Giovanni Boccaccio

El decamerón
Volumen I

EL DECAMERÓN .

com .liberbooks.com info@liberbooks.Autor: Giovanni Boccaccio Primera publicación en papel: 1352 Colección Clásicos Universales Diseño y composición: Manuel Rodríguez © de esta edición electrónica: 2009. liberbooks.com / www.

Giovanni Boccaccio EL DECAMERÓ N VOLUMEN I .

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. . . . . . . . . Jornada primera . . . . . . . . . 9 13 85 189 251 . . . . . . . . . . . . Jornada cuarta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Índice Proemio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Jornada segunda . . . . . . . . Jornada tercera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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no por ello dejé de sentir grandes fatigas. y si en cualquier persona parece esto bien. yo soy uno de ellos. en el que hay cien narraciones. hasta el punto de que si se narrara no parecería propio de mi baja condición. si alguien lo necesitó más y lo recibió con estima y placer. puesto que desde mi primera infancia hasta hoy he estado encendido en un noble y puro amor. los apacibles consejos de un buen amigo. y no por crueldad de la mujer amada. E s humano tener compasión de los afligidos. y muchas veces me hacían sentir gran pesar.Proemio Aquí comienza el libro llamado Decamerón. Y aunque acerca de eso por los discretos se tuvo noticias. Con seguridad. junto con sus loables consuelos. denominado también Príncipe Galeoto. referidas en diez días por siete damas y tres mozos. sino por el violento fuego que en mi mente engendraron los más desenfrenados apetitos. tanto 9 . debe exigirse aún más en aquellos que necesitaron consuelo y lo encontraron en otros. los cuales no tenían límite alguno. En tal retribución. y yo fui alabado y muy bien considerado.

o de peligro. porque allí será de más utilidad y también tenida en más estima. sin embargo debo prodigarla donde más se necesita.Giovanni Boccaccio mitigaron mi dolor. prestarles algún alivio. Pero si Aquel que. que este auxilio debe darse a las mujeres gentiles. a cambio de aquello que he recibido y ahora que puedo valerme de mí. y censurable lo contrario. hasta donde lleguen mis fuerzas. Pero aunque hayan terminado ya mis agobios. he venido a encontrar deleite. o de evidente oprobio. al menos para aquellos que están muy necesitados de ella. para aquellos que lo necesiten. pudiera romperlo o doblegarlo— terminase en el curso del tiempo debilitándose de tal manera que de él sólo ha quedado ese placer que suele dejar la pasión a quien no se arriesga a navegar por sus piélagos tenebrosos. a los que me entendieran. donde acostumbraba a sentir fatiga. por casualidad o por su buena suerte no lo necesiten. Por tanto. Y como. aunque por su buen sentir. dio por ley inmutable que todo lo mundano acabe. siendo infinito. antes que a los hombres? 10 . consolación. y también. cualquiera que sea. no volverán a olvidárseme más. el agradecimiento es virtud digna de elogios entre todas. resulte poca cosa. de no ser con la muerte. no quiero parecer ingrato y me he propuesto. de consejo. Y aunque mi ayuda. o como quieran llamarle. que tengo la firmísima creencia de que gracias a ellos no dejé de existir. desprendiéndome de afanes. por lo tanto. por lo menos. plúgole a Él que mi amor —aunque ferviente y sin que ninguna fuerza de duda. no por eso me olvidaré de los beneficios recibidos de aquellos a quienes por su benevolencia producían penas mis cuitas. ahora. si es como creo. ¿Y quién negará.

