17/01/12

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' Por qué nos acusas?'
Arman militares historia para que Miriam sea procesada por narcotráfico
Por Daniela Rea Ciudad de M xico (17 enero 2012).- Siete meses después de ser torturada, violada y obligada a firmar una

declaración en la que acepta colaborar junto con 10 militares en tráfico de droga, la joven es liberada por falta de pruebas. Miriam no entiende nada. Debe estar quietecita, callada, pero se envalentona y lanza pataleos desesperados. Está de nuevo en la habitación de la tortura. Tiene los ojos vendados y está sentada cubierta con una cobija. No sabe cuánto tiempo ha pasado. No sabe si es de día o noche, duerme por periodos cortos, trata de estar alerta el mayor tiempo posible. A lo lejos escucha el noticiero de Televisa. Es la voz de Lolita Ayala. La conductora habla sobre el éxito del Ejército en el combate al crimen organizado. Entonces es medio día, calcula. La puerta se abre. Míriam escucha las pisadas avanzar hacia ella. Una mano le jala el tobillo y le arranca una bota. Le sube la cobija a la altura de la cintura. Le quita una pierna del pantalón y se arroja sobre ella. Míriam forcejea. Bate manos. Lanza golpes. Grita. Dos brazos fuertes la someten. La viola. - "Ponte el pantalón"-, le ordena el hombre y se va. Detrás del militar escucha la voz de una mujer. No es la misma que la ha curado luego de la tortura. Le pide que cierre los ojos porque le quitará la venda. La saca del cuarto, la conduce por un pasillo y unas escaleras y la lleva hasta la azotea. Le señala un cuarto con regadera, le da un short de licra color negro, unos pants y sudadera morados, champ y una barra de jabón. Le ordena que se bañe. Cuando sale, le devuelve su ropa sucia en una bolsa de plástico, menos el sostén y la pantaleta. Tiene la orden de no entregárselos. Ya limpia, la regresa al cuarto con los ojos vendados. Desde la oscuridad escucha la voz de un hombre. "Salte. Cuida que no entre nadie", le ordena a la mujer. Los pasos se acercan. Jadea cerca de ella. Le jala la ropa. Le arranca los pants. Se arroja sobre ella. La viola. - "No te vistas porque falta otro compañero"-, le advierte y se va. Cuando el tercero termina, entra la mujer y le dice que debe bañarse de nuevo, pero que ya no hay ropa limpia. Al subir a la azotea, Míriam voltea al cielo y ve el atardecer. Se detiene un momento. Levanta la mirada y ve una bandera monumental sostenida del asta de 110 metros de altura. La misma que vuela en las oficinas militares a donde escribió una carta pidiendo auxilio. La que está bordada en los uniformes de los soldados. En el ondear de esa bandera Miriam perdió la esperanza. Se da cuenta que ha estado detenida en el Cuartel Militar Morelos, en Tijuana.
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*** Hospitales, clínicas, oficinas policiales, Procuraduría. Ninguna pista. Anochece en Ensenada y Míriam no ha regresado a casa en todo el día. " Su madre les dijo algo? Alguna pista para saber dónde puede estar?", pregunta Alfonso a los hijos de Míriam ese 2 de febrero de 2011. La niña le sugiere buscar en Facebook, le enseña como entrar y lo deja solo. Alfonso echa un vistazo en el muro, en las fotos, nada. Se mete a las conversaciones y encuentra una charla entre Míriam y un hombre. Hay palabras de amor. Alfonso siente coraje. Le duele el estómago, tiene náuseas. Se levanta del escritorio y va a la habitación de ambos. Saca la ropa y las pertenencias de Míriam y las empaca. Ella lo abandonó por otro. Le cuenta a los amigos, va a la Iglesia, busca a una sicóloga y el veredicto es consensuado: "Ya te libraste de ella". "Da gracias a Dios y sigue adelante con tu vida". "Aléjate de los niños, ya no los busques". *** Entre los militares, Míriam es conocida como "La Chiluquita". Comenzó sus andanzas en el narcotráfico cuando su padrastro Eliodoro Carpio Asencio la llamó una tarde para encargarle un mandado. Debía ir a la farmacia, buscar a Rafael Bueno, "Don Rafa", quien le daría dos bolsas de plástico que luego debía entregar a otro hombre. Era el año 2007. En las bolsas de plástico había 15 mil dólares. A cambio del dinero, los militares informaban a "Don Rafa" a qué hora y en qué carril debía transitar la camioneta blanca cargada de droga, y acordaban una señal: un papel de baño y una playera roja sobre el tablero. Cuando la carga superaba las 3 toneladas utilizaban un camión lleno de verduras o alfalfa, casi siempre con doble fondo. Además del dinero había otros pactos con el padrastro, según los expedientes judiciales. En una ocasión, un teniente del puesto de control vistió al señor con el uniforme castrense y le pidió que lo llevara por las veredas donde cruzaban menores cantidades de droga. Simularon un decomiso de 800 kilos de marihuana, como una especie de cuota para cruzar las verdaderas cargas de hierba por el retén militar. "La Chiluquita" negociaba una vez a la semana, a veces cada 15 días, y por cada tonelada cruzada le pagaban entre 500 y mil dólares, según los expedientes. No sólo iba y venía con miles de dólares en su bolsa, también enamoraba a militares. Su madre le recomendó ofrecerse a los uniformados y cobrarles 400 pesos por cada servicio. La detuvieron la tarde