga lo que le mandan..—Pues mire: yo sé por dónde ando.—No haga usted cumplidos. bajando la voz. Haga lo que quiera.) LA FLORISTA. haciendo sonar sus llaves en el bolsillo.—Pues Elisa Doolitle. Hablando se entiende la gente. MISTRESS PEARCE. lanza una carcajada franca y levanta el brazo para imponer silencio al ama.—(Crispado. Una muchacha.—Perfectamente. Es espléndido. LA FLORISTA.—¡Ah.. (Se sienta y mira a PICKERING con gratitud. confiese: estaba algo alegre. ¡Anda. caballero. roja de indignación.) LA FLORISTA.

—Hombre. mucho cuidado (Le quita el pañuelo. le mira con ojos extraviados..) Sí.—¡Aaaaayyyyy. Haré una duquesa de esa criatura sacada del arroyo.) ELISA.) Venga. HIGGINS. Quítele todo lo que lleva encima y quémelo.—¿Pa qué es eso? HIGGINS.—Oiga usted. Hay que ver sus modales y su facha.! Del arroyo ha dicho. Mande usted al criado o al portero por ropas nuevas..—No sé lo que usté querrá hacer conmigo. No confundas una cosa con otra. mistress Pearce. No ahorre el jabón... PICKERING. HIGGINS... Mistress Pearce. MISTRESS PEARCE. muchacha.—(Quejumbrosa. tranquilízate y no te apures.—(Obedeciendo despacio..! PICKERING.—(Protestando.—Una vez que yo sea tu profesor. para que te seques cualquier parte húmeda de tu cara. que no le entiende.) ¡Menuda faena! Si no fuera por el amor propio que pongo en estas cosas.—No le hable usted así.) ¡Aaayyy. llévesela y límpiela. y si le da guerra. que nadie le quitará su dinero.—(Entusiasmándose con la idea. completamente confusa. Siéntate. Yo le apuesto todos los gastos del experimento y el precio de las lecciones encima. Estas cosas no traen nada bueno. que el pañuelo le pertenece a ella.—¡Oh. (Le ofrece su pañuelo de seda. ELISA.—(Con el tono de quien no tolera objeciones. Por lo demás.) Sí. ¿eh? Este es tu pañuelo.. Higgins. habrá azotes. Tienes que aprender a comportarte como una duquesa.—Métala usted en la carbonera. dentro de tres.. ELISA.) Es verdad. ELISA. MISTRESS PEARCE. Llévesela. No olvides. Yo soy una muchacha honrá.) Pigmalión ¡Sesenta libras! Pero ¿qué está usté diciendo? Yo nunca le he ofrecido sesenta libras. míster Higgins. ¡caray! Si me lo dio a mí. dentro de seis meses. Lograré mi empeño.. ELISA. mistress Pearce. ELISA.—¡Pero si no tengo sitio para ella! HIGGINS. pero.. señor. ¿Se acuerda usted de lo que dijo de la "garden-party" de la Embajada? Le proclamaré a usted el primer profesor del mundo si lo lleva a cabo. seré peor que "dos" padres. MISTRESS PEARCE. ¿Cómo podría yo. ¿entiende? HIGGINS. creo. Y cuidado con dar bien las lecciones. ELISA. aunque sea en papel de estraza.—No necesitamos aquí tus remilgos de la calle de Lisson Grove.) A mí no me martiricen.—(Mirándole.! Ni que fuá usté mi padre. HIGGINS.—Tranquilícese. (ELISA. como buscando protección. ¡Habrá simple! HIGGINS.. si quieres llegar a ser una vendedora de categoría. MISTRESS PEARCE.—Cállate.—Bien empleado le está.—(Espantada. ELISA. mi general! Muchísimas gracias.) Nada de peros.—¡Aaaaayyyyy.) ELISA. HIGGINS.—(Riendo.—Sí. envuélvala. se me ocurre una idea. qué bueno es usté. cuando precisamente en donde me paso yo la vida es en las aceras. que llamo a los guardias. que si no. si tiene buen oído y lengua suelta. Pero no importa.—(Levantándose precipitadamente y corriendo a colocarse entre PICKERING y MISTRESS PEARCE. si puedes.. déle usted azotes. Toma. PICKERING. chicuela. míster Higgins. (HIGGINS se Página 15 de 59 . y ésta es tu manga.—(Arrebatándole el pañuelo. la presento en la buena sociedad y doy el timo.George Bernard Shaw ELISA. pensativo.? HIGGINS.) MISTRESS PEARCE.) Pero si no voy a poder. ¿Hay buena lumbre en la cocina? MISTRESS PEARCE.—Para que te seques los ojos. y mientras tanto.—Reflexione. mujer..

) Ten por seguro.—Pero ¿qué s'ha figurao usté? Que soy alguna golfa borracha? Pues. MISTRESS PEARCE. lo dicho: llévesela y aséela. Que se vaya con viento fresco ELISA. las calles de Londres resultarán estrechas para la muchedumbre de hombres que se morirán por tus pedazos. Cuento con la colaboración de usted para moldearla y adaptarla a su nueva posición.—No tengo padres. ¿en qué calidad se va a quedar aquí? Habrá que señalarle un salario. ¿qué están ustedes diciendo? La chica no depende de nadie. páguele lo que le parezca a usted. HIGGINS. (Impaciente. MISTRESS PEARCE.—¡Qué cosas tiene el señor! No tiene una más remedio que bajar la cabeza. que vaya a casa de sus padres y les diga que la eduquen mejor.George Bernard Shaw Pigmalión serena.—(Levantándose y cuadrándose con decisión. ¿Dónde está su madre? ELISA.) HIGGINS.—¡Aaaaayyyyy. hijo.) Eres una desgraciada. Mistress Pearce.) ¡Vaya. ¡Dios quiera que la empresa le salga bien! PICKERING.—Pero. ¡oh Elisa!.) MISTRESS PEARCE. pues me quedo con ella.. ¡plin! Yo me las arreglo sin ellos. tranquilizada.! HIGGINS. entonces. vuelve a ocupar su silla. (ELISA.—Pero. ELISA. ELISA.—¿Por qué no? Pues porque no sabe usted quién es ella. Tal vez esté casada. HIGGINS.—Pues que no puede usted recoger así a una muchacha. A mí me sirve para mis experimentos. Así me pagas por haberte ofrecido sacarte del arroyo y regalarte hermosos vestidos y hacer de ti una señora. ELISA. (Indicándole la puerta. que antes que salgas de mis manos.—(Recogiendo al vuelo el pañuelo y cortándole el paso. Las cosas no se hacen así. muchacha.—¡Casada! ¡Vamos! ¿No sabe usted que las mujeres de su clase.—Yo no necesito ropa de naide. como recogería una piedra en la calle. no hace falta mandar por ropa para ella. Quiero tratarla con todos los miramientos posibles. y me echaron a la calle.—Ya ve usted lo que resulta de ser deslenguada. si aquí ha de tener todo lo que necesita: comida.) ¿Para qué demonios querrá dinero. es lo que Página 16 de 59 . señor. al año de casadas están ajadas como bestias que tiran de un carro? ELISA. En la casa donde me criaron me dijeron que ya tenía bastante edad para ganarme la vida. Tendrá padres. Éste señor está guillado. señor. ELISA.) Por aquí se sale.—¿Por qué no? MISTRESS PEARCE. La que me echó a la calle era mi tercera madrastra.—Bueno.. cama y ropa? Los cuartos no han de ser más que para vicios.—Pero ¿qué quieren ustedes decir? MISTRESS PEARCE.—Claro que el caso ofrece sus dificultades. No quiero de profesor a un loco.—No la he conocido.) Yo quería decir.—(Quejumbrosa. renuncio! Mistress Pearce.—Señor. MISTRESS PEARCE.. no le llene la cabeza de viento a la chica.—¿Quién s'había de casar conmigo? HIGGINS.—(Volviendo a su tono amable.—Déjela.) HIGGINS.) Tranquilícense ustedes. tómelo del dinero de la compra. MISTRESS PEARCE.—(Ofendido por el poco aprecio que se hace de su elocuencia.) Yo salgo de aquí ahora mismo. (Tira el pañuelo.—(Con calma y dulzura. Una racha de buen humor sucede a su excitación anterior. Pero a mí. MISTRESS PEARCE. HIGGINS. HIGGINS. HIGGINS. Puedo comprarme lo que me hace falta.. Mis intenciones son las mejores del mundo. ELISA.

) No seas tonta. (HIGGINS saca su cortaplumas.. No seas tonta.—(Mirándola con aire crítico. Piensa en el presente.) ¿Verdad. en taxis.) Yo estoy ya harta de todo esto.) Me parece que no tenemos que preocuparnos. Elisa.—Hacerla hablar gramaticalmente. Mejor prueba de mi buena fe. HIGGINS. Higgins: ¿no se da cuenta de que también la muchacha tiene sentimientos? HIGGINS.—Pues no. Doy la razón a mistress Pearce. mujer? Mira: de aquí en adelante tendrás tantos taxis como gustes.—(Reflexivo. podrás atracarte de ellos todos los días.) ¿Y qué sé yo lo que habrá dentro? Algún fieltro envenenado. con una sonrisa maliciosa. HIGGINS. Elisa: ¿no has dicho que has venido en taxi? ELISA. señor. yo no pienso en vestidos y alhajas. Soy una muchacha honrá. Elisa? ELISA.—Y seguirás siéndolo. y le ofrece la otra mitad. PICKERING. ELISA. (Vuelve a su silla y se sienta con aire altanero. y a los demás que los parta un rayo.—(Deteniéndose. ELISA.) ¡Gachó. ¿Ha de cobrar algún salario? ¿Qué ha de ser de ella después que acabe su enseñanza? HIGGINS..—Yo no quiero hablar gramaticalmente. ELISA. pero luego se humanizará al ver tu hermosura y tu gracia. (De buen humor. Tendrás montones de dulces si quieres. ELISA.. HIGGINS. él le mete el medio bombón entre los labios. bajo el maternal cuidado de mistress Pearce. En lo que debe ella pensar es en el porvenir. como dicen en el "Tenorio". no enloquezca a la chica.—Pues sí. Vaya. puede volver al arroyo. es preciso que sepa exactamente lo que ha de hacer..—¡A su edad! ¡Vamos! Tiempo hay para pensar en el porvenir. MISTRESS PEARCE. a PICKERING. Yo deseo saber en calidad de qué ha de estar aquí la muchacha. Haz lo que esta señora: piensa en el porvenir de los demás. Higgins. HIGGINS. lo mastica.George Bernard Shaw Pigmalión faltaba.) Dígame usted. (Se levanta resueltamente.—Este es asunto de ella..) Ahí está la dificultad. al freír será el reír. ustés lo pasen bien.) HIGGINS. ELISA.. mistress Pearce: ¿qué ha de ser de ella si la dejo en el arroyo? MISTRESS PEARCE. el hijo de un marqués. ¿y qué? ¿No tengo yo derecho a tomar un taxi como cualquiera? HIGGINS. unos bombones de chocolate de la bandeja. Elisa. Página 17 de 59 . De menos nos hizo Dios. para replicar.—(Impaciente. nunca en el tuyo.—Escucha. Quiero hablar como las señoras. esto pasa de la raya.—No nos apartemos de lo que importa. corta un bombón en dos.) HIGGINS. Sólo piensa en sus negocios.—Creo que mis sentimientos se merecen tanta consideración como los de cualquiera. PICKERING.—Usté no tiene corazón. en bombones de chocolate. No darás un paso por Londres si no es en taxi. tentada. dirigiéndose a la salida. al que su padre desheredará por haberse casado contigo..—Pues cuando yo acabe con ella. Luego. (Ella abre la boca.—¿Cómo? ¿Qué dificultad? HIGGINS. mi digna ama de llaves.) PICKERING. y ello es de su incumbencia y en paz.) Oiga.—(Reprendiéndole con suavidad. no de usted. en vestidos y alhajas.—¿Ves? Aquí no hay trampa ni engaño.—¿Quién lo duda. con unos hermosos bigotes. qué rico! HIGGINS. ¿Qué te parece? MISTRESS PEARCE. Y más adelante serás la virtuosa esposa de un oficial de la Guardia.—No me gusta despreciar.—(Cogiendo. Elisa. la pronunciación es bastante buena.—Señor.—Dispense. se mete una mitad en la boca. (Se sienta con aire de dignidad. unos bombones. Si esta muchacha ha de estar en manos de usted para un experimento de seis meses. (Masticando con visible satisfacción.) Toma. cuando ya ha pasado.

Si te portas bien y haces lo que te mando. ¿pa qué voy a ir al cuarto de baño? Ya estoy yo escamá hasta las cachas. pero todos podemos incurrir en grandes responsabilidades.—Muy bien..—No comprendo.—(Con paciencia. Si el rey descubre que no eres una señora de verdad. HIGGINS. francamente. por el contrario. y el resultado es que ambos tienen que ir en dirección Este. ELISA. no sea tonta. Si me enamoro de ella.) Pues mire: siempre he visto que en trabando amistad con una mujer. Si eres holgazana y reacia.—Bastante mediana. Higgins: ¿qué opinión tiene usted de las mujeres? HIGGINS. ¡Caramba! Como militar ya podía usted saberlo. no descubren tu verdadera condición. No dudo de que las intenciones de ustedes sean buenas. HIGGINS. ésta se vuelve celosa. cuantas menos complicaciones. entonces todavía peor: se hace tiránica y egoísta. levantándose y andando con intranquilidad. PICKERING va de la chimenea a la silla y se sienta en ella a horcajadas.—Dispense usted la pregunta.) PICKERING. tendrás un regalo de siete libras y seis peniques para que los gastes en lo que más te guste. Elisa. envidiosa. MISTRESS PEARCE cierra la puerta y las quejas de ELISA ya no se oyen. donde serás decapitada. Usted sabe lo Página 18 de 59 . Sucede que cada uno tiene sus gustos y que éstos son incompatibles con los del otro. HIGGINS. ¿Hay alguien de nosotros que sepa lo que hace? Si lo supiéramos. ¿lo haríamos? PICKERING. mandará apresarte y bajarte a una cueva. que le explicaré todo.. en una palabra.—Muchacha. pero a mí no me la dan. aprenderás a hablar correctamente para luego poder ser vendedora en una tienda elegante de flores. ¿Qué tengo yo que hacer en Palacio? ¿Qué falta me hace a mí jugarme la cabeza? MISTRESS PEARCE. exigente. Usted nunca repara en pelillos cuando se encariña con alguna idea. mejor. donde te cortarán la cabeza. nos encontramos con que ellas tiran por un lado y nosotros por el otro. y punto concluido. HIGGINS. Que sepa lo que exijo.) Vamos. pues. (A ELISA. coste.—(Levantándose y acercándose con aire serio. comerás opíparamente y dispondrás de dinero abundante para comprarte dulces y pasearte en taxi. (A PICKERING. Las mujeres no valen más que para trastornarlo todo. Si. El uno quiere ir en dirección Norte y el otro en dirección Sur. Fíjate.—Usté dirá. tendrás un bonito dormitorio.) Está bien. y cada uno trata de imponer al otro los suyos. (Vuelve a sentarse en el taburete. señora.—(Violento. hombre. Higgins. aunque ambos aborrezcan el viento de Levante. ¿Qué s'han figurao? A mí nadie me da de palos. explíquese. bueno. ¿está usted satisfecho ahora? (A MISTRESS PEARCE. Elisa. PICKERING.—Yo.. Pickering. Venga conmigo. pero creo que lo mejor será que me deje usted hablar a solas con la muchacha. Ande usted y llévela al cuarto de baño. dormirás en la despensa y te darán de palos. ¡Pa chasco! (Vase. PICKERING.. Al cabo de seis meses irás en automóvil de lujo a palacio. Venga conmigo. me ve usted hecho un solterón y así he de morir. con cierta clase de personas. si das el timo.) Pues es bien sencillo.George Bernard Shaw HIGGINS.—Déjese usted de quijotismos. no es de buen sentido.) Qué. Yo no sé si podré admitirla aquí.) Oiga usted. vestida a la última moda y adornada con muchas alhajas.—Pero Pigmalión si es imposible.—Como usted quiera. desconfiada y cargante por todos los estilos. ¿entiendes?.—Eso será muy agudo. ¿es esto hablar como se debe? MISTRESS PEARCE.) Vamos.) ELISA. como escarmiento de floristas presumidas. apoyando los brazos cruzados en el respaldo. pero.—(Sentándose en el taburete del piano.) Así. ELISA. (Va hacia la puerta y la abre.—Hombre. Si permitimos que se inmiscuyan en nuestra vida. si he de decir la verdad. En fin. Elisa: has de vivir aquí durante seis meses. PICKERING.

sin ir más lejos.) ¡Qué adulador es usted. amigo Pickering! (La entrada de MISTRESS PEARCE interrumpe el coloquio. emitió algunas interjecciones que no eran de las más correctas.—Si el asunto es reservado.—No soy ningún muchacho. no solamente respecto a sus modales. ademanes y aseo personal. HIGGINS.) Ella será mi discípula.—(Lo pone precipitadamente sobre el piano. aunque con algún trabajo. PICKERING. a su vez. MISTRESS PEARCE. Ya sabe usted que no hay peor cuña que la de la misma madera. por ejemplo.. me suplicó que no lo quemara con el resto de la ropa. nada más. El ama lleva en la mano el sombrero de ELISA. se cría en los troncos añejos. señor.) ¡Ah.—Ha hecho usted perfectamente.. No tergiversemos.—Sí. sino también en cuanto al orden y método de la vida diaria. perdone la franqueza.—Hable usted.. Cuando los zoquetes son hombres y mujeres. para mí. que es usted un ama de llaves incomparable.—Sí. Quedemos en nuestro símil.—No importa. pues. entre ellas mujeres de soberana hermosura. Espero que por ningún estilo habrá de abusarse de ella. señor. cuando viene usted de la calle. pueden encenderse y echar llamas.—(Al reparar en que MISTRESS PEARCE trae entre las manos el sombrero de ELISA. no debiera comer todo en el mismo plato. Bajo la dirección de usted. HIGGINS. querida mistress Pearce. que tengo mis cuarenta años bien cumplidos. Elisa aprenderá seguramente a ser hacendosa y amante del orden. como tengo entendido que de más efecto es el ejemplo que el predicar. pero permítame una observación de carácter personal. No lo quemaré.) Bueno. HIGGINS.—Ande usted con cuidado. Yo mismo soy un zoquete. con qué sale usted ahora.—(Riéndose. puedo retirarme al gabinete. bueno! ¿Qué más? MISTRESS PEARCE. HIGGINS. debiera procurar tener un poco más de orden y de compostura. mistress Pearce.. Si he de ser copartícipe en este asunto. porque no había cambiado el plato. se encontró una cabeza de sardina en la mermelada. creo. HIGGINS..George Bernard Shaw Pigmalión que quiero decir. Página 19 de 59 . HIGGINS. HIGGINS.—Pues.—(Se lo quita de las manos. ¿Quién sabe. y ya sabe usted que no se puede enseñar no respetando escrupulosamente a los discípulos. HIGGINS. MISTRESS PEARCE. PICKERING. descuide usted. pero bueno será meterlo un rato en el horno. Desembuche. no importa. lo guardaremos como recuerdo. Me cabe cierta responsabilidad en cuanto a la chica. Pickering. Lo que hablamos mi excelente ama de llaves y yo puede decirse delante de todo el mundo. míster Higgins. He dado lecciones a docenas de millonarias americanas.—Agradezco mucho el inmerecido elogio. Ya sé. Acuérdese de que ayer. Antes arde la leña seca que la verde. por el simple roce. Le he dicho que procure dejar todas las cosas en el sitio que les corresponde y no tirarlas en cualquier lado.) Pero ¿qué es eso? ¡Su famoso sombrero! MISTRESS PEARCE. Porque estaba demasiado caliente el agua. Estoy bien fogueado. amigo mío. tan inflamable. PICKERING se retira al sillón de cuero cerca de la chimenea y dice a MISTRESS PEARCE:) ¿Ya se arregló aquello? MISTRESS PEARCE. que usted. PICKERING. No olvide. Para mí ha de ser sagrada. y no me lo tome a mal. debiera quitarse la levita y no echarse con ella a dormir la siesta. Ha tomado su baño. MISTRESS PEARCE. sus expresiones.—Pues nada: me he permitido hacerle algunas advertencias. (Levantándose.—Pero. como a veces hace. Así. como si hubiesen sido zoquetes de madera. tengo que poner los puntos sobre las íes.—No haga usted caso. ¡hombre!. y la yesca..? HIGGINS.—No exagere usted.

