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cultura_26_02_12

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■ MAR DEL PLATA ■ DOMINGO 26 DE FEBRERO DE 2012

IDA Y VUELTA: cultura@lacapitalmdq.com.ar

“AZABACHE” SE REALIZARÁ EN MAR DEL PLATA DEL 10 AL 13 DE MAYO

Furor por el género negro con dos festivales
Dos festivales literarios que se realizarán este año -uno de ellos en Mar del Plata- ponen de relieve el crecimiento del policial negro, un género que logra atrapar cada vez a más lectores. Dos jóvenes escritores analizan el fervor por las historias de crímenes.
l Festival Azabache de Literatura Policial y Negra que se realizará en Mar del Plata del 10 al 13 de mayo y BAN!-Buenos Aires Negra, que será del 11 al 17 de junio en el Centro Cultural San Martín (de la ciudad de Buenos La edición 2011 del Festival “Azabache” convocó a numeroso público. Aires) ponen de relieve la escena local del género y suman al país al de artes visuales y recorridos sobre Balmaceda y Javier Chiabrando circuito de la literatura negra inter- las huellas de los crímenes más re- del Festival Azabache. Leonardo Oyola -ganador por su sonantes de cada ciudad. nacional. El crecimiento de lectores y au- novela “Chamamé” en 2008 del Poco a poco, la mirada sobre la escena literaria criminal vira hacia tores de este género no sería un fe- Premio Internacional de Novela la región, si bien eventos de reso- nómeno cultural sino mediara un Dashiell Hammet en Gijón- considera que el género policial “hasta nancia internacional como la re- mínimo de ardor colectivo. “La gente se apasiona con los ca- hace poco era un ghetto” y su visiciente Barcelona Negra o la Semana Negra de Gijón ya tienen una sos policiales. Es una literatura que bilidad “tiene que ver con el emertrayectoria ganada, Argentina in- hace participar al lector casi en un gente social, la literatura tiene un tenta meterse de manera sólida en nivel lúdico. Una obra de crimen retraso del momento que está paese calendario global y sus escrito- pone al lector en un rol de jugador, sando. No es casual que se haya res -y también sus crímenes- co- lo desafía en busca de una resolu- preparado el terreno y que ahora se mienzan a dialogar con su público ción y muchas veces le gana de ma- pueda hablar de otra forma, que no al escritor”, dice Fernando del no es ni tan solemne, ni tan socioen espacios abiertos. Ambos encuentros, tanto el Fes- Rio, organizador junto a Carlos lógica”. Para el autor de la novela tival Azabache como BAN!, “Kryptonita”, el ejemplo que desnudan y potencian las “La gente se apasiona con de esto es “lo que pasó en posibilidades de la literatura 2001 que ahora se puede negra, tendrán dinámicas silos casos policiales. Es una volcar al género sin pensar milares: charlas con autores, literatura que hace en las derivaciones que tuencuentros de corte académivo”, sugiere frente a la maco con especialistas, invitaparticipar al lector casi en rea negra de historias. dos nacionales e internacioun nivel lúdico”. Del Río, también editor nales, música, cine, muestras

En Plaza del Agua, habrá juegos, música, exhibiciones y concurso de novela
Como el año pasado, el Festival Azabache se realizará nuevamente en la Plaza del Agua, aunque a diferencia del año pasado se aumentarán a tres las salas en las que habrá charlas, talleres, ponencias, conferencias, a cargo de los autores. Para la actual edición ya están confirmados autores de la estatura del español Andreu Martín, el hispano argentino Carlos Salem, la uruguaya Mercedes Rosende, el colombiano Santiago Gamboa, el chileno Cristian Alarcón, los argentinos Claudia Piñeiro, Leonardo Oyola, Federico Andahazi, Reynaldo Sietecase, Pablo De Santis, Gustavo Nielsen, Leopoldo Brizuela, María Ines Krimer, Mercedes Giuffre, entre varios otros que conforman una lista de invitados que llega al medio centenar. La ONG MDPNegraypol, conformada por los escritores marplatenses Javier Chiabrando, Fernando del Rio, Jorge Chiesa, Carlos Balmaceda, Mauro De Angeli, Marisa Potes, Norma Fernández y otros ya trabajaban para cerrar el programa, que además prevé muestras, juegos interactivos, música, exhibiciones, concurso internacional de novela y otros atractivos ■ los últimos años del Hammett son la prueba de la presencia del género en el mundo iberoamericano, que ya tiene otros referentes como Claudia Piñeiro, Pablo De Santis, Juan Terranova, Guillermo Martínez, Rolo Diez, Rodolfo Palacios, Gabriela Cabezón Cámara, Lucio Yudiccello, Miguel Molfino, Javier Sinay y Juan Sasturain. (Continúa en página 4).

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de la sección policiales del diario LA CAPITAL, sintoniza con Oyola. Para él “somos hijos de la crisis del 2001 y empezamos a ver con fuerza los conflictos sociales, la violencia social y las desigualdades y todo eso nos llevó a la necesidad de contarlas. Tal vez tuvimos que llegar hasta un desmoronamiento social para que surgiera”. “Se están empezando a ver a esos jóvenes de los primeros años del siglo. Si uno repasa quienes son los escritores de menos de 40 que hoy tienen mayor predicamento o una inclusión dentro del mercado literario, en su mayoría escriben literatura violenta, policial, comprometida”, analiza Del Rio. PRESENCIA EN IBEROAMÉRICA Ricardo Piglia, Guillermo Orsi y Oyola, argentinos ganadores en

Las 8 preguntas para Alejandro Gómez(*)
¿Qué error le molesta más advertir en un texto literario y cuál es el último que halló en el libro que está leyendo o que acaba de leer? -Lo que me molesta no son los errores de ninguna naturaleza textual, sí me

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hace mal no encontrar contenido en aquello que se cuenta, que las historias no se sostengan por sí mismas y que el escritor deba recurrir al oficio para cerrar aquello que no logra sentir y por supuesto tampoco logra transmitir.

(*) Alejandro Gómez preside la Asociación de Amigos del Sistema de Bibliotecas Públicas y Centro Cultural Osvaldo Soriano de la Ciudad de Mar del Plata. Es secretario de producción en la revista literaria “La Avispa”. Premiado en diversos certámenes municipales, provinciales y nacionales de cuento, narrativa y dramaturgia, algunas de sus obras han sido publicadas en múltiples antologías, revistas literarias y periódicos. Ha publicado los libros “Escenas mínimas”, los cuentos eróticos “El encanto de los límites” y en dramaturgia “El reportaje”. Como dramaturgo ha puesto en escena “La Gorda Berta (y el Héctor)”, “Un río llamado Lola” “Las Fantasías de Onán”, “Industria Argentina”, “Ser o no ser…Esa es la cuestión de…” y otras. También es actor y director de teatro. Dirigió “Usurpados”, obra que ganó dos premios Estrella de Mar en esta temporada.

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C U LT U R A DIARIO DE LECTOR

Domingo 26•2•2012

¿Cómo se dirá “seguir” en japonés?
Por Gabriela Urrutibehety

Alegorías, o todo lo contrario
Por Sebastián Chilano sebastianchilano.blogspot.com

l lector que escribe un diario ha decidido afianzar su relación con la vecina adicta a las policiales intercambiando libros. Con la idea de ser agradecido por tantas atenciones, decide entregarle una novela larga. Y, cosa rara en su biblioteca, una novedad. El lector que escribe un diario ha empezado a seguir a Murakami. “Seguir a”, le resulta una frase extraña, ahora que la ha escrito. Pero deja para más adelante el derrotero por donde lo puede llevar esta cuestión. El lector ha empezado por Tokio Blues, ha seguido por Al sur de la frontera y al este del sol, se ha sumergido en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y Kafka en la orilla. Y, por supuesto, no ha resistido la tentación de apoderarse de 1Q84. Tres libros, dos tomos. Mil doscientas páginas. En definitiva, evalúa el lector, una buena compensación para la vecina. Desde que comenzó a leer a Murakami, recuerda la opinión que le dio el librero que le recomendó empezar por Tokio Blues: “Murakami más que un narrador es un ensayista”. El lector que escribe un diario no la comparte: no tanto por Tokio Blues sino por Crónica…, Kafka en la orilla y 1Q84, cree que Murakami es un narrador épico. Sus personajes no son nobles guerreros, sino clase media japonesa -¿se podrá medir esto desde la Argentina?, se cuestiona el lector que escribe un diario- en medio de las monstruosas urbanizaciones japonesas. El lector sigue a Murakami y lo va rastreando en los protagonistas: el adolescente de Tokio Blues, el muchacho llamado Kafka, el Tooru Okada de Crónica y Tengo, el de 1Q84, forman una unidad, como si se tratara de una saga sin el desgastante sabor a continuará hollywoodense. Buscando pensarlo mejor, no se trata del héroe prototípico de los relatos populares, con Pedro Urdemales o Jaimito, que sólo es un nombre y una cualidad, sino de un fractal que toma en cada caso nombre y circunstancias diferentes pero que, como dice el diccionario, “tiene la propiedad de que su aspecto y distribución estadística no cambian cualquiera que sea la escala con que se observe”.

