P. 1
La Cultura y El Estado (traducción)

La Cultura y El Estado (traducción)

|Views: 3,906|Likes:
Published by Infraendemias
Traducción del interesantísimo "Culture and the State" de David Lloyd y Paul Thomas, realizada para una edición de Numa que finalmente no vio la luz, y supervisada por Antonio Méndez Rubio, a partir de la edición de Routledge.

Contando con la compra de derechos por parte de Numa en su momento para la publicación en español, se ofrece aquí la traducción a modo de consulta, y por lo valioso de un texto que no está disponible en castellano. Toda vez que para manejar citas oficialmente de cara a su uso académico hace falta recurrir a la compra del original en inglés si su uso resulta de interés.
Traducción del interesantísimo "Culture and the State" de David Lloyd y Paul Thomas, realizada para una edición de Numa que finalmente no vio la luz, y supervisada por Antonio Méndez Rubio, a partir de la edición de Routledge.

Contando con la compra de derechos por parte de Numa en su momento para la publicación en español, se ofrece aquí la traducción a modo de consulta, y por lo valioso de un texto que no está disponible en castellano. Toda vez que para manejar citas oficialmente de cara a su uso académico hace falta recurrir a la compra del original en inglés si su uso resulta de interés.

More info:

Categories:Types, School Work
Published by: Infraendemias on Nov 17, 2008
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

04/04/2013

pdf

text

original

LA (UL1URA \ LL LS1ADO

DAVID LLO\D \ PAUL 1lOMAS
1raducción. Luis Angel Abad Morales
Re·isión. Antonio Méndez Rubio
IN1RODU((IÓN
.CULTURA Y SOCIEDAD O CULTURA Y ESTADO·
Desde íinales del siglo XVIII hasta íinales del XIX Luropa conoce una notable
con·ergencia entre las teorías del estado moderno v las teorías de la cultura. Para 186¯
Matthew Arnold esta en condiciones de sostener que “(ultura sugiere la idea de Lstado”.
1
Cultura y Estado explora la con·ergencia teórica entre las íunciones sociales del Lstado v las
instituciones culturales en el momento en que aparece la sociedad moderna. Ambos
términos adquieren el papel de acondicionar lugares de reconciliación entre las dimensiones
ci·il v política de una sociedad atra·esada por el conílicto v la contradicción. Ambos
términos se entenderan como los lugares donde tiene lugar la maxima expresión del ser
humano v la libertad. Ambos se conciben como parapetos contra el potencial anarquico
que implica la rapida transíormación de la sociedad. Pero hav algo mas que meros
paralelismos conceptuales. Cultura y Estado detalla la íunción que juega la cultura en el
ambito del Lstado senalando la travectoria. desde los tiempos de lriedrich Schiller hasta
Matthew Arnold. por la que la íormación cultural o estética, terminara jugando
gradualmente el papel coníormador del ciudadano en el estado moderno. Ln términos
generales la íunción íormati·a de la educación cultural o liberal en la sociedad moderna se
da por supuesta. Pero esta íunción ética de la educación cultural. como opuesta a lo técnico.
lo ·ocacional o incluso lo cí·ico. no resulta ob·ia bajo ningún sentido. Intentaremos
mostrar por qué se concibe la cultura especííicamente como base de la ciudadanía política.
v cómo íueron elaborados. sobre este asentamiento. los principios teóricos que iníorman
del desarrollo de las instituciones educati·as del Lstado.
Desarrollaremos nuestra idea de cultura con mas detalle en capítulos posteriores.
pero para e·itar coníusiones desde el principio. especiíicaremos va qué entendemos por
cultura. Ll término (ultura no solamente ha recogido desde el siglo XVIII una gran
cantidad de signiíicados. sino también múltiples connotaciones. Surge durante este siglo en
contraste con las raíces que su signiíicado recoge de la agricultura v el culti·o general de la
naturaleza. para transíormarse en un concepto-metaíora que nos habla de la relación de los
sujetos humanos con íenómenos naturales v artiíiciales arteíactos,. Aunque ·ersa en parte
sobre los objetos constituventes. una “cultura” concreta. en tanto conjunto de arteíactos v
practicas estéticas. mas que como “modo de ·ida” de una ci·ilización desarrollada. designa
en primer lugar la disposición del sujeto humano hacia esos objetos v hacia la naturaleza.
Lxtiende así el alcance del “Gusto”. en tanto concepto-metaíora anterior. v la elaboración
íilosóíica de la “estética” comienza a considerar la cultura como un proceso de culti·o. la
íormación gradual de un sujeto ético caracterizado por la reílexión desinteresada v por
juicios uni·ersalmente ·alidos. Aunque ciertos pensadores. senalando especialmente
Schiller. comprenden que los objetos artísticos son los instrumentos propios del culti·o
cultural. la tradición dominante del pensamiento cultural eníatiza en el juicio estético la
disposición del sujeto írente a las cualidades concretas de los objetos. (onsecuentemente.
la cultura no queda coníinada por la obra en lo artístico. o. mas estrechamente. en lo
literario. sino que mas bien apunta hacia el culti·o armónico de todas las capacidades del
sujeto humano. en un momento en que aparece con claridad una di·isión intelectual v
manual del trabajo. en una sociedad íormada crecientemente por indi·iduos especializados.
Sólo tras una lenta pero sostenida aparición de las instituciones estatales llegaran la
literatura v las bellas artes a ser objetos de ejemplaridad pedagógica. un proceso que tiene
que ·er. no tanto con la creciente di·isión de los espacios sociales. cuanto con la
propagación gradual de la teoría cultural. Ln los discursos que examinamos. la cultura
incluve esos objetos pero no queda deíinida por ellos.
2
Ln este mismo sentido quisiéramos aclarar de antemano nuestra concepción del
estado. (omo la cultura. el término “estado” ha suírido múltiples transíormaciones.
también en el periodo que estamos tratando. La primera distinción que se hace necesaria. a
la ·ez de caracter genealógico v categórico. tiene lugar entre el estado autocratico que
domina durante la pre-ilustración v la Luropa ilustrada. v lo que nosotros llamaremos el
estado moderno. Ll estado autocratico esta incorporado en la persona del monarca –“L´etat.
c´est moi”- v no apela a ningún principio de identidad entre el estado´monarca v sus
sujetos. Su principio de organización es territorial mas que étnico o nacional: Bretones.
Languedocianos. v llamencos. lúngaros. Italianos v Alemanes. todos pueden caer bajo el
manto del mismo monarca sin que por ello necesiten asimilar una cultura común. un
lenguaje o un sistema de administración local. La legitimidad del estado o el monarca esta
íundada en el derecho di·ino v en la línea de sangre sucesoria. (on la aparición conjunta
de los principios legitimadores de la democracia v la nacionalidad. esto es. de un estado
cuva autoridad deri·a de un pueblo. aparece una concepción diíerente de estado. Ll estado
va no es una maquinaria que íunciona según una relación arbitraria de leves. sino que
supone un principio de organización según el cual. el pueblo v sus instituciones quedan
expresados-en. v por el estado.
3
Según matices v dimensiones de caracter muv ·ariable. los
estados modernos dibujan nociones de nacionalidad v sanción popular que no tienen
precedente durante la aparición de la modernidad. Pero por este mismo proceso. pueblo v
nación llegaran a ser. según los caminos íijados por las re·oluciones írancesa v americana.
íundamentos de un estado legítimo que produce un cambio irre·ersible en la teoría política.
Ll estado va no es concebido según una relación arbitraria con su población. sino como el
pleno desarrollo de la representación uniíicadora del pueblo nacional. Ll estado moderno
es la expresión de un deseo popular que aparece históricamente de un principio latente: su
legitimidad esta garantizada menos por el asentimiento inmediato o el deseo del pueblo.
que por su desarrollo histórico lo constituve como la expresión mas plena de ese deseo. Por
esta razón el estado debe ser entendido como representati·o en el sentido mas pleno: es a
la ·ez una institución que deri·a del pueblo. v que expresa al mas alto ni·el el desarrollo
sostenido de la esencia de ese pueblo. De acuerdo con esto el estado es una institución
ejemplar del pueblo. que lo dirige idealmente hacia la realización de su propia esencia v
hacia una aproximación de uni·ersalidad siempre creciente.
Por esta razón distinguimos nuestro concepto de estado de aquellos que consideran
el estado como una suma contingente de instituciones que aparece a lo largo del tiempo
como una respuesta ad hoc a presiones políticas v sociales. Ln el seno de esas concepciones
el estado no se explica mediante un principio “organizador”. teóricamente o practicamente.
sino que mas bien aparece como lugar de instituciones v aparatos incompatibles v
írecuentemente en conílicto. Lncontramos la exposición mas articulada de esta concepción
del estado en el iníluvente analisis de la “gobernabilidad” de Michel loucault. según un
término propuesto para describir el proceso por el cual. con la aparición general de la
“·igilancia” en la sociedades. una población se con·ierte en sujeto de disciplinas v
regímenes burocraticos. Lsas disciplinas incluven modos de disciplina corporal –higiene.
regulación del trabajo. encarcelamiento o educación- v disciplinas cientííicas –demograíía.
criminología. medicina v demas- que categorizan v regulan a dicha población. asimilandola
en grupos manejables.
4
Aunque aquí estamos de acuerdo con las propuestas de loucault a
un ni·el descripti·o. v de hecho en los capítulos siguientes analizamos la aparición
progresi·a de las instituciones gubernamentales en la Inglaterra del siglo XIX. es
importante hacer notar qué íacilmente sus argumentos giran hacia un positi·ismo ·irtual
que cierra cualquier posibilidad real de analisis. (iertamente. sus analisis constituven una
pequena avuda a la hora de plantear las cuestiones cruciales de Cultura y Estado: .Ln qué
consiste la naturaleza de la distinción decimonónica entre gobierno v estado. v cómo estan
coordinados estos dos aspectos de la esíera política· .(ómo se íorman estas instituciones
especííicas de gobierno. v cómo son posibles a tra·és de ellas las transíerencias v las
relaciones· .(ómo llegan a establecerse v a ser dominantes estas íormas especííicas. en
tanto opuestas a la iníinita ·ariedad de íormas posibles que “pudieran ser”· Por íormular
esta última pregunta de otra manera. .(ómo se asientan ciertas íormas hasta el punto de
parecer naturales· .(ómo. en otras palabras. las instituciones estatales llegan a parecer
ob·ias en el seno del sentido común de la población· .\ por qué. llegados a cierto punto.
se hace tan diíícil imaginarles alternati·as. incluso dadas sus repetidas inadecuaciones para
el propio trabajo del estado o írente a las necesidades de la población· .(ómo se íorma a
los sujetos como ciudadanos para que por deíinición v para todo propósito practico. las
íormas v preceptos del estado alcancen literal v íigurati·amente una posición que hace de
las alternati·as algo inconcebible·
Argüiremos que la eíecti·idad de los desarrollos v transíormaciones recogidos bajo
el concepto de una gobernabilidad emergente requiere. no sólo la presencia de instituciones
disciplinarias. sino una cierta idea de estado. Lsa idea. reproducida en instituciones estatales
de todo tipo. íunciona como un principio regulador que determina. en el sentido propuesto
por Ravmond \illiams. las íormas v íines de esas instituciones. v por consiguiente las
posibilidades de relación entre los sujetos íormados en su seno.
5
Lsta idea de estado
supone una preocupación crucial en la línea de pensamiento que ·amos a abordar. v
constantemente implica. incluso donde no siempre queda elaborada. una concepción del
propio sujeto del estado. Lo que esta en cuestión para estos pensadores. de Schiller a
Arnold v Mill. no es simplemente una teorización del estado. sino los medios para producir
sujetos que puedan “trabajar por ellos mismos”. en el sentido propuesto por Louis
Althusser. dentro de sus instituciones v dentro de la sociedad ci·il v política que el estado
como íorma presupone.
6
Ls mas. las concepciones comunes de cultura. en el amplio
sentido deíinido anteriormente. nos ad·ierten sobre un consenso decimonónico entre
burócratas. políticos v reíormistas así como entre críticos de la cultura. que atane a la
íormación del sujeto propio del estado. Lstos críticos pueden ser sus teóricos v
propagadores. pero nuestra preocupación no tiene que ·er tanto con sus personalidades o
su directa iníluencia. tan palpable en ocasiones. cuanto con las íormas congruentes de
sujeto v estado que teorizan. incluso hasta llegar a incorporarse gradual v literalmente en
instituciones. Lo instructi·o en todos estos dominios es la labor continuada que ha lle·ado
a crear una idea que alcanza una condición de sentido común que permite su reproducción.
Dice un íamoso comentario de Marx sobre los campesinos que apovaron a Louis
Bonaparte: “Lllos. que no pueden representarse a sí mismos. han de quedar
representados.”
¯
Nuestra propia íórmula con respecto a las estrategias reíormistas del
estado liberal sería: “Lllos. que no pueden representarse a sí mismos. deben aprender a ser
representados”. Ls dentro del concepto de representación donde trazamos la manera por la
que un aparente paralelismo entre el estado v la teoría cultural promue·e una relación de
sustitución o suplantación. según la cual la cultura ·iene a mediar entre un populacho sin
pri·ilegios v un estado que con el tiempo habra de asimilarlos. 1al v como Mill ase·era en
Consideraciones sobre el Gobierno Representativo 1861,. la “minoría instruida” supone un
correcti·o írente al deseo ignorante de la mavoría. actuando simultaneamente como tutora
de la ciudadanía v representante del estado a ni·el local. Lste papel de los “instruidos” da íe
del papel ideológico que la cultura culti·o. Bildung, juega íorzosamente dentro del contexto
coníormador del estado: el estado debe. por su propia legitimación. disponer una demanda
de uni·ersalidad para aírontar la capacidad de ser ·erdaderamente representativo. mientras al
mismo tiempo permite el libre juego de un conjunto de intereses no obstante parciales. que
encuentran su expresión en la esíera de lo político. Ln una de esas paradojas que
enmascaran proíundas contradicciones. la época burguesa que in·enta la política es
también la misma que supone la superación de esa política. en tanto supone la
representación v el concurso entre intereses irreconciliables. en la uni·ersalidad íormal de
sus instituciones. Ls la cultura la que resuel·e esta paradoja. no disol·iéndola. sino
desplazandola hacia un esquema temporal donde el sujeto es deíinido en términos de pleno
desarrollo humano.
Desde este principio la cultura estética propone un conjunto de practicas que
simultaneamente deíinen la esíera pública burguesa. también en términos morales. Para
Kant el sentido común. en tanto sustrato uni·ersal de la razón humana. es el íundamento
tanto de la estética como de la esíera pública. Por esta razón los juicios estéticos. que
desarrollan. como gusto. dinamicas v principios de un desinterés ético en la esíera pública.
constituven un modo precursor de cualquier política posible. pues en la medida que
cualquier contrato social asume la participación de ciudadanos autónomos mundig,.
demanda pre·iamente v de igual manera su íormación ética.
8
Lste pensamiento. toda·ía
latente en Kant. llegara a ser el programa explícito de las cartas de Schiller en La educación
estética del hombre o en Cartas a la nación alemana de lichte.
9
Lsta genealogía de la teoría de la
cultura estética de ningún modo reduce la importancia del modelo. tal v como sera
adoptado v adaptado en el contexto concreto de la Inglaterra reíormista del XIX por
íiguras tan di·ersas como \ordsworth v (oleridge. o Matthew Arnold. 1razar este
itinerario supone aírontar las razones de la importancia sostenida de las instituciones
culturales en el estado liberal. lo que signiíica con respecto al problema de su continuidad.
su reproducción mas que su propia íundación.
Ln el primer caso. la consolidación gradual de la riqueza v la ansiedad burguesas
ante el “1error” de la Re·olución lrancesa insta a intelectuales como Schiller. \ordsworth
o (oleridge a girar. desde aquellos elementos mas radicales de sus posiciones políticas
anteriores. hacia una íorma de política cultural. Lsta política cultural. que es proíundamente
pedagógica en sus objeti·os. apunta hacia la persona ejemplar el “parroco”. la persona
exemplaris de (oleridge o el poeta de \ordsworth, que ·iene a representar al “hombre en
general” en ·irtud de un desinterés cuidadosamente culti·ado. 1al v como argumentamos
en el segundo capítulo. la estructura de la representación que esto implica es ciertamente
coherente con la teoría del representante en la teoría política. v sucumbe a la misma
paradoja: a saber. que el representante queda autorizado en nombre de ciertos intereses
especííicos sólo en tanto esos intereses pueden quedar asumidos por la uni·ersalidad
íormal de la cultura o el estado. Pero si a un cierto ni·el esta paradoja re·ela meramente la
lógica de una “política extrana” alien politics,.
10
esta perspecti·a no debiera eclipsar bajo
ningún concepto la resenable consistencias interna de la teoría de la representación que
subvace v conecta las distintas instituciones de la cultura política burguesa.
De hecho la representación opera como una serie de círculos concéntricos que se
·an de lo indi·idual a lo social. Para un Romantico ejemplar. en este v otros aspectos. como
\ordsworth. la experiencia indi·idual llega a constituirse como representante de las
·erdades humanas. de una manera “general v operati·a”. precisamente mediante el proceso
de repetición mediadora o de representación. Resulta aquí crucial el modelo temporal o de
desarrollo por el cual una experiencia “cruda” se con·ierte. a tra·és de su reconcepción. en
una experiencia estética de ·alidez uni·ersal. Inscrito de manera radical en la lírica romantica
como un modelo de irónica ree·aluación de cada experiencia. este modelo llega a ser. en el
segundo círculo. por así decirlo. la base de un imperati·o legal por el cual. es la identidad
íormal de la experiencia la que íaculta al poema indi·idual. írente a sus lectores
posteriores. como ejemplar o representati·o del ser humano uni·ersal. A su ·ez. este tipo
de pedagogía cultural adquiere la tarea de conceder legitimidad a una estructura de
democracia representati·a por la cual la participación se reduce a una pura expresión
íormal de igualdad. La pedagogía que se basa en juicios estéticos proporciona –
proporcionó de hecho. un entrenamiento ético consagrado a “educir” al ciudadano del ser
humano
11
. Por lo tanto la cultura estética representa la íorma característica de la ideología
burguesa. oíreciendo por una parte un espacio íormal de reconciliación a tra·és de la
identiíicación. mientras que por otra parte contiene. en íormas transmutadas. la constante
postergación de la autonomía. que resulta como una consecuencia ine·itable al sustituir un
tipo de emancipación política por un tipo de emancipación humana. Por eso la estética
pro·ee una articulación teórica mas que instrumental del sujeto-ciudadano. cuva educación
queda apuntada no tanto mediante objetos particulares de conocimiento. sino desde la
íormación de una disposición ética que queda deíiniti·amente elaborada en el seno del
concepto de cultura.
1al v como argumentamos en el tercer capítulo. es el trabajo de Matthew Arnold el
que oírece las íormulaciones mas explícitas e iníluventes de este modelo. Pero mediante un
giro por el que se re·ela. bajo la presión de ciertas dinamicas v acontecimientos. una crisis
de la cultura a la ·ez inminente e inmanente. La inminencia de tal crisis queda aíirmada va
en el trabajo mas importante de Arnold a este respecto. Cultura y Anarquía. según se
reconoce el íenómeno de la lucha de clases en torno a la segunda (arta de Reíorma. La
atención excepcional de Arnold hacia los problemas de clase ajenos en general al trabajo
de \ordsworth v (oleridge, le empuja a aíirmar. de manera igualmente excepcional. la
necesidad de un estado íuerte en el Reino Unido. írente a los modelos del continente. Pero
si pretende e·itar que se reconozca en ello de una manera explícita una relación entre
instituciones culturales e interés de clase. esto mismo le obliga a deri·ar hacia esa “política
extrana” que encuentra su expresión en la cultura estética. Lxtranados al margen de su clase
de origen. los hombres de la cultura ·ienen a representar su desinterés como una perpetua
postergación de su mismidad ética. v por consiguiente del estado reconciliador. Pero para la
teoría de la cultura esta postergación se ha con·ertido en estructural. en un sentido muv
distinto del propuesto por la pedagogía procesal de las teorías culturales del primer
Romanticismo. Lsta circunstancia queda parcialmente enmascarada por la deíensa de un
modelo similar. sostenido por Arnold casi a lo largo de Cultura y Anarquía. v basado en el
desarrollo de un “mejor vo ético,” que se sitúa al margen de deseos anarquicos v de los
intereses de un “vo ordinario”. Ouizas. a la hora de entender cómo asimila la clase
trabajadora la idea de estado mediante su justiíicación educati·a. hava que reconocer la
enorme íuerza v la posición hegemónica del pensamiento cultural de Arnold v Mill. entre
otros. Pero no obstante. es también durante la agitación reíormista cuando quedan
tematizadas las contradicciones del estado burgués. de manera que reabren espacios para la
íutura crítica radical de clase.
Aunque insistimos en la íuerza hegemónica que muestran las ideas burguesas de la
cultura va en la década de 1860. queremos eníatizar no obstante que los argumentos en
torno a la íormación cultural del ciudadano no estaban asentados deíiniti·amente. Resulta
crucial en nuestro discurso la historia de la resistencia que muestran ciertos círculos obreros
radicales írente a las instituciones emergentes de un estado de tipo educati·o. así como la
aceptación gradual de la educación estatal por parte de los mo·imientos de clase obrera a
íinales de siglo. Lste discurso de resistencia tu·o proíundas implicaciones teóricas. que bien
pueden quedar determinadas en el propio pensamiento de Marx v su íuerte rechazo a las
instituciones de educación separada. desde El Manifiesto Comunista 1848, a su Critica del
Programa de Gotha 18¯5,.
12
Ls e·idente que originalmente el pensamiento radical se resistió
írente a la educación estatal. \ también írente a la intensa di·isión de esíeras sociales –
educati·a. política. económica-. v írente las teorías de la representación que estan en la base
de la idea de educación cultural. Lsta resistencia sólo disminuve cuando aumenta la
participación de la clase trabajadora en la democracia reíormista representati·a: aún así se
mantienen ciertos ·alores de cooperación v auto-organización írente a esos presupuestos
indi·idualistas que ía·orecen la reíorma educati·a burguesa. (oncluiremos una crítica del
camino seguido por el pensamiento de izquierdas hasta llegar a los estudios culturales
contemporaneos. al aceptar un concepto de cultura sin criticar la relación intrínseca entre
cultura v estado. Desde aquí argumentaremos la necesidad de proponer un tipo de crítica
donde se combina la materialización de espacios culturales v las íormaciones políticas
contemporaneas. v sugiriendo la importancia de los mo·imientos sociales contemporaneos
al encarnar practicamente una suerte de alternati·as que permanecían ocultadas.
Cultura y Sociedad 1780-1950 de Ravmond \illiams 1958,
13
es el trabajo mas iníluvente en
el pensamiento reciente sobre política v cultura. v sobre la relación entre teoría cultural v
transíormación social. 1al v como el propio \illiams indicaba en Política y Letras. este
trabajo mas o menos arqueológico reconstruía una tradición oculta.
14
Mas importante:
denunciaba “la apropiación de una larga línea de pensamiento sobre cultura por parte de
posiciones presentes decisi·amente reaccionarias.”
15
Ln este momento. en el contexto
resurgente de un militante conser·adurismo cultural. semejante idea podría no sólo parecer
rele·ante. sino hasta en trance de repetirse incluso mas radicalmente. Cultura y Sociedad íijó
el canon del pensamiento cultural por oposición a los eíectos perjudiciales de la
industrialización v la democratización. Para \illiams el éníasis cavó. por supuesto. en el
primer proceso: para los conser·adores contemporaneos el éníasis cae. muv a menudo. en
el último. Ambos apelan. ninguno sin razón. a esa tradición que recorre. tal v como
\illiams nos ensenó. de Burke a Orwell pasando por Arnold. Lsta doble apelación se torna
íactible en tanto esta tradición deíine los términos que diíerencian la cultura del resto de las
esíeras sociales. la política. social o económica. como un suplemento corrector. Los ·alores
a los que apela el discurso de la cultura. v los que esta situación busca preser·ar. son
aquellos por los que ésta se deíine: totalidad. desinterés. humanidad. culti·o. reconciliación.
Nuestro título. Cultura y Estado. senala simultaneamente nuestra deuda v nuestras
diíerencias con \illiams. Nosotros deseamos reconducir la tradición de la cultura que él
originalmente esbozó. pero que propuso en relación con el estado. v no en relación practica
con un concepto de sociedad que. por razones que analizaremos mas adelante. permanece
un tanto nebuloso en Cultura y Sociedad. Argumentaremos que la escasa teorización del
estado en el trabajo temprano de \illiams le impide establecer paralelos entre estado v
teoría cultural con·enientemente. o aírontar las razones de la subordinación gradual de las
instituciones de la cultura a las labores del estado durante el periodo analizado.
16
Ln lugar
de apuntar debates sobre industria. política v cultura. al eníatizar la “historia intelectual” o
la “historia de las ideas” de la cultura. \illiams e·ita tantear las posibilidades mas radicales.
que se darían íuera de este terreno. (oníiamos poder demostrar que hav que entender el
discurso de la representación siempre implícito en la teoría de la cultura en conexión con
los debates que conciernen a la representación. dentro de la prensa radical v los
mo·imientos de emergencia socialista o protosocialista del periodo. Lníatizando que aquí
nos conciernen mas los debates que las posiciones. querríamos considerar los puntos de
\illiams en torno a los ·alores críticos de la cultura. en relación a otros recientes
posicionamientos críticos del socialismo inglés emergente. (oníiamos poder demostrar que
en todas estas posiciones prima una aceptación acrítica de la di·isión de esíeras –cuvos
rasgos estaban cristalizando de hecho entre 1830 v 1840. aunque no estaban toda·ía
consolidados- con respecto a la exclusión de unos términos toda·ía críticos v muv abiertos.
en el debate que tenía lugar en círculos radicales sobre educación. representación v
explotación. Las di·isiones del tipo cultura-sociedad. política-economía. incluso teoría-
practica. se proponen para otorgar una condición que asume su ob·iedad en el momento
mismo de su aparición. Por el contrario. en estos momentos los de la primera (arta de
Reíorma v sus inmediatas consecuencias, nuestro objeto de interés se centra en la íluidez. v
por momentos incluso en la contradicción de los debates sobre representación. educación v
clase. cuando la democracia representati·a era una idea proíundamente rebatida tanto
desde la izquierda como desde la derecha. Ln estos debates. v contra gran parte de la crítica
que partía de la clase trabajadora. aparece la. hasta el momento ob·ia. covuntura de la
representación v la democracia –conceptos que. tal v como argumenta Rousseau. no tienen
nada que ·er íormalmente uno con otro.

Para nosotros. en relación con la tradición aislada por \illiams. el lugar que ocupa
la cultura en la íormación de los ciudadanos v la legitimación del estado es un problema
mas inmediato. Ln torno a los problemas de la representación v la educación que
aírontamos preocupa. precisamente. la cuestión de la legitimidad de la representación v del
tipo de sujeto. a ía·or o en contra del estado emergente v de las relaciones económicas que
dependen de él. Ln la tradición que ·a de Burke hasta Mill v Arnold por medio de
(oleridge. en deíiniti·a la mas importante para \illiams. la cultura ocupa el espacio entre el
indi·iduo v el estado. íormando al ciudadano como “mejor vo” ético. Pero precisamente
este proceso era el que estaba en cuestión en los círculos radicales de la clase trabajadora.
tal v como mostramos en el segundo capítulo. (ontrariamente a las preocupaciones que
\illiams dibuja desde la tradición de “alta” cultura preocupación de la íragmentación de lo
humano por la di·isión del trabajo. preocupación por la mecanización. desarraigo. v el
empobrecimiento cultural así como la explotación de la masa,. nuestro interés estriba en la
capacidad de examinar en esa misma tradición la importancia de la íunción “cultura” en su
intersección con el estado. v en la íundación de lo que Althusser iba a denominar como
“aparatos ideológicos del estado”. Si nuestro punto de ·ista diíiere del de \illiams. la
diíerencia se debe en gran parte a la diíerente covuntura histórica desde la que escribimos.
La relectura de esa tradición relati·amente ocultada en torno al discurso educati·o v la
representación de la clase trabajadora propone una sospecha sobre la gran narrati·a de la
cultura. donde la generosidad de \illiams íue capaz de leer un potencial humano toda·ía
·iable.
Para ir aclarando nuestras diíerencias con respecto a \illiams habra que ir
períilando nuestra manera de entender su provecto. sus esíuerzos v. desde nuestra
perspecti·a. sus omisiones. Para lle·ar a cabo esta tarea se hace necesario trazar el boceto
de dos diíerentes momentos institucionales como un medio de articular las exigencias del
provecto de \illiams. así como el nuestro. Ll título de un periódico inglés largamente
ol·idado. Universities and Left Review. mencionado en el prólogo de \illiams. oírece un brillo
iluminador sobre un momento cultural –Cultura y Sociedad íue publicado por primera ·ez.
por (hatto v \indus. en 1958- v las posibilidades que se le percibían. lacilmente pasado
por alto al mencionarse al comienzo de Cultura y Sociedad. el título de este periódico pro·oca
hov en día una cierta extraneza. Ll título nos habla de un momento del socialismo
intelectual britanico donde las instituciones educati·as parecen un territorio posible para
combatir lo hegemónico. al cual la propia travectoria de \illiams no es ajeno. Parecía
posible que las instituciones educati·as v de la comunicación podían quedar genuinamente
abiertas. en última instancia. para recibir no sólo a estudiantes v proíesores de la clase
trabajadora. sino también al pensamiento de izquierdas. De acuerdo con esto. Universities
and Left Review no era el oximoron que pudiera parecer en estos momentos. Al mismo
tiempo. la ocasión de semejante optimismo descansaba en una relati·a coníianza en la
eíicacia v ·alidez de la inter·ención estatal cuando éste acabara dirigido por políticas mas o
menos socialistas. La larga re·olución de la democracia representati·a pudo ser ·ista. al
menos por “representantes” del pueblo. como una primacía de la ocupación gradual de las
instituciones del estado en nombre de una problematica de la izquierda.
18
De acuerdo con
esto. se hace necesario leer Cultura y Sociedad como la re·isión de una historia institucional
soterrada. Aunque \illiams no es nunca demasiado explícito con respecto a este tema. el
canon de pensadores culturales que él establece eíecti·amente. es el canon de aquellos
pensadores que acondicionan las bases teóricas de las instituciones educati·as en general v
de la educación cultural en particular con especial hincapié en la literatura,. \illiams estaba
recuperando para la tradición socialista los conceptos culturales que durante largo tiempo v
con caracter general se habían apropiado los conser·adores: con ello estaba resituando a las
instituciones como medio que las estableciese como un lugar de mavor potencial para
pro·ocar un cambio socialista. Lntendido de esta manera. Cultura y Sociedad es un trabajo
contrahegemónico de considerable ·alor estratégico. Al mismo tiempo. el deseo de
reocupar posiciones culturales compuestas también de manera monolítica por elementos
reaccionarios. in·olucra a \illiams necesariamente en lo que ahora parece una
problematica sobreidentiíicación con las propias posiciones institucionales. Por esto no es
tan sencilla la mera rearticulación que \illiams emprende de la lógica histórica del discurso
cultural hacia la comunidad socialista. 1ambién intenta insertarse en la tradición como un
intento de apropiación de su ethos v sus instituciones. Por esta razón es exactamente el
concepto de tradición mas que. por ejemplo ideología o discurso. el que aparece
repetidamente a tra·és de su polémico analisis.
Ll intento de \illiams le dirige irrebatiblemente hacia importantes
transíormaciones del discurso cultural. pero estas transíormaciones son proíundamente
problematicas porque suscitan una omisión. Ln el discurso cultural que \illiams
emprende. podemos senalar dos transíormaciones distintas v sin embargo relacionadas. Ln
primer lugar se reclama para la tradición socialista la idea de “totalidad”. una tradición
desde la que el conser·adurismo ha buscado el di·orcio con el socialismo. en una línea de
combate que alcanza al menos los asaltos de Burke sobre Paine v otros racionalistas. No
resulta extrano que al menos su interlocutor en Política y Letras aprecie con rapidez la
simpatía que \illiam parece expresar írecuentemente hacia las conser·adoras “estructuras
de sentimiento” en ·ez de hacia la denuncia radical de la mistiíicación.
19
Ll tono queda
íijado rapida v signiíicati·amente en una alabanza de Arnold a Burke:
Ll mismo Arnold es uno de los herederos políticos de Burke. pero de nue·o. esto es menos
importante que el propio tipo de pensamiento que Arnold indica con el ·erbo “saturar”. No se trata
de “pensamiento” como oposición común a “sentimiento”: es mas bien una inmediatez especial de la
experiencia. que íunciona por sí misma. de íondo. como una incorporación particular de ideas que
llegan a ser. en sí mismas. el hombre integral.
20
Dada la recurrencia de estos términos a lo largo de Cultura y Sociedad v de la obra de
\illiams en general. no podemos hablar aquí de un mero ·estigio de la iníluencia
intelectual v estilística de l. R. Lea·is. \illiams entiende siempre que el momento utópico
socialista es inseparable de un deseo de superación de la di·isión v las contradicciones en el
propio vo indi·idual un deseo sin duda acentuado por sus propias circunstancias
biograíicas,. De acuerdo con esto. es la categoría explícitamente extrapolítica del “hombre
integral” la que determina la selección de las íiguras canónicas en la tradición cultural de
\illiams.
Lo que esta en juego en la in·ocación de \illiams al concepto de totalidad. un
concepto que recoge de Burke. es la adecuación de las personas concretas a una idea de
humanidad. Las di·isiones características de la sociedad burguesa. que se proponen entre
sentimiento v pensamiento o entre política v cultura. son di·isiones encajadas dentro de un
concepto superior de lo humano. 1anto si se acepta como si no se acepta la noción de una
integridad organica de lo humano. lo crucial aquí es la manera por la que el concepto pre-
político del “hombre integral” postula un concepto indi·isible de humanidad. que implica
de una manera concreta a particulares indi·iduales mas o menos adecuados. Ln este
concepto \illiams reproduce la idea reguladora del discurso de la cultura. por la cual es el
humano representati·o – principalmente él,- quien mas adecuadamente. aunque nunca
enteramente. se aproxima a la totalidad. Ll concepto es pre-político en la medida en que la
política se propone por la di·isión de lo humano en parcialidades. Por analogía se aplica lo
mismo a cualquier otra di·isión concebible por la que lo humano es alienado de sí mismo:
se toma al “hombre integral” de la cultura sobre la economía v sobre la clase de una manera
estrictamente indiíerente. \illiams representa así la tradición de la cultura. pero al mismo
tiempo arriesga meramente una imitación o ·entriloquía de esa cultura. Cultura y Sociedad
no sólo establece un canon en ·irtud de la importancia de sus proposiciones concretas:
también establece un canon en el sentido mas íuerte v propio del término. en tanto
propone un cuerpo de textos que representan o coníorman su propio ideal. v
consecuentemente se proponen como conjunto para la humanidad. Así. los textos
culturales seleccionados por \illiams terminan adquiriendo el estatus v toda la ob·iedad de
las piedras de toque arnauldianas. siendo ejemplar tanto en su íorma como en sus
contenidos. Permítasenos simplemente subravar en este momento un punto sobre el que
·ol·eremos en bre·e: lo que impera en el ·alor canónico de los textos culturales no es
tanto su aproximación a la realidad. como su aproximación al terreno de una idea
reguladora.
La argumentación de Cultura y Sociedad intenta superar indiscutiblemente la
deíinición puramente íormal o la representati·idad articulada por (oleridge. Mill v Arnold:
una deíinición que se consagra a la determinación v restricción de términos que parecen
hacer posible la capacidad de auto-representación. o la representación consensuada por
otros. Sin embargo los argumentos de \illiams critican el modo de aíirmación de la noción
de “cultura” como un dominio distinto consagrado al culti·o del “hombre integral”. sobre
la di·isión del trabajo v contra su dimensión política. Procede colapsando estas
distinciones. Según a·anza Cultura y Sociedad se hace mas diíícil establecer una diíerencia
entre la “(ultura” en el sentido especializado que (oleridge o Arnold le daban. v la
“cultura” que el sentido antropológico entiende íuncionalmente integrada en los mundos
de la ·ida. (laramente esta aparente coníusión pertenece a una estrategia de \illiams de
largo alcance. que consiste en establecer. írente a distinciones reaccionarias. el potencial de
las culturas no elitistas. De acuerdo con esto. su concepción de la cultura se articula
progresi·amente como intento de sostener “una eíecti·a comunidad de experiencia”
21
mas
que como canon de trabajos. Se remodela un tipo de “cultura común”. no como el legado
óptimo de los mejores. sino como algo que sólo es posible “en un contexto de comunidad
material v por medio de un proceso completamente democratico.”
22
Nosotros sólo podemos apovar sin reser·as la llamada de \illiams a una
“comunidad material” constituida por “un proceso plenamente democratico”. Pero al
mismo tiempo el contexto donde se produce esta llamada nos ser·ira para indicar hasta qué
punto disentimos de los términos v las condiciones en los que se presenta esta relación con
la cultura:
Lo que deseamos eníatizar es que esta primera diíicultad –la compatibilidad entre una
especialización creciente v una cultura común genuina- sólo es ·iable en un contexto de comunidad
material v por medio de un proceso democratico pleno. Una habilidad o un conocimiento técnico son
sólo un aspecto de un hombre. v quizas sólo a ·eces parece comprender la integridad de ese ser
humano. lablamos de una condición crítica. v sólo puede ser superada en la medida en que un
hombre llega a ser consciente del ·alor que él mismo tiene con respecto a esa íacultad que demuestra.
la singularidad que recoge de ella solamente puede ser coníirmada en última instancia por su constante
esíuerzo. no sólo para coníirmar v respetar la experiencia de los otros. sino también para coníirmar v
desarrollar una comunidad que es mas proíunda incluso que los propios límites del adiestramiento o la
maestría. La consecución de esta circunstancia vace en la proíundidad del sentimiento personal. pero
es lo suíicientemente reconocible como para indicar su posibilidad.
23
(oníorme al argumento de \illiams aquí tiende a disol·erse la distinción entre
(ultura v otros dominios practicos. sostenida en el discurso cultural tradicional. Lo que
queda de ese discurso. v queda como una presencia poderosa. es un ·estigio del concepto
de cultura como representación de las posibilidades del “hombre integral” contra la
di·isión del trabajo. Lo que se ·alora al comienzo en Burke como una representación
indi·idual pasa aquí a un plano colecti·o. pero la íorma de oposición permanece. \ aunque
desde aquí sería diíícil concretar que los contenidos de la cultura son opuestos a cualquier
“especialización”. nuestra principal íinalidad es. precisamente. entender que esta íorma de
pensamiento es de crucial importancia en el papel histórico que ocupa la cultura en relación
al estado.
\illiams tiene tanto interés por sal·ar el discurso de la cultura que mediante un giro
socialista lo resguarda de someter sus propiedades íormales a un analisis crítico. De hecho
Arnold v otros deri·an que “cultura sugiere la idea de Lstado” exactamente de la distinción
entre la ·isión integral de la cultura v la di·isión del trabajo característica de la sociedad. Si
sustituimos la ligera ·aguedad del término sociedad por el mas técnico sociedad civil. la
cuestión puede quedar mas clara. Ln una sociedad ci·il la cultura se concibe como el sitio
de una conírontación total que establece un dominio reconciliador. precisamente
propuesto por el estado. Pero mientras la íunción del estado consiste en mediar entre
grupos de interés. la íunción de la cultura consiste en solicitar a los indi·iduos su
disposición de reílexión desinteresada. que hace posible la mediación del estado. La cultura
produce una base de consenso que sir·e a la íorma estatal de democracia representati·a.
dibujando la disposición íormal o representati·a en cada indi·iduo mas alla de las
particularidades concretas de cada persona. Ll momento ético de cada indi·iduo. que
Arnold denomina “mejor vo”. sugiere el estado. v el estado es a su ·ez la representación
colecti·a de la disposición ética. La importancia del discurso cultural consiste en la
teorización de un espacio extrapolítico v extraeconómico. donde es posible reconocer en la
“libertad” v “el desarrollo armónico del indi·iduo integral” la base genuina de una política
representati·a íactible. La cultura negocia el cambio de la auto-representación por un ser-
representado en cualquier posición “indiíerente” del Sujeto. donde las diíerencias
materiales estan anuladas. Mientras se permite el asentamiento de la política representati·a
por medio de la íormalización del sujeto político. simultaneamente se permite que la
política tenga lugar como si las condiciones materiales íueran un asunto indiíerente.
(uando \illiams comenta pevorati·amente de Arnold que “el estado que en Burke
era una realidad llega a ser en Arnold una idea.”
24
no sólo se equi·oca al no considerar la
importancia teórica e institucional del trabajo de Arnold. Lxpresa una posición crítica que
lógicamente le e·ita emprender la crítica del discurso cultural. que sera un preludio
necesario para eíectuar una transición desde la democracia representati·a hacia “la
comunidad material v el proceso democratico pleno”. o sea hacia la democracia radical. Lsa
posición diíerencial que \illiams sostiene de una cultura que no considera la
“industrialización” v la “democracia”. sino la política v la economía. satura tan
proíundamente la estructura de la sociedad burguesa que incluso la. así llamada.
estetización de la ·ida diaria de la era posmoderna no ha alterado íundamentalmente su
importancia. 1anto si se deíine como cultura arnoldiana o de los medios de masas. la
estructura del “espacio de recreación” ha cambiado íundamentalmente poco con respecto a
la especialización del lugar de trabajo o los intereses de la política. v continua suministrando
los mecanismos productores del sujeto íormal del estado en este dominio indi·isible. Sin una
crítica radical. no sólo de los términos sino también de las condiciones de posibilidad de
semejante diíerenciación de esíeras. la íunción de la cultura no puede ser manejada
adecuadamente en su tarea de reproducción del estado v las relaciones sociales materiales.
Ln ·ista de que. tal v como senala \illiams. esto esta escrito en el mismo
momento que La construcción de la clase trabajadora inglesa de L. P. 1hompson v Las aplicaciones
de la alfabetización de Richard loggart. quizas resulta sorprendente a primera ·ista que
Cultura y Sociedad re·ise tan ligeramente los escritos de la clase trabajadora sobre educación.
política. sociedad o cultura. Los comentarios de \illiams sobre la “cultura de la clase
trabajadora” dejan claro por qué esto es así. Puntualizando que. demasiado írecuentemente.
lo que se cataloga como “cultura de clase trabajadora” no queda producido ésta. \illiams
se dirige hacia un punto mas sustancial:
A esta deíinición negati·a debemos anadir otra: la “cultura de clase trabajadora” en nuestra sociedad
no se entiende como un pequeno conjunto dado de escritos v de arte “proletario”. La aparición de
este trabajo ha sido útil. no sólo en sus íormas mas auto-conscientes. sino también en materiales como
las baladas post-industriales. que sería ·alioso recopilar. Necesitamos ser conscientes de un trabajo
que. no obstante. se ·e como un ·alioso elemento de disidencia antes que como cultura. La cultura
popular tradicional de Inglaterra estaba. si no aniquilada. al menos íragmentada v debilitada por las
dislocaciones de la Re·olución Industrial. Lo que queda. mas lo reconstruido en estas nue·as
condiciones. es un bagaje reducido cuantitati·a v cualitati·amente. Ls respetable. pero en ningún
sentido coníorma una cultura alternati·a.
25
Nosotros no discutimos el dano suírido por las íormas culturales populares v de
clase trabajadora. su íragmentación e incluso su aniquilación durante la historia del
capitalismo v la explotación. De hecho no reconocer esto sería suprimir un principio
racional del mo·imiento de lucha de clase. así como reducir –de una manera que ahora no
es diíícil concebir- la cultura de clase obrera a no mas que la ·ariación equi·alente entre las
muchas culturas de una escabrosa pluralidad posmoderna. Pero mas que proponer una
lectura en torno a las condiciones de la auto-representación ajena a la diíerenciación de
esíeras impuesta por las íormas racionales de la sociedad capitalista. el juicio de \illiams
sobre la cultura de clase trabajadora. desde la perspecti·a de una (ultura consagrada a
proporcionar un espacio alternati·o al “industrialismo” v la “democracia”. relega a lo
anterior al estatus de mero “elemento disidente”. Una lectura alternati·a del discurso
radical obrero nos mostrara que. aunque reconoce el dano iníligido por la explotación. no
lo hace admitiendo la inadecuación con un modelo impuesto de cumplimiento cultural.
26
Lsa es la lectura que promo·emos en los capítulos siguientes.
Lncontramos una crítica bastante mas se·era v elaborada a Cultura y Sociedad v a las
consonantes críticas izquierdistas de la educación en Cultura y Gobierno de Ian lunter

. Ll
objeti·o de lunter reside en mostrar que la pedagogía literaria o “inglesa”. lejos de
oírecerse como eíecto de la tradición de pensamiento cultural que \illiams v otros han
períilado. es de hecho una “reducción”
28
del papel íormati·o de la escuela decimonónica
hacia un dominio especializado. dentro de una escolaridad que se entiende
retrospecti·amente como una construcción deri·ada de Arnold v otros. La gradual
aparición de la escolaridad gubernamental íue. de hecho. el resultado de iniciati·as
religiosas v burocraticas que buscaban la producción de una población manejable: esa
iniciati·a toda·ía deíine la íunción del proíesor como la de un tutor ético v una íigura
ejemplar. a tra·és de la cual se íacilita al nino la asimilación interior de ·alores normati·os.
Solamente a comienzos del siglo XX la ensenanza literaria llega a ser ·ista como un
instrumento ideal de semejante educación.
Ln la medida en que va hemos argumentado que lo que esta en juego en la
“cultura” no es simplemente una relación del sujeto con las obras de arte. incluso como
símbolo de una posible íormación armónica de la persona. creemos que la cultura literaria
no determina la íorma de la educación institucionalizada. Nuestro argumento sostiene que
la teoría cultural presenta una estructura representati·a de las muchas posibles que íundan
el proceso político dentro del estado moderno. Lsta opción requiere un modelo especííico
de íormación del sujeto. v una di·isión especííica de los espacios sociales que permitan esta
íormación v su generalización. Ll aían de lunter por desplazar la tradición de un
historizante “ascenso inglés”. de Ravmond \illiams a 1errv Lagleton v (hris Baldick entre
otros. le conducira íinalmente a un positi·ismo insostenible. que obser·a la aparición de
íormas especííicas de una institución educati·a que es. tal v como explica una v otra ·ez. un
proceso “poco sistematico” que resulta de meras medidas contingentes:
Ll juego de íuerzas históricas que produjeron la educación literaria moderna no esta. tal v como he
descrito. uniíicado por ninguna de las dos íiguras de la realización del “hombre”. Mas bien toma la
íorma de una pura contingencia v una coníiguración pro·isional. o un “programa”. cuva aparición no
esta dirigida por ninguna meta teórica o propósito histórico encubierto.
29
No hav duda de que las instituciones educati·as especííicas que aparecen en el siglo XIX se
gestaron experimentalmente v gradualmente en torno a una serie de medidas: tampoco
queda duda de que esas medidas se tomaron como se tomaron como una respuesta. v no
como mera anticipación de una resistencia articulada de la clase trabajadora írente a las
medidas generales del gobierno v el capitalismo. Dadas las posiciones múltiples v
discordantes que se manejaban en los debates sobre educación no era posible imponer de
manera inmediata un sistema educati·o nacional uniíicado v coherente –de hecho. esa meta
subsiste para lograrse a ni·el institucional. Sin embargo esto no implica que se produjese
una íormación meramente accidental de instituciones educati·as ad hoc. Lo que nos interesa
en toda la literatura sobre educación en el XIX. tanto en estudios históricos como en
documentos contemporaneos. es la consistencia del sujeto. imaginado como producto de
las instituciones. la regularidad de los espacios v las relaciones pedagógicas que lo íorman.
Incluso los propios ejemplos de lunter coníirman esto. aunque él se detiene sólo en dos
íiguras. Da·id Stow v James Kav. un religioso reíormista v un burócrata del gobierno
respecti·amente. Vol·eremos sobre la “geograíía” de esa íormación del sujeto. buscando
en este punto eníatizar únicamente que las asunciones positi·istas de lunter no sólo
desmienten su propia e·idencia empírica. sino que le e·itan preguntarse por cuestiones
pro·ocadas por el hecho de que la preocupación de los educacionistas tu·iera que ·er con
la interiorización de “las nue·as normas morales v sociales” de los ninos. v con la necesidad
de “una nue·a relación de ´simpatía´ entre los ninos v un proíesor especialmente
íormado”
30
. .(uales son estas nue·as normas. por qué implican una nue·a relación
pedagógica v por qué dominan el reíormismo de clase media hasta con·ertirse en el gran
asunto en los provectos de un estado emergente v en expansión· .\ por qué hace
especííicamente de las clases trabajadoras su objeto. mas que de lo que él denomina
·agamente “población”·
31
Lxpresa el trabajo de lunter una notable sanción. maxime cuando anula la
responsabilidad de Kav –v del estado- al in·olucrarse con la inquietud social durante todo
el periodo de sus trabajos: una inquietud que. de manera clara v explícita. tenía que ·er con
la aparición de relaciones de producción que reclamaban con caracter general una
intensiíicación de los aparatos educati·os.
32
Lord Macaulav no estaba solo cuando
preguntaba retóricamente. “.Puede negarse que la educación del pueblo es la manera mas
eíecti·a de proteger la propiedad v las personas·”
33
Lsta posición era ·irtualmente ortodoxa
entre \higs v Radicales. v en los debates parlamentarios no se encubrían estos propósitos
en absoluto. Las mismas comisiones de preguntas en las que trabajaba Kav. que
coníeccionaban las “series de írecuencias estadísticas. creando una relación de condiciones
urbanas v alojamientos. pobreza. mortalidad. libertinaje. crimen. numero de tabernas v
tiendas de alcohol. asistencia eclesial. ´economía doméstica´ v alíabetización”. íueron
precisamente. gracias a lunter. generadas por “el espectro de una clase trabajadora
políticamente ·olatil.”
34
1al v como mostraremos en los capítulos 2 v 3 esto resultaba
e·idente para los reíormistas de clase media v los radicales de la clase trabajadora. Su
principal propósito consistía en proteger los derechos de propiedad. v esto implicaba. como
las clases trabajadoras sabían de sobra. el control de los medios de producción.
Las apelaciones de lunter. aun tan débiles en su base. apuntan de manera
deliberada hacia la demostración empírica de la intención que subvacía en numerosos
historiadores de la educación Britanica. que períilaron la acusación de que “la temprana
obsesión ·ictoriana por la educación de los pobres queda mejor entendida como una
preocupación sobre la autoridad. sobre el poder. sobre la aíirmación o la reaíirmación, del
control.”
35
No hav duda. v tanto radicales como reíormistas íueron explícitos a este
respecto. de que el sistema extensi·o de educación íue entendido simultaneamente como
un instrumento de control social dirigido especííicamente hacia las clases trabajadoras. La
oposición conser·adora a la reíorma educati·a v a otras reíormas. basada por lo general en
la idea de que una clase trabajadora ilustrada sería mas problematica que una ignorante v
deíerente. marca un periodo que implica un cambio de poder del control estatal. de la
aristocracia a la burguesía. así como un cambio del modo de control. que nosotros
analizaremos como un cambio desde la dominación a la hegemonía. Sólo un concepto
peculiarmente ingenuo de ideología podría considerar algún tipo de conexión entre el
modo de producción v los aparatos hegemónicos que permiten su reproducción.
requiriendo. en palabras de lunter. “una línea de dominación clasista que se extiende de la
íabrica a la escuela.”
36
(oncretamente. la hegemonía no depende del control directo
dominación,. sino de la dispersión. No se trata de un modo de mistiíicación. que crea un
tipo de “íalsa conciencia” opuesta al conocimiento cientííico v político. sino de una íorma
diseminada de ob·iedad o “sentido común”. que regula al sujeto a tra·és de los diíerentes
dominios de la sociedad moderna.
La hegemonía no puede depender de la repetición v el calculo de un contenido
ideológico dado: depende precisamente del asentimiento aquiescente. de la anuencia
coníormista. 1ampoco puede depender de la estricta eíicacia de un dominio particular de la
sociedad. Por el contrario la diíerenciación de esíeras en la sociedad burguesa es un
mecanismo que contiene la apariencia de una contradicción entre. por ejemplo. la
explotación v los “derechos uni·ersales”. igualdad v patriarquía. pero necesita de la
posibilidad de transíerencia. v así esa contradicción no reaparece meramente como colisión
de espacios inconmensurables. (oníorme a esto la hegemonía demanda de manera
inmediata la íormación de sujetos como potencialidades esto es. capaces de íuncionar a
tra·és de diíerentes espacios como una identidad,. así como una congruencia o coherencia
entre las íormas de los espacios sociales. Ln cuestión de trabajos sobre hegemonía los
ejemplos de lunter son sugesti·os. mas alla de los argumentos que construve. La
ejemplaridad de las escuelas modélicas de Sow v Kav se constituve formalmente. mas que por
su contenido educati·o. Sow v Kav se interesan poco en los materiales educati·os actuales.
v mas en las íormas espaciales de la clase v la temporalidad íormal de la subjeti·ación ética.
De hecho “la organización del espacio pedagógico”

incorpora simultaneamente una lógica
de las relaciones sociales. constituidas arquitectónicamente v temporalmente. por las que la
disposición del sujeto queda asimilada para dichas relaciones. Sow in·enta eíecti·amente la
clase moderna que Kav consiguió generalizar. v lo hace bajo la íorma de una “galería” cuva
arquitectura reconocemos contemporaneamente como salón de lectura o “teatro.”
38
Lsto
permite la super·i·encia simultanea de múltiples sujetos v. aun mas importante. la
interpelación simultanea como indi·iduos a tra·és de su “entrenamiento” ante un mismo
objeto ele·ado. el proíesor. La ele·ación del proíesor. v su constitución como
representación ejemplar de íormación ética. le sitúa ante(s).
39
Representa ante sus alumnos
lo ético como objeto de respeto común v único. espacialmente aislado. también por el
desarrollo superior que establece su posición en la estructura piramidal de la clase. La
íorma de la clase hace material la lección de subjeti·ación que las técnicas educati·as tienen
como íin –su arquitectura o geograíía constituve lo que Althusser llamaría “aparato material
ideológico” en el cual ciertas “practicas materiales”. repetidas. constituven el sujeto de la
ideología.
40
La propia íormalidad de lo disertado en la clase –el sujeto abstracto ejemplar
que el proíesor representa para los estudiantes- se logra mediante la materialidad de ese
espacio pedagógico. Por eso nosotros consideramos que la clase es un espacio crucial para
la íormación de un sujeto político al que le termina resultando obvio ser representado: lo
suíiciente como para que el proíesor asuma conscientemente el lugar del pater familias in
loco parentis,. adoptando una combinación de autoridad. distancia e intimidad que preíigura
el papel toda·ía mas abstracto del estado como representación deíiniti·a de la subjeti·idad
ética. La escuela. en otras palabras. permite mas eíecti·amente el traslado del sujeto del
dominio pri·ado de la íamilia al mundo público de lo político. no al ensenar la ciencia del
gobierno ci·il. sino representando la representación.
Llaboraremos esta íunción de la educación cultural en el siguiente capítulo.
particularmente en relación con el teatro. que puede ser otro modelo de clase tan cercano
como propone su arquitectura. Pero aquí remarcamos que la cuestión estriba en lo que
uniíica. o al menos describe e integra las esíeras dispersas de la sociedad burguesa. de
manera que parecen íuncionar como una unidad para el sujeto
41
. Ll concepto de
gobernabilidad no oírece una respuesta satisíactoria a esta cuestión. precisamente porque
no puede superar su asunción de contingencia. Mucho mas ·alioso a lo largo de nuestro
trabajo en este libro ha sido el concepto de “estado ético” de Antonio Gramsci. Ln
consonancia con loucault. Gramsci reconoce las múltiples instituciones del estado e
incluso sus operaciones írecuentemente contradictorias. Aún resenando que opone el
estado v los trabajos “contingentes” del gobierno. Gramsci aíirma la unidad deíiniti·a de la
íormación estatal como un instrumento de legislación clasista. No obstante el estado opera
a tra·és de múltiples instituciones v de di·ersos modos para alcanzar su dominación v
mantenerla. Ll primer modo de estas operaciones constituve lo que Gramsci denomina “el
estado ·igilante nocturno”. el estado como un aparato represi·o que entra en juego siempre
que sus límites o reglas son desaíiadas directamente. Sus instituciones son el ejercito. la
policía v las cortes legislati·as mas las prisiones. Ll estado ·igilante nocturno se posiciona
írente al estado ético. que es en deíiniti·a. en tanto instrumento de la hegemonía. mas
complejo. Las instituciones que lo componen son ·arias. incluvendo la Iglesia. los
sindicatos. los partidos políticos. así como otras e·identemente conectadas al estado. como
las escuelas. De acuerdo con esto. para Gramsci el estado llega a ser. como totalidad. “la
sociedad política mas la sociedad ci·il. en otras palabras. la hegemonía protegida por la
armadura de la coerción.”
42
La opinión gramsciana de que las instituciones de la sociedad
ci·il que son concebidas por lo general como pri·adas son parte e·entual de una
concepción general del estado. apunta hacia la concepción del “rol educati·o v íormador
del estado”. del estado hegemónico como educador.
43
La íunción del estado ético como
opuesto al estado ·igilante nocturno consiste en íormar ciudadanos v obtener aprobación.
los dos provectos distintos son de hecho el mismo: el sujeto se íorma como consentidor
aquiescente de la hegemonía. Por supuesto las escuelas son aquí cruciales. pero el trabajo de
íormación es continuo. teniendo lugar no sólo a tra·és de la pedagogía sino a tra·és del
trabajo de los intelectuales en todas las esíeras de la sociedad ci·il. Gramsci es un poco
·ago en este punto. pero querríamos proponer que la propia posibilidad del “estado ético”
v sus instituciones requiere la repetición de las mismas íormas a lo largo de diíerentes
instituciones – por ejemplo. que el sindicato. la escuela v el partido político terminan
compartiendo una estructura común de acti·idad representati·a. Su consistencia íormal
garantiza que incluso donde estas instituciones se ·uel·en antagonistas. lo hacen dentro de
los mismos paradigmas íundamentales. La hegemonía. o la ideología. es el proceso por el
cual ciertos paradigmas llegan a ser tan ob·ios que relegan las alternati·as a los espacios de
lo insensible v lo impensable. No es tanto que la hegemonía es represi·a. como que el
predominio de sus “íormas” de conceptuación suministran otras íormas. otros imaginarios.
de una manera ilegible. inaudible e incomprensible. Ll sujeto de la ideología no se íorma en
la “totalidad”. sino en el desplazamiento v la oclusión de sus múltiples posibilidades.
Ll primer. aunque no el único. mecanismo de este desplazamiento es para nosotros
la clase. v su primer agente. el proíesor. Otra ·ez eníatizamos que no se trata de las
cualidades personales del proíesor. sus opiniones políticas o su disposición ética: es un
eíecto de las estructuras íormales de la pedagogía. que son inseparables de los paradigmas
donde se construve el “sentido”. Debido a la imbricación de lo intelectual en las propias
estructuras de las instituciones burguesas no podemos con·enir la distinción seminal de
Gramsci entre el intelectual tradicional v el organico.
Para contextualizar esta distinción problematica hav que hacer notar la centralidad del
intelectual re·olucionario en los escritos de Gramsci. Muchos de sus argumentos deri·an
mas o menos directamente de sus meditaciones sobre esta íigura. v rapidamente apuntan
un juego de cuestiones relacionadas. .Oué es un intelectual re·olucionario· .Oué aporta
esta íigura a las precondiciones v procesos re·olucionarios· .(ómo se lo recluta· .(ómo se
lo acti·a· .(uales deberían ser sus íunciones· Se puede argüir que el conjunto del
·ocabulario original de Gramsci se íormula como contestación a esas cuestiones. aplicado
dentro de sus discusiones sobre las, relaciónes, del estado con la sociedad ci·il v de la
dominación a la hegemonía. en sus analisis de la historia Italiana v su representación del
Partido (omunista como “Príncipe moderno.”
44
La capital opinión gramsciana de que la cultura v los ·alores burgueses ante el
bloqueo e·entual o pre·io de la re·olución. deben transíormarse necesariamente desde
dentro. constituve en concreto un tipo de creencia que pri·ilegia no·edosamente la íigura
del intelectual re·olucionario. Sólo el intelectual. concebido ampliamente. puede ser·ir de
puente en el espacio existente entre la sociedad ci·il v la sociedad política. o en los espacios
entre la política. la economía v la sociedad en general. Para lle·ar a cabo esta tarea el
intelectual no debe situarse por encima. contra o al margen del proletariado. como en las
nociones adulteradas del leninismo. Por el contrario Gramsci insiste en que el intelectual
debe ser una parte constituti·a del proletariado: la constitución “organica” del intelectual
no debiera implicar ningún tipo de pérdida de identidad de clase –este criterio es. de hecho.
parte de la deíinición del intelectual organico. Sí puede injerirse. por contraste. semejante
pérdida de identidad de clase en la íormación del intelectual “tradicional” que. con su
consentimiento. deja de representar los intereses de su propia clase –su clase original
re·iene irrele·ante- v se constituve como un íuncionario cohorte del grupo dirigente.
Gramsci esta pensando presumiblemente en los intelectuales “tradicionales” al ser·icio de
la Iglesia (atólica en Italia. que transíormados abrumadoramente desde su origen
campesino terminaron lle·ando a cabo íunciones “cosmopolitas”,.
Gramsci creía que no se puede sostener en términos absolutos la distinción entre la
producción intelectual v material. v que en general es indeíendible desde que en último
término no es sino un ejemplo de la di·isión capitalista del trabajo. Por otra parte. en
principio esto puede ser superado por el intelectual “organico” de la clase proletaria. Ln
deíiniti·a Gramsci reílexiona contra la caliíicación de la categoría social diíerenciada de un
intelectual que “sobre·uela”. en el sentido de Karl Mannheim. de di·ersos modos con
independencia. anterioridad..., la noción de clase. Lsta postura puede re·elarse como mito
auto-aplicado. Se puede maniíestar que el estatus de los intelectuales “tradicionales”.
literatos. cientííicos. religiosos. íilósoíos. etc.. gente cuvas posiciones en los intersticios de
la sociedad les proporciona un aparente aura mas alla de la clase. deri·a de este último
analisis sobre las relaciones de clase pasadas v presentes: típicamente tanto en su acepción
característica como predecible,. el intelectual “tradicional” ocultara su ·inculación con
diíerentes coníiguraciones históricas de clase. pero en principio este ocultamiento puede
quedar denunciado como íalsedad.
Aunque se puede apovar mucho de todo esto. la contraposición entre la categoría
“tradicional” v “organica” en torno al tema de los intelectuales le·anta molestas dudas–
dudas. debemos senalar. ligeramente omitidas por la reser·a de los estudiosos de Gramsci
para cuestionar esta distinción de manera crítica.
45
Ln ·ista de esta reser·a. puede resultar
de avuda recurrir a los lingüistas que editaron Selecciones de los cuadernos de la cárcel.
paraíraseando bre·emente su caracterización de los intelectuales “organicos”. v senalando
en qué sentido oírecen una aportación a nuestras dudas. Los intelectuales “organicos”.
según Ouintin loare v Geoíírev Nowell-Smith. son “los elementos pensadores v
organizadores” de una clase social “íundamental”. ·gr.. el proletariado.
46
Se distinguen
menos por sus ocupaciones –que pueden ser trabajos característicos de su clase- que por su
íunción directora de ideales v aspiraciones de clase a la cual ellos pertenecen íorzosamente.
Ll modelo implícito aquí. tal v como la discusión de Gramsci deja claro. es el de los
Jacobinos durante la Re·olución lrancesa. que comenzaron la ·ida como intelectuales
“tradicionales”. v la terminaron “de aquellas maneras”,.
loare v Nowell-Smith caracterizan la importancia central de la distinción entre el
intelectual “tradicional” v el “organico” mediante los siguientes puntos: 1, conecta con la
proposición de que “todos los hombres son íilósoíos.”

v con la discusión de Gramsci
sobre la propagación de las ideas íilosóíicas v la ideología a lo largo de una cultura: 2,
relaciona las ideas de Gramsci sobre la educación
48
a tra·és de su éníasis en el caracter
clasista de la íormación del intelectual a tra·és de su escolaridad: 3, se propone como base
de sus pensamientos sobre la historia Italiana los intelectuales durante el Risorgimento
realizaron una íunción de mediación esencial en el íorcejeo interclasista,: v 4, reíuta a
Kautskv. que había obser·ado la relación entre trabajadores e intelectuales en términos
íormales. mecanicos. De acuerdo con Kautskv los intelectuales de los orígenes burgueses –
como Marx. Lngels o él mismo- distribuven magnanimamente los costosos írutos de la
educación. la teoría. el liderazgo v dirección. a una masa pasi·a e inculta de trabajadores.
decididamente no-intelectual o incluso anti-intelectual,.
Precisamente. en una ·ersión temprana de la posición Kautskiana adoptada en un
principio por los radicales de clase media v elaborada por Mills. Arnold v otros. ·eremos
cómo las clases trabajadoras radicales de la década de 1830 rechazan. en ese mismo terreno.
no sólo su presupuestos condescendientes. sino su e·idente íalsedad: la autonomía de las
instituciones de la clase trabajadora v la auto-dirección de sus mo·imientos eran principios
íundamentales. a pesar de estar constantemente amenazados. Incluso en la mas reíormista
década de los sesenta siempre en el XIX,. los argumentos de la clase trabajadora
conser·aban algún ·estigio de estos principios. de manera mas e·idente en su deseo al
menos nominal de instituciones educati·as autónomas. incluso cuando aceptaron de
manera creciente el padrinazgo de intelectuales de clase media v alta. Pero en la década de
1830 este patrocinio de los intelectuales era escasamente aceptado: sus predecesores. los
cartistas v los primeros radicales ingleses no tenían duda de las capacidades intelectuales de
su clase. v de hecho propusieron el problema de los intelectuales v la “ignorancia” popular
en términos de poder v clase. v de deíiniciones clasistas de “conocimiento útil”. La
suposición de la naturaleza desorientada del pensamiento de clase trabajadora es posterior e
“intelectual”. por parte de la izquierda v de los teóricos liberales. Ln la década de 1850 la
clase trabajadora inglesa tenía sus propios intelectuales “organicos” v. tal v como senala
Richard Johnson. “la relación entre el liderazgo radical v la gente de clase trabajadora era
extraordinariamente estrecha.”
49

Gramsci elabora el concepto de “intelectual organico” en Cuadernos de la cárcel.
Según se desarrolla como nue·a clase. económica v asociati·amente. Gramsci sugiere que
tiende a crearse “organicamente |...| uno o mas estratos de intelectuales que dotan de
homogeneidad v auto-reconocimiento a su propia íunción. no sólo en lo económico sino
también en lo social v en el campo político.”
50
Ln tanto la categoría de “intelectual” en
Gramsci es muv extensa–incluiría al escolar. el escritor. el hombre de letras. v también a
cualquiera cuva íunción social implicara la propagación de ideas dentro de la sociedad ci·il.
o entre el gobierno v la sociedad ci·il- su categoría de “intelectual organico” también es
expansi·a. De acuerdo con la glosa que \alter Adamson hace de “Los Intelectuales” de
Gramsci. los intelectuales organicos de la aristocracia en las sociedades íeudales incluirían
no sólo a soldados v otros especialistas en “capacidad tecnomilitar”. sino también a
sacerdotes en todas sus ·ariadas íunciones.
51
Bajo el capitalismo los intelectuales organicos
de la clase burguesa no son sólo los especialistas en dirección v organización industrial. sino
también los economistas. abogados. editores. doctores. publicistas –o de hecho. cualquiera
conectado con lo que ahora llamamos “industria cultural”. que Gramsci llama “la
organización de una nue·a cultura.”
52
Ln el caso del proletariado producido en la órbita del
capitalismo. los intelectuales organicos comprenden todos esos esíuerzos para producir una
nue·a cultura proletaria. así como un íuncionariado en su sentido mas ronoso capataces de
tienda v mavordomos. técnicos maquinistas. economistas de sindicato,.
Ln el caso de clases sometidas como el proletariado. los intelectuales organicos
quedan deíinidos o caracterizados prospecti·a v íuncionalmente: los intelectuales organicos
procuran inspirar la autoconciencia del proletariado como actor histórico. dotandole de
liderazgo social. cultural v político.
53
No obstante. hasta que este proceso alcance un estado
a·anzado los intelectuales tradicionales estan probablemente íorzados a llenar el ·acío de
liderazgo. Gramsci los caracteriza como un “grupo social |relati·amente| autónomo e
independiente” que experimenta a tra·és de un esprit de corps su “continuidad histórica
ininterrumpida v la especial caliíicación |de sus miembros|.”
54
Los intelectuales tradicionales
no tienen un único origen de clase. v con írecuencia se imaginan de manera pre·ia o mas
alla de las di·isiones de clase usuales. No estando organicamente ·inculados a una clase –
incluso por ascendencia-. los intelectuales tradicionales tienden a situarse en la mejor
situación para sus intereses. Algunos intelectuales al ser·icio del proletariado encajan
probablemente en la descripción que hace Adamson del abandono de su situación. para
pasar a íormar parte de los antiguos intelectuales organicos burgueses. Otros pueden ser
super·i·ientes de herencias decadentes o desaparecidas como la Iglesia o la aristocracia
militar.
Ln tanto una clase madura esa posición donde puede empezar a aíirmar su poder
políticamente. la suplantación del intelectual tradicional por el intelectual organico adquiere
una importancia progresi·a. Pero no hablamos de una simple sustitución. Ls probable que
tome la íorma de una complicada v prolongada coordinación “de la íorma v la cualidad de
las relaciones entre ·arios estratos intelectualmente cualiíicados.”
55
que se prolonga durante
·arias generaciones antes de demostrarse deíiniti·amente irre·ersible.
(ualquier tipo de desarrollo clasista hacia la dominación. “ri·alizara para asimilar v
conquistar ´ideológicamente´ a los intelectuales tradicionales.” Los intelectuales organicos
insertos en el proletariado no sólo deben identiíicarse írente a los intelectuales
tradicionales. sino que deben trabajar acti·amente para asimilarlos. “(uanto mas éxito se
tiene en la elaboración simultanea de los intelectuales organicos propios”. “mas rapida v
eíicaz” sera esta “asimilación v conquista”.
56
lov. por una parte. “el enorme desarrollo de acti·idad v organización educati·a en
el amplio sentido |...| es un índice de la importancia asumida por las íunciones v las
categorías intelectuales.” Por otro lado. “paralelo al esíuerzo de proíundización v
ensanchamiento de lo ´intelectual´ en cada indi·iduo. hav también un intento de estrechar
·arias especialidades.” Los esíuerzos para promo·er “la llamada ´alta cultura´.” íorman
parte de este mismo intento: “las escuelas e institutos de la alta cultura pueden quedar
equiparadas a cualquier otra” con bastante íacilidad.

