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Libro Microquito 2

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Recopilación de las mejores historias de Microquito 2.
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08/09/2013

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RECOPILACIÓN DE LAS OBRAS Sebastián Trujillo, Priscila Beneras, Haydeé Rosero, Pablo Cisneros. E D I Sebastián Trujillo.

P R O D Priscila Beneras. U C C I C I Ó Ó N N

F O T O G R A F Í A S Karla Gachet, César Morejón, Sebastián Trujillo, Daniel Benavides, Nessa Terán, María Paz Orozco, Andrea Calispa, Leo Encalada, Juan Pablo Rocha, Carlos Caluqui, Francisco Galárraga, Mosca Tosca, Camila Niama, Omar Arregui. G R Á F I C A Ricardo Muñoz, Francisco Galárraga, Félix Hurtado, Damián Vásquez, Mosca Tosca, Josué Granda. © De cada texto, sus autores, Microquito. © De esta edición, Instituto Metropolitano de Patrimonio, Microquito. ISBN: 978-9942-908-16-2 Hecho en Ecuador 2011.

DIRECCIÓN DE Ricardo Muñoz, Sebastián Trujillo. D I A G Daniel Noboa. R A M A C I

ARTE Ó N

CORRECCIÓN Nadya Durango.

DE

ESTILO

DISEÑO DE P O R TA D A Sebastián Trujillo, Ricardo Muñoz.

Microquito es un proyecto de

TRESPUPILAS

Ver y estar
Estamos felices, con esta publicación ponemos el broche al segundo Microquito y hemos triplicado la convocatoria a casi 10 mil cuentos. ¡Méh mueeero, una barbaridad! Una viejita no soltaba una de las gigantografías y me decía que no me la lleve, que el cuentito la acompañaba todas las mañanas en la parada del Trole. Hubo quejas también, pero lo bueno es que mucha gente nos apoyó cuando nos bajoneamos. De todas maneras estamos aprendiendo, y mucho, sobre hacer una intervención de este tamaño en esta ciudad. Otra de las cosas lindas que pasaron en este tiempo (es aquí donde podemos contarlas), es que sabemos que hay varios planes de tesis universitarias sobre Microquito, que hay mucha gente que ya tiene su cuento para la tercera edición, lo que nos da fuerza para continuar (frase cursi, sabrán perdonar). Estamos seguros, además, de que cada obra se convirtió para su autor, en una experiencia, en un querer y poder, y en un “pensar el lugar que se habita”, que también es una ganancia. De hecho, creemos que es La ganancia del concurso. Gracias por dejarnos ser parte de ese íntimo momento en el que, frente a una hoja en blanco, pensaron en Microquito, en verse en un letrero, en un libro y en ser parte de este ver y estar. Sebastián Trujillo Director, Microquito

CONSTRUYE TU LIBRO
Este libro, el que te regalaron, robaste o pediste prestado, (no devolverá, mijita) viene con instrucciones muy claras de lectura. Por favor sígalas, que por algo ponemos reglas. Uno: Este no es un libro de velador; es un libro de baño. Con esto nos referimos, a que no se debe leer de un solo tirón, porque se puede diluir. Repetimos, es un libro para leer de a poco, máximo unos cinco cuentitos por sentada, eso asegura la frescura del producto. Dos: Este libro no está terminado. No por pereza, sino porque está pensado para quien lo lee lo termine. Lo raye y lo intervenga con lo que se le antoje. Tres: Gócelo. Cuatro: Es altamente recomendado para los vagos de colegio (o trabajo). Para esos que pasan haciendo dibujitos en los cuadernos y que nadie, nadie valora como se debe. Recuerda que Microquito es un concurso para gente, personas, individuos, no solo para escritores y escritoras; entonces, el libro, y sus espacios en blanco (y los que no), están hechos para jugar, personalizarlo, mejorarlo y hacerlo tuyo. Cinco: Por favor, tenga cuidado de prestarlo o de que se lo pidan de vuelta luego de que se lo prestaron. Seis: Si leyó con atención los cinco puntos anteriores, por favor, vuelva al punto tres.

Í 14 22 34 58 76 82 92

N J Lugares

D

I

C

E

J La ciudad como tal J De todo un poco J Cotidianos J De soles y lluvias J La virgen y otras vírgenes J Leyendas tuneadas

102 J Esmog y las bicicletas 128 J Los Pichinchas 133 J Perros 141 J Personajes 174 J El Aucas y el resto del fútbol 184 J Pico y placa 190 J Ganadores 202 J Qué harías si ganaras Microquito 2

gracias
Agradecemos a los que escribieron cuentitos, a los que van a escribir en Microquito tres, y a los que nos leen y quieren. A Nelson Cárdenas, Alfredo Sandoval, Miriam Fonseca, Eduardo Sierra, Jorge Alvear, Santiago Bueno, Andrea Villacís. A Francisco Restrepo, Juan Carlos Arellano, Alberto Sabranski, Carolina Suárez, Gabriela Valarezo. A nuestro Jurado: Guido Díaz, Mariana Andrade, Hugo Idrovo, Martha de Salas, Édgar Alan García. A Érika Sylva Charvet, Ministra de Cultura, Marisela Rivera, Viceministra de Cultura, Alexis Oviedo, Gabriela del Pozo, Patricia Simbaña, Comité Editorial Ministerio de Cultura. Y cómo nos vamos a olvidar de ………………………………….., también al apoyo del Secretario de Comunicación del DMQ, Juan Carlos Gómez, a la Directora Ejecutiva del Instituto Metropolitano de Patrimonio, Arquitecta Margarita Romo, al Secretario de Cultura del DMQ, Miguel Mora Witt, al Secretario de Educación del DMQ, Juan Samaniego Froment. Al gran aporte de la Licenciada Haydeé Rosero, Miguel Aillón, Pablo Cisneros, Jaime Páez, Verónica Noriega, Cristina Rendón, Stephen Bruque, Karina Páez, Zeinab Yones, Ferchito Cacuango, Daniel Noboa, Camila Niama y sus muñecos, Carlos Gavilanes, Ruth Beneras, …………………………………, Mónica Reque, Gabino Torres, Steve Jobs y familia, Francisco Gringo Galárraga y los Ilustradores Ecuatorianos, Iván Chuqui, Santiago Páez, Paola Romero, Nelsy Vela, Paulina Latorre, Tammy Granja, Andrea Pazmiño, Pilar Chiriboga, Ángela Meléndez, Rubén Oña, Daniel Benavides, a la familia Menem Bolocco Zambrano, Isabel Iturralde, Jesús y su Sagrada Familia, Diego Puente, al Play Land Park, a María Fernanda Jijón, Soraya Proaño, Johnny Pasquel, Andrea Yerovi, Renzo Cancellier, Viviana Cevallos, Santiago Zurita, Edwin Calero, Jorge Cuvi, Marco Suárez. A Francisco Ordóñez, (por ser nuestro diablo oficial), a la gente linda! Gisela Cueva, Marliz Romero, Diana Borja, Roberto Naranjo, Jacinto Collaguazo (quien siempre molesta con cariño), Guillermo Marroquín, Ana María Armijos, Sandra Castillo, Ramiro Garrido, Omar Arregui, Soledad Garcés, Alegría Albán, Juan Sebastián Martínez, Raúl Almeida, Sarita Tello (la ídola), Juan Zabala, Toño Cepeda, María Paz Orozco, Sebastián Rodríguez y el Foto Club Quito, que siempre se ponen prestos y contentos. A don Robertitud Aguirre, al Payaso Cabeza de Piedra, al ají de los hot dogs, a las tortas de la Flores, a los que nos persiguen, a la lupita por todo su amor, al creador de la Internet y su familia, y a Dios (y sus amigos). Es muy probable que se nos pasaran algunos nombres, y como somos los más precavidos, dejamos esos espacios en blanco para que usted comedidamente se coloque.

El lugar a donde van los ring ring
¡Ring, ring! Es José. ¡Ring, ring! Es mamá. ¡Ring, ring! Yo qué sé. ¡Ring, ring! Es mi ex. ¡Ring, ring! El vacile de hoy. ¡Ring, ring! ¡Oh! ¿Y el ring, ring? En la Ma-rin-g.
Cristian Alexander Vinueza, San Roque – Cumbayá
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Quito, 31 de agosto de 1975
Primera película acompañado, es de chullas y bandidos. Las balas zumban muy cercanas y reales. El teatro se llena de polvo y de gas, apesta a sudor de soldado. Los asistentes deliramos. Mariugenia, mi amiguita, tiembla asustada. Salimos a la carrera del Teatro Pichincha, casi arrastrándonos. Vemos huecos de proyectiles en las paredes, tanques de guerra en las calles y paracas camuflash. Desde el campanario de la La Merced, cae muerto un francotirador. No eran efectos especiales. Era un golpe militar contra el dictador pujileño. ¡Qué pena, nos perdemos los sándwiches de higo en la esquina! Recibo mi primer beso.
Rodrigo Valarezo, 64 años, Monteserrín

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odo Esta es la his toria de una pareja que vi unos meses. vió feliz en el sur de Q uito Tenían su ca sita, su huerto , sus animales era su perro, . Además, un y un chanch perro que no o que tampo se llamaba N co era su chan asu, el chanch cho. El perro o, Chancho. Con el tiemp o, la felicidad de esa casa se murió Nasu. fue y el amor Poco después murió. Así, , Chancho. Y al final, el hombrecito. Cuando mu rió el marido , la mujer se no había mu dio cuenta d erto después e que el amo de todo. r n” Hospeda a g enios del arte , la poesía y el droga viajan amor, que sin más allá del dinero y sin sol. Andrea M
edina, San Ba rtolo

Guaman

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San Láza ro “

In

Ángel Reyes A

mbuludi

rutinas
Todos los domingos Soledad va a la Compañía.
Luis Felipe Camacho, Carcelén

Quiteño hasta la muerte
No pude nacer en la maternidad, porque estaba muy llena. No entré al Montesori, porque habían muchos niños. No entré a la escuela Eugenio Espejo ni al Mejía, porque no fui favorecido en el sorteo. A la U Central no entré porque se acabaron los cupos. No entré a trabajar al Municipio, porque una empresa me ofreció más plata. No pude ir a la Plaza Grande, porque vivía lejos. Tampoco me enterraron en San Diego, porque ahora ya se hizo un parque. Pero viví y morí en mi Quito natal.
Henry Cabrera, Solanda

Primer acto
Había una vez en la Marín… y, después, ya no había.
Diego Déleg, California Alta

Es viernes otra vez, querida
Mañana podrás descansar nuevamente y reponerte de las huellas que la Mariscal deja hoy sobre nosotros.
Sharvelt Kattán, La Carolina

Plaza Foch
—Nunca voy a dejar de amarte. Por favor, no lo olvides. Después calló para darle un beso fugaz, alzó la cartera y pocos metros más adelante, entró arrepentida en el auto de su marido.
Mónica Reque, La Floresta

El deseo
El Gato suspira todas las noches por ella. Desde que sus ojos vieron la luz, ella ha estado ahí. En el parque El Arbolito, se encuentra inamovible, inaccesible, hermosa… aquella bola de lana. Y él piensa: «¿Será que tiene dueño?».
Andrea Martínez

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Palabras incómodas
¿Lindo Quito de mi vida? ¡Bah! Pues será otro del que me hablas. Yo conozco aquel monstruo de soles abrasadores, de noches heladas e inmisericordes. El Quito de alcantarilla, de liendres y cartón. La ciudad de fiestas absurdas y asesinas, del consumo, la indiferencia y el vacío. Pues claro que no lo entiendes. Soy yo el invisible, el descalzo que carga fríos y temores. El anónimo, al que el hambre y la enfermedad persiguen como demonios despiadados. ¡Yo soy el mendigo que muere en silencio! ¡Bah! ¡Lindo Quito el tuyo!
Diego Andrade, 20 años, El Dorado

En tu Carita
Aquí puedes pecar legal e ilegalmente, en las narices de Dios.
Paúl Moreno, 16 años, La Armenia

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Quito Lenguas
Y estaba yo deseoso; impaciente. Ella me miró con ojos penetrantes, y dijo: —Loser, guambra, fiero… Y lo comprendí. Aquí, y solo aquí, somos trilingües.
Leonardo Esteban Castro Gómez, 18 años, Ciudadela Atahualpa

To-QuiTo-Qui
Que el sur es allá, el centro es acá y el norte es allí. Que el sur es frío, el centro es fresco y el norte es cool. Que el sur tiene plata, el centro billete y el norte tarjeta. En el sur la Jota, en el centro La Ronda y en el norte la Foch; mas el sur «buena nota», el centro «buenazo» y el norte «vacanini».
Daniel Muñoz, 29 años, La Loma Grande

Carita de Dios
Quito es Carita de Dios. Las casas, los edificios y más son el acné con el que debe luchar. Las calles, quebradas y más son las arrugas con las que debe lidiar. Y nosotros, nosotros somos la mugre. Padre nuestro que estás en los cielos, no te laves la cara o nos vamos a la fregada.
Lilian A. Arcos, 21 años, Yaruquí

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Voluntad de desarchivo
Asumió que no iba a llover, y no llevó paraguas. Creyó que no iba a ir en Trole, y no llevó los 25.

Certificó que La Carolina es un parque respetable, y llegó sin celular. Se sentó embravecido en la vereda, y todos le quedaron viendo feísimo. Quito no es lugar para malgenios.

Emily López, 22 años, Cumbayá

Churo
Su espiral al cielo parece acercar a los enamorados a Dios; sus cimientos eternos, como el amor que se juran.
Marco Anrrango, 26 años, Cotocollao

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Trabalenguas al desquitado
Si quito a Quito suciedad, Quito limpio estará. Si Quito a Quito su ciudad, quien limpiará su suciedad. Repito Quito a saciedad. Si quito a Quito la sociedad, ¿a Quito quién ayudará? Quito lindo limpio está; quien a Quito quita su ciudad, la sociedad a quien quite castigará. Acaso Quito quitó algo para que se desquiten, o el desquitado es el que quitó a Quito su ciudad. ¿Quién se desquitará del que quiso desquitarse con Quito? El que quita a Quito un desquitado será, y los que no queremos a Quito quitar con el desquitado nos desquitaremos por nuestra ciudad.
Margarita Brito Zaldumbide, 46 años, El Inca

Incertidumbre
Ahora que mi cuerpo ha decidido abandonarte, te lo puedo decir querido Quito: ¡Qué difícil me has puesto el recordarte! ¿Eres lluvioso o soleado, quizás nublado? ¿De riqueza soberbia o lastimosamente humillante? ¿De calles antiguas y remozadas, o de arquitectura en triste descompostura? ¿Amable, culpable, tierno, inseguro, frío, tradicional o moderno? ¡Qué incertidumbre eres Quito! Y ahora, desde mi ataúd de segunda categoría, en miércoles, solo espero que la placa de la carroza no acabe en 5 o 6.
Carlos L. Ríos, 35 años, Conocoto

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Carita de dios
Quito: prueba científicamente irrefutable de que Dios es guapo.
Fernando Bermeo, Cuenca

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El génesis del apodo
En el séptimo día, Diosito estaba saltando y cantando de aquí para allá, feliz por la obra que había realizado. Estaba eufórico observando cada detalle de su creación. En una de esas, cuando estaba en Sudamérica, no calculó bien la distancia y se tropezó con el Cotopaxi, precipitándose al suelo, dándose di-hocico estampando su cara en el suelo, coincidentemente allí se fundó Quito, es por eso que somos la Carita de Dios.
Ramiro Urbina Miranda, 21 años, La Mariscal

Quito sinóptico
Érase que se era un pueblito policromo, convertido en ciudad grande. Con vientos libertarios, el cantante de contrabando tomó su guitarra y se volvió leyenda. El indio pintor denunció la miseria humana, en lienzos de encantos y ternuras. Evaristo conjugó la alegría a la enésima. Cantuña y el Diablo jugando al más sabio.