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SEXO Ella se dejó caer, cansada, y él la miró, inseguro de tenderse, también desnudo, junto a ella. El agotamiento era extremo, pero aún quedaba un hecho más, un acontecimiento tan necesario como todo lo que había pasado en la noche hasta ese momento, pero los dos estaban cansados, sin deseo. Ella llevó la mano hacia la entrepierna de él y tocó aquello blando y distante, casi indiferente; él cerró los ojos pensando en nada y en todo y trató de alborotar la sangre y lograr la tensión de sus músculos exhaustos pero no lo logró. O lo logró a medias y entonces se buscaron y se besaron, sin ganas; él borracho con mal aliento, ella asqueada; finalmente, acaso para apurarlo, ella le puso la mano en la espalda y lo llevó hasta colocarlo sobre su cuerpo mientras abría las piernas y se unían, los dos esperando que el otro acabara para poder dormir. Esto podría ser parte de una noche de bodas, después de la larga fiesta que comienza en una iglesia y termina cuando los mozos sirven el desayuno y alguien hace salir el sol; o también podría estar hablando de un casamiento entre indios, que después de sus rituales bailan y cantan a todos los dioses y mezclan elixires de plantas mágicas y ruegos de fertilidad; o podría estar contando mil y un casamientos convenidos en un oriente lejano que luego de danzas de vientres, perfumes afrodisíacos y comidas picantes unen en cópula a los cansados de tantos placeres no sexuales, aunque en realidad está contando la noche de dos viejos amantes que cansados ya de forzar sus cuerpos, pero temerosos de ofender al otro, se siguen dando al penoso arte del sexo cuando en verdad se aman sin necesidad de tocarse ■

Murakami.

¿Qué le pasa a este héroe? Viven una vida normal, inadvertidos de lo que verdaderamente sucede. Se los traga la realidad cotidiana que no sienten como rutina ni como castigo pero que, pronto, se mostrará falsa. Y de esa falsedad los advertirán los personajes femeninos. Que son muchos, múltiples, multifacéticos y se asoman al otro lado de la realidad, aquella donde el relato puede ser. La transgresión tiene cara de mujer: tanto en el sentido de que violan las reglas del mundo instituido -caso extremo: la correcta asesina de 1Q84- como en el trasponer las normas de la lógica cotidiana: la prostituta de la mente, la autora disléxica de un best seller, la adolescente que se repone de un accidente, Malta Kanoo con su sombrero rojo, la señora que preserva biblioteca conmemorativa. Aunque, piensa el lector que escribe un diario, habría que añadir el hermafrodita y el anciano analfabeto que habla con los gatos de Kafka en la orilla, con esa lógica que une a los diferentes con la rama femenina del universo. Murakami, piensa el lector que escribe un diario, no elude para nada el esquema que propuso el viejo Propp hablando de cuentos rusos: un héroe normalito, que no sabe que es el elegido, prácticamente sin comerla ni beberla, debe iniciar un viaje que lo transformará. Durante el trayecto, escuchará revelaciones, enfrentará enemigos poderosos, será

confundido con el antagonista, recibirá algún talismán o similar, luchará al borde de la muerte o la locura, descenderá al inframundo, será reconocido y transfigurado para, finalmente, casarse con la princesa. Con variantes, Murakami exprime el esquema y le insufla vida. El resultado son largos libros que dan ganas de seguir leyendo: las buenas historias siguen siendo lo que el lector que escribe un diario cree que es necesario construir, aunque en última instancia sean reductibles a fórmula. Porque, piensa el lector que escribe un diario, una cosa es conocer la receta y otra muy distinta sacar un buen budín de pan del horno. Y como un flan casero, una buena historia debe tener agujeros, cosas no explicadas, que después de todo una novela no es una enciclopedia ni el manual de uso de una licuadora, piensa para sí el lector que escribe un diario. Mucho más, claro, cuando la novela se inclina hacia lo fantástico. 1Q84 y Kafka en la orilla proponen claramente el viejo tema de la realidad paralela, a la que se ingresa por un agujero y que de la que se sale por la misma puerta. Ese agujero, esa pinchadura, esa fisura abre perspectivas que no son más que atisbos, cortinas apenas corridas que dicen algo pero callan mucho. Como dice el padre de Tengo, si no lo entendiste, no vale la pena perder tiempo explicando. En Crónica los agujeros

son pozos reales: pozos del pasado, pozos del presente, pozos oscuros en donde los personajes han sido colocados o van por propia voluntad, pero en los que es posible experimentar algo que tiene que ver con esa otra dimensión a la que algunos, algunas veces, pueden asomarse. Y en este seguimiento que ha hecho el lector que escribe un diario por algunas de las novelas de Murakami, la que más le ha gustado es Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Primero, porque podría uno quedarse ahí nomás, leyendo la tapa e internarse en un gran agujero semántico, saboreando lentamente una fluida deriva semiológica. Y también, porque no hay concesión principesca al final. No hay corazones ni música melosa, ni aplausos al final. Hay esperanza, eso sí, de un mejor destino, en la frase con la que se consuela Tooru: “Podría haber sido peor”. Y eso, ese sentimiento de que no va del todo bien, pero podría haber sido peor, es el mundo al que pertenecemos todos, aún cuando atisbemos otras posibilidades. La cuerda de este mundo, en manos de un pájaro, es antigua, mecánica, imperfecta e intermitente. Y ahí estamos nosotros, piensa el lector que escribe un diario, mirando para otro lado, encontrándonos de repente con un gran pozo, con ayudantes y oponentes, hasta que la cuerda se corte definitivamente ■

Las 8 preguntas para Alejandro Gómez
¿Qué situación de su vida cotidiana encontró reflejada con sorpresiva exactitud en un libro, una película, una canción o cualquier otra obra de arte? -Nunca me encontré reflejado en ninguna historia de manera personal, me conmueven los escritores que tienen

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la simplicidad de contar historias de una manera tan atractiva que en alguna parte del relato hagan empatía con algo que me raspe por dentro, con la música tengo temas que me han acompañado durante toda una vida, me atrae la escultura y en algún momento intente algo, al igual que con la

plástica. Al teatro lo amo y llamo la madre de todas las artes. En fin… ¡Artistas…! Estos artistas me han hecho llorar de emoción demasiadas veces. A fuerza de años me di cuenta de que es estúpido tratar de ocultar las lágrimas ¡Es hermoso sentir!

