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Boltanski La Ciudad Proyecto

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II

La formación
de la ciudad
por proyectos
BOLTANSKl, Luc y CHIAPELLO, Eve (2002).
El nuevo Espíritu del capitalismo.
Madrid: Akal S.A.
Los textos de gestión empresarial de la década de 1990 nos
proporcionan la imagen de un mundo ampliamente reconfigura#
do con respecto al de la década de 1960. El movimiento ha ido
dibujándose poco a poco, al hilo de las innovaciones organizati#
vas, las invenciones técnicas y las modalidades de gestión que
han ido sucediéndose desde la década de 1980. Uno tras otro,
todos los dispositivos provenientes del segundo espíritu del capi­
talismo han sido puestos en tela de juicio, modificados, transfor­
mados, suprimidos o reemplazados, de tal forma que la necesidad
de dotarse de una nueva representación general del mundo
económico se ha manifestado insistentemente. Los textos que
hemos estudiado se presentan en este sentido como tentativas de
reunir, en una misma visión de conjunto, el cúmulo de micro­
modificaciones sobrevenidas en algo más de una década.
En efecto, vivimos un momento en el que es muy difícil para
los actores de la empresa continuar trabajando y proyectándo­
se hacia el futuro teniendo como único soporte una imagen
caleidoscópica del mundo de los negocios y de las formas de
éxito económico, hecho de .un compuesto de cuestionamientos
y de dispositivos parciales. Quienes dirigen las empresas, quie#
nes las aconsejan y quienes forman a los cuadros llamados a
incorporarse a ellas (o que sufren los procesos de reconversión)
necesitan poder invocar evidencias sencillas que hagan el
mundo interpretable. Los cuadros jóvenes, en particular, sien­
ten la necesidad de identificar de manera clara las nuevas for­
153
mas de éxito y las nuevas reglas de juego del mundo económi­
co para saber cómo maniobrar y preparar a sus hijos. Esta
demanda de inteligibilidad ejerce una presión importante para
obtener una explicitación y una formalización mayores de las
reglas de conducta que, por su parte, orientan la acción. En
efecto, las personas tienden a ajustarse a estas nuevas reglas
emergentes, aunque sólo sea porque confieren sentido a lo que
de otro modo no sería más que una proliferación arbitraria de
dispositivos circunstanciales y de conveniencias locales.
Sin lugar a dudas, el término red es -como hemos sugerido
en el capítulo anterior- el más frecuentemente utilizado para
interconectar elementos muy dispares entre sí, no sólo en la
literatura de gestión empresarial, sirio también, por ejemplo, en
microeconomía y en sociología
l
. El fenómeno es tan masivo en
la literatura de gestión empresarial que puede provocar como
contrapartida efectos de distanciamiento, tal y como podemos
ver en el caso del «prospectivista» Alvin Toffler (1991 ©), uno
de los autores de nuestro corpus, quien, constatando un entu­
siasmo sin precedentes por la forma reticular -a punto de con­
vertirse en el nuevo one best way-, contrapone a ésta la prolife­
ración de formas que él mismo recomienda.
El término red estaba, hasta hace poco, asociado bien a las
redes técnicas de distribución (agua, electricidad, etc.), cuyo
uso se extendía a las redes de distribución de otros bienes (redes
bancarias, por ejemplo), bien a organizaciones de carácter ocul­
to (redes de resistencia) cargadas con una connotación fre­
cuentemente negativa (redes de traficantes), siendo sus miem­
bros acusados de pretender, a través de este tipo de asociación,
obtener ventajas y beneficios de forma ilícita, es decir, obteni­
dos sin pasar por las mediaciones meritocráticas ordinarias, gra­
cias a favores (sería el caso de los masones) y, a veces, recu­
rriendo directamente a medios ilegales (la mafia).
La recuperación del término red se ha determinado gracias a
una coyuntura histórica particular caracterizada, principalmen­
te, por el desarrollo de las redes informáticas que han abierto
posibilidades de trabajo y de colaboración a distancia, pero en
I Así, por ejemplo, el sociólogo Manuel Castells (1998) reúne bajo
esta denominación las numerosas transformaciones que han afectado a
los países capitalistas desde hace dos décadas.
154
tiempo real, y por la búsqueda en el seno de las ciencias sociales
(crr. infra) de conceptos para identificar estructuras escasamente
-cuando no en absoluto- jerárquicas, flexibles y no limitadas por
rronteras establecidas apriori. El concepto existente de red, vincu,
lado a ideas, tecnologías e investigaciones contemporáneas, aso,
ciado a un vocabulario específico, a modelos de causalidad y
a modelizaciones matemáticas, y construido para proporcionar
una alternativa a los algoritmos jerárquicos, ha sido movilizado
por el capitalismo de forma bastante natural. Aplicado en traba,
jos universitarios de economía y de sociología del trabajo -disci,
plmas que contribuyen a dar a la gestión empresarial sus asideros
teóricos-, el concepto de red debía, casi necesariamente, plas,
marse en la literatura destinada a los cuadros que hemos estudia,
do. De este modo, en cada época, las formas de producción capi,
talistas acceden a la representación movilizando conceptos y
herramientas desarrollados, en un primer momento, de manera
bastante autónoma en el campo teórico o en el de la investigación
científica más fundamental-neurología e informática en nuestros
días-, como ocurrió anteriormente con nociones como las de sis,
tema, estructura, tecnoestructura, energía, entropía, evolución,
dinámica y crecimiento exponencial (Bourdieu, BOltanski, 1976).