(Vase. HIGGINS.) PICKERING.—¡Ya! MISTRESS PEARCE.—Que se la lleve usted. Como tiene usted la costumbre.. Perdone. (Se sienta con alguna vacilación. MISTRESS PEARCE.—Con su permiso.—Está bien. HIGGINS.—Señor. DOOLITLE.—Claro. MISTRESS PEARCE.) A propósito: ¿cómo es eso que mi levita huele tanto a bencina? MISTRESS PEARCE. no se apure.) ¿Qué es lo que dice? HIGGINS.George Bernard Shaw HIGGINS. señores.—Pues quiero a mi hija. tiene usted mucha razón. Sus rasgos fisonómicos son enérgicos e interesantes.) Pase usted.—Es natural. HIGGINS. señor.) Se ha criado en Hounslow.—¿Acerca de la chica? HIGGINS.) MISTRESS PEARCE. Es un trapero o basurero de cierta edad. PICKERING.—(Señalándole una silla.—(A PICKERING. bonachón. ya le dije que había que quemarlos. (Brusco.) HIGGINS. Hace su entrada solemne ALFREDO DOOLITLE. pero vigoroso y sano. Yo. cuando se mancha los dedos.—Nada más. algo canoso. señor. bueno. Si se desboca. supongo..—¡Hombre! Pigmalión A veces estoy distraído. En seguida su hija estará aquí y se la podrá usted llevar.—¡Anda. No querrá usted que me la guarde yo. DOOLITLE.—No. HIGGINS. ¿Nada más? MISTRESS PEARCE.) HIGGINS. Página 20 de 59 . Y sin embargo. Ahí fuera hay un hombre de bastante mal aspecto.) Usted dirá qué es lo que quiere. (MISTRESS PEARCE vuelve. dudando de quién de los dos caballeros es el dueño de la casa. Veo con gusto que no ha perdido usted el sentido de la familia.—Hable.) Mande pasar a ese sujeto. Para que la chica no se abandone. Nunca he podido ser enérgico. de aquí en adelante me los pasaré por el pelo. ya decía yo! HIGGINS.—¡Ay señor! Ya empieza el jaleo. pero no es costumbre.. no quisiera haberle ofendido. ¿Es esto lo que usted quiere decir? MISTRESS PEARCE. Pero tiene un concepto muy raro de mí. No puedo ponerle la ropa que tenía.. Con su permiso me retiro.) Nada. he tenido que limpiarla. como quien está acostumbrado a la vida al aire libre y a expresarse sin reservas. Su traje corresponde a su condición social. MISTRESS PEARCE. en realidad. Ya verá usted cómo oiremos algo interesante.) ¿El profesor Higgins? HIGGINS. (DOOLITLE abre la boca atónito. exigente y tiránico como otros. HIGGINS.—Quería preguntarle si le podía poner a la chica uno de aquellos trajes japoneses que trajo usted el año pasado de París. Su actitud presente es la del honor perdido y resolución enérgica. tengo que hacerle una pregunta. (Sale.—A ver si nos da un disgusto. Después de todo.—(Como asustado. (Se retira. ¿Qué desea usted? DOOLITLE.—No tenga usted cuidado. HIGGINS. y parece tan libre de escrúpulos como de remordimientos. y a ver si terminamos de una vez.) Bueno. que acaba de llamar.—(Vivamente.—Muy natural en un padre. voy a tener más cuidado conmigo mismo. soy un hombre tímido. me refiero al lenguaje típico.—Soy yo.) DOOLITLE. La madre debió de ser del País de Gales. Tiene una voz muy expresiva.—(En la puerta. ella está persuadida de que soy un ogro que me como crudos a los niños. débil.) Siéntese. Pues nada. PICKERING.—Sí. HIGGINS. anda. nada.—(Abriendo la puerta.—(Conciliador. DOOLITLE.—Buenos días.—Es una excelente mujer esa mistress Pearce. A DOOLITLE.—(Gritando. PICKERING. Además. Vístala de japonesa. Vengo por un asunto muy serio. Dice que es el padre de la muchacha que tienen aquí secuestrada. de restregarlos en sus mangas. el disgusto se lo daré yo a él.

bajó y le dijo al chico que fuera por su equipaje.) DOOLITLE.) ¿A qué viene usted ahora aquí? Usted la ha mandado a propósito para hacerme un chantaje. en la esquina de la calle de Long Acre y la de Endell. Al saber que usted quería que se quedase aquí.—Hombre. dígame. y en paz.—Pero dígame: ¿por qué ha traído usted su equipaje. Usted se la llevó. Hágase cargo. Yo no amenazo.) DOOLITLE.) HIGGINS. claras. ¡Dios me guarde! (MISTRESS PEARCE viene a tomar órdenes..—(Volviendo a colgar el auricular. Pigmalión vamos. pues. No soy yo hombre para ser obstáculo a que mi hija haga carrera.—Déjele acabar. usted lo ha dicho.—En una taberna.—¿Cómo entregarle ahora la chica. ¿Usted cree que la portera me lo hubiera entregado a mí? Las mujeres son muy desconfiadas en general. ni pido. Su hija tuvo la osadía de presentarse en mi casa con la pretensión de que yo le enseñe a hablar correctamente para que se pueda colocar en una tienda de flores. si piensa llevársela? DOOLITLE.) A ver. DOOLITLE.—Pero. señor. HIGGINS. justo. para que vea usted que soy servicial.—Ya lo puede usted suponer.—La Policía se encargará de aclarar el asunto.. Este caballero (Señalando a PICKERING. caballero? Póngase usted en mi lugar como padre. ¿le he pedido yo ni un penique? Caballero (A PICKERING. ¿Qué es lo que yo debo pensar de esto.—Pues déjeme usted explicarme. hombre. HIGGINS. DOOLITLE. Es el hijo de la portera en cuya casa vive. señora: aquí está el padre de Elisa. caballero.—Mire. Pues ahora traigo el equipaje.. No tome las cosas así.) y mi ama de llaves lo han presenciado todo. sin más rodeos. pero las porteras lo son en particular. además.—(Inclinando afirmativamente la cabeza y aliviado al verse tan bien comprendido. la chica. A lo que está uno. Higgins. Entréguele.—Bien sencillo. Bastante trabajo.) DOOLITLE.). sea usted razonable. Acabemos de una vez. como quien considera terminado el asunto.—Pues en una guitarra. Me habré expresado mal. HIGGINS.—Permítame. ¿Qué voy yo ganando? HIGGINS.—Caballero.) Justo. dos peniques.—Sí. DOOLITLE. y.—Pues bien: llamé al chico y me lo contó todo. ni exijo.—La taberna.—Pero ¿he dicho yo que voy a llevármela? Ni por pienso. Le dije al chico: "Tráeme el equipaje aquí. HIGGINS. La chica me pertenece a mí. caballero. Eso es todo. HIGGINS. (Va hacia el piano. Las cosas. (Va resuelto hacia el teléfono y descuelga el aparato.—Se la va usted a llevar ahora mismo. cinco postales ilustradas. Yo me lo encontré. por casualidad. óigame una palabra. Comprenderá usted mi dignidad y mi deber de padre. las cosas. pero le va a salir el tiro por la culata. es el club del pobre.—¡Anda!. Esto ha sido un plan para sacarme dinero con amenazas. lo dejo a su voluntad. (Gritándole. ¿De modo que ha venido usted para salvarla de la ignominia? DOOLITLE. PICKERING. vendedor de periódicos.. claras. HIGGINS. pues: ¿a qué ha venido usted? DOOLITLE. Voy a telefonear a la Comisaría. ¿Puedo decir más? HIGGINS. y de cabeza." HIGGINS. una cadena de plata y una jaula con un pájaro.—¿Y en qué consiste ese equipaje? DOOLITLE. No debe usted ponerse así. que aquí hay una mala inteligencia. DOOLITLE. La chica tomó un taxi y convidó a un rapaz. (Va hacia el botón del timbre y lo oprime. a que la acompañara. cómo ha sabido que la chica estaba aquí.George Bernard Shaw DOOLITLE. usted es testigo: ¿he hablado yo de dinero? HIGGINS. MISTRESS PEARCE. Dijo que no necesitaba ropa.—¿Por qué no fue usted mismo por él? DOOLITLE. claro. me costó para que el panoli del chico me lo dejara.—Ante todo. cuando acabo de quemar sus ropas? Página 21 de 59 . que viene a llevársela. un medallón.

Por lo demás. Si hay algo en que disfrutar y yo trato de disfrutarlo. No quieran Página 22 de 59 . Por eso les suplico a ustedes. en cambio. como muchos.—(Desesperado. por lo menos. Vacila. Hablemos como es debido. que las intenciones de míster Higgins son absolutamente honestas. que se retira a sentarse en el taburete del piano.) ¿Quiere usted decir con eso.) PICKERING. Esto supone un conflicto continuo con la moralidad de la clase media. He mandado comprar ropa nueva para su hija.—Gracias.—¡Ah. Para usted. Necesito diversiones.—Pero. para no darme nada.) PICKERING.—Diga usted que sí. es un crimen darle a este hombre un penique. señor Doolitle. infame. Pero. pues no supongo que considere usted justo que yo se la deje de balde.—Debe usted saber. déjenos solos un momento.—(Confuso. Hablando se entiende la gente.George Bernard Shaw DOOLITLE. muy contrariado. DOOLITLE. bueno! Mistress Pearce. Como hija. todos me quieren negar el derecho a ello. tiene sus méritos. DOOLITLE. se dirige a la puerta. Tenga usted en cuenta lo que es un padre. Pues bien: me piden por cualquier cosa lo mismo que a los otros. su miaja de canto.) ¿Dónde están las ropas con que entró? ¿Las he quemado yo o las ha quemado aquí.—Naturalmente. ¿qué es Elisa? (Vuelve a su silla y se sienta como un juez que ha pronunciado un fallo. Y no es que yo tenga malas intenciones. por otro lado. En cuanto llegue. como usted sabe perfectamente. pediría por lo menos cincuenta libras.—Oiga usted. Es indudable que. usted no tiene moralidad. Mire. caballero. desde la primera vista. porque soy un hombre pensante. es guapita. que vendería a su hija por cincuenta libras? DOOLITLE. ¿qué es un billete de cinco libras? Y para mí. pero vamos a ver: si a Elisa le ha tocado un premio gordo. Díganme.) No sé qué hacer. cómpreselas. tenga la seguridad. Pero mis necesidades son. si no lo creyese yo así. Es usted demasiado caballero para eso. Por las buenas se hace de mí lo que se quiere. Quedando en salvo mi dignidad. caballeros. DOOLITLE. puede usted esperar en la cocina. mis medios no me lo permiten! Tampoco tendría usted moralidad si fuese tan pobre como yo. caballero: usted y yo somos hombres de mundo. amigo Pickering. caballero: usted. (Sale digna y majestuosamente. se vuelve hacia HIGGINS. tampoco se puede negar que su petición encierra cierta justicia brutal.—Usted ha venido aquí diciendo que quería a su hija.—Pues claro.) La verdad es ésta. yo no tengo inconveniente en llegar a un arreglo. y. podrá usted llevársela. desde el punto de vista de la moral. ¿Querrá usted que me la lleve en cueros vivos? HIGGINS. MISTRESS PEARCE. y no tengo inconveniente en confesarlo sin rodeos.—Por complacer a un caballero como usted. granuja. No me regalan nada. tan grandes como las de cualquier favorito y recomendado de los establecimientos de Beneficencia. ¿no es justo que tenga yo una pequeña participación? HIGGINS.) DOOLITLE. luego. de hombre a hombre. DOOLITLE. cuando estoy de buen humor. Necesito comer tanto como él y beber aún algo más. HIGGINS. Si no tiene ropas. yo no soy intransigente y tirano. Doolitle. (DOOLITLE. hombre. su señora? MISTRESS PEARCE. ¿Y cuál es la moralidad de la clase pudiente? Escudarse en esta moralidad para negármelo todo. Pigmalión pues. La chica. me ha sido simpático. Llévesela. como tal.—(Indignado.—Tiene usted la palabra. soy capaz de cualquier cosa. caballeros. PICKERING. Me hacen falta expansiones: su miaja de baile. en tono de confianza.—¡Ay caballero. HIGGINS. no se apure. no vale nada. Mientras tanto. (Dirigiéndose a HIGGINS.—Soy el ama de llaves de míster Higgins.—Perfectamente. DOOLITLE. ¿qué soy yo? Un pobre que no tiene la culpa de ser pobre. Lo único que yo reclamo son mis derechos de padre. que no sigan conmigo el mismo sistema.

Usted.—Me ha convencido usted. ¡adiós alegrías. ¡Que te quiero. me da usted lo que he pedido. El lunes tendré que ir al trabajo.—Ahora. HIGGINS.—¡Quiten ustedes! He oído muchos discursos parlamentarios y muchos sermones. No estamos más que amontonados..—Me temo que haga mal uso de ese dinero. tengo que llevarla a diversiones y ser su esclavo. pero no vale la pena de que yo me moleste en hacer un papel activo.—(Levantándose y acercándose a PICKERING. Más tarde. que en vez de cinco libras le voy a dar diez. HIGGINS. Él se aparta respetuosamente y murmura excusas.—¿Está usted seguro de que no aceptaría diez? DOOLITLE. Ustedes lo pasen bien. DOOLITLE. DOOLITLE. Ella bien lo sabe. Ya lo dije: soy un hombre pensante y me gustan los discursos sobre la política. PICKERING.. la religión y las reformas sociales.—(Entregándole un billete de cinco libras.) Pickering. mi padre! DOOLITLE. Detrás de ella viene MISTRESS PEARCE. Lo dejo a su criterio. HIGGINS.—Muchísimas gracias.) Pues ahí tiene usted. claro está. tengo que vestirla. HIGGINS. podría ocupar un sitio en el Parlamento o distinguirse como predicador. no. no lo sustraeré a la circulación. Díganlo ustedes mismos. LA JAPONESA. Y de ahí vienen todos mis sufrimientos.—¡Ah! Sí. vestirla desde la cuna hasta que ya se puede ella ganar la vida. Si no lo hace así.. ansioso de escaparse con su botín.—¿Qué opina usted de esto. señorita. Doolitle? DOOLITLE.George Bernard Shaw Pigmalión ustedes quitar a un padre el fruto de su trabajo. Créame. (Se precipita hacia la puerta. (A DOOLITLE. PICKERING.) Dispense. La vida es corta y hay que aprovecharla. El lunes próximo no quedará ni un penique en mi poder. Es mucho dinero. caballeros. caballero. siga mi consejo: cásese con Elisa mientras es joven y no cae en la cuenta. y tal vez yo tampoco. dígaselo a ella. de no gastar. va a acabar con todas nuestras convicciones. Al abrir tropieza con una señorita japonesa lindísima y guapa. como si nunca hubiese tenido tal billete. HIGGINS.—Cabal. vistiendo un quimono de seda azul con flores blancas de jazmín. Ustedes no saben.—Estoy hecha una facha. adiós felicidad! Nada. no.—Bien. y "pax Christi". Mi socia no tendría el alma de gastarse en un día diez libras. — (Exclamación simultánea.—Pickering. pierda cuidado. no lo economizaré.. y entonces. si seguimos escuchando a ese hombre. (Mirando a PICKERING y sacando la cartera. Mal me conoce usted. ¡quién sabe! HIGGINS. amparándose en hipócritas principios de moralidad. caballero. ideas de ahorro.—Creo que se le puede dar el billete para acabar. como quien dice. Yo no tengo más que una palabra. ya le inspira a uno ideas formales.) DOOLITLE. No tengo autoridad sobre ella. Tanto. darle de comer casi a diario. morena!. he visto mucho. caballero. Por mí. ¿verdad? Página 23 de 59 . no habría inconveniente. por eso no hemos de reñir. Así es que ni a tiros se casa conmigo. (Le ofrece dos billetes. HIGGINS. Tengo que mantenerla.. HIGGINS. Una suma así. luego le pesará a usted.—Dios me guarde.. así como cualquier otra diversión.) ¿Cinco libras ha dicho usted? DOOLITLE. lo que es criar a una hija. No me servirá para entregarme a la holgazanería. si nos empeñáramos en darle lecciones a este hombre durante tres meses. Pero dígame usted: ¿por qué no se casa con su compañera? DOOLITLE.) ¿Es posible? ¡Elisa! ¿Qué es esto? ¡Hola! ELISA. todo porque no soy su marido legal. hombre.—Por Dios. Cinco libras es una ganga.—¡Anda la mar.) PICKERING. ni un penique más ni un penique menos. En serio. Una juerga en grande el domingo para mí y la parienta. No tenga el más pequeño cuidado: no lo guardaré.

¡Qué mal le conoce! Él.) Al espejo.) Pero ¿a qué se refiere? MISTRESS PEARCE.—Si me pusiera el sombrero. (Hace con la mano el ademán de azotar. HIGGINS. que iba a echarlos al cepillo de la iglesia.—¡Eh! Oiga. Pero ya verá usted qué pronto se acostumbra a todo.—(Volviéndose hacia MISTRESS PEARCE. ELISA.—¡Vamos! Oiga usted. Conmigo te va a salir mal. estaría mejor..—Elisa. Para ellas.—Bien. acompañado de MISTRESS PEARCE. y toallas afelpadas.) Sí. DOOLITLE..—No diga usté eso.—Oye. pues un cachete sin duelo. De cuando en cuando. HIGGINS. Ella es como Dios la hizo. el lavarse es un placer. (A Estás hecha una facha. que echa espuma como la cerveza. ¿eh?.—(Concienzudo. y jabón líquido. como si lo viera.. No muy pronto. La ve usted reacia. se interpone entre ambos.—¡Caramba. y esponjas. señores. si no? No. mistress Pearce..George Bernard Shaw HIGGINS. HIGGINS. ¿Para qué quería yo los cuartos.—(Sonriendo.—¡Yo! Si no la he criado de ningún modo..—Es fácil tener limpieza así.—Porque a mí no me parece decente eso. ELISA.—(Evasivamente.) chica. Y que no sepa yo que hayas faltado a estos caballeros. Ahora le diré: la falta de costumbre es la causa. Menos mal que lo he tapado con una toalla. DOOLITLE.) Está preciosa la condenada. Elisa.) Y no digo más.—Pues no m'ha gustao del todo. Usted verá cómo se las maneja. Yo soy una chica honrá.—(Temiendo algún exceso. Ya verían si tuvieran que lavarse como una. (Sale. lo digo como lo pienso.) HIGGINS. Adiós. a lo que ha venido.—¿Una facha? MISTRESS PEARCE.—¡Miau! (Le saca la lengua para burlarse. no la permita que se le suba a la parra. porque tengo un trabajo en el otro extremo de la ciudad. A mí no me echen la culpa de nada. Ahora comprendo cómo las señoras ricas van tan limpias. nada. ¡Qué cosas se oyen! ELISA. no diga cosas que la hagan presumida a la ELISA. algún lapo.. y pare usted de contar. ¿tiene usted algún consejo más que darle a su hija? DOOLITLE. vendré con mucho gusto.. ¡menuda cogorza la que se prepara!. pero vendré alguna vez. Parece mentira lo que hace la limpieza.) Tiene usted razón.) PICKERING.. Ahora.. HIGGINS. tu padre te va a llevar a su casa.—Me alegro que te haya gustado el cuarto de baño. Allá ella. bien. cuidado.—(Con orgullo paterno.. si vuelves a decir que eres una chica honrada. es su padre. no seas desvergonzada.. DOOLITLE.) Página 24 de 59 . se lo pone y atraviesa la habitación con aire de presunción.—Creo que nada más natural. si quiere usted hacerme caso.—Míster Pigmalión Higgins. ELISA. me paece.—Yo. HIGGINS. ELISA. DOOLITLE. Hay agua caliente y fría a discreción.) HIGGINS. Mi hermano es clérigo y puede ayudarle a educarla. Si usté l'ha dao algo. adiós. Yo no quiero acostumbrarme a na. (Recoge su sombrero. (Se retira. y agua de Colonia. DOOLITLE.. sí. ELISA. pasarlo bien. Es natural. le conozco como si le hubiera parido.) Vamos. es a ver si aquí sacaba algo para luego correrla. HIGGINS. señora. y cepillos. Doolitle: a esta niña la ha criado usted con ideas algo ñoñas.—Si. tú. caballero. Puede usted venir con regularidad a visitar a su hija.—Pues ¿por qué? ELISA. señores. una nueva moda! Y el caso es que no le sienta mal. HIGGINS. porque entonces sí que sabrás quién soy yo.