Por otra parte. mientras resulta
axiomatico que la educación proletaria depende del liderazgo acti·o de los intelectuales
organicos.
58
esto a su ·ez no puede ser entendido al margen de la auto-educación de las
masas:
Ll proceso de desarrollo |de los intelectuales organicos| esta ligado a la dialéctica entre los intelectuales
v las masas. Ll estrato intelectual se desarrolla tanto cuantitati·a como cualitati·amente. pero cada
salto hacia una nue·a amplitud v complejidad del estrato intelectual esta ligado a un mo·imiento
analogo por parte de lo “simple”. que se ele·a a mas altos ni·eles de cultura v al mismo tiempo
extiende su círculo de iníluencias hacia el estrato de los intelectuales especializados. produciendo
grupos de mavor o menor importancia.
59
1al v como se desarrolla la dialéctica de Gramsci en el tiempo. el espacio entre el intelectual
v las masas tiende a estrecharse hasta que los dos elementos se íunden en un “bloque
intelectual´moral.”
60
que sera el embrión de la íutura sociedad socialista v la base de un
“estado potencial”. “Ll elemento popular ´siente´ pero no sabe o entiende: el elemento
intelectual ´sabe´ pero no siempre entiende. v en particular no siempre siente.”
61
Por esta
razón “la íilosoíía de la praxis no tienden a abandonar lo ´simple´ en su íilosoíía primiti·a
del sentido común. sino que mas bien la dirige a una concepción mas alta de la ·ida.”
62
Ll hombre-en-la-masa acti·o tiene una acti·idad practica. pero no tiene una conciencia teórica clara de
su acti·idad practica. que no obstante implica un entendimiento del mundo en la medida en que lo
transíorma. Su conciencia teórica puede oponerse de hecho a su acti·idad. Uno puede casi decir que
tiene dos conciencias teóricas o una conciencia contradictoria,: una que esta implícita en su acti·idad
v que en realidad le une con todos sus companeros trabajadores en la transíormación practica del
mundo real: v otra. superíicialmente explícita o ·erbal. que ha heredado del pasado v absorbido
acríticamente.
63
Nuestra objeción a las íormulaciones de Gramsci no descansa en la cuestión
íundamentalmente “moral”. v por lo demas bastante ingenua. de si el intelectual puede
representar al subalterno. Mas bien el problema reside en la tendencia a comprender que el
intelectual burgués es “tradicional”. según una idea acogida ·irtualmente por todos los
estudiosos de Gramsci. La posición inicial de Gramsci en “Los Intelectuales” sugiere mas
bien que los intelectuales organicos de la sociedad burguesa no sólo incluven al empresario.
el técnico industrial v el especialista en economía política. sino también a “los
organizadores de una nue·a cultura”. Lsta postura de Gramsci queda condicionada por la
inclusión de grupos como académicos. “hombres de letras”. artistas v proíesores en el seno
de los intelectuales culturales. junto a periodistas. publicistas v proíesionales médicos v
legales. Por supuesto todas estas íunciones tienen una existencia pre-capitalista.
constituvendo acti·idades “tradicionales” “compartidas” por la burguesía. v pro·evendo
por lo tanto “intelectuales tradicionales” que pueden a su ·ez resultar elegidos por los
mo·imientos proletarios. Pero cualquiera que sea la auto-percepción de estos intelectuales
como pre·ia o mas alla de la aíiliación clasista. ocupando –en palabras de los editores de
Gramsci- “los intersticios de la sociedad.”
64
argumentaríamos que dicha comprensión de la
íunción del intelectual en la sociedad burguesa es errónea. Lo que nuestro trabajo mostrara
es. por el contrario. la transíormación irreductible del trabajo del intelectual pre-capitalista
que tiene lugar con la Re·olución Industrial. produciendo a los”organizadores de una
nue·a cultura” a tra·és de los intelectuales “organicos” mas importantes de la sociedad
capitalista.
Lo que coníiamos mostrar en Cultura y Estado es que la naturaleza organica del
intelectual burgués es estructural incluso antes de ser consciente o explícitamente “política”
en algún sentido. Lste posicionamiento estructural de los rangos intelectuales. desde la
localización espacial v temporal del proíesor en la clase hacia la posición mucho mas
determinada del intelectual en las esíeras de la cultura v la educación. en tanto se
diíerencian de otras esíeras. principalmente la económica v la política. propician la típica
demanda de “desinterés” por parte de los intelectuales. Según una proíusa argumentación
que ·a desde \eber a Durkheim. la organización de la sociedad burguesa un término que
condensa tanto capitalismo como modernidad, depende de esta diíerenciación v
articulación de espacios. A pesar de la demanda de desinterés intelectual íundada a lo largo
del dominio cultural. los intelectuales actúan íundamentalmente en el seno de esa esíera tal
v como Gramsci describe la íigura del dirigente.
Nuestra discusión sugerira a lo largo de este libro que la íormación del intelectual
en la modernidad burguesa siempre esta ·irtualmente determinada por este sistema
“organicamente conectado” de espacios sociales por seguir con el ·ocabulario de Gramsci.
aunque nosotros preíeriríamos utilizar “articulado” con todas sus diíerentes resonancias
semanticas,. La rapida rearticulación de los intelectuales en las íormas de la sociedad
burguesa los conecta a sus estructuras signiíicantes indiíerentemente de su ideología
personal. un hecho que explica el sentido diario de contradicción que enírenta a muchos
proíesores radicales en cada aspecto de sus practicas diarias.
Intentando desarrollar el planteamiento de Gramsci. nuestro argumento entra en
conílicto con la interpretación que hace Gramsci sobre la Italia de su tiempo. basada en la
transición de los intelectuales del sur desde proíesiones relacionadas con la sociedad del
campesinado –sacerdocio. leves. medicina. etc.- hasta la burocracia estatal v las instituciones
académicas. No parece e·idente para Gramsci que estos intelectuales entran en relación
organica con el estado burgués al que sir·en precisamente porque éste ha transíormado la
importancia de esas instituciones con respecto al sistema general de sus aparatos. Por ello
los intelectuales aparecen en posiciones organicas v no tradicionales como un dirigente.
65
Ln
cualquier caso su reílexión sobre travectoria de los intelectuales del sur es sugerente porque
abre la posibilidad de una transíormación de la posición estructural de los intelectuales
radicales. que no condicionan su posición dirigente como miembros de un partido pre·io.
Gramsci argumenta que los llamados intelectuales tradicionales han terminado arrastrados
hacia el partido re·olucionario en ·irtud de la íuerza históricamente superior de los
discursos de los intelectuales organicos. Si a pesar de esto consideramos seriamente la
implicaciones de sus escritos sobre la cuestión surena en las sociedades coloniales.
podemos abrir una ·ía para la alternati·a intelectual radical írente a la narrati·a de
seducción v traición propuesta por Gramsci.
Nuestro modelo en esta cuestión sería la dinamica de íormación v practica del
intelectual anticolonial. 1al v como se ha puesto de maniíiesto proíusamente. mediante un
esíuerzo representado ejemplarmente por lrantz lanon en Los condenados de la tierra. el
intelectual colonial esta íormado en principio por los aparatos educati·os v religiosos del
estado colonial. Su íunción consiste en íormar al intelectual como simulacro del sujeto
intelectual occidental. de cara a constituir un clase mediadora capaz de administrar la
colonia como “sujetos que trabajan por sí mismos.” Lsta íormación. sin embargo. por su
propia lógica de di·isión v selección. sólo puede producir al intelectual colonial como
simulacro. Lse intelectual íinalmente encuentra los límites de su asimilación en la íorma de
estructuras coloniales racistas que niegan la “humanidad” plena. prometida por los aparatos
educati·os v políticos del imperio. Ll encuentro con un racismo estructuralmente
irradicable en las relaciones imperio-colonia mue·e al intelectual hacia una posición de
nacionalismo anticolonial. Ln un primer momento este nacionalismo es articulado por los
intelectuales como un equivalente de las íormas del poder colonizante: esto es. la nación
imaginada reproducira tanto sus aparatos como sus ideologías uni·ersalistas basadas en el
derecho. de cara a constituir un estado moderno. lanon argumenta que. siguiendo esta
travectoria se íorja una dependencia de la nación-estado de capital neo-colonial. impulsada
por la ideología estadista de los intelectuales burgueses nacionales. Pero si se dirige a los
intelectuales hacia una conírontación popular comprometida por íormaciones sociales
subalternas. gradualmente se desprenderan de las asunciones políticas v culturales. que son
los signos de su asimilación de las estructuras coloniales. asumiendo las íormas íluidas v
esencialmente no-tradicionales de la resistencia subalterna. en lo que lanon denomina “esa
zona de inestabilidad donde el pueblo mora.” Dejaran de ser los “líderes” v contribuiran a
la lucha en ·irtud de lo que estan aprendiendo. mas que por lo que lle·aban aprendido.
66
Por supuesto nuestra posición no idealiza semejantes re·ueltas populares. con todas
sus contradicciones v sus obstaculos. sino que mas bien recupera de las condiciones
especííicas de los analisis anticolonialistas del rol del intelectual v de las re·ueltas populares.
un escenario alternati·o al ocupado por Lenin o Gramsci bajo la íorma de partido
dirigente. (oníiamos en que nuestra genealogía de la posición v las íunciones de los
intelectuales burgueses pueda quedar conectada dentro de las instituciones culturales v
educati·as que emergieron en el siglo XIX con las lecciones alternati·as que pueden
aprenderse de las luchas populares del mismo periodo en torno a problemas políticos.
económicos v educati·os. Ln nuestra conclusión argumentaremos que el discurso excesi·o
del reciente íallecimiento del comunismo v el decli·e actual de las íormas anteriores de
institución v lucha obreras. presagian menos un momento de colapso de la izquierda que
una oportunidad de transíormación de los conceptos de practica. Ln el capitalismo
contemporaneo la creciente íluidez de los espacios sociales. v por consiguiente de la
deíinición de lo que constituve propiamente lo político. combinada con la correspondiente
aparición de mo·imientos sociales que redeíinen tanto la practica v los objetos de lo
cultural como el íorcejeo político v social. oírece la posibilidad de nue·as íormaciones
culturales e intelectuales. v la disolución de un estado cultural hegemónico.
Lsta posibilidad implica no sólo aperturas practicas sino también metodológicas. Lo
que pretendemos dar a entender es que los intelectuales no son una posibilidad pre·ia.
como ejemplos representantes de una capacidad mas plena o como epígonos del progreso.
Nosotros ·enimos después. Venimos después de un completo repertorio de posibilidades.
de estrategias contra-hegemónicas e imaginaciones alternati·as. que no podemos reclamar
como herencia propia. Ln las ruinas de sus pasos no encontramos nada que desarrollar v
nada que lamentar como pre·isible. Obser·ando el momento presente. en el gradual
colapso de esos espacios que nos son propios v de las practicas heredadas. encontramos
junto al espectro de un capitalismo aglutinante v homogeneizante aperturas alternati·as v
ílujos que de ninguna manera son “ejemplares”. dada la especiíicidad v la indeterminación
que comparten con su momento histórico. Precisamente en esa relación diíerente con los
“íines” de la humanidad. en negación de las demandas uni·ersales por parte de los
mo·imientos sociales contemporaneos. descubrimos un ·igoroso repertorio de
posibilidades reno·adas.
(APÍ1ULO 1.
LA (UL1URA DLL LSPL(1Á(ULO
“cuanto mas contempla |el espectador|. menos ·e: cuanto mas acepta
reconocerse en las imagenes dominantes de la necesidad. menos
comprende su propia existencia v su propio deseo. La exterioridad del
espectaculo respecto al hombre acti·o se hace maniíiesta en el hecho de
que sus propios gestos dejan de ser suvos. para con·ertirse en los gestos
de otro que los representa para él.”
Guv Debord. La sociedad del espectáculo..
Ln la posmodernidad la idea de que habitamos una sociedad del espectaculo ha llegado a
ser un lugar común. Pero si. según algunos analisis. la espectacularidad de la esíera pública
que supone al sujeto moderno es el signo de una nue·a alienación sin precedentes que
atane a su participación acti·a en la ·ida política. es importante no ol·idar la magnitud que
la íigura del espectador o contemplador ha tenido históricamente. en tanto tipo de
subjeti·idad política ejemplar. incluso heroica. Lsta íigura aparece como crítica moral o
social. así como estética. en publicaciones como Spectator de Addison a principios del siglo
XVIII.

Pero para íinales de ese siglo. v concretamente en relación con la Re·olución
írancesa. Immanuel Kant transíorma explícitamente la posición moral del espectador en
una relación de tipo político. si bien queda relacionada con un tipo de república ideal. 1al v
como argumenta en su ensavo “Ll conílicto de la lacultad de lilosoíía con la lacultad de
Derecho”. sólo el espectador íilosóíico puede deri·ar un sentido uni·ersal de progreso de
una situación política tan ·iolenta v potencialmente desastrosa como la que surge de aquella
re·olución reciente. Lse sentido de progreso supone la aparición de una disposición de la
humanidad hacia la constitución republicana:
La incorporación de esta causa moral en el curso de los acontecimientos, es doble: primero como
derecho. en tanto no se debe entorpecer que una nación disponga de una constitución ci·il que parece
buena para el propio pueblo: v en segundo lugar como fin que es. al mismo tiempo. un deber,. si esa
misma constitución nacional es exclusi·amente justa v moralmente buena en sí misma. elaborada de
una determinada manera que e·ite. por su propia naturaleza. principios que hagan posible la guerra.
No puede tratarse mas que de una constitución republicana. republicana al menos en esencia: así se
establece la condición para e·itar la guerra íuente de todos los males v corrupción moral,: v. al menos
potencialmente. la humanidad se asegura el progreso a pesar de toda su debilidad. pues al menos no se
molesta su a·ance.
68
Según comenta lannah Arendt en sus Lecturas sobre la filosofía política de Kant.
Ll espectador. como no esta in·olucrado. puede percibir este designio de la pro·idencia o de la
naturaleza. que queda oculto para el actor. Así tenemos por un lado al espectaculo v el espectador. v
por otro a los actores v las contingencias de todos los acontecimientos simples. de los acontecimientos
azarosos. Ln el contexto de la Re·olución lrancesa. a Kant le parecía que la ·isión del espectador
acarreaba el signiíicado último del suceso. aunque esta ·isión no bastase para actuar.
69
Reindhart Koselleck ha trazado en Crítica y crisis la transíormación gradual de la moral en
censor político durante el siglo anterior a Kant. argumentando poderosamente lo ine·itable
de este proceso v el ·alor íundacional de su naturaleza en la aparición de la política
burguesa.
¯0
Arendt comprende el oblicuo compromiso kantiano con la teoría política como
crítica. en la medida en que el espectador desinteresado. como juez en el pleno sentido en
que la Tercera Critica relaciona el juicio con la adscripción de los fines, queda soca·ado por el
sujeto en tanto agente interesado. Lo que imprime en el sujeto algo mas que un mero ·alor
moral o de gusto. no a la manera de textos sobre estética v sentimiento sino en un sentido
plenamente ético. es la capacidad de adjudicar íines. v por consiguiente de proponer
acciones indi·iduales como partes de una totalidad. Lsta aparición del sujeto político como
primacía ética también íundamenta las demandas uni·ersales de la política burguesa.
mientras deíine a ese sujeto como una entidad enteramente íormal. Lo que esta aquí en
juego es. en términos de la Tercera Critica. una disposición del sujeto antes que una
conciencia indi·idual v condicionada.
¯1
Ln este momento histórico la di·isión del sujeto en agente v espectador no es
problematica tal v como parece serlo para Guv Debord. Por el contrario. se proporcionan
aquí las condiciones de posibilidad para exigir uni·ersalidad v desinterés de las emergentes
instituciones político-burguesas. incluso si con esto se aprueban necesariamente practicas
de política partidista. La paradoja por la que los estados burgueses demandan una
trascendencia desinteresada de la política. mientras en la practica operan a tra·és de una
incesante articulación de intereses conílicti·os. se resuel·e con esta di·isión del sujeto. Si a
un ni·el se presentan ante el estado las demandas competiti·as de intereses antagonistas. a
otro ni·el éticamente superior el estado representa en un giro al sujeto humano obser·ador
v uni·ersal. Ll estado no es ni un simple punado de instituciones ad hoc ni una idea
puramente desinteresada: es de hecho la intersección producti·a de ambas cosas. Las
contingencias de la practica cotidiana estan reguladas por una narrati·a que precisamente se
traslada de las irregularidades de lo contingente hacia la “idea reguladora” en términos
kantianos, de una armonía diíerida v asintótica. Podemos trazar este relato siguiendo la
premisa cotidiana por la cual el representante electo. en·iado al congreso o parlamento
como representante de intereses v´o localidades. justo en ese paso del distrito electoral al
estado se con·ierte en un sujeto supuestamente ético. de quien se espera que someta su
·oluntad a un sujeto de la ·oluntad general.
Lsto nos lle·a hasta el segundo punto implícito en los comentarios de Debord. De
nue·o lo que Debord encuentra problematico en este punto nos parece condicional en la
política burguesa temprana. Nos reíerimos a la aparición de una teoría de la representación
política v. mas especííicamente. a los procedimientos e instituciones que íorman sujetos
dóciles v susceptibles de ser representados. Así. la idea de representación es íundamental en
nuestra cultura política v eíecti·amente estética,. hasta llegar a parecer ob·ia de una
manera ineludible. 1anto que. de hecho. pensar íuera de esos términos resulta
practicamente imposible. Debord considera lo ineludible de “ser representado” en la era
posmoderna como un índice alienante de pérdida de poder. Aquí v en los capítulos
siguientes argüiremos que. para aquellos pensadores anteriores que contribuveron a la
íormación de la teoría política burguesa v de sus instituciones. conseguir ser representados
no era una mera aproximación a una humanidad mas plena. sino la propia condición de la
·ida política. Aprender a ser representado garantizaba. si no el poder. al menos el pri·ilegio.
No se trataba bajo ningún sentido de una concesión ob·ia de la cultura. sino mas bien de
una condición de la ·ida política. que debía ser constituida por medio de una diíícil
inter·ención pedagógica sin precedentes en la sociedad. Permitir la propia representación
no era bajo ningún concepto el estado natural v ob·io del indi·iduo humano. sino el eíecto
de una cultura emergente históricamente. Para pensadores como Kant. Schiller. (oleridge o
Mill. el mo·imiento del sujeto desde su condición en un estado mas o menos íeudal hacia
ese otro sujeto humano v político. senalaba un equi·alente del largo progreso histórico de
la humanidad. del sal·ajismo v la barbarie hacia la libertad v la ci·ilización. La propia
historia del uso de la palabra “sujeto” lo implica en realidad.
Dada la diíicultad para pensar desde nuestra perspecti·a histórica un momento en
que la representación no constituía un modo de ser deíiniti·o en el mundo social,.
trataremos de aproximarnos al problema tanto teórica como ideológicamente. abordando la
Re·olución lrancesa como una encrucijada entre dos pensadores cuvas actitudes con
respecto a la representación son. de manera crucial. incompatibles. Nos concentraremos en
el ataque al teatro que Jean-Jacques Rousseau lle·a a cabo en su Carta a M. D´Alembert v en
los dos trabajos de lriedrich Schiller. Sobre la educación estética del hombre v “Sobre el escenario
como institución moral”. (oníiamos en que estos pensadores nos permitiran despejar el
discurso extrano v no·edoso que aparece en torno a la representación en el momento de la
Re·olución lrancesa: la paradoja reside en que lo extrano ahora es la oposición de
Rousseau a la representación. (onsecuentemente nos ·eremos obligados a considerar sus
escritos mas como un tipo de íicción crítica que como el diseno positi·o de una íutura
sociedad “post-representati·a”. No obstante. mas adelante sugeriremos la continuidad
entre su concepción de las íormas de relación social de una sociedad no-representati·a v
íormulaciones posteriores. que suíren la misma relación de desigualdad con esas
instituciones estatales que imponen la base del gobierno representati·o. Ln cualquier caso
no pretendemos la iníluencia directa de estos pensadores. ni en la íormación de estas
instituciones ni en la de contra-instituciones radicales. lav mas bien en ambos casos una
simple iníluencia. pero el objeto de este capítulo consiste en despejar el sentido del discurso
de la representación que en círculos radicales. creemos. íue mas contestado de lo que se ha
supuesto hasta ahora. Alimentando las ideas de Gramsci sobre los sitios en los que la
hegemonía v sus sujetos se constituven. provectaremos el escenario como institución
paradigmatica del “estado ético”.
ROUSSLAU. LA 1RANSPARLN(IA \ LL DLS1INO DL LA lILS1A
¯2

Ls necesario mantener aislados a los sujetos. Lsta es la primera maxima
de la política contemporanea.
-J.-J. Rousseau. “Lnsavo sobre el origen de los lenguajes” 1¯54,
Ll término “transparencia” signiíica para Rousseau un modo de percepción v
comunicación entre los seres humanos que esta libre de toda íalsedad v engano. No se trata
de una idea rousseauniana entre otras: la meta de una transparencia absoluta en las
relaciones humanas ·gr.. sociales, se establece como lo que podríamos denominar. ideal
recuperador de Rousseau –restaurador de un estado de la naturaleza. que íunciona aquí
como origen oculto de un pueblo que “íunda su seguridad en la íacilidad de reconocerse a
tra·és del otro”
¯3
. 1odos los escritos de Rousseau oírecen diíerentes estrategias para
recuperar una transparencia original v perdida. directora latente v eterna: incluso las
Confesiones. tal v como apunta Starobinski. se proponen como la constitución de un circuito
de transparencia entre el Rousseau-autor v sus lectores.
¯4
Por supuesto aquí hav una
paradoja: en tanto Rousseau cree que los gestos v las reacciones espontaneas no mienten. el
lenguaje es en principio un obstaculo. v no un medio que expresa la bondad natural. Ll
lenguaje representa. re-presenta: esta diíerencia constituti·a entre algo en sí mismo v
aquello de lo que habla establece un engano que esta a su ·ez unido al ·icio. Las ambiguas
capacidades del lenguaje reemplazan la ilusión de la comunicación por la practica de una
ilusión íalsaria. v esto último es bastante mas diíícil de neutralizar.
Pero de acuerdo con Rousseau debemos contrarrestar esto al coste que sea. Las
drasticas medidas apelando por la aparición moral que deseaba inculcar a sus
contemporaneos encierran mucho mas de lo comprendido en su Carta a M. d´Alembert sobre
el teatro 1¯59, entendida írecuentemente como. por ejemplo. simple acusación de
cosmopolitismo v soíisticación urbana. De hecho. la Carta es precisamente un argumento
de la necesidad de recuperar la transparencia. elaborando esta reclamación en términos
rigurosamente binarios: el pueblo de París se deíine a sí mismo. v sólo puede ·erse
propiamente a tra·és de los ojos de otros. A tra·és del eje de su amour propre se mantiene al
margen del calculo. la emulación. la hipocresía v el engano. por lo que cada cual reíuerza su
propia conciencia como indi·iduo en su relación con los otros. Por contraste. en
Neuíchatel –la indudable alternati·a rousseauniana del pueblo doblemente idealizado-.
“cada cual es todo por sí mismo. ninguno es nada para el otro.”
¯5
No se trata de una
íórmula egoísta. sino un apunte de su trascendencia. Percibir el propio caracter como
unidad moral auto-contenida supone íacilitar el oírecerse accesible. abriendo ·ías a los
demas. Ll propio vo abierto. honesto. íranco. sin nada que ocultar. permanece enterrado –
implícito- en todos nosotros. v sólo desde la base de su desenmascaramiento se establece
un circuito comunicati·o entre grupos donde el “vo” llega a ser propio en el sentido mas
auténtico posible. Por supuesto. las condiciones para que se produzca esta aparición de
honestidad v transparencia no estriban simplemente en la naturaleza moral del propio vo.
Se establecen según acuerdos económicos v políticos inseparables de la transparencia: esto
es. una constitución “republicana” en la que nadie queda representado por otro v. por
consiguiente. en relaciones económicas donde la di·isión del trabajo v el intercambio son
mínimos. La siguiente cita encierra un caracter político v económico. pero pro·iene de una
organización social en la que tanto la di·isión de esíeras como la di·isión del trabajo
resultan impensables: “Nunca entró en este país ningún carpintero. cerrajero. ·idriero o
tornero: cada cual lo es todo para sí mismo. ninguno es algo para el otro” pag. 61,.
No es entonces en Neuíchatel sino en París. capital política v económica de
lrancia. donde se apremia al pueblo a disimular con el mero íin de lograr el equilibrio
social. No resulta extrano que el actor pueda encontrar en este escenario un sitio de tanto
honor. Aquí él pertenece a gente que esta jugando papeles habitualmente –o
indiscriminadamente. como el sobrino de Rameau en Diderot. Ll actor caracteriza a la
sociedad en general íalsiíicandose al imitar a los otros. o presentando a los demas una mera
·ersión de algún aspecto de, sí mismo. Su “desgraciada humillación |...| le da la posibilidad
de abordar todo tipo de papeles excepto el mas noble de todos. el de lombre –que queda
abandonado.”
¯6
Ln este punto es de suma importancia traer a colación un conocido pasaje
de su “Primer discurso”: “tenemos lísicos. Geómetras. Ouímicos. Astrónomos. Poetas.
Músicos. Pintores: va no nos quedan ciudadanos.”
¯¯
Ln su éníasis de la di·isión entre el
trabajador v el propio vo. el sentido que adquiere el “abandono del hombre” en Rousseau
parecera acercarse a lo que Schiller aíirma un poco mas tarde. Pero como ·eremos. donde
Schiller busca “restaurar por medio de un Arte mas ele·ado la totalidad de nuestra
naturaleza. que las mismas artes han destruido.”
¯8
Rousseau provecta la restauración de un
hombre sin di·isión –en eíecto. sin arte. artiíicio o artiíicialidad.
Ll abandono de humanidad. v. lo que es lo mismo para Rousseau. de la posibilidad
de ciudadanía. no es por supuesto deíiniti·o o absoluto. Pero es importante. Implica una
doble pérdida: la pérdida de la capacidad de la experiencia espontanea v la de decisión
moral. Lo único que puede contrarrestar esta travectoria es el tipo de inmediatez del propio
vo hacia los otros. v del propio vo hacia sí mismo. que esta in·olucrado en la idea de la
mismidad tal v como la entendió Rousseau. Lsta idea se sitúa como antítesis del ideal
educati·o. particularmente. tal v como es promulgado por la tradición decimonónica del
Bildung. a la que Schiller contribuvó tan notablemente. Aquí no se trata de una cuestión de
aumento v crecimiento. sino de quitarse o despojarse de capas. Ln nombre de su ideal
recuperador Rousseau clama por un desenmascaramiento absoluto. por la eliminación de
caracteres para lograr. a tra·és de este desenmascaramiento. la erradicación del engano. la
hipocresía. la duplicidad. la ambigüedad. el orgullo v la presunción –en una palabra. del
amour propre. Sólo a partir de esta erradicación llegaría la mismidad a ser origen o principio
de la comunidad. Allgemeinheit. por decirlo en los términos de legel. No puede ediíicarse
una ·erdadera base común hasta que seamos capaces de enlazarnos directamente con los
otros. de propio a propio. o con una mediación lo mas pequena posible. Por supuesto
lograr una inmediatez tal puede apuntar una disposición de rango ele·ado. Pero lo que se
hace necesario eníatizar aquí es que. como anhelo o tentati·a personal v política. no es una
cuestión a conquistar tra·és de la educación a menos que contemplemos un tipo de
educación extremadamente heterodoxa como la del jo·en Lmilio,. De hecho. desde un
cierto sentido no hav que esforzarse en absoluto. en tanto el vo. aunque no atiende algunas
íunciones mediadoras. las contiene constantemente implícitas en todos nosotros.
esperando su descubrimiento v resurrección. Si esto surge. debemos a aprender a ·alorar la
lección de su lenguaje iletrado impensable. natural,. arrancando la capa de íalsedad v
dejando así maniíestarse lo latente.
Se sigue de esto que cuantas menos capas sea necesario quitar. mas íacil sera la
conquista de la ·erdadera mismidad v del ser moral. Así se entiende la carga re·olucionaria
que contiene el Emilio entre líneas: el crudo. el iletrado. el tosco v el no reíinado son en
principio mas capaces de lograr el estado deseado que el soíisticado. el instruido. el
cosmopolita. A este ni·el. la enorme popularidad de Rousseau durante la Re·olución
lrancesa entre la menu peuple no supone un gran misterio: ellos e·identemente sentían. v
estaban en lo correcto al sentirlo así. que él hablaba con-v-a ellos. Vol·eremos sobre este
punto. pero primero ·amos a ·ol·er sobre el teatro v. mas concretamente. sobre su
topograíía. La topograíía teatral ocupa una parte importante en la moralidad aleccionadora
de Rousseau. v su discusión sobre el tema acarrea implicaciones que ·an mas alla de su
ataque al teatro per se.
“La gente piensa que esta reunida en el teatro”. dice Rousseau. “pero es allí donde
estan aislados. Ls allí donde ellos ·an a olvidar precisamente sus relaciones humanas reales:
sus lazos con sus amigos. sus ·ecinos. sus parientes.”
¯9
“L´on croit s´assebler au spectacle.
et c´est la que chacun s´isole: c´es la qu´on ·a oublier ses amis. ses ·oisins. ses proches”,.
Lllos ·an allí.
para interesarse por íabulas. para llorar la desgracia de los muertos. para reír a expensas de los ·i·os
|...| Otorgando a estas íicciones nuestras lagrimas hemos satisíecho todos los derechos de la
humanidad sin haber dado nada mas de nosotros: cuando la gente desaíortunada en realidad requeriría
un ali·io. consuelo v un trabajo que nos implicaría en su dolor. v requeriría de nosotros al menos que
sacriíicaramos nuestra apatía. pero nos sentimos satisíechos manteniéndonos al margen todo esto. Se
podría decir que nuestro corazón se cierra por miedo a ser tocado a costa nuestra.
80
(oncebido de esta manera el teatro nos atomiza por lo que retrata o representa. v es así
porque se trata de un escenario de inacti·idad moral en el que nos ol·idamos de nosotros
mismos v por eso mismo, de los otros. Pero también nos di·ide por su íorma espacial.
Nos sentamos aislados del otro. en la oscuridad esto es. como ·eremos. crucial,.
obser·ando un “espectaculo” a tra·és de un arco proscénico. un retrato promulgado de tal
manera que la separación v la di·isión que caracteriza nuestras ·idas diarias se aumenta v se
reíuerza. Debería quedar claro que para Rousseau el teatro es un tipo de parodia grotesca o
una in·ersión de la Asamblea de El contrato social. donde no se puede poner entre paréntesis.
ignorar o disgregar aquello que tenemos a nuestro alrededor. Ll teatro petriíica. inmo·iliza.
divide a su audiencia. Sentada en un escenario sombrío. inmersa en el caracter de “cerrada”
oscuridad de la experiencia teatral. es como si todos tu·iéramos algo que esconder al otro –
tal v como sucede de hecho. Lo que tenemos que esconder es nuestro propio vo. v de lo
que tenemos que escondernos es de la base de cualquier comunidad posible. entendida en
los términos de Rousseau. Ll teatro. en su mejor íaceta. nos re,une indirectamente. a
tra·és de la intermediación de la obra realizada. La acción escénica nos acerca todo en tanto
separa todo de nosotros.
81
La obra teatral. con todo lo que tiene de fetiche. se nutre
eíecti·amente de todo lo que tenemos en común. pero en esta cuestión el teatro se re·ela
como un mero equi·alente de nuestra iníeliz dispersión.
No obstante. para nuestros propósitos lo mas rele·ante de la Carta es la manera en
que Rousseau contrapone el teatro con esa íiesta o fête que conminaba a los geno·eses v
que. tal v como les recuerda. ellos toda·ía disírutaban sponte sua. (omo indica Starobinski.
esta fête se propone como el criterio o norma por el que seran juzgados el resto de los
espectaculos –o. desde la perspecti·a que mantenemos. todas las demas reuniones.
82
La fête
es abierta. transparente. inmediata. intransiti·a. un momento no sólo de comunidad sino de
libertad. Starobinski la considera como una epiíanía de transparencia. De esta manera sería
erróneo decir que la fête da lugar a esta apertura. o que causa o es el sentido de la íelicidad
del hombre – podemos conjeturar que Rousseau no era extrano a la “paradoja del
hedonismo”. Para él la íiesta es mas bien la expresión de la íelicidad del pueblo. o mejor. la
forma que toma su íelicidad.
83
No admite encuentros bloqueados. Aquí el pueblo esta
totalmente presente entre sí. (omunidad. identidad. v acceso quedan in·olucrados v
creados por el propio acto de comunicación libre. Las barreras di·isoras que íundamentan
el momento del teatro v constituven la imagen de una sociedad íundada en la di·isión se
han ·enido abajo v. de antemano. la fête descubre una proíunda identidad entre el auto-
reconocimiento v el reconocimiento de los otros. entre el indi·iduo v su identidad comunal.
Lstamos por supuesto ante una imagen de inocencia. Nadie tiene nada que esconder
pensamientos. sentimientos, v nadie establece una barrera. en tanto no hav nada que
preser·ar o separar. No se le·anta ninguna cortina. no hav mascara puesta aparentemente.
la primera ·ez que se interpretó el Tartufo de Moliere en la corte írancesa. los actores se
quitaron deliberadamente sus mascaras,. Ll contraste con el teatro se expresa v completa a
tra·és de un número mavor o menor de oposiciones explícitas: entre lo abierto v lo cerrado.
la luz la luz diaria: es importante que la fête tiene lugar en plein air, v la oscuridad: entre la
libertad v la restricción. el mo·imiento v lo estatico. la unidad v la dispersión. la
autenticidad v la di,simulación –por abre·iar. entre la transparencia v la opacidad.
Así. la sustancia de la fête es apertura v claridad. Apreciación de otro ser humano.
comparación de mi vo mismo con otros –que son absolutamente extranos a mi ser e
imposibles dentro de él. No puede haber así nada tradicional. o siquiera conmemorati·o en
esto. La composición de la fête de Rousseau v de otras reuniones similares en La nueva
Eloísa v en su ensavo sobre Polonia, se sitúa en algún lugar entre la memoria v la
percepción de un juego público que no tiene objeto. de un objeto particular que destruiría
este juego oíreciéndose como mediación. Lsta composición tiene para nosotros un interés
peculiar. lav que eníatizar que. de acuerdo con El contrato social. la Voluntad General esta
exenta de un objeto particular. (ualquier objeto especííico destruiría la simetría entre el
ciudadano v la soberanía. manteniendo rehén a la comunidad. La Voluntad General debe
ser general en su origen v permanecer general en su aplicación. Ln este sentido. no resultaría
sorprendente que Starobinski debiera remitirnos. en una estupenda írase. a la cara “lírica”
de la Voluntad General como extensión de la aíecti·idad congregada en la fête
84
. El contrato
social estipula al ni·el del “tener” lo que la fête comprende al ni·el del “ser”.
Lmpiezan a aparecer así algunas implicaciones íascinantes a la hora de comprender
el pensamiento de Rousseau v sus aplicaciones. Rousseau cree que la democracia
representati·a. en tanto opuesta a la democracia de participación directa promulgada en El
Contrato Social. es una contradicción. Pero detras de esta creencia vace un antagonismo hacia
la representación como tal. sostenido mas proíundamente. La representación debe tener un
objeto. tiene que ser “de algo”. v tiene que ser eíecti·amente íetichista. Así que por
consiguiente toma v debe tomar parte en el conjunto de las relaciones humanas directas.
Pero si. por la propia lógica del íetichismo. el objeto parcial ·iene a desplazar a lo entero.
entonces tomar partido por el 1odo es ilegítimo prima facie. Si nuestra unidad e integridad
como seres multiíacéticos ha de ser mas respetada que sub·ertida. El Contrato Social dice
que el deseo no admite representación. o cualquier otro anadido. De una manera inherente.
la representación teatral del caracter humano engana de una íundamentalmente. porque
precisamente es representación. (omo senala Robert \okler:
lemos dejado de congregarnos para determinar nuestros ideales cí·icos. que han quedado
entumecidos v constituidos de manera pasi·a a tra·és del arte. la ciencia v la religión. desplazados del
centro de la ·ida cultural v reunidos en íosos v sitiales. 1ransíormados de agentes de lo que hacemos
en testigos de lo que nos sucede. en el mundo moderno se nos con·ierte en audiencia callada a la que
se educa en la timidez v la deíerencia. Rousseau obser·ó en su “Lnsavo sobre el origen de los
lenguajes” que “es necesario mantener a los sujetos separados: ésta es la primera maxima de la política
contemporanea.”
85
en las artes no menos que en nuestras relaciones políticas.
\ las implicaciones de este paralelismo político-cultural son. tal v como \okler ·a a
indicar. de largo alcance:
Ll sueno crea una libre asociación de ideas nunca concebida: la democracia como Rousseau la
entendía, comprende una libre asociación de gentes como nunca antes se ·io. Rousseau sintió
proíundamente la imaginería de la participación publica en todas las íacetas de la ·ida social. v la
dibujó con riqueza alrededor de símbolos estéticos. religiosos v culturales de solidaridad que quedan
retratados en la danza militar del régimen de Saint-Ger·ais en su Carta a M. d´Alembert sobre los
espectáculos. o en la canción de insurrección de los ·endimiadores en La nueva Eloísa. La política
democratica. tal v como quedó concebida por Rousseau. estaba iníundida del encanto v el joie de vivre
de una íiesta cultural. de un banquete popular. de una descarga del pueblo al completo por el pueblo.
sostenida bajo el cielo al aire abierto…
86
Sin duda la mavoría de los lectores contemporaneos pueden obser·ar en tales escenas
íesti·as. ante la ·isión de D.l. Lawrence de mineros bailando embriagados o de
celebraciones íascistas de trabajo idílico. en el mejor de los casos. un toque íolklórico.
Koselleck. de hecho. argumenta mas adelante que la transparencia de la democracia
rousseauniana disuel·e toda distinción entre lo interior v lo exterior. entre el deseo
indi·idual v general. v produce un estado de permanente re·olución que es
simultaneamente un estado de permanente dictadura.

(ualesquiera que sean los elementos
particulares que promue·en en los escritos de Rousseau tal sospecha. siquiera como
tendencia. se oírecen como saludable recuerdo del peligro hacia el que se dirige
necesariamente cualquier crítica de la representación. Pero las alternati·as a la
representación no son reducibles necesariamente al íascismo. que en cualquier caso es una
íorma que no se caracteriza precisamente por su antipatía hacia el espectaculo.
De hecho se hace necesario reiterar las bases del antagonismo entre Rousseau v las
estructuras representati·as. Ls importante in·ocar aquí la mirada luminosa de \alter
Benjamin sobre la naturaleza del íascismo:
Ll íascismo intenta organizar las masas proletarias recreadas. sin aíectar una estructura de la propiedad
que ·a a entrar en conílicto con dichas masas. Ll íascismo atisba su sal·ación. no otorgando a las
masas su derecho. sino oíreciéndoles una oportunidad para expresarse. Si las masas tienen el derecho
de cambiar las relaciones de propiedad. el íascismo intenta oírecerles una ·ía de expresión mientras
preser·a la propiedad. Ll resultado lógico del íascismo es la introducción de la estética en la ·ida
política.
88
Rousseau por el contrario propone la íiesta v su transparencia en torno a la concepción de
una sociedad sin di·isión del trabajo ni expropiación. Lste tipo de concepción va estaba
empezando a ser utópica cuando quedó articulada por Rousseau. en un momento que no
daba pie a la descripción de cualquier tipo de íormaciones alternati·as. por lo que dicha
concepción queda situada como una crítica residual de la cultura de la representación mas
que como una anticipación del íascismo. que surgiría de una crisis objeti·a de la relación de
la democracia representati·a con el capitalismo. Desde este espíritu hemos releído a
Rousseau.

Por recurrir a Benjamin. nuestra conclusión sera que. por supuesto. la estética no requiere
del íascismo para entrar en la ·ida política. La íormación del sujeto político en relación-
con. v por el camino de la cultura estética. va quedó ·islumbrado por Rousseau. v estaba
·irtualmente programado en tiempos de Schiller. La cultura estética llega a ser la base o
condición de posibilidad. tanto para pensar como para íorjar el sujeto político. De hecho
cabe sospechar una genealogía mas antigua en la propia tendencia a identiíicar
automaticamente las íormas de inmediación con el terror del íascismo. Si el Jacobinismo
radical sera ·isto como una amenaza por las íormas ci·iles burguesas v su sociedad política
–esto es. para la continuidad de sus relaciones de propiedad- v según esto mismo debiera
ser sujetado v anulado. su liquidación queda legitimada por la aparición del 1error. cuvos
excesos se entienden como consecuencias propias. Ll 1error deri·a entonces de la dejación
de mediación de las masas. de su deseo de política inmediata v gratiíicación sensual. (omo
Schiller apunta en su Sobre la educación estética del hombre.
Nos enírentamos a instintos de brutalidad e ilegalidad por medio de las clases mas bajas v mas
numerosas. liberados de las ataduras del orden ci·il. v acelerados con la íuria ingobernable de sus
satisíacciones animales. ALM. p.25,
\ como el propio nombre de los Jacobinos implica. la inestabilidad de las masas se percibe
como parte del propio utopismo “sentimental” de Rousseau. Ldmund Burke íue sólo uno
de los primeros en establecer esta identiíicación. v no el último en reducir a Rousseau v la
Re·olución a términos estéticos.
89
No es que esta lectura ideológica e intencionada de Rousseau v el Jacobinismo
carezca de sentido: se trata de contemplar que la amenaza que se percibió en las masas
re·olucionarias ante el problema de la propiedad v el orden. se expresó en términos que
son morales v estéticos mas que económicos v políticos. Ln la fête re·olucionaria se
promulgaban relaciones sociales en relación de proíunda repulsa con el orden conquistado
deíiniti·amente por la hegemonía. Según Mona Ozouí.
Ll mero hecho de marchar juntos parecía va una conquista moral prodigiosa: la íiesta celebraba el
cambio de lo pri·ado a lo público. extendiéndose a todas las experiencias de cada indi·iduo “como
por un tipo de descarga eléctrica”. Lsto pro·ocó “lo que el despotismo nunca había consentido –esto
es. la mezcla de ciudadanos cauti·ada en el espectaculo del otro v en la períecta armonía de los
corazones”. “Debiera recordarse que bajo la regla del despotismo”. nos dice Povet. “los hombres
desconíiaron los unos de los otros v. al carecer de un interés común. se negaban entre ellos |...| La
política del despotismo avudó a mantener esta desunión íatal”. La reunión en (hamp-de-Mars La
liesta de la lederación, les pareció el en·és de un mundo di·idido.
90
Los organizadores de íiestas re·olucionarias íueron bien conscientes de que los resultados
de sus esíuerzos deberían estimular v pro·ocar la igualdad. negando o suspendiendo las
distinciones sociales v acortando ·isualmente el espacio social entre los participantes.
Pregunta Povet si “.reconoce hov el patriotismo esas líneas de demarcación que el orgullo v
la mezquindad abandonaron en algún momento·” de una manera retórica. pero aquí se
impone una nota de precaución. La innegable ·ariedad de tipos v ni·eles de íiesta durante
la Re·olución lrancesa es casi suíiciente para bloquear la aplicación literal de las
disposiciones de Rousseau. Ls cierto que había bastante de baile de farandole alrededor de
Mavpole para negar esta e·idencia. pero por otra parte el Mavpole v todo su legado
quedaron sustituidos por algo mucho mas íormalizado. el arbol de la libertad. .\ quién dice
al íinal qué es mas Rousseau. lo primero o lo último· Rousseau no era mas Mavpole-
deíenestrando-puritanos –la misantropía no es una simple categoría- que muchos
organizadores de íiestas re·olucionarias. que se ·ol·ieron centralizadores v se mostraron
hostiles a las costumbres locales anteriores. Ouizas lo que ellos desterraron con el mai íue la
propia idea de intransiti·idad especiíicada con anterioridad como núcleo de la deíensa del
entusiasmo de Rousseau. Puede haber sido va un blanco íacil. v mas cuando legel no iba a
tardar en insistir. inspirado por Monstesquieu. que necesitamos instituciones mediadoras
“representati·as”.
Rousseau era mas pesimista que optimista sobre la probabilidad de recuperación de
transparencia. \ con razón. La historia actual sobre el destino de los ceremoniales públicos
durante la Re·olución lrancesa –un serio trabajo que sólo ahora comienza a realizarse
91
-
sugiere que la reíorma de transparencia pública no íue nunca ·iable. La cuestión permanece
no obstante ·igente. en tanto las extensas sugerencias de Rousseau sobre el moti·o de la
transparencia sir·en como un tipo de a·ance crítico en torno a la necesidad de
reconciliación. o al menos en torno a la necesidad de la “cultura” v el “estado” como
medios de reconciliación. Una transparencia recuperada bloquearía la necesidad de estas
íacultades. al reconciliarnos a un ni·el diíerente v mas inmediato que lo que la cultura o el
estado nunca sonaron poder lle·ar a cabo.
Podemos comenzar a matizar diíerencias obser·ando lo que se dice sobre la
necesidad de reconciliación en cada argumento. Las íamiliares dicotomías de Rousseau –
razón´sentimiento. calculo´imaginación. amour propre´amour de soi- nos indican las
di·isiones de una naturaleza humana abigarrada pero unitaria. hablandonos de lo que
debiera ser una multiplicidad uniíicada que nunca pri·ilegia una parte sobre las otras. La
cuestión central no es si un hombre estaba o no di·idido en la sociedad tradicional o
premoderna. sino que la modernidad demanda e institucionaliza la di·isión. v el pri·ilegio
de ciertos aspectos del vo a expensas de otros en un grado sin precedentes. Ll hombre debe.
por no tomar mas que un ejemplo. pri·ilegiar el amour propre sobre el amour de soi. en un
mundo donde las relaciones humanas estan mediadas por el dinero v donde la competición
uni·ersal ·iene a constituirse como la esencia absoluta. Una ·ez que esto esta planteado
nos ·emos en la necesidad de preguntar: si la íragmentación v la escisión saturan el mundo
moderno. .qué es precisamente lo que han oscurecido para Rousseau· Seguramente no
podemos sostener por mas tiempo esa íórmula general. v decir “la naturaleza”. De hecho
estamos íorzados a regresar de una manera mas simple v ob·ia sobre el concepto nebuloso
pero no obstante sustanti·o de unidad. de una plenitud integral v multiíacética. Ll auténtico
vo. de acuerdo con Rousseau. no es en absoluto lo que los teóricos de íinales del XIX
reclamaban como dado –algo culturalmente o políticamente deíinido. algo mas alla de
nosotros a lo que debemos aspirar. Ll vo de Rousseau es de nue·o, una unidad-en-la-
di·ersidad mas inmediata. mas integral. cuva delicada simetría es igualmente perturbada
tanto por un riesgo de dispersión como por una excesi·a concentración de una de sus
partes componentes. \ sólo tras conocer esta unidad. que cada uno de nosotros es
esencialmente. podemos construir puentes reales hacia el otro. De aquí esa con·icción de
Rousseau al considerar. en condiciones de extrema desigualdad. una relación necesaria
entre la iníerioridad social v la superioridad moral. Lsto no tiene nada que ·er con una
concepción romanticista de lo pobre: se trata de que el pobre ha asimilado muchos menos
prejuicios sólidos sobre la educación. los beneíicios de la cultura. la bene·olencia del
estado, v de que. por consiguiente. ha de recorrer un menor camino hacia el sentido de
coherencia que constituve la base del ser moral.
Lntonces. si esta “pre·isión nos arrastra incesantemente mas alla de nosotros v
írecuentemente nos sitúa donde nunca llegaremos.” Rousseau propone como alternati·a: “
Déjanos medir el radio de nuestra esíera v permanecer en el centro. como el insecto en
medio de su red. autosuíicientes.”
92
Lsta declaración intenta negar. erosionar de hecho. la
necesidad de la cultura en términos pedagógicos. Se establece con claridad contra esa
noción kantiana de pedagogía. que se pri·ilegia sobre el deseo deíraudado como la íiesta lo
hace contra el teatro.
93
\ lo hace. no porque Rousseau íracase al obser·ar la relación entre
la cultura pedagógica v lo que pasa por, política. sino porque la entiende demasiado
claramente. Su pensamiento en este terreno arroja una luz inílexible sobre el resto de los
pensadores v escritores que aún tienen que aparecer en este libro. Por si no quedara
suíicientemente claro. recalcaremos que para Rousseau nosotros debemos ser dignos de
“nuestra” política o de “nuestra” íorma de expresarnos artísticamente. pero aún mas. que
estas cosas han de ser dignas de nosotros.
Lntender esto es dibujar todo tipo de provectos juntos. v empezar a enírentarse al
desaíío que Rousseau lanzó a sus contemporaneos –v por extensión a esos sucesores no
demasiado recepti·os. Se trata. por una parte. de reconocer que la justicia en la política
rousseauniana no consiste en equilibrar las tendencias e impulsos entre el bien v el mal. tal v
como sucede en los modelos liberal´constitucionales que llegaron después de 1¯89. 1al v
como lo entendió Rousseau. la justicia no consiste en este tipo de ·ía media: exige en
cambio un acto de limpieza. una erradicación de la a·aricia v la competiti·idad de las
relaciones humanas. v ésta es la tarea de la Voluntad General. Por esto mismo. la ·irtud
resulta de la represión de las tendencias ·iciosas a ni·el personal v social. Pero igual que
sería erróneo ·er en el Rousseau de la Carta a un Mavpole-deíenestrador-de-puritanos.
también sería un error. común por lo demas. sobre-eníatizar la represión que implica este
provecto. La tarea. después de todo. es tanto de recuperación como de demolición. Si
somos capaces de apartar las pasiones. los prejuicios. los accidentes v todo lo que se puede
íacturar como detrito de la historia. estamos en disposición de arrojar una luz sobre las
proíundidades del tiempo v el sentido del ser moral. Aparecería entonces un ser cuvas
íacultades se oíreciesen de una manera implícita. v cuva libertad permanecería toda·ía
como no experimentada. O sea. un ser que podría oírecer un matériel mas prometedor para
la reconstrucción social que el ·i·idor estabulado que resulta tras siglos de “progreso”. Ll
estado de naturaleza de Rousseau aparecería así como una experiencia socialmente ·i·ida:
una edad en la que la historia estaba. en términos de Starobinski. “contenida”. cuando esta
dislocación no se había desencadenado. Una edad donde toda·ía las necesidades v la
posibilidad de satisíacerlas no estaban desquiciadas. Una edad. por abre·iar –va que
hablamos a ni·el indi·idual de un tipo de íase mental. moral v espiritual- donde la
extenuación. la insatisíacción v la impostura eran innecesarias por impensables. e
impensables por innecesarias.
Pero si en Rousseau el retorno hacia lo que es en esencia una prehistoria nos sitúa
ante la consecuencia de que. para él. la historia es un desarrollo del mal. no se puede decir
que esto agote todas las posibilidades de la historia. Ll mundo de los antiguos era comunal
e integral. Las íacultades cogniti·as v las normas e·aluati·as del pueblo quedaron
delimitadas por medio de experiencias políticas comunales. Ls ·erdad que la disgregación
de la comunidad v la desintegración de la personalidad indi·idual aparecieron también
como un proceso deri·ado. Pero nuestra libertad natural. aún habiendo quedado
erosionada en este proceso. no se ha perdido irrecuperablemente. La persistencia de la fête
o. desde los límites de nuestra perspecti·a. de la propia idea de transparencia. sugiere que
los antídotos comunales a este estado nuestro. triste v atomizado. son toda·ía posibles.
LA (UL1URA (OMO SUPLLMLN1O DLL LS1ADO
lemos ·isto que la noción de transparencia. tal v como íue teorizada por Rousseau o
como quedó expresada practicamente durante la Re·olución lrancesa. implica igualmente
una noción de inmediación: no debiera haber mediación entre el pueblo v el poder. entre el
poder v sus eíectos. o entre intereses v su expresión. Lsto quiere decir también que no
puede haber intermediario “entre” ciudadano v ciudadano. Inmediación v transparencia
demandan la presencia plena de los ciudadanos. de uno a otro. en el mismo espacio. 1anto
si son manejadas como metaíoras de organización social o. mas literalmente. si implican la
necesidad de una cultura política en la que la regla es la participación total. ambas nociones
son. en la órbita de la esíera política. necesaria v proíundamente antagonistas con respecto
a cualquier concepto de representación. Donde todo esta en un mismo espacio. en radical
equi·alencia. nadie puede situarse por el otro. v ninguna ·oz habla por otra. Por supuesto.
resulta períectamente lógico que este modelo de plena participación. dado literalmente.
parece situarse mas alla de las capacidades de las representaciones democraticas liberales.
pero esto no “prueba” bajo ningún aspecto que resulte imposible su realización.
precisamente. íuera de la estructura de la representación. Insistir en que. por su tamano v
complejidad. el estado moderno hace imposible la participación directa v apunta la
necesidad del gobierno representati·o. es errar la cuestión. Lsta e·ocación de una
población ingente v ·asta. un vulgus que es también ine·itablemente mobile. es un giro
político a lo sublime. v lo sublime. en la tradición cultural que tenemos entre manos.
demanda el giro hacia la íormación ética como una manera de acomodar lo irrepresentable
a la representación.
Ln las siguientes paginas argüiremos que este giro hacia la íormación ética antecede
de hecho al argumento que legitima la necesidad de representación en ·irtud de esta
dimensión numérica del estado moderno. v esto apunta. como hemos remarcado
anteriormente. hacia el tipo de ciudadano que quedara pri·ilegiado por ese estado. Nuestro
interés estriba en la inculcación de un peculiar modo de subjeti·idad: un modo de sujeto
que debe producirse de alguna manera como un requisito pre·io de participación en el
asunto del estado. incluso si participación. aquí. no signiíica mas que aceptar “ser
representado.” 1ambién argüiremos que cualquier transíormación en los modelos de
representación política es inseparable de transíormaciones similares de ese concepto en
otras esíeras. Lste es particularmente el caso. de hecho. de una singular rele·ancia a
propósito de la estética. tanto en su original interés por la psicología indi·idual como con
su posterior metamoríosis en cultura estética. La compatibilidad de estas transíormaciones
resulta íundamental para lo que Althusser denominara la “interpelación” del sujeto por
parte de los aparatos ideológicos del estado.
94
\ mas importante aún. esto es lo que hace
que parezca probable un consentimiento subjeti·o ante tal interpelación–en un sentido
íamiliar para la poesía- a indi·iduos que. por otra parte. no tienen nada que ganar sino los
deberes que se siguen de semejante asociación. (reemos que el argumento sobre la
representación. articulado en escritos estéticos de una manera mas clara v temprana. ·iene a
saturar nuestra cultura en el sentido mas ancho del término, para parecer que deíine. en
todas v cada una de las esíeras. los contornos ine·itablemente íormales del ser humano.
Siguiendo el íracaso de la Re·olución lrancesa de hacer buena su promesa de
emancipar al lombre por medio de la política –v de conducir ésta al 1error-. los ideales de
transparencia que coníiguraban la sensibilidad re·olucionaria íueron desplazados por un
número de conceptos que podemos recapitular como modos designati·os de identiíicación.
La identiíicación del sujeto indi·idual con el estado se logra a tra·és de la inter·ención de la
cultura. que actúa como suplemento de un estado que aún no se percibe igual a su idea
ética. Dos condiciones hacen posible esta identiíicación. Primero que la cultura. en una
corriente que presentaremos. representa la pretensión íundamental de identidad común
entre todos los humanos. \ segundo. que el estado es concebido idealmente como la
representación desinteresada v ética de esta identidad común. Schiller lle·a a cabo
inequí·ocamente esta última pretensión en la cuarta de sus cartas sobre educación estética:
Se puede decir que cada ser humano indi·idual transporta dentro de él. potencial v precepti·amente. a
un hombre ideal. el arquetipo de ser humano. v la tarea de su ·ida consiste en estar en armonía con la
unidad inalterable de este ideal a tra·és de todas sus maniíestaciones cambiantes. Lste arquetipo. que
tiene que ser discernido mas o menos claramente en cada indi·iduo. es representado por el Lstado. la
íorma canónica objeti·a donde toda la di·ersidad de los sujetos indi·iduales combate con la unidad.
ALM. p. 1¯,
Aquí. en el argumento seminal de Schiller. la íunción de la cultura es culti·ar la identidad
entre el lombre ideal o ético en cada sujeto v el estado. que es su representante.
Dotar a la cultura de semejante íunción exige en primer lugar. como es bien
conocido. que la cultura debería ser concebida como un dominio distinto –distinto no sólo
de las acti·idades del estado. sino también de todas las otras instituciones v íormas de
trabajo humano. Las acti·idades v producciones especializadas de esta esíera autónoma se
conciben. paradójicamente. para reemplazar la base de una concepción de lo humano en
general. así como de la relación del sujeto indi·idual con su humanidad generalizada. Aquí
exploraremos la articulación teórica de esta concepción v su realización. Siendo tan
importantes las obras de arte “autónomas” en su propio sentido –sería también importante
una in·estigación sobre las condiciones históricas objeti·as que hicieron posible la
aparición de las practicas´producciones artísticas v culturales concebidas autónomamente-.
lo que nos preocupa por el momento es algo mas. Nuestra preocupación reside en la teoría
cultural que. en el momento mismo de la aparición de una esíera cultural autónoma.
delimita eíecti·amente la íorma en que los trabajos estéticos en general. incluso en su
reconcepción. se establecen para mediar institucionalmente. (omo ·eremos. las
delimitaciones v mediaciones institucionales de lo que ahora queda separado como
“experiencia estética” implican una íormalización que a su ·ez es estrictamente indiíerente
a la obra de arte. como elemento crucial de la asimilación de la subjeti·idad indi·idual por
esa humanidad arquetípica que el estado representa idealmente.
Iníluido en esta cuestión por su lectura de la Crítica del Juicio de Kant. Schiller piensa
que la experiencia estética no esta producida por una cualidad determinada del propio
objeto. La armonía entre la recepción pasi·a de una impresión sensual v el proceso acti·o
de coníiguración se logra. mas bien. por una modulación peculiar de la acti·idad subjeti·a.
De hecho en el argumento de Schiller es crucial que el objeto estético sea “indiíerente” a
sus cualidades especííicas. materiales o íormales. para que. concebido como mera materia.
pueda suírir el proceso de coníiguración. que es la acti·idad propia del sujeto en su
autonomía. Sólo de esta manera puede el momento estético establecer el balance armónico
entre estos dos aspectos eternamente diíerentes del sujeto indi·idual. que Schiller
denomina en su (arta 11 “persona” v “condición”: eso que es sustancia eterna e in·ariable
del sujeto por una parte v. por otra. el sujeto pasivamente sujetado al mundo de las
impresiones sensoriales. Ls mas. desde que cada uno de estos aspectos del sujeto esta
asociado con un elemento de la serie de dualidades –íorma´materia. sensibilidad´razón.
realidad´pensamiento- que estructuran Sobre la educación estética del hombre. el momento
estético establece. aunque sólo momentaneamente. la unidad del hombre en todos sus
aspectos. lav desde aquí un largo trecho hacia esa unidad del ser inmediata e inherente que
Rousseau consideraba íundadora de la comunidad. piedra angular del ser moral. Aquí sin
embargo la di·isión del vo se maniíiesta como algo ontológicamente dado.
Para Schiller. la unidad armónica se logra a tra·és de la mediación de lo que él
denomina en la (arta 14 el “impulso de juego”. Por ·ol·er a la oposición: la “persona”
expresa por medio de un impulso íormal un esíuerzo hacia la íorma pura que pone en
peligro todas las relaciones entre el sujeto v sus condiciones materiales en el mundo de los
sentidos. La “condición.” que toma la íorma de un impulso sensual. sujeta al sujeto al ílujo
de sensaciones v amenazas. para así abolir la libertad que le es propia como sujeto –lo que
signiíica. también. anular su personalidad. De esta manera. mientras podemos decir que la
identidad del sujeto se conser·a en la persona. no obstante el sujeto solamente puede
realizar las potencialidades humanas implícitas en esta persona bajo la condición del
impulso sensual:
Desde aquí procedían dos en·ites contrarios al hombre. las dos leves íundamentales de su naturaleza
sensual-racional. La primera insiste sobre la realidad absoluta: él se ·uel·e hacia lo que es mera íorma
en el mundo. v maniíiesta plenamente todas su potencialidades. La segunda insiste sobre la íormalidad
absoluta: tiene que destruir todo lo que dentro de él es mero mundo. v aportar armonía en todos sus
cambios. ALM. pag.¯¯,
Lntre estos dos “en·ites contrarios” inter·iene el impulso de juego. cuvo íin es “reconciliar
el de·enir con el ser absoluto v el cambio con la identidad” v cuvo objeto es la belleza “la
unión mas períecta posible entre realidad v íorma” |ALM. pags. 9¯.111|,.
Lste capítulo ·ol·era posteriormente sobre la discusión de los aspectos
”recreadores“ del impulso de juego: su abstracción Absonderung, con respecto a las
condiciones de di·isión del trabajo. que Schiller considera causantes del íracaso del
indi·iduo a la hora de culminar sus plenas potencias. aún cruciales para el progreso de la
especie. Pero por ahora basta eníatizar cómo. con su analisis del impulso de juego v de la
disposición estética que produce. introduce un discurso de desarrollo en un esquema en
principio de irradicable dualidad. sincrónico. transhistórico. desde donde la estética deri·a
su íuerza ideológica mas plena. Schiller encuentra por medio de este discurso de desarrollo
una manera de superar lo que. por otra parte. permanecería como una aporía en el
pensamiento político burgués: teorizar concretamente la relación entre el sujeto indi·idual v
la humanidad en general. Ls también en la íormación de este discurso donde la cultura
estética asume su íunción crucial en relación con el estado.
Ln la primera elaboración de la (arta 14 el impulso de juego aparece para mediar el
balance de la experiencia estética entre dos impulsos opuestos e igualmente necesarios–el
íormal v el sensual. La reconciliación se logra aquí “anulando la represión” v liberando al
hombre “moral v íísicamente” ALM. pag. 9¯,. Lstablecida así dentro de la naturaleza dual
del sujeto. la armonía representa una totalidad momentanea en tanto que. como hemos
·isto. en este punto la potencialidad de la persona no es mavor que las desigualdades con
las que la condición determina al sujeto. De todas íormas Schiller concibe lo que se ha
producido en ese momento como una mera intuición de un destino toda·ía no consumado:
No obstante debería haber casos donde |el indi·iduo| pudiera tener esta doble experiencia
simultaneamente. donde íuera consciente de su libertad v consciente de su existencia.
simultaneamente. se sintiera materia v a un mismo tiempo se conociera como mente. entonces él en
semejantes situaciones. v únicamente en semejantes situaciones. tendría una completa intuición de su
naturaleza humana. v el objeto que le permitió el lujo de esta ·isión llegaría a ser para él un símbolo de
su complicado destino v. en consecuencia en tanto esto sólo se logra en la totalidad del tiempo,. le
ser·iría como una maniíestación de lo Iníinito. ALM. pag. 95,
Ll momento estético. constituido en la relación del sujeto v el objeto bello a tra·és del
impulso de juego. no es así mas que una preíiguración de esa naturaleza humana que se
provecta como íin de la educación estética. con lo que es. por decirlo en una palabra.
insuficiente.
Ll aspecto parcial o preíigurati·o de la experiencia estética no se concibe aquí.
como ocurre después con írecuencia entre pensadores mas críticos. como la expresión
irreconciliable de un utopismo negati·o. sino como parte integrante de una estructura de
representación mas amplia. Dentro de esta estructura la experiencia estética parcial hace
algo mas que preíigurar simplemente el “destino complicado”: contribuve producti·amente
a la complejidad de ese destino. Ln este mo·imiento ha estado implícita una concepción de
la representación que ·a mas alla de los términos puramente binarios v espaciales de la
representación de objeto a sujeto. v se postula en lugar de una narrati·a ética para la que la
íunción representati·a de la experiencia estética es crucial. La (arta 20 hace explícita esta
idea. Aquí. lo que se había concebido como mutua interdependencia de los impulsos
sensual v íormal quedara reíormulado como una estructura temporal donde lo sensual es
anterior a lo íormal en una dinamica de superación: “Sabemos que él comienza no siendo
nada sino ·ida. para al íinal ser íorma: que es un Indi·iduo antes de ser Persona. v que ·a
de la limitación al iníinito” ALM. pag.139,. Dentro de este discurso que. como ·eremos.
atane a la ·ez a la parte del indi·iduo v a la general de la especie. la experiencia estética
juega un papel de transición indispensable. Si en un primer momento el indi·iduo queda
determinado pasi·amente por la experiencia sensual. establecido en lo prehumano en la
medida en que su deseo esta subordinado toda·ía a la necesidad externa. se debera superar
esta determinación para que pueda tener lugar la transición hacia la autonomía auto-
determinante de la necesidad moral ALM. pags. 139-41,. La íunción de la estética reside
en anular esta primera determinación. produciendo un estado que Schiller describe como
“pura determinabilidad”. que reproduce “en cierto sentido |...| ese estado negati·o de
completa ausencia de determinación en el que se encontraba él mismo antes de que
cualquier cosa en absoluto hubiera impresionado sus sentidos.” La diíerencia crucial estriba
en que el contenido sensual de este estado esta ahora determinado por la íorma. Ln la
condición estética. una ·ez mas. la acti·idad simultanea de los impulsos sensual v íormal
íomenta que estos “se cancelen simultaneamente como íuerzas determinantes”. pero
considerando que pre·iamente la “determinabilidad” resultante ha producido meramente
un equilibrio entre íuerzas opuestas. aquí llega a darse la condición de una transición desde
la dominación del uno a la dominación del otro.
Ls cierto que la estructura narrati·a de la representación donde íunciona la estética
queda ocultada írecuentemente por la permanente insistencia de Schiller en la dualidad
irradicable de la naturaleza humana como un íenómeno trans-histórico. No obstante una
lectura atenta de su argumento muestra algo mas. No sólo muestra que esta dualidad
implica una jerarquía donde la razón. la moralidad o la íorma se ·aloran sobre la materia
sensual. v en la que el destino humano se realiza en la predominancia gradual de lo primero
sobre lo último. sino que mas alla la propia manera con la que la condición estética produce
una intuición preíiguradora de la naturaleza humana mediando entre estas dualidades
supone que el sentido de esa naturaleza humana es. de hecho. su producción. Por supuesto
esto es de nue·o una cuestión de la íunción representati·a de la estética. pero aquí la
mediación de íorma-sentido desplaza de hecho la intuición de un ser humano armónico.
con una íormalización que es mas que un mero término de la condición estética. Lo que
Schiller es ine·itablemente incapaz de articular es que la condición estética comprende una
íormalización de la subjeti·idad humana sin la que la declaración de su dualidad no tendría
sentido. La “pura determinabilidad” del estado estético no sólo demanda la indiíerencia del
objeto. sino también la del sujeto en tanto que. sin esta segunda indiíerencia. la
especiíicidad material de cada sujeto indi·idual reintroduciría un interés particular en la
experiencia de lo estético. Lo que puede parecer al principio como un giro desde el centro
hacia lo mas pri·ado v especííico. hacia lo mas unico de las experiencias subjeti·as. pasa a
ser una aíirmación extrema de la identidad íormal de todos los sujetos.
Lsta íormalización garantiza la producti·idad de la estética. Ln principio. donde
cualquier experiencia estética dada suministra una intuición de un ser humano completo v
armónico. es la íormalidad de esa experiencia la que asegura que el indi·iduo no sólo intuve
ese estado sino que. sólo momentaneamente. lo comprende. (omo explica la (arta 21. la
estética restaura en el sujeto su potencialidad humana toda·ía puramente determinable:
\a que tan pronto como recordamos que él quedó pri·ado precisamente de esta libertad “la libertad
de ser lo que se debe ser”, por la coerción uniíacética de la naturaleza en el campo de la sensación. v
por la exclusi·a autoridad de la razón en el reino del pensamiento. entonces estamos abocados a
considerar el poder que le es restaurado en el modo estético como la mas alta de todas las libertades.
como el regalo de la humanidad en sí misma. Ls cierto que él posee esta humanidad in potentia antes
de que cualquier condición determinada le penetre razonablemente. Pero él la pierde en la practica al
entrar en contacto con condiciones determinadas. \ si ·a a pasar a la condición de una naturaleza
opuesta. esta humanidad le debera ser restaurada cada ·ez nue·amente a tra·és de la ·ida de lo
estético. ALM. pag.14¯,
“(ada ·ez nue·amente”: éste es el íundamento de cualquier pedagogía estética. asegurando
la producti·idad de la estética a tra·és de la identiíicación repetida de cada sujeto con la
generalidad de la especie. Aíirmar que todos somos íormalmente lo mismo es. a la ·ez. la
condición para que cada sujeto llegue a ser uni·ersal. v también la base ética v como
·eremos política, que exige que cada sujeto sea uni·ersal.
linalmente. la restauración de la “humanidad in potentia” signiíica que. en el modo
estético. nosotros no juzgamos como indi·iduos sino como especie. Ln potencia. como
pura determinación. cualquier sujeto es todos v cada uno de los sujetos. Lsta es la lógica
que implica la tendencia de la teoría estética a ·alorar lo íormal sobre lo sensual: en tanto el
sujeto como Persona es potencialidad indeterminada “el impulso íormal se sostiene
oscilante” de tal manera que “no somos por mas tiempo indi·iduos. somos especie”
ALM. pag. 83,. Pero no obstante se trata de algo mas que de esto. porque precisamente
sólo a tra·és de esta íormalización del sujeto terminaran siendo concebibles la
representación en sí misma v el discurso de la representación.
LL LS(LNARIO (OMO INS1I1U(IÓN MORAL
La extrema íormalización del sujeto estético que tiene lugar en Sobre la educación estética del
hombre puede dejar a Schiller. como en una preíiguración del Lspíritu Absoluto de legel
que él ciertamente anticipó. sin un momento donde constituir ese sujeto. De manera mas
explícita v no menos inexorable que en la Tercera Crítica de Kant. los escritos de Schiller
sobre la íormación estética del sujeto se dirigen hacia un momento pedagógico donde.
simultanea v contradictoriamente. ese sujeto se constituve como si íuera indi·idual v
autónomo. aunque por medio de instituciones donde su identidad la recibe de otros.
Di·idido por la clase. la ocupación v el estatus. “el hombre” debe quedar armonizado v
uniíicado consigo mismo v con los otros a tra·és de una educación estética. Por contraste
replicaremos que la concepción rousseauniana de la transparencia quedaba predicada por el
juego de diíerencias a tra·és de un espacio indi·iso. v no sobre la identidad entre sujetos.
(orrespondientemente. resulta instructi·o que si en el teatro. para Rousseau. el
“espectaculo” se da a tra·és de muchas areas de di·isión que “mantienen al sujeto aislado”.
para Schiller. v ante la ausencia de las instituciones educati·as plenamente desarrolladas del
siglo siguiente. el escenario es el que oírece un paradigma para la íormación de una
ciudadanía ética. Schiller elabora este argumento en un ensavo pequeno pero importante.
“Sobre el escenario como institución moral” 1¯84,.
95
Lo que Schiller reclama al escenario es instructi·o por una serie de razones que
elaboramos a continuación. Ll escenario es auto-conscientemente una institución pública.
Lxistía en Alemania. como en cualquier otra parte de Luropa. una larga tradición de
“autoculti·o” deri·ada del acto pri·ado de la lectura. que incluía una serie de practicas
íormadas desde la tradición escrita que llega de la de·oción bíblica. pero secularizadas por
las últimas audiencias de clase media en las íormas ·ariadas de la prensa. la poesía v la
no·ela. Pero la insistencia de Schiller en el teatro como un sitio de íormación moral. mas
que de corrupción o mera distracción. es relati·amente nue·o. Mientras Kant. en la 1ercera
(rítica. toda·ía ·alora el acto pri·ado de la lectura sobre las acti·idades semipúblicas
incluvendo el canto de himnos que tanto detestaba,. Schiller establece una conexión
deíiniti·a entre la íorma pública de la actuación teatral v su íormación de sujetos de una
manera explícita para con el estado. La razón puede hallarse en esas propias presentaciones
íenomenológicas del teatro que Rousseau trató con tanta sospecha. Si. tal v como ·imos.
Rousseau ·e el escenario meramente como un sitio en el que los sujetos piensan que estan
juntos pero realmente estan di·ididos. Schiller. en “Sobre el escenario como institución
moral”. presupone un relación dialéctica entre la íorma semi-pri·ada del modo de consumo
del teatro v su constitución de un público. Lsto sintetiza la pri·acidad del sujeto estético
contemplati·o v la reunión de un número de sujetos en torno a un objeto común. Las
propias condiciones materiales de la actuación teatral dan instancia a esa demanda de
Schiller en Educación estética que nos habla de “propiedad común” como única característica
del trabajo estético. Al mismo tiempo. el teatro supera el potencial “autista” o “idiotizante”
del sujeto estético. entendido como retiro del sujeto en una contemplación di·orciada de
cualquier otra acti·idad pública. No oíreciendo la transparencia de la íiesta rousseauniana o
re·olucionaria. ni tampoco la dialogía abierta v por tanto potencialmente di·isora del
debate público interesado. el escenario oírece mas bien un objeto estético cuvos dialogos
alcanzan un cierre. v por consiguiente presenta a tra·és del tiempo un objeto singular que
permita la unión de los sujetos di·ididos. A lo largo de la clase o de la sala de lectura. cuva
geograíía v discurso asume la di·isión. queda mas clara la dialéctica por la que.
íundamentalmente. seres idénticos se encuentran en su indi·idualidad di·idida al juntarse
en una unidad que se produce por un objeto de atención común.
De aquí la importancia que tiene la elección de Schiller de un espacio recreativo para
la “institución moral” prototípica. (omo empezamos a indicar anteriormente. en la teoría
de la cultura queda implícita una noción que es a la ·ez recreati·a v re-creati·a. v este juego
de palabras incorpora la proíunda relación entre el espacio de la cultura v sus procesos.
(omo va hemos ·isto la eíicacia de la estética deri·a de su pura “determinabilidad”. de no
estar condicionada por uno u otro de los estados dados u ocupaciones que di·iden a los
humanos. mientras al mismo tiempo presenta la pura íormalidad del sujeto toda·ía-por-
determinar con un objeto eíecti·o para su juego dialéctico. Ln términos sociales un
íenómeno tal sólo es posible en lo que hemos ·enido a denominar. por razones
proíundamente inmersas en la propia lógica de la relación de la cultura con la sociedad
política v económica. el espacio de “recreo” |recreation|. Lsto quiere decir que sólo en un
espacio que se mantiene aparte de intereses materiales o políticos puede un objeto llegar a
constituirse como materia indeterminada para la contemplación por parte de un sujeto
desinteresado “en juego”. Ln una paradoja instantanea. según lo que hemos descrito como
la dimensión narrati·a del discurso estético. la di·isión de intereses v sujetos que implica es
superada por una di·isión íinal que distancia la esíera de la cultura de la esíeras de los
intereses. Ln esa esíera de recreación. del “impulso de juego”. el sujeto di·idido es re-
creado en la 1otalidad. De acuerdo con esto es el propio espacio recreati·o del teatro el
que es capaz de garantizar el proceso de re-creación. que constituve repetidamente. Por esta
razón el teatro. al ser·icio del estado. eíectúa la transición de una necesidad meramente
pri·ada de armonización en el indi·iduo a la íormación del pueblo como ciudadanía:
Ll hombre. ni satisíecho del todo por los sentidos. ni siempre capaz de pensamiento. quería un estado
intermedio. un puente entre los dos estados. capaz de otorgarle armonía. La belleza v la estética
representaba esto para él. Pero un buen legislador no esta satisíecho con el descubrimiento de la
inclinación de su pueblo. sino que la reutiliza como un instrumento de mas alto uso. \ de aquí que
elija el escenario para dar notoriedad al alma completa. sin íatigarla. v uniendo cabeza v corazón en la
mas noble educación SMI. pag. 333,.
Ll escenario. ademas. no sólo asegura una relación armónica entre las inclinaciones
sensuales e intelectuales de los humanos. entre la “persona” v la “condición”. 1ambién se
sitúa institucionalmente entre las leves. que “sólo pre·ienen de disturbios de la ·ida social.”
v la religión. “que prescribe órdenes positi·as v sustenta el orden social.” De hecho la
religión “actúa mavormente en el ambito de los sentidos.” v por consiguiente pierde poder.
según sus preceptos pierden el apovo de la imaginería v los símbolos SMI. pag.333,. (omo
una institución. v éste es el elemento crucial que hara del escenario una escena
paradigmatica de pedagogía política íundamental. el teatro coníorma la disposición de los
sujetos como ciudadanos. mediando entre la íuerza prohibiti·a o coacti·a de la lev v los
principios prescripti·os pero abstractos de la religión. “Donde la iníluencia de las leves
ci·iles terminan. empieza el estado” SMI. pag.334,.
Ln tanto la cuestión es íormar la disposición del espectador. la íorma social del
teatro tiene mas importancia que su mismo contenido. Aunque Schiller nos oírece a lo
largo de este ensavo un gran número de ejemplos del tipo de obra que podrían acarrear.
cada una a su manera. un mensaje moral particular. al íinal lo que el espectador ·e
propiamente es de escasa importancia o. por decirlo de otra manera. es una cuestión de
total indiferencia. Se mantiene enteramente la indiíerencia del objeto en su teoría estética mas
íormal. Lo que el espectador recoge de la actuación no es la particularidad de un juicio
moral sino la ·isión uniíicante –v ediíicante- de una humanidad idéntica a sí misma. Porque
en el teatro:
Las naturalezas aíeminadas se endurecen. los sal·ajes se hacen hombre. v. como un supremo triunío
de la naturaleza. los hombres de todos los rangos. lugar v condición. emancipados de las cadenas de lo
con·encional v las costumbres. se hermanan aquí en una simpatía uni·ersal. ol·idan el mundo v se
acercan a su destino celestial. Ll indi·iduo se comparte en éxtasis general. v su pecho tiene ahora
solamente espacio para una emoción: él es un hombre. SMI. pag.339,
Lste pasaje. la conclusión del ensavo. ilustra muv bien cómo dibuja el discurso de la cultura
una línea narrati·a conjunta de desarrollo. del sal·aje al hombre. de la íeminidad a la
masculinidad. junto con una síntesis espacial que supera las contingencias de nación v clase.
que produce una identiíicación del indi·iduo con la íigura de uni·ersalidad hombre. Ls íacil
obser·ar. de nue·o. cómo el eje temporal donde aparece el “hombre” se superpone sobre
el espacial. haciendo del “hermanamiento” uni·ersal un provecto íuturo mas que una
demanda de re·olución inmediata. Por supuesto tal provecto de postergación es la antítesis
de la íiesta rousseauniana. v la propia íorma de las instituciones con las que los estados
burgueses emergentes regularan v limitaran la demanda re·olucionaria de Libertad.
lraternidad v. especialmente. Igualdad.
Ll núcleo de la diíerencia entre Schiller v Rousseau –v ésta sería nuestra tercera
puntualización- esta constituido por su insistencia en que el indi·iduo llega a ser hombre
por el camino de la representación. De nue·o la concepción del teatro en Schiller que
podemos oponer a los espacios no di·ididos v la inmediatez de la relación social de
Rousseau, es simultaneamente topograíica v temporal. Numerosos indi·iduos se reúnen
literalmente –se congregan o asamblean- en el espacio que estructura el teatro. para que
cada cual se enírente a su misma representación. Ls como si las líneas de la ·ista que los
conecta a un mismo objeto también los reuniese en una identiíicación común. Pero la
condición de posibilidad para que se dé esa identiíicación es que. tal v como ellos se unen.
se unen bajo la misma íorma como espectadores. Al ir al teatro han abandonado las
contingencias de género. clase o “condición” para acercarse al sujeto estético recreati·o. al
arquetipo de “lombre”. De esta manera la relación íormal de los espectadores con el
escenario es en sí misma un ejemplo de las “asambleas” institucionales que tienen lugar con
la aparición gradual de las democracias representati·as: la clase. el parlamento. la reunión
política. el “e·ento” recreati·o.
96
Al mismo tiempo los discursos que el teatro representa. al
menos de acuerdo con el canon que Schiller selecciona. son igualmente ejemplares sobre la
transición de la contingencia hacia la “justicia” como ·alidez uni·ersal. Las
“representaciones” que el teatro presenta al público discuten. como discursos normati·os.
las propias condiciones que su asamblea promulga: para superar la contingencia es
necesario identiíicarse con la íigura representati·a del hombre. La comprensión de esta
condición se asienta precisamente en la cualidad ejemplar del teatro: precisamente porque
es un espacio recreador. sus representaciones nunca pueden ser mas que instancias
preíigurati·as de una igualdad que siempre esta por llegar. La postergación queda inscrita
en las asunciones discursi·as v espaciales del escenario como institución moral.
Presentado por Schiller como un aparato ejemplar del estado. el teatro traiciona
también. quizas inad·ertidamente. el secreto del íetichismo de la representación. Ll
discurso estético íundador de la posibilidad de una cultura de la representación aparece
como reacción a la Re·olución lrancesa. para postergar sus posibilidades mas radicales.
cuva subsistencia e·ocan en muchos aspectos el nombre de Rousseau v los “Jacobinos”.
Pero es tal la íuerza v el éxito de ese discurso. v semejante el grado en el que sus términos
han ·enido a saturar la modernidad. que es muv diíícil para nosotros. localizados en
nuestro momento v nuestras instituciones. imaginar la extraneza ante ese discurso en un
momento en el que parecía mas “improbable” que e·idente. Igualmente diíícil resulta
recuperar la resistencia articulada o la oposición inarticulada que encontraran. en su
aparición. las instituciones de la democracia representati·a. en todos los ni·eles de la
sociedad. (iertamente la materia de la historiograíía política Luropea es la resistencia a las
incursiones graduales del liberalismo por parte de los ·estigios del íeudalismo. del ancien
régime. de la aristocracia. del 1orismo. La resistencia a la representación v a las reíormas
políticas que aglutina se provectan como una prerrogati·a de reacción dentro de las grandes
narrati·as del siglo XIX. Pero hav también otro discurso encla·ado en los escritos liberales
de ese periodo. que nos habla sobre los intentos sucesi·os de escolarizar a los sujetos de la
clase trabajadora en la disciplina de la representación. de con·ertir a la masa en ciudadanos.
de transíormar al “sal·aje” en “hombre”. Dado el poder cultural de la imagen de la
muchedumbre anarquica. de la masa sin íorma. es demasiado íacil perder de ·ista la
importancia de la recurrencia del discurso de la representación v la pedagogía. Su gran
repetiti·idad habla de la diíicultad de la tarea: esta claro que no era tan íacil conseguir la
aprobación de la noción de que la representación. el ser representado. era el modo
normati·o de relación de la ·ida política. La terca oposición de los sujetos de la clase
trabajadora a ser representados esta eníatizada continuamente. Lsta oposición se entendera
de nue·o. durante largo tiempo. como predilección por un tipo de asamblea amoral v sin
reglas. o como una incapacidad de contener una demanda precipitada v sin íreno de
satisíacción inmediata. írente al lugar de una “gratiíicación postergada”. Lste supuesto
oculta la posibilidad de que la “terca oposición” no se ostenta desde una íalta de conciencia
o prudencia. sino desde otros supuestos que se sitúan en íormas sociales no homologables
con las di·isiones de la sociedad ci·il que despliega el estado burgués. L. P. 1hompson ha
utilizado estas íormas inconmensurables para elaborar la “economía moral” del pobre en
un periodo anterior.