La vida social ya no se presenta en forma de una serie de
derechos y deberes con respecto a la comunidad familiar exten,
sa, como ocurría en un mundo doméstico, ni en forma del tra,
bajo asalariado inserto en un conjunto jerárquico cuyos escala,
fones es preciso escalar, donde se efectúa toda la carrera
profesional y en el que la actividad profesional está claramente
separada del ámbito privado, como ocurría en un mundo indus,
trial. En un mundo reticular, la vida social se compone en lo
sucesivo de una multiplicación de encuentros y de conexiones
temporales, pero reactivables, con grupos diversos, realizadas
eventualmente a distancias sociales, profesionales, geográficas
y culturales muy elevadas. El proyecto es la ocasión y el pretex,
to para la conexión, reuniendo temporalmente a personas muy
dispares y presentándose como un extremo de la red fuertemente
activado durante un periodo relativamente corto de tiempo,
pero que permite forjar vínculos más duraderos que, aunque
permanezcan desactivados temporalmente, permanecerán
siempre disponibles. Los proyectos permiten también la pro­
ducción y acumulación en un mundo que, si fuese puramente
155
conexionista, no conocería más que flujos sin que nada pudie­
ra estabilizarse, acumularse o cobrar forma: todo quedaría
arrastrado por la corriente continua de los encuentros, que,
habida cuenta de su capacidad para poner en comunicación
todo con todo, distribuyen y disuelven sin descanso cuanto
pasa por ellos. El proyecto es, precisamente, una proliferación
de conexiones activas que propicia el nacimiento de formas, es
decir, la existencia de objetos y sujetos, estabilizando y tornan­
do irreversibles los vínculos. Es, por lo tanto, una bolsa de acu­
mulación temporal que, siendo creadora de valor, proporciona
un fundamento a la exigencia de hacer que se extienda la red
favoreciendo las conexiones.
Estas nuevas máximas orientadas hacia el éxito acompañan
el establecimiento de un mundo semejante, constituyéndose un
nuevo sistema de valores sobre el cual podrán apoyarse las per­
sonas para emitir juicios, discriminar los comportamientos ade­
cuados y aquellos que conducen a la exclusión, premiar cualida­
des y actitudes que hasta entonces no habían sido identificadas
claramente, legitimar nuevas posiciones de poder y seleccionar
a aquellos que se beneficiarán de ellas.
Hemos tratado de mostrar este nuevo sistema de valores
reteniendo en la literatura de gestión empresarial cuanto nos
parecía específico, inédito y particularmente en contraposición
a los valores dominantes de la década de 1960. Con vistas a dar
relieve a esta nueva forma y extraer su carácter sistemático,
hemos procedido a su codificación utilizando la gramática de las
ciudades presentada en De la justification (Boltanski, Thévenot,
1991), lo que nos ha conducido a construir una séptima ciu­
dad, la ciudad por proyectos, cuyo esbozo puede encontrarse a
continuación. Evidentemente, los textos de la década de 1990
distan de conformar la única retórica posible del proyecto. En
ellos se encuentra también la referencia -aunque en grados
muy diferentes- a otras lógicas de acción, ya sean éstas, por
ejemplo, comerciales, industriales o encaminadas a la obten­
ción de renombre. Sin embargo, en conformidad con el méto­
do de los tipos ideales, nos hemos esforzado en extraer de los
textos de gestión empresarial más recientes aquello que indica­
ba su singularidad, sin insistir en rasgos más familiares como,
por ejemplo, todos aquellos que -aunque sigan estando muy
presentes- hacen referencia a una lógica industrial.
156
Hemos optado por denominar ciudad por proyectos al nuevo
aparato justificativo que a nuestro juicio está formándose en la
actualidad por varías razones que conviene explicitar, ya que la
expresión puede resultar difícil de manejar y poco clara. De
hecho, esta expresión ha sido calcada de una denominación
frecuente en la literatura de gestión empresarial: la
ción por proyectos. Este tipo de organización evoca una
sa cuya estructura se compone de una multitud de proyectos
que integran a personas variadas, algunas de las cuales participan
en varios de éstos. La naturaleza misma de este tipo de proyectos
se caracteriza por tener un principio y un final: los proyectos se
suceden y se reemplazan, recomponiéndose, según prioridades y
necesidades, los grupos o equipos de trabajo. Análogamente,
podemos hablar de una estructura social por proyectos o de una
organización general de la sociedad por proyectos
2

Además, el término que designa a la ciudad que codifica las
formas a las que debe conformarse la justicia en un mundo
ticular no podía limitarse a hacer referencia directa a la «red»
-como hubiera ocurrido si hubiésemos hablado, por ejemplo,
de una «ciudad conexionista» o de una «ciudad reticular»-,
porque un cierto número de constricciones deben pesar sobre
el funcionamiento de la red para que ésta pueda ser calificada
de justa, entendiendo por ello que las grandezas relativas
buidas a los seres aparezcan como fundadas y legítimas. Para
ello es necesario, en particular, que puedan ser identificadas
pruebas en el transcurso de las cuales los seres se midan de
Z Semejante correspondencia hubiera sido imposible con una
dad de los proyectos» -expresión, sin lugar a dudas, más agradable-
que la organización «de los proyectos», o la estructura «de los proyectos»
hace referencia a cada uno de los proyectos considerados
te y no a la forma que confieren, considerados en su conjunto, al mundo
social. Precisemos ,que el término proyecto debe ser entendido en la lite­
ratura de gestión empresarial -una literatura fuertemente inspirada por
los autores anglosajones- como una traducción del inglés project, que
designa la operación consistente en coordinar recursos diversos con un
objetivo preciso y por un periodo limitado en el tiempo (se habla, por
ejemplo, de un housing project para designar a un conjunto inmobiliario),
sin denotar, con la misma fuerza que el término francés projet, ni las ideas
de plan y de planificación (que la lengua inglesa expresa más bien a tra­
vés de la utilización del término pkm y sus derivados) ni su encarnación
en la persona y el horizonte temporal indefinido del proyecto existencial.