y. como podemos claramente observar. si están invadidos de alguna pesadumbre o pensamiento triste. para aliviar de alguna manera la falta de Fortuna donde menos pródiga resulte. cabalgar. Ocurre.. referidas en diez 11 .El decamerón Poseen en sus delicados pechos. gazmoñas y vergonzosas. no poseen libertad para elegir los placeres. Por lo que. De esta manera cualquiera puede. historias. poseen muchos modos de disiparlo o aliviarlo. y debatiéndose en pensamientos que no siempre son alegres. en su totalidad o en parte. que las mujeres dirigidas por las voluntades de los padres. es más. pescar. y donde más avara se muestre en sus consuelos. jugar y traficar. así lo saben quienes las han saboreado y las saborean. o se obtiene consuelo o se levanta el ánimo por algún tiempo. el huso y la rueca). si nuevos razonamientos no la expulsan. Y si alguna melancolía nacida de fogosos deseos acude a su mente. una amorosa llama que cobra más fuerza que lo ostensible. adquirir ánimos o aliviarse. pueden pasear. oír y ver muchas cosas. si quieren. en socorro y favor de aquellas que aman (que las otras ya tienen bastante con la aguja. En el caso de los hombres enamorados no ocurre lo mismo. yo.. madres. como en el caso de las mujeres. hermanos y maridos. Estos. parábolas. ejercitarse en la cetrería. me propongo relatar aquí cien novelas. deseando cosas que al cabo de media hora desprecian. fábulas. conviene que se guarden. para eso. cazar. además. De tal manera. Y eso que son menos fuertes que los hombres en conformarse. al menos por algún tiempo. o como queramos llamarlas. permanecen la mayoría del tiempo recluidas en el círculo reducido de sus habitaciones permaneciendo casi ociosas.

den gracias al Amor. 12 . tanto de los tiempos modernos como de los antiguos. Las mujeres que esto lean podrán sacar provecho de las cosas de solaz que aquí se encuentran.Giovanni Boccaccio días en una honesta reunión de siete damas y tres hombres jóvenes. me ha permitido ocuparme de sus deleites. cosa difícil. Si esto ocurre (¡Dios lo quiera!). En estas narraciones se encontrarán placenteros lances de amor. con otros fortuitos acontecimientos. y a la vez útiles consejos para conocer lo que deben rehuir y lo que deben imitar. durante el pestilencial tiempo de la pasada mortandad. que al librarme de sus ligaduras. y algunas canciones cantadas en su dialecto por las citadas mujeres. si sus ansiedades no se disipan.

un pesaroso y enojoso comienzo. en la que. al leerme. bajo el reinado de Pampinea. como si siempre hubierais de discurrir. y que llevo en la memoria por lo perniciosa y deplorable. a vuestro juicio. otras tantas comprendo que la presente obra tendrá. pienso que todas vosotras sois piadosas por naturaleza. se habla. así tam- 13 .Jornada primera Comienza aquí la primera jornada del Decamerón. Pero no quiero que por eso os asustéis antes de leerlo. más allá de la cual se extiende un delicioso llano. después de exponer el autor el motivo por el cual las personas que se enumeran se reunieron para razonar conjuntamente. graciosísimas señoras. entre suspiros y lágrimas. tanto más agradable cuanto mayor fuera la fatiga de la subida y el descenso. de lo que más agrada a cada una. universalmente dolorosa para los que la vieron o conocieron. C uantas veces. como es la recordación de la pestilente mortandad pasada. Este horrible principio no será sino como para los caminantes una montaña árida y agreste. Y así como al exceso de alegría sigue el dolor.

casi por necesidad me veo obligado a escribir lo que escribo. sin detenerse. A esta breve tristeza (digo breve porque se contiene en pocas líneas) seguirán prestamente la dulzura y el placer. por las personas devotas. sobrevino la mortífera peste. la justa ira de Dios envió sobre los mortales. desaparecen. donde arrebató una innumerable cantidad de vidas. ni prohibir que algún enfermo entrara en la población. como limpiar la ciudad por operarios nombrados para tal caso. La cual. comenzó la peste sus horribles efectos. no uno. No valía entonces ninguna previsión ni providencia humana. pues. lo que os prometo de antemano. En verdad que si yo hubiera podido honestamente llevaros a lo que deseo por otro sendero menos áspero que éste. Pero no ocurría como en Oriente. prosiguió devastadora hacia el Occidente.Giovanni Boccaccio bién las miserias. ni dar muchos consejos para conservar la salud. ni hacer. donde el verter sangre de la nariz era signo de muerte 14 . que los años de la fructífera Encarnación del Hijo de Dios habían llegado a mil trescientos cuarenta y ocho. por obra de cuerpos celestes o por nuestros inicuos actos. no las esperéis. para evitar que si no os lo digo. Y digo. espléndida entre todas las de Italia. de buen grado lo hubiera hecho. extendiéndose pavorosamente. al sobrevenir el regocijo. cuando en la egregia ciudad de Florencia. pero como en él fue razón de que surgieran las cosas que se leerán. y fue originada unos años atrás en las partes de Oriente. apareciendo de una manera casi milagrosa. y no se podían exponer sin esta aclaración. en procesiones ordenadas y de otras maneras. sino muchos actos píos invocando a Dios. En todo caso. y desde allí. al iniciarse la primavera del año anterior.

