Trastorno Negativista Desafiante Es bien sabido que los niños muchas veces se comportan de manera hostil, desovediente y desafiante

ante las figuras de autoridad, sin embargo no todos los niños que presentan estas conductas pueden ser diagnosticados con el trastorno negativista desafiante,ya que su diagnóstico depende de la frecuencia con la que se presentan las conductas y si tienen o no implicaciones serias para el niño o en su relación con los demás. Por ejemplo, Ortiz y otros definen este trastorno como “un patrón recurrente de conducta negativista, desafiante, desobediente, y hostil dirigido a las figuras de autoridad” (2008:58). Es importante observar que en su definición utilizan la palabra recurrente, lo cual quiere decir que son conductas que se tienen que presentar con cierta frecuencia para ser considerado un trastorno, pues de lo contrario todos los niños serían diagnosticados con este trastorno ya que es normal que en uno u otros momentos, y sobre todo en ciertas etapas del desarrollo, los niños tiendan a presentar estas conductas en cierto grado. El problema se encuentra cuando estas conductas se vuelven recurrentes y cuando se mantienen durante un periodo prolongado de tiempo. Por ejemplo, como se puede ver a continuación, uno de los criterios del DSM-IV para diagnosticar este trastorno es que la conducta debe prolongarse lo mínimo 6 meses. Antes de este tiempo todavía no puede considerarse como un trastorno. Criterios diagnósticos para el trastorno negativista desafiante según el DSM IV: A. Un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante que dura por lo menos 6 meses, estando presentes cuatro (o más) de los siguientes comportamientos: 1. A menudo se encoleriza e incurre en pataletas 2. A menudo discute con adultos 3. A menudo desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus obligaciones 4. A menudo molesta deliberadamente a otras personas 5. A menudo acusa a otros de sus errores o mal comportamiento 6. A menudo es susceptible o fácilmente molestado por otros 7. A menudo es colérico y resentido 8. A menudo es rencoroso o vengativo

Nota: A. considerar que se cumple un criterio sólo si el comportamiento se presenta con más frecuencia de la observada típicamente en sujetos de edad y nivel de desarrollo comparables B. El trastorno de conducta provoca deterioro clínicamente significativo en la actividad social, académica o laboral. C. Los comportamientos en cuestión no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno psicótico o de un trastorno del estado de ánimo. D. No se cumplen los criterios de trastorno disocial, y, si el sujeto tiene 18 años o más, tampoco los de trastorno antisocial de la personalidad. (DSM-IV-TR, 2002).

A parte de los comportamientos mencionados anteriormente del DSM IV, Obrero comenta que estos niños además tienden a “utilizar lenguaje obsceno, son mentirosos e incumplidores y suelen tener problemas académicos” . Es indispensable recordar que a la hora de evaluar a un niño es necesario tener presente la etapa de desarrollo que se encuentra atravesando y los cambios conductuales que son comunes para esa etapa del desarrollo, pues puede ser que el comportamiento que el niño esté presentando forme parte del proceso normal y no implique que tenga una problema más grave. En relación a la prevalencia de este trastorno no existe un consenso entre los diversos autores sobre las edades más comunes en las cuales se presenta, pues para Sarason y Sarason “el trastorno no se diagnostica comúnmente antes de los 10 años” y “tiene su punto más alto en la adolescencia”. Por otro lado, Obrero comenta que “Este trastorno suele aparecer en el niño, comenzando a los tres años como una manifestación de oposición y desafío, y manifestán dose claramente a partir de los 7 años” . Esta perspectiva es también compartida por Ortíz (2008) y por Rigau (2006). En cuanto a la prevalencia según el sexo, existe consenso acerca de que el trastorno es más común en niños que en niñas.