157
acuerdo con una relación de equivalencia mutua. Ahora bien,
veremos que estas pruebas son por excelencia, en un mundo
semejante, los momentos que marcan el final de un proyecto,
cuando las personas van en pos de un nuevo compromiso,
constituyendo su capacidad para reinsertarse en un nuevo pro­
yecto uno de los signos más palpables de grandeza.
La equidad en la distribución de las grandezas -en función
de las contribuciones- en un momento dado supone, por otro
lado, una clausura de la lista de seres concernidos. Ahora bien,
en un mundo totalmente en red no hay clausura posible. La red
se extiende y se modifica sin descanso, hasta el punto de que
no existe principio pertinente para detener, en un momento
dado, la lista de aquellos entre los cuales puede establecerse un
balance de justicia. Por consiguiente, en un mundo construido
de tal forma que esté completamente sometido a la lógica de la
red, la cuestión de la justicia no tiene por qué plantearse, ya que
los pequeños (quienes, como veremos, pueden con toda razón,
en semejante contexto, ser definidos como excluidos) tienden a
desaparecer sin dejar huella. No se trata tan sólo de que nin­
gún equipamiento permita explicitar las equivalencias impres­
cindibles para el establecimiento de una balanza de justicia,
sino que falta incluso la copresencia en un mismo espacio, algo
que permite, por simple aproximación, cuestionar la relación
existente entre la miseria de los unos y la felicidad de los otros.
Ésta es la razón por la cual la red no puede constituir, por
sí sola, el soporte de una ciudad. En la tópica de la red, la
noción misma de bien común es problemática, porque, por más
que la pertenencia o la no pertenencia a la red quede en gran
medida indeterminada, se ignora entre quiénes podría ponerse
en «común» un «bien», así como, del mismo modo, entre quié­
nes podría establecerse una balanza de justicia. En efecto, una
exigencia de justicia no puede prescindir por completo de uni­
dades concebidas en virtud de una metáfora espacial (de uni­
dades representables), en cuyo interior pueda ser evaluada la
pretensión de las personas de acceder a los bienes materiales o
simbólicos en función de su valor relativo. La noción de pro­
yecto, tal y como la entendemos nosotros aquí, puede com­
prenderse, por lo tanto, como una formación de compromiso
entre exigencias que se presentan a priori como antagónicas: las
que se derivan de la representación en red y aquellas que son
158
inherentes al propósito de dotarse de una forma que permita
enunciar juicios y generar órdenes justificados. En efecto, sobre
el tejido sin costuras de la red, los proyectos dibujan una
titud de miniespacios de cálculo, dentro de los cuales pueden
ser engendrados y justificados los órdenes.
Finalmente, la ontología de la red, como podremos ver
cuando analicemos en el transcurso de este capítulo los apoyos
que estas nuevas representaciones reticulares del mundo han
podido encontrar en los desarrollos recientes de la filosofía
política, se ha establecido en gran medida con la pretensión de
liberar a los seres humanos de las constricciones de justifica,
ción que hacían pesar sobre la acción las metafísicas en dos
ámbitos -uno ocupado por seres dispersos, el otro por
ciones que permiten parangonarlos según un principio de equi,
valencia y someterlos, de este modo, a juicios-, que
zan a las filosofías políticas del bien común de las cuales ha sido
derivado el concepto de ciudad. Contra estas construcciones
en dos ámbitos, la red se presenta como un «plano de
cia» -según la expresión de G. Deleuze- en el cual la prueba es
definida por completo como una «prueba de fuerza» o, simple'
mente, como «composición de relaciones» o como «encuen­
tro», con vistas a ahorrarse los bucles de reflexividad que
llevan un juicio moraP. Ésta es la razón por la que la noción
3 Gilles Deleuze elabora la genealogía del concepto moderno de
prueba -en el sentido de prueba de fuerza- en su interpretación de
Spinoza y de Nietzsche. De Spinoza retiene las nociones de «composición
entre cuerpos» y de «encuentro». Ambas le sirven para conectar con
Nietzsche, sustituyendo las nociones morales de bien y mal por las de
bueno y malo: «será llamado bueno (o libre, o razonable o fuerte) aquel
que se esfuerza, todo lo que puede, en organizar los encuentros, en apro­
ximarse a aquello que conviene a su naturaleza, en componer su relación
a base de relaciones combinables y, de este modo, en aumentar su poten­
cia» (Deleuze, 1981, pp. 34-35). Lo que Deleuze llama aquí «encuentros»
o «composiciones de relaciones» es el acontecimiento que acerca a las
fuerzas y las pone a prueba las unas de las otras. Dentro de esta lógica, las
fuerzas preceden a los cuerpos, cuya existencia, puramente relacional, es
la huella o la insctipción de su relación. La relación de fuerzas, inheren­
te al encuentro, constituye a los cuerpos y, por consiguiente, a los estados
del mundo. El desplazamiento de la ontología hacia la prueba de fuerza
unifica el orden natural y el orden social y permite desembarazarse de la
moral: «Así, pues, la Ética, es decir, una tipología de los modos de exis­
159
,
compuesta de proyecto, que se está haciendo un lugar en el sen,
tido común de los miembros de nuestra sociedad, se compone
de préstamos de al menos dos familias de paradigmas diferen­
tes: los paradigmas de la red y los paradigmas que, haciendo
hincapié por igual en la comunicación y la relación, plantean
una exigencia de reflexividad y de convergencia hacia un juicio
común -como sucede, por ejemplo, en Habermas- a través de
la intermediación de intercambios regulados por una razón
comunicativa.
