Prédica: El matrimonio como mala instituci n

Tal vez el matrimonio nunca se baso tradicionalmente en el amor - pasajero y frágil, como lo reconocieron nuestros antepasados - pero en el respeto y las garantías de honor entre los esposos. Estas tradiciones le aseguraban su perenidad, hasta la muerte.

He ahí que basar el matrimonio en el amor eterno (si entendemos amor como fuego sensual y pasi n física) es una deshonestidad y una ilusión, inaplicable en la mayor parte de nuestra sociedad.

Es de notar que antiguamente nunca se exigía este tipo de entrega emocional (casi imposible: no es el individuo libre de conciencia ? Y no es el individuo capaz de simulación e hipocresia ?). Bastaba pues lo perceptible: fidelidad y entrega física. Quizá se admitía que uno de los esposos fantaseara sin que acarreara consecuencias.

Pero la infidelidad es nefasta para la vida de familia. Eso explica la lucha encarnizada que los poderes temporales, y la sociedad como cuerpo único, le han declarado. El matrimonio existe como sostén de la familia, la familia como sostén de la sociedad, la sociedad como sostén del Estado y de los soberanos. Pero el matrimonio no genera pasión de la nada.

La vida en familia es mejor con una sexualidad contenta y satisfecha de ella misma. He ahí el Santo Grial del matrimonio en nuestros tiempos. En fin, casate para buscar equilibrio personal, para fundar tu nido. Pero admite que la pasión física puede extinguirse. Afortunadamente, como las viejas parejas de cisnes, quedaran la costumbre, el afecto y el respeto.

Citación de las Columnas escogidas de Ioan Carlos Rovelo , EFE, 1934.

IVISOL

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