y generalmente muerte. Vulgarmente se las denominaba bubas. o bien. no sólo eran raros los que se curaban. sino que el contacto con las ropas. o apretadas y pequeñas. piernas y demás partes del cuerpo. de muerte inmediata. los enfermos la transmitían a los sanos al relacionarse con ellos. a causa de la ignorancia de los médicos (cuyo número. cuando se les acerca mucho. cuando no antes o algo después. entre hombres y mujeres carentes de todo conocimiento de Medicina). o con cualquier objeto sobado o manipulado por los enfermos.El decamerón inmediata. Las mortíferas inflamaciones iban surgiendo por todas partes del cuerpo en poco tiempo. también éranlo esas manchas. haciendo que escapase el origen del daño y el modo de tratarlo. unas más mayores que otras. Esta peste cobró una gran fuerza. y seguidamente se convertían en manchas negras o lívidas que surgían en brazos. sino que casi todos. grandes y diseminadas. aparte del de los hombres de ciencia. al empezar la enfermedad. o bien como un huevo. transmitía la dolencia al sano. habíase hecho grandísimo. Para curar tal enfermedad no parecían servir el consejo de los médicos ni el mérito de medicina alguna. morían sin fiebre alguna ni otro accidente. como ocurre con el fuego a las ramas secas. al tercer día de la aparición de los antedichos signos. y aún lo es. Y el mal siguió aumentando hasta el extremo de que no sólo el hablar o tratar con los enfermos contagiaba enfermedad a los sanos. Y así como el bubón primitivo era signo. Y así. salíanles a las hembras y a los varones unas hinchazones en las ingles y los sobacos que a veces alcanzaban el tamaño de una manzana común. ya porque la naturaleza del mal no lo consentía. sino que aquí. 15 .

de manera que yo no osaría creerlo. según su costumbre. y disfrutando de la música y otros sensatos placeres que tenían a la mano. y los míos propios. vivían alejados de los demás. reuniéndose en grupos. recogiéndose en sus casas. y dos puercos.Giovanni Boccaccio Maravilloso sería creer lo que afirmo. que no solamente pasaba de una persona a otra. sino que las cosas del enfermo o muerto de la dolencia que eran tocadas por animales ajenos a la especie humana. tras algunas convulsiones. ambos cayeron muertos sobre los mal compuestos andrajos. Por mis propios ojos (como antes dije) presencié. oliéronlos y los asieron con los dientes. Casi todos tendían a un único fin: apartarse y huir de los enfermos y de sus cosas. como si hubieran tomado veneno. y menos escribirlo. no lo hubieran visto. Estas cosas. y otras parecidas o peores. y así. de parecer contrario. pensaban 16 . Otros. si los ojos de muchos. si mucha gente digna de fe no lo hubiese visto u oído. entre otras cosas. Algunos pensaban que vivir moderadamente y guardarse de todo lo superfluo ayudaba a resistir tan grave calamidad. produjeron mucho miedo e imaginaciones entre los que conservaban la vida. recluyéndose en los sitios donde no había ningún enfermo. acercándose. obrando de esta manera creían mantener la vida. INTRODUCCIÓN Y digo que tan fuerte y poderosa fue la peste narrada. a poco. les contagiaba y aun les hacía morir en espacio brevísimo. esta experiencia un día: yacían en la vía pública los harapos de un pobre hombre muerto hacía un rato.