Ouerríamos eníatizar. en deíensa del tipo de argumento realizado
por Stallvbrass v \hite cuando exploran la represión gradual de los espacios populares en
el siglo XIX. que la aparición de las instituciones representati·as implican la destrucción
acti·a de otras íormaciones sociales que re·ienen opositoras. incluso donde la resistencia
no parece estar plenamente articulada. en ·irtud del antagonismo sistematico del estado
con sus implicaciones políticas v culturales v su super·i·encia. Pero esta oposición no es
siempre tan simple. Ln momentos importantes. cuva írecuencia sólo parece limitada como
eíecto de lo que a estas alturas va no podemos recuperar. la tradición radical Britanica
produjo una resistencia sostenida v articulada írente a la imposición del gobierno
representati·o v sus instituciones educati·as. Ln los siguientes capítulos intentaremos
elaborar la naturaleza de esta resistencia v las razones de su ahogo gradual. Lo hacemos de
esta manera para relacionar este hecho con los grandes momentos de la historiograíía
liberal. las (artas de Reíorma de 1832 v 186¯. para resaltar la tensión entre la cultura de la
representación v una oposición que disminuve gradualmente. 1ambién hemos decidido
hacerlo de esta manera para re·elar el grado de conciencia que había entre los pensadores
liberales sobre la considerable tarea disciplinaria v pedagógica que implicaba la reíorma.
hasta el punto de que la aparición del ciudadano puede parecer inseparable de la eíicacia de
otro tipo de reíorma v de otro modo de pedagogía: las del Reíormatorio.
(APÍ1ULO 2
(UL1URAS DL LA RLPRLSLN1A(IÓN
UN INGLLS JA(OBINO
Las íuerzas Jacobinas de la Re·olución lrancesa. que tomaron nombre e inspiración de sus
lecturas de Rousseau. tienen su equi·alente en los radicales ingleses de la década de 1¯90.
Dentro del extenso espectro de posiciones radicales en Inglaterra. de las posiciones
derechistas de John 1helwall. Richard Price o Marv \oolstonecraít a la política anarquista
de \illiam Godwin. un punado de pensadores v escritores deíendieron que la abolición de
la propiedad pri·ada era la única base real para conseguir la igualdad política v económica.
98
Lchando la ·ista atras. 1homas Spence. proíesor. librero v periodista. esgrime los ataques
mas enérgicos v notables. no sólo contra el gobierno monarquico. sino contra las doctrinas
sobre derecho político diíundidas por 1homas Paine. Ll trabajo de Spence indica las
posibilidades de un discurso britanico popular v re·olucionario. mucho mas radical que la
ideología de la representación que estaba apareciendo contemporaneamente entre los
pensadores de clase media. basicamente derechistas según las ideas de Paine. que
comenzaron a asumir lentamente “íormaciones de compromiso” con posiciones mas
conser·adoras. Ln cierta medida este compromiso. que ílorecería posteriormente en el
trabajo de Samuel 1avlor v (oleridge entre otros. íue posible gracias a un desarrollo de la
doctrina de derechos v su teoría de los orígenes de la sociedad ci·il a partir de los derechos
de propiedad –que contaban con la oposición radical de Spence. Por eso. antes de ·ol·er a
estudiar cómo se constituve esa ideología en el trabajo de íiguras ahora canónicas. sera
saludable recordar un discurso radical que continúa ·i·o en los debates políticos
íundamentales de la década de 1830: un discurso bastante extendido a pesar de tener en su
contra al gobierno v el poder de los escritores de clase media.
99
Los eníoques de Spence se diíundieron en provectos como Pigs´ Meat o Lessons for
the Swinish Multitude. un periódico semanal muv barato |Pennv papers| que incluía sus
propios textos v citas donde se recuperaban parraíos de escritores tan ·ariados como
Milton. Swiít. Rousseau o Goldsmith para apovar sus argumentos radicales: v en el paníleto
The Meridian Sun of Liberty: o en Proposición y definición exacta del conjunto de derechos del hombre.
un discurso sobre el íin de la propiedad pri·ada v la descentralización del ordenamiento
legal en repúblicas-parroquiales. Ln The End of Opression. un paníleto mas bre·e claramente
concebido para el consumo popular. v probablemente pensado para ser leído en ·oz alta.
Spence expresa en términos simples un argumento contra la propiedad pri·ada. un plan de
acción re·olucionaria v un boceto de sociedad pos-re·olucionaria basado en un gobierno
local de tipo parroquial. Ln primer lugar Spence proclama su radicalización con respecto a
Paine. a tra·és de un dialogo entre un Anciano v un Jo·en:
Jo·en. De nue·o escucho los Derechos del lombre de Spence. que ·an mas lejos que los de Paine.
Anciano. Aún no me parece suíiciente.
Jo·en. Lntiendo que no hava propiedad pri·ada. pero todo lo da a las Parroquias.
Anciano. lace bien. la tierra no se hizo para el Indi·iduo.
100
(onsiderando que Paine supone en Los derechos del hombre que la aparición de derechos
especííicos de juicio pri·ado v opinión depende de la agrupación de la íuerza social en
torno a un gobierno que tiene como íin la protección de la propiedad pri·ada. Spence
castiga esa ·isión política porque sólo tiende a “una re·olución como tantas otras. prenada
de meros derechos improducti·os” pag. 9,. Ln su lugar él oírece un plan re·olucionario
cuva primera acción sería la redistribución de la posesión de tierras pri·adas en nombre de
la población de cada parroquia:
Si |el comité re·olucionario| publicara un Maniíiesto de Proclamación ordenando tomar a la gente de
cada Parroquia. en su recibo. la posesión total e inmediata de la Propiedad de la 1ierra de su distrito.
íijando un (omité para tomar acusación íormal de la misma en el nombre v para el uso de su
habitantes |...| terminarían las Rentas. el gran recurso de la aristocracia. lo que en bre·e los sometería a
razón. v terminarían siendo tan inoíensi·os como el resto de los hombres. pags. 8-9,
Aquí Spence relaciona la diíerencia entre una razón abstracta v una razón “practica”. en
una ironía que es parte de la carga sub·ersi·a v de la íuerza contra-hegemónica de su texto.
De igual importancia sera. especialmente en nuestro siguiente argumento. su íirme
coníianza en la capacidad del pueblo para manejar sus asuntos: al reparo del Jo·en írente a
la probabilidad de “mala administración” del pueblo. el Anciano contesta que “no se
consigue adquirir la calidad de Demócrata para dudar de la propia responsabilidad. Si los
hombres no pueden manejar los réditos v los asuntos de una Parroquia. .qué pasara con un
Lstado·” pag. ¯,. Lsta duda sobre la capacidad del pueblo o de las clases trabajadoras para
participar en el estado –para gobernarse por sí solas- queda recogida por las tendencias
re·olucionarias en Gran Bretana como herencia íundamental de miedo v represión
re·olucionario-íranceses. (omo ·eremos la cuestión resuena a lo largo de todo el siglo. v
coníorma los argumentos que dan lugar a las íormas institucionales de cultura v educación
en los escritos de clase media v trabajadora sobre el sujeto. Lo que se origina a tra·és de
sucesos políticos similares como líneas diíerentes de discurso. mantendra su distinción v su
eíecti·a heterogeneidad hasta su gradual con·ergencia en la década de 1860. De aquí en
adelante intentamos establecer la genealogía de diíerentes discursos v la historia de su
con·ergencia. tanto mas cuanto nos hablan de la constitución de la hegemonía v de la
super·i·encia oculta de conceptos marginados.
LL PAS1OR LJLMPLAR
Ln esta sección empezamos a examinar la aparición de un discurso sobre cultura. política v
educación entre pensadores burgueses decimonónicos. que terminaría siendo
poderosamente hegemónico en menos de una generación. Nos centraremos en las íormas
institucionales v en las “estructuras del sentimiento” mas íntimas que presume v prescribe.
Dado su estatus toda·ía canónico examinaremos el asunto de la representación. en los
múltiples sentidos períilados en el capítulo pre·io. a tra·és del trabajo de (oleridge v
\ordsworth. escritores romanticos íundamentales.
Ls poco discutible el papel seminal de Samuel 1avlor (oleridge en la diíusión
britanica de un discurso cultural con largos antecedentes alemanes. No importa que
elementos notables de una generación mas jo·en de pensadores britanicos como 1homas
De Ouincev. 1homas (arlvle v John Stuart Mill recurrieran también a la tradición alemana
de manera independiente. v a menudo con propósitos diíerentes. (oleridge permaneció
como una iníluencia crucial en la recepción v propagación de los conceptos Kultur v Bildung.
Así queda propuesto por Ravmond \illiams en Cultura y sociedad:
Ls desde (oleridge. v mas tarde desde Ruskin. desde donde se ·e el origen de la construcción de
“(ultura” en términos artísticos. Pero toda·ía como una conclusión parcial en tanto las artes.
esencialmente. son sólo un símbolo del tipo de “conocimiento sustancial” que (oleridge pretendía
describir. Ll mismo criterio se hace tan necesario al menos en otros aspectos de nuestra acti·idad
integral.
101
La expresión. tan característica de \illiams. deja traslucir la iníluencia de (oleridge. tanto
sobre él como sobre otros autores: es imposible decir si la in·ocación a “nuestra acti·idad
integral” es una paraírasis de (oleridge o un juicio propio de \illiams. 1an pronto como
reclama nuestra atención sobre la enorme importancia de sus íormulaciones. la pretensión
de (oleridge. eíectuada otra ·ez de una manera característica en Cultura y sociedad. coníunde
su plena importancia. De manera muv írecuente. \illiams toma de (oleridge esa
dimensión de la íunción de culti·o opuesta a la alienación v especialización características
de la sociedad industrial. pero omite por completo su relación igualmente poderosa con la
tarea del estado. Pero concretamente. lo criticable del pensamiento de (oleridge reside en
que sostiene en todo momento una proíunda relación entre el culti·o o la íormación
estética del sujeto. v la educación de un tipo de ciudadanos habiles para el estado.
Resaltaremos esas importantes omisiones al mencionar posteriormente a \illiams.
Pero primero deberíamos aclarar que nuestro intento no es demostrar la iníluencia eíecti·a
v penetrante de (oleridge en las instituciones educati·as que aparecieron especííicamente
en Gran Bretana a lo largo del siglo XIX. Lo que querríamos reiterar es la historia de su
indiscutible iníluencia en la disciplina emergente de la crítica literaria. 1al v como
indicaremos a continuación las íormulaciones coleridgeanas sobre el culti·o lograron una
plena diíusión. incluso en la literatura periodística de la clase trabajadora. pero estas
íormulaciones sostienen conceptos “reguladores” mas que “constituti·os.” Ln este sentido
estaríamos de acuerdo con Cultura y Gobierno de Ian lunter. al desechar cualquier idea de
que la constitución de instituciones pedagógicas se dio de una aplicación programatica de
ideas que emanaban del discurso sobre cultura. No obstante. como va sugerimos en la
introducción. sostendríamos que el discurso sobre cultura. precisamente en la medida en
que coníluve con una teoría del estado simultaneamente emergente. establece los
parametros discursi·os dentro de los que el ciudadano. por tomar prestado una importante
íormulación de Benedict Anderson. puede ser imaginado.
De acuerdo con esto querríamos establecer mas estrechamente el tipo de
intersección entre lo estético v el discurso político. mas alla de lo que se pudo suponer en la
aparición de los términos que regulan el tipo de ciudadanía sujetual. Lsto nos lle·ara a
explorar. en el contexto especííico de íormación del romanticismo britanico. la articulación
del concepto de representación en cada ni·el: estético o poético. social v político.
Lle·aremos a cabo ambas tareas utilizando Sobre la constitución de la Iglesia y el Estado de
(oleridge. v a tra·és de la teoría v la practica poéticas de \ordsworth. donde se elabora
una íenomenología mas íntima de lo que signiíica ser “hombre” de una manera
representati·a. Daremos cuenta de un cambio sustancial en el sentido v la dimensión del
concepto de representación a propósito de las re·isiones que suíre una de las Baladas líricas
de \ordsworth. entre su publicación inicial en 1¯98. cuando el poeta toda·ía era
considerado “radical”. v 1815. para cuando \ordsworth va había suírido su íamosa
transíormación en 1orv. Nuestro rastreo particular de la aparición de la concepción
moderna de la representación en esa covuntura histórica nos acercara. íinalmente. a
explorar la inestabilidad del concepto en círculos radicales en el momento de la primera
(arta de Reíorma: sólo se puede entender la dimensión radicalmente crítica que aún tienen
sus debates si comprendemos su distancia con respecto a asunciones íormadas en el seno
de discursos sobre estética v política. que han terminado oíreciéndose como parametros
normati·os de un pensamiento posterior.
Ll capítulo de Cultura y sociedad que precede a la discusión que \illiams sostiene con Mill
sobre Bentham v (oleridge se titula “Ll artista romantico”. Lste capítulo bien puede haber
consagrado un cierto interés en torno a las importantes in·estigaciones de (oleridge sobre
los procesos v la techné de la creati·idad poética. por no mencionar la notable cantidad de
reíerencias dispersas que dedica al último desarrollo sistematico de (oleridge sobre
conceptos poéticos en sus escritos políticos. Pero si pretendemos entender lo que \illiams
silencia en los escritos de (oleridge. las íormulaciones sobre el sentido social de la
naturaleza de las concepciones romanticas del artista aún son mas instructi·as.
precisamente por su aíinidad con una larga tradición que concibe la poesía como crítica
social estética. “Ll artista romantico” comienza con una abierta corrección de la percepción
del artista romantico como íigura al margen de preocupaciones sociales v políticas:
Pocas generaciones de escritores creati·os hav mas proíundamente interesados v mas in·olucrados en
el estudio v la crítica de la sociedad de su tiempo como la de esa línea de poetas que ·a de Blake v
\ordsworth a Shellev v Keats. Un hecho tan e·idente v tan íacil de coníirmar diíícilmente concuerda
con esa concepción popular v general del “artista romantico” que. paradójicamente. en principio
deri·a del estudio de estos mismo poetas |...| Lo que se percibía al íinal del siglo XIX como intereses
dispares. entre los que elegir para declararse poeta o sociólogo. a principios de siglo se entendieron
por lo general como intereses estrechamente conectados: una conclusión sobre el sentimiento
personal terminaba siendo una conclusión sobre la sociedad. v una obser·ación de la belleza natural
acarreaba una reíerencia moral necesaria sobre la ·ida completa v uniíicada del hombre.
102
Ahora esta ase·eración de \illiams parece incontestable. 1ambién es importante el éníasis
–acaso lugar común contemporaneo- que pone en la paradoja que las demandas uni·ersales
v totalizadoras de la poesía romantica proponen sobre la humanidad. tanto contra la
autonomía o especialización, emergente. como contra la esíera artística v el
acomodamiento del arte como bien económico –desarrollos que son. después de todo.
consecuencias directas e in·ersas de los mismos procesos. Aquí nos interesa cómo \illiams
desíigura deíiniti·amente la manera como se imbrican la política v la estética. al eníocar la
elaboración de estos asuntos en la oposición “cultura´sociedad”.
Posteriormente. en el mismo capítulo. \illiams relaciona los escritos críticos de
\ordsworth v Shellev sobre la naturaleza de la poesía v el poeta. v remarca que:
Ln un periodo donde un nue·o tipo de sociedad empezaba a concebir al hombre como un
instrumento de producción meramente especializado. el éníasis en un tipo de humanidad general v
común era e·identemente necesario. Ll éníasis en el amor v la aíinidad era necesario. no sólo contra el
suírimiento inmediato. sino contra el indi·idualismo agresi·o v las relaciones principalmente
económicas que incorporó la nue·a sociedad. De igual manera se puede interpretar el éníasis en la
imaginación creati·a como una construcción alternati·a del moti·o v la energía humanos. en contraste
con los supuestos de la economía política imperante.
103
Nuestra pregunta sera: .qué hace (auto)-evidente la necesidad de semejantes íormaciones
compensatorias· La cuestión no surge simplemente de un escrúpulo teórico general sobre
la íuerza ideológica de lo e·idente aunque esto no carece de importancia,. sino también de
obser·ar la incon·eniencia de esas proposiciones en escritos radicales. mientras \illiams
prosigue la conexión de un conjunto de cuestiones en aumento. Senalando la tendencia de
Shellev a condensar en “el acto de la poesía. o del arte en general” la energía crítica de
oposición al industrialismo. continúa:
La consecuencia positi·a de la idea de arte como realidad superior era que oírecía una base inmediata
para ejercer una crítica importante del industrialismo. La consecuencia negati·a era que. según se
consolidó la situación. tendía a aislar al arte en tanto íacultad especializada e imaginati·a como un tipo
de acti·idad. debilitando así la íunción dinamica que le propuso Shellev.
104
Aunque con respeto v simpatía por cuanto el sentido de nuestra crítica concuerda con el
éníasis de \illiams en una “idea de cultura como un modo completo de ·ida” opuesto a
“la idea de cultura como arte.”
105
nos ·emos obligados a cuestionar la con·eniencia de ese
modelo. que plantea la cultura como “una construcción alternati·a” a la sociedad industrial
v la economía política. Adecuada a un ni·el. no obstante. \illiams esboza una estructura de
oposición que atenúa la importancia de la proíunda imbricación de política v cultura entre
los poetas romanticos. enmascarando precisamente la aparición diferencial de la relación
entre cultura v sociedad. La cultura. como dominio distinto. íunciona v se deíine por su
diíerenciación de otras esíeras. en una relación siempre dinamica. v no en oposición
estatica. (omo dominio donde se realiza la libertad v la totalidad. su importancia deri·a de
su relación con aquellas esíeras donde se di·ide al “hombre”. No obstante. para pro·eer un
espacio de reconciliación. su capacidad de trascender la especialización v la di·isión
depende de la especialización diíerenciadora de la íunción. Lsta relación diíerencial. que
expresa una especialización que supera los eíectos de la especialización. establece una
relación de la cultura con el estado analógica v íinalmente instrumental. en la medida en
que todo lo que surge de la di·isión lo hace como sitio donde la di·isión se supone
trascendida. 1al v como va hemos sugerido. sólo con un reconocimiento de este tipo es
posible resol·er la aparente contradicción que permite que los arteíactos culturales. en
tanto “opuestos” a la poesía de Shellev o incluso a la de \ordsworth. se integren en los
canones de la pedagogía estatal de una manera tan poco problematica. Sin embargo. una
·ez que conseguimos que esa íigura del hombre donde se representa la superación de la
di·isión sea indisociable de la íigura del ciudadano del estado. la posibilidad de integrar una
cultura de oposición con el provecto estatal no parecera paradójica por mas tiempo. Al
mismo tiempo. una ·ez mas es importante recordar lo propuesto tanto cultural como
políticamente en el periodo “Romantico”. La cultura v el estado moderno son coetaneos v.
contra una resistencia considerable. se otorgan el ser recíprocamente: podemos decir que la
oposición de Shellev a ciertos aspectos de su sociedad avuda a constituir un estado que va le
presta acogida.
106
La “humanidad” romantica no era ob·ia en ningún sentido. sino íorzada
a desplazar una noción anterior de lombre donde la di·isión no era tan problematica. pues
en sí misma la di·isión sólo termina siendo problematica donde se aíirman la igualdad v la
equi·alencia como ·alores políticos.
De todos los escritores romanticos britanicos. (oleridge elabora de manera mas
sistematica una relación nue·a entre la labor de la cultura v unas labores pedagógicas del
estado igualmente nue·as. Ln (oleridge queda explícito lo que esta implícito en todo
momento en esa íigura del hombre o de la humanidad basada en la uni·ersalidad de las
demandas romanticas: el dominio donde se realiza la plena humanidad del indi·iduo
moderno puede ser la ciudadanía. pero sólo en la medida en que la ciudadanía se constituve
por medio de la educación. Ln este sentido. estas concepciones emergentes de hombre v
educación diíieren marcadamente de las que dominaron el siglo anterior. Ll lugar desde
donde se apela a una noción general de “hombre”. su posición relati·a con el cosmos. ese
“istmo de un estado medio” entre el animal v lo di·ino. rubrica de manera analoga una
íorma de gobierno que es consecuencia de la naturalidad de la propia di·isión.
10¯
(omo es
bien conocido. la íuerza radical de las demandas romanticas consiste en uni·ersalizar las
necesidades de la humanidad. extrapolando lo moral a lo político. Ll recurso estabilizador v
írecuentemente conser·ador del Romanticismo consiste en contener esos términos dentro
de un registro político proponiendo. tal v como denominaría Marx. una emancipación
política antes que humana. (oleridge es característico en este sentido. al reunir la gran
cantidad de elementos que maneja en torno a la unión mas maniíiesta. v lle·ar a cabo. con
un éxito eíecti·o. la impensable tarea de sintetizar la identiíicación radical de Rousseau
entre “lombre” v “(iudadano” con la insistente necesidad de Burke de “hombres de luz v
liderazgo” que dotan de estabilidad a la sociedad. Para ello propone una noción
“germanica” de cultura que predica ciudadanía v humanidad. diíundiendo la “luz” mediante
instituciones pedagógicas que el estado tiene el deber de organizar v mantener. Ln Sobre la
constitución de la Iglesia y el Estado denomina a estas instituciones “Iglesia Nacional”. Lsta
Iglesia Nacional se sitúa precisamente entre las “luerzas de Permanencia.” esto es. entre
los intereses asentados de la sociedad. v las “luerzas de Progresión.” esos intereses
mercantiles v manuíacturados cuva ·olatilidad. a juicio de (oleridge. tienden a
desestabilizar constantemente la sociedad. La Iglesia Nacional es una institución de la
sociedad ci·il que íunciona de manera semejante a lo que Gramsci habría entendido como
un instrumento del estado ético. De acuerdo con esto nuestro planteamiento supone que la
cultura no designa una íormación discursi·a opuesta a la sociedad. sino un conjunto de
instituciones que se insertan en la sociedad en su punto de intersección con el estado. La
relación de oposición entre cultura v sociedad sólo puede mantenerse idealmente. Ln la
practica la propia íormulación del espacio de la cultura exige. como va hemos ·isto. su
actualización en instituciones pedagógicas. cuva íunción reside en transíormar al indi·iduo
de la sociedad ci·il en sujeto del estado. La naturalización de una producción de ciudadanos
írecuentemente ·iolenta se solapa con el relato histórico v uni·ersal de la e·olución de la
humanidad. del animal o el sal·aje al ser ci·ilizado.
Ln su deseo por mantener la oposición entre cultura v sociedad \illiams omite de
sus extensas citas de (oleridge la sentencia íinal del siguiente parraío:
Pero la ci·ilización es en sí misma una buena combinación. si no una iníluencia corruptora. el
precipitado de una eníermedad. que la ílor de la salud. v una nación reconocida así con·oca mas
adecuadamente a un pueblo que necesita barnizarse mas que pulirse: allí donde la ci·ilización no
queda basada en el cultivo. en el desarrollo armónico de esas cualidades v íacultades que caracterizan
nuestra humanidad. Debemos ser hombres para llegar a ser ciudadanos.
108

(oleridge no propone aquí contra los abusos de la sociedad simplemente el culti·o o el
indi·iduo culti·ado como dominios de “desarrollo armónico.” sino que también propone
un principio complementario a tra·és del que la cultura puede desarrollar en los indi·iduos
la capacidad de ser ciudadanos del estado. Nuestro problema reside en comprender cómo
tiene lugar esa íormación del sujeto como ciudadano. a dos ni·eles. Primero su
actualización institucional. o sea. cómo se logra practicamente la elaboración de indi·iduos
en ciudadanos. Segundo. qué íorma precisa tiene este nue·o sujeto. que no existe en
ningún sitio pero se provecta indiscriminadamente. v cómo se supone que este sujeto
nue·o incorpora esos principios que le con·ierten en colaborador del estado.
(oleridge elabora la primera cuestión a tra·és de la institución de la Iglesia Nacional
que. como insiste reiteradamente. se coníorma sobre la Iglesia establecida pero no es
idéntica a ella. Ll modelo que realmente da íorma a las instituciones que supliran v
desplazaran las íunciones de la propia Iglesia es la jerarquía de la Iglesia Anglicana del
Arzobispado. a tra·és de sus ·icarios mas humildes. Lsta jerarquía queda designada para
asegurar un cuidado pastoral incluso en las comunidades mas pequenas v dispersas del
reino. llegando a constituirse como modelo de la propagación del aprendizaje.
generalmente a tra·és de instituciones de una clase o estado, especial de “intelectualidad”
|clerisv|:
Se estableció un número de cabezas creati·as de las humanidades. culti·ando v extendiendo el
conocimiento que va se ostentaba. v superando los intereses de la ciencia íísica v moral. De esta
manera este tipo de instructores constituveron el propio asentamiento de un número mavor de clases
de orden. Lste último cuerpo. mas numeroso. se distribuvó por todo el país hasta no dejar el lugar mas
pequeno sin un guía de residencia. un guardian o un instructor. Ll objeto íinal de este orden absoluto
consistía en conser·ar los almacenes v guardar los tesoros de la ci·ilización pasada para. de esta
manera. encadenar pasado con presente. períeccionandolo v prolongandolo para poder conectar
presente v íuturo. Pero íundamentalmente se trataba de extender en el conjunto de la comunidad v
sobre cada nati·o. designado con sus leves v derechos. la cantidad v calidad de conocimiento que
resultaba indispensable para entender dichos derechos. v para asumir los deberes correspondientes.
((S. pp. 43-4,
Las estructuras de la Iglesia proporcionan un modelo para la institución de la educación
nacional. v proponen. también en su sentido ad hoc. los íundamentos elementales de lo que
terminara constituvéndose como un sistema de educación nacional. Pero esto sólo se
consigue en ese momento que hara posible. o incluso necesario. aírontar el desplazamiento
de la Iglesia íeudal. con sus íunciones monarquicas de íormación disciplinaria de sujetos. por
las instituciones de la cultura. cuvos propios términos deri·an de los que permiten a la
Iglesia íormar ciudadanos. extendiéndolos. Allí donde la íunción de la Iglesia consistía en
racionalizar la desigualdad de la di·isión de la sociedad. la cultura pretende uni·ersalizar la
identidad política bajo la íorma de ciudadanía v. como va hemos argumentado. producir
una igualdad íormal que supere las desigualdades materiales de la sociedad ci·il. Incluso
aunque (oleridge reconozca a la teología como “precedente”. propone su desplazamiento
educati·o en unos términos cuvas íormas quedan constituidas por la cultura estética:
|La teología| era el precedente porque bajo el nombre de teología. la LDU(A(IÓN NA(IONAL. el
nisus formativus de la política corporal. el espíritu íormador e iníormador que educe. despierta en todos
los nati·os de la tierra al hombre latente. v los adiestra para ser ciudadanos del país. sujetos libre del
reino. ((S. pags. 4¯-8: éníasis en el original,
La historia de la educación decimonónica. caracterizada por la larga serie de peleas v
acuerdos entre el estado secularizado v el asentamiento de la educación pri·ada de distintas
ramas religiosas. se explicaría en parte por lo que podríamos denominar como un
desplazamiento parasitario. que la cultura emprende con la teología.
109
\ no es que
(oleridge alimentase programaticamente estas peleas –como puntualiza \illiams. su
trabajo íue adecuado igualmente para liberales v conser·adores- sino que contiene v articula
el propio proceso por el que los nue·os sujetos-ciudadanos deben ·enir al ser. ser
“educidos”. así como las correspondientes íormas institucionales que su educación
requiere. \ querríamos eníatizar de nue·o que aquí lo que esta en juego no son los
materiales especííicos de pedagogía. por poner ejemplo. esa sustitución bastante posterior
de la escritura bíblica por textos literarios. sino la íorma en que el ciudadano-sujeto es
imaginado en unos términos que quedan deíinidos en su sentido mas pleno en el seno del
discurso de la cultura estética.
(oleridge no elabora la íormación íntima del sujeto ligandolo con el estado. Para
lle·ar mas lejos este asunto. en la próxima sección ·ol·eremos a los escritos de \illiam
\ordsworth. de quien. en cualquier caso. (oleridge deri·a su concepción mas íntima de los
procesos estéticos. Sin embargo (oleridge propone una íigura que concentra. en el modo
de sus practicas solicitantes. el aparato institucional de una educación estatal incipiente.
Lsta íigura es la de la sacerdote. un término que (oleridge glosa como
Persona ´: persona exemplaris: el representante v ejemplo del caracter personal de la
comunidad o de la parroquia. de sus deberes v derechos. de las esperanzas. pri·ilegios v cualidades que
solicitan como personas morales. v no meramente como cosas ·i·ientes. ((S. p. 53n: éníasis en el
original,
Aquí (oleridge quiere eníatizar a toda costa la cualidad de la persona que el sacerdote
representa o ilustra ante el pueblo
110
. Ln el primer capítulo va ha deíinido a la persona como
alguien que “debe ser siempre ser incluido en el íin” ((S. p. 15, . a diíerencia de la mera
cosa o el instrumento. La deíinición aíirma la cualidad de autonomía como lo que
diíerencia al hombre v al ciudadano del mero “nati·o de la tierra”. Ln tanto el sacerdote es
ejemplo de persona. esto también sugiere que es una cualidad que él posee. que permanece
meramente “latente” en otros indi·iduos. por decirlo con una írase de (oleridge.
esperando aílorar gracias a la íuerza ejemplar del sacerdote v. por extensión. del maestro de
escuela en tanto réplica de este mismo modelo. Ll sacerdote es el hombre ejemplarmente
representati·o en ·irtud de su culti·o. v se sitúa como el ajuste mas aproximado de
humanidad armónica. Por consiguiente el sacerdote´proíesor interpela a los indi·iduos en
tanto “ciudadanos del país. sujetos libres del reino”
111
por su situación ejemplar. mas que
por medio de cualquier materia particular de ensenanza.
Aquí (oleridge reemplaza una concepción de representación basada en conjuntos
de intereses por una concepción íundada en un discurso ético. Sin esta transíormación no
podrían aparecer los aparatos del estado ético. Ln este sentido resulta de íundamental
importancia que la persona ejemplar ·enga a mas que de la comunidad que representa.
Aludiendo a una íamosa íormulación temprana de \ordsworth. podríamos proponer esto
con una mínima re·isión semantica pero absolutamente crítica,: si el poeta de 1802 es “un
hombre hablando a hombres”. el sacerdote de (oleridge es “|el| lombre hablando a los
hombres.” No obstante. como ·eremos al menos para 1815. la propia poesía de
\ordsworth había promulgado va semejante cambio. v con esto propone un ejemplo
canónico de la aparición de un tipo de discurso sobre representación que sienta
ineludiblemente las bases de nuestra comprensión de la subjeti·idad v la subjeti·ación. \
no hav duda de que. para \ordsworth. el poeta como hombre representati·o es
·irtualmente indistinguible del poeta como pedagogo ejemplar.
LIBLR1AD DL ASO(IA(IÓN.
Ln su “Preíacio” de las Baladas líricas 1800,. \illiam \ordsworth nos proporciona una
descripción del proceso creati·o. 1an justamente celebrado como iníluvente en la reílexión
posterior de la íenomenología de la creati·idad. no obstante. por lo general la ·erdadera
importancia de este parraío queda eludida selecti·amente:
Los Poemas de estos ·olúmenes se diíerenciaran de otros ·ersos parecidos poesía contemporanea v
tri·ial,. al menos por una cualidad senalada: todos albergan un propósito digno. No quiero decir que
siempre comenzara a escribir con un propósito particular íormalmente concebido. sino que creo que
mis habitos de meditación han íormado mis sentimientos de tal manera que mis descripciones de tales
objetos excitan esos sentimientos tan poderosamente como para acarrear un propósito. Si estov
equi·ocado al respecto. puedo acertar al menos ligeramente en lo que se reíiere a un Poeta. Ln toda
buena poesía hav un aíloramiento espontaneo de sentimientos poderosos. Pero aunque esto sea cierto
los Poemas con algún tipo de ·alor nunca íueron creados por un tipo de sujeto cualquiera. sino por un
tipo de hombre que. contando con mas sensibilidad organica de la usual. también había reílexionado
larga v proíundamente. La continua asimilación de ílujos de sentimiento esta modiíicada v dirigida por
nuestros pensamientos. que representan de hecho el conjunto de nuestros sentimientos pasados. \ al
contemplar la relación entre estos representantes generales v los otros descubrimos lo realmente
importante para los hombres. \ así en la repetición continuada de estos sentimientos en contacto con
sujetos notables quedaremos alimentados de continuo. Si en principio estamos dotados de una
enorme sensibilidad organica. se produciran unos habitos mentales tales que. al obedecer ciega v
mecanicamente sus impulsos describiremos objetos v sentimientos absolutos de tal naturaleza v en tal
conexión con el prójimo que. si se encuentra en un estado de asociación saludable. su entendimiento
del ser necesariamente debera quedar iluminado en algún grado. su gusto exaltado. v sus aíectos
períeccionados.
112
Ll parraío se provecta hacia el ancho detalle psicológico. v a la ·ez se contrae hacia la esíera
íntima de interioridad de ese discurso de la representación del sujeto indi·idual. que aparece
tanto en las cartas de Schiller en Sobre la educación estética del hombre como en Iglesia y Estado de
(oleridge. La creación poética se describe como el procesamiento de un material primario
proporcionado por los sentimientos. que sólo a golpe de repetidas “re-presentaciones”
logra el estatuto general de un momento representati·o de ·erdad. A lo largo de este
proceso meditati·o la reílexión aparece bajo la forma de cualquier experiencia dada. en la
medida en que cada experiencia pasada llega a ser una “representación general” en el
pensamiento. Lsta íormalización es la garantía de que los poemas. producidos de esta
manera. tendran un “propósito digno”. precisamente porque la repetición que requiere la
íormalización permite el descubrimiento de “lo que es realmente importante para los
hombres”. La poesía queda consagrada a las íormas esenciales que los hombres tienen en
común. mas que a los accidentes que los di·iden. Ls mas. es intrínsecamente ética. en tanto la
particularidad de cada experiencia pri·ada se ele·a a un estatus de representación general.
Mas adelante. al hablar del lector se repite la íunción ética de la naturaleza
intrínsecamente ética de la poesía. Por esto la poesía no es sólo el producto de un ser
éticamente íormado a golpe de repetición meditati·a. sino también un agente que toma
parte en la íormación o el desarrollo de una disposición éticamente culti·ada de su lector.
que tiene que quedar “iluminado en algún grado. su gusto exaltado. v sus aíectos
períeccionados”. La descripción de \ordsworth de la íenomenología de la creación es
deliberadamente general. no sólo para recoger los procesos creati·os per se. sino para
constituir un bagaje de desarrollo ético-humano que queda íntimamente limitado a actos de
rememoración generalizadora. De acuerdo con esto. si la creación poética es un
reíinamiento que extrapola un proceso común hacia la reílexión humana en general. la
lectura es “una repetición en la mente del lector,” del acto mismo de la creación poética.
113
Ll poema suplanta estructuralmente otros modos de sentimiento primario. llegando a ser
para el lector el objeto de reílexión v de juicio comparati·o –tal v como el “Preíacio”
insiste con írecuencia-. que re·elara su propósito moral sólo a tra·és de una serie de
lecturas tan repetiti·as como los propios habitos de reílexión que preceden la composición
del poeta. Sólo un mavor grado de organización íormal del poema dota a esa reílexión de
una dirección. operando mas sobre el proceso de iluminación que sobre su producto. v a
ni·eles mas somaticos establece una dialéctica entre los placeres de la repetición v esa tarea
de producir shocks de “apacible sorpresa” que la repetición representa.
114
Numerosos críticos han dejado constancia de que la necesidad de lecturas repetidas
es una demanda intrínseca de las Baladas líricas. Lsto no quiere decir que requieran estudio v
íruición írecuente como “clasicos”. sino que su estructura v la pedagogía irónica que tiene
por “propósito” reclaman íundamentalmente un proceso de repetición. La gran mavoría de
las baladas son discursos de íalso reconocimiento que operan en dos ni·eles. el del poeta-
narrador. que es descubierto una v otra ·ez en errores de juicio o de obser·ación. v el del
lector. para quien quedan cuidadosamente implantados los signos irónicos como guías
potenciales del proceso que compartimos con el poeta. Ln misma medida que el desarrollo
del discurso exige un momento de reílexión sobre el origen del prejuicio. ele·ando
momentaneamente a “representación general” de juicio lo que era anécdota particular. se
conduce al lector a reílejarse sobre el relato v su propósito de tal manera que obliga a una
reílexión v una re-relectura por error. A este segundo ni·el. es de hecho imposible
“entender” el poema sin –al menos- una segunda lectura.
115
Ln sus reílexiones sobre la creati·idad –·irtualmente consustanciales a su poesía
como conjunto- \ordsworth recurre constantemente a actos de repetición que
reconstituven una percepción “períeccionada”. Por supuesto. tal tipo de reílexión ha
terminado siendo tan normal a la hora de estudiar este periodo que a la pedagogía literaria
le parece ·irtualmente ob·ia. Sin embargo aquí deseamos explorar las implicaciones políticas
de lo que ·enimos denominando como pedagogía irónica. que inaugurara la poesía de
\ordsworth. Una de las Baladas líricas mas conocidas. “(alma animal v decadencia”. ser·ira
para ilustrar los procesos que engloba la pedagogía irónica a tra·és de la poesía v ese
proceso de re·isión. bajo ningún sentido ob·io. que llegó a ser “habitual” para
\ordsworth. Ln la discusión de la re-·isión resulta adecuado senalar particularmente que
generalmente se conoce la ·ersión re·isada del poema. publicada en 1815. Al comparar esta
·ersión v la original de 1¯98 se obser·a la proíunda transíormación que se da en el “lugar”
v el modo de articulación de la política de la poesía.
ANIMAL 1RANOUILI1\ AND DL(A\
1he little hedgerow birds.
1hat peck along the road. regard him no.
1he tra·els on. and in his íace. his step.
lis gait. is one expression: e·erv limb.
lis look and bending íigure. all bespeak
A man who does not mo·e with pain. but mo·es
\ith thought –le is insensiblv subdued
1o settled quiet: he is one bv whom
Long patience now doth seem a thing oí which
le had no need. le is bv nature led
1o peace so períect that the voung behold
\ith en·v. what the Old Man hardlv íeels. 1815,
OLD MAN 1RAVLLLING:
ANIMAL 1RANOUILI1\ AND DL(A\.
A SKETCH
1he little hedgerow birds.
1hat peck along the road. regard him no.
1he tra·els on. and in his íace. his step.
lis gait. is one expression: e·erv limb.
lis look and bending íigure. all bespeak
A man who does not mo·e with pain. but mo·es
\ith thought –le is insensiblv subdued
1o settled quiet: he is one bv whom
All eííort seems íorgotten. one to whom
Long patience has such mild composure gi·en
1hat patience now doth seem a thing oí which
le had no need. le is bv nature led
1o peace so períect that the voung behold
\ith en·v. what the Old Man hardlv íeels.
-I asked him whither he was bound. an what
1he object oí his journev: he replied
“Sir! I am going manv miles to take
“A last lea·e oí mv son. a mariner.
“\ho írom a sea-íight has been brought to lalmouth.
“And there is dving in an hospital.” 1¯98,
116