Delicioso Neoquito
Mi Quito tiene un sol grande y las noches bien heladas. La luna por el oriente alumbra estadios grandiosos como el del Aucas. Romántico Quito mío está poblado hasta en la yoni, desde allá extrañan, como chiquillos, las fiestas y colaciones, porque quien llega a conocerte, ahora ya no puede ni reconocerte…
Álex Llano, 21 años, Cotocollao

Johanna Franco, 34 años, Otavalo

Soy daltónico
Estoy en la intersección de la República, América y Naciones Unidas; y lo único que quiero es un borrador.
Andrés Ramos, 15 años, Condado

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Inodo

Q uito es nuestra h uella hist sobre ella óric . De entre los callejo a, pero hay quiene sido resta s orinan nes urados, la gente sale patrimoniales que no a todo no han sp cubriénd os Vega, viu arece molestarles tal condic e la nariz, pero do de Ivó ión. Don n mientras Rodrigo todos apr Buchelli, siempre esuran el c tigua fun paso. Él e amina tranquilo era s due niño, trab ria, que recibió de ajó en la su padre, ño de una anpreparació con quien lación tem ,d n prana de formol afe de cuerpos. La m esde sus sensa ctó su olf anipuciones fa ato, a vorit de las trip as de la V as. Ya no distingu partándolo de e el singu icentina. lar olor
Jorge Me jía, 26 año s, Tena

r a her encia

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¡Estos del Mejía!
Los guambras del Mejía bronqueaban en las calles por el tercer sismo de Don Velasco. Después de, a punte piedra, romperle la jeta a los chapas, Jorge bajó por La Ronda con guitarra en mano, para tocarle una serenata a María, la pelada del 24. Al ver que la puerta se abría, estiró el pico para recibir una «muchita», sintiendo el baldazo de agua fría que le lanzó Don Germán, taita de la susodicha. Su esposa le reclamó diciéndole que él, cuando estaba en el Mejía, hizo lo mismo. Don Germán, agachando la cabeza, le dijo: ¡Tu taita mizo igual!
Iván Ruiz, 18 años, La Magdalena

Protesto
Protesto porque la gente no respeta la fila en el metrobús; protesto porque la gente bota basura en la calle; protesto porque la señora de los pinchos subió el precio y ahora cuestan 1,75; protesto porque los viejitos se ponen primero en la fila sin pedir permiso; protesto porque en los buses ponen reguetón; protesto porque las canchas de La Carolina siempre están ocupadas; protesto porque la vecina de la tienda nunca me fía; protesto porque el chofer del trole abre muy poco tiempo las puertas para salir; protesto porque mi novia vive en Zabala.
Santiago Maldonado, 19 años, El Rosario

Grafiti
Rozaba los nudillos contra las fachadas del Centro Histórico, dejando un hilo de sangre a su paso. Intentaba, con rabia, dejar de ser una línea imaginaria.
Juan Pablo Pinto, 25 años, San Antonio, Mitad del Mundo

Indiscreción
—¡Vea ese brow! ¿Cómo le fuef con la pelada anoche, ah? —Chuta mijo, fregado, ¡ni te imaginas! —¿Qué pasof ? —Osea sif, pero verás, fuimos en la Foch, así, todo chévere, bonito, bacán… y yaf, la man me pide que le lleve a mi casa. Estábamos ahí, todo chévere, bonito, bacán, con la musiquita y todo, la man empezó a desvestirse, ¡y no va y le da por abrir las cortinas! ¡Cachas! —¿Y? ¿Qué pasaf ? —¿Cómo que qué pasa? No ves que la Virgen nos quedó viendo todo el rato, ¡no se pudo hacer nadaf, loco!
Juan Fajardo, 18 años, La Magdalena

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Los mundos no paralelos
Ellas son guapas, ellos usan lentes. Ellas viven en arco iris y ellos parece que están en blanco y negro. Ellas siempre farrean, ellos tienen tarde de play station. Ellas tienen que ir a pedir trabajo, en cambio a ellos los buscan desde tercer ciclo. Ellas tiene Facebook y, bueno, ellos lo programan en C++. Para ellos una mujer hermosa es un mírame y no me toques, y para ellas es una ex de mi ex. Viven separados por un muro, ellas son de la catoff y bueno ellos son de la poli ¡carajo!
Israel Rodríguez, 23, San Sebastián, Loja

Cuando tú te hayas ido…
Cambiaron los canelazos de La Ronda por las heladitas de la costa. Los guayaquileños se quemaron la boca. Los quiteños se suicidaron.
Josué Sebastián, 19 años, La Gatazo

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Chch
Tenía pensado un cuento que era una bestia, segurito ganaba la plata, pero no hubo chance. Tocaba ir a chupar; tocaba comer shawarma; tocaba hacerle al vóley; tocaba curarse la intoxicación del librillo de balde; tocaba llevarle a la pelada al Quicentro Sur; tocaba hacer diez mil trámites con los bomberos, municipio, ministerios, etc., para que la vieja se ponga su panadería. Y encima la música chichera del bus y los vendedores de kaumal que me hacían perder la inspiración cuando iba pensando… ya pues, ¡ni modof !… perdón ¡chch!, ahora solo me queda comprar el pozo.
Ivo Ramón, 26 años, La Magdalena

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Retazos
De repente un día me dijo: «Negra, me voy a Nueva York». Desde ese instante, recorrí todas las calles con su maleta a cuestas y le guardé lo que pude: dos palomas de San Francisco, la mejor banca de la Plaza Grande (con sus respectivos ocupantes), sándwiches de pernil, algunas piedras de La Ronda, un granadero de Tarqui y aquel cielo (nuestro cielo azul). Hoy amanecí con una ciudad que no me pertenece; él ya se fue, pero no está en la Yoni, está en el Quito que yo le empaqué.
Ruddy Samaniego, 20 años, Jaramillo Arteaga, Sur

Desorientados
Un quilico, perdido en el parque La Carolina, se acerca a una abeja y le dice: —¿Ki-Ki-kikiki? —¡zZzZZ. ZZZz, zzz; ZZzZ! El quilico levanta el vuelo hacia el sureste y la abeja va hacia una flor amarilla. Mientras una pareja llora al pie de un eucalipto que apenas da sombra.
Jorge Carrillo, 28 años, Vicentina

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Consultorio ambulante
Que la cosa está jodida dicen, y dicen bien, yo por eso si me siento enfermo, cojo el primer bus a Caupicho que asome, así baratito, por dólar cincuenta, consulta y medicina ahí mismo, cincuenta de pasajes, dólar de chugchuguasa, uña de gato, desparasitante, extracto de ginseng, lo que sea, baratito sale, consultorio sobre ruedas mi señor.
Mauricio Martín Moreno Zambrano, 25 años, Las Orquídeas

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Si mi casa no tuviera esquina
Una tarde como todas, mi abuela me manda a la tienda, a comprar cachitos y Fanta, para comenzar a ver la novela de las 4. Salgo, escucho gritos de la señora que pelea con la competencia, veo parejas besándose como si se acabara el mundo. La tendera mandando de la esquina a los borrachos, que ya no le hacen el gasto. Y mis bulliciosas amigas acercándose, para que compre chicles, pues creen que su boca huele a patas. Con tanta gente en la esquina no puedo pasar, pero qué sería de mi casa sin la típica esquina, que parece plaza.
Melany Enriques, 16 años, La Kennedy

Dulces añejos
Mistela vestía de rojo, mientras su casa era de ámbar y cristales, su Ronda de estrellas de plata, de lunas y vericuetos. Aquel había sido hecho de antigüedades, Mistela de licores. Una noche fue mezclado con canicas de azúcar blanca, y de puro amor unió su cuerpo de esencias al corazón de una de ellas. Colación se llamaba su amante, hecha de maní y dulzura… tenía los aires de Reina; él, de caballero. Acomodaron su montura y empedraron La Ronda de canelazos y pasillos de antaño, evaporándose en la noche, entre suspiros con viento y empanadas de silencio.
Margarita Andrade, 44 años, El Inca

Un escupitajo asesino
En medio de tanto apuro, se le ocurre escupir, y en plena bajada a la plaza. Tremendo escupitajo del señor. De repente, se escuchó un ruido. Una señora resbaló, era la de los motes. Los motes por los aires volaban. ¡Qué gran festín las palomas tendrían hoy! Mientras tanto, el cuerpo de la pobre señora tieso en la calle permanecía.
Vanessa Andrea Aguirre, 23 años, San Juan
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Alegría basilical
«Negativo», esa fue la única palabra que sus labios temblorosos lograron pronunciar. La respiración se les volvía a entrecortar, primero fue por el cansancio, ahora era por la felicidad. Ella dobló la pequeña hoja y la metió en el sobre, mientras levantaba su vista hacia la Virgen de El Panecillo, quizá para darle gracias. Aquellos majestuosos cóndores de piedra, protectores de la gran torre, fueron testigos de esas dos sutiles y malignas sonrisas: la de él, porque sabía que no la amaba, y la de ella, porque sabía que hubiese sido de él.
Leonor Castro, 20 años, Ingahurco, Ambato

Los malabaristas
Los encontraba las tardes en la Amazonas y Orellana. Eran diestros y ligeros como gatos con hambre. Al principio, no reparó en ellos, su presencia le incomodaba, no sabía si darles unas monedas o hacerse la desentendida. A veces optaba por lo segundo, pero se iba a casa con remordimiento. Cuando definitivamente la atraparon fue cuando incorporaron un monociclo al acto; no pudo apartar la mirada y automáticamente extendía las pocas monedas que llevaba. Esa tarde no los vio. La ambulancia que los recogió no tuvo la delicadeza de avisarle.
Rita Vargas, 56 años, Cumbayá

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El cuco quiteño
Diosito, el cuco vive en mi barrio y viene por las noches. Me lastima mucho a mí y a mi hermanito. Mi mamá no me cree y mi papito dijo que no se lo digamos a nadie, porque el cuco lo sabe todo y se va a enojar más. Hace algunos meses, le infló la panza a mi ñaña más grande y por eso tuvo que irse de la casa. Mi profe dice que tú siempre ayudas a las niñas buenas, te prometo sacar buenas notas este mes, si haces que el cuco se vaya para siempre de Quito
Marcelo Javier García Ochoa, 25 años, El Inca

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Aunque usted no lo crea
Somos una familia pacífica, señor. Antes éramos trapecistas todos, hasta la abuela. Ella trepaba para remendar la carpa y maldecía la aguja y esta porquería de ciudad, que se desleía. Un día enterramos la carpa sin aspavientos, como a un difunto. Lloramos, nos enlutamos con la ausencia de aplausos y les dimos camino a las cosas: los trucos, los guambras, las fieras. Verá, el techo que tenemos ahora es el piso de la jaula. Esto no es una cárcel, señor periodista, créame, somos gente pacífica aunque con esto de la violencia hayamos aprendido a rugir los siete.
Liset Lantigua González, 35 años, Carcelén

Origen
¿Quién me manda a enamorarme de una Mónica? Mónica, Mónica, Mónica… ¡Ay, qué lindo nombre! Lástima que, si nos vamos por el origen de su significado, empezamos fauleados: Mónica, nombre femenino de origen griego monos, que significa ‘Aquella que disfruta en solitario’, como diría una de mis amigas de una universidad aniñada en contestación al significado del nombre: «¡Osea!... ¡Hello!».
Omar Tobar, 26 años, San Juan

Un puente
Creía que sus sueños podrían construir un puente que, por ser invisible, sería indestructible. Entonces dormía lo que más podía y, volando encontró, en la loma de Puengasí, la altura suficiente para tender una cuerda de fantasía y llevarla al valle de Alangasí, donde la Banda promete tocar despacito.
Mario Chuquimarca, 40 años, Alangasí, Valle de los Chillos

Me dicen que mi letra es pésima…
Qe s fea y qe ast n compu s orrivle, qe mis faltas recuerdan a los dslexicos y analfabets d la alfabtisacion y qe no dvria ni si qiera pnsar n concursar n esto… ¡Ah! Cuando gne, van a vr…
Xavier Morales, 16 años, El Labrador

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Mirlo
Hoy tuve una visita en la mañana. Era un animal de color negro y de pico anaranjado. Él se paró en la visera de la lavandería esperando a que salga. Le di parte de mi pan, no quiso; le compartí el arroz que me sobró de la cena anterior, lo despreció; fui al supermercado a comprar alimento para él, pero tampoco quiso. Desesperado por la actitud del visitante, corrí en busca de una franela para espantarlo, pero tropecé; mi rostro golpeó la pared y un charco de sangre se formó en el piso… de pronto, vi al extraño ser bebiendo mi sangre.
Sebastián Jimbo, 23 años, Barrionuevo

reencuentro
Quito es chico. muy chiquito. por eso no fue grande la sorpresa cuando José salió de su casa esa mañana y, al doblar la esquina, se encontró consigo mismo.
Javier Arano, 42 años, Cumbayá

As de pique
Tanto quería volar, pero nunca tuvo oportunidad. Con sus aviones a escala se tenía que conformar. Y, ni modo. En el Parque La Carolina, con su cometa, el terror de los cielos se hizo llamar.
Paolo Urgilés, 25 años, La Mariscal

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Un miedoso mal entendido
José, de 7 años, subía a El Panecillo todos los días a jugar con algunos amigos. Las horas se pasaban volando, y cuando oscurecía, estaba tan oscura y larguísima la bajada, que José cogía aire y bajaba gritando todo el trayecto como loco, eso lo hacía porque estaba asustado. Pensaba: «Si grito, nadie se va a asomar en la oscuridad». Quienes sí terminaban asustados eran las personas que vivían por ahí, pues oían cada noche que un niño gritaba; pero al salir a espiar, no había nadie.
Paola Jara, 23 años, Solanda

Almirante Alameda
Dicen que el Almirante nunca se sorprendió, que siempre estuvo preparado, que tenía barcas en un bosque de álamos, donde la gente contenta paseaba cantando. —¡Siempre lo supe! —dice entre dientes, y pasan seis sirenas de espejo que se ríen bajito. —¡Siempre lo supe! –—repite, mientras chupa su pipa y mira el sol ponerse sobre San Juan.
Galo Toapanta, 24 años, El Tejar

Mientras
Mientras caía, el viento golpeó sus piernas y levantó su falda, bajó la cabeza y vio que, a toda velocidad, se le acercaba el río Chiche y se asustó.
Augusto Maldonado Larrea, 52 años, sector IESS-FUT

El Tesoro del Dorado
Una mañana decidí ir al Itchimbía en busca de un tesoro. Empecé a buscar un cofre lleno joyas, o la olla con monedas de oro… Sí, como era de suponerse, no encontré nada de eso, pero me encontré con un palacio lleno de cristales, con muchos jóvenes y melodías, que irradiaban alegría. Entonces, me di cuenta que el tesoro no está en monedas de oro ni riquezas, el verdadero vive en los jóvenes que se reúnen masivamente cada año en un tesoro llamado QuitoFest.
Pablo Ruiz, 22 años, Chillogallo
53

Juego de palabras
Gonzalo, enfadado, arrojó el libro al suelo. —¡Malditos escritores! —gritó—. Se creen todopoderosos solo porque usan retruécanos y escriben sobre cosas complicadas. Caminó hasta su mesa de trabajo para encender la lámpara y acomodar un lápiz sobre un montón de cuartillas en blanco. —Yo les voy a enseñar cómo se escribe un buen microcuento —murmuró. Y después estiró el brazo hasta alcanzar un grueso diccionario en el que, con impaciencia, buscó la R de retruécano.
Mónica Reque, 27 años, La Floresta

