9 de agosto SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ Fiesta Edith Stein vio la luz en Breslau el 12 de octubre de 1891 en el seno de una

familia judía. Apasionada buscadora de la verdad a través de profundos estudios filosóficos, logró hallarla con la lectura de la autobiografía de Santa Teresa de Jesús. El año 1922 recibió el bautismo en la Iglesia Católica y en 1933 ingresó en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Colonia tomando el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. Murió mártir de la fe cristiana en los hornos crematorios del campo de concentración de Auschwitz el 9 de agosto de 1942, durante la persecución nazi, ofreciendo su holocausto por el pueblo de Israel. Mujer de singular inteligencia y cultura, ha dejado numerosos escritos de elevada doctrina y de honda espiritualidad. Fue canonizada el 11 de octubre de 1998 y proclamada patrona de Europa el 1 de octubre de 1999. INVITATORIO Ant. Venid, adoremos al Dios vivo que se reveló a Israel. OFICIO DE LECTURA HIMNO Oh hija del pueblo que Dios se escogió, con ansia y empeño buscaste la verdad: “¿Quién es el principio, quién es camino y vida?” gritaste a la oscuridad. Tu grito abierto no resonó en el vacío: la Palabra del Altísimo habló a tu corazón. “El principio de todo, la verdad, el camino y la vida soy Yo. Mira”. Con corazón asombrado escuchaste el mensaje, con espíritu ardiente caminaste hacia Jesús. Y en la fuente del bautismo renovaste tu vida, oh hija de la Iglesia. Jesús, la Verdad, se convirtió en tu sol; su luz hiciste brillar en la noche de los corazones. Con firmeza y dulzura lo revelaste a él, el amor, al sufrimiento de los hombres. La bendición de la cruz inundó tu vida, la gracia de la cruz selló tu alma. En amor de cruz sobrellevaste el dolor, oh mártir de Cristo.

Por la cruz y la oscuridad alcanzaste la luz: ahora la contemplas feliz en toda su gloria. Condúcenos en tu bondad hacia ella a los que aún luchamos con empeño, hermana nuestra. Loado sea el Padre, fuente de toda verdad. Loado sea el Hijo, plenitud de toda verdad. Loado sea el Espíritu, que derrama amorosamente sobre nosotros el rocío de la verdad. Amén. SALMODIA Ant. 1. Todos os odiarán por mi nombre; pero el que persevere hasta el fin se salvará. Salmo 2 ¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías: “rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo”. El que habita en el cielo sonríe, el Señor se burla de ellos. Luego les habla con ira, los espanta con su cólera: “yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo”. Voy a proclamar el decreto del Señor; El me ha dicho: “Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy. Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra: los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza”. Y ahora, reyes, sed sensatos; escarmentad, los que regís la tierra: servid al Señor con temor, rendidle homenaje temblando; no sea que se irrite, y vayáis a la ruina, porque se inflama de pronto su ira. ¡Dichosos los que se refugian en él!

Ant. Todos os odiarán por mi nombre; pero el que persevere hasta el fin se salvará. Ant. 2. Los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Salmo 10 Al Señor me acojo, ¿por qué me decís: “Escapa como un pájaro al monte, porque los malvados tensan el arco, ajustan las saetas a la cuerda, para disparar en la sombra contra los buenos? Cuando fallan los cimientos, ¿qué podrá hacer el justo?” Pero el Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo, sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres. El Señor examina a inocentes y culpables, y al que ama la violencia El lo odia. Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre, les tocará en suerte un viento huracanado. Porque el Señor es justo y ama la justicia: los buenos verán su rostro. Ant. Los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Ant. 3. El Señor probó a su elegida como oro en el crisol, y la recibió como sacrificio de holocausto para siempre. Salmo 16 Señor, escucha mi apelación atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño: emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud. Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí. Mi boca no ha faltado como suelen los hombres;

según tus mandatos, yo me he mantenido en la senda establecida. Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme de los malvados que me asaltan, del enemigo mortal que me cerca. Han cerrado sus entrañas y hablan con boca arrogante; ya me rodean sus pasos, se hacen guiños para derribarme, como un león ávido de presa, como un cachorro agazapado en su escondrijo. Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo, que tu espada me libre del malvado, y tu mano, Señor, de los mortales; mortales de este mundo: sea su lote esta vida; de tu despensa les llenarás el vientre, se saciarán sus hijos y dejarán a sus pequeños lo que sobra. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. Ant. El Señor probó a su elegida como oro en el crisol, y la recibió como sacrificio de holocausto para siempre. V. Me asaltan angustias y aprietos. R. Pero yo confío en ti. PRIMERA LECTURA De la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 4, 7-5, 8 Hermanos: llevamos este tesoro en vasija de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús, a fin de que también