La ciudad por proyectos se presenta de este modo como un
sistema de constricciones que penden sobre un mundo en red
que incita a no tejer vínculos y a no extender sus ramificacio­
nes si no es respetando las máximas de la acción justificable
propias de los proyectos. Éstos son un obstáculo a la circulación
absoluta en la medida en que reclaman un cierto compromiso,
aunque sea temporal y parcial, y suponen un control por parte
de los otros participantes de las cualidades que cada uno pone
en juego. Como hemos sugerido en la introducción de esta
obra, la referencia a la justicia supone que las fuerzas sean obs,
taculizadas de tal forma que la relación de fuerzas pueda ser
redefinida como relación de grandezas. Las ciudades se presen­
tan, por lo tanto, como formas restrictivas que limitan las posi­
bilidades de acción en un mundo determinado cuya lógica
comparten y legitiman. La ciudad por proyectos no es una
excepción. Esta ciudad constriñe a la red, sometiéndola a una
forma de justicia que salvaguarda, sin embargo, su tenor y valo­
riza las cualidades del hacedor de red, algo que ninguna de las
ciudades ya establecidas estaba en condiciones de hacer.
tencia inmanentes, reemplaza a la Moral, que hace siempre referencia a
la existencia de valores transcendentes». Lo que aquí está en juego, para
G. Deleuze, es la cuestión de la conciencia y la de los juicios que invocan
razones para actuar, que es preciso reducir a ilusiones para entregarse a
un mundo desprovisto de sus apoyos normativos (<<La ilusión de los valo­
res forma una unidad con la ilusión de la conciencia», ¡bid., pp. 35-36).
160
1. LA CIUDAD POR PROYECTOS
Esta ciudad se apoya en la actividad de mediador puesta en
marcha en la formación de las redes, con el objetivo de
la de un valor propio con independencia de los fines buscados
o de las propiedades sustanciales de las entidades entre las
les se efectúa la mediación. Desde esta perspectiva, la
ción es un valor en sí o, mejor dicho, dentro del marco
ceptual que aquí utilizamos, una grandeza específica que todo
actor es susceptible de hacer prevalecer cuando «pone en
ción», «crea vínculos» y contribuye, de este modo, a «tejer redes».
Pero entendámonos bien, mantener la hipótesis de que asis·
timos a la formación de una nueva ciudad cuyas pruebas
tantes harían referencia a la confección o al relajamiento de los
vínculos en un mundo en red no significa, evidentemente, que
la puesta en marcha de redes constituya una novedad radical,
como sugieren a veces los escritos que le son consagrados y
cuya multiplicación actual contribuye, precisamente, a la
ción del mundo en relación al cual semejante ciudad podría ser
pertinente. Nuestra posición es diferente. La formación de
redes más o menos extensas no es una realidad más novedosa
que lo era la actividad mercantil en la época en que Adam
Smith escribía La riqueza de las naciones. Sin embargo, parece
como si hubiera que haber esperado al último tercio del siglo xx
para que la actividad de mediador, el arte de tejer y de utilizar
los vínculos más diversos y más lejanos, se haya visto autono,
mizada, apartada de otras formas de actividades que hasta
entonces la recubrían, identificada y valorizada por sí misma.
Este proceso nos parece constituir una novedad digna de atención.
Trataremos de esbozar a continuación una descripción
plana -sin ninguna distancia crítica- de la ciudad por
tos, como si penetrásemos en ella con la determinación y las
ansias naturales de aquellos a quienes estas nuevas exigencias
normativas les son presentadas como ejemplos. La
ra de la «ciudad por proyectos» queda ilustrada,
te, por extractos de nuestro corpus de la década de 1990 y,
secundariamente, por otros trabajos de las ciencias sociales que
utilizan la metáfora de la red. Presentamos dicha arquitectura
en tres tiempos: a) el primero está consagrado a la ilustración
del principio de equivalencia que permite ordenar las cosas y
161
las personas y, de este modo, enunciar un juicio en lo que a su
calidad de «grandes» o «pequeños» se refiere; b) el segundo se
centra en las formas de justicia puestas en funcionamiento en
la ciudad por proyectos y hace referencia, por lo tanto, a las
condiciones que deberían ser satisfechas para que la jerarquía
de los estados, según el principio de equivalencia establecido
en (a), sea transformado en un orden justificable; e) el tercer
momento de nuestra exposición se interesa por el arraigo de la
ciudad por proyectos en una definición de la naturaleza:
raleza de la sociedad para conferir a la ciudad una vocación
universal; naturaleza humana, en segundo lugar, especificación
indispensable para fundar la potencialidad igualitaria de todos
los seres humanos para acceder a la grandeza correspondiente
a la lógica de esta ciudad e, igualmente, precondición para la
realización de la justicia en el mundo que le corresponde.