ELISA. ya que me dijeron que podría tomar un taxi cuando se me antojase. de noche no se pueden lucir las prendas. es tomarlo ahora mismo y darme una vueltecita por ahí para que me vean mis antiguas compañeras y rabien un poquito. Bastantes veces me han mirado de arriba abajo cuando les iba bien. PICKERING. si van a traerme un traje elegante para ir a la calle. huye espantado. ¿Y a ti? ELISA.. no corra así. PICKERING. Elisa. cuando hace frío. Esto lo encuentro yo una tontería y un gasto inútil. cerrando la puerta. No ha de venir tan pronto.—A mí no me hace falta. (Se precipita afuera. ya han traído la ropa: ¿quiere usted venir a probársela? ELISA. en invierno. muchacha.George Bernard Shaw ELISA. ¡Cuánto me gustan a mí los vestidos bonitos y cuántas veces he deseado tenerlos! Mistress Pearce me ha dicho que tendré para dormir prendas diferentes de las del día.—¡ Aaaayyyyy!.—Y.) Pero.—Más valdría esperar a tener otro traje para salir a la calle. Cuando ha oído lo del clérigo. ELISA. En primer lugar. y luego.—¡Qué amistades ni qué ocho cuartos! Yo no me trato con esas chicas. me callaré si le molesto..) Eso mismo pienso yo. no debe usted hablar así de él.—(Siguiéndola. Ahora me toca a mí. HIGGINS. cualquiera se muda de ropa para ir a la cama. no se fíen ustedes de él..—Viejo Pigmalión embustero.) MISTRESS PEARCE. menuda faena la que nos espera. (Sale..—(Con convicción. no hace falta que cortes tus relaciones con tus antiguas amistades. Es un perdido.) Elisa. caballero. ¡Ojalá no vuelva a aparecer! ¡Cómo me luzco tanto con él!. Lo que quisiera yo ahora.—Bueno. De todos modos. muy elegantes. PICKERING. TELÓN Página 25 de 59 . además.—Menos.—(Volviendo. HIGGINS.—Pero es su padre. esperaré.—Pickering.) HIGGINS. MISTRESS PEARCE. Yo ni les dirigiré la palabra.

Olvídate siquiera hoy de esas cosas. de cuando MISTRESS HIGGINS era joven y hermosa. se ve un elegante y sencillo escritorio.—(Besándola. Es una señora de más de sesenta años. sonrientes. MISTRESS HIGGINS. En medio de la pieza hay un soberbio sofá forrado de brocado. entre ellos un buen retrato pintado al óleo. Ya sabes lo que pasa.—¡Quita. Todavía no ha llegado nadie. Faltan los mueblecitos.George Bernard Shaw Pigmalión ACTO TERCERO Hoy es el día en que se queda en casa MISTRESS HIGGINS. y otras chucherías que se ven en otros salones. por ser hoy mi día de recepción. quita. Página 26 de 59 . tez sonrosada y sana y ojos claros. HIGGINS. Ya sabes que estoy demasiado ocupado para pensar en amoríos. que mis maneras son de cuartel.—Mira. diagonalmente opuesto a la puerta. HIGGINS. lo mismo que sus cojines. en los que hay macetas de flores. pero ahora se trata de un asunto de interés científico.—O una muchacha te ha pescado a ti. y de la misma rica tela son las cortinas y el portier. Ante éste está ahora sentada MISTRESS HIGGINS. la madre del conocido profesor de fonética. MISTRESS HIGGINS. mamá. convenientemente dispuestas. El rincón entre la chimenea y el balcón está ocupado por un sofá-arcón forrado de terciopelo de Génova de color verde. Escucha: he pescado a una muchacha.) Seré bueno. Las ventanas están abiertas y dan a sendos balcones. Son entre las cinco y las seis de la tarde. espantas a mis visitas. con un timbre al alcance de la mano de quien se siente a dicho escritorio. mamá. por Dios! Ya te veo venir con tus vocales y tus diptongos. En el suelo hay una mullida alfombra de lana. parece que te estorbo. HIGGINS. situado en un piso de la ribera de Chelsea.) Vamos. algo maliciosos. mamá. veladores. en el primer término. A la izquierda del espectador está la chimenea.—¡Eres tú. El salón. vestida sobria.—No digas tonterías. una silla pompeyana. y tus cuerdas vocales y tus dentales y sibilantes. La puerta se abre estrepitosamente y entra ENRIQUE HIGGINS. tiene que ser ahora mismo. y a la derecha. No te creas. lo mismo que una docena de sillas más. Mira: vienes luego a comer y te escucharé todo lo que quieras. Del mismo lado se ve un piano muy hermoso. Enrique! ¡Vamos.—Ya sé lo que me vas a decir: que soy un Adán. tiene tres ventanas que miran al río.—Nada de eso. rinconera. MISTRESS HIGGINS. Ya sabes que ante todo quiero mi tranquilidad.. un monumental sillón gótico.. HIGGINS. La gente teme más eso que tus exabruptos. y etcétera.—Imposible. pero elegantemente. y por eso prefiero que cuando recibo no estés tú. Como eres tan particular. En las paredes se ven algunos cuadros de los mejores autores modernos. MISTRESS HIGGINS.—(Se acerca para besarla. he venido con un fin particular. Al otro lado de la habitación. Todo es verdad. no espantaré a nadie. MISTRESS HIGGINS. una puerta de dos hojas. Enrique: déjate de bromas. que no sé llevar una conversación. HIGGINS. Entre ella y el balcón más próximo. En el rincón. de pelo blanco. hombre! Me habías prometido no venir.

porque Pigmalión sí.) No tienen juicio. y tiene la natural timidez del que vive en la estrechez. No quisiera morir sin haber visto a algunos nietos.—¿Lástima? ¿Por qué? MISTRESS HIGGINS. Pero vamos.—¿Cómo? ¿Quién es? HIGGINS. pero eso no basta. Me gustaría que pensaras en casarte. Es una vulgar florista que recogí en el arroyo. HIGGINS. ¿y ustedes? SEÑORITA EYNSFORD. Pickering está conmigo en el complot. Con las muchachas no se puede tener una conversación sensata. y no puedes figurarte lo que va adelantando. Mis estudios. Le he recomendado que no hable más que de dos cosas: del tiempo que está haciendo y de la salud de cada uno. y la mandas venir aquí en día de recepción! Tú no estás en tus cabales. La recogí hace ya dos meses.—¡Atiza! (Recoge su sombrero del sofá y trata de escapar sin ser visto. las habrá. Creo que ustedes no se conocen. MISTRESS HIGGINS. MISTRESS HIGGINS.) HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. quiera o no quiera. y me darás la razón.—¡Jesús. como si no. pero las prefiero un poco entradas en años. al entrar las visitas.—(Presentando a su hijo.—Bien. Buena la has hecho. cuando hay tantas muchachas guapas por ahí. (Son interrumpidos por una doncella.—¡Lástima! HIGGINS. calmosa. He logrado reformar su vocabulario y darle una pronunciación perfecta.—¡La señora y la señorita de Eynsford! (Vase. pasen ustedes.—¡Mistress Higgins! ¡Qué bien la encuentro! (Se besan. La hija afecta un aire de estar muy acostumbrada a frecuentar la buena sociedad y a no reparar en gastos. HIGGINS.—No hay de qué.) MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. Enrique. como se suele hablar en sociedad.—Sí. todavía.—No la conoces.) MISTRESS HIGGINS. ya verás como no hace ningún estropicio.—(Se acerca zalamero. Más fácil me ha sido enseñarle a hablar inglés que a la generalidad de mis discípulos de la burguesía. Importa fijarse en cómo pronuncia.) Mi hijo Enrique. MISTRESS HIGGINS. por la sencilla razón de que ha tenido que aprender un léxico completamente nuevo.. Yo le he enseñado a hablar con propiedad y a portarse correctamente. y no tiene nada de particular. HIGGINS.—Alguna habrá lista.—Tú estás loco. Parece mentira que seas así.—Pues claro. haciendo sonar unas monedas y un manojo de llaves. cuéntame: ¿qué pasa con esa muchacha? HIGGINS.—¿Cómo? HIGGINS. pero su madre le coge del brazo y. Ahora habla el inglés tan bien como tú el francés.) No te asustes. según la cual. Tengo con él una apuesta.George Bernard Shaw MISTRESS HIGGINS.—Pues que va a venir a verte. Tiene un oído excelente y un órgano vocal muy flexible. y eso es lo que. Verás qué bien sale del empeño. No soy enemigo de las mujeres. La SEÑORA y la SEÑORITA DE EYNSFORD HILL son la madre e hija que hemos conocido en el primer acto. que aparta el portier anunciando:) DONCELLA. (Se pasea con las manos en los bolsillos. SEÑORA EYNSFORD. tengo que hacerla pasar por una aristócrata.) MISTRESS HIGGINS. le presenta. La madre es una señora muy bien educada.. antes que todo.—¿Cómo está usted? (Se besan. MISTRESS HIGGINS. mamaíta.—Queridas amigas.—¡Vamos! Pues te felicito.—Ya verás.—Hombre. Página 27 de 59 . La cuestión es dar con ella. MISTRESS HIGGINS. dentro de cuatro meses. y que no se lance a generalidades por nada del mundo. pero también en lo que pronuncia. pero a mí.

—(Mirándole como si fuese un carterista.) El coronel Pickering. Me gustan los caracteres originales.) Señorita.—Bien.) ¡Por Dios. Para mi experimento hace falta que haya una reunión. No se lo tomen en cuenta. no importa. no faltaba más! Precisamente estaba esperándolas.—(A MISTRESS HIGGINS. Estas señoras.) ¡Ah. al lado de la SEÑORA EYNSFORD.—(Riéndose.) Juraría que ésta no es la primera vez que nos vemos.—(Terciando en el asunto para ayudar a su hija.) HIGGINS. ¿Cree usted que sería agradable oír. volviéndola hacia la reunión.—Bueno.—Tanto gusto en verle. HIGGINS. SEÑORITA EYNSFORD. ¿y usted? (Presenta a los demás. no hay duda.) ¿Por qué? HIGGINS. mira lo que dices. y MISTRESS HIGGINS en la silla del escritorio. si las personas fueran francas y dijeran lo que realmente piensan! HIGGINS. FREDDY. MISTRESS HIGGINS. tome asiento. HIGGINS. En fin. y en voz baja. SEÑORA EYNSFORD.—El gusto es mío. ¿y usted? (Da la mano también a la hija. mistress Higgins? MISTRESS HIGGINS. por ejemplo. coronel.) Si es que estorbamos.) Mucho gusto.—Lo que creen que debieran pensar. Enrique.—(Un poco confusa.) ¡Qué cosas tienes.) PICKERING. como si fuera la primera vez que contemplara tal panorama.—No recuerdo. Conozco su voz. HIGGINS.—Mi hijo Enrique tiene un carácter un poco brusco.) Nos han interrumpido.) Sí. hasta ahora. Luego da la vuelta y se sienta en el otro extremo del sofá.—(Semilevantándose.—Hemos oído hablar mucho de usted. sí.) Mucho gusto.) SEÑORA EYNSFORD.—¿Le ha contado Enrique lo que tramamos? HIGGINS. pero lo que realmente piensan es aún peor.) ¿Cómo está usted.) PICKERING. HIGGINS va hacia un balcón y admira las lejanías del paisaje.) Pero me parece que nos hemos visto ya en alguna parte.—¿Cómo está usted? (Se dan la mano. (Se ríe y se sienta en el sillón gótico. lo que yo realmente pienso? SEÑORITA EYNSFORD. pues no me cuido de la conversación. (Saludos mutuos. no importa. Quiero presentarlas a una amiga. (Mirándola de repente con sorpresa.) HIGGINS. (Vuelve la doncella para anunciar a FREDDY.—Conmigo no cuente. FREDDY. pero.—(Inclinándose.—(Levantándose y haciéndola sentarse otra vez.—Bien.—(De repente.—Yo no hago caso..—Mi hijo Enrique. ya es bastante malo de por sí.. (Da la mano a FREDDY y casi le hace caer de un empujón sobre el sofá. señora? MISTRESS HIGGINS. (Se inclina.—(Inclinándose. El CORONEL acerca la silla pompeyana y se sienta en ella. no Pigmalión habíamos tenido el gusto de verle.) ¿Tan cínico es? Página 28 de 59 .—(Inclinándose hacia él.—¡Dios no quiera! SEÑORA EYNSFORD.George Bernard Shaw SEÑORA EYNSFORD. hija! (Se sienta en el sofá.—(Con inclinación pedantesca. tomen asiento. MISTRESS HIGGINS. vaya! FREDDY.) ¡Otro Eynsford Hill.—Pero.) ¿Cómo está usted.—(Casi en voz alta. ¡Qué le vamos a hacer! MISTRESS HIGGINS. son las señoras de Eynsford Hill. FREDDY. (Mirando a HIGGINS a ver si le hace impresión. La doncella vuelve a entrar anunciando al CORONEL PICKERING.) Ahora digo yo: ¿de qué vamos a hablar hasta que venga Elisa? SEÑORITA EYNSFORD. MISTRESS HIGGINS. amigas mías. Dios sabe. es verdad. HIGGINS.) SEÑORITA EYNSFORD. convencido.

ELISA. con gracia estudiada.) Vamos a ver: ¿qué sabe usted de poesía? (A la SEÑORA EYNSFORD. HIGGINS. somos unos salvajes.) MISTRESS HIGGINS.—Y sobre todo.) ¡Calla. Sigue una larga y penosa pausa. así es que me he permitido. que lo vas a romper.. Página 29 de 59 .—Desengáñese. arte y ciencia.) ¿Cómo está usted. ELISA.) ELISA.) HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. no te sientes en mi escritorio.) Sí. (Va hacia el sofá. Es un contraste enorme con la florista estrafalaria de antes. Elisa? ELISA. de lo que sea? ¿Qué creen ustedes que yo sé de filosofía? MISTRESS HIGGINS. de ciencia. SEÑORA EYNSFORD. MISTRESS HIGGINS. mamá. Por lo demás. metieron la pata hasta el corvejón. El cielo está muy limpio de nubes. ELISA. señora.. ja..—Me hace la mar de gracia.—Dispensa. pero se reprime y guarda silencio. para reanudar la conversación. CLARA se sienta al lado de ELISA. etcétera. Su madre le mira con severidad. en el sofá.) Una tía mía se murió de la gripe. el que más y el que menos. así dijeron. que todos se levantan como cohibidos. señora? Su señor hijo me dijo que usted me haría el honor de recibirme. el estado barométrico es bastante fijo. (En son de lamento.—(Con corrección pedantesca y hermosa cadencia de voz. Para mí que cuando la estaban cuidando a la pobre. tropezando con el pico de la alfombra.) En el pórtico de San Pablo.—(Finalmente. pero la mayoría no sabemos ni la primera palabra de ello. deliciosamente trajeada.—¡Ja.—(Con pronunciación muy pura y cadencia armoniosa. FREDDY.—(Moviendo la cabeza y chascando la lengua en son de lástima.) ¿Qué sabe usted de ciencia? (Señalando a FREDDY.—Bien. porque convendría un poco de lluvia.—Bien.—¿Qué le pasa a usted.) ¡Maldita casualidad! MISTRESS HIGGINS. FREDDY. ¿y usted. Enrique. ahora recuerdo! (Todos le miran con sorpresa. desahogándose con sordas imprecaciones. FREDDY. Su hija Clara. parece que tienen tendencia a correr hacia el Este. gracias. produce al entrar tal impresión de hermosura y distinción.) ¿Es cierto? ¡Pobrecilla!.—Las bajas presiones que predominan en las islas por toda la parte del Oeste y el canal. ELISA. de trato de gentes. Por lo menos. Su hijo Freddy. se sienta con aire de suficiencia en el sillón gótico.. HIGGINS. y la mira con atención suma desde los pies a la cabeza. ja.. (Saludos mutuos.) Parece que el tiempo va a cambiar. se acerca a la señora de la casa. Enrique.. Hay que ver cuánta gente hay enferma a causa de esta sequía tan prolongada.—¡Cínico! Pigmalión ¡Yo no he dicho semejante cosa! ¡Lo que digo es que haría poco gracia! SEÑORA EYNSFORD. Creemos ser hombres civilizados y cultos. SEÑORA EYNSFORD.—Yo no creo que llueva. coronel? PICKERING.—Creo que usted exagera. así dijeron..—(Presentando.) Esta señora es mistress Eynsford Hill. quitando un pequeño centro de perturbación por el Norte..—(De repente. y. ja! ¡Qué gracia! ELISA. Guiada por la mirada de HIGGINS. pero a mí no me la dan con queso.—(Sombría.. hombre. No me chocaría que tuviésemos lluvia. (La doncella aparece de nuevo y anuncia a la señorita ELISA DOOLITLE. entender de poesía y filosofía. (A la SEÑORITA EYNSFORD.) Cuidado. caballero? Creo que no he dicho ningún disparate..—(Cordial. repórtate! (Él está a punto de sentarse en el escritorio.—¿Cómo está usted. todos.George Bernard Shaw HIGGINS.) Tengo una verdadera satisfacción en conocerla. Y es lástima.) ¿Qué sabe ese joven de arte. PICKERING. ja. concluye su desastroso trayecto dejándose caer en el sofá con tanta fuerza que lo hace crujir alarmantemente.—¡Vamos. después de rondar solícito a ELISA.

. a una mujer gravemente enferma eso era matarla! ELISA. SEÑORA EYNSFORD." ¡Cuánta más felicidad habría en los hogares si todas las señoras siguiesen ese método y tratasen de emborrachar a sus maridos! (A FREDDY. el cólico miserere. Y tan tiesa. ELISA.) ¡Jesús! ¡Jesús! ELISA. HIGGINS.—¡Ay mamá. A ella bien le gustaba: más que la teta de su madre. le daba un chelín y le decía: "Anda. pero mi padre le acercó una botella de aguardiente. MISTRESS HIGGINS. señores. hija mía. y al momento ella volvió en sí.—De todos modos. Con mi madre se ponía la mar de amable. (A HIGGINS.—Adiós. que si bebía! Agarraba cada melopea que Dios tiritaba. qué sé yo.) ¿Qué le pasa a usted. Hace falta más para que la diñe.—Si lo hago bien. Había pasado por muchas enfermedades: malos partos. lo que digo. que le hicieron la pascua en grande. señora. señora.. Su peina de concha.—Sí.—(Espantada. coronel Pickering. ELISA. SEÑORA EYNSFORD. no queda ni gota.—Ya sabe dónde me tiene a su disposición. Había oído decir que en la alta sociedad se usa ahora el lenguaje de las clases populares como diversión. nunca creí que una persona de la categoría de usted lo pudiese imitar tan perfectamente.—(Interviniendo.) ¡Ejem! ELISA.) Adiós. SEÑORA EYNSFORD.—(Recalcando y cuidando cada vez más de su pronunciación. no apareció. que cuando ella le veía de mal humor. (Va hacia MISTRESS HIGGINS y luego a los demás. Pigmalión tenía mucha correa. Adiós.—(Con extrañeza. una pulmonía. vete a tomar unas copas a ver si te pones de mejor genio.—¡Quia. lo que no me parece bien es que su padre de usted le diese aguardiente.—(Horrorizada.—(Mirándole de repente y comprendiendo la indicación. por una peina.—(Interviniendo. que se cree usted eso! Estando así era un alma de Dios.) Nada.—Favor que usted me hace. ¡Por Dios.—Luego arramblaron con todo.—¡Qué cosa más terrible para usted! ELISA. Reconózcame como a una verdadera amiga. ELISA. PICKERING.) ELISA.—¿Que si lo creo? ¡Cuando le digo que los que vivían con ella la hubiesen despachado para el otro mundo por un alfiler de sombrero! No digamos.—¡La pascua! No entiendo nada.) Lo que digo yo siempre es. no sé a qué viene el reírse tanto.. que en paz descanse. como también él estaba acostumbrado a la bala rasa! SEÑORA EYNSFORD. como hay Dios.—No lo crea. Le daba por tener contento a todo el mundo.) No comprendo.—(Inclinándose hacia los demás. joven? Parece que me está usted tomando la melena. que lucha desesperadamente por no soltar carcajadas estrepitosas. FREDDY. así como así. Parecía que estaba dando las boqueadas.—Gracias.George Bernard Shaw SEÑORA EYNSFORD.—(Mirando el reloj y levantándose.) ¿He dicho algo que no sea conveniente? MISTRESS HIGGINS. señora. No apareció nada.) Nada.) Quiere decir que precipitaron su muerte.. Mi padre siempre decía: "A ésta no la matan ni a tiros. SEÑORA EYNSFORD. pero no tengo más remedio que despedirme.—Pero ¿su padre bebía? ELISA. (Se dan la mano. hombre. Ahora. Tanto es así. ha estado usted muy bien. y si la dejan. ¡Qué bien lo hace usted! ELISA. de la gripe.. que a mí me hubiese tocado. Una mujer con esa fibra no se muere. miss Doolitle. Sencillamente.—Me hace mucha gracia. ELISA. A los chicos nos daba los cuartos que le habían quedado. (Expansiva. tendría mucho placer en seguir tan agradable compañía. y pidió más. Página 30 de 59 . señora.) Pero ¿en qué estoy pensando? Señores. SEÑORA EYNSFORD. señoras.) Pero ¿cree usted que mataron a su pobre tía? ELISA.. ¡Luego." Cuando lo del cólico sí creíamos que la diñaba. HIGGINS. Mi tía.) Tanto gusto. pues.