tanto divinas como humanas. la enfermedad y los medicamentos. como los segundos. que no podían cumplir oficio alguno. bebiendo sin parar y excediéndose en todo lo que les agradaba. Olían de vez en cuando estas cosas. Y con esta extraña conducta. ni tampoco hacían excesos de bebida y otros placeres. Había un término medio de gentes que no se recluían en sus viviendas. Otros tenían más crueles sentimientos (como si ello fuera más seguro). y decían que no había 17 . por lo que resultaba lícito ejecutar lo que antojara a cada uno. decayó y desapareció totalmente. y no apartándose. por el contrario. beber mucho y vivir solazándose. riendo y mofándose. era la medicina precisa contra el mal. sino andando con flores en las manos y con hierbas aromáticas y con diversas clases de especias. habían muerto o enfermado. usaban según su apetito de los placeres en cantidad suficiente. poníanlo en práctica según sus medios. que la suprema autoridad de las leyes. Y lo que pensaban. satisfaciendo todos los apetitos que tenían a su alcance. fétido y maloliente por los cadáveres. porque los ministros y ejecutores de ellas. sino que. como los primeros. se pasaban el día y la noche de taberna en taberna. y la mayoría de las casas eran del dominio común. como los demás hombres. siempre se apartaban de los enfermos. utilizándolas los extraños como si fueran los propios dueños. pensando que era bueno aromatizar el cerebro con tales perfumes. a fin de combatir el aire.El decamerón que gozar. ya que todos (como si no fueran a seguir viviendo) habían dejado sus negocios en el abandono. A esto podían entregarse con ligereza. o bien alejáronse de tal modo con sus familias. En nuestra ciudad había tanta aflicción y miseria.

ellos. ni tampoco se salvaban todos. sino que solamente oprimiera a los que permanecían dentro de los muros de la ciudad. para buscar en campos ajenos. por lo menos asiduamente. abandonando sus casas. como si ninguna persona debiera permanecer en ella por temor a que le llegara su última hora. y que la propia familia no se visitaba. bastantes hombres y mujeres salieron de su propia ciudad. sino que. y a menudo la mujer al marido. eran también abandonados y morían en solitario. o propios. enfermando muchos en diversos lugares. Con todo no había muchos. y (lo que es más grave. no alcanzara. el hermano abandonaba al hermano. y casi increíble) los padres y las madres procuraban no visitar ni atender a los hijos. el tío al sobrino. los cuales exigían grandes salarios y ventajosas condiciones.Giovanni Boccaccio mejor medicina contra el mal que evadirse de él. Y puesto que los que opinaban tan disparatadamente no todos morían. al castigar la iniquidad de los hombres con aquella peste. sin pensar en nada ajeno a ellos. Y con este argumento. siendo incalculable la multitud de hombres y mujeres que enfermaban. Esto era resultado del espanto producido por aquella enfermedad. que habían sido ejemplo mientras estaban sanos. y los que había eran hombres y mujeres de rudo entendimiento y no acostumbrados a tales menesteres. Generalmente sus servicios consistían en entregar 18 . no tenían más remedio que recurrir a la caridad de los amigos (de los que había pocos) o a la avaricia de los sirvientes. sus parientes y sus enseres. la hermana al hermano. De más está decir que cada ciudadano rechazaba al otro. y que casi ningún vecino se preocupaba de los demás. el medio donde la ira de Dios. como si no fuesen suyos. Por todo esto.