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C U LT U R A POETA DEL EROTISMO Y HOMBRE POLÍTICO

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Aciertos y olvidos en una nueva biografía sobre García Lorca
“En este mundo yo siempre soy y seré partidario de los pobres, de los que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”. Con esas palabras, el gran Lorca fijó postura política. Ahora, una biografía pone de manifiesto pasajes interesantes de su existencia truncada un 18 de agosto de 1936.
a biografía del español Federico García Lorca “Sueño de vida”, escrita por la ensayista estadounidense Leslie Stainton y reeditada en Argentina, muestra pasajes interesantes de la existencia truncada del poeta andaluz, aunque pasa por alto algunos vínculos y personajes esenciales. La reedición del citado libro, editado por Adriana Hidalgo, revela la plena vigencia de la obra de este escritor y el interés del público lector por dar seguimiento a una vida de leyenda que aún hoy guarda algunos enigmas. El tema “Lorca”, siempre recurrente, pasó en los últimos años a un primer plano cuando el juez español Baltasar Garzón -que acaba de ser condenado a 11 años de inhabilitación- dispuso investigar la suerte de cien mil republicanos desaparecidos en la Guerra Civil y la exhumación de fosas comunes no identificadas. En esas fosas se esperaba encontrar también los restos del poeta, fusilado un 18 de agosto de 1936. Tras aprobarse la Ley de la Memoria en 2007 y realizarse en 2009 una exhumación infructuosa en el Barranco de Víznar, Granada, la derecha española hizo suspender esos trabajos y alentó el enjuiciamiento del juez Garzón, quien recibió una condena que causó indignación entre organismos y defensores de los derechos humanos en todo el mundo. La obra vasta de Lorca -que se desdobla en poesía, teatro, música, plásticamás una vida intensa entre la exaltación y la tragedia, dio paso a una profusa bibliografía que aparte de los recuentos de vida se diversificó en epistolarios, ensayos, películas y documentales. “Sueño de vida” de Stainton -que toma el título de un obra de Lorca nunca estrenada: “El sueño de la vida”- cumple con las generales en el repaso cronológico de la existencia del personaje: su precocidad como artista y el desacomodo social de quien vive su adolescencia durante la Primera Guerra y deviene pacifista rechazando el autoritarismo. Da también cuenta de un ser vital que fluctúa entre lo exultante y la congoja; el niño que padece un leve defecto físico (“no era atractivo o atlético, una de sus piernas era ligeramente más corta que la otra”), y sufre la agresión de algunos compañeros de colegio que lo apodan “Federica”, “por sus modales e intereses que juzgaban afeminados”. Una de las figuras que más lo marcaría en su juventud, detalla la biógrafa, fue el profesor Fernando de los Ríos, intelectual, amante de las corridas de toros y el cancionero gitano, miembro de la dirección del Partido Socialista Obrero, “que alimentó su floreciente interés en cuestiones sociales”. Pero si en materia de maestros, como deja claro esta biografía, Lorca tuvo guías sustanciales del mundo literario, su formación está subrayada por el ambiente familiar y el contacto vivo con la gente de pueblo: nodrizas, campesinos, contadores de historias, guitarreros y bailarines de fandango. Nacido en Fuentevaqueros en 1898 y criado en el pueblo de Asquerosa, Lorca fue fiel a su vocación artística dejando de lado los deseos paternos de recibirse de abogado; lector fervoroso, estudia piano a la vez que escribe “compulsivamente” sobre sus obsesiones: “Sexo, mujeres, Dios, el amor, el dolor y la amarga pérdida de su inocencia infantil”. Aunque se inicia publicando en 1918 el libro de prosa “Impresiones y paisajes”, la poesía irá adueñándose de sus borradores con un impulso tal que resultará en títulos primordiales de la lírica como: “Poema del Cante Jondo”, “Romancero Gitano” y “Poeta en Nueva York”, en los que enlaza lo popular y lo culto, la tradición y la vanguardia. Su teatro no le va en zaga, y aunque su primera pieza, “El maleficio de la mariposa”, no pasa de un intento fallido, escribirá obras innovadoras que indagan en el alma del pueblo español: “Bodas de sangre”, “Mariana Pineda”, “Yerma” y “El Público”, entre otras. Atravesada por el tema de la sexualidad; la biografía va de sus pasiones de adolescencia (Amelia, su vecina en Granada, y María Luisa Egea González, “con quien disfrutaba tocando el piano a cuatro manos”) a la posterior relación amorosa con el pintor Salvador Dalí, el escultor Emilio Aladrén y el actor aficionado Rafael Rodríguez Rapún. El poeta que festeja la carnalidad desde su primer libro -escribe “La naturaleza tiene deseos de cópula gigante”- irá aceptando gradualmente su homosexualidad; en 1928 entre amigos confiables -dice Stainton- se muestra “más explícito acerca de su sexualidad (‘Tú no sabes lo que es sufrir por la belleza masculina’)”. Si bien los viajes a Nueva York, La Habana, Buenos Aires y Montevideo, constituyen un eje esencial del libro, algunos escritores con quienes Lorca estableció una fuerte relación intelectual pasan desapercibidos, directaFederico García Lorca.

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mente omitidos o con datos equivocados. Entre muchos, el destacado investigador cubano Fernando Ortiz, el poeta uruguayo Alfredo Mario Ferreiro, el poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (quien escribió un libro en coautoría con Lorca), el poeta cubano Enrique Loynaz (a quien entregó el manuscrito de “El Público”) o el pintor uruguayo Rafael Barradas, amigo de Lorca que la biógrafa registra como “español”. Entre octubre de 1933 y marzo de 1934, Lorca acompañaría las presentaciones de sus obras de teatro en Buenos Aires, donde trabó amistad con Oliverio Girondo, Raúl González Tuñón, Enrique Santos Discépolo, Norah Lange y José González Carbalho, entre otros poetas de los que Stainton prescinde. De este modo, el tejido de relaciones y experiencias en que la bohemia alterna con el intercambio de ideas y el humus creativo, y que alumbra aspectos muy interesantes de la obra y la vida de Lorca, presenta omisiones importantes. Lorca, poeta del erotismo, fue también el hombre político; adhirió a la causa republicana y solía rubricar su posición con declaraciones como ésta: “En este mundo yo siempre soy y seré partidario de los pobres, de los que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega” ■

UN LIBRO DEL ESPAÑOL EDUARDO PUNSET

El complicado viaje hacia la felicidad
n “El viaje a la felicidad. Nueve claves científicas”, el periodista español Eduardo Punset plantea que la extensión de la esperanza de vida le promete el hombre contemporáneo la clave, por primera vez, de la posibilidad de ser feliz, ese estado otrora reservado a los dioses o héroes mitológicos. El libro, publicado por la casa Destino, se propone poner al alcance del lector no especializado los descubrimientos científicos que alteraron no sólo la antigua periodización etaria sino la singularidad de un concepto, el de felicidad, que hasta hace poco tiempo no contaba con índices de medición. Nacido en Barcelona (España) en 1936, Punset es abogado y economista, fue ministro de Relaciones para las Comunidades Europeas y como presidente del Parlamento Europeo, en Polonia, tuteló parte del proceso de transformación de los países del Este después de la caída del muro de Berlín. Además, ejerció como periodista

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económico de la BBC y el diario The Economist, y como profesor de Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Universidad Ramón Llull. Publicó, entre otros libros, “La salida de la crisis”, “La España impertinente”, “España, sociedad cerrada, sociedad abierta”, “Adaptarse a la marea” y “Cara a cara con la vida, la mente y el universo”: Actualmente, dirige en la televisión española “Redes”, un programa dedicado a la ciencia y su divulgación. Punset sostiene que una combinación de factores culturales, religiosos, socioeconómicos y emocionales, cruzados con la técnica que fue evolucionando y ganando en saber, es una de las llaves de la felicidad humana. “Hace poco más de un siglo, la esperanza de vida en Europa era de treinta años, como la de Sierra Leona en la actualidad: lo justo para aprender a sobrevivir, con suerte, y culminar el propósito evolutivo de reproducirse”, escribe. El propósito evolutivo de reprodu-

cirse no era precisamente una de las vigas maestras de la teoría de Charles Darwin respecto de la evolución de las especies, pero Punset intenta ilustrar que “no había futuro ni, por lo tanto, la posibilidad de plantearse un objetivo tan insospechado como el de ser felices. Era una cuestión que se aparcaba para después de la muerte y dependía de los dioses”. Sin embargo, gracias a la revolución científica se ha desatado un cambio, “la prolongación de la esperanza de vida en los países desarrollados, que ha generado más de 40 años redundantes”, agrega el especialista. “Los últimos experimentos realizados en los laboratorios apuntan a una esperanza de vida de hasta 400 años (...) Con la excepción del preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos, que establece el derecho de los ciudadanos a buscar su felicidad, no existe nada encaminado a este fin en la práctica del pensamiento científico heredado”. Si en los primeros cuatro capítulos,

Punset trata con los lugares comunes de la felicidad, los últimos cuatro los dedica a revisar las nuevas condiciones de producción (susceptibles) de retrasar el envejecimiento y no perder, del todo, la calidad de vida en esa maniobra. “Si la felicidad es una tormenta de genes, cerebro y corazón ¿por qué los buscadores de la felicidad se lanzan a la carrera incesante tras señuelos externos como el dinero, el trabajo, la salud o la educación?”. La pregunta no es retórica, porque “es esencial” -para el autor- “entender lo que los paleontólogos llaman la perspectiva geológica del tiempo”, que la mente humana no puede abarcar en su conjunto. Pero lo que sí pueden asegurar científicos como Martin Seligman o Robert Sapolsky es que en las sociedades complejas que aumentan su bienestar económico, el llamado “índice de felicidad” no aumenta en la misma proporción. ¿Por qué razón? “por la incapaci-

dad relativa para reconstruir recuerdos y olvidar los acontecimientos adversos. Cuando se afirma que todo tiempo pasado fue mejor, se está manifestando que del pasado sólo se recuerdan los acontecimientos más felices”. El escritor no afirma que haya que reactivar los infelices para completar el círculo, pero sugiere que es imposible construir un dispositivo para la felicidad “ignorando” las desdichas, porque las desdichas simplemente también ocurren. No tan lejos de promover una reinvención de lo humano y lo social, en “El viaje...” se reconocen el carácter sanador del duelo, por ejemplo, y la necesidad de separar lo central de lo accesorio. “El factor fundamental es canalizar hacia la vida cotidiana la misma emoción que el científico G.H. Hardy encontraba en su profesión. La emoción multiplicará los demás factores en la fórmula; si es cero, nada de todo lo restante tendrá valor”, concluye Punset ■

Las 8 preguntas para Alejandro Gómez
¿De qué lugar, personaje común o circunstancia en general que ofrece Mar del Plata se apropiaría para incorporarlo como pasaje central de alguna de sus obras?