—Adiós.) Señora. (Saliendo. digan lo que quieran. mamá.) Mamá..) Yo les digo a ustedes. miss Doolitle.—Ya sabe usted. SEÑORA EYNSFORD. no me gustan. ya se sabe. Adiós.—Señores. graciosísima. a veces. Por mi parte.—No haga usted caso.—¡Pa chasco! ¡Nipis! (Sensación. No faltaré. SEÑORITA EYNSFORD. permítame que la acompañé un trecho. he tenido tanto gusto. señora. encantadora. ELISA. Se acerca a la señora HIGGINS para despedirse.) Señores.George Bernard Shaw FREDDY. FREDDY. que tengo mucho gusto en verle por aquí. me encanta.—Un millón de gracias. Clara me está esperando. (HIGGINS y PICKERING se levantan. he tenido una verdadera satisfacción. (A MISTRESS HIGGINS. y se la oye cómo se aleja lanzando carcajadas y voces escandalosas. me pregunto si estoy entre personas bien educadas o en un cuerpo de guardia...—(Abriéndole Pigmalión la puerta.) SEÑORITA EYNSFORD. HIGGINS. todavía tenemos que hacer tres visitas más. No lo dude usted: aquel lenguaje es lo más "chic" y lo más "smart" que se usa ahora.) Lo sé de sobra. mil gracias por su amable recepción.—Yo seré muy anticuada.. las maneras han cambiado mucho. Yo diquelo. Hasta el punto de que.—¡Vaya al cuerno la ñoñez de la gente antigua! Hay que ser de su tiempo. joven. Úselo en todas sus visitas y tendrá un éxito seguro: dará usted el golpe. SEÑORITA EYNSFORD. estando en una reunión.) Pero.) Es verdad.—Todo es acostumbrarse. Cuando usted guste. MISTRESS HIGGINS. MISTRESS HIGGINS.—A mí.—(Sumamente abochornada.—A mí no me pregunte.) Caballeros. ¿No le parece a usted.) Vaya. hija mía. ¡caray! SEÑORA EYNSFORD.) Adiós. ja! (Sale radiante.—(Entusiasmadísimo. PICKERING. Y esa señorita. se sienta.. Página 31 de 59 . bien.) FREDDY. HIGGINS. no es como la de nuestro tiempo.—Y que lo diga. tan pintoresco. Luego. muchas gracias por su amable recepción.. con sonrisa socarrona. Ya sabe usted el día que recibo. Yo tengo mucho pesquis.) SEÑORA EYNSFORD. Yo creo que no hay nada chocante en ese modo de hablar. señora. y mientras tanto. ¡qué cosas tienes! Van a creer que nunca nos tratamos con la gente bien si te muestras tan anticuada. ¡Qué barbaridad! ¡Jesús! Concedo que las jóvenes de hoy no sean tan remilgadas como lo hemos sido las de mi tiempo. convencida de estar a la última. pero. ¡Qué loca es! Ustedes perdonen..) ¡Por Dios.) Señora. vamos.) Si va usted a tomar por el parque. Clara se está poniendo el sombrero. SEÑORITA EYNSFORD.—(Levantándose. Freddy.—(Escandalizada. Usted no haga caso.—(Sonriendo.—Adiós. (Sale. esto ya pasa de la raya. ja.) Yo voy a agarrar un taxi. mucho quinqué. señor Pickering? PICKERING. señorita. Freddy.—(Levantándose. hija! SEÑORITA EYNSFORD.. La juventud de hoy. (A HIGGINS y PICKERING. He estado fuera de mi país muchos años. resaladísima. (No prosigue por temor a cometer una incorrección.—(Sentándose bruscamente en el sofá. ¿qué tal le ha parecido? FREDDY. estos modales de ahora no me gustan. MISTRESS HIGGINS. FREDDY va al balcón para seguir a ELISA con la vista. es tan expresivo. HIGGINS. vamos ya. joven. MISTRESS HIGGINS. SEÑORA EYNSFORD. ¡Anda la vértiga! SEÑORITA EYNSFORD.—Bien.—¡Ja. SEÑORA EYNSFORD.—(Acompañándola hasta la puerta. yo creo que ya es tiempo de que nos despidamos de estos señores. pero espero que tú no uses ese lenguaje. estupefacto.

—¿Elisa? Con nosotros. ¡Vamos! PICKERING. de empleada.—(Asaltándola por el otro oído..) Vamos registrando exactamente todos los progresos.) Sí. claro está. ¡Poco contenta que está la buena señora de haber hallado tan valiente ayuda! Ya no tiene que romperse la cabeza para tener en orden mis cilindros y mis apuntes. es enormemente interesante.. señora.—Sí. no seas tonto. Yo he tenido que trabajar a diario durante algunos meses con esa muchacha para hacer de ella lo que es hoy.. Cada semana. En cuanto reaparece. Y. Me tiene la casa muy arreglada. (Acercándose todavía más.—Divinamente..—(Con voz algo cohibida.. PICKERING.—Todo el día estamos hablando de Elisa. Puede decirse que no hacemos otra cosa que ocuparnos de Elisa.George Bernard Shaw SEÑORA EYNSFORD. vuelve a entrar. No puedes figurarte lo interesante que es tomar a un ser humano y transformarlo en otro ser. HIGGINS. yo no puedo acostumbrarme a ese modo de ser. mis libros..—Enrique. pero dice cada cosa. Está visto que esas exquisiteces no se han hecho para los que no somos "ni chicha ni limoná". ¡Menuda tarea la mía con dedicarme a reformar sus vocales y consonantes.. además. Le aseguro que es muy seria nuestra ocupación con Elisa.—Eso sí. Página 32 de 59 .—Pues yo. y con observar sus labios.—Lo sé. si no? MISTRESS HIGGINS.—Enseñando a Elisa. su lengua y. como tal vez diría aquella muchacha. con ella cada cosa está en su sitio.—¿Y cómo se lleva con mistress Pearce. una vez más se puede decir que los extremos se tocan.. HIGGINS. estoy por decir cada día. HIGGINS la coge del talle riendo y la obliga a sentarse a su lado en el sofá.—Por cierto que no necesita recordarme a la tal chica. creando para él un nuevo modo de expresarse. vamos.—(Acercando su silla a la de MISTRESS HIGGINS y prosiguiendo con gran animación... ¿En dónde había de vivir.) Sí.—Bien.. PICKERING..—Ya Pigmalión lo sé.—La verdad es que parecen ustedes un par de chiquillos jugando con una muñeca. lleva. Es la tarea más difícil que he emprendido en mi vida. tu ama de llaves? HIGGINS. pero ¿en calidad de qué? ¿De sirvienta. MISTRESS HIGGINS.. No cesa de cantar sus alabanzas. ésta es su fórmula: "¡Lo que es esa chica. (Se la oye continuar hablando en el pasillo. su alma! MISTRESS HIGGINS. Estudiamos juntos los dialectos de la India y la fonética. sus dientes. impresionamos centenares de cilindros. señora... señor!" HIGGINS. lo que es más complicado.—Pues están ustedes equivocados. Pero. Ésta. es más cómodo que.—Ya sabe usted que me he instalado en casa de Enrique. Equivale a rellenar el abismo más profundo que separa unas de otras a las diferentes clases de la sociedad y a las diferentes almas. MISTRESS HIGGINS. Enrique. mamá. ¡Qué ha de ser presentable! Confieso que gracias a tus lecciones y gracias al arte del modista puede pasar. o de qué? PICKERING.) Creo que adivino lo que quiere usted decir. luego. HIGGINS.—¡Jugando! No lo creas.) HIGGINS. HIGGINS. MISTRESS HIGGINS.. No confundas. Clara siempre me está reconviniendo. Pero ¿dónde vive la muchacha? HIGGINS. di la verdad: ¿es presentable o no es presentable Elisa? MISTRESS HIGGINS. es el experimento más absorbente que te puedes imaginar. adonde la acompaña MISTRESS HIGGINS.—En fin. Está chiflada por Elisa. la chica es útil. tomamos docenas de fotografías. PICKERING. HIGGINS. Su lenguaje es el que ahora priva en la así llamada buena sociedad. lo sé.—Vamos. señor!" PICKERING. ¡maldito! El caso es bien claro. mamá. como dice. se observa en ella algún cambio. mamaíta. Cuéntenme algo de su vida y de lo que hacen. Se pasa el día diciendo: "¡Lo que es esa chica. su lenguaje se resiente todavía algo del ambiente en que se ha criado. Pero dejemos eso.

Disfrutará las ventajas que le he proporcionado.George Bernard Shaw PICKERING. HIGGINS.—Adiós. Te aseguro que esa chica. mamá.—Pero.. Lo mismo le da Beethoven y Mozart que Lehar y Strauss.. señora. ¿Qué ventajas son ésas? En el momento que tenga que ganarse la vida. MISTRESS HIGGINS. MISTRESS HIGGINS.—¿Qué tenemos que ver con eso? Hará lo que le parezca. Aunque hace tres meses no sabía lo que era un piano.—Perfeccionando a Elisa. Ya lo tengo resuelto. HIGGINS... PICKERING..—¡¡Qué!! HIGGINS. PICKERING e HIGGINS. MISTRESS HIGGINS.—Transformando a Elisa..) MISTRESS HIGGINS. Lo mismo que un loro. A lo que me refiero es a un problema completamente distinto...—En casa.. imitará a todos los conferenciantes. nos vamos a despedir.) ¡Por Dios! ¡Por Dios! ¡Me van a volver loca! (Los dos se interrumpen de pronto. y luego exclama:) ¡Ah! Los hombres. y todo se le fija en la memoria..—(Tapándose los oídos con las manos. luego.—El problema está en saber qué se hará con esa muchacha una vez terminado vuestro experimento.. PICKERING.. TELÓN Página 33 de 59 . hombre.—La verdad es que.—Ya se encontrará el medio de proporcionarle alguna colocación.. HIGGINS. HIGGINS.—Adiós.. El de cómo se la ha de presentar como aristócrata. es increíble..—Corrigiendo a Elisa. Nos harán gracia sus críticas. Parece mentira.—Pero. cafre. y consérvate buena. PICKERING. HIGGINS. no hay medio de meter baza. sí. MISTRESS HIGGINS. hotentotes. MISTRESS HIGGINS.. A la opereta. La hemos enseñado a pronunciar cuantos sonidos existen en la lengua humana. señores. no te preocupes.. Hay que resolver un problema.—Tú dirás.. en Earls Court. zulúes. con tu permiso. Sonidos que otra persona tardaría años en aprender. PICKERING..—Pero si estoy callado...—Conforme. los hombres. Oiga usted.. ustedes todo se lo dicen y todo se lo contestan.—Vistiendo a Elisa. ¿de qué le servirán las maneras y el modo de expresarse que le hayas enseñado? PICKERING. no digas disparates. (Salen riendo a carcajadas. mamá. HIGGINS.. Hable lo que quiera. es un genio. La hemos llevado a los conciertos clásicos.—(Hablando Pigmalión atropelladamente y a la vez.—(Se queda moviendo la cabeza. Ahora.—Ya lo creo..—Ya sé.—No hay que preocuparse. Pickering: vamos a llevarla a la Exposición de Shakespeare. Vaya un órgano fonético el suyo. MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. cuando se entusiasma Pickering. PICKERING. En los dialectos africanos..) Tiene un oído maravilloso..—Escúchenme un momento.) HIGGINS.

con joyas. Está cansada. Mañana la encontrará y la guardará. sí. (Tira las circulares dentro de la chimenea.) HIGGINS. si no es por la negra honrilla. (Recoge la ropa y la lleva a la antesala. pero ellos no lo notan. Página 34 de 59 . por esta noche.) HIGGINS. Se quita el abrigo.—No. Se oye que.—Bien. después de bostezar ampliamente. HIGGINS. Su palidez contrasta fuertemente con sus ojos y sus cabellos negros. nada.) PICKERING.—Cierre la PICKERING. PICKERING entra también. las coloca en la alfombra delante de HIGGINS y se vuelve a sentar silenciosa. callada y pensativa. Elisa. coloca sus flores y su abanico sobre el piano y se sienta en un sillón. parecía muy tranquila. en traje de etiqueta y con sombrero de copa.) Pero ¿qué es eso? ¿Mis zapatillas están aquí? PICKERING. luego se levanta de repente y sale de la habitación.) ¡Dios mío.—Mistress Pearce se va a enfadar si dejamos la ropa tirada en el salón.—(Estirándose. pero se abstiene. etc. puerta. abanico.) ¡Gracias a Dios que se acabó! (ELISA se estremece violentamente. tirando sin cuidado la ropa sobre los muebles. flores. confieso que yo no las tenía todas conmigo. No hay nadie en la habitación.) PICKERING. Se acerca a la chimenea y enciende los candelabros eléctricos.George Bernard Shaw Pigmalión ACTO CUARTO El laboratorio de HIGGINS y PICKERING. HIGGINS. Voy a ver si hay cartas en el buzón. y su expresión es casi trágica.) PICKERING. luego.—Déjela ahí fuera. en el banco de la antesala. la cena. HIGGINS. como quien viene de la ópera. son muchas cosas. Elisa se presentó perfectamente y ha dado el timo a todos.) ¡Caramba! Estoy algo cansado. Pero usted ha ganado la apuesta. el sombrero y el frac.) Algún sablazo.—Sí. por la escalera. PICKERING. Primero la "garden-party". vienen HIGGINS y PICKERING. Pensará que estuvimos algo bebidos. (ELISA abre la puerta de la habitación y hace su aparición en traje de noche. entra y se quita el gabán. qué noche! ¡Cuánta gente! ¡Y cuánta idiotez! (Levanta el pie para desatarse el calzado y ve con sorpresa las zapatillas. ¿O la necesita para algo? HIGGINS. le da la carta a HIGGINS y se coloca de espaldas a la chimenea.—(Fervoroso. la ópera. Creo que. en cambio. se quita el sombrero y el gabán y está a punto de amontonarlos sobre la ropa de HIGGINS.—(Tarareando un aria de "La Fanciulla del Oeste dorado". HIGGINS. Ha sido una jornada de prueba.—(Mirando la carta. HIGGINS.—En la "garden-party". La verdad.) ¿Dónde están mis zapatillas? (ELISA le mira sombría. que se acueste. estaba muy segura de sí misma.) HIGGINS. (Tira la carta a la chimenea. Me parece que mistress Pearce puede acostarse. amigo Higgins. coge una chaqueta de encima de un sillón y se la pone.—Y lo estamos un poco. HIGGINS vuelve a tararear. como si lo viera. El reloj de la chimenea da las doce.—Sólo hay circulares y esta esquelita amorosa para usted.—(Bostezando nuevamente. Pickering. ya he echado el cerrojo. ya no saldremos. finalmente. Se interrumpe bruscamente. y ella recobra la calma y su aparente impasibilidad. Es medianoche. Es una noche de primavera. Luego se deja caer en un sillón delante de la chimenea. ELISA vuelve con un par de enormes zapatillas.. PICKERING vuelve con el contenido del buzón.

(Levantándose.. (Sus dedos se crispan. mientras estuvimos en la parte fonética.—Usted.. Al principio. y dile a mistress Pearce que no haga café para mí mañana.) Buenas noches. A mí me revientan sobre manera esas cosas.—(Estupefacto. Pero.—(Jadeante.—Yo también. Hay que acostumbrarse a todo. Parece que me rejuvenece. Lo dicho: de no haber sido por el empeño. digamos el estilo. HIGGINS. porque le aborrezco. se incorpora y se las tira. es tan necia. (Vase. la cosa me interesó. cogiéndola de las muñecas.) Ahí tiene usted sus zapatillas. Le he hecho ganar la apuesta. dejándose caer en el suelo. donde se revuelve furiosamente.) En fin. hay pocos que saben ser lo que son. ELISA se esfuerza por contenerse y aparentar indiferencia al levantarse y acercarse a la chimenea para apagar las luces. que se figura que el "chic".) HIGGINS.) ¿Qué es eso? ELISA.. Pickering. Hay que desengañarse. lo hubiese abandonado todo a los dos meses de empezar. (Vase. claro está. De mí.—La "garden-party". Pickering. hay que confesarlo. (Yendo hacia el piano. Estése usted ahí tragando durante más de una hora. Se sienta en el sillón y agarra con manos crispadas los brazos del mismo. frenéticos.) Pero ¿qué demonios he hecho yo de mis zapatillas? (Vuelve a entrar. sin más remedio que oír sandeces a diestro y siniestro. se abandona a la mayor desesperación.—Pues yo voy a hacer otro tanto. Cuando vi que llevábamos las de ganar con toda seguridad. una tras otra. no me disgusta asomarme de cuando en cuando a la vida del así llamado gran mundo. ¡eh! ¡A sentarse y a estarse quieta! (La tira brutalmente al sillón.) Ya estará usted satisfecho. Está a punto de gritar. Le aseguro a usted. HIGGINS. PICKERING. Tenga usted en cuenta que mucha gente aristocrática no sabe conducirse en sociedad.—(Mirándola con fría extrañeza. pero luego me fue pesando lo indecible. pero sólo durante los tres primeros minutos.—(Malhumorado. volviendo un poco la cabeza. dice:) Vamos. por mi parte. Durante el banquete sí que me aburrí de verdad. e instintivamente blande las uñas hacia su cara. HIGGINS. arriba! (La levanta. Elisa. Finalmente. que no me vuelven a coger en otra.) Apaga. Una vez y no más. sin poder resistir más. Buenas noches. amigo mío. en todo lo que se hace verdaderamente bien.—(Coge las zapatillas.) HIGGINS. con toda su fuerza. PICKERING. un inmenso éxito.—(Aniquilada.. un poco. ha sido un gran éxito. tome. y ahora me puedo ir a la cama sin temer el mañana.) HIGGINS.) A mí. habrá desfachatez! Pero habla: ¿a qué viene eso de tirarme las zapatillas? ELISA. y así nunca aprende. me había empeñado en ello. Dos o tres veces casi me asusté al ver que Elisa lo hacía tan bien.. Cuidado con lo que se hace. que ustedes descansen.) Pero ¿qué te pasa? ¡Vamos. hay algo de profesional. ya se acabó. (ELISA lanza un rugido sofocado.) Parece que la niña está nerviosa. (La expresión de ELISA se hace más sombría aún.—(Yendo detrás de él.—¡Que me has hecho ganar la apuesta! ¡Vamos.) PICKERING. no está hecho a la vida de sociedad. fue una prueba emocionante. Yo temblé. HIGGINS. con tanta gente de la alta aristocracia. No haré más duquesas postizas. ¿Por qué no me dejó donde estaba.George Bernard Shaw Pigmalión no llevo la broma hasta el final. ¡Dios mío! ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué va a ser de mí? Página 35 de 59 . ahora quiere arañar la gata rabiosa. es innato. en fin.—Porque sí. tomaré té. esto basta. casi me empecé a aburrir. no importa nada. y por eso la llevé adelante.—Tiene usted razón.) ELISA. De todos modos. porque me ponen fuera de mí su brutalidad y su egoísmo. en el arroyo? Ahora se alegra usted de que ya se acabó el experimento y me puede volver a arrojar al arroyo. (En la puerta..) ELISA. porque quisiera matarle. Tome.) ¡Dios mío!. ¡Maldita sea! HIGGINS. fuera.