Principio de juicio y jerarquía de los seres en la
ciudad por proyectos
El <principio superior común>· es, según la gramática que
estamos empleando, el principio según el cual son juzgados los
actos, las cosas y las personas en una ciudad determinada. En
la ciudad industrial, por ejemplo, el principio superior común
es la eficacia. La eficacia representa la convención que
tuve la equivalencia entre los seres, en el sentido de que se
puede decir, por ejemplo: "desde el punto de vista de la efica­
cia, X equivale a y». Del mismo modo, se puede decir, utilizan­
do esta misma convención, que «Z es más grande o más
ño que X». Así, pues, la identificación del principio superior
común de una ciudad nos conduce directamente al <estado de
grande>, siendo grande aquel que encarna con fuerza los valo­
res de la ciudad, así como al < estado de pequeño>, definido
por la carencia de la calidad de grande. La <decadencia de la
ciudad> señala, como <el estado de pequeño>, situaciones
en las que los comportamientos son inadecuados según los
valores de la ciudad, haciendo, sin embargo, más bien referen­
• En esta secci6n pondremos entre corchetes agudos los conceptos
gramaticales provenientes de De la Justification y en cursiva los términos
clave que describen la ciudad por proyectos.
162

por ejemplo. a través de este tipo de asociación. En efecto.el más frecuentemente utilizado para interconectar elementos muy dispares entre sí. orientan la acción. uno de los autores de nuestro corpus. las personas tienden a ajustarse a estas nuevas reglas emergentes.). a veces. hasta hace poco. pero en I Así. gra­ cias a favores (sería el caso de los masones) y. constatando un entu­ siasmo sin precedentes por la forma reticular -a punto de con­ vertirse en el nuevo one best way-. electricidad. recu­ rriendo directamente a medios ilegales (la mafia). el sociólogo Manuel Castells (1998) reúne bajo esta denominación las numerosas transformaciones que han afectado a los países capitalistas desde hace dos décadas. por su parte. contrapone a ésta la prolife­ ración de formas que él mismo recomienda. La recuperación del término red se ha determinado gracias a una coyuntura histórica particular caracterizada. etc. siendo sus miem­ bros acusados de pretender. no sólo en la literatura de gestión empresarial. cuyo uso se extendía a las redes de distribución de otros bienes (redes bancarias. aunque sólo sea porque confieren sentido a lo que de otro modo no sería más que una proliferación arbitraria de dispositivos circunstanciales y de conveniencias locales. principalmen­ te. bien a organizaciones de carácter ocul­ to (redes de resistencia) cargadas con una connotación fre­ cuentemente negativa (redes de traficantes). 154 . es decir. Esta demanda de inteligibilidad ejerce una presión importante para obtener una explicitación y una formalización mayores de las reglas de conducta que. en microeconomía y en sociologíal . El término red estaba. tal y como podemos ver en el caso del «prospectivista» Alvin Toffler (1991 ©).mas de éxito y las nuevas reglas de juego del mundo económi­ co para saber cómo maniobrar y preparar a sus hijos. quien. obtener ventajas y beneficios de forma ilícita. El fenómeno es tan masivo en la literatura de gestión empresarial que puede provocar como contrapartida efectos de distanciamiento. Sin lugar a dudas. por el desarrollo de las redes informáticas que han abierto posibilidades de trabajo y de colaboración a distancia. por ejemplo. obteni­ dos sin pasar por las mediaciones meritocráticas ordinarias. sirio también. por ejemplo). asociado bien a las redes técnicas de distribución (agua. el término red es -como hemos sugerido en el capítulo anterior.

de manera bastante autónoma en el campo teórico o en el de la investigación científica más fundamental-neurología e informática en nuestros días-. trial. bajo asalariado inserto en un conjunto jerárquico cuyos escala. Aplicado en traba. De este modo. en cada época. lado a ideas. jos universitarios de economía y de sociología del trabajo -disci. a modelos de causalidad y a modelizaciones matemáticas. en un primer momento. pero reactivables. El proyecto es la ocasión y el pretex. infra) de conceptos para identificar estructuras escasamente -cuando no en absoluto. marse en la literatura destinada a los cuadros que hemos estudia. como ocurría en un mundo doméstico. estructura. tema. En un mundo reticular. aso. realizadas eventualmente a distancias sociales. plas. La vida social ya no se presenta en forma de una serie de derechos y deberes con respecto a la comunidad familiar exten. el concepto de red debía. donde se efectúa toda la carrera profesional y en el que la actividad profesional está claramente separada del ámbito privado. vincu. tecnologías e investigaciones contemporáneas. la vida social se compone en lo sucesivo de una multiplicación de encuentros y de conexiones temporales. aunque permanezcan desactivados temporalmente. si fuese puramente 155 . con grupos diversos.jerárquicas. entropía. ha sido movilizado por el capitalismo de forma bastante natural. evolución. sa. reuniendo temporalmente a personas muy dispares y presentándose como un extremo de la red fuertemente activado durante un periodo relativamente corto de tiempo. geográficas y culturales muy elevadas. BOltanski. plmas que contribuyen a dar a la gestión empresarial sus asideros teóricos-. pero que permite forjar vínculos más duraderos que. to para la conexión. dinámica y crecimiento exponencial (Bourdieu. tecnoestructura. do. flexibles y no limitadas por rronteras establecidas a priori. profesionales.tiempo real. y por la búsqueda en el seno de las ciencias sociales (crr. 1976). casi necesariamente. ciado a un vocabulario específico. como ocurría en un mundo indus. y construido para proporcionar una alternativa a los algoritmos jerárquicos. como ocurrió anteriormente con nociones como las de sis. ni en forma del tra. las formas de producción capi. permanecerán siempre disponibles. talistas acceden a la representación movilizando conceptos y herramientas desarrollados. El concepto existente de red. Los proyectos permiten también la pro­ ducción y acumulación en un mundo que. fones es preciso escalar. energía.

