El folclore como forma de creación autónoma

Pëtr Bogatyrëv, Roman Jakobson La desbandada espontáneo-realista de la mentalidad teorética, típica de la segunda mitad del siglo XIX, es ya un hecho superado por las nuevas corrientes del pensamiento científico. Solo en el ámbito de ciertas disciplinas humanísticas cuyas representantes se dejaron absorber por la recogida de materiales y por objetivos específicos hasta no mostrar ni siquiera una inclinación a la reevalución de los presupuestos filosóficos (de donde proviene el atraso de sus posiciones teóricas), el realismo espontáneo pudo defenderse y, a menudo, reforzarse aún en el inicio de nuestro siglo. Pero por extraña que sea a los científicos modernos tal concepción filosófica (al menos allá donde no se ha convertido en catequismo, un rígido dogma), toda una serie de enunciados, que son una derivación directa de los presupuestos teoréticos de la ciencia de la segunda mitad del siglo XIX, sobrevive en similares campos de la cultura como lastre pasado de contrabando, como residuo que frena la evolución científica. Un producto típico del realismo espontáneo era la tesis, muy difundida, de los neogramáticos de que la lengua individual es la única y sola lengua real. En forma epigramática podemos decir que según esta tesis, por tanto, sólo la lengua de un determinado individuo en un determinado instante representa una realidad efectiva, mientras todo lo demás no sería más que una abstracción teorético-científica.

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