Palabras para la Jornada de Entrega de Diplomas Docencia Universitaria "Un Ejercicio de Confianza". Marzo 8 de 2003.

Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada.

Tomar la palabra de un grupo tan variopinto en visiones sobre nuestro oficio docente, no sólo es difícil sino peligroso. El riesgo de interpretar o malinterpretar ideas múltiples es muy alto. Intentaré, entonces, decir algo de lo que en algunas clases discutimos entre todos. No serán consensos, seguramente, sólo apartes de ese proceso que ha de crecer constantemente. Entonces, sin más, con su permiso "cometo" estas palabras. El profesor español Salvador García Jiménez escribió, en 1996, un libro que titulo maravillosamente: “El Hombre que se volvió loco leyendo el Quijote”. Y cuenta, de forma magistral en alguna de sus 187 paginas, una anécdota que quiero compartir hoy. Dice García Jiménez: “En uno de los institutos de bachillerato donde estuve destinado como profesor, en la clausura del curso quemaron los alumnos varios libros en las canchas de baloncesto. El claustro de profesores se echó, ridículo, las manos a la cabeza, ignorando la clave que le hubiera dado Freud para comprenderlo con su interpretación de aquel episodio de la niñez de Goethe. Cuando éste tira los cacharros de la vajilla a la calle para hacerlos trizas tras el nacimiento de su hermano, está realizando un acto simbólico mediante el cual manifiesta su deseo de arrojar al bebé que acaba de pisar el mundo, para perturbarlo, por la ventana. Para aquellos alumnos, el manual de literatura que arrojaron a la hoguera representaba a su exigente, estúpida y pedante profesora. Quien superó a todos en vengarse del daño que le habían causado los textos fue el anónimo estudiante que prendió fuego a la Biblioteca Lebrija de la Universidad de Murcia. Tras pasar la noche oculto entre sus libros, a las seis menos cuarto de la mañana los roció con una lata de gasolina para que ardieran hasta los incunables. Los sermones del siglo XV, tan cargados de infierno, encontraron por fin anillo a sus palabras; la Historia de las hierbas y plantas de Dioscórides gimieron como las brasas de una encina; el Libro de la Vanidad del Mundo de Diego de Estella se retorció borracho de gasolina; el Ceremonial de los oficios de difunto despabiló sus velas… El culpable anda desaparecido después de dos años; todos lo buscaban en caliente para expedientarlo y condenarlo, nadie para saber de sus labios las torturas que le habrían hecho los profesores para tomarla con sus adoradas pieles de becerro. La noticia aireada por la prensa dejaría a muchos estudiantes, que no se habían atrevido a ello, purificados con sus llamas. Como abogado defensor de cualquier estudiante que haya reducido a pavesas los libros para verlos morir como palomas aleteantes, demostraré con los ejemplos más altos de la Literatura Universal que no se trata de ningún delito. Virgilio

Navokov. cuando ya se encontraba muy mal. Los alumnos entonces. alma y cerebro. por considerarlo un viejo libro cruel y tosco. autor de Lolita y profesor en las universidades de Stanford y Harvard. Kafka murió obsesionado por el deseo de quemar sus libros. quemó el Quijote. que se negaba a encargarse de aquella tarea. solo que cuando nos percatemos. y cenizas en nuestros portafolios.” *** Cuántas veces nos hemos preguntado en nuestro ejercicio cotidiano como docentes. 38 novelas hispanoamericanas que él mismo declaraba “honradamente” que no conocía en su totalidad. con gran horror y turbación por parte de los colegas más conservadores. si se puede emplear el verbo leer. ante seiscientos alumnos. quemara La Eneida. Confió la ejecución del auto de fe a su amigo Max Brood. en caso de que le pasara algo. sin que se les mire como si hubiesen cometido un crimen? (…) El pirómano de la Biblioteca de Lebrija estaba en realidad destruyendo los instrumentos con que los profesores le habían torturado desde su infancia. También había visto que otro profesor hacía que su clase leyera. cuando entregan los trabajos perfectamente empastados y seguramente fusilados de algún sitio de Internet y reciben. queman también los volúmenes en defensa propia. Qué esconde esa aparente obediencia. tendremos ya quemaduras de primer grado en manos. Y Juan Ramón Jiménez cree que no son casos aislados.había acordado con Vario que. de esos atuendos coloridos y de esas almas estrafalarias de nuestros estudiantes. además se comete. amigos. ¿Por qué no pueden hacer los alumnos lo mismo que los profesores. muchos días después. por supuesto. como la de nuestra anécdota. “delito imposible”. qué hay detrás de esas caras ya sin asombro. Pero Vario se había negado con vehemencia a hacerlo. Por eso. para evitar que les caigan encima y los aplasten como una pared en ruinas. pidió constantemente los manuscritos para quemarlos por sí mismo. observar con atención. una calificación (que no evaluación) satisfactoria? No sobraría. . Con el Quijote. en el memorial Hall. escritores o personajes de ficción. aguzar los sentidos pues se puede estar fraguando una conflagración monumental. porque se esta echando más leña al fuego donde ya se consume una biblioteca de libros de caballería. según el código penal. lista en mano y seguro en la puerta. Juan Ramón Jiménez había oído de un profesor universitario exigir a una muchacha de diecinueve años que leyese todo Dante en una semana para escribir en otra un ensayo analítico de lo filosófico en su poesía.

