Diciembre 2011 No.

29, año 3

LITERARIO

Literatura
de antes del fin del mundo

50 pesos

NÚMERO ISSN 2007-2287

EDITORIAL
Por todos lados hay augurios, profecías y señales difundidas por quienes desean obtener la primicia del desastre y antes que cualquier otro dar la noticia, precisar el momento, vender la exclusiva. Dicen que en el 2012 el mundo llegará a su fin. Utilizan argumentos sospechosos, pero con aparente autoridad y certeza. Los avisos son infalibles. Los antecedentes son puntuales. El futuro es abrumador. Para el gusto de los promotores turísticos de nuestro país, hoy tan apurados en desvirtuar la imagen de un país dominado por la violencia y el narcotráfico, se habla bien de México al reconocer en los mayas sabiduría probada y autoridad. Como suele ocurrir, los beneficiados por la versión son dueños de medios que producen libros, revistas, documentales, películas y todo aquello que aborde el tema. Hasta una revista literaria se apropia del asunto para convocar a los amantes de la palabra a escribir antes de que se termine el mundo. Y no obstante, el sentido común indica cautela. Nada de que nos domine el pánico o el hedonismo sin límite. Es solo cosa de prepararse, de administrar la felicidad, de actuar como siempre lo hace el hombre: guardando un poco de esperanza. Quizá es hora de salir del clóset, tal vez hay que sincerarse con un ser amado, a lo mejor es tiempo de perdonar a nuestros enemigos y reconciliarnos. ¿Para qué llegar al fin del mundo posesionados por el odio? Nosotros hemos decidido esperar el fin elucubrando historias para pasar el tiempo e insistiendo en la poesía como estrategia para encontrarnos con lo que en verdad somos. Sostendremos este espacio con obstinada confianza. Termine hoy, mañana o dentro de mil años el mundo, antes de ese terrible suceso habrán maestros de la palabra, orfebres de las letras, artistas de la lengua, hombres de ingenio verbal, buscadores de sentidos, y con algo que decir.

SUMARIO 2Poemas Anaité Ancira Se abre la noche Cuauhtémoc Rubalcava 4 6 Una nueva era Miguel Santos Esperanza Sol Barrera 7 8 Poemas que muerden F. Javier Pérez Meraz AKA "Payro" Ushuaia me calienta Matías Cravero 10 18 Desde otro sitio Eurídice Román de Dios Poemas Rogelio Dueñas 26 30 Alina Iván Medina Castro Exhumación del día Samuel Trigueros 34 40 Cuatro instructivos para acelerar el fin del mundo Francisco Enríquez Muñoz Mirando las miradas que te miran Elizabeth Johannessen L. y Arturo Texcahua 45 49Bandeja de entrada Nuestros lectores Variaciones digitales sobre el fuego del fin del mundo Sofía Itzel Fotografía de Francisco Enríquez Muñoz revista de literatura y creación

Aprovechando un eclipse de sol, los misioneros norteamericanos no encontraron nada más gracioso que anunciar el inminente fin del mundo para aterrorizar a los incautos Yanomami del alto Orinoco. Henry E. Corradini, Claude Lévi-Strauss en el pensamiento contemporáneo, p. 56. Dios mío… el último día habéis de consumir el cielo y la tierra y todas las criaturas que contienen para manifestar a todas las criaturas, que nada subsiste sino en vos, y que por tanto nada merece ser amado sino vos. Pascal, Pensamientos de Pascal sobre la religión, p. 304. Pero, ¿es seguro que habrá fin del mundo? ¿Es seguro que todo cuanto existe y todo cuanto empieza tiene que concluir? ¿No es también seguro que hay entidades como la energía, que no se crea ni destruye, sino que sólo se transforma? Y, si no obstante todo ello, hubiera fin del mundo, ¿es posible saber cómo será? Si concluye, ¿acabará el universo por sí mismo, en una extinción paulatina y natural para llegar a no existir en forma alguna? Ese final del mundo ¿será progresivo y gradual, como en un proceso de agotamiento? ¿O tremendo y cataclísmico, brusco y violento? Quienes creen en un Dios eterno y hacedor de toda cosa ¿deben esperar que deje seguir su curso a las leyes naturales por él mismo establecidas? ¿O, por el contrario, han de creer en una actuación suya, directa y personal, con la que pondrá fin a cuanto creó por su iniciativa y voluntad para completar un plan misterioso que desborda la capacidad de la razón humana? Si hay un final para la Tierra, o para el Sistema Solar, ¿será también el de la galaxia? ¿El de todas las galaxias del universo? ¿El de toda existencia material imaginable? Guillermo Fatás, El fin del mundo, apocalipsis y milenio, p. 17.
Diciembre. 2011

LITERARIO

Arturo Texcahua, Edición; Elizabeth Llanos, Organización; María Torres, Difusión; Samuel Arias, Redacción; Cecilia Guzmán, Diseño; Adriana Monreal, distribución.

colectivotrajin@gmail.com http://trajineros.blogspot.com Facebook: Colectivo Trajín Twitter: @colectivotrajin

La historia de la expectativa escatológica cristiana nos revela que el fin del mundo ha desempeñado, ya de tiempo atrás, un papel significativo en la generación de significado. Malcolm Bull, La teoría del apocalipsis y los fines del mundo, p. 19.

TRAJÍN LITERARIO, Año 3, No. 29, Diciembre 2011, es una publicación mensual editada por Arturo Texcahua Condado, Cerrada Ote. de Lucerna Sur No. 3, Pueblo de Santa Cecilia Tepetlapa, Delegación Xochimilco, C.P. 16880, Tel. 5514965468, www.trajineros.blogspot.com, colectivotrajin@gmail.com. Editor responsable: Arturo Texcahua Condado. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2011082312510100-102, ISSN: 2007-2287. Licitud de Título No. “En trámite”, Licitud de Contenido No. “En trámite”, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Impresa por Exlibris, Dr. Enrique González Martínez No. 195, Col. Santa María La Ribera, C.P. 06400, Delegación Cuauhtémoc, México, D. F., este número se terminó de imprimir el octubre de 2011 con un tiraje de 100 ejemplares. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización del Instituto Nacional del Derecho de Autor.

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ANAITE ANCIRA

POEMAS
“sí te quiero, yo también la he pasado terrible” apenas murmurabas balbuceando.

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Poemas
brrm brrm cuando me den ganas de decir tu nombre voy a decir: puerta. como ahora, digo: puerta y no pasa de ahí. cuando me den ganas de decir te extraño voy a decir: ábrete sésamo y tal vez algo pase, un avión con su ruido. cuando me encuentre frente a una puerta voy a decir tu nombre, como ahora, digo: tu nombre y no pasa nada, no se abre sésamo, es sólo un avión con su ruido Alka-Seltzer 1 Estaba el sobre de alka -seltzer en la mesa desde ese día que llegaste a las dos de la mañana, pareciendo una cuba. Yo pensaba si pedirte que te quedaras, tú, ya te habías quitado los pantalones. Justo antes de decirte que podías usar mi cepillo ya te estabas lavando los dientes,

Me levanté por un vaso de agua, (y el último alka-seltzer) los puse en la mesa junto a la cama. Me jalaste del brazo, me quitaste la ropa, todo estaba manchado, tú, yo, la sábana, las almohadas. decías: voltéate y yo con ganas de verte la cara. En la mañana tu ataque de asma no nos dejo ni despedirnos, alcanzaste a decir un “te llamo al rato” saliste corriendo a tu casa. 2 El sobre se quedó con el vaso de agua intacto por unos días, como si estuvieran esperando a que llamaras. Después el vaso lo lavé, el sobre quedó ahí, hasta ayer, que sentí algo parecido a lo que debe ser el amor a primera vista, cuando al llegar a mi cama a las seis de la mañana, pareciendo una cuba, como tú ese día, lo primero que vi fue el sobre de alka seltzer .
Anaité Ancira. México, DF, 1980. Poeta, fotógrafa y directora de arte. Directora y editora del corto documental En Off. Ha publicado poemas en Punto en Línea, no. 34, Periódico de Poesía de la UNAM, no. 45, revista Errr-magazine , no. 2 y no. 5, Consideraciones, no. 10, y la revista digital UnBloc.it. Editorial Tierra Adentro publicó la foto “Los patios de mi casa” (proyecto de fotografía, serie de 10 fotos) como portada del libro Lápidas del bosque (2011). Tiene un libro de poesía, Loza sucia, que ha visitado concursos sin suerte. ¿Te has puesto a llorar con el ruido de la aspiradora de tu vecina los domingos? es el título de su segundo poemario. anaiteancira@gmail.com, estonoesunapolaroid.tmblr.com

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Él nunca pensó que la soledad fuera más estando entre la sociedad. En el año de 1968 se clausuró el manicomio general, y fueron reubicados cada uno de los internos. Algunos tuvieron una nueva oportunidad, al evaluar que podían ser reinsertados. Un caso en particular es el de Alfonso Méndez, hombre de la tercera edad. Alfonso ingresó doce años atrás por lo que los médicos consideran maniaquez-depresiva. Se le reconoció que superó sus ansias, y desórdenes en su persona. Cuando estuvo entre las calles fue testigo del uso de la fuerza militar contra civiles. Fue rebasado por los diversos cambios de la ciudad de México, era demasiado rápida, se caminaba a prisa, el estrés aumentaba, el transporte colectivo metro se convirtió en la alternativa. Él sentía que nunca había vivido aquí, todo parecía extraño, ajeno. Pero lo peor era que extrañaba el manicomio, se había adaptado a un ritmo de vida totalmente diferente del que ahora se encontraba. Y temiendo que sus trastornos volvieran, fue hablar con la directiva del Fray Bernardino Álvarez, para que lo orientaran, es así que cada semana se va a realizar terapias, estudios clínicos generales y exámenes psicométricos. Él seguirá siendo parte de una realidad que con el tiempo se agrava, en este fin de siglo, es el momento de los locos.