Ll examen de la ·ersión re·isada muestra cuando menos una mínima ·ariación al omitir las
seis líneas íinales de la ·ersión de 1¯98. Las re·isiones apuntan claramente una
generalización del sentido del poema: hav una capitalización de ciertos sustanti·os que
alegorizan las relaciones puramente sociales de 1¯98. v lo mas importante. estan los cortes
del título. La ·ersión del título de 1815 presenta el poema como una meditación moral
sobre la paz de la edad anciana. mientras que la de 1¯98 equilibra deliberadamente el topos
meditati·o con la utilidad del ·iaje de un anciano. un ·iaje que mo·iliza en dicha ·ersión
nociones íinalistas v. etimológicamente. de trabajo o “íatiga”. Ademas el poema es de
manera autoconíesa un boceto. al mismo tiempo pro·isional e inmediato. abierto v no
deíiniti·o. experiencial v experimental. Si consideramos al boceto mas como error al
producir una obra maestra en espera de re·isión que como algo momentaneamente abierto.
según las bases de un juicio estético que ahora parece tan ob·io. queda clara la relación
entre la representación política v nuestras normas estéticas de ·erosimilitud.
Por supuesto. lo que el lector desaprueba en “Anciano de ·iaje” es la interrupción
por parte del anciano. que también oíendía claramente la sensibilidad estética o política de
\ordsworth en 1815. Ln este punto el juicio moral del “jo·en” suíre un brusco
contratiempo. según un objeto meditati·o de tipo claramente compensatorio se transíorma
en un sujeto que tiene sus propios objetos. su propia determinación v la capacidad de
representarse a sí mismo. Repentinamente el Anciano deja de ser una personiíicación v
pasa a ser una persona. Ls. por decirlo con nuestro términos mas prematuros. un relato de la
espacialidad de la auto-representación: en tanto el anciano se inscribe en el rango de la
interpelación inmediata. su discurso de viva voz con·ierte cualquier acto de representación
ajena al anciano en absurdo. Ln este modo la representación queda desplazada. no por el
reílejo de errores de juicio en general. sino por la resistencia particular que oírece otro
sujeto humano a ser asimilado por un relato de “períeccionamiento”. La íatiga del anciano
es el íin de su ·iaje. v lo que ambas circunstancias proponen no es un tipo de consuelo de
la naturaleza ante su decadencia. sino mas bien un desorden radical de lo que pudo haber
sido el íin “natural” del anciano. ocasionado por íuerzas sociales que sacriíican al jo·en por
unos íines. desde todo punto de ·ista distintos. de un grupo distinto de ancianos. A un
ni·el “estético” lo oíensi·o radica en un oírecimiento tan aspero de dialogo que rompe
completamente con la métrica regular de las líneas anteriores. 1ras la discusión del Preíacio
sobre los eíectos ali·iantes de la repetición queda bastante claro que esta ruptura ha de
producir una experiencia desagradable. por cuanto la ausencia de métrica regular pro·oca
una indeíensión contra la irrupción del shock. Podemos anadir que la desintegración de la
métrica es simultanea a la desintegración de la singularidad de la ·oz poética. Realmente
uno se enírenta aquí con una heterogeneidad bastante radical. que rehúsa su reintegración
incluso al ni·el general del estilo.
11¯
Por contraste. en la ·ersión posterior de “(alma animal v decadencia” la
di·ergencia entre el título v su objeto sólo se insinúa de una manera le·e e irónica. Sólo el
grado de comprensión que otorga el tiempo le permite a uno entender estas incoherencias:
la palabra “ignoran” apunta un completo antropomoríismo –aludiendo a un tipo de
acti·idad en la que los pajaros pueden comprometerse pero no lo hacen-. o dada su
compleja semantica. provectando la atención mas con una mavor habilidad. v en medio de
semejantes antropomoríismos. hacia la inconmensurabilidad íundamental de una naturaleza
indiíerente al dolor. así como hacia una naturaleza humana cuvo atributo del lenguaje es
incapaz de separar el acto percepti·o de la mirada de las complejas emociones de
compasión v respeto. La inclusión de la palabra “parece” esparce un principio de duda en
las conclusiones del jo·en. según designa la “paciencia” como “una cosa”. 1ambién
aparece una contradicción similar entre los estados de “insensibilidad” v “pensamiento”.
1odo esto queda circunscrito por esa larga reílexión. central a lo largo de la carrera de
\ordsworth en sus meditaciones sobre la íunción de la poesía. sobre la incompatibilidad
entre un acto rememorati·o como la escritura v una íilosoíía de la naturaleza meramente
consoladora: tanto para el lector como para el escritor. la trascendencia de la particularidad
intrínseca de sus acti·idades debe oponerse a cualquier modelo de consuelo natural en
tanto. eíecti·amente. éste no tiene nada que decir a una humanidad deíinida mavormente
por ese tipo de acti·idades.
Lsa deíinición queda robustecida al extender las nociones poéticas de ·erosimilitud
hasta el dominio general de la subjeti·idad humana. Alternati·amente uno puede decir de
igual manera que la ·erosimilitud poética se nutre de desplegar en el seno del dominio
cultural. o de sublimar en ese dominio. la demanda íundamentalmente política de
representar al hombre en general. De acuerdo con la íunción suplementaria de la cultura
que hemos explorado. ambos argumentos serían correctos. Probablemente. en el caso de
\ordsworth v de muchos otros romanticos. incluvendo a (oleridge. la poesía suplantó de
hecho a la política en un sentido bastante literal durante los anos de “desilusión” del 1error
v la guerra contra lrancia. Indudablemente (oleridge escribió las Baladas líricas bajo la
presión de estos hechos. Pero aunque aquí no tenemos espacio suíiciente para explorar
plenamente estas cuestiones. en cualquier caso nos gustaría hacer hincapié en que. al
margen de cualquier accidente de tipo biograíico. el modo de ·erosimilitud por el que se
interpela a los sujetos en tanto ciudadanos queda determinado a priori por las pretensiones
teóricas de la cultura v la política de representar la íigura del lombre Uni·ersal.
\ordsworth es claro v explícito al abordar la relación entre el discurso político v el
poético. un tipo de relación que es simultaneamente analógica e histórica.
118
Ln las
proximidades analógica e histórica subvace una doble pretensión a ía·or de la poesía. que
va había sido expresada en la bre·e “Ad·ertencia” de la edición de las baladas de 1¯98. La
poesía es la representación de la humanidad en general. v simultaneamente lo opuesto al
prejuicio heredado. “el enemigo mas terrible de nuestros placeres. nuestros propios códigos
de decisión pre-establecidos” LB. pag.3,. A diíerencia de las re·oluciones políticas. la
íunción de la poesía es re·entar los “habitos de asociación” perjudiciales para constituir ese
“habito de asociación saludable” en el que. como hemos ·isto. la poesía puede lle·ar a cabo
sus eíectos “períeccionadores”. Por supuesto. en cierto sentido la relación analógica queda
rota v por tanto. tal v como \illiams senala. la poesía alcanza sus íines escindida de un
mundo social. contra el que progresi·amente quedara deíinida. Ls íamoso el retiro de
\ordsworth a un ambiente mas “natural”. pero se malinterpreta como mera resistencia
reaccionaria del romantico írente a las in·asiones de la ci·ilización industrial v urbana. Ls
mas bien una especie de des·iación a tra·és de la que retornar a la ci·ilización con un
eíecto culti·ador. v el retiro no puede ser entendido sin la reíerencia de la ci·ilización
urbana. contra la que se deíine diíerenciadamente. (omo ·eremos el retiro ha sido
entendido de una manera bastante estricta como íunción recreadora del sujeto. va sea
mediado a tra·és del mo·imiento geograíico o a tra·és de los mo·imientos de la poesía.
De hecho. sólo la temporalidad inscrita en la poesía. tal v como la entiende
\ordsworth. otorga al retiro geograíico su eíecto recreador. Si en principio la elección de
\ordsworth de la ·ida rural parece íundamentada en una aíirmación ingenua que
homologa las íormas simples v permanentes de la naturaleza con los modos simples v
permanentes del lenguaje. rapidamente queda claro que. en la poesía. lo primiti·o o
“elemental” queda sujeto a un proceso de reíinamiento. “puriíicado de hecho |...| de todas
las últimas causas racionales de a·ersión o disgusto” P\. p.¯35,.
La poesía no es la reproducción compensatoria de una ·ida social basica natural,.
sino en un sentido bastante estricto. la repetición de un lenguaje natural, “que emerge de la
experiencia repetida v de los sentimientos regulares”. Bajo ningún sentido se gloriíica la
·ida rural en sí misma. sino mas bien en ·irtud de los eíectos de su re-presentación poética.
Lo que inculca la poesía en sus procesos propios es un habito ético de generalización de
experiencias particulares en sujetos que. en ·irtud de su “libertad de asociación”. son
capaces de un juicio supuestamente autónomo. al contrario de aquellos cuva “igualdad v
círculo ajustado de |...| comunicación” se representa. Aquí estan en juego dos supuestos
igualmente importantes. Primero. que el sujeto interpelado por la poesía es. al menos
potencialmente. autónomo. \ segundo. que es en primer lugar dentro de semejante sujeto
donde la poesía tiene sus eíectos. v no sobre la sociedad en su conjunto.
De esta manera. si el sujeto de la poesía se distingue de una humanidad “elemental”.
a la que pretende representar en el sentido mas pleno. al mismo tiempo se distingue de otra
humanidad que es igualmente “primiti·a”. mas en un sentido degenerado que natural u
originario. Lsta humanidad es la de las ciudades. v se distingue de la regularidad de lo rural
por una simultaneidad paradójica de multiplicidad v homogeneidad: multiplicidad en ·irtud
de la “creciente multiplicación de hombres en las ciudades”. v homogeneidad en ·irtud de
“la uniíormidad de sus ocupaciones” P\. pag.¯35,. Aquí \ordsworth trata. según una
íorma toda·ía no desarrollada. la contradicción íundamental del indi·idualismo: liberado
del estrecho círculo de las ataduras tradicionales de la sociedad. el indi·iduo sólo surge para
insertarse en la uniíormidad de unidades intercambiables de trabajo abstracto. La
autonomía conseguida en este proceso es puramente íormal. en tanto la libertad solamente
puede expresarse dentro de los parametros mas limitados bajo la íorma de diíerencia
realizada. Lste eíecto social del capital industrial sobre los indi·iduos los reduce. en
términos de \ordsworth. a la condición de una “torpeza sal·aje”: dentro de un esquema
que se corresponde de nue·o con el de la temporalidad ideal de desarrollo. la
homogeneidad de los indi·iduos se relaciona con la indiíerencia del sal·aje toda·ía-no-
indi·idualizado. Los modos de representación extendidos por la prensa que satisíacen “la
demanda del incidente extraordinario” tienen que ·er con esta cuestión. La prensa
sensacionalista produce representaciones de sucesos que son puramente intercambiables.
calculando su resultado en términos de cantidad de eíecto inmediato. Para \ordsworth la
inmediatez del eíecto que Benjamín analizara como shock, queda complejamente
relacionada con la incapacidad de desarrollo.
Ll discurso de la representación que propone la poesía se sitúa contra esta
inmediatez de la representación. A “esta sed degradante que sucede a esta ·ergonzosa
estimulación” de la condición urbana. que es la culpable de producir una sentimiento de
“opresión” en la heteronomía de la ·ida moderna. se opone la “impresión de ciertas
cualidades inherentes e indestructibles de la mente humana. así como la impresión de
ciertos poderes en los grandes v permanentes cuerpos que actúan sobre ella”. La poesía
produce en el interior del sujeto una transíormación del estímulo externo en impresión
regulada autónomamente. una mediación repetida con·irtiendo el shock de la percepción
inmediata en la íorma interna de lo que es “inherente e indestructible en la mente humana”.
Ll discurso de la representación –la progresi·a íormalización de las experiencias
particulares en “representaciones generales”- establece dentro del sujeto indi·idual una lev
de ·erosimilitud ética por la que su interioridad culti·ada representa la uni·ersalidad
esencial de la naturaleza humana. Ll discurso por el que la poesía transíorma el eíecto
desintegrador de la proliíeración de shocks de la experiencia moderna en una íenomenología
íundamental de la percepción. redunda en esa historia uni·ersal del progreso del hombre
que ·a de la “torpeza sal·aje” a la cultura ·erdadera. La reciprocidad analoga entre la
historia del sujeto v la historia de la especie supondra una íuerza legitimadora de
inestimable ·alor en la deíensa de los argumentos a ía·or de la restricción del derecho a
·oto: el no-culti·ado no esta preparado toda·ía para la responsabilidad del juicio ético que
toma el ciudadano representati·o.
La poesía promulga así la transíormación de categorías políticas en éticas.
albergando en este proceso un conjunto sumergido de analogías políticas. Ll poeta -“|el|
lombre hablando a hombres”- es el hombre representati·o. diíerente sólo en un grado de
sensibilidad pero no en esencia. Idealmente él promulga la transíormación de una
experiencia pri·ada v particular en reílexión representati·a general. recreando la identidad
original de la naturaleza humana a tra·és de un discurso que se presenta repetidamente
como esencial a su propio mo·imiento de generalización íormalizadora. Ll proceso es
analogo al de representación política. donde lo representati·o. que en primera instancia se
sitúa a ía·or de los intereses pri·ados v particulares de la sociedad ci·il. trasciende
idealmente aquellos intereses cuando se sitúa en la esíera ética del estado. Por medio de
esta analogía la poesía adquiere una doble íunción como agente de culti·o. Ln primer lugar
propone un tipo de entrenamiento en el desarrollo ético a tra·és de la pedagogía cultural. v
esto implica gradualmente su mediación institucional bajo íormas que \ordsworth toda·ía
desconoce. La poesía representa aquí un íorma cultural cuva íunción es producir
internamente un modo de subjeti·idad propio de la ciudadanía. Ln segundo lugar e
ideológicamente mas importante. la poesía. v por extensión la cultura en general. tiende a
suplir al estado en la medida en que el estado íracasa como esíera donde la igualdad
humana se logra de una manera genuina. Dentro de la esíera de la cultura las relaciones
libres v no coartadas del juicio existen teóricamente al representar. en el sentido de preíigurar.
a aquellos que estan ausentes. Pero el desinterés de la poesía se constituve sólo en tanto se
niega íormalmente su relación con los intereses sociales eíecti·os o los anhelos utópicos
que supuestamente protege. en tanto el contenido eíecti·o del trabajo es accesorio a su
disposición íormal en el seno de la estructura ética,. (oníinada en la esíera de la recreación.
coníinamiento en ·irtud del cual la poesía alcanza su íuerza re-creadora en ese sujeto
di·idido económicamente. consuela por la ausencia de la cualidad cuva promesa según
algunos lectores, mantiene ·i·a. Pero lo mas importante en torno a la cuestión de la
mediación institucional. que conquistara íinalmente. es que esta poesía reproduce la
jerarquía social bajo la íorma del poeta como proíesor. cuva disposición irónica le
reestablece in·ariablemente como un ser con un desarrollo ético superior. (omo Malthus
apuntó sobre Godwin. las líneas de progreso estan provectadas sobre un punto que
solamente puede alcanzarse en el iníinito.
119
Ln el inter·alo pre·io. va que los alumnos no
son poetas. sólo el maestro-poeta puede responder a esa pregunta seria del alumno
Mathetes sobre “qué hacer” una ·ez que la poesía ha sido leída v asimilada: lo que la poesía
ensena es el deber ético de someterse ·oluntariamente al trabajo social.
1ampoco esa porción de su propio tiempo que él debe utilizar en las labores que le dan su sustento o
para realizar sus deberes quedara indirectamente desperdiciada mientras a otros les sea directamente
útil: se ha rendido primordialmente a ese tiempo por medio de un acto de obediencia a una lev moral
que él mismo estableció. v por consiguiente también entonces se mue·e en la órbita de la libertad
períecta.
120
Para \ordswoth la poesía no ocupa meramente el espacio de la recreación. sino que lo
regula. Reconduce al sujeto re-creado hacia el trabajo. v con ello naturaliza la di·isión de los
espacios estético v económico. a tra·és de los que el sujeto se acomoda éticamente a la
di·isión del trabajo. Lse mo·imiento de “auto-subordinación.” asumido por parte de
aquellos a los que Althusser denominara “sujetos que trabajan por sí mismos.” constituve
“la órbita de la períecta libertad”. Aquí la cultura estética no es simplemente un íactor
antagonista o compensatorio de la íatiga v las limitaciones del trabajo diario: íorma al sujeto
que debe acomodarse al trabajo. Precisamente por esta razón no se trata tanto de que el
sujeto deba recorrer el camino de la poesía o de cualquier otra íorma estética dada,. Se
trata de que las propias cualidades que \ordsworth entiende que alcanzan su mas alta
expresión en la poesía. regulan el ·alor del espacio de la esíera recreadora. Ln la medida en
que la recreación alcanza la condición de poesía conduce a un “períeccionamiento” de lo
humano. v avuda a producir un “estado saludable de asociación”.
(omo ·eremos en el siguiente capítulo. la regulación del ocio en la estela de las
Actas dedicadas al control de las horas de trabajo terminara siendo crucial en el discurso de
la educación v el pri·ilegio. Aparece aquí el punto de encuentro entre un acomodamiento
del sujeto al trabajo a tra·és de la recreación v la íormación de ese sujeto como un
ciudadano simultaneo pero diíerente –en otra esíera. Para restablecer el concepto de
“política extrana”. el sujeto emerge libre en las esíeras política v cultural. mientras se ol·ida
de la quiebra de unos pri·ilegios económicos que quedan intactos. Pero para ·er por qué
ocurre esto debe resultar ob·ia esa separación entre esíeras. que permite la disociación del
sujeto en distintas modalidades que corresponden a distintos espacios de acción social. tal v
como va hemos argumentado. un asunto de “sentido común”. Por un lado un trabajador.
por otro un ciudadano o sujeto político. por otro un ser estético. la totalidad putati·a del
indi·iduo ha de realizarse siempre en un sitio extrano v en otro tiempo: “su” trabajo queda
saturado en la totalidad de una economía política. “Su” ciudadanía parcial e interesada tiene
lugar en la íorma del estado a la que “él” queda sujeto. “Su” humanidad se representa bajo
íormas culturales cuvo propio principio íormal. la repetición. asegura la perpetua
postergación de la propia-posesión.
Por esto resulta tan instructi·a la íorma irónica de poesía “madura” de
\ordsworth. Lo que se promulga en la re·isión de “Anciano de ·iaje” dentro de “(alma
animal v decadencia” es un desplazamiento de los espacios de conílicto de dialogismo
radical. hacia donde nada les permite ser “representados” por medio de una íormación
ética: una corrección sin íin v estrictamente interminable de percepciones siempre parciales.
La ·oz del Anciano. una ·oz que era principal soporte no sólo de una ·ersión
rousseauniana de la sabiduría popular. sino de una tradición radical Inglesa que conoció su
auge en la década de 1¯90. da paso a una noción de incesante “crecimiento” o
“maduración” del “Jo·en”. aparentemente sub·ersi·a pero íinalmente normati·a.
121
Lsta
superación de los espacios conílicti·os del radicalismo por medio del discurso de la
representación trasciende e·entualmente las líneas concretas de partido. sea conser·ador o
liberal. 1orv o \hig. precisamente porque da íorma al provecto pedagógico del estado.
Pero este logro tampoco iba a ser rapido o íacil bajo ningún aspecto. Ln la sección
siguiente mostraremos que en el mismo momento en que artistas romanticos como
\ordsworth v (oleridge estaban íormulando los términos de la representación en torno a
consideraciones estéticas. en círculos radicales persistió ·irtualmente un conjunto de
debates completamente diíerentes v abiertamente críticos hasta mediados del siglo XIX. La
persistencia de estos debates marca la diíicultad del proceso por el que ciertos conceptos
singulares v ·inculados de representación consiguieron delimitar las posibilidades
democraticas.
(ON1RA LA RLPRLSLN1A(IÓN
Nuestras in·estigaciones sobre la persistencia de la cultura radical en Inglaterra han sido
proíundamente instructi·as. tanto a ni·el personal como bibliograíico o exegético. lrente a
la crítica cultural de la tradición burguesa que ·enimos períilando intentamos localizar un
discurso contra-hegemónico. recuperando publicaciones radicales v de clase trabajadora de
íinales de la década de 1820 v principios de la década de 1830. esto es. durante el momento
histórico que coincide con la primera (arta de Reíorma v la edición de Iglesia y Estado de
(oleridge. Lsperabamos encontrar en éste v otros escritos contemporaneos burgueses
algún tipo de compromiso o reconocimiento crítico de los conceptos de cultura v
educación. pero en un principio nos decepcionamos al encontrar una escasa mención de
dichos conceptos. Al sumergirnos en este material. íundamentalmente en periódicos de “a
penique” |Pennv Papers| v otras publicaciones eíímeras. rapidamente se hizo patente que lo
que en la tradición dominante desde Cultura y sociedad parecía ignorancia. no era bajo ningún
sentido simple ignorancia. sino un rechazo sistematico de la clase trabajadora v algunos
escritores radicales pequeno-burgueses a aceptar la di·isión de educación. política v
economía en esíeras separadas. Lo íundamental es que en los escritos radicales no existe la
e·idencia que adquieren en el discurso dominante esos términos por los que. de (oleridge a
Arnold o Mill. aparece la noción de que la educación debe preceder al derecho a ·oto. v
que tal educación debería ser desinteresada. o ético´cultural.
Ademas el propio concepto de representación. que en el discurso dominante
discurre según un esquema de desarrollo que ·a de los sal·ajes v la clase trabajadora –según
se dice. demasiado interesados v limitados como para representarse a sí mismos-. a los
intelectuales –·értices éticos de la ci·ilización v representati·os de lo humano-. es
notablemente íluido v cambiante. Por ejemplo no encontramos esa misma ob·iedad que
permite al ni·el representati·o local de la clase o la parroquia en (oleridge o al ejemplo
mínimo del momento “representati·o” de la aprehensión poética en \ordsworth. plegar el
ambito del estado v el parlamento sobre la representación. Por el contrario. a un mismo
tiempo v dentro de esas mismas re·istas se sostienen conceptos de la representación sobre
diíerentes instituciones que serían bastante contradictorios con ese discurso. Lscritores que
son capaces de aceptar la representación a un ni·el estatal la rechazan con ·ehemencia
dentro de instituciones de clase obrera como los sindicatos. mientras que podemos
encontrar a otros escritores que argumentan contra la representación política pero apovan
una estructura representati·a dentro de ese mismo tipo de uniones. Justo antes v después
de una primera (arta que prometió una extensión masi·a del derecho a ·oto sin llegar a
concederla. lo que se esta discutiendo es la propia naturaleza v el ·alor de las estructuras
representati·as en sí mismas. Ln el seno de estos debates. a pesar de las posiciones
ocasionalmente “·anguardistas” de trabajadores iluminados por algunos radicales pequeno-
burgueses. hav un escaso alegato a ía·or de un discurso cultural donde “el hombre
completo” termina siendo arquetipo representati·o de la humanidad plena. Se puede
encontrar una notable íalta de interés en los eíectos supuestamente destructi·os que
implica la di·isión del trabajo. pero no obstante se presta una atención enorme al hecho de
la íalta de poder político. o incluso a una limitación inmediata de la representación que
incapacitaba a los trabajadores a la hora de intentar terminar con su explotación. Por esto
había que encauzar la educación hacia el conocimiento político. v no hacia el culti·o v la
armonización del hombre interior. laciéndose eco de Pig´s Meat de Spence. John lenrv
Baden Lorvmer escribira en The Republican en Abril de 1832:
Si la demanda de RLPRLSLN1A(IÓN de una Nación es casi unanime. .qué debería e·itar que
aquellos ciudadanos que estan deseosos de ser representados. tu·iesen de hecho representantes· No
hav nada que pueda e·itarlo sino la mas bestial ignorancia de sus DLRL(lOS. v la mas cochina
apatía para tramar un modo de adquirirlos.
O como escribió algo después un tal “(. l.” en “Razón común-(onocimiento útil” en The
Gauntlet de Richard (arlile. el 15 de Diciembre de 1833:
Ln un país donde todo lo relacionado con la ciencia del Gobierno se ha desarrollado de una manera
radicalmente corrupta –allí donde tanto precepto como practica son hostiles v destructi·os de la
·erdadera libertad v donde la opresión de la administración es la carga mas dolorosa que acarrea el
estado. el conocimiento político es necesariamente el “conocimiento-mas-útil.”
Aquí no se reclama el desinterés de lo “culti·ado” desde la educación: se trata de una
educación explícitamente política. pero en ningún sentido una educación dirigida a lo
político por su propia causa. La educación se orienta mas bien a producir un entendimiento
político que habilite deíiniti·amente las transíormaciones de las condiciones materiales de
las clases obreras v les libre de la explotación.
A tra·és de los periódicos radicales mas centristas. como el Pioneer de James
Morrison o el Cosmopolite de George Pilgrim. es posible trazar el períil de los principios que
nos hablan de que la educación debe preceder al logro del derecho a ·oto. o de que la
educación es buena en sí misma porque calma las pasiones de la gente: principios que mas
tarde terminaran siendo el eje del discurso liberal al hablar de educación v pri·ilegios. Pero
los escritores mas radicales argumentan sin reser·as contra un uso hegemónico de la
educación que retrasa la concesión del derecho a ·oto. va sea por los reíormadores del
Lstado o por reíormadores indi·iduales. “Senex” –de nue·o un “Anciano”-. que íorma
parte de una serie de artículos notablemente inílexibles del Pioneer titulada “Sobre trabajo
asociado”. eíectúa los siguientes comentarios “Sobre la pretendida ignorancia de las clases
trabajadoras”:
Bajo esta pretensión |la ignorancia de la clase baja| nos roban. v nos hacen trabajar casi hasta la
muerte. \ toda·ía hav personas que realmente que nos intentan decir. a gritos. ¡Lh. pero si esto es
demasiado cierto! la mavoría de la gente no esta suíicientemente instruida para coníiarles poder:
¡debemos iluminar sus mentes antes de que puedan a·enturarse a deíender su progreso en la escala
social! lermanos. hav una inmenso beneíicio en lo que llamamos educación. Pero no suírais ante la
idea de que se os esta enganando al pri·aros de ·uestros derechos si se os dice que debéis adquirir una
educación antes de estar en condiciones de pedir justicia. La educación es una cosa muv buena. pero
hombres v ninos deben tanto ·i·ir como aprender. Ademas. entre educación sin conocimiento v
conocimiento sin educación la última opción es mucho mejor que la primera |...| 1odo conocimiento
útil consiste en adquirir ideas que conciernen a nuestras propias condiciones de ·ida. \ hav pocos
hombres de obser·ación común. tanto si son analíabetos como si no. que no alberguen en su cabeza
esas ideas que les son mas útiles. (on sus obligaciones v sus intereses la situación social de un hombre
exige ideas que toda la teoría de la educación no podría imprimirle de la misma manera que resulta
cuando él se encuentra en el trance de hacer un uso practico de ellas.
Lo que esta en juego en éste v otros escritos semejantes. que preíiguran sorprendentemente
a teóricos posteriores como Gramsci. es la íunción mediadora de las instituciones
educati·as. al menos en dos sentidos. Lo primero que se critica aquí es el supuesto de que
el conocimiento es ·alido sólo cuando es mediado a tra·és de instituciones que se deíinen
por su distancia con respecto a las condiciones de trabajo. Lsa distancia concede las
pretensiones “representati·as” de las instituciones educati·as porque hacen ·aler su
emancipación con respecto a intereses o posiciones de clase. mientras al mismo tiempo
deslegitiman el conocimiento que se deri·a de lo que terminaran siendo meras condiciones
“locales” de opresión. Por el contrario Senex aíirma radicalmente el ·alor de ese tipo de
conocimiento. no porque sea la base esencial de cualquier clase. sino por la relación que
mantiene con las “obligaciones e intereses” especííicos v los usos practicos que constituven.
La segunda íunción mediadora de la educación. el blanco mas explícito de Senex. tiene que
·er con esta cuestión: su in·ocación como la condición necesaria. aunque por supuesto
iníinitamente dilatable. del ejercicio del pri·ilegio político. Los dos tipos de mediación
estan estrechamente relacionados en el seno del concepto general de representación. en
tanto el espacio diíerenciado de la institución educati·a es un correlato espacial de la
postergación temporal que aparece como precondición para posibilitar la participación en
la democracia representati·a.
Aunque gran parte de la discusión sobre representación en los periódicos radicales
del momento circunda la (arta de Reíorma v los conceptos representati·os estrictamente
políticos. hav una constante conciencia del problema de la relación del estado con la
producción: una cuestión que interesa tanto a las apelaciones radicales de reíorma como a
la oposición conser·adora. La razón de ser de la reíorma política estriba en poner íin a la
explotación. v los procesos no terminan de hacerse aparentes precisamente porque nunca
llega a aceptarse la igualdad íormal que oírecen las nociones burguesas de representación.
Pero el debate sobre representación v la necesidad de una legislatura obrera queda
constantemente abierto a la cuestión de la representación dentro de otras organizaciones e
instituciones. Dos casos del debate ser·iran para indicar el rango de las discusiones v la
·ariedad de posiciones tomadas en el ambito de la educación v el sindicalismo. así como en
la política.
De 1830 a 1831. lenrv letherington. “el Guardian de los Pobres”. íue editor de
Penny Papers for the People. uno de los periódicos mas radicales de la clase trabajadora.
Impresor v propietario de su propia imprenta. militó semanalmente contra la separación
entre la clase media v las clases trabajadoras que propugnaba el pri·ilegio de las diez libras
en la (arta de Reíorma. contra la caliíicación de la propiedad v contra la postergación del
derecho a ·oto que se basaba en la ignorancia de la clase trabajadora. Al mismo tiempo.
como su alias literario sugiere. se ·inculó a un tipo de intelectual ·anguardista crevendo –no
como Senex pero igual al íin v al cabo- que los pobres no saben lo que quieren:
Por la generosidad de nuestra bendita constitución. las clases trabajadoras. demasiado ignorantes.
discuten generalmente sin íormarse una correcta opinión. Sólo reclaman un cambio porque sus
sentimientos animales les dicen que se necesita un cambio. sin saber o imaginar qué cambio necesitan:
ellos quieren un consejero –quieren un Guardian. Ante la ausencia de algo mejor nosotros hemos
ocupado esa posición. v desaprobamos oíiciosamente en su nombre la medida propuesta...
122
Al mismo tiempo que. dada la ignorancia de los pobres. reclama para sí el derecho de
representarles. letherington no extiende el sentido de este juicio sobre la postergación del
derecho a ·oto. Por el contrario aquí esta de acuerdo con Senex:
Aunque pudiera darse por un tiempo algún tipo de anarquía v coníusión. enseguida se tendería hacia el
“orden”. lo que paliaría la ignorancia v mejoraría el día a día. .\ por qué· Porque los intereses del
ignorante v el desordenado quedarían representados por personas capaces de simpatizar con ellos –
por personas que. de hecho. estarían interesadas en acabar con sus iníortunios v con lo que íunciona
mal en su trabajo. en lugar de por personas interesadas en mantener las cosas como estan para que su
ignorancia v su miseria puedan ser·ir de excusa a la hora de otorgarles sus derechos.
123
Ouizas pueda darse una representación en ·irtud de la simpatía. pero es siempre un
preludio que acarrea carencias que impiden el autogobierno. No obstante. la posición de
letherington. mas compleja que meramente contradictoria. le ocasiona problemas en la
esíera del sindicalismo. Ll Penny Paper del 23 de Abril de 1831 publica el iníorme de un
mitin sobre “La importante unión de las clases trabajadoras” que discutía la constitución de
ese sindicato. Ln las resoluciones propuestas se decía lo siguiente:
Lste sindicato se idea para alzar a las clases trabajadoras contra la degradación de su condición
presente. lo que debieran lle·ar a cabo ellos mismos necesariamente. por lo que no se podra elegir para el
(omité a ninguna persona que no sea un productor de riqueza. O sea. alguien que no se gane la ·ida
con su trabajo.
124
Ll iníorme describe cómo letherington. a tra·és de otras personas. incluido un talabartero
llamado Benjamin \arden. se opuso a esta resolución sobre la base de su propio espíritu.
esto es. la restricción en la elección de cargos. así como por ·iolar la libertad de los
miembros del Sindicato. (oníorme a esto la resolución se enmendó para permitir participar
en comités a todos los miembros. Los unionistas mas radicales apro·echaron
inmediatamente esta contienda organizati·a para proponer un ejemplo de apropiación de
las instituciones de clase trabajadora. v para provectar consecuencias de largo alcance. Ln el
número de la siguiente semana aparece una carta de “Un amigo de los pobres” que
concreta una declaración general de principios sobre la representación a propósito de los
acontecimientos que acababan de suceder con el Sindicato. Merece la pena citar la totalidad
de la carta. porque articula muv claramente una posición radicalmente opuesta a la
democracia representati·a en cualquier esíera. v pertenece a una tradición largamente
asentada de un pensamiento radical britanico que llega al menos hasta los escritos de
1homas Spence en la década de 1¯90:
La gente que ·i·e del saqueo siempre te dira que te rindas a los ladrones. Ls ob·io que hablar de
representación de cualquier manera e indiscriminadamente no tiene ningún sentido. a menos que la gente
sea propietaria de una casa obrera v se represente a sí misma. |...| Por consiguiente. la Representación
por parte de un grupo de gente ajena a los propios representados. o por gente que ·i·e de recursos
diíerentes es una burla. v los que persuaden a la gente de lo contrario. o son idiotas o timadores |...| así
que la gente debería renunciar al modo de elección de la presente legislatura. v tender día v noche v en
cada momento de sus ·idas hacia una legislatura propia. o una creada por ellos mismos |...| Lsta
resolución ha expresado el deseo de la gente de asumir su propia primacía. Lsta resolución que usted v
Mr. \arden destruveron no por malos moti·os sino por equi·ocados,. insinuando al igual que los
legisladores actuales que la gente no era lo suficientemente inteligente u honesta como para dirigir sus propias
preocupaciones. Ln este sentido sólo puntualizaré que si los productores de riqueza son lo
suíicientemente inteligentes v honestos como para construir todas las cosas del mundo. de un alíiler a un
buque de guerra. deben ser ciertamente lo suficientemente inteligentes y honestos como para regular los
asuntos de su propio sindicato. Ln deíiniti·a usted v Mr. \arden harían muv bien en retirarse de su
comité. así como cualquier otra persona que no sea de manera absoluta un aprendiz o un trabajador.
Acuda a sus mítines. escuche lo que ellos tienen que decir. iníorme de sus procedimientos v anímelos
a lle·arlos a cabo. Pero al mismo tiempo otórgueles liderazgo. ensénales a manejarse solos. v anímeles
a no ser por mas tiempo escla·os sino hombres. Debe constituirse una casa del pueblo |...| y el pueblo,
para estar bien representado debe representarse a sí mismo. Así comienza la representación v así es como
debe íinalizar.
Parraíos como éste de Senex v “un amigo de los pobres” constituven algo mas que un
mero recuerdo de la caracterización que Marx realiza del campesinado lrancés en El
dieciocho brumario de Louis Bonaparte: ellos que “no pueden representarse a sí mismos. deben
quedar representados”. Senex v “un amigo de los pobres” indican el grado de conciencia
crítica que existe en los círculos de la clase obrera inglesa. hasta el punto de implicarse en la
discusión sobre la representación v la estrecha relación que existe entre ser representado.
ser educado v ser apropiado. 1ampoco buscan constituir bajo ningún sentido una cultura. si
entendemos por cultura un dominio distinto de recreación de reílexión desinteresada. sino
mas bien criticar los propios términos que requieren la separación de ese dominio v la
mantienen. Aquí no se in·oca la cultura. precisamente porque lo problematizado no
permite una separación entre una autogestión económica. política v educati·a. Ouizas lo
mas chocante es que este rechazo de la cultura estética. al contrario del de Rousseau. no se
predica en base a un deseo toda·ía nostalgico de otras íormas. sino que se íorja en una
aprehensión ·í·ida de las relaciones políticas. económicas v sociales que estan apareciendo
en la Inglaterra urbana e industrial. No es una apelación a la preser·ación de las ·irtudes de
la “economía moral”. sino una concepción muv contemporanea de la transíormación de las
relaciones sociales. según la burguesía industrial comienza a adquirir la hegemonía política v
legal junto con la dominación económica.
Lste bre·e debate dentro del radicalismo inglés tiene su equi·alente seis o siete anos
antes. en un encuentro entre la posición radical sobre educación v el padrinazgo
liberal´utilitario. Lste segundo episodio es parte de una larga historia que incluve la
aparición del Birkbeck (ollege. actualmente al margen del Instituto de los Mecanicos de
Londres. La re·ista Mechanic´s Magazine. íundada en 1823 v editada por 1homas lodgkin v
James Robertson. era una enciclopedia politécnica disenada para promo·er la auto-
educación entre los mecanicos de la clase trabajadora. Su principal objeti·o era hacer
mejores mecanicos de sus lectores. v aunque es un tipo de publicación muv diíerente de las
re·istas de penique o la prensa de la década siguiente. contiene editoriales que relacionan
írecuentemente el proceso de auto-educación con el proceso político v el autogobierno de
las instituciones de la clase obrera. Un largo artículo del editor el 11 de Octubre de 1823.
“Instituciones para la instrucción de mecanicos”. relaciona estos asuntos al requerir la
íundación de un Instituto de los Mecanicos de Londres siguiendo el modelo de los va
establecidos en Ldimburgo v Glasgow. Robertson es bastante explícito sobre la necesidad
de auto-educación:
La educación de un pueblo libre. como su propiedad. siempre quedara dirigida mas pro·echosamente
mientras quede en sus propias manos. (uando el gobierno interíiere. dirige sus esíuerzos a crear gente
obediente v dócil. mas que sabia v íeliz. Desea el control de los pensamientos. e incluso coníorma la
mente de sus sujetos. \ tener en sus manos el poder de educar a la gente es la peor consecuencia
posible de la mas perjudicial de las practicas. que tiene a la sociedad tan largamente desolada al
permitir que un indi·iduo o un pequeno grupo de personas dirijan las acciones de millones de
personas v controlen sus conductas |...| La gente sólo quiere sentir lo que signiíica la auto-educación
en sus bolsillos. bien lejos del recaudador de impuestos. \ no hav duda de que ellos emplearan este
signiíicado en su propio pro·echo. posiblemente mejor de lo que pueda emplearlo un hombre que.
por el propio hecho de pertenecer a clases superiores. sabe bien poco o nada de las necesidades de las
clases mas bajas. De hecho ellos va conocen demasiado bien lo que les es propio como sujetos. como
máquinas paga-impuestos. como esclavos. pero no lo que les con·iene como trabajadores v como
hombres.
125
La propuesta de Robertson tu·o éxito. v la íundación del Instituto de Mecanicos
incluía entre sus leves institucionales que dos terceras partes del comité de treinta
miembros “debían salir de entre las clases trabajadoras”. Aparentemente \illiam (obbett
coincidió con Robertson. remarcando en el Lncuentro Público para el establecimiento del
Instituto que “el asunto debería estar dirigido por los propios mecanicos |...| Si ellos
permitían la interíerencia de una dirección diíerente. pronto aparecería gente que
marginaría a los mecanicos v haría uso de ellos sólo como herramientas.”
126
Según comenzaron a tantear a los mecanicos lenrv Brougham –\igh MP v
promotor del “(onocimiento Util”- v George Birkbeck –un íilantropo que había estado
estrechamente in·olucrado en la íundación de los institutos de Ldimburgo v Glasgow-. los
temores de Robertson v (obbet se cumplieron rapidamente. Las inter·enciones de
Birkbeck. a diíerencia de las de letherington. quizas mas “por moti·os erróneos” que por
per·ersos. minaron en cualquier caso de una manera radical la autonomía del Instituto de
Mecanicos.
12¯
Donó dinero para un sala de lectura v para cursos de lectura que. como
Robertson escribiría en un editorial extenso v en tono írustrado en Julio de 1825. debería
haberse erigido “por medio de su propia economía. v con sus propias manos”. Robertson argumenta
que el resultado es que
Ln lugar de hombres a los que se anima a depender íntegramente de sus propias contribuciones. se les
ha ensenado a íundar su principal esperanza en la asistencia bene·olente del grande v el adinerado. v a
aplaudir cada anuncio de una nue·a suscripción del Lord tal v el Sir cual.
128
L·identemente las protestas de Robertson íueron de poco pro·echo. v también las de
otros tantos que se opusieron particularmente al principio de pagar por lecturas. por
considerarlo un elemento crucial de la educación autogestionada. No obstante. estas
protestas indican la naturaleza extendida v articulada del conocimiento de la clase
trabajadora inglesa en torno a los asuntos in·olucrados en las intrincadas conexiones entre
la auto-representación. la educación v la autogestión económica. No aceptan tanto pasar a
tra·és de instituciones intermediarias de educación desinteresada. cuanto insisten en su
autodeterminación. en esa esíera como en otras. Mechanic´s Magazine v las re·istas de a
penique tienen poco que decir sobre la cuestión de la cultura. precisamente porque su
deíinición de conocimiento esta consagrada a hacer de los mecanicos mejores mecanicos.
mas que a asimilarlos para las nociones burguesas de 1otalidad v Armonía. Lo que esta
apareciendo en ambos tipos de publicación es una concepción proíundamente articulada de
lo que posteriormente Gramsci entendera por “intelectual organico”. Para quienes
entienden que el remedio al dano iníligido sobre la cultura de clase obrera reside en un
desarrollo v una libertad mas culturales. es posible que la reducción a un tipo de iníormación
política v practico´mecanica resulte escandalosa. pero las alternati·as quedaron
determinadas claramente por una sutil inteligencia política. si no íinalmente exitosa. La
íutura historia del Instituto de Mecanicos indica que los educadores de clase media v los
íilantropos no íueron menos conscientes de las implicaciones políticas de la resistencia de
la clase trabajadora a “ser representados”. v de sus demandas de auto-representación. bien
por sí mismos o mediante estructuras representati·as en conjunto. Por una parte los
nue·os directores del Instituto censuraron las lecturas de 1homas lodgkin sobre
Lconomía Política. que publicó en 182¯ Economía política popular.
129
v las contrarrestaron con
la diíusión de trabajos de economistas como (harles Knight. cuvos esíuerzos tenían como
íin mostrar la ine·itabilidad e incluso los beneíicios de las diíerencias clasistas. “la
seguridad de la propiedad” v el control de los sueldos. \a en 1825 Brougham escribió en
sus Observaciones prácticas sobre la educación del Pueblo que podría resultar muv beneíicioso
exponer “los ·erdaderos principios v las relaciones mutuas entre la población v los
sueldos”. De hecho argumentó que el camino mas eíecti·o para asegurar la libertad. el
“buen orden” v “la paz del país v la estabilidad del gobierno” era “ la diíusión uni·ersal de
este tipo de conocimiento”.
130
Pero para lle·ar a cabo esta tarea v para controlar los tipos
de “conocimiento útil” susceptibles de diíusión. era crucial controlar la educación popular a
tra·és de sus instituciones. De acuerdo con esto. según se íue extendiendo el sistema del
Instituto de Mecanicos a lo largo del país. no se permitió en absoluto que los propios
trabajadores se representasen en sus tablas de gobierno. v asimismo les íueron prohibidas
las discusiones políticas o religiosas. e incluso los periódicos. Su propósito pasó a ser mas
bien “la rapida promoción de la ciencia general”. “una diíusión extensi·a de iníormación
racional a tra·és de la masa general de la sociedad” v “la creación de placeres intelectuales v
entretenimientos reíinados que tendieran a la ele·ación general del caracter”.
131
La cuestión que expondremos en el próximo capítulo. a lo largo de la última parte
del siglo. es cómo se percibió por parte de Robertson v otros un tipo de coup d´etat en el
Instituto que pudiera entenderse como una expresión hegemónica. en los términos
propuestos por Gramsci. v no de dominación. Pretendemos explorar la posibilidad de una
con·ergencia entre la representación de clase obrera en un sentido cultural v los deseos de
reíormistas de clase media para producir una “ele·ación general del caracter”. precisamente
por medio de la regulación de los espacios de recreo. Sin esta con·ergencia. cuva lógica
vace en la aparición de una nue·a íormación estatal v en la necesidad de dirigirla. nunca se
hubiera podido lograr la hegemonía como íorma singular de entender la democracia
representati·a. Pero si desde aquí se sigue la percepción crecientemente hegemónica de que
“la educación uni·ersal debe preceder el suíragio uni·ersal” por citar las Consideraciones
sobre el gobierno representativo de Mill,. no deberíamos excluir los múltiples debates que se
dieron entre los radicales ingleses durante las décadas de 1820 v 1830. Ni deberíamos dar
por sentado que sus tenaces reticencias hacia la tradición de “cultura v sociedad” no tengan
nada que ensenarnos sobre el ·alor de una crítica política v material que aparece de un
conocimiento a ·eces restringido.
(APÍ1ULO 3
LL (API1ALISMO (ON1RA LA DLMO(RA(IA
DL LA L(ONOMÍA MORAL AL SO(IALISMO
A primera ·ista. la descripción que hace L. P. 1hompson del constitucionalismo de la clase
trabajadora como “ilusión de una época” –se reíiere a esa época que termina en 1832-.
parece complementarse con la insistencia de Gareth Stedman Jones en que el cartismo
también suírió una “ilusión” similar. Según el punto de ·ista de Stedman Jones el cartismo.
una respuesta a los problemas que suírió el mo·imiento obrero en 1832 v 1834. quedaba
obstaculizado por lo que era “en primer lugar v ante todo un ·ocabulario de exclusión
política”
132
–esto es. exclusión del derecho de suíragio. Los cartistas perdieron esta
perspecti·a al mantener su compromiso con una degeneración del legado de derechos
naturales v íormas de protesta tradicionales. lav que destacar que no íueron capaces de
percibir que. para la década de 1830. estas medidas va no eran apropiadas. al quedar
asumidas por la “lógica de los acontecimientos.” la clasica excusa de con·eniencia que suele
utilizar el historiador v el economista político,.
La crítica de Stedman Jones senala cómo en palabras de Dorothv 1hompson, “el
impuso político del cartismo quedaría limitado a estrechos espacios de liberalismo popular
durante la segunda mitad del siglo |XIX|.”
133
Incluso posteriormente. Stedman Jones nos
recuerda que las aspiraciones de la clase obrera en Gran Bretana sólo iban a encontrar
expresión política por medio del Partido Laborista Parlamentario. que estaba constituido
conscientemente como brazo “político” entiéndase “parlamentario”, o extensión del
mo·imiento sindicalista. por otra parte implacable v apologéticamente economista. La
cuestión es que los políticos de clase obrera acabaron mordiendo la manzana del
parlamentarismo porque les había sido prohibido durante mucho tiempo: v que lo
terminaron haciendo a pesar de que el parlamentarismo des·ió el impulso socialista v
íacilitó una serie de traiciones
134
.
No cabe duda de que se dieron tales traiciones. Lo que sí es cuestionable es la
imagen que da Stedman Jones de los cartistas. presentandolos como un grupo obsesionado
por el derecho al ·oto hasta el punto de posibilitar esas traiciones. (omo tantos otros
planteamientos prospecti·os. su argumento se construve retrospecti·amente –una ·isión
retrospecti·a sobre desarrollos posteriores que los cartistas en ningún caso pudieron llegar
a conocer. Ln cualquier caso la tesis de Stedman Jones no es ajena a lo que L. P.
1hompson denominó notablemente como la “enorme condescendencia de la
posteridad.”
135
según la cual se juzga v condena al cartismo a la luz de la propia distinción
entre “lo político” v “lo social”. que va había tomado íorma durante las décadas cartistas.
Por el contrario el asidero teórico v practico de lo que Lllen Meiksins \ood denomina. en
su crítica a Stedman Jones. “la unidad entre poderes político v apropiati·o”
136
quedó abierto
por el Acta de Reíorma de 1832. v se hizo maniíiesto en la Nue·a Lev de los Pobres de
1834. Pero para los mismos cartistas esto no era ni un concepto. ni una amenaza. ni una
perspecti·a toda·ía distantes. Se ·i·ía en realidad.
Precisamente esta realidad amenazadora íue la causa de que el mo·imiento de clase
obrera reconsiderase la reíorma constitucional. tanto antes como después de 1832.
13¯
Pero
en 1832 el mo·imiento reíormista de clase obrera toda·ía necesitaba representantes de
clase media como lrancis Place. que utilizó la amenaza de la insurrección obrera v el
momento de re·olución que se ·i·ía en lrancia sobre las re·ueltas de Swing. anunciando
un melodramatico Londres en llamas
138
para negociar una línea de retirada aceptable para
todos. menos para los mas acérrimos deíensores de la “Vieja (orrupción”.
Una segunda discusión política v educati·a. esta ·ez entre 1hompson v Perrv
Anderson. aclara lo que esta en cuestión en el analisis de la historia o la e·olución del
cartismo. 1hompson paraírasea la posición de Anderson en los siguientes términos: cuando
el cartismo “nauíragó por culpa de un liderazgo v una estrategia tan débiles como
lastimosos”. la clase obrera se retiró “totalmente exhausta”: se e·aporó su “élan v su
combati·idad”. “Ln la historia de la clase trabajadora Inglesa se produjo un proíundo
receso”. De aquí en adelante la clase obrera “e·olucionó al margen de la estructura
aparentemente inquebrantable del capitalismo Britanico. pero a la ·ez en condición de
subordinación”. 1hompson admite que esta descripción es parcialmente cierta. No
obstante. según 1hompson la deíunción del cartismo marca un importante giro en la
dirección de la agitación obrera. un giro que a lo mejor podría quedar reconocido por lo
general posteriormente. v no siempre de una manera decisi·a, en algún sitio de la historia
de otro capitalismo decimonónico. “Lo que estaba sucediendo”. en palabras de 1hompson.
“suponía un cambio de largo alcance dentro de la propia clase obrera |...| la separación
entre distintos grupos de ocupación. entre los mas nue·os v los mas ·iejos. los expertos v
los no expertos. los organizados v los desorganizados. los metropolitanos v los pro·inciales.
que circunstancialmente quedaron unidos en las grandes agitaciones que culminaron en el
clímax cartista de 1839”. una unidad que nunca se iba a reíormar –una unidad que nunca
podría haberse re-íormado- de la misma manera.
139
Durante quince anos el cartismo logró reunir una serie de tendencias que su
posterior deíunción demostró como centrííugas. Lstas tendencias pueden catalogarse de
·arias maneras –por ejemplo por la introducción de reglas “no políticas” en ciertos
sindicatos ·gr. la Asociación de los Mineros en 1842,. o por el mo·imiento de cooperación
del “nue·o modelo” de consumidores de Rochdale Pioneers en 1844. Por decirlo con
palabras de 1hompson. lo que se puede obser·ar a tra·és de éste desarrollo no hav escasez
de ejemplos, es “que antes que nada. los trabajadores no iban a tener miedo a la maquina.
sino a la pérdida de la maquina –la pérdida del empleo”.
140
Ln consecuencia el lugar del
puesto de trabajo se con·irtió progresi·amente en el cauce principal del conílicto social. v
sólo en la década de 1860 coníluvó el acti·ismo obrero una ·ez mas con la re·uelta política
sobre la agitación de reíorma. Lntonces 1hompson argumenta que la clase trabajadora.
una ·ez que íracasó en su intento de derrumbar la sociedad capitalista. procedió a soca·arla de
principio a íin. lormaba parte de la lógica de esta nue·a dirección el hecho de que cada a·ance dentro
de la estructura del capitalismo implicaba simultaneamente a la clase trabajadora en el statu quo de una
manera mas proíunda. (oníorme se mejoraba la posición dentro del taller se era mas renuente a
participar en re·ueltas quijotescas. que podían arriesgar lo ganado con tanto esíuerzo. (ada aíirmación
de iníluencia obrera en el seno de la maquinaria estatal democratico-burguesa les implicaba
simultaneamente como companeros de ·iaje incluso aun cuando enemigos, en la carrera de la
maquina.
141
Pero nos parece que esta aíirmación sobre·uela la naturaleza etérea del statu quo. Algo que.
por otra parte. nos suena a la descripción que hace Marx de la dinamica del capitalismo en
el Manifiesto Comunista. Intentaremos mas bien exponer cómo coníorma el proletariado en
su continúa emergencia su propia interpretación de las relaciones sociales. tanto de las
existentes como de las deseables. Los intelectuales de la clase trabajadora entendieron
como “auto-coníianza” lo que desde otro punto de ·ista aparentaría una actitud de
coníormismo o asimilación.
\ es que una “alternati·a” obrera había existido realmente. se había solapado a la
·ez con el cartismo v el owenismo. v tu·o su medio de expresión característico en la prensa
ilegal. Ln cualquier caso no debiera coníundirse nunca esta alternati·a. ni con el
economicismo v el constitucionalismo obrero posteriores. ni con los términos pre·ios de
los radicalismos del XVIII. (oncretamente. no hubo ni podría haber habido un
sindicalismo apolítico en ese tiempo. La sola represión de la década de 1¯90. castigando
simultaneamente las conspiraciones entre trabajadores v los mo·imientos de reíorma
parlamentaria. así como el sentido de los mismos estatutos. habían reunido de manera
eíecti·a al radicalismo económico con el político: “A la aristocracia le interesaba reprimir
las ´conspiraciones´ Jacobinas del pueblo. los industriales querían terminar con las
´conspiraciones´ para aumentar los sueldos: las Actas de (ombinación de 1¯99 lograron
sendos propósitos”.
142
Ln cualquier caso la “alternati·a obrera” denotó un cambio en el
seno de este ajuste. Un cambio. en palabras de Gregorv (laev. “de la economía moral al
socialismo”. que contribuve a explicar la especiíicidad de las décadas cartistas.
Ll radicalismo de íinales del siglo XVIII. que íue íundamental en la represión
sistematica del Jacobinismo britanico. reclamó en primer lugar una iniciati·a para reíormar
un Parlamento ·isiblemente corrupto v ampliar el derecho a ·oto. No había planteado
especííicamente programa económico alguno.
143
Ll punto de no retorno en este uni·erso
político se alcanzó muv pronto. cuando “el socialismo descartó el principio de que debería
haber alguna relación entre el derecho de ·oto v la posesión de la propiedad”. Ll rechazo
de esa conexión se con·irtió practicamente en una condición obligatoria entre aquellas
personas a las que se negó minuciosamente el derecho a ·oto en 1832. La posesión de la
propiedad era ahora “percibida en sí misma como una íuente desaíortunada de corrupción
social v política. oíuscando a los propietarios írente al suírimiento de los desposeídos. v
con la creciente desigualdad de riqueza amenazando progresi·amente como un cataclismo
deíiniti·o”.
144
1832 marcó la aparición de una contraposición nue·a v deslumbrante entre “lo
político” la reducida casta en el poder. que se había demostrado a sí misma que era capaz
de controlar el acceso a su rango, v “lo social” las demandas crecientes de la mavoría sin
derecho a ·oto. v la noción de participación popular en general,. “Lo político” quedó
identiíicado con el indi·idualismo v la competencia. “Lo social” terminó connotando el
problema de la pobreza. los mo·imientos obreros de todo tipo. v la condición del trabajo
en general. La clase trabajadora terminó identiíicandose como la clase mas “social” o
incluso “sociable” en el sentido moral,. v al mismo tiempo con “la democracia”. la clase
mas amplia o la mavoría numérica de la población.
Lstas distinciones nos avudan a entender el cartismo. el mo·imiento de masas mas
característico de “la democracia”. “Lo que se pretendía era tener ·oz en la constitución de
las leves que luego habían de incumbirles. Se entendía que la tributación sin representación
era un tipo de tiranía. v que su deber era rechazarla. Se tomó la iniciati·a en la cuestión de
la Diez loras. en la derogación de los impuestos sobre el saber. la educación. la
cooperación. la libertad ci·il v religiosa v la cuestión de la tierra. de manera que íueron los
·erdaderos pioneros en todos los grandes mo·imientos de su tiempo.”
145
Deberíamos
recordar que el cartismo era un mo·imiento social. no sólo una doctrina política. \ como
tal. como el owenismo con el que coníluvó írecuentemente a ni·el local. “dotaba de
disposiciones culturales. modos de ·ida v modos de identidad que quedaban relacionados
como un ideal común. un mundo de decisiones dignas. un patrón honesto de ·ida v un
ambito pleno de libertades ci·iles. religiosas v políticas. de ese derecho al ·oto que el
sistema negaba positi·amente”.
146
Ll cartismo. lejos de quedar obsesionado con el derecho
a ·oto como si se tratara de una panacea o un remedio deíiniti·o como pensaba por
ejemplo Stedman Jones,. íorzó continuamente las reíormas económicas v sociales. que
deberían llegar con un gobierno popular. “.De qué otra manera podemos respetar a la
gente de, la (arta (onstitucional sino como íundamento de los íines sociales·” planteó el
cartista o´connorista 1homas (lark en la década de 1850. Joan \allach Scott senalaba:
“Stedman Jones no considera la posibilidad de que las quejas económicas sean de caracter
político. que los cartistas pueden haber atisbado un cambio económico por medios
políticos. de manera que sus ·isiones de poder entrelazan política v economía.”
14¯
Lileen
\eo ha senalado con igual acierto:
Los seis puntos de la (arta (onstitucional. aunque re·olucionarios para su tiempo. no alcanzaban el
límite de lo que los cartistas entendían por autogobierno |...| la propia íorma en que los cartistas
intentaron manejar su mo·imiento re·eló un diseno de control colecti·o que implicaba mucho mas
que el ·oto periódico para coníormar el parlamento |...| es interesante especular sobre lo diíerente que
habría sido la democracia parlamentaria si hubiesen ganado los cartistas. si se hubiese constituido
sobre la base de una ·igorosa auto-acti·idad local.
148
(omo escribió el “Socialista (ristiano” probablemente l. D. Maurice, en 1850:
Ll Político Democratico se interesa ahora por la reíorma política. pero como un mismo íin –el íin del
ser socialista. Los lemas del cartismo en 1839 íueron “el salario de un día por un día de trabajo”. Lse
grito dio íorma a la idea mas deíinida de “organización del trabajo”. Somos conscientes de que esta
opinión posterior resulta demasiado diíícil de entender para todos aquellos que reclamaban con ahínco
el derecho al ·oto. pero también deberíamos recordar que. precisamente por eso. los lideres del
Partido Popular en este país no estan tan equi·ocados.
149
Nuestro “Socialista (ristiano” no esta solo en absoluto al senalar estos debates entre los
cartistas. o al apuntar el cambio que les habría de conducir “de la economía moral al
socialismo”. De paso. tenemos que senalar que aquí el Socialismo (ristiano no esta
reíormando el cartismo sino aprendiendo de él. Lntre los mismos cartistas a menudo se
repetían antiguos eslóganes apelando habitos v supuestos de algo pasado. pero eso no
quería decir necesariamente. bajo ningún sentido. que se estu·iese apelando a un tipo de
edad premercantil donde jeíe v trabajador quedaban mas íntimamente relacionados. desde
donde la competiti·idad hubiese deri·ado hasta con·ertirse en una especie de ·icio
uni·ersal. antes de que los grandes extremos entre riqueza v pobreza hubieran con·encido
a las dos partes de su mutuo antagonismo. No se trataba de mera nostalgia. sino de
imaginar relaciones sociales alternati·as con posibilidad de íuturo. Ln palabras de Asa
Briggs. “durante el último ano de agitación se acentuó la exigencia de la reíorma política en
el seno de la estructura del ideal parlamentario. una exigencia que ·enía creciendo
naturalmente del radicalismo del siglo XVIII para intentar alcanzar la democracia social.
una ·oluntad que dirigió a algunos cartistas hacia el socialismo –concretamente a |Lrnest|
Jones v |George Julian| larnev.”
150
Dorothv 1hompson niega esta cuestión insistiendo. contra toda e·idencia. en que el
cartismo no oírecía “una alternati·a practica deíiniti·a írente a las relaciones de propiedad
·igentes”. ase·erando que a ojos de los cartistas el trabajo. entendido como propiedad del
trabajador. “necesitaba de la protección de la lev tanto como cualquier otra íorma de
propiedad”.
151
Se trata de una manera per·ersa de aíirmar que los cartistas no se oponían
por lo general a la propiedad per se. va que omite el hecho íundamental de que había una
íorma de propiedad que ellos rechazaban inalterablemente: el tipo de propiedad
denominado “capital”. ía·orecido por las leves de la política económica. dispuestas de
hecho para establecerlo. deíenderlo v extenderlo sin límites. Puede que esta posición
incumpla una teoría general de la expropiación. pero la cuestión estriba en que no hav una
garantía para liberarlizarlo moderadamente. tal v como le ocurre de hecho a Dorothv
1hompson. A pesar de la gra·e preocupación de los cartistas. el liberalismo económico v la
liberalización económica terminaron siendo ·ulnerables en ·irtud de sus ·ínculos
intrínsecos v recíprocos. Por el contrario. en su sentido general. democracia v socialismo
eran conceptos similares que se implicaban mutuamente por la sencilla razón de que ambos
tendían a impulsar el propio control de la gente sobre su existencia. Democracia v
capitalismo eran por contraste principios antitéticos: liberalismo v capitalismo
permanecieron juntos. Lsta perspecti·a avuda a explicar el cartismo. v a provectar una serie
de cuestiones ulteriores. Nos avuda a cuestionar si la liberalización política v la económica
han estado siempre relacionadas mas o menos contingentemente –una cuestión que como
va hemos escrito, aílorara una ·ez mas a íinales de este siglo. en el propio contexto de las
sociedades centroeuropeas v del Lste en la década de los no·enta. .labría terminado. o
podría haber terminado siendo también capitalista el tipo de democracia que apovaban los
cartistas a comienzos del siglo XIX en Gran Bretana· Si tenemos en cuenta que una
auténtica democratización hubiera íacultado la resistencia popular contra el capitalismo. v
que existe una gran e·idencia de que esta resistencia habría apro·echado esta oportunidad.
este problema nos desaíía como una cuestión abierta.
LDU(A(IÓN POLÍ1I(A
Lsta línea argumental. por supuesto. no pretende monopolizar el debate. Ll cartismo era en
primer lugar un mo·imiento di·erso donde la aspiración al derecho a ·oto era. ante todo.
un mínimo común denominador que avudó a mantener unido al mo·imiento. Ls
importante tener en mente esta multiplicidad de creencias. ante la posibilidad de pri·ilegiar
arbitrariamente una sobre las demas. de sacarlas de contexto v decidir posteriormente que
éstas son las importantes porque desarrollos posteriores parecen darles la razón. La serie de
personajes v creencias cartistas que parecen anticipar el liberalismo sería un ejemplo que
·iene al caso. Se ha apuntando con írecuencia que Lrnest Jones eíectuó una desaíortunada
transición hacia el liberalismo durante su ·ejez. Por su parte queda constancia de que
Bronterre O´Brien ía·oreció en 1848 una alianza de clase media –aun cuando esta
propuesta pro·ocara la disconíormidad desdenosa e incluso el desprecio de leargus O
´(onnor. De nue·o podríamos entender íacilmente tal v como lo hace Dorothv
1hompson. por ejemplo,. que \illiam Lo·ett anticipa un liberalismo posterior de clase
obrera. De hecho Lo·ett nos resulta de particular importancia en este sentido. no sólo
porque se trata del primer teórico cartista de la educación. sino también porque él se
desplazó a este respecto desde el punto de ·ista íundamentalmente radical del cartismo
original según el cual sólo la participación política se oírecía como la íorma de educación
que garantizaba otras íormas posibles de educación,. hasta el punto de ·ista íundamental
del liberalismo ·ictoriano que deíendía la educación como necesidad pre·ia de una serie de
órdenes mínimos para el ejercicio de los derechos políticos –ahora entendidos como
suíragio,.
Se ha argumentado írecuentemente que sólo cuando Lo·ett se con·enció a sí
mismo de la prioridad temporal v lógica de la educación sobre el suíragio consiguió ganar
un apovo estimable entre la clase media. \ deberíamos tomar nota del hecho de que
muchos cartistas rechazaron este apovo. especialmente los que rebatieron las conclusiones
de Lo·ett –como hizo leargus O´(onnor. por apuntar el ejemplo mas sobresaliente. cuva
circular Cartismo conservador, cristiano y moderado 1841,. estaba concretamente dirigida a
Lo·ett. Por supuesto el apovo de la clase media. tal v como se le otorgó a Lo·ett. puede
considerarse e·entualmente englobado en una serie intentos por deíinir un elemento
“respetable” en el cartismo. v para ser·irle de recuerdo deshonroso. Pero aquí hav mucho
mas en juego: por ejemplo. los debates cartistas sobre educación v política dieron pie a los
intelectuales v administradores de clase media para relacionar un provecto radical bastante
incoherente para desarrollar “el conocimiento útil”. con otro que había empezado a
eníatizar la necesidad de íormar ciudadanos “morales” a tra·és de un sistema de educación
íinanciado gubernamentalmente. La rele·ancia histórica de la resistencia que existía entre
ciertos cartistas a la educación estatal. sectaria v de clase media. no es menor que el hecho
de que este proceso se diera como respuesta a un debate obrero muv articulado sobre
alternati·as en política v educación. \a que incluso donde parece darse la “asimilación”
querríamos poner mas éníasis en la convergencia de los provectos educati·o-estatales. con un
conjunto de preceptos de clase obrera autónoma que va existían. v que iníluveron en las
“reíormas” de clase media.
Pero también había una ·igorosa resistencia. v esto quiere decir que no sólo
reconocemos la importancia de esta e·idencia. sino que también podemos intuir las
consecuencias de las medidas que se rechazaron. en cuanto este asunto sobrepasó al propio
Lo·ett. Lducar al pobre no era únicamente una obsesión ·ictoriana de caracter íilantrópico.
lemos de entender este asunto como una cuestión ideológica. en tanto íuncionó
simultaneamente como sentido v írecuentemente como el sentido, para íundamentar
peligrosas reíormas políticas. v al mismo tiempo operó como un importante mecanismo de
control social. Se intentó sustituir de manera continuada una serie de mecanismos de
control legal v penal íuertemente disuasorios por experimentos de rehabilitación educati·a
autorizados oíicialmente. que en sí mismos constituían una expresión del mismo
imperati·o. Ll reíormatorio del Dr. Kav v las escuelas de distrito acompanaron de una
manera acorde a la sanción de la nue·a Lev de los Pobres de (hadwick en 1834. De igual
manera. los parraíos decisi·os de los iníormes de los inspectores de íabrica iban
acompanados por clausulas adicionales que hablaban de una necesidad apremiante de
educación. que debía quedar estrechamente regulada v super·isada de cerca. Richard
Johnson puntualiza tajantemente que “la condición del pobre casi ·ino a significar la
condición de su educación”.
152
Ll doctor J. P. Kav. que terminaría alcanzando el rango de
Sir James Kav-Shuttleworth v dio su nombre a las iníluventes “Minutas de Kav”.
153
presentó
la educación como un tipo analogo de beneíicio para el patrón. capaz de combatir la
pérdida de capital.
Ln la jerga de las Minutas de Kav. el “educador legítimo” estaba allí real o
supuestamente, para anteponerse al “socialista”. Su tarea consistía en “abrumar con la serie
de males que terminarían en·ileciendo completamente a la población trabajadora. v
destruvendo la propia estructura de la sociedad por la ·iolencia explosi·a de elementos
·olcanicos” que tenían un “origen remoto v accidental”. v que en ningún caso eran
inherentes a la sociedad capitalista. Por medio de una “dirección juiciosa”. esta serie de
males podría quedar “completamente extirpada”. Después de todo. continuaba Kav con
una e·idente ironía. “un sistema que íomenta el a·ance de la ci·ilización v lo diíunde por
todo el mundo no puede ser incoherente con la íelicidad de la gran masa del pueblo”. Ll
optimismo utópico de Kav quedaba atemperado por dos condiciones: una “ambiental” v
otra “moral”. La primera implicaba la salud pública. la sanidad. la ·igilancia v –ob·iamente-
la re·ocación de las Leves del Maíz. La segunda entranaba la necesidad de “ensenar al
pobre su posición política en la sociedad. así como los derechos morales v religiosos que
recaen sobre ella”. Por decirlo con palabras de Richard Johnson. al insistir en que la
reíorma “ambiental” no podría íuncionar sin avuda de reíorma “moral”. Kav estaba
“intentando expresar la relación entre ambiente. conciencia v cultura en el lenguaje de
censura moral |v| de causalidad pro·idencial”. Lste lenguaje no debería distraernos ante el
hecho de que las admoniciones paternalistas v moralistas de Kaves se superponían sobre
argumentos de raíz económica. Su intento de denunciar la decadencia obrera era al mismo
tiempo moralizante v “cientííico”–con su éníasis en las “doctrinas desorganizadoras”
relacionaba ateísmo. sedición e iniquidad moral. Sus palabras de 1838 no son precisamente
sugerentes: “es probable que la atención que han prestado los (omisionados |de la Lev de
los Pobres| a este sujeto |la educación|. rei·indique sus provectos v sus opiniones írente a
los reproches que los acusan de responder a la iníluencia de írías especulaciones
económicas. de no tomar en suma un mavor interés por la íelicidad de las clases mas
pobres.”
Ln tanto los padres de clase trabajadora quedaban descaliíicados por deíinición
para desempenar su papel “natural” como educadores. había que sustituir su perniciosa
iníluencia por “un pequeno mundo artiíicial de ·irtuoso esíuerzo” –Kav se reíiere la
escuela. no al reíormatorio. aunque su lenguaje siempre, le traiciona
154
. Por otra parte
cuando habla de “sustitución” se reíiere a reemplazo. v no a anadidura. “No podemos
permitir que los jueces de nuestro trabajo educati·o sean granjeros o trabajadores. mineros
o mecanicos. lorma parte del trabajo de educarles. el hacerlo en el sentido de la ·erdadera
educación.” Ln otras palabras. si se quiere romper un círculo ·icioso de iniquidad la
sal·ación debe ·enir de íuera. Ll proíesor. ese “emisario” social v ejemplar. ha de quedar
estrechamente controlado para que no termine “con·irtiéndose en nati·o”. No es de
extranar por lo tanto que Richard Johnson caracterice las Minutas de Kav como ”un intento
enormemente ambicioso de determinar los patrones de pensamiento. sentimiento v
conducta de la clase trabajadora. a tra·és del secuestro del sentido educati·o” v concluve
que como “sistema de control. |...| las Minutas estan a la altura de cualquier estatuto
parlamentario sobre materia social de la primera mitad del siglo XIX.”
155
lrente a Ian lunter. que sostiene el caracter ad hoc v no ideológico de la reíorma
temprana.
156
deberíamos comprender que estos “principios educati·os” constituían va un
lugar común incluso en la década de 1820. Observaciones prácticas sobre la educación del pueblo de
Brougham. por ejemplo 1825,. senaló con gran acierto los beneíicios que podrían
deri·arse de ensenar “los auténticos principios v las relaciones mutuas que existen entre
población v sueldo”. (iertamente. tal v como apunta Brian Simon en su discusión con
Brougham. “el camino mas eíecti·o para asegurar la libertad v el ´buen orden´. ´la paz del
país v la estabilidad del gobierno.´ era la ´diíusión uni·ersal de este tipo de conocimiento
´”.
15¯
No resulta sorprendente que el periodo mas idóneo para diíundir este tipo de
conocimiento correspondiese a tiempos de crisis. La Sociedad para la Difusión del Conocimiento
Útil SDUK,. promo·ida por Brougham con la avuda de Matthew Da·enport lill en 1826.
v que tenía a (harles Knight como editor principal de sus paníletos. tendió al principio.
mas que a diíundir preceptos de economía política. “a abastecer de alimento intelectual de
caracter consolatorio a quienes entregaban su ·idas al trabajo manual”. aglutinando “un
tipo de iníormación di·ersa de caracter cientííico v cultural. que abarcaba del estudio de los
Lepidópteros a las ´(ostumbres otonales en Kardoían´”
158
. Pero este periodo anodino no
duró mucho tiempo. Durante la crisis económica de 1830. que extendió estallidos de
quema de almiares v destrucción de maquinaria agrícola por todos los condados.
159
el
SDUK aírontó directamente asuntos económicos. Para entonces las ideas socialistas de
Robert Owen v las teorías económicas de lodgkin va gozaban de una cierta popularidad
entre la clase obrera –v hav que dejar claro que. a diíerencia de lo que opina Place. lodgkin
no desplazó en ningún caso a Owen
160
. Place v otros muchos participaban de un proíundo
miedo ante la posibilidad de que las clases medias quedaran “arrasadas –sin importar por
quién.” a menos que se decidiesen a “mezclarse inmediatamente entre el pueblo” para
“instruirles”.
161
Ln Abril de 1831. The Westminster Review. el órgano central de los Radicales.
lanzó un agudo ataque apelando a un cambio íundamental en política. .Oué hizo el SDUK.
atronaría el Review. cuando comenzaron los tumultos. los enérgicos aumentos de salarios.
los ataques a la propiedad pri·ada. la destrucción de maquinaria v la quema de almiares v
establos. cuando por un momento la misma Londres parecía cercada por el íuego· .Por
qué se dedicaba a íomentar una serie de tratados cientííicos coníusos e irrele·antes. v
oírecía “a la gente ignorante. como lo mas íntimamente relacionado con su bienestar. |...|
unos tratados |...| ¡ sobre la polarización de la luz v sobre la rigidez del cordaje!·”
162
Ln ese
mismo artículo se acusaba al propio Brougham de “apocarse. atemorizado” ante el “clamor
per·erso e interesado” del clero v la aristocracia. así como de ·etar por consiguiente el
acceso a aquellos que Place denominaría como “los mas grandes iluminadores del pueblo”.
·rg. los economistas políticos. Brougham iníluvó realmente en la creencia de que. a pesar
de apovar la relación entre un apovo inquebrantable a la Nue·a Lev de los Pobres v los
principios de economía política. el impacto que estos habían de pro·ocar no e·itaría que la
clase trabajadora pudiera ·alerse por sí misma para progresar de alguna manera. “Lxplicaría
a las clases trabajadoras que éste era el tiempo de que asegurasen con un gran esíuerzo la
inestimable bendición del conocimiento.”
163
Ls muv probable que los editores del Review no íueran conscientes del cambio que
va se había producido con Un discurso a los trabajadores sobre el asunto de la destrucción de
maquinaria 1830, v Resultados de la maquinaria, a saber, producción barata y aumento de empleo:
Discurso a los trabajadores del Reino Unido. ambos escritos por (harles Knight. Brougham dijo
del último de estos discursos que “conducía íundamentalmente a ali·iar ese espíritu
desasosegado que |...| estaba empujando a las multitudes a destruir la propiedad v las
maquinas”.
164
Knight prosiguió con Capital y trabajo. un discurso concebido para posibles
·íctimas de proíesores como 1homas lodking. De seguir por ese camino. lodking v otros
“pastores de la desolación”. “terminarían aullando sus triuníales canciones de ´Deíensa del
trabajo írente a las demandas del (apital´ como chacales o lobos”.
165
Ln 1831 ·ino Breve
discurso a los trabajadores sobre las posibilidades de aumento de sueldo. que pareció a Simon tan
diaíano en su apovo al patrón que el propio Place lo desestimó: “cada ensavo de este tipo
hace mas v mas diíícil impartir doctrina entre el pueblo.”
166
Ls posible que. tal v como piensa Simon. la expresión de moldear las mentes
“como arcilla húmeda en una mano dúctil” como propuso Brougham en un discurso de la
(amara de los Lores en Mavo de 1835
16¯
, “exprese menos directamente” el caracter
utilitario de esta perspecti·a:
168
pero desde luego. la última expresión del parraío anterior no
es precisamente sutil. Lsta idea tropezó contra un obstaculo interno predecible. en
cualquier caso. predecible por íamiliar. Durante el primer ano de Parlamento reíormado
Arthur Roebuck apeló de nue·o a “la educación uni·ersal v nacional de todo el pueblo”.
Aún cuando contó con el apovo de Joseph lume. James Bowring v lrancis Place entre
otros –los sospechosos habituales de entre los radicales-. no encontró muchos mas apovos
para su provecto de establecer escuelas iníantiles. escuelas técnicas v escuelas normales
para el entrenamiento de proíesores,. controladas por un ministro de Gabinete v
administradas por comités locales. Líecti·amente. el provecto de Roebuck llegaba
demasiado pronto. cuarenta anos concretamente. Pero a pesar de esto. va en 1832 se
percibe un cierto aire a deja vu. La (arta de Brougham de 1820 “para la mejor educación de
los pobres en Inglaterra v Gales”. que también había apovado un sistema de educación
elemental. uni·ersal. obligatoria v de caracter estatal. basada expresa v casi literalmente en
La riqueza de las naciones de Adam Smith.
169
obtu·o una sonora derrota: tropezó contra la
cruda realidad de ese tiempo. la necesidad de trabajo iníantil en minas. íabricas v íactorías.
tal v como Robert Owen puntualizó en su momento. Ln 1833. una ·ez mas. “pocos
industriales se tomaron la propuesta |de Roebuck| seriamente: a pesar de su interés
concreto. los ninos constituían en primer lugar v antes que nada un atributo indispensable
de íuerza laboral”.
1¯0
Bien pudiera haber ocurrido que. tal v como explicó Simon. “una ·ez
que la clase media sintió que tenía el poder. pareció mucho menos urgente |la tarea de
ensenar a la clase trabajadora a reconocer sus demandas|” –concretamente si con ello se
corría el riesgo. si acaso indirecto. de alentar a los trabajadores a íormular v reconocer sus
derechos.
1¯1
Para 1833 Brougham va había anunciado “no sin gran alharaca” que va no
apovaba por mas tiempo el principio de educación obligatoria. pero que estaba a ía·or de
dejar la educación en manos de los cuerpos ·oluntarios –lo que en la practica signiíicaba
ante todo los propios cuerpos religiosos. que se mostraron herméticos cuando el acta de
Lducación de 18¯0 estaba e·entualmente en íuncionamiento.
1¯2
Ln Las condiciones físicas y
morales de los trabajadores de la industria del algodón en Manchester en 1832. James Kav anade a la
pretensión radical de educación uni·ersal. la con·eniencia de que la religión quede
estrechamente relacionada a la educación: “con pura religión e inmaculada. ílorecida
írugalidad. precaución. e industria.”
1¯3
La di·ersidad caleidoscópica de las partes
inconíormistas. cuva complejidad es mucho mas desconcertante que la de los diíerentes
socialismos decimonónicos que también estaban acribillando a la sociedad britanica. estaba
dando apovo con este tipo de argumentos a una nue·a oportunidad. v estaba aportando
todo el aliento que se necesitaba para controlar los ambitos locales. No se trata de eníatizar
aquí únicamente la incoherencia interna de las ideas radicales de clase media sobre
educación. sino también el hecho de que esto se aplicara sobre sus ad·ersarios de clase
trabajadora. Junto a nuestros puntos mas basicos se hace necesario eníatizar que entre la
clase trabajadora de la década de 1820 existía lo que 1holíson denomina una “robusta
cultura autodidacta”.
1¯4
\ que írente a los esíuerzos de la clase media para utilizar la
educación. particularmente la educación de adultos. como un ·ehículo de propaganda. hav
una e·idencia general de rechazo por parte de radicales de clase obrera.
1¯5
Simon da pelos v
senales de esto. 1homas lodgkin: “mejor estarían los hombres sin educación que
educados por sus gobernantes: va que entonces la educación no es sino la mera atadura del
buev al vugo. el mero amaestramiento de un perro cazador al que. a íuerza de se·eridad. se
le hace renunciar a la íuerza de su impulso natural v. en lugar de de·orar a su presa. corre
con ella a los pies de su amo.”
1¯6
John Dohertv de los Operadores de Algodón de
Lancashire según Simon. “el sindicalista mas iníluvente de su tiempo”
1¯¯
,: “Deja que ·ean
esos trileros. los propietarios de la mal llamada Institución de Mecanicos v los presuntos
legisladores del ideario mecanico. que acaba el día v la multitud recibe el pedacito de
sustento mental que el orgullo aristocratico v la astucia pri·ilegiada va se han acostumbrado
a distribuir. Déjales ·er que. en realidad. ´el proíesor es un extrano´.”
1¯8
Ll Pioneer
Birmingham,. 2 de No·iembre de 1833: “Los Institutos de Mecanicos va establecidos en
este país no son tales.”
1¯9
“Lste Brougham siempre íue un gran deíensor de la educación
popular. De hecho todo el grupo de conspiradores maltusianos dieron muestras. v toda·ía
las dan. de un e·idente interés por la ´cultura mental´ del pueblo.” No es de extranarse que
(obbett hubiera
aborrecido totalmente a esos miserables que. mientras apelaban a la “educación” intentaban hacer
escla·os |a los trabajadores|. lov en día los educacionistas son toda·ía lo que íueron en tiempos de
(obbett –pretendidos amigos. pero los enemigos reales del pueblo.... Ah caballeros. somos
conscientes de ·uestras argucias... Si ·osotros quisierais educarnos no sería. como ·osotros decís a
·eces. para prepararnos para el ejercicio de los derechos políticos. sino para hacernos indiíerentes a
esos derechos. ¡\ ·osotros os denominais “radicales íilosóíicos!”
180
\a antes de 1825 esgrimió este punto gente como Dohertv. directamente in·olucrada en la
lucha contra los patronos v la creación de Sindicatos. v decidieron promo·er
conscientemente institutos educati·os independientes. Ll Poor Man´s Guardian de
letherington ad·irtió a sus lectores en 1831 que. a pesar de la atención que recibían los
trabajadores en el campo político. la intención era excluirlos del derecho a ·oto. pues la
(arta de Reíorma era una “(arta larsante”.
181
Ll Gobierno reíormista del que Brougham
era Lord (anciller. mientras simulaba estar de acuerdo con la necesidad de propagar el
derecho a ·oto v promo·er la educación. persiguió a la prensa obrera con mas ahínco de lo
que lo hizo incluso la administración 1orv de 1819
182
. Lntre tanto los radicales apovaron en
el campo industrial una serie de medidas políticas que impidieron el desarrollo de la
educación para los trabajadores v sus hijos. Mientras se oponían a la limitación de horas de
trabajo para los adultos. daban un apovo categórico a la Nue·a Lev de los Pobres.
183
\a
conocemos la respuesta obrera que recibieron. la estaía legislati·a a la clase trabajadora
britanica mas odiada e insultada de la historia. Ln Oldham. Lancashire. los radicales de
clase obrera. a pesar de no contar con derecho a ·oto. aún consiguieron írenar tras 1834 la
aplicación del Acta de Lnmienda de la Lev de los Pobres durante trece anos.
184
La oposición íer·iente del mo·imiento obrero a esta medida draconiana sugiere que
los trabajadores entendieron períectamente lo que ignorarían los historiadores posteriores:
que sólo bajo la luz de desarrollos posteriores se podría considerar al Acta de Reíorma de
1832 como un a·ance democratico opuesto al liberalismo,. v que se provectó el Acta para
e·itar tales actos de una manera expresa. v no para alentarlos o promo·erlos.
185
La reciente
coalición dirigente. aunque di·idida en asuntos de principio el ejemplo mas gra·e lo aporta
la cuestión de las Leves del Maíz,. siempre consiguió mantenerse unida en momentos de
aprieto contra la amenaza subvacente v rara ·ez golpista, de suíragio uni·ersal. Por esto no
había una oposición aristocratica sólida contra el auge de la industria v la economía política.
su homólogo intelectual. Las clases asentadas aírontaron apropiadamente el rechazo de las
Leves del Maíz de 1846. Las clases altas continuaron acaparando el Gabinete.
monopolizando la representación de las areas rurales en el Parlamento. v írecuentemente
representando también areas urbanas. No necesitaron nunca aírontar un mo·imiento de
retaguardia contra el capitalismo. Por su parte. con el acuerdo de 1832. los industriales
obtu·ieron ·irtualmente una ilimitada libertad de maniobra. George Lo·eless describió los
Gobiernos \higs de la década de 1830 como “íacciones tiranas”. v no hav razón para
suponer que este punto de ·ista íuera exagerado. Sólo hace íalta examinar las medidas que
promulgaron. Si probablemente el rechazo de la Lev del Maíz en 1846 v el Acta de (ambio
del Diezmo de 1836 eran golpes a la aristocracia. los en·ites a los trabajadores íueron
toda·ía mas serios v conscientes. Podemos mencionar el Acta de (oacción Irlandesa
1833,. el Acta de Lnmienda de la Lev de los Pobres 1834,. el episodio de los Martires de
1olpuddle ese mismo ano. el Acta de reíorma Municipal 1835,. el Acta de Prensa 1836,.
\ para cerrar esta andanada legislati·a. la propuesta de establecer íuerzas policiales en los
distritos rurales a íinales de la década de 1830 –íuerzas que. tal v como se temía. se
encargarían de regular el ocio v las acti·idades educati·as de la clase trabajadora en esas
ciudades no incorporadas que habían sido importantes centros de apovo cartista. v que
habían hecho ·aler los intereses de la Nue·a Lev de los Pobres v los trabajadores durante
las disputas sindicales.
186
(omo va es suíicientemente conocido. a un cierto ni·el con·ergieron en el
mo·imiento cartista la pugnas a ía·or de las demandas económicas como por ejemplo la
(arta de las 10 loras,. la re·ocación de la Nue·a Lev de los Pobres v los esíuerzos a ía·or
de la libertad de expresión. para extender el derecho a ·oto v para lograr que hubiera
instituciones independientes. De hecho es posible trazar un patrón de protesta autóctona
obrera contra la labor de los Institutos de Mecanicos v el SDUK. mas coherente v
exhausti·a que cualquiera de que procedían de los Radicales de clase media. Seguramente
lrancis Place estaba en lo correcto cuando escribió que los trabajadores “no leerían nada
en lo que se entrometiese la Diííusion Societv. De hecho llaman a los \higs sin·ergüenzas
traicioneros. v la palabra \hig en general les e·oca la amargura de un implacable
enemigo”.
18¯
Ll cooperador James \atson escribe de la SDUK:
.1iene que mejorar alguna tendencia la condición |de la clase trabajadora|. otorgandoles mas írutos de
su trabajo· .Deberían dirigirles a comprender mejor sus derechos v a asumir v ejercitar un principio de
cooperación· Ln absoluto. Mas bien se han dedicado a entretener al pueblo con la íruta de sus
in·estigaciones anticuarias en los Jardines Zoológicos. \ todo eso no estaba mal v tenía su cierta
utilidad. Pero cuando la gente –v estov hablando de decenas de miles de personas- se siente degradada
en su propia tierra. v no participa en sus derechos sociales v políticos. v transporta la marca del escla·o
en sus írentes. no se esta en condición de sentarse serena v íilosóíicamente para abordar tales
in·estigaciones.”
188
Ll Poor Man´s Guardian sugiere una idea muv diíerente de conocimiento útil –útil por
abierto v beligerante-. mediante un mordaz a·iso que atane a “las salas de tertulia de
Lo·ett.” que contaban con una biblioteca de ·arios cientos de ·olúmenes. “.Deseas leer los
argumentos de los \ighs v los 1ories sobre Propiedad v Lmolumentos· .Ouieres conocer
las opiniones v especulaciones de los restauradores de la Iglesia v el Lstado· .\ te gustaría
conocer qué piensan Radicales. Destructores v Republicanos de sus partidos· (onsulta la
siguiente lista.” \ sigue una lista de 28 periódicos que incluve al Mechanic´s Magazine. el
Register de (obbet o al New Moral World v el Westminster Review. Ll anuncio continúa. “Los
Maltusianos. Lconomistas Políticos. (ooperadores. Anticooperadores. (reventes v no
(reventes quedan especialmente in·itados. \a que todos ellos proíesan abogar por la
Verdad v tener algún conocimiento que impartir.”
189

Ln 1836. a raíz del íracaso de la Grand National Consolidated Trades Union de Owen.
así como del episodio de los Martires de 1oldpuddle ambos sucedidos en 1834,. Lo·ett.
letherington. (lea·e v \atson. entre otros. íundan la Asociación de lombres
1rabajadores de Londres. que en un bre·e plazo de tiempo. para 183¯ publican su
“Discurso sobre educación”: “.Acaso si se educase a las multitudes en el conocimiento de
sus derechos podría apovarse la corrupción en una justicia que nada tiene que decir en el
Senado. púlpito de hipocresía recaudatoria que extiende a lo largo del país el libertinaje. el
íanatismo. la pobreza. v el triunío del crimen· No amigos. no. \ por eso se esíuerza el
pequeno grupo de pri·ilegiados en conser·ar la di·isión v la ignorancia entre el pueblo. Por
lo tanto nuestra tarea consiste en reunir e instruir de nue·o al pueblo. Para asegurar esto
nosotros mismos iniciamos un cambio.”
190