por gallarda. casi forzosamente. ocurriendo otras nuevas. joven o no. por lo que. bella o gentil que fuese. que las mujeres. en la ciudad aumentaba el número de muertos hasta el punto que asombraba oírlo decir. en lugar de ganar. si la necesidad de su mal se lo exigía. entre las que curaron. entre la escasez de servicios que padecían los enfermos. cesaron del todo o en su mayor parte. que llevado a hombros. Estas cosas. más la fuerza de la peste. siguió la muerte de muchos que se hubieran salvado de ser atendidos. o en asistir a su muerte. surgió entre los ciudadanos que permanecían vivos hábitos contrarios a sus anteriores costumbres. no se recataba. Era de rigor. al tomar a su servicio un hombre. siendo muy escasos los 19 . cuando una mujer. con funeral de pompa y cánticos. enfermaba.El decamerón a los enfermos lo que les pedían. ocurrió el hecho casi inaudito de que. Seguidamente venían los clérigos. Ahora no solamente morían los hombres sin estar rodeados de mujeres. parientas y vecinas. según el rango del muerto. contribuyó a que fueran menos honestas posteriormente. De tal manera. sino que morían sin testigos. Y al ser abandonados los enfermos por sus vecinos. Tal hecho. ocupados en tal faena. era conducido a la iglesia elegida por él mismo antes de morir. de mostrarle sin ningún pudor ciertas partes de su cuerpo. al empezar a crecer el rigor de la peste. parientes y amigos. se reunieran en la casa de un difunto con las allegadas del mismo. mientras delante de la casa mortuoria se juntaban los vecinos y numerosos ciudadanos con los deudos del finado. algunas veces. como ocurre hoy. perdían. y más presenciarlo. Aparte de esto. como lo hubiera hecho con otra mujer. y al haber escasez de sirvientes.

y sin salir de sus vecindades. Muchos de los vecinos tomaron una costumbre. sufría mayor miseria. y al no ser atendidos ni servidos en cosa alguna. La gente modesta. enfermaban a millares a diario. aunque pereciesen en sus casas. porque la mayoría. mandaban colocar el féretro en la sepultura vacía que encontraban más a mano. más por el temor de que la corrupción de los muertos les perjudicara. los sobrevivientes se entregaban a risas y bromas y diversas algaradas. Eran pagados por sus servicios. no a la iglesia que el difunto hubiese dispuesto en vida. Muchos finaban de noche o de día. sino generalmente a la más cercana. colocándolos 20 . Había abundancia de éstos y de los otros. abandonando Su femenina devoción. Esta costumbre consistía en que ellos y algunos de los portadores sacaban de sus casas los cuerpos de los fallecidos. detrás llevaban. morían irremediablemente. Por el contrario. los cuales se buscaban entre la gente vil. en plena calle. no se trataba ya de apreciados e ilustres ciudadanos. que consistían en transportar el ataúd. que se hacían llamar faquines. Apenas había cadáveres que fueran conducidos a la iglesia con más de diez o doce acompañantes. sino de una especie de desaprensivos de baja ralea. cuatro o seis clérigos. y mucha de clase media. aprendieron a la perfección. en favor de su salud. con pocas velas y a veces ninguna. costumbre que muchas de las mujeres. retenidas en sus casas por la esperanza o la pobreza. que. y otros muchos.Giovanni Boccaccio que podían gozar de piadosas lamentaciones y amargos llantos. con ayuda de estos faquines. que por caridad hacia los difuntos. lo notificaban a sus vecinos con el hedor de sus cuerpos corruptos. que con pasos presurosos era conducido. y sin molestarse en exequias largas y solemnes.

según la antigua costumbre. se les añadían dos o tres ataúdes llevados por faquines. muy juntos y con poca tierra encima. debido a la magnitud del acontecimiento. Y para no entrar en más particularidades sobre estas miserias acaecidas en nuestra ciudad. Los sacerdotes se encontraban con que dentro de un entierro. y por ser tan excesivo el número de muertos. demostrar a los doctos la necesidad de desplegar gran paciencia. no era raro que en un solo ataúd juntaran dos o tres muertos a la vez. hasta llegar a la superficie. en más ocurrentes y despreocupados. No eran honrados con lágrimas. o bien para el padre y el hijo.El decamerón ante el umbral de sus puertas. debían aquéllos colocarse en el cementerio de los templos. o para dos o tres hijos. que estaban llenos de fosas grandísimas donde colocaban a centenares de los recién llegados„ tirándolos como mercancías. Quedó de manifiesto que si el curso natural de las cosas no había podido. y creyendo acompañar a un solo muerto. ni menos para darles lugares propios. con los raros males. Además. lo hacían para siete u ocho. transcurriendo en ella tan infames tiempos. o tal vez más. A la vista de la cantidad de cadáveres que día a día y casi hora a hora eran trasladados. digo que. debían colocarlos sobre una tabla. y lo mismo se cuidaban de la gente que moría. que se cuidarían de una cabra. en cambio se consiguió cambiar a los más simples. no por eso se libró la 21 . donde generalmente por la mañana podían verse en gran número por los que pasaban por allí. cirios ni compañía. A veces una misma caja sirvió para la mujer y el marido. transformándolos con la magnitud de los males sufridos. Luego hacían venir ataúdes. no bastando la tierra santa para enterrarlos.