Respecto a la comorbilidad de este trastorno, la mayor parte de los autores comentan que los niños que desarrollan un trastorno negativista desafiante son más propensos a desarrollar un trastorno disocial en la adolescencia y luego un trastorno antisocial en la edad adulta, de manera que se consideran como un continuo “en cuanto a la intensidad, severidad, frencuencia y cronicidad de los trastornos del comportamiento perturbador, que va desde la normalidad hasta los trastornos disociales” (Diaz; 2009: 12). Además, se ha visto que he este trastorno suele estar asociado en muchos casos al Déficit de atención e hiperactividad. Al respecto Ortiz comenta que “Entre 30 y 50% de los pacientes con TDAH tienen TOD. Hasta 60% de los sujetos con TDAH pueden presentar una conducta negativista y desafiante”. En cuanto a la etiología del trastorno, no existe un único factor que lo provoca. Es decir, existen una serie de factores ambientales, familiares e individuales que convergen dando paso a que se desarrolle. Por ejemplo, Sarason y Sarason (2006) comentan que es más probable que se desarrolle en niños cuyos padres tienen un trastorno negativista desafiante, una trastorno disocial, un trastorno de déficit de atención e hiperactividad, trastono de personalidad antisocial, trastorno de ánimo o trastorno por abuso de sustancias. Además, su desarrollo puede estar determinado por: el estilo de crianza, ya sea porque los padres son muy rígidos o muy despreocupados; porque los padres no se involucran activamente en la disciplina del niño; porque no ayudan a los niños a socializar o a controlar su conducta de acuerdo a las diversas circunstancias. Dentro de los factores individuales que pueden contribuir a su desarrollo están: pobres habilidades para relacionarse con los demás, dificultades para solucionar problemas, el trastorno de déficit de antención e hiperactividad, el temperamento del niño, problemas de aprendizaje, entre otras cosas. En cuanto a los factores ambientales se pueden mencionar: una situación económica precaria, la convivencia con un grupo de pares conflictivo, la participación en actividades De riesgo para la salud como consumo de drogas o alcohol, vivir en la zona urbana, entre otros aspectos.

Trastorno Disocial

El trastorno disocial se puede considerar de mayor gravedad que el trastorno negativista desafiante, pues este primero tiene consecuencias más serias tanto para el niño como para la gente que lo rodea. Se caracteriza, de acuerdo con Sarason y Sarason por “la violación de importantes normas de la sociedad y falta de respeto por los derechos de los demás” .Precisamente en esto reside la diferencia entre ambos trastornos, ya que en el trastorno negativista desafiante el niño aún se percata de los derechos de los demás, mientras que en el disocial el niño no los toma en consideración. Como consecuencia, son niños que muestran tener menor empatía, se preocupan poco por las consecuencias que van a tener sus actos en los demás, sienten poca culpa o remordimiento. Rigau también comparte esta conceptualización del trastorno, pues lo define como “un patrón repetitivo y persistente de conducta que comporta la violación de los derechos básicos de los demás, de las normas sociales o de las leyes” . Estos comportamientos disruptivos se basan en conductas agresivas que amenazan o dañan a las demás personas o animales, o comportamientos no agresivos que dañan propiedad privada. También, pueden robar o hacer fraudes. Además, de acuerdo con Obrero (2009), muchas de las conductas disruptivas de estos niños de deben a que interpretan de manera errónea los actos de los demás atribuyéndoles propósitos negativos de manera que esa es su forma de reaccionar. Para que pueda realizarse un diagnóstico de este trastorno, las conductas de este tipo deben mantenerse durante un periodo prolongado de tiempo. Por ejemplo, en el DSM IV se establece que deben presentarse recurrentemente a lo largo de un año y por lo menos una de ellas en los últimos seis meses, como se verá a continuación:

Criterios diagnósticos del trastorno disocial según el DSM IV:

A. Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad, manifestándose por la presencia de tres (o más) de los siguientes criterios durante los últimos 12 meses y por lo menos de un criterio durante los últimos 6 meses: 1. A menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros.