Ll New Moral World. owenista. comenzó a sonar de manera similar a partir de 1840.
“¡Lducad! ¡¡Lducad!! ¡¡¡Lducad!!!... permitid que cada institución disírute de ahora en
adelante de su Domingo v su Día escolar. distribuid sin reser·as íolletos que expliquen el
Sistema Social... laced lo mas atracti·as posibles las clases pri·adas. las salas de lectura. los
liceos v salones de congresos. v otros elementos de educación v ocio. 1omad la delantera
en este empeno.”
191
Por el contrario. según The New Moral World. los Institutos de
Mecanicos pretendían educar a la gente trabajadora sólo según un tipo de instrucción
acorde con “los intereses del clero v las clases acomodadas”. No se trataba mas que de
“atenuantes írente al logro de conocimiento social”.
192
1al v como entendió Lo·ett la situación por su parte. “mientras una gran cantidad
de halcones v búhos pretendían perpetuar en nuestra sociedad ese estado de oscuridad
mental que les íacilita las presas. otra parte mas astuta estaba por permitir una cantidad
suíiciente de luz mental. que pro·ocara una marcha contenida de la multitud por los
caminos que su sabiduría había prescrito.”
193
Aquí Lo·ett tenía algo mas que un mero
“indicio” del íuturo. como ·eremos mas adelante
194
,. Lo interesante mientras tanto consiste
en resaltar la coníianza v el desprecio con que los cartistas entre otros. rechazaron las ideas
de clase media sobre su “ignorancia”. v consecuentemente sobre su incapacidad para
ejercer el derecho a ·oto. “Lllos nos hablan |...| de nuestra ignorancia. v mientras tanto un
cortador de herramientas v un ebanista se aíanan en redactar un sistema de educación ante
el que sus provectos tan de moda. v sus ´teorías abstractas´ e ´historias de a·es v peces´
carecen de importancia.”
195
Ll mal llamado, Chartist´s Friend |Amigo del cartista|. uno de los primeros
periódicos que trataron de apropiarse de las ideas cartistas para íomentar los intereses de la
clase media. argumentó que las clases trabajadoras eran “demasiado ignorantes para discutir
asuntos complejos”. v que por lo tanto debían írecuentar mas la Biblia v “someterse a los
poderes |...| ordenados por Dios”.
196
\illiam Linton respondió con desprecio e ironía que
la clase trabajadora. dada su condición de “simple v criminal”. apenas podía va hacerlo si
quiera peor ejerciendo el derecho a ·oto. \ anadió que. con derecho o sin derecho a un
·oto que pretendía excluir a los analíabetos. los propios miembros de la clase trabajadora
seguían siendo los mejores jueces de sus intereses.
19¯
Ll Chartist Circular respondió a los
argumentos del Chartist Friend con similar indignación:
Ln nuestra pelea por el suíragio uni·ersal nos encontramos continuamente con la misma respuesta –
sois demasiado ignorantes. demasiado borrachos v manirrotos: no se os puede dar la coníianza del
·oto. Lsto huele demasiado a aquella palabrería de la ·ieja escuela. cuando se reíerían a la “multitud
marrana”. al “rebano ·ulgar”. a la “muchedumbre que no se la·a” |...| pero es e·idente que han
admitido un aspecto del argumento. Se admite el principio pero no quieren que lo consigamos
“toda·ía”. Lspera un poco. quince anos. ·einte. puede que cincuenta anos de aprendizaje podrían ser
suíicientes. al íinal lo conseguiréis |...| en cuanto al tema de la ignorancia podríamos aíirmar que las
clases trabajadoras han abordado la importancia covuntural de la cuestión del conocimiento mejor que
las clases medias o las superiores. Sus asociaciones cientííicas. sus instituciones de mecanicos. sus
bibliotecas bien surtidas son prueba con·incente de que el hombre trabajador. aunque agotado
siempre por el trabajo excesi·o. toda·ía aprecia el ·alor de la iníormación útil v se aíana por obtenerla
|...| si obser·as las circunstancias que rodean a millones trabajadores. te daras cuenta de lo asombrosa
que eíecti·amente resulta. entre tanta diíicultad. la rapidez v pujanza de su marcha de mejora |...| el
conocimiento se extiende con rapidez. una mente. un espíritu. un alma ha descendido entre la
sociedad v se esta produciendo una reanimación. (omo si se tratara de un río glorioso el conocimiento
ha aílorado los antiguos canales que atajaran sacerdotes v legisladores |...| 1emblad tiranos. pues la ·oz
de los descontentos esta en la calle. Ll conocimiento coníiere va su poder. Se abren nuestros ojos a
poder entender que nuestros intereses son opuestos a los ·uestros.”
198
Ln el Chartist Circular la democracia quedaba asociada. “no con un sistema social donde la
gente reconociera v condenara a duras penas sus propias condiciones de miseria. sino con
el aumento de un tipo de conocimiento político popular que iníormaba al pueblo de sus
derechos –un conocimiento que la propia (arta (onstitucional debía de incorporar.”
199
La mavor solución consistía en una política de educación nacional –una política que
los cartistas contrapusieron a aquella recomendación de exclusión política que quedaba
basada en la ignorancia del pueblo.
200
Se sostenía que la participación política constituía una
experiencia educati·a por derecho propio. v entre otras cuestiones habría de ser impulsada
sobre terreno educati·o.
La cuestión educati·a no podría usarse. por el contrario. como justiíicación para
denegar la participación política.
201
La participación popular en la política enriquecería el
proceso político v llegaría a ser esencial en la practica de la democracia. Gracias al
mo·imiento para hacer de la (arta (onstitucional del Pueblo la base de la (onstitución. “el
pueblo habría de obtener educación política sobre las grandes cuestiones de los derechos
nacionales v sociales |...| sobre la ·erdad. la libertad v la justicia”.
202
Lste ordenamiento v
sus prioridades no íueron aceptados uni·ersalmente. Por ejemplo el 11 de Julio de 1846
quedaron re·ocados por el Northern Star. Allí podemos leer que una educación
·erdaderamente humana “sólo puede alcanzarse cuando todos somos políticamente
iguales”. Por lo tanto “el derecho a ·oto político del conjunto de la población masculina
adulta es un preliminar indispensable a la hora de abordar cualquier tipo de mejora
educati·a. social v íísica.” Ll 12 de Septiembre de 1846 leemos: “1an seguro como que el
día sigue a la noche. la educación seguira al suíragio.”
203
Se trata mas de diíerencias de
éníasis que de inconsistencias categóricas. No obstante se trata de diíerencias que
corresponden a discrepancias características entre los “cartistas sapientes“ de Lo·ett v el
resto. que no son demasiado rele·antes. Ln general nos parece que a Simon le asiste
enteramente la razón: ”no es de extranar que los cartistas disintieran indignados de la burla
de la ´ignorancia´. utilizando a los trabajadores como excusa para denegarles el ·oto. No
hav duda de que la pauta de cultura general enarbolada como requisito mínimo por su
prensa era extremadamente alta.”
204
\ en cualquier caso esto no era sino la punta del
iceberg. Sólo hav que tener en cuenta lo que la propia prensa cartista se ocupó de
denunciar. Dorothv 1hompson. con quien no hemos estado de acuerdo en su momento.
esta seguramente en lo cierto al indicar lo extendida que estaba la denuncia entre la prensa
cartista. mas incluso que entre el cartismo. el owenismo. el cooperati·ismo. el socialismo
cristiano o el sindicalismo
205
.
La clase trabajadora radical. tan sensible a semejantes argumentos. diíícilmente
podría haber quedado algo menos indiíerente ante las consecuencias que iba a implicar una
andanada legislati·a industrial de nue·o cuno. que estaba senalando un cambio que
aíectaba a una nue·a íorma de control estatal: el Acta del Senor v el Sir·iente de 1823. cuva
e·olución de sus debates eclipsó una derogación mas paradójica v mas dogmatica. la de las
Actas de (ombinación del ano siguiente. Ll Acta de 1ransporte terrestre de 1831. Ll Acta
de Regulación de Minas de 1841. La “(arta de Silenciamiento” de 1848. que por primera
·ez hizo del discurso asociati·o un crimen. aumentando signiíicati·amente los castigos que
implicaba. Ante estos casos los Amos-magistrados parecían ocupar su lugar de decisión
como si íueran juez v parte. lrecuentemente estos casos implicaban practicas industriales
que quedaron estipuladas como crímenes. Pri·ilegios tradicionales como la acumulación de
sobrantes de madera. carbón v tela. quedaron considerados como hurto. v
consecuentemente se procesó a sus autores.
Incluso a pesar de que se aprobaron cinco leves de trabajo entre 1802 v 1833. no se
abordó en absoluto el tema de las horas de trabajo adulto. v se pasó por alto el Acta de las
labricas de Algodón de 1819. “Ln estas condiciones. hablar de la diíusión del
conocimiento v de educación uni·ersal era cuando menos decepcionante. si no
directamente hipócrita.”
206
Lo que terminó sucediendo es que “el auténtico combate por la
educación de la clase trabajadora se dirimía al margen de otro de sus asuntos
íundamentales. el de la jornada de trabajo: v se hacía así a pesar de la determinada
oposición de los Radicales”.
20¯
Ll mo·imiento de masas por la reducción de horas de
trabajo. que se desarrolló en la década de 1830 en torno a la (arta de las Diez loras. se
concretó en un Acta de labrica en 1844. que íinalmente no incluvó la clausula de las Diez
horas. pero en su lugar se limitaba la jornada de trabajo en ninos menores de trece anos a
ocho horas en la industria textil. v asimismo estipulaba que debían tener dos horas de
educación diaria.
208
Lstas clausulas estaban en concordancia con la teoría benthamiteana.
que a pesar de dictar la no “interíerencia” del estado en el caso de los adultos. indicaba que
los ninos no estaban por deíinición en una posición moral para establecer contratos
“libres”. v por lo tanto debían quedar protegidos v. por supuesto. educados. Por una parte
lo estipulado quedaba sujeto en principio a inspección. Por otra. no se organizó ningún
recurso ni se estableció una maquinaria administrati·a para asegurar el cumplimiento de lo
suscrito en el Acta. de manera que se abrió “una ausencia”. por decir con las palabras de
Marx. “que constituve de nue·o una obligación ilusoria”.
209
Pero la barrera se había
cruzado. Se había concedido por primera ·ez el principio de educación obligatoria. Incluso
en la década de 1840. “en general. la pelea política por la educación quedaba
inseparablemente relacionada con la acción continuada para asegurar la limitación de la
jornada de trabajo.”
210
Según el Northern Star “la reíorma educati·a que Lord John Russell
propondra indudablemente. de acuerdo con su doctrina política. a·anzaría mas con una
(arta de las Diez loras que con el mero establecimiento de escuelas. pues bajo el sistema
presente. al hijo del trabajador no le sobra mucho tiempo de ocio– a pesar de que una
concesión educati·a debería igualarlo se reíiere al tiempo libre, con el de los establos de Su
Majestad”.
211
Ln sus aspectos importantes. el analisis de Simon queda corroborado por el estudio
mas detallado v concreto de Anthonv lowe sobre “Ll suministro cultural de las clases
trabajadoras” en Los señores del algodón, 1830-1860. Ln el periodo que lowe in·estiga. los
duenos de las íabricas de Lancashire auspiciaron de manera creciente un “imponente
conjunto” de acti·idades educati·as v recreati·as. Lstas acti·idades se disenaron para
atender a aquellos trabajadores cuva educación íormal íinalizaba a los trece anos. si es que
tenían alguna. v que gozaban de mas tiempo libre tras la implantación progresi·a de la
legislación de las íabricas. concretamente tras el Acta de 186¯. que limitó sin paliati·os las
horas de trabajos de mujeres v ninos de 184¯.
212
Las íacilidades que oírecían las bibliotecas
públicas a los clubs obreros estaban promo·idas v apovadas organizati·a v íinancieramente
con írecuencia por los duenos. aunque ellos estaban completamente de acuerdo con el
modelo de cultura de “auto-avuda”. Lsta avuda íinanciera ganó en importancia coníorme
los Institutos de Mecanicos deíraudaron la coníianza de su posibilidad autosuíiciente.
213
Lo que a nosotros nos interesa es el acomodamiento que se produce dentro de esta
estructura. Los Institutos “de mecanicos” se inauguraron con grandes metas. La educación
tenía que ·er con la emancipación social v política de las clases trabajadoras. v a la ·ez. el
conocimiento cientííico debía íructiíicar en nue·os in·entos que posibilitasen la
superioridad internacional de Gran Bretana. Lstas metas se diluveron rapidamente. La
ensenanza cientííica era enormemente irrele·ante para la mavoría de los trabajadores. sal·o
para unos pocos operadores de la íabrica quizas. \ no se la necesitaba ni por la naturaleza
del producto ni por la tecnología del algodón |...| La educación se trasladó de las ciencias
íísicas a las morales. Ll experimento cientííico cedió terreno a las bibliotecas. conciertos.
excursiones v soirées |...|. Si se pretendía inculcar doctrinas de economía política con el
aparato cultural que apovaban los duenos de las íabricas. entonces |...| se erró
notablemente.”
214
Las instituciones de los duenos oírecieron mas bien “algo de educación v mucho
entretenimiento” –“Recreo Obrero |\orker´s Plavtime|”- “írente al alcoholismo v la
ignorancia. Ln este sentido. mientras el industrial llegó a pensar sin duda que la clase
trabajadora va era mas “ordenada” v “respetable”. al mismo tiempo ejecutaba su íunción
social de relación entre el amo v el hombre. que durante la década de 1830 pareció
·irtualmente imposible”.
215
De manera poco sorprendente. “bares v caíés cantantes
ganaron un mavor encanto entre proletariado. aunque no entre el personal de oíicina que.
en su búsqueda de respeto e independencia. se con·irtió con írecuencia en el soporte
principal de estas instituciones.” Las bibliotecas públicas. “la mas barata íorma de policía”
según Joseph Brotherton.
216
también encontraron el apovo de (harles Dickens. “Los libros
|...| apovaran |al trabajador| en la pelea v el continuo trabajo de su ·ida. le educaran en el
respeto propio. le ensenaran que capital v trabajo no estan enírentados. sino que son algo
mutuamente dependiente v que se apovan mutuamente |aplausos| le avudaran a desterrar
prejuicios ciegos. inexactitudes corruptas. v reducir a pol·o todo atisbo de mentira.”
21¯
Ln
general. “se consideraba a los operarios mas deíicientes en lo político-económico” que en
lo técnico-educati·o. “Por lo que respecta a un tipo de demanda de educación técnica.
muchos industriales habrían |...| preíerido mantener la cuestión en un ambito pri·ado v
·oluntario. sin interíerencias de tipo estatal. Para los jeíes. la educación técnica nunca llegó
a ser un cometido íilantrópico trascendental. v su patronazgo se reduciría a mo·imientos
educati·os de un tipo de aplicación mas social que industrial.”
218
Mucha de esta íilantropía cultural no tendía a la clase trabajadora per se. sino a un
tipo de clase media que necesitaba ·islumbrar su superioridad con respecto a la clase
trabajadora en términos de “respetabilidad” e “independencia” –el término
“independencia” oírece aquí un buen ejemplo de ese tipo de in·ersión del sentido
lingüístico característico de la era ·ictoriana. (omo va hemos sugerido. la clase trabajadora
entendía que su “respetabilidad” pro·enía de su antigua con·icción moral. v por lo tanto
no quedaba íorjada como una mera imitación de los ·alores de clase media. Sin embargo
sus “superiores” continuaron aíirmando las ·irtudes de un “culti·o” que por lo general
tomó a la clase trabajadora por objeto. Ll arte en particular “dirigía hacia el culti·o
intelectual: el anhelo de lo bello dirigiría al orden. la satisíacción v la prosperidad. Por
consiguiente el arte habría de reemplazar a la disciplina de la ciudad industrial. como
propósito desinteresado. deseable írente a la ´lectura de publicaciones írí·olas v perniciosas
´ v la ´indulgencia de las inclinaciones sensuales.´”
219
Ll patronazgo de las artes íormaba parte de la responsabilidad del cuidado de su riqueza. v no se
trataba de una cuestión de mera gratiíicación. Ln este sentido. los senores textiles se desembarazan de
la carga de “con·encionalismo” que implicaría la acumulación de la riqueza como un íin en sí mismo.
Sin embargo. en cierto sentido la asumen aún con mavor íuerza –pues no se consideraba al arte como
parte de la cultura de educación liberal v desarrollo propio. sino como parte de un espectro mas ancho
de acti·idades íilantrópicas que en ningún caso extra·ían su utilidad social. considerando que aunque
ineíecti·a en la practica |...| se había abierto la mente de la clase media. v se había ensanchado su
cultura. Los senores del algodón habían avudado a conquistar una de las ambiciones de Arnold. al
reíorzar la “íuerza de las ideas” de la clase media írente a la “íuerza menos espiritual del poder
establecido. a su antigüedad. su prestigio v reíinamiento social”.
220
Según Ruskin se estaba transíormando la “eníermedad” en “riqueza”. Lsa última
generación estaba desempenando una “ocupación gloriosa” que los con·ertía. “a la postre.
en quienes íacilitaban el poder v el esíuerzo del estado |...| en los arbitros del deseo v el
trabajo de Inglaterra.”
221
A la ·ista de esta serie de desarrollos ahora canonizada. no resulta sorprendente que
para muchos historiadores de la clase trabajadora britanica en el siglo XIX. la era
medio·ictoriana –comprendida mas o menos de 1850 a íinales de 18¯0- represente una era
de componendas. decepción e incluso de traición: en la era heroica del cartismo de los 30 v
los “hambrientos cuarenta”. la agitación que se ·i·ía v el antagonismo de clase parecían
poder presagiar resultados surgidos de un relato marxista. en cuanto a la relación entre el
desarrollo de la industria britanica v un momento considerado como re·olucionario por la
clase trabajadora britanica. 1an sólo Lngels en Manchester durante los primeros cuarenta v
Marx en Londres tras 1848 entendieron suíicientemente la idea de la “triarquía europea” de
Moses less. sobre el desarrollo re·olucionario europeo en el siglo XIX –según dicho
esquema. la re·olución “social” habría de empezar en Inglaterra. por su mavor
conocimiento de la tendencia v el crecimiento de la industria moderna. mientras que las
re·oluciones “política” v “íilosóíica” se desarrollaron en lrancia v Alemania
respecti·amente. Desde esta perspecti·a teleológica. el proletariado britanico. que se
encontró políticamente inacti·o hasta la agitación reíormista de íinales de 1860. había
íracasado a la hora de lle·ar a cabo su parte del juego. Parecía coníundida por los líderes
del comercio mas aristocratico. por eslóganes escritos desde un ethos indi·idualista de
“autoavuda” v respetabilidad ·ictoriana. v por solicitudes de coníormidad cultural v
seguridad material. Según John \alton. que de nue·o da lugar a un programa mas amplio
que el de Lancashire. “podría sugerirse que se chantajeó a la clase trabajadora con el
aumento de los sueldos. v se la asimiló por medio de concesiones políticas. por el reclamo v
el atracti·o de la ´respetabilidad´. v quedó internamente di·idida tanto horizontalmente.
entre la ´aristocracia trabajadora´ v el resto. como ·erticalmente. entre los reíormadores
liberales v los hedonistas 1orvs v los íanaticos.”
222
Por otra parte –v aquí comenzamos a adentrarnos íundamentalmente en el terreno
que nos interesa- parece justo senalar que palabras como “respetabilidad” v “progreso”
implican una cualidad ideológica. que permea en los diíerentes métodos culturales v
educati·os provectados hacia la consecución de estos objeti·os. Ll propio ideal de
períeccionamiento de la clase trabajadora no era sino un mero preludio o presentimiento
de la complacencia liberal gladstoniana. que se entiende como un signo de aceptación de las
ideas hegemónicas de “respetabilidad”. De (obbet a O´(onnor v Lo·ett. para la tradición
del radicalimo social spenceano. owenista o jacobino. era íundamental intentar bordear los
preceptos de la economía política whig v el liberalismo de clase-media. Aunque tampoco se
trataba. de hecho. de algo impopular. tal v como puntualiza (laevs
223
. lrente al ideal de
dominación. el ideal de autonomía mutua que terminaría siendo un principio importante de
reíormismo obrero. también lo íue de aían re·olucionario. Mas concretamente. el
reíormismo de mediados de siglo no era únicamente un resultado del alza en el ciclo
comercial v la moderación de un estrato superior de trabajadores. Debe haber tenido sus
precedentes. algunos de los cuales quedaron detallados por L. P. 1hompson en Whigs y
cazadores.
224
Mas especííicamente. en el ambito del siglo XIX el ethos del propio vo v la
independencia. que tanto parece contribuir a la unión de la clase trabajadora con el statu quo
después de 1850. constituía de hecho un aspecto del cartismo radical preponderante v de la
Asociación de 1rabajadores de Londres. antes del golpe del compromiso de mediados de
siglo.
Ll cartismo íue esencialmente una íusión de puntos de ·ista económicos v políticos –una
íusión concreta que ademas se da en un contexto histórico particular. cuvos elementos
nunca ·ol·erían a reconíigurarse de la misma manera.
225
Lsta caracterización del cartismo
implica. como importante corolario. que el enírentamiento de la clase trabajadora con el
sistema preponderante de remuneraciones v expectati·as requería desplazar el éníasis de las
injusticias políticas a las económicas.
Ln gran parte. ésta íue la razón de que. a mediados de la era ·ictoriana. el conílicto
clasista se encauzase hacia el sindicalismo. v no hacia una dirección cooperati·ista. hacia la
moderación o hacia el Socialismo (ristiano todos ellos mo·imientos íinalmente mucho
mas acomodaticios,. .(ómo iba a e·olucionar la situación a partir de entonces en este
proceso de eliminación· lav que e·aluar esta reorganización de energías con un cuidado
enorme. Por una parte. una serie de realidades sociales como el conílicto de clase o el
antagonismo. que habían quedado desdibujadas o incluso barridas, bajo la íorma de
consenso uni·ersalista. aquí se hicieron e·identes de una manera estridente v ·í·ida:
aquellos trabajadores que estaban genuinamente interesados en comportarse racional.
responsable v cortésmente en el puesto de trabajo. no tardaron en darse cuenta de que el
único rasgo que realmente caracterizaba a sus jeíes era el del puro utilitarismo.
226
Por
encima de todo. otra ·ez en palabras de \alton. “allí donde predominaban cuestiones de
poder v estatus. los mandatos judiciales liberales no íuncionaban.”
22¯
v ésta es la
contradicción interna que ha suírido el liberalismo normalmente. Por otra parte. la propia
di·isión entre un area donde el mandato judicial liberal “no íuncionaba” v otras donde lo
hacía enérgicamente. tenía que ser resuelta con la incorporación de aspectos de aquella
tradición de “auto-coníianza” propia de la clase trabajadora: una incorporación que
modiíicó v domesticó el propio sentido del término. Irónicamente. la propia crítica de la
tradición radical v cartista de los modos de educación en el “conocimiento útil” terminó
con·ergiendo con un reconocimiento de clase media de los límites del utilitarismo –que
quedaba. no obstante. basado en premisas muv diíerentes. (omo ·eremos en el siguiente
capítulo. pensadores como Mill v Arnold desarrollan esa crítica por medio de una idea
estética de cultura. pero sus impulsos no parten precisamente de Schiller o (oleridge. Por el
contrario. la resistencia contumaz de la clase trabajadora írente a un tipo de educación poco
sistematico obligó a los liberales a·anzados a reconsiderar los modos de incorporación
estatal de la educación de la clase trabajadora. Lsto implicaba un cambio de la dominación
a la hegemonía. por decirlo según los términos de Gramsci. Brougham. entre otros. había
intentado subordinar imperturbablemente las instituciones obreras a sus propios propósitos
utilitarios. utilizando con írecuencia el subteríugio del interés clasista ademas de una
legislación estatal coerciti·a. Ll nue·o paradigma liberal. que mezclaba un “Socialismo
(ristiano” coleridgeano con el trabajo de Mill v Arnold entre otros. incorporó con éxito las
críticas obreras en los procesos de reíorma parlamentaria. v en el conjunto de argumentos
que abogaba por un sistema de educación nacional cuva labor debería preceder al suíragio
uni·ersal. (omo ·eremos. en este periodo el requisito que desarrollara la hegemonía de
clase media se apova menos en medidas coerciti·as que en las íormas de la sociedad ci·il
que se habían consolidado con el íortalecimiento del estado en las décadas posteriores al
cartismo.
(API1ULO 4
AlRON1ANDO LL LS1ADO L1I(O
LDU(ILNDO AL (IUDADANO
La década de 1860 a 18¯0. la década del Acta de Lducación de 18¯0 v la segunda (arta de
Reíorma parlamentaria promulgada en 186¯. conoce la cristalización del estado Victoriano
v la transición que suíre desde una íorma de coerción predominante hacia una íorma de
tipo hegemónico. (on esto queremos senalar que a lo largo de esta década tiene lugar una
con·ergencia entre las íormulaciones ideológicas de pensadores liberales sobre cultura.
educación v representación. v las instituciones del estado que aparecen para reprimir las
demandas de una clase trabajadora altamente mo·ilizada v articulada. Lsta con·ergencia
implica la consolidación de lo que Gramsci denominó “estado ético”. un estado que no
queda representado meramente por sus aparatos legales v policiales. sino que prolonga sus
paradigmas en los órganos de la propia sociedad ci·il: escuelas. sindicatos e incluso cuerpos
religiosos. Mas alla de las luchas por el poder covuntural entre clases. grupos o sectas
particulares. el estado ético se caracteriza por saturar el discurso social con la “idea de
estado” o. por ponerlo aún mas claro. por esa concepción subordinada de la adecuada
relación del sujeto como ciudadano del estado.
Sencillamente la “ideología dominante” deja de legitimar la imposición coerciti·a de
regulación a tra·és de la íuerza de la lev. v se con·ierte en un paradigma proíundamente
asumido por todos los ni·eles de la organización social. Mas alla de las medidas ad hoc de
“gobernabilidad”. la idea de estado. v su noción correspondiente del sujeto ético como
ciudadano. implican una ob·iedad que regula la propia íorma de las instituciones sociales.
de la íamilia al parlamento mismo. Ls tal la íuerza de la ob·iedad sobre la explicitación del
discurso. que cada expresión que cuestiona sus términos probablemente queda relegada en
primera instancia al terreno del absurdo. la ·iolencia. la anormalidad o la per·ersidad: a la
·irtual irrepresentabilidad.
Por supuesto. la aparición de esta íorma dada de ob·iedad o “sentido común” es un
proceso histórico lento v complejo. tanto teórica como practicamente.
228
Aquí hemos
decidido centrarlo en dos de las principales íiguras participantes en los debates sobre
educación v estado de ese periodo. cuvas carreras v escritos incorporan la íusión entre
íormulaciones teóricas v compromisos practicos. v cuvos trabajos continúan a día de hov
ejerciendo una gran iníluencia en las concepciones presentes de cultura moderna v sociedad
liberal. Aunque actualmente se conoce a Matthew Arnold por Cultura y Anarquía. un trabajo
redactado en respuesta a la agitación de reíorma obrera. durante su trabajo anterior a 186¯
como inspector gubernamental de escuelas compuso una serie de extensos iníormes sobre
educación que va eníatizaban la necesidad de relacionar estado v educación. Por su parte.
tanto Sobre la libertad como Consideraciones sobre el gobierno representativo constituveron en su
tiempo una aíirmación deíiniti·a de lo dio en llamarse por aquel entonces liberalismo
“a·anzado”. v su autor. John Stuart Mill. íue en el parlamento un deíensor acti·o v público
de la reíorma durante los debates cruciales que dieron pie al Acta de 186¯. Ln ningún caso
ocuparon Mill v Arnold al mismo tiempo posiciones políticas idénticas o complementarias
en asuntos concretos. Mas bien ocupaban posiciones antagónicas en el espectro del
pensamiento liberal. v también en el tema de la agitación reíormista. De hecho Arnold
consideraba a Mill como un jacobino póstumo por su apovo reconocido a los
maniíestantes de lvde Park. que para éste constituían “una masa sin rumbo v arbitraria.
que grita donde le apetece v rompe lo que le da la gana”.
229
La respuesta de Arnold a aquellos tumultos que pro·ocaron una ausencia de gestos
gubernamentales a ía·or de la ampliación del derecho a ·oto. aparece en el que es.
probablemente. su trabajo mas íamoso e iníluvente. Cultura y Anarquía 186¯-1869,. Arnold
diagnostica la “condición de Inglaterra” en estos términos: un espíritu de libertad que
encuentra su maxima expresión en “hacer lo que se quiere”. una excesi·a íe en la mera
maquinaria de la tecnología a las medidas gubernamentales,. v una situación de lucha entre
las tres clases emergentes. la aristocracia. las clases medias v las clases trabajadoras los
barbaros. los íilisteos v el populacho. tal v como él mismo senaló,. De acuerdo con esto. v
írente al potencial anarquico que vace en las tendencias de ese “vo ordinario” que “hace lo
que le apetece”. sugería como remedio reconciliador al “mejor vo” que se íorja en la
cultura:
Bien. por lo tanto. .qué sucede si intentamos superar la idea de clase mediante una idea de comunidad
total. el Estado. v encontramos allí nuestro propio centro de luz v autoridad· 1odos nosotros
asumimos sentimental o aíecti·amente la idea de país. pero es muv diíícil que arraigue en nosotros la
idea de Estado con íuerza. .\ por qué· Porque por lo general habitamos nuestra identidad cotidiana.
que no nos sitúa mas alla de las ideas v deseos de la clase a la que pertenecemos |...| Pero por nuestro
“mejor vo” quedamos unidos. Nos reúne impersonalmente. en armonía. Si le otorgamos la autoridad
no hav ningún peligro. porque es el amigo mas ·erdadero que podemos encontrar. \ cuando amenaza
la anarquía podemos di·isar esta autoridad con seguridad v coníianza. Lntonces. éste es el propio vo
que la cultura o el estudio de la períección pretende desarrollar en nosotros |...| así que esa pobre
cultura nuestra. tan írecuentemente despreciada por poco practica. nos dirige hacia esas propias ideas.
capaces de hallar lo que buscamos en estos tiempos diííciles. Anhelamos una autoridad v no
encontramos sino clases celosas. cheques v un camino sin retorno. La cultura sugiere la idea de Estado.
Si no encontramos base suíiciente para aíirmar la autoridad del Lstado en nuestra identidad cotidiana.
la cultura nos sugiere una que nos dirige hacia nuestro mejor yo.
230
Lsta extensa cita contiene adecuadamente el núcleo del argumento de Arnold. Arnold
remite directamente a esa tradición a la que va hemos aludido con anterioridad. la de
Schiller v (oleridge. así como a una tradición política que arranca íundamentalmente de
lobbes. que interpreta la sociedad ci·il como un lugar de combate entre el indi·iduo v el
colecti·o. que encuentra su contrapeso en la autoridad del monarca o el estado. A la hora
de sintetizar las íunciones reguladoras v íormati·as del estado. Arnold reconoce que el
estado no puede operar una ·ez que comienza el desarrollo del derecho. a menos que éste
asuma una íunción ética. Lsto quiere decir que los poderes coerciti·os del estado
encuentran demasiada resistencia si éste no es capaz de íorjar una ciudadanía que acepte
·oluntariosamente. no sólo un criterio general de “desinterés”. sino un paradigma
dominante de sujeto bien estructurado. La principal característica de ese sujeto estriba una
·ez mas en su deber de desarrollo progresi·o por medio del culti·o. en la debida búsqueda
de una totalidad o armonía de sus íacultades írente a los eíectos limitadores de la
especialización v la perspecti·a de clase. en su aquiescencia con la pretensión de que su
maxima expresión vace en su juicio o crítica como espectador. mas que en la asunción
desajustada de su acti·ismo político. \ por consiguiente en la con·icción de que debe
aceptar al estado como su representante natural.
Ouizas lo mas chocante de este modelo es su eíecti·idad en el tiempo: incluso
actualmente establece un abanico de supuestos políticos v sociales a lo largo del amplio
espectro de pensamiento que ·a de lo conser·ador a lo liberal. o incluso a lo socialista.
Deberíamos atribuir esa eíecti·idad a la capacidad del modelo para integrar la íormación
del sujeto con la aparición del estado como una íorma por la que la identiíicación del sujeto
ético con el estado queda capacitada por su lógica idéntica: ambos términos son íormas
históricas en desarrollo. pro·een sitios de reconciliación v desinterés v se representan
mutuamente. La prioridad del estado vace en el límite de su desarrollo potencial. v
consecuentemente en su derecho para asumir la íunción de “educir al ciudadano” en cada
indi·iduo. Arnold es completamente consciente de la complementariedad que se da entre el
culti·o del “mejor vo” v la autoridad del estado: después de todo esta reíormulando esa
sentencia schilleriana que nos habla del estado como “arquetipo o íorma canónica” del
indi·iduo. La cultura no es un mero suplemento del estado sino el principio íormati·o de
su eíicacia. Ls. en otras palabras. un instrumento principal de hegemonía. \ esto es así.
precisamente. porque no estamos hablando de la inter·ención meramente contingente o ad
hoc de una entidad burocratica. sino del caracter constituti·o de una “idea” que atane tanto
al estado como al sujeto. v que íunda v propaga el “sentido común” de una democracia
representati·a emergente.
Ian lunter esta sustancialmente en lo cierto al puntualizar que la institución de la
educación literaria. del “Inglés” como una “disciplina” principal en la educación v como el
lugar mas importante de la íormación cultural. es una aparición tardía. muv posterior a las
inter·enciones de Arnold. No es menos cierto que Arnold. como primer proíesor de
poesía de Oxíord que levó en Inglés v como poeta v crítico literario a lo largo de su ·ida.
íue extremadamente iníluvente en este desarrollo. Pero quedarnos en estos detalles
supondría equi·ocar el medio por el íin. Para Arnold la cultura no queda restringida bajo
ningún concepto a la lectura. el juicio literario v las belles-lettres. por muv importante que
todo esto íuese para él. Para Arnold. entre otros pensadores ·ictorianos. la cultura es en
primer lugar una cuestión de desarrollo armónico de las íacultades v del juicio ético. un
hecho que explica sobradamente cómo pudieron quedar asumidos tales pensadores por
Ravmond \illiams v otros pensadores en términos de crítica al capitalismo.
231
No obstante
nosotros pensamos que estos argumentos arnoldianos constituven una crítica parcial de las
relaciones sociales del capitalismo v de sus eíectos. que sin embargo no aciertan una crítica
del propio capital. a diíerencia de los escritos de clase trabajadora de la década 1830 o de
los de Marx v otros pensadores en la década de 1860. Ls mas. el trabajo de Arnold al íinal
se identiíica tanto teórica como practicamente con el trabajo del estado. v se con·ierte
tanto en instrumento como en iníluencia a la hora de coníormar un nue·o modo de
hegemonía.
De hecho los iníormes de Arnold sobre educación. compuestos en ·irtud de su
experiencia como inspector gubernamental de educación a lo largo de los diez anos que
preceden a la publicación de Cultura y Anarquía. no contradicen en ningún sentido los
supuestos de esas pautas de trabajo. No sorprende que Escuelas y universidades en el Continente
1868, quedase redactado exactamente a su par. Sí tiene mas importancia el hecho de que
La educación popular en Francia 1861, –iníorme que Arnold preparó para la (omisión Real de
Lducación a raíz del ·iaje que realizó en 1859 por las escuelas de lrancia. lolanda v
Bélgica-. va íormule extensamente los principales conceptos de Cultura y Anarquía. Ln su
introducción al iníorme. que él mismo reedita en 18¯9 como un ensavo independiente
titulado “Democracia”. propone germinalmente su concepto de estado como representante
del “mejor vo” de la nación v como responsable de la educación del pueblo. que mas tarde
desarrollara de manera mas extensa:
Ll Lstado es propiamente lo que Burke designó –la nación en su carácter colectivo y corporativo. Ll Lstado es
el representante agente de la nación: la acción del Lstado es la acción representati·a de la nación |...|
|...| el único poder del que el estado hiciese uso debería ser el que realmente representase su
mejor vo. v cuva acción su inteligencia v justicia pudieran reconocer v adoptar con entusiasmo. No un
poder que reíleje su vo iníerior. v de cuva acción tanto como de su propia consecuencia hava de
a·ergonzarse a perpetuidad. Oírecer una iniciati·a digna v regular un principio de acción racional e
imparcial: esto es lo que la nación debiera esperar del Lstado. \ tanto mas colma el Lstado esta
expectati·a. cuanto se lo aceptara en la practica por lo que idealmente siempre debiera ser.
232
Así que la “democracia” es decisi·a. no sólo por su temprana anticipación de los términos
posteriores de Arnold. o por insistir en la responsabilidad v la necesidad del ejercicio del
“Poder estatal”. concretamente en el tema del desarrollo educati·o. sino también por
entender la íunción ejemplar del estado como representante del pueblo. Ll estado representa
idealmente al “mejor vo” de la nación. v lo representa de cara a los indi·iduos que
componen la nación de la misma manera que les representa a ellos. Ln esta íunción de
representación ejemplar. el estado siempre termina adecuandose a su “idea”. v en sí mismo
va educa al pueblo en la realización de su identidad indi·idual. Ll estado es va el proíesor
paradigmatico v ejemplar. v se relaciona de tal manera con el populacho que repite esa
arquitectura ética de clase cuva aparición queda documentada por Ian lunter en Cultura y
Gobierno. Ln este tema. el trabajo de Arnold que ·a de la Educación popular de Francia a
Cultura y Anarquía. enlaza con la principal cuestión de los reíormistas de clase media a lo
largo del siglo. o sea. cómo educar al pueblo en el deseo de ser representados en un tiempo
de reíorma política.
Por lo tanto las íormulaciones de Arnold tan sólo suponen en eíecto la culminación
de una “idea” que ha estado íuncionando durante algún tiempo entre los burócratas v
reíormistas de clase media: una idea que es crucial para la asumir cómo se lle·a a cabo la
educación. v cómo se hace gradualmente uniíorme. Antes hemos sugerido que la idea de la
íunción ejemplar del proíesor es subvacente a la propia geograíía de la clase. tal v como
quedó expuesta por reíormistas tempranos como Kav-Shuttleworth. Lsa íorma no sólo da
íorma espacial a la operación de ·igilancia disciplinaria. sino que íacilita un tipo de
respuesta –v por lo tanto un modo de interpelación al estudiante- como si partiese de su
propio consentimiento. 1al v como terminaran haciendo otras muchas instituciones. la
topograíía de la clase simboliza v naturaliza simultaneamente la superioridad temporal v
ética del proíesor sobre los alumnos. \ de esta manera constituve una ob·iedad de la
necesidad de un tipo de relato del desarrollo que encauza al nino hasta el ser humano. un
desarrollo simultaneo de sus poderes morales e intelectuales. Lse relato. sin el cual
diíícilmente podríamos pre·er la aparición de instituciones educati·as de un tipo mas
hegemónico que coacti·o. va se daba en pensadores burgueses como Schiller. (oleridge v
\ordsworth: el pensamiento de Arnold supone por lo tanto su recapitulación canónica.
(omo ·eremos a continuación. lo mismo ocurre con el trabajo contemporaneo de John
Stuart Mill. v con el de los deíensores de la propia educación obrera. a tra·és de los que
con·ergen las aspiraciones hegemónicas con las obreras.
Ln muchos aspectos v desde otras perspecti·as. Mill puede ser considerado como
el ·irtual antagonista de Arnold. Pragmatico por íormación. reíormista proíundamente
interesado en la maquinaria de gobierno v en la economía. mucho mas “a·anzado” como
liberal que Arnold. no obstante podemos considerar a Mill como un pensador cuvo trabajo
con·erge con el de Arnold dentro de los límites del emergente paradigma dominante que
determina practicamente la íormación del estado liberal en Gran Bretana. Desde aquel
íamoso encuentro con la poesía de \ordsworth que le pro·ocara una importante
depresión. el pragmatismo de Mill íue partícipe de unas concepciones de mejora cultural
que bebían íundamentalmente de las mismas íuentes que Arnold –Samuel 1avlor (oleridge
v \ilhem ·on lumboldt. un amigo suvo admirador de Schiller. un jo·en que
posteriormente terminaría siendo ministro prusiano de educación. Ll ensavo de Mill de
1840 sobre (oleridge no sólo contiene el germen de sus posteriores Consideraciones sobre el
Gobierno Representativo 1861,. así como de su crítica a la di·isión de íuerzas de Residencia
propiedad de la tierra, v Progresión capital mercantil, de (oleridge. 1ambién oírece un
gran apovo a los argumentos de (oleridge a ía·or de la educación nacional v su papel
estabilizador con respecto al estado.
233
La deuda de Mill con la tradición alemana de auto-
culti·o estético. v en particular con ·on lumboldt. no es menos e·idente en su
enormemente iníluvente Sobre la libertad 1859,. Al igual que en Cultura y Anarquía. el
epígraíe de Sobre la Libertad ·iene de ·on lumboldt. pero es en el capítulo “De la
indi·idualidad” donde el trabajo del íilósoío aleman parece íundamental de una manera
mas explícita en el pensamiento de Mill a la hora de abordar la relación del indi·iduo con la
sociedad. Ln este sentido. nuestro planteamiento senala que en el pensamiento de Mill. no
menos que en el de Arnold. el ideal del indi·iduo sólo puede quedar producido por la
cultura. en su sentido extenso como desarrollo ético v estético. Mill paraírasea así los
principios de ·on lumboldt al principio del capítulo:
Lse “íin del hombre que queda prescrito por los dictados eternos o inmutables de la razón. v no el
sugerido por sus deseos ·agos v transitorios. es el desarrollo mas ele·ado v armónico de sus poderes
hacia una totalidad completa v consistente”. Lse es por consiguiente el objeto “hacia el que debe
dirigir cada ser humano incesantemente sus esíuerzos. v sobre el que debe siempre dirigir
in·ariablemente su mirada. sobre todo quienes pretenden iníluir en sus prójimos: la indi·idualidad de
poder v desarrollo”. \ por eso hav dos requisitos. “libertad v ·ariedad de situaciones”. \ de la unión
de esto surge “el ·igor indi·idual v la di·ersidad múltiple”. que se combinan como “originalidad”.
234
La plena indi·idualidad es asimismo la aspiración irrealizable de la historia personal v
humana. que se delega como de costumbre en una maniíestación ocasional del genio. que
se encuentra mas alla de la producción sistematica de la cultura.
Los preceptos sobre indi·idualidad que Mill desarrolla a partir de ·on lumboldt –
sobre todo el que nos dice que “indi·idualidad es la misma cosa que desarrollo”
235
. en
Consideraciones sobre el Gobierno representativo- tienen una serie de implicaciones en su
concepción de la historia del mundo v por consiguiente del Imperialismo britanico,. así
como a la hora de plantear la necesidad v los límites de la ampliación del derecho a ·oto.
Lstas dos líneas de pensamiento quedan desarrolladas v proíundamente relacionadas en su
posterior Consideraciones sobre el Gobierno Representativo.
236
Pero si el gobierno representati·o
implica en parte una interpretación de la historia del mundo sobre las condiciones de
posibilidad de diíerentes modos de gobierno. que culmina en el gobierno representati·o en
tanto íorma mas idónea para la consecución de la libertad v el progreso. no es menos un
estudio de las condiciones de posibilidad dentro del estado moderno para la ampliación de
los derechos de representación política. según una serie de condiciones que repiten
íundamentalmente los paradigmas de la interpretación de la historia del mundo de Mill. Ls
decir. que el desarrollo de los indi·iduos políticamente capaces v autónomos dentro del
estado-nación reproduce el desarrollo de las naciones v pueblos capaces de autogobierno
en la historia del mundo.
Las categorías de Mill son íamiliares. Ll estado mas bajo de humanidad. el sal·aje. es
incapaz de cualquier tipo de gobierno. ajeno a la “ci·ilización.” v requiere la íuerza de una
autoridad ajena para prepararlo para íormas mas altas de gobierno:
Por lo tanto |...| un pueblo en estado de independencia sal·aje. en el que cada cual ·i·e para sí
mismo. libre sal·o en casos concretos de cualquier tipo de control externo. practicamente es incapaz de
culminar cualquier tipo de progreso ci·ilizador a menos que aprenda a obedecer. Por consiguiente la ·irtud
indispensable de cualquier gobierno que se establece sobre un pueblo de este tipo consiste en conseguir
hacerse obedecer. RG. p. 394,
Lsta condición no tiene únicamente que ·er con la capacidad política. sino que se orienta
de igual manera hacia la capacidad disciplinaria v el trabajo continuo:
De nue·o las razas no ci·ilizadas. v las mas ·alientes v enérgicas aún mas que el resto. son reacias a
trabajar de continuo en algo aburrido. No obstante toda ci·ilización real ha de pagar este precio. Sin un
trabajo tal. ni puede la mente disciplinarse en los habitos que requiere la sociedad ci·il. ni el mundo material
esta preparado para recibirla. RG. p. 394,
Mill no elude las consecuencias que implican estas aíirmaciones. v acepta una sociedad
escla·ista v despótica como un estadio necesario en el desarrollo del primer requisito de la
ci·ilización. la disciplina. Un poco mas adelante esto mismo terminara justiíicando un tipo
de policía del imperio britanico como el que aparece en la India. pues el despotismo
raramente es suíiciente para desarrollar los términos por los que un pueblo puede superar
ese estado de obediencia característico de la escla·itud:
Lse despotismo capaz de amansar al sal·aje tan sólo podra. en la medida que es despotismo.
coníirmar a los escla·os en sus incapacidades. Por lo tanto un gobierno en ese momento bajo su
propio control quedaría completamente carente de manejo. La mejora no puede ·enir de sí mismos.
sino que es exterior a ellos. Lse paso que ellos deben dar. el de su único camino de mejora. consiste en
quedar educados por un gobierno en el deseo de la lev. Ll autogobierno sólo se consigue por medio
de la educación. e inicialmente esto implica la aceptación de una serie de requisitos que dirijan la
capacidad de actuación sobre instrucciones de caracter general. No requieren un gobierno de íuerza.
sino uno de guía RG. p.395,
23¯
La capacidad de autogobierno aparece como la culminación exitosa de una regla de íuerza v
una regla de lev. complementadas en última instancia por la guía iluminadora “el gobierno
de líneas de liderazgo” |RG. p. 396|, de superiores éticos. Lste modelo también apova la
relación entre el desarrollo indi·idual v la capacidad de quedar representado por Gran
Bretana. tanto históricamente como contemporaneamente. tal v como nos ·eremos
obligados a demostrar. Lxisten importantes paralelismos. por empezar con un ejemplo.
entre la caracterización de Mill de la clase trabajadora inglesa v su caracterización del
sal·aje:
No se ha considerado suíicientemente cuan pequena es en la ·ida ordinaria de la mavoría de los
hombres la grandeza de sus concepciones o sus sentimientos. Su trabajo es rutina: no un trabajo de
amor. sino de interés propio bajo su íorma mas elemental. la satisíacción o las querencias diarias. Ni lo
producido ni el proceso de producción inducen en la mente algún pensamiento o sentimiento que
·ava mas alla de lo indi·idual. Si hav libros instructi·os a su alcance no hav estímulo para leerlos. \ en
la mavoría de los casos el indi·iduo no tiene acceso a una persona mucho mas culti·ada que él. RG.
p. 411,
1anto el sal·aje como el trabajador quedan cauti·os de la satisíacción o el interés
inmediatos. sujetos a la disciplina por una necesidad o una íuerza que les obliga a
desarrollar un trabajo que no es de amor. Pero ahí termina la similitud. aunque los términos
de esta diíerencia quedan recogidos por la íigura del desarrollo. Puesto que el sujeto de la
clase trabajadora de la Gran Bretana decimonónica ·i·e sumergido en las condiciones de
una sociedad va desarrollada que aíirma. si no el principio de representación. los principios
de gobierno constitucional v la “lev de leves”. lav en la moderna Inglaterra una esíera
plenamente diíerenciada v articulada en cada ni·el de la sociedad. a tra·és cuva
participación los sujetos de clase obrera pueden ampliar su estrecha perspecti·a. (onectar
con esa esíera v con las mentes mas culti·adas que residen en ella sir·e para apartarlos de la
limitación de sus razones habituales:
Sólo por medio de la discusión política se ensena al trabajador manual. cuvo empleo rutinario v estilo
de ·ida no pueden ponerle en contacto con una gran ·ariedad de impresiones. circunstancias e ideas.
que ciertas causas v e·entos remotos que se dan alla. muv lejos. pro·ocan un tremendo eíecto en sus
intereses personales. \ es por medio de la discusión política v la acción política colecti·a. cómo aquel
cuvas ocupaciones diarias concentra sus intereses alrededor de su estrecho círculo aprende a sentir a
sus conciudadanos. v a sentirse entre ellos. v termina siendo de manera consciente miembro de una
gran comunidad RG. p.469,
Para Mill como para tantos otros reíormistas. el derecho a la representación depende en
última instancia del desarrollo. cuva e·idencia mas sencilla v íundamental queda constituida
por la alíabetización basica. De acuerdo con esto. tal v como Mill apunta sucintamente. “la
educación uni·ersal debe preceder al suíragio uni·ersal” RG. p.4¯0,. No hav quizas una
íormulación mas abre·iada de la creencia de mediados de siglo en la relación íntima que
existe entre el derecho a la representación v la educación como modo elemental de cultura.
Aunque Mill esta mas directamente preocupado con la aplicación de medidas
“practicas” v es mas progresista a la hora de ·alorar la dimensión de la ampliación que se
debería adoptar en la aplicación de dichas medidas. no obstante comparte con Arnold una
concepción íundamental de cultura v culti·o. Mill v Arnold comulgan aquí con los
principales pensadores burgueses de ese tiempo. con socialistas cristianos como l. D.
Maurice v (harles Kingslev a John Ruskin e incluso 1homas (arlvle. \ en ambos casos se
elabora una concepción teórica v practica de la cultura que concierne menos a la
inculcación de un canon literario que al desarrollo histórico e indi·idual mas extenso v
armónico de los poderes humanos. Lsto es algo que va se hacía patente en Cultura y Sociedad
de \illiams. Pero lo que ellos aportan. v es por otra parte una cuestión menos e·idente en
otros pensadores burgueses de su tiempo con la posible excepción de Ruskin. es la
preocupación que demuestran por una relación entre estado v cultura que es ·irtualmente
genética. v ademas. intrínseca a la “íorma ideal de gobierno”. siguiendo en este último
desglose a Arnold v Mill respecti·amente. Ll estado de la cultura determina la íorma del
estado.
Ls común a ambos pensadores su hostilidad írente a lo que Mill denomina “un
espíritu in·eterado de localidad” RG. p.42¯,. Para Mill ésta es una condición
históricamente especííica –que él centra en un primer momento en el “pueblo asiatico”. v
posteriormente traslada a las poblaciones célticas de Luropa-. v a la ·ez un ejemplo de
iníra-desarrollo en un sentido general. aplicable tanto a condiciones históricas como
indi·iduales.
238
Para Arnold la cuestión se concreta en gran parte en la íigura del
“extranjero” |Alien|. un hombre de cultura que. como cosmopolita. es extrano o extranjero
a su propia clase de origen. mas que un sujeto localmente interesado. De hecho Mill plantea
una íigura similar en su argumento sobre la opresión que suíren los intelectuales al
coníormar una clase dispersada por la nación. v como tal incapaz de aplicar el principio de
representación sobre una base de superioridad local.
239
Ln ambos casos lo que al íinal
queda en juego no es la e·aluación de la propia idea de clase o región. sino la necesidad de
producir ciudadanos abstractos para la constitución de un estado que. como idea. esta en
todas partes v en ninguna. Lsta insistencia en su caracter abstracto esta encaminada a
íormar una población capaz de superar progresi·amente una di·isión basada en diíerencias
de lugar o interés. mientras queda mas sujeta a un “sentido común” nacional. Oueda
también expuesta por la premisa del caracter desinteresado v uni·ersal que debe acompanar
al desarrollo v el culti·o del indi·iduo. Lsto es. desde la superación de su enclaustramiento
en la particularidad. la abstracción del ciudadano produce al sujeto ético del estado.
Por consiguiente deberíamos senalar que el trabajo de Arnold v Mill. lejos de
situarse de manera limítroíe o distante respecto a la labor del estado. no sólo tiene un
impacto practico importante. sino que re·ela una aparición del dominio progresi·o de un
tipo de sentido común relacionado con la representación. De hecho. en última instancia sus
trabajos denotan la iníluencia de (oleridge v de pensadores alemanes como Schiller v
\ilhelm ·on lumbdoldt sobre las inter·enciones no siempre coherentes de los primeros
reíormistas de clase media. Lllos teorizan un modelo íundamental v practico que relaciona
una íorma particular de educación con un nue·o imaginario social. una sociedad ci·il
racionalizada que representa el “íin” de la historia humana. Ln este modelo el estado. en sí
mismo un tipo de abstracción uni·ersalizadora de la sociedad. se opone toda·ía mas
proíundamente a las culturas político-sociales de los mo·imientos sociales radicales. al ser
éstos dependientes de la relación de practicas. tanto locales como particulares. en un
mo·imiento de masas mó·il v descentrado. De acuerdo con esto el impacto de Mill v
Arnold no es “meramente” ideológico. en el sentido de legitimar intelectualmente al statu
quo. sino material en sus eíectos: el concepto de desarrollo. v su imbricación en la narrati·a
de la representación que hemos discutido anteriormente en este libro. queda codiíicado por
estos escritores en el propio corazón de los discursos v las instituciones políticas. educati·as
v culturales. La proíunda oposición que demuestran contra la lógica social del cartismo
queda desarrollada en sus trabajos al consolidar v naturalizar una di·isión de esíeras de lo
practico. que determina la dirección v dominancia de las di·ersas íormas emergentes
especííicas de la sociedad moderna. Se hace ob·ia la distribución de practicas sociales en
los espacios de la educación v la cultura. el trabajo v la política. precisamente. cuando aún
eran posibles las últimas tentati·as de resistencia contra esta di·isión hegemónica de lo
social. Lsto lo discutiremos a continuación.
Por supuesto. obser·ando retrospecti·amente descubriremos que la íuerza de estos
escritores ha enterrado por completo el discurso de la clase obrera en torno a la educación.
tan ·ital v radicalmente alternati·o durante las décadas de 1820. 1830 v durante la
decadencia del cartismo. De hecho. esto queda probado por nuestra propia diíicultad para
atisbar alternati·as mas alla de unos presupuestos saturados con la ob·iedad de esas
propuestas sobre cultura v política que consolidaron Arnold v Mill. entre otros liberales v
radicales de clase media de mediados del siglo XIX. Los cartistas estaban interesados en
mantener la unidad de lo político v lo económico en un mismo espacio. así como en la
necesidad de proponer una educación que reconociera v íormase parte de esa unidad.
240
De
hecho insistían en la necesidad de mantener la autonomía de las instituciones de clase
obrera. como una íorma de proteger la integridad propia del analisis obrero sobre las
relaciones sociales v económicas. así como de su concepción alternati·a de la cultura v los
·alores. 1odas estas preocupaciones quedaron enterradas por el predominio de una noción
de educación uni·ersal estatal,. que terminaría imponiéndose como la condición pre·ia de
la representación. Ante todo. lo que parece des·anecerse del discurso de la educación es la
propia posibilidad de alternati·as: la practica educati·a debe quedar progresi·amente
consagrada. incluso para los liberales v los radicales mas a·anzados. a procesos de
normalización. Su íunción consiste en entrenar al jo·en para hacerle partícipe de íormas e
instituciones que va estan establecidas. íuera de cuvos términos es ·irtualmente imposible
imaginar relaciones sociales v íormas culturales que no sean. simplemente. aberrantes o
primiti·as. Imaginar o existir alternati·amente desaíía a un sentido común que designa
cualquier alternati·a como ·iolenta. como cuando Arnold acusa a las “masas” obreras de
no estar plenamente ci·ilizados. o como cuando Mill se reíiere a los sal·ajes. a los sujetos
de la colonia v a las clases trabajadoras. Para nosotros la cuestión reside en desentranar
cómo apareció un régimen hegemónico tan poderoso. \ si su posibilidad quedó de hecho
intrínsecamente incrementada por el “íracaso” de la clase trabajadora politizada de ese
periodo a la hora de las mantener alternati·as planeadas por sus inmediatos antecesores.
241
IN1LLIGLN(IA \ DIS(IPLINA
Si la ausencia de un discurso sobre el culti·o en la prensa radical de la década de 1830 era
especialmente llamati·a. resulta igualmente llamati·a la importancia de ese discurso en los
tabloides obreros de la década de 1860. lav que remarcar inmediatamente la enorme
diíerencia que existe entre aquellos primeros periódicos radicales v la prensa obrera. que
podríamos resumir apuntando que. mientras los periódicos radicales de 1830 eran en gran
parte un producto de la gente que íormaba parte de los mo·imientos obreros emergentes.
los periódicos obreros de 1860 son. de manera predominante. mas para la clase trabajadora
que de las clases trabajadoras. De una manera eíecti·a. v a ·eces incluso literal. estos
periódicos representan el triunío de la noción propiamente coleridgeana de
“intelectualidad” |clerisv|. pues con írecuencia había clérigos que íormaban parte de la
redacción de los mismos
242
. como el re·erendo l. Sollv. principal colaborador de The
Working Man. o el re·erendo (harles Rogers. que dirigía The Workman´s Friend. v de esta
manera hacían íuncional esa labor intelectual según la cual se podía “educir al ciudadano
desde el nati·o de la patria”. 1al v como propone el re·erendo John Anderson en un
artículo del The Workman´s Friend titulado “Pensamientos sobre educación”:
“Lducación” signiíica alimentar o apadrinar –así como también extracción o encaminamiento- v no
educaréis nunca debidamente a ningún hombre a menos que consigais extraer v encaminar los poderes
de su mente. las disposiciones de su corazón. v esos elementos de re·erencia v adoración que esconde
proíundamente su alma |...| A la educación se la entiende comúnmente como “escolarización” –e
incluso como algo mas simple |...| .Pero qué pasa con el entrenamiento moral. v con las inclinaciones
naturales v las costumbres· .(ómo educar a la mente para darle la posibilidad de pro·eerse de una
educación mejor a la de cualquier escuela·
243

Aquí estan bien claros los ecos de (oleridge. v como en este Sixpenny Magazine también en
los innumerables artículos sobre educación que saturaron otros periódicos mas orientados
hacia la clase media-baja. Ll éníasis tiende a caer en una nue·a concepción de la autonomía
obrera: se considera a la educación como un proceso continuo que depende de la
íormación primaria de una disposición hacia la autoíormación continua v ética. De esta
manera la autonomía queda menos establecida en el trabajo colecti·o de esas
organizaciones especííicamente obreras que conjugan un modo particular v orientadamente
clasista de íormas culturales v analisis social. v mas en la suposición de que hombres v
mujeres de todas las clases pueden participar en un provecto ético común. Ln el corazón de
las instituciones educati·as obreras no sólo se introduce la bene·olencia íinanciera de la
riqueza. sino también la íunción ejemplar del “parroco”. bajo el ejemplo de esos escritores
como hombres de cultura superior. Lsta circunstancia da por hechos los eíectos
beneíiciosos de la constitución de una cultura nacional según la propagación ·ertical de
conocimiento v culti·o. que queda predicada sobre un conjunto de instituciones educati·as
carentes de conciencia de clase. \ aunque sobre·i·ió un elemento importante de aquella
autonomía radical de las instituciones de clase obrera reclamada por íiguras como
Robertson v Senex. no obstante la clase media se apropió de esto de una íorma
completamente distinta. Se supone idealmente que las asociaciones educati·as de las clases
trabajadoras –clubs. institutos de mecanicos. escuelas nocturnas v demas- estan
autoíinanciadas v autogestionadas. incluso aunque estu·ieran sujetas a un patronazgo que
quedaba lejos de lo dispuesto por Morrison cuando ideó los Institutos de Mecanicos en la
década de 1820. Ll re·erendo Sollv apunta en 1866 “los principios generales que han
guiado a los promotores de los (lubs e Institutos de 1rabajadores”:

Se debería guiar a esos trabajadores al límite de su auto-responsabilidad. v darles tanto tiempo v dinero
como se merecen. Pues debemos avudarles a sentirse responsables del éxito v la correcta dirección de
la sociedad. v por consiguiente hacerles sentir que es su club. v que allí ellos son sus propios jeíes. Oue
tienen que avudar. pero no gobernandolos –complementando sus esíuerzos en deíiniti·a. v no
reemplazandolos.
|...| debe cumplirse |...| una mejora v ele·ación en aquellos que busquen o acepten estos beneíicios.
procurando de manera sociable un lugar común de encuentro entre trabajadores v personas de mavor
cultura –una oportunidad eíecti·a para intercambiar ideas. a ·eces charlando iníormalmente. o
también de una manera mas sistematica en la clase v la sala de lectura.
244
Bajo una íorma de patronazgo nue·a v menos conspicua que los Institutos de Mecanicos
de la generación anterior. estas instituciones de auto-educación obrera quedan no obstante
sujetas a esa habitual trampa pedagógica del método socratico. Las instituciones propenden
a producir el deseo de la propia educación. v aunque en esto se siguen diíerenciando de la
escolarización iníantil gubernamental o religiosa. el concepto de educación no queda
coníormado ateniéndose a términos especííicos de clase. Se anima a los caballeros a realizar
·isitas para compartir su conocimiento v dar ejemplo. De manera que. por consiguiente.
esa educación que es de los caballeros v para los trabajadores. debe aparentar el resultado de
una mezcla de la oportunidad v la curiosidad de un sujeto auto-moti·ado de clase obrera:
Un caballero que con corazón amigable. de una manera cabal v nada presuntuosa realiza una ·isita
como invitado. v no como mero obser·ador. puede iniciar la con·ersación de una manera natural v
placentera. Ouizas lle·a un periódico. v habiendo leído un parraío menciona a propósito alguna
anécdota o alguna a·entura personal. in·itando a su prójimo a hacer lo propio. O trae un mapa. un
grabado o un diagrama para ilustrar esos sucesos de los que hablan los periódicos. Otra tarde trae un
microscopio. o estereoscopios. \ en una esquina de la habitación. pues así nadie necesita prestar
atención a la íuerza. entretiene v con·ersa a los que no tienen nada mejor que hacer en ese momento.
Otra tarde alguien trae el esqueleto de un pajaro o de una mano humana. v se inicia de buen grado una
extensa charla sobre su estructura v sus usos. Otra noche se puede diseccionar el ojo de un no·illo. v
puede resultar un entretenimiento enorme. decididamente mas popular v atracti·o v mas ejemplar a
eíectos practicos sobre el propio íundamento del (lub –“buena camaradería”- que cualquier grado de
mera lectura.
245
Ll eíecto inintencionadamente cómico v de alguna manera siniestro, de tales subteríugios
democraticos no nos debería distraer de su relación íundamental con la ilusión constituti·a
de la pedagogía democratica: que la apariencia de autonomía por parte de un alumno
sujetado a la “superioridad posicional” del pedagogo. queda preser·ada por la actuación
compartida de un provecto mutuo. de un descubrimiento indeíinido. A diíerencia de la
labor de los primeros Institutos de Mecanicos v de la Revista del Mecánico que tu·o lugar
cuarenta anos antes. aquí importa menos el contenido de la educación que su forma.
Lníatizamos aquí la naturaleza “compartida” del provecto para intentar aclarar la extraneza
que pro·oca esa transíormación. ahora tan ob·ia en el pleno sentido althusseriano del
término |selí-e·ident|. desde el punto de ·ista de un discurso radical sobre educación
resistente v sospechoso a un sometimiento aparentemente deseoso. e incluso deíerente
hacia la pedagogía. \a que. al menos desde la perspecti·a de estos periódicos. se oírece un
nue·o modo de representación del sujeto de clase obrera mas moral mas que político. que
resulta inseparable del deseo de ser educado. Se trata. en palabras del Socialista (ristiano l.
D. Maurice. de una educación provectada a la íormación de “hombres que saben que son
personas”. que alienta al trabajador a “ser un hombre.”
246
Lste discurso va no es exclusi·o
de los reíormistas de clase media v de la aristocracia. Oueda asumido de una manera
e·idente por la auto-representación de clase obrera. tanto por un tipo de retórica política
como personal.
24¯
Lsta transición queda íijada explícitamente cuando el momento algido del cartismo
ha terminado “hace ·einte anos”. Rossiter traza la íormación del (ollege de 1rabajadores.
bajo la dirección de l. D. Maurice. precisamente al hilo del esíuerzo que mostraron los
comerciantes londinenses por aplacar el desorden potencial de aquellas exhibiciones de
íuerza cartista.
248
Pero este mismo momento de transición queda también senalado por
aquellos que se auto-denominaban como escritores de clase obrera. Ln un extenso ensavo
publicado a lo largo de dos números de The Working Man. un “muchacho de Lancashire”
narra la íundación del ejemplar Seminario de la Moderación de Rovton. atribuvéndolo a
esos jó·enes que se mantu·ieron apartados del acti·ismo de sus camaradas durante los
disturbios cartistas de 1842. Dado su ·alor nos extendemos en la cita:
1ras el primer día de la re·uelta que había de detener el trabajo en las íactorías, algunos jó·enes
trabajadores de Rovton decidieron que no acudirían con los maniíestantes. v esperaron en el pueblo
hasta que pudieron regresar a las íactorías. Se reunieron en la habitación donde celebraban
habitualmente sus reuniones moderadas. v allí departieron sobre distintos problemas |...| los miembros
del Seminario Moderado, eran todos jó·enes. De los doce. quizas uno o dos no pasaban de los 22 o
23 anos. Por supuesto era un pequeno grupo. Ln poco tiempo doblaron su número. v cuando las
íactorías se abrieron de nue·o decidieron continuar con el humilde trabajo educati·o que acababan de
iniciar.
249
Ln estos artículos “el mozo de Lancashire” proporciona un impagable retrato de la cultura
de los trabajadores de ese momento. eníatizando la dureza de un trabajo que duraba 16
horas al día. v aíirmando al mismo tiempo tanto la per·i·encia de la sensibilidad “poética”.
írente a la aspereza de ese ambiente. como el ·igor de una cultura literaria obrera que les
impelía a encontrar “medias horas ocasionales para escabullirnos del cuarto de calderas |...|
o escondernos entre las tinieblas v el ·apor de los “beeks” |uso coloquial| en que
trabajamos. para poder disírutar allí de los libros que obteníamos a duras penas”. Lntre
estos libros se incluía a autores como Bvron. Burns v Scott. v biograíías de personajes
como Isaac Newton o Benjamin lranklin. Ll artículo también muestra cómo se
propagaron los Institutos de 1rabajadores: al poco tiempo de oír que se había establecido
un Seminario Moderado al lado de Rovton. estos jó·enes decidieron acercarse a conocerlo
para recoger ideas v establecer su propia institución. Allí aprendieron las circunstancias de
su íormación v el modo de organización. v regresaron “con una idea mas clara a la hora de
aírontar la propia educación de trabajadores. írente a lo que antes era mero
entretenimiento”. Pero en lugar de este atisbo de continuidad en la cultura obrera v sus
instituciones. lo que también queda claro es el distanciamiento entre la propia educación
obrera v lo que. a sus ojos. aparece ahora como masas. Antes de describir la íundación del
Seminario Moderado de Rovton. el “mozo de Lancashire” describe con cierto éníasis la
aparición de las reuniones en la que sus íundadores declinan participar. Ll relato es al
tiempo comprensi·o v ambi·alente:
Dada sus miserias. uno, no puede por menos que preguntarse cómo podrían haber e·itado tomar
medidas tan extremas como las que tomaron. No hicieron sino proclamar unas espléndidas
·acaciones. incluso aquellos para los que en principio debiera interesar el trabajo. Así el agitador.
supongo. coníiaba en los cuerpos aún íamélicos v hambrientos de sus clientes para con su discurso
manejarlos. con su elocuencia como Marco Antonio con el cuerpo sin ·ida de Julio (ésar. Se
íormaban masas de cinco. diez mil. a ·eces ·einte mil personas. recorriendo las íactorías v reclamando
el respaldo de los trabajadores. que estaban obligados a sumarse v alistarse en apovo de sus tristes
propósitos.
Por lo general se respetaba la propiedad: donde no se aceptaba al momento el reclamo de la
masa había ·iolencia. un rapido altercado. un giro de tuerca hasta que se lograba el propósito. Debe
haber compuesto sin duda una triste escena el paso de una de esas multitudes. La apariencia
hambrienta de hombres v mujeres. sus pelos desgrenados. la excitación sal·ajemente eníer·orizada
que los unía. aquellos picos v palos sobre los que se ele·aban hogazas de pan v enormes trozos de
tocino como irónicas banderas de una multitud desnutrida –semejante situación habría destrozado el
corazón.
250
(uando un miembro de la clase trabajadora retrata a la otra íacción de su clase como si
íueran sal·ajes hambrientos. por un lado asistimos a una repetición de las construcciones
de la clase media o liberal. v al mismo tiempo podemos entender diíerentes aspectos de la
masa: la lógica de su organización v su mo·ilidad. una practica no ·iolenta v un “respeto a
la propiedad” que contradicen la percepción deliberada de ·iolencia e histeria incontrolable
de aquellos obser·adores que no participaban en el íenómeno. el carna·alesco irónico que
despliega la demostración. Sin embargo. en un sentido general el relato histórico de estos
artículos se inclina hacia la perspecti·a reíormista. La propia educación obrera reemplaza la
lógica de la “masa”. Ll parraío íinal del segundo artículo propone una clara conclusión:
Ll hecho de que la propia educación obrera toda·ía sea un íin en Lancashire. tal v como he descrito.
Oue incluso en el epicentro de ese desastre que suírió Inglaterra. v que tanto lo suírió. debiera haber
jó·enes tan resueltos en su propósito de conocimiento. que incluso bajo esas diíicultades alcanzaran
su rumbo escolarizador –todo esto merece darse a conocer. para que ·aloremos el derecho al
conocimiento como el íruto de los esíuerzos v aspiraciones de los mejores de nuestros trabajadores.
No es éste el sitio desde donde reíerirme propiamente a las tendencias políticas actuales. Si así íuera
me gustaría recordar a ciertos hombres de estado cuvas ·oces se ·ienen escuchando va desde entonces
en la (asa de los (omunes. así como a periodistas de los que podría dar nombres. que podrían hacer
tanta justicia v tan íacilmente a la enorme clase de esta gente |...| Lstas personas pueden aportar su
avuda en ·ez de molestar a muchos que actualmente son conscientes de su propia rectitud. así como
de las arduas batallas que mantu·ieron en el pasado. v toda·ía mantienen para procurarse esos triuníos
del conocimiento que les permiten ejercitar los derechos v pri·ilegios del ciudadano con sabiduría.
251
Ln medio de las “tendencias políticas” que encaminaron a la segunda Acta de Reíorma. v
de las masi·as demostraciones a tra·és de todo el país. los comentarios del “mozo de
Lancashire” son pertinentes. 1ambién constituven el elemento basico de los argumentos a
ía·or de la reíorma política v la generalización de la educación nacional en las clases
trabajadoras: si aparece una nue·a concepción del sujeto de clase obrera suíicientemente
desarrollado para recibir el derecho a ·oto. no es en ·irtud de sus derechos absolutos. sino
en ·irtud de su transíormación por medio de la educación desde el “sal·ajismo” a la
moralidad. Ln eíecto. la educación es el proceso que extrae al sujeto de la inmediatez v el
particularismo. desde una perspecti·a de clase hasta una perspecti·a general por la que
puede quedar unido como ciudadano. no sólo con los reíormistas de clase media. sino con
la nación en su integridad..
Así. desde la perspecti·a reíormista. el propio signiíicado de las demostraciones
reíormistas de la masa se aleja de aquel tipo de mo·ilización cartista que estaba
proíundamente asumida en una cultura v una organización social especííicamente obreras.
Ll espectro v el legado del cartismo ciertamente persisten: las demostraciones de la masa no
sólo deben mucho de su estructura a la memoria del cartismo. denotan el potencial de una
politización de clase o de mo·imientos sindicales. Órganos conser·adores como The Times
estan preocupados por la articulación que emprende el reíormista de clase media John
Bright sobre las posibilidades políticas de las organizaciones de masa:
La otra noche el sentido del discurso de Mr. Bright, estribaba en que estas organizaciones las
sociedades de amigos v sindicales, deberían reíorzarse v uni·ersalizarse. de manera que todo el
potencial practico de los artesanos cuando se dedican a materias industriales. o a problemas de trabajo
o salarios. sir·iesen para la acción política |...| Debemos coníesar que apovamos la opinión que Mr.
BRIGl1 estigmatiza. v creemos que no es deseable que las Sociedades cooperati·as. las de amigos v
las sindicales deban quedar utilizadas como maquinaria política. ni para obtener la (arta de Reíorma ni
para cualquier otro propósito político |...| la causa principal para posponer la Reíorma ano tras ano ha
sido el miedo tacito que siente la clase media a la propia organización de los artesanos. Su número. su
docilidad. podríamos decir la sumisión a sus líderes. la íacilidad con la que pueden ser manejados v su
poder para coartar tanto a sus empleados como a los miembros recusantes de su propio cuerpo.
constituven las causas de la pasi·a hostilidad con la que han enunciado sus reclamaciones. de seguro
mas íuertes entre los comerciantes de clase alta que utilizan ese trabajo artesano que entre duenos de
íincas rurales u otros miembros de la proíesión a los que por lo general se les ha supuesto una íiliación
1orv.
252
Lste lenguaje v su razonamiento pueden parecer íamiliares si seguimos la estela del
1acherismo. pero The Times no entiende lo que Bright. perteneciente a la clase media. estan
razonando en su discurso. publicado literal e íntegramente en otra pagina del periódico.
Bright apunta las posibilidades políticas de los sindicatos v otras asociaciones semejantes
precisamente para distinguir su agitación pacííica. disciplinada v constitucional del espectro
de “sociedades secretas. períoraciones v juramentos. armas v amenazas. v la amenaza de
·iolencia e insurrección”.
253
La “organización” de clase obrera va ha quedado conjugada
con un nue·o signiíicado. que combina disciplina. orden v paciencia con inteligencia v
educación. v constituve una aíirmación ética de ciudadanía.
No es una mera coincidencia que el responsable de educación de The Working Man
escriba bajo el seudónimo de “el Mozo de Lancashire”. Por medio de los debates sobre
educación o de los de derecho a ·oto. se apela constantemente bajo el apovo de las clases
trabajadoras a la docilidad ejemplar de los trabajadores del algodón de Lancashire. durante
la crisis económica que ocasionó en su industria la guerra ci·il americana v el bloqueo del
Norte al algodón sureno. De hecho. un tal Mr. Leicester. un cristalero se·eramente
castigado en el editorial de The Times por incitar a la ·iolencia. es denunciado en el mismo
periódico. precisamente. por haber apelado a este ejemplo de autodisciplina moral:
(uando se dijo que el pueblo no era digno del derecho a ·oto debería haberse susurrado la palabra
“Lancashire”. Gracias a su conducta durante la hambruna del algodón. la gente de Lancashire sal·ó al
país de un triste deshonor. v e·itaron que los americanos desahogaran su ira con nosotros.
254
The Working Man va había realizado una puntualización similar. relacionando de igual
manera inteligencia. moralidad v patriotismo:
La antigua condición para mostrar la aptitud del derecho a ·oto era el poder. (omo la propiedad. la
consiguieron v la mantu·ieron quienes pudieron |...| ahora. en el gran progreso de esta era. resulta que
la renta no representa a la mente. que el patriotismo es un íundamento mas proíundo que las tasas. v
que las mas altas cualidades –las de la inteligencia v el ·alor- aíloran tanto entre la gente común como
entre los no comunes. \ la gran experiencia del panico del algodón mostró que las cualidades mas
importantes para lograr el autogobierno residían en el populacho. Las clases trabajadores de
Lancashire actuaron correctamente |...| actuaron como deberían actuar los ·erdaderos ingleses v los
patriotas. porque eran inteligentes. Lsa prensa barata los ha hecho hombres de sentido. \ ahora
gobierna la inteligencia del pueblo.
255
Para los obser·adores mas comprensi·os el comportamiento de estos trabajadores durante
la crisis indica claramente la remisión de una amenaza de clase radical-obrera. v la aparición
de una clase trabajadora auto-disciplinada. paciente. “de bien”. Lse trabajador turbulento se
ha con·ertido en un cuerpo dócil en el sentido mas pleno del término “dócil”. o sea.
deseoso de recibir ensenanza. A la postre esta nue·a íigura de la clase trabajadora. ahora
dócil v culti·ada. induciría eíecti·amente a un ascenso enorme del número de trabajadores
con derecho a ·oto. v por consiguiente a la plena ciudadanía como resultado del Acta de
Reíorma de 186¯. Al mismo tiempo estimuló poderosamente el interés sobre el parraío del
Acta de Lducación de 18¯0.
256
NULVAS 1OPOGRAlÍAS
Ine·itablemente estamos condicionados por la regularidad del interés que muestra la matriz
de inquietudes sobre el derecho a ·oto v la disciplina industrial la íacultad de recíproca
dependencia en la capacidad del otro, en el tema de la educación. Lse deseo de educación
aparentemente no·edoso en las clases trabajadoras se con·ierte por momentos en el signo.
la íorja v el producto de una nue·a autodisciplina moral. que se constituve como la base de
su responsabilidad política. Lsto no quiere decir en ningún caso que lo mas adecuado para
el íuncionamiento de la íabrica. la parroquia o el estado sea que el conocimiento caiga en
las manos de los “productores de riqueza”. como argumentan 1homas Spence o “Senex”.
Por el contrario. es proíundamente partícipe de una noción de conocimiento como
íormación. v de la íormación como un proceso preparatorio para la responsabilidad
política. Al mismo tiempo. como muchos pensadores sobre educación va estaban
puntualizando. ni capitalistas ni trabajadores tienen una idea clara sobre el tipo de
educación técnica característicos del resto del continente europeo. especialmente en
Alemania v lrancia. Ll éníasis no cae en la necesidad de producir una clase trabajadora mas
preparada v a·anzada técnicamente. acorde con la posición de ·anguardia industrial que
Gran Bretana va tenía en ese momento. Se trata mas bien de conquistar la regulación de
una ciudadanía nacional disciplinada. De acuerdo con esto. para 1860 el discurso sobre
educación obrera queda claramente ·inculado. precisamente. con el tipo de principios
coleridgeanos de culti·o que no encontrabamos en el pensamiento radical de la década de
1830.
A la hora de in·estigar cómo pasaron las organizaciones de clase obrera de una
crítica radical de la administración educati·a a una aceptación diíusa de la misma. resulta
menos e·idente. pero íundamental al mismo tiempo. obser·ar el grado de asunción de las
propias diíerenciaciones del espacio social en este pensamiento. una característica cuva
ausencia sorprendía en los discursos radicales de la década de 1830. Por supuesto. a un
cierto ni·el esto resulta de la aparición de una clase trabajadora preparada que generalmente
esta mejor pagada. v en consecuencia de una serie de actas de íabrica que regulan las horas
v las condiciones de trabajo. que permitieron aumentar considerablemente el tiempo de
ocio. Pero esta diíerencia material se consolida ideológicamente en el seno del discurso
característico de la cultura. que a su ·ez se establece en relación a esos dominios de la
acti·idad social o íamiliar. económica v política desde donde se distingue resoluti·amente.
No ha aparecido simplemente un nue·o sujeto de clase obrera que se con·ierte en objeto
de una pedagogía cultural v de auto-representaciones morales. sino un nue·o conjunto de
espacios sociales que quedan progresi·amente diíerenciados v deíinidos por medio de una
racionalización económica v por inter·enciones legales del estado. Lo que argumentaremos
en esta sección es que la aparición del “sujeto obrero respetable”. del cual el “mozo de
Lancashire” es un primer ejemplo. no se puede explicar simplemente según los meros
términos de un cese de la radicalidad del mo·imiento cartista v la coníormidad de la
“aristocracia del trabajo”. Mas bien debemos entender estos íactores dentro del contexto
de una transíormación de lo social sin precedentes. que normaliza la propia di·isión de
esíeras que el radicalismo de la década de 1830 se resistía a aceptar en sus escritos v sus
practicas políticas. Dentro de este nue·o socius. el sujeto queda di·idido en el ciudadano
político v el trabajador económico. cada cual operati·o en espacios sociales diíerentes.
25¯
Lo
que permite su unión es la íormación moral del sujeto por medio de una pedagogía mas
cultural que técnica. que ocupa a su ·ez su propia esíera determinada. Lste espacio
pedagógico se con·ierte en el lugar de con·ergencia entre las instituciones locales v
especííicas de clase para la auto-educación. que encuentra sus raíces en un radicalismo
anterior. v ese provecto estatal de gradual expansión de educación uni·ersal. La posibilidad
de esa con·ergencia ·iene dada por una parte por la congruencia entre los objeti·os v las
íormas de educación que aparecen en cada tipo de institución. v mas signiíicati·amente.
por la necesidad de las organizaciones de clase obrera. que ahora pueden dirigirse en sus
propios términos a un estado que se con·ierte progresi·amente en el sitio de acción v
íormación política. (omo en los sindicatos que estan apareciendo simultaneamente. las
·ariadas íormas de la educación obrera comprenden el combate social v político dentro de
los términos de un estado cada ·ez mas hegemónico. Lo que dictan estos términos es que
la docilidad v la responsabilidad reemplazan a la propiedad. como condiciones para una
extensión del derecho a ·oto que no supondra una amenaza de los derechos de propiedad.
Así. mientras esto entrana un plan considerablemente menos radical. la íormación moral es
al mismo tiempo la condición para el reconocimiento o la interpelación del trabajador
como sujeto político. Lntender esto simplemente como un proceso de cooptación es negar
tanto la no·edad de las íormas de hegemonía que los mo·imientos obreros rechazaban.
como la diíerenciación de esíeras dentro de las que ahora tenían que operar.
Oscar Negt v Alexander Kluge han descrito el acti·ismo de la clase trabajadora
inglesa que se produce a lo largo del cartismo como “algo mas que un mero intento de
re·olución política. el comienzo de una re·olución social”. Ln este sentido resulta
íundamental obser·ar que “las íormas asociadas de la esíera pública no excluían a otras
esíeras retrasadas de la sociedad. Ll mo·imiento se propagó desde los centros industriales
hacia el país entero.”
258
Lste analisis nos inclina a remarcar el trabajo radical de la década de
1830. v las íormas del mo·imiento cartista que va hemos discutido. Ll primero tiene
relación con las dimensiones espaciales de los mo·imientos trabajadores: mas que quedar
concentrados en centros urbanos. como los de la década de 1¯90. la imaginería social de la
que dan alcance escritos cartistas como Cartismo: Una Nueva Organización del Pueblo de
Lo·ett. incluve tanto a la Inglaterra rural como a la urbana. Pero con esto no se busca el
mero reconocimiento de un mo·imiento de masas con base nacional: sobre todo se rechaza
una noción singular de progreso material e histórico en términos de desarrollo de un modo
capitalista de producción. de sus aparatos legales v políticos. La concepción de “atraso”
sólo tiene lugar a propósito de las instituciones políticas de las clases gobernantes. v
concretamente en relación a los eíectos que producen en el ambito de las relaciones
sociales. v no a propósito de sus oportunidades con respecto a modos dados de
producción. La naturaleza descentralizada del cartismo se basa en el principio de apertura
de la producción. su propiedad v su dirección. de manera que queda sujeta a una
transíormación económica v política controlada por las clases trabajadoras. Por
consiguiente no cabe una esíera de la producción mas a·anzada que otra. v por lo tanto
políticamente superior. \ si es ·erdad que puede que esto suceda en parte por la iníluencia
de la experiencia histórica de una clase intelectual artesanal. no obstante responde también
a un momento en el que un mo·imiento de masas de clase trabajadora creía que lo que
estaba en juego no era meramente una liberación política. sino una transíormación
íundamental de un modo emergente de producción. Lo segundo que querríamos
puntualizar es que la esíera propuesta por el radicalismo inglés v el cartismo no sólo no
excluía lugares sociales particulares. sino que implicaba una esíera pública autónoma en sus
medios de comunicación v. mas importante. en su concepción implícita del espacio social.
1ampoco se trata de una esíera pública “alternati·a” en el sentido de opuesta de manera
consciente a una dominante pre·ia. Puesto que la esíera pública burguesa. a pesar de
suponer írecuentemente que tiene sus raíces en el siglo XVIII. tenía toda·ía que alcanzar
sus propias íormas especííicas v consolidar sus correspondientes aparatos legales v
políticos. Ademas su regulación de la ·ida social de la clase trabajadora era toda·ía tan
esporadica v escasa que no había alcanzado el grado de penetración legal v “moral” que
adquirió gradualmente a lo largo del siglo. (omo hemos mostrado en relación a la
educación. ese proceso toda·ía tenía que desarrollarse. v las clases medias toda·ía tenían
que conquistar suíiciente íuerza política para conseguir asegurarse el éxito írente a la
resistencia aristocratica v conser·adora que se planteaba a la reíorma. Ln estas
circunstancias toda·ía era posible constituir por medio de las múltiples íormas de la ·ida
social obrera una esíera de acti·idad pública que no estaba determinada por la
incorporación o la reacción de la esíera pública burguesa.
Richard Johnson ha argumentado que los mo·imientos de clase obrera tenían su
propio “repertorio radical”: “Ln última instancia se aceptó una teoría de la explotación
económica. una teoría estatal de caracter clasista v una teoría de dominación social v
cultural. entendida como íormación del caracter social.”
259
Ln el segundo capítulo hemos
sugerido que írente a ese tipo de esíera pública se contrapone una comprensión unitaria de
la ·ida social: las experiencias económica v social son una. como la experiencia de la
educación. v la noción de una esíera separada v íeminizada diíerente de la del trabajo es
raramente e·idente en cualquier sentido moderno. 1ambién descubrimos que el propio
concepto de cultura esta ausente. precisamente porque esta diíerenciación de la practica
humana entre lo reílexi·o v lo producti·o o lo interesado era inconcebible dentro de los
términos de una esíera pública obrera. Por supuesto. en ningún caso queremos sugerir por
unidad necesariamente una abstracción de caracter retrospecti·o. un tipo de totalidad
integrada v regular. Mas bien deseamos deíinir un tipo de imaginación social que
necesariamente escapa tanto a nuestra experiencia como a nuestra estructura conceptual. es
decir. una imaginación ajena a la ob·iedad de unas diíerenciaciones en las esíeras de lo
practico que en ese momento son inexistentes. o a lo sumo emergentes. v en ningún
sentido determinadas. esas diíerenciaciones íormales v analíticas que ahora constituven lo
que entendemos v experimentamos como “sociedad”. Ln el interior de esa imaginación
coexisten v se cruzan un conjunto íluido e interrelacionado de practicas que no pueden
quedar designadas de manera simple bajo apelati·os de tipo económico. político o cultural.
(omo senala Johnson sobre los provectos educati·os de la clase obrera de ese momento:
Ln ese momento. de manera característica. los propósitos educati·os no quedaban separados bajo
etiquetas como “escuela”. “instituto” o incluso “recreación racional”. Dichos propósitos no se daban
concretamente según premisas presupuestas o lugares especííicamente acondicionados. Las íormas
típicas se impro·isaban. de una manera casual v por consiguiente eíímera. v escasamente perduraban
mas alla de las necesidades mas inmediatas de grupos e indi·iduos. Las íormas educati·as quedaban
estrechamente relacionadas con otras acti·idades. o insertas en ellas. tanto temporal como
espacialmente. 1anto hombres como mujeres aprendían sobre su propia practica. v se les animaba
también a ensenar a sus hijos. al margen de un tipo de experiencia acumulada. Ls cierto que. en este
periodo. la distinción entre “educación” ·gr. escuela, v no-educación-en absoluto todo lo que queda
al margen de la escuela, va estaba en proceso de construcción. pero los radicales la contra·enían
continuamente.
260
La ·olatilidad e impredecibilidad de las discusiones sobre representación. de la necesidad
prioritaria de política v educación. constituven un síntoma de la ausencia de toda analogía
entre la experiencia de este tipo de íluida esíera social. v aquella otra a la que ·iene a
conírontarse. esa pujante esíera pública de una burguesía consolidada para la que nociones
como representación v desarrollo eran cruciales a la hora de íormar v diíerenciar a sus
sujetos v sus instituciones.
Ln esa conírontación. el momento de incertidumbre no duró mucho. 1al v como
va hemos sugerido. Las Actas de labrica v de la Lev de los Pobres. descritas en el tercer
capítulo. marcaron la consolidación de la hegemonía de clase media a la hora de controlar
la legislación política v el sistema legal. una hegemonía que se introduce gradualmente v
coníorma la esíera al completo de la educación v la cultura. Lsa hegemonía estaba
continuamente respaldada por una íuerza coacti·a capaz de aírontar cualquier tipo de
asalto popular –al íinal el cartismo no podía desaíiar a esa íuerza superior sin perder su
íorma esencialmente popular de apertura pública. v íue derrotado. Su bre·e giro hacia la
militarización nunca podría haber estado en sintonía con el modo de politización que había
aparecido entre el pueblo. ni hubiera sido capaz en ningún caso de aírontar el poder militar
que contra él se dispuso. (omo remarcó el compasi·o General (harles J. Napier: “\ ellos
hablan de íuerza íísica. ¡Bobos! Nosotros tenemos la íuerza íísica. no ellos. lablan de sus
100.000 hombres |...| .Oué podrían hacer sus cien mil lanzas v sus arcabuces contra mi
canón·”
261
Por los medios legales v ·iolentos de lo estatal. la derrota iníringida sobre el
cartismo puede haber supuesto el íin de la eíecti·idad de la esíera pública obrera. No
obstante. eso sólo implicaría la incapacidad de un mo·imiento de masas de esta naturaleza.
con su orientación transíormadora. para acceder a la esíera pública que había consolidado
en su estela. v a tra·és de la cual se articuló un importante poder social. No quiere esto
decir que sus términos quedaran enteramente borrados de manera necesaria. sino quizas
que sólo quedaron ocultados e irreconocidos. 1oda·ía podemos trazar tanto las
continuidades como la íuerza de borrado. Las continuidades son claras. con la aparición de
una poderosa asociación de sindicatos v gremios cooperati·os cuvas posibilidades ·enían
dadas por la regulación legislati·a del empleo v por la aparición de una “aristocracia del
trabajo” preparada. que reemplazó a la clase artesanal v llegó a ser íuente de la mavoría de
los intelectuales del mo·imiento. De hecho The Times reconoce esta continuidad del
cartismo. si acaso implícitamente. cuando publica su preocupación por la repolitización de
los sindicatos. Lsta continuidad es aún mas clara en la persistencia v el éníasis de las
reclamaciones de la necesidad de educación obrera. donde una herencia cartista v owenista
conjuga la política reíormista de clase media v re·ela la concepción que los trabajadores
tienen de sí mismos. De hecho. por algo A. L. Dobbs consideraba con algo de razón que
ambos elementos. pertenecientes al acerbo de los mo·imientos laborales ingleses.
presentaban una historia continuamente entretejida:
Dos mo·imientos desarrollados durante la primera mitad del siglo. cuvas relaciones
recíprocas no eran aparentes. Uno pretendía diíundir el conocimiento útil v dotar a los
mecanicos de una mavor educación. el otro se ·inculó con el crecimiento de ciertas
organizaciones políticas v sindicales que pro·ocaron intranquilidad social. v por otra parte.
cobijaron los esíuerzos de parte de la clase trabajadora a la hora de expresar sus ideales e
intentar desarrollar sus propias íormas de instrucción. Ambos mo·imientos eran
experimentales. v su íracaso. que en la década de los cuarenta va era e·idente. marcó el
punto de inicio de una sana serie de e·oluciones que terminaron por dar a luz resultados
perdurables. (on el resurgimiento de la cooperación en Rochdale en 1844 la aparición de
una asociación íormada por la Sociedad de Amigos en 184¯. que se con·irtió en una
experiencia pionera de las escuelas de adultos. Ll auge de los Institutos de 1rabajadores
durante la siguiente década precedió a la Unión de (lubs e Institutos en 1862. v el
mo·imiento de reíorma estimulado en las Uni·ersidades mas antiguas por las (omisiones
de 1850. que prepararon el camino. al menos indirectamente. para la Lxtensión de la
Uni·ersidad. comenzó una nue·a íase de educación adulta.
262
La tendencia mas reciente tiende a considerar el mo·imiento cartista como un íracaso. v el
desarrollo posterior a 1850 como una simple retirada de la conírontación clasista. Pero
nuestras propias conclusiones tienden a concurrir con las de Dobbs. La liquidación del
legado cartista se acentuara por medio de una historiograíía que asume en todo momento
la posible ·iabilidad v la operati·idad de un modo de oposición clasista. v considera
cualquier cambio de ese modo como un error intencionado. Pero esta posición depende de
una aíirmación retrospecti·a de superioridad política. v supone un íallo elemental de
in·estigación dialéctica. La mavoría de los relatos sobre la aparición de la educación estatal
durante la segunda mitad del siglo XIX. v de la ampliación del derecho a ·oto que tiene
lugar durante ese periodo. tiende a eníatizar la pujanza del reíormismo de clase media. v el
intento de provectar la hegemonía sobre una clase trabajadora asimilable. No se puede
considerar bajo ningún sentido que las íormas de control del estado burgués íuesen mas
continuas que las de la clase trabajadora. v de hecho. tal v como va hemos sugerido
anteriormente. estas íormas implicaron ese cambio signiíicati·o que ·a de la dominación
directa a la hegemonía. Ln la primera mitad del siglo toda·ía se maniíiesta un conílicto. por
lo general entre la di·isión 1orv´\hig. entre aquellos que continuaban adhiriéndose a
nociones de dominación directa v presuponían en el desarrollo del entendimiento obrero
una posibilidad potencialmente sub·ersi·a del orden. v aquellos que. por el contrario.
conciben la educación como una íuerza de control social que puede resultar mas eíecti·a
en una sociedad que se esta masiíicando progresi·amente. La existencia de estos debates se
hace ostensible en una completa serie de discusiones relacionadas con los intentos de
limitar la educación al suministro de bibliotecas. analogamente a lo que ocurre en los
debates sobre el derecho a ·oto. Por lo tanto la responsabilidad recae en la iníluencia que
ejercen las principales íiguras burguesas que participaron en aquellos debates a la hora de
·alorar la íorma de las instituciones del estado v la legislación. Lo que se obser·a es que la
continuidad de este modelo descansa en una gradual extensión de la ideología de clase
media sobre una clase trabajadora progresi·amente bien asimilada. Dobbs describe la
naturaleza de esta ideología en su historia de reíorma educati·a:
Al negociar con mo·imientos populares el liberalismo coníió eíecti·amente en el liderazgo de clase
media. e introdujo una nue·a manera de patronazgo. La insistencia en la existencia de capacidades
comunes a todas clases desembocó en un patrón común de humanidad. que recogía todos los
propósitos practicos del hombre de negocios de ese tiempo. donde la educación signiíicaba un
“progreso en la ·ida”. (asi aparentaría que las características distinti·as de grupos sociales particulares
tenían menos ·alor que las diíerencias de desarrollo mental. \ en cierta medida se puede considerar
que el error de la educación que reciben los artesanos adultos durante la primera mitad del siglo estriba
en no reparar en diíerencias esenciales de perspecti·a v experiencia.
263
lemos desarrollado el paradigma progresi·o del pensamiento liberal citado anteriormente.
v hemos indicado la relación de identiíicación gradual que existe entre una “idea” o
concepto v las posibilidades materiales e institucionales que ·ino a producir v legitimar.
Mas que desarrollar la discusión de esta inter·ención liberal. aquí pretendemos explorar los
requerimientos aplicados sobre las organizaciones obreras que determinaron su coníluencia
con ese paradigma. v la réplica ·irtual de sus íormas institucionales.
Ll cartismo íue el producto de un periodo de excepcional íluidez. e incluso de
experimentalismo. en el momento de aparición de una sociedad industrial que. al íin v al
cabo. suponía una no·edad absoluta. Lsta íluidez atanía tanto a un estado burgués que se
consolidaba gradualmente como al principio de los mo·imientos radicales. (omo ·értice de
una proletarización que toda·ía no había aclarado sus tendencias. v en la estela de una
“economía moral” que terminó colapsando la operati·idad de sus supuestos contra el
trabajo a sueldo v la urbanización. el acti·ismo social se produjo en un espacio toda·ía
indeterminado. v como una mezcla de íormas va conocidas v otras in·entadas sobre la
marcha. No obstante. la regulación del espacio social constituvó el principal empeno
parlamentario de legislación nacional durante el periodo entre la primera v la segunda Acta
de Reíorma. Lsto abarcaba el control de la higiene v el diseno urbano. el control de plagas
de contagio o la limitación de los espacios de reunión v ocio obreros. la regulación
legislati·a de las condiciones de producción. las horas de trabajo v las limitaciones de
empleo íemenino e iníantil. No obstante el propósito no era meramente regulador. sino
que combinaba la regulación con la constitución de nue·as instituciones v espacios.
(onsecuentemente. este periodo conoció la aparición de una íuerza policial moderna. así
como la expansión de reíormatorios. escuelas e instituciones médicas. (onoció también
asimismo un aumento del tiempo de ocio. que se conquistó en las Actas de labrica. unos
espacios de ocio obrero que quedaron estrechamente custodiados al instante. v que
certiíicaron v produjeron nue·as íormas de acti·idad –casas públicas. salones de música.
clubs v. por supuesto. institutos educati·os v encuentros sindicales. Ln gran medida se
trataba de transíormaciones de practicas va existentes. pero en su relación diíerencial con
otros espacios sociales reconstituidos. estos íenómenos adquirieron un nue·o sentido.
Lspecial atención merece en este escenario el espacio doméstico. reconstituido
paulatinamente como un espacio íeminizado de consumo v reproducción mas que de
producción. v progresi·amente importante a la hora de oírecerse como espacio donde se
reproducen diariamente los ·alores éticos v la disciplina.
264
A la hora de reconstituir la historia de los mo·imientos sociales de la clase
trabajadora. al abordar la íractura v la supresión del cartismo. nos encontramos con la
presencia problematica de un terreno social. materialmente diíerente. cuvos sujetos se
constituían particularizadamente en el seno de unas esíeras marcadamente di·ididas. Al hilo
de nuestra in·estigación estas di·isiones por lo general no se conciben analíticamente. sino
que mas bien aparecen como supuestos sobre la conducta que se deri·an de las “practicas
materiales” ideológicas implicadas en sectores particulares del espacio social.
265
O bien su
historia no es legible como una consecuencia de la supresión de otras íormas de ·ida social.
o cuando esto es posible las íormas de ·ida en cuestión se entienden como anticuadas. Ll
“Mozo de Lancashire” oírece el ejemplo mas articulado de esto. cuando describe la
pertenencia irre·ocable de las masas cartistas al pasado. v cuando establece en términos de
ob·iedad ese relato en el que los jó·enes de Rovton acondicionan para su propia educación
un espacio v un tiempo distintos al trabajo. De hecho estos supuestos sólo nos resultan
extranos cuando recuperamos una íormación social pre·ia. Pero la ob·iedad del nue·o
conjunto de espacios sociales no sólo aparece en el seno de la conciencia indi·idual:
también pertenece a la propia matriz de supuestos que estructura las intenciones de los
periódicos. v las instituciones que ellos describen v promue·en. Los clubs e institutos
procuran espacios para el ocio del obrero v donde existen instituciones íemeninas de esta
índole se oírecen modos muv distintos de educación doméstica,.
266
Ln la descripción de su
íuncionamiento. el re·erendo Sollv eníatiza acuciosamente su naturaleza recreati·a. v este
papel como espacios de ocio les contrapone al espacio laboral de la íabrica v al espacio
hogareno.
26¯
Ln ese espacio de recreación lo “humano” puede desarrollarse bajo íormas
que consiguen uniíicar los aspectos económico-políticos di·ididos de la persona. a un ni·el
que siempre es potencialmente mas alto. La contradicción que impide esa uniíicación vace
en el hecho de que la uniíicación ha de lograrse mas alla de las esíeras. a tra·és de una
discreta esíera v de su practica especííica. el culti·o.
Lsta contradicción pre·iene que los mo·imientos obreros de masa de la década de
1860 no puedan superar la esíera de lo político hacia una transíormación social radical. v en
este sentido se puede entender que con·erge con los intereses burgueses. v por lo tanto
constituve un elemento íundamental del “estado ético”. Si los cartistas emprendieron una
re·olución social. los esíuerzos de la década de 1860 no tendieron bajo ningún sentido
hacia una revolución política que. desde una perspecti·a proletaria. en ningún caso
constituiría una contradicción. No se puede pro·ocar una re·olución desde espacios
deíinidos por las clases dominantes. Pero lo que estaba sucediendo no era un intento de
re·olución. Lo único que podía suceder bajo las condiciones que se dieron en las décadas
de 1850 v 1860. no era sino el esíuerzo de constituir algún espacio limitado para maniobrar
contra-hegemónicamente en el seno de un estado burgués va cristalizado.
Ln ese esíuerzo no resulta diíícil discernir el legado del cartismo. Por una parte en
la capacidad conquistada a duras penas de organizar mo·imientos de masa para ocupar
espacios públicos de una manera dramatica. \ por otra en la iniciati·a de la propia
educación cooperati·a. que en última instancia induce a la aspiración de estructuras
institucionales estables v perpetuas. capaces de preser·ar esas conquistas de clase precarias
v írecuentemente abortadas. (on írecuencia se supone que este provecto postrero queda
identiíicado con el trabajo de \illiam Lo·ett v sus colaboradores. v con el signo de un
compromiso con la reíorma moderada de clase media. Pero radicales cartistas como
George Julian larnev v Lrnest Jones exponen ardientemente esas mismas ideas. v hav que
recordar que éste último aíirmaba sólo medio irónicamente que “el maestro escolar es el
mejor policía”.
268
Ln cuanto al deseo de auto-educación el giro reíormista no era necesario:
los principios cooperati·os de las instituciones obreras se opusieron en todo momento al
impulso indi·idualista que latía en la educación de clase media v las doctrinas de “auto-
superación”. Pero lo que se había transíormado radicalmente era la esíera social donde se
pergenó el cartismo. \a no era posible por mas tiempo un tipo de intersección no mediada
entre el pensamiento v las practicas educati·a. política v económica. v se obligó a reíormar
los contenidos de los mo·imientos obreros hasta que encajaron en un espacio social
dominado por las instituciones burguesas. así como en un espacio público saturado por los
términos de la hegemonía liberal: cultura. representación v desarrollo. Incluso Karl Marx. el
mas proíético de los analistas sociales. –el primer ·olumen del Capital íue publicado el
mismo ano de la segunda Acta de Reíorma 186¯,- había encontrado va un camino para
relacionar plenamente su crítica del capital con su crítica anterior de los derechos políticos
en “La cuestión judía”. un provecto en el que. en cualquier caso. sólo se esbozaba algún
progreso. v en ningún caso oírecería hasta la década de 1930 alguna ·alidez entre los
parlamentarios ingleses a la hora de ·alorar sus aspectos políticos. Los debates del siglo
XIX se desarrollaron en una “pasmosa ignorancia” de lo escrito por Marx.
269
Ln estos capítulos hemos intentado senalar las proíundas conexiones que existen
entre los espacios sociales v los conceptos ideológicos que constituven las transíormaciones
de la hegemonía v su consolidación. (oníiamos en haber aíirmado la existencia e
importancia de otros espacios sociales. así como sus eíectos sobre la posibilidad de íormas
de practica contra-hegemónica. Por duro que pueda resultar el descubrir v comprender
tales practicas desde la situación ·entajosa de un tipo de sujeto íormado bajo un modo muv
diíerente de hegemonía. por diíícil que pueda resultar el interpretarlas sin una
condescendencia que las relegue al sedimento de la “prehistoria”. hemos procurado
interpretar la radical sospecha de la cultura. la educación v el estado como parte de un
repertorio de posibilidades históricas. Puede que ese imaginario social hava sido derrotado
v hasta ol·idado en la triuníal ascensión del “progreso”. pero sus puntos de ·ista pueden
ser ·alidos toda ·ez que al materialismo le concierne no perder de ·ista posibilidades
obstruidas v espacios alternati·os de un pasado que nunca queda lo suíicientemente
extra·iado para la historia.
(ON(LUSIÓN
LL lU1URO IMPLRlL(1O
IN1LRLS. DLSIN1LRLS
A lo largo de este libro hemos argumentado que en Cultura y Sociedad. Ravmond \illiams
acepta el emparejamiento de los términos cultura v sociedad toda ·ez que él se ·e como
legatario v transmisor de la tradición cultural. crevéndose capaz de pro·ocar un giro
socialista. Lsta identiíicación tan cercana lle·a a \illiams a descuidar las ironías que
pro·oca su situación como intelectual radical dentro de la tradición “sociocultural”. Alguna
de estas ironías se discutiran posteriormente en el epílogo. Lo que debería quedar indicado
aquí es que la causa de preocupación de \illiams es sintomatica. v no a un ni·el puramente
personal. Por caminos que Gramsci exploró detalladamente. los estados modernos
demandan una trascendencia “desinteresada” de la política. mientras en la practica operan a
tra·és de la articulación de estos mismos intereses. La tensión que crea esta contradicción
sólo puede quedar ali·iada por la di·isión del sujeto en general. v particularmente. del
intelectual crítico de la cultura. Lsto quiere decir que la contradicción no sólo repercute
entre una cultura deíinida tradicionalmente v los eíectos deshumanizadores del capitalismo:
también repercute en el seno del intelectual. no importa lo radical que el intelectual se
proclame o se desee.
No obstante. al abordar los argumentos v la rele·ancia de Cultura y Sociedad. lo que
nos preocupa de manera mas inmediata es que la propia posición del autor en esa relación
bipolar le lle·a a descuidar el hecho de que algunos de los propios pensadores a los que él
reser·a lugares de honor dentro de esa tradición que ellos mismos avudaron a crear.
relacionaron la cultura con el estado. v no tanto con la sociedad. Dichos autores tenían
buenas razones para ello. v va nos hemos preocupado de descubrirlas. Si nuestro relato es
con·incente. entonces la cultura no designa. o no únicamente. una íormación discursi·a
opuesta a la sociedad. Mas bien la cultura quedó cargada de manera progresi·a con la
íunción de representar la identidad común v íundamental de los seres humanos. Ln ·irtud
de su diíerenciación de los aspectos sociales v económicos de las ·idas humanas pudo
con·ertirse en la agencia v el espacio de la íormación ciudadana. La cultura pasó
progresi·amente a designar v enmarcar un conjunto de instituciones a lo largo del espacio
de intersección de la sociedad con el estado. Lstas instituciones ocupan espacios de su
propiedad. Para la propia íormulación de su espacio o espacios. la cultura pide su
actualización en instituciones pedagógicas cuva íunción consiste en transíormar al
indi·iduo de la sociedad ci·il en el ciudadano del estado moderno. 1al v como lo propone
\illiams. el eje aquí es programatico: la cultura sólo puede oponerse a la sociedad en teoría.
v en el mejor de los casos a modo de utopismo anticipatorio v siempre aplazado. si
consideramos que la cultura practica puede ser·ir v sir·e al estado de manera íntegra.
Resulta mas íacil entender estas circunstancias cuando explicamos el estado en los
términos gramsci-hegelianos del “estado ético”. Para que apareciera el “estado ético” tenía
que darse un cambio en la concepción de representación. pasando de una basada en
comunidades de interés a una basada en un relato ético. desarrollador. (oníorme la cultura
tiende a representar la identidad común v íundamental de los seres humanos. el estado se
concibe. idealmente. como el representante ético v desinteresado de esta misma humanidad
común. La idea de cultura produce la base consensual para la democracia representati·a v el
establecimiento liberal. anulando las diíerencias indi·iduales. v períilando o pro·ocando la
disposición íormal o “representati·a” en cada persona. mas alla de las condiciones reales v
particulares de la ·ida de esa persona. Se acabó considerando al estado como el
representante colecti·o de una cualidad ética abstracta –el peligro implícito en legel. tal v
como va había reconocido Marx en la década de 1840.
2¯0
Ln lo reíerente a la cultura. el
iníluvente argumento de Schiller postula un relato desarrollador de la representati·idad.
coníorme es posible asumir internamente el uso de la razón v el desinterés de una manera
mas o menos eíecti·a. La íormación ética hace posible la aproximación de indi·iduos que
de lo contrario quizas serían irrepresentables, a ese arquetipo de “humanidad” que el
estado dice representar.
Lo que se requiere practicamente para eíectuar este ideal es la íormación moral del
ciudadano por medio de una pedagogía progresi·amente especializada v cultural. v no de
tipo técnico. que ocupa un espacio separado por propio derecho –un espacio en la sociedad
que queda íirmemente delineado por el estado.
Aquí se da un cambio de una importancia enorme. La travectoria memorablemente
trazada por Albert lirschmann.
2¯1
según la cual el juego político, de las pasiones queda
desplazado por la articulación social, de los intereses coníorme el capitalismo a·anza v
persigue su legitimación. no íinaliza. sino sólo comienza con la aíirmación de intereses –una
aíirmación que. después de todo. no puede garantizar su propia armonía tal v como legel
pretendía,. Ln la Filosofía del derecho hegeliana. la sociedad ci·il queda establecida como la
esíera de íragmentación. discontinuidad. interrupción e “inmediatez”. Por su propia
naturaleza separa v dispersa sus constituventes humanos. entre los cuales sólo puede darse
un tipo de encuentro bloqueado. Ll analisis del problema. con ese tipo de déíicit ético en
mente. determina el tipo de solución que implica: reconexión. reconciliación. reuniíicación.
esto es lo que se supone que pro·ee el estado. Pero ademas encontramos al mismo tiempo lo
que se supone que pro·ee la cultura. Ln este sentido no resulta muv sorprendente que los
argumentos sobre el estado v los argumentos sobre la cultura e·olucionaran
simultaneamente. Por supuesto no se trata de aíirmar que los argumentos sobre cultura o
estado son homólogos o intercambiables. Se trata de senalar que son complementarios. v
que íuncionan conjuntamente v en paralelo. Una ·ez que la pareja estado/sociedad civil queda
aíianzada. la travectoria de lirschmann a·anza en la dirección gramsci-hegeliana del
“estado ético”. que queda íundada v depende precisamente del desinterés. o de lo que
Arnold llamaba “mejor vo” del ciudadano. que reclama del estado su capacidad para ser
educido en cada sujeto. La cultura e·oca una íorma particular de subjeti·idad. una
capacidad para la reílexión desinteresada que hace de la mediación estatal en los conílictos
entre intereses algo tan posible como necesario.
No obstante nuestros argumentos no sólo han intentado contraponer a esta historia
intelectual v canónica de la cultura la crítica de sus supuestos. sino también un estudio de
las réplicas que tu·ieron lugar en torno a la gradual institucionalización de sus preceptos.
lemos intentado demostrar que la ob·iedad ·irtual que rubrica la iníluencia íragil aunque
continua de esa narrati·a cultural. sólo se consigue a tra·és de la supresión írecuentemente
·iolenta de alternati·as. La separación v el desinterés del intelectual estan enraizados en la
·iolencia. v mantienen sus condiciones de posibilidad a tra·és del ejercicio alternati·o de la
coerción v la hegemonía. Incluso cuando la crítica se centra en la in·ersión practica de la
ensenanza supuestamente desinteresada v la in·estigación de la estructura de la coerción –
contratos de deíensa. in·estigación nuclear. tecnologías militares v policiales- debemos
recordar que la ·iolencia siempre esta implícita en los propios íundamentos de las
instituciones “liberales” de la ·ida intelectual. Ll reconocimiento de esta contradicción no
contribuve en ningún sentido a la política tradicional del intelectual alienado. un tipo de
trampa que pretende la desautorización del poder social. sino que propone condiciones
para transíormar las relaciones entre los trabajadores intelectuales v los mo·imientos de
cambio social. Oírece bases posibles desde las cuales poder repensar soluciones
materialistas a ese problema de los intelectuales que hemos planteado en nuestra
introducción. v que resurgiran a continuación. Ln gran medida la colaboración de este libro
surgió de nuestro interés común en el pensamiento político de Marx. Aquí los escritos de
Marx del periodo 1842-1843 son particularmente oportunos. por cuanto emprenden. si
acaso en un estilo admitidamente esbozado. lo que implica la topograíía política v social de
la que da cuenta nuestra historia. Por ejemplo. en la introducción a su “(ontribución a la
crítica de la lilosoíía del derecho de legel”. Marx obser·ó que sólo en la edad burguesa
moderna se postula “la separación de la sociedad ci·il v el estado político como dos esíeras
diíerentes. íirmemente opuestas”.
2¯2
Si tenemos en cuenta que entre los antiguos griegos “la
sociedad ci·il era una escla·a de la sociedad política.” en la modernidad la sociedad
burguesa consigue las prioridades opuestas. Ln la polis griega no existe una esíera particular
o exclusi·amente política al margen de la conducta diaria de la ·ida v el trabajo. La ·ida
pública era el “contenido real” de la ·ida indi·idual: la persona que no tenía estatus político
era un escla·o. un Unmensch. “Ln Grecia la res publica era lo real. el interés pri·ado. el
contenido real del ciudadano |...| v el hombre pri·ado era un escla·o. esto es. el estado
político. en tanto político. constituía el único contenido ·erdadero de la ·ida v el deseo del
ciudadano.”
2¯3
Ln la edad media. por contraste. la “esíera pri·ada” terminó adquiriendo un estatus
político por derecho propio. “1anto la propiedad como el comercio. la sociedad o el
hombre ·gr. el hombre pri·ado. el sier·o, eran políticos: el contenido material del estado
·enía dado por su íorma. (ada esíera pri·ada tenía una importancia política o era una
esíera política” directamente. Si la propiedad era lo supremo en la sociedad íeudal. era
porque su distribución v transmisión eran materias directamente políticas. (on toda
seguridad esta compatibilidad entre “la ·ida del pueblo” v “la ·ida del estado” se obtenía a
causa del caracter íundamentalmente condicionado del anterior: el mundo medie·al era la
“democracia de la ausencia de libertad. la alienación consumada.”
2¯4
No obstante el lugar de
una persona dentro de la di·isión global del trabajo aparecía como una cualidad personal.
intrínseca. La gente quedaba obligada a relacionarse entre sí como portadores de las
di·ersas cualidades políticas y personales. de las di·ersas cualidades producti·as e
indi·iduales. A lo largo de la Ldad Media. “las clases de la sociedad ci·il v las clases
políticas eran idénticas porque. de manera simultanea. el principio organico de la sociedad
ci·il era el principio del estado”. Ln los tiempos medie·ales. en deíiniti·a. “el estado
político sólo se distinguía de la sociedad ci·il por la representación de la nacionalidad.”
Por lo tanto. por una parte. “en la edad media, la antigua sociedad ci·il tenía
directamente un caracter político” aunque no íuera libre,: “los elementos de la ·ida ci·il.
tales como la propiedad. la íamilia v los tipos de asociación habían aparecido bajo la íorma
de senorío. casta v gremios. para ser elementos de la ·ida política.” Pero por otra parte. lo
que Marx llama “emancipación política” léase re·olución burguesa,:
liberó el espíritu político que había permanecido roto. íragmentado v perdido. como en una especie de
callejón sin salida en la sociedad íeudal. La emancipación política, reunió este espíritu disperso.
liberado de su enmaranamiento con la ·ida ci·il. v retornó a una esíera comunitaria. el interés general
del pueblo independiente de estos elementos particulares de la ·ida ci·il. Una situación v una acti·idad
particulares de la ·ida quedaron rebajadas a una importancia meramente indi·idual. v va no íormaron
por mas tiempo la relación general del indi·iduo con la totalidad.
2¯5
La obser·ación de Marx que citamos aquí es proíética: en 1843 la separación de esíeras que
él identiíica como constituti·as de la sociedad burguesa no estaba consolidada en ningún
sentido. \ tal v como hemos mostrado eníaticamente. aún estaban menos consolidadas en
la Gran Bretana de la década de 1830. Ln esa década los radicales obreros estaban
operando sobre la suposición de la unidad de lo político v lo económico en el seno de un
mismo espacio público. Por supuesto esto no les con·ierte en ningún sentido en
“medie·ales”. Les dispone como unos elementos de transición. por otra parte. altamente
conscientes de su lugar en el ·értice del cambio., (omo hemos ·isto. su interés tenía que
·er con una educación que reconocía esa misma unidad topograíica. de la que ella misma
era parte constituvente. La diíerenciación entre “lo reílexi·o”. “lo producti·o” o “lo
interesado” es un ejercicio inconcebible dentro de los términos de la esíera pública obrera
del periodo cartista. Lncontramos un conjunto íluido e interrelacionado de practicas que
coexistían v se entrelazaban para construir esta esíera pública. pero ninguna de ellas puede
quedar designada como exclusi·amente “económica”. “social”. “cultural” o “educati·a.”
Por el contrario. los escritos obreros de este periodo eran tremendamente críticos con la
suposición de que el conocimiento sólo es ·alido cuando queda mediado por instituciones
deíinidas por su distancia con respecto a las condiciones de trabajo. Después de todo. esa
“·alidez” impugna el tipo de conocimiento que podríamos atribuir a condiciones
meramente “locales” de opresión. mientras que simultaneamente “libera” a las instituciones
educati·as de las posiciones de clase. Los radicales obreros del periodo cartista no tardaron
en comprender que no hav separación. o no debería haberla. entre la autogestión
económica. política. social v educati·a. \ sostu·ieron un estrecho rechazo a aceptar la
di·isión de la educación. la política v la economía en campos separados. aunque acaso
interiníluventes. Ln lugar de eso se entendía la educación como algo que debería dirigirse al
logro de un tipo de conocimiento político capaz de eíectuar una transíormación de las
condiciones materiales de la clase trabajadora –una transíormación que había de liberarles
de la opresión.
Los modos de conírontación v contestación cambiaron según cambiaba la íorma de
lo que tenía que ser conírontado v contestado. La regulación de la di·ersión. siguiendo la
estela de las actas que controlaban las horas de trabajo. terminó siendo crucial en los
discursos sobre educación. v también en los discursos sobre el derecho a ·oto. A la in·ersa.
la regulación del espacio social v educati·o en el periodo entre 1832 v 186¯ coincidió con el
asentamiento institucional de nue·os espacios. unas nue·as íormas institucionales que
desde entonces han íormado partes de nuestras ·idas. Los espacios de resistencia quedaron
erosionados. en gran parte porque la regulación v la consolidación del estado separó
política v economía. así como sus respecti·as quejas. aislandolas de una manera eíecti·a. La
educación en sí misma llegó a íormar parte de este proceso de diíerenciación. al quedar
oíicialmente redeíinida e impuesta como una acti·idad que tenía lugar en el seno de un
conjunto designado de instituciones separadas v practicas especializadas.
lasta el día de hov –tal v como Marx anticipó hace unos 150 anos- nuestras ·idas
estan dominadas por un tipo de di·isión del trabajo. v la consecuente di·isión entre “lo
político”. “lo social”. “lo económico”. “lo cultural”. “lo educati·o”. “lo doméstico”. Lsta
circunstancia tampoco ha sido suíicientemente sopesada. La noción de que “lo personal es
lo político” puede ser mas un reílejo de desesperanza que una ·aloración eíecti·a de
nuestra condición. Ll eslogan se sostiene sólo donde propone la identidad de lo “personal”
v lo político. pero no donde eíectúa un desplazamiento del descontento político hacia la
esíera pri·ada. (oncretamente. “Sobre la cuestión judía” de Marx apunta una lógica de lo
que él denominó “emancipación política”. que esta relacionada con la instauración del
estado como representante colecti·o de una cualidad ética abstracta. una especie de
destilado diíuso. al margen de las diíerencias reales que el pueblo encuentra en la sociedad
ci·il. 1oda ·ez que la igualdad o la equi·alencia queda aíirmada como un ·alor político. la
propia di·isión o diíerencia termina siendo intensamente problematica. v toda·ía ·i·imos
en este tipo de mundo. Por otra parte la deslumbrante contradicción entre la desigualdad
económica v una supuesta libertad política. que mavormente es libertad de mercado. obliga
al estado a utilizar su poder coacti·o cada ·ez de una manera mas írecuente v abierta. al
ser·icio de una “estabilidad” tanto internacional como doméstica. Lsto también insta a la
erradicación de cualquier tipo de elocuentes alternati·as al capitalismo. 1ambién hav que
anadir que tanto nacional como globalmente persisten v se intensiíican las diíerencias
irradicables entre los grupos sociales v sus respecti·as íormaciones culturales. tanto positi·a
como negati·amente. Sea en las sociedades capitalistas bajo las íormas perpetuas de
racismo o en la persistencia de culturas nacionales v locales. sea expresada a tra·és de
discursos ideológicos expresos o mediante los extremos disonantes de dominios sociales
que nunca han quedado completamente asimilados. la insistencia de la diíerencia se
extiende por todos los sitios. desaíiando al régimen de equi·alencia v “emancipación
política”.
LL LJLMPLO DL \ILLIAM MORRIS
No debería sorprendernos que se puedan trazar con posterioridad al siglo XIX unos ecos
de oposición. que e·ocan de alguna manera a las contestaciones cartistas contra esta misma
di·isión en esíeras exclusi·as de acti·idad. Incluso en la tradición que explora Ravmond
\illiams. aunque los ecos de la alternati·a estan acti·ados. quedan írecuentemente
omitidos. Inicialmente nos hemos centrado hasta el momento en los modos opositores del
acti·ismo obrero. Ahora nos centraremos en la crítica de la cultura. tal v como resulta de las
contradicciones entre las inter·enciones estéticas v sociales. 1omamos como ejemplo a
\illiam Morris. un pensador v acti·ista que a \illiams le pareció que encajaba totalmente
en la tradición de “cultura v sociedad”. La iníra·aloración que \illiams eíectúa del ·alor
radical de Morris a la hora de entender la íunción de la cultura. es un síntoma de su íracaso
para aprehender las diíerenciaciones de los espacios sociales como algo mas que lo va dado.
Así. coníinandolo en el saneamiento excesi·amente íamiliar de las “artes v oíicios” de su
socialismo re·olucionario. \illiams medie·aliza v estetiza el desaíío de Morris.
1al v como senala \illiams. (arlvle v Ruskin “sólo podían encontrar la imagen
´organica´ mediante una mirada retrospecti·a: ésta es la base de su ´medie·alismo´ v de la
de los otros. Sólo a partir de Morris adquiriría esta imagen. en esta tradición. una reíerencia
claramente íutura –la imagen del socialismo. Incluso en Morris |...| la reíerencia
retrospecti·a es toda·ía importante v acti·a.”
2¯6
Aquí hav mucho de los escritos de Morris.
lasta cierto punto en su historia. después de todo. la “reíerencia retrospecti·a”. aunque
pueda haber sido “importante v acti·a”. quedaba desplazada por la “reíerencia íutura” del
socialismo o del comunismo. por usar los términos que progresi·amente preíirió Morris,.
\ íinalmente quedó desplazada en su totalidad. La principal reclamación de L. P. 1hompson
a Morris reside en la propia diíerencia que sostiene con \illiams lo que le acerca a
1hompson,: “la crítica romantica del capitalismo industrial. el trabajo de Ruskin v (arlvle.
asume un nue·o tipo de importancia a la luz de la transíormación de la tradición que
eíectúa \illiam Morris.”
2¯¯