carecían de servicio médico alguno y de la ayuda de los servidores. gallinas. como si fueran racionales.Giovanni Boccaccio campiña colindante. ¡Oh. siempre fidelísimos a los hombres. por el miedo de los sanos. asnos. en las casas. los míseros y pobres labradores. esforzándose únicamente en consumir lo que tenían a mano. ovejas. desentendiéndose de los futuros frutos de los ganados y de la tierra. donde crecían las mieses sin ser segadas. en cínicos y despreocupados de sus haberes. cuántas hermosas casas. y quizá la de los hombres. Todos. que desde marzo a julio siguiente. abandonados. y de sus pasados sudores. a la vez. y morían de día y de noche indistintamente. Esto originó que los bueyes. Sin más que decir (dejando la campiña y volviendo a la ciudad). a causa del poder de la pestilencia eran muchos los enfermos necesitados y. como los ciudadanos. después de pacer a su gusto durante el día. de este modo. y hasta los perros. en donde antes de la mortandad no se creía que hubiese tantos moradores. antes pletóricas de familias. parecía que se cuidaban sólo de aguardar la llegada de la muerte. dejando aparte los castillos. caminos y predios. puercos. Por tal motivo se convirtieron. sin ningún pastor que las guiase. semejantes dentro de su pequeñez a la ciudad. cabras. viéndose expulsados de las viviendas. cuántas nobles mansiones. más como bestias que como hombres. Créese que alrededor de unos cien mil seres humanos perecieron dentro de los muros de la ciudad de Florencia. qué de grandes palacios. 22 . no ocupándose de ninguna cosa. en la que. anduviesen vagando por los campos. en los pueblecitos y tierras dispersas. juntamente con sus familias. regresaban por la noche a sus casas. Y muchas bestias. sino que fue tanta y tan grande la crueldad del cielo.

qué inmensas herencias.El decamerón de señores y de damas. casi vacía. había mucha licencia. que un martes por la mañana. y bizarros jóvenes que Galeno. Tampoco quiero dar materia a los envidiosos. se encontraron después de oír los divinos oficios. Ninguna tenía más de veinticinco años y menos de dieciocho. desayunaron por la mañana con sus familiares y amigos. ya que hoy las leyes restringen los placeres un tanto más que antes. sino en otras más maduras. bellas formas. diré que hallándose en esta situación la ciudad. La razón es la siguiente: que por explicar y escuchar las cosas que luego siguen. Yo diría sus nombres si una justificada razón no me lo impidiera. ni disminuir en nada la honestidad de tan meritorias mujeres. para a la noche siguiente cenar con sus antepasados! A mí mismo me repugna narrar tantas calamidades. cuántas riquezas famosas quedaron sin su legítimo heredero! ¡Cuántos hombres valerosos. medio despoblada. decorosas costumbres y honradamente vivaces. y para que lo que cada uno dijo 23 . en la venerable iglesia de Santa María la Nueva. pudiera alguna de esas damas avergonzarse en lo futuro. siendo todas ellas discretas. de sangre noble. por los motivos y causas ya especificados. Hipócrates y Esculapio hubiesen juzgado rebosantes de su salud. quedaron vacíos hasta el último de sus sirvientes! ¡Y qué de memorables alcurnias. ocurrió como por persona digna de fe pude averiguar. siete mujeres jóvenes conocidas y amigas. cuando. con las ropas de luto que las circunstancias imponían. por lo que dejando de lado aquella parte que sin escrúpulos puedo dejar. y bellas mujeres. no sólo para la edad de las referidas jóvenes. dispuestos siempre a mancillar toda vida loable. Y por esta razón. con necias habladurías.