Se abre la noche
Esta es la percepción de su alrededor, es de Alfonso, o como él se autodenomina: un viejo solitario y demente. Que extraño se ha vuelto casi todo, miro hacia el cielo –no hay claridad–, nubes grises y oscuras lo cubren, su rara atmosfera envuelve un ambiente frío e insípido. Pero lo más extraño no está arriba, sino justo aquí, con la gente, con sus formas para construirse una supuesta vida. Hace unos días fui a recoger mis resultados clínicos que me había realizado en un hospital psiquiátrico, sobre el trayecto, comenzó a gestarse una sensación de sospecha, sin duda algo les ocurría a los usuarios del metro, los miraba a detalle, estación tras estación, parecían estar en trance, nunca algo me había intrigado tanto. En los días siguientes, viajé por toda la línea rosa del metro con la única intención de observarlos, desde niños hasta los más viejos, todos se comportaban de igual manera, marchaban por los andenes como unos completos autómatas, incluso algunas situaciones me provocaban pánico, y es que ¿en qué momen-

to los niños se habían convertido en la semilla del mal? ¿en la futura generación de la nada? Todo ello me dejaba exhausto, aturdido. Regresaba a mi hogar casi siempre después de la una de la madrugada, acompañado siempre de mi perra depresión. Al sol intenso de mediodía desperté, convencido de mandar al olvido toda mi perturbación, inconscientemente esta apenas comenzaba. El resto de la tarde lo dediqué a mi difunta esposa, hablando con su recuerdo, citando la gran falta que me hace, recuerdo esa costumbre que teníamos de sentarnos en la banca de nuestro patio, y confesarnos enamorados, plenos entre el equilibrio de mi aún razón. Cuanto extraño esa vida, en verdad que añoro esa vida. El aspecto del cielo está empeorando, miro por la ventana que da hacia la calle, los vecinos se comportan como los usuarios del metro, sólo han pasado cuatro días y el trance ha llegado hasta nuestro vecindario, se propaga tan fácil, casi como el rencor, –los miro sonreír, pero los miro esclavos. De pronto, en un acto fantasmal, como si quisieran desviar mi atención, la televisión se enciende, justo al ocaso de la tarde, voy, me posó frente a ella, como el religioso ante Cristo, temeroso y sumiso. La señal cambia canal a canal, todo es lo mismo. Sucede tan rápido, comienzo a caer en un hipnotismo, pierdo el sentido del tiempo, cuando se detiene, puedo observar un canal de espectáculos, sólo que los conductores son muy extraños, hablan de que lo lograron, lograron vencer al tiempo, su aspecto físico es tan tétrico, como muertos rejuvenecidos por la cirugía, creo reconocer alguno de ellos. Cambio el canal, hay un noticiero, la trasmisión es desde un manicomio, los conozco, la imagen recorre los pabellones, buscan algo, tal vez a los médicos, únicamente se observan pintas en color rojo y negro, congelan la toma sobre una de ellas, se lee, “cuando el mundo enloqueció, los locos tomaron el control”. Me pregunto en qué momento el mundo enloqueció, si estuve ausente de él solo cuatro días, intenté cambiar de canal, pero caí inconsciente, certero, vencido frente al televisor… El agudo maullido de los gatos me despertó, aún tumbado sobre el piso, pude observar sobre el techo, diferentes mensajes, todos se referían a lo mismo, “únete, también puedes lograrlo”. El televisor seguía encendido, un hombre extremadamente flaco repetía, “miles se están uniendo al club, únete”. Con lo que me quedaba de fuerza, respondí con un tajante no, muy pronto moriré, sé lo que soy, y no soy eterno, soy sólo un viejo solitario y demente.

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Cuahtémoc Rubalcava. Estado de México, 1986. Castañeda, cien años (2008) y Nancy (2011). acteal_97@live.com.mx

Autor de La

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SOL BARRERA

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Esperanza
Anhelo Mi pequeño, Mi Señor de barba y boca brusca, de tenue serenidad, ojos profundos y locos, de palabras ausentes, y sin embargo tan ciertas; te miro de frente, a mi lado, entre lloros y sobresaltos ¿por qué luchas Mi Señor?, ¿Qué esperas para venir, estrecharme y arrebatarnos de un sólo golpe, dolor, soledad y miedo?... antes de que los tiempos se desborden y seamos sólo recuerdos.

Seguro habrá de caerse la luna. Será una tarde. Empezaremos por mirar al cielo y la tierra comenzará a oscurecerse. Nos preguntaremos por los dioses. Será como el descenso de un iceberg. Nunca habremos padecido tanto frío. Al menos eso creeremos. Recordaremos haberlo visto en el cine una y otra y otra y

Una nueva era
otra vez. Los desastres marítimos serán irreportables. No habrá señal en los canales de radio y TV. Todos los animales se volverán dementes, los hombres los más. Nadie querrá permanecer en casa, ni en su auto, ni en su yate. Inundaremos las grandes avenidas, los patios, los espacios abiertos y comunes. Querremos estar juntos para entonces. Alguien rezará en hebreo, otro en español, otros en turco, cada quien con sus mejores palabras, habrá hasta quienes utilicen el idioma del sol. Cuando lleguen los últimos momentos pocos podrán mantener su vista en el firmamento. Quedará de lado toda confianza en las divinidades y algunos comenzarán a lanzar manzanas a la luna. Al final, esta se detendrá sobre la punta de un rascacielos. Entonces todo volverá a la normalidad y pensaremos que al fin la luna nos pertenece.
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De pie Tantos corazones, tanta sangre en un mismo cauce… no podemos estar equivocados, ¡Amada Patria! algún día nutriremos también esta noble tierra, mientras tanto, al unísono latimos y desgarramos el silencio de aquellos que acechan...
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Mr. Morsa
Miguel A. Santos Díaz. Estudiante de posgrado de la UNAM, se prepara a publicar su primer libro de poesía. elmaildemiguelsantos@gmail.com

Sol Barrera. No sabemos mucho de ella, salvo que vive en Xochimilco y labora en el ámbito cultural.

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JAVIER P ÉREZ PAYRO

POEMAS QUE MUERDEN
Protestas estomacales yo solo veo que abren sus fauces y escucho el gruñir de sus tripas pues al menor chasquido de dedos se echan a que les soben su pancita. De entre el hocico se le asoma la espuma a otro perro infectado seguro que mañana en el mitin lo aplastan a macanazos. Muerto el perro crece la indignación pero se acaba la rabia porque la jauría entera se descubre como un puñado de perras quinceañeras que bailaban juntas para coronarse como reinas en el vals de la revolución. II

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Poemas que muerden
I

La colectividad
Y ahí andamos como perros bajo el sol entre las calles de la ciudad borrachos de pura hambre persiguiéndole la cola al destino oliéndole el culo a los gobernantes que siempre se pelean un buen hueso lustrándoles sus zapatos con la punta de nuestra lengua moviendo nuestro rabo para que vean que somos mansitos y que le lleguen duro por Detroit sin piedad pues nuestras mordidas son de salva y la rabia nos la pegamos entre nosotros mismos porque nosotros no tenemos pedigree… desconocemos hasta nuestra propia sombra. Esa rabia que dentro de ti se desata y se te prende como garrapata cuando abres una bolsa de basura y encuentras en ella tu futuro sale brincando igual que una pulga para infestar a los cachorros que aún no tienen ni dientes entonces ellos ladran y lanzan mordidas pero no atinan ninguna: no hay peor perro que el que ladra de la pura panza: todo lo ve monocromático

La individualidad
Y de nuevo andas a cuatro patas casi arrastrándote aullándole a todos los dioses habidos y por haber Atropellado mareado madreado como recién salido de entre los neumáticos de la vida cansado de tanta vuelta tanto giro innecesario Te quedas tirado en un rincón miado del miedo como silenciado de un periodicazo bien dado en el hocico Pequeño perro lazarillo: Levántate y ladra.
Francisco Javier Pérez Meraz AKA "Payro". Tiene 20 años, vive en Hermosillo y es estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. payrock_@hotmail.com
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Me llamo Franz Koëler y me violaron en Ushuaia

Carta de lectores:

Soy Franz Koëler, un ingeniero naval de origen alemán. Mi profesión me lleva a distintos rincones del planeta. Los grandes cruceros me contratan para dirigir el escuadrón de maquinistas. Así, entre fines de 2010 y principios de 2011, hice puerto en Mumbay (India), Apia (Samoa), Auckland (Nueva Zelanda) y Ushuaia (Argentina). Precisamente en este último destino ocurrió la atroz cadena de incidentes que deseo denunciar públicamente. Cuando llegamos a esa aldea con ímpetu de ciudad, a la que los operadores turísticos se obstinan en llamar, graciosamente, “Fin del Mundo”, caía el atardecer del viernes 21 de enero. Horas antes yo había estado discutiendo con un calderista filipino imperturbablemente inútil. Me sentía irritado y frustrado. Por eso, apenas puse un pie en tierra me di a la tarea de encontrar un bar donde poder tomar algunas buenas cervezas. Como hablo algo de español no me costó hacerme entender por un lugareño con cara de lobo marino. Me dijo que vaya sin dudarlo a “Dublin”, un pub irlandés con cerveza de “primera”. Y si bien yo detesto a los irlandeses porque son perezosos y no se lavan las axilas, no tenía ganas de prolongar la búsqueda,

Ushuaia me calienta
por lo que me dirigí directamente al lugar que me indicó mi informante, con gestos pesados y saturados de una suerte de grasa neuronal. Al llegar a “Dublin” me encontré con una pocilga maloliente repleta de gorrones insolentes que vociferaban sin parar. Pedí una cerveza roja y al rato me trajeron un brebaje horrible al que sólo se me ocurre comparar con orines sanguinolentos de un vikingo noruego. Casi no tenía espacio para moverme. El sujeto que se hallaba acodado en la barra a mi izquierda debía haber comido coles en mal estado, pues rítmicamente lanzaba unos pedos trepidantes que me provocaban náuseas. A mi derecha un individuo inefable soltaba slogans televisivos y repartía tarjetas para una Disco. El sujeto de la izquierda se volvió hacia mi rostro y con una aliento de mil demonios me dijo: “Ese de ay, con las tarjetas, ese es el rasta max”. Le contesté con un movimiento de cabeza lo suficientemente frío como para darle a entender que no tenía ningún interés en platicar con él. Pero el gesto no hizo ningún efecto. El imbécil pedorreador siguió dándome conversación.

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Me preguntaba si tenía pensado ir al parque nacional y me recomendaba que “por nada del mundo deje de visitar la pingüinera”. Le dije que no me quedaría más que un puñado de horas y que los atractivos paisajísticos y de fauna que procuraba inculcarme no me generaban más que bostezos. “Pero al menos me reconocerá que la cerveza de aquí es muy buena”. Se me escapó una risotada. “¿Muy buena? Es un asco. En Hamburgo, donde verdaderamente tiran cerveza de calidad, a este líquido nauseabundo no se animarían a venderlo bajo ningún punto de vista”. Me levanté y lo dejé farfullando como un subnormal. Fui hacia el baño. Sonaba AC/DC, una banda horrible y anacrónica. El volumen demasiado alto distorsionaba los ya originalmente distorsionados sonidos de los dinosaurios australianos. “Pub irlandés”, pensaba yo…“ irlandés mis testículos, deberían llamarlo pub del averno”. Cuando entré a los servicios me topé con furibundas costras de mugre y dos mingitorios desvencijados. En uno de ellos meaba un tipo de cabellos profusamente ensortijados y chaqueta de cuero. Balbuceaba incoherencias de borracho, “el licántropo merodea… el licántropo se acerca”, decía como salmodiando un mantra. Yo saqué mi gallardo pene ario y comencé a orinar. Entonces se cortó la luz y en medio de una aterradora oscuridad sentí que alguien me tocaba la cola. Pero no era un tocamiento amistoso sino un manoseo psicopático, en el que los dedos índice y mayor se cebaban con el ojo de mi culo. Quedé como paralizado por el horror. Cuando después de unos minutos volvió la luz observé que el sujeto de cabellos ensortijados y chaqueta de cuero estaba tirado en el suelo con la nariz sangrando. Obviamente él no había sido el que me violó. Y sí. Hablo de violación siguiendo al teórico del Derecho, Bernard Rüthers, que afirma lo siguiente: “No es necesario que haya penetración para caratular un abuso de violación. Basta y alcanza con la premeditación seguida de una manipulación deshonesta de las zonas genitales y peri-anales”. Lleno de furia e indignación salí corriendo del baño y comencé a gritar: “¡Llamen a la policía!, ¡cierren la puerta del local!, ¡fui violado en los toilettes!”. La mayoría de los clientes ni siquiera reparó en mis pedidos de ayuda, y los pocos que tornaron sus cabezas lanzaron risas burlonas. Alguien dijo con voz beoda: “Seguro que el ruly santana volvió a tocarle el culo a estos gringos atolondrados”. Ya sin fuerzas para soportar tanta barbarie abandoné el local y me encaminé hacia el puerto. Así culmina pues, la tenebrosa relación de eventos que me lleva a lanzar, a todos los ciudadanos del mundo, la siguiente advertencia:

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“No vayan a Ushuaia. Y si por motivos de fuerza mayor el trasatlántico que los transporta fondea allí, no se bajen. Permanezcan en la seguridad del crucero que los alberga. Afuera, en ese fin, en ese borde austral, no hay ley ni orden dispuesto a protegerlos”. Esperando al dealer Es sábado por la tarde y camino por calle San Martín. El gentío que atesta las veredas entra en composición con la larga hilera de automóviles que avanzan a paso de hombre, y juntos trazan formas mutantes. Por momentos, en la bocacalle de San Martín y 25 de Mayo pareciera dibujarse la efigie fugaz de Manuel Belgrano. Pero claro, la inestabilidad del rostro es tal que, a los pocos segundos, uno ya tiene la sensación de que la apariencia ha cambiado y ahora delata los enérgicos rasgos de un Mariano Moreno. Cosas raras del centro comercial concentrado de una ciudad pequeña y su toponimia callejera, advocaciones de una patria lisérgica. Pero, justamente, no es la búsqueda de alucinógenos lo que hoy me tiene ansioso y me lleva a ser uno más en el weekend consumista, en el desfile monótono frente a tiendas de ropa, heladerías y bancos. No. Es la hierba. La búsqueda de hierba tras una escasez de meses. Y “Petaca”, el único dealer que dice haber recibido un pequeño cargamento. Hoy al mediodía, tras llamarlo insistentemente por teléfono y acabar casi por rogarlo, me concedió una “cita”. Fue cortante: “Llevá 150 pesos. Te espero a eso de las seis por calle San Martín”. Indicación concreta pero al mismo tiempo vaga; porque la vía céntrica cuenta con unas quince cuadras, y al estar tan concurridas, no se hace nada fácil divisar a un individuo de tan baja estatura como el “Petaca”. Así entonces, con los ojos bien abiertos y el corazón palpitante, avanzo con lentitud mirando a diestra y siniestra, recibiendo empellones de señoras apuradas que salen de un local comercial con las manos atiborradas de bolsas con sweaters, relojes, bragas, gargantillas y jirafas. Señoras que me apartan con el codo, horrorizadas ante la posibilidad de perder valiosos segundos antes de entrar a otro local comercial para seguir comprando. Y digo señoras pero no puedo olvidarme de los señores, tan gallardos y adustos, con sus variadas formas de pago y las membresías de firmas con servicios de asistencia al viajero. Pero, como sea que sea, todas esas figuras de cartón pintado no me amedrentan y avanzo ansioso pero firme, tras mi objetivo de la jornada: hacerme de una poca de hierba. Y seguro que alguno de esos pícaros que la van de analistas sagaces querrá insinuar que también yo ando tras un objeto de consumo. Pe-

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ro si dicen eso hacen gala de una sagacidad pedorra, porque mi intención no es comprar para ostentar, comprar por comprar o comprar para no aburrirme. Simplemente quiero un poco de marihuana para de tanto en tanto fumarme un rico faso. Y eso no me convierte en un adorador de la Babilonia capitalista, como tampoco se convierte en un siervo de los becerros de oro el tipo que va a una despensa a comprar yerba para hacerse unos matecitos. Pero bueno, nabos con ganas de batir cualquiera siempre hubo y habrá. El punto es que yo ya estoy por comenzar la tercera recorrida y no hay noticias de “Petaca”. Primero avancé desde el cementerio viejo hacia la Base por la acera izquierda. Y luego volví desde la Base hacia el cementerio viejo por la acera derecha. De a poquito me estoy malhumorando y me da por pensar que nada bueno puede salir de una calle céntrica que comienza en un cementerio y acaba en una base militar. Muerte y milicos. Afortunadamente pasan unas chicas muy lindas y me olvido de esas ideas tan lúgubres. Ahora silbo y levanto la vista hacia las montañas. ¿Para qué obsesionarme como un estúpido? Mejor devenir mundo, dejarme llevar por esta marea humana, un poco fofa pero viva al fin de cuentas. Y entonces, pocos metros antes de llegar a la intersección con Roca, me cruzo con “Hilacha” que viene caminando con el rostro oculto en su profusa e invariante cabellera que emula a Slash. ―Hola pebete, ―me dice moviendo lentamente la cabeza- ¿todo jamaica? ―Hola gonorrea, sí, todo bien…bah… más o menos, ando buscando al “Petaca”, pero me parece que me chamulló y no va a aparecer. ―Uh, loco, vos también estás acelerado por ese asunto de la falta de faso ―me dice Hilacha dejando asomar una mueca tímidamente burlona. ―Y… más o menos… en realidad lo que me revienta es que en épocas de escasez los dealers de morondanga la vayan de estrellas. ―Tal cual capo… es así, se ponen más estrechos que mina linda. ―Bueno, ese refrán es válido para vos porque sos bien fiero, y las minas lindas te quedan a años luz de distancia. ―Je, je. ¡Qué chistosito! Mirá, hablando en serio, te voy a contar algo… El Slash del extremo austral hace una pausa, procurando rodear su discurso de un aura de dramática importancia. Los peatones siguen circulando ajenos a todo lo que no sea circular y comprar. De algunos autos con las ventanillas bajas se escapan sonidos electrónicos. ―Lo que no te mata te fortalece ―dispara Hilacha mientras traga saliva y continúa:

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―Ya lo dijo William Faulkner… ”el hombre es la suma de sus experiencias climáticas. El hombre es la suma de lo que te dé la gana. Es un problema de propiedades impuras que se ve tediosamente arrastrado hacia una inmutable nada. Jaque mate de polvo y deseo”. ―A la mierda ―digo yo entre incrédulo y sorprendido―, ¿qué onda? ¿te comiste una biblioteca? ―Ni tanto. Sólo me leo un librito de vez en cuando. Y ahora, cambiando de tema, o yendo al grano. Te invito a fumar faso de pura flor. Cosecha personal. Nada de porro paraguayo, que viene todo procesado, con hoja, tallo y apenas un susto de flor. ¿Te prendés? ―A pleno chabón, a pleno…

Salida al mar A Yadira la vi por primera vez en los corsos de carnaval que, durante aquel verano, se realizaron sobre la calle Kuanip. Yo fui a ver las comparsas junto a mi tío Galvarino, un gran aficionado de las carnestolendas. Cuando llegamos pasaba la carroza de la comunidad boliviana, y ella destacaba entre todas las chicas, brillaba con su luz especial y encantadora. Tío Galvarino me la señaló con un movimiento de cabeza y dijo: ―Esa chica de allí, esa sí que sabe bailar la diablada. Y si Galvarino lo decía debía ser bien cierto. Nadie mejor que él para evaluar las mascaradas sudamericanas. Yadira movía las caderas al son de tambores y sikus. Vestía una minifalda verde que descubría sus piernas simétricas y portentosas. Su torso lo amparaba con una ceñida chaqueta adornada con escamas amarillas. Al lado de ella danzaba un hombre con disfraz de cóndor. Yo estaba fascinado. Era un sueño estival hecho realidad, una transportación dadá, el viaje interno de la pasión agitándose clamorosa por entre los susurrantes bosques del deseo. Cuando salí de mis cavilaciones eróticas pasaba la carroza de los residentes chaqueños. Galvarino ya no estaba a mi lado, y supuse que debía haber ido a los pequeños puestos montados en las veredas donde se vendían sándwiches y bebidas. Me sacudí la modorra y comencé a caminar con el objetivo impostergable de encontrar a la boliviana que me había robado el corazón. A poco de andar la hallé comiéndose un pancho en una esquina con dos amigas. No sé cómo ni de dónde obtuve el valor suficiente, puesto que siempre he sido muy tímido, pero lo cierto es que me acerqué y haciendo de cuenta que sus amigas no existían me puse a hablarle. Las palabras brotaban solas de mi boca, simplemente parecían ajustarse a un parlamento que yo desconocía pero que, por fortuna, no sonaba tan descabellado. Creo que dije algo sobre el hermoso día de sol que engalanaba los corsos y sobre lo difícil que es dar con un día tan perfecto en febrero, en esta ciudad y justo en la jornada de carnaval. Ella estuvo de acuerdo y agregó que era una bendición de la pachamama. En ese primer diálogo descubrí que su nombre era Yadira y que había venido hacía dos años junto a su familia desde Cochabamba para radicarse en Ushuaia. Mientras me hablaba, su piel ligeramente sudada, de un color algo moreno y algo trigueño a la vez, brillaba excitante bajo los rayos del febo austral. En el transcurso de nuestra plática se nos acercó Galvarino, quizá como para hacernos saber que el mundo no había desaparecido por completo. Su aliento

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delataba el vino bebido. Probablemente un “uvita” tinto. Y por supuesto, el jugo báquico le entibiaba y soltaba la lengua más que de costumbre. Sin mayores preámbulos nos dijo que hacíamos una hermosa pareja y que debíamos sentirnos agraciados por vivir en Ushuaia, cuna de la aventura, anfiteatro natural escoltado por montañas, bosques y mares. Pero ―agregaba levantando y meciendo el dedo índice en el aire―, tampoco piensen que Ushuaia es especial en sí misma. Es un lugar fantástico sólo porque se inscribe en el marco de la Patagonia. Ella, la región patagónica como un todo, es la única con derecho a considerarse especial en términos absolutos. La Patagonia muchachos ―y nos miraba con los ojos bien abiertos y las pupilas dilatadas― es un inmenso portal cósmico. Y no estoy hablando en clave new age como ese proto-poeta llamado Luis Comis. No, estoy hablando de un verdadero portal cósmico que te permite pasar al otro lado de las tretas, estereotipos y cerrazones de la vida social convencional. En fin, estas y otras cosas decía mi tío Galvarino, pero Yadira y yo ya no le prestábamos demasiada atención, porque entre nosotros se había enhebrado el sutil y tácito entendimiento que nace de la empatía. Ella y yo comenzamos a salir. Todavía recuerdo con vívida emoción esos atardeceres en los que pasaba a buscarla por el “Felipe Varela”, barrio popular y bailantero, y juntos, con las manos entrelazadas, caminábamos a la deriva, terminando a veces sobre la pasarela “Fique” y otras en los senderos del “Bosque del Faldeo”, o besándonos bajo una luna holgada que trazaba su claridad circular sobre las aguas del Canal. Aquellas fueron semanas hermosas que casi terminan abruptamente y para siempre por la intervención furibunda del padre de Yadira.