2. A menudo inicia peleas físicas. 3. Ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas (p. ej., bate, ladrillo, botella rota, navaja, pistola). 4. Ha manifestado crueldad física con personas. 5. Ha manifestado crueldad física con animales. 6. Ha robado enfrentándose a la víctima (p. ej., ataque con violencia, arrebatar bolsos, extorsión, robo a mano armada). 7. Ha forzado a alguien a una actividad sexual. 8. Ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves. 9. Ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas (distinto de provocar incendios). 10. Ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona. 11. A menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones (esto “lastima" a otros). 12. Ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (p. ej., robos entiendas, pero sin allanamientos o destrozos; falsificaciones). 13. A menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad. 14. Se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustitutivo (o sólo una vez sin regresar durante un largo período de tiempo). 15. Suele hacer novillos en la escuela, iniciando esta práctica antes de los 13 años de edad. B. El trastorno disocial provoca deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral. C. Si el individuo tiene 18 años o más, no cumple criterios de trastorno antisocial de la personalidad.

Especificar el tipo en función de la edad de inicio:

1. Tipo de inicio infantil: se inicia por lo menos una de las características criterio de trastorno disocial antes de los 10 años de edad. 2. Tipo de inicio adolescente: ausencia de cualquier característica criterio de trastorno disocial antes de los 10 años de edad. Especificar la gravedad: – Leve: pocos o ningún problema de comportamiento exceden de los requeridos para establecer el diagnóstico y los problemas de comportamiento sólo causan daños mínimos a otros. – Moderado: el número de problemas de comportamiento y su efecto sobre otras personas son intermedios entre "leves" y "graves" – Grave: varios problemas de comportamiento exceden de los requeridos para establecer el diagnóstico o los problemas de comportamiento causan daños considerables a otros Según el DSM IV: F91 Trastornos de la conducta Trastornos caracterizados por un patrón repetitivo y persistente de conducta asocial, agresiva o desafiante. Es necesario que este comportamiento alcance niveles importantes de violación de la conducta socialmente esperada para la edad del paciente, razón por la cual debe ser más grave que la travesura infantil corriente o la rebeldía de la adolescencia, y suponer un patrón perdurable de comportamiento (de seis meses o más). Entre los ejemplos sobre los cuales se fundamenta el diagnóstico se cuentan niveles excesivos de pelea y de fanfarronería, crueldad hacia las demás personas y hacia los animales, destrucción grave de la propiedad, conducta incendiaria, robo, mentira repetitiva, falta a la escuela y fuga del hogar, y rabietas y desobediencia extraordinariamente frecuentes y graves. Cualquiera de estas conductas, si es marcada, es suficiente para el diagnóstico, pero no lo son las acciones antisociales aisladas. F91.0 Trastorno de la conducta limitado al contexto familiar F91.1 Trastorno de la conducta antisocial F91.2 Trastorno de la conducta sociable F91.3 Trastorno oposicionista desafiante

Trastorno de la conducta que ocurre habitualmente en niños pequeños, que se caracteriza principalmente por un comportamiento notablemente desafiante, desobediente y perjudicial, y que no incluye acciones delictivas ni las formas extremas de comportamiento agresivo o asocial. F91.8 Otros trastornos de la conducta F91.9 Trastorno de la conducta, no especificado F92 Trastornos mixtos de la conducta y de las emociones F92.0 Trastorno depresivo de la conducta F92.8 Otros trastornos mixtos de la conducta y de las emociones F92.9 Trastorno mixto de la conducta y de las emociones, no específicado.

En cuanto a la prevalencia del trastorno, de acuerdo con Sarason y Sarason (2006), la cantidad de casos a aumentando considerablemente en los últimos 50 años, sobre todo en los países industrializados. En relación a las edades de mayor incidencia, estas dependen del sexo, pues las niñas presentan un pico en la conducta alrededor de los 15 años, mientras que los hombres lo presentan alrededor de los 10 años. Además, es más frecuente entre los niños que en las niñas. Es importante mencionar que aquellos que todavía al final de la adolescencia presentan conductas de este tipo y calzan con los criterios del DSM IV tienen un gran riesgo de padecer una conducta antisocial y de padecer abuso de sustancias. Además, entre más joven aparezcan las conductas en la infancia aumenta la probabilidad de desarrollar estos trastornos, conductas violentas y conducta criminal.