Insurrección
Esa noche del 21 de enero, Quito era otro. Miles de quiteños, chagras, indígenas, hombres, mujeres, ancianos, militares, curiosos y elevados avanzan a paso firme hacia la toma de Carondelet. Los médicos de Eugenio Espejo, junto a una fogata, saludan a los indígenas. Quito es territorio liberado. No hay peligro en esta fría noche, caminamos con seguridad. Una marcha de antorchas ilumina la Guayaquil. «Vamos compañeros», dice un militar. La marcha se detiene, es hora de cantar el Himno Nacional. Al día siguiente, el poder vuelve a manos de aquella minoría. Quito está muy callado, sumido en la melancolía.
Gloria Erazo Ballesteros, 35 años, El Calzado

la precaución
Por si acaso, un 30 de septiembre, un 21 de abril, un 21 de enero, un 6 de febrero o fechas similares, todo buen quiteño debe tener una máscara antigás junto a la bandera y la cacerola.
Joffre Daniel Vélez Zambrano, 15 años, Barrio América

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El viejo
El viejo se sentó en la banca de piedra y miró a quienes lo rodeaban. Ahí estaba el Esteban y el Mario; más allá, el Enrique. Cerró los ojos y se acordó del Pepe; también, del chistoso del Santiago, de los que ya no estaban, tantos que prefirió no pensar. Entonces, se durmió, entonces, inclinando su cabeza y soñó en que un ángel lo llamaba. Al despertar, vio a su lado, riendo muy divertido, al Santiago, por ahí estaban los demás, los que se habían ido, todos muy contentos.
Diego Ledesma, 52 años, González Suárez
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Acto de fe
¡Te voy a contar mi plan! Primero, voy a secuestrarle al presidente; segundo, voy a asaltar full bancos por todo el país; tercero, voy a estafarles a toditos mis panas (creo que con una rifa fantasma); y cuarto (solo si es necesario), voy a venderle carísima mi alma al diablo. Y con toda la plata que junte, voy a contratar unos tres mil jipis, de esos de La Mariscal, para que te escriban, en todas las paredes de Quito, los más hermosos poemas que a mí, definitivamente, no me salen...
Jorge Alexander Cisneros, 29 años, La Floresta

Identidad
¡Yo no comprendoppss por quéppss a los quiteños nos identifican en cualquier lugar! De verdad que no entiendoppss. Acoliten, darán averiguando.
Miguel Romero Flores, 38 años, Miraflores

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Casualidad
Me estaba comiendo tranquilo un yahuarlocro y pensaba en pedirme una cerveza para pasar el chuchaqui, cuando una cojuda me regó encima un vaso de quien sabe qué jugo extraño. Ni siquiera subí la mirada, lo único que veía eran sus zapatos y esa falda que parecía de otro siglo. Pensé, varias veces, en un insulto que cuadre con mi dolor de cabeza, mi camiseta y pantalón manchados, y mi yahuarlocro mezclado con ese jugo de avena… Y cuando por fin lo encontré, levanté la cabeza y dije: «¡Mamita, qué coincidencia!».
Sebastián Cattán, 24 años, El Batán

recorrido
El miedo me recorría por todo el cuerpo en el Hospital Eugenio Espejo. Ayer, en la mañana, una señora con su bebé olvidó el cochecito en el asiento junto al volante; y yo, que vivo en un país de avispados, me lo robé haciéndome el pendejo. A solo dos cuadras de mi casa en la Quito Sur, tres ladrones se subieron al taxi, les di todo hasta el carro y me dejaron en la calle abaleado. Me encontró la señora a la que le robé y me trajo a tiempo a emergencias. Mi moza le compró el cochecito al ladrón.
Antonella Moreno, 27 años, La Mariscal

Secuencia
Se despertó y se sentía bien. Desayunó rico, se aseó. Salió a la calle y pisó mierda. Una fila de automóviles estancados le pitaron furiosos en la oreja. Contuvo el aliento entre una fresca nube de CO2 al cruzar una calle corriendo. El sol se reflejaba duro en el pavimento, en los adoquines y los bloques, no había un árbol que dé sombra. Luego, se metió muchas horas en una oficina y comió barato en la esquina.

Y no llegastefff
En la esquina de siempre, cerca de tu universidad, donde a los bares les dicen cafeterías y desde lejos se observa el planetario, los carros y los gomelos pasan uno tras otro, y mientras tanto yo plantado como los árboles famélicos de los huecos ornamentales en las veredas. Una pareja de novios se demuestran su amor, mientras mi chicle pierde su sabor y el reloj te denuncia con tres minutos de retraso. Luego, pasan un par de conocidos y saludo de lejos, mientras un chapa me mira no sé si sospechando o coqueteando. Diez minutos son suficientes. Me largo.
Jorge Mejía, 26 años, Tena

De regreso a casa, se fue evadiendo a los choros. Al fin, sándwich, televisión y chocolate. Eso todos los días.
Gustavo Moya, 31 años, Guápulo

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Panorámica de la 24
Un chico en minifalda busca clientes. Un vagabundo hurga en la basura, un perro hurga en la misma basura. Un roquero camina ebrio por la avenida. Un cura con traje de civil negocia su celibato. Un chapa de franco juega al malo. Un colegial quiere enterrar su pubertad. Unas beatas se santiguan. Unos indígenas vagan exiliados de sí mismos. El gallo de La Catedral está ronco. El padre Almeida sigue de juerga. En las noches, un silbido rompe el equilibrio y se ve a Cantuña cargar la última piedra. Todos somos víctimas y victimarios en un silencioso sistema de complicidad.
Ernesto Anaguano, 23 años, Nayón

¡Dos por shunsho!
Sean Fiestas de Quito o no, el Cuarenta se impone sobre el Monopolio.
Gabriela Jaque Lobato, 16 años, San Rafael

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¡Mija, vuelva!
Cuatro hombres, en el patio de comida de El Jardín, conversaban sobre fútbol, mujeres y política. La soledad se va por un tiempo. Inventan salidas espectaculares, noches románticas. José vive solo, después de un divorcio. La esposa se cansó de ser la sirvienta. Miguel regresa a su hogar, donde hay ausencia de diálogo. Patricio vive en la calle Venezuela; lo acompaña un gatito, tiene por quién regresar. Juan, en su pobreza afectiva, coge su botella de trago; se acuerda de su compañera que vive en Machachi, criando pollos, su único medio de vida. No quieren demostrar que se engañan a sí mismos.
Stela María Deleposte Machado, 60 años

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nombre propio
—¡Aló! —¡Aló! Buenas, está El López por favor. —¿El López? Aquí hay tres… —El de churos. —Dos tienen churos y uno, vuelta en cambio, es lacito… —¡Ah!, El López que juega fútbol en la cancha de la Caro. —Mijo chico ha sido, ¿y usted quién es pues? —Yo soy El Sapo, amigo de su mijo. —Mijo te busca el Renacuajo. Dile que te llamas Juanito, no López, el también ha de tener un nombre… —Hola… —¡Háblate mijo! Oye tu vieja no ha sabido que te llamas El López…
Milu Terán, 30 años, Floresta

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El cuartel de las Marías
—¡Atenciónfff ! —Señoras, firmes —advertía una señora con delantal. —Quespissss, María Juana, fájese ese delantal. —Esto no es un simulacro, esto es para lo que hemos entrenado.

—A ver batallón de frutas, su grito: «Venga, venga caserito, la dulce, la rica, la madurita». —Muy bien; sección de verduras, su grito: «Venga, venga caserito, lleve, lleve la promoción y bien yapado para que lleve».

—Excelente caseritas mías, ahora a inundar Quito con frutas y verduras.
Cristhian Colt, 20 años, Calderón

yapa
Las caseras del Mercado Central no estaban en sus puestos. No había quién venda, solo unos letreros que decían: «Hoy no trabajamos, coja lo quiera y pague lo que pueda». Habían decidido que los lunes se lo dedicarían por entero a amar a sus esposos, novios o amantes y, por supuesto, a exigirles la yapa.
Marián Morillo, 21 años, La Vicentina

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Puntualmente atrasado
Martes, 16:57, es tarde ya. Se baja en Santa Clara rumbo a la Central, se pega un pique de choro y apenas llega a la Ulloa (¡maldito tabaco!). Avanza unos metros hasta la América y todo desierto, bullas otra vez, intenta cruzar pero un trucutrú le avienta una bomba y empieza la acción: tos, asfixia y lágrimas. Echado panza arriba, tratando de respirar, de pronto, esboza una sonrisilla y recuerda que, en la borrachera del sábado, juró y rejuró que ni por ella ni por nadie volvería a llorar… ¡Corre cojudo...!
Francisco Sarango, 25 años, Carcelén

Infusión de manzanilla
Desde niño me fascinó el aroma de aquella frágil planta de hojas tenues y flores olorosas, con cuya infusión mi madre me curaba los dolores infantiles. Nunca encontré bebida mejor que el agua de manzanilla. La brisa más leve parecía rebelarme que su cabello rubio escondía la fuente de la camomila. La conocí en un barrio pelucón al norte de Quito; de estatura pequeña, piel blanca y ojos color miel. El amor y el olfato me prohibieron alejarme de ella durante largo tiempo, durante el cual, algunas veces, logré descubrir que la fragancia de su piel también tenía propiedades curativas.
Luis Antonio Ocaña, 31 años, Calderón

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Chullita quiteño
Verá mijita, no debe creer nomás lo que le digan los guambras en ese feisbuc, nada que lof yu ful, ni me llegó un imail de la otra mitad... Tiempos los míos, cuando esperaba semanas en el frío de la Junín, bajo la ventana, para que Isabelita prenda la luz. Al mes, en el bote de La Alameda, besito en la mejilla. Al año, bajito al oído, le susurré: «A ese sol grande le saco un pedacito y le envuelvo en papel de cielo, solo por usted». Con confianza, ahí recién me confesó: «Presénteme a su ñaño, no sea malito».
Juan Redrobán, 30 años, California Alta

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Así, cómo decir que no
Venga, mi bonito, mi guapo, mi bello, mi hermoso. Venga, siéntese; venga, aquí le atendemos bien. Venga, mi galán, mi serafín. ¿Qué buscaba mi rey? ¿Qué le sirvo mi príncipe? ¿Qué quiere mi vida? Pero, guapo, ¿qué le sirvo?, no se vaya. Aquí le doy con la yapita, no se ha de arrepentir. Sí mi amor, venga, siéntese… ya le atiendo. ¿Un sequito? Ya mi tesoro, ya le pongo.
Hugo Moncayo, 22 años, Calderón

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Muerto en vida
En el cementerio de San Diego, el viejito, ante la tumba de la compañera de toda su vida, llorando desconsoladamente, le decía: «Viejita linda, estoy muerto, quiero irme a vivir contigo».
Marlon Mauricio Barrera Factos, ¿? Años, Chillogallo

Piropos
En La Alameda, mientras paseo a mi perro: «Muérdeme perrito, hasta sangrar, para que este ángel de luz sane mis heridas»; pienso: «Qué ganas de botarle a la laguna a este viejo verde». En el centro de Quito, en una tarde lluviosa, en la calle Cotopaxi: «Cuidado se deslíe con el aguacero pastelito de azúcar»; pienso: «Qué ganas de darle con el paraguas en la cabeza a este igualado». En la Universidad Central, cuando me dirijo a la facultad de Ingeniería: «Disculpe compañera, ¿sabe dónde está el decanato?»; pienso: «Qué ganas de zamparle un beso a este papacito».
Sandra Bravo, 35 años, Los Laureles
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El ligero intento del inconstante de vencer el miedo a los ladrones
Él salió de su casa, decidido a enfrentar a su compañero: el miedo. Ella salió empeñada en encontrarse con la muerte de cerca y, con ello, resolver el dilema de a quién amaba. Porque dicen que una experiencia cercana al vire te muestra a una sola persona. La ciudad, irónica, a las pocas cuadras ya los tuvo espabilados: él, reclutado por pandilleros para ir a espiar a la banda rival; ella, seguida ya dos manzanas por una cicatriz con patas. Y, en la esquina, se encuentran para pedirse ayuda y resolver, juntos, meterse en una tienda.
Leonardo Ochoa, 19 años, Kennedy
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El amor fraternal
A Lucas un informe sobre La Compañía le mandaron a realizar, y le avisaron que un dólar tendría que pagar para entrar. Su mamá le dio dos, uno para ingresar y otro para la leche y el pan, con los que sus hermanos se debían alimentar. La mañana que iba al santuario, desde El Tejar, de su bolsillo una moneda quiso rodar, y al desagüe fue a parar. Ahora, debía seleccionar entre su deber escolar y el amor fraternal. Sus hermanos desayunaron en paz, un cero en el colegio le fue inevitable sacar. Desde ese día Lucas dejó de rezar.
Patricia Celi, 15 años, California Alta

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En el clóset
—27 años y ¡soltera mijita! —exclamó la abuela. —Sí —respondí—, tengo 27 años y aún me siento como de 15. ¿Será que a los 30 me sentiré de 18? —sonreí (silencio). —¿Y a qué edad se piensa casar pues bonita? Ya mismo se te va el tren. —No estoy esperando ningún tren abuelita, así que no se me va a ir. Prefiero estar soltera y feliz, que casada y amargada. ¿Es usted feliz? —La verdad hijita, hubiese preferido quedarme en la percha.
Daniela Toscano, 27 años, Cumbayá

Cebollas Coloradas
Tocó mi mano, vi en su reacción que no fue intencional … Su piel áspera y esos ojos tristes hablaban por si solos... Debíamos haber tenido la misma edad, pero mientras yo renegaba por ir al Mercado Central a hacer compras con mamá; ella se veía obligada a pasar los mejores años de su vida con cientos de cebollas coloradas a su alrededor… —Mamá, ¿la vida es justa? —pregunté mientras nos alejábamos. —No hija —respondió mi madre con desinterés. ¿Qué preguntas son esas mijita? —dijo. —No es nada mamá —bajé mi cabeza…
Liset Salguero, 23, La Mariscal

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La ricota
Salí de mi casa en la mañana, con el sol favoreciendo la mini que me regalaron en Navidad, el top que me compré en El Recreo, las sandalias que me enviaron de España, y el peinado de reinita que le vi a mi superstar. Un bronceado de mi última visita al mar, que mantenía las miradas de todos los babotas en mí; una brisa que golpeaba mi rostro haciéndome parecer una diva de televisión; hasta que llegué a la parada de bus y sentí correr, desde mi cabeza hacia mi rostro, un chorrito de agua. Había olvidado el paraguas.
Vanessa Montenegro, 21 años, Turubamba Bajo

En lo que se demora un cuento
Esa tarde la ciudad de Quito irradiaba luz, el sol ardía, el cielo era azul y sin ninguna nube en su aurora. Quienes le conocían agarraron resignados un saco y un paraguas: en la esquina, empezó el aguacero.
Daniel Acosta, 27 años, Las Casas
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L l u v ia
A las tres de la tarde, en Q uito llovía torrencial veía gente corr mente. Se iendo, aceras y calzadas cubier agua. En medio tas por tanta de este diluvio, una viejecita, qu su cabeza y cu erpo con una ch e cubría alina, trataba de mente, con bast sesperadaón en mano, de impedir el ingr a su pobre vivi eso del agua enda. En la ot ra acera, un niñ jugaba emocion o de 5 años ado con su barc o de papel, miró mojarse y corrió a la anciana a destapar el de sagüe. En el rem formaban las ag olino que uas, su barco de sapareció, alzó y la anciana so su mirada nrió.
Fabián Torres La ra, 59 años

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El clima de Quito
El Sol mirando a Quito maravillado pasaba, sus casas, sus iglesias, disfrutaba de todo; las nubes atrevidas adelante se posaron, dijeron amar a Quito y sobre él se quedaron. El Sol, descontento, les pidió que se retiraran, pues su preciada vista aquellas estorbaban; las nubes embelesadas caso omiso le hicieron, y llegando en cantidad sobre Quito se pusieron. El Sol con su energía evaporó mucha agua, y las nubes ahora grises su lluvia precipitaban, luego del aguacero, se despejó el cielo de Quito, y el Sol otra vez contento dejaba todo sequito. Como esta riña es continua, mejor llevarás saquito.
Patricio Ramos Velasco, 38 años, La Kennedy

Estás en Quito
—Mijita, qué lindo amaneció hoy. —Sí mami, por eso salgo con una blusa ligerita.