proporciona un fundamento a la exigencia de hacer que se extienda la red favoreciendo las conexiones. 156 . por ejemplo. Evidentemente. Hemos tratado de mostrar este nuevo sistema de valores reteniendo en la literatura de gestión empresarial cuanto nos parecía específico. por ejemplo. una bolsa de acu­ mulación temporal que. industriales o encaminadas a la obten­ ción de renombre. los textos de la década de 1990 distan de conformar la única retórica posible del proyecto. lo que nos ha conducido a construir una séptima ciu­ dad. precisamente. El proyecto es. Con vistas a dar relieve a esta nueva forma y extraer su carácter sistemático. que. legitimar nuevas posiciones de poder y seleccionar a aquellos que se beneficiarán de ellas. 1991). acumularse o cobrar forma: todo quedaría arrastrado por la corriente continua de los encuentros. discriminar los comportamientos ade­ cuados y aquellos que conducen a la exclusión. por lo tanto. sin insistir en rasgos más familiares como. distribuyen y disuelven sin descanso cuanto pasa por ellos. ya sean éstas. siendo creadora de valor. Thévenot. en conformidad con el méto­ do de los tipos ideales. comerciales. estabilizando y tornan­ do irreversibles los vínculos.hacen referencia a una lógica industrial. cuyo esbozo puede encontrarse a continuación. todos aquellos que -aunque sigan estando muy presentes. En ellos se encuentra también la referencia -aunque en grados muy diferentes. la ciudad por proyectos. nos hemos esforzado en extraer de los textos de gestión empresarial más recientes aquello que indica­ ba su singularidad. hemos procedido a su codificación utilizando la gramática de las ciudades presentada en De la justification (Boltanski.conexionista. Es. no conocería más que flujos sin que nada pudie­ ra estabilizarse. premiar cualida­ des y actitudes que hasta entonces no habían sido identificadas claramente. constituyéndose un nuevo sistema de valores sobre el cual podrán apoyarse las per­ sonas para emitir juicios. Estas nuevas máximas orientadas hacia el éxito acompañan el establecimiento de un mundo semejante. habida cuenta de su capacidad para poner en comunicación todo con todo. inédito y particularmente en contraposición a los valores dominantes de la década de 1960. es decir.a otras lógicas de acción. la existencia de objetos y sujetos. Sin embargo. una proliferación de conexiones activas que propicia el nacimiento de formas.

recomponiéndose. por ejemplo. de una «ciudad conexionista» o de una «ciudad reticular»-. De hecho. podemos hablar de una estructura social por proyectos o de una organización general de la sociedad por proyectos2• Además. en particular. sin denotar. considerados en su conjunto. que puedan ser identificadas pruebas en el transcurso de las cuales los seres se midan de Z Semejante correspondencia hubiera sido imposible con una «ciu~ dad de los proyectos» -expresión. Para ello es necesario. sin lugar a dudas. entendiendo por ello que las grandezas relativas atri~ buidas a los seres aparezcan como fundadas y legítimas. Análogamente.por~ que la organización «de los proyectos». que designa la operación consistente en coordinar recursos diversos con un objetivo preciso y por un periodo limitado en el tiempo (se habla. 157 . Precisemos . esta expresión ha sido calcada de una denominación frecuente en la literatura de gestión empresarial: la organiza~ ción por proyectos. el término que designa a la ciudad que codifica las formas a las que debe conformarse la justicia en un mundo re~ ticular no podía limitarse a hacer referencia directa a la «red» -como hubiera ocurrido si hubiésemos hablado. ya que la expresión puede resultar difícil de manejar y poco clara. de un housing project para designar a un conjunto inmobiliario).Hemos optado por denominar ciudad por proyectos al nuevo aparato justificativo que a nuestro juicio está formándose en la actualidad por varías razones que conviene explicitar. según prioridades y necesidades. o la estructura «de los proyectos» hace referencia a cada uno de los proyectos considerados individualmen~ te y no a la forma que confieren. con la misma fuerza que el término francés projet.que el término proyecto debe ser entendido en la lite­ ratura de gestión empresarial -una literatura fuertemente inspirada por los autores anglosajones. Este tipo de organización evoca una empre~ sa cuya estructura se compone de una multitud de proyectos que integran a personas variadas. más agradable. por ejemplo. ni las ideas de plan y de planificación (que la lengua inglesa expresa más bien a tra­ vés de la utilización del término pkm y sus derivados) ni su encarnación en la persona y el horizonte temporal indefinido del proyecto existencial. algunas de las cuales participan en varios de éstos. al mundo social. los grupos o equipos de trabajo. La naturaleza misma de este tipo de proyectos se caracteriza por tener un principio y un final: los proyectos se suceden y se reemplazan. porque un cierto número de constricciones deben pesar sobre el funcionamiento de la red para que ésta pueda ser calificada de justa.como una traducción del inglés project.

