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Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Instituto Ciencias del Lenguaje y Literatura. Literatura Española 2 Sophia Grossi G.

Francisca Baeza M. El discurso femenino como motor de la acción dramática. En este ensayo analizaremos las obras de Tirso de Molina, El Burlador de Sevilla; de Lope de Vega, Fuenteovejuna; y de Calderón de la Barca, La vida es sueño; que pertenecen al teatro barroco del siglo de oro español. En ellas, pretendemos demostrar cómo el discurso femenino toma un papel importante al ser impulsadores de las acciones, si no principales, relevantes en el desarrollo de la obra. Elegimos este tema, porque creemos que su papel no se limita a un adorno estilístico en las obras teatrales tratadas, sino más bien una pieza fundamental en el desarrollo de la acción dramática. En la obra de Calderón de la Barca, La vida es sueño, encontramos en los discursos de Rosaura un resumen de las causas de las acciones que llevan a cabo los demás personajes. En el tercer acto, cuando Rosaura aparece con la espada y la daga, se dirige a Segismundo para persuadirlo (como mujer) y alentarlo (como varón) que impida y deshaga las bodas concertadas entre Astolfo y Estrella y cobre su corona. Le hace notar que el matrimonio puede aumentar la soberanía del reino de Astolfo a costa del suyo, y su interés personal de poder casarse con Astolfo, su amado. La mujer, en su discurso, juega con los dos roles que adopta y adapta según sus intenciones, como mujer clama por “mi agravio y mi congoja”, y como varón, viene a “valerte con mi acero y mi persona”. Con este discurso, Segismundo encuentra la fuerza y el apoyo moral necesario para llevar a cabo la acción resolutiva de la obra, interrumpiendo la boda de Astolfo y Estrella, impide el matrimonio argumentando con lo que le ha contado Rosaura y se enfrenta a su padre y su pueblo. Por otra parte, Laurencia, en Fuenteovejuna, también cumple la función de motivar a una acción, que en este caso es parte fundamental del clímax de la obra, cuando en la tercera escena del tercer acto, ella interpela directamente al concejo de los hombres. En este discurso, presenta un reclamo fuerte y explícito y un llamado de atención a su padre y al

pueblo pues el padre no la defendió de Fernán Gómez, argumentando que era su deber pues no era aún esposa de Frondoso. Frente a esto, el padre decide dar la pelea contra el tirano para demostrar que no es todo lo que su hija le encara; los demás hombres, deciden acompañarlo al tomar conciencia de lo cobardes que han sido al no defender a sus mujeres, y se embravecen contra el comendador. En El Burlador de Sevilla, nos encontramos con varios discursos femeninos. Estas voces femeninas revelan implícitamente las acciones de Don Juan, ya que en la obra no se presentan de manera explícita (Tisbea, Isabela, Aminta) Respecto a la acción del clímax, donde Don Gonzalo (muerto) mata a Don Juan, consideramos que se configura como consecuencia del discurso de Doña Ana, quien al darse cuenta de que está siendo burlada reclama: “¿No hay quien mate este traidor, homicida de mi honor?”, y escucha su padre quien atiende al llamado, jura matar a Don Juan, pero éste lo asesina y huye. Sin embargo, es por esta promesa que luego de muerto cumple su palabra y muere a Don Juan, cumpliéndose así la condición de morir por manos de un muerto. Las otras mujeres burladas, acuden al Rey, sin saber que Don Juan ha muerto ya, a reclamar justicia: “Si vuestra Alteza, Señor, de Don Juan Tenorio no hace justicia, a Dios y a los hombres, mientras viva, he de quejarme” (Tisbea); “Manda a que nos desposemos” (Aminta). En las tres obras, podemos observar que la mujer, a pesar de no ser un personaje protagonista, cumple un papel determinante en las acciones principales, ya que mueven los deseos y acciones de los hombres que las realizan. En cada caso ellas dan el último empuje para que ellos discurran y reaccionen desarrollando la acción. A través del discurso, las mujeres interpelan a las actitudes y virtudes masculinas vigentes de la época; en los casos estudiados ellas reclaman y exigen manipulando al hombre para que se lleven a cabo sus intenciones. Con esto, sostenemos que las mujeres, a pesar de no realizar la acción principal directamente, la ejercen mediante los hombres. Bibliografía: Calderón de la Barca, P. La vida es sueño (2000) Buenos Aires: Editorial Ateneo. De Molina, Tirso. El burlador de Sevilla y el convidado de piedra (¿?) Santiago de Chile:Colección Literaria Diario La Nación Lope de Vega (1997) Fuenteovejuna. Santiago de Chile: Ediciones Prosa.

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