la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De modo que la muerte actúa en nosotros, mas en vosotros la vida. Pero teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos, y por eso hablamos, sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él juntamente con vosotros. Y todo esto, para vuestro bien a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. Por eso no desfallecemos. Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día. En efecto, la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna, a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas. Porque sabemos que si esta tienda, que es nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos. Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste, si es que nos encontramos vestidos, y no desnudos. ¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos abrumados. No es que queramos ser desvestidos, sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos ha destinado a eso es Dios, el cual nos ha dado en arras el Espíritu. Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión... Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. RESPONSORIO R. Dichosos vosotros, cuando os insulten y persigan y propalen contra vosotros toda clase de calumnias por mi causa; alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos. V. Dichosos los que padecen persecución por razón del bien y de la virtud, porque de ellos es el reino de los cielos. R. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos. SEGUNDA LECTURA De los escritos espirituales de Santa Teresa Benedicta de la Cruz. “Te saludamos, cruz santa, única esperanza nuestra”, así lo decimos con la Iglesia en el tiempo de Pasión, tiempo dedicado a la contemplación de los amargos sufrimientos de nuestro Señor Jesucristo. El mundo está en llamas: la lucha entre Cristo y anticristo ha comenzado abiertamente, por eso si te decides a favor de Cristo ello puede acarrearte incluso el sacrificio de la vida.

Contempla al Señor que ante ti cuelga del madero, porque ha sido obediente hasta la muerte de cruz. El vino al mundo no para hacer su voluntad, sino la del Padre. Si quieres ser la esposa del Crucificado, debes renunciar totalmente a tu voluntad y no tener más aspiración que la de cumplir la voluntad de Dios. Frente a ti el Redentor pende de la cruz despojado y desnudo, porque ha escogido la pobreza. Quien quiera seguirlo debe renunciar a toda posesión terrena. Ponte delante del Señor que cuelga de la cruz, con corazón quebrantado; él ha vertido la sangre de su corazón con el fin de ganar el tuyo. Para poder imitarle en la santa castidad, tu corazón ha de vivir libre de toda aspiración terrena; Jesús crucificado debe ser el objeto de toda tu tendencia, de todo tu deseo, de todo tu pensamiento. El mundo está en llamas: el incendio podría también propagarse a nuestra casa, pero por encima de todas las llamas se alza la cruz incombustible. La cruz es el camino que conduce de la tierra al cielo. Quien se abraza a ella con fe, amor y esperanza se siente transportado a lo alto, hasta el seno de la Trinidad. El mundo está en llamas: ¿deseas apagarlas? Contempla la cruz: del corazón abierto brota la sangre del Redentor, sangre capaz de extinguir las mismas llamas del infierno. Mediante la fiel observancia de los votos, mantén tu corazón libre y abierto; entonces rebosarán sobre él los torrentes del amor divino, haciéndolo desbordar fecundamente hasta los confines de la tierra. Gracias al poder de la cruz puedes estar presente en todos los lugares del dolor adonde te lleve tu caridad compasiva, una caridad que dimana del corazón divino y que te hace capaz de derramar en todas partes su preciosísima sangre para mitigar, salvar y redimir. El Crucificado clava en ti los ojos interrogándote, interpelándote. ¿Quieres volver a pactar en serio con él la alianza? ¿Cuál será tu respuesta? Señor, ¿a quién iremos? Tú solo tienes palabras de vida eterna. ¡Salve, cruz, única esperanza! RESPONSORIO R. Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles. Mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. V. El deseo de mi corazón y mi plegaria pidiendo su salvación suban hasta el Señor. R. Mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno

ORACION Señor, Dios de nuestros padres en la fe, infúndenos copiosamente la fuerza de la cruz, con la que enriqueciste de modo admirable a Santa Teresa Benedicta en la hora del martirio; concédenos, por su intercesión, buscarte sin descanso a ti que eres la suma Verdad, y mantener con lealtad hasta la muerte la alianza eterna del amor sellada con la sangre de tu Hijo para la salvación de toda la humanidad.