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-Sin dudarlo de los barrios marginales de la ciudad, me gusta contar aquellas historias en las cuales no hay héroes, sino solo seres humanos con sus conflictos cotidianos, tengo una prosa realista y eso se puede ver en cualquiera de mis

textos. Pienso que aquellos que hacemos arte en general de alguna manera somos voceros de aquellas cosas que nos preocupan.

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C U LT U R A REYNALDO SIETECASE Y SU LIBRO ‘NO HAY TIEMPO QUE PERDER’

Domingo 26 •2 •2012

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(fotografía de autor)

Furor por el...
(Viene de página 1) Un seleccionado que conforma “la punta del Iceberg”, dice el organizador de Azabache, y agrega que estos autores promueven “un género dinámico que corrió el eje teórico”. “Han incursionado en un tipo de literatura difícil de clasificar pero cercana a la novela negra, con conflictos de violencia, conflictos sociales modernos. Eso hace que nos vayamos retroalimentando”, analiza. En ese sentido, Oyola observa la aparición de “híbridos o clásicos que no dejan de tener una estampa actual. Incluso los pibes descubren otras formas de contar temas que les resuenan y lo interesante es que los acerca a Agatha Christie o a Conan Doyle. El policial de guante blanco no tiene nada que ver con la realidad de un pibe de acá pero está bárbaro que le abra ese otro mundo”. REALIDADES OSCURAS Este enamoramiento del género se relaciona para muchos especialistas con que la literatura negra permite digerir trazos oscuros de la realidad. Ernesto Mallo, coordinador de BAN! opina que “la gente tiene la necesidad de saber qué pasa con la violencia, hay una preocupación por ello, y a través de la ficción se pueden contar cosas no dichas por otros medios”. Por decisiones editoriales o por un deseo de entender y sobrellevar la violencia humana, este género va ganando terreno sobre libros que reinaron hasta hace poco tiempo atrás, aquellos de tono confesional, de literatura del yo -estilo diario íntimo fragmentado- que vinieron a “saciar un voyeurismo”, dice Oyola, hoy ya saturado vía Facebook, blogs y Twitter. Con miras de entender ese fenómeno de consumo cultural, el escritor considera que “hay gente ávida de retomar algo más `tradicional`, de volver al género con el que empezó a leer”. En definitiva, remata Oyola: “La remera negra siempre garpa”. El lector hoy se encontrará, tanto en las librerías como en los próximos encuentros en el país, con una literatura que lleva la huella de una crisis, los matices del paso del tiempo, la madurez de la escritura, los condimentos de la ciencia ficción y, fundamentalmente, la comprensión de los nuevos códigos del crimen ■

Persecución de recuerdos
Con cierta impronta autobiográfica, la obra editada por Aguilar ofrece relatos breves aportados por diferentes personas. Reynaldo Sietecase. También incluye mingway como referentes en la cróniuna serie de crónicas ca: ‘‘Son los que me marcaron. Puedo de viajes del sumar a otros, de Martín Caparrós a Guy Talese. Mi lista puede ser intermiperiodista. nable’’.
al personaje paradigmático y se pueden volcar los detalles. Verdad y belleza es mi consigna a la hora de escribir’’. En su caso, la prosa cuidada tiene que ver con que se complementan el periodista y el narrador: ‘‘Tengo dos oficios. Llegué al periodismo desde la literatura. Construyo artefactos literarios desde mucho antes de imaginar que el periodismo podría darme sustento y alegría. Suelo decir que literatura y periodismo son como la bella y la bestia. Muchas veces no sé quién es la bella y quién la bestia. Eso sí, escribo con la misma pasión y rigor un texto literario o un texto de no ficción’’. PERSONAJES DE SIEMPRE En estas crónicas se suceden también personajes emblemáticos, del Che Guevara al subcomandante Marcos, de Papá Noel a Batman: ‘‘Son personajes que me acompañan desde la infancia. Una de las cosas maravillosas que tiene este oficio es la posibilidad de poder rescatar algunas cuestiones o personajes. Marcelo Thiery escribió alguna vez que el único holocausto lícito es el de los olvidos’’. En la escritura del periodista rosarino el uso de metáforas y la mención de nombres como los de Pizarnik, Pessoa, Bandeira, remiten a la poesía. Ya la crítica ha hablado de la ‘impronta poética’ que subyace en sus crónicas. El dice: ‘‘Me gusta esa idea. Antes que narrador y periodista, soy poeta. Y mis crónicas tienen una música propia. Cuando termino de escribir leo en voz alta para ver como suena’’. ‘No hay tiempo que perder’ inicia con un epígrafe del poeta Mario Trejo, cuyo nombre se reitera en varias de sus páginas; Sietecase lo considera su ‘maestro’ y añade: ‘‘Un enorme poeta. Su poesía, comparable a la de Juan Gelman, reúne pensamiento y belleza. Además de gran periodista fue un viajero incansable. Sus observaciones, impiadosas y precisas, lo mejoran todo’’. -Una corriente erótica -desde el despertar sexual- atraviesa el libro y corona en la sección ‘Escrito sobre mi piel’, ¿juega como condimento de las crónicas? El periodista duda: ‘‘No lo sé. El erotismo también está muy presente en mi poesía y en mis novelas’’. Sietecase concluye: ‘‘En este caso, las dos crónicas de la sección ‘Escrito sobre mi piel’ fueron un pedido expreso del editor de la revista ‘Latido’’’. ‘‘En uno de los textos la consigna era escribir sobre la infidelidad y en el otro, sobre los besos y abrazos. Fue un desafío escribirlas. Creo que son los textos más íntimos y arriesgados del libro’’ ■

UN LIBRO CON CONDIMENTOS AUTOBIOGRÁFICOS

“Los dueños del mundo” o las aventuras de la infancia de Eduardo Sacheri
La niñez del escritor es el terreno donde transcurre este libro de relatos, que empezó a tomar forma cuando Sacheri le contaba anécdotas a sus hijos pequeños. “Se trató sólo de contar mi niñez a sabiendas de que no era ni más ni menos que la de cualquiera”, dijo.
n barrio suburbano, Castelar a fines de los años ‘70, es el escenario elegido por el escritor Eduardo Sacheri para situar “Los dueños del mundo”, una serie de relatos sobre su infancia a través de hechos reales y no tanto que muestran el peso de las primeras emociones y experiencias. “Yo sigo viviendo en el mismo barrio en que me crié, es el mismo mundo o parecido al que fue. El arraigo es el mismo, la geografía creo que ha cambiado en volverse más puertas adentro. Nosotros vivíamos en la calle y las puertas estaban abiertas. Las calles eran una continuidad de los interiores”, describe Sacheri. El libro “tiene mucho de autobiográfico”, reconoce el autor de la novela “La pegunta de sus ojos”, que fue llevada al cine por Juan José Campanella, con el nombre de “El secreto de sus ojos” y obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera (2010). Una experiencia que no se puede obviar ante una escritura que tiene mucho de cinematográfica en el encadenamiento de imágenes que describen a la perfección las aventuras barriales de un grupo de amigos. “Empezó como un juego con mis hijos, de contarles anécdotas de cuando yo era chico, y se fue transformando día a día en un ejercicio de introspección consciente, y más allá de algunas exageraciones se trata de la vida de mis amigos de la niñez. De eso quería escribir”, confiesa. Los recuerdos, precisa, abarcan hasta los 15 años: “Yo creo que cuanto más envejecés, más advertís de todas las cosas que tallaste y defi-

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Por Natalia Posat (*)