Una noche, cuando volvíamos de nuestros paseos amatorios, don Hugo nos estaba esperando en la puerta de su casa. Con una mirada flamígera le indicó a Yadira que entre rápidamente. Yo me quedé allí, parado, sin saber a qué atribuir las muecas de odio que me tenían como destinatario. ―Mire mozo ―me dijo al fin― me enteré que usted es chileno, y no sé si sabe, pero si no sabe yo se lo cuento. Para los bolivianos los chilenos son la misma peste, la expresión despreciable y cipaya del imperialismo entre pueblos que deberían ser hermanos. Son ladrones que nos arrebataron la salida al mar. Gente traicionera y taimada, y yo no quiero que mi hija se mezcle con alguien así. Quedé paralizado. No recuerdo bien si dije que en realidad yo había nacido en Ushuaia y que mis viejos y mis tíos eran chilenos; si menté a Salvador Allende como un ejemplo cabal de lucha contra todas las formas del imperialismo, o si sólo me di media vuelta y volví lloriqueando a mi casa. Estaba en estado de shock. “This is the end, beautiful friend”, podría haber repetido junto a The Doors. Y de hecho todo indicaba que no había vuelta atrás, que Yadira y yo pagaríamos con nuestro amor las históricas diferencias geopolíticas entre Bolivia y Chile. Pero, cuando muy abatido le conté a mi viejo lo sucedido, él, lejos de recomendarme resignación, dio un brinco creativo y me llevó del brazo hasta el “Felipe Varela”, a casa de Yadira. Yo pensé lo peor, ya imaginaba alguna escena de sangre, con gritos desgarradores y la intervención de la policía. Pero nada de eso ocurrió. Mi padre, con infinita paciencia y sin violentarse, convenció a don Hugo para hacer las paces y no repetir viejos errores del pasado, ofreciéndose él mismo a realizar en casa de Yadira, curanto en hoyo. Cuando vi y escuché a don Hugo aceptar la propuesta me sentí el pibe más feliz del mundo. Armisticio culinario, tregua erótica. Alegría engalanada por mariscos, longanizas, chapaleles, milcaos y verduras. Por eso desde aquel momento me he convertido en un fervoroso adorador de “Uke Mochi No Kami”, la diosa Shinto de la comida, la forjadora de acuerdos y reconciliaciones consolidados alrededor de los comestibles.
Matías A. Cravero (Córdoba, Argentina, 1976). Profesor de Historia, narrador, poeta, vive en Ushuaia, Tierra del Fuego. Autor de cuentos Dulces Infortunios (2004) y poemas Principio de Incertidumbre (2006). En 2005 participó, en Buenos Aires, en Nueva Poesía de Latinoamérica y España, que reunió a poetas y narradores de veinte países. Ha publicado en el suplemento cultural del diario La Hora y en la revista Voces Convergentes (Guatemala), en La Jornada Semanal (México), en la revista Gaceta Virtual (Argentina), entre otras destacadas publicaciones de Latinoamérica. Durante 2007, becado realizó estudios de posgrado en Cuba.

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EURÍDICE ROMÁN DE DIOS

DESDE OTRO SITIO
Amor que se conecta con lo sacro. Flotante sobre el mar y recargada sobre el cielo. Lo que nos cincela desde siempre. Una animalidad del cuerpo con olor salvaje nos habita en arrebato, nos transforma, trastorna, trasciende. Lejos, brazos y cabezas con una sola figura tranquilidad inmensa volcán erosionado cráter, hervores previos a la roca volcánica. De nuevo la calma ola de nubes sobre la Tierra.

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Desde otro sitio
Sin que nadie note construimos un camino. Aunque a veces lejos, duermo en tu ausencia. Tu ligereza, silenciosa, contundente siempre me acompaña. Tan fácil de llevar; enciendes mis certezas. Para los dos trasladas la casa de un lado a otro, nada te pesa. El paraguas nunca se te olvida. Nos desnudamos bajo el abrigo mutuo que es de nadie, bajo la lluvia. Así con mi totalidad transito al mundo sé bien que en silencio, desde otro sitio, sigues mis pasos.

2 Bajo la mirada testigo de las palmeras contemplan el mar las iguanas furia del mar contra las rocas como si nada, pasa. El sueño de la roca luminosa con su dibujo en sueño deshace la silueta de pintura rupestre sobre la piel de arena. Los sexos a la luz del sol se exhiben. La mirada en escenario escucha el canto de mujeres, el sonido del collar de semillas contra el cuerpo rituales sagrados ave catarata suave naturaleza. Agua furia, agua que cae, agua prolongada, arco iris agua, que lo cruza todo. El mar que nace y se disuelve con la noche. Otra vez la calma de las ondulaciones viento sobre el agua, peces y espuma.
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I Un galopar de nubes que se expande En las montañas se vislumbra, la danza la historia que el sonido alienta alrededor un enorme silencio y su presencia inquietante. Un eclipse de sol marca el encuentro Contacto que la mirada une. El sueño se habita con un paisaje neblinoso, templo para el alba. El canto de los pájaros anuncia la reconstrucción del día. La India, el viaje que nunca termina porque nos deja con las manos puestas frente al corazón. Leemos, una vez y otra nos inclinamos ante la imagen silente que lo sabe todo. Un deseo inalcanzable es filo de luz que apenas nos alcanza.

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EURIDICE ROMAN DE DIOS
3 Reaparece el egoísmo que todo lo destruye con la tala inicio el derrumbe. Duele ver caer al árbol la mirada muda y triste del hombre testigo huérfano. Duele ver caer al árbol La mirada muda y triste de la mujer testigo del desamparo. Ya nada se detiene y todo avanza hacia ninguna parte. Niños abandonados edificios rotos, habitantes de la miseria el cemento, unos sobre otros, unos sobre otros. A lo largo del cielo un avión constata el tiempo diluido de ahí la mecánica, el transcurrir de gente más gente una al lado de otra, una al lado de otra, uno delante de otro atrás. Edificios que aspiran a tocar el cielo Paisajes muertos. 4

DESDE OTRO SITIO
Un galopar de nubes se asienta de paseo por el parque como si en cada pie un instrumento de música, invisible motivara la cadencia. El rostro se ilumina con una sonrisa la mirada brilla, los ojos también ríen. Las campanas despiertan la energía, el día se instala la primera carretilla con caballos amaestrados. Se estremece el corazón, busca respuesta precisa a los cuestionamientos del tiempo busca sin encontrar. Sólo un porvenir difuso. 5 Cortar las uñas andar más cómodo colocarnos en su sitio movernos hacia la naturaleza arpegios. Con los brazos al aire triunfantes cientos de personas respiran al unísono virtuosos sin palabras ecuánimes. 6 Del otro lado de la puerta, con todo el tiempo encima la presa enciende el primitivo eterno deseo. Crece crece con apetito insaciable, con rostro de tinieblas. La puerta de hierro abierta es testigo fiel de atrocidades palpita se acomoda, observa la sinrazón continua de la destrucción. del daño de la fiera

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EURIDICE ROMAN DE DIOS
tan mansa, tan violenta, en un segundo toca el peldaño de acero retumba hacia el cadalso. Concepción del abismo en un instante. Aparecen otros. De un lengüetazo engullen el lado verde de la ira. No tardan en sembrar con cántaro y tambor en mano el negro paisaje sin sombra de luz de sol lejanas a flor de piel gritando mudos el odio, el sinsabor, el desconcierto prismáticos de un lado a otro sin aire. En sus habitaciones el paisaje inerme desdibuja al hormiguero, su sepultura, nadie sale, la puerta está abierta. El viaje presente la nave lista.

DESDE OTRO SITIO

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7 En el bosque al amanecer, en el primer asomo los durmientes, la atmósfera de arpa acompaña al saludo del colibrí, la buena aventura los pasos que uno tras otro, levantan al sol, dejan en total ayer a la luna. Remitente el acorde no cesa de colorear alfombras verdes para los amantes. tocar la piel, el corazón cantar un día más sobre el millar de años que habitan la Tierra, los unos, cuantos humanos habitamos… Como el agua que tropieza su fluir al encontrarse con la roca debe circundarla; el río magenta de occidente extraviado. Me inclino con estilización precisa por largo tiempo sostiene la cuerda apenas visible del [equilibrista.

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EURIDICE ROMAN DE DIOS
8 En el tiempo de la rosa el canto de agua es conversación con pájaros templado el aire, se respira. La memoria y el cuerpo del espíritu se ensanchan Todo se limpia. Se siente bien me dice: la lluvia a la mitad del año ―en junio― la voz de agua es júbilo La mirada horizonte Nacen a tientas orquídeas blancas y violetas. La espiritualidad presente para no matarnos más. Realizar un recorrido interior, recuperarnos poco solo un poco. Hablar sin palabras. La naturaleza nos hace libres la razón sin embargo lo justifica todo. No lo obvio sí lo esencial. Lo obvio un juego para llegar a lo esencial. La satisfacción de la tarea momentáneamente concluida la ansiedad de lo inconcluso. Aquí el tiempo transcurre tan lento que en 50 años nada cambia la Naturaleza se ensancha Se desborda en juego día a día Aquí en esta diminuta caja de mis manos el desarrollo no tiene cabida nadie tiene prisa el baño diario es calmo en agua tibia del río. Se ven los mares en el piso de agua con pasos ligeros avanzamos hacia otro sitio mar y montaña, verde-azul. A pesar del salpicar, del velo de agua de los autos bajo la tormenta podemos contemplar la eterna huella de la gaviota sobre la [arena.