si nos damos la oportunidad de que nos conozcan y de conocerlos. En sus actos desaforados. a la construcción colectiva de cultura. estoy en esas”. lo increpó y en tono adulto le dijo: “Madure. si hay todavía puentes de comunicación y disposición al entendimiento. De aprender a vivir se trata todo esto. A confiar en nuestros estudiantes y en nosotros mismos. La verdadera comunicación es de doble vía. Porque la educación – en el decir de Edgar Morin – nos puede "ayudar a ser mejores y. tino y buen juicio. Yo diría de muchas vías. o del cumplimiento de un rol desprovisto de humanidad. cómo desplegar un abanico de estrategias pedagógicas pertinentes y unas prácticas cotidianas eficaces. la lógica saltando en pedazos ante una “respuesta lógica” de un muchacho. sueños y búsquedas y en nuestras potencialidades. el desenfreno apaciguado ante la amenaza de un futuro fracasado. En sus ideales. en la sospecha como principio y en el auto-examen y la autocrítica como políticas. A esto nos invita este “Ejercicio de Confianza” que hemos iniciado. su invulnerabilidad y su velocidad y también en nuestra paciencia. o la sinrazón atravesándose entre nosotros y el conocimiento. ¿Cómo desarrollar un proyecto formativo coherente. sin saber quiénes son en realidad nuestros interlocutores? ¿Por qué no preguntarnos si hablamos el mismo idioma. pero tampoco es menos. !Pero no al incendio. no! A la reivindicación de la palabra.Traigo a colación estas ideas porque me viene angustiando desde hace un tiempo uno de los aspectos esenciales de nuestro oficio. Supone decir pero escuchar. Se nutre de la razón y del absurdo. . de la ciencia y del mito. y más exactamente su condición primera: la capacidad de escuchar. enseñar pero aprender. Nos invita a confiar en la incertidumbre como metodología. a mi juicio ha sido la más descuidada en el acto educativo: la comunicación. de la locura y del juicio. Recuerdo la respuesta de un estudiante de primeros semestres de universidad. quien después de molestarse por algún comentario de esos “salidos de tono”. Esa actividad que creemos obvia y sobre la que nos consideramos expertos pero que. Porque de eso se tratan los actos educativos. si no el más importante. enseñarnos a asumir la parte prosaica y a vivir la parte poética de nuestras vidas". mas allá de un código numérico. Y ya con solo esa tarea tenemos para rato. si no felices. ¿O acaso no son esas las prácticas cotidianas en nuestras aulas? La irreverencia conviviendo con la sospechosa obediencia. No es más. A la puesta en común de experiencias vitales de aprendizaje. de saberes. de afecto? La verdadera comunicación es poner en común y eso supone tomar de aquí y de allá. de sensibilidad. de un apellido sin nombre o de un apodo macabro o un estigma. González!” A lo que respondió González con la serenidad y sabiduría de un meditador hindú: “estoy en esas teacher. Al esfuerzo conjunto por comprender el mundo y vivirlo en paz. ante el reclamo de su profesor. A confiar en nosotros como incitadores.

un acto de negociación. cómplices en la ruina de la ignorancia o en las búsquedas de los sueños. esto para decir que contamos con maestros que huelen a talco y a leche. una tarea de mutuos descubrimientos. tal vez en alguna galaxia de esas a las que nosotros lo adultos ya jamás podremos volver. son los míos. párvulos. El maestro tiene siempre algo que enseñar. B y C. se encarga de mostrarnos todos los días esta verdad irrefutable a la que me he referido: los maestros. niños que no saben que los tienen así de clasificados. donde son corresponsables de sus presentes y sus futuros. a la vez. que nos hacen trasnochar. No vinieron hoy. frustraciones y dolores propios de la condición del hombre. La mediación como un ejercicio de lecturas comprensivas del pasado y. Pues bien. Pero. de las alegrías y las tristezas simples y maravillosas. de diálogo. Esos que ya no usan pañales. no porque no los dejaran entrar. así mismo. la de la casa. Laura de dos años y medio y David. Con todos los desencuentros. aspirantes a prekinder. Trabaja con niños. Es un proceso común. hacia lo desconocido. . Nursery A. Si quieren pruebas revisen los 78 casetes de video caseros y los álbumes familiares que creo que todos guardamos orgullosos. Kinder. ellos escogerán. la primera silaba y que el primer día de colegio lloran como si tuvieran conciencia del suplicio al que van a exponer a sus "angelitos". festejando por enésima vez haber armado el rompecabezas del avión de colores y David. quien esta hoy presente.Continuar entonces en este camino de la confianza mutua es no solo necesario sino una medida de supervivencia. Seguro que estarán haciendo algo asombrosamente trascendental en sus vidas: Laura. luego de compartir sus experiencias a la hora de la comida. y muchas veces. me da la impresión de que sus verdaderos estudiantes son los padres de familia. de comunicación. esos que clasifican como preescolares. de tres meses. creo que no lo saben. de los afanes. de progresivos intentos por la comprensión. nosotros. Son irrefutables. mis maestros. por supuesto. pero también tiene mucho que aprender. en su profundo sueño diurno. los adultos. que nos hacen arrodillar y rodar por el piso. y quienes dicen no hacer berrinches – falta ver –. de lucha por el sentido *** La vida misma. como un llamado apasionado hacia el descubrimiento. es también educadora. tenemos mucho que aprender. prepárvulos. Y aprende con sus alumnos. esa cotidiana. sino porque seguramente se revelaron contra la seriedad y la solemnidad de este acto. en fin. mi esposa. Esos que se dicen adultos maduros y responsables pero que se derrumban ante el primer pasito. Crecer en esa función de mediación que es la docencia es el imperativo de hoy. Lastimosamente. Mónica. con sus interlocutores.

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