—No seas mushpa hijita, no ves que de ley hace frío de tarde, estás en Quito. —Ay, cierto mami. —¡Ah! y llevarás paraguas también hijita.

—Claro mamita, para taparme de la lluvia.

—¿Para taparte de la lluvia? Para taparte del solazo del medio día hijita… no ves que estás en Quito.

Edwin Espinoza Andino, 27 años

la escena
Ayer de noche hizo un friaso, y hoy de mañana, un solazo. Así que mi ventana amaneció empañada. ¡Parecía la escena de Titanic! Pero a mi lado faltaba la pelada.

Anónimo, de algún lugar del planeta

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Guardiana del Sur
Hay una mujer celestial resguardando nuestro horizonte. Pero, ¿por qué nos da la espalda? Decidí ir a preguntarle. —Disculpe, señora, ¿por qué nos da la espalda? Ella me respondió:

Mi nueva fe
Cuando la Virgen se empecina en dar la espalda a sus fieles, no queda más que invocar al innombrable… y ¡Aucas campeón!
David Zambrano, Pinar Alto

—Tengo que estar atenta a cualquier amenaza que pueda venir, después de todo, soy la Virgen del Apocalipsis. Además, confío ciegamente en ustedes. —Gracias —le respondí. Me paré detrás de ella, espalda con espalda, y le dije: —Así nos resguardamos mutuamente. —El Sur —le respondí. —Gracias —respondió la Virgen—. ¿Y tú quién eres?
Diego Garzón, 27 años, Amagasí

Una virgen en fuga
Había una vez una virgen que en El Panecillo habitaba; cual vigía las noches de Quito cuidaba. Un día decidió huir porque de su oficio cansada estaba, a medio día en el Ruco Pichincha su novio la esperaba, cual Romeo y Julieta ellos escapaban. Es imposible negar algo que es natural, unos pensando que virgen quedaría, mientras ella ni en santos creía.
Renato Mencías, 12 años, La Morenita

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La piedra amorosa de El Panecillo
Una mujer te mira y te mira, como si te conociera.
María Fernanda Barreno Mora, 25 años, Monteserrín

Hecho piedra
Acúsome padre, he pecado solo de pensamiento. Ella allá, tan arriba, matando serpientes. Yo mirándola. Debe tener frío la pobrecita. Pienso en subir a convidarle un traguito. Pero se me vaya a ofender. Quiero guardar los centavitos que algún comedido me eche, comprar algo mejorcito y trepar esa loma. Tanto la he visto que me la sé de memoria. En sueños, le digo Madrecita no dejes que el frío me coma los huesos. Me cobija con sus alas. Y ella que un día de estos me lleva. Se imagina amanecer echo piedra, pero a su lado. ¡Ay, Virgencita de El Panecillo!
Melisa Silva, 26 años, San Fernando

La corona perdida de la vecina que era un panecillo de Dios
Cae la tarde y, a lo lejos, se dibuja la sombra de la dama que busca desesperadamente su corona. La ha perdido cuando lo vio todo. —¡Ahí se me cayó! Estoy segura —se decía a sí misma, mientras recordaba aquella noche en la que se convirtió en una vecina más del barrio, y bajó volando a avisarle a la mujer del indio que el diablo facineroso iba a llevarse a su maridito. —¡Ay, virgencita! ¡No me diga! —¡Sí le digo, y apúrese bajando! Tome esta piedrita que le traje para darle más tiempito, pero usted ni me ha visto.
David Bautista, Santa Anita

de buena fe
La Virgen, cansada de domar la serpiente que nunca (ni siquiera) le había dirigido la palabra, hizo las paces en un fraternal abrazo, ¡infausta suerte! Ojalá ella hubiera conocido que era constrictora.
José Jiménez, Chaupicruz

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Aunque no quieras verme y me niegues la maternidad, te juro por las nubes de tu cielo que un día me arrebató, subo a ese pan donde vives y te arranco las alas.
Lenin Dávila, 34 años, Carcelén

Gallo & virgen, metalstone love
Ella era una mujer on the rock. Él era decoración. Ella quería salir a pasear lejos de sus zapatillas de metal. Él quería vivir lejos, en los campos. Su cuerpo era para él una carga de frío y lluvia oxidando sus ojos de catedral. El cuerpo era para ella un vacío lleno de turistas. Por ello es que era ofensivo su amor. ¡Pobres criaturas! Distantes y ajenas: postales de su inmóvil querer.
Galo Toapanta, 24 años, El Tejar

La virgen de El Panecillo
Hay tanta gente que entra y sale de El Panecillo, que realmente dudo de su castidad.
Fabián Chimbo, 25 años, La Ecuatoriana

Quito Surrealista o Eloy Alfaro y José Cevallos (jefe de los asesinos) en la Plaza de Toros
Sentado, en la gradería, estaba el fantasma de Eloy Alfaro llorando. —¿Por qué lloras? —preguntó la Virgen Alada, que venía acompañada de los Unicornios de la Circasiana. —Porque esto me recuerda a El Ejido —dijo—, y también porque perdí mi brazo. —Vamos —dijeron los Unicornios—, vamos a volar sobre Quito, a ver cómo la lluvia limpia los pecados de estos y los otros. Allí quedaron los fantasmas de los asesinos. Todos muertos de risa olisqueando el vino de los asistentes a la masacre. José Cevallos quedó saludando al torero con el brazo de Alfaro.
Ximena Zurita, 28 años, Valencia España

El toro prófugo
—Señor Toro —dice el periodista—, ¿es verdad que usted mató a Bella Aurora y luego se hizo humo? —Eso es falso —fruncido, responde—.Verás, yo estaba bien asustado por haberme salido de la Plaza y vi esa puerta abierta, así que entré a la casa y, sin querer, también a su habitación. Cuando me vio, me arremetió a zapatazos, yo lo único que hice fue sonreírle, pero ella se espantó. Yo creí que se desmayó; cuando sentí que subían sus padres, me lancé del balcón y ahora ellos andan inventando toda esa historia.
David Cacuango, La Gatazo

Revés al leyendas
Se han contado tantas veces y cada vez con menos atención… Recientemente, escuché a un niño que le decía a su hermano: «… y, entonces, el Gallo de la Catedral se quería escapar, y ahora cuando canta parece que dice ¡Hasta la vuelta señor!».
Óscar Cóndor, Tumbaco

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El tesoro
«En el centro de la montaña está escondido un gran tesoro», le dijeron cuando era niño. Desde entonces, dedicó su vida a buscar el pasadizo secreto que lleva a las entrañas de El Panecillo. Buscó por años pero no lo encontró; hizo un hoyo muy profundo por si la entrada estuviese sepultada, pero tampoco halló nada. Entonces, decidió vender su casa y todo aquello de valor que poseía. Con el dinero compró oro, todo el oro que pudo conseguir, y lo metió en lo profundo del hoyo. Lo tapó bien y fue a buscar una nueva vida.
Alejandro Villalba Nieto, San Carlos

Olé Quito, olé
Cuando hay corrida taurina, me encanta imaginarme la leyenda de Bella Aurora y el toro. Aparece el toro en medio de la plaza, resoplando de furia, busca con sus ojos llameantes a su presa; despiadadamente, mira a Bella. Se abalanza sobre ella, pero la pierde. La joven huye; el toro la sigue y sale por la puerta principal. Lástima que afuera se encuentra con un montón de manifestantes, que le leen los derechos de los animales. El toro se desahoga con ellos, quienes le aconsejan, ¡qué Bella Aurora, ni qué Bella Aurora!, que se agarre contra el torero por abusivo.
María José Altamirano Quezada, 23 años, Cotocollao

Je, je
Se encontraron en la Cafetería Modelo. Él pidió un ponche y ella un café con humita. Él le hacía bromas y ella ni zona, estaba con la vista fija en las servilletas. Él le cogió la mano y ella le dio ¡tas!, por bandido. Él le aclaraba que sus intenciones eran buenas, pero ella desconfiaba. Lo cierto es que La Torera y Don Evaristo vacilaron un par de veces, pero no lograron casarse. No, mentira, todo es puro cuento, te estoy molestando.
Óscar Molina, Pinar Bajo
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La piedrita que faltó
A las tres de la mañana se enfermó el diablo, de urgencia lo llevamos al Pablo Arturo. Le dolía el pecho y tenía todo el lado izquierdo amortiguado. Antes de llegar a la puerta lateral de emergencias, un hombre se retorcía en la fila… enseguida, reconoció al diablo y, haciendo muecas, le dijo que habían encontrado por fin la piedrita que faltaba, la tenía en la uretra.
Adriano Valarezo, San Carlos

Perdida
La sombra de una mujer caminaba por las calles, perdida y melancólica, de bella no queda nada, su aurora está en el ocaso; buscaba aquella casa que un día la convirtió en leyenda, esa casa que desde muy chicos todos conocíamos en Quito; pero ahora hasta la 1028 se había perdido en la nueva nomenclatura municipal.
Diego Naranjo, La Victoria, Guamaní

¿Él también tiene miedo?
Me contó que cuando yo era pequeña vivía en el Beaterio, allí junto a tu escuela. Una noche muy oscura, mientras jugábamos a las escondidas, escuchamos un grito: «¡El duende!». Todos corrimos asustados a la cocina, nos agarramos de las manos y empezamos a rezar. Al fin entró mi mami con una vela. Al abrir los ojos, la vi con los ojos cerrados, la cabeza inclinada, su sombrero viejo y muy grande, rezando junto a nosotros.
Doménica Pozo, Guamaní

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De oportunidad
Se vende ciudad ubicada en el centro del mundo; tiene 50 km de largo por 5 km de ancho. Su espacio puede albergar 2 000 000 de almas. Incluye espectacular vista a los volcanes y una iglesia estilo franciscano, casi, casi acabada. F.: El Diablo.
Fabián Chimbo Ponce, La Ecuatoriana

Un acto de valentía
En puntillas, el borrachín se acercó al gallo y lo encadenó a La Catedral. Al fin podía comenzar la fiesta.
Juan Pablo Pinto, San Antonio de Pichincha

La ley del diablo
—Ministerio del Trabajo, muy buenas tardes, ¿en qué le puedo ayudar? —¿Una denuncia? Claro, con mucho gusto. —¿Usted está en condición de empleado o empleador? —Ah, empleado, muy bien... Cuénteme compa, ¿qué pasó? —A ver; explotación, ¿qué más me dice? Ah ya, alteración de contrato, engaño, manipulación maliciosa de información, irrespeto al Sindicato, tercerización, ¡chuta! ¡Y hasta sabotaje! —Listo mi estimado, no se preocupe, este rato le levanto la demanda a ese tal Cantuña. Que tenga un lindo día.
Jorge Alexandrer Cisneros Laiquez, La Floresta
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El plan B
Cansado de tanto cuento, Cantuña entregó la última piedra acusado de ocultamiento de evidencias. Le dictaron las medidas cautelares en las que constaba la prohibición de abandonar el paraíso, y debía presentarse cada viernes. Llegó el día del juicio, fue declarado culpable y sentenciado a colocar la piedra faltante en su lugar. Así, Lucifer tomó posesión de su alma. Lo hizo, enfrente de miles de diablillos colocó la piedra, pero su alma permaneció en el cielo. Frustrado, Lucifer se retiró. Esa noche Cantuña durmió plácidamente en su cama que, por cierto, era sostenida por dos piedras.
Wilmer Rolando Fauta Peñafiel, Loma de Puengasí

10 segundos de locura
La ciudad, la gente que va y viene… el tiempo corre. Por 10 segundos, cerré mis ojos. Sentí el calor del ambiente, las olas dando golpecitos en todo mi cuerpo. Sobre y bajo mis pies, habían obstáculos pequeños; de pronto, el oleaje con toda su fuerza me empujó. Luego, un instante de calma anunció un nuevo oleaje, y en el momento en el cual me disponía a sentir el mar en mis manos… abro mis ojos al escuchar una voz tenue y estandarizada, que me dice: «Siguiente parada, La Colón, cuidado se cierran las puertas».
Marcela Cornejo, 30 años, Cochapamba

En el bus
Me tocó el puesto del motor, por lo menos conseguí lugar. A pesar de la lluvia, me sentía caliente, tal vez era por el motor. Trataba de no quedarme dormida. Subió, primero, el de los caramelos de tamarindo; después, un lindo ancianito que necesitaba vender las últimas fundas de maní enconfitado; por último, el payaso escogió al galán que actuaría en la obra de todo payaso de bus: Dos mujeres un camino.
Berenice Peñafiel, 22 años, San Carlos
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En dos ruedas
Esquivando autos, respirando esmog, pedaleo es mi aporte anti polución. Haciendo, de los chapas muertos, improvisadas rampas para saltar, colándome en el carril de la Ecovía o trole, me río de los que el tráfico sus vidas desperdiciarán. Pilas con los vidrios de botellas al rodar, pues no me gustaría mis dos ruedas ponchar. Y si llueve, hermano, ¡salado!, poncho de funda toca usar.
Byron Tarabata, 22 años, Puembo

Doña Michita
Doña Michita se levantaba todos los días a las cinco de la mañana en punto. Realizaba con afán su oficio, ya que a las ocho de la mañana iba a los aeróbicos en La Carolina. Como todos los días, tomaba el autobús todo lleno; y típico, el ayudante decía: «Siga atrás, está vacío». Entre el apretón del tumulto, Doña Michita se disponía a bajar del autobús, timbró y, al ver que el chófer no atendía a su petición, gritó a voz en cuello: «Paaaaaaaaare bruuuto, que me quedooooooooooo». Acompañada del coro que decía: «Se quedaaaa».
Eduardo Sanabria, 27 años, Carcelén

Encontrón con el destino
Cuando le clavaron la estación de trole frente a su ventana, Don Cristóbal descubrió su vocación de cura. Apoyado a las rejas, disfrutaba ir pescando historias de engaño, avaricia o lujuria.
Estefanía Jácome, 26 años, Cumbayá

La doña
Doña Realidad, tan pomposa y tan desgarbada como es, paga 25 centavos (a veces, menos), entra y viaja completita en un solo Trole.
Javier Arcentales, 28 años, La Granja

Mis más sinceras disculpas
Nunca quise competir con usted, pero años de constantes maltratos, empujones, compras forzadas de caramelos, viernes de rocola sin moneda y la infaltable mandadita de mano me han obligado a dejar su Mercedes Benz, de cuarenta lujosos asientos, por las dos llantas de mi bicicleta.
Diana Díaz, 23 años, Ponceano Alto

El tráfico de Quito
Si papi, ya sé que estas no son horas de llegar. Pero es que el Pancho me iba a traer y no quería irse. ¿Las tres de la mañana? Mentira pa, las dos y media nomás han de ser. Igual no fue culpa, ya sabes cómo es el tráfico de Quito.
María Paz Mejía de los Reyes, 22 años, La Floresta de Carcelén

La princesa del Trole
Había una vez, como en todos los cuentos, una adorable princesa (una hijita de papi), que al implementarse un nuevo régimen en su reinado (el «pico y placa»), le tocó viajar en un carruaje viejo y desgastado (el Trole). Una vez adentro, la princesita se dio cuenta de que no era tan malo como parecía, había muchas personas que admiraban su belleza (la quedaban viendo), le decían piropos (la batraseaban) y hasta le curaron el espanto gratis, agradecida sonreía y saludaba. Al bajarse, comentó con sus «amiguis» y, al siguiente día, todas tomaron el mismo carruaje.
Gabriela Cárdenas, 22 años, Chimbacalle