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as crónicas del libro ‘No hay tiempo que perder’, de Reynaldo Sietecase (1961), delatan al narrador y al poeta que conviven con el oficio de periodista, en el rosarino que se autodefine como un ‘cazador de historias’. El libro, editado por Aguilar, está dedicado al padre y a los hijos del autor, y en el contenido abundan referencias a la infancia y recuerdos de familia. Sobre esta impronta autobiográfica dice Sietecase: ‘‘Sin duda. Los sicilianos dicen ‘la sangre no es agua’ y tienen razón. En muchos textos hay una búsqueda de los orígenes y, aunque suene paradójico, en esa misma búsqueda pienso a los que me preceden. Me proyecto y descubro. Pero no es algo deliberado. Se trata de una presencia subjetiva que aparece esparcida en textos escritos durante veinte años en circunstancias muy distintas’’. Las notas de la sección ‘El viajero que huye’, uno de los mejores momentos del libro, poseen la respiración del viaje, Sietecase señala: ‘‘Podría decir que viajar me pone en estado de crónica. El viaje habilita una cantidad de sucesos narrables. Viajar activa mi papel de ‘cazador de historias’, y las crónicas de viajes están entre mis preferidas’’. ESTILO PROPIO Sietecase -autor entre otros libros de las novelas ‘Un crimen argentino’ y ‘A cuántos hay que matar’, y títulos de poesía como ‘Pintura negra’ y ‘Mapas para perderse’-, cita a Tomás Eloy Martínez, Osvaldo Soriano y Ernest He-

Su estilo parece situarse en un cruce de coordenadas entre la mirada minuciosa de Eduardo Galeano y la de Jorge Lanata, un tanto más general e informal: ‘‘Trato de encontrar una voz propia. Pero puede ser, ya que tanto Lanata como Galeano están entre mis lecturas. Con Jorge, además, trabajé durante años. Ambos escriben de manera directa, y son muy buenos contadores de historias’’. Los temas expuestos en el libro se articulan a datos e historias breves aportados por la gente; frases -‘me dicen’ y ‘me contó’- que mueven una cinta de transmisión que dinamiza historias encastradas: ‘‘Tengo como costumbre narrativa sumar lo que me dicen y me cuentan, en especial sobre lugares o personas’’. ‘‘La fuente puede ser alguien de la calle -un mozo de bar, un guía, un marinero, etcéteraque no siempre tiene sentido identificar. Esas voces existen, si no fuera así estaría violando el compromiso esencial de la crónica periodística: narrar hechos ciertos con personajes reales en un momento determinado’’. Una frase que resplandece al fondo de una de las crónicas: ‘‘Estoy condenado a mendigar buenos relatos’’: ‘‘Me refiero a que desde niño espero que me cuenten un cuento. Mi padre, cada noche, entraba a mi habitación para contarme una historia. Es lo que busco en un libro, una obra de teatro, una película y hasta en la conversación con un amigo: una buena historia y que me la cuenten bien’’. Resulta también interesante en ‘No hay tiempo que perder’, el cruce temático, un cóctel que incluye cementerios, ángeles y fantasmas: ‘‘Sucede que no hay historias pequeñas, hay historias bien o mal contadas. Todo es narrable si se lo narra bien. Si se descubre

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Inés, pastora de la puna. Antofagasta de la Sierra. Catamarca.

Eduardo Sacheri.

niste de tu propia personalidad en esos años”. “Pelotas perdidas”, “Colectivos”, “La casa abandonada”, “Bicicletas (I, II, III y IV), “Ferrocarriles”, “Curso de ingreso”, “Carnavales” o “El mejor gol de mi vida” son -entre otros- capítulos que reflejan ese universo singular pero donde muchos adultos pueden encontrar semejanzas con sus propias vivencias de la infancia. En ningún momento, aclara el escritor -que escribió también la novela “Aráoz y la verdad”-, hubo una búsqueda de estructura literaria, sino una manera de agrupar recuerdos. “Son como ramas del mismo árbol sobre el que estuve dando vueltas mientras lo escribía”, agrega. Sin proponerse un lenguaje infantil, Sacheri utiliza un tono neutro que atrapa al lector: “Era un tema delicado, no quería caer en algo rabiosamente nostalgioso, ni didáctico tipo ‘le voy a contar a los chicos de hoy’, que tampoco era la idea”. “Me costó no caer en la cosa evocativa, a veces me parece que al hacerlo corremos el riesgo de enojarnos con el presente. Era sólo contar mi niñez a sabiendas de que no era ni más ni menos que la de cualquiera”, explica el autor, entre otros, de

los libros de relatos “Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol” y “Lo raro empezó después”. “Mis hijos viven hoy la niñez de otra manera -asegura-, pero jamás caería en calificarla mejor o peor que la mía”. “Los chicos tienen nuevas estrategias. Yo no jugaba a la Play Station pero si con mis amigos hubiéramos tenido semejante portento, también hubiésemos pasado 14 horas encerrados -considera-. No éramos artistas del aire libre porque vivíamos en la calle, nos tocó y construimos nuestra identidad en base a esa realidad”. Sacheri dice que disfrutó tanto “la primera versión oral” con sus hijos, “como pasándole los borradores” a su hija que tiene 11 años y está muy cerca de la edad en que el escritor se ubica en el libro. Ella fue mi primera editora”. Dos o tres de los textos incluidos en el libro, publicado por Alfaguara, “tienen tres o cuatro años, pero fue como cuando tenés ganas pero no es el momento: estaban ahí esperando compañía hasta que salió este conjunto de relatos”. Ese rescate de “algo entrañable”, se convirtió en “Los dueños del mundo”, ese momento de la vida como reza la contratapa- en que sentís que el mundo es todo tuyo” ■

ndando se encuentran otras realidades. Otras miradas, otras sonrisas. Momentos que nos regalan almas generosas. Memorias de instantes compartidos.

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(*) Natalia Posat nació en 1974. Es fotógrafa, diseñadora gráfica e Ilustradora marplatense. Egresada de la Escuela Superior de Artes Visuales Martín Malharro. Desarrolla producciones en

áreas referidas a temáticas ambientales. Y desde 1999 trabaja en la UNMdP desempeñando tareas en comunicación visual.

Abuelos originarios, Comunidad Pilagá. Formosa.

Las 8 preguntas para Alejandro Gómez

Las 8 preguntas para Alejandro Gómez
que recomiendo leer llamado “Paraguayito de mi corazón” en donde aprendí a conocer a Washington Cucurto. Un loco delirado genial que aun en esta era de la digitalización y la sanata, mantiene su editorial Eloísa Cartonera.

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¿Cuál es el mejor diálogo que recuerda entre dos personajes de ficción? -El de Norberto Vega y un conserje de hotel en un cuento

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Si le permitieran ingresar en una ficción y ayudar a un personaje, ¿cuál sería y qué haría? -Hay un cuento de Juan Fonr “Nadar de noche” en el que

me gustaría intervenir para tratar de ayudar a ambos protagonistas a llegar a una comprensión que no lograron en vida y de alguna manera tampoco van a lograr en este espacio de

tiempo en donde Forn sitúa el conflicto, me emociona cada vez que lo releo y por supuesto algo debe tener de mi propia historia.

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Grandes libros, pequeños lectores