DESDE OTRO SITIO

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El olor de un grupo de mujeres en la playa a sexo húmedo y perfume. Cuidado dice un señalamiento “con la imposición de los débiles” los que todo necesitan, los voraces Serán los débiles… ¿quiénes? ¿Los dependientes? ¿Los responsables? ¿Los invisibles, los dueños de todo menos de si mismos? Por eso los caminos del mar sobre mis manos saben borrar los nubarrones de agua oscura, nos dejan arena calma, un sueño tranquilo, no más combate, un minuto de calma. En la hora del viento el velero avanza a barlovento nos deja su caricia nos da un gesto placentero. De nuevo el alba con sus alas abre el día.
Eurídice Román de Dios. Es poeta, narradora y fotógrafa. Estudió Letras hispánicas en la UNAM, cinematografía en el CUEC y el Diplomado en Creación Literaria de la Escuela de escritores de la SOGEM. Forma parte de varias antologías poéticas. Los poemas publicados son de su libro inédito Desde otro sitio.
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ROGELIO DUEÑAS
FLASHBACK

POEMAS
solo ven a enternecerte a perder de vista al enemigo como dijo Arthur Rimbaud y Roberto Bolaño reinventemos el amor ven: NO RETROCEDERÁS
Óscar Altamirano

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Poemas
Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas. Proverbio turco
Esta vez mi piel es lienzo Tengo la piel horadada Una aguja y tinta negra han dibujado una rosa Sus pétalos hojas y tallo me saben a Tú: / el más dulce pronombre / Esta vez mi piel es lienzo Infecta bruma brama de mis poros doloridos que te invocan y evocan No es el tatuaje Es tu aliento quien hierve mi sangre y erosiona mi dermis Esta vez mi piel es lienzo donde no se traza tu nombre pero sí nuestra historia y la pasión que se desborda en cada beso que nos damos Esta vez mi piel es lienzo para el arte corporal Donde refrendo con un pacto de pigmento dolor y sangre el amor que te profeso

La lluvia de octubre compone un blues en contubernio con la noche

Se impone tu boca / Me fumas
Habito tu cuerpo con una incandescencia desprovista de recelos

Beso tus alas de hada
Te ofrendo mi corazón almibarado Henchido de tu aliento caigo rendido en tus dunas Nuestros vientrés fundidos nos ayudan a esquivar la brutalidad cotidiana Con mis labios surco profundísimos senderos en tus pechos Renacen nuestras pieles Revienta la luna Desaparecemos en el más tierno hasta luego

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ROGELIO DUENAS
DE MADRUGADA 1 Con tu llegada el sol se marcha triste. Un eclipse exprés. 2 Ella se marcha, el cielo llora sangre. Él se marchita. 3 Lobo rabioso: llega la muerte sin más. Luna de junio. 4 Estrellas verdes. El espacio sideral fumando mota. 5 Sueño tus piernas, la gran ausencia de amor hizo colapso. 6 Con mi lengua habré de recorrer tu cuerpo. Bello desierto. 7 Llegó septiembre y sigo esperándote. ¡Vaya delirios! 8 Bebe mi sangre, olvídate del mundo. Mujer vampira.

POEMAS

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9 Fotos añejas, sangran viejas heridas. Melancolía. 10 Sangran las calles, violentan la inocencia. Es el fascismo.
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Rogelio Dueñas. Ciudad de México, 1987. Ha publicado tres plaquettes: Cirujano del instinto, Abuso textual y De madrugada, en Tortillería Editorial. Algunos de sus textos están recopilados en Textos de lo guarresco y lo arrabalesco. Ha publicado en diversas revistas . Su más reciente libro es Calibre .38. rogelio_duenas@live.com.mx, www.rogelioduenas.blogspot.com

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“Sólo la confrontación con el espíritu, con la luz, conmueve”.

Ludwig Wittgenstein A Arvo Pärt

No me jodas hombre, sé que todo este embrollo referente a la disposición nupcial es una total barbaridad, pero no puedo hacer más. Ya he hablado con el señor intendente, con varios potentados y hasta con los reacios del clero, y todos ellos, sin excepción, salen con la misma mierda: “No hay trato alguno sin el cumplimiento cabal del contrato”. Mira, aquí está la cláusula, léela por ti mismo y convéncete. El joven inexperto estiró su fina mano, tan delicada como la de un ángel y agarró tembloroso entre sus largos dedos el extraño documento y como no queriendo, leyó en voz alta el párrafo de su incumbencia: “…toda aquella persona, dispuesta a ser el organista titular de nuestra primera Iglesia Mariana de Vanalinn, deberá casarse con la hija mayor de su predecesor”. Por su puesto, en estas tierras de Europa del Norte de costumbres tan arraigadas, los largos lazos de la tradición son ley. Dijo convincentemente el apoderado señor Cristian Schieferdecker. Arvo, el hacedor, dejó caer los papeles sobre la su-

Alina
cia loza sin prestar atención a las palabras de su representante de siempre y dirigió su rostro pensativo a través de la ventana biselada a la estupenda puerta de madera tallada del priorato con motivos del juicio final, al mismo tiempo, fijaba su mirada de asombro en el macizo muro de la espadaña donde un par de tiernas mozuelas hacían repiquetear con una fuerza estrepitosa las desgastadas y enormes campanas cobrizas. Bueno, Schieferdecker, aun estoy desconcertado, por lo menos explícame un poco más sobre el surgimiento de esta locura antes de tomar una decisión definitiva. Pues bien, aunque nadie en el pueblo tiene claro el origen del convenio, este se ha seguido con celoso respeto a través de muchas generaciones, al parecer desde la existencia del primer encargado, el respetado y afamado armonio Franz Tunder, quien compuso los motetes más célebres en honor al convento. A la muerte del designado Tunder, a mediados del siglo XVII, muchas personas se mostraron interesados en ocupar el puesto vacante, grandes intérpretes de to-

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dos los rincones de Europa viajaron hasta Tallin para debatirse el cargo, algunos de ellos se aventurarían a caminar cientos de kilómetros, no solamente por lo representativo del nombramiento y el exorbitante sueldo, sino por la excitante idea de desflorar en el lecho a la exuberante y hermosa hija. La maestría y refinamiento en la ejecución del armónium dio al danés Dietrich Buxtehude el triunfo, pues fue él quien sobresalió entre todos los compositores contrincantes. A los pocos meses, al mudarse definitivamente a la parroquia, la muerte le sorprendió asombrando a toda la colectividad de Revel. Buxtehude dejó tras su deceso huérfana a una pequeña y enfermiza niña quien a medida del paso de los años se convertiría en la antítesis de la inigualable madre. Alina Buxtehude era obesa, baja de estatura, calva y huraña, además era del conocimiento popular los excesos de flatulencias sufridos por la doncella. Enterada la comunidad europea de la ambicionada plaza disponible en Santa MarienKircher, varios de los ilustres músicos de la época, a principios de la nueva centuria, visitaron el conocido templo con la intención de obtener la sucesión. Entre todos aquellos contendientes puedo mencionarte a dos fabulosos maestros alemanes: Georg Friedrich Händel y Johann Mattheson, sin embargo, al conocer a la damisela, ambos caballeros desistieron de la oferta sin siquiera meditarlo. También se comenta que el mismísimo Juan Sebastián Bach fue tentado a tal aspiración apartándola de su mente inmediatamente después de entablar una brevísima charla con la desgraciada mujer. El tiempo trascurrió y no hubo hombre alguno en la tierra tan atrevido para cumplir con el entendimiento. La chica murió repentinamente de una feroz pulmonía y ante esta lamentable circunstancia, como no existía forma de anular el contrato, la gente de la ciudad decidió celebrar una asamblea general donde se decidió por unanimidad embalsamar a la jovencita con la intención de cumplir con el arraigado mito. –Vaya cosa más tétrica –asintió Pärt. Finalmente, el burgo terminó con una lúgubre momia por desposar y una bella catedral sin intitular abandonada por muchos años a la merced de Dios padre. Sin embargo, gracias a la buenaventura, hallé hace no mucho en los sótanos de la biblioteca parlamentaria, la existencia de un edicto supuestamente perdido anexo a la cláusula de coyunda en comentada sesión, la cual dice: “…aquella persona al contraer matrimonio con la casta Alina, quien expresara una vida admirable y una conducta fiel en todo momento a su carácter, tendrá la posibilidad de divorciarse disolviendo los sagrados votos de unión siempre y cuando logre crear una composición excelsa como tributo a nuestro señor Jesucristo”.

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Obviamente esta patraña fue consentida por toda la sociedad para permitirse continuar con el cuento, pues de otra manera se hacía añicos la casa del Mesías y los rasgos culturales de esta región. El intrigado doncel, en lo que escuchaba el desenlace del inusitado relato, no dejó de observar maravillado la estructura llamativa de la enorme rábida asentada en la cima boscosa de la Colina de las Monjas y sus grandes rocas de formas cambiantes con el fulgor del sol a diferentes horas. Una vez concluida la narración, sin separar la mirada del horizonte, simplemente externó, como si fuese convencido por un poder externo: –Haz llamar pronto al consejo de prefectos, pues cumpliré con la condición de connubio. El zagal factor cruzó prudentemente el umbral adentrándose, con pasos dudosos, en el frío y polvoriento abadiato siguiendo dificultosamente al escurridizo capellán, quien le indicaría su lujoso aposento donde Alina vestida de gala le esperaba con los brazos abiertos un tanto en el aire. Unos meses pasaron y aún la enorme puerta de roble rojo del cenobio se encontraba cerrada. Nadie en la comarca sabía de la situación de vacío y soledad experimentada por el mancebo artista, ni si quiera su inseparable compañero, quien preocupado noche a noche se dirigía a aporrear las puertas de la recoleta sin recibir respuesta alguna, sin embargo, él presentía en toda esa calma la entrega incondicional del amigo a la majestuosa creación pues él escuchaba de momento la profunda armonía musical ejecutada dentro del oscuro monasterio crepuscular. El mozo artífice estaba por desfallecer, habían pasado ya muchos meses y aun no tenía ninguna autoría, solamente algunos bocetos e ideas sin desarrollar, lo único capaz en poderlo liberar de su truculenta situación. Sin embargo, cosa de algunos días atrás, cada momento al finalizar sus labores, el talentoso efebo al pasar por el largo corredor principal, lugar donde ahora reposaba la esposa, contemplaba el pequeño rostro de Alina hundido por los años, tan gélido y desierto, capaz de hacer temblar a cualquiera. Pero esa expresión sin vida, poco a poco fue capaz de emanar una resplandeciente e intensa luminiscencia alba hasta convertirse en un halo totalmente multicolor, brillar sobre el entero cuerpo estático y revelar de un oscuro mundo una blanca sombra en la noche. El intrigado adolescente estaba asustado, pero la sensación placentera era aún mayor pues creía percibir en aquella fuente luminosa un claro presagio de algún diablo chocarrero. En un ocaso borrascoso, entre sueños lúcidos, el ingenioso púber veía el continuo fluir de trazos manifiestos en un pentagrama refulgente capaz de aclarar todo el azul del cielo. Las horas corrían y de ese re-

cuerdo de iluminación inagotable escuchaba las notas brotar. Al iniciar a componer, por cada tecla ejecutada en el viejo órgano tubular de la nave, las figuras divinas, alertas e inquisidoras parecían cobrar vida. Ensimismado y absorto, el autor sintió la claridad de la luz de muchos colores intensos irradiar su pecho cuando la resonancia del órgano había callado. Una paz sufrida desde el inicio al final, un himno órfico blanco e irresistible expulsado del Érebo. En la ansiada fecha del estreno del recital, frente a él estaba la sala atestada con cientos de personas expectativas, y de aquel público impaciente que pretendía seguir entrando, la policía ―miembros de la justicia señorial― impedía su acceso. Una vez iniciados los primeros acordes, mi corazón se alborozó casi ante aquel revivir de viejos recuerdos de melodías sacras similar a un arco-iris luminoso. Arvo Pärt tocaba las teclas sobrepuestas con una evidente expresión surgida del alma como una antigua oración pagana conjurando a Dios y a Luzbel. Al terminar la ejecución del último movimiento, no fue sino después de abrirse paso entre el sólido muro de individuos, cuando pudo el atónito chavea advertir y medir la verdadera proporción del éxito. Indudablemente, en su soledad misteriosa, Arvo Pärt halló influjo de creación fervorosa hacia la perfecta virtud divina. Después de emitir ese comentario, el gentilhombre Schieferdecker ciñó con fuerza su escapulario y se santiguó. Y así, el genio compositor estonio abandonó la casa del Redentor de la pequeña villa antigua del condado de Harju en donde con su máxima obra Tintinnabuli hubo inmortalizado a Alina, libre de toda culpa y exento del deber de expiación.
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Iván Medina Castro. Ciudad de México. Estudió la carrera de Relaciones Internacionales e inició un posgrado en Negocio Internacional. También ha tomados diversos talleres y cursos literarios, así como un diplomado en creación literaria.