ya lo sé. HIGGINS. que se pirra por concertar matrimonios. Nadie te ha dado motivos de queja. te casarás.) ¿No estas bien en mi casa?.George Bernard Shaw Pigmalión HIGGINS. (Se pasea por la habitación. ELISA. ya pasó para usted.) HIGGINS. parece mentira. y verás cómo tengo razón.. otro día... ELISA.—No entiendo. (Luego. Ya te colocarás de un modo u otro. (Con desesperación. (Se levanta de repente y. como Pickering y yo. ELISA.—No.—Quiero decir que obedece a figuraciones tuyas. ELISA. HIGGINS se sienta.) No tienes que preocuparte. HIGGINS. pero no me vendo a mí misma. no. algo incómodo. ELISA. seguramente te encontrará algún buen partido.—Sí. Pero ya pasó.) Pero ya veo: lo que a ti te pasa es que estás cansada después de los trabajos del día.—Pero vamos a ver: ¿tú qué opinas? ELISA.—Supongo que no dirás que yo me he portado mal contigo. (Modifica su tono. niña. creo que esto no corre prisa. con las manos en los bolsillos.—(Con sincera sorpresa.. ¿Quieres un poco de champaña? (Va hacia la puerta. HIGGINS. Ha sido una faena muy dura.) No creas que todos los hombres son solterones empedernidos. alguien de la servidumbre? ELISA. cuando pasamos por la calle de Tottenham Court. hija del cansancio. caramba. Habla con franqueza ¿Tienes alguna queja del trato que se te da aquí? ELISA. come su manzana con fruición.—Vamos. vamos.—(Queriendo comprender ya. pues. Elisa: toda esa excitación es puramente subjetiva..—Ya lo sé. HIGGINS.) ¿Eso es lo que te apura? Vamos. reza tus oraciones y duerme. mistress Pearce. con tono dogmático. Creí que ya daba lo mismo. La mirada es inútil. lo de la "garden-party". aunque. ninguna.) ELISA. No ha pasado nada.) Para usted. (Dándole golpecitos cariñosos en el hombro.) Mira.—(Otra vez de buen humor. ELISA. nadie. pues él.—Eso ya me lo dijo usted en el coche. (ELISA le mira nuevamente. (Pausa.—No. no seas tonta. No le importo yo un ápice..—No. silenciosa. abstraído.) ¡Dios mío.—No. Soy yo menos que esas zapatillas "pa" usted. Casi todos se casan. hundiendo la cara en las manos. con la cara hundida sobre el pecho. No le importaría ni verme morir.) "Para" usted. sin pronunciar una palabra y sin moverse. menos mal. atravesando rápidamente la habitación. lo dicho: vete a la cama. y mañana te miras en el espejo. y mañana será otro día. (Ella levanta bruscamente la cabeza para mirarle.—Sí. mujer. va hacia el piano y se sienta en el taburete. Luego tú. Nerviosidad. y haciendo sonar sus llaves y monedas. HIGGINS. Sobre todo.) Vamos.—Yo vendía flores. (Da un mordisco a la manzana y mastica ruidosamente. Así.) Ya no hay que apurarse.. como quien no se preocupa de nada. claro.—¿A mí qué me preguntas? ¿Qué tengo yo que ver con lo que va a ser de ti? ELISA. descansa y tranquilízate. que estás muy fea llorando y rabiando. ELISA. ¡desgraciados! Tú no eres fea. HIGGINS.) Pero yo no sé lo que voy a hacer. él no la mira y se fija en una manzana del plato de fruta y la coge para comerla. HIGGINS. da gusto mirarte algunas veces. que a ella la hacen estremecer. en su manera habitual.—¿Te ha faltado alguien? ¿Pickering. HIGGINS.) Pero ¿qué dices? ¡Muerta! ¿Por qué? (Acercándose a ella. con más cortesía..—(Con voz de trueno.) Se comprende. creyendo tener una feliz ocurrencia dice:) Mi madre. HIGGINS.) Se lo agradezco. No sé para lo que voy a valer. quisiera estar muerta! HIGGINS. soy demasiado ignorante.—(Lo más suave que puede. Ahora vas a la cama y duermes bien.—(Sumisa. Ahora que usted me ha hecho Página 36 de 59 . ahora.

—Antes que se vaya. es verdad! Me las tiraste a la cabeza.—(Muy ofendido y dolorido. (Se quita las joyas. Yo me voy a la cama. hija.. HIGGINS. bastante me ha hecho sufrir a mí. HIGGINS. y que no puede haber nada común entre una persona como usted y una muchacha vulgar e ignorante como yo.) Pues vengan.) Esta sortija no es del joyero. Lo que quiero saber es si algo de lo que llevo encima es mío. lo que me puedo llevar y lo que no.—¡Pegarte! Infame criatura. Si no te gusta casarte. HIGGINS. no bajará de doscientas libras. pues.—La mar de cosas.) Muchacha. con las cadenas que cuelgan por fuera.) ELISA.—(Muy enfadado. es la que compró usted en Brighton.) Dispense un momento.—(Con alegría contenida. como eso de venderse a sí misma. mi ropa fue quemada. me sacaste de mis casillas. ELISA.) ¡Ladrona! Mujer. sí. me alegro.Deseo saber si mi ropa me pertenece o es del coronel Pickering.—¡Ah. No me hago ilusiones. A propósito: ¿y tu antigua idea de estar al frente de una tienda de flores? Pickering te puede establecer.) Si fueran mías en vez de ser del joyero. cosa que hasta Página 37 de 59 .. caballero. No quiero que luego me llamen ladrona.) ¡Así es como piensas de nosotros! ELISA.—Lo siento. HIGGINS. tiene una barbaridad de dinero. cuando ella se levanta con aire solemne. no está bien. Ya ves: hace seis meses ni soñabas con que podías tener una tienda de flores tuya.) Me alegro.) No digas vulgaridades. Dígame. (Ella se las pone en la mano..) Menuda cuenta tendrá que abonar por todo lo que has llevado encima de tu personita hoy. si quieres.—Pero ¿qué importa? ¿A qué viene fastidiar con eso a estas horas? ELISA.. (Las recoge y hace ademán de salir. ELISA.) ¡Caballero! ELISA.—Tal vez para la próxima muchacha que recojan ustedes para sus experimentos. te quedas soltera y punto concluido.—Tengo que saber lo que puedo llevarme y lo que no.—. Con el alquiler de las joyas. tapándose la cara con las manos y gritando:) ¡No me pegue. con mil demonios.—(Tragando el último pedazo de manzana. No quiero que luego falte algo y se me eche la culpa a mí.—(Volviendo a entrar del todo.—Sus zapatillas. ¿Para qué he entrado yo? Algo se me había olvidado.—(Nuevamente muy dolorido. HIGGINS. ¿Estás satisfecha ahora? (Le vuelve la espalda y se marcha lleno de ira.George Bernard Shaw Pigmalión una señorita. HIGGINS. sé que no soy nadie.) ¿Para qué demonios puede hacerle falta al coronel tu ropa? ELISA. pero no tengo más remedio que dejar las cosas perfectamente claras. HIGGINS. Son cosas de novelas de folletín.—(Complaciéndose en irritarle cada vez más. tengo un sueño que me caigo.) Lleve esto a su cuarto y guárdelo. toda la casa. Al entrar yo aquí.—(Dejando.—(Quitándose una sortija. adornándose. Excepto las joyas. HIGGINS. chica. ¡Ojalá me hubiese usted dejado donde yo estaba! HIGGINS. no hables así..) Llévate.—(Con calma y dignidad. (Riéndose. (Se mete descuidadamente las joyas en los bolsillos. —(Furioso. ya no soy capaz de vender cosa alguna.—Pero esto no me dice qué podré hacer. sin saberlo. HIGGINS. HIGGINS. Vamos.) ELISA.—Dejémonos de conversaciones. Tome. cada vez más sorprendido. ELISA. ELISA. no me pegue! HIGGINS.) ELISA. que ella se deja caer sobre el piano. (HIGGINS tira la sortija con violencia a la chimenea y se vuelve hacia ella tan amenazador. caer las zapatillas. alégrate y deja de preocuparte. te las hacía tragar todas. que son alquiladas. ¿cómo te atreves a creerme capaz de semejante acción? Tú eres la que me ha herido a mí en lo más profundo.. de la sorpresa.

porque yo no le hablaré. y maldito sea el desayuno. ELISA sonríe por primera vez. y maldita tú.—(Con concentrada rabia.) TELÓN Página 38 de 59 . se tira de rodillas delante de la chimenea para buscar su sortija. HIGGINS. lanza una exclamación de alegría y la guarda en el pecho. ELISA.George Bernard Shaw Pigmalión ahora nunca me había sucedido. Ya basta.—(Desvergonzada. Luego expresa sus sentimientos con una viva pantomima. en la que la salida de HIGGINS se confunde con su propio triunfo.) Bien. No prosigamos. deslenguada y sin corazón. y finalmente. al encontrarla. y. y maldito yo por haberme distraído de mis estudios ocupándome con una chicuela del arroyo. dando un portazo tremendo. pero no estará de más dejar una nota para mistress Pearce tocante al desayuno. me voy a la cama. (Vase.) Que vaya al demonio mistress Pearce.

) ¡Por Dios! Enrique. si no? No veo otro medio.—Sí. a la Jefatura de Policía. se mudó de ropa y se fue de casa. Por eso me he permitido entrar para advertírselo. (Vase..—(En la puerta. Tiene un genio imposible.—El comisario puso una infinidad de dificultades. DONCELLA. MISTRESS HIGGINS.) Oiga: vaya usted a mi gabinete y dígale a miss Doolitle que míster Harry y míster Pickering están aquí y que no entre hasta que yo le mande aviso. para recoger sus cosas.—Están telefoneando. La muchacha tiene derecho a vivir donde le parezca.) Buenos días.) HIGGINS.—Bien..—(Levantándose muy asustada. a las siete de la mañana.—(Antes que la DONCELLA haya salido. señora. como dijo la DONCELLA. HIGGINS. No encuentro mis notas y apuntes. DONCELLA. ni nada.—¡Asustarla yo! ¡Qué cosas tienes! Anoche la dejé encargada de apagar las luces y de otras menudencias. mistress Higgins. (HIGGINS entra precipitadamente.—Bien. señora. MISTRESS HIGGINS deja la pluma sobre la mesa y se vuelve de espaldas al escritorio.—(Dándole la mano.) Míster Harry está muy excitado.) Señora. HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. muy excitado. como yo creía.) PICKERING. buenos días.—La habrás asustado. que suban.George Bernard Shaw Pigmalión ACTO QUINTO Salón en casa de MISTRESS Entra una DONCELLA. mientras la DONCELLA sale. en un coche de punto. Vamos. Supongo que se le habrá perdido algo.—(Entrando y bajando la voz. (Se sienta en un sillón. MISTRESS HIGGINS. Dígales que suban cuando concluyan de telefonear. (Él reprime su impaciencia y la besa. mamá.—¿Qué dice ese animal de comisario? Le habrá ofrecido usted una gratificación. MISTRESS HIGGINS. ¿Cómo está usted? Ya le habrá contado Enrique lo que pasa. HIGGINS. (PICKERING entra. hijo. Su cama está intacta.—Pues que Elisa ha desaparecido. como antes. abajo está míster Harry con el señor Pickering. Página 39 de 59 . esto es un fastidio. sin avisarme. señora. quien está sentada ante su escritorio. ¿Qué tengo yo que hacer ahora? MISTRESS HIGGINS. DONCELLA.) Cuéntame: ¿qué pasa? HIGGINS.—Claro que sí.) MISTRESS HIGGINS.—No me choca en él. pero en vez de ir a la cama. Está. Luego se presentó en mi casa.—Pero a mí me trastorna eso horriblemente.—¡Cómo! DONCELLA. (Se sienta en el sofá. Se me figura que nos atribuye propósitos algo equívocos.—Pues nada.—Bien. HIGGINS. DONCELLA.) PICKERING. si no estoy equivocada.) HIGGINS. ¿Para qué sirve la Policía.—Mira. supongo que no se te habrá ocurrido lanzar a la Policía en busca de Elisa. Yo no sé. MISTRESS HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. y la idiota de mistress Pearce la dejó hacer.

—No. ¡Pero esto. a cuya casa habrá ido. un chaleco blanco conmovedor y pantalones color avellana. muy contrariada. PICKERING..—Dijo que era míster Doolitle. ¿Qué derecho tienen ustedes a dar a la Policía el nombre de la chica.—Sí. que ustedes no lo han pensado bien. Que le toque a uno la lotería o le coja a uno un tranvía. aquel tipo del que te he hablado. Está tan preocupado con el asunto que le trae.) ¡Vaya con la parentela! A ver si ahora sabemos algo. esta cadena.—Ya veo. al ver que ha cometido una indiscreción. señora. ¿Ve usted esto? Pues el autor de ello es usted.) Dígale que pase. DONCELLA. es un caballero.—(Anunciando. una flor. este chaqué. Porque. que no podemos consentir que se vaya de esta manera.—Buenos días. HIGGINS. ahí hay un caballero que desea hablarle para un asunto particular.—¿Qué Elisa ni qué ocho cuartos? ¿Por qué había ella de comprarme ropa? MISTRESS HIGGINS. HIGGINS.—No Pigmalión me extraña. HIGGINS. ¿Es que ha encontrado usted a Elisa? DOOLITLE. HIGGINS.. señores. Le di a usted cinco libras para que se Página 40 de 59 . señora.—¿El autor de qué? DOOLITLE. en seguida.—(Señalándose. (Se sienta en el sofá.) DONCELLA. con amplio ademán.—¿Ve usted? Este chaleco. (Se vuelve a sentar. estas sortijas.) Estoy loco con lo que me ha pasado. Lleva un elegantísimo chaqué negro. Tiene la culpa de la pérdida de mi felicidad.) HIGGINS. algún desconocido para nosotros. DOOLITLE.) DOOLITLE. (Se retira. ¿Qué habíamos de hacer? MISTRESS HIGGINS. HIGGINS..—Pero ¿qué demonios le ha pasado a usted? DOOLITLE. En el ojal.—¡Hombre! Parecen ustedes dos criaturas.—Pero desembuche de una vez. HIGGINS.—Voy. calle.. o borracho. Entra DOOLITLE muy bien trajeado. esto. (Vase. dirigiéndose a él con vehemente acento.. ¿No ha dicho cómo se llama? DONCELLA. como suena. señor. señora. vamos! Y usted tiene la culpa de todo. (A la DONCELLA. ¿Cómo sigue usted y la familia? Con su permiso. un sombrero hongo flamante y botas de charol relucientes. este calzado.—¿Conoces a alguien de su familia? HIGGINS.—Díganos: ¿de qué tiene mi hijo la culpa? DOOLITLE.) Míster Doolitle.—Calle. (Se sienta en el sofá. ¿Quiere usted tomar asiento? DOOLITLE.—Comprenda usted. míster Doolitle. como si se tratase de una ladrona o de un paraguas perdido o cosa por el estilo? Vamos.) MISTRESS HIGGINS..) Dispense usted.—¡Míster Doolitle! ¿Es acaso un trapero? DONCELLA. que no repara en MISTRESS HIGGINS y va derecho a MÍSTER HIGGINS. no es para menos. MISTRESS HIGGINS. HIGGINS—Oiga usted. DONCELLA. hombre de Dios.—(Cohibido. Pickering: me da el corazón que será algún pariente de ella.—¿Cómo es eso? HIGGINS. voy. Dice que viene de su casa.—Usted está chiflado.—Ahora no estoy para nadie.—Míster Harry. no tiene mayormente nada de particular.—Pero necesitamos encontrarla.George Bernard Shaw MISTRESS HIGGINS.) HIGGINS. estaba tan distraído que no reparé en usted. Elisa le habrá comprado ropa.) Mire usted aquí.—¡Otra! Pero ¿es que se ha perdido? MISTRESS HIGGINS. (Entra la DONCELLA e interrumpe la conversación.—Sólo a su padre. hombre.—(Acercándose a su madre.

y saben reconocer y premiar el mérito en todas las clases sociales..—Sí. Ahora que soy un caballero.—¡Ah. y le había encargado a usted inventar un lenguaje universal? HIGGINS. Desde que se sabe lo que me aconteció. No es que me asuste el pronunciar discursos. ¿no es así. DOOLITLE. pues yo le llamo una broma pesada. en fin. Yo a lo que he venido es a ver si me enseña a hablar correctamente.. durante mi vida. Y. Lo que me horroriza es haber llegado a ser un caballero. si tanto le pesa ese legado. míster Higgins. Como no entiendo una jota del asunto. no me necesitaba para nada. HIGGINS. Ahora recuerdo que después de la última conversación que sostuvimos usted y yo me permití gastarle a ese señor esa bromita.—Pues a mí me hace muy poca. el señor Ezra Wannafeller! Pues murió. Pickering? PICKERING.—Hombre. claro que ahora podría permitirme el lujo de rechazar esta herencia. se murió y a mí me mató. todos muy amables y muy cariñosos.—Pero. ¡qué dulces son! A propósito: ¿no dijo usted antes que se le había perdido Elisa? No se apure. Cuando me hacía falta dinero. que daba cinco millones de libras esterlinas para fundar sociedades de reforma moral.—¿Es verdad o no es verdad que un día le escribió usted a ese buen señor que el moralista más original que existía actualmente en Inglaterra. era Alfredo Doolitle.. chiflado. despreocupado. nadie puede obligarle a aceptarlo. ¡zas!. con la condición de que yo funde aquí una liga de reformas morales y pronuncie seis veces al año discursos de propaganda. tiene gracia la cosa. HIGGINS. No creí nunca que había tantos gorrones en el mundo. señora. por humildes que sean. Puede usted renunciar a él. como le sableé a usted. Aquel caballero vio en ello una magnífica ocasión para demostrar que los del Nuevo Mundo no son como nosotros. vamos al grano. por cuanto sabía usted... Pero. Ahora dicen que no puedo disfrutar de buena salud si no me examinan a diario.—Yo no estoy loco ni borracho. con excepción de dos o tres lejanos. Ahora tengo parientes por docenas. es verdad. Ahora soy yo el sableado.—¡Quién lo duda! DOOLITLE. DOOLITLE. en su testamento me dejó una manda que representa una renta de tres mil libras. sableaba a cualquiera. hubiese sido un hombre ahorrador. DOOLITLE. Si no es por la maldita carta que se le ocurrió escribir. MISTRESS HIGGINS. claro está. (Se vuelve a sentar. De todos modos. un simple barrendero? HIGGINS.George Bernard Shaw Pigmalión divirtiera. A ver: ¿no se carteaba usted con un viejo americano. y muy necesitados.. lo que supone eso! Antes yo era libre y dichoso. Antes. ¡A mis años. tengo que aprender la lengua de la gente fina. Le digo a usted que me ha reventado. ¿qué me espera en la vejez sino el hospital. ¡Cómo cambian los tiempos ! Antes. míster Doolitle. En mi casa ya no me dejan poner la mano en nada. Hace poco no tenía ni un solo pariente en el mundo. Luego me pegó usted otros dos sablazos de a libra. ¡Ay. apostaría a que a estas horas está llamando en mi casa a ver si su querido padre hace algo por ella. Están acechándome para quitarme cualquier trabajo. tengo probabilidades muy grandes de tratarlo con gran elocuencia. los médicos se daban prisa en darme de alta y echarme del hospital. todo el mundo me viene con peticiones.) DOOLITLE. Si rechazo el legado. cuando más? Si yo. y son las tres únicas veces que le eché la vista encima.) Diga usted que le han cazado con liga. claro que con su cuenta y razón. pero yo no tengo la suficiente energía.—(Riéndose. Los lazos de la familia. ¿Quién de nosotros la tendría? El dinero a todos avasalla. DOOLITLE. que no querían trato alguno conmigo. y sé lo que me digo. no puedo negarlo. cuando estaba enfermo.—¡Ah! Llama usted a eso una bromita.—No comprendo.—Eso se dice fácilmente. Pero Página 41 de 59 . parece mentira! Y todo por culpa de usted.