cuyo cumplimiento lleva consigo el bienestar de los hombres. se han causado muertes de hombres sin ninguna intención. pasado un momento. pongamos los remedios que podamos para conservar nuestra existencia. no sin motivos. a la segunda. Emilia. Ha de admitirse esto hasta el punto de que a veces. Filomena. no intentemos hallar salida para lo que a cada una amedrenta. Pampinea comenzó a hablar así: —Vosotras. queridas mías. A la primera y de más edad la llamaremos Pampinea. de que hemos de preocuparnos de nuestra propia vida. Laurita. como yo. resultará más honrado que nosotras y cualquier otra. dejaron sus padrenuestros y empezaron a hablar sobre los tiempos que corrían y sobre otras cosas. me propongo darles nombres apropiados. Las cuales. sino hallándose casualmente en la iglesia. y viendo que las demás callaban. no impelidas por previa determinación. No me maravillo de ello. formando corro. a la cuarta. cosa que haréis cada una de vosotras. Elisa. a sus calidades respectivas. después de muchos suspiros. que a nadie ofende quien honradamente usa de su razón. en todo o en parte. a la quinta. a la sexta. y analizando nuestros pensamientos. Neifile. a la tercera.Giovanni Boccaccio se pueda comprender sin confusión. por defenderla. sin ofender a nadie. Si las leyes autorizan esto. si es que nuestros sentimientos son femeninos. y a la última. Fiammetta. Haciendo un examen de nuestra conducta de esta mañana y de otras mañanas. habréis podido oír. pero sí lo hago de que. llego a la conclusión. Opino que nuestra permanencia en este lugar se prolonga hasta el extremo que parecemos cuidar 24 . Natural razón es que cada uno que nace intente defender y conservar su vida en cuanto puedan sus fuerzas.

o mostrar a cualquiera que venga. y al permanecer en mi morada. de una numerosa familia. y mucho más ahora. que la demás gente. por el contrario. por lo que me parece que. o «aquél está expirando». al no distinguir entre lo bueno y lo malo. aparte de nosotras. criticando nuestros males con deshonestas canciones. con rostros horribles que no sé de dónde les vinieron. más que a una criada. Solamente se oye decir «éste ha muerto». de día y de noche. cuyo número es ya reducido y necesitan cooperación. y que puede moverse. a la sola llamada de sus apetitos. o bien atender a los frailes. ninguna cuyo corazón late. encontramos a los que por sus delitos la autoridad condenó al destierro. pero que no son los suyos y me aterran. lo invade y mancilla todo.El decamerón los cadáveres sepultados. Esto me produce pavor y se me erizan los cabellos. y que recorren el país con ímpetu avasallador. Al regresar a nuestras casas. y despreciándonos. pero que han escarnecido a sus ejecutores por estar éstos ya muertos o enfermos. He visto y notado muchas veces. permanece aquí. solos y acompañados. hacen cuanto se les antoja. Me refiero también a las personas recluidas en los monasterios. la calidad y cantidad de nuestras miserias. por todas partes hallamos la visión de enfermos y cadáveres. salimos de aquí. Si. que con el nombre de faquines se alimenta de nuestra sangre. si no todas. ignoro si a vosotras os ocurre lo que a mí. quienes creen que les conviene lo que prac- 25 . y más dolorosos llantos escucharíamos si hubiera quien los vertiera. aquí y fuera. por medio de nuestros ropajes. no encontramos en ella. Encontramos también a la hez de nuestra ciudad. Por todo ello. me encuentro mal en todas partes. me parece encontrar las sombras de los que han muerto ya.

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