Un liberal consecuente

Por Miguel Domingo Aragón

¿Por qué a Lisandro de la Torre se lo respeta y no se lo quiere? Porque no se puede negar la limpieza de sus intenciones, aunque no se las comparta y no se puede dejar de sentirlo ajeno, aunque se lo aplauda. Tenía talento, sobre todo oratorio, pero carecía de la inteligencia propia del político, que es entender la realidad circundante. Tenía una cultura libresca fuera de lo común -aunque no excepcional- pero le faltaba saber, sabiduría, el conocimiento de los fines superiores; tenía suficiente fe como para creer en la Constitución Nacional, pero no le alcanzaba para creer en Dios. Fue chula del progresismo liberal y si se levantó contra él en 1890, fue por razones morales. Era un moralista. Un moralista laico, dispuesto a combatir contra los liberales en honor del liberalismo, como los católicos distinguen la santidad de la Iglesia de los pecados de sus hijos. Tenía una religión secular. La política, entonces, se convertía para él en una mezcla de ascesis, apologética y pastoral. Veneraba al hombre, pero los hombres le desagradaban. En 1897 se separó de la Unión Cívica Radical considerando que había caído debajo la órbita del personalismo, lo que se dice en el “culto de la personalidad”. Los liberales aspiran a que las masas se aglutinen por las leyes, no por las personas. Quieren que las leyes de los hombres se sobrepongan a las de la naturaleza. Y esa fue la primera contradicción que desgarró la vida de don Lisandro de la Torre: endiosar al pueblo como estaba contenido en los textos de las leyes, de los discursos y de la historia y abominar al mismo tiempo de la presencia de la multitud. Si Hipólito Irigoyen no realizó la obra “reparadora” que unos esperaban y otros temían de él, fue -como él mismo lo advirtió desde el primer momento- porque había admitido la legalidad del “Régimen” que se propuso abatir. Pero esa conformidad con el régimen fue, precisamente, la causa del ataque implacable que le dirigió de la Torre. Torvo, ácido, rígido, sostenía los principios y rechazaba inexorablemente las consecuencias. Por su honradez, llegó a ser el ejemplar más representativo de la contradicción íntima del democratismo liberal. Por una parte, el pueblo soberano, y soberano absoluto; por otra parte, las decisiones del pueblo no son las que esperan los populistas. La revolución de 1930 marcó el ápice de esta incompatibilidad entre los principios y las consecuencias. Había un orden legal, el de la Constitución; las autoridades expresaban a una mayoría incuestionable; todos los partidos estaban representados en el Congreso, donde se hacía la voluntad del presidente porque el pueblo –la mayoría- así lo deseaba; los ciudadanos gozaban de libertad y los medios de difusión se expresaban sin traba alguna sobre el asunto que quisieran. Pero la situación era calamitosa. No quedaban más recursos que apelar a la responsabilidad de los hombres de armas. De la Torre apoyó el movimiento militar. Había culminado la experiencia de la legalidad.

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¿Qué hacer en adelante? Uriburu tenía lógica: cambiar el orden legal. Alguna lógica tenía también Justo: restablecer el orden legal y controlarlo por el fraude. De la Torre era una contradicción: restablecer y respetar el orden legal, que daría el gobierno a los radicales, para que hicieran las mismas cosas que se había querido impedir con la intervención militar. Por fin, con la cuestión de las carnes, Lisandro de la Torre descubrió la contradicción en que había vivido. Detrás de su sacerdocio constitucionalista, detrás de esas minorías que exaltaban al pueblo pero querían antes educarlo, estaba la corrupción, el sometimiento al extranjero. Luchó, pero ya era tarde. Lo habían usado y ahora lo tiraban. Entonces le salió del alma aquella frase: “Este Régimen falaz y descreído como le llamó Hipólito Yrigoyen”. Perdió la única fe que había tenido. Tuvo asco de todo, hasta de sí mismo. Y se pegó un tiro. Había nacido el 7 de diciembre de 1868.

(*) Pseudónimo de Roque Raúl Aragón.
(Publicado en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, el 6 de diciembre de 1977)

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