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SAMUEL TRIGUEROS

EXHUMACION DEL DIA
LLANTO NO HUBO (Nueva versión del viejo dicho)

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Exhumación del día (fragmento)
A FRONTE PRAECIPITIUM A TERGO LUPI Entro a la noche de tu mudez, de tu desnuda negación, donde la abeja deposita un polen de tinieblas para el devocionario de la ausencia. Entro a la noche, a su bajel calafateado en que las moscas celebran funeral perpetuo para la utopía. Entro a la noche, a pesar del delirio de las horas que penetraron en luminosas cuchilladas hasta la médula de la necesidad y del deseo. Entro a la noche. Soy el astronauta desolado, el pastor de las constelaciones cuya frontera invisible está en las líneas de tu mano. Entro a la noche como escribir una epístola sedienta al guardagujas incorruptible de la muerte. Entro a la noche a bendecir con mi traje de llamas la indómita floresta del cierzo. Entro a la noche como a los intestinos del cadáver sepultado en el corazón secreto de tu patio. Hago girar tu nombre en sílabas y entro al abismo con mi lámpara de quásar. Estoy cauterizando el aire que dejó el censor de los abrazos. Te voy a perforar la piel con luz, como un huésped que transparenta con palabras las paredes del misterio. Afuera arde la cisterna de las horas y en nuestro pecho brilla, incesante, la anunciación de la mañana.

This mortal coil… Shakespeare
Después de su convalecencia, el hombre (al que unos pájaros de vaporosa tiniebla ―aprovechando que soñaba― le arrancaron sus pupilas) encontró en su correo la invitación en Braille. Pensó que nada le vendría mejor que un ágape con sus cofrades ―a quienes, por cierto, hacía ratos no veía―. Se perfumó de fe, se puso la camisa pulcra y se dio maña para llegar al domicilio. Profusos los abrazos, excelente el vino. Lo único extraño fue que algo hería sus sentidos: cada vez que habló uno de sus amigos, en la espiral de sus oídos únicamente resonó aquel terrible graznido.

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SAMUEL TRIGUEROS
NADA DE PERFIL

EXHUMACION DEL DIA
En el camastro de Nada hay hojas putrefactas. Nada tiene una colección de mariposas con alfileres en la espalda, una colección de ojos desorbitados por la muerte, de uñas moradas con restos de piel que comen ―furiosas― las hormigas. Nada es un filántropo en el mejor sentido del canibalismo: Nada hace un banquete con nuestros corazones, cepilla sus caninos con la pasta de nuestros pensamientos (antes le hizo un agujero de bala y exprimió nuestras cabezas). Nada vive su muerte embalsamado, nadando, bocarriba en las esencias del destino. Un error de cálculo, un gesto involuntario de terneza, no son más que naderías para Nada. Nada nunca se equivoca. Nada corrige con hacha la finura, porque Nada está antes de la omnipotencia: Nada es pre-potente. A la hora de sus abluciones de sangre, Nada se dice ante el espejo en llamas: “Nada hay que no lo pueda Nada”. Sin embargo, Nada sufre de hipertensión, sueña con fantasmas cuyos cabellos siguen creciendo en la vigilia y lo envuelven en terrores. Mas Nada cree que nada es para siempre y se ha hecho tatuar en el reverso de la frente: “In God we trust”. En el pasado Nada iba a veces de paisano, tomaba asiento en las peluquerías, memorizaba nombres de las noticias nacionales, pedía un corte rasante y ―entre dolido y generoso― dejaba una propina:

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A Harris Schiff, hasta el corazón del imperio
Nada. Nada. Nada. Nada llamó con voz oscura, de caverna, hedionda a muerte, a olvido espeso, a nada. Nada disparó humo y metralla. Nada quería la desintegración, el desvanecimiento de todos los que brillamos, ardientes, contra el dominio de su sombra. “No moriremos”, a Nada le gritamos; “No moriremos, no moriremos” Nada es viejo como la batalla de los siglos. El murmullo de Nada inunda las paredes del día y de la noche, sube por los huesos, desangra el tiempo, llena el aire de podridos cardúmenes entre el olor de pólvora y encierro. Nada quiere que callemos: cortada la garganta, las bocanadas de luz trocadas en triste bocado de cenizas, fría la lengua en la campana del grito. Nada nos quiere transmutados en memoria, en abolidos horizontes, en silencio. Nada odia los paisajes. El aire que respira Nada es cuadrado. El mar es para Nada una ofensa, insomne en su isla de miseria. Nada es amargo. Nada es blindado para la ternura. Nada toca a Nada. Nada. Nada no tiene padre, no tiene madre. Nada es estéril.
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“Para que se tome un cafecito”.

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Todo esto dicho al futuro muerto. Nada es un muerto siempre fresco: la piel verde, las llagas verdes, las moscas verdes, el traje verde, el odio verde como una retama en medio de los páramos. “Nada ha de morir en nuestras manos”, pasamos la consigna. En su poltrona verde, observa Nada los rojos horizontes; tiembla quedito; no dice nada, pero sabe que ha de subir la marea y nada habrá que hacer, sino esperar, esperar su propia Nada inexorable. A DC UNO

EXHUMACION DEL DIA
Aparecida en antípodas extrañas: fue ese tu milagro, donde la poca fe mía, arrodillada, bebía de su sombra. Quince horas de luz cubrían, como un velo de Klimt, la estructura de la isla. Entonces, ni la bruna espesura de mi pecho, ni el insomne resplandor, pudieron resistirse a tu mirada: de ese modo renació mi mundo fenecido. Sin embargo, el corazón de la ciudad y el laberinto de mi pecho no lo supieron hasta la hora de tu regreso a los jardines del origen.

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Samuel Trigueros (Tegucigalpa, Honduras, 1967). Autor de los libros Todo es amor tras esta nostalgia, Amoroso signo (Mención de Honor para Poetas Jóvenes, Puerto Rico, 1992), El trapecista de adobe y neón, Animal de Ritos (Premio Víctor Hugo 2003), Antes de la explosión, Me iré nunca (Premio de narraciones Migraciones: Mirando al Sur, 2009) y Exhumación del día (inédito). Antologado en La hora siguiente-Poesía emergente, (2005), Versofónica-20 poetas, 20 frecuencias. Panorama crítico del cuento hondureño (Helen Umaña, Letra Negra Editores, Guatemala, 2001), Papel de oficio (Secretaría de Cultura), La palabra iluminada (Helen Umaña, Letra Negra Editores, Guatemala, 2006), La herida en el sol. Antología de Poesía Contemporánea Centroamericana (Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, 2008).

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Francisco Enriquez Munoz

cuatro instructivos para acelerar...

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Instructivo 1: Para violar a un hombre Apréndete esto: siempre será mejor violarlo y dejarlo vivo que no violarlo y matarlo. Nunca digas que es inferior ni que merecía un castigo especial. Nunca digas eso. En todo caso, di que es diferente, y eso nadie lo podrá negar. Es distinto físicamente, no hay más que verlo, con ese pene y con esos testículos… Su misma anatomía, esa anatomía de la que tanto presumía y exhibía por la calle, demuestra su utilidad. Sigue adelante, sin un consentimiento previo, contra su voluntad. ¿O contra su aparente voluntad? Seguramente cuando dice “no” en realidad quiere decir “sí”. Piensa que a lo mejor lo traumatizas, sí, pero también piensa que a lo mejor te conviertes en su mejor experiencia sexual. Recuerda que dio por supuesto que debías respetarlo, no tenía por qué hacerse respetar, muy al contrario: te provocó, probó a ver qué pasaba con eso del respeto, miradas, piropos, pantalones ajustados... Sí, jugó con fuego. Ahora, que se queme. Violarlo representa una fantasía y el arrepentimiento es un triste recordatorio de la realidad. Eso quiere decir que no te arrepientas. ¿Para qué? ¡Sólo disfruta! No olvides que la violación es tan sólo otra forma de masturbarte. No saques ideas de la pornografía, las ideas ya están presentes en tu imaginación e inconsciente. No te debes considerar enferma para nada. Eres como las demás mujeres. Ten la certeza de que nada es malo sino hasta que alguien en el papel de bueno lo determina como tal.

Cuatro instructivos para acelerar el fin del mundo

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Francisco Enriquez Munoz

cuatro instructivos para acelerar...

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Instructivo 2: Para que busques una pistola y te pegues un tiro Mira a tu alrededor. ¿Qué ves? Parejas felices, sonrientes, besándose, acariciándose, alimentándose mutuamente con papitas fritas, riendo tontamente bajo la lluvia, mirándose a los ojos, entrando sigilosamente a los hoteles de paso, encerrados sospechosamente en el interior de sus coches estacionados, toqueteándose los muslos por debajo de las mesas de los restaurantes cuando creen que nadie les está mirando, y tú permaneces aquí, sol@, con cara de “todohueleapedo”. Disfruta cada viernes de los videojuegos de tu hermanito desde las cinco de la tarde hasta las tres de la madrugada. Acepta que ya no tienes amig@s. (Sí, ya sólo tienes conocid@s.) Dedícale mucho tiempo a tu mascota (sobre todo si es un perro o un gato) y di que es tu bebé. Inicia un diario conciso y exacto de todos tus actos. Date cuenta de que te estás haciendo viej@. (Muchos que cuentan con menos años que tú ya son famosos y millonarios.) Empieza a comprobar tu e-mail varias veces al día. Toma consciencia de que eres incluso más gord@ de lo que pensabas. Ten una necesidad insaciable de afecto y atención. Mastúrbate cada vez que te sientas triste. Ríete como villano de telenovela durante al menos media hora. Adopta un hobbie raro. Por ejemplo, inicia una colección de libros que nunca leerás. O, mejor aún, cada quincena compra un muñequito de edición limitada y nunca lo saques de la caja donde viene empacado. Trata de conseguir, a base de mirar fijamente el teléfono, que alguien te llame. Reprime tus emociones. Cree firmemente que l@s pornstars experimentan todo lo que representan. Enamórate de alguien que no te ama. Elije tu profesión en base a lo que imaginas que vas a tener de sueldo. Duda de tu preferencia sexual. Vuélvete caníbal. Invoca al diablo. Si no hay sangre o/y sexo, no veas la película. Endéudate. Endéudate más. Toma un curso de algo, de cualquier cosa, no importa de qué, pero ya. Lárgate a otro estado, o incluso a otro país, pensando: “Allá todo va a ser diferente”. Ódiate.

