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Maestría en Derecho Constitucional y Amparo. Por: Lic. Javier Enrique Nataren Moscoso. Cátedra: Sistemas Jurídicos Contemporáneos.

Ponente: Magdo. José de Jesús Covarrubias Dueñas Distinciones necesarias. Esta lúcida denominación, no menos lúcida que su ilustre autor, revela la necesidad de distinguir entre una cultura jurídica, una cultura de legalidad y una cultura de derechos fundamentales. La diferenciación no es ociosa si tomamos en cuenta otros conceptos claves en el autor italiano como el de ciudadanía o el de soberanía en el mundo moderno; mucho menos cuando se ponen sobre la mesa las coordenadas teóricas del moderno Estado constitucional y democrático de Derecho. Veamos por qué. Democracia y cultura jurídica. Hay una relación de causa y efecto recíproca entre democracia y cultura jurídica. Inscritos en un marco de democracia exigente, sólo un ciudadano democrático se interesará por los asuntos públicos de su país. Tan sólo este mismo ciudadano podrá reclamar lo que legalmente le corresponde por el solo hecho de serlo. Un ciudadano democrático es un ciudadano comprometido con las causas de su nación. ¿Cómo da cuenta de ese compromiso? A partir del conocimiento de la ley. Constitución y cultura jurídica. El vínculo entre constitucionalismo y cultura legal es más evidente. El ciudadano globalizado y exigente que precisa el modelo de la democracia constitucional (el no técnico, el no especializado en normas) sabe que la Constitución es la ley de leyes, y como tal, en ella se encuentran inscritas las decisiones fundamentales de su país. Sabe, también, que la aspiración a una cultura constitucional es una responsabilidad compartida entre él y el Estado, pero que el compromiso principal ante la habitual indiferencia de los gobiernos por estas cuestiones es, ante todo, de él. Cultura de legalidad y cultura de derechos fundamentales. Algún autor de la talla de Pedro Salazar

y varias décadas después debe refundarse y amalgamarse con una cultura de derechos fundamentales. desarrollo y ampliación en los ni veles de bienestar social. que no es una ‘cultura de la legalidad cualquiera’ sino una cultura garantista que reconoce en las personas y en su dignidad el fundamento y fin último de todo el diseño institucional”. Una cultura jurídica integral. tal condición es insoslayable para fomentar la vigencia del Estado y las instituciones. abierto y férreo por lograr tal consigna) trae aparejado un mayor rigor en las leyes. limitan a los poderes públicos y. . constituye esa cultura jurídica integral de que nos habla Ferrajoli. Salazar hace una adecuada demarcación para cada una de estas concepciones.Ugarte ha expresado las palabras que siguen: “Es importante construir una verdadera ‘cultura de los derechos fundamentales’. Claro que el respeto a leyes injustas y aberrantes como en su momento fueron las de Nuremberg. hay que tener en claro que si bien una cultura estrictamente de legalidad ya no es suficiente para comprender como ciudadanía los paradigmas y retos que ofrece el Estado constitucional y democrático de Derecho. constituyó el declive del principio de legalidad en abstracto. Integrarlas es una tarea compartida de todos. Si por cultura de legalidad entendemos aquel estado de cosas en donde el imperio de la ley se respeta (aunque no se conozca). En efecto. no podemos prescindir de ella. interpretación y en lo que está por debajo de la mesa de todo esto: progreso. su aplicación. en las que los jueces se asumen como los últimos garantes de los mismos”. ¿Por qué hablar de una cultura jurídica como contexto necesario en el tránsito mexicano hacia la democracia constitucional? Ni más ni menos. porque un entorno legal culturalizado (con pretensión de expansión a toda la ciudadanía. El conjunto. la armonía. con un intento firme. La importancia de la cultura jurídica. que al tiempo. Como se puede observar. Y luego continúa: “La democracia constitucional como modelo sólo florece en las sociedades en las que los derechos fundamentales orientan las acciones de las personas. por lo mismo.