y cogerá mi puesto de barrendero. Yo. Las zapatillas.—Sí señora. MISTRESS HIGGINS. Se me figura que la muchacha tiene un carácter cariñoso. Ustedes no se dan cuenta del trabajo que supone una transformación tan completa como la que se efectuó con esa chica. (Va resueltamente hacia la puerta. vinieron a mi cara antes de soltar yo una palabra. hazme el favor. míster Doolitle? DOOLITLE. Buena es la nena para descuidarse. HIGGINS. Hay que escoger entre fastidiarse como rico o fastidiarse como pobre. en casa. un millonario no es más desgraciado que un pobre que ahorra y se priva de todo..) Claro. está uno hecho la pascua. Estoy avasallado.—Pues bien: Elisa vino aquí esta mañana.) ¿Qué? PICKERING. No la tratamos brutalmente. más feliz que yo.) Yo creo que podías haberme dicho eso hace media hora.George Bernard Shaw Pigmalión entonces tampoco lo haría. presa de rabia y desesperación. nada. Si quieres saber dónde está Elisa. les ha tomado afecto. ya procurará ella que yo procure. Yo les hubiera tirado las tenazas y los morillos. DOOLITLE. El caso es que. con violencia. Nunca le hemos dicho una palabra brusca. está aquí. la verdad. pasó parte de la noche andando por ahí.—Yo. y dispense usted.—(Levantándose también. hombre. a usted la ha engañado. siéntate y estate quieto. ¡cataplum!. En cambio. tiene el corazón muy tierno. HIGGINS.. No tiene usted que procurar por ella.—No seas absurdo. señora. y me dará envidia.) Enrique. y el resto en el hotel Carlton. total.) Señora. ¿No es verdad. ella me tiró mis zapatillas. HIGGINS. Doolitle.) MISTRESS HIGGINS.) Supongo que después de acostarme yo no la regañaría usted. (Dirigiéndose a HIGGINS.—(Poniéndose otra vez en pie. sino que en su presencia dijeron lo mucho que les había aburrido el experimento y lo contentos que estaban de que ya se hubiera acabado. Enrique.—Sí.—Pues. Me contó de qué modo brutal la tratan ustedes. HIGGINS.—(Levantándose bruscamente. MISTRESS HIGGINS. Enrique. mitad y mitad.—Yo creo adivinarlo.) Pero ¿cómo es eso? ¿Qué le hemos hecho? MISTRESS HIGGINS.—No dijimos más que estábamos cansados y que deseábamos ir a la cama. Según pude colegir. Tiene usted una hija.—Usted recibió el dinero por la chica y perdió sus derechos. Yo pagué por ella cinco libras.) ¿Nada más? Página 42 de 59 . con la cara vuelta hacia la ventana. MISTRESS HIGGINS.—(Atónito.) ¡Aquí. no se les ocurrió dirigirle la más ligera alabanza. porque. dispénseme. En eso ha salido a mí.. y pensando arrojarse al río. bueno. Siempre hemos tenido para con ella toda clase de miramientos. HIGGINS. HIGGINS. Después de pasar por la prueba definitiva con tan extraordinario éxito. y ahora puede usted procurar por ella. Y luego te sorprende que te tirara las zapatillas. PICKERING. Míster Doolitle. y echó por su boca toda clase de improperios. ¡Qué le vamos a hacer! MISTRESS HIGGINS.—(Irónica. Otro vendrá. Ya la haré yo venir.—(Siguiéndole con presteza. que en mi caso creo que hablaría usted lo mismo. nada. que en medio de su tribulaciones no conserve su sano juicio ni piense en el porvenir. MISTRESS HIGGINS. me dejo llevar.—Bueno. Pickering? PICKERING. HIGGINS.—(Atónito. digo: el hospicio no me atrae. Trabajó mucho por ti.—Hombre. (Se tira displicente en el sofá. ¿No es así. en casa! ¡En tu gabinete! Haberlo dicho antes.—(Encogiéndose de hombros.—Me llego a temer. en mi gabinete. No le pertenece. no debe. Como todo el mundo. se puso como una furia. de todos modos. señora.) Está usted diciendo tonterías. ¿es usted un hombre honrado o un granuja? DOOLITLE.

—Ahora. Trae entre manos una canastilla de labores y está como en su casa. Repórtese y trate con el mayor respeto a esa pindonga que hemos recogido en el lodo. ¡Cuánto me alegro.) ¡Habrase visto! ¡Vamos! MISTRESS HIGGINS. y empieza a silbar. señora.—Querido. que.—Creo. hombre. HIGGINS. con las manos en los bolsillos y las piernas extendidas. Vente con nosotros a casa y no te metas en más músicas. como ahogándose.—(Furioso.—Guárdate para otra ocasión todas esas lecciones que has aprendido de mí.. con aplomo extraordinario.—(Reconviniéndole.—Si te reportas. dice que está dispuesta a perdonarlos y a tratarlos amistosamente cuando los encuentre. HIGGINS. (Oprime el timbre eléctrico del escritorio. No olvide que ahora pertenezco a la clase pudiente. sin moverse de su silla. sé bueno. señora.) Hombre. ELISA. caramba. de verle por aquí! (Él se levanta apresuradamente y se dan la mano. míster Pickering.) Vaya un calorcito que está haciendo. señora.George Bernard Shaw PICKERING. dueña de sí misma. HIGGINS se echa para atrás.) HIGGINS.—¡Hola.—(Tragando saliva.—Con mucho gusto.—Eso ya lo sabía ella.) DOOLITLE. MISTRESS HIGGINS.—Cuidado con las palabras que se dicen. no tienes aspecto de persona muy agradable en esa actitud. estuvimos algo desconsiderados. está esa mequetrefe? ¿Vamos a esperarla todo el día? (Entra ELISA.—Bueno. Lo he dicho para hacerte hablar. PICKERING se sienta en la silla dejada vacante por DOOLITLE. (HIGGINS gruñe.—Dígale a miss Doolitle que haga el favor de bajar.—No comprendo.—Claro.) MISTRESS HIGGINS.—(Sentándose correctamente. lo mejor será que no se vuelvan a ver. Sin embargo. MISTRESS HIGGINS. ¿quiere usted hacer el favor de retirarse al balcón un momento? No quisiera que Elisa experimentara la sorpresa que le ha de producir su metamorfosis antes que se haya explicado con estos dos caballeros.—¿Dónde. (Se deja caer enfadado en una silla. MISTRESS HIGGINS. Sobre todo ahora. Enrique. muy bien. Enrique. yo no tengo empeño en parecerle amable.—Voy. la mira con la boca abierta.) ¿Que si está? Me temo que no vuelva a pisar la casa de ustedes. HIGGINS. Pickering. míster Higgins! ¿Cómo está usted? ¿Ha pasado buena noche? HIGGINS. PICKERING se queda tan sorprendido. no tanto. señora. descuida.) En realidad. Enrique. (ELISA saca de su canastilla una labor y Página 43 de 59 . que míster Doolitle está en una posición que le permite darle el lujo a que la han acostumbrado ustedes. MISTRESS HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. ¿verdad? (Se sienta en el sofá junto al sitio que él ocupara.—Me portaré muy bien.—¡Oh! Muy bien. Eso del lodo me parece un poco fuerte.—Pues porque no puedes silbar cuando hablas.—(Con algún remordimiento. Otra pausa.—(Volviendo a su silla del escritorio. HIGGINS. en el respaldo. Dispense.—Nada más. (Entra en el balcón. que no llegará la sangre al río. Si no.) Míster Doolitle. le mandaré recado para que se presente.) Mamá.) MISTRESS HIGGINS. Haré todo lo que se quiera con tal de quitarme de encima a la niña. ¿Para qué largos discursos? PICKERING. PICKERING. Él se sienta nuevamente. (Una pausa. no importa. usted siempre duerme perfectamente.) HIGGINS. y me prometes guardarle todos los debidos respetos. alegre. DOOLITLE.) ELISA.—¿No le dijeron Pigmalión que lo había hecho bien? ¿No le expresaron su admiración? HIGGINS.) Que si he pasado. ¿Está muy enfadada? MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. La DONCELLA acude a la llamada del timbre. DONCELLA..

que hable por sí sola. HIGGINS.—¡Por Dios. claro. HIGGINS. no hable usted así! Me ofende el que lo llame experimento. Higgins se quita las botas en cualquier sitio. de no haberlos visto. Pero ¿sabe usted lo que inició mi verdadera educación? PICKERING. HIGGINS.—Como no soy más que una partícula de la hez. ELISA. y antes era una partícula de hez de Covent Garden. Cuando te digo que soy yo el autor de esto que ves ahora.) MISTRESS HIGGINS. como que es la profesión de míster Higgins. pero.—(Prosiguiendo con calma.—Naturalmente.. el modo de hablar.) ¡Eso. Elisa..—(Tascando el freno. y es lo que hace la diferencia entre una persona bien educada y otra mal educada. no! ELISA. PICKERING. señor coronel. Sé que usted es generoso con todo el mundo.—No lo digo porque usted haya pagado mis trajes. ELISA.—Es lo mismo que enseñar los bailes de moda.—(Impulsivo. Página 44 de 59 .—¡Vamos! PICKERING.. cosa que yo no podría haber hecho. Nunca hubiera sabido que la gente bien educada no se porta así. PICKERING. de todos modos. estando yo presente. Lo que quiero decir es que de usted fue de quien aprendí modales finos y a ser señora. que sentiría mucho que usted me olvidara del todo. (Reanudando su labor.—En fin. Pero. ahora que se terminó el experimento? PICKERING. el vestir.—Tú déjala.—¿Qué ? ELISA. dice las cosas sin intención. PICKERING.) ¿Tampoco usted. cosas que demostraban que usted me consideraba un poco más que a una fregona.—Ya lo sé. Ninguna mujer podrá negarse a tan fina invitación.—(Interrumpiendo su labor por un momento. Nunca. Pero las decía. PICKERING. aunque creo que usted se hubiera portado lo mismo con una fregona desde el momento que a ésta la hubiera admitido en el salón. no sé lo que hubiese resultado. Si sólo hubiera tenido delante los ejemplos del señor Higgins. ELISA. señor Pickering.) Y luego fueron cien cosas pequeñas en que usted no se fijaba porque le eran naturales.George Bernard Shaw Pigmalión empieza a bordar como si no hubiese oído estas últimas palabras.—Bueno.—Muy bien dicho. ELISA. era incapaz de dominarme a mí misma y soltaba palabras feas a troche y moche. querrá ya trato conmigo. se quitó usted las botas en el comedor. PICKERING.—¡Por Dios! Eso es natural. Lo que me hace gracia es que ahora quiere dársela de gran señora delante de mí. saludar al entrar y dejarme la derecha al cruzarse conmigo en el pasillo. Enrique. Ya verás si tiene una sola idea que no haya metido yo en su cabeza o si dice una palabra que no haya puesto yo en su boca.—(Trabajando con ahínco y aparentando no hacer caso de lo que dice HIGGINS. para mí. no negará usted que Higgins le enseñó a usted a hablar con propiedad.—No haga usted caso. ELISA.—¡Oh! Yo tampoco decía las cosas con intención cuando era florista ambulante. Esto fue el principio del respeto a mí misma. como el quitarse el sombrero en la habitación. mamá. Es su manera de ser. Me crié para haber tenido modales iguales a los suyos. mire usted: fuera de las cosas que cualquiera pueda aprender en un periquete. La verdad. constituía una diferencia muy grande el que usted no lo hiciera. etcétera.—No haga usted caso. ELISA. pero no tiene mal fondo.) ¡Demonios! ELISA. ELISA.—¿Yo olvidarla? Nunca.. No me quejo de ello. es así su manera de ser. No hubo más.) Pero tantos favores le debo.) Fue el llamarme usted señorita el primer día que me instalé en casa de ustedes.

—No puedo.) Pero ¿es verdad? ¿Te vas a rebajar hasta casarte con esa mujer ordinariota? PICKERING. Déjela usted que se vaya con viento fresco. ¡Ah! La moralidad de la clase pudiente pide sus víctimas. Además. Enrique. Que vuelva al arroyo.—Cierto. Elisa. HIGGINS. que hace crujir la silla por su modo de impacientarse. no he de volver al arroyo. ELISA. cuando a un niño se le traslada a un país extranjero. y sólo hablo ya el de ustedes.. DOOLITLE.—¡Como no te untes! MISTRESS HIGGINS.—No haga usted caso. Parece mentira. Elisa. has de saber que éste es mi traje de boda. desde que ha ingresado en la escuela burguesa se le han quitado los bríos. porque siempre me ha tratado y me tratará como a una dama. Para mí el país extranjero fue mi nuevo ambiente.) ¡Ah.—Es su deber. del que jamás debiera haber salido. Página 45 de 59 . no acierto ya. en pocas semanas aprende la lengua de dicho país y olvida la suya. vuelta de espaldas. La noche pasada tropecé con una muchacha. aaaayyyyy! HIGGINS.—(A su hijo. Lo dicho: la cabra siempre tira al monte. vamos! Ya me va a mí jorobando este asunto. Pues a mí me ha pasado algo de eso.) No me rompas la silla. ELISA. yo siempre seré una mujer de la calle.—(Riendo. Usted me dijo una vez que.George Bernard Shaw Pigmalión la diferencia entre una dama y una mujer del arroyo no está tanto en cómo se porta. Tal vez al poco de dejarlos.. sino en cómo es tratada. Ya no suelta palabrotas la pobre mujer.. He aprendido demasiado bien su lección. (A DOOLITLE.—¡Por Dios.—Favor que usted me hace. Enrique. Ponte el sombrero.) ¿De modo que la señora ha cambiado de ideas? ¿También se ha dejado avasallar? DOOLITLE. Elisa. MISTRESS HIGGINS. Elisa.—Y que el señor Higgins me llamara señorita.. (A ELISA.—Si el señor coronel cree que es mi obligación. no seas incorregible! PICKERING. No es culpa mía si he venido a más.) ¡Perdonarme ella. Olvidé mi antiguo lenguaje. ELISA. Dentro de una hora estaré en la iglesia de San Pablo para unirme en matrimonio con tu madrastra. ELISA.—No tengas cuidado. ¡cómo!. PICKERING. ELISA. pero para usted podré ser una dama. PICKERING.) ¡Anda Dios. y traté de hablarle en la lengua del arroyo. aunque milagro será que no tenga que oír algo desagradable. señorita. (DOOLITLE la toca en el hombro. ELISA.. vente conmigo si quieres presenciar el sacrificio.) No me mires así. has sableado a un millonario. Para el señor Higgins. la que.) DOOLITLE. PICKERING.—No. (DOOLITLE aparece saliendo del balcón del centro. HIGGINS.—(Levantándose.—(Enfadada. ELISA.—También se ha dejado avasallar. DOOLITLE. sin comprenderme. Creo que me sería imposible emitir una sola voz de las del arroyo. Ella se queda parada y pierde todo el dominio al ver el esplendor de su padre. aaaayyyyy!.) PICKERING.—Por lo visto. (Se sienta sonriendo sardónicamente.—No desprecie usted a la chica. Perdonará usted a Higgins..—Como usted quiera. se acerca despacio y silenciosamente a su hija. Se quedó con la boca abierta. pues no me fue posible. supongo que volverá con nosotros a casa. ya! (Imitando perfectamente. Con una mirada de orgulloso reproche a HIGGINS.) Pero.) ¡Anda Dios.) ¿Por qué no le contesta usted en el mismo lenguaje? Le estará bien empleado.—(Con un suspiro de triunfo.—Me gustaría que usted me llamara Elisa..—(Muy alarmado. antigua conocida. que vale más que otras. no advierte su presencia. iré y me aguantaré. Él mismo sabe que no es verdad lo que dice.

—Antes que me vaya. pero magnánimo. (Los hombres se levantan.—¿Y me hará usted el favor de asistir a la bendición de mi matrimonio? PICKERING. no es la primera vez. ya es otra cosa. MISTRESS HIGGINS.—(Sonriendo. PICKERING se acerca a ella.—Tendré el gusto. Yo me lavo las manos.—Si yo no he dicho que vuelvas a mi casa. DOOLITLE.. Pero no diga nada a Elisa.) HIGGINS.—No creo que mi padre me lo permita. ¿Qué dices.—Para mí será un honor muy grande.) Elisa. HIGGINS.) Ustedes lo entendieron. ELISA. hombre.George Bernard Shaw PICKERING. El uno preservó al otro. Se casó usted con la madre de Elisa. DOOLITLE. En cambio.—¡Eso sí que no! Él trata a una florista corro si fuera una duquesa..—¿Que no? Pues entonces.—Estamos hablando de ti..—Nadie. señora. (Vase. HIGGINS. debo confesar que esa ceremonia me inspira un miedo cerval. En fin. También mi pobrecita mujer se alegrará mucho. DOOLITLE. a mí me enganchó una hembra tras otra. pero él le coge la delantera y le cierra el paso. (En el momento de salir ella entra ELISA.) No seas tonta. ELISA. En la clase baja. de lo que me alegraré.—Pero. ustedes verán cómo se las arreglan con la chica.—Está bien. PICKERING. papá? DOOLITLE. te trataré lo mismo que siempre. con el sombrero puesto y abrochando sus guantes. MISTRESS HIGGINS. ELISA avanza hacia el centro de la habitación y se acerca al sofá.. ¿de qué estamos hablando? HIGGINS. Esas son costumbres burguesas.—¡El novio! ¡Qué palabra! Pero me recuerda mi situación. Si usted fuera tan amable de acompañarme. Él se levanta y la sigue. Pero dos.—(Levantándose.—(Oprimiendo Pigmalión suavemente el codo de ELISA. El señor Pickering podrá tomar otro para acompañar al novio. pero yo creí.) Señor coronel. Elisa.—(Sentándose al lado de PICKERING. Elisa. DOOLITLE.—Usted quiere que yo vuelva a su casa para tener usted quien le presente las zapatillas y le tenga las cosas arregladas. digámoslo así. descuide. no de mí.) Esos dos caballeros.—(Insistiendo. que será lo mejor. En cuanto termine la ceremonia. y yo siempre he tenido algún reparo en decírselo. No puedo cambiar mi naturaleza y no pienso enmendar mis maneras. (Coge su sombrero y va hacia la puerta. han andado muy listos contigo. ELISA.—Yo también iré.) En menos de un cuarto de hora estaré lista.) DOOLITLE. Mis maneras son exactamente las mismas que las del coronel Pickering. perdónale y vuelve a nuestra casa.) PICKERING. Página 46 de 59 . y vuelve con nosotros. Podrá usted ir conmigo en mi coche. Elisa. míster Doolitle. ELISA. voy yo también a la iglesia para presenciar la boda de su padre. (Vase. Supongo que ya basta y vas a tener juicio. me daría ánimo. menos HIGGINS.—Pues mal creído.—Vamos. Vámonos. Si vuelves a mi casa. Ella lo ignora. no dirás que no te han dado satisfacción. (MISTRESS HIGGINS sale. para que vean que no soy rencorosa. (Sale detrás de DOOLITLE.) DOOLITLE.—(Melancólico. Si es uno solo. PICKERING.. (A PICKERING. mujer. a pesar de la molestia que le causa el asunto. en cuanto cabe en un solterón. ELISA sale al balcón con objeto de evitar estar a solas con HIGGINS. las uniones se hacen con menos complicaciones.—Yo trato a una duquesa como si fuera una florista.) Sea usted amable con ellos.. señor coronel. le enganchas. Ella inmediatamente vuelve adentro de la habitación y se dirige a la puerta.) Pues voy a pedir el coche y a vestirme.—¿Quién se lo ha dicho a usted? PICKERING. Está tan abatida pensando en que ya se acabaron los buenos tiempos. que ya es hora. no hay duda.) PICKERING.) Bien. Elisa. me tienen ustedes aquí. ELISA.