Instructivo 3: Para convertirte en un antihéroe DESAPARECE. Por ejemplo, siéntate varias horas seguidas ante una computadora encendida sin hacer nada, y así todos pensarán que estás muy ocupad@ trabajando. HAZLE CASO AL MUNDO. No te metas en tu concha. Sal. Un día, sólo como ejercicio, escucha las conversaciones entre las personas. Normalmente, por cada hora que hablan, sólo se comunican tres ideas. Y tú sólo tienes que saber esas tres cosas. El resto del tiempo: una sonrisa amable y unos gruñidos empáticos. Que no te extrañe que de pronto te encuentres rodead@ de un sinnúmero de personas que te consideran su mejor amig@. ¡Oh, sí! Si alguien te pregunta si ya viste una película de moda, noventa por ciento de las ocasiones le importa un bledo si ya la viste y sólo quiere darte su opinión, hacerte una detallada reseña con “sesudos” comentarios. En realidad nunca importa lo que contestes, mientras lo hagas amablemente. RÍNDETE. No existe algo más ni en otro canal de la tele, ni en las secuelas de las películas, ni en otra estación del radio, ni en otro libro, ni en otro antro, ni en otro país, ni al final del arcoíris, ni en el amor, ni en el orgasmo, ni al morirte. No hay nada. No existe algo más. Acostúmbrate a la idea. Ríndete. DUERME SIN CERRAR LOS OJOS. Fija tu atención en un punto fijo. Cualquier punto. La portada de un libro. La primera letra de un informe. La esquina de un monitor. La grieta de una pared. Las tetas de tu prima. Deja que las imágenes sustituyan a las ideas. En breve ya no estarás despiert@. SIGUE SIEMPRE LAS INSTRUCCIONES. Y si no las hay, exígelas. Tú no tienes por qué esforzarte. Tú sólo tienes que hacer lo que te piden. CONSÍGUETE UNA PAREJA DE SUEÑOS COMUNES. Son las que puedes conseguir hasta una mañana en el supermercado. Mientras más comunes sean las demandas de tu pareja, más fácil es cumplir. NO ESPERES NADA. Confórmate con lo que te entrega el mundo. EL COITO ESTÁ SOBREVALUADO. Entiéndelo desde ahora: el coito no es como lo pinta el arte. Olvídalo. Renuncia al coito y tendrás placer en todas tus actividades. Renuncia al contacto humano y cada vez que aparezca será satisfactorio. DI SIEMPRE LO QUE EL OTRO QUIERE ESCUCHAR. No adivines. Ni siquiera lo intentes. Si lo sabes, sólo dilo. NADA ES REAL. Y si nada es real, no intentes hacer que la realidad se acomode a ti. Acomódate a la realidad, que es, al fin y al cabo, nada.

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Francisco Enriquez Munoz

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Instructivo 4: Para no mezclar el placer con el amor • Nunca le saludes “de mano” ni “de beso”; salúdale “de faje”. • Dile cosas así como: “Es que tú quieres que andemos de noviecitos que ven películas y comen pizza los domingos, pero yo ahorita ando en otro pedo”. • Haga lo que haga, diga lo que diga, sólo concéntrate en su cuerpo. • Nunca te quedes a dormir luego de “echar pasión”. Siempre argumenta que tienes que llegar a tu casa, porque si no tu mamá se va a preocupar. • Tus únicas actitudes románticas deben aflorar cuando estés teniendo un orgasmo. • Terminando de “echar pata”, no te acurruques en su desnudez. • Que no sepa casi nada de tu vida, infancia, trabajo o estudios, pero que se sepa de memoria todos tus vellos, lunares y pecas. • Al final, jamás seas tú quien se quede a solas sobre la cama, con una sabanita encima, fumando un cigarrillo… • Aunque lleven meses “saliendo”, nunca salgan más allá de una cuadra del hotel. • Cada vez que terminen “de ponerle”, dale las gracias, como si fuera un gran favor.

Mirando las miradas que te miran
El amor a la vida y el horror en la poesía, por Elizabeth Johannessen L. Dos publicaciones recientes nos permiten leer la visión y la propuesta poética de dos artistas mexicanos de generaciones distintas que comparten una misma realidad. Caleidoscopio, de Rebeca Villarreal Rodríguez, y “Poemas del horror” (Trajín literario, noviembre 2011), de Alejandro Reyes Juárez, expresan, bajo la pasión de la palabra, bajo la emoción de la vida, su protesta y su propuesta. Caleidoscopio es una memoria personal, casi al estilo de un diario de vida, pero más allá de ella encontramos versos en los cuales la voz poética se libera, encuentra su ritmo, su armonía, se encuentra a sí misma y trasciende. Penetrar el mundo de Caleidoscopio es seguir la intensidad de su vivencia, el pulso de sus detalles cotidianos, la magia y la fuerza con que los recupera a través de su palabra: "Como golondrinas que emprenden el vuelo, / felices y audaces remontan el cielo, / extiendes tus alas.../adelante amigo,… / enciende la antorcha con tu propio fuego.../". Los versos capturan la ternura de la madre, de la hija, de la esposa, de la maestra; el amor por la tierra, por la naturaleza, por la vida; la nostalgia, la mirada crítica y la tristeza ante lo injusto. Transmiten su aprendizaje profundo a través de los años en el tránsito por cada etapa: “sin duda tú te preguntas el porqué/ del derivado de la transparencia/ te diré que siento que ya nadie me ve/ pasando inadvertida mi presencia. / El romántico dice: “es la edad de oro”/ otros la aceptan como: “tercera edad”/ y yo EDAD TRANSPARENTE, por decoro, / que me despoja de toda vanidad”; la llegada serena al último tramo con un sentimiento de paz por la misión cumplida, por el tiempo cumplido, una añoranza por lo que se presiente más allá, donde se sabe esperada por el ser amado. Girar el caleidoscopio y penetrar el mundo de Rebeca Villarreal es reconocerla a ella misma como poesía. Su mirada, su gesto nos transforman el momento compartido, nos dejan en la memoria su manera de invocar la vida y retenerla, de recibir su secreto revelado: "COMO UN ARCO IRIS, QUE AL CÉFIRO ENVUELVEN, /VUELAN, VUELAN, VUELAN Y EN AZUL SE PIERDEN: / VUELAN POR JARDINES, VUELAN ENTRE ROSAS, / CON BRILLANTES LUCES, ¡SON LAS MARIPOSAS!... no las maten ¡SON PRECIOSAS! (Descripción de la llegada de la Mariposa Monarca a su ciudad). Una ética profunda coherente con su palabra inspira su vida y su obra. En el simbólico lugar: Tlalpan (en la tierra), lugar en el que se presentó su libro hace unos días, descubrimos su historia, su sabor, su olor. Su canto nos lleva: "Los 'ahuejotes' altivos cen-

Fotografía de Francisco Enríquez Muñoz

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Francisco Enríquez Muñoz. 35 años, mexicano, escritor y fotógrafo pornocochinón. Después de recorrer varios talleres de creación literaria, creo el cómic-fanzine Monstruos, duendes y hechiceros, además de publicar las novelas Los héroes ya no tienen lugar y ¡Clang! Ha colaborado en muchas revistas con poemas, cuentos, ensayos, fotografías. pornocochinon@yahoo.com.mx

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MIRANDO LAS MIRADAS QUE TE MIRAN
tinelas/ reflejan en tus aguas su hermosura, escuchando a las ranas se desvelan/ y brindan sus fragancias a la luna". Sus versos manifiestan el origen ligado a la tierra: “Gracias a la Revolución Mexicana existo”. Los cantos al terruño reflejan el amor por la tierra mexicana, su conocimiento de ella a través de cada palabra con la que se apropia de su voz y de su historia, pero también tristeza: “Ya voy a ser güena, ya no llores tanto/ Yo creo que a mi pueblo le pasa lo mesmo/ quen te lo escupía, quen lo bofeteaba/ quen viéndolo caído con la cruz encima/ te lo arrempujaba…”. Se insinúa un pueblo al que debe devolvérsele la vida. Pero, a pesar del dolor que esto significa, aún expresa su fe: "Adiós Virgencita, mi Guadalupana. / ¿Verdá' que mi patria, mi México lindo, lo mesmo que Cristo, va a resucitar?”, su espíritu de lucha: “… Mas si pensamos detenidamente/ llegaremos a la plena convicción/ que lo que nace en nuestra mente, / no muere, es nuestra redención…". Es esta parte de la historia que converge con la de Alejandro Reyes Juárez la que nos sacude. Hay un reclamo por la tierra y por su pueblo. Un dolor común los une. El descontento se percibe en Caleidoscopio, pero en “Poemas del horror” es una bofetada. En los poemas de Reyes, el dolor es lacerante. La cotidianidad, bajo su mirada vuelca los ojos al horror: “La descarga del sicario, como las agujas de antaño, me clava al amanecer del domingo. / En casa, al primer tañido de las campanas, mis padres buscan el misal, su fe y la fotografía de siempre, mientras mis hijos del sueño son vomitados.” No es la vida, es la muerte la que revelan sus versos: “Una calavera y una rosa no retienen los miedos detrás de la lápida fisurada. Otras flores se marchitan sobre arena dibujada por ‘La Línea’, otros cráneos se destrozan al compás de los redobles marcados por los AK-47”. Es esta una dramática forma en la que se nombra la destrucción. En este mundo que construye la voz poética los sueños son obstruidos: “Despierto a mitad del sueño, perturbado siento al purgatorio y al infierno amalgamados en esta agua turbia que me baña…”. Más bien, se asemejan a pesadillas dantescas. Los versos atestiguan la violencia: “Setenta y dos ilegales a mazazos despojados de sus nombres, harapos en el desierto con la mirada fija en la violación, estallidos de granadas como sound track del jueves, esquirlas y aroma a sangre en la puerta…”. La brutalidad y el ocultamiento. El miedo y el silencio. La indiferencia. “Aquí nada sucede, la indignación se agota en la cerveza del fin de la jornada, en la telenovela de las nueve; en el sueño tras unas monedas”. ¿A nombre de quién los secuestrados y los asesinados de hoy son inmolados? Ser testigo de esta etapa histórica en la que el poder y la ambición descontrolados oscilan entre los más finos y los más brutales medios para la destrucción del ser humano y de un pueblo y hacer voz para revelarlo, es otra forma de ver la realidad y de propuesta estética. Ambas obras conviven en un mismo espacio, en un mismo tiempo y en una misma realidad, ambas se acercan y se alejan, construyen su historia, la nombran. Ambas tienen formas distintas de reclamar por la vida.
Elizabeth Johannessen Lino. Boliviana. Licenciada en Literatura. Diplomada en Estudios Superiores. Poeta, educadora, editora y gestora cultural. Autora de los libros de poesía Ofrenda de agradecimiento a la tierra (1981) y Somos herederos de la ausencia (2010); los libretos para teatro Vida y muerte (1986) y Fuego fecundo (1992); el libro de cuentos Si me contestara el eco (1990); cuentos infantiles El sueño de una conquista (2004) y Tunupa, el dios aymara (2007). Otros cuentos, poemas y ensayos han sido publicados en diferentes libros, revistas y periódicos. En 2007 obtuvo el segundo lugar del Premio Nacional (Bolivia, cuento de la Reforma Educativa).

