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VCTOR M.

DEZ

Funeral Celeste

Funeral celeste

Funeral celeste
Vctor M. Dez

Edita: Eolas Ediciones Coleccin Eria Director Editorial: Hctor Escobar Depsito Legal: LE-1364-2011 I.S.B.N.: 978-84-935957-6-0 Diseo y realizacin: Grficas Alse, S.L. Pol. Ind. de Len - 2 fase C/ Riello, 1 24009 Len

A Mara Murciego

quin es lo bastante invisible para veros?

Paul Celan

Nido no

Recogiendo
Ser de agua. Hacer el vaco en la copa del cuerpo para escuchar Y en la cancin intermitente del que falta, contemplar ahora el mundo como un paisaje en retirada.

(Andrs T.)

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Trasbordo
Dormitar es una orquesta afinando. Cuando el sueo da de mamar un ritmo medio tiempo entre dos luces. Las palmas hacia abajo ven los pies desobedientes. Somos viajeros en trnsito abultados sobre un fondo contra el ramaje peligroso en percusin. Lo que traza la meloda: pelar una fruta, se silbar sonmbulo y las caderas despiden msicos rebeldes que nos habitan y desesperan. Antifaces y sombreros nos anudan al rumor. Un sonido aparente en los papeles desordenados. Un zumbido discontinuo en la nuca indefensa. Una bayoneta, un cedazo rtmico que impide el paso a lo que se desvive. 14

Funeral celeste en Tbet


A esa altitud no hay madera y el terreno est helado. Ni fuego ni tierra para los muertos. El hombre camina con un fardo y el monje abre su tienda de ganchos y cuchillos. Descuartiza a la esposa ante sus ojos. Los buitres devoran veloces la carne. Solo despus, ese hombre pulveriza uno a uno los huesos y los mezcla con avena para el aire.

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Eros
Como el imn apunta y surge el genio de la lmpara sucia. Como el bosque se recoge en monte bajo. As, entre los cobertores pasa un rebao caliente y sinuoso, sin inteligencia propia, que avanza y se revuelve. As las manos y los pies son genitales.

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Ojos negros
Ojos en el bosque. Venden los muchachos negros ritmos para la muchedumbre. Se resguardan entre gallinas y conejos, al acecho de su presa. Ojos de carbn inquietos en su plato blanco. Los curiosos y el miedo alrededor. Tirar de la manta. El mercado parece un bosque de helechos bulliciosos, de cabezas rodando. l, ellos agachados, acurrucados pueden ver animales que ni imaginas en la otra orilla. Cuando te vuelves, corren agitan mscaras en la espesura. Las fieras caminamos tranquilas, pero unos ojos arden en la panza del bosque.

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ISBN 978-84-935957-6-0

788493 595760

Coleccin Eria