En efecto.en un momento dado supone.acuerdo con una relación de equivalencia mutua. tal y como la entendemos nosotros aquí. del mismo modo. En la tópica de la red. sino que falta incluso la copresencia en un mismo espacio. el soporte de una ciudad. puede com­ prenderse. La noción de pro­ yecto. cuando las personas van en pos de un nuevo compromiso. se ignora entre quiénes podría ponerse en «común» un «bien». por otro lado. La red se extiende y se modifica sin descanso. constituyendo su capacidad para reinsertarse en un nuevo pro­ yecto uno de los signos más palpables de grandeza. como una formación de compromiso entre exigencias que se presentan a priori como antagónicas: las que se derivan de la representación en red y aquellas que son 158 . Ahora bien. en un momento dado. pueden con toda razón. en cuyo interior pueda ser evaluada la pretensión de las personas de acceder a los bienes materiales o simbólicos en función de su valor relativo. ser definidos como excluidos) tienden a desaparecer sin dejar huella. así como. por más que la pertenencia o la no pertenencia a la red quede en gran medida indeterminada. en semejante contexto. Ahora bien. por sí sola. ya que los pequeños (quienes. Por consiguiente. una clausura de la lista de seres concernidos. Ésta es la razón por la cual la red no puede constituir. la lista de aquellos entre los cuales puede establecerse un balance de justicia. la cuestión de la justicia no tiene por qué plantearse. por simple aproximación. porque. entre quié­ nes podría establecerse una balanza de justicia. la noción misma de bien común es problemática. cuestionar la relación existente entre la miseria de los unos y la felicidad de los otros. hasta el punto de que no existe principio pertinente para detener. La equidad en la distribución de las grandezas -en función de las contribuciones. por lo tanto. una exigencia de justicia no puede prescindir por completo de uni­ dades concebidas en virtud de una metáfora espacial (de uni­ dades representables). en un mundo construido de tal forma que esté completamente sometido a la lógica de la red. los momentos que marcan el final de un proyecto. en un mundo semejante. veremos que estas pruebas son por excelencia. algo que permite. en un mundo totalmente en red no hay clausura posible. como veremos. No se trata tan sólo de que nin­ gún equipamiento permita explicitar las equivalencias impres­ cindibles para el establecimiento de una balanza de justicia.

las fuerzas preceden a los cuerpos. ción que hacían pesar sobre la acción las metafísicas en dos ámbitos -uno ocupado por seres dispersos. el otro por conven~ ciones que permiten parangonarlos según un principio de equi. los proyectos dibujan una mul~ titud de miniespacios de cálculo. con vistas a ahorrarse los bucles de reflexividad que con~ llevan un juicio moraP. como podremos ver cuando analicemos en el transcurso de este capítulo los apoyos que estas nuevas representaciones reticulares del mundo han podido encontrar en los desarrollos recientes de la filosofía política. por consiguiente. una tipología de los modos de exis­ 159 . Ambas le sirven para conectar con Nietzsche. pues.en su interpretación de Spinoza y de Nietzsche. como «composición de relaciones» o como «encuen­ tro». valencia y someterlos. de este modo. dentro de los cuales pueden ser engendrados y justificados los órdenes. la ontología de la red. en organizar los encuentros. inheren­ te al encuentro. en aumentar su poten­ cia» (Deleuze. en componer su relación a base de relaciones combinables y.en el cual la prueba es definida por completo como una «prueba de fuerza» o. sobre el tejido sin costuras de la red. cuya existencia. constituye a los cuerpos y. sustituyendo las nociones morales de bien y mal por las de bueno y malo: «será llamado bueno (o libre. es decir. La relación de fuerzas.inherentes al propósito de dotarse de una forma que permita enunciar juicios y generar órdenes justificados. En efecto. a los estados del mundo. se ha establecido en gran medida con la pretensión de liberar a los seres humanos de las constricciones de justifica. Deleuze. de este modo. puramente relacional. es la huella o la insctipción de su relación. en apro­ ximarse a aquello que conviene a su naturaleza. la red se presenta como un «plano de inmanen~ cia» -según la expresión de G. Ésta es la razón por la que la noción 3 Gilles Deleuze elabora la genealogía del concepto moderno de prueba -en el sentido de prueba de fuerza. Contra estas construcciones en dos ámbitos. De Spinoza retiene las nociones de «composición entre cuerpos» y de «encuentro». o razonable o fuerte) aquel que se esfuerza. la Ética. El desplazamiento de la ontología hacia la prueba de fuerza unifica el orden natural y el orden social y permite desembarazarse de la moral: «Así. Finalmente. simple' mente. 1981. pp. que caracteri~ zan a las filosofías políticas del bien común de las cuales ha sido derivado el concepto de ciudad. todo lo que puede. a juicios-. Lo que Deleuze llama aquí «encuentros» o «composiciones de relaciones» es el acontecimiento que acerca a las fuerzas y las pone a prueba las unas de las otras. 34-35). Dentro de esta lógica.