Respecto a la comorbilidad, este trastorno se asocia con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad; con los trastornos de ansiedad; con los trastornos del estado de ánimo, sobre todo la depresión, entre otros. Al igual que con el trastorno negativista desafiante, existen varios factores ambientales, personales y familiares que facilitan el desarrollo de este trastorno. En cuanto a los factores de riesgo familiares se encuentra que son más factibles en familias en las que los padres tienen algún trastorno psiquiátrico, estilos poco adecuados de crianza,

desintegración de la familia, situaciones de violencia, presencia de armas en el hogar, entre otros. En relación a los factores de riesgo personales podemos destacar factores genéticos, una disfunción del lóbulo frontal que dificulta tareas como evitar riesgos o aprender de las experiencias negativas, padecer del trastorno de déficit atencional e hiperactividad, falta de habilidades sociales, consumo de drogas o alcohol, entre otros. Por último, dentro de los factores de riesgo ambientales se encuentran la pobreza, la violencia en los medios de comunicación o en el entorno, un grupo de pares con conductas delictivas, entre otros.

Trastorno de la Conducta No Especificado

Según explica el DSM-IV, en esta categoría incluyen los trastornos caracterizados por comportamientos característicos de los trastornos negativista y disocial, pero no cumplen los criterios para el diagnóstico. Por ejemplo, cuando no cumple un número adecuado de criterios, pero si demuestra un deterioro en el comportamiento que se considera clínicamente significativo. Comportamientos Agresivos

La agresión se puede definir como una forma de conducta en la cual se pretende herir física o psicológicamente a alguien (Berkowitz citado en Graciano, 2001). Esta se puede expresar de diferentes maneras, como la física directa (morder, pegar), física indirecta (rompiendo objetos de la persona que provoca la agresión), exploraciones agresivas (cuando el individuo no puede controlar sus reacciones y se desarga gritando y con golpes), y agresiones verbales ( como insultar, amenzar y gritar). Teniendo en cuenta la amplia gama de comportamientos agresivos que puede manifestar un niño o adolescente, se considera que estos van a depender de la causa de la agresión y la edad del niño. Graciano (2001), define una serie de factores que van a provocar el comportamiento agresivo. •a) Frustración: El niño puede transformar su exigencia ante la frustración con conductas agresivas: gritar, pelear, patadas.. La infancia es una etapa larga y de grandes frustraciones.

• b) Sentimientos de inseguridad: Cuando la seguridad del individuo se siente amenazada este puede reaccionar con violencia y agresividad. El niño que se siente inseguro en la familia puede que se defienda atacando y se trasforme en un niño agresivo. •c) La disciplina dura innecesaria e inconsistente también puede generar en el niño reacciones agresivas. Los niños incitan las conductas que los mayores tienen con ellos. •d) La sobreprotección: los padres que impiden que un niño se desarrolle con autonomía e independencia genera en el niño que se comporte de forma agresiva y despótica con aquellos que le protegen en cambio suelen ser inseguros y temerosos en el entorno social. • e) Entrenamiento incorrecto: Si a un niño se le permite que consiga beneficios de un comportamiento persistirá en el futuro y siempre tendrá respuestas agresivas cada vez que quiera conseguir algo. • f) Falta de acuerdo entre los padres a la hora de educar contraviniendo y criticando entre ellos las decisiones que tienen en la educación de los hijos esto genera en los niños confusión, irritabilidad, inseguridad etc... • g) La imitación: tanto a los padres como a personajes agresivos de películas, comics..., dicha imitación lleva consigo un importante componente de frustración que puede generar agresividad en el niño. • h) El rechazo afectivo: los padres inmaduros pueden tener una acusada incapacidad para querer y dar al niño el afecto y la seguridad que necesita convirtiendo al niño en agresivo. • i) Problemas físicos: Las lesiones cerebrales pueden provocar comportamientos hiperactivos, inquietos y agresivos. Los niños enfermos son más propensos a sentirse frustrados irritables y agresivos más que aquellos que gozan de buena salud.

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