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sueños infantiles
Desde pequeño miraba los corazones azules y quería ser uno de ellos.
Fabricio Ramírez, 24 años, La Magdalena

40 segundos
Semáforo en rojo otra vez, siento una mirada y no del malabarista de esta esquina. Me volteo y te veo. Nos miramos. Tenemos una imagen difusa uno del otro, por los vidrios empapados de lluvia. Sonreímos cómplices de esta espera, nos ignoramos, volvemos a mirarnos con el disimulo de rigor. El piu piu del cruce peatonal ha dejado de sonar y nos despierta del letargo. Partimos, y cada cual se lleva la versión que se le antoja de este encuentro.
Gabriela Erazo, 27 años, El Batán

Desempleado
Voy a pedir un aventón en la 6 de Diciembre y Granados, a ver si algún trabajo me lleva y me acerca a otro lado.
Antonio Zapater, 51 años, El Labrador

La duda
—¿Este trole llega hasta la Y? —No sé, me bajo en la siguiente parada —dijo y miró que, en el rostro del anciano, se apagaba la expectativa, lo opción de no viajar en soldad. —Parada actual, Villaflora. Y se bajó dejando a su padre con la duda.
Andrea Samaniego, 26 años, PIO XII,Sur

Siempre hay donde
Toda la amazonas, toda la amazonas. Siga, siga que está vacío. Más atrasito hay puesto. Me subí y alcancé solo hasta la tercera grada.
Verónica Vásconez, 23 años, Conocoto

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El trole
Los colores que pintan el trole reflejan la armonía que se vive dentro, donde sus habitantes temporales bailan apretados al compás del freno del conductor.
Cristina Mogollón, 30 años, Monteserrín

La boca se equivoca
Medio día, tráfico en la Amazonas, la Carita de Dios ardiendo y yo sudando en mi taxi. Sin tiempo para almorzar, doy la tercera mordida a mi hamburguesa gringa y sigo. Una señora me llama: —Al hospital de vacas niño Ortiz, por favor —dice. La escucho mientras mastico y no puedo evitar imaginar un grupo de cirujanos tratando de reinsertar, en la vaca, el pedazo que yo me estaba comiendo. Me río y un trozo de carne llega hasta la mejilla de la señora. Ella se baja insultando, pero yo pongo la rutina en marcha, sonriendo.
Jorge Mejía, 26 años, Tena

Me sé de memoria
Buenos días damitas y caballeros, me he subido a este medio de transporte para ofrecerles este delicioso caramelo con sabor a chocolate… Usted se preguntará cuánto le cuesta, cuánto le vale, por los 5 una monedita de 25 centavitos, 25 centavitos que ni le empobrecen ni le hacen rico. Le voy a emprestar por sus respectivos asientos, sin ningún compromiso, sin ningún compromiso… Se ve que uso con frecuencia el bus, me sé de memoria.
Edith Valarezo, 59 años, Las Casas

Metamorfosis
Mi gato era de un muy oscuro y gris pelaje, que se hacía cada vez más oscuro como el asfalto. Una noche vino con sus patitas como bordes de las vías de trole; a la siguiente, fueron sus bigotes, su cara, orejas y cola las que estaban teñidas de blanco. De pronto, no regreso más. Ahora, es un paso cebra en la esquina de mi casa y, aunque extraño sus maullidos, lo sigo escuchando en la voz de un pajarito de poste, que alerta a los peatones cuándo tienen que correr.
Freddy Guzmán , 31 años, La Paz
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Paseo
La mejor manera de recorrer todo el parque La Carolina es en un Gusanito… un dólar por persona, musiquita, el viento despeinándote y vos, con cara de pendejo, junto al amor de tu vida.
Karen Romero, 20 años, El Batán

¡Ya no cabemos más!
5 p. m. de la tarde y las puertas se abren. El tumulto entra, el transporte avanza. ¡Tucu tucu tucu!, primer frenón y Martita se ha caído al suelo. Se abren las puertas. Sale uno, entran cinco.
Andrea Estefanía Pazmiño Villa, 19 años, El Batán

Si los longos no existieran
A diario, llego molesto a mi casa por la gran cantidad de longos que hay en los buses. Le pedí a la Virgencita que me mostrara cómo sería el transporte público en Quito si no llevara tanto indio. Entonces, tuve una visión que me mostraba el interior de un bus: un conductor y un cobrador afrodescendientes; tres pasajeros cubanos; dos haitianos y un gringo perdido, porque no había longo que le indique dónde bajarse. ¿Y yo? Por supuesto, iba en taxi, pues no me dejaban subir.
Christian Burbano, 20 años, Cotocollao

Margarita, ¿en qué bus vas vos, ve?
Mientras esperaba un taxi en la Zona, se acercó un guambra de colegio, con pinta de choro. Parecía que me iba a robar. Se me apegó y me dijo, súper longazo: «Reina, ¿en qué bus vas vos ve?». Me le cagué de la risa y le dije: «Mírate la cara, longo sucio». Y me respondió el igualado: «Así me quiere tu ñaña». Lo peor de todo es que sí se parecía al pelado de mi hermana. ¡Qué de lo last!
Christian Burbano, 20 años, Cotocollao

La chiva de mi pueblo
En fiestas de Quito, junto al Hospital Eugenio Espejo, se escucha temprano el ruido de cuatro chivas y una ambulancia. Pasado las 2 a. m. es a la inversa.
Andrés Velástegui, 28 años, Ponciano
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UIO
Se levanta, se arregla, se apura, corre, ¡está tarde! Pasaje a la mano y avance por el medio que atrás hay puesto… Mentas, maní, papas y ¡hasta DVD! Reinita, mamita, sin caerse… Calladita, sin moverse, pasa el celular… Señorita Díaz, llega tarde (puertazo). Camina, solazo, camina tres cuadras, aguacerazo. Reinita, mamita, se está mojando. Fila, empujones, por fin a la Estación. Timbra, no hay nadie, no tiene llave, se sigue mojando. (Así concluye un día en la capital, donde nunca pasa nada, pero a mí me pasa de todo).
Diana Díaz, 23 años, Ponciano Alto
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Alivio
Con el avanzar de las horas, su corazón latía más fuerte, usaba grandes gafas oscuras, un abrigo largo gris, para que si algún conocido la viera no la identificara; la Plaza de Santo Domingo parecía desierta, gracias a la gruesa capa de neblina que la cubría, ella había decidido terminar su relación extramarital con ese, su compañero de trabajo; lo había citado a las seis, lo vio al otro lado de la acera, él la saludó efusivamente cruzando la calzada con descuido, fue tarde cuando el Trole lo aplastó. Finalmente un suspiro de alivio, todo terminó.
Catalina Álava, 32 años, Llano Grande

Compositor
Asándome en el carro, estaba parado en plena Shyris y Amazonas y vino un joven con gorra hacia un lado y una cadenota colgándole del pantalón. Cerré la ventana. Golpeó el retrovisor con su grabadora. Abrí la ventana. Me cantó al ritmo de ice baby: «Tu raza es la culpable de que tengamos hambre, tu riqueza es palpable, por vos no tengo un fiambre. Tu corazón es un ice cream baby, ice cream baby, dame vos paz, te daré una canción, dame vos más…». Cambió el color del semáforo. Él era un poco longuito y yo, también.
Fernanda Andrade, 31 años, El Batán

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En el Trole
—¡Pichirilo! ¿Qué color? —gritaba la niña, mirando a la ventana y pellizcando al niño que compartía su asiento. —Si no dejas ver, ¿cómo quieres que sepa? —Eres un despistado. —¡Carcosa! —No me trates así —y aplicó más fuerza—. ¿Qué color? —¡Ah! ¡No sé! Tú me quitaste de la ventana. —Quien se va de Quito pierde su banquito. —Ya no juego, y retiró la mano del brazo adolorido. Se agachó a su mochila y sacó un chicle bola grandote. La mirada de la niña se posó sobre el dulce. —Dame. —¡Nooo! ¡Quien vuelve a Quito no te da ni un poquito!
Luis Miguel Aucatoma Salazar, La Rumiñahui

¿Que dónde vivo?
—Yo vivo en la Florencia. —Bueno ¿y eso qué? —Pasa, que preguntan.

Ese es el problema, cuando lo hacen, respondo que la Florencia. Primero, me ponen unas caraaas, comentando… —¿Y eso con qué se come? Así que corrijo: Por Guamaní, al lado de Cutuglagua. —«¡Pucta lejísimos!»... ¡Qué horror! dicen, como si fuera pecado mortal. Seguida del típico chistecito: Y esto fue el colmo. Sucede que desempleado, en una audición, me salieron con: —Lo siento, pero necesitamos gente no tan alejada… ¡Maldita sea! —¿alejada? ¡Ni que viajara en burro! ¿Para qué hay buses?
Jeison Alexander Bravo Peña, 18 años, La Florencia de Guamaní

«¡Ah!, allaf, donde el diablo sube santiguándose».

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En bus
Él la vio por la ventana y sintió algo. Ella subió y caminó por el pasillo. Él la siguió con la mirada. Ella se sentó justo a su lado. «Es el destino», pensó. «Nuestros caminos se encuentran, solo tengo que mirarle, solo mirarle a los ojos». Con esfuerzo, levantó la cabeza. Pudo ver su perfil. «¿Será mi esposa, tendremos hijos, tendremos nietos, es ella? ¿A dónde vas? ¿Cómo te llamas? ¿Estudias?, hay mil opciones, solo debo decir una. ¿Por qué es tan difícil?». Así, media hora hasta que, llegando a su parada, decidido, tomó aire y le dijo: —Permiso.
Mauricio Rosenfeld, 34 años

Amor en tiempos de Trole
Pienso en ti, mientras el semáforo se pone en rojo para los autos, de prisa cruzo la calle; pienso en ti por segunda vez, ingreso a la parada, Juan Fernando Velasco. Desde mi celular, me lanzas una frase que me fulmina, aquí estás de nuevo; por tercera vez pienso en ti, un mar de rostros, busco tu cara, pago mi pasaje, mi cambio huele a ti; y por cuarta vez pienso en ti, como te quiero, te busco, eres indispensable, necesito respirarte, el Trole llega, las puertas se abren, te busco, no estás. Amor te esperé, pero el Trole llegó primero.
Wilmer Rolando Fauta Peñafiel, 35 años, Loma de Puengasí

Rosa grita: «Ese asiento es mío»; Carla lanza su maleta hacia el asiento pero cae al piso. Rosa da tres grandes pasos y se sienta; Carla se desvanece en el piso, cuando despierta está sentada. Rosa ha perdido y Carla sonríe.
Gabriela Andrea Arévalo Gallardo, El Batán

Abordaje
La corriente de un Amazonas de asfalto arrastraba al navío añil. Cuarenta bucaneros sentados y treinta de pie dormitaban la modorra del mediodía. El capitán comía chochitos y el timonel contaba monedas. Todos escuchaban llantos de ballenas y vallenatos. Envuelto en negra neblina, el navío sorteó escollos y huyó del canto de las sirenas: «Uuuuiiiiiuuuuu, uuuuiiiuuuu». De pronto, ante el faro de luz roja, un pirata tomó por asalto el navío y sorprendió, con voz ronca, a los incautos navegantes: «Dos dólar la última de hollywooooood. Lleve, lleve, tres en cinco».
Flavio Paredes, 26 años, Iñaquito

Peleando por un puesto
En una esquina, Rosa; en la puerta, Carla. Rosa tiene dolor de rodilla; Carla lleva una maleta llena de libros. Rosa es cajera; Carla, estudiante. Se miran fijamente, solo hay un asiento, la lucha será a muerte, ninguna de las dos quiere viajar parada, ninguna de las dos permitirá empujones ni codazos en la espalda.
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El susurro del volcán
Mariana se levanta sobre la ciudad y su ruido. Abre el armario y ve salir un arcoíris de colores, ¡pero no sabe de qué color vestir! Corre la cortina y ve al Pichincha, decorando su ventana y susurrándole al oído el color que debe usar. Él le sugiere azul, otras veces verde; si se quita su sombrero de nubes, ella viste de amarillo; y si su cabeza está con canas, usa cualquier saco caliente y el paraguas de siempre. En el bullicio gris de la ciudad, Mariana todavía escucha el susurro del volcán.
Lucía Sotomayor, La Carolina

Pichincha
Lo que más extraño de Quito es esa brújula gigante y verde que siempre me dice en dónde estoy.
Magda Garcés, Iñaquito Alto

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Perro delmer
Un perro muy delmer caminaba por las calles. Esquivando autos, oliendo colas, husmeando en lo que sea. Siempre iba a Las Menestras del Egar a contemplar, con la baba colgada, cómo todos se pegaban las carnes. A veces le tocaban unos buenos gordos que los melindres no se comían, pero duraba poco porque la señora del Egar siempre le sacaba a escobazos. Una madrugada sucedió lo inimaginable, mientras llovía, la doña del Egar lo dejó entrar al restaurante y ¡le dio un pedazote de carne! Al siguiente día amaneció rodeado de menestra y arroz.
Natalia Zurita, Sangolquí
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Desde hace varios días lo veo allí, quie parece impo to, al pie de rtarle el frío la reja. No ni el hambre , en silencio Comprendo , espera. su inútil pe rseverancia, Pronto volv su locura es erá en sí y pasajera. se marchará olfateando lejos, la cab el suelo. eza baja,
Antonio Zapa ter, El Labrad or

Fiel amo r

eor puesad as illa de un p do en la ca erro quiteñ lle, con los o es quedar chinchulin aplancharando dulc es afuera y e de higos la piel sup por la putr uefacción.
Alejandro Pe ña Bucheli, Cumbayá

Entre d ulces y a m a rg u La p r

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¿Y el cuento?
—Por favor, escribe: «Considerando que existen 140 000 perros callejeros, que son un problema de salud pública y afecta a la población, el Concejo agradece a aquellos conductores de vehículos automotores que, con su invalorable aporte, nos ayuden a combatir este incremento poblacional, eliminando diariamente perros en las vías (también, a muchos humanos). Además, se les comunica de nuestro incondicional respaldo para que continúen en su tarea, aunque deban circular con exceso de velocidad y no respetar las paradas y semáforos». —¡Un momento, no me hagas escribir estupideces! ¿Y dónde está el cuento? —¡Exacto¡ ¿Dónde está el cuento?
Augusto Maldonado Larrea, 52 años, Sector IESS-FUT

Perro loco
«Quito busca más historias», decía un anuncio. Varias ideas pasaron por mi cabeza, pero solo podía enviar cuatro. Sentado en el parque de Carcelén, meditaba sobre qué escribir. De repente, un perro, todo cochino, se acercó y me dijo: —Puedo hacer que pierdas el concurso. —¿Cómo? —le pregunté. —Fácil, entrando en tu cuento y contándole al jurado que solo participas por el cushqui, que no te interesa la ciudad, y que ni siquiera te gusta Quito. De repente, el perro desapareció. «¡Chuta!», me dije a mí mismo, ¡menos mal que los perros no hablan!
Eduardo Sanabria, Carcelén

¡Se me fue!
Un perro conductor va por la Oriental, se le van los frenos y atropella a un humano callejero.
Diego Escobar, San Bartolo

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Trabajo
Se fue la luz, la ciudad colapsó. Apagó el fuego de su antorcha, guardó los cuchillos y la bola de cristal. Jamás pensó que un semáforo apagado sería su carta de renuncia.
Natalia Peralta, San Rafael
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Y para peor, la plata se la llevó el Guillermo
No está lloviendo, pero tengo esa sensación. Las blancas nubes, como nieve, ya están sobre el Pichincha. Voy casi llucha, porque hace un calor del carajo (bueno, la verdad es que quiero mostrar la mercancía).