. para G. que es preciso reducir a ilusiones para entregarse a un mundo desprovisto de sus apoyos normativos (<<La ilusión de los valo­ res forma una unidad con la ilusión de la conciencia». que se está haciendo un lugar en el sen. Éstos son un obstáculo a la circulación absoluta en la medida en que reclaman un cierto compromiso. la referencia a la justicia supone que las fuerzas sean obs. Deleuze. reemplaza a la Moral. sometiéndola a una forma de justicia que salvaguarda. Las ciudades se presen­ tan. 35-36).a través de la intermediación de intercambios regulados por una razón comunicativa. se compone de préstamos de al menos dos familias de paradigmas diferen­ tes: los paradigmas de la red y los paradigmas que. su tenor y valo­ riza las cualidades del hacedor de red. Esta ciudad constriñe a la red. La ciudad por proyectos se presenta de este modo como un sistema de constricciones que penden sobre un mundo en red que incita a no tejer vínculos y a no extender sus ramificacio­ nes si no es respetando las máximas de la acción justificable propias de los proyectos. haciendo hincapié por igual en la comunicación y la relación. en Habermas. por ejemplo. Como hemos sugerido en la introducción de esta obra. taculizadas de tal forma que la relación de fuerzas pueda ser redefinida como relación de grandezas. tencia inmanentes. y suponen un control por parte de los otros participantes de las cualidades que cada uno pone en juego. pp. ¡bid. es la cuestión de la conciencia y la de los juicios que invocan razones para actuar. tido común de los miembros de nuestra sociedad. por lo tanto.. algo que ninguna de las ciudades ya establecidas estaba en condiciones de hacer. aunque sea temporal y parcial. sin embargo. 160 . como formas restrictivas que limitan las posi­ bilidades de acción en un mundo determinado cuya lógica comparten y legitiman. La ciudad por proyectos no es una excepción. que hace siempre referencia a la existencia de valores transcendentes». Lo que aquí está en juego. plantean una exigencia de reflexividad y de convergencia hacia un juicio común -como sucede. compuesta de proyecto.

Nuestra posición es diferente. mejor dicho. parece como si hubiera que haber esperado al último tercio del siglo xx para que la actividad de mediador. Desde esta perspectiva. por extractos de nuestro corpus de la década de 1990 y. La arquitectu~ ra de la «ciudad por proyectos» queda ilustrada. que la puesta en marcha de redes constituya una novedad radical. Presentamos dicha arquitectura en tres tiempos: a) el primero está consagrado a la ilustración del principio de equivalencia que permite ordenar las cosas y 161 .de la ciudad por proyec~ tos. se haya visto autono. dentro del marco con~ ceptual que aquí utilizamos. mantener la hipótesis de que asis· timos a la formación de una nueva ciudad cuyas pruebas impor~ tantes harían referencia a la confección o al relajamiento de los vínculos en un mundo en red no significa. una grandeza específica que todo actor es susceptible de hacer prevalecer cuando «pone en rela~ ción». como si penetrásemos en ella con la determinación y las ansias naturales de aquellos a quienes estas nuevas exigencias normativas les son presentadas como ejemplos. de este modo. evidentemente. Trataremos de esbozar a continuación una descripción plana -sin ninguna distancia crítica. Pero entendámonos bien.1. Este proceso nos parece constituir una novedad digna de atención. a «tejer redes». a la crea~ ción del mundo en relación al cual semejante ciudad podría ser pertinente. LA CIUDAD POR PROYECTOS Esta ciudad se apoya en la actividad de mediador puesta en marcha en la formación de las redes. con el objetivo de dotar~ la de un valor propio con independencia de los fines buscados o de las propiedades sustanciales de las entidades entre las cua~ les se efectúa la mediación. la media~ ción es un valor en sí o. identificada y valorizada por sí misma. Sin embargo. mizada. La formación de redes más o menos extensas no es una realidad más novedosa que lo era la actividad mercantil en la época en que Adam Smith escribía La riqueza de las naciones. «crea vínculos» y contribuye. precisamente. el arte de tejer y de utilizar los vínculos más diversos y más lejanos. principalmen~ te. como sugieren a veces los escritos que le son consagrados y cuya multiplicación actual contribuye. secundariamente. apartada de otras formas de actividades que hasta entonces la recubrían. por otros trabajos de las ciencias sociales que utilizan la metáfora de la red.

como <el estado de pequeño>. en segundo lugar. b) el segundo se centra en las formas de justicia puestas en funcionamiento en la ciudad por proyectos y hace referencia. La <decadencia de la ciudad> señala. X equivale a y». haciendo. naturaleza humana. especificación indispensable para fundar la potencialidad igualitaria de todos los seres humanos para acceder a la grandeza correspondiente a la lógica de esta ciudad e. en el sentido de que se puede decir. utilizan­ do esta misma convención. definido por la carencia de la calidad de grande. de este modo. según el principio de equivalencia establecido en (a). sin embargo. En la ciudad industrial. por lo tanto. la identificación del principio superior común de una ciudad nos conduce directamente al <estado de grande>. Del mismo modo. a las condiciones que deberían ser satisfechas para que la jerarquía de los estados. e) el tercer momento de nuestra exposición se interesa por el arraigo de la ciudad por proyectos en una definición de la naturaleza: natu~ raleza de la sociedad para conferir a la ciudad una vocación universal. el principio superior común es la eficacia. situaciones en las que los comportamientos son inadecuados según los valores de la ciudad. siendo grande aquel que encarna con fuerza los valo­ res de la ciudad. sea transformado en un orden justificable.las personas y. precondición para la realización de la justicia en el mundo que le corresponde. enunciar un juicio en lo que a su calidad de «grandes» o «pequeños» se refiere. según la gramática que estamos empleando. así como al < estado de pequeño>. más bien referen­ • En esta secci6n pondremos entre corchetes agudos los conceptos gramaticales provenientes de De la Justification y en cursiva los términos clave que describen la ciudad por proyectos. Principio de juicio y jerarquía de los seres en la ciudad por proyectos El <principio superior común>· es. La eficacia representa la convención que consti~ tuve la equivalencia entre los seres. que «Z es más grande o más peque~ ño que X». las cosas y las personas en una ciudad determinada. Así. 162 . por ejemplo: "desde el punto de vista de la efica­ cia. el principio según el cual son juzgados los actos. pues. se puede decir. igualmente. por ejemplo.

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