De hecho Morris. lejos de conjugar las conjeturas centrales de sus precursores
romanticos. las desbanca. Lejos de basar su argumento en alguna noción de arte o cultura
que hubiera de íructiíicar en un íuturo nue·o v mas glorioso. Morris deíinió su íuturo en
términos políticos v no estéticos. v en consecuencia habría de mantener la abolición del arte.
La palabra “·isionario” no hace justicia a un cambio tan íundamental. “No se trata de que
el arte sublime esta pobre ·ida estrecha excepcionalmente por medio de unos pocos
hombres. despreciando a los que bajo ellos demuestran una ignorancia que los mantiene
aíirmados a una brutalidad contra la que no opondran resistencia. Mas bien sostendría que
el mundo debiera suprimir por un momento el arte |...| desearía que el trigo. mas que
pudrirse en el granero de los a·aros. estu·iera en manos de la tierra. que toda·ía cuenta con
una oportunidad para escapar de la oscuridad.”
2¯8
Durante la década de 1880 Morris sugirió en mas de una ocasión que las artes
debían morir con la sociedad capitalista. v que sólo podrían renacer cuando la sociedad
socialista estu·iese suíicientemente establecida. “Las ·iejas artes va no son íértiles por mas
tiempo”. escribió. “nada nos obliga por mas tiempo a perdonar los lamentos elegantemente
poéticos: secas como estan no tienen sino que morir. v la cuestión ahora es cómo moriran.
si con expectati·as o sin ellas.”
2¯9
Si la íuente del arte era el “placer” del trabajo. entonces el
socialismo es la precondición necesaria para su renacimiento. “Ls posible.” dijo Morris.
“que todas las ·iejas supersticiones v con·enciones del arte havan de ser barridas antes de
que el arte pueda nacer de nue·o. Oue antes de ese nue·o nacimiento hava que
desenmascarar v dejar en e·idencia a todo aquello a lo que se ha senalado como arte. Oue
tengamos que alejarnos de todo lo que no son sino los materiales del arte. la carrera
humana. sus aspiraciones v pasiones v su casa. la 1ierra: sobre cuvos materiales habremos
de utilizar estas herramientas. el esparcimiento v nuestro deseo.”
280
De nue·o
estas aspiraciones del pueblo sólo pueden nacer de una condición de igualdad practica |...| creo tanto
en que conseguiremos esta igualdad que estov preparado para aceptar. como una consecuencia del
proceso de esa ·ictoria. la aparente desaparición de lo que nos queda ahora del arte. Porque estov
seguro de que se trata de una pérdida temporal. seguida del nacimiento genuino de un arte nue·o que
supondra la experiencia espontanea del placer de la ·ida innato en el pueblo al completo.
281