Son las dos de la tarde y me cayó el aguacero encima. Llegué a la cita, pero no me reconoció, el maquillaje se me había ido a la mierda. El Guillermo llegó a la hora de siempre a la pensión.

No quiso el servicio y tuve que buscarme otro cliente… uno de esos que pagan baratito.
Ximena Zurita, Valencia, España

Por hecho el guápulo
San Diego estaba toctiuco, por la ronda de chaguarquingos, que le dejaron chiriacu, no tenía para el gran pasaje, así enamoró a la Magdalena, llevándole miraflores y panecillo dorado. Se creía el ejido, por vestir alameda, con el calzado, pintado. Llamó a la plaza chica, aprovechando que estaba solanda, se dio la libertad, mañozcamente, le alzó la guaragua, le vio la loma grande. Pero salió el taita que era un San Bartolo, le pateó la tola, dolió hasta la colón, y con la mama cuchara, le rompió la carolina, nublándole la bellavista, le hizo un chilibulo por batán y pobre diablo.
Petronio Silva, La Armenia

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Yo soy
Al que sin consultar bautizaron de cristiano al año de edad. Al que nombre de extranjero pusieron (en el registro no han sabido inscribir con nombres longos). Eduardo por mi taita (soy «igualito» a él, según mamá). Como mi abuelo, que serenateaba aquí en la Loma Grande (murió de cirrosis, por tanto canelazo). El escolar al que enseñaron: «Ni un paso atrás». El colegial que aprendió de música, joda, política y, sobre todo, «amistad» en épocas de «forajidos». El que ama a una «centralina» y es correspondido. ¡Un quiteño másf !

El que se encamotó de una «chiva» y no fue correspondido.

Jhonatan Tito Ontaneda, Loma Grande

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Mendicidad
Sus manos arrugadas, sucias, temblorosas, agarraron el jarro viejo, agujereado, donde sus ojos vieron caer monedas por años. Un día que el sol calcinaba, y Quito era el mismo infierno, mi abuelo me compró una gorra y sonriente preguntó si mi amigo quería una: —No —dije—, porque tiene cuernos.
Ernesto Anaguano, Nayón

De repente, al oír los zapatos alejándose, aquel sonido entró en sus oídos regresándole a su infancia, al repique de las campanas de la iglesia de Santo Domingo y Rosario niña, debajo de la cama, viendo por última vez los zapatos de su padre alejarse. Su madre epiléptica, medio loca, golpeándole en la cabeza y Rosario, con su mano estirada, pidiendo auxilio y la gente arrojándole caridad. Apretó el jarro a su pecho, le cayó una lágrima seca, y se dejó morir.
Elizabeth Jacho, San Juan

¡Me muero de las iras!
Me mata que el Jefferson me haya metido ese golazo frente a la Marianita. Me dan ganas de ir a darle un puñete. Apenas crezca, voy y le doy. Hoy voy a la casa de la Marianita a decirle que se case conmigo, con el permiso del papá. Nos hemos de casar en la Catedral, como los importantes. La Marianita vestida de blanco y yo de pingüino, hemos de bailar con la Banda municipal. Luego de eso, sí voy a darle el puñete en la panza a ese Jefferson, que me metió ese golazo frente a la Marianita.
Jorge Carrillo, La Vicentina

Mi amigo imaginario
El abuelo siempre me lleva a El Ejido. Todo el día me quedo con el abuelo, porque mis papás trabajan. Mientras él lee el periódico o conversa con un extraño, yo juego con mi amigo. Él no lo puede ver. Nadie lo ve.
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adjetivos
Yo tenía una joyería en la calle Rocafuerte y la dueña de casa era una señorita de 86 años, que todos los días iba a misa en la iglesia de Santo Domingo. Al regresar, se paraba en la entrada de mi joyería a saludar. Una mañana, muy sorprendida, me dijo: «Enrique, las prostitutas están en las gradas de la iglesia», y yo le dije: «Señorita Enma, no se dice prostitutas…», y ella extrañada me contestó: «¿Cómo se les dice?», así que le respondí: «Se les dice Ramillete de Flores que adornan Santo Domingo».
Enrique Camino Carcelén, Quitumbe

Bella
Bella la más bella de las quiteñas, más extensiones que cableado en poste, más aumentos que precios en el mayorista, más retoques que vía del trole, más capas de pintura que casa del centro histórico, levantadores arriba y abajo, sujetadores en la mitad pero pícara, elegante, alegre, siempre adelante a pesar del medio siglo que le sigue sin darle alcance. Coqueta, sin duda, cual quinceañera, aunque en su borrosa cédula no se distinga el año de nacimiento, solo se ve clara la foto en blanco y negro, tomada ya hace muchos años, como recuerdo de lo que era.
Diana Guambuguate, Quitumbe

Reposiciones
Conozco a un hombre, al que le dicen el Candelabro, que a las seis y cincuenta de la tarde puede predecir si habrá sol o lluvia al día siguiente. Le gusta apagar las luces de su covacha, una por una, hasta quedarse a oscuras mirando al Guagua. Nunca falla. A cambio de veinte centavos, me he ahorrado perder paraguas, adquirir gripes, estilarme en las paradas de buses. Eso sí me dice, desde el parque donde trabaja, en la Guangüiltagua, «el clima de la ciudad es otro. Puede que mañana mismo tumben al presidente». Y nunca falla.
Antonio Villarroel, Jipijapa

El cucurucho
Mami, mami. ¡ya viene el cucurucho! El niño estiró las manos para regalarle unas moneditas, pero el cucurucho no tenía bolsillos…
Andrea Sosa, Monjas

Y era diciembre
Mi traje de hacendado, bota en mano, estaba listo al encuentro; eran las 12, clarines tocaban, lentejuelas de luces, música de los trompudos; iniciaba mi paseíllo más preciado, y era diciembre cuando me encontré con la misma suerte de un toro faenado.
Verónica Carrera, San Carlos
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Chuchaqui
Al llegar a su casa extremadamente ebrio a las 2 de la mañana, se puso a llorar en la puerta. Lloró por horas, hasta que se le secaron las lágrimas y entró en un chuchaqui mortal. Se quedó medio sentado medio acostado en la vereda, despierto pero cansado. Su mente estaba demasiado alborotada como para conciliar el sueño. Con una mueca de furia, con el ceño fruncido y la respiración profunda, recibió el amanecer. Más o menos a las 6 entró a la casa… le dolía la cabeza, así que, antes de volarse los sesos, se tomó tres aspirinas.
Juan José Rivera, La Armenia

El peluquero de mi barrio
Don Tomás es el peluquero del barrio. Tiene su peluquería en la calle principal del vecindario. Todos los vecinos acuden a él cuando necesitan un buen corte de cabello, una afeitada o un amigo para conversar. Un día su clientela mermó. Los vecinos se alejaron de él por ser gay. Los rumores empezaron a viajar de boca en boca. Hasta el párroco de la iglesia le prohibió la entrada al templo. El negocio y su vida se fueron a la ruina. Don Tomás, además de ser un buen peluquero, es mi padre.
Sebastián Jimbo, Barrionuevo

A su imagen…
Y lo creó a su imagen y semejanza. Lo tomó del suelo y lo vistió. Lo rellenó con aserrín o papel periódico. Con explosivos, lo embutió… Y a la media noche, por los cielos voló.

Sueño ecuatoriano
Desde acá te veo. En ese valle largo y cojudo, como diría mi distinguida Sra. Abuela, no muy serrana que se diga. Desde acá, tus rincones son aún más alhajas. Tu centro aún más histórico. Los panas aún más panas. Sabe mejor la empanada de morocho y el locro huele mejor. Lo que sí sé es que, aun desde la lejanía, no soy tan cojuda como para creer que la cola del SRI haya disminuido.
Ana Urbach, La Carolina
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¿Por qué será que Dios no manda lluvia el fin de año?

Patricio Chamorro, Los Laureles

Cuerito andino
Cuerito andino: piropéese, silbeése o moléstese a una mamacitashh (cuerazo), toleña de cepa, Quiteña Bonita (sin fraudes), graduada en el 24 (colegio, aclarando) y que disfruta engordar el ojo en el CCI. ¿Cómo enamorarla? Los acordes flow y un chance you you no la encamotan, por ser bonita es sensible y por ser sensible se enamora de los serenos en La Ronda. Nota: No es para nada alzada ni respingada, pero si eres un FFP (Feo, Flaco y Patán) solo puede que responda: «Este cuerito andino nunca podrás tener».
Wilson Paccha, Comité del Pueblo

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Ramera o cuento para no olvidar de cuando la 24 era divertida
La puerta del dormitorio estaba entreabierta y, desde la oscuridad, a la luz de una lámpara baja, te vi sentada; desnuda y solitaria, de perfil. Nadie te acompañaba y tú te encontrabas encorvada, mirando al suelo, como intentando encontrar las piezas perdidas de tus sueños rotos. La poca luz y tu posición, casi fetal, le daban a la piel de tu vientre varios pliegues, semejantes a las dunas de arena de los desiertos: dunas barridas por el viento. Entré, sin avisar: avergonzada cubriste tu cuerpo con una manta, me preguntaste si ya estaba listo y yo te respondí que sí.
Belén Salazar, Inchalillo

Y allí, a la salida del Teatro Sucre, montaba su danza de carcajadas, su festival de sueños, el desfilar de máscaras rancias y descoloridas, una tras otra, hasta mostrar la propia, la de piel, a la que anegaban sus lágrimas de alcohólico solitario… la triste… la del espejo cada mañana. Pero un lunes de lluvia helada y pertinaz, tanta que no pudo dejar su tugurio lúgubre para salir a ganarse el pan de risas ajenas, de cóncavos y convexos, se colgó del dintel de su cuarto sin quitarse la careta.
Dimitri Medina, La Carolina

Y si Quito tuviera un superhéroe
Se llamaría SúperChulla; tuviera un quinde por escudo; sería diestro para el cuarenta; jugaría Ecuavóley con la zurda; también, un maestro para contar cachos sería; en El Panecillo, tendría su guarida; para ver toda la ciudad, almorzaría en el Mercado Central, porque ahí están todas sus caseritas; trabajaría en la Radio Municipal, para tener ahícito las noticias; cuando no haya cómo volar, iría en bicicleta; tendría mucho trabajo en las Fiestas Capitalinas, pero capaz que en La Ronda se relajaría; en la fila para pagar impuestos estaría primero; inlcuso, jurado de las reinitas sería. Su eslogan: «A Quitumbe y hastaícito nomás».
Francisco Bustamante, Dos Puentes

El chistoso de la plaza
Tenía la risa bien contagiosa, cosa que solo de oírle ya daba chiste…
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El m en d ig o

covacha. Leonardo duerme en su Sobre una sucia esquina, lo se caga. Los vecinos ya no ensucia las calles, se mea, Él les, los ga montón los municipa soportan. Vienen en car ardo. Lo la prensa con el Bern policías judiciales, y hasta untan. acusan, lo empujan, lo ap vergüenza para la ciudad. —Eres un cochino, una en la huye. Luego del circo y ya El desamparado, temeroso, . Pero no que su casa ya no existe noche, se encuentra con scó le dio una solución, se bu porta, ya que, como nadie im una nueva esquina. aflores
Henry Bäx, Mir

La h er en c ia

os. La querida casa en San Marc Al fin, sale Elena de su rtón azul , a través del viejo po sacan dentro de un cajón Había perturbables del balcón. añil, bajo los geranios im nsión , cada sucre de su pobre pe dedicado su vida a cuidarla , cuando su la vio el primer día fue para mantenerla como puel mismo portón. Ella ya no marido la cargó a través de les rederos, a los que nunca hacer nada cuando los he de n a tumbar paredes. permitió entrar, empieza
Rosario Mejía Urrutia, 53 año

s, El Batán Bajo

Lucifer
Lucifer la llaman, más no por diabla, Lucía Fernanda la bautizaron. En la Providencia, monjas la formaron, mas saliendo de ahí se ha liberado. Renegó de la inquisición. Se negó a que le den pensando. Descubrió que el negro es un buen color si quieres retener el sol. Se rió del celibato. Al Machángara lanzó los curuchupas. Su religión ahora es amar. Abrió sus alas y a volar. Lucifer camina por aquí. Entre la Basílica y el teatro la puedes distinguir. Las siete cruces suele recorrer, nunca más en la calle de la soledad la podrás ver.
Luis Iván Rodríguez Abad, 25 AÑOS, La Guaragua

Paraguas
Por las calles quiteñas, caminaba una niña a la que la lluvia no tocaba; algunos decían que era la tristeza la que la tapaba.
María Inés Salazar, Corazón de María

Adoum
Él no era de aquí, pero era en esta ciudad donde se acababa su puro, en estos aires, mirando desde la Colón más el país que el infinito, cuando la palabra se volvía lenta y la muerte, ávida.
Miguel Ángel Zambrano, La Carolina

Desde el cielo
No fui tan amigo de la Magui como lo fueron los hermanos Martínez, por ejemplo, pero puedo presumir que fui uno de los pocos que pedaleó con ella en La Carolina. Te recuerdo más estos días… nos cuidas desde arriba… volando como una avioneta…
Esteban Calderón, 25 años, Agua Clara

Quiteños
Unos más modestos que otros. Unos son altos, porque la vida les hizo así; otros son bajos y tienen expresiones exageradas para compensar su estatura; unos son demasiado eufóricos para mi gusto, que con tan solo verlos te sacan una carcajada; a diferencia de los que son histéricos, con su risita macabra que te produce miedo; también hay algunos soñadores como yo, que piensan que una niña de 15 años va a ganar un concurso así.
Nela Kruskaya Vargas, Las Orquídeas
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Herencia
Mijo, este 31 terminaré con más de 20 años de trayectoria como viuda en la Kennedy, de juntarme con los panas para maquillarnos y pedir limosnas para el ancianito moribundo. Al comienzo, son tímidos: «Una caridadcita para el viejito»; luego, más atrevidos: «Hola, mi amor, me das una moneda para el veterano»; finalmente, escenas de estriptis en el capó de los carros. Ahora que tienes 13, te corresponde continuar. Te entrego la peluca emblemática, la minifalda y la pupera. Recuerda, no mucho rímel, aguanta el grasoso pintalabios, y explota tu lado femenino como todo un varón. Te quiere, tu papi.
John Solís, California Alta

concepción
Cuando Jorgenrique llegó de Ambato a Quito, no pensaba en las prosaicas letras que se escondían bajo las piedras de San Francisco. Cuando Quito recibió a Jorgenrique, sabía que la fecundaría. Entonces, celosa y curuchupa, la capital le abrió sus piernas para parir nuevos poetas.
Freddy Aguilar Morán, Rumiñahui
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incendios
Abrió una ventana en la memoria y, brutal como el rasgar de un fósforo, regresó una noche a caminar por San Juan. Camisa de manga corta y chaleco de lana, envuelto todo él en el humo de un Lark. Cuando ya solo lo visitaban en sueños, él se buscó en su ficción. Aulló en balcones y esquinas, enamoró personajes, recitó el AVCdario, zumbó cual mosca en las narices de los dinosaurios del poder. Volvió a bailar salsa y, al salir de la disco, otra vez lo esperaba el auto de vidrios polarizados. 20 años no quitan el hambre de Quito.
Flavio Paredes, Iñaquito

El Bacán sabe lugares arrechos (aunque nadie sepa qué significa); no sitios lindos ni de película. El bacán es todo menos bohemio (esos son hechos los bacanes). El Bacán sabe que no saben.
Fernando Torres, La Ruminahui

Olores tristes
Hora de recreo. Huele a col guisada. La mujer del portero de la escuela está preparando su mazamorra. El Cuacho Muñoz, compañerito de primer grado en el Borja de la Olmedo, no juega; está sentado en la banca, con la vista perdida, los ojos vidriosos y abismalmente pálido. Comentan que su papá vendrá a retirarle.