) El gran secreto.) Pues.—Entonces. Eres una imbécil.—(Algo cohibido.) Sin admitir la comparación en todos sus extremos.—Amén. no consiste en tener buenos o malos modales o cualquier clase particular de modales. HIGGINS.) La cuestión no es si te trato así o asá. (Serio. HIGGINS. Usted ha nacido para predicador. HIGGINS. Puede estrujar el corazón de una mujer como si fuera un trapo.) HIGGINS.) No perdamos el tiempo en palabras inútiles. sino en tratar del mismo modo a todas las almas hermanas. hija mía. pone usted la máquina en movimiento y abre usted su álbum. (Se vuelve de espaldas con altanería y se sienta en el sofá.—No lo dudo. Elisa. Y me he ido acostumbrando a tu voz y a tu presencia. HIGGINS. Tengo mi alma propia y me basto a mí mismo. HIGGINS. ¿Qué soy yo para usted? HIGGINS.—¡Oh! Usted es un demonio. ELISA. y tú eres una parte de ella.—Como papá. muy junto a ella. Estoy curada de espantos. ¿Qué más puedes pedir? ELISA. no puedo negar que tu padre no es un hombre vulgar. ¿Quién da importancia a una esclava? Si vuelves a mi casa.) ELISA. lo confieso.) Pues las dos las tiene usted en su gramófono y en sus placas fotográficas.—(Seria. ELISA. ELISA. ELISA. yendo hacia el otro extremo del sofá.George Bernard Shaw ELISA. HIGGINS. hazlo por Página 47 de 59 . y procuro que la ventaja sea para mí. Tú te indignas porque no te concedo algún derecho sobre mí por traerme las zapatillas y encontrar mis lentes. Faltará tu aliento.—Pues yo no quiero comerciar en cosas del cariño.—Gracias. HIGGINS. donde no hay vagones de tercera ni reservados. HIGGINS. Elisa. No le importa nada ni nadie.—(Ofendida.) ¡Mentira! ELISA. Es inútil ser mi esclava y luego aspirar a mi aprecio.—Supongo que nunca te habrás preguntado si yo puedo pasarme sin ti. con una sonrisa forzada.—No hay nada que sea de balde. Cuando me eche de menos. la Humanidad.) no quiero ser un cero a la izquierda. y en donde un alma es tanto como la otra.—Exactamente. ELISA.—Pues yo también puedo pasarme sin usted perfectamente.) te echaré de menos. ELISA..—(Con súbita sinceridad. Y las dos me agradan.—(Violento. ¿Es eso? ELISA..—Pues yo no puedo querer a quien no me quiere. en una palabra: hay que portarse como si uno estuviese en el cielo. A la fuerza tendrá que pasarse sin mí.) Lo mismo a todo el mundo. sino si me has visto alguna vez tratar a otra persona de distinto modo. Una mujer trayendo las zapatillas a un hombre no tiene nada de airosa. HIGGINS. porque yo no quiero hacer una excepción con nadie. pero no podré evocar tu alma.. Doy tanto para recibir tanto. (Se sonríe con cierta satisfacción.—Sí. yo mismo te lo dije.. pero (Con súbita humildad. Lo que usted quiere es deshacerse de mí cuanto antes. Subiste bastante en mi estimación cuando me las tiraste a la cara.) Ya me lo figuraba.—(Irritado.) Yo puedo pasarme sin cualquiera. no me importa nada su trato ni me importan sus palabrotas y sus maneras. Elisa. HIGGINS.—Ya Pigmalión lo creo. que la suerte ha traído a mi casa.—Esos son principios comerciales.—(Arrogante.—A mí me importa la vida universal.) Algo de tus ideas simples se me ha pegado. (Cogiéndole una mano. pero (Levantándose y encarándose con él. con la cara vuelta hacia la chimenea. y que sabrá manejárselas perfectamente en cualquier posición que se encuentre.—(Retirando la mano. de frente al balcón. (Se sienta en el sofá. ELISA. oiga. lo mejor será que nos separemos.

) Elisa. Es un solterón empedernido como yo.—(Perdiendo la paciencia y levantándose..) Hablo como me da la gana. y si no. HIGGINS.—(Mirándole fieramente.—(Reflexivo.) .—(Con suavidad. Yo soy como Dios me hizo. HIGGINS.—iOjalá pudiese volver a mis flores! Sería independiente de los dos. de usted y de mi padre.—¿Que más da. y usted no piensa en otra cosa. Sólo hay un medio de evitar trastornos.. HIGGINS. Entiende una vez para siempre que yo sigo mi camino y trabajo en mi obra. ELISA. ELISA. hija. yo no sé predicar ni me fijo en las cosas de esa manera.) No quiero que nadie estropee mi obra maestra.—(Brusco e intolerante.—(Poniéndose bruscamente de rodillas en el sofá e inclinándose sobre ELISA. ELISA.—¡Ay hija! El mundo no hubiera sido creado si su Hacedor hubiese temido causar trastornos. paseándose.—¿Por qué había yo de volver? HIGGINS. porque a mí me hace gracia. ¿O preferirías casarte con Pickering? ELISA. irte al demonio. pues.—(Cordial.—¿Podrá hacer algo por ti? Esta es la cuestión.—Tiene perfecto derecho a ello el pobre muchacho..—Nada de eso. está de cuclillas. Es débil y pobre y me necesita.—Sí.—Toda mujer tiene derecho de ser amada. me echará a la calle.) ELISA. ELISA.. Yo sólo me doy cuenta de que usted no repara en mí. si le parezco bien. Ya no es usted mi profesor.—¡Pero no por un mamarracho! ELISA.) ¡El mamarracho aquel! (Retrocede.—(Levantándose.. HIGGINS.) ¿Demente? ELISA. ELISA. ELISA.—¿Y no le preocupa el trastorno que ello podrá causarme a mí? HIGGINS.) No debes darle esperanzas. Y luego.—En resumidas cuentas: quisieras que yo estuviese tan encaprichado de ti como Freddy. ¿No es eso? Página 48 de 59 .—Me tiene sin cuidado. HIGGINS. y no quieras echar a perder mi creación de una duquesita. ELISA. Y me quiere de verdad. ¿Por qué me quitó usted mi independencia? ¿Por qué me la dejaría yo? Ahora soy una esclava bonitamente vestida.—(Volviendo la cara al otro lado. HIGGINS.—¡Claro! Y si no. He malgastado los tesoros de mi ingenio olímpico al derramarlos sobre ti. No estoy avasallado. en vez de estar sentado en el sofá.—Y tendré que ir a vivir con mi madrastra. si yo no le importo nada? HIGGINS. Freddy Eynsford está muerto por mí y me lo escribe dos o tres veces al día. Elisa. podrás volver a vender flores. si quieres. HIGGINS. ELISA.) Porque sí. Así. te adoptaré como hija y te adoraré. sin preocuparme un ápice por lo que pueda acontecer ni a ti ni a mí. y podrás marcharte si yo no hago lo que tú quieras. HIGGINS. No falta quien quiera casarse conmigo. tú puedes volver a mi casa. HIGGINS. ELISA.) ¿Casarme yo con Pickering? ¡Ni que me hubiese vuelto demente! HIGGINS. Pero yo nunca he pensado en hacer algo de alguien. no creo que Pickering quisiera. y resulta que. como tu padre y tu madrastra.—Yo no entiendo de eso. y consiste en matar lo que estorba. HIGGINS. eres una simple. Sólo los cobardes se asustan de remover obstáculos.George Bernard Shaw Pigmalión nuestra buena amistad. Sin ir más lejos.—Freddy no es un mamarracho..—(Desagradablemente sorprendido. si no hago todo lo que quiere usted. y seguramente me hará más feliz que uno que sea más que yo y me trate con dureza porque no me necesita.) Además. y de todo el mundo. Si quieres.—Tal vez pueda yo hacer algo de él. ELISA.

¿verdad? Pues bien: busca quien sea como a ti te gusta. es mejor que tengas lo que puedes apreciar. eres una tonta. Pero no con Freddy. egoísta. voy a anunciar en la Prensa que aquella duquesita presentada por usted en la alta sociedad no es sino una florista enseñada por su método. y aunque no pudiese ya contar con el apoyo de usted y del señor Pickering.—Me ofreceré como auxiliar al profesor Nepean.) HIGGINS. y entonces ama y riñe y emborráchate hasta quedarte dormida. a su vez.—Lo que usted me enseñó. ¡No faltaba más! ELISA. Fonética. Pierde el tiempo. aunque yo no tuviese a mi padre. como usted lo llama. ja! ELISA. un par de gruesos labios para besarte y un par de buenos puños para vapulearte. HIGGINS.. con cualquiera que necesite una diplomática y una reina. Además. delante del escritorio. yo sé tratar con la gente. (Se deja caer en la silla. Podré casarme con Freddy en cuanto él tenga un destino. Me dedicaré a enseñar.. no tengo que depender de usted.? ¡Qué gracia! ¡Ja.—Ahora quiere usted halagarme. anda y vuelve al arroyo. sin oponer resistencia. Me trata usted como si fuera una criatura. no. Pero (Muy turbada.) ¿Oyes lo que digo? ELISA. y usted. mis descubrimientos? Atrévete a repetirlo y te retuerzo el pescuezo.—¿A. Bien sabe que no puedo volver al arroyo. no tendría "que volver a ser florista. Confiesa que tengo un oído más fino que el suyo. pero a mí no se me olvida lo que ha dicho un momento antes. Trabaja hasta que te parezcas más a una bestia de carga que a un ser humano..—(Sentándose a su lado. si te mata la frialdad de mi alma. Si no puedes apreciar lo que tienes. HIGGINS. (HIGGINS la suelta. ELISA. yo sé enseñar.—(Levantándose resuelta. Elisa. Si no puedes apreciar el fondo de mi carácter. a aquel ignorante? ¿Quieres revelarle mis métodos. ELISA. tienes que dejar de sentirte postergada si los hombres que conoces no pasan la mitad del tiempo en verter lágrimas amorosas sobre ti y la otra mitad en darte bofetadas. ELISA. Página 49 de 59 .) No digas sandeces. algo de cariño. Pero bien sabe que no tiene razón y habla por hablar. Si no puedo encontrar cariño.) Yo. sin sentimiento. Tú debes casarte con un embajador. pateando de rabia por haberse dejado llevar de su carácter. Ya sabía yo que algún día llegaría a pegarme. y que. Por de pronto. Cásate con algún memo sentimental. o con uno que tenga mucho dinero. ja.. apático. Sí me gustaría un poco de consideración. Estoy segura de que con poco trabajo me crearé una posición independiente y brillante. lo vibrante: penetra hasta por las epidermis más espesas y lo puedes disfrutar y saborear sin educación especial ni esfuerzo. ya me lo había figurado. ¿Qué ilusiones son ésas? Todos dependemos los unos de los otros. Por lo demás. HIGGINS.—Sigue la tontería.—Eso es natural.—¡Independencia!.. Ese cariño ya se te tiene. y estalla en llanto. Ya verá cómo me manejo. (Le pone la mano alrededor del cuello. Si usted sabe predicar.—Esa no es contestación. quiero al menos tener independencia. o con el gobernador de la India o el virrey de Irlanda. al menos. HIGGINS..—(Desafiándole. HIGGINS. ¡Ay hija mía!. A mí me encuentras frío. HIGGINS.George Bernard Shaw ELISA. ya sé cómo habérmelas con usted! ¡Qué tonta he sido en no caer en ello antes! Usted no me puede quitar lo enseñado. y se echa hacia atrás en su asiento.—¡Para qué voy a discutir con usted! Siempre salgo perdiendo. lo cálido.—¿Y qué enseñarás... todos. en nombre del cielo? ELISA. Mira: en verdad te digo que. Eso es lo real.) ¿Qué dices? ¿A aquel impostor. a aquel charlatán. lo que yo llamo una señora. Bien sabe que yo no podría acostumbrarme a vivir con un hombre ordinario y brutal.) no lo he de negar.—(Levantándose furioso. chiquilla.) ¡Ah. ella enseña a cualquier muchacha a presentarse del mismo modo.—No Pigmalión es así como yo desearía verle a usted. si quieres hacerte una señora de verdad. sin excepción.) Adelante.

Elisa: ahora eres una señora...—Tú vente a casa y no te preocupes más.—(Se sonríe. (Mirándole maliciosamente...) Pigmalión ¡Vaya con la niña! ¡Bravo! Esto vale más que lloriquear y traer zapatillas.) En fin.. el coche nos espera.George Bernard Shaw HIGGINS.) Voy en seguida. haciendo sonar llaves y monedas en sus bolsillos.. hasta después de la boda. (Levantándose. Tú y yo.) Elisa.—Es que yo no tengo vocación para solterona. mirándole.—(Admirándola. ELISA.) En verdad. (HIGGINS se pasea muy satisfecho y triunfante. ELISA.) TELÓN Página 50 de 59 . por no desairarle. míster Higgins.) Hasta.—(Saliendo.—(Asomando a la puerta. MISTRESS HIGGINS. Adiós.. HIGGINS. ELISA. y Pickering seremos en adelante tres solterones amigos en vez de dos hombres y una niña boba. Ahora es cuando te suplico que vuelvas a mi casa y no discutamos más. señora. Así me gustas.

no solamente porque su pequeño drama.George Bernard Shaw Pigmalión EPÍLOGO El resto de la historia no necesita representarse en escena. ella. el que la guía. Por tanto. sobre todo si él tiene tan poco interés por el casamiento. dependerá de la edad y los ingresos de ella. Cuando un soltero interesa. se casará con él. una muchacha guapa no siente esa premura. todo el mundo se ha figurado que Elisa. vamos a tratar de descubrir alguna razón en pro o en contra de ello. No duda en modo alguno que él será siempre una de las personas más interesantes que haya conocido en su vida. ni tendría esa seguridad aunque no existiese entre las edades de ellos una diferencia de veinte años. que a la juventud parece tan grande. sino que es libre de tomarlo o de dejarlo. es bastante común. desde que Nell Gwynne les dio el ejemplo haciendo papeles de reina y fascinando a reyes en el teatro en el que había empezado de vendedora de naranjas. Esto es intolerable. a la edad de Elisa. La decisión de ella dependerá en gran parte de si está realmente libre de escoger entre casarse con él o no. que cualquier mujer determinada y empeñada en ello podrá capturarle. Cuando Higgins excusó su indiferencia para con las mujeres jóvenes fundándose en el hecho de que tenían en la persona de su madre una rival irresistible. al decir a Higgins que no se casaría con él si la pretendiera. expresó una decisión firme y bien reflexionada. Página 51 de 59 . sino porque lo que ha de seguir es evidente para todo el que tenga el sentimiento de la naturaleza humana en general y del instinto femenino en particular. si tiene bastante carácter para ser capaz de ello. y esto. No. Pues bien: la historia de Elisa Doolitle. Pero como se siente muy segura en cuanto a este último punto. Tales transfiguraciones se han realizado en centenares de mujeres jóvenes. Elisa. porque tiene que casarse con cualquiera que la mantenga. que nos han acostumbrado a que todo tiene que acabar bien. luego. pese a la lógica y al sentido común. se echa a perder. El caso es extraordinario sólo por cuanto son extraordinarias las madres notables. sino el instinto. como Higgins para Elisa. debiera haberse casado con el protagonista. Como nuestros propios instintos no están interesados en lo que ella decida. considera siempre con mucha seriedad si le conviene manejárselas para llegar a ser su esposa. por lo mismo que fue la heroína de una novela. A Elisa le dice su instinto que no se case con Higgins. no estuvo coqueteando. Si está al final de su juventud y no tiene asegurada la subsistencia. aunque sea una novela porque la transfiguración que en ella se efectúa parece extremadamente inverosímil. no duda tampoco en cuanto a lo que le conviene hacer. No le dice que se separe de él. y casi no tendría que ser contado si nuestras imaginaciones no estuvieran extraviadas por tantas obras románticas neciamente sentimentales. ambiciosas y resueltas. indicó la verdadera razón de su arraigada soltería. si se funda en tan necio supuesto. Pero. no es la razón. y llega a ser importante para ella. Le dolería mucho si alguna mujer llegase a suplantarla en el cariño de él. domina y enseña a una soltera. No obstante.

Ahora bien: aunque Elisa era incapaz de comprender todo eso ante el hecho de que Higgins resistía perfectamente a sus encantos. si es que se presentan. y el que Higgins pudiera tener una pasión por la fonética e idealizar a su madre en vez de a Elisa. puesto que anteponía a todo sus intereses filosóficos. y para las que. mientras muchos solteros y solteras están por encima del término medio de las personas en cuanto a cultura y educación. la pintura. revela el hecho de que el joven míster Frederick Eynsford Hill le escribe diariamente declarándole su amor vehemente. al idealismo en que está impregnado todo su ser. Y ahora. como modalidades del sexo. Acostumbrado a la delicadeza de tal madre. no podemos dejar de sospechar que el desapego a los atractivos sexuales. gracia personal. representa para él un tipo de mujer con el que pocas mujeres podrán rivalizar. la música y las relaciones personales cariñosas se presentan. La palabra pasión no significa para ellas nada más. les parecerá absurdo y antinatural. sea debido algunas veces por la admiración que los padres merecen a los hijos. que a Freddy le tenían subyugado. en razón de las ventajas de su posición social. como diría Elisa. no le hubiese hecho mucha gracia a Elisa. ella se hubiese negado a unirse con un hombre para quien ella era una figura secundaria. Es un caballero. tiene veinte años menos que Higgins. la quiere sinceramente y no es el superior de ella ni trata de dominarla. según el concepto que ella tenía de un esposo: un hombre para el que ella lo fuera todo. El caso es que Freddy es joven. ni mucho menos. de todos modos le hubiesen quedado a éste Milton y el alfabeto universal. Sin embargo. Añadid todo eso a su resentimiento contra los aires de superioridad dominante de Higgins y la poca confianza que le inspiraban sus carantoñas y finezas chistosas para aplacarla después de haberse excedido en sus brusquedades.George Bernard Shaw Pigmalión Si un muchacho dotado de mucha imaginación tiene una madre pudiente que tiene inteligencia. ¿con quién se casó Elisa? Porque si Higgins era un solterón predestinado. Pues esto puede contarse en pocas palabras a los que no lo han adivinado por las indicaciones que ella misma les ha dado. la literatura. ella seguramente no era una solterona predestinada. Va muy bien vestido. es tratado por el coronel como un igual. Elisa no está nada influida por la necia tradición romántica. Aun de no haber existido la madre-rival. un "pollo bien". un desapego por puro análisis intelectual. si miramos a nuestro alrededor y vemos que casi nadie es bastante feo o desagradable para no encontrar con quién casarse si lo desea. Para decirlo en pocas palabras: ella sabía que por alguna razón misteriosa él no había nacido para casado. cuando no maltratadas Página 52 de 59 . Si la madre de Higgins hubiese muerto. por consiguiente. instintivamente se daba cuenta de que nunca llegaría a dominarle ni a interponerse entre su madre y él (la primera necesidad de toda mujer casada). y quedaréis convencidos de que el instinto de Elisa no se equivocaba al disuadirla de casarse con su Pigmalión. a su sentimiento de belleza. La observación de Landor de que los que tienen mayor potencia erótica son aquellos para quienes el amor es una cosa secundaria. luego encuentran insoportables las personas incultas que se han criado en hogares sin gusto. y se expresa como tal. Casi inmediatamente después que Elisa airadamente declara su firme decisión de no casarse con Higgins. dignidad de carácter sin aspereza y cultura artística que la capacita para adornar su casa de un modo exquisito. con padres ordinarios y desagradables. la escultura. según la cual todas las mujeres gustan de ser dominadas.

Tuvieron complicaciones.George Bernard Shaw Pigmalión de palabra y de obra. Freddy no tenía dinero ni empleo. el rugido le hace poca gracia. busca en su pareja cualquier calidad que no sea precisamente la fuerza. llévate tu látigo". pero no por eso dejan de ser amados y mimados. un nudo de situaciones para las que no hacen falta capacidades excepcionales. Una colocación de escribiente a treinta chelines por semana estaba por debajo de la dignidad de Freddy. Para su madre era tal vez su casamiento con alguna señora de posición que no había podido resistir la apostura de su hijo. pero fueron económicas. cuando el trato resulta insufriblemente irrazonable. como hay hombres serviles. y mucho menos permitir al muchacho estudiar una carrera. colocada entre Freddy e Higgins? ¿Querrá pasarse la vida buscando las zapatillas a Higgins. pero la vida no es una cadena ininterrumpida de fracasos: es. ella. Piden demasiado por lo que se puede pagar. y que cualquier persona débil puede superar si otra más fuerte le presta ayuda. Tendrán sus fracasos a veces. Las personas que no solamente son débiles. o preferirá que Freddy le busque a ella las suyas? La contestación no es dudosa. La pequeña fortuna de su madre. sino que ni siquiera traban amistad con ellas. pero no procurar una instrucción superior secundaria seria a sus hijos. dice Nietzsche. Por consiguiente. lo que es aún peor. A menos que Freddy le sea biológicamente repulsivo e Higgins biológicamente atractivo. Los déspotas inteligentes nunca han limitado esa precaución a las mujeres: se han llevado su látigo cuando tenían que tratar con hombres y han sido servilmente idealizados por los hombres. que todo el mundo conocía. Sus esperanzas eran que. Página 53 de 59 . y nunca tienen la más pequeña dificultad para casarse con personas que valen más que ellos. o es abandonada. Cuando un león se encuentra a otro y éste lanza un rugido fuerte. la última reliquia de la opulencia de Lagerlady Park. Claro está que la situación de Elisa no era del todo despreciable. y las mujeres. Los débiles tal vez no quieran ser admirados ni considerados como héroes. Pero admirar a una persona fuerte y vivir enteramente oprimida por ella. las más de las veces. admiran a los que son más fuertes que ellas. Imaginad el efecto que le produjo la boda de Freddy con una florista que estaba déclassée en extraordinarias circunstancias. hombres o mujeres. sino también tontas u obtusas. hasta el punto de subvertir los demás instintos. son dos cosas diferentes. la unión se hace imposible: acaba con la parte débil. como una secretaría particular u otra sinecura por el estilo. le había permitido seguir viviendo en Earlscourt con cierto aire de distinción. Siendo éste el estado de las cosas humanas. lo mismo que los hombres. conservando las apariencias. Claro está que hay mujeres serviles. si es que se casa. o es soportada como una cruz. se casará con Freddy. Lo contrario también es verdad. El hombre o la mujer que se siente bastante fuerte para dos. es una verdad a todas luces evidente el que las personas fuertes. no románticas. alguien haría algo por él. se encuentran muchas veces en estas dificultades. Ese algo se dibujaba vagamente en su imaginación. y era además muy poco de su gusto. no solamente no se casan con otras personas fuertes. y esto muchas veces las lleva a cometer la falta que definimos metafóricamente como "tomar en la boca más de lo que se puede masticar". Las personas débiles gustan casarse con personas fuertes que no las asusten demasiado. Y es precisamente lo que hizo Elisa. en general. mucho más que por las mujeres. "Cuando vayas a ver a una mujer. ¿qué va a hacer buenamente Elisa.