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ACABA DE PUBLICARSE EL LIBRO DE LEANDRO D’AMBROSIO

Martín y sus Titanes, a 50 años de un fenómeno televisivo
El medio siglo que cumple este celebrado programa de TV disparó los recuerdos del trompetista Gillespi, quien prologó el libro que acaba de publicar Del Nuevo Extremo. “La primera sensación que recuerdo fue el impacto de ver salir de un cortinado a los luchadores a medida que eran convocados para las peleas”, evocó el músico.
n pocos días se cumplirán los 50 años de la aparición de los Titanes en el ring. En este sentido, acaba de publicarse “Martín y sus Titanes”, de editorial Del Nuevo Extremo y escrito por Leandro D’Ambrosio, tratándose de un minucioso trabajo, ideal para todos aquellos que alguna vez disfrutaron con ese espectáculo encabezado por Martín Karadagián. El prólogo está firmado por Gillespi, y es de por si elocuente de lo que ha significado la troupe de Martín Karadagián para miles de argentinos. “Hablar de Titanes en el Ring es remontarme a mi inocente infancia. El comienzo de los años setenta lo recuerdo como una mezcla de aromas a torta horneada por mi abuela, ravioles del domingo y las flores de la enredadera en verano. Mis viejos me llevaron a ver el espectáculo en vivo, en el piso de los deportes del Hotel Provincial en Mar del Plata. Ellos hacían temporada allá. De la misma forma que los elencos de comedia o teatro de revistas, la troupe de Karadagián y el circo de Carlitos Balá resultaban la atracción de todos los niños. Allí pude escuchar en directo personajes entrañables y como podemos apreciar en este libro, inolvidables”. En las librerías, entonces, ya se encuentra este gran trabajo de investigación de Leandro D´Ambrosio, además, con fotografías pocas veces vistas. Desfilan a través de las páginas El Diábolo, El Hombre Vegetal, la Momia Blanca y la Momia Negra, El Androide, Mister Moto, el ancho Rubén Peucelle, William Boo, Julio César, Nerón, David el Pastor, o Gengis Khan, entre otros. También D’Ambrosio se refiere a la génesis del libro. “Con los años y mucho tiempo después de la muerte de Martín, comenzó a interesarme conocer más datos sobre este querido programa. Algunos amigos como Favio Marrazzo y Pablo Steimberg, viejos fanas de los Titanes en los sesenta y setenta, me impulsaron con sus recuerdos y anécdotas. Y estaban en lo cierto con sus historias. Titanes en el ring era la magia llevada a los hogares, una mezcla de emoción y fantasía que atrapaba a las mentes infantiles y por qué no, adultas”. Resalta también la figura de Karadagián, “el cerebro detrás de todo esto. Un creador nato que transformó al catch en un fenómeno televisivo y que siempre inventaba intrigas en cada una de las luchas. Su ingenio estuvo en alimentar el misterio, como llevó a cabo con La Momia o El hombre de la barra de hielo. También en plantear el antagonismo sobre el ring, resaltando siempre la lucha de los buenos con los malos. Todo este mundo de la lucha en la TV, es bueno recordar que debe mucho a los pioneros Nowina y Montaña, quienes plantaron la semilla de la atracción por el catch en el país. Como así también decir que sin Máscara Roja (en los años treinta) no hubiera habido Caballero Rojo. Titanes en el ring superó todas las barreras del éxito, tantas que incluso su creador jamás haya imaginado. Se convirtió en un fenómeno no sólo en Argentina sino también en toda América, donde aún hoy nombrar a “Martín y sus titanes” causa una emoción grande en todos los pueblos americanos” ■

La pequeña niña grande, de
Uri Orlev (2010), Ilustraciones de Jacky Gleich, traducción de Selnich Vivas Hurtado, Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2007. Colección Buenas noches.
Por Mila Cañón

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Integrante de la ong Jitanjáfora l problema de este cuento es común a otros infantiles, el tema del tamaño visto desde el punto de vista infantil: la mirada de Daniela que es realmente muy pequeña para su edad. Luego, los modos en que el relato evoluciona y las ilustraciones de Jacky Gleich le devuelven al lector una historia desafiante que pone en discusión la relación entre niños y adultos, los poderes que se ejercen y la voz infantil. Daniela se transforma en adulta, en un procedimiento de corte fantástico, y en esa inversión de roles, los padres quedan a sus órdenes. La voz de la pequeña niña grande puede remedar sin dificultades el discurso adulto hasta que el lector descubra cuál es el misterio de tal transformación ■

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el estampido que producían los cuerpos al caer en el piso del ring; seguramente habría un dispositivo por el cual el sórdido piso dispuesto se convertían en una caja de resonancia. En mi recuerdo, aquel sonido me remite al del tambor de una batería”. Y agrega Gillespi: “la primera sensación que recuerdo fue el impacto de ver salir de un cortinado a los luchadores a medida que eran convocados para las peleas. Vi pasar cerca mío a Tufit Memet, vestido de árabe, a la tenebrosa Momia. Para su entrada bajaban las luces del estadio y propagaban a todo volumen su jingle de presentación: La Momiaaaaa.... Luchador sordomudo..... ante la mirada petrificada de todos los niños presentes. También pude ver al gran ancho Peucelle y al inolvidable Martín Karadagián y su “cortito”, una toma más exhibicionista que eficaz. Resultaba inquietante ver como los contrarios quedaban inmóviles a merced de los sucesivos cortitos de Karadagián: la evidencia más clara de que Martín era el dueño del espectáculo y dicho sea de paso, el patrón de aquellos colosos” Asimismo, Gillespi reconoce en Karadagián “un enorme visionario. Creativo, intuitivo y hábil empresario, que supo cristalizar todas aquellas ideas que en otra persona no hubieran pasado de la categoría de delirios infantiles. El supo captar el interés de la gente y desarrollar una variedad de

UN CANTO A LA LIBERTAD CREATIVA

Cumple medio siglo “Historias de cronopios y de famas”
Poco amigo de los encasillamientos, Julio Cortázar no solía tener en cuenta los géneros literarios a la hora de escribir, y uno de los libros que mejor refleja esa gran libertad creadora es “Historias de cronopios y de famas”, una obra que ahora cumple 50 años y que conserva todo su poder fabulador. La vigencia de este libro, precursor del microrrelato, fue objeto de un homenaje a Cortázar que se celebró en Madrid, presidido por su viuda, Aurora Bernárdez, esa mujer menuda y lúcida que le inspiró al genial escritor argentino algunos de sus textos. Bernárdez no concede entrevistas, pero recién llegada de París fue posible escucharle algunos comentarios mientras sostenía en sus manos una primera edición de “Historias de cronopios y de famas”, publicada por Minotauro en 1962. “Julio nunca se puso a escribir ‘los cronopios’. Era algo circunstancial. Él iba a Correos, por ejemplo, y le salía una historieta cómica, conforme se le iba ocurriendo. Después, con todo eso se armó el libro”, recordó Bernárdez. “Historias de cronopios y de famas” es uno de los libros que mejor muestra hasta qué punto Cortázar “podía prescindir de los géneros”. “Escribe y basta”, dijo la especialista Rosalba Campra, que ha podido comprobar en numerosas ocasiones, en sus clases de Roma, cómo la literatura del autor argentino fascina a los jóvenes de hoy. El autor de “Rayuela” genera “vicio” en quienes lo leen, quizá porque sus libros encierran “un modo nuevo de acercarnos a las cosas y por eso uno queda enganchado, se contagia y empieza a encontrar elementos cortazarianos en aquello que ve”, comenta Campra. “Historias de cronopios y de famas” es uno de esos libros que enseña a “mirar la realidad con ojos nuevos”. Las criaturas que lo pueblan no son “necesariamente antropomorfas. No hay una preocupación realista por crear en el lector una imagen predeterminada, sino que cada uno los ve como su cabeza prefiere”, señala la experta. Pero sí hay en sus personajes “cierta caracterización de las posibilidades del ser humano”, comenta esta argentina afincada en Roma. Los cronopios “son despreocupados, poéticos pero también pueden ser crueles, hacer canalladas por diversión, y en los famas uno podría ver a la gente más encasillada en una forma de ser, pero que, cada tanto, pueden ser personajes tiernos”, explica Campra. Cortázar veía la realidad “como algo fluido. A lo único que había que acostumbrarse, creía él, era a la sorpresa”, afirma esta experta, quien no cree que los textos de “Historias...” se puedan considerar surrealistas. “Eso sería como reducirlos, encasillarlos”. “Su obra es una especie de llamado a la libertad en general, y tal vez eso nos seduce en su literatura”, asegura esta experta ■

Las 8 preguntas para Alejandro Gómez
¿Recuerda haber robado un libro alguna vez? ¿Cuál o cuáles? -A través de mi madre conservo un estilo de ética que jamás me lo hubiera permitido. Sin embargo algunas veces

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preferí, por ejemplo con “Conversación en la Catedral” de Vargas Llosa (más allá de su posición política), canjear varios míos ya que no tenía medios económicos para comprar otros y creo que de esa manera lo disfruté aún más… A “Con-

versaciones...” lo leí tres veces hasta que logré comprenderlo. Mi recuerdo a Daniel Boggio, un compañero de ruta que a fuerza de pasión me enseñó el arte de ver entre líneas la famosa segunda lectura.

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‘‘LA ULTIMA UTOPIA QUE SE ESTRELLO FUE EL LIBERALISMO’’, DICE VICENTE VERDU

Perspectiva poco prometedora
En ‘La ausencia’, el ensayista y periodista español reflexiona acerca del paisaje que presenta el mundo contemporáneo, dominado por la compulsión al consumo. El libro surgió de un hecho real, la muerte de la mujer del autor.
‘El capitalismo funeral’. ‘La ausencia’ nació a partir de un recuerdo estremecedor, ‘‘la muerte de mi mujer en 1993. Fue una temporada muy larga. Esa ausencia es similar a la de cualquiera que pierda un ser querido. Es una sensación de desvalimiento. Uno queda como aturdido’’, cuenta el escritor. ‘‘En mi caso fue muy duro. El caso de perder un compañero creo que siempre es muy duro. Uno puede saber o imaginar lo que es la soledad. Pero hasta no atravesarla, no se tiene idea de lo que se ha perdido. Nosotros éramos complementarios, personas con diferencias, que discutían, se divertían, tenían la oportunidad de ganar distintos puntos de vista. Eso se terminó. Pero fue el punto de partida para reflexionar, muchos años después, sobre la ausencia, en términos más epocales.’’ ‘‘Cuando perdí su compañía, tuve la sensación de haber sido mutilado; que en muchos aspectos carecía de capacidad para vivir, que no sabía hacerme cargo de diversas situaciones. Esto lo digo lo digo tal como es: la perdí físicamente y perdí su presencia en la composición de mi existencia. Ni más ni menos’’, completa Verdú. Sin embargo, recuperado por sus amigos y el trabajo, ‘‘la impresión de mutilación fue menguando, y me predispuso a ver el vacío del mundo. No tenía ganas de escribir un libro elegíaco. Nunca me ha gustado que se escriba a propósito de la muerte de alguien. La idea no era hablar de la muerte de mi mujer, que ocupa algunas páginas, sino reflexionar sobre la ausencia para detectar otras ausencias’’. ‘‘La ausencia de referencias, ideales, proyectos colectivos; la atomización y el individualismo -prosigue- y la monumental crisis económica y social desatada por las burbujas financieras, resultaron un campo de maniobras perfecto para la experiencia.’’ El ensayista sostiene que ‘‘la sociedad contemporánea está vacía de referencias, utopías, sentidos. Eso legitimaba ponerme a escribir, ampliar el punto de vista desde mi intimidad a una visión más general’’. Empezó por preguntarse qué cosa es la modernidad o en otras palabras, Pero ese edificio empezó a resquebrajarse ‘‘con (Sigmund) Freud, (Karl) Marx, (Charles) Darwin, la mecánica cuántica, las guerras contra poblaciones civiles. Avanza dando tumbos hasta llegar, por decirlo rápidamente, a este momento que se publican libros sobre la inteligencia emocional, el conocimiento visual, los golpes de vista: la emoción como un modo de conocimiento’’. PURA INCERTIDUMBRE Pero ‘‘todo esto mezclado con lo anterior replica una transición, algo que no termina de morir ni de nacer y produce un efecto de desorden, de falta de puntos fijos para explicar el mundo’’. ‘‘La crisis en la que estamos inmersos ahora, por lo menos en Occidente, tiene que ver no sólo con la economía, la política y la corrupción sino también con la falta de honor, la cobardía, la ambición y el desinterés en registrar al otro’’, asegura. Es interesante -dice el españolcomprobar que ‘‘nadie tiene demasiadas hipótesis sobre el porvenir. Precisamente porque es imposible incorporar en este pasaje nociones explicativas que caducaron. Sin poder extrapolar, lo que queda es pura incertidumbre’’. El aire crepuscular es el del fin del verano. ‘‘La última utopía que se estrelló es el liberalismo, pero antes se había estrellado el comunismo, el nacionalsocialismo, campos de exterminio, campos de concentración, gulags, eso quedó’’. ‘‘Salvo excepciones puntuales, sospecho que las cosas podrían haber sido peor si no hubiera sido por las mujeres, que se ocuparon de cuidar, alimentar, sanar, guardar recursos, saberes, incluso tópicos como la empatía y el desinterés’’, dice este hombre que reconoce que se le hace muy complicado vivir sin algún placebo. Porque ‘‘ahora no es muy distinto. Estamos en una fase de exterminio generalizado, de compulsiones, consumos desenfrenados, femicidios, agresividad extrema, indignados. El mundo se está quedando sin empleos. El dinero se reproduce sin necesidad del empleo. Habrá que ver cómo se sortea la crisis actual’’, se interroga Verdú ◗

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n ‘La ausencia’, el ensayista y periodista español Vicente Verdú, apoyado en un crescendo que va de lo particular a lo general, compone un paisaje desolador del mundo contemporáneo, dominado por la compulsión al consumo y por la reciente muerte de la última de las grandes utopías políticas: la del liberalismo. ‘‘Estamos en una especie de tránsito por el desierto. Han cambiado todas las ideas que teníamos recibidas de la era industrial, de un mundo efímero y de un consumo desbocado’’, dice el pensador en un diálogo telefónico desde Madrid. PERDIDA IRREPARABLE Y agrega que su libro ‘‘tiene una escritura más literaria que otros de mis ensayos. ‘La ausencia’ está atravesado por una evocación poética, y aunque la mayor parte refiere a la sociedad, otras se refieren a cuestiones personales’’. El volumen, publicado por La Esfera de los Libros, continúa el viaje emprendido por el autor desde ‘No ficción’ (Anagrama, 2008), donde las cuestiones de la vida personal lo hacían reflexionar sobre las relaciones sociales en un mundo en estado de emergencia. Verdú nació en Elche en 1942. Es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de París, y ha ocupado diversos puestos en el matutino El País, donde tiene un blog y una columna de opinión. Publicó, entre otros libros, ‘Noviazgo y matrimonio en la sociedad española’, ‘Días sin fumar’, ‘El planeta americano’, ‘El estilo del mundo’, ‘Las solteronas’, ‘Domicilios’, ‘Emociones’, ‘Cuentos de matrimonios’, ‘Nuevos amores, nuevas familias’ y

Vicente Verdú.

el capitalismo. ‘‘Es un diagrama ordenado, geométrico, racional, enfrentado al universo de las supersticiones y la religión; la modernidad del siglo XIX es uno de las hijas de la Ilustración, de la razón’’, apunta.

■ Lecturas
FICCION
1 EL PUENTE DE LOS ASESINOS 2 JUEGO DE TRONOS 3 EL PRISIONERO DEL CIELO

Fuente: Cámara de Libreros del Sudeste de la provincia de Buenos Aires.

Los libros más vendidos de la semana
Arturo Pérez Reverte. George Martin. Carlos Ruiz Zafón. Alfaguara. $119. Plaza y Janés. $149. Planeta. $98.

NO FICCION
1 ARGENTINISMOS Martín Caparrós. 2 1982. LOS DOCUMENTOS SECRETOS DE LA GUERRA DE MALVINAS Juan Yofre. 3 LA GRAN NOVELA LATINOAMERICANA Carlos Fuentes. Planeta. $119. Sudamericana. $99. Alfaguara. $139.

RECOMENDADOS
1 DIARIO DE INVIERNO 2 EL NOVELISTA INGENUO Y EL SENTIMENTAL 3 MEMORIA DE UNA VIUDA Paul Auster. Orhan Pamuk. Joyce Carol Oates. Anagrama. $80 Mondadori. $69. Alfaguara. $129.

Fragmento de

(varios autores; publicado por el Fondo de Cultura Económica)
En el neolítico, hace unos 10.000 años, llega la revolución. Terminan los grupos de cazadores y recolectores y sus parejas bucólicas. Se inventa la agricultura, la cría, el pueblo. Y al mismo tiempo, la distribución de las tareas, la propiedad, la jerarquía, el poder, la guerra… Lo que nace es otro mundo: el de los agricultores y criadores, que van a producir su propio alimento -cereales, leguminosas-, domesticar a los animales… Entonces, con sus hachas de piedra, van a roturar el bosque, trabajar los campos, edificar vallas para el ganado, construir casas agrupadas en pueblos, iniciar grandes trabajos, levantar monumentos como los megalitos.

La más bella historia del amor
La población aumenta, las sociedades se estructuran, las mentalidades cambian. Todas esas actividades frenéticas requieren una organización social, una distribución de los recursos, y por tanto un líder, reglas de vida colectivas coercitivas. Todos se uniformiza. La autoridad, que decide la distribución de las tareas, también dirige la vida privada. Sin duda, ya no se puede escoger libremente a la compañera o el compañero, y es probable que entonces se imponga una norma de las relaciones sexuales y reglas de alianza que resultan de la propiedad de los bienes ■

Las 8 preguntas para Alejandro Gómez
Un extraño hongo se esparce por su biblioteca y consume de manera irrefrenable los libros. Sólo dispone de unos segundos para actuar y salvar a tres de ellos. Lo que usted hace para ganar tiempo es arrojar a la voracidad del hongo a otros tres libros. ¿Cuáles serían los

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sacrificados y cuáles los salvados? -Uno no debe elegir con qué quedarse sino qué salvar, porque si no la elección sería interminable, como soy un apasionado del cuento y del relato creo que salvaría “Dublín al Sur” de Isidoro Blaisten, “Gente del Bajo” de Antonio Dal

Masetto, “Música de cañerías” de Bukowski y por supuesto todo lo de Eduardo Galeano. También los cuentos de Fontanarrosa. Dejaría como una herejía los clásicos como una manera de recomenzar nuevamente la historia de la literatura desde cero.

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FICCIÓN

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Vieja de mierda
por Susy Scándali

or lo menos acá nadie me dice “vieja de mierda”. Las manos inquietas doblando una y otra vez la servilleta a cuadros con su nombre escrito con marcador, los ojos clavados en la ventana por donde el sol no entra nunca, “tiene un techito, ¿viste?” dice siguiendo mi mirada. “Nunca entra el sol, nunca. Arriba sí, en mi pieza hay una ventanita chica por donde de mañana, entra un rayito”. Se sonríe pensando en el rayito de sol que la visita todas las mañanas. Su única visita. “Bueno, a veces viene mi hijo. Algún domingo almorzamos juntos en su casa, una casa grande, linda. Ahí veo a las nietas, ¡cómo crecieron!... mi nuera parece buena, nunca pone caras”. Sigue mirando por la ventana, afuera los árboles se doblan con el viento, es el único paisaje. Por esa calle pasa poca gente. Soy una interlocutora inexistente. De vez en cuando me mira, pero casi todo el tiempo mira para allí, para la ventana. Como esperando algo. “Mi hija no me visita nunca, ella se quedó en mi casa. Decía que yo estaba vieja para vivir ahí sola…y sí, por ahí tenía razón. Yo no podía caminar bien, me olvidaba algunas cosas…las luces encendidas, la puerta sin llave, el horno de la cocina durante toda la noche…qué se yo, sí, de algunas cosas me olvidaba. De otras, no me puedo olvidar. Como de cuando me dijo por primera vez “vieja de mierda”. “¡Otra vez te olvidaste el horno encendido, vas a quemar la casa, vieja de mierda, me vas a dejar en bolas!” Así me dijo, mirá que mal hablada. Y como si mi casa fuera suya, como si hubiera tenido algo que ver con el esfuerzo que hicimos con el viejo para levantarla. Yo estaba embarazada de ella y así y

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todo, cargaba los baldes con mezcla para que el viejo, dale que dale, pusiera ladrillo sobre ladrillo apurados porque llegaba la nena y no teníamos

casa propia todavía. Fuimos los primeros de la cuadra en terminar. Los vecinos estaban en la misma pero igual nos daban una mano porque yo

iba a ser la primera también en tener un hijo en el barrio. Llegamos a tiempo. Cuando nació ella, ya teníamos terminada la pieza y el baño. Lo de-

más vino después, cuando ella ya andaba por la primaria y yo estaba embarazada de nuevo, esta vez de mi hijo varón. Un chalecito hermoso, vos vieras, en el barrio Eva Perón, no sé cómo se llama ahora…”. Me mira de nuevo, esperando algún gesto. Le sonrío. Ella también sonríe. Son recuerdos lindos, aunque pocas veces los habla en voz alta. Como si se diera cuenta de lo que estoy pensando aclara: “Y a quién querés que se lo cuente”. Es cierto. Recorro el lugar con la mirada: en la mesa, tres mujeres ancianas. Una de ellas, totalmente perdida en su mundo. Las otras dos, pensando en quién sabe qué cosas. En sus hijos, seguramente. Los que van de tanto en tanto, a llevarlas a almorzar a su casa, para depositarlas por la tarde en el mismo lugar, en la misma silla, en la misma mesa, contentos por el gesto humanitario de sacar a la vieja una vez por mes o cada dos meses, sin darse cuenta de que ellas vuelven más tristes. Por la sala, deambulan otras ancianas, más perdidas todavía. Caminan en silencio, sin rumbo, sin destino. Dan vueltas una y otra vez por el mismo lugar. Otras, no pueden caminar. Están sentadas, con los ojos puestos en la nada, sin expresión, sin luz. Vuelve a clavar su mirada en mí, que sigo sonriendo como una boluda, pensando qué carajo hago ahí, escuchando una y otra vez lo mismo cada vez que voy. Pero salvo la mujer que habla, nadie se entera de nada. Ni de mi visita, ni de mi pena, ni de que no entra el sol por la ventana, ni de la mujer que vuelve a quejarse cada vez que tiene alguien que la escuche. Se sonríe “pero acá estoy bien, nadie me dice vieja de mierda” ■

Gastón y el portero
por Sergio R. Aznar

Doce treinta del mediodía. El timbre del portero eléctrico suena a deshora perturbando mi descanso. -Dejalo ahí –digo. Es mi horario. Hoy me tuvieron loco, ¿sabés? Uno atrás del otro. Pareciera que los días en que hace calor la gente está más molesta. O tal vez sea uno… Tal vez sea uno… Y otra vez el timbre, impaciente. -Hola –dice mi mujer. -¿Qué precisa? Por un instante maldigo su interés en solucionar problemas ajenos. Al fin y al cabo quién saldrá corriendo en busca de solucionar lo más estúpidos requerimientos de quién esté allá abajo seré yo. -Seguro será porque se le trabó una canilla –pienso. Luego caigo en

cuenta de que no se trata de eso. -Sergio: te buscan en la puerta de calle. Dice tratarse de un lector. Quiere que le autografíes tu libro. -¿Cómo? –pregunto asombrado. – Seguro que es un amigo trayendo alguna broma bajo el brazo. Al fin, de tratarse de un conocido, lo menos que debo hacer es ir a verlo. Aún medio malhumorado decido al fin bajar. En la puerta me espera un muchacho de alrededor de treinta años junto a un nenito. Este último se divierte manoseando los vidrios que tanto me cuesta mantener en el período estival, cuando todos llevan el sudor pegado a su cuerpo y, toquen lo que toquen, dejan marcas… -Un limpiavidrios por allá… ¡Un trapo por acá!

Haciendo caso omiso a esto último –con la prudencia que me caracteriza— abro la puerta. -Hola –digo. -Hola –saluda él. -¿Precisás algo? -No. Nada. Busco a Aznar. El que escribió “Entre la Tigra y la Carolina”. -Ese soy yo. Contame… -Nada. Solamente quería conocerlo –el muchacho piensa cómo hilvanar ideas—, y pedirle si me quiere autografiar su libro. -Por supuesto. ¿Cuál es tu nombre? -Gastón. -¿Qué te trajo aquí, Gastón? -Me gustó mucho lo suyo. En especial cómo encara las situaciones

históricas. Creo que es un buen libro. Me tocó muy de cerca. -Me alegro que así lo sientas. En verdad, me dio vergüenza preguntarle cómo había llegado mi novela a sus manos o por qué se sentía tan identificado. Tal vez lo habría comprado en Mar del Sud, quizá en Miramar. O tal vez se lo habría regalado alguien. Entonces obvié las preguntas –aunque en verdad quería hacerlas—. -Bueno… ¿Gastón? -Sí, ese es mi nombre. Tomé el libro de sus manos. Una lapicera –de aquellas que nunca faltan en el bolsillo de quien escribe— le hizo la dedicatoria. Sencilla, como debe ser en estos casos: “Para Gastón, con el más sincero de mis

afectos”. Sergio Aznar. -¡Gracias! –me dijo él para luego trasponer la puerta, perdiéndose entre el gentío. Hoy me sentí alguien, querido lector. Alguien escuchado, báh, leído. Supe que otro había recalado en mi historia. Liviana o precisa, había sido conmovido por la misma. Que “La novela de Mar del Sud” formaría parte de su biblioteca. -Mirá, vieja… ¡Me la dedicó el autor! –quizá diría, orgulloso. Me emocioné pensando en la situación. Quizá como nunca antes, al borde del llanto… No te dije algo, Gastón: -¡Gracias! (Es que éste, tal vez, sea mi modo de hacerlo) ■

Las 8 preguntas para Alejandro Gómez
Se le concede la extraordinaria excepción de hacerle una única pregunta a uno de sus tantos escritores predilectos. ¿Qué le preguntaría? -Sin dudarlo en este momento de mi vida me gustaría to-

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mar un café con Eduardo Galeano y creo que no me animaría a preguntarle nada. Es tan importante su lugar en el mundo de aquellos que quieren “ver” que no me importa preguntarle algo, sino simplemente dejarme llevar por su char-

la tan amena. Tuve oportunidad de conocerlo y en verdad admiro las personas que llevan sus pasiones como banderas de su propia vida.

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