El Bacán (solo para bacanes)
El Bacán sabe las cosas que quiebran a las mujeres. El Bacán no sabe cómo hacer amigos; El Bacán es pana. El bacán no conoce gente; él conoce porque le conocen. El Bacán no es puñetazo; es tan valiente que los otros se le ahuevan. El Bacán no es alzado; es respetado por bacán. El Bacán no sabe nada; pero te caga hasta el mejor argumento si ve que hablas huevadas. Tan consciente está de sí mismo, que El bacán lo puede hacer todo solo por bacán.
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Al día siguiente nos cuentan que el Muñoz se ha muerto. Huele a col guisada, triste olor que me acompaña desde hace 55 años.
Rodrigo Valarezo, 64 años, Monteserrín

Fin de semana en Quito
Sábado 7 p. m., el chorito de San Roque se santigua en la Catedral, para que en su camellito le vaya bien. Sábado 10 p. m., el borrachín irresponsable, con mujer de dudosa procedencia, sale de un zaguán de la Tola Alta. Domingo 10 a. m., el chapita recién graduado, con señorita ayudante de limpieza, en el parque El Ejido besuqueándose. Domingo 1 p. m., un par de aniñados haciendo de guías en la plaza grande, a una gringuita que llegó de intercambio. Yo, con mi negrita en el Itchimbía, con una cola de litro, disfrutando de la vista. Qué lindo es mi Quito, ¡carajo!
Gabriel Galarza

Heladero del Banco Central
Quiteños y no quiteños, que por La Alameda han transitado, seguro se han de haber topado con un hombre de delantal inmaculado. Sonríe a todo aquel que circula; con angustia, ofrece su producto, esperando que el sol no decaiga para lograr sostener a la demanda. Ha refrescado a muchas generaciones, desde niños juguetones hasta oficinistas y conductores, pasando por enamorados y hasta asambleístas apurados. Y cuando el gran sol descansa, él también se retira esperando que, cuando amanezca, ni una nube se aparezca, porque, si de llover es el tema, a nuestro heladero también se le va el sistema.
Jorge Narváez, San Blas

La Motera
Un día muy triste fue aquel que, al salir de clases, vimos que no había ni rastro de los canastos, peor de la motera. Pasaron los días y la motera volvió, ahora con un kiosco de madera. Aún seguimos tristes porque nos da menos y cuesta más.
Lenin Arias, La Ruminahui

el remedón
Juanito Nocturno besó cálidamente a su esposa y corrió a La Ronda, donde se ganaba la vida de mimo, imitando a la gente. Mientras tanto, en su casa, su vecino lo imitaba a él…
Marián Morillo, La Vicentina
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El longo creído
¡Vení ve… guambra, con vos hablo! ¡Qués pues el longo hecho el creído, ya porque ahora vive por el norte, bien que cuando vivía por aquí, en San Diego, hasta plata me pedía prestado!… Ya te voy a bajar el moco ¿no? Como que no me voy a acordar cuando chuzo corrías por San Francisco, con la mochilota al lomo para comprar el ponche de Don Manuel, jugabas bolas escondido debajo del puente de San Roque y, en las tardes te paseabas con el cajón, hasta por la Marín, buscando los zapatos más sucios, regresabas cochino… Y ahora abogado, longo viejo…
Paola Ayala, El Inca

Con la cara pintada
A ver, búrlate en mi cara, le espetó el funcionario de las gafas Ray Ban. Me parece de muy mal gusto lo que hace, le reclamó el profesor de escuela fiscal. Ahura verá por burlarse, ¡majadero!, le voy a denunciar con los policías, le gritó la señora de chalina. Mejor ni venga al Registro Civil, ¡patán!, le vociferó la secretaria. Era una pesadilla. El 'Miche' se levantó y se gozaba solito. Se había quedado dormido sobre el césped, con la cara pintada.
Óscar Molina, Pinar Bajo

Un embustero
«¡Vengan, pasen!», decía el hombre. «Bienvenidos al lugar donde un indio se atrevió a engañar al diablo y los viejos son más listos que la muerte». Al finalizar el recorrido, se dieron cuenta que no era para decir: «¡Qué bestia!».
Juan Pablo Pinto, San Antonio

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Quiteño-week-end
Es aquel sujeto que se va a volver, sube arriba y baja abajo. «Aguántate un ratito» es su frase de apuros si va a pegarse un futbolacho. Se cae con un dólar para comer su snack favorito, chulpi con tostado y, ligerito, ligerito, se va al fútbol con el vecino. Coge el bus al vuelo y llega tarde a la canchita, así se salva de varios wachasos por parte de sus broders. Luego, mete gol estando chuchaqui, termina el partido y, a la vuelta de venir comiendo, se pega una ruquita.
Michelle Goyes, 24 años, El Condado

Amor de marinero
Luego de ocho años de esperar en el mismo puerto, en la misma vereda, bajo la misma farola, comprendió que el amor no andaba buscando cuerpos en la esquina de la Montúfar y Espejo. Se sacó los tacones y echó a andar.
Gabriela Lizarzaburu, Chillogallo

Sana aversión
Decía mi tío, el que vivía en San Juan, que tenía una sana aversión por el matrimonio. Muchos gastos, preocupaciones, que los celos, que las peleas… ¡no! él no se metía en eso. Algunos vecinos decían que era gay, pero yo sé que no, porque una vez le vi ojeando a unas prostis de la Flores. Cuando me descubrió, me volvió a repetir: «Tengo una sana aversión por el matrimonio, pero en el fondo, soy curuchupa». Se casó a los 58 y un día después murió, no le gustaba la vida en pareja.
Leonardo López Yépez, 25 años, San Marcos

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Radionovela
El «¡No!» sonó en un eco profundo y homicida, que se apagó en la emisora; la gente corría despavorida, no sabían nada del locutor que minutos antes relató el espeluznante perfil de una psicópata suelta por las calles de Quito. Una hora más tarde, con una risa siniestra, el locutor solamente dijo: «Espero que les haya gustado nuestra radionovela». María, quien escuchaba la radio, muerta de las iras fue hasta la estación y se volvió a escuchar el mismo «¡No!». Al día siguiente, María ya no vendió morocho, solo tripas mishque en la esquina de la emisora.
Jessica Ramírez, La Tola
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Límpiame la bota, limpiabotas
—¿Limpio? —No. —Apure. —No, además, es gamuza. —Sí tengo para gamuza, vea, ¿café? —No, es que no es café, es beige. —Sí tengo neutro, también. —No. —Apure. —Ya, ya, pero no sacarás brillo, verás que es gamuza. —Ya. —Servido jefe. —¿Ya? ¿Tan rápido? —Claro. —¿Cuánto es?
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—Dólar. —¿Un dólar? ¿Qué es pues? —Es que es gamuza, ese cuesta más. —Ya, ya. ¿Tienes vuelto de veinte? —No. —¿De diez? —No. —¿De cinco? —No. —Da cambiando, pues. —¿No tendrá sueltos? —No, apura, da cambiando. —No. —Apura. —Ya, ya.
Francisco Cruz, San Rafael

¡Me agarra la alcurnia!
Quito, 5 de Diciembre del 200? 1.- Pantalón, disque levis, made in pelileo… ¡Listo! 2.- Tanga afuera (roja por supuesto)… ¡Listo! 3.- Gafas cubre cara… ¡Listo! 4.- Botas de cuero de Quisapincha… ¡Listo!

¿Qué vio luego de tantos días y noches en la calle?

Lo encontraron en La Carolina, revitalizado por el pasto casi verde; luego de tantos años, decidió estirar las piernas. El Toro de la Amazonas y Eloy Alfaro decidió sentir el césped, festejando porque se enteró que ya no iban a maltratarlo en ninguna plaza.

Gonzalo Banda, San Carlos

5.- Bota española para trago con puntas o norton… ¡Listo! 6.- Quemarse la lengua para hablar con la z… ¡Listo! 7.- Golpearse la cabeza y olvidar el pasado antiguo ecuatoriano… ¡Listo!

Cáscara de Madera
(En memoria de Manuel Chilli) Su memoria ya no era la misma. Frente a él, le parecía que lo tuvo muy cerca o que salió de entre sus manos.

Ya terminé, solo queda ver cómo muere un animal tras el frío penetrante de un metal…
Matías Hernández, Bellavista

Llegó a la Catedral y le pidió un milagro (había oído que los hacía).

festejo
Nadie notó su presencia hasta el día que desapareció… un personaje tan evidente que era invisible. La gente caminaba junto a él todos los días: oficinistas, altos ejecutivos, burócratas, ciclistas… todos apurados, todos ocupados, nadie se preguntó: ¿De dónde salió? ¿Por qué estaba ahí?
170

Cuando volvió al hospicio donde vivía olvidado y despreciado, en el camino de regreso, creyó recordar una gloria muy lejana. El gran Caspicara, príncipe de la escultura, murió a los pocos días sin que su Cristo del Descendimiento le concediera el milagro.

Ximena Zurita, Valencia, España

Gallito 2.0
—¡Soy más gallo que el gallo de la Catedral! —gritaba el niñito bien cada vez que salía embalado de algún bar del palacio arzobispal. Una noche, el gallo se cabreó y atacó picoteando con furia. —¡Zafa de aquí pollo igualado! —dijo el aniñado con desprecio. El gallo indignado replicó: —¿Sabes quién soy? —clarofff… —respondió—, el gallo de la Catedral. Pendejada de gallo. Ni rayos laser, ni poderes, ni nada. Eres analógico man. ¿Me querías asustar? Ubicatefff… Y el gallo se dio cuenta de que era cierto. Son otros tiempos. Tal vez necesitaba un upgrade.
Alexander Gavilanes

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el golazo
Minuto 40 del segundo tiempo, el marcador 0 a 0, en el estadio San Francisco. Gritan eufóricos los más de 800 hinchas de la parcialidad local. El Deportivo Luz de América ataca incesante, la defensa del Club Atlético Cadenas Opresoras parece impenetrable (y cómo no si van armados), desborda por la izquierda, Juan de Salinas pared con Azcázubi, centro al área chica y ¡goool de Montúfar!, un gol que costó sangre y provocó un grito que hasta hoy no calla.
Adrián Armas, 19 años, Sangolquí
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El amor, no es coincidencia
Un septuagenario entra a una tienda deportiva y ve a la dependiente llorando entrecortadamente, así que le pregunta: —¿Por qué llora niña? —No sé qué hacer, mi novio me pidió matrimonio. Lo amo, es bueno; pero… no es guapo, ni exitoso, tampoco rico —responde. —Mmm… verá, el amor ratos dulce, ratos sal; amar es respaldarnos mutuamente y estar ahí, aunque parezca no haber esperanza, porque para amar no hay razones y esa sinrazón da sentido a vivir La señorita, ahora tranquila y sonriente, dice: —Gracias… pero, ¿en qué puedo servirle? —¿Ya llegaría la nueva camisetita del Aucas?
Fabián Mena , 28 años, La Pradera

Leyenda de la creación darwiniana del Coloso
En épocas remotas, el Dios humanado quería un lugar sagrado, arrojó su lanza y esta se clavó en lo que hoy cono-cemos como la 6 de Diciembre y Naciones Unidas. Persuadió a Gaya (alias Paccha Mama) para que en 7 días formara allí su templo. Entonces dijo: «Hágase la luz», y las luminarias se hicieron… Separó la cancha de los graderíos y, viendo que su creación era buena, colocó la grama e ins-taló puestos de comida, cerveza incluida, dibujó las rayas y colocó banderines… Finalmente, al contemplar su obra maestra, decidió crear al hombre para que cada domingo gritase desde el corazón: «¡Gooooooool!».
Fabián Mina , 28 años, La Pradera

Espoli 0-1 El Nacional
El equipo de la policía domina el balón, lo resguarda en su cancha y la tribuna se alborota. El equipo militar parece estar fuera del juego, sus hinchas lo alientan, se deciden atacar. En el medio campo, cae un delantero por un codo de los policiales, entran en campo contrario y anotan un golazo a los pocos minutos. Termina el partido en Carondelet.
Xavier Bucheli, 23 años

Pa´ lante
Radiante sol de domingo, y el shungu de muchos se junta en lo que para ellos es un templo. Los colores empiezan a sonar con las matracas de los viejitos, y la pasión que se exterioriza en sus cantos. Los resultados poco han importado, su convicción sigue intacta. Un niño canta y canta. Su voz rebosante de honestidad contagia a los alrededores y, en eso, el balón llega al graderío, rebota y va a parar donde el chiquillo. Él lo toma y lo abraza con fuerza, materia impregnada de inocencia que los llevará a la victoria. ¡Ras, ras, ras, Aucas!
Carlos Lucero Sáenz, 20 años, Sangolquí

Ojalá suba
—Señor, señor, disculpe una preguntita. —Sí, dígame… —¿A cuánto quedaron? —Tres, cero. —¿Quién ganó? —¡El Auquitas! —¡Ah, qué bueno! Yo soy del Quito, pero el Auquitas me cae bien. Ojalaf suba este año. Ojalá... Ojalá suba.
Edwin Andrés Puetate Echeverría, 23 años, Chillogallo

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El gladiador y sus puñales
Dicen que los quiteños nos alegramos con música triste. Y cuando juega el Aucas, se escucha un pasillo puñalero que recorre las gradas del estadio.
Daniel F. Benavides C., 28 años, El Batán

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Apellido singular
Juan, un niño de 12 años, después de clases, quiere comprar algo de su equipo de fútbol favorito, Aucas. Ha ahorrado todo un mes las colaciones que sus padres le dieron y espera que sea suficiente. Se dirige a un almacén y lo encuentra. Se acerca a cancelar a caja y le solicitan los datos, para realizar la respectiva factura. La persona encargada del cobro le saluda amablemente y le dice: —Buenas tardes, por favor, nombre y apellido. A lo cual responde el niño: —Juan Defaz. Ella pregunta: —¿Unido o separado…? Y él responde: —Soltero.
Darío Puco, 30 años, Solanda

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Revancha
El arquero se limpia la frente con la mano; acto seguido, las posiciona para recibir el balonazo, era un partido increíble. Del lado contrario, el delantero toma un respiro para calmar los nervios, y cobrar el tiro de castigo. Los hinchas están a la expectativa, se patea la pelota. El balón toca la red en menos de un segundo. —¡Gooooool! —gritaba la hinchada— ¡Ve sijue, qué golazo! Culmina el partido, la euforia se toma la cancha de asfalto, todos gritan: —No se vale, hicieron trampa. —Entonces, vamos la revancha. Bueno, pero mañana porque mi mamá me llama.
Vanessa Montenegro, 21 años, Turubamba Bajo

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Metro Sardina
Ya es tarde. Me atraso al trabajo. El «pico y placa» es hoy. Sorbo lo último de mi café y me alisto para la metamorfosis molesta, pero necesaria y conveniente. Me adentro en un sinfín de aromas que percibo por mis branquias, mi cuerpo se encoge y adelgaza, mis ojos se saltan un poco más. El cardumen va a más de 100 kilómetros por hora a momentos, siguiendo su camino libre hacia el playón. Hoy me convertí en sardina, quizás mañana también. Y si tú algún día lo pruebas, llegarás pronto amigo pez.
Andrés Villacrés, Ponceano Bajo

Pichirilos acostados
Y un día, así de gana, les tocó «pico y placa» a todos los Pichirilos. Entonces, los niños, desde los buses, jugaron a contar policías.
Óscar Molina, Pinar Bajo