LAUDES HIMNO Con cánticos de fiesta, oh Señor, alabamos y ensalzamos tu gloria. Tú mismo eres su santa corona y la colmas de tu alegría. La que te amó no fue abatida, sino que te contempla, Señor, en tu luz. En bendición tornas su vida: la muerte fue para ella ganancia. Teresa, la bendita por la cruz, es la estrella luminosa de tu Iglesia. Ella se cimentó en la fe, fue fiel en la esperanza y el amor. Fue llevada de tu mano a la muerte, preparada por manos de hombres. Tu voluntad, Señor, está escondida a nuestros ojos: la adoramos con temor. El menosprecio y el sufrimiento sin medida fueron su recompensa en este mundo. Ella abrazó la cruz del Señor y lo siguió sin vacilar. En la cruz se convirtió en la elegida, en la cruz desposó al Señor. En bendición tornas su vida: la muerte fue para ella ganancia. Contigo, Teresa Benedicta, glorificamos en su trono al Dios de la Trinidad y Dios único, y adoramos su voluntad. Ruega al Señor para que su misericordia nos lleve también a nosotros a la luz el último día. Ayúdanos a alabar dignamente a Dios ahora y por siempre. Amén. SALMODIA Ant. 1 Preferí la sabiduría a la luz, porque la claridad que de ella nace no conoce noche. Los salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio

Ant. 2 Quien anhela la sabiduría llegará a conocerla. A quien madrugue por ella y en ella piense, se le dará a conocer. Ant. 3 El Señor es tu luz eterna, tu Dios es tu gloria resplandeciente. LECTURA BREVE Sb 8, 21 Comprendí que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba y ya era un fruto de la prudencia saber de quién procedía esta gracia. RESPONSORIO V. Alégrate bendita ante el rostro del Señor. R. Alégrate bendita ante el rostro del Señor. V. Y canta un cántico nuevo R. ante el rostro del Señor. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Alégrate bendita ante el rostro del Señor. CANTICO EVANGELICO Ant. Dios le dio sabiduría en abundancia. Ella se esforzó rectamente en comprenderla y la transmitió desinteresadamente. PRECES Bendito sea Dios nuestro Padre, que nos ha otorgado la Salvación en su Hijo. Dirijámonos a él diciendo: Señor Padre nuestro, escúchanos. Tú que en la columna de fuego señalaste a tu pueblo el camino – haz que Cristo nos guíe hoy como luz de la vida. Tú que hablaste por boca de Moisés a tu pueblo, – haz que Cristo nos guíe hoy por la palabra de la vida. Tú que alimentaste a tu pueblo con maná en el desierto – haz que Cristo nos fortalezca hoy con el pan de la vida. Tú que saciaste la sed de tu pueblo con el agua de la roca – haz que Cristo nos dé hoy el agua de la vida. Tú que llamaste a Santa Teresa Benedicta de la Cruz de tu pueblo Israel al seguimiento de tu hijo Jesús – haz que Cristo nos atraiga hacia él y nos lleve al destino eterno de la vida. Se pueden añadir algunas intenciones Dirijámonos al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo diciendo: Padre nuestro.

ORACION Señor, Dios de nuestros padres en la fe, infúndenos copiosamente la fuerza de la cruz, con la que enriqueciste de modo admirable a Santa Teresa Benedicta en la hora del martirio; concédenos, por su intercesión, buscarte sin descanso a ti que eres la suma Verdad, y mantener con lealtad hasta la muerte la alianza eterna del amor sellada con la sangre de tu Hijo para la salvación de toda la humanidad.

HORA INTERMEDIA HIMNO Llevaste el nombre de la cruz y la cruz fue tu destino: Teresa Benedicta, en la cruz llegó tu salvación. Te adelantaste en el camino atravesando la noche del mundo y buscaste de todo corazón lo que vive, permanece y sostiene. Buscaste la verdad que alimenta el corazón del hombre, la que en el amor y amando sacia por siempre su hambre. Ayúdanos a encontrar a Cristo, piedra angular de la vida y haz que apoyemos la nuestra en el gran ser de Dios. Proclama en este mundo lleno de lágrimas el amor de Cristo y en la cruz muestra a nuestro anhelo el camino de regreso a casa. Amén. SALMODIA Ant. 1. El Señor le dio la victoria en la dura batalla, para que supiera que la sabiduría es más fuerte que nada. SALMO 125 Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían: “El Señor ha estado grande con ellos”. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando, llevando la semilla; al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas. Ant. El Señor le dio la victoria en la dura batalla, para que supiera que la sabiduría es más fuerte que nada. Ant. 2. El Señor la coronó con una diadema de justicia, y le dio un nombre santo y glorioso. Salmo 126 Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, los que coméis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! La herencia que da el Señor son los hijos; una recompensa es el fruto de las entrañas; son saetas en mano de un guerrero los hijos de la juventud. Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza. Ant. El Señor la coronó con una diadema de justicia, y le dio un nombre santo y glorioso. Ant. 3. Te alabarán mis labios, Señor, porque tu gracia vale más que la vida. Salmo 127 ¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien; tu mujer, como vid fecunda, en medio de tu casa; Tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa: ésta es la bendición del hombre

que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida; que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel! Ant. Te alabarán mis labios, Señor, porque tu gracia vale más que la vida. LECTURA BREVE Flp 3, 20-23 Nosotros esperamos del cielo como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas. V. Los que sembraban con lágrimas. R. Cosechan entre cantares. ORACION Señor, Dios de nuestros padres en la fe, infúndenos copiosamente la fuerza de la cruz, con la que enriqueciste de modo admirable a Santa Teresa Benedicta en la hora del martirio; concédenos, por su intercesión, buscarte sin descanso a ti que eres la suma Verdad, y mantener con lealtad hasta la muerte la alianza eterna del amor sellada con la sangre de tu Hijo para la salvación de toda la humanidad.