Ln una palabra. “cualquiera que se coníiese interesado por la cuestión del arte v el
culti·o por encima de la del cuchillo v el tenedor |...| no entiende lo que el arte signiíica”.
282
Ln lo que se reíiere a la educación. “es necesario que íinalice la gestación por un lado de
una ·ida de éxito comercial. o por otro de trabajo irresponsable. 1erminara
constituvéndose mas bien la costumbre de desarrollar las potencias del indi·iduo en todas
las direcciones que senalan sus disposiciones innatas: v así ningún hombre terminara su
educación mientras ·i·a.”
283
La crítica de Morris a la educación en sí misma queda
proíundamente relacionada con su crítica de la di·isión del trabajo manual e intelectual:
“La di·isión entre el intelectual v el trabajador. el hombre de ´genio´ v el pueblo. el
trabajador manual v el ´cerebral.´ debería íinalizar deíiniti·amente |...| así como el trabajo
íísico no debería acarrear indignidad por mas tiempo. sino mas bien lo contrario. el trabajo
intelectual a expensas de un ejercicio ·erdadero de las íacultades corporales debería
entenderse como un abuso de la plenitud de ·ida.”
284
Lste es un pasaje cla·e. Aquí. a
sabiendas o no. Morris relaciona su pensamiento con el rechazo de los radicales obreros
durante el largo periodo que necesitó el cartismo para aceptar la di·isión burguesa de
esíeras como la base de la “educación”.
Pero \illiams íracasa a la hora de reconocer la especiíicidad del salto intelectual v
político de Morris. Ls e·idente que para el \illiams de Cultura y Sociedad resulta mas
importante relacionar a Morris con (arlvle v Ruskin entre otros. mas que separarle de la
tradición que éstos construveron. lo que por otra parte hizo consigo el mismo Morris.
Puede incluso ocurrir que al relacionar a Morris con Ruskin en particular. \illiams íracase
a la hora de reconocer la especiíicidad de ambos: cuando menos hav que resaltar que el
autoritarismo v el paternalismo de Ruskin no iníectó a Morris.
285
\illiams cita v glosa un pasaje de “(ómo me con·ertí en socialista” de Morris:
“había pocos que estu·ieran abiertamente en contra |...| del whigerismo |...|. por no decir sólo
dos. (arlvle v Ruskin. Lste último íue mi maestro en busca del ideal antes de mis días de
socialismo practico.” La írase “antes de mis días de socialismo practico” queda
eíecti·amente ignorada por \illiams. Para \illiams. “Morris admite la tradición en toda su
amplitud”.
286
Por el contrario. ante nosotros Morris parece repudiar de hecho esta
tradición. mas que desarrollarla. Ll rechaza conscientemente esa parte anterior de su ·ida
en la que había suscrito las doctrinas de la “tradición” de \illiams. Ll Morris que atrae a
\illiams es el Morris que creía que “es incumbencia del arte el anteponer el ideal de una
·ida plena razonable al trabajador,”
28¯
. v no el Morris que. habiendo reconocido la íunción
de íalso consuelo del arte. lo rechaza intransigentemente. (on no muv buen acierto
\illiams intenta reinscribir a Morris en el seno de una tradición de pensamiento estético
que Morris había superado. “Morris”. insiste \illiams. “utiliza la idea de cultura. v en
particular su incorporación en el arte. como un criterio positi·o: ´el ideal ·erdadero de una
·ida plena v razonable´”.
288
Ll resultado es que \illiams deja irreconocibles las particularidades del comunismo de
Morris. Morris va había escrito de manera muv razonable, que el socialismo puede
“conseguir para los propios trabajadores mavores sueldos v menos horas de trabajo: el
municipio puede explotar las industrias en el beneíicio mutuo de productores v
consumidores |...| admito abiertamente en todo ello una gran ganancia. v me alegro al
atisbar provectos que podrían conducirnos en esa dirección. Pero tan grande como pudiera
ser este beneíicio. creo que la bondad íinal de todo esto |...| dependería de cómo se realizan
estas reíormas. con qué espíritu. o mas bien qué mas se hara mientras esto sucede.”
\illiams insiste en que estamos ante “un argumento característico de la tradición que
Morris coníirma en sus términos usuales”.
289
De nue·o “entendemos que Morris da a la
tradición |...| una aplicación radicalmente nue·a de sus ideas |...| Morris anuncia aquí una
prolongación de la tradición en nuestro propio siglo.”
290
Sin embargo. al abordar su
con·ersión al socialismo re·olucionario. nosotros debemos reiterar que Morris no era mas
un Jano biíronte que un predecesor del siglo XX. incluso en sus desarrollos mas
contemporaneos. hasta extremos mucho mas extensos de lo que semejantes íormulaciones
nos havan podido hacer creer. Ll rechazó esa tradición a la que \illiams le había
incorporado de manera un tanto per·ersa.
La última reíerencia a Morris en Cultura y Sociedad
291
contiene una declaración mas
certera que cualquiera de las que puede habernos deparado con anterioridad. al senalar que.
en Morris. “el socialismo era de tipo marxista”. Lsto no se sigue de nada de lo que havamos
leído de Morris hasta ahora. Lo que debería haber sido una opinión central sobre Morris –
que Morris acabó considerando como central en su ·ida v desarrollo personal- aparece aquí
mas bien como una coníesión poco generosa. encajada ademas entre dos aíirmaciones
demostrablemente íalsas. Por un lado que Morris “había relacionado la causa del arte con la
causa del socialismo” cuando de hecho había separado la causa del socialismo de la del
arte,. \ por otro que “los términos de la posición de Morris eran mas antiguos que los del
socialismo,. v herencia de una tradición general que le ·enía de Ruskin”. Ln siguiente írase
\illiams pretende subordinar la “rebelión” a la “promesa política” de la manera menos
con·eniente para Morris. que relacionó las dos al repudiar el arte: “Morris, recogía del
marxismo el razonamiento económico v la promesa política: la rebelión general era mas
antigua.” 1ambién reduce los argumentos re·olucionarios de Morris a una mera rebelión
estética. Lo mas que admitira \illiams es que “alguna ·ez Morris sugirió que la causa del
arte debe aguardar al éxito del socialismo”
292
\illiams declara inmediatamente que esta
sugerencia “puede ser errónea”,. Ln cualquier caso los “alguna ·ez” de \illiams podrían
ser tomados como sugerencia de una cierta intermitencia. Su uso oculta aquí el hecho de
que una ·ez que Morris ha ·ariado su posición. se mantiene allí con la misma tenacidad
durante el resto de su ·ida. \illiams escribe que “el anhelo de identidad de situación v
sentimiento. que ejerce un atracti·o tan poderoso en tantos escritores como Morris. es una
mera íorma de anhelo regresi·o hacia una sociedad no industrial v mas simple”.
293
.Pero
por qué debería ser esto así necesariamente· (omo aíirmación sobre Morris. v no tanto
sobre “los escritores como Morris”. esta proposición es lo suíicientemente coníusa como
para re·elar muchas cosas sobre las intenciones de \illiams. Incluso en la corta discusión
de \illiams con Morris sobre sus Fuentes de esperanza. pri·ilegia el aspecto regresi·o v
“medie·al” de Morris sobre el aspecto progresista v re·olucionario –que el mismo Morris
había expuesto no sin gran ringorrango.
294
No obstante. esta negligencia de \illiams nos permite releer los escritos de \illiam
Morris como el momento de una dialéctica en marcha entre cultura v política en el seno de
la sociedad capitalista: no una dialéctica entre cultura v sociedad. sino un mo·imiento
alternati·o de la historia que ha sido constantemente marginado por los aparatos del estado
ético v su sentido común. A pesar de que su ocultamiento lo hace aparecer como
discontinuo v esporadico. este mo·imiento tiene de hecho una historia que se puede trazar
tanto teórica como practicamente. Si releemos a Morris desde esta perspecti·a. su trabajo
propone mas una reílexión del lugar que ocupa la cultura dentro de mo·imientos sociales
radicales. que una coníirmación de la “tradición”. Ln este sentido encontramos lecciones
que son instructi·as tanto para el presente como para el pasado.
Los escritos comunistas de Morris mantienen un esquema dialéctico. aunque el
mismo Morris no era estrictamente dialéctico. (onsistentemente. al negar el arte o la
cultura como una acti·idad especializada que íorma parte de una esíera distinta a la de la
producción. se los concibe tras su reaparición como un aspecto indiíerenciado del trabajo.
que a su ·ez queda entendido mas como placer que como obligación. Lsto se cumple tanto
en sus ensavos como en su íicción utópica. Noticias desde ninguna parte. De hecho en esto
Morris concuerda con las reílexiones dispersas de Marx sobre estética v sobre la sociedad
comunista post-re·olucionaria. Lsto establece también la diíerencia con los discursos
radicales anteriores v las condiciones que limitan su pensamiento: unos límites que han
inducido a leer superíicialmente sus escritos v a desecharlos como estetizantes v
medie·alizantes. Su diíerencia con los discursos radicales de la primera mitad del siglo
estriba en su consolidada oposición írente a una teoría v un espacio de cultura estética
aunque íuesen literalmente inconcebibles antes de 1850, de los que. por íuerza. tenía que
alejarse. Su ·isión de la sociedad post-re·olucionaria queda muv cerca de la de 1homas
Spence. pero requiere una crítica mas extensa de los eíectos de la di·isión del trabajo o la
“alienación”. (omparte con los cartistas v los radicales de las décadas de 1830 v 1840 la
concepción de un espacio social indiíerenciado. pero a diíerencia de ellos necesita basar
dicha concepción en una negación de la diíerenciación. mas que en la consideración de que
toda·ía hav una alternati·a posible. Ll íin de la di·isión del trabajo. sobre el que quedan
predicados íinalmente la integración del trabajo. el ocio v el íin de la política. es mas una
posibilidad post-re·olucionaria que una alternati·a a las relaciones sociales de un
capitalismo toda·ía emergente. Al mismo tiempo Morris se opone desinteresadamente al
socialismo reíormista característico de la década de 1860. oportunamente denominado
“socialismo estatal” en Noticias desde ninguna parte
295
. Se trata precisamente del tipo de
aceptación de dotación estatal educati·a v de culti·o que en ese momento Morris
anatematizó. aunque esa estrategia pudiera haber aparecido a la sazón de una manera
necesaria. Lste antagonismo írente a la inter·ención paternalista del estado es quizas lo que
mas distingue a Morris de (arlvle v Ruskin.
Por consiguiente el logro de Morris consiste en haber propuesto un mo·imiento
dialéctico inseparable de una transíormación social. por el que una cultura estética ahora
plenamente diíerenciada. que a la ·ez desplaza v establece una categoría de necesidades v
de placeres humanos. puede reunir de nue·o el rango de practicas de la que había sido
separada. Lste mo·imiento dialéctico es histórico en sí mismo. v esta condicionado por una
transíormación histórica de los espacios sociales que hemos discutido en los capítulos
anteriores. No obstante esta condición también coníina su imaginario social a una negación
cuasi-medie·al de las relaciones sociales actuales. Ln parte. esta circunstancia resulta
personal v contingentemente de su propia íormación entre pintores prerraíaelistas. que
con·irtieron la actitud medie·alista en su íetiche. A otro ni·el. sin embargo. queda
determinada por una ine·itable sobreestimación de la cultura estética. en un momento en
que ésta había aparecido mavoritariamente como el único espacio alternati·o de practica
írente a las relaciones sociales capitalistas. v como la única analogía imaginable para
anticipar las condiciones post-re·olucionarias. \ a este respecto la imaginación de Morris
establece una transíormación dialéctica del medie·alismo ·ictoriano del modelo autoritario
de (arlvle. Ruskin o 1ennvson. hacia uno en el que las condiciones para desreiíicar las
relaciones sociales pasan por la negación de la misma tecnología industrial. v no sólo por la
abolición del trabajo alienado v los modos de autoridad capitalista.
LA (UL1URA DL LOS MOVIMILN1OS SO(IALLS
lov en día la pre·isión de las relaciones sociales poscapitalistas v post-patriarcales sigue
cargada de idealización. va sea “nostalgica” o de otro tipo. Nosotros pretendíamos
emprender la tarea de contribuir a abrir el repertorio de posibilidades históricas. mas que
determinar sus propios íines. v por lo tanto no nos tienta ningún tipo de compromiso con
pronósticos utópicos. Sin embargo sugeriríamos que los escritos de Morris toda·ía
constituven una prolongación largamente ignorada de la teoría marxista. tanto por parte de
la tradición marxista “ortodoxa” como por parte de la mavoría de los marxistas
“culturales”. de Lukacs a Marcuse. Si el argumento de Morris a ía·or de la abolición del
arte tendía a destruir la enmascarada íunción instrumental que éste sostenía en relación con
el estado v el capitalismo. a modo de papel compensatorio donde se propone un espacio
autónomo de libertad. los marxistas culturales han tendido a ·er en la estética el lugar de
aíirmación del deseo utópico. o en todo caso. de preser·ación de la negación residual
subjeti·a de las relaciones sociales capitalistas.
296
Ln eíecto. a partir de Lúkacs. el marxismo
cultural. en su éníasis de la alienación. ha mantenido la íunción del arte en la sociedad
burguesa. Por esa misma razón. si Morris entendió el sentido crucial de la cuestión del íin
de la di·isión trabajo v su reducción horaria en la reconstitución de las relaciones sociales.
el marxismo re·olucionario ortodoxo ha tendido a considerarla en la órbita de la sociedad
poscapitalista como una demanda aplazada. Ll hecho de que las sociedades comunistas no
abordaran el asunto de la di·isión del trabajo de una manera concreta puede haber
determinado el íin e·entual del problema. así como esa centralización característica de la
producción v el poder político de ningún modo re·olucionaria que. de hecho. dependía
abiertamente tanto de la di·isión del trabajo como de las esíeras sociales.
lav muchos v ·ariados argumentos para entender las razones del íin de los estados
socialistas europeos v los mo·imientos re·olucionarios occidentales. v también del
simultaneo decli·e de los sindicatos. las grandes instituciones del “socialismo de estado”.
Los últimos argumentos ·an desde la corrupción de liderazgo sindical v la apatía de sus
burocracias a la hora de abordar las necesidades de los trabajadores. a la acentuación de los
asaltos estatales sobre la organización laboral v la acelerada mo·ilidad de capital
transnacional. a tra·és de la sobreexplotación de los recursos laborales del “tercer mundo”
v el trabajo inmigrante. A todos estos argumentos. cruciales para analizar el momento
presente. hav que anadir las contradicciones que surgen de la articulación entre el
socialismo v los provectos del estado ético.
29¯
(on esto no queremos apuntar únicamente la
asimilación del socialismo por parte de la hegemonía. sino también la reproducción
estructural de los espacios sociales del capitalismo. Ll continuo pri·ilegio –írecuentemente
abstracto- de lucha en la esíera económica no sólo ha subordinado otros lugares de lucha
en las décadas recientes –íeminismo. anti-racismo. ecologismo v demas. 1ambién ha
continuado objeti·ando un modo concomitante de subjeti·idad política atrapado en el seno
de la lógica de las estructuras democraticas representati·as. que aparecieron dentro del
discurso sobre la cultura v el estado que hemos analizado en los desarrollos del siglo XIX.
Dentro de estas estructuras. mas que negarse se coníirman las di·isiones especííicas dentro
del sujeto-ciudadano moderno. Progresi·amente esta tendencia ha entrado en conílicto con
otros mo·imientos culturales v políticos que no quedan inicialmente predicados sobre
analisis económicos.
lasta ahora nuestro argumento concuerda con un trabajo toda·ía indispensable
sobre los mo·imientos sociales. Hegemonía y estrategia socialista de Lrnesto Laclau v (hantal
Mouííe. que ha avudado a aclarar nuestra comprensión incluso aún cuando discrepamos
con su talante. Por supuesto. nuestro desacuerdo es en parte histórico: nuestro trabajo ha
mostrado que la “re·olución democratica” del siglo XIX. lejos de desplazar “identidades
dadas v relati·amente estables” a un contexto de antagonismos ob·ios. surge de un
conjunto altamente íluido de conceptos v posiciones sociales emergentes. donde los límites
del espacio social v la subjeti·ación eran enormemente “borrosos”. De hecho
argumentaríamos que sólo podemos encontrar un principio de posibilidad de las íormas
especííicas de la democracia representati·a íuera de las múltiples posibilidades que se dan a
principios del siglo XIX.
298
Lsto no quiere decir. de modo reaccionario. que no se oírezca
nada nue·o en las condiciones aparentemente irreemplazables del presente. donde la
desestabilización de las identidades v la multiplicación de los espacios políticos tienden a
disol·er “la positi·idad diíerencial de lo real”. v consecuentemente a componer una
eclosión de “la idea. v la misma realidad. de un único espacio de constitución de lo
político.”
299
Por el contrario deseamos desarrollar el pensamiento de Laclau v Mouííe.
procurando sostener una comprensión de la dialéctica histórica de la política v la cultura.
desde la que la teoría de los mo·imientos sociales v la practica de la democracia radical se
opongan a la democracia representati·a. Lsto implica de manera inmediata un conjunto de
consideraciones teóricas. históricas v practicas.
Nos resulta sorprendente que las íormas culturales jueguen un papel tan modesto
en la teorización de los mo·imientos sociales de Laclau v Mouííe. dados los antagonismos
culturales que la progresi·a mo·ilización del acti·ismo de estos mo·imientos ha acarreado
durante las pasadas décadas. Por explicarlo bre·emente. entendemos por mo·imientos
sociales aquellos mo·imientos cuvo acti·ismo se da preponderantemente a lo largo del
estado ético. mas que en el seno del estado político.
300
Lstos mo·imientos no quedan
determinados por la singularidad de ciertas cuestiones políticas o sociales. sino que se
multiplican en el entrelazamiento de diíerentes intereses. espacios v íuerzas sociales. No
estan regulados por ninguna norma practica o concepto singular de subjeti·idad política. v
por consiguiente no ocupan el espacio de la “política” en su sentido con·encional. 1ienden
a ramiíicarse rapidamente sobre asuntos contiguos. v con írecuencia pueden parecer
esporadicos v discontinuos a ojos de aquellos teóricos que íuncionan de manera
programatica. De manera ubicua. estos mo·imientos han descolonizado la globalidad de las
luchas en cada momento histórico. Pero también han sido críticos al mo·ilizar culturas de
oposición v alternati·as dentro de los principales estados capitalistas: mo·imientos de
masas como el (ND en Gran Bretana mo·ilizaron una oposición a los programas
nucleares del estado. pero ademas. a íinales de los sesenta v los setenta se entrelazaron v
ramiíicaron con el acti·ismo ecológico. antimilitarista v comunitario. Lste acti·ismo quedó
incrustado en di·ersas íormas culturales de expresión. v en su giro contribuveron a la
mo·ilización socialista v íeminista como nue·as íormas de resistencia cultural contra el
tacherismo v el racismo durante los ochenta. Ln los Lstados Unidos. la historia del
Mo·imiento de los Derechos (i·iles v su legado sugiere una dinamica similar de
intersección v ramiíicación. incorporada en la aparición continua de nue·os modos v
espacios de pelea: el acti·ismo íeminista. los mo·imientos de grupos étnicos o el
ecologismo radical. cada uno de los cuales presenta diíerentes grados de intersección con
los otros
301
.
Ln un giro peculiarmente leninista. estas dinamicas también se han interpretado
con cierta íacilidad como sectarismo destructi·o de izquierdas. o como un particularismo
característico de los historiadores de la nue·a izquierda.
302
Por el contrario. desde nuestra
perspecti·a los mo·imientos sociales obtienen su mo·ilidad v su dinamismo coníorme
trasgreden las di·isiones normati·as de la sociedad ci·il v el estado en la sociedad
capitalista. por medio de ·ías que al estado hegemónico le resultan extremadamente
diííciles de contener. De esta manera. un compromiso prolongado de los mo·imientos
sociales con los aparatos del estado puede terminar signiíicando su “arresto” v gradual
incorporación. con lo que se hace necesario íomentar su transíormación v su reaparición
en otros lugares de la sociedad ci·il. (onsecuentemente. la historiograíía con·encional
raramente puede alcanzar a comprender tales mo·imientos en la particularidad de su
longe·idad. pues sus ritmos quedan diíícilmente aprehendidos por narrati·as que. en el
seno de un modelo progresi·o de historia política. eníatizan momentos puntuales de
·ictoria v derrota. (omo remarca Paul Gilrov. “donde los nue·os mo·imientos mantienen
su distancia con las instituciones del sistema político”. diremos que “queda constantemente
subravada la distinción entre la emancipación humana v las libertades íormales garantizadas
por la política.”
303
lemos eníatizado a tra·és de este trabajo la relación que mantienen radicalismo v
cartismo con la íluidez de un estado emergente v la sociedad ci·il. írente a la posterior
con·ergencia entre el discurso obrero v un estado hegemónico mas poderoso donde las
di·isiones de la sociedad ci·il han comenzado estabilizarse. 1ambién hemos demostrado de
qué manera. muchas de aquellas diíerentes condiciones determinaban que la aceptación
íormal de “emancipación política” v la re·ocación de las aspiraciones políticas pasaban por
la capacidad de “quedar representado”. Ahora. este periodo de transición excepcional e
irrepetible tiene mucho que aportar a la política de enírentamiento. justo cuando parece
aparecer un nue·o modo de producción. v también cuando se estan dando no·edosas
transiciones en la esíera política. Pero a diíerencia de muchos teóricos sociales
contemporaneos. no querríamos sobre-eníatizar la importancia del nue·o modo de
producción. de ninguna manera determinante ni autosuíiciente cuando hablamos de la
constitución de una política de mo·imientos sociales.
304
Mas bien argumentaríamos que
tanto la sociedad ci·il como los mo·imientos sociales que la cruzan. mantienen una
relación de mavor mediación con las nue·as íormas de la producción capitalista. La
porosidad creciente de las instituciones de la sociedad írente a las acometidas del
capitalismo v la inter·ención estatal. así como el decli·e de los modos mas antiguos de
organización laboral. multiplica las aperturas de mo·imientos sociales. así como el aumento
de la necesidad de luchar para mantener una serie de espacios habiles para la constitución
de íormaciones culturales alternati·as. que poco tienen que hacer con un tipo de
subjeti·idad política íormal o de clase.
Pero la lógica de los mo·imientos sociales también parece mas comprensible al hilo
del relato de esa historia intelectual que se aparta de las teorías de la cultura: una historia
dentro de la que nuestro propio provecto queda asimilado de facto. 1eóricamente. la
posibilidad de concebir la cultura como un modo de articulación de practicas que atra·iesa
todas las esíeras diíerenciadas de la sociedad. v no como una acti·idad especializada de la
estética o el ocio. queda propuesta por los desarrollos disciplinarios posteriores al siglo
XIX. De nue·o estos desarrollos implican una dialéctica conceptual. tal v como ocurría con
Morris. que transíorma el sentido v la practica de la cultura. proponiéndola como un
conjunto de actos signiíicantes. Justo cuando el concepto de cultura en su sentido estético
alcanzaba su apogeo v comenzaba a asumir el sentido general de “culti·o armónico del
indi·iduo”. aparecía la deíinición antropológica de la cultura como el “todo complejo” de
la sociedades primiti·as. Ln eíecto. esta di·isión del concepto suscribe la distinción entre
“culturas” no-modernas. que son indiíerenciadas. v las sociedades modernas que quedan
alta v progresi·amente diíerenciadas.
305
(on la aparición del concepto de cultura de masas
durante el siglo XX. esta distinción se complementa con otra nue·a. Relegada por
pensadores de izquierdas como la escuela de lrankíurt al estatus de íalsa ilusión ideológica
de masas. “la cultural de masas” la cultura popular o los productos de la “industria
cultural”, queda inicialmente subordinada al ·alor crítico progresi·amente negati·o de un
trabajo estético residual: estamos ante “mitades separadas”
306
. como dice Adorno. Pero se
puede obser·ar que este doble conjunto de distinciones experimenta una transíormación
dialéctica coníorme los conceptos de la cultura etnograíica apuntan su relación con los
conceptos estéticos. a la hora de recuperar v ree·aluar las íormas populares o de clase
trabajadora. Ll propio giro que \illiams emprende en Cultura y Sociedad desde el concepto
de la persona integral hacia la idea de cultura como “modo integral de ·ida” es un ejemplo
íundamental de este proceso. a pesar de su momentanea incapacidad para entender la
necesidad de repensar los modos del juicio estético. va que éstos no pueden asumir
eíecti·amente este concepto posterior. Al margen de esta dialéctica aparece el ·ocabulario
conceptual de los estudios culturales contemporaneos. que han desplazado v dispersado. en
todos los sentidos de la expresión. la concepción estética del “hombre representati·o” o
“integral”.
30¯
Si la antropología moderna no podría haber aparecido como practica disciplinar al
margen de la global extensión del poder imperial v la colonización. la practica
interdisciplinar de los estudios culturales tampoco se podría haber íraguado sin un cambio
histórico correspondiente. Los estudios culturales se alejan progresi·amente de la simple
cuestión dicotómica de la “alta” v “baja” cultura.
308
v toman como objeto las íormas
altamente diíerenciadas de producción v recepción cultural que han ido aparecido con la
creciente inter·ención del capitalismo en la sociedad ci·il en el dominio de los “·alores” v
el ocio. Ln este camino se intensiíica una articulación de la cultura que es indiíerente a la
distinción estética. excepto por la íorma instrumental de la estratiíicación que implican las
ideas de audiencia v consumidor. Mientras una parte de la crítica cultural. de la escuela de
lrankíurt v la Sociedad del espectáculo de Guv Debord a los estudios contemporaneos de
cultura transnacional. ha tendido a considerar esta circunstancia como una extensión
homogeneizante de la hegemonía en los propios recesos del imaginario. nosotros estamos
mas bien con aquellos que entenderían en este proceso la disolución sumaria de los
distintos espacios de una tradición jerarquica de practica v juicio cultural. Lsta dispersión
cultural corresponde a la dispersión de la esíera política que Laclau v Mouííe teorizan en
Hegemonía y estrategia socialista. La cultura no puede quedar localizada por mas tiempo entre
los términos de un espacio propio. sea estético u ocioso. diíerente de otros espacios
sociales.
No obstante nosotros entre·emos un colapso de la distinción cultura´política. que
prolongaría la concepción de los mo·imientos sociales de Laclau v Mouííe. así como el
progreso hacia la “democracia radical”. (omo va hemos remarcado. Hegemonía y estrategia
socialista ignora ampliamente las dinamicas culturales de las practicas de los mo·imientos
sociales. (on esto no nos reíerimos simplemente a los elementos de expresión cultural
canciones. teatros. murales. etc., que complementan como practicas particulares la “acción
política” directa. 1ampoco nos reíerimos a la íunción politizante de inter·enciones
culturales como. por ejemplo. mo·imientos nacionalistas donde se interpela al sujeto v se lo
íorma para la lucha política. Pretendemos designar una dinamica donde las practicas
antiguamente discontinuas de la cultura v la política. v por consiguiente también sus
distintos modos de subjeti·idad. quedan disueltas en la propia textura de esos mo·imientos
sociales que atra·iesan los espacios diíerenciados de la sociedad liberal v la democracia
representati·a. Ll mo·imiento social responde a esas di·isiones ideológicas del espacio en
la sociedad ci·il. que se muestran como progresi·amente inadecuadas para un capitalismo
que e·oluciona a tra·és de cada dimensión de la estructura social. 1omemos por ejemplo
los crecientes mo·imientos medioambientales. cuvo objeto no responde tanto a una
categoría aparentemente clara. Ls decir. no hablamos de la “naturaleza” como aíuera
residual de la depredación capitalista. sino de los múltiples eíectos de la polución industrial
en comunidades rurales v urbanas que quedan deíinidas por estatutos de raza v clase. Para
tales mo·imientos el antagonismo que sostienen írente a la explotación económica del
capitalismo es inseparable de las cuestiones de medioambiente doméstico. de salud v
crecimiento iníantil. de racismo v diíerencia cultural. o de acceso al poder político o a la
esíera pública. Ln tales casos los mo·imientos sociales no quedan deíinidos por posiciones
preestablecidas. sino por la propia dinamica de una practica contra-hegemónica que desaíía
la diíerenciación en cualquier espacio o dirección social que ·enga dado por un íin singular.
Aquí no se esta dando una articulación de distintas íormaciones sociales o modos de
subjeti·ación que implican íormaciones anteriores v discontinuas dentro de las
diíerenciaciones dadas de la sociedad liberal. sino que se insiste en una íenomenología
íluida v resistente de intersecciones de eíectos de poder v explotación históricamente
constituidas.
Nuestro éníasis en la constitución histórica de esas intersecciones pretende senalar
la e·idencia de continuidades históricas que enlazan con luchas contemporaneas. a lo largo
de una apariencia de discontinuidad que es el resultado de un ocultamiento historiográfico.
Las historiograíías dominantes. íormadas tanto desde la izquierda como desde la derecha
según la lógica del progreso v la diíerenciación. declaran o bien la incorporación de los
mo·imientos sociales contra-hegemónicos. o bien su extinción sucesi·a.
309
Por el contrario
nosotros pretendemos argumentar que la íuerza contra-hegemónica de estos mo·imientos
ha consistido en su rechazo a sucumbir a la diíerenciación. así como en su actual resistencia
discursi·a v material írente a íormas especííicas de dominación.
Los mo·imientos sociales contemporaneos se preser·an v se articulan desde su
insistencia en un espacio indiíerenciado de practica. que resulta bastante mas contra-
hegemónico que cualquier provecto socialista basado en la “renuncia de la categoría del
sujeto como una entidad unitaria. transparente v suturada”. tal v como argumentan Laclau v
Mouííe. v en su sustitución por “antagonismos constituidos sobre la base de diíerentes
posiciones del sujeto”.
310
Su propia creencia de que el camino a la democracia radical no
consiste en “el abandono del terreno democratico. sino por el contrario en el desarrollo del
campo de las luchas democraticas al conjunto de la sociedad ci·il v el estado”. les ·incula a
una articulación de las posiciones políticas v sociales va constituidas de democracia liberal o
representati·a. Lsto nos dirige hacia una concepción bastante estatica de la “articulación”
de luchas. que sigue una serie de líneas preconcebidas de delimitación como raza. género o
clase. v que quedan representadas por mo·imientos correspondientes v “equi·alentes”:
anti-racismo. anti-sexismo v anticapitalismo”. Ln éstas líneas. la teoría pierde esa capacidad
de mostrar la relación trasgresora que los mo·imientos sociales sostienen írente a los
espacios íijados v a las categorías sujetuales de la sociedad ci·il liberal.
311
Nuestra
in·estigación sugiere mas bien que cualquier camino hacia las íormas alternati·as de
democracia radical a tra·és de las categorías deíinidas en el seno del concepto de
democracia representati·a resulta improbable en el mejor de los casos. Ln otras palabras
Laclau v Mouííe permanecen enredados en lo que Marx denominaba “mera emancipación
política”. 1rasladarse mas alla de la condición de “emancipación humana” reclama mas de
lo que incluso Marx pre·ió bajo la íorma de lucha económica o de clase: reclama la
disolución de ambas categorías. una disolución económica v política sostenida por una
tradición radical anterior. incorporada de una manera dialéctica en el potencial de los
mo·imientos sociales contemporaneos.
LPÍLOGO
RA\MOND \ILLIAMS \ GLORGL OR\LLL
Ln esa no·ela menor que es 1985. Anthonv Burgess senala que 1984 era “la ·enganza de
Orwell sobre los trabajadores de 1948. Le habían decepcionado.” Se trata de una
equi·ocación exagerada. Si para 1948 alguien había tenido la posibilidad de decepcionar a
Orwell. no íueron los trabajadores sino la intelectualidad: esa misma intelectualidad que le
abandona desde entonces. justo como el propio Orwell había pre·isto. Ls común
considerar a Orwell como “la ·oz de la desilusión política. del íracaso ine·itable de la
re·olución v el socialismo”.
312
Aunque estas palabras pertenecen a Ravmond \illiams. es
íacil encontrar citas similares en el analisis literario v político de un ambito que incluve a
nombres como L. P. 1hompson. Isaac Deutscher o el propio Anthonv Burgess.
313
La
amplitud de este consenso causa cierta sospecha. pero tiene tal íuerza que cualquiera que
plantee algún tipo de objeción a este respecto. v que ademas senale el caracter genuino del
compromiso de Orwell con el socialismo. queda obligado a abordar una larga v cuidadosa
reconstrucción de la política orwelliana. Se trata de una tarea complicada. tanto por las
propias complejidades de Orwell como por las de sus críticos. A este respecto ·iene al caso
la íigura de Ravmond \illiams. cuva hostilidad hacia Orwell es de sobra conocida. v que de
aquí en adelante se propone como piedra de toque: sus puntos de ·ista sobre Orwell
resuenan en los asuntos mas equí·ocos. Al intentar entender cómo se termino ·iendo en
Orwell la ·oz del desanimo político mundial. se plantea un problema que queda
relacionado íundamentalmente con otras cuestiones mas extensas: .cómo se le llegó a
considerar el proíeta del “totalitarismo”. un concepto que utilizaron los ideólogos de la
guerra íría pero no el propio Orwell, para indicar una compatibilidad entre íascismo v
estalinismo· .(ómo quedó Orwell situado tras su muerte entre una ·isión bipolar del
mundo. en una retórica de guerra íría en la que nunca encajó· Re·iste una ironía amarga el
hecho de que. por lo general. las obras mas íamosas de Orwell. Rebelión en la granja v 1984.
se entienden hov mas que nunca como signos de una oposición al socialismo que Orwell no
maniíestó expresamente –aunque desilusionado. Orwell podría haber coincidido con
algunos de sus colegas intelectuales v ellos con él. como indica de nue·o el ejemplo de
Ravmond \illiams,.
1anto antes como después de 1984. Orwell mantu·o expresamente su compromiso
con el socialismo democratico como alternati·a írente al capitalismo v al estalinismo. Ln
marzo de 194¯. cuando 1984 estaba en pleno desarrollo. Orwell publicó en The New Leader
una extensa crítica de La lucha por el mundo de James Burnham. donde se insistía en un
“tercer camino” mas alla de las alternati·as capitalistas v colecti·istas estridentemente
períiladas por Burnham.
314
Sobre 1984 escribió a un lector americano lrancis A. lenson
de la United Auto Workers, que “NO se debe entender mi última no·ela como un ataque al
socialismo |...| sino como una muestra de las per·ersiones potenciales de la economía
centralizada. que va se han dado de manera parcial en el comunismo v el íascismo.”
315
(uando 1. R. lv·els recuerda a Orwell insiste con tino en que 1984. mas alla de sus
deíectos v ambigüedades. v a diíerencia de lo que consideraba su editor lrederic \arburg.
“no era un sal·aje ataque al socialismo”. sino mas bien una ad·ertencia sobre la posibilidad
de un tipo de tiranía estatal que se auto-denominaba socialista. Ln “Lscritores v Le·iatan”
lv·els nos recuerda atinadamente cómo “Orwell había dejado escrito que suponer la
llegada ine·itable del socialismo democratico con el derrumbamiento del capitalismo
constituía una debilidad de la izquierda. No había tal ine·itabilidad. |...| v 1984 era una
ad·ertencia alegórica sobre las peores consecuencias posibles.”
316
(omo tal es un correlato.
v no un correcti·o. de las con·icciones políticas que Orwell expresa en su ensavo de 1948
titulado “Ln deíensa del camarada Zilliacus”:
A diíerencia del capitalismo la democracia social oírece una alternati·a al comunismo. v si se puede
habilitar algún espacio alternati·o para íuncionar a gran escala. si hav un margen de modiíicación para
introducir el socialismo sin íuerzas policiales secretas. deportaciones masi·as v demas. entonces la
excusa de la dictadura se des·anece.
31¯
La doctrina política de Orwell va había quedado resumida en su ensavo de 194¯ sobre l. A.
·on lavek. Orwell escribía que “Nuestra diíicultad actual” consiste en que “el capitalismo
nos dirige hacia colas de caridad. a una encrucijada entre mercado v guerra. Ll colecti·ismo
nos dirige hacia campos de concentración. a una adoración del líder v la guerra. No hav
otra alternati·a a menos que planeemos una economía capaz de combinarse de alguna
manera con la libertad v el intelecto”.
318
Puede que esta combinación no sea el resultado
mas probable de la practica política. pero no obstante Orwell creía que. si se pretendía
e·itar la locura colecti·a. ése era el provecto político íundamental de su generación. A la
hora de entender las razones que lle·aron a Orwell a escribir 1984. una composición
hipotética provectada sobre un íuturo que aíronta la temeridad de apuntarse con íecha
concreta. debería asumirse como reíerencia de la tarea política de alejarnos del mundo que
retrata el libro. La carta de Orwell a lrancis A. lenson lo deja claro:
No creo que ·ava a llegar necesariamente el tipo de sociedad que describo. pero creo que
apovandonos por supuesto en el hecho de que el libro es una satira, podría ocurrir algo similar. (reo
también que las ideas totalitarias han arraigado in·ariablemente en las mentes de los intelectuales. v he
intentado extraer de esas ideas sus consecuencias lógicas. Ll escenario del libro se sitúa en Gran
Bretana para eníatizar que las castas intelectuales inglesas no son mejores que otras de manera innata.
v que si no se combate el totalitarismo. éste podría triuníar en cualquier sitio.
319
Por supuesto esta llamada de atención implica la cuestión de su agencia: .Ouién ·a a
combatir concretamente el totalitarismo. v en nombre de qué· Orwell no es tan claro a la
hora de senalar concretamente qué tipo de sociedades v grupos de ·alores resultan
adecuados para lle·ar a cabo esta tarea. v cuales no. Según George Kateb. éstos últimos
incluven a “los reaccionarios pasados de moda. el capital. el ejército. la iglesia. v tenemos el
mo·imiento íascista que culmina en litler. ´el criminal lunatico´ tal v como lo llamó
Orwell en un ensavo sobre l. G. \ells escrito en 1941. 1enemos a los bolche·iques que.
aunque mejores en algún sentido que los nazis v los íascistas. no obstante al consolidar su
poder habían desbaratado el idealismo re·olucionario. 1enemos íinalmente la maldición de
la ideología: la adhesión irracional a puntos de ·ista partidista. la lealtad ciega al grupo a
expensas de la ·erdad. a expensas de la misma cordura.” Kateb cita las “Notas sobre el
nacionalismo” de Orwell 1945,: “el habito de identiíicarse con la simple nación u otro tipo
de unidad. situandola por encima del bien v del mal. v no reconociendo otro deber que el
de anteponer sus intereses”
320
. éste es el enemigo a combatir –no la expresión de lo que
Orwell entendió como patriótico. sino su re·erso.
1odo esto no parece especialmente excepcional. Pero Orwell –que disírutaba con
las injurias que recibía por parte de sus lectores de izquierdas cuando deíendía a escritores
como \odehouse o Kipling- íue mas alla. Insistió en que había encontrado el ·erdadero
socialismo en Barcelona durante la guerra ci·il espanola. v que tenía bien poco que ·er con
el socialismo patrio de esa “enorme tribu de jamelgos partidistas v proíesorcillos
grasientos”. que estaban intentando demostrar que el socialismo no era mas que “un
capitalismo planeado estatalmente v grabado con cuno de izquierdas”.
321
Ateniéndonos a la
paraírasis de George Kateb. Orwell no comprende el socialismo democratico “como una
búsqueda auto-indulgente de la abundancia. controlada por un horizonte de necesidades
que quedan planeadas estatalmente. Mas que en imaginar la íelicidad total. Orwell siempre
se mostró mas interesado en abolir el suírimiento extremo. De hecho Orwell pensaba que
sólo tras abolir el suírimiento extremo podrían re·elarse plenamente los problemas reales
de la humanidad –tanto los morales como los espirituales.”
322
Ll pensamiento de Orwell era tan socialista como rousseauniano. v en mas de un
sentido. Su hostilidad hacia la intelectualidad izquierdista de la que él mismo no dejaba de
ser un producto característico, puede compararse a la hostilidad de Rousseau hacia los
filósofos de la Ilustración írancesa entre los cuales no obstante también Rousseau quedaría
incluido,. De todas íormas esta comparación implica sus propios límites. Según George
\oodcock. Orwell “no era muv adepto a la discusión abiertamente política. v tenía una
resistencia temperamental a pensar en términos de planes sociales elaborados o plataíormas
de partidos claramente deíinidas |...| Mas que los programas políticos. lo que le importaba
proíundamente eran los principios generales de conducta. particularmente ese tipo de
conducta que aíecta al prójimo. desarrollada a lo largo de la tradición de la disidencia
radical inglesa. v que quedó rapidamente enterrada en la ·ida política moderna.” No
obstante “Orwell odiaba las doctrinas políticas. a los íilantropos proíesionales v a los
ad·enedizos en general. |...| (uanto menos relacionado quedara un escritor con cualquier
tipo de cuerpo organizado. mas beneíicioso resultaba personalmente para su trabajo.”
323
\oodcock identiíica algo muv importante en Orwell: su hostilidad hacia la intelectualidad.
utilizada en Gran Bretana por la izquierda durante la década de los treinta para alcanzar una
mavor iníluencia de la que otorgaban sus resultados electorales. Orwell se dispuso a irritar
deliberadamente. con cierta írecuencia v no sin retórica. a la misma gente que mas gustaba
de su lectura. La descripción de la reunión del (lub del Libro de la Izquierda en Subir a por
aire uno de los raros ataques humorísticos de Orwell, v la segunda parte de El camino de
Wigan Pier na·ajazo mas usual en su desaire, son ejemplos que ·ienen al caso.
Acertada o equi·ocadamente Orwell estaba con·encido de que “en 1943. la
admiración que pro·ocaba en los ingleses el heroísmo militar de los rusos les cegaba ante
los errores del régimen comunista. v los comunistas estaban utilizando su posición como
representantes oíiciosos de Rusia e Inglaterra para ocultar la ·erdad. tal v como había
ocurrido en Lspana”. Pero Orwell. en 1944. después de terminar Rebelión en la Granja.
distinguía claramente entre la saludable rusoíilia de la clase trabajadora –“ellos. que sienten
a Rusia como el país de la clase trabajadora. donde el hombre común tiene el control”- v la
rusoíilia de los intelectuales. que él asociaba negati·amente al “culto al poder”. George
\oodock proseguira indicando que mientras “Orwell abominaba del |...| nazismo” también
es cierto que. “si consagró mas tiempo a la exposición de la doctrina contraria al
comunismo. sólo lo hizo porque intuvó un peligro mavor en la posibilidad de los
comunistas para enganar v dominar a la izquierda de los países democraticos”.
324
La ·erdad
resulta un poco mas compleja. mas si cabe ante la e·idente con·icción de Orwell de que
para que engano v dominación íueran eíecti·os. habrían de quedar reíractados por la
intelectualidad.
Por medio de este éníasis en la trahison des clercs. Rebelión en la granja queda
relacionada retrospecti·amente con Homenaje a Cataluña. v de manera prospecti·a con 1984.
Raramente se ha conocido hasta qué punto Newspeak e Ingsoc son ejemplos o expresión
directa de una trahison des clercs. No obstante. no hav duda de que la traición intelectual
supone un leitmotiv en 1984. como anteriormente en Rebelión en la granja v Homenaje en
Cataluña de hecho Orwell consideraba que ése era el tema de los tres libros,. A pesar de la
opinión de Anthonv Burgess entre otros. en 1984 los proles no son traidores sino
traicionados. \inston Smith recuerda las palabras de un anciano mientras en el exterior
del reíugio antiaéreo se escuchan las bombas. “nunca debimos creer a esos maricones”,.
Mas concretamente. los proles son ·íctimas de su corriente. de una traición
institucionalizada por la intelectualidad bajo la íorma del Partido Interior. con todo su
sadismo v culto al poder. Al quedar expresada la derrota de \inston Smith por medio de
una inmersión en el partido. entendemos que se indica la locura del mundo descrito en
1984. en su sentido mas pleno. La élite del partido que esta en el poder no gana nada de
Ingsoc sino poder: un poder que se ejercita casi totalmente v siempre de manera mas
directa sobre otros miembros de la misma élite. los del Partido Lxterior. Ll Partido. cuvos
miembros han sacriíicado por el poder cualquier cualidad humana. ·i·e dentro de su
propio círculo de íantasía v contra-íantasía. Ll círculo del Partido excluve por deíinición a
los proles. el 85 por ciento de la población de Airship One. cuvas ·idas quedan aíectadas por
el Partido –presumiblemente. el prole rechaza la guerra tanto como la aplaude-. pero no
obstante quedan libres de iníección írente al enrarecimiento de los ni·eles que ocupan los
angeles v arcangeles de los partidos Interior v Lxterior. Ln 1984 la sociedad oíicial excluve
a los proles. v consecuentemente la sociedad iníorme de éstos –ignorada. despreciada. v
excluida de la élite- opera sin considerar las e·oluciones de las legiones imperiales que les
sobre·uelan.
1984 no es una traición al socialismo. sino un retrato de tal traición. Ls una
declaración de lo que podría llegar a ser el socialismo si éste pierde lo que Orwell considera
como sus sujeciones. si los ·alores ordinarios v diarios del pueblo –que Orwell continuó
abrigando a su manera- quedan abandonados por el bien de los “·alores” extraordinarios
de la intelectualidad. tal v como quedan expuestos ejemplarmente por O´Brien. Pero en
este libro. tal v como puntualiza George Kateb. también “imagina un mundo en el que
todas las cosas que odiaba se habían ·uelto omnipotentes”. Para lograr un eíecto claro v
potente apostó por una línea simple v íranca. v “aspiró al logro de un intenso delirio que
re·ele el peligro al pueblo,”.
325
Orwell es honesto a la hora de proponer tanto las dudas
como la coníianza que alberga en el potencial regenerador de los proles. v obsesi·o v quizas
per·erso al no albergar dudas sobre el moti·o de su presunta traición. la intelectualidad
socialista.
.Ls ésta la razón por la que el socialismo democratico de Orwell no es grato a ojos
de Ravmond \illiams. incluso aunque o precisamente porque, no anda lejos de lo que el
propio \illiams había deíendido· La cuestión re·ela una paradoja mas proíunda. Los
distintos esíuerzos de \illiams para distanciarse críticamente de Orwell no pueden quedar
reducidos a diíerencias ob·ias v estrictas entre los dos. Mas bien su propia proximidad
propone una cuestión abierta que hav que abordar. Lsta paradoja pide otra reíormulación.
Por lo general \illiams no se muestra impaciente o arrogante con aquellos escritores con
cuvo punto de ·ista no comulga. Ln cierto sentido. el conjunto del provecto de \illiams
reclama el apro·echamiento de esos escritores. Ll se ha probado en repetidas ocasiones de
una manera con·incente que es capaz de asumir v explicar puntos de ·ista abiertamente
inadmisibles. Pero ese \illiams capaz de extender su simpatía a aquellos escritores que
considera íundamentalmente antipaticos íinalmente no incluira a Orwell. cuvos puntos de
·ista –también los que ·ersan sobre el socialismo democratico- son con toda probabilidad
menos incon·enientes que los de otros escritores como (arlvle. por poner un ejemplo.
Orwell v \illiams mantienen un gran compromiso en común. lav que senalar lo
tensas que pueden llegar a ser las comparaciones entre el crítico académico literario v
cultural. v el no·elista-ensavista deíiniti·amente antiacadémico. si intentamos lle·arlas
demasiado lejos. Pero no obstante aparecen puntos de coincidencia v areas de
superposición. v son mavormente políticas. 1anto Orwell como \illiams discrepan
abiertamente con la típica aíirmación marxista que argumenta la deíinición o determinación
de la superestructura política o cultural, de la sociedad a partir de una base económica –
Orwell porque nunca se ·io a sí mismo como marxista: \illiams porque. como marxista.
encontraba injustiíicado este reduccionismo. De alguna manera este aspecto. que puede
inclinar tanto a Orwell como a \illiams hacia una dirección menos doctrinal v mas
“britanica”. también les hace socialistas britanicos. Ln cuanto a su preocupación
“tawnevta” de romper igualitariamente las barreras sociales de clase v democratizar la
sociedad ·isiblemente. se trata de un socialismo muv britanico. Ln la segunda mitad de El
camino de Wigan Pier. el celebre discurso de Orwell contra los socialistas de clase media
queda rematado por un reproche al socialismo donde se le insta a aumentar su esmero de
inspirar a las mas bajas de las clases medias. que por otra parte “no tienen nada que perder
mas que su supuesto rango.” de manera que hagan causa común con los trabajadores para
derrocar la “plutocracia”.
326
Pero esta preocupación tiene poco que ·er con otro elemento
no menos característico del socialismo britanico que representan \ebbs. Shaw. v G. D. l.
(ole. Orwell v \illiams tampoco se muestran interesados por la mecanica del “socialismo
parlamentario”. Aunque ambos han condenado la traición de clase que Ralph Miliband
entre otros, acusaron de cometer al “socialismo parlamentario”. esto realmente no íorma
parte de su núcleo de preocupaciones. Orwell v \illiams comparten una preocupación que
traspasa las cuestiones de la política parlamentaria v la política económica e industrial. v de
las particularidades cotidianas de la administración pública. la estructura sindical v el
gobierno local. Su interés se centra en cuestiones de cultura. lenguaje. actitud. percepción.
·alor v conciencia –un tipo de conciencia que no siempre es de clase. Orwell v \illiams
comparten un deseo íundamental de eníatizar las relaciones humanas mas que de
congregar masas sociales. de hablar de la gente. de sus circunstancias v sus experiencias
·itales. mas que desarrollar métodos estadísticos con algún tipo de ·alor didactico. Ln este
sentido la posición de Orwell v \illiams esta muv lejos del socialismo íabiano v el
re·isionismo bernsteiniano.
Lste interés por las relaciones humanas v la experiencia ·ital –que. coníorme a l. R.
Lea·is. en el caso de \illiams también supone una preocupación académica- también
comprende lo personal. Orwell v \illiams apelan con írecuencia a sus propias experiencias.
percepciones v memorias. v las inscriben dentro de explicaciones de sucesos v procesos
sociales. culturales o políticos que son mucho mas generales. (ada uno tiene un sentido de
ser. o de querer ser. sobre lo que escribir. v cada cual lo expresa habitualmente como una
íorma de indicar procesos mas generales de una manera mas inmediata.
La íamosa decisión de Orwell de “ser indígena” en su propio país para re·elar los
antagonismos propios. tenía una cara personal que él no estaba dispuesto a re·elar de
ninguna manera. pero que no obstante ha de ser cuidadosamente e·aluada. Orwell dice en
El camino de Wigan Pier:
Podía mezclarme entre esa gente. ·er lo que me gusta de sus ·idas v sentirme parte de su mundo
pro·isionalmente. Una ·ez estaba entre ellos v era aceptado debería haber llegado hasta el íondo v –
esto es lo que sentí. consciente de ello aun cuando se trataba de algo irracional- parte de mi culpa
desaparecería.
32¯
Según George \oodcock. por una parte Orwell “raramente alude a su propia experiencia
sal·o para ilustrar puntualmente algún argumento de tipo general. por lo general de
naturaleza política o social”: v lo mismo podría decirse en gran parte de Ravmond \illiams.
Por otra parte en Orwell el “impulso de incluir signiíicati·amente sus propias experiencias
era |...| mas poderoso que el impulso de in·entar situaciones originales v secuencias de
acontecimientos”. \oodcock esta probablemente en lo cierto cuando senala que a Orwell.
cuva “manera |eíecti·a| de oponerse a la experiencia” consistía en escribir sobre ella. “se le
hacía duro crear v asumir interiormente un personaje íicticio que no estu·iera repleto de
actitudes orwellianas. capaz incluso de interrumpir en ocasiones su lenguaje de creador v la
expresión de sus pensamientos mas característicos.”
328
No es diíícil encontrar ejemplos a
este respecto: Gordon (omstock. George Bowling. desde luego \inston Smith. e incluso
Dorothv lare.
Ln sus no·elas semi-autobiograíicas. e incluso ocasionalmente en trabajos
académicos de literatura v crítica cultural. Ravmond \illiams también opone resistencia a la
experiencia. “la superíicie de la ·ida” como Orwell la habría llamado,. (uando inserta la
primera persona del singular también lo hace con el propósito de re·elar una parte de la
sociedad a la otra. aunque no con el propósito de ali·iar una culpa. como Orwell hace a
·eces no es anecdótico para lo que sigue que \illiams sea consciente de no necesitar
descender a los iníiernos de la misma manera,. Lsto supone que. mas alla de diíerencias
sociales v personales. Orwell v \illiams participan de un mismo deseo de derribar las
barreras de la percepción v el entendimiento. lo que les sitúa en otra area de solapamiento.
\oodcock senala que un “grupo de ensavos orwellianos” –“Semanarios de los (hicos.”
“Ll arte de Donald McGill” o “Los sorteos v la senora Blandish” entre otros- “han
constituido la base de un completo campo de crítica britanica contemporanea. representada
particularmente por Ravmond \illiams v Richard loggart. dedicada al estudio de la cultura
popular en sus di·ersos ni·eles sociales”.
329
No obstante. al margen de lo que pueda o no
compartir con el espíritu de la época –esa época de la Gran Bretana de 1930 con sus
encuestas de obser·ación de masas. su mo·imiento documental de Grierson v demas-
Orwell íue seguramente “uno de los primeros escritores con sensibilidad literaria en
tomarse seriamente la cultura popular. v mostrar que el intento de comprenderla podría
resultar una disciplina re·eladora v íascinante”. tal v como senala Zwerdling. Por otra parte.
“en su rechazo de ignorar o descartar la cultura popular. en su interés por malos los libros v
filmes. la iníluencia |de Orwell| era ciertamente liberadora. v re·elaba indirectamente las
limitaciones insospechadas del gusto mas íastidioso v la doctrina estética mas rigurosa”.
330
incluso aunque sus razones para abordar estas in·estigaciones no íuesen académicas en
absoluto. v sí políticas de una manera mas inmediata.
A diíerencia de Orwell. en el caso de \illiams lo político v lo académico no pueden
quedar separados nítidamente. pero esto no anula el area de preocupación compartida.
probablemente. mas importante v problematica de todas. lablamos de la cuestión del
lenguaje. Orwell v \illiams comparten una preocupación directamente política sobre el uso
v el signiíicado de las palabras. una preocupación que relaciona el libro Palabras clave de
\illiams con los ensavos de Orwell sobre el lenguaje. concretamente con “La política v el
lenguaje inglés” v “Por qué escribo”. Lste ob·io punto de similitud tiene un alcance mavor
de lo que se podría suponer inicialmente. De alguna manera. al inscribirse conscientemente
en la tradición de “cultura v sociedad”. que él mismo conmemora. resucita v en cierta
íorma, in·enta. \illiams es ·ulnerable. pues esta tradición supone para \illiams tanto una
plataíorma como un reíugio. Orwell es ·ulnerable. pero por otra razón. Ll cree que el
propio lenguaje es un reíugio anhelado. Lsto precisa de mavor aclaración. pues podría
suponer simultaneamente tanto la íuerza como la debilidad de Orwell. 1al v como lo
entiende Orwell. el lenguaje debería constituir un tipo de reíugio idóneo si pudiésemos
preser·ar su transparencia írente a oíuscaciones deliberadas. Ln 1984 el discurso de los
iníormati·os bloquea el acceso a esta transparencia de signiíicado que Orwell considera
característica de la buena prosa. una transparencia que otorga al lenguaje tanto su íuerza
crítica como su poder consolatorio. Lsta es mavormente la razón por la que el discurso de
la iníormación constituía en Orwell un elemento de pesadilla. Ln su íormulación mas
conocida “la buena prosa es como un panel de cristal”
331
–o sea. lo que el discurso de los
iníormati·os no puede ser. una ·entana clara a tra·és de la que podemos ·er o encontrar
un mundo íamiliar v seguro írente a lo que \inston Smith atisba en la pantalla de su
tele·isor,. Lste mundo exterior no se nos reíleja tanto –el lenguaje es un cristal v no un
espejo- como se re·ela simplemente a nuestra mirada.
Por supuesto se entiende que la imagen de “transparencia” de Orwell íunciona
tanto interior como exteriormente: la buena prosa. la transparente. es el mejor camino. v de
hecho el único para expresar de manera directa las creencias. las ideas. las posiciones v la
identidad del escritor. Así v todo Orwell era consciente de algunos peligros que describió.
no tanto en términos políticos sino militares.
“Ln la prosa“. decía. “la peor cosa que uno puede hacer con las palabras es rendirse
a ellas”. Las írases hechas v los clichés son unos enemigos particularmente peligrosos. A
menos que estés “constantemente en guardia |…| |in·aden| tu mente.”
332
(uando piensas
que estas haciendo uso de ellos. ellos te utilizan a ti de hecho. 1oda·ía peor. tú no estas
eligiendo tus palabras por ti mismo. sino apovando el interés de di·ersas élites cuvos
intereses se sir·en de los estereotipos v las írases hechas. porque guste o no, ellos
modelan el lenguaje que usamos. La puntualización de Orwell tiene en deíiniti·a una
resonancia política: proclama ·erse atacado por la intelectualidad “no porque se tratase de
intelectuales. sino porque no eran |lo que él entendía por| ·erdaderos intelectuales”.
333
Los
·erdaderos intelectuales piensan de manera independiente v hablan sin miedo. Lo que
Orwell echa en cara a esas “polisílabas masticadas de marxismo desgrenado” es que
asumieran unas ideas v un lenguaje preíabricado –al igual que muchos de sus enemigos.
Lsta claro que Ravmond \illiams no es este tipo de intelectual. Pero \illiams esta
mas preocupado en distanciarse de Orwell que en coincidir con él. Sus diíerentes opiniones
sobre Orwell contienen dos líneas principales de crítica. que tienen que ·er con el camino
de Orwell hacia el socialismo v. a partir de aquí. con su comprensión del mismo. Al
eníatizar el socialismo de Orwell. \illiams lo aborda como algo que tenía que llegar.
siempre como un íin o un destino. v nunca como un punto de arranque. Lxpone la original
exterioridad de Orwell al socialismo de una manera totalmente eníatica: “él se concebía
como anti-imperialista v antiíascista. como un crevente en la igualdad. v sólo a partir de
aquí como socialista.” Desde este punto de ·ista tan poco generoso –al que llega la mavoría
de la gente si es que llegan en algún sentido, a tra·és de sus experiencias-. para Orwell el
socialismo no es nunca una doctrina política inmediata. Ll mismo Orwell coníesó con
írecuencia que el socialismo era una cuestión que aparece. v que íinalmente adopta. por
medio de otras doctrinas relacionadas. No era algo de lo que quedara impregnado a edad
temprana o de una manera innata. Pero de esto no se sigue la aíirmación posterior de
\illiams. donde senala que “como tal. el socialismo siempre íue secundario |en la mente de
Orwell| írente a la lucha contra el íascismo. el imperialismo v la desigualdad”. Puede que.
por medio de otras cuestiones. el socialismo apareciera en la ·ida de Orwell como “una
idea general. un nombre genérico contra estos males”. 1ambién puede ser cierto que “antes
de que abandonara Inglaterra |para acudir a Lspana. v no a Burma.| tenía un contenido
escasamente positi·o”.
334
Ll mismo Orwell lo admite abiertamente en numerosas
ocasiones. Pero a \illiams le interesa considerar la superíicialidad de la concepción
socialista de Orwell porque esta hablando de una categoría residual. de segundo orden. Sin
embargo no hav una buena razón para explicar la concepción orwelliana del socialismo por
medio de la simple reíerencia a su camino indirecto hacia el socialismo. Ll socialismo no
íormaba parte de la “experiencia ·ital” del Orwell original –“en mi temprana iníancia. para
mí v para todos los ninos de íamilias como la mía. la gente ´común´ parecía algo casi
inhumano”.
335
recordaba Orwell –pero persiste el hecho de que lo con·irtiera en parte de la
experiencia que él senaló para ·i·ir correctamente. Nadie íorzó a Orwell a sondear límites
ajenos a su clase. v tampoco le obligó nadie a ·iajar a \igan ni a combatir en Lspana.
Orwell abordó estas cuestiones de una manera totalmente deliberada: íuncionó
continuamente a contrapelo de su educación v sus antecedentes.
A pesar de esto hav un sentido en el que \illiams no perdona a Orwell. ni por sus
elecciones concretas ni por la íorma como las tomó. Las diíerentes búsquedas de Orwell
parecen quedar selladas irremediablemente por su íalta de autenticidad. Si Orwell termina
ejerciendo audazmente de ·agabundo. asociandose en consecuencia con los elementos mas
desclasados de la Inglaterra de la década de 1930. a ojos de \illiams se debe a que “la
ausencia de raíces implica también la ausencia de barreras”. Orwell siempre íue el
obser·ador externo. v nunca un ·erdadero participante. Según \illiams tenía “su propia
idea de lo que debía ser la clase trabajadora”.
336
lasta tal punto que. ante la posibilidad de
que dicha idea quedara complicada por la “realidad” de la experiencia obrera. Orwell
siempre según \illiams, se desentiende de ésta –como cuando descuida la “red
sociopolítica“ de las comunidades obreras del norte. omitiéndola en su descripción de la
pobreza v la cultura en El camino de Wigan Pier.
33¯
Pero sea o no cierta esta acusación –v los
propios recuerdos de Orwell provectan una luz bien diíerente sobre las circunstancias de
esta omisión-. \illiams construve con toda seguridad una aíirmación de doble íilo.
Después de todo .quién no tiene su propia idea de lo que es la clase trabajadora·
(iertamente no el propio \illiams. que tal v como nos recuerda. nació en ella. Pero no se
sigue de esto la autenticidad de su perspecti·a o sus palabras. o que el historial obrero de
sus palabras posteriores no sea parcial en algún sentido.
\illiams ha acusado repetidamente a Orwell de íalsiíicar su historia personal en El
camino de Wigan Pier. Ln Política y Letras se reíiere a que Orwell “omite cómo baja a la mina
|de carbón|. v se queda en hogares de socialistas obreros a los que posteriormente niega”.
Denuncia “la elección de las areas que Orwell decide ·isitar. el deliberado abandono de las
íamilias que ejercían el espionaje –a pesar de que él tu·iera noticias de esta existencia- a
ía·or de la imaginería característica de la sordidez v la pobreza: gente escarbando con palos
en el alcantarillado.”
338
Ln Carta a la sociedad \illiams arremete contra Wigan Pier como
ejemplo de cómo no se debe escribir un reportaje documental.
(uando |Orwell| escribió El camino de Wigan Pier. salió a busca el peor cotarro de la ciudad. incluso a
pesar de haber llegado con presentaciones expresas de sindicalistas v líderes del Mo·imiento de
1rabajadores Desempleados. v tras haber departido con socialistas trabajadores educados. De esta
manera “coníirmó” que el socialismo sólo es una idea de clase media.
339
No hav duda de que Orwell era selecti·o al considerar lo que debiera tenerse por un
reportaje memorable. v que a ·eces esto le hacía condescendiente con la gente trabajadora
de una manera que \illiams encontraba oíensi·a. pero no obstante. en cierto sentido la
crítica de \illiams es completamente errónea. \ no se trata del conocido reparo de Orwell
a ser denominado “camarada” por quienes le pro·ocaban sentimientos de culpa. sino por
algo íundamental acerca de Wigan Pier que \illiams desprecia. Ln la honestidad de Orwell
v en sus puntos de ·ista sobre el lenguaje hav un poder de reílexión que \illiams nunca
parece dispuesto a asumir. Ll problema con este libro tiene que ·er con su di·isión en dos
partes: una con Victor Gollancz v el comisionado del (lub del Libro de Izquierdas. v con
los que éstos estaban agradecidos. v la segunda parte. inesperada v embarazosa. a la que
Gollancz se sintió obligado a escribir un prólogo pidiendo excusas. desmarcandose v
desmarcando a sus colegas de algunas de las obser·aciones de Orwell sobre los socialistas
de clase media. Ravmond \illiams esta en lo cierto al percibir a su manera, que ambas
partes estan relacionadas. Lo que él desprecia es el caracter de esta relación. Orwell nunca
entendió Wigan Pier de una manera plana. como un reportaje documental. v mucho menos
“realista”. tal v como se entendía el término durante los anos treinta. Samuel lvnes ha
puntualizado que Orwell no sólo “plasmó sus sentimientos en esta historia.” tanto en la
primera como en la segunda parte del libro: “estos sentimientos son la historia.” Un parraío
aparentemente sobre los pobres “no ·a tanto sobre la pobreza como sobre los sentimientos
de la clase media sobre la pobreza. sobre cómo la pobreza degradaba al pobre. v cómo uno
retrocede instinti·amente ante semejante degradación”. Un parraío sobre los mineros “no
·a sobre la clase trabajadora sino sobre los sentimientos de la clase media sobre los
trabajadores. unos sentimientos que ele·an sentimentalmente a los trabajadores al ni·el de
héroes”. A diíerencia de \illiams. lvnes da en el cla·o:
Wigan Pier trata aparentemente sobre la pobreza. pero a un ni·el mas proíundo es un libro sobre la
noción de clase. Ll primer sujeto es el mismo Orwell. como representante de su propia generación. de
una clase media repelida por la pobreza pero sentimentalmente aíectada por los trabajadores.
reclamando la necesidad del socialismo uni·ersal pero despreciando a los con·ersos de su propia clase.
anhelando una sociedad sin clases pero separados de la clase trabajadora por sus antecedentes
burgueses. su tono v sus arraigados prejuicios |...| Ln esos parraíos |...| Orwell estaba escribiendo
sobre sí mismo v sobre sus prejuicios. demostrando de hecho sus prejuicios sobre la marcha. v de esta
manera alcanzó sus cotas mas brillantes e imaginati·as –mostrandose mas brillante que en cualquiera
de sus no·elas de los treinta.
340
La certeza de las creencias de Orwell sobre la percepción inmediata parece depender del
grado de posibilidad –por no hablar de su con·eniencia- de un entendimiento socialmente
mediado de la cultura o el escrutinio culturalmente-inmediato de la sociedad,. A propósito
de (obbett v Orwell. \illiams ha puntualizado que “el punto cla·e sobre la con·ención del
puro obser·ador des-reíerencializado. que dice simplemente la ·erdad. es que cancela la
situación social del escritor. v la posición que ocupa en la situación social que esta
obser·ando”.
341
Sin embargo Orwell tenía “ejes a los que agarrarse”. como (obbet,. v no
tu·o problemas en re·elarlos. Uno de ellos se basa en esa escritura sin adornos v ausencia
de “tonterías” que acarrearía un acercamiento a la ·erdad de la situación. Ln esta
con·icción hav mas sustancia de la que otorga \illiams. lanna Pitkin ha indicado
persuasi·amente. en un discurso no publicado,. que el poder del reportaje de Orwell.
írecuentemente tan argumentati·o como autobiograíico. nunca implicó la “objeti·idad” de
un obser·ador despegado. neutral o desapasionado. Ln lugar de ello Orwell transmite un
relato mas personal. a ·eces dolorosamente personal –aunque no centrado en su estado
mental o su subjeti·idad. Ll se interesa por la comunicación de la ·erdad o la realidad de
una situación social. pero reconoce que esa realidad. por su propia naturaleza. reclama un
juicio v no un mero registro. Según la íormulación de lanna Pitkin. la preocupación de
Orwell tiene que ·er con “la ·erdad del testigo”. Ll asume la responsabilidad de las
aíirmaciones que realiza sobre una determinada situación social. Se sitúa como testigo
dentro del reportaje. v esto no introduce prejuicios sino ·eracidad. Un testigo sólo conoce
lo que ·io. escuchó o sintió: esta abocado a mantener prejuicios personales. v puede
des·irtuar la historia o incluso puede tener alguna razón para mentir. Pero la presencia de
un testigo permite. v de hecho se entiende que nos permita. íormarnos nuestros propios
juicios sobre lo testiíicado. sobre el tipo de persona que testiíica. v sobre el grado de ·erdad
que deberíamos conceder a las declaraciones del testigo. \ esto quiere decir que mientras el
distanciamiento impersonal v objeti·o no se introduce en el relato del testigo. se esta dando
un tipo de ·eracidad que in·ita al lector a sumergirse en el mundo atestiguado por Orwell.
Ls sorprendente que Ravmond \illiams. que a primera ·ista no parece hostil a esta noción
de “·erdad testiíicada”. no caracterice a Orwell como un testigo. sino como un outsider.
Según el capítulo que Cultura y Sociedad dedica a Orwell. todas las paradojas de
Orwell pueden resumirse en una central. que \illiams denomina “la paradoja del exilio”. v
consiste en el aislamiento de Orwell con respecto a cualquier cosa que obser·a. A la ·ez
que “íalta la sustancia de comunidad” incluso en el exilio. “Orwell. a lo largo de diíerentes
momentos de su carrera. es tanto un exiliado como un ·agabundo. Ll ·agabundo en
términos literarios es el ´reportero´ |...| Ll reportero es un obser·ador. un intermediario. Ls
diíícil que éste entienda en algún sentido la ·ida sobre la que escribe.” prosigue \illiams.
en tanto esta obser·ando “in·ariablemente desde el exterior.” Lsto signiíica que “el
principal error |de Orwell| era ine·itable: obser·aba lo e·idente. los íactores externos. v
sólo especulaba con lo no e·idente. los patrones inherentes del sentimiento”. Si éste es un
incon·eniente que acompana incluso a sus primeros trabajos de reportero. para cuando
escribe 1984 “la perspecti·a |de Orwell| al abordar a la gente trabajadora no se basa en el
hecho v la obser·ación. sino en la presión de sentirse exiliado.”
342
Ll analisis de esta progresión implícita –de exiliado a “reportero” ·agabundo. a
reportero. a espectador desde el exilio que no consigue obser·ar adecuadamente- puede
colocar a \illiams en una posición ·entajosa írente a Orwell. pero hav que indicar que
\illiams también utiliza esta cuestión para modiíicar su propia base. por otra parte. de una
manera mas rapida que habil. Puede que su argumento quede amortiguado por la
característica esponjosidad de la prosa de \illiams. pero no obstante es tan resbaladizo que
no tendríamos diíicultad para darle la ·uelta. .Por qué no puede admitir \illiams la
posibilidad de que Orwell hava actuado correctamente ni por un momento· .Por qué no
puede conceder que la exterioridad de Orwell pueda acaso por una ·ez haberle pro·isto de
una condición ·entajosa desde la que el examen. v no la mera obser·ación. es posible·
.Oué representa realmente la exterioridad de Orwell para \illiams·
Orwell queda aislado de un cierto bagaje de clase que para \illiams implica una
“sustancia de comunidad” e “inherentes patrones del sentimiento”. unos términos de
Lea·is que repiquetean a lo largo de toda su exposición,. Oueda aislado del marxismo
entendido por \illiams. de nue·o de una manera ·aga. como parte de este bagaje de clase.
v como re·elador de la intelectualidad,. \ queda aislado de los mismos intelectuales.
particularmente de los académicos. Desde el punto de ·ista de \illiams Orwell no tiene
sitio que ocupar. Lsta es una de las razones por la que \illiams supone semejante piedra de
toque en la recepción izquierdista de Orwell. Lstos tres reíugios –el proletario. el marxista.
el académico- triangulan la carrera de Ravmond \illiams. v Orwell estaba aislado. o
aislandose de los tres. Debido a que su socialismo no debe nada a ninguno de ellos su
ejemplo pone en cuestión. contemporaneamente v írente a \illiams. cuanto debe cualquier
socialismo. o debería deber a estas íuentes.
La otra razón por la que \illiams supone una buena piedra de toque surge cuando
consideramos que Orwell tenía de hecho un lugar que ocupar. Se llamaba Inglaterra írente
a la Pista Uno de Aterrizaje |airstrip One|,. v en cierto sentido la tendencia de Orwell a
ensalzar e idealizar la Inglaterra del pasado no-demasiado-reciente –que para muchos
lectores también para nosotros, oírece una cara directamente reaccionaria- es
particularmente irritante para \illiams. Ln esto llega casi a la médula de la cuestión. Aún
·alorando el socialismo de Orwell. éste se maniíiesta en deuda con esa tradición de “cultura
v sociedad” que es tan importante para \illiams. Pero a diíerencia de \illiams. Orwell
nunca utilizó el agio de “cultura v sociedad” para intentar englobar la clase. el marxismo v
la academia. Por el contrario creía que cultura v sociedad podían contemplarse.
probablemente de manera retrospecti·a. pero no mediadas ni reíractadas por estas tres
categorías a las que. por otra parte. \illiams nunca pudo renunciar.
Orwell toca un punto sensible. Lo que él v su maligna exterioridad representan.
concretamente para \illiams pero también para una parte de la izquierda. podría
interpretarse razonablemente v sin dramatizar como una amenaza. La amenaza no consiste
en que Orwell podría adoptar el socialismo democratico. v podría a·anzarlo de hecho en
reíerencia a la tradición de “cultura v sociedad” abrigada por \illiams. sino en que podría
hacerlo sin recurrir a ese triangulo clase-marxismo-academia no menos apreciado por \illiams.
Ouizas. estos apovos no son realmente necesarios después de todo. Ouizas lo que estan
apuntalando no es en absoluto un socialismo democratico. sino algo meramente distinto.
Lsta a·eriguación avuda a poner en perspecti·a las últimas v mas críticas reílexiones
de \illiams sobre Orwell. que quedan contenidas en una serie de entre·istas con miembros
del comité editorial del New Left Review. publicadas en 19¯9 como Política y letras. La
entre·ista a Orwell
343
exhibe una estructura dramatica que merece la pena delinear. Los
miembros del comité editorial parecen determinados desde el principio a no dejar escapar a
\illiams por su trato indulgente hacia Orwell –no tanto seguramente, en Cultura y sociedad
como en George Orwell. que íorma parte de su bre·e sondeo de “Maestros modernos”. La
posición temprana de \illiams. tal v como paraírasean los miembros del comité. es que
“aunque a eíectos totales el trabajo de Orwell ha resultado muv reaccionario. |...| no
obstante Orwell íue un socialista re·olucionario a lo largo de un periodo importante de su
·ida. v de repente. quizas se equi·ocó tragicamente”. Ls ésta la razón que induce al comité
a pensar que “el libro |de \illiams| sostiene un tono controlado v compasi·o con Orwell”.
George Orwell es de hecho mas matizado v compasi·o. menos unilateral que Cultura y
Sociedad que en un momento dado llega a recurrir a una ristra de citas descontextualizadas a
lo largo de dos paginas,. pero esto no cauti·a al comité. que bajo su punto de ·ista sostiene
que Orwell. después de todo a diíerencia de Deutscher v 1rotskv. pero como
ine·itablemente Koestler, cedió ante la presión del estalinismo v se con·irtió en un patriota
social v un ·iolento anticomunista. \ que el pathos del relato de \illiams. demasiado
compasi·o. queda desapro·echado por centrarse en semejante íigura.
La ·iolencia de esta descarga inicial es tal que por un momento \illiams parece
pillado por sorpresa. Ll murmura bastante débilmente que. durante la Segunda Guerra
Mundial. se había extendido la creencia de que “se podía transíormar la sociedad britanica
mediante la conducta de guerra” v que “por lo tanto había un potencial deslizamiento
desde esa posición al patriotismo social”. que podría considerarse compasi·amente. Pero
no por los miembros del comité entre·istador. Sin embargo en ese momento los propios
inquisidores sienten la necesidad de modiíicar la base de su interrogatorio v deciden
plantear las 1res Grandes (uestiones sobre Orwell. todas ellas retóricas. “.Produjo
realmente nue·o conocimiento teórico sobre la sociedad o la historia·” “.Produjo
realmente trabajos de imaginación creati·a de primer orden –no·elas de un ·alor literario
íundamental·” La respuesta a estas cuestiones es un “no” resonante v nada sorprendente
que acompana a esa predicción bastante desaíortunada que proclama que “1984 no sera
sino mera curiosidad en 1984”,. “.Llegó a dotarnos de relatos íidedignos de lo que
atestiguó o experimentó·” Lsta cuestión. que responde a “la aíirmación mas írecuente
entre los logros de Orwell como escritor.” es de un orden artístico menor. v da al comité
un respiro. Se descarta El camino de Wigan Pier. debido a los “elementos de supresión v
manipulación” que \illiams había identiíicado en su reportaje. aunque no por los
comentarios poco compasi·os de Orwell sobre los socialistas de clase media quizas se trata
de un blanco que simplemente va ha sido atacado demasiadas ·eces., A Homenaje a Cataluña
le ·a bastante mejor: “un gran reportaje. al margen de sus limitaciones como ·isión general
de la guerra ci·il espanola”. Pero esta alabanza desíalleciente parece un descanso para
tomar íuerzas. va que el comité procede a preguntar inmediatamente: “si Orwell no tenía
ideas originales. o muv pocas. una imaginación creati·a limitada v una irresponsable
capacidad para narrar iníormación. .qué logros suvos permanecen·” Lsta cuestión
en·enenada se con·ierte en acusación no sólo contra Orwell. sino también contra \illiams.
Si la respuesta es la creación orwelliana de “Orwell” como personaje –v el comité no acepta
otro punto de ·ista- entonces \illiams puede quedar acusado de una manera bastante
extrana, de “|abstenerse de emitir| cualquier juicio de esta íigura”. a pesar de la e·idente
“ausencia de escrúpulo literario” de Orwell o quizas de “Orwell”,.
Ln este punto de la entre·ista el comité parece haber perdido todo control. Pero el
propio comité retrocede v realiza lo que parece una obser·ación interesante. e incluso
acertada. “Desde un principio lo que parecen sugerir los escritos |de Orwell| es una
predisposición acti·a a obser·ar |...| la cara oscura de su tema. |...| Orwell parece
encontrarse en su elemento cuando arremete contra causas en las que él mismo había
coníiado. Su propia relación tensa v ambigua con el socialismo es un ejemplo de esta
predisposición. aunque no el único”. que de hecho en absoluto “quedaba centrada
especííicamente sobre el socialismo en primera instancia”. \ no sólo se eíectúa esta
puntualización aíirmati·a. sorprendente e incluso inesperadamente compasi·a: se obser·a
correctamente, que “el propio Orwell nunca dispuso ·oluntariamente” una “reclamación
política |...| sobre metaíoras de la guerra íría”.
Pero estas obser·aciones también son positi·as para \illiams. que ha empezado a
entender el juego e intuve por dónde puede ·enir la trampa. A propósito de Rebelión en la
granja. él admite que “|en Orwell| había un elemento de oposición que le ponía en el
disparadero”. con lo que por supuesto insinúa de nue·o la relación de Orwell con la guerra
íría. incluso a pesar de que Rebelión en la granja se escribe en 1943. \illiams insiste en que
“las últimas obras de Orwell |...| eran las de un ex-socialista. 1ambién senalaban la
desesperanza de una generación. De hecho un entusiasta del capitalismo no podría haber
logrado el mismo eíecto”. Incluso aunque podríamos conceder a \illiams su último punto
quizas como una íorma de asumir a Norman Podhoretz
344
,. toda·ía estamos ante una
aíirmación insólita. Parece rescatar la cuestión de la “decepción”. pero sólo a costa de un
uso ilegítimo de la ·oz imperati·a .qué razón de ser tienen estos trabajos en última
instancia·,. v de una coníusión no menos ilegítima entre las intenciones de Orwell v los
presumibles eíectos que acarrearon sus escritos. Pero aún hav algo peor por llegar. pues
\illiams –con la inestimable avuda del asentimiento de los miembros del comité- tiene un
puente tendido para hablar de 1984. Parece estar hablando de otra no·ela. “Ln 1984 la
utilización de los sentimientos propios contra el socialismo se hace intolerable. Lsa
necesidad constante de traicionar al pueblo para proclamar una ·erdad general. como hace
Orwell. es proíundamente oíensi·a. Si los seres humanos son así. .cómo proponer el
socialismo democratico·” La respuesta a esta pregunta pasa por entender que. por
supuesto. Orwell no proclama como ·erdad general una continua traición del pueblo. sino
que bajo las circunstancias esbozadas en 1984 el pueblo puede quedar obligado a
traicionarse. que desde estas circunstancias el socialismo democratico habría de parecer
muv diíerente. que estas circunstancias quedan disenadas precisamente para hacer íracasar
el surgimiento del socialismo democratico. Pero este punto no parece llegar a suscitarse
entre \illiams v sus interlocutores. \ para cuando encontramos a \illiams denunciando en
1984. “provecciones de íealdad v odio. con írecuencia de una manera bastante arbitraria e
inconsistente sobre las diíicultades de cambio re·olucionario”. nos ·emos abocados a
menear la cabeza v preguntarnos si hemos leído el mismo libro. Puesto que Ingsoc no
propone re·olución o cambio político alguno –en absoluto alberga dicha materia una
política propiamente expresada-. nos ·emos abocados a concluir que aquí toda
arbitrariedad pertenece a \illiams.
De todas íormas el problema consiste en que no se trata sólo de \illiams. Ln
general la izquierda ha sido tan injusta con Orwell como Orwell lo íue con ella. (omo
hemos ·isto. se puede aducir todo tipo de razones para entender la a·ersión de la izquierda
hacia Orwell: su rechazo del marxismo v de los marxistas. sus reíerencias condescendientes
hacia los trabajadores contrapuestas a la sentimentalización que les dispensa. la íalta de una
teoría sistematica combinada algunas ·eces con una empalagosa nostalgia de un pasado
inglés reciente. v también su deseo írecuente v per·erso de morder la mano que le avuda v
de acosar a su público. Lstas características no le otorgan popularidad: a nadie le gusta una
conciencia sedicente que rebusca hechos incon·enientes. re·i·e memorias indeseables v
proponer en público cuestiones embarazosas. La respuesta de la izquierda ha sido con
írecuencia no menos rencorosa. reduciendo a Orwell a simple partidario de la guerra íría.
situandole en una posición en la que no se ajusta. donde puede ser atacado mas íacilmente.
Lsto va le ocurría a Orwell en ·ida. v le ha seguido ocurriendo desde entonces.
lav por supuesto razones por las que alguna gente de la derecha podría utilizar los
escritos de Orwell. razones que no podemos tratar aquí aunque también son importantes
para entender el rechazo que le dispensa la izquierda. Pero las moti·aciones de aquellos que
han quedado complacidos. e incluso ali·iados de desposeer a Orwell de éstas v otras
razones. son mas con·enientes que con·incentes. La izquierda ha actuado en conni·encia
con la derecha para des·iar a Orwell de sus labores suplementarias de ·igilancia en el tema
de la guerra íría. tan inapropiadas v desabridas. lo que signiíica que Orwell también les
senalaba eíecti·amente. Las acusaciones de Orwell a \illiams son particularmente
interesantes en este caso. v por ello \illiams es. en su incómoda destitución de Orwell. una
piedra de toque tan apropiada para la izquierda en general. Ln sus ensavos durante el
tiempo de guerra. v en algún otro sitio. Orwell coníiesa alegremente el aspecto reaccionario
de la tradición de “cultura v sociedad”. que \illiams trazaría v amaría con posterioridad.
Orwell no intenta negar o disimular su cara reaccionaria. La suscribe. v así no ·e la
necesidad de explicarla. No plantea problemas por esta razón. Pero como Orwell identiíica
en esta tradición algo diíícil de digerir para \illiams. éste tiene razones propias para
contraatacarle. que se suman a las razones va enumeradas por la impopularidad del Orwell.
v que en cierto sentido las subravan.
Ll hecho cla·e sobre la tradición de “cultura v sociedad” en Inglaterra. con el que el
mismo Ravmond \illiams se asoció largamente. reside en que sus orígenes v su articulación
tenían muv poco que ·er con la clase trabajadora. v toda·ía menos con el socialismo.
Posteriormente el socialismo ha avudado a mantener ·i·a esta tradición. v hasta puede
haber hecho por “cultura v sociedad” mas de lo que esta tradición hizo nunca por el
socialismo. Ll mo·imiento “cultura v sociedad” encuentra sus orígenes decimonónicos en
una serie de respuestas siempre horrorizadas. v generalmente literarias írente a la aparición
de la Re·olución Industrial. Lstas respuestas íueron a la ·ez regresi·as. por su deseo de
poner en juego íormas culturales v ·alores organicos tradicionales v amenazados de nue·o.
v también ejemplares en cuanto que una minoría culta se había encargado de su
conser·ación. como por el hecho de que íuera una minoría culta la que quedara encargada
ejemplarmente con la tarea de dicha preser·ación. labía diíerentes opiniones sobre la
cantidad. la naturaleza v el ·alor de los arteíactos que había que conser·ar. v sobre las
credenciales de “los guardianes de esta llama”. Pero el desarrollo del mo·imiento en su
conjunto puede entenderse por el caracter deíensi·o v sitiado de una tarea que. antes que
nada. era de recuperación v conser·ación a contrapelo del desarrollo histórico. Ln este
sentido es suíicientemente clara la línea que ·a de \ordsworth a (oleridge a tra·és de
Matthew Arnold. v de 1. S. Llliot a l. R. Lea·is. Ln particular se puede tomar a Lea·is
como epítome del sentido regresi·o v elitista implícito en el desarrollo del mo·imiento.
Lea·is creía que la relación tradicional entre “ci·ilización” como totalidad de las relaciones
sociales, v “cultura” como aquellos ·alores de los que depende la “buena ·ida”,. había
quedado rota por “el a·ance de la maquina”. Según Lea·is la sociedad estaba ahora
amenazada por una “brecha abierta”. v la mejor deíensa contra este problema estribaba en
un tipo concreto de preocupación por el lenguaje.
Desde este punto de ·ista. tan iníluvente en su momento. la industrialización v la
comercialización destruven un ·iejo orden v expolian su trasíondo natural. Ll espíritu
penetrante del “mecanismo” v la racionalidad calculadora atroíia todo rastro de totalidad
organica. tanto en el indi·iduo como en la sociedad. (ontra estos peligros tan claros v
e·identes Escrutinio proseguía redeíiniéndose continuamente, con una línea de respuesta v
protesta. que incluía a (obbet v Shellev. Ruskin v \illiam Morris. (arlvle v Lawrence. así
como al propio Lea·is. cuva idea de la “intelectualidad” como guardian cultural resume un
argumento iniciado por (oleridge v desarrollado por Arnold. como va hemos ·isto. 1al v
como puntualiza lrancis Mulhern. Escrutinio “abrió un espacio educati·o dentro del que las
instituciones culturales del capitalismo democratico burgués podían sujetarse a analisis
crítico –un espacio que iba a ser utilizado con un notable eíecto. íundamentalmente por
Ravmond \illiams v el (entro de Lstudios (ulturales (ontemporaneos íundado por
Richard loggart |en la Uni·ersidad de Birmingham|.” lav dos puntos importantes a la
hora de e·aluar este logro. Ln primer lugar hav que e·aluar si a Mulhern no le íalta razón
cuando aíirma que los temas v las practicas de educación de este centro no implican mas
que un “contrapunto romantico-radical al planteamiento con·encional de la política
educati·a liberal-íabiana. una ·ariación inmediata sobre la antinomia romantica´utilitaria
que constituve una de las estructuras permanentes de la cultura industrial capitalista”. Ln
cualquier caso. tal v como también puntualiza Mulhern. con cada medida tomada. esta
iniciati·a ganó terreno a su ri·al mas inmediato durante los treinta. la escuela marxismo-
reduccionista representada sobre todo v casi únicamente, por los Estudios en una cultura
moribunda de (hristopher (audwell v el simposio de (ecil Dav Lewis. La mente encadenada.
345
Ll segundo punto sobre el mo·imiento se anuncia no sin sobresaltos. Se trata de
que el cambio decisi·o en la tradición no se produce con Orwell que contribuvó a él. pero
desde su margen,. sino con escritores como Ravmond \illiams v Richard loggart. que lo
encomendaron a democratizar una respuesta. toda·ía a·alada por el tiempo írente a la
irrupción continua. perturbadora v desastrosa de las relaciones sociales del capitalismo en la
·ida diaria. \illiams v loggart entre otros cargaron con la tarea de rescatar o resucitar las
íormas de respuesta especííicamente obreras írente a la aparición v la persistencia de la
industrialización capitalista. así como írente a la comercialización de los patrones de la ·ida
diaria. \ promo·ieron esta tarea concretamente dentro de los términos abarcados por la
tradición de “cultura v sociedad”. de la que eran tanto herederos como transmisores.
La relati·a autonomía v la especiíicidad de las íormas culturales quedaba reconocida
necesariamente a tra·és de estos ejercicios. respetada e incluso re·erenciada. \
respetandolas. Ravmond \illiams en particular tenía que lidiar en dos írentes. contra el
marxismo reduccionista de aquel periodo v contra Lea·is. su proíesor de (ambridge.
\illiams escribió Cultura y Sociedad, 1780-1950 en respuesta a los programas elitistas de alta
cultura de Lea·is v 1. S. Lliot. cuvas Notas hacia la definición de Cultura habían aparecido mas
o menos una década antes. Se pudo entender el libro de \illiams como una sistematización
de las obser·aciones dispersas de Orwell sobre la cultura ·gr. Ln sus Ensayos críticos de
1946. publicados en Lstados Unidos como Dickens, Dalí y otros,. que incluso culminaba con
un capítulo aparte sobre el propio Orwell. Los Usos de la literatura de Richard loggart.
346
que también se encontraban dentro del estilo v el espíritu de la crítica sociocultural de
Orwell. sondearon con ·alentía los caminos de la cultura obrera como una experiencia ·i·a.
expresada en las íormas de la ·ida diaria de la gente trabajadora –íormas que. tal v como él
insistía v como a Orwell le habría gustado creer, eran creati·as. respuestas ejemplares a la
pobreza absoluta v la penuria que contenían en su interior semillas de oposición v
regeneración social. Lsta empresa de ree·aluación de la ·ida. la acción v la respuesta
obreras. retrocedía en La formación de la clase trabajadora inglesa. el monumental estudio de L.
P. 1hompson. hasta la aparición misma de la clase trabajadora inglesa con todos sus
atributos distinti·os.
34¯
(omo intentos de apuntar en el buen camino. todas estas diíerentes relecturas eran
ob·iamente ·alidas por derecho propio. Pero no obstante. al analizar esta cuestión
necesitamos no perder de ·ista que los términos originales por los que este mo·imiento
intelectual e·aluaba v recogía la cultura auténticamente obrera tenían poco de socialismo. v
mucho menos de marxismo. Precisamente por esta razón. esa cultura de clase obrera que se
con·ierte para Orwell v otros pensadores en objeto de exploración. recuperación v
ree·aluación. es una construcción peculiarmente inglesa. Resulta chocante que la izquierda.
en sus di·ersas íormulaciones practicas. no tomara nunca como tarea cultural una materia
de recuperación en este sentido. Ln lugar de ello. ésta quedaba aíirmada con írecuencia por
medio de una creación cultural programatica. deliberada. No se trataba de una materia de
rastreo a tra·és de los escombros en la coníianza de encontrar algo ·alioso. sino de la
construcción de una alternati·a que iba a ser original. nue·a v con eníoque de íuturo. No
resulta diíícil poner ejemplos no britanicos. ejemplos de culturas obreras reconocibles que
no eran arteíactos históricos sino las creaciones del aquí v ahora de partidos políticos. Sólo
hav que recordar al P(l írancés en las décadas de los cuarenta v cincuenta. el P(I italiano
algo mas tarde. el SPD en la Alemania de \ilhemine que odiaban los izquierdistas
modernistas de entreguerras,. o el heroico periodo de Lunacharskv v Mavako·skv en la
inicial Unión So·iética para ·er la diíerencia. Incluso posteriormente los intentos de Brecht
v Piscator para íormar a la gente del teatro. v los esíuerzos muv diíerentes de Lukacs para
sostener v preser·ar una “alta cultura” que se admitiría como burguesa. v quedaría
igualmente predicada sobre la creencia irreductible de que la clase trabajadora era una masa
desarraigada con un gusto cultural derribado por el capitalismo. v para quienes el
abastecimiento cultural había de implicar propósitos políticos. Ln Inglaterra. por contraste.
había v toda·ía hav, una tenaz determinación a no hacer la misma aíirmación. v a negarle
de hecho su medio de existencia.
Lsta “peculiaridad de lo inglés” avuda a explicar la ·ulnerabilidad posterior del
marxismo inglés de “cultura v sociedad” ante la amenaza del marxismo estructuralista
althusseriano. No es un accidente que L. P. 1hompson. con su extenso libro sobre \illiam
Morris recién re·isado v reeditado. engrosara entonces las listas de contrarios a Althusser
con un libro polémico. La pobreza de la teoría. que sería muv celebrado en algunos, círculos
izquierdistas ingleses. Ll ataque althusseriano había sido írontal v directo. Durante los
setenta. en un periodo de conílicto clasista casi institucionalizado. dominado por un tipo de
lucha irredenta carente de reíerencias sobre lo que pudiera haber sido la ·anguardia
marxista. los althusserianos. con una desen·oltura casi ridícula. íueron capaces de atacar las
presuposiciones centrales del marxismo de “cultura v sociedad” apuntando los resultados de
la cultura obrera. las consecuencias de esa “autenticidad” tan apreciada por la clase culta.
Senalaron que las expresiones del medioambiente obrero indígena. sus agencias e
instituciones. sus íormas de ·ida diaria v sus arteíactos culturales no se contraponían
críticamente al statu quo. sino que se prestaban eíecti·amente a su absorción por parte de un
sistema pre·aleciente. \ les absorbió como una esponja. Los althusserianos lle·aron la
interrogante hasta sus últimas consecuencias al proponer la posibilidad de que incluso las
propias íormas de resistencia obrera. lejos de incorporar un principio de alternati·a.
pudiesen constituirse eíecti·amente como puntales v soportes del statu quo. .(ómo saber a
ciencia cierta que no eran íormas acti·as de ideología· .(ómo descubrir si estas
expresiones de resistencia patente no cumplían una íunción en la practica de la oculta
complejidad v íuerza de la ideología. que en lugar de obstruir la tarea del capitalismo le
permitía íuncionar sua·emente· Por exponerlo resumidamente .qué importa si los
escolares cruciíican a sus proíesores si ·an a terminar trabajando en íabricas· Ll sistema
educati·o habra hecho bien su trabajo.
348
Por supuesto la crítica althusseriana era mas minuciosa v radical que las honestas v
dolorosas dudas orwellianas. De hecho. según la teoría althusseriana. con la expresión de la
“creati·idad” celebrada sin mavores problemas por 1hompson o loggart,. entra
proporcionalmente en juego un tipo de “interpelación” ideológica. Ouienes celebran la
“autenticidad” de las respuestas de clase obrera se con·ierten en comodines de un sistema
estructurado. que asegura la incapacidad de emancipación de la clase obrera. Ln deíiniti·a.
la aíirmación de transparencia en las íormas culturales no puede sostenerse por mas
tiempo. Pues lo que asoma no es la trascendencia del statu quo. sino la sumisión sólo en
apariencia no ·ergonzante, a él.
Aquí no se trata de relacionar artiíicialmente a Orwell v los althusserianos –un
grupo que él no habría dudado en encontrar totalmente antipatico. Se trata simplemente de
indicar una inesperada area de solapamiento entre dos maneras de pensar tremendamente
diíerentes. una penumbra improbable cuva delineación plantea una cuestión muv seria en
torno al radicalismo obrero v su cultura en Gran Bretana. Orwell. que pretendía descubrir
una auténtica cultura autóctona v creer en que ésta podía constituir la base del cambio
político. íorma parte de la cuestión anterior porque no encontró esta cultura en Inglaterra.
sino en Lspana. Ln Inglaterra existía –permanecía de alguna manera-. pero Orwell tenía
dudas honestas sobre su potencial regenerador. Ln Lspana estaba liberandose de una
íorma mucho mas e·anescente. v Orwell nunca dudó de su potencial regenerador en
absoluto.
Lsta cuestión de cierta rele·ancia írecuentemente ha sido desestimada u omitida.
Ravmond \illiams acierta al insistir en que “nada podría ser mas íalso que la idea bastante
extendida de que Orwell regresó de Lspana como un socialista desilusionado. que utilizó su
energía a partir de entonces para ad·ertir contra un íuturo socialista totalitario”.
349
.Pero
cual es entonces la conexión entre el intento de \illiams de arrinconar la idea de la
desilusión de Orwell en la cuestión de la guerra íría. v las maniíestaciones de Orwell sobre
la traición de los comunistas v la intelectualidad al socialismo. v también sobre el ·erdadero
caracter de lo traicionado· “le ·isto cosas mara·illosas”. decía Orwell de sus experiencias
en Lspana. “v al íin creo realmente en el socialismo. lo que nunca hice antes”.
350
La cultura
socialista que Orwell experimentó v celebró tenía muv poco que ·er con la cultura que
\illiams posteriormente ensalzaría. No era una consecuencia “organica” o presupuesta de
la “experiencia ·ital” o los ·alores comunales de los trabajadores de Barcelona. No era algo
trabado en el tejido de la ·ida diaria: tampoco era toda·ía algo que participase de algún tipo
de oposición deíinida írente al statu quo. Su oposición tenía un sentido distinto. v mucho
mas íundamental. Se trataba de algo desparramado en medio de la coníusión pro·ocada
por la re·olución. Se provectaba hacia delante v no hacia atras. v era liberador. de hecho
estimulante por esta razón. Al testiíicar el eíecto gal·anizador de estar por primera v única,
·ez en su ·ida en Barcelona. una ciudad “donde la clase trabajadora lle·a las riendas”.
Orwell suíre una conmoción al contrastar. írente a cualquier cosa de las experimentadas en
Inglaterra. que la decisión de combatir a los íascistas “parecía lo único concebible”.
351
Ln la
milicia. dice.
se habían disuelto muchos de los moti·os normales de la ·ida ci·ilizada –el esnobismo. la codicia. el
miedo al jeíe. etc. Las di·isiones corrientes de la clase v la sociedad se diluveron como nunca se podría
concebir en medio del aire ·iciado de dinero en Inglaterra |...| Ln esa comunidad en Lspana, |...| uno
quizas podía tener un crudo presentimiento de lo que pudieron suponer los estadios iniciales del
socialismo. \ después de todo esto no me desilusionaba. sino que me atraía proíundamente. Lste
eíecto había de acrecentar como nunca mi deseo de ·er establecerse el socialismo.
352
Pero hasta qué punto era diíerente de Inglaterra. Pensemos en las palabras íinales de
Homenaje a Cataluña describiendo lo que le hiere el sur de Inglaterra a su retorno como uno
de los pocos escritores de su generación que habían cruzado la írontera íranco-espanola
como sospechoso reclamado por la justicia,. Orwell se reíiere al “proíundo. proíundo
sueno de Inglaterra. del que a ·eces temo no despertar hasta que de él nos arranque el
ruido de las bombas”.
353
el estruendo de unas bombas que Orwell se preocupó de
proíetizar. Subir por aire. el libro de Orwell que sigue a Homenaje a Cataluña. no es
precisamente un desamparado idilio que trata de la “pérdida. la desilusión. v el desencanto”
de la “·ieja iníancia inglesa |de Orwell|”.
354
como pretende Ravmond \illiams. Ls también
una predicción del mundo de 1984 aludiendo al íascismo v al terror como a un tipo de
destino inmediato. Ln ambas no·elas la decrepitud sin color de un presente aún capaz de
sintetizar su propio tiempo queda rota por un pasado tangible v casi icónico. v por un
íuturo casi demasiado terrible de contemplar.
(omo es bien conocido Orwell ·arió su mentalidad sobre lo ine·itable del
íascismo. v sobre la inutilidad íinal de combatirlo por medio de la guerra. (on la Segunda
Guerra Mundial va desatada. Orwell se había con·ertido en lo que Ravmond \illiams v
otros denominaban “patriota social”. Gracias a lo que \oodcock denomina como
“extraordinaria mezcla de conceptos conser·adores v re·olucionarios”.
355
con sus escritos a
comienzos de la guerra. v en particular con El león y el unicornio. insulta. enemista v molesta
de nue·o a sus lectores de la izquierda. Podemos suponer que ésta es la razón por la que
Ravmond \illiams. cuva obra mezcla de otra manera conceptos conser·adores v
re·olucionarios. opina que se trata de sus escritos mas cuestionables. Una ·ez mas Orwell
·a al íondo de la cuestión. Pone sobre la mesa un tema al que \illiams no esta dispuesto a
renunciar. Ln este sentido. Orwell puntualiza eíecti·amente la naturaleza autodestructi·a
de un aspecto característico de la intelectualidad de la izquierda britanica. Se trata del
anhelo recurrente de una autarquía proletaria. radicalmente “auténtica”. que constituva una
auténtica íuente de oposición írente a la hegemonía burguesa. Orwell utilizaba la
aíirmación del diario de \inston Smith como un enigma luckasiano, para entender a los
proles: “lasta que ellos no havan llegado a ser conscientes no se rebelaran. v hasta que no se
rebelen no podran ser conscientes.” Lste acertijo. que deri·a igualmente de sus
experiencias inglesas v espanolas. desespera a Orwell: v quizas lo que irrita de la crítica de
Orwell a la izquierda es el miedo pegajoso a que puede estar en lo cierto. A su manera
Orwell era tanto una ·íctima como un crítico del anhelo de autonomía proletaria. Pero sus
dudas sobre el potencial regenerati·o írente al regresi·o, de la cultura obrera v la
“experiencia ·ital” puntualizan. de manera anticipada. los peligros que implica el intentar
abarcar con esta cuestión mas de lo que se puede.
lav en la izquierda la búsqueda recurrente de una “auténtica” íuerza de oposición
que siempre se presume ahí aíuera. en algún sitio. Ll problema vace en la naturaleza
íugiti·a de esta misma búsqueda. La búsqueda de sucesi·os puntos de apovo dentro de la
sociedad. capaces de proponer la base para regenerarla. puede ser la búsqueda de un
concepto para un objeto. No íaltan ejemplos sobre estos esqui·os puntos de apovo.
linalmente Ravmond \illiams. que en ningún caso es un colmo de lo peor del
pensamiento. se preciaba en describirse como “europeo galés” “Amo a los galeses –
toda·ía un pueblo radical e ilustrado –capaz de derrotar a la Inglaterra burguesa”,.
356
v no
como britanico apelati·o que él consideraba como un constructo ideológico,. L·aluemos
incluso a 1errv Lagleton. cuva Literatura e ideología ha proporcionado una crítica persuasi·a v
aguda de Ravmond \illiams
35¯
. La Teoría literaria de Lagleton contiene la siguiente parabola:
Sabemos que el león es mas íuerte que el domador. Ll problema es que el león no lo sabe. Sigue
abierta la posibilidad de que la muerte de la literatura pudiera avudar al león a despertar.
358
Ll león es ese gigante adormecido. el pueblo que. tal v como se nos da a entender. queda
impedido de su propia conciencia por medio de una literatura impuesta por la élite cultural.
La literatura. un concepto burgués. debe quedar abolida como “literatura” si se ha de
conseguir la regeneración social. Ln el punto donde se encuentra \illiams esta rueda ha
dado un giro entero. Pero en cualquier caso. en otro sentido toda·ía es la misma rueda: la
agencia de regeneración no ha cambiado en absoluto. A solas. desesperadamente. Orwell se
atre·ía a imaginar que el león de Lagleton v \illiams, podía ser no mas que una
contrapartida icónica del unicornio. que ese león durmiente podía ser indolente v carente
de garras. Pero cuando tu·o la ·alentía de hacerlo público. la última palabra quedaba quizas
para su amado Shakespeare:
Glendower |un europeo galés|: Puedo con·ocar espíritus desde las ·astas proíundidades.
Hotspur: Para qué. también vo puedo. como puede cualquiera: pero .acudiran a tu llamada·
359
APLNDI(L I
LL LS1ADO \ LA LDU(A(IÓN. 1818-18¯0
1818 Informe del Comité de selección parlamentaria sobre la educación de las clases más bajas de la
sociedad: mostró que sólo una cuarta parte de la población iníantil estaba recibiendo algún
tipo de educación.
1820 La Carta de las escuelas parroquiales de Brougham: ideó un sistema nacional de educación
elemental basado en el abastecimiento de ediíicios por parte de la clase íabril. No se
aprobó.
1833 La Carta de educación de Roebuck: un plan para la “educación nacional v uni·ersal del
conjunto del pueblo”. No se aprobó. pero estimuló el interés del parlamento v avudó a la
sub·ención de ·einte mil libras para construir escuelas elementales. 1ambién contribuvó a
la aprobación del Acta de labrica de 1833. que por primera ·ez legisló un tipo de
regulación v limitación del trabajo iníantil.
1839 Se implanta el Comité de consejo privado para la educación.
1839 Ll Dr. Kav posteriormente Sir James Kav-Shuttleworth,. es nombrado primer
secretario del comité de consejo pri·ado para la educación. responsable de la creación del
Departamento de educación en 1856.
1856-1861 La Comisión de Newcastle. creada v autorizada “para in·estigar la situación actual
de la educación popular en Inglaterra. v para considerar qué tipo de medidas se necesitan
para el desarrollo de la educación del conjunto de las clases del pueblo”.
- resaltó la inadecuada situación de las areas mas pobres. No obstante. la comisión
rechazó la idea de abastecimiento v control. estatal a ía·or del desarrollo de la
iniciati·a ·oluntaria v la autoavuda. (ondenó cualquier intento de introducir la
asistencia obligatoria o la educación elemental retribuida.
- Basó sus recomendaciones en dos criterios esenciales: 1, la necesidad de mas avuda
íinanciera para los cuerpos ·oluntarios v el desarrollo de la avuda para las escuelas
que no contaban con ella. Propuso un censo urbano que podía quedar
complementado con una tasa de avuda local. canalizada a tra·és de una nue·a red
de equipos de educación municipal v pro·incial. 2, La concesión de asistencia
debería quedar subordinada a unos mínimos para recibir la tasa de avuda. marcados
por una cuota de censo v un examen anual de requerimientos.
1862 Revisión del código. Presentado por Robert Lowe. ·icepresidente del consejo pri·ado
para la educación v director del departamento de Lducación entre 1859 v 1864. la re·isión
del código eníatizaba la necesidad de asegurar el importe monetario. introduciendo un
nue·o conjunto de regulaciones que sujetaba la escuelas elementales a un estricto sistema
de “sub·ención-por-resultados”.
18¯0 Acta de educación elemental. 1enía como propósito declarado el “cubrir el país de buenas
escuelas”. v de esta manera. asegurar a todos los padres la educación de sus hijos.
APLNDI(L II
LAS PRIN(IPALLS A(1AS DL lÁBRI(A
1802-1901
1802 Acta sobre la salud y la moral de los aprendices. Anulada en 18¯8.
1819 Un acta de regulación de las fábricas de algodón y factorías. Anulada en 1831.
1833 Un acta para regular el trabajo infantil y juvenil en fábricas y factorías. Anulada en 18¯8.
1844 Un acta para reformar las leyes del trabajo en factorías. Anulada en 18¯8.
184¯ Un acta para limitar las horas de trabajos de jóvenes y mujeres en las factorías. Anulada en 18¯4.
1864 Acta de desarrollo de las actas de fábrica. Anulada en 18¯8.
186¯ Acta de desarrollo de las actas de fábrica.
Acta de desarrollo de las actas de fábrica.
18¯4 Un acta para mejorar el cuidado de la salud en mujeres, jóvenes y niños empleados en las fábricas.
Anulada en 18¯8.
18¯8 Un acta para consolidar y reformar la ley de factorías y talleres. Anulada en 1901.
1891 Un acta para reformar la ley de factorías y talleres. Anulada en 1901.
1895 Un acta para reformar y desarrollar la ley de factorías y talleres. Anulada en 1901.
1901 Acta de consolidación de factorías y talleres.
BIBLIOGRAlÍA
Adamson. \alter A.. Hegemony and Revolution: A Study of Antonio Gramsci´s Political and
Cultural Theory. Berkelev and Los Angeles. Uni·ersitv oí (aliíornia. 1980.
Adorno. 1heodor \.. Aesthetic Theory. New \ork. Routledge and Kegan Paul. 1984: Teoría
estética 1aurus Ldiciones-Grupo Santillana. 1992,
- “On the letish-(haracter in Music and the Regression oí Listening”. The Essential
Frankfurt School Reader. New \ork. Urizen. 19¯8. pags. 2¯0-99.
Akenson. D. l.. The Irish Education Experiment: The National System of Education in the
Nineteenth Century. Londres. Routledge v Kegan Paul. 19¯0.
Althusser. Louis. Lenin and Philosophy and Other Essays. New \ork. Monthlv Re·iew Press.
19¯1.
Anderson. Perrv. “1he Antinomies oí Antonio Gramsci”. New Left Review. n° 100 No·.
19¯6-Ln. 19¯¯,. pags. 5-¯8.
Arendt. lanna. Lectures on Kant´s Political Philosophy. (hicago. (hicago Uni·ersitv Press.
1982.
Arnold. Matthew. “(ulture and Anarchv. with lriendship´s Garland and some Literarv
Lssavs”. Vol. 5 de The Complete Prose Works of Matthew Arnold. Ann Arbor. Michigan
Uni·ersitv Press. 1965.
- “1he Popular Lducation oí lrance. Democratic Lducation”. Vol. 2 de The Complete
Prose Works of Matthew Arnold. Ann Arbor. Michigan Uni·ersitv Press. 1962.
Asad. 1alal. Anthropology and the Colonial Encounter. New \ork. lumanities Press. 19¯3.
Ashcraít. Richard. “Liberal Political 1heorv and \orking (lass Radicalism in Nineteenth-
(enturv Lngland”. Political Theory. Vol. 21. n° 2 Mavo 1993,. pags. 249-¯2.
Aspinall. A.. Politics and the Press 1780-1850. Londres. lome & Van lal. 1949.
Babington. 1homas Lord Macaulav,. “Lducation”. Selected Writings. (hicago. Uni·ersitv oí
(hicago Press. 19¯2.
Baczko. Bronislaw. Utopian Lights. New \ork. Paragon louse. 1989.
Bakhtin. M. M.. “Discourse in the No·el”. The Dialogic Imagination: Four Essays. Austin.
Uni·ersitv oí 1exas Press. 1981.
Barrow. (lvde \.. Universities and the Capitalist State: Corporate Liberalism and the Reconstruction
of American Higher Education 1894-1928. Madison. Uni·ersitv oí \isconsin Press. 1990.
Bavlev. John. (rítica de la 1eoría Literaria de 1errv Lagleton. Times Literary Supplement.
Londres. 10 Junio 1983.
Belchem. John (.. “Radical Language and Ideologv in Larlv Nineteenth-(enturv Lngland:
1he (hallenge oí Platíorm”. Albion n° 20 Verano 1988,. pags. 24¯-59.
Benjamin. \alter. Illuminations: Essays and Reflections. New \ork. Schocken. 1968:
Iluminaciones I-IV. 1aurus.
Bhaba. lomi K.. “DissemiNation: 1ime. Narrati·e and the Margins oí the Modern
Nation”. The Location of Culture. Londres. Routledge. 1994.
Bowles. Samuel v Gintis. lerbert. Schooling in Capitalist America: Educational Reform and the
Contradictions of Economic Life. New \ork. Basic Books. 19¯6.
Brantlinger. Patrick. Bread and Circuses: Theories of Mass Culture as Social Decay. Ithaca. (ornell
Uni·ersitv Press. 1983.
Brenkman. John. Culture and Domination. Ithaca. N\. (ornell Uni·ersitv Press. 198¯.
Briggs. Asa. Chartist Studies. Londres. Macmillan. 1960.
Brougham. lenrv. Practical Observations upon the Education of the People, Addressses to the
Working Classes and their Employers. Londres. 1825.
Burger. (hrista: Burger. Peter: Schulte-Sasse. Jochen. Zur Dichotomisierung von hoher und
niederer Literatur. lrankíurt v Main. Suhrkamp. 1982.
Burke Ldmund. Reflections on the Revolution in France. Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press. 1993.
Butler. Marilvn. Burke, Paine, Godwin and the Revolution Controversy. (ambridge. (ambridge
Uni·ersitv Press. 1984.
(laevs. Gregorv. Citizens and Saints: Politics and Anti-Politics in Early British Socialism.
(ambridge. (ambridge Uni·ersitv Press. 1989.
(liííord. James v Marcus. George. Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography.
Berkelev v Los Angeles. Uni·ersitv oí (aliíornia Press. 1989.
(oleridge. Samuel 1avlor. Biographia Literaria. Princeton. Princeton Uni·ersitv Press. 1983:
Biografía literaria Lditorial Labor. 19¯5,
- On the Constitution of the Church and the State. Princeton. Princeton Uni·ersitv Press.
19¯6.
(rick. Bernard. George Orwell: A Life. larmondsworth. Penguin Books. 1982.
Deustcher. Isaac. “1984-the Mvsticism Oí (rueltv”. Heretics and Renegades. New \ork.
Bobbs-Merrill. 1969. pags. 35-50.
Debord. Guv. Society of Spectacle. Detroit. Red and Black Books. 1983: La sociedad del
espectáculo Pre-1extos. 2000,
Dickens. (harles. The Speeches of Charles Dickens. Oxíord. (larendon Press. 1960.
Dobbs. A. L.. Education and Social Movements 1700-1850. Londres. Longmans. Green and
(o.. 1919.
Lagleton. 1errv. Literary Theory. Oxíord. Basil Blackwell. 1983.
- “Mutations oí (ritical Ideologv”. Criticism and Ideology: A Study in Marxist Literary
Theory. Londres. New Leít Books´Verso. 19¯8. pags. 11-43.
- The Ideology of Aesthetic. Oxíord. Blackwell. 1990.
Lllison. Marv. Support for Secession: Lancashire and the American Civil War. (hicago. Uni·ersitv
oí (hicago Press. 19¯2.
Lscobar. Arturo. Encountering Depvelopment: The Making and Unmaking of he Third World.
Princeton. Princeton Uni·ersitv Press. 1995.
lanon. lrantz. The Wretched of the Earth. New \ork. Gro·e Press. 1965: Los condenados de la
tierra 1xalaparta Argitaletxea. 1999,
loner. Lric. Tom Paine and Revolutionary America. Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press. 19¯6.
loster. John. Class Struggle and the Industrial Revolution, Early Industrial Capitalism in Three
English Towns. New \ork. St. Martin´s Press. 19¯4.
loucault. Michel. Discipline and Punish: The Birth of Prison. New \ork. Vintage. 19¯9: Vigilar y
castigar: nacimiento de la prisión Siglo XXI de Lspana Lditores. 2000,
- “Go·ernmentalitv”. The Foucault Effect: Studies in Governmentality. (hicago. (hicago
Uni·ersitv Press. 1991.
lv·el. 1. R.. George Orwell: A Personal Memoir. Londres. \eideníeld and Nicholson. 1982.
Gilrov. Paul. There Ain´t No Black in the Union Jack´: The Cultural Politics of Race and Nation.
(hicago. (hicago Uni·ersitv Press.
Gitlin. 1odd. The Twilight of Common Dreams: Why America is Wracked by Culture Wars. New
\ork. Metropolitan Books. 1995.
Godstrom. J. M.. “1he (ontent oí Lducation and the Socialization oí the \orking (lass
(hild. 1830-1860”. Popular Education and Socialization in the Nineteenth Century. Londres.
Methuen. 19¯¯. pags. 93-109.
Goldberg. Da·id 1heo. Racist Culture: Philosophy and the Politics of Meaning. Oxíord. Blackwell.
1993.
Goldsmith. Stephen. Unbuilding Themselves: Apocalypse and Romantic Representation. Ithaca.
(ornell Uni·ersitv Press. 1993.
Gramsci. Antonio. Selections from the Prison Notebooks. New \ork. International Publishers.
19¯1.
Green. Martin. The Children of the Sun. New \ork. Basic Books. 19¯6.
Grev. Robert. “1he Deconstruction oí the Lnglish \orking (lass”. Social History n° 11
Oct. 1986,. pags. 363-¯3.
lall. (atherine. “Rethinking Imperial listories: 1he Reíorm Act oí 186¯”. New Left Review
n°208 No·.´Dic. 1994,. pags. 3-29.
lall. Stuart. The Hard Road to Renewal. Londres. Verso. 1988.
lerbert. (hristopher. Culture and Anomie: Etnographic Imagination in the Nineteenth Century.
(hicago. (hicago Uni·ersitv Press. 1991.
lirschmann. Albert. The Passions and the Interests: Political Arguments for Capitalism before its
Triumph. Princeton. Princeton Uni·ersitv Press. 19¯¯.
lobsbawm. Lric v Rudé. George. Captain Swing: A Social History of the Great English
Agricultural Uprising of 1830. New \ork. Pantheon. 1968.
loggart. Richard. The Uses of Literacy. larmondsworth. Pelican Books. 1958.
lolub. Renate. Antonio Gramsci: Beyond Marxism and Postmodernism. New \ork. Routledge.
1992.
lowe. Anthonv. The Cotton Masters, 1830-1860. Oxíord. (larendon Press. 1984.
lumbold. \ilhem ·on. Individuum und Staatsgewalt. Leipzig. Reclam. 1985.
lunter. Ian. Culture and Government: The Emergence of Literary Education. Londres. Macmillan.
1988.
lvnes. Samuel. The Auden Generation: Literature and Politics in England in the Thirties. Londres.
1he Bodlev lead. 19¯6.
JanMohamed. Abdul v Llovd. Da·id. The Nature and Context of Minority Discourse. Oxíord.
Oxíord Uni·ersitv Press. 1990.
Johnson. Richard. “´Reallv Useíul Knowledge´: Radical Lducation and \orking (lass
(ulture. 1¯90-1848”. Working Class Culture: Studies in History and Theory. Londres.
lutchinson. 19¯9.
- “Lducational Policv and Social (ontrol in Larlv Victorian Lngland”. Past and Present
n° 49 No·. 19¯0,.
Kant. Immanuel. Critique of Judgement. Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press. 1952: Crítica del
juicio Lspasa-(alpe. 2001,
- 1he (onílict oí the laculties. New \ork. Abaris. 19¯9.
Kateb. George. “1he Road to 1984”. Political Science Quaterly n° 81 Dic. 1966,. pags. 568-9.
Kav. James. The Moral and Physical Condition of the Working Class as Employed in the Cotton
Manufacture in Manchester in 1832.
Kirk. Ne·ille. “In Deíence oí (lass”. International Review of Social History. n° 32. 198¯. pags.
2-4¯.
Knight. (harles. Passages of a Working Life During Half a Century: With a Prelude of Early
Reminiscences. Londres. Bradburv & L·ans. 1864.
Koselleck. Reinhart. Critique and Crisis: Enlightenment and the Pathogenesis of Modern Society.
(ambridge. MI1 Press. 1988.
Laclau. Lrnesto v Mouííe. (hantal. Hegemony and Socialist Strategy: Towards a Radical
Democratic Politics. Londres. Verso. 1985: Hegemonía y estrategia socialista: hacia la radicalización
democracia Siglo XXI de Lspana Lditores. 198¯,
Lawson. John: Sil·er. larold. A Social History of Education in England. Londres. Methuen.
19¯3.
Lea·is. l. R.. Mill on Bentham and Coleridge. Londres. 1950.
Llovd. Da·id. “Analogies oí the Aesthetic: 1he Politics oí (ulture and the Limits oí
Materialist Aesthetics”. New Formulations n° 10 Prima·era 1990,. pags. 109-126.
- “Genet´s Genealogv: Luropean Minorities and the Lnd oí the (anon”. The Nature
and Context of Minority Discourse. Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press. 1991.
- “Kant´s Lxamples”. Unruly Examples: On the Rethoric of Exemplarity. Staníord.
Staníord Uni·ersitv Press. 1995. pags. 255-¯6.
- “Race under Representation”. Culture/Contexture: Explorations in Anthropology and
Literary Study. Berkelev. Uni·ersitv oí (aliíornia Press. 1996.
Loewv. Michael. Marxisme et romantisme révolutionnaire. Paris. Svcomore. 1980.
Lowev. Michael v Savre. Robert. Révolte et mélancholie: le romantisme á contrecourant de la
modernité. Paris. Pavot. 1992.
Longmate. Norman. The Hungry Mills. Londres. 1emple Smith. 19¯8.
Lo·ett. \illiam. The Life and Struggles of William Lovett, in his Pursuit of Bread, Knowledge, and
Freedom. New \ork. Knopí. 1920.
Lowe. Donald. History of Bourgeois Perception. (hicago. Uni·ersitv oí (hicago Press. 1982.
Lowe. Lisa. Inmigrant Acts: On Asian-American Cultural Politics. Durham. Duke Uni·ersitv
Press. 1996.
Lowe. Lisa v Llovd Da·id. The Politics of Culture in the Shadow of Capital. Durham. Duke
Uni·ersitv Press. 199¯.
Mah. larold. “1he lrench Re·olution and the Problem oí German Modernitv: legel.
leine and Marx”. New German Critique n° 50 Prima·era-Verano 1990,. pags. 3-20.
Malthus. 1homas Robert. An Essay on the Principle of Population. larmondsworth. Penguin
Books. 19¯0: Primer ensayo sobre la población Alianza Lditorial. 2000,
Mao Zedong. “Speeches to the \enan lorum”. Selected Works of Mao Tse-Tung. Pekín.
loreing Languages Press. 1965. Vol III pags. 69-88.
Marcuse. lerbert. The Aesthetic Dimension: Towards a Critique of Marxist Aesthetics. Boston.
Beacon Press. 19¯8: La dimensió estètica: crítica de l'ortodòxia marxista Ldicions 62. Península
1982,
Marx. Karl. Capital: A Critical Analysis of Capitalist Production. Vol I. New \ork. International
Publishers. 194¯: El Capital. Lditors. 1984,
- “(ontribution to the (ritique oí legel´s Philosophy of Law”. en Marx v lriedrich
Lngels. Collected Works Vol III. New \ork. International Publishers. 19¯5. pags.
5-129.
- “(ontribution to the (ritique oí legel´s Philosophv oí Law. Introduction”. en
Marx v lriedrich Lngels. Collected Works Vol III. New \ork. International
Publishers. 19¯5. pags. 1¯5-8¯.
- “(ritique oí the Gotha Program”. The Marx-Engels Reader. New \ork. Norton.
19¯8. pags. 525-41: Crítica al programa de Gotha Ldiciones Vosa 1991,
- The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte. Moscú. Progress Publishers. 1954: El
dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Lditorial Ariel. 1985,
- “On the Jewish Ouestion”. en Marx v lriedrich Lngels. Collected Works Vol III.
New \ork. International Publishers. 19¯5. pags. 146-¯4: La cuestión judía Santillana.
199¯,
Marx. Karl v Lngels. lriedrich. The Communist Manifesto. larmondsworth. Penguin Books.
196¯: Manifiesto comunista. Lditorial (rítica. 1998,
Miliband. Ralph. Parliamentary Socialism. Londres. Merlin. 19¯2.
Mill. John Stuart. “(i·ilization”. Essays on Politics and Society. Vol. 18. Collected Works of John
Stuart Mill. 1oronto. Uni·ersitv oí 1oronto Press. 19¯¯.
- “(oleridge”. Essays on Politics and Society. Vol. 10. Collected Works of John Stuart Mill.
1oronto. Uni·ersitv oí 1oronto Press. 1969.
- “(onsiderations on Representati·e Go·ernment”. Essays on Politics and Society. Vol.
19. Collected Works of John Stuart Mill. 1oronto. Uni·ersitv oí 1oronto Press. 19¯¯.
- “On Libertv”. Essays on Politics and Society. Vol. 18. Collected Works of John Stuart Mill.
1oronto. Uni·ersitv oí 1oronto Press. 19¯¯.
- “Public and Parlamentarv Speeches. No·ember 1850-No·ember 1868”. Essays on
Politics and Society. Vol. 28. Collected Works of John Stuart Mill. 1oronto. Uni·ersitv oí
1oronto Press. 1988.
Montmorencv. J. L. G.. State Intervention in English Education: A Short History from Earliest
Times Down to 1833. (ambridge. Uni·ersitv Press. 1902.
Moretti. lranco. The Way of the World. Londres. Verso. 198¯.
Morris. \illiams. The Collected Works of Williams Morris. Londres. Longmans. 1910-1915.
- 1he Letters of Williams Morris to His Family and Friends. Longmans. Green & (o..
1950.
- “News írom Nowhere”. News from Nowhere and Selected Writings and Designs.
larmondsworth. Penguin Books. 1984: Noticias de ninguna parte Abraxas. 2000,
Morris. \illiams v Bax. Belíort. Socialism: Its Growth and Outcome. Londres. Swann
Sonnenshein. 1893.
Mulhern. lrancis. The Moment of Scrutiny. Londres. New Leít Books. 19¯9.
Negt. Oskar v Kluge. Alexander. “Public Sphere and Lxperience: 1oward an Analvsis oí
the Bourgeois and Proletarian Public Sphere”. Theory and History of Literature. ·ol. 85.
Minneapolis. Uni·ersitv oí Minnesota Press. 1993.
Ngugi. \a 1hiong´o. Decolonizing the Mind: The Politics of Language in African Literature.
Londres. J. (urrev. 1986.
Omi. Michael v \inant. loward. Racial Formation in the United States: From the 1960s to the
1980s. New \ork. Routledge. 1986.
Orwell. George. The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell. larmondsworth.
Penguin Books. 19¯0.
- “Burnham´s View oí the (ontemporarv \orld Struggle”. Collected Essays. ·ol. 4.
pags. 360-¯4.
- Homage to Catalonia. larmondsworth. Penguin Books. 1962: Homenaje a Cataluña
Galaxia Gutenberg. 1996,
- Letter to (vril (onnollv. 8 Junio 183¯. Collected Essays. ·ol.1. pag. 301.
- “Politics and the Lnglish Language”. Collected Essays. ·ol. 4. pags. 156-1¯0.
- The Road to Wigan Pier. Londres. Leít Book (lub Ldition. 193¯: El camino de Wigan
Pier Ldiciones Destino. 1982,
- “\hv I \rite”. Collected Essays. ·ol. 1. pags 23-20.
Ozouí. Mona. Festivals and the French Revolution. (ambridge. lar·ard Uni·ersitv Press. 1988.
Podhoretz. Norman. “Ií Orwell were Ali·e 1odav”. Harper´s n° 266 Ln. 1983,. pags. 30-2.
34-¯.
Pope. Alexander. “An Lssav on Man”. Alexander Pope: A Critical Edition of the Major Works.
Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press. 1993. pags. 2¯0-308.
Richards. Paul. “State lormation and (lass Struggle. 1832-48”. Capitalism, State Formation
and Marxist Theory: Historical Investigations. Londres. Ouartet Books. 1980.
Rousseau. Jean-Jacques. Emile, or On Education. New \ork. Basic Books. 19¯9: Emilio o De
la educación Alianza Lditorial. 199¯,
- “Lssav on the Origin oí Languages”. The First and Second Discourses, together with the
replies to critics and the Essay on the Origin of Languages. New \ork. larper and Row.
Perennial Librarv. 1986. pags. 239-95: Ensayo sobre el origen de las lenguas Ldiciones
Akal. 1980,
- “lirst Discourse”. The First and Second Discourses. New \ork. St. Martin´s Press.
1964.
- Politics and the Arts: Letter, to M. D´Alembert on the Theater. Ithaca. (ornell Uni·ersitv
Press. 1960: Carta a D'Alembert sobre espectáculos 1ecnos. 1994,
- The Social Contract. larmondsworth. Penguin Books. 19¯1: El contrato social Lspasa-
(alpe. 2001,
Sanderson. Michael. Education, Economic Change and Society in England, 1780-1870. Londres.
Macmillan. 1983.
Schiller. lriedrich. On the Aesthetic Education of Man, en una Series of Letters. Oxíord.
(larendon Press. 196¯: Kallias : cartas sobre la educación estética del hombre Anthropos. 1990,
- “On the Stage as Moral Institution”. Essays Aesthetical and Philosophical. Londres.
George Bell & Sons. 18¯9.
Scott. Joan \allach. Gender and the Politics of History. New \ork. (olumbia Uni·ersitv Press.
1988.
Sil·er. larold. “Ideologv and the lactorv (hild: Attitudes to lalí-time Lducation”. Popular
Education and Socialisation in the Nineteenth Century. Londres. Methuen. 19¯¯.
Simon. Brian. The Two Nations and the Educational Structure, 1780-1870. Londres. Lawrence
and \ishart. 19¯4.
Siníield. Alan. Literature, Politics and Culture in Postwar Britain. Berkelev. Uni·ersitv oí
(aliíornia Press. 1989.
Stallvbrass. Peter: \hite. Allon. The Politics and Poetics of Transgression. Ithaca. (ornell
Uni·ersitv Press. 1986.
Starobinski. Jean. Jean-Jaques Rousseau: Transparency and Obstruction. (hicago. (hicago
Uni·ersitv Press. 1988: Jean Jacques Rousseau : La transparencia y el obstáculo 1aurus Ldiciones-
Grupo Santillana 1983,
Stedman Jones. Gareth. Languages of Class: Studies in Working Class History 1832-1982.
(ambridge. (ambridge Uni·ersitv Press. 1983: Lenguajes de clase : estudios sobre la historia clase
obrera inglesa Siglo XXI. 1989,
Stocking. George \.. Colonial Situations: Essays on the Contextualization of Ethnographic
Knowledge. Madison. Uni·ersitv oí \isconsin Press. 1991.
Svkes. Robert. “Larlv (hartism and 1rade Unionism”. The Chartist Experience: Studies in
Working Class Radicalism and Culture. Londres. Macmillan. 1982.
1holíson. 1rvg·e R.. Working Class Radicalism in Mid-Victorian England. New \ork.
(olumbia Uni·ersitv Press. 19¯¯.
1homas. Paul. Alien Politics: Marxist State Theory Retrieved. New \ork v Londres. Routledge.
1994.
- “(ritical Reception: Marx 1hen and Now”. The Cambridge Companion to Marx.
(ambridge. (ambridge Uni·ersitv Press. 1991. pags. 23-54.
1hompson. Dorothv. The Chartists: Popular Politics in the Industrial Revolution. New \ork.
Pantheon. 1984.
1hompson. L. P.. The Making of the English Working Class. New \ork. Vintage. 1966: La
formación de la clase obrera en Inglaterra Lditorial (rítica |Obra completa|,
- “1he Moral Lconomv oí the Lnglish (rowd in the Lighteenth (enturv”. Past and
Present. n° 50 leb. 19¯1,. pags. ¯6-136.
- “Outside the \ale”. Out of Apathy. Londres. Ste·ens and Sons. 1960. pags. 158-65.
- “1he Peculiarities oí the Lnglish”. The Poverty of Theory and other Essays. Londres.
Merlin Press. 19¯9. pags. 35-91.
- Wighs and Hunters. New \ork. Pantheon. 19¯5.
- William Morris: From Romantic to Revolutionary. Londres. Merlin Press. 19¯¯.
Vernes. Paule-Monique. La ville, la fête, la démocratie: Rousseau et les illusions de la communauté.
París. Pavot. 198¯.
Vester. Michael. Die Entstehung des Proletariats als Lernprozess. lrankíurt v Main. Luropäische
Verlagsanst. 19¯0.
Viswanathan. Gauri. Masks of Conquest: Literary Study and British Rule in India. New \ork.
(olumbia Uni·ersitv Press. 1983.
\alton. John K.. Lancashire, a Social History, 1758-1939. Manchester. Manchester Uni·ersitv
Press. 198¯.
\ebb. R. K.. The British Working Class Reader, 1790-1848: Literacy and Social Tension. Londres.
Allen & Unwin. 1955.
\illiams. Ravmond. “Base and Superstructure in Marxist (ultural 1heorv”. Problems in
Materialism and Culture. Londres. Verso. 1980. pags. 31-49.
- Culture and Society. 1780-1950. New \ork. (olumbia Uni·ersitv Press. 1983.
- George Orwell. New \ork. Viking Press. Modern Masters Series. 19¯1.
- Marxism and Literature. Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press. 19¯¯: Marxismo y literatura
Ldiciones Península. 1998,
- Politics and Letters: Interviews with New Left Review. Londres. New Leít Books. 19¯9.
- Problems in Materialism and Culture. Londres. Verso. 1980.
- Resources of Hope: Culture, Democracy, Socialism. Londres. Verso. 1989.
- Writing in Society. Londres. New Leít Books. n. d.
\illis. Paul L.. Learning to Labor. Londres. Routledge v Kegan Paul. 19¯9: Aprendiendo a
trabajar Ldiciones Akal. 1988,
- Profane Culture. Londres. Routledge v Kegan Paul. 19¯8.
\ilson. Benjamin. “1he Struggles oí Old (hartism”. Testaments of Radicalism. lrankíurt.
Luropa. 19¯¯.
\okler. Robert. “Rousseau and Marx”. The Nature of Political Theory: Essays in Honour of John
Plamenatz. Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press. 1983.
\ood. Lllen Meiksins. The Retreat from Class. Londres. Verso. 1986.
\oodcock. George. The Crystal Spirit: A Study of George Orwell. Boston. Little Brown. 1966.
\ordsworth. \illiam. Poetical Works. Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press. 1969.
- The Prose Works of William Wordsworth. Oxíord. (larendon Press. 19¯4.
\ordsworth. \illiam: (oleridge. Samuel. Lyrical Ballads. Oxíord. Oxíord Uni·ersitv Press.
1969: Baladas líricas Ldiciones Altava. 1996,: Prólogo a las Baladas líricas Ldiciones liperión
1999,.
\eo. Lileen. “Practices and Problems oí (hartist Democracv”. The Chartist Experience.
Londres. Macmillan. 1982. pags. 345-380.
Zwerdling. Alex. Orwell and the Left. New la·en. \ale Uni·ersitv Press. 19¯4.
1
Matthew Arnold, Cultura y Anarquía, with Friendship´s Garland and some Literary Essays, ed. R. H. Super, Ann
Arbor, Michigan University Press, 1965, pág. 135.
2
No vamos a situar aquí otros conceptos de cultura que aparecen posteriormente a nuestro periodo de estudio:
conceptos etnográficos de cultura como “ese todo complejo que incluye conocimiento, creencia, arte, moral, ley,
costumbres,” etc., o el de los “estudios culturales” que combina definiciones estéticas y etnográficas, “alta” y “baja”
cultura. La cita es de Primitive Culture de A. B. Taylor (1871), citado en Culture and Anomie: Etnographic
Imagination in the Nineteenth Century, Chicago, University of Chicago Press, 199, pág.6. Nosotros avanzamos a lo
largo del libro superando estas distinciones, y acercándonos con cierta libertad a textos como Culture and Domination
de Herbert y John Brenkman, Ithaca, Cornell University Press, 1987, y el capítulo 1, “Culture”, de Marxism and
Literature de Raymond Williams, Oxford, Oxford University Press, 1977.
3
Para una definición sucinta del estado como “organización”, ver la Parte II, “Critique of Teleological Judgement,”
Primera división, #4, de Immanuel Kant, Critique of Judgement, Oxford, Oxford University Press, 1952, pág.23.
4
Michel Foucault, “Governmentality”, en The Foucault Effect: Studies in Governmentality, Chicago, University of
Chicago Press, 1991.
5
Ver Williams, Marxism and Literature, págs. 83-89 y “Base and Superstructure in Marxist Cultural Theory,” en
Problems in Materialism and Culture, Londres, Verso, 1980, pág. 31-49. El trabajo más temprano de Foucault,
Discipline and Punish, [Vigilar y castigar] es más cercano a Marx que sus trabajos posteriores, y expresa de manera
impecable la necesidad de comunicación:
(El Panopticon) es polivalente en sus aplicaciones; sirve para reformar prisioneros, pero también para
tratar pacientes, para instruir a alumnos, para confinar dementes, para supervisar trabajadores, para poner
a trabajar a mendigos y vagos. Es un tipo de localización de cuerpos en el espacio, de distribución de
individuos en relación estructural, de organización jerárquica, de disposición de centros y canales de
poder, de definición de instrumentos y modos de poder, que pueden ser implantados en hospitales, talleres
prisiones [...] estas disciplinas [...] bentham soñado de transformación en una red de mecanismos que
estaría en todas partes y siempre alerta, recorriendo la sociedad sin interrupción espacial o temporal. El
arreglo panóptico proporciona la fórmula para su generalización. Esto programa, al nivel de un
mecanismo elemental y fácilmente transferible, el funcionamiento básico de una sociedad penetrada por
mecanismos disciplinarios.
Ver Foucault, Discipline and Punish: The Birth of the Prison, New York, Vintage, 1979, págs. 205 y 209.
6
Althusser, “Ideology and Ideological State Apparatuses: Notes towards an Investigation,” en Lenin and Philosophy
and Other Essays, New York, Monthly Review Press, 1971, pág. 181.
7
Karl Marx, The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte, 3° ed., Moscú, Progress Publishers, 1954, pág. 106.
8
Para estudiar la conexión entre la estética y la filosofía política kantianas, ver Hanna Arendt, Lectures on Kant´s
Political Philosophy, edición acompañada de ensayo de Ronald Beiner, Chicago, University of Chicago Press, 1982,
págs. 58-72. Ver también “Kant´s Examples” de David Lloyd en Unruly Examples: On the Rethoric of Exemplarity,
Stanford, Stanford University Press, 1995, págs. 255-276, para una lectura más crítica del sensus communis de Kant en
relación con la pedagogía y la formación del sujeto.
9
Que tan poderosas afirmaciones precursoras de la función de la cultura en relación directa con el estado no deberían
haber aparecido en la Alemania de finales del XVIII es quizás atribuible a la posición comparativamente débil de una
burguesía nacional enfrentada a la fragmentación política y económica del Kleinstaaterei. Así el irónico comentario de
Marx sobre el poderío teórico del pueblo alemán en relación a los avances industriales y políticos de Ingleses y
Franceses respectivamente. Ver Karl Marx, “Contribution to the Critique of Hegel´s Philosophy of Law, Introduction”
en Collected Works de Marx y Engels, vol. 3, New York, International Publishers, 1975, págs. 175-187. Para debates al
respecto ver Alien Politics: Marxist State Theory Retrieved de Paul Thomas, New York y Londres, Routledge, 1994
Cap. 8, y “The French Revolution and the Problem of German Modernity: Hegel, Heine and Marx” de Harold Mah, en
New German Critique, n° 50 (Primavera-Verano de 1990), págs. 3-20.
10
Para este concepto ver Alien Politics de Thomas.
11
Aunque “educe” se traduce por lo general como un sinónimo de deducir, aquí el término juega claramente con la
relación etimológica que mantiene con “educar” (educate). El verbo “educir” constituye uno de los fundamentos del
discurso de este libro, y aunque raro, existe en castellano. Significa “transformar, desarrollar, habilitar, entresacar,” y en
ocasiones se utiliza en el ámbito pedagógico en los términos exactos propuestos por los autores. n. del t.
12
Ver Karl Marx y Friedrich Engels, The Communist Manifesto, Harmondsworth, Penguin, 1967, pág. 105, donde se
propone la “combinación de la educación con la producción industrial”; y Karl Marx, Critique of the Gotha Program,
en The Marx-Engels Reader, 2° ed., New York: Norton, 1978, pág. 541, donde se propone que “una combinación
temprana de trabajo productivo y educación es uno de los sentidos más poderosos para la transformación de la sociedad
de hoy en día.”
13
Raymond Williams, Culture and Society, 1780-1950, New York, Columbia University Press, 1983.
14
Raymond Williams, Politics and Letters: Interviews with New Left Review, Londres, New Left Books, 1979, págs.
99-100.
15
Williams, Politics and Letters, pág. 97.
16
Es justo apuntar que Williams, reflexionando sobre Cultura y sociedad en Politics and Letters, reconoce la falta de
cualquier discusión sobre el Estado en el libro anterior. Ver Politics and Letters, págs. 119-120. En general, aquí
deberíamos enfatizar que nuestra crítica de Cultura y sociedad en este ensayo no constituye una crítica de las
posteriores revisiones de Williams, ni de su desarrollo intelectual. Lo que hemos intentado aislar es un momento crítico
en el materialismo cultural que continúa ejerciendo una considerable influencia al margen de las posteriores revisiones
de Williams. (Como él mismo apunta en Politics and Letters, pág. 100, “es el propio éxito del libro el que ha creado las
condiciones para su crítica.”) No obstante, estamos convencidos de que incluso la posterior crítica y desarrollo
constituyen una reflexión del compromiso fundamental con la cultura, tal y como queda definida en Cultura y sociedad,
una reflexión que, tal y como argumentamos aquí, requeriría una rearticulación de los espacios sociales diferenciados
histórica y conceptualmente, como el económico, el político, el cultural, etc. En los términos propuestos por “A
Hundred Years of Culture and Anarchy”, Problems in Materialism and Culture, Londres, Verso, 1980, págs. 3-10, estos
conceptos son todavía más “conocidos” que “conocibles” para mucha parte de la teoría cultural, la esfera separada de la
cultura continúa proponiendo una base obvia incluso para la crítica cultural radical.
17
Ver Rousseau, The Social Contract, Harmondsworth, Penguin, 1971, pág. 141: “La idea de la representación es
moderna. Nos llega del gobierno feudal, de un sistema absurdo e inicuo bajo el que la raza humana se degrada y no hace
honor al nombre de hombre. En las repúblicas e incluso en las monarquías del mundo antiguo, la gente nunca tuvo
representantes: la propia palabra era desconocida.”
18
Para más información sobre este momento intelectual ver las propias discusiones de Williams en Politics and Letters,
págs. 61-3, y Alan Sinfield, Literature, Politics and Culture in Postwar Britain, Berkeley, University of California
Press, 1989, págs. 6-22.
19
“Estructuras del sentimiento” es, por supuesto, un concepto teórico posterior introducido por Williams para maniobrar
en muchos aspectos, precisamente, con el tipo de problema que aquí hemos indicado al hilo de su trabajo más temprano.
Tiene la ventaja de abordar la construcción social mientras habilita la importancia del “sentimiento” como un espacio
crucial para los combates hegemónicos y contrahegemónicos. Si consideramos la oposición recurrente entre ilustración
socialista y sentimiento, Williams revela su sensibilidad hacia este debate al defender Cultura y sociedad en la
introducción a la edición de Morningside, donde remarca que, a través de los trabajos de Hoggart y Thompson del
mismo periodo, Cultura y sociedad queda “dedicado a un tipo de radicalismo cultural que ha sido relegado por un tipo
de socialismo más nítido, duro y, de hecho, más tradicional” (Culture and Society, pág. xi)
20
Williams, Culture and Society, págs. 4-5
21
Ibid., pág. 316
22
Ibid., pág. 333
23
Ibid., pág. 333
24
Ibid., pág. 123.
25
Ibid., pág. 320.
26
Se podría elaborar la relación entre nuestra crítica de Williams aquí y las críticas actuales del pluralismo americano
desde la perspectiva del “discurso de minorías.” La fuerza política de las culturas minoritarias (distinguiendo el término
de su utilización particularmente étnica) deriva de su posición históricamente damnificada, que obliga a abordar una
crítica de las formaciones culturales dominantes. Ver Abdul JanMohamed y David Lloyd, Introducción a The Nature
and Context of Minority Discourse, Oxford, Oxford University Press, 1990, págs. 4-11. Lisa Lowe ha ejercido una
poderosa crítica de los actuales pluralismos culturales en “Imaginando Los Angeles en la producción del
multiculturalismo,” capág. 4 de Inmigrant Acts: On Asian-American Cultural Politics, Durham, Duke University Press,
1996.
27
Ian Hunter, Culture and Government: The Emergence of Literary Education, Londres, Macmillan, 1988.
28
En el original, esta palabra está entrecomillada porque al utilizar el término “contraction”, los autores enfatizan su
parentesco etimológico con el término “contrato”. n. del t.
29
Ibid., pág. 262.
30
Ibid., pág. 37.
31
Ibid., pág. 39.
32
La extensa apelación de Hunter al trabajo de Thomas Laqueur sobre las Escuelas Dominicales (Sunday Schools), así
como su afirmación de que tales escuelas estaban estadísticamente distribuidas en núcleos rurales y urbanos, por lo que
no hay una correlación evidente con el “desarrollo de producción industrial”, es simplemente absurda. La capitalización
de la agricultura y la industrialización afectó tanto a los pobres del campo como a los de la ciudad, y ciertamente
quedaron reconocidos por los Cartistas como asuntos continuamente pendientes.
33
Thomas Babington, Lord Macaulay, “Educación” en Selected Writings, ed. John Clive y Thomas Pinney, Chicago,
University of Chicago Press, 1972, pág. 214
34
Hunter, Culture and Government, pág. 56
35
Richard Johnson, citado en Michael Anderson, Education, Economic Change and Society in England, 1780-1870,
Londres, Macmillan, 1983, pág. 17. Ver también John Lawson y Harold Silver, A Social History of Education in
England, Londres, Methuen, 1973, cap. 8; Paul Richards, “State Formation and Class Struggle, 1832-48,” en
Capitalism, State Formation and Marxist Theory: Historical Investigations, Londres, Quartet Books, 1980, págs. 74-76,
así como nuestro propia investigación en el capítulo 3.
36
Hunter, Culture and Government, pág. 49.
37
Ibid., pág. 58.
38
Ibid., pág. 59.
39
Sobre esta broma pedagógica, ver Lloyd, “Kant´s Examples”, págs. 263-5
40
Louis Althusser, “Ideology and Ideological State Apparatuses,” pág. 169. Desafortunadamente, el breve análisis de
Althusser sobre las escuelas como aparato ideológico material es truncado por su giro hacia la Iglesia como paradigma,
un giro que rubrica su afirmación de la naturaleza trans-histórica de la ideología y oscurece la función central y
hegemónica de la educación.
41
En el contexto diferente del problema racial en USA, Omi y Winant expresan la cuestión sucintamente:
A pesar de todas las fuerzas pugnando en sentidos diversos en el seno del estado –demandas dispares de
mandatarios, mandatos y prerrogativas de diferentes agencias, consecuencias políticas no atendidas y
antagónicas, etc.- el estado todavía preserva una unidad global.
Michael Omi y Howard Winant, Racial Formation in the United States: From the 1960s to 1980s, New York,
Routledge, 1986, pág. 78.
42
Antonio Gramsci, Selections from the Prison Notebooks, New York, International Publishers, 1971, pág. 263.
43
Gramsci, Prison Notebooks, págs. 242, 247.
44 4
Renate Holub mantiene que “sin el intelectual […] quizás no hay teoría crítica gramsciana.” Antonio Gramsci:
Beyond Marxism and Posmodernism, New York, Routledge, 1992, págs. 151-2
45
El importante ensayo de Perry Anderson “Las antinomias de Antonio Gramsci”, New Left Review, n° 100, págs. 5-78,
es tristemente típico al considerar la distinción en cuestión como original, fundacional y persuasiva –y por consiguiente
incuestionable.
46
Gramsci, Prison Notebooks, pág. 3.
47
Ibid., pág. 323.
48
Ibid., pág. 26-43
49
Richard Johnson, “´Really Useful Knowledge´: Radical Education and Working Class Culture, 1790-1848”, en
Working Class Culture: Studies in History and Theory, , Centro de Estudios Culturales Contemporáneos Universidad de
Birmingham, Londres, Hutchinson, 1979, pág. 89.
50
Gramsci, Prison Notebooks, pág. 5
51
Walter A. Adamson, Hegemony and Revolution: A Study of Antonio Gramsci´s Political and Cultural Theory,
Berkeley and Los Angeles, University of California, 1980, pág. 143. El texto de Adamson es una de las pocas
interpretaciones derivadas de Gramsci, (frente a los que pretenden utilizar a Gramsci y llevarlo a su terreno).
52
Gramsci, Prison Notebooks, pág. 5
53
ver Adamson, Hegemony and Revolution, pág. 143.
54
Gramsci, Prison Notebooks, pág. 7.
55
Ibid., pág. 341.
56
Ibid., pág. 3.
57
Ibid., pág. 10-11.
58
Ibid., pág. 334.
59
Ibid., pág. 334-5.
60
Ibid., pág. 332-3.
61
Ibid., pág. 418.
62
Ibid., pág. 332.
63
Ibid., pág. 173.
64
Ibid., pág. 3.
65
Aquí, nuestra crítica de Gramsci atañe igualmente a sus argumentos de los intelectuales en “Americanism and
Fordism”, donde le parecía inaceptable la actual transformación de las instituciones universitarias y escolares en
elementos orgánicos de la estructura capitalista. Ver Prison Notebooks, págs. 285-6. Para trabajos más recientes sobre
estas transformaciones, ver Clyde W. Barrow, Universities and the Capitalist State: Corporate Liberalism and the
Reconstruction of American Higher Education, 1894-1928, Madison, University of Wisconsin Press, 1990; y más
generalmente, Samuel Bowles y Herbert Gintis, Schooling in Capitalist America; Educational Reform and the
Contradictions of Economic Life, New York, Basic Books, 1976.
66
Para textos sobre descolonización y la formación del intelectual nacionalista, ver Frantz Fanon, The Wretched of the
Earth, New York, Grove Press, 1965; Los condenados de la tierra (Txalaparta Argitaletxea, 1999); Ngugi Wa Thiong
´o, Decolonizing the Mind: The Politics of Language in African Literature, Londres, J. Currey, 1986; Benedict
Anderson, Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationanism, Londres, Verso, 1991. Homi
K. Bhabha comenta extensamente la frase citada de Fanon en “DissemiNation: Time, Narrative and the Margins of the
Modern Nation,” The Location of Culture, Londres, Routledge, 1994, págs. 152-3.
67
Ver Terry Eagleton, The Ideology of Aesthetic, Oxford, Blackwell, 1990, cap.2.
68
Immanuel Kant, The Conflict of the Faculties, New York, Abaris, 1979, págs. 154-5.
69
Hanna Arendt, Lectures on Kant´s Political Philosophy, Chicago, University of Chicago Press, 1982, pág. 52.
70
Reindhart Koselleck, Kritik und Krise: Ein Beitrag zur Pathogenese der bürgerlichen Welt, Freiburg y München,
Alber, 1959.
71
Sobre la formalidad del sujeto político, ver Paul Thomas, Alien Politics: Marxist State Theory Retrieved, New York y
Londres, Routledge, 1994; sobre la importancia política del sujeto estético, ver David Lloyd, “Analogies of the
Aesthetic: The Politics of Culture and the Limits of Materialist Aesthetics” en New Formations, n° 10 (Primavera de
1990), págs. 109-26.
72
En el título de este apartado, los autores establecen una relación entre los términos “destino” y “fiesta”, por su
similitud fonética (fate y fête) n. del t.
73
Jean-Jacques Rousseau, “First Discourse”, The First and Second Discourses, New York, St. Martin´s Press, 1964,
pág. 37.
74
Jean Starobinski, Jean-Jacques Rousseau: Transparency and Obstruction, Chicago, University of Chicago Press,
1988, pág. 182.
75
Jean-Jacques Rousseau, Politics and the Arts: Letter, to M. D´Alembert on the Theater, Ithaca, Cornell University
Press, 1960, pág. 61; Carta a D'Alembert sobre espectáculos (Tecnos, 1994
76
Rousseau, Letter to D´Alembert, pág. 80.
77
Rousseau, “First Discourse”, First and Second Discourses, pág. 59.
78
Friedrich Schiller, On the Aesthetic Education of Man, In a Series of Letters (1795), Oxford, Clarendon Press, 1967,
pág. 43. Las siguientes referencias quedarán entre paréntesis con la abreviación AEM.
79
Rousseau, Letter to D´Alembert, págs. 16-17.
80
Rousseau, Ibid., pág. 25.
81
Ver Starobinski, Transparency and Obstruction, págs. 95-6.
82
Starobinski, Transparency and Obstruction, págs. 93-4.
83
Ibid., págs. 92-3.
84
Ibid., pág. 96.
85
Wokler, “Rousseau y Marx”, en The Nature of Political Theory: Essay in Honour of John Plamenatz, Oxford, Oxford
University Press, 1983, pág. 236. La referencia a Rousseau es a Essai sur l´origine des langues, Burdeos, Ducros, 1970,
pág. 199.
86
Wokler, “Rousseau y Marx”, pág. 243.
87
Koselleck, Kritik und Krise, pág. 136-8.
88
Walter Benjamin, Illuminations: Essays and Reflections, New York, Schocken, 1968, pág. 241; Iluminaciones I-IV,
Taurus.
89
Para una crítica a Rousseau en estos términos, ver Edmund Burke, Reflections on the Revolution in France, Oxford,
Oxford University Press, 1993, págs. 264-275.
90
Mona Ozouf, Festivals and the French Revolution, Cambridge, Harvard University Press, 1988, pág. 54.
91
Ozouf, Festivals, passim. Ver también Bronislaw Baczko, Utopian Lights, New York, Paragon House, 1989, passim.,
y Paule-Monique Vernès, La ville, la fête, la démocratie: Rousseau et les illusions de la communauté, París, Payot,
1987, passim.
92
Emile, or On Education, New York, Basic Books, 1979, págs. 82, 81.
93
Sobre la estructura de la pedagogía kantiana, ver David Lloyd, “Kant´s Examples”, en Unruly Examples; On the
Rethoric of Exemplarity, Stanford, Stanford University Press, 1995, págs. 255-76.
94
Louis Althusser, Lenin and Philosophy and Other Essays, New York, Monthly Press Review, 1971, págs. 170 ff.
95
Ver Friedrich Schiller, Essays Aesthetical and Philosophical, Londres, George Bell & Sons, 1879. Las siguientes
referencias quedarán entre paréntesis con la abreviación SMI.
96
Debemos a Stallybrass y White un notable informe de la represión gradual de los propios espacios de reunión popular,
espacialmente la feria, como la condición de aparición de manifestaciones modernas de “lo público”. Es sorprendente
que todas las instituciones que constituyen virtualmente el “estado ético” para Gramsci, y la “esfera pública” para
Habermas, toman la forma de sitios teatrales y morales. Ver Peter Stallybrass y Allon White, The Politics and Poetics
of Transgression, Ithaca, Cornell University Press, 1986, esp. cap. 1.
97
E. P. Thompson, “The Moral Economy of the English Crowd in the Eighteenth Century”, Past and Present, n° 50
(Feb. 1971), págs. 76-136.
98
Sobre la genealogía del radicalismo inglés en la década de 1890, ver E. P. Thompson, The Making of the English
Working Class, New York, Vintage, 1966, Primera parte, “El árbol de la libertad”; La formación de la clase obrera en
Inglaterra (Editorial Crítica [Obra completa]).
99
Para una breve nota biográfica sobre Spence, su activismo político y frecuentes arrestos, así como su contribución
póstuma al pensamiento radical inglés, ver Marlyn Butler, ed., Burke, Paine, Godwin and the Revolution Controversy,
Cambridge, Cambridge University Press, 1984, págs. 189-90. En la página 190, Butler escribe:
Un excéntrico y un solitario, vivía en Londres muy pobremente. Su causa y su ejemplo personal le convirtieron
en un héroe para un pequeño grupo de devotos spensonianos, encabezados por Thomas Evans, a través de los
cuales sus ideas terminaron formando parte del legado del radicalismo del XIX.
100
Thomas Spence, The End of Opresión, Cambridge University Library Rare Books.
101
Williams, Culture and Society, 1780-1950, New York, Columbia University Press, 1983, pág. 70.
102
Ibid., pág. 32.
103
Ibid., pág. 42.
104
Ibid., pág. 43.
105
Ibid.
106
Para una discusión sobre la relación de Shelley con la sociedad política emergente, ver Stephen Goldsmith,
Unbuilding Themselves: Apocalypse and Romantic Representation, Ithaca, Cornell University Press, 1983. Cap 4.
107
Ver Alexander Pope, An Essay on Man, en Alexander Pope: A Critical Edition of the Major Works, Oxford, Oxford
University Press, 1993, págs. 270-308.
108
Coleridge, On the Constitution of the Church and State, Princeton, Princeton University Press, 1976, págs. 52-3.
Énfasis en el original. Las futuras referencias aparecerán entre paréntesis y con la abreviación CCS. Williams cita la
mayoría de sus párrafos en Culture and Society, págs. 61-3.
109
En estos debates, ver especialmente John Lawson y Harold Silver, A Social History of Education in England,
Londres, Methuen, 1973, y J. M. Godstrom, “The Content of Education and the Socialization of the Working Class
Child, 1830-1860” en Popular Education and Socialisation in the Nineteenth Century, Londres, Methuen, 1977, págs.
93-109. Es importante recalcar que estos debates pueden haber encontrado su mayor intensidad, así como su
articulación más temprana, en las colonias, justo según las formas de la educación nacional británica parece haber
aparecido al margen de la metrópolis. Para algún relato de los debates sobre las formaciones imperiales de instituciones
educativas ver D. H. Akenson, The Irish Education Experiment: The National System of Education in the Nineteenth
Century, Londres, Routledge y Kegan paul, 1970, y Gauri Viswanathan, Masks of Conquest: Literary Study and British
Rule in India, New York, Columbia University Press, 1983.
110
En inglés los autores están jugando con la evidencia que supone la enorme similitud entre la palabra “sacerdote”
(parson) y la palabra “persona” (person), que se pierde en castellano. n. del t.
111
Podemos recordar aquí que en Biographia Literaria, Coleridge remarca los efectos de la propagación de la Biblia
King James no en relación a la inculcación del sentimiento religioso, sino para la mejora del vocabulario de la gente del
campo. Su efecto cultivador tiene que ver con los modos del habla más que con el dogma cristiano. Ver Biographia
Literaria, vol. 2. eds. James Engell y W. Jackson Bate, Princeton, Princeton University Press, 1983, pág. 44.
112
William Wordsworth, Poetical Works, Oxford, Oxford University Press, 1969, pág. 735. Las futuras referencias
aparecerán entre paréntesis y abreviadas como PW.
113
Cf. Coleridge, Biographia, vol. 1, pág. 304.
114
Para este debate de Wordsworth sobre la métrica en el Prefacio de 1800, ver PW, pág. 740.
115
Ver especialmente baladas como “Simon Lee” o “Una anécdota para padres” en Lyrical Ballads, y los numerosos
“poemas sobre los nombres de los sitios”, PW, págs. 116-121-
116