Sal quiteña
6:54. Mañana de jueves y lluvia soleada. Arranco tras un ágil peatón. Picos, pitos, placas, 7-8, apresuradas pasan. Moto, vaca loca, embiste diagonal; volante veloz gira a estribor, a babor, gritos-frenos, estrés colectivo, la esquivo. 6:58. Semáforo rojo, ventana contigua. Brotan colores de diablo huma en procesión: pintalabios, delineador, base, cepillo a la cabeza, ¿secador? Bus impertinente atraviesa la calle y detiene el tráfico… Pero la abuela, con sobrada sal, sonríe astuta mientras su beso vuela hacia el coloso estupefacto. Aprovecha zigzagueante, parquea su caballito de acero y saluda al policía, que furioso da brincos con multa en mano.
Juan Redrobán, California Alta

El salado
Salomón Quintana, Don Sali, por salado y por salomón, se murió ese miércoles. Ochoaeme. La carroza fúnebre, de placas peeseyecincoveinticinco, pasó a verlo. Cuatropeeme. Eloy Alfaro y Granados, a una cuadrita del cementerio, un chapa. ¡Alto! Detenido señor, «pico y placa», se me va a calderón. Pero jefecito, ¿y el muerto? La ley es la ley. Cincopeeme. Viuda, hijos, amigos y cura, ¿y el muerto? Nada. Sepelio in absentia. Don Sali, elegante y frío en Calderón cosecha esas flores runas amarillas mientras se llora y se echa manojos de tierra, simulando su entierro al que no pudo llegar. Qué salado.
Luis Alberto Salas Klocker, El Batán

«Pico y placa»
¿Jueves? ¿Hoy será jueves?, mira su celular. Mierda, sí es jueves. ¿Y ahora…?
Mauricio Rosenfeld

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Mala suerte
Hoy me toca «pico y placa», se dijo, así que viajó en bicicleta a San Marcos. Esa tarde tenía cita con el dentista, así que tomó un taxi a la Alameda. Esa noche le robaron la bicicleta, así que viajó en trole. Ese trole se averió en El Ejido, así que le tocó a pie. Llegando a su casa en la Gasca, un perro lo mordió, así que se sentó a llorar, sobre todo, porque se dio cuenta que era lunes y «pico y placa» solo le tocaba los martes.
Marián Morillo, La Vicentina

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premio del pÚBLICO

se-quito
Quito 23 de marzo, 10:13am: Sol que incinera inocentes. Quito 23 de marzo, 10:21am: Lluvia que ahoga los incinerados inocentes. Quito 23 de marzo, 10:27am: Sol que seca los ahogados incinerados inocentes.
Daniel Arteaga, 22 años, La Concepción

mención honrosa

OLFATO DE MADRE
-¿De dónde vienes? -¡Ay! ¡Por favor mami, vengo de la “U”! -¡Y encima me vienes a tratar de tonta! -Si no me crees ¿de dónde vengo, a ver? -De la Foshhh. ¡Clarito se te huele!
Koraima Sotomayor Enríquez, 17 años, Madrigal

mención honrosa

Guacamole
Ayyyyjuepú… ¡Casiiito me caigo! Dijo el chumado después del suelazo, mientras sacaba la mano de la canasta de los aguacates.
Mauricio Rosenfeld, 34 años, norte de Quito

Quito a destiempo
Justo ahora que me gasté todas mis historias en las paredes, me vengo a enterar de que ustedes andan necesitados de ellas. F: El Grafitero
Fabricio Burbano Nieto, 39 años, Las Casas

mención honrosa

Otra vez al Atahualpa
Otra vez al Atahualpa con mi papá de la mano, no entiendo bien de qué se trata el juego pero aguardo con ansias el gol para que mi papá me compre un paracaídas y canten todos la misma canción.
Esteban Calderón, 25 años, Agua Clara

mención honrosa

mención honrosa

Diferencias
El Lucho Pérez dizque quiere hacerse cura, suavito ha de entrar el cholo afeminado. Mijito en cambio quiere ser ingeniero, en la Católica está. Mijito estudió en el Benalcázar, el cholo en el Mejía. El longo dizque escribe cuentos para el “Microquito” ese. Mijito en cambio escribe poemas. Que fiera gente: en Toctiuco vive; encima el longo corre en la “Últimas”, come tripa mishqui y es hincha del Aucas. Mijito es de la Liga, trota en la Carolina y come en los “chifas”. El longo marica ha querido hacerse cura solo porque mijito le botó para irse con un cubano bien alto y guapo.
Amira Acosta, 61 años, Conocoto

Desde la Villaflora
- Oye loco, ¿por qué será que la virgencita nos da la espalda? - Tranquilo man, nos tocó la mejor parte.
Pamela Rivera, 26 años, Nayón

mención honrosa

Asalto
Mientras lees esto, ya te voy robando cinco segundos. La inseguridad está terrible…
Fabián Chimbo Ponce, 25 años, La Ecuatoriana

mención honrosa

¡Corre que te beso!
-¡Ahí vienen los municipales! -¡Corran! -¡Métanse en los almacenes, alguien ha de ayudar! -¡Ya le coge el municipal a la Romelita, ya le coge! La Romelita va corriendo con su balde de salchipapas, derramando aceite calientísimo y un fuerte olor por todas las tiendas del centro. Se mete en un callejón, pero el municipal va atrás con tolete en mano. La agarra, la besa y se lleva el balde decomisado. El municipal llega de noche a su casa y le dice a su esposa: ¿qué tal la carrerita? Ella contesta: ¿me trajiste el balde? Él dice: dame otra mucha y te doy tu balde.
Natalia Barragán, 23 años, El Condado

tercer lugar

segundo lugar

La venganza del diablo
Un día en la Mariscal le vi al Cantuña rodeado por cinco diablos. Y aunque sacó su ladrillo para defenderse, igual le sacaron la pugta.
David Barzallo, 23 años, San Roque (Cuenca)

El sueño
Mi ciudad es limpia, segura, llena de gente amable, con servicios eficientes y una infraestructura urbana envidiada por el resto de capitales del mundo… y cuando desperté, mi bus había avanzado media cuadra.
Ivo Ramón, 26 años, La Magdalena

primer lugar

Qué harías si ganaras
202

El premio lo usaré para construir la casa de mi perro, lo suficientemente grande para entrar yo en ella y, además, compraré un suave colchón y edredón para los dos.
Juan Manuel Guevara

Si ganara Microquito (además de poner cara de lela por la sorpresa), se lo mostraría a mi madre y a mis profesoras, para que vean que no pierdo mi tiempo, sino que tengo un concepto muy distinto sobre lo que son las prioridades, dentro de las cuales no califica un ensayo sobre la Guerra de Corea (con todo el respeto que se merecen los interesados en la misma).
Valeria Vallejo

Pues, me daría mucho gusto ver mi historia en una gigantografia y que esta sirva de algo para erradicar un juego tan brusco como el carnaval. Pero es la respuesta a la pregunta ¿Qué harías si ganaras?, pero ¿qué haría si no ganara? los esperaría en las afueras del edificio, con una provisión de bombas de agua y los mojaría a todos a ver si les gusta, ¡ja!
Jaime Quishpe

Probablemente, pagar las deudas, hacer compritas para toda la familia y, si sobra alguito, comenzar un negocio de ferretería, que me gusta porque soy inventor.
Fabián Romero

Bueno, si ganara el concurso, yo le invitaría a cenar a mi amor platónico ¡Christian Norris! ¡Él me encataaa!
Jenny Jaramillo

Me iría de viaje con el hombre de mi vida (eso si su mujer antes no me mata).
Johanna Ordóñez

Si gano, llevaría a todos los jueces a una cena, donde ellos quieran, para celebrar su buen gusto literario.
Santiago Ortuño
204

Vivo con mi familia en Estados Unidos desde hace 12 años y no he tenido oportunidad de enviar a mis hijos, nacidos acá, a darse una vueltita por Ecuador. Así que, si gano el concurso, sería una linda oportunidad para que mis hijos vayan a conocer la ciudad donde crecieron sus padres, lean los microcuentos y se reúnan con tantos seres queridos que nos añoran por allá. Eso sí, les pediría que practiquen mucho el español y aprendan a hablar como quiteños. De hecho, ya me imagino a mis hijos de regreso diciéndome: «How are youf, cuchito?».
Carlos Granizo Salas

Bueno, sí me compraría un ternito o dos ternitos para el trabajo... y un par de zapatos.
Christian F.

Me hiciera leña yendo a todas las huecas posibles para comer y también pedir la comida para llevar, para ponerle en la refri y al otro día, hacer el recalentadito para el desayuno.
Dorian Rojas

Les diera de comer a lo bestia a los perros de mi cuadra, ya que me acompañan a la parada y me protegen de otros perros. En especial, a una perra llamada Negra que, cuando estoy a su lado, le gusta que le sostenga la oreja al caminar.
Andrés Durán

Pues les contaré que escribí mi cuento cuando estaba «estudiando» para mis exámenes de supletorio, porque me habían quitado la compu, el Mp4, la tele, en pocas palabras, todo, y me encerraron en mi cuarto. Así que decidí escribir mi cuento y cero estudio… Pero ¡pasé el año!
Gaby

Queridos, necesito ganar para pagar la U, ya que, por estar pensando en escribir el cuento, me jalé y me toca pagar la subvención.
Claudio Guerrero

Si gano, le pediría otra vez a la mujer que amo que se case conmigo, solo que en un lugar mucho más elegante y apropiado, tal vez así me diga que sí.
Andrés

Si me gano el premio de Microquito, me adelantaría a la muerte: compraría un ataúd de colores y, adentro, ubicaría cervezas, tabacos, libros —en ese orden— y, por supuesto, las fotos de todas las mujeres que amé.
Hugo Palacios G.

Si ganara cualquiera de los premios, le llevaría a mi mujer a visitar a su ex marido en Lima.
Roberto guerrero

Bueno, en primer lugar, tendría que despertarme del desmayo, ya que sería la primera vez en 40 años que gano algo. Muchas cosas las he conseguido con mi trabajo honesto; de hecho, pensaba que haberme casado era un premio, pero ahora que estoy separado pienso que el premio es seguir adelante con mucho entusiasmo y sin rencores. Ahora, ella está estudiando, quiere ser Chef, me alegro por ello. Yo, sinceramente, le daría el premio económico a ella, ella lo sabrá usar más sabiamente, porque, a veces, uno como que se marea al ver tanto sueltito en las manos y eso se desvanece como agua. Y no es que no necesite ese dinero, no, no, no… tengo un viaje que hacer, pero yo pienso que son más importante sus estudios que mis comodidades.
John Patricio

Si gano, me pago unas clases de canto y desaparezco… porque si gana el cuento El galán, me desaparecen.
Gabriel Llumiquinga

Le daría todo a mis padres para que lo administren en unos gastos necesarios que hay en el hogar (segunda luna de miel, con rencuentro explosivo) y algo más.
Pablo Trejo

Si mi cuento gana o queda entre los mejores, esperaría para ver dónde lo publican y me iría con sendo spray para poner un grafiti diciendo: ¡Lo que nos faltaba, hasta el burro sabe escribir!
Xavier Estrella Medina

Mejor, antes de que escojan, les invito mismamente a toditos ustedes y a los jueces acá abajito, a un hornado.
Diozen Racine
207

Me cambio de casa sin que la dueña de casa se entere, para no pagarle los seis meses que le debo de arriendo....
Hugo Álvares

Mi esposo y mis hijas siempre me han dicho que son felices si yo soy feliz. Por lo tanto, si ganara uno de los premios, no quisiera contradecirles y les complacería gastándome todo el dinero en mí. Atentamente, Esposa amantísima y madre abnegada.
Carol Mendizábal.

Pues si yo me ganaría el premio, me fuera de vacaciones con mi esposo y mi nenita, Alejandra (el hada de mi cuento). Nos iríamos una semanota a la playa a visitar a las ballenas jorobadas, ya que ella las adora. También, me comprometo a ser alma sincera y les invitaría un desayunito a mis compas del trabajo, por no ser sapos, ya que no avisaron que el cuento lo escribí en el trabajo. Para finalizar, me fuera una noche de alocada pasión y luna de miel con mi querido esposo, para que no le de ganas de cambiarme por otra.
Ma. Silvana Villacís

Si yo gano, les mando de viaje a mis papis, y así ¡ganamos los tres! ...y ganando esa nota, pues un tour de compras por la plaza arenas y sus alrededores. Eso es lógico...
Daniel Cevallos

No lo sé. Trataría de cumplir mi sueño de ponerme un local de tripa mishque ahí por la Central (negocio seguro).
David Mejía

La verdad, saltaría en chulla pata y me sentiría un mega escritor… porque ganar siendo la primera vez que escribo un cuento, solo pasa en las películas.
Pedro Cilio

Si gano el Microquito, algo le he de comprar a mi hermano que jode peor que ladilla cuando ve que tengo plata y con el resto,… ya he de ver.
Adrián Beltrán

Compraría una cama hermosa, bien grande y cómoda para dormir más lejitos del enemigo y que nuestra perrita tuviera más espacio entre los dos.
Sonia Salas C.
209

Yo sacaría la pila de zapatos viejos que tengo, es más, todo mi guardarropa y le prendería fuego. Es que mi look deprime en serio.
Diego León

Lo repartiría entre mi hermana mayor, mi sobrino y yo, porque colaboraron. Además, ya se enteraron, tocof...
Marcelo Córdova

Hola, yo envié un cuento a Microquito, si les gusta y lo publican, tendré que explicarle a mi esposa que es un cuento y no una anécdota y que salí del trabajo para buscar otro mejor.
Carlos Miranda

Pues si gano, utilizaría el dinero para pagar las deudas y reservarme la satisfacción. Y si no gano, igual toca pagar las deudas, aunque la satisfacción de haber escrito no me la quita nadie.
Xavier Díaz

La verdad son muchas cosas las que uno puede planear, pero en realidad mis prioridades son mi mamá y mi hijo Damián. Los llevaría a comer en algún lugar con una buena vista, les compraría un regalo y pagaría deuditas. Creo que, más que la plata, el hecho de cumplir un sueño de toda la vida sería el mejor regalo, poder escribir... Eso es todo.
Mary Garnica

Chutaaa... ¡A ver! Yo la verdad me conformo con los 500… Pero lo que más me interesa es, al fin, haber publicado algo mío.
Andy Yumiceba

Independientemente del premio que me gane, lo primero que haría es pagar el arriendo. Luego, les invitaría a comer a mis papás, porque si no fuera por su calentura no estaría aquí, escribiendo cuentos. Con un poco de la plata, me pago un curso de negocios para entender qué mismo es una inversión y, si me sobra, me compro una película y un combo de hamburguesa para comer a mitis con alguna amiga.
Francisco (Pancho) Viñachi
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Fomentamos la fotografía, mediante el intercambio de conocimientos y proyectos de gran impacto visual, para el desarrollo de el arte en el país. Sebastián Rodríguez María Paz Orozco Andrea Calispa Leo Encalada Juan Pablo Rocha Carlos Caluqui

En Gráfica colaboran:
Mosca Tosca Josué Granda de BUGAstudio

También Colaboran en fotografía: Karla Gachet César Morejón Daniel Benavides Nessa Terán Omar Arregui

Microquito Agradece especialmente a Ilustradores Ecuatorianos por su grandísima colaboración.
Somos una organización de profesionales y aficionados a la ilustración. Nuestro objetivo es generar valor en esta práctica gráfica. Impulsamos la difusión de nuevos espacios culturales y enlaces laborales. http://ilustradoresecuatorianos.blogspot.com/ http://twitter.com/ilustradoresec http://vimeo.com/channels/iectv Francisco Galárraga // http://www.franciscogalarraga.com // Quito Félix Hurtado // http://masbrain.blogspot.com // Guayaquil Damián Vásquez // http://www.disaikner.com // Riobamba

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