el proyecto de reforma legal. El problema no es si el derecho nos hace mejores. se convierte en un participante de la práctica jurídica y por lo tanto. sino que es lo que el derecho hace de nosotros. El autor nos dice que al asumir el investigador. Así las cosas. como simbiosis de una cultura de legalidad renovada (el respeto al imperio de la ley) y de derechos fundamentales expresos (los derechos antes de los poderes). el reto es una cultura legal que en tiempos de crisis. que adelantar este tipo de estudio requiere alejar la investigación del derecho del proyecto de reforma jurídica. Así las cosas. de globalización y de futuro adelantado. El autor señala. aquellos que lo estudian se convierten . El proyecto de un estudio cultural del derecho empieza solamente cuando se establece una distancia en la imaginación que permite alejarse o liberarse de la compulsión de apuntar hacia la reforma. en una parte del objeto de estudio que decidió investigar.Cultura jurídica. sea al mismo tiempo una cultura jurídica en el sentido lato de la palabra. El estado de derecho no es una cuestión de verdad revelada ni de orden natural. Es el producto de una historia particular. Es una forma de organizar una sociedad bajo un conjunto de creencias que son constitutivas de la identidad de una comunidad y sus miembros individuales. de legalidad y de derechos fundamentales en el siglo XXI. En el estudio del derecho conduce inevitablemente a la reforma del derecho. Estudiar el estado de derecho es elaborar esta historia y exponer la estructura de estas creencias. El supuesto central en la actualidad tanto del investigador como del abogado crítico es que la reforma es lo apropiado para la investigación.

El investigador argumenta que entiende mejor estas sentencias que la corte misma. No podemos confiar en nuestras conclusiones si estamos escribiendo para una audiencia a la que hemos cedido poder sobre nuestros intereses personales. La analogía contemporánea más cercana al status problemático del trabajo académico sobre el derecho puede ser la crítica de arte. esto podría ser verdad. No podemos estudiar el derecho si estamos comprometidos con el derecho. No podemos asumir al derecho como un objeto de estudio si las herramientas conceptuales que llevamos a la investigación no son más que la auto-reproducción de la práctica. Si el artista algunas veces confunde su empresa con la del crítico. El crítico puede llegar a pensar que su trabajo es una mejor expresión del significado del objeto artístico que el objeto mismo. lo están creando. los jueces no. Si el derecho fuera un producto solamente de la razón. Los profesores escriben como jueces porque se conciben como jueces potenciales. el juez que debió haber sido. La confusión en este campo está fundamentalmente en la mente del académico del derecho. Los académicos del derecho no estudian el derecho. aunque no siempre en la realidad política.en su propia mente. La mayoría de los académicos están comprometidos con la visión de que su empresa es la misma que la del Juez: Cada uno da voz al derecho. La Corte siempre tiene la autoridad para cambiar su punto de vista. Están ya atados a la práctica del derecho. Pero la autoridad de estas decisiones es una función de la actividad interpretativa de la Corte. sin que importen los . Los artistas pueden encontrarse bajo la influencia de la crítica. en practicantes de la reforma jurídica.

“error” no es una categoría que podamos usar para describir la posición jurídica de la Corte. sino desde la perspectiva del significado que éstas tienen para el individuo que participa en la comunidad de creencias. Al investigador del derecho no debería preguntársele si el derecho es una expresión de la voluntad del pueblo soberano y por lo tanto una forma de auto-gobierno. Estas son proposiciones internas a los sistemas de creencias. si el estudiante puede comprender aun cuando sea en sus propias palabras una perspectiva del autor en la que a mi juicio tiene en cuenta que la tendencia de la Pedagogía contemporánea consiste en que el estudiante construya su propio conocimiento a partir de las vías que le ofrece el profesor. para la asimilación activa de los conocimientos más generales acerca de la Cultura Jurídica. . estamos colaborando con una insidiosa forma de censura. CONCLUSIONES: El presente ensayo habrá cumplido los objetivos para lo que fue confeccionada. y no para la repetición mecánica de conceptos y teorías. El autor además nos dice que la distancia frente a las propias creencias es una condición necesaria para la investigación. El presente texto es una vía para el debate. Si preguntamos al investigador si él cree en la verdad de su objeto de estudio. No es nunca un argumento en contra de la autoridad de la Corte el que se haya equivocado en una decisión anterior.argumentos. Una disciplina académica que estudia las formas culturales se aproxima a estas proposiciones no desde las perspectivas de su validez. En verdad. Es por ello que se le ofrecen criterios de diferentes autores y tendencias doctrinales.

y con ello lograr la formación integral de los juristas. donde las diferentes asignaturas irán aportando los elementos específicos para la formación del profesional del Derecho conforme a los objetivos trazados en al Modelo del Profesional. . para elevar el nivel de la culturización jurídica en México.La asimilación activa del estudiante le permitirá sentar las bases para asimilar el currículo de la carrera de forma consciente.