del miércoles 2 de febrero. Los encargados de la operación fueron los soldados Eduardo Villarreal Mondragón y Bersain Morales Morales, que patrullaban a bordo de su vehículo VTP camuflado. A mitad de los rondines de rutina recibieron una llamada de las oficinas centrales para avisar sobre una denuncia ciudadana. Según les dijeron, alguien vio a una mujer vender droga en la calle Macheros. Los soldados se dirigieron a la dirección con otros 8 compañeros que, a bordo de su propio vehículo, vigilaron desde lejos la operación. A los pocos minutos encontraron a una mujer a bordo de un automóvil Focus negro en actitud sospechosa, según señalaron en el oficio de presentación ese mismo día. Le hicieron el alto, le pidieron revisar su vehículo y encontraron un paquete con poco más de 5 kilos de mariguana a la vista y en su bolsa descubrieron otras 31 paquetitos de plástico también con hierba verde. La detenida era una joven de cabello rubio, cara redonda y ojos grandes color café, vestida con pantalón de mezclilla y sudadera rosa. Según la tarjeta de una tienda departamental encontrada en su cartera se llamaba Míriam Isaura López Vargas y estaba por cumplir 28 años. Los oficiales, que desde 2007 patrullaban las calles de Baja California como parte del Operativo Conjunto,
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trasladaron a la mujer a la Segunda Zona Militar de Tijuana, porque así les ordenaron sus superiores. *** Sayda Román y Francisco Nieto, agentes del Ministerio Público federal y el militar, están en una oficina hablando. Hasta ahí llevan a Míriam, un día después de que fue detenida. "Enséñele las fotos de las personas que menciona en su declaración, para que los identifique", ordena la mujer al militar. Nieto barajea las fotografías y mientras las muestra a la detenida le dice el nombre y cargo de cada uno. Míriam los identifica con sus nombres: capitán José Alejandro Apipilhusco Ortega; sargento Juan Pérez Hernández; sargento Valentín Martínez Bolaños; sargento Francisco Javier Méndez Santiago; sargento Camilo Paxtian Baxin; cabo Modesto Martínez Navarro; cabo Jorge Alberto Mejía Peña; cabo Modesto; teniente Fernando Amado Flores Vargas, y teniente José Alberto Aguirre Torres. Declara que tiene al menos cuatro años en el negocio, que a los militares les entrega miles de dólares por permitirle transportar droga sin ser revisada en el retén de Loma Dorada. Para ser precisos 10 mil dólares por cada tonelada de marihuana. " Por qué nos acusas, si ni siquiera te conocemos? Un día vamos a salir y te vamos a buscar", la amenazan dos de los soldados en la oficina donde son señalados. Con las acusaciones de Míriam, el Ministerio Público federal arma una averiguación previa y pide el arraigo de 10 militares del 67 Batallón de Infantería, con base en San Quintín, y el de Míriam. El 9 de febrero vuelan a la Ciudad de México, al Centro de Arraigo de la Colonia Doctores. 80 días después Míriam es liberada. El 26 de abril la trasladan en un avión de la PGR a Tijuana donde la llevan al Cereso de Ensenada en cumplimiento de la orden de aprehensión. Hasta ese día, casi dos meses y medio después de su detención en el centro de Ensenada, Míriam sabe el contenido de la declaración que redactó la MP federal y ella fue obligada a firmar. *** Una madrugada, como a las 3 horas, Alfonso deja de revolcarse en la cama y se levanta. Se sacude las voces de quienes le aconsejaban salvar su dignidad y decide proteger a Míriam y a sus tres hijos. Busca un abogado. Uno le dice que no se mete con militares, otro le quieren cobrar 25 mil dólares. Todas las mañanas acude a la Procuraduría. Por fin encuentra uno. Pero no le parece suficiente. En las madrugadas, durante su insomnio, se le ocurre hilar lo que ella le contó en todas esas llamadas telefónicas desde el Centro de Arraigo y reconstruir su historia. "Desde hace 6 años he vivido con Míriam Isaura. Ella no ha hecho ni se dedica a lo que la están culpando. Sé que hoy en día el tema del narcotráfico y la delincuencia organizada es algo que se vive de manera muy cotidiana, esto que se está dando es una injusticia y no sé qué hacer para denunciarlo", relata en un correo de cuartilla y media que envía al Presidencia y a la Secretaría de Gobernación. Nadie le responde. En su angustia, reenvía la historia de Míriam a todas las direcciones de derechos humanos que aparecen en internet. Uno de esos correos llega al buzón de Juan Carlos Gutiérrez, director de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), que en seguida le responde. El 1 de septiembre del 2011, después de estar detenida en el Cuartel Militar Morelos de Tijuana por 7 días, de estar arraigada en la Ciudad de México durante 80 días y presa cinco meses en el penal de Ensenada, el juez décimo de distrito en el estado de Baja California, Neals Andre Nalda, absuelve a Míriam por falta de pruebas.
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La pareja busca ahora justicia. Acudieron por ello a poner una denuncia ante la PGR y una queja ante la CNDH. "La Chiluquita" fue una invenci n de las autoridades.

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Fecha de publicaci n: 16-Ene-2012

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