MIRANDO LAS MIRADAS QUE TE MIRAN
Libros regalados, por Arturo Texcahua. Massiva. Pasarela de Literatura. El no. 3 de esta publicación trimestral, agosto-octubre 2011, que edita Cynthia Chávez aborda el tema de faldas y pantalones. Las 96 páginas de la revista son una reiterada muestra de creatividad y diseño que guardan un equilibrio apropiado con el concepto fresco, dinámico y accesible en torno a la moda. El tamaño, casi un cuarto de hoja tamaño carta, la ubica realmente como de bolsillo, “para leerse a mano y en seco”. La brevedad es acorde con el formato. Se privilegian las frases directas y sin rebuscamientos. La profundidad de la reflexión es sustituida por el esquema; el resumen es sustancia y da congruencia formal. Dicen las editoras que “Massiva es una revista impresa que toma como pretexto a las revistas de moda y variedad, con el fin de presentar sus temas clave desde una perspectiva literaria y de artes visuales”. Explican que la moda es identidad, lo que usa y acostumbra un grupo determinado. Lo están logrando. Si quieren colaborar con Massiva: textos de 3 cuartillas, 4 para ensayo y 1 para reseña. massivarevista@gmail.com. Hysterias. Una revista uterada. Número 4, octubre-diciembre de 2011, papel reciclado café, con un pegado rústico en un tamaño un poco inferior a la media carta. Me la entregaron en un sobre azul marino que se hizo a mano. Es cartonera, la única, precisan los editores. Lo de uterada viene no de que la hacía principalmente un grupo de mujeres que ya la abandonó, aunque se ha negado que sea "femenina" ni "feminista". ¿De qué pecados tan grandes son culpables las feministas que ahuyentaron a estas escritoras? Se explica que uterada es porque la palabra histeria viene de la palabra útero y este es origen, principio en este caso para los primeros escritores. Hoy la hace José Manuel Vacah, quien dice en el editorial que “este número abre una ventana” y “cierra un ciclo, un año de trabajo”. Hay un mártir de la cultura que se encuentra detrás de la siguiente confesión: “Cada que miramos el cansancio reunido, refundamos nuestra esperanza en la palabra “literatura”, en la palabra “poesía”. La autoría de los textos no es explícita. Dicen que para evitar ser etiquetados en uno o en otro género las editoras/editores decidieron “omitir el crédito de la autoría al principio de los textos y revelarlo hasta el final de la publicación, nombrando cada colaboración simplemente como una ‘voz’ (primera, segunda, tercera ...), lo que provoca una sensación extraña en quienes tenemos la costumbre de relacionar el texto con el nombre del autor, buscando algún tipo de vínculo que nos amplíe el contexto. No obstante, al prescindir de ese lazo entre nombre y texto, el lector se concentra en lo que, finalmente, es lo más importante: lo que se dice, más allá de quién lo dice o el género de quien escribe”. Es decir, el autor pasa a un segundo término. Supuesto que no es ninguna sorpresa para la crítica literaria que desde principios del siglo XX ha pugnado por el valor del discurso como objeto autónomo de estudio. Claro que esto se opone al discurso capitalista que glorifica el éxito personal y la individualidad como un espejismo bajo cuya lógica estamos aprisionados. No por nada existe el derecho de autor. Cabe señalar que en este número hay dos textos prestados: unos versos de Walt Whitman y otros de José Juan Tablada de los que no se cita la fuente, con lo que se contradice lo que se afirma al principio: “Eres libre de compartir el material citando a su autor y la fuente”. Las ilustraciones de Jonathan Gómez Aguilar parecen hechas por un niño, salvo la incluida en la portada, y refuerzan, en efecto, el tema de la infancia al que se dedica este número. El correo de las/los histéricos es revista.hysteria@gmail.com

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MIRANDO LAS MIRADAS QUE TE MIRAN
El 26 de noviembre acudí por la mañana en calidad de jurado a los cuartos de final del Torneo de Poesía, que en esa ocasión se realizaron en la explanada del Centro Cultural José Martí. Como es costumbre, con ring, campana, rounds, réferi, gritos, comentaristas y narradores. Acompañé a Cinthya Chávez y Arturo Álvar en el papel. Difícil tarea por la calidad de los concursantes. Y aún más complicada por la falta de tiempo; al vuelo hay que sopesar figuras y sentidos, apreciar la interpretación, encontrar unidad, identificar una poética y descifrarla. Fue una apreciación superficial y seguramente errónea. No obstante, fue muy placentero participar en esta actividad que estimula el gusto por la poesía y su producción de manera poco convencional. (Le dije esto a Emmanuel Carballo y me contestó que para él no era nada nuevo, que ya en su época se hacían cosas parecidas.) Agradezco la gentil invitación que me hizo Andrés Cisneros. Ese mismo día, por la tarde, presenté en la Casa Frissac, en el centro histórico de la delegación Tlalpan, el libro de Rebeca Villarreal, Caleidoscopio. Tuve el honor de acompañar a la autora y a Elizabeth Johannessen. Es encomiable el apoyo que su familia le dio a doña Rebeca Villarreal, editando su libro, organizando la presentación, acompañándola y festejando el suceso. Fue un reconocimiento filial y cariñoso al trabajo literario casi anónimo que la poeta natural (madre, tía, abuela o hermana de algunos; suegra, amiga o maestra de otros) ha recogido durante su vida como mentora, como esposa y como mujer. En una Casa Frissac un poco menos que llena se escuchó la voz de doña Rebeca, aún fuerte y entusiasta. Recitó algunos poemas, habló un poco de su vida y nos conmovió con la energía y la actualidad de sus dichos: “Pero luego dijo que era pa’ mercar semilla,/ de la mariguana, pa’ sembrar la milpa,/ y luego venderla, pa’ salir de pobres, en vez/ del maicito y los frijoles que no dejan nada./ ¿Verdá’ que no es güeno vender esa yerba?/ ¿Que es como veneno que mata, y es mucho pecado?”. Su poesía no es muy elaborada ni original, no sigue los pasos de la poesía contemporánea, no presume hallazgos ni se oculta en retóricas creacionistas. Es sincera y testimonial, da cuenta de una vida, del paso del tiempo, de alegrías, desdichas y molestias. Pasa del amor (“Malditos besos que me dio tu boca,/ tu boca de galán desesperado,/ malditos sí, porque me vuelven loca,/ y dejan mi corazón desesperado”.) a la muerte (“Dime lo que quieras mientras viva,/ después, cuando cumpla mi destino;/ musita una oración de despedida y continúa feliz por tu camino”.). Habla de Xochimilco (“Son tus canales espejos donde el sol se peina/ y maquilla sus mejillas de arreboles,/para asomarse a los dominios donde reina/ a iluminar la campiña en mil colores.”) y de su experiencia como maestra, evidenciada en composiciones de personajes y eventos históricos de nuestro país: sor Juana, Cárdenas, Zaragoza, la independencia, la bandera... Rebeca Villarreal, con ocho décadas a cuestas, advierte con dignidad: “No me duele pensar en el ocaso,/ ya que todo ocaso tuvo su alborada,/ y la idea de la muerte no rechazo,/ como mujer me siento realizada”. En esta presentación también participaron las señoras y señores del conjunto de danza regional del club de la tercera que se reúne en la clínica del ISSSTE Xochimilco, con alegres bailes de Oaxaca que inspiraron los aplausos sinceros del público. Celebro además este suceso porque me permitió conocer a Elizabeth Johannessen, poeta, narradora y maestra boliviana que vive en La Paz, quien escribió la presentación del poemario. En otro número espero tener oportunidad de hablar de un libro que me regaló: Somos herederos de la ausencia.

NUESTROS LECTORES

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Un mejor año 2012. Manuel de Jesús Corral Corral Mil gracias por sus deseos y su atención al enviarme y considerarme en su lista; es un gusto recibir sus informaciones literarias. Felicidades a todas las personas que integran el equipo y que colaboran en que se haga realidad. Ma. Elena Mariaca mariel602@yahoo.com.mx Muchas gracias por este compartir. Ya lo mandé a nuestro grupo juvenil. Seguimos en comunicación, Ma. de Jesús Zamarripa Guardado (Mary Chuy) zamarripaguardado@yahoo.com.mx Todo suena muy interesante. He estado sumamente ocupada, así que les ofrezco una disculpa por no acompañarlos, pero reciban mis mejores deseos para todo cuanto realizan. Blanca Rodríguez blancarod@prodigy.net.mx Estimados editores de la revista Trajín. Le di una leída rápida. Muy buena obra. ¿Por qué hay menos poesía en la revista? Aprendí mucho del contenido respecto al concepto de sexo y erotismo. ¿La revista la tienen impresa o solo es electrónica? Buena suerte desde Chiapas. Armando Sánchez Gómez, escritor del idioma tseltal balam10mx@yahoo.com.mx Colectivo Trajín: No hay duda de que su colectivo ha dado muestra de que unos objetivos bien sólidos pueden mover voluntades e invitar a la participación. Felicidades por este nuevo "paso", del que con seguridad pronto tendremos más noticias. Joaquín Praxedis Q. Subdirector de Servicios Educativos y Culturales en Xochimilco cultura@xochimilco.df.gob.mx Estimados amigos de Trajín: Los felicito por cultivar la poesía en tiempos difíciles (aún imposibles) para la lira (como decía el poeta). Yo soy un humilde versador de entrañas, y deseo preguntarles si acaso podría enviarles algún poemita para que lo consideren e improbablemente lo publiquen. Un fraterno salud. Ignazio iph@unam.mx Estimado Arturo: Muchas gracias por tu atento mensaje y por su consideración en las páginas de la revista del Colectivo Trajín, será un honor. Espero pronto poderles enviar otros materiales que, independientemente de que les interese para su revista, se los enviaría para el disfrute lector, en especial los libros de poesía de otros autores en cuyas obras he participado como coeditor, como los títulos de Ernesto Lumbreras, Rodolfo Häsler (Barcelona), Renato Sales Heredia, etc., entre otras publicaciones. Por acá tenemos algunos espacios (publicaciones) que vamos afianzando en términos de distribución, y cuyos requerimiento legales también vamos llenando, cuenta con ellos para difundir las actividades y publicaciones de Trajín. Asimismo, si gustas, puedo colocar en una o dos librerías independientes de Campeche tu revista, con mucho gusto, para su promoción; lo mismo que en un par de sitios independientes en Mérida (que queda a sólo dos horas del puerto donde vivo) donde tenemos amigos. Sin más, recibe (reciban) mis afectos, y mi reiterada gratitud por sus amables atenciones y su apoyo, y claro, mi felicitación por su labor de edición y difusión literaria. Con mi afecto, Pepe. José Landa www.joselanda.blogspot.com (activa) www.joselanda.com (en construcción) jalr13@hotmail.com

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La colección Primer Round incluye los primeros textos de jóvenes promesas

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