Pascua marzal

Por Miguel Domingo Aragón (*) Pascua marzal, hambre, guerra y mortandad – Pascua marzal, peste y mortandad – Pascua marzal, miseria mortal – Pascua en marzo, señal de mal año – Pascua marzal, año fatal. Usted ha de recordar otro refrán que advierta sobre los años con Pascua temprana. Seguro que coincide en el pesimismo agorero de los que acaba de leer. El destino adverso se atribuye al hambre y a la guerra, acompañadas de peste y de miseria. A veces parece cierto. En 1818, por ejemplo, cuando la Pascua cayó el 24 de marzo. Por lo menos así se le presentaría a don Manuel Ignacio Diez de Andino. Vivía este señor en su quinta de las afueras de Santa Fe. En sus buenos tiempos se había destacado en la política –como que fue varias veces cabildantepero, ya pasados los setenta, sus hijos lo reemplazaban en el servicio público. Él era un espectador. No intervenía en nada. Ni le interesaba opinar sobre los hechos o los dichos de esos días. Pero iba registrando en un cuaderno todos los sucesos notables de los que le llegaban noticias. Ese año habían empezado asediados por los indios. Lo que era un contratiempo, por cierto, pero no una novedad. Más temibles parecían los porteños. Porque los porteños –el Director Pueyrredón si quiere un nombre- estaban detrás de los indios. Y obligaban a Belgrano a retirar las tropas apostadas contra el enemigo exterior para echarlas contra el enemigo doméstico. Y favorecían a Ereñú en Entre Ríos. Y a Andresito en Corrientes. Y a los portugueses en la Banda Oriental. El 23 de enero, sin ir más lejos, el observador anotaba que había llegado el correo con una proclama lanzada en Montevideo por el General Lecor, de la que reproduce un párrafo. Es decir que la propaganda del enemigo se difundía aquí por los medios oficiales… Rumores bélicos Pero todo el año son guerras y rumores de guerra. La guerra grande y la chica, la exterior y la intestina. Los que sobrevivían de aquella eran destrozados por ésta. Allá, en Mendoza fusilaban a Luis y Juan José Carreras, dos héroes. Desde Montevideo llega un oficio de Artigas anunciando la destrucción de una división portuguesa, con ganancia de prisioneros, ganado y caballos ensillados. Por el Chaco hay encuentros con los indios tobas. En Saucecito, Francisco Ramírez derrota a los porteños mandados por Marcos Balcarce, que los duplicaban en fuerza. Se habían baleado entre puros, ellos, los de Balcarce, y huyeron abandonando las armas “y 200 prisioneros y porción de muertos que es un dolor oír contar a algunas personas…”. En Corrientes, Bedoya lo depone al gobernador Méndez, Andresito Artigas lo depone a Bedoya y vuelve el gobernador Méndez. Y ahí, en Santa Fe, también se muda de gobernador (Estanislao López por Mariano Vera). Se hace la paz con los indios –con repiques de campanas- para mejor combatir a los cristianos. En Córdoba, López derrota a Bustos. Baja a contener la invasión de Balcarce (Juan Ramón) y también la desbarata.

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Y todo esto con un constante flujo de gente que va y viene, los barcos que suben y bajan el río, las tropas que lo cruzan y vuelven a cruzar, los campos quemados, las haciendas arreadas, que dejan a la población sin nada, los saqueos infaltables. Pero la guerra grande también se hace sentir. En la Cuaresma ocurrió lo de Cancha Rayada; después de la Pascua, Maipú. Así consigna la noticia Diez de Andino: “… han venido gacetas, que en Chile los porteños y chilenos, con el general San Martín, destrozaron al ejército limeño: 2.000 muertos y heridos y 3.000 prisioneros y que el resto huyó con el general Marcó: -que en Buenos Aires hay muchas fiestas”. (Y a renglón seguido: “se dice vino parte del general Ramírez, del Arroyo de la China, que el general Artigas ha destrozado una división de portugueses”). A no afligirse Y ahora una conclusión tangencial. Los astros advierten pero no obligan. A las pestes ya se sabe cómo se las conjura, porque la voluntad de Dios es exorable. Cuando promete, cumple; pero cuando amenaza su decisión es amovible. Las guerras son otra cosa. Las hacen los hombres y pueden evitarlas. A veces son un deber, a veces una tentación. Pero nadie diga que porque este año traiga Pascua marzal nos vayan a ocurrir males que no podamos detener. Como en 1818, puede haber una victoria, una gran victoria, que celebremos juntos chilenos y argentinos. Sería si consiguiéramos que nuestro territorio no pierda un centímetro sin que se derrame una gota de la sangre de ellos. Y eso es posible. Porque el refrán tiene otra variante, que circula en España: Pascua marzal, para bien o para mucho mal.

(*) Pseudónimo de Roque Raúl Aragón.
(Publicado en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, el 28 de febrero de 1978)

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