CALMA ANIMAL Y DECADENCIA
Los pequeños pájaros del seto,
Que picotean la carretera le ignoran.
Él viaja, y en su cara, en su paso,
En su andar una expresión: cada miembro,
De esa figura parecida y encorvada, todos anuncian
Un hombre dolorido que no se mueve, pero se impulsa
Con el pensamiento –insensiblemente sometido
A permanecer callado: Para éste
La paciencia es un asunto que parece
innecesario, arrastrado por su naturaleza
A una paz tan perfecta que el joven observa
Con envidia, lo que el Anciano siente difícilmente. (1815)
ANCIANO DE VIAJE;
CALMA ANIMAL Y DECADENCIA,
BOCETO
Los pequeños pájaros del seto,
Que picotean la carretera le ignoran.
Él viaja, y en su cara, en su paso,
En su andar una expresión: cada miembro,
De esa figura parecida y encorvada, todos anuncian
Un hombre dolorido que no se mueve, pero se impulsa
Con el pensamiento –insensiblemente sometido
A permanecer callado: Para éste
Todos los esfuerzos parecen olvidados, uno para el que
La larga paciencia da una calma tan apacible
La paciencia es un asunto que parece
innecesario, arrastrado por su naturaleza
A una paz tan perfecta que el joven observa
Con envidia, lo que el Anciano siente difícilmente
-Le pregunté a dónde se dirigía, y cuál era
El objeto de su viaje; él contestó
“¡Caballero! me quedan muchas millas por recorrer”
“para ver el fin de mi hijo, un marino”
“al que un combate naval a traído a Falmouth,”
“Y está muriendo en un hospital.” (1798)
La traducción de los poemas es sólo indicativa. n. del t. La versión original de 1815 está transcrita de PW, pág. 448, y la
de 1798 de Wordsworth y Coleridge, Lyrical Ballads 1798, Oxford, Oxford University Press, 1969, págs. 105-6. Citado
en el texto como LB.
117
La versión de 1798 del poema se nos presenta con una lírica breve y heteroglósica en el momento mismo de la
reestructuración romántica del género. No se trata de un fenómeno imposible, sino meramente improbable en el canon
emergente. Wordsworth en 1815 hubiera estado de acuerdo con la insistencia de Mikhail Bakhtin de que la poesía
depende de la “unidad de una voz” y que con la introducción de otra voz “se destruye el plan poético.” El Wordsworth
de 1798 da pie a discrepar con esas afirmaciones y acentúa lo que queda excluido por el monólogo que se adelanta al
Romanticismo. Ver M. M. Bakhtin , “Discourse in the Novel,” The Dialogic Imagination: Four Essays, Austin,
University of Texas Press, 1981, pág. 328.
118
Ver Terry Eagleton, The Ideology of Aesthetic, Oxford, Blackwell, 1990, cap. 2, para una discusión sobre la función
política del gusto en el XVIII.
119
Ver Thomas Robert Malthus, An Essay on the Principle of Population, Harmondsworth, Peguin, 1970, pág. 175.
120
The Prose Works of William Wordsworth, , vol. 2, Oxford, Clarendon Press, 1974, pág. 24.
121
Franco Moretti, en The Way of the World, Londres, Verso, 1987, págs. 5-6, remarca la preocupación decimonónica
de la “juventud” como un índice de una modernidad que queda predicada sobre cambio y desarrollo.
122
Penny Papers for the People, 18 Mar. 1831.
123
Mechanic´s Magazine, 12, 15 Nov. 1823, págs. 190-1.
124
Penny Papers, 23 Abril 1831.
125
Mechanic´s Magazine, 7, 11 Oct. 1823, págs. 99-100.
126
Penny Papers, 26 Mar. 1831.
127
Como ha argumentado Brian Simon en The Two Nations and the Educational Structure, 1780-1870, Londres,
Lawrence y Wishart, 1974, la historia del Instituto de los Mecánicos de Londres “ofrece un ejemplo instructivo de la
manera en que los radicales, los industriales y los Whigs giraron para cambiar lo que comenzó principalmente como una
institución obrera para su propósitos” (pág. 153). El Instituto fue puesto en marcha por Hodgkin y Robertson, y fue
concebido desde el principio como un Instituto que estaba plenamente controlado por los trabajadores. Sin embargo,
bajo distintas presiones, Hodgkin pidió asistencia a Francis Place que accedió. El reformista de clase media George
Birkbeck prestó 3000 libras al instituto y fue nombrado presidente (pags. 153-4). Hodgkin y Robertson ya no fueron
elegidos secretarios en 1823; “el Instituto que había sido su obra se les fue de las manos” (pág. 154).
128
Mechanic´s Magazine, 99, 16 Julio 1825, págs. 238-40.
129
Para la crítica del libro de Hodgkin, ver Mechanic´s Magazine, (Nueva serie) 7, 16 Junio 1827, pág. 378. Simon cita
algunos párrafos relevantes en su Two Nations (pág. 156, n° 3).
130
Citado en Simon, Two Nations, pág. 159.
131
J. W. Hudson, History of Adult Education (1851), págs. 54-5. Citado en Simon, Two Nations, pág. 158.
132
Gareth Stedman Jones, Languages of Class: Studies in Working Class History 1832-1982 (Cambridge, Cambridge
University Press, 1983), passim. Para críticas de Stedman Jones, ver Richard Ashcraft, “Liberal Political Theory and
Working Class Radicalism in Nineteenth-Century England”, Political Theory, Vol. 21, n° 2 (Mayo 1993), págs. 249-72.
Neville Kirk, “In Defence of Class”, International Review of Social History, n° 32, 1987, págs. 2-47. John C Belchem,
“Radical Language and Ideology in Early Nineteenth-Century England: The Challenge of Platform”, Albion n° 20
(Verano 1988), págs. 247-59. Y Robert Grey, “The Deconstruction of the English Working Class”, Social History n° 11
(Oct. 1986), págs. 363-73. Como anticipación a la crítica que efectuamos a su trabajo en nuestra conclusion, deberíamos
señalar aquí que Ernesto Laclau y Chantal Mouffe confían excesivamente en las anotaciones históricas de Stedman
Jones sobre la naturaleza del Cartismo como movimiento político. Ver su Hegemony and Socialist Strategy: Towards a
Radical Democratic Politics, Londres, Verso, 1985; Hegemonía y estrategia socialista: hacia la radicalización
democracia (Siglo XXI de España Editores, 1987)
133
Dorothy Thompson, The Chartists: Popular Politics in the Industrial Revolution, New York, Pantheon, 1984. pág.
301.
134
Ver Ralph Miliband, Parliamentary Socialism, Londres, Merlin, 1972, passim.
135
E. P. Thompson, The Making of the English Working Class, New York, Vintage, 1966, pág. 12; La formación de la
clase obrera en Inglaterra (Editorial Crítica [Obra completa])
136
Ellen Meiksins Wood, The Retreat from Class, Londres, Verso, 1986. pág. 111. Énfasis añadido.
137
E. P. Thompson, The Making of the English Working Class, New York, Vintage, 1966, pág. 807; La formación de la
clase obrera en Inglaterra (Editorial Crítica [Obra completa])
138
Ver Eric Hobsbawm y George Rudé, Captain Swing: A Social History of the Great English Agricultural Uprising of
1830, New York, Pantheon, 1968, passim.
139
Ver Thompson, “The Peculiarities of the English” en The Poverty of Theory and other Essays, Londres, Merlin
Press, 1979, págs. 35-91.
140
“Peculiarities”, pág. 70.
141
Thompson, “Peculiarities”, pág. 71.
142
E. P. Thompson, The Making of the English Working Class, New York, Vintage, 1966, pág. 198, y también 181; La
formación de la clase obrera en Inglaterra (Editorial Crítica [Obra completa])
143
Para un buen resumen, ver Eric Foner, Tom Paine and Revolutionary America, Oxford, Oxford University Press,
1976. págs 7-8. Thomas Spence era una excepción a esta regla.
144
Gregory Claeys, Citizens and Saints: Politics and Anti-Politics in Early British Socialism, Cambridge, Cambridge
University Press, 1989. pág. 4; D. Thompson, Chartists, págs. 276-7.
145
Benjamin Wilson, “The Struggles of Old Chartism”, Testaments of Radicalism, Frankfurt, Europa, 1977. pág. 210;
Claeys, Citizens, págs. 216-17.
146
Claeys, Citizens, pág. 224.
147
Joan Wallach Scott, Gender and the Politics of History, New York, Columbia University Press, 1988. pág. 58.
148
Eileen Yeo, “Practices and Problems of Chartist Democracy”, The Chartist Experience, Londres, Macmillan, 1982,
págs. 345-380.
149
Claeys, Citizens, pág. 283.
150
Asa Briggs, Chartist Studies, Londres, Macmillan, 1960, pág. 295.
151
D. Thompson, Chartists, págs. 16-17.
152
Richard Johnson, “Educational Policy and Social Control in Early Victorian England”, Past and Present n° 49 (Nov.
1970), pág. 97
153
Form of Report for Her Majesty´s Inspectors of Schools, Minutes of the Committee on Education, 1840-841.
154
Aquí, el “esfuerzo” (exertion) alberga también el significado coactivo de “hacer uso de la fuerza,” n. del t.]
155
Johnson, “Educational Policy”, pág.119.
156
Hunter, Culture and Government: The Emergence of Literary Education, Londres, Macmillan, 1988, passim. Ver
también nuestra Introducción.
157
Simon, The Two Nations and the Educational Structure, 1780-1870, Londres, Lawrence and Wishart, 1974. pág.
159.
158
Simon, Two Nations, pág. 160.
159
Ver Hobsbawm y Rudé, Captain Swing, passim.
160
Ver Claeys, Citizens, passim.
161
En R. K. Webb, The British Working Class Reader, 1790-1848: Literacy and Social Tension, Londres, Allen &
Unwin, 1955, pág. 93.
162
Westminster Review, vol XIV, n° 28 (Abril, 1831), pág. 372. Citado en Two Nations de Simon, pág. 161.
163
Henry Brougham, Practical Observations upon the Education of the People, Addressses to the Working Classes and
their Employers, Londres, 1825; citado en Trygve Tholfson, Working Class Radicalism in Mid-Victorian England, New
York, Columbia University Press, 1977, pág. 130.
164
Charles Knight, Passages of a Working Life During Half a Century: With a Prelude of Early Reminiscences,
Londres, Bradbury & Evans, 1864, pág. 310.
165
Knight, Passages, pág. 171.
166
Ver Simon, Two Nations, pág. 162-3.
167
J. E. G. de Montmorency, State Intervention in English Education: A Short History from Earliest Times Down to
1833, Cambridge, University Press, 1902, pág. 300.
168
Simon, Two Nations, pág. 163.
169
Ibid., págs. 138-39.
170
Ibid., pág. 166.
171
Ibid., págs. 165-66.
172
Ibid., pág. 164.
173
Moral and Physical Education, reimpr. En Four Periods of Public Education, As Reviewed in 1832, 1839, 1846,
1862 (Londres: Longman, Green, Longman, Roberts, 1862), pág. 39. Citado en Simon, Two Nations, pág. 169.
174
“La tradición de mutuo estudio, argumentación y progreso” estaban ”firmemente establecidos como un aspecto de la
vida obrera [...] para la época de la década cartista”. Tholfson, Working Class Radicalism, págs. 62-3.
175
Ver Tholfson, Working Class Radicalism, págs. 64-8.
176
Citado en Simon, Two Nations, pág. 215.
177
Ibid., pág. 215.
178
The Poor Man´s Advocate and People´s Library, 25 Feb. 1832, pág. 44. Citado en Simon, Two Nations, pág. 220.
179
Simon, Two Nations, pág. 221.
180
Northern Star, 29 En. 1848. Citado en Simon, Two Nations, pág. 223.
181
Simon, Two Nations, pág. 223.
182
Aspinall, A., Politics and the Press 1780-1850, Londres, Home & Van Hal, 1949, pág. 60. Citado en Simon, Two
Nations, pág. 223.
183
Simon, Two Nations, pág. 223-4.
184
John Foster, Class Struggle and the Industrial Revolution, Early Industrial Capitalism in Three English Towns, New
York, St. Martin´s Press, 1974, págs. 62-4.
185
E. P. Thompson, The Making of the English Working Class, New York, Vintage, 1966, pág. 549; La formación de la
clase obrera en Inglaterra (Editorial Crítica [Obra completa])
186
D. Thompson, Chartists, págs. 243-4.
187
En Webb, The British Working Class Reader, pág. 144; Simon, Two Nations, pág. 229.
188
Proceedings of the Third Co-operative Congress, 23 Abril 1832, ed. W. Carpenter, págs. 70-1; Simon, Two Nations,
pág. 229-30.
189
Poor Man´s Guardian, 28 Feb. 1835, pág. 448. Citado en Simon, Two Nations, pág. 231.
190
William Lovett, The Life and Struggles of William Lovett, in his Pursuit of Bread, Knowledge, and Freedom, New
York, Knopf, 1920, pág. 99. Citado en Simon, Two Nations, pág. 233-4.
191
New Moral World n° 17, 24 Oct. 1840, pág. 265. Citado en Simon, Two Nations, pág. 235.
192
New Moral World n° 23, 5 Dic. 1840, pág. 360. Citado en Simon, Two Nations, pág. 235.
193
Lovett, Life and Struggles, pág. 137. Citado en Simon, Two Nations, pág. 243.
194
Northern Star, 17 Oct. 1840. Citado en Simon, Two Nations, pág. 244.
195
Citado en Asa Briggs, Introducción a Chartism: a New Organization of the People de William Lovet y John Collins
(New York, Humanities Press, 1969), pág. 14.
196
Los autores entrecomillan “indicio” porque glimmer, que es el término que ellos utilizan, significa también “luz
tenue”, y juegan así con el parrafo anterior. n. del t.
197
“The Right of Universal Suffrage: The Principle of the People´s Charter, Part Two”, The Red Republican, vol. 1
(1848), pág. 144.
198
“Morality of the Working Classes”, Chartist Circular, 2 Nov. 1839.
199
“Proggress of Democracy, Part Two”, Chartist Circular, 1 Oct. 1841; “Popular Legislation-its Effects”, Chartist
Circular, 14 Mar. 1840.
200
“National Education”, Chartist Circular, 28 Sept. 1839; “Chartist Schools”, Chartist Circular, 21 Mar. 1841.
201
“The Popular Education of the People”, Chartist Circular, 21 Dic. 1839.
202
“Address of the Democratic Chartist Association of Manchester ti the Lovers of Truth and Liberty”, Poor Man´s
Guardian and Repealer´s Friend, n° 2, pág. 14.
203
Simon, Two Nations, pág. 271.
204
Ibid., pág. 251.
205
D. Thompson, Chartists, págs. 46-51.
206
Simon, Two Nations, pág. 172.
207
Ibid., pág. 171.
208
Ibid., pág. 173.
209
Karl Marx, Capital: A Critical Analysis of Capitalist Production, Vol I, New York, International Publishers, 1947,
pág. 397; El Capital, (Editors, 1984).
210
Simon, Two Nations, pág. 273.
211
Northern Star, 30 En. 1847. Citado en Simon, Two Nations, págs. 273-4.
212
Howe, The Cotton Masters, 1830-1860, Oxford, Clarendon Press, 1984, pág. 243.
213
Howe, Cotton Masters, pág. 284.
214
Ibid., págs. 284-5.
215
Ibid., pág. 286.
216
Ibid.,
217
The Speeches of Charles Dickens, Oxford, Clarendon Press, 1960, pág. 153. Citado en Howe, Cotton Masters, pág.
287.
218
Howe, Cotton Masters, pág. 290.
219
Ibid., pág. 298. Las citas internas corresponden a “Working Men and the Art Treasures”, Art Treasures Examiner
(Manchester, 1857), pág. 40.
220
Howe, Cotton Masters, pág. 301.
221
John Ruskin, A Joy for Ever, pág. 95, 114. Citado en Howe, Cotton Masters, pág. 300.
222
John K. Walton, Lancashire, a Social History, 1758-1939, Manchester, Manchester University Press, 1987, pág. 244.
223
Claeys, Citizens, pág. 244.
224
E. P. Thompson, Wighs and Hunters, New York, Pantheon, 1975.
225
Ver Robert Sykes, “Early Chartism and Trade Unionism” en The Chartist Experience, pág. 157 y siguientes; Walton,
Lancashire, pág. 161.
226
Walton, Lancashire, pág. 268.
227
Ibid., 275.
228
Trazaríamos las componentes teóricas de la noción de sentido común como una exigencia simultáneamente cultural y
política, al menos con respecto a la tercera Crítica de Kant; ver Hanna Arendt, Lectures on Kant´s Political Philosophy,
Chicago, Chicago University Press, 1982, y David Lloyd, Kant´s Examples”, Unruly Examples: On the Rethoric of
Exemplarity, Stanford, Stanford University Press, 1995, págs. 255-76. El capítulo anterior ha discutido la práctica
inicial, así como lo discutible que resulta teóricamente el concepto emergente de representación en la década de 1830.
La obviedad de dicho concepto queda sólo posteriormente establecida.
229
Matthew Arnold, “Culture and Anarchy, with Friendship´s Garland and some Literary Essays”, Vol. 5 de The
Complete Prose Works of Matthew Arnold, Ann Arbor, Michigan University Press, 1965, pág. 143. Para críticas de
Arnold sobre Mill y otros, ver Culture and Anarchy, pág. 111. Para los comentarios de Mill sobre las revueltas de Hyde
Park y las reacciones de Arnold, ver John Stuart Mill, “Public and Parlamentary Speeches, November 1850-November
1868”, Essays on Politics and Society, Vol. 28, Collected Works of John Stuart Mill, Toronto, University of Toronto
Press, 1988, págs. 32-3.
230
Arnold, Culture and Anarchy, págs. 134-5. El énfasis es de Arnold.
231
Además de Culture and Society, 1780-1950 de Williams, [New York, Columbia University Press, 1983], ver por
ejemplo el ensayo de Michael Loewy sobre las críticas de la Europa decimonónica a las relaciones sociales capitalistas,
Marxisme et romantisme révolutionnaire, Paris, Sycomore, 1980, y también de Loewy y Robert Sayre, Révolte et
mélancholie: le romantisme á contrecourant de la modernité, Paris, Payot, 1992.
232
Matthew Arnold, “The Popular Education of France. Democratic Education”, Vol. 2 de The Complete Prose Works
of Matthew Arnold, Ann Arbor, Michigan University Press, 1962, págs. 26-7, 28-9. El término “poder estatal” sugiere el
conocimiento de Arnold, Individuum und Staatsgewalt, de, Wilhem von Leipzig Humbold [Reclam, 1985]: el término
es una traducción literal del término alemán Staatsgewalt. Von Humboldt, ocasional ministro prusiano de educación,
amigo temprano de Schiller y otros pensadores alemanes y exponente del auto-cultivo, que tuvo una clara influencia en
ciertos pensadores victorianos: esto se verá más adelante.
233
Ver John Stuart Mill, “Coleridge”, Essays on Politics and Society, Vol. 10, Collected Works of John Stuart Mill,
Toronto, University of Toronto Press, 1969, págs. 133-6, 140-1, 147-50. Tanto F. R. Leavis como Raymond Williams
entienden perfectamente la influencia de Coleridge sobre Mill. Ver Culture and Society, pág. 50, y Mill on Bentham
and Coleridge.
Pero el ensayo “Civilization” de Mill no es menos insistente sobre la necesidad de la educación para el “reforzamiento y
la prolongación del [...] intelecto y el carácter” y para el “reforzamiento de la cara más débil de la Civilización por
medio del apoyo de un Cultivo superior”. Ver Mill, “Civilization”, Essays on Politics and Society, Vol. 18, Collected
Works of John Stuart Mill, Toronto, University of Toronto Press, 1977, págs. 139-143.
234
Mill, “On Liberty”, Essays on Politics and Society, Vol. 18, Collected Works, pág. 261.
235
John Stuart Mill, “Considerations on Representative Government”, Essays on Politics and Society, Vol. 19,
Collected Works of John Stuart Mill, Toronto, University of Toronto Press, 1977, pág. 394. Citado a partir de aquí
como RG.
236
Catherine Hall, en su gran ensayo “Rethinking Imperial Histories: The Reform Act of 1867”, (New Left Review n
°208 [Nov./Dic. 1994], págs. 3-29), demuestra cómo prácticamente, por caminos enmarcados por Mill en
Consideration on Representative Government, la liberación de los sujetos masculinos, blancos de clase obrera,
implicaba una redefinición de la ciudadanía que excluía a los “sujetos” femeninos y caribeños del Imperio. Esta
exclusión permitió la formación del sujeto masculino británico como ciudadano del imperio británico. Podemos leer la
obra de Mill como un contradicción crítica, en tanto el desarrollo de sus afirmaciones encuentran sus límites en ensayos
como “On the Subjection of Women” o “On the Negro Question”.
237
La propia implicación de Mill como empleado civil de la Casa India en la formación de una política británica es
relevante aquí. En otro ensayo querríamos aportar una crítica más completa de las afirmaciones etnológicas e históricas
de Mill, aunque aquí no hay espacio para ello. Para abordar la crítica del desarrollo liberal sobre historia y raza, ver
Lloyd, “Race under Representation” en Culture/Contexture: Explorations in Anthropology and Literary Study,
Berkeley, University of California Press, 1996, y “Genet´s Genealogy: European Minorities and the End of the Canon”,
The Nature and Context of Minority Discourse, Oxford, Oxford University Press, 1991, págs. 369-93. Para ampliar la
información sobre Mill y sus teorías racistas, ver David Theo Goldberg, Racist Culture: Philosophy and the Politics of
Meaning, Oxford, Blackwell, 1993, págs. 33-6. Hay que reseñar también la influencia en estos párrafos de la sentencia
marxista: “No pueden representarse a sí mismo, deben ser representados” The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte,
Moscú, Progress Publishers, 1954, pág. 106; El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, (Editorial Ariel, 1985). Por
supuesto, Marx estaba siendo irónico, Mill no.
238
Discutiendo el principio de sentimiento nacional, Mill argumenta que:
La experiencia prueba que a una nacionalidad le es posible asociarse y quedar absorbida por otra: y
cuando ésta era originalmente inferior a la otra, su absorción marca un avance. Nadie puede suponer que
no es más beneficioso para un bretón, o para un vasco o un navarro-francés, el quedar subsumido por las
ideas y sentimientos de un pueblo más cultivado y civilizado [...] que el encastillarse en el legado medio
salvaje de su pasado, manteniéndose en su estrecho mundo mental, sin prestar interés o participar en el
desarrollo general del mundo. Lo mismo puede decirse de galeses y escoceses como miembros de la
nación británica. (RG, pág. 549)
La notable omisión de Irlanda en esta cita apunta los inciertos beneficios de esta asimilación: tanto el contexto del
fracaso de la administración británica con el hambre todavía reciente, como el hecho de necesitar de coacción militar de
manera continuada, demandarían otro escenario que el de “asociación y absorción”; uno que resaltara la violencia
fundante que implica la formación y el desarrollo del Estado.
239
Ver RG, págs. 473-9. Para abundar en al discusión sobre el tópico de la reconcepción de las minorías de Mill como
“instruidas”, ver Lloyd, “Genet´s Genealogy”, págs. 373-4. La noción de Mill sobre la necesidad de la influencia de las
clases intelectuales dispersas, queda influida y prolonga la noción coleridgeana de “intelectualidad”. Ver Capítulo 2.
pág. 68.
240
El mero vestigio de la idea de que trabajo y enseñanza debieran converger, sobrevive paradójicamente en la noción
de “educación a tiempo parcial” que permitió, como una formación comprometida, que los empresarios utilizaran
trabajo infantil a cambio de algunas horas de educación diaria. Este modo de educación queda recuperado por Marx y
otros pensadores radicales de la década de 1850 y 1860 como una alternativa preferible a la escolarización separada, y
como un “potente sentido para la transformación de la sociedad actual”. Marx, “Critique of the Gotha Program”, The
Marx-Engels Reader, New York, Norton, 1978, pág. 541; Crítica al programa de Gotha (Ediciones Vosa 1991). Ver
también Harold Silver “Ideology and the Factory Child: Attitudes to Half-time Education”, Popular Education and
Socialisation in the Nineteenth Century, Londres, Methuen, 1977, pág. 155. Según Silver, Marx participa pero diverge
de las ideas owenitas sobre trabajo y educación. También está apuntando la concepción posterior de Gramsci sobre la
relación entre trabajo mental e industrial en el caso del intelectual orgánico obrero.
241
Trygve R. Tholfsen argumenta que los movimientos obreros de reforma, para las décadas de 1850 y 1860, eran
virtualmente indistinguibles del reformismo de clase media:
El radicalismo obrero, alojado en una cultura que valoraba la reforma racional y la renovación como
remedio frente a agravios demostrados, era vulnerable a la asimilación; el aparato de protesta y agitación
al completo pudo fácilmente quedar asimilado fácilmente, recibiendo un papel en medio de otros
movimientos afines a la causa del progreso. En esta situación, las demandas podían perder su horizonte y
su mordiente, cayendo en la banalidad mediovictoriana.
Ver Tholfsen, Working Class Radicalism in Mid-Victorian England, New York, Columbia University Press, 1977, pág.
314. Aunque admitimos un cierto grado de esta caracterización del radicalismo como participante en una cultura más
amplia de consenso, intentaremos aportar un cuadro más completo para entender las represiones estructurales que se
dan en este momento.
242
En inglés, el término “intelectualidad” (clerisy) hace referencia a lo eclesiástico o “clerical”. n. del t.
243
John Anderson, “Thoughts on Education”, n° 1, en The Workman´s Friend, vol. 1, n° 1 (1 Feb. 1862), pág. 7.
Comparar estas citas con las de “R. W. C. T.” En “The Education of the Young”, Sixpenny Magazine, vol. 9 (1 Mar.
1865), pág. 370:
Hay pocas palabras tan confundidas entre sí en el idioma inglés como educación e instrucción [...] si la
naturaleza de la educación significa “dirigir” o “extraer”, por el contrario, la instrucción quiere decir
“preparar”, “inculcar”: uno desarrolla el germen de lo que ya existe, apuntando en la buena dirección; el
otro aporta nuevos principios, planta semilla fresca, sedimenta una base para una estructura futura, pero
siempre “en”, de dentro a fuera, mientras el anterior es exterior a éste.
244
Rev. H. Solly, “The Working Men´s Club and Institutes Movement. Their Origin and Progress”, The Working Man,
30 En. 1866, pág. 51. Solly narra la historia del “movimiento” en sus esfuerzos filantrópicos de reformistas de clase
media y clericales para dotar de otras formas de entretenimiento a los obreros que no fuesen a las cantinas, y para
extender nacionalmente estos esfuerzos dispersos. Aparece de nuevo la infame figura de Lord Brougham, esta vez como
primer presidente del Working Men´s Club and Institute Union. Solly era ministro en la iglesia presbiteriana de
Lancaster, antes de convertirse en el primer secretario del sindicato en 1862.
245
Rev. H. Solly, carta a Lord Lyttleton, 6 Dic. 1866, impresa en Ocassional Papers of the Working Men´s Club and
Institute Union, n° 9 (Feb. 1866), pág. 3.
246
F. D. Maurice, citado por William Rossiter en “History of the Working Men´s College,II”, The Working Man, 20 En.
1866, pág. 34. Plantear un relato completo del movimiento cristiano socialista nos llevaría demasiado espacio en estas
páginas. Quedó fundado por F. D. Maurice entre otros, al igual que el Working Men´s College de Londres, en la estela
de sus reflexiones sobre la violencia potencial del movimiento Cartista en 1848. En su “Consejo de profesores”, el
College no sólo incluía a Maurice, sino también a otras figuras tan influyentes como John Ruskin, y la mayoría estaban
graduados por Oxford y Cambridge. Sus principios fundantes estaban profundamente influidos por la filosofía de
Coleridge, a través de Maurice, que tomó a éste como su mentor fundamental, y consagró su trabajo al principio de
“cultivo”, en el amplio sentido que hemos esbozado anteriormente. Aunque el número de participantes activos era
relativamente pequeño, el socialismo cristiano puede haber tenido una considerable influencia en los procesos de
liderazgo reformista de la Carta de Reforma y el Acta de Educación.
247
Marx dice que “la teoría llega a ser una fuerza material en sí misma cuando se apodera de las masas”, “Contribution
to the Critique of Hegel´s Philosophy of Law. Introduction”, en Marx y Friedrich Engels, Collected Works Vol III, New
York, International Publishers, 1975, pág. 182. Esta afirmación es cierta en más de un sentido.
248
Rossiter, “History of the Working Men´s College, I”, The Working Man, 13 En. 1866, pág. 19.
249
“Letters from Lancashire, by a Lancashire Lad, I.-Something of Self-Education in Lancashire” The Working Man, 27
En. 1866, pág. 58.
250
“Letters from Lancashire”, pág. 58.
251
“Letters from Lancashire, II”, The Working Man, 3 Feb. 1866, pág. 69.
252
The Times, 5 Dic. 1866, pág. 7.
253
Ibid. Es difícil deducir si la frase “a través del canal” de Bright, se refiere al movimiento populista irlandés, a la
hermandad de Fenian, o a los movimientos de insurrección franceses que establecerían la Comuna de París en 1871.
254
Joseph Leicester, The Times, 5 Dic. 1866, pág. 7.
255
“Political Intelligence”, editorial, The Working Man, 16 Jun. 1866, pág. 376.
256
Lamentablemente, quizás, esta demanda de conducta moral de las clases trabajadoras de Lancashire se convierte en
mito o leyenda. El trabajo histórico reciente ha desmantelado las bases del relato sobre su resistencia ética y su apoyo
pro-abolicionista, quizás sólo cierto con respecto al electorado de John Bright y poco más. Incluso Karl Marx, que
promovió la idea en nombre de la solidaridad internacional del fervor de los oprimidos y las clases trabajadoras por la
democracia americana, consideró finalmente a los trabajadores como rebaño, más que como conciencia de clase. Ver
Norman Longmate, The Hungry Mills, Londres, Temple Smith, 1978, cap. 19, y Mary Ellison, Support for Secession:
Lancashire and the American Civil War, Chicago, University of Chicago Press, 1972. El epílogo a esta obra de Peter d
´A. Jones resume su argumento y proporciona un relato sucinto de la gradual desilusión de Marx. Catherine May, en su
ensayo “Rethinking Imperial Histories”, no cuestiona la leyenda, pero demuestra el efecto que tuvo en el cambio de
opinión de figuras importantes de la reforma, como por ejemplo Gladstone.
257
Como señaló Marx en 1843, “la emancipación política supone una reducción del hombre, por una parte como
miembro de la sociedad civil, un individuo independiente y egoísta, y por otra como ciudadano, como persona moral.”
“On the Jewish Question”, en Marx y Friedrich Engels, Collected Works Vol III, New York, International Publishers,
1975, págs. 168; La cuestión judía (Santillana, 1997). Sobre este tema ver Thomas, Alien Politics: Marxist State
Theory Retrieved, New York y Londres, Routledge, 1994.
258
Oskar Negt y Alexander Kluge, “Public Sphere and Experience: Toward an Analysis of the Bourgeois and
Proletarian Public Sphere”, Theory and History of Literature, vol. 85, Minneapolis, University of Minnesota Press,
1993, pág. 197. Su trabajo viene en gran parte de Michael Vester, Die Entstehung des Proletariats als Lernprozess,
Frankfurt y Main, Europäische Verlagsanst, 1970.
259
Richard Johnson, “´Really Useful Knowledge´: Radical Education and Working Class Culture, 1790-1848”, Working
Class Culture: Studies in History and Theory, Londres, Hutchinson, 1979, pág. 88.
260
Johnson, “´Really Useful Knowledge”, pág. 79.
261
Ver Vester, Die Entstehung des Proletariats, como queda citado en Kluge y Negt, Public Sphere and Experience,
págs. 191-5.
262
A. E. Dobbs, Education and Social Movements 1700-1850, Londres, Longmans, Green and Co., 1919, págs. 240-1.
263
Ibid., pág. 242.
264
Para un relato general de la transformación burguesa del espacio, ver Donald Lowe, History of Bourgeois
Perception, Chicago, University of Chicago Press, 1982, esp. chap. 4. Sobre relatos sobre el confinamiento del espacio
obrero, ver Peter Stallybrass y Allon White, The Politics and Poetics of Transgression, Ithaca, Cornell University Press,
1986, y Patrick Brantlinger, Bread and Circuses: Theories of Mass Culture as Social Decay, Ithaca, Cornell University
Press, 1983.
265
Derivamos la noción de “prácticas materiales” de la ideología de Althusser, “Ideology and Ideological State
Apparatuses”, Lenin and Philosophy and Other Essays, New York, Monthly Review Press, 1971, pág. 169.
266
Ver, por ejemplo, “The Value of Knowledge to Working Women”, The Working Man, 28 Ab. 1866, pág. 263.
Aunque comienza con una afirmación de indudable igualdad entre los sexos que “ha de llegar tal y como procede según
la inteligencia general”, el artículo discute la necesidad de educación de las mujeres:
La gente que por seguridad y confort, solía creer en la ignorancia, ha caído ahora en el peligro y el error
de esta actitud. Sólo podemos creer en la inteligencia, y cualquiera que es inteligente, lo sabe. Esto no es
menos importante en el caso de las esposas de los trabajadores. El conocimiento más humilde no tiene
que ver sólo con el poder, sino con la propiedad. Se trata tanto de economía como de placer [...] una
esposa inteligente, que se entrega a las tareas del hogar, y está orgullosa de ello, alimentará mejor a su
familia, y dará más placer en la mesa, con veinte chelines a la semana, más que una mujer ignorante con
dos libras.
Uno puede decir que, en la medida en que las esferas de la cultura y el hogar son distintas pero relacionadas, la
educación de la mujer así definida nunca puede ser “para sí misma”, sino que queda siempre “aplicada”, en tanto su
esfera queda relegada a lo doméstico.
267
Tras el uso que efectúan Negt y Kluge del término de Reimut Reiche, podemos decir que el instituto o el club
conforman un sentido de escapar a “la permanentemente aterradora función de la familia”: Public Sphere and
Experience, págs. 30, 49. Ello proporciona una apariencia de espacio abierto al auto-perfeccionamiento o la camaradería
sin trabas, no limitada por el sombrío reconocimiento de que incluso los espacios más íntimos de la vida personal se dan
ya sobre las funciones y contradicciones que refuerzan la dominación. Por supuesto, esta apariencia por otra parte
contradice el ocio deliberado y festivo del capital.
268
Ernest Jones, “Political Prisoners”, el texto de una carta escrita a Old Bailey el 10 de Julio de 1848 a Lord Truro,
entonces Jefe de Justicia, reimpresa en Notes to the People, vol. I, n° 11 (1851), pág. 208. Tholfsen discute el
pensamiento educativo de Harney y otros radicales cartistas durante la década de 1850 como un paso hacia la
“asimilación del radicalismo popular por las formas de la cultura mediovictoriana”, en Working Class Radicalism, págs.
308-15.
269
Ver Paul Thomas, “Critical Reception: Marx Then and Now”, The Cambridge Companion to Marx, Cambridge,
Cambridge University Press, 1991, págs. 23-54. esp. 34.
270
Ver Paul Thomas, Alien Politics: Marxist State Theory Retrieved, New York y Londres, Routledge, 1994, págs.
27-49.
271
Albert Hirschmann, The Passions and the Interests: Political Arguments for Capitalism before its Triumph,
Princeton, Princeton University Press, 1977, passim.
272
Karl Marx, “Contribution to the Critique of Hegel´s Philosophy of Law. Introduction”, en Marx y Friedrich Engels,
Collected Works Vol III, New York, International Publishers, 1975, págs. 176. Ver Thomas, Alien Politics, pág. 69.
273
Marx, “Contribution to the Critique of Hegel´s Philosophy of Law”, pág. 32. Alien Politics, pág. 70.
274
Ibid., pág. 32. Cf. También pág. 165.
275
Marx, “On the Jewish Question”, en Collected Works Vol III, pág. 166; La cuestión judía (Santillana, 1997).
276
Raymond Williams, Culture and Society, 1780-1950, New York, Columbia University Press, 1983, págs 140-1.
277
E. P. Thompson, William Morris: From Romantic to Revolutionary, Londres, Merlin Press, 1977, pág. 728.
278
Morris, “The Lesser Arts”, en The Collected Works of Williams Morris, Londres, Longmans, 1910-1915, pág. 25.
279
“The Aims of Art”, Sings of Change, pág. 134. Citado en Thompson, William Morris, pág. 664.
280
Commonweal, Suplemento de Abril, 1885. Citado en Thompson, William Morris, pág. 664.
281
The Letters of Williams Morris to His Family and Friends, Longmans, Green & Co., 1950, págs. 355-7. Thomson,
William Morris, págs. 664-5
282
Morris, “How I Became a Socialist”, Justice, 6 Jun. 1894. Citado en Thompson, William Morris, pág. 665. Ver
también Williams, Culture and Society, pag. 150.
283
William Morris y Belfort Bax, Socialism: Its Growth and Outcome (1893), pág. 317. Citado en Thompson, William
Morris, pág. 690.
284
Citado en Thompson, William Morris, pág. 690-1.
285
Ver Michael Lowey y Robert Sayre, Révolte et mélancholie: le romantisme á contrecourant de la modernité, Paris,
Payot, 1992, pág. 199.
286
Culture and Society, pág. 149.
287
Williams enfatiza en cursiva esta frase de “How I Became a Socialist”, cuando queda citada en Culture and Society
(pág. 150).
288
Ibid.
289
Ibid., pág. 156.
290
Ibid., pág. 158.
291
Ibid., pág. 265. Ver también Problems in Materialism and Culture (Londres, Verso, 1980), págs. 204-5.
292
Williams, Culture and Society, pág. 273.
293
Ibid., pág. 238.
294
Williams, Resources of Hope: Culture, Democracy, Socialism, Londres, Verso, 1989, pág. 215-18.
295
Ver William Morris, “News from Nowhere”, News from Nowhere and Selected Writings and Designs,
Harmondsworth, Penguin Books, 1984, pág. 275; Noticias de ninguna parte (Abraxas, 2000)
296
Es un buen ejemplo de esta tendencia anterior, Herbert Marcuse, The Aesthetic Dimension:
Towards a Critique of Marxist Aesthetics, Boston, Beacon Press, 1978; La dimensió estètica:
crítica de l'ortodòxia marxista. La posterior queda propuesta por Theodor W. Adorno, Aesthetic
Theory, New York, Routledge and Kegan Paul, 1984; Teoría estética (Taurus Ediciones-Grupo
Santillana, 1992). No nos preocupa de manera directa esa política cultural maoísta donde se
entiende la obra cultural como representación de la aclaración y propagación de las ideas
revolucionarias populares; para su afirmación clásica, ver Mao Zedong, “Speeches to the Yenan
Forum” en Selected Works of Mao Tse-Tung (Beijing: International Press).
297
Sobre Estado y Socialismo ver “The State-Socialism´s Old Caretaker” de Stuart Hall, The Hard Road to Renewal,
Londres, Verso, 1988, págs. 220-32.
298
Ver Laclau y Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy, pág. 171. Énfasis en el original.
299
Ibid., pág. 181.
300
Aquí utilizamos los términos de Gramsci para enfatizar que incluso aunque Laclau y Mouffe reconocen que el
espacio de nuevas luchas se da principalmente en la sociedad civil (Hegemony and Socialist Strategy, págs. 179-85),
pierden de vista la relación constitutiva entre la sociedad civil y política, mientras al mismo tiempo, como veremos,
mantienen a los sujetos que se forman en el seno de esa diferencia.
301
Sobre la relación entre movimientos antirracistas y antitacheristas a principios de los ochenta, ver
Paul Gilroy, There Ain´t No Black in the Union Jack´: The Cultural Politics of Race and Nation,
Chicago, Chicago University Press, 1988, cap. 4. Sobre el CND y otros movimientos sociales ver
Williams, Resources of Hope: Culture, Democracy, Socialism, Londres, Verso, 1989, págs.
187-244. Para la dialéctica entre la lucha por los derechos civiles y la aparición de una política
cultural alternativa y un “nuevo sujeto político” que está en contradicción con el sujeto democrático
de los derechos, ver Lisa Lowe, Inmigrant Acts: On Asian-American Cultural Politics, Durham,
Duke University Press, 1996, págs. 22-4, 163-5, 170. Y para la importancia de “culturas híbridas”
en la crítica de la representación y en la práctica de la política de movimientos, ver Arturo Escobar,
Encountering Depvelopment: The Making and Unmaking of he Third World, Princeton, Princeton
University Press, 1995, cap. 6. Aunque estas dos últimas obras ocupan un espacio distante al del
área geográfica e histórica que proponemos, sus argumentos han tenido importancia a la hora de
comprender la importancia fundamental de nuestro argumento al abordar asuntos contemporáneos.
302
Ver Todd Gitlin, The Twilight of Common Dreams: Why America is Wracked by Culture Wars, New York,
Metropolitan Books, 1995.
303
Ver Gilroy, ´Ain´t No Black´, pág. 231.
304
Ver Ibid., págs. 224-27, para un excelente resumen de la teoría de los movimientos sociales.
305
Para algunas fuentes, ver nuestra Introducción, n. 2. La distinción que proponemos aquí es inseparable del desarrollo
y la racionalización del imperialismo europeo, y de la necesidad de codificar prácticas no occidentales para que los
“nativos” puedan ser educados y convertidos en sujetos coloniales dóciles. Sobre la relación entre antropología e
imperialismo, ver Talal Asad, Anthropology and the Colonial Encounter, New York, Humanities Press, 1973. George
W. Stocking, Colonial Situations: Essays on the Contextualization of Ethnographic Knowledge, Madison, University of
Wisconsin Press, 1991. James Clifford y George Marcus, Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography,
Berkeley y Los Angeles, University of California Press, 1986. Sobre la diferenciación entre “culturas” y “sociedades”, y
para sus posteriors implicaciones en la redefinición contemporánea de la cultura, ver Lisa Lowe y David Lloyd, The
Politics of Culture in the Shadow of Capital, Durham, Duke University Press, 1997.
306
Theodor W. Adorno, “On the Fetish-Character in Music and the Regression of Listening”, The Essential Frankfurt
School Reader, New York, Urizen, 1978, págs. 275.
307
Dado el área de Cultura y Estado, tomamos como paradigma la aparición de los estudios culturales británicos. En los
estudios culturales estadounidenses se han dado otros desarrollos basados en las contradicciones entre las culturas
racializadas y nacionales y el trabajo internacional de estudio de la dialéctica de concepciones subalternas y
anticoloniales o nacionalistas y las prácticas de la cultura. Más que cansar al lector con una extensa bibliografía,
sugeriremos la línea que va de la obra contra-etnográfica de Zora Neale Hurston en los treinta, al trabajo contemporáneo
de gente como Sterling Stuckey, Patricia Rose, George Lipsizt, Lisa Lowe, Rosalinda Fregoso, Herman Gray, Robin
Kelly, Charles Paine o José Salivar; y en el contexto colonial de teóricos tempranos de la cultura nacional a gente como
Ngugi Wa Thiong´o, Ranajit Guha, Dipesh Chakrabarty, Partha Chatterjee, Reynaldo C. Ileto, KumKum Sangari, Susie
Tharu y Luke Gibbons. Stuart Hall y Paul Gilroy proponen síntesis importantes de ambas corrientes.
308
Ver Zur Dichotomisierung von hoher und niederer Literatur, Frankfurt y Main, Suhrkamp, 1982.
309
Para un argumento paralelo del “sentido común” que funda la continuidad de esta historiografía, ver Laclau y
Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy, pág. 160.
310
Ibid., pág. 166.
311
Ibid., pág. 166 y 176.
312
Raymond Williams, George Orwell, New York, Viking Press, Modern Masters Series, 1971, pág. 59. El texto,
reimpreso en 1984 por Columbia University Press, mantiene la paginación.
313
Ver E. P. Thompson, “Outside the Wale”, en Out of Apathy, Londres, Stevens and Sons, 1960, págs. 158-65; Isaac
Deustcher, “1984-the Mysticism Of Cruelty”, Heretics and Renegades, New York, Bobbs-Merrill, 1969, págs. 35-50.
314
George Orwell, “Burnham´s View of the Contemporary World Struggle”, en The Collected Essays, Journalism and
Letters of George Orwell, Harmondsworth, Penguin Books, 1970, vol. 4, págs. 360-74. Esta obra se citará de aquí en
adelante como Collected Essays.
315
Orwell, Collected Essays, vol. 4, pág. 564.
316
T. R. Fyvel, George Orwell: A Personal Memoir, Londres, Weidenfeld and Nicholson, 1982, pág. 161.
317
Orwell, Collected Essays, vol. 4, pág. 451. Konni Zilliacus era un miembro del ala izquierda del partido laborista,
sospechoso de tener ciertas “simpatías políticas”.
318
Orwell, Collected Essays, vol. 3, pág. 166.
319
Orwell, Collected Essays, vol. 4, pág. 564.
320
George Kateb, “The Road to 1984”, Political Science Quaterly n° 81 (Dic. 1966), págs. 568-9. La cita de Orwell
pertenece a Collected Essays, vol. 3, pág. 411.
321
Orwell, Homage to Catalonia, Harmondsworth, Penguin Books, 1962, pág. 102; Homenaje a Cataluña (Galaxia
Gutenberg, 1996)
322
Kateb, “Road to 1984”, pág. 568.
323
George Woodcock, The Crystal Spirit: A Study of George Orwell, Boston, Little Brown, 1966, págs. 29-30.
324
Woodcock, Crystal Spirit, pág. 57.
325
Kateb, “Road to 1984”, pág. 577.
326
Orwell, The Road to Wigan Pier, Londres, Left Book Club Edition, 1937, págs. 236-64; El camino de Wigan Pier
(Ediciones Destino, 1982). Sobre la política de Orwell, ver Alex Zwerdling, Orwell and the Left, New Haven, Yale
University Press, 1974, para un punto de vista no excesivamente determinado, y para la posición contraria, Bernard
Crick, George Orwell: A Life, Harmondsworth, Penguin Books, 1982. Crick está más cercano a la izquierda
frecuentemente compleja dentro de la que se procura situar a Orwell, pero también una interpretación de los
acontecimientos vitales de Orwell que afirma que su posición política no es clara.
327
Orwell, Wigan Pier, pág. 182.
328
Woodcock, Crystal Spirit, págs. 24-5, 81-2, 32.
329
Woodcock, Crystal Spirit, págs. 343-6.
330
Zwerdling, Orwell, págs. 188-190.
331
Orwell, “Why I Write”, Collected Essays, vol. 1, pág. 30.
332
Orwell, “Politics and the English Language”, Collected Essays, vol. 4, pág. 167-8.
333
Orwell, Collected Essays, vol. 2, pág. 266.
334
Williams, Orwell, págs. 54-5.
335
Orwell, Wigan Pier, pág. 158.
336
Williams, Orwell, pág. 91.
337
Ibid., pág. 50
338
Williams, Politics and Letters: Interviews with New Left Review, Londres, New Left Books, 1979, págs. 338, 390.
339
Williams, Writing in Society, Londres, New Left Books, n. d., págs. 249-50.
340
Samuel Hynes, The Auden Generation: Literature and Politics in England in the Thirties, Londres, The Bodley
Head, 1976, págs. 272-8.
341
Williams, Politics and Letters, pág. 388.
342
Williams, Culture and Society, 1780-1950, New York, Columbia University Press, 1983, pág. 280.
343
Ver Williams, Politics and Letters, págs. 384-92.
344
El tendencioso artículo de Podhoretz, “If Orwell were Alive Today”, apareció en Harper´s n° 266 (En. 1983), págs.
30-2, 34-7.
345
Francis Mulhern, The Moment of Scrutiny, Londres, New Left Books, 1979, págs. 35, 306-7, 330-9.
346
Richard Hoggart, The Uses of Literacy, Harmondsworth, Pelican Books, 1958. Hoggart reconoce su deuda con
Orwell en una introducción de una edición de El camino de Wigan Pier de Heinemann en 1965, a la que a finales de los
50 y principios de los 60 se comparó frecuentemente The Uses of Literacy (que llevaba por subtítulo Aspects of
Working Class Life With Special Reference to Publications and Entertainment [Aspectos de la vida obrera con especial
referencia a publicaciones y entretenimiento]).
347
Thompson, Making of the English Working Class, New York, Vintage, 1966; La formación de la clase obrera en
Inglaterra (Editorial Crítica [Obra completa])
348
Ver Paul E. Willis, Learning to Labor, Londres, Routledge y Kegan Paul, 1979; Aprendiendo a trabajar (Ediciones
Akal, 1988); y Profane Culture, Londres, Routledge y Kegan Paul, 1978, passim.
349
Williams, Orwell, pág. 61.
350
Orwell a Cyril Connolly, 8 Jun. 1837, Collected Essays, vol. 1, pág. 30.
351
Orwell, Homage, pág. 8.
352
Ibid., págs. 102-3.
353
Ibid., pág. 221.
354
Williams, Orwell, pág. 47. Cf. Orwell, Collected Essays, vol. 1, pág. 437. Fyvel, George Orwell, págs. 81-2, y
Hynes, Auden Generation, págs. 373-6.
355
Woodcock, Crystal Spirit, págs. 241-2.
356
Williams, Politics and Letters, pág. 296.
357
Terry Eagleton, “Mutations of Critical Ideology”, Criticism and Ideology: A Study in Marxist Literary Theory,
Londres, New Left Books/Verso, 1978, págs. 11-43.
358
Terry Eagleton, Literary Theory, Oxford, Basil Blackwell, 1983. Ver también la crítica de John Bayley, Times,
Suplemento literario, Londres, 10 Jun. 1983.
359
Henry IV [Enrique IV], Parte 1, Acto 111, Escena 2.

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->