En las comidas íntimas de los palacios ducales se sentaba a la derecha de la duquesa. hubiesen pasado la luna de miel sin un penique. sin el consentimiento de Higgins. que. Freddy y Elisa. y el mozo de comedor le trataba con mucha consideración cuando no comía en el comedor de los señores. estaba destinado por la Naturaleza a un trabajo fácil. como el de divertir a Elisa. Negó que Freddy contase para algo en el mundo. además. llevaba los trajes mientras duraban y tenían buena apariencia. Se negó en absoluto añadir a su carga lo más insignificante. El deseo de Elisa de tener a su lado a Freddy no tenía para Higgins más importancia que si hubiese pedido cualquier mueble suplementario para su cuarto. contribuyendo a la manutención de Elisa. Y no es que se hubiesen opuesto los solterones. puesto que aquella casa había llegado a ser su hogar. y llegó un momento en que vieron que tenían que hacer algo por sí mismos. porque Freddy no entendía de gastar dinero. ella vio que no podía en este particular luchar contra los dos. por no haberlo tenido nunca. Pero todo eso le parecía tan difícil de hacer a razón de cuatro mil libras al año. Así. pues su saber tanto le parecía ser de su propiedad particular como su reloj de bolsillo. Cuando ella los consultó. quinientas libras no son eternas. y dijo que si intentara hacer algo útil. por un talento social que poseía y que triunfaba sobre todo prejuicio y toda desventaja. y que. más entera y francamente después de su casamiento que antes. y como era evidente que el coronel estaba conforme con él. no tenía derecho a explotar. Rechazado por la clase media. los conocimientos que él le había dado. y que éste tenía la obligación moral de ganarse la vida. ahora los señores de Eynsford Hill. de modo que saldría perjudicada la sociedad y desgraciado el mismo Freddy. como a la señora Eynsford Hill vivir en Earlscourt a razón de unos ingresos tan míseros que no tengo el valor de revelar su cifra exacta. A pesar de todo. alguna persona competente tendría que tomarse la molestia de deshacerla. socialmente educada por un par de solterones. y Elisa. era una ocupación mucho más útil y honrosa que un empleo cualquiera en la City. No se le ocurría ni en sueños que había de tener en cuenta la posición delicada de Freddy. lo cual. Luego. pero bien sentía que no podía ir allí con Freddy. cuando la solución era tan sencilla. les era supersticiosamente afecta a ambos. según declaró Higgins. Elisa no era comunista. y en las quintas aristocráticas fumaba en el cuarto de los criados. sin preocuparse de si ya habían dejado de estar de moda. pues. Elisa sabía que podría haber ido a vivir en Wimpole Street.George Bernard Shaw Pigmalión Su padre. ya que esto era imposible para el bien parecer. por lo visto. aunque había sido barrendero. había heredado una fortuna considerable y se había hecho sumamente popular en la sociedad más distinguida. Higgins dijo que no había que molestarle con cuestiones domésticas. Página 54 de 59 . a la que odiaba. Esa suma duró mucho tiempo. Higgins expresó su oposición con la misma violencia que cuando oyó hablar de ello la primera vez. Cuando volvió Elisa a mencionar su proyecto de enseñar la fonética. de no haber sido por un regalo de boda de quinientas libras hecho a Elisa por el coronel. donde le consultaban hasta ministros de la corona. Dijo que ni en diez años sería ella capaz de meterse en tales honduras. había ascendido de golpe y porrazo hasta los círculos más altos por su gracia y su cinismo de barrendero y su nietzscheana posición de más allá del bien y del mal.

Su desesperación iba creciendo con el transcurso del tiempo. en casa de mistress Higgins. el hecho de que su madre era lo que los tenderos de Epson llamaban una señora de carruaje. sin darse cuenta de que ella misma no sabía lo que quería. era aceptada como una especie de ser humano racional y normal. no tenía valor mercantil. había dicho que nunca daría resultado. como lo es allí todo bicho viviente. y le impidió ir a un colegio. que se presentó a los ojos de Higgins y su madre como una persona desagradable y ridícula.. aquel día. hasta cierto grado ridiculizada y parodiada en West Kensington. pero luego se lo había quitado de la cabeza. porque. no se había visto nunca bajo luz alguna. Por la noche hablaron del asunto a Higgins.. porque el coronel. Y. la llamaban ambiciosa. Como esto le proporcionó cierto éxito. y esta sociedad sencillamente la rechazó porque ella era mucho más pobre que una verdulera. La dificultad desapareció a consecuencia de un acontecimiento nada esperado por la madre de Freddy. si había renunciado completamente a su idea de poner una tienda de flores. sin Página 55 de 59 . G. Lo único que dijo fue una cosa que a poco enfadó seriamente a Elisa. Éste dijo que también él había pensado en una tienda. en el curso de sus incursiones a los círculos artísticos. periódicos. en vista de los pocos recursos de que disponían. Cuando más. Wells. Un moderno relato de los Actos de los Apóstoles llenaría cincuenta biblias compuestas si alguien fuese capaz de escribirlo. no podía tener siquiera una criada para todo. que eran los más altos a su alcance. y a su madre tampoco le había de gustar por considerarlo un descenso en la escala social. Un día le preguntó a Elisa. y a los de su propia madre como un en cierto modo inexplicable fracaso social. pidió prestadas dichas novelas a todos sus conocidos.. Luego hablaron de ello al mismo Freddy. porque Clara armaría un escándalo de mil demonios ante un paso que perjudicaría sus probabilidades matrimoniales. una tiendecita en la que Elisa por un lado podría vender tabaco. y. y se las tragó todas en un espacio de dos meses. Pero confesó que sería extraordinariamente bonito ir todos los días temprano con Elisa a Covent Garden y vender flores en el sitio donde se habían encontrado la primera vez: un sentimiento que le valió muchos besos de su mujer. Ella contestó que había pensado en ello. En el fondo era una desgraciada. Añadió que siempre le había asustado el proponer cualquier cosa por el estilo. descubrió que su conversación era una especie de reflejo de las ideas expuestas en las novelas de míster H. Buscó la sociedad de la clase a que pertenecía su madre. por lo visto. y él.George Bernard Shaw Pigmalión Fue el coronel el que finalmente resolvió el problema después de mucho reflexionar. que Freddy sería un botones ideal para hacer los recados de la tienda. con cierta timidez. hasta inevitable. lejos de poder tener una doncella. y tenía que arreglárselas con una asistenta de pocas horas diarias. El coronel confesó que cuando tal dijo estaba todavía bajo la impresión aplastante del día anterior. pues el único colegio que podría haber frecuentado era uno en que se hubiese educado con las hijas de los verduleros de Earlscourt. por el otro. Su único título. La pobre Clara. El resultado fue una de esas conversaciones como no son raras hoy día. En tales circunstancias era difícil que tuviera algo de los aires de Largelady Park. Clara.

empezó a circular en ella. Corría detrás de pintores y novelistas. que los impulsos con los que había luchado con tanto cuidado y que había reprimido con el solo fin de quedar bien con la sociedad. empezó a hacerse amigos y enemigos. Se rieron de ella en su cara. El snobismo de Clara se hizo añicos. y fue una muchacha que despertó su entusiasmo y admiración y suscitó en ella un vehemente deseo de tomarla por modelo y ganarse su amistad. eran precisamente aquellos por los cuales únicamente había logrado ponerse en contacto sincero con el resto de la Humanidad. fingiéndose religiosa. pretenciosa. Cuando Freddy fue a Earlscourt (lo que nunca hacía cuando podía evitarlo) para hacer la desolada comunicación de que Elisa y él estaban pensando deshonrar el escudo de Página 56 de 59 . como cuando en el salón de la señora Higgins excitaron su admiración los desplantes de Elisa. para los que había sido una pelmaza ridícula o indiferente. incompetente. Le chocó tan violentamente. Hubo quien abrió los ojos a Clara de un modo sorprendente. otros. Wells la levantó sobre la punta de su potente pluma y la colocó en el ángulo visual desde el cual la vida que estaba llevando y la sociedad a la que se pegaba aparecían en su verdadera relación con las necesidades humanas y la verdadera estructura social. y que en la admiración de esas ideas estribaba el secreto de sus simpatías. le eran odiosos. se hicieron más cariñosos. Otras personas a las que había creído profundamente religiosas y con las que nunca había logrado tener relaciones amistosas. En el entusiasmo de estos descubrimientos y en el tumulto de su reacción hizo el ridículo con tanta evidencia. se le hicieron de repente muy amigas y revelaron una hostilidad a la religión convencional como nunca la hubiese creído posible. La vida. cursi y sin un cuarto. sentía sus efectos con demasiada frecuencia para estar satisfecha de su posición. se perdonan y hasta hacen gracia. efectuó una conversión y una convicción de pecado comparables a las hazañas más sensacionales del general Booth o de Gipsy Smith. su tradición le hacía mirar un casamiento con cualquier joven de posición modesta como una humillación insoportable.George Bernard Shaw Pigmalión embargo. y su manía de emplear términos artísticos y literarios y ejercer la crítica los irritaba. y aunque no admitía tales descalificaciones (porque nadie se quiere confesar a sí mismo tan desagradables verdades). que cuando míster H. Clara no perdió amistades por sus tonterías. y Galsworthy le explicó la vanidad de Largelady Park y acabó de convencerla. Pero nadie odia a un niño por sus torpezas naturales. y tuvo que defenderse y que luchar lo mejor que pudo. pero a éstos no les encantaba. ignorante. Los hombres pertenecientes al comercio o a una carrera profesional modesta. Algunos de los conocidos. Con gran extrañeza suya fue viendo que algunas personas "muy simpáticas" eran asiduos lectores de Wells. de repente. En resumidas cuentas: era una completa fracasada. Cuál no fue su sorpresa cuando descubrió que esa joven tan superior venía del arroyo. Sin saber cómo ni por qué. Porque la recién nacida wellsiana hubo de adquirir nuevos modales y expresiones casi tan ridículamente como un niño que empieza a andar y a hablar. rompieron sus relaciones con ella. La exasperó el pensar que la mazmorra en la que había gemido tantos años había estado sin cerrar durante todo el tiempo. G. en cambio. excepto en caracteres completamente desesperados. desde el que había sabido elevarse a su actual altura en un espacio de pocos meses. Le hicieron leer a Galsworthy.

y haber adquirido cierta familiaridad con el lenguaje de Milton. Y como por casualidad habló de ello con la dueña de la tienda de antigüedades antes aludida. Su modo de expresarse. La erudición de Freddy. sencillamente porque Elisa y su Freddy no entendían el negocio. y se puso indeciblemente orgullosa al encontrarse con que Freddy. Este empleo Clara lo debía. sabía un poco de latín. conciso y elegante. de que también ella se había colocado en una tienda de muebles antiguos situada en Dover Street. que había abierto una amiga wellsiana. cuando sin hacerlo no podían salir de apuros? Pero el coronel. ¿Cómo era posible ahorrar haciendo un gasto extraordinario. El coronel Pickering tuvo que explicarle lo que era un talonario de cheques y una cuenta corriente. después de todo. conocía los nombres y los precios de las flores baratas. y la esperada oposición a su proyecto se desvaneció. no sabía más. pero suficiente para hacerle aparecer a los ojos de ella como un Porsón o un Bentley. La edad no le había desecado. Ahora aquí se ofrece una última oportunidad para una novela: ¿No os gustaría saber que la tienda de flores fue un éxito inmenso. Y a la pareja no había medio de enseñarle otras cosas.George Bernard Shaw Pigmalión Largelady por abrir una tienda. Y así sucedió que la suerte de Elisa se consolidó. Se había empeñado en conocer personalmente a míster Wells. Desgraciadamente. su accesibilidad. encontró el exiguo hogar totalmente revuelto por una anterior comunicación de Clara. que duró media hora. que no cesaba de ayudarlos con subvenciones. sus pies pequeños. no era capaz de escribir una factura sin desacreditar el establecimiento. derramaban sobre su personalidad un encanto irresistible. sus dichos agudos y sugestivos. su cortesía sin rastro de afectación. no muy lejos del Victoria and Albert Museum. le ofreció a Clara un empleo de vendedora con el fin de lograr su deseo por intermedio de ella. La tienda de flores está en los soportales de una estación de ferrocarril. Era muy poco. y Elisa. La tienda dio resultados económicos deplorables. por fin se empeñó en que tomasen el contable. Quedó encantada de su entrevista con él. y facilitarle el conocimiento de la nomenclatura botánica. y su conversación. era de las más variadas y agradables. por lo que había trabajado con objeto de hacerle a Higgins ganar su apuesta. que le permitía decir de carretilla en latín que Balbus construyó un muro y que Galia estaba dividida en tres partes. y esa señora también deseaba más que nada conocer a míster Wells y venderle cachivaches bonitos. a pesar de saber contar el dinero hasta dieciocho chelines. no le servía para nada en cuanto a la contabilidad. y si vivís por aquellos alrededores. Ni uno ni otro comprendían que podrían haber ahorrado dinero tomando un contable con algún conocimiento de los negocios. humillada hasta lo indecible por tener que acudir tantas veces a la generosidad del coronel. y excitada por las carcajadas de Higgins al Página 57 de 59 . tal vez algún día entréis allí y compréis de manos de Elisa una flor para el ojal. con su miaja de instrucción secundaria. sus manos finas. y la suerte quiso que en una garden-party tuviera ocasión de acercarse a él. poco más o menos. Clara no habló de otra cosa durante largas semanas después. y Elisa. gracias a los encantos de Elisa y a su experiencia adquirida anteriormente en Covent Garden? Desgraciadamente. Es verdad que Elisa no tuvo que empezar desde el principio. a sus antiguas aficiones a rozarse con gente literaria. la verdad es la verdad.

dejaron dichos estudios por inútiles y renunciaron para siempre a la taquigrafía. a la que el procedimiento del caballero ensayista pareció perfectamente correcto (como en realidad fue) y nada raro (la pobre era tan ignorante). del que cuenta Dickens haber sido escrito por un caballero que primero leyó un artículo sobre China y luego otro sobre metafísica y combinó la información. y al punto se lanzó a la tarea de enseñarle con una combinación de impetuosa intensidad. que era una positiva prolongación de su hermosura personal. Fueron también a la Escuela de Economía de Londres y se dirigieron humildemente al director de ella solicitando cursos especiales para aprender el negocio de la venta de flores. El caso es que el negocio. Finalmente. y que tenía una hermosísima letra italiana. lo mismo que la fonética. la augusta misión y finalidad de la escritura manual. entonces. tiene que aprenderse metódicamente. El coronel. pues las excursiones se hacían en el automóvil del coronel. que durante algunos años les había tenido una cuenta corriente abierta en su Banco para cubrir el déficit. después de los versos de Milton. Elisa terminó teniendo una letra absolutamente nada comercial. y gastando tres veces más de lo necesario en material de escritorio. florista y verdulero (pronto descubrieron que se ganaba dinero vendiendo espárragos y otras verduras). de un modo algo misterioso. Míster F. y éste e Higgins pagaban las cuentas de los hoteles. Pero el esfuerzo que le costó la mayor humillación fue una petición a Higgins. le tomaban por un aristócrata. No podía siquiera escribir un sobre del modo usual. porque no le cabían en él las señas dado el tamaño de su letra. sabía que su verdadero nombre era sencillamente Página 58 de 59 . era la caligrafía. para que él le enseñara a escribir. Les propuso que combinaran los cursos de su escuela con los paseos por los jardines de Kew. Elisa. pues nadie. Todos. aprendiendo teneduría de libros y mecanografía con personas mucho más jóvenes que ellos y hasta con chiquillos de uno y otro sexo. Concluyeron por convencerse de que tenían un talento notable para el comercio. se dio por fin cuenta de que el comercio. empezó a marchar por sí solo. era en el mercado y en la tienda el industrial clásico. aceptó el consejo con entera seriedad. fuera de Elisa. porque ciertas calidades y tamaños de papel se le habían hecho indispensables. Sus estudios comerciales fueron para la joven pareja una época de desgracia y desesperación. Como aquel señor era un humorista. pero ella insistió. Sus week-ends en el campo no les costaban nada y les ahorraban las comidas del domingo. la mecanografía y demás materias de la Escuela de Artes y Oficios. comprimida paciencia y ocasionales arranques de interesante disquisición sobre la hermosura y nobleza. pues la joven pareja iba prosperando. Hill. cuya afición principal. Declaró que ella era congénitamente incapaz de formar una sola letra digna de la más ínfima de las palabras de Milton. pero en la vida particular y los días de asueto volvía a ser el señor Eynsford Hill. Se habían olvidado de su anterior aversión y emplearon servicios ajenos. Permitidme que no insista en el lamentable espectáculo de la pareja pasándose las primeras horas de la noche en escuelas de taquigrafía y clases politécnicas.George Bernard Shaw Pigmalión pensar que Freddy no podía tener éxito en cosa alguna. se encontró un día con que la precaución era innecesaria. les explicó el método del famoso ensayo sobre la metafísica china. Les parecía que no aprendían nada de la venta de flores. Bien es verdad que tenían ciertas ventajas de que no disfrutaban sus competidores.

no quiere a Higgins ni a míster Doolitle. las relaciones que existen entre ellos son de esencia demasiado supraterrestre para ser en su conjunto agradables.George Bernard Shaw Pigmalión Federico Challoner. rebajando a Freddy y echando en cara su inutilidad. Y es de ver. y ésas son las únicas veces en que ella le pone ceño al coronel. ella se da cuenta de que su indiferencia tiene un fondo más prócer que la ofuscación de las almas ordinarias. la convence cada vez más de que ella no tiene más importancia para él que un par de zapatillas. Es extraño lo mucho que Elisa trata de intervenir en casa de los solterones de Wimpole Street. pero ella se las tiene tiesas. para verle bajar de su pedestal y hacerle el amor como cualquier otro hombre. excepto algún acontecimiento o alguna desgracia bastante grande para hacer desaparecer todos los quereres y todas las antipatías—y Dios quiera que nunca haya semejante cosa—. Se interesa inmensamente por él. Eso es todo. Galatea nunca quiere de veras a Pigmalión. Pero cuando Elisa vuelve a la realidad y huyen los ensueños y fantasías. Ella sabe que Higgins no la necesita. Nada. La brutal franqueza con la que le dijo aquel día que se había acostumbrado a tenerla cerca y dispuesta para toda clase de pequeños servicios y que la echaría de menos si se marchara (ni a Freddy ni al coronel se les hubiera jamás ocurrido decir cosas por el estilo). hasta el punto de que a veces el coronel tiene que rogarle ser menos brusca con Higgins. de reñir acaloradamente con Higgins. ama a Freddy y quiere al coronel. Página 59 de 59 . Elisa misma parecía haberlo olvidado. Chilla y patea y dice palabras gruesas. adquirida aquella noche fatal en que le hizo ganar su apuesta. lejos de todas las conveniencias sociales y con nadie más en el mundo a quien considerar. Así termina la historia. Con todo. a pesar de lo que la ocupan su tienda y su propia casa. lo mismo que no la necesita su padre. podrá cambiar esto. Hasta tiene ciertos momentos perversos en los que desea poder estar a solas con él en una isla desierta. Cualquier pretexto le sirve para armar una gresca contra éste. Éste ya no se atreve a hacerla rabiar. Todos tenemos secretas imaginaciones de esta clase. cómo no puede perder la costumbre. aunque nunca regaña con su marido y sinceramente quiere al coronel como si ella fuera su hija favorita.

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