VISPERAS HIMNO Dios te llamó por tu nombre, Teresa Benedicta, para seguir a su querido Hijo llevando la cruz hasta el Calvario. En el santo misterio de la cruz te fue revelada la misión de vida. Presentaste tu vida como Ester ante el rey para Israel, tu pueblo santo, por nuestra tierra y nuestra vida para que acabara el dominio del mal, que nos cubrió de desgracia. Abrazaste la cruz del Señor, emprendiste tu camino a través de la noche y de gran oscuridad, sintiendo el más terrible de los miedos. Te quedaste sin luz, sin amanecer: sólo recibiste la muerte anónima y amarga. En la fe oscura caminaste por el sendero estrecho hacia la luz. Dios te ensalzó y coronó ante su rostro. Quien entrega su vida por los otros, ese ha amado a Dios de verdad. ¿Quién ha hecho caso al consejo del Señor? él tiene en su mano la suerte de los pobres sin derecho, de los que se apoyan ciegamente en él. Y quien se pierde por él, a ese lo eleva Dios a su luz. SALMODIA Ant. 1. Eres la gloria de Jerusalén, la alegría de Israel y el orgullo de nuestro pueblo. Salmo 114 Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día en que lo invoco. Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo,

caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: “Señor, salva mi vida”. El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo. El Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas me salvó. Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo: arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. Ant. Eres la gloria de Jerusalén, la alegría de Israel y el orgullo de nuestro pueblo. Ant. 2. He encontrado a aquel de quien escribieron Moisés y los profetas: Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios. Salmo 115 Tenía fe, aun cuando dije: “¡Qué desgraciado soy!” Yo decía en mi apuro: “Los hombres son unos mentirosos”. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación invocando su nombre. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Mucho le cuesta al Señor la vida de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo; en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.

Ant. He encontrado a aquel de quien escribieron Moisés y los profetas: Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios. Ant. 3. Quiero conocer a Cristo, el poder de su resurrección y la comunión con sus sufrimientos. Cántico Ap. 4, 11; 5, 9-10. 12 Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado. Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes y reinan sobre la tierra. Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. Ant. Quiero conocer a Cristo, el poder de Su resurrección y la comunión con Su sufrimiento. LECTURA BREVE 2 Cor 1, 3-5 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios. RESPONSORIO BREVE V. Has sido bendecida por Dios, tu recuerdo perdurará en la boca de los hombres. R. Has sido bendecida por Dios, tu recuerdo perdurará en la boca de los hombres. V. El Señor engrandeció tu nombre. R. Tu recuerdo perdurará en la boca de los hombres. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Has sido bendecida por Dios, tu recuerdo perdurará en la boca de los hombres. CANTICO EVANGELICO Ant. Magníficat Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Yo me glorío en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

PRECES Elevemos nuestra oración al Señor Jesús, hijo del Dios vivo, y digámosle: Oh rey de la gloria, ten misericordia de nosotros. Tú que reinas victorioso en la gloria de Tu Padre, – ayuda a todos los miembros de tu Iglesia a ser testigos veraces de tu alegre mensaje. Tú que fuiste enviado a reunir a todos los hijos de Israel, – haz que el pueblo de la alianza te reconozca como el Mesías. Tú que aceptaste la vida de Santa Teresa Benedicta de la Cruz en ofrenda por las necesidades de su tiempo, – concede por su intercesión la salvación y la paz a todos los pueblos. Tú que nos enseñaste a devolver bien por mal, – haz que en todos los pueblos y razas crezcan las relaciones de hermanamiento y paz. Consuma la obra de tu misericordia en nuestros difuntos – y admítelos a contemplar la luz de tu gloria. Se pueden añadir algunas intenciones Digamos la oración que Jesús, el Mesías, nos enseño: Padre nuestro. ORACION Señor, Dios de nuestros padres en la fe, infúndenos copiosamente la fuerza de la cruz, con la que enriqueciste de modo admirable a Santa Teresa Benedicta en la hora del martirio; concédenos, por su intercesión, buscarte sin descanso a ti que eres la suma Verdad, y mantener con lealtad hasta la muerte la alianza eterna del amor sellada con la sangre de tu Hijo para la